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Jesús Sana al Ciego de Betsaida

Este documento resume un pasaje bíblico donde Jesús sana a un ciego en Betsaida. Jesús saca al ciego de la aldea para sanarlo, ya que Betsaida tenía una mala reputación espiritual. Jesús escupió en los ojos del ciego y le preguntó qué veía, a lo que el ciego respondió honestamente que veía personas como árboles. Jesús volvió a poner sus manos sobre los ojos del ciego para completar la curación, y el ciego pudo ver claramente. El document

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Jesús Sana al Ciego de Betsaida

Este documento resume un pasaje bíblico donde Jesús sana a un ciego en Betsaida. Jesús saca al ciego de la aldea para sanarlo, ya que Betsaida tenía una mala reputación espiritual. Jesús escupió en los ojos del ciego y le preguntó qué veía, a lo que el ciego respondió honestamente que veía personas como árboles. Jesús volvió a poner sus manos sobre los ojos del ciego para completar la curación, y el ciego pudo ver claramente. El document

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Tema: Visión borrosa o distorsionada

Texto: Marcos 8:22-25


Por el Pastor: Edwin Moisés Valerio Sánchez

Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase.


Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea;
y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo.
El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan.
Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase;
y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.

El contenido espiritual de este suceso va mucho más allá de lo que podamos leer a
simple vista. Los casos de sanidades hechas por Jesús, llevadas a cabo en los ciegos,
son varias en el recuento bíblico. Este en particular arroja luz en varias áreas de la vida
espiritual del hombre. Revela algo que puede pasar inadvertido si no lo estudiamos
esmeradamente. Y es que la reacción del ciego al ser tocado por Jesús reveló su
verdadera condición.

No quisiera pasar por alto el trasfondo de la historia citada. Leemos rápidamente que el
ciego vivía en una aldea llamada Betsaida. Y Betsaida pertenecía a la región de Galilea,
una región que no tenía la fama y el glamour de Judea (donde se encontraba la ciudad
de Jerusalén). Nadie iba a Galilea a pasar vacaciones o hacer excursiones. Allí no había
nada importante que ver. ¿O había? Felipe, discípulo de Jesús, era de Betsaida. Lo cual
nos muestra que Cristo puede encontrar material para su reino en los lugares más
marginados y no tomados en cuenta. A parte de eso, Betsaida tenía fama de un lugar no
agradable. Era un lugar cuestionable y problemático.
Creo que esa es la razón por la que dos cosas sobresalen en esta historia acerca de
Betsaida:

1. Jesús sacó de allí al ciego para sanarlo.

2. Después de sanarlo le dijo que no regresara a la aldea (ver. 26).

¿Qué pasaba en Betsaida? ¿Qué tipo de ambiente espiritual existía en aquel poblado?
Definitivamente que hay lugares que no son propicios para un milagro. Dios es el
Todopoderoso, sin embargo, hay lugares donde El prefiere no hacer sus grandiosas
obras. El mismo caso lo encontramos en Nazaret, donde leemos que a pesar de los
muchos milagros que Jesús hacía en otros pueblos, allí no los hizo por causa de la
incredulidad de ellos. No creían que Jesús era el Mesías. Ante los ojos de ellos él era
uno más en el grupo. No pudieron discernir la diferencia entre los hombres y Jesús,
Dios manifestado en carne.

Volviendo a la historia ante nosotros, queremos analizar brevemente algunos puntos


que creo demandan nuestro interés y atención.

JESUS LO SACO DE BETSAIDA


¡Gracias a Dios por haber sido sacados! Todos nosotros hemos estado en una Betsaida
espiritual.

Allí hemos vivido libremente o en reclusión. En la mayoría de los casos los mismos
ciudadanos de Betsaida no saben que nosotros hemos sido sus conciudadanos. Estuve
en las tinieblas, pero El me sacó. Estuve en confusión, pero Jesús me sacó. Estuve atado
pero El me sacó. Estuve en lo más profundo del abismo, pero El me sacó. Estuve bajo
gran condenación, pero El me sacó. ¡Bendito es el Señor! Estuve en religiones, pero
Cristo me sacó y me trajo a la luz.
JESUS ESCUPIO EN SUS OJOS
¿Por qué el ciego no se ofendió? Otros se hubieran ofendido. ¡Qué falta de ética! ¡Qué
acto tan ofensivo! Realmente, la ofensa es UN LUJO QUE LOS NECESITADOS NO
PODEMOS TENER. ¡Llevaba tanto tiempo ciego! La saliva de un extraño no podía
compararse a las tinieblas de la ceguera. Si usted se ofende su necesidad no es tan
grande. Usted no ha llegado al punto de la desesperación. Cuando se llega a ese punto
no importan los trapos inmundos de nuestra propia dignidad. El ciego no se ofendió
porque su problema era indescriptiblemente serio. De todas formas, a él nadie le
importaba. Por lo menos aquel extraño lo tomó de la mano y lo llevó a un lugar
específico. Quizás pregunto, ¿a dónde me llevas? Jesús no siempre respondía las
preguntas que le hacían. El solo hablaba CUANDO TENIA ALGO QUE DECIR. Aquel
extraño lo escupe y el cielo no se inmuta. Su actitud sumisa no cambia, para actuar
con indignación. Lo han escupido en los ojos, pero él siente algo en el ambiente. Hay
como una expectativa en el aire. Él no lo puede explicar, pero lo siente.

JESÚS LE PREGUNTÓ SI VEIA ALGO


El Maestro le puso las manos encima. Y después de haberlo hecho le preguntó si veía
algo. Esta pregunta parece un poco ingenua y hasta innecesaria. Después de todo, Dios
todo lo sabe. Pero hay más que una simple pregunta. Jesús quería revelar cuánto era lo
que el ciego veía. ¿Cuánto ve usted? Su visión revela su condición. ¿Cuánto es su
percepción? La percepción suya habla mucho de su condición. Jesús sabía la verdad,
pero Él quería UNA CONFESION.

¿Por qué Dios le preguntó a Adán donde estaba él? ¿Por qué le preguntó si había comido
del árbol? ¿Acaso el Dios Omnisciente lo desconocía? ¿Por qué le preguntó a Caín
acerca de su hermano Abel? ¿Por qué tantas preguntas en los labios del Dios que todo
lo ve y que todo lo sabe? EL QUIERE UNA CONFESION. Dios honra las confesiones.
Es una señal de humildad y sumisión.

JESUS OYO LA CONFESION


“Veo a los hombres como árboles, que caminan”.

El ciego fue sincero. Una versión muy diferente a los fariseos religiosos, de quien Jesús
dijo que ellos decían que veían cuando no veían (Mateo 13:14). El ciego dijo la verdad.
La admitió sin titubear. Lo que él estaba diciendo, es: “No veo bien”.
¿Usted ve bien? ¿O prefiere vivir con su orgullo? ¡Cuán importante es para nosotros
reconocer nuestra condición! Es demasiado tarde en el reloj de su vida para andar con
verdades a medias.

ES TIEMPO DE CONFESAR LA REALIDAD.


¿Cómo ve usted? El hombre camina como ve. ¿Ha observado como los ciegos caminan
diferente a los que no lo son, sus gestos y movimientos son totalmente disparejos? Hay
un vestigio de inseguridad e incertidumbre.

¿Cómo está su percepción? Cristo le dice a la iglesia de La odisea que ellos necesitaban
ungir sus ojos con colirio para poder ver (Apoc. 3:17-18). Los llamó ciegos. De acuerdo
a las palabras del apóstol Pedro, tener la vista corta es estar ciego (2 Pedro 1:9). El que
no tiene amor, paciencia, dominio propio, amor fraternal y conocimiento, Pedro los
llama ciegos. En Estados Unidos cuando usted ve parcialmente, lo declaran “legalmente
ciego”. La ceguera no tiene que ser de un 100%.

El ciego de Betsaida veía algo, pero no veía bien. Y él lo admitió. No dijo: “En
comparación a como yo estaba antes estoy bien ahora”. Él fue honesto con él mismo
y con Jesús.
Existe la posibilidad que cuando él dijo que veía a los hombres como árboles, algunos
se fueron creyendo que habían visto un milagro y que eso era suficiente.

PERO JESUS NO DEJA SU OBRA A MEDIAS.


EL TERMINA LO QUE EL COMIENZA.
JESUS LE VOLVIO A PONER LAS MANOS E HIZO QUE VIESE
En la primera ocasión las personas trajeron el ciego al Señor. Pero en esta ocasión nadie
lo trajo. Nuestra ambición tiene que sobrepasar a la de los que nos rodean. Él dijo: ¡YO
QUIERO ESTAR COMPLETO! NO ESTOY SATISFECHO. Estoy mejor pero no
completo.

¡Qué mensaje para todos! He sido justificado, pero me falta algo. No estoy completo.
Estoy mucho mejor, pero todavía me enojo y manifiesto un egoísmo incontrolable.
Todavía soy irresponsable. Todavía vivo con miedo. Todavía me siento intranquilo.
Estoy mucho mejor, pero sé que puedo estar mejor. Tengo momentos de paz, pero no
vivo en la paz que Cristo prometió. Tengo momentos de alegría, pero no estoy alegre.

¡NECESITAMOS OTRO TOQUE DE JESUS!

Yo quiero tener ojos que verdaderamente vean. Eso es importante para mi futuro. Elías
le dijo a Eliseo. “Si me ves cuando sea quitado de ti, tendrás lo que quieres”. Fue por
eso que Eliseo no se separaba del profeta Elías. ¡Él quería ver! Si veo lo que tú ves,
puedo tener lo que tú tienes.

¡Abre mis ojos para ver, Señor!

Estoy cansado de ver a medias. Estoy agotado de estar tratando de “adivinar” lo que
veo. Cometo errores cuando no veo bien. Me golpeo cuando mi vista no es buena.
Tropiezo, me deslizo cuando no veo correctamente. ¡QUIERO VER!
Gracias por lo que has hecho, Señor. Pero quiero ser honesto. No veo bien. Esta es mi
oportunidad, y no quiero desperdiciarla. No quiero conformarme con ver algo.

Ese es uno de los problemas que confrontamos hoy. ¡EL CONFORMISMO DE VER
A MEDIAS! Por esa causa no vemos lo que debemos ver. Viendo a medias queremos
quitarle la mota al ojo de nuestro prójimo y no vemos nuestra propia viga en nuestro
ojo. Viendo a medias vemos las faltas de los que nos rodean y no vemos las nuestras las
cuales pueden ser más graves y peligrosas.

Todo depende de nuestra confesión. La manera en que vemos es lo que revela nuestra
condición.

¿Qué ves?
En esta segunda ocasión, el ciego vio bien. Se fue totalmente restablecido. Se fue,
VIENDO BIEN DE LEJOS Y VIENDO A TODOS. No fue selectivo, pudo verlo todo.
¡Qué bendición es poder verlo todo! ¡Qué bendición es poder ver de lejos! Se fue a su
casa, pero no regresó a Betsaida. Esto nos enseña que las circunstancias lo habían
empujado a un lugar malo.

Si no hubiera sido por la misericordia de Cristo, quien no le teme a los lugares malos,
aquel ciego hubiera muerto ciego. Nunca hubiéramos conocido este milagro ni
aprendido de las lecciones que revela.

Gracias, Señor. Viniste a mi Betsaida. Me sacaste. Me sanaste. No te rendiste hasta


hacer una obra completa. Mi confesión revelo mi condición, y por ello hiciste el
milagro.

¡Gracias! Amén.

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