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Apuntes de Biología Celular Piapime

Este documento presenta la estructura de la membrana celular. Explica que está compuesta por lípidos, proteínas y una pequeña fracción de azúcares. Los lípidos principales son los fosfolípidos, esfingolípidos y el colesterol. Las proteínas forman un mosaico en la bicapa lipídica y son responsables de las funciones de la membrana como el transporte y la transducción de señales. El modelo de mosaico fluido describe la membrana como una bicapa lipídica fluida en la que

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Apuntes de Biología Celular Piapime

Este documento presenta la estructura de la membrana celular. Explica que está compuesta por lípidos, proteínas y una pequeña fracción de azúcares. Los lípidos principales son los fosfolípidos, esfingolípidos y el colesterol. Las proteínas forman un mosaico en la bicapa lipídica y son responsables de las funciones de la membrana como el transporte y la transducción de señales. El modelo de mosaico fluido describe la membrana como una bicapa lipídica fluida en la que

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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

FACULTAD DE ESTUDIOS SUPERIORES


CUAUTITLÁN
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS BIOLÓGICAS
SECCIÓN DE CIENCIAS MORFOLÓGICAS AGROPECUARIAS

APUNTES DE BIOLOGÍA CELULAR

Trabajo realizado con el apoyo del Programa FESC-PIAPIME ID 2.11.13.22


"Elaboración de material didáctico digital (apuntes y videos) para el mejoramiento de
la enseñanza de la biología celular en los modelos a distancia, híbrido y presencial."

ELABORADO POR:
Dra. Educ. Elizabeth Aguirre García, Dr. Carlos Gerardo García Tovar, Dra. Samantha
Jardon Xicotencatl, MVZ Esp. Hugo César López Farias, M. en C. Rosario Martínez
Calles, M. en C. Edith Nandayapa Duarte, Dr. Misael Rubén Oliver González, MVZ
Ángeles Robles Mota, Dr. Carlos Ignacio Soto Zárate, MVZ Liliana Zúñiga Martínez

COORDINADO Y EDITADO POR:


Dr. Carlos Gerardo García Tovar
Dra. Samantha Jardon Xicotencatl
Dr. Misael Rubén Oliver González
Dr. Carlos Ignacio Soto Zárate
PRESENTACIÓN
La Biología Celular estudia a las células desde una perspectiva integradora, esto es,
considerando aspectos morfológicos, bioquímicos, genéticos y funcionales. Toda la
amplia diversidad de células que actualmente existen en nuestro planeta participa en
la formación de los organismos vivos. Comprender cómo la disposición de las
biomoléculas (proteínas, ácidos nucleicos, azúcares y, lípidos y grasas) y los procesos
que realizan dentro de la célula, redundan en la homeostasis individual y en su relación
armónica con el medio ambiente en el que se encuentren, ha sido y es un reto para el
investigador, el docente y los alumnos.
En la actualidad, la mayoría de los conceptos abordados en biología celular hacen
referencia a estructuras y procesos que no se pueden observar a simple vista, y que
deben ser deducidos a partir de evidencias indirectas. Por otra parte, está el hecho de
que la mayoría de los procesos celulares son sumamente complejos ya que intervienen
múltiples moléculas, suelen ocurrir en diversas situaciones y bajo la influencia de
múltiples factores (temperatura, pH, etc.), todo lo cual influye sobre su desarrollo y el
resultado final. Por todo esto, el proceso de enseñanza-aprendizaje de este tipo de
conocimiento (ciencias experimentales) se ha vuelto sumamente complejo. Tanto para
el docente como para el alumno, para este último, es complicado por la cantidad y el
tipo de información manejada.
Estos apuntes son un esfuerzo del claustro de profesores de biología celular con el fin
de incentivar una enseñanza más dinámica, donde la discusión y el intercambio de
información sean la base del proceso educativo y, por consecuencia, los alumnos se
sientan motivados a abandonar la actitud pasiva típica de la educación tradicional.
Este trabajo se realizó teniendo en mente a nuestros alumnos como usuarios
principales y esperamos que cumpla con lo planteado previamente y, así mismo,
deseamos establecer una adecuada retroalimentación que permita mejorar las
próximas ediciones.
Finalmente, deseamos agradecer al Programa Interno de Apoyo para Proyectos de
Innovación y Mejoramiento de la Enseñanza (PIAPIME) de la FES Cuautitlán bajo cuya
convocatoria se aprobó el proyecto PIAPIME 2.11.13.22, dentro del cual se contempló
la realización de estos apuntes.
ÍNDICE

I. MEMBRANA CELULAR
ESTRUCTURA ………………………………………… 1
TRANSPORTE ………………………………………… 8

II. CITOESQUELETO
GENERALIDADES……………………………………. 17
FILAMENTOS DE ACTINA ………………………….. 22
MICROTÚBULOS ……………………………………. 38
FILAMENTOS INTERMEDIOS……………………… 45

III. MATRIZ EXTRACELULAR……………………………… 54

IV. UNIONES INTERCELULARES ………………………… 62

V. ORGÁNULOS……………………………………………… 67

VI. CICLO Y DIVISIÓN CELULAR


CICLO CELULAR……………………………………… 85
MITOSIS……………………………………………….. 95

VII. COMUNICACIÓN CELULAR …………………………... 106


MEMBRANA CELULAR
MVZ, EPOC. Hugo César López Farias.

ESTRUCTURA DE LA MEMBRANA.
Una célula viva consiste en un sistema de moléculas que se autorreproducen en el
interior de un contenedor. El contenedor es la membrana celular (también llamada
plasmática o citoplasmática), la cual es una película lipídica tan delgada y transparente
que no puede visualizarse directamente con el microscopio óptico. Todas las células
de la tierra contienen una membrana que separa y protege sus componentes químicos
del medio externo. Sin membranas no habría células y, por lo tanto, no habría vida
(Alberts et al., 2006).

El análisis bioquímico y ultraestructural de las membranas biológicas revela que están


compuestas por lípidos, proteínas y una pequeña fracción de glúcidos, y que
comparten una arquitectura básica común (Alberts et al., 2006; Calvo, 2015; Kalkan &
Esrefoglu, 2020; Megías et al., 2021).

Los lípidos de la membrana comprenden un grupo heterogéneo de biomoléculas


orgánicas formadas básicamente por carbono, hidrógeno y oxígeno. Una característica
esencial de los lípidos de membrana es que son sustancias anfipáticas. Esto quiere
decir que son compuestos dotados de una parte polar e hidrofílica (cabeza) y otra
apolar o hidrófoba (una cola de cadenas hidrocarbonadas). Estas últimas regiones, a
diferencia de las hidrofílicas, no son capaces de interactuar con el agua y ello provoca
que los lípidos sean insolubles en disolventes polares (Calvo, 2015). Los lípidos se
clasifican en tres grupos según su estructura y composición molecular: fosfolípidos,
esfingolípidos y esteroles (Megías et al., 2021).

Los fosfolípidos, son fosfoglicéridos, es decir, consisten de una molécula de glicerol


esterificado con dos ácidos grasos (cada uno de ellos se encuentra unido por su
extremo carboxilo a un hidroxilo del glicerol). El tercer hidroxilo del glicerol está
esterificado con un fosfato. Si este fosfato no se esterifica con ningún otro componente,

1
el fosfolípido se denomina ácido fosfatídico. Si el fosfato se une con otros radicales, se
denominará de acuerdo con este radical. Los principales fosfolípidos están unidos a;
colina (fosfatidil colina o lecitina), serina (fosfatidil serina), etanolamina (fosfatidil
etanolamina), inositol (fosfatidil inositol), o con otra molécula de glicerol (fosfatidil
glicerol). En las membranas también hay otro fosfolípido (difosfatidil glicerol o
cardiolipina), formado por la unión de dos ácidos fosfatídicos con otra molécula de
glicerol (Paniagua et al., 2007; Chandar & Viselli, 2019).

Los esfingolípidos deben su nombre a que poseen una molécula de esfingosina, un


alcohol nitrogenado con una cadena carbonada larga, a la cual se le une una cadena
de ácido graso, formando la estructura básica denominada ceramida. A la ceramida se
le une una parte hidrofílica que puede ser de naturaleza diversa. Por tanto, queda una
estructura similar a la de los glicerofosfolípidos, dos cadenas hidrofóbicas unidas a una
estructura hidrofílica. Los esfingolípidos constituyen la mayoría de los denominados
glicolípidos de las membranas, presentes mayoritariamente en las células animales,
es decir, son lípidos que poseen uno o más azúcares unidos formando parte de su
zona hidrofílica. Otro tipo de esfingolípidos son las esfingomielinas que poseen una
etanolamina o una colina fosforilada en sus zonas hidrofílicas. Los esfingolípidos son
más abundantes en las membranas plasmáticas que en las de los orgánulos (Chandar
& Viselli, 2019; Karp, 2011; Megias et al., 2021; Paniagua et al., 2007).

El colesterol es el esterol más importante de las células animales y el tercer tipo de


lípido más abundante en la membrana plasmática (hasta el 25 % del total de lípidos),
mientras que aparece en pequeñas proporciones en las membranas de los orgánulos
celulares como las del retículo endoplásmico (1%), mitocondrias y lisosomas. Los
esteroles son esenciales para la integridad y funcionamiento de las membranas
eucariotas, ya que sirven para modular la rigidez, la fluidez y la permeabilidad.
Además, contribuyen también a modular la actividad de los receptores acoplados a
proteínas G y facilitan la transducción de señales y el tráfico vesicular. El colesterol se
va a localizar entre las cadenas de ácidos grasos de los otros lípidos. Es importante
para la organización de la membrana, sobre todo la plasmática, puesto que junto con

2
los esfingolípidos parece contribuir a formar heterogeneidades laterales y también
participa en ciertos procesos metabólicos vitales como la síntesis de hormonas
esteroideas o de sales biliares (Alberts et al., 2006; Chandar & Viselli, 2019; Megias at
al., 2021; Paniagua et al., 2007).

El concepto de que la membrana presenta un modelo de mosaico fluido hace alusión


a las dos características de la membrana celular que Singer y Nicolson pusieron de
manifiesto, describieron a la membrana como una bicapa lipídica fluida (donde los
lípidos pueden desplazarse libremente) sobre la que quedan incluidas y cohesionadas
de forma variable miles de proteínas a modo de mosaico. En la misma década, este
modelo se reforzó al ponerse de manifiesto que, gracias a la presencia de dominios
transmembrana, las proteínas pueden adoptar configuraciones de longitud suficiente
como para atravesar toda la bicapa lipídica. No obstante, otras proteínas se presentan
como unidades globulares discretas unidas a la bicapa o a otras proteínas de la
membrana. Por lo tanto, el armazón básico de las membranas biológicas está
constituido por la bicapa lipídica, mientras que casi todas sus funciones, dependientes
de cada orgánulo y tipo celular, son llevadas a cabo por las proteínas que actúan como
enzimas, transportadores de sustancias, moléculas de adhesión o receptores de
señales extracelulares. La fracción glucídica de la membrana (pequeñas cadenas de
oligosacáridos unidos a lípidos y proteínas) siempre se encuentra dirigida hacia el
exterior de la célula, mientras que, en la cara citosólica, las proteínas del citoesqueleto
se anclan a la membrana (Alberts et al., 2006; Calvo, 2015; Chandar & Viselli, 2019;
Karp, 2011; Megias et al., 2021; Paniagua et al., 2007).

La asimetría es una propiedad de la bicapa lipídica, recordemos que las membranas


celulares están formadas por lípidos situados en dos hemicapas, llamadas también
hemimembranas, las cuales poseen una composición sustancialmente distinta. En la
hemimembrana E (orientada hacia el exterior) se encuentran la mayoría de los
fosfolípidos que tienen colina en su grupo cabeza (fosfatidilcolina y esfingomielina), así
como la mayoría de los glucolípidos. Por su parte, en la hemimembrana P (orientada
hacia el interior) residen las moléculas lipídicas que contienen un grupo amino terminal

3
(fosfatidil etanolamina y fosfatidilserina). Es necesario puntualizar que esta distribución
desigual no es absoluta. Esto quiere decir, por ejemplo, que la mayor parte del
fosfatidilinositol presente en la membrana se encuentra en la hemimembrana interna,
salvo una pequeña cantidad localizada en la otra hemimembrana. La asimetría de la
bicapa lipídica se remonta a la síntesis de sus componentes y es necesario
mantenerla, ya que un cambio en la distribución de lípidos tiene notables
consecuencias biológicas (Alberts et al., 2006; Calvo, 2015; Chandar & Viselli, 2019;
Megias et al., 2021; Paniagua et al., 2007).

Las proteínas son las responsables de muchas de las funciones celulares que tienen
su base en las membranas. El contenido de proteínas de una membrana típica
respecto a los lípidos es variable dependiendo del tipo de membrana, pero puede ser
de cerca de 1:40 (1 proteína por cada 40 lípidos) y representar alrededor del 40% de
su peso, en una membrana promedio, lo que indica que las membranas contienen
muchas proteínas. Incluso estos valores pueden ser más altos en aquellas membranas
con funciones netamente metabólicas como la membrana interna de las mitocondrias
(Alberts et al., 2006; Calvo, 2015; Chandar & Viselli, 2019; Karp, 2011; Megias et al.,
2021; Paniagua et al., 2007).

En las membranas podemos encontrar proteínas integrales, las cuales suelen


atravesar por completo la membrana (proteínas transmembranosas) formando hélices
α de paso único o múltiple por la membrana, aunque se conocen algunas que sólo
ocupan una hemimembrana, como el citocromo b del retículo endoplasmático. Son
anfipáticas, es decir, presentan una distribución asimétrica de los grupos hidrófilos e
hidrófobos, lo que las capacita para estar en parte embebidas y en parte sobresalir en
la membrana. La extensión en que una proteína integral está embebida se regula por
el equilibrio termodinámico; esto es, está determinada por la secuencia de
aminoácidos y la estructura covalente de la molécula, así como por su interacción con
las moléculas que la rodean. Los grupos polares de la proteína quedan generalmente
en la superficie de la membrana, mientras que los residuos no polares permanecen
embebidos entre las cadenas hidrocarbonadas de los fosfolípidos. Las proteínas

4
integrales están firmemente unidas a los lípidos por interacciones hidrófobas. Algunas
refuerzan su unión a lípidos con enlaces covalentes y sólo se pueden disociar con
tratamientos drásticos (detergentes, agentes que desnaturalizan las proteínas y
disolventes orgánicos) que destruyen la integridad de la membrana. Las proteínas
integrales pueden realizar movimientos de rotación y de traslación. Durante estos
movimientos las proteínas son capaces de mantener su orientación molecular y su
grado de intercalación en la membrana, como resultado de su estructura anfipática.
Algunas proteínas actúan como moléculas portadoras uniéndose a las sustancias
transportadas. Son proteínas transmembranosas que poseen actividades tipo
permeasa (Alberts et al., 2006; Calvo, 2015; Chandar & Viselli, 2019; Karp, 2011;
Megias et al., 2021; Paniagua et al., 2007).

Las proteínas periféricas no son transmembranosas y sobresalen en una de las


hemimembranas. Están asociadas a la membrana únicamente por un enlace covalente
con un ácido graso o por interacciones no covalentes (principalmente electrostáticas)
con una proteína integral. No están estrechamente asociadas a los lípidos, y un
tratamiento con la adición de un agente quelante (tratamiento suave), basta para
disociarlas enteras de la membrana. Se encuentran sobre todo en la hemimembrana
P y corresponden, en su mayor parte, a enzimas. En la hemimembrana E son muy
escasas y pueden unirse a una molécula de GPI (glucosilfosfatidil inositol), esto es, a
un oligosacárido que, a su vez, se encuentra unido a los ácidos grasos de una molécula
de fosfatidil inositol (Alberts et al., 2006; Calvo, 2015; Chandar & Viselli, 2019; Karp,
2011; Megias et al., 2021; Paniagua et al., 2007).

Las proteínas integrales también tienen la posibilidad de una libre difusión lateral a
pesar de que las proteínas tienen numerosas restricciones a la movilidad, ocasionadas
por las interacciones de sus dominios intra y extracelulares con moléculas del
citoesqueleto y de la matriz extracelular. Estas interacciones anclan por tiempos
prolongados a estas proteínas de membrana a lugares concretos de la superficie
celular. Otra posibilidad es crear territorios a modo de corrales, donde las cercas son
los filamentos del citoesqueleto, de manera que, las proteínas, quedan encerradas en

5
pequeñas regiones delimitadas por el citoesqueleto. Los filamentos de actina y
microtúbulos pueden controlar la difusión de las proteínas, además de los lípidos,
creando barreras a modo de vallas en la superficie citosólica de la membrana, creando
así dominios de membrana de lípidos sin la intervención del colesterol o los
esfingolípidos. Las interacciones con el citoesqueleto son importantes puesto que
cuando se desorganiza el citoesqueleto la membrana tiende a ser mucho más
homogénea. Adicionalmente, las células tienen otros mecanismos para confinar
proteínas a determinados dominios celulares. Por ejemplo, en las células epiteliales
del aparato digestivo ciertos transportadores y enzimas están localizados sólo en la
zona apical y otros en la basal gracias al cierre a modo de cinturón que realizan las
uniones estrechas, esta asimetría es esencial para el funcionamiento de la célula
epitelial (Alberts et al., 2006; Calvo, 2015; Chandar & Viselli, 2019; Karp, 2011; Megias
et al., 2021; Paniagua et al., 2007).

Las membranas biológicas poseen pequeñas fracciones de glúcidos, que pueden


llegar a representar un 2-10% de la masa total. Generalmente, se presentan en forma
de oligosacáridos unidos por un enlace covalente a lípidos y proteínas de la
membrana, dando lugar a glucolípidos y glucoproteínas, respectivamente. Con
independencia del número y la longitud de la cadena de monosacáridos, su orientación
en la membrana plasmática es marcadamente asimétrica: están dirigidas hacia el
exterior celular y, de esta manera, todas las células eucariotas se encuentran
recubiertas por una envoltura de residuos de azúcar conocida como glucocálix. Esta
cubierta de azúcares contiene, además, glucoproteínas y proteoglucanos que,
después de haber sido secretados al exterior celular, quedan adsorbidos en su
superficie. De esta manera, una de las funciones del glucocálix es proteger a la célula
de agresiones químicas y mecánicas, manteniendo los cuerpos extraños y la superficie
de otras células a suficiente distancia para evitar interacciones no deseadas. Otra
función importante del glucocálix es el reconocimiento celular. Los oligosacáridos son
moléculas que pueden adquirir composiciones, longitudes y configuraciones
tridimensionales muy diversas, lineales o ramificadas. Esta variabilidad los convierte
en compuestos idóneos para la comunicación celular. El papel que desempeñan en

6
este sentido se traduce en dos grandes funciones: 1) el reconocimiento y fijación de
moléculas libres en el medio extracelular, y 2) la adhesión específica entre dos células
y de una célula con la matriz extracelular (Calvo, 2015; Megias et al., 2021; Paniagua
et al., 2007).

FUNCIONES DE LA MEMBRANA.
Su abundancia de componentes lipídicos y proteicos propicia su participación en muy
diversos e importantes procesos, por ejemplo: transporte y permeabilidad selectiva de
sustancias e iones, excitabilidad, movilidad, diferenciación, exocitosis, reconocimiento
intercelular y transducción de señales extracelulares (Sánchez & Trejo, 2006; Meza et
all., 2010).

REFERENCIAS.
Alberts B, Bray D. Hopkin K, Johnson A, Lewis J, Raff M, Roberts K, Walter P. (2008)
Introducción a la biología celular, 3ª reimpresión. España. Editorial Médica
Panamericana.
Calvo A. (2015) Biología celular biomédica, España: Elsevier Health Sciences Spain.
Chandar N. & Viselli S. (2019) Biología molecular y celular. 2ª Ed. España. Wolters
Kluwer.
Karp G. (2011). Biología celular y molecular. 6a Ed. China: McGraw-Hill
Interamericana.
Kalkan KT y Esrefoglu M. (2020) The Cell Membrane: A Historical Narration.
Bezmialem Science 8 (1): 81-88.
Megías, M., Molist, P. & Pombal, M. (2021). La célula. En: Atlas de Histología Vegetal
y Animal. España. Universidad de Vigo.
Meza U., Romero-Méndez A., Licón Y; Sánchez-Armáss S. (2010) La membrana
plasmática: modelos, balsas y señalización. Revista de Educación Bioquímica,
29 (4): 125-134. Universidad Nacional Autónoma de México.
Paniagua, R., Nistal, M., Sesma, P., Álvarez-Uria, M., Fraile, B., Anadón, R., Sáez, F.
(2007) Biología celular. 3ª Ed. España. McGraw-Hill Interamericana.
Sánchez, G. y Trejo, B. (2006) Biología celular y molecular. México. Alfil.

7
MEMBRANA CELULAR
Dra. Samantha Jardon Xicotencatl.

TRANSPORTE.
El transporte es la capacidad de mover selectivamente iones y moléculas orgánicas a
través de una membrana, es un proceso básico en la función celular. Las membranas
son algo más que simples barreras que restringen indiscriminadamente la entrada y
salida de sustancias, sino que poseen una permeabilidad selectiva, que permite el
intercambio controlado de moléculas y iones específicos para el correcto
funcionamiento de la célula y sus orgánulos. Una característica esencial de cada célula
o compartimiento intracelular es su capacidad para acumular una variedad de
sustancias en concentraciones diferentes a las del medio que les rodea. La mayoría
de las sustancias que atraviesan una membrana no son macromoléculas, sino iones y
pequeñas moléculas orgánicas en disolución, en otras palabras: solutos (Alberts &
Bray, 2011).

El movimiento de solutos a través de la membrana está determinado por su gradiente


de concentración (cantidad de soluto en una solución y la diferencia de concentración
entre dos lugares) o su potencial electroquímico (variación espacial tanto
del potencial eléctrico como de la concentración de sustancia a través de una
membrana) (Alberts et al., 2021).

Para la mayoría de los solutos, el movimiento a través de la membrana, con una tasa
significativa sólo es posible por la presencia de proteínas integrales de membrana que
reconocen sustancias con una alta especificidad, acelerando su translocación,
denominadas proteínas transportadoras (Alberts et al., 2012; Becker et al., 2007).

Movimiento de solutos.
El movimiento de solutos a través de una membrana se realiza mediante tres tipos de
mecanismos: difusión simple, difusión facilitada o transporte activo (Alberts et al.,
2012).

8
Difusión simple.
La difusión es siempre un movimiento que conduce al equilibrio (progresa siempre
desde regiones de mayor a menor concentración).

La difusión simple se caracteriza por el movimiento neto no asistido de solutos a través


de la bicapa lipídica, desde una región donde su concentración es mayor, a otra donde
es menor; está limitada a moléculas pequeñas no polares. Es la forma más sencilla
por la que un soluto puede pasar de un lado a otro de la membrana (Karp, 2011;
Paniagua et al., 2017).

Aspectos cualitativos.
Existen tres factores que afectan la difusión de solutos: tamaño, polaridad y carga.

Tamaño del soluto: En términos generales, las bicapas lipídicas son más permeables
a las moléculas pequeñas que a las grandes. Las moléculas pequeñas más relevantes
para la función celular son el agua, el oxígeno y el dióxido de carbono. La regla del
tamaño sirve para moléculas de hasta 100 Da aproximadamente. El etanol (46 Da) y
el glicerol (92 Da) son capaces de difundir a través de membranas con una tasa de
transporte razonable, pero no así la glucosa (180 Da).

Polaridad del soluto: Las bicapas lipídicas son relativamente permeables a moléculas
no polares (se disuelven más fácilmente en la fase hidrófoba de la bicapa lipídica, por
ej., hormonas esteroides) y menos permeables a las moléculas polares (por ej.,
alcohol).

Permeabilidad a iones. La relativa impermeabilidad a las sustancias polares en general


y a los iones en particular es debida a su fuerte asociación con las moléculas de agua,
que forman un escudo de hidratación, fenómeno que restringe el transporte de iones
a través de las membranas. La impermeabilidad de las membranas a iones es muy
importante para la actividad celular, puesto que todas las células deben mantener un
potencial electroquímico de membrana para su correcto funcionamiento. En la mayoría

9
de los casos se consigue con un gradiente de sodio (células animales) o de protones
(casi todas las demás células) (Alberts et al., 2021; Paniagua et al., 2017).

Aspectos cuantitativos.
En el proceso de difusión se deben considerar también las propiedades
termodinámicas y cinéticas del proceso. Termodinámicamente, la difusión simple es
siempre un proceso exergónico y, por lo tanto, no requiere energía. Las moléculas
individuales se difunden al azar en ambos sentidos, pero el flujo neto es siempre en
dirección de la menor energía libre (en el caso de las moléculas no cargadas, significa
a favor del gradiente de concentración). Desde el punto de vista cinético, una
propiedad básica de la difusión simple es que la tasa neta de transporte de una
sustancia, es proporcional a la diferencia de concentración de dicha sustancia a través
de la membrana.

La ósmosis es un tipo de difusión simple, característico del movimiento de agua a


través de una membrana, en respuesta a diferencias de concentración de solutos. Se
produce siempre desde el lado con la menor concentración de soluto hacia el lado con
la mayor concentración de soluto (Alberts et al., 2021; Paniagua et al., 2017; Alberts
et al., 2012).

Difusión facilitada.
La difusión facilitada es un movimiento a favor del gradiente de concentración, de
carga o ambos, asistido por proteínas. Es un proceso exergónico, pues el soluto
difunde en el sentido impuesto por el gradiente de concentración (en moléculas sin
carga) o el gradiente electroquímico (en iones) (Karp, 2011).

La mayoría de las sustancias en las células son demasiado grandes o polares para
atravesar las membranas por difusión simple con tasas de transporte razonables.
Estos solutos entran y salen de las células y de los orgánulos de forma eficaz gracias
a la asistencia de transportadores y canales proteicos, que intervienen en el
movimiento de solutos a través de la membrana facilitando la difusión a favor del

10
gradiente de las sustancias, aunque el mecanismo por el cual lo hacen es distinto
(Paniagua et al.,2017; Karp, 2011).

Los transportadores proteicos también se denominan: permeasas, estos intervienen


en la difusión facilitada de pequeñas moléculas y iones. Son proteínas integrales de
membrana que contienen segmentos transmembranales que captan una o más
moléculas de soluto en un lado de la membrana, luego desarrollan un cambio
conformacional que permite la transferencia del soluto hacia el otro lado. El
transportador rodea a las moléculas de soluto de tal forma, que aísla a los grupos
polares o cargados del interior no polar de la membrana. Esta difusión facilitada implica
la unión inicial del soluto a transportar a un lugar específico de la superficie de la
proteína, tras la formación de un complejo intermedio (soluto unido al transportador)
se liberará el soluto transportado (Alberts et al., 2021; Paniagua et al., 2017; Karp,
2011).

Los transportadores proteicos presentan las siguientes características:

Especificidad: Los transportadores proteicos son muy específicos para un solo


compuesto o un pequeño grupo de compuestos íntimamente relacionados e incluso a
veces, para un determinado estereoisómero (isómero de una molécula que tiene las
mismas conexiones átomo a átomo que dicha molécula, pero difiere en la orientación
espacial de los mismos).

Cinética: Los transportadores proteicos se saturan conforme aumenta la concentración


del soluto a transportar debido a que el número de permeasas es limitado y cada una
tiene una velocidad máxima de funcionamiento.

Inhibición competitiva: Por la presencia e interacción de moléculas o iones


relacionados estructuralmente con dianas específicas (Paniagua et al., 2017; Karp,
2011).

11
Los transportadores proteicos pueden movilizar uno o dos solutos, sin que se afecte el
número de solutos transportados y el sentido en el cual se mueven. Cuando una
permeasa transporta un solo soluto, el proceso se denomina uniporte. Cuando se
transportan dos solutos simultáneamente y de manera acoplada, es decir, que no se
produce el movimiento si uno de los solutos falta, se habla de transporte acoplado, el
cual se considera simporte (o cotransporte) cuando los dos solutos se mueven en el
mismo sentido o antiporte (o intercambio) cuando atraviesan la membrana en sentidos
opuestos (estos términos se aplican con independencia de que el transporte se realice
por difusión facilitada o por transporte activo; ya que el término no hace referencia a la
energética del proceso) (Alberts et al., 2021; Paniagua et al., 2017; Karp, 2011).

Mientras los transportadores proteicos facilitan la difusión actuando como lanzaderas


que alternan entre diferentes estados conformacionales, los canales proteicos forman
canales hidrofílicos transmembranales que permiten a los solutos (principalmente
iones) desplazarse directamente a través de la membrana. Algunos de esos canales
son relativamente grandes e inespecíficos, tales como los poros, propios de las
membranas externas de las bacterias, mitocondrias y cloroplastos. Estos poros están
formados por proteínas transmembrana denominadas porinas, que permiten la
difusión de solutos hidrófilos con pesos moleculares de hasta 600 Da. Sin embargo, la
mayoría de los canales son pequeños y muy selectivos. Casi todos intervienen en el
transporte de iones, por lo que son descritos como canales iónicos. El movimiento de
solutos a través de canales iónicos es mucho más rápido que el transporte por medio
de transportadores proteicos, ya que no son necesarios cambios conformacionales
complejos (Paniagua et al., 2017; Karp, 2011).

Pese a su diseño, en apariencia simple, un pequeño poro está limitado por


aminoácidos de cadena lateral hidrófila por lo que los canales iónicos son muy
selectivos. La mayoría permiten el paso de una sola especie iónica, de forma que son
necesarios canales diferentes para el transporte de iones, tales como Na+, K+, Ca2+
y Cl- (Alberts et al., 2021).

12
La función de los canales iónicos es regulada por la presencia de estímulos
específicos. En las células animales existen tres tipos de estímulos que controlan la
apertura y cierre:

Canales operados por voltaje: abren y cierran como respuesta a cambios en el


potencial de membrana.
Canales operados por ligando: regulados por la unión al canal de determinadas
sustancias, y
Canales mecanosensibles: responden a fuerzas mecánicas que actúan en la
membrana (Alberts et al., 2021; Paniagua et al., 2017; Karp, 2011).

Existen tres tipos de canales proteicos transmembranales: canales iónicos, porinas y


acuaporinas.

Las porinas son proteínas transmembranales que atraviesan varias veces la


membrana, permiten el paso rápido de diversos solutos hidrófilos, cuyo paso queda
restringido únicamente por el tamaño del poro (Alberts et al., 2021).

Finalmente, las acuaporinas, son proteínas integrales de membrana que permiten el


paso rápido de agua; actúan como facilitadoras de la entrada y salida rápida de
moléculas de agua en tejidos que así lo requieran. Presentan seis segmentos
transmembranales de naturaleza helicoidal con un diámetro del canal de 0.3 nm, que
permite el paso de una molécula de agua a la vez. El agua tiene la característica de
atravesar membranas con una tasa mucho mayor de la que podría esperarse de una
molécula polar, no se conoce bien la razón de este comportamiento.

Las procariotas parecen carecer de acuaporinas, posiblemente por su pequeño


tamaño, ya que su gran relación superficie/volumen vuelve innecesario el transporte
facilitado de agua (Paniagua et al., 2017; Alberts et al., 2012; Karp, 2011).

13
Transporte activo.
El transporte activo corresponde al movimiento de solutos en contra de gradiente de
energía libre, asistido por proteínas. Es un proceso endergónico que hace posible el
movimiento de solutos en contra del equilibrio termodinámico (contra un gradiente de
concentración o contra el potencial electroquímico), acoplado a la hidrólisis de ATP o
al transporte concomitante de otro soluto, generalmente un ion, como H+ o Na+. En
otras palabras, el transporte activo acopla un proceso termodinámicamente
desfavorable (es decir, endergónico) a otro exergónico (Karp, 2011).

El transporte activo realiza tres funciones principales en las células y sus orgánulos:
Toma de sustancias nutritivas esenciales del medio circundante, incluso cuando sus
concentraciones son mucho menores que dentro de la célula.

Eliminación de sustancias, permite que sean eliminados productos de secreción y de


desecho, incluso cuando la concentración en el exterior es mayor que en el interior.

Equilibrio iónico, permite que la célula mantenga constantemente un desequilibrio en


las concentraciones de ciertos iones inorgánicos, principalmente K+, Na+, Ca2+ y H+.

La capacidad de crear un ambiente celular cuyas concentraciones de soluto se alejan


del equilibrio, es un rasgo crucial del transporte activo. Las proteínas de membrana
implicadas en el transporte activo, se denominan bombas, transportan selectivamente
ciertos componentes (moléculas o iones) (Paniagua et al., 2017; Karp, 2011).

El transporte activo es un proceso unidireccional, es decir suele presentar una


direccionalidad intrínseca a diferencia de la difusión simple y la facilitada que son no
direccionales con relación a la membrana (el soluto se puede mover en uno u otro
sentido, dependiendo de los gradientes electroquímico y de concentración).

14
Los mecanismos activos de transporte pueden dividirse en varias categorías, que se
diferencian, principalmente, por la fuente de energía (directo o indirecto) y por el
número de solutos transportados (Alberts et al., 2012).

Transporte activo directo: la acumulación de moléculas de soluto o de iones a un lado


de la membrana, se acopla directamente a una reacción química exergónica,
comúnmente la hidrólisis de ATP. Las proteínas de transporte que utilizan la energía
liberada por la hidrólisis de ATP, se llaman ATPasas de transporte o bombas.
Transporte activo indirecto: (también llamado transporte activo secundario) depende
del intercambio simultáneo de dos solutos, uno de ellos a favor del gradiente,
permitiendo que el otro lo haga en contra. El transporte puede ser simporte o antiporte,
según si los dos solutos se mueven en el mismo sentido o en sentidos contrarios
(Paniagua et al., 2017; Alberts et al., 2012; Karp, 2011).

TRANSPORTE DE MACROMOLÉCULAS Y PARTÍCULAS.


Existen células capaces de tomar y expulsar sustancias voluminosas para pasar a
través de una membrana, con independencia de sus propiedades de permeabilidad.
Al respecto existen dos procesos exclusivos de células eucariotas: la endocitosis y la
exocitosis.

La endocitosis es la capacidad de algunas células para tomar macromoléculas y otras


sustancias del medio extracelular, durante este proceso se invagina un pequeño
segmento de la membrana plasmática, éste se pliega y, finalmente, se escinde
formando una vesícula de endocitosis, que engloba a la sustancia deseada. El término
endocitosis incluye a varios procesos que difieren por la naturaleza del material
ingerido y por el mecanismo por el cual se internaliza, denominados: fagocitosis,
endocitosis mediada por receptores y endocitosis mediada por clatrina (Alberts et al.,
2021).

Existe un proceso empleado por las células para liberar proteínas sintetizadas en el
interior de la célula y retenidas en vesículas rodeadas de membrana: la exocitosis. En

15
la exocitosis, las proteínas a secretar se sintetizan en los ribosomas unidos al retículo
endoplásmico, posteriormente se clasifican, modifican y empaquetan en vesículas
rodeadas de membrana en el retículo endoplásmico y en el aparato de Golgi. Las
vesículas o gránulos de secreción verterán su contenido hacia el exterior después de
fusionarse con la membrana plasmática. La secreción puede ser constitutiva (descarga
continua) o regulada (liberación rápida y controlada como respuesta a una señal
extracelular específica). De esta manera, las células animales segregan péptidos y
proteínas hormonales, mucus, proteínas lácteas y enzimas digestivas, mientras que
las células vegetales segregan enzimas y proteínas estructurales de la pared celular
(Paniagua et al., 2017; Karp, 2011).

REFERENCIAS.
Alberts, B., & Bray, D. (2011) Introducción a la biología celular. Ed. Médica
Panamericana.
Alberts, B; Hopkin, K; Johnson, A; Morgan, D; Raff, M; Roberts, K; Walter, P. (2021)
Introducción a la Biología Celular. 5ta edición. Ed. Médica Panamericana.
Alberts, B; Johnson, A; Lewis, J; Raff, M; Roberts, K; Walter, P. (2012). Biología
molecular de la célula. 5ta edición. Ed. Omega. Barcelona, España.
Becker, W. M., Kleinsmith, L. J., Hardin, J., Bertoni, G. P., Elías, I. A., & Céspedes, A.
M. (2007). El mundo de la célula. 6ta edición. Ed. Pearson Educación.
Karp, G. (2011). Biología celular y molecular: conceptos y experimentos. McGraw
Hill. 6ta edición. México.
Paniagua, R; Nistal, M; Sesma, P; Álvarez-Uría, M; Fraile, B; Anadón, R; Saéz F.
(2017). La biología celular y molecular. 4ta edición. McGraw Hill.

16
CITOESQUELETO
Dra. Samantha Jardon Xicotencatl.

GENERALIDADES.
El interior de una célula eucariota está altamente estructurado y organizado para poder
interactuar de forma eficaz con su medio ambiente interno y externo, para lo cual
cuenta con el citoesqueleto que por definición es una red intracelular tridimensional de
filamentos y que se encuentran en las células eucariotas. Este término expresa de una
manera acertada la función general de esta red filamentosa, organización en el
espacio, dando forma, resistencia y estructura interna a la célula, además de permitirle
la interacción mecánica con su medio ambiente, permitiéndole cambiar de forma,
moverse y poder realizar rearreglos internos, es así como el citoesqueleto proporciona
una estructura arquitectónica a las células eucariotas (Alberts et al., 2022; Becker et
al., 2007).

COMPONENTES
La gran variedad de funciones del citoesqueleto depende del comportamiento de tres
familias de proteínas, que se ensamblan formando tres tipos principales de filamentos:
los filamentos de actina, microtúbulos y filamentos intermedios; estos componentes
estructurales presentan distintas propiedades mecánicas, dinámicas y biológicas, pero
comparten ciertos principios fundamentales que proporcionan la base para la
comprensión general de cómo trabaja el citoesqueleto. Cada uno de estos elementos
estructurales del citoesqueleto tiene un tamaño, estructura y distribución intracelular
características, y se originan por la polimerización de un tipo de subunidad diferente
(Becker et al., 2007).

Los filamentos de actina, conocidos también como microfilamentos, son polímeros


flexibles helicoidales de la proteína globular actina, de 8 nm de diámetro, organizados
en haces lineares, así como en redes bidimensionales y geles tridimensionales. Su
localización es dispersa en el citoplasma de la célula, concentrándose en la corteza,
debajo de la membrana plasmática. La subunidad de polimerización es la actina que

17
forma polímeros polares, con actividad enzimática ATPasa. Se localizan en todas las
células eucariotas y sus funciones primarias consisten en dar la forma celular además
de ser responsables del movimiento de la célula durante la migración y participan en
funciones de contractibilidad (Alberts et al., 2022; Alberts & Bray, 2011; Johnson,
2002).

Los microtúbulos son filamentos polares que forman cilindros huecos rígidos de 25 nm
de diámetro y resultan de la polimerización de la proteína globular tubulina que tiene
actividad GTPasa. Son más rígidos que los filamentos de actina y están presentes en
todas las células eucariotas. Sus funciones primarias están relacionadas con la
organización interna de la célula y en el movimiento intracelular, ciliar y flagelar. Se
ubican extendiéndose por todo el citoplasma unidos a un centro organizador de
microtúbulos, como lo es el centrosoma (Alberts et al., 2022; Alberts & Bray, 2011;
Johnson, 2002).

Los filamentos intermedios son filamentos no polares de 10 nm de diámetro que


asemejan cuerdas duras, flexibles y extensibles. Están formados por la polimerización
de proteínas fibrosas pertenecientes a una gran y heterogénea familia. Las proteínas
de los filamentos intermedios no tienen actividad enzimática y no se unen a proteínas
motoras. Se localizan en el citoplasma y núcleo de células animales y están
relacionados con funciones primarias tales como conferir soporte estructural y fortaleza
mecánica a la célula. (Alberts et al., 2022; Becker et al., 2007; Iwasa & Marshall, 2020;
Paniagua et al., 2017).

PRINCIPIO BÁSICO
Los tres tipos de filamentos son estructuras altamente dinámicas que se forman a partir
de ensamblajes helicoidales de subunidades específicas mediante un proceso de
polimerización, que se auto asocian como protofilamentos (uniones extremo-extremo)
los cuales se unen lateralmente para formar los filamentos. Las uniones son por
interacciones no-covalentes débiles lo que permite el ensamblaje y desensamblaje de
sus subunidades para su remodelación constante, esto es polimerización y

18
despolimerización y permitir formar estructuras resistentes, estables y a la vez
dinámicas. Las diferencias en la estructura de las subunidades y la forma de
autoensamblaje les proporcionan a los filamentos propiedades mecánicas distintas en
las células (Alberts & Bray, 2011; Iwasa & Marshall, 2020).

La polimerización se realiza mediante la incorporación de monómeros de actina


(filamentos de actina), dímeros de tubulina  y  (microtúbulos) o tetrámeros de
proteínas filamentosas (filamentos intermedios). En el caso de los filamentos de actina
y los microtúbulos la incorporación de los monómeros de actina o dímeros de tubulina
se realiza en los extremos de los filamentos, siendo mayor en uno de los extremos
razón por la que se denomina extremo “+ y en menor cuantía en el otro extremo
llamado extremo “-“ lo que da la polaridad a estos filamentos. En el caso de los
filamentos intermedios la incorporación de los tetrámeros es hacia la parte interna de
los filamentos por lo que éstos no son polares (Iwasa & Marshall, 2020).

Los distintos componentes del citoesqueleto recorren de un extremo al otro a la célula,


esto es posible por el ensamblaje repetitivo de grandes cantidades de pequeñas
subunidades de moléculas proteicas que miden sólo unos cuantos nanómetros, por lo
que difunden con rapidez por el citoplasma, mientras que los filamentos no; de esta
forma las células pueden reorganizarse estructuralmente de forma rápida,
desensamblando filamentos en un sitio y ensamblándolos nuevamente en otro sitio
(Alberts et al., 2021).

El citoesqueleto también puede formar estructuras altamente estables para la


organización en células con morfología persistente y diferenciada, algunos ejemplos
de estas estructuras especializadas son: las microvellosidades y las sarcómeras
estructuradas por filamentos de actina; el axonema de los cilios y flagelos de la
superficie de algunos tipos de células conformados por microtúbulos; estructuras como
cables que dan soporte y resistencia a los axones neuronales formados por filamentos
intermedios. Existen oras estructuras estables que son las responsables de dar la
"polaridad celular" que permite a las células diferenciar un extremo apical y un extremo

19
basal, así como sus partes laterales (Alberts et al., 2021; Iwasa & Marshall, 2020;
Paniagua et al., 2017; Johnson et al., 2002).

PROTEÍNAS ACCESORIAS Y MOTORAS


Las diversas formas y funciones de las estructuras de los filamentos del citoesqueleto
dependen de un repertorio muy versátil de proteínas accesorias y motoras que regulan
la cinética de polimerización y despolimerización de un filamento, permitiendo su
modificación y comportamiento dinámico, posición, uniones, movimiento y formación
de estructuras de orden superior. En forma general se denominan proteínas de unión
a actina, proteínas asociadas a microtúbulos y proteínas asociadas a filamentos
intermedios. La acción conjunta de estas proteínas y de los componentes del
citoesqueleto permite a la célula eucariota mantener su estructura interna altamente
organizada y reordenarla, cambiar de forma, crecer, dividirse o adaptarse a su entorno
(Alberts & Bray, 2011; Alberts et al., 2021; Paniagua et al., 2017; Johnson et al., 2002).

Como ejemplo de las funciones de estas proteínas está favorecer la polimerización o


despolimerización, estabilizar a los filamentos, polimerizar de forma ramificada,
proveer de sitios nucleadores a partir de donde los filamentos pueden crecer de novo,
permitir la interacción entre los tres componentes del citoesqueleto y con otras
estructuras celulares como la membrana celular, formar estructuras de orden superior
que sirven como base para dar origen a estructuras celulares altamente especializadas
(Alberts et al 2022; Iwasa & Marshall, 2020).

Dentro de las proteínas accesorias resaltan aquellas que proveen funciones motoras
lo que le permite a la célula mover componentes dentro de la misma (transporte
intracelular, desplazamiento de cromosomas durante la división celular), movimiento
de partículas sobre la superficie (movimiento ciliar), internalizar moléculas o partículas
(endocitosis y fagocitosis), acortar su longitud para producir movimientos del cuerpo o
de las paredes de órganos huecos (contracción muscular) o movimiento de la célula
como un todo (migración celular mediante movimiento flagelar o ameboideo). Los
filamentos del citoesqueleto que tienen la capacidad de interaccionar con proteínas

20
motoras están los filamentos de actina (proteínas motoras, miosinas) y los
microtúbulos (proteínas motoras, cinesinas y dineínas) (Alberts et al., 2022; Iwasa &
Marshall, 2020).

REFERENCIAS.
Alberts, B. & Bray, D. (2011). Introducción a la biología celular. Ed. Médica
Panamericana.
Alberts, B.; Heald., R; Johnson, A.; Morgan, D.; Martin, R.; Roberts, K: & Walter, P.
(2022). Molecular Biology of the Cell, 7th ed. W.W. Norton & Co. Canada.
Alberts, B; Hopkin, K; Johnson, A; Morgan, D; Raff, M; Roberts, K; Walter, P. (2021)
Introducción a la Biología Celular. 5ta edición. Ed. Médica Panamericana.
Becker, W. M.; Kleinsmith, L. J.; Hardin, J.; Bertoni, G. P.; Elías, I. A. & Céspedes, A.
M. (2007). El mundo de la célula. 6ta edición. Ed. Pearson Educación.
Iwasa J. & Marshall W. (2020). Karp´s Cell and Molecular Biology. John Wiley and
Sons, 9th ed. Newb Jersey, USA.
Johnson, A.; Lewis, J.; Raff, M.; Roberts, K. & Walter, P. (2002). Molecular biology of
the cell. Garland Science.
Paniagua, R; Nistal, M; Sesma, P; Álvarez-Uría, M; Fraile, B; Anadón, R; Saéz F.
(2017). La biología celular y molecular. 4ta edición. Ed. McGraw Hill.

21
FILAMENTOS DE ACTINA
Dr. Carlos Gerardo García Tovar.
INTRODUCCIÓN.
La actina es una proteína globular de 375 aminoácidos (43 kDa) que se aisló por
primera vez de células musculares, muy abundante (5 a 10% de la proteína total) en
toda clase de células eucariotas. En los mamíferos existen al menos 6 genes de actina
diferentes que expresan las isoformas β y γ en células no musculares diferentes
isoformas α y β en diferentes células musculares. (Alberts et al., 2015; Pollard &
Earnshaw, 2008)

La actina polimeriza formando filamentos constituidos por dos protofilamentos


entrelazados en forma helicoidal y una serie de proteínas accesorias que se unen a
los filamentos, proteínas de unión a actina, que regulan y modifican su estructura con
lo cual controlan su dinámica y funcionamiento. (Alberts et al., 2015; Cooper &
Hausman, 2009; Iwasa & Marshall, 2020)

Los filamentos de actina son estructuras polares debido a que cada monómero de
actina, que recuerda una forma de almeja, con dos valvas que se abren a través de
una bisagra, siempre se une al filamento en la misma posición, cada monómero de
actina tiene sitios de unión que median la interacción cabeza con cola con otros dos
monómeros de actina, por lo que un extremo del filamento es diferente al otro, la región
de la bisagra siempre ve hacia el mismo extremo del filamento y esta diferencia no solo
es a nivel estructural sino también funcional, ya que la polimerización se da a mayor
velocidad en este extremo que es conocido como extremo “+” (llamado extremo
barbado) y en el otro extremo la polimerización es a menor velocidad por lo que se
conoce como extremo “-” (conocido como extremo en punta). Los nombres de
“barbado” y “en punta” proceden de las primeras observaciones que se hicieron de los
filamentos de actina que se purificaban junto con las cabezas de miosina y daban la
impresión de formar cabezas de flecha, en donde la punta de la flecha se orientaba

22
hacia el extremo “-” y la base hacia el extremo “+” (Alberts et al., 2015; Iwasa &
Marshall, 2020; Pollard & Earnshaw, 2008).

Para la polimerización se requiere una concentración mínima de monómeros de actina,


(concentración crítica). La concentración crítica es menor para el extremo ”+” (.1 μM)
por la mayor afinidad de los monómeros hacia este extremo y la concentración crítica
es mayor para el extremo “-” (0.7 μm). Si la concentración crítica de monómeros es
mayor a la requerida para ambos extremos entonces el filamento polimerizará por los
2 extremos; si la concentración crítica es menor que la requerida para ambos
extremos, entonces el filamento despolimerizará y tenderá disminuir su tamaño hasta
desaparecer. Existe un fenómeno denominado rueda de molino (“treadmilling”) en el
cual la concentración crítica para el extremo “+” es mayor y la concentración crítica
para el extremo “-” es menor, por lo que el filamento polimerizará por el extremo “+” y
despolimerizará en el extremo “-”, por lo que el filamento mantendrá su tamaño,
conocida esto como fase de equilibrio. (Iwasa & Marshall, 2020; Pollard & Borisy, 2003;
Pollard, 2007)

Se reconocen tres fases en la polimerización de actina, nucleación, elongación y


equilibrio. Para que un filamento de actina polimerice se requiere que se forme un
oligómero de monómeros de actina que sirve como núcleo, fase de nucleación, a partir
del cual el filamento crece, elongación y finalmente llega a un estado en el cual el ritmo
de polimerización y despolimerización son similares, fase de equilibrio. (Alberts et al.,
2015)

La actina es una ATPasa, por lo que, para que un monómero de actina pueda
polimerizar en un filamento requiere tener unida una molécula de ATP. Una vez en el
filamento, el monómero hidroliza el ATP por ADP + Pi, después libera el Pi y el
monómero se hace menos estable y tiende a soltarse del filamento. Para entender
mejor esta situación, se toma como ejemplo la rueda de molino, los monómeros de
actina unidos al ATP se adhieren al extremo “+”, ya en el filamento hidrolizan el ATP a

23
ADP. Los monómeros unidos a ADP se liberan del filamento en el extremo “-”
provocando su despolimerización. (Pollard & Borisy, 2003; Pollard, 2007)

PROTEÍNAS DE UNIÓN A ACTINA.


La concentración de actina en el citosol es 50 a 100 veces mayor a la concentración
crítica requerida para cada uno de sus extremos (50 a 100 μM), la pregunta es ¿por
qué los filamentos de actina no están continuamente polimerizando? La respuesta cae
en que las proteínas que se unen a actina regulan su dinámica y estabilidad, lo que
afecta de manera directa la formación de estructuras derivadas de la polimerización
de actina en los sitios y el momento requerido por la célula en respuesta a las señales
que recibe. (Pollard & Earnshaw, 2008)

Existe una diversidad de proteínas de unión a actina, que en general se clasifican como
aquellas que se unen a monómeros de actina, de unión colateral, unión a los extremos,
fragmentadoras de filamentos, entrecruzadoras, asociadas a membrana y motoras.
(Alberts et al, 2015; Pollard & Earnshaw, 2008)

La timosina y profilina controlan la polimerización de los filamentos, la timosina


secuestra monómeros de actina (evitando la polimerización) y la profilina los activa
actuando en conjunto con las forminas que unen los monómeros de actina asociados
a profilina al filamento, favoreciendo la polimerización. Algunas desestabilizan los
filamentos, los fragmentan y promueven su despolimerización como cofilina y
gelsolina. Otras los estabilizan al unirse lateralmente a los filamentos como la
tropomiosina o bien cubriendo sus extremos, conocidas como proteínas de caperuza
en donde están la tropomodulina y la Cap Z, evitando su despolimerización. Existen
también las que entrecruzan filamentos como α-actinina, fimbrina y filamina. Las que
anclan los filamentos a la membrana como talina y ERM. También existen proteínas
motoras como la miosina que se une a los filamentos y mediante movimientos
producidos por la hidrólisis del ATP permiten que se deslicen unos filamentos sobre

24
otros o bien transporta “cargas”, por ejemplo, organelos como las mitocondrias, a lo
largo de los filamentos (transporte intracelular). (Alberts et al, 2015)
Una de las características de una célula es la naturaleza física de su citosol, que se
puede encontrar en estado de gel, un estado más sólido, o sol, un estado más soluble.
Mientras más estructurada esté la actina, formando filamentos, es decir polimerizada,
más firme (gel) es el citosol; mientras menos estructurada esté la actina, es decir
despolimerizada, más soluble será el citosol (sol). Los filamentos de actina dan así las
bases moleculares de muchas de las propiedades del citoplasma de la célula,
formando un material viscoelástico, que puede resistir el flujo como un líquido viscoso
y almacenar energía mecánica cuando es estirada o comprimida como un resorte.
(Chandar & Viselli, 2019)

La reserva de actina G está en equilibrio con la actina polimerizada y esto depende de


la activación o inhibición de las proteínas que se unen a actina, tales como cofilina y
gelsolina que promueven la despolimerización y timosina que secuestra los
monómeros de actina G, lo que determina un estado “sol” en el citosol, por el contrario,
proteínas que promueven su polimerización como profilina y formina favorecen su
polimerización determinando un estado “gel” en el citosol. (Alberts et al., 2015;
Chandar & Viselli, 2019)

ESTRUCTURAS DE ORDEN SUPERIOR.


Las proteínas de unión a actina colaboran para entrelazar filamentos y organizarlos
para formar haces paralelos, como la fimbrina y haces contráctiles, la α-actinina, así
como redes en forma de mallas, filamina o redes dendríticas, el complejo Arp2/3. En
los haces paralelos los filamentos de actina se empaquetan estrechamente, en los
haces contráctiles los filamentos se empaquetan de una manera más laxa y son
entrecruzados por miosinas que ocasionan el deslizamiento de unos filamentos sobre
otros provocando su contracción. En las redes los filamentos se entrecruzan formando
mallas o bien filamentos de actina polimerizan a los lados de otros filamentos a partir
del complejo Arp2/3 que sirve como núcleo desde donde polimeriza la actina,
provocando ramificaciones y constituyen redes dendríticas. Las proteínas Arp 2/3

25
reciben su nombre por ser proteínas relacionadas con actina, esto es, su estructura es
muy similar a la actina, pero existen diferencias que evitan que polimericen formando
filamentos, sin embargo las proteínas Arp 2 y 3 pueden unirse entre ellas y con otras
proteínas, dando lugar al complejo Arp2/3, para originar núcleos en donde se unen
monómeros de actina que polimerizan para formar filamentos. Estos complejos Arp2/3
pueden unirse a los lados de filamentos de actina, polimerizar nuevos filamentos como
ramificaciones. (Alberts et al., 2015; Chandar & Viselli, 2019; Iwasa & Marshall, 2020;
Pollard & Earnshaw, 2008)

ESTRUCTURAS CELULARES FORMADAS POR HACES Y REDES.


En lo que se refiere tanto a los haces como las redes dan origen a estructuras que
permiten a las células cambiar de forma o migrar, así como darle fortaleza a la
membrana plasmática, soporte a la célula y sus propiedades viscoelásticas. Dentro de
estas estructuras están los lamelipodios, filopodios, rufles, corteza celular, fibras de
tensión, y pseudópodos. (Alberts et al., 2015; Pollard & Earnshaw, 2008)

Para comprender mejor estas estructuras, a continuación, se hará una explicación de


cómo están conformadas y algunas funciones relacionadas.

Lamelipodios: motilidad.
Cuando las células migran se polarizan en uno de los polos (en la parte anterior) se
forma una extensión aplanada de la membrana plasmática que dirige el avance de la
célula, mientras que el otro polo (posterior), es una zona de contracción para el
desplazamiento de la célula, este tipo de movimiento se conoce como amiboideo y en
él se distinguen tres fases: protrusión (formación del lamelipodio), adhesión (fijación
del lamelipodio al sustrato) y contracción (retracción del polo posterior para
desplazarse hacia adelante). (Alberts et al., 2015; Iwasa & Marshall, 2020)

El lamelipodio es una extensión aplanada de la membrana plasmática conformado por


diferentes regiones, el borde frontal o borde líder, región de remodelación y detrás de
esta región está la lámina. Atrás de la lámina está el cuerpo de la célula que incluye al

26
núcleo y la mayoría de los organelos. Los lamelipodios tienen ciclos de formación y
retracción. (Alberts et al., 2015; Cooper & Hausman, 2009; Cramer, 1997)
Al observar el lamelipodio se puede distinguir una red dendrítica a nivel del borde líder,
seguida por una zona de remodelaje y a nivel de la lámina se observan haces de
filamentos largos. La red dendrítica es una zona de polimerización, la zona de
remodelaje predomina la despolimerización y en la lámina los filamentos se mantienen
en un estado de equilibrio. En el borde libre se observa un treadmilling dendrítico, en
donde los filamentos polimerizan continuamente como ramas asociadas a filamentos
preexistentes, a partir del complejo Arp2/3 y su función es “empujar” la membrana
plasmática para ocasionar su protrusión. En la parte trasera de las redes dendríticas
actúan proteínas desestabilizadoras de filamentos, como la cofilina y twinfilina,
fragmentando los filamentos y con esto su despolimerización, corresponde a la zona
de remodelaje. Los monómeros libres son activados por la profilina, intercambian ADP
por ATP y son llevados al frente de la red dendrítica (profilactina) para polimerizar
nuevas ramas de filamentos de actina. La estabilización de la lámina es mediante la
proteína filamina formando redes en malla. Una vez que se forma el lamelipodio este
se adhiere al sustrato mediante adhesiones focales que se realizan a través de
integrinas. En la parte trasera de la célula se forman haces contráctiles de filamentos
de actina/miosina cuya contracción provoca la retracción de la célula completando el
ciclo del movimiento amiboideo (Cramer, 1997; Iwasa & Marshall, 2020; Pollard, 2007;
Pollard & Borisy, 2003; Schaks et al., 2019; Volkmann et al., 2015)

Filopodios: sensores y comunicación celular.


Son protrusiones delgadas con forma de varilla altamente dinámicas de la membrana
plasmática sustentadas por haces paralelos de filamentos de actina con el extremo “+”
dirigido al extremo del filopodio. Los filopodios dependen de ciclos de polimerización y
despolimerización de los filamentos de actina y también se caracterizan por fases de
formación y retracción (Alberts et al., 2015; Cooper & Hausman, 2009; Fischer et al.,
2020; Roy & Kornberg, 2015)

27
Los filopodios se pueden encontrar emergiendo de cualquier sitio de la superficie
celular y también se localizan en el borde libre de los lamelipodios y pueden emitirse
de forma individual o en gran número, incluso por todo el perímetro de la célula. Los
filopodios actúan para explorar el microambiente, incluyendo la matriz extracelular y
las características de otras células, por lo que se reconocen como sensores del
microambiente. (Heckman & Plummer, 2013; Passey et al., 2004)

Un filopodio puede crecer y extenderse hasta entrar en contacto con otra célula
formando citonemas (nanotúbulos), relacionados con comunicación paracrina y con el
tráfico de proteínas de señalización. (Roy & Kornberg, 2015; Sherer & Mothes, 2009)

Las microvellosidades son un tipo especial de filopodios con haces paralelos de actina
entrecruzados por la villina, además los filopodios intervienen en funciones como son
morfogénesis de la ramificación neuronal, morfogénesis en la ramificación angiogénica
y formación de las adhesiones focales. (Fischer et al., 2020; Iwasa & Marshall, 2020)

Rufles de membrana: macropinocitosis.


La macropinocitosis se describe como una forma de internalización, a gran escala, de
moléculas que involucra la generación de protrusiones de membrana en la superficie
dorsal de la periferia de la célula que subsecuentemente se fusionan entre sí o de
vuelta con la membrana plasmática, formando estructuras endocíticas tubulares,
resultando en la toma de componentes extracelulares atrapados en estos sitios. Los
rufles aparecen como grandes pliegues de la membrana que crecen y son soportados
por redes dendríticas de actina y complejo Arp2/3. (Doherty & McMahon, 2009)

Corteza Celular: resistencia y cambio de forma.


La corteza celular forma el perímetro de la célula y está conformada por una red de
filamentos de actina que subyace uniformemente a la membrana plasmática. Los
filamentos de actina se unen a proteínas de la membrana mediante proteínas de la
familia de las ERM. Los filamentos de actina están asociados a la miosina, lo que le
permite a la corteza la capacidad de contraerse y de esta forma tensar la red de

28
filamentos y hacerla más resistente para fortalecer a la membrana plasmática contra
fuerzas de presión externas. La corteza celular es una estructura dinámica, que puede
sufrir rearreglos estructurales y alteraciones en la unión de la actina a la membrana
cambiando así sus propiedades mecánicas, como rigidez, viscoelasticidad y tensión.
Es posible encontrar regiones de la membrana, llamados dominios de membrana, en
las cuales los filamentos de actina están unidos a la membrana y otras regiones en
donde no existe esta unión. Los dominios en donde los filamentos de actina se unen
fuertemente a la membrana forman una corteza más rígida y aquellos en donde no se
establece esta unión la corteza es elástica. Lo anterior viene a colación porque explica
cómo las células pueden cambiar de forma regulando la estructura de la corteza
celular. (Alberts et al., 2015; Fehon et al., 2010; Roubinet et al., 2012; Salbreux et al.;
2012; Svitkina, 2020)

Por otro lado, moléculas localizadas en la corteza celular participan en morfogénesis,


formación de adhesiones focales, polaridad y formación del anillo contráctil durante la
división celular. (Alberts et al., 2015; Iwasa & Marshall, 2020)

Pseudópodos: fagocitosis.
Los pseudópodos son protrusiones de membrana en forma de elevaciones
redondeadas que se asocian con la fagocitosis. El proceso mediante el cual se forman
implica la destrucción de la corteza celular en el sitio en donde se habrán de formar
los pseudópodos, se presenta la polimerización de círculos de actina los cuales
polimerizan formando la evaginación que posteriormente se convertirá en un
pseudópodo, en su extremo se forma la copa de fagocitosis alrededor de la partícula
a fagocitar, por ejemplo una bacteria, que es envuelta por la extensión de la membrana
plasmática en el borde de la copa de fagocitosis y que cubre a la bacteria hasta que
esta es endocitada en una vesícula conocida como fagosoma. La formación y
crecimiento del pseudópodo, así como la formación de la copa de fagocitosis depende
de la polimerización de actina formando redes dendríticas asociadas al complejo
Arp2/3. (Freeman & Grinstein, 2014)

29
Fibras de tensión: adhesión, contractilidad y mecanotransducción.
Los filamentos de actina forman haces antiparalelos que junto con la miosina forman
los haces contráctiles (haces de actinomiosina) en donde la fuerza producida por la
hidrólisis del ATP dirige el movimiento del dominio motor de la miosina a lo largo del
filamento de actina. Debido a que la miosina se enlaza en haces bipolares y los
filamentos de actina están arreglados de manera antiparalela, la actividad de la
miosina resulta en la contracción de los haces de actinomiosina que en células
animales participan en la formación del anillo contráctil durante la citocinesis,
miofibrillas de células musculares, cambios de forma y en la formación de las fibras de
tensión de células no musculares. (Alberts et al., 2015; Hotulainen & Lappalainen,
2006; Tojkander et al., 2012)

Las fibras de tensión son las principales estructuras contráctiles en muchas células
animales. Están formados por haces antiparalelos (bipolares) de actina, entrecruzados
por α−actinina. Los haces de actinomiosina se observan como haces filamentosos que
cruzan la célula de un lugar a otro y a menudo están anclados en adhesiones focales
que conectan con la matriz extracelular (Fig. 2). (Alberts et al., 2015; Tojkander et al.,
2012)

La cubierta de actina perinuclear consiste en fibras de tensión localizadas sobre el


núcleo, regula su forma durante la interfase y pueden actuar como
mecanotransductores para transmitir la fuerza del medio ambiente celular al núcleo.
(Tojkander et al., 2012)

Las fibras de tensión participan en adhesión celular, migración y mecanotransducción.


Las adhesiones focales establecen una conexión entre las fibras de tensión y la matriz
extracelular a través de proteínas transmembranales de la familia de las integrinas.
Los filamentos de actina se anclan a las integrinas mediante proteínas enlazadoras
como talina y vinculina, mientras que las integrinas se unen a proteínas de la matriz
extracelular como la fibronectina y laminina. La contractilidad de las fibras de tensión
puede convertir señales mecánicas en respuestas bioquímicas y colaborar en la

30
dinámica y maduración de las adhesiones focales. (Alberts et al., 2015; Cooper &
Hausman, 2009; Tojkander et al., 2012)

Los filamentos de actina sometidos a una mayor tensión enlazarán, con mayor avidez,
a la miosina para dar mayor resistencia a la célula mediante filamentos de
actinomiosina. Esto significa que los filamentos de actina son estructuras muy
dinámicas, que pueden actuar como mecanotransductores de las fuerzas externas a
las que son sometidas las células y esto redundará en la formación de estructuras
como las fibras de tensión. (Galkin et al., 2012)

En este punto se describirá el transporte intracelular en donde los filamentos de actina


sirven como rieles por donde transita la miosina unida a una carga (organelos como
las mitocondrias) para llevarla de un sitio a otro de la célula. (Iwasa & Marshall, 2020)

CONTRACCIÓN MUSCULAR.
Existen tres tipos de músculo, el estriado esquelético, el estriado cardiaco y el no
estriado (liso). El músculo estriado esquelético, se caracteriza por ser voluntario y está
formado por células alargadas resultado de la fusión de muchas células, los
mioblastos, con la propiedad de la contractilidad y que por su apariencia se denominan
fibras musculares dentro de las cuales se localizan un sinnúmero de núcleos
periféricos. (Iwasa & Marshall, 2020)

Las fibras musculares están constituidas por una serie repetida de sarcómeras,
unidades morfofuncionales del músculo estriado, que al microscopio se ven como
estructuras alargadas formadas por bandas claras (bandas I) y bandas oscuras
(bandas M), de donde toma su nombre el músculo estriado. A nivel del centro de la
banda I se observa una línea oscura, la línea Z, que limita dos sarcómeras, es así
como cada sarcómera se extiende de una línea Z a la siguiente.

Estructuralmente en cada sarcómera se observan filamentos delgados, los filamentos


de actina y filamentos gruesos, formados por un grupo de cientos de filamentos de

31
miosina. Los filamentos delgados que se empalman forman la banda I y el empalme
de los filamentos gruesos junto con el extremo de los filamentos delgados forman la
banda M. Los filamentos de actina se anclan en el disco Z, que forma la línea Z y
terminan a nivel del extremo de las bandas M. Los filamentos de miosina se anclan en
el centro de la banda M, la línea M y se orientan hacia las bandas I, sin invadir estas
bandas. De esta forma la contracción muscular consiste en el acortamiento de la
sarcómera mediante el deslizamiento de los filamentos delgados sobre los filamentos
gruesos. (Alberts et al., 2015; Iwasa & Marshall, 2020; Pollard & Earnshaw, 2008)

En cada filamento grueso sobresalen las cabezas de miosina orientadas hacia los
filamentos de actina. La contracción se activa con la salida de calcio del retículo
endoplásmico liso (retículo sarcoplásmico). En los filamentos de actina se encuentra
el complejo troponina que bloquea el sitio de unión a miosina en la actina. Otra
proteína, la tropomiosina, se une a la troponina y se extiende sobre 7 monómeros de
actina bloqueando también el sitio de unión de miosina en cada monómero de actina
del filamento. El calcio se une a la troponina que sufre un cambio conformacional que
libera el sitio de unión a miosina, al realizar este cambio jala a la tropomiosina y
también se liberan los sitios de unión de los monómeros de actina. (Alberts et al, 2015;
Iwasa & Marshall, 2020)

Para comprender la contracción muscular hay que explicar el ciclo mecanoquímico que
sucede entre los filamentos de actina al deslizarse sobre los filamentos de miosina. La
miosina tiene actividad ATPasa y durante el reposo se encuentra separada de la
actina, una vez activada la contracción por el calcio, la miosina une ATP lo cual
produce un cambio conformacional en la cabeza de miosina, provocando que la
miosina se mueva en dirección del siguiente monómero de actina, en ese momento se
hidroliza el ATP por ADP+Pi, se libera el Pi y la cabeza de miosina se une a la actina,
se libera el ADP y la miosina sufre un cambio conformacional arrastrando al filamento
de actina hacia la línea M, denominado golpe de poder y de esta forma se avanza en
el deslizamiento del filamento delgado sobre el grueso (movimiento procesivo). Esto
se realiza de forma repetitiva y los discos Z se aproximan uno a otro en cada sarcómera

32
lo que resulta en la contracción muscular. Para terminar la contracción el calcio se
regresa al retículo sarcoplásmico, troponina y tropomiosina bloquean nuevamente el
sitio de unión de actina para miosina. (Alberts et al., 2015; Iwasa & Marshall, 2020;
Pollard & Earnshaw, 2008)

El inicio de la contracción muscular se da en el momento en que en la terminación


neuromuscular llega un impulso nervioso en la neurona presináptica, se libera
acetilcolina que se une a su receptor en la membrana de la célula muscular, el receptor
es un canal de sodio ligando dependiente (unión neuromuscular). La unión del ligando
con el receptor abre el canal de sodio, se despolariza la membrana y se inicia un
impulso que avanza por toda la membrana de la fibra muscular, gracias a la presencia
de canales de sodio voltaje dependientes, el impulso penetra a la célula muscular por
la presencia de los túbulos T, invaginaciones de la membrana plasmática de la fibra
muscular que se encuentran en colindancia con el retículo sarcoplásmico. El impulso
avanza por estos túbulos en donde existen canales de calcio voltaje dependientes, lo
que provoca la entrada de calcio al citosol de la célula muscular, este calcio se une a
canales de liberación de calcio del retículo sarcoplásmico y provoca su apertura con la
consecuente salida de calcio del retículo sarcoplásmico y este calcio quede libre en el
citosol para unirse a la troponina para iniciar la contracción muscular. La contracción
finaliza cuando cesa el impulso nervioso por el cierre de los receptores de sodio ligando
dependientes y el calcio regresa al retículo sarcoplásmico por acción de una ATPasa
de calcio. (Iwasa & Marshall, 2020; Pollard & Earnshaw, 2008)

El músculo estriado cardiaco (involuntario) es similar al músculo esquelético, solo que


presenta ramificaciones y las células están unidas por uniones comunicantes que
permiten que el miocardio se contraiga como un sincitio. Las células poseen
sarcómeras y el ciclo mecanoquímico es similar al descrito para el músculo estriado
esquelético.

En el músculo liso (involuntario) no existen sarcómeras, está formado por células en


forma de huso con un núcleo central y no presentan troponina. El complejo

33
actinomiosina se localiza en todo el citosol de la célula en forma semejante a las fibras
de tensión. En este caso, en la membrana plasmática existen receptores que unen a
su ligando y esto induce la liberación de calcio del retículo endoplásmico liso, el cual
se une a la calmodulina la que a su vez activa la cabeza de miosina y esto provoca el
deslizamiento de los filamentos de actina sobre los de miosina y la célula se contrae.
(Alberts et al., 2015)

REARREGLOS DE LOS FILAMENTOS DE ACTINA Y PROTEÍNAS DE LA FAMILIA


RHO.
En la célula el comportamiento de la actina es regulado por las proteínas de unión a
actina, que enlazan a monómeros o filamentos de actina modificando su dinámica y
organización a través del control espacial y temporal. En procesos como la migración
celular, es necesario que los filamentos de actina se organicen de una forma en el
frente (protrusión de membrana) y de otra en la parte trasera (contracción), así como
en este caso, en diferentes circunstancias los filamentos de actina se arreglan de
acuerdo con las necesidades de la célula, dependiendo de las señales que reciba y de
esta forma se mantenga su estructura y función. Los filamentos pueden desarrollar
diferentes estructuras intercambiando unas por otras denominados rearreglos del
citoesqueleto.

Estos cambios son regulados por señales externas e internas controlados por la familia
de proteínas Rho, que son GTPasas monómericas y están en las vías de señalización
que controlan la estructura y función de los filamentos de actina. Pertenecientes a esta
familia están las proteínas Cdc42, Rac y Rho, cuya activación promueve la formación
de diferentes estructuras soportadas por los filamentos de actina, por ejemplo, la
proteína Cdc42 activada estimula la formación de filopodios, la proteína Rac activada
estimula la formación de lamelipodios y la proteína Rho activada estimula la formación
de fibras de tensión. Cada una de estas proteínas inducen o inhiben alguna de las
proteínas de unión de actina para la formación de estructuras de orden superior, por
ejemplo, en una célula en migración al formarse lamelipodios en el frente de una célula
en migración, la proteína Rac estimula la formación de redes dendríticas (complejo

34
Arp2/3) y redes en malla (filamina) y bloquea la formación de haces contráctiles (α-
actinina y miosina); por el contrario, en la parte trasera de la célula, la proteína Rho
estimula la formación de haces contráctiles (α-actinina y miosina) y bloquea la
formación de redes dendríticas o en malla (complejo Arp2/3 y filamina) (Alberts et al.,
2015)

DROGAS QUE AFECTAN EL FUNCIONAMIENTO DE LOS FILAMENTOS DE


ACTINA.
Las funciones de los filamentos de actina son inhibidas por agentes químicos mediante
estabilización o desestabilización de los filamentos. Como ejemplo serán citadas
algunas toxinas producidas por diferentes organismos y que actúan sobre los
filamentos de actina de los individuos que entran en contacto con ellas, por ejemplo,
el consumo de algunos hongos. La citocalasina, producto de un hongo, evita la
polimerización de actina, desestabiliza y produce despolimerización; latrunculina,
producida por esponjas de mar, evita la polimerización de actina favoreciendo su
despolimerización y finalmente la faloidina, producida por un hongo, estabiliza los
filamentos evitando su despolimerización. Todas estas drogas tienen su efecto al
bloquear la dinámica de los filamentos de actina. (Alberts et al., 2015)

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37
MICROTÚBULOS
M en C. Ma. del Rosario Martínez Calles.

INTRODUCCIÓN.
Los microtúbulos son estructuras proteicas que asemejan a tubos huecos, largos y
cilíndricos, son relativamente rígidos, presentan un diámetro de 23 a 25 nm y una
longitud de hasta de 50 µm. En una célula animal típica los microtúbulos se originan
en el centrosoma (región central de la célula) y se extienden a la periferia de manera
radial, formando un sistema de guías (Alberts et al., 2021; Chandar & Viselli, 2019; de
Juan, et al., 2022).

ESTRUCTURA.
Están formados por subunidades de moléculas de tubulina, cada subunidad es un
heterodímero compuesto por dos proteínas globulares, denominadas α y β tubulina,
dispuestas de manera alterna y unidas por enlaces no covalentes, a su vez los mismos
heterodímeros se ensamblan de forma lineal por el mismo tipo de enlace para formar
los protofilamentos que se dispondrán de manera paralela entre uno y otro, hasta
formar 13 protofilamentos, los cuales formarán la pared de la estructura hueca
cilíndrica, algunos microtúbulos pueden presentar 12, 15 o 16 protofilamentos. Los
protofilamentos en cada extremo tienen una polaridad estructural. El extremo de la β
tubulina se conoce como extremo + (más) y el extremo opuesto donde está la α
tubulina es el extremo – (menos). El hecho de que su estructura tenga una dirección
definida (polaridad), es crucial para su formación del microtúbulo, al momento que se
realiza el ensamblaje y también para realizar el transporte de moléculas en la célula
(Alberts et al., 2021; Chandar & Viselli, 2019; de Juan et al., 2022; Estévez, 2020).

FUNCIÓN.
Dentro de algunas funciones que realizan los microtúbulos, se encuentran: formar
estructuras de forma filiformes con movimientos rítmicos conocidos como cilios y

38
flagelos, los cuales actúan como medios de propulsión o despejando el fluido presente
sobre la superficie celular. En las células que entran en división forman estructuras
denominadas “huso mitótico”. Son los encargados del transporte intracelular y de
anclar organelos membranosos. También se ha encontrado que participan en el
transporte de impulsos eléctricos en cilios sensitivos de los túbulos contorneados
proximales en el riñón (Alberts et al., 2021; Estévez, 2020; de Juan et al., 2022;
Scarinci, 2020).

Polimerización.
La polimerización del microtúbulo también se le conoce como ensamblaje, este
proceso se vuelve un poco complejo, puesto que los microtúbulos cambian de manera
continua entre las fases de crecimiento y acortamiento, es decir están en un estado de
cambio en su fase de crecimiento, dando una característica al microtúbulo de
“Inestabilidad dinámica”, ya que, en el acortamiento del microtúbulo, también se realiza
una despolimerización o desensamblaje (Chandar & Viselli, 2019).

La polimerización implica la unión de una concentración alta de heterodímeros de


tubulina. Durante el ensamblaje, los heterodímeros de tubulina están unidos a dos
moléculas de trifosfato de guanosina (GTP) e interactúan con otros heterodímeros
unidos a GTP para formar protofilamentos. Durante el proceso de polimerización cada
subunidad de tubulina posee GTP, siendo más estable el de la subunidad α, el GTP
que está unido a la subunidad β se hidroliza rápidamente al unirse con la subunidad
α, por lo tanto, es más propenso a despolimerizarse. En el extremo más del
microtúbulo (extremo libre) se forma una cubierta de GTP recién agregado (en forma
de casquete “cap”) antes de que se hidrolice y se forme el GDP. Cuando en este
casquete, la tubulina se hidroliza, se produce una rápida despolimerización y el
acortamiento del microtúbulo, denominándose a este fenómeno como catástrofe y, la
adición de nuevos heterodímeros para formar nuevamente un microtúbulo se le
denomina rescate. Es importante aclarar que la polimerización puede realizarse tanto
en el extremo más y el extremo menos, siendo más rápida en el extremo más. Poco

39
después de la polimerización de un microtúbulo en crecimiento, el GTP asociado a la
tubulina es hidrolizado, obteniendo GDP (difosfato de guanosina).
Un objetivo por el cual aumenta su longitud el microtúbulo es para buscar contacto con
organelos celulares o con los cromosomas en la mitosis a los cuales se puedan
enlazar. La etapa en donde inicia la unión de estos heterodímeros se conoce como
nucleación (Alberts et al., 2021; Chandar & Viselli, 2019; de Juan et al., 2022).

Centro organizador de microtúbulos.


Por lo general los microtúbulos se nuclean a partir de un lugar intracelular central,
regularmente localizado cerca del núcleo, conocido como centrosoma (cuerpos
polares en levaduras), al cual se considera como centro organizador de microtúbulos
(MTOC: microtubule-organizing ceter) muy enriquecido con γ tubulina (Alberts et al.,
2021; Matellán, 2020). Los microtúbulos necesitan de estos sitios provistos de γ-
tubulina de un centrosoma (MTOC), para iniciar su polimerización a partir de una
estructura microtubular en forma de anillo preexistente de γ tubulina, ya que es mucho
más difícil la formación de un nuevo microtúbulo desde cero (mediante el ensamblaje
inicial de un anillo de dímeros de αβ-tubulina). En muchos casos, la nucleación
depende de los anillos de γ tubulina (γ-TuRC: γ-tubulin ring complex) y estos anillos
siempre van a estar localizados en el centrosoma, son cientos de anillos. Los dímeros
de αβ tubulina se agregan al anillo de γ tubulina con una orientación específica, lo que
determina que el extremo menos de cada microtúbulo quede incluido en el centrosoma
y que el crecimiento tenga lugar solo en el extremo más.

En este anillo, dos proteínas accesorias se unen directamente a la γ tubulina, junto con
otras proteínas que facilitan la creación del anillo en espiral, el cual servirá de molde
para crear un microtúbulo. Los microtúbulos en la célula tienen una velocidad de
polimerización por lo general de 10-15µm/min.

Además de los anillos de γ tubulina en el centrosoma también se localiza un par de


centriolos, éstos son estructuras en forma de cilindros cortos, constituidos por nueve
tripletes o dupletes de microtúbulos (9+0), según la especie (cangrejo y Drosophila

40
melanogaster). Los centriolos no cumplen ningún papel en la nucleación de los
microtúbulos en el centrosoma, las células vegetales carecen de ellos; son muy
idénticos a los cuerpos basales (presenta una membrana) que organizan a los
microtúbulos en cilios y flagelos; también participan en la formación del huso mitótico
(Alberts et al., 2021; Chandar & Viselli, 2019; Scarinci, 2020).

Inestabilidad dinámica y estabilización.


Una vez producida la nucleación del microtúbulo en crecimiento, presenta inestabilidad
dinámica. Su extremo + (mas) suele crecer hacia afuera del centro organizador por
adición de subunidades de αβ-tubulina durante varios minutos, luego el microtúbulo
presenta una transición brusca que hace que se retraiga con rapidez hacía dentro por
pérdida de subunidades en su extremo libre.

En algunos casos, se retrae parcialmente y vuelve a crecer también en forma súbita o


puede desaparecer por completo y ser reemplazado por un nuevo microtúbulo
derivado del mismo anillo de γ tubulina. Esta inestabilidad dinámica deriva de la
capacidad intrínseca de las moléculas de tubulina de hidrolizar GTP. Las moléculas de
tubulina asociadas a GTP se agrupan de manera eficiente mientras que las moléculas
de tubulina portadoras de GDP tienen una conformación distinta y se unen más
laxamente entre sí.

A veces la tubulina del extremo libre del microtúbulo hidroliza su GTP antes de que se
añada la siguiente tubulina, de manera que los extremos libres de los protofilamentos
están compuestos, ahora, por subunidades GDP-tubulina, induciendo el
desensamblaje del microtúbulo. Una vez que se ha iniciado la despolimerización, ésta
tiende a continuar, a menudo a una gran velocidad. El microtúbulo comienza a
contraerse con rapidez e, incluso, puede desaparecer.

os microtúbulos pueden presentar diferente estabilidad mecánica; por ejemplo,


durante la mitosis los microtúbulos se vuelven al principio más dinámicos y alternan
entre el crecimiento y la retracción con más frecuencia de lo que lo hacen los

41
microtúbulos citoplasmáticos. Esto les permite desensamblarse con rapidez y luego
reensamblarse en el huso mitótico (Alberts et al., 2021; Chandar & Viselli, 2019).
PROTEÍNAS QUE SE UNEN A MICROTÚBULOS.
La estructura dinámica de los microtúbulos y su interacción con otros elementos
celulares está regulada por proteínas asociadas a los Microtúbulos (MAPs). Por lo
tanto tenemos proteínas estructurales o estabilizadoras de microtúbulos (MAP l,
Familia Tau/Map 2, STOP, MAP 7 y doblecortina); Proteínas desestabilizadoras de
microtúbulos (Estatmina, Proteínas cortadoras, EMAP, kinesina 13 y MINUS);
Proteínas que controlan la localización de los microtúbulos (Tubulina γ, proteína TIP +
y -, XMAP215, entre otras) y finalmente otro tipo de proteínas denominadas proteínas
motoras, que se asocian a los microtúbulos, permitiendo que los microtúbulos
desplacen vesículas, organelos y otros componentes celulares al momento de que las
proteínas también se desplazan a lo largo de los microtúbulos citoplasmáticos, como
las del axón de una célula nerviosa. Por lo tanto, tenemos a las cinecinas, que suelen
desplazarse hacia al extremo más de un microtúbulo (alejándose del centrosoma;
hacía afuera del cuerpo celular), y las dineínas, que se desplazan hacia el extremo
menos del microtúbulo (hacía el centrosoma); hacía adentro (de Juan et al., 2022;
Matellan, 2020).

DROGAS QUE AFECTAN A LOS MICROTÚBULOS.


Existen algunas drogas que interfieren con la dinámica de los microtúbulos, por
ejemplo: la colchicina se une a las moléculas de tubulina libres e impide su
polimerización en un microtúbulo creciente, esta misma sustancia al agregarla en
células que están en proceso de división, su huso mitótico se degrada, por lo tanto, las
células no concluyen su división y no sobreviven, otra droga como el Taxol, hace lo
contrario, estabilizando a los microtúbulos. Algunos compuestos que se relacionan con
la colchicina como alcaloides de la vinca vinblastina y vincristina se utilizan para
controlar el crecimiento de las células cancerígenas. Existe el fármaco antitumoral
paclitaxel, éste se une a la tubulina ensamblada, impidiendo su desensamblaje de los
microtúbulos del huso mitótico, deteniendo la división celular de las células
cancerígenas (Chandar & Viselli, 2019; Scarinci, 2020).

42
CILIOS Y FLAGELOS.
Son estructuras formadas por microtúbulos, se caracterizan por presentar movimiento,
lo que permite que las células realicen funciones específicas. Los cilios se localizan,
por ejemplo, en células del aparato respiratorio, oviducto, útero, canal del epéndimo y
en células que revisten los ventrículos cerebrales, ayudan a que estas células
epiteliales realicen funciones específicas sobre el borde apical de las mismas,
realizando un movimiento pendulante cíclico que ayude a desplazar sobre este borde
el moco secretado del mismo tejido epitelial en donde se localizan. Son estructuras
sensoriales que sobresalen de la superficie celular, están cubiertos por una membrana
que difiere de la membrana citoplasmática.

Cada cilio presenta un quinetosoma o cuerpo basal (base donde se genera el


movimiento) y una estructura libre denominada axonema (citoesqueleto ciliar), en cilios
móviles, ésta última estructura es la que realizará el movimiento y está constituida por
nueve dobletes de microtúbulos periféricos que se disponen en forma de anillo y un
par en su región central (9+2), todos los microtúbulos se flexionan y deslizan uno
contra otro para generar el movimiento en el cilio. La dineína es una de las proteínas
que genera la fuerza de deslizamiento de los microtúbulos. Existen los cilios primarios
que tienen funciones de señalización en las células, actualmente se cree que los cilios
sean móviles o no, responden a estímulos mecánicos y químicos ambientales para
enviar las señales al cuerpo celular.

Los flagelos son más largos que los cilios, en el espermatozoide permite el
desplazamiento del mismo por completo en los fluidos, su estructura y generación del
movimiento es muy similar al cilio, pero el movimiento que se realiza sólo es de tipo
ondulatorio (Alberts et al., 2021; Chandar & Viselli, 2019; Scarinci, 2020).

REFERENCIAS.

43
Alberts, B., Hopkin, K., Jonson, A. J., Morgan, D., Raff, M., Roberts, K., & Walter, P.
(2021). Introducción a la biología celular (5a ed.). Ciudad de México: Médica
Panaméricana.
Chandar, N. & Viselli, S. (2019). Biología Molecular y Celular. México: Wolter Kluwer/
Lippincott Williams & Wilkins.
de Juan, H. J., Fernández, J. E., Ibarra, R. F., & Ribera, C. J. (2022 ). Biología celular
conceptos esenciales. Argentina: Médica Panámericana.
Estévez, G. J. (2020). Implicaciones de la estructura del extremo del microtúbulo en
el mecanismo molecular de paclitaxel [Tesis de doctorado]. Universidad
Complutense de Madrid.
Matellán, F. L. (2020). Estudio de simetrias Asociadas al huso mitótico de
Saccharomyces cerevisiae: nuevos reguladores del posicionamiento del huso
y la herencia no aleatoria de los centros organizadores de microtúbulos [Tesis
de doctorado]. Universidad de Sevilla.
Scarinci, M. N. (2020). Interacción y regulación de canales iónicos por microtúbulos.
(Tesis de doctorado). Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, Argentina.
Disponible en RIDAA-UNQ Repositorio Institucional. Digital de Acceso Abierto
de la Universidad Nacional de Quilmes
http://ridaa.unq.edu.ar/handle/20.500.11807/3064

44
FILAMENTOS INTERMEDIOS
Dra. Samantha Jardon Xicotencatl.

La familia de las proteínas de los filamentos intermedios solo se encuentran en


organismos pluricelulares y es muy diversa, contrario a la actina y la tubulina que han
sido muy conservadas a lo largo de la evolución de la célula eucariota, esto se debe a
la gran variedad de formas específicas de tejido en el citoplasma de las células
animales (Becker et al., 2007).

Las proteínas de los filamentos intermedios presentan una secuencia de aminoácidos


muy diferente de un tejido a otro, incluyendo a los filamentos de queratina en las
células epiteliales, los neurofilamentos de las células nerviosas y los filamentos de
desmina en las células musculares. Los filamentos intermedios son el elemento más
estable y menos soluble de los constituyentes del citoesqueleto. (Alberts & Bray, 2011;
Becker et al., 2007; Herrmann and Aebi, 2000).

En todas estas células la función primaria de los filamentos intermedios es


proporcionar resistencia mecánica, siendo estos los elementos del citoesqueleto más
resistentes al formar una red que rodea al núcleo y que se extiende hasta la periferia
celular, interaccionando con la membrana plasmática, esto permite que las células
toleren el esfuerzo mecánico asociado con el estiramiento, suelen estar anclados a la
membrana en las uniones intercelulares denominadas desmosomas, sitio donde la
membrana plasmática se conecta con la de otra célula (Alberts et al., 2021; Martínez
& Martínez, 2010).

Los filamentos intermedios rodean a la superficie interna de la envoltura nuclear,


formando una red protectora para el ADN, denominada: lámina nuclear (Paniagua et
al., 2017).

45
ESTRUCTURA.
Todos los filamentos intermedios son producto de una familia de genes relacionados
y poseen rasgos comunes, aunque presentan diferencias significativas en el tamaño y
en las propiedades químicas. A diferencia de la actina y la tubulina, que son proteínas
globulares, los filamentos intermedios son proteínas filamentosas (Becker et al., 2007).

Un filamento intermedio se asemeja a una cuerda formada por numerosas hebras


largas y retorcidas para conferir resistencia a la tracción, una habilidad que le permite
soportar la tensión sin romperse. Las hebras de este cable están compuestas por
proteínas de subunidades fibrosas que contienen cada una un dominio en forma de
bastón alargado con dominios no estructurados distintos en cada extremo. Este
dominio central consiste en una región alfa-helicoidal extendida, que permite que pares
de proteínas de los filamentos intermedios forman dímeros estables al enrollarse uno
alrededor del otro en una disposición espiral. Dos de estos dímeros dispuestos en
espiral que transcurren en direcciones opuestas se asocian para formar un tetrámero
escalonado. Estos dímeros y tetrámeros son las subunidades solubles de los
filamentos intermedios. Los tetrámeros se asocian entre sí en forma latero-lateral y
luego se ensamblan para formar el filamento intermedio final que, como se dijo antes,
son semejante a una cuerda con ambos extremos iguales (sin polaridad estructural)
(Alberts et al., 2021).

Todos los dominios centrales de las diferentes proteínas de los filamentos intermedios
son similares, en tamaño y secuencia de aminoácidos, de modo que cuando se
agrupan forman filamentos de un diámetro y una estructura interna similar. A ambos
lados del dominio central helicoidal se encuentran los extremos N- y C-terminal,
sobresaliendo como dominios globulares en cada extremo, estos difieren mucho en
tamaño, secuencia y función entre las distintas proteínas de los de filamentos

46
intermedios y que presumiblemente explican la diversidad funcional de estas proteínas
(Alberts et al., 2021; Paniagua et al., 2017; Becker et al., 2007).

Se cree que ninguno de estos pasos del ensamble requiere la participación directa de
ATP o GTP. Puesto que los bloques tetraméricos de construcción carecen de
polaridad, el filamento ensamblado tampoco la tiene, esta es otra característica que
distingue los filamentos intermedios de otros elementos del citoesqueleto, por lo que
el ensamble y desensamble se controlan sobre todo por fosforilación y desfosforilación
de las subunidades (Karp, 2011).

CLASIFICACIÓN.
Las subunidades polipeptídicas de los filamentos intermedios pueden dividirse en
cinco clases principales según el tipo de célula en la que se encuentran y con base en
criterios bioquímicos, genéticos e inmunológicos. Esta descripción se limita a las
clases I-IV, que forman parte de la composición de filamentos citoplásmicos y se
consideran los filamentos intermedios tipo V las láminas, que se describen como parte
del recubrimiento interno del núcleo (Alberts & Bray, 2011; Becker et al., 2007).

En función del tipo celular en el que se encuentren, podemos diferenciar seis clases
de filamentos intermedios. Las clases I y II comprenden a las queratinas, las proteínas
que constituyen los tonofilamentos de las células epiteliales que tapizan las superficies
del cuerpo y bordean sus cavidades. (Los filamentos intermedios que se observan bajo
la red terminal de la célula de la mucosa intestinal están formados por queratina.) Las
queratinas de clase I son queratinas ácidas, mientras que las de clase II son queratinas
básicas o neutras; cada una de estas clases está formada por al menos 15 queratinas
diferentes (Alberts & Bray, 2011; Becker et al., 2007).

La clase III de filamentos intermedios la componen la vimentina, la desmina y la


proteína gliofibrilar ácida. La vimentina está presente en el tejido conectivo y en otras
células no epiteliales. Los filamentos de vimentina son constituyentes importantes en
fibroblastos en cultivo, donde forman una red radial que se origina en el centro y que

47
se extiende hasta la periferia de la célula. La desmina se encuentra en las células
musculares y la proteína gliofibrilar ácida es característica de las células gliales que
rodean y aíslan a las células nerviosas (Alberts & Bray, 2011; Becker et al., 2007).

La clase IV de filamentos intermedios la constituyen las proteínas de los


neurofilamentos que se encuentran en los neurofilamentos de las células nerviosas.

La clase V son las láminas nucleares A, B y C, que forman un andamio filamentoso


bajo la superficie interna de la membrana nuclear de prácticamente todas las células
eucariotas.

Los neurofilamentos de las células embrionarias del sistema nervioso están formados
por nestina, que constituye la clase VI (Alberts & Bray, 2011; Becker et al., 2007).

Filamentos de queratina.
Están constituidos por numerosas clases de proteínas fibrilares (40-70 Kda), ácidas y
básicas, con un diámetro de 8 nm. Constituyen el mayor subgrupo dentro de los
filamentos intermedios. Su función principal es proteger a las células epiteliales del
estrés mecánico. Últimas investigaciones revelan un nuevo papel de los filamentos
intermedios, siendo esenciales en el crecimiento celular y en el tamaño por intervenir
en la regulación de la síntesis proteica. Existen diferencias en la expresión de dichas
proteínas entre las distintas células de un mismo vertebrado (Lee & Coulombe, 2009;
Kim & Coulombe, 2007).

Los filamentos de queratina abarcan el interior de las células de un lado a otro y los
filamentos de las células epiteliales adyacentes se conectan indirectamente a través
de desmosomas. Las citoqueratinas no son exclusivas de los epitelios queratinizados.
Se encuentran también en la mayoría de las células epiteliales incluyendo los
endotelios, excepto en los epitelios glomerular, del cristalino o del iris, entre otros. Esta
proteína está ligada a otra: la filagrina, se trata de una proteína estructural que
interviene en uniones desmosómicas y es barrera de protección celular frente a ciertas

48
agresiones externas. Estudios realizados con difracción de rayos X muestran que
existe un patrón de citoqueratinas típico del tejido epitelial (Etienne-Manneville, 2018;
Martínez & Martínez, 2010).
La composición de subunidades de citoqueratinas es extremadamente heterogénea,
variando con dependencia de la localización anatómica, el crecimiento celular, el
ambiente, el estado de diferenciación y el momento del desarrollo embrionario (Lira,
2019).

Filamentos de vimentina.
La trama de filamentos de vimentina es muy dinámica además de conferir soporte
estructural y resistencia a la tensión mecánica, desempeña un papel crucial en la
migración celular y en la transición epitelio-mesénquima, un proceso implicado en la
metástasis tumoral. Es el primero los elementos del citoesqueleto en formarse en
cualquier tipo de célula eucariota (Lira, 2019).

Están constituidos por la proteína vimentina, de 53 Kd y tiene 464 aminoácidos, que


está unida de forma lateral o terminal al retículo endoplasmático, las mitocondrias y el
núcleo. Se encuentran en células mesenquimatosas, así́ como en algunas células
epiteliales y neurolemocitos. Se distribuyen por el citoplasma y tienen una fuerte
interacción con el núcleo y suelen aparecer asociadas a las fibras de desmina. Tienen
10 nm de diámetro (Lira, 2019; Etienne-Manneville, 2018; Alberts & Bray, 2011).

Desmina.
La desmina es una proteína de 52 Kd de 10 nm de diámetro que se expresa en el
músculo liso, cardiaco y esquelético; su principal función es la estructural, no tiene
relación con la contracción sino con la estructura e interconexión. También se
encuentran en los miofibroblastos y en el músculo estriado, en este último, es la
encargada de unir los miofilamentos y rodear las líneas Z para que puedan quedar al
mismo nivel, así́ como anexionar el retículo sarcoplásmico y los túbulos T al sarcómero
(Martínez & Martínez, 2010).

49
Proteína gliofibrilar ácida.
También llamada filamentos gliales de 55 Kd. No se encuentran en todas las células
gliales, sólo en el citoplasma de los astrocitos y de células asociadas a éstos. Este
filamento es el responsable de modular el movimiento y proporcionar estabilidad
estructural a los procesos astrocitarios aunque al carecer de las interconexiones que
presentan los neurofilamentos tienen menos movimiento. Poseen un diámetro de 8
nm. Al igual que otros proteínas del tipo III, no pueden ensamblarse con
las queratinas (proteínas de los tipos I y II de los filamentos intermedios). En las células
que expresan ambos tipos de proteínas, forman redes de filamentos intermedios
separados (Martínez & Martínez, 2010).

Es el filamento intermedio más empleado como marcador de diferenciación glial.

Neurofilamentos.
Están constituidos por tres polipéptidos diferentes, de 65, 105 y 135 Kda (Kilodalton),
que son los llamados NF-L, NF-M y NF-H, respectivamente. Se encuentran en las
neuronas y a lo largo de los axones del sistema nervioso central y periférico,
confiriendo resistencia y estabilidad al momento de la transmisión de impulsos
eléctricos. Tienen un diámetro de 10 nm. Cada neurofilamento se relaciona con su
vecino a través de unas proteínas asociadas. Su función es fundamentalmente
estructural (Alberts et al., 2021).

Láminas nucleares.
Los filamentos intermedios son importantes en la organización nuclear de la célula, las
láminas nucleares contribuyen a establecer la posición del núcleo en la célula, revisten
y refuerzan la superficie interior de la membrana nuclear interna, organizados como
una malla bidimensional, a diferencia de los demás filamentos intermedios que en el
citoplasma forman estructuras semejantes a cuerdas en configuración de haz, como
se ha descrito anteriormente (estas proteínas llamadas "láminas" no deben
confundirse con la laminina que es una proteína de la matriz extracelular) (Alberts et
al., 2021).

50
Las láminas nucleares están constituidas por tres tipos de polipéptidos (de 74, 72 y 62
Kda), dando lugar a las láminas A, B y C, respectivamente. Forman dímeros que se
juntan a su vez para dar lugar a redes trabeculares (Paniagua et al., 2017).

El colapso y reensamblaje de la lámina nuclear son controlados por la fosforilación y


desfosforilación de las mismas. La fosforilación de las láminas por proteínas cinasas
debilita las interacciones entre los tetrámeros de la lámina y causa rotura del filamento.
Estas láminas forman parte del proceso de desorganización de la envuelta nuclear al
inicio de la mitosis. Después de la mitosis, las fosfatasas de las láminas eliminan los
grupos fosfato, y permiten que la envuelta nuclear pueda agregarse de nuevo (Becker
et al., 2007).

Nestina.
La nestina es una proteína fibrosa implicada en el crecimiento axonal en su grosor. Su
peso molecular es de 66 Kd y conforma un tipo minoritario de filamentos
intermedios que se encuentran presentes en neuronas primordiales, en embriones. Se
expresa en el sistema nervioso central en células madre neuroepiteliales durante la
embriogénesis, en la que se atribuye un papel fundamental. La nestina promueve
la fosforilación de la vimentina, durante la mitosis neuronal. Además, ayuda con la
reorganización citoesquelética de los otros filamentos intermedios en las células hijas.
Es indispensable para el desarrollo del cerebro, así como para el ojo y el nervio óptico
(Berry et al., 2013; Martínez & Martínez, 2010).

PROTEÍNAS ACCESORIAS A FILAMENTOS INTERMEDIOS.


La disposición radial por todo el citoplasma de los filamentos intermedios de una gran
variedad de células animales y a menudo están interconectadas con otros filamentos
del citoesqueleto mediante enlaces cruzados delgados y ralos; la integración mecánica
de los filamentos intermedios, los microfilamentos y los microtúbulos es posible gracias
a la acción de proteínas de unión que los conectan entre sí. Los desmosomas y los
hemidesmosomas están unidos a los filamentos intermedios a través de los miembros

51
de la familia de proteínas de la plaquina. Dichas uniones proporcionan la resistencia
mecánica, sin embargo, la función de las plaquinas como nexos mecánicos no se
reduce únicamente a los desmosomas y hemidesmosomas (Karp, 2011).

En muchas células, se presentan puentes cruzados que consisten en una proteína


dimérica alargada llamada plectina, de la cual hay muchas isoformas. La plectina es
una proteína de unión versátil que se encuentra en lugares de conexión entre los
filamentos intermedios y los microfilamentos o los microtúbulos. A través de la unión
de estos tres polímeros principales, la plectina participa en la formación de una red
citoesquelética mecánicamente integrada. Como resultado, las estructuras del
citoesqueleto pueden adaptarse a las fuerzas de estiramiento de tal manera que los
elementos que soportan la tensión, se alinean en la dirección del estrés (Martínez &
Martínez, 2010; Becker et al., 2007).

Debido a la especificidad tisular de los filamentos intermedios, se pueden distinguir las


células animales de diferentes tejidos atendiendo al tipo de filamento intermedio
presente, utilizando el microscopio de inmunofluorescencia. Esta determinación por el
tipo de filamento intermedio se utiliza como herramienta diagnóstica en medicina. La
determinación del tipo de filamento intermedio es especialmente útil en el diagnóstico
del cáncer, ya que se sabe que las células tumorales mantienen las proteínas del
filamento intermedio característico del tejido en el que se han originado,
independientemente de dónde se encuentre el tumor en el cuerpo (Becker et al., 2007).

REFERENCIAS.
Alberts, B., & Bray, D. (2011). Introducción a la biología celular. Ed. Médica
Panamericana.
Albert, B; Hopkin, K; Johnson, A; Morgan, D; Raff, M; Roberts, K; Walter, P. (2021)
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Albert, B; Johnson, A; Lewis, J; Raff, M; Roberts, K; Walter, P. (2012). Biología
molecular de la célula. 5ta edición. Ed. Omega. Barcelona, España.

52
Becker, W. M., Kleinsmith, L. J., Hardin, J., Bertoni, G. P., Elías, I. A., & Céspedes, A.
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Berry, S. E.; Andruszkiewicz, P.; Chun, J. L. & Hong, J. (2013). Nestin expression in
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cross-linked networks. J Cell Biol. 10;186(3):409-21.
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Paniagua, R; Nistal, M; Sesma, P; Álvarez-Uría, M; Fraile, B; Anadón, R; Saéz F.
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53
Woods, B. L., & Gladfelter, A. S. (2021). The state of the septin cytoskeleton from
assembly to function. Current opinion in cell biology, 68, 105-1

MATRIZ EXTRACELULAR
MVZ. Liliana Zúñiga Martínez.

INTRODUCCIÓN.
La vida en la tierra se originó en la forma de organismos simples unicelulares, la
transición de lo unicelular a lo multicelular se dio por la capacidad de las células de
reconocerse, adherirse y comunicarse entre sí dando origen a los organismos
multicelulares La mayoría de los organismos multicelulares están organizados en
ensamblados cooperativos denominados tejidos: nervioso, muscular, epitelial y
conectivo. Los tejidos permiten a los organismos moverse, metabolizar, reproducirse
y llevar a cabo otras actividades esenciales (Alberts et al, 2020). Cada tejido crea un
ambiente estable en que sus constituyentes celulares metabolizan nutrientes,
responden a estímulos externos, crecen y se diferencian según sus propias
necesidades (Chandar & Viselli, 2019; Iwasa & Marshall, 2018; Lodish, et al., 2016).

Las células establecen relaciones entre sí y también con los componentes del medio
al que se ha denominado Matriz Extracelular (ME) es el conjunto de macromoléculas
que secretan las células del tejido conectivo (fibroblasto), en el cartílago
(condroblastos) y en el hueso (osteoblastos). La ME es una red organizada de
moléculas que confiere resistencia a los tejidos, proporciona andamiaje a las células y
tejidos que la rodean (Alberts et al., 2020; Iwasa & Marshall, 2018).

La ME mantiene la integridad estructural de los organismos multicelulares también


ejerce una función moduladora del crecimiento, migración, proliferación y
diferenciación celular (Becker et al., 2007; Jiménez & Merchant, 2003).

Los materiales celulares y extracelulares tienen proporciones diversas en los


diferentes tejidos, en el tejido epitelial la ME está limitada a la membrana basal en el

54
tejido muscular y nervioso están compuestos ante todo de células, en tanto el tejido
conectivo tiene una matriz abundante de macromoléculas en su espacio extracelular
(Chandar & Viselli, 2019).
COMPONENTES DE LA MATRIZ EXTRACELULAR.
La naturaleza química de la Matriz extracelular (ME) difiere entre organismos, en la
mayoría de las células eucariotas la ME tiene algo en común: contienen FIBRAS largas
y flexible (proteínas fibrosas) pertenecientes a dos tipos funcionales: Proteínas
estructurales como colágenos y elastinas, que aportan resistencia y flexibilidad a la
matriz y (proteínas Adhesivas) fibronectina y laminina. Embebidas en una matriz
amorfa e hidratada de moléculas ramificadas que generalmente son proteínas y
polisacáridos denominada "Sustancia Fundamental" (Becker et al., 2007; Paniagua et
al., 2017).

PROTEÍNAS ESTRUCTURALES.
Las fibras de colágeno y la elastina son proteínas fibrosas de la ME componentes
importantes del tejido conectivo, la piel y las paredes de los vasos sanguíneos.

Fibras de colágeno.
Las proteínas colágenas (gr. Cola=pegamento; genos=nacimiento) son el
constituyente principal de las matrices extracelulares, se produce principalmente por
los fibroblastos, El colágeno es una familia de proteínas, las diferentes combinaciones
entre los distintos tipos de cadenas producen diversas configuraciones de colágeno
que originan a todas las variedades de fibras de colágenas de acuerdo con su
estructura y función. Existen 28 tipos distintos, los tipos I, II y III se describen como
colágenos fibrilares (fibrillas rígidas tipo cable), el tipo IV y VII forman forma redes y
adopta la forma de una malla tridimensional, se destacan por su alta resistencia a la
tracción. (Chandar & Viselli, 2019; Iwasa & Marshall, 2018; Paniagua et al., 2017).

La molécula de colágeno se ensambla en el lumen del Retículo endoplásmico para


formar una molécula de protocolágeno, una vez secretado por la célula se convierte
en colágeno por acción de una peptidasa, al ensamblarse varias moléculas de

55
colágeno se forman fibrillas (10-300 nm de diámetro) y fibras de colágeno (0,5-3 µm
de diámetro).El colágeno es una estructura helicoidal, triple, larga y rígida, en la que
tres cadenas polipeptídicas de colágeno se enrollan entre sí en una superhélice similar
a una cuerda con un diámetro aproximado de 1,5 nm de espesor, cada cadena
polipeptídica de aminoácidos (cadena α) se caracteriza por repeticiones de una unidad
de tres aminoácidos Gly (glicina), X, Y, que pueden ser cualquier aminoácido pero con
una gran cantidad de prolina y lisina que están hidroxiladas y son importantes para
mantener la estabilidad de la triple hélice formando puentes de hidrógeno entre los
componentes de las cadenas que le confieren rigidez y sirven como sitio de unión para
los carbohidratos (Alberts et al., 2020; Becker et al., 2007; Iwasa & Marshall, 2018;
Jiménez & Merchant, 2003).

Fibras de elastina.
Las fibras de elastina son sintetizadas por los fibroblastos o por las células musculares
de las arterias son fibras de 0.2 a 1 µm de anchura que se dividen y anastomosan, su
característica funcional más importante es la elasticidad, con el microscopio
electrónico una fibra de elastina aparece como un conjunto de microfibrillas de 12 a 14
nm de espesor, embebidos en una matriz amorfa. Las microfibrillas están formadas de
varias glucoproteínas no contienen prolina ni lisina y son ricas en aminoácidos polares
y cisteína, la glicoproteína predominante es la fibrilina, no es sulfatada.

La matriz amorfa es una proteína no glucosilada y muy hidrofílica de unos 750


aminoácidos llamada "Elastina", comprende 2 cortos segmentos que alternan
repetidas veces. Segmento hidrófobo rico en prolina y glicina, pero pobre en
hidroxiprolina y carente de hidroxilisina es responsable de las propiedades elásticas,
así como del plegamiento espiral de la molécula, el segmento hélice alfa rico en alanina
y lisina, cada molécula de elastina forma una red entrelazada que modifica su
configuración en forma extendida o compacta, la cual estira-relaja al tejido que la
contiene (piel, arterias y pulmones se estiran sin desgarrarse) (Alberts et al., 2020;
Chandar & Viselli, 2019; Paniagua et al., 2017).

56
PROTEÍNAS DE ADHESIÓN.
Las células en los tejidos se pueden adherir directamente entre sí (adhesión célula-
célula) a través de proteínas de membrana. Las células en los tejidos animales también
se adhieren indirectamente (adhesión célula-matriz) a través de la unión de los
receptores de adhesión en la membrana plasmática a los componentes de la ME
circundante (Lodish et al., 2016).

Las células pueden interactuar con el colágeno de la matriz extracelular gracias a la


familia de receptores proteicos transmembrana denominados Integrinas. El dominio
extracelular de una integrina se une a componentes de la matriz, mientras que el
dominio intracelular interactúa con el citoesqueleto de la célula. La fibronectina
proporciona una conexión al colágeno, cuando el dominio extracelular de la integrina
se une a la fibronectina, el dominio intracelular se une a filamentos de actina
intracelular (Alberts et al., 2020).

Las proteínas de adhesión son glicoproteínas tales como las fibronectinas y las
lamininas que anclan las células a la matriz (son pegajosas y forman láminas) unen
los componentes de la ME entre sí y fijan a las células a la ME. La fibronectina consiste
en una matriz lineal de 30 dominios Fn (fibronectina) que se combinan para formar
subunidades polipeptídicas funcionales más grandes que se unen a numerosos
componentes de la ME como el colágeno, proteoglicanos y otras fibronectinas
formando una red interconectada, su función es formar la ME, la adhesión celular
durante la embriogénesis y la organogénesis, la migración celular, la opsonización y
cicatrización, entre otras funciones. La laminina es una glicoproteína extracelular que
consta de tres cadenas polipeptídicas diferentes unidas por un enlace disulfuro y
organizadas en una estructura en forma de cruz con tres brazos cortos uno largo e
influyen en la migración, crecimiento y diferenciación de una célula, las lamininas se
pueden unir a otras moléculas de laminina, a proteoglicanos y a otros componentes de
las membranas basales formando redes entrelazadas dando a la membrana
resistencia y flexibilidad (Chandar & Viselli, 2019; Iwasa & Marshall, 2018; Jiménez &
Merchant, 2003).

57
Existen otras glucoproteínas como la tenascina, trombospondilina, y el nidógeno están
presentes en menor cantidad, la tenascina se encuentra en tejidos embrionarios
segregada por las células mesenquimáticas, y el tejido nervioso su función es guiar los
movimientos celulares en el desarrollo y promover o inhibir la adhesión celular. La
trombospondilina es abundante en los gránulos de las plaquetas que la secretan
durante la coagulación sanguínea, el nidógeno es una pequeña proteína se sitúa en el
cruce de los brazos de la laminina, sirve de enlace entre laminina y colágeno IV
(Paniagua et al.,2017).

SUSTANCIA FUNDAMENTAL.
La sustancia fundamental es la matriz hidratada y viscosa de la ME en las que están
inmersas las fibras de colágeno y elastina están compuestas por complejos proteína-
polisacáridos formados por proteoglucanos, la sustancia fundamental proporciona
andamiaje a las células y tejidos que rodea, proporciona señales físicas, bioquímicas
y mecánicas que pueden desempeñar funciones reguladoras que determinan la forma
y actividad de la célula (Iwasa & Marshall, 2018; Paniagua et al., 2017).

COMPONENTES DE LA SUSTANCIA FUNDAMENTAL.

Proteoglucanos (PG).
Los proteoglucanos constan de un eje proteico de longitud variable sobre el que se
disponen de manera perpendicular desde decenas hasta centenares de cadenas de
glucosaminoglucanos (GAG) que quedan unidas covalentemente a los aminoácidos
del eje proteico. El eje proteico de los PG es rico en residuos de serina y treonina que
unidos covalentemente a GAG pueden ensamblar complejos gigantescos. Los
proteoglicanos forman geles debido a sus cargas negativas y se unen a gran cantidad
de cationes que a su vez se unen a grandes cantidades de agua. Como resultado los
proteoglucanos forman un gel poroso e hidratado que llena el espacio extracelular
como material de empaque y resiste las fuerzas de compresión, mientras que las

58
moléculas de colágena resisten fuerzas de tracción y proporcionan un andamiaje para
los proteoglucanos.

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Glucosaminoglucanos (GAG).
Los GAG también se conocen como mucopolisacáridos y son polímeros lineales sin
ramificaciones que están compuestos por cadenas repetidas de disacáridos uno de los
dos azúcares de este disacárido es siempre el ácido glucurónico o urónico y la otra es
un aminoazúcar N- acetilada (N-acetilglucosamina o N-acetilgalactosamina) que en la
mayoría de los casos se encuentra sulfatado.

Los GAG son muy ácidos debido a la presencia de grupos sulfato y carboxilo unidos a
los anillos de azúcar (Alberts et al., 2020; Becker et al., 2007; Chandar & Viselli, 2019;
Iwasa & Marshall, 2018; Jiménez & Merchant, 2003).

Los glucosaaminoglucanos tienen diferente estructura dependiendo de su localización


(Cuadro 1).

Disacárido repetido
Glucosaminoglucano Peso Monosacárido Monosacárido Otros glúcidos
molecular A B Localización
(KDa)
Ácido hialurónico 4-8000 Ácido glucurónico N- acetil D-galactosa Tejido conjuntivo en general; cartílago,
D-glucosamina D-xilosa líquido sinovial; cuerpo vitreo
Condroitín sulfato 4 5-50 Ácido glucurónico N- acetil D-galactosa Conjuntivo de la dermis; arterias y
(sulfato de condroitina A) D- D-xilosa córnea; cartílago; hueso
galactosamina
Condroitín sulfato 6 5-50 Ácido glucurónico N- acetil D-galactosa Conjuntivo de la dermis; arterias y
(sulfato de condroitina C) D- D-xilosa córnea; cartílago; hueso
galactosamina
Dermatán sulfato 4 15-40 Ácido D-glucurónico N- acetil D-galactosa Conjuntivo de la dermis; vasos
(sulfato de condroitina B) o ácido L-idurónico D- D-xilosa sanguíneos y corazón; sangre.
galactosamina
Heparán sulfato 5-12 Ácido D-glucurónico N- acetil D-galactosa Conjuntivo de arterias; pulmón y
o ácido L-idurónico D-glucosamina D-xilosa corazón; lámina basal; superficies
celulares.
heparina 6-25 Ácido D-glucurónico N- acetil D-galactosa Conjuntivo de dermis; pulmón e hígado;
o ácido L-idurónico D-glucosamina D-xilosa gránulos de células cebadas
Queratán sulfato 4-19 D-galactosa N- acetil D-galactosa Conjuntivo de la córnea; cartílago;
D-glucosamina D-xilosa discos intervertebrales

Cuadro 1. Glucosaminoglucanos de la matriz extracelular (Paniagua et al.,2017)

60
ESTRUCTURA DE LA MEMBRANA BASAL.
Adosada a la cara basal de la membrana plasmática de los epitelios se observa una
banda de 50-80 nm de espesor de estructura amorfa es denominada lámina o
membrana basal (MB), la membrana basal es una estructura especializada de la ME
que separa a las células epiteliales y endoteliales del tejido conectivo, está compuesta
de colágeno tipo IV, y proteínas lamininas que interactúa con la fibronectina
conectando la membrana basal de las células epiteliales con la ME (Paniagua et al.,
2017).

La membrana basal (MB) rodea las fibras nerviosas, los músculos y las células grasas,
proporciona soporte mecánico para las células unidas, generan señales que
mantienen la supervivencia celular, sirven como sustrato para la migración celular
separan los tejidos adyacentes dentro de un órgano y actúan como una barrera para
el paso de las macromoléculas (Iwasa & Marshall, 2018; Jiménez & Merchant, 2003).

DEGRADACIÓN DE LA MATRIZ EXTRACELULAR.


La destrucción de la matriz acompaña a la emigración de células a través de la lámina
basal. Esto ocurre en la salida de los leucocitos de la sangre en respuesta a una
infección, en la reparación de heridas por los fibroblastos, o en la migración de células
tumorales desde su sitio de origen por la sangre o linfa y su implantación en otros
tejidos, esta degradación es realizada por proteasas, están clasificadas en 3 clases:
proteasas séricas, metaloproteasas de la matriz y proteasas ADAM (a desintegrin and
metalloprotease protein) y se regulan por activación local, confinamiento por
receptores de membrana y secreción de inhibidores (Paniagua et al., 2017)

La ME es muy dinámica y sufre modificación de sus componentes, el remodelamiento


permite procesos que incluyen regular la diferenciación celular, establecen un nicho
para células troncales, reparar heridas y remodelamiento del hueso, las enzimas
responsables de este proceso son las metaloproteasas de la matriz (MMP) (Chandar
& Viselli, 2019).

61
La remodelación /degradación de la ME está mediada por metaloproteasas asociadas
a la membrana y cuyas actividades están reguladas por la activación y por inhibidores
de proteínas TIMP (inhibidores tisulares de MMP) y RECK (proteína inductora de la
reversión) muchos procesos como la morfogénesis tisular, control de la proliferación y
motilidad celular, respuesta a lesiones dependen de la remodelación y degradación de
la ME (Chandar & Viselli, 2019; Lodish et al., 2016).

REFERENCIAS.
Alberts, B., Hopkin, K., Johnson, A., Morgan, D., Raff, M., Roberts, K. & Walter, P.
(2020). Introducción a la Biología Celular 5ta ed. México: Médica
Panamericana.
Becker, W., Kleinsmith, L., Hardin, J. & Bertoni, G. P. (2007). El mundo de la célula
6ta. ed. Madrid: Pearson Educación, S.A.
Chandar, N. & Viselli, S. (2019). Biología molecular y Celular 2a ed. Barcelona
(España): Wolters Kluwer.
Iwasa, J., & Marshall, W. (2018). Karp Biología Celular y Molecular 8a ed. México:
McGraw-Hill.
Jimenez , L.F. & Merchant, H. (2003). Biología Celular y Molecular. México: Pearson
Education.
Lodish, H., Berk , A., Kaiser, C., Krieger, M., Bretscher, A., Ploegh, H. & Scott, M.
(2016). Biología Celular y Molecular 7a ed. Autónoma de Buenos Aires:
Médica Panamericana.
Paniagua, R., Nistal, M., Sesna, P., Uría, M.A., Fraile, B., Anadón, R. & Sáenz, F.J.
(2017). Biología Celular y Molecular. Madrid España: McGraw-
Hill/interamericana de España, S.L.

62
UNIONES INTERCELULARES
Dra. en E. Elizabeth Aguirre García.

Las uniones intercelulares permiten a los organismos, tales como los animales y los
vegetales tener la forma, fortaleza y consistencia que los caracteriza, estas estructuras
son las que les permiten unirse y comunicarse entre sí, y con la matriz extracelular,
convirtiéndose en estructuras cruciales para la supervivencia de los organismos
(Alberts et al., 2002).

Las uniones celulares y la matriz extracelular juegan también un rol central durante
diversos procesos de importancia en los organismos pluricelulares, algunos ejemplos
de esto es la histogénesis y morfogénesis, así como en el mantenimiento de la
homeostasis corporal. Esto se observa durante la migración celular colectiva, que se
produce cuando varias células (capas enteras, frecuentemente) se mueven al mismo
tiempo, en dos o tres dimensiones, manteniendo sus uniones celulares intactas (Ilina
& Friedl, 2009) y donde los citoesqueletos de las células contiguas se continúan a
través de las uniones celulares (Urquiza-Bardone & Carezzano, 2013).

CLASIFICACIÓN DE LAS UNIONES INTERCELULARES.


Las uniones entre células pueden clasificarse según la función que desempeñan.
Algunas permiten el cierre hermético que evita el escape de moléculas a través de los
espacios existentes entre las células que forman el epitelio, otras son uniones
mecánicas resistentes y otras constituyen algún tipo de comunicación química íntima
(Alberts et al., 2011).

Existen diversos tipos de uniones intercelulares, entre las más conocidas y estudiadas
están:

63
Uniones de oclusión
Uniones de anclaje
Uniones adherentes
Desmosomas
Hemidesmosomas
Uniones comunicantes
Uniones tipo gap
Uniones eléctricas
Plasmodesmos

Dependiendo del tipo de unión podrá permitir la unión entre célula y célula o bien entre
célula y componentes de la matriz extracelular. En la mayoría de los epitelios es posible
encontrar todos estos tipos de uniones (Alberts et al., 2011).

CONFORMACIÓN GENERAL DE LAS UNIONES CELULARES.


Cada tipo de unión celular está caracterizada y constituida por su propio grupo de
proteínas de membrana que mantienen a las células unidas entre sí y, por lo regular,
presentan proteínas transmembranosas que suelen relacionar a los citoesqueletos de
células contiguas (Traweger et al., 2013) y pueden ser homotípicas (entre células del
mismo linaje) o heterotípicas (entre células de diferente linaje). En la primera clase
pueden encontrarse uniones simétricas (entre queratinocitos) o asimétricas (entre
dendritas y axones de dos neuronas distintas), y entre las segundas pueden contarse
a las halladas entre neuronas y glía (Rikitake et al., 2012). Por otro lado, para ajustar
su conducta al medio, las células deben percibir cambios en el ambiente, lo que hacen
a través de moléculas solubles como citoquinas y hormonas, o por medio de
interacciones directas con otras células o la matriz extracelular (Ayuob & Alí, 2012).
Estas últimas interacciones se dan gracias a las uniones existentes entre las células
(desmosomas) o entre éstas y la membrana basal (hemidesmosomas). Todas las
uniones se efectúan gracias a la intervención de moléculas de adhesión celular o sus
siglas en inglés (CAM), como; claudinas, cadherinas e integrinas (Urquiza-Bardone &
Carezzano, 2013).

64
Las proteínas principales pertenecen básicamente a tres tipos. Primeramente, se
hallan las integrinas que intervienen en las uniones célula- matriz extracelular, en
segundo lugar, se tiene a las cadherinas, protagonistas de la unión célula-célula, de
carácter adhesivo y fuerte como las encontradas en desmosomas y uniones
adherentes, y en tercer lugar se encuentran las claudinas, presentes en las uniones
oclusivas (Urquiza-Bardone & Carezzano, 2013).

Podría agregarse como un cuarto tipo a las conexinas y proteínas equivalentes de las
uniones comunicantes (Saito et al., 2012; Sánchez et al., 2005), presentándose en
todos los casos moléculas diferentes y especializadas según el tipo de unión.

FUNCIONES DE LAS UNIONES INTERCELULARES.


Todas las uniones intercelulares se caracterizan por tener funciones diversas y
específicas, tal como se explica a continuación:

La función de sellado es desempeñada por las uniones estrechas u ocluyentes (tight


junctions, en inglés), su función es sellar la unión entre células vecinas de manera que
las moléculas hidrosolubles no puedan pasar entre las células. Las uniones estrechas
están constituidas por las proteínas: claudinas y ocludinas, que están dispuestas en
cadena a lo largo de la línea de unión formando una barrera hermética funcional, ya
que sin ellas la función de las bombas del organismo no se podría llevar a cabo por las
filtraciones que esto implicaría. Este tipo de uniones también tienen la función clave de
mantener la polaridad de las células epiteliales de dos maneras: La primera es el
complejo de la unión estrecha que rodea el borde apical de cada célula, lo cual evita
la difusión de las proteínas de la membrana y así mantiene la diferencia entre el
dominio apical y el dominio basal o basolateral. La segunda manera es que en muchos
epitelios las uniones estrechas son sitios para el ensamblado de los complejos de
proteínas intracelulares que determinan la polaridad apicobasal en el interior de la
célula (Alberts et al., 2011).

65
Existen también aquellas uniones que están relacionadas con el citoesqueleto. En el
caso de las uniones adherentes y los desmosomas conectan a las células epiteliales
entre sí, mientras que los hemidesmosomas unen a las células con la lámina basal. Su
función es proporcionar resistencia mecánica, la molécula que forma los tramos de
adhesión atraviesan la membrana y están unidas en el interior de las células con
filamentos fuertes del citoesqueleto.

Las uniones adherentes y los desmosomas se forman en relación con proteínas


transmembrana de la familia de las cadherinas junto con la participación de iones de
calcio (Ca2+) en el medio extracelular.

En las uniones adherentes cada cadherina se une a filamentos de actina del


citoesqueleto de la célula, por lo que estos filamentos conectan a todas las células a
través del epitelio, esto ayuda a que realicen sus funciones de desarrollar tensiones y
cambiar de forma (Alberts et al., 2011).

En las uniones adherentes existen unas 170 proteínas con roles estructurales o
regulatorios, uno de cuyos resultados es la asociación de los citoesqueletos de actina
de células vecinas, con lo que se forman grandes redes moleculares que las conectan,
permitiendo así la consecución de variados movimientos morfogenéticos como la
gastrulación o neurulación, en las que capas enteras de células se mueven
ordenadamente (Urquiza-Bardone & Carezzano, 2013).

En los desmosomas, las cadherinas están ancladas a los filamentos intermedios


dentro de cada célula, específicamente a queratinas en forma de cuerdas lo que
proporciona al epitelio una mayor resistencia a la tensión. Por su parte, los
hemidesmosomas son las uniones entre las células epiteliales con proteínas de la
matriz extracelular subyacente.

Otro tipo de uniones son las comunicantes (gap, en inglés), éstas aparecen en la
mayoría de los epitelios, cuando dos membranas están paralelas y en contacto

66
estrecho (con un espacio de 2 a 4 nm), dicho espacio está ocupado por complejos
proteicos de las células yuxtapuestas, los conexones, los cuales forman canales que
permiten el paso de iones inorgánicos y pequeñas moléculas hidrosolubles que se
desplazan de citosol a citosol entre ambas células creando un acoplamiento eléctrico
y metabólico.

REFERENCIAS.
Alberts, B.; Johnson, A.; Lewis, J.; Raff, M.; Roberts, K. & Walter, P. (2002) Molecular
Biology of the Cell. Garland Publishing Inc., New York.
Alberts, B.; Johnson, A.; Lewis, J.; Raff, M.; Roberts, K. & Walter, P. (2011)
Introducción a la Biología Celular. 3ª edición, Garland Publishing Inc., New York.
Ayuob, N. & Alí, S. (2012) Cell-cell interactions and cross talk described in normal and
disease conditions: morphological approach. In: Gowder, S., Ed., Cell
Interaction, InTech, Rijeka.
Ilina, O. & Friedl, P. (2009) Mechanisms of collective cell migration at a glance. Journal
of cell science, 122, 3203-3208.
Rikitake, Y.; Mandai, K. & Takai, Y. (2012) The role of nectins in different types of cell-
cell adhesion. Journal of Cell Science, 125, 3713-3722.
Saito, M.; Tucker, D.K.; Kohlhorst, D.; Niessen, C.M. & Kowalczyk, A.P. (2012)
Classical and desmosomal cadherins at a glance. Journal of Cell Science, 125,
2547-2552.
Sánchez, L.; Hernández Vázquez, J. & López Marure, R. (2005) Papel de las
cadherinas en la metástasis. Revista de Educación Bioquímica, 24, 97-103.
Traweger, A.; Toepfer, S.; Wagner, R.; Zweimueller-Mayer, J.; Gehwolf, R.; Lehner, C.;
Tempfer, H.; Krizbai, I.; Wilhelm, I. & Bauer, H. (2013) Beyond cell-cell adhesion:
emerging roles of the tight junction scaffold ZO-2. Tissue Barriers, 1, e25039.
Urquiza-Bardone, S.P. & Carezzano, F.J. (2013) Las uniones celulares y la emergencia
de los animales. The Biologist, Vol. 11, Nº 2. Lima, Perú.

67
ORGÁNULOS
Dr. Misael Rubén Oliver González.

GENERALIDADES.
Los orgánulos son subunidades de células eucariotas limitados por membrana, que
mantienen comunicación regulada con el citoplasma para llevar a cabo sus funciones.
Los orgánulos limitados por membrana son el núcleo, mitocondrias, retículo
endoplásmico, aparato de Golgi, peroxisomas y lisosomas. Cabe recordar que existe
un orgánulo no limitado por membrana, que se extiende por todo el citoplasma, el
citoesqueleto (Izwasa & Marshall, 2019; Pollard et al., 2017).

Las bacterias, como sabemos, son células procariotas y no cuentan con orgánulos,
por lo que la membrana plasmática realiza varias funciones, pues bombea iones,
sintetiza ATP, secreta proteínas y sintetiza lípidos (Alberts et al., 2015; Lodish et al.,
2016).

Para la célula eucariota ancestral no fue suficiente con la membrana, por lo que, con
invaginaciones de la membrana plasmática se formaron compartimientos que originan
los orgánulos para mantener aislados territorios celulares y llevar a cabo sus funciones
específicas mediante complejos mecanismos moleculares, protegiendo así por
ejemplo: el DNA en el núcleo, enzimas hidrolíticas en lisosomas y enzimas oxidativas
de los peroxisomas, además, regulando los procesos proteicos en retículo
endoplásmico y aparato de Golgi. En células vegetales, además, se formaron los
cloroplastos y los plastidios. Aquí sólo estudiaremos los orgánulos de células animales
(Alberts et al., 2015; Archibald, 2015; Margulis & Bermudes, 1985).

Las mitocondrias se originaron por diferente proceso. Esto es, la célula ancestral
eucariota anaeróbica de gran tamaño, fagocitó a células procariotas aeróbicas. Estas
células procariotas tienen la capacidad de aprovechar el oxígeno para producir ATP a
base de glucosa. Entonces se llevó a cabo la simbiosis, así, la célula eucariota provee
nutrientes a la célula procariota y esta genera el ATP.

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VÍA BIOSINTÉTICA. ENDOCÍTICA Y SECRETORIA.
Existen 3 mecanismos por los cuales las proteínas son transportadas a través de los
orgánulos. Esos mecanismos son: transporte por poros nucleares, transporte a través
de membrana y transporte vesicular.

Como sabemos todas las proteínas están codificadas en el genoma y se traducen en


el citosol, por lo que, al expresarse un gen en la proteína correspondiente, se codifican
también los aminoácidos que tienen la señal del sitio donde debe llegar cada proteína,
estos aminoácidos forman una señal típica más comúnmente en el extremo amino
terminal denominados, el péptido señal. Los aminoácidos de los péptidos señal, tienen
ciertas características de carga positiva, carga negativa, hidrofóbicos o que tienen un
grupo oxhidrilo en el grupo radical (Alberts et al., 2015; Chandar & Viselli, 2018;
Cooper, 2018).
Algunos ejemplos de péptidos señal se indican en la tabla 1.

Importación nuclear Pro, Pro, Lis1, Lis1, Lis1, Arg1, Lis1, Val1.
Exportación nuclear Leu3, Ala, Leu3, Lis, Leu3, Ala, Gli, Leu3, Asp, Lis3.
Retorno a RE Lis1, Asp2, Glu2, Leu3, COO-.
Importación a peroxisomas Ser4, Lis1, Leu3, COO-
Tabla.1. Algunos ejemplos de secuencias señales típicas. 1. Carga positiva 2. Carga
negativa 3. Hidrofóbicos. 4. Hidroxilados. (Alberts et al., 2015).

Los péptidos de señal se ubican en el extremo amino terminal de las proteínas, pero
también se presentan en porciones medias, estos péptidos indican que deben quedar
ancladas las proteínas en la membrana y no seguir adelante. Estos péptidos medios
indican que continúe la transferencia de la proteína a través de la membrana o que se
detenga, de ahí que haya proteínas ancladas en la membrana. Existen algunos
péptidos señal localizados en el extremo carboxi terminal (Alberts et al., 2015; Alberts
et al., 2019; Cooper, 2018).

69
NÚCLEO.
Como se indicó antes, el núcleo se originó por invaginación de la membrana
plasmática de la célula eucariota ancestral, así, quedó rodeado el DNA y las proteínas
que se asocian con él. Este orgánulo presenta doble membrana: membrana nuclear
externa y membrana nuclear interna, quedando un espacio entre ellas, el espacio
perinuclear. Ambas membranas presentan perforaciones nanométricas, los poros
nucleares, por los que se comunica el núcleo con el citoplasma. Los poros nucleares
presentan un centenar de proteínas que forman el complejo de poro nuclear que regula
y hace posible la importación y exportación nuclear mediante el transporte a través de
los poros nucleares (Alberts et al., 2015; Cooper, 2018; Lodish et al., 2016).

En la superficie interna el núcleo presenta una malla, la lámina nuclear, estructurada


por filamentos intermedios del citoesqueleto, esta lámina forma un entramado en la
superficie interna de la membrana nuclear interna y colabora a la organización de la
cromatina (Alberts et al., 2015).

Las proteínas de poros nucleares, las nucleoporinas están organizadas de tal manera
que forman los complejos de poros nucleares (NPCs por sus siglas en inglés). Sólo
mencionaremos algunas de ellas como las nucleoporinas en anillo que están ancladas
en la membrana nuclear alrededor del poro en forma transmembranal. Las
nucleoporinas de canal se disponen hacia la luz del poro formando una capa proteica.
Las nucleoporinas de escalafón están entre las nucleoporinas de canal y de anillo
haciendo un soporte del complejo. De las nucleoporinas de escalafón, se desprenden
proteínas que se dirigen hacia el interior del núcleo para conformar una estructura
parecida a una encesta o canasta. Ocupando la luz del poro se encuentra un gran
número de nucleoporinas que forman la zona desordenada. Finalmente, hacia el
citoplasma, se presentan filamentos proteicos llamados fibrillas citosólicas. (Alberts et
al., 2018; Alberts et al., 2015; Lodish et al., 2016).

70
Transporte a través del NPC.
El transporte de proteínas hacia y desde núcleo se lleva a través del NPC, esto es, el
conjunto de nucleoporinas ubicadas en los poros nucleares. Por difusión simple se
transportan moléculas pequeñas y por transporte activo las moléculas grandes, en este
último se necesita gasto de energía y la energía se obtiene por hidrólisis de GTP. Las
proteínas transportadas por el NPC no necesitan desplegarse, así, en su conformación
nativa son transportadas.

Con las nucleoporinas existen proteínas que actúan como receptores y como
adaptadores. Los receptores reconocen a los péptidos señal de las proteínas de
importación o exportación nuclear y las llevan al NPC, algunos receptores nucleares
necesitan proteínas adaptadoras para el reconocimiento proteico.

Como se mencionó el transporte activo del NPC se requiere hidrólisis de GTP para
obtener la energía. La enzima responsable de hidrolizar GTP es Ran-GTPasa, que se
encuentra dentro del núcleo. En el citosol, la Ran-GTP se encuentra como Ran-GDP
y para intercambiar GDP por GTP, debe entrar al núcleo a través del NPC, este
intercambio lo regula la proteína Ran-GEF. Ya como Ran-GTP sale del núcleo y con
la acción de la proteína Ran-GAP, se hidroliza el GTP a GDP con la liberación de un
fosfato inorgánico para quedar como Ran-GDP, de esta manera regresar al interior del
núcleo. A la Ran-GTPasa se unen los receptores de exportación nuclear llevando la
proteína a exportar y a Ran-GDP cuando se va importar una proteína del citoplasma
al núcleo (Alberts et al., 2015; Cooper, 2018; Izwasa & Marshall, 2019; Lodish et al.,
2016).

MITOCONDRIA.
Las mitocondrias se limitan con doble membrana, membrana externa e interna y
cuenta con su propio DNA que contiene genes en donde se codifican proteínas propias
de la mitocondria y tienen la capacidad de auto-replicarse con lo que se reemplazan
mitocondrias que termina su tiempo de vida útil (Alberts et al., 2018; Lodish et al., 2016;
Margulis & Bermudes, 1985; Pollard et al., 2017; ).

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En la mitocondria se lleva a cabo el transporte de proteínas a través de la membrana
mediante complejos proteicos denominados translocones mitocondriales.

En el tema de membrana celular aprendimos que las proteínas de membrana tienen 4


funciones, receptoras, de anclaje, transportadoras y enzimáticas. Ahora veremos la
organización y los mecanismos que realizan varias proteínas transportadoras de
membrana para hacer posible que pasen proteínas a través de la membrana de los
orgánulos.

Como vimos en líneas anteriores, la mitocondria es un organelo de doble membrana y


su función es sintetizar ATP procesando glucosa, además de codificar algunas
proteínas ya que, cuenta con su propio DNA. Además, la mitocondria tiene un papel
importante en la muerte y envejecimiento celular. Entre la membrana externa y la
membrana interna queda el espacio inter-membranal. Profundamente a la membrana
interna se ubica la matriz mitocondrial. La membrana interna forma ondulaciones
profundas denominadas crestas mitocondriales en donde se llevan a cabo múltiples
reacciones químicas para realizar la β oxidación de los ácidos grasos y la fosforilación
oxidativa para producir ATP (Cooper, 2018; Kuzmicic et al, 2011; Martorell, 2014).

La mitocondria forma una red compleja interconectada y muy dinámica mantenida por
complejos procesos de fisión y fusión. La fisión mitocondrial se regula por proteínas
dinamina 1 (Drp-1) y la proteína de fisión (Fis 1). Dinamina 1 es homologa de la
proteína dinamina que participa en el tráfico vesicular y endocitosis. Estas proteínas
actúan como enzimas GTPasas que cortan ambas membranas mitocondriales por
constricción. Drp-1 se encuentra en citoplasma con una fracción que se localiza en
puntos específicos de la membrana externa de la mitocondria que son sitios de fisión.
Drp-1 no tiene péptido señal para mitocondria, quien la reconoce es Fis 1 que actúa
como proteína adaptadora. Hay que tomar en cuenta que el proceso de fisión
mitocondrial se da en células en estado normal. Sin embargo, también se asocia a
condiciones de estrés metabólico (Alberts et al., 2015; Kuzmicic et al, 2011).

72
La fusión mitocondrial la realizan las proteínas multifusinas (Mfn) y las proteínas de la
atrofia óptica (OPA1). Hay dos isoformas de las multifusinas (Mfn 1 y Mfn 2) que se
ubican en la membrana externa mitocondrial con su extremo amino terminal y su
extremo carboxiterminal hacia el citosol. Mientras que las Mfn 1 y 2 interactúan entre
sí para coordinar la fusión de la membrana mitocondrial externa de mitocondrias
opuestas a OPA1 que se localiza en el espacio intermembranal y asociada a la
membrana mitocondrial interna que participa en el remodelado de las crestas
mitocondriales y el acercamiento y la fusión de la membrana mitocondrial interna. La
fusión de ambas membranas mitocondriales parece funcionar como dos eventos
independientes. Mientras que la fusión de la membrana externa mitocondrial requiere
baja concentración de GTP, la fusión de la membrana interna requiere de la hidrolisis
de GTP, además de depender de un potencial de membrana mitocondrial intacto y de
una alta síntesis de ATP. La fusión regula el metabolismo mitocondrial, de esta forma,
la disminución de la concentración de cualquiera de las dos Mfn mediante ARN de
interferencia conduce a la formación de mitocondrias fragmentadas con menor
consumo de oxígeno y menor membrana mitocondrial (Alberts et al., 2015; Kuzmicic
et al, 2011).

Tráfico de proteínas en mitocondria.


Las membranas mitocondriales cuentan con cinco complejos proteicos llamados
translocones. En la membrana externa está el translocón TOM, por sus siglas en inglés
(Traslocator of the Outer Membrane). Este complejo transloca proteínas al espacio
intermembranal, a la membrana interna y la matriz mitocondrial. Existe otro translocón
en la membrana externa llamado SAM que ayuda a ensamblar adecuadamente
proteínas porinas en la membrana externa. En la membrana interna están tres
translocones conocidos como TIM23, TIM22 y OXA. La nominación TIM viene de las
siglas en inglés (Traslocator, of the Inner Membraner). TIM23 transporta proteínas
hidrosolubles hasta la matriz mitocondrial. TIM22 media la inserción de proteínas de la
membrana interna como las que transportan ADP, ATP y fosfatos. Finalmente, OXA
media la inserción de proteínas en la membrana interna sintetizadas por la propia

73
mitocondria y otras sintetizadas en el citoplasma (Alberts et al., 2015; Alberts et al.,
2019; Lodish et al., 2016; Pollard et al., 2017).

Importación postraduccional a mitocondria.


La importación de proteínas a mitocondria se realiza postraduccional y con la proteína
desplegada, la importación se lleva a cabo de la siguiente forma, primero la proteína
receptora del translocón TOM reconoce al péptido señal de la proteína precursora de
mitocondria, la proteína se despliega e interactúa con las demás proteínas de TOM
para ser translocada y alcanzar a TIM23 y llegar hasta la matriz mitocondrial. Ya en la
matriz mitocondrial, la enzima peptidasa elimina al péptido señal y la proteína se pliega
nuevamente recobrando su conformación original quedando como proteína
mitocondrial madura. Cabe preguntarse ¿cómo puede pasar la proteína importada por
TOM desde la membrana externa hasta membrana interna para alcanzar a TIM23? La
respuesta es que en varios sitios ambas membranas están en contacto (sitios de
contacto), por lo que no hay necesidad que la proteína translocada hasta la matriz
mitocondrial pase por el espacio intermembranal.

Existen proteínas que su péptido señal indica que deben quedar en membrana externa
mitocondrial, para esto, TOM transloca la proteína al espacio intermembranal, aquí,
proteínas chaperonas reconocen a la proteína y la llevan al translocón SAM, el cual
ensambla a la proteína en membrana externa y formar poros.

Otras proteínas son translocadas por TOM al espacio intermembranal y luego TIM23
las ancla a la membrana interna eliminando el péptido señal, dejando el péptido de
transferencia que indica dónde debe quedar esa proteína. El complejo OXA capta
proteína translocadas a la matriz mitocondrial, las integra a membrana interna y hace
lo mismo con proteínas sintetizadas en matriz mitocondrial por la propia mitocondria.

El translocón OXA capta proteínas reconocidas por chaperonas del espacio


intermembranal y las ensambla a la membrana interna de la mitocondria, estas
proteínas se caracterizan por tener varios pases a través de la membrana. Finalmente,

74
algunas proteínas que fueron ancladas a membrana interna por los translocones
TIM23 y OXA, son reconocidas por proteasas en el espacio intermembranal y les
cortan el péptido de transferencia para quedar libres en el espacio intermembranal
(Alberts et al., 2015; Chandar & Viselli, 2018; Lodish et al., 2016; Plopper et al., 2013;
Pollard et al., 2017).

PEROXISOMAS.
La célula cuenta con varios cientos de peroxisomas, estos orgánulos son pequeños
compartimentos rodeados por una sola membrana. Esta membrana también cuenta
con translocones que transportan proteínas en forma selectiva de citoplasma y retículo
endoplásmico reconociendo el péptido señal de las proteínas destinadas a
peroxisomas, los cuales son muy cortos, constan de 3 aminoácidos y se localizan en
el extremo carboxi-terminal de algunas proteínas y en el extremo amino-terminal de
otras. Al ser reconocida una proteína en cualquiera de las dos señales por un receptor
hidrosoluble de importación peroxisomal, esta proteína es importada a este orgánulo.

En la importación de proteína al peroxisoma participan una serie de proteínas llamadas


peroxinas (Pexs). La energía necesaria para este proceso es por hidrólisis de ATP y
para esto se forman translocones de membrana del peroxisoma ensamblando hasta 6
peroxinas. Estas peroxinas de los translocones forman poros dinámicos en la
membrana del peroxisoma para transportar proteínas son la necesidad de desplegarse
como sucede en mitocondria. El dinamismo de las peroxinas adapta los poros al
tamaño y forma de las proteínas a importar. El receptor citosólico es la Pex5, la cual
después de importar la proteína, es ubiquitinada y de esta manera regresa al
citoplasma para su reciclaje. (Alberts et al., 2015; He et al., 2021; Sacanelles, 2008)

Los peroxisomas usan oxígeno para eliminar átomos de H y peróxido de hidrógeno


mediante enzimas oxidativas (catalasa y uratoxidasa) estas enzimas degradan ácidos
grasos y destruyen moléculas tóxicas. Estas reacciones oxidativas son muy
importantes en células de hígado y riñones para desactivar varias toxinas que entran

75
el torrente circulatorio (Alberts et al., 2019; Chandar & Viselli, 2018; Izwasa & Marshall,
2019; Pollard et al., 2017).

RETÍCULO ENDOPLÁSMICO.
El retículo endoplásmico es una serie de sáculos y túbulos de membrana que forman
varios espacios interconectados entre ellos, formando una especie de laberinto. Es el
sistema de membrana más grande de la célula. En la superficie externa de este
orgánulo se unen ribosomas, lo que da una apariencia rugosa de ahí su nombre
retículo endoplásmico rugoso (RER) y en la zona donde no hay ribosomas da una
apariencia lisa a lo que se conoce como retículo endoplásmico liso (REL).

Como se mencionó en el tema de introducción y como se verá en los temas de


transcripción y traducción, las proteínas son sintetizadas por los ribosomas, los cuales
son complejos de RNA y proteínas ribosomales que forman a la subunidad mayor y
subunidad menor. Los ribosomas dan lectura al mRNA para que el tRNA lleve los
aminoácidos correspondientes y se unan mediante enlaces peptídicos (Alberts et al.,
2019; Lodish et al., 2016).

Hay ribosomas libres en el citoplasma y ribosomas unidos en la superficie externa del


RER. Toda proteína que se sintetice en la membrana del RER debe llegar al retículo
endoplásmico para ser procesada y distribuida a su destino. Las proteínas que son
sintetizadas en los ribosomas libres deben dirigirse a retículo endoplásmico para ser
reconocidas y translocadas al lumen o quedarse ancladas en la membrana, este
proceso se le conoce como translocación post-traduccional, en cambio las proteínas
que se sintetizan en los ribosomas que están unidos a retículo endoplásmico, en el
momento que se están sintetizando se están translocando, a este proceso se le llama
translocación co-traduccional. Las proteínas importadas al RER están desplegadas.

Para la translocación de proteínas a retículo endoplásmico, participa una proteína


conocida como partícula de reconocimiento de señal (SRP), la cual identifica y se une

76
al péptido señal de la proteína a importar y también se une al ribosoma que está
sintetizando la proteína, luego, la SRP expone un sitio de unión al receptor de la SRP.

Este receptor es una proteína transmembranal de retículo endoplásmico rugoso. Al


unirse la SRP y el receptor atraen al ribosoma al translocon desocupado para
transportar a la proteína que se está sintetizando a la luz del retículo endoplásmico
rugoso a través de su membrana. Las proteínas hidrosolubles se liberan al lumen y las
de membrana se quedan ancladas en la membrana del retículo endoplásmico, en
ambos casos la proteína pierde su péptido señal por la acción de una peptidasa.

Las proteínas de membrana contienen péptidos señales de paro, esto es que contiene
aminoácidos hidrofóbicos para poder quedar ancladas en la membrana y dependiendo
del número de péptidos señales de translocación y de paro es como quedan ancladas
las proteínas con uno o varios pases. Es así como se encuentran proteínas
transmembranales de varios pases como la rodopsina de las células de la retina del
ojo que reacciona a los rayos de luz y la proteína G que se asocia al receptor llamado
receptor asociado a proteína G que cuentan muchas células del organismo. Estas dos
proteínas tienen siete pases en la membrana (Alberts et al., 2015; Chandar & Viselli,
2018; Lodish et al., 2016; ).

Glicosilación de proteína por RER.


El RER glicosila proteínas, les une oligosacáridos compuestos por N-
acetilglucosamina, manosa y glucosa. Estos oligosacáridos son como etiquetas que
indican el destino de las proteínas que van a ser transportadas de RER a otro orgánulo
o a la membrana plasmática. La glicosilación la cataliza la enzima oligosacaril-
transferasa uniendo, N-asparagina de las proteínas a glicosilar, una glucosa que a su
vez está unida a manosa y N-acetilglucosamina. El lípido dolicol fosfato de membrana
del RER contiene los oligosacáridos para este proceso. Casi la mitad de las proteínas
son glicosiladas, esta es una de las funciones del RER.

77
Hay N-glicosilación y O-glicosilación. La primera consiste en unir los oligosacáridos en
el grupo amino del aminoácido asparagina, este tipo de glicosilación es la más común,
representa el 90%, la O-glicosilación es la menos frecuente y se da con la unión del
oligosacárido en el grupo oxhidrilo de los aminoácidos serina, treonina o lisina. El
primer sacárido es unido en retículo endoplásmico y la unión de los demás sacáridos
se da en Aparato de Golgi.

Además de etiquetar a proteínas, la glicosilación sirve para recuperar la conformación


original de las proteínas. En la luz del RER la proteína calnexina (que es una
chaperona) capta a las proteínas que van a recuperar su plegamiento, en seguida una
glucosidasa elimina la glucosa para que después la glucosil-transferasa determine el
plegamiento correspondiente de las proteínas procesadas en RER, si las proteínas
aún no recuperan su conformación, les une glucosa para que se repita el proceso.

Cuando las proteínas hayan recobrado su conformación original son exportadas del
retículo endoplásmico al aparato de Golgi para después ser transportadas a su destino.
Si no recuperan su conformación, las proteínas son captadas por chaperonas y las
incorporan al translocador que las exporta al citoplasma en donde la enzima N-
glicanasa elimina a la glucosa, la proteína es poliubiquitinada para ser marcada para
degradación en proteasoma (Alberts et al., 2015; Chandar & Viselli, 2018; Gong et al.,
2017; Izwasa & Marshall, 2019; Jing et al., 2017; Lodish et al., 2016).

El REL, con una serie de reacciones químicas, llevadas a cabo en la superficie externa,
sintetiza los fosfolípidos de membrana celular como fosfatidilcolina y colesterol.
También está relacionado con la detoxificación y sirve para almacenar calcio. (Alberts
et al., 2015).

APARATO DE GOLGI.
El núcleo, el retículo endoplásmico y el aparato de Golgi guardan cierta secuencia,
incluso la membrana nuclear externa se continúa con el retículo endoplásmico. Luego,
del retículo endoplásmico se desprenden vesículas que alcanzan en forma inmediata

78
al aparato de Golgi. Entre RE y Golgi inicia la ruta del transporte vesicular, las proteínas
son seleccionadas para ser transportadas por vesículas que se forman en RER para
llegar a Golgi.

El aparato de Golgi es un orgánulo formado por varios sacos membranosos aplanados


sobrepuestos como pilas de platos. Los espacios formados por estos sacos se
denominan cisternas. Estas cisternas se organizan como cisternas cis, cisternas
medias y cisternas trans. Las cisternas cis están hacia el RE y las cisternas trans están
en el lado opuesto. Previo a las cisternas cis se forman redes de tubos que resultan
de la unión de vesículas que se desprenden de RE y van a las cisternas de Golgi, este
entramado de tubos se llama red cis de Golgi, de igual manera, en el lado trans se
forma la red trans de Golgi de la cual se desprenden la vesículas que transportan
proteínas a su destino después del aparato de Golgi (Alberts et al., 2015; Chandar &
Viselli, 2018; Izwasa & Marshall, 2019; Scott et al., 2009).

Las proteínas que vienen de RER son procesadas químicamente por enzimas que
contiene cada tipo de cisternas de Golgi (compartimentalización funcional). Algunos
ejemplos de procesamiento de proteínas son, remoción de manosa y adición de N-
acetilglucosamina, galactosa y ácido N-acetilneuramínico. De las cisternas y redes
trans de Golgi se forman vesículas que transportan proteínas a lisosomas, a la
membrana plasmática y a secreción, procesos que describiremos en seguida (Alberts
et al., 2015; Chandar & Viselli, 2018; Izwasa & Marshall, 2019; Scott et al., 2009).

En Golgi también se lleva a cabo la N-glicosilación y la O-glicosilación. La Primera


promueve que las proteínas recuperen su plegamiento o sea su conformación nativa
de dos maneras, una forma es que actúan como intermediario en proteínas
hidrosolubles evitando que se agreguen, las segunda es realizando modificaciones
secuenciales con N-glicosilación establecidas como un código que hacen que las
proteínas se vayan plegando poco a poco mediada por chaperonas. Las proteínas son
sulfatadas antes de salir de Golgi mediante el donador 3’-fofoadenosin-5’-fosfosulfato.

79
La N y O glicosilación y la sulfatación de las proteínas en Golgi colaboran en la
maduración de proteínas (Alberts et al., 2015).

LISOSOMAS.
Los lisosomas son otros orgánulos limitados por una membrana y contienen enzimas
hidrolíticas en estado inactivo y sólo actúan en un ambiente ácido. Las enzimas
degradan las macromoléculas que ya han cumplido su actividad, a las mitocondrias
que han muerto y a moléculas importadas del exterior mediante endocitosis. En las
células del sistema inmune los lisosomas son muy numerosos ya que al ser
fagocitados los microorganismos patógenos son llevados a estos organelos para su
degradación.

La membrana de lisosomas presenta bomba de protones y proteínas transportadoras


de metabolitos. El contenido de los lisosomas está a un pH ácido (pH 5), esto se
consigue por la actividad de una bomba de protones hidrolizando ATP con su actividad
de ATPasa, internaliza protones de hidrógeno para acidificar su contenido para activar
las enzimas hidrolíticas. El producto resultado de la acción de las enzimas hidrolíticas
es vertidos al citoplasma por las proteínas transportadoras de metabolitos (Cooper,
2018; Chandar & Viselli, 2018; Karp 2019; Plopper et al., 2013).

Los tipos de enzimas hidrolíticas se agrupan en nucleasas, proteasas, glucosidasas,


lipasas, fostatasas, sulfatasasy fosfolipasas. Las proteínas de membrana de los
lisosomas están muy glucosiladas para evitar ser degradadas por sus propias enzimas
hidrolíticas. Las enzimas hidrolíticas destinadas para lisosomas son etiquetadas en
retículo endoplásmico con manosa-6-fosfato (Cooper 2018; Izwasa & Marshall, 2019;
Lodish et al., 2016; Plopper et al., 2013).

La razón de la presencia de hidrolasas ácidas en la luz del lisosoma es que estas


enzimas actúan a un pH ácido, esto protege a la célula, ya que si por algún motivo se
liberan las enzimas al citosol, no estarán activas debido al pH neutro encontrado en el
citosol (Alberts et al., 2015).

80
TRANSPORTE VESICULAR.
Las proteínas de RE son transportadas al aparato de Golgi por vesículas. Las
vesículas que se forman en retículo endoplásmico viajan por los microtúbulos
formando complejos tubulares vesiculares para llegar a la red cis de Golgi. En Golgi
también se forman vesículas, unas brotan de la red cis y de todas las cisternas que
hacen el transporte de retorno a RE de proteínas propias de este organelo. Las demás
vesículas se desprenden de la red trans de Golgi para transportar proteínas a
lisosomas, a la membrana plasmática y al exterior de la célula, realizando con esto
último la exocitosis. De la membrana plasmática también se forman vesículas para
captar nutrientes u otros elementos realizando la endocitosis (Alberts et al., 2015;
Chandar & Viselli, 2018; Hong et al., 2013; Izwasa & Marshall, 2019; Scott et al., 2009).

Formación de vesículas transportadoras.


Para que se formen vesículas transportadoras actúan proteínas de cubierta de
membrana, ubicadas en los sitios en donde brotan y se desprenden las vesículas. Las
proteínas de cubierta son COP I, COP II y clatrina. COP II actúa en RE, COP I en Golgi
y clatrina en membrana plasmática para la endocitosis. Las vesículas se forman en el
orgánulo donador, luego se desplazan por los microtúbulos para alcanzar el orgánulo
blanco en donde se fusionan para verter las moléculas transportadas.

Tomaremos a clatrina como modelo de formación de vesículas ya que los mecanismos


son similares a COP I y II. Cuando se va a formar una vesícula, clatrina se ensambla
con una proteína adaptadora y con la proteína receptora de membrana. Con esto inicia
el brote de la vesícula y la proteína receptora selecciona la proteína a transportar
uniéndose a ella. Así se ensamblan más y más proteínas de cubierta de clatrina con
el adaptador y el receptor con la proteína a transportar, al extenderse el brote de
vesícula se forma una parte angosta en donde se ensambla la proteína dinamina que
hace que se desprenda la vesícula. Ya desprendida la vesícula se desensambla
clatrina y el adaptador quedando solo la vesícula transportadora con proteínas
hidrosolubles en el interior y proteínas de membrana incluidas en la pared de la
vesícula (Alberts et al., 2015; Lodish et al., 2016; Pollard et al., 2017)

81
Clatrina consta de tres cadenas de aminoácidos cortas y tres cadenas largas que se
ensamblan para formar una estructura llamada triesquelion. Los trisquelion de clatrina
se ensamblan en una estructura molecular de forma de canasta hexagonal o
pentagonal cubriendo la superficie citosólica de la membrana del brote de vesícula.

El destino de la vesícula lo indican las proteínas SNARE. El compartimento donador


de la vesícula contiene las proteínas v-SNARE y el compartimento blanco las proteínas
t-SNARE, estas proteínas son afines químicamente, se atraen e interactúan fusionarse
la membrana de la vesícula transportadora con la membrana del orgánulo blanco. Este
mecanismo es regulado por la proteína Rab-GTP y una proteína efectora (Alberts et
al., 2015; Chandar & Viselli, 2018; Hong et al., 2013; Scott et al., 2009).

Exocitosis.
Vesículas formadas de la red trans de Gogi, como vimos van a lisosomas, ahora
estudiaremos las que van a membrana plasmática para proveerla de nuevas proteínas
y fosfolípidos para su renovación, así como las que transportan moléculas al exterior
celular mediante las vías secretoras constitutiva y regulada.

La vía secretora constitutiva se realiza siempre para exocitar moléculas de desecho,


metabolitos o para llevar elementos a matriz extracelular. La vía secretora regulada
necesita un estímulo extracelular para que se desencadene el mecanismo secretorio.
Como ejemplo de este tipo de secreción regulada son las hormonas. Estas se
almacenan en vesículas para que cuando llegue el estímulo, las vesículas se
aproximan a la membrana plasmática para verter al espacio extracelular su contenido
(Alberts et al., 2015; Chandar & Viselli, 2018; Hong et al., 2013; Lodish et al., 2016;
Scott et al., 2009).

Endocitosis.
En la superficie interna de la membrana plasmática se presenta la proteína de cubierta
clatrina. Esta proteína hace el brote de vesículas hacia el citoplasma, captando
moléculas grandes y pequeñas, así como líquidos extracelulares para endocitarlas.

82
Hay dos tipos de endocitosis, la pinocitosis y la fagocitosis. Con el primero la célula
capta moléculas muy pequeñas menores a 150 nm, con la fagocitosis capta moléculas
grandes, mayores a 150 nm. En nuestra vida la pinocitosis es como “beber agua” y la
fagocitosis es el mecanismo de “comer”. Este último mecanismo es muy especializado
en las células fagocíticas para comerse a microorganismos patógenos que han
invadido a un organismo animal (Alberts et al., 2019; Plopper et al., 2013; Pollard &
Earnshaw 2008).

Para que se dé la fagocitosis, primero se estimula una proteína receptora de


membrana plasmática, luego se emiten pseudópodos que rodean al microorganismo
para formarse la vesícula endocítica llamada fagosoma, después madura el fagosoma
y se fusiona con lisosomas para que las enzimas hidrolíticas degraden al
microorganismo patógeno (Alberts et al., 2019; Plopper et al., 2013).

Con la participación de receptores de membrana se da la endocitosis mediada por


receptores, por lo que este mecanismo es muy selectivo. Por ejemplo los receptores
de lipoproteínas de baja densidad (LDL por sus siglas en inglés) captan a las LDL y
clatrina forma la vesícula que se fusiona con un endosoma el cual madura para unirse
a lisosomas, así las enzimas hidrolíticas degradan a la LDL y se libera colesterol el
cual es transportado al citoplasma por las proteína transportadoras de metabolitos de
la membrana lisosomal. Cabe mencionar que los endosomas al ser reciclados,
regresan a los receptores de LDL a membrana plasmática (Alberts et al., 2019; Plopper
et al., 2013; Pollard & Earnshaw 2008).

Una vez que se forma una vesícula, después de la invaginación de la membrana


plasmática, se unen con otras vesículas endocíticas para formar un compartimiento
llamado endosoma temprano conteniendo las moléculas a transportar. El contenido de
los endosomas tempranos regresa a la membrana plasmática, otros se reciclan o los
terceros son llevados a degradación y se unen a otros compartimentos llamados
endosomas tardíos. Los endosomas tardíos son multivesiculares que reciben
vesículas de la red trans de Golgi o membrana plasmática realizando la maduración

83
endosomal. Ya maduro el endosoma tardío se fusiona con lisosomas formando
endolisosomas para degradar su contenido (Alberts et al., 2015).

Al morir una mitocondria se forma un autofagosoma la lleva al lisosoma para su


degradación. Así se da la autofagia, proceso celular con el que se forman vesículas a
partir de retículo endoplásmico que rodean cantidades pequeñas de citoplasma y
orgánulos para llevarlos a lisosoma para su degradación (Alberts B. et al., 2015; Lodish
et al., 2016; Pollard & Earnshaw 2008).

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85
CICLO CELULAR
MVZ. María de los Ángeles Robles Mota

Cada dos meses todas las células de la superficie del cuerpo se eliminan y se
reemplazan por otras. El revestimiento epitelial del intestino delgado se renueva a un
ritmo aún más rápido, sustituyéndolo por completo en el lapso de tres a cinco días. Al
igual que la mayoría de las células de nuestro cuerpo, estas células epiteliales son
terminales o postmitóticas, lo que significa que ya no se dividirán para dar lugar a
nuevas células. A medida que envejecen y se deterioran por el desgaste se
reemplazan continuamente a través del trabajo de las células madre. Por el contrario,
otras células en el cuerpo son demasiado longevas y no parecen ser reemplazadas en
absoluto, incluidas algunas poblaciones neuronales (Karp, 2009)

Al parecer algunos organismos no poseen la capacidad de regenerar nuevas células,


y nacen con todas las células que siempre tendrán. Por el contrario, otros organismos
parecen tener células madre muy activas, dando lugar a una capacidad impresionante
para regenerar extremidades, o incluso secciones más grandes de su cuerpo.

La división celular no se detiene con la formación del organismo maduro, sino que
continúa en ciertos tejidos durante toda la vida. Aunque la división celular ocurre en
todos los organismos, tiene lugar de manera diferente en procariotas y eucariotas. En
una población de células en división, ya sea dentro del cuerpo o en una placa de
cultivo, cada célula pasa por una serie de etapas definidas fácilmente visibles con un
microscopio óptico (Karp, 2009)

Una de las propiedades que distingue a varios tipos de células dentro de una planta o
un animal multicelular es su capacidad de crecer y dividirse. Podemos reconocer tres
categorías de células:

86
Células altamente especializadas y carecen de la capacidad de dividirse como las
neuronas, las células musculares y los glóbulos rojos. Una vez que estas células se
han diferenciado, permanecen en ese estado hasta que mueren.

Células que normalmente no se dividen, pero que se pueden inducir a comenzar la


síntesis del ADN y dividirse cuando se les administra un estímulo apropiado. En este
grupo se incluyen las células hepáticas, que pueden ser inducidas a la proliferación
mediante la extirpación quirúrgica de parte del hígado; los linfocitos, mediante la
interacción con un antígeno.

Células que normalmente poseen un nivel relativamente alto de actividad mitótica. En


esta categoría se incluyen las células madre de diversos tejidos adultos, como las
células madre hematopoyéticas que producen glóbulos rojos y blancos, y las células
madre en la base de numerosos epitelios que recubren las cavidades corporales y la
superficie del cuerpo. Las células madre tienen una propiedad importante que no
comparten la mayoría de las células, son capaces de dividirse asimétricamente.

Entonces el ciclo celular se define como un conjunto ordenado de sucesos dentro de


la célula que inducen el crecimiento y la división celular para dar origen a dos células
hijas, cada una con el mismo número de cromosomas idénticos. La duración de este
ciclo varía según sea cada tipo de célula (Sepúlveda, 2012)

El ciclo celular se divide en interfase y fase M. La fase M (división celular) incluye la


mitosis, durante la cual los cromosomas duplicados se separan en dos núcleos y la
citocinesis, durante la cual la célula se divide en dos células hijas. La interfase es el
periodo entre las divisiones celulares (Iswasa & Marshall, 2020).

INTERFASE
La interfase es el periodo entre divisiones celulares, es un periodo donde la célula
crece y efectúa diversas actividades metabólicas y puede durar por días, semanas o

87
más tiempo, según el tipo celular y las condiciones imperantes. La interfase consta de
tres fases: G1, S y G2.

Fase G1.
En esta fase ocurre la síntesis del ARN; en primer término, se observa la duplicación
de los centriolos y se sintetizan las proteínas necesarias para la replicación del ADN,
además, en ésta como en las siguientes fases existen puntos de control que aseguran
la progresión a través del ciclo celular. En esta fase, el punto de control se encarga de
verificar que la célula tenga el tamaño adecuado y favorable para poder continuar con
la siguiente fase del ciclo (Sepúlveda, 2012).

Con algunas excepciones, las células que dejan de dividirse ya sea de forma temporal
o permanente entran en un estado de reposo previo al inicio de la síntesis de ADN, se
dice que se encuentran en un estado G0, y ante una señal promotora de crecimiento
pasará de G0 a G1 para continuar con el ciclo.

Fase S.
Recibe este nombre porque es la etapa en la cual tiene lugar la síntesis de ADN, utiliza
las proteínas recién sintetizadas en la fase G1 y origina una célula con cromosomas
dobles formados por dos cromátides hermanas idénticas, que permanecen
estrechamente unidas entre sí debido a que unos complejos proteicos llamados
cohesinas se ensamblan a lo largo de cada una de ellas conforme se replica el ADN.
El sistema de control en esta fase está encargado de regular el comienzo apropiado
de la replicación del ADN y que esta suceda solo una vez por ciclo (Sepúlveda, 2012).

Fase G2.
En esta fase se sintetizan las proteínas necesarias para llevar a cabo el proceso de
mitosis, ocurre un almacenamiento de energía y termina la replicación de los
centriolos. El punto de control verifica que existan las condiciones necesarias para
efectuar la mitosis (Sepúlveda, 2012).

88
La desregulación de la progresión de este ciclo celular conduce a la proliferación
celular incontrolada dando lugar a cáncer. Por lo tanto, no es sorprendente que sea un
proceso estrechamente regulado, con mecanismos de control multifacéticos y muy
complejos. Durante la conversión de las células normales hacia células cancerosas, la
aparición de múltiples mutaciones origina inestabilidad genética. Las mutaciones en
los genes de reparación del ADN, predisponen a los portadores de estas mutaciones
a un aumento de inestabilidad genómica (Urrego et al., 2014).

REGULACIÓN DEL CICLO CELULAR


El ciclo celular es regulado en diversos momentos y puede involucrar la interacción de
diversos factores, entre ellos está la falta de nutrientes, los cambios de temperatura o
pH. Podría decirse que, en cierto momento del ciclo celular, la célula “decide” si va a
dividirse o no, cuando las células cesan su crecimiento, se detiene en un punto tardío
de la fase G1, llamado punto R por “restricción” o START, es el primer punto de control
del ciclo celular. En algunos casos, antes de alcanzar el punto R, las células pasan de
la fase G1 al estado G0. Una vez que las células sobrepasan el punto R, siguen
necesariamente a través del resto de las fases del ciclo, y luego se dividen (Curtis et
al., 2008).

Hay dos clases principales de puntos de control del ciclo celular: los puntos de control
de daño del ADN y los puntos de control de dependencia.

Los puntos de control de daño en el ADN retrasan las transiciones del ciclo celular de
G1 a S y de G2 a M, proporcionando así más tiempo para la reparación del ADN. Los
componentes esenciales del punto de control G1 incluyen los genes ATM, ATR, p53,
RB, Chk2 y p21Waf1. Los puntos de control de dependencia, como el daño del huso,
la poliploidía y los puntos de control de decatenación, son aquellos que retrasan las
transiciones de fase del ciclo celular cuando no se han completado los eventos
esenciales del ciclo celular (Doherty et al., 2003).

89
Estos puntos de control funcionan para mantener la estabilidad genética,
proporcionando tiempo adicional para la reparación de daños en el ADN y la
terminación de los acontecimientos que son necesarios para la división celular precisa
(Juan et al., 2021).

Existe otro mecanismo de control durante el proceso mismo de duplicación del material
genético, en la fase S llamado punto de control G2/M este punto de control está al final
de la fase G2, que asegura que la duplicación ocurra una sola vez por ciclo esto último
lo hace la S/Cdk. Luego la célula entra en la fase G2. Ya en la fase G2, existe un
segundo punto de control en el cual la célula “evalúa” si está preparada para entrar en
mitosis; este mecanismo de seguridad garantiza que solo entren en mitosis aquellas
células que hayan completado la duplicación de su material genético. El pasaje de la
célula del punto R depende de la integración del conjunto de señales externas e
internas que recibe. El sistema de control del ciclo celular está basado en dos proteínas
clave, las ciclinas y las proteínas quinasas - o cinasas- dependientes de ciclinas (CDK,
por sus siglas en inglés), que responden a esta integración de señales (Curtis et al.,
2008).

Las proteincinasas heterodiméricas están compuestas por una subunidad catalítica y


otra reguladora. Las concentraciones de las subunidades catalíticas, las cinasas
dependientes de ciclina son constantes a través de todo el ciclo. Sin embargo, no
tienen actividad cinasa a menos que estén asociadas con una subunidad reguladora
de ciclina. Cada CDK puede asociarse con un pequeño número de diferentes ciclinas
que determinan la especificidad del sustrato del complejo, es decir que proteínas
fosforila. Cada ciclina sólo está presente y activa durante la etapa del ciclo celular que
promueve y, por lo tanto, regula la actividad cinasa de las CDK que une a esa etapa
del ciclo celular únicamente. Los complejos ciclina-CDK activan o inhiben cientos de
proteínas involucradas en la progresión del ciclo celular al fosforilarlas en sitios
reguladores específicos. Así la progresión adecuada a lo largo del ciclo celular está
gobernada por la activación de los complejos de ciclina-CDK apropiados en el
momento adecuado (Lodish et al., 2015).

90
Ciclinas
Como ya se mencionó el ciclo está regulado por las CDK, las cuales dependen de su
unión con las ciclinas, de tal forma que cuando los niveles de ciclina son altos la cinasa
se activa y cuando los niveles de ciclina bajan la cinasa se inactiva. Esta regulación
depende de procesos de fosforilación (cinasas) y desfosforilación (fosfatasas). (Juan
et al., 2021)

Las ciclinas son una familia de proteínas que intervienen en el control del ciclo celular,
y se denominan así por que experimentan fluctuaciones cíclicas, siendo sintetizadas y
degradadas cíclicamente en cada ciclo celular. Tras realizar su función son
ubicuitinizadas y degradadas en el proteasoma 26S. Podemos distinguir tres grandes
grupos de ciclinas:

Ciclinas G1/S: incrementan al final de G1 y se degradan al inicio de la fase S,


participando en la transición de G a S del ciclo. Estas ciclinas interaccionan con las
CDK formando un complejo, por ejemplo, la ciclina E con CDK2 forman E/CDK2.
Ciclinas S: están relacionadas con la inducción de la replicación del ADN. Incrementan
en paralelo con la degradación de ciclinas G1/S, y mantienen niveles altos en G2 hasta
el inicio de la mitosis, momento en el cual disminuyen drásticamente. Estas ciclinas
intervienen en la activación de los procesos iniciales de la mitosis. Por ejemplo, la
ciclina A que interacciona con dos CDK diferentes, si la célula está en fase S interactúa
con CDK2, o en la fase G2 lo hará con CDK1, formando así los complejos ciclina
A/CDK2 y ciclina A/CDK1 correspondientemente.

Ciclinas M: regulan la transición de G2 a fase M. Se acumulan progresivamente


durante la fase G2, llegando a su pico máximo durante la metafase y son eliminadas
drásticamente al finalizar la mitosis. Por ejemplo, la ciclina B, interacciona con la CDK1.
Las ciclinas D no se expresan de forma periódica, están sintetizadas durante todo el
ciclo celular mientras persiste la estimulación de los factores de crecimiento. En este
caso la interacción de ciclina D con CDK4 y CDK6 es esencial para que la célula entre
a G1.

91
Para su degradación las ciclinas son marcadas con ubiquitina (ubiquitinización) por
una cadena de complejos enzimáticos formados por: E1 (activador de la ubiquitina),
E2 (conjugador de la ubiquitina) y E3 (ubiquitina-ligasa). El proceso de ubiquitinización
se realiza de forma secuencial con la participación de E1, E2 y E3, iniciando con la
activación de la ubiquitina para lo cual se requiere trifosfato de adenosina (ATP). (Juan
et al., 2021)

Cinasas
Las CDK, en su forma activa, fosforilan toda una serie de proteínas y enzimas,
activándolas para que ejecuten los mecanismos moleculares que determinarán el
progreso de la célula durante las diferentes fases del ciclo celular y los puntos de
control.

Las CDK están reguladas en tres niveles. En un primer nivel por el acoplamiento a una
o varias ciclinas, para formar complejos funcionales constituyendo el complejo
ciclina/CDK; en este momento la ciclina produce un cambio de configuración que
convierte a la CDK en un elemento catalítico, tomando en cuenta que aún no es activo.
En un segundo nivel se lleva a cabo la activación del complejo ciclina/CDK a través de
una serie de fosforilaciones secuenciales, proceso en el cual se activa catalíticamente
la actividad cinasa del complejo. Y en un tercer nivel intervienen las proteínas
inhibidoras de las CDK, una familia de proteínas CIP/KIP (CDK interacting
proteins/kinase inhibitoy proteins) (Juan et al., 2021).

Proteínas inhibidoras
En la regulación de estos complejos ciclina-CDK intervienen proteínas inhibidoras
vinculadas a evitar que continúe el ciclo y en dado caso la división celular cuando el
ADN se encuentra dañado o es aberrante.

La primera proteína inhibidora descrita fue la p21, capaz de inhibir varias CDK
como la CDK2, 3, 4 y 6; debido a esta propiedad se la denominó CDK interactiva
proteínico 1 (CIP1). Paralelamente se identificó un gen WAF1, que codifica a una

92
proteína de 21 kDa con las mismas propiedades que CIP1 por lo que se conoce como
p21(CIP1/WAF1).

En la regulación del ciclo celular a través de CIP1/WAF1 participa la proteína p53, la


cual es supresora de tumores y que se denomina como “guardián del genoma”. La p53
se activa cuando el ADN está dañado y se desencadena una respuesta molecular en
la cual se paraliza el ciclo y en consecuencia la división celular. Durante el ciclo celular,
si el ADN está dañado la p53 se activa a través de p21, lo cual paraliza la célula en la
fase G1, inactivando la ciclina B/CDK2 impidiendo que traspase el punto de restricción
START y pone en marcha un mecanismo de reparación del ADN, si el daño es
irreparable la célula derivará a una muerte apoptótica.

Cuando el ADN no está dañado, los mitógenos activan al complejo ciclina D/CDK4-6,
que hipofosforila la proteína Rb (proteína de retinoblastoma), la cual está unida al
factor de transcripción E2F. Al final de G1 el complejo ciclina E/CDK2, si no está
bloqueado por p21, hiperfosforila Rb, que libera factor de transcripción de los genes
que son necesarios para entrar en la fase S (Juan et al., 2021).

Para comprender la importancia de la regulación del ciclo celular podemos ejemplificar


con las células cancerosas. En el cáncer, hay alteraciones esenciales en el control
genético de la división celular, lo que resulta en una proliferación celular descontrolada.
Las mutaciones se producen principalmente en dos clases de genes: los proto-
oncogenes y genes supresores de tumores. En las células normales, los productos de
proto-oncogenes actúan a diferentes niveles a lo largo de las vías que estimulan la
proliferación celular. Versiones mutadas de los protooncogenes y oncogenes pueden
promover el crecimiento del tumor. La inactivación de genes supresores de tumores
como p53 y pRb se debe a la disfunción de las proteínas que normalmente inhiben la
progresión del ciclo celular. La desregulación del ciclo celular asociado con el cáncer
se produce a través de mutaciones de proteínas importantes en los diferentes niveles
del ciclo celular. En el cáncer, se han observado mutaciones en genes que codifican
ciclinas, CDK enzimas de activación de CDK, CKI (inhibidores de CDK (“cyclin-

93
dependent kinase inhibitor” en inglés), sustratos de CDK, y proteínas de control
(Lacefield, 2014).

Es importante mencionar que la quiescencia celular es un estado de detención del


crecimiento reversible. En respuesta al entorno extracelular, las células quiescentes
son capaces de reanudar la proliferación para la homeostasis y la regeneración
tisulares. Las subpoblaciones de células madre adultas permanecen inactivas y
residen en sus nichos especializados de células madre. Estudios recientes brindan
información sobre los componentes reguladores del nicho de células madre y su
influencia en las células madre residentes. Las actividades de nicho aberrantes
perturban la inactividad y la activación de las células madre, comprometen las
funciones de las células madre y contribuyen al envejecimiento de los tejidos y la
patogénesis de la enfermedad (Lacorazza, 2018).

REFERENCIAS
Curtis, H., Barnes, S., Schnek, A. & Massarini, A. (2008). Biología. Editorial
Panamericana. Argentina.
Doherty, S.C., McKeown, S.R., McKelvey-Martin, V. (2003). Cell cycle checkpoint
function in bladder cancer. J Natl Cancer Inst. 95(24):1859-68.
Herrero, J., Fernandez, J.E. & Ibarra R.F. J. (2021). Biología celular conceptos
esenciales. Editorial Médica Panamericana. Argentina.
Karp, G. (2009). Biología celular y molecular, conceptos y experimentos. Editorial Mc
Graw Hill. 5a edición.
Iswasa, J. & Marshal, W. (2020). Karp´s Cell and Molecular Biology. Wiley ed, 9th ed.
USA.
Lacorazza, H.D.l. (2018) Cellular quiescence: methods and protocols. New York, NY:
Humana Press. https://link-springer-
com.pbidi.unam.mx:2443/content/pdf/10.1007/978-1-4939-7371-2.pdf
Lodish, H., Berk, A., Kaiser, C.A., Krieger, M., Bretscher, A., Ploegh, H., Amon, A. &
Scott, M.P. (2015). Biología celular y molecular. 7a edición. Editorial Médica
Panamericana. Argentina

94
Sepúlveda, S.J. (2012). Texto atlas de histología, biología celular y tisular. Editorial Mc
Graw Hill. 1a Edición.
Urrego, D., Tomczak, A.P., Zahed, F., Stühmer, W. & Pardo, L.A. (2014). Potassium
channels in cell cycle and cell proliferation. Philos Trans R Soc Lond B Biol
Sci. 369(1638).

95
MITOSIS
M en C. Edith Nandayapa Duarte.

En organismos pluricelulares, que inician su vida con una célula, la división celular
mitótica es un proceso primordial para el desarrollo y mantenimiento de los tejidos,
órganos y sistemas que lo forman. La mitosis es el proceso nuclear por el cual los
cromosomas replicados se segregan en dos núcleos hijos, esto generalmente va
acompañada de la citocinesis, que es la división del citoplasma y separación física de
las dos células hijas. Las nuevas células resultantes son genéticamente idénticas a la
célula madre (Rodríguez & Frias, 2014). El proceso mitótico dura generalmente menos
de una hora. Durante este proceso, la célula se ocupa en una actividad principal, que
es la segregación cromosómica y prácticamente detiene el metabolismo, la
transcripción y la traducción (Rodríguez & Frias, 2014).

La preparación de la célula para la mitosis inicia durante la fase S del ciclo celular, los
cromosomas se replican, de manera que en el momento de iniciar la división celular,
cada uno de los cromosomas replicados tendrá dos cromátidas unidas por el
centrómero, cada una de ellas representa un cromosoma funcional. Cada cromátida
hermana de un cromosoma formará parte de una célula hija. El movimiento de los
cromosomas está dado por el huso mitótico (estructura compuesta principalmente por
microtúbulos), este, es el encargado de alinear a los cromosomas replicados y
condensados en el centro de la célula, para así posicionar a las cromátidas hermanas
con el cinetocoro de una, apuntando hacia un polo y el de la otra apuntando al polo
opuesto. Aquí el huso mitótico mediante sus microtúbulos jala las cromátidas hacia
polos opuestos. El último paso es la reintegración del núcleo y la división del citoplasma
para formar dos células hijas idénticas (Mclntosh et al., 2012; Ong & Torres, 2019;
Rodríguez & Frias, 2014).

Aunque la mitosis es un fenómeno continuo, se pueden distinguir morfológicamente


las siguientes cinco etapas: profase, prometafase, metafase, anafase y telofase
(Calvo, 2015). A continuación, abordaremos cada uno de estos eventos.

96
PROFASE
La profase es la primera etapa de la mitosis. Del griego pro= primeramente y fasis=
aparición. Se caracteriza por la condensación de los cromosomas y la desorganización
parcial de la envoltura nuclear. Además, los centrosomas duplicados se separan,
migran a polos celulares opuestos y comienza el ensamblaje del huso mitótico (Calvo,
2015).

Esta etapa abarca cerca del 40% del tiempo total de la división celular, al comienzo de
esta, los cromosomas están constituidos por dos cromátidas hermanas emparejadas
en toda su longitud, que tendrán una tendencia progresiva a la condensación que los
hará más cortos, gruesos y compactos. Estos permanecen en el interior del núcleo,
aunque la membrana de este último empieza a fragmentarse hasta desintegrarse
posteriormente. Este proceso de condensación de cromatina se inicia después de la
activación del complejo ciclina B/CDK1.

Los factores responsables de la condensación de los cromosomas se conocen como


Condensinas y a los responsables de la unión de las cromátidas hermanas se les
conoce como Cohesinas, estas son proteínas de la familia Smc (structural
maintenance of chromosomes). Además de estas proteínas, existen otros mecanismos
adicionales de condensación de los cromosomas, tales como la modificación
postraduccional de las histonas H1 y H3 (Calvo, 2015).

Las células en división se tornan esféricas perdiendo su forma habitual debido a


cambios en su organización estructural. El citoesqueleto cambia, los microfilamentos
de actina se esparcen por el citosol, aumenta la concentración de g-tubulina en la
matriz pericentriolar y los microtúbulos se fragmentan para reaparecer nucleados en
una conformación radial llamada áster, cuyas fibras (las denominadas fibras astrales)
son numerosas y cortas (Calvo, 2015). La formación del huso mitótico requiere que los
centrosomas se separen y emigren a localizaciones opuestas en la célula. En el
proceso de separación, los centrosomas giran alrededor del núcleo hasta quedar
encontrados. Además, actúan como centros organizadores de microtúbulos y cuando

97
se desplazan, los microtúbulos se alargan hacia el centro de la célula y se forman las
fibras polares del huso mitótico. El proceso de separación y migración de los
centrosomas tiene lugar por fuerzas simultáneas que son mediadas por proteínas
motoras que actúan favoreciendo la separación (dineína y la quinesina 5), o
promoviendo la aproximación (quinesina 14) (Calvo, 2015).

PROMETAFASE
Segunda etapa de la mitosis caracterizada por la completa desorganización de la
envoltura nuclear, esto permite que los extremos de los microtúbulos del huso mitótico
se encuentren con los cromosomas y se anclen a ellos. Cada cromátida hermana se
unirá solo a las fibras de uno de los polos de la célula a nivel del centrómero y el puente
de unión es el cinetocoro (De Juan et al., 2021; Ong & Torres, 2019).

La fragmentación de la envoltura nuclear está relacionada con la activación de los


complejos ciclina B/CDK1, que producen fosforilación de nucleoporinas (desencadena
disociación del complejo de poro), láminas (serinas S22 y S392 de lámina A) y
proteínas integrales de la membrana interna de la envoltura nuclear (De Juan et al.,
2021).

La adecuada división de las cromátidas hermanas durante la siguiente etapa de la


mitosis dependerá de las fuerzas generadas por los microtúbulos y que estos estén
correctamente anclados a los cinetocoros. Si estos no están fijos al huso se activan
factores que impiden que continúe la división (De Juan et al., 2021).

METAFASE
Etapa intermedia de la mitosis que corresponde al 20% de la división celular, se
corresponde con el momento en que los cromosomas se alinean en el centro de la
célula. En este momento el huso mitótico está completamente formado por una serie
organizada de microtúbulos que de forma funcional y espacial se pueden dividir en 3
grupos: microtúbulos astrales (irradian desde el centrosoma hacia la región fuera del
cuerpo del huso, ayudan a mantienen el huso en su posición y a establecer el plano

98
donde se llevará a cabo la citocinesis), microtúbulos del cinetocoro (se extienden entre
el centrosoma y los cinetocoros de los cromosomas, ejercen fuerza de atracción sobre
los cinetocoros que permite mantener los cromosomas ya sea en el ecuador o atraerlos
hacia los polos) y microtúbulos interpolares (se extienden desde el centrosoma más
allá de los cromosomas, mantienen la integridad mecánica del huso) (Alberts et al.,
2021; Karp, 2019; Ong & Torres, 2019).

ANAFASE
Esta es la cuarta etapa de la mitosis, corresponde al 10% de la mitosis, el prefijo “ana”
significa hacia arriba. Se caracteriza por el movimiento de los cromosomas hacia los
polos opuestos del huso, hacia el polo del huso al que están unidas. Esto se debe al
acortamiento de los microtúbulos del cinetocoro (anafase A) y a la separación de los
polos del huso acompañado de elongación de microtúbulos interpolares (anafase B).
Lo que contribuye a la segregación de los cromosomas (Alberts et al., 2021). El
anafase A se encuentra bajo el control de una enzima llamada complejo promotor del
anafase/ciclosoma (APC/C), este complejo adhiere una proteína llamada ubiquitina
(Ub) como si fuera una etiqueta o marca para destruir a las Cohesinas, siendo estos
últimos los que mantienen juntas a las cromátidas hermanas. En el anafase B
intervienen las mismas proteínas motoras responsables de la separación de los
centrosomas: la dineína y la quinesina 5 (Calvo A, 2015). Al final de esta etapa, las
masas de cromatina individuales corresponden a cada cromosoma, cuando llegan al
polo, se agrupan entre ellas por acción de la proteína motora cromokinesina KID
(kinesina 10) (Alberts et al., 2021; Karp, 2019).

TELOFASE
Fase final de la mitosis, constituye alrededor del 30% del proceso de la mitosis. Una
vez que se ha completado la separación de los cromosomas, el huso mitótico se
desensambla y los cromosomas se descondensan en esta fase, y a medida que pasa
esto se vuelve a formar la envoltura nuclear alrededor de los mismos. El punto de
partida de la reconstrucción de la envoltura nuclear se inicia en el anafase con el
complejo de la nucleoporina Nup107-160 alrededor de la cromatina y formando los

99
preporos. En la telofase, membranas del retículo endoplásmico rugoso se extienden
sobre la cromatina, envolviéndola y formando la doble membrana de la envoltura
nuclear, esto gracias a la acción de un grupo de proteínas llamadas reticulones.
Después de la de la formación de la doble membrana del núcleo se reorganizan los
poros nucleares y con ello el intercambio entre el núcleo y el citoplasma, continuando
prosigue la incorporación de las láminas al núcleo y formación de la lámina nuclear
(De Juan et al., 2021). Una vez concluido lo anterior la transcripción se reanuda, el
núcleo se expande y el nucléolo reaparece, marcando así el término de la mitosis
(Calvo A, 2015).

CITOCINESIS
La separación de los cromosomas duplicados en los núcleos de las células hijas se da
durante la Mitosis, pero la célula se divide en dos células hijas por un proceso llamado
Citocinesis (del griego cyto= célula y cinesis= división) y se corresponde con el
momento en el que el citoplasma se divide y se generan dos nuevas células con un
núcleo cada una. Este proceso inicia durante el anafase como un surco de la superficie
celular, en una banda angosta alrededor de la célula, esta se va profundizando hasta
formar una hendidura. El surco se localiza en el mismo plano en el que se encontraban
la placa metafásica y al profundizar pasa por los remanentes de la porción central del
huso mitótico, formando un puente entre las dos células hijas llamado “cuerpo central”,
las superficies finalmente se fusionarán y la célula se dividirá (Karp, 2019).

El mecanismo encargado de la citocinesis se conoce como la teoría del anillo contráctil,


este corresponde a un banda contráctil de citoplasma en el cual se ha detectado una
gran cantidad de filamentos de actina y entre estos se intercalan filamentos de miosina
II, se cree que estas dos actúan generando una contracción similar a la que se
presenta en células musculares, de tal forma que el desplazamiento de los filamentos
del anillo contráctil tira de la corteza y del membrana plasmática, dando como resultado
la constricción de la región ecuatorial de la célula. La proteína G llamada RhoA induce
el inicio de los sucesos anteriores al unirse a GTP (Karp, 2019; Lagunas et al., 2014).

100
CONTROL DE LA CANTIDAD Y EL TAMAÑO CELULAR
La muerte celular es un proceso habitual esencial en la homeostasis celular, formando
parte del desarrollo de órganos y sistemas. Existen dos mecanismos principales de
muerte celular: apoptosis y necrosis.

APOPTOSIS
La apoptosis se define como la muerte celular programada. Es un evento celular
natural y controlado, por el cual se eliminan células de los tejidos de manera ordenada
como parte del mantenimiento normal. Se diferencia de la necrosis por características
morfológicas específicas, las células en apoptosis presentan condensación de la
cromatina, disminución general del volumen de la célula, pérdida de adhesión de las
células contiguas, fragmentación del núcleo y formación de vesículas en la membrana
plasmática. La célula se contrae y se rompe en fragmentos rodeados por membrana
llamados “cuerpos apoptóticos", por lo que no representa una amenaza para las
células circundantes. Los cambios en la membrana plasmática actúan como señal, que
permite la fagocitosis con rapidez por macrófagos, así se evita que el contenido celular
se derrame hacia el área que rodea a la célula, por lo que no se produce reacción
inflamatoria (Fortoul, 2017; Gartner & Hiatt, 2019; Lodish et al., 2016).

Existen múltiples señales inductoras y diferentes mecanismos de activación de la


apoptosis, pero las distintas vías apoptóticas convergen en la activación de una serie
de proteasas citosólicas, denominadas caspasas. Estas son un grupo de proteasas de
cisteína cuyo blanco son las láminas que constituyen el recubrimiento interno de la
envoltura nuclear, proteínas del citoesqueleto (como filamentos intermedios, actina,
tubulina y gelsolina), DNAsa (que ataca al DNA fragmentándolo) y proteínas cinasas
(que interrumpen la adhesión celular) (Karp, 2019; Lagunas et al., 2014; Lozano et al.,
2005).

Las caspasas son la forma activa de estas enzimas, mientras que a sus precursoras
inactivas se les denomina: procaspasas. Existen dos grandes grupos de caspasas, las
denominadas iniciadoras y las ejecutoras. Las caspasas iniciadoras son activadas por

101
autoproteólisis cuando son translocadas a compartimientos específicos o mediante
adaptadores activadores. Las caspasas ejecutoras son activadas mediante el corte
específico mediado por las caspasas iniciadoras (Alberts et al., 2021; Karp, 2019).

La apoptosis puede iniciarse por estímulos internos (vía intrínseca) o por estímulos
externos (vía extrínseca), estas vías se estudian por separado, pero tienen
comunicación cruzada y señales extracelulares pueden activar la vía intrínseca.

Vía extrínseca
También llamada externa o mediada por receptor. Se activa por moléculas externas,
mediada por los llamados receptores de muerte, que son receptores de membrana que
al unirse a su ligando específico desencadena la apoptosis. Pertenecen a la
superfamilia de receptores del factor de necrosis tumoral (TNFR-1, Fas/CD95, DR-4,
DR-5). El proceso inicia en el dominio citoplasmático del receptor que posee una
secuencia llamada dominio de muerte (DD), formándose un complejo de señalización
inductor de muerte (DISC), este último lleva a la activación de la caspasa 8 y la
caspasa 3 que llevaran a la fragmentación del DNA y muerte celular (Lozano et al.,
2005).

Vía intrínseca
También llamada mitocondrial o interna. Asociada a un cambio en la permeabilidad de
la membrana externa de la mitocondria. Se induce principalmente por estrés celular
(daño en el ADN) y ausencia de factores de crecimiento en el medio. El estrés celular
hace que la familia de las proteínas Bcl-2 que favorecen la apoptosis, como Bax, se
internen en la membrana mitocondrial externa, esto conduce a la liberación de
moléculas del citocromo c a través de poros de la membrana mitocondrial que se
forman por oligómeros de Bax. Una vez en el citosol el citocromo c se une a la proteína
citosólica llamada Apaf-1 y moléculas de procaspasa 9 para formar el apoptosoma. La
forma activa de la procaspasa 9 activa a las caspasas ejecutoras de la apoptosis
(caspasas 3, 6 y 7) (Calvo, 2015; Karp, 2019).

102
La proteína Bid sirve de unión entre la vía extrínseca y la intrínseca. La caspasa 8,
generada por la vía extrínseca, induce la proteólisis de Bid y dando lugar a su forma
truncada (tBid). tBid se transloca a la mitocondria, donde actúa junto con miembros
proapoptóticos Bax y Bak, que inducen finalmente la liberación del citocromo C en el
citosol (Calvo, 2015; Cooper & Housman, 2009; Karp, 2019; Lozano et al., 2005).

NECROSIS
Es un tipo de muerte celular pasiva y descontrolada, cuando los estímulos externos
superan la capacidad de adaptación de la célula, esta experimenta lesiones
irreversibles que la conducen a la necrosis. El resultado final es la ruptura de la
membrana celular y el derrame del contenido celular y citocinas en el espacio
intersticial, provocando una respuesta inflamatoria en el área (Fortoul, 2017). La
presencia de detritos de las células necróticas es interpretada por el sistema inmune
como un signo de alarma y es la señal que dispara la respuesta inmune (De Juan J, et
al., 2021).

MOLÉCULAS DE SEÑALIZACIÓN QUE INFLUYEN EN LA SUPERVIVENCIA,


CRECIMIENTO Y DIVISIÓN CELULAR
En organismos multicelulares, la proliferación de la célula está regulada por factores
que promueven el crecimiento (mitógenos) y factores inhibidores del crecimiento
(antimitógenos) que se encuentran en el entorno que rodea a las células. Los procesos
de proliferación y diferenciación están regulados por genes cuya expresión se controla
muy a menudo por moléculas extracelulares de señalización (Laguna, 2014; Jiménez
& Merchant, 2003).

Estos estímulos se procesan e integran durante la fase G1 del ciclo celular. Cuando
recibe señales mitógenas, normalmente aportadas por moléculas de tipo proteico
denominadas factores de crecimiento, la célula puede reiniciar el ciclo celular,
completando la fase G1, la replicación del ADN y la mitosis. La progresión a través del
ciclo celular está controlada por una familia de proteínas quinasas, las quinasas
dependientes de ciclinas (CDK), que se activan al interaccionar con unas pequeñas

103
proteínas, las ciclinas. Una de las principales proteínas reguladoras que intervienen en
la integración de estímulos extracelulares en la fase G1 es la proteína del
retinoblastoma, o proteína Rb. Esta se activa por ciclina D y es sustrato de la CDK4.
El factor de crecimiento transformante β (TGF- β) inhibe fuertemente el crecimiento de
muchas células epiteliales (Jiménez & Merchant, 2003; Laguna, 2014; Lozano et al.,
2005).

Los principales estímulos mitógenos para las células de mamífero consisten en


moléculas polipeptídicas llamadas factores de crecimiento, que se unen a receptores
específicos de la membrana plasmática y producen una serie de cambios
intracelulares que conducen a modificaciones en el nivel de expresión de los genes
reguladores del crecimiento. Requieren un mecanismo de transducción de señales
para que su unión en la cara extracelular de la membrana plasmática de la célula diana
determine una serie de cambios intracelulares. Las células diana poseen receptores
específicos, este dominio posee la capacidad de fosforilar proteínas a expensas de
ATP. Este proceso se da en la principal cascada mitógena caracterizada hasta el
presente, la de las MAP quinasas o MAPK (del inglés: mitogen activated protein
kinases: proteína quinasas activadas por mitógenos). Las MAPK fosforiladas se
transportan desde el citoplasma hasta el núcleo celular, donde actúan sobre algunos
factores de transcripción, fosforilándolos a expensas de ATP. El resultado final es un
cambio en el patrón de expresión génica de la célula diana (Cooper & Housman, 2009;
Jiménez & Merchant, 2003; Lozano et al., 2005; Laguna, 2014).

Las citoquinas son un grupo numeroso de moléculas de señalización intercelular, de


expresión inducible, que regulan el crecimiento y la diferenciación de muchos tipos
celulares. En este sentido, los factores de crecimiento pueden considerarse un tipo de
citoquinas. Tienen una gran variedad de efectos y son capaces de actuar, a veces en
sentido opuesto, sobre distintos tejidos o tipos celulares, la respuesta final a una
determinada citoquina depende de varios factores, esencialmente el tipo de célula
diana y su estado de proliferación y diferenciación (Jiménez & Merchant, 2003;
Laguna, 2014).

104
Las células embrionarias producen también desde etapas muy tempranas del
desarrollo factores de crecimiento, que actúan sobre las células vecinas induciendo su
proliferación y modificando su grado de diferenciación (Jiménez & Merchant, 2003;
Laguna, 2014).

REFERENCIAS
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Washington, DC. ASM PRESS.
De Juan, J., Fernández, E., Iborra, F. & Ribera, J. (2021). Biología celular: Conceptos
esenciales. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana.
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F. Mc Graw Hill.
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Lodish, H., Berk, A., Kaiser, C., Krieger, M., Bretscher, A., Ploegh, H., Amon, A. &
Scott, M. (2016). Biología Celular y Molecular. 7ª Edición. México. Editorial
Médica Panamericana.
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Bioquímica y Biología Molecular para ciencias de la salud. 3ª Edición. España.
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Rodríguez, A. & Frias, S. (2014). La mitosis y su regulación. Acta Pediátrica de México.
35(1), 55-86.

106
COMUNICACIÓN CELULAR
Dr. Carlos Ignacio Soto Zárate.

Las células no se encuentran aisladas en el organismo, sino inmersas en tejidos que,


a su vez, forman parte de órganos. En este microambiente se encuentran sometidas
a múltiples señales que pueden provenir de células vecinas o de células muy alejadas,
incluso de otros órganos. El objetivo de la señalización es la regulación de la fisiología
celular, que va a permitir el funcionamiento coordinado de las células en los tejidos.
Las señales que provienen de otras células regulan en gran medida las diferentes
funciones celulares, incluidos su metabolismo, diferenciación, movimiento,
proliferación y muerte. Las señales pueden ser de distinta naturaleza, como
neurotransmisores, hormonas, factores de crecimiento, citocinas, gases, etc. (Calvo,
2015).

Es en los organismos pluricelulares donde la comunicación intercelular alcanza su


grado más elevado de complejidad. Esto se consigue a través de un amplio repertorio
de moléculas señalizadoras que bien son secretadas o bien se expresan en la
superficie celular para unirse a receptores expresados en otras células, integrando y
coordinando de esta manera las funciones de las distintas células individuales que
constituyen organismos tan complejos como el ser humano (Alberts et al., 2015;
Cooper & Hausman, 2015).

Características de la comunicación celular.


Aunque los mecanismos de señalización son muy variados, todos ellos comparten una
serie de características que se pueden resumir en los siguientes puntos:
Las células responden a la señal mediante receptores específicos. Los receptores
pueden estar localizados: en la membrana plasmática (receptor de membrana), de
forma que reconocen moléculas hidrofílicas que no pueden atravesar la membrana por
difusión y en el citoplasma celular (receptor citoplasmático), en cuyo caso reconocen
moléculas hidrofóbicas que pueden atravesar la membrana plasmática para unirse a
sus receptores (Calvo, 2015).

107
Las señales extracelulares se transforman en señales intracelulares. Cuando la
molécula señal (ligando) se une al receptor, se inicia una señalización intracelular que
transmite dicha señal al interior de la célula (citoplasma y/o núcleo). Todas las señales
van a terminar en alguna de las siguientes posibilidades; modificación del
metabolismo, modificación del citoesqueleto y/o modificación de la expresión génica
(Alberts et al., 2015).

La transmisión de señales intracelulares se realiza en forma de cascada. Esto se


realiza con la activación de determinadas moléculas que, a su vez, activarán otros
factores, “corriente abajo”. Por eso, a este proceso se le llama cascada de señalización
intracelular. Tras recibirse la señal extracelular, los distintos factores intracelulares se
activan, y se encienden secuencialmente a modo de interruptores moleculares. Una
vez que la cascada de señalización ha actuado, la maquinaria de señalización retorna
a su estado inactivo. Por lo tanto, es un mecanismo de encendido y apagado de
moléculas intermediarias de señalización (Karp, 2019).

En ausencia de señal, el receptor y las moléculas de señalización intracelular


permanecen en un estado inactivo. La inactivación del sistema señalizador puede
ocurrir de varios modos. Uno de ellos es la endocitosis de los receptores y su posterior
degradación en los lisosomas, desapareciendo así de la membrana, lo cual detiene la
señalización. En otros casos ocurre una inactivación de los receptores mediante
proteínas bloqueadoras; así, es frecuente que el mismo producto de la señalización
sirva para detenerla. Los mecanismos de inactivación son, en cualquier caso, muy
importantes para que la señalización no esté constantemente funcionando, lo que
ocasionaría alteraciones celulares por hiperactividad continuada. Esto es, de hecho, lo
que ocurre en algunas patologías como en cáncer (Calvo, 2015).

TIPOS DE SEÑALIZACIÓN.
Los diferentes tipos de señalización mediante moléculas secretadas se suelen dividir
en cuatro grandes clases en función de la distancia recorrida por la molécula
señalizadora.

108
Señalización endocrina. Las moléculas señalizadoras (hormonas) son secretadas por
células endocrinas especializadas, y se transportan a través de la circulación
sanguínea, actuando sobre las células diana localizadas en lugares lejanos en el
organismo.

Señalización paracrina. Una molécula liberada por una célula actúa sobre las células
dianas vecinas. Un ejemplo lo proporciona la acción de los neurotransmisores que
transportan la señal entre células nerviosas en la sinapsis.

Señalización autocrina. La molécula señalizadora va a estimular a la propia célula que


la está liberando, este es el tipo de señalización responsable de la proliferación de
linfocitos al momento de su activación.

Señalización célula-célula. Ocurre a través de la interacción directa entre una célula y


la célula vecina. La señalización mediante interacción directa célula-célula (o célula-
matriz extracelular) desempeña un papel crítico en la regulación del comportamiento
de las células en los tejidos animales. Esto es, las células expresan una variedad de
receptores de superficie que interactúan con las moléculas señalizadoras de superficie
de las células vecinas. Este tipo de señalización desempeña un papel fundamental en
la regulación de las múltiples interacciones que tienen lugar entre los distintos tipos
celulares durante el desarrollo embrionario, así como en el mantenimiento de los
tejidos adultos (Cooper & Hausman, 2015; Karp, 2019).

MECANISMOS DE ENCENDIDO/APAGADO.
Cinasas y fosfatasas.
Muchas de las proteínas que intervienen en una cascada intracelular son proteínas
cinasas, es decir, enzimas con la capacidad de fosforilar a otras proteínas en residuos
de aminoácidos específicos. En este caso, la fosforilación secuencial de proteínas,
corriente abajo, es lo que transmite la señal. Posteriormente, las proteínas fosforiladas
pierden su grupo fosfato mediante la acción de las enzimas fosfatasas, haciendo que

109
éstas vuelvan a su estado inicial.

GTP/GDP.
Otro sistema de “activación/inactivación” frecuente es la unión de los nucleótidos
GTP/GDP a proteínas específicas. En este caso, las proteínas en estado inactivo están
unidas a GDP. Cuando esa proteína necesita activarse para comenzar la señalización
intracelular, intercambia el GDP por GTP. Esta reacción de intercambio está mediada
por una familia de proteínas denominadas GEF (factores intercambiadores de
guanina). Una vez que ha finalizado la señalización, se produce la hidrólisis del GTP
hacia GDP + Pi, quedando la proteína unida a GDP (estado inactivo). Esta reacción
de hidrólisis está mediada por la familia de proteínas GAP (proteínas con actividad
GTPasa) (Alberts et al., 2011; Calvo, 2015).

La respuesta celular final es el resultado de la integración de las múltiples señales que


recibe la célula en un momento dado. Al analizar los procesos de comunicación celular
no hay que olvidar que las células están sometidas, al mismo tiempo, a diferentes
estímulos, que desencadenan una respuesta final dependiendo del conjunto de
señales que les lleguen y de la concentración de cada sustancia señalizadora. El tipo
de señales que recibe una célula viene determinado por el tejido del que forma parte
y de su propia capacidad de respuesta, la cual se relaciona con la presencia de
receptores específicos que reconocen la señal. Por ejemplo, la combinación de varias
señales externas favorables puede provocar la proliferación celular. Pero la
concurrencia de otras señales puede resultar en la diferenciación de dicha célula hacia
una estirpe con características morfológicas y funcionales distintas. Otro conjunto de
señales externas o la ausencia de determinados factores pueden desencadenar la
muerte celular programada o apoptosis, lo cual es un proceso común en los tejidos
para regular el número de células y mantener la homeostasis celular (Calvo, 2015;
Karp, 2019).

Una misma molécula señalizadora (ligando) puede causar respuestas distintas en


diferentes tipos celulares. Por ejemplo, la acetilcolina, en el corazón, provoca la

110
disminución del ritmo cardíaco, en el músculo esquelético promueve su contracción,
mientras que en las células epiteliales de las glándulas salivales estimula la secreción.
Este fenómeno se debe, a la presencia de diferentes tipos de receptores que
reconocen una misma señal, en distintos tipos de células. Aunque, incluso en células
que tienen el mismo tipo de receptor, la señalización intracelular puede seguir rutas
divergentes y, por lo tanto, dar lugar a efectos diferentes (Alberts et al., 2011; Calvo,
2015).

Moléculas señalizadoras (Ligandos).


Los diferentes tipos de moléculas que transmiten información entre las células de los
organismos pluricelulares actúan como ligandos que se unen a receptores expresados
por las células diana. Existe una variabilidad considerable en la estructura y función de
dichas moléculas. En cuanto a su estructura, el rango de complejidad de las moléculas
señalizadoras utilizadas por plantas y animales varía desde los gases sencillos (p. ej.
óxido nítrico) hasta las proteínas. En los animales, las moléculas señalizadoras más
diversas son los péptidos, cuyo tamaño oscila entre sólo unos pocos hasta más de
cien aminoácidos. Este grupo de moléculas señalizadoras incluye a las hormonas
peptídicas, neuropéptidos y un amplio espectro de factores de crecimiento (Alberts et
al., 2015).

TIPOS DE RECEPTORES.
Superfamilia de receptores nucleares.
Todas las moléculas señalizadoras actúan mediante la unión a receptores que son
expresados por las células diana. En muchos casos, estos receptores se expresan en
la superficie de la célula diana, pero otros receptores son proteínas intracelulares que
se localizan en el citosol o en el núcleo. Estos receptores intracelulares interaccionan
con moléculas señalizadoras pequeñas e hidrofóbicas que son capaces de difundir a
través de la membrana plasmática. Las hormonas esteroideas son el típico ejemplo de
este tipo de moléculas señalizadoras, entre las que también se incluyen la hormona
tiroidea, la vitamina D3 y el ácido retinoico. Una vez en el interior celular, se unen a
receptores intracelulares, los cuales son miembros de una familia de proteínas

111
denominada superfamilia de receptores nucleares, son factores de transcripción que
contienen tres dominios: dominio de unión al ligando, dominio de unión al ADN y
dominio de activación de la transcripción. La unión al ligando regula su función como
activadores o represores de sus genes diana, por lo que las hormonas esteroideas y
moléculas relacionadas son reguladores directos de la expresión génica (Alberts et al.,
2011; Karp, 2019).

Receptores de superficie.
La mayoría de los ligandos responsables de la señalización intercelular se unen a
receptores de superficie de las células diana. Se pueden distinguir los siguientes tipos:

Receptores acoplados a una proteína G (RAPG).


Es la familia más numerosa de receptores de la superficie celular (se han identificado
más de mil RAPG) y transmite las señales al interior de la célula a través de proteínas
que unen nucleótidos de guanina, denominadas proteínas G. A pesar de la diversidad
química y funcional de las moléculas señal, todos los RAPG tienen una estructura
similar. Consisten en una sola cadena polipeptídica que atraviesa siete veces la bicapa
lipídica ya que posee siete α-hélices transmembrana, que van a formar una estructura
cilíndrica, a menudo con un sitio profundo en el centro, donde se realiza la unión con
el ligando. Así, el extremo amino-terminal se localiza extracelularmente y, en
consecuencia, el extremo carboxi-terminal es intracitoplasmático. La unión del ligando
cambia la orientación relativa de varias de las α-hélices transmembrana, cambiando
así la posición de los bucles citoplasmáticos entre sí (Alberts et al., 2015), este cambio
conformacional permite al dominio citosólico del receptor (5ª asa intracitoplasmática)
interactuar con la proteína G anclada a la cara interna de la membrana plasmática.
Esta interacción activa a la proteína G, la cual se disocia del receptor y transmite la
señal a una diana intracelular (Cooper & Hausman, 2015).

Las proteínas G están constituidas por tres subunidades, designadas α, β y γ.


Frecuentemente se les denomina proteínas G triméricas para distinguirlas de otras
proteínas que también unen nucleótidos de guanina pero que no tienen subunidades

112
(p. ej. proteína Ras). La subunidad α se une a los nucleótidos de guanina que regulan
la actividad de la proteína G. En el estado inactivo, la subunidad α está unida a GDP
formando un complejo con β y γ. La unión del ligando al RAPG induce un RAPG
activado, que va a actuar como un factor intercambiador de nucleótidos de guanina
(FEG) e induce a la subunidad α a liberar su GDP unido, lo que permite el intercambio
con GTP. La unión con GTP provoca un cambio conformacional en la subunidad Gα,
con el que se libera la proteína G del receptor y desencadena la disociación de la
subunidad Gα del complejo Gβγ. Posteriormente, la Gα va a interactuar con diversos
objetivos, como enzimas y canales iónicos en la membrana plasmática, que van a
transmitir la señal intracelularmente (Alberts et al., 2015; Karp, 2019).

Al final de la señalización, la subunidad α se inactiva mediante la hidrólisis del GTP


unido a ella, de tal manera que la subunidad α vuelve a su estado inactivo (ahora unida
a GDP) y se reasocia con el complejo βγ, quedando así lista para un nuevo ciclo
(Cooper & Hausman, 2015).

Vías de transducción intracelular asociadas a los RAPG.


La mayoría de los receptores de superficie celular activan enzimas diana
intracelulares, las cuales van a transmitir la señal dentro de la célula, propagando y
amplificando la señal iniciada por la unión del ligando. Este proceso se denomina
transducción intracelular de señales (Cooper & Hausman, 2015).

Vía del AMP-cíclico y Proteína-Cinasa Dependiente de AMPc (PKA).


La mayoría de los efectos del AMPc en la célula animal son mediados por la acción de
la proteína cinasa dependiente de AMP-cíclico o proteína-cinasa A (PKA). La forma
inactiva de la PKA es un tetrámero constituido por dos subunidades catalíticas y dos
subunidades reguladoras. El AMP-cíclico se une a las subunidades reguladoras
provocando su disociación de las subunidades catalíticas. Las subunidades catalíticas
libres son enzimáticamente activas y son capaces de fosforilar residuos de serina en
sus proteínas diana. En muchas células animales, el aumento del AMPc activa la
transcripción de genes específicos que contienen una secuencia reguladora

113
denominada elemento de respuesta a AMPc o CRE. En este caso, la señal desde el
citoplasma al núcleo la lleva la subunidad catalítica de la PKA, que es capaz de entrar
al núcleo después de su desacoplamiento de la subunidad reguladora. En el núcleo,
la PKA fosforila a un factor de transcripción denominado CREB (proteína de unión a
CRE), con lo que activa los genes diana del AMPc. Este tipo de regulación de la
expresión génica por el AMPc desempeña un papel importante en el control de la
proliferación, la supervivencia y la diferenciación de diversos tipos de células animales.
Igualmente, la PKA tiene acción sobre el metabolismo y el citoesqueleto de diferentes
tipos celulares (Tabla 1).

Es importante señalar que las proteínas-cinasas, como la PKA, no actúan de manera


aislada en la célula. Por el contrario, la fosforilación de las proteínas es revertida
rápidamente por la acción de las proteínas-fosfatasas (Cooper & Hausman, 2015).

El AMPc se genera a partir del ATP por acción de la adenilato ciclasa y, es


transformado a AMP (i.e. pierde su estado cíclico) por la acción de la AMPc
fosfodiesterasa (Alberts et al., 2011).

Órgano blanco Ligando Respuesta


Tiroides STH Síntesis y secreción de la hormona
Corteza adrenal ACTH Secreción de cortisol
Corazón Adrenalina Aumento de la frecuencia cardiaca
Hígado Glucagon Movilización del glucógeno
Tabla 1. Procesos fisiológicos que se realizan a través de la vía AMPc y PKA.

La proteína G que actúa estimulando la producción de AMPc (vía la actividad de la


enzima adenilato ciclasa) se conoce como proteína Gs (estimuladora), existe otra que
en lugar de estimular inhibe a la adenilato ciclasa, esta es la proteína Gi (inhibidora),
dos ligandos asociados a esta proteína son; prostaglandina E1 y la adenosina (Alberts
et al., 2011).

114
Proteína Gq, Fosfolípidos de Inositol y calcio (Ca+2).

Una de las vías de señalización intracelular más generalizadas se basa en la utilización


de segundos mensajeros derivados del fosfatidil inositol 4, 5-bifosfato (PIP2), el cual
es un componente minoritario que se localiza en la cara interna de la membrana
plasmática (Cooper & Hausman, 2015). Los RAPG que activan esta vía de
señalización de fosfolípidos de inositol lo hacen principalmente a través de una
proteína G llamada Gq, que activa a la fosfolipasa C-β. La fosfolipasa, una vez
activada, corta al PIP2 para generar dos productos: inositol 1,4,5-trifosfato (IP3) y
diacilglicerol (DAG) (Alberts et al., 2015). El IP3 es una molécula hidrosoluble que, a
partir de la membrana plasmática, difunde rápidamente a través del citosol. Cuando
llega al retículo endoplásmico (RE), se une y abre canales de Ca 2+ dependientes de
IP3 (receptores IP3). La membrana del RE también contiene un segundo tipo de canal
regulado de Ca2+, llamado receptor de rianodina (denominado así porque es sensible
al alcaloide de la planta rianodina), que se abre en respuesta al aumento de los niveles
de Ca2+ y, por lo tanto, amplifica la señal de Ca2+. Con esto se libera el Ca2+
almacenado en el RE, elevando rápidamente la concentración de Ca 2+ en el citosol.
Este aumento propaga la señal influyendo en la actividad de las proteínas
intracelulares sensibles al Ca2+. Al mismo tiempo que el IP3 está actuando, el DAG,
ejerce diferentes efectos. Permanece anclado en la membrana plasmática y una de
sus principales funciones es activar una proteína cinasa llamada proteína cinasa
dependiente de Ca2+ (PKC). El aumento inicial del Ca2+ citosólico inducido por IP3
provoca que PKC se transloque del citosol a la membrana plasmática, donde es
activada con la combinación de Ca2+, DAG y fosfatidilserina (fosfolípido de la
membrana cargado negativamente). Una vez activada, PKC fosforila proteínas diana
que varían según el tipo celular (Tabla 2) (Alberts et al., 2015; Karp, 2019).

115
Órgano blanco Ligando Respuesta
Hígado Vasopresina Rompimiento del glucógeno
Páncreas Acetil colina Secreción de amilasa
Músculo liso Acetil colina Contracción muscular
Tabla 2. Procesos fisiológicos que se realizan a través de la PKC.

Receptores con actividad tirosina-cinasa (RTKs).


Los RTKs se encuentran asociados a enzimas intracelulares y fosforilan a las proteínas
sustrato en residuos de tirosina. Esta familia incluye a los receptores para la mayoría
de los factores de crecimiento, por lo que la fosforilación de las tirosinas ha sido
estudiada fundamentalmente como un mecanismo de señalización involucrado en el
control del crecimiento y de la diferenciación de las células animales. Estos receptores
comparten una estructura común; un dominio amino-terminal extracelular de unión al
ligando, una única α-hélice transmembrana y un dominio citosólico carboxi-terminal
con actividad de proteína-tirosina-cinasa. La mayoría de los RTKs están constituidos
por un único polipéptido, pero el receptor de insulina y otros receptores relacionados,
están constituidos por dos pares de cadenas polipeptídicas (Alberts et al., 2015).

El primer paso, en este proceso de señalización, es la dimerización del receptor


inducida por el ligando. Esta dimerización conduce a la autofosforilación del receptor
ya que las cadenas polipeptídicas del dímero se fosforilan, una a la otra, de manera
cruzada (Cooper & Hausman, 2015). Una vez que se activan los dominios cinasa de
un RTK, fosforilan múltiples sitios adicionales en la parte citosólica de los receptores,
generalmente en regiones fuera del dominio cinasa. Esta fosforilación crea sitios de
acoplamiento de alta afinidad para las proteínas de señalización intracelular (Alberts
et al., 2015).

Dominios SH2 y su unión a tirosinas fosforiladas.


Las proteínas de señalización intracelular que se unen a las fosfotirosinas tienen
estructuras y funciones diversas. Sin embargo, comparten dominios de unión a
fosfotirosinas altamente conservados. Estos pueden ser dominios SH2, denominados

116
así por su homología con la región 2 de Src (proteína oncogénica del virus del sarcoma
de Rous) o, menos comúnmente, dominios PTB (de unión a fosfotirosina). Al reconocer
tirosinas fosforiladas específicas, estos pequeños dominios de interacción permiten
que las proteínas que los contienen se unan a RTKs activados, así como a muchas
otras proteínas de señalización intracelular que han sido fosforiladas transitoriamente
en sus residuos tirosina. Muchas proteínas de señalización también contienen otros
dominios de interacción que les permiten interactuar específicamente con otras
proteínas como parte del proceso de señalización. Estos dominios incluyen el dominio
SH3, que se une a motivos ricos en prolina en proteínas intracelulares. Algunas
proteínas están compuestas, casi en su totalidad, de dominios SH2 y SH3, lo cual les
permite funcionar como adaptadores ya que permiten que proteínas con tirosinas
fosforiladas se acoplen con otras proteínas que no poseen dominios SH2. Así, estas
proteínas adaptadoras ayudan a acoplar RTKs activados con Ras (proteína G
monomérica) (Alberts et al., 2015).

Proteína Ras en la señalización de los RTKs.


Las proteínas Ras son proteínas tipo de una gran familia de, aproximadamente, 50
proteínas, denominadas proteínas pequeñas de unión a GTP (Proteínas G pequeñas
o Proteínas G monoméricas), ya que el tamaño de las proteínas Ras, apenas
representa la mitad de la subunidad α de las proteínas G triméricas. Mientras que la
subfamilia de proteínas Ras regulan el crecimiento y la diferenciación celular, el resto
de las subfamilias controlan otras actividades celulares. Así, la subfamilia de proteínas
Rab regulan el tráfico de vesículas, las proteínas Ran están involucradas en el
transporte de proteínas al núcleo (ambas revisadas en la unidad V. orgánulos
celulares) y la subfamilia Rho está involucrada en la organización del citoesqueleto
(revisada en la unidad III. citoesqueleto) (Cooper & Hausman, 2015; Karp, 2019).

Al igual que otras proteínas de unión a GTP, Ras funciona como un interruptor
molecular, alternando entre dos estados conformacionales distintos: activo (GTP
unido) e inactivo (GDP). Para las GTPasas monoméricas, existen dos clases de
proteínas que regulan su actividad al influir en su transición entre los estados activo e

117
inactivo. Los factores de intercambio de nucleótidos de guanina (FEG) estimulan la
disociación del GDP y su posterior intercambio por GTP, logrando así el estado activo.
Las proteínas con actividad GTPasa (GAP) median la hidrólisis del GTP unido a Ras,
consiguiendo el estado inactivo (Alberts et al., 2015; Cooper & Hausman, 2015).

Vía de las MAP-cinasas.


La vía de las MAP-cinasas se refiere a una cascada de proteína-cinasas que está
altamente conservada en la evolución y desempeña un papel central en la
transducción de señales en todas las células eucariotas, desde las levaduras hasta el
ser humano. Los elementos centrales de esta vía son una familia de proteína-
serina/treonina-cinasas denominadas MAP-cinasas (proteínas-cinasas activadas por
mitógenos) que se activan en respuesta a diversos factores de crecimiento y a otros
ligandos (Cooper & Hausman, 2015; Karp, 2019).

Las MAP-cinasas mejor caracterizadas en las células de mamíferos pertenecen a la


familia de las ERK (cinasas reguladas por señales extracelulares). La activación de
ERK tiene lugar a través de dos proteínas-cinasas asociadas a receptores de factores
de crecimiento, la proteína Ras. Al activarse esta proteína (Ras) fosforila y activa a la
proteína-serina/treonina-cinasa Raf, la cual, a su vez, fosforila y activa una segunda
proteína-cinasa denominada MEK (MAP cinasa/ERK cinasa), la cual, finalmente, va a
activar a ERK, la que fosforila a una gran diversidad de dianas, incluyendo otras
proteína-cinasas y factores de transcripción (Cooper & Hausman, 2015). Todo esto
activa la transcripción de un conjunto de genes tempranos inmediatos, llamados así
porque se activan en cuestión de minutos después de que un RTK recibe una señal
extracelular. Algunos de estos genes tempranos codifican para otros factores de
transcripción que van a activar la transcripción de otros genes, un proceso que requiere
tanto la síntesis de proteínas como tiempo. De esta manera, la vía de señalización
Ras-MAP-cinasa transmite señales desde la superficie celular hasta el núcleo y altera
el patrón de expresión génica. Entre los genes activados por esta vía se encuentran
los que estimulan la proliferación celular (Alberts et al., 2015; Karp, 2019).

118
Los módulos de señalización de la MAP cinasa operan en todas las células eucariotas.
Algunos de estos módulos utilizan una o más de las mismas cinasas y, sin embargo,
pueden activar diferentes proteínas efectoras y, por lo tanto, diferentes respuestas.
Una forma en que las células evitan el entrecruzamiento de las diferentes vías de
señalización y se aseguran de que cada respuesta sea específica, es por medio de
ciertas proteínas de anclaje que van a sostener a las proteínas participantes de cada
módulo. Esta estrategia es muy importante pues en una célula de mamífero pueden
operar, al mismo tiempo, por lo menos cinco módulos paralelos de MAP cinasas
(Alberts et al., 2015).

Ligando Receptor Respuestas


Estimulan la sobrevivencia, crecimiento o
EGF EGFr’s
diferenciación
Estimula la utilización de CHO’s y síntesis de
Insulina Insr
proteínas
NGF Trk A Crecimiento y sobrevivencia de neuronas
VEGF VEGFr’s Estimula la angiogénesis
Tabla 3. Procesos fisiológicos que se realizan a través de los RTKs.
EGF, factor de crecimiento epidermal; NGF, factor de crecimiento neuronal; VEGF,
factor de crecimiento del endotelio vascular.

Receptores acoplados a una enzima (Receptores de citocinas).


Muchos receptores, en vez de poseer la actividad tirosina-cinasa, actúan estimulando
a enzimas tirosina-cinasas a las que no están unidos covalentemente (no receptoras).
Al igual que los RTKs, están constituidos por un dominio amino-terminal extracelular,
de unión a ligando, una única α-hélice transmembrana y un dominio carboxi-terminal
citosólico. Sin embargo, el dominio citosólico de estos receptores carece de actividad
catalítica, así que actúan en asociación con tirosina-cinasas no receptoras (Cooper &
Hausman, 2015).

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El primer paso en esta vía de señalización es la dimerización del receptor inducida por
la unión del ligando y la fosforilación cruzada de las tirosina-cinasas asociadas. Una
vez fosforiladas, estas cinasas activas fosforilan al receptor, lo que proporciona sitios
de unión de tirosinas fosforiladas para las proteínas señal intracelulares con dominios
SH2. Por lo tanto, la combinación de estos receptores más las tirosina-cinasas
asociadas, funciona de la misma manera que lo hacen los receptores con actividad
tirosina-cinasa. Las cinasas asociadas con estos receptores pertenecen a la familia de
las cinasas Janus o JAK. Los miembros de la familia JAK parecen ser universalmente
necesarios para la señalización a través de receptores de citocinas (Alberts et al.,
2015; Karp, 2019).

Vía JAK/STAT.
Esta vía proporciona una conexión más rápida entre las proteínas-tirosina-cinasas y
los factores de transcripción. Los elementos clave de esta vía son las proteínas STAT
(transductores de señal y activadores de transcripción). Las proteínas STAT son una
familia de factores de transcripción que contienen dominios SH2. Son inactivos en
aquellas células que no han sido estimuladas y, entonces, se localizan en el
citoplasma. Al ser estimulado el receptor, las proteínas STAT se unen al dominio
citoplasmático de los receptores, específicamente, a las secuencias de tirosinas
fosforiladas a través de dominios SH2. Tras su unión a los receptores activados, las
proteínas STAT son fosforiladas por miembros de la familia JAK. Esta fosforilación
induce la dimerización de las proteínas STAT, las cuales se translocan al núcleo,
donde activan la transcripción de sus genes diana (Alberts et al., 2015; Karp, 2019).

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Ligando Receptor STATs Respuestas
IFN-γ JAK1 y -2 STAT 1 Activa a los macrófagos

IFN-α Tyk2 y JAK2 STAT 1 y 2 Resistencia a las infecciones virales

Prolactina JAK1 y 2 STAT 5 Producción de leche


HG JAK2 STAT 1 y 5 Estimula el crecimiento
Tabla 4. Procesos fisiológicos que se realizan a través de la vía JAK-STAT.
IFN-γ, interferón gamma; IFN-α, interferón alfa; HG, hormona del crecimiento.

Receptores acoplados a un canal iónico.


Este tipo de receptores ya fueron revisados en la unidad II. Estructura de la membrana
celular.

Señalización célula-matriz extracelular.


Las integrinas son los principales componentes responsables del anclaje de las células
a la matriz extracelular. En dos tipos de uniones célula-matriz (adhesiones focales y
hemidesmosomas), las integrinas también interactúan con componentes del
citoesqueleto, promoviendo un vínculo estable entre la matriz extracelular y las células
adheridas. Además de este papel estructural, las integrinas actúan como receptores
que activan vías de señalización intracelular, por lo que controlan la expresión génica
y otros aspectos del comportamiento celular en respuesta a la adhesión celular.

Una vía de señalización que se enciende a partir de integrinas involucra la activación


de una proteína-tirosina-cinasa denominada FAK (cinasa de adhesión focal). Como
implica su nombre, FAK se localiza en las adhesiones focales y se fosforila
rápidamente tras la unión de la integrina con componentes de la matriz extracelular,
como la fibronectina. Al igual que otras proteínas-tirosina-cinasas, la activación de FAK
implica la autofosforilación inducida por la agrupación de integrinas adheridas a la
matriz extracelular. La autofosforilación de FAK crea puntos de interacción para otras
moléculas señalizadoras con dominios SH2 que fosforilan puntos adicionales de FAK.
La estimulación de las integrinas se asocia con las mismas vías de señalización que

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regulan la expresión génica, la proliferación celular y la supervivencia de la célula, que
se activan en respuesta a los factores de crecimiento (Cooper & Hausman, 2015).

REFERENCIAS
Alberts, B., Johnson, A., Lewis, J., Morgan, D., Raff, M., Roberts, K. & Walter, P.
(2015). Molecular Biology of the Cell. Garland Science, 6th ed., New York, USA.
Alberts, B., Bray, D., Hopkin, K., Lewis, J., Johnson, A., Raff, M., Roberts, K. & Walter,
P. (2011). Introducción a la Biología Celular. Editorial Médica Panamericana, 3ª
edición, España.
Calvo, G.A. (2015). Biología Celular Biomédica. Editorial Elsevier España.
Cooper, G.M. & Hausman, R.E. (2015). La Célula. 6a edición, Marbán Libros, España.
Karp, G. (2019). Biología Celular y Molecular. McGraw-Hill Interamericana, 8ª edición,
México.

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