Sabemos que la enfermedad está provocada por el virus SARS-CoV-2, que se
propaga de una persona a otra de varias formas diferentes.
El virus puede propagarse a través de pequeñas partículas líquidas expulsadas
por una persona infectada por la boca o la nariz al toser, estornudar, hablar, cantar
o respirar. Las partículas tienen diferentes tamaños, desde las más grandes,
llamadas «gotículas respiratorias», hasta las más pequeñas, o «aerosoles».
Los datos disponibles actualmente apuntan a que el virus se propaga
principalmente entre personas que están en estrecho contacto, por lo
general a menos de un metro (distancia corta). Una persona puede
infectarse al inhalar aerosoles o gotículas que contienen virus o que entran
en contacto directo con los ojos, la nariz o la boca.
El virus también puede propagarse en espacios interiores mal ventilados y/o
concurridos, donde se suelen pasar largos periodos de tiempo. Ello se debe
a que los aerosoles permanecen suspendidos en el aire o viajan a
distancias superiores a un metro (distancia larga).
También es posible infectarse al tocar superficies contaminadas por el virus
y posteriormente tocarse los ojos, la nariz o la boca sin haberse lavado las
manos.
Continúan las investigaciones para entender mejor la propagación del virus y qué
entornos conllevan más riesgos y por qué. También se están estudiando las
nuevas variantes del virus y por qué algunas son más transmisibles (enlace a los
informes de situación de la OMS).
Tengan o no tengan síntomas, las personas infectadas pueden transmitir el virus a
otras personas.
Los informes de laboratorio sugieren que, aparentemente, las personas infectadas
son más contagiosas justo antes de que aparezcan los síntomas (a saber, dos
días antes) y en la primera fase de la enfermedad. Las personas que desarrollan
enfermedad grave pueden ser contagiosas por más tiempo.
Aunque nunca tengan síntomas, algunas personas pueden transmitir el virus a
otras; no está claro aún con qué frecuencia ocurre esto, por lo que es preciso
seguir investigando a ese respecto.
Sí, ambos términos se refieren a personas que no tienen síntomas. La diferencia es que
las personas asintomáticas son aquellas que, a pesar de estar infectadas, no presentan
síntomas en ningún momento durante la infección, mientras que las presintomáticas son
las que aún no tienen síntomas, pero los tendrán más adelante.
Sí, toda situación que suponga estrecha proximidad entre personas durante
mucho tiempo incrementa el riesgo de transmisión. Los lugares interiores,
especialmente aquellos cuya ventilación es deficiente, entrañan mayores riesgos
que los espacios al aire libre. Las actividades en las que se expulsan más
partículas por la boca, como cantar o respirar rápidamente durante la práctica del
ejercicio físico, también incrementan el riesgo de transmisión.
Las «tres ces» por lo general ayudan a calibrar la situación. Describen entornos en
los que el virus de la COVID-19 se transmite más fácilmente:
Lugares concurridos;
Situaciones de contacto cercano, en particular cuando las personas conversan muy
próximas entre sí;
Espacios confinados y cerrados con ventilación deficiente.
El riesgo de propagación de la COVID-19 es especialmente elevado en lugares en
que las «tres ces» se superponen.
En los establecimientos de salud donde se recibe tratamiento contra la COVID-19 hay
mayor riesgo de infección durante los procedimientos médicos que generan aerosoles.
Durante esos procedimientos pueden producirse pequeñas gotículas que pueden quedarse
suspendidas en el aire durante más tiempo y propagarse más allá de la distancia que se
mantiene durante una conversación (por lo general 1 metro).
Por ello los trabajadores de la salud que realizan esos procedimientos o que se
encuentran en tales entornos deberían tomar medidas específicas de protección
contra las partículas en suspensión, en particular mediante el uso de equipo de
protección personal apropiado, como mascarillas autofiltrantes. Esa es la razón
también por la que no se permite la entrada de visitantes a las zonas en las que se
realizan procedimientos de ese tipo.
Es mucho lo que podemos hacer para protegernos y proteger a nuestros seres
queridos contra la COVID-19. Conozca los riesgos y redúzcalos. Respete las
siguientes precauciones básicas:
Siga las orientaciones locales: Tome conocimiento de las orientaciones de
las autoridades nacionales, regionales y locales, a fin de contar con la
información más pertinente al lugar en que se encuentre.
Guarde la distancia adecuada: Manténgase al menos a un metro de otras
personas, incluso aunque no parezcan estar enfermas, puesto que es
posible tener el virus sin manifestar síntomas.
Póngase mascarilla: Utilice una mascarilla de tres capas que se ajuste bien,
especialmente cuando no sea posible mantener la distancia física, o en
interiores. Límpiese las manos antes de ponerse y quitarse la mascarilla.
o Lea nuestras Preguntas y respuestas sobre la COVID-19 y las
mascarillas y vea nuestros vídeos sobre el uso y confección de
mascarillas.
Evite los lugares concurridos, los interiores mal ventilados y el contacto
prolongado con otras personas. Pase más tiempo al aire libre que en
interiores.
La ventilación es importante: Abra las ventanas de los lugares cerrados con
el fin de aumentar el volumen de aire exterior.
Evite tocar superficies, especialmente en entornos públicos o en los
establecimientos de salud, por si las ha tocado alguna persona con COVID-
19. Limpie periódicamente las superficies con desinfectantes normales.
Lévese frecuentemente las manos con agua y jabón o con un gel
hidroalcohólico. De ser posible, lleve consigo gel hidroalcohólico y utilícelo
con frecuencia.
Al toser o estornudar, cúbrase la boca y la nariz con el codo flexionado o
con un pañuelo y tire inmediatamente los pañuelos usados en una papelera
cerrada. A continuación, lávese las manos o desinféctelas con gel
hidroalcohólico.
Vacunarse: Cuando le llegue el turno, vacúnese. Seguir las orientaciones y
recomendaciones locales sobre la vacunación.