EL TIEMPO EN EL TIEMPO
La clínica con niños tiene algunas preguntas especificas, que según como se tomen serán
dificultades o preguntas orientadoras. Si la infancia se cursa con desajustes, con síntomas, estos
hablan de movimientos, de una dialéctica en la constitución de un sujeto. ¿Cuándo estos
desajustes son un punto de pasaje y cuando es una detención o una dificultad en la constitución
subjetiva? ¿A partir de qué momento puede pensarse que los elementos que organizan una
estructura ya están jugados? ¿Cuando las operaciones lógicas instalaron o no el inconsciente, para
orientarse en términos de psicosis o neurosis?. Lacan introduce la noción de forclusión en el
seminario 3, que en Derecho procesal significa “Vencimiento de una facultad o derecho no
ejercido en los plazos prescriptos” ¿Cuál es el plazo prescripto? ¿Los primeros meses de vida, los 3
años, los 6 años? seguramente habrá que ver el caso por caso. Cuál sería la dirección en el juego
de la estructura ¿neurotizar? Estaríamos ocupando el lugar de agentes normalizadores de los
niños sosteniendo también un supuesto ideal de salud y normalidad, concibiendo un cuerpo
maquina que debe funcionar como se espera, de allí se da entrada a la medicación.
Comienzo a pensar en los tiempos de la estructura frente a niños que presentan dificultades en los
procesos simbólicos, que repercuten en lo imaginario y en como ubicarme allí, como analista,
abriendo la posibilidad en la dirección de una cura de encontrar o injertar un ordenador. Sin partir
de significaciones; de que si es psicótico no juega, si tiene o no un yo para hablar etc… lo que
llevaría a perder en el camino el quehacer de ese niño, el modo particular de resolver su
existencia, desviándonos de acompañarlo a encontrar un alivio para la siempre tortuosa entrada
al mundo. Miller menciona que el riesgo del trabajo con niños de sustituir el silencio eventual del
niño con la teoría, es sustituir el silencio del niño por el propio delirio sin límite.
Un niño con dificultades en lo simbólico, demorado en la adquisición del lenguaje, o ecolálico,
aparentemente desorganizado, podría ser recibido por un terapeuta, un profesional calificado
que clasificaría los fenómenos dentro de los criterios para un diagnostico de autismo u otro TGD,
diría que el niño es autista, que eso no se cura, propondría el tratamiento adaptativo y en muchos
casos la medicalización, silenciando el padecimiento, haciéndolo tolerable para la familia, la
escuela etc.. Esto tiene una tradición de la que también el psicoanálisis es parte, desde los
comienzos del siglo XX el autismo concebido como una forma de esquizofrenia (Bleuler) para luego
vincularse a los niños con el autismo infantil de Kanner y el Síndrome de Asperger en los `40,
expandido en los 80 con los manuales y en el siglo XXI con los trastornos del espectro autista que
concibe la enfermedad por una sumatoria de síntomas como déficit sociales y de comunicación,
intereses fijos, comportamiento repetitivo cuando hay evidencia suficiente de que, la falta de
comunicación, el encierro , el aislamiento son una rasgo de la época.
La urgencia por el diagnostico, la orientación por los manuales, por la ciencia y el mercado nos
llevan a dar al sujeto por hecho desde su nacimiento ubicando todo lo humano en el cerebro, un
sujeto determinado por un saber escrito en las redes neuronales o la genética donde lo incurable
es la enfermedad. En psicoanálisis sabemos que lo incurable y común a todos es el vacio
estructural frente al cual generar una respuesta subjetiva, que no hay saber escrito sino un real
que no cesa de no escribirse.
Para pensar la constitución subjetiva podemos remitirnos a las operaciones lógicas de alienación y
separación.
La alienación remite a la operación por la que el ser solo devendrá sujeto en su encuentro con el
Otro, lugar donde encontrar el significante que lo nombre; en ese intento se encontrará con una
falta en el Otro. En el niño surge la pregunta me dice eso pero que quiere? Frente a esa
presentificacion del deseo del Otro responde con su fantasma; me quiere chupar, ver etc.… en
este lugar de la falta del Otro que constituye su deseo va a venir a ubicar el sujeto su propia falta.
A partir de la falta en ser hay un movimiento de regreso que lo separa del Otro del significante. La
separación aísla las dos faltas, la del Otro y la del sujeto. En las Observaciones sobre el informe de
D. Lagache ya decía Lacan que el sujeto es negativo, encuentra su lugar en un vacio donde ubica su
propia falta, esto es un efecto de estructura.
Miller en su conferencia Desarrollo y Estructura realiza una lectura de la oposición de las dos
vertientes del grafo, la horizontal, que sería la del desarrollo y va hacia el punto cruz de la otra
vertiente, la de la estructura, movimiento por el que, poco a poco, los elementos se ponen en su
lugar; pero el sistema estructural los organiza anticipadamente. La estructura está desde el origen.
Aun así el encuentro del sujeto con estos elementos siempre tiene una variable, una
indeterminación. Este encuentro azaroso puede presentarse en un análisis, en la contingencia de
la interpretación, de la simbolización, posibilitando el advenimiento de un sujeto por la vía de la
cadena significante.
En tanto lo primero es ser objeto a en el discurso del Otro, Miller propone definir al niño entre a y
$, donde podrían ubicarse grados, momentos de transformación desde ese lugar de a, de objeto
en el deseo materno hasta constituirse en $, esto es ubicar el niño como objeto, que lugar en el
discurso del Otro, de qué manera surge de la masa de significantes, siguiendo los desplazamientos
de la libido. En el mismo texto hay una referencia a la dignidad diciendo que Lacan no se hacia el
niño cuando se dirigía a ellos, “lo tomaba como un sujeto de pleno ejercicio y ellos respondían con
dignidad, con una postura de responsabilidad…” una indicación para el analista, no hacerse el niño
frente al niño, es decir no adoptar una posicion naif frente a un individuo al cual le faltaría
desarrollarse y con el que habría que jugar un poco y nada más, desestimando lo que esta clínica
puede aportar al psicoanálisis.
La dignidad podríamos situarla en la posibilidad del niño de seguir los pasos de su propia
constitución, un niño que se hace oír como síntoma de la pareja parental, trayendo o no un
síntoma. Conviene no apresurarse a orientarse por la estructura ya que tal vez los elementos no
se acomodaron a la estructura definitiva como decía Freud respecto de la escuela, que “trata con
individuos todavía inmaduros a los cuales no se puede negar el derecho a detenerse en
determinadas fases” .La dignidad del sujeto infantil en el siglo XXI también consiste en no
pretender encontrar la palabra justa que lo defina, borrando las singularidades.
Alejandra Maglione.
Bibliografía:
J. A. Miller, Desarrollo y Estructura (1992). Conferencias Porteñas, Tomo II, 2010.
S. Freud, Contribuciones al simposio sobre el suicidio. Obras Completas, volumen VIII.
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G. Belaga Psicosis infantil. Revista Virtualia Nº 16.
Juan Carlos Indart .Entre neurosis y psicosis: Fenómenos mixtos en la clínica psicoanalítica actual
Grama,2009
J. Lacan, Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache. Escritos 2, Siglo XXI,2002.
J. Lacan, Seminario XI, Los cuatro conceptos Fundamentales. Paidos,2008.
L. Cazenave, El niño y el tiempo lógico en la cura. Psicoanálisis con niños. Atuel, 1995