QUINTILIANO
La importancia de la obra de Quintiliano se debe a la cantidad de información que suministra y
la calidad pedagógica que ofrece. Marco Fabio Quintiliano nació en la actual Calahorra en el
año 35 y murió en Roma, en el año 95). Fue un retórico y pedagogo hispanorromano.
El Libro I, repleto de consideraciones pedagógicas, presenta las nociones preliminares que
sirven de fundamento a todo el desarrollo posterior de la Retórica. Quintiliano ofrece
orientaciones para la formación del orador desde la infancia de este. Así, defiende que las ayas
deben hablar bien y estar bien educadas en las costumbres porque es a quien escuchan los
niños en sus primeros años y de los que aprenden. Por otra parte sostiene que los niños han de
aprender cultura griega al igual que la latina, pues no es menos importante esta primera que la
segunda ya que al fin y al cabo es de donde proviene el latín. Critica además el hecho de que
los niños aprendan primero el nombre y orden de las letras antes de aprender su figura.
También recalca la importancia de tener una buena caligrafía pues si la letra es imperfecta y de
mala formación no se entiende después. Examina los pros y contras de la institución doméstica
de carácter privado y de la escuela pública.
Quintiliano ofrece orientaciones para la formación, desde la infancia, del orador: la elección de las
personas que se han de ocupar de él en los primeros años, desde el aya al preceptor (examinando
pros y contras de la instrucción doméstica de carácter privado y de la escuela pública), la atención a
las condiciones naturales del niño, los métodos de aprendizaje gramatical, las nociones de cultura
general, la pronunciación y los gestos.
Quintiliano defiende que la fórmula más eficaz de enseñanza debe apoyarse en la lectura y en
el comentario de textos de oradores e historiadores, en la práctica de la redacción y en el hábito de
la autocorrección. Aconseja los ejercicios de memorización y de declamación.
Es partidario de una preparación cualitativa del orador, que, como hemos dicho anteriormente,
ya fue esbozada por los retóricos anteriores. A partir de la definición de Marcus Cato: vir bonus
dicendi peritus, Quintiliano insistió en que, además de estar dotado intelectualmente y preparado
técnicamente en Leyes, Historia, Matemáticas, Música, Literatura y, sobre todo, en Filosofía, el
orador debía ser educado en profundas convicciones morales. También exige flexibilidad para
acomodarse a las características del tema y capacidad psicológica para adaptarse a la condición del
auditorio.
Quintiliano, tras criticar varias definiciones de Retórica -Córax, Isócrates, Gorgias,
Aristóteles...- propone la siguiente: bene dicendi scientia. Su objeto es todo asunto humano. Afirma
que los tres fines de la Retórica -enseñar, mover y deleitar- han de converger en un fin ético.
Defiende, además, que la Retórica es un «arte» ya que ha de usar la técnica y procede de una
manera metódica y ordenada.
Aunque Quintiliano rechaza el uso indiscriminado de pruebas falsas, admite, sin embargo, con
los sofistas que, en determinadas situaciones, el empleo de la mentira puede ser lícito, y acepta que
el juez utilice argumentos falsos en beneficio de un reo inocente.
Los libros IV, V y VI tratan de la inventio -quid dicamus- según las partes del discurso
persuasivo (exordio, narración, argumentación, etc.). Presta especial atención a las especies y usos
de pruebas y a los diferentes tipos de razonamiento.
Repite también las cinco etapas del proceso retórico: la «invención» cuyo objeto es la res, la
materia o ideas de la que trata el discurso, la investigación y el estudio de los materiales que han de
manejarse, y también el conocimiento de los instrumentos que para ello se usan.