Núm.
46 Mantengamos nuestra confianza fuerte hasta el fin
NOTA: Este discurso es un análisis versículo por versículo de Hebreos 3 y 4. Si lo desea, puede usar las
imágenes suministradas para explicar las ideas correspondientes.
TENEMOS QUE FORTALECER NUESTRA CONFIANZA (4 mins.)
Hay que esforzarse para mantener la confianza en Jehová Dios y en sus promesas.
En este mundo, muchas personas tienden a ponerlo todo en duda (Jn 18:38).
Puede que a veces nos sintamos cansados o desanimados (Heb 12:3).
Por inspiración divina, el apóstol Pablo escribió una carta a los cristianos hebreos para ayudarles a
mantener fuerte su fe.
La carta de Pablo sin duda fortaleció a aquellos cristianos, y también puede fortalecernos a nosotros
(w98 15/7 9, 10 párrs. 3-7).
Por qué se dio este fuerte consejo
3
Parece ser que Pablo dirigió su carta a los cristianos hebreos de Judea en el año 61. Un historiador escribió que
en aquel tiempo “no había paz ni seguridad para ningún hombre serio y honrado, ni en la ciudad de Jerusalén ni en
ningún otro lugar de toda la provincia”. Era un tiempo de desafuero y violencia, fomentado tanto por la opresiva
presencia militar romana como por las bravatas de los judíos zelotes antirromanos y los actos delictivos de los
ladrones que se aprovechaban del caos. Todo ello hacía las cosas muy difíciles para los cristianos, quienes
procuraban no inmiscuirse en los problemas de su entorno (1 Timoteo 2:1, 2). De hecho, había quienes los veían
como inadaptados sociales o incluso sediciosos debido a su postura neutral. A menudo se les maltrataba y se les
despojaba de sus bienes (Hebreos 10:32-34).
4
Los cristianos hebreos también se hallaban bajo una fuerte presión de naturaleza religiosa. El celo de los
discípulos fieles de Jesús, que dio lugar a una rápida expansión de la congregación cristiana, provocó la envidia y la
ira de los judíos, especialmente de sus caudillos religiosos. Estos sometieron a los seguidores de Jesucristo a una
tenaz persecución (Hechos 6:8-14; 21:27-30; 23:12, 13; 24:1-9). Aun si algunos cristianos se libraban de la
persecución directa, los judíos, de todos modos, se mofaban de ellos y los ridiculizaban. Se despreciaba al
cristianismo como una religión advenediza que carecía del esplendor del judaísmo, pues no tenía ni templo
ni sacerdocio ni fiestas ni sacrificios rituales ni muchas otras cosas. Incluso su caudillo, Jesús, murió condenado
como un malhechor. Los cristianos necesitaban fe, valor y aguante para practicar su religión.
5
Los cristianos hebreos de Judea vivían en un tiempo crucial de la historia de la nación. Mucho de lo que su
Señor, Jesucristo, había dicho que señalaría el fin del sistema judío había acontecido ya. El fin no podía estar muy
lejos. Si querían sobrevivir, debían permanecer alertas espiritualmente y estar preparados para ‘huir a las montañas’
(Mateo 24:6, 15, 16). ¿Tendrían la fe y la fuerza espiritual necesarias para actuar de inmediato, como Jesús había
dicho? Parecía que existían ciertas dudas.
6
Durante la última década antes de la disolución de todo el sistema de cosas judío, los cristianos hebreos
estuvieron bajo fuerte presión, que procedía tanto del interior como del exterior de la congregación. Necesitaban
ánimo. Pero también requerían consejo y dirección que les ayudara a ver que el camino que habían escogido era el
debido, y que no habían sufrido ni aguantado en vano. Felizmente, Pablo estuvo allí y acudió en su ayuda.
7
Lo que Pablo escribió a los cristianos hebreos debería interesarnos mucho. ¿Por qué? Porque vivimos en
tiempos semejantes a aquellos. Sentimos a diario la presión de un mundo controlado por Satanás (1 Juan 5:19). Las
profecías de Jesús sobre los últimos días y “la conclusión del sistema de cosas” se están cumpliendo ante nuestros
ojos (Mateo 24:3-14; 2 Timoteo 3:1-5; 2 Pedro 3:3, 4; Revelación [Apocalipsis] 6:1-8). Sobre todo, tenemos que
permanecer alertas espiritualmente para “escapar de todas estas cosas que están destinadas a suceder” (Lucas
21:36).
Analizar el ejemplo de fidelidad de Jesús nos puede dar fuerzas [lea Hebreos 3:1, 2].
Jehová recompensó a Jesús por ser fiel y también nos recompensará a nosotros.
Núm. 46 Mantengamos nuestra confianza fuerte hasta el fin Página 2
Los “participantes de la llamada celestial” gobernarán con Jesús, mientras que otros vivirán para
siempre en la Tierra.
Tenemos que confiar en nuestro Líder, Jesús, que está en el cielo (Heb 3:3-6; w98 15/7 11 párrs. 10, 11).
Alguien mayor que Moisés
8
Pablo destacó una idea fundamental cuando escribió: “Consideren al apóstol y sumo sacerdote que nosotros
confesamos: a Jesús” (Hebreos 3:1). El término griego que se traduce por “considerar” significa “percibir [...],
entender claramente, considerar estrechamente” (Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de
W. E. Vine). Así, Pablo instó a sus hermanos en la fe a esforzarse por comprender plenamente el papel que Jesús
desempeñaba en su fe y salvación. De este modo fortalecerían su determinación de permanecer firmes en la fe.
¿Cuál, pues, es este papel, y por qué debemos ‘considerar’ a Jesús?
9
Pablo aplicó a Jesús los términos “apóstol” y “sumo sacerdote”. Un apóstol es un enviado, y en este texto se
refiere al medio que Dios usa para comunicarse con la humanidad. Un sumo sacerdote es alguien por medio del cual
el hombre puede acercarse a Dios. Estas dos provisiones son esenciales para la adoración verdadera, y Jesús
encarna a ambas. Es el enviado del cielo para enseñar a la humanidad la verdad acerca de Dios (Juan 1:18; 3:16;
14:6). Jesús también ha sido nombrado Sumo Sacerdote antitípico de la provisión del templo espiritual de Jehová
para el perdón de los pecados (Hebreos 4:14, 15; 1 Juan 2:1, 2). Si verdaderamente apreciamos las bendiciones que
podemos conseguir mediante Jesús, tendremos el valor y la determinación necesarios para permanecer firmes en la
fe.
10
Pablo resaltó el valor de la fe cristiana comparando a Jesús con Moisés, a quien los judíos tenían por el mayor
de todos los profetas. Si los cristianos hebreos podían aceptar de corazón el hecho de que Jesús es mayor que
Moisés, no tendrían ninguna razón para dudar de la superioridad del cristianismo sobre el judaísmo. Pablo dijo que
aunque Moisés mereció que se le confiara el cuidado de la “casa” de Dios (la nación o congregación de Israel), él
solo fue un fiel asistente o servidor (Números 12:7). Por otra parte, Jesús era el Hijo, el amo sobre la casa
(1 Corintios 11:3; Hebreos 3:2, 3, 5). Para reforzar su argumento, Pablo mencionó esta verdad universal: “Por
supuesto, toda casa es construida por alguien, pero el que ha construido todas las cosas es Dios” (Hebreos 3:4).
Nadie discutiría el hecho de que Dios es mayor que cualquier otro ser, pues es el Constructor o Creador de todas las
cosas. Lógicamente, entonces, como Jesús fue el obrero maestro de Dios, debe ser mayor que el resto de la
creación, incluido Moisés (Proverbios 8:30; Colosenses 1:15-17).
11
Los cristianos hebreos estaban sin duda en una posición muy favorecida. Pablo les recordó que eran
“participantes del llamamiento celestial”, un privilegio que tenían que valorar por encima de todo lo que pudiera
ofrecer el sistema judío (Hebreos 3:1). Las palabras de Pablo debieron hacer que aquellos cristianos ungidos se
sintieran agradecidos por su nueva herencia y no lamentaran nada del legado judío que habían dejado atrás
(Filipenses 3:8). Pablo los instó a asirse de su privilegio y a no darlo por sentado; les dijo: “Cristo fue fiel como Hijo
sobre la casa de [Dios]. Nosotros somos la casa de Aquel, si mantenemos fuertemente asida nuestra franqueza de
expresión y nuestra jactancia respecto a la esperanza con firmeza hasta el fin” (Hebreos 3:6).
Los cristianos hebreos debían tener presente que Jesús era superior a Moisés [imagen 1].
No olvidemos que Jesús es más poderoso que las instituciones y los gobiernos humanos.
Núm. 46 Mantengamos nuestra confianza fuerte hasta el fin Página 3
UN EJEMPLO QUE NOS SIRVE DE ADVERTENCIA (10 mins.)
El ejemplo de los israelitas del pasado que perdieron su confianza en Jehová nos sirve de advertencia
[lea Hebreos 3:7-9].
Aunque habían visto los milagros de Jehová, tuvieron dudas y se quejaron (Éx 17:1-5; 32:1-6).
Perdieron la recompensa que se les había prometido porque les faltó fe (Nú 13:25-14:4; 14:22, 23; Heb
3:10, 11) [imagen 2].
Si alguien se concentra en conseguir cosas materiales y disfrutar de los placeres, su fe puede debilitarse
[lea Hebreos 3:12].
Si su fe está débil, puede quedarse indefenso ante “el poder engañoso del pecado” [lea Hebreos 3:13].
Tal vez trate de quitarles importancia a la seriedad y a las consecuencias de pecar, o tal vez les
busque defectos a las enseñanzas de la Biblia o a los hermanos para tratar de justificar su mala
conducta.
Por lo que decimos y lo que hacemos, podemos animarnos unos a otros a no ceder ante el poder del
pecado.
La falta de fe hizo que los israelitas desobedecieran, y por eso no encontraron descanso en la Tierra
Prometida (Heb 3:14-19).
Si mantenemos una fe fuerte, podemos disfrutar ahora de una clase especial de “descanso” [lea Hebreos
4:1, 2].
Para entrar en el descanso de Dios, tenemos que entender su propósito y actuar en armonía con él (Heb
4:3-10).
Esto incluye ser obedientes y poner en práctica los consejos de la Biblia (Heb 4:11; w11 15/7 28
párrs. 16, 17).
16
Hoy día, a ninguno de nosotros se nos ocurriría insistir en que nuestra salvación depende de que obedezcamos
ciertos mandatos de la Ley mosaica. A fin de cuentas, en su carta a los Efesios, Pablo dice sin rodeos: “Por esta
bondad inmerecida, en verdad, ustedes han sido salvados mediante fe; y esto no debido a ustedes: es dádiva de
Dios. No, no es debido a obras, a fin de que nadie tenga base para jactarse” (Efe. 2:8, 9). Entonces, ¿qué debemos
hacer si queremos entrar en el descanso de Dios? Recordemos que Jehová separó el séptimo día —su día de
descanso— para un fin especial: llevar a cabo su propósito para la Tierra. Por lo tanto, para entrar en el descanso de
Jehová —es decir, tomar parte en él—, debemos obedecerle y colaborar en el cumplimiento de su propósito según
nos lo va aclarando su organización.
17
Jamás debemos quitarles importancia a los consejos bíblicos del esclavo fiel ni guiarnos por nuestras opiniones
personales. Si lo hiciéramos, nos pondríamos en contra del propósito divino y nos arriesgaríamos a perder la amistad
con Jehová. Ahora bien, ¿qué situaciones ponen hoy día a prueba nuestra obediencia? En el próximo artículo
analizaremos algunas y veremos cómo las decisiones que tomamos en esos casos revelan si hemos entrado en el
descanso de Dios.
Núm. 46 Mantengamos nuestra confianza fuerte hasta el fin Página 4
PERMITAMOS QUE “LA PALABRA DE DIOS” NOS MOTIVE A ACTUAR (5 mins.)
Podemos confiar en las promesas de Dios [lea Hebreos 4:12].
Jehová sigue trabajando para cumplir todo lo que se ha propuesto (w11 15/7 32 párr. 20).
“La palabra de Dios es viva”
20
Cuando Pablo afirmó en Hebreos 4:12 que “la palabra de Dios es viva”, no se refería específicamente a la
Biblia. El contexto muestra que estaba hablando del conjunto de las promesas divinas. La idea principal es que estas
no son palabras muertas, vacías, sino que siempre se cumplen. Eso mismo es lo que había destacado el propio
Jehová al asegurar: “Así resultará ser mi palabra [...]. No volverá a mí sin resultados, sino que [...] tendrá éxito seguro
en aquello para lo cual la he enviado” (Isa. 55:11). Por tanto, no hay razón para que nos impacientemos si las cosas
no avanzan tan rápido como quisiéramos. Jehová “ha seguido trabajando” y lo seguirá haciendo hasta que su
propósito termine de cumplirse (Juan 5:17).
Podemos fortalecer nuestra fe meditando en todo lo que Jehová ha hecho y está haciendo.
Debemos leer la Palabra de Dios, la Biblia, todos los días y poner en práctica lo que aprendemos.
El mensaje de la Biblia puede ayudarnos a vernos a nosotros mismos como Jehová nos ve (w11 15/7 29
párr. 6).
“La palabra de Dios es viva, y ejerce poder.” (HEB. 4:12)
6
El versículo que encabeza este artículo nos recuerda que “la palabra de Dios [...] ejerce poder”. En efecto, consigue
que hagamos grandes cambios en nuestra vida, cambios que no solo se producen antes de bautizarnos, sino
también después. En el mismo pasaje, Pablo añade que “la palabra de Dios [...] penetra hasta dividir entre alma y
espíritu, y entre coyunturas y su tuétano, y puede discernir pensamientos e intenciones del corazón” (Heb. 4:12).
Aquí, el “alma” se refiere a nuestro exterior, lo que parecemos ser, y el “espíritu”, a nuestro interior, lo que en
realidad somos. ¿Qué quiso decir el apóstol? Que cuando examinamos la Biblia y entendemos lo que Dios espera
que hagamos, nuestra reacción revela cómo somos realmente. ¿Qué se puede decir de cada uno de nosotros?
¿Concuerda siempre nuestro exterior con lo que hay en nuestro interior? (Léase Mateo 23:27, 28.) Pensemos en
qué haríamos en las siguientes situaciones.
Si seguimos la guía de Dios, no tenemos por qué temer que nos examine (Heb 4:13).
Núm. 46 Mantengamos nuestra confianza fuerte hasta el fin Página 5
ACEPTEMOS LA AYUDA DE JEHOVÁ Y DE JESÚS (5 mins.)
Jehová ha nombrado a su Hijo para que sea nuestro Sumo Sacerdote celestial (Heb 4:14).
Podemos fortalecer nuestra fe haciendo “declaración pública” acerca de Jesús.
Si nuestra fe se debilita o cometemos un pecado, Jehová y Jesús están deseosos de ayudarnos [lea
Hebreos 4:15, 16].
El rescate nos ayuda a no dudar de que Jehová pueda amarnos o ayudarnos.
Mediante Jesús, podemos orar a Jehová con confianza (w16.07 23, 24 párrs. 12, 13).
12
Podemos acercarnos al trono de Dios en oración. Debido a su bondad inmerecida, Jehová nos concede el
privilegio de dirigirnos a él en oración. De hecho, Pablo llama al trono de Dios “trono de la bondad inmerecida” y nos
invita a acercarnos a él “con franqueza de expresión” (Heb. 4:16a). Jehová nos ha concedido este honor mediante su
Hijo, “por medio de quien tenemos esta franqueza de expresión y un acceso con confianza mediante nuestra fe en él”
(Efes. 3:12). Tener la libertad de dirigirnos a Jehová en oración es una muestra extraordinaria de su bondad
inmerecida.
13
Recibimos ayuda en el momento apropiado. Pablo nos animó a dirigirnos libremente a Jehová en oración “para
que obtengamos misericordia y hallemos bondad inmerecida para ayuda al tiempo apropiado” (Heb. 4:16b).
En cualquier momento que nos sintamos ahogados por los problemas, supliquémosle a Jehová que nos ayude.
Aunque no lo merecemos, él es misericordioso y escucha nuestros ruegos. Con frecuencia, la ayuda viene a través
de otros hermanos. Por eso, “podemos tener buen ánimo y decir: ‘Jehová es mi ayudante; no tendré miedo. ¿Qué
puede hacerme el hombre?’” (Heb. 13:6).
Podemos pedirles ayuda a los ancianos, que siguen el ejemplo de amor de Jesús (1Pe 5:2, 3).
Si aprovechamos la ayuda que nos dan Jehová y Jesús, nuestra fe seguirá fuerte y disfrutaremos de todo
lo que Dios nos ha prometido para el futuro.
[Siga con cuidado el bosquejo y respete el tiempo asignado a cada sección. No tiene que leer ni explicar
todos los textos que están entre paréntesis. Vea el libro Benefíciese, páginas 52 a 55 y 166 a 169].
DEBE PRESENTARSE EN 30 MINUTOS
© 2020 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
S-34-S Núm. 46 9/20