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Escuela de Niños con Superpoderes

Este documento narra la historia de un grupo de niños con poderes especiales que asisten a una escuela en la Luna de Plutón. Dos nuevos estudiantes llegan, Antonio y Lucas, que pueden emitir rayos calóricos por los ojos. Mientras tanto, la clase aprende sobre una raza alienígena llamada Rhashcos que invade planetas.

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Escuela de Niños con Superpoderes

Este documento narra la historia de un grupo de niños con poderes especiales que asisten a una escuela en la Luna de Plutón. Dos nuevos estudiantes llegan, Antonio y Lucas, que pueden emitir rayos calóricos por los ojos. Mientras tanto, la clase aprende sobre una raza alienígena llamada Rhashcos que invade planetas.

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LUNA DE PLUTÓN

(De Ada con afecto para la clase de 6º)

Aquella tarde el frío, en la Luna de Plutón, se volvió


insoportable dadas las condiciones climáticas casi
imposibles del planeta que se encontraba más
lejano a la estrella que alumbraba todo el sistema
solar. No podían casi respirar y el intenso helor
hizo mella en ellos de manera que pidieron cambiar
de lugar con el fin de continuar sus clases.
Mientras se levantaban de sus pupitres y recogían
sus materiales con sumo cuidado y en silencio,
Kiara, que tenía la capacidad de ser invisible
cuando quería, se asomó a la ventana y vio llegar a
un muchacho cuyos ojos desprendían una intensa
luz verde. Llegaba acompañado de un crío parecido
a él, pero mucho más pequeño, y que no paraba de
dar gritos protestando y corriendo alrededor suyo.
—¡El nuevo, el nuevo! —Gritó Kiara, para asombro
de sus compañeros y de la profesora de Materias
Estelares, que se quedaron completamente
paralizados ante la desmedida muestra de
excitación de la joven.
—¡Señorita Kiara! —gritó la profesora de Materias
Estelares— ¿cómo se atreve a alterar el orden y el
silencio de sus compañeros? — y haciéndose más y
más grande, acercó su cara a la cara sonrojada de
Kiara que comenzó a hacerse translúcida poco a
poco, hasta desaparecer de la vista de todos.
Naiara, cuya capacidad era la telepatía y lectura de
pensamiento, sabía que los planes de Kiara eran
salir del Centro para Alumnos con Poderes
Especiales, tomar una nave monoplaza rumbo a su
planeta y nunca volver. Pero no dijo nada pues era
muy reservada y nunca se metía en asuntos que no
le concernían, sobre todo, porque sabía todo lo que
los demás pensaban, y le resultaba muy cansado
andar contando todas las intimidades.
Todos hicieron caso omiso de lo que acababa de
pasar con Kiara pues escucharon gritos afuera y se
asomaron por las ventanas.
Allí, efectivamente, dos chicos nuevos andaban por
el hall del edificio central y ellos, desde la última
clase del colegio, los miraban atentamente. Ambos
chavales iban emitiendo rayos por los ojos,
quemando todo lo que hallaban a su paso. El mayor
emitía rayos verdes y el pequeño, azules. Unos
guardias de seguridad, les arengaron a que dejaran
de hacerlo y ellos riendo, les contestaron:
—¿Y qué nos vais a hacer si no? —gritó el pequeño,
mirando fijamente a los ojos del guardia, haciendo
que éste se sintiera amenazado.
—¡Llamad a los TURFG! —gritó el guardia por un
reloj de muñeca que le hacía las veces de teléfono y
cuya pantalla le mostraba la centralita de seguridad
del centro.
—¡Ey, Ey, Ey! ¡Espera hombre si solo somos
niños! —el de los ojos verdes lo miraba ya sin
emitir ningún tipo de rayo calórico de sus ojos.
—¡Pero, ¿dónde os pensáis que habéis venido?!
—a continuación, aparecieron dos vehículos sin
piloto y siguiendo las instrucciones del guardia,
desplegaron unos brazos articulados desde
ambos laterales que alcanzaron a los dos niños y
los introdujeron en una cabina posterior de
donde no podían salir. La compuerta se cerró
tras ellos y ambos desaparecieron de la vista de
los niños de la clase.
La profesora sonreía y cuando volvieron todos,
sus caras hacia ella les dijo:
—¿Cuántos de vosotros sabéis qué tipo de rayos
emiten esos dos que acabáis de ver ahí abajo?
Víctor que poseía capacidades similares se
atrevió a decir:
—¡Esos dos además de no estar muy bien de la
azotea, pertenecen a mi raza bioenergética
ocular, pero ellos parecen producir rayos
hipercalóricos, mientras que los míos son fríos
como sabe Ud.!
—¡Exacto, Víctor! Bien, ¡basta de charlas!,
bajemos al aula magna, van a presentarnos al
nuevo equipo militar del centro… como sabéis.
Además, aquí no se aguanta ya el frío mortal.
Y sin más, bajaron ordenadamente por el pasillo
central del edificio que estaba en el ala derecha del
descomunal Centro de Investigación y
Adiestramiento de niños avanzados.
Yuliana y Naiara bajaban charlando de sus cosas. La
primera, poseía el don de transformar sus manos
en unas grandes espadas que cortaban como
mantequilla todo aquello que se interpusiera a su
paso; la segunda, Naiara, ya sabemos.
Tras ellas, Corina y Marta, dos muchachas muy
rubias cuyos cabellos se transformaban en afilados
tentáculos tan resistentes como la tela de las
arañas. Con ellos se podían suspender en cualquier
lugar porque además eran prensiles, y ambas eran
capaces de luchar con pies y manos en cualquier
situación por inverosímil que pareciera colgando
de sus cabellos. Todos recordaban cómo cazaron,
desde lo alto de un edificio, a un ladrón de bancos
justo al salir de cometer su tropelía. Desde arriba,
sin que aquel individuo las viera en ningún
momento, agarradas fuertemente por sus cabellos,
ambas se lanzaron contra aquel criminal y le dieron
una buena tunda. Consiguieron atraparlo en menos
de dos minutos y recuperar el botín. Fue
memorable y justamente por ese motivo las
trajeron al Centro.
Detrás, Mario, iba pensativo junto con David y
Sebastián, que eran los dos alumnos más callados y
respetuosos de todo el centro.

Mario tenía la capacidad de ver a través de los


objetos y además, con su imaginación, hacía que se
materializaran objetos de todo tipo. David por su
lado era capaz de controlar la conducta de los
animales de cualquier especie, les hablaba y éstos
obedecían, y había creado su propio ejército de
aves. Sebastián, haciendo movimientos circulares
con sus manos en el aire, creaba entradas a otras
dimensiones, abría agujeros temporoespaciales por
dónde se podía ir a cualquier lugar o época.
— ¿Quiénes serán los dos nuevos?— preguntó
David a sus dos compañeros.
— A saber, pero tienen unos poderes que nos
vendrá muy bien cuando llegue la invasión de los
Rhashcos— le contestó Sebas.
— A mí me parece un comportamiento muy
inadecuado— dijo Mario algo pensativo— ¿serán
así siempre?
—¡Holaaa!—detrás de ellos, Marc, les seguía los
pasos— ¿dónde vais?— les preguntó
interponiéndose entre sus tres mejores amigos y el
resto del grupo.
Marc era tenía la capacidad de aprender cualquier
cosa que leyera en milisegundos, y no solo eso, era
capaz de reproducir cualquiera de esas cosas
aprendidas, no solo de memoria, sino de realizar las
acciones aprendidas teóricamente. Por ejemplo,
aunque nunca hubiera practicado baloncesto, se
leía en dos segundos un manual sobre el juego y ya
era el mejor jugando al deporte en cuestión. Así con
cualquier cosa.
— Marc, vamos abajo a la sala de estudios a ver una
proyección sobre los alienígenas que vienen a
invadirnos—contestó Sebastián. ¡Vente!
—Bueno yo iba a jugar al basket un rato, porque me
aburre todo eso. Con verlo una vez y rapidito me
sobra. No puedo andar perdiendo el tiempo así— y
se marchó hacia la sala polivalente deportiva, sin
mirar atrás.
—A mí me gustaría tener ese poder—dijo Mario
—Bueno mira, creo que cada uno tiene su propia
utilidad—David comentaba esto poco convencido,
en realidad, de lo que estaba diciendo.
—Veremos, veremos lo que ocurre cuando los
Rhashcos se introduzcan en nuestras mentes...por
mucho que uno tenga un gran poder, no hay
manera de librarse de su influjo—añadió Sebastián.
Todos continuaron hasta la sala donde iban a
instalarse para estar unos cuantos días trabajando
en una estrategia de defensa. El miedo podía
atenazar sus corazones y no dejar que sus
habilidades especiales fueran usadas para defender
a sus [Link] eran unos chicos valientes,
sabían que habían sido elegidos de entre más de
2000 aspirantes con cualidades especiales. Además
era del todo voluntario, nadie les iba a forzar a
permanecer allí sin su consentimiento. Por eso a
nadie le sorprendía que Kiara se hubiera marchado.
Podían hacerlo libremente cuando quisieran, eso sí,
se les hacía pasar por un proceso de eliminación de
memoria, para evitar que recordaran información
relevante. Solo tenían que esperar que fuera el dia
y la hora señaladas.
La sala donde se encontraban ahora era una cúpula
semicircular cuyo techo era una gran pantalla
donde se proyectaban las imágenes en 3D. Mientras
todos se sentaban y acomodaban en sus asientos
Kiara, que había visto a los nuevos, se introdujo en
la sala de retención de alumnos descontrolados
para verles más de [Link] verles sentados,
tranquilos y conversando con la directora del
centro amigablemente, pasó a ser visible y se
presentó:
—¡Hola, soy Kiara!
La directora se volvió y con una amplia sonrisa la
animó a acercarse:
—Hola Kiara te presento a Antonio, el nuevo
alumno, y este es su hermano Lucas…
—Hola, Antonio, hola Lucas… —contestó Kiara
acercándose un poco más pero despacio, como si no
quisiera molestar.
—¡Holaaa!, ¿qué pasa Kiara? Tienes el don de ser
invisible ¿ein?, ¡cómo mola!¡Yo solo tiro rayos
calóricos por los ojos, y éste igual!—dijo señalando
a su hermano con la mano y el dedo índice hacia él
poniéndolos encima de su cara. El hermano
simplemente sonrió divertido y le dio un manotazo.
—¡Bien! ahora vayamos a conocer al resto de tus
compañeros, y, por favor, nadie debe utilizar sus
capacidades especiales sin permiso y sin una orden
mía, ¿de acuerdo?—dijo la directora a los tres,
mirando a los ojos a Antonio, pues habían
estropeado varios vehículos y paredes, techos e
incluso suelos del centro que ahora mismo estaban
siendo reparados por los robots mecánicos
reparadores.
Cuando llegaron a la sala de la cúpula donde
estaban el resto, Naiara fue a recoger a Kiara y se
sentaron juntas:
—Menos mal que no hiciste lo que pensaste...creía
que te ibas a tu casa.
—¡Y me iré en cuanto pueda!, pero quiero ver qué
pasa con estos dos…
Estaban viendo unas imágenes de la invasión de los
Rhashcos a otros planetas. Los Rahscosh eran
alienígenas, sí, pero no como los típicos de las pelis
de ciencia ficción que son seres cabezones con ojos
achinados y grises. Simplemente eran como virus
gigantescos sin capacidad ni actividad neuronal.
Invaden lugares del universo con vida, y les
infectan, aniquilando a sus habitantes por
completo. Después siguen su viaje espacial hacia
otros lugares con vida Lo que les hace sumamente
peligrosos es que soportan cualquier ambiente y
cualquier atmósfera. Son gigantescas estructuras
como naves espaciales llenas de ADN que infecta a
los seres vivos convirtiéndolos en papilla, después
se los tragan ya previamente digeridos, como hacen
las arañas. A veces tienen la capacidad de no ser
detectados por ningún rádar, ningún scanner,
ningún aparato de detección remoto convencional.
Por eso Marc estaba trabajando en construir un
aparato que detectara a esos seres a muchos años
luz de Luna de Plutón y así evitar que infectaran
todo el sistema solar, de manera que se les pudiera
atacar en el espacio por sorpresa.
—¡Buenas tardes chicos!—dijo la directora al
entrar a la sala donde estaban informando a todos
los alumnos— este es el nuevo alumno del Centro.
Y señaló a Antonio, porque su hermano al ser muy
pequeño fue con otro profesor a la clase que le
correspondía por edad. — Acogedle bien y ayudarle
a adaptarse lo mejor posible…. ¡Sigan con su
clase!—y se marchó. Antonio miró a la cúpula
donde se mostraban imágenes de otros planetas
invadidos por estos seres y se quedó boquiabierto.
Marta y Corina se acercaron a él y le preguntaron
todo tipo de información sobre sus poderes de
rayos calóricos. Víctor les observaba desde su
asiento, él sabía todo sobre esa capacidad, pues la
poseía igualmente, pero nunca había explicado
nada sobre ella. Era una persona reservada y no le
gustaba hablar de sí mismo.
De repente, mientras todo esto sucedía, una especie
de terremoto comenzó a mover toda la sala. La
profesora se asustó. Nadie sabía qué pasaba. Las
luces rojas de emergencia se encendieron, eso
significaba que todos ellos debían ir a sus puestos
para luchar… ¿Una invasión alienígena acababa de
comenzar?
Muy rápidamente Corina y Marta desplegaron sus
tentáculos, se miraron a los ojos, asintieron con sus
cabezas y desaparecieron por el pasillo. Kiara
desapareció de la vista de todos. Sebas, Mario y
David corrieron por los pasillos, cada uno iba a su
puesto de lucha. Yuliana desplegó sus brazos
convertidos en armas, y se posicionó para defender
aquella zona del centro. Víctor le dijo a Antonio
que lo siguiera, salieron al exterior a defender por
fuera las instalaciones. Pero no veían nada, no
parecía que nada estuviera acercándose a ellos
desde el espacio. Todos miraban la negrura del
cielo. Nada se acercaba o era invisible.
En la sala de controles estaba Marc, intentando
detectar lo que ocurría… pero no se detectaba nada.
Y en unos segundos, el suelo comenzó a abrirse y
una especie de seres gigantescos parecidos a bolsas
de plástico translúcidas y con colores fluorescentes,
como si fueran grandes medusas, comenzaron a
salir desde el subsuelo del planeta.
Nadie se esperaba este tipo de ataque. Nunca se
había visto que estos seres atacaran desde el
subsuelo sino desde el espacio exterior. Entonces
David apareció montado en un gran buitre negro,
llamado Bo—horne, éste iba liderando una
bandada de pájaros y aves que comenzaron a
atacar desde los cielos oscuros de Luna de Plutón a
aquellas medusas alienígenas. Los picoteaban con
sus fuertes y grandes picos de rapaces y los hacían
desparramarse por los suelos como bolsas de
plástico rotas y llenas de líquido pastoso. Víctor y
Antonio se dieron media vuelta y con sus rayos
hipercalóricos uno, y gélido el otro, comenzaron a
hacer explotar aquellas cosas babosas, pero el
líquido que brotaba de ellas era ácido y corroía
todo lo que tocaban. Corina y Marta suspendidas
desde el techo no solo luchaban contra aquellos
monstruosos seres, asestando golpes que les
dejaban aturdidos, sino que de esta manera los
Rhashcos eran atacados después por Yuliana y sus
espadas de fiero metal frío y brillante. Ambas iban
recogiendo a todos los habitantes del colegio y los
ponían a salvo en el búnker de salvamento central.
Kiara se hizo invisible e indetectable para las
MEDUSAS y se coló por el hueco del suelo desde
donde habían salido para atacar el centro de
estudios. Marc, desde la central y através de un
micrófono que ella llevaba en su oído, iba dándole
instrucciones pues, allí abajo nada se veía. Todo
estaba oscuro. Naiara se acercó a uno de los seres
extraterrestres y, a pesar de que casi no tenían
cerebro, solamente poseían un cúmulo de neuronas
centrales que gestionaba toda la información cual
ordenador, pudo traducir a nuestro idioma unos
pocos pensamientos que el bicho antes de morir
evocó como imágenes en su mente primaria: Naiara
veía su planeta. Un planeta líquido diezmado por
esta plaga de seres cuya necesidad alimenticia lo
arrasaba todo. Por ese motivo habían tenido que
salir de su planeta. Allí ya no quedaba nada más
que un mar yermo y vacío de todo alimento. Con
esa información pudieron localizar el planeta de
origen de las Medusas. Estaba en otra galaxia a
muchos años luz de ellos.
Marc guiaba a Kiara mientras esta buscaba la
entrada por donde aquellos seres habían invadido a
nuestro mundo.
En el patio central Sebas agitaba sus manos y
creaba un portal, una salida de este mundo hacia
otras dimensiones. Una especie de huracán
comenzó a succionar desde el portal, en forma de
torbellino, a todas aquellas criaturas que aún
seguían vivas o que seguían atacando a sus
compañeros. El color azul del otro lado del agujero
o portal dimensional era intenso, por lo que los
demás supieron que había agua al otro lado del
mismo. El pensamiento de Naiara había sido
transmitido hasta Sebas y éste había logrado abrir
un portal hacia su planeta para devolverles allí de
nuevo.
Mientras, Mario, detectaba a todos los aliens que se
escondían detrás de columnas, paredes e incluso
suelo para que pudieran ser eliminados por sus
amigos, creó una nave con su mente para salir
huyendo si la cosa se ponía muy fea, pero no hizo
falta. En unas horas todo había acabado. Los
Rhashcos habían sido eliminados pero habían
muerto algunos habitantes de Luna de Plutón y las
instalaciones de la academia habían sido
diezmadas.
Kiara consiguió encontrar un agujero dentro de la
tierra por donde los Rhashcos habían entrado a su
planeta.
¿Cómo lo habían logrado? Tenían que haber
cruzado el espacio exterior desde millones de años
luz de distancia hasta Luna de Plutón…
...pero esa es ya otra historia.

-FIN-

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