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Didascalia 2

El documento presenta a Julio González Erazo, dramaturgo salvadoreño que ha participado en varias compañías de teatro. A continuación, presenta la obra de teatro "Clavos en el fuego", la cual trata sobre Marcos, un trabajador de una calera que fue despedido. En la obra, Marcos ve la televisión y personajes salen de la pantalla para burlarse de él por haber perdido su trabajo.

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Didascalia 2

El documento presenta a Julio González Erazo, dramaturgo salvadoreño que ha participado en varias compañías de teatro. A continuación, presenta la obra de teatro "Clavos en el fuego", la cual trata sobre Marcos, un trabajador de una calera que fue despedido. En la obra, Marcos ve la televisión y personajes salen de la pantalla para burlarse de él por haber perdido su trabajo.

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N|10

Publicación DiGiTal

DIDASCALIA DRAMATURGIA

El Texto incluido en esta edición fue escrito en 2021 y es propiedad intelectual de


Julio González Erazo ([email protected]). Para montaje,
representación o lectura pública comunicarse con el autor.

Clavos en el fuego 2
Julio González Erazo

Nace en el departamento de Santa Ana,


en 1977. Docente en el área de
literatura y actor aficionado. Estudió
en la Facultad Multidisciplinaria de
Occidente la carrera de Licenciatura
en Letras. Egresado de la Maestría en
Estudios de Cultura Centroamericana,
opción Literatura. Ha formado parte de
los elencos de la Compañía Municipal
de Teatro de Santa Ana (2002-2004),
Grupo Universitario de Teatro de la
Universidad Autónoma de Santa Ana
(2009), Grupo de teatro Yelmo de
Mambrino de la FMOcc (2016-2018).
En la actualidad forma parte de la
Compañía de Teatro David Granadino,
de Santa Ana.

Clavos en el fuego 3
DRAMATURGIA
DIDASCALIA
Publicación DiGiTal

CLAVOS EN EL FUEGO
JULIO GONZÁLEZ ERAZO

DIDASCALIA
EDICIÓN 2021

Clavos en el fuego 4
PERSONAJES:
Marcos
Trabajador de la calera.
Luz
Esposa de Marcos.
Edgardo
Hijo de Marcos.
Lidia
Hija de Marcos.
Edelmira
Esposa de Ernesto.
Claudia/Beatriz
Hija de Ernesto.
Mamá Ete
Mamá de Luz.
Saúl
Nuevo trabajador de la calera.
Cecy
Nueva trabajadora de la calera.
Ginger
Presentadora de televisión.
Lorenzo Antonio
Presentador de televisión.
Patrón
Representación de la patronal de la calera.
Capataz
Encargado de la operatividad de la calera.
Trabajadores, siluetas y coro de acompañantes.
Presidente de la República, arzobispos, jueces, policías, diputados.

Clavos en el fuego 5
Al centro un sillón y una mesa de sala frente a un televisor grande de
pantalla plana, de perfil. Sobre la mesa se observa un control remoto y
platos. Al fondo está arrodillada Mamá Ete, se dispone a preparar un
improvisado polletón, con unas rocas basálticas y rocas de río. Ella las
revisa y limpia con una manta. Ceremoniosamente las eleva sobre su
cabeza. Monta el polletón. A un lado tiene una olla de barro. En el
transcurso de la obra ella, con su polletón, se posicionará en diferentes
espacios en torno a la acción.

Entra Marcos. Va directo al sillón, se deja caer, enciende el televisor.

Voz de Lorenzo Antonio: Buenos días a todos, bienvenidos a un


nuevo programa de…
Voz de Lorenzo Antonio y Ginger: ¡BREAKFAST, tu telerevista!
Voz de Ginger: Buenos días, Lorenzo Antonio. Este día tenemos un
programa súper, súper, súper especial, eh, súper especial.
Voz de Lorenzo Antonio: Claro, mi estimada Ginger, este programa,
como todos los programas son un…
Ambos: ¡DESAYUNO PARA CAMPEONES!
Voz de Lorenzo Antonio: Porque este programa lo ven sólo
campeones, los mejores, los ganadores, los triunfadores. ¡Los
trabajadores! La gente bonita o… Ginger, ¿no te gustan los
hombres ganadores?

Marcos observa concentrado la pantalla. Un tic nervioso en su


boca comienza a insinuarse. Tose. Incómodo.

Voz de Ginger: ¡Claro! Un verdadero macho alfa, como se dice hoy.


Me gustan los verdaderos hombres… en especial,
trabajadores.

Clavos en el fuego 6
Voz de Lorenzo Antonio: (Ríe). Pelo en pecho, como se dice hoy. Que
no le aturre la cara al trabajo, como dice el pueblo.
Voz de Ginger: Claro, a esta hora ese campeón está luchando,
rompiéndose el lomo luchando contra la naturaleza, abriendo
surcos, llevando bultos, cortando grama o… rompiendo
cerros…

Salen unas manos de la pantalla.

Juntos: ¿No lo crees así, Marcos?

Marcos acerca su cara a la pantalla.

Voz de Lorenzo Antonio: Marquitos, ¿qué estás haciendo sentado


allí? ¿Por qué no estás trabajando? (Marcos extrañado por lo
que sucede, comienza a presionar botones del control remoto).
Mirá tu sala, cuánto lujo para una casa de cantón. En la
ciudad hay muchas casas que no tienen lo que tu familia
tiene: cable, refrigeradora de dos puertas, lavadora, secadora,
cuatro televisores, internet, dos carros, una moto. Y, aun así,
¿te das el lujo de no estar trabajando en la calera?

Marcos busca para encontrar la causa de ese extraño suceso.


Unas manos salen del televisor tocando el contorno de la
pantalla. Aumenta la sorpresa de Marcos.

Voz de Lorenzo Antonio: ¡Mirá qué pantallota! ¡No te asustés,


Marquitos! Acá estamos, sí, desde este montón de
transistores, plástico y alambres. Vos pagaste bastante por

Clavos en el fuego 7
esto, para tenernos en tu casita…
Voz de Ginger: (Saca la mano para tocar el televisor y señalar
objetos). Y no le bastó con uno tan grande, ahora tiene uno
para cada cuarto. Mira esos muebles, de cuero, amplios, cielo
falso, los acabados de las paredes y el suelo… ¡Wow! ¡Un
enfriador de ambiente! ¡Mirá! Qué lindos recuerdos familiares,
miren, hasta una pintura de la Mona Lisa. Vaya, quién lo
diría, un hogar tan moderno y sofisticado… para un
campesino.
Voz de Lorenzo Antonio: ¿Qué te pasa? ¡Reaccioná!
Voz de Ginger: Está depre… ¡depresivo!…

Marcos se levanta con los ojos fijos mirando hacia adelante.


Trata de ignorarlos. Se dirige al televisor, lo desconecta.

Voz de Lorenzo Antonio: ¿Qué haces aquí, pues? Tus lujitos no se


pagan solos.
Voz de Ginger: Más si querés algo conmigo. ¡Ah! ¿No querés verme?
¿Ya te aburrí? ¿No querés mi figura en tus ojos y mi voz en
tus oídos?
Voz de Lorenzo Antonio: ¿Qué hacés a esta hora en esta sala?

Marcos toma nuevamente el control remoto. Presiona los


botones con fuerza. Uno tras otro, varios a la vez. Le saca las
baterías.

Voz de Ginger: No sabías cómo es tu casa a estas horas de la


mañana, cómo la luz de la mañana ilumina las cosas, los
restos de comida de tu familia, los trastos sucios que dejan

Clavos en el fuego 8
tus hijos y tu mujer o… hasta nosotros. La programación de la
televisión, ¿no es distinto todo cuando venís de noche, de
trabajar?

La tos y la respiración de Marcos afectan su apariencia. Su


cara está colorada y su voz ahogada y ronca. Abre el control, lo
desarma. Comienza a sacar las teclas y comienza a
tragárselos. Tose, traga decidida y dificultosamente. Observa
directamente a la pantalla, de manera retadora. La
presentadora sale de la pantalla. Se arregla su ropa. Luego
sale el presentador. Al verlos se detiene. Ella toma un alambre
que sobresale de la boca de Marcos. Lo hala suavemente, luego
violentamente.

Marcos: ¡Sí, me despidieron!... Me despidieron.

Pausa.

Ginger: (Mimosa y comprensiva). ¿Sabés qué significa ser un


desempleado? Te lo diría… pero nunca he sido una inútil…
(Ríe).
Lorenzo Antonio: ¡Eso quiere decir que…!
Juntos: ¡Nadie te necesita! ¡Nadie te necesita! ¡Nadie!

Marcos se derrumba. Tiembla. Tose. Grita.

Ginger: Sí, precioso, no tenés nada que ofrecer a la calera. Por lo que
vos hacés nadie pagará ni un centavo. Papi, ¿creés que con
solo vivir te pagan? No, no, no.

Clavos en el fuego 9
Lorenzo Antonio: Nadie te necesita. Tus patronos no ven algo valioso
en vos. No valés nada en esta sociedad. (A Ginger). Ginger,
¿segura que no vale ni un centavo?
Ginger: Ni un centavo.
Lorenzo Antonio: Nunca había visto que algo fuera tan inútil y sin
valor.

Marcos, con la tos sostenida y en estado de ahogamiento, se


levanta y va en dirección de Ginger. Ella entra a la pantalla.
Marcos toma la pantalla, la levanta e intenta romperla contra
su rodilla. Entra Luz.

Luz: No es para tanto. Es el audio que está descompuesto desde hace


dos días. Ahora bien, si es por ese programa, te entiendo. Ese
programa es horrible… Por cierto, ¿qué haces a esta hora
aquí?

Marcos se detiene. Coloca en su sitio la pantalla.

Marcos: (La tos disminuyendo). Incapacitado, totalmente incapacitado


por este día… y mañana.
Luz: (Dándole un vaso con agua). Tus ojos están rojos.
Marcos: Siento fuego por dentro. Me quema.
Luz: No me gusta eso. Sentate. Más con lo que le pasó a Ernesto.
Marcos: Hay que continuar. Su historia terminó pero vivirá en sus
hijos… algún día en sus nietos… no hay problema…
Luz: Bueno, apenas quedan recuerdos de la familia de Ernesto y para
ejemplo, el desaparecimiento de Claudita en Italia. Los demás
andan igual.

Clavos en el fuego 10
Marcos: ¿Desaparecida? ¿Pero cómo una muchacha puede
desaparecer en Europa? Acá puede pasar, allá no.

Marcos y Luz a un extremo del primer plano. Entra Claudia y


Edelmira. Claudia viste babydoll y bata, maquillada de forma
exagerada y descuidada. Tiene moretes en la cara y en los
brazos. Está despeinada y en su brazo izquierdo lleva un
torniquete. Entra Edelmira al lado contrario de Claudia, lleva
un delantal y un bolsón.

Claudia: Adiós, mamá.


Edelmira: Estarás bien, lo sé.
Claudia: Sí mamá, usted también.

Paulatinamente un rayo de luz se enciende atrás de Claudia. Al


llegar a ser intensa, Claudia vuelve a verla como hipnotizada,
atraída, camina y habla lentamente. Se oye, mientras dialogan,
el sonido de aeropuerto, anunciando un vuelo a Italia, el
aterrizaje de un avión y gente hablando en italiano.

Edelmira: Andate ya. Que tu hermano no se dé cuenta que te fuiste,


que no hice nada por tenerte acá.
Claudia: Lo hiciste. Y mi hermano también lo está haciendo,
trabajando sin parar estas dos semanas. Ustedes no quieren
que me vaya.
Edelmira: Pero ha sido muy poco, muy poco. Debimos hacer más.
Hay que robar si es necesario. Mi niña no se debe ir.
Claudia: No digás eso, no valgo tanto.

Clavos en el fuego 11
La fuente de la luz se convierte en luz roja. Los sonidos en off
son, ahora, de personas con tono amenazante, golpes, gritos,
llantos, risas obscenas. Claudia habla con una actitud de terror
en un primer momento. Luego parecerá como sedada. Su voz se
apagará poco a poco hasta el final del diálogo. Silencio.

Edelmira: Yo tendría que ser la que se va, no vos. Yo tendría que ir,
arriesgarme yo. No sabemos quién te espera en Italia.

Claudia comienza a salir, paulatinamente, sin dejar de ver a


Edelmira.

Claudia: Verás que una persona muy importante me espera en Italia,


porque han visto en mí a una chica talentosa. Sí, siempre me
has dicho eso, desde niña. La forma en cómo agarro las
computadoras y hago cartas y tarjetas preciosas. Que hablo
muy bien inglés y el mismo italiano.
Edelmira: Sí, mi amorcito, han visto todas esas cosas. Trabajadora,
sin miedos…Tiene que ser así, te tiene que ir bien, en un
mejor lugar, más seguro… Un lugar para soñar y vivir… como
antes. Si Ernesto no hubiera muerto…

Silencio. Salen Claudia y Edelmira.

Luz: Fue la última vez que la vio, allí, en el punto de microbuses del
caserío. Allí quedó su recuerdo, la despedida… Yo no sé qué
haría si me pasara lo mismo, que vos faltés en nuestra
familia. Yo no quiero que mi hija desaparezca.
Marcos: Edelmira no hizo nada. ¿Y José Luis? El cipote, si bien

Clavos en el fuego 12
recuerdo, es el mayor.
Luz: De verdad has pasado en otro mundo, no sabés lo que ha
pasado acá. (Sale con los trastos que están sobre la mesa de
centro).

Lorenzo Antonio saca la cabeza por el televisor.

Lorenzo Antonio: Parece que tenemos problemas técnicos con la


señal. Marcos no da señales de estar en este planeta. Lo
perdemos, perdemos la señal. Mientras vuelve la señal con
Marcos, vamos contigo Ginger, que nos tienes información de
última hora, allí donde hay sangre y llanto.

Lorenzo Antonio mete la cabeza. Ginger saca la cabeza y una


mano con micrófono.

Ginger: Lorenzo Antonio, aquí donde hay sangre y llanto. Te informo


que Edelmira, la vecina de Marcos y Luz, fue detenida por
estafar a varias personas ofreciéndoles una casa en venta.
Esta señora presenta serios problemas sociales. La pena de
muerte es la solución ante estos delincuentes… y a Luz, tu
mujercita, la deberíamos meter presa ya. Porque cuando vos
te murás, es seguro, es seguro, es seguro… que hará lo
mismo. Ladrona, delincuente… extermínenla antes que lo
haga.

Ginger mete la cabeza en el televisor. Entra Luz. Observa que


Marcos tiene la mirada fija en la pantalla.

Clavos en el fuego 13
Luz: ¡Ves! ¡Por Dios! Ya te perdimos. Todo dundo te has quedado
viendo la televisión. Esa mujer, Ginger, te trae babeando.
Marcos: (Tosiendo). Yo no puedo fallar, tengo que estar bien para
trabajar… Yo, yo… quiero, que si algún día falto no vayás a
hacer lo mismo que hizo Edelmira.
Luz: Relajate, por favor, disfrutá esta incapacidad. Después volverás
a pensar en la bendita calera. Por ahora descansá. Mirá, es el
anuncio de las nuevas casas en Brisas de Hollywood, acá
cerca. Lástima que no se escucha. Buenos negocios hacen
estos dueños de la calera, se acaban los cerros y en estos
terrenos, luego, construyen casas. No tienen desperdicio.

Sale Lorenzo Antonio expulsado del televisor como un


presentador de anuncios comerciales, le habla a Marcos. Luz
sigue observando la pantalla mientras hace otros quehaceres, a
veces se congela y repite ciertos diálogos de Lorenzo Antonio.
Marcos observa atónito a Lorenzo Antonio. Marcos comienza a
toser.

Lorenzo Antonio: Brisas de Hollywood, la residencial, el único lugar


que tiene los últimos conceptos urbanísticos europeos.

Marcos se dispone a reaccionar contra Lorenza Antonio, la


pantalla proyecta una luz intensa hacia Marcos, su cuerpo se
yergue, inmovilizado.

Lorenzo Antonio: Seguridad las 24 horas, y todo eso que parece


darnos seguridad.

Clavos en el fuego 14
Se apaga la luz, Marcos cae, tose, trata de respirar, se mueve
lejos de la pantalla.

Lorenzo Antonio: Vean la casa tipo inglesa, una casa con tres
habitaciones.

La luz lo ilumina. Idéntico efecto.

Lorenzo Antonio: Habitación de servicio, cocina independiente.

Se apaga la luz.

Lorenzo Antonio: Sala, jardín interior, cochera para dos vehículos,


es decir, para una familia masa.

Marcos busca protegerse con el sillón, desesperado, mira la


salida, corre hacia ella.

Lorenzo Antonio: Papá, mamá, hija, hijo, es decir…

La luz lo ilumina a mitad del trayecto.

Lorenzo Antonio: Ernesto, Edelmira, Claudita…

Se apaga la luz.

Lorenzo Antonio: Deliciosa Claudita… jajajaja…

La luz lo ilumina con mayor intensidad.

Clavos en el fuego 15
Lorenzo Antonio: Y un hijo delincuente, José Luis, es decir, es
decir…

Lorenzo Antonio se acerca a Marcos.

Lorenzo Antonio: Marcos, Luz, tu hijita, Lidia… deliciosa…

La luz y el ahogamiento se intensifican.

Lorenzo Antonio: …y el hijo delincuente, Edgardo. Claro, familias


masa, tu familia y la de Ernesto han crecido…

La luz se intensifica, estirando el cuerpo de Marcos,


intercalando la intensidad.

Lorenzo Antonio: En las mismas condiciones, con los mismos


valores, todo idéntico, sus hijos son parecidos, Luz con
Edelmira, fueron compañeras de estudio.

Marcos ha estado de espaldas a la luz, esta lo obliga a girarse


hacia la pantalla.

Lorenzo Antonio: Vos con Ernesto, compañeros desde la escuela,


luego en la calera hace 30 años… sus familias son iguales…

Marcos hasta el momento con los ojos cerrados, la luz se los


abre. Se mueve hacia el sillón.

Lorenzo Antonio: …el mismo destino, decadente. ¡Visítenos familia y

Clavos en el fuego 16
vivan al más parecido estilo europeo!

La luz se apaga, Marcos cae sentado sobre el sillón, tiembla.

Lorenzo Antonio entra al televisor. Luz sigue viendo el televisor,


no percibió lo que acaba de pasar.

Luz: ¡Chuladas de casa, chuladas, por Dios! (Viendo el estado de


Marcos). ¡Sí, estás mal! (Lo toca para percibir la temperatura,
toca su pecho para calmar su respiración). Veré qué tengo para
darte. (Sale).
Marcos: (Con voz ronca y movimientos lentos). No pasará, eso no
pasará.

Se apaga de súbito el televisor. Vuelve la iluminación. Marcos


sale apresuradamente.

Suena la marcha de Gerardo Barrios, entran el Capataz, con un


trapeador de tela larga, policías, el Presidente de la República,
diputados, arzobispos, acompañando y haciéndole rueda al el
Patrón. Gritan: ¡EL REY! Cantan al ritmo de rock and roll. Los
demás chasquean los dedos al ritmo de la canción.

Mamá Ete tiene montado su polletón. Saca un manojo de


chiriviscos secos, envueltos en una manta azul. Con el manojo
hace el mismo acto ceremonioso, lo muestra al cielo y luego
alrededor. Desamarra el manojo y, pacientemente, los coloca
uno por uno dentro del semicírculo.

Todos se retiran, menos el Capataz y el Patrón. Éste queda


enmarcado por el marco del televisor, como una imagen inmóvil.

Clavos en el fuego 17
El Capataz, con su trapeador de largos tentáculos, limpia el
piso alrededor de la imagen del Patrón. Entra Marcos.

Capataz: ¿Qué pasó Marcos… qué andás haciendo por acá?


Marcos: Quiero mi trabajo… no soy hombre sin trabajo.
Capataz: (Sin dejar de trapear). Ya. ¿Y que no sabés hacer otra cosa?
Marcos: No, yo soy calero, he trabajado por más de treinta años en
esta calera. Es mi trabajo, para eso fui hecho.
Capataz: Mirá, no puedo hacer nada. Yo solo recibo órdenes.
Marcos: Lo sé. Cuidás la cantera, el horno y toda la maquinaria. Sos
nuestro jefe inmediato, bueno, eras mi jefe inmediato.
Capataz: Y por encima de todos (ceremonioso, viendo la imagen del
Patrón) está Su Majestad, el dador, nuestro padre… Pero
bueno, te puedo recomendar que emprendás, como dice el
Estado y la sociedad cuando no te pueden dar trabajo:
emprendé. Por ejemplo, yo he inventado un inodoro que
solucionará el problema del depósito y tratamiento del pupú y
el pipí.

Marcos trata de ignorarlo.

Capataz: No es locura. Mi solución: agujeros negros.

Marcos sonríe. Lo ignora.

Capataz: Los agujeros negros son fenómenos espaciales que se


tragan todo lo que entra. Ni los rayos del sol se pueden
escapar de su fuerza, ahora imagínate un par de… Mirá pues,
voy a poner agujeritos negros en el fondo de los inodoros, así

Clavos en el fuego 18
todo el pupú y el pipí se irán por allí, y ya no es problema de
nosotros.

Marcos observa al Patrón.

Capataz: Eso es lo que tenés que hacer vos, Marcos. Eso lo vi en la


televisión. Yo lo que estoy haciendo es usándolo para resolver
problemas. Pero quién entiende a la gente como ustedes…
¿así que querés tu trabajo?
Marcos: Sí, es lo que quiero. Si dejo de trabajar perderé a mi esposa,
a mi hija, a mi hijo… ¿No has visto lo que le pasó a la familia
de Ernesto?
Capataz: Claro que lo sabemos. Nosotros sabemos muy bien en
dónde le aprieta el zapato a cada habitante de este caserío.
Marcos: Muy bien, entonces, ayudame.
Capataz: Pero estás enfermo y viejo. No podés darnos lo que
necesitamos. Nuestro Patrón, miralo, bello, necesita de mucha
energía, esfuerzo y sudor, algo que solo la carne joven puede
dar… ¿me entendés?

Marcos tose, mira al suelo. El Capataz lo azota con su


trapeador.

Capataz: ¡¿Entendés?!
Marcos: ¡Tranquilo!

Se encaran. El capataz lo observa fijamente y se impone.


Empieza a rondar a Marcos. Le amaga con el trapeador. Marcos
se descompone con la tos.

Clavos en el fuego 19
Capataz: Yo soy el cuidador, el sumo sacerdote de este templo del
trabajo, donde se arde, donde la carne y la sangre se calienta
al romper la piedra cuando se la arrancamos a los cerros, con
voracidad, con hambre. El músculo y la sangre chocan, se
calientan y buscan la piedra para pulverizarla, cargarla y el
cuerpo completo arde tanto como el mismísimo horno donde
depositamos las piedras. Ofrendas a nuestro Señor. Piedra y
cuerpo, cuerpo y piedra, en comunión…
Marcos: (Decreciendo). ¡Quiero arder!
Capataz: (Creciendo). Juntos, ofreciéndose a las llamas del templo…
Marcos: ¡Quiero arder! (Comienza a arrodillarse).
Capataz: El mineral y la carne… (El Capataz hace girar el trapeador.
Amaga).
Marcos: (Arrodillado. Bajando la cabeza). ¡Quiero arder!
Capataz: La cal y la sangre…
Marcos: ¡Quiero arder!
Capataz: Para que nuestro Señor tenga su…
Marcos: ¡Quiero arder! ¡Quiero arder!
Capataz: …Roll Royce… (Comienza a azotar a Marcos).
Marcos: (Tosiendo). ¡Quiero… arder!

Sale el Capataz. Queda Marcos con su cara pegada al suelo


frente a la imagen del Patrón.

Marcos: Aquí vengo, con 30 años de trabajo sin interrupción, como


un devoto, como ofrenda: mi cuerpo. Traigo mi interior
pulverizado. (Intenta levantarse. Cae. Tose). Solo eso tengo,
solo esto tengo. Lo reconozco, no tengo las mismas fuerzas,
mis pulmones ya no pueden transformarse en fuerza. Ya no

Clavos en el fuego 20
soy el mismo. Les he entregado mi juventud. La muerte ronda
mi casa, a mi familia. Sé que soy nada, pero no estoy
terminado. ¡Mi historia no ha terminado! ¡Dame trabajo!
¡Suplico! Conozco su poder: pueden convertir mi cuerpo en
casa, comida, cosas, ropa… en familia… Si tuviera otro
cuerpo, vigoroso y joven te lo daría… te los puedo dar.
Respóndeme, ¿mi cuerpo ya no te es útil?
Patrón: ¡Sic itur ad astra!1 ¿Quomodo vales?2
Marcos: (Postrado). ¡Yo estoy bien mi Señor! ¡Quiero mi trabajo!
Patrón: Ya lo sabés... Quid pro quo.3
Marcos: Te doy mi trabajo hasta morir…
Patrón: Quid pro quo.4
Marcos: Mírame, te estoy suplicando, llorando…
Patrón: Qui bene amat, bene castigat…5¡Quid pro quo! ¡Quid pro quo! 6
Marcos: ¿Algo por algo?
Patrón: Lo dijiste, de verbo ad verbum.7

Entra un coro de acompañantes, realizan una danza alrededor


del Patrón. Interpretan el diálogo de Marcos.

Coro de acompañantes: ¡Yo puedo traer a tu templo otros cuerpos!


¡Yo puedo! Vidas jóvenes para tu sacrificio, carne joven a tu
boca, polvo, polvo… ¡Yo te los doy!

1 Este es el camino para las estrellas


2 ¿Cómo estás?
3 Algo por algo
4 Algo por algo
5 Quien te ama te castiga
6 ¡Algo por algo! ¡Algo por algo!
7 Palabra por palabra

Clavos en el fuego 21
Marcos paralizado. Tiembla.

Coro de acompañantes: ¡Yo puedo traer a tu templo otros cuerpos!


¡Yo puedo! Vidas jóvenes para tu sacrificio, carne joven a tu
boca, polvo, polvo… ¡Yo te los doy!
Patrón: Nuevos trabajadores… ¿Me los traerás? Verbi sapienti sat
est.8
Marcos: ¡No!… ¡Sí! Te los traeré. ¡Yo puedo traer a tu templo otros
cuerpos! ¡Yo puedo! Vidas jóvenes para tu sacrificio, carne
joven a tu boca, polvo, polvo… ¡Yo te los doy! Dame mejor vida
y avivaré tu fuego… ¡Entraré a tu fuego! ¡Traeré a otros para
que entren a tu fuego!
Patrón: Pero antes… bebé. (Le entrega un depósito).
Marcos: ¿Qué es?
Patrón: Agua con cal… cal con poca agua.

Marcos toma el depósito. Ingiere un primer trago. Vomita.

Patrón: Vamos, cosas peores toman ustedes… Eritis sicut dii.9

Marcos vuelve a tomar. Con sus manos presiona su boca. Abre


descomunalmente los ojos. Traga. Queda tirado en el suelo.
Tose.

Marcos: (Balbuceante). Quiero ser un capataz.

8 Una palabra es suficiente


9 Seréis como los dioses

Clavos en el fuego 22
Patrón: Tu es ille vir. Vade in pace.10

Todo se ilumina con una luz blanca, intensa, cegadora.

Hay dos espacios. Marcos al centro del segundo plano. A su


izquierda el espacio donde están Cecy y Katy, vendedoras de
celulares. A su derecha, el espacio donde Saúl trabaja en quitar
hierba del suelo. Ambos espacios están separados en espacio y
tiempo. Marcos habla con Katy. Los observa Cecy, supervisora
de Katy.

Katy: ¡Viejo cerote tacaño! No compra ni mierda. Ésta es una buena


oferta: usted la necesita.
Marcos: Tranquila muchacha, no quiero celular. Sólo pensá en lo que
te dije.
Katy: Entonces no me esté jodiendo, por gusto la gastada de saliva.
Tacaño, por no gastar, viejo cerote. Gran casa que tiene, llorón
por 50 dólares mierdas. Cecy, ya me harté, me voy a la
mierda. Mirá Cecy, yo no puedo vender nada, ya viste, con la
casa de ese viejo culero son siete casas las que visité y ni una
venta. Y ese viejo cerote para mejor a ofrecerme trabajo se
puso. ¡Qué coma mierda! ¡Y vos también comé mierda!
Cecy: Calmate Katy, relajate, tené paciencia. Así son las ventas, poco
a poco, estás aprendiendo.
Katy: ¡Qué putas! Ni un solo teléfono le vendí a estos grenchos. Mejor
me regreso al pueblo, me voy a ir para el Norte. Seguite
chingando vos, maje. (Le tira papeles y el celular. Sale).
Cecy: (Riendo). ¡Hay te vas por la sombra!

10 Tú eres ese hombre. Ve en paz.

Clavos en el fuego 23
Katy ha salido de escena. Silva la vieja desde afuera. Cecy
recoge el celular y los papeles que le tiró Katy. Marcos se
acerca a ayudarle.

Cecy: Gracias…
Marcos: Yo no podría con una persona así. Hay que tener paciencia
con esa niña.
Cecy: Es sencillo, hay que ponerse en su lugar. Mi nombre es Cecilia,
un gusto.
Marcos: Yo soy Marcos, igual, un gusto.
Cecy: Como le decía, Marcos, hay que ponerse en los zapatos de los
jóvenes y ellos necesitan trabajo. Pero veo que ambos estamos
ofreciendo trabajo, eso es bueno. ¿O me equivoco?
Marcos: No, no se equivoca, yo le ofrecí trabajo a su muchacha.
Cecy: Muy bien… y, para trabajar en…
Marcos: En la calera del caserío. Necesitamos trabajadores.
Cecy: Sí, he oído que tienen un par de caleras en algunos caseríos.
Además, que ayudan a las comunidades con clínicas, torneos
de fútbol, escuelas, y hasta veo que tienen vigilancia en los
lugares, que ponen quieto a cualquiera que anda jodiendo a la
gente.
Marcos: Sí, estamos ayudando a la comunidad. ¿No está interesada
en un puesto?

Entra Saúl. Se ubica en el lateral derecho del segundo plano.


Con machete en mano corta hierba y rastrojos.

Cecy: Ummm, no, es trabajo pesado y la verdad con lo que gano


vendiendo teléfonos me basta.

Clavos en el fuego 24
Marcos: ¿Cuánto gana? ¿Trescientos, trescientos cincuenta? Es poco.
Cecy: Pues para mí es suficiente, no tengo mayores gastos, sin hijos,
sin familia.
Marcos: En la calera puede duplicar esa cantidad, mensual.
Cecy: No, como le repito, me conformo con lo que gano vendiendo
teléfonos.
Marcos: Usted es una flor de muerto.
Cecy: ¿Cómo?
Marcos: Como esas flores del día de muertos, hechas de papel y
colorante, pero para que duren las recubren de cera para que
el agua y el tiempo no las dañe… desgraciadamente el cuerpo
vivo se pudre. Usted se pudre.

Marcos gira hacia Saúl. Saúl y Marcos parecen continuar con


una conversación iniciada. Saúl sostiene un cadáver de gato.
Lo manipula como títere. Dialoga con Marcos.

Saúl: ¡Guau, guau! (Ríe). Perdón, es un gato: ¡miau, miau! Ya no era


útil, por viejo, pero era molesto, entraba a las casas, ¡miau,
miau!, me comía lo que encontraba en las mesas, ¡miau,
miau!, cagaba mucho, apestaba todo y mucho, ¡miau, miau! Y
este señor, ¡miau, miau! (como Saúl), hola, buenas tardes
(como gato), me condujo a un mejor lugar ¡miau, miau! (Saúl
acaricia al cadáver del gato), ¡retorciéndome la cabeza! (Como
Saúl. Toma la cabeza del gato y muestra que está quebrada).
Por esto me pagaron. Mi trabajo… matar gatos en el pueblo y
traerlos acá.
Marcos: Eso no es trabajo.
Saúl: ¿Por qué?

Clavos en el fuego 25
Marcos: Lo puede hacer cualquiera. (Pausa. Observa a Saúl). Debe
ser fácil matar un animal.
Saúl: No crea, no es tan chiche. Lo reto a que haga un veneno que
mate al chilazo. ¿Cómo haría el dichoso veneno?
Marcos: Pues, poniéndole varias cosas, todo lo que encuentre. Al
final algo le tiene que provocar al animal.
Saúl: Le diré: no es fácil matar. Aún a un animal. Y más difícil matar
a una persona, es difícil, aun creando un veneno. Encontrar
los ingredientes correctos para matar y no solo provocar una
diarrea. Matar es un arte.
Marcos: Y usted, ¿es un artista de la muerte?
Saúl: Aquí tiene mi obra de arte. ¿O no, mish? Yo conozco el arte.
Cuando digo matar, mato. ¿No suena lindo eso para alguien
que necesita ese… servicio? Ya hueles a podrido, gatita.

Marcos gira hacia el lateral izquierdo. Marcos y Cecy continúan


con el diálogo interrumpido.

Cecy: ¿Tengo mal olor?


Marcos: No. No quise decir eso. Quise decir que la vida pasa y
morimos lentamente, y si no le sacamos provecho a nuestro
tiempo y a nuestra vida, entonces a lo mejor no cumpliremos
para lo que fuimos creados. Mire, sin tanta paja usted
necesita de un verdadero trabajo.
Cecy: Yo tengo un verdadero trabajo.
Marcos: Claro, me refiero a un trabajo de verdad, que sea importante
acá, en el caserío.
Cecy: Yo creo que vender celulares es importante para la gente, ¿no
cree?

Clavos en el fuego 26
Marcos: Podría ser. Usted es una persona muy inteligente, lo sé, y
creo que bien sabe lo que es la cal para el caserío.
Cecy: Sí, lo sé.
Marcos: Es nuestra identidad. Y usted puede formar parte de esa
identidad.
Cecy: Muy bien, muy bien. Y si acepto, ¿qué haría yo dentro de la
calera? ¿Romper o acarrear piedras?
Marcos: Veo sus manos. Sus manos cocinando las comidas más
sabrosas en el comedor de la calera. Sus manos cocinando el
pan diario que se transformará en fuerza, que nutrirá la
sangre, que fortalecerá los músculos, que juntos, fuerza,
sangre y músculos arrancarán de cada cerro la caliza madre,
el vientre calizo para llevarlo al horno. Usted, la madre de la
calera tendría que cuidar a sus hijos obreros…

Marcos se dirige al lateral derecho.

Marcos: El trabajo en la calera deja más dinero, satisfacción, y la


gente lo verá de otra forma, ya no como un matarife.
Saúl: Me pagan por matar unos pulgosos gatos… es dinero que no
tenía.
Marcos: Por Dios, Saúl, estarse jodiendo matando gatos, pero no le
pagan demasiado por ese talento y fuerza de voluntad. Sé que
usted era el cabecilla de una banda muy temida y bien
organizada. Sé también que estuvo en la cárcel…
Saúl: Sí, quince años encerrado… toda una vida.
Marcos: Sus músculos para esta calera, para que la calera se pueda
enfrentar con todos estos cerros, luchar contra ellos, romper
los cerros a golpes de almáganas, palas y piochas. Sus

Clavos en el fuego 27
músculos, junto a otros músculos, usted a la cabeza,
rompiendo cerros, con fuerza, violencia. Sudor, sangre y
calor…
Saúl: ¿Eso quieren de mí?
Marcos: Usted es la mano y el músculo que necesitamos. Pero en
especial necesitamos su experiencia en someter las cosas y a
las personas. Usted puede transformar las cosas, a las
personas, usted puede instruir y guiar a los demás
trabajadores… usted es el padre que necesitan.

Marcos se dirige al centro del primer plano, viendo al frente.


Saúl y Cecy están atentos a la figura de Marcos.

Cecy y Saúl: Pero quiere decir que pasaré toda mi vida trabajando en
la calera.
Marcos: El trabajo es dado por Dios, lo harás lo que dure tu vida en
esta tierra… Luego, te esperará un paraíso, un mejor lugar de
descanso… tu jubilación.
Cecy y Saúl: Pero, como esclavos, le haremos dinero a los patronos.
Marcos: No. Nosotros colaboramos con ellos, para vivir y trabajar
sobre la naturaleza que Dios le dio al hombre.
Cecy y Saúl: No somos iguales: ellos ricos, nosotros pobres.
Marcos: Estamos en el mismo bando… ¡Uníos para luchar contra la
naturaleza y dominarla! El mundo es dado por Dios, el mundo
es del hombre. Este es el nuevo paraíso: vos, Adán; vos, Eva.

Saúl y Cecy se observan, van al encuentro mutuo en el centro


del segundo plano.

Clavos en el fuego 28
El marco del televisor se transforma en la entrada del horno de
la calera, tiene una pantalla blanca en la se proyectan las
sombras de todo lo que se deposite dentro. Se usarán tres tipos
de luces para proyectar las sombras: blanco cuando el horno
este apagado, anaranjado cuando el horno esté a una
temperatura intermedia, rojo intenso para la temperatura alta,
mortal. El horno se ubicará en la parte derecha del segundo
plano. Por su izquierda, será la entrada al horno y por la
derecha, la salida. Saúl y un trabajador rompen algunas rocas
y parten leña. Cecy acomoda la leña y las piedras calizas
dentro del horno, al cual entra agachada. El horno está de color
blanco. Se ven las sombras proyectadas en la pantalla, se ve
que se limpian el sudor. Al sacudirse el sudor, las gotas se
convierten en clavos de diferentes tamaños, perceptibles. Los
clavos quedan flotando en el aire mientras Cecy y otro
trabajador salen del horno. Lo encienden. Horno naranja. Saúl
verifica el funcionamiento, ordena poner más leña. Lo hacen.
Horno al rojo vivo. Entra Marcos. Se coloca frente al horno. Se
observa su contorno con el fondo al rojo pleno. Levanta las
manos, las junta, simula un depósito. La sombra de los clavos
desciende a las manos de Marcos. Baja la intensidad del
horno. Mientras los demás corren a sacar en carretillas la cal
deshidratada.

Marcos convoca a los trabajadores que llevan maderas


grandes. Todos incorporan la madera al horno, haciendo más
grande la estructura: todos levantan el nuevo horno.

Mamá Ete, saca un tercio de leña de tamaño mediano. Son


cinco leños de un leve color verde. Vienen sujetados por dos
mantos hilados, multicolores. Lo desenvuelve en el piso

Clavos en el fuego 29
ceremoniosamente y de la misma manera que las piedras y los
chiriviscos, los presenta uno por uno al cielo y alrededor. Los
coloca uno por uno encima de la capa de chiriviscos.

Saúl y el trabajador continúan picando piedra y la colocan en


carretillas de madera. El trabajador la lleva adentro del horno.
Se observan las sombras proyectadas de Cecy acomodando al
centro las piedras llevadas. Esto se repite durante la escena.
Marcos se acerca a Saúl.

Saúl: ¡Jefe! ¿Qué le parece mi trabajo?


Marcos: No está mal, aunque no hay que fragmentar demasiado la
piedra, no es pulverizarla. Hay que bajarle a la violencia.
Saúl: Muy bien, es mejor bajarle que aumentarle… a la violencia. La
violencia está en toda nuestra vida, sólo hay que emplearla de
otra manera. Y ya ve, tomé palabra por palabra su consejo:
utilizar mi fuerza, mi violencia, para trabajar en la calera.
Marcos: Qué bueno, sólo le repito, hay que bajarle un poco a lo
violento. La violencia sólo se usa en ciertos casos extremos.
Saúl: En toda nuestra vida hay violencia. Por ejemplo, para hacer un
simple desayuno, un huevito picado, hay que emplear la
violencia. Primero, le quitamos a la fuerza el huevo a la
gallina; segundo, se quiebra el huevo, se rompe el cascarón
con fuerza y violencia; tercero, se coloca en una cacerola con
aceite caliente, es decir, con fuego, el fuego violenta, saca lo
mejor del huevo, lo transforma. No hay nada como el fuego
para violentar.
Marcos: Bueno, parece lógico. Usted, parece saber mucho de
violencia, Saúl.

Clavos en el fuego 30
Saúl: (Sigue partiendo piedra). En mis anteriores “trabajos”, como es
conocido, solía emplear la violencia.
Marcos: ¿Violencia hacia seres vivos, gatos… personas?
Saúl: Claro, lo he hecho de esa manera, he violentado personas.
Marcos: ¿Matar?
Saúl: (Golpea con fuerza). Matar.
Marcos: ¿Personas?
Saúl: (Breve pausa. Golpea más fuerte). Personas, maté personas.
Como le dije cuando me “entrevistó”, la efectividad, la
disciplina… y la práctica son cualidades muy atractivas para
un empleador… Que te ordenen, y solamente queda hacer la
tarea a toda costa.
Marcos: (Mirándolo fijamente). Claro, para cualquier patrono ver esas
características en un trabajador es gratificante.
Saúl: Sí, les gusta. Yo soy así. Soy una herramienta útil, necesaria en
estos tiempos. Lo que necesita esta empresa. Si he hecho lo
más difícil, por qué no voy a hacer algo menos… dificultoso…
Si ya le torcí la cabeza a varios gatos, por qué no podría hacer
esto.
Marcos: Claro, o viceversa, volver a matar gatos… o personas.
Saúl: Podría ser, todo con el fin de servirles… a mis jefecitos, para
servirles. Es hora de irme… adiós patrón…

Sale Saúl. Marcos comienza a descomponerse. Tose, siente el


estómago revuelto. Entra Cecy emocionada, se acerca a Marcos
que tose. Él se aleja y procura mantener distancia.

Cecy: Marcos… ¿Cómo te digo?... Lo que pasa es…


Marcos: (Reponiéndose). No puedo… atender asuntos…

Clavos en el fuego 31
Cecy: Pero es que…

Marcos tose más fuerte. Le duele la cabeza. Se aleja más de


Cecy. Ella sigue hablando.

Cecy: Es gente importante…


Marcos: Si es un asunto importante, que entren y lo atienda Saúl.
(Dolor intenso. Perturbación).

Sale Cecy, ansiosa. Marcos camina lentamente. Se detiene y


camina tomándose la cabeza. Entran Cecy, Ginger y Lorenzo
Antonio, quien lleva una pequeña cámara de video.

Ginger: No sé porque vine de negro, este polvito me ha ensuciado mi


pantalón.
Cecy: Esperen un momento, yo traeré al encargado, esperen. (Sale).
Lorenzo Antonio: Grabemos, avancemos, quiero salir lo más pronto
posible de este infierno.
Ginger: Buena idea, este polvo está en todos lados, y estoy
desesperada. Espera mientras me preparo.

Ginger se maquilla y sacude su ropa. Lorenzo Antonio prepara


la cámara.

Ginger: Lista.
Lorenzo Antonio: En tres, dos, uno…
Ginger: Muy buenos días, bienvenidos a…
Ambos: ¡BREAKFAST, tu telerevista!

Clavos en el fuego 32
Marcos se paraliza. Rígido.

Ginger: Hoy estamos desde una fábrica de cal, junto a mi


compañero, Lorenzo Antonio, que está haciendo esta fabulosa
toma desde el último y más moderno celular AK 342.
Lorenzo Antonio: Por supuesto Ginger, gracias a Natada
Telecomunicaciones, tenemos estas tomas excelentes gracias
al AK 342, es como si estuviera grabando con una cámara
tradicional. Y puede adquirirlo por sólo 1,499 dólares.
Ginger: Barato, muy barato.

Lorenzo Antonio se aproxima con la cámara y comienza a hacer


varias tomas alrededor de Ginger. Marcos, paulatinamente, ha
girado, observando a los presentadores. Su respiración se
acelera.

Ginger: Véanme, miren, aprecien esos colores, las formas…


Lorenzo Antonio: Sientan las curvas, vean su piel tersa, fresca, su
respiración…
Ginger: ¡Ya! Me sofocás, más con este calor.
Lorenzo Antonio: Tan bruta, teníamos unas excelentes tomas,
habíamos logrado compenetrarnos.
Ginger: Sí, claro.
Lorenzo Antonio: Sigamos. En tres, dos, uno…
Ginger: Esta es una de las fábricas donde se elabora la cal, ese
material que sirve para pintar y hacer tortillas. Como ven es
un lugar rústico, sencillo…
Lorenzo Antonio: (Para de súbito de grabar). Mirá, parece que ya
vino el gerente de la fábrica. ¡Buenas tardes!

Clavos en el fuego 33
Marcos: Hola.
Lorenzo Antonio: (Apurado). Comencemos, no perdamos tiempo: el
tiempo mata.
Marcos: Mata. El tiempo.
Lorenzo Antonio: En tres, dos, uno…
Ginger: Este día nos encontramos en una calera, es decir…
Lorenzo Antonio: La fábrica en donde se elabora la cal y sus
derivados, un trabajo tradicional.
Ginger: Sí, desde hace muchos años. Una tradición de los indios,
como el café, los indios elaboraban la cal y tomaban café
antes de que vinieran los españoles.

Marcos observa detenidamente a los presentadores. Sonríe


ante las incoherencias de la escena. Trata de disimular la tos y
la burla.

Lorenzo Antonio: Por eso la elaboración de la cal es…


Ambos: ¡Marca Guanaca!
Lorenzo Antonio: ¡Corte! Marcos, necesitamos que sea más
sonriente, vivaz, aproveche que estará en la tele… Un su par
de culitos le van a salir.
Ginger: Más suelto, macho. ¿O te intimidan las chicas de ciudad? A
las mujeres nos gustan los hombres que se muestran seguros
ante las cámaras.

Marcos murmura. Los observa. Ríe.

Ginger: Y eso, ¿qué es?


Marcos: (Sonriendo). El horno para elaborar la cal, y también para

Clavos en el fuego 34
sacrificar víctimas para nuestros dioses indígenas.
Ginger: Jajaja, yo soy una princesa, me sacrifico para sus dioses.
Lorenzo Antonio: Televidentes, serán testigos del sacrificio de la
virgen Ginger en manos de los salvajes indios… Jajaja…

Ginger y Lorenzo Antonio hacen movimientos estereotipados de


ritos indígenas. Marcos observa.

Marcos: (Sonriendo). Sacrificada en un tiempo que no es mi tiempo…


el tiempo mata.
Ginger: Empiezan los hechizos y la magia.

Se han ubicado a un lado del horno, frente a la entrada.

Lorenzo Antonio: (Se acerca a hacer una toma desde la entrada al


horno). Vean, esta es la entrada del horno, parece una
pequeña habitación, uno puede entrar fácilmente, apenas
inclinado. (Se acerca Ginger).
Ginger: Es una pequeña habitación, blanca, con mucho… polvo… no
entraré…

Marcos se ha movido hacia donde están varias rocas, cumbos,


carretillas y palas. Toma un cumbo. Se aproxima a los
presentadores que observan el interior del horno.

Ginger: Por nada entro, mi traje negro se ensuciaría…


Marcos: Entiendo, cariño, que tu imagen tiene que ser perfecta.
Lorenzo Antonio: (Percatándose que Marcos se aproxima). ¿Qué trae
allí, don Marcos?

Clavos en el fuego 35
Marcos: Un poco de cal… ustedes me parecen personas tan
perfectas, muchos los ven acá en el caserío, quieren ser como
ustedes.
Ginger: Sí, lo sabemos. Quieren ser como nosotros.
Marcos: Pero no son un espejo. La televisión no es un espejo, no es
un reflejo: ustedes no existen.

Marcos les lanza la cal del cumbo. Los presentadores quedan


cegados.

Marcos: (Toma una pala). ¿Han subido a un bus?

Los presentadores intentan hablar. No pueden, tosen.

Marcos: Creo que no, pero les contaré. En un bus se puede ver que
todas las personas son iguales, sudorosas, piel morena,
adoloridas, adormitadas, con hambre. (Empuja a los
presentadores hacia el horno). Alguien como ustedes
desentonaría en medio del colectivo, no son de allí… no son de
aquí…

Marcos ha entrado con ellos al horno. Se ven sus siluetas, los


presentadores se han arrodillado. Tosen. Tratan de gritar.

Marcos: Ustedes no están acá… están en mi mente.

Marcos golpea a los presentadores con la pala hasta que


quedan inmóviles. Marcos sale del horno, tose y ríe. Llega Saúl.

Clavos en el fuego 36
Saúl: ¿Y las personas que hay que atender?
Marcos: A lo mejor afuera.
Saúl: ¿Y esa cámara?
Marcos: Esa cámara no existe.

Saúl se mueve hacia la cámara en el suelo, la recoge. Marcos


queda perplejo.

Marcos: Mirá adentro del horno.

Saúl entra al horno. Pausa. Sale.

Marcos: Es un asesinato real. Yo los maté.


Saúl: Salvaje, pero efectivo.
Marcos: Creí que eran alucinaciones, un juego de mi mente.
Saúl: Te comprendo Marquitos. Algo dentro de mi mente también me
muestra esa otra “realidad”.
Marcos: ¿Qué voy a hacer? No puedo ir a la cárcel. ¿Qué pasará con
mi familia?
Saúl: La realidad es de polvo, ceniza. Acá la forma.
Marcos: ¿El horno? ¿Se puede quemar un cuerpo?
Saúl: Ya lo he hecho.
Marcos: ¿Un gato? ¿Animales? ¿Personas?
Saúl: Delincuentes.
Marcos: Eran personas.
Saúl: Claro, eran. La alquimia funcionando. Y últimamente, sé de esa
alquimia. (Señalando al horno). Conocimiento, arte.
Marcos: Das miedo.
Saúl: ¡No! Como dicen: le tememos a lo que desconocemos. Lo

Clavos en el fuego 37
conocés, te habitúas. Lo controlás. Eso es todo. El fuego y el
ser humano siempre han sido amigos, partes de un mismo
ser. Los animales tienen el calor animal, los seres vivos tienen
calor animal, cuando estamos vivos nos estamos oxidando, es
una combustión interna que está con nosotros mientras
vivimos. Lo que yo hago es… una alquimia final, mediante un
fuego final, a partir de un proceso de selección de “los tipos”
que no ayudan a hacer una mejor sociedad.
Marcos: Juez y ejecutor.
Saúl: No. El juez no soy yo, doy mi opinión, pero quien dicta
sentencia es la Gran Idea.
Marcos: La calera.
Saúl: ¿Qué infierno tengo yo?
Marcos: ¿Cómo?
Saúl: Yo, para tragarme las malas semillas, de carne, cabellos,
fluidos, sudor, sangre… Las semillas de todos, de ustedes.
Marcos: No entiendo… ¿Mi semilla?
Saúl: Sí. Ustedes y sus familias, con las mismas costumbres, la
misma formación, los mismos sueños. Todas iguales. Como
una gran milpa en donde se pueden ver los mismos cultivos,
iguales hojas, misma tierra, misma semilla.
Marcos: Ya veo. La semilla.
Saúl: La semilla buena, no hay problema. La semilla mala sí es un
problema. La que se deforma cuando no le llegan los
nutrientes necesarios, el oxígeno y el agua.
Marcos: Hay situaciones que son inevitables, sin embargo, te aseguro
que mis semillas, mis hijos, serán buenas personas.
Saúl: Eso mismo pensaba Ernesto, tu amigo, pero su hijo, vaya
fichita.
Marcos: ¿Lo mataste?

Clavos en el fuego 38
Saúl: Mala semilla convertida en ceniza.
Marcos: Ayudame.
Saúl: No sé… jajaja… manos a la obra.
Marcos: Muy bien.

Marcos observa y comienza a temblar. Saúl prepara el horno.

Saúl: Es fuerte saber que has matado y que además de cometer el


crimen no lo pagarás. Vaya cargo de conciencia. Te aconsejo
que imaginés, aluciná, para que esta cruda realidad no te
atormente.

Marcos se pone erecto, con los ojos fijos hacia Saúl, que luce
orgulloso. Marcos da la espalda a Saúl.

Saúl: Fantaseá, Marquitos, fantaseá.

Salen del horno Ginger y Lorenzo Antonio. Ambos están con su


vestuario incólume.

Saúl: Bien niños, el señor Etrusky necesita hacer una pequeña


disminución en su planilla de empleados y el sector
seleccionado es el de presentadores y presentadoras. Dicha
operación ha sido encargada a mi persona.
Lorenzo Antonio: ¡Oh!, un gusto don asesino Saúl, pues cuente con
nuestra colaboración.
Ginger: ¿Y cómo es el proceso? ¿A dónde me reasignarán? ¿Franja
juvenil?
Lorenzo Antonio: No jodás Ginger, ya pasaste de los treinta… mírate

Clavos en el fuego 39
las arrugas…
Ginger: Mi espíritu es joven. Metido.
Saúl: Calma. Para evitarnos más palabras, les digo que no hay
reasignaciones. Ustedes ya están desfasados, las marcas
publicitarias no creen que la imagen de ustedes pueda…
acrecentar la aceptación de los productos. Así que
arrodíllense.
Ginger: Pero, ¿por qué?
Saúl: Ya lo dijo Lorencito, ya estás en edad adulta y pues hay otras
jovencitas con mejores cuerpos y eso vende. Mi Ginger, tu
nombre ya no gusta.
Lorenzo Antonio: Ni modo compañerita… En cambio, un hombre
adulto, con canitas, moderno, atlético, todavía es ambicionado
por un alto número de mujeres…
Saúl: Mmm… pues no creás amiguito. Tu imagen tampoco, las
audiencias, la toman en serio, ya aburrís con ese peinado, tu
ropa y ese aire de… intelectual de Wikipedia. Vos vas al
reciclaje también.

Señala al horno. Saúl va por Marcos. Lo lleva hacia el horno.


Juntos lo encienden.

Lorenzo Antonio: El proyecto Mano Amiga, se ha puesto en marcha


en esta zona, ya se ha dado inicio a un proyecto de
recuperación de jóvenes, que pertenecieron a las maras, y que
tomaron la valiente decisión de volverse útiles y productivos
en la calera. (Saúl lo toma del cuello y lo encamina hacia el
horno, mientras Lorenzo Antonio continúa hasta que lo tira
dentro del horno encendido). Además, creemos que la

Clavos en el fuego 40
promoción del deporte, la enseñanza del oficio en la calera por
medio de distintas capacitaciones que se están impartiendo,
responden a los ejes de trabajo que venimos desarrollando en
el área de seguridad ciudadana. (Silencio, ha caído dentro del
horno).

Ginger ha observado todo, nerviosa, habla tratando de librarse


de Saúl.

Ginger: A medida que la seguridad llegue a las comunidades, los


negocios locales podrán trabajar tranquilos, podrán cerrar
más tarde, ampliar los espacios de diversión, recobrar la
confianza en sus instituciones, se atreverán a denunciar los
actos delictivos y a mejorar y generar su forma de vida. (Saúl
la logra tomar del cuello. Ella sigue hablando). Amigos, todos
estos planes y acciones que ustedes ven, nos han permitido
capturar a líderes de clicas, a líderes de las pandillas, y que
hoy se reporte más tranquilidad en las comunidades, significa
también inversión de la calera. (Silencio, ha caído dentro del
horno).
Saúl: Hermanos, gracias por recibirme hoy, esta noche, en sus
hogares. Así como estamos, vamos a ir por todo el país,
recuperando colonias, entregándoles la tranquilidad a las
familias. Gracias por recibirme, porque lo que más me
interesa como trabajador, y próximamente como capataz, es
cumplirles; y hoy, vamos a hacer realidad aquel famoso
eslogan que ustedes recuerdan: “A mí, matar al prójimo, me
pela el ejote”. Muchísimas gracias y que Dios los bendiga y…
¡Qué bueno que hemos recuperado este caserío!

Clavos en el fuego 41
Sale Saúl. Luego entra con lo que parece ser dos cuerpos
humanos envueltos en bolsas negras. Coloca uno primero
dentro del horno. Marcos observa todo.

Mamá Ete saca un tercio de raja de leña, son más grandes que
los anteriores. Son tres rajas de un leve color rojizo. Vienen
sujetados por dos mantos hilados, multicolores. En el piso lo
desenvuelve ceremoniosamente. Siente su textura, su olor, y de
la misma manera que con las piedras y los chiriviscos, los
presenta uno por uno al cielo y alrededor. Los coloca uno por
uno encima de la segunda capa de leña.

Saúl toma el cadáver y lo lleva al horno. Entra Cecy. Lleva una


mesa con ruedas. Simula cortar alimentos. En el lado contrario
entra Marcos con el trapeador. Cecy percibe que del horno
sobresale un hueso semidestruido. Marcos, desde el extremo,
habla con Cecy.

Marcos: Es un hueso humano. Saúl los mete allí para deshacerse de


los restos.

Cecy le lanza el hueso.

Marcos: Es cierto, el amor no puede cegarte. Él es un asesino,


siempre lo ha sido.

Cecy le lanza una olla.

Cecy: Observá la olla. Observá el hueso.

Clavos en el fuego 42
Marcos observa detenidamente los objetos.

Marcos: No veo nada fuera de lugar, sólo este hueso que…


Cecy: Ambos están desgastados, inservibles. La olla tiene agujeros en
el fondo. El hueso está demás decirlo, ya no servirá.
Marcos: Son dos cosas distintas, con funciones distintas. Esta se
puede reparar.
Cecy: Hay cosas que ya no pueden ser reparadas para que
funcionen. ¿Creés, Marcos, que un ser humano se puede
reparar?
Marcos: Rehabilitar.
Cecy: No todos, unos seres humanos están echados a perder: no
tienen remedio. Eso hace Saúl, como un Cristo sacrifica su
alma para “sacar de circulación” a los humanos rotos. Nos
protege.
Marcos: Eso no es protección. Puede parecer, porque mata
personas… malas… pero eso no lo puede decidir una sola
persona.
Cecy: Lo hace junto a la fábrica.
Marcos: (Titubeante). Los dueños son personas pensantes, modernas,
profesionales. Ellos no permitirían semejantes salvajadas.
Cecy: ¡Saúl es el brazo justiciero de Dios!

Marcos comienza a toser.

Cecy: La semana pasada estuve secuestrada dos días. Fui a comprar


al pueblo alimentos para la fábrica. Tuve que ir a la zona más
peligrosa. Allí es más barato. Un hombre y su pareja me
introdujeron a un mesón, donde me torturaron por dos días.

Clavos en el fuego 43
Para ellos yo no iba a salir de allí. Les pedí que dejaran mi
cuerpo donde pudieran encontrarlo. Disfrutaban con el dolor y
la desesperación. Ellos lo dijeron cuando Saúl los torturaba.
Marcos: ¿Por qué?
Cecy: Me dejaron libre. Saúl me encontró deambulando. Decidimos
vengarnos. Vengarme. Saúl los conocía, pues fueron parte de
su banda. De ella o de él podría ser ese hueso. De su feto no
creo que quedara eso.
Marcos: Lo que hicieron es injusto. Ellos no te mataron.
Cecy: Es justo. Solo que nosotros tenemos una misión, decisión.
Además, estábamos en las mismas condiciones: tres con tres,
familia contra familia: hombre contra hombre, mujer contra
mujer, hijo contra hijo… ¿No es eso lo justo?
Marcos: Lo veo. (Observa el vientre de Cecy).

Entra Beatriz. Una chica delgada, con gorra, lleva el cabello al


rape. Usa un suéter a rayas de talla más grande. Falda larga
de un solo color.

Cecy: Ella es Beatriz, la rescatamos de esos cabrones. Tenía más de


dos meses de permanecer esclavizada.
Marcos: Veo que la ha pasado mal.
Cecy: Ahora trabaja acá en la fábrica. Es mi ayudante. (A Beatriz). A
ver, llevá esto a los lavaderos.

Sale Beatriz con unas ollas.

Marcos: ¿Cómo que trabaja en la fábrica?


Cecy: Para darle una nueva oportunidad de vivir.

Clavos en el fuego 44
Marcos: Claro, te entiendo, pero todo proceso de contratación tiene
que pasar primero por mi aprobación.
Cecy: Saúl estuvo de acuerdo con darle el empleo.
Marcos: Yo soy el encargado de los empleos.
Cecy: Pues me parece que no has estado al tanto de lo que pasa en la
fábrica y eso es muy importante para un cargo como el que
decís tener.
Marcos: Acepto no haber estado muy concentrado y presente en las
actividades de mi cargo, pero…
Cecy: Andate a dar una vuelta a la fábrica, y verás que, como
Beatriz, hay otros trabajadores nuevos.
Marcos: Pero yo no los he contratado.
Cecy: A Saúl le tocó asumir ese trabajo para que la fábrica siguiera
en funcionamiento, y creciera, y ahora tenemos una nueva
fábrica en el caserío vecino. La gente necesitaba trabajo.
Marquitos, ¿estabas haciendo tu trabajo?

Sale Cecy. Marcos comienza a toser. El aire le falta. Angustia.

Voz en off de Ginger: Marqui, Marqui, estás como al principio.


Voz en off de Lorenzo Antonio: Un loco delincuente te lleva la
delantera.
Voz en off de Ginger: Marqui, Marqui, estás como al principio.
Voz en off de Lorenzo Antonio: Un loco delincuente te lleva la
delantera.

Mamá Ete entra esparciendo humo mediante un tarro de barro


donde lleva carbón encendido. Las voces de los presentadores
que se repiten y se mezclan se van apagando y deformando

Clavos en el fuego 45
hasta silenciarse. Mamá Ete se acerca a Marcos para
reconfortarlo. El marco del televisor y marco del horno, de
forma paralela, levemente inclinada, desciende quedando a un
metro del suelo. El marco será un símil de una pequeña parcela
de tierra donde está sembrada una milpa. Del marco, de la
parte superior, salen plantas de maíz y al lado contrario de las
plantas se extienden sus raíces. En medio de ellas hay matas
de frijoles y ayotes, de igual manera, del lado contrario estarán
sus raíces. El marco se asienta en el piso. Mamá Ete conduce a
Marcos, quien paulatinamente ha salido de su crisis, hacia la
milpa, para ver si puede cultivar de la forma ancestral. Marcos
se muestra torpe al cultivar. Se muestra brusco y violento. Se
desespera. Mamá Ete lo calma. Marcos se observa cansado y
enfermo.

Marcos: Es un trabajo muy pesado.

Mamá Ete asiente.

Marcos: No sé cómo soportaron tanto este trabajo. Yo no lo


soportaría. (Se sienta en el suelo, entre las milpas).

Mamá Ete toma dos piedras grandes. Las equilibra en cada


mano.

Marcos: Hay que saber equilibrar el trabajo.

Mamá Ete asiente. Levanta la piedra de la derecha hace


mímica de trabajo. Posteriormente levanta la piedra de la

Clavos en el fuego 46
izquierda haciendo mímica de descanso o reposo.

Marcos: Los campos son grandes, además para obtener un buen


dinero de una buena siembra, hay que trabajar sobre grandes
parcelas.

Mamá Ete le amarra un manto grande y se lo coloca alrededor


de la cintura, dejando al frente una bolsa, ella también se
coloca una manta de la misma manera. Pone semillas dentro de
las bolsas. Luego le entrega una coa, ella toma una. Le
muestra a Marcos la manera ancestral de sembrar: simula abrir
un agujero con la coa en la tierra y con la mano derecha deja
caer semillas dentro del agujero. Marcos realiza la técnica.
Comienzan a sembrar.

Marcos: Aun así, es mucho trabajo… es terrible…

Entran Luz y sus dos hijos. Sonríen, van alegres. Vienen con
sus respectivas indumentarias agrícolas indígenas. Se ubican y
comienzan a sembrar. Poco a poco empiezan a danzar y a
intercambiar las coas, lanzándolas entre ellos y girando, y
depositando semillas en los agujeros. Es un juego. Todos se
divierten.

Aparecen Ginger y Lorenzo Antonio. Lucen completamente


blancos. Hacen un documental.

Lorenzo Antonio: Como pueden observar, el núcleo familiar


primitivo se distingue por: primero, su vestuario y utensilios

Clavos en el fuego 47
agrícolas primitivos, donde el trabajo manual, que por cierto
es sucio, sudoroso y molesto, es parte esencial…
Ginger: No hay moda, no hay combinación en los colores…
Lorenzo Antonio: Sus herramientas son de madera, nada de metal,
además, en la vida civilizada no extraemos los alimentos de la
tierra directamente….
Ginger: ¡Claro que no! Los sacamos de los supermercados… limpios,
modernos, civilizados…
Lorenzo Antonio: Segundo, toda la familia trabaja y baila. ¡Por Dios,
eso es imposible! Hay que respetar el trabajo, el trabajo es
algo serio del cual depende la vida de la familia y sirve para
comprar cosas…
Ginger: ¡Ay no, te imaginás, yo trabajando con mi marido! ¡No! ¡Y con
los cipotes, no, no, no!… Mucho joden. Aguantarlos en la casa
y también en el trabajo…. ¡Imposible!…
Lorenzo Antonio: Y tercero, se comen lo que siembran y lo
intercambian con otros miembros de la comunidad, por lo que
no utilizan dinero… ¡Están locos!

Ginger finge caer desmayada en los brazos de Lorenzo Antonio.

Ginger: Esto demuestra una falta de avance, avance… es una contra,


una agresión a nuestra progresista forma de vida, vida
civilizada…

Marcos comienza a prestarles atención. Lorenzo Antonio se


dirige directamente a él.

Lorenzo Antonio: ¿Qué te pasa Marc…? ¿No estás de nuestro


lado?…

Clavos en el fuego 48
Ginger: Un verdadero macho trabaja solo, no permite que la mujer y
los hijos trabajen… en especial la mujer… yo, como mujer, te
espero en la casa, a que me tomés.

Marcos vuelve a trabajar en la milpa.

Ambos: ¡Traidor! ¡Muérete! ¡El mercoruche te destruche el juluche!

La milpa desaparece. Luz y los hijos se van. Queda Marcos


retorciéndose de dolor en el suelo. Eructa, sin sonido. Solo abre
la boca y parece sacar aire. Su cara es roja. Mamá Ete corre al
polletón. En un colador trae algunas brasas, en la otra mano
trae un recipiente de barro con agua. Pone el colador encima de
la cabeza de Marcos, en dirección a su boca, que tiene abierta.
Deja caer agua en el colador con las brasas y cae dentro de la
boca de Marcos. Marcos bebe. Comienza a soplar, como
sacando el mercurio de su interior. La cara roja desaparece. Se
incorpora poco a poco.

Mamá Ete lo ayuda a salir de escena.

El marco del televisor aparece como el horno a pleno rojo vivo.


Está quemando algo. No se sabe lo que es. Marcos entra débil.
Presiona su vientre. Suda. Mira a todos lados. Mira con temor
hacia el horno. Observa que alguien tira maderos y piedra
caliza al interior. Solo se observa la silueta. La silueta
misteriosa tose. No responde a lo que le pregunta Marcos.

Marcos: ¿Dónde está Saúl? No te hagás el tonto, no sigás


guardándole fidelidad, a menos que seás uno de su banda de
delincuentes.

Clavos en el fuego 49
La silueta no responde. Por el contrario, trabaja con más
ímpetu. La tos aumenta en el desconocido.

Marcos: Claro, a lo mejor sean cuerpos, personas, madres, hijos,


esposos, hermanos, que Saúl te ha ordenado desaparecer.

Marcos se le va encima a golpes.

Edgardo: ¡Papá, soy yo!


Marcos: ¿Qué hacés aquí?
Edgardo: Trabajo desde hace un mes… necesitaba convencerte de lo
que pasa en esta fábrica.

El horno sigue al rojo vivo. Se ven las siluetas de Edgardo y


Marcos contrapuestas.

Voz en off de Saúl: ¡A trabajar!

La silueta de Edgardo sale corriendo. Entra otra silueta por el


otro extremo. Siluetas encapuchadas o con gorras comienzan a
pasar frente al marco del horno al rojo vivo. Marcos intenta
detenerlas. Les habla. Busca a Edgardo.

Marcos: ¡Tenés que salir de aquí! ¡Vas a morir!


Voz en off de Saúl: Para nosotros la muerte del trabajador es como
un clavo que fortalece más nuestro horno…

Las siluetas siguen pasando, algunas tosen, caen, piden auxilio


a Marcos. Pero al caer, Marcos solo recoge la capucha o la gorra
vacía.

Clavos en el fuego 50
Marcos: ¡Hay otra forma de trabajo que hemos olvidado! ¡Que nos
han hecho olvidar!
Voz en off en coro de Ginger, Lorenzo Antonio y Saúl: ¡No hay
otra forma! ¡Solo esta! ¡Transforma, conquista, superior!
¡Transforma, conquista, superior! ¡Transforma, conquista,
superior!

Aparecen siluetas femeninas, de ancianos, de niños. Pasan,


caen, Marcos los recoge. No hay nada. Comienza a salir de un
extremo la silueta de Saúl, a espaldas de Marcos, lleva una
cuerda para asfixiarlo. Marcos gira a tiempo, lo encara. Luchan.
Poco a poco se dirigen al interior del horno. Se observa la
silueta de ambos luchando dentro del horno. Se perciben las
siluetas de Ginger y Lorenzo Antonio unidas a la de Saúl que
atacan a Marcos. Pierden ímpetu paulatinamente. Se paralizan.
Se convierten todas en polvo. El horno se apaga
paulatinamente. Entran Edgardo, Cecy, Beatriz y otros
trabajadores. Cecy y Edgardo se acercan a la entrada del
horno.

Edgardo: ¿Papá?
Cecy: (Hacia los trabajadores). Sigan trabajando, aquí no ha pasado
nada (trata de no quebrarse), nada, la fábrica tiene que seguir
en sus funciones…
Beatriz: ¡No! Ya no podemos continuar así, esto no es normal. Esto
no es trabajo para la vida.

Cecy queda perpleja ante la acción de Beatriz.

Clavos en el fuego 51
Beatriz: ¡Yo soy Claudia! Hija de Ernesto y Edelmira. El destino
trágico de mi familia fue manufacturado por esta misma
fábrica: hoy debemos dar un giro.
Edgardo: Lo primero es cerrar la fábrica. Ya todos hemos sido
testigos de los atropellos y crímenes que han sucedido. Mi
padre participó, quiso corregirlo todo, pero ya la fábrica estaba
hambrienta y no podía parar. Ahora nosotros debemos darle
fin a esta enfermedad.
Cecy: Entonces tomemos la fábrica y seamos nosotros los dueños.
Edgardo: No podemos hacer eso, es ilegal.
Cecy: Pero han cometido crímenes.
Edgardo: Tendríamos que probarlo, es un proceso largo. Además,
ellos tienen al Estado de su lado.
Cecy: No podemos regresar a sembrar nuestras tierras, están
abandonadas y pasará mucho tiempo para que produzcan.
Claudia: Como diría Mamá Ete, hay que buscar el equilibrio, primero
lo primero, debemos nutrir la tierra para que sea productiva.
En el pueblo hay un problema con la basura, que en sí, no
son materiales inservibles, por lo menos lo que proviene de las
verduras y los animales pueden volver a la tierra. Ese tipo de
desecho es el que se encuentra en el pueblo, lo recogemos,
separamos, y hacemos compostaje para nutrir nuestras
tierras… es como transferir sangre a un cuerpo desnutrido, y
esa sangre no nos costará ni un centavo. Seremos los que
nutren la tierra.
Edgardo: Y dentro de un tiempo nuestros caseríos, tendrán tierra
negra, productiva.

Todos comienzan a desarmar el horno. Toman los clavos y los

Clavos en el fuego 52
maderos, forman una especie de depósito donde colocan desechos
para llevar. Entre todos la levantan y comienzan a recoger desechos.

Mamá Ete, con el fuego a toda lumbre y con una olla de barro puesta
en el fuego, introduce un manto dentro de la olla. Pasa a cada
trabajador los paños mojados. Comienzan a pasarlo por sus partes
visibles, en especial la faz. Se quitan el color blancuzco de su piel.

Recobran su color moreno. Todos son morenos.

Claudia: Hoy el fuego será propio, será nuestro.

Clavos en el fuego 53
Los Del Quinto Piso
15 años de Teatro

Publicación al cuidado de Jorgelina Cerritos y Víctor Candray


El Salvador 13 de octubre 2022

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