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Pachamamismo vs. Extractivismo en AL

El documento analiza el debate en curso sobre las políticas que deberían seguir los gobiernos progresistas latinoamericanos con respecto al aprovechamiento de los bienes naturales. Discute el impacto del modelo de desarrollo capitalista global en la naturaleza y los efectos del cambio climático y la escasez de recursos, que aumentan la posibilidad de conflictos por tierras y energía. También examina conceptos como ecosistemas y las leyes de la ecología.

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Pachamamismo vs. Extractivismo en AL

El documento analiza el debate en curso sobre las políticas que deberían seguir los gobiernos progresistas latinoamericanos con respecto al aprovechamiento de los bienes naturales. Discute el impacto del modelo de desarrollo capitalista global en la naturaleza y los efectos del cambio climático y la escasez de recursos, que aumentan la posibilidad de conflictos por tierras y energía. También examina conceptos como ecosistemas y las leyes de la ecología.

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35D

:da Capítulo 6
ido
Los bienes comunes en
ión América Latina: el debate
"pachamamismo vs. extractivismo"
ºª
, es
Len
ns­
::¡_ue
;, el
nte
::¡_ue
:ras
Analicemos ahora el debate en curso acerca de las políticas que debe­
eza
::¡_ue rían seguir los gobiernos progresistas latinoamericanos en lo con­
cerniente al aprovechamiento de sus bienes comunes. Pero antes de
isas
introducirnos de lleno en el tema, pasemos rápida revista al escenario
dos
global de los bienes naturales, a los efectos de poder calibrar la grave­
1 de dad de la situación que hoy enfrenta la humanidad.
El investigador colombiano Renán Vega Cantor escribió un breve
>ar­
pero enjundioso artículo sobre el interminable saqueo de la naturaleza y
oja:
el que padecen los parias del sur del mundo115 • En su trabajo demuestra
pa-
con mucha elocuencia el impacto predatorio que ha tenido la globaliza­
las
ción capitalista, con la apertura incondicional de los países de la peri­
tta­
feria a la voracidad de las grandes transnacionales, impulsadas por las
sin,
perspectivas de obtener enormes ganancias en los negocios que hacen
lles
en nuestros países. Ahora bien, esto ocurre debido a la persistencia -y a
ial?
la extensión geográfica y la profundización- de un modelo de consumo
mo,
basado en el despilfarro, y a la irracional e irresponsable utilización de los
,eto
bienes de la naturaleza que, tal como vimos anteriormente, es absoluta­
n el
mente insostenible, no ya en el largo plazo, sino también en el mediano.
� se
Este saqueo de la Madre Tierra fue legitimado por las políticas
:en­
neoliberales de estabilización y ajuste estructural, con el argumento de
que
que constituían un aporte decisivo para "insertar" a las economías lati­
noamericanas en los mercados mundiales116 • En línea con este modelo

115 Ver "Crisis y contraofensiva imperialista de Estados Unidos en América Latina",


de Renán Vega Cantor, en <[Link]/herramienta-web-5/
crisis-y-contraofensiva-imperialista-de-estados-unidos-en-america-latina>.
116 Quienes sustentan estas tesis parecen desconocer que Nuestra América fue "inser­
tada" mediante un baño de sangre en la economía mundial a partir de la Conquista,
desde 1492 en adelante, si bien con ritmos y variantes diferentes según los países y
las regiones.

133
Atilio A. Boron

led growth), dos, y no hay. Además, necesitaríamos un tercer planeta para alojar allí
¡unos pocos los desechos de esta mal llamada civilización 117•
es naturales En la base de este argumento se encuentran las célebres cuatro
1acional, en leyes de la ecología que Commoner explicitó en un libro publicado en
ial y suicida 1971: El círculo que se cierra. En él este autor sostenía que (1) hay una sola
L cual aban­ ecosfera en la cual habitan todos los seres vivos. Por lo tanto, lo que afec­
de control y ta a uno de ellos afecta a todos los demás; (2) no se hallan "residuos" en la
1es, dejando naturaleza, ni un lugar que esté "afuera" donde los desechos y desperdi­
lbutario que cios puedan ser arrojados sin alterar el funcionamiento de la exosfera; (3)
icos genera­ los "avances tecnológicos" para mejorar la naturaleza no hicieron otra
ngresos que cosa que perjudicarla; (4) no existe el "almuerzo gratis" en la naturaleza:
1taba era de cada beneficio que se obtiene de ella tiene un costo y, más importante
na gigantes­ aún, en la naturaleza las deudas siempre se pagan. ¡Puede haber moro­
entales a un sidad -lo cual ya de por sí es un grave problema- pero no hay default!' 18•
Un concepto clave para entender esta problemática es el de
a naturaleza "ecosistemas". Los ecosistemas han sido "los conjuntos o escenarios
La otra, que en que se reproduce la vida. Un ecosistema determinado está definido
a fenomenal por 'el medio abiótico físico-químico y las manifestaciones bióticas a
iente se ori­ las que sirve de soporte: microbios y bacterias, plantas, animales'. Para
dos Unidos/ las sociedades, los ecosistemas han sido fuentes de riqueza y bienestar,
ie un patrón en la medida en que no solamente son ensamblajes de especies, sino
movación de de 'sistemas combinados de materia orgánica e inorgánica y fuerzas
te plantea de naturales que interactúan y se transforman'. La energía que permite el
5 millones de funcionamiento del sistema proviene del sol" 119•
de todo tipo,
5nde deposi­
.io ambiente, l 17 El tema de los desechos tóxicos preocupa también al BM. Su ex economista en jefe y
posterior secretario del Tesoro de Bill Clinton, Lawrence Summers, propuso en 1991
tlmente muy la adopción de una política que forzara a los países pobres a aceptar desechos tóxi­
1r del "ecoso- cos. En un célebre memo dijo que "la lógica económica por detrás de alojar residuos
1uien afirmó tóxicos en países de bajos salarios es impecable. [ ... ] Siempre pensé que los países
ís lograrán!­ con poca población de África se encuentran ampliamente subcontaminados".
los obligados Diversas investigaciones demuestran que la mafia está fuertemente involucrada en
el tráfico ilegal de residuos tóxicos, de los que suele disponer apelando al hundi­
fo civilizato­ miento de barcos cargados con esa clase de materiales. También, que el gobierno de
odologías de Estados Unidos presionó a países como Haití, Guatemala y Somalia a aceptar en sus
en el mundo territorios desechos tóxicos. Ver <[Link]/2009/10/residuos­
:ación de ese [Link]>.
npunidad en 118 Commoner expuso estas cuatro leyes en The closing circle: nature, man, and
, de desechos teclmology (Nueva York: Knopf, 1971). Existe traducción en lengua castellana. John
, tipo, que los Bellamy Foster analizó en detalle la contradicción entre esas cuatro leyes y otras
tantas del modo de producción capitalista en The vulnerable planet: a short economic
� de sus terri­ history of the eni>ironment (Nueva York: Monthly Review Press, 1999).
Vega Cantor, 119 Ver Renán Vega Cantor, "El imperialismo ecológico. El interminable saqueo de
orno ya seha la naturaleza y de los parias del sur del mundo", en Herramienta, N ° 31, marzo de
ln de la natu­ 2006, en <[Link]/revista-herramienta-n-31/el-imperialismo­
'ierra, sino de ecologico-el-interminable-saqueo-de-la-naturaleza-y-de-los->.

135
Atilio A. Boron

manidad en En una nota complementaria a su libro, Klare observa que "la


temas. Estos tira de las guerras por los recursos está próxima. En una importante
stituibles: n l declaración pública, el secretario de Defensa del Reino Unido, John
:arlos. No sf' Reíd, advirtió que la combinación entre los efectos del cambio climáti­
. destrucción co global y los mermados recursos naturales incrementa la posibilidad
urada de los de conflictos violentos por tierras, agua y energía. El cambio climático,
este planeta. indicó, "hará más escasos los recursos y el agua limpia, y la tierra agrí­
mana utiliza cola en buen estado será más escasa". Esto generará que la "emergencia
.ndo quienes por conflictos violentos sea más probable" 122• Y, podríamos agregar, si
isladas de la Reid dijo tal cosa hablando en términos generales, en el ámbito inter­
:1a alteración americano la intensidad y violencia de esos conflictos puede ser de
1 interaccióu extrema gravedad. Tal como lo afirma el Documento Santa Fe IV para
e utilizan los los Estados Unidos, con su exacerbado consumismo y su hipertrofia
mtal a partir en materia de utilización de materias primas y combustibles, el acceso
. destruye en privilegiado a estos recursos no sólo es un asunto importante desde
:1tos de miles el punto de vista económico, sino una cuestión que hace a la seguri­
ilizados para dad nacional. Y cuando esto es lo que está en juego, la respuesta de
todavía es el Estados Unidos difícilmente transite por los carriles de la negociación
lad del globo diplomática. Máxime si, tal como lo demuestra abundantemente el ya
s principales mencionado trabajo de Mónica Bruckmann, el papel de China y -en
ianera: menor medida, por ahora- el de la India como grandes competidores
mundiales por el acceso a recursos naturales cada vez más difíciles
o por el de conseguir está destinado a tensar aún más la cuerda de las rela­
gico; la ciones entre los países de América Latina y la superpotencia imperial.
ubierta ¿Tolerará Washington cruzado de brazos que China compita por los
amena- recursos que considera indispensables para garantizar la seguridad
y por la nacional estadounidense? 1 23•
Lreas de
in nivel
; subte­ Dilemas de política económica en el Sur global
mundo Para los países del Sur la explotación de los recursos naturales y los bienes
160 mil que ofrece la Madre Tierra hoy plantean gravísimos dilemas de política
económica. Esto se encuentra en la base de los trabajos de distinguidos
ro autor con­ activistas y académicos, como Alberto Acosta, del Ecuador, y Eduardo
dmadamente Gudynas y Raúl Zibechi, ambos del Uruguay124• A lo largo de los años, los
n tercio de los
iesaparecido,
5% de la selva l22Ver "Se avecinan guerras por los recursos", de Michael Klare, en Rebelión, 21 de
:::a del Sur)" 121 • marzo de 2006, en <[Link]/[Link]?id=28574>.
J 23 Sobre estos asuntos y los riesgos de una crisis bélica, ver Michel Chossudovsky (nota
al pie 73, pág. 91).
124 La obra de estos autores es sumamente extensa. Los escritos de Eduardo Gudynas se
le Michael Klare encuentran en <[Link]/publicaciones/[Link]>. Ver especialmente
suEl mandato ecológico. Derechos de la naturaleza y políticas ambientales en la nueua

137
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

dos últimos han escrito numerosos trabajos dedicados a cuestionar el antes ne


extractivismo de los gobiernos de izquierda de la región, y, en el caso de pasado�
Gudynas, a criticar las ausencias de una reflexión sobre la problemática que"e!(
ecológica en propuestas sobre el"socialismo del siglo xx:1", como las esbo­ para el i
zadas por el autor de estas líneas en un libro dedicado al asunto125 • abierto
Tal como se señaló anteriormente, le cabe a nuestra región la ción arn
honra de haber sido el territorio del mundo en el cual la problemática cia ecol,
de la Madre Tierra y sus derechos adquirió rango con§ltitucional. Pero como lo
la cosa no quedó sólo allí, sino que, como producto de numerosas y en Ecua
antiguas demandas de los pueblos originarios y los movimientos cam­ en otras
pesinos, se fue cristalizando una ideología, el pachamamismo, que gobiem
radicalizó los planteamientos de protección y resguardo de la natura­ 1:,
leza126. En algunas versiones, este pachamamismo llegó tan lejos como años d(
para exigir a los gobiernos de los países de izquierda el abandono de región¡
cualquier pretensión de explotar los recursos naturales, colocando a a la cua
aquellos ante un cruel y difícil dilema: ¿cómo conciliar la necesidad ¿Por qu
de responder á las renovadas demandas de justicia distributiva -eleva­ de la cr
das por poblaciones que han sufrido siglos de opresión y miseria- con el impu
la intangibilidad de la naturaleza? Se trata de una contradicción que presion
del BM
fundah
interna
Constitución (Quito: Abya Yala, 2009). Aparte de sus numerosos artículos perio­ se han
dísticos, algunos de los principales textos de Raúl Zibechi son Política & miseria. la depe
La relación entre el modelo extractivo, los planes sociales y los gobiernos progresistas
(Buenos Aires: Lavaca, 2011); América Latina: contrainsurgencia y pobreza (Bogotá:
tos, mi1
Desde Abajo, 2010); y Territorios en resistencia. Cartografía política de las periferias y finan
latinoamericanas (Buenos Aires: Lavaca, 2008). De la extensa producción biblio­ tanto p
gráfica de Alberto Acosta Espinosa, ver una de sus más recientes contribuciones: todos le
La maldición de la abundancia (Quito: Abya Yala, 2009). Véase asimismo el dossier do extr:
sobre El capitalismo y la lucha ambiental en Latinoamérica publicado por la revista
Herramienta (julio de 2012) N° 50.
sociak:
gobiern
125Se trata de mi Socialismo siglo xx1. ¿Hay vida después del neoliberalismo? (Buenos
Aires: Ediciones Luxemburg, 2008). bució11.
126 Sobre el pachamamismo ha surgido un intenso debate. Uno de los disparadores fue
asumir
dos artículos del por entonces director de Le Monde diplomatique en Bolivia, Pablo miner;1
Stefanoni. Ver su" ¿Adónde nos lleva el pachamamismo?" enRebelión, 28 de abril de 2010, te secu
e "Indianismo y pachamamismo", en <[Link]/noticia;php?id=l05233>. inversi1
Stefanoni contestó la airada respuesta de sus críticos en "Pachamamismo ventrílocuo", Chile y
en <[Link]/textos/[Link]?id=335l>. Entre sus principales críticos
se encuentran Raúl Prada Alcoreza, "Más allá del capitalismo y modernidad" en
nuevo
Bolivian Research Review/RevistaE, Vol. 8, N° 2, octubre-noviembre de 2010; y Arturo como I
Escobar, "Pachamámicos versus modérnicos" en Línea de Fuego, 6 de marzo de 2012, nuevas
en <[Link]
arturo-escobar/>. Ver también, en una línea más bien coincidente con Stefanoni,
"Preguntas que el pachamamismo debería responder", de Andrés Solís Rada, en
Línea de Fuego, 29 de noviembre de 2011, en <[Link] 127El c.i
preguntas-que-el-pachamamismo-deberia-responder-andres-soliz-radal>. co, <11

138
RIALISMO Atilio A. Boron

jos dedicados a cuestionar el antes no existía, debido al atraso de la conciencia ecológica de tiempos
a de la región, y, en el caso de pasados. Por ejemplo, el presidente chileno Salvador Allende solía decir
�flexión sobre la problemática que "el cobre es el sueldo de Chile", y tenía toda la razón. Claro está que
o del siglo xxr", como las esbo­ para el imaginario de la época la existencia de una gran minería a cielo
·o dedicado al asunto125 • abierto -la enorme mina de cobre de Chuquicamata, con su depreda­
, le cabe a nuestra región la ción ambiental- no constituía un problema. El avance de una concien­
do en el cual la problemática cia ecológica y socialista hace de tal postura un planteo insostenible,
ió rango constitucional. Pero como lo prueban en carne propia gobiernos como los de Rafael Correa
llO producto de numerosas y en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Cristina Fernández en Argentina y,
arios y los movimientos cam­ en otras cuestiones (sobre todo en energía hidroeléctrica), los sucesivos
>gía, el pachamamismo, que gobiernos del Brasil.
ión y resguardo de la natura­ Esta discusión se tornó más intensa que nunca en los últimos
iamismo llegó tan lejos como años debido a la preocupación suscitada entre los gobiernos de la
de izquierda el abandono de región por el desencadenamiento de la nueva crisis general capitalista,
ursas naturales, colocando a a la cual ya nos hemos referido en los primeros capítulos de esta obra.
: cómo conciliar la necesidad ¿Por qué? La razón es bien sencilla: a los efectos de paliar el impacto
le justicia distributiva -eleva­ de la crisis, los gobiernos progresistas fueron aguijoneados a redoblar
)S de opresión y miseria- con el impulso exportador. Ya antes de la crisis nuestros países habían sido
tta de una contradicción que presionados, bajo el influjo del neoliberalismo y las condicionalidades
del BM y el FMI, a adoptar un patrón de desarrollo cuyo dinamismo se
fundaba en el desempeño exportador más que en el vigor de la demanda
interna. Y como los países de América Latina y el Caribe, sin excepción,
de sus numerosos artículos perio­ se han desindustrializado y reprimarizado, el colofón ha sido acentuar
:-l.aúl Zibechi son Política & miseria. la dependencia de los saldos exportables de materias primas, alimen­
s sociales y los gobiernos progresistas tos, minerales e hidrocarburos, para equilibrar la balanza comercial
:ontrainsurgencia y pobreza (Bogotá:
Cartografía política de las periferias y financiar las políticas sociales y el proceso de desarrollo. Esto vale
). De la extensa producción biblia­ tanto para Brasil y México como para Bolivia y Ecuador, pasando por
� sus más recientes contribuciones: todos los demás127• En algunos casos, esto desencadenó un desenfrena­
la, 2009). Véase asimismo el dossier do extractivismo, causante de innumerables problemas de todo orden:
tinoamérica publicado por la revista sociales, económicos, ecológicos e inclusive políticos, al deslegitimar
gobiernos progresistas pero atrapados por el dilema crecimiento-distri­
iespués del neoliberalismo? (Buenos
bución. Según autores como Gudynas y Zibechi, el extractivismo puede
debate. Uno de los disparadores fue
asumir dos variantes: una, el modelo clásico, centrado en la producción
ronde diplomatique en Bolivia, Pablo minera y los hidrocarburos, y caracterizado por un papel relativamen­
ismo?" enRebelión, 28 de abril de2010, te secundario del Estado, que simplemente deja las manos libres a la
·[Link]/noticia;php?id=l05233>. inversión extranjera para que haga y deshaga a su antojo. Casos de
cos en "Pachamamismo ventrílocuo", Chile y la Venezuela previa a la Revolución Bolivariana; o puede ser de
,3351>. Entre sus principales críticos nuevo tipo, como el que se está desarrollando en estos días en países
, del capitalismo y modernidad" en
Jctubre-noviembre de 2010; y Arturo como Argentina, Bolivia, Ecuador, Brasil, Colombia y Venezuela, con
:1 Línea de Fuego, 6 de marzo de 2012 , nuevas explotaciones mineras (litio, mercurio y otras además del cobre
hamam icos-versus-modernicos-por­
nás bien coincidente con Stefanoni,
sponder", de Andrés Solís Rada, en
tp: //[Link]/2011 /11/29/ 127 El caso de México ha sido magníficamente examinado en La compra-venta de Méxi­
,onder-andres-soliz-rada/>. co, de John Saxe-Fernández: (Barcelona: Plaza & Janés, 2002).

139
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

c,q)(íl Ll
y el zinc) y, especialmente, con la desorbitada expansión del cultivo de
la soja. En estos casos, el extractivismo está caracterizado por una pre­ líc;1,, fl!
!JÍPlll o L
sencia mucho mayor del Estado nacional como promotor, regulador y
financiador (al menos en parte) de estos emprendimientos. Esta inten­ lúern d,
sificación del modelo extractivista tiene profundos impactos ambien­ Tmn¡¡1,¡
tales: agravamiento de la deforestación, deterioro de los ecosistemas, d1uanl1'
pérdidas en la biodiversidad, contaminación de suelos, aguas y aire, remHi;·1
inundaciones, incendios forestales y cambio climático. de thil.i
Según Gudynas, los estragos del extractivismo se explican por ?SJlOO 1
varias razones: (a) la inexistencia o la debilidad de los controles fiscales la rcg1<'J
en materia ambiental, potenciados por la flexibilidad exigida -o logra­ se cw 11
da mediante presiones extorsivas por las transnacionales- para invertir de orn,
en nuestros países; (b) la falacia de una "contabilidad ecológica" que, subsíd11
contrariando una de las leyes de Commoner, supone que en la relación sus ex¡,
con la naturaleza todo puede ser ganancia y que no existen costos. No sino q11
se toman en cuenta en esos cálculos el deterioro producido por la irra­ "escnm
cional explotación de la naturaleza y los impactos sociales de la degra­ cxte1íc,1
dación medioambiental, desde catástrofes mal llamadas "naturales" :mplH',:I
(porque en realidad son creadas por la depredación capitalista, como exprn 1.1
las inundaciones y las sequías) hasta las múltiples enfermedades de las poco 1. <
que son víctimas las poblaciones afectadas. Además, como si esto fuera
r,
poco, las pérdidas ocasionadas por el descontrolado extractivismo se soslay;i
trasladan a los gobiernos locales o provinciales, con lo cual quedan tas lrn11
relativamente invisibilizados ante la opinión pública; (c) el hecho de tanto 11
que en la mayoría de los casos la explotación intensiva de los recursos es un;11
naturales se realice en regiones apartadas, de difícil acceso y sobre las damc,1 1

cuales la prensa difícilmente informa. Aparte de eso, los lobbies que de tra11
defienden los intereses vinculados con el extractivismo son muy efi­ COITIO 1
caces a la hora de ocultar los estragos de esas actividades ante el resto ciuda1 L'
de la población, situación que se agrava por el desconocimiento de de la ;q
quienes son las víctimas directas e inmediatas de la degradación de los conc<'p
ecosistemas y, peor aún, de quienes podrían ser las víctimas en el largo amplio
plazo; (d) por último, los altos precios de las commodities ejercen una la silt1:1
influencia incontrastable en gobiernos agobiados por la crisis económi­ en reL,
ca internacional, endeudados y necesitados de recursos para solventar de M,11
las políticas sociales requeridas para contrarrestar las consecuencias de Lul.
estructurales de largos años de políticas neoliberales, sobre los cuales Partid<
se sobrepone la crisis actual. Por ello, relajan los controles ambientales vuelt;i,
y laborales, ofrecen subsidios, garantizan protección y "estabilidad prog1<1
jurídica" a las transnacionales -entre otras cosas, comprometiéndose
por décadas a no modificar los impuestos aplicables a la actividad, o las
actuales alícuotas de los impuestos existentes-, a la vez que autorizan 12H "fl1,·
la irrestricta remesa de las utilidades y les otorgan, al mismo tiempo, pr"I'
ventajas en relación con la liquidación de las divisas producto de sus p11l,I

140
Atilio A. Boron

el cultivo de exportaciones en el mercado local. Va de suyo que este abanico de polí­


por una pre- ticas gubernamentales no sólo perjudica la sustentabilidad medioam­
regulador y biental, sino que también favorece el drenaje de recursos financieros
,. Esta inten­ fuera del país y profundiza el subdesarrollo de nuestras naciones.
tos ambien­ Tomando el caso particular de Chile, Gudynas ha demostrado que si
�cosistemas, durante la presidencia de Ricardo Lagos las transnacionales mineras
lguas y aire, remitieron a sus casas matrices utilidades por valor de 3.500 millones
de dólares, bajo su sucesora Michelle Bachelet esta cifra ascendió a
ixplican por 25.000 millones de dólares. ¡Y eso que Chile es uno de los países de
:oles fiscales la región en donde la organización estatal tiene antigua tradición y
.da -o logra­ se encuentra más desarrollada! 1 28 • En el caso argentino, la minería
para invertir de oro a cargo de la Barrick Gold goza de toda clase de preferencias y
,lógica" que, subsidios, y paga nominalmente una regalía del 3% sobre el valor de
n la relación sus exportaciones de oro. No sólo se trata de una proporción ridícula,
n costos. No sino que, además, la empresa, exporta también lo que se denomina
J por la irra­ "escombro", y que contiene minerales valiosísimos que son vendidos al
de la degra­ exterior sin dejar contraparte alguna para nuestro país. Todo esto, por
"naturales" supuesto, sin ninguna clase de fiscalización pública que revise lo que se
alista, como exporta, ya que los únicos datos al respecto son los que aportan las muy
dades de las poco confiables "declaraciones juradas" de la empresa.
si esto fuera No obstante, cualquier análisis sobre esta problemática no puede
1ctivismo se soslayar el hecho de que los ingresos por las exportaciones extractivis­
:ual quedan tas han servido para financiar amplios programas de políticas sociales,
el hecho de tanto más necesarios en momentos como el actual. El caso de Bolivia
los recursos es una excelente muestra de lo que venimos diciendo, ya que aproxima­
o y sobre las damente la tercera parte de la población de ese país percibe algún tipo
lobbies que de transferencia de parte del gobierno nacional a través de programas
on muy efi­ como el Juancito Pinto, Juana Azurduy o la Renta Dignidad para los
ante el resto ciudadanos de la tercera edad; en Argentina, los ingresos derivados
cimiento de de la aplicación de un impuesto a la exportación de soja (un 35% por
lación de los concepto de "retenciones") han sido fundamentales para financiar un
lS en el largo amplio programa de prestaciones sociales. No muy diferente ha sido
ejercen una la situación de otros países: en el caso del Brasil, la laxitud imperante
,is económi­ en relación con la problemática ecológica motivó la sonora renuncia
.ra solventar de Marina Silva al Ministerio del Medio Ambiente durante la gestión
rrsecuencias de Lula, su renuncia al Partido de los Trabajadores y su adhesión al
re los cuales Partido Verde, con el cual obtuvo casi el 20% de los votos en la primera
ambientales vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas de 2010. Si bien estos
"estabilidad programas financiados por la bonanza exportadora de bienes naturales
,metiéndose
:ividad, o las
1e autorizan 128 "Diez tesis urgentes sobre el nuevo extractivismo. Contextos y demandas bajo el
,mo tiempo, progresismo sudamericano actual", de Eduardo Gudynas, en <[Link]/
lucto de sus publicaciones/[Link]> pág. 199.

141
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

gran m.i
sirven como paliativos para la angustiosa situación social que caracte­ de haccr
riza a los países del área (recordar que América Latina es el continente exclusivi
de mayor desigualdad de ingresos del mundo), lo cierto es que el frenesí sorpretH
extractivista genera nuevos costos sociales y ambientales que requie­ para la 1
ren la urgente atención de nuestros gobiernos. Sin exagerar, podría deFonw
decirse que estamos en presencia de un auténtico círculo vicioso. del Plat.1
Nacion.i
Organizando el saqueo: el proyecto IIRSA tement1·,
a la filo-:
Antes de examinar la reacción ante la ofensiva extractivista conven­ no fuc1:1
dría dedicar unas pocas líneas a la Iniciativa para la Integración de creació11
la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA). Se trata de un pro­ te las pi
yecto que tuvo su partida de nacimiento en el marco de la reunión Colombi
de presidentes sudamericanos convocada por el presidente Fernando naturak
H. Cardoso en Brasilia entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre de estadou,
2000. En esa ocasión, el BID, cuya absoluta fidelidad a las políticas El
del Consenso de Washington nos exime de cualquier esfuerzo argu­ auspici:1
mentativo, presentó a pedido de Cardoso un Plan de Acción para la el BID y I;
Integración de la Infraestructura de Sudamérica. Dicho plan era un se infor1
ambicioso programa concebido para ejecutar proyectos de infraestruc­ mado u1
tura física y favorecer cambios en las legislaciones, normas y reglamen­ transpoi
tos nacionales, con el objeto de facilitar el comercio regional y global. 47 grup1
La IIRSA es, en consecuencia, un proyecto que no surge como respuesta 69 mil 11
a las necesidades sociales y económicas de la región, ni de la demanda marán ('
de la sociedad civil, movimientos sociales y fuerzas políticas, sino que latinoa11
fue concebido por el BID con la intención de desarrollar e integrar las harán c:
infraestructuras de transporte, energía y telecomunicaciones para las prop
consolidar la orientación exportadora de las economías latinoame­ algo m,11
ricanas en un plazo de diez años. Se busca, de este modo, organizar pero no
el espacio geográfico sudamericano basado en el desarrollo de un muydili
complejo sistema regional de transporte terrestre, aéreo y fluvial; de secreto<
oleoductos, gasoductos, hidrovías, puertos marítimos y fluviales, y ten­
didos eléctricos y de fibra óptica, entre los más destacados; todo esto,
por supuesto, absolutamente dentro de la lógica del neoliberalismo.
Estas obras deberían materializarse en "diez ejes de integración y desa­ 129 Inforn
rrollo", corredores que concentrarán las inversiones para incrementar traen
el comercio y crear cadenas productivas conectadas con los mercados toriu,.,
del mundo, principalmente Asia, América del Norte y Europa. Lo que de 11111
grand,
brilla por su ausencia en este proyecto es una tentativa seria de integrar pagt11
efectivamente a los países sudamericanos con iniciativas como las pro­ toriulí
puestas por el presidente Hugo Chávez del Gasoducto del Sur, orientada (M,',11
principalmente a la satisfacción de las grandes mayorías nacionales, (sile111
Relwli,
las empresas pequeñas y medianas, las cooperativas, los campesinos,
rroJI.,
las comunidades indígenas y los productores independientes que en su

142
Atilio A. Boron
RIALISMO

gran mayoría carecen de abastecimiento de gas domiciliario, en lugar


situación social que caracte­ de hacerlo, como es el caso de los proyectos de la IIRSA, en beneficio
r1érica Latina es el continente exclusivo del pequeño sector exportador de nuestras econo�ía�. No
1do), lo cierto es que el frenesí sorprenae constatar, dadas estas condiciones, que el fina��iam1e:1to
es y ambientales que requie­ para la URSA provenga principalmente del BID, la Corporac10n Andma
,iernos. Sin exagerar, podría de Fomento (CAF) y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca
uténtico círculo vicioso. del Plata (FONPLATA), además de los importantes aportes del Banco
Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (ENDES) y, aparen­
IIRSA temente, también del BM, con lo que está todo dicho en lo concerniente
a la filosofía que impregna sus emprendimientos. Como si lo anterior
fensiva extractivista conven­ no fuera suficiente, se debe recordar que la IIRSA había sido, desde su
Lativa para la Integración de creación, un activo promotor del difunto ALCA y que apoya activamen­
a (IIRSA). Se trata de un pro­ te las propuestas conocidas como el Plan Puebla-Panamá y el Plan
J en el marco de la reunión Colombia, ambas tendientes a facilitar la apropiación de los r�cursos
1 por el presidente Fernando naturales de esas regiones por parte de las grandes transnac1onales
Jsto y el 1 de septiembre de estadounidenses' 29•
luta fidelidad a las políticas El plan aprobado por los presidentes en la reunión de Brasilia fue
de cualquier esfuerzo argu­ auspiciado, promovido y desarrollado conceptual y técnicamente P_?r
D un Plan de Acción para la
el BID y la CAF, ambas instituciones acérrimas opositoras al ALBA. Segun
américa. Dicho plan era un se informa en el propio sitio web de la IIRSA, los gobiernos han confor­
itar proyectos de infraestruc­ mado una cartera consensuada de 507 proyectos de infraestructura de
aciones, normas y reglamen- transporte, energía y comunicaciones, que se encuentran reunidos en
1 comercio regional y global. 47 grupos de proyectos y que representan una inversión estimada de
que no surge como respuesta 69 mil millones de dólares que, con el correr de los años, se transfor­
e la región, ni de la demanda marán en una suma mucho mayor, que acrecentará la deuda externa
: y fuerzas políticas, sino que latinoamericana y beneficiará a las grandes transnacionales que se
de desarrollar e integrar las harán cargo de las obras requeridas por el proyecto. Aparentemente,
y telecomunicaciones para las propuestas ya en grado de ejecución inicial estarían demandando
� las economías latinoame­ algo más de la mitad de esa cifra, es d�cir, 37 mil millones de �ólares:
:ca, de este modo, organizar _
pero no existe una confirmación oficial de la m1sm� y, a�ema�, sera
ado en el desarrollo de un muy difícil de obtener, por los grandes márgenes de d1screc1onahdad y
terrestre, aéreo y fluvial; de secreto con que se maneja el proyecto.
, marítimos y fluviales, y ten­
s más destacados; todo esto,
a lógica del neoliberalismo.
ez ejes de integración y desa­ 129 Información sumamente autocomplaciente a propósito de esta iniciativa se encuen­
r1versiones para incrementar tra en <[Link]/ !>. Las cifras que maneja la IIRSA son sumamente contradic­
:onectadas con los mercados torias, en función de la propia información oficial de ese organismo. E� fi�, se trata
L del Norte y Europa. Lo que
de una iniciativa muy poco transparente, sin un adecuado control publico de las
grandes sumas que, en todos los casos, engrosarán la deuda externa que deberá?
na tentativa seria de integrar pagar nuestros pueblos. Análisis críticos de esta iniciativa se encuentran en Terrz­
con iniciativas como las pro­ torialidad de la dominación, de Ana Esther Ceceña, Paula Aguilar y Carlos Motto
Gasoducto del Sur, orientada (México DF: Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, 2007); "Integración
·andes mayorías nacionales, (silenciosa) de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA)", de FOBOMADE, en
>operativas, los campesinos, Rebelión, 17 de septiembre de 2003; y "ALCAIIIRSA, Plan Colombia y el Eje del Desa­
rrollo Occidental", de Lusbi Portillo, en Rebelión, 15 de abril de 2004.
:es independientes que en su
143
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

Dados estos antecedentes, no sorprende comprobar las reac­ permitirán


ciones y protestas que han surgido a lo largó y ancho del continente de todos lo
en contra de la IIRSA. Lo anterior obedece a varias causas: en primer suelos, ríos
lugar, porque tal corno ocurrió con el abortado Acuerdo Multilateral de los rnisn
de Inversiones (MIA, por sus siglas en inglés) -negociado en secreto y el objetivo
descubierto gracias a un error informático por una O NG canadiense vo por el cu
que, al publicitar los contenidos de los borradores del MIA, precipitó un de nuestros
fenomenal aluvión de mensajes y quejas de todo tipo que obligaron a IIRSA 131• Se <
cancelar la iniciativa- los proyectos de la URSA se diseñah y desarrollan era uno de
sin la menor participación, no sólo de las sociedades civiles involucra­ una lógica
das o afectadas por sus rnegaernprendimientos, sino que los mismos ni propuesta d
siquiera son ventilados en los organismos públicos, agencias estatales y Colombia(]
poderes del Estado, corno el Legislativo y el Judicial, y se ejecutan siem­ el 1 de sep!
pre en el mayor secreto, contribuyendo de este modo a deslegitirnar aún cha en mar:
más a las desprestigiadas democracias de la región. En segundo lugar, e instrumer
el trazado de los "ejes" se preocupa exclusivamente por interconectar los Estados
áreas en donde se encuentran grandes reservas de recursos naturales o te: con el PI
núcleos de producción orientados hacia los mercados internacionales. infraestruc !
Los ejes que aparecen en el sitio web de la IIRSA son los siguientes: Mesoamérit
escenario si
• Eje Andino (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia). necesario p.
• Eje Andino del Sur (Argentina, Bolivia, Chile). tratado expl
• Eje Interoceánico Capricornio (Antofagasta, Chile; Jujuy, cuentas, co11
Argentina; Asunción, Paraguay; Porto Alegre, Brasil). IIRSASOn do:
• Eje de la Hidrovía Paraguay-Paraná.
• Eje del Amazonas (Colombia, Ecuador, Perú, Brasil).
• Eje del Escudo Guayanés (Venezuela, Brasil, Surinam, Guyana). Reacción"
• Eje del Sur (Talcahuano-Concepción, Chile; Neuquén-Bahía gubemami
Blanca, Argentina). Ante los desl'
• Eje Interoceánico Central (Perú, Chile, Bolivia, Paraguay, ción "pacha 1
Brasil). dos por est,1
• Eje MERCOSUR -Chile (Brasil, Uruguay, Argentina, Chile). "¿Y de qué v;1
• Eje Perú-Brasil-Bolivia. superaremm
Para resumir, según Marcel Achkar y Ana Domínguez, existe una elementales
íntima relación y una sutil división de tareas entre el ALCA y la IIRSA:
mientras que el primero se preocupaba por establecer el marco jurí­
dico, administrativo y político de la globalización neoliberal, la IIRSA 130 Un ejempln
se encarga de proveer la infraestructura necesaria para concretar ese la bolivarlu 1
proyecto de liberalización comercial impulsado por Estados Unidos, Rodríguez t 1
cuyos beneficiarios excluyentes serán las grandes transnacionales. 131 Ver JIRSA. 1111
En otras palabras, la URSA es una especie de "ALCA silencioso" que explotación
facilitaría de facto la apropiación de las riquezas naturales y la domi­ Domíngue1
de la Tierru
nación del continente americano, ya que, de esta forma, tanto el ALCA
corno el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) les 132 Ver el mene 1,

144
Atilio A. Boron
RIALISMO

prende comprobar las reac-­ permitirán a Estados Unidos y a las transnacionales ejercer un control
largo y ancho del continente de todos los recursos naturales (energéticos, mineros, agua, bosques,
:e a varias causas: en primer i:iuelos, ríos, etcétera) de los países americanos y el usufructo ilimitado
lortado Acuerdo Multilateral de los mismos por parte de esta nación13°. El control de estos recursos es
¡lés) -negociado en secreto y el objetivo supremo de las corporaciones multinacionales, y es el moti­
ico por una ONG canadiense vo por el cual se propone llevar a cabo la iniciativa de integración física
rradores del MIA, precipitó un de nuestros territorios, lo que constituye, precisamente, la misión de la
de todo tipo que obligaron a URSA 131 • Se debe recordar que la construcción de dicha infraestructura
msA se diseñan y desarrollan era uno de los objetivos fundamentales del ALCA, y que todo esto tiene
sociedades civiles involucra­ una lógica muy clara. El TLCAN (inaugurado el 1 de enero de 1994), la
entos, sino que los mismos ni propuesta del ALCA (lanzada por Bill Clinton en diciembre 1994), el Plan
públicos, agencias estatales y Colombia (propuesto en 1999), el proyecto URSA (lanzado en Brasilia
il Judicial, y se ejecutan siem­ el 1 de septiembre de 2000) y el Plan Puebla-Panamá (puesto en mar­
este modo a deslegitimar aún cha en marzo de 2001) forman un conjunto coherente de dispositivos
: la región. En segundo lugar, e instrumentos diseñados para consolidar la dominación integral de
lSivamente por interconectar los Estados Unidos en América Latina y el Caribe. Más específicamen­
ervas de recursos naturales o te: con el Plan Puebla-Panamá los Estados Unidos procuran crear la
)S mercados internacionales. infraestructura física para consolidar su indisputado control sobre
. IIRSA son los siguientes: Mesoamérica; con la URSA, buscan los mismos resultados en el vasto
escenario sudamericano. Es por eso que este constituye el supuesto
'.cuador, Perú, Bolivia). necesario para que se pueda concretar el ALCA, con o sin la firma de un
ria, Chile). 1 ratado explícito, cosa que ya fue rechazada en Mar del Plata. Al fin de
)fagasta, Chile; Jujuy, cuentas, como lo recuerda uno de los estudiosos del tema, "el ALCA y la
to Alegre, Brasil). URSA son dos caras de la misma moneda" 132•

lor, Perú, Brasil).


1, Brasil, Surinam, Guyana). Reacción "pachamamista" y los imperativos de la gestión
r1, Chile; Neuquén-Bahía gubernamental
Ante los desquicios provocados por el extractivismo ha surgido la reac­
ile, Bolivia, Paraguay, ción "pachamamista". Evo Morales, uno de los presidentes más ataca­
dos por esta corriente, lo planteó con total claridad cuando preguntó
y, Argentina, Chile). "¿Y de qué va a vivir Bolivia si no explota sus recursos naturales? ¿Cómo
superaremos un retraso que viene de siglos si carecemos de los más
\.na Domíngue:z, existe una elementales recursos para invertir en desarrollo social?". De ahí que
reas entre el ALCA y la URSA:
Jor establecer el marco jurí­
alización neoliberal, la IIRSA 130 Un ejemplo de cómo combatir al ALCA lo ofrece la política exterior de la Venezue­
::iecesaria para concretar ese la bolivariana. Ver Petroamérica lJS. ALCA. Co1wersaciones con Luis Bilbao, de Alí
misado por Estados Unidos, Rodríguez (Buenos Aires: Capital Intelectual, 2004).
1s grandes transnacionales. 131 Ver !lRSA. Integración de Infraestructura Regional Sudamericana. Otro paso en la
:ie de "ALCA silencioso" que explotación de los pueblos y territorios sudamericanos, de Marce! Achkar y Ana
iquezas naturales y la domi- Domínguez (coords.) (Montevideo: Programa Uruguay Sustentable/Redes Amigos
de esta forma, tanto el ALCA de la Tierra del Uruguay, 2006).
,mérica del Norte (TLCAN) les 132 Ver el mencionado artículo de Luisbi Portillo, "ALCA/IIRSA ... ", [Link].

145

1 1
llALISMO Atilio A. Boron

industrializar la naturaleza", principales objetivos son lograr el "cambio de régimen" en Cuba, bre­
�stipulada en la Constitución gar por mejorar la situación de los derechos humanos presuntamente
1 campaña electoral que con­ pisoteados en la isla y colaborar con "socios locales" para poner fin a
. Mujica irritó sobremanera a las "experiencias populistas" en curso en Sudamérica. Un párrafo de
,ro grama del Frente Amplio/ su sitio web nos exime de mayores comentarios: "Reformas institucio­
[Link] ninguna cláusula nales muy innovadoras para promover la efectividad y transparencia
: una vez asumido el poder, del gobierno en países como Brasil, Colombia, México y Perú corren en
laros para atraer la inversión paralelo con reformas regresivas aprobadas para recortar los derechos
1 conjunto de prerrogativas y civiles y políticos, extender las atribuciones del Ejecutivo y promover
presas pocas veces vistos en la caprichosa intervención del Estado en los países que abrazan el así
e las mayores, sino la mayor llamado 'Socialismo del siglo xxr" 133• La FAES es un engendro del Partido
·ía por concretarse -si es que Popular de España y su presidente es José María Aznar, que se mantiene
presidente Correa desarrolló en el cargo desde su creación, en 1989. Sus objetivos reflejan nítidamen­
bstenerse de extraer petróleo te los de la NED, y actúan incluso con mayor agresividad que aquella,
llísima y estratégica reserva pero en Latinoamérica 134 • Como decíamos anteriormente, no pocas
:ompensación parcial por los ONG que se desempeñan en nuestros países son brazos ejecutores de la
:r aportada por un fideicomi­ CIA, la NED y la FAES. De hecho, su involucramiento en las luchas polí­
lte interesados en disminuir ticas internas llama poderosamente la atención. En Bolivia y Ecuador
ación, que había despertado se ha comprobado que esas ONG y varias iglesias evangélicas penetran
ó ante la previsible mezquin­ profundamente en algunas comunidades originarias y convencen a los
stas poco dispuestos a poner nuevos adeptos de que deben dejar de lado las tradicionales prácticas
; de amor por la naturaleza. sociales basadas en la reciprocidad y los lazos comunitarios y organi­
impacto que esto tuvo en la zar su vida priorizando por encima de cualquier otra cosa sus intereses
:ierta dirigencia de los movi­ individuales. El argumento usado por esas organizaciones es que el
frustración para lanzar una atraso secular de los pueblos originarios habría sido causado por la
e Correa que continúa hasta persistencia de esas formas arcaicas y colectivistas de organización
económica y social, y que la envidiable pujanza de países como Estados
:on lo anterior, que no pocas Unidos es hija del individualismo. No es necesario avanzar demasiado
en apariencia inofensivas y en esta línea para comprobar las derivaciones políticas de este proceso
ueblos originarios y la defen­ de recolonización cultural.
,rganizaciones pantalla de la Las opciones extractivistas -surgidas tal vez más de la necesidad
cy (NED) o la Fundación para que de la elección- de los gobiernos de izquierda y centroizquierda lati­
La NED es una organización noamericanos vinieron de alguna manera a revertir un sentido común
stados Unidos a solicitud del muy establecido en nuestra región (entre otras cosas, gracias a la obra
seno a los representantes de de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, en
y su talante y sus proyectos los años cincuenta y sesenta), según el cual el desarrollo estaba aso­
inspirador. Financia fuerte­ ciado con la industrialización, el mercado interno y las exportaciones
icas pronorteamericanas en manufactureras. Eso era "progresista" en aquellos años, y la influencia
do más de mil donativos por de esta cosmovisión era tan fuerte que aun gobiernos de facto y dictato­
:tos del intervencionismo de riales, como el de los militares brasileños y argentinos de la década del
) algunas de las labores que
lrmente activa en Venezuela
:ación, en Bolivia, Ecuador, 133 Sobre la NED ver: <[Link]/where-we-work/latin-america-and-caribbean>.
área. En América Latina sus 134 Ver <[Link]/es/groups/pensamiento>.

147
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

sesenta, no dejaron de estar influidos por ella. La situación comenzó a


L!'it
cambiar con el desencadenamiento de la contrarrevolución neoliberal
l!h
de la década del setenta, liderada por Pinochet en Chile, Videla en la
·,¡,,¡¡
Argentina y seguida, poco después, por Margaret Thatcher en el Reino
l"' ;)
Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos. A partir de allí, y con un
,.¡ .,
fundamento pseudocientífico en la teoría de la división internacional
,t,-1,
del trabajo (magníficamente refutada, entre otras cosas, en un reciente
libro del presidente Rafael Correa), la especialización productiva en ,,,,,,
d,' l!
materias primas y alimentos y el abandono de una política indus­
11,il1
trial pasaron a ser la marca distintiva de esos gobiernos y, lamenta­
blemente, de sus sucesores constitucionales pero sólo parcialmente
,J;,1
democráticos135 •
liln
En consecuencia, si antes el progresismo era industrialista, hoy
del,
es extractivista, primarizador y exportador. Nuestros países están
exportando naturaleza, algo que se puede comprobar muy fácilmente ,·l "1
f;¡ I!'
calculando la proporción que suman las materias primas sin elaborar,
,dlt
los alimentos y los hidrocarburos sobre el total de las exportaciones.
11111'
Para colmo de males, la misma creciente integración económica entre
10 1
los países de la región (sobre todo en el caso del MERCOSUR, el esquema
1)111'
integracionista más avanzado del área) si bien favoreció el intercambio
de productos manufacturados, no logró revertir la ascendente gravita­ lial:
ll!íl
ción de la economía mundial sobre la composición de las exportaciones
111"',
latinoamericanas136•
cid•
A esta altura de nuestra exposición se torna evidente que la discu­
Er;¡1
sión acerca del pachamamismo como política radical de conservación
/;!lit

di¡:
IÍ!'I
135 Digo "constitucionales" y no "democráticos" porque, según mi entender, los países
que ameritan esa calificación en América Latina son Venezuela, Bolivia y Ecuador, ((·ci
dado que sus constituciones y marcos institucionales contemplan y viabilizan la Y 111
frecuente participación de la población mediante referendos constitucionales, ci,,1
asambleas constituyentes, referendos revocatorios, etcétera. Se debe tener en cuen­ 1111
ta, por ejemplo, que, según lo plantea Juan Carlos Gómez Leyton, ¡ninguna de las
c11;1
tres constituciones establecidas en el Chile republicano (1833, 1925 y 1980) surgió
de una asamblea constituyente o fue ratificada por el voto popular! Hay que añadir a ¡;¡¡
los tres países anteriores el caso de Cuba, con un modelo político muy distinto pero al,,
con un democratísmo de base que llevó al propio Robert Dahl, la figura consular
de la teoría norteamericana del liberalismo democrático, a admitir la necesidad
de ampliar la categoría de democracia para dar cuenta de la especificidad del caso
cubano. Más antecedentes de esto en mi Aristóteles en Macondo (Córdoba: Esparta­
co Córdoba, 2009). El libro de Correa lleva por título Ecuador: de Banana Republic a
la No República (Buenos Aires: Sudamericana, 2010).
136 Sobre el papel de China y -en menor medida, la India- en relación con los procesos
de integración de América Latina, ver "Recuperando el espíritu de Bandung: China y
l'.1/
la integración latinoamericana", de Mónica Bruckmann, en Comunicai;ao & Politica
(Río: Centro Brasileiro de Estudos Latinoamericanos) Vol. 29, N° 2, mayo-agosto de
2001, pp. 125-158.

148
UALISMO Atilio A. Boron

ella. La situación comenzó a de la naturaleza, de su práctica intangibilidad, coloca a los gobiernos de


contrarrevolución neoliberal izquierda y centroizquierda ante un callejón sin salida. Lo mismo puede
1ochet en Chile, Videla en la decirse en relación con el resurgimiento nostálgico de pretendidas ilu­
[argaret Thatcher en el Reino siones basadas en las potencialidades de una "economía familiar/cam­
os. A partir de allí, y con un pesina" para poner coto a las injusticias y depredaciones causadas por
L de la división internacional el auge del agronegocio en los países del área. Si bien la preservación
re otras cosas, en un reciente de la agricultura familiar es un objetivo encomiable, lo cierto es que la
,pecialización productiva en presión que el crecimiento demográfico plantea a nuestros países con­
lono de una política indus­ dena irremisiblemente al fracaso cualquier tentativa de retornar a tec­
� esos gobiernos y, lamenta­ nologías tradicionales cuya productividad por hectárea es, en algunos
ales pero sólo parcialmente casos y en algunos cultivos, equivalente a la de Francia ... ¡en la época
del imperio romano! Bolivia, por ejemplo, ha enfrentado graves pro­
sismo era industrialista, hoy blemas para lograr una alimentación adecuada para su población. Se
1dor. Nuestros países están deben recordar los incidentes estallados a finales de 2010 causados por
� comprobar muy fácilmente el "gasolinazo", pero también por la carestía de los alimentos y el crítico
naterias primas sin elaborar, faltante de azúcar, esencial para afrontar los rigores que imponen las
�l total de las exportaciones. alturas del altiplano. Hay quienes afirman -equivocadamente, según
integración económica entre nuestro entender- que Bolivia podría alimentar a su población de casi
so del MERCOSUR, el esquema 10 millones de habitantes recurriendo a las técnicas de cultivo de los
bien favoreció el intercambio pueblos originarios (algo, entre paréntesis, ¡que José Carlos Mariátegui
�vertir la ascendente gravita­ había descartado ya en la década del veinte del siglo pasado!). Y deci­
posición de las exportaciones mos "equivocadamente" porque Bolivia posee mucho más de 10 millo­
nes de habitantes, si se cuentan los casi 3 millones de bolivianos que
e torna evidente que la discu­ cálculos conservadores estiman viven fuera de su país (en Argentina y
ítica radical de conservación España, principalmente), debido precisamente a la pobreza, la exclu­
sión social y la imposibilidad de acceder a un tenor de vida adecuado y
digno. Una Bolivia dispuesta a alimentar a 13 millones de habitantes no
rque, según mi entender, los países tiene otra alternativa que la de utilizar las más eficientes y productivas
a son Venezuela, Bolivia y Ecuador, tecnologías agrícolas, que garanticen un alto rendimiento por hectárea
ionales contemplan y viabilizan la y una producción que permita abastecer sin problemas a toda la pobla­
iante referendos constitucionales, ción. Claro está que esas modernas fuerzas productivas operan sobre
íos, etcétera. Se debe tener en cuen­
los Gómez Leyton, ¡ninguna de las
un paisaje agrario definido, entre otras cosas, por su gran extensión, lo
ublicano (1833, 1925 y 1980) surgió cual requeriría un proceso de concentración de las pequeñas parcelas
,or el voto popular! Hay que añadir a campesinas en unidades -tal vez bajo la forma de cooperativas- que
1 modelo político muy distinto pero alcancen una escala tal que justifique el empleo de las maquinarias
pio Robert Dahl, la figura consular y las sofisticadas técnicas productivas de hoy en día. Se trata de una
imocrático, a admitir la necesidad
cuenta de la especificidad del caso
opción muy compleja y de resultado incierto, porque no es tan sencillo
?les en Macando (Córdoba: Esparta­ separar las fuerzas productivas de las relaciones sociales de produc­
'tulo Ecuador: de Banana Republic a ción 137. Pero así corno Lenin planteó en su tiempo que el socialismo era
010).
India- en relación con los procesos
ndo el espíritu de Bandung: China y
:kmann, en Comzmicat;áo & Politica 137 En todo caso, y a los efectos .de aportar una mirada sobria a esta cuestión, es nece­
:anos) Vol. 29, N° 2, mayo-agosto de sario evitar caer en triunfalismos tecnologicistas porque, al fin y al cabo, la masiva
introducción de refinadas tecnologías en la explotación agraria no pudo resolver el

149
RlALISMO Ati!io A. Boron

5 arrebatar esa nueva fuente de la comunidad internacional no aúne esfuerzos en pos de este ideal.
capitalistas, en el momento Esto supone la inmensa tarea de modificar los patrones de consumo
n tipo de "soviets" (entendido irracionales, derrochistas e irresponsables del capitalismo avanzado.
poder popular, más allá de lo ¿Podrá lograrse tal cosa en ausencia de una profunda revolución social?
1alidad burguesa) unido a la Una de las críticas que pueden formularse a quienes (como Eduardo
;ía que hoy reposa en manos Gudynas y tantos otros) pregonan la necesidad de llegar primero a un
de su evidente fuerza moral, extractivismo "sensato" -es decir, que para 2020 no supere el 30% de
do como una solución viable las exportaciones de nuestros países- reside precisamente en la debi­
lidad de una argumentación a favor de una racional y cuidadosa apro­
mundo actual. Su llamado a
piación de los recursos naturales liberada de los condicionamientos y
!a, no logra ocultar la necesi­
limitaciones que plantea el capitalismo, y su modelo de consumo, en
to yde procurarse razonable­
su actual fase imperialista. Estamos de acuerdo en la meta, pero para
. racional y responsable de los
ello nos parece que es necesario hablar de -¡y hacer!- una revolución
imo afirma, con razón, que la
socialista. Dentro del capitalismo tal solución es inviable. La automo­
m objetivo loable y digno de
deración en el consumo y la adopción de un estilo de vida signado por
debe serlo la protección de la la austeridad sólo son posibles si se pone fin a la dominación del capital.
isiciona en contra de la natu­ En otras palabras, ¿qué es lo que propone el pachamamismo?
,tivo que el de maximizar su ¿Un modelo alternativo de desarrollo o, como dicen algunos, de aban­
que sea su simétrico reverso, donar por completo el objetivo del desarrollo? Quienes sostienen esta
ble de existir y la ruta para el segunda postura exhortan a la "desmaterialización" de las economías,
:Slo podrá ser alcanzada cus­ a la reducción a lo mínimo indispensable del uso de las materias pri­
�a. Se debe recordar, además, mas y la energía y a la concentración de los esfuerzos en el "buen vivir"
n campesina también alteran y en la calidad de la vida de nuestras poblaciones. Pero ¿es razonable
rción humana, cualquiera sea proponer estos fines, este "no desarrollo", en poblaciones en las cuales
, nadie de manera tan brutal todavía el hambre hace estragos, la desnutrición es rampante, las enfer­
:riminal megaminería a cielo medades curables y prevenibles se cobran miles de víctimas cada día,
11onocultivo de la soja; o en el el analfabetismo sume en la ignorancia y la superstición a millones de
en los mismos principios que latinoamericanos que, además, viven en chozas construidas en sitios
1Scar un punto de equilibrio, de extremo riesgo, como laderas de montañas que se derrumban o a la
�ún gobierno, y mucho menos vera de ríos que, en sus crecidas, arrasan con todo? ¿Es posible acceder
la necesidad de promover el al "buen vivir" proclamado por los pueblos originarios en condiciones
podrá haber escuelas, univer­ de tremenda escasez y privación? Tal como lo veremos en el próximo
ogramas sociales, carreteras, capítulo, desde nuestro punto de vista tal cosa es imposible; pero aun
:a que el "buen vivir" sea algo si no lo fuera, tal estrategia suscitaría importantísimos problemas éti­
una palpable realidad. cos. Porque ¿hasta qué punto podríamos estar autorizados a exigirles a
ar el hecho de que si la cons­ los países que, no por propia voluntad, sino a causa de la dominación
a demostrado ser una empre­ imperialista quedaron sumidos en el atraso y el subdesarrollo, que se
la de dificultades, no menos resignen a permanecer en esa situación, o tal vez a conformarse con
hamamismo en un solo país", un módico progreso, pero a años luz de los niveles de vida de los países
ualeza, mientras el conjunto que se beneficiaron durante siglos del despojo colonial? ¿Tiene sentido
construir un modelo sustentable ecológicamente pero que congele las
asimetrías internacionales creadas por el imperialismo?
con el desarrollo de las fuerzas pro­ Recapitulando: la crítica al pachamamismo no debe ser interpre­
, las relaciones sociales existentes en
;u desenvolvimiento.
tada como un aval al extractivismo. El primero es inviable y el segundo

151
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

es una alternativa difícilmente soslayable en el corto plazo, aun para


los gobiernos de izquierda. Pero es imprescindible neutralizar sus
desastrosos impactos, para lo cual será preciso construir minuciosos
mecanismos de fiscalización de las actividades ligadas al extractivis­
mo, imponer normas rígidas y controles sobre las mismas, y buscar
aceleradamente la coordinación internacional -al menos en el marco
de América del Sur- de este tipo de políticas frente a las transnaciona­
les extractivistas, porque de lo contrario, estas utilizarán su enorme
poderío para chantajear a algunos gobiernos y dar por tierra cualquier
tentativa de monitoreo y control de sus actividades. Además, habrá que
diseñar una adecuada política tributaria que permita captar una parte
significativa de las superganancias y/o la renta extraordinaria de la
cual se apropian esas compañías. Como se ve, son todas medidas tran­
sitorias mientras nuestros pueblos construyen un nuevo orden econó­
mico, político y social claramente poscapitalista a partir de la premisa
de que no hay solución para estos problemas dentro del capitalismo.
En el capítulo siguiente estudiaremos más en profundidad algu­
nos aspectos relacionados con el tema del "buen vivir" o el "vivir bien"
y su relación con los procesos de transformación actualmente en curso
en América Latina.

152
VIO

arrollo a los que más lo Bases militares extranjeras en


a hoy al subdesarrollo y
de la ecología. Decenas América Latina y el Caribe
2!n cada año en el Tercer
Un recuento provisorio
a una de las dos guerras
:mismo y la deuda exter-
5n del medio ambiente. y una amenaza infinita
,a autodestrucción, hay
disponibles en el plane­
os países para que haya
te de la Tierra. No más
la y hábitos de consumo
racional la vida huma­
nal justo. Utilícese toda Los dos mapas que se incluyen a continuación fueron elaborados por
ido sin contaminación. la escritora y periodista Telma Luzzani, quien muy amablemente nos
ia. Desaparezca el ham- autorizó-junto con la Editorial Debate, que publicara su obra Territorios
vigilados- su reproducción en nuestro libro. En su exhaustiva investi­
unismo han desaparecí­ gación, enviada para su publicación en julio de 2012, Luzzani consig­
carreras armamentistas naba la existencia de 72 bases militares estadounidenses instaladas
licar de inmediato esos en Nuestra América. Sin embargo, al momento de enviar a la imprenta
mdo y combatir la ame- nuestro libro se habían instalado cuatro nuevas bases. Tal como me lo
informara Rina Bertaccini, quien en el MOPASSOL dirige un proyecto de
:mos, cesen la insensibi­ monitoreo y seguimiento permanente de las bases militares extranjeras
ia será demasiado tarde en América Latina, tres nuevas se instalaron en Honduras en Mocorón,
mcho tiempo. El Aguacate y Puerto Castilla. A estas hay que agregar un harto sos­
pechoso "Centro de Operaciones de Emergencia Regional", instalado
en Piura, Perú, justo sobre la frontera con la República del Ecuador1 •
De modo que en el momento en que este manuscrito entra a imprenta
ya son 76 las bases norteamericanas operando en Latinoamérica y el
Caribe. A lo anterior habría que agregar otras formas de presencia mili­
tar de Washington en la región: ejercicios conjuntos, cursos de adies­
tramiento para fuerzas armadas y, sobre todo, policiales, reuniones
continentales de altos mandos y toda una maraña de redes, contactos,
programas e instituciones que proyectan el poder militar estadouni­
dense sobre nuestros países, todo lo cual entraña un enorme peligro
para los procesos emancipatorios en curso y las aspiraciones de todos
los pueblos de la región.

1 Para una permanente actualización del tema se recomienda visitar el sitio web del
Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos (MOPASSOL):
<[Link]>.

267
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

60º 40'.

OCÉANO ATLANTICO ORTE

o· Ecuador o·

(
( /
BRASIL¡
1
!

o
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268
USMO Atilio A. Boron

4o· Argentina
l. Malvinas: Monte Agradable, isla Soledad.

OCÉANO ATLANTICO ORTE:


Colombia
2. Apiay: base aérea Luis Fernando Gómez Niño, ubicada en las
inmediaciones de la ciudad de Villavicencio, Departamento de
Meta.
3. Malambo: base aérea Alberto Pauwels Rodríguez, locali­
zada cerca del municipio de Malambo, Departamento del
Atlántico, 700 km al norte de Bogotá, vecina a la ciudad de
Barranquilla.
4. Palanquero: base aérea Capitán Germán Olano, en el munici­
pio de Puerto Salgar, Departamento de Cundinamarca, 190 km
al norte de Bogotá.
5. Tolemaida: base aérea José Inocencia Chincá, en Melgar,
Departamento de Tolima, en el centro del país, 100 kilómetros
al sur de Bogotá.
6. Larandia: base militar conjunta del Ejército, la Fuerza Aérea y
la Armada, a la que también tienen acceso la Policía Nacional.
Se encuentra en el Departamento de Caquetá.
7. Bahía Málaga: base naval que aloja parte de la Fuerza Naval
del Pacífico. Está ubicada a 20 km de Buenaventura en la costa
de ese océano, en un punto equidistante entre Ecuador y
Panamá.
8. Cartagena: base naval que aloja parte de la Fuerza Naval del
Caribe. Estaba ubicada cerca de esa histórica ciudad pero fue
trasladada a la isla Tierrabomba.
9. Tres Esquinas: base aérea Capitán Ernesto Esguerra Cubides,
ubicada en el municipio de Solano, Departamento de Caquetá,
cerca de la confluencia de los ríos Orteguaza y Caquetá.
10. Puerto de Turbo: ubicada en el Departamento de Antioquia,
sobre el Atlántico, y muy próximo a la frontera con Panamá.

Chile
ll. Fuerte Aguayo: en Cancón, cerca de Valparaíso. El Comando
Sur de Estados Unidos construyó en esta base instalaciones
para "ejecutar operaciones de mantención de la paz o de esta­
bilidad civil" de los Cascos Azules.

269
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

Su
Guayana Francesa
12. Kourou: base aeroespacial francesa a 60 km al noroeste de
Cayena (OTAN).

Guyana
13. Base para el lanzamiento de cohetes y satélites en Esequibo
(territorio en conflicto disputado por Venezuela), construida
por la empresa Beal Aerospace Technologies.

Paraguay
14. Mariscal Estigarribia: base Luis María Argaña, en el Chaco
paraguayo, a 525 km de Asunción. Su localización es estra­
tégica en el Cono Sur por estar a 200 km de la frontera con
Bolivia y Argentina, y a 320 de Brasil, muy cerca de la Triple
Frontera.
15. Pedro Juan Caballero: Aeropuerto Internacional Dr. Augusto
Roberto Fuster, ubicado en el Departamento de Amambay, al
noreste de Asunción f en zona limítrofe con Brasil.

Perú
16. !quitos (Amazonas) y Santa Lucía (Alto Huallaga), de esta últi-
ma falta información reciente.
17. Pucallpa: en Ucayali (Amazonas).
18. Mazamari: base del Ejército.
19. Palmapampa: en el distrito de Ayahuanco, Departamento de
Ayacucho.
20. Ancón: puerto marítimo en el norte de Lima que ha servido
para el adiestramiento de fuerzas de todo el Cono Sur por parte
del Comando Sur.
21. Puerto de El Callao.
22. Santa Clotilde: base naval próxima a !quitos, en la margen
izquierda del río Nanay, en plena Amazonia peruana, región
de Loreto.
23. Teniente Clavero: base naval en !quitos, en la frontera con
Colombia. Comprende una serie de destacamentos.
24. El Estrecho: base naval ubicada en el distrito de San Antonio del
Estrecho, en !quitos, a orillas del río Putumayo.

270
Atilio A. Boron
MO

Surinam
25. El Pentágono estableció una base para probar nuevos vehícu­
60 km al noroeste de los militares desarrollados por la General Dynamics Combat
System.

y satélites en Esequibo
Venezuela), construida
ogies.

a Argaña, en el Chaco
1 localización es estra-
km de la frontera con
muy cerca de la Triple

�rnacional Dr. Augusto


mento de Amambay, al
� con Brasil.

Huallaga), de esta últi-

.neo, Departamento de

e Lima que ha servido


lo el Cono Sur por parte

!quitos, en la margen
zonia peruana, región

)S, en la frontera con


:acamentos.
rito de San Antonio del
umayo.
271
Atilio A. Boron

Antigua y Barbuda
26. Base militar ubicada a 8 km de la capital Saint John's. Pertenece .
a la Comunidad Británica de Naciones (OTAN).

Aruba
\ n 27. Reina Beatrix: Estados Unidos tiene un Sitio de Operaciones de
; i\ Avanzada (FOL) ubicado en esta isla caribeña, cuyo territorio de
_,
<( ,_.,..J·�·
i-'
·....\
ultramar pertenece a Holanda.
w \,
::,
N i
-�
w i Bahamas
z
w .,,.-·
> .,..

,,
_r·'-.... __ .,__ ; ·,_.,,·"· 28. Mayaguana Army Airfield: base militar ubicada en Mayaguana.
i.
;
29. Isla Andros: base aeronaval donde se encuentra el Centro de
/
l Pruebas y Evaluación Submarina del Atlántico (AUTEC), utiliza­
i.
i � do para probar nuevas armas de guerra.
i ID
,._,i :E
.,(· � <q' Belice
o •
(..)
"'• 30. Calabash Caye: espacio para entrenamiento de efectivos de
Gran Bretaña (OTAN). El 23 de marzo de 2010 se inauguró allí un
FOL de Estados Unidos.

Costa Rica
31. Liberia: a 280 km de San José, sobre el océano Pacífico. Hay una
estación de radar.
32. Caldera: según el diario La Nación de ese país, el Comando Sur
estaría construyendo una base naval en la localidad de Caldera,
provincia de Puntarenas, donde funcionaría una escuela naval
para el adiestramiento de oficiales.
• Cuba
33. Guantánamo: centro de detención, interrogación y tortura.

Cura�ao
34. Hato Rey: FOL con idénticas condiciones que el de Aruba.

El Salvador
35. Comalapa: ubicada a 34 km al sureste de la capital San
Salvador, sobre la costa del Pacífico y cercana al Aeropuerto
Internacional.

273
MO Atilio A. Boron

de France. Allí se encuentra el Ejército francés, incluyendo el


33° Regimiento de Infantería y la Marina de Guerra.
be que pertenece a la
ta base tiene una esta- 43. Pointe des Sables: estación de radar (OTAN).

México
44. Chicomuselo: base militar en el Estado de Chiapas, en la fronte­
.í se encuentran por lo ra con Guatemala.
45. Jiquipilas: ubicada en el Estado de Chiapas.
46. Las Encinas: ubicada en San Salvador de Chachapa, al oriente
de la capital del Estado de Puebla. Este lugar, destinado para
s extranjeras pero está reserva ecológica, será en adelante una reserva militar.
:ar contra las drogas.
Panamá
Sobre el Pacífico:
ncia y Estados Unidos.
e ocupado por las fuer­ 47. Quebraga de Piedra: ubicada en la provincia de Chiriquí.
tciones Unidas en Haití 48. Isla de Coiba: se encuentra en la provincia de Veraguas.
ttre ellos, Argentina.
49. Merisabé: se'ubica en el distrito Las Tablas, en la provincia Los Santos.
50. Isla de Chapera.

�ra la Fuerza de Tarea 51. Punta Coco: ubicada en el archipiélago Las Perlas.
52. Isla Galera.
ar un FOL (no confir- 53. Bahía o Puerto Piña: base naval en la provincia de Darién.
1stalada sobre la !agu­
a Dios, territorio de la Sobre el Caribe:
\tlántico está pegado a 54. Rambala: en la provincia de Bocas del Toro.
55. Fort Sherman: en Colón.
Islas de la Bahía, en el
56. El Porvenir: base aeronaval en Kuna Yala.
57. Puerto Obaldía: en Kuna Yala.
58. San Vicente: en Metetí, provincia de Darién, cercana a la fron­
e Naciones. Tiene una tera con Colombia.
OTAN.
Puerto Rico
Estados Unidos lo considera su territorio.
menos dos bases:
59. Lajas: en este municipio la Fuerza Aérea de Estados Unidos
:sponsable de la Fuerza cuenta con un sitio de radar (Lajas Radar Site) y la presencia del
iada en la capital Fort Departamento de Seguridad Interna.

275
;MQ

a costa atlántica. Allí la Las disputas sociopolíticas por los


de control submarino.
bienes comunes de la naturaleza:
características, significación y
tdilla, en el aeropuerto
'\.tlántico, la Marina de
n FOL.
desafíos en la construcción de
Nuestra América1
,érea de Estados Unidos
lamey Solar Observatory
mtro transmisor (Naval
José Seoane, Emilio Taddei y Clara Algranati 2
1 Baja, hacia el océano
as instalaciones conoci-
Los conflictos sociales alrededor de los bienes comunes de la natura­
i encuentra la policía mili­ leza -aquellos bautizados por el pensamiento económico tradicional
a (conocida como DODEP). como "recursos naturales"- no han dejado de crecer en número y
significación en Nuestra América latina y caribeña de las últimas
�rra. décadas. Diversas y, a veces, contradictorias, expresándose en terre­
rro de este municipio la nos variados de la acción colectiva o respecto de bienes comunes
osee un FOL. distintos, estas disputas han ganando una progresiva visibilidad y
relevancia tanto a nivel nacional como regional. Desde el ciclo de
t militar del municipio de las resistencias al neoliberalismo y las políticas imperiales iniciado
NAVACT (actividad naval). 1
a mediados de los años noventa hasta los conflictos sobre el rumbo
fue Roosevelt Roads, la de los procesos de cambio y las alternativas "posneoliberales" de la
ene un FOL. última década, estas luchas han supuesto también intensos procesos
de radicalización y movilización social, así como la emergencia de
dos Unidos cuenta con significativos movimientos sociales y de espacios de articulación y
Más Allá del Horizonte coordinación continental y global.
ica en el Fuerte Allen, En esta dirección, por ejemplo, la lucha contra la expansión de
az. También cuenta con la minería a cielo abierto en Perú dio nacimiento a la Confederación
en Monte Pirata, en la Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería ( CONACAMI)
en 1999, expresión de un movimiento indígena campesino que confluyó
hacia el mar Caribe, la a su vez en la fundación de la Coordinadora Andina de Organizaciones
ene instalado el Salinas Indígenas (CAOI) en 2006. Por otro lado, los cuestionamientos a la
expansión del agronegocio y el nuevo latifundio motivó la aparición
de nuevos movimientos campesinos -los Sin Tierra-, entre los que se
destacan el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en

1 Este artículo presenta una versión reducida elaborada sobre la base de dos clases
virtuales preparadas para el curso sobre Geopolítica de América Latina dictado
sfuerzos Internacionales en el Campus Virtual del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en
stas y la DEA. Ciencias Sociales (PLED).
2 Grupo de Estudios sobre América Latina y el Caribe ( GEAL).

277
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

CQJJ1
1985 en Brasil y la fundación de la Coordinadora Latinoamericana de
Organizaciones del Campo (CLOC) en 1994. ado¡
Incluso los conflictos por los bienes comunes se convirtieron ne(I,
en puntos de articulación sociopolítica nacional (rural-urbano) de los natí
cuestionamientos al régimen neoliberal, como graficó la experien­ An11
cia boliviana con el ciclo que va de la llamada "Guerra del Agua" de
Cochabamba (2000) a la "Guerra del Gas" (2003), y la agenda de octubre La:;
que orientó el proceso de luchas y cambios en el primer mandato de rec1
Evo Morales (2006-2010). En igual sentido, la reforma petrolera impul­
sada por el gobierno de Hugo Chávez fue uno de los motivos del golpe Los
de estado fallido de 2002 y uno de los centros de la disputa social -par­ el q
ticularmente en relación con la empresa petrolera estatal PDVSA- en el glol
período de confrontación social que le siguió. plal
Asimismo, la conflictividad social por los bienes comunes siguió car!
teniendo un peso creciente en aquellos países donde, resultado de tar
movilizaciones y cuestionamientos sociales, acontecieron cambios dep
políticos gubernamentales que,· con distinta intensidad, se alejaron COll
de las recetas de la ortodoxia neoliberal de los noventa. En esta direc­ fica
illlll
ción apunta, por ejemplo, el crecimiento de los conflictos rurales en la
Amazonía brasileña o las luchas contra la megaminería en Argentina; je i 1
y también la ascendente contraposición entre la Confederación de na1
Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y el gobierno de Rafael res1
Correa alrededor de las políticas adoptadas en relación con la minería, prú
los hidrocarburos y el agua. in11
Finalmente, en el plano internacional, el reciente ciclo de últi
incremento de los precios de los alimentos (2010-2011) ha desperta­
do intensas revueltas sociopolíticas en África del Norte y el Medio de
Oriente, que iniciaron una serie de cambios que auguran rediseñar el ci,11
mapa geopolítico de la región, mientras los efectos de la crisis climáti­ mu
ca -resultado de la emisión de los llamados "gases invernadero"-, que lla1
ya se dejan sentir sobre pueblos y territorios, ha convocado a una de de
lll''.,
las campañas internacionales de movimientos sociales más significa­
tivas de los últimos años. reJ;
En todos estos terrenos, y ciertamente en otros más, la disputa 0 11
por el uso de los bienes comunes de la naturaleza se transformó en poi
V;t('
punto clave de las resistencias, de la crisis y de las alternativas enarbo­
ladas frente al capitalismo neoliberal. COI
Esta contribución tiene por objeto presentar, alrededor de cinco tr.1
puntos, algunos señalamientos sobre las razones estructurales que
dan cuenta de la relevancia política de estas disputas y los procesos
en los cuales estas se inscriben, así como referir a las características 3
de los movimientos populares que emergen de los mismos y los dis­
tintos proyectos de salida que se plantean ante la crisis de legitimidad
del neoliberalismo en relación con los bienes naturales. Por último, 4

278

'.
SMO Atilio A. Boron

lora Latinoamericana de concluimos con una reflexión acerca de las formas particulares que
adopta la gobernabilidad del modelo extractivista bajo los proyectos
omunes se convirtieron neodesarrollistas, para cerrar con una breve exposición de las alter­
rral (rural-urbano) de los nativas y desafíos que afrontan los movimientos sociales en Nuestra
mo graficó la experien­ América. Veamos.
::la "Guerra del Agua" de
3), y la agenda de octubre Las plagas de la mundialización neoliberal: desposesión,
in el primer mandato de recolonización y catástrofe ambiental
:eforma petrolera impul­
de los motivos del golpe Los pueblos de la América latina y caribeña habitan un territorio en
::le la disputa social -par­ el que crecen el 22% de los bosques y el 40% de la biodiversidad del
>lera estatal PDVSA- en el globo; casi un tercio de las reservas mundiales de cobre, bauxita y
plata son parte de sus riquezas, y guarda en sus entrañas el 27% del
,s bienes comunes siguió carbón, el 24% del petróleo, el 8% del gas y el 5% del uranio -sin con­
,es donde, resultado de tar las nuevas reservas en exploración-; alberga uno de los mayores
, acontecieron cambios depósitos de litio y niobio a nivel mundial y sus cuencas acuíferas
intensidad, se alejaron contienen el 35% de la potencia hidroenergética globaP. Esta signi­
; noventa. En esta direc­ ficativa disposición de estos bienes naturales ha sido considerada
s conflictos rurales en la muchas veces como una verdadera maldición por las lógicas del pilla­
�aminería en Argentina; je imperial que despierta. Sin embargo, lejos de implicar una conde­
re la Confederación de na de la naturaleza, es importante comenzar reconociendo que ello
ú y el gobierno de Rafael resulta de las características propias del capitalismo y, en la historia
relación con la minería, próxima, de las particularidades de su fase neoliberal y de la división
internacional del trabajo promovida y construida a lo largo de las
11, el reciente ciclo de últimas cuatro décadas.
2010-2011) ha desperta­ Habitualmente, los cambios impulsados por este nuevo ciclo
:a del Norte y el Medio de mundialización capitalista se refieren a los procesos de finan­
ue auguran rediseñar el ciarización o de valorización financiera. Pero otro aspecto de esta
:ctos de la crisis climáti­ mundialización, menos promocionado, es el papel cumplido por la
ases invernadero"-, que llamada "acumulación por desposesión"4; es decir, por aquel proceso
ha convocado a una de de acumulación de capital basado en la apropiación privada de bie­
s sociales más significa- nes o recursos que se encontraban hasta ese momento, por lo menos
relativamente, fuera del mercado; o lo que es lo mismo, que no eran
m otros más, la disputa o no habían sido transformados en mercancías. Esta acumulación
·aleza se transformó en por desposesión refiere, de este modo, al proceso de apropiación pri­
las alternativas enarbo- vada -en gran medida transnacional- tanto de los llamados "bienes
comunes sociales" (por ejemplo, las empresas y servicios que fueron
ntar, alrededor de cinco transformados en públicos-estatales, especialmente desde mediados
ones estructurales que
disputas y los procesos
�rir a las características 3 Ver "Movimientos sociales y recursos naturales en América Latina: resistencias
le los mismos y los dis­ al neoliberalismo, configuración de alternativas" de José Seoane, publicado en la
) la crisis de legitimidad revista del OSAL (Buenos Aires: CLAcso) Año VI, N° 17, mayo-agosto de 2005.
: naturales. Por último, 4 Ver El nueuo imperialismo de David Harvey (Madrid: Akal, 2004).

279

,, ..
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

del siglo xx) corno de los denominados "bienes comunes de la natu­ .y


raleza" (el agua, la tierra, el territorio, la biodiversidad, los hidrocar­ p<
z,
buros y minerales, la atmósfera). Si las contrarreformas neoliberales
de primera generación supusieron la privatización de buena parte de ª'
los primeros bajo las recomendaciones del Consenso de Washington el Í
01
de principios de los noventa, las siguientes generaciones de políti­
cas neoliberales profundizaron la rnercantilización de los segundos el i
bajo el nuevo "Consenso de las commodities". De esta manera, la b1
acumulación por desposesión -en el marco de procesos más amplios l'I
de desestatización de la regulación social, desdernocratización y CI
desnacionalización- implicó una combinación de políticas públicas, (<
reformas legislativas y cambios institucionales, impulsados por la A
ofensiva de las grandes corporaciones, las asociaciones empresarias y h1
los organismos internacionales, que supuso, en definitiva, el uso cre­
ciente de la violencia estatal-legal y paraestatal-ilegal. Un multiforme d
proceso dirigido a garantizar: (a) la efectiva desposesión de estos e
bienes a las sociedades, pueblos y comunidades que hasta entonces d
eran sus usufructuarios o cuidadores; (b) su transformación en mer­ (f
cancía al permitir su explotación capitalista; (c) formas intensivas d
-en la mayoría de los casos, �on control transnacional- y orientadas e
a la exportación de las mercancías obtenidas para su comercio en el e
mercado mundial. Es este proceso en toda su amplitud el que recibe d
el nombre de "saqueo". J;
En el marco de la rnundialización neoliberal, este saqueo tomó
la forma de un proyecto de recolonización de la periferia. En parti­
cular en nuestra región, bajo la renovada aplicación de las Doctrinas a
Monroe y del Destino Manifiesto 5 , las elites estadounidenses defen­
dieron en la competencia interirnperialista el derecho al control e
sobre todo el continente y sus recursos. Así, a poco de cumplirse I;
el bicentenario de los procesos independentistas en muchos de s
nuestros países, la fase del capitalismo neoliberal amenazaba -y
amenaza aún- con transformar la subordinación económica al (
mercado mundial en control político y militar de los territorios de I
Nuestra América. En ello el ALCA y los Tratados de Libre Comercio
cristalizaron en el terreno· económico lo que una nueva estructura
de acuerdos y despliegue castrense lo hacía en el terreno militar

5 En la historia larga son las dos doctrinas que han guiado la política de las cla­
ses dominantes estadounidenses hacia América Latina. La doctrina del Destino
Manifiesto, cuyo origen es contemporáneo a la llamada Doctrina Monroe pero que
fue revitalizada y profundizada desde finales del siglo x1x, parte de sustentar que el
destino de los Estados Unidos es expandirse por toda América. Algo de esto fue refe­
rido anteriormente al hablar de las doctrinas elaboradas por la fundación del Nuevo
Siglo Americano.

280

1 .
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

modo reiterado en las luchas que tienen como centro al agua6 , la tierra y el
territorio7, la biodiversidad8 , los minerales9 , los hidrocarburos10 , y la vida­
ambiente en general (ver en las notas al pie de página el significado par­
ticular de las luchas en relación con cada uno de estos bienes naturales).
De este modo, la propia noción de bienes comunes ha sido adop­
tada en los últimos años por los movimientos sociales, para contra­
ponerla a la de recursos naturales, acuñada por la economía clásica
y generalizada por la modernidad capitalista, y se encuentra actual­
mente en proceso de popularización y debate. En el mismo sentido, la
visión capitalista de la naturaleza ha sido confrontada y reformulada
desde las referencias a la Madre Tierra y la Pacha Mama. En similar

6 En sus variados aspectos, entre ellos: (a) por el acceso al agua para la agricultura
campesina y las comunidades locales y contra la contaminación de estas cuencas
hídricas; (b) por el acceso al servicio de agua corriente en el mundo urbano y los
cuestionamientos a la calidad y tarifas; (c) contra las represas y emprendimientos
hidroeléctricos; (d) contra la apropiación y comercio del agua (hidropiratería), y (e)
por la preservación de las fuentes estructurales de agua (glaciares, acuíferos subte­
rráneos, etcétera).
7 Principalmente la lucha contra el agronegocio que motoriza la expansión de la
frontera agraria, el desplazamiento de las poblaciones originarias y el deterioro
ambiental del territorio (con el uso masivo de agrotóxicos, introducción de orga­
nismos genéticamente modificados, y pérdida de la diversidad biológica, el equi­
librio ambiental y el deterioro de los suelos). En esta disputa se mezclan tanto los
cuestionamientos al cultivo industrial de la soja transgénica como al de los bosques
artificiales para la producción de celulosa, lo que ha sido llamado la lucha contra los
"desiertos verdes".
8 La defensa de la biodiversidad ha adoptado históricamente dos direcciones diferen­
tes. Por un lado, frente a la devastación ambiental que implica el desarrollo de las
actividades industrial-extractivas ya mencionadas. Pero, por otro, también se han
cuestionado los proyectos e iniciativas orientados a la apropiación y mercantiliza­
ción de la biodiversidad, y de su conocimiento y uso tradicional por las comunidades
locales, generalmente presentados bajo el interés científico o protectivo del medio
ambiente, y que son llamados habitualmente de bioprospección o, desde la perspec­
tiva de los movimientos sociales, de biopiratería.
9 La dinámica de la megaminería bajo la fase neoliberal capitalista se ha caracteriza­
do por la expansión de la explotación minera a cielo abierto de gravosos impactos
sobre el ambiente y voraz consumidora de agua y energía, y la disputa por el con­
trol de las fuentes de los nuevos minerales vinculados con los nuevos desarrollos
productivo-tecnológicos.
10 El anunciado agotamiento de las fuentes energéticas de la matriz productiva
actualmente hegemónica (petróleo y gas) ha implicado la valorización de depósitos
no explotados y la intensificación de la explotación de los existentes, así como la
búsqueda de nuevas reservas. En este caso, el proceso de mercanti!ización estuvo
muy asociado a la privatización de las empresas públicas que, originarias de la
fase capitalista de la segunda mitad del siglo xx, habían presidido la estatización­
nacionalización de estos recursos.

282

'.
SMO Atilio A. Boron

mtro al agua6, la tierra y el dirección, la lucha por la tierra ha ido mutando en los últimos años en
nidrocarburos10 , y la vida­ lucha por el territorio. Así también las nociones de desarrollo, progreso
página el significado par­ y crecimiento económico han sido rebatidas desde la revalorización de
� estos bienes naturales). nociones como "buen vivir" o sumak kawsay. Alrededor de todas estas
s comunes ha sido adop­ cuestiones, sea que se expresen en el orden de la construcción colec­
)S sociales, para contra­ tiva como de los horizontes de acción y de transformación, aparece
por la economía clásica reflejado en realidad una creciente impugnación a la oposición entre
L, y se encuentra actual­ sociedad y naturaleza, consolidada bajo la modernidad capitalista, y
. En el mismo sentido, la a la racionalización de la relación entre ambos términos bajo las ideas
[Link] y reformulada de la explotación económica y el afán de lucro de la primera sobre la
>acha Mama. En similar segunda. En los cuestionamientos a esta dualidad y a las prácticas que
legitima y promueve, se entremezclan las cosmovisiones de los movi­
mientos indígenas, de los movimientos ecologistas-ambientalistas, de
la nueva izquierda "ecosocialista" y de la propia experiencia popular
so al agua para la agricultura del despojo y la destrucción de la vida.
1taminación de estas cuencas Por otra parte, esta lucha contra la mercantilización se expresó
nte en el mundo urbano y los
, represas y emprendimientos
también en las resistencias a las políticas de privatización y liberaliza­
del agua (hidropiratería), y (el ción económica, en una serie que une los conflictos frente a la privati­
ua (glaciares, acuíferos subte- zación de empresas y servicios públicos de la década del noventa con
los luchas actuales, donde adquieren mayor relevancia las resistencias
motoriza la expansión de la a la mercantilización de los territorio y sus riquezas. En esta dirección,
nes originarias y el deterioro los conflictos locales frente al despojo se tradujeron también en el
óxicos, introducción de orga­ plano nacional e internacional en el reclamo por el reconocimiento del
diversidad biológica, el equi­
disputa se mezclan tanto los carácter público-común de estos bienes, expresado muchas veces bajo
génica como al de los bosques la consagración legislativa de su uso y acceso como derecho humano.
do llamado la lucha contra los Estas luchas por la desmercantilización también supusieron una pro­
gramática orientada no sólo a la reconstrucción del control público­
1ente dos direcciones diferen- estatal de estos bienes (por ejemplo, con la mentada nacionalización),
1e implica el desarrollo de las sino también a la búsqueda de nuevas formas de gestión de la autoridad
ero, por otro, también se han
a apropiación y mercantiliza­
pública que expresara la crítica a la matriz liberal colonial del Estado y
tdicional por las comunidades su concepción de la democracia.
:itífico o protectivo del medio De esta manera, estos procesos de lucha y organización popu­
Jspección o, desde la perspec- lar implicaron, de manera creciente, una intensa experimentación de
organización comunitaria y de democracia participativa. Por ejemplo,
l capitalista se ha caracteriza­ en el caso de la lucha contra la megaminería a cielo abierto, la iniciativa
abierto de gravosos impactos desarrollada en la ciudad de Tambogrande, Perú, donde tuvo lugar en
ergía, y la disputa por el con­
Js con los nuevos desarrollos 2002 el primer referendo comunal a nivel regional sobre un proyecto
minero propagó su ejemplo hacia el sur y el norte del continente. Así,
:as de la matriz productiva en la ciudad argentina de Esquel en 2003 se realizó una consulta similar
o la valorización de depósitos y, unos años después (2005), la experiencia se repetió en el municipio
ie los existentes, así como la guatematelco de Sipakapa, abriendo un proceso que lleva al día de hoy
o de mercantilización estuvo más de 25 consultas similares en dicho país. Por otra parte, el masivo
1blicas que, originarias de la
ían presidido la estatización-
rechazo a estos emprendimientos hizo que corporaciones y gobier­
nos procuraran restringir, prohibir o manipular estas consultas, aun

283

1 .
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

cuando las mismas se amparen en el Convenio 169 de la Organización


Internacional del Trabajo (oIT), de 198911 •
Además de estas características, las luchas en defensa de los
bienes comunes de la naturaleza se han destacado también por la
construcción de convergencias más amplias en el ámbito nacional,
regional e internacional, orientadas a intercambiar información y
unificar acciones frente a similares corporaciones transnacionales o
problemáticas. Una intensa construcción en esta dirección ha tenido
lugar en Nuestra América, que se cristalizó en el surgimiento en los
últimos años de diferentes coordinaciones y movimientos nacionales12 ,
y redes13 y foros14 regionales y continentales.
Sin duda, la radicalidad de las acciones emprendidas por las pobla­
ciones afectadas por estos emprendimientos (por ejemplo: los bloqueos
de las rutas de acceso, los sabotajes o las tomas de las instalaciones de
las compañías) y las iniciativas de construcción de redes a nivel nacional
e internacional resultan una respuesta frente a una relación de fuerzas
extremadamente asimétrica, representada por poderosas corporaciones
transnacionales o sectores que tienen un peso sustancial en la estructura
económica local y del país donde se encuentran.
Desde el otro lado, estas corporaciones empresarias invierten
ingentes recursos en el desarrollo de "estrategias de gobernabilidad
social" que, con distintas modalidades -incluso bajo los llamados
programas de responsabilidad social empresaria-, se orientan a garan­
tizar el control y neutralización política de las poblaciones locales
que habitan los territorios donde se asientan, así como de la opinión
pública y los movimientos populares a nivel más general. Una parte de
estos esfuerzos está orientada a promover y consolidar su influencia e
intervención sobre la definición de las políticas públicas y las estruc­
turas de la autoridad público-estatal a nivel local, regional y nacional
(gobiernos, legislativos, justicia, burocracia). Con iguales objetivos,
desarrollan una política de construcción de hegemonía en la búsqueda

11 De este modo, por ejemplo, en Argentina las corporaciones megamineras han


logrado invalidar diferentes consultas locales e incluso bloquear la aplicación de la
legislación nacional (como acontece hoy con la recientemente sancionada Ley de
Protección de Glaciares). gracias a la complicidad de gobiernos y la justicia de las
provincias mineras.
12 Además de los ya mencionados, por ejemplo, la Unión de Asambleas Ciudadanas
surgida en Argentina en 2006, que reúne decenas de asambleas ambientales locales
(contra las mineras, las pasteras, las represas, etcétera), así como otras organizacio­
nes sociales y políticas.
13 Por ejemplo, entre tantas, la Red Latinoamericana contra Represas y por los Ríos, sus
Comunidades y el Agua.
14 Por ejemplo, el Foro Mesoamericano y el Foro Social Américas.

284

'.
Atilio A. Boron
10

de promover corrientes de opinión favorables a las actividades extrac­


169 de la Organización tivistas intensivas, que suele abrevar en las bondades generales del
progreso y el desarrollo y los beneficios particulares en términos de
has en defensa de los empleo y crecimiento económico. En este terreno, ciertamente tiene
acado también por la un papel importante el financiamiento de centros de investigación y
:n el ámbito nacional, universidades públicas y privadas, que permite tanto la "colonización"
imbiar información y de la producción científica y de la opinión de los "expertos" como el
mes transnacionales o control de los estudios de impacto ambiental y socioeconómico que, en
ta dirección ha tenido general, son indispensables para la habilitación legal requerida para la
el surgimiento en los puesta en marcha de estos emprendimientos. Tales iniciativas se com­
V'imientos nacionales12 , plementan con los aportes empresarios al desarrollo local, moderna
forma de la beneficencia bautizada hoy como "responsabilidad social".
>rendidas por las pobla­ En este somero menú de las estrategias corporativas no está ausente
r ejemplo: los bloqueos el recurso a la violencia, sea bajo el uso de la coerción estatal o bajo el
de las instalaciones de empleo de grupos ilegales o con una combinación de ambos. A mane­
e redes a nivel nacional ra de ejemplo, valga mencionar que la minera británico-sudafricana
ma relación de fuerzas AngloGold Ashanti ha sido responsabilizada por el asesinato de líderes
)derosas corporaciones comunitarios y el uso de paramilitares en Colombia, donde desarrolla
:tancial en la estructura el emprendimiento La Colosa, así como la corporación brasileña La
Vale -antigua gran empresa estatal privatizada durante el gobierno de
empresarias invierten Fernando H. Cardoso- ha sido acusada por utilizar personal armado
;ias de gobernabilidad encapuchado para proteger sus instalaciones en Cajamarca (Perú) y
1so bajo los llamados promover, con el auspicio del gobierno nacional, la formación de gru­
1-, se orientan a garan- pos de seguridad entre la población, a quienes suministra armamentos
1s poblaciones locales y apoyo económico15 •
tsí como de la opinión
, general. Una parte de
tsolidar su influencia e Los proyectos de salida a la crisis del neoliberalismo y la
; públicas y las estruc­ centralidad de las disputas por los bienes comunes de la
al, regional y nacional naturaleza
::::on iguales objetivos, Las luchas sociales desplegadas en Nuestra América desde mediados
�monía en la búsqueda de los años noventa, de la mano de la emergencia de significativos
movimientos sociales, condensaron un nuevo ciclo de conflictividad
y resistencia sociopolítica al régimen neoliberal en el continente. Sin
raciones megamineras han embargo, no fue sino su combinación con los efectos de la recesión
bloquear la aplicación de la económica que se proyectó, a partir de 1999, sobre casi toda la región
temente sancionada Ley de
;obiernos y la justicia de las la condición de posibilidad para el inicio de un nuevo período de la
confrontación social marcado por la crisis de legitimidad del neolibera­
t de Asambleas Ciudadanas lismo. El quiebre de la hegemonía neoliberal capitalista abrió paso así
tmbleas ambientales locales a un panorama latinoamericano mucho más heterogéneo signado por
así como otras organizado-

a Represas y por los Ríos, sus


15 Ver el Dossie dos impactos e violáceos da Vale 110 mundo, I Encontro Internacional dos
Atingidos pela Vela (Río de Janeiro, 2010).
1éricas.
285
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

los diferentes proyectos que encarnaron en los países de la región las


distintas salidas a esta crisis del modelo neoliberal.
En parte de nuestra región, debe recordarse, las fuerzas con­
servadoras derrotaron o neutralizaron las aspiraciones de cambio y
se impuso la continuidad del recetario neoliberal ahora bajo renova­
das características. Bautizado como "neoliberalismo armado", este
proyecto supuso la profundización de la matriz extractiva exporta­
dora bajo control transnacional y de los procesos de recolonización
político-económicos16 , y buscó en la recreación del estado de natura­
leza hobbesiano nuevas legitimidades para promover un proceso de
militarización de las relaciones sociales orientado a criminalizar y
conducir la vida y la acción de las clases y sectores subalternos, en par­
ticular de aquellos más castigados por la intensificación del patrón de
acumulación en curso. Ejemplo de ello es el gobierno fraudulento de
Felipe Calderón en México y su "exitosa guerra contra el narcotráfico",
que desencadenó un círculo de violencia y militarización creciente
con un saldo de más de 30 mil muertos en casi cuatro años, y la pública
promoción estadounidense de un Plan Colombia para este país; aun­
que, claro, su modelo más consagrado a nivel internacional siga siendo
el régimen colombiano.
En otros casos emergió un proyecto de corte "neodesarrollis­
ta": afirmado como orientación hegemónica en las experiencias de

16 El más claro ejemplo del alcance de dicho proceso de recolonización resulta la firma
y puesta en vigencia de Tratados de Libre Comercio entre diferentes países y regiones
de América Latina y el Caribe y los Estados Unidos entre 2003 y 2009 que, sumados
al TLCAN que integra México, abarcan a Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador,
Guatemala, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Panamá y Perú, y que en
su conjunto representan casi el 45% del PBI total de la región, según datos de 2009.
Ver "Anuario estadístico de América Latina y el Caribe", de CEPAL (2009), disponible
en <[Link]/cgi-in/[Link]?xml=/publicaciones/xml/6/38406/P38406.
xml&xsl=ideype/tpl/[Link]&base=/tpl/[Link]>. Este proceso de recoloni­
zación comprende también la profundización de la intervención estadounidense en el
control militar-policial de los territorios donde se realiza la explotación-exportación
de estos bienes comunes, viabilizado, entre otros dispositivos, a través del creciente
despliegue de fuerzas, asesores y nuevas doctrinas militares y de seguridad. Haití es
un caso paradigmático en relación con ello. El país caribeño se encuentra ocupado
militarmente desde 2004 por la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización
en Haití (MINUSTAH, por sus siglas en francés), conformada por tropas de varios paí­
ses latinoamericanos (Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, entre otros). El proceso de
militarización de la sociedad haitiana estuvo marcado así por la participación de la
MINUSTAH en acciones represivas contra protestas populares. Luego del trágico terre­
moto que asoló a dicho país en enero de 2010, Estados Unidos aprovechó la desespe­
rante situación y envió también tropas regulares cuya presencia ha sido legitimada
bajo el pretexto de la "ayuda humanitaria". La presencia militar estadounidense y
latinoamericana contrasta con la ayuda internacional brindada por Cuba, que se
materializa a través de la presencia de médicos y profesionales cubanos en Haití.

286

'.
Atilio A. Boron
v!O

Argentina y Brasil, el mismo se caracterizó por reconstruir cierta


, países de la región las
intervención estatal en la regulación socioeconómica. Ello no impli­
eral.
caba cuestionar o revertir el peso de la acumulación por desposesión
darse, las fuerzas con­
ni el proceso de primarización de la economía y la inserción funda­
Jiraciones de cambio y
mental en el mercado mundial. Por el contrario, estos aspectos del
eral ahora bajo renova­
régimen socioeconómico incluso, en algunos casos, ·se profundiza­
:ralismo armado", este
ron. Pero sí suponía la apropiación público-estatal de parte de las
triz extractiva exporta­
rentas extraordinarias devenidas de la explotación de los bienes natu­
:esos de recolonización
rales para promover y sostener otras actividades económicas (sector
n del estado de natura­
industrial, obras de infraestructura) y una nueva generación de polí­
romover un proceso de
ticas sociales compensatorias. Este proyecto ambicionaba también
ntado a criminalizar y
una mejor inserción internacional en el marco de la mundialización
>res subalternos, en par­
capitalista, y en lo interno, aspiraba a la restitución del monopolio de
tsificación del patrón de
la política al Estado y las mediaciones partidarias de la democracia
¡obierno fraudulento de
representativa.
L contra el narcotráfico",
Por otra parte, un tercer proyecto se delineó en el escenario
nilitarización creciente
sociopolítico regional. Conocido bajo las referencias al "socialismo del
cuatro años, y la pública
siglo xx1" o al "socialismo comunitario", nos remite a un proyecto popu­
Lbia para este país; aun­
lar de cambio social que bien puede visualizarse en los trazos de las
nternacional siga siendo
experiencias venezolana, boliviana y, hasta cierto punto, ecuatoriana,
pero que está presente, con mayor o menor fuerza, en todos nuestros
e corte "neodesarrollis-
países, aunque su cristalización es a la vez menos y más abarcativa que
en las experiencias de
un gobierno, unas políticas públicas o un Estado, en la medida en que su
fuerza reside en la praxis de los sectores subalternos, y su horizonte, en
recolonización resulta la firma la transformación de la matriz societal. Este proyecto, en su sentido más
tre diferentes países y regiones transformador, implicó un proceso de nacionalización de las principa­
11tre 2003 y 2009 que, sumados les actividades vinculadas con la explotación de los bienes naturales (e
:::asta Rica, Chile, El Salvador, incluso de otros sectores económicos considerados como estratégicos),
cana, Panamá y Perú, y que en que ofreció la base fundamental de los recursos para sostener las polí­
.a región, según datos de 2009.
1e", de cEPAL (2009), disponible ticas de redistribución del ingreso y la riqueza. Ello fue acompañado
:aciones/xml/6/38406/P38406. también por iniciativas orientadas a cuestionar la matriz liberal-colonial
slt>. Este proceso de recoloni­ del Estado-nación bajo las banderas de la democracia participativa y los
ervención estadounidense en el objetivos de una democratización radical de la vida social.
liza la explotación-exportación Estos tres proyectos que delinearon las salidas a la crisis de legi­
positivos, a través del creciente
Hitares y de seguridad. Haití es timidad del neoliberalismo entre 2005 y 2009 comparten un elemento
:aribeño se encuentra ocupado en común: se sostienen en gran medida con base en la explotación
�s Unidas para la Estabilización y exportación de bienes comunes de la naturaleza; claro que uno lo
:mada por tropas de varios paí­ hace en beneficio casi exclusivo del capital transnacional y sus aso­
uay, entre otros). El proceso de ciados, otro apelando a mayor regulación pública y a la apropiación
:lo así por la participación de la
Julares. Luego del trágico terre­
estatal de una parte de la renta extraordinaria, y el tercero promovien­
s Unidos aprovechó la desespe­ do la propiedad pública de los mismos y un proceso de redistribución
ya presencia ha sido legitimada del ingreso y la riqueza. También se diferencian en las iniciativas que
encia militar estadounidense y promueven en el plano internacional; mientras el primero se ins­
11al brindada por Cuba, que se cribe en la expansión del librecomercio y sus acuerdos con la tríada
·esionales cubanos en Haití.
2H7

1 .
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

imperial 17 y el segundo ha estimulado la ampliación del MERCOSUR, el destnu·t ,,


tercero ha dado vida al ALBA 18, y la combinación de los esfuerzos de de los llw
estos dos últimos fructificó en la puesta en marcha de la UNASUR y, mico, q1H
posteriormente, de la Comunidad de Estados de América Latina y el de lasun1
Caribe (CELAC). raciú11. < .,
En este sentido, la delimitación de estos tres proyectos y de quien que cm 11
detenta la hegemonía de los procesos sociopolíticos a nivel nacional polítirw
facilita la comprensión y el análisis de los diferentes escenarios, fuerzas desc1n¡,I,·
y programáticas que aparecen desplegadas alrededor de los conflictos merica11,1
por los bienes comunes de la naturaleza a lo largo y ancho del continente. franja�; d,
de vid,1,.
la defe11·.
La construcción de las legitimidades del modelo precis{l ·.
extractivista: la cuestión social justifica el costo ambiental "ambit·111
Por último, en relación con estas experiencias, queremos proponer una como 111;
reflexión sobre las formas que adopta la construcción de la goberna­ La expe11
bilidad del modelo extractivo exportador que hemos señalado en las resull;ull,
líneas precedentes. En particular, nos referimos a las estrategias de pocas 111,
legitimación que se despliegan respecto de dicho modelo en el marco ción ck 1
de los proyectos neodesarrollistas y que se hacen visibles en la discursi­ neolí1Jt•1 :1
vidad reproducida por gobiernos, funcionarios, intelectuales, expertos histúrit ,1
y periodistas, como así también en los espacios de la militancia social y cult 111 d
que acompañan dichas experiencias. E: 1
En este sentido, el proyecto del "desarrollo" en la región enfati­ optirni•.1',
za la centralidad que tienen el "crecimiento económico", las políticas res0Jv¡·1
sociales y la creación de empleo para asegurar la superación de los ganar ¡11,
efectos de la concentración del ingreso impuesta por el neoliberalismo. no indu·,
Estas metas son privilegiadas para la superación de la aguda situación "cucsli(,1
social heredada y, en términos más generales, de la situación de "subde­ que k1s ,li
sarrollo". El aprovechamiento de las ventajas "naturales" comparativas actual¡ ,.1
del capitalismo latinoamericano en la favorable coyuntura interna­ culacl.1� \
cional es un elemento central de este enfoque. En la retórica neodesa­ ello es d,,
rrollista, las consideraciones de tipo ambiental quedan de esta forma entre l(l
subsumidas en la prioridad asignada al fortalecimiento de un modelo menli· 11
que, como ya señalamos, asume la forma de una inusitada intervención torno .1 l.
entre "l,,
intel 1·r i 11
rica n.i1n
17 Nos referimos a los tres centros del capitalismo desarrollado que conforman la y explo1.,
habitualmente llamada tríada; es decir, los Estados Unidos, la Unión Europea y las mubd(,,
potencias asiáticas (anteriormente Japón y actualmente China). andi1w:1
18 Su propuesta de una integración basada en la reciprocidad, la complementariedad esta dí, ..
y la cooperación, que no se restringe al intercambio de bienes ni a los acuerdos
interestatales, se constituyó en la experiencia de integración más avanzada de un
:;1 1

proyecto de transformación social y construcción de Nuestra América. tecid11, 11

288

1 .
10 Atilio A. Boron

1ción del MERCOSUR, el destructiva de las fuerzas del capital sobre la naturaleza. El "sacrificio"
5n de los esfuerzos de de los bienes naturales y del ambiente en pos de un crecimiento econó­
archa de la UNASUR y, mico, que parece sentar las bases indispensables para el mejoramiento
ie América Latina y el de las condiciones de vida, tiende a primar sobre cualquier otra conside­
ración. Ciertamente, la capacidad de interpelación social de este enfo­
�s proyectos y de quien que encuentra su explicación en las devastadoras consecuencias de las
íticos a nivel nacional políticas neoliberales de los noventa en términos de empobrecimiento,
Ltes escenarios, fuerzas desempleo y desocupación de millones de latinoamericanas y latinoa­
dedor de los conflictos mericanos. En esta perspectiva, la posibilidad experimentada por vastas
y ancho del continente. franjas de los sectores populares de un mejoramiento de las condiciones
de vida, aun si este es relativo y limitado, no debe subestimarse desde
la defensa cerrada de un "ambientalismo" abstracto. Sin embargo, es
nodelo preciso subrayar que se trata de una falsa dicotomía: lo "social" y lo
!l costo ambiental "ambiental" no son excluyentes. El riesgo de consagrar esta dualidad
..1eremos proponer una como una "ley de hierro" del desarrollo capitalista actual es altísimo.
ucción de la goberna­ La experiencia en curso demuestra que la apropiación de los beneficios
Lemos señalado en las resultantes de la creciente depredación ambiental está concentrada en
>S a las estrategias de pocas manos. En este sentido, el actual ciclo económico de depreda­
10 modelo en el marco ción de bienes naturales no ha modificado la matriz de acumulación
visibles en la discursi­ neoliberal, más bien la resignifica y actualiza en una nueva coyuntura
:ntelectuales, expertos histórica provocando nuevos problemas sociales, ambientales, políticos
de la militancia social y culturales que agudizan las lógicas de desposesión.
Estos señalamientos deben servir para relativizar una visión
o" en la región enfati­ optimista respecto de las capacidades del "neodesarrollismo" para
mómico", las políticas resolver efectivamente la "cuestión social", que también ha sabido
r la superación de los ganar predicamento entre organizaciones sindicales del mundo urba­
por el neoliberalismo. no industrial. Es preciso entender que no existe una resolución de la
, de la aguda situación "cuestión social" escindida de la "cuestión ambiental" en la medida en
la situación de "subde­ que las dos dimensiones son constitutivas de la experiencia secular del
turales" comparativas actual patrón de poder mundial. Ambas estuvieron históricamente vin­
le coyuntura interna­ culadas y continúan estándola hoy más que nunca. La comprensión de
:n la retórica neodesa­ ello es decisiva en la posibilidad de promover convergencias solidarias
quedan de esta forma entre los llamados mundos "rural" y "urbano", que interpelen radical­
miento de un modelo mente el modelo societal de consumo y de producción organizado en
inusitada intervención torno a la rentabilidad del capital. La superación de la falsa dicotomía
entre "lo social" y "lo ambiental" no es un ejercicio de especulación
intelectual. Su realización efectiva se inscribe en la experiencia histó­
rica concreta de las luchas, los debates y las acciones de los oprimidos
:rollado que conforman la y explotados de Nuestra América latina y caribeña. El "buen vivir" for­
:ios, la Unión Europea y las mulado desde las luchas y resistencias de las comunidades indígenas
China). andinas es en este sentido una importante contribución al debate sobre
iad, la complementariedad esta dicotomía. Volveremos sobre esta cuestión más adelante.
e bienes ni a los acuerdos
ación más avanzada de un
Si bien estos señalamientos remiten particularmente a lo acon­
estra América. tecido en los países del Cono Sur, su consideración resulta importante

289
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

también para analizar las experiencias andinas de transformación pl"I


C!>I
estatal en Bolivia, Venezuela y particularmente en Ecuador, donde los g;1,
proyectos de cambio están tensionados por la evolución de la coyuntu­ h1
ra regional e internacional y donde bajo las banderas del "socialismo bl
del siglo xx1" o "socialismo comunitario" se propuso avanzar en el sen­
tido de la descolonización política, social, económica y cultural. En este p:11
sentido, hay que recordar que estos procesos de transformación social crn
y estatal se inscribieron, en mayor o menor medida según los casos, en
ciclos de intensa movilización popular y debate político. En estas diná­ P' >I
p11
micas tuvieron lugar iniciativas de nacionalización y/o renegociación so,
de contratos en sectores vinculados con la explotación de bienes natu­ 11:11
rales. Estas y otras medidas supusieron un mejoramiento y democra­ el 1
tización de las condiciones de vida de amplios sectores sociales, toda n·1
vez que permitieron un incremento de la renta estatal que fue reorien­ ra:,
tada al financiamiento de importantes políticas sociales de carácter ck1
universal. El incipiente andar de estos procesos, que en los tres casos edil
mencionados permitieron aprobar reformas constitucionales que con­ kv
sagraron, en el caso de Bolivia y Ecuador, el carácter plurinacional de
estos Estados y los derechos de la Pacha Mama, se enfrentó sin embargo pn
yh
a partir de 2008 con el cambio de la coyuntura internacional marcado l\l l
por el inicio de un nuevo ciclo de la crisis capitalista. CII
Como ya señalamos, las presiones sistémicas que la crisis actual CJ(¡
descarga sobre el llamado Tercer Mundo se expresan en América Latina tal
en el marco de las estrategias que pretenden intensificar los procesos de <k
mercantilización de la vida y ejercer un control militar creciente sobre sid
los territorios nacionales. Estas dinámicas se ciernen como verdaderas
amenazas ante la necesaria profundización de la transformación social p i>
c.! 1
en dichos países19 • En este sentido, la fallida tentativa de golpe de esta­
do contra Rafael Correa en 2010 puso de manifiesto de forma brutal la M1
pretensión de fracciones dominantes locales y de los centros imperiales la
de poder de poner límite a cualquier orientación en esta dirección y de
desmontar las conquistas populares obtenidas en los últimos años. La p ;i
Cl1
profundización de algunas políticas públicas en relación con la gestión cc,1
de los "recursos naturales" promovidas por el gobierno de la coalición ri1
Alianza País tiende a reforzar, sin embargo, este modelo extractivo -sin
alterar sustancialmente el peso del sector privado- y a acrecentar así el p;i
,�,''
cii:
enfrentamiento con organizaciones indígenas de dicho país, en particu­
lar la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuadro (CONAIE). Ílll
De manera similar a lo ocurrido en el caso de la aprobada ley de minería
en 2008 o de la ley de aguas en 2009, también la política de explotación kt 1

19 Ver Recolonización, bienes comunes de la naturaleza y alternativas desde los pueblos ?11
de José Seoane, Emilio Taddei y Clara Algranati (Río de Janeiro: IBASE, 2010).

290

'.
-- ------�-
- 7

Atilio A. Boron
o

petrolera supuso -y supone- tensión y conflicto reiterados del gobierno


as de transformación con las comunidades originarias y el movimiento indígena. La prolon­
en Ecuador, donde los gación y agudización de este enfrentamiento como consecuencia de
olución de la coyuntu- la equívoca posición asumida por la confederación indígena durante
11deras del "socialismo la tentativa destituyente son un obstáculo de riesgosas consecuencias
mso avanzar en el sen­ para las perspectivas de democratización y cambio social en Ecuador.
nica y cultural. En este Por otra parte, el ciclo de transformaciones abierto en Bolivia
transformación social con la elección de Evo Morales en 2005 encuentra dos momentos que
ida según los casos, en por su significación simbólica marcaron el ciclo de intensas disputas
político. En estas diná­ protagonizado por el "bloque popular" en pos de la transformación
:ión y/o renegociación social. El l de mayo de 2006 el presidente Morales firmó el decreto de
,tación de bienes natu­ nacionalización que avanzaba respecto de las medidas adoptadas en
oramiento y democra­ el último tramo del gobierno anterior. Este proceso implicó además la
sectores sociales, toda recuperación, en 2008, de la mayoría accionaria estatal en las petrole­
istatal que fue reorien­ ras "capitalizadas" -privatizadas de forma parcial- en los noventa2°. La
LS sociales de carácter derrota en 2008 de la estrategia destituyente callejera impulsada por las
,, que en los tres casos elites de la llamada región de la Media Luna boliviana tras el abortado
lStitucionales que con­ levantamiento que culminó en la Masacre de Pando cerró, al menos
·ácter plurinacional de provisoriamente, la situación de "empate catastrófico" entre las clases
e enfrentó sin embargo y bloques sociales. A partir de ese momento, parece haberse abierto un
nternacional marcado nuevo período que estuvo condicionado por los efectos regionales de la
lista. crisis internacional. Esta situación trasladó al seno de la propia coali­
cas que la crisis actual ción gobernante algunas de las tensiones y disputas en torno a la orien­
$an en América Latina tación de las políticas públicas como respuesta a la crisis. Conscientes
nsificar los procesos de de la dimensión ambiental y climática de la misma y frente a la nece­
militar creciente sobre sidad de construir una alternativa popular a las propuesta esgrimidas
:rnen como verdaderas por las potencias imperiales en relación con la cuestión del cambio
l transformación social climático, el gobierno boliviano y numerosos movimientos sociales de
tativa de golpe de esta­ ese país organizaron, en abril de 2010 en Cochabamba, la Conferencia
esto de forma brutal la Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de
) los centros imperiales la Madre Tierra, para construir estrategias e iniciativas "desde abajo"
t en esta dirección y de para influir en el curso de las negociaciones de la Cumbre de Cambio
m los últimos años. La Climático organizada por las Naciones Unidas. Dicho encuentro, que
relación con la gestión contó con una importante participación de movimientos latinoame­
obierno de la coalición ricanos y de otros continentes, selló un acuerdo de las organizaciones
modelo extractivo -sin participantes con la perspectiva de promover un movimiento interna­
lo- y a acrecentar así el cional contra los responsables de la crisis climática y por alternativas
: dicho país, en particu­ efectivas frente a la misma que contempla, entre otras cuestiones, el
s del Ecuadro ( CONAIE). impulso a referéndums y consultas sobre la cuestión.
probada ley de minería La evolución de la situación nacional marcada por los efectos de
política de explotación la crisis en el país andino llevó, no obstante, al presidente Evo Morales

lternativas desde los pueblos 20 Seoane, Taddei y Algranati, Recolonización... , op. cit.
fo de Janeiro: !BASE, 2010).
291

..
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

a-so
a fines de 2010 a anunciar el aumento de los combustibles debido a la del
decisión de eliminar los subsidios estatales. Este incremento fue justi­ mc1
ficado con el argumento del perjuicio causado por el contrabando de ind
carburantes a la economía nacional y promovía el aumento del precio vid
de los combustibles en un 80%. Rápidamente la decisión presidencial UJJ:
se reveló como altamente antipopular. Las protestas, movilizaciones y yd
bloqueos de ruta protagonizados por distintas organizaciones sociales an,
e indígenas pusieron de manifiesto la amplitud del repudio popular y col,
obligaron al presidente boliviano a dar marcha atrás con la medida.
jid,
Esta rectificación del rumbo gubernamental exigida por los propios del
movimientos comprometidos en el proceso de cambio manifiesta la
lo,;
capacidad aún existente en las organizaciones populares para incidir ni1
en el rumbo de las decisiones gubernamentales y la respuesta permea­ la 1
ble del gobierno a la opinión popular. Sin embargo, el anuncio realiza­
do no permitió revertir, en gran parte, el incremento de los precios de p()J
fü·1
productos alimenticios y de otros insumos de consumo popular pro­ de
vocado tras la tentativa del "gasolinazo". Posteriormente, en enero de cio
2011 el propio presidente Morales anunció la promoción de una nueva de
Ley Minera para Bolivia que pretende dinamizar el proceso de indus­ ot,
trialización y redefinir al mismo tiempo los porcentajes de las utilida­ qui
des que las empresas privadas del sector deberán reinvertir en dicho COI
país. Distintos sectores sindicales y organizaciones indígenas y cam­
la 1
pesinas, como el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu
(coNAMAQ), la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (crnoB),
la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bi!
Bolivia (csuTCB) y la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas ful
Indígenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa (CNMCIOB-BS), alertaron Sí 1
sobre el riesgo de que dicha ley fuera exclusivamente discutida con las )
2( (,
empresas mineras y cooperativas, y formularon la necesidad de que la
<k:
misma recogiera la visión de las naciones originarias y contemplara los
s1::
derechos colectivos de las comunidades.
La evolución reciente de las experiencias de "cambio constitu­ SIII
yente" en la región andina permite vislumbrar así las disyuntivas y ten­
fa,
siones que enfrentan estos procesos como resultado de los efectos de la z;11
crisis capitalista y la tendencia a trasladar sus "costos" hacia la periferia PII
del sistema-mundo. Esta situación es una amenaza para la profundiza­
d,.
ción de los procesos de cambio. Ante este contexto, el debate y la acción op
en torno a la construcción de nuevas alternativas societales asumen
unas particulares relevancia y urgencia. Los pueblos y comunidades
indígenas y campesinas contribuyen a este debate y construcción 111.
desde su experiencia histórica. La propuesta del "buen vivir" o sumak JI.!
kawsay es en este sentido un aporte a la necesaria reflexión sobre los r11
horizontes emancipatorios y de liberación. La idea del "buen vivir" se si·:
funda en una aguda crítica al concepto y a las políticas de desarrollo,

292

\ .
Atilio A Boron
10

asociados con el "mal vivir" del presente, a la concepción productivista


mbustibles debido a la del capitalismo y a su afán de acumulación de riquezas como funda­
e incremento fue justi­ mento de la experiencia humana. La recuperación de las cosmovisiones
por el contrabando de indígenas y el respeto a la Pacha Mama como fuente de defensa de la
l el aumento del precio
vida son cuestiones fundantes de esta idea, lo que no implica postular
1 decisión presidencial una "defensa romántica" y ahistórica de las experiencias organizativas
�stas, movilizaciones y y de las culturas indígenas. Por el contrario, la necesidad de vivir en
,rganizaciones sociales armonía con la "naturaleza" enfatiza el desafío de construir formas
del repudio popular y colectivas y solidarias de organización societal que reflejen la comple­
1 atrás con la medida. jidad y diversidad de la experiencia social y de la propia t�ansf�r��ción
xigida por los propios del mundo indígena y campesino como resultado de su mscnpc1on en
cambio manifiesta la los procesos de socialización contemporáneos. Asume que la descolo­
populares para incidir nización en un marco intercultural implica necesariamente aceptar
y la respuesta permea­ la complejidad y diversidad de voces, proyectos y lugares producidos
·go, el anuncio realiza- por la reacción social frente a los núcleos de d�sig:1aldad existen��s.
1ento de los precios de Recupera la experiencia de autogobierno comumtano y la concepc10n
:onsumo popular pro­ de pluralismo económico, y defiende el reconocimiento de �a plurina­
iormente, en enero de cionalidad como principio fundante de nuevas y necesanas formas
)moción de una nueva de organización política de los territorios de Nuestra América. Estas Y
.r el proceso de indus­ otras cuestiones conforman los nudos problemáticos y del "buen vivir"
:entajes de las utilida­ que es entendido y postulado no como programática ya resuelta sino
án reinvertir en dicho como un proceso abierto, diverso y en construcción en la lucha contra
mes indígenas y cam­ la desmercantilización de la vida.
Markas del Qullasuyu
ias de Bolivia (crnoB),
lores Campesinos de Bienes comunes naturales y proyectos populares: presente Y
: Mujeres Campesinas futuro de las alternativas emancipadoras
:NMCIOB-BS), alertaron Si el ciclo de crecimiento económico desplegado en la región a partir de
ente discutida con las 2003 acentuó dramáticamente las consecuencias de la acumulación por
la necesidad de que la desposesión de los bienes naturales, el estallido y la evolución de la cri­
rias y contemplara los sis económica internacional a partir de fines de 2008 abrieron un nuevo
escenario que, por lo menos inicialmente, fue aprovechado con mejor
de "cambio constitu­ suerte por las fuerzas conservadoras. La amenaza de la crisis pareció
í las disyuntivas y ten­ favorecer en algunos casos las opciones más sistémicas; la profundi­
tdo de los efectos de la zación de la explotación intensiva de los bienes de la naturaleza creció
stos" hacia la periferia en predicamento ante la incertidumbre; y el creci�iento de los pre�ios
rn para la profundiza­ de algunas commodities (particularmente los alimentos) fomento la
º• el debate y la acción opción exportadora y la fuerza de estas fracciones económicas.
as societales asumen _
En este contexto, Nuestra América afrontó una ofensiva restaura­
eblos y comunidades dora promovida por los poderes imperiales y p?r las fr��ciones y f;1-erzas
�bate y construcción _
más retrógradas del bloque dominante y las ehtes pohticas en el amblto
"buen vivir" o sumak nacional de la que no era ajeno el control de estos bienes. En esta direc­
ria reflexión sobre los ción, el golpe de estado en Honduras de mediados de 2009 resultó una
ea del "buen vivir" se señal indudable del relanzamiento de la iniciativa estadounidense en
olíticas de desarrollo,
293

1 .
AMÉRICA LATINA EN LA GEOPOLÍTICA DEL IMPERIALISMO

el continente orientada a neutralizar y abatir los procesos de cambio en


curso y reconquistar el control sobre un territorio que considera su área
de influencia natural, ahora bajo la nueva legitimidad que ostentaba la
presidencia de Obama.
En contrapartida, los caminos de la construcción de un proyecto
popular de cambio social están también estrechamente vinculados con
las alternativas en relación con el uso y gestión de los bienes comunes
de la naturaleza. Y similar cuestión se plantea en el plano internacional,
en la batalla contra los verdaderos responsables del cambio climático
que está modificando, a golpes de catástrofes e inclemencias, la vida
en el planeta y amenazándola con su extinción. Entonces, la consigna
adoptada recientemente por muchos de los movimientos y organiza­
ciones que se movilizan por una efectiva respuesta ante la crisis climá­
tica se nos vuelve tan propia: "Cambiemos el capitalismo, no el clima".
Ciertamente, los movimientos sociales y los pueblos de Nuestra
América y del mundo afrontan la magnitud de una crisis que en sus
diferentes aspectos (económico, ambiental, alimentario, energético,
de guerra y militarización, etcétera) tiene la profundidad de una crisis
civilizatoria. No es sólo el horizonte lejano de las luchas, sino también y
especialmente la interpelación urgente de la coyuntura. Hace casi cua­
tro décadas, Eduardo Galeano popularizó la imagen de América Latina
con sus venas abiertas, hoy trágicamente esas venas están siendo san­
gradas aún más profusamente, y una "sociedad con fines de lucro" de
poderosos y canallas, locales y extranjeros, se enriquece a sus costillas.
Pero en las disputas por los bienes comunes de la naturaleza también se
tejen las resistencias, las alternativas y los sueños de nuestros pueblos.
Enarbolan las programáticas y los horizontes emancipatorios surgidos,
discutidos, explorados en estas últimas décadas de luchas y organiza­
ción de los movimientos sociales y populares, de las clases y grupos
subalternos. Ofician de brújula estratégica frente a los desafíos que se
abren hacia adelante.

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