Sigue Tu Corazón - Pablo Sparta
Sigue Tu Corazón - Pablo Sparta
Caín y Abel fueron la tercera y cuarta persona en la tierra, y protagonizaron uno de los primeros
dramas de la humanidad. Así lo relata el texto bíblico en Génesis 4:2-8:
Abel se dedicó a pastorear ovejas, mientras que Caín se dedicó a trabajar la tierra.
Tiempo después, Caín presentó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra. Abel
también presentó al Señor lo mejor de su rebaño, es decir, los primogénitos con su
grasa. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró así a Caín ni a
su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo.
Entonces el Señor le dijo: «¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si
hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado
está a la puerta para dominarte. No obstante, tú puedes dominarlo».
Caín habló con su hermano Abel. Y cuando estaban en el campo, Caín atacó a su
hermano y lo asesinó.
Caín, el hermano mayor, se dedicó a la agricultura; mientras que Abel fue ganadero. Ambos
trabajaban, ya que éste es un valor que está en el ADN del ser humano desde los inicios.
Por lo que vemos en el relato, la humanidad (compuesta por cuatro personas) seguía en relación con
Dios aún luego de haber pecado y en consecuencia haber sido expulsados de ese lugar tan
maravilloso llamado huerto del Edén. Adán y Eva les habrán enseñado a sus hijos sobre el Señor y
ellos mismos comenzaron a experimentar la relación con El.
La ofrenda y el corazón
Dentro de ésta espiritualidad que ellos tenían, Caín presenta una ofrenda a Dios, dando del fruto de
su trabajo: cultivos. Abel también hizo lo propio, llevando al Señor del producto de su labor:
ganado. Esta ofrenda nació en forma espontánea, ya que todavía no había ordenanzas al respecto.
Seguramente fue una expresión de agradecimiento a Dios por su provisión y reconocimiento de que
todo lo que se tiene viene de parte de El. Como nota al margen decir que es con esta motivación con
la que tenemos que dar al Señor, y no por tradición, costumbre o “por conveniencia” (para que nos
prospere o bendiga).
Veamos el tema de la aceptación de lo que dieron Caín y Abel: “el Señor miró con agrado a Abel y
a su ofrenda, pero no miró así a Caín ni a su ofrenda”.
¿Por qué Dios no acepta la ofrenda de Caín y si la de Abel?
Algunos creen que la de Abel fue del gusto del Señor porque presentó “lo mejor de su rebaño”
mientras que Caín no lo habría hecho así. Otros dicen que tanto Caín como Abel sabían que debían
presentar un animal como ofrenda o sacrificio. Las dos suposiciones pueden ser ciertas, pero para
no especular, vamos a ver que dice la misma Biblia sobre esta cuestión.
Lo primero que vamos a notar es que lo que Dios miró no era la ofrenda en si, sino que primero
evalúa a la persona: “miró con agrado a Abel y… no miró así a Caín…”. Por eso no debemos
pensar que el problema fue la ofrenda presentada, sino la persona que la preparó y presentó.
Caín
Cuando Dios miró a Caín y luego a su ofrenda observó algo distinto a Abel. 1 Juan 3:11-12 dice:
Este es el mensaje que han oído desde el principio: que nos amemos los unos a los
otros. No seamos como Caín que, por ser del maligno, asesinó a su hermano. ¿Y por
qué lo hizo? Porque sus propias obras eran malas y las de su hermano, justas.
Había algo dentro de Caín que no andaba bien, y por eso resultaba en obras malas. Si no hay un
compromiso interior con Dios que se refleje en nuestros actos, nuestras ofrendas no tendrán ningún
significado. Toda nuestra religiosidad vale muy poco si no tenemos una relación viva que el Señor
que cambie nuestra vida...
Corazón de cristal
Caín se vio confrontado por Dios cuando no se aceptó su ofrenda. Tuvo la idea de ofrendar antes
que Abel y aún así su esfuerzo fue desechado. Este revés que un muy fuerte y entró en crisis.
Caín parece ser el primer exponente y el antecesor de la moderna generación de cristal: entró en
crisis por su fragilidad emocional, su susceptibilidad y su baja tolerancia a la frustración.
Hoy nos pasa que cuando no se cumplen nuestras expectativas, cuando no se cumplen nuestros
deseos, cuando sufrimos reveses (aún con pequeños reveses) tenemos sentimientos desagradables y
reaccionamos con sentimientos de duelo por la pérdida sufrida.
En general, la primera forma de reacción es la sorpresa y la negación: “no puedo creerlo”, “no me
puede estar pasando esto a mi”, “es como si viviera una pesadilla”. A veces la negación es tan
grande que uno actúa como que no le ha pasado nada, minimizando las consecuencias.
Otra forma de reacción es la ira, un sentimiento de bronca por la injusticia que estoy sufriendo.
Aparece la frustración ante la impotencia de cambiar la realidad.
Algunos hablan de “la negociación”, que esa actitud que trata de cambiar lo irreversible, creyendo
que con determinados efectos o actitudes puede llegar a revertir lo que pasó… cosa que es
imposible.
No sigas tu corazón
Dios no deja a Caín en su aislamiento de negatividad, lo busca y le habla directamente. Como
siempre, es Dios el que llega a la persona y no al revés. Es el Señor quien se toma el trabajo de
acercarse y hablar, sin que nosotros lo merezcamos en lo más mínimo.
Por qué
Inicia diciéndole “¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo?”.
En primer lugar para hacerle saber que no pasó desapercibido, sino que El estaba atento a su vida…
es como decirle “te veo”, “me importás”. ¿No es algo habitual pensar que somos insignificantes,
que no estamos en el centro de la preocupación del Señor? Y nos pasa todavía más cuando nuestros
hechos no merecen la aprobación de Dios. ¡Es que El nos ama aunque no estemos bien!
Pero esta frase también lo llama a la reflexión con el “por qué”. ¿Cuál es la causa de tu enojo, de tu
tristeza, de tu rebelión? Y esa causa ¿es suficientemente importante para hacer tanto lío? ¿No cabe
la posibilidad de que estés equivocado?
Si nos ponemos en lugar de Caín, hoy cabría preguntarnos ¿por qué estoy enojado, triste, aislado,
cabizbajo? ¿Cuál es la verdadera causa? ¿Es suficiente para ponerme así?
Si te dejas llevar
“Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado está a
la puerta para dominarte.”
La siguiente frase de Dios ayuda a la reflexión, haciendo notar que algo no está bien en nuestro
interior. Porque si estuviera bien nuestra actitud, estaríamos contentos, positivos, con la cabeza en
alto. Pero al estar “cabizbajos” estamos demostrando que hay algo mal adentro nuestro… no afuera.
No es lo que me pasó que me llevó a estar cabizbajo, soy yo el que sigo adelante con esta actitud.
Si nos dejamos llevar por nuestro corazón, en muchas ocasiones vamos a errar. Porque el corazón
humano, la “intuición natural” nos va a llevar al egoísmo, y eso muchas veces choca contra el bien
general y especialmente contra la voluntad de Dios, que de tan buena es perfecta1.
Hay un pasaje que habla de la actitud de Caín y de los que son como el, se encuentra en Judas
versículos 10 al 12. Dice que los que se dejan llevar por el sentir natural son “como animales
1 Romanos 12:2 Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta.
Tu puedes
La frase final de Dios fue “No obstante, tú puedes dominarlo”. No estamos obligados a seguir a
nuestra voz interna que tiende al enojo, al egoísmo, a la tristeza y a la frustración. Podemos
cambiar, podemos dejar nuestra naturalidad y entrar en el camino de la fe, como Abel. Aún siendo
cristianos podemos perder el camino de la fe… pensemos que Caín conocía a Dios, le hacia
ofrendas y hablaba con Dios… pero aún así seguía rigiendo su vida por su propio criterio.
El Señor da una nota de esperanza y muestra el camino para el cambio: podés dominar esta actitud
que te lleva al pecado y a la esclavitud. La decisión está cerca, el consejo de Dios no es superior a
nuestras fuerzas ni está fuera de nuestro alcance 2. Si nos damos permiso para estar mal (enojados,
deprimidos, resentidos), no sólo nada va a cambiar sin que vamos estar mucho peor (dominados por
el mal). Pero si escuchamos el consejo de Dios, conseguiremos cosas buenas y nuevas en nuestra
vida.
Caín escuchó la voz de Dios, pero finalmente no la obedeció. Yo creo que hasta le hizo peor,
porque estaba decidido a no hacer caso, porque estaba persuadido que tenía razón en su
resentimiento. Al estar endurecido, las palabras del Señor lo hicieron enojarse más y tal vez
mientras hablaba Dios ya estaba haciendo el plan nefasto de deshacerse de su hermano. Sin duda la
voz del Señor nos define: en el caso de Caín (como en el de Judas), se precipitaron a la dureza y el
mal. Sólo quisiera mencionar que ante la confrontación de Dios, otros procedieron distinto
cambiando su camino, y que eso les fue de gran bendición; un gran ejemplo de ésto fue David
cuando fue confrontado por el profeta Natán por un caso de adulterio seguido de asesinato3.
Hagamos un autodiagnóstico: ¿estás en un tiempo de negatividad? ¿las cosas te hacen enojar
demasiado? ¿entrás en tiempos de bajón? ¿te quedás con resentimientos?
El “síndrome de Caín” o “corazón de cristal” es el síntoma de que algo no esta bien en nuestro
interior, y que nosotros lo estamos permitiendo. Porque de otra manera, por más problemas que
tengamos, andaríamos “con la frente en alto”.
¿Seremos lo suficientemente nobles para admitir que estamos procediendo mal?
Si es así, el Señor nos dice “tu puedes dominarlo”. Nos dice que podemos ser vencedores en vez de
vencidos: “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.” Romanos 12:21.
No sigamos la voz de nuestro orgulloso corazón que tiende al egoísmo (y al mal). Vayamos a Dios
2 Deuteronomio 30:11-14 “Este mandamiento que hoy te ordeno obedecer no es superior a tus fuerzas ni está fuera
de tu alcance... ¡No! La palabra está muy cerca de ti, la tienes en la boca y en el corazón, para que la obedezcas.”
3 2 Samuel 12:1-24