BLOQUE 6: la conflictiva construcción del Estado Liberal.
(1833-1874)
Identifica en el ámbito geográfico del carlismo y explica su ideario y
apoyos sociales.
El carlismo es un fenómeno bastante complejo dentro de la Historia
Contemporánea de España. Surge con el problema sucesorio que se planteó la
muerte de Fernando VII.
Como opción dinástica, el movimiento carlista apoyaba las pretensiones al
trono del hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro, y de sus
descendientes, en contra de la línea sucesoria femenina de la hija de Fernando
VII, Isabel II.
Pero más allá de la mera cuestión dinástica, el carlismo defiende a ultranza el
mantenimiento de las viejas tradiciones del Antiguo Régimen, en abierta
oposición a una modernidad identificada con la revolución liberal.
El movimiento carlista, enfrentamiento ideológico y dinástico, desencadenó tres
conflictos armados -los dos primeros durante el reinado de Isabel II- que
representaron un grave problema para la estabilidad política de España durante
gran parte del siglo XIX.
En sus comienzos, el ideario político carlista era difuso, pero con el tiempo se
fue articulando en torno a unos pocos principios elementales: su lema fue
“Dios, Patria y rey” con el añadido tardío de “fueros”.
La tradición política del absolutismo monárquico.
La restauración del poder de la Iglesia y de un catolicismo excluyente de
cualquier otra creencia.
La idealización del medio rural y el rechazo de la sociedad urbana e
industrial.
Defensa de las instituciones y los fueros históricos de vascos, navarros y
catalanes. Con frecuencia se ha presentado la conciencia foral como
rasgo definitorio del movimiento carlista, aunque no termino de arraigar.
Como movimiento de cierta amplitud social, contaba con dos apoyos básicos:
un sector del clero, que percibía el liberalismo como el gran enemigo de la
iglesia y la religión, y una parte del pequeño campesinado que veía amenazas
a sus tradiciones y su situación económica por las reformas liberales. A ellos se
debe de añadir una parte de la nobleza y miembros ultraconservadores del
ejército, aunque la mayoría del ejército se inclinó por el bando liberal, e
importantes sectores de artesanado gremial, que se veían amenazados.
En cuanto a su ámbito geográfico, arraigó sobre todo en zonas rurales de las
Vascongadas, Navarra, Aragón, la Cataluña interior y el Maestrazgo, territorios
en los que el pequeño campesinado era importante. También encontraron
apoyos, aunque más minoritarios en algunos núcleos de Galicia, Andalucía y
de Castilla.
Describe las características de los partidos políticos que surgieron durante
el reinado de Isabel II.
Durante el periodo isabelino surgieron en España los primeros partidos
políticos, fruto de las escisiones de los liberales.
A comienzos del reinado de Isabel II, durante la regencia de María Cristina,
surgieron, los dos primeros partidos políticos como embrionarias
organizaciones que canalizaban las dos grandes corrientes ideológicas del
liberalismo inicial: son el Partido Moderado y el Partido Progresista.
Posteriormente, en el reinado de Isabel II, aparecieron otros dos nuevos
partidos a partir de las escisiones de los anteriores: el Partido Demócrata y la
Unión Liberal.
Fuera de la corriente ideológica del liberalismo y del sistema político, pervivía el
carlismo, más como movimiento que como partido estricto.
-El Partido Moderado: surgió en 1834, se identificaba con el Liberalismo
Doctrinario Francés, partidario de la soberanía compartida entre el rey y las
Cortes, además de dotar al monarca de poderes, y limitar los derechos civiles y
políticos de la población. Asimismo, defendía el catolicismo. Contaba con el
apoyo y defendía los intereses de los sectores sociales de mayor nivel
económico. Destacó el general Narváez.
-El Partido Progresista: surgió en 1835, siguiendo la tradición de los liberales,
propugnaban la soberanía nacional representada en las Cortes. A favor de
ampliar derechos, como el sufragio censitario, la liberta de imprenta, tolerancia
y libertad religiosa. Destaca el general Espartero en la guerra carlista.
-Partido Demócrata: nació en 1849 de una escisión del Partido Progresista.
Integraba a los progresistas radicales, republicanos y simpatizantes del
socialismo. Por su oposición a Isabel II, no participo en su sistema político.
Defendía la soberanía nacional, el sufragio universal masculino, y la ampliación
de derechos y libertades; instrucción primaria universal y gratuita, separación
de iglesia y estado. En su seno surgen los primeros grupos republicanos. Se
centraba en las clases populares sin desdeñar a destacados intelectuales.
-La Unión Liberal. Surgió en 1854 como partido de centro: aglutinaba los
principios y se nutria principalmente del ala derecha del Partido Progresista y
del ala izquierda del Partido Moderado. Aspiraba a ser una alternativa política
tan distante del progresismo radical como del moderantismo reaccionario. Su
espadón y líder fue O’Donnell.
Resume las etapas de la evolución política del reinado de Isabel II desde su
minoría de edad, y explica el papel de los militares.
A) Regencia de María Cristina (1833-1840): minoría de edad de Isabel II,
etapa difícil por una amenaza del carlismo, se produjo la primera guerra
carlista. Apoyo de los liberales, permitiendo desmantelar el Antiguo Régimen, y
la gestación del Régimen Liberal, caracterizado por una gran inestabilidad.
Primeros partidos políticos: Partido Moderado y Partido Progresista. Se
promulgó la Constitución de 1837. Medidas de liberación: desvinculación de
mayorazgos, abolición del régimen señorial, desamortización de Mendizábal en
1836.
B) La regencia de Espartero (1840-1843): vencedor de la primera guerra
carlista. En la revolución de 1840 defendía los alzamientos en las provincias en
contra de la ley de Ayuntamientos de los moderados. Su regencia comenzó
tras el exilio de María. Gobernó con mano dura y se gano el rechazo de todos,
incluso de los progresistas, que no aceptaban sus formas autoritarias y
represivas, aunque fuesen en nombre del liberalismo. Su regencia finalizo con
un pronunciamiento del general Narváez en 1843.
C) La década moderada (1844-1854): se inicia con el pronunciamiento de
Narváez. Las Cortes decidieron anticipar la mayoría de edad de Isabel II e
iniciar una etapa gobernada por los moderados. En esta etapa se produjo la
segunda guerra carlista. Nuevas medidas:
-La Constitución de 1845, cambio radical frente a la de 1837, para adaptar el
sistema político a los intereses del Partido Moderado.
-Reforma de la Hacienda de 1845, puso fin al sistema fiscal del Antiguo
Régimen.
-El Concordato de 1851, restableció las relaciones con la Santa Sede.
-Otras medidas: creación de la Guardia Civil en 1844, la Ley de Ayuntamientos,
Plan de Estudios de Pidal 1845.
D) El bienio progresista (1854-1856): pronunciamiento militar de O’Donnell,
acompañado de un levantamiento popular, con el objetivo de forzar a Isabel a
admitir reformas políticas, unas Cortes Constituyentes, y establecer las bases
de la degeneración liberal, según afirmaba el Manifiesto del Manzanares.
Pronto el pronunciamiento fue capitalizado por los progresistas con Espartero.
Periodo con un impulso de la economía y otras medidas: desamortización de
Madoz y la Ley General de Ferrocarriles. Redacción de la Constitución
progresista de 1856.
E) El retorno del moderantismo (1856-1868): tras unos meses con O’Donnell,
ocupando la presidencia, se confía el gobierno en Narváez. Destaca la
desamortización de 1855, y la promulgación en 1857 de la Ley Moyano.
- “Gobierno Largo” de la Unión Liberal (1858-1863), bajo O’Donnell, fue el
ultimo y más prolongado periodo continuo de gobierno no estrictamente
moderado. Años de expansión económica, política exterior expansionista,
intervenciones militares de escaso interés, pobres resultados, y cuantiosas
pérdidas económicas y humanas. En 1864 regresa Narváez.
- Crisis de 1866 y Pacto de Ostende; el descrédito de Isabel II, alcanzó su
clímax en 1866 con una crisis económica y política, que abrió el camino a la
revolución de 1868 y a la caída de la monarquía isabelina. El malestar se
extendió, agitaciones sociales, conspiraciones militares, pronunciamientos
progresistas reprimidos con dureza. Fusilamiento de los sargentos del cuartel
de San Gil 1866. Los progresistas y demócratas firmaron el pacto de Ostende
en 1866.
F) La revolución de 1868 “La Gloriosa” y el fin de la monarquía de Isabel
II: se inicio con el pronunciamiento de Topete en Cádiz, apoyado por los
generales Prim y Serrano. El manifiesto de la revolución se extendió por toda
España dando lugar a levantamientos populares y organización de juntas
revolucionarias locales. Las tropas realistas son derrotadas por Serrano en
Alcolea y se produce el destronamiento de Isabel II, iniciando el Sexenio
Revolucionario o Democrático.
Papel de los militares
Los militares se convirtieron en una pieza clave para la defensa del régimen liberal, conscientes
de su protagonismo, se colocaros al frente de los recién creados partidos. Los
pronunciamientos se convirtieron en un método habitual de promover cambios de gobierno o de
reorientar la política durante todo el reinado. Fue algo crónico durante el siglo XIX y XX. La
influencia e intervención de los militares en la política se conoce como pretorianismo.
Compara el Estatuto Real de 1834 y las Constituciones de 1837 y 1845
Los diferentes partidos, excepto el demócrata, se sucedieron en el poder de un
modo violento, por medio de pronunciamientos. Cada partido redactó una
constitución diferente. Esto explica el accidentado proceso constitucional
español:
-El Estatuto Real de 1834: carta otorgada de la Regente María Cristina de
Borbón, redactada por Martínez de la Rosa, representaba una solución de
compromiso entre el Absolutismo y el Liberalismo, ya que la regente solo se
había inclinado a los liberales por sus necesidades. Consistía en una reforma
de las Cortes del Antiguo Régimen, que quedaban divididas en dos cámaras,
compuestas por: un Estamento de Próceres, designados por la corona; y un
Estamento de Procuradores, elegibles por un sufragio censitario muy
restringido si disponían de cierto patrimonio. Ambas cámaras tenían una
función mas consultiva que legislativa; dependían del monarca.
No reconocía la soberanía nacional, ni las libertades políticas, ni la división de
poderes y dejaba la iniciativa legislativa en manos del monarca. No satisfacía ni
siquiera a los liberales más moderados.
-La Constitución de 1837: creada por los liberales progresistas que tenían
el predominio en las Cortes, menos radical que la de 1812, con el fin de que
pudiera ser aceptada de igual modo por progresistas y moderados. Implantaba
definitivamente el régimen liberal en España.
Tenía las siguientes características: soberanía nacional, amplio repertorio de
derechos de los ciudadanos, división de poderes, importante papel de las
Cortes, limitación de la monarquía, aunque, realizó concesiones a los
moderados; mantenía el sufragio censitario, y el bicameralismo. Cesión de
poderes al rey.
Es un texto flexible y conciliador, aunque gracias a este se promulgaron
algunas leyes revolucionarias: supresión del diezmo, eliminación de las
aduanas interiores, desamortización, y disolución de los gremios.
-La Constitución de 1845: “mejora” de la Constitución de 1837, su
verdadero objetivo era ajustar el sistema político a las pretensiones del Partido
Moderado.
Anuló los aspectos más progresistas de la Constitución de 1837. Instauró la
soberanía del Rey y de las Cortes, con amplios poderes para el rey. Se limitaba
el sufragio censitario al mínimo. El sistema legislativo era bicameral. Se
estableció el catolicismo como religión oficial y limitaba la libertad de expresión.
-La Constitución de 1856: elaborada durante el bienio progresista, no llegó
a entrar en vigor. El texto refleja el ideario del partido progresista: sufragio
directo censitario, vuelta a la Milicia Nacional, alcaldes elegidos por los vecinos,
Senado elegido elegido por los votantes, primacía del Congreso sobre el
Senado, tímida tolerancia religiosa.
Describe las características esenciales de la Constitución democrática de
1869
Tras la Revolución de 1868 y el derrocamiento de Isabel II, comenzó la etapa
que se ha llamado sexenio revolucionario o democrático. El siguiente paso fue
organizar un gobierno provisional que se dejó en manos del general Serrano
formado por unionistas y progresistas. El gobierno convoco elecciones a Cortes
Constituyentes en enero de 1869.
Las elecciones celebradas por sufragio universal masculino dieron mayoría a la
coalición de unionistas, progresistas y demócratas monárquicos, confirmando
como presidente del Poder Ejecutivo a Serrano, y, iniciando la elaboración de
un nuevo texto constitucional, lo que será la Constitución de 1869, que definió
un nuevo sistema político basado en el liberalismo democrático.
Entre sus características destacan:
-Avanzada declaración de derechos individuales: derecho de todos los
ciudadanos a la participación en política; sufragio universal masculino para
mayores de 25 años; libertad de imprenta; libertad de culto; derecho de
reunión; y de asociación.
-Soberanía nacional, todos los poderes emanaban de la nación.
-Se establecía la monarquía como forma de Estado, aunque con poderes
limitados, ya que la potestad de hacer las leyes residía exclusivamente en las
Cortes. La monarquía perdió la facultad colegisladora, pero mantenía poderes
propios, como el de suspender las Cortes, y el de sancionar y promulgar las
leyes. También el de aprobar, y desaprobar las decisiones de los ministros.
-Se otorgaba un gran protagonismo a las Cortes, como máximo órgano
representativo de la nación, legislaban, controlaban al gobierno, y se limitaba el
poder del rey.
-Por lo tanto, se establece una clara división de poderes: el poder ejecutivo
en el Rey que lo ejerce a través de sus ministros, el legislativo reside en las
Cortes, y el judicial a los Tribunales.
-En materia organizativa, la Constitución mantiene el bicameralismo, aunque
el Senado pasa a ser electivo.
La Constitución de 1869 esta considerada para muchos como la primera
Constitución democrática de la historia de España, era muy avanzada, se
anticipó varias décadas a los otros países de Europa en cuanto a conquistas
políticas y sociales. Sin embargo, a pesar de establecer los principios básicos
de la revolución: sufragio universal y libertades individuales; su resultado fue
poco satisfactorio. Los republicanos se opusieron al principio monárquico, los
católicos a la libertad religiosa y los librepensadores al mantenimiento del culto.
Los grandes conflictos del sexenio revolucionario y explica sus
consecuencias políticas
La revolución de 1868 “La Gloriosa”, provocó el derrocamiento de la reina
Isabel II, comenzó entonces un proceso de desamortización conocido como
Sexenio Revolucionario o Democrático 1868-1874. Fue una etapa de aguda
inestabilidad política y social provocada por la concurrencia de graves
conflictos, por lo que no se consiguió instalar un sistema político estable.
La Guerra de los Diez años en Cuba (1868-1878)
En Cuba existía un movimiento liberal, que solo aspiraba a una mayor
autonomía. La insensibilidad española ante sus peticiones, les empujó del
reformismo a la revolución independentista. La Guerra se inicio en 1868. La
política del Sexenio respecto de Cuba se limitó a una estrategia de guerra sin
cuartel, con muy pobres resultados debido a: la insuficiencia de recursos
militares y al apoyo encubierto de Estados Unidos contra España.
Consecuencias políticas: el conflicto permaneció durante todo el Sexenio,
añadiendo nuevas dificultades, externas al complejo proceso político de la
Península. La paz de Zanjón 1878, puso fin a la guerra de los 10 años.
La tercera guerra carlista (1872-1876)
Se desarrolló sobre todo en Cataluña, País Vasco y Navarra, y con menor
incidencia en Aragón, Valencia y Castilla. Don Carlos, llegó a establecer un
gobierno estable en Estella. Consiguió algunas victorias frente al ejercito
constitucional, aunque fracasó en los intentos de ocupación de grandes
ciudades. La guerra finalizará en 1876 en el reinado de Alfonso XII, con el
gobierno de Cánovas.
Consecuencias políticas: importante factor de desestabilización de la
monarquía democrática de Amadeo y de la Primera República.
La insurrección cantonalista (1873)
Movimiento y práctica político-social, de carácter federalista insurreccional.
Sistema político y organizativo que propone la división del Estado en cantones,
sublevándose contra el gobierno republicano, comenzó en 1873 con la
proclamación del cantón de Cartagena, rápido se extendió por la península, en
especial al Levante y Andalucía, destaca el de Valencia, Málaga, Cartagena….
Declararon la guerra a Madrid y acelero la caída de Pi y Margall y su sustitución
en 1873 por Salmerón, que reprimió con dureza la resistencia cantonalista.
Consecuencias políticas: movimiento político y social de muy escasa
duración, pero de tal intensidad, en cuanto al estado de desorden que generó
en el país, que constituyó uno de los principales factores del fracaso de la
Primera República.
El movimiento obrero
El movimiento español será minoritario y testimonial hasta el Sexenio. En
España, el reconocimiento de la libertad de asociación desde el comienzo del
Sexenio permitió a las organizaciones obreras salir a la luz y expandirse.
Surgieron dos poderosas ideologías: el anarquismo y el marxismo. Predominó
la corriente anarquista, siendo el más importante en España en estos
momentos, especialmente en el movimiento obrero de Cataluña y en la
población campesina sobre todo de Andalucía.
Consecuencias políticas: aumenta la inestabilidad social, ante un movimiento
obrero, cada vez más organizado. Tras el golpe de Pavía, la dictadura del
general serrano decretó la ilegalidad de AIT y de las asociaciones obreras.
Compara las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, y especifica los
objetivos de una y otra.
El sector económico predominante en el siglo XIX en España seguía siendo la
agricultura. Por lo que se procuraba que la propiedad de la tierra estuviera bien
distribuida, y no fuesen bienes en manos muertas fuera del mercado,
pertenecientes a la iglesia, casas nobiliarias o municipios.
Los políticos liberales, especialmente los progresistas, tomaron medidas para
liberar la tierra de las trabas del Antiguo Régimen, fomentar el crecimiento de la
propiedad privada y la comercialización de la producción agraria. Las más
destacadas son las desamortizaciones.
Antecedentes: la desamortización fue un proceso político, económico y social
que tuvo sus inicios con Carlos III, después se dio la desamortización de
Godoy, 1789, y posteriormente algunos intentos por las Cortes de Cádiz, o por
los gobernantes durante el Trienio Liberal, destacan las desamortizaciones de
1836 y 1855.
La desamortización de las tierras consistía en la incautación por el Estado de
las tierras amortizadas, para venderlas en pública subasta. Fueron concebidas
con carácter esencialmente fiscal, para disminuir la deuda pública.
Destacan las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz.
La desamortización eclesiástica de Mendizábal (1836-1844), afecto a las
tierras del clero. Sus objetivos eran financiar la Guerra Carlista, disminuir la
deuda pública, y crear un gran grupo de propietarios partidarios de la
revolución liberal. Crear “una familia de propietarios que hará producir las
tierras y creará así la gran riqueza”.
Algunos historiadores de la época criticaron que primara la finalidad fiscal sobre
la reforma social y se desaprovechara la oportunidad de repartir las tierras
entre los campesinos que las habían trabajado. Se recaudaron 4000 millones
de reales.
La Desamortización General de Madoz, (1855-1867), incluía todo tipo de
tierras amortizadas, de la iglesia y de los municipios. Sus objetivos
fundamentales eran cubrir la deuda pública y financiar la red de ferrocarriles
que se iba a construir.
Se vendieron casi todas las tierras amortizadas del clero que quedaron
pendientes en la fase anterior, más la mayor parte de las tierras amortizadas de
titularidad civil. Se recaudaron 5000 millones de reales.