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Insectos: Riqueza Gastronómica Mexicana

El documento describe la importancia de los insectos en la gastronomía y dieta mexicana prehispánica y actual. Los habitantes prehispánicos consumían una gran variedad de insectos como proteína. Tras la conquista, algunos alimentos como el amaranto fueron prohibidos, alterando las dietas tradicionales. Sin embargo, muchos platillos con insectos permanecieron y se enriquecieron con nuevos ingredientes. Actualmente, los insectos son estudiados por sus propiedades nutricionales y medicinales, y son un elemento clave de la identidad
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Insectos: Riqueza Gastronómica Mexicana

El documento describe la importancia de los insectos en la gastronomía y dieta mexicana prehispánica y actual. Los habitantes prehispánicos consumían una gran variedad de insectos como proteína. Tras la conquista, algunos alimentos como el amaranto fueron prohibidos, alterando las dietas tradicionales. Sin embargo, muchos platillos con insectos permanecieron y se enriquecieron con nuevos ingredientes. Actualmente, los insectos son estudiados por sus propiedades nutricionales y medicinales, y son un elemento clave de la identidad
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Insectos, ingrediente clave de la

gastronomía mexicana
Los habitantes del México prehispánico se alimentaban con una gran
diversidad de insectos: gusanos de maguey, escamoles, chapulines,
ahuahutle, axayacatl y jumiles que provenían tanto del medio terrestre
como del acuático, asegura José Manuel Pino Moreno, entomólogo del
Instituto de Biología de la UNAM.
Rafael López Abr 7, 2020
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E n las Cartas de relación y en la Historia verdadera de la conquista de la nueva España,

Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo relatan que durante la comida hasta 25 guisos en
pequeñas porciones le eran servidas a Moctezuma II, el gran Tlahtoani mexica. Los platillos se
preparaban con diversos ingredientes; por ejemplo, pato, guajolote, legumbres, maíz tostado,
frijoles, frutas, pan de la tierra (como llamaron a la tortilla y al tamal), quelites, capulines,
algas, tunas, cacao, chiles secos, vainilla, calabaza, maguey y flores.
De acuerdo con José Manuel Pino Moreno, entomólogo del Instituto de Biología de la UNAM,
la dieta de los habitantes del México prehispánico era variada; aprovechaban todos los recursos
vegetales y animales de su entorno mediante la caza y la recolección. También se alimentaban
con una gran diversidad de insectos: gusanos de maguey, escamoles, chapulines, ahuahutle,
axayacatl y jumiles que provenían tanto del medio terrestre como del acuático.

En relación con el impacto que tuvo la Conquista en la dieta de los antiguos mexicanos el
investigador universitario aseguró que algunos alimentos fueron calificados de manera
negativa, “y, por tanto, olvidados y con frecuencia despreciados. Ciertos alimentos, como el
amaranto, se proscribieron o limitaron su cultivo y consumo, y de ese modo se alteraron los
hábitos alimentarios tradicionales. Al mismo tiempo que arrasaban con la religión y la lengua
de los pueblos también lo hicieron con parte de sus costumbres culinarias”.

Fue un encontronazo, incluso los frailes evangelizadores trataron de impedir que las personas
comieran tortilla, chile y a veces frijol y calabaza consideró el entomólogo, “pero la cocina
mesoamericana sobrevivió en las comunidades o grupos étnicos.

Otras opiniones sobre los efectos de la Conquista en la alimentación mesoamericana, como la


del historiador y chef Rodrigo Llanes, consideran que el fenómeno fue un intercambio cultural
y culinario en el que ambos pueblos se beneficiaron con la mezcla de ambas dietas. De ese
modo surgieron nuevas texturas y sabores, principalmente un conjunto de cambios dietéticos lo
que condujo a modificar la calidad de vida, así como a una aculturación. “Los platillos típicos
también son muestra del mestizaje de México”, añadió el investigador.

De ese modo, variados platillos preparados con diversos tipos de insectos terrestres y acuáticos
han permanecido a lo largo del tiempo y constituyen un elemento de identidad y riqueza
gastronómica mexicana que se enriqueció después de la Independencia, con otros ingredientes
introducidos por los españoles.

Desde hace varias décadas la antropoentomofagia, como se conoce esta forma alimentaria, ha
despertado la atención de especialistas de diversas disciplinas. Algunos de los insectos
comestibles que más se han investigado exhaustivamente, son los chapulines, indicó Pino
Moreno, un conjunto de especies pertenecientes a diversos géneros (Orphula, Schistocerca,
Boopedon) por citar sólo tres. Escamoles (Liometopum apiculatum, y Liometopum
occidentale var. luctuosum), gusanos de maguey blanco (Aegiale hesperiaris) y rojo
(Comadia redtembacheri), hormigas chicatanas, (Atta mexicana y A.cephalotes), jumiles
(Edessa spp. Euschistus spp., Ahuahautle y Axayacatl), huevecillos y adultos de hemípteros
acuáticos de los géneros Corisella spp., Notonecta spp., Krizousacorixa spp.,
y Graptocorixa spp.

Respecto de la calidad de los insectos como fuente de proteína, el entomólogo explicó que “los
chapulines en 100 g de base seca, poseen las siguientes cantidades: Sphenarium histrio 77.13,
S. purpurascens 56.19, S magnum 56.55, Boopedon flaviventris 71.35 y los grillos Achetta
domestica 63.20.

En comparación el pollo contiene 43.34, el huevo 46.0, la carne de res 54.0, el frijol 23.54, las
lentejas 26.74 y la soya 41.11, es decir, los chapulines y los grillos son más ricos en proteínas
que los alimentos señalados. Este aspecto de los insectos comestibles de Guerrero, Hidalgo,
Oaxaca, Puebla, Estado de México e incluso en la alcaldía Milpa Alta de la Ciudad de México
ha sido ampliamente documentado en diversas publicaciones.

En el Instituto de Biología de la UNAM se realiza desde hace décadas una labor taxonómica de
las especies de insectos comestibles. Los especialistas han elaborado una minuciosa base de
datos para cada especie que contiene código de colección, reino, Phylum, clase, orden, familia,
género, especie, subespecie, año de identificación, fecha de colecta, localidad, latitud y altitud,
entre otros datos igual de importantes. “De manera que podemos señalar con toda precisión
donde se han colectado los insectos. Hoy en día se han catalogado 549 especies, entre las que
sobresalen chapulines y jumiles de Morelos, escarabajos y chapulines de Hidalgo, cóccidos
(pulgones, cochinillas) en Chihuahua, psocópteros (piojos) en Puebla y otros más”, informó
Pino Moreno.

Actualmente, en diversos países y en México los insectos forman parte de la gastronomía y se


han convertido en platillos gourmet, incluso muchos chefs han elaborado recetas como el
ingrediente principal. Se preparan de distinta manera y puede decirse que tienen su sabor
culinario por cada región. Son célebres el revoltijo, tamales, tlayudas, tortitas, tostadas y un
largo etcétera.

Respecto de la situación actual de las especies comestibles, el investigador expuso que la


recolección no planificada afecta de manera negativa la dinámica de sus poblaciones, lo cual
conduce a la escasez y en casos extremos a la extinción.

Estudios de campo en el municipio San Francisco I. Madero, en Hidalgo, han comprobado la


disminución de poblaciones. Cabría apuntar que también influyen otros factores: el mal
manejo, la inadecuada extracción, la depredación natural, la introducción de la ganadería, la
destrucción del hábitat, la ausencia de hospederos como el maguey, el uso de plaguicidas, el
crecimiento urbano, el cambio climático, entre otros factores.

Por otra parte, aunada a la catalogación de especies de insectos comestibles, el Instituto de


Biología ha propiciado el descubrimiento de otras nuevas. Es el caso de cinco nuevas especies
de chapulines del género Sphenarium y un nuevo género y especie de cóccido que corresponde
a Takardiella fulgens (Familia: Kerridae) recolectadas en Chihuahua por Alejandro Zaldívar
Riverón, Carlos Pedraza Lara, Ludivina Barrientos Lozano y Aurora Rocha Sánchez.

La experiencia de comercializar productos preparados a base de insectos comestibles ha


detonado en países asiáticos y europeos, regiones donde se han contabilizado más de 250
empresas insectiles emergentes. México no podría ser ajeno al boom comercial debido a su
biodiversidad y tradición culinaria.
En Oaxaca se hacen salsas con saltamontes, gusanos rojos de maguey y hormigas chicatanas, lo
mismo chapulines sazonados, horneados y despatados en sabores. Se elaboran sales como las
de gusano o “chinicuil” que mezclados con sal común y chile, se emplea para degustar el
mezcal.

La lista es extensa: en Hidalgo se elaboran salsas y aderezos de chinicuiles, chicharras,


chapulines, xamues y escamoles. En el Estado de México: Apricot se ofrece la más alta calidad
gourmet de escamoles, gusano blanco y rojo de maguey y chapulines. El comercio de
Querétaro ofrece botanas de chapulín y maíz horneados, condimentados con chile y especias.

Las investigaciones sobre insectos comestibles del Instituto de Biología también reportan
aquellos con propiedades medicinales y farmacéuticas. Al respecto, el mismo Pino Moreno y
Enia Camarillo Cienfuegos editaron el libro Usos tradicionales y aplicaciones actuales de
algunos insectos y otros artrópodos con fines medicinales en México, recientemente publicado
por la Sociedad Brasileña de Etnobiología y Etnoecología.

Al respecto, Pino Moreno destacó el conocimiento de grupos culturales que aún preservan un
conjunto de experiencias útiles sobre los insectos por ser parte de su dieta alimentaria y la base
de distintas prácticas terapéuticas.
“Han desarrollado complejos sistemas médicos para el tratamiento de diferentes enfermedades,
mediante la utilización de insectos y productos extraídos de ellos usados como recursos
terapéuticos en México y en otros países como Brasil y China”.

El libro citado presenta un análisis taxonómico de 102 especies de este tipo como Anax sp.,
(padrecito de agua), Taeniopoda auricornis (Chapulines), Schistocerca americana (langostas),
Acheta domesticus (grillos), Periplaneta australasiae (cucarachas), Forficula auricularia
(tijerilla), Quesada gigas (cigarra), Acantocephala luctuosa (chinche), Thasus gigas (xamues),
Dactylopius coccus (grana cochinilla), Hoplophorion monograma (periquito del aguacate),
Brachygastra azteca, (avispas) entre otras decenas más.

Para cada una de ellas, informó el investigador, se reportan antecedentes, padecimientos o


enfermedades tratadas, igualmente las localidades donde se elaboró el registro, forma de
preparación y uso, así como sus aplicaciones actuales como nutracéuticos o en la preparación
de medicamentos homeopáticos y alopáticos.

De igual manera, añadió, productos derivados de ellos y los principios activos que poseen, se
señalan las enfermedades en las cuales se usan, relativas a los aparatos: circulatorio, digestivo,
reproductor y respiratorio, a los sistemas: inmunológico, linfático y nervioso, neuromuscular,
óseo y renal, o relativas a los órganos de los sentidos oídos y ojos y a enfermedades
dermatológicas.

Al lado de las propiedades medicinales de los insectos, se agrega su potencial en productos


homeopáticos experimentada por firmas europeas.

Igualmente, en el libro citado se apunta la “necesidad de aplicar sus propiedades y activos en


programas médicos con la intención de hacer conciencia en la sociedad de su valor y adecuado
manejo; además, para rescatar y valorar este conocimiento tradicional, ya que la
comercialización de algunas especies implica un manejo racional”.

Recientemente, se ha ponderado la importancia de los insectos como polinizadores, al grado de


que hay una alerta mundial sobre el cuidado de las abejas. Al respecto, Pino Moreno recordó
que los insectos son los principales polinizadores de los ecosistemas.

Las abejas polinizan más de 170 mil especies de plantas; además, de esta actividad dependen
casi tres cuartos de los campos de cultivo, (en promedio son 71 de 100 especies cultivadas en el
mundo) y se ha advertido que perder abejas originaria una crisis ecológica aún no
dimensionada del todo.

Son diversos los factores que han hecho disminuir a las poblaciones de insectos: ambientales:
monocultivos industriales, uso de agroquímicos tóxicos; patológicos: enfermedades y contagio
de parásitos; cambio climático, reducción de tierras rurales para fines comerciales, destrucción
de su hábitat y el desconocimiento de la importancia de las abejas en la naturaleza.

Ante este escenario, advirtió el investigador, es vital generar programas para proteger a la
diversidad insectil y prohibir estrictamente el uso de plaguicidas tóxicos. Asimismo, financiar
proyectos para incrementar sus poblaciones y conocer la importancia y funciones que
desempeñan los insectos en la naturaleza.

Insectos, ingrediente clave de la


gastronomía mexicana
Los habitantes del México prehispánico se alimentaban con una gran
diversidad de insectos: gusanos de maguey, escamoles, chapulines,
ahuahutle, axayacatl y jumiles que provenían tanto del medio terrestre
como del acuático, asegura José Manuel Pino Moreno, entomólogo del
Instituto de Biología de la UNAM.
Rafael López Abr 7, 2020
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E n las Cartas de relación y en la Historia verdadera de la conquista de la nueva España,

Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo relatan que durante la comida hasta 25 guisos en
pequeñas porciones le eran servidas a Moctezuma II, el gran Tlahtoani mexica. Los platillos se
preparaban con diversos ingredientes; por ejemplo, pato, guajolote, legumbres, maíz tostado,
frijoles, frutas, pan de la tierra (como llamaron a la tortilla y al tamal), quelites, capulines,
algas, tunas, cacao, chiles secos, vainilla, calabaza, maguey y flores.
De acuerdo con José Manuel Pino Moreno, entomólogo del Instituto de Biología de la UNAM,
la dieta de los habitantes del México prehispánico era variada; aprovechaban todos los recursos
vegetales y animales de su entorno mediante la caza y la recolección. También se alimentaban
con una gran diversidad de insectos: gusanos de maguey, escamoles, chapulines, ahuahutle,
axayacatl y jumiles que provenían tanto del medio terrestre como del acuático.
En relación con el impacto que tuvo la Conquista en la dieta de los antiguos mexicanos el
investigador universitario aseguró que algunos alimentos fueron calificados de manera
negativa, “y, por tanto, olvidados y con frecuencia despreciados. Ciertos alimentos, como el
amaranto, se proscribieron o limitaron su cultivo y consumo, y de ese modo se alteraron los
hábitos alimentarios tradicionales. Al mismo tiempo que arrasaban con la religión y la lengua
de los pueblos también lo hicieron con parte de sus costumbres culinarias”.

Fue un encontronazo, incluso los frailes evangelizadores trataron de impedir que las personas
comieran tortilla, chile y a veces frijol y calabaza consideró el entomólogo, “pero la cocina
mesoamericana sobrevivió en las comunidades o grupos étnicos.

Otras opiniones sobre los efectos de la Conquista en la alimentación mesoamericana, como la


del historiador y chef Rodrigo Llanes, consideran que el fenómeno fue un intercambio cultural
y culinario en el que ambos pueblos se beneficiaron con la mezcla de ambas dietas. De ese
modo surgieron nuevas texturas y sabores, principalmente un conjunto de cambios dietéticos lo
que condujo a modificar la calidad de vida, así como a una aculturación. “Los platillos típicos
también son muestra del mestizaje de México”, añadió el investigador.

De ese modo, variados platillos preparados con diversos tipos de insectos terrestres y acuáticos
han permanecido a lo largo del tiempo y constituyen un elemento de identidad y riqueza
gastronómica mexicana que se enriqueció después de la Independencia, con otros ingredientes
introducidos por los españoles.

Desde hace varias décadas la antropoentomofagia, como se conoce esta forma alimentaria, ha
despertado la atención de especialistas de diversas disciplinas. Algunos de los insectos
comestibles que más se han investigado exhaustivamente, son los chapulines, indicó Pino
Moreno, un conjunto de especies pertenecientes a diversos géneros (Orphula, Schistocerca,
Boopedon) por citar sólo tres. Escamoles (Liometopum apiculatum, y Liometopum
occidentale var. luctuosum), gusanos de maguey blanco (Aegiale hesperiaris) y rojo
(Comadia redtembacheri), hormigas chicatanas, (Atta mexicana y A.cephalotes), jumiles
(Edessa spp. Euschistus spp., Ahuahautle y Axayacatl), huevecillos y adultos de hemípteros
acuáticos de los géneros Corisella spp., Notonecta spp., Krizousacorixa spp.,
y Graptocorixa spp.

Respecto de la calidad de los insectos como fuente de proteína, el entomólogo explicó que “los
chapulines en 100 g de base seca, poseen las siguientes cantidades: Sphenarium histrio 77.13,
S. purpurascens 56.19, S magnum 56.55, Boopedon flaviventris 71.35 y los grillos Achetta
domestica 63.20.

En comparación el pollo contiene 43.34, el huevo 46.0, la carne de res 54.0, el frijol 23.54, las
lentejas 26.74 y la soya 41.11, es decir, los chapulines y los grillos son más ricos en proteínas
que los alimentos señalados. Este aspecto de los insectos comestibles de Guerrero, Hidalgo,
Oaxaca, Puebla, Estado de México e incluso en la alcaldía Milpa Alta de la Ciudad de México
ha sido ampliamente documentado en diversas publicaciones.

En el Instituto de Biología de la UNAM se realiza desde hace décadas una labor taxonómica de
las especies de insectos comestibles. Los especialistas han elaborado una minuciosa base de
datos para cada especie que contiene código de colección, reino, Phylum, clase, orden, familia,
género, especie, subespecie, año de identificación, fecha de colecta, localidad, latitud y altitud,
entre otros datos igual de importantes. “De manera que podemos señalar con toda precisión
donde se han colectado los insectos. Hoy en día se han catalogado 549 especies, entre las que
sobresalen chapulines y jumiles de Morelos, escarabajos y chapulines de Hidalgo, cóccidos
(pulgones, cochinillas) en Chihuahua, psocópteros (piojos) en Puebla y otros más”, informó
Pino Moreno.
Actualmente, en diversos países y en México los insectos forman parte de la gastronomía y se
han convertido en platillos gourmet, incluso muchos chefs han elaborado recetas como el
ingrediente principal. Se preparan de distinta manera y puede decirse que tienen su sabor
culinario por cada región. Son célebres el revoltijo, tamales, tlayudas, tortitas, tostadas y un
largo etcétera.

Respecto de la situación actual de las especies comestibles, el investigador expuso que la


recolección no planificada afecta de manera negativa la dinámica de sus poblaciones, lo cual
conduce a la escasez y en casos extremos a la extinción.

Estudios de campo en el municipio San Francisco I. Madero, en Hidalgo, han comprobado la


disminución de poblaciones. Cabría apuntar que también influyen otros factores: el mal
manejo, la inadecuada extracción, la depredación natural, la introducción de la ganadería, la
destrucción del hábitat, la ausencia de hospederos como el maguey, el uso de plaguicidas, el
crecimiento urbano, el cambio climático, entre otros factores.

Por otra parte, aunada a la catalogación de especies de insectos comestibles, el Instituto de


Biología ha propiciado el descubrimiento de otras nuevas. Es el caso de cinco nuevas especies
de chapulines del género Sphenarium y un nuevo género y especie de cóccido que corresponde
a Takardiella fulgens (Familia: Kerridae) recolectadas en Chihuahua por Alejandro Zaldívar
Riverón, Carlos Pedraza Lara, Ludivina Barrientos Lozano y Aurora Rocha Sánchez.

La experiencia de comercializar productos preparados a base de insectos comestibles ha


detonado en países asiáticos y europeos, regiones donde se han contabilizado más de 250
empresas insectiles emergentes. México no podría ser ajeno al boom comercial debido a su
biodiversidad y tradición culinaria.

En Oaxaca se hacen salsas con saltamontes, gusanos rojos de maguey y hormigas chicatanas, lo
mismo chapulines sazonados, horneados y despatados en sabores. Se elaboran sales como las
de gusano o “chinicuil” que mezclados con sal común y chile, se emplea para degustar el
mezcal.

La lista es extensa: en Hidalgo se elaboran salsas y aderezos de chinicuiles, chicharras,


chapulines, xamues y escamoles. En el Estado de México: Apricot se ofrece la más alta calidad
gourmet de escamoles, gusano blanco y rojo de maguey y chapulines. El comercio de
Querétaro ofrece botanas de chapulín y maíz horneados, condimentados con chile y especias.
Las investigaciones sobre insectos comestibles del Instituto de Biología también reportan
aquellos con propiedades medicinales y farmacéuticas. Al respecto, el mismo Pino Moreno y
Enia Camarillo Cienfuegos editaron el libro Usos tradicionales y aplicaciones actuales de
algunos insectos y otros artrópodos con fines medicinales en México, recientemente publicado
por la Sociedad Brasileña de Etnobiología y Etnoecología.

Al respecto, Pino Moreno destacó el conocimiento de grupos culturales que aún preservan un
conjunto de experiencias útiles sobre los insectos por ser parte de su dieta alimentaria y la base
de distintas prácticas terapéuticas.

“Han desarrollado complejos sistemas médicos para el tratamiento de diferentes enfermedades,


mediante la utilización de insectos y productos extraídos de ellos usados como recursos
terapéuticos en México y en otros países como Brasil y China”.

El libro citado presenta un análisis taxonómico de 102 especies de este tipo como Anax sp.,
(padrecito de agua), Taeniopoda auricornis (Chapulines), Schistocerca americana (langostas),
Acheta domesticus (grillos), Periplaneta australasiae (cucarachas), Forficula auricularia
(tijerilla), Quesada gigas (cigarra), Acantocephala luctuosa (chinche), Thasus gigas (xamues),
Dactylopius coccus (grana cochinilla), Hoplophorion monograma (periquito del aguacate),
Brachygastra azteca, (avispas) entre otras decenas más.

Para cada una de ellas, informó el investigador, se reportan antecedentes, padecimientos o


enfermedades tratadas, igualmente las localidades donde se elaboró el registro, forma de
preparación y uso, así como sus aplicaciones actuales como nutracéuticos o en la preparación
de medicamentos homeopáticos y alopáticos.

De igual manera, añadió, productos derivados de ellos y los principios activos que poseen, se
señalan las enfermedades en las cuales se usan, relativas a los aparatos: circulatorio, digestivo,
reproductor y respiratorio, a los sistemas: inmunológico, linfático y nervioso, neuromuscular,
óseo y renal, o relativas a los órganos de los sentidos oídos y ojos y a enfermedades
dermatológicas.

Al lado de las propiedades medicinales de los insectos, se agrega su potencial en productos


homeopáticos experimentada por firmas europeas.

Igualmente, en el libro citado se apunta la “necesidad de aplicar sus propiedades y activos en


programas médicos con la intención de hacer conciencia en la sociedad de su valor y adecuado
manejo; además, para rescatar y valorar este conocimiento tradicional, ya que la
comercialización de algunas especies implica un manejo racional”.

Recientemente, se ha ponderado la importancia de los insectos como polinizadores, al grado de


que hay una alerta mundial sobre el cuidado de las abejas. Al respecto, Pino Moreno recordó
que los insectos son los principales polinizadores de los ecosistemas.

Las abejas polinizan más de 170 mil especies de plantas; además, de esta actividad dependen
casi tres cuartos de los campos de cultivo, (en promedio son 71 de 100 especies cultivadas en el
mundo) y se ha advertido que perder abejas originaria una crisis ecológica aún no
dimensionada del todo.
Son diversos los factores que han hecho disminuir a las poblaciones de insectos: ambientales:
monocultivos industriales, uso de agroquímicos tóxicos; patológicos: enfermedades y contagio
de parásitos; cambio climático, reducción de tierras rurales para fines comerciales, destrucción
de su hábitat y el desconocimiento de la importancia de las abejas en la naturaleza.

Ante este escenario, advirtió el investigador, es vital generar programas para proteger a la
diversidad insectil y prohibir estrictamente el uso de plaguicidas tóxicos. Asimismo, financiar
proyectos para incrementar sus poblaciones y conocer la importancia y funciones que
desempeñan los insectos en la naturaleza.

ANIMALES EN LA DIETA
PREHISPÁNICA
GUILHEM OLIVIER
Los animales en el mundo prehispánico
Son contundentes los datos históricos y etnográficos que evidencian el
profundo conocimiento que los mesoamericanos tuvieron de la fauna.
Por ejemplo, el vocabulario náhuatl dedicado a los animales y a sus
partes constitutivas que recopiló fray Bernardino de Sahagún, revela
una terminología a la vez abundante y precisa. Hoy en día, se han
estudiado el vocabulario y la taxonomía indígenas aplicados a la fauna,
particularmente entre mayas tzotziles, mayas tzeltales, mixtecos y
nahuas.

El uso de los animales en la dieta, si bien ha variado según las zonas y las
épocas, siempre ha sido importante. Los restos arqueológicos dan
testimonio de la variedad de las especies consumidas, y permiten fechar
la domesticación de animales como el perro o el guajolote.

Para el periodo Posclásico, la documentación relativa a las costumbres


alimentarias de los mesoamericanos es abundante. Las descripciones de
la mesa de Motecuhzoma Xocoyotzin representan un caso extremo pero
significativo de la variedad de animales consumidos: asombrado, el
conquistador Bernal Díaz del Castillo declara que:

…guisaban más de trescientos platos […], cotidianamente le


guisaban gallinas, gallos de papada, faisanes, perdices de la tierra,
codornices, patos mansos y bravos, venado, puerco de la tierra,
pajaritos de caña y palomas y liebres y conejos, y muchas maneras
de aves e cosas de las que se crían en estas tierras, que son tantas,
que no las acabaré de nombrar…

Por su parte, los informantes de Sahagún hacen una enumeración de


multitud de manjares y proporcionan un amplio vocabulario náhuatl al
respecto.
Ya sea utilizando flechas, propulsores, cerbatanas, hondas o diversos
tipos de trampas, la caza tuvo siempre un papel significativo en las
actividades de los pueblos mesoamericanos. Vemos escenas de cacería
en manuscritos pictográficos o en objetos de cerámica, y las vemos
representadas en mitos con dioses o héroes que cazan. Los gemelos del
Popol Vuh solían cazar pájaros con sus cerbatanas, y capturaban con
trampas a los venados.

En cuanto a Mixcóatl, se enfrentó a la diosa Chimalma, flechándola


como si fuera un jaguar. Este mito se reactualizaba durante la veintena
de quecholli. Los mexicas realizaban una cacería ritual en el Zacatépetl
(al sur de Tenochtitlan), en la que el mismo rey, ataviado como Mixcóatl,
el dios de la caza, participaba. Para el buen éxito de sus expediciones, los
cazadores debían ayunar, guardar abstinencia sexual y realizar
ofrendas.

Los relatos indígenas actuales narran con frecuencia las desventuras de


cazadores negligentes, adúlteros, engañados por sus esposas, o que se
extralimitaron en el número de sus presas. El dueño del monte y de los
animales castiga a los que infringen la ley: los condena a cuidar de sus
animales o, en el peor de los casos, los transforma en presas para otros
cazadores.

Guilhem Olivier. Doctor en historia por la Universidad de Toulouse,


Francia. Investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la
UNAM. Lleva a cabo investigaciones sobre Mixcóatl y sobre el papel de
los animales en la cosmovisión mesoamericana.

Guilhem Olivier, “Los animales en el mundo prehispánico”, Arqueología


Mexicana, núm. 35, pp. 4-14.

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