Historia de la psicología
TEMA 10. EL PSICOANÁLISIS FREUDINAO Y SUS PRINCIPALES DESERCIONES.
1. INTRODUCCIÓN.
El nacimiento de la psicología del inconsciente, también llamada psicología dinámica, ha
de fecharse en los años finales del siglo XIXI. Su creador y líder indiscutible fue Sigmund
Freud.
El psicoanálisis, sistema psicológico que ha cogido y acoge varias orientaciones hasta
llegar a formar escuelas genuinas, como la psicología del individuo Adler o de psicología
analítica de Jung, ha sufrido crisis internas y ataques externos.
La obra de Freud ha sido equiparada con frecuencia a las de Copérnico, Darwin o Marx.
No sólo fue revolucionaria y novedosa en sus disciplinas, sino que también ocasionó una
revolución cultural. Es por ello, por lo que la recepción del psicoanálisis haya sido mayor
en su ámbito general de la cultura que en el de la propia psicología.
2. CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL PSICOANÁLISIS FREUDIANO.
El núcleo central de la teoría psicoanalítica se halla inserto en la metapsicología, por
metapsicología ha de entenderse una descripción de los procesos psíquicos en sus
aspectos dinámicos, tópicos y económicos, aunque más adelante también se considera
que la descripción genética o evolutiva debía formar de esta. La perspectiva dinámica es
la más importante, describe los procesos psíquicos que se dan a causa del enfrentamiento
dentro del aparato mental por parte de una serie de fuerzas psicológicas, como son, los
representantes de las pulsiones, y por otro, los representantes de las normas sociales y
otras fuerzas censuradoras.
Este enfrentamiento trae consigo una variedad de conflictos intrapsíquicos inconscientes
cuando los deseos pulsionales que intentan alcanzar sus objetivos chocan con las fuerzas
normativas y censuradoras. Estas luchas ocasionan un grito de alerta por parte del yo que
consiste en la aparición de la angustia, que rompe el equilibrio interno del organismo y
pone en peligro su adaptación al entorno. Esto hace que se inicie alguna actividad
compensadora por parte del yo, que hace uso de sus defensas, propiciando una serie de
formaciones de compromiso, que ocasionan productos psíquicos como los contenidos
oníricos, los lapsus, los síntomas neuróticos, los rasgos normales y anormales del carácter
y los más diversos actos motores, todo lo cual conlleva alguna satisfacción del deseo en
juego, permitiendo la recuperación de la homeostasis(equilibrio) interna y la mejor o peor
adaptación al entorno.
Otros mecanismos de defensa del yo son la regresión, los sentimientos de culpa
originados por el superyó y el paso impulsivo a un acto motor del deseo inconsciente
rechazado, sin tener el sujeto consciencia de su significado. Esos se ponen al servicio de
la resolución más o menos exitosa del conflicto inconsciente que esté en actividad y
también ante situaciones de estrés de origen externo.
Son necesarias unas estructuras mentales responsables de los procesos descritos para
expresar todo lo anterior, para ello existe un aparato psíquico. Del estudio de este
aparato se encarga el punto de vista topográfico (que más tarde se llama perspectiva
estructural) de la metapsicología.
Freud elabora así́ dos esquemas teóricos:
• En el primero, el aparato psíquico está conformado como una especie de
telescopio, compuesto por el inconsciente, el preconsciente y la percepción
consciente.
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• En el segundo esquema habló de tres instancias, el ello, el yo y el superyó. Este
cambió se originó por la necesidad de dar cuenta teórica de ciertos fenómenos
clínicos y terapéuticos.
En cuanto a la perspectiva económica, Freud buscó con ella una fundamentación
fiscalista de la metapsicología, para darle a su teoría un arropaje más científico. Se centra
en la descripción cuantitativa del funcionamiento psíquico, matizándose las formas en que
puede encontrarse la energía psíquica dentro del aparato mental, la manera como circula y
cómo se invierte tal energía y la puntualización de los principios reguladores que guían
todo ello.
Para Freud el principio de placer sería el máximo rector de la vida psíquica,
permaneciendo siempre como eje central de la conducta, este empuja continua y
constantemente a la realización de los deseos, lo que lleva al sujeto a tratar de obtener
satisfacción a toda costa. Todo ello se evidencia cuando el inconsciente ejerce el máximo
dominio, como ocurre en las primeras etapas del desarrollo, en los sueños o en las
psicosis.
Gracias al principio de la realidad surge la necesidad de que los mecanismos de defensa
del yo entren en liza (combate) y la instauración de diversas funciones del yo. En la teoría
freudiana la elevación del hombre por encima del reino animal supone la renuncia al
placer, de forma que humanizarse implica frustración y reconversión de las energías
insatisfechas en productos aceptables para el superyó y para las normas culturales
vigentes.
Freud centró su atención en la pulsión libidinal, entendiendo que la sexualidad y sus
conflictos eran el eje del desarrollo humano. La pulsión sexual o libido es una energía
presuntamente objetivable y cuantificable, que tiene que ver con lo que puede sintetizarse
con la palabra amor. La única posibilidad de registrar la libido es a través de sus
expresiones indirectas o conductuales. Reich tomó la primitiva concepción freudiana,
apegándose a la idea de una energía libidinal de carácter eléctrico.
Freud delimitó una segunda pulsión básica, la pulsión de muerte. Se establecen dos
pulsiones esenciales en la vida anímica, Eros (pulsión encaminada a la vida):
• Una que empujaba al crecimiento y a la reproducción.
• Otra que trataba de imponer el estado previo al que el organismo había tenido que
renunciar, el estado inorgánico, Tánatos o pulsión de muerte.
Hartman distinguió dos porciones en el ego, una tenía que ver con el conflicto y otra libre
de él. Indicó además que se necesitaría de la energía pulsional para generar los oportunos
actos.
La auténtica revolución en el seno del psicoanálisis emergió a partir de la puesta en primer
plano de las interacciones afectivas con el objeto. Algunas de estas doctrinas, ofrecieron
alternativas radicales a la teoría pulsional clásica y a la metapsicología freudiana y al
aporte de Melanie Klein.
En el campo de la metapsicología freudiana tenemos la perspectiva genética, que se
apoya en tres supuestos básicos:
• El desarrollo humano está determinado por la presión de la libido, lo que se
manifiesta en las zonas erógenas, constituyéndose en pulsiones parciales que
terminan integrándose en la pulsión genital. El sujeto va persiguiendo satisfacer
sus pulsiones sexuales parciales activadas, primero autoeróticamente (en forma
narcisista) y luego contando con el objeto, a causa de las satisfacciones que dan la
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nutrición y la protección que proporciona la madre (modelo anaclítico). En la
madurez, se establece una relación amorosa simétrica generosa con el objeto.
• Las pulsiones parciales, de naturaleza sexual engendran un conjunto de
conflictos intrapsíquicos, de cuya resolución, exitosa o fallida, nacerán los distintos
productos psíquicos, entre los que se encuentra las relaciones objetales así como
las características del carácter y de la conducta del sujeto.
• En función de las pulsiones sexuales dominantes, del predominio de unas u
otras zonas erógenas, del estado del aparato psíquico, de la participación de
factores constitucionales, se organizan los estadios y las fases propias del
desarrollo humano. Las tres primeras fases (oral, anal y fálica) componen un
estado pregenital. Una vez superado este estadio, se entra en una etapa de
aparente silencio pulsional (periodo de latencia) a la que le sucede la crisis de la
adolescencia, que abre camino al estadio genital, instaurándose las pulsiones
maduras, así como las relaciones maduras con los objetos.
3. LA TÉCNICA PSICOANALÍTICA FREUDIANA.
Freud se valió, en su práctica clínica inicial, de la hipnosis y de la sugestión, adoptando
una actitud de escucha y consideración respecto a tales pacientes, lo que no era habitual
en su época. Como consecuencia, se da un aumento de los conocimientos
psico(pato)lógicos y de los recursos terapéuticos, esto desembocó en un método original
de intervención y de investigación, el método catártico. Empezaron a sedimentar una
serie de prototeorías psicoanalíticas, que fueron el sostén para la instauración de una
práctica propiamente psicoanalítica.
Gracias a Freud fueron germinando las primeras teorías y la técnica psicoanalíticas, a
partir de eso, se organiza un nuevo sistema psicológico. Algunos miembros de la
comunidad psicoanalítica se comprometieron en profundizar en la fundamentación
conceptual de la técnica. Se pretende responder cómo y por qué actuaban los
procedimientos analíticos y cuál era la naturaleza de los procesos que se ponían en
marcha, buscando esclarecer el proceso de cura.
Los antecedentes de la técnica psicoanalítica se encuentran en Joseph Breuer, que
transmitió a Freud el caso de Anna O. Breuer provoca en su paciente, afectada de una
compleja histeria, estados hipnóticos que le hacían recordar sus experiencias traumáticas
en torno a los momentos de aparición de sus síntomas, observando que cuando tal
recuperación tenía lugar, si se acompañaba de la adecuada emoción, se originaba la
desaparición de los síntomas. La paciente le llamó cura de charla y limpieza de chimenea,
aunque Breuer lo bautizó años más tarde como método catártico.
Al iniciar Freud su práctica clínica privada optó por valerse de la hipnosis, alcanzando
resultados positivos, aunque inestables, en el alivio de la sintomatología neurótica.
Hipnotizaban a sus pacientes y luego les daban la orden que dejaran de sentir los
síntomas.
La práctica hipnótica no tardó en aburrir a Freud, planteándose el uso del método
catártico que posteriormente sufre modificaciones creando el método de la concentración
que se limitaba a usar una especie de imposición de manos en la frente, solicitando que
los recuerdos escondidos acudiesen a la mente. La hipótesis seguía interesando a Freud,
que entendía que la cura hipnótica se originaba porque la sugestión hipnótica se ponía al
lado de la voluntad y no del lado opuesto.
El método catártico era fundamentalmente un instrumento capaz de producir una
hipermnesia (incremento del recuerdo), facilitando la recuperación de recuerdos inhibidos,
así como la descarga de emociones a ellos ligadas. Este método intenta recuperar los
contenidos psíquicos perdidos, a diferencia de la hipnosis que busca hundir en el olvido.
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Freud subrayó que la técnica hipnótico -sugestiva intenta cubrir de alguna forma los
síntomas (per via di porre), mientras que el psicoanálisis trata de eliminar lo que impide
acceder a la esencia de los conflictos, poniéndolos a la luz (per via di levare).
Freud empezó a tratar de con el método de la compenetración, hay que destacar el
caso de Emmy Von N. que l e objetó en un momento dado que no debía estar
preguntándole siempre de dónde venía esto o aquello, sino dejarla hablar con libertad. Así
lo hizo Freud y apareció desde entonces lo que iba a ser la regla básica del psicoanálisis,
la asociación libre.
Freud abandonó la hipnosis, las sugestiones, el método catártico y el método de
concentración, conservando sólo la solicitud de mantener cerrados los ojos durante las
sesiones terapéuticas. Al dejar de utilizar la hipótesis, aparecieron resistencias, fuerzas
psíquicas que se oponen a la recuperación de los recuerdos traumáticos. La asociación
libre obviaba alguna de estas resistencias, otras persistían y aunque Freud intentó
eliminarlas, pronto cayó en la cuenta de que el único camino válido era liquidarlas a partir
del trabajo analítico, apoyándose en la asociación libre, con lo que dio un paso definitivo a
la hora del establecimiento de la técnica psicoanalítica: el llamado análisis de las
resistencias.
El abandono de la teoría de la seducción y el descubrimiento de que la fantasía
inconsciente, que tenía un papel esencial en la génesis de las neurosis, transformó el
objetivo terapéutico, ya no se trata de recuperar recuerdos traumáticos del pasado sino
interpretar los deseos inconscientes reprimidos. La antigua abreacción (descargas de
emociones ligadas a recuerdos) del método catártico fue sustituida por el gasto que hacía
el paciente en la liquidación de sus resistencias, tarea que pronto ocuparía un lugar de
privilegio, denominando reelaboración.
Hasta 1905, Freud capta que el trabajo psicoanalítico de los fenómenos transferenciales
era la palanca más poderosa para el éxito terapéutico, ya que tales fenómenos vuelven
actuales y manifiestos los conflictos del pasado, los de la primitiva neurosis infantil. Sólo
tras el óptimo desarrollo y el adecuado trabajo analítico de las fenómenos transferencias
podía ser alcanzada la cura. Esta nueva neurosis era un producto del encuadre analítico,
de los conflictos más nucleares del sujeto, del efecto de la compulsión repetitiva y de la
acción de las resistencias, teniendo de la compulsión repetitiva y de la acción de las
resistencias, teniendo como finalidad dinámica para el sujeto evitar enfrentarse con las
temáticas reprimidas, además de intentar satisfacer con el analista los frustrados y
estancados deseos pulsionales de la infancia.
Freud caracterizó la transferencia en positiva y negativa, subdividiendo la primera en una
porción relativamente consciente (sentimientos amistosos y tiernos) y en una porción
inconsciente (deseos de naturaleza sexual). La parte negativa conlleva sentimientos
hostiles igualmente inconscientes, siendo, junto a la transferencia sexual, el origen de las
más poderosas resistencias.
También fijó las reglas analíticas: la asociación libre, un elemento imprescindible para
acceder al material inconsciente; la atención flotante, que se refiere a la actitud que el
analista debe adoptar en el encuentro clínico (no tomar notas, no fijar su atención en nada
particular…); la neutralidad, que exige actuar con el paciente como lo hace un cirujano al
llevar a cabo una operación, o lo que ocurre ante una luna de espejo, que refleja sólo lo
que le llega; y, la abstinencia, que incluye al paciente y analista, acogiendo particularmente
al hecho de evitar la aparición de actos derivados de las pulsiones en juego.
Alrededor de 1915, la técnica psicoanalítica estaba ya relativamente bien precisada. La
interpretación debía apuntar a los contenidos del proceso, buscando como objetivo central
la rama de consciencia de los deseos reprimidos y retenidos en el inconsciente, para que
pasasen al dominio de lo consciente.
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4. LAS APORTACIONES FREUDIANAS A LA ANTROPOLOGÍA Y LA
SOCIOLOGÍA.
Freud sostuvo la tesis de que el hombre viene al mundo con una herencia arcaica
(antigua), de origen filogenético (relaciones evolutivas entre diferentes grupos de
organismos), que encierra no sólo ciertas predisposiciones, sino también huella de hechos
vividos por generaciones primitivas.
En su obra Tótem y tabú, Freud sostuvo que el hombre había vivido primitivamente en una
tribu semejante a la de los monos, donde dominaba un macho poderoso, el único que
tendría acceso sexual a las hembras del grupo. Un día los machos se rebelaron contra el
macho dominante, asesinándolo y comiéndoselo posteriormente, con el fin de hacerse con
su poder y su potencial sexual, lo que supuso una gran orgía. La comida totémica de las
tribus posteriores no sería ni la conmemoración, en forma de fiesta, del asesinato, el
genuino (puro) pecado original de los humanos.
Freud mantuvo que, una vez matado y comido el macho dominante, nacieron fuertes
remordimientos y sentimientos de culpa, que se intentan saldar negando la muerte a
través de la sustitución por el tótem, generalmente un animal, que se divinizó,
concediéndole un absoluto respeto y considerándolo como algo intocable. Sólo en algunos
momentos particulares el tótem podía ser sacrificado y comido. Con el paso de los años el
macho dominante se iría convirtiendo en un ideal, héroe admirado, respetado, temido y
odiado. De aquí nacen las tendencias religiosas y particularmente la existencia de los
dioses.
Freud señala que el cristianismo, recoge cada una de estas cuestiones, además de haber
dado una interesante y satisfactoria solución al pecado original, convirtiendo en dios a un
hermano (Cristo), pagando el crimen inicial con el precio de su vida. Este nuevo asesinato
es igualmente conmemorado con una fiesta totémica, la comunión, día de fiestas y de
arrepentimientos.
Los grupos sociales se estructuran, según Freud, como una familia, cuyo jefe es el
sustituto del padre mítico, estando unidos los miembros por la admiración, temor y
hostilidad que le profesan. En cuanto a la conducta de masas, Freud, siguiendo a Le Bon,
le atribuyó dos características principales: la inhibición de las funciones intelectuales y la
intensificación de lo emocional. En relación con el orden social, Freud lo interpreta como el
resultado de una inhibición (suspensión) de los deseos pulsionales, que en ocasiones
pueden traer consigo guerras al descontrolarse. Las guerras supondrían una falla en la
sección que la cultura hace sobre las pulsiones, demostrando que las pulsiones no pueden
ser extirpadas. Freud mantuvo que las guerras no podían evitarse, desde el momento en
que las pulsiones agresivas humanas no pueden ser liquidadas sino sólo reprimidas,
permaneciendo hasta que la tensión se hace insostenible, lo que lleva al estallido.
Freud considera que la sociedad se impone sobre el individuo a través del fomento de los
sentimientos de culpa, que tienen su origen en el temor del rechazo y del castigo. Cuanto
mayor es la civilización, mayor es la frustración pulsional y más acentuada la culpa. La
cultura hace infeliz al hombre, gracias a la sublimación y al desplazamiento de las
temáticas pulsionales hacia actividades sustitutorias, aceptadas por el propio superyó y
por la cultura. A la gran masa, el consuelo se lo proporciona la religión, con sus promesas
de total satisfacción en la otra vida.
5. PRINCIPALES DESERCIONES: ALFRED ADLER Y CARL G. JUNG.
5.1. LA PSICOLOGÍA DEL INDIVIDUO DE ALFRED ADLER.
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5.2. LA PSICOLOGÍA ANALITICA DE CARL G. JUNG.
El material de la tesis de Jung surgió del estudio de una médium, Helene Preiswerk, que
parecía estar poseída por una doble peculiar, una mujer bastante mayor que ella, más
culta, madura, equilibrada y reflexiva, interpretando Jung que esta doble representaría un
aspecto de la personalidad de la chica, que estaba luchando por abrirse paso desde lo
más hondo de su psiquismo, siendo la actividad mediumnística el camino al que había
recorrido el inconsciente para superar los obstáculos que impedían el crecimiento personal
de Helene.
En la tesis de Jung está todo lo que llegó a constituir la psicología de los complejos.
El test de asociación verbal había sido creado por Galton y perfeccionado por Ziehen que
halló que el tiempo de reacción era más largo cuando la palabra-estímulo se relacionaba
con algo desagradable para el sujeto, y, en ocasiones, podía detectarse una
representación subyacente común a varias respuestas, debiéndose hablar entonces de
complejo de representación cargado emocionalmente complejo. Jung utilizó esta prueba
en investigaciones en esquizofrénicos, con el fin de contrastar la hipótesis de Bleuler sobre
el aflojamiento de la tensión de las asociaciones mentales en tal enfermedad. Su interés
viró pronto hacia la detención y análisis de los complejos, de esta forma Ziehen halló
complejos normales, accidentales y permanentes, así como diferencias entre ciertos
complejos masculinos y femeninos.
Jung inició con Freud una amistad que duraría unos cinco años. Antes de contactar con
Freud, Jung había practicado algo similar al método catártico, ya que, hacía tratamientos
con fundamentos en la hipnosis, buscando que los pacientes tomaran consciencia de sus
traumas psíquicos y además también dio cursos de hipnosis que abandonó
posteriormente.
El interés de Jung por los temas mitológicos y religiosos fue en aumento, al dare cuenta
que en ellos existía un filón (vena) inagotable para entender los elementos más arcaicos
de la psique humana, alejándose de la perspectiva freudiana, centrada básicamente en la
historia personal y en los eventos y fantasías alrededor de la sexualidad infantil. Tras su
ruptura con el psicoanálisis, Jung se dedicó a buscar paralelos entre sus propios sueños,
fantasías y visiones y las prefiguraciones históricas de todo ello. En sus investigaciones
había notado la frecuencia del motivo sexual en la mitología y la religión, observando, que
el tema del incesto (relación sexual entre parientes) jugaba un papel decisivo en casi todas
las cosmogonías (teoría sobre la organización y origen del universo) y en numerosos
mitos. De aquí sacó la conclusión de que los deseos incestuosos del hijo respecto a la
madre eran de naturaleza más simbólica y universal que concreta y personal, estando
sostenidos por un ansia de volver simbólicamente al seno materno, una especie de retorno
al paraíso perdido, a un estado libre de tensiones y responsabilidades, para después
renacer y andar un camino nuevo. Tales construcciones fueron tachadas de místicas y
especulativas.
En 1926 tuvo Jung un sueño muy intenso que le causó extraordinario asombro, del cual
deriva s encuentro con la alquimia, en la cual encontró la más auténtica y la mejor salida a
sus inquietudes personales y científicas.
La alquimia era una especie de contrapartida de su recién descubierta psicología del
inconsciente colectivo, Jung en una de sus obras, afirma que el opus alquimístico no es
exclusivamente un procedimiento de naturaleza química, sino la expresión de un proceso
psíquico semejante al que había observado en la evolución positiva de sus pacientes y en
él mismo, lo que denominó individualización.
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Al demostrar la relación del inconsciente con los mitos, la religión y la alquimia, la teoría
junguiana toma su asentamiento definitivo, alcanzando en todo ello los arquetipos (modelo
originario, tipo ideal) del inconsciente colectivo y el proceso de individuación los papeles
esenciales. La individualización implica el desarrollo y primacía (prioridad) en la psique de
un arquetipo central, el sí-mismo, hecho que llega a comparar a una especie de encuentro
con Dios.
Con la hipótesis de la sincronicidad trata de dar cuenta a la relación entre un fenómeno
psíquico interno y un fenómeno físico externo, defendiendo que el mundo psíquico y el
mundo físico no eran dos entidades contrapuestas e incompatibles, sino dos caras de una
misma realidad (a la que llama psicoide), donde ambas tendrían su última y verdadera
esencia. Con el principio de la sincronicidad, Jung trataba de dar explicación a una serie
de hallazgos extraños que suceden en l vida cotidiana, los cuales no podían despacharse
afirmando sencillamente que eran fruto del azar.
En la separación de Freud y Jung participaron sin duda enfrentamientos teóricos, pero
también ciertos asuntos personales, aunque Freud sostiene que los malentendidos se
arrastraban desde una confrontación que se produjo cuando ambos viajaban a
Norteamérica, para dar una conferencia. Se podía evidenciar que entre ambos existían
evidentes conflictivas neuróticas.
La ruptura cuajó como consecuencia de las divergencias teóricas entre uno y otro, dado
que Jung abandonó muy rápido la concepción de la libido como energía sexual,
defendiendo que erala expresión psíquica de la energía general. Además propuso una
descripción del desarrollo infantil con una primera etapa, hasta los tres o cinco años de
vida, en la que no habría indicios de sexualidad, negando la existencia del complejo de
Edipo y admitiendo la influencia de situaciones no sólo infantiles en la génesis de las
neurosis. También planteó una interpretación de los sueños que iba más allá del
cumplimiento de deseos prohibidos, mostrando que implicaban la función de anticipación
de hechos y la de dar fin a tareas inacabadas.
6. DEBATES, CRISIS Y ESTADO ACTUAL DEL PSICOANÁLISIS.
Los debates a los que se ha sometido el psicoanálisis hay que centrarlos en la discusión
de su condición científica mientras que las crisis hacen referencia a las rupturas internas
que tuvo que vivir la comunidad del psicoanalítica, particularmente los alejamientos de
Adler y Jung, que no asumieron los componentes sexuales de la teoría freudiana.
La determinación de la condición científica del psicoanálisis es algo que se ve dificultado
por la conexión entre sus conocimientos teóricos y sus conocimientos tecnológicos.
Podemos afirmas que la validez del psicoanálisis como procedimiento técnico-práctico no
depende de la calidad científica de sus constructos teóricos, sino de que alivie o cure los
trastornos mentales con eficacia, rapidez y economía. Para hablar se saber científico,
tendría que mostrar sus posibilidades explicativas, predictivas y de control, o su capacidad
de poner en marcha programas fructíferos de investigación científica.
La teoría psicoanalítica no busca sólo el conocer casos individuales, sino también crear un
amplio cuerpo de principios explicativos. El psicoanálisis está interesado en
reconstrucciones históricas y en la interpretación dinámica y profunda de los hechos a la
luz de los determinantes inconscientes, mostrando escaso interés por el control de los
hechos futuros.
En cuanto a las crisis habidas en el seno de la comunidad psicoanalítica, estacan las
originadas por Adler y Jung, aunque es difícil comprender tanto a uno como a otro al
margen del contexto psicoanalítico y de la rebelión de ambos contra Freud.
7. VALORACIÓN DEL PSICOANÁLISIS.
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El psicoanálisis parte de unos presupuestos distintos y peculiares, por no por ello se aleja
de los compromisos que todo científico de la conducta asume: establecer un campo real
de estudio (el inconsciente), abordarlo con una metodología adecuada (la psicoanalítica) y
constituir un cuerpo de principios explicativos, que permita algunas predicciones y el
subsiguiente control de los fenómenos que acota.
La discusión ha de llevarse entonces a asuntos como los siguientes:
• ¿Son reales los fenómenos inconscientes, aunque no puedan ser abordados por
medio de una observación o experimentación clásica?
• ¿Es aceptable el método psicoanalítico como vía de investigación de dichos
procesos mentales?
• ¿Es coherente, sistemático y contrastable el conjunto de conceptos, hipótesis y
principios que ha aportado el psicoanálisis, con pretensiones explicativas,
predictivas y de control?
Muchas respuestas a estas preguntas son positivas, pero otros se adhieren a posturas que
sitúan el psicoanálisis entre los mitos.
La piedra angular del psicoanálisis fue la puesta en primer plano de los procesos psíquicos
inconscientes. El enfrentamiento no se limitó a este asunto, sino también al método de
estudio, pues la introspección fue rechazada por Freud, dada su incapacidad para permitir
para permitir el acceso a lo inconsciente.
Los principios básicos, los modelos teóricos y los conceptos fundamentales de la teoría
psicoanalítica, son el núcleo central y se hallan comprendidos en la metapsicología
freudiana, que incluye la descripción de los procesos psíquicos desde una perspectiva
estructural, económica y dinámica. Para el psicoanálisis freudiano, la conducta humana
está determinada por las pulsiones y los cambios que sufren dentro del aparato psíquico.
Tal aparato mental (en el que se describen tres instancias, el ello, el yo y el superyó) es un
modelo que se ha mostrado muy útil en la teorización psicoanalítica, si que corresponda a
ninguna estructura anatómica. Como modelo teórico resulta absurdo pretender su
contrastación empírica, al igual que acontece con otros muchos constructos teóricos, de
éste o de cualquier otro sistema.
La validación del psicoanálisis no ha de plantearse sólo dentro del arco de una ciencia de
hechos o de observación.
El psicoanálisis, a pesar de sus debilidades epistemológicas, sus dimensiones internas y
su alejamiento académico, sigue vivo en nuestro mundo occidental. Los psicoanalistas
constituyen una comunidad científica particular, con unidad interna a pesar de sus muchas
subescuelas, con unos objetivos compartidos con sus miembros, unas reglas
metodológicas, postulados teóricos...
En conclusión, el psicoanálisis no es mito ni pseudociencia, sino un saber que ha
mostrado su valor como teoría científica peculiar y como procedimiento técnico- práctico,
teniendo incluso la posibilidad de integrarse en las concepciones cognitivas, lo que quizás
permitiría una mejor acogida académica.