0% encontró este documento útil (0 votos)
141 vistas110 páginas

Amor y desafíos en la mansión Patterson

Este documento presenta la introducción de una historia donde Scarlett Brandon asiste a una entrevista de trabajo para ser niñera en la mansión de los Patterson. Al llegar, conoce a Evan Patterson, de 5 años, y al señor William Patterson, quien le informa que el trabajo implicaría cuidar también de Theodore Patterson, un chico ciego que ha espantado a las últimas 20 niñeras debido a su comportamiento difícil desde que quedó ciego.

Cargado por

Emiley Molleja
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
141 vistas110 páginas

Amor y desafíos en la mansión Patterson

Este documento presenta la introducción de una historia donde Scarlett Brandon asiste a una entrevista de trabajo para ser niñera en la mansión de los Patterson. Al llegar, conoce a Evan Patterson, de 5 años, y al señor William Patterson, quien le informa que el trabajo implicaría cuidar también de Theodore Patterson, un chico ciego que ha espantado a las últimas 20 niñeras debido a su comportamiento difícil desde que quedó ciego.

Cargado por

Emiley Molleja
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Prólogo

—Así que tú eres la nueva intrusa. —Su manera tan pedante


de referirse a mí me ofendió un poco.

No, no un poco, mucho.

Extendió su bastón blanco hasta que la punta de este golpeó


con brusquedad mis botas negras. Entonces, dio tres pasos
hacia mí para quedar cara a cara. Estaba tan cerca de mi rostro
que podía ver las pecas de esparcidas en su nariz y sus ojos a
través del cristal oscuro. No podía fijarme de qué color eran
exactamente, ya que su ceño estaba fruncido.

—Te calculo una semana —soltó, ladeando ligeramente su


cabeza, como si estuviese analizando algo—, eso porque Evan
me dijo que eras joven.

Y ese, señoras y señores, era Theodore Patterson, el chico


ciego que terminé cuidando durante el verano.

Y… el chico del cual me enamoré.


Capítulo 1

Vaya, la casa era más grande de lo que esperaba.

No, corrección: la mansión era más grande de lo que esperaba.

Eso de seguro no ayudaba a calmar mis nervios, los cuales


comenzaban a aumentar en cuanto mi auto avanzaba por el
largo camino lleno de árboles frondosos e imponentes. Era
impresionante cómo estos de alguna manera se unían,
formando una especie de arco con sus ramas encima de la
carretera. Incluso ellos parecían

Sí, bueno, creo que me estoy distrayendo en otra cosa para


tratar de calmar la necesidad de regresar a mi casa y buscar un
trabajo de verano en una cafetería local o algo así.

Gracias a mi querida amiga Bess es que estoy aquí hoy, ella


movió sus contactos para conseguirme esta entrevista con una
aparentemente rica familia. No sabía mucho de los Patterson, la
verdad, sólo acepté porque en serio necesitaba un respiro de la
monótona semana de entrevistas fracasadas que había tenido.

Aunque aprendí varias cosas sobre estas:

1. Nunca lleves escotes pronunciados.


2. Nunca uses faldas cortas.
3. Nunca trates de ser más amable de lo que se te pide.
4. La mayoría de los hombres son unos malditos babosos,
pervertidos y/o pedófilos.

Tuve máximo dos entrevistas por día. Cafeterías,


restaurantes, hoteles, carnicerías, salvavidas, tutora, entre otras
cosas, pero debido a mi mala suerte, todas habían terminado en
total y épico fracaso, tomando en cuenta que la mayoría que me
entrevistaba eran chicos coquetos, hombres babosos o
lesbianas.

¡Qué genial, ¿no?!


No tengo el cuerpo tan voluptuoso como otras, ni tengo
pechos demasiado grandes, aunque me considero una chica
promedio, me di cuenta que la sociedad estos días era una
completa mierda. A un hombre parecía ponerle cachondo
cualquier cosa que respiraba. Al octavo toque de pierna
“accidental”, me rendí en la búsqueda.

Entonces, allí me encontraba yo, empujada por Bess a venir a


mi última oportunidad de poder darme el lujo de aceptar la
beca que esperaba por mí en la Universidad de Penn.

Me mordí el labio, vacilando hacia la caja de seguridad que


había frente a un gran portón de hierro negro con toques
dorados. Detrás, se podía apreciar una pintoresca y lujosa casa
en medio de un terreno con increíble césped verde.

Mi Dios, esto parecía sacado de una postal.

—Eh… hola —titubeé al apretar el botón de la caja, esperando


a quien alguien respondiese.

—Buenas tardes, ¿puedo ayudarla en algo? —Una profunda y


elegante voz proveniente de la caja me sobresaltó.

—Soy Scarlett Brandon, vengo para una entrevista de trabajo


—le expliqué, percatándome de que mis nervios estaban
apoderándose de mí otra vez.

<<Tienes esto Scar, es sólo una entrevista, como cualquier


otra.>>

Me llevé otro susto más en cuanto las rejas comenzaron a


abrirse sin previo aviso.

—Pase adelante, señorita Brandon —me indicó el hombre de


la caja.

Introduje mi preciado Dodge Caliber 2007 hacia lo que había


catalogado yo como un extenso paraíso verde. Siempre había
soñado con tener una casa como aquella. Bueno, no tanto la
casa, sino lo cuidada y pulcra que se veía. Mi madre, pues, ella
le va más a sentarse a fumar en la sala mientras espera que le
sirva la cena. No es mucho de limpiar.

De hecho, ella es una de las razones principales por la que


estoy aquí ahora mismo. Alice —Alias, mi madre—, no
apoyaba mi sueño de ir a la universidad. Incluso cuando me
gradué con horones de la secundaria y recibí una carta de Penn
diciéndome que podría entrar como becada, su felicitación fue:
“¿Para qué ir a la universidad cuando puedes quedarte a cuidar
de tu madre?”.

O mejor dicho: Mantenerla.

La mandé a la mierda mentalmente y decidí que no me


quedaría estancada como ella. Tenía un auto propio ganado
con mucho sudor y esfuerzo, inteligencia y… la mayoría de
edad, así que básicamente podría tomar mis cosas cualquier día
de la semana y largarme de casa de una buena vez. Sin
embargo, seguía teniendo un corazón bastante blando, así que
estaba consciente de que era ella había sido la persona que me
crio durante tantos años. No iba a negar que dolía tener que
separarme de ella, pero más dolía que ella no apoyara lo que
quisiera perseguir.

Sacudí la cabeza y aparqué el auto donde lo creí más


apropiado y luego salí, echándome a andar hacia la imponente
puerta principal. Y cuando digo imponente, me refiero a que
simple vista se veía cara, pesada e invaluable.

Antes de siquiera tener que tocar el timbre, la pesada puerta


se abrió lentamente, y un hombre mayor, de unos sesenta y
tantos, alto y vestido formal, apareció frente a mí.

La mirada examinadora que tenía en sus celestes ojos me


intimidaba.

—Así que usted es Scarlett —me dijo el hombre, haciéndose


un lado de la puerta—. Pase, por favor.

Oh, joder, esta casa era mejor por dentro.

Estaba alucinada con los decorados, el ambiente, los colores


monocromáticos, todo estaba perfectamente ordenado como si
acabases de entrar a una exposición de arte moderno. El techo
era alto, muchos cuadros y pinturas, paredes blancas, grises.
Con tan solo decir que el recibidor era dos veces más grande
que mi sala y mi cocina juntas.

—Puede esperar en la sala mientras busco al señor Patterson


—me indicó, el que parecía ser el encargado aquí.

Me acompañó a la dichosa sala y me ofreció asiento en un


grande sofá de cuero color crema. Tenía forma circular y estaba
adornado con varios cojines de colores vivos. Ni quiero hablar
de lo espaciosa que era aquella habitación.

Un movimiento a mi derecha captó mi atención y segundos


después, una pequeña cabeza rubia se asomó por una de las
puertas, haciéndome soltar un suspiro involuntario ante su
hermosa y adorable presencia.

Era un niño de uno cinco o seis años, de alborotado cabello


rubio, suave piel blanca y lindos ojos azules, los cuales en ese
instante me miraban con suspicacia.

—¿Tú quién eres? —me preguntó con su cautivante vocecita.

Siempre había amado a los niños.

—Hola, pequeño, soy Scarlett, ¿y tú? —me presenté,


extendiendo una mano hacia él.

Él la miró por unos segundos.

—Hola, Scarlett, yo soy Evan Patterson —El pequeñín decidió


tomar mi mano y sacudirla de arriba abajo.

—Un gusto conocerte, Evan —me reí, divertida—. ¿Qué edad


tienes?

—Cinco —respondió, sonriéndome encantadoramente.

—¿Cinco? Pero si pareces ya todo un hombre —bromeé,


revolviendo su cabello.

Evan soltó una adorable risa.

—Es que ya soy un hombre grande —me dijo, parándose


recto y sacando el pecho.

Me eché a reír. Este niño no podía ser más tierno.

—Evan, ¿no te dije que esperaras en tu habitación? —Los dos


dimos un salto y nos volvimos hacia el umbral.

Un hombre bastante alto, guapo, con cabello entre castaño y


canas, piel blanca y unos lindos ojos verdes, estaba parado bajo
el umbral, con los brazos cruzados.

—¡Papi! —El pequeño Evan salió corriendo de mi lado para


aterrizar en los brazos de su padre.

Así que ese era el señor Patterson.


—¡Hola, enano! —lo saludó el hombre, apretujándolo con sus
fuertes brazos—. Ve a jugar con Theo un rato, ¿sí? Papi tiene
que atender a la señorita.

Evan le sonrió radiante, antes de asentir con la cabeza,


obediente, darle un beso en la mejilla y salir corriendo hacia el
otro lado de la casa.

Me levanté rápidamente, volviendo a mi papel de tratar de


lucir profesional y seria.

—Buenas tardes, señor Patterson. Scarlett Brandon —Extendí


mi mano hacia él, como toda una profesional.

Él la tomó y la estrechó enseguida.

—Llámame William, por favor —me pidió risueño, mientras


se sentaba en un sillón de la sala que hacía juego con lo demás
—. Me haces sentir viejo. Toma asiento.

Lo obedecí y me senté frente a él, colocando mis manos sobre


mi regazo, tratando bastante fuerte de no lucir nerviosa.

—Entonces, Scarlett. —El señor Patterson se encorvó sobre su


asiento y me examinó por un momento—. Bess te recomendó y
me envió tu currículo. Después de leerlo, creo tienes potencial.
Has tenido bastantes trabajos a pesar de tener solo dieciocho, te
graduaste con honores de la escuela. Además, es claro que te
llevas bien con niños.

—Gracias —dije con timidez, sintiendo que me sonrojaba.

Él me dedicó una risa entre dientes, para luego ponerse serio


muy de repente.

—Bien, Srta. Brandon —retomó, haciéndome sentir un poco


incómoda—, le tengo que preguntar esto antes de continuar…
¿Estaría dispuesta a cuidar de un chico ciego?

¿Qué? ¿Ciego?

Bess no me había dicho nada de eso.

Esto no estaba en mis planes.

—Verá… Él se ha vuelto un poco… complicado desde que


pasó lo que pasó —William siguió hablando, sin dejarme
preguntar nada aún.
Sus ojos reflejaron tristeza y supe a lo que se estaba
refiriendo. Bess me había contado que era viudo desde hacía
poco tiempo. Sin embargo, nunca me mencionó que tenía un
hijo… ciego.

—Aproximadamente veinte niñeras han renunciado al puesto


en los últimos dos meses. Theo las ha molestado y enojado
hasta ese punto.

Bueno, esto tampoco estaba ayudándome.

—Sí, es un chico difícil, pero no te asustes —Él me sonrió,


viendo mi expresión divertido—. Es bueno cuando lo conoces.

<<Sí, claro.>>

—¿Y qué edad tiene Theo? —le pregunté, dándome cuenta


que era una preguntar clave en esta conversación.

—Dieciocho también.

Casi me ahogo con mi propia saliva. Lo miré, desconcertada


durante unos largos segundos. ¿Él me estaba pidiendo cuidar a
un chico de mi edad? Esto se estaba tornando bastante raro.

—¿Tiene mi edad?—tosí.

—Señor, ¿desea algo de tomar o de comer? —intervino en la


habitación el mismo hombre mayor que me atendió más
temprano.

—¿Usted quiere algo, señorita Scarlett? —El Sr. Patterson se


volvió hacia mí.

—Agua estaría bien, por favor —pedí tímidamente.

—Sólo tráenos dos vasos con agua, Ángelo —le ordenó, para
luego dirigir su vista hacia mí de nuevo—. Bueno, sí, es de tu
edad.

—¿Cómo es que quiere usted que cuide a un chico de mi


edad? —No pude evitar preguntar, la pregunta brotó de mi
boca en el segundo que pasó por mi mente.

—Todas las niñeras anteriores eran mayores y al parecer,


Theo no se llevaba nada bien con ninguna de ellas —me explicó
—. Es por eso que decidí tratar de cambiar la dinámica, pensé
que con una chica de su edad sería mucho más fácil. Necesito
una niñera para Evan cuando no estoy en casa y también
alguien que pueda lidiar con alguna situación que ocurra con
Theodore. De esta forma, pienso pueden llegar a ser amigos y
él no tratará de estropear nada, fue una de las tantas razones
por las que acepté hacerte la entrevista.

Asentí lentamente, comenzando a entender su punto.

Sin embargo, aún no estaba segura de que quería hacer esto.


En toda mi vida de secundaria he evitado a toda costa ser parte
de los juegos de cualquier adolescente contemporáneo. Con
juego, me refiero, a socializar en absoluto.

Era tan nerd en la escuela que me llamaban Scarlett la


Nerdoneitor, y como ven, eso no era un lindo apodo para atraer
a chicos lindos.

—Veo en ti ese algo que me hace confiar en que los dos


estarán en buenas manos —retomó el Sr. Patterson—. Hasta lo
que puedo notar, actúas bastante profesional para ser tan joven.

No pude evitar sonreír agradecida.

—Ahora hablemos del pago.

Sí, ese era un punto muy importante.

—Estoy dispuesto a pagar una cantidad considerable de


dinero si aceptas el trabajo —dijo, para entonces tomar los
vasos de agua que Ángelo había traído ya y ofrecerme uno—.
Además de un hospedaje cómodo, ya que Bess me informó que
se te hace un viaje largo de tu casa a esta, puedes quedarte en la
casa de huéspedes durante el verano, o como se te haga más
cómodo.

Estas propuestas se hacían cada vez más comprometedoras.

—Tu salario sería de unos $25 por hora. —Casi me atraganto


con el agua al escuchar esa cantidad de dinero.

Comencé a hacer cálculos en mi mente. Si eran $25 por hora,


lo multiplicaba por ocho horas de trabajo, eso era unos $200.
Entonces, en siete días obtendría $1.400 y serían $5.600. Por
último, contando cuatro meses trabajando hasta que el verano
terminara, mi ganancia sería aproximadamente de unos…
$22.400.

Me tenía que estar jodiendo.


—¿$25 ha dicho? —pregunté, con los ojos muy abiertos por
la sorpresa.

—¿Es muy poco? ¿$30 te parece mejor? —me preguntó,


sonando desesperado.

¿Muy poco ha dicho? Con todo ese dinero puedo ser capaz
de pagar fácilmente un cómodo apartamento cerca del campus.

No había más nada que discutirle al Sr. Patterson. Esta era


una oportunidad única que no iba a rechazar.

—$25 está bien, señor… William —Recobré la compostura—.


Y sí, sí, por supuesto que acepto el trabajo.

Él se levantó con entusiasmo y yo lo imité, viéndolo


divertida.

—¡Fantástico! —expresó—. ¿Puedes comenzar mañana?

—Eh… claro, sí —acepté, contagiándome de su entusiasmo


en una sonrisa.

—Fue un placer, Scarlett —El señor comenzó a caminar hacia


el recibidor, conmigo pisándole los talones—. Y bienvenida a la
familia Patterson.

Bueno, esto sería divertido.

***

—¡Mamá, suelta la maleta, vamos! —le reproché, luchando


contra ella.

No se había tomado tan bien la noticia sobre irme por un


tiempo de la casa. Se había puesto histérica y ahora estaba
tratando de detenerme cuando se me hacía tarde en mi primer
día. Era un viaje largo, y yo me encontraba ahí todavía,
luchando contra la fuerza de mi madre.

—¿Por qué tienes que irte? —replicó, dejando de ejercer


fuerza por un segundo—. ¿Quién cuidará del jardín? ¿Y quién
va a levantarme en las mañanas para no llegar tarde al trabajo?
¡¿Quién va a cocinar?! No te vayas, Scar, por favor, por favor.

Mi pecho se apretó. Claro, por eso era que no quería que me


fuera, ¿quién haría las cosas bien en casa si yo no estaba para
mantener el orden? No era porque me extrañaría o porque se
sentiría sola, era por eso… porque ella simplemente no podía
mantenerse por sí misma.

Puse los ojos en blanco y jalé bruscamente mi maleta.

—Creo que eres bastante grande para sobrevivir, Alice —le


dije en tono frío—. Y ya voy tarde a mi primer día. Gracias,
mamá, de verdad.

—Ni siquiera conoces a estas personas —insistió, siguiendo


con su habitual espectáculo de madre sufrida.

—El señor Patterson es un hombre bastante educado, así que


no vengas a meterme ideas en la cabeza, ¿de acuerdo? —
farfullé, enojada—. Además, si tú no me hubieses dicho que no
pagarías nada que tuviese que ver con la universidad, no
estaría haciendo esto ahora mismo. Tendrás que vivir con ello,
Alice.

Su mirada me hizo creer por un segundo en que de verdad


podría extrañarme.

—Vendré en cuanto pueda, trata de no quemar la casa, por


favor —resoplé con fastidio—. Adiós, Alice.

—Adiós, Scarlett —me gruñó, dándose la vuelta y


desapareciéndose en la cocina.

Suspiré con cansancio y le di una última mirada a la casa,


antes de salir a un lugar donde no sabía lo que me esperaba.
Capítulo 2
—¡Me alegra mucho que hayas aceptado el trabajo, amiga! —
me dijo una Bess muy animada por el teléfono.

Puse los ojos en blanco mientras giraba en volante a mi


derecha para entrar al camino de la casa de los Patterson.

—Sabes que te mataré, ¿no? —le reproché, recordando los


“pequeños detalles” que había olvidado mencionar—. Nunca
me dijiste que había un chico ciego… y de mi edad.

—Oh, vamos, Scar —Escuché cómo reía—. ¿Hubieras ido si


te lo hubiese dicho?

Me tardé en responder, sopesando sus palabras. Tenía toda


la razón. Sí, probablemente habría pasado de la oferta si ese
detalle hubiese surgido en la conversación.

—En mi defensa, estoy segura de que la baba se te va a salir


en cuanto lo veas —dijo, divertida—. Unas amigas que lo
conocen me han dicho que el chico es todo un bombón.
Personalmente, nunca lo he conocido, ya que dejó de asistir a
las reuniones de socios de su padre desde hace tiempo. Habrá
que ver para creer, amiga.

Totalmente genial, ahora tendría que lidiar con un aparente


modelo en carne y hueso, algo que nunca me había atrevido a
hacer en la escuela, pero tendría que sacar las fuerzas de donde
no las tenía e intentar soportarlo. Ya había aceptado esto, no
había vuelta atrás.

—No creas que ya me contenté contigo —le aclaré, fingiendo


disgusto—. Te llamaré luego para hablar sobre lo que harás
para compensarme.
—Está bien, Señora Soy Completamente Virgen y Alérgica a
los Chicos Ardientes — se burló—. Espero que tu llamada
traiga noticias positivas.

Puse los ojos en blanco. Me alegraba saber que yo era la


normal de este dúo.

Colgué sin nada más que discutir con ella y puse mi atención
en la caja de seguridad frente a la mansión de los Patterson.
Ángelo –el encargado—, me había dado la clave para entrar y
la había memorizado. El dilema ahora era… cómo rayos debía
ingresarla.

Vaya dilema para una cerebrito como yo.

Luego de estar alrededor de cinco minutos discutiendo en


voz alta con la estúpida caja que no me dejaba entrar, el señor
Patterson se percató de mi presencia y abrió la reja desde
adentro.

No saben cuán agradecida estaba, casi pierdo la paciencia.

—Disculpe la tardanza, tuve que resolver un asunto antes de


venir —me disculpé en cuanto lo tuve frente a mí.

Él simplemente me sonrió.

—Está bien, imagino que estabas despidiéndote de tu familia.

Sí, una agradable y cariñosa despedida por parte de mi


querida madre.

Hoy William vestía totalmente diferente a cómo lucía en la


entrevista. Había dejado su camiseta y pantalones deportivos
para enfundarse en un elegante traje azul marino. Se veía que
estaba en modo negocios.

Estos chicos tenían un padre muy atractivo.

Debería de dejar de pensar en eso ahora mismo.

—Llegaste justo a tiempo, tengo que ir a las oficinas en diez


minutos. —Dejó de mirarme por un momento para fijarse en su
ostentoso reloj—. Los negocios de familia no tienen vacaciones,
¿no?— bromeó entonces.

Reí entre dientes. No sabría decirle.


—Quería darte las indicaciones personalmente, pero recibí
una llamada de último momento, así que Letty te enseñará
dónde dormirás y otras cosas de la casa. Debo irme ya, nos
veremos más tarde, señorita Scarlett —se despidió, un poco
apresurado.

Eh, ¿quién rayos era Letty?

—Oh, tú debes ser Scarlett, la nueva niñera. —La repentina


voz de alguien a mis espaldas me hizo pegar un salto del susto.

Aquella voz provenía de una adorable señora mayor, cerca


de la edad de mi madre. Su ropa se escondía detrás de un
delantal de cocina y sus pequeños ojos marrones me trasmitían
una sensación de calidez y cariño que hizo que me cayera bien
sin ni siquiera conocerla aún.

—Yo soy la cocinera del señor Patterson, Letty García. —Ah,


Ahora entendía el acento.

Y ya para este punto, no me sorprendía de que la familia


tuviera una cocinera personal.

—Mucho gusto, señora García. —Acepté su amigable


estrechón de manos con una honesta sonrisa en mis labios.

No sabía lo que tenía esta señora que me hacía sentir un


automático cariño hacia ella.

—Eres una chica muy hermosa —me halagó, tomándome del


brazo para comenzar a caminar. Parecíamos estar rodeando el
jardín delantero—. El señor me dijo que a Evan le agradaste
mucho. Ese niño es como un rayo de sol, ¿no lo crees?

Sonreí. Sí, el pequeño Evan era una dulzura, no podía negar


que estaba algo ansiosa por verlo de nuevo… y por conocer a
su hermano.

—¿Señora García?—dije, dudando en si preguntar o no.

—Letty, Letty para ti, linda —contestó, riendo entre dientes.

—Letty… ¿Cómo es Theodore? ¿Debería preocuparme por


algo? El señor Patterson lo hace ver como alguien… difícil.

La hermosa sonrisa que tenía en su rechoncho rostro se


desvaneció, haciéndome retractar de lo que había dicho.
—Era un chico muy agradable antes de que la señora y él
tuviesen el accidente. Sonreía más, hablaba más con su padre y
socializaba con todo el mundo. Ahora parece que el niño Evan
es la única persona que puede sacarle una sonrisa de vez en
cuando —comentó, con una mirada de pura nostalgia.

Me sentí mal al saber un poco sobre situación de esta familia.


No podía imaginarme perder a una persona tan especial para ti
de un segundo a otro. Nunca conocí a mi papá, o bueno, estaba
muy pequeña cuando nos abandonó. La diferencia entre perder
a alguien querido y nunca haber conocido era mucha, pero
podía entender un poco el sentimiento de ausencia.

—Pero, puedo asegurarte que cuando le llegas a donde


debes, ese joven te tratará más que bien. Sé que sigue teniendo
un buen corazón debajo de toda esa tragedia que lo envuelve.

La cálida expresión de Letty volvió en una sonrisa, una


extraña, una que no pude identificar. Una llena de recuerdos.

—Bueno, joven Scarlett, esta es la casa de huéspedes —me


señaló, haciéndome volver hacia una pintoresca casa incluso
más grande que la mía—. Aquí pasará su verano.

Vaya, esto era demasiado. Aunque, no tanto como para decir


que no.

A medida que las horas pasaron, Letty se convirtió en una


querida nueva amistad. Se había estado comportando genial
conmigo y hasta se ofreció a cocinarme todos los días, las tres
comidas, y postre si quería. Debía admitir que era una experta
en la cocina también y no me molestaba en absoluto hacer mi
propio plato de comida, ¿pero quién le diría que no a una
persona tan agradable como ella?

Después de darme todo el tour por la gigantesca casa y antes


de dejarme acomodar mis cosas en la casa de huéspedes, me
indicó que los chicos se encontraban jugando en la parte de la
piscina. Oh, sí, tienen una piscina en el jardín trasero, y está
frente a donde iba a estar quedándome.

Me sentía un poco nerviosa en el momento en que me


encaminé hacia allí. Era algo patético sentirse así, ya que él ni
siquiera podría verme, ¿no?
<<Mierda, ¿en serio acabo de pensar eso? Qué horrible
persona soy.>>

—¡Es Scarlett!

El entusiasmo de Evan al verme y su sorpresivo gesto de


correr hacía mí, me bajó todos los nervios que había acumulado
hasta ahora.

—¡Hola, pequeñín! —lo saludé, esperándolo con mis brazos


abiertos—. ¿Cómo estás el día de hoy?

—Papi me dijo que vendrías hoy, estábamos esperándote —


comentó el chiquillo, deshaciendo el abrazo de oso, para
tomarme la mano y jalarme hacia alguna dirección.

¿”Esperándote”? ¿En plural?

—Scarlett, él es mi hermano, Theo.

Creo que me quedé mirándolo más tiempo del adecuado,


pero es que mis ojos no podían creer que yo iba a tener que
cuidar al chico que se encontraba frente a mí.

Theo era un chico alto, bastante alto, yo diría que alrededor


del metro ochenta y cinco. Tenía piel blanca y cremosa, un poco
enrojecida por el sol de verano. Sus brillantes ondas castañas
estaban alborotadas y despeinadas, tal vez avisándole que
necesitaba un corte de cabello. Y como si la vista no me hubiese
puesto suficientemente nerviosa y ruborizada, traía una
camiseta sin mangas, la cual dejaba a la vista unos brazos
musculosos y trabajados. Gracias a Dios, sus ojos estaban
ocultos tras unas gafas de sol, porque ya había tenido suficiente
con… todo él.

—Hola… soy la nueva niñera.

Eso fue lo único que pudo salir de mi boca en ese instante.

Genial.
Capítulo 3
Bien, él no estaba sonriendo ahora. Todo lo contrario, en el
momento en que las palabras <<Soy la nueva niñera>> fueron
dichas, sus facciones se endurecieron y su mandíbula se tensó,
haciéndome sentir más intimidada de lo que ya me encontraba.

—Así que tú eres la nueva intrusa. —Su manera tan pedante


de referirse a mí me ofendió un poco.

No, no un poco, mucho.

Extendió su bastón blanco hasta que la punta de este golpeó


con brusquedad mis botas negras. Entonces, dio tres pasos
hacia mí para quedar cara a cara. Estaba tan cerca de mi rostro
que podía ver las pecas de esparcidas en su nariz y sus ojos a
través del cristal oscuro. No podía fijarme de qué color eran
exactamente, ya que su ceño estaba fruncido.

—Te calculo una semana —soltó, ladeando ligeramente su


cabeza, como si estuviese analizando algo—, eso porque Evan
me dijo que eras joven.

—Bueno, yo iré a jugar mientras ustedes se conocen, adiós.

La angelical voz del niño interrumpió nuestro pequeño


momento, cosa que me ayudó a reaccionar a la desagradable
situación que me encontraba viviendo con este claramente
insolente chico rico.

Sin esperar respuesta, Evan corrió lejos de nosotros,


dejándonos en la misma posición. No nos habíamos movido ni
un centímetro. Esto se había convertido en una especie de
guerra silenciosa para ver quién bajaba la guardia primero. Y
yo no pensaba perder.

—Tú no me conoces —le repliqué, haciéndome cargo de


demostrar lo molesta que me había puesto su comentario.

—Claro que te conozco —espetó, con una arrogante media


sonrisa naciendo de sus labios—. Así cómo a todas las que
estuvieron aquí antes. Vienen por el dinero y algo más. Es el
trabajo perfecto, ¿cierto? Padre, viudo, rico, poderoso, ¿bastante
bien para una trepadora, no? ¿Cuánto te pagará? ¿Treinta?
¿Cuarenta la hora? A la última le ofreció cincuenta por
quedarse y no renunciar, pero supongo que no pudo soportar
la presión.

Me contuve para no abofetearlo ahí mismo. ¿Quién se creía


que era para asumir todas esas cosas de mí? Él no tenía derecho
a tratarme de esa manera sin siquiera conocerme. Cualquier
imagen que tenía del chico por más atractivo que fuese, quedó
aplastada por este odioso ogro lleno de mierda.

En vez de acudir a la violencia, evité dejarme llevar por sus


palabras –como sabía que él deseaba— y me dispuse a
destrozarlo de una mejor forma.

—¿Terminaste el berrinche? —le pregunté, alzando una ceja.

Pude ver que Theodore se sorprendió con mi reacción.

—¿Es eso lo que le dijiste a las anteriores para que huyeran


tan rápido de aquí?— retomé, sintiéndome satisfecha al ver que
su rostro comenzaba a lucir más y más exasperado—. Porque si
es así, creo que esta vez no te está funcionando, pequeño
malcriado. Sólo para que sepas, que hagas lo que hagas, digas
lo que digas, no pienso irme de aquí. Necesito el dinero, no por
ambición, ni por trepar posiciones, ni cualquier cosa que estés
pensando, lo necesito para poder irme a la universidad.

Sus cejas se alzaron al escuchar la palabra “universidad”,


haciéndome sonreír satisfecha. Supongo que no se esperaba
tener una niñera de su misma edad.

—Sí, tengo tu misma edad, amigo, ¿avergonzado ahora? —Di


un paso atrás para poder respirar con normalidad de nuevo. Su
cercanía me hacía sentir incómoda—. Porque deberías estarlo
—finalicé, dejando escapar la risa que me había estado
aguantando.

Un segundo después de lo que fue mi triunfal contraataque,


escuché el sonido del agua chapotear y me volví rápidamente,
sobresaltada. Entré en pánico cuando vi la cabeza rubia de
Evan dentro del agua.

—¡Evan!

Debo admitir que en ese momento me dejé llevar por puro


instinto. Me quité las botas a la velocidad de la luz y me
zambullí a la piscina, nadando como pude hasta él. Mi corazón
estaba golpeando dolorosamente mi pecho al momento en que
lo llevaba hasta la orilla. Él parecía estar tratándome de decir
algo, pero lo único que podía escuchar eran los latidos de mi
corazón, bombeando en mis tímpanos.

Estaba muerta de miedo y preocupación. Apenas era mi


primer día y ya casi dejaba que Evan se ahogara por estar
discutiendo con el idiota de su hermano.

—¿Estás bien? ¿Cómo caíste? ¿Tragaste mucha agua? ¿Cómo


te sientes? —pregunté frenética, examinándole el rostro en
busca de alguna herida al caer.

—Estoy bien, Scarlett, estoy bien —me contestó, sonando


más tranquilo de lo que esperaba—. Solo me caí, igual sé nadar,
no tenías por qué lanzarte así, estoy bien.

Tardé un momento en procesar lo que me había dicho. Toda


la adrenalina del momento se convirtió en vergüenza
rápidamente y me vi a mí misma volteándome hacia Theodore,
quien, por supuesto, tenía una engreída sonrisa en su rostro.

—¿Avergonzada ahora? —dijo en voz alta y en un tono


burlón—. Porque deberías estarlo.

Y sin decir nada más, comenzó a caminar dentro de la casa,


sin dejar de sonreír.

En resumen: Llevarme con este chico no sería nada fácil.

***
Aunque fuera difícil de creer, mi día laboral mejoró.

Gracias a Dios, Theo no se cruzó más en mi camino en el


transcurso de la tarde y logré pasar el tiempo tranquila junto
con Evan, jugando en el jardín o simplemente viendo la TV. El
niño era rayo de sol, tal como Letty me había dicho. Siempre
quise tener un hermanito a quien pudiese cuidar y mimar, pero
como ya saben, con una madre como la mía, no podría darme
ese lujo.

Para cuando el señor Patterson volvió a casa, ya era hora de


cenar. Evan y yo habíamos ayudado a Letty a hacer una
deliciosa cena y a preparar la mesa.

—¿Cómo te ha ido en el primer día, Scarlett? —me preguntó


William, deshaciéndose de la chaqueta de su traje y dejándola
en el espaldar de su silla—. ¿Has conocido a Theo?

Evan dejó escapar una risita.

—Sí, lo conoció. Y papi, me caí a la piscina y Scarlett se lanzó


a salvarme con su ropa puesta.

¿Era yo o él se estaba burlando de mí?

Creo que sí.

—No tenía idea de que sabía nadar. —Me encogí de


hombros, sintiéndome avergonzada.

El señor Patterson se echó a reír a carcajadas, haciéndome


sonrojar aún más.

—Lo siento, no debí reírme, lo siento —se disculpó, tapando


su boca con una mano, aguantando la risa.

Bueno, debía admitir que me habría reído de lo ocurrido si el


odioso de Theo no me lo hubiese echado en cara.

Hablando del ogro… ¿no bajaría a cenar con su familia?

—¿Debería llamar a Theo para que venga a cenar? —le


pregunté al señor Patterson, confundida de que fuese el único
que faltaba en la mesa.

—Oh, no, él… Él no cena con nosotros, siempre lo hace en su


habitación. —Pude ver la incomodidad pasar por los ojos del
hombre.
—Eso me recuerda… —intervino Letty, extendiéndome un
plato de comida con una pequeña sonrisa—. ¿Puedes llevarle la
cena al joven Theodore? Es que mis piernas están cansadas y
Ángelo no está por acá cerca.

Estaba casi segura de que había alguna otra intención oculta.

¡Letty, pensé que estabas de mi lado en esto de pensar que el


chico ciego era desagradable!

—Bien. —Traté lo más posible de no sonar tan fastidiada—.


Descuida, lo haré por ti.

—Gracias, linda, eres increíble.

Maldije para mis adentros mientras subía las escaleras. Lo


menos que quería era verle la cara de nuevo, lo cual era
absurdo porque prácticamente me estaban pagando por
hacerlo y era algo así como obligado.

¡Qué buena suerte la mía!

Tuve el impulso de tocar, dejar el plato en el suelo e irme,


pero sería bastante malo de mi parte y estaría rebajándome a su
nivel. Debía demostrarle que el incidente de la piscina no me
había afectado para nada.

Toqué la puerta un par de veces y esperé respuesta,


impaciente. Unos largos segundos después, esta se abrió y por
un momento, me olvidé del plato en mi mano al ver los
marcados abdominales de Theodore destacando en su torso
desnudo. Pero no, eso no fue realmente lo que me tomó fuera
de guardia.

Fueron sus ojos.

Sus ojos… eran… increíblemente… hermosos.

Ni siquiera podía describir la mezcla de colores. Azul celeste,


verde claro y motas doradas; una perfecta combinación de los
tres. Era como… era como todos los colores de la Tierra
mezclados en un par de ojos.

—¿Letty? ¿Ángelo? — Pegué un salto, saliendo de mi trance


—. ¿Eres tú, Ángelo? ¿La cena está lista?

—No… soy yo. —Aclaré la garganta con fuerza,


recomponiéndome de aquel momento de debilidad.
Y tal como esta mañana, al escuchar mi voz, el rostro de
Theodore se endureció.

Capítulo 4

—Antes de que digas cualquier otra cosa, Letty me mandó


aquí —le hice saber—. Aunque, personalmente, creo que
deberías bajar a cenar con Evan y tu padre.

Él enarcó una ceja con suficiencia y soltó una seca risa.

—¿Y lo que tú creas debe importante porque…?

Fruncí los labios con disgusto, regañándome mentalmente


por haber pensado durante un momento que él tenía algo de
atractivo. Bueno, sí lo tenía, pero con tan solo abrir su bocota y
soltar idioteces, opacaba cualquier rasgo físico positivo y
favorecedor.

—La comida —masculló, estirando ambos brazos hacia mí—.


Pon la comida en mis manos y vete.

—¡Ja! Increíble —bufé, incrédula.

Esto ya se salía de control, no toleraría su actitud por más


tiempo. Necesitaba ponerlo en su lugar y dejar las cosas claras
si de verdad pretendía quedarme todo el verano y soportar sus
idioteces.
—De verdad necesitas relajarte un poco, ¿bien? ¿Nadie te ha
dicho que actúas como un imbécil la mayoría del tiempo? Que
estés ciego no significa que la gente se tiene que tragar toda tu
mierda. Si quieres hacerte el miserable y ardido chico enfermo,
no tienes por qué descargar tu odio en otras personas y mucho
menos a las que se preocupan por ti.

No me importaba si había cruzado la línea. El chico me había


realmente cabreado; era un malcriado, creído y no dejaría que
estropeara esta gran oportunidad para mí, por la simple razón
de que quería llamar la atención o joderme por satisfacción.

Claramente, se sintió afectado por mis palabras, ya que su


ceño se frunció, su expresión de suficiencia se desvaneció y se
tardó en atacarme de vuelta.

Y me sentí un poco mal, pero solo un poco.

—¿Ya terminaste de hablar? —Entonces, Theo volvió a ser el


Theo que llevaba un día conociendo y que genuinamente
detestaba.

—¿Acaso quieres que siga?

—¿Sabes qué? Llévate el plato de vuelta a la cocina, ya no


tengo hambre —farfulló, arrugando su nariz.

Antes de que pudiera bajar sus brazos, mi mano viajó a la


suya para detenerlo. Él dio un brinco de sobresalto en cuanto
nuestra piel tuvo contacto. Era la primera vez que lo tocaba, y
no pude negar que algo en mi interior también brincó.

—Lo siento, no hay devoluciones. —Puse el plato en la palma


de su mano y aparté la mía instantáneamente, viéndome
repelida por aquella extraña sensación—. No te desharás de mí,
Theodore, tengo mucha tolerancia, créeme cuando te digo esto,
he lidiado con personas peores que tú.

—¿Ah, sí? ¿Personas como cuáles? —preguntó, fingiendo


lucir interesado, alzando una ceja.

—Mi madre —le contesté con el mismo tono amargo con que
él había hecho la pregunta.

Al parecer, la palabra “madre” era punzante para él, ya que


las comisuras de sus labios bajaron hasta formar una línea recta
y sus hermosos e indescriptibles ojos se entornaron,
quedándose en esa misma posición unos aterradores segundos.
No sabía si disculparme por la palabra o hacerme la tonta. Su
reacción me había bajado la guardia.

Mi estómago se revolvió de culpa, y de la buena.

Sabía que el tema de las madres era delicado para él.

Demonios, acababa de estropear la única esperanza de hacer


una especie de tregua con este chico.

—El verano apenas comienza, intrusa, y como veras, tengo


todo el tiempo del mundo para hacer que te vayas por donde
viniste. —No sabía si alegrarme porque su idiotez había
regresado o enojarme por su amenaza (y su ridículo
sobrenombre)—. Tal vez Evan esté encantado contigo, pero a
mí… —Su rostro se inclinó hacia el mío a tal punto que
nuestras narices casi se chocaron—. No me agradas para nada.

Aguanté la respiración mientras volvía a erguirse, alzando


sus labios en una pequeña sonrisa de satisfacción. Luego, entró
a su habitación y cerró la puerta en mi cara.

Cuando bajé de nuevo las escaleras, fingí que todo había


salido de maravilla con Theo y me dispuse a tomar mi comida
para llevarla conmigo a la casa de huéspedes, pero Evan y su
padre insistieron en que me quedara a cenar en la mesa y
aunque sentía que Theodore debía estar aquí también, no le di
más vueltas al asunto, había tenido mucho de él por un día.

El señor Patterson definitivamente se había ganado mi


respeto en apenas dos días. No estaba segura si era por el hecho
de que nunca había tenido una figura paterna y viéndolo a él
siendo tan buen y considerado padre con Evan me hacía sentir
extraña. Era una sensación de bienestar que nunca tuve estando
con Alice y eso despertó mi interés en saber cómo era su
difunta esposa. Pero ni siquiera me atrevería a sacar el tema en
mi primer día aquí.

Mi día terminó estropeándose de nuevo al oír que no me


encontraría con Letty todos los días, ya que como era verano y
tenía que ir con sus hijos, solo vendría tres días a la semana
para cocinar y dejar algunas cosas guardadas para después.
Ahí se iba por el caño la ilusión de tener a alguien adulto y
agradable con quien hablar además de William.
***

Dormí como un bebé, la cama era mil veces más cómoda que la
mía, esos que dicen que no había lugar como el hogar estaban
equivocados, no había dormido así en mucho tiempo, sin tener
que escuchar a mis vecinos discutir en su porche, o
despertarme a las cinco de la mañana porque Alice volvió a
atascar máquina de café.

Mis ojos se abrieron molestos por la claridad y me giré para


ver el reloj de mi teléfono. Eran las nueve de la mañana, y el sol
veraniego estaba atravesando sin piedad el lindo ventanal
frente a la gran cama donde me encontraba. En cualquier otra
situación me hubiese dormido otra vez, pero siempre quise
tener una habitación con balcón para poder despertarme,
pararme ahí en las mañanas y tomar aire fresco. Mi casa ni
siquiera tenía una segunda planta.

Casi me olvidaba que estaba en una especie mansión y que la


casa de huéspedes quedaba justo detrás, atravesando el jardín
trasero, donde ahora contemplaba las exóticas flores y los
increíblemente verdes arbustos. El lugar era en serio hermoso.

Alcé la vista del paisaje y enseguida me encontré a lo lejos


con un ventanal mucho más grande que el mío. Hacía un
segundo, las cortinas estaban cerradas, pero ahora, tenía claro y
nítido acceso a una espaciosa y moderna habitación de chico.
¿La de Theodore quizá?

Theodore apareció en mi precioso panorama, respondiendo


mi reciente pregunta. Esta mañana llevaba puestos unos
simples bóxeres de cuadros y su tonificado torso estaba, de
nuevo, desnudo. Una toalla color naranja colgaba de su
hombro como si estuviese listo para ir al baño. Me esforcé por
apartar la mirada, pero fue en vano.

Se detuvo frente a su cama y parecía en busca de algo; sin


embargo, no pude agudizar mi vista para ver qué era
exactamente. Pero lo que me tomó bastante desprevenida fue lo
que comenzaba a hacer a continuación… él estaba quitándose
sus bóxeres.

¡Por Jesucristo bendito y sagrado, tenía una clara vista de su


trasero ahora mismo!
—Oh mi Dios. Oh mi Dios —expresé, desviando la mirada
abruptamente en cuanto él empezó a girarse hacia la ventana.

Corrí dentro de la habitación y cerré hasta las cortinas. Mi


corazón se encontraba acelerado y ya no necesitaba ningún café
para despertarme. Ese suceso me había espabilado por
completo.

Mientras me lavaba los dientes y me cambiaba el pijama,


traté de olvidar a Theodore y su… trasero, aunque me fue un
poco difícil, logré dejarlo atrás y hacer como si no hubiese visto
nada.

Tenía que volver a mi papel de estricta niñera de nuevo y


eso… obviamente era una distracción.

—Buenos días, Scarlett —me saludó el señor Patterson,


saliendo de la mansión con otro elegante traje puesto—. ¿Has
dormido bien?

—Buenos días, William, sí, he dormido mejor que nunca —lo


saludé de vuelta con una amplia sonrisa.

—Tengo que salir ya, el desayuno está en la cocina, Letty lo


ha dejado antes de irse. Evan sigue durmiendo, pero cuando
despierte me gustaría que lo llevaras a un parque cercano aquí
para que juegue con sus amigos. Puedes llevar a Theodore si
desea. La dirección está en el GPS del C Sedán 300c, puedes
conducirlo.

Mi boca se abrió sorprendida, ¿acaba de darme permiso para


conducir un Chrysler 300c? Este era el mejor trabajo de mi vida.

—Guau, gracias, me aseguraré que todo esté en orden por


acá, que tenga un bien día en el trabajo. —No pude ocultar mi
repentino entusiasmo.

Él me dedicó una pulcra sonrisa.

—Tú también, dile a Evan que estaré temprano hoy en casa


para que juguemos al Xbox un rato —me dijo divertido, antes
de dirigirse hacia la entrada, donde un hermoso BMW color
plata lo esperaba aparcado.

Comenzaba a preguntarme qué tipo de negocio llevaba el Sr.


Patterson.
Me despedí con un agite de manos hasta que estuvo lejos,
entonces me di la vuelta y me adentré en la casa, directamente
yéndome a la cocina, donde me encontré con Ángelo
acomodando un desayuno completo en una bandeja.

—¿Cómo se encuentra el día de hoy, señorita Brandon?

No me terminaba de acostumbrar a su recta postura y su


cortés lenguaje.

—Excelente, ¿para qué la bandeja, señor LeDour? —inquirí,


aunque haciéndome la idea de que era para el chico ogro.

—El joven Theodore ha ordenado su desayuno en la


habitación —me contestó con su habitual cara de póker.

¿Estaba hecho de piedra o qué? ¿O era una especie de robot?

—¿Esto es un hotel? Porque no lo sabía. —Enarqué una ceja


con sarcasmo—. ¿Puedes hacerme un favor, Ángelo?

El dejó la bandeja sobre la barra para poner toda su atención


en mí. Pude jurar que vi una pizca de humor saltar en su rostro.

—¿Qué desea que haga? —Su pregunta contenía lo que yo


llamaba una completa disposición. Me sentí alegre al saber que
tenía al hombre de hielo de mi lado también.

—¿Puedes subir a la habitación del joven Theodore y decirle


que yo, su niñera, le pido que baje a comer su desayuno como
gente normal? Y si insiste en que no, que yo, su niñera, iré arriba
y lo haré bajar sea como sea, ¿de acuerdo? ¿Harías eso por mí?
—le pedí, poniendo mi mejor cara de empleada profesional.

¿Acaso esa era una sonrisa? ¡Vaya! Hice a Ángelo sonreír por
una milésima de segundo, pero lo hizo. Punto para Scarlett.

—Enseguida, señorita…

—Scarlett, llámame Scarlett, Ángelo. —Le guiñé el ojo y lo


observé mientras abandonaba la habitación.

Escuché sus pasos subiendo las escaleras y esperé, con una


sonrisa de satisfacción que no parecía querer abandonar mi
rostro. Luego de algunas voces y un portazo, los pasos de
Ángelo se escucharon cerca de nuevo y asomó su cabeza asomó
por la entrada de la cocina.
—El joven Theodore bajará enseguida —me anunció, para
luego desaparecer de nuevo sin darme tiempo de agradecerle
su ayuda.

Un par de pasos junto con golpes secos –que asumí que era
su bastón—, se acercaban cada vez más a mi locación. Un
momento después, Theodore –ya vestido, gracias a Dios—,
entró a la cocina con cara de pocos amigos.

—Si bajo las escaleras tengo el riesgo de caerme —farfulló


con disgusto sabiendo que me encontraba presente—. Buena
movida, intrusa.

—Pero no lo hiciste —le dije con tranquilidad, acercándome


para ayudarle a encontrar su desayuno—. Eres ciego, no
inválido, eso es sólo una excusa. Creo que tienes que saber
cuántos escalones hay en tu propia casa, ¿no?

Él se quedó callado. Otro punto para Scarlett.

—Te estás sobrestimando mucho —terció fríamente mientras


tanteaba en busca de algo.

—Aquí —guie su brazo hasta donde estaba la bandeja de


comida.

No quería tener que tocarlo de nuevo y sentir aquellos


choques eléctricos que había experimentado al tocarlo antes,
pero no podía ser tan mala tampoco. Debía ser profesional.

—Tu desayuno está justo al frente.

Tanteó y tomó un tenedor para comenzar a comer, sin


siquiera darme las gracias. Bueno, no podía quejarme, hacerlo
bajar a desayunar ya era un gran paso.

Lo observé comer su desayuno en silencio.

¿Y saben lo que se me vino a la mente de repente, sin


ninguna aparente razón?

Sí, su desnudo trasero.


Capítulo 5
—Déjalo ya, por el amor de Cristo bendito —le espeté a
Theodore sacada de quicio, volviendo a poner el CD de
Coldplay a sonar en el increíble auto que me encontraba
conduciendo.

Nos dirigíamos al parque que me llevaba el GPS. Les digo,


no fue fácil convencer a Theo de venir con nosotros, pero logré
hacer un trato con él; aceptaría venir si lo dejaba tranquilo
durante el resto del día, no lo molestaría más, ni invadiría su
burbuja de idiotez… y créanme, no fue difícil aceptar sus
condiciones. El trato era un ganar-ganar, sin duda.

Sin embargo, Theo se había comprometido a dificultarme el


paseo, desde que salimos de la casa buscaba cualquier cosa
para joderme. Como justo ahora, que nos encontrábamos
teniendo una batalla debido nuestros diferentes gustos
musicales. Él quería escuchar un maratón de AC/DC en la
radio, y yo quería escuchar a mi banda favorita Coldplay. Evan
simplemente se quedaba observándonos en silencio en la parte
de atrás.

—El auto no es tuyo, es prácticamente mío, así que puedo


poner lo que me dé la gana —sentenció el ogro, apretando un
botón que apagó la voz de Chris Martin en Paradise y mis
oídos comenzaron a palpitar al escuchar Back in Black.

No era que no me gustaba la banda de rock, era sólo muy


temprano para tanto bullicio.
Gruñí en voz alta, girando el volante hacia donde el GPS
indicó, la repentina voz de una mujer diciéndome “Ha llegado
a su destino” me sobresaltó y oculté mi torpeza antes de que mi
copiloto se percatara.

El lugar no era tan grande, pero a juzgar de las personas tan


imposiblemente perfectas y forzosamente elegantes para un
simple patio de juego, deduje que no cualquiera podía venir
aquí. No bromeo, creo haber visto más de un par de bolsos
Chanel y zapatos Gucci mientras buscábamos una banca donde
poder sentarnos.

—¿Ya puedo ir a jugar? Mi amigo Billy me está esperando —


me preguntó la vocecita de Evan, jalando de mi blusa para que
lo mirara.

Me agaché hasta quedar a su nivel y mirarlo a sus lindos


ojos.

—Puedes ir, pero ten cuidado. Si necesitas algo búscame, ¿de


acuerdo? No te vayas muy lejos, no quiero perderte de vista. —
Me sentí como una sobreprotectora madre e intenté ignorar esa
pequeña sensación de saber si Theodore había escuchado eso.

Honestamente, no me sorprendería si se molestara por tratar


tan bien a su hermano.

—Está bien. —El niño me sonrió radiante, antes de acercarse


por un sorpresivo beso en la mejilla y salir corriendo hacia los
demás niños.

Era toda una dulzura, no me cansaría de decirlo.

Me senté junto al detestable ogro en la banca de madera. Él


ahora tenía puestos sus audífonos con el volumen tan alto que
hasta yo podía escuchar la poderosa voz de Axel Rose
cantando Welcome to the Jungle.

Pasaron algunos minutos en los cuales nos limitábamos a


estar callados. Theodore seguía en su mundo de Guns N’ Roses
y yo procuraba seguir con mis ojos cada movimiento que Evan
daba. Sentía que estaba siendo tal vez demasiado paranoica,
pero en verdad no quería perderlo de vista.

Sacudí mi repentino estado de sobreprotección e intenté


distraerme con algo más. Saqué mi teléfono y lo revisé. Cero
llamadas sin contestar de Alice. Cero mensajes de texto. Cero
de mensajes de voz. Genial, mi madre al parecer se había
olvidado de mi existencia o estaba demasiado enojada por
dejarla que ahora no me hablaba. Cualquiera de los escenarios
hacía que se me apretara el corazón.

Siempre había estado clara en que nuestra relación estaba


lejos de ser convencional y tradicional; que no éramos la madre
e hija que van al centro comercial de compras y hornean
galletas juntas. No obstante, su actitud muchas veces seguía
afectándome, como si los años nunca hubiesen avanzado y yo
continuara siendo aquella niña esperanzada, aquella que
esperaba algo más de su madre; apoyo, protección y seguridad.
Eso que nunca tuve al crecer. Y para este punto, nunca iba a
tener.

Mi tono de llamada Viva la Vida sonó al momento en que


pretendía guardar mi teléfono para volver a mi trabajo. Lo
saqué de nuevo del bolsillo de su chaqueta y vi el identificador
de llamadas con la esperanza de que fuera mamá.

Pero era sólo Bess.

Miré en dirección a Theodore, por suerte, él seguía con sus


audífonos puestos. Al tenerlo de perfil, pude notar que sus ojos
estaban cerrados tras sus gafas de sol y sus piernas seguían el
ritmo de cualquiera que fuese la canción que escuchaba. Su
posición era despreocupada, relajada, con la cabeza
ligeramente hacia atrás como si estuviese tomando el sol. Se
veía bastante atractivo.

Bien, la llamada de Bess.

—Creí escuchar que me llamarías la última vez que


hablamos. —Era agradable escuchar su voz, apenas habían
pasado un par de días y ya la extrañaba.

—Lo siento, no he tenido tiempo —me disculpé sinceramente


—. Cuidar a dos niños no es algo fácil.

—¿Ya conociste al ciego? —Puse los ojos en blanco,


desconcertada. ¿Podía ser menos discreta esta chica?—. ¿Cómo
es? ¿Es lindo, ardiente o sexy? ¿Extremadamente sexy?
¿Tirable?
—¿Tirable?— Le pregunté, enarcando una ceja, divertida—.
¿Es esa una nueva palabra? ¿La han puesto en el diccionario
ya? Lo siento, no estoy aún familiarizada.

—Scar, sabes a lo que me refiero, no le des vueltas al asunto


—me reprochó con tono de fastidio—. Sigo esperando la
respuesta, amiga.

—Él es… —Le eché una mirada de reojo, bajando la voz sólo
en caso de que escuchara algo de esta conversación—. Él es un
completo idiota.

Escuché a Bess bufar al otro lado de la línea.

—Kathlyn, te pregunté acerca del físico, no que si es un


idiota o no. No intentes voltear la cosa.

Ugh. Odiaba cuando me llamaba por mi segundo nombre.


Odiaba a muerte mi segundo nombre.

—Tiene los ojos más hermosos que jamás he visto en mi


vida. —Traté de no sonar tan ridícula, pero mi suspiro al
recordar aquellos ojos no se contuvo. Por alguna razón, cada
vez que los recordaba me robaban el aliento—. No estoy
exagerando, Bess. Y también tiene cuerpo atlético, muy atlético.
—Y un lindo trasero, quise decir, pero no lo dije,
probablemente se volvería loca.

—Vaya, ¿o sea que es tirable? —airó, atontada—. ¿O sea que


puede ser que la virgen María deje de serlo antes de la
universidad? ¿Antes de que acabe el verano?

—¡Bess! —repliqué con mis mejillas coloradas—. ¡No haré


nada con nadie! Y mucho menos con un idiota ogro como él.
Estoy aquí por trabajo y lo sabes.

—Uh-oh, ¿percibo algo de tensión por ahí? ¿De tensión


sexual quizá? ¿Te atrae el chico? —opinó, sugerente—. Sabes
que puedes decírmelo, no tienes que ocultar nada de mí.

—Nos odiamos desde el preciso momento en que nos


conocimos. Hemos discutido la mayoría del tiempo, no me
agrada, es un odioso imbécil. Los amigables genes de la familia
al parecer no funcionaron con él. —Con tan sólo pensar en sus
palabras me hacía querer gruñir—. En resumen, prefiero
involucrarme con un árbol, al menos sé que tendrá más
sentimientos que él.
—Nunca digas nunca, Scar, el verano es largo y las cosas
pueden cambiar, hasta entonces, estaré esperando esa llamada
que me harás para contarme como salió todo, con detalles, por
supuesto —me dijo, dejando escapar una de sus risitas
malévolas.

—Esa llamada nunca llegará, así que no la esperes —espeté


—. No pasará nada sexual, o mucho menos, amoroso entre ese
ogro y yo. Jamás.

—Scarlett, Scarlett, tan ingenua Scarlett…

—Nada. Pasará. Y punto.

—Apuesto a que sí.

—No, Bess, no apuestes nada, perderás.

—Estoy bastante segura de que no perderé.

—Sí lo harás.

—No lo haré.

—¡Sí lo harás!

—¡No lo haré, Scarlett!

—Adiós, Bess, tengo que volver a mi trabajo.

—Bien, adiós, y no perderé, me recordarás cuando todo pase,


ya verás.

Colgué, molesta. Para Bess, todo se trataba de chicos


“tirables”, a veces se tornaba irritante. El hecho de tener a
Theodore y a mí en una misma oración, de esa manera, era
indiscutible. Primero, esto era un trabajo y no pensaba
estropearlo. Segundo, el tema del sexo era delicado para mí,
mamá se había encargado de convertirlo en un acto que me
aterraba. Pero eso es otra conversación.

Puse mi atención de nuevo en el parque. Evan se encontraba


jugando a salvo con un grupo de niños, parecía que todo estaba
en orden hasta ahora, así que desvié mi vista hacia otro lugar,
dispuesta a conocer más el lindo espacio.

Me encontré con un castillo de juego, donde se encontraban


jugando muchas niñas bien vestidas. Se reían y corrían
alrededor como si fuesen perseguidas por algo, me dio mucha
gracia y recordé que a esa edad yo no tenía tiempo para jugar
de esa manera. Mi niñez se resumió a ayudar a Alice en
cualquier trabajo que consiguiese para pagar las deudas que
terminaba teniendo como consecuencia de su adicción al
alcohol.

Entorné mis ojos, al notar algo extraño junto a un muro del


castillo de madera. Una personita vestida de amarillo
permanecía sentada en el suelo, abrazando sus piernas y con la
cabeza castaña entre las rodillas. Parecía que la niña lloraba.

Busqué con la mirada alguna mujer con cara de


preocupación, pero no encontré a nadie en especial. No pude
resistirme y me levanté para acercarme a la pequeña. Los niños
cuando lloran son mi completa debilidad.

—Hola, ¿estás bien? —le pregunté, inclinándome hacia ella.

La niña alzó su cabeza y se vio asustada por un momento.

—Tranquila, no voy a hacerte daño, es sólo que te he visto


llorar —le expliqué en un tono suave—. ¿Te has lastimado?

Ella negó con la cabeza mientras se secaba las lágrimas.

—¿Te has perdido entonces?

Ella volvió a negar con la cabeza.

Cuando iba a preguntar otra cosa más, una mujer —bastante


joven— se acercó a nosotras, frunciendo el ceño con recelo
hacia mí.

—Cariño, ¿por qué estas llorando? —Su rostro se suavizó al


ver que la pequeña tenía sus mejillas mojadas.

—La vi hace un momento y me acerqué, pregunté que le


pasaba pero no quiso hablarme. Supongo que le enseñó bien el
no hablar con desconocidos —dije, sonriéndole con amabilidad.

La mujer era increíblemente joven, podía tener unos fácil


veintisiete o veintiocho, no había manera de que pasara los
treinta. Era más alta que yo y tenía un sedoso cabello dorado,
cualquier otra persona diría que se trataba de una modelo, sus
ojos eran marrones y su piel levemente bronceada y cuidada.
Hermosa.
—Gracias por preocuparte —Ella me devolvió la sonrisa,
sosteniendo a la niña en sus brazos, esta enterró su cabeza en el
cuello de su madre.

—Oh, no hay de qué.

—Mi nombre es Lilianne. —Extendió su mano hacia mí, no


teniendo otro remedio que estrecharla—. Ella es mi hija, Sue.

—Mucho gusto, soy Scarlett. —Le di un cariñoso apretón en


su mano.

—No te he visto por aquí antes, ¿acabas de mudarte? —me


preguntó, luciendo curiosa por saber más acerca de mí.

—No, soy la nueva niñera de un niño, aquel que está allá. —


Señalé a Evan con mi dedo a lo lejos.

Lilianne asintió lentamente.

—Ah, de Evan Patterson, ahora comprendo porque no te


había visto antes. Supongo que Nadia renunció. —Y yo
supongo que Nadia era la antigua niñera.

—Sí, empecé hace dos días. —Me encogí de hombros, tímida.

—¿Y hasta ahora cómo va? —La mujer me dedicó una linda
sonrisa.

Me agradaba.

—Creo que puedo manejarlo, si sabes a lo que me refiero. —


Inconscientemente, las dos nos volvimos hacia Theodore, el
cual aún se encontraba en la misma posición en la banca.
Parecía una condenada estatua.

—Así que ese es el famoso Theodore que las otras tanto


hablaban, en mi cabeza era el diablo en persona. —Vaya, hasta
su risa era contagiosa.

Esperen… ¿Él nunca ha venido acá antes?

—¿Theodore nunca había venido antes al parque? —le


pregunté, frunciendo el ceño.

—No, usualmente las niñeras sólo traían a Evan, y


descargaban todo su odio contra el hermano mayor en este
lugar. ¿Cómo hiciste que viniera, de todos modos?
No supe responder esa pregunta, estaba algo conmocionada.
Claramente había sido la primera en lograr sacar al ogro de su
cueva. Sonreí como si me acabase de decir que me gané la
lotería.

—Oh, lo siento, se me hace tarde para visitar a mi madre. —


Su resoplido me hizo volver en sí—. Me caes bien, Scarlett, es la
primera niñera de los Patterson que parece cuerda.

No pude evitar reír.

—Anota mi número de teléfono —me pidió, dándome


tiempo para sacar mi teléfono y anotar los números que me
dictaba—. Espero que podamos seguir nuestra conversación en
otra ocasión.

—Sí, a mí también —respondí, aceptando otro apretón de


manos de despedida.

—Fue un placer conocerte —dijo mientras caminaba lejos de


mí.

Bueno, había hecho una amiga más.


Capítulo 6

Argh, estaba muerta de sed.

¿Lo malo? Ángelo se había olvidado de dejarme un poco de


cosas en el refrigerador que tenía abajo en la cocina de la casa.
Sabía que no iba a dormirme de nuevo sin haber bebido un
vaso de agua. Era una de las tantas manías mías. El insomnio
ya era parte de mí desde hacía años.

Eché un vistazo al camino que había desde acá hasta la


puerta trasera de la mansión y suspiré de alivio al notar que
había suficiente luz para atravesarlo sin estremecerse de miedo.

El señor Patterson me había dado un juego de llaves de


emergencia así que sería bastante fácil; solo tendría que entrar,
ir a la cocina, llenar la jarra de agua y salir. Nadie iba a darse
cuenta, la casa era demasiado grande como para que alguien
me oyese.

Caminé junto a la piscina, se veía tan cristalina y provocativa


que me sentí tentada por un momento a lanzarme, pero tenía
que enfocarme. Necesitaba agua para tomar, no para
zambullirme en ella.

La cocina se encontraba junto a la sala, así que no fue tan


difícil pasar desapercibida. La casa de concepto abierto no me
daba la oportunidad de tropezar con nada o hacer ruido.

Bien, agua y de vuelta a la casa de huéspedes. Sólo eso.

Todo el plan iba de maravilla, hasta que una silueta se


incorporó en medio del lugar, haciendo mi corazón saltar de
terror por unos segundos.

—Maldición. —Un quejido salió de aquella silueta,


delatando su identidad.

¿Qué carajos hacía un Theodore sin camiseta a las tres y algo


de la madrugada deambulando aquí abajo? ¿Acaso trataba de
torturarme siempre con su abdomen descubierto o qué mierda?

—Así que no puedes bajar de día, pero sí de noche. ¿Eres


vampiro entonces? ¿Debería asustarme? —Decidí hablarle,
tanteando la pared en busca del interruptor de la luz.

—¡¿Qué mierda haces aquí?! —expresó el ogro, pegando tal


salto que tuve miedo de que fuera a caerse al tropezarse con
cualquier objeto cercano.

Me encontraba lista para darle una convincente respuesta,


pero al ver su mano izquierda ensangrentada, me alarmé
inmediatamente.

—¿Con qué te hiciste daño? —Me acerqué a él para examinar


la herida más de cerca. Sentía pánico cuando alguien se
lastimaba.

Miré hacia abajo y los vidrios de un difunto vaso sobre el


suelo me contestaron la pregunta.

—Oh, ¿cómo pasó? —Comenzaba a molestarme que no


estuviese contestando ninguna de mis preguntas.

—No sabía que había un vaso en el camino, lo derribé sin


querer. —Al fin me contestó, su mano temblaba un poco, al
parecer estaba intentando ocultar su dolor—. Trataba de
recoger los pedazos y me corté con el vidrio.

—Déjame ver —mascullé, acercando mis manos a la suya.


En cuanto nuestra piel se rozó, apartó su mano con
brusquedad.

—No necesito tu ayuda —me espetó con frialdad, dando un


paso lejos de mí—. Eres empleada, sólo limpia los pedazos
faltantes.

Tuve el fugaz pensamiento morboso de dejarlo desangrarse


por ser tan engreído y estúpido. Pero tenía suficiente corazón
como para dejarlo morir en tal caso.

—Soy tu niñera, no tu ama de llaves —le dije mirando


alrededor, buscando un kit de primeros auxilios que sabía que
tenían por acá—. ¿Dónde está el kit de PA?

—Dije que puedo hacerlo solo.

—Dime donde está, estás sangrando mucho —presioné con


voz autoritaria—. Si crees que te dejaré aquí desangrándote,
estás equivocado. En mi mente quizá te odie, y créeme que lo
hago, pero no quiero ir a la cárcel por tu culpa, así que dime
donde está.

Él apretó los labios y la mandíbula disgustado. Genial, esa


era la señal de mi grandioso triunfo.

—Tercera alacena a la derecha —escupió, apoyándose sobre


la barra y cerrando sus hermosos ojos.

Mejor, así no tendría que distraerme con ellos.

—¿Puedo preguntar porque bajaste a las tres de la mañana


aquí sin alguien que esté alrededor? —indagué para
entretenerlo del dolor un poco, buscando la cajita con la cruz
roja donde él me había indicado.

—Yo soy el que tiene que preguntar qué pretendías hacer en


mi cocina a las tres de la mañana sin nadie alrededor —
comentó, sin abrir los ojos aún.

—Yo pregunté primero.

—Y yo soy el dueño de esta casa, intrusa.

Resoplé sonoramente, llena de frustración.

—Ángelo olvidó llenar el refrigerador, necesitaba beber agua


y no había. No podía volver a la cama sin antes beber agua —le
expliqué mientras echaba un vistazo dentro del kit, sacando lo
necesario para curar la herida—. Es algo extraño, lo sé, es sólo
que no puedo dormir.

Su cara mostró diversión y me sobresalté cuando lo escuché


reír. No una risa sarcástica, una risa real. Me gustaba esa risa,
debía practicarla más.

—¿Me estás diciendo que no puedes dormir si no tomas un


vaso de agua cuando tienes sed? —preguntó enarcando una
ceja, con sus ojos ya abiertos, mirando hacia mi dirección.

Sus ojos brillaban como un par de esmeraldas. Dios, que me


volvían demasiado tonta.

—No es sólo cuando tengo sed, también es igual con el


hambre, preocupación, estrés, ya sabes, cosas así, ¿entiendes?
Sufro de insomnio.

—Totalmente. —Él asintió lentamente, con los labios


apretados, reprimiendo otra risa.

—Tu turno, ogro —tercié, acercándome a él con un algodón


lleno de alcohol.

—No podía dormir. —Se encogió de hombros y su aire de


diversión se esfumó—. Tuve una pesadilla, usualmente me dan
insomnio.

Tomé su mano, ignorando con todas mis fuerzas la extraña


sensación que me transmitía el contacto con su piel. Él se vio
afectado de la misma manera, ya que pude ver cómo su
guardia se suavizaba y su rostro drenaba cualquier expresión
de suficiencia. Teniendo cuidado, pasé el algodón
superficialmente sobre la línea que el vidrio había trazado en la
palma de su mano. Al sentir el ardor, Theo soltó un leve
quejido de molestia, pero a medida que seguía curándolo, se
limitaba a gemir entre dientes, haciéndose el fuerte.

—Debes lavarlo por la mañana, sino se infectará —le


aconsejé luego de unos largos y tensos segundos de silencio—.
Si te duele, puedes tomar analgésicos.

Cerré la herida con una gasa y dejé ir su mano, sintiendo mi


respiración trabajar de nuevo con normalidad.
—Ya estás listo, lo has hecho genial, ¿quieres una paleta de
compensación, valiente chiquitín? —Imité la voz de alguna
empalagosa pediatra.

Él sólo soltó un bufido, irguiéndose de nuevo, sacando su


pecho y dándome una agradable vista de su torso sin ropa.

Lo odio. Lo odio. Lo odio.

—El alcohol sólo me dio cosquillas. —No pude evitar reír de


su comentario.

—Sí, claro —dije, sarcástica—. Vuelve a tu habitación, yo me


encargaré del desastre que dejaste aquí. Esto te costará muchos
días de actividades sin reproches —advertí, divertida.

Se guio por la barra hasta llegar a su bastón.

—No te equivoques conmigo, esto no significa que ya somos


amigos, intrusa. Aún estamos en guerra —me espetó,
caminando hacia la salida—. Buenas noches —añadió, esta vez
sonando amable.

Este chico era raro, sin duda. Difícil de entender.

—Buenas noches —respondí, viéndolo desaparecer en la


oscuridad del vestíbulo.

***

Al día siguiente, Evan me pidió llevarlo por un helado, y por


supuesto, no pude decirle que no. El señor Patterson había
salido de buen humor luego de almorzar con sus hijos. Sí, como
leyeron, Theodore bajó a comer con su familia.

Y ahora se encontraba siendo mi copiloto de nuevo, pero en


mi auto esta vez.

—¿Por qué escuchas esta porquería? —farfulló Theo con


suficiencia, criticando a OneRepublic que sonaba en mi
reproductor.

—Es mi auto así que no te quejes —repliqué con ironía,


recordándole sus mismas palabras.

—Touché. —Las comisuras de sus labios subieron en una


pequeña sonrisa.

Me gustaba la versión sonriente de Theo.


—¿Cómo está tu herida? —le pregunté, mirándolo de reojo.

Él llevó su mano sana hacia el vendaje, tocándola mientras su


sonrisa se ampliaba.

—¿Qué herida? —intervino Evan curioso.

—Es sólo algo que pasó —le contestó su hermano—. Y está


bien, la he lavado esta mañana y cambiado el vendaje.

—Buen chico, ¿otra paleta de compensación? —bromeé


mientras aparcaba frente a Sugar Ice Cream Palace.

—Qué hilarante eres, intrusa —comentó con completo


sarcasmo, deshaciéndose del cinturón de seguridad para salir
del auto.

Puse los ojos en blanco ante el ridículo sobrenombre que


seguía repitiendo y salí para abrirle la puerta a Evan.

El lugar era divertido, demasiado colores alegres y niños


corriendo de aquí para allá. A un costado del local había
máquinas para que tú mismo te sirvieras el helado y al otro,
muchas mesas con sillas color rosa.

Nos sentamos y dejamos que Evan eligiera nuestros sabores.


Él estaba tan emocionado que nos trajo casi una montaña de
diferentes sabores a cada uno. Aún tenía el almuerzo en mi
garganta, así que comí despacio.

—¿Qué es esto? —preguntó el ogro, haciendo una mueca de


asco—. ¿Es fresa? Evan, sabes que odio la fresa.

—Lo sé. —El pequeño soltó una adorable risita malévola—.


Es por eso que elegí también fresa.

No aguanté soltar una carcajada.

—Malvado —reprochó su hermano con un gesto de


desaprobación—, pero gracioso.

—Choca esos cinco —le murmuré a Evan alzando mi mano.

Él se echó a reír mientras chocaba su manito contra la mía.

—El sabor favorito de Theo es el de pistacho —añadió el niño


con una linda sonrisa en su rostro.

Detuve mi acción de comer. El mío también. Bess siempre me


llamaba rara porque no podía gustarme un sabor normal como
el de vainilla o chocolate. Pero esos sabores eran aburridos,
podría comer helado de pistacho todo el santo día sin hartarme
y lo peor era que pocas heladerías sabían cómo hacerlo bien, lo
cual me frustraba.

—El helado de pistacho está demasiado infravalorado —


confesé—. Es una pena que las heladerías no le pongan el
empeño que se merece.

Theodore se echó a reír.

—Aunque tu punto es un tanto exagerado, estoy de acuerdo


—sonrió—, es un gusto adquirido que todos deberían probar
alguna vez.

—Exacto. —Me contagié de su sonrisa.

Nunca creí que este chico y yo tendríamos alguna cosa en


común. Nunca.

Evan nos lanzó una mirada extraña y luego volvió a su


helado.

Nos sumergimos en un cómodo silencio mientras comíamos


nuestros helados.

No pude evitar pensar que Theo comenzaba a sentirse a


gusto con mi presencia. Y por alguna razón, me gustaba.
Capítulo 7

Los domingos eran mis días libres de trabajo de niñera.

William no se presentaba en la oficina de su empresa, así que


podría pasar el día con Evan y Theodore, y yo podía salir o
hacer lo que quisiera. ¿Aunque para qué salir si estás en un
paraíso de hogar?

Oficialmente, era mi segunda semana aquí y Alice aún no me


había llamado para preguntar cómo estaba. En cierto modo, me
afectaba el hecho de su indiferencia, pero no sería la primera
vez que se enojaba conmigo hasta este punto.

Quería poder invitar a Bess aquí para pasar el rato, pero ella
se encontraba vacacionando en Malibú con su familia y no
regresaría hasta dentro de una semana, por lo que la opción de
juntarme con ella quedaba descartada. Mis amistades se
reducían… a ella.
Entonces, no pude negarme cuando el señor Patterson me
invitó a pasar el día con los chicos en la piscina. De acuerdo,
llevaba aguantándome la tentación de un chapuzón desde que
llegué aquí. Un chapuzón que no incluyera pasar la vergüenza
del siglo por haber asumido que Evan no sabía nadar.

Me coloqué un traje de baño que Bess me regaló en mi


cumpleaños número diecisiete. Hasta ahora, nunca había
tenido la oportunidad de usarlo. Bueno, no era eso, era sólo que
en el momento en que lo vi, lo enterré en mi armario porque
sabía que nunca me atrevería a usar algo tan revelador. Era sin
tirantes y de muchos colores vivos, la panti… diminuta y a los
contados dejaba descubierta parte de mis caderas.

No me atrevía a usarlo hasta hoy.

Estaba lejos de casa, lejos de las miradas burlonas de las


personas que me llamaban Nerdoneitor. La casa de los
Patterson se había convertido en mi lugar seguro en poco
tiempo. Theodore incluido.

La vocecita de Bess en nuestra última conversación estaba


atormentándome desde hace ya días. Sí, la conversación sobre
Theo.

Había estado evitando darle vueltas al asunto, pero de


alguna u otra forma, siempre terminaba pensando en él.
Terminaba pensando en el increíble color de sus ojos. En su
excelente habilidad para sumergirse en su propio mundo y
bloquear lo de su alrededor. En cómo me había percatado de
que cada vez que se reía, bajaba la cabeza, como si quisiese
ocultar que algo le divertía. En que sus labios siempre lucían
hidratados y rosados…

—¡Scarlett! ¡Viniste! —me saludó Evan desde la piscina,


donde estaba junto a su padre jugando.

Sacudí la cabeza. <<Oh, Dios, ¿qué son esos pensamientos,


Scar?>>.

—¿Qué tal, Scarlett? —Lo siguió el señor Patterson, dándome


una amplia sonrisa. Su cabello estaba todo mojado y
alborotado, haciéndolo lucir más joven—. ¿Te nos unes?
—En un momento, tomaré el sol un rato —dije, caminando
hacia la silla desocupada que se encontraba junto a la de
Theodore.

No me terminaría de acostumbrar a verlo sin camisa,


definitivamente.

—Creí que eras un vampiro y no salías al sol —me burlé


mientras me quitaba el vestido que llevaba puesto.

Escuché un chiflido de piropo y me volví hacia la piscina un


poco desconcertada. Evan se estaba revolcando de risa encima
de su salvavidas en forma de tortuga. Que niño tan
atrevidamente adorable.

—¿No crees que necesito un bronceado ya? —habló el ogro


en tono frívolo, señalando su tonificado torso.

Rodé los ojos, sonrojándome sin poderlo evitar.

—No te responderé eso. —Me limité a decirle, tomando


asiento y recordando algo muy importante antes de tumbarme
a tomar el sol. Protección—. Eh, ¿tienes bloqueador solar?

Él negó con desaprobación y sin moverse demasiado, estiró


su brazo, metió su mano dentro en un pequeño bolso y sacó el
recipiente, extendiéndolo en mi dirección.

—No lo gastes todo —me dijo con fastidio.

Le arrebaté el bloqueador de su mano en un gruñido. Idiota.

Quería broncearme, más no insolarme, así que unté un poco


en mi rostro, pechos, brazos y abdomen. Sin embargo, para
cuando iba a echarme en la parte trasera, sabía que necesitaría
ayuda. Malditos brazos de tiranosaurio rex.

Miré a Theodore, mordiendo mi labio, ¿debería?, ¿no


debería?, ¿a qué le temía después de todo? Era el ogro de todos
los días, no tenía por qué ponerme nerviosa. Mejor dicho, no
había nada que temer.

—¿Theodore? —llamé su atención.

Él sólo me respondió con un simple “¿Hmmm?” sin siquiera


moverse de su relajada posición.

—¿Puedes ayudarme? —le pregunté, esforzándome por no


sonar tan nerviosa e incómoda por la propuesta.
—¿Ayudarte con el bloqueador? —Se levantó de su asiento y
se apoyó en sus codos.

Vi sus cejas con sorpresa levantarse tras sus gafas.

—Mis brazos no llegan. Pero, ¿sabes? Olvídalo, yo lo haré —


me apresuré a decir, sacudiendo la cabeza.

¿En serio en qué pensaba al preguntarle eso a ÉL? Por Dios.

—No, lo haré, no me importa —me dijo, terminando de


sentarse en la silla—. Ven, aquí.

Se deslizó hacia atrás con las piernas abiertas para darme un


razonable espacio en la silla y poder sentarme frente a él,
específicamente, entre sus piernas.

Sí, leyeron bien. Esto se pondría raro.

Tardé en moverme, ya que estaba sorprendida de que


hubiese aceptado tan rápido ayudarme. Todavía dudando, me
senté en el espacio que había hecho para mí. Mi espalda estaba
tan cerca de su pecho desnudo que podía sentir su calor
corporal. Le coloqué en su mano el bloqueador y aparté mi
largo cabello del camino, borrando de nuevo esa extraña
sensación que sentía cuando estaba demasiado cerca.

—Bien —mascullé, incitándolo a comenzar.

Esperé a que sus manos hicieran contacto con mi piel y


cuando estas aterrizaron en mis omoplatos, reprimí un
respingo de sorpresa.

Dulce Jesucristo bendito. Era aterrador lo que su piel causaba


en mí. Sólo rezaba para que Theodore no notara que mis vellos
se erizaron a su tacto.

Me quedé estática como una estatua. Sus manos se movieron


cautelosas por el camino de mi columna vertebral. Sus
movimientos eran lentos y se sentían más como caricias. Por un
segundo, el pensamiento de que estaba disfrutando tocarme
cruzó mi mente, pero lo borré al instante, rehusándome a dejar
que los extraños sentimientos se apoderaran de mí y me
hicieran malinterpretar un simple gesto de amabilidad.

Sus palmas bajaron hasta mi cintura, donde trazaron lentos


círculos en ambas curvas. Me sentí de repente insegura.
Theodore era un chico atractivo, incluso podría decir que era el
chico más atractivo que había conocido hasta ahora, así que
intuía que yo estaba lejos de entrar en su gusto en chicas.
Teniendo a un chico como él tocándome, me hacía recordar mis
días de secundaria, donde los chicos se burlaban de mí por mi
infinita delgadez, sin saber que estar delgada no era
precisamente porque tenía un buen metabolismo. Era más por
mala alimentación.

Busqué alguna otra cosa en que enfocarme para que no me


afectara el hecho de que sus manos ahora bajaban a mis
caderas. Mi corazón salió disparado cuando sentí sus dedos
rozar la pretina de mis pantis. ¿Había sido eso deliberado?

Tuve que reprimir un jadeo en cuanto sus manos


abandonaron mi cuerpo. Me asusté porque enseguida las
extrañé, extrañé lo que estaban provocando.

Oh, Dios, no.

Hubo un minuto de incómodo silencio. Yo, porque me


encontraba abrumada por todo lo que acababa de pasar. Él, ni
siquiera sabía porque no se dignaba a decir nada.

—Ya está —susurró, después de aclarándose la garganta. Su


aliento le hizo cosquillas a mi oído de lo cerca que se
encontraba de mí.

Desperté de mi trance y salté lejos de él. Mis mejillas ardían


como si hubiese pasado mucho tiempo en el sol.

—Sí, sí, gracias, ogro —le espeté, sonando lo más seca y


normal que pude.

—Lo que sea, intrusa, recuerda que esto no se ve todos los


días —farfulló tumbándose de nuevo en la silla y poniendo de
nuevo su atención en el sol. Ignorándome por completo.

<<Ogro. Ogro. Él es un maldito ogro, Scarlett, que no se te


olvide>>.

Con manos celestiales, cuerpo de ensueño y hermosos ojos.

<<Ogro. Ogro>>.

Entonces, por el bien de mi paz mental, decidí que ya no


quería tomar el sol y me uní a los demás en la piscina.
Luego de lo que había sentido, no quería estar cerca de Theo
quizá por el resto de la tarde.

***

—¿Tu madre ha preguntado cómo van las cosas por aquí,


Scarlett? —me preguntó el señor Patterson mientras cenábamos
esa noche.

Evan tuvo un día tan productivo en la piscina que cuando ya


fue momento de terminar la diversión, el niño estaba agotado.
Apenas y logré convencerlo de darse un baño. Se quedó
dormido justo después de colocarse su pijama. Así que sólo
éramos Theo, el señor Patterson y yo.

Bajé la cabeza hacia mi plato de ensalada, sin poder evitar


sentir una punzada de dolor.

—Ella no ha llamado desde que llegué —le contesté,


pinchando un tomate con mi tenedor con disgusto al recordarla
a ella.

El hombre se vio algo sorprendido.

—¿Cómo es que no te ha llamado para saber de ti? —


inquirió, frunciendo el ceño.

—Desde un principio no quería que aceptara el trabajo,


supongo que está molesta conmigo, no lo sé. —Me encogí de
hombros, llevándome comida a la boca—. Es normal que me
deje de hablar cuando no hago lo que ella quiere. No sería la
primera vez.

Theodore, quien se encontraba sentado frente a mí, ladeó la


cabeza, como tratando de entender alguna cosa. Sin embargo,
no dijo nada al respecto.

—Bess me contó que sólo eran tu madre y tú —retomó


William, ahora luciendo incómodo—. Supuse que se llevaban
bien.

—Es complicado —expliqué—. Acepté este empleo en


primer lugar porque ella me aseguró que no pagaría nada que
tuviera que ver con la universidad. Como ya sabes, he sido
asignada como becada en Penn, pero Alice se rehúsa a que
vaya a la universidad, piensa que es una pérdida de tiempo
cuando simplemente puedo trabajar toda mi vida en cualquier
cosa para pagar las cuentas. Para ella, ese es su ciclo de la vida.

El señor Patterson se removió en su asiento.

—No sabía que tu madre tenía ese tipo de pensamientos —


comentó, apenado.

—Sí, llevo dieciocho años de mi vida esperando por el


momento de poder vivir mi propia vida, tranquila, sola,
independiente. De hecho, mis planes son claros; con esta paga,
podré alquilar un apartamento cerca del campus, me mudaré a
Penn, encontraré un buen trabajo para costearme otros gastos y
también para poder enviarle dinero a Alice. A pesar de su
actitud y su problema de codependencia… yo… nunca la
dejaría por su cuenta.

Esto último fue algo más como un pensamiento que tenía


para mí misma. Porque era cierto. Mamá se había rehusado a lo
de la universidad porque pensaba que iba a abandonarla y
olvidarme de ella. Sí, no había sido la mejor madre del mundo,
pero nunca podría dejarla atrás.

Era extraño confesar estas cosas personales, ni siquiera había


sido tan abierta con Bess sobre el asunto de mi madre, pero al
parecer los Patterson tenían el don para intimidar de esta
forma.

—Tienes tus ideas bastante centradas, Scarlett. Me agrada


eso, sinceramente —confesó William, dedicándome una
reconfortante sonrisa—. ¿Y… alguna vez conociste a tu padre?

—Mi madre me dijo que se fue cuando yo tenía dos años. De


todos modos, no lo recuerdo en absoluto.

Hubo una pausa incómoda. Miré furtivamente a Theo, este se


encontraba con una expresión no muy propia de él. Tenía el
ceño profundamente fruncido. Se veía triste, pensativo. ¿Quizá
no debí decir tanto acerca de mí pasado? ¿Ahora le daba
lástima mi trágica historia familiar?

—Traeré más de beber, ¿alguien quiere algo de la cocina? —


nos preguntó el señor Patterson, levantándose de la mesa.

Los dos negamos con la cabeza.


—Con permiso, entonces —dijo antes de dejarnos solos, en el
incómodo silencio.

—Tu madre parece ser una persona horrible —habló


Theodore, tomándome desprevenida. No pensé que quisiera
hablar mucho.

—Alice… no es tan mala —admití—. Ella ha tenido


problemas con el alcohol desde que yo era pequeña, ha pasado
tal vez demasiadas veces por rehabilitación y en recaída, tras
recaída. A eso, súmale que también ha sido madre soltera
dentro de ese lapso de tiempo. Sí, sé que tal vez la estoy
excusando, pero… no lo sé, ella es sólo Alice.

Él volvió a ladear la cabeza en mi dirección. Si no fuese


porque estaba usando sus gafas de sol, me estaría sintiendo
avergonzada ahora mismo con la atención que estaba
dándome. ¿Por qué se estaba comportando así de amable de
repente? Si era por lástima, no la necesitaba.

—Bueno, pues, supongo que unos nacen con suerte y otros


no, ¿no es así? —Fue lo único que logré decirle antes de que el
señor Patterson volviera y cambiáramos de tema de
conversación.

William se retiró a descansar luego de que nos moviésemos a


la sala y platicáramos un poco más. Bostecé, sintiendo que era
momento de irme a la cama también.

—Bien, creo que es hora de que vaya a descansar —le


anuncié a Theo mi salida.

—Aún no es tan tarde, puedes quedarte más tiempo si


quieres —dijo, alzando un poco su cabeza en mi posición.

—¿Quieres que me quede para molestarme más? ¿Es eso? —


me reí suavemente, volviendo a tomar asiento, un poco más
cerca de él esta vez.

—¿Acaso te he molestado una vez en todo el día? —


preguntó, enarcando una ceja con suficiencia.

—Oh Dios mío, tienes razón, no lo has hecho. ¡Esto tiene que
ser un sueño! —expresé con fingida emoción—. ¡Pellízquenme!

Él desvió su cabeza hacia otro lado y se echó a reír.


—Fue sólo porque estaba cansado, así que no te acostumbres,
mañana será otro día lleno de malos ratos de mí, para ti —
comentó en tono divertido— Tenlo por seguro, intrusa.

Sonreí. ¿Quién era este chico y qué había hecho con el ogro?

La conversación fluyó de forma extrañamente agradable. Él


se comportaba como una persona complemente diferente y no
en el mal sentido. No sé si pasaron demasiadas horas, pero
hablamos mucho.

De hecho, aprendí mucho acerca de Theodore Patterson:


aprendí que fue el capitán de lacrosse en su escuela, que tuvo
sobresalientes en todas sus clases, que su mejor amigo se
llamaba Nathan y que le gustaba el tema de los negocios, tal
como su padre. Hablamos hasta de la cosa más trivial del
planeta y fue casi como si fuésemos buenos amigos. No
entendía su repentina amabilidad, pero no podía negar que me
encantaba esta versión de él.

—Creo que deberíamos dejarlo por hoy. —Dejé escapar un


bostezo mientras me levantaba del sofá.

—Sí, creo que ya es hora de ir a la cama. —Él usó su bastón


para imitar mi movimiento.

Nos quedamos en silencio durante unos segundos.

—¿Te puedo preguntar algo, Theo? —me digné a hablar


primero.

—¿De qué se trata?

—¿Por qué… bajaste la guardia conmigo? ¿No era que


estábamos en una especie de guerra?

Sus labios se elevaron en una leve sonrisa y a través de sus


ojos pude notar que era una sincera.

—Quizá me di cuenta que no eres una amenaza —confesó,


encogiéndose de hombros—. Buenas noches, Scarlett.

Tuve que procesar rápidamente el hecho de que era la


primera vez que lo escuchaba decir mi nombre y no mi
sobrenombre “intrusa”.

—Buenas noches —titubeé estupefacta, viéndolo partir.

¿Qué demonios estaba pasando aquí?


Capítulo 8
—¿Qué rayos fue eso? —expresé en voz alta, dando un salto
en la cama.

Juraba que había escuchado un ruido abajo.

Joder, joder. ¿Quién podría ser? Theodore no podría llegar


hasta aquí tan fácilmente y sería ilógico que el señor Patterson
viniera en la madrugada. Ángelo había salido de la casa, todas
las posibles personas quedaban descartadas. Entonces, ¿quién
rayos podría ser?

¿UN LADRÓN?

Esta vez el ruido fue aún más fuerte, haciendo a mi corazón


acelerarse.
—Mierda, mierda —mascullé, buscando mis zapatos en el
suelo para poder salir de la habitación.

Tomé el aerosol de gas pimienta que tenía como llavero para


defensa personal y lo mantuve en alto mientras bajaba las
escaleras sin hacer ruido. Quien quiera que fuese, estaba
acabado. Tuve lecciones de defensa personal en un curso de la
escuela y pensaba usar lo aprendido si era necesario.

—¿Quién anda ahí? —pregunté, acercándome lentamente


hacia la cocina—. Salga con las manos donde pueda verlas y
nadie saldrá herido.

Los programas policiales tenían que servir de algo, ¿no?

Una sombra masculina comenzó a darse forma frente a mí.


Sus brazos estaban sobre su cabeza y se acercaba a paso lento.

Corrí y encendí la luz del recibidor, sin dejar de apuntarlo


con el aerosol.

Chillé de sorpresa, porque no me esperaba que el presunto


ladrón luciera así.

Se trataba de un chico. Un alto y atractivo chico, de unos


veinte años de edad, más o menos. Llevaba su cabello casi
rubio levantado en un peinado muy a la moda. Sus ojos eran de
un verde claro bastante suave… ojos que ahora mostraban
diversión, tanto como la sonrisa que me estaba dando.

—¡¿Quién eres tú?! —Exigí saber, amenazándolo con mi gas


pimienta—. ¡¿Cómo entraste aquí?!

—Tranquila, tranquila, chica loca. —El chico se echó a reír,


haciéndome un ademán con las manos para calmarme—. No
soy un ladrón.

—¿Entonces quién eres? —repetí con impaciencia—. Dime ya


o vaciaré esto en ti, no bromeo.

Él volvió a reír, ¿qué le parecía gracioso acerca de esta


situación? Estaba a punto de ser rociado con gas pimienta y se
reía.

—Te diré quién soy si bajas eso, ¿bien? Tengo miedo de que
en serio vacíes esa cosa en mí —me pidió, entre divertido y
asustado.
Lo examiné con la mirada durante unos segundos. Parecía
ser inofensivo, así que bajé lentamente mi mano, sin dejarlo de
mirar directo a los ojos. Leí en alguna parte que el contacto
visual era algo importante en este tipo de situaciones, así que
no pensaba descuidarme, por si acaso.

—Bien, muy bien —suspiró de alivio—. Buena chica.

—¿Ahora puedo saber tu nombre? —Enarqué una ceja.

—Soy Luke, Luke Patterson, el sobrino de William. ¿Debería


preguntar quién es la chica que casi me ataca con gas pimienta?

Me sonrojé intensamente.

Dios, ¿por qué me tenía que pasar esto a mí?

—La chica que casi te ataca con gas pimienta se llama Scarlett
—me presenté, avergonzada—. La nueva niñera de los chicos.

—¿Tú eres la nueva niñera? —Sus ojos me observaron de


arriba abajo.

Ahí fue cuando caí en cuenta que estaba en poca ropa.


Llevaba una camiseta grande —sin sujetador— y diminutos
shorts de chándal. Añadiendo que traía encima un reciente
bronceado, probablemente tenía lagañas en los ojos y el cabello
enredado.

Genial.

—Te creí más… mayor —comentó Luke, confundido—. En


fin, perdón por asustarte, no quería despertar a nadie en la casa
grande así que vine aquí pensando que estaría sola.

—Perdón por casi rosearte con esto —me disculpé,


señalando el aerosol.

Él me dedicó una risa entre dientes. Lindos dientes, lindo


rostro.

Pero ahora no es el momento de puntualizar eso, Scarlett.

—Quería sorprender al tío William con mi visita —explicó,


deshaciéndose de su chaqueta negra, dejando a la vista una
simple camiseta azul. Su cuerpo era más trabajado que el de
Theodore—. ¿Está bien si duermo aquí hasta que amanezca?

Tardé un poco en responder.


—Sí, sí, está bien, hay una habitación junto a la mía donde
puedes dormir —dije, sin tener ninguna otra opción.

—¿Segura que quieres que duerma allá arriba? Puedo dormir


en el sofá si eso te incomoda —Él se encogió de hombros con
cortesía.

Me caía bastante bien, lo admitía.

—No, está bien, no me importa en absoluto.

<<Vamos, sonaste algo desesperada, Scarlett>>.

—Genial —terció, dedicándome una hermosa sonrisa de


agradecimiento.

Él dejó sus cosas en la sala y me siguió hacia la segunda


planta de la casa.

—Fue un placer conocerte en estas circunstancias, Scarlett —


bromeó, recostándose sobre el marco de la puerta contigua a la
mía—. Recuérdame nunca asustarte de nuevo, al menos que
quiera morir o salir mal herido.

No pude evitar reír.

—Nos veremos mañana —se despidió.

—Nos veremos mañana. Fue un gusto conocerte también,


Luke —respondí, risueña.

Él se despidió una vez más con un agite de manos y


entramos a nuestras habitaciones, dispuestos a dormir.

***

Ugh. No quería despertarme, aún estaba cansada del día en la


piscina, mas sabía que el deber llamaba. Necesitaba llegar a la
casa grande antes de que Evan despertara.

Al recordar que no estaba sola en esta casa, me arreglé lo


suficiente para lucir presentable, ya que luego de que el primo
de Theodore me viera luciendo tan desastrosa anoche, no
quería darle una peor impresión.

Escuché sonidos provenientes de la cocina cuando estuve ya


en la primera planta, y entré, confundida al ver a un recién
levantado Luke preparando un omelette en el sartén.

—¿Buenos días? —saludé, vacilante.


¿Me estaba haciendo el desayuno?

—Oh, buenos días, niñera —me saludó de vuelta con una


divertida sonrisa—. Comes huevos, ¿cierto?

—Sí —contesté con recelo, enarcando una ceja—. ¿Qué es


todo esto? —le pregunté, paseando mis ojos por la mesa, donde
había suficiente comida para dos personas.

—Una disculpa por interrumpir tu sueño y asustarte esta


mañana —respondió, haciendo saltar al omelette del sartén
para darle la vuelta, como todo un profesional.

—¿Siempre eres así de…?

—¿De amable? Sí, creo que sí —intervino, sin dejar de


sonreírme.

Al parecer ser amable y carismático era algo que todos los


Patterson llevaban en la sangre. Menos Theodore, por
supuesto, él era la horrible excepción.

—Y, también lo hice porque sería muy grosero de mi parte


hacerme el desayuno solo a mí, estando tu aquí —retomó,
depositando el omelette sobre un plato.

—Pues gracias —dije, sentándome frente a un plato lleno de


pan tostado.

—Aquí tienes. —Colocó el omelette junto a la mantequilla y


se sentó en la silla junto a mí.

—Así que, Scar, ¿te puedo llamar Scar, cierto? —Asentí con
la cabeza, sonriendo. Este chico que caía demasiado bien como
para decirle que no—. Bien, Scar, ¿qué edad tienes entonces?
¿Diecisiete?

—Tengo dieciocho, cumpliré los diecinueve en octubre —lo


corregí, sin saber si sentirme ofendida o halagada de que
creyera que tenía menos edad—. ¿Qué hay de ti, primo Luke?

Me sorprendía lo fácil que se estaba haciendo lo de mantener


una conversación cómoda sin dejarme llevar por su asombrosa
belleza. Iba bien, no me había sonrojado hasta ahora, así que
todo en orden.

—Tengo veintiuno, cumplidos la semana pasada.

—Feliz cumpleaños tardío.


—Gracias —contestó, sonriendo.

Hubo una pausa silenciosa mientras me miraba a los ojos, sin


borrar la sonrisa de su cara. Me puse tan nerviosa que no se me
ocurrió decir alguna otra cosa mejor que decirle:

—¿Estudias?

Qué tonta, Scarlett, pero qué tonta.

—Estudio arquitectura en Yale —me contestó divertido ante


la extraña pregunta—. Ya casi un graduado.

No pude evitar emocionarme al escuchar sobre otra


universidad de la Ivy League.

—¿Qué hay de ti? ¿Algunos planes para la universidad? —


indagó Luke, llevándose a la boca un pedazo de pan tostado.

—Entraré a Penn al final del verano, como becada.

—Una total cerebrito, ¿no? Me gusta eso, la verdad. Las


bonitas cerebritos son totalmente mi tipo.

Su comentario me hizo sonrojar, y también percatarme que


ahora Luke se encontraba inclinado sobre la mesa en una
posición que gritaba peligro en todo su esplendor. Su nivel de
coqueteo me descolocaba un poco.

—Lo siento, pero tengo que ir a ver si el señor Patterson está


por irse al trabajo. Evan debe estar por despertar también. —
Me levanté rápidamente, recobrando la compostura—. Gracias
por el desayuno, de todos modos. Estaba delicioso.

—No hay de qué. —Él se levantó con más calma—. Te


acompaño, igual tengo que decirle a mi tío que estoy aquí.

—Está bien —acepté robóticamente.

Esto se convertiría en una muy buena novedad para Bess.


Armaría un escándalo en cuanto le dijera que había otro
atractivo miembro de la familia en la casa.

—¿Y por qué estás aquí? —le pregunté a Luke mientras


cruzábamos el jardín hacia la mansión—. ¿Vienes de
vacaciones? ¿O es por otra cosa?

—Discutí con mi padre acerca de algo, así que tomé el primer


vuelo hacia acá y aquí me tienes hablando contigo —Hizo una
pausa para sonreírme—. El tío William fue la primera persona
en que pensé para alojarme hasta que las cosas se enfriaran. Mi
padre puede llegar a ser muy molesto a veces.

Me asombró un poco que estuviese siendo sincero conmigo,


pero no me molestó para nada tampoco. Había algo en él que
no había en Theodore que hacía las cosas más fáciles de
manejar. Amabilidad y confianza, ¿quizá?

—Scarlett, pensé que… —El señor Patterson se detuvo en


seco al ver la persona parada junto a mí—. ¡¿Luke?! ¡¿Qué
haces aquí, hijo?! —expresó alegremente, acercándose por un
rápido abrazo varonil.

—¿Qué hay, tío Will? —lo saludó en su mismo tono—.


¿Cómo está todo?

—Todo excelente, ¿a qué se debe esta agradable sorpresa? —


le preguntó—. ¿No deberías estar pasando el verano con
Gaspard?

En ese momento, Theodore salió de la casa con aspecto


adormecido. No tenía sus gafas de sol puestas y llevaba ropa de
dormir. Claramente acababa de salir de la cama.

—¿Acaso escuché el nombre de mi desaparecido primo


Luke? —Al parecer estaba de buen humor esta mañana.

—Pero miren a este sexy ser humano. —Luke se acercó a él


para darle un efusivo abrazo—. Creo que te has vuelto más
sexy desde la última vez que te vi, primo Dorie. El encierro está
teniendo efectos positivos en ti.

Tuve que reprimir una fuerte carcajada al escuchar ese


gracioso diminutivo. “Dorie”, podría usarlo en su contra
muchas veces. Gracias, Luke, me has dado ideas.

—Vuelves a decirme Dorie y te dejaré sin tus genitales —lo


amenazó Theodore entre dientes, para luego sonreír—. En fin,
¿cuándo llegaste, hombre?

—En la madrugada, tu niñera me recibió con una muy cálida


bienvenida —le contó, mirándome con diversión.

Mis mejillas se comenzaron a calentar, avergonzándome al


recordar el episodio de la madrugada.
—¿Niñera? —El ceño del ogro se frunció inmediatamente—.
¿Ya la conociste?

—Sí, y gracias a Dios no me echó de la casa de huéspedes


luego de darle el susto de su vida. Debiste verla, Theo, Scar
estaba lista para vaciarme su gas pimienta en mis ojos como
toda una profesional —se rió Luke, dándole un golpecito en la
espalda.

Todos reímos, menos Theodore.

—¿Scar? —Lo escuché murmurar para sí mismo.

—Así que, ¿ya me dirás lo que haces aquí, sobrino? —


intervino su tío, poniéndose ya serio.

—Bueno, es una larga historia, tío, pero para resumir, ¿puedo


quedarme unas cuantas semanas aquí? Prometo no ser muy
desastroso. —Su cara de perrito casi me hace reír.

—¿Qué hiciste esta vez? —indagó su tío.

—Nada grande, un poco de lo mismo. ¿Eso significa que me


quedaré?

—Está bien —resopló William sin más remedio que aceptar


—. Escoge cualquier habitación en la segunda planta.

—Estaba pensando que podía quedarme en la casa de


huéspedes con Scarlett, ya prácticamente me instalé en el lugar.
—Se encogió de hombros, haciéndose el terriblemente inocente.

—Pues desinstálate. Hay ocho habitaciones en esta casa que


puedes escoger, no dejaré que incomodes a Scarlett.

Tuve ese impulso de decirle al señor Patterson que no me


importaba, pero sonaría más que inapropiado, así que me
mantuve callada.

Theo sonrió a mi lado.

¿Y qué le pasaba a este ahora?

—Bien, algo es algo. —Su voz sonó decepcionada—. Moveré


mis cosas más tarde.

—Genial, puedes dormir en la habitación junto a la mía, será


mucho mejor —comentó el ogro.
—Sí, genial —masculló Luke encogiéndose de hombros, para
luego dejar que el hombre se fuera a su trabajo y que nosotros
entráramos juntos a la casa.

Capítulo 9

Había dejado solos abajo a Luke y a Theodore mientras jugaba


con Evan en su habitación, y por alguna desconocida razón, me
sentía un poco curiosa de lo que ese par estuviese hablando. El
ambiente se puso raro con la llegada de Luke.

No terminaba de olvidar la reacción que el ogro había tenido


esta mañana. Necesitaba aclarar algunas cosas que no había
entendido bien.

Aunque, de todos modos, ¿por qué me intrigaba tanto? No


debía sacar mi Nancy Drew interior, en tal caso, debía
amordazarla para que dejara de ser tan curiosa.

Le agradecí en mi cabeza al pequeño Evan cuando me pidió


que le buscara un poco de agua en la cocina. Lo sé, lo sé, la
curiosidad mató al gato, pero sólo iba a cruzar por ahí de
casualidad, ¿no?

Bajé silenciosamente las escaleras y caminé hacia la cocina,


deteniéndome al escuchar la voz de un Theodore molesto.
—Oh, vamos, Luke, ¿en serio quieres acostarte con mi
niñera? ¿No te parece algo de mal gusto? Apenas la conoces.

Fruncí el ceño, tratando de encontrarle sentido a la


conversación. ¿Ven? Les dije que algo —no bueno— estaban
hablando este par.

—No estoy diciendo eso, Dorie. Ella… tiene ese no sé qué,


que me hizo sentir atraído desde que la vi a punto de atacarme
con ese pequeño recipiente de gas pimienta —comentó su
primo, haciéndome sonrojar.

—Mejor dicho, desde que la viste con poca ropa. —El ogro lo
corrigió con arrogancia.

Pero qué idiota.

—Sí, sí, pero eso es lo de menos. Creo que la invitaré a salir.

¿Le diría que sí a una cita con Luke? No lo sabía, apenas lo


conocía. Era atractivo, sí. ¿Incluso más que Theo? Ni siquiera
iría allí. Pero, no había tenido citas desde aquella vez que Bess
me consiguió una cita a ciegas con un amigo de su ahora
exnovio. Él besaba tan mal que tuve que limpiar su saliva de
todo el contorno de mis labios. Desde ese momento, mi
concepto de las citas se había ido por el caño. No creía estar
lista para subirme de nuevo a ese caballo.

—Ella no es tu tipo —le espetó Theo, sorprendiéndome por


su brusquedad.

No entendía su malcriadez acerca del asunto. ¿Qué trataba


de lograr, de todos modos?

Luke sólo se echó a reír.

—Cualquier chica es mi tipo, Theo.

—Exacto —le respondió, cortante.

Fruncí el ceño de nuevo, ¿debía que tomar eso como un


cumplido? ¿Estaba insinuándole a su primo que yo no era
“cualquier chica”? ¿Por qué haría algo así?

—Además, ella es la persona más odiosa que he conocido, no


quiero tener una como cuñada así, ¿me entiendes? No es alguien
para ti.

Gruñí molesta. Eso sonaba más como algo que él diría.


—¿Por qué insistes tanto en no dejarme hacer mi movida con
ella? —le preguntó con desdén—. ¡Oh! ¡No me digas que ya tú
te acostaste con ella! ¿Lo hiciste, cierto? Vaya, no pierdes
tiempo, primo.

Puse los ojos en blanco. Los hombres eran un caso realmente


especial.

—¿Qué? ¡No! Claro que no he hecho nada con ella —dijo


Theodore a la defensiva.

—¿Entonces qué? ¿Te gusta Scar? ¿Es eso?— Esto se estaba


poniendo interesante.

—No, no me gusta —Su dureza al decirlo me hizo sentir algo


extraño en mi estómago—. La intrusa no me gusta para nada,
créeme.

—Bueno, entonces, hoy…

—¿Joven Scarlett?— No pude escuchar lo que seguía debido


al brinco que pegué cuando alguien dijo mi nombre a mis
espaldas.

Suspiré de alivio al ver que era mi amiga Letty y mi corazón


volvió a su lugar lentamente.

—¡Letty!, ¿Cómo estás? —la saludé, tratando de no sonar


sospechosa.

Ella entornó sus pequeños ojos hacia mí.

—Yo bien, ¿qué hacías inclinada de esa manera?

—Nada, vine a buscar agua para Evan que me pidió —le


expliqué, entrando a la sala y esforzándome por lucir casual.

Luke se volvió hacia mí, con una encantadora sonrisa en su


rostro en forma de saludo.

—¿Luke? ¡Oh, eres tú, cariño! —La cocinera se acercó para


darle un abrazo de oso.

Me reí. Se veía tan diminuta frente al metro noventa del


chico que me pareció algo gracioso.

—El auténtico Luke Patterson, en carne y hueso, madre Letty


—Él le devolvió el abrazo con ganas—. Te vengo a hacer
compañía unas semanas. Antes de que lo preguntes, no, no he
hecho nada malo.

—Más te vale. —Ella lo miró de manera maternal—. Buenos


días, joven Theo.

—Buenos días para ti también, Letty. —La saludó de vuelta


con una pequeña sonrisa curvada en sus labios y su vista lejana
a nuestra dirección.

—Scar —me llamó Luke antes de que lograra escapar a la


cocina.

Me giré sobre mis tobillos lentamente.

—¿Sí? —Sólo pedía a Jesucristo que no se hubiesen dado


cuenta de que los espiaba.

—Busca algo lindo que usar para esta noche. Saldremos los
tres a un club, necesito divertirme un poco —me dijo él,
risueño.

—¿Hoy? Eh… Tengo que preguntarle al señor Patterson —


respondí, dudando.

Era lunes, ¿cómo podría salir a un club un lunes por la


noche? La verdad, nunca había salido a un club antes, ni
siquiera con Bess, así que no tenía idea cómo era todo el
protocolo o etiqueta.

—No te preocupes por eso, déjamelo a mí. —Lo miré con


recelo—. Hagámoslo más convincente para ti, Scar: Eres la
niñera de Theodore, tu trabajo es cuidarlo, ¿no es así? Es por
eso que tienes que venir con nosotros, para cuidarlo.

—No necesito a ninguna niñera cuidando de mí en un club


—terció el ogro, ofendido—. Sé cómo bailar, tomar y conquistar
a chicas sin la ayuda de nadie.

Luke le golpeó las costillas en un pobre intento de disimulo,


y yo puse los ojos en blanco ante su arrogancia.

Una Scarlett nunca antes vista salió a pasear gracias a la


idiotez de Theo.

—Bien, pero no iré como la niñera de Theodore —acepté,


cruzándome de brazos mientras me volvía hacia el primo
Patterson—. Iré como tu cita, Luke, ¿está bien eso?
No sabía por qué el arrebato de confianza, pero puedo decir
que me arrepentí de haber abierto la bocota al ver cómo Theo
fruncía los labios y tensaba su mandíbula. Eso sólo podía
significar una cosa: Estaba molesto.

—Está mejor que bien eso —afirmó el chico con entusiasmo


—. Iré a buscarte como a las nueve. Tomaremos el Bugatti de
Theo, hay que sacar a pasear a Hellboy.

¿Hellboy? Buen nombre para un auto deportivo.

—Bien yo volveré al trabajo —comenté, dedicándole una


última sonrisa antes de pasar a la cocina.

Letty me miró sobre su hombro mientras cocinaba, negó


levemente con la cabeza y volvió a su plato.

¿Qué? ¿Cuál era el problema?

***

Tuve que sacar casi todo mi equipaje para poder encontrar algo
aceptable que usar. No había traído nada que sirviera para salir
de fiesta, porque, bueno, nunca pretendí salir de fiesta. Aunque
luego de rebuscar y rebuscar entre las prendas, encontré un par
de pantalones negros ajustados, una blusa de tirantes con
lentejuelas doradas (de Bess) y unas lindas sandalias de
plataforma negras. No era extravagante ni lujoso, pero era lo
suficiente decente para salir.

Dejé que mi cabello cayera sobre mis hombros, las ondas


rojizas que llegaban hasta lo bajo de mi espalda parecían estar
en control, así que no hice nada más para arreglarlas. El
maquillaje fue la peor parte, apuntando que no era una muy
buena maquilladora, y que tampoco tenía tanto maquillaje.
Simplemente apliqué base suficiente para ocultar las
numerosas pecas de mi nariz, un poco de color en mis mejillas
y delineador en mis ojos, brillo labial y listo, una Scarlett
distinta me veía en el espejo.

Mientras me aplicaba otra capa de brillo labial, escuché la


puerta de abajo abrirse.

—¿Lista para irnos? —Luke gritó desde la primera planta.

Me apresuré a tomar mi bolso para bajar las escaleras. Luke


me esperaba junto a la puerta, vestido con unos holgados
pantalones negros y una camisa de botones color vino, camisa
que favorecía bastante a su torso, apretada en los lugares
correctos y haciéndome pensar que él definitivamente debía
practicar algún deporte.

Scarlett, no hay tiempo para eso ahora.

—Te ves hermosa, Scar —me halagó, extendiéndome la


chaqueta de cuero que sostenía en su mano—. Hace frío afuera,
usa esto.

—Gracias —le dije, aceptando su gesto.

Cruzamos el jardín y caminamos hasta la entrada principal.


Theodore nos esperaba enfundado en unos pantalones caquis y
un ajustado jersey verde oliva. Él no podía verse tan atractivo
usando algo tan simple como un par de pantalones caquis, en
serio. Incluso el estar recostado sobre un hermoso Bugatti color
rojo, con los brazos cruzados y gafas de sol, le añadía una
sensualidad que me regañé a mí misma imaginar.

—Scarlett, te presento a Hellboy, nuestro confidente de


aventuras —dijo Luke divertido, dándole una palmadita al
capote.

—Es realmente hermoso —airé, sincera. Hasta de noche


podía ver cómo brillaba la llamativa pintura.

—Bien, ¿ya podemos irnos? —intervino Theo, cortante.

Quise reprocharle que esa no era precisamente la actitud de


alguien que va a salir a un club, pero me contuve. No dejaría
que sus habituales idioteces arruinaran mi primera noche de
fiesta. Quería conservar el momento como una experiencia
divertida y era obvio que el ogro no estaba de humor.

—Déjame abrir la puerta para ti —se apresuró a decirme


Luke al ver que mi mano estaba sobre la manija de la puerta—.
Eres mi cita, ¿no? Quiero estar a la altura esta noche.

Le sonreí y durante un segundo, tuvimos un pequeño


momento incómodo donde Luke me sostuvo la mirada con tal
vez demasiada intensidad. Sin embargo, nuestro momento fue
interrumpido por la voz de Theo:
—Excelente jugada, Luke. Ahora, ¿pueden apartarse de la
puerta para poder entrar al auto? ¿O necesitas un minuto más
para flirtear?

Salté a un lado, saliendo de su camino, ya que su aliento se


encontraba cerca de mi oreja, lo que quería decir que estaba
justo detrás de mí.

Él percibió mi movimiento y tanteó el auto hasta que estuvo


dentro. Ahí fue cuando me di cuenta que… el Bugatti sólo
contaba con dos puestos para pasajeros, y ninguna posibilidad
de espacio para un tercero.

—Puedes ir en las piernas de Theo —me dijo Luke al verme


fruncir el ceño hacia el interior del vehículo—. El club no está
tan lejos, ¿no tienes ningún problema, cierto?

Me tensé. ¿Mi cuerpo sobre el cuerpo del ogro? Después de


admitir lo que su toque provocaba en mí, creo que preferiría ir
sentada en el maletero como uno de esos peluches de
decoración.

—Uhm, ¿te parece que Theo está bien con eso? —pregunté,
nerviosa.

—No tienes que hablar como si no estuviese aquí —contestó


por él, sobresaltándome de nuevo—. ¿Y acaso tengo otra
opción? ¿O es que prefieres ir en las piernas de Luke?

—Como sea —gruñí, adentrándome al auto y sentándome en


las rodillas del ogro antes de que me arrepintiera.

Intenté ser profesional, en serio intenté con todas mis fuerzas


procurar no incomodarlo con mi cuerpo e ignorar el hecho de
que ahora me encontraba sentada sobre él, mi algo así como
jefe, y mi algo así como… bien, eso último no lo sabía aún, pero
lo que sí sabía era que le agradecía a la oscuridad por ocultar el
intenso rubor de mis mejillas.

En serio, lo intenté lo más que pude… hasta que sentí sus


manos tocar mis muslos y en un rápido movimiento, me jaló
hacia atrás de tal forma en que nuestros cuerpos encajaron
como dos piezas de Tetris y mi espalda chocó contra su pecho.

—Si quieres vivir, te recomiendo ponernos el cinturón de


seguridad —dijo en mi oído, haciendo que la piel de mi cuello
se erizara.
Me tardé en reaccionar a lo que me pedía porque sus manos
seguían en mi cuerpo. El cinturón de seguridad nos apretaba
tanto que tuve miedo de que se percatara de los locos latidos de
mi corazón.

Luke terminó de entrar al auto y Theo reaccionó ante el


sonido de la puerta cerrarse.

—Trata bien a Hellboy, hombre —le pidió su primo.

Unos momentos después, nos dirigíamos a toda velocidad


hacia la ciudad y la advertencia de Theodore cobraba sentido
para mí.

Sólo podía pedirle a Dios llegar viva a nuestro destino,


porque Luke conducía peor que un piloto de Fórmula 1.

Capítulo 10
Por el amor a Dios, Jesucristo y al Espíritu Santo. Casi salgó y
beso la acera en cuanto nos detuvimos en el club.

Nunca, nunca, dejaría conducir de nuevo a Luke, o en su


defecto, subirme a un auto con él conduciendo. Al menos no, si
quería vivir para contarlo. Creo que escuché a Theo quejarse de
mis uñas clavándose en sus muslos en un desesperado intento
de aferrarme a algo.

—Oh, sí, cierto, te abriré la puerta —me dijo él,


abandonando el auto al ver que no hacía ningún movimiento
para salir.

Mi estado momentáneo de estatua no era precisamente


porque esperaba caballerosidad de su parte, era porque aún
estaba recuperándome del susto del viaje. Ver en la vida real
cómo pasas un camión con un auto viniendo justo en tu
dirección, no es tan divertido como en los videojuegos.
Créanme.

Logré deshacerme del cinturón de seguridad al tiempo en


que Luke abría la puerta del copiloto y yo salí disparada fuera
de Hellboy como si mi vida dependiese de ello.

Escuché a Theo reírse de mí mientras se bajaba con mucha


más elegancia que yo.

El lugar donde estábamos emanaba dinero y lujo. No era


grande; de hecho, había visto clubes mucho más grandes que
este, pero a simple vista se podía notar la exclusividad. Las
personas que se encontraban en la fila esperando para entrar
parecían salidas de una revista de Cosmopolitan o de la serie
Gossip Girl, vestidos como si estuvieran listos para una sesión
de foto profesional.

De repente, me sentí mal vestida.

—¿Dónde estamos, Luke? ¿NeonNight, Atlantis Club o


Zathura? —preguntó Theo.

—Tu favorito, primo, Zathura.

—Genial —dijo él, sonriendo a medias y quitándose las gafas


de sol para guardarlas en su bolsillo.

En ese momento caí en cuenta de algo importante. ¿Cómo


diablos pretendía pasearse por el club sin su bastón?

—¿Por qué no trajiste tu bastón? —inquirí en voz alta,


confundida.

Theo bufó.

—Dijiste que no vendrías aquí como mi niñera, deja de


sermonearme —me espetó.

Antes de arrepentirme de lo que estaba a punto de hacer, me


acerqué a él y lo tomé de la mano, haciendo que diera un
respingo de sorpresa.

—¿Qué haces? —Él abrió muchos los ojos y sus castañas cejas
se elevaron de la impresión.

<<Scarlett, enfócate, no lo mires a los ojos o te perderás en


ellos>>.
—¿Quieres caerte o causar una escena por tropezar con algo,
o con alguien? —le expliqué, sosteniendo su mano con fuerza al
notar que trataba de soltarse—. No, ¿cierto? Te guiaré hasta que
estés en un lugar seguro.

Gruñó con resignación y dejó de luchar contra mi mano.

Felicité a mi determinación mentalmente.

—Ustedes dos son divertidos. Nunca una chica le ha


reprochado tanto a Theodore, para que sepas, Scar —terció
Luke, mirándonos con una sonrisa en su rostro.

—Cállate —le replicó su primo, molesto.

—Bien —se rio—. Entonces, entremos.

Seguimos a Luke mientras se encaminaba a la entrada del


club, pasando de largo la fila y yendo directamente hacia los
guardaespaldas que cuidaban la puerta.

—Eh, ¿no tenemos que esperar en la fila? —Fruncí el ceño,


confundida.

Mis dos compañeros se echaron a reír.

—¿Esperar? Claro que no —me dijo Luke, divertido por mis


palabras—. Ven, vamos.

Él se dirigió en dirección al corpulento rubio vestido de


negro junto a la entrada y le entregó algo que él aceptó
amigablemente. Se dieron un amistoso apretón de manos como
si fuesen buenos amigos y luego me hizo un ademán para
entrar.

Vaya, eso había sido fácil.

Jalé a Theodore conmigo y nos adentramos a la oscuridad.

Humo y luces intermitentes de colores nos aguardaban


dentro del club. Había una gran pista de baile en el centro,
atestada de gente alocada que bailan al mismo ritmo que las
luces fluorescentes. Los muebles eran finos, de un estampado
blanco y negro, situados alrededor de la pista de baile. La
cabina del DJ estaba al fondo del lugar y desde la distancia,
lucía casi como un trono.

Me gustaba Zathura.
—Por aquí, Scar. —Luke tocó mi brazo y nos llevó hasta unas
escaleras de caracol, que subimos sin problemas y de un
segundo a otro, estábamos en una sección del club un poco más
tranquila.

Me volví hacia Theo para asegurarme de que todo estaba en


orden con él. En algún momento de nuestra caminata, nuestros
dedos terminaron entrelazándose y su agarre se volvió más
firme… e íntimo. Me sorprendió saber que él no lucía molesto
al respecto.

En esa parte VIP, el concepto no era igual que el de abajo y


las personas no estaban tan alocadas. Era un espacio pequeño,
donde la gente se encontraba sentada charlando en sillones, en
vez de mesas/sillas, y tomando exóticos cócteles que nunca
había visto en mi vida. A un lado, estaba un pequeño bar, lleno
de botellas con tan buena pinta que me daba curiosidad por
probarlas todas, aun cuando no fuese muy buena bebedora.

Escogimos unos sillones al fondo del lugar y nos sentamos.

—Iré por bebidas, ¿algo en particular? —nos preguntó el


primo Luke.

—Ron para mí —pidió Theodore enseguida.

—Cierto —dijo él, como recordando algo—. ¿Y para ti, Scar?

La mano de Theo le dio un repentino apretón a la mía.

—No lo sé… —respondí, recuperándome del extraño


movimiento del ogro—. Sorpréndeme —agregué, sin tener ni
idea cuál tipo de alcohol elegir.

Él me sonrió y asintió una sola vez antes de girar e ir en


busca de nuestras bebidas.

Bien, hora de soltarse las manos, Scarlett. No hay razón para


que tus dedos y sus dedos continúen enlazados de esa forma.

—¿Te gustó el paseo de venida? —comentó Theodore,


enarcando una ceja con diversión—. Creo que en un momento
pensé que le sacarías sangre a mis piernas.

—¿Cómo rayos pretendías que hiciera con semejante


maniaco al volante? Tuvimos suerte de no ser detenidos por
algún policía.
Theo soltó una carcajada.

—Ebrio es mucho peor, le gusta hacer maniobras —me contó,


malicioso.

Tragué saliva con fuerza ante la información que me estaba


dando acerca de Luke.

—Un vaso de ron para ti. —Volvió su primo, colocándole la


bebida en su mano—. Una rica piña colada para ti. —Me
entregó una copa de líquido amarillento— Y un buen whiskey
para mí —concluyó, tomando asiento en el sillón frente a mí.

Estuvimos sentados en la zona VIP por un largo rato,


alrededor de una hora u hora y media. Luke había lanzado
varias indirectas sobre lo inquieto que estaba por bajar y unirse
a la diversión en la pista de baile, sobre todo después del cuarto
vaso de whiskey, pero la verdad, no quería dejar a Theo solo.
Después de haberse tomado su segunda ronda de ron, dejó de
beber igual que yo… y no parecía muy contento de estar aquí.

Sentí el impulso de hacer algo al respecto. ¿Sacarlo a bailar


tal vez? Es decir, ¿me dejaría llevarlo si se lo pidiera?

<<¿En serio estás pensando en eso, Scar? El ogro se reiría en


tu cara>>.

Una canción electrónica que pude distinguir como una obra


maestra de Calvin Harris comenzó a retumbar las paredes y
animar más a las personas alocadas en la pista de baile. Y al
parecer, a Luke también.

—Baila conmigo, Scar, estás matándome. —Luke se levantó y


se paró frente a mí, haciendo un gracioso puchero.

—No, yo… uh… —Negué con la cabeza, mirando de reojo a


Theo.

¿Por qué rayos lo miras a él, Scarlett?

—Eres mi cita, ¿recuerdas? Regálame al menos un baile —


insistió, tomándome del brazo para hacerme levantar.

—¿Qué? ¿Me dejarán solo aquí, así nada más? —se apresuró
a decir Theo, con el ceño profundamente fruncido.
—Oh, vamos, Theo, será solo una canción, le enseñaré unos
buenos movimientos a esta chica —respondió Luke, dándole
un pequeño golpe en el brazo—. Volveremos enseguida.

—Bien. —Él tensó su mandíbula.

Y de un segundo a otro, me vi arrastrada por Luke escaleras


abajo.

¿Confesión rápida? La verdad, no era una buena bailarina en


pareja. Me gustaba bailar, sí, ¿a quién no? Incluso debía admitir
que más de una vez había intentado seguirle el paso a los
movimientos de Bruno Mars en alguno de sus videos. Pero, de
horrorosas coreografías individuales, sola, en casa, a compartir
un baile con un chico había una gran diferencia. Durante mi
adolescencia hubo muchos bailes en solitario, pero cero bailes
en pareja.

Aunque, ¿si había bailado con Bess un par de veces eso


contaba?

Estoy divagando demasiado, lo sé.

—Tranquila, estás toda tensa —me dijo Luke, riendo entre


dientes.

La mezcla de haber dejado a Theo solo arriba y los nervios al


tener a un chico atractivo a punto de bailar conmigo, me
ponían en modo tabla.

—Sólo los cierra los ojos y sigue el ritmo —añadió, colocando


sus manos sobre mi cintura.

Tomé una respiración profunda y traté de hacerle caso.

Cerré los ojos y seguí el ritmo de la canción, olvidándome


por un momento de todo lo demás para así poder disfrutar de
la música. Por suerte, el modo tabla se desactivó y mi cuerpo se
movió en sintonía con el de Luke, el cual, por cierto, era un
muy buen bailarín.

Sin embargo, ni siquiera sus excelentes dotes en el baile, las


luces, el humo o el DJ pudieron mantenerme en un espacio
mental donde no me preocupara por Theo estando solo allá
arriba.

Él había alardeado de poder coquetear, beber y divertirse en


un club sin la ayuda de nadie, pero algo me decía que hoy no
estaba siendo su noche. Y por alguna razón, estar aquí, con
Luke, en vez de allá arriba, con él, me hacía sentir una extraña
sensación en el estómago.

—Creo que deberíamos subir ya —le sugerí a Luke lo


suficiente alto para que me escuchara sobre todo el bullicio.

Él quiso decir algo, quizá insistir en bailar la siguiente


canción, mas supo que era hora de subir al ver la expresión de
mi rostro.

—Tienes razón.

Luke me tomó de la mano para llevarme fuera de la locura.


No entendí por qué, pero esperé alguna sensación igual que la
que sentía con Theo.

No hubo electricidad, ni revoltijo en el estómago, nada.

—Quiero irme a casa —espetó el ogro, levantándose


bruscamente en cuanto le anunciamos que habíamos vuelto.

Era primera vez que me tomaba bastante en serio su enojo.


Parecía un toro agitado, tenía la mandíbula tensa, la respiración
acelerada y los labios apretados en una línea recta. Se veía listo
para irse con o sin nosotros.

—¿Irte a casa? Si prácticamente vamos llegando —comentó


Luke, frunciendo el ceño—. ¿Por qué quieres irte a casa tan
temprano?

—Solo quiero irme a casa —soltó con frialdad—. Eso es todo.

Vi cómo Luke resoplaba con decepción. Me sentía mal por él,


sabía que quería que Theo también la pasara bien.

—Yo lo llevaré a casa —me ofrecí, tomando mi bolso—. Tú


puedes quedarte por más tiempo si quieres, no hay problema.

—¿Harías eso? No me molesta irme, de todos modos.

—Sí, tú diviértete, yo volveré a casa con él.

—Bien, no se preocupen por mí, tomaré un Uber a casa —


sonrió, acercándose a mí—. Gracias, Scar. Te mueves muy bien
en la pista —se despidió con un beso en mi mejilla.

—Vámonos ya, no tenemos toda la noche. —La mano de


Theodore tiró de mí con brusquedad.
—¡Adiós, Luke! —me despedí entre otro jalón de Theo.

Su brusquedad me comenzaba a molestar. Comprendía que


su noche no había ido como esperaba, pero ni Luke, ni yo
teníamos la culpa de que no se hubiese querido levantar a
hablar con alguien más. El ogro en su interior debía aprender a
hacer más sociable para evitar este tipo de situaciones.

—¿Cuál es tu problema? —le pregunté cuando ya conducía


de vuelta a la casa.

—¿Cuál es tú problema? —respondió con tanta dureza que


me sorprendió—. Eres tan obvia, intrusa. Si te gusta Luke
deberías solo decírselo. Te puedo asegurar que él está listo para
saltar dentro de tus pantalones también, así que no hay
necesidad de pasar por todo este jueguito previo en el que
andan, pueden saltar directo a la cama y ya.

—Eres un idiota —espeté, ofendida—. No puedo creer que


acabes de decir eso.

—¿Es que me estoy equivocando? —inquirió, girando un


poco la cabeza en mi dirección—. ¿O me negarás ahora que te
restregaste contra él en la pista de baile?

—No voy a responderte una mierda —gruñí, devolviendo mi


atención a la oscura carretera e ignorando al ogro antes de que
esta conversación terminara bastante mal.

Entonces, todo pasó muy rápido.

Un ciervo decidió cruzar la carretera, a pesar de haber visto


el auto acercarse a la velocidad suficiente como para hacerme
pisar el freno con tanta fuerza que mi pierna sufrió un dolor
impresionante y estuve a un centímetro de impactar mi cabeza
contra el volante si no fuese por el cinturón de seguridad.

Quedé helada. Mis dedos estaban blancos debido a la manera


en que me aferraba al volante. Mi respiración era un desastre y
los latidos de mi corazón podía sentirlos en mis oídos. El ciervo
corrió asustado fuera del camino y desapareció entre los
árboles del bosque junto a nosotros, mientras que mi cabeza
comenzaba a palpitar ante el momento cercano a la muerte
vivido segundos atrás.
—L-lo siento, el ciervo s-salió de la n-nada —titubeé,
inútilmente controlando mis nervios y el nudo que se había
formado en mi garganta.

Me volví hacia mi copiloto cuando no obtuve una respuesta


de su parte y mis nervios aumentaron al ver el descompuesto
rostro de Theodore.

Se le veía incluso peor que yo, tanto que me dio miedo de


que estuviese cerca de desmayarse o de tener un ataque de
pánico. Sus brillantes ojos estaban tan abiertos como podían,
sus brazos se aferraban fuertemente a la parte inferior de su
asiento y casi pude jurar que su cuerpo temblaba. Su pecho
subía y bajaba a una irregular velocidad, como si le costase
respirar con normalidad.

—¿Estás bien? ¿Te lastimaste? —le pregunté, preocupada.

Él sólo se deshizo de su cinturón como pudo y abandonó el


auto dando un portazo.

Fue entonces que comprendí la razón de su episodio de


nervios.

El accidente automovilístico que había tenido con su madre


hacía dos años, ese donde perdió la vista… y la perdió a ella
también, ocurrió cuando un animal se les cruzó por el camino
igual que ahora.

Dios, me sentía como una idiota.

Salí de auto dispuesta a calmar a mi compañero. Sin


embargo, en el momento en que traté de apoyar mi pie derecho
contra el asfalto, un desgarrador dolor me embargó desde mi
rodilla hasta mi glúteo, haciéndome reprimir un quejido de
dolor.

<<No es tiempo de lloriqueos, Scarlett, necesitas asegurarte


de que Theo esté bien>>.

Alcé la vista y divisé la figura de Theodore recostado sobre el


maletero de Hellboy. Me acerqué cojeando un poco en un
intento de apaciguar el dolor.

Theo se encontraba con su rostro escondido entre sus manos.


Estando de pie, podía notar que temblaba violentamente. Se
veía tan vulnerable e indefenso, como un niño pequeño y
asustado. Una extrema calidez me invadió y cualquier enojo
que había sentido hacía él antes se esfumó por completo.

Todo lo que quería era aliviar su dolor.

—Lo siento —susurré con vos suave, moviéndome cerca de


él—. Ya pasó, estamos bien, ¿de acuerdo?

Él no respondió.

Acerqué mis manos hacia las suyas y las aparté de su rostro.


Esperé algún típico rechazó de su parte, pero en vez de eso, sus
manos abrazaron a las mías con firmeza, jalándome más cerca
de su cuerpo.

—Estamos bien —repetí, sintiendo sus brazos rodearme la


cintura.

Apoyé mi cabeza en su pecho y dejé que me abrazara.

Y así permanecimos, en silencio, hasta que pude escuchar


que sus latidos se calmaban y sus espasmos cesaban. Él no se
apartó en ningún momento, ni yo tampoco. Estábamos
cómodos con la cercanía del otro.

Y por alguna ya obvia razón, quería quedarme de esa manera


para siempre.

Tan cerca. Tan pacífica. Tan unida de alguna forma a este


chico hacia el cual definitivamente… tenía otros sentimientos
además de odio.

Capítulo 11

Durante el corto plazo de vuelta a casa, ninguno de los dos


habló. Él se limitaba a sostener mi mano y acariciarla
suavemente con su dedo pulgar, en silencio. No lo detuve, ni
me aparté, porque parecía estarlo calmando.

Y me calmaba a mí también.
El dolor en mi pierna empeoró en el camino, tenía que
morderme el labio cada vez que pisaba en pedal para evitar
quejarme, pero creo que lo que más me tenía preocupada era
no saber lo que nos esperaba al llegar.

El momento que habíamos tenido en la carretera había sido


demasiado íntimo e intenso como para solo irnos a dormir y
despertar mañana ignorándolo. Al menos, a mí me costaría
ignorar y olvidar la forma en que sus brazos me rodearon, y la
manera en que se aferró a mí, como yo fuese la única la única
cosa que pudiese ayudarlo a mantenerse en pie.

Durante un segundo, incluso me atreví a pensar que Theo


estaba teniendo la misma lucha interna que yo.

Aparqué el auto en el gran garaje de donde Luke lo había


sacado y apagué el motor. Fue entonces cuando nuestras
manos se separaron para bajar de Hellboy. Extrañé al instante
cómo se sentía tenerlo tocándome.

<<Oh, Scarlett, estás tan, tan loca por él que es patético>>.

Odiaba a Bess en estos momentos.

Entramos a la casa, todavía en silencio. Era primera vez que


realmente me sentía incómoda a su alrededor. El ambiente
estaba pesado, diferente, y podía percibir que él tampoco sabía
qué decir, ni qué hacer.

—¿Quieres que… te acompañe a tu habitación? —hablé al


fin, sin poder soportar el silencio por más tiempo.

Para mi sorpresa, Theo sonrió.

—En otra ocasión, diría que soy ciego, no inválido —contestó


en tono burlón—, pero, no tengo mi bastón, así que… —Alzó
su mano en mi dirección.

—Está bien —dije, volviendo a la comodidad de su mano.

<<Oh, Dios, ¿qué estás haciendo, Scar?>>.

En mi cabeza había un serio debate entre las diferentes


formas de interpretar su actitud. ¿Era una manera de
agradecerme por ayudarlo? ¿O era algo más?

Madre mía, ¿por qué Theo tenía que ser tan ilegible?

Mejor dicho, ¿por qué tenía yo que estar pensando en eso?


Subimos las escaleras en silencio para no despertar a nadie
de la casa. Tuve que apoyar todo mi peso en mi pierna sana, ya
que el dolor se intensificaba en cada escalón que subía.

Esperaba que no fuese tan grave.

—¿Te encuentras bien? —La voz de Theo me tomó por


sorpresa—. Tu respiración es entrecortada.

Que él se percatara de mi estado por solo mi respiración me


impresionó. Había estado conteniéndome precisamente para no
preocuparlo. Era increíble confirmar y ver de primera mano
cómo la mayoría de las personas en su condición tenían los
cuatro otros sentidos más desarrollados que nosotros.

—Creo que un músculo de mi pierna se tensó cuando pisé el


freno —le conté, sintiendo mis mejillas arder.

—¿Te duele mucho? ¿Necesitas algún medicamento para el


dolor? —Su rostro se llenó de preocupación.

«Theo, deberías dejar de comportarte así o será muy difícil


para mí volverte a odiar».

—Me duele un poco —mentí, mordiendo mi labio y


deteniendo mi paso frente a su puerta—, pero creo que un
analgésico me haría bien.

—Espera aquí, te traeré algo —me dijo él, tanteando la puerta


junto a nosotros hasta dar con el picaporte.

Esperé pacientemente, escuchando cómo revolvía cosas


dentro de su habitación. Quise entrar a ayudarlo, pero temí
arruinar el momento y que volviera a ser el detestable ogro de
todos los días.

—Aquí —me indicó al volver, mientras extendía un pequeño


frasco color naranja—. Esto era lo que tomábamos cuando nos
lesionábamos en el lacrosse, calmará el dolor. Si hay
inflamación, aplica hielo.

—¿Cómo es que distingues los medicamentos? —le pregunté,


curiosa.

—Las tapas tienen diferentes patrones —respondió, pasando


sus dedos por la tapa blanca del frasco—. No es demasiado
difícil.
—Me gustaría saber más de tus habilidades —solté, sin
analizar bien mis palabras hasta después de haberlas dicho.

Su risa hizo que todo mi cuerpo se calentara de vergüenza,


sabiendo que él estaba malinterpretando lo que trataba de
decir.

—Bueno, podría mostrártelas algún día, sin problemas —


respondió, dándome una brillante sonrisa traviesa.

Theodore Patterson siendo travieso conmigo era el límite de


lo que podía manejar por esta noche.

—Uh… Supongo que debería irme ya —le comenté,


arrebatándole el frasco de su mano—. Es tarde, uh, sí, es tarde.

—Sí, tienes razón —asintió, divertido—. Ha sido una noche


un poco loca.

—Sí, buenas noches, Theo —me despedí, tocando su brazo


para anunciarle mi partida.

No me esperé que su mano se posara sobre la mía y le diera


un firme apretón.

—Gracias, Scarlett, por cómo manejaste la situación.

Me asustó lo mucho que me gustó el sonido de mi nombre


salir de su boca.

Pero más me asustó lo que dijo después:

—Hay algo en ti… no lo sé, algo que me da calma.

Dejé de respirar durante un segundo, procesando el peso, el


tono y la intensidad con la que venían sus palabras.
Honestamente no entendí cómo logré detener las ganas de
actuar y escuchar a la vocecita dentro de mí que me gritaba que
lo besara.

«Porque a esa vocecita no le importa joder las cosas, Scarlett,


pero a ti sí».

—Me alegra haber sido de ayuda —dije lo primero que mi


cerebro pudo conjugar—. Buenas noches.

Y me fui antes de arrepentirme.

***
A la mañana siguiente, mi buen humor era notable. Una prueba
de ello era que a pesar de que el sol no estaba siendo muy
amable con mis ojos, decidí salir un rato al balcón de la casa de
huéspedes, no solo para apreciar la vista del jardín, sino… sino
para ver si tenía suerte de encontrar a Theo en su balcón
también.

Mis plegarias al parecer fueron escuchadas, porque de hecho,


él estaba asomado en su balcón.

Y como algo característico de su día a día, se encontraba sin


camiseta, dándome una cruel vista de su trabajado torso.

¿Cómo se suponía que debía ser fuerte ahora si me lo ponía


así de difícil? Al menos con la actitud de ogro detestable podía
reprimir cualquier sentimiento que tuviese hacia él, mas
después de lo que había ocurrido anoche, decir que quería solo
besarlo sería un eufemismo.

«¿En serio?, ¿en serio, Scarlett?».

Me quedé mirándolo mientras estiraba su recién levantado


cuerpo en calzoncillos. Dejó escapar un bostezo y recargó sus
brazos sobre la baranda del balcón. Fruncí el ceño, confundida,
cuando sus ojos se achicaron al alzar su cabeza hacia el sol,
como si le molestara la claridad de este.

Traté de buscarle lógica a esa acción, pero un grito en la


planta baja me sacó de mi acosamiento.

Solo había una persona que entraba de esa manera aquí.

¿Cómo es que no había visto pasar a Luke hacia acá?

Claro, estaba ocupada comiéndome a Theo con los ojos.

Entré a la casa y busqué mis zapatos para bajar a recibir la


temprana visita del primo Luke.

—Buenos días, Scar —me saludó en cuanto estuve al pie de


las escaleras.

Lo miré confundida al percatarme de que sostenía una cesta


de picnic en una mano y a un sonriente Evan en la otra.

—¿Qué está pasando? —pregunté, enarcando una ceja.

—Iremos a un picnic-desayuno, y como sabía que no


aceptarías debido al trabajo, nos llevaremos tu trabajo con
nosotros —explicó, risueño—. Deberíamos irnos ya, Evan se
muere de hambre.

—Es cierto —terció el pequeño, acercándose a mí—. Vamos,


vamos ya, Scarlett.

Alcé una ceja hacia Luke, haciéndole saber que esto era una
emboscada bastante astuta. Él simplemente se encogió de
hombros con una expresión de exagerada inocencia.

—Oh, venga, vamos ya —rezongué, dejándome llevar hacia


la salida por la impaciente manito del niño.

La pierna había amanecido mucho mejor esta mañana,


gracias al consejo de Theo, la aspirina y el hielo habían sido
efectivos, apenas sentía molestia. Gracias a Dios, iba a poder
seguir trabajando sin problemas.

—¿Cómo fue tu noche? —le pregunté mientras caminábamos


más allá del jardín, hacia una especie de bosque junto a la casa.

—Estuvo bien. —Él me sonrió—. Aunque hubiese sido mejor


si te hubieras quedado, mucho más divertido.

Me encogí de hombros, sin saber qué decir.

—¿Qué hay de ustedes? ¿Llegaron bien? —Se detuvo


finalmente en un lugar un poco alejado de la casa, estábamos
entre los árboles, en un prado del tamaño de un campo de
béisbol.

Supuse que era un espacio utilizado por la familia, porque


había marcas en el suelo como si hubiesen venido a tener un
partido improvisado.

—Tuvimos un incidente, pero estamos bien —le comenté,


sintiendo mi estómago dar un vuelco al recordarlo.

—¿Qué clase de incidente? ¿Se lastimaron? —inquirió,


preocupado.

—Un ciervo se atravesó en la carretera, solo fue un susto —


contesté, tranquilizándolo—. No pasó nada grave.

—Debí acompañarlos de vuelta —dijo, luciendo apenado.

—No, no fue nada. —Sacudí la cabeza, brindándole una


sonrisa reconfortante—. Pasa que soy una excelente
conductora. A diferencia de ti, yo sí quiero vivir hasta los
noventa años.

Él se echó a reír.

—¿Qué puedo decir? Soy amante de la adrenalina.

—También deberías probar ser amante de la vida.

Luke ignoró mi comentario y se concentró en sacar una


manta de la cesta y extenderla en el césped. Lo observé
mientras sacaba tazas de plástico de diferentes tamaños y con
variedad de comida. Por último, sacó un frasco con jugo de
manzana.

—¿Tú organizaste todo esto? —indagué, echándole un


vistazo al contenido de las tazas.

—Tuve convencer a Letty que cocinara. No fue fácil, pero


eventualmente aceptó —confesó, apartando un plato de comida
para Evan.

Nos dispusimos a desayunar los tres. Evan en ningún


momento nos dejó hablar, ya que se sumergió en una intensa
conversación sobre sus amigos de la escuela. Luke intentaba
intervenir, pero el niño era tan apasionado en querer que
conociéramos cada cosa sobre ellos, que nos limitamos a
mirarnos en silencio, riéndonos de la efusividad del pequeño.

En un punto, Evan terminó de hablar y de comer, y su


atención se desvió hacia sus juguetes. Comenzó a jugar con su
avión favorito mientras nosotros lo observábamos desde lejos.
Por unos minutos, caímos en un cómodo silencio, donde
nuestra atención iba hacia el pequeño Patterson.

—Theodore anoche me sorprendió —dijo de repente,


haciendo que apartara la vista de Evan y le diera mi atención—.
Sé que él cambió, mucho, después del accidente, pero pensé
que tal vez ya estaba volviendo a ser el mismo. Volviendo a ser
sociable, arriesgado, fiestero, coqueto, pero… empiezo a creer
que quizá no debo seguir esperando por algo que no va a
llegar.

Tragué saliva con fuerza. Luke lucía bastante melancólico


ante el recuerdo del Theo de antes. Me daba pena verlo fuera
de su faceta de chico carismático.
—Teníamos un plan desde hace mucho tiempo, ¿sabes? —
retomó, evitando mi mirada y concentrándose en Evan—. Él se
reuniría conmigo en Yale al salir de la secundaria, estudiaría
Administración para unirse al tío Will en el negocio de la
familia, entraríamos en la misma fraternidad y nuestros años
de universidad serían los mejores. Entonces, pasó lo del
accidente y todo cambió. Ahora ni siquiera piensa en ir a la
universidad. Él está… encerrado en su propia burbuja de
miseria. Amargado, retraído, fastidiado. De verdad creo que su
decisión de no recuperarse tiene motivos ocultos que no quiere
decirnos.

Fruncí el ceño, intentando procesar la última frase en mi


cabeza. ¿A qué se refería Luke con “su decisión de no
recuperarse”? ¿Acaso Theodore había tenido la oportunidad de
poder ver de nuevo?

—¿De qué hablas? ¿Había una manera de reparar… su


condición? —inquirí, haciendo que me mirara.

Sus ojos me dieron a entender que era un asunto delicado.

—Cuando despertó después del accidente, Theo no era capaz


de ver absolutamente nada, todo era negro para él. Los
doctores le hicieron unos estudios y lo diagnosticaron como un
leve caso de ceguera cortical; es algo sobre daño en una parte
del cerebro. Dijeron que podía recuperar la vista casi en su
totalidad si seguía un corto tratamiento y se aplicaba una
cirugía, pero él se rehusó —explicó con tristeza—. Al pasar el
tiempo, me contó que su vista había mejorado; pasó de ver
negro a ver sombras, y puede percibir levemente el
movimiento, pero aunque le hemos pedido mil veces que se
someta a la cirugía, él siempre se niega a ello.

Me costó procesar toda la información que Luke me acababa


de decir. Ahora entendía lo de esta mañana. Esto era algo
grande, algo demasiado importante y delicado, tenía que haber
un gran motivo detrás de la negativa de Theodore. Una parte
de mí se llenó de esperanza de tan solo pensar que él tuviese la
oportunidad de seguir con los planes que había detenido por el
accidente; a que regresara a ser el Theo que Luke describía, que
pudiese cumplir su sueño de ir a la universidad, ayudar a su
padre en el negocio… que lograra superar el pasado.

¿Cómo era que no quería todo eso?


—No tenía idea de lo que me cuentas —comenté,
recuperando la compostura—. Hay muchas preguntas en mi
cabeza ahora mismo.

—Créeme, yo tengo el doble de preguntas que tú —Mi


compañero se encogió de hombros—. No puedo negar que
quisiera tener a mi verdadero primo de vuelta, ese que estaba
lejos de irse de un club a medianoche solo porque está
fastidiado.

Su rostro se veía entristecido, nostálgico, y lo comprendía. Él


veía a Theodore como un preciado hermano, hasta habían
hecho planes para su vida, y era claro que le dolía verlo dejar
que las heridas de su primo lo retuvieran de hacer todas las
cosas de las cuales tendría oportunidad si tan solo aceptara la
ayuda que necesitaba.

Entendía que Luke quería a su primo de vuelta.

—Está bien —lo reconforté, poniendo mi mano sobre la suya


—. Quizá algún día puedas tenerlo de vuelta.

Me miró a los ojos con intensidad mientras una sonrisa de


gratitud se levantaba en sus labios. En algún punto de la
conversación, su rostro se había acercado lo suficiente para
rozar lo peligroso e inapropiado. Había sido un movimiento
inconsciente, deliberado, una especie de atracción ante el tema
de Theo. Sin embargo, para él, fue alguna señal que lo hizo
terminar de acortar la poca distancia que nos separaba y
plantarme un beso en los labios.

Abrí mucho mis ojos, completamente sorprendida de su


atrevimiento.

Es decir, ¿estaba soltera? Sí. ¿Él estaba soltero? Pues, sí hasta


donde sabía. ¿Luke era atractivo, amable y carismático? Ni
siquiera tenía que preguntar. Pero… ¿Quería que me besara?

No.

¿Por qué no?

Por Theodore.

Me aparté como si sus labios estuvieras en llamas.

—Lo siento —se disculpó, aunque esbozando una pequeña


sonrisa—. Muy rápido, lo sé, lo siento.
«Huye, Scarlett, corre mientras puedas».

—S-Sí. —Me levanté de tirón, sintiéndome incómoda—. Creo


que será mejor que volvamos adentro, necesito… necesito
preguntarle algo a Letty sobre una receta.

—Bien, está bien —dijo sonriendo, comenzando a abrir la


cesta para guardar las cosas.

—Yo me adelantaré con Evan, te veré en la casa.

Recordé que no estábamos solos, Evan se encontraba cerca


de nosotros y yo solo deseaba que no hubiese visto nada.

No quería que Theo se enterara de esto, no tenía sentido


sentirme culpable… pero lo estaba.

Capítulo 12
Al entrar a la mansión, dejé que Evan corriera a su habitación
como un loco diciendo que quería ir a ver la televisión, y me
dirigí directo a la cocina en busca de Letty. Necesitaba hablar
con alguien de lo que acababa de pasar o sino explotaría.

Para mi suerte, ella estaba ahí. Para mi desgracia, Theo la


acompañaba, se encontraba sentado en unas sillas de la barra,
comiendo directo de la caja de cereal.

—¡Hola, Scarlett! —me saludó Letty alegremente, sin


encararme, ya que estaba ocupada cocinando.

—Hola, Letty, buenos días —la saludé de vuelta,


dirigiéndome hacia Theo y tomando asiento junto a él— Hola,
ogro. ¿Sí sabes que el cereal se acompaña con leche, no?

Él giró un poco la cabeza hacia mi dirección y me dedicó una


radiante sonrisa que provocó que mi corazón diera un salto
mortal de la emoción.

Y del remordimiento.

—Buenos días, intrusa —respondió—. Llámame raro pero


odio el cereal con leche, lo prefiero así. Dime, ¿cómo estuvo tu
noche?, ¿dormiste bien? —me preguntó, moviendo su mano
sobre la barra hasta que se encontró con la mía.

La Scarlett embobada dentro de mí estuvo a punto de


desmayarse al ver a Theodore de buen humor y bastante
dispuesto a tocarme.

—Sí, como un bebé —contesté, hipnotizada con la vista de


nuestras manos juntas, de nuevo—. ¿Qué hay de ti?

—Como un bebé —repitió, dándole un apretón a mi mano y


ensanchando su sonrisa.

Mi cuerpo, dominado por una fuerza misteriosa, no pudo


resistirse al impulso de querer hacer algo más que tocarlo,
empezó a acercarse a su rostro. No me pregunten qué pretendía
hacer porque no tenía idea por qué estaba entrando a la boca
del lobo de esa manera justo frente a Letty, pero… como les
dije, estaba siendo dominada por una fuerza misteriosa.

Una fuerza misteriosa que fue detenida por Letty, quien se


volvió hacia nosotros antes de que pudiera cometer alguna
estupidez. Logré apartarme en el momento justo, gracias a
Dios.
No obstante, ella se nos quedó mirando de una manera
extraña.

—¿Cómo estuvo el desayuno con Luke, Scarlett? —inquirió


ella.

Tragué saliva con fuerza, observando la sonrisa de Theo


desvanecerse.

—Cierto, Letty me dijo que hicieron un picnic con Evan —


terció, devolviendo su atención a la caja de cereal.

Genial.

—La comida estaba deliciosa, gracias, Letty. —Le sonreí en


un intento de esconder mi nerviosismo—. Evan se divirtió
mucho.

—Bueno, si ya no tienes ningún otro picnic al que asistir,


quisiera salir contigo hoy. Hay un lugar a donde quiero ir —me
dijo Theo, haciendo que Letty nos mirara con una expresión de
emoción que provocó un fuerte rubor en mis mejillas.

Nos miraba como si le acabáramos de decir que nos


casaríamos o algo así.

—Uh… tendría que preguntar si Evan puede quedarse solo


un momento —le contesté, sintiéndome cohibida al tener a
Letty presenciado lo que fuese que estaba ocurriendo.

—Puede quedarse con Luke, a él no le importará —me


aseguró, llevándose un gran puñado de cereal a la boca.

—¿A mí no me importará qué? —La repentina voz de Luke


me sobresaltó.

—Cuidar un rato de Evan mientras Scarlett y yo salimos —le


contestó su primo con la boca llena. Se veía gracioso haciendo
un gesto tan infantil, y si el momento no fuese tan incómodo,
me hubiera reído de él.

—¿Salir a dónde? —El rubio se acercó a probar lo que Letty


cocinaba, pero antes de que su dedo rozara la salsa en la olla,
ella le dio un manotón—. Lo siento, lo siento.

—Tengo mucho tiempo que no visito a mamá, así que quiero


ir al cementerio.
Todos en la habitación aguardamos silencio, unos más
sorprendidos que otros.

Letty automáticamente miró en mi dirección, sus ahora


conmocionados ojos se tornaron brillantes antes de darse la
vuelta sin decir ni una palabra y volver a la cocina. Eso solo
desencadenó un serio episodio de sonrojo intenso en mí.

—Oh —habló Luke, aclarando la garganta y tratando de salir


de su momentáneo estado de conmoción—. Sí, está bien, yo
cuidaré de Evan, no se preocupen, ustedes vayan. Yo me
quedaré para enseñarle una lección a ese niño en el Xbox, no
puede ganarle al maestro de los videojuegos.

No pude evitar reír. No podía imaginarme a Luke, el chico


casi arquitecto egresado de Yale, alto, musculoso, con
impresionantes habilidades para ligar, jugando al Xbox e
intentando vencer a un niño de cinco años.

—Luke y Scarlett sentados en un árbol, b-e-s-á-n-d-o-s-e,


besándose. Luke y Scarlett sentados en un árbol, b-e-s-á-n-d-o-s-e,
besándose.

Una personita, conocida como Evan, hizo su vil entrada a la


cocina canturreando una canción que hizo que su primo y yo
intercambiáramos miradas, incomodados.

Oh, Jesucristo, ¿por qué me haces esto?

—¿De qué estás hablando, pequeño loco? —le preguntó


Theodore sonriendo a medias, como si de una broma se tratara.

Evan, mi pequeño Evan, te he tratado bien todo este tiempo,


¿por qué me haces esto?

—Deja las tonterías, hermanito.

—No son tonterías —farfulló el niño, haciendo un enojado


puchero—. Yo los vi, los vi.

—¿Qué? ¿Qué dijiste?

Cerré mis ojos con fuerza, preparándome para cualquier cosa


que se avecinara, esperando el golpe que sabía que venía por
culpa de Evan.
—Se estaban así como besando, yo los vi, puaj, qué asco. —
Dios, este niño era adorable hasta cuando no me tenía que
agradar.

—Solo fue un beso, primito, cuando tengas más edad no


dirás “puaj”, te lo aseguro.

Quería matar a dos Patterson en ese instante. La tranquilidad


de Luke me desconcertaba, él parecía bastante cómodo con la
situación. Con Evan molestándolos, con Theo escuchando sobre
el beso, con Letty y su expresión de completa confusión.

Luke se encontraba tan ajeno de todo que era ridículo.

—Así que es cierto —replicó Theodore, frunciendo el ceño—.


¿Sí se besaron?

—¿Por qué te pones así? —comentó Luke con envidiable


serenidad— Sí, lo hicimos, son cosas que pasan, es el momento,
el ambiente, la persona.— Alzó la vista hacia mí para
dedicarme una amplia sonrisa.

Mi estómago gruñó, amenazando con devolver todo lo que


había comido en el desayuno.

—Tú me entiendes, hombre. Y pues, si me disculpan, me


llevaré a este enano para castigarlo con cosquillas por estar
espiando a las personas.

Evan salió huyendo de la habitación mientras reía


histéricamente, con su primo pisándole los talones.

Ahora solo estábamos Letty, Theo y yo.

Theo permaneció en silencio. Estaba molesto, inmóvil, con


sus ojos fijos en la pared frente a él, lejos de mí, los labios
fruncidos, mandíbula tensa y respiración acelerada.

No, no, no, lo menos que quería era que se cerrara de nuevo.

—Con permiso, buscaré a Ángelo para encargarle unas cosas


—se excusó Letty sin siquiera mirarnos al abandonar la cocina.

Dios sagrado y bendito, ¿cómo se suponía que arreglaría eso


ahora?

—No perdiste tiempo, ¿cierto? —me espetó, furioso—. Ya


veo que seguiste mi consejo bastante bien.
Me armé de valor y me acerqué a él dispuesta a explicarle el
malentendido. Quise tomar su mano, él se apartó bruscamente,
tomó su bastón y se levantó de su asiento.

—Iré a cambiarme, tomaremos el Sedán que tiene GPS —


dijo, frío, comenzando a dirigirse a la salida—. Dile a Ángelo
que suba a mi habitación, no te tardes, intrusa, que el tiempo es
oro para mí.

Resoplé, derrotada.

Bueno, recibamos de vuelta al ogro más detestable de esta


casa: Theodore Patterson.

***

La tensión entre los dos me estaba matando.

Íbamos en camino al cementerio y él no me había dirigido la


palabra, se limitaba a estar sentado junto a mí mientras
escuchaba un CD de Guns N’ Roses a un volumen que estaba
cerca de dejarme sorda.

—Theo —llamé su atención en un desesperado intento de


entablar una conversación.

Su brazo se estiró para subirle mucho más volumen a la


canción.

Pero qué infantil.

Llevé mi mano al reproductor y puse un volumen normal.


Lo miré de reojo, lista para hablar.

—Theo, no quiero que…

—No me importa lo que tengas que decir —expresó


bruscamente—. Quiero un poco de tranquilidad, así que no
hables. Y con no hablar, me refiero a en todo el viaje.

—¿Por qué estas comportándote así? Pensé que estábamos


bien —comenté, molesta.

Giró su cabeza hacia la ventanilla, fingiendo no escucharme.

—Estoy hablando contigo, ¿sabes?

—Lo sé, te estoy ignorando.


Mi boca se abrió, estupefacta. Por un lado entendía que
hubiese malinterpretado las cosas y por eso se encontrara tan
cabreado. Sin embargo, su actitud de no querer escuchar lo que
tenía para decir comenzaba a cabrearme.

La voz del GPS me distrajo durante unos segundos mientras


aparcaba en un lugar junto al cementerio y empezaba a pensar
a quién acudir para que pudiese decirme dónde encontrar a la
madre de Theo.

—Ya estamos aquí —anuncié apagando el motor y


quitándome el cinturón de seguridad.

—Bien, no me tardaré, espera aquí. —Él se quitó el cinturón


y salió del auto sin siquiera voltear a mi dirección.

No había manera en este mundo en que dejaría que él


deambulara solo por ahí.

—Oye, oye, ¿a dónde crees que vas? —le pregunté,


apresurándome en alcanzarlo.

—¿Acaso la música te ha dejado sorda? —respondió cortante,


tanteando el césped con su bastón—. Te dije que esperaras
aquí, iré solo, tú te quedarás.

—No irás solo a ninguna parte, Theodore.

—Puedo cuidar de mí mismo, intrusa.

Me crucé de brazos, rechinando los dientes. Lo observé


intentar caminar hacia ningún lugar en específico. Segundos
después él pareció tropezarse con una piedra y si no doy un
salto para ayudarlo, probablemente hubiese terminado en el
suelo.

—Suéltame. —El ogro se sacudió bruscamente de mi agarre


—. No necesito tu ayuda.

—Estoy perdiendo la paciencia contigo, Theodore, te estás


comportando como un maldito niño malcriado —exploté,
tomándolo del brazo con fuerza—. Si esto es por lo que pasó
con Luke…

—No, no lo es.

—¡Sí, sí lo es! —le espeté, acalorada—. Estaba todo bien esta


mañana hasta que lo supiste. Dime entonces, ¿por qué estas
así?, ¿por qué es que te molesta tanto que nos hayamos besado?
¡Por el amor a Dios! Eres… eres… eres tan incomprensible. Un
minuto estás tomándome de la mano, y al otro vuelves a
declararme la guerra. ¡¿Cuál es tu problema ahora?!

—¡Tal vez supieras cuál es mi problema si no te estuvieras


besuqueando con mi primo!

—¡Solo estás celoso porque me besuqueo con él en vez de


contigo!

Oh, por Dios, no podía creer que eso había salido de mi boca.

—¡Quizá sí lo estoy, maldita sea!

Di un paso atrás, asombrada por lo que escuché salir de su


boca. ¿Escuché mal? ¿Escuché bien? ¿Theo acababa de admitir
sus celos?

Y entonces, el silencio reinó en el lugar.


Capítulo 13
—¿Qué?

Me atreví a ser la primera en decir la siguiente palabra, ya


que él no parecía muy dispuesto a seguir hablando, solo se
limitaba a estar parado a menos de un metro de mí, con su
rostro encarando el mío y su respiración ligeramente agitada
por nuestra reciente discusión.

Nos encontrábamos tan cerca del otro que el único


pensamiento que tenía en ese instante era en lanzarme a sus
brazos y sentirme aliviada de que no era solo yo que estaba
teniendo todas esas sensaciones.

Él había admitido que estaba celoso de Luke. Él había


admitido que quería besarme.

—Pues, lo que escuchaste —masculló, aclarando su garganta


y girando su cabeza hacia otro lado.

Vaya, todo un romántico.

—¿Desde… cuándo? —pregunté cautelosa, moviendo mi


mano a la suya. De nuevo se apartó.

—No quiero que sientas lástima por mí.

—¿Por qué es que piensas que siento lástima por ti? Créeme,
algo siento, pero está lejos de ser lástima.

Su cabeza se volvió a erguir y la expresión en su rostro me


descolocó por completo.

—¿Qué? —inquirió, como si pensara que no había escuchado


bien.

Me acerqué aún más a él, estando casi nariz con nariz.

—Yo… lo detuve —solté, sintiendo mis mejillas arder.

—¿Detuviste qué?

Su lentitud para comprender casi me hace poner los ojos en


blanco. Tal vez debía ser más específica.
—Él me besó… y yo lo detuve —le expliqué, titubeante.

No era muy buena en este tipo de cosas. Denme un poco de


crédito, ¿bien?

—No me gusta Luke, Theo.

—¿Por qué no te gusta? A todas les gusta Luke.

Mis manos se atrevieron a acercarse a su rostro. Quería


tocarlo, sentir cuán suave era su piel. Quería decirle con más
que palabras lo que intentaba decirle.

Y él me lo permitió.

Di un paso adelante, haciendo que nuestros cuerpos


chocaran. Mis dedos acariciaron la piel de sus mejillas. Era
increíble cómo su rostro no tenía ni una sola imperfección, sin
barba, sin manchas, sin nada. Díganme, ¿qué otro chico tenía
un cutis tan perfecto como el de él?

Me moví hacia sus gafas de sol, pidiendo permiso para


quitarlas del camino. Fue ahí cuando sus grandes manos se
cerraron sobre las mías y me ayudaron a deshacerme de ellas.

Dios, sus ojos eran hermosos y no me cansaría de decirlo.

—Por alguna razón que aún no puedo entender, Theo…—


susurré a centímetros de sus labios y perdida en su brillante
mirada.

Su cuerpo se estremeció a mi cercanía.

<<Hazlo>>.

—Me gustan más los chicos gruñones.

Dicho eso, mi mente se volvió un completo borrón y en lo


único que pude pensar fue en atacar sus labios en ese beso que
tanto había estado anhelando y que nunca pensé que alguna
vez pasaría en realidad.

Su respuesta a mi acción fue más rápida de lo que esperé. En


cuanto sintió mis labios en los suyos, su mano voló hacia mi
nuca y me apretó contra él, dejando escapar un gruñido de lo
más profundo de su garganta.

Fue un beso feroz y apasionado. De esos que sientes que el


aire se te va y que el corazón está a punto de abandonar tu
pecho… de esos que te asustan, porque se siente tan bien que
sabes que no serás capaz de saciarte nunca.

Lo que estaba experimentando era un nuevo nivel de


intensidad, incluso mayor que el que su toque me transmitía,
era tan fuerte que me hacía sentir atontada, mareada, drogada
por él.

El beso de Theodore Patterson era desenfrenado, pero hábil y


firme, cualquier chica besada por él antes debía sentirse
afortunada, porque el chico sabía lo que hacía y sabía lo que
provocaba. Inclinó su rostro a un lado para que nuestras bocas
encajaran y nuestras lenguas se encontraran. Reprimí un jadeo
cuando su mano libre me tomó de la cintura y pegó nuestros
cuerpos de tal forma en que estaba segura de que estábamos
haciendo una escena demasiado comprometedora.

Mi aliento se acababa, pero aun así, no tenía ni el más


mínimo pensamiento de querer separarme de su beso.

¿Honestamente? Estaría dispuesta a romper con Theo el


récord del beso más largo del mundo si fuese necesario con tal
de no alejarme todavía.

Gemí como una desvergonzada cuando lo sentí separarse de


mí.

Su frente se pegó contra la mía y con sus ojos cerrados,


esbozó una gran sonrisa.

—¿Con esto te queda claro, no? —dije sin aliento.

—Es la primera vez que siento celos de mi primo, ¿sabes?—


murmuró con voz ronca—. Fue así que supe que algo pasaba
conmigo. Nunca le he envidiado nada en todos estos años.
Hasta que en el primer día de conocerte te llama “Scar”,
alardea sobre lo linda que eres y te comienza a tratar como si
fuesen los mejores amigos en el mundo. De verdad, sentí ganas
de arrancarle la cabeza.

No pude evitar sonreír al tenerlo admitiendo aquello.

—Definitivamente hay algo en ti, intrusa. Has logrado


hacerme sentir un montón de cosas inexplicables en solo unas
pocas semanas. Estás volviéndome loco.
Sus pulgares trazaron un suave camino desde mis sienes
hasta que ambos se encontraron en mi barbilla.

—Debes tener un rostro muy bonito.

Una risa tonta se escapó de entre mis dientes.

—Estoy intentando procesar en este momento el hecho de


que me has dicho un cumplido —me reí.

—Y yo estoy procesando el hecho de que has admitido que te


gusto. —Su sonrisa se convirtió en una burlona y engreída.

—Tú lo has admitido primero —le recordé, enarcando una


ceja.

Dios, su ego debía estar por los cielos.

—Técnicamente nunca dije la palabra “gustar”, como tú lo


hiciste —se burló—, pero creo que eso quedó bien claro.

Me sonrojé intensamente.

—Bien. —Recobré la compostura, sacudiendo la cabeza.

Teníamos que recordar que estábamos en un cementerio para


visitar a su madre y no para terminar besándonos como locos
en medio de él.

—Iré a buscar a alguien que pueda ayudarnos a encontrar a


tu madre, ¿puedes esperar aquí mientras voy?

—Sí, esperaré aquí —aceptó, colocándose de vuelta sus gafas


de sol—. No tardes.

—No lo haré.

Por suerte, no me tardé. Un poco más allá de donde había


aparcado, se encontraban las oficinas de la funeraria. Había
estado en otro tipo de cementerios donde tenías que buscar por
ti mismo la lápida si habías olvidado el lugar, pero gracias a
Dios, ellos pudieron buscar el nombre en una computadora y
me indicaron el sitio exacto.

Todavía no estaba segura en qué punto estábamos Theodore


y yo. ¿Qué pasaría luego de esto? ¿Cómo sería nuestra relación
de ahora en adelante? ¿Cómo debía actuar ahora? ¿Qué había
significado ese beso? Todas esas preguntas abrumaban a mi
cerebro, pero ignoré cada una de ellas.
Quería disfrutar de esto tanto como pudiera.

Al momento en que nos encontrábamos frente a la lápida de


Evangeline Reneé Patterson, detuve mi paso y Theo me imitó,
dándole un suave apretón a mi mano.

—“Evangeline Reneé Patterson…—Leí en voz alta—. Amada


madre. Amiga. Hija. Hermana. Esposa. 1970 – 2010”.

Noté cómo se tensaba.

—¿Quieres que te deje solo por un… —Comencé a


preguntarle, pero me interrumpió.

—No, quédate. —Su mano hizo presión encima de la mía—.


¿Puedes acercarme?

—Sí, claro —dije, dando un paso más cerca hacia el hermoso


decorado de la lápida. Se veía bien cuidada y montones
orquídeas blancas la adornaban.

Parecía que alguien hubiese estado aquí hace poco.

¿El señor Patterson, quizá?

Guíe su mano y la coloqué encima de la piedra. Al sentir el


contacto, sus dedos se movieron a través de la superficie, como
si la acariciara.

Se formó un nudo en mi garganta. De tan solo imaginarme el


sufrimiento que esta increíble familia tuvo que pasar al perder
a alguien tan querido para ellos, me era devastador.

Poniéndolo en perspectiva, nunca había sentido el calor


familiar del que todos hablan, aquel que viene con el privilegio
de tener una familia estable, o al menos, una figura familiar
estable. Sin embargo, no tenía que vivirlo de primera mano
para empatizar con los Patterson y su pérdida. Si yo hubiese
tenido ese calor y lo hubiera perdido, ni siquiera sé qué hubiese
hecho.

—Ni siquiera fui a su funeral. —La voz de Theodore me trajo


de nuevo a la realidad—. Estaba aún internado en el hospital.

Tragué saliva con dificultad.

—No tuve oportunidad de decirle adiós apropiadamente. —


Se encogió de hombros, dándome la espalda—. Sé que papá ha
estado aquí, puedo oler las orquídeas. Eran las favoritas de
mamá.

Las lágrimas cayeron por mis mejillas sin poderlas detener.

Sorbí por la nariz en un inútil intento de guardármelas.

—¿Estás llorando? —Él se volvió hacia mí con las cejas


levantadas.

—No… sí —contesté, limpiando algunas con mi mano—. Es


que… debes extrañarla mucho. Debió ser una buena madre.

—Lo fue y sí, la extraño mucho. —Una leve sonrisa se elevó


en sus labios—. Todos los días, de hecho.

Esto no estaba ayudándome con eso de no llorar.

—Quisiera haberla conocido. —Sorbí de nuevo por la nariz.

Jesús, no sabían lo avergonzaba que me sentía al estar


llorando como una bebé.

—Le habrías agradado. —Su sonrisa se ensanchó—. Tienen


mucho en común ustedes dos, sobre todo en lo de mandonas.

No pude aguantarme más y me acerqué para rodear su


cintura con mis brazos. Él se sorprendió al principio, pero
luego sus brazos me apretaron contra sí.

—El que debería estar lloriqueando soy yo, no tú, intrusa.


¿Desde cuándo eres tan sensible? —Una suave risa resonó en el
oído que tenía pegado en su pecho—. ¿Podemos ir por un
helado luego de esto? Luke estará bien cuidando de Evan un
poco más. Será rápido.

Alcé la vista hacia él.

¿Cómo iba a decirle que no a este chico?


Capítulo 17

No podía decidirme cuál faceta de Theodore me gustaba más.


Si la de ogro o la de atento.

Bueno, probablemente un poco de ambas.

Trataba de no hacerme ilusiones con todo este asunto, ya que


en todo el día nunca salió el tema de qué se suponía que
haríamos luego de que la magia del día se esfumara y
volviésemos a la realidad de… que yo era una empleada, y él
era algo así como mi jefe.

Un jefe que me sonreía, que me abrazaba y me robaba besos


con sabor a helado de pistacho.

Él parecía una persona completamente ajena al chico que


conocí el primer día.

Incluso, fue un jefe que de vuelta a casa, dejó que escuchara


tranquilamente mi CD de Coldplay, sin quejarse, ni ofender
mis gustos musicales.

Bess iba a morirse cuando le contara sobre esto.

Era muy bueno para ser verdad, cosa que me tenía inquieta.
La mayoría de las cosas buenas que pasaban en mi vida eran
muy buenas para ser verdad, y siempre terminaban yéndose a
la mierda. Esperaba que esta no fuese otra de esas ocasiones,
porque creo que no lo soportaría.

Aparqué el auto en su respectivo puesto en el gran garaje y


apagué el motor. Una ola de nervios de apoderó de mí mientras
abandonábamos el Sedán en silencio.

Debía preguntar al respecto antes de que cruzáramos por esa


puerta.
—¿Qué se supone que haremos a partir de este momento?
—le pregunté, deteniéndome en seco al igual que él—.
¿Volveremos a la actitud de querer matarnos? ¿Fingiremos que
nos seguimos odiando? ¿Cómo deberíamos proceder desde
ahora?

Se movió hasta quedar frente a mí y lo segundo que supe, fue


que ahora me encontraba acorralada entre el auto y su cuerpo.

—¿Tú crees que pueda seguir fingiendo que te odio? —


inquirió, sonriendo—. Debo parecer un tonto ahora porque no
puedo parar de sonreír.

Su nariz rozó la mía de lo cercaba que se encontraba.

—Pero, a pesar de todo esto, no quiero que pierdas el trabajo


—retomó—, sé que es importante para ti y que necesitas el
dinero, así que… no lo sé, voy a intentar no besarte cada vez
que estemos en la misma habitación.

—¿Estás proponiéndome entonces tener una relación


clandestina con mi jefe? —indagué, divertida.

Él se echó a reír.

—Sé que no se vería bien en tu currículo… pero sí —admitió


entre risas—. Una discreta y secreta relación con el chico ciego
al que cuidas.

—Eso suena retorcido cuando lo pones así.

—Creo que sonó más retorcido cuando dijiste que te


gustaban los chicos gruñones —se burló.

—Tienes razón, ogro.

—Bueno, ya cállate y bésame, intrusa.

Y eso hice.

Todo su peso cayó sobre mí en cuanto nuestros labios se


unieron por segunda vez en el día, aprisionándome contra su
auto. Sus dedos se enredaron en mi cabello, haciéndome
cosquillas detrás de mi oreja y los míos apretaban su cuello,
apretando nuestros rostros, nuestras bocas, nuestras lenguas,
disfrutando de nuevo de la exquisita sensación que
experimentaba besándolo.
Pensé que sus besos no podrían ponerse mejor, que ya era
suficiente con que tuviesen el poder de convertir a todo mi
cuerpo en gelatina, pero entonces Theo tomó mi labio inferior
entre sus dientes y tiró de él con suavidad, dándome la
bienvenida a un nuevo mundo de sensaciones. A un mundo
donde mi cuerpo pasó de ser gelatina a estar en llamas en
cuestión de microsegundos.

Tuve que apoyarme sobre el auto para no derretirme allí


mismo.

Jesús bendito, ¿qué infiernos le estaba pasando a mi cuerpo?

—Oh, oh, Dios… lo siento, disculpen la interrupción, ¿debí


tocar? —Empujé a Theodore al escuchar una exaltada voz cerca
de nosotros.

Dios, se trataba de Ángelo.

—N-no, está b-bien —balbuceé, recuperándome


rápidamente del momento—, no interrumpiste nada.

—Los vimos llegar y Letty me envió a avisarles que la cena


estaba lista —explicó su presencia, todavía avergonzado.

El hombre se encontraba entre sorprendido, avergonzado y


otra expresión que no pude sentarme a descifrar

—Pero le diré que se tomarán un tiempo. —Una pequeña


sonrisa se asomó—. Con permiso, y perdón de nuevo por
irrumpir así.

—Así que una discreta y secreta relación… —Me di la vuelta


en cuanto la puerta se cerró. Estaba roja de vergüenza—. Creo
que esa parte ya no se va a poder.

Theo me dedicó una media sonrisa y sacudió la cabeza.

—Ángelo no le dirá nada a nadie, no te preocupes, el


hombre es como una tumba. —Chasqueó la lengua al
percibirme tan preocupada.

—Bien, debemos entrar entonces. —Traté de jalarlo del


brazo, pero él se resistió.

—¿Por qué? —me preguntó, sonriendo burlonamente—. Él


dijo que le diría a Letty que íbamos a tomarnos un tiempo.
Enarqué una ceja. Al parecer no era la única siendo dominada
por sus hormonas. Sin embargo, sabía que ya era hora de
cruzar la puerta y actuar con “discreción”.

—Ya ese tiempo pasó, ahora entremos a cenar. —Lo jalé de


nuevo.

Esta vez se dejó llevar a regañadientes.

El señor Patterson volvió del trabajo unos minutos después y


se unió a nosotros en la mesa. Quise acompañar a Letty e ir a
comer en la cocina, ya que no le vería hasta la próxima semana,
pero Theodore me pidió sentarme junto a él en la mesa y estaba
de tan buen humor que no pude negarme.

—Theodore fue hoy a visitar a la tía Eva —terció Luke entre


una pequeña conversación que estábamos entablando todos—.
No me han dicho cómo fue todo.

Me volví hacia Theo, pensando en que se molestaría con su


primo por haber sacado el tema.

Me sorprendió encontrarlo sonriendo.

—Fue bastante bien, mejor de lo que creí. —Di un respingo


al sentir la repentina mano de él posándose en mi pierna.

¿Cómo había llegado eso ahí?

El señor Patterson le dedicó una amplia sonrisa.

—Luego Scarlett y yo nos fuimos por un helado. —Su mano


buscó la mía para entrelazar nuestros dedos.

Puse todo mi esfuerzo por respirar normalmente y no


sonrojarme frente a todos. Esto no estaba siendo ninguna
relación discreta y secreta, querido Theodore.

—Me alegra saberlo. —Fue lo único que su padre le contestó,


sin dejar esa expresión de alegría esfumarse de su rostro.

Estaba feliz de que el señor William estuviese feliz.

—Scar —inquirió Luke, haciendo que la mano de Theo se


tensara sobre la mía.

Recordé que no le gustaba cuando su primo me llamaba Scar,


y tuve que reprimir una sonrisa. En serio, no podía ser menos
discreta que ahora mismo.
—Llevaré a Evan a ver una película mañana por la tarde —
me dijo, sonriente—. Puedes venir con nosotros si quieres.

—¡Sí, sí, ven con nosotros! —expresó Evan entusiasmado—.


¡Tienes que venir, Scarlett, tienes que venir!

Aclaré la garganta, incómoda.

Me encontraba entre la espada y la pared. Era mi trabajo


cuidar de Evan, así que estaba obligada a ir. Aunque no era que
no quisiese, era que sabía que Theodore se quedaría en casa y
yo tendría que pasar toda una tarde con Luke. Y luego del
momento incómodo en el picnic, no sabía en qué posición
estábamos, ni cómo actuar a su alrededor. Además, tampoco
podía contarle sobre Theo, nadie podía saberlo, ni siquiera él.

—Eso estaría bien —acepté, sin tener realmente otra opción.

En cuanto dije aquello, la mano de mi compañero abandonó


la mía, haciendo que mi pecho se hundiera.

—¡Genial, genial! —saltó el pequeño—. Ahora sí será


divertido.

Ángelo se apareció en la mesa para recoger los platos vacíos


y llevarlos a la cocina. Me removí incómoda en mi silla y traté
de no hacer contacto visual con él, todavía estaba lo
suficientemente avergonzada como para actuar normal con él.
Para mi buena suerte, él simplemente recorrió la mesa mientras
tomaba los platos y gracias a Dios se alejó sin decir nada.

—Pues, yo me retiro, tengo que hacer unas cosas en mi


despacho —se excusó el señor Patterson, ya levantado—.
Scarlett, lleva a Evan a su habitación y asegúrate que se acueste
a dormir temprano, ¿sí?

—Entendido. —Asentí con la cabeza y le sonreí—. Que pase


buenas noches.

—Igualmente —Él se acercó y dejó un beso en la frente de su


hijo, antes de despedirse una vez más y comenzar a subir las
escaleras.

—Bueno, pequeño primo, ¿qué tal si vamos a jugar


videojuegos y hacemos que Scar nos guarde el secreto, sólo por
esta noche? —Luke se levantó también y alzó a Evan en sus
brazos.
No podía negar que él tenía ese toque paternal, cariñoso y
lindo que muchos chicos de su edad no tenían.

—Por favoooor, déjame quedarme despierto un rato más. —El


pequeñín me hizo un adorable puchero.

—Por favoooor, déjalo quedarse despierto un rato más —lo


imitó su primo, haciendo un puchero aún más adorable que el
del niño.

No pude evitar reír.

—Si el señor Patterson se da cuenta de esto, es su


responsabilidad —les advertí con tono autoritario.

Los dos esbozaron una sonrisa de agradecimiento y se


escaparon antes de que cambiara de opinión.

Theodore aún seguía sentado en la mesa, sin decir nada, pero


sabía que ya estábamos solos.

—¿Así que me tengo que quedar toda la tarde solo, después


de lo de hoy? —me preguntó de manera burlona—. Maldito
Luke, siempre encuentra una manera de persuadir a las chicas.

No podía distinguir si estaba enojado o no.

—Es sólo una película. —Me encogí de hombros.

—Con Luke no es sólo una película —comentó, frunciendo


los labios—, ese es el problema. Utilizó a Evan otra vez para
arrastrarte a una cita con él.

—No es una cita si está Evan —le dije, haciendo que sus
labios se apretaran a un más.

—La presencia de Evan no lo detuvo temprano cuando te


besó, ¿cierto? —respondió, enarcando una ceja.

El celoso chico Patterson de repente me pareció lindo y no


pude detener que una suave risa saliera de mi boca.

—Pondré a Evan de por medio si eso es lo que te preocupa,


—Le hice saber, sonando más divertida que otra cosa.

Para mi sorpresa, esbozó una pequeña sonrisa.

—Realmente te divierte verme perder la cabeza, ¿no?


Alargué mi mano y la coloqué sobre su mejilla, avisándole de
mi acercamiento. Él colocó su mano sobre la mía y sus labios se
expandieron en una sonrisa que debía ser ilegal.

—Al parecer no soy el único que tendrá que contenerse de


besarte cada vez que estemos en la misma habitación.

—No pienso negarlo —sonreí, inclinando mis labios a los


suyos.

—¡Pues todo listo para irme! —La voz de Letty hizo que mi
corazón diera un salto del susto.

Theodore bajó su mano al mismo tiempo que la mía y de la


sorpresa, nos levantamos de tirón.

—¿Ya te vas? —Caminé hacia ella, sacudiéndome los nervios


de encima.

Ella nos miró a los dos detenidamente por un momento.

—Sí... ya el auto me espera afuera —me contestó con


suspicacia—. ¡Bueno! —Pegó un saltito—. Los veré la semana
entrante.

Mi corazón se calmó.

—Gracias por todo, Letty —se despidió el chico, ya con su


bastón en mano—. Si me disculpan, iré con los chicos un rato
antes de irme a mi habitación.

—Buenas noches —dijimos Letty y yo al unísono.

Lo vimos subir las escaleras hasta que desapareció.

—Hablaremos de esto luego, joven Scarlett. —Fue lo único


que la cocinera me dijo.

Entonces, se despidió con un abrazo y se marchó.


Capítulo 15
Al día siguiente, estaba de tan buen humor que lo único que
me faltaba era hacer un número musical al mejor estilo de
Disney. De verdad, canté en la ducha, bailé mientras me
preparaba el desayuno y caminé hacia la casa grande con una
enorme sonrisa en mi rostro que no tenía intenciones de
disimular.

Durante la mayor parte de la noche reproduje en mi mente


mi día de ayer con Theo, tal vez más veces de las que me
atrevería admitir en voz alta. Reproduje su confesión, nuestro
beso en el cementerio, cómo parecíamos un par tórtolos
enamorados mientras comíamos helado, el beso en el garaje y
la forma en que tomó mi mano debajo de la mesa en la cena.

Si me hubieran dicho que Theo y yo íbamos a terminar


acordando tener una relación clandestina, probablemente me
hubiese reído al punto de mearme los pantalones.

Sin embargo, allí estaba yo, babeándome por el chico


«tirable» a quien se suponía debía cuidar, tal y como Bess me
había advertido.

En serio la seguía odiando un poco por haber estado en lo


correcto.

Cuando entré a la casa, Ángelo me informó que el señor


Patterson ya se había ido y que Evan aún no despertaba. Sin
querer devolverme a la casa de huéspedes o esperar abajo sin
tener a Letty para aunque sea conversar, subí las escaleras para
comprobar si Evan realmente estaba durmiendo, o si estaba de
nuevo fingiendo estarlo. No sería la primera vez que el niño
adorable llevara a cabo esa movida para querer saltarse el
desayuno. Al pequeño se le daba bien las travesuras.
La ponente voz de Axl Rose cantando Highway to Hell me
desvió de mi destino principal. Sabía que no era de la
habitación de Theodore, porque el sonido se escuchaba más
allá de su puerta, de hecho, venía de la habitación al fondo del
pasillo; sin embargo, él era la única persona en esta casa que
sería capaz de soportar el bullicio del rock a tempranas horas
de la mañana.

Siguiendo los instintos de la Nancy Drew interior que ya


ustedes conocen, mis pies fueron automáticamente hacia allá.

Y valió la pena seguir mi instinto de fisgona, porque la vista


con la que me encontré detrás de la puerta corrediza en el
fondo del pasillo, creo que superó la que me daba mi balcón,
por mucho.

Al parecer, la casa de los Patterson contaba con un sencillo


gimnasio del cual no estaba enterada hasta ahora. Era
espacioso, con paredes de vidrio, alfombra gris y aunque no
tenía todas las máquinas de un gimnasio normal, contaba con
lo suficiente; una sección de mancuernas, una máquina de
ejercicios multifuncional, una bicicleta de spinning y una
caminadora donde un Theodore vestido con tan solo un par de
shorts deportivos y zapatillas, corría casi con la misma
intensidad con la que Axl Rose cantaba una estrofa de la
canción.

No sabía lo atractivo que era ver a un chico ejercitándose


hasta ese momento. Observar cómo los músculos de su espalda
se tensaban cuando sus brazos se balanceaban, y cómo no me
había dado cuenta antes que sus pantorrillas eran tan fuertes…

«Dios, Scarlett, contrólate. No ha pasado ni siquiera un día


de haberle dado rienda suelta a tus hormonas y ya quieren
hacer de las suyas».

Haciendo caso omiso de la parte racional de mi cerebro,


permanecí mirándolo en silencio como toda una acosadora
mientras él terminaba su rutina en la caminadora. Me acerqué
sigilosamente, curiosa al verlo manipular los botones y sonreí
al ver que toda la máquina tenía una cubierta en braille.

De repente, me pregunté si accedería a enseñarme a leer


braille si se lo pidiera.
Lo observé bajar de la caminadora; tenía el rostro entero
sonrojado, sus ondas echas un desastre y la respiración agitada.
Aun con las gotas de sudor cayendo de su nariz, Theodore se
las manejaba para parecer un modelo sacado directo de un
comercial de Adidas.

—Buenos días, Scarlett —dijo entonces, esbozando una


sonrisa y haciendo que diera un gran respingo del susto,
porque no me esperaba que se percatara de mi presencia en la
habitación.

Gracias a mi movimiento, tropecé con la sección de


mancuernas y un par de pesas pequeñas cayeron al suelo.

Genial, totalmente atrapada infraganti.

—¡Mierda! ¡Lo siento! —me disculpé, inclinándome para


recoger el desastre que había hecho.

La inesperada risa de Theo a mis espaldas solo hizo que me


sobresaltara más.

—Se escucha como que acabas de hacer un desastre —


bromeó.

—¿Cómo es que sabías que estaba aquí? —le pregunté,


terminando de colocar las mancuernas en su sitio para
volverme hacia él.

Pensé que luego de la estrategia de Luke, hoy vería un poco


del ogro en acción, pero a juzgar por su grande y radiante
sonrisa, Theo parecía estar de buen humor.

—Tu champú tiene un olor fuerte a fresas y a menta, no te


hace difícil de identificar.

—¿Has estado oliendo mi cabello entonces? —inquirí en un


tono burlón.

—No soy ningún acosador como tú, que te aprovechas de mi


discapacidad para comerme con tus ojos pensando en que no
me daré cuenta, intrusa —contestó en el mismo tono de burla.

Sintiendo la vergüenza calentando mis mejillas, abrí la boca


para decir algo convincente en mi defensa, pero fui
interrumpida por Luke.
—Theo, ¿no crees que es demasiado temprano para atacar a
tu niñera? —le reprochó su primo, adentrándose a la
habitación.

Me giré a verlo al tiempo que pude notar cómo la sonrisa de


Theodore caía. No sabía si eso había sido un intento de
disimular su buen humor conmigo, o si realmente le estaba
fastidiando la interrupción de Luke.

La interrupción de un Luke también sin camiseta, debía


añadir.

Los chicos Patterson tenían un serio problema con el


exhibicionismo. Era eso, o simplemente sabían que tenían un
cuerpo que podían exhibir sin sentirse ni un poco
acomplejados.

Podía ser la segunda opción.

—Me disculpo por la actitud gruñona de mi primo, Scar —


bromeó el mayor en la habitación—. Es famoso por ser
temperamental en las mañanas.

—¿No querrás decir temperamental siempre? —bromeé de


vuelta.

Luke se rio de mi chiste mientras trataba de peinarse los


mechones rebeldes de su cabello que delataban su estado de
recién levantado de la cama.

—Así que… decido tener una tranquila rutina de ejercicios


mañanera, cuando de repente soy invadido y atacado, sin
ninguna razón aparente, por mi niñera y mi propio primo —se
defendió Theo, aún con esa expresión de fastidio en su cara, lo
cual me confirmó que tal vez no estaba disimulando y de
hecho, era hora de darle la bienvenida a su faceta de ogro.

—No seas dramático —comentó Luke, rodando los ojos—.


Además, Scar tiene derecho a defenderse de tus comentarios
también. No puedes culparla por venir hasta aquí cuando la
música está tan alta que creo que hasta ella misma podía
escucharla desde la casa de huéspedes.

Su primo no exageraba con lo de la música, pero tampoco


estaba exactamente cerca de saber la verdadera razón por la
que terminé comiéndome a Theo con los ojos mientras corría en
la máquina de ejercicios.
—Eres un bebé, Luke —contraatacó el ogro—. Estoy seguro
de que ni siquiera Evan se ha despertado. No sabes apreciar un
buen incentivo musical.

—Oh, sabes que adoro esa mierda que escuchas; yo mismo te


introduje a ese mundo, ¿recuerdas? —dijo Luke, acercándose
para darle un suave empujón—. Pero son las ocho de la
mañana, hombre, ten un poco de piedad hacia los que se
quedaron hasta tarde jugando videojuegos.

—En vez de desvelarte en el Xbox, deberías haberme


acompañado en la rutina —comentó Theodore, alzando una
ceja con desafío—. ¿O es que ese cuerpo flácido tuyo ya no es
capaz de mantenerme el paso?

Luke bufó y se volvió hacia mí.

—Scar, ¿para ti, mi cuerpo luce flácido e incapaz de


mantenerle el paso a los ejercicios? —preguntó, señalando su
propio torso desnudo.

—Uh… —Parpadeé, sin saber si eso era una pregunta


retórica o no.

Porque el cuerpo de Luke no tenía ni un pedazo de piel


flácida, mas no pensaba responder esa pregunta, no cuando la
vibra que Theo estaba enviándome con su silencio y su boca
apretada me decía que tampoco le gustaría mucho que la
respondiera.

—No lo sé, pero creo que es mejor que los deje tener su
momento de chicos rudos y vaya a comprobar si Evan se ha
despertado.

—Está bien

También podría gustarte