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Conciliación y derechos en violencia de género

Este documento analiza la viabilidad de la conciliación en casos de violencia de género a la luz de los estándares internacionales de derechos humanos. Argumenta que la conciliación solo es posible si se garantizan plenamente los derechos de la víctima y existe una relación de igualdad entre las partes, dado que originalmente la víctima se encontraba en una posición de desventaja respecto al agresor. También señala que el Estado tiene la obligación de investigar y sancionar estos delitos para prevenir la impunidad

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Conciliación y derechos en violencia de género

Este documento analiza la viabilidad de la conciliación en casos de violencia de género a la luz de los estándares internacionales de derechos humanos. Argumenta que la conciliación solo es posible si se garantizan plenamente los derechos de la víctima y existe una relación de igualdad entre las partes, dado que originalmente la víctima se encontraba en una posición de desventaja respecto al agresor. También señala que el Estado tiene la obligación de investigar y sancionar estos delitos para prevenir la impunidad

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Título: Restablecer la conciliación en la violencia de género, pero partiendo desde los derechos de las víctimas
Autor: Diez, Ana Belén
Publicado en: DPyC 2023 (febrero), 152
Cita: TR LALEY AR/DOC/36/2023
Sumario: I. Introducción.— II. El origen en la responsabilidad internacional.— III. El instituto de la
conciliación.— IV. De la relación desigual de los sujetos a conciliar.— V. Sobre la homologación del acuerdo
conciliatorio.— VI. Conclusión.
(*)

I. Introducción
En el presente trabajo se analizará la viabilidad fáctica-normativa de resolución de delitos de violencia de
género, específicamente a través del instituto de la conciliación.
Entendemos valioso poder abordar nuevamente este camino, pero concretizarlo en aquellos casos
particulares, donde la víctima tenga garantizados sus derechos y que, de esta forma, no se vuelva de aplicación
mecánica a los simples fines de operar como una válvula de escape para descomprimir el trabajo en tribunales.
Para tal cometido, es necesario analizar la normativa internacional y nacional actualizada aplicable, los
estándares jurisprudenciales difíciles de conmover en una justicia verticalista y jerarquizada, y finalmente la
aplicación práctica.
II. El origen en la responsabilidad internacional
Existen obligaciones internacionales, y no resulta ocioso en este sentido recordar la jerarquía constitucional
de los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos (art. 75 inc. 22 CN). El punto de partida es el deber
que asumió nuestro país en los casos de violencia contra la mujer, la interpretación partiría de la literalidad de la
Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer,
conocida como Convención de Belém do Pará (sitio de su adopción en 1994), la cual destaca la que la violencia
contra las mujeres es una forma de violación a los derechos humanos y las libertades fundamentales,
estableciendo el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencias, la que además, propone por primera
vez mecanismos de protección y defensa de los derechos de las mujeres (1).
En la mencionada Convención, en el Capítulo III, bajo el título "Deberes de los Estados", en el art. 7°,
dispone: "Los Estados parte condenan todas las formas de violencia contra la mujer y convienen en adoptar, por
todos los medios apropiados y sin dilaciones, políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar dicha
violencia..." (2).
Entonces, según autorizada doctrina, cualquier hecho que implique violencia contra la mujer no puede ser
objeto de un acuerdo conciliatorio entre víctima y denunciado, en los términos de la Convención, que define en
su art. 1°, violencia contra la mujer: "Para los efectos de esta Convención debe entenderse por violencia contra
la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o
psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado" (3).
Se exponen así, las bases de lo que se ha denominado la tesis "de la contradicción insalvable" (4).
Entendiendo que, nuestro Estado se encuentra comprometido internacionalmente a la prevención, investigación,
sanción y reparación en los casos de violencia de género —lo que se ha denominado a su vez como "debida
diligencia reforzada"—, en razón de su posición de garante frente a patrones de violencia estructural que afecta
a la mujeres como grupo vulnerable, y en razón de ello, no se puede simplemente optar por una salida
alternativa al sistema punitivo estatal, puesto que es la misma Corte Interamericana de Derechos Humanos la
que ha establecido que no sancionar refuerza la impunidad de actos de violencia de género.
Consecuentemente, la tensión generada entre el deber internacional de investigar y las salidas alternativas,
dieron paso a jurisprudencia nacional "...algunos de los pronunciamientos pioneros en esta materia fueron
dictados por la entonces Sala II de la Cámara de Casación Penal. En el caso "Calle Aliaga" se expuso: "...es
inconciliable con el deber que tiene el Estado de investigar, esclarecer los hechos de violencia contra la mujer, y
de sancionar a sus responsables en un juicio, con las debidas garantías" (5). A continuación, otro de los votos
afirmó: "...En suma, ni el legislador, ni las autoridades competentes para la persecución penal, gozan de la
discreción en la decisión acerca de la promoción o continuación de la persecución penal, porque el Estado
argentino se ha obligado a prevenir, investigar y sancionar, la violencia contra la mujer" (6).
Culminando el desarrollo de estas ideas con el pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, el 23 de abril de 2013, en el caso "Góngora", la que estableció como criterio: "...cualquier Estado que
haya ratificado la Convención de Belém do Pará, la adopción de alternativas distintas a la definición del caso en

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la instancia del debate oral es improcedente (cf. consid. 7)" (7).


Es así como, en la actualidad de los procesos, los magistrados no tienen margen decisorio sobre la
posibilidad de reconocer a la víctima de violencia de género como una persona autónoma, y empoderada, que
puede decidir sobre la forma de finalización del conflicto que la tiene como parte.
III. El instituto de la conciliación
El Cód. Penal, establece en el art. 59 formas de extinción de la acción penal, específicamente en el inc. 6),
expresa: "Por conciliación o reparación integral del perjuicio, de conformidad con lo previsto en las leyes
procesales correspondientes" (8). Acuerdo conciliatorio al que, una vez arribado por las partes, es sometido ante
el Juzgado en el que tramita la causa, con el objeto de ser homologado, y una vez cumplido en todos sus
términos, tendrá el efecto de la extinción de la acción penal sobre el imputado en particular.
Ahora bien, el Cód. Proc. Penal Nacional, no establece ningún condicionamiento para la procedencia de la
conciliación, eso conforme a la parte final del inc. 6 del art. 59 del Cód. Penal en cuanto refiere "de conformidad
con lo previsto en las leyes procesales correspondientes". Razón por la cual, bien podríamos remitirnos al art. 22
del Código Proc. Penal Federal, el cual según la res. 2/2019 de la Comisión Bicameral de Monitoreo e
Implementación del Nuevo Cód. Proc. Penal Federal, establece: "[L]os jueces y los representantes del
Ministerio Público procurarán resolver el conflicto surgido a consecuencia del hecho punible, dando preferencia
a las soluciones que mejor se adecuen al restablecimiento de la armonía entre sus protagonistas y a la paz
social..." (9), que en definitiva muestra apertura para la solución de los conflictos de formas alternativas a la
respuesta punitiva estatal, agrupados bajo la denominación de "justicia restaurativa", quedando incluida la
conciliación, también se tiene dicho: "[S]e alude al principio de solución de conflictos propugnando respuestas
que brinden la mejor composición entre las partes y la paz social..." (10).
Entonces, en cuanto a la regulación normativa de la conciliación en el Cód. Proc. Penal Federal, el Dr.
Hairabedián establece: "Es una de las herramientas que la resol. 2/19 de la Comisión Bicameral de Monitoreo e
Implementación del nuevo Cód. Proc. Penal Federal habilitó para su aplicación en todas las jurisdicciones del
país, junto con la exhortación del art. 22 a los jueces y fiscales de utilizar, en caso de resultar conveniente para
la solución del conflicto generado por el delito, los medios alternativos a cualquier pretensión punitiva estatal.
Para terminar de configurar el esquema conciliatorio, la Comisión también otorgó operatividad a los arts. 80 y
81 que regulan y garantizan los derechos de las víctimas en el proceso penal..." (11).
Es decir, la conciliación aparece regulada expresamente como una forma de resolución alternativa del
conflicto generado por injusto culposo, pero sujeta a condicionamientos de procedencia.
A mayor abundamiento, son también los mismos instrumentos internacionales, los que, promueven la
solución de casos penales con métodos alternativos, buscando que los Estados parte, adopten en sus
legislaciones internas normativa que busque alternativas a la pena privativa de libertad, para la recomposición
de la paz social, por ejemplo las Reglas de Brasilia —Secc. 1, Reglas 43 a 45 —; las Directrices sobre la
función de los fiscales (La Habana, ONU, 1990) —en particular la Directriz 18—; la res. 2002/2012 del
Consejo Económico Social de Naciones Unidas que anexa los Principios básicos sobre la utilización de
programas de justicia restaurativa en materia penal; entre otras.
IV. De la relación desigual de los sujetos a conciliar
Por otro lado, no debe olvidarse que estamos tratando de lograr una conciliación, en una relación desigual de
poder. Relación desigual, que colocó a la mujer como víctima de un delito, pero celebramos una audiencia
conciliatoria para repararla. Y la cuestión no es menor, ya que una de las condiciones de procedencia es que la
audiencia debe reunir las características del art. 2º del CPPF, es decir, "igualdad entre las partes".
Esta paridad, que debe preceder a la audiencia conciliatoria, "[c]onfigura una derivación concreta de la
garantía contenida en los arts. 16 de la CN; 11 DADDH; 7° DUDH; 3° y 14.1 PIDCP, y art. 8.2, CADH. Ha
sido definida en numerosos pronunciamientos de la Corte Suprema como "el derecho a que no se establezcan
excepciones o privilegios que excluyan a unos de los que se concede a otros en iguales circunstancias, de donde
se sigue que la verdadera igualdad consiste en aplicar la ley en los casos ocurrentes según las diferencias de
ellos (Fallos 16:118, 124:122; 127:18 y 167...) (...). No puede soslayarse que en la especie además se alude a la
'igualdad de armas' en el proceso penal. Esto es, que en el marco contradictorio las partes puedan contar con
posiciones equivalentes para hacer valer sus respectivas pretensiones" (12).
Entonces, teniendo en cuenta el marco normativo antecedentemente analizado, si a la víctima se la dota
además, de determinadas circunstancias objetivas (reguladas jurídicamente en los arts. 79, 80 y 81 del CPPF y la
ley 27.372 de Víctimas) que le otorgan las garantías y herramientas necesarias para que pueda participar en el
proceso penal como sujeto autónomo y en igualdad de condiciones, su decisión de como finalizar el

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procedimiento penal, la conciliación es producto "...de un convenio voluntario entre el imputado y el ofendido,
buscando el restablecimiento a la situación anterior al delito..." (13).
Estos derechos, como ser, la asistencia jurídica gratuita y de calidad, para que pueda tomar una decisión
informada, el acompañamiento de la "Dirección general de acompañamiento, orientación y protección a las
víctimas" (DOVIC), o el Centro de Asistencia de las Víctimas de Delitos (CENAVID), la evitación de su
revictimización a través de decisiones concretas que la víctima manifieste, (como actuar por intermedio de sus
representantes, medidas de impedimento de contacto, verdadera y justa reparación, etc.), lograrían un marco de
contención efectivo para la mujer víctima, que le brinda el contexto necesario para ser un sujeto en el proceso, y
así también, podría argumentarse que se está cumpliendo con el art. 7° de la Convención de Belém do Pará, en
tanto y en cuanto, se cumple de esta forma con la obligación de los Estados Partes de "...establecer los
mecanismos judiciales y administrativos necesarios para asegurar que la mujer objeto de violencia tenga acceso
efectivo a resarcimiento, reparación del daño u otros medios de compensación justos y eficaces..." conforme la
debida diligencia reforzada.
Estas condiciones impuestas, traducidas en derechos y garantías concretas, consecuencia del reconocimiento
de la víctima en un lugar en el proceso penal, sería una forma de respetar la dignidad de la víctima, a través del
cumplimiento de aquello que es producto de la expresión de su voluntad, libre y consentida. Anularla como un
sujeto capaz, también resulta una forma de revictimización, —más allá de los esfuerzos de los operadores
judiciales de que ello no suceda—, ya que se parte de una evaluación abstracta y generalizada de la violencia
género, alejada de su contexto, ya que, no todas las víctimas son iguales.
En este orden de ideas el Manual de Justicia Restaurativa dispone: "Las víctimas de delitos, incluyendo las
mujeres víctimas de violencia y las personas de otros 'grupos vulnerables', tienen una verdadera elección sobre
si participar en un proceso de justicia restaurativa. Esta es la noción de 'elección informada' e incluye requisitos
específicos de confidencialidad, presentación de las ventajas y desventajas del proceso restaurativo respecto al
sistema de justicia convencional, información sobre el derecho a obtener asesoría legal y a tener representación
legal en cualquier etapa del proceso, y sobre los recursos de apoyo disponibles, así como acceso a información
sobre el facilitador" (14).
V. Sobre la homologación del acuerdo conciliatorio
Una vez alcanzado el acuerdo conciliatorio, al Ministerio Público Fiscal, le queda poco margen de
participación, en consonancia con los principios "'in dubio pro reo, de subsidiariedad, pro homine, y última ratio
del Derecho Penal. Sumado a que, dados todos los presupuestos anteriores, arribar a un acuerdo conciliatorio
con estas características, debería entenderse como un adecuado abordaje con perspectiva de género en orden a
garantizar los derechos reconocidos en las leyes 24.632, y 27.372, sin oportunidad para oponerse a la
homologación de dicho acuerdo.
De otra manera, solo vendría a ser un obs- táculo entre la víctima y su voluntad de obtener una adecuada
reparación, sería desoír a la mujer víctima, vaciando de contenido lo normado por las leyes mencionadas,
violatorio además de los principios rectores que rigen en materia de derechos y garantías de las personas
víctimas de delitos, de reparación y tratamiento justo (art. 3°, incs. a y b, ley 27.372).
Que el mencionado art. 34 del CPPF, "...exige la ratificación judicial del convenio y, en el marco de una
audiencia que debe reunirlas características del art. 2°, el juez evalúa la conveniencia de la resolución del
conflicto en tales términos. Es que de la alocución 'si correspondiere' puede colegirse que la homologación no es
de carácter automática, sino que requiere un cierto examen por parte del magistrado de las condiciones pactadas.
Cabe traer a colación lo preceptuado en el art. 22 sobre la resolución del conflicto generado por el delito en aras
de procurar la mejor respuesta para la armonía entre los intervinientes en él y la paz social, por lo que de alguna
manera el rechazo del acuerdo debe dar cuenta que esta herramienta fracasa en ese sentido..." (15).
Tampoco, puede desconocerse que expresamente en el propio art. 34 del CPPF, se establece que el instituto
de la conciliación está previsto para los supuestos de delitos con contenido patrimonial, "sin grave violencia
sobre las personas", y existe una prohibición absoluta de celebrar audiencias de conciliación en casos de
violencia de género, contenida en el art. 28 de la ley 26.485 "Protección integral para prevenir, sancionar y
erradicar la violencia contra las mujeres".
Pero no es menos cierto, que es esta misma ley, la que dispone en su art. 16, inc. b, c y d, como derechos de
la mujer "...obtener una respuesta oportuna y efectiva (...) a ser oída personalmente por el juez (...) a que su
opinión sea tenida en cuenta al momento de arribar a una decisión que la afecte..."
En el mismo sentido, las recomendaciones del Comité de Expertos de Mecanismos de Seguimientos de la
Convención de Belém do Pará (MESEVIC), tiene dicho que "...hacer este delito negociable o transable parte de

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la premisa que las partes involucradas se encuentran en igualdad de condiciones de negociación, lo cual
generalmente no es el caso en el ámbito de la violencia (...) este desequilibrio de poderes en los acuerdos de
conciliación aumenta el riesgo físico y emocional de las mujeres, los acuerdos no son generalmente cumplidos
por el agresor y no abordan las causas y consecuencias de la violencia en sí...(...) El Comité de Expertas/os
insiste en su recomendación de prohibir los métodos de conciliación, mediación y otros orientados a resolver
extrajudicialmente casos de violencia contra las mujeres" (16).
Razón por la cual, no es menor la tarea del juez que deba determinar la homologación o su rechazo, en el
acuerdo conciliatorio que se le presente, ya que deberá fundamentar debidamente sobre las cuestiones de
procedencia y las garantías de la mujer en el primer caso para separarse de lo establecido jurisprudencialmente
por nuestra Corte, y los argumentos sobre la falta de contribución a la paz social del acuerdo arribado, y
explicarle a la víctima porque no se tendrá en cuenta su propia voluntad.
VI. Conclusión
La solución deberá darse en cada caso concreto atendiendo a las particularidades del caso, observando
minuciosamente si se han cumplido con las pautas que garantizan a la mujer víctima de violencia obtenga un
acceso a la justicia, —desde la denuncia hasta el resarcimiento de sus pretensiones—, con la asistencia de
profesionales eficientes y de calidad, que le permitan igualarla en esa relación que la colocó en primer lugar, en
situación de vulnerabilidad, y finalmente la convirtió en víctima.
La observación del magistrado de todas las condiciones objetivas, traducidas en derechos de las víctimas,
puede volverse un parámetro para constreñirlo a no permitir que la conciliación se vuelva un trámite de
aplicación automática, como válvula de escape del sistema penal, y de esta manera, evitar homologar
conciliaciones pactadas bajo la continuidad de desigualdades de poder.
Y si bien, será desafiante valuar la igualdad, o el grado de vulnerabilidad de los participantes, será necesario
apartarse de la literalidad de la normativa, cuando el respeto por la voluntad de la víctima sea la única forma
posible de que encuentre una forma de finalización del proceso que la revictimiza, pero que a la vez le conceda
una forma de recomposición del delito que la tuvo como víctima, y percibiendo de una vez por todas el amparo
de una justicia penal, que necesariamente siempre llega tarde, pero logrando paz social a través de la
recomposición de situaciones desiguales de poder, en casos concretos.
(A) Abogada egresada de la Universidad Católica Argentina, Especialista en Derecho Penal por la Universidad
de la Cuenca del Plata, Especialista en Derecho Procesal Penal por la Universidad Nacional del Litoral,
Especialista en Derecho Penal Parte General por la Universidad de Salamanca, España. Docente del Instituto
Universitario de Gendarmería Nacional y Prosecretaria Administrativa del Juzgado Federal de Victoria.
(1)
[Link]
(2) [Link]
(3) Ibidem.
(4) BOVINO A., LOPARDO; M. y ROVATTI, P., "Suspensión del Procedimiento a Prueba. Teoría y práctica",
Editores del Puerto, Buenos Aires, 2013, p. 203.
(5) Ibidem, p. 191.
(6) Ibidem, p. 192.
(7) Ibidem, p. 203.
(8) ZAMORA, Fernando M. (comp.), "Código Penal 2019", Zavalía, Buenos Aires, 2019, 1ª ed., p. 28.
(9) [Link]
(10) ALTAMIRA, Rodrigo (et al.); HAIRABEDIÁN, Maximiliano (dir.), "Código Procesal Penal Federal
comentado: Doctrina y jurisprudencia aplicables", art. 34, Ad Hoc, Buenos Aires, 2021, 1ª ed., p. 129.
(11) Ibidem.
(12) Ibidem, p. 44.
(13) Ibidem, p. 130.
(14)
[Link]
(15) ALTAMIRA, Rodrigo (et al.); HAIRABEDIÁN, Maximiliano (dir.), "Código Procesal Penal Federal
comentado: Doctrina y jurisprudencia aplicables", ob. cit., p. 132.
(16) [Link] Ps. 27 a 29.

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