El agua (H20) es la molécula más abundante en la superficie del planeta Tierra.
Es la única
molécula que se puede encontrar naturalmente en estado sólido, líquido y gaseoso y es esencial a
toda la vida en la Tierra. Las propiedades del agua proporcionan un medio perfecto para las
reacciones biológicas que ocurren dentro de las células, desde la capacidad de almacenar energía a
través de la fotosíntesis, hasta el consumo de energía a través de la respiración. El agua que se
evapora de los océanos con la energía del sol, es transportada por la circulación de los vientos
alrededor del planeta. Al elevarse siguiendo los contornos de las montañas, se enfría y se
transforma en lluvia proporcionando humedad a bosques, selvas, pastizales y matorrales. Abastece
arroyos, ríos, lagos, aguas subterráneas y finalmente regresa al mar. En ese largo camino, es
absorbida por plantas y bebida por animales que la requieren ya que constituye entre el 55 y 80%
de los seres vivos.
Para saber más:
Centro Virtual de información del Agua
Animación del ciclo del agua y del manejo de cuencas
Ciclos de nutrientes
ciclo de nutrientes
Los elementos químicos que constituyen a los seres vivos como el carbono, oxígeno, nitrógeno,
hidrógeno, potasio, calcio, fósforo, azufre y otros, se transportan entre los organismos vivos y entre
los componentes no vivos del planeta.
Estos elementos son parte esencial de la estructura y la función de los organismos vivos. Algunos
se acumulan en ellos mientras están vivos y regresan al suelo y a la atmósfera cuando mueren.
Cambios drásticos en la dinámica de dichos ciclos producen contaminación, eutroficación
(aumento de nutrientes en humedales) y hasta el cambio climático global.
El carbono se encuentra en la atmósfera, en la biósfera, en los océanos y en los sedimentos. Las
plantas toman bióxido de carbono de la atmósfera y lo convierten en carbohidratos y de esta forma
gran parte queda almacenado en los bosques y en el suelo. En el mar muchos organismos utilizan
el carbono para formar sus esqueletos externos y sus conchas. El carbono regresa a la atmosfera a
través de la respiración de los organismos, de la descomposición orgánica, de la combustión, y de
las erupciones volcánicas. Los demás elementos químicos tienen ciclos similares.
Flujo de energía
flujo de energía
Los seres vivos requieren de energía para realizar sus actividades básicas de crecimiento,
reproducción y sobrevivencia. Las plantas son los productores primarios que transforman la
energía del sol en energía química a través de la fotosíntesis. Primero la molécula de clorofila
absorbe la energía de la luz y divide las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno. Como segundo
paso, el bióxido de carbono es transformado en carbohidratos (azúcares), es decir en moléculas
mayores de carbono, hidrógeno y oxígeno. Los herbívoros, como consumidores primarios, se
alimentan de las plantas y obtienen de ellas nutrientes y energía, que a su vez son pasados a los
carnívoros y de éstos a los descomponedores. Al flujo de energía a través de los seres vivos se le
conoce como cadena trófica (del griego trofos, alimenticio) o cadena alimentaria y a cada uno de
los niveles por los que pasa, se le conoce como niveles tróficos.
En cada transformación, parte de la energía se transforma en calor (segunda ley de la
termodinámica), así que siempre habrá más productores primarios que herbívoros y siempre habrá
más herbívoros que consumidores secundarios (carnívoros) formando una pirámide trófica. La gran
mayoría de los seres vivos para utilizar la energía, tenemos que obtenerla de las moléculas en
donde está guardada. Los carbohidratos al ser combinados con oxígeno, se rompen,
proporcionando energía y regresando a ser bióxido de carbono y agua. A este proceso se le
conoce como respiración. Algunos organismos pueden obtener energía directamente de moléculas
inorgánicas (quimiosíntesis).
Sucesión
sucesión
Los ecosistemas son dinámicos y su composición y estructura se modifica con el tiempo.
Periódicamente se presentan perturbaciones como incendios, huracanes, sequías, inundaciones,
plagas que modifican substancialmente a los pastizales, bosques, esteros, manglares y otras
comunidades. A estos eventos se les conoce como regímenes de perturbación y cambian de región
a región dependiendo de las condiciones climáticas.
Después de un evento de perturbación que afecta a algunas de las poblaciones, al proceso de
cambio de la comunidad a su estado previo (maduro) se le conoce como sucesión ecológica.
Cuando la modificación del ambiente ha sido total, como en el caso de una erupción que borra
completamente al ambiente original, o cuando se crea un nuevo ambiente como en el caso de las
islas volcánicas que nacen en medio del mar, el proceso se llama sucesión primaria. Cuando la
modificación ha sido parcial y quedan algunas de las especies originales, el proceso se llama
sucesión secundaria.
El ecólogo estadounidense Frederic E. Clements (1874-1945) fue uno de los pioneros en el estudio
del fenómeno de la sucesión y en el desarrollo de su teoría. Clements sugirió que después de una
perturbación la vegetación regresa a un estado “climax”, determinado por las condiciones del
clima. Por su parte, su compatriota el ecólogo Henry Gleason (1882-1975), argumentó que los
cambios sucesionales se debían a las respuestas individuales de las especies y no a un cambio
coordinado en la vegetación como si fuera un organismo.
Actualmente, el principal régimen de perturbación lo constituyen las actividades humanas. La
extracción de madera de los bosques, los sistemas de cultivos itinerantes, y otras actividades
transforman a los ecosistemas en estados sucesionales.