Didascalia 2
Didascalia 2
Publicación DiGiTal
DIDASCALIA DRAMATURGIA
Clavos en el fuego 2
Julio González Erazo
Clavos en el fuego 3
DRAMATURGIA
DIDASCALIA
Publicación DiGiTal
CLAVOS EN EL FUEGO
JULIO GONZÁLEZ ERAZO
DIDASCALIA
EDICIÓN 2021
Clavos en el fuego 4
PERSONAJES:
Marcos
Trabajador de la calera.
Luz
Esposa de Marcos.
Edgardo
Hijo de Marcos.
Lidia
Hija de Marcos.
Edelmira
Esposa de Ernesto.
Claudia/Beatriz
Hija de Ernesto.
Mamá Ete
Mamá de Luz.
Saúl
Nuevo trabajador de la calera.
Cecy
Nueva trabajadora de la calera.
Ginger
Presentadora de televisión.
Lorenzo Antonio
Presentador de televisión.
Patrón
Representación de la patronal de la calera.
Capataz
Encargado de la operatividad de la calera.
Trabajadores, siluetas y coro de acompañantes.
Presidente de la República, arzobispos, jueces, policías, diputados.
Clavos en el fuego 5
Al centro un sillón y una mesa de sala frente a un televisor grande de
pantalla plana, de perfil. Sobre la mesa se observa un control remoto y
platos. Al fondo está arrodillada Mamá Ete, se dispone a preparar un
improvisado polletón, con unas rocas basálticas y rocas de río. Ella las
revisa y limpia con una manta. Ceremoniosamente las eleva sobre su
cabeza. Monta el polletón. A un lado tiene una olla de barro. En el
transcurso de la obra ella, con su polletón, se posicionará en diferentes
espacios en torno a la acción.
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Voz de Lorenzo Antonio: (Ríe). Pelo en pecho, como se dice hoy. Que
no le aturre la cara al trabajo, como dice el pueblo.
Voz de Ginger: Claro, a esta hora ese campeón está luchando,
rompiéndose el lomo luchando contra la naturaleza, abriendo
surcos, llevando bultos, cortando grama o… rompiendo
cerros…
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esto, para tenernos en tu casita…
Voz de Ginger: (Saca la mano para tocar el televisor y señalar
objetos). Y no le bastó con uno tan grande, ahora tiene uno
para cada cuarto. Mira esos muebles, de cuero, amplios, cielo
falso, los acabados de las paredes y el suelo… ¡Wow! ¡Un
enfriador de ambiente! ¡Mirá! Qué lindos recuerdos familiares,
miren, hasta una pintura de la Mona Lisa. Vaya, quién lo
diría, un hogar tan moderno y sofisticado… para un
campesino.
Voz de Lorenzo Antonio: ¿Qué te pasa? ¡Reaccioná!
Voz de Ginger: Está depre… ¡depresivo!…
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tus hijos y tu mujer o… hasta nosotros. La programación de la
televisión, ¿no es distinto todo cuando venís de noche, de
trabajar?
Pausa.
Ginger: Sí, precioso, no tenés nada que ofrecer a la calera. Por lo que
vos hacés nadie pagará ni un centavo. Papi, ¿creés que con
solo vivir te pagan? No, no, no.
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Lorenzo Antonio: Nadie te necesita. Tus patronos no ven algo valioso
en vos. No valés nada en esta sociedad. (A Ginger). Ginger,
¿segura que no vale ni un centavo?
Ginger: Ni un centavo.
Lorenzo Antonio: Nunca había visto que algo fuera tan inútil y sin
valor.
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Marcos: ¿Desaparecida? ¿Pero cómo una muchacha puede
desaparecer en Europa? Acá puede pasar, allá no.
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La fuente de la luz se convierte en luz roja. Los sonidos en off
son, ahora, de personas con tono amenazante, golpes, gritos,
llantos, risas obscenas. Claudia habla con una actitud de terror
en un primer momento. Luego parecerá como sedada. Su voz se
apagará poco a poco hasta el final del diálogo. Silencio.
Edelmira: Yo tendría que ser la que se va, no vos. Yo tendría que ir,
arriesgarme yo. No sabemos quién te espera en Italia.
Luz: Fue la última vez que la vio, allí, en el punto de microbuses del
caserío. Allí quedó su recuerdo, la despedida… Yo no sé qué
haría si me pasara lo mismo, que vos faltés en nuestra
familia. Yo no quiero que mi hija desaparezca.
Marcos: Edelmira no hizo nada. ¿Y José Luis? El cipote, si bien
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recuerdo, es el mayor.
Luz: De verdad has pasado en otro mundo, no sabés lo que ha
pasado acá. (Sale con los trastos que están sobre la mesa de
centro).
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Luz: ¡Ves! ¡Por Dios! Ya te perdimos. Todo dundo te has quedado
viendo la televisión. Esa mujer, Ginger, te trae babeando.
Marcos: (Tosiendo). Yo no puedo fallar, tengo que estar bien para
trabajar… Yo, yo… quiero, que si algún día falto no vayás a
hacer lo mismo que hizo Edelmira.
Luz: Relajate, por favor, disfrutá esta incapacidad. Después volverás
a pensar en la bendita calera. Por ahora descansá. Mirá, es el
anuncio de las nuevas casas en Brisas de Hollywood, acá
cerca. Lástima que no se escucha. Buenos negocios hacen
estos dueños de la calera, se acaban los cerros y en estos
terrenos, luego, construyen casas. No tienen desperdicio.
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Se apaga la luz, Marcos cae, tose, trata de respirar, se mueve
lejos de la pantalla.
Lorenzo Antonio: Vean la casa tipo inglesa, una casa con tres
habitaciones.
Se apaga la luz.
Se apaga la luz.
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Lorenzo Antonio: Y un hijo delincuente, José Luis, es decir, es
decir…
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vivan al más parecido estilo europeo!
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El Capataz, con su trapeador de largos tentáculos, limpia el
piso alrededor de la imagen del Patrón. Entra Marcos.
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todo el pupú y el pipí se irán por allí, y ya no es problema de
nosotros.
Capataz: ¡¿Entendés?!
Marcos: ¡Tranquilo!
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Capataz: Yo soy el cuidador, el sumo sacerdote de este templo del
trabajo, donde se arde, donde la carne y la sangre se calienta
al romper la piedra cuando se la arrancamos a los cerros, con
voracidad, con hambre. El músculo y la sangre chocan, se
calientan y buscan la piedra para pulverizarla, cargarla y el
cuerpo completo arde tanto como el mismísimo horno donde
depositamos las piedras. Ofrendas a nuestro Señor. Piedra y
cuerpo, cuerpo y piedra, en comunión…
Marcos: (Decreciendo). ¡Quiero arder!
Capataz: (Creciendo). Juntos, ofreciéndose a las llamas del templo…
Marcos: ¡Quiero arder! (Comienza a arrodillarse).
Capataz: El mineral y la carne… (El Capataz hace girar el trapeador.
Amaga).
Marcos: (Arrodillado. Bajando la cabeza). ¡Quiero arder!
Capataz: La cal y la sangre…
Marcos: ¡Quiero arder!
Capataz: Para que nuestro Señor tenga su…
Marcos: ¡Quiero arder! ¡Quiero arder!
Capataz: …Roll Royce… (Comienza a azotar a Marcos).
Marcos: (Tosiendo). ¡Quiero… arder!
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soy el mismo. Les he entregado mi juventud. La muerte ronda
mi casa, a mi familia. Sé que soy nada, pero no estoy
terminado. ¡Mi historia no ha terminado! ¡Dame trabajo!
¡Suplico! Conozco su poder: pueden convertir mi cuerpo en
casa, comida, cosas, ropa… en familia… Si tuviera otro
cuerpo, vigoroso y joven te lo daría… te los puedo dar.
Respóndeme, ¿mi cuerpo ya no te es útil?
Patrón: ¡Sic itur ad astra!1 ¿Quomodo vales?2
Marcos: (Postrado). ¡Yo estoy bien mi Señor! ¡Quiero mi trabajo!
Patrón: Ya lo sabés... Quid pro quo.3
Marcos: Te doy mi trabajo hasta morir…
Patrón: Quid pro quo.4
Marcos: Mírame, te estoy suplicando, llorando…
Patrón: Qui bene amat, bene castigat…5¡Quid pro quo! ¡Quid pro quo! 6
Marcos: ¿Algo por algo?
Patrón: Lo dijiste, de verbo ad verbum.7
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Marcos paralizado. Tiembla.
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Patrón: Tu es ille vir. Vade in pace.10
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Katy ha salido de escena. Silva la vieja desde afuera. Cecy
recoge el celular y los papeles que le tiró Katy. Marcos se
acerca a ayudarle.
Cecy: Gracias…
Marcos: Yo no podría con una persona así. Hay que tener paciencia
con esa niña.
Cecy: Es sencillo, hay que ponerse en su lugar. Mi nombre es Cecilia,
un gusto.
Marcos: Yo soy Marcos, igual, un gusto.
Cecy: Como le decía, Marcos, hay que ponerse en los zapatos de los
jóvenes y ellos necesitan trabajo. Pero veo que ambos estamos
ofreciendo trabajo, eso es bueno. ¿O me equivoco?
Marcos: No, no se equivoca, yo le ofrecí trabajo a su muchacha.
Cecy: Muy bien… y, para trabajar en…
Marcos: En la calera del caserío. Necesitamos trabajadores.
Cecy: Sí, he oído que tienen un par de caleras en algunos caseríos.
Además, que ayudan a las comunidades con clínicas, torneos
de fútbol, escuelas, y hasta veo que tienen vigilancia en los
lugares, que ponen quieto a cualquiera que anda jodiendo a la
gente.
Marcos: Sí, estamos ayudando a la comunidad. ¿No está interesada
en un puesto?
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Marcos: ¿Cuánto gana? ¿Trescientos, trescientos cincuenta? Es poco.
Cecy: Pues para mí es suficiente, no tengo mayores gastos, sin hijos,
sin familia.
Marcos: En la calera puede duplicar esa cantidad, mensual.
Cecy: No, como le repito, me conformo con lo que gano vendiendo
teléfonos.
Marcos: Usted es una flor de muerto.
Cecy: ¿Cómo?
Marcos: Como esas flores del día de muertos, hechas de papel y
colorante, pero para que duren las recubren de cera para que
el agua y el tiempo no las dañe… desgraciadamente el cuerpo
vivo se pudre. Usted se pudre.
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Marcos: Lo puede hacer cualquiera. (Pausa. Observa a Saúl). Debe
ser fácil matar un animal.
Saúl: No crea, no es tan chiche. Lo reto a que haga un veneno que
mate al chilazo. ¿Cómo haría el dichoso veneno?
Marcos: Pues, poniéndole varias cosas, todo lo que encuentre. Al
final algo le tiene que provocar al animal.
Saúl: Le diré: no es fácil matar. Aún a un animal. Y más difícil matar
a una persona, es difícil, aun creando un veneno. Encontrar
los ingredientes correctos para matar y no solo provocar una
diarrea. Matar es un arte.
Marcos: Y usted, ¿es un artista de la muerte?
Saúl: Aquí tiene mi obra de arte. ¿O no, mish? Yo conozco el arte.
Cuando digo matar, mato. ¿No suena lindo eso para alguien
que necesita ese… servicio? Ya hueles a podrido, gatita.
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Marcos: Podría ser. Usted es una persona muy inteligente, lo sé, y
creo que bien sabe lo que es la cal para el caserío.
Cecy: Sí, lo sé.
Marcos: Es nuestra identidad. Y usted puede formar parte de esa
identidad.
Cecy: Muy bien, muy bien. Y si acepto, ¿qué haría yo dentro de la
calera? ¿Romper o acarrear piedras?
Marcos: Veo sus manos. Sus manos cocinando las comidas más
sabrosas en el comedor de la calera. Sus manos cocinando el
pan diario que se transformará en fuerza, que nutrirá la
sangre, que fortalecerá los músculos, que juntos, fuerza,
sangre y músculos arrancarán de cada cerro la caliza madre,
el vientre calizo para llevarlo al horno. Usted, la madre de la
calera tendría que cuidar a sus hijos obreros…
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músculos, junto a otros músculos, usted a la cabeza,
rompiendo cerros, con fuerza, violencia. Sudor, sangre y
calor…
Saúl: ¿Eso quieren de mí?
Marcos: Usted es la mano y el músculo que necesitamos. Pero en
especial necesitamos su experiencia en someter las cosas y a
las personas. Usted puede transformar las cosas, a las
personas, usted puede instruir y guiar a los demás
trabajadores… usted es el padre que necesitan.
Cecy y Saúl: Pero quiere decir que pasaré toda mi vida trabajando en
la calera.
Marcos: El trabajo es dado por Dios, lo harás lo que dure tu vida en
esta tierra… Luego, te esperará un paraíso, un mejor lugar de
descanso… tu jubilación.
Cecy y Saúl: Pero, como esclavos, le haremos dinero a los patronos.
Marcos: No. Nosotros colaboramos con ellos, para vivir y trabajar
sobre la naturaleza que Dios le dio al hombre.
Cecy y Saúl: No somos iguales: ellos ricos, nosotros pobres.
Marcos: Estamos en el mismo bando… ¡Uníos para luchar contra la
naturaleza y dominarla! El mundo es dado por Dios, el mundo
es del hombre. Este es el nuevo paraíso: vos, Adán; vos, Eva.
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El marco del televisor se transforma en la entrada del horno de
la calera, tiene una pantalla blanca en la se proyectan las
sombras de todo lo que se deposite dentro. Se usarán tres tipos
de luces para proyectar las sombras: blanco cuando el horno
este apagado, anaranjado cuando el horno esté a una
temperatura intermedia, rojo intenso para la temperatura alta,
mortal. El horno se ubicará en la parte derecha del segundo
plano. Por su izquierda, será la entrada al horno y por la
derecha, la salida. Saúl y un trabajador rompen algunas rocas
y parten leña. Cecy acomoda la leña y las piedras calizas
dentro del horno, al cual entra agachada. El horno está de color
blanco. Se ven las sombras proyectadas en la pantalla, se ve
que se limpian el sudor. Al sacudirse el sudor, las gotas se
convierten en clavos de diferentes tamaños, perceptibles. Los
clavos quedan flotando en el aire mientras Cecy y otro
trabajador salen del horno. Lo encienden. Horno naranja. Saúl
verifica el funcionamiento, ordena poner más leña. Lo hacen.
Horno al rojo vivo. Entra Marcos. Se coloca frente al horno. Se
observa su contorno con el fondo al rojo pleno. Levanta las
manos, las junta, simula un depósito. La sombra de los clavos
desciende a las manos de Marcos. Baja la intensidad del
horno. Mientras los demás corren a sacar en carretillas la cal
deshidratada.
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ceremoniosamente y de la misma manera que las piedras y los
chiriviscos, los presenta uno por uno al cielo y alrededor. Los
coloca uno por uno encima de la capa de chiriviscos.
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Saúl: (Sigue partiendo piedra). En mis anteriores “trabajos”, como es
conocido, solía emplear la violencia.
Marcos: ¿Violencia hacia seres vivos, gatos… personas?
Saúl: Claro, lo he hecho de esa manera, he violentado personas.
Marcos: ¿Matar?
Saúl: (Golpea con fuerza). Matar.
Marcos: ¿Personas?
Saúl: (Breve pausa. Golpea más fuerte). Personas, maté personas.
Como le dije cuando me “entrevistó”, la efectividad, la
disciplina… y la práctica son cualidades muy atractivas para
un empleador… Que te ordenen, y solamente queda hacer la
tarea a toda costa.
Marcos: (Mirándolo fijamente). Claro, para cualquier patrono ver esas
características en un trabajador es gratificante.
Saúl: Sí, les gusta. Yo soy así. Soy una herramienta útil, necesaria en
estos tiempos. Lo que necesita esta empresa. Si he hecho lo
más difícil, por qué no voy a hacer algo menos… dificultoso…
Si ya le torcí la cabeza a varios gatos, por qué no podría hacer
esto.
Marcos: Claro, o viceversa, volver a matar gatos… o personas.
Saúl: Podría ser, todo con el fin de servirles… a mis jefecitos, para
servirles. Es hora de irme… adiós patrón…
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Cecy: Pero es que…
Ginger: Lista.
Lorenzo Antonio: En tres, dos, uno…
Ginger: Muy buenos días, bienvenidos a…
Ambos: ¡BREAKFAST, tu telerevista!
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Marcos se paraliza. Rígido.
Clavos en el fuego 33
Marcos: Hola.
Lorenzo Antonio: (Apurado). Comencemos, no perdamos tiempo: el
tiempo mata.
Marcos: Mata. El tiempo.
Lorenzo Antonio: En tres, dos, uno…
Ginger: Este día nos encontramos en una calera, es decir…
Lorenzo Antonio: La fábrica en donde se elabora la cal y sus
derivados, un trabajo tradicional.
Ginger: Sí, desde hace muchos años. Una tradición de los indios,
como el café, los indios elaboraban la cal y tomaban café
antes de que vinieran los españoles.
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sacrificar víctimas para nuestros dioses indígenas.
Ginger: Jajaja, yo soy una princesa, me sacrifico para sus dioses.
Lorenzo Antonio: Televidentes, serán testigos del sacrificio de la
virgen Ginger en manos de los salvajes indios… Jajaja…
Clavos en el fuego 35
Marcos: Un poco de cal… ustedes me parecen personas tan
perfectas, muchos los ven acá en el caserío, quieren ser como
ustedes.
Ginger: Sí, lo sabemos. Quieren ser como nosotros.
Marcos: Pero no son un espejo. La televisión no es un espejo, no es
un reflejo: ustedes no existen.
Marcos: Creo que no, pero les contaré. En un bus se puede ver que
todas las personas son iguales, sudorosas, piel morena,
adoloridas, adormitadas, con hambre. (Empuja a los
presentadores hacia el horno). Alguien como ustedes
desentonaría en medio del colectivo, no son de allí… no son de
aquí…
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Saúl: ¿Y las personas que hay que atender?
Marcos: A lo mejor afuera.
Saúl: ¿Y esa cámara?
Marcos: Esa cámara no existe.
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conocés, te habitúas. Lo controlás. Eso es todo. El fuego y el
ser humano siempre han sido amigos, partes de un mismo
ser. Los animales tienen el calor animal, los seres vivos tienen
calor animal, cuando estamos vivos nos estamos oxidando, es
una combustión interna que está con nosotros mientras
vivimos. Lo que yo hago es… una alquimia final, mediante un
fuego final, a partir de un proceso de selección de “los tipos”
que no ayudan a hacer una mejor sociedad.
Marcos: Juez y ejecutor.
Saúl: No. El juez no soy yo, doy mi opinión, pero quien dicta
sentencia es la Gran Idea.
Marcos: La calera.
Saúl: ¿Qué infierno tengo yo?
Marcos: ¿Cómo?
Saúl: Yo, para tragarme las malas semillas, de carne, cabellos,
fluidos, sudor, sangre… Las semillas de todos, de ustedes.
Marcos: No entiendo… ¿Mi semilla?
Saúl: Sí. Ustedes y sus familias, con las mismas costumbres, la
misma formación, los mismos sueños. Todas iguales. Como
una gran milpa en donde se pueden ver los mismos cultivos,
iguales hojas, misma tierra, misma semilla.
Marcos: Ya veo. La semilla.
Saúl: La semilla buena, no hay problema. La semilla mala sí es un
problema. La que se deforma cuando no le llegan los
nutrientes necesarios, el oxígeno y el agua.
Marcos: Hay situaciones que son inevitables, sin embargo, te aseguro
que mis semillas, mis hijos, serán buenas personas.
Saúl: Eso mismo pensaba Ernesto, tu amigo, pero su hijo, vaya
fichita.
Marcos: ¿Lo mataste?
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Saúl: Mala semilla convertida en ceniza.
Marcos: Ayudame.
Saúl: No sé… jajaja… manos a la obra.
Marcos: Muy bien.
Marcos se pone erecto, con los ojos fijos hacia Saúl, que luce
orgulloso. Marcos da la espalda a Saúl.
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las arrugas…
Ginger: Mi espíritu es joven. Metido.
Saúl: Calma. Para evitarnos más palabras, les digo que no hay
reasignaciones. Ustedes ya están desfasados, las marcas
publicitarias no creen que la imagen de ustedes pueda…
acrecentar la aceptación de los productos. Así que
arrodíllense.
Ginger: Pero, ¿por qué?
Saúl: Ya lo dijo Lorencito, ya estás en edad adulta y pues hay otras
jovencitas con mejores cuerpos y eso vende. Mi Ginger, tu
nombre ya no gusta.
Lorenzo Antonio: Ni modo compañerita… En cambio, un hombre
adulto, con canitas, moderno, atlético, todavía es ambicionado
por un alto número de mujeres…
Saúl: Mmm… pues no creás amiguito. Tu imagen tampoco, las
audiencias, la toman en serio, ya aburrís con ese peinado, tu
ropa y ese aire de… intelectual de Wikipedia. Vos vas al
reciclaje también.
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promoción del deporte, la enseñanza del oficio en la calera por
medio de distintas capacitaciones que se están impartiendo,
responden a los ejes de trabajo que venimos desarrollando en
el área de seguridad ciudadana. (Silencio, ha caído dentro del
horno).
Clavos en el fuego 41
Sale Saúl. Luego entra con lo que parece ser dos cuerpos
humanos envueltos en bolsas negras. Coloca uno primero
dentro del horno. Marcos observa todo.
Mamá Ete saca un tercio de raja de leña, son más grandes que
los anteriores. Son tres rajas de un leve color rojizo. Vienen
sujetados por dos mantos hilados, multicolores. En el piso lo
desenvuelve ceremoniosamente. Siente su textura, su olor, y de
la misma manera que con las piedras y los chiriviscos, los
presenta uno por uno al cielo y alrededor. Los coloca uno por
uno encima de la segunda capa de leña.
Clavos en el fuego 42
Marcos observa detenidamente los objetos.
Clavos en el fuego 43
Para ellos yo no iba a salir de allí. Les pedí que dejaran mi
cuerpo donde pudieran encontrarlo. Disfrutaban con el dolor y
la desesperación. Ellos lo dijeron cuando Saúl los torturaba.
Marcos: ¿Por qué?
Cecy: Me dejaron libre. Saúl me encontró deambulando. Decidimos
vengarnos. Vengarme. Saúl los conocía, pues fueron parte de
su banda. De ella o de él podría ser ese hueso. De su feto no
creo que quedara eso.
Marcos: Lo que hicieron es injusto. Ellos no te mataron.
Cecy: Es justo. Solo que nosotros tenemos una misión, decisión.
Además, estábamos en las mismas condiciones: tres con tres,
familia contra familia: hombre contra hombre, mujer contra
mujer, hijo contra hijo… ¿No es eso lo justo?
Marcos: Lo veo. (Observa el vientre de Cecy).
Clavos en el fuego 44
Marcos: Claro, te entiendo, pero todo proceso de contratación tiene
que pasar primero por mi aprobación.
Cecy: Saúl estuvo de acuerdo con darle el empleo.
Marcos: Yo soy el encargado de los empleos.
Cecy: Pues me parece que no has estado al tanto de lo que pasa en la
fábrica y eso es muy importante para un cargo como el que
decís tener.
Marcos: Acepto no haber estado muy concentrado y presente en las
actividades de mi cargo, pero…
Cecy: Andate a dar una vuelta a la fábrica, y verás que, como
Beatriz, hay otros trabajadores nuevos.
Marcos: Pero yo no los he contratado.
Cecy: A Saúl le tocó asumir ese trabajo para que la fábrica siguiera
en funcionamiento, y creciera, y ahora tenemos una nueva
fábrica en el caserío vecino. La gente necesitaba trabajo.
Marquitos, ¿estabas haciendo tu trabajo?
Clavos en el fuego 45
hasta silenciarse. Mamá Ete se acerca a Marcos para
reconfortarlo. El marco del televisor y marco del horno, de
forma paralela, levemente inclinada, desciende quedando a un
metro del suelo. El marco será un símil de una pequeña parcela
de tierra donde está sembrada una milpa. Del marco, de la
parte superior, salen plantas de maíz y al lado contrario de las
plantas se extienden sus raíces. En medio de ellas hay matas
de frijoles y ayotes, de igual manera, del lado contrario estarán
sus raíces. El marco se asienta en el piso. Mamá Ete conduce a
Marcos, quien paulatinamente ha salido de su crisis, hacia la
milpa, para ver si puede cultivar de la forma ancestral. Marcos
se muestra torpe al cultivar. Se muestra brusco y violento. Se
desespera. Mamá Ete lo calma. Marcos se observa cansado y
enfermo.
Clavos en el fuego 46
izquierda haciendo mímica de descanso o reposo.
Entran Luz y sus dos hijos. Sonríen, van alegres. Vienen con
sus respectivas indumentarias agrícolas indígenas. Se ubican y
comienzan a sembrar. Poco a poco empiezan a danzar y a
intercambiar las coas, lanzándolas entre ellos y girando, y
depositando semillas en los agujeros. Es un juego. Todos se
divierten.
Clavos en el fuego 47
agrícolas primitivos, donde el trabajo manual, que por cierto
es sucio, sudoroso y molesto, es parte esencial…
Ginger: No hay moda, no hay combinación en los colores…
Lorenzo Antonio: Sus herramientas son de madera, nada de metal,
además, en la vida civilizada no extraemos los alimentos de la
tierra directamente….
Ginger: ¡Claro que no! Los sacamos de los supermercados… limpios,
modernos, civilizados…
Lorenzo Antonio: Segundo, toda la familia trabaja y baila. ¡Por Dios,
eso es imposible! Hay que respetar el trabajo, el trabajo es
algo serio del cual depende la vida de la familia y sirve para
comprar cosas…
Ginger: ¡Ay no, te imaginás, yo trabajando con mi marido! ¡No! ¡Y con
los cipotes, no, no, no!… Mucho joden. Aguantarlos en la casa
y también en el trabajo…. ¡Imposible!…
Lorenzo Antonio: Y tercero, se comen lo que siembran y lo
intercambian con otros miembros de la comunidad, por lo que
no utilizan dinero… ¡Están locos!
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Ginger: Un verdadero macho trabaja solo, no permite que la mujer y
los hijos trabajen… en especial la mujer… yo, como mujer, te
espero en la casa, a que me tomés.
Clavos en el fuego 49
La silueta no responde. Por el contrario, trabaja con más
ímpetu. La tos aumenta en el desconocido.
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Marcos: ¡Hay otra forma de trabajo que hemos olvidado! ¡Que nos
han hecho olvidar!
Voz en off en coro de Ginger, Lorenzo Antonio y Saúl: ¡No hay
otra forma! ¡Solo esta! ¡Transforma, conquista, superior!
¡Transforma, conquista, superior! ¡Transforma, conquista,
superior!
Edgardo: ¿Papá?
Cecy: (Hacia los trabajadores). Sigan trabajando, aquí no ha pasado
nada (trata de no quebrarse), nada, la fábrica tiene que seguir
en sus funciones…
Beatriz: ¡No! Ya no podemos continuar así, esto no es normal. Esto
no es trabajo para la vida.
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Beatriz: ¡Yo soy Claudia! Hija de Ernesto y Edelmira. El destino
trágico de mi familia fue manufacturado por esta misma
fábrica: hoy debemos dar un giro.
Edgardo: Lo primero es cerrar la fábrica. Ya todos hemos sido
testigos de los atropellos y crímenes que han sucedido. Mi
padre participó, quiso corregirlo todo, pero ya la fábrica estaba
hambrienta y no podía parar. Ahora nosotros debemos darle
fin a esta enfermedad.
Cecy: Entonces tomemos la fábrica y seamos nosotros los dueños.
Edgardo: No podemos hacer eso, es ilegal.
Cecy: Pero han cometido crímenes.
Edgardo: Tendríamos que probarlo, es un proceso largo. Además,
ellos tienen al Estado de su lado.
Cecy: No podemos regresar a sembrar nuestras tierras, están
abandonadas y pasará mucho tiempo para que produzcan.
Claudia: Como diría Mamá Ete, hay que buscar el equilibrio, primero
lo primero, debemos nutrir la tierra para que sea productiva.
En el pueblo hay un problema con la basura, que en sí, no
son materiales inservibles, por lo menos lo que proviene de las
verduras y los animales pueden volver a la tierra. Ese tipo de
desecho es el que se encuentra en el pueblo, lo recogemos,
separamos, y hacemos compostaje para nutrir nuestras
tierras… es como transferir sangre a un cuerpo desnutrido, y
esa sangre no nos costará ni un centavo. Seremos los que
nutren la tierra.
Edgardo: Y dentro de un tiempo nuestros caseríos, tendrán tierra
negra, productiva.
Clavos en el fuego 52
maderos, forman una especie de depósito donde colocan desechos
para llevar. Entre todos la levantan y comienzan a recoger desechos.
Mamá Ete, con el fuego a toda lumbre y con una olla de barro puesta
en el fuego, introduce un manto dentro de la olla. Pasa a cada
trabajador los paños mojados. Comienzan a pasarlo por sus partes
visibles, en especial la faz. Se quitan el color blancuzco de su piel.
Clavos en el fuego 53
Los Del Quinto Piso
15 años de Teatro
Clavos en el fuego 54