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Inquisición y Magia en Valencia XVIII

Esta tesis doctoral analiza la Inquisición, la magia y la sociedad en Valencia durante el siglo XVIII. Se divide en cuatro partes principales. La primera parte examina la persecución de la magia por parte de la Inquisición valenciana y el proceso judicial. La segunda parte estudia las prácticas y creencias mágicas a través de varios casos. La tercera parte analiza las vinculaciones sociales entre quienes practicaban la magia. La cuarta parte ofrece conclusiones generales sobre la sociedad mágica valenciana del siglo XVIII. El

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Inquisición y Magia en Valencia XVIII

Esta tesis doctoral analiza la Inquisición, la magia y la sociedad en Valencia durante el siglo XVIII. Se divide en cuatro partes principales. La primera parte examina la persecución de la magia por parte de la Inquisición valenciana y el proceso judicial. La segunda parte estudia las prácticas y creencias mágicas a través de varios casos. La tercera parte analiza las vinculaciones sociales entre quienes practicaban la magia. La cuarta parte ofrece conclusiones generales sobre la sociedad mágica valenciana del siglo XVIII. El

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UNIVERSIDAD DE VALENCIA

Facultad de Geografía e Historia

INQUISICIÓN, MAGIA Y SOCIEDAD

EN LA VALENCIA DEL SIGLO XVIII

235 SOCIEDAD, ECONOMÍA Y CULTURA EN EUROPA DESDE LA


EDAD MEDIA HASTA LA REVOLUCIÓN FRANCESA

TESIS DOCTORAL
Presentada por:

María Luisa Pedrós Ciurana


Dirigida por:

Rafael Benítez Sánchez-Blanco


A mi abuela,

que no pudo ver el final de este camino.

Espero que estés orgullosa

Ilustración de:

Joaquín Tamarit
ÍNDICE

0. Introducción 1

0.1. Conceptualización 4

0.2. Análisis bibliográfico 19

0.3. Las fuentes documentales 27

0.4. Bibliografía 44

PARTE I. La Inquisición y la magia 55

1. Introducción 57

1.1. La Inquisición valenciana en el siglo XVIII. Un 58


breve repaso

1.2. La Inquisición y la brujería 66

2. Cuestiones de procedimiento. El modo de proceder en 75


la Inquisición valenciana del siglo XVIII

3. La sentencia y el castigo 93

4. Sobre el voto y la sentencia. Inquisidores de distrito 113


versus Consejo General

5. Conclusiones 125

PARTE II. La magia. Prácticas y creencias de una sociedad 129

1. Introducción 131

2. La enfermedad del amor. Josepha Cosergues y la magia 139


ad amorem

3. Realidades maléficas. Las dos caras del maleficium 165

3.1. Teresa Agustín y las falsas acusaciones 165


3.2. Generosa Vicente y las prácticas de maleficio en 185
la prisión

4. La brujería y la relación con el demonio 207

4.1. Josepha Tránsit. La bruja 207

4.2. Las relaciones con el demonio. Un intento de 228


sistematización

4.2.1. Las relaciones voluntarias con el mal 230

4.2.2. Las relaciones involuntarias con el mal 241

a. Las enfermedades del demonio 241

b. Los falsos posesos 254

5. Los saca-tesoros 263

5.1. Los buscadores de moneda y el demonio: 263


Baltasar Fernández de Sanzo y Carlos Genovés

5.2. Los círculos de saca-tesoros convencidos. Pedro 284


Juan Barrera y sus compañeros

6. Los garantes de la salud 305

6.1. Juan Jerónimo Fernández, saludador. Jose Arnau, 305


curandero

6.2. La salud y las plantas. Luis Martí, Francisco 323


Montañana y la magia natural

7. Conclusiones. De magia 351

PARTE III. Estafadores, mágicos y creyentes. Vinculaciones 359


y alcance social de la magia

1. Introducción 361

2. Amor, maleficio y las camarillas femeninas. Magia y 363


solidaridad entre mujeres
3. En busca del tesoro. Solidaridades y complicidades en 381
la caza de riquezas encantadas

3.1. El buscador convencido y su círculo de 382


complicidades

3.2. El estafador, el camarada, los crédulos 398

4. Magia y sociedad en el siglo XVIII. Las percepciones 415


del fenómeno mágico

5. Conclusiones. ¿Una sociedad mágica? 447

PARTE IV. Conclusiones Generales. En un mundo mágico 451

PARTIE IV. Conclusions Généraux. Dans un monde magique 459

APÉNDICE DOCUMENTAL 465

Documento 1 467

Documento 2 474

Documento 3 475

Documento 4 477

Documento 5 480

Documento 6 481

Documento 7 485

ANEXO I. Lista de personajes procesados 489

ANEXO II. Résumé. Inquisition, magie et société à la 491


Valence du XVIIIème siècle
0. Introducción

Nuestro título esboza una clara pretensión, deseamos realizar un estudio sobre el
fenómeno mágico en tres de sus principales vertientes. El estudio va a quedar dividido
desde un principio en varios bloques que forman un todo, aunque se enfrenten a esta
problemática de una manera muy distinta.
Después de la consiguiente introducción, conceptualización, el estudio de las
fuentes y de la bibliografía, pretendemos dedicar una parte de nuestra investigación a
analizar, lo más profundamente que nos sea posible, la persecución del fenómeno
mágico por parte del tribunal de distrito de la Inquisición de Valencia en el siglo XVIII.
Con ello, deseamos acercarnos a los fenómenos y prácticas que hemos descubierto a
través de nuestras fuentes, en su vertiente de delito, observando el tratamiento que le dio
la institución en Valencia y los diferentes matices que hemos podido observar gracias al
análisis de los procesos judiciales y el resto de documentos a los que hemos tenido
acceso.
Además, aprovechando los datos que nos han ido aportando las fuentes
recopiladas, intentaremos dilucidar, un poco más, la situación de la institución
inquisitorial y sobre todo la del tribunal del distrito valenciano en el siglo XVIII e
intentaremos desgranar cómo se desarrollaron las relaciones entre el Consejo General y
el tribunal valenciano, a través de las informaciones que nos aporten los procesos y la
correspondencia entre ambas instancias.
En la segunda parte, nos situaremos en el otro plano del espejo. Aquí,
intentaremos profundizar en las prácticas y las creencias por sí mismas, convirtiéndose
entonces nuestras fuentes en ventanas abiertas hacia una sociedad y hacia la mentalidad
de aquella. Para ello nos serviremos de diferentes casos particulares, los cuales nos
ofrecerán la posibilidad de acercarnos mucho más a los momentos cotidianos de la
sociedad valenciana del siglo XVIII y, sobre todo, a las prácticas y creencias mágicas.
Por último, pretendemos ofrecer, una visión lo más panorámica posible, de la
sociedad valenciana en relación al fenómeno mágico. Deseamos proponer el estudio de
una sociedad mágica, comenzando por aquellos practicantes que fueron acusados por
estos delitos, y pasando por los personajes más allegados a estas figuras, hasta
completar el círculo con el estudio de la sociedad circundante, analizada a través de los
1
testimonios que declararon en las causas, para que nos ayude a lanzar nuestras hipótesis
lo más lejos posible. Todo este análisis servirá para conocer mejor la sociedad
valenciana, el alcance del pensamiento mágico en el siglo XVIII y las diferentes
visiones que sobre este fenómeno existieron en el seno de aquella población.
Ya al enfrentarnos por primera vez a la problemática que vamos a presentar en
este estudio debimos considerar las dificultades, las limitaciones y los problemas que
podía acarrear la investigación en un ámbito como el de las mentalidades, el de las
creencias. Introducirnos en las mentes de los individuos que poblaron nuestras tierras
hace siglos se presentaba como una tarea complicada, pero realizar esta inmersión a
través de fuentes inquisitoriales debía realizarse con más cautela si cabe.
Las fuentes procesales, alegaciones fiscales y demás documentación relacionada
con la institución inquisitorial presentaban diversas dificultades, que trataremos
oportunamente al hablar de nuestras fuentes. Pero, además, el mero hecho de tratarse de
fuentes judiciales les confería una fuerte carga subjetiva, por la tendencia de testigos y
acusados a exagerar o a omitir, según la conveniencia propia, datos que nos habrían sido
esenciales en nuestro estudio. Asimismo, corríamos el riesgo de identificar los rasgos y
extensión de un fenómeno, el de la magia, sólo con aquellos aspectos y personas que
fueron perseguidos y encausados por el Santo Oficio. Por tanto, la moderación y
cautela resultaban trascendentales.
Asimismo, y antes de comenzar el estudio, debemos aclarar que no hemos
enfocado este análisis desde la perspectiva tradicional que consideró el siglo XVIII
como el del declive de la actividad de la institución inquisitorial. Como otros autores
que han estudiado la actuación del Santo Oficio en esta época, consideramos que este
siglo no significó una decadencia para el organismo, al menos en cuanto al volumen de
procesos incoados contra varias tipologías de delitos, entre los que se insertan aquellos
relacionados con la magia.
Acerca de la supuesta inactividad o decadencia de la Inquisición muchos han
sido los autores que han rebatido esta idea matizando que, aunque durante la Guerra de
Sucesión se produjo una disminución considerable de la actividad de la institución,
acabada la guerra se sucedió un periodo de actuación vigorosa que abarcaría la mayor
parte del reinado de Felipe V 1. Y, aunque parece que la persecución a judíos en este

1
Observamos esta idea en Egido, T., “La España del siglo XVIII”, en Pérez Villanueva, J. y Escandell
Bonet, B., (Eds.), Historia de la Inquisición en España y América, vol. I, Madrid, BAC, 1984, págs.
2
periodo fue mayoritaria, debemos remarcar un cambio destacable en la importancia que
cobran los procesos por superstición, que aumentan considerablemente en número 2.
La Inquisición, aunque prácticamente neutralizadas las grandes herejías,
continúa ejerciendo un gran trabajo de vigilancia de la fe. En este caso, observando de
cerca los hábitos, la religiosidad y las desviaciones de esta religiosidad entre los
cristianos viejos, tanto laicos como clérigos. A partir de esta premisa, podríamos
deducir que la Inquisición debió buscar una coartada para fundamentar su existencia en
el reino hispánico, una vez la lucha contra las grandes herejías parecía finalizada.
Así, mediante el análisis de uno de los delitos perseguidos por la institución
pretendemos resaltar su función activa en la defensa de la fe, aún en el siglo XVIII y a
pesar de las diferentes trabas a las que deberá enfrentarse, y la supervivencia de ciertas
creencias mágicas en los albores de la Ilustración y la contemporaneidad.
Para comenzar el estudio, nada mejor que una cita que representa con bastante
claridad el sentimiento, ciertamente contradictorio, de la sociedad del siglo XVIII ante
el fenómeno mágico en general. A nuestro parecer, sería Benito Jerónimo Feijoo el que
plasmaría con mayor claridad esta ambigüedad:

Que hay hechiceros y hechicerías, consta de la Escritura y del común consentimiento de


la Iglesia. Que haya tantos, y tantas, como el vulgo piensa, es aprensión, propia de la
rudeza del vulgo. Si sólo se hiciese cuenta de la malicia del demonio, y de la flaqueza del
hombre, no hay duda que nos veríamos inundados de hechiceros; porque son muchos los
perversos que buscando la felicidad en el seno de la desdicha, a todo riesgo del alma
quieren hacer fortuna; y el demonio, para mal suyo y nuestro, les prestaría fácil su
asistencia, si, o el ángel Custodio no le estorbase llegar a estos abominables contratos; o
Dios usando de su imperio, no tuviese su malicia en cadenas 3.

La paradoja de sentimientos que progresa en el siglo XVIII queda representada,


ante todo, por un sector de la élite intelectual cuyo estudio hemos decidido postergar en
favor de un análisis profundo de los puntos expresados anteriormente. Por tanto, esta

1204-1205. Y en Sarrión Mora, A. Beatas y endemoniadas: mujeres heterodoxas ante la Inquisición ss.
XVI-XIX, Alianza Editorial, Madrid, 2003, pág. 319; entre otros.
2
Tenemos el ejemplo del tribunal de Logroño. Torres Arce, Marina, Un tribunal de la Fe en el reinado
de Felipe V. Reos, delitos y procesos en el Santo Oficio de Logroño (1700-1746), Ciencias Históricas 5,
Instituto de Estudios Riojanos, Logroño, 2002, pág. 81.
3
Feijoo, B.J., Teatro crítico universal, tomo II (1728). Texto tomado de la edición de Madrid 1779 (por
D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo II (nueva impresión, en
la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), pág. 119.
3
intelectualidad y su visión sobre el fenómeno mágico serán examinadas en ulteriores
trabajos. Si bien, presentaremos algunos puntos de discordancia con lo que parece ser la
conciencia general, heredera del barroco y proclive a creer en hechos mágicos y
maléficos.

0.1. Conceptualización

Muchos serán los conceptos utilizados en este estudio que podrían presentar
cierta problemática de comprensión si no realizamos las pertinentes aclaraciones,
resaltando los matices y los porqués de la utilización de tales términos y no otros 4.
En primer lugar desearíamos presentar los conceptos que van a poder leerse a lo
largo de nuestro estudio. Entre ellos, podremos atisbar la utilización asidua de unos,
mientras que otros quedarán relegados a un segundo plano, siendo utilizados con
muchos matices. También esto, como veremos, sigue la línea de lo que nos pareció el
razonamiento más lógico. Entre los conceptos que rigen directamente el fenómeno a
estudiar diferenciamos varios como: magia, superstición, hechicería y brujería,
sobrenatural, preternatural y natural... Además, estos pueden desligarse en varias
ramificaciones, tales como: magia maléfica/demoníaca y magia natural, hechicera y
bruja. Vamos a esclarecer pues el modo en que vamos a utilizar tales conceptos.
Comencemos por uno de los términos primordiales de nuestra investigación, ya
que su carga significativa afectó en gran medida a la conceptualización y planteamiento
de nuestro estudio, hasta el punto de bosquejar un cambio de concepto en el título
mismo de la tesis que aquí presentamos y, también, de las publicaciones que han ido
surgiendo a medida que avanzaba la investigación. Nos referimos en gran manera a la
problemática que se suscitó por el uso del término superstición, el cual acabó siendo
sustituido por el concepto magia.
Vamos pues a explicar cada uno de estos términos, centrándonos en el uso que
les daremos a lo largo de los capítulos siguientes. Finalizaremos nuestra exposición,
mencionando las problemáticas que se plantearon alrededor del uso de esta terminología
4
En razón a este apartado nos parece significativo el profundo estudio que, de algunos de estos
conceptos, ofrece Eva Lara Alberola en su estudio Hechiceras y brujas en la literatura española de los
siglos de oro, Publicacions de la Universitat de València, València, 2010, págs. 16-28.
4
y que, finalmente, nos convencieron de la necesidad de cambiar el título de la tesis que,
en primera instancia habíamos denominado: La Inquisición valenciana ante el
fenómeno de la superstición en el siglo XVIII.

a. La magia:

Según la RAE, la magia es:

(Del lat. magīa, y este del gr. μαγεία).


1. f. Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o
palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes
naturales. 2. f. Encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo.
~ blanca, o ~ natural.
1. f. La que por medios naturales obra efectos que parecen sobrenaturales.

Además, si acudimos al tomo IV del diccionario de Autoridades (1734),


obtenemos otra definición que se va a corresponder aún más con aquello que
pretendemos expresar:

MAGIA. s. f. Ciencia o arte que enseña a hacer cosas extraordinarias y admirables. Latín.
Magia. NIEREMB. Philos. ocult. lib. 2. cap. 95. La Magia legítima y pura, assí natural,
como artificial, vá por diferente camíno lícito y sin tropiezo, y toca a la consideración del
artificio de la naturaleza.

En nuestro estudio, al igual que el título que expresa esta tesis, hablaremos del
concepto magia o mágico, en este sentido. A través de los procesos inquisitoriales
llegamos a descubrir a una serie de acusados por realizar diferentes prácticas que,
mediante oraciones y/o rituales, pretendían la intervención de ciertos personajes con
fines maravillosos. Estos poderes podían ser celestiales o demoníacos, generalmente.
Menos común, aunque encontrado en algunos casos, solía ser el uso de plantas o
elementos naturales para conseguir objetivos no naturales o sanaciones que, en su
momento, podrían ser consideradas mágicas. Así pues, la palabra magia designará tanto

5
a aquellos que apelaron a fuerzas celestiales y/o demoníacas como a la denominada
magia natural 5.
Por tanto, con este término y los conceptos relacionados con él, nos referiremos
a toda suerte de hechos, acciones y personajes que fueron relacionados de algún modo
con sucesos extraordinarios, ya fueran de carácter benigno o maligno, y que hemos
encontrado siendo juzgados por el tribunal de la Inquisición de Valencia en el siglo
XVIII. Bajo el apelativo de personaje mágico designaremos a: hechiceros y hechiceras,
brujas, nigromantes, buscadores de tesoros, curanderas y curanderos, etc. Pues todos
ellos parecen vivir una existencia ligada a lo extraordinario, según sus coetáneos, o
relacionada con la estafa mágica.
Por ello, aquellos procesos incoados bajo las etiquetas inquisitoriales de
“superstición”, “hechicerías”, “brujerías”, “saca-tesoros”, “pacto demoníaco”,
“embustero/a”, etc. son englobados en nuestro estudio bajo el término magia.

b. Superstición:

Si nos dirigimos de nuevo a la RAE, en un significado actual, tendremos que


superstición significa:

1. f. Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón.


2. f. Fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo. Superstición de la ciencia.

En casos muy numerosos hemos encontrado, entre los ritos explicados en las
causas valencianas, el uso de elementos sagrados como el agua bendita, la hostia
consagrada, el recurso a oraciones implorando la ayuda de los santos o de la Virgen, ya
fueran de carácter ortodoxo o heterodoxo, la utilización de misas o del altar de una
Iglesia como parte de un ritual… Todo ello con la finalidad de conseguir un objetivo
mágico.
Por otra parte, en la mayoría de los sumarios que hemos hallado siendo incoados
por el tribunal valenciano a lo largo setecientos, prima la etiqueta que califica los
sucesos procesados en su interior como supersticiones o superstición. En algunos de

5
Ver la conceptualización posterior.
6
estos se utilizan los elementos anteriormente nombrados, pero en otros no. En el siglo
XVIII, en Valencia, encontramos siendo juzgadas por el tribunal de distrito desde
auténticas prácticas de maleficio e invocaciones demoníacas, a simples y no tan simples
oraciones a los santos de tenor heterodoxo, prácticas curativas, magia ad amorem, etc.
todo englobado bajo el término superstición.
Podemos observar que la concepción a la que nos referimos resulta bastante
lejana a la idea que actualmente se tiene de la superstición. La diferencia entre lo que
íbamos encontrando en nuestra investigación y la significación del término propuesto
nos hizo plantearnos un análisis de la evolución en la conceptualización de la palabra
superstición. Para averiguar los detalles de esta evolución, decidimos seguir las
diferentes definiciones de este término, de un modo cronológicamente inverso, a través
de algunos de los diferentes diccionarios de la lengua española.
Así nos encontramos con:

- La significación que nos ofrece el Diccionario de la lengua española de 1884:

Superstición – del latin superstitio, creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón.

- La definición que nos aporta el tomo VI del Diccionario de Autoridades de


1739, y que continúa a lo largo del siglo XVIII y, al menos, hasta el DRAE de 1817,
reza:

Superstición – s. f. Culto, que se da à quien no se debe con modo indebido. Es tomado del
Latino Superstitio. AMBR. MOR. lib. 8. cap. 3. A la partida, según la mala superstición
de los Romanos, le sucedieron en agüeros, y en otras extrañas novedades, mui tristes
señales de lo mal que en España le había de suceder. PARR. Luz de Verd. Cath. part. 2.
Plat. 9. Explico primero lo que será superstición en el modo.

- Mientras, en el Tesoro de la lengua española de 1611 (Covarrubias) se nos


advierte:

Superstición – Es una falsa Religión y error necio, que comúnmente suele caer en
vegeçuelas embaucadoras, que hazen de las muy santas. Desta materia trata largamente el

7
padre Martín del Rio en el libro primero c.r. Disquisicionum magicarum. Cicerón en el
libro segundo De la natura Deorum, da la etymología de superstición […]

La superstición fue, pues, un delito juzgado por la Inquisición (en el tribunal de


Valencia y en los diversos tribunales de la fe hispánicos) relacionado con las
desviaciones de la fe que tenían, de algún modo, relación con los cultos paganos y que
se hallaban ligados en cierto grado con la magia. Es comprensible pues, que en el siglo
XVIII la RAE incorpore aquella definición que hemos visto: “Culto que se da a quien
no se debe y de modo indebido”. Es ese el valor exacto que vamos a tomar al utilizar
este término.
De todos modos, y como explicaremos en las próximas líneas, ha existido un
gran esfuerzo por utilizarlo en escasas ocasiones y, generalmente, relacionado con
aquellas prácticas que implicaron la utilización o recurso de algún elemento sacro de un
modo inapropiado o heterodoxo, para conseguir una finalidad mágica o extraordinaria.
Si hubiéramos decidido utilizar este término con la significación que se le
concede actualmente, podríamos haber creado conflictos de comprensión, pues
resultaría bastante problemático discernir aquellas prácticas relacionadas con la magia,
de otras que fueron autorizadas en la época central de nuestro análisis y que,
actualmente, también podrían confundirse con la superstición. Esto sucedería porque en
el siglo XVIII, y en toda la época moderna, existieron prácticas consideradas ortodoxas
pero que, siendo manifestaciones de una religiosidad exacerbada, estuvieron muy
relacionadas con rituales mágicos y con lo extraordinario.
En muchas ocasiones, el único motivo que diferenciaría a estos comportamientos
de otros considerados mágicos y, por tanto, heterodoxos, sería el personaje o institución
que ejerce el control sobre ellas. Nos referimos a los ejemplos aportados por cierto tipo
de rogativas, a los párrocos conjuradores de tormentas analizados por Blázquez
Miguel 6, a los exorcismos de plagas 7 , etc. De hecho, incluso para los contemporáneos
a estos hechos, la diferencia entre lo supersticioso-mágico y la religión no parece estar
demasiado clara. Martí Gelabertó acuñó magistralmente el término mágico cristiano

6
Blazquez Miguel, J. Inquisición y brujería en la Yecla del siglo XVIII, Ayuntamiento de Yecla, Murcia-
la levantina, 1984, pág. 98.
7
Sobre esto tenemos ejemplos en el uso y abuso de exorcismos para enfrentarse a fenómenos naturales,
como apunta: Alberola, A. “Procesiones, rogativas, conjuros y exorcismos: el campo valenciano ante la
plaga de langosta de 1756” en Revista de Historia Moderna. Anales de la Universidad de Alicante, nº 21
– 2003, págs. 45-58.
8
para referirse a la prácticamente inexistente línea divisoria entre ciertas prácticas
mágicas y aquellas consideradas ortodoxas como las plegarias, las bendiciones o los
exorcismos 8. Si es cierto que existió confusión entre los modernos, a los ojos de un
contemporáneo, imbuido por la definición actual del término superstición, estas
prácticas resultarían exponentes de una fe desmedida y contraria a la razón tanto o más
que aquellas que expondremos en nuestras páginas.
Existe otro ámbito en el que a un pensamiento contemporáneo, seguramente, le
costaría discernir esa fe desmedida, que expone la definición de la superstición. Se trata
de la esfera de los milagros, totalmente aceptados y promocionados por la Iglesia
católica en el momento histórico al que nos enfrentamos y que, para un moderno,
constituiría la otra vertiente de lo extraordinario, la vertiente permitida puesto que el
poder para realizarlos emana de Dios. De esta manera, si utilizásemos la acepción
actual del término las apariciones de los santos, los milagros e, incluso, las reliquias,
podrían quedar incluídas en el estudio.
Por este motivo, decidimos dejar de lado esta terminología y referirnos al
conjunto de prácticas que habíamos observado como prácticas mágicas, atendiendo a la
finalidad que pretendían conseguir los personajes implicados en aquellas al realizarlas.
No obstante, el término superstición fue el más utilizado por los inquisidores y por los
funcionarios inquisitoriales en la documentación estudiada, como ya adelantábamos
anteriormente. Luego, aunque evitemos utilizar en gran parte este concepto, las escasas
ocasiones en que a él hagamos mención, lo haremos con el significado que tuvo en la
época estudiada, tratándose entonces de un delito relacionado con la idolatría o
apostasía en favor del demonio, las reminiscencias de cultos paganos o el uso, o abuso,
de elementos religiosos de modo heterodoxo para conseguir un objetivo concreto,
generalmente nada piadoso, un objetivo no natural.
Estas ideas, recabadas a lo largo de nuestra investigación, nos obligaron a
realizar una profunda reflexión acerca de la conveniencia de un cambio en el título de la
tesis, para evitar posibles confusiones entre el público académico y, sobre todo, entre el
público no especializado que pudiera acceder a este estudio a través de una posible
publicación. Acabamos decantándonos por un título sencillo, corto y con unos

8
Gelabertó, Martí. La palabra del predicador: contrarreforma y superstición en Cataluña (siglos XVII-
XVIII). Milenio, Lleida, 2005, pág. 84.
9
conceptos minuciosamente elegidos, que expresasen en tono minimalista y claro aquello
que deseábamos expresar.

c. Magia demoníaca, magia natural:

Aunque se trate de conceptos que no vamos a utilizar con gran asiduidad,


debemos aclarar a qué nos vamos a referir cuando hagamos alguna alusión a ellos, para
evitar futuras confusiones. En la RAE hemos visto indicación, como apuntábamos
anteriormente, al término magia blanca o magia natural. Así pues, y recapitulando, se
trataría de aquella que usa de medios naturales para conseguir efectos maravillosos.
Además, el Diccionario de Autoridades, en su tomo IV, también nos ofrece la
significación de ambas vertientes de este fenómeno. Así tenemos:

MAGIA NATURAL. Es la que con causas naturales produce efectos extraordinarios.


Llámase Mágia blanca, a diferencia de la diabólica. Latín. Magia naturalis.
MAGIA NEGRA. Es el abominable arte de invocar al demónio, y hacer pacto con él,
para obrar con su ayuda cosas admirables y extraordinárias. Latín. Magia supersticiosa,
vel diabolica.

Sin embargo, a nuestro parecer es Martí Gelabertó quien nos da las claves de
interpretación para introducir estos conceptos en nuestro estudio de un modo más claro
y mucho más relacionado con aquello que deseábamos expresar. Este autor afirma que
la denominada magia demoníaca descansaba en la invocación y alianza siniestra del
mago con las fuerzas diabólicas para conseguir cualquier cosa. Esta magia no se
distinguiría de la religión sino que era una derivación perversa de ella, esta se alejaba de
Dios, usando de los demonios para resolver los problemas. Para los padres de la Iglesia,
san Agustín y san Isidoro, la magia era una asociación del hombre con los demonios,
siendo Lucifer el instigador de estas asociaciones, con el fin de atraer las almas al
infierno. Evidentemente, si la magia funcionaba era porque detrás de ella se hallaban
los demonios 9.

9
Gelabertó, Martí. La palabra del predicador... pág. 83.
10
A lo largo de nuestro estudio observaremos, en alguna ocasión, la utilización de
este término. Sin embargo, aunque el recurso al demonio o a los demonios esté muy
extendido, no podemos asociar todas las prácticas encontradas a la magia demoníaca
puesto que, también en numerosos casos, las oraciones, invocaciones y diligencias
mágicas irán dirigidas a obtener un resultado maravilloso pero a través de personajes
celestiales o elementos sacros. Por ello, intentaremos evitar la clasificación lineal de las
prácticas a través de conceptos que resulten excluyentes, y hablaremos de magia
maléfica, sólo cuando se recurra única y exclusivamente a personajes demoníacos para
lograr un propósito.
Por otra parte, el mismo autor describe la magia natural de la siguiente manera:

La magia natural podía alcanzar los mismos resultados pero, en lugar de recibir la ayuda
de los demonios se apoyaba en la explotación de los poderes ocultos de la naturaleza. Ese
género de magia es una especie de ciencia que trata de las virtudes secretas de las cosas
naturales. La magia natural podía producir efectos maravillosos, mediante la
manipulación de las fuerzas ocultas de la naturaleza, a partir de las virtudes misteriosas de
los vegetales, de los minerales, de las estrellas, de los planetas. La magia natural no se
distinguía de la ciencia, sino que era propiamente una derivación de ella.

Además, continúa el autor relatando importantes figuras que fueron exponente


de este tipo de magia, como Arnau de Vilanova o Marsilio Ficino, entre otros.
Lamentablemente, entre las fuentes analizadas para este estudio, hemos encontrado
escasos exponentes que aludan únicamente y de una manera clara a la práctica de la
magia natural. Por ello, sólo utilizaremos este concepto en el último capítulo dedicado
a las prácticas mágicas, en que analizaremos a los personajes que confeccionaron
medicinas, usando de métodos naturales.

d. Brujería y hechicería:

Vamos a partir de la definición actual de ambos términos aunque, en líneas


generales, no sea exactamente este el tratamiento que les vamos a dar en nuestro
estudio. Según la RAE, observamos:

11
En cuanto al concepto brujería
(De bruja).
1. f. Conjunto de prácticas mágicas o supersticiosas que ejercen los brujos y las brujas.
La acepción que más se acerca a nuestra concepción, sería:
Bruja (Quizá voz prerromana).
1. f. Mujer que, según la opinión vulgar, tiene pacto con el diablo y, por ello, poderes
extraordinarios.

En torno a este concepto, hemos encontrado la definición en el tomo I del


Diccionario de Autoridades, pero no como bruja, sino como bruxa:

BRUXA. Comunmente se llama la muger perversa, que se emplea en hacer hechizos y


otras maldades, con pacto con el demónio, y se cree, u dice que vuela de noche. Díxose
assi por analogía de la Bruxa ave nocturna. Lat. Venefica. Saga. Strix. LOP. Dorot. fol.
25. Digo que sucede a los amantes lo que a las bruxas, que piensan que van con el cuerpo
donde los llevan imaginariamente. QUEV. Mus. 6. Rom. 32.
Que chupais sangre de niños,
como bruxas infernales.
Chupado de bruxas. Comparación vulgar con que se dá à entender el que está flaco y
descolorido: aludiendo a la vulgaridád de que las bruxas chupan la sangre a los niños, que
por esto están flacos y descoloridos. Lat. Ab strigibus exsuctus, a, um.

En cuanto a la hechicería.
(De hechizo).
1. f. Arte supersticioso de hechizar.
2. f. Cada una de las cosas que emplean los hechiceros en su arte.
3. f. Acto supersticioso de hechizar.

Podemos añadir el significado que encontramos en el tomo IV del Diccionario


de Autoridades (1734):

HECHICERIA. s. f. El acto de hechizar, practicar y hacer los hechízos. Latín. Veneficiis


infectio. COMEND. sob. las 300. Copl. 35. Y por tanto aquellas gentes hasta agora usan
de la arte mágica, y de crueles hechicerías. HORTENS. Paneg. pl. 316. La hechicería es
una superstición, que cae mui cerca de la infidelidad.

12
Para redondear esta terminología, hemos acudido al término hechizar, tanto en el
DRAE actual:

(De hechizo).
1. tr. Ejercer un maleficio sobre alguien por medio de prácticas supersticiosas.

Como su homónima en el diccionario de Autoridades:

HECHIZAR. v. a. Hacer a alguno mui grave daño, ya en la salúd, ya trastornándole el


juicio vehementemente, interviniendo pacto con el demonio, ya sea implicito, ya
explícito. Viene del Latino Fascinum, que vale Hechicería. Antiguamente se decía
Fechizar. Latín. Veneficiis aliquem inficere. Maleficiis laedere. PARR. Luz de Verd.
Cath. part. 2. Plat. 9. Entendemos por hechiceros solos aquellos que por arte del diablo
hacen mal y grave daño a otro en la salud, en la vida, &c. y assí suelen decir: Lo
hechizaron.

El concepto brujería aportado por la RAE resulta lo bastante aséptico como para
que sea prácticamente imperceptible su diferencia con la hechicería. Por ello,
preferimos acogernos al término bruja, y sobre todo a aquella definición de este
concepto que formula el Diccionario de Autoridades, puesto que expresa con mayor
claridad la creencia en este fenómeno y en sus parámetros de comportamiento.
Además, preferíamos dejar fuera de nuestro estudio cualquier elemento con carga
ideológica que pudiera inducir a pensar que habíamos pretendido juzgar o, incluso
condenar, estas creencias.
Por esta causa, obviamos completamente la parte de la definición que se refiere
a: “según la opinión vulgar”. Esto se produce porque nos enfrentamos a un fenómeno
que existió realmente en las mentes de aquellos a quien pretendemos estudiar, por ello,
no pretendemos juzgar su existencia real o imaginada. Para profundizar en el hecho
mágico debe ser suficiente que los protagonistas de la documentación creyesen en él.
La magia formó parte de su realidad cotidiana. Por ello, el Diccionario de Autoridades
se ajusta de mejor manera a la realidad a la que nos vamos a enfrentar, pues no habla de

13
la opinión del vulgo 10, sino de una creencia común: “Comúnmente se llama la muger
perversa...”.
Por estas causas nuestra utilización de la terminología se ceñirá, en líneas
generales, a lo dispuesto en el diccionario de Autoridades, en la tratadística teológica y
en la historiografía analizada. Así, al hablar de brujería nos referiremos, en líneas
generales al fenómeno descrito y clasificado por Heinrich Kramer y Jacob Sprenger 11,
cuya significación ya fue recogida por historiadores de la talla de Henry H. Lea 12. Entre
las características de la brujería diabólica destacarían: el uso del maleficio con ayuda
demoníaca para muy diversos fines, el sometimiento de la bruja al demonio, la cuestión
del vuelo, real o soñado, y las reuniones nocturnas o sabbat 13.
En cuanto a la hechicería, el diccionario actual no nos aporta respuestas claras
acerca de su uso histórico. Acudimos al término hechizar, para poder aclarar la
terminología pero, aunque este nos aportaba más detalles, su falta de matizaciones podía
inducirnos al error en el estudio de la problemática. Por lo estudiado hasta el momento,
si bien es cierto que la hechicera es capaz de lanzar un maleficio, también lo sería la
bruja (con más razón, según la tratadística) o el mago, por lo que el Diccionario de
Autoridades, tampoco llegaba a aclarar totalmente la diferencia entre estas tres
tipologías de personajes. Por ello, preferimos seguir, nuevamente, los patrones que
marcaron los teólogos y que han seguido la mayoría de historiadores, para encuadrar
este concepto en la fenomenología a la que nos enfrentamos.
Aunque la Teología aceptó que, para que los hechiceros tuvieran éxito en sus
empeños, debía existir una colaboración con lo demoníaco, en esta relación no poseía el
protagonismo absoluto, sino que compartiría espacio con otros seres como los santos y
con otros elementos 14. La hechicera no parece apartarse de la religión cristiana para
rendir culto al diablo, como sí lo hace la bruja.

10
Cuestión que se añadirá ya en el Diccionario de 1780.
11
Sprenger, Jacobus e Institoris, Henricus. El martillo de las brujas. Maxtor, Valladolid, 2004.
12
Lea, Henry Charles. Historia de la Inquisición Española. Fundación Universitaria Española, Madrid,
1982, vol. III, págs. 599-639.
13
Caro Baroja cita en Las brujas y su mundo. Alianza editorial, Madrid, 2012, págs. 160-161, a Jean
Bodin, que en su Demonomanie des sorcières, perfila los delitos de los que se va a acusar a las brujas,
resumiéndolos en quince puntos, entre los que destacan: renegar de Dios, hacer homenaje al demonio,
adorándole y sacrificando en su honor, matar a sus semejantes y a los niños pequeños para hacer
cocimientos, matar por medio de venenos y sortilegios, matar ganado, causar esterilidad en los campos y
hambre en los países, tener cópula carnal con el Demonio, etc.
14
Coronas Tejada, Luis. “Brujos y hechiceros: Dos actitudes” en Martínez San Pedro, María
Desamparados (coord.) Los marginados en el mundo medieval y moderno. Instituto de Estudios
Almerienses, Almería, 2000, págs. 239-248.
14
Con estas líneas pretendemos no sólo prevenir de la diferencia entre ambos
conceptos, sino que deseamos ofrecer los parámetros en los que vamos a utilizar ambos
términos. A nuestro parecer, y después de haber analizado los procesos inquisitoriales
llevados a cabo por el tribunal del distrito de la Inquisición de Valencia en el siglo
XVIII, para acercarnos al fenómeno o al término brujería debemos tener en cuenta
varias cuestiones que, a pesar de no ser excluyentes entre sí, pueden no converger en sus
conclusiones. Vamos a explicar, de la manera más clara posible, a qué nos referimos.
Al hablar de brujería podemos tener en cuenta, solamente, la etiqueta o
calificación dada por el Santo Oficio ante una determinada práctica. Con este uso de la
terminología nos estamos refiriendo a aquellas personas que fueron tachadas de brujas,
por algún integrante de la Inquisición, en algún momento del proceso que se les incoó.
De la misma manera, esta interpretación se puede aplicar al término hechicería o
hechicera.
En segundo lugar, cuando hablamos de brujería podemos referirnos a un
conjunto de prácticas relacionadas con la tipificación que de este fenómeno se realizó
en el Malleus Maleficarum y en algún otro tratado relacionado con esta fenomenología.
Por ello, el uso de este término o del término bruja, en nuestro estudio, puede derivarse
de la observación de varias características que relacionen las prácticas descritas en los
procesos con las tipificaciones teóricas realizadas a través de los tratados teológicos.
A raíz del análisis de la documentación y de la reflexión sobre la problemática
descrita, concluimos que estas dos perspectivas del concepto o idea de la brujería no
podían tratarse a un mismo nivel. Si nos referíamos al uso del concepto por parte de la
Inquisición, eran muy escasos los casos en los que podíamos llegar a encontrar, en un
proceso, referencias al término brujería por parte de los miembros del tribunal de la
Inquisición de Valencia en el siglo XVIII. Sin embargo, si analizábamos los métodos
mágicos descritos en los procesos, algunos distaban bien poco de aquellos tipificados en
las obras referidas y, por tanto, debían relacionarse con la brujería.
Otra perspectiva que puede tomar el uso de tal conceptualización se ciñe a las
creencias de aquellos que fueron partícipes de los sucesos a los que nos vamos a referir.
Estas creencias también pueden, en ocasiones, diferir de las prácticas relatadas,
tachando a una persona de bruja sin conocer realmente los parámetros teológicos y las
características que debían definir a una bruja. Siendo, en estos casos, más un término

15
que expresa un temor real hacia la persona acusada que una definición o calificación
teológica de las prácticas que esta realiza.
Por último, se halla la mirada del historiador, la nuestra propia. La utilización de
una conceptualización a raíz del análisis y el estudio de todo lo expuesto. Una
perspectiva que nos aboca, tal vez, a juzgar nuevamente estas prácticas y creencias, y a
aquellos que las usaron o padecieron.
Por la calidad y la complejidad de todas estas perspectivas que, como decíamos,
unas veces confluyen en atribuir a ciertas prácticas el concepto teórico de brujería y
otras no, vamos a utilizar este término estrictamente cuando se cumpla alguno de estos
parámetros. Además, para evitar confusiones, intentaremos matizar cuál de estas
perspectivas se cumple para defender nuestro uso del término en un contexto concreto.
Por último, en un intento por huir de valoraciones, procuraremos evitar el último uso del
concepto, el que se ciñe sólo a una visión planteada por el historiador. Nuestra
perspectiva se verá plasmada sólo a través de esa clasificación de todas las vertientes y
usos dados al término. Este planteamiento nos permitirá alejarnos de juicios y mantener
la perspectiva histórica.
Somos perfectamente conscientes de que la mayoría de estudiosos de esta
fenomenología han atribuido esta conceptualización solamente a aquellos acusados
(sobre todo acusadas) que así fueron definidos por las instancias judiciales que los
acusaron, ya fueran tribunales civiles, eclesiásticos o inquisitoriales.
Sin embargo, los casos a los que nos enfrentábamos demostraban, en algunas
ocasiones, la pervivencia de ciertas prácticas, creencias y atribuciones que distaban bien
poco de aquellas que fueron relacionadas con la brujería en otra época. No obstante, la
clasificación a la que daban lugar estas prácticas en el proceso no reflejaba los términos
de brujería o la calificación de bruja para la acusada, sino que acabarían siendo
clasificadas, salvo muy escasas excepciones, como superstición, maleficio y, en algún
caso, hechicería.
Por estas razones, nos hemos visto en la obligación de explicar y razonar las
diferentes perspectivas aplicables al concepto brujería (o bruja), pues deseábamos evitar
posibles confusiones y dudas acerca de la metodología utilizada al realizar un uso del
término diferente del habitual.

16
e. Natural, preternatural, sobrenatural:

Para el término natural, hemos elegido las dos acepciones del Diccionario de la
Real Academia Española que más se adecuaban a nuestro estudio.

Natural: (Del lat. naturālis).


1. adj. Perteneciente o relativo a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de
las cosas.
7. adj. Que se produce por solas las fuerzas de la naturaleza, como contrapuesto a
sobrenatural y milagroso 15.

En el caso del término natural, hemos seguido su significación actual, ya que


dista muy poco de la concepción que es utilizada en las fuentes analizadas.
En cuanto al término preternatural, partimos también del significado que nos
aporta el DRAE:

Preternatural: (Del lat. praeternaturālis).


1. adj. Que se halla fuera del ser y estado natural de algo.

Sin embargo, si nos ciñésemos sólo a esta última significación, es decir, a la


acepción actual del término preternatural, advertiríamos que no existe prácticamente
ninguna diferencia entre este y el siguiente término a analizar, sobrenatural.
Según el DRAE,

Sobrenatural: (Del lat. supernaturālis).


1. adj. Que excede los términos de la naturaleza.

Tampoco el Diccionario de Autoridades establece una división clara en este


sentido, advirtiendo que ambos conceptos hablan de cuestiones que exceden las leyes
naturales. Sin embargo, sí debe existir una diferenciación entre ambos términos en
nuestro discurso puesto que, en la época estudiada, estos conceptos tuvieron matices
que les distinguieron. Por ello el término preternatural será utilizado cuando nos
refiramos a todo aquello que, hallándose fuera de las circunstancias naturales, tampoco

15
Esta acepción también la encontraremos en el Diccionario de Autoridades, tomo IV.
17
estas pueden relacionarse con el elemento divino o sobrenatural que sólo provendría de
Dios. Por tanto, todo aquello que quede a mitad de camino, será considerado
preternatural. Se trata de un mundo enorme y muy rico, donde lo mágico, lo
maravilloso y lo demoníaco, comparten espacio.
Para fundamentar nuestra utilización de tal terminología vamos a recurrir, como
siempre, a las fuentes. En este caso será la bibliografía barajada la que nos ofrezca la
base fundamental para nuestra disertación.
Apuntaba ya Marcelino Menéndez Pelayo, siguiendo la premisa que le ofrecía su
estudio del erudito Francisco de Vitoria, que la magia se sitúa en la esfera preternatural,
a la que relaciona con los seres diabólicos, pero no con los ángeles o seres celestiales.
Explica el tenor de este plano de existencia en los siguientes términos:

Abre la serie de los impugnadores españoles de la magia en el siglo XVI […] Francisco
de Vitoria, que trató de la hechicería con su habitual discreción y brevedad en una de sus
Relectiones Theologicae, opinando que son por la mayor parte falsos y fingidos los
prodigios que se atribuyen a los nigromantes, y que no suelen pasar de prestigio e ilusión
de los ojos. Con todo eso, admite la existencia de una magia preternatural que no procede
por causas y modos naturales, sino por virtud y poder inmaterial, el cual no puede ser de
los ángeles buenos sino de los demonios. Niega que los magos puedan hacer verdaderos
milagros; pero les concede cierto poder sobre los demonios y nunca sobre las almas de los
muertos 16.

Este autor, no será el único en darnos las claves de nuestra posterior


conceptualización. Autores de la talla de María Jesús Zamora Calvo, entre otros,
también nos ayudan a perfilar este asunto de una manera fundamental. A través de su
profundo estudio de autoridades como el padre Ciruelo, Martín del Río o Francisco
Suárez, nos da las claves del origen del término preternatural. Según esta especialista,
será Pedro Ciruelo el que se encargue de diferenciar los tres órdenes a los que nos
referíamos, el natural, el sobrenatural y el tercer orden, al que no adjudica concepto,
pero sí lo diferencia del orden sobrenatural 17. Es en este plano en el que actuarán los

16
Menéndez Pelayo, Marcelino. Historia de los Heterodoxos españoles. Biblioteca virtual Miguel de
Cervantes, Alicante, 2003, págs. 355 y 356.
17
Zamora Calvo, María Jesús. “Ciruelo y sus juicios contra la superstición” en San José Lera, Javier
(dir.). La fractura historiográfica: Las investigaciones de Edad Media y Renacimiento desde el tercer
milenio. Sociedad de Estudios Medievales y Renacentistas, Salamanca, 2008, págs. 781-797: “Y es
18
seres intermedios y, además, es el plano en el que intenta influir la magia, provocando
sucesos que parecen sobrenaturales por ser maravillosos. Sin embargo, los únicos que
tienen potestad para luchar y controlar a estos seres intermedios y, por tanto, realizar
hechos sobrenaturales son los Santos, por delegación divina 18. Posteriormente, a
principios del siglo XVII, Martín del Río y Pedro Suárez acuñaron el nombre de
preternatural para este tercer orden.
Evidentemente estos son sólo algunos de los conceptos que van a marcar nuestro
análisis. Existen numerosos términos importantes que iremos explicando a lo largo de
esta investigación, sin embargo, nos parecía de vital importancia aclarar la terminología
esencial que sienta las bases de todo este estudio.

0.2. Análisis Bibliográfico

Se ha escrito mucho sobre la magia, la brujería, la caza de brujas, la superstición.


Estas temáticas han provocado ríos de tinta desde la Antigüedad hasta nuestros días. Se
trata de sujetos de estudio que han suscitado la curiosidad de numerosos especialistas en
Historia, Derecho, Antropología, Teología, Literatura, y de numerosos profanos en
materias académicas pero aficionados a estas temáticas que se han lanzado a su análisis
atraídos, tal vez, por el morbo creado en torno al fenómeno de la persecución de las
brujas europeas. Toda suerte de tratados, estudios más o menos serios, artículos,
documentales o blogs que se hacen eco del fenómeno mágico a lo largo de la historia, y
de su persecución por parte de la Inquisición.
Teniendo siempre en perspectiva aquellos estudios con una metodología y
seriedad fuera de duda, debemos destacar que, en la mayoría de ellos, se ha estudiado
esta fenomenología en relación a los grandes procesos por brujería, tanto a nivel
europeo como español.

justamente Pedro Ciruelo quien, a comienzos del siglo XVI, precisa en este sentido un triple orden basado
en lo sobrenatural (donde se incluye la gracia y el milagro), en la naturaleza y en los actos ejecutados por
ángeles buenos y malos”.
18
Ciruelo, Pedro. Tratado en el qual se reprueban todas las supersticiones y hechicerías: muy útil y
necesario a todos los buenos christianos zelosos de su salvación. Sebastián Cormellas, Barcelona, 1628,
pág. 180.
19
No obstante, si sólo nos ciñésemos a las obras que guardan relación con la
Inquisición española y su persecución de la magia, podríamos extender estos grandes
análisis en el tiempo, siendo los siglos XVI y XVII los más estudiados (y no sólo en
cuanto a la magia, sino también en cuanto al estudio inquisitorial en general). Los
orígenes inquisitoriales y el siglo XVIII han quedado siempre más relegados,
suponemos que por varios factores, entre ellos, la dificultad del estudio global del
fenómeno por la escasez de relaciones de causas o su inexistencia en algunos casos. Y,
además, también en muchos tribunales, la escasez o absoluto vacío de procesos íntegros
impiden la comprensión profunda de estas épocas.
Además, los grandes estudios acerca de la Inquisición española que dedicaban
alguna parte al estudio de ambas épocas, acabaron por ceñir sus análisis sólo algunas
temáticas muy puntuales. El periodo de implantación de la institución, quedó
relacionado con las problemáticas acerca de su doble vinculación al Papado y al rey,
quedando como una institución mixta de doble jurisdicción. Asimismo, estos análisis se
centraron también en la problemática de la introducción de una institución castellana en
la Corona de Aragón, y en los conflictos que esto conllevó; o en el estudio de la
implantación de la institución en los diferentes distritos y el cumplimiento o no de las
instrucciones en cuanto a la actuación procesal de estos tribunales.
En cuanto al siglo XVIII, los estudios se centraron generalmente en la
persecución de las ideas ilustradas y, más tarde, revolucionarias. En relación a ello, se
desarrollaron investigaciones en torno a la censura inquisitorial y relacionadas con los
grandes procesos a ilustrados, como la causa incoada contra Olávide. Por otra parte, la
idea, bastante extendida entre la historiografía clásica, del proceso de decadencia de la
institución en este periodo y, por tanto, de la mayor laxitud en las persecuciones y las
penas, debió pesar en la escasez de estudios al respecto.
Por último, en relación a los estudios acerca de la magia, creemos que la
creencia de que en el siglo XVIII, el Siglo de las Luces, sería más difícil encontrar
creencias de raigambre pagana, podría haber suscitado el recelo hacia su estudio en el
plano mágico. Por último, y relacionado con el punto anterior, la asimilación del siglo
XVIII como la centuria de la razón, debió colaborar en la creación de conclusiones
engañosas acerca de la extensión de la ilustración entre las capas medias y bajas de la
sociedad. Tal vez por ello la historiografía, tanto si nos centramos en las grandes
síntesis como en el estudio más pormenorizado de los tribunales de distrito, ha preferido
20
ceñirse al análisis de los siglos centrales de la existencia de la institución inquisitorial.
Además, en las cuestiones mágicas, estos siglos corresponden a los de las grandes cazas
de brujas.
Afortunadamente la tendencia que dejó al siglo XVIII fuera de los estudios
inquisitoriales en general y, en particular, fuera de los estudios de la magia, la brujería,
etc. ha cambiado de signo puesto que no sólo este trabajo se va a ceñir a esta época, sino
que existen estudios relativamente recientes acerca del análisis de diversos tribunales de
distrito en el siglo XVIII. Así encontramos, entre otros, estudios como los de Enrique
Gacto sobre la Inquisición en Cantabria en el siglo XVIII 19, el de Marina Torres Arce
centrado en el tribunal de Logroño en el siglo XVIII 20. Gracias a autores de su talla se
abordarán aquellos tribunales de distrito de un modo general en el entorno del
setecientos. Estudios como estos abrirán una nueva perspectiva, la de la existencia del
siglo XVIII en la historiografía inquisitorial, convirtiendo este siglo en algo más que
una cronología paradigmática y sólo centrada en la Ilustración. Estos estudios regionales
demostrarán que la Inquisición aún brilla con fuerza en este siglo, aunque adaptándose a
las nuevas circunstancias y prestando mayor atención a otro tipo de delitos que los
perseguidos hasta ese momento.
Además, hemos podido acudir al estudio de algunos estudios paralelos acerca de
la brujería, para la misma época y elaborados con la documentación proveniente de
otros tribunales inquisitoriales como el realizado por María Jesús Torquemada con los
fondos pertenecientes al tribunal del Santo Oficio sevillano 21 o algunos otros que iremos
abordando a lo largo de estas páginas.
Hecha esta introducción, que nos da una visión general acerca de la
historiografía y de los problemas historiográficos, vamos ahora a enfrentarnos a un
breve repaso de aquellos estudios dedicados al análisis de la institución inquisitorial.
En esta revisión nos centraremos, por supuesto, en aquellas obras consagradas al estudio
de la brujería, la magia, la superstición y aquellas temáticas que atañen directamente a
este estudio. Si bien, aunque pretendemos realizar una exposición sistemática de las

19
Gacto Fernández, E. Cantabria y la Inquisición en el siglo XVIII. Fundación Marcelino Botín,
Santander, 1999.
20
Aunque también posee estudios sobre otros tribunales, como el artículo que aborda el tribunal de la
Inquisición de Sicilia en el siglo XVIII. Torres Arce, M. “Inquisición, jurisdiccionalismo y reformismo
borbónico. El tribunal de Sicilia en el siglo XVIII” en Hispania, Revista Española de Historia, volumen
LXVIII, nº 229 (2008), págs. 375-406.
21
Torquemada, M. J. La inquisición y el diablo. Supersticiones en el siglo XVIII. Universidad de Sevilla,
Sevilla, 2000.
21
obras fundamentales, que abarcan estas temáticas, también intentaremos ser muy
sintéticos. Ya existen numerosas obras que han realizado puestas en cuestión de una
calidad y profundización indiscutibles, analizando la bibliografía fundamental que
afecta al fenómeno mágico 22. Por ello nuestro repaso debe ceñirse sólo a cuestiones
fundamentales, para no resultar reiterativo.
En esta pretensión de sistematización, vamos a seguir un orden temático y
cronológico. El orden temático va a quedar ligado en primera instancia a las grandes
obras de síntesis de estudio del Santo Oficio en España. En este primer apartado
deseamos acercarnos a las obras generalistas sobre la Inquisición y a aquellas que han
analizado diferentes tribunales de distrito. En segundo lugar, nos dirigiremos ya a las
obras dedicadas al estudio del fenómeno mágico y de su persecución por parte de esta
institución. Dentro de ambas compilaciones temáticas dispondremos la exposición, a
grandes rasgos, de una manera cronológica.
En nuestro estudio hemos debido recurrir a diversas obras magnas como son las
de Henry Charles Lea o la serie dirigida por Pérez Villanueva y Escandell Bonet, entre
otras 23. Estas obras de síntesis, junto a otros trabajos, nos han aportado la base de
nuestro conocimiento acerca de la institución inquisitorial y su funcionamiento, la
composición de los tribunales, el procedimiento inquisitorial, los delitos perseguidos,
etc. Estas obras siguen siendo de especial interés para conocer en profundidad muchos
de los aspectos que atañen al Santo Oficio, por lo que creemos que un investigador que
desee dedicar sus esfuerzos a conocer esta institución debe tomar estas obras como
primera referencia.
Asimismo, y como avanzábamos en líneas anteriores, resultan de gran interés los
estudios que se centran en uno de los tribunales de distrito 24. Y para nuestro análisis
han sido primordiales, dentro de estos estudios, aquellos que profundizaban en la
investigación del setecientos. Como primeras lecturas de referencia para conocer el
funcionamiento de los tribunales de distrito y poder llegar a comprender mejor el de
Valencia, nos dirigimos a obras como la de Jean Pierre Dedieu sobre el tribunal de

22
Como la, relativamente reciente, realizada por María Sofía Messana y que, aunque se refiere ante todo
a los estudios de la Inquisición siciliana y a aquellos centrados en la magia de aquella región, es posible
discernir una evolución historiográfica global para este fenómeno, muy profunda y elaborada. Messana,
Sofia. Inquisitori, negromanti e streghe nella Sicilia moderna, 1500-1782, Sellerio, Palermo, 2007, págs.
64-144.
23
No podemos olvidar tampoco obras de síntesis como las llevadas a cabo por García Cárcel y Doris
Moreno, la de Henry Kamen, la de Menéndez Pelayo o la obra de Llorente.
24
O sólo en varios como en el caso de William Monter en que trata las Inquisiciones periféricas.
22
Toledo 25, la de Jaime Contreras sobre la Inquisición en Galicia 26 o la centrada en el
tribunal de la Inquisición en Canarias de Francisco Fajardo 27. Sin embargo, en estos
aspectos nos han ayudado en nuestro estudio, de una forma muy especial, aquellas obras
que concentraron sus esfuerzos en el estudio del tribunal de la Inquisición de Valencia.
Ya fuera en forma de síntesis, como el estudio de Stephen Haliczer 28, o se tratase de un
periodo concreto de la historia de esta institución, como en el caso de Ricardo García
Cárcel 29, todas nos ayudaron a conseguir información sustancial acerca del
funcionamiento del tribunal en el que nos íbamos a adentrar.
Sin embargo, una de las labores más importantes en nuestro trabajo fue
desglosar, analizar y extraer el jugo a la extensa bibliografía acerca del fenómeno
mágico y su persecución, desde la época moderna. Para ello debimos acercarnos a los
principales intelectuales 30 que, ya en el periodo moderno, escribieron sobre este
fenómeno. Gracias a ellos adquirimos conciencia de una visión muy particular acerca
de estas creencias, nada homogénea, ni siquiera entre los modernos, y que fue
evolucionando en el transcurso de los tiempos. Una perspectiva, la de los intelectuales,
que unas veces ataca y otras defiende según qué prácticas, pero que jamás permanece
impasible ante ellas.
Desde el padre Martín de Castañega, al padre Ciruelo, pasando por Gaspar
Navarro, Martín del Río, Francisco de Torquemada, Blasco de Lanuza o Benito
Jerónimo Feijoo, entre otros, todos han aportado un inmenso conocimiento acerca de las
prácticas a las que nos íbamos a enfrentar, el pensamiento teológico en relación a ellas
y, de alguna manera, el posicionamiento de, al menos una parte, de la intelectualidad
española en relación al fenómeno 31.

25
Dedieu, Jean Pierre. L’administration de la foi. L’Inquisition de Tolède XVI-XVIIIème siècle. Casa de
Velázquez, Madrid, 1989.
26
Contreras, Jaime. El Santo Oficio de la Inquisición en Galicia, 1560-1700. Poder, sociedad y cultura.
Akal, Torrejón de Ardoz, 1982.
27
Fajardo Spínola, Francisco. Las víctimas del Santo Oficio. Tres siglos de actividad de la Inquisición de
Canarias. Fundación de Enseñanza Superior a Distancia, Las Palmas de Gran Canaria, 2003.
28
Haliczer, Stephen. Inquisición y sociedad en el Reino de Valencia (1478-1834). Alfons el Magnànim,
Valencia, 1993.
29
García Cárcel, Ricardo. Orígenes de la Inquisición española: el Tribunal de Valencia, 1478-1530,
Península, Barcelona, 1976; y García Cárcel, R. Herejía y sociedad en el siglo XVI: la Inquisición en
Valencia (1530-1609), Península, Barcelona, 1980.
30
Aunque no a todos los que hubiéramos querido, puesto que esto constituía el germen de un análisis
mayor, el de la visión de la intelectualidad acerca de la magia, que decidimos dejar para más adelante.
31
Y también de algún literato, como son Vélez de Guevara, Calderón de la Barca o Miguel de Cervantes
Saavedra.
23
Asimismo, y siguiendo el esquema temporal y temático de nuestra exposición,
debemos destacar la gran ayuda que nos han prestado obras clásicas como el Malleus
Maleficarum, el Malleus Daemonum, el Flagellum Daemonum o las obras de De Wier y
Bodin, la consulta de las diferentes bulas relacionadas con la magia y la brujería, y
muchos otros escritos y tratados 32, para obtener una comprensión teológica completa del
fenómeno estudiado, y conocer las características y los factores de la persecución de
estas creencias.
Además de todas estas fuentes bibliográficas que nos aportaban una visión
particular de las creencias mágicas, no pudimos obviar la lectura y análisis de aquellas
obras, grimorios y tratados mágicos que aparecían citados, por testigos y/o acusados, en
la documentación. Nos parecía un trabajo de gran interés para comprender los pasos
seguidos en ciertas prácticas mágicas, la creencia en ellas, la extensión de este
fenómeno a través del conocimiento directo o indirecto de tales obras, etc. Asimismo,
su lectura nos ofrecía la posibilidad de comparar las prácticas reales de los personajes a
los que nos enfrentábamos y aquellas que se detallaban en aquellos libros.
Por último, centrar nuestros esfuerzos en tal análisis nos descubrió una fuerte
diferencia entre el sector masculino de nuestros acusados y los personajes femeninos
que se enfrentaron al Santo Oficio, puesto que en unos casos se citaban obras escritas y,
en otros, nunca llegamos a observar el uso de este tipo de referencias. Así fue como
afrontamos la lectura de obras como El gran Libro de San Cipriano, Le grand et le petit
Albert, La clavícula de Salomón, o diversas obras referentes al conocimiento y la magia
natural.
En cuanto a la historiografía que ha tratado el fenómeno mágico, ya
avanzábamos que resulta muy extensa y principalmente centrada en la persecución o
“caza de brujas” europea, y en los grandes procesos llevados a cabo en la Península,
como aquel iniciado en Logroño. Así pues, si bien hemos intentado abarcar el análisis
del mayor número de obras posible, hemos debido realizar una selección muy escueta
de entre la larga lista de títulos que existían al respecto. Por ello, aunque hemos
procurado adquirir una visión europea del fenómeno a través de obras generalistas, y de
aquellas que trataban la problemática en otros tribunales de Inquisición, como el
romano o el portugués, hemos debido restringir esta perspectiva para poder adentrarnos

32
Pues no debemos olvidar que el estudio de los Evangelios ha sido crucial para el análisis.
24
mejor y más profundamente en el problema mágico hispánico y su persecución por
parte de la Inquisición española.
Por esta razón, hemos procurado acumular lecturas e ideas procedentes de una
geografía diversa, pero centrando nuestros esfuerzos en el análisis de la bibliografía que
se centraba en la problemática dentro de nuestras fronteras, o relacionada con ellas.
Básicas han resultado para nuestra investigación las obras clásicas de Caro Baroja y
Henningsen acerca de la magia y su persecución en Logroño 33. De hecho, obras como
las de Caro Baroja abrieron la puerta a otros estudios de carácter mucho más cualitativo
que cuantitativo 34, realizados mediante la documentación procedente de otros tribunales
de distrito.
Siguiendo el patrón antropológico iniciado por Caro Baroja, se abrieron
investigaciones que procuraron ver la brujería y la magia, ya no sólo como un delito
enfrentado a la Inquisición, sino como un fenómeno social global que afectó a las
mentalidades y a los modos de vida de la sociedad moderna. Será el caso de análisis
como los realizados por María Tausiet, para el tribunal de Zaragoza 35, Blázquez Miguel
en Murcia 36, María Sofía Messana en el tribunal de la Inquisición de Sicilia 37, Salvatore
Loi en Cerdeña 38, etc. Estas obras han resultado fundamentales para comprender el
fenómeno en Valencia, compararlo con los sucesos acontecidos en otros territorios e,
incluso, para adquirir una perspectiva mucho más acorde con el estudio que teníamos en
mente.
Por otra parte, los análisis que, por su contenido, geografía y/o cronología se
aproximaban en mayor modo al concebido para esta tesis doctoral, resultaron de
importancia crucial, aportando nuevas ideas y datos a nuestro estudio. Son los casos de
obras como la de María Jesús Torquemada para la Sevilla del siglo XVIII, de Blázquez

33
Caro Baroja, J. Las brujas y su mundo, Alianza editorial, Madrid, 2012; y Henningsen, G. El abogado
de las brujas. Brujería vasca e Inquisición española. Alianza editorial, Madrid, 2010; respectivamente.
34
Aunque no podemos obviar la aventajada obra centrada en los tribunales de Toledo y Cuenca por Cirac
Estopañán, anterior cronológicamente. Cirac Estopañan, Sebastián. Los procesos de hechicerías en la
Inquisición de Castilla la Nueva: Tribunales de Toledo y Cuenca. Madrid, Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, Instituto Jerónimo Zurita, 1942.
35
Tausiet, M. Ponzoña en los ojos. Brujería y superstición en Aragón en el siglo XVI, Turner, Madrid,
2004; y Tausiet, M. Abracadabra omnipotens. Magia urbana en Zaragoza en la Edad Moderna, siglo
XXI de España, Madrid, 2007; entre otras.
36
Blázquez Miguel, Juan. Inquisición y brujería en la Yecla del s. XVIII. La levantina, Yecla, 1984.
37
Messana, M. S. Inquisitori, negromanti e streghe nella Sicilia…
38
Loi, Salvatore. Streghe, esorcisti e cercatori di tesori. Inquisizione spagnola ed episcopale (Sardegna
secoli XVI-XVIII). AM&D, Cagliari, 2008.
25
Miguel, de Gunnar W. Knutsen para la brujería y la hechicería valencianas hasta 1700 39.
Estos estudios son, a la par, relevantes para nuestro análisis y para el conocimiento
histórico en general. No obstante, existe la problemática de la excesiva localización de
los análisis y la falta de una comparación entre todos los territorios en los que la
Inquisición documentó y persiguió las creencias mágicas. Se trata de una problemática
que también limita este estudio por ceñirse sólo a un ámbito regional concreto, el
distrito de la Inquisición de Valencia.
Por otra parte, cada vez con mayor frecuencia, surgen investigaciones centradas
en un único fenómeno relacionado con la magia. Ya se trate de estudios vinculados a la
magia amorosa o a la sanación mágica 40, por ejemplo, estos nos muestran una visión
auténticamente profunda y completa de una parte de estas creencias. Estos estudios se
efectúan a partir de una perspectiva transversal que no se ciñe a una geografía o a una
cronología tan concretas, creando, tal vez, una nueva hornada de disertaciones muy
interesante tanto para el análisis académico como para la lectura del aficionado. Sin
embargo, al igual que la mayoría de los estudios históricos, no carecen de limitaciones.
Al separar una práctica mágica del resto, en ocasiones se pueden llegar a sesgar
manifestaciones que se producen de manera intrínsecamente conjunta, o hechos
realizados por un mismo personaje.
Todas estas obras han aportado, en mayor o menor grado, diferentes
perspectivas, metodologías e informaciones a nuestro estudio. De hecho, todas nuestras
lecturas, desde que comenzamos nuestra andadura investigadora, han contribuido a
nuestra formación de ideas y esquemas mentales en cuanto las temáticas en torno a la
Inquisición, la magia y la sociedad que las envolvió. En alguna ocasión, incluso, la
bibliografía nos ha servido para distinguir lo que no queríamos hacer con nuestro
estudio, y lo que no podíamos por la diferencia en la tipología de las fuentes y en cuanto
al tratamiento de estas.
Asimismo, otro tipo de bibliografía, que nos ha servido mucho para avanzar en
la perspectiva de nuestro estudio, ha sido aquella relacionada con la microhistoria y con
la antropología. Estas obras nos han ofrecido una visión sobre los fenómenos, las
prácticas y las mentalidades de una mayor amplitud. Nuestro estudio evolucionó, como

39
Knutsen, Gunnar W. Servants of Satan and masters of demons. The Spanish Inquisition's trials for
superstition, Valencia and Barcelona (1478-1700). Brepols, Turnhout, 2010.
40
Nos referimos a obras como las de María Helena Sánchez Ortega en relación a la magia amorosa o a
artículos como los de María Tausiet en relación a los saludadores, etc.
26
si de la misma historiografía se tratase, desde el manejo de datos cuantitativos en un
principio, hasta la aportación de un toque social y cultural, para pasar directamente al
manejo de la antropología y la microhistoria. Las nuevas perspectivas fueron adoptadas
gracias a lecturas de la talla de Ginzburg o Frazer, entre otros, que no sólo nos aportaron
una información inestimable sino la perspectiva general de todo el proyecto.
De todos modos, debemos apuntar que para la elaboración de este estudio, no
nos hemos podido conformar con las obras que trataban la Inquisición o el fenómeno
mágico en la época moderna. Para ofrecer una visión social y cultural más amplia del
análisis, y que este tuviera un claro objetivo que nos mostrase un poco más la sociedad
y la vida de aquellas personas que poblaron la valencia del siglo XVIII, han sido
necesarias obras de muy diversa índole. Han sido objeto de nuestra consulta, lectura y
profundización, diversos estudios de carácter social, de la política del siglo XVIII, de
historia de la medicina, de historia antigua, etc. Sólo así podíamos dar una explicación
y un sentido completo a nuestro análisis.
Más adelante detallaremos la lista de los títulos que han resultado
imprescindibles en nuestro estudio.

0.3. Las fuentes documentales

En esta parte del análisis presentaremos las fuentes recabadas a lo largo de


nuestro estudio. Asimismo, presentaremos las problemáticas relacionadas con la
documentación, sus limitaciones y las diferentes posibilidades de estudio que nos
ofreció.
Antes de pasar a un examen más pormenorizado de estas cuestiones y al análisis
descriptivo de las fuentes, vamos a tomar un momento en explicar la ubicación de la
documentación de la que vamos a hablar a lo largo de estas páginas y sobre la que
basamos todo nuestro estudio. Dos archivos han sido el eje de nuestras investigaciones:
de un lado el Archivo Histórico de la Universidad de Valencia (AHUV), sito en
Valencia, como su nombre indica, y en la calle Blasco Ibáñez. Este posee un pequeño
fondo proveniente del tribunal de la Inquisición de Valencia en sus diversas etapas,
desde una pequeña serie de libros con correspondencia emanada desde el Consejo
27
General y dirigida a los inquisidores valencianos, a procesos de diversas etapas y
correspondientes a diferentes delitos.
En esta ubicación revisamos las causas pertenecientes al siglo XVIII y
encontramos algunos ejemplos de ellas correspondientes a los delitos de superstición,
hechicería, brujería, saca-tesoros... Ubicados en la sección de Varia se encontraban los
procesos bien clasificados cronológicamente, correspondiendo al periodo estudiado las
cajas situadas a partir del número 47 de esta sección, aunque las causas que nos
interesaran no aparecieron hasta la caja 50.
Si bien es cierto que, una vez revisadas las cajas que rondaban la primera mitad
del siglo, y que sirvieron de base a mi primer trabajo sobre el tema 41, los procesos por
este tipo de delitos se volvieron escasos. Salvo un caso, que podemos destacar por su
gran volumen, y que afecta a una religiosa cuya causa comienza por razones de
sacrilegio y, a medida que avanzan los diferentes procesos que se llevarán a cabo contra
ella, se acabará etiquetando su caso de pacto diabólico y ayuntamiento carnal con el
demonio 42. Y otros dos pequeños expedientes, datados en 1775, en los que se recogen
varias testificaciones en relación a este tipo de delitos. En resumidas cuentas, en este
archivo pudimos recabar la información correspondiente a 15 procesos, de los cuales
una parte considerable estaban incompletos:
o Procesos completos o muy completos: el de Fernando de
Vitoria como hereje espontáneo (AHUV Varia, caja 50, expediente 4),
el de Francisca Montoya alias Bustamante por delitos de supersticiones
(AHUV Varia, caja 51, exp. 8), el de Baltasar Fernández de Sanzo por
delitos de supersticiones y pacto con el demonio (AHUV Varia, caja
53, exp. 3), el caso de Joseph Kelly por busca-tesoros con invocación
del demonio (AHUV Varia, caja 53, exp. 4) y el de sor Isabel María
Antolí (AHUV Varia, caja 56, exp. único)
o Procesos incompletos o sumarias: el de Marcos del Evangelio
por proposiciones y supersticiones (AHUV Varia, caja 50, exp. 2) llega
solo hasta el mandamiento de prisión y embargo de bienes, debido a la

41
Trabajo de investigación del 3r Ciclo denominado Estafadores y creyentes: la Inquisición valenciana
ante el delito de superstición a principios del s. XVIII. Del cual se publicó un resumen en Estudis.
Revista de Historia Moderna, nº 34, 2008, aunque esta vez títulado “Estafadores y crédulos: la
Inquisición valenciana ante el delito de superstición a principios del s. XVIII”.
42
Es el caso de Sor Isabel María Antolí. Archivo Histórico de la Universidad de Valencia (AHUV),
Varia, caja 56, expediente único.
28
fuga del reo; el caso de Luis Noalles por embustes y supersticiones
(AHUV Varia, caja 53, exp. 1) que resulta suspenso o sobreseído,
seguramente por tratarse de un presbítero; el de Carlos Genovés por
busca-tesoros (AHUV Varia, caja 53, exp. 5) que es suspenso y
despachado, y en el caso de Leonor Lloret, su proceso sumario por
sacrílega, blasfema, invocación del demonio y bestialidad es parcial
(falta la primera parte de la sumaria) aunque existe una sentencia
(AHUV Varia, caja 55, exp. 3) donde la acusada es absuelta ad
cautelam.
o Sólo algunas testificaciones o denuncias: el proceso a Beatriz,
alias Catalina, alias Teresa Montoya, por embustera (AHUV Varia,
caja 50, exp. 1), el de Theresa Fornell por brujerías (AHUV Varia, caja
53, exp. 6), el caso de Serafina Fuertes por supersticiones (AHUV
Varia, caja 54, exp. 1), la acusación existente contra Antonio Pérez por
brujerías (AHUV Varia, caja 54, exp. 6) y los expedientes incoados
contra Antonia Ferrer y contra María Ventura, ambas de Enguera y
relacionadas entre sí. De ambos expedientes sólo restan varias
declaraciones (en AHUV Varia, caja 61, exp. 11 e ibídem exp. 13,
respectivamente).

Asimismo, y más importante por la cantidad ingente de documentación que


posee, el segundo archivo que ha resultado principal en nuestra investigación es el
Archivo Histórico Nacional (AHN), centro neurálgico de nuestras investigaciones. La
sección Inquisición de este archivo posee unos fondos espectaculares, de los cuales
hemos centrado nuestros esfuerzos en el tribunal de Valencia, intentando desglosar la
documentación perteneciente al siglo XVIII y a aquellos delitos relacionados de algún
modo con la magia.
Un trabajo arduo y, sin embargo, no siempre firme en cuanto a la seguridad de la
documentación encontrada y en cuanto a si existirá alguna fuente de increíble valor
escondida en otro segmento del archivo que pudiera dar más y mejores respuestas a
nuestra investigación. Una problemática que surge por la gran cantidad de
documentación que el archivo maneja y por la limitación que significa para el
investigador que esta no se encuentre catalogada, con la dificultad añadida que presenta
29
la comprensión del tipo de clasificación que siguen estos fondos.
Si nos referimos a la larga serie de procesos de fe, resultaba tratarse de una serie
interminable de legajos que abarcaban desde el siglo XV hasta la desaparición del
tribunal en el siglo XIX. Los procesos quedaban clasificados por temáticas o delitos en
orden alfabético. El grueso de los legajos que nos interesaban se situaba en la letra H,
de hechicería. Encontramos allí causas incoadas por supersticiones, hechicerías,
maleficio, pacto demoníaco, saca-tesoros, etc.
La mayoría de la documentación procesal por este tipo de delitos queda
comprendida entre los legajos 523 y 528 43. Sin embargo, podemos afirmar que no es la
única, ya que encontramos causas en otras localizaciones, como son los legajos 5323 o
5312 44, y con una mucha menor importancia los legajos 1785 y 1786 de la misma
sección.
Dentro de estas signaturas hemos podido contabilizar unos 69 procesos, aunque
no todos están completos 45. Estos, nos aportan una abundante y profunda información
que abarca todo el siglo XVIII. Cierto es que, a pesar de que forman una suficiente
prospección de todo el siglo, las dos últimas décadas del XVIII quedarían bastante más
incompletas 46, si no fuera por la documentación alternativa que analizaremos más
adelante.
Vamos pues a ofrecer una lista de los expedientes pertenecientes a los procesos
relacionados con la magia y que cubren el grueso de nuestro estudio:

LEGAJO 523
Número 2 – Teresa Agusti – 1718
Número 3 – Teresa Albarat – 1719
Número 4 – José Arnau – 1788
Número 5 – José Arnau – 1789
Número 8 – Pedro Juan Barrera – 1703

43
Conservados en el fondo o subsección dedicada al Tribunal de la Inquisición de Valencia.
44
Ubicados en el fondo dedicado al Consejo General de Inquisición en su relación con la secretaría de
Aragón.
45
De alguno de ellos, incluso, sólo nos ha llegado la primera hoja que hace referencia a la existencia de
tal proceso y a alguna sucinta información más, como la fecha y una referencia a la condena. Es el caso
de Joseph Caldú de Morella, por jactancia de maleficios, en AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 54, y el de
Pablo Botella, curandero de Callosa, en AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 88. O el de Nicolás Bayarri, en
AHN sec. Inq. Leg. 5323 exp. 42, que sólo es una hoja perteneciente a una testificación.
46
Con tan solo seis procesos repartidos en 20 años, 4 pertenecientes a la década 80-89 y dos a la del 90-
99.
30
Número 9 – Antonio Benito – 1728
Número 10 – Thomasa Blanquer – 1725
Número 11 – Josepha Burguera – 1719

LEGAJO 524
Número 1 – Josefa Maria Cabello – 1721
Número 2 – Salvadora Cabrera – 1771
Número 3 – Francisco Carbonell – 1768
Número 9 – Antonia Díaz – 1794

LEGAJO 525
Número 2 – Vicenta Eugenio – 1730
Número 3 – Juan Gerónimo Fernández – 1766
Número 8 – Dos gitanas que residen en el lugar de Torrente (no aparece nombre) – 1784
Número 9 – Pedro Gomis – 1744
Número 6 – Elena Gavilán – 1703
Número 5 – Juan Antonio Garcia – 1720
Número 10 – Tomás González Losada – 1713
Número 13 – Bautista Guillén, alias Galiano o Polisano, alias Andría – 1723
Número 14 – Bautista Hernández alias Moncofina – 1723
Número 15 – Vicenta Hernández alias la Fornereta – 1724
Número 16 – María Magdalena Yranzo – 1737
Número 19 – Alonso Lorenzo – 1716

LEGAJO 526
Número 9 – Manuel Montaner – 1776
Número 10 – Mossen Francisco Montañana – 1716 (4 procesos)
Número 11 – Beatriz Montoya – 1718
Número 12 – Beatriz Montoya – 1736

LEGAJO 527
Número 2 – Juan Andres Simón – 1737
Número 3 – Pedro Abir alias Monsieur Pierre – 1724
31
Número 4 – Maria Montó / María Puntario – 1723
Número 5 – María Montoya – 1711
Número 6 – Pedro Moreno – 1786
Número 8 – Vicente Nogués – 1744
Número 11 – Rosa Piza alias la Panteta – 1723
Número 17 – Agustín Sans – 1703
Número 20 – Jerónimo Simón – 1738

LEGAJO 528
Número 2 – Vicente Jimeno – 1737
Número 4 – Bartolomé Soler – 1701
Número 5 – Nicolasa de Tapia – 1708
Número 8 – Josefa Tránsit – 1736
Número 9 – Generosa Vicente – 1725
Número 10– Teresa Villascusa – 1764

LEGAJO 1785
Número 10 – Proceso contra Vicenta Salvador – 1732

LEGAJO 1786:
Número 9 – Bautista Bosch – 1767

LEGAJO 5312:
Número 114: Eugenia Patiño – 1760
Número 119: Teresa Puerta – 1773

LEGAJO 5323
Número 31 – Jaume Nogal – 1702
Número 33 – José Calatayud – 1712
Número 34 – Pascuala Llobera – 1723
Número 37 – Luis Martí – 1717
Número 39 – Josefa Cosergues – 1723
Número 40 – Jose Mateu – 1723
32
Número 42 – Nicolas Bayarri – 1732
Número 43 – Manuel Dupré – 1736
Número 44 – Miguel Pallarés –1741
Número 45 – Serafina Fuertes – 1743
Número 46 – Manuel Fernández – 1747
Número 47 – Luis Maciá – 1750
Número 48 – Tomás Guinot – 1766
Número 49 – Manuela Guardiola – 1767
Número 50 – Bartolomé Raimundo Genovés – 1769
Número 51 – Bernardo Sanchír o Sanchís – 1770
Número 52 – Vicenta Glaudi – 1772
Número 53 – Rosa Jiménez – 1775
Número 54 – Joseph Caldu – 1779
Número 55 – Marcos Roger – 1790
Número 56 – Flórez – siglo XVIII
Número 88 – Pablo Botella – 1744

A las fuentes procesales, completas o fragmentarias, podemos añadir otros tipos


de documentación, también emanada de la institución inquisitorial, y que nos aportan
sustanciosa información que complementa la visión proyectada a través de los procesos.
En realidad se trata de un complemento básico a la información que nos aporta la
documentación procesal.
Entre esta documentación encontramos:

– Las alegaciones fiscales

Podríamos considerar las alegaciones fiscales como una fuente fundamental de


información para el estudio de la Inquisición y de los delitos que esta institución
persiguió en el siglo XVIII. Estas alegaciones consisten en un pequeño resumen, unas
veces del proceso en sí, en otras ocasiones se hace hincapié en el delito y, en otras, se
lleva un pequeño seguimiento del proceso junto con el resumen de las audiencias al
acusado, que explican el delito que se le imputa.
Realmente no hemos podido averiguar el porqué de estas pequeñas síntesis,
33
conservadas de un modo separado a las relaciones de causas. Tampoco hemos llegado a
encontrar respuesta en la bibliografía acerca del origen de esta tipología de fuentes.
Esta documentación aparece en el tribunal de Valencia a partir del siglo XVII y se
mantendrá en el XVIII. Y, si bien con el paso del tiempo hemos comprobado su
utilización en varias obras 47, no hemos encontrado una explicación a su existencia por el
momento.
Sin embargo, y a pesar de tratarse de un punto indispensable en el estudio acerca
de la magia, en muchas ocasiones no nos aporta información fundamental como es la
referente a la calificación o a la conclusión del proceso, la sentencia. Sólo se trata de un
resumen del delito cometido, aunque alguna vez nos deja observar de manera breve los
pasos llevados a cabo en el proceso. En otras ocasiones, ni siquiera nos aporta
información acerca del delito en sí pues se trata solamente de una lista de los diferentes
momentos procesales, con unas anotaciones muy básicas sobre el paso de testigos para
realizar las delaciones o las diferentes audiencias al reo, sin incluir una mínima
descripción de todo ello.
Para finalizar el análisis de esta tipología de fuentes solo apuntar que existen
algunas alegaciones fiscales, de entre las 46 que hemos encontrado, que se corresponden
con algún proceso de los que poseemos. Por ello no basta con sumar unos y otros para
observar los acusados que abarca nuestro estudio, sino que deberían restarse aquellos
que se repiten, para conocer realmente a cuantos acusados se refieren estos
expedientes 48.
Estas alegaciones se localizan, en su mayoría, en el Archivo Histórico Nacional,
sección de Inquisición, legajos 3722 y 3725, aunque hemos encontrado algunas en los
legajos 3724, 3732 y 3734 49. En ellos hallamos alegaciones fiscales provenientes del
tribunal de distrito valenciano y, entre ellas, se encuentran las pertenecientes a los
delitos relacionados con la magia.
Las alegaciones utilizadas en este este estudio, han sido:

Leg. 3722
nº 19 – Fray José Domínguez – religioso casado y supersticiones – 1788

47
Molero, V., Magie et sorcellerie en Espagne au siècle des Lumières (1700-1820). L'Harmatan, París,
2006.
48
Para conocer a todos los acusados, ver la lista de nombres situada en el Anexo I de este estudio.
49
Situados en la subsección del Consejo de Inquisición en su secretaría de Aragón.
34
nº 21 – María Franco – hechicerías – 1771
nº 22 – Joaquín Llistenri – sortilegios y sospecha pacto – más menos 1765
nº 25 – Sor Josefa Selma – embustera - 1788
nº 27 – Ana Berenguer – dichos y hechos supersticiosos – 1768
nº 28 – Francisco Gandia – saludador supersticioso – 1758
nº 31 – Eugenia N. Patiño – curaciones supersticiosas - s. XVIII
nº 40 – María Gosálvez – magia y pacto – s. XVIII
nº 50 – Manuel Manchón – proposiciones (supersticiosas) – 1775
nº 61 – Bautista Vila – Curandero y proposiciones – 1763
nº 65 – Bautista Bosch – proposiciones – 1772
nº 68 – Antonia Sánchez – supersticiosa e iludente – 1760
nº 71 – Carlos Llorens – sospechoso de pacto supersticioso y adivino – 1733
nº 81 – Salvadora Cabrera – hipocresías y blasfemias – 1773

Leg. 3724
nº 90 – Antonio Adorno – supersticiones – s. XVIII 50

Leg. 3725
nº 125 – Manuel Fernández de Sousa – supersticiones - 1746
nº 130 – Teresa Augustí – superstición – 1714
nº 133 – Francisco Adell – curaciones supersticiosas – 1748
nº 134 – Josefa Tránsit – supersticiosa y maléfica – 1736
nº 135 – Pablo Esbrat – proposiciones y sacar tesoros – 1739
nº 143 – Beatriz Montoya – supersticiones - 1725
nº 146 – Pascuala Llobera – supersticiosa – 1717
nº 148 – Gertrudis Homs – embustera y supersticiosa – s. XVIII
nº 150 – Theresa de Or – supersticiosa – s. XVIII
nº 160 – Antonia Lucas – embustera supersticiosa y sospecha de sodomita – 1742
nº 161 – Vicente Nogués – supersticiones y saca tesoros – 1730
nº 165 – Pedro Mir 51 – supersticioso en sacar tesoros – 1724

50
Hallado en la subsección perteneciente al Consejo General de Inquisición en su secretaría de Aragón,
entre las alegaciones fiscales atribuidas al tribunal del distrito de Barcelona.
51
Existe otra alegación fiscal referente a este personaje en AHN sec. Inq. Leg. 3725, exp. 177, que se
refiere a una causa por proposiciones que no atañen al tema que nos ocupa.
35
nº 178 – Gracia Sanchiz – embustera supersticiosa – 1728
nº 179 – Vicenta Dasi – superstición y mala vida – 1741
nº 183 – Jose Miguel de Segobia – supersticioso saca tesoros – 1728
nº 189 – Cayetana Mundo – hechicera – 1746
nº 192 – Fray Vicente Pérez – supersticioso y proposiciones – s. XVIII - 1794
nº 193 – Serafina Fuertes – supersticiones – 1746
nº 205 – Baltasar Fernández de Sanzo – supersticioso y blasfemias – s. XVIII
nº 211 – Luis Noalles – embustes y superstición – 1736
nº 216 – Sor Rafaela Miralles – mala doctrina – 1719
nº 217 – Manuel Dupré – saca tesoros – 1736
nº 224 – Juan Andrés Simón – jactancia de ciencia sobrenatural y proposiciones - 1737
nº 226 – Fray Francisco Tárraga – saca tesoros – 1729
nº 228 – Águeda Vicente – saca tesoros – 1718
nº 231 – Fray Vicente Jimeno – supersticioso saca tesoros – 1731
nº 233 – Bautista Galiano – supersticiosa – s. XVIII
nº 235 – Francisca García – supersticiosa –1745

Leg. 3732
nº 307 – Pascual Aixa – curandero supersticioso, s. XVIII
nº 308 – Pedro Gomis – saca tesoros – s. XVIII

Leg. 3734
nº 313 – José Manuel – apóstata y saca-tesoros – 1690/1716

– Libros de registro

Asimismo, debemos añadir a estas fuentes más completas, una especie de libros
de registro de acusados 52 que encontramos también en el Archivo Histórico Nacional.
Aquí los reos quedan clasificados por orden alfabético, y en la referencia se especifica
su nombre, su procedencia, su delito y la condena que se les impuso.
De todos modos, debemos apuntar que esta lista no resulta completa, en primer

52
Nos referimos a los libros ubicados en: AHN, sec. Inq. Libros 238, 239 y 240.
36
lugar porque solamente queda constancia de los procesados entre 1780 y 1820 53 y, en
segundo, porque en algunas ocasiones no queda testimonio del nombre del reo o de su
lugar de origen (puede ser que estos datos a veces no se conozcan), o simplemente no se
especifica la condena o las penas a las que fue sometido, por lo que la conclusión del
proceso queda en la sombra.
No obstante, y a pesar de todo ello, el acercarse a la observación de la cantidad
de procesados y los delitos por los que fueron acusados nos ofrece, como mínimo, un
muestreo de la actuación inquisitorial en la última parte del siglo. Con ello adquirimos
consciencia de que la actuación de esta institución fue mucho más viva y más dinámica
de lo que nos mostraría la cantidad de procesos encontrados a lo largo de nuestra
investigación.
Asimismo, como hemos apuntado al hablar de la distribución de los procesos por
décadas del siglo XVIII, gracias a estas informaciones el periodo de 1780 a 1799 no
quedaría tan huérfano de fuentes documentales, aunque las referencias y la profundidad
de la información sea mucho menor.

– La correspondencia desde el Consejo hacia el tribunal de distrito de Valencia y


desde el tribunal hacia el Consejo de Inquisición

Otro tipo de documentación bastante importante a la hora de reconstruir la


actuación de la institución sobre un delito serían los libros de registro de
correspondencia emanada desde el Consejo de Inquisición y, sobre todo, la recibida en
este y llegada desde los diferentes tribunales de distrito.
Esta correspondencia fue muy abundante a lo largo de toda la época moderna, y
en el caso de las causas llevadas a cabo, se solía informar del nombre del encausado y
del delito por el que había sido procesado. En especial en el siglo XVIII, por las
características que hemos aducido de falta de relaciones de causas conclusas y la
escasez de las pendientes, se convertirían en un buen complemento a la hora de

53
Sin embargo, parece que se trate de los Libros Vocandorum de los que habla Lea, H. Ch. Historia de la
Inquisición Española… vol. II, págs. 117-118, que proliferaron a partir el siglo XVIII. Lea indica que en
estos libros se apuntarían todos los procesos llevados a cabo por la Inquisición y cada tribunal de distrito
guardaría una copia de estos libros para, rápidamente, informarse de si existían procesos abiertos contra
un determinado acusado. Por tanto, el número de reos que observamos en esta documentación sería el
global de toda la Inquisición para el periodo 1780-1820.
37
contabilizar el número de procesados, aunque la reconstrucción realizada desde esta
documentación resultaría ardua y, en algún caso, engañosa. Debido, entre otras causas,
al peligro con las repeticiones que puedan surgir.
Asimismo, la información vertida en estas cartas suele ser escasísima,
suponemos que, por tratarse de libros de registro de correspondencia. Suele quedar
constancia, con un modelo bastante cerrado de registro (modelo que suele repetirse) y
que indica el número de folios del proceso o de la sumaria que se remiten al Consejo y
el nombre del acusado. En ocasiones se informa sobre su oficio y procedencia aunque,
a menudo, se suele obviar alguno de estos datos, y también se apunta el delito que ha
cometido. Además se referencia el nombre de los inquisidores que en ese momento
dirigen las cuestiones del tribunal de Valencia 54.
El grueso de estas cartas se sitúa en el mismo Archivo Histórico Nacional,
centradas sobre todo en los legajos 503 y 504 de la sección de Inquisición. Existen más
libros de cartas entre el Consejo y los tribunales de distrito, más concretamente el de
Valencia, sin embargo se centran en otras cuestiones como: los memoriales para el
acceso a un oficio en el tribunal, la visita a librerías y hechos relativos a libros
prohibidos, etc. En el legajo 516 también hemos encontrado alguna pequeña huella de
registro en cuanto a los procesos por cuestiones de magia.
Asimismo, existen diversos libros de registro de cartas y diferentes despachos
emanados desde el Consejo General de Inquisición y dirigidos al tribunal de distrito de
Valencia. Estos se hallan divididos, en el siglo XVIII, en tres libros de registro, también
presentes en el Archivo Histórico Nacional. De entre estos tres, el primero
correspondería a los últimos años del siglo XVII y las dos primeras décadas del siglo
XVIII (Libro 948), el segundo abarcaría hasta casi los años cincuenta de este siglo
(Libro 949) y, el tercero, llegaría hasta los hechos correspondientes a los últimos años
del siglo (Libro 950).

54
Por ver algún ejemplo: en AHN, sec. Inq. Leg. 504, exp. 1, fol. 24 “Con ésta remitimos a V.Il. en 142
hojas el proceso causado en este Santo Oficio por delitos de supersticiones contra Pablo Botella de oficio
pastor, natural y vezino de la Villa de Callosa de Ensarriá, preso en cárceles secretas de esta Inquisición
con embargo de bienes, votado en definitiva en la conformidad que V. Il. referirá mandar ver. Dios
guarde a V.Il. En la Inq. de Valencia y Mayo 6 de 1727. Sres. La Rassa, Zepeda”. Del proceso de Pablo
Botella hemos apuntado ya que sólo se ha conservado un folio.
38
- Autos de Fe y otros expedientes

En el Archivo Histórico de la Universidad de Valencia encontramos cuatro


expedientes correspondientes a cuatro Autos de Fe, correspondientes a los años: 1720,
1721, 1724 y 1725. En el de 1724 se especifica que se trata de un Auto de Fe particular
y en el de 1725 se añade una partitura musical, al parecer, creada para ser tocada en el
Auto de 1723 del cual no poseemos vestigio alguno.

Estos expedientes se sitúan en la sección de Varia, caja 51, expedientes 6, 9, 10 y


11.

Asimismo, para complementar nuestra información acerca de los sucesos


acontecidos en el tribunal de la Inquisición de Valencia y con sus funcionarios, hemos
acudido a diversos expedientes que iremos citando a medida que vayan surgiendo.
Estos atañen a cuestiones de nombramientos de oficiales, situación de las cárceles, y
algunos otros detalles que nos han servido para conocer un poco mejor la situación del
tribunal en el siglo XVIII.

Estas son las fuentes documentales básicas con las que contamos para realizar
nuestro estudio. Procesos, alegaciones fiscales, libros de registro de procesados y libros
de registro de correspondencia 55, además de alguna relación de causas pendientes y de
algún Auto de fe, aunque también resulten escasos.
Pasando al análisis de las limitaciones de nuestra documentación en el momento
concreto del setecientos y correspondiente a los delitos que tienen que ver con la magia,
nos encontramos con que el problema básico reside en la práctica ausencia de relaciones
de causas resueltas. Entre la documentación de la que disponemos son muy escasos
estos resúmenes de los procesos finalizados, que se enviaban al Consejo General de
Inquisición desde los tribunales de distrito, para informar a este de las causas que se
habían llevado a cabo en ellos anualmente.

55
También llegamos a localizar muchos fragmentos de procesos en el AHN, en la sección de Inquisición
y la subsección correspondiente a Varia: legajos 364, 365, 366, 372, 374. Sin embargo, no han sido
objeto de análisis para este estudio, puesto que se trata de documentación muy desordenada y
fragmentaria que requeriría de más tiempo para ser organizada y analizada. No descartamos realizar un
posterior estudio que aporte las novedades provenientes de esta documentación.
39
En esta época, como apunta Blázquez Miguel 56 cuando habla del tribunal de
Murcia y como nos ha parecido observar en otras obras que abarcan la documentación
de otros tribunales 57, las relaciones de causas debieron perder importancia por la fuerte
centralización a la que los tribunales de distrito fueron sometidos con respecto del
Consejo. Aunque se conserva un número limitado de relaciones de causas, el hecho era
que, generalmente, el proceso en bloque debía ser leído y ratificado por el Consejo de
Inquisición, al cual se le enviaban todos los folios del mismo 58.
Así, las relaciones que hemos encontrado se refieren a las causas pendientes de
un modo muy breve y, en alguna escasa ocasión 59, a alguna causa conclusa. En cierto
modo la cuasi ausencia de relaciones de causas resueltas podría probar de algún modo
su falta de envío o el extravío de las mismas debido a su escasa importancia. En cuanto
a las relaciones de causas pendientes, tampoco se conservan en un número excesivo sino
limitado, con una trascendencia bastante escasa, debido a los continuos vacíos anuales 60
y a que su contenido nos aporta muy poca información sobre el proceso, sobre el reo o
sobre el delito cometido.
Por tanto no podemos acudir a las relaciones de causas para establecer un
estudio cuantitativo lo suficientemente fundado. En el caso de las que atañen a las
causas resueltas por su prácticamente nula existencia y en el caso de las pendientes por
tratarse, en cierto modo, de un mare magnum de años salteados, donde cada mes se
lleva un recuento de a quién se le está siguiendo una causa, donde aparecen y
desaparecen nombres de acusados y que, si no tenemos cuidado, nos puede inducir a
error en la contabilización.
Las relaciones de causas pendientes y, en algún caso, conclusas, pertenecientes
al tribunal de Valencia en el siglo XVIII que hemos podido constatar, se encuentran en

56
Blázquez Miguel, J. Inquisición y brujería en la Yecla del s. XVIII. La levantina, Yecla, 1984.
57
También hemos observado el ejemplo del tribunal de Córdoba: Gracia Boix, Rafael, Autos de Fe y
Causas de la Inquisición de Córdoba. Diputación provincial de Córdoba, Córdoba, 1983. a partir pág.
499; donde el autor tampoco incluye las relaciones de causas resueltas para el siglo XVIII, aunque sí los
Autos de Fe celebrados en este siglo.
58
Lo observamos en la mayoría de procesos analizados.
59
Es el caso, por ejemplo, de AHN sec. Inq. Leg. 5324, exp. 24. Aquí podemos encontrar la relación de
alguna causa conclusa como la de Ana Berenguer.
60
Ver el caso de: Archivo Histórico Nacional, sección Inquisición, legajo 1786, expediente nº14. Donde
podemos observar por ejemplo relaciones de causas pendientes entre 1704 y 1712, con un vacío
documental para el periodo comprendido entre 1705 y 1708 (ambos inclusive). En ellas observamos
desde el año 1704 en el que aparecen 11 personas encausadas (de una no aparece el nombre), al año 1712
en el que solo aparecen dos acusados por superstición. Mientras, por ejemplo, no se observa ningún
supersticioso en la relación correspondiente al año 1708, ver en AHN, sec. Inq. leg. 5324, exp. 18.
40
el Archivo Histórico Nacional, sección de Inquisición:

Legajo 1786, expediente nº 14

Legajo 1793, expedientes nº 2 y nº 3

Legajo 5324, expedientes nº 18, nº 24 y nº 26

Legajo 5327, expediente nº 6

Cierto es que esta imposibilidad de acudir a las relaciones de causas provoca un


vacío importante y nos impide realizar estudios cuantitativos con una base
argumentativa sólida. Por supuesto, teniendo en cuenta estos aspectos, deberemos ser
conscientes de las limitaciones de nuestro análisis, el cual no podremos enfocar desde
una perspectiva de cuantificación de la persecución.
No obstante, y en contrapartida a esta situación, poseemos numerosos procesos
inquisitoriales completos o cuasi completos, otros incompletos o investigaciones
sumarias y, además, algunos testimonios sueltos, lo que significa una riqueza de
contenido que nos ayudará en nuestro estudio cualitativo.
Asimismo, hemos observado, a lo largo de este apartado, otro tipo de fuentes que
nos ayudarán bastante en nuestro análisis. La posibilidad de contar con las alegaciones
fiscales las cuales, como hemos apuntado, solo podemos situar en el tribunal de
Valencia en los siglos XVII y XVIII, aporta una mayor cantidad y variedad de
información. Asimismo, como en la mayor parte de obras que estudian la institución
inquisitorial, o más concretamente el delito de magia 61, pretendemos utilizar la
correspondencia entre el tribunal de distrito y el Consejo General como un
complemento de la información aportada por las restantes fuentes.
Toda esta documentación, unida, aporta gran cantidad y calidad de información
sobre las personas, los delitos, las relaciones personales y sociales de las personas
implicadas en el proceso, etc. Por ello, no vamos a menospreciar la información que
nos aporta la documentación que sí poseemos.
Por una parte, tendríamos una gran cantidad de información cualitativa pero, por

61
Knutsen, G. W. Servants of Satan... págs. 13-37.
41
otra, la abundancia de procesos o sumarias no refleja un verdadero sondeo de la
importancia proporcional de la persecución de este delito frente a otros, o de las
proporciones en relación al género de los acusados, y otras muchas cuestiones
imposibles de cuantificar a partir de nuestras fuentes.
Siguiendo con la descripción de los procesos encontrados debemos apuntar que,
en muchas ocasiones, estos no sólo nos aportan información acerca del reo acusado en
él sino que, gracias a los testimonios confluyentes en una misma causa, llegamos a
descubrir a otros cómplices del delito. En algunos casos podemos llegar a observar las
relaciones entre los procesados a través de diversos procesos iniciados de manera
paralela por un mismo delito y que, por suerte, se han conservado íntegros. En otros
casos existe la referencia a otros cómplices a quienes se les incoó proceso de modo
paralelo, pero este no se ha conservado 62. El hecho de observar estas causas llevadas a
cabo de modo paralelo nos aporta una visión más amplia del delito y del fenómeno
mágico en sí.
La problemática básica de la documentación analizada para este estudio podría
centrarse en varios aspectos. Algunos de ellos serán irresolubles, pero otros se
superarán con mucho esfuerzo, con el fin de aproximarnos lo más fielmente posible a la
realidad del fenómeno mágico y de la sociedad en cuyo contexto se desarrolló.
El primer problema al que nos vamos a enfrentar al estudiar este delito es que
sólo disponemos de las fuentes que han sobrevivido al tiempo, por lo que nos ofrecerán
una visión parcial de este fenómeno. Si lo planteamos de un modo práctico
observaremos que no nos enfrentamos ante el fenómeno mágico en sí, sino que sólo
llegamos a abarcar aquellas prácticas que fueron perseguidas, y de las cuales se
conserva algún vestigio.
Aun así, incluso cuando nos referimos a aquellas creencias y prácticas
perseguidas, debemos ser cautos con nuestras conclusiones, por tanto, conscientes de
que los hechos y datos a los que nos enfrentamos abarcan solo a las personas y a los
usos que afrontaron una acusación ante el tribunal del Santo Oficio valenciano. Resulta
obvio sopesar la posibilidad de que alguno de los creyentes o expertos en este tipo de

62
Archivo Histórico Nacional, sec. Inq., leg. 523, exp. 8, folio 179: “Fuele dicho que el promotor fiscal
del Santo Oficio le presenta por testigo en una causa que sigue contra Jayme Rita, Pedro Barrera, Elena
Gavilans, Pedro Gavilans, Bernardo Rita y Agustín Sans, que esté atento y se le leerá”. De todos estos
personajes solo hemos encontrado las causas incoadas contra Pedro Juan Barrera (el acusado en el
proceso al que aludimos), Elena Gavilans y Agustín Sanz.
42
prácticas no fuera alcanzado por la larga mano de la maquinaria inquisitorial. Estos
personajes y sus creencias escapan a nuestro estudio. Por esta razón, debemos ser
cautos en el estudio, para no asimilar un tipo de creencia y de cultura sólo a aquellas
personas y prácticas que fueron encausadas.
Por otra parte, si nos centramos en la problemática inherente a los procesos
judiciales debemos tener en cuenta la necesidad de reconocer y comprender el lenguaje
jurídico. Esta dificultad puede ser ampliamente superada gracias a la bibliografía que
trata el sistema procesal inquisitorial, y que nos acerca a los términos y las actuaciones
de esta institución 63. Asimismo, la documentación nos introduce en otro tipo de
terminología cuyo significado debemos conocer, la referente al terreno mágico y que
hemos intentado desglosar en el apartado dedicado a la conceptualización.
Por último, debemos sumar a todas estas ideas, la problemática añadida que
refiere el juego procesal 64. No podemos ni debemos acercarnos a la documentación de
manera ingenua, pues las fuentes a las que nos enfrentamos no lo son. Este problema se
centra en la naturaleza de la documentación inquisitorial que vamos a tratar. El grueso
de nuestro estudio se basa en los autos procesales (o los registros que de ellos han
subsistido) llevados a cabo por el tribunal de Valencia. Por lo tanto, debemos ser
conscientes de que nos encontramos ante procesos judiciales que por el mismo hecho de
serlo ya predisponen a los implicados en ellos, sean testigos o acusados, a la omisión o a
la exageración de los hechos acontecidos, según les convenga a unos u otros.
Por todo ello debemos realizar una fuerte labor crítica cuando manejamos estas
fuentes y es obligatorio someter las declaraciones que van apareciendo ante nuestros
ojos a un profundo análisis que, en algunos casos, nos descubre ciertos intereses ocultos
por parte de los personajes principales de la historia, lo que les puede llevar a deformar
la realidad de los hechos según su conveniencia.
Siguiendo en la línea de las limitaciones, existe también la dificultad de intentar
conocer el universo mental del acusador, el inquisidor en nuestro caso. Realmente sólo
conocemos la manera en que se supone que debían actuar y las visiones que las distintas

63
Entre otras: Aguilera Barchet, B., “El procedimiento de la Inquisición española” en Pérez Villanueva J.
y Escandell Bonet, B. (Eds.), Historia de la Inquisición en España y América, volumen II, Madrid, BAC,
1984, págs. 334-558; Cavallero, R. J. Justicia inquisitorial. El sistema de justicia criminal de la
Inquisición española, Ariel Historia. Buenos Aires (Argentina) 2003.
64
Benítez Sánchez-Blanco, Rafael. “El reo y los inquisidores. Un juego de estrategias” en Cruselles
Gómez, J.M. (coord.) En el primer siglo de la Inquisición española: fuentes documentales,
procedimientos de análisis, experiencias de investigación. Publicacions de la Universitat de València,
Valencia, 2013, págs. 387-408.
43
bulas, sínodos 65, etc. nos dan al respecto del pensamiento que impone el poder
eclesiástico acerca de ciertos temas. También conocemos los modos de proceder que
deben llevar a cabo frente al fenómeno concreto de la magia, gracias a las diversas
instrucciones, manuales de inquisidores 66, etc. los cuales dictan el modo de actuar en
relación a los diversos delitos. No obstante, es complicado conocer a fondo las
premisas, el contexto social y las propias ideas del inquisidor al enfrentarse a estas
creencias.
Con todo lo expuesto hemos podido observar que la documentación a la que nos
vamos a enfrentar no resta carente de limitaciones. Esta cuestión debe ser tenida en
cuenta en el momento de establecer los objetivos de nuestra investigación y en la
extracción de nuestras conclusiones.

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65
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La cità del sole, Messina, 2011.
66
Como aquellos de Nicolas Eymerich: Directorium Inquisitorum o Manual de Inquisidores para uso de
España y Portugal, la recopilación de Pablo García Orden que comunmente se guarda en el Santo Oficio
de La Inquisición, acerca del processar e las causas que en el se tratan confonne a lo que está proveido
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54
I PARTE

LA INQUISICIÓN VALENCIANA Y LOS DELITOS DE MAGIA

55
56
1. Introducción

Cierto es que enfrentarnos a la historia de la Inquisición valenciana resulta una


tarea ardua y difícil. Ya avanzábamos, en nuesftros capítulos dedicados a la
documentación y a la bibliografía, los diferentes problemas que presentaba cada uno de
estos aspectos. Por una parte, la problemática de las fuentes no catalogadas, clasificadas
a muy grandes rasgos, lo que dificulta enfrentarse a una época o temática concretas; por
otra, una escasa bibliografía que ha tratado lo mejor posible algunos temas importantes
para la institución y para el territorio valenciano en sí.
Así pues, encontramos obras como las de García Cárcel que estudia el tribunal
valenciano desde sus inicios hasta el periodo de 1609 67, los estudios de Rafael Benítez
acerca de los moriscos valencianos 68 y la persecución del tribunal inquisitorial sobre
ellos, o el de Rafael Carrasco sobre la persecución de la sodomía en esta zona 69, entre
otros. Mientras que, para el estudio del fenómeno concreto de la brujería y hechicería, y
su persecución por parte de esta institución, deberemos dirigirnos, como ya
argumentábamos, a la obra de Gunnar W. Knutsen 70 que trata de manera pormenorizada
esta problemática hasta 1700.
Dentro de los temas tratados, también apuntábamos de manera resumida, la falta
de estudios relacionados con el tribunal en el siglo XVIII. Sólo Stephen Haliczer, en su
obra magna acerca del tribunal valenciano, se atrevió a acercarse a este siglo, pero
añadiendo muy pocos detalles procesales suponemos que, por la extensión del estudio
en sí mismo, donde se centraba sobre todo en cuestiones institucionales y en la relación
del tribunal con el pensamiento ilustrado.
En el análisis que vamos a abordar no pretendemos descubrir todas las facetas
del Santo Oficio valenciano para este siglo puesto que, a nuestro parecer, sólo este tema
constituiría la génesis de una tesis de gran calado. Nuestra tarea principal en esta parte

67
García Cárcel, Ricardo. Orígenes de la Inquisición española: el tribunal de Valencia 1478 – 1530.
Península, Barcelona, 1985. Y García Cárcel, Ricardo, Herejía y sociedad en el siglo XVI: la Inquisición
en Valencia 1530 – 1609, Península, Barcelona, 1980.
68
Entre ellos, Benítez Sánchez-Blanco, Rafael. Heroicas decisiones. La Monarquía Católica y los
moriscos valencianos. Institució Alfons el Magnánim, Valencia, 2001
69
Este autor ha publicado numerosos trabajos de investigación acerca de la Inquisición, entre los que
destacan: Carrasco, Rafael. Inquisición y represión sexual en Valencia: historia de los sodomitas (1565 –
1785). Laertes, Barcelona, 1986; Carrasco, R. “Historia de una represión. Los moriscos y la Inquisición
en Valencia (1560-1620)” en Áreas, Revista Internacional de Ciencias Sociales, nº9 (1988), págs. 27-50.
70
Knutsen, Gunnar W. Servants of Satan and masters of demons. The Spanish Inquisition's trials for
superstition, Valencia and Barcelona (1478-1700). Brepols, Turnhout, 2010.
57
de nuestro estudio se centra en investigar la institución en relación a los delitos de
magia y superstición. A quién procesa, cómo procesa, y las sentencias y las penas que
impone a los procesados serán los temas principales de análisis para descubrir, a través
de ellos, una posible actitud del tribunal y sus funcionarios hacia las prácticas que
analizaremos en la segunda parte del estudio. Asimismo, pretendemos observar y, si es
posible, marcar un patrón acerca de si estas actitudes del tribunal valenciano pudieron
estar en connivencia o no con la actitud general demostrada por la institución
inquisitorial hacia este tipo de prácticas.
Sin embargo, vamos a intentar aportar algunos datos más a esa historia de la
Inquisición valenciana del siglo XVIII para poder esclarecer, un poco mejor, el contexto
en el que se movió esta institución y con el que se debieron encontrar los procesados
por los delitos de magia.

1.1. La Inquisición valenciana en el siglo XVIII. Un breve repaso

El siglo XVIII empieza con un enfrentamiento europeo que alcanza su cénit en


los reinos hispánicos. Se trata de la Guerra de Sucesión al trono español, producida en
primera instancia, por la falta de descendencia del que será el último monarca de la
dinastía Habsburgo: Carlos II. El rey designó como sucesor a Felipe de Anjou a
condición de que renunciara a su derecho sobre el trono francés 71. No obstante, en 1701
se unirán el Emperador, Inglaterra y las Provincias Unidas en la Gran Alianza de la
Haya, a la que se sumarán más tarde Dinamarca, el elector de Brandeburgo y muchos de
los príncipes alemanes, en contra del sucesor designado por Carlos II. Esta facción se
enfrentará al bando borbónico, compuesto por España, Francia, Baviera, y Saboya 72.
En la Península, la Guerra de Sucesión se convirtió en una guerra civil entre los
partidarios de Felipe y los de Carlos, Archiduque de Austria. Tanto en la Corona de
Castilla como en la de Aragón hubo partidarios de los dos candidatos, aunque, en
Castilla la mayor parte de la población se decantó por el candidato borbónico. Sin

71
Benassar, B. et alii: Historia Moderna. Madrid, Akal editor, 1980, pág. 680.
72
Ibidem, págs. 682-684.
58
embargo, en la Corona de Aragón hubo diferencias, produciéndose una lucha entre
maulets (partidarios del Archiduque) y botiflers (partidarios de Felipe) 73.
Por tanto, nuestro estudio de la institución inquisitorial, comienza en un contexto
de conflicto. La Inquisición, en general, apoyó al bando borbónico propugnando la idea
de cruzada contra el austracismo, junto a los propagandistas de esta facción. El
comportamiento más perseguido por el Tribunal fue el de los eclesiásticos que
utilizaban el confesionario y los sermones para propagar ideas austracistas. Haliczer74
relata cómo, al ser ocupada Valencia por las tropas austracistas, sólo quedaron en ella
como autoridades, los dos inquisidores 75. Estos funcionarios mantuvieron el orden en la
ciudad y suministraron información a los dirigentes borbónicos. Después de la batalla
de Almansa, las tropas aliadas abandonarán la capital valenciana, que quedará
indefensa, produciéndose muchos disturbios.
El presidente del tribunal, Isidro de Balmaseda, iniciará negociaciones con
muchos sectores de la ciudad para apaciguarla y para preparar la rendición a las tropas
borbónicas, y así salvar a Valencia del saqueo. Al rendirse la población, la Inquisición
perseguirá a los que habían colaborado con el bando del archiduque. El tema
preocupará tanto, que se promulgará un edicto para que los párrocos obliguen a confesar
la adhesión al austracismo 76.
Los procesos por esta falta serán muy numerosos, afectando a muchas esferas
sociales 77 puesto que muchos sectores se habían visto envueltos en la guerra, tomando
partido por el bando maulet. Los dos bandos no sólo se enfrentaron militarmente, sino
que también llevaron a cabo una gran tarea propagandística en contra de sus adversarios
y en favor de su candidato al trono. Encontramos algún vestigio en la correspondencia

73
Para conocer en profundidad el tema se puede consultar la tesis doctoral de Pérez Aparicio, Carmen. La
Guerra de Sucesión en el País Valenciano. Universidad de Valencia, Valencia, 1972; o bien, de la misma
autora, De l’alçament maulet al triomf botifler. Eliseu Climent, València, 1981; o también Pérez
Aparicio, C. “Cambio dinástico y disidencia política en el País Valenciano” en Serrano, Eliseo (ed.)
Felipe V y su tiempo. Congreso Internacional. Tomo II. Institución Fernando el Católico, Zaragoza,
2004, págs. 136 – 137
74
Haliczer, S., Inquisición y Sociedad en el Reino de Valencia (1478 – 1834). Alfons el Magnànim,
Valencia, 1993, pág. 521 y ss.
75
Haliczer destaca la labor del inquisidor Isidro de Balmaseda. Haliczer, S. Inquisición y sociedad... Por
nuestras fuentes sabemos que juró su cargo el 6 de octubre de 1705, meses antes de que Valencia fuera
ocupada por los austracistas (en diciembre). AHN, sec. Inq. leg. 503, exp. 7, fol. 11.
76
Ibidem fol. 35. Encontramos también una referencia a este tema en Cortés Peña, Antonio Luis, “La
Iglesia y el cambio dinástico” en Serrano, E. (ed.) Felipe V y su tiempo… tomo I, pág. 1004.
77
Un caso paradigmático es el proceso que se llevó a cabo contra el abad y los monjes de Poblet en 1707,
por haber prestado ayuda al Archiduque Carlos. Archivo Histórico de la Universidad de Valencia, Varia,
caja 49, expediente 1.
59
inquisitorial, como por ejemplo, la remisión al Consejo General en 1706 de un proceso
en 19 folios 78 realizado para prohibir un papel denominado Manifiesto astrológico del
auténtico rey de España y que, suponemos, se debía referir al archiduque Carlos como
auténtico rey, y por ello fue prohibido 79.
De todos modos, el austracismo no sería la única preocupación de los
inquisidores del tribunal valenciano ya que, una vez entregada la ciudad al bando
borbónico, se lamentan, y aseguran haber judíos y descontrol en los libros prohibidos en
el reino y la ciudad 80, por la escasa vigilancia que han podido ejercer sobre estas
cuestiones debido a la guerra. Aun así, implorarán el respeto del rey por la gran lealtad
que le han demostrado en tiempos tan difíciles.
Durante las primeras décadas del siglo XVIII la Corona concederá muchos
subsidios al tribunal por esta fidelidad y, además, existirá un firme apoyo de Felipe V a
la Inquisición Española que propiciará una significativa recuperación de esta, en dicho
periodo 81. Al parecer en 1708, asfixiado por el sufragio de la guerra, Felipe V advierte
de su incapacidad para realizar el pago de las rentas al tribunal de la Inquisición de
Valencia. Con estas rentas el tribunal satisfacía los salarios de sus funcionarios y
respondía a sus gastos, por tanto, el monarca concederá, a través de diversas cédulas
reales, el cobro de estas rentas a través de la confiscación de los bienes de diversos
personajes austracistas, como en el caso de Juan Pardo de la Casta y su mujer 82.
Además, al año siguiente, 1709, concederá al tribunal la merced del cobro anual de
3.200 libras sobre estas confiscaciones 83.
Al parecer, y según los datos anteriores, el tribunal de la Inquisición de Valencia
debió permanecer fiel a la Monarquía, a pesar de las tensiones vividas entre el rey
Felipe V y la Curia romana, a partir de 1709, con el reconocimiento por parte del Papa

78
Al tratarse de un registro de la correspondencia sólo conocemos la noticia del envío de tal proceso, pero
no podríamos asegurar dónde se encuentra o si ha sobrevivido, puesto que no ha sido encontrado entre los
procesos de magia.
79
AHN sec. Inq. leg. 503, fol. 33: “Autos hechos en razón un papel que se compuso e imprimió en esta
ciudad llamado Manifiesto Astrológico del verdadero rey de España, que por edictos públicos mandamos
prohibir, el 3 de Mayo de 1706”.
80
Ibidem fol. 28.
81
Haliczer, S. Inquisición y sociedad… Pág. 524.
82
AHUV Varia, caja 49, exp. 2. A finales del siglo XVII la familia Pardo de la Casta había ocupado en
diferentes ocasiones el cargo de Baile de Valencia. Juan Pardo de la Casta, decidido austracista, lo
ocuparía por privilegio de Carlos II, a la muerte de su hermano. Morirá en Barcelona en 1713. En
Chiquillo Pérez, Juan Antonio “La nobleza austracista en la Guerra de Sucesión. Algunas hipótesis sobre
su participación” en Estudis. Revista de Historia Moderna, nº 17 (1991), Universidad de Valencia,
Valencia, 1991, págs. 115-148.
83
AHUV Varia caja 49, exp. 6.
60
del archiduque Carlos como legítimo rey. El asunto revistió tal gravedad que Felipe V
envió carta a los prelados y otras instancias, explicando los pasos que iba a dar en contra
de Roma 84. Hemos podido encontrar en nuestras fuentes una carta enviada por el
arzobispo de Santiago, Antonio Monroy, al marqués de la Mejorada y de Breña 85 en
respuesta a estos manifiestos de Felipe V. El arzobispo, al parecer, se posiciona en
favor de la postura real aunque teme que, por este conflicto, se dude de la religiosidad
del rey86.
Las tensiones entre la monarquía y Roma continuarán, lo que segregará más las
posturas de la Iglesia hispana entre pro regalistas y anti regalistas. El conflicto se
suavizará con el fin de la Guerra de Sucesión, la llegada de Isabel de Farnesio a la
Península y el cambio de gobierno, por la caída en desgracia de grandes regalistas como
el padre Robinet y Melchor de Macanaz. Sin embargo, el tribunal del distrito
valenciano seguirá realizando sus labores procesales en contra de los partidarios del
austracismo 87 y de las desviaciones de fe 88 sin atender demasiado, por lo que dilucidan
las fuentes, a estos acontecimientos.

84
Cortés Peña, Antonio Luis, “La Iglesia y el cambio dinástico” en Serrano, E. (ed.) Felipe V y su
tiempo… tomo I, págs. 1008-1009. También profundiza en estos hechos Egido, Teófanes “Las tensiones
entre la Iglesia y el Estado en la primera mitad del siglo XVIII” en Mestre Sanchís, Antonio (dir.),
Historia de la Iglesia en España, volumen IV. La Iglesia en la España de los siglos XVII y XVIII.
Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1979, págs. 162-164.
85
Seguramente se trate de Pedro Cayetano Fernández del Campo, segundo marqués de la Mejorada y de
la Breña, al parecer, miembro de la orden de Alcántara y secretario de estado de la negociación de Italia
en 1705, y posteriormente, secretario de Despacho Universal. Estella, Margarita “El mecenazgo de los
marqueses de Mejorada en la Iglesia y capilla de su villa. Su altar-baldaquino y sus esculturas de
mármol, documentados” en AEA (Archivo Español de Arte), Tomo 72, nº 288, págs. 469-503. CSIC,
Madrid, 1999. Lo que resulta difícil dilucidar es, el porqué esta carta fue interceptada por el tribunal de la
Inquisición.
86
AHUV Varia, caja 49, exp. 7. Carta de 14 de julio de 1709.
87
Ibidem, exp. 8. Encontramos otra causa criminal llevada a cabo en 1709 por el Arcipreste de Morella,
como comisario delegado, contra fray Cristobal Comte y otros monjes del Monasterio de Benifassà que
prestaron ayuda al Archiduque.
88
Hasta la entrada de Felipe V en la ciudad de Játiva, observamos diferentes causas llevadas a cabo
contra solicitantes, saca-tesoros, proposiciones, sodomía, etc. De los cuales tenemos noticia gracias a
algunos procesos y a la correspondencia entre el tribunal de distrito y el Consejo General. Así
observamos, los procesos por solicitación de Francisco Talens en 1711 en AHUV Varia, caja 50, exp. 3, o
de Juan Salvador en 1714 en ibídem, caja 50, exp. 7, entre otros; los de Beatriz Montoya y su madre
iniciados en 1709 en ibídem, caja 50, exp. 1 (volveremos a tener noticia de ella en 1718 y 1736 por
nuevos procesos, en AHN sec. Inq. leg. 526 exp. 11 y exp. 12, respectivamente) o el incoado contra
Marcos del Evangelio por unas profecías y el uso de la quiromancia, cuyas primeras declaraciones se
producen en 1703, pero las últimas noticias de su proceso nos llegan en 1711 en AHUV Varia, caja 50,
exp. 2, entre otros; la acusación contra Francisco Rusela por sodomía en 1712, en ibídem, caja 50, exp. 4;
etc.
61
Según Haliczer, la actividad global del Santo Oficio en Valencia se incrementa
hasta los 1.323 casos entre 1701 y 1750 89, por lo que no se podría hablar de decadencia
del Santo Tribunal en esta época. Sin embargo, el autor resalta el desastre de su
situación financiera, pues resulta muy difícil recaudar sus rentas debido a la coyuntura
de la economía local, mermada a raíz de la guerra de Sucesión. De todos modos, señala
que a partir de 1713 se producirá un proceso de paulatina recuperación.
A través de los datos recopilados en nuestra investigación sí hemos comprobado
una actuación procesal vigorosa por parte del tribunal valenciano, sobre todo en la
primera mitad del siglo XVIII. Advertimos este dato a través de la cantidad de procesos
y alegaciones fiscales que hemos podido recopilar para esta época, relacionados con los
delitos de magia. Además, las fuentes que nos remiten a acciones generales, como son
los escasos Autos de Fe a los que hemos tenido acceso, señalan una acción contundente
también contra otros delitos 90.
Sólo poseemos estos datos para los años 1720, 1721, 1724 y 1725 91, pero
creemos interesante mostrar las actuaciones que estos autos establecen. El total de
personas que debieron salir en Auto de Fe en estas cuatro ocasiones se podría subdividir
en:

Judaísmo 38

Herejía 5

Poligamia/bigamia 4

Testimonio falso 2

Embustes 2

Supersticiones 6

Total 57

89
Haliczer, S. Inquisición y sociedad… Pág. 525. No sabemos exactamente de donde ha recogido estos
datos el autor; suponemos que existe la posibilidad de que contabilizara los procesos a raíz de los
registros de correspondencia, aunque esta contabilización no carece de peligros.
90
Además de la persecución del autracismo a la que ya hemos hecho referencia.
91
AHUV Varia, caja 51, expedientes 6, 9, 10 y 11.
62
Resulta ser un periodo de gran actividad sobre todo en lo que se refiere a la
revitalización de la persecución de judíos, y en el que detectamos a dos relajados, uno
por judaizante y el otro por herejía 92.
No obstante, el furor en la persecución de los seguidores de la Ley de Moisés no
debió extenderse a lo largo del siglo XVIII en el tribunal de la Inquisición de Valencia.
No tenemos datos específicos al respecto, pero sí nos llegan informaciones a través de la
correspondencia en las que se alude a la inexistencia de causas por razón de judaísmo
durante mucho tiempo 93.
Esta revitalización de la actividad del Santo Oficio, una vez acabada la guerra de
sucesión, se dejaría sentir en toda la Península y abarcaría la mayor parte del reinado de
Felipe V 94. Además, la bibliografía parece coincidir en que, aunque la persecución a
judíos en este periodo fue mayoritaria, se remarcaría un cambio destacable en la
importancia que cobraron los procesos por superstición, los cuales aumentaron
considerablemente en número 95.
Por otra parte, Haliczer apunta que la Corona siguió un proceso de centralización
y limitación de la independencia de la institución, sobre todo bajo los auspicios del
Inquisidor General Juan de Camargo (1720-1733), y posteriormente. Según este autor,
Suprema e Inquisidores Generales reaccionaron con servilismo frente a la presión del
Consejo de Castilla. Esto se transmitiría a los inquisidores provinciales a través de
ordenanzas reales que entumecerían pesadamente la respuesta de los tribunales a las
acusaciones. De hecho, con Fernando VI, se sugiere a la Suprema que podría controlar
mejor los gastos si no utilizase cualquier calumnia como excusa para emprender una
investigación formal 96.

92
No podemos descartar que hubiese más procesados en este tiempo que, por diferentes circunstancias,
no fueran sacados en Auto público de Fe. Asimismo, tampoco podemos descartar la celebración de otros
Autos de Fe en los que existan otros relajados.
93
En AHN sec. Inq. Leg. 504, exp. 1, fol. 36. En 1783 se dice en este registro que no se han abierto
procesos por judaísmo durante años, aunque al parecer se ha descubierto alguno, puesto que en el folio 39
del mismo expediente se registra el envío de un proceso por esta causa.
94
Egido, T., “La España del siglo XVIII”, en Pérez Villanueva, J. y Escandell Bonet, B., (Eds.), Historia
de la Inquisición en España y América, vol. I, Madrid, BAC, 1984, págs. 1204-1205. Y en Sarrión Mora,
A. Beatas y endemoniadas: mujeres heterodoxas ante la Inquisición ss. XVI-XIX, Madrid, Alianza
Editorial, 2003, pág. 319.
95
Tenemos un ejemplo en el tribunal de Logroño. Torres Arce, M. Un tribunal de la Fe en el reinado de
Felipe V. Reos, delitos y procesos en el Santo Oficio de Logroño (1700-1746), Logroño, Ciencias
Históricas 5, Instituto de Estudios Riojanos, 2002. Pág. 81.
96
Ibidem pág. 530.
63
Al año siguiente, el de 1747, se dará a conocer otro pronunciamiento real en el
que se declara que los tribunales inquisitoriales, antes de iniciar pesquisas sobre las
acusaciones contenidas en una denuncia, deberán realizar una investigación preliminar
para determinar su veracidad.
No se puede dudar que la actitud real hacia la actuación inquisitorial, debió
afectar a la institución y a sus tribunales de distrito. Prueba de ello, es la cada vez
mayor dependencia del tribunal valenciano respecto del Consejo General, que hemos
ido observando gracias al análisis del procedimiento seguido en las causas, y gracias a
la correspondencia, cuestiones en las que profundizaremos en el siguiente capítulo. De
todos modos, gracias a la obra de Henry Charles Lea podemos rastrear la evolución de
la institución inquisitorial bajo el gobierno de los Austrias, y comprobamos que desde
muy antiguo se siguió esta tendencia a la centralización y al control de todos los
movimientos llevados a cabo por los tribunales de distrito, a cargo del Consejo General
de Inquisición.
A Fernando VI le sucedería Carlos III, su hermano, en 1759. A lo largo de su
reinado se siguieron tres Inquisidores Generales: Manuel Quintano Bonifaz, Felipe
Bertrán y Agustín Rubín de Cevallos. El mismo Llorente nos habla del gran cambio
que sufrió la Inquisición en esta época, por influencia de las Luces y de los inquisidores
ilustrados. Resalta la moderación de este periodo y revela que la mayoría de los
procesos quedaban en sumaria porque se examinaban los testigos en el transcurso del
proceso sumario, suspendiendo la mayoría de las causas en esta fase, sin pasar a la fase
siguiente 97.
En este sentido, lo que hemos podido comprobar a través de los procesos es que
a partir de la segunda mitad del siglo XVIII 98, la mayoría de ellos tienden a reducirse en
extensión, siguiendo una tendencia a la simplificación 99. De todos modos, este hecho
no puede presentarse como una prueba de la presión de la Monarquía sobre los
tribunales, puesto que no disponemos de la totalidad de procesos y esto hace que
nuestras conclusiones a este respecto sean sólo parciales.

97
Llorente, Juan Antonio. Historia crítica de la Inquisición de España. En la imprenta del censor,
Madrid, 1822, tomo nono, pág. 1.
98
Y observamos un aumento de las suspensiones a partir de finales de los años 30 del siglo XVIII.
99
Poseemos muy pocos procesos tan largos y complejos como en la primera mitad del siglo. Ejemplos
son los de Salvadora Cabrera (1771) o sor Isabel María Antolí (procesos llevados a cabo entre 1752 y
1764), en AHN sec. Inq. Leg. 524, exp. 2 y AHUV Varia, caja 56, exp. único, respectivamente.
64
También, apunta Haliczer, la gradual desaparición de la exención de impuestos y
de privilegios de los funcionarios inquisitoriales, haciendo especial hincapié en la
pérdida de la exención de pagar impuestos reales. Esta exención había sido abolida por
un corto espacio de tiempo en el reinado de Felipe IV pero, con la caída del conde-
duque de Olivares, había sido restaurada. No obstante el siglo XVIII vería como este
privilegio les era arrebatado a los miembros de la Inquisición, debiendo renunciar a esta
inmunidad los funcionarios del tribunal de distrito de Valencia, en 1743. Además,
también los familiares perderían las exenciones de los impuestos locales 100.
Sin embargo, la pérdida de privilegios de los funcionarios inquisitoriales no
impidió que las vacantes para cargos en el tribunal valenciano dejaran de ser codiciadas
por muchos. Son muy numerosos los memoriales y las peticiones para cubrir cargos y
familiaturas que hemos advertido a lo largo del siglo XVIII. No podemos detenernos
aquí a relatar los orígenes de los peticionarios de estos puestos, sus esfuerzos por
convencer de la idoneidad de su persona para el cargo, ni la continuidad de los linajes
en el servicio a la institución, pero esto puede constituir el germen de una próxima
investigación.
Si bien, desearíamos detenernos en, al menos, un ejemplo que ilustra
perfectamente el interés que podía llegar a suscitar una posición vacante en el tribunal.
En enero de 1757 quedará vacante el cargo de alguacil mayor, que había sido ocupado
hasta el momento por Manuel Sanguino. Con la intención de cubrir este puesto, el
tribunal advierte que se presentaron muchos sujetos y envían al Inquisidor General los
informes que presentaron cuatro de ellos. Este hecho ya puede sorprendernos, por la
cantidad de pretendientes, pero la calidad de estos también resulta importante 101.
Se presentan las candidaturas de Balthasar de Albornoz y Tapies, tesorero del
Santo Oficio, barón de los lugares de Ballbert y Golifás e hijo de Carlos Albornoz,
secretario y tesorero del Santo Oficio; Salvador Adell y Ferragut, nieto de doña Teresa
Sanguino y también de don Benito Sanguino, que fue receptor del Santo Oficio y,
posteriormente alguacil; Francisco María Bergadá y Matheu, hijo de Pascual Bergadá,
caballero de Montesa, además añade, entre otras cuestiones, que don Salvador Matheu,

100
Haliczer, S. Inquisición y sociedad… págs. 536-538.
101
Entre otras cuestiones porque los cargos debían pagarse, como nos revela el nombramiento de Juan
Bautista Beltrán como nuncio del secreto, en 1758. En este nombramiento el Inquisidor General Manuel
Quintano Bonifaz indica que en los seis primeros tercios de su salario se le descontará la cantidad
requerida, por la media annata que debe pagar a su Majestad por la merced. AHUV Varia, caja 47, exp.
13.
65
hermano de su abuelo materno, fue inquisidor mayor en el tribunal de Valencia,
asimismo, este pretendiente estaba casado con una sobrina de don Manuel Sanguino;
por último, se presenta Bernardo Carroz Pardo de la Casta, que sólo defiende su
candidatura alegando que uno de sus ascendientes poseyó el empleo de alguacil
mayor 102.
Este es sólo un pequeño ejemplo de la ambición que aún suscitaban las nuevas
vacantes en el Santo Tribunal. Haliczer achaca este hecho al conservadurismo de la
sociedad valenciana que había convertido la tradición de familia de servicio en el Santo
Oficio en un incentivo para los solicitantes 103. No obstante, este autor se pregunta cómo
el tribunal pudo atraer a personajes vinculados con la intelectualidad de la época y con
la Ilustración. Aunque relaciona este hecho con la escasa molestia que el tribunal
constituyó para el sector intelectual valenciano 104.
Este hecho contrasta bastante, como veremos, con la relativa dureza que el
tribunal ejerció ante los delitos relacionados con la magia.

1.2. La Inquisición y la brujería

En este apartado de nuestro estudio, pretendemos ofrecer un brevísimo repaso a


los acontecimientos sucedidos en el periodo moderno y a las actitudes tomadas por la
institución inquisitorial frente al fenómeno mágico a lo largo de esta época. Nos
referimos a un sucinto repaso porque somos conscientes de que estos datos pueden
encontrarse en cualquier manual básico de Historia Moderna de España. Además, todos
los historiadores que se han ocupado del fenómeno mágico y la brujería han acabado
por ofrecer una perspectiva de análisis, más o menos profunda, de los hechos más
importantes acontecidos en este sentido, y de la trayectoria que la Inquisición tomó
frente a estas creencias.
Estas son las razones fundamentales por las que debe prevalecer la brevedad en
esta parte del estudio, puesto que, cuanto más repitamos aquello escrito, menor será el

102
AHN sec. Inq. Leg. 515, exp. 3, fols. 36-40.
103
Haliczer, S. Inquisición y sociedad… pág. 539.
104
Ibidem, págs. 544 y 545.
66
tiempo y el esfuerzo que podamos dedicar a las nuevas aportaciones que pretendemos
realizar al respecto.
Sin embargo, resulta conveniente realizar este repaso, aunque en pocas páginas,
para introducir al lector en las experiencias y observaciones que deseamos aportar para
la Inquisición de Valencia en el siglo XVIII. Este repaso nos ayudará a destacar los
cambios y las continuidades frente a periodos anteriores. Asimismo, el apartado nos
sirve de introducción para desglosar, en dos grandes bloques, esta parte de nuestro
estudio. Por una parte, posteriormente a estas primeras anotaciones, nos adentraremos
en el sistema procesal que prima en aquellas causas llevadas a cabo por el Santo Oficio
valenciano en el siglo XVIII, asistiendo a los posibles cambios que se puedan haber
producido con periodos anteriores. Para finalizar, es nuestro deseo concluir con el
tratamiento que la Inquisición dio a los delitos relacionados con la magia, analizando las
sentencias y las penas, gracias a las cuales nos acercaremos a las actitudes del tribunal
de distrito frente al fenómeno mágico, y a las actitudes que se tomaron desde el centro
neurálgico de la institución. Todo ello nos abrirá una pequeña puerta a las relaciones
institucionales entre los inquisidores de Valencia y los señores del Consejo.
La mayoría de la historiografía consultada remonta el origen de la magia al
mundo clásico. Una época en la que la magia benéfica era utilizada, aceptada y
requerida sin ningún pudor, mientras las prácticas maléficas eran condenadas a las
penas más severas. No obstante, esta división entre la magia benéfica y la maléfica, que
había interpuesto el mundo antiguo, se fue perdiendo y toda la magia fue equiparándose
a lo maléfico, relacionando estas prácticas con el mal, con el secreto, con lo nocturno.
Será así como diversas divinidades antiguas: Diana, Selene, Hécate, se
convertirán en las patrocinadoras de la magia nocturna y, posteriormente, en las
denominadas diosas de las brujas. Además, en este periodo también observamos
fenómenos ligados a la magia como las metamorfosis y el vuelo nocturno, fenómenos
que volveremos a encontrar más tarde ya relacionados con la brujería.
Con la expansión del cristianismo, este debió adaptar ciertas creencias para
poder proscribir el paganismo. Así es como se acabaron condenando casi todos los
aspectos de la magia. El diablo fue adoptando características que antes habían sido
atribuidas a divinidades paganas como Hécate. La Iglesia, y los padres de ella, se
enzarzaron en enconadas discusiones acerca de la realidad sobre la existencia de las
brujas, la verdad sobre los poderes que se les atribuían, si en todas sus acciones existía
67
intervención demoníaca o si todos estos factores resultaban formar parte de algún tipo
de ilusión.
En Europa se fueron perfilando las peculiaridades de la brujería demoníaca, de
los poderes de las brujas y del sabbat en el que se adoraba al macho cabrío, a raíz de las
persecuciones llevadas a cabo en el siglo XV. Pero dos son los hitos que van a definir
los términos teológicos de la brujería y la actuación que, contra ella, deben llevar a cabo
los inquisidores como baluartes de la Iglesia: la bula Summis desiderantes affectibus,
del Papa Inocencio VIII (1484) y la composición del Malleus Maleficarum (1486) 105.
El caso español no presentó grandes diferencias en cuanto a los planteamientos
europeos. La discusión entre los defensores de la realidad del fenómeno y aquellos que
pretendían que este formaba parte de una ilusión se presentó, ante todo, durante el siglo
XVI y principios del siglo XVII.
Miembros de la Iglesia y de la Inquisición defendieron una postura u otra a lo
largo de estos siglos. Sin embargo, según los autores consultados, la mayoría de los
procesos inquisitoriales llevados a cabo por este tipo de delitos, gozará de un mejor y
más profundo análisis para descubrir la autenticidad de los hechos, que aquellos que
fueron incoados desde los tribunales seculares. Los sucesos que marcaron
significativamente la trayectoria de la Inquisición ante el delito de brujería se sitúan en
la zona pirenaica peninsular. La historiografía ha apuntado que la persecución en esta
zona podría haberse visto influida por la brujomanía europea y, sobre todo, por las cazas
de brujas que, en esta época, se estaban produciendo en el sur de Francia.
Las persecuciones acontecidas en esta zona en los años 20 del siglo XVI,
obligarán a la Inquisición a recordar que la brujería quedaba bajo su jurisdicción. El
Consejo General dio orden a los inquisidores de Calahorra de intervenir en estos
procesos. El Inquisidor General Manrique dictó una cédula en 1525, por la que se
declaraba al Consejo de Navarra incompetente para estas cuestiones 106. Además,
Manrique reunió una junta de especialistas en 1526 en Granada, entre los que se
encontraba el licenciado Valdés, el futuro Inquisidor General.
Entre las cuestiones que se plantearon en esta reunión se encontraban
sintetizadas seis materias 107. Si las brujas realmente cometían los crímenes que decían o

105
Caro Baroja, J. Las brujas y su mundo. Alianza editorial, Madrid, 2012, págs. 34-39.
106
Pérez, Joseph. Historia de la brujería en España. Espasa, Madrid, 2010, pág. 174-175.
107
Síntesis que hemos recogido de la obra de Lea, Henry Charles. Historia de la Inquisición Española.
Fundación Universitaria Española, Madrid, 1982, vol. III, págs. 604-607.
68
si se engañaban. A lo que la congregación votó mayoritariamente que sí eran delitos
reales y no una ilusión, aunque Valdés pidió que se les diese a los inquisidores
instrucción de recabar más pruebas para comprobar la veracidad de los sucesos 108. La
segunda cuestión abordaba la preocupación de qué hacer si en realidad los hechos
habían sido cometidos, si reconciliar a los reos o entregarlos al brazo secular. A pesar
de la diversidad de opiniones, la mayoría decidió que si el reo confesaba y era admitido
a reconciliación, no se le entregase al brazo secular sino que, solo se le entregaría a la
justicia secular para ser juzgado una vez hubiera cumplido la condena que se le hubiera
impuesto.
La tercera cuestión se planteaba lo mismo, sólo que lo hacía en el caso de que
los delitos cometidos fuesen ilusorios. Sobre ello no se pudo llegar a ningún acuerdo.
La cuarta materia pretendía decidir si estos delitos pertenecían al conocimiento de la
Inquisición, a lo que la junta respondió afirmativamente. El quinto punto planteaba si
los acusados podían ser condenados sólo por sus confesiones, y la congregación decidió
mayoritariamente que sí, aunque Valdés consiguió que esto se aplicase solamente a las
condenas menores 109. Así pues, la sexta cuestión se enfrentaba a la necesidad de acabar
con el problema de las brujas, y las soluciones aportadas por la reunión fueron muy
diversas, pero casi todas encaminadas a instruir al pueblo en general y al clero.
Además, Valdés añadió instrucciones para que los inquisidores no aceptasen el
testimonio de las brujas que implicaban a otras como prueba suficiente para el proceso y
que se averiguase si las acusadas ante la Inquisición primero habían sido torturadas por
la justicia secular.
Aunque la Inquisición no pudo, en principio, convertir estas disposiciones en
hechos prácticos, esta reunión marcó el inicio de la posterior trayectoria inquisitorial al
respecto del delito de brujería. Desde la Suprema se establecerá que el aquelarre no es
real, sino ilusorio y así lo defenderá durante el resto de la Época Moderna y actuará
contra aquellos que contravengan sus disposiciones e instrucciones. Así sucederá en
1550. El inquisidor Sarmiento de Barcelona será destituido por haber relajado a seis
mujeres acusadas de brujería sin haber verificado las pruebas 110.

108
Joseph Pérez plantea de una manera profunda y sublime el modo en que, en este caso, la mayoría no
logrará convencer a la Suprema sobre la asistencia real de la bruja al aquelarre. Pérez plantea la discusión
de 1526 como una pugna entre teólogos y juristas, que acabaron ganando estos últimos. Pérez, J. Historia
de la brujería… págs. 190-193.
109
Destierro, vergüenza y azotes.
110
Pérez, J. Historia de la brujería… pág. 197.
69
Sin embargo, el siglo XVII se abrirá con el mayor de los procesos por brujería
llevados a cabo en la Península. Nos referimos a los sucesos acontecidos en la zona
Navarra, en la primera década de este siglo. Como explica Henningsen, los
acontecimientos de Logroño comenzaron fuera de nuestras fronteras. Fue una
expedición punitiva, instigada por Pierre de Lancre, contra las brujas del Pays de
Labourd la que desatará el pánico y la brujomanía en la región vascongada.
Las autoridades de aquella región se habían dirigido, en 1608, al rey Enrique IV
de Francia para informarle de que el número de brujos allí resultaba alarmante. En 1609
llegaron sus enviados a aquella región, con Lancre a la cabeza, y comenzaron los
procesos. Lancre regresará con la visión de que la totalidad de los vascos de aquella
región estaban bajo la influencia de una secta maligna 111.
Escaso tiempo después se desatará la fiebre en la zona de Zugarramurdi.
Henningsen remonta los primeros brotes de brujomanía a raíz de las historias extendidas
por una muchacha llamada María de Ximildegui 112, que procedía de la zona vasco
francesa. En 1609 se presentó el comisario de la Inquisición en Zugarramurdi y se abría
la investigación sobre los casos de brujería. El tribunal decidió, en principio, detener
sólo a cuatro de todas las personas que guardaban relación con la brujería, aunque
pronto llegará la segunda oleada de detenciones 113.
En el Auto de Fe llevado a cabo en Logroño, en 1610, se presentaron 12 de los
31 brujos acusados. Trece habían muerto en prisión y seis finalizaron en la hoguera114.
Y, si bien estos sucesos nos interesan sobremanera, más importantes aún para nuestra
investigación son las reacciones que suscitó este gran proceso. Entre las filas del
tribunal de Logroño se encontraba un personaje que adquirirá fundamental importancia
en los años posteriores al proceso, el inquisidor Alonso Salazar y Frías. No sólo
observamos que este personaje presentó desacuerdos con el resto del tribunal durante la
causa, sino que dedicará parte de su vida a la investigación acerca de la brujería.
Tanto Henningsen como Caro Baroja 115, entre otros, resaltan los escritos del
humanista Pedro de Valencia como uno de los puntos del profundo cambio de signo en

111
Henningsen, G. El abogado de las brujas. Brujería vasca e Inquisición española. Alianza editorial,
Madrid, 2010, págs. 42-44.
112
Ibidem, págs. 52-61.
113
Ibidem, págs. 87-109.
114
Ibidem, pág. 255.
115
Henningsen, G. El abogado de las brujas… págs. 292-298 y Caro Baroja, J. Las brujas y su mundo…
págs. 236-240, respectivamente.
70
la Inquisición y como uno de los precursores de las explicaciones contemporáneas
acerca de la brujería. Valencia pidió al Inquisidor General, un año después del proceso,
poder consultar el Auto de 1610. Pedro de Valencia plantea tres teorías posibles para
las confesiones de aquellas gentes: una primera teoría planteaba el aquelarre como una
reunión de personas que deseaban satisfacer sus más bajos instintos, pero sin la
presencia demoníaca; una segunda hipótesis esbozaba que la asistencia a tales reuniones
era sólo una alucinación producida por la aplicación de ungüentos y drogas; la tercera
teoría aceptaba la mediación del demonio y que fuera capaz de transportar, en
ocasiones, a ciertas personas al aquelarre, pero se trataba de una teoría peligrosa puesto
que no se podía probar la culpabilidad o inocencia de una persona, debido a que el
demonio, supuestamente, habría dejado a un doble en la cama del brujo para que sus
seres queridos no notasen su falta.
Por tanto, se tomase una vía u otra, los delitos atribuidos a las brujas y su
connivencia con el demonio, resultarían muy difíciles de probar. A la luz de estas ideas,
y deseando averiguar lo que sucedía en aquellas tierras próximas a Zugarramurdi y
Urdax, el Consejo envió al inquisidor Alonso Salazar y Frías como comisionado a estas
zonas del norte de Navarra 116. En 1613, Salazar realizó un informe que fue enviado a la
Suprema. En él se incluían las averiguaciones realizadas durante su investigación y se
concluía que en el proceso de Logroño se había actuado con ligereza.
Este informe daría lugar, en 1614, a una serie de instrucciones dictadas por el
Consejo General, donde se recogieron las ideas de Salazar y donde se retomaba el
rumbo tradicional de la institución. Estas instrucciones, como apunta Lea 117, constaron
de 32 artículos en los cuales, entre otras cosas, se determinaron todas las pruebas que
debían buscarse acerca de los delitos atribuidos a los acusados por brujería, además, se
recomendaba a los predicadores que hicieran comprender al pueblo que la destrucción
de cosechas se producía como castigo por los pecados o por fenómenos atmosféricos.
Asimismo, los poderes de los comisarios quedaban reducidos a tomar declaración y
realizar comprobaciones 118, y en caso de reconciliación no se confiscarían los bienes del
reo. Aquellos que negasen la apostasía, deberían ser absueltos ad cautelam y
reconciliados y, además, no se podría emprender acción salvo con voto unánime de

116
Henningsen, G. El abogado de las brujas… págs. 298-311 y Caro Baroja, J. Las brujas y su mundo…
págs. 240-246.
117
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… tomo III, págs. 627-629.
118
De ahí podemos que no hayamos encontrado comisarios con mayores atribuciones.
71
todos los inquisidores y después de consultar con la Suprema. Asimismo, cuando se
celebrase una votación, esta debería ser sometida al criterio del Consejo General, a no
ser que esta conllevase la suspensión del caso 119.
En el plano teológico, la discusión acerca de si el aquelarre era real o formaba
parte de una ilusión, continuó. No obstante, la Inquisición como institución permaneció
imperturbable en este sentido. Como bien apunta Lea, la prohibición a los comisarios y
sus agentes de iniciar los procedimientos preliminares en estos casos, impidió el brote
de epidemias de brujería 120.
En cuanto a la época que nos ocupa, el siglo XVIII, en general, abrió la puerta a
una gran cantidad de escritos que planteaban el tema de la creencia en brujos/as como
una serie de afirmaciones de gentes ignorantes y antiguas. Mientras que la Inquisición
iba equiparando cada vez más este tipo de transgresiones a un delito común 121.
En cuanto a lo sucedido en tierras valencianas, Ricardo García Cárcel señala un
volumen de procesados por delitos de hechicería de 337, para el periodo entre 1540 a
1700 122, mientras Gunnar W. Knutsen contabiliza 356 casos de procesados por delitos
de superstición para el periodo comprendido entre 1478 y 1700. El profesor Knutsen sí
nos da una diferencia entre los procesados por brujería y los demás casos incoados en el
tribunal valenciano, contabilizando sólo 10 de entre estos 356 casos 123.
Ambos autores otorgan gran protagonismo a la influencia morisca en las
operaciones mágicas juzgadas en Valencia. Asimismo, centran las prácticas en tres
grupos principales: la salud, el conocimiento del futuro o adivinación y la magia
amorosa. No obstante, hubiéramos deseado obtener más información acerca de la
actitud del tribunal valenciano sobre este tipo de delitos. Una actitud que sólo se revela,
a nuestro juicio, a través del estudio de las sentencias y las penas dictadas contra los
acusados por tales faltas. En este sentido, sólo podemos tomar una pequeña parte del
estudio del profesor Knutsen como modelo de esta actitud 124. Este autor no encontró
ningún relajado en el tribunal de Valencia por delitos de brujería y otras supersticiones,

119
Esto lo observamos entre los procesos analizados. Volveremos sobre esta idea en la parte dedicada al
análisis del procedimiento inquisitorial.
120
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… tomo III, pág. 633.
121
Caro Baroja, J. Las brujas y su mundo... Págs. 266-273.
122
García Cárcel, R. Herejía y sociedad en el siglo XVI: la Inquisición en Valencia (1530-1609).
Península, Barcelona, 1980, pág. 249.
123
Knutsen, Gunnar W. Servants of Satan and masters of demons. The Spanish Inquisition's trials for
superstition, Valencia and Barcelona (1478-1700). Brepols, Turnhout, 2010, pág. 58.
124
Ibidem págs. 64-66.
72
y, aunque apunta que Ricardo García Cárcel ofrece datos diferentes, pues contabiliza
cinco casos, también insiste en la inexistencia de referencias documentales que
secunden sus afirmaciones. Asimismo, Knutsen destaca que sólo en dos casos de los
estudiados, el tribunal administró la absolución, mientras que 69 causas fueron
suspensas. Por último, ofrece una visión muy somera de las penas impuestas, entre las
que parecen destacar el destierro y los azotes públicos, a pesar de la gran cantidad de
reos que fueron despachados tan sólo con simples advertencias.
Parece deducirse de tales análisis que el tribunal valenciano debió seguir los
dictados de las instrucciones emanadas desde el Consejo General en materia de brujería
y que, a pesar de que no dejó de perseguir tales desviaciones, su actitud fue
relativamente benigna con tales casos, por la falta de sentencias que hacen mención a
relajados. No obstante, no podemos ni debemos menospreciar la imposición de penas
como los azotes y el destierro, a pesar de que este último fuese clasificado por Lea junto
a las penas menores 125.
Estos datos nos resultarán fundamentales al enfrentarnos al siglo XVIII
valenciano aunque, en lo que respecta al estudio del tribunal de distrito y sus actitudes
frente al fenómeno mágico, nos hubiera sido útil un análisis más profundo de estos
aspectos en periodos anteriores.
Por último, gracias a algunas obras dedicadas a un estudio más general,
descubrimos el análisis de algunos de los encausados en el siglo XVIII, que fueron
recopilados para este estudio. En obras como las de, por ejemplo, Haliczer 126 o María
Helena Sánchez Ortega 127, encontramos a algunos de los procesados por delitos de
magia por el tribunal valenciano en el siglo XVIII.

125
Lea H. Ch. Historia de la Inquisición… tomo II, págs. 638-640.
126
Donde observamos los casos de Teresa Agustín y Salvadora Cabrera. En el primer caso suponemos,
por lo que cuenta acerca de su caso, que se trata de nuestra protagonista aunque, si así fuera, con
desacierto la habría situado cronológicamente en los años cuarenta del siglo XVII. En el caso de
Salvadora Cabrera, se trata seguro de nuestra protagonista de la que no destaca el que consideramos su
principal delito, que es fingirse posesa. Haliczer, Stephen. Inquisición y sociedad en el Reino de
Valencia (1478-1834). Alfons el Magnànim, Valencia, 1993, págs. 497-498 y 532-533, respectivamente.
127
Esta autora enumera a varias de nuestras protagonistas, tanto en el apéndice de su obra dedicada al
estudio de la persecución de la etnia gitana por parte de la Inquisición, en la que aparecen algunas de las
gitanas a las que nos referimos, como en el elaborado para la obra que dedica a las protagonistas de la
magia de amor. No obstante, a pesar de enumerarlas, no profundiza en casi ninguna de sus causas,
prefiriendo analizar en profundidad los casos pertenecientes a otras épocas. Nos referimos a Sánchez
Ortega, María Helena. La Inquisición y los gitanos. Taurus, Madrid, 1988. Y a Sánchez Ortega, M. H.
Ese viejo diablo llamado amor. La magia amorosa en la España Moderna. UNED, Madrid, 2004.
73
74
2. Cuestiones de procedimiento. El modo de proceder en la Inquisición
Valenciana del siglo XVIII

En este estudio deseábamos plantear también el análisis acerca de los puntos


esenciales que hemos podido identificar, que atañen a las cuestiones procedimentales
observadas a raíz de las causas llevadas a cabo por el tribunal de la Inquisición de
Valencia. Evidentemente, como en todo nuestro estudio, debemos ser cautos en nuestro
análisis y tener siempre en cuenta que se trata de un examen del procedimiento
inquisitorial que concierne solamente a los procesos que hemos podido documentar para
el siglo XVIII valenciano.
A pesar de las posibles limitaciones que imprima la parcialidad de esta
documentación al análisis, nos parecía del todo necesario e interesante realizar esta
explicación pues, de bien seguro, que nos dará alguna pista acerca de las semejanzas o
diferencias en cuanto a las características de los procesos llevados a cabo en otras
épocas, y que fueron incoados contra otros delitos.
Para hablar del procedimiento jurídico debemos tener en cuenta que tenemos en
nuestro poder muchos procesos que nos pueden servir de guía en este análisis. No
obstante, también debemos valorar que existen muchos otros bastante incompletos, en
unos casos porque el tribunal no debió considerar necesaria la prolongación del proceso
o, simplemente, no pudo realizar una investigación más exhaustiva sobre el imputado;
y, en otros, porque alguna de las partes se ha podido traspapelar o perder en el
transcurso del tiempo.
Por esta razón, al realizar el examen del procedimiento, nos centraremos en las
fuentes más completas, aquellas en las que se pueda observar de una mejor manera la
estructura del proceso desde las primeras declaraciones o denuncias hasta la sentencia
final y la pena, impuestas al reo.
De esta manera, si ordenamos el proceso cronológicamente 128, nos encontramos
con unas primeras denuncias o declaraciones realizadas por algún testigo. En algunos

128
En muchas ocasiones los procesos presentan una ordenación estereotipada, de modo que en primer
lugar queda una portada donde se especificaba el año del procedimiento, el nombre del acusado, de donde
era natural y donde habitaba, y la tipología de delito por el que se le había abierto proceso. Además en
unas notas aparte se podía indicar el número de testigos, el número de audiencias realizadas o, incluso, la
sentencia impuesta de modo resumido. Posteriormente se situaba la previa acusación formal del fiscal y
más tarde, las declaraciones de los testigos que procuran ordenarse de manera cronológica, aunque el
orden depende del criterio del fiscal. De todos modos, volveremos sobre ello al final de este apartado.
75
casos, este mismo testigo sería acusado paralelamente por su complicidad en los hechos
juzgados, si había estado implicado en ellos. En la mayoría de casos, la declaración o
declaraciones que abren el proceso suelen realizarse de manera voluntaria. Se trata de
auto delaciones realizadas de manera individual, o pactadas entre algunos cómplices de
un hecho mágico.
Los testigos, o el acusado de manera espontánea, se presentan generalmente,
ante un inquisidor o ante un comisario, o bien ante un eclesiástico como guía espiritual
de la comunidad 129. También existe otra manera de presentar declaración ante el Santo
Oficio, y suele ser a través de una carta o escrito que, en ocasiones, se entrega al párroco
de la comunidad para que lo envíe al tribunal o, en otras, se envía personalmente130.
Sea de una manera o de otra, el tribunal siempre acaba por buscar la declaración
personal de la persona que ha escrito o dictado tal correspondencia. En algún caso se le
puede llamar a declarar a la audiencia del tribunal, aunque, si se encuentra lejano de la
ciudad de Valencia se suelen tomar otras soluciones. Se puede enviar al comisario del
distrito afectado, si lo hubiere, para que tome declaración directamente 131 o, si les
parece oportuno, nombrarán un comisario eventual 132 para que tome declaración a tal o
cual testigo.
Además, en muchas ocasiones, observamos que la declaración se realiza a
instancias del confesor o guía espiritual, por haberle confiado en primer lugar a este los
pecados cometidos. De manera habitual, el confesor sopesará si se trata de materias
concernientes al Santo Oficio y, si lo cree conveniente, recomendará presentarse ante la
instancia para realizar la delación.

129
Sucede, por ejemplo, en el caso de sor Isabel María Antolí que declara ante don Juan Alabart, rector de
Ulldecona y confesor extraordinario del convento de religiosas agustinas de dicha villa. Esta religiosa
declara por consejo de su confesor, que era el mismo rector. Sin embargo, en este caso ya no actúa como
confesor, sino como delegado del Santo Oficio, que ha recibido orden del señor inquisidor de la Torre de
tomarle declaración, y de las preguntas que debía hacerle. AHUV Varia, caja 56, exp. único.
130
Es el caso que observamos en la causa contra José Arnau, donde las investigaciones comienzan por
una carta escrita por un labrador de Bonrepós, Gonzalo Estrems, y enviada directamente por él de consejo
de su confesor. Recibida esta, los inquisidores enviarán al cura de Bonrepós, confesor del declarante,
para que le interrogue y para que pida su ratificación. AHN sec. Inq. Leg. 523, exp. 4.
131
En el proceso iniciado contra Josepha Tránsit, observamos que toma declaración a varios testigos fray
Joseph Vela, religioso dominico y rector perpetuo del colegio de Santiago y San Mathías, de dicha
ciudad, comisario del Santo Oficio en la misma ciudad de Tortosa. AHN sec. Inq. Leg. 528, exp. 8, fol.
5, entre otros.
132
Como sucede, por ejemplo, en la causa incoada contra Francisca Montoya, en la que encontramos
tomando declaraciones a Policarpo Rubio, racionero de Alpuente y comisario diputado para esta causa.
AHUV Varia, caja 51, exp. 8, fol. 2, entre otros.
76
Normalmente, esta primera declaración da paso a otras, en algunos casos del
mismo testigo y, en otras, de personas diferentes. Las delaciones pueden ir dirigidas
sólo a auto inculparse de algún delito o, también, pueden implicar a otras personas entre
aquellas que participaron de los mismos hechos. En este caso, nos encontraríamos ante
la fase sumaria del proceso o primeras investigaciones.
Por lo general observamos que la ratificación se encuentra al final de la
declaración o declaraciones del testigo, aunque en ocasiones se realiza años después de
la testificación. Hemos podido comprobar que, en general, el esquema seguido en la
ratificación se corresponde perfectamente con el modelo aportado por Pablo García en
su Orden de procesar en el Santo Oficio 133.
En este punto debemos apuntar que, como es lo habitual, cuando existe más de
un cómplice en un suceso que está siendo procesado, las declaraciones de los testigos
que implican a todos los participantes se copian en cada uno de los procesos. Así se
puede observar, en algunos casos, lo siguiente:

Concuerda con su original que queda en la cámara del secreto de esta Inquisición de
Valencia, en el proceso que se sigue contra Beatriz Montoya, a que me remito. Don
Joseph Palavicino y Figuerola 134.

Siempre se especifica tal hecho al finalizar la declaración, después de ser


firmada por el testigo, o por el comisario o inquisidor en su lugar 135, y por el secretario
que transcribe la declaración.
Asimismo, si ha habido varios implicados en el caso incoado, es muy posible
que se les procese paralelamente. Por ello las testificaciones, audiencias, respuestas a la
acusación y a la publicación de testigos, en las que se haga referencia a cualquiera de
los cómplices juzgados, serán copiadas en el proceso pertinente. Así, en un proceso
llevado a cabo por un delito en el que A y B estaban implicados, los fragmentos del
proceso de A en los que aparezca B, serán añadidos al proceso de B; y de igual modo si
es a la inversa. En general estos fragmentos suelen añadirse como una testificación

133
García, Pablo. Orden de processar en el Santo Oficio recopilado de las instrucciones antiguas y
modernas. En la imprenta real, Madrid, 1628, fols. 20-21. Además, según el mismo autor se ha de dejar
en blanco una parte del papel en la testificación para añadir posteriormente la ratificación, fol. 3.
134
AHN sec. Inq. Leg. 527, exp. 5, fol. 11.
135
En los casos en los que el testigo no sabe escribir.
77
más, pero en última instancia, después de tomadas las declaraciones a los demás
testigos 136.
Recogidas suficientes testificaciones 137 será el momento de solicitar a otros
tribunales de distrito que busquen en sus respectivos archivos del secreto informaciones
acerca del acusado. No en todos los procesos poseemos las averiguaciones enviadas por
los mismos distritos, existen algunos bastante comunes, como los de la Inquisición de
Corte, la de Valladolid, la de Cuenca, la de Barcelona, el de Murcia aunque en otros
aparecen representados el distrito de Sevilla, Córdoba… Es imposible saber la razón
por la que unas ocasiones se envían informaciones desde unos lugares y, en otras, desde
otros, puesto que en la mayoría de casos no se encuentra ninguna relación del reo. En
algún caso podría tratarse de un extravío de documentación por el tiempo que ha
transcurrido, sin embargo, también podría haber sucedido que el distrito de Valencia
escribiese a todos los tribunales para que realizasen estas pesquisas, pero no todos
contestasen a su petición. De todos modos, como hemos apuntado, resulta muy
complicado averiguar detalles de estas cuestiones a partir de la documentación
analizada.
No obstante, no dudamos de la operatividad y eficiencia de este método, puesto
que en algunos casos, si se llegan a averiguar acciones anteriores del reo encausado,
ayudaría a calificarlo y sentenciarlo como relapso.
De manera posterior observamos el modo en que se realiza una primera
calificación de los delitos que se le imputan al acusado. Esta calificación será realizada
por personas doctas y dignas de la confianza del Santo Oficio, que punto por punto o
mejor dicho, delito por delito, los irán clasificando o intentando clasificar dentro de las
tipologías delictivas inquisitoriales 138.
Finalizadas las declaraciones de los testigos y calificados los delitos,
constatamos que se realiza un primer voto, el que podríamos denominar voto a prisión,

136
Pablo García también nos indica en qué modo debe entresacarse la testificación de aquellos que son
cómplices del delito en Orden de procesar en el Santo Oficio… fol. 4 y también la ratificación de
aquellos cómplices, en fol. 21.
137
En algún caso la sumaria no irá más allá de las testificaciones, por tratarse de muy escasas pruebas.
Por lo que hemos podido observar esto sucede cuando se trata de una testificación, y en el caso de dos
testificaciones cuando se trata de familiares que acusan sobre lo mismo. Como sucede en el caso de
Antonio Pérez, en que serán marido y mujer los que testifiquen contra el acusado, y no parece que se siga
el proceso. AHUV Varia, caja 54, exp. 6.
138
Hemos añadido un ejemplo de esta calificación realizada durante la sumaria del proceso contra
Josepha Tránsit, en el apéndice documental, situado al final de este estudio. AHN sec. Inq. Leg. 528, exp.
8. Se trata del Documento número 1.
78
o puede decidirse que la causa debe suspenderse 139. Podemos documentar, entre
nuestras fuentes, algunas sumarias que observamos siendo suspendidas en esta fase. Sin
embargo también resulta curioso para la investigación conocer, a través de la
correspondencia enviada desde el tribunal de distrito al Consejo General, información
sobre las sumarias de los procesos 140. Así, entre el registro de la correspondencia,
podemos hallar muchos casos en los que, en unas líneas, se informa del envío
realizado 141 de la siguiente manera:

Con esta remitimos a V. A. en 83 hojas la sumaria información recebida en este Santo


Oficio por delitos de supersticiones y saca tesoros, contra fray Francisco Tárraga,
religioso sacerdote del Orden de san Francisco de Paula, natural del lugar de Alaquás y
conventual en su convento de San Sebastián, extramuros desta ciudad. Votado en la
conformidad que V. A. se sirvieron mandar […] mayo 11 de 1729 142.

Si se decide que la causa debe seguirse hasta la sentencia definitiva, podemos


encontrarnos con la decisión de encarcelar al reo o no. Este paso no podemos
observarlo en todas las ocasiones puesto que, al parecer, no siempre se consideró que el
reo pudiera escapar, como sí sucede en el caso de María Montoya, una gitana sin oficio
y sin residencia conocida:

Dixeron conformes que atento a que se ignora el domicilio, o abitación de la susodicha y


que se sabe reside al presente en la villa de Ontiniente de donde puede hazer fuga, sea
presa en cárceles secretas de este Santo Oficio, causa custodie. Y al tiempo de la prisión
se reconozca su persona y casa por si se le hallaren papeles u otra cosa que sea

139
En algún caso excepcional entre nuestras fuentes, el proceso se lleva a cabo en su totalidad y se
suspende en el momento de decidir una sentencia. Es el caso de Pedro Juan Barrera, por ejemplo, aunque
en su caso, y el de alguno de sus cómplices, es muy posible que los acontecimientos externos (la Guerra
de Sucesión) imprimiesen un carácter excepcional a la causa, como veremos. AHN sec. Inq. Leg. 523,
exp. 8.
140
También se envían los procesos, siendo así denominados en la correspondencia.
141
No podemos comprobar este hecho en todos los procesos, aunque sí en algunos. Lo que parece
confirmar el envío de estas sumarias. Observamos la remisión de la sumaria desde el Consejo, de nuevo al
tribunal en casos como por ejemplo el de Bautista Bosch en AHN sec. Inq. Leg. 1786, exp. 9, fol. 37.
142
AHN sec. Inq. Leg. 504, exp. 1, fol. 58. Podríamos pensar que sólo sucedía esto con las sumarias
relativas a los procesos por superstición, pero tan sólo un folio antes, por ejemplo, conservamos el
registro del envío de una sumaria al Consejo por un proceso de poligamia. Asimismo, en la Alegación
fiscal llevada a cabo contra el mismo Francisco Tárraga, consta que su proceso fue seguido hasta la
definitiva, puesto que aparece esta petición del inquisidor fiscal y las posteriores diligencias realizadas,
como son la acusación formal y las respuestas del reo, la calificación en plenario. Sin embargo, no se nos
informa de la sentencia definitiva, como sucede en la mayoría de Alegaciones Fiscales. AHN sec. Inq.
Leg. 3725, exp. 226.
79
supersticiosa. Y concluida la sumaria se vuelva a ver y votar. Assí lo votaron y
rubricaron 143.

Este voto se transforma en un mandamiento de prisión, realizado a nombre del


alguacil del Santo Oficio, que los inquisidores transmitirán a sus ministros y familiares
para que lo hagan efectivo. En esta orden se indica que una vez encuentren al acusado
lo entreguen al alcaide de las cárceles de la Inquisición. En otras ocasiones, este
mandamiento de prisión será transmitido, a través del inquisidor fiscal o de algún otro
ministro, a los funcionarios reales para que entreguen al reo que en ese momento se
halla bajo la jurisdicción secular a manos del tribunal inquisitorial 144.
Tampoco suele ser raro encontrar, en el mismo mandamiento, una orden para
secuestrar los bienes del acusado 145. No obstante, es un hecho común el que se intenten
conseguir los ocho ducados destinados a la manutención del reo en las cárceles a costa
de sus pertenencias. Y, una vez el reo sea detenido, se le realizará un registro en el
denominado cuarto del reconocimiento. La búsqueda se centra en algún posible objeto
o escrito que estuviera prohibido y en los elementos de valor que el reo pueda llevar
encima 146. Todo ello se le requisará antes de entrar en la prisión 147.
En algunos casos se observa la realización de una audiencia de hacienda, en la
que el reo responde ante los inquisidores sobre una serie de cuestiones acerca de sus
posesiones y riquezas. No podemos afirmar la causa por la que en unos casos aparece
esta audiencia y en otros no. En principio llegamos a considerar que podía tratarse de
un paso que no se aplicaba a las personas vagantes y sin oficio conocido, no obstante,
algún ejemplo, como el de Baltasar Fernández de Sanzo, nos hizo dudar acerca de esta
conclusión. Este hombre era un soldado retirado de Madrid que se había trasladado a
Valencia y vivía de la misericordia que con él demostraban algunos conocidos 148.

143
AHN sec. Inq. Leg. 527, exp. 5, fol. 79.
144
Como en el caso de Joseph Kelly en el que este se encuentra en el momento de ser apresado por la
Inquisición en “carceles reales”. AHUV Varia, caja 53, exp. 4, fol. 28.
145
Como por ejemplo en los casos de Serafina Fuertes, en AHN sec. Inq. Leg. 3725, exp. 193, el de
Vicenta Salvador en ibídem, leg. 1785, exp. 10, Bautista Bosch en ibídem, leg. 1786, exp. 9, fol. 36; entre
otros.
146
No solo observamos este hecho en la documentación analizada, sino que también podemos verificar
este paso a través de Argüello, Gaspar Isidro de. Instrucciones del Santo Oficio de la Inquisición
sumariamente antiguas y nuevas. En la Imprenta Real, Madrid, 1630, fol. 28.
147
Suponemos que en el caso de los objetos de valor, estos podrían ser vendidos para la manutención del
reo en cárceles, si no se hubiera encontrado dinero con el que pagar estas costas.
148
También se dispondrá una audiencia de hacienda para Alonso Lorenzo, cristiano nuevo, AHN sec. Inq.
Leg. 525, exp. 19.
80
Tampoco esta audiencia aparece en todos aquellos procesos incoados contra personajes
residentes de manera permanente en un lugar 149, lo que debía facilitar que tuvieran
algún tipo de bien material ya fuera mueble o inmueble 150.
No hemos logrado encontrar entre las instrucciones consultadas ninguna
referencia a este tipo de audiencia ni a las causas que podían conllevar que se realizase.
Sólo podríamos llegar a exponer un porqué, aunque se trataría más de una sospecha que
de una hipótesis. Podría suceder que la institución hubiera averiguado, de manera
indirecta, que el acusado tenía alguna posesión susceptible de ser secuestrada o, una vez
finalizado el proceso, confiscada, y por ello se le requiriesen más datos al respecto.
Una vez superados los primeros pasos solemos encontrar, en primera instancia,
las audiencias realizadas al reo. Tres son las audiencias previstas y tres las moniciones
que se le administran, aunque a algunos de ellos comparecerían muchas más audiencias.
Asimismo, en nuestro caso también hemos encontrado muchos acusados que después
incluso de haber pasado las tres audiencias de rigor, solicitarán varias audiencias
voluntarias o exhortarán al tribunal para que les proporcione papel y tinta, para ir
escribiendo los hechos de los que se van acordando mientras están en su celda. En estos
casos el proceso suele convertirse en un mare magnum de datos, no siempre bien
ordenados, donde se expresan sucesos de la más diversa índole.
En el segundo volumen de la Historia de la Inquisición en España y América151,
ya se nos informa de que, cuando el Santo Oficio dirigió la represión hacia delitos
diferentes de los cometidos por los conversos, el interrogatorio previo del reo, que era
un instrumento eficaz para acelerar el proceso contra este, perdió toda su eficacia, pues
los acusados inundaban de datos sus confesiones lo que provocaba la difícil tipificación
del delito 152.
En los ejemplos estudiados para este trabajo, podemos observar que la confesión
sigue siendo un pilar fundamental del procedimiento inquisitorial, y aunque es verdad
que los acusados suelen inundarla de datos, resultan de un gran interés para nuestro

149
Y tampoco la cronología parece ser la clave pues las fechas de las causas en las que aparece son
bastante dispares: 1717, 1736, 1742…
150
En el apéndice documental hemos dispuesto la transcripción de una audiencia de hacienda realizada a
Juan Andrés Simon Blanch, mercader. AHN sec. Inq. Leg. 527, exp. 2, fol 26. Se trata del documento
número 3.
151
En concreto, el artículo escrito por Aguilera Barchet, B., y titulado: “El procedimiento de la
Inquisición española” en Pérez Villanueva J. y Escandell Bonet, B. (Eds.), Historia de la Inquisición en
España y América, volumen II, Madrid, BAC, 1984, págs. 334-558.
152
Ibidem, págs. 390 y 391.
81
análisis. Todas las audiencias que se le realizan al reo, si este no resulta negativo, nos
aportan mucha y muy variada información. No obstante, la primera aporta información
esencial acerca del reo y de sus antecesores, sus oficios, su condición o no de cristianos
viejos, o si alguno ha sido procesado por el Santo Oficio con anterioridad.
Asimismo, conocemos datos esenciales acerca de la vida de nuestros
protagonistas, pues en ella se detalla la historia de su vida: dónde nació y creció, dónde
ha trabajado, si ha aprendido a leer y escribir, si ha viajado y, lo más importante para los
inquisidores, qué hechos y dichos ha cometido contra la fe y contra la Santa Madre
Iglesia. Por otra parte, a través de las moniciones, los inquisidores se encargaban de
instar al reo para que confesase todos sus delitos, recordándole la benignidad y
misericordia que el Santo Oficio usaba con sus buenos confitentes.
Como hemos apuntado con anterioridad, en alguno de los casos analizados el
acusado sólo coopera de una manera parcial, admitiendo parte de las acusaciones, o se
niega a colaborar manteniéndose negativo 153. En la mayoría de las ocasiones, el reo
acabará por doblarse ante el tribunal 154 pero, hemos encontrado algún ejemplo en el que
el acusado se mantendrá firme en su negativa 155. Las declaraciones del reo también
debían ser ratificadas en plenario para seguir con rectitud el proceso.
Además, un hecho que revestía bastante importancia, al menos en teoría, era la
presencia de varias personas en la confesión de los reos. Según Eymerich debían ser
cinco las personas presentes en la confesión 156. Supuestamente, debían concurrir en las
audiencias realizadas al acusado: uno de los inquisidores o su comisario, dos personas
doctas de total confianza para el Santo Oficio, el notario/secretario, y el reo. En la
práctica, y como podemos ver en los procesos estudiados, esta situación no suele darse,
pues en las audiencias realizadas de oficio al reo, solamente percibimos la figura de
alguno de los dos inquisidores (o de los dos), y del secretario o notario que da fe y
transcribe la declaración del acusado.
De hecho, en la única parte del proceso en la que podemos observar una mayor
presencia de funcionarios o personajes vinculados al Santo Oficio es en la ratificación,

153
Cómo por ejemplo en las causas contra Joseph Kelly, AHUV Varia, caja 53, exp. 4 y contra Francisca
Montoya alias Bustamante, ibidem, caja 51, exp. 8.
154
En el caso de Francisca Montoya por ejemplo, parece que realiza una confesión espontánea a raíz de la
petición de puesta a cuestión de tormento por parte del fiscal de la Inquisición para que diga la verdad y
se ratifique en sus confesiones. AHUV Varia, caja 51/8, fol. 53.
155
Como sucederá con Josepha Cosergues, AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 39.
156
Aguilera Barchet, B., “El procedimiento de la Inquisición española”... Pág. 377.
82
tanto de los testigos como del acusado, donde sí aparecen frecuentemente dos personas
doctas y de confianza. De todas formas, debemos matizar que esta presencia tampoco
se repetía en todos los procesos 157, ni siquiera dentro de un mismo proceso se producía
siempre.
Después de las tres audiencias realizadas al inculpado, el fiscal debía abrir una
nueva parte del procedimiento. Este ministro del Tribunal realizaría la acusación formal
de todos los delitos, pormenorizadamente, abriéndose la fase acusatoria del proceso. En
este paso se relatan todos y cada uno de los sucesos, con mucho detalle, aunque sin
nombrar personas ni lugares 158.
Hecho esto, el imputado debía contestar a las acusaciones hechas por el fiscal.
Al igual que en la calificación, se numeraban los hechos de los que se acusaba al reo en
capítulos para facilitar su posterior contestación y, así, poder comparar de mejor manera
un hecho concreto con la contestación que el acusado daría sobre ella. También
Aguilera Barchet se refiere a ello cuando apunta que, en un principio, las actas
acusatorias eran breves, pero se fueron haciendo más largas, sobre todo en aquellas
causas en las que la tipificación delictiva de la conducta del reo resultaba más
compleja 159.
Tras esto, y para seguir la legalidad, los inquisidores informaban al imputado de
que, si así lo deseaba, podía disponer de un abogado que le defendiese y velase por su
causa. Sin embargo este letrado no podía ser una persona cualquiera, sino que el
acusado debía escoger de entre los dos propuestos por el tribunal. Aun así,
normalmente, se aceptaba al defensor, el cual ayudaría al reo en la preparación de su
defensa pero también le instaba a que confesase la verdad y le desengañaba de sus
errores, si los hubiere cometido. Solía ser habitual que, delante del abogado defensor,
se leyesen las confesiones del reo realizadas en las diferentes audiencias y, también, las
diferentes acusaciones que se le habían imputado, y sus respuestas a ello.
157
Cuando según Eymerich era imprescindible. Aguilera Barchet, B., “El procedimiento de la Inquisición
española”... Pág. 377.
158
Citaremos el ejemplo del acta de acusación realizada por el fiscal Thomas Ginart y March contra
Baltasar Fernández de Sanzo AHUV Varia, caja 53, exp. 3, fols. 71-77: “El secretario, que hago oficio de
fiscal, en la mejor forma que haya lugar en derecho [...] en grave daño de su conciencia y menosprecio de
la Justicia Divina y de la que, santa y rectamente, se administra en el Santo Oficio, ha cometido delitos
de: superstición sacrílega jactanciosa, con expressa invocación del demonio y pacto explícito con él, y
sospecha de culto y de idolatría, y doctrinas y proposiciones erróneas, con blasfemias hereticales y
formalmente heréticas, con impiedad [...] jactancia y escándalo, de que generalmente le acuso y en
especial en la forma y manera siguiente”. Luego se indican, punto por punto, los delitos que ha cometido
el reo.
159
Aguilera Barchet, B., “El procedimiento de la Inquisición española”… Pág. 394.
83
Con fecha posterior se realizaba la publicación de testigos, aunque antes de
iniciar la relación de los capítulos declarados por los testigos se le daría al acusado
audiencia de publicación, informándole del comienzo de esta nueva parte de la causa y
volviéndole a demandar la confesión de todas sus faltas. En la publicación de testigos
se relataban los testimonios o deposiciones recibidas contra el reo pero sin detallar los
lugares, las fechas ni, por supuesto, los nombres de las personas que habían testificado,
ni los de aquellas personas a las que hacían referencia en su testimonio. Los declarantes
parecen ser ordenados cronológicamente según la fecha de su deposición, aunque esto
dependerá siempre del criterio que desee seguir el fiscal. Los hechos que se detallaban
eran divididos en capítulos, como en el caso de la calificación y de la acusación, para
ser contestados de manera ordenada por el procesado.
Habiendo escuchado la publicación, era el turno del reo para dar su réplica o
contestación a estos testigos. Aquí el acusado intentaba explicar sus hechos y
comportamientos testigo a testigo y capítulo a capítulo. Incluso, tenía la oportunidad de
negar ciertos delitos 160, para lo cual procuraba alguna explicación plausible a la
confusión generada a raíz de su comportamiento.
Una diferencia básica que encontraríamos entre los procesos de etapas anteriores
y los que tratamos en este estudio es que, ni siquiera en las fuentes más completas que
poseemos para esta época nos es fácil encontrar el procedimiento de tacha de testigos.
En los primeros tiempos de la Inquisición, los reos podían intentar desenmascarar a sus
posibles detractores o enemigos a raíz de la publicación de los testimonios, para así
evitar que estos fuesen tomados en cuenta por los funcionarios del Santo Oficio. En
nuestras fuentes, aunque se produce la contestación de los testimonios tras su
publicación, no parece utilizarse esta práctica salvo en muy escasas ocasiones 161. Esto
no quiere decir que no fuera viable realizar una tacha de testigos sólo que, es posible,
que este paso fuese entrando en desuso con el pasar de los años o que, en la mayoría de

160
AHUV Varia, caja 51, exp. 8, fol. 81: “Al testigo 7º, Capítulo único, dixo que es falso que esta reo y
su hija ayan hecho en Liria el enredo y embuste que se dize en el capítulo, ni otro; pues quienes le
hizieron fueron otras dos gitanas, madre e hija, llamadas Ana de Montoya, según le parece, y Serafina
Escudero, y que la madre murió después en Alaquaz”.
161
En el caso de Juan Andrés Simón Blanch, por ejemplo, el reo en su primera audiencia presume haber
sido acusado por un par de personas que, según él, podrían desearle mal por una serie de rencillas.
Además durante la publicación de testigos parece reconocer a estas personas como a sus acusadores.
Durante el proceso no se hace referencia a la tacha, pero suponemos que esto debió tener que ver en la
valoración negativa de estos declarantes. AHN sec. Inq. Leg. 527, exp. 2, fols. 30-33.
84
los procesos a los que hemos tenido acceso, el acusado no supiese exactamente quien
podía haberle denunciado.
Esta publicación de testigos, más las respuestas del reo, son comunicadas por
este a su abogado defensor junto con el que prepararía su defensa. La defensa solía
consistir en la presentación de un alegato, organizado y redactado por el abogado
defensor, que tomaba los datos recabados durante el proceso y se esforzaba en resaltar
la colaboración que había presentado el reo en todos los pasos de aquel para,
posteriormente, realizar una súplica para obtener la absolución. En el escrito, el reo
pedía perdón por las faltas en que hubiera podido incurrir y pedía la misericordia del
tribunal. Estos alegatos suelen presentar una forma mecánica estereotipada, salvo en
aquellos pasos en los que se hace referencia sustancial a los hechos acontecidos durante
el proceso. Sólo en algunos casos, esta defensa cuenta también con algunos testimonios
que apoyan al acusado con su declaración 162, son los denominados testigos de abono.
Finalizadas todas las fases probatorias, las fases acusatoria y defensora, se
produce la conclusión del proceso, en la cual se le preguntaba de nuevo al acusado si
debía añadir alguna cosa o detalle a los que habían ido surgiendo a lo largo del proceso.
Posteriormente se iniciaba una nueva calificación del proceso 163. Por segunda vez, se
reunían ante los Inquisidores una serie de personas doctas y de confianza para el Santo
Oficio que calificarían, de nuevo, al reo. Los asistentes a esta fase eran variables. Esta
podía realizarse con un inquisidor, asistiendo solo, o con ambos, según las
circunstancias. Asimismo, aunque generalmente solemos detectar la presencia de cuatro
calificadores, su número también parece variable según el caso. En algún momento
hemos llegado a observar sólo dos personajes calificando el caso 164 o, incluso, seis 165.
Sin embargo, en esta ocasión no se trata de una calificación de los delitos en sí
misma sino, más bien, de una calificación de las confesiones y declaraciones que el
acusado ha realizado a lo largo de la causa. En este momento los calificadores deciden
si las audiencias, las respuestas a la acusación, a la publicación de testigos y las
defensas presentadas evacúan alguna de las censuras o calificaciones dadas en la

162
Podemos informar de los casos de Luis Martí, AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 37 o Juan Andrés Simón,
ibídem, leg. 527, exp. 2.
163
Observamos tal calificación en el apéndice documental. Hemos elegido, de nuevo, el caso de Josepha
Tránsit, como en la anterior calificación, para observar las similitudes y diferencias entre una y otra. AHN
sec. Inq. Leg. 528, exp. 8. Remitimos al documento 2 del apéndice documental.
164
Sucede por ejemplo en el caso de María Montoya, AHN sec. Inq. Leg. 527, exp. 5, fol. 160.
165
Caso que observamos, por ejemplo en la alegación fiscal perteneciente al proceso incoado contra
Manuel Fernández de Sousa, AHN sec. Inq. Leg. 3725, exp. 125.
85
primera parte del proceso, la de la sumaria. En resumen, en este paso se considera si el
reo ha dado respuestas válidas y oportunas a las acusaciones determinadas por los
testigos de cargo y trasladadas por el fiscal al tribunal. En ella, por tanto, se decide la
sospecha final de la peligrosidad que el reo supone para la fe.
Hecho esto, los señores Inquisidores, acompañados de un representante de la
Iglesia metropolitana de Valencia 166, discuten acerca de lo visto en el proceso para
llevar a cabo un primer voto de la sentencia y la pena que se le deben administrar al reo.
Este voto de la sentencia definitiva podía ser unánime o no serlo. En general, no hemos
percibido demasiadas discrepancias en el momento de votar una sentencia. Sólo parece
suceder en algún caso aislado 167, aunque esto no significa que no pudiesen existir.
Posteriormente al voto es habitual encontrar uno o dos folios provenientes del
Consejo General de Inquisición en los cuales se informa de la devolución del proceso en
bloque y, además, donde se ratifica o se cambia la sentencia que debe administrarse al
reo expuesto. Encontramos estas devoluciones de procesos, porque aquellos habían sido
enviados a la Suprema. A través de la correspondencia generada por el tribunal y
remitida al Consejo, se observa el registro del envío de todos los folios correspondientes
a la causa, para que esta instancia corroborara o rectificara la decisión tomada en el
tribunal de distrito:

Con esta remitimos a V.A. en 140 hojas el proceso causado en este Santo Oficio, por
delitos de supersticiones, contra Juan Camillet, alias la Roca, soldado granadero en el
regimiento de Irlanda, natural de la Roca en el reyno de Francia y recidente en la villa de
Liria, preso en cárceles secretas de esta Inquisición con embargo de bienes. Votado en
definitiva en la conformidad que V.A. se servirá mandar […] Inquisición de Valencia y
julio 21 de 1732. Licenciados La Rassa y Zepeda 168.

Con ello detectamos una cierta dependencia del Consejo General, por parte
tribunal de distrito, durante el desarrollo de los procesos. A través de algunas obras que
tratan el procedimiento de los tribunales de distrito, como es el caso del artículo

166
En ocasiones un pavorde (pavordre), otras un canónigo (canonje), etc.
167
Volveremos sobre ello en el último capítulo de esta parte, sin embargo, por referir algún ejemplo,
tenemos el de Beatriz Montoya en AHN sec. Inq. Leg. 526, exp. 11, fol. 76.
168
Ibidem, leg. 504, exp. 1, fol. 113.
86
elaborado por Jean Pierre Dedieu: L’Inquisition et le droit 169, hemos podido observar
que los tribunales de distrito debían consultar con el Consejo General la continuidad o
no de una causa hasta la sentencia definitiva, o la resolución de esta sentencia, sólo en
caso de que existiese una discrepancia en los votos de los inquisidores. Si la votación
resultaba unánime no se requeriría de la intervención del Consejo en el proceso que se
estaba llevando a cabo 170.
Sin embargo, este esquema no se cumple en muchos de los procesos analizados
para este estudio. Aunque, por supuesto, tenemos muy en cuenta la parcialidad de
nuestras fuentes, advertimos que el envío a la Suprema del primer voto de los
inquisidores en relación a la sentencia definitiva, se produce aunque exista un acuerdo
entre ellos y el ordinario, para que sea ratificada por aquel organismo. Por tanto, según
el estudio de Dedieu, en estos casos, no debería haberse enviado el proceso ni la
propuesta de sentencia al Consejo General para que este la ratificase 171. A pesar de que
en un principio creímos que este paso podía llegar a ralentizar mucho la consecución de
los procesos, nos encontramos con que las fechas consignadas para el voto y el envío de
la resolución del Consejo distaban generalmente menos de un mes 172.
Así, los señores del Consejo darán las instrucciones pertinentes acerca de la
sentencia y las penas que se deben administrar al reo. Estas, en algunos casos, tienen
muy poco que ver con la decisión previa tomada por el tribunal de distrito en Valencia.
Lea ya nos informaba de la asiduidad con la que el Consejo General llega a involucrarse
en todo tipo de causas, hasta el punto de que los inquisidores no resuelven nada sin su
intervención. Asimismo, el autor resalta que estas interferencias solían decantarse por
impartir condenas más benignas que las que los tribunales regionales hubieran podido
votar 173. Al parecer, la centralización llevada a cabo durante los siglos antecedentes por
parte de la institución inquisitorial acabará afectando muy profundamente a la
discrecionalidad de los inquisidores de distrito a la hora de juzgar.
169
Dedieu, Jean Pierre. “L’Inquisition et le droit: analyse formelle de la procédure inquisitoriale en cause
de foi” en Mélanges de la Casa de Velázquez, tomo 23, 1987, págs. 227-251.
170
Dedieu, J. P. “L’Inquisition et le droit: analyse formelle de la procédure… Pág. 241 y 245. Dedieu nos
transmite todas las posibilidades del sistema procesal en un croquis netamente revelador.
171
No obstante Lea expresa que en una carta acordada de 1625 se ordena no ejecutar ninguna sentencia de
azotes, galeras, penitencia pública o vergüenza hasta que el proceso fuera sometido a la Suprema. A
partir de este hecho fue aumentando su control sobre los casos individuales, hasta que en 1647 dispuso
que todas las sentencias le fuesen sometidas nada más pronunciadas. Lea H. Ch. Historia de la
Inquisición… vol. II, pág. 39.
172
Salvo en algún caso, como por ejemplo el de Josepha Cosergues, en AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 39.
En este caso concreto entre el primer voto y la sentencia definitiva pasarán casi dos años.
173
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… vol. II, págs. 40-42.
87
No obstante, la diferencia que encontramos, entre los ejemplos analizados, con
respecto a las ideas de Lea es que existe algún proceso en el que el Consejo no
interviene para ofrecer una solución más misericordiosa y benigna, sino para
implementar más dureza en la resolución. No deseamos detenernos en estos aspectos,
puesto que incidiremos más en ello en los siguientes apartados de nuestro estudio, que
dedicaremos al estudio de las sentencias y las penas, y a las diferencias entre el voto de
los inquisidores de distrito y los señores del Consejo.
Lógicamente, los inquisidores valencianos acatarían la decisión de la Suprema
acerca del reo, al que se le leería la sentencia de manera pública o privada 174, en un
Auto de Fe público o particular, o en la sala del tribunal, a puertas abiertas o cerradas.
No vamos a incidir aquí en el tipo y la variedad de las sentencias y de las penas
impuestas por el tribunal puesto que nos parece una temática lo suficientemente
importante como para dedicarle un apartado propio. Este nos ayudará a conocer, un
poco más, la actitud del tribunal frente a las prácticas expuestas en la segunda parte de
nuestro estudio.
En última instancia, los Inquisidores solían llamar al reo para interrogarle sobre
los avisos de cárcel, es decir, para conocer si existía algún tipo de comunicación en el
interior de las cárceles secretas, bien entre los presos, o bien entre ellos y el exterior.
Generalmente las preguntas no sólo iban dirigidas a conocer el comportamiento de los
presos, sino que eran utilizadas para averiguar si existía algún funcionario en las
cárceles secretas que permitiese estas comunicaciones.
Antes de realizar un estudio pormenorizado de todas nuestras fuentes,
pensábamos que este requerimiento por parte de los Inquisidores en la conclusión del
proceso podía realizarse de manera mecánica y que, tal vez, no existiera una amenaza
real de filtración de informaciones en las cárceles. Sin embargo, gracias a la
correspondencia que mantuvo el tribunal valenciano con el Consejo, hemos encontrado
datos que revelan el peligro real de esta comunicación.
En el análisis de estas cartas nos llamó la atención el relato de un incendio
sucedido en una de las cárceles secretas en 1739 175, que propició la fuga de algunos
presos y que segó la vida de otro. El fuego había prendido desde dentro de la celda de

174
Como por ejemplo en los caso de Luis Noalles AHUV Varia, caja 53, exp. 1, fol. 52-55, y el de
Baltasar Fernández de Sanzo en ibidem, caja 53, exp. 3, fols. 107-109.
175
AHN sec. Inq. Leg. 504, exp. 1, fols. 202-203. Se hace referencia, al margen, a que otro incendio
parecido sucedió en 1768.
88
la víctima, Joseph Portales, procesado por delitos de supersticiones. El suceso en sí
resultaba interesante, pero además, nos mostró las diligencias posteriores a estos
acontecimientos. No sólo se llevó a cabo una investigación dentro de la cárcel para
determinar si el preso había tenido algún cómplice, sino que se presentaron cargos
contra el alcaide de la prisión, por determinarse que había faltado a sus competencias ya
que, por un supuesto descuido, los prisioneros habrían podido huir.
Pero lo más importante del caso, en relación a nuestra investigación, se presenta
posteriormente cuando se reconoce que la comunicación entre los presos de la cárcel es
imposible de evitar por las características de la prisión:

Las comunicaciones de presos desde sus cárceles es quasi imposible de evitar en la de


este tribunal, por su situación y planta, que es de un quadro con todas las ventanas a un
mismo patio, que está en medio, sin registro alguno desde la habitación del alcayde. Por
lo que en tiempo de complicidades necesita quedarse dentro con gran descomodidad para
escuchar 176.

El alcaide se apoyará en esta idea para defender su causa, demandando que se


realizase una obra para habilitar un pequeño cuarto que, desde sus aposentos, tuviera
una ventana al mismo patio, para poder escuchar las conversaciones de los presos en la
cárcel y para poder reaccionar mejor y más rápidamente a los sucesos que en ella
ocurriesen.
Estos hechos nos obligaron a concluir que la comunicación entre presos e,
incluso, entre los presos y el exterior en las cárceles inquisitoriales podía no ser tan
dificultosa como las instrucciones habrían deseado. Por ello la pregunta, en sí, no
resultaría mecánica, aunque podemos llegar a dudar de la veracidad de las respuestas de
los acusados 177.
Una vez finalizado el proceso, poseemos algunos ejemplos donde observamos
que las informaciones acerca del reo pueden continuar durante un tiempo, mediante
cartas entre las diferentes instancias inquisitoriales. En ocasiones se observa algún
calificador que, durante el destierro del reo debía ocuparse de su reconducción en la fe y
de la vigilancia de sus costumbres, escribe al tribunal para demandar clemencia en favor
del acusado. Generalmente este tipo de correspondencia se genera por una súplica del

176
AHN sec. Inq. Leg. 504, exp. 1, fol. 204.
177
Pues no encontramos referencias a comunicación alguna.
89
reo debido a su mala situación económica o de salud, y pretende mover la conciencia
del tribunal para que perdonen la pequeña porción de tiempo que resta de su penitencia.
En otros casos, por ejemplo, si se comprueba que el acusado ha huido, el tribunal
se afana en escribir a las demás inquisiciones de distrito o, directamente, se dirige al
Consejo General para que se ponga en conocimiento de toda la Inquisición el
mandamiento de búsqueda y captura del reo prófugo.
Señalar, por último, que el proceso tiene una especie de portada, cuya finalidad
es poder, de un solo vistazo, conocer unos detalles básicos de él. Realmente no
conocemos el momento exacto en que esta portada fue realizada, aunque parece que los
diferentes apuntes fueron escritos según se iba desarrollando el proceso, hasta el apunte
de la sentencia como punto y final del expediente. Además su conformación parece
establecida por los secretarios o notarios que transcribieron toda la causa. En cambio, la
etiqueta que hace referencia a la tipología del delito pudo haber sido escrita por alguno
de aquellos, o bien por algún ministro del secreto con la finalidad de poder organizar
mejor el archivo del secreto.
Como veremos en el apéndice documental 178, esta portada se compone de una
serie datos, algunos de los cuales se presentan siempre y, otros, sólo en ocasiones. En el
margen superior derecho encontramos el año en que se produjo el proceso. Esta fecha
no suele ser la del primer testimonio aportado a la causa, pero tampoco la de su
conclusión o sentencia. En muchos casos, estamos ante la fecha en que las sumarias
investigaciones dan paso al proceso en sí, para alcanzar hasta la sentencia definitiva. En
el centro de la portada, un poco en ángulo superior observamos, generalmente, un rótulo
que reza: El señor inquisidor fiscal de este Santo Oficio contra. Bajo este anuncio se
anota el nombre del procesado y, según los datos que se conozcan de él, el lugar donde
habitaba, el lugar del que era natural y, en ocasiones, se considera apuntar su profesión
o, si se trata de una mujer, el nombre y la profesión del marido.
En el margen superior izquierdo se anota una especie de etiqueta o resumen, que
conceptualiza en uno o dos términos el cargo que se le imputa al acusado. Asimismo,
en algunos casos encontramos, en la parte central inferior, otras anotaciones aparece
distribuidas en dos ámbitos. A la derecha se escriben, en ocasiones, el número de
testigos que deponen en el proceso, algún apunte sobre las fases de este (las audiencias,

178
En el apéndice documental veremos algunas de las portadas a la que nos referimos. Se trata del
documento 4.
90
la publicación de testigos…) y, a la izquierda encontramos, a veces, otros escritos
referentes a la causa o su resolución resumida 179.
Debemos apuntar que, en muchas ocasiones, la etiqueta a la que hemos aludido
no refleja realmente la globalidad y complejidad de las prácticas a las que se enfrentó el
tribunal del distrito valenciano. Tal vez, al resumir o intentar conceptualizar los hechos
vistos en el proceso de manera sintética, estos se simplificaron sobremanera. Así, en un
proceso en el que observamos el uso de sanaciones mágicas, de muchísimas prácticas
para atraer el amor, de frecuentes reuniones de mujeres en las cuales se decide realizar
maleficios a diferentes personas, esas prácticas de maleficio, invocaciones demoníacas,
etc. pueden llegar a ser resumidas en esta etiqueta como Hechicerías. De la misma
manera otro en el que también se relatan diferentes maleficios para los cuales se invoca
al demonio y demás cuestiones, fue etiquetado como Supersticiones 180.
Es en esa etiqueta, en su simplificación, donde se genera la idea básica de la
institución acerca de los fenómenos mágicos. Se trata de una tipificación sencilla que,
en numerosas ocasiones, generaliza los sucesos y las creencias que afectan a los
protagonistas de los procesos bajo el término superstición o supersticiones. Y que, sólo
en algunos casos, añade alguna coletilla al término indicando la realización de un pacto
demoníaco o el recurso al maleficio mientras, en otros, el recurso al demonio o a otras
prácticas no se ven reflejadas en la etiqueta. También en muchos casos viene utilizado
el concepto saca-tesoros, al que se pueden llegar a añadir detalles como: embustero/a,
sospecha de pacto o supersticiones.
En escasos procesos se llegará a nombrar la magia 181 o la astrología, la
hechicería o algún otro concepto que pueda llegar a especificar de manera somera y
simple unas creencias tan complejas como aquellos personajes que creyeron en ellas.
Pero, sobre todo, lo que no hemos podido encontrar en este tipo de portadas es una
etiqueta que haga referencia al delito de brujería.
Sólo en algunos ejemplos, hemos encontrado una alusión a este tipo de
acusaciones en el margen izquierdo de alguna sumaria. Debemos apuntar que, en estos
casos, no se trata de procesos completos con su portada de rigor sino que son

179
En ocasiones encontramos la referencia de que el proceso fue suspendido o de que el reo fue
penitenciado, etc.
180
Hablamos respectivamente de las causas contra Josepha Tránsit, en AHN sec. Inq. Leg. 528, exp. 8 y
Bautista Guillén, en ibídem leg. 525, exp. 13, por poner algún ejemplo de complejidad.
181
Etiquetada como mágica, en los escasos procesos en los que encontramos alguna referencia.
91
testificaciones sueltas a las que alguien parece haber añadido una etiqueta en el margen
para conocer rápidamente su contenido. Asimismo, se trata de testimonios o pequeñas
investigaciones iniciadas por comisarios o delegados de lugares lejanos a la capital.
Ya hemos señalado que no conocemos exactamente quien realizó estos
apuntamientos en los procesos. Sin embargo no deja de resultar curioso que la alusión a
las prácticas de brujería sólo se encuentre en estos casos, lo que podría llegar a revelar
que estos no fueron efectuados por las mismas personas que en el resto de ocasiones.
Si debiésemos elaborar algún tipo de conclusión al respecto del procedimiento
inquisitorial, que hemos podido estudiar a raíz de la documentación analizada, sería
obligatorio destacar la gran centralización a la que ha quedado sometida la institución.
El tribunal de distrito se halla como mero faro administrativo sin prácticamente
capacidad de decisión en los procesos a los que se enfrenta. Con ello no pretendemos
ningunear la importancia de los inquisidores de distrito dentro de la institución o
insinuar una falta de interés y fervor en su defensa de la fe pues, por lo que hemos
podido comprobar a lo largo de nuestro estudio, su calidad de funcionarios y de juristas
a sueldo no pareció imprimirles menor fervor en el cumplimiento de su deber 182.

182
Caro Baroja, Julio. El señor inquisidor y otras vidas por oficio. Alianza, Madrid, 1968, págs. 27-28,
donde relata la sensación del trabajo bien hecho que debíeron poseer estos funcionarios.
92
3. La sentencia y el castigo

De entre los expedientes que pudimos recopilar pertenecientes al siglo XVIII y


referentes los delitos relacionados con la magia en Valencia, sólo podemos acceder a la
conclusión de la causa en 53 de los casos. Se trata de una muestra escasa pero
significativa de las decisiones que se tomaron en razón de estos delitos. Cierto es que
en alguno de ellos la referencia a la sentencia definitiva es muy escueta, pudiendo
conocer, con ella, sólo los grandes rasgos en los que la Inquisición había dividido las
puniciones. Nos referimos a las clasificaciones nada detalladas, como la referencia a
que la causa fue suspendida o que el reo fue penitenciado. Aunque son escasas las
ocasiones en que sucede esto, debemos también tenerlo en cuenta en nuestro análisis.
Debiendo examinar las sentencias en primer lugar, tendríamos que en dieciséis
casos la institución decidirá suspender el proceso. Debemos adentrarnos en la
explicación de estas suspensiones, puesto que no siempre se realizarán por iniciativa del
tribunal de distrito. La suspensión de una causa puede darse en cualquier momento del
proceso, al menos por lo que hemos podido vislumbrar durante nuestro estudio.
Como advertíamos en el análisis procedimental, la declaración de varios testigos
no tenía por qué significar el inicio de un proceso. Estas testificaciones quedarían en el
secreto de la Inquisición en espera de nuevos indicios que ayudasen a imputar al
sospechoso en la fe. No obstante, en ocasiones, se presentaron varios testigos acusando
a una persona de haber contravenido la doctrina católica pero, el tribunal, por diferentes
razones, pudo decidir suspender la causa sin pasar por todas las fases procedimentales.
En pocas palabras, en este caso el tribunal prefirió no seguir la causa hasta la sentencia
definitiva, quedando el caso en meras informaciones sumarias y, generalmente, con su
correspondiente calificación.
Los casos más recurrentes en los que el tribunal de distrito decide la suspensión
de un proceso en la fase sumaria, sin que existan influencias externas, son aquellos en
que el implicado o implicada han sido acusados solamente por uno o dos testigos
directos 183. Asimismo, parece que con mayor razón esta causa es sobreseída si se trata
de testigos con algún lazo familiar entre ellos, como ya comentábamos en el capítulo
anterior.
183
Es el caso, por ejemplo, de la gitana Antonia Díaz, acusada sólo por un testigo. Se le pedirán informes
al cura de Paterna, donde vive esta mujer. Al no existir juicio negativo del eclesiástico, la causa será
suspendida. AHN sec. Inq. Leg. 524, exp. 9.
93
Este es el caso sucedido en la sumaria llevada a cabo contra Teresa Albarat.
Esta gitana será acusada por un matrimonio de la villa de San Mateo, porque se había
acercado a la casa de la pareja y había intentado convencerles de que la esposa estaba
maleficiada y que ella les ayudaría a cambio de una suma económica. Teresa acabó
siendo apresada por el alcalde ordinario de la villa, que la recluyó en cárceles reales.
Pero el Santo Oficio fue prevenido por el familiar de San Mateo y se puso en marcha
para recoger las diversas testificaciones. Llamó a declarar a ambos testigos y al alcalde
ordinario como testimonio indirecto; hecho esto se decidió suspender la causa. La
decisión consistió en que el alcalde ordinario trajese a la mujer a su casa para
amonestarla. Debía advertirle que la posible reincidencia en tales cuestiones le costaría
un castigo riguroso por parte del Santo Oficio. Después de esto, la puso en libertad 184.
Otra razón por la que el tribunal puede decidir suspender una causa en su fase
sumaria suele estar relacionada con la delación espontánea de los acusados. Al parecer,
el tribunal manifiesta cierta benignidad con aquellos que, previamente a que nadie les
acuse de una falta, se presentan voluntariamente ante esta instancia para confesar sus
hechos y dichos. Es el caso de Carlos Genovés, un artesano de la ciudad de Valencia
que se presenta de manera espontánea ante el Santo Oficio para auto inculparse de
diversas prácticas en las que ha participado. Además, Genovés delatará a los que habían
sido partícipes, junto a él, de aquellas experiencias. Con ello demuestra su
arrepentimiento y su voluntad de colaborar con la Inquisición en lo que sea necesario.
Después de revelar los nombres de todos los cómplices del delito, su causa será
suspendida y despachada 185.
Sin embargo, se constata que de los dieciséis casos, no todos fueron suspendidos
en la fase sumaria, sino que alguno de ellos lo fue una vez llevado a cabo todo el
esfuerzo que suponía llevar un proceso hasta su sentencia definitiva. Es cierto que en
algunos casos, por la brevedad de la información que nos aporta el expediente, no
conocemos si la causa fue suspendida en la fase sumaria o posteriormente 186. Pero son
curiosos, ante todo, aquellos juicios que, habiendo seguido todo el procedimiento,
acabarán por suspenderse 187.

184
AHN sec. Inq. Leg. 523, exp. 3.
185
AHUV Varia, caja 53, exp. 5.
186
Como en el caso de Joseph Caldú, del que sólo hemos encontrado la primera página del proceso y en
ella se especificaba que la causa había sido suspensa. AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 54.
187
Como por ejemplo el de Juan Andrés Simón, en ibídem, leg. 527, exp. 2 e ibídem, leg. 3725, exp. 224.
94
Tanto si se trata de una sumaria suspensa en la fase preliminar, como si se
suspende la causa una vez transcurrido todo el proceso, hemos observado algunas
discrepancias en el juicio entre los inquisidores de distrito y el Consejo General.
Aunque no sucede siempre, vemos que las decisiones tomadas por el tribunal regional,
después de oír el parecer de los calificadores, podían dirigirse hacia la continuación del
proceso y el arresto y reclusión del acusado, si se trataba de la fase sumaria; o hacia la
imposición de una pena más o menos dura, si se trataba ya de la fase procesal. En
ambos casos, estas decisiones pueden verse alteradas al máximo por la Suprema.
Para la comprensión de esta casuística no existe nada mejor que remitirnos a
algún ejemplo explicativo de tales sucesos. En primer lugar, vamos a presentar la
sumaria concreta incoada contra Luis Noalles, un presbítero que, entre otras cosas,
había realizado supuestos exorcismos a varias posesas, aprovechándose sexualmente de
ellas y económicamente de sus familias. Los señores inquisidores del tribunal de
Valencia decidieron, después de escuchar los testimonios de los diversos declarantes y
las calificaciones de su caso, que el acusado debía ser apresado, embargados sus bienes,
y que se le debía recluir en un convento de la ciudad de Valencia mientras se seguía su
proceso hasta la sentencia definitiva. No obstante, el Consejo decidió que se
suspendiese su causa, aunque debería ser reprendido y conminado para no volver a caer
en las mismas faltas 188.
En el caso concreto de las sumarias iniciadas contra clérigos o religiosos, Lea
nos avanza que, si el tribunal de distrito tomaba la decisión de arrestar al acusado, debía
consultar antes con el Consejo General. También sucedería esto si se trataba de una
sumaria iniciada con tan sólo un testigo o si se trataba de funcionarios superiores de
justicia 189.
La injerencia de la Suprema, como veremos, será continua en los procesos
iniciados por el tribunal de la Inquisición de Valencia. Si bien es cierto que, aunque
existe algún caso, no encontramos con gran asiduidad causas en las que el Consejo
ordene la suspensión, en contra de lo que habían estipulado previamente los
inquisidores del distrito. Además, como vamos a exponer, hubo factores externos que
pudieron influir en la decisión de cerrar los expedientes de una manera rápida, por la
gravedad de los hechos que estaban aconteciendo.

188
AHUV Varia, caja 53, exp. 1 y AHN sec. Inq. Leg. 3725, exp. 211.
189
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… págs. 40 y 41.
95
Nos referimos a los procesos incoados contra Pedro Juan Barrera y contra
Agustín Sanz, puesto que son las dos principales causas en las que hemos podido
constatar un voto, por parte del tribunal de distrito, de una dureza nada despreciable 190,
mientras el Consejo decide suspender sus sumarios 191. Ambos personajes se hallaban
relacionados y se vieron envueltos en las mismas prácticas de buscar tesoros, aquellas
por las que serían juzgados. Por ello, sus respectivas causas fueron incoadas en la
misma época, 1703, aunque la conclusión de estos expedientes se produjo dos años más
tarde, en 1705, momento en que el bando borbónico perdía el control sobre Valencia.
Este hecho nos hizo suponer que, tal vez, los sucesos de la guerra pudieron haber
influido en esta rapidez de decisiones por parte del Consejo y en la falta de
informaciones que nos indicasen cual fue la sentencia definitiva. 192
De todos modos, toparse con la Inquisición valenciana podía traer
consecuencias, aunque la causa por la que se hubiera imputado al reo hubiera sido
suspendida. No es extraño encontrar, entre las causas que reciben este dictamen, la
recomendación de reprender y advertir al acusado de que la reincidencia en sus faltas
puede comportar la falta de benignidad por parte del tribunal. Si bien, la suspensión del
sumario puede comportar también otras peticiones por parte de los inquisidores del
distrito. Lamentablemente no disponemos de muchos ejemplos sobre este tipo de
actuaciones, pero la importancia de las escasas muestras halladas nos predispone a
pensar que no se trató de casos aislados.
Dos son los sumarios más destacables de este tipo de actuación. En uno de ellos,
la Inquisición no sólo amonestó al acusado sino que, además, le estimuló para que se
confesase y le demandó que hiciera entrega, al cura de su parroquia, de una obra que
estaba en su posesión para que la revise y la expurgue si era necesario 193. Por otra
parte, el tribunal también suspendió la causa incoada contra Tomás González Losada,
no sin antes advertirle que no volviera a ejercer de saludador. Asimismo, le requisaron
los falsos documentos que le acreditaban para ejercer tal oficio y, por último, le instaron

190
Incluyendo la abjuración de levi y el destierro, entre otras penas.
191
AHN sec. Inq. Leg. 523, exp. 8 e ibidem leg. 527, exp. 17, Pedro Juan Barrera y Agustín Sanz,
respectivamente.
192
Volveremos sobre la problemática de la mediación del Consejo General en la decisión de la sentencia
definitiva en el próximo capítulo.
193
Se trata del caso de Francisco Carbonell, que poseía una obra llamada Secretos de Naturaleza (de la
que hablaremos en el capítulo dedicado a la magia natural), que había sido mandada expurgar. Se requiere
su obra para comprobar si se trata de la versión ya expurgada o de una edición que no lo había sido. AHN
sec. Inq. Leg. 524, exp. 3. Algo parecido le sucederá a Manuel Montaner, pues se ordenará que se revisen
todos sus libros, aunque su causa haya sido suspendida, ibídem, leg. 526, exp. 9.
96
a que abandonase el reino antes de quince días. No se trataba de una pena de destierro,
puesto que la causa se había suspendido, aunque se le advirtió que si no cumplía la
voluntad de la institución sería castigado rigurosamente 194.
Según Lea la suspensión de las sumarias iría sustituyendo a la absolución, entre
las actuaciones del Santo Oficio, como una manera de eludir una decisión y, al mismo
tiempo, de salvaguardar la infalibilidad del tribunal. También este autor explica que
estas suspensiones no implicarían salir del tribunal sin la imposición de una pena,
puesto que los inquisidores podían llegar a aplicar castigos bastante severos 195, como
hemos observado también a lo largo de nuestro análisis.
Para adentrarnos en las penas impuestas a aquellas causas que se siguieron hasta
su veredicto definitivo, deberíamos detenernos primero en el estudio de las sentencias
propiamente dichas. Podemos analizar este aspecto en 37 de los procesos. De estos 37
conocemos la sentencia final, sin embargo, en algunos casos sólo poseemos una mínima
referencia a esta conclusión del proceso. Esto se debe a que, en ciertos casos no se ha
conservado la sentencia definitiva de la causa, sino que la conocemos por la referencia
que de ella queda en la portada del expediente. Y, como ya avanzamos, esta portada
suele resumir el veredicto a un concepto básico. Esto es lo que sucederá en el caso de
Pablo Botella, del cual sabemos que fue penitenciado, pero desconocemos el resto de
detalles de su sentencia.
Siguiendo un esquema clásico de división de las sentencias, podríamos dividir a
los 36 procesados restantes, en:

Relajados 0

Reconciliados 1

De vehementi 2
Abjuraciones
De levi 28

Reprendidos/amonestados 5

194
AHN sec. Inq. Leg. 525, exp. 10.
195
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… págs. 618-620.
97
De todos ellos, tenemos además que 23 fueron absueltos ad cautelam. A estos 23
procesos, deberíamos sumar unas tres causas que parecen quedar en suspenso en la fase
sumaria, aunque las procesadas también fueron absueltas ad cautelam 196, cuestión sobre
la que volveremos más adelante.
Cuando se estudia la Inquisición, y más concretamente, cuando se analizan las
sentencias impuestas por esta institución a cualquier delito, adquiere un valor
significativo el estudio de los relajados al brazo secular. En nuestro caso, resulta obvia
la imposibilidad de certificar que no existieron relajados entre los procesados por delitos
de magia. Como apuntábamos, existe una barrera infranqueable para llegar a estudiar el
castigo, mucho más alta y complicada que para estudiar cualquier otro aspecto del
proceso o de las prácticas. No obstante, lo que sí debemos apuntar es que, entre
aquellos procesos estudiados en los cuales, de algún modo, podemos acceder a la
información sobre la conclusión del proceso y la pena impuesta, no existe ningún
encausado que fuera relajado por el Santo Oficio valenciano.
Aunque no podamos acercarnos a ese estudio general que desearíamos hacer, es
bien cierto que estos datos se asemejan bastante a las informaciones que nos llegan
desde otros tribunales para la misma época. Fajardo Spínola, en su estudio general
realizado para el tribunal de Canarias no cuenta ningún relajado entre los procesados
por los mismos delitos en aquel tribunal 197. Asimismo, si nos referimos a los datos que
ofrece el tribunal de Valencia, ya apuntábamos como Knutsen no contabilizó ningún
relajado al brazo secular por este tipo de delitos.
Por otra parte, sólo en una ocasión hemos podido constatar el uso de la
reconciliación 198. Se trata del caso incoado contra el beneficiado Francisco de Vitoria,
un espontáneo cuyas faltas se ciñen a ciertas proposiciones relacionadas con la
inexistencia de los demonios y otras en las que se jacta de poder invocarlos para
conseguir riquezas y demás cosas. Si nos ceñimos pues, sólo a las proposiciones que
tienen que ver de algún modo con el delito estudiado puede llegar a extrañarnos en gran

196
Casos de Leonor Lloret, AHUV Varia, caja 55, exp. 3, Manuela Guardiola, AHN sec. Inq. Leg. 5323,
exp. 49 y sor Isabel María Antolí, AHUV Varia, caja 56, exp. único, de las que conocemos este detalle.
197
Fajardo Spínola, Francisco, Las víctimas del Santo Oficio. Tres siglos de la actividad de la
Inquisición de Canarias, Fundación de Enseñanza Superior a Distancia, Las Palmas de Gran Canaria,
2003, págs. 266-267.
198
AHUV Varia, caja 50, exp. 4.
98
medida la imposición de esta sentencia, ciertamente severa 199. Creemos por tanto, que
la razón de tal veredicto radicó en el resto de las acusaciones que se vertieron contra él.
El espontáneo había proferido otro tipo de proposiciones donde defendía la sodomía, y
la idea de que esta no era pecado, además, había cuestionado el poder de los santos para
realizar milagros. Por último, había plasmado muchas de estas ideas en una obra
manuscrita que, según contó, había prestado a varios conocidos y amigos para que la
leyesen. Si comparamos su caso con los demás procesos estudiados, es de suponer que
estas faltas debieron pesar más en su condena que aquellas en las que explicaba su
supuesta relación con los demonios.
Observamos que el tribunal de la Inquisición de Valencia va a imponer de una
manera habitual la abjuración como sentencia para los delitos que tenían que ver con la
magia. No obstante, en general, las calificaciones dadas a los acusados en su proceso
los consideraron levemente sospechosos en la fe, lo que les valió una abjuración de levi.
No podemos despreciar la diferencia entre aquellos levemente sospechosos y aquellos
obligados a abjurar de vehementi pues, aunque Lea expresa la confusión y
discrecionalidad con que se solían administrar una u otra 200, en la documentación
analizada la diferencia parece bastante clara.
Dos son los únicos casos en los que se condenó al acusado a abjurar de
vehementi 201. Además de que el acusado sospechoso de vehementi, debía asistir al auto
con el sambenito de media aspa, existía la posibilidad de que, al incurrir de nuevo en el
mismo delito, fuera considerado relapso y, por tanto, relajado al brazo secular. Sin
embargo, con el paso del tiempo, esta pena se fue transformando y se consideró que la
abjuración de vehementi no debía llevar incluido el castigo para los relapsos, por lo que
en la sentencia se debería especificar si la abjuración llevaba consigo tal pena o no 202.
En el caso que nos ocupa, sólo una de las penas llevará una advertencia posterior,
señalando que si se incurriese de nuevo en las mismas faltas la acusada sería relajada al
brazo secular 203.

199
Aunque la pena que se le impuso se ceñía a recibir instrucción por parte de una persona docta y a
algunas penitencias de tipo espiritual.
200
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… vol. II, pág. 635.
201
Aunque existen dos casos más en los que constatamos en la calificación una sospecha vehemente en la
fe, lo que podría haber incurrido en una sentencia similar. No obstante, al no poseer la sentencia para
estas causas es inútil realizar afirmaciones vácuas.
202
Como ya apuntaba Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… vol. II, pág. 637.
203
Nos referimos al caso de Josepha Tránsit en el que profundizaremos en la segunda parte de nuestro
estudio. AHN sec. Inq. Leg. 528, exp. 8 e Ibidem leg. 3725, exp. 134.
99
En ambos casos se trata de delitos considerados muy graves. En uno de ellos se
trata de la única mujer a la que veremos siendo considerada por los mismos inquisidores
de distrito como bruja y hechicera. En el segundo, se trata de un cristiano nuevo de
moro que realiza prácticas de la religión islámica mezcladas con invocaciones
demoníacas, para conseguir un supuesto tesoro, aunque confiesa que lo que en realidad
pretendía era conseguir dinero y cartas de libertad, para él y para sus compañeros, para
poder escapar a Berbería 204.
En todos los demás casos se decretó la abjuración de levi, salvo en algunas
causas en las que no se aplicó ningún tipo de abjuración. Este último caso será el de los
acusados que salieron del tribunal sólo con una amonestación por parte de los
inquisidores. Sin embargo, no debemos despreciar este hecho, pues eso no significó
que se libraran de una pena que en ocasiones fue bastante dura. En la sentencia contra
Salvadora Cabrera 205, por ejemplo, no se le aplicó la abjuración, sino que sólo sería
amonestada por el tribunal. No obstante, también sería desterrada por dos años. Es de
suponer, si analizamos los delitos por los que fue acusada en su proceso, que el tribunal
nunca sopesó acusarla de herejía. Salvadora fue procesada, como veremos en la
segunda parte del estudio, por fingirse poseída. Este hecho le valió una condena de
destierro por dos años, las consabidas advertencias para no volver a incurrir en sus
faltas, una confesión general y, además, sería encargada al cura del lugar donde se
estableciese para instruirla y vigilarla.
Por último, nos gustaría destacar la cuestión de las absoluciones ad cautelam en
nuestro análisis, no sólo por su gran número, sino por la información que este tipo de
sentencia nos puede llegar a aportar. Estas absoluciones nos sorprendieron en primera
instancia, puesto que no se trataba de absoluciones al uso en las que el acusado salía del
tribunal exonerado de toda culpa. En realidad estas absoluciones llevaban consigo, casi
siempre, una abjuración, unas veces de levi y otras de vehementi, e iban asociadas a una
serie de penas, en ocasiones, bastante duras.
Este hecho nos llevó a investigar de un modo más profundo qué era la
absolución ad cautelam y en qué consistía. La mayoría de obras, contabilizaban estas
sentencias pero no nos daban explicación y, mucho menos, una que fuera aplicable a

204
Se trata del proceso incoado contra Alonso Lorenzo. En AHN sec. Inq. Leg. 525, exp. 19. Del
instigador de estos engaños sólo poseemos su alegación fiscal. Hablamos de Josef Manuel, en ibídem, leg.
3734, exp. 313.
205
AHN sec. Inq. leg. 524, exp. 2 e ibídem leg. 3722, exp. 81.
100
nuestro caso particular. Finalmente encontramos dos autores que explicaban con cierta
profundidad estos aspectos. Si seguimos la interpretación que nos aporta la obra de
Juan Antonio Llorente, el autor nos acerca a la idea de que los delitos a los cuales se les
administra la absolución de esta manera, serían aquellos en los que el infractor resulta
sólo sospechoso de herejía:

Las sentencias de absolución son tan raras en el Santo Oficio que no llegan a razón de una
por mil, y tal vez ni de dos mil, como incluyamos en el número las de los tiempos
anteriores al reynado de Felipe III, porque la duda más pequeña de la total inocencia basta
para que los calificadores declaren al procesado por sospechoso de levi, esto es con
sospecha leve de haber dado asenso al error, en cuya consecuencia los inquisidores lo
condenan como a tal con más o menos penas y penitencias según las circunstancias, y
mandan que abjure de toda heregía, y en singular aquella de que se halla sospechoso; y se
le absuelva de censuras ad cautelam, esto es por si acaso ha incurrido en ellas, a cuyo fin
se le hace poner de rodillas (cuando menos, en secreto dentro de la sala del tribunal),
pedir perdón, leer la abjuración que le presentan escrita, firmarla y dejar ese testimonio de
que consiente ser tratado con más grande rigor si vuelve a dar motivo de ser nuevamente
procesado 206.

Además, en la misma obra, el autor explica que, en la última época del Santo
Oficio estas sentencias fueron mayoría. Así quedaría explicado el gran número de
absoluciones ad cautelam que hemos encontrado entre las sentencias analizadas.
Asimismo, Rodríguez Buron recoge en su Compendio de la Historia Crítica de
la Inquisición de España la idea de Llorente 207. Por lo que, si seguimos estas
afirmaciones, deberíamos deducir que este tipo de absolución se administró a los
acusados analizados porque no resultó la suficiente probanza de su delito herético,
quedando en meras sospechas. Tal vez este hecho no debería sorprendernos
enormemente, ni siquiera en los casos en los que en la valoración del acusado los
mismos calificadores conceden credibilidad a estas prácticas a través de la expresión
efectu secuto 208.

206
Llorente, Juan Antonio, Historia crítica de la Inquisición de España, vol. II, en la imprenta del censor,
Madrid, 1822, págs. 192-193
207
Rodríguez Buron, Compendio de la Historia Crítica de la Inquisición de España, tomo 1, Paris, en
Casa de Tournachon-Molin, 1823, pág. 60.
208
Volveremos más adelante sobre la cuestión de las prácticas que fueron calificadas de seguidas de
efecto, por parte de los calificadores.
101
Al estudiar la actitud histórica de la institución inquisitorial sobre este tipo de
delitos, hemos observado que evolucionó de tal manera que no acabó negando la
existencia de la brujería, pero sí que este delito habría pasado a ser imposible de probar
por diferentes cuestiones. Por ello, podríamos llegar a deducir que la Inquisición, ante
la imposibilidad de probar tales sospechas, podría haber dejado los casos en un simple
recelo de su culpa, pero no sin antes administrar una pena lo suficientemente dura para
evitar la repetición de tales desviaciones y para dar ejemplo al resto de la población.
No sólo hemos deducido estas cuestiones a través de las explicaciones de
Llorente, pues el punto fundamental que nos empujó a formular tal hipótesis fue el
estudio de los casos en los que no se administró la absolución ad cautelam. La gran
parte de estos procesos, nueve de un total de trece, fueron incoados en contra de
estafadores y embusteros. En su mayoría se trataba estafadores que se ganaban la vida
engañando a diferentes víctimas y haciéndoles creer que existía un tesoro cercano y
ellos podían desencantarlo 209, además de algún falso saludador que por necesidad se
hacía pasar por tal para conseguir su manutención, o alguna falsa posesa que conseguía
parte de su sustento gracias a sus embustes.
Otra minoría de procesos sobre los que no detectamos la sentencia de absolución
ad cautelam, se incoaron contra personas contra las que no debieron hallarse faltas
graves concernientes a la fe, puesto que sus sentencias se leyeron sin méritos en la sala
del tribunal, a puerta cerrada, y sólo se les administró algún tipo de penitencia espiritual
o asistencial. Finalmente existe también algún religioso que tampoco será absuelto de
este modo ni deberá abjurar de sus errores y, por supuesto, el caso de Francisco de
Vitoria que, como hemos advertido, fue reconciliado.
Todo ello nos llevó a pensar que las causas en las que no se había aplicado la
absolución ad cautelam no parecían estar relacionadas directamente con la magia, sino
que irían ligadas en mayor manera a los engaños y las estafas. Y, al parecer, en los
casos relacionados con las prácticas mágicas, sólo se podría juzgar una sospecha,
aunque fundada, por tratarse de un delito que la institución se empeñó en no poder
probar 210.

209
Entre los procesos analizados sólo hemos encontrado en dos ocasiones a estafadores probados siendo
absueltos ad cautelam.
210
Cuestión que ya fue formulada por autores como Dedieu, Jean Pierre. L’administration de la foi.
L’Inquisition de Tolède XVI-XVIIIème siècle. Casa de Velázquez, Madrid, 1989, págs. 327-328; entre
otros.
102
Asimismo, y de manera breve, debemos realizar una diferenciación entre las
sentencias que incluían la lectura en privado de la sentencia, de aquellas cuya lectura
debía hacerse públicamente; y aquellas que se leyeron con méritos, de las que lo
hicieron sin la publicidad de las acusaciones que pesaban sobre el reo. En nuestro caso
sólo podemos documentar dos casos en los que se leerá la sentencia sin méritos y en la
sala del tribunal a puerta cerrada. También conocemos cuatro casos en los que la
sentencia se leyó a puerta cerrada. Sólo en uno de ellos sabemos que la sentencia se
leyó con méritos 211, sin embargo, en la mayoría, queda fuera de nuestro alcance conocer
si las sentencias fueron leídas con o sin méritos. Generalmente este hecho se produce
en casos en que no se estima conveniente dar publicidad al caso por diversas razones.
La causa principal suele tener que ver con que se evite infamar al acusado por la
levedad de su falta que, tal vez en otro tiempo, podría haberle comportado la
absolución. Además, en otros casos suele tener que ver con la condición eclesiástica del
acusado, con lo que la publicidad de la causa podría manchar el buen nombre de la
Iglesia.
Una vez analizadas brevemente las sentencias, podemos pasar a profundizar en
el estudio del castigo de dos modos, clasificando las penas desde la más benévola a la
más dura o a la inversa, y una vez divididas en estos grandes grupos, realizar las
divisiones internas que nos resulten más oportunas. Vamos pues a seguir una línea lo
más ordenada posible de estudio, comenzando por los castigos más severos.
En primer lugar deseamos presentar un sencillo cuadro explicativo, donde se
representan los castigos más comunes que hemos podido constatar siendo impuestos por
el tribunal de la Inquisición de Valencia en el siglo XVIII, contra los delitos
relacionados de algún modo con la magia y el demonio. Observaremos que, en el
cuadro, las 36 penas conocidas 212 se desdoblan en una multitud de castigos. Esto
sucede porque en la mayoría de sentencias se ordena cumplir con varios tipos de
condena, cuestión que explicaremos más adelante.

211
En el caso de Josepha Cosergues, AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 39.
212
Hemos restado a los 53 casos de los cuales conocemos la conclusión del proceso, los 16 que fueron
suspendidos, y el proceso de Pablo Botella del cual sólo sabemos que fue penitenciado.
103
Así, observamos los siguientes castigos:

Ciudad 4

Privación de Cárcel 2

libertad/reclusión/confinamiento Convento 2

Desconocido 6

Ciudad/es 17

Reino de Valencia 8
Destierro
Reinos de España 3

Desconocido 2

Vergüenza 4
Castigos públicos
Azotes 13

Penitencias espirituales
2
asignación de confesor

Confiscación ½

Entre las penas más comunes aplicadas por el tribunal de Valencia advertimos la
privación de libertad, el destierro y la pena de azotes. En el tribunal de Cerdeña, por
ejemplo, Salvatore Loi 213 cita como castigos más comúnmente utilizados por la
Inquisición de la isla en toda la Época Moderna los azotes y la vergüenza pública, el
destierro y el encarcelamiento o reclusión, mientras que la pena capital parece ser
utilizada sólo en la primera época de la institución. Esto casaría con la relativa
benignidad que el organismo inquisitorial demostró con este tipo de delitos en la que
tanto insiste la bibliografía analizada para este estudio.
213
Loi, Salvatore. Streghe, esorcisti e cercatori di tesori. Inquisizione spagnola ed episcopale (Sardegna
secoli XVI-XVIII). AM&D, Cagliari, 2008, pág. 49.
104
No obstante, no podemos menospreciar los castigos que esta instancia impuso
sobre los acusados por cuestiones de magia. Vamos a centrarnos ahora en el análisis de
cada una de estas penas.
Como podemos observar en el cuadro resumen, catorce personas sufrieron algún
tipo de prisión o confinamiento, por orden del tribunal en su sentencia definitiva.
Debemos puntualizar que, en este caso, no nos referimos a personas que pasaron por la
cárcel secreta durante su proceso sino que, entre sus penas se decretó una orden de
cárcel o confinamiento. A pesar de que en algunas ocasiones se decreta el
confinamiento del reo en un lugar, sin especificar exactamente dónde, en otros casos el
tribunal sí concretará el paradero exacto en el que debe guardar reclusión el reo.
En seis casos su paradero final nos es desconocido, sin embargo en otros cuatro
se ordena su confinamiento en una ciudad específica. Las ciudades elegidas para el
confinamiento de estos cuatro reos fueron: Gandía, San Felipe y Segorbe, en dos casos.
De todos modos, aunque se concrete la ciudad en la que el reo debería pasar su
confinamiento, no sabemos en qué punto concreto de ella debía permanecer. Lea
explica que los reos podían ser recluidos en cárceles, aunque también podían pasar su
confinamiento en algún convento o en la casa particular de una persona de confianza de
la institución214. Tal vez la casa de un cura, de un familiar del Santo Oficio, de un
calificador o de un comisario podía ser un buen lugar para recluir a un reo, puesto que
estos miembros del tribunal, además, podían encargarse de su reconvención y de vigilar
sus hábitos y modo de vida.
Por otra parte, sólo en dos casos podemos constatar directamente que los
inquisidores condenasen al acusado a una pena de cárcel, en ambos se trata de mujeres
que serán condenadas a pasar varios años en la prisión Galera de Valencia 215. En uno
de los casos, la acusada deberá pasar diez años en ella, y en el otro, sólo se trata una
pena de cuatro años 216. También hemos advertido en algún caso, la amenaza de cárcel

214
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… pág. 665. Aunque el autor se refiere a las instrucciones de
finales del siglo XV, esta posibilidad resulta plausible en nuestro caso pues, los destinos que fueron
elegidos por el tribunal, eran algunos de los lugares en los que habitaron los comisarios permanentes del
Santo Oficio.
215
Hablaremos de esta prisión y de sus reclusas en el estudio dedicado a las prácticas mágicas y en el
análisis dedicado a las relaciones entre los procesados por la Inquisición, por la gran cantidad de
procesadas que hemos encontrado relacionadas con esta cárcel de algún modo.
216
Se trata de los casos de Beatriz Montoya, en AHUV Varia, caja 50, exp. 1, AHN sec. Inq. Leg. 526,
exp. 11 y exp. 12, ibídem leg. 3725, exp. 143 y de Teresa Agustín, en AHN sec. Inq. Leg. 523, exp. 2 e
ibídem, leg. 3725, exp. 130, respectivamente.
105
perpetua si se quebrantase la pena de destierro, que debería cumplirse en la misma
prisión Galera 217.
Sólo resta señalar la reclusión en un convento, para algunos miembros de la
Iglesia procesados. Esto sucederá en dos ocasiones, es lo que detectamos en los
procesos incoados contra un eclesiástico y contra un religioso. Son los casos del mosén
Francisco Montañana que, después de haber sido procesado varias veces a lo largo de su
vida, será condenado a ser confinado en un convento donde un calificador se haga cargo
de reconvenirlo 218. El tribunal parece tener en cuenta la avanzada edad del acusado, al
que en otras ocasiones había condenado más severamente, y mostrará mucha
benevolencia con su reincidencia.
Un castigo parecido sufrirá fray Vicente Pérez, al cual se le confinará en uno de
los conventos de su orden de mayor observancia, añadiendo que los tres primeros meses
guarde rigurosa reclusión 219. A este religioso, además de advertirle, también le
asignarán persona docta y celosa para que le instruya. No obstante, tampoco se le
impondrá la abjuración. Suponemos que en ambos casos, las faltas cometidas eran
demasiado graves como para suspender su causa puesto que ambos personajes, en algún
momento de su vida, habían sido acusados de atentar contra el honor del Santo Oficio,
además de sus consabidas supersticiones. Asimismo, Montañana era un reincidente
acérrimo. No obstante, tratándose en ambos juicios de miembros de la Iglesia, la
Inquisición debió moderar sus procederes. De hecho, tanto la lectura de la sentencia,
realizada a puerta cerrada en la sala del tribunal 220, como la pena de reclusión en un
convento resultaron ser las actuaciones más comunes de los tribunales inquisitoriales en
la Época Moderna, cuando se trataba de causas incoadas contra miembros de la
Iglesia 221.
Asimismo hemos constatado que la mayoría de confinamientos y penas de cárcel
debían seguirse del destierro de la persona procesada y, en los escasos casos en los que
no se seguían del destierro, el mismo confinamiento parece ser el destierro, por
especificarse la lejanía que este debía cumplir de ciertos lugares. Nos referimos, por

217
Sucederá en el proceso contra Generosa Vicente, AHN sec. Inq. Leg. 528, exp. 9.
218
Ibidem, leg. 526, exp. 10.
219
Ibid. Leg. 3725, exp. 192.
220
En un caso ante los ministros del Santo Oficio y en el otro ante cuatro religiosos de su misma orden.
221
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… págs. 693-695.
106
ejemplo, a la sentencia dictada contra Josefa María Cabello 222, una gitana acusada de
embustes y supersticiones en 1721. En ella se especifica lo siguiente:

Sea gravemente advertida, reprehendida y cominada, y por espacio de quatro años


confinada en el lugar que le señalaremos, ocho leguas distante de esta ciudad, de los
lugares de Titaguas, Alpuente, Aras de Alpuente y villa de Madrid, corte de su Magestad.
Y que se la señale persona docta y zelosa que la enseñe la dotrina christiana y persuada la
obligación que tiene de apartarse de semejante modo de vivir.

Por último, tenemos un caso que no hemos podido expresar en el cuadro por
tratarse de un caso excepcional. A uno de nuestros protagonistas, llamado Baltasar
Fernández de Sanzo, se le condenará a cinco años de sus ocho de destierro a estar
confinado en el presidio de Orán. Podríamos haberlo incluido en el grupo del
confinamiento en las ciudades, no obstante, nos parecía que las circunstancias de esta
plaza merecían una mención especial. Como veremos en la segunda parte del estudio,
seguramente se le destacó allí por tratarse de un soldado licenciado y, tal vez, el Santo
Oficio debió creer que más aprovecharía su presencia allí que vagando por los
territorios hispánicos. De todos modos, profundizaremos más en estas cuestiones en el
apartado dedicado a la magia y a sus protagonistas.
De esta manera, con confinamiento previo o sin él, el destierro se convierte en
una de las penas más utilizadas por parte del tribunal de distrito valenciano, en relación
a los procesados estudiados. Como siempre, existen varios casos sobre los que no nos
resta información acerca de los detalles del destierro, sin embargo, podemos realizar una
pequeña aproximación a gran parte de estos castigos. De hecho, la mayoría de los
procesados, a quienes se aplicó la pena de destierro, fueron expulsados de una ciudad o
lugar. En general, a estos reos del Santo Oficio se les ordenó exiliarse de la ciudad de
Valencia. Existen también algunos acusados a quienes se les aleja de la ciudad de
Valencia, pero también de los lugares donde han vivido o donde han realizado sus
fechorías, dentro del mismo reino 223. En todas las ocasiones en las que se condene a
destierro de una ciudad o villa, y en aquellas en las que se condena al destierro fuera de
todo el reino de Valencia, siempre se añadirá como una coletilla el destierro de la villa
222
AHN sec. Inq. Leg. 524, exp. 1. También sucederá en el caso de Francisca Montoya, su madre, que
será confinada del mismo modo, AHUV Varia, caja 51, exp. 8.
223
Hablamos de lo que sucede, por ejemplo, en el caso de Alonso Lorenzo, desterrado de Valencia y de
los lugares de Albalat dels Taronjers, Catadau y de Madrid. AHN sec. Inq. Leg. 525, exp. 19.
107
de Madrid, por ser la Corte de su Majestad. Con ello se debía evitar que aquellos
delincuentes, vagantes y, en fin, sospechosos de herejía o tunantes fueran a parar a la
villa real.
Asimismo, si seguimos con el ámbito geográfico que abarca el destierro
podemos observar a varios personajes a quienes se les ordenó la salida del reino de
Valencia. A ello se añadía, como hemos advertido, la imposibilidad de trasladarse a la
villa de Madrid. Si bien, en algún caso se destacarán algunos lugares más a los que el
acusado no podría trasladarse, por haber sido desterrado también de ellos. Nos
referimos a causas como la incoada contra María Montoya 224, a la que se condenará a
un destierro ciertamente gravoso que incluía el reino de Valencia y diversos lugares con
los que había tenido relación:

Al día siguiente al auto le sean dados docientos azotes por las calles públicas y
acostumbradas de esta ciudad, y desterrada de ella y su reyno, y de la ciudad de Toledo, y
villas de Ocaña, Cifuentes, Budia, Torija, Alcázar de San Juan, y villa de Madrid, corte de
su Magestad.

Asimismo, a un acusado se le puede desterrar de todos los reinos de España,


como sucede en tres casos, o bien, sólo del reino de Valencia añadiendo algún reino más
por haber mantenido relaciones con gente de aquel lugar. En el primer caso, los tres
personajes que sufrieron este castigo eran extranjeros. Desterrados de este modo serían
Joseph Kelly 225, inglés, Manuel Dupré 226, francés, y Jerónimo Simón 227, natural de
Nápoles. Además, los tres se vieron envueltos en delitos de búsqueda de tesoros.
Por otra parte, vislumbramos el proceso de Bartolomé Soler 228, al que se le
condenó al destierro por diez años fuera del reino de Valencia, del de Mallorca y de la
villa de Madrid. Este acusado había tenido relación con un médico de Mallorca, al que
le había enseñado diferentes tipos de curaciones con plantas y con oraciones.
Suponemos que la suma del reino de Mallorca a los destinos de los cuales debía
exiliarse, forzosamente se produjo por esta amistad que había trabado con aquel médico.

224
AHN sec. Inq. Leg. 525, exp. 5.
225
AHUV Varia, caja 53, exp. 4.
226
AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 43
227
Ibidem leg. 527, exp. 20.
228
Ibid. Leg. 528, exp. 4.
108
Por último, debemos añadir varios detalles que muestran las causas analizadas
en relación al destierro. Igual que hemos observado la diferencia en la ratio geográfica
que demarca el destierro del acusado, la gravedad de los delitos de fe cometidos parece
tener otro baremo con el que expresarse, y es el tiempo que la persona desterrada debe
permanecer fuera de ese ámbito geográfico del que se le exilia forzosamente. Hemos
observado destierros impuestos por un periodo que abarca desde los dos años, al
destierro perpetuo.
Los destierros suelen presentarse casi siempre en múltiplos de dos, dos años,
cuatro años, seis años, hasta los diez años, aunque hemos encontrado alguna ocasión en
que se dictaron cinco años de destierro 229. A partir de los diez, ya advertimos la
utilización del destierro perpetuo. Este nos parece el más duro de todos los castigos de
destierro y, entre los procesados que hemos podido analizar, lo hemos encontrado
siendo aplicado en siete ocasiones. Volvemos a detectar a los tres extranjeros 230 que
destacábamos por su destierro de todos los reinos de España, y se les suman dos
gitanas 231, una persona que ya había quebrantado un destierro impuesto por la justicia
real 232 y la única mujer a la que los inquisidores apelaron como bruja y hechicera 233.
Otro detalle a tener en cuenta es que, en numerosas ocasiones, es el tribunal el
que regula la lejanía que debe existir entre el lugar del que se destierra y el punto al que
irá a parar el acusado una vez salga desterrado. Lo que observamos de manera habitual
pues, es que la Inquisición no solía imponer un lugar a donde marchar desterrado, el
acusado, hasta donde podemos conocer, elegiría su destino. Pero, las decisiones del
tribunal sí solían intervenir en conceder un destierro a un lugar más próximo o más
lejano, según las leguas que los personajes debiesen apartarse del lugar de origen. Lo
más habitual parece ser castigar al destierro con ocho leguas de contorno contando de
manera radial, desde el lugar donde se había juzgado al reo, geométricamente hacia
afuera.
Por su parte, de los trece procesados que fueron castigados con la pena de
azotes, doce fueron mujeres. Este número resulta clamorosamente mayor, y más

229
El caso de Vicenta Hernández, en AHN sec. Inq. Leg. 525, exp. 15.
230
Como ya hemos apuntado: Joseph Kelly, Manuel Dupré y Jerónimo Simón.
231
Beatriz Montoya, que además era reincidente, en AHUV Varia, caja 50, exp. 1, AHN sec. Inq. Leg.
526, exp. 11 y exp. 12, e ibídem, leg. 3725, exp. 143; y Vicenta Eugenio, en AHN sec. Inq. Leg. 525, exp.
2.
232
Teresa Agustín, en AHN sec. Inq. Leg. 523, exp. 2 e ibídem, leg. 3725, exp. 130.
233
Josepha Trànsit, en ibídem, leg. 528, exp. 8 e ibídem, leg. 3725, exp. 134.
109
teniendo en cuenta que al único hombre al que se le impusieron los azotes, le fueron
administrados de manera leve por su estado de salud. Esta cuestión no se aparta en
exceso de lo que nos transmite la bibliografía analizada al respecto pues, al parecer, la
Inquisición administró esta severa sentencia más asiduamente entre las mujeres
encausadas que entre los hombres 234. Entre las causas que concluyeron con una pena de
azotes encontramos el curioso caso de Antonia Lucas. Resulta curioso porque según
reza su alegación fiscal los doscientos azotes se le conmutaron, a ella y a otras
cómplices, por dos años más de destierro, debido a la carencia de verdugo en la ciudad
de Valencia por aquellas fechas de 1742 235.
Asimismo, de los cuatro condenados a sufrir vergüenza pública por las calles
públicas y acostumbradas de la ciudad tres fueron hombres y sólo sufrió esta condena
una mujer. Lea ya nos informa de que la vergüenza pública solía ser utilizada con
menor frecuencia que los azotes 236. Asimismo, los castigos de azotes y vergüenza, van
unidos indefectiblemente a la de destierro 237 y, en muchos casos, también a la reclusión
o confinamiento por un tiempo limitado.
Por último, dos fueron los personajes que fueron condenados a cumplir, tan sólo,
una serie de penitencias espirituales 238. La mejor manera de no salir mal parado de un
encontronazo con el Santo Oficio parece ser espontanearse ante el tribunal, de modo
voluntario o por consejo del confesor, para relatar las faltas en las que se cree haber
incurrido. El hecho de que una persona se presente, sin ser llamada y sin que haya
indicios contra ella, para confesar sus errores es motivo suficiente para suspender su
causa, como hemos visto anteriormente, o para administrarle una pena más benigna239.
Asimismo, según las muestras analizadas, otra razón que también podía mover el ánimo

234
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… tomo II, pág. 651. Además en las páginas antecedentes Lea
nos cuenta los detalles que envolvían la pena de azotes. Por su parte María Jesús Torquemada profundiza
en el estudio de estos castigos impuestos a las mujeres procesadas por delitos de superstición en
Torquemada, M. J. “Doscientos azotes y pena de destierro”, en Zamora Calvo, M. J. y Ortiz, A. (eds.)
Espejo de brujas. Mujeres transgresoras a través de la historia, Abada, Madrid, 2012, págs. 353-370.
235
AHN sec. Inq. Leg. 3725, exp. 160.
236
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… pág. 652.
237
No es así a la inversa, pues hemos visto administradas penas de destierro sin que esto suponga también
el uso de los azotes o la vergüenza pública.
238
En este caso no hemos incluido a personajes como resulta ser el caso de Josepha Cosergues que sólo
cumplió una penitencia espiritual pero que debió abjurar de levi, y fue absuelta ad cautelam. AHN sec.
Inq. Leg. 5323, exp. 39.
239
Sucede incluso en el caso del beneficiado Francisco de Vitoria que a pesar de ser reconciliado, sólo se
le asignará un confesor para que le confiese y le instruya. AHUV Varia, caja 50, exp. 4.
110
de los inquisidores hacia la benevolencia podía estar relacionada con la pobreza
extrema y la ignorancia 240.
De todos modos, a pesar de haber observado las penitencias espirituales de
manera autónoma también percibimos que estas penas se encuentran en absolutamente
todos los procesos en los que queda alguna noticia acerca del castigo impuesto al
acusado. A las penitencias corporales, o al destierro, se añadirá siempre la
amonestación de no volver a incurrir en el mismo delito, la obligatoriedad de llevar a
cabo una serie de penitencias espirituales y, en casi todas las ocasiones, la designación
de un calificador o persona docta que instruya al reo en la fe y vigile sus
comportamientos.
Debemos hacer hincapié en que, en muchas ocasiones no se especifica el tipo de
penas espirituales que se debían cumplir, pero sí se les asignaba un confesor para que
confesasen y comulgasen, y para que este les instruyese en los rectos caminos de la fe.
En los casos en que sí conocemos estas penitencias observamos que, entre las más
comunes se encuentran la confesión y la comunión, generalmente en las tres Pascuas del
año. Asimismo, otra penitencia hallada muy comúnmente es el deber de rezar el rosario
o una parte de él a Nuestra Señora en los sábados del primer año siguiente al de la
condena. En ocasiones, también hemos observado la conminación a realizar una
confesión general, además de las anteriores penitencias. Por último, hemos observado
alguna una penitencia espiritual un poco más severa:

Sea encargado a persona docta, que le instruya en la doctrina christiana y misterios de


nuestra santa fee, y desengañe de sus errores. Y confiese generalmente y una vez
particularmente en cada mes de dicho año. Y rese una parte de rosario a Nuestra Señora
todos los días de él 241.

También en alguna ocasión se dejará la decisión de las penas espirituales que


deben imponérsele al reo, en manos del calificador designado para dirigirle, en el lugar
a donde llegase desterrado.
En este punto desearíamos destacar la pena que se impuso a Luis Martí, un
tejedor de lino vecino de Valencia juzgado en 1717, al que no hemos incluído en el
cuadro. Este reo además de ser advertido y conminado para que no recayese en lecturas
240
Parece ser el caso del falso saludador Juan Jerónimo Fernández, AHN sec. Inq. Leg. 525, exp. 3.
241
Ibidem, exp. 9.
111
supersticiosas 242, se le impondrá como penitencia el asistir a los enfermos del Hospital
General en la hora de las comidas, cuatro días a la semana por espacio de seis meses.
Hemos añadido esta penitencia aquí pues, aunque no podemos clasificarla entre las
anteriores penitencias espirituales, ni la hemos contabilizado en nuestro cuadro, sí
podríamos considerarla una penitencia de carácter piadoso y asistencial. Una pena muy
benigna para un artesano que no parece tener demasiado que ver con cuestiones de
herejía, aunque se dedicaba a realizar ungüentos y medicamentos con remedios
naturales, sin tener estudios de medicina 243.
No hemos podido constatar la confiscación de los bienes de las personas que
fueron procesadas por este tipo de delitos en el tribunal de la Inquisición de Valencia.
Sólo en una ocasión la acusada sufrió la confiscación de la mitad de sus bienes, nos
referimos al proceso incoado contra Josepha Tránsit, a la que ya hemos ido observando
a lo largo de estas páginas.

242
El tribunal se refiere a lecturas supersticiosas aunque el procesado, como veremos en la segunda parte,
confiesa haber leído obras de carácter botánico y de medicina natural. AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 37.
243
También se le impondrá a un estafador como Manuel Dupré, aunque en su caso se considera tan sólo
un complemento, puesto que también sufrirá el destierro y demás penas espirituales, ibídem, leg. 5323,
exp. 43.
112
4. Sobre el voto y la sentencia. Inquisidores de distrito versus Consejo
General

En el apartado anterior señalábamos que resulta complicado acceder a todas las


sentencias y las penas impuestas a los acusados que tuvieron que ver de alguna manera
con la magia, y con cuestiones referentes al Demonio. No obstante, más difícil aún es
acercarnos a estudiar los votos decididos por los inquisidores del distrito valenciano en
la conclusión de sus causas, para, así, poder compararlos con la sentencia definitiva
establecida en contra de los reos. Así, podemos llegar a descubrir si coinciden con estas
sentencias o no. Sin embargo, tan sólo los procesos más completos han conservado este
paso, previo a la definitiva conclusión de la causa.
Por una parte, ya advertimos la dificultad para encontrar sentencias finales en las
alegaciones fiscales analizadas. Por la otra, hemos constatado la imposibilidad de
encontrar alguna de ellas en la que se especifique el voto dado por los inquisidores del
distrito a la causa 244. Además, debemos añadir a este vacío documental en cuestión de
votos que, en muy pocas ocasiones en las que la causa fue suspendida se observa alguna
alusión al voto de los inquisidores. No obstante, en alguna causa suspensa vemos la
pequeña discrepancia demostrada por los inquisidores de distrito, que pretendían aplicar
una resolución bastante diferente al acusado. Vamos a unir estos ejemplos a aquellos en
los que, además de la sentencia definitiva, también se conserva el voto, para realizar un
estudio lo más completo posible, dentro de nuestras posibilidades.
Resulta muy interesante acercarnos a esta faceta del estudio del Santo tribunal.
En la mayoría de obras se nos presenta a la institución como a un todo, con escasas
discusiones internas acerca de los modos de proceder frente a ciertos casos o delitos.
Sin embargo, hay exiguos estudios sobre algún tipo de disensión en el seno de los
tribunales de distrito, o sobre la actuación del Consejo sobre ciertos inquisidores que se
excedieron en sus funciones, desobedeciendo las instrucciones dictadas por los
organismos centrales de la institución.
Es de sobra conocido, gracias al estudio de Henningsen 245, el voto disconforme
de Salazar y Frías en algunos procesos de entre los llevados a cabo en Logroño, en

244
En casi todas las alegaciones donde se hace referencia de alguna manera al voto, se alude a la página
del libro de votos en donde se guardó.
245
Henningsen, G. El abogado de las brujas. Brujería vasca e Inquisición española. Alianza editorial,
Madrid, 2010, págs. 235-240.
113
1610. Asimismo, ya comentamos también, en referencia a la evolución de la actitud
inquisitorial frente al fenómeno de la brujería, algún caso en el que el Consejo intervino
para atajar los excesos de algún inquisidor o el incumplimiento de sus instrucciones al
respecto de los modos de actuación ante tal delito. Estos estudios, aunque escasos en
número, resultan en suma importantes por mostrar y demostrar que los miembros de la
Inquisición no se acabaron transformando en un bloque de individuos sin pensamiento
propio, quedando en sus puestos como meras expresiones del interés general de la
institución.
Estos referentes, más el análisis de los procesos, nos hizo plantearnos la
posibilidad de que el inquisidor de distrito tuviera sus propias ideas, más allá de lo que
dictaba la institución, acerca del fenómeno que debía juzgar. Si bien es cierta la idea
aportada por Julio Caro Baroja de que el oficio pesa 246, era imposible no plantearnos
que aquellos hombres no dispusiesen de una visión propia de las cosas, de los
fenómenos, de la sociedad que les envolvió. Es evidente que estas ideas no podían
plasmarse de una manera clara en el proceso, puesto que la increíble centralización a la
que se había sometido la institución, acabó convirtiendo cada vez más, al inquisidor en
un mero funcionario delegado, casi un títere en manos del Consejo y del Inquisidor
General 247.
Así pues, las sentencias impuestas por el tribunal de Valencia reflejaban, de una
manera bastante fiel, el legado de aquellas actitudes heredadas frente al delito de
brujería, aplicando perspectivas parecidas a todos los delitos que tenían que ver con algo
mágico y con algún tipo de relación con el Demonio. Esto sucedía porque las
sentencias se transformaban en el reflejo de las decisiones, transmitidas a través de la
correspondencia, que tomaba el Consejo General acerca de las causas juzgadas.
De este modo, nos dimos cuenta de que el voto dado por los inquisidores de
distrito como propuesta de sentencia acerca de un determinado juicio era el único
vestigio que, con sus limitaciones, nos aportaba cierta idea acerca del pensamiento
general de aquellos y del ordinario que les asistía en su decisión. Aun así, hablamos de
las limitaciones de tal aspecto porque estas decisiones siempre debieron estar influidas
por las categorizaciones y tipificaciones delictivas impuestas por el derecho canónico,

246
Caro Baroja, Julio. El señor Inquisidor y otras vidas por oficio. Alianza editorial, Madrid, 1988, págs.
22-28.
247
Como lo sería, aunque de otra manera, el comisario de los inquisidores de distrito.
114
además de profundamente afectadas por las calificaciones que aportaban los teólogos a
lo largo de la causa.
Vistos los intereses y las limitaciones que nos ofrece el estudio de los votos,
vamos a profundizar en él. En esta perspectiva vamos a considerar, ante todo, la
proporción de propuestas de sentencia que, más tarde, fueron variadas en algún detalle
desde el corazón de la institución. De todos modos, vamos, en primer lugar a ofrecer
una visión general de los procesos analizados:

VOTO = SENTENCIA 19

VOTO ≠ SENTENCIA 16

TOTAL 35

De un total de 35 sentencias en las cuales conocemos, de algún modo, el voto


que dieron los inquisidores previamente a la decisión del Consejo, 19 de los casos
coincidirán con este último, y en 16 ocasiones la sentencia experimentó alguna
variación por la intervención de la instancia central. Debemos apuntar que hemos
reducido los casos propuestos a 35 porque hemos apartado del análisis aquellas
alegaciones fiscales de las cuales no conocemos el voto, algunos procesos en los cuales
nos surge el mismo problema, y la mayoría de causas que fueron suspensas de orden de
los inquisidores del distrito.
Debemos detenernos en este último tema, pues ya adelantábamos una parte de la
problemática en el capítulo anterior. Hemos observado a lo largo de la investigación
que los procesos que se detuvieron en las investigaciones sumarias de orden del tribunal
de distrito, no tuvieron ningún tipo de injerencia por parte del Consejo General. De
hecho, si seguimos las ideas que nos aporta Lea, se trataría de un hecho común, puesto
que aquellos procesos que quedaban suspensos no requerirían de la intervención de la
Suprema en la decisión, aunque la mayoría de suspensiones serían administradas por el
organismo central 248.
No obstante, donde sí encontramos cierta intromisión desde el organismo central
es en algunos procesos en los que el tribunal valenciano tenía intención de investigar

248
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… págs. 622-623.
115
más, a través de su continuación hasta la sentencia definitiva, y, sin embargo, el
Consejo decidió que resultasen suspensos. Eso es lo que sucedería en el proceso
llevado a cabo contra Luis Noalles, al que poníamos de ejemplo en el apartado anterior.
Asimismo, también hemos observado en el capítulo precedente diferentes causas
que, habiéndose seguido hasta la sentencia definitiva, y sopesadas todas las pruebas por
parte de los inquisidores del distrito, estos decidieron en su voto una sentencia bastante
dura. Sin embargo, desde la institución se decidiría que estas causas fueran
suspendidas. Presentábamos ya el caso de Pedro Juan Barrera y de Agustín Sanz, y
explicábamos las causas que pudieron influir en esta rápida conclusión de su causa.
También podríamos aludir a la causa incoada contra un mercader francés, llamado Juan
Antonio Simón Blanch, en 1737, puesto que presenta las mismas particularidades en
cuanto al voto y a la sentencia. Su proceso no presenta las mismas circunstancias
históricas que los anteriores, por lo tanto, debemos buscar otra explicación a estas
decisiones del tribunal.
El acusado, contra quien declararon varios testigos, lo fue de diversos desmanes
sexuales con mujeres, a las que intentaba penetrar analmente, por la oreja, por los
pechos, etc. Asimismo, los mismos deponentes declararon que el reo afirmaba que esto
no era pecado, además de jactarse de conocer sucesos futuros, de saber los
pensamientos de las personas, de llevar un librito consigo con el que no podían herirle
con ninguna bala y de haber dejado impotentes mediante alguna práctica mágica a dos
hombres. En las audiencias y en la contestación de testigos, el procesado tachó a alguno
de sus delatores y, por su parte, presentó a numerosos testigos para su defensa.
Vistos todos los detalles, los inquisidores de distrito decidieron el siguiente voto:

Que a este reo, en la sala del tribunal a puertas abiertas, estando en forma de penitente, se
le lea su sentencia con méritos, abjure de levi, sea gravemente advertido, reprehendido y
comminado, y desterrado por tiempo de quatro años de esta ciudad de Valencia, y de las
villas de Alzira y Madrid, corte de su Magestad, con quatro leguas en contorno. Y por
penitencias saludables que confiesse y comulgue las tres pasquas del primer año, y en los
sávados de él rese una parte del rosario a Nuestra Señora 249.

249
AHN sec. Inq. Leg. 527, exp. 2, fol. 67.
116
Muy diferente fue la decisión del Consejo General una vez visto el proceso.
Esta instancia ordenó que se leyese su sentencia sin méritos en la sala del tribunal a
puerta cerrada, y que fuera reprendido y amonestado para que no reincidiese en sus
posibles faltas, y que hecho eso se suspendiese su causa.
Este es sólo uno de los ejemplos que podemos citar de diferencias entre los
inquisidores del distrito y el Consejo General. Podríamos dividir estas diferencias entre
los casos muy destacados, en los que la divergencia entre el voto y la sentencia debido a
la injerencia de la Suprema va a ser radical, y aquellos procesos en los que sólo se
cambiará algún detalle de la sentencia.
Vamos a profundizar en el primer grupo, en el que podríamos situar unos cuatro
de los procesados analizados. Se trataría de Baltasar Fernández de Sanzo, mosén
Francisco Montañana, Josepha Cosergues y Bartolomé Soler. En los dos primeros
casos los señores inquisidores del distrito de Valencia habían dispuesto una propuesta
de sentencia, que podríamos considerar más benévola que la que finalmente se les
administró.
En el caso de Sanzo 250, al que presentábamos en el capítulo dedicado a las penas,
el tribunal de Valencia había dispuesto el siguiente voto:

Dixeron conformes que a este reo, en la sala del tribunal a puertas abiertas, estando en
forma de penitente, reciba su sentencia con méritos, abjure de levi, sea gravemente
reprendido, advertido y comminado, y desterrado de la villa de Madrid, corte de su
Magestad, y de esta ciudad de Valencia con seis leguas en contorno, por espacio de
quatro años. Y que por penitencias saludables confiesse y comulgue en las tres Pasquas
del primer año, y en los seis meses primeros de él reze todos los sábados una parte del
rosario a Nuestra Señora.

No obstante, el Consejo decidirá aumentar bastante su pena de destierro,


pasando a ser de ocho años, mientras añadía la pena de servir cinco de esos ocho años
en el presidio de Orán, una pena que como apunta Lea 251, sería prácticamente
equivalente a las tan recurridas galeras en otros momentos de la historia de la
institución.

250
AHUV Varia, caja 53, exp. 3 y AHN sec. Inq. Leg. 3725, exp. 205.
251
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición Española… vol. II, pág. 658-659., profundizaremos en estos
aspectos en la segunda parte del estudio.
117
En el caso del mosén Francisco Montañana, la Inquisición de Valencia, teniendo
en cuenta su avanzada edad y estado de salud, había dispuesto que se leyese su
sentencia en la sala del tribunal, de manera privada y sólo ante los ministros del secreto.
Además se le advertiría y amonestaría, y se le recluiría en su vivienda durante cuatro
meses, pudiendo salir sólo para dirigir su beneficio. Por último, se le asignaría una
persona docta para instruirle y conminarle a que abandonase sus actitudes, en las que
tantas veces había reincidido.
Pues bien, la Suprema no será tan benévola, cambiando la tranquila reclusión en
su casa por el confinamiento seis meses en un convento, además de leerse su sentencia
con méritos y ser absuelto ad cautelam de sus faltas. Podría parecernos que el cambio
en el tipo de reclusión no es razón suficiente para incluir esta causa entre las que
sufrieron una divergencia radical entre la propuesta de sentencia y la definitiva. Lo
hemos incluido en este grupo, porque si seguimos el parecer de Lea 252 podemos deducir
que la benignidad de esta pena debía ser dudosa. Este autor apela a un ejemplo citado
por Llorente en el que un fraile capuchino, acusado de abuso en el confesionario, fue
condenado a cinco años de reclusión en un convento de su orden y suplicó se le
conmutase por el encarcelamiento en la prisión secreta. Esta petición se produjo porque
él mismo había sido provincial y guardián, y sabía perfectamente cómo se trataba a los
frailes que eran confiados a un convento como criminales.
Debemos tratar el ejemplo de Llorente con sumo cuidado, pues se trata sólo de
un caso citado y, además, de una condena de cinco años de reclusión. Es evidente que
una pena de seis meses no sería tan dura, sin embargo, hemos tenido en cuenta este
aspecto para resaltar la diferencia entre un confinamiento domiciliario y una reclusión
en un convento. Siempre sería mucho más duro, para una persona de avanzada edad, el
segundo supuesto.
En los dos casos siguientes sucede exactamente lo contrario. En los procesos
incoados contra Josepha Cosergues y contra Bartolomé Soler, el tribunal de distrito
había preparado un castigo más severo que aquel que recibirían finalmente. La mujer
había sido votada en dos ocasiones. En primera instancia se pretendía que su sentencia
se leyese públicamente, que abjurase de levi, fuera absuelta ad cautelam, reprendida y
que se la confinase durante seis años. Además en su confinamiento debería ser puesta a
cargo de una persona que la instruyese, y también se había decidido que se le darían

252
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… vol. II, pág. 694.
118
doscientos azotes al día siguiente del auto. El Consejo General intervino en la causa, no
ya para suavizar estas penas, sino para cambiarlas absolutamente. Primero, pidió a los
inquisidores de distrito que realizasen las comprobaciones oportunas a través de los
testimonios de las mujeres que, al parecer, habían sido cómplices de los delitos de
Josepha. Al interrogarlas, aquellas negaron conocer a esta mujer, con lo que los
inquisidores decidieron cambiar su voto. En general mantuvieron toda la sentencia,
pero se cambiaba el confinamiento y la pena de azotes, por un destierro de tres años de
la ciudad de Valencia y de la corte de Madrid. Sin embargo, el Consejo no estará
tampoco conforme con este voto y sustituirá radicalmente sus penas. Aunque la
acusada debería recibir su sentencia con méritos, abjurar de levi, ser absuelta ad
cautelam y encargada a una persona docta que la instruyese, a Josepha se le daría
sentencia de manera privada y, además, sólo se le impondrían ciertas penitencias
espirituales.
Algo parecido sucederá en el caso de Bartolomé Soler. El reo recibiría una
sentencia muy dura, que incluía la abjuración de levi, la absolución ad cautelam y el
destierro por diez años del reino de Valencia, del de Mallorca y de la ciudad de Madrid,
de los cuales los cinco primeros debería pasarlos sirviendo en galeras 253, y además se le
darían doscientos azotes de manera pública. Sin embargo, la Suprema se había
encargado de suavizar varias características de la condena, que le hubieran imprimido
un sello realmente cruel. Los señores del Consejo creyeron conveniente eliminar de la
sentencia, la pena de galeras y la de azotes públicos.
En el segundo grupo del que habíamos hablado, el de aquellos a quienes el
Consejo varió sólo algún detalle de la sentencia, añadiendo o eliminando penas,
comprende todos los demás casos, un total de ocho 254.
En la mayoría de estas causas podemos observar la variación del voto a la
sentencia final en la imposición o no de la pena de azotes o de la de vergüenza, el
cambio de la pena de azotes por la de vergüenza pública, o a la inversa.
En el supuesto de la pena de azotes, advertimos una mayor dureza por parte de la
Suprema. En tres causas en las que los inquisidores de distrito en su voto habían

253
Esta pena fue impuesta durante siglos para guarnecer las galeras reales, sin embargo, según Lea, en el
siglo XVIII esta pena tiende a ser sustituida por otras. Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… págs. 653-
658.
254
A las dieciséis sentencias contrapuestas debemos restar las cuatro que el Consejo decidió suspender a
pesar de la decisión del tribunal de Valencia, y las cuatro en las que el voto difiere en muchos puntos de
la sentencia definitiva.
119
obviado esta pena o la habían transformado en una advertencia en caso de que se
quebrantase la orden de destierro expresada en la sentencia, el Consejo acabará por
imponerla 255. En los tres casos en los que nos encontramos esta variación se trata de
mujeres.
Asimismo, la Suprema suprimirá la condena de vergüenza pública que los
inquisidores valencianos habrían impuesto a Serafina Fuertes 256 y a Pedro Mir, alias
Monsieur Pierre 257. Aun así, observamos una mayor contundencia en el caso femenino,
pues este castigo le fue sustituido por dos años de confinamiento.
En cuanto a los cambios realizados entre vergüenza y azotes, podemos presentar
el caso de Teresa Agustín 258 a la que el tribunal había considerado que debía
imponérsele pena de vergüenza pública y, en su contestación, el Consejo impuso que se
reemplazara por un castigo de doscientos azotes, endureciendo así aún más su sentencia.
Sólo en dos ocasiones la Suprema parecerá interceder para suavizar la condena
de dos personajes femeninos. En el caso de Generosa Vicente 259, reducirá la extensión
del territorio del que debía ser desterrada. Así se varió un destierro que la habría
obligado a salir del reino de Valencia, por otro que sólo la alejaba de la capital
valenciana. El segundo ejemplo de mayor benignidad corresponde al proceso incoado
contra Josepha Burguera 260. El tribunal de distrito había decidido en su negocio, entre
otras penas, que la acusada debía abjurar de levi, y tanto en la carta enviada desde el
Consejo como en la sentencia final, no aparece esta imposición.
Los casos expuestos nos informan de una diferencia de pareceres entre los
miembros del tribunal de distrito, que seguían las tipificaciones y direcciones teológicas
que les daban los calificadores, y los integrantes del Consejo que, seguramente, también
estarían aconsejados por diversos asesores teológicos. Asimismo, estas causas
demuestran la gran centralización a la que fue sometida la Inquisición, de la que habló
Lea 261, que descubrimos a través de la imposición continua del criterio del Consejo en
las decisiones. No obstante, también nos da cierta idea del razonamiento que el tribunal
de distrito en bloque llevaba a cabo al analizar una causa.

255
En los casos de Beatriz Montoya, AHN sec. Inq. Leg. 526, exp. 12, Vicenta Eugenio, ibídem, leg. 525,
exp. 2, y Vicenta Hernández, ibídem, leg. 525, exp. 15.
256
AHN sec. Inq. Leg. 3725, exp. 193.
257
Ibidem, leg. 527, exp. 3.
258
Ibid. Leg. 523, exp. 2.
259
Ibid. Leg. 528, exp. 9.
260
Ibid. Leg. 523, exp. 11.
261
Lea, H. Ch. Historia de la Inquisición… vol. II, págs.34-42.
120
Vamos a intentar desgranar someramente las actitudes que, al parecer, siguió el
tribunal de distrito frente a los reos y reas acusados por estos delitos. No vamos a
profundizar mucho al respecto, pues en la segunda parte del estudio nos vamos a
dedicar, de forma individual a analizar exhaustivamente algunos de estos casos.
En páginas precedentes observábamos las razones por las que el Consejo debió
suspender algunas causas que, en Valencia, pretendían ser investigadas o castigadas de
otro modo. Asimismo, se mostró más benévolo en algunos aspectos, mientras que otros
los endureció frente a la decisión tomada por los ministros valencianos. Grosso modo
observamos que el tribunal de distrito de Valencia se comportaba de una manera muy
dura e intentó imprimir un fuerte castigo, incluso contra aquellos acusados que habían
conseguido eludir sus culpas frente al tribunal. Josepha Cosergues o Juan Andrés
Simón, por ejemplo, pertenecerían a este grupo, la primera por restar en todo negativa y
porque sus cómplices negaron conocerla, y Juan Andrés, por haber reconocido a
algunos de sus acusadores y especificar las rencillas que tenían contra él. No obstante,
los inquisidores más el ordinario, debieron considerar que las acusaciones que pesaban
sobre ellos podían ser verdaderas y que se trataba de elementos problemáticos de los
que era mejor deshacerse a través del destierro. En este caso, el razonamiento lógico
parece imponerse desde el Consejo, suavizando o suspendiendo sus causas.
Algo parecido sucede en el caso de Bartolomé Soler y en casos como el de
Teresa Agustín. Ambos sujetos se sitúan en una esfera social por debajo de la
marginalidad. Este estado no se produce por tratarse de elementos extraños a la
sociedad, sino porque ambos 262 han sido encarcelados en diferentes ocasiones por la
justicia real, y con este proceso se enfrentan al tribunal inquisitorial. Para los ministros
del Santo Oficio, debió tratarse de personajes conflictivos de los que, tal vez, era mejor
desprenderse.
No obstante, observamos una mayor levedad, por parte del tribunal de distrito,
en la imposición de la pena de azotes. Por lo observado a través de los ejemplos
analizados, esta pena parece cuasi exclusiva del sector femenino. Por los procesos
llevados a cabo, no podemos adivinar por qué el tribunal consideró mejor no imponerles
los azotes. Beatriz Montoya era reincidente, mientras Vicenta Eugenio y Vicenta
Hernández, no lo eran. Las dos primeras se dedicaron, sobre todo, a realizar estafas y

262
Como sucede en bastantes casos más.
121
supuestas mediaciones mágicas, mientras que la tercera se implicó con un grupo de
mujeres para, principalmente, realizar diversas prácticas para atraer a los hombres.
Llegamos a pensar que podía tratarse de la carencia de verdugo en la ciudad de
Valencia, como había sucedido en el caso de Antonia Lucas 263. Sin embargo, su causa
había sido llevada a cabo en los años cuarenta del siglo XVIII, mientras que las tres
acusadas a las que nos referimos fueron juzgadas en diferentes años de la década de los
veinte y de los treinta. También se podría creer que la relativa benevolencia hacia estas
acusadas pudo tener que ver con las personas que realizaron los votos. En dos casos los
inquisidores serán Joseph de la Rassa Cossío y Joseph Antonio de Zepeda y Castro,
mientras que el representante del ordinario en un caso era Benito Pichón y en el otro
Pascual Font. En la tercera sólo coincide uno de los inquisidores, Joseph Antonio de
Zepeda, el otro inquisidor fue Francisco Antonio de Spinosa y Trebiño, mientras que
por el ordinario volvía a actuar Benito Pichón.
No obstante, en casos como el de Josepha Cosergues 264, a quien se le iba a
imponer un castigo muy duro que incluía azotes, también intervinieron los inquisidores
de la Rassa y Zepeda y, por el ordinario, Benito Pichón. Este hecho, nos puede advertir
que no se trataba de ministros más benévolos que los que habíamos visto actuando en
otras ocasiones.
No fuimos capaces de descubrir o, al menos, de aventurar las razones de la
benignidad que, en algunos casos, demostró el tribunal de Valencia en la administración
de las penitencias corporales. Lo que sí podemos afirmar es la actitud implacable
demostrada por la Inquisición en general, y por el Consejo en particular, para con las
mujeres acusadas por este tipo de delitos, ordenando en todos los casos que se les
administrase un castigo corporal muy severo 265.
De hecho, si de las sentencias conocidas eliminamos las suspensiones del
proceso 266, encontraríamos que de 21 mujeres, a doce se las sentenció, entre otras penas,
a la de azotes. Sin embargo, en el caso masculino comprobamos que, de 16 procesados

263
También debe ser la razón por la que a Serafina Fuertes se le conmutó la pena de azotes por dos años
de confinamiento, puesto que fue una de sus cómplices. AHN sec. Inq. Leg. 3725, exp. 193.
264
Otro ejemplo sería el de María Montó que, juzgada por unos delitos muy similares a los de Vicenta
Hernández y por los mismos inquisidores, sí recibió la pena de azotes, ibídem, leg. 527, exp. 4. En el lado
opuesto se encontraría el caso de Pascuala Llobera, que también fue juzgada por mismos inquisidores y
por unos delitos parecidos y no recibió azotes, ibídem, leg. 3724, exp. 146.
265
Ya hemos visto que sucede en todos los casos, salvo en aquellos en los que realmente no existían
suficientes pruebas.
266
En las que también observamos una diferencia de número entre el género de los acusados a quienes se
les suspendió la causa: once serían hombres y cinco, mujeres.
122
de los que podemos dar información acerca de su sentencia, sólo uno fue condenado a
doscientos azotes, que además le fueron administrados de manera leve.
Por último, nos queda destacar las disensiones que se produjeron en el seno
mismo de los tribunales de distrito. No hemos constatado que existiesen
disconformidades en los votos de los procesos de manera generalizada. No obstante, en
dos casos sí hemos encontrado una diferencia de pareceres entre los miembros del
tribunal. En un caso no se atenderá a estas divergencias, puesto que el proceso acabará
siendo suspendido, como hemos visto anteriormente 267. Sin embargo, en el otro, la
sentencia que se le administrará a la acusada seguirá el parecer de una de las partes, y no
de la otra 268.

267
Nos referimos a la causa contra Agustín Sanz, AHN sec. Inq. Leg. 527, exp. 17.
268
Se trata de uno de los procesos incoados contra Beatriz Montoya, ibídem, leg. 526, exp. 11. La
diferencia básica de pareceres en el voto se centró en si la acusada debía ser recluída en la cárcel Galera
de Valencia o si debía ser confinada en otro lugar que se le señalase. El Consejo se decantará por la
reclusión en la Galera, seguramente un castigo más duro que el del confinamiento.
123
124
5. Conclusiones
Llegados a este punto, desearíamos extraer varias ideas básicas a partir de
nuestro análisis. Estas conclusiones giran en torno a la Inquisición, como institución
que llegó a sobrevivir al siglo XVIII, y alrededor del tribunal de distrito de Valencia.
Por último debemos subrayar varias ideas acerca de ambas instancias y su relación con
las prácticas mágicas y su persecución.
A pesar de haber podido incidir de manera escasa en los sucesos y avatares que
acontecerán al Santo Oficio en el siglo XVIII, hemos podido atisbar que la institución
no ha entrado en esa decadencia feroz que destacaba una parte de la historiografía.
Cierto es que en la segunda mitad del setecientos las políticas llevadas a cabo por los
llamados monarcas ilustrados y sus ministros tendieron a acotar el control sobre esta
institución, influyendo en numerosas decisiones. Asimismo, algunos de los inquisidores
generales también empujarán a la institución en esta dirección.
No obstante, no observamos una menor actuación por parte de la institución. Es
posible que se controlen más sus gastos, o que se dictaminen qué procesos se llevan
hasta la definitiva y cuáles no, etc. Pero siguen abriéndose procesos, sigue habiendo
investigaciones, se siguen incoando sumarias, y siguen existiendo numerosas peticiones
para entrar a formar parte del tribunal 269, a pesar de los recortes en los privilegios de la
institución y de sus miembros.
Por tanto, y dentro de nuestras posibilidades y conocimientos, deberíamos dar la
razón a otra buena parte de la historiografía inquisitorial que, habiendo tratado a fondo
los tribunales inquisitoriales en el siglo XVIII, insiste en el vigor que presenta la
actuación procesal de esta institución.
También debemos ratificar las aseveraciones que han realizado otros
investigadores en cuanto a la gran centralización a la que se sometió esta institución. El
control férreo desde los organismos centrales, sobretodo por parte del Consejo sobre los
tribunales de distrito, lo descubrimos gracias al envío de los procesos y la petición de
instrucciones en muchos casos. En estos hechos, que se desvelan gracias al análisis
profundo del procedimiento inquisitorial, constatamos las tesis de Lea y de Haliczer,
que señalaron la implantación de esta centralización y sus principales hitos.
No obstante, debemos disentir con el análisis procesal que realizó Dedieu, en el
cual se insiste en la discrecionalidad de los inquisidores de distrito. El autor desvela

269
Al menos en Valencia, que es el caso que conocemos a través de la documentación.
125
que los tribunales no realizaban el envío de sus procesos al Consejo General, a menos
que en el voto realizado por los inquisidores de distrito y el ordinario existiese
discrepancia. No obstante, hemos observado que estas características no son aplicables
al procedimiento dieciochesco por lo que, tal vez, debería matizarse la época en la que
se inscribe su estudio para poder analizar de mejor manera la evolución de estos
aspectos.
En cuanto al tribunal de Valencia, hemos podido comprobar, aunque sea de
soslayo, que sigue manteniendo cierto vigor, y parece seguir gozando del respeto del
resto de instancias de justicia. No hemos observado excesivos problemas en el
momento de reclamar procesados por magia a las instancias reales, en los casos en que
estos ya habían sido apresados por la justicia real. De hecho, observamos cierta
colaboración entre las instituciones, al menos en aquellas causas que hemos analizado.
Asimismo, el tribunal de Valencia, como sucedió con el resto de la entidad,
parece haber oscilado de una buena situación económica, por su actuación en la guerra
de Sucesión en favor de Felipe V, a una situación bastante más precaria con el
advenimiento de los borbones que siguieron a aquel monarca, sobre todo en la segunda
mitad del siglo XVIII.
En la evolución histórica de la institución, seguramente el XVIII sea el siglo de
más penalidades económicas. No en vano los reyes dejaban de proporcionar dinero, y
empezaron a pensar que la institución “resultaba demasiado cara” a la Corona. Este
hecho, suponemos, que sucedió por las escasas confiscaciones que debió realizar el
tribunal en este periodo. De todos los casos expuestos, hemos observado sólo la
confiscación de la mitad de los bienes de una acusada, que seguramente no fueran
demasiados pues se trataba de una anciana sin oficio. Así las cosas, la institución
dejaría de ser auto-sostenida y pasaría a depender más de sus rentas y de la
benevolencia de la Corona.
En el caso de la Inquisición frente al fenómeno mágico, debemos decir que no
hemos advertido grandes novedades frente a las ideas expresadas por Lea o por la
historiografía que ha tratado la persecución de las brujas. Tanto la institución como el
tribunal de distrito seguirán las directrices tomadas frente al fenómeno de la brujería
siglos antes. De todos modos, esto no significa que los apresados por tales delitos
fueran tratados con excesiva benevolencia.

126
De hecho, si eliminamos la pena de relajación al brazo secular de nuestra
perspectiva, percibimos que entre los analizados aquí existe una mayoría de personajes
que fueron juzgados de manera dura por el Santo Oficio. Sobre todo, hemos visto esta
severidad en los casos femeninos, siendo aplicada por parte del tribunal de distrito pero
también desde las instancias centrales, desde el Consejo. Aumentando la pena de
bastantes mujeres con la de azotes para endurecerla aún más.
Por tanto, y a pesar de que la brujería “dejó de existir” según la mayor parte de
la historiografía, pues dejó de poder probarse, ello no parece significar que la magia
dejara de ser perseguida, juzgada y tratada con severidad, salvo en algunos casos
concretos.
Asimismo, la predilección de los inquisidores del distrito valenciano por el
destierro, también nos hace pensar en que el tribunal, además de castigar los delitos
concernientes a la fe, hizo lo posible por eliminar elementos perniciosos a la doctrina
católica pero, también, al orden social de la ciudad y del reino de Valencia.
Colaborando con ello en el mantenimiento del orden establecido, o en el
establecimiento de un nuevo orden, como buena institución cuasi real en la que se había
convertido.

127
128
PARTE II

LA MAGIA. PRÁCTICAS Y CREENCIAS DE UNA SOCIEDAD

129
130
1. Introducción

Es complicado observar la sociedad de una época, en realidad lo es por que en


escasas ocasiones tenemos la suerte de poseer una ventana para acercarnos a la vida de
las personas corrientes con nombre y apellidos de manera que queden expuestas de
algún modo muchas de las facetas de su vida. Pero, además, resulta todavía más difícil
comprender las razone de sus actos, y no digamos penetrar en sus sentimientos.
En esta parte de la investigación pretendemos acercarnos todo lo posible a
nuestros personajes y a las prácticas que realizaron. Con el suficiente análisis,
aspiramos a reconstruir un momento en la vida de nuestros personajes. A través de los
procesos que hemos podido recabar observaremos a las personas acusadas, y a aquellas
personas que las rodearon (sobre todo a través de aquellos que testificaron en su
proceso), sus creencias, sus prácticas, sus delitos y sus castigos. Por tanto, este es el
momento en que usaremos de varios procesos individuales para que ejerzan de punto de
apoyo en el inicio de cada uno de los temas en los que vamos a profundizar.
En su momento, realicé una pequeña clasificación de las prácticas magico-
supersticiosas, separadas según el objetivo mágico que persiguían sus practicantes 270,
pero este intento por teorizar las prácticas, por clasificarlas, ordenarlas, me apartó en
cierto modo de lo realmente importante, la observación de mis fuentes, de las personas
que aparecían en ellas, de sus vidas. La mirada lejana que imprimía al estudio, casi
desde otra dimensión, era del todo notable, eso sí, salpicando mis textos e
investigaciones con algunos “ejemplos” notables y pintorescos que arrojasen interés y
realismo a la investigación.
Sin embargo, después de mucho reflexionar 271, para la tesis nos propusimos
realizar la tarea inversa. Para ello, para viajar de lo particular a lo general, con el ánimo
de construir una pirámide inversa que nos permitiera analizar un proceso paradigmático
y unir a él las experiencias de otros procesados, y así que un caso concreto nos acercase
o nos alejase lo más posible de un patrón general aplicable a una determinada práctica.
Para ello debimos, en cierto modo, desaprender lo aprendido o desandar un camino que
ya estaba hecho para rehacerlo de nuevo, de otro modo. Andar el camino de modo

270
De la que se publicó un resumen en Pedrós Ciurana, María Luisa, “Estafadores y crédulos: la
Inquisición valenciana ante la superstición a principios del siglo XVIII”. En Estudis, revista de Historia
Moderna, nº34 (2008), Universidad de Valencia, Valencia.
271
Y de la ayuda insustituible de mentores como el profesor Rafael Benítez Sánchez-Blanco y la
profesora Giovanna Fiume.
131
inverso nos permitió observar detalles y plantear perspectivas que no habíamos tenido
en cuenta hasta el momento y que nos han ayudado a construir un análisis muy distinto
de aquella primera clasificación.
En la construcción de este camino debimos olvidar los supuestos planteados por
la vasta bibliografía relacionada con el tema estudiado, para poder observar a nuestros
protagonistas como algo nuevo, analizarlos sin contaminación externa, sin
predisposición alguna a juzgarlos de una determinada manera, y así poder centrarnos tan
solo en los hechos que les acontecieron. Una vez analizado en profundidad un caso
concreto, debíamos encontrar paralelismos con otros de los procesos estudiados, para
localizar ciertos patrones en los comportamientos, en las prácticas y en las creencias de
aquellas personas que fueron juzgadas por la Inquisición valenciana en el siglo XVIII.
Una vez encontradas las similitudes y las diferencias entre prácticas y
practicantes de magia decidimos agruparlos para crear, del modo más lógico y ordenado
posible, unos modelos que no sólo se aproximasen a las técnicas mágicas, sino que nos
acercasen un poco más al conocimiento de la sociedad valenciana del siglo XVIII. Por
tanto, una vez reconstruidas las diferentes historias, procuramos buscar una explicación
lo más profunda y extensa posible. En este punto la bibliografía resultó esencial.
Por tanto, y como avanzábamos en la introducción general, el objetivo de esta
parte lejos de presentarse como una aglutinación de números sobre las prácticas,
pretende presentar a personas individuales, insertas en una sociedad en un contexto y
época concretos. Personas con anhelos, miedos, necesidades, pasiones y creencias, en
ocasiones muy similares a las de otras personas más o menos lejanas en el tiempo y el
espacio, que desvelarán claras continuidades con periodos anteriores al estudiado.
Las motivaciones a la hora de realizar estas actividades que chocan con la
religión oficial parecen ser siempre las mismas: avaricia o necesidad económica, deseo
sexual, rencor u odio, venganza... A raíz de este tipo de prácticas se revelan las
pasiones instaladas en el alma de las personas. Asimismo, las causas del surgimiento de
estas no son siempre las mismas. En muchos casos, la terrible situación en la que se
encuentran los protagonistas les empujará a un intento desesperado por mejorar sus
circunstancias, recurriendo a todos los medios a su alcance.
En primer lugar, nos acercaremos a la magia con fines amorosos, la magia ad
amorem, escogiendo como protagonista principal de este capítulo a Josepha Cosergues,
una mujer procesada por el tribunal de distrito de Valencia entre 1723 y 1725. A través
132
de su proceso observaremos las prácticas o métodos mágicos más comunes para atraer a
los hombres, pero además nos acercaremos a las posibles motivaciones que movieron a
aquellas mujeres que practicaron tales artes. Ya fuera con el objetivo de atraer a un
posible marido, a un marido ausente o para atraer a muchos hombres, que se quedasen
prendados de sus encantos, parece que muchas mujeres se decidieron por estas
soluciones mágicas, ya fuera personalmente o a través de alguna mediadora o conocida
que las asesorase y socorriese en sus empeños.
Asimismo, en este y otros capítulos observaremos la opinión, a veces llena de
prejuicios, que a los vecinos les causaron estas prácticas. Esa vecindad adquiere un
gran protagonismo en la vida cotidiana de estas mujeres, y de la sociedad en general, y
ejerce una vigilancia moral sobre la colectividad, de tal modo que la vox populi o la
fama pública de una persona puede acarrearle una acusación ante la justicia, en este
caso, inquisitorial. Así observaremos cómo algunas acusaciones contra estas mujeres se
convierten casi exclusivamente en reprobaciones acerca de su comportamiento y laxa
moralidad.
En este caso, al igual que en muchos otros, no encontraremos personajes que se
dediquen solamente a este tipo de práctica o que solamente intentasen conseguir este
objetivo, sino que fue una de las muchas creencias y prácticas que sustentaron en su
modo de vida. Lo que sí observaremos a raíz del análisis, es que las que trataron el
tema fueron casi exclusivamente mujeres.
Ellas acudieron a un sinfín de métodos de carácter muy variado donde podemos
encontrar personajes celestiales y elementos sacros, así como alusiones a demonios o
personajes demonizados, elementos naturales o fluidos corporales, actuando por
separado o en conjunto para conseguir el fin deseado por la practicante de magia. El
abanico de posibilidades a las que recurrir se extenderá tanto o más que la tipología de
personas que utilizaron estas técnicas.
En cuanto a las motivaciones que pudieron empujar a estas mujeres a usar de
métodos considerados heterodoxos para conseguir el amor, intentaremos analizar todas
las posibilidades, barajando varios aspectos: la época en la que se encuadra nuestro
estudio, las teorías de género, la situación económica de las encausadas por estos
delitos, etc. Todo ello para alcanzar algunas conclusiones explicativas acerca de los
diferentes comportamientos en torno a la magia amorosa y a sus protagonistas.

133
En cuanto al ámbito de la salud, hace ya tiempo distinguimos dos grupos de
actuación: el de los maleficios o hechizos utilizados para que una persona enfermase y
el de las curaciones. El segundo capítulo se dedicará, pues, a analizar la supuesta
capacidad de algunos y algunas de nuestros protagonistas para dañar la salud de sus
convecinos, a través de métodos maléficos.
Hemos dedicado pues, un capítulo al ámbito del maleficio, analizando dos
procesos de modo separado para abarcar las posibilidades sociales de este tipo de
enfermedad. Con la primera parte del capítulo, dedicado al caso de Teresa Agustín, nos
acercaremos a un ámbito social proclive a atribuir la causa de la enfermedad y posterior
fallecimiento de un hombre a un maleficio. Asimismo, el análisis del proceso nos
servirá para acercarnos a un contexto hostil a la acusada, y observar la actuación del
tribunal inquisitorial ante una posible acusación falsa.
Por otro lado, con el proceso llevado a cabo contra la gitana Generosa Vicente,
nos acercaremos a la realidad social de las mujeres perdidas y encerradas en la prisión
Galera mientras, esta vez sí, analizamos algunos de los métodos y prácticas de maleficio
más comunes y repetidos a lo largo de los procesos estudiados.
Además, procuraremos analizar, como en el capítulo anterior, tanto la situación
de las acusadas como las posibles motivaciones que podrían haberlas llevado a desear el
mal ajeno y, en su caso, a practicar tales artes maléficas. Este capítulo nos servirá a su
vez para introducirnos en el siguiente, que abarca las relaciones con lo demoníaco, por
parecernos un hilo lógico de argumentación al contemplarse el maleficium como una de
las más estrechas relaciones con lo maléfico.
Por tanto, y de modo sistemático, avanzaremos en esa relación, estudiando el
fenómeno de la brujería en el tribunal de Valencia en el siglo XVIII, de manera
independiente, debido a su importancia. A través del proceso contra Josepha Tránsit,
aglutinaremos los casos que hemos encontrado que aludan a este tipo de delito, y
aprovecharemos para profundizar en las diferentes perspectivas que nos ofrece el
fenómeno brujeril. Analizaremos los diferentes aspectos que pueden relacionar a
algunas acusadas con la brujería clásica, al igual que aquellas características particulares
que podrían apartarlas de aquella consideración. Además, procuraremos desentrañar la
consideración que tuvo, de estas mujeres, la sociedad que las circundó, el provecho o no
que éstas sacaron de esa consideración, y el tratamiento que les dio la Inquisición.

134
En otra parte del mismo capítulo realizaremos una síntesis del tipo de relaciones
con el demonio que hemos podido constatar en nuestras fuentes, diferenciando aquellas
que se emprendieron de modo deliberado, de aquellos personajes que,
involuntariamente, se vieron las caras con lo maligno, saliendo mal parados del lance.
En cuanto a las relaciones voluntarias con lo demoníaco, resaltaremos los casos más
paradigmáticos de oraciones, invocaciones o pactos que hemos podido encontrar, así
como las referencias que existen en los procesos analizados a algún tipo de relación
sexual con el maligno. Las relaciones involuntarias, por su parte, se centrarán en
analizar desde la perspectiva del afectado, las torturas del demonio en los cuerpos,
realizadas sobre todo a través de enfermedades ya fueran físicas o mentales. Para ello
intentaremos sistematizar el estudio revelando los síntomas que afectaron a este tipo de
enfermos, los diferentes males que les aquejaron, el diagnóstico médico de aquellos y
los diferentes caminos que se tomaron para solucionar el problema. Por último,
guardaremos un pequeño apartado para los falsos posesos, que aprovecharon la fuerte
creencia en lo maligno para conseguir ciertos fines, fingiéndose espiritados.
Siguiendo un orden lo más lógico posible, nuestro estudio pretende pasar del
capítulo que abarca las relaciones con lo demoníaco a aquel en que desarrollaremos las
prácticas mágicas dirigidas a conseguir riquezas, la magia con fines monetarios. Aunque
en principio podríamos considerar que no existe un hilo conductor entre ambas
temáticas, utilizaremos la presencia demoníaca para construirlo. Así, en un principio
nos centraremos en aquellos personajes que recurrieron a la ayuda diabólica para
intentar lucrarse. En este capítulo entramos en el ámbito de los saca-tesoros, entre los
que diferenciaremos a aquellos que acudieron a la invocación del demonio para
conseguir sus fines de los que, al parecer, intentaron apartarse de este tipo de influencia
maléfica.
Parece indiscutible la extensa creencia de que existían tesoros ocultos y
encantados que sólo unos pocos tenían la capacidad de encontrar, bien por méritos
propios o bien con la ayuda del diablo. Y aunque en trabajos anteriores trazamos la
línea de diferenciación entre aquellos personajes que convirtieron la búsqueda de
tesoros en un oficio 272, separándolos de un segundo grupo, en el que incluimos a

272
Acerca de esto se puede consultar: Pedrós Ciurana, María Luisa, “Estafadores y crédulos: la
Inquisición valenciana ante la superstición a principios del siglo XVIII”… Pues aunque con una base
documental mucho menor representa en esencia la figura de un saca-tesoros estafador. Además los
hemos visto mucho en la bibliografía, por lo que nos pareció más interesante realizar el estudio
135
aquellos que creyeron en lo que hacían; para este trabajo decidimos que, sin
menosprecio de aquella clasificación, podía ser más interesante distinguir aquellos que
buscaron la mediación demoníaca para la consecución de sus objetivos, de aquellos que
no lo hicieron.
Así pues, el capítulo se dividirá en dos partes, en la primera podremos observar
como protagonistas principales a un soldado licenciado llamado Baltasar Fernández de
Sanzo y a un artesano llamado Carlos Genovés. A través de estos personajes
pretendemos analizar las posibles motivaciones de aquellos que acudieron al demonio
en busca de ayuda para conseguir moneda, los métodos que usaron para intentar
contactar con el ente maléfico y pactar con él, y sus nulos resultados.
Posteriormente, la segunda parte se ocupará de explicar el proceso llevado a
cabo contra un tal Pedro Juan Barrera, líder de lo que parece ser un círculo de amistades
que se aliarán en la búsqueda de tesoros enterrados. A raíz de esta historia pretendemos
observar los métodos y recursos de los que se valdrán aquellos saca-tesoros que no
parecen recurrir a la invocación demoníaca para obtener sus propósitos. Asimismo, este
caso nos servirá como punto de partida para observar las relaciones y solidaridades que
pueden llegar a establecerse en este tipo de empresas, la cantidad de personas a las que
se puede recurrir siempre con el objetivo claro de conseguir información y recursos para
la obtención de un tesoro y, además, analizaremos también las posibles motivaciones de
nuestros personajes para obcecarse en esta búsqueda.
Del estudio en profundidad sobre la vida, las relaciones y las prácticas del zahorí
Pedro Juan, volveremos al ámbito de la salud, aunque esta vez centraremos nuestro
estudio en aquellos que concentraron sus esfuerzos en la curación. En el siguiente
capítulo analizaremos los supuestos dones naturales para sanar de algunos de nuestros
protagonistas. La mirada se centrará en el caso de un supuesto saludador, como sanador
de las enfermedades humanas, y el de un hombre con gracia para curar a los animales.
En sus procesos observaremos la creencia en sanaciones maravillosas, los métodos
usados por los curanderos mágicos e, incluso, el engaño que puede presentarse ligado a
este tipo de prácticas.
A través de este análisis observaremos la abundancia de prácticas ligadas a la
utilización de oraciones cristianas, aunque de una ortodoxia realmente dudosa, en

pormenorizado de sectores sobre los que no habíamos encontrado grandes referencias en las obras
consultadas.
136
contraposición a un tipo de sanación basada en la tradición empírica-natural. Por
último, nos detendremos a analizar la cuestión de la profesionalidad de este tipo de
prácticas, puesto que la sanación suele ir precedida de un pago, de una compensación
económica. Así pues, los casos de Juan Gerónimo Fernández y José Arnau nos
introducirán en todos estos temas.
Finalizaremos este capítulo dedicado a las curaciones con un apartado dedicado
a la astrología y a la magia natural. Gracias a los procesos llevados a cabo contra Luis
Martí y contra mosén Francisco Montañana, nos aproximaremos a la sanación usando
de métodos naturales así como al uso de tratados de botánica y magia natural para
elaborar medicinas.
El último capítulo vamos a consagrarlo al estudio de la sociedad valenciana,
tanto a través de los procesados analizados y los lazos y relaciones que se establecieron
entre ellos, como en la profundización en su entorno social más cercano. Este pequeño
examen pretende aventurar la extensión de la creencia en lo mágico en la Valencia del
setecientos, así como establecer una hipótesis lo más satisfactoria posible acerca de los
canales de transmisión del conocimiento mágico oral.
Así pues, y mediante algunos de los protagonistas de los procesos analizados que
se transformarán en nuestros guías, dispongámonos a comenzar nuestro periplo a través
de la sociedad valenciana del siglo XVIII, acercándonos a su vida, a sus motivaciones y
sus pasiones, a sus creencias y sus prácticas. Todo ello en un intento, por nuestra parte,
de comprender mejor a las personas que fueron sujeto activo o pasivo de los procesos
analizados y, a través de sus vivencias, proyectar una posible hipótesis que se extienda
más allá de lo que podemos observar directamente, y aventurarnos a establecer un
posible patrón de creencias prolongable al resto de la sociedad valenciana.

137
138
2. La enfermedad del amor. Josepha Cosergues y la magia ad amorem

Este capítulo 273 va a tener como línea argumental principal el proceso realizado
contra Josepha Cosergues entre 1723 y 1725 274, aunque los hechos que en él se relatan
acontecieron entre los años 1721 y el inicio del proceso. Este caso es solo uno de los
muchos que encontraremos relacionados con la magia de amor pero, además, la acusada
es sólo una de las mujeres que se verán implicadas en los mismos hechos relatados en
su proceso.
En este mismo sumario observamos a varias implicadas en las prácticas mágicas
que vamos a relatar. Entre ellas destacan como protagonistas principales: Josepha
Cosergues, Bautista Hernández la Moncofina, Bautista Cones, Getrudis Badenes y
Catalina Súñer. De este grupo sólo hemos podido descubrir los procesos de Josepha
Cosergues y el de Bautista Hernández 275, aunque nos consta por informaciones
recopiladas en éstos y otros procesos, que las otras tres mujeres también fueron
encausadas por estos delitos.
En esta parte del análisis queremos dedicarnos a analizar la magia de amor: sus
causas y objetivos, prácticas y consecuencias, así como su relación en muchos casos con
el maleficio (tanto por cierta consideración existente del amor como enfermedad, como
porque las cuestiones de desamor pueden desembocar en un maleficio por parte del
amante despechado). Asimismo, nos gustaría establecer el tipo de relaciones que parece

273
Capítulo para el cual hemos utilizado, de manera primordial, la siguiente bibliografía: Fiume,
Giovanna, Il Santo Moro. I processi di canonizzazione di Benedetto da Palermo (1594-1807), Milán,
Franco Angeli Storia, 2002; Frazer, Sir James George. La rama dorada. Magia y religión. Fondo de
Cultura Económica, Madrid, 1981; Sánchez Ortega, María Helena. Ese viejo diablo llamado amor. La
magia amorosa en la España Moderna. UNED, Madrid, 2004; López Barja de Quiroga, Pedro y Lomas
Salmonte, Francisco Javier. Historia de Roma. Akal, Madrid, 2004; Dumézil, Georges, Les dieux des
indo-européens. Presses Universitaires de France, Paris, 1952; Tausiet, María. Ponzoña en los ojos.
Brujería y superstición en Aragón en el siglo XVI, Turner, Madrid, 2004; Tausiet, María, Abracadabra
omnipotens. Magia urbana en Zaragoza en la Edad Moderna, siglo XXI de España, Madrid, 2007;
Messana, Sofia, Inquisitori, negromanti e streghe nella Sicilia moderna, 1500-1782, Sellerio, Palermo,
2007; Torquemada, María Jesús, La inquisición y el diablo. Supersticiones en el siglo XVIII, Universidad
de Sevilla, Sevilla, 2000; Font Quer, Pío. Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado. Círculo de
Lectores, Barcelona, 2005; Feijoo, Benito Jerónimo. Teatro Crítico Universal o Discursos varios en todo
género de materias, para desengaño de errores comunes, tomo VIII (1739). Texto tomado de la edición
de Madrid 1779 (por D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo II
(nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares); Pérez García,
Pablo, La comparsa de los malhechores. Valencia 1479-1518. Diputació de València, València, 1990.
274
Archivo Histórico Nacional, sección Inquisición, legajo 5323, expediente 39.
275
AHN sec. Inq. leg. 525, exp. 14.
139
se establece entre muchas mujeres por este tipo de problemáticas, y cómo estas
relaciones podrían llegar a suponer una extensión en red de las prácticas mágicas 276.
Para realizar todo ello hemos escogido como punto de partida la historia de
Josepha Cosergues, una mujer de unos treinta y dos años, en 1723, casada con un
vellutero llamado Thomás Tapies y vecina de la ciudad de Valencia. Esta mujer será
acusada de haber cometido diferentes delitos de superstición amatoria, sacrílega, y por
las sospechas que sobre ella recaen de haber practicado maleficio hostil.
Su causa comienza con la testificación de una tal Bautista Cones 277, que
voluntariamente se presentará ante el tribunal para deponer una serie de sucesos y
prácticas en las que ella misma, junto a otras mujeres, se ha visto implicada. En su
declaración nos desvela el modo en que se reúnen un grupo de mujeres, y cómo
lideradas de alguna forma por Cathalina Súñer realizan diferentes prácticas mágicas
donde destacan aquellas dirigidas a atraer a los hombres.
Bautista nos revela en su primera declaración los orígenes y la calidad de la
relación entre el grupo de mujeres en el que nos introduce. Si nos detenemos un
momento a desgranar estos orígenes observamos que la tal Bautista relata como fue
encerrada en la cárcel Galera de Valencia 278 a instancias de su madre para intentar que
reformase su modo de vida, y allí pasó unos tres años para dicho fin. Sin embargo, más
que reconducirse parece que le sirvió para tomar contacto con otras mujeres perdidas de
la ciudad, puesto que al salir ya no quiso volver a casa de su madre y por huir de su
control fue a parar a casa de una tal Getrudis, una mujer que se ganaba la vida afeitando
las cejas a las mujeres. Allí, en aquella casa, mantendrá contacto con las demás mujeres
del grupo: Bautista Hernández la Moncofina, que servía a Getrudis como criada,
Josepha Cosergues, habitual de aquella casa, y Catalina Suñer, a quien ya había

276
Encontraremos los pormenores en torno a este tema en el apartado dedicado a las relaciones entre los
acusados, en la tercera parte de este estudio.
277
A esta mujer la veremos en muchos de los procesos que fueron llevados a cabo por la Inquisición de
Valencia en diferentes años y que hemos tenido la suerte de encontrar, como por ejemplo: el de Vicenta
Hernández “la Fornereta” en AHN sec. Inq. leg. 525, exp. 15, el de Bautista Hernández “la Moncofina”
(implicada también en estos hechos) en ibídem, leg. 525, exp. 14, el de Generosa Vicente en ibídem, leg.
528, exp. 9, el de Rosa Piza en ibídem, leg. 527, exp. 11, el de María Montó “la Puntarrona” en ibídem,
leg. 527, exp.4…
278
Hablaremos un poco más de ella en relación al caso de Generosa Vicente, desarrollado en el capítulo
dedicado al maleficio (capítulo tercero).
140
conocido previamente en la cárcel Galera donde había sido presa por orden del Santo
Oficio 279.
Estas cinco mujeres se reunirán en variadas ocasiones para realizar diferentes
prácticas mágicas, donde parece que la más entendida en estas cuestiones era Catalina
Suñer, pero todas colaboraban en mayor o menor grado además de alentarla a que las
ayudase a conseguir la estimación sincera de los hombres con los que mantenían
relaciones. En algún caso, como sucederá con Josepha Cosergues, la pretensión de la
interesada es la de atraer a un amante concreto, mientras que en otros casos pretenderán
atraer hacia su persona a cualquier hombre.
A lo largo de nuestros procesos hemos visto en más de una ocasión estas
diferentes actitudes cuando se trata de mujeres que usan de este tipo de prácticas, puesto
que no siempre se intenta conquistar con este tipo de diligencias a una persona concreta,
sino que en ocasiones lo que se pretende es atraer a los hombres en general 280. De
hecho, podríamos afirmar que dentro de las prácticas realizadas con un objetivo
amoroso, pueden diferenciarse estas dos finalidades, que en muchas ocasiones fueron
buscadas indistintamente por la misma persona. Asimismo, si nos referimos a las
prácticas destinadas a conseguir o mantener la estimación de una persona concreta,
destacará como uno de los propósitos más comunes el forzar el regreso de un marido
ausente 281.
Si nos ceñimos a la historia principal, que nos transmiten los testigos, se centra
en la relación entre Josepha Cosergues y su amante, al que desea conservar a pesar de
estar ambos casados con otras personas. Tanto la fecha del comienzo de su relación,
como el momento exacto en que acabó ésta, varían bastante de unos testimonios a otros.
Según algunos testigos se había establecido una relación entre Josepha y su amante
Thomás, un confitero también de Valencia, cuando ella ya estaba casada con un
terciopelero y, también según aquellos, esta relación habría finalizado nada más casarse

279
Más adelante descubriremos gracias al proceso que ya ha sido penitenciada dos veces por la
Inquisición antes de este nuevo contacto.
280
Vemos ejemplos en los procesos de Teresa Fornell en Archivo Histórico de la Universidad de
Valencia, Varia, caja 53 expediente 6; de María Franco en AHN sec. Inq. leg. 3722, exp. 21; de Pascuala
Llobera en ibídem, leg. 5323, exp. 34, etc.
281
No es el único proceso en el que encontramos alusiones a esta problemática. Observamos actuaciones
similares en otras causas como: la de Teresa Agustín (que veremos a continuación) en AHN sec. Inq. leg.
523, exp. 2; el caso de Antonia Lucas que observamos a través del proceso de Serafina Fuertes en AHUV,
Varia, caja 54, exp. 1; etc.
141
aquel confitero con otra mujer. No obstante, según la versión de la acusada siguieron
viéndose un tiempo después de haberse casado su amante.
De todos modos, en lo que sí coinciden los testigos es en que esta mujer había
quedado muy despechada cuando el confitero puso punto y final a sus relaciones con
ella. De hecho, Bautista Cones, como malsín282 en el grupo de mujeres que depone en
su caso, relatará el modo en que Josepha acudió a Catalina Súñer, para que esta última
realizase las acciones oportunas (mágicas, se entiende) para que su amante, Thomás, no
pudiera olvidarla y nunca se apartara de su lado. Además, la acusada participó en todas
aquellas diligencias en las que se requería su colaboración para alcanzar el fin
comentado, aprendiendo, además, otras técnicas y oraciones que Catalina les enseñaba,
como cabecilla del grupo, para que tuvieran a todos los hombres que deseasen.
De hecho, parece que tal era la pasión de Josepha por el confitero que llegó a
afirmar, siempre según Bautista, que si no quería estar con ella no estaría con ninguna
mujer 283:

Manifestava gran sentimiento de que él huviesse tomado estado y casádose con otra
muger pues por este motivo se havía apartado de su comunicación y no la socorría como
antes. Y dixo la dicha Josepha que havía de bolver a su comunicación o havía de morir
rabiando en una cama 284.

Catalina Suñer se comprometió a ayudarla en su empeño de atraer a Thomás el


confitero. Las cinco mujeres juntas, o por separado, realizaron varias prácticas con
estos fines amorosos. De estas destaca, sobre todo, aquella en que Josepha debe
entregar algo de comer, preferiblemente pan, al amante para posteriormente sacarle el
bocado a medio mascar de la boca, y así que Catalina pueda prepararlo luego:

Josepha no estava aún asegurada y siempre se quexava de que dicho Thomás, aunque
continuava en la correspondencia, no la mostrava el cariño que antes. La dixo que
quando dicho Thomás fuesse a su casa le diesse alguna cosa de comer y procurasse
traherle a ella el primer bocado que se pusiesse en la boca, sacándoselo con el pretexto de

282
En la RAE, malsín: (Del hebr. malšīn). 1. m. Cizañero, soplón.
283
No es un tema exclusivo de esta causa, puesto que encontraremos muchas similitudes en otros casos
analizados, como el de Generosa Vicente o Josefa Carratalá (que aparece en su mismo proceso) en AHN
sec. Inq. leg. 528, exp. 9; y que estudiaremos en el siguiente capítulo.
284
Ibidem, leg. 5323, exp. 39, fol. 2.
142
que ella se lo quería comer. Y dicha Josepha ofreció a dicha Catalina que se lo trahería
para que lo compusiesse según se lo havía ofrecido 285.

Parece ser que este bocado de pan mascado, con la saliva del sujeto a quien se
deseaba enamorar, debía ser preparado luego para que tuviera la efectividad anhelada.
Esta composición se fundamentaba en clavar una serie de agujas al pan, mientras se
recitaban unas palabras que no llegó a percibir la testigo que nos transmite el suceso,
pues se dijeron en voz baja. Muchos testigos, que ofrecen su testimonio en procesos
inquisitoriales, hacen hincapié en el hecho de las oraciones recitadas en voz baja. No en
balde la mayoría de investigadores del fenómeno mágico y religioso resaltan la
importante diferencia entre rezar en voz alta o en voz baja una oración 286. Si ésta era
repetida en voz baja era susceptible de sospecha, puesto que los presentes no podían
“juzgar” u opinar sobre su ortodoxia. Esta afirmación entraría por tanto en el grueso de
la utilización de la censura propia y mútua-vecinal.
La censura propia, aplicada por uno mismo al haber sido testigo y/o haber
participado como cómplice en algunas diligencias sobre las que puede recaer sospecha
en cuanto a su ortodoxia. En este caso el desconocimiento de las oraciones que se están
utilizando para realizar las diligencias, podía abocar a una crisis de conciencia que
finalizase con una autodelación. Por ello, los coautores o testimonios de una práctica
ejercen como censores de su propia conciencia, presentándose ante el confesor o ante el
tribunal para manifestar sus dudas y ser absueltos. Mientras que la censura mútua-
vecinal, se aplicaría sobre las restantes personas que asisten a tales hechos, como
autores, co-autores o simplemente testigos de aquellos. Se trataría del ejercicio de
control de una comunidad sobre sus convecinos, sobre lo que hacen y dicen, y a través
de aquello que dicen acceder a su pensamiento, mentalidad y creencias para valorar si
son condenables o no.
La continuación del ritual exigía preparar otros pequeños objetos con el fin de
ligar la voluntad, y así el corazón, del ser amado:

Y dixo a dicha Josepha que fuese a mercar dos dineros de alfileres plateados y,
haviéndoles trahido, les tomó dicha Catalina y les fue clavando en dicho bocado de pan,

285
AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 39, fol. 4.
286
Llama la atención sobre la diferencia entre una oración recitada en voz alta y otra en voz baja Fiume,
G. Il Santo Moro. I processi di canonizzazione di Benedetto da Palermo… Pág. 89.
143
diciendo al mismo tiempo algunas palabras que por decirlas en voz baja no percebio la
declarante; y luego se lo bolvió a dicha Josepha, y esta lo puso con los alfileres clavados
dentro de una bolsilla de grana, que llevava consigo. Y al abrirla reparó la declarante que
havía en dicha bolsilla tres pedazos de cerilla de diferentes colores, amarilla, blanca y
verde, y oyó a dicha Josepha que hablando con dicha Catalina la dixo que ya havía
bautizado en tres parroquias los tres pedazos de cerilla, uno en cada una que fueron: San
Andrés, San Martín y San Juan, según ella se lo havía ordenado […] y que con los
alfileres que havía clavado en el bocado de pan le clavaría el corazón y las entrañas de
forma que no la podría olvidar mientras el fuesse hombre y ella muger. Y aborrecería la
muger con quien se havía casado287.

Las agujas, el bocado de pan, la necesidad de algo perteneciente al cuerpo o


ropajes de la persona a quien se desea ligar, etc. son elementos que hemos visto en
variadas ocasiones relacionados con las prácticas mágicas amorosas, aunque
observaremos unos elementos similares cuando se trate de un maleficio 288. Por tanto,
vemos elementos similares utilizados en ocasiones de modo análogo y en otras de modo
diferente, para conseguir un objetivo en principio muy distinto.
En esta línea se situaría la práctica que veremos a continuación que, si bien
también podríamos relacionarla con el uso de elementos sacros con fines mágicos, se
asemeja en gran manera a las técnicas que pueden ser utilizadas para dañar la salud de
una persona 289. En este caso, una mujer que era conocida del grupo de mujeres al que
hemos aludido, se acercó a la casa de Getrudis donde solían reunirse para que Catalina
la ayudase a realizar una diligencia mediante la cual esperaba que el hombre con quien
se relacionaba se casase con ella. La testigo Bautista Cones cuenta el hecho de esta
manera:

Fue en casa de dicha Getrudis una muger de mal vivir llamada Bautista Reynot, de edad
de 20 años, que vivía entonces con su madre en una casa en la plaza de las Barcas, junto a
la morera, y en presencia de todas las referidas Josepha, Getrudis, Bautista Moncofina y
la declarante, le entregó a la dicha Catalina un niño Jesús de cera para que se lo
compusiese a fin de que un hombre con quien tenía correspondencia se casasse con ella.

287
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 5.
288
Como el caso paradigmático de Generosa Vicente que estudiaremos con mayor profundidad en el
capítulo dedicado al maleficio.
289
En el capítulo acerca del maleficio observaremos la confección de muñecos de cera a quienes se les
clavan agujas con un fin maléfico.
144
Y tomándolo la dicha Catalina en sus manos fue diciendo en voz baxa algunas palabras y
de quando en quando clavaba en el cuerpo del niño un alfiler. Y haviendo clavado
algunos en diferentes partes (no se acuerda quantos) se lo bolvió diciendo que ya estaba
compuesto. Y sacando entonces dicha Reynot un pedazo de cuerda que llevaba consigo,
dixo que aquella era la cuerda de ahorcado que días antes se la havía dado dicha Catalina
para que tuviesse fortuna y juntándola con el niño, y alfileres, lo puso todo dentro de una
bolsita de grana que traía en su faltriquera 290.

Incluso en este mismo proceso se alude a la utilización por parte de nuestra


protagonista de una forma realizada con cera para dañar a una persona. En este caso la
forma representada en cera será la de un corazón:

Y un día, hallándose presentes dichas Catalina, Getrudis, Bautista Moncofina y la


declarante, las mostró dicha Josepha un corazón de cera verde atravesado con alfileres,
que traía embuelto en un papel y las dixo que con aquello havía maleficiado a la muger de
dicho hombre con quien ella tenía correspondencia ilícita. Y que havía compuesto el
dicho corazón para dicho fin.

Estamos ante uno de los numerosos ejemplos en que se utiliza una forma
realizada con cera para la realización de un maleficio. En el capítulo dedicado a este
tipo de prácticas trataremos la gran importancia que estas formas, que se utilizan en
representación de una persona, y el modo en que se les clavan agujas para dañar la salud
de la persona representada. En este caso además, la cera usada es de color verde. Este
color parece ser muy utilizado para operaciones mágicas, pues en los casos en los que
aparece el uso de velas en alguna práctica mágica, éstas suelen utilizarse de color
verde 291.
Entre otras muchas prácticas con el objetivo de atraer al hombre deseado,
también destaca aquella en que el vino y la sangre menstrual se convierten en
protagonistas. En esta ocasión, será Getrudis, que pertenece al grupo de mujeres
analizado, la que realiza tales acciones aunque siempre instigada por la tal Catalina.
Getrudis tenía una relación con un peluquero llamado Vicente Artiller y deseaba

290
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 22.
291
Poseemos diversos ejemplos como el del proceso contra Teresa Agustín en AHN, sec. Inq. leg. 523,
exp. 2, fol. 2; en el caso de Eugenia Patiño en ibídem, leg. 3722, exp. 31; el de Pascuala Llobera en
ibídem, leg. 5323, exp. 34; etc.
145
efectuar una diligencia para que aquel nunca la abandonase. Por tanto, con el deseo de
ejecutar una práctica mágica que le ligase a su persona, le invitó a comer a su casa
dándole de beber una copa de vino que había preparado previamente introduciendo en él
tres gotas de su sangre menstrual, al tiempo que recitaba las siguientes palabras: “Assí
como beves mi sangre, vengas tras mí como la oveja tras del cordero” 292.
Parece ser frecuente el uso de líquidos corporales, ya sea sudor o sangre
menstrual, como mecanismos de atracción sexual de uso común en hechizos y
encantamientos. Asimismo, otros elementos corporales tales como las uñas o el pelo,
bien cabello de la cabeza o cortado de las partes íntimas, también serán comúnmente
usados en operaciones mágicas. Si bien es cierto que todos estos elementos no son
utilizados solamente en la magia amorosa, puesto que en algunos casos los veremos
también usados en el maleficio 293.
Según lo que hemos podido observar también resulta común la necesidad de que
estos elementos, procedentes de la fisiología de la persona interesada, sean ingeridos por
la persona de su interés. Con este fin pueden llegar a introducirse en diferentes
alimentos, ya sean sólidos como el pan 294, o líquidos como el vino o el chocolate 295.
Siguiendo esta teoría, y a caballo entre la magia amorosa y la profiláctica,
observamos otro ejemplo en este proceso. En este caso se nos narra cómo Catalina
explicaba a Josepha el modo de evitar que su marido advirtiese su relación con el
confitero y por tanto tomase medidas contra ella. Para controlarle o protegerse de él de
algún modo, además de usar todas las diligencias explicadas con anterioridad que le
aseguraban su estimación y ligazón a su persona, podía recurrir a otras prácticas como:

Y que quando le peynase tomase de su cabeza algunos cabellos y haciendo en ellos tres
nudos dixesse las palabras: “Con dos te miro, con tres te ligo, con quatro te ato, de tu

292
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 17.
293
Aunque debemos tener en cuenta que siempre se usa pelo u otros objetos de la persona a quien se
quiere maleficiar, mientras que en la magia amorosa se usarían elementos del propio cuerpo (o del de la
persona que pide el hechizo si quien lo prepara es solamente una mediadora). Encontramos referencias a
este tipo de creencias en Frazer, Sir James George. La rama dorada. Magia y religión… Págs. 271 – 283.
Frazer nos habla de los objetos tabuados, centrándose en estas páginas en las creencias acerca de ciertos
elementos del cuerpo humano como el pelo, las uñas, etc.
294
Observamos el uso del pan en las prácticas de magia amorosa en el proceso contra Teresa Fornell en
AHUV Varia, caja 53, exp. 6.
295
Como veremos en mayor profundidad en el siguiente apartado, dedicado al proceso contra Teresa
Agustín AHN sec. Inq. leg. 523, exp. 2, fol. 2: “Se cortavan las uñas de sus pies y los pelos de sus partes,
y con sangre de su regla, lo ponían en una cazuela y lo quemavan y después lo davan en chocolate al
hombre, diciendo estas palabras: «Así como te beves mi sangre vermeja, así vayas tras mí, como el
cordero tras de la oveja»”.
146
sangre bevo, el corazón te parto, con las parias 296 de tu madre la boca te tapo. Bravo león,
amansa tu ira que primero es Dios que Santa María. Tan humilde estés a mí como la suela
de mi zapato y el sacerdote la missa”.
Y aseguró dicha Cathalina a Josefa que con estas diligencias no tendría que tener rezelo
de dicho su marido por lo que ella hacía con el confitero. Y bolviendo dicha Josefa en
casa dicha Getrudis, refirió a dicha Cathalina en presencia de todas, diciendo que havía
executado dichas diligencias y le havían provado muy bien, porque su marido nada la
decía aunque saliesse de casa 297.

Con poca variación en otros casos en los que hemos encontrado una alusión a la
realización de nudos, éstos generalmente se elaboran para ligar a la persona deseada.
Tal vez por ello, esta práctica parece poseer mayor efectividad si se realiza con alguna
cosa perteneciente al hombre anhelado. En este caso hemos observado la utilización de
cabello de la persona a la que se quiere ligar o controlar, pero en otros se utilizarán otros
elementos, como cordones o cintas. De hecho, en este mismo proceso encontramos otro
modo de ligar que utilizará estos últimos elementos:

Y haviendo ofrecido dicha Catalina que al día siguiente miércoles compondría la cinta de
los calzoncillos, sin que pasasse otra cosa, se fueron a sus casas.
Item declara que haviendo buelto al siguiente día miércoles en casa de dicha Getrudis las
dichas Catalina y Josepha, sacó dicha Catalina la referida cinta amarilla y, presentes las
mismas, hizo en ella tres nudos, diciendo: Con dos te miro, con tres te ligo, con quatro te
ato. Y aseguró a dicha Josepha que con aquello tenía ya atado a dicho Thomás 298.

Sin embargo, aparece otro factor en aquel hechizo que sólo hemos podido
contrastar en los casos en que se utiliza algún tipo de oración o hechizo con fines
profilácticos. Nos referimos al fragmento: Tan humilde estés a mí como la suela de mi
zapato. Por lo que parece, las oraciones utilizadas con semejante fórmula se usaron con
el objetivo de ligar a los enemigos para así protegerse de ellos e, incluso en algunos
casos, para defenderse de un marido con tendencias violentas. Así observamos, por
296
Entendemos que los protagonistas se refieren con parias de tu madre a uno de los significados
aportados por la RAE sobre el apelativo - parias: (Del lat. paria, pares, n. pl. de par, por alus. a la placenta
y las membranas, las dos masas que se expelen en el parto; cf. pares). 1. f. pl. p. us. placenta (del útero).
297
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 17.
298
Ibidem, fol. 5. Esta misma fórmula, junto a otras, aparece por ejemplo en el proceso llevado a cabo
contra Serafina Fuertes con la intención de atraer y atar al hombre deseado, en AHUV Varia, caja 54,
exp. 1, fol. 40.
147
ejemplo, en el proceso contra Serafina Fuertes una fórmula que recuerda bastante a la
anterior, puesto que alude a cuestiones muy similares:

Tierra piso, cielo acato, mis enemigos ciegos, de pies y manos los ato, y que estén tan
humildes a mí como la suela de mi zapato299.

En este proceso, a pesar de referirse un gran número de prácticas para intentar


atraer el amor, debemos destacar como principal el uso de las oraciones a algún santo
como pieza fundamental de la magia amorosa y de otras muchas prácticas mágicas 300.
Estas oraciones, que encontramos de manera abundante en nuestra documentación,
parecían ser comúnmente conocidas por su eficacia en la resolución de multitud de
problemáticas cotidianas, a pesar de no ser aceptadas por la religiosidad oficial. En éste
y otros procesos se habla de la oración a santa Elena como pieza fundamental para
atraer a los hombres. No obstante, en esta causa concreta no se nos aporta la oración
completa, mientras que sí podemos encontrar otra dirigida a san Amador, que parece
tener una finalidad muy similar a aquella dirigida a santa Elena. Así nos encontramos
con lo siguiente:

Item, declara que por el referido tiempo enseñó dicha Cathalina a la declarante, Josefa,
Getrudis y Bautista, a fin de tener constantes a los hombres que las correspondían, la
oración de san Amador, la qual la havían de decir luego que entrase el hombre en su casa
y siempre que saliessen de ella. Y la declarante y las demás la aprendieron y es como se
sigue: “Bendito san Amador, tres rayos tiene el sol, el primero en la cabeza, porque me
tenga firmeza, el segundo en el corazón porque me tenga afición y el tercero en las manos
porque me dé quanto tuviere, y me diga quanto supiere”. Y ha oído decir a las dichas
Josefa, Getrudis y Bautista que decían dicha oración cada una por el hombre que la
correspondía. Y la declarante confiesa que la ha dicho repetidas vezes por un moso que
la tenía en correspondencia 301.

Es curioso que esta oración a un santo se asemeje en gran manera a la


encontrada en otro proceso, y donde la petición se dirige a una estrella:

299
Causa contra Serafina Fuertes en AHUV Varia, caja 54 exp.1, fol. 27. Donde se comprueba el uso de
esta oración en relación a la magia profiláctica o magia de protección.
300
Como comprobaremos en los diferentes capítulos desarrollados a lo largo de esta parte del estudio.
301
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 29, fol. 17.
148
Estrella, estrella, la más reluciente y bella, tres rayos de amor van con ella, el uno que le
cayga en medio de la cabeza, que me tenga amor y firmesa, el otro que le cayga en medio
del corazón, para que no me olvide ni de mí se aparte, y el otro en las piernas, para que no
pueda parar ni sosegar allá donde esté y venga a buscarme 302.

En las dos observamos el número tres en una posición principal, lo que en un


principio podría remitirnos directamente al misticismo cristiano y a la simbología de la
Trinidad, como comentan algunos autores 303. Sin embargo, el tres afectó directamente
al cristianismo, seguramente por influencia de religiones más antiguas, paganas, donde
los panteones ciudadanos precisamente disponían generalmente de tres dioses/as
principales 304. Asimismo podríamos hacer referencia a la importante significación que
posee el número tres en las culturas de origen indoeuropeo, donde encontramos también
la preponderancia de una tríada de dioses, en lo que parece ser una demostración
mitológica de una división trifuncional de las sociedades arcaicas 305.
Todas ellas características ancestrales que dan gran tradición e importancia
numerológica al tres, y a sus múltiplos, tal vez por encima de otros números también
destacables de la simbología cristiana, o con raíz judaica, como pudieran ser el trece o el
siete respectivamente, y que también llegaron a adquirir cierto significado mágico.
Asimismo, tanto en la oración recitada a la estrella como en aquella dedicada a
san Amador, parece que se anhela que los rayos o fuerzas del ente mediador se dirijan a
los tres puntos vitales de la persona deseada, para convencerla desde todos los aspectos
posibles del camino a seguir, tal vez siguiendo el patrón de mente, alma y cuerpo para
conseguir todos los sentimientos posibles: deseo, amor y devoción.
Aun así, ya hemos apuntado que la oración con fines amorosos más abundante
en los procesos estudiados, aunque sólo sea por la alusión que a ella se hace, es la

302
AHUV, Varia, caja 54, exp. 1, fol. 31.
303
Entre ellos, destacar a María Helena Sánchez Ortega, la cual destaca la presencia de números mágicos
(el trece, el nueve, el tres) y la importancia de su simbología cristiana en varias de sus obras, entre ellas,
Sánchez Ortega, M. H. Ese viejo diablo llamado amor. La magia amorosa en la España… Págs. 91-93.
304
Un ejemplo significativo lo encontraremos en Roma donde la tríada capitolina (Júpiter, Juno y
Minerva) llegó a sustituir a una tríada arcaica de dioses (Júpiter, Marte y Quirino). Encontramos más
detalles al respecto en López Barja de Quiroga, Pedro y Lomas Salmonte, Francisco Javier. Historia de
Roma… Pág. 349.
305
Teoría desarrollada por el filólogo Dumézil en sus obras, entre ellas: Dumézil, Georges, Les dieux des
indo-européens...
149
oración a santa Elena. Asimismo, gracias a la bibliografía 306 observamos que Valencia
no se distingue de otras zonas peninsulares, donde santa Elena también será apelada con
fines amorosos. Así pues, encontramos en el proceso realizado contra una tal Rosa
Piza307 lo que parece ser una oración completa a esta santa:

Gloriosa y bienaventurada santa Elena, hija sois de rey y reyna, y vos reyna de por sí; en
el mar vermejo entrastes, tres piedras del oriente sacastes, en la mesa de mi señor
Jesucristo las presentastes. Dixo san Pedro a san Pablo: ¿qué comerá esta dueña? Paz, fe,
amor, sal y charidad. De allí se levantó, tres pasos más adelante pasó, y la Virgen de
Oriente por allí pasó, y dixo: Elena ¿qué tenéis que estás tan maldiciente? ¿Han dicho mal
de ti y de toda tu gente? Que te prometo por el sol saliente, por el agua corriente, por los
nueve meses que traxe a mi hijo en el vientre, de poner paz en ti y en toda tu gente. De
allí se levantó y más adelante pasó y a las orillas de el mar Telin se asentó, la bendición
hechó y las aguas apartó y el mar pasó. De allí se levantó y a Gerusalén allegó, con un
judío viejo encontró y le dixo: ven acá judío ¿qué es de la cruz de mi señor Jesucristo?
Elena, yo no sé de ella: Al monte Tabor subirás y a mano derecha tomarás treinta y tres
palmos de ancho y largo cabarás, y con la cruz de mi señor Jesucristo encontrarás. De allí
se levantó y más adelante pasó y un cuerpo difunto encontró, consigo se lo llevó y al
monte Tabor subió y a mano derecha tomó, treinta y tres palmos de ancho y largo cavó, y
más cavó y recavó y con la cruz del mal ladrón encontró, la puso sobre el cuerpo difunto
y el cuerpo ni habló ni resucitó. De allí se levantó y más adelante pasó; cavó y más cavó y
con la cruz del buen ladrón encontró y la puso sobre el cuerpo difunto y el cuerpo tembló
pero no resucitó. De allí se levantó y más adelante pasó, y con la cruz de mi señor
Jesucristo encontró, la puso sobre el cuerpo difunto, el cuerpo habló y resucitó. De allí se
levantó, más adelante pasó, cavó y más cavó y recavó y con los tres clavos de mi señor
Jesucristo encontró. Tomo el un clavo, al mar vermejo le hechó, para que ningún
marinero que pasasse peligrasse; el otro le dio a su hijo Constantino, para que en las
batallas fuesse vencedor y no vencido, y el otro le guardó la gloriosa y bienaventurada
santa Elena para todos los que mercedes le pidieren.

306
Encontramos referencias a esta santa y a oraciones dirigidas a ella con fines mágicos en: Tausiet,
María, Abracadabra omnipotens. Magia urbana en Zaragoza en la Edad Moderna… Pág. 115, entre
otras; para la zona de Sicilia también observamos el recurso a santa Elena en Messana, Sofia, Inquisitori,
negromanti e streghe nella Sicilia moderna… Págs. 325-326; en relación al uso de esta oración por los
acusados en procesos incoados en el tribunal de Sevilla, encontramos la aportación de Torquemada,
María Jesús, La inquisición y el diablo. Supersticiones en el siglo XVIII… Pág. 131; etc.
307
AHN sec. Inq. leg. 527, exp. 11.
150
Aunque en general encontramos esta oración, o más comúnmente la mención a
esta santa, relacionadas con las prácticas amorosas, es cierto que en alguna ocasión
hemos observado que se utiliza en prácticas de adivinación, incluso para colaborar en la
búsqueda de tesoros ocultos, como en el proceso contra Pedro Juan Barrera 308:

Item, el dicho conjunto haviendo conseguido de otras de las personas que intervenían esta
oración de santa Elena, se valió de ella varias vezes rezándola delante de un vidrio de
agua para ver los tesoros.

Las oraciones a los santos no parecen ser el único motivo sacro utilizado para
fines mágicos. Tanto en la magia con objetivos amorosos como en las prácticas
realizadas con otros fines, resulta bastante común observar una intercalación entre los
elementos profanos y los instrumentos de origen religioso como la utilización del agua
bendita, la utilización de las bendiciones dadas en la misa para componer ciertos
elementos mágicos, etc. Pero entre los objetos sacros utilizados, adquiere un papel
importante el uso de la sagrada forma para fines nada piadosos. En este mismo proceso
se nos da prueba de esta utilización, aunque los ejemplos observados en los procesos
son múltiples 309. Así pues, parece ser que la sagrada forma una vez bendecida podía ser
utilizada para atraer y conservar a los hombres, según nuestras protagonistas 310:

Solía acudir a ella una muger que acostumbra andar vestida como beata con un velo
negro, jubón de sayal de san Francisco y será de quarenta a cinquenta años de edad,
llamada Jacinta, no sabe su apellido, sí que por estar reputada por beata la llaman la
hermana Jacinta […]. Con ocasión de hablarle entre todas de los remedios que podía
haver para que los hombres fuessen constantes en la correspondencia con las mugeres,
dixo dicha Jacinta que para este fin era remedio muy eficaz llevar consigo la muger una
forma consagrada. Y que si querían usar de él, quando fuessen a cumplir con la
parroquia, sacasse cada una de su boca la forma que comulgasse y que se la llevassen a

308
Que veremos más adelante en el capítulo dedicado a los saca-tesoros. El proceso contra Pedro Juan se
encuentra en AHN sec. Inq. leg. 523, exp. 8.
309
Encontramos también ejemplos en el proceso contra Generosa Vicente, que veremos en el capítulo
dedicado al maleficio, AHN sec. Inq. leg. 528, exp. 9; en la alegación fiscal que recoge el proceso contra
Ana Berenguer en ibídem, leg. 3722, exp. 27; etc.
310
Alude a la utilización de elementos cristianos en ritos mágicos Sánchez Ortega, María Helena. Ese
viejo diablo llamado amor… Págs. 377-382, entre otras.
151
ella para componerla. Y las advirtió que el llevarlas consigo havía de ser en tres días de
cada semana y que estos eran: lunes, miércoles y viernes 311.

Hasta ahora, hemos observado varias categorías de prácticas para conseguir o


conservar a la persona deseada. Entre ellos tendríamos pues, los hechizos que requieren
de elementos personales, ya sea fluidos corporales propios u objetos y demás elementos
pertenecientes a la persona amada, como por ejemplo el caso de las ataduras. Estos
métodos parecen ligados a la magia simpática de la que habla Frazer 312, que presenta
una relación simpatética entre los elementos o fluidos que una vez pertenecieron a una
persona, como la sangre, las uñas, el pelo, el sudor, etc. con aquella persona,
conservando parte de su esencia. Por tanto se podría deducir que era posible utilizarlos
para crear un vínculo entre ambos espíritus, el del amante y el del amado.
Por otro lado, hemos atisbado la utilización de elementos sagrados, ya fueran
oraciones, ya formas consagradas. Suponemos que estas mujeres, gracias a la larga
tradición cristiana de santos, milagros y maravillas, debieron asimilar en su conciencia
la creencia del gran poder que emanaba de elementos sacros. No en vano el uso del
agnus dei, de los relicarios, el lignum crucis, el agua bendita, etc. resultarán piezas
fundamentales que combinadas con otros elementos profanos forman el conjunto de la
magia valenciana del siglo XVIII, y de la magia de época moderna en general.
Sin embargo, a pesar de la multitud de hechizos y combinaciones que hemos
vislumbrado, existe otro grupo de fórmulas utilizadas que exigen de elementos naturales
que también podían actuar para atraer el amor. Parece que en algunas ocasiones
nuestras protagonistas poseyeron algún tipo de conocimiento botánico, adquirido a
través de la tradición (pues la inmensa mayoría no saben ni leer ni escribir), que las
llevó a utilizar plantas y elementos naturales para la consecución de sus objetivos. En
ocasiones podemos observar, por ejemplo, la utilización de plantas “espanta-brujas” o
ahuyentadoras del mal como es el caso de la ruda de monte 313; mientras en el caso

311
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 19. María Tausiet habla también de estos días, calificándolos de
días propicios para la magia erótica por ser antiguamente los consagrados a la Luna, Mercurio y Venus.
Tausiet, M. Abracadabra… pág. 104.
312
Frazer, sir J. G. La rama dorada… págs. 271 - 283.
313
Observamos el caso de este tipo de hierba en el proceso llevado a cabo contra Teresa Villascusa en
AHN sec. Inq. leg. 528, exp. 10. Asimismo la bibliografía también apunta al uso de tal hierba con fines
similares, y también su utilización en exorcismos para echar al mal del cuerpo. En Messana, M. S.
Inquisitori, negromanti… pág. 496 y Tausiet, María. Ponzoña en los ojos. Brujería y superstición en
Aragón en el siglo XVI… Pág. 448. Con esta finalidad también la encontramos utilizada en el proceso
contra Luis Noalles en AHUV Varia, caja 53, exp. 1.
152
concreto de la magia amorosa hallaremos en más de una ocasión referencias a la hierba
falaguera 314.
En el proceso contra Josepha Cosergues, encontramos el ejemplo botánico
cuando una de las implicadas en los lances mágicos declina la oferta de utilizar la hostia
consagrada para atraer a los hombres. Entonces, la beata que les había recomendado tal
remedio le dará una solución individual para que pueda tener el mismo éxito que sus
compañeras sin usar de este objeto sagrado:

Item, declara que no haviendo querido la declarante convenir en remedio tan malo y
sacrílego, sin embargo de desear también la constancia de un hombre que la correspondía,
la dixo dicha Jacinta en presencia de las referidas que ella la daría otro medio con que
lograsse el mismo fin. Y era: el que llevasse dentro del zapato baxo las plantas de los pies
compuestas tres yerbas llamadas maro, falaguera y valeriana. Y la ofreció que se las
compondría. Y conviniendo la declarante, al día siguiente la traxo dichas tres yerbas,
diciendo que ya las havía compuesto y la previno que las llevasse baxo las plantas de los
pies en los días lunes, miércoles y viernes de cada semana315.

El modo en que debían componerse no aparece explicado por este personaje,


aunque sí por una de las protagonistas que parece más sabia sobre este tipo de
cuestiones. Así Catalina Suñer describe los elementos a utilizar para que estas plantas
surtieran el efecto deseado de atraer a los hombres:

Componerle juntamente tres hiervas que tenía en unos tiestos, llamadas: maro, falaguera
y valeriana; y que el modo de componer dichas tres hiervas era poner en la raíz del tronco
de cada una, oro, plata y coral, y añadir a la raíz del maro un perrito recién nacido y ya
muerto.

Curiosamente, a las cuatro plantas se les reconocen propiedades beneficiosas


para trastornos uterinos o para dolores y problemas menstruales. Siguiendo la
información que nos aporta el Dioscórides renovado 316, parece ser que la ruda entre

314
Por ejemplo en el caso de María Franco en AHN sec. Inq. leg. 3722, exp. 21.
315
Ibidem, leg. 5323, exp. 39, fol. 20.
316
Font Quer, Pío. Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado... De entre las propiedades que se les
atribuyen a estas plantas, hemos elegido aquellas que quedan directamente relacionadas con
enfermedades o problemáticas femeninas, por considerarlas más lógicamente relacionadas con el tema
tratado.
153
otros beneficios puede utilizarse en trastornos como la amenorrea; el maro, entre otras
muchas utilizaciones, resulta un potente afrodisíaco y se usa en males uterinos; la hierba
falaguera o helecho común se usa sobre todo en Baleares y otras zonas para, entre otras
cuestiones, los excesos menstruales; y la valeriana, resulta un potente calmante para las
cuestiones uterinas (como la histeria), y para dolores y molestias menstruales.
Existe, por tanto, la posibilidad de que estas mujeres sin ser realmente
conscientes del origen y la utilización de estas plantas medicinales se convirtieran en
herederas de una tradición antigua, que utilizaba los elementos empírico-naturales para
solucionar muchos tipos de “males femeninos”.
Asimismo, María Tausiet, al estudiar las diferencias entre la magia masculina y
la femenina en el entorno montañés de Aragón 317, destaca el uso de ciertos elementos
básicos en la realización de conjuros por parte de brujas y hechiceras de aquellas zonas.
Entre aquellos elementos, observamos que todos pueden constatarse en diferentes
causas llevadas a cabo contra acusadas en el tribunal de Valencia, aunque existe un
objeto muy poco común entre nuestras procesadas pero que sí va a ser utilizado por el
grupo de mujeres al que aludimos directamente a través de este proceso. Hablamos de
los fragmentos de soga de ahorcado que el grupo de mujeres se repartirá con la idea de
que portarlos encima ayuda a atraer a los hombres. De nuevo, la líder en la consecución
de este elemento será Catalina Suñer, y las demás la acompañarán pudiendo relatar una
historia un tanto rocambolesca sobre la manera en que consiguieron tal soga:

Se salieron de casa dicha Getrudis, Cathalina por el portal del Real, la fueron siguiendo
hasta llegar al lugar donde suele la justicia dejar pendientes los ahorcados, hasta que se
desagan sus cuerpos, llamado Carraixet, media legua distante de esta Ciudad. Y
quedándose junto a una hermita que está enfrente, dichas Josefa, Getrudis y la declarante,
en paraje de poder ver lo que se hacía, fue dicha Cathalina al lugar donde estavan
pendientes los cadáveres de unos ajusticiados en compañía de Bautista Moncofina,
diciendo que quería cortar un pedaso de soga de ahorcado porque era buena para el fin de
atraher la voluntad de los hombres. Y desde el lugar donde estava la declarante y dichas
Josefa y Getrudis, vieron como dicha Cathalina subió, ayudándola dicha Bautista, a la
cerca o antipecho que cierra el lugar donde caen los huesos. Y desde allí empesó a decir
una oración que empesava: Diablo cojuelo ahora es hora de aiudarme, y no percibieron
más palabras porque las decía en voz baja. Pero oyeron a esse tiempo muchos mahullos

317
Tausiet, M. Ponzoña en los ojos… pág. 553.
154
de gatos que las orrorisavan assí por el estruendo como por la multitud de gatos que
demonstrava sin verse ninguno 318.

La idea de que, quien había muerto de forma violenta por parte de la justicia,
quedaba ligado durante mucho tiempo al mundo terreno, en especial a su cuerpo,
lanzaba a muchos en busca de elementos que hubieran estado en contacto con los
ajusticiados 319. Parece ser que la soga del ahorcado representaba el nudo por
excelencia, el que acaba con la vida, por lo tanto podía mantener ligado a un hombre
hasta el final. Sin embargo, otro recurso aparece también a lo largo de la consecución
de estos hechos, la figura del diablo Cojuelo.
Este proceso es bastante parco en ejemplos del recurso a lo demoníaco, no así
sucederá en otras causas, pues éste es uno de tantos elementos a tener en cuenta como
ayuda para conseguir los fines deseados. En el caso de la magia amorosa, como para
otros muchos fines, serán abundantes las oraciones, interpelaciones, invocaciones o
intentos de pacto con el demonio. En este proceso concreto, podemos observar cómo
estas mujeres invocan al diablo Cojuelo con gran familiaridad:

Se desnudaron y estando en camisa se subieron al terrado. Y haviendo bajado pasada


media hora, al tiempo de acostarse en dicha cama, dicha Getrudis la refirió que estando
las quatro en el terrado en camisa empesó dicha Cathalina a llamar al diablo Cojuelo,
previniéndolas que se hechasen el cabello sobre la cara. Y que haviéndolo executado las
quatro, oyeron una voz que la respondió: “¿Qué me quieres?”. Y respondiéndole dicha
Cathalina: “Lo que quiero es que hagas ir a Thomás en casa dicha Josefa”, oyeron otra
voz que dixo: “Mañana le verá”. A lo que añadió dicha Josefa: “Mira que sea sin falta” 320.

Son muchos tipos de prácticas de magia amorosa los que se relatan en el proceso
contra Josepha Cosergues, ya sean realizados por ella o por alguna compañera suya. A
pesar de ello, y aunque algunos métodos utilizados parecía que daban sus frutos 321,

318
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fols. 11 y 12.
319
Tausiet, M. Abracadabra Omnipotens… pág. 127.
320
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fols. 13 y 14.
321
En ocasiones, los calificadores de una causa expresan los términos Efecto secuto (seguida de efecto),
después de explicar la práctica realizada. Otras veces los mismos testigos dicen que algo les ha provado
muy bien, es decir, que la diligencia funcionó. Esto sucederá, por ejemplo, con la práctica que
explicábamos anteriormente a la cual no sólo la acusada dará crédito sino también los calificadores, en
algún modo. Así en la calificación del proceso observamos: “12. Item haviendola dicho la referida muger
que para estar sin recelo de dicho su marido, al tiempo de peinarle tomasse de su cabeza algunos cabellos,
155
parece ser que el hombre por quien se habían realizado todos estos conjuros, aquel
confitero con el que Josepha había mantenido una relación, no volvió a sus brazos. Al
menos ésta es la historia que transmitirán los testigos, siendo el punto de partida para
acusar a esta mujer de ser la culpable de la grave enfermedad que padeció el confitero.
Consideramos que, por la creencia del “si no hay amor habrá venganza”, esta mujer
despechada por el abandono de su amante se convertiría en el objetivo perfecto del
ataque de familiares y conocidos del enfermo. Asimismo, y como veremos más
adelante en otros casos 322, su reputación pública y las compañías que frecuentaba
debieron dar alas a la creencia de que era capaz de lanzar un maleficio y que, sin duda,
era este mal el que padecía Thomás el confitero por su culpa.
Según el enfermo y sus mismos familiares, este maleficio debía haberse
producido a través de unos polvos de tabaco que esta mujer habría ofrecido a Thomás:

Havían sobrevenido de nuevo como una gran ansiedad o inexplicable molestia con gran
aflixión al corazón, que antes no havía padecido, y haviendo buelto a visitarle,
inmediatamente que el sobredicho enfermo vio al declarante, empezó a dezirle que no
tenía que cansarle con remedios, que no les tomaría pues a él le havían maleficiado y que
esso su muger lo sabía, y que havía sido con un polvo de tabaco y desde entonces explicó
tal aversión a su muger que solo al oir su nombre observó el declarante mutación notable
de pulsos, y de aspecto, por lo que advirtió escusaran el nombrársela, ni aún ponerle
objetos por delante que pudieran representársela 323.

A las sospechas del maleficio contra el confitero, se unieron otras acusaciones de


maleficios lanzados contra otras personas. De repente, la magia amorosa se transforma
en una magia terriblemente maléfica, ejercida sobre varias personas de la comunidad.
Una afectada por los supuestos desmanes malignos de Josepha Cosergues acabará
muriendo, sin que le hicieran efecto los remedios que se le dieron. Parece ser que en

y haziendo en ellos tres nudos, dixesse las palabras siguientes: Con dos te miro, con tres te ligo, con
quatro te ato, de tu sangre bebo, el corazón te parto, con las parias de tu madre la boca te tapo; bravo león
amansa tu ira, que primero es Dios que Santa María; tan humilde estés a mi como la suela de mi zapato y
el sacerdote en la Missa. Y asegurandola que con esto ya no tendría que temer a su marido, executó la que
se califica en la diligencia, y después dixo que también le havía probado como deseava porque su marido
nada la decía ya aunque saliesse de casa”. Y la práctica se calificará como sigue: “Al número 12 –
Dixeron conformes que contiene la mesma censura del número antecedente con sospecha de algún efecto
seguido”. AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fols. 72-74.
322
Esta temática se irá profundizando a medida que avance nuestro estudio, tanto en el capítulo dedicado
al maleficio, como en el dedicado a la relación con el demonio.
323
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 36.
156
esta ocasión, según los testigos, el objetivo de Josepha debía ser el de vengarse de esta
mujer y su marido por no haberla alojado en su casa. Así pues, y mediante la ingesta de
un bollo de chocolate que le había regalado Josepha, debió quedar maleficiada:

Haviendo ella intentado entrar en cassa [d]el declarante, assí éste como la dicha Pasquala
Climent, su muger, reusaron el admitirla por su mala lengua. Y aunque no dio muestras
particulares de sentimiento, pero por aquellos días dio a dicha su muger un bollo de
chocolate, diciéndola que la havían dado una libra, y quería que ella le provase. Y si bien
reparó que el dicho bollo estava mal amasado y formado, no obstante se lo tomó todo en
differentes días. Y pasados como uno o dos meses le empezaron dichos accidentes 324.

El mismo testigo, marido de la enferma, alegará que sus sospechas se fundan no


sólo en la calidad particular de la acusada, sino también en la fama pública que sobre
esta recae de ser la culpable de haber maleficiado a Thomás Mollà, el confitero. Esta
fama acarreó el que Josepha fuera tenida por culpable de los múltiples males que
achacaban a multitud de personas con las que por diferentes circunstancias había tenido
contacto. La sola confirmación para esta creencia se basaba en su fama pública y en la
falta de explicación de estos achaques por parte de los médicos 325, sumándose en algún
caso la opinión y práctica de algún religioso especialista en energúmenas 326:

Sacerdote de la Orden de María Virgen del Carmen, procurador del convento de las
monjas de la Encarnación, llamado fray Mathías N, que suele emplearse en exorcizar
energúmenas, dixo que reconocía señales de estarlo también el dicho niño y
especialmente, solo expresó que, tocándole con su mano el vientre, sentía que le davan
unos latigazos como de cola de una sierpe; y que poniéndole sus manos sobre la cabeza se
arrojava en el suelo 327.

324
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 49.
325
No sólo hemos encontrado ejemplos en nuestras fuentes de médicos que, sin ser capaces de dar
respuesta a un mal, lo achacan a maleficio, sino que el mismo Feijoo se hará eco de esta problemática.
Feijoo, B.J. Teatro crítico universal… Tomo VIII, págs. 111-112: “Las enfermedades extraordinarias,
apenas alguna vez dejan de tomarse por señas de maleficio, o posesión. De esto tienen la mayor culpa, por
lo común, los Médicos indoctos, que cuando ven síntomas, de que no hallaron noticia en los pocos libros
que leyeron, y no alcanzan la causa, ni el remedio, echan la culpa al Diablo, y llaman por auxiliares las
armas de la Iglesia. Aun sin ser la dolencia muy rara, si se resiste mucho tiempo a su arte, entregan los
dolientes al brazo Eclesiástico”.
326
Especialista en personas atormentadas por el demonio, generalmente mujeres. Podremos conocer con
mayor detalle este tema gracias al capítulo dedicado a la relación con el demonio.
327
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 55.
157
La sensación entre la comunidad de que esta mujer era culpable de haber creado
una especie de plaga de maleficios, no parece haber afectado gravemente al juicio de los
inquisidores. Aquellos, ante tan fútiles pruebas, se centraron en investigar el supuesto
maleficio sobre el confitero, dejando un poco de lado el resto de rumores y sospechas
que se habían extendido a raíz de su enfermedad.
Como veremos con más detalle en el capítulo dedicado al maleficio, la opinión
de los médicos que trataban al enfermo debía ser crucial para tomar en consideración la
realidad o no de la intervención maléfica. En el caso que afecta a Thomás, éste fue
tratado por el doctor Mathías Morales y el doctor Joseph Mora. Mathías Morales era
médico y catedrático de Prima de Medicina de la Universidad de Valencia, mientras que
el doctor Joseph Mora era ordinario del Santo Oficio. Sin embargo, y aunque el
segundo remita a la opinión del primero alegando que sólo llegó a tratar al enfermo
durante quince días, habrá una diferencia abismal de interpretaciones acerca de la
dolencia que acuciaba al confitero. Mathías Morales acabará deduciendo, después de
las pruebas pertinentes, que se trataba de un maleficio, mientras que el doctor Mora
achacó estos males a una manía del enfermo provocada por el humor bilioso. Así pues
Morales se expresará en tales términos:

Podría proceder, según orden de causas naturales, predominando el humor bilioso adusto,
causa de la manía; y este debilitado, y sobresaliendo el melancólico, causar la melancolía.
En el modo de causarse, no les parecía natural el efecto, por quanto quando suceden estos
tránsitos de manías a melancolías, según el regular orden de obrar de las causas naturales,
van sobreviniendo los indicios y señales y accidentes de la melancolía poco a poco y con
lentitud, porque se haze tránsito de una disposición contraria a otra, lo que no sucedía en
aquel caso, pues antes era la mutación repentina y como instantánea. Por lo que se
confirmaron en la grave sospecha de maleficio 328.

Mientras el doctor Mora acabará sentenciando el caso de otra manera:

Pudo comprender en ellas que el referido mozo padecía una manía respeto de proceder
con algunas operaciones con furor y audacia, circunstancias necesarias para la
constitución de la manía, originado esto de una intemperie caliente y seca de la cabeza
causada del humor bilioso, y con sospechas de atrabiliario, siendo motivo la causa externa

328
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 36.
158
alguna sospecha que tenía de su muger mal fundada, pues quiso en una ocasión matarla,
sin que el declarante passase hazer concepto de que dicha manía procediese de otro
motivo que el referido 329.

Esta diferencia de pareceres, unido a la negación reiterativa de la acusada de


todo aquello de lo que se la acusaba más, como veremos, la declaración de sus
supuestas compañeras alegando que no conocían a la tal Josepha, debió de sumarse para
que la sentencia sobre la acusada fuese bastante benigna.
Para conocer más detalles sobre la investigación llevada a cabo podemos acudir,
como avanzábamos al principio de nuestra exposición, al proceso contra Bautista
Hernández la Moncofina y a las audiencias realizadas sobre Catalina Suñer que
aparecen al final de este mismo proceso. En el caso de Bautista Hernández
constataremos, en primer lugar, cómo esta negará conocer a Josepha Cosergues o haber
tenido contacto con ella; en segundo lugar, observaremos que Bautista, además, sí
confiesa ciertos cargos de los que se la acusa, y que será condenada con penas bastante
más duras que Josepha, entre ellas la del destierro 330.
Asimismo, las audiencias de Catalina Suñer aparecen en el proceso por el interés
del Consejo General en descubrir, antes de dar sentencia definitiva al caso de Josepha, si
realmente tuvo contacto con estas mujeres. Así es como descubriremos que Catalina
fue juzgada en la Inquisición de Mallorca 331, y que en sus audiencias también se obstinó
en negar todos los cargos y la relación con la tal Josepha:

Preguntada si la dicha Josepha, que ha declarado avía conocido estando en casa de


Thomassa Puig, se llamaba Josepha Coserges o Conserges y si ha conocido otra con este
nombre y apellido.

329
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 38.
330
Proceso contra Bautista Hernández, la Moncofina en ibídem, leg. 525, exp. 14: “Condenamos a que en
auto público de fe o en una Iglesia estando en forma de penitente con insignias de supersticiosa, se le lea
su sentencia con méritos, abjure de levi, sea gravemente reprehendida, advertida y comminada, absuelta
ad cautelam y confinada por dos años en el lugar que se le señalare, asignándole persona docta y zelosa
que la instruya en el cumplimiento de su obligación y la desengañe del mal modo que ha tenido de vivir y
que complidos sea desterrada por otros tres años de esta Ciudad, del lugar del Grau y de Madrid, Corte de
su Magestad, con seis leguas en contorno y que por penitencias saludables confiese y comulgue por las
tres Pasquas del primer año y que en los sábados de él reze una parte de rosario a Nuestra Señora y que al
día siguiente al Auto se le den doscientos azotes por las calles públicas y acostumbradas de esta ciudad”.
331
Aunque como ella misma afirma había sido juzgada ya en la Inquisición de Murcia y en la de Valencia
una o dos veces.
159
Dixo que no conoce ni ha conocido a ninguna Josepha Coserges, o Conserges, y que la
muger de el vellutero que conoció estando en casa de Thomasa Puig no sabe tuviesse tal
apellido y que tiene las señas que ha declarado y se acuerda que sus ojos eran grandes y
negros 332.

Lo mismo sucederá con el resto de integrantes del supuesto grupo de mujeres:

Como, haviéndose seguido causas en este Santo Oficio por delitos de supersticiones
contra Getrudis Badenes y Bautista Hernández, alias la Moncofina, y por ellos
penitenciadas por este Santo Oficio, testificadas por Bautista Cones, han estado negativas
en todo lo que están contestadas contra la dicha Josepha Cosergues, como todo más
largamente consta por sus procesos que quedan en este secreto del Santo Oficio 333.

Como ya hemos apuntado, parece que todos estos aspectos influirán en la


sentencia dada a esta acusada, implicando solamente penas espirituales. En primer
lugar su sentencia será comunicada de modo individual y privado 334, lo que evitaba en
gran medida la vergüenza de un auto público donde pudiesen asistir sus vecinos. Una
vez allí deberá abjurar de levi y, hecho esto, será absuelta ad cautelam y será encargada
a una persona docta que la instruya y fortifique en la fe. Asimismo, se sumarán a ello
las consabidas penitencias saludables como que confiese y comulgue en las tres pascuas
siguientes, rece el rosario a Nuestra Señora, etc.
Lo cierto es que esta sentencia definitiva se diferencia bastante de aquel primer
voto dado por los señores Inquisidores de Valencia casi dos años antes. En el primer
veredicto decidido por estos se pretendía dar sentencia a la acusada de modo público.
Además, la acusada debería ser confinada por un periodo de seis años para poder ser
instruida en la fe, aunque no se especificaba dónde. Asimismo, se la condenaría a
recibir doscientos azotes de manera pública por las calles de la ciudad. Sin embargo, el

332
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 120.
333
Ibidem, fol. 122.
334
“Si el rigor del derecho huviéramos de seguir, la pudiéramos condenar en maiores y más graves penas.
Mas quisiéndolas moderar, con equidad y misericordia, por algunas causas y justos respetos que a ello
nos mueven, que la debemos de condenar y condenamos a que en la sala del tribunal a puerta cerrada,
presentes los ministros del secreto, estando en forma de penitente con insignias de supersticiosa, se le lea
su sentencia con méritos, abjure de levi, sea gravemente reprehendida, advertida y comminada, absuelta
ad cautelam y encargada a persona docta que la instruya y fortifique en los misterios de nuestra santa fe y
se le impongan por penitencias saludables que confiese y comulgue las tres Pasquas de este primer año y
reze todos los sábados de él una parte de rosario a Nuestra Señora. Y por esta nuestra sentencia definitiva
juzgando assí lo pronunciamos sentenciamos y firmamos” en ibidem, fols. 129-130.
160
afán del Consejo de Inquisición por conocer la verdad de la relación entre las
procesadas, acabará suavizando la sentencia precisamente por la imposibilidad de
comprobar tal amistad.
Como hemos advertido, se procederá a interrogar a Catalina Suñer y a Bautista
Hernández sobre su relación con Josepha, y ninguna de ellas delató a esta acusada. De
entre las supuestas compañeras del grupo, sólo habría implicado a Josepha, Bautista
Cones. A causa de esto, la Inquisición sólo disponía de una delatora, al parecer,
implicada directamente en los hechos. Los inquisidores de distrito, después de realizar
estas comprobaciones, formarán un segundo voto que será enviado de nuevo al Consejo.
En este segundo voto, los seis años de confinamiento pasaban a ser tres años de
destierro, y desaparecía la pena de azotes 335. No obstante, el Consejo debió
convencerse General de la conveniencia de proceder con cautela y benignidad sobre la
rea, debido a la negativa de sus presuntas cómplices.
A lo largo de la historia de Josepha Cosergues y su grupo, hemos visto descritas
muchas prácticas mágicas sobre todo relacionadas con el amor, con ese interés por
atraer a los hombres que parece tan propio de la magia femenina de época moderna. No
obstante, gracias a las actitudes y referencias analizadas a lo largo de estos procesos,
también podemos llegar a algunas conclusiones acerca de los diferentes motivos que
pudieron llevar a estas mujeres a usar de este tipo de métodos.
A lo largo de nuestros procesos hemos podido diferenciar, a grandes rasgos, dos
tipos de actuaciones u objetivos perseguidos con este tipo de prácticas. En primer lugar
se situarían aquellas mujeres que pretendieron atraer a un solo hombre, a una persona
concreta, a sus brazos; mientras que en segundo lugar podríamos englobar a aquellas
mujeres que aspiraban a atraer o enamorar a cualquier hombre que se pusiera en su
camino, de hecho, en algunas ocasiones es posible deducir que cuantos más hombres
quedasen prendados de ellas, mejor.
Entre las primeras destacan varios subgéneros de actuación principales, el caso
de las mujeres que buscaron ayuda y consuelo ante un marido ausente, aquellas que
siendo solteras persiguieron las estimación de un hombre, seguramente buscando la
finalidad del matrimonio, y por último, como en el caso que nos ocupa, alguna casada
que buscaba el favor de un amante. Entre aquellas que buscaron agradar a los hombres
en general, observamos que generalmente se trató de solteras y viudas, aunque en

335
AHN sec. Inq. Leg. 5323, exp. 39, fol. 122.
161
alguna ocasión se inculpará de tales cuestiones a una casada. De todos modos, lo más
habitual es que los casos se intercalen, de modo que la persona que es inculpada de
realizar un hechizo para enamorar a un hombre en concreto, aparezca en otro momento
intentando atraer a más hombres.
Todo ello nos hizo preguntarnos acerca de las razones y motivaciones que
movían a estas mujeres para intentar llamar la atención masculina. El razonamiento de
la motivación sexual, tanto de la hechicería como de la brujería, ha sido bastante
estudiado por la bibliografía que trata estos temas, quedando como explicación por
excelencia de este tipo actuaciones. No obstante, y sin menoscabar el argumento
anterior, en muchas causas hemos encontrado referencias que aluden a una motivación
económica, que se erige por encima de las necesidades amorosas o sexuales de aquellas
mujeres que practicaron la magia amorosa. En este proceso en concreto podemos
observar como una mujer acude al grupo de Josepha, en concreto a Cathalina Suñer,
para conseguir que los hombres que la frecuentan le ofrezcan mejores beneficios
económicos:

Y lamentándose dicha Francisca de que los hombres que acudían a ella la davan muy
poco, la dixo dicha Cathalina que ella la daría un remedio para que les sacasse quanto
quisiesse, sin que ellos lo advirtieran […]. Y entonces sacó dicha Cathalina, embuelto en
un papel de estrasa, un pedaso grande de piedra imán y se lo dio a dicha Francisca,
diciéndola que la llevase consigo y la diesse todos los viernes a comer limaduras de hierro
y a bever vino blanco y que con esso, sin otra diligencia, podría tomar a los hombres (al
tiempo de tratarles) de la faldriquera o bolsillo, lo que quisiera sin rezelo, porque los
hombres no lo advirtirían. Y haviéndose llevado dicha Francisca la piedra imán, bolvió
pasado uno o dos días, en casa dicha Getrudis, en sazón que estavan todas las referidas, y
en presencia de ellas mostró a dicha Cathalina dos doblones de a ocho, diciendo que se
los havía quitado de la faldriquera de un cavallero de Xàtiva sin que él lo huviesse
advertido 336.

En este caso concreto, parece quedar patente una especie de prostitución taimada
que requiere de “soluciones mágicas” para seguir persistiendo 337. El caso de la posible

336
AHN sec. Inq. leg. 5323, exp. 39, fol. 16.
337
La necesidad económica de las mujeres desamparadas, como serían las mujeres solitarias (solteras,
esposas huídas o abandonadas por sus maridos, viudas sin experiencia profesional…) es una de las
razones fundamentales que parecen empujarlas a ejercer la prostitución según el profesor Pablo Pérez,
162
prostitución no es el único en el que el fenómeno o la necesidad económica cobran
protagonismo 338, pues mejor conocido en este sentido es el caso de las esposas cuyo
marido había desaparecido sin dejar rastro, dejándolas en una situación de pobreza e
indefensión totales 339.
Asimismo, la magia amorosa como cualquier otra, contará con expertas 340 en el
tema que serán las que dirigirán los pasos a seguir para conseguir los fines propuestos.
En algunos casos serán ellas, las vendedoras de magia, las que realicen todas las
prácticas pudiendo considerar a los y las que a ellas acuden como meros compradores,
clientes de un servicio mágico. En otras ocasiones, como la que hemos visto, a pesar de
que el servicio mágico sigue requiriendo de un pago o compensación 341, las
consumidoras de magia se convierten también en cómplices y perpetradoras de tales
hechos. Parece que con ello se convierten más que en clientas, en compañeras
comprometidas deseosas de aprender nuevos métodos con los que avanzar en sus
objetivos.
Según lo que hemos podido comprobar, éste podría ser uno de los modos en que
se extendieron el conocimiento y las prácticas mágicas femeninas. En algunos
contextos hemos encontrado a mujeres con lazos familiares que se transmitían
conocimientos sobre ciertas prácticas y conocimientos de esta índole; sin embargo y
mucho más abundante entre nuestros procesos, es encontrar a mujeres que se unieron
por hechos circunstanciales y situaciones bastante difíciles para aprender o ser
partícipes de ciertos hechos contrarios a la religiosidad oficial.
Más adelante veremos como tuvo mucho que ver en esta formación de uniones
circunstanciales, o amistades mágicas, el compartir un espacio urbano cercano, además
del gran papel que jugó la Galera, cárcel de mujeres perdidas, en la expansión de estas
prácticas entre las féminas que transitaron por ella.

que realiza un estudio profundo de, entre otras temáticas, la represión de la prostitución clandestina en la
Valencia de finales de la Edad Media e inicios de la era Moderna. Pérez García, Pablo, La comparsa de
los malhechores. Valencia 1479-1518… Págs.113-165.
338
También según María Tausiet, muchas mujeres aspiraban a solucionar sus problemas económicos
mediante el enlace matrimonial o la dependencia más o menos explícita de un hombre que se sujetara a su
voluntad. Tausiet, M. Abracadabra omnipotens… págs. 39-77.
339
Veremos un caso paradigmático en el proceso incoado contra Teresa Agustín en AHN sec. Inq. leg.
523, exp. 2.
340
Pues entre nuestros