REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA DEFENSA
UNIVERSIDAD MILITAR BOLIVARIANA DE VENEZUELA
CENTRO DE ESTUDIOS ESTRATÉGICOS
INSTITUTO DE ESTUDIOS ESTRATÉGICOS
OPERACIONALES DE LA FANB “LIBERTADOR SIMÓN
BOLÍVAR”
CONCEPTO DE ZONA GRIS.
FUNDAMENTOS DE SU CREACIÓN Y MEDIDAS PREVENTIVAS PARA AFRONTARLAS
Tcnel Silva Fernández José Gregorio
C.I 15666254
Caracas enero, 2024
FUNDAMENTOS DE SU CREACIÓN Y MEDIDAS PREVENTIVAS PARA AFRONTARLAS
LAS ZONA GRIS
Zona Gris, es un escenario, construido a modo de política pública, con el que una
potencia revisionista pretende obtener réditos geopolíticos de una importancia tal,
que en condiciones normales exigirían la apertura de hostilidades en clave militar,
pero sin llevar a cabo ninguna agresión susceptible de legitimar una respuesta
armada por parte de los defensores del status quo ante. Ni siquiera a través de una
guerra hibrida. Ese es, en definitiva, el espíritu de la Zona Gris.
Ahora Bien, la permanente evolución de la humanidad y los múltiples efectos de la
globalización han permitido la aparición de nuevos y diferentes actores en el
concierto internacional, tanto estatales como no estatales. Muchos de ellos no están
dispuestos a seguir las reglas del juego establecidas; más aún, utilizan a su beneficio
la normativa internacional, sometiendo al oponente al cumplimiento de estas reglas
mientras las tergiversan a su beneficio para alcanzar sus propios intereses. Lo
anterior impacta directamente en las herramientas que poseen los Estados
democráticos para abordar la constante evolución del conflicto, aspecto que Martin
van Creveld, expone como la permanente transformación de la guerra. Por lo tanto,
antes de abordar el concepto de Zona Gris, es necesario contextualizar esta
analogía, estableciendo cuál es la zona blanca y la zona negra. Una respuesta se
encuentra en el concepto de “espectro del conflicto”, que es comúnmente utilizado
en las doctrinas de distintos países de occidente.
Aurelian Ratiu, define el término como el marco para todas las operaciones
militares, el cual describe el ambiente en el que se desenvolverán las fuerzas
militares y cuya característica principal es el nivel de violencia en que se desarrollan,
que evoluciona desde la interacción pacífica entre actores internacionales (la zona
blanca), hasta las operaciones de combate de alta intensidad en una guerra total
(zona negra). Por otra parte, la edición 2022 de la Doctrina Conjunta para
Operaciones Terrestres de la OTAN amplía esta definición cambiando el concepto
por el de “continuo de competencia” (continuum of competición), 6 expandiendo la
idea de espectro del conflicto a un modelo que representa la actitud y el
comportamiento de los distintos actores en las relaciones internacionales, en
función de cuatro tipos de relaciones: cooperación, rivalidad, confrontación o crisis y
conflicto armado; dentro de los cuales se da la competencia. Este enfoque se
relaciona con las fases del conflicto expuestas en el texto doctrinario del Ejército La
Fuerza Terrestre y particularmente con las sub fases de la crisis, donde el proceso de
escalada establece el punto de no retorno como el límite que demarcaría la Zona
Gris. La zona gris es un tipo de amenaza, estrategia o conflicto híbrido, generada
por actores moderadamente revisionistas (normalmente Estados) cuando persiguen
fines similares a los de una guerra.
Sin embargo, el problema de las guerras híbridas es que son guerras. No se trata
de un juego de palabras inocente. Porque, aunque la intensidad de una Guerra
Hibrida sea inferior a la que es propia de las guerras convencionales, y aunque por
ese motivo sean menores los incentivos que otras grandes potencias tienen para
intervenir en el conflicto (cuando no les afecta directamente) esos incentivos no
desaparecen por completo. A lo que debe añadirse que, precisamente porque se
han roto las hostilidades, si una potencia rival opta por emplear la fuerza en apoyo
de la parte agredida, podría tener el aval del derecho internacional público vigente.
Algo a tener en cuenta cuando se alude a esa batalla que cada día se libra en la
opinión pública mundial, metafórica, pero no por ello menos relevante, que es la
búsqueda de legitimidad.
Pues bien, la Zona Gris cobra sentido cuando las potencias revisionistas
consideran que el recurso a la Guerra Hibrida todavía es demasiado arriesgado.
Máxime cuando los revisionistas se empecinan en alcanzar ciertos objetivos
geopolíticos que chocan con los intereses de los defensores del status quo, o los de
sus aliados. De este modo, y sin perjuicio de que pronto pasemos a concretar el
contenido del concepto de Zona Gris, así como cuáles son sus herramientas
fundamentales, podemos anticipar que la Zona Gris es un escenario, construido a
modo de política pública, con el que una potencia revisionista pretende obtener
réditos geopolíticos de una importancia tal, que en condiciones normales exigirían
la apertura de hostilidades en clave militar, pero sin llevar a cabo ninguna agresión
susceptible de legitimar una respuesta armada por parte de los defensores del
status quo ante. Ni siquiera a través de una Guerra Hibrida. Ese es, en definitiva, el
espíritu de la Zona Gris.
Medidas Preventivas para Afrontar las Zonas Gris
La generación de una Zona Gris, asociada a sus elevadas pretensiones, rompe las
reglas del juego democrático, tal y como las entendemos en las sociedades más
avanzadas (es decir, liberal-democráticas). Porque esa presión callejera pretende
sustituir los procedimientos ordinarios del Estado de derecho. A consecuencia de
ello, augura un incremento del conflicto civil. Aunque, en ocasiones, la cosa es
todavía más grave: la Zona Gris no incrementa nada, sino que crea, directamente,
las condiciones para que estalle ese conflicto, eminentemente civil. En ese sentido,
recuperando el hilo del argumento, cabe seguir preguntando si es legítimo que los
intereses geopolíticos de algún Estado puedan conllevar esos efectos, actuales y
potenciales, sobre el conjunto de la ciudadanía convertida, ipso facto, en rehén de
una historia cuyo guion no ha trazado. Todo ello sin mencionar (aunque más
adelante lo haremos) que la «inocente» (las comillas son importantes) Zona Gris sea
la antesala (intencionadamente, o porque no se logre controlar la escalada) de una
guerra, ya se trate de una Guerra Hibrida o de una guerra convencional. Eso puede
acontecer, ora porque la Zona Gris no logra cubrir sus objetivos; otrora porque su
auténtica función era preparar el terreno para el ulterior tránsito a una Guerra
Hibrida. Algo que no podemos descartar, siquiera sea como hipótesis de trabajo.
La suma de estas cosas hace que la delimitación del concepto de zona gris sea
especialmente delicada y problemática. E incluso que sea antipática. Máxime
cuando quienes tratan de asumir el reto de pensar, asesorar y planificar, son
militares o están imbuidos en los estudios militares. Las razones son muchas: la Zona
Gris es poco transparente, nada proclive a enseñar sus cartas y muy volcada hacia la
creación de la máxima confusión posible. Con todo, en las siguientes páginas
propondremos un concepto que sea lo más claro y operativo posible.
En todo caso, no hay grandes sorpresas en lo que se refiere a su contenido. Los
supuestos básicos a los que se suele aludir serían los cambios de liderazgo, la
redefinición de fronteras, o el realineamiento de los Estados. Así como, claro está,
aquellos casos en los que se combinan varias de esas situaciones. En ese
conglomerado se incluyen:
Los cambios de régimen o, incluso, los meros cambios de gobierno, a
condición de que eso tenga implicaciones geopolíticas de envergadura.
La anexión de una parte del territorio de otro Estado. Es el caso más
complicado, pero también el más lucrativo.
Los principales teóricos de la Guerra Hibrida admiten que en la Zona Gris, se
incluyen muchos elementos que no se dan en las Guerra Hibrida. Lo cual sugiere que
la noción de Zona Gris trae consigo un nuevo arsenal conceptual, para el que sin
perjuicio de la posible (y hasta probable) existencia de solapamientos o de
continuidades, es precisa desarrollar una tarea analítica como la que aquí se
desarrolla.
Por lo demás, Olson y Echevarría demuestra que; Una posibilidad para resolver
esta primera cuestión es distinguir guerras de amenazas, para llegar a la conclusión
de que lo que sí existen son «Hybrid Threats». Amenazas que todavía no han dado
pie a una guerra abierta, pero que anuncian la presencia de conflictos latentes de
intereses, así como la incomodidad de, alguno de, los actores implicados con el statu
quo vigente.
Ahora bien, si el diagnóstico es correcto, esa «Open Warfare» será una Guerra
Hibrida con mayor probabilidad que una guerra convencional. De este modo, el
concepto capaz de abrazar tanto a la Zona Gris como a la Guerra Hibrida sería,
efectivamente, el de «Hybrid Threat».
Por lo tanto, la inmensa mayoría de los expertos consideran que la Zona Gris se
opone, ya sea a la existencia de una «Open Warfare» con independencia del tipo de
guerra de la que estemos hablando- (es el caso de Chambers, Koven, Echevarría o
Freier), ya sea a la existencia de una «Overt Warfare» (caso de Mazarr, Brands, o
Votel et aler). Esto es así, precisamente, para evitar las implicaciones de todo tipo
(políticas, diplomáticas, jurídicas, económicas, sociales, etc) de derivar hacia una
guerra abierta.
En todos los casos, la Zona Gris supone que no estamos en una Guerra Hibrida,
puesto que, por definición, una Guerra Hibrida incorpora ingredientes propios de
una guerra convencional, ya sea por el carácter abierto (o parcialmente abierto) del
enfrentamiento armado, ya sea por el tipo de armas y tácticas desplegadas.
No obstante, lo cual, a partir de esta primera aproximación al concepto,
planteada en su contrario, queda igualmente claro que la doctrina mayoritaria
asume que la Zona Gris no es incompatible con la existencia de operaciones
encubiertas protagonizadas por militares (aunque también por otras agencias del
actor implicado).
Por el momento, como refuerzo del punto anterior, hay que decir que en todo
caso la Zona Gris debe su existencia o su continuidad a que no se traspase el umbral
que define las guerras abiertas. Umbral que, consecuentemente, permitiría (o
exigiría) la respuesta internacional. A su vez, ese umbral es definido a través de un
doble rasero.
Por un lado, el que está contenido en las normas del DIP vigente,
fundamentalmente la CNU. Pero también, por otro lado, aquél que tiene que ver
con la experiencia acumulada y la práctica estatal.
Por lo tanto, para que la Zona Gris sea plenamente efectiva, respondiendo a su
propia función decir, limitando y controlando el riesgo de escalada hacia una
«Open» u «Overt» warfare- habrá que estar atento tanto a las implicaciones
jurídicas como a las político-estratégicas de las medidas que se vayan adoptando,
tratando en todo momento de que no se cruce ninguno de esos umbrales (no
necesariamente idénticos).
Se ha planteado, asimismo, un interesante debate acerca de hasta qué punto las
dinámicas propias de la Zona Gris, constituyen una alternativa al inicio de una guerra
abierta o tan sólo una preparación para desarrollar en el futuro una guerra abierta
(probablemente en forma de Guerra Hibrida). Si consideramos que el concepto de
guerra abierta incluye las guerras híbridas y las convencionales, o incluso que hasta
las guerras convencionales más citadas en los manuales contienen importantes
componentes híbridos la primera lectura parece prudente: la auténtica oposición se
establece entre la Zona Gris y las guerras («Black Zone», en definitiva). En ese
sentido, es coherente plantear la Zona Gris, como alternativa conceptual y empírica
a la Black Zona. Constituye, en definitiva, un medio no-violento, o bien una campaña
dotada de una violencia en gran medida encubierta y en todo caso limitada, que ni
siquiera constituye su ingrediente principal.
Sin embargo, no es menos cierto que el establecimiento de un espacio conceptual
definible como Zona Gris puede ser útil también para preparar a todos los niveles
(social, ideológico, logístico, comunicativo, de obtención de inteligencia, en
ocasiones económico, etc) un escenario que pueda convertirse en lo que en
términos anglosajones podríamos definir como el «future battlespace». En esta
segunda lectura, el despliegue de argumentos propios de una Zona Gris, puede ser
el preludio de un conflicto armado, es decir, lejos de ser su alternativa, sería su
condición de posibilidad. La Zona Gris, pasaría a ser parte integrante de una
estrategia planificada a más largo plazo. Tanto es así que al final de ese intencionado
continuum podría ser complejo distinguir el momento exacto en el que se pasa de
las dinámicas propias de la Zona Gris a las que ya serían específicas de una Guerra
Hibrida.
La lógica inherente a este segundo planteamiento es doble: además de la ya
citada de abonar el terreno pensando en una futura guerra abierta, el Estado que
active la Zona Gris tratará de que su oponente tenga dificultades para identificar el
momento (punto de inflexión) a partir del cual se traspasan los umbrales del
conflicto armado susceptible de generar una respuesta internacional.
Conclusiones
Por último, algunos autores advierten que la Zona Gris podría (debería) ser
también útil para enfrentar con posibilidades de éxito las dinámicas post-conflicto
(armado). Precisamente porque la victoria militar no suele ser un criterio suficiente
para determinar que los objetivos han sido cubiertos. La razón estriba en la
posibilidad de que la situación social, política o económica vuelva a empeorar,
entrando en una espiral de constante acción- reacción armadas.
En cualquiera de los tres escenarios que acabamos de poner sobre la mesa (Zona
Gris como alternativa, Zona Gris como preparación y Zona Gris como explotación de
una guerra abierta) la Zona Gris no sólo se define a partir de la mera utilización de
estrategias o instrumentos específicos, alejados de la guerra abierta. Además de
ello, forma parte de su definición que los objetivos pergeñados a través de la Zona
Gris sean los propios de una guerra, pero mediante otros instrumentos.
La razón de ser de la Zona Gris remite, por consiguiente, a «warlike aims «wartime-
like objectives» o «campaigns characteristic of warfare but without the overt use of
military force». Esos fines equiparables a los propios de una guerra se extienden,
según algunos analistas, a la provocación de cambios de régimen44. En cualquier
caso, existe un amplio consenso al considerar que cualquier concepto de Zona Gris
que pretenda ser útil deberá incluir no sólo reflexiones concernientes a los medios a
emplear, sino también a las metas a alcanzar. Los unos sin los otros difícilmente
pueden recibir la catalogación de Zona Gris.
Referencias
BAQUÉS, Josep. «Los grupos armados sub estatales como fuente de inestabilidad:
warlords, jefes de clan, milicias», en VVAA. Actores armados no estatales.
Retos a la seguridad global. Cuaderno de Estrategia nº 152, 2011, pp. 101-
130.
BAQUÉS, Josep. «El papel de Rusia en el conflicto de Ucrania: ¿La Guerra Híbrida de
las grandes potencias?». Revista de Estudios en Seguridad Internacional
(RESI), Vol. 1 (1), 2015.
BAQUÉS, Josep. «Las Guerras Híbridas: un balance provisional», DT 01, Madrid: IEEE,
2015.
BRZEZINSKI, Zbigniew. El gran tablero mundial. Barcelona: Paidós, 1998.
SHARP, Gene. La lucha política no-violenta. Criterios y métodos, Santiago de Chile:
Ediciones CESOC, 1988 [1973].
WEBER, Max. Sobre la Teoría de las Ciencias Sociales. Barcelona: Península, 1974
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