Programa de Profesionalización
ESCUELA DE EDUCACIÓN Docente (PPD) de Educación Inicial.
SUPERIOR PEDAGÓGICA PÚBLICA Periodo Académico: 2023 - I
“GENERALÍSIMO JOSÉ DE SAN MARTÍN” Ciclo: II
LECTURA / TRABAJO EN GRUPO
Interacciones de Calidad y desarrollo en
Curso/módulo: Unidad/sesión: I / 5
la primera infancia.
Tema: Tipos de Apego
Formadora: Mag. Nancy Alava Ruiz
TIPOS DE APEGO
La personalidad, el modo de actuar y relacionarse, el modo de gestionar y expresar las
emociones e incluso la futura elección de pareja, están íntimamente relacionados con el
tipo de apego que se ha desarrollado en la infancia entre los padres y el infante.
A continuación, mostraremos qué es el apego, qué tipos hay según la teoría de John
Bowlby, qué implicaciones tienen en la vida posterior de la persona, cuáles son los
comportamientos de cada estilo de apego y cómo influyen en las relaciones íntimas.
¿Qué es el apego?
El apego es un vínculo afectivo que se establece desde los primeros momentos de
vida entre la madre y el recién nacido o la persona encargada de su cuidado. Su función es
asegurar el cuidado, el desarrollo psicológico y la formación de la personalidad.
El establecimiento del apego desde la infancia más temprana se relaciona principalmente
con dos sistemas: el sistema exploratorio, el cual permite al bebé contactar con el ambiente
físico a través de los sentidos; y el sistema afiliativo, mediante el cual los bebes contactan
con otras personas.
Según López (2009), el apego se compone de tres componentes: la construcción mental
que permite establecer la relación de pertenencia e incondicionalidad, la unión afectiva que
proporciona sentimientos de alegría y bienestar, y el sistema de conductas de apego
focalizado en mantener un contacto privilegiado.
¿Cómo se establece el apego?
En el transcurso del primer año, se establece un vínculo de apego con la persona con quien
tiene más contacto y aparece el miedo ante los desconocidos.
El apego es el encargado de proporcionar seguridad al niño en situaciones de amenaza. El
apego seguro permite al pequeño explorar, conocer el mundo y relacionarse con otros; bajo
la tranquilidad de sentir que la persona con quien se ha vinculado va a estar allí para
protegerlo. Cuando esto no ocurre, los miedos e inseguridades influyen en el modo de
interpretar el mundo y de relacionarse.
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La teoría de John Bowlby
John Bowlby (1969/1982) consideraba la relación de apego del niño con el cuidador en la
primera infancia como un elemento crítico para su supervivencia, desarrollo físico y
emocional. Por este motivo, definió el apego como un “imperativo biológico” que se
arraiga en una necesidad evolutiva. Actualmente este concepto permite explicar la
naturaleza del vínculo emocional que, desde el nacimiento, se establece entre el niño y sus
cuidadores, así como por qué las relaciones afectivas son tan importantes en nuestra
experiencia como adultos (Bowlby 1973/1980).
John Bowlby
Según Bowlby (1969, 1973, 1980), lo que permite desarrollar nuestra manera de ser y
relacionarnos con el entorno es una necesidad biológica innata: la relación de apego. El
sistema comportamental de apego es un mecanismo evolutivo diseñado para aumentar la
probabilidad de supervivencia y éxito reproductivo. Como tal, el sistema de apego se
considera un componente de la programación genética humana (Bowlby 1969/1982). Este
conjunto de respuestas innatas de apego, instintivas ante la amenaza y la inseguridad del
entorno se demuestran en tres tipos de comportamientos:
1. Búsqueda, control e intentos de mantener la proximidad con una figura de apego, a
través de las conductas de llorar, llamar o pegarse al adulto. Se trata de un repertorio
biológicamente organizado del niño para establecer la proximidad con el cuidador y
asegurarse su protección y cuidado.
2. Uso de la figura de apego como base segura desde la que explorar ambientes y
experiencias no familiares (Ainsworth, 1963). El sistema comportamental de
exploración permite al niño sentirse libre de explorar el entorno y, cuando se encuentra
temporalmente ausente, necesita que la figura de apego se encuentra disponible como
base segura para proporcionar protección, apoyo y recarga emocional.
3. Recurrir a una figura de apego como base segura (safe heaven) en situaciones de peligro
o de alarma. Los seres humanos, al sentirse amenazados, buscan la seguridad no en un
lugar específico, sino en la compañía de personas consideradas más fuertes o sabias
(Bowlby, 1979).
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Según Bowlby, el desarrollo del vínculo de apego a lo largo del primer año de vida es un
proceso gradual que pasa por cuatro etapas:
1. Fase inicial de pre-apego (1-2 meses). El niño no discrimina a quien dirige los
comportamientos de apego. La separación del cuidador primario puede no causar
malestar, y el comportamiento de búsqueda de proximidad puede dirigirse a distintas
personas disponibles.
2. Fase de instauración del apego (2-6 meses). El niño empieza a discriminar entre los
cuidadores y responde a ellos de forma diferenciada, manifestando preferencias.
3. Fase de exploración activa y búsqueda de proximidad (alrededor de los 7 meses)
o fase en que el apego completo resulta posible. El niño explora el entorno de forma
más activa y es capaz de buscar la proximidad con cuidadores específicos. En este
periodo es capaz de expresar completamente la búsqueda de proximidad y el
comportamiento relacionado con la base segura. Por esta razón se empieza a combinar
la preferencia por un cuidador con la protesta ante la separación de este.
4. Fase de la «relación corregida por los objetivos: alrededor de los 3 años. En esta fase
el vínculo de apego se consolida según un mayor nivel de sofisticación cognitiva del
niño, negociando la proximidad a nivel psicológico o simbólico en lugar de solo
físicamente.
Características del Apego
El apego presenta características comportamentales, entre las que están:
Esforzarse por mantener la proximidad con la persona con la que se está vinculada
Resistirse a la separación sintiendo ansiedad, desolación y abandono entre la pérdida
Mantener un contacto sensorial privilegiado con la figura de apego
Usar la figura de apego como base de seguridad desde la cual poder explorar el mundo
físico y social
Refugiarse en la figura de apego en momentos de tristeza, temor o malestar, buscando
en ella apoyo y bienestar emocional.
Funciones del Apego
De acuerdo con Bowlby la conducta de apego tiene dos funciones básicas:
1. Una función biológica, que es obtener protección para asegurar la supervivencia,
2. Una de carácter más psicológico, la de adquirir seguridad
También existen funciones complementarias como ofrecer y regular la estimulación en
cantidad y calidad, posibilitar la exploración y el aprendizaje, fomentar la salud física y
mental, favorecer el desarrollo social y proporcionar placer.
Así mismo, de acuerdo con Cassidy, se pueden diferenciar 3 tipos de conductas de apego:
1. Conductas señalizadoras: Las que hacen los niños para que la figura de apego se dé
cuenta de que quiere iniciar una interacción, sonrisa, vocalización, balbuceos, etc.
2. Conductas aversivas: Señales que tienen el objetivo de conducir a la madre hacia el
niño, para finalizar el llanto o el comportamiento agresivo de este.
3. Conductas activas: Aquellas que llevan al niño hacia la madre, aproximación a la
madre, seguimiento.
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Los 4 tipos de apego
A continuación, veremos en qué consiste cada uno de los tipos de apego propuestos por
Bowlby, así como algunas manifestaciones en niños y adultos.
1. Apego seguro
Este tipo de apego está caracterizado por la incondicionalidad: el niño sabe que su cuidador
no va a fallarle. Se siente querido, aceptado y valorado. De acuerdo con Bowlby, este tipo
de apego depende en gran medida de la constancia del cuidador en proporcionar cuidados y
seguridad. Debe tratarse de una persona atenta y preocupada por comunicarse con el recién
nacido, no sólo interesada en cubrir las necesidades de limpieza y alimentación del bebé.
Desde luego, el inconveniente es que esto supone una entrega casi total de parte del
cuidador o cuidadora, lo cual puede resultar complicado para algunas personas.
Los niños con apego seguro manifiestan comportamientos activos, interactúan de manera
confiada con el entorno y hay una sintonía emocional entre el niño y la figura vincular de
apego.
No les supone un esfuerzo unirse íntimamente a las personas y no les provoca miedo el
abandono. Es decir, pueden llevar a una vida adulta independiente, sin prescindir de sus
relaciones interpersonales y los vínculos afectivos
2. Apego ansioso y ambivalente
En psicología, “ambivalente” significa expresar emociones o sentimientos contrapuestos,
lo cual, frecuentemente genera angustia. Por eso, en el caso de un apego ansioso-
ambivalente el niño no confía en sus cuidadores y tiene una sensación constante de
inseguridad, de que a veces sus cuidadores están y otras veces no están, lo constante en los
cuidadores es la inconsistencia en las conductas de cuidado y seguridad.
Las emociones más frecuentes en este tipo de apego, son el miedo y la angustia exacerbada
ante las separaciones, así como una dificultad para calmarse cuando el cuidador vuelve.
Los menores necesitan la aprobación de los cuidadores y vigilan de manera permanente
que no les abandonen. Exploran el ambiente de manera poco relajada y procurando no
alejarse demasiado de la figura de apego.
De adultos, el apego ansioso-ambivalente provoca, una sensación de temor a que su pareja
no les ame o no les desee realmente. Les resulta difícil interaccionar de la manera que les
gustaría con las personas, ya que esperan recibir más intimidad o vinculación de la que
proporcionan. Un ejemplo de este tipo de apego en los adultos es la dependencia
emocional.
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3. Apego evitativo
Los niños con un apego de tipo evitativo han asumido que no pueden contar con sus
cuidadores, lo cual les provoca sufrimiento. Se conoce como “evitativo” porque los bebés
presentan distintas conductas de distanciamiento. Por ejemplo, no lloran cuando se separan
de cuidador, se interesan sólo en sus juguetes y evitan contacto cercano.
Lo constante han sido conductas de sus cuidadores que no han generado suficiente
seguridad, el menor desarrolla una autosuficiencia compulsiva con preferencia por la
distancia emocional.
La despreocupación por la separación puede confundirse con seguridad, en distintos
estudios se ha mostrado que en realidad estos niños presentan signos fisiológicos asociados
al estrés, cuya activación perdura por más tiempo que los niños con un apego seguro. Estos
menores viven sintiéndose poco queridos y valorados; muchas veces no expresan ni
entienden las emociones de los demás y por lo mismo evitan las relaciones de intimidad.
En la edad adulta, se producen sentimientos de rechazo de la intimidad con otros y de
dificultades de relación. Por ejemplo, las parejas de estas personas echan en falta más
intimidad en la interacción.
4. Apego desorganizado
Es una mezcla entre el apego ansioso y el evitativo en que el niño presenta
comportamientos contradictorios e inadecuados. Hay quienes lo traducen en una carencia
total de apego.
Lo constante en los cuidadores han sido conductas negligentes o inseguras. Se trata del
extremo contrario al apego seguro. Casos de abandono temprano, cuya consecuencia en el
niño es la pérdida de confianza en su cuidador o figura vincular, e incluso puede sentir
constantemente miedo hacia ésta.
Los menores tienen tendencia a conductas explosivas, destrucción de juguetes, reacciones
impulsivas, así como grandes dificultades para entenderse con sus cuidadores y con otras
personas.
Evitan la intimidad, no han encontrado una forma de gestionar las emociones que esto les
provoca, por lo que se genera un desbordamiento emocional de carácter negativo que
impide la expresión de las emociones positivas.
De adultos suelen ser personas con alta carga de frustración e ira, no se sienten queridas
y parece que rechacen las relaciones, si bien en el fondo son su mayor anhelo. En otros
casos, este tipo de apego en adultos puede encontrarse en el fondo de las relaciones
conflictivas constantes.
Importancia del apego en la infancia
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Las mayores dificultades que podemos experimentar en la vida adulta tienen más que
ver con el amor que recibimos en la infancia, que con cualquier otra necesidad
primaria. John Bowlby, psicólogo británico, estudió de qué manera le afectaban a los
niños —huérfanos y/o hospitalizados— después de la Segunda Guerra Mundial el
cuidado afectivo que recibían.
Él y su colega John Robertson grabaron cómo le afectaba a una niña de dos años la
visita de sus padres al hospital en el que estaba ingresada. Cuando ellos estaban junto
a ella, se mostraba alegre y jugaba; cuando ellos se iban pasaba a estar triste y
decaída (Hoffman, Cooper, Powell, 2019).
Sus conclusiones cambiaron las normas para las visitas en los hospitales y han
influido, de manera lenta pero progresiva e imparable, sobre cómo los profesionales
deben atender el vínculo entre los padres y sus hijos. Hoy, por ejemplo, es una
práctica habitual en casi todos los hospitales públicos de nuestro país realizar piel con
piel con el recién nacido inmediatamente tras el parto.
Los efectos del apego perduran toda la vida, y está relacionado con la capacidad de
autocontrol, autoestima, dependencia emocional, seguridad y toma de decisiones…
Determina la manera en la que nos relacionamos de adultos, la pareja que elegimos y
la forma en la que educaremos a nuestros hijos. Por otra parte, proporciona la guía
para afrontar las situaciones dolorosas y de pérdida que inevitablemente viviremos a
lo largo de nuestro ciclo vital.
La autoestima procede de sentirse aceptado, no sobrevalorado. La fuente es el apego
seguro que es la base de la confianza para desarrollar la propia autovaloración.
Cuando el apego es seguro el niño (Hoffman, Cooper, Powell, 2019):
Es más feliz con sus padres
Siente menos rabia hacia sus padres
Se lleva mejor con sus amigos
Tiene amistades más fuertes y estables
Tienen una autoestima más alta
Tienen mejores relaciones con sus hermanos
Confían en que les sucederán cosas buenas
Son amables con las personas de su entorno
El apego nos muestra el deseo de amar y ser amados como eje de la vida; nos habla
de que somos seres que necesitamos a otros para sobrevivir y para desarrollar
nuestra identidad única.
El amor, en el que nos vinculamos y permitimos al otro su espacio de desarrollo y
experimentación, trasciende los primeros años de vida para ser un pilar en todo el
ciclo vital. A través de la relación con nuestros primeros cuidadores, buscamos la
experiencia íntima de lo que somos en otras relaciones posteriores con los primeros
amigos íntimos, parejas, y posteriormente hijos, pero también nietos.
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El apego es la fuente primaria de nuestro instinto de relación, pero también de
trascendencia en el que la herencia, la psicología, el propósito de la vida y el
significado del mundo se unen.
¿Se puede cambiar el estilo de apego?
Sí, el apego no es inmutable ni se mantiene en la misma medida en todas las personas a
medida que el desarrollo progresa. Además, el comportamiento de todo individuo en una
relación se ve mediado por la conducta del otro. Las relaciones de amistad, laborales y de
pareja también influyen en el tipo de apego y el rol que se mantienen con las nuevas
figuras de apego.
Todo esto es necesario interpretarlo desde un prisma integrador; lo cual implica que todas
las interrelaciones que se producen desde el nacimiento hasta la edad adulta marcan el
comportamiento del momento actual. Una persona con un estilo de apego inseguro en la
infancia puede “aprender” de a las conductas de apego seguro que le proporcionan su
pareja u otras personas queridas, como puede ser un grupo de amigos íntimos
psicológicamente saludables. En todo caso, lo importante es desarrollar las estrategias
convenientes para generar seguridad, con los recursos que tengamos disponibles.
Actualmente existen múltiples factores psicosociales que tienen consecuencias importantes
en la formación de vínculos primarios. Por ejemplo, la falta de conciliación laboral donde
los cuidadores (madres/padres) trabajadores se ven obligados a dejar a sus pequeños con
otras personas, así como la ausencia de esas otras personas para ayudar con el cuidado de
los hijos o de servicios sociales que compensen. Esto deja ver que la tarea de formar estilos
de apegos seguros compete a distintos actores, no sólo a las madres, los padres o las figuras
vinculares cercanas.
Actividad: cada grupo realizará un organizador gráfico del siguiente tema ( ustedes pueden
investigar más sobre su tema, no olviden de registrar su referencia bibliográfica.
1er grupo: Concepto de apego
2do grupo: Los tipos de apegos: Apego seguro
3er grupo: Apego ansioso y ambivalente
4to grupo: Apego evitativo
5to grupo: Apego desorganizado
6to grupo: Se puede cambiar el estilo de apego
7no grupo ¿Cómo se establece el apego?
8vo grupo: Características del apego
9no grupo: Funciones del apego
10no grupo: Importancia del apego
11ro grupo: Teoría de Jhon Bowlby sobre el apego y otros.
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Bibliografía.
Bowlby, J. (1977). La formación y ruptura de vínculos afectivos. El Diario Británico de
Psiquiatría, 130(3): 201-210.
Gómez, R. (s. f.). (2020). Tipos de Apego y sus implicaciones psicológicas. Asociación
Mentes Abiertas.
[Link]
de-apego-y-sus-implicaciones-psicologicas
López, F. (2009). Amores y desamores: procesos de vinculación y desvinculación
sexuales y afectivos. Madrid: Biblioteca Nueva.
Main,M.& Salomón, J. ( 1990) .Conocimiento metacognitivo, monitoreo metacognitivo
y modelos de apego singulares (coherentes) versus múltiples (incoherentes): Hallazgos
y direcciones para futuras investigaciones. En C. M. Parkes, J. Stevenson-Hinde & P.
Morris (Eds), Attachment Across the Life Cycle, págs. 127-159. Londres: Routledge