UN NOVIO PELIGROSO
Sexo, Romance y Pasión con el Militar de Acción
Por Blanca Moral
© Blanca Moral 2018.
Todos los derechos reservados.
Publicado en España por Blanca Moral.
Primera Edición.
Dedicado a Noelia,
por ser siempre mi fuente de inspiración.
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ACTO 1
Fuertes detonaciones se escuchan alrededor, mientras las explosiones de
múltiples granadas que parecen caer como granizo a solo unos pocos metros de
Aiden Luna lo ensordecen totalmente.
Se ha levantado una nube de polvo en el ambiente, que escasamente permite
visualizar lo que hay más allá de unos 4 m de distancia. En sus manos, lleva un
arma automática que es lo único que lo mantiene con vida.
Las balas llegan desde todas las direcciones y Aiden puede escuchar el zumbido
de las mismas cuando rozan sus oídos. Un equipo completo de operaciones ha
llegado con él al lugar, pero han comenzado a caer uno a uno ante el número
desconocido de atacantes que han emboscado su convoy.
La responsabilidad de la operación reposaba sobre los hombros de Walter
Graham, quien no ha corrido la misma suerte que Aiden Luna y yace sin vida en
el terreno.
El sol se encuentra inclemente sobre ellos, prácticamente calcinando sus pieles
protegidas por los uniformes y cascos militares con tonalidades crema y marrón,
para crear un camuflaje perfecto en la zona árida.
Su arribo al lugar ha sido un completo desastre, dejando a Aiden Luna sin
demasiadas esperanzas de salir vivo de aquel lugar. En su mente, lo único que
puede repasar una y otra vez es el rostro de la mujer de su vida, Zoe Blanco.
Esta sería la misma mujer que le imploraría una y otra vez que no asistiera al
llamado de su país para combatir en una guerra inútil, y parecía haber tenido
razón. Aiden se arrepiente una y otra vez mientras se encuentra oculto detrás de
unas rocas que son su único escudo entre las explosiones continuas y su cuerpo.
Las fuertes explosiones se combinan fácilmente con los gritos desesperados de
sus compañeros, quienes giran órdenes unos a otros mientras intentan sobrevivir
desesperadamente.
La imagen de Carlos Lamas, el mejor amigo de Aiden Luna jamás se borraría de
su mente al recibir un impacto de bala que traspasó su casco militar, destruyendo
completamente su cráneo y matándolo instantáneamente.
Los llamados de Aiden hacia su compañero lo habían alertado acerca de un
grupo de sujetos que parecían dirigirse hacia su posición muy pronto. El intento
de sobrevivir, había dejado completamente vulnerable a Carlos, quien moriría
irremediablemente aquel día con la mirada directamente hacia los ojos de Aiden
Este, al ver esto, no tuvo otra acción más que descargar su arma automática
sobre los atacantes. Había asesinado a quienes le habían arrebatado la vida a su
mejor amigo, pero esto no le daría la oportunidad de recuperarlo.
Cargando el cuerpo sin vida de Carlos Lamas, Aiden Luna tuvo que caminar
algunos kilómetros para poder llegar al siguiente punto de control, sobreviviendo
a un ataque inminente que no olvidaría jamás.
En medio de la noche, Aiden Luna despertaba una vez más empapado de sudor.
Por su frente destilaba una gran cantidad de fluido, mientras la almohada parecía
haber recibido una descarga de agua directamente de una tormenta.
Sentado en medio de la oscuridad y con el pulso a 1000, el hombre intenta
recuperar la tranquilidad, mientras lucha por respirar normalmente. No se
encuentra solo, a su lado se encuentra Zoe Blanco, quien ha sido su compañera
durante los últimos dos años.
Apenas Aiden había regresado a los Estados Unidos, la chica había recuperado
su vida una vez más, ya que había entrado un estado depresivo muy fuerte desde
el momento en que Aiden había subido a aquel avión con la intención de
proporcionarle un estilo de vida mucho más seguro a su país y a los familiares
que vivían en él.
Todo había sido una completa pérdida de tiempo, ya que los ataques extremistas
por parte de terroristas desalmados no habían cesado después de que volviera de
la guerra.
Su país lo había olvidado, simplemente lo había utilizado como carne de cañón
para poder darle un duro golpe a un país que se oponía a sus propias políticas. El
único beneficio que había recibido Aiden era el hecho de poder ser protegido por
el gobierno, quienes lo habían reubicado en el condado de Minnesota en un
pueblo fronterizo llamado Pinecreek.
Después de sentir una vez más como Aiden se despertaba repentinamente en la
madrugada, Zoe acaricia la espalda de su compañero mientras este hiperventila
notablemente.
Estos episodios solían repetirse con mucha frecuencia, ya que los nervios de
Aiden no habían vuelto a ser los mismos tras su retorno.
— ¿De nuevo las pesadillas? — Preguntó la preocupada joven de 25 años que
acompaña al ex militar.
— Sí, esas malditas pesadillas me van a volver loco. — Comentó Aiden.
— ¿Esta vez de qué se trataron? — Preguntó la chica intentando mantener una
conversación para calmar a su compañero y esposo.
— La muerte de Carlos. Es una imagen que me cuesta mucho eliminar de mi
mente. Pude haberlo salvado, y no lo hice. — Comentó el caballero que estaba a
punto de llorar.
Habían sido múltiples episodios similares desde la llegada de Aiden. Zoe había
tenido mucha paciencia y comprensión para apoyar a su esposo, quien cada día
parecía deteriorarse mucho más en función a los terribles recuerdos que
conservaba de aquel infernal lugar.
Habían conversado durante un par de horas durante las diferentes variantes de
las pesadillas de Aiden, pero Zoe debía volver a dormir, ya que tenía que trabajar
al día siguiente.
En aquel pequeño pueblo, las oportunidades de empleo eran muy limitadas, por
lo que, mantener una economía en aquel lugar era bastante complicado. Zoe
había conseguido un empleo en una pastelería, ya que tenía un talento
excepcional para realizar unos postres que podrían hacerle agua la boca a
cualquiera. Explotando uno de los tantos talentos que tenía la joven rubia, era
una manera de aportar dinero a un hogar que amenazaba con irse a pique muy
pronto.
Los constantes traumas y episodios por los que atravesaba Aiden, no le habían
dejado enfocarse completamente en su labor como pilar familiar. Zoe había
planeado y múltiples veces la idea de tener un hijo, pero el estado mental y
emocional en el que se encontraba Aiden no le permitía realizar planes a corto
plazo.
Había sugerido la ayuda profesional, pero Aiden, completamente orgulloso no
había permitido que un sujeto se internara en su mente para intentar modificar
algunos patrones con los cuales se sentía cómodo.
Sentía que era una total pérdida de dinero pagarle a un sujeto por escuchar sus
problemas para luego ir a compartirlos con otros colegas mientras tomaban
algunas cervezas. Aiden tenía un método muy poco efectivo para lidiar con sus
problemas, la violencia.
Había tenido graves problemas desde su regreso, ya que no podía canalizar la
frustración y siempre terminaba yéndose a los puños con algún desafortunado
que se atravesaba en su camino.
Era un excelente peleador, y podría dejar inconsciente hasta el sujeto más fuerte
con un solo golpe. Su constante entrenamiento previo a la guerra, había formado
un cuerpo bastante definido y voluminoso.
Esta era una de las características que más llama a la atención de Zoe, quien
estaba profundamente enamorada de los pectorales y abdominales de revista de
Aiden. Era prácticamente imposible para la chica poder negarse ante los
diferentes antojos y requerimientos de su esposo, quien era un hombre
sexualmente activo e impredecible.
Al comienzo de la relación, solía tener arrebatos en cualquier lugar y Zoe debía
complacerlos inmediatamente. No importaba si se encontraban en el
estacionamiento de un motel, visitando a su familia en la casa de sus padres o en
el matrimonio de la mejor amiga de Zoe, siempre había tiempo para el buen
sexo.
La intención inicial de Zoe después de terminar la conversación con Aiden, era
continuar durmiendo, comenzar en un trabajo nuevo después de una noche de
mal dormir, no daría muy buenos resultados.
Para el caballero, poco importa la responsabilidad en el trabajo, ya que no ha
logrado conectar con ninguno de los que ha logrado conseguir desde su llegada.
Es mucho más importante para Aiden poder tener algo de acción junto a Zoe,
quien inicialmente parecía tener claras intenciones de tener sexo antes de irse a
dormir.
Había seleccionado el babydoll favorito de Aiden, quien había entrado a la cama
sin ni siquiera notarlo. Mientras conversaban, después del episodio nocturno de
las pesadillas, este había identificado la prenda de ropa diminuta que llevaba
Zoe.
El encaje negro parecía generar un efecto muy particular en Aiden, quien
comenzó a observar a la chica como un depravado sexual. El escote y la leve
muestra de los pezones de la chica, lo habían transformado completamente.
Si había una cura para todos los males de Aiden, era el cuerpo de Zoe. El
hombre podía enloquecer completamente si se le privaba de este privilegio. Era
una chica con un cuerpo sencillo y sin demasiado volumen, pero con cada cosa
en su lugar.
Sus senos no eran demasiado grandes, pero eran del tamaño justo para su esposo.
No buscaba una mujer exuberante y provocativa, quería feminidad y clase, algo
que irradiaba Zoe fácilmente.
Sus piernas eran anchas, muslos carnosos que invitaban a ser devorados mientras
caminaba por la casa llevando una minifalda de mezclilla y descalza. Cualquier
oportunidad era ideal para que Aiden tomara a su chica en sus brazos y le hiciera
el amor, arrebatándole su panty sin que preguntar.
Zoe se había habituado a ese estilo de vida, así era que conocía su sexualidad,
pero esto había mermado un poco luego de la vuelta de la guerra de Aiden. Las
explosiones sexuales del caballero, era muy esporádicas, y para desgracia de
Zoe, aquella noche había decidido darle inicio a una de esas sesiones de sexo
desenfrenado que terminaban un par de horas después de iniciarse.
Las intenciones de Zoe al principio de la noche eran claras, pero, aunque en ese
momento solo tenía unas ganas increíbles de continuar durmiendo, no tenía
voluntad para negarse ante su esposo, quien se ha mostrado hambriento de su
cuerpo.
— Llevas el baby doll que me encanta... — Comenta Aiden mientras comienza
acariciar los muslos de la chica.
— No lo notaste más temprano. Realmente necesito descansar, mañana debo
trabajar temprano. — Comentó Zoe.
Las palabras de la mujer parecían haber sido absorbidas por un hoyo negro, ya
que Aiden ignora completamente la importancia de las mismas. Sus manos
continúan jugando sobre la piel de Zoe, quien se estremece al sentir los dedos
del caballero acercándose a su zona genital. Rápidamente sus dedos se posan
sobre la zona vaginal de la chica y comienza a frotarla.
— Te he dicho que necesito descansar. Por favor, déjame dormir. — Dice Zoe
mientras coloca su mano sobre la de Aiden.
Este movimiento, tratando de impedir lo que nunca se le había negado, parece
despertar en el caballero al animal dormido, el cual desconoce el significado de
las negativas en ese contexto.
— Eres mía y tendré lo que deseo. — Dijo Aiden mientras arrancaba la prenda
de ropa del cuerpo de Zoe.
Cualquier otra mujer podría haberse molestado, inclusive sentir miedo ante la
actitud de Aiden, pero Zoe parecía disfrutar este tipo de actitudes que
despertaban en Aiden esporádicamente. Al tener la vagina desnuda de su esposa
a su disposición, Aiden ya se encontraba erecto para comenzar a penetrarla.
La forma de hacer el amor de este sujeto era abrupta y descontrolada desde hacía
ya un tiempo. Ya no había juego previo, no había tacto, no había conversaciones
delicadas y atrevidas mientras mantenían las relaciones sexuales.
Aiden se había convertido en un hombre monótono que iba directo al grano,
siempre pensando en su propio placer y satisfacción sexual. En medio del acto,
Zoe luchaba por alcanzar el orgasmo mucho antes de que Aiden terminara, ya
que de lo contrario se quedaría con las ganas de satisfacción.
Disfrutaba del sexo con Aiden, vaya que lo hacía, pero se había vuelto todo muy
mecánico, no había acción y adrenalina en aquello que surgía únicamente por
decisión de Aiden.
El hombre penetra continuamente a su esposa mientras sostiene sus muslos
abriéndolos en su máxima capacidad. Sus cuerpos se friccionan amenazando con
encender una llama en el colchón, mientras este hace un ruido característico
producto del rechinar de los resortes.
Zoe observa el techo de la habitación mientras es penetrada, sostiene el cuello de
Aiden mientras siente el placer en lo más profundo de su cuerpo, su vientre
comienza a temblar descontroladamente mientras el orgasmo comienza a
desarrollarse.
Pudo ser un movimiento reflejo, o simplemente una casualidad, pero la fricción
que generaba la piel de Aiden con el clítoris de Zoe, hace que esta explote
masivamente. Se retuerce mientras contrae los músculos vaginales como si
quisiera extraer cada gota de los fluidos de su esposo.
Aiden enloquece completamente a ver cómo la chica se aferra a las sábanas de
su cama mientras su cuerpo se contorsiona como si estuviese siendo poseído por
cientos de espíritus.
Había pasado algo de tiempo desde la última vez que Zoe había experimentado
un orgasmo similar. Constantemente tenía que conformarse con satisfacer a su
marido e ir a dormir.
Sesiones de masturbación se llevan a cabo a la hora de tomar un baño, lo que se
convertía en una especie de ritual personal, en el cual, Zoe se consentía así
misma para compensar la ausencia del afecto de su marido. A pesar de los
continuos ruegos de la chica de que termine dentro de ella, y así poder contar
con la posibilidad de quedar embarazada, Aiden suele evitar este procedimiento.
Justo antes de eyacular, extrae su miembro desde las profundidades de Zoe y se
dirige hacia su rostro. Disfruta al ver como la chica se come sus fluidos en su
totalidad. Aiden sacude su miembro rápidamente para disparar una descarga que
va a cubrir casi la totalidad del rostro de la decepcionada Zoe.
Suele mostrar agrado ante este acto, pero no puede seguir soportando la
necesidad que tiene de sentir como su marido termina dentro de ella, dándole la
posibilidad de gestar un bebé.
Después de terminar el acto, como es costumbre, Aiden se desploma sobre su
lado de la cama y se cubre con la sábana para continuar descansando el resto de
la noche. Zoe sale de la cama para asearse en el cuarto de baño. Mientras lava su
rostro y se observa en el espejo, puede darse cuenta de que su vida se está
consumiendo de una manera en la que no se siente agrada.
Los mejores años de su vida se están extinguiendo al lado de un hombre que no
le toma en serio, ahogándose en unos traumas y miedos que lo mantienen
anclado a unos hechos que difícilmente podrán dejarlos tener una vida normal.
— Necesitas ayuda, Aiden. Creo que deberíamos ir a un terapeuta profesional
dijo. — Zoe mientras entraba a la cama.
— No quiero volver hablar de eso. Sabes muy bien que lo gastaré el poco dinero
que tenemos en esos terapeutas inútiles. — Respondió Aiden.
— Terminarás por destruir nuestro matrimonio. No soportaré esto para siempre.
— Dijo la chica mientras cubría su cabeza con la sábana y se daba media vuelta
para continuar durmiendo hasta el día siguiente.
Aiden siente que las palabras de su esposa lo atraviesan como una flecha de
acero. Su egoísmo no lo deja ver más allá de la necesidad que hay en la mujer
por tener la vida que solía disfrutar antes de que este se fuese a la guerra.
Muchas veces ha hecho el intento de superar sus traumas, pero una y otra vez
vuelve al mismo punto de partida, como si las arenas movedizas del destino no
lo dejaran avanzar hacia la estabilidad emocional.
ACTO 2
Era una tarea difícil para Aiden poder integrarse nuevamente a la sociedad.
Ninguno de los ciudadanos que compartían las calles con él, tenía la menor idea
del infierno que podía vivirse en la guerra. Se sentía como un incomprendido
social, víctima de los intereses políticos de un país al cual sentía no pertenecer.
Aiden había decidido refugiarse en una ciudad lejana a su antigua ciudad natal.
Había crecido en Nueva York, en una familia modesta en un pequeño
departamento que había rentado su padre, en donde habitó hasta el día en que
había decidido casarse con Zoe Blanco.
Parecía que toda la vida había estado esperando por la llegada de esta hermosa
chica, quien transformó su manera de ver el mundo de la noche a la mañana. La
decisión de ir a combatir en favor de su país, casi termina por destruir la relación
de la pareja, pero Zoe había tenido toda la paciencia necesaria para poder esperar
el regreso de Aiden.
Ambos habían tenido que dejar a sus familias atrás, la reubicación de Aiden
había sido producto de las constantes amenazas que recibía el gobierno de tomar
represalias contra aquellos que habían mancillado la tierra sagrada de las
víctimas.
Cada americano que llegaba a tierras asiáticas era considerado como asesino, no
importaba cuáles fueran sus intenciones, siempre terminaba todo en una
completa masacre.
Aiden había tenido la fortuna de regresar a su país, junto con algunos
compañeros que habían sido tan buenos como el en el arte de la guerra. A pesar
de que había intentado incorporarse nuevamente con la rutina de una persona
común, solo conocen el combate y la lucha cuerpo a cuerpo.
Durante años se había preparado para esta tarea, convirtiéndose en una máquina
asesina a la orden del gobierno norteamericano. Tener que trabajar en una
estación de servicio, cargando los tanques de gasolina de los coches que llegan
este lugar, lo hacía sentir realmente frustrado, como si el sentido de su vida
hubiese desaparecido completamente.
Después de perder ese empleo, debido a sus constantes faltas, retardos y malas
actitudes, había tenido un par de oportunidades más, las cuales se habían visto
arruinadas por las mismas razones.
Aiden no lograba enfocarse en nada, parecía estar habitando en un limbo del cual
no tenía la menor idea de cómo escapar. A pesar de sentirse solo, Aiden contaba
con el apoyo de algunos miembros del gobierno, quienes se habían encargado de
protegerlo, llevándolo a ese pueblo fronterizo y conocido como Pinecreek, un
lugar bastante amistoso, con paisajes naturales increíbles, y con suficientes vías
de escape como para sacar a Zoe del país en caso de una posible amenaza.
Era un pueblo que vivía prácticamente aislado del mundo, solo se ocupaban de
sus actividades internas y rara vez ocurrieron hechos irregulares más allá de
accidentes de tráfico o algún asalto en el mini mercado ejecutado por los jóvenes
rebeldes miembros de una pequeña banda que fácilmente podrían ser
erradicados. Era el sueño de cualquier familia poder criar hijos en una ciudad
como esa, aunque en este casino, esto solo estaba en los proyectos de Zoe.
Después de su primer día de trabajo, Zoe había decidido ir al mini mercado a
realizar unas compras. Se sentía satisfecho de los resultados que había obtenido
durante su día de prueba, en el cual había sorprendido al dueño de la pastelería.
Nadie podía negar que Zoe tenía unas manos privilegiadas para la cocina, siendo
aclamada en cualquier lugar donde tenía la oportunidad de demostrar tus
habilidades culinarias. Finalmente, estaba haciendo algo que la apasionaba,
parecía mentira que, habiendo llegado a un pueblo tan lejano, había sido allí
donde había encontrado la oportunidad de ejecutar su verdadera vocación.
Esto era algo muy diferente a lo que estaba experimentando Aiden, quien sentía
que su verdadero lugar estaba en el campo de guerra eliminando enemigos. Zoe
tenía que mentalizarse y seguir adelante, posiblemente Aiden sufriría alguna
recaída depresiva en algún punto y ella tendría que asumir la responsabilidad del
hogar.
Si tenía que ganarse la vida de alguna manera, la mejor que conocía era a través
de la realización de postres y pasteles, ya que se sentía relajada y se
desconectaba durante ese tiempo del mundo distorsionado que la rodeaba.
Desde el momento en que ingresa al mínimo mercado, Zoe experimenta un
escalofrío en la parte posterior de su cuerpo. Era como si una brisa fría hubiese
recorrido desde la punta de su dedo pulgar del pie hasta sus orejas, algo que por
primera vez experimentaba.
La sensación fue tan desagradable, que Zoe se vio obligada a detenerse, con sus
propias manos se dio abrigo y dio una mirada alrededor, sintiendo una fuerte
sensación de que alguien la observaba.
Solo había algunas pocas personas en su entorno, pero no pudo notar nada
irregular. La campana de la puerta de la tienda suena levemente al abrirse, Zoe
entra al lugar y comienza a revisar cada uno de los pasillos mientras empuja un
viejo carro de supermercado El cual cuenta con una clara deficiencia de
lubricación en sus ruedas. Cada centímetro que avanza la chica, el rechinar de
las ruedas revela su posición en todo momento.
Después de algunos minutos de recorrer todo el lugar, la sensación que había
experimentado antes de ingresar al mini mercado no había desaparecido. Se
sentía completamente invadida en su espacio, a pesar de que no había
demasiadas personas dentro de ese lugar. Después de tomar algunas botellas de
jugo de naranja de la marca favorita de Aiden y algunas cajas de cereal, era el
momento de volver a casa.
Zoe camina hacia la caja registradora y coloca cada uno de los productos sobre
la cinta deslizadora, del otro lado se encuentra una mujer con sobrepeso evidente
y con un temperamento bastante desagradable.
Después de realizar el pago, Zoe abandonó el mini mercado, llevando en sus
manos una bolsa de papel en la que se habían introducido los productos que
había adquirido. Su enfoque es directo hacia su coche, el cual está estacionado a
una distancia no mayor a 50 m.
Antes de llegar al viejo Mercedes-Benz, la chica es interceptada por un hombre
bastante intimidante. Su estatura de aproximadamente 1.90 metros y la barba
densa de color negro hicieron que las pupilas de Zoe se dilataran del miedo.
Este caballero llevaba una chaqueta negra y un pantalón del mismo color, con
una camiseta de color blanco. Cubría su cabeza con un gorro para el frío, aunque
daba la impresión de que intentaba mantenerse de incógnito, debido a sus gafas
oscuras.
Inmediatamente, Zoe imaginó que el hombre le arrebataría las bolsas y se iría
inmediatamente de allí. Su piel se eriza, la sangre se le congeló, quedándose
completamente inmóvil esperando la reacción del extraño sujeto que la había
abordado.
— Eres nueva en la ciudad, ¿cierto? — Preguntó el sujeto con una voz muy
grave.
Zoe no tuvo el valor para responder al caballero, quien notó rápidamente la gran
cantidad de miedo que sentía la mujer.
— No tengas miedo, no te haré daño. Solo quiero conversar. — Comentó el
sujeto.
El acento utilizado por el extraño hombre no era local. Cualquier persona
hubiese nacido en los Estados Unidos no tendría esa manera de pronunciar la
letra “R” de una manera tan marcada.
Zoe había recibido instrucciones precisas de Aiden que no conversar con
absolutamente nadie que no fuese de confianza, y hasta el momento no habían
conseguido ni un solo amigo en el pueblo de Pinecreek. Esto significaba que la
chica no podría conversar con absolutamente más nadie que no fuese Aiden.
Ante la ausencia de respuestas de Zoe, el caballero simplemente sonrió y se
marchó. Caminó en dirección contraria hacia donde se dirigía inicialmente,
dándole la espalda a Zoe.
Las manos de la chica temblaban continuamente, haciendo crujir la bolsa de
papel que estaba a punto de caer al suelo debido a la debilidad que sentía en los
brazos la nerviosa mujer. Comenzó a caminar rápidamente hacia su coche,
viendo hacia todas las direcciones en busca de alguien que hubiese observado la
escena. El caballero había seleccionado el momento de forma precisa.
El estacionamiento se encontraba completamente desolado y la cámara de
seguridad se ubicaba en un ángulo ideal para generar un punto ciego
exactamente en la ubicación en la que había detenido a Zoe.
No había habido una sola pista o rastro que certificara que la conversación que
había tenido Zoe con un sujeto aleatorio en la calle era real. Este misterioso
hombre que parecía haber salido de la nada no era cualquiera, había habido una
razón específica para su breve conversación con Zoe, quien abre la puerta de su
coche con mucha torpeza y deja caer las cosas en el asiento del acompañante.
Revisa rápidamente en su bolso para extraer su teléfono móvil y comunicarle a
Aiden lo que ha ocurrido. Para ese momento, Aiden aún se encuentra en su
trabajo, ha decidido quedarse horas extras para conseguir algo de dinero
adicional y no ser una carga en su propia casa.
Aunque sus dedos tiemblan como una gelatina, Zoe intenta marcar el número del
teléfono móvil de Aiden, pero a pesar de repicar continuamente, este no es
respondido.
Para incrementar la concentración en su trabajo, Aiden ha silenciado su móvil,
quedando completamente incomunicado con la única persona que realmente
necesita de él en ese momento.
Su entrega es total, y a pesar de que no tiene ningún tipo de experiencia en el
mundo de la carpintería, sus manos se adaptan rápidamente al trabajo duro. La
gran cantidad de esfuerzo físico que demanda esta actividad le genera un gran
desgaste de energía que, al menos lo mantiene ocupado.
Mantenerse creativo y útil era una de las principales recomendaciones que se le
había dado Aiden, ya que, realizando una actividad con la que no se sentía
cómodo, rápidamente recaería en un cuadro depresivo.
Podría presentar episodios violentos y muchas consecuencias catastróficas para
la vida de la joven pareja. Zoe lanza el teléfono de nuevo dentro de su bolso,
completamente frustrada y asustada.
Observa en todas direcciones, busca una posible embestida de un sujeto en
contra del vidrio de su coche, y, aunque busca incansablemente, no logra
encontrar las llaves, las cuales se encuentran entre sus piernas.
En el pasado, Aiden le había dado algunas recomendaciones de seguridad, las
cuales había olvidado totalmente. Las historias que contaba Aiden sobre los
sujetos con los cuales había tratado durante el periodo de guerra, involucrado en
sujetos con descripciones físicas similares a las del hombre con el que se había
cruzado Zoe.
Si hubiese logrado comunicarse con Aiden, este hubiese dejado lo que fuese que
estuviese haciendo hubiese ido en dirección hacia Zoe para verificar que lo que
decía era cierto.
Esto, a pesar debe de haber aumentado la seguridad en la chica, hubiese
generado la pérdida del empleo de Aiden, quien no se encuentra en la mejor
situación financiera de su vida. El gobierno, le había prometido una gran
cantidad de beneficios después de su regreso de la guerra, de los cuales aún no
había visto si no la reubicación de su lugar de vivienda.
Prometieron un cheque que nunca llegó y un seguro que todavía no cobraban,
era lo único que había quedado después de todos los traumas que había tenido
que vivir en unas noches terroríficas, en las cuales no sabía si serían
bombardeados en cualquier momento.
Zoe no tiene más remedio que encender el coche, después de encontrar las llaves
y marcharse a casa. Se encuentra muy nerviosa para conducir, y no es el mejor
estado en el que puede estar para entrar a la carretera, pero no tiene otra opción.
Para ese momento, Aiden desconoce absolutamente lo que está ocurriendo. En
desarrollo, se encuentra uno de los peores miedos que ha tenido el caballero
después de regresar del combate.
Su rostro siempre estuvo expuesto ante la mirada de una gran cantidad de
habitantes de aquella ciudad nefasta en la que tuvo que actuar como un
mercenario sin corazón. Siempre existió la posibilidad de que alguien tomara la
iniciativa de llevar a cabo actos de venganza en contra de Aiden, tal y como
había pasado con dos de sus excompañeros, quienes habían sido degollados en
sus propias camas.
El miedo y la pandemia entre los miembros del grupo táctico que había dado un
duro golpe a los grupos extremistas, comenzó a crecer con el pasar de los días,
ya que se enviaban advertencias constantes en las que se hacía hincapié en la
venganza.
Nadie sabía a ciencia cierta quién sería el próximo, existía una gran cantidad de
hombres que habían regresado de aquel lugar y lograron desarrollar una vida
completamente normal en los Estados Unidos.
La tranquilidad aún no había sido conseguida por aquellos que luchan cada día, y
mientras más peleaban, más parecían reproducirse estos terroristas a los cuales
no les importaba eliminar cientos de vidas en un solo segundo, con tal de
cumplir con los objetivos de sus líderes.
Durante los primeros días del regreso de Aiden, el insomnio era absoluto,
sufriendo de una privación del sueño por más de una semana. Estaba a punto de
enloquecer, pero la razón era evidente, nadie quería despertar en medio de la
noche rodeado de extremistas dementes que amenazan con cortar su garganta.
Los compañeros de Aiden que habían corrido con esa suerte, no había tenido la
oportunidad de pedir auxilio, habían tenido una muerte horrorosa y en completa
soledad, algo que atemorizaba enormemente a Aiden.
Aunque estuvo a punto de enloquecer, tuvo consumir una gran cantidad de
medicamentos para poder estabilizar su sueño. Aiden había vivido uno de los
infiernos más terribles luego de su regreso, algunos más estresantes que los
mismos momentos cruciales en medio de la línea de fuego.
El depredador comenzaba a respirar muy cerca del cuello de Aiden, lo habían
encontrado, y de alguna forma habían rastreado su ubicación y habían
conseguido comenzar a atacar lo que más le importaba, Zoe.
Tenían acceso a su registro de llamadas, cada paso que daba Aiden era
monitoreado por esta organización de criminales terroristas que no tardaría
demasiado en dar un duro golpe a uno de los hombres que más vidas había
arrebatado en aquel país extranjero.
Cada segundo que pasaba era una garantía de que se encontraban mucho más
cerca de Aiden, quien se halla en una desventaja evidente al no saber que había
decenas de estos hombres habitando en Pinecreek.
No hay forma de que pueda defenderse ante el desconocimiento de una situación
tan delicada que se desarrolla en torno a su vida. Sus superiores y supervisores
tampoco están al tanto de lo que está ocurriendo, lo que le proporciona una
vulnerabilidad absoluta a Aiden luna. No eran hombres de amenazas, eran
sujetos peligros y de acciones.
No tardarían demasiado tiempo en la ciudad, así que tenían que terminar el
trabajo de una manera limpia y rápida. No podían eliminar a Aiden sin antes
hacerle experimentar el dolor y desesperación que el provocó él mismo en los
familiares de las víctimas. El plan había dado inicio y la primera víctima
destinada a caer es Zoe, quien desconoce que se encuentra en la mira de los
asesinos.
ACTO 3
El camino a casa se había convertido en el momento perfecto para que Zoe
pensara acerca de lo que había ocurrido en el mercado. Repasaba en su mente
una y otra vez el rostro del sujeto que la había abordado, intentando vincularlo
con alguien conocido.
Nunca antes había sentido tal nivel de temor, a pesar de que el sujeto llevaba
gafas oscuras, podría jurar que debajo de ellas, tenía una mirada llena de odio y
violencia.
Zoe ha corrido con suerte en ese momento al no haber sido víctima de un ataque
cuerpo, ya que las intenciones del caballero no eran las mejores. La mirada de
Zoe se encuentra fija en el camino, viendo como algunos coches se encuentran
delante de ella y observó por el retrovisor como rápidamente se acerca una
camioneta negra con los vidrios oscuros, sin ánimos de detenerse.
Aunque había visto como la camioneta se acercaba rápidamente hacia su coche,
no había forma de que pudiese esquivarla, inminentemente, el gran vehículo
golpea la parte trasera del coche de Zoe, quién es sacudida violentamente. No
puede ver quién conduce el vehículo atacante, y hacer lo posible por mantenerse
dentro de camino a pesar de las altas velocidades a las que van.
Su única solución es acelerar al máximo y tratar de dejar atrás a su atacante, pero
su viejo Mercedes-Benz no tiene la suficiente potencia como para alejarse de una
camioneta fuerte como una roca y con un promotor potente.
Sin saber qué hacer, intenta tomar su teléfono móvil una vez más en intentar
comunicarse con Aiden, pero cuando lo sostiene en su mano a punto de marcar,
recibe un nuevo golpe le desproporcionado en la parte trasera una vez más.
— ¿Qué demonios quieres? — Gritó Zoe.
La fuerte embestida generó que el móvil de la chica saliera disparado de sus
manos y golpeara contra el vidrio frontal. Zoe intenta mantener el control del
vehículo, a pesar de que este comienza a efectuar movimientos en zig zag. No
tiene experiencia manejando situaciones de ese tipo, y detenerse no parece ser
una buena idea. El atacante acelera al máximo la camioneta para embestir una
tercera vez al coche de Zoe y volcarlo finalmente.
Justo un segundo antes de que la chica reciba el impacto, esta hunde su pie en
los frenos del vehículo, reduciendo la velocidad rápidamente y recibiendo un
impacto que la sacaría del camino instantáneamente.
El coche no se encuentra en tan mal estado para el daño que ha recibido. Zoe ve
por la ventana como la camioneta continúa su camino y se aleja el horizonte.
Debe tratar de recuperar la calma antes de continuar. Un par de vehículos se
detienen para auxiliar a la chica, quien es extraída del coche por dos caballeros
que se aseguran de que se encuentre bien.
— Hemos visto lo que ocurrió. Ese sujeto tiene que ser un demente. — Comenta
uno de los hombres que había presenciado el ataque.
— Sí, realmente tienes suerte de haber salido con vida de esto. Necesitas ir al
hospital. — Agregó el otro caballero.
— No, estoy bien. Solo necesito ir a casa. — Respondió Zoe mientras intentaba
volver a su vehículo.
Era una chica sin experiencia, pero si había alguna virtud que resaltar en ella, era
que su valentía superaba inclusive la de Aiden. Podría enfrentar situaciones de
alta presión a pesar de estar muriéndose de los nervios. Sin pensarlo Zoe entró a
su coche comenzó a conducir camino a casa una vez más. Esta vez iba atenta a
todo, cada coche, cada rostro y cada situación que se presentaba a su alrededor.
Sus sentidos se habían agudizado enormemente, no podía esperar a llegar a su
hogar para poder contarle a Aiden lo que había ocurrido. Tras llegar nuevamente
a la casa, en lo único que podía pensar era en llegar a su habitación y encontrarse
con los brazos de Aiden y explotar a llorar. Había estado contenida durante todo
el camino para mantener el control, pero al cerrar la puerta de su casa, no pudo
contenerse más.
Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras sus manos temblaban y sus
piernas parecían no tener fuerzas. Aiden no había llegado a casa aún. Zoe se
siente totalmente desprotegida y cierra rápidamente cada una de las ventanas
para que no vean ninguno de sus movimientos dentro de ella.
Cierra la puerta trasera de la casa y revisa cada una de las habitaciones con
mucho miedo. Cada segundo imaginó que aparecerá alguien dentro de su casa
para asesinarla, no tiene la menor idea de lo que está ocurriendo. Llama
continuamente al teléfono móvil de Aiden, pero este continúa en silencio y el
hombre solo está a unos 45 minutos de terminar su jornada de trabajo.
Zoe decide preparar una taza de té caliente para calmar los nervios, no tiene otra
opción. Se encuentra sentada en la mesa del comedor viendo fijamente como la
taza humeante es su única compañía.
Espera impacientemente a la llegada de Aiden quien ha tardado más de lo
normal, lo que despierta la preocupación de Zoe. Si ella fue atacada de esa
manera, posiblemente podrían haber ido por Aiden también. Esto coloca la chica
en un estado de nervios muchísimo más grave, ya que es la única persona que
tiene en aquel pueblo remoto.
Considera la posibilidad de llamar a la policía y que sean ellos quienes se
encarguen de resolver el asunto, pero no puede hacer un solo movimiento sin
antes de planteárselo a Aiden, quien se encuentra en una situación delicada a
nivel emocional. Lo último que necesita el hombre es enfrentar una situación de
posible muerte para su familia, ya que entraría en un estado de nervios muy
grave, al menos esto era lo que pensaba Zoe.
La puerta de la casa se abre lentamente, Zoe tiembla al pensar que es el sujeto
que ha vuelto a terminar su trabajo. Al ver el rostro de Aiden, salta de la mesa y
corre hacia los brazos del hombre.
— ¿Qué ocurre? ¿Por qué estás así? — Pregunta Aiden mientras abraza a su
esposa.
— Qué bueno que estás en casa. No vas a creer lo que me ocurrió hoy. Vamos a
fuera. — Dijo Zoe mientras abría la puerta.
La chica decide ir hacia el coche para mostrarle las consecuencias del ataque. Si
no contaba con pruebas físicas de lo que había ocurrido, posiblemente Aiden no
le creería.
Después de escuchar el relato de Zoe, quien hace un gran esfuerzo por mantener
la calma para pronunciar palabras claras, Aiden sabe perfectamente lo que está
ocurriendo. Abraza a Su esposa y camina junto a ella hacia dentro de la casa,
observando detalladamente todo a su alrededor.
Puede ver una camioneta similar a la que describe Zoe estacionada a una
distancia considerable de su casa, pero no hay nada que pueda hacer por el
momento. Luego entrar de nuevo a la casa, Aiden y Zoe comparten una taza de
té que acompaña a una conversación en la cual se había hecho protagonista el
arrepentimiento.
Aiden comentaba una y otra vez acerca de su lamento de haberse ido a combatir
a esa guerra. Siempre había contado con el apoyo de Zoe, quien por primera vez
estaba experimentando las consecuencias de aquella decisión a la cual se había
opuesto en el pasado.
Siempre estuvo atada de brazos y no había podido hacer absolutamente nada al
respecto. Era una esposa abnegada y dispuesta a enfrentar cualquier cosa junto a
Aiden, pero no manejaba las herramientas suficientes como para involucrarse en
una situación tan delicada como esa. Era una simple repostera, sus habilidades
estaban en la cocina, así que, no había manera de que ella pudiera ayudar a su
esposo a superar una situación así.
Estaban bajo lente de unos criminales que no durarían mucho tiempo antes de
dar su primer golpe, así que, Aiden debía moverse rápido. Uno de los encargados
de su reasignación, estaba en la ciudad, su ubicación también era desconocida
para el resto del mundo, pero Aiden sabía dónde encontrarlo. Tendría una
reunión con él y se asesoraría legalmente con sus abogados para tramitar la
posibilidad de salir del país.
Al día siguiente tomarían el día libre en los trabajos respectivos y agilizarían esta
estrategia para conseguir escapar airosos de este grupo de criminales. Después
de llegar a la oficina de Jeremías Burton, tuvieron que esperar un par de horas en
la sala de estar.
Era un hombre muy ocupado y con una agenda bastante limitada, por lo que,
pasaría un tiempo importante antes de que Aiden y Zoe fueran atendidos por
Jeremías. Ambos entran a la oficina del importante sujeto y toman asiento.
— He estado estudiando su caso desde que me llamaste. Lamento haberlos
hecho esperar tanto tiempo. — Dijo Jeremías.
— Necesitamos que nos ayudes. Moviliza todos tus contactos para sacarnos de
aquí lo más pronto posible. — Dijo Aiden.
— Me han girado órdenes de reasignarte un nuevo abogado. Mañana estará
llegando a Pinecreek. Necesito que te reúnas con él para tratar tu caso lo antes
posible. — Dijo el colegiado.
— No estamos hablando de una simple banda de delincuentes locales, Jeremías.
Recuerda que estos tipos son terroristas. Necesito resguardar mi vida y la de
Zoe.
— Vuelve a casa, ordenaré que protejan el perímetro de tu residencia hasta que
todo se normalice. No te preocupes, confía en mí. — Dijo Jeremías.
La reunión se extendió durante algunos minutos mientras explicaban lo que
había ocurrido y Jeremías escuchaba atentamente. Aiden revelaba una gran
cantidad de información referente a estos posibles atacantes, lo que ayudaría
mucho en la investigación.
Luego de terminar su cita con Jeremías Burton, irían nuevamente a casa, donde
debían mantenerse resguardados el mayor tiempo posible. Debían evitar
exponerse, ya que no sabían a ciencia cierta a que se enfrentaban.
Esa noche, mientras Aiden dormía, nuevamente sus pesadillas vinieron a la
mente. En esta oportunidad se encontraba en la cima de una montaña, lleva
puesto su uniforme militar mientras sostenía en su mano un arma larga.
En la distancia, podía ver venir a uno de sus compañeros con un casco similar al
que llevaba su mejor amigo el día de su muerte. Mientras corre, agita las manos
haciendo señales de ayuda hacia Aiden, quien se encuentra a una distancia lejana
como para poder ayudarlo.
De pronto, dos hombres aparecen detrás del militar, disparando continuamente.
Aiden tiene la posibilidad de salvar a su compañero disparando con precisión
hacia los dos sujetos, pero los nervios y la presión hacen que falle un disparo tras
otro.
La mira de alto alcance no es suficiente para poder eliminar al enemigo, ya que
su pulso tiembla descontroladamente y falla cada disparo. Inevitablemente, su
compañero cae al suelo con un disparo en la cabeza, Aiden está demasiado lejos
como para poder identificarlo, pero corre rápidamente hacia él.
Los enemigos se han retirado, se encuentra completamente solo en el desierto.
Corre desesperadamente para ayudar al soldado caído y parece que se encuentra
a kilómetros.
Al llegar hasta su ubicación, este se encuentra tirado en un charco de sangre, al
levantarlo, Aiden grita de terror al ver que el rostro es el de Zoe con el que se
encuentra. Aiden despierta gritando descontroladamente.
— ¡Zoe, no! ¡Tú, no! — Dijo Aiden al despertar.
Zoe salió de su sueño para encontrarla completamente sana justo a su lado. La
chica apretó su mano fuertemente mientras él la rodea con su brazo y comienza a
besarla continuamente.
— No sé qué es lo que haría si te pierdo. — Comentó Aiden, mientras abrazaba
fuertemente a su esposa.
— No me perderás, todo va estar bien. Debes tranquilizarte. — Dijo Zoe.
Trataba de comportarse con calma, mantener la tranquilidad en todo momento,
pero para Zoe era sumamente difícil asumir una situación tan delicada como esa.
Después de escuchar las historias de los compañeros de Aiden, A quienes habían
encontrado degollados, para Zoe era imposible dormir tranquila.
Aiden se encuentra en un restaurante del centro de la ciudad, ha coordinado una
reunión con su nuevo abogado, a quien es primera vez que verá. Jeremías le
dado la dirección y le ha dado instrucciones claras para poder desarrollar un caso
rápido y efectivo. En su mesa se encuentra un plato de sopa humeante, que
recién ha llegado. Ha tardado para comenzar a comer mientras espera al
abogado, pero el hambre lo obligado a iniciar sin este.
De pronto, una hermosa mujer con el cabello negro liso hasta los hombros
ingresa al restaurante. Todos los hombres del lugar se ven afectados por la
presencia de la mujer, quien, a pesar de no tener un aspecto revelador, muestra
una figura infartante.
Curvas que podrían enloquecer a cualquier hombre, y unos labios gruesos de
color rojo, son solo algunas de las cualidades que resaltan de Melisa Guerra. La
mujer llega directamente hacia la mesa de Aiden Luna, quién se queda
impactado al ver las pantorrillas de la mujer al pararse justo al lado de su mesa.
La mirada de Aiden sube lentamente mientras detalla los muslos de la bella
mujer, los voluminosos pechos, hasta llegar hasta sus ojos verdes.
— Tú debes ser Aiden Luna, es un placer conocerte. — Dijo la abogada.
Aiden limpió sus manos con la servilleta de tela que se encuentra a un lado es un
plato de sopa antes de estrechar la mano de la mujer.
— Sí, soy yo. Lamento no haber esperado para comer. — Dijo Aiden,
notablemente nervioso.
Melisa tomó una silla y se sentó.
— Soy Melisa Guerra, y seré tu abogado a partir de este momento. Puedes
confiar en mí plenamente, haré lo mejor que pueda para que tu caso se desarrolle
tan rápido como tú lo desees. — Dijo Melisa.
Aiden estaba completamente embelesado con la belleza de la mujer, recordaba
constantemente a Zoe, pero era inevitable sentirse tentado por una mujer tan
espectacular como Melisa.
Mientras conversaban acerca del caso, Aiden no había podido controlar los
múltiples pensamientos que venían a su mente en los cuales se encontraba la
mujer completamente desnuda y en su cama. No era correcto, pero también era
imposible evitarlo.
— Tu caso no es sencillo.... Y te ves algo tenso. Deberíamos tomar algunas
cervezas y bajar un poco la tensión. — Dijo Melisa.
Era imposible evitar una invitación como esa por parte una mujer tan bella.
Aiden solicitó dos cervezas para la mesa y así, comenzó una tarde de bebidas
junto a la exuberante abogada de ojos verdes. Una ronda de cervezas tras otra
llegaba a la mesa, convirtiendo lo que se suponía que era una reunión de
negocios en una reunión entre amigos.
Aiden era muy mal bebedor, por lo que podría embriagarse rápidamente.
Mientras Melisa bebía una cerveza, Aiden había tomado tres o cuatro, por lo
que, al final de la tarde el hombre estaba completamente destruido.
No había forma de que Aiden llegara a su casa por sus propios medios, ya que
sabía pasado de tragos de una manera exagerada.
— Parece que has bebido demasiado. Creo que lo mejor que vayamos a casa ya.
— Dijo Melisa.
— Estoy complematente aver… arvorguen… Bueno, tengo mucha vergüenza de
cómo me he estado compartondo. — Dijo el ebrio Aiden.
— Creo que la responsable soy yo, no debí haberte invitado las cervezas.
Vayamos a casa, tu esposa debe estar preocupada. — Dijo Melisa.
Aiden entró al coche de la chica mientras esta conducía directamente a su casa.
Estaba demasiado ebrio como para darse cuenta de que en unos pocos minutos
se encontraría justo frente a la puerta de su hogar. Zoe espera impacientemente la
llegada de Aiden, quien no había atendido sus llamadas durante la tarde. En
medio de una situación tan tensa y delicada como en la que se encuentran, la
chica no puede tolerar la indiferencia de su esposo.
Puede escuchar un coche estacionado frente de su casa, por lo que, Zoe corre
rápidamente a verificar si se trata de Aiden. Al ver que baja de un coche el cual
desconoce, se preocupa enormemente.
La vista le da para identificar a una mujer que nunca había visto antes. Sabía que
tendría una reunión con un abogado, pero no imaginó que fuese una mujer tan
atractiva. Al ver el estado de ebriedad en el que se encuentra Aiden, inicia una
confrontación minutos después de la llegada de su ebrio esposo.
— No puedo creer que te comportes de esta manera en medio de esta situación.
Eres un irresponsable. — Dijo Zoe.
Aiden siente un fuerte dolor de cabeza y no tiene la paciencia suficiente como
para escuchar las críticas de Zoe, por lo que se dirige directamente a su
habitación. La celosa mujer no está dispuesta a dejar la confrontación por la
mitad, por lo que, decide perseguirlo buscando respuestas acerca del porqué de
su comportamiento.
— Te imploro que me dejes en paz, Zoe. Solo fueron unas cervezas. — Dijo
Aiden.
— Es una mujer realmente bella. No deberías salir con mujeres así. — Comenta
la enardecía mujer.
— Te repito, solo fueron unas cervezas. Si hubiese querido acostarme con ella,
lo hubiese hecho. — Respondió Aiden.
El comentario no resultó del todo satisfactorio para Zoe, quien se dio media
vuelta y salió de la habitación completamente furiosa hacia la cocina. Sirvió un
poco de agua en un vaso, lo bebió abruptamente.
Golpeó con el vaso la superficie de la mesa de madera encontraba en la mitad de
la cocina. El impacto fue tal que el vaso se rompió de manera instantánea.
Algunos de los fragmentos de vidrio, se incrustaron en la mano de Zoe, quien
tuvo que proporcionarse los primeros auxilios ella misma durante esa noche.
Aiden ni siquiera notó lo que está ocurriendo, lo que generó una increíble
frustración en Zoe. Era completamente absurdo perder el tiempo discutiendo con
Aiden en ese estado etílico.
Tendría que llenarse de paciencia y esperar al día siguiente para poder conversar
acerca de las actitudes que había tomado durante la tarde de aquel día. La
relación de Zoe y Aiden comenzaba a desmoronarse, había que hacer algo
pronto antes de que todo se desplomara abruptamente. Los asesinos que rodean a
la pareja, pasan a ser la menor de las preocupaciones de Zoe Blanco.
ACTO 4
El tiempo que Zoe pasa a solas durante el día, la obliga a crear un plan que le
permita salvar su matrimonio. La monotonía en la que ha caído, amenaza con
destruir todo por lo que ha luchado durante años.
Han sido largos y duros meses de abnegación para poder lograr la estabilidad en
su matrimonio de la que gozaban hasta ahora. Los problemas, la desconfianza y
la amenaza de muerte, habían comenzado a carcomer el matrimonio de Aiden y
Zoe desde los huesos.
Su tiempo en la pastelería se había reducido, por lo que, con más tiempo libre,
no le quedaba otra opción más que pensar y pensar en temas absurdos que
terminaban por preocuparla más de lo normal.
Zoe llega al punto de asumir la culpabilidad del decaimiento que ha sufrido la
relación, por lo que toma la iniciativa de cambiar de actitud y sorprender a Aiden
con actitudes completamente diferentes a lo que le ha entregado hasta el
momento. Zoe es la esposa que cualquier hombre soñaría, responsable, amigable
y sumamente comprensiva.
Todo esto viene en un paquete completamente ardiente que enloquece a Aiden.
Es lamentable para la chica, que después de haber tenido un matrimonio de
ensueño durante los primeros meses del mismo, ahora simplemente se haya
convertido en el objeto sexual de su marido.
Esta idea no le molesta del todo, ya que disfruta del sexo que le provee su
marido, pero ya ella ha perdido participación en el mismo. Es el momento de que
Zoe recupere el poder y el control dentro de su relación, por lo que decide
transformar su actitud.
La sumisión y la constante timidez, deben quedar en el pasado, a menos que Zoe
quiera que Melisa le arrebate a su marido en unos pocos meses. Era necesario
que Aiden y Melisa estuviesen reunidos con mucha frecuencia, lo que alertaba
enormemente a Zoe, quien estaba consciente de la belleza de la mujer, ya que
había tenido la oportunidad de compartir el mismo lugar con ella en un par de
oportunidades.
Cada noche, Aiden y Zoe parecen estar divididos por un enorme muro levantado
en el medio de la cama, eventualmente caerá, pero Zoe espera con desesperación
el momento en el que pueda volver a disfrutar de una relación fogosa y ardiente
junto a Aiden.
Es el tipo de mujer que no tendrá ningún tipo de problemas en conseguir a un
amante que le hiciera sentir tal y como ella deseaba, pero el verdadero problema
se encontraba en el hecho de que no deseaba a otro hombre.
Desde que había conocido a Aiden no había tenido ojos para más nadie. Para
Zoe, sería completamente inaceptable voltear a ver a otros sujetos, aunque las
increíbles ganas que tiene de vivir romance apasionado podrían despertar en ella
actitudes completamente desconocidas que la hagan incurrir en una infidelidad.
Por el momento, no es su prioridad, ya que intenta salvar su matrimonio y las
medidas que ha decidido tomar va más allá de sus propios límites. Zoe es una
chica creativa, pero sobre todo con mucha iniciativa, por lo que no verá ningún
inconveniente en acceder a soluciones extremas.
Se acercaba la hora en la que Aiden llegaría esa noche completamente cansado
del trabajo. Nunca se imaginaría todas las ideas que habían pasado por la cabeza
de Zoe aquella tarde. La puerta se abre con dificultad, como si Aiden hubiese
llegado ebrio nuevamente. Solo había llegado con unas bolsas de comida que le
impedían ingresar fácilmente.
— ¡Ya estoy en casa! — Exclamó Aiden, intentando informarle a su esposa.
— Estoy en la cocina. Estoy preparando tu platillo favorito. — Respondió Zoe.
A Aiden le extraña el comentario de Zoe, ya que en ninguna parte de la casa
puede llegar el aroma de la comida. Esto es inusual, ya que, cuando Zoe se
encuentra preparando la cena, todo el vecindario puede disfrutar del mejor aroma
del mundo.
Para verificar que las palabras de la chica son ciertas, Aiden camina hacia la
cocina, encontrando algo mucho más delicioso que las costillas de cerdo con
patatas por las que alucina cada vez que Zoe las prepara.
Sobre la mesa del comedor se encuentra su esposa, únicamente llevando unas
pantimedias negras. Su cuerpo está totalmente desnudo, mostrándose
completamente como el platillo principal de aquella noche para su esposo.
Aiden había llegado completamente agotado, no tenía ni fuerzas, ánimos o
energía para llevar a cabo un encuentro sexual con su esposa. Pero, el
compromiso de no hacerle un desplante a Zoe, lo obligan a ser parte del juego.
— ¿De qué se trata esto, cariño? — Preguntó el emocionado hombre.
— Hoy quiero que la cena la prepares tú. Quiero que me alimentes con tus
fluidos hasta dejarme satisfecha. — Dice Zoe.
Las palabras de la chica no parecen haber salido de la boca de ella, no es el tipo
de conversación que usualmente sostiene con
La tímida Zoe Blanco, por lo que Aiden comienza a rendirse ante el intento de su
mujer por intentar darle un curso nuevo a la relación. Las piernas de la chica se
encuentran completamente separadas, mostrando su espléndida y rosada vagina,
de la cual emanan una gran cantidad de fluidos, ya que Zoe se encuentra
excitada desde minutos antes de que llegara su marido.
— ¿Te quedarás toda la noche babeando observándome o vendrás a devorarme?
— Comentó Zoe.
Aiden colocó sus herramientas en el suelo y comenzó a quitarse la camisa
mientras se dirigía hacia la chica. Esta frotaba su clítoris con sus dedos mientras
veía como el hombre se quitaba la ropa.
En otras circunstancias, Zoe hubiese preferido que Aiden se quitara el olor a
sudor antes de tocarla, pero la fantasía no da lugar para arreglos de último
momento. La chica necesita hacer el amor en ese preciso instante, así que recibe
a su esposo, completamente disponible para ser penetrada a sus anchas.
Aiden recorre con sus besos desde los tobillos de la chica hasta sus rodillas,
besando con mucha intensidad sus pantorrillas. Zoe saborea sus labios mientras
siente como las manos aún sucias de Aiden tocan todo su cuerpo.
La imagen que se retrata en su cabeza la hace sentir que está siendo poseída por
un hombre completamente diferente a Aiden. Todo había sido improvisado y sin
ningún tipo de preparación, fue lo último que se le pasó por la mente al darse
cuenta que Aiden estaba por llegar a casa.
Escasamente tuvo tiempo para ir a colocarse las pantimedias y bajar al comedor,
desnudándose inmediatamente y rogando que su esposo no se le ocurriera llegar
con un acompañante. Tendida sobre la mesa de la cocina.
Es una mesa de caoba sólida de color marrón oscuro, la chica se convierte en el
plato principal de esa cena, siendo devorada por Aiden, quien se ha desnudado
completamente para poseer a su esposa sin limitaciones.
En el pasado, solían hacer el amor en cualquier lugar, donde le provocara a
Aiden, pero curiosamente desde su llegada a Pinecreek, todo se había tornado
bastante simple.
Era la primera vez que hacían el amor sobre aquella mesa, por lo que, Aiden se
comporta de una forma muy similar a aquel apasionado sujeto que le hacía el
amor con tanta intensidad y fervor a Zoe.
La lengua del sujeto, penetra a la chica con mucha intensidad, saboreando sus
fluidos y disfrutándolos enormemente. Aiden introduce dos de sus dedos en la
vagina de la chica y los lleva hacia la boca de esta, quien los lame y saborea sus
propios fluidos con gusto enorme.
Mientras tiene los dedos del caballero dentro de su boca, los muerde con mucha
intensidad, llegando a lastimar a Aiden, quien se da cuenta que los juegos de la
chica están superando los extremos conocidos.
— ¿Qué haces? Me mordiste muy fuerte. — Dijo Aiden.
— Compórtate como un hombre. Cállate y hazme el amor como nunca antes. —
Dijo Zoe.
El caballero, al sentirse retado por la mujer, sintió la necesidad de tratarla con
mucha rudeza. Era lo que transmitían las palabras de su esposa, quien era la
primera vez que se comportaba como una completa extraña.
Al menos por la duración de aquel encuentro, Aiden y Zoe habían olvidado
completamente los problemas por los cuales estaban atravesando. Al verse
mutuamente como completos desconocidos, no había tiempo para juicios y
recordar sus comportamientos extraños de los últimos meses.
Aiden era un carpintero aleatorio que había llegado a la casa de Zoe a hacer
algunas reparaciones, y esta se comportaba como una ama de casa necesitada de
sexo lujurioso que obtendría de este hombre extraño.
Mientras disfrutan de su fantasía, el mundo no sea detenido, y cada vez, las
fauces de sus enemigos están las cercas de incrustarse en sus cuellos. Aunque se
comporta de manera natural e intentando ser muy segura de sí misma, para Zoe
es muy difícil sacarse de la mente en ese momento la idea de que quizás, Aiden
está imaginando a Melisa en mientras le hace el amor a ella.
Sabe que es una dura competencia tener a una mujer así tan cerca de su esposo,
por lo que, comportarse así, solo será un amortiguador, pero no eliminará el
golpe que posiblemente sufrirán en el futuro como pareja. Zoe desearía tener el
valor para poder comentarle a su marido todo el miedo que siente al tener a
Melisa tan cerca de él, pero no quiere comportarse como una esposa celosa
tradicional y generar peores consecuencias.
Zoe puede sentir el olor ácido del sudor de su esposo. Hasta cierto punto le
desagrada, pero le da la posibilidad de imaginar cómo sería estar con un hombre
completamente extraño y con estas características.
Cierra sus ojos y siente como las manos ásperas de Aiden acarician sus pechos
mientras su lengua se frota contra su clítoris. Minutos después, Aiden recorre el
vientre de la chica y lame furiosamente sus pechos, para luego raspar con su
barba levemente crecida la totalidad de su cuello y lamer su oreja.
El hombre sostiene su miembro con la mano y comienza a frotarlo para
ingresarlo al máximo, así poder penetrar a la chica si ningún inconveniente. Zoe
se encuentra lista y preparada para recibir las embestidas de su esposo mientras
este busca la posición más cómoda para hacerlo. Escupe sobre la vagina de la
chica y combina los fluidos para lubricar la zona.
De forma brutal, introduce su pene dentro de la chica, quien grita al sentir
enorme dosis de placer y dolor combinados. Era justo lo que estaba esperando
Zoe, quien generalmente sentía que era como un simple objeto que no era
tomado en cuenta.
Puede ver todo el deseo y lujuria en los ojos de su esposo por primera vez en
mucho tiempo. Pero continuamente vuelven los fantasmas de Melisa a su
cabeza. Es muy probable que el hombre revise algún recuerdo en el que estuvo
con la mujer para poder mantener su erección, pero esto es algo que no puede
conocer Zoe, a pesar de que lo intente imaginar y estaba casi segura de ello. Al
no tener más alternativa que disfrutar del momento, la joven chica recibe lo que
deseaba, una sesión de sexo violento e intensa en la cual tendría la posibilidad de
experimentar.
Había pasado cierto tiempo desde que Aiden Luna había encendido un cigarrillo,
pero la intensidad de aquel encuentro había ameritado algo de relajación extra.
— Pensé que lo habías dejado. — Comentó Zoe.
— Sabes muy bien que tengo más de un año sin fumar. — Respondió Aiden, a
quien parecía habérsele pasado el efecto mágico del momento.
Todo se proyecta con volver a ser nuevamente como regularmente era. Zoe,
desesperada intenta mantener la llama ardiendo dentro de la sala, pero es
inevitable que sus intenciones de indagar sobre Melisa la hagan entrar en un
territorio peligroso para la relación.
— No entiendo a qué se debe tu comportamiento tan distante de los últimos días.
— Comentó Zoe mientras se viste rápidamente.
— Por favor, Zoe, no tengo ganas de discutir. Ha sido muy agradable la sorpresa
que me has preparado. No lo arruines. — Comentó Aiden.
— Sé perfectamente que tu atención en este momento se encuentra sobre Melisa.
Esa abogada no me dio buena espina desde la primera vez que la vi.
— No tengo tiempo para ocuparme de otra mujer en este momento de mi vida.
Sabes muy bien que las cosas no han funcionado entre nosotros durante el último
año. No atribuyas responsabilidades a alguien que acaba de llegar nuestras vidas.
Los niveles de sinceridad se disparan y explota una discusión en la que salen a
relucir todos los defectos y fallas que había tenido la relación durante los últimos
meses. Lo que había iniciado como un encuentro apasionado intenso, ahora se ha
convertido en una fuerte pelea en la que los niveles de temperatura eran
similares a los de minutos atrás, pero con sentimientos completamente
encontrados y negativos.
La principal razón de la molestia de Zoe, tenía nombre y apellido, y no iba a
desaparecer de la noche a la mañana a menos que, Aiden decidiera aclarar la
situación.
Mientras más negativas recibía Zoe acerca del gusto inexistente de Aiden hacia
Melisa, esta parecía molestarse aún más, subconscientemente era como si
realmente quisiera escuchar que Aiden decir que se sentía atraído por ella, por la
hermosa abogada. Pero, siendo totalmente sincero, Aiden le repite una y otra vez
que no siente ningún tipo de gusto por esta mujer.
Sí, sabe perfectamente que es una mujer atractiva físicamente y muy inteligente,
y que cualquier hombre estaría dispuesto a sacrificar su matrimonio con una
mujer así, pero en este caso, está siendo completamente transparente.
— Sabía perfectamente que esta discusión llegaría tarde o temprano. —
Comenta el desconcertado Aiden mientras se viste nuevamente.
— ¿Vas a alguna parte? — Pregunta Zoe.
— Sí, voy por unas cervezas. Realmente estás haciendo mucho más difícil esta
situación. Volveré en un par de horas. — Dijo Aiden mientras caminaba hacia la
puerta.
Zoe comienza a darse cuenta de la equivocación que ha cometido. No había
razones para traer a colación el tema de Melisa, pero su insistente necesidad de
saber qué había más allá, la había hecho pisar una mina que había detonado
inminentemente.
— No tienes que irte. Recuerda que estamos bajo un peligro latente. — Comentó
Zoe.
— Haces muy difícil querer estar aquí. Prefiero que una bala me atraviese la
cabeza que seguir discutiendo contigo. — Fueron las últimas palabras de Aiden
antes de salir de casa.
La puerta se cerró abruptamente, haciendo estremecer cada metro cuadrado de la
casa de la pareja. El hombre se coloca su chaqueta mientras camina directamente
su coche. Las llaves del mismo caen sobre el césped mojado por la humedad
nocturna, obligando a Aiden a inclinarse para tomarlas.
Estos segundos que le había tomado recoger sus llaves fueron cruciales en el
curso de los acontecimientos posteriores. Ya que al volver a estar erguido y
comenzar a caminar, se genera un resplandor frente a su rostro acompañado de
un fuerte sonido de explosión, el cual lo obligó a caer directamente sobre el
césped, sobre su espalda, mientras cubría su rostro con sus brazos.
ACTO 5
La fuerte explosión pudo verse desde cualquier punto de la ciudad. Aiden se
encontraba a la distancia precisa para solo sufrir un daño superficial, cayendo al
suelo completamente aturdido.
Las ventanas de la casa estallaron instantáneamente, haciendo gritar a Zoe, quien
se encontraba aún en la cocina. Tras la explosión, Zoe salió desesperada
corriendo hacia la parte exterior de la casa, encontrando Aiden tirado en el suelo
sin moverse.
Los peores pensamientos llegaron a su mente al ver a su esposo tendido allí
sobre el césped sin mostrar signos de estar vivo. Corre desesperadamente hacia
él, desplomándose en el suelo sobre el cuerpo, moviéndolo insistentemente para
generar una reacción su esposo, quien se encuentra completamente confundido.
Sus ojos están abiertos y su respiración evidencia una dificultad muy marcada.
Zoe no tiene la menor idea de qué hacer, siente la necesidad de llamar a
emergencias, aunque también solo quiere salir corriendo de allí, huyendo tan
lejos como fuese posible ante un hecho sin precedentes en la ciudad de
Pinecreek.
Aiden mueve su cabeza de un lado al otro lentamente intentando ajustar su
cuello, abre sus ojos y ve la gran llamarada que sale de su coche.
Inmediatamente, parecieron activarse todos sus sentidos agudizados para actuar
en el calor del momento.
Era como muy si hubiese tenido un botón de encendido que se activó en ese
instante, colocándose de pie rápidamente y tomando a Zoe por el brazo para
caminar hacia la cochera
— ¿Qué está pasando, Aiden? — Pregunta Zoe, quien tiembla de miedo ante lo
ocurrido.
Aiden no tiene tiempo para dar explicaciones, simplemente puede actuar para
tratar de protegerse a sí mismo y a su esposa, por lo que camina rápidamente
hacia su motocicleta.
Zoe no tendrá tiempo de buscar absolutamente nada dentro de la casa, tienen que
desaparecer en ese instante. Nadie podría asegurar de que los hombres que han
hecho estallar el coche de Aiden no se encuentran cerca de allí dispuestos a
terminar el trabajo.
La puerta automática de la cochera se abre lentamente, saliendo unos segundos
después Aiden acompañado de su esposa abrazada a su torso, ambos en una
motocicleta Harley de color negro brillante, dirigiéndose a ningún lugar en
específico.
La insistencia de Zoe por buscar ayuda policial, lleva a Aiden hacia la estación
local. Allí plantearían lo que está ocurriendo entorno a sus vidas, pero la policía
de Pinecreek no está preparada para algo así.
Se encuentran de manos atadas, ya que la presencia de terroristas en la ciudad
simplemente es una suposición de Aiden y Zoe. Ante la muestra de desinterés de
los oficiales de policía, Aiden se encuentra solo, por lo que deberá actuar
haciendo uso de todos los conocimientos adquiridos a través de los años para
poder resolver el problema.
No hay manera de que pueda solventar su situación y recuperar la normalidad de
su vida mientras estos sujetos se mantengan haciéndoles sombra en cualquier
lugar a donde vayan.
La única persona de confianza que había conseguido en aquella ciudad, era
Melisa. No había ningún lugar adonde recurrir más que a ella, quien conocía
cada detalle del caso de Aiden.
Tendría contactos y lo ayudaría a conseguir resguardo, al menos por unas horas.
Aiden había planeado cruzar la frontera y dirigirse a Canadá, pero en medio de
su situación, no le estaba permitido movilizarse sin autorización.
Después de llegar a la residencia de Melisa, Zoe no se siente muy cómoda, ya
que horas atrás habían tenido una fuerte discusión en la cual, el centro del tema
había sido esta mujer.
— Tenemos que confiar en Melisa. Por favor, trata de ser objetiva. Entre esta
mujer y yo no hay nada. — Dijo Aiden mientras estacionaba su motocicleta a las
afueras de la casa de su abogada.
Antes de que la pareja llegue a la puerta de la casa de la bella mujer, esta ya se
ha percatado de la llegada, por lo que se adelanta y abre la puerta antes de
escuchar el timbre.
— Gracias al cielo que están vivos. Dijo Melisa.
— ¿Supiste lo de la explosión? — Comentó Aiden.
— Sí, toda la ciudad se enteró. Recuerda que es un pueblo pequeño. Pensé que
no habían sobrevivido. — Comentó Melisa.
La pareja fue invitada a entrar a la casa, aunque Melisa no se sentía muy cómoda
por el hecho de que dos personas que están siendo perseguidos por terroristas se
encontraran junto a ella. Pero tenía que actuar como una profesional, así que les
permitió ingresar y resguardarse en aquel lugar.
— Aquí estarás segura. En los próximos días podría pasar cualquier cosa. Espero
volver pronto. — Dijo Aiden dirigiéndose a Zoe.
— No puedes dejarme sola aquí. No podría soportar si algo te ocurre y no estoy
a tu lado. — Respondió la abnegada esposa.
— No tienes nada de qué preocuparte, aquí estaremos bien. — Agregó Melisa.
— Esta es una conversación entre marido y mujer. Creo que no debes
inmiscuirte en nuestros asuntos. — Dijo Zoe dirigiéndose hacia Melisa.
— No tienen que discutir, necesito que trabajemos todos como un equipo. —
Dijo Aiden.
El caballero no tenía tiempo que perder, por lo que besó intensamente a Zoe y
agradeció enormemente a Melisa por la oportunidad de proteger a lo más
preciado de su vida. Aiden salió rápidamente de la residencia de la abogada y
subió a su motocicleta para ir en busca de la solución a la problemática
involucrada con una cantidad de criminales que iban detrás de su pellejo.
Había repasado diferentes planes mientras iba camino a la casa de Melisa, debía
hacer nuevos contactos con algunos compañeros del ejército, quienes le debían
algunos favores y otros por simple amistad.
Mientras Aiden intenta mantener a su esposa con vida resguardar su integridad,
Zoe queda habilitada para corroborar finalmente todas las dudas referentes a
Melisa. Mientras comparten una taza de café durante aquella tarde, tienes la
posibilidad de adentrarse en una conversación que iba a llegar mucho más allá
de lo que podría imaginar Zoe.
Habían tratado diferentes temas, pero ninguno de interés para Zoe, quien
repasaba en su mente una y otra vez de la manera en que podría formular la
pregunta que respondería finalmente cuáles eran las intenciones que realmente
tenía Melisa con su esposo. Después de tanto darle vueltas a las posibles
maneras de formular la pregunta, Zoe dejó salir la interrogante de una manera
abrupta, justo antes de tomar un sorbo de café.
— Te gusta Aiden, ¿cierto? — Preguntó Zoe.
Melisa se quedó completamente en silencio mientras veía fijamente a los ojos a
Zoe. Sabía que no había forma de mentirle a una esposa enamorada, por lo que
no tiene más alternativa que decirle toda la verdad.
— Tienes un esposo muy atractivo. Te mentiría enormemente si te digo que no
me atrae físicamente. — Dijo Melisa con mucha sinceridad.
— Tienes razón, Aiden es un hombre atractivo. ¿Ha pasado algo entre ustedes?
— Preguntó Zoe.
— No, nada más allá de unos tragos y una buena conversación. Tienes un esposo
muy valioso. Cuídalo... — Dijo la abogada.
Después de escuchar las palabras de la mujer, Zoe había entrado en confianza,
surgiendo en su mente nuevas ideas para poder darle un nuevo sentido a su
matrimonio. Una de las fantasías sexuales más marcadas en la vida de Aiden
siempre había sido compartir la cama con dos mujeres. Se lo había comentado
una y otra vez a Zoe, quien nunca había estado lo suficientemente preparada
como para compartir a su esposo con otra chica.
Siendo testigo del interés mutuo que existe entre Aiden y Melisa, para Zoe lo
más inteligente que puede hacer antes de que su matrimonio se derrumbe como
un castillo de naipes, es acceder a una aventura sexual que involucre a una mujer
a la cual puede mantener bajo constante observación.
— Sé que tu matrimonio no está bien. Para mí sería muy sencillo separarlos si
quisiera. — Dijo Melisa.
— Tienes razón, mi matrimonio se está disolviendo. He intentado hacer lo
posible por recuperar la atención de Aiden. Pero, en medio de todo esto se
encuentra muy disperso. — Respondió Zoe.
— Es algo que suele pasar. No es sencillo inyectarle emoción al matrimonio.
Dijo la mujer antes de ponerse de pie y caminar hacia el lavabo para enjuagar la
taza con un poco de agua.
Mientras la mujer se encuentra de pie justo en frente de Zoe, esta tiene la
oportunidad de observar la detalladamente y apreciar su físico. Puede darse
cuenta las razones por las cuales Aiden siente cierta atracción por ella. Es una
mujer sumamente atractiva y con un cuerpo muy llamativo, algo contra lo que no
puede competir Zoe Blanco.
En medio de sus pensamientos, a Zoe se le ocurre una idea muy alocada,
involucrando a Melisa y a Aiden en una escena en la cual los 3 podría obtener lo
que desean con el consentimiento mutuo. Zoe sería capaz de complacer a Aiden
en medio de una escena en la que podría estar con dos mujeres simultáneamente,
mientras ella despierta los deseos más profundos de su marido. Melisa sería
simplemente un agregado, pero sería el regalo perfecto para su esposo.
Habían pasado dos noches desde que Aiden no había vuelto a casa, dándole la
oportunidad a Zoe y a Melisa de conocerse un poco mejor durante ese periodo de
tiempo. Tras su regreso, una muy agradable sorpresa le esperaba al caballero en
la habitación principal de la casa de Melisa. Zoe se había preocupado por
prepararle un momento inolvidable a su marido en el cual tendría la oportunidad
de liberar todas sus fantasías sexuales tanto con ella como con Melisa.
No había sido difícil para la joven chica poder convencer a su compañera de que
accediera a compartir la cama con ella y Aiden, ya que existía una gran atracción
sexual por parte de Melisa.
Zoe se encuentra insegura, ya que es la primera vez que una mujer estará con
ella mientras practica el acto sexual, pero, a pesar de esto, está dispuesta a llegar
tan lejos como sea posible por complacer a su marido, y darle un gusto que
jamás olvidará.
Preocupado, Aiden entra a la casa sin tener señas o pistas de ninguna de las dos
mujeres, algo muy desalentador en medio de la situación en la que se
encuentran.
— ¿Hay alguien en casa? — Gritó Aiden, buscando una respuesta de alguna de
las mujeres.
Después de revisar minuciosamente la cocina, pudo notar que estaban las llaves
metidas en un recipiente de vidrio en el centro de la mesa, donde usualmente
solían estar las llaves de Melisa. Es una situación misteriosa y extraña para
Aiden, quien no tiene más remedio que subir a la habitación de Melisa o la
habitación provisional de Zoe para verificar que las mujeres se encuentren bien.
Entra cuidadosamente llevando su arma en la mano, ya que sabe que
posiblemente hayan dado con ellas. Zoe no está en su habitación, pero todavía
queda un lugar por revisar.
Al entrar en la habitación principal, donde suele dormir Melisa, Aiden se lleva
una grata sorpresa al encontrar a las dos mujeres vistiendo una lencería
exquisita. Luces tenues y mucho encaje son las dos principales características del
lugar, Aiden se queda sin palabras al ver a las dos mujeres casi completamente
desnudas acostadas en la cama.
No podía cerrar la boca, ya que la impresión lo había dejado anonadado mientras
sus ojos no podían creer lo que veían. Las dos chicas se encuentran sonrientes,
Zoe acaricia los muslos de Melisa mientras esta juega con su cabello de una
manera muy pícara para llamar la atención de Aiden.
— Esto tiene que ser una broma. — Dijo Aiden.
— ¿Qué te pasa? ¿No te gusta lo que ves? — Preguntó Melisa.
— No sé qué responder. — Dijo Aiden mientras veía fijamente a Zoe.
No tenía la menor idea de donde se había gestado la idea de lo que allí estaba
ocurriendo. Pero Aiden es un hombre inteligente, por lo que debe escoger las
palabras correctas para no herir la sensibilidad de Zoe.
— La verdad es que no sé qué decir. Esto es muy extraño. — Dijo Aiden.
— No tienes que decir nada. Solo ven aquí y acuéstate en la cama. — Dijo Zoe.
Después de escuchar las propias palabras de su esposa, quien lo invitaba a entrar
a la cama, Aiden supo perfectamente que lo que estaba ocurriendo allí pudo
haber sido idea de Zoe.
La chica estaba completamente desesperada por darle una nueva vida a su
matrimonio, por lo que, esa oportunidad era crucial para salvar la relación.
Aiden no opone resistencia ante las instrucciones de su esposa, por lo que entra a
la cama mientras se quita la camiseta, quedando solo en sus pantalones vaqueros
de mezclilla y sus zapatos de cuero.
Melisa fue la primera en besar los labios de Aiden, ya que se encontraba ansiosa
y contaba con la aprobación de la propia Zoe para hacer realidad una de las
fantasías con las que había estado jugando los últimos días.
Al hacer contacto con los labios de Aiden, Melisa sintió un gran calor en su
interior que la consumía. Realmente le gustaba Aiden, pero respetaban los
límites establecidos por la propia Zoe para que el acto se desempeñara de
manera gratificante para los tres.
Era completamente extraño para Zoe ver como su esposo besaba con mucha
pasión a otra mujer, pero de alguna manera retorcida, esto la excitaba
enormemente. Zoe tomó su turno, tomando el rostro de Aiden para besarlo,
demostrando realmente como se hacía. A pesar de toda la lujuria que irradiaba
Melisa, Zoe era una buena chica con los labios, sabía cómo besar a Aiden
exactamente como le gustaba, por lo que la competencia sería bastante dura esa
noche.
Mientras Zoe disfruta de los labios de su marido, Melisa se toma la atribución de
liberar el cinturón del pantalón del caballero, dejándolo desnudo en unos pocos
minutos. El pene de Aiden se encuentra completamente erecto, mientras las
manos de las chicas juegan traviesamente con este.
Mientras una lo masturba suavemente, la otra acaricia sus testículos y su pecho,
Aiden está al límite de la capacidad de excitación. Se respira cierta timidez en el
ambiente, ya que ninguno de los tres se había visto involucrado en una situación
similar, por lo que intentan actuar con naturalidad, pero es realmente difícil.
Zoe se acerca al miembro de su esposo y lo introduce en su boca, siendo la
primera en iniciar el acto sexual que comenzó a tomar forma con cada segundo
que pasaba. Aiden decidió hacer su movimiento y llevó a Melisa hacia su rostro,
posándose sobre este para que la lengua de Aiden comenzara a jugar con su
clítoris. Mientras Zoe le practicaba sexo oral, el caballero degustaba los fluidos
de la abogad, la cual movía sus caderas de manera circular sobre el rostro de su
cliente.
Las manos de Aiden se posan sobre los glúteos de la mujer, empujándola hacia
su rostro para introducir su lengua en lo más profundo de su vagina, la cual se
encuentra emanando fluidos de manera descontrolada. Zoe disfruta de lo que ve,
sabe que su marido está completamente feliz en medio de esta situación.
En ningún momento siente riesgo o miedo de perderlo, ya que ninguna otra
esposa que conozca accedería a comportarse de esa forma para complacer a su
marido. Melisa está desbordante de placer, mientras Zoe decide comenzar a
cabalgar a su marido introduciendo su miembro en su vagina, la cual se
encuentra ardiendo de excitación.
Las manos de Zoe se posan sobre el pecho desnudo de su marido, tomándolo con
fuerza, incrustando sus uñas en su piel mientras este gime de dolor. Hay cierta
distancia entre ambas mujeres, ya que estas comparten al hombre, pero no hay
ningún tipo de contacto entre ellas.
Para Zoe sería completamente desquiciado iniciar una interacción física con
Melisa, no podía permitírselo, a pesar de que se excitaba enormemente al ver
como su marido la complacía.
Por otra parte, la propia Melisa tendría la oportunidad de descubrir una parte de
su propia sexualidad que nunca había revelado, ya que se encuentra en medio de
un matrimonio en crisis, así que cualquiera de los dos estará dispuesto hacer
cualquier cosa por encender la llama de nuevo.
Cada segundo que pasa, los tres personajes se sumergen más profundo dentro de
una escena llena de lujuria y tentación, sedientos de experimentar todo lo que
puedan durante aquella noche que posiblemente no vuelva repetirse. Después de
algunos minutos de llevar sus ritmos cardíacos al límite, los tres personajes
deciden tomar un descanso y bajar las pulsaciones.
Aiden decide acostar ambas mujeres bocabajo en la cama mientras disfruta de
sus glúteos chicas. La figura de Melisa le hace agua la boca a Aiden, quien no
puede negar que sigue sintiendo una gran atracción física por Zoe, a pesar de que
es su esposa y estado con ella en múltiples situaciones. Aiden, haciendo uso de
ambas manos, comienza a complacer a cada una de las chicas frotando sus
vaginas suavemente.
Las palmas de sus manos se llenan rápidamente de fluidos al satisfacer a las
chicas, quienes lo observan fijamente a los ojos mientras este se halla allí, de pie
y completamente orgulloso y feliz de ser quién es.
A los tres se les ha olvidado que hay una gran nube negra acercándose hacia
ellos, la muerte y la desesperación están tan cerca de Zoe y Aiden que bien
podría robarles el oxígeno. Pero ese momento ha sido capaz de eliminar toda
sensación de tensión que pueda haber en torno a la pareja, quienes se entregan en
cuerpo y alma a la llama de la lujuria.
Aiden decide penetrar a Melisa, la cual se encuentra completamente mojada
desde la punta de sus pies hasta su cabello, las altas temperaturas contenidas en
la habitación han generado una transpiración de niveles increíbles.
Sus fluidos combinados con el sudor, crean un lubricante perfecto para que este
comience a penetrarla sin ningún tipo de problema. Mientras lo hace, introduce
dos dedos de su mano dentro de la vagina de Zoe, quien se retuerce en la cama
moviendo la totalidad de su cuerpo a un ritmo acorde a los movimientos de la
mano de Aiden.
La sábana de la cama de Melisa se encuentra completamente empapada de sudor,
los fluidos han llegado hasta el colchón, lo que dejará un olor que difícilmente
podrá olvidar la mujer.
Esta se sujeta de las manos de Zoe mientras el caballero se introduce en ella una
y otra vez, llevándola hacia el orgasmo, el cual está cada vez más cerca. Zoe
observa la escena y parece excitarse cada vez más, no le importa que su marido
esté complaciendo a otra mujer, ya que sido ella la que ha propiciado el
encuentro.
— Estoy muy cerca. No aguanto más. — Dijo Aiden.
— Acaba dentro de ella. Hazlo. — Ordenó Zoe.
Melisa no se opuso al planteamiento realizado por la pareja, moviéndose con
mucha más fuerza llegando a orgasmo simultáneo en conjunto con Aiden. Solo
unos segundos después, Zoe se unió a la pareja, retorciéndose en la cama
mientras la mano su marido frotaba su clítoris para llevarla al clímax.
ACTO 6
Después de una noche completamente apasionada, en la cual habían vivido una
experiencia completamente diferente, los tres personajes se encuentran
completamente desnudos aún en la cama.
Ambas mujeres se encuentran abrazadas a Aiden, quien solo cubre su zona
genital con un pequeño trozo de sábana blanca que ha quedado su disposición.
Su pecho desnudo y su abdominales perfectos se encuentran cubiertos por los
brazos de las dos mujeres quienes recibieron su dosis de satisfacción durante la
última noche.
La vejiga Aiden está por reventar, por lo que se encuentra desesperado por salir
de la cama hacia el cuarto de baño. Haciendo el menor movimiento posible para
no despertar a ninguna de las dos mujeres.
Aiden se mueve cuidadosamente hasta salir de la cama. Después de satisfacer
sus necesidades fisiológicas, este intenta volver a ella, pero no planea volver a la
misma ubicación en donde estaba, por lo que hace a un lado a Zoe para acostarse
de nuevo en uno de los extremos de la cama.
De este lado se encuentra una mesa de noche con un compartimiento levemente
abierto. Allí, puede verse un pasaporte extranjero que llama a la atención de
Aiden.
Quisiera no haber visto nada en ese momento, pero es un hombre de detalles,
que suele prestar mucha atención a todo lo que lo rodea, de esta forma se ha
mantenido con vida hasta ese momento y le ha dado resultados. Aiden abre
levemente el compartimiento de la mesa y puede ver que el pasaporte que se
encuentra dentro resulta ser de Melisa.
No es un pasaporte norteamericano, de hecho, se le hace muy familiar este tipo
de pasaporte. Al abrirlo, Aiden confirma que la chica tiene otra identidad, no
tiene la menor idea cuál de las dos es la real, pero lo que sí sabe es que esta tiene
un vínculo directo con el país que una vez fue atacado por las fuerzas especiales
de los Estados Unidos a las cuales perteneció Aiden. Se toma unos segundos
para intentar deducir la información que acaba de obtener.
No hay otra explicación, Melisa tiene que haber trabajado como informante para
este grupo de criminales y los estaba guiando hasta el en el momento preciso
para acabar con su vida. Aiden no lo piensa dos veces antes de atacar a la mujer,
la cual se encuentra durmiendo profundamente.
Sus manos se posan sobre el cuello de Melisa, quien comienza a luchar como
una fiera para liberarse. Zoe sale de la cama completamente desnuda y no se
explica qué es lo que está ocurriendo.
— Aiden, ¿qué haces? ¡Suéltala, la matarás! — Dijo Zoe mientras empuja a
Aiden hacia un lado.
La chica no tiene la fuerza suficiente como para mover a Aiden, quien no le ha
dado una explicación. Las constantes sacudidas amenazan con fracturar el cuello
de Melisa, quien ha llegado a un punto en el que le cuesta enormemente respirar.
Sus ojos comienzan a sobresalir de sus órbitas y han comenzado a enrojecerse.
Segundos después, finalmente, Aiden rompe el silencio y pronunciar algunas
palabras que aclararán las cosas para Zoe.
— Eres informante de esos criminales. Dime ahora mismo qué es lo que planean
o te asesinaré inmediatamente. — Dijo Aiden mientras liberaba levemente el
cuello de la chica.
Melisa aprovechó la oportunidad para tomar un respiro, la bocanada de aire le
regresó la vida a la abogada, quien pensó que su vida se extinguiría en ese
preciso instante.
— Cualquier cosa que te diga será completamente inútil. Tú, Zoe y yo
moriremos muy pronto. — Comentó Melisa mientras intentaba liberarse de las
manos de Aiden.
— No volveré a advertírtelo, Melisa. Dime lo que sepas o te mataré. — Dijo el
furioso hombre.
— Ya todos estamos muertos. Dijo la mujer mientras relajaba en la espera de la
muerte.
Aiden apretó con tanta fuerza a la mujer que rompió su cuello unos pocos
segundos después. Zoe miraba atónita lo que había ocurrido, no podía entender
cómo podía haber pasado algunos días junto a una mujer que filtraba
información directa para los hombres que están buscando asesinarla a ella y a su
esposo.
Deben abandonar ese lugar antes de que ocurra algún esperado. Aiden decide
alejarse de la ciudad, tomando la carretera hacia la frontera. Durante su camino
hacia Canadá, hacen una breve parada en una estación de gasolina.
Esto le dará la oportunidad a Zoe de comprar algo de comida, recargarán
combustible y tendrán algo de tiempo para pensar cuál será su próximo paso.
Después de detenerse, pueden notar que hay un viejo restaurante de comida
rápida son unos pocos metros, donde deciden hacer una parada para comer algo
antes de continuar su camino.
Mientras Aiden se lleva una hamburguesa con queso a la boca, puede escuchar el
sonido de la puerta al abrirse. Esto indica que alguien ha entrado o salido del
lugar, lo que lo tiene sin cuidado en lo absoluto.
Pero no fue el ruido de la puerta lo que llamó la atención de Aiden, sino el rostro
palidecido de Zoe al ver al sujeto que había entrado allí. Aiden tenía que estar
preparado para absolutamente todo, por lo que, al ver la reacción de su esposa
supo que algo estaba por venir.
— Es el hombre que me abordó en el minimercado. — Dijo Zoe mientras se
llevaba el vaso a la boca intentando ocultar lo que decía.
— Nos están siguiendo, maldita sea… Esto no va a terminar bien. — Dijo
Aiden.
— ¿Qué haremos? — Preguntó la chica, que ya había comenzado a temblar de
miedo.
El hombre de gafas oscuras y barba densa, se sentó en una mesa cercana a la
puerta, desde donde veía perfectamente Aiden y a Zoe.
— Iré al sanitario. Si el sujeto entra detrás de mí, corre al coche y enciéndelo. Si
no vuelvo en 10 minutos márchate y conduce a toda velocidad hacia la frontera.
— Dijo Aiden.
— No me iré sin ti. — Dijo Zoe.
— Harás exactamente lo que te diga si es que quieres sobrevivir, Zoe. No tengo
tiempo para juegos. Te amo. — Dijo Aiden antes de besar a Zoe en los labios y
marcharse hacia el sanitario.
Tal y como lo había predicho Aiden, una vez que esté caminó hacia el sanitario,
el caballero se puso de pie y caminó detrás de él. La puerta contaba con un brazo
mecánico que cerraba automáticamente la puerta, lo que le daba algo de tiempo a
Aiden para poder preparar su ataque.
Entró directamente hacia uno de los cubículos del baño y se encerró allí,
mientras la puerta se cerraba automáticamente. Solo un par de segundos después
volvió abrirse, Aiden sabía que venían por él, por lo que, quitó la tapa del tanque
del excusado y la sostuvo en sus manos esperando pacientemente la llegada del
hombre.
Los pasos avanzan lentamente hacia el lugar en el cual se esconde Aiden, quien
intenta respirar con mucha calma para mantener su pulso cardíaco calmado.
Tiene que actuar de manera fría y calculada, si falla, está muerto.
El hombre empuja cada una de las puertas de los cubículos para asegurarse que
estén vacíos. En su mano lleva un arma cargada lista para ser usada y descargada
en el cuerpo de Aiden. Al empujar la última de ellas, esta cuenta con un seguro,
lo que certifica que está cerrada, hay alguien adentro.
El hombre apunta su arma directamente contra el cubículo, listo para
descargarla, pero antes, se da cuenta de que hará demasiado escándalo y decide
hacerlo de manera silenciosa. Es un hombre experimentado, un asesino
despiadado que considera que Aiden no será un problema para él.
Proporcionándole un fuerte golpe con su pierna a la puerta, esta se abre
abruptamente, dándole la señal exacta Aiden para atacar. Los pocos segundos
que le tomó al hombre recuperar el equilibrio, fueron suficientes para que Aiden
tomara la tapa de cerámica del tanque de agua del escusado y la partiera en el
rostro del hombre.
Cualquiera, después de un ataque semejante, habría quedado inconsciente en el
suelo, pero esto, apenas había aturdido al hombre, quien posteriormente recibió
una descarga de golpes en el los costados para finalizar con una patada en el
estómago que lo enviaría directamente al suelo.
Aiden había hecho uso de toda su fuerza para atacar al extraño hombre, pero este
parecía estar hecho de puro acero. Aiden había olvidado su arma en el coche, no
estaba preparado para ser interceptado tan pronto, por lo que tiene que valerse de
sus propios puños y cualquier herramienta que tenga la mano para defenderse.
— Eres bueno. — Dijo el caballero mientras limpia un poco de sangre que salía
de su labio.
— No te pediré explicaciones. Solo quiero que me dejes a mí y a mi esposa en
paz. — Dijo Aiden.
El hombre sonrió cínicamente, como si las palabras que había dicho Aiden
hubiesen sido completamente absurdas. Metió la mano en su saco y extrajo su
arma nuevamente. Aiden no dudó para atacar, yéndose encima del hombre para
desarmarlo.
Esta vez, no habría con descendencias para Aiden, ya que el fuerte sujeto se
quitó al exmilitar de encima como si hubiese sido una diminuta hormiga
atacando a un gran escarabajo. Aiden golpeó la pared de cerámica del sanitario
con su espalda, quedando completamente vulnerable para recibir los disparos del
hombre.
— Eres un contendiente digno. Por lo que no te asesinaré con mi arma. Te
mataré con mis propias manos. — Dijo el sujeto mientras tiraba su arma a un
lado y se quitaba la chaqueta.
Aiden estaba muy aturdido por el contundente golpe que había recibido en su
espalda, por lo que no tenía demasiadas oportunidades de defenderse. El impacto
que había generado su espalda contra la pared de cerámica, había despegado un
fragmento de esta, formando un triángulo afilado que podría ser un arma efectiva
para defenderse.
Cuando el hombre se encontró a solo unos centímetros de Aiden, este tomó entre
sus dedos el trozo de cerámica puntiagudo y lo incrustó en la garganta del
hombre. Aiden no tuvo tiempo de dudar, mató instantáneamente al hombre que
se había convertido en un riesgo total para su vida y la de Zoe. Mientras el
caballero se desangraba en el suelo del sanitario, Aiden tomó el arma del hombre
y salió rápidamente del lugar.
Tal y como se lo voy a prometido a Zoe, salió corriendo hasta el coche y entró en
él. La chica condujo rápidamente, pero Aiden le indicó que manejara en
dirección contraria, ya que sabían que se dirigía hacia la frontera.
Antes de abandonar el sanitario, Aiden había revisado la chaqueta del sujeto,
extrayendo algunos datos y documentos y, un elemento primordial para poder
determinar quiénes eran los hombres que estaban detrás de él, el teléfono móvil
del hombre.
Con esta herramienta tendría la posibilidad de rastrear algunos de los números
registrados en él, lo que daría la ubicación de algunos hombres importantes que
posiblemente estarían detrás de Aiden y Zoe.
Después de refugiarse en un hotel por un par de días, Aiden había conseguido
comunicarse con algunos excompañeros que prestaron servicio en las fuerzas
armadas al mismo tiempo que él.
Ellos también habían tenido la posibilidad de luchar, pero no habían sido
víctimas de ataques como Aiden. Tarde o temprano irían tras ellos, por lo que,
Aiden tendría que persuadir a estos compañeros para unirse e intentar acabar con
esta organización que se había convertido en una piedra en el zapato para la vida
de Aiden Luna.
Tras algunos días de investigación, Aiden había logrado dar con nombres
importantes gracias al teléfono móvil del hombre que va asesinado en aquel
sanitario. Era inevitable perder las esperanzas de que tarde o temprano saldrían
adelante, ya que en aquel móvil encontró nombres que le erizaron la piel al
recordarle temibles sujetos de los que había escuchado durante su estadía en
aquella nefasta ciudad poblada de criminales y asesinos.
Muchos de estos hombres se habían trasladado a Estados Unidos para eliminar
algunos de los militares que habían peleado en sus tierras, por lo que, Aiden
debe moverse rápido y reunir un equipo de profesionales que lo ayuden a
eliminar esta amenaza, o al menos contrarrestarla con la misma intensidad y
fuerza.
Entre ese grupo de expertos militares, quienes habían intentado hacer una vida
normal después de volver de la guerra, se encontraba Helen Jones una muy
buena amiga de Aiden Luna quién sería la única persona en quien podría confiar
en ese momento. Después de hacer un gran número de llamadas, Aiden había
logrado reunir a un equipo de siete miembros en la ciudad de Paincreek.
Todos pensaron que Aiden se está volviendo loco, pero al observar las pruebas
que este tenía para ellos, pudo convencerlos de que tenían que movilizarse
rápido antes de que las nuevas víctimas fuesen los familiares de ellos.
Todos estuvieron de acuerdo en movilizarse en pro de darle un fuerte golpe a la
organización terrorista que crecía a un ritmo intimidante en los Estados Unidos.
Eran ellos solos en contra de un fantasma.
Cada uno tenía habilidades especiales que podían ser de gran ayuda durante el
desarrollo de la operación. Helen Jones sería la encargada de quedarse al cuidado
de Zoe Blanco, quien no tendría la posibilidad de acompañar a su esposo durante
esos días. Se encontraban en una dura situación de la cual posiblemente no
podrían salir, pero debían morir luchando si era necesario.
ACTO 7
Existía una enorme posibilidad de que Aiden y Zoe no volvieran a verse después
de la partida hacia la búsqueda de la tranquilidad posterior a un enfrentamiento.
Aiden no podía garantizarle a Zoe su regreso, por lo que, aquella última noche
que pasaron juntos se había convertido en una despedida muy intensa. Zoe tenía
una única manera de demostrarle a su esposo lo comprometida que estaba con él
y lo dispuesta que estaba a esperarlo todo el tiempo que fuese necesario.
Entregándole su cuerpo totalmente aquella noche sin límites ni parámetros, Zoe
podría decirle a Aiden lo mucho que lo ama y lo orgullosa que se siente de él.
Habían decidido salir aquella noche a tomar un par de copas, de está forma,
disminuiría un poco la tensión existente en torno a ellos.
Tras regresar a la casa, Aiden no se detuvo en su residencia, en donde se
encontraba Helen Jones, pues continuó conduciendo unas cuantas calles más
para ingresar a un viejo motel que se encontraba en el camino.
— ¿Qué hacemos aquí? — Preguntó la chica.
— Hoy haremos nuestra despedida al más puro estilo adolescente. — Dijo
Aiden.
Ese lugar no era el más glamoroso o sofisticado que pudiese haber elegido
Aiden, pero era bastante similar a aquel motel en el cual le hizo el amor por
primera vez a Zoe. El elemento de improvisación y las enormes ganas que tenía
de acostarse con la chica, lo habían hecho llegar hasta un lugar que no parecía
ser demasiado higiénico. Ambos entraron a la habitación después de solicitarle
una llave al viejo encargado del lugar.
La primera en entrar al lugar fue Zoe, quien le da una mirada a todo lugar y no le
parece que esté tan mal. Aiden entra y cierra la puerta a sus espaldas, poniendo
el seguro a la puerta y sacudiendo un poco la manilla para verificar que esta
funcione correctamente.
Aiden lleva una corbata de color rojo, la cual comienza a quitarse lentamente.
Camina hacia Zoe, quien lleva un vestido blanco y se encuentra parada justo al
lado de la cama. Aiden ya se ha quitado la corbata y la sostiene entre sus manos,
se coloca de pie muy cerca de Zoe y la besó suavemente en los labios.
Aiden nota cierto cambio en el ritmo de la respiración de la chica, quien se
encuentra algo nerviosa, algo completamente absurdo para una pareja que ya lo
ha practicado casi completamente todo en relación al sexo.
Pero el rostro de Aiden transmite algo diferente esta vez, lo que llena de
expectativas a la chica, que no está preparada para las nuevas aventuras en las
que quiere incurrir su esposo.
Aiden lleva sus manos hacia las piernas de la chica, levantando su vestido
suavemente hasta quitárselo completamente por la parte superior de su cuerpo.
Zoe lleva lencería de color blanco, la cual es acariciada por los dedos de Aiden
antes de dar su próximo paso. Los labios de Zoe se encuentran entre cerrados,
tiembla levemente ante las caricias de su esposo, quien la observa fijamente a los
ojos mientras la toca.
De una forma inesperada, Aiden empuja a Zoe haciéndola caer de espaldas sobre
el colchón de la cama. La chica sonríe, parece agradarle la actitud de su esposo.
El respaldo de la cama, está hecho de tubos de metal, una estructura perfecta
para los planes de aire, quien se sube sobre la chica sujetando sus muñecas y
juntándolas sobre la cabeza de Zoe. Después de tomar la corbata entre sus
manos, ata las muñecas uniéndolas firmemente para inmovilizar a la chica.
Zoe no deja de mirar fijamente a los ojos de Aileen, algo característico entre la
pareja. Siempre suelen verse con mucha ternura y pasión, como si vieran a través
del alma de cada uno de una manera auténtica y genuina.
Después de unir las muñecas de la chica, Aiden toma los trozos restantes de la
corbata y los ata a la estructura de tubos, inmovilizando totalmente a Zoe, quien
no se resiste en lo absoluto. Acto seguido, Aiden comienza a besar a la chica
continuamente, haciendo un recorrido desde el cuello de Zoe hasta sus pechos.
Allí se detiene para quitarle el sujetador, el cual lanza a un lado de la cama y
comienza a lamer sus pezones. Estos se endurecen rápidamente, mientras Aiden
juega con sus dedos en la zona genital de la chica.
Esta será su próxima parada, por lo que comienza a recorrer con besos y lamidas
a través del costado de la chica. Se detiene en su vientre y comienza a hacer
movimientos circulares con su lengua mientras desciende lentamente. Comienza
a quitar el panty de Zoe mientras observa su vagina suave y depilada de una
forma impecable.
Tras quitar la prenda de ropa de color blanco de Zoe, la lleva a su nariz y disfruta
de su aroma. Acto seguido la lanza a un lado de la cama al igual que el sujetador.
Completamente desnuda, la chica se encuentra vulnerable y a merced de los
deseos de su esposo, quien ha comenzado a quitarse la camisa y el pantalón.
Quedando en ropa interior, Aiden demuestra su cuerpo perfecto ante la mirada
extasiada de la chica, quien ha comenzado a humedecerse, preparándose para
hacer el amor de una manera espectacular aquella noche.
La sensación de que quizás no volvería a ver a Aiden nuevamente, la hace sentir
algo de desesperación, pero no puede arruinar el momento con pensamientos
negativos, ya que posiblemente todo termine pronto. Aiden muerde la parte
interna de los muslos de Zoe, mientras esta tiembla con cada uno de los
espasmos generados por el placer infringido por Aiden, quien frota su clítoris
con su dedo pulgar
El sexo entre Aiden y Zoe siempre suele ser muy silencioso, ambos se
concentran enormemente en sus actos y evitan interrumpir los del otro. Esta vez,
Zoe ha querido actuar diferente, por lo que empieza a emitir sonidos a un
volumen bastante exagerado, lo que estimula a Aiden. Al escuchar el primer
gemido de Zoe, Aiden levanta la mirada para ver su rostro. La chica se encuentra
sonriente, ya que no acostumbra actuar de esa manera.
— ¿Te gusta? — Pregunta Zoe, buscando la aprobación de su esposo.
— Puedes hacer lo que desees. Todo de ti me encanta. — Respondió Aiden.
Zoe comenzó a generar sonidos cada vez más evidentes, los cuales salían desde
lo más profundo de su ser, como el producto del placer sexual que
experimentaba en ese momento. Aiden juega con el clítoris de la chica,
devorándolo y succionándolo con enorme fervor.
Dos de sus dedos se introducen en la vagina de la chica mientras este lame
intensamente la superficie de la misma. Los labios vaginales de Zoe se
encuentran completamente empapados en fluidos.
La zona lubricada está lista para que Aiden se pose sobre ella y comience a
hacerle el amor. En esta oportunidad no es la vagina la principal prioridad de
aire, quien ha decidido probar suerte con la otra modalidad de introducirse en un
orificio prohibido que nunca había sido proporcionado por Zoe.
La lengua de Aiden juega dentro de la vagina de la chica, pero periódicamente se
desvía hacia la región anal de Zoe, quien experimenta ciertos escalofríos al sentir
el contacto de la lengua de su esposo en esta zona.
Nunca había tenido el valor de mantener relaciones sexuales bajo este esquema,
pero se sentía tentada a permitir que, siendo esta la última vez que podrían estar
juntos, sería una buena opción.
En otras oportunidades, Aiden se veía fuertemente limitado por su esposa, quien
hacía movimientos esquivos para evitar que este hiciera contacto con su ano.
Esta vez, Zoe se muestra más permisiva, lo que le da luz verde a Aiden para
poder tener acceso absoluto a ella.
Su primer movimiento consiste en introducir su dedo medio suavemente en el
estrecho orificio, buscando hacer algo de espacio para luego introducir su
miembro. Periódicamente, introduce su dedo en la vagina de la chica, intentando
lubricarlo para que entre con mayor suavidad en el ano de Zoe. Después de
algunos minutos de llevar a cabo esta práctica Aiden recibe instrucciones claras
para continuar.
— Estoy lista. Házmelo ya. — Ordenó Zoe.
Aiden se preparó y separó las piernas de la chica para liberar la zona de
obstáculos. Colocándose justo frente a ella, comienza a penetrarla levemente.
Zoe siente un enorme dolor, pero su rostro muestra su clara disposición a
permitir que Aiden haga lo que desee. Solo había introducido un par de
centímetros, cuando Zoe le implora a Aiden que se detuviese.
— Para un momento. Siento mucho dolor. — Dijo a la chica.
Respirando profundamente, Zoe intenta tomar algo de valor para no arruinar el
momento. Vio el cambio en el rostro de Aiden, quien sentía algo de ilusión el
tener este tipo de encuentro por primera vez con su esposa.
— Podemos parar definitivamente si lo deseas. — Dijo Aiden.
— No, no pararemos… Continúa, haz lo que desees conmigo. — Dijo Zoe.
Aiden continúa penetrándola, y mientras más por fondo se encontraba dentro de
Zoe, esta experimentaba un placer mucho más gratificante. Con el pasar de los
minutos, la experiencia se va haciendo mucho más agradable para ella, quien
experimentó aquella noche algo completamente nuevo y le dio la oportunidad a
su marido de tener acceso a cada milímetro cuadrado de su cuerpo. La pareja se
había despedido de una manera que jamás podría olvidar.
Al llegar a la mañana siguiente, Zoe se encontró completamente sola en aquella
habitación, con instrucciones claras de lo que debía hacer de ahí en adelante.
Aiden detestaba las despedidas, por lo que había decidido marcharse con la
convicción de que pronto volvería a ver a Zoe. Había dejado una considerable
cantidad de dinero en un maletín, el cual serviría a Zoe para continuar con su
vida en caso de no contar con Aiden de ahora en adelante.
Tenía que volver a casa junto con Helen, donde estaría protegida durante el
tiempo en que Aiden estuviese ausente. La chica decidió salir de la cama
rápidamente, vestirse y seguir cada una de las instrucciones escritas en un
pequeño trozo de papel que había dejado Aiden. El plan había dado inicio y su
esposo se había marchado para acabar con aquella amenaza que ponía sus vidas
en riesgo con cada segundo que avanzaba.
ACTO 8
Seis sujetos bajan de una camioneta llevando armas largas en sus manos. La
adrenalina se encuentra al límite, mientras se ubican en la parte posterior de un
gran edificio abandonado, el cual ha sido localizado gracias a las investigaciones
de todo el equipo.
En el sótano de este lugar, opera de manera clandestina una de las
organizaciones más peligrosas a nivel mundial, la cual está a punto de recibir un
fuerte ataque de seis sujetos preparados para dejar la vida allí si es necesario.
El grupo táctico conformado por exmilitares, se distribuye equitativamente por
todo el lugar, ejecutando un plan creado por el propio Aiden Luna, sobre quien
reposa la responsabilidad de la operación. El lugar está fuertemente custodiado,
los hombres que encontrarán allí no dudarán ni un segundo para disparar
directamente a la cabeza de cualquiera de ellos para contrarrestar la amenaza.
Han ingresado de manera silenciosa, neutralizando a varios sujetos en el camino,
pero aún falta mucho para llegar hasta el jefe de esa organización, o al menos
quien dirige la operación que amenaza a la vida de Aiden y sus compañeros.
Un leve error, hace que dos de los compañeros de Aiden sean atrapados por un
grupo de extremistas, quienes lograron ver a través de una cámara escondida la
llegada de estos.
La pérdida de contacto con estos dos hombres, hace que el resto del grupo sufra
una fuerte caída anímica. Algunos de ellos experimentan tanto miedo, que
deciden retirarse. Han escuchado fuertes rumores acerca de las torturas que
pueden llevar a cabo estos dementes. Pero ahora es diferente, tienen familias,
responsabilidades y hogares a los cuales deben volver.
Ya no son los mismos kamikazes que anteriormente daban todo por su país, han
envejecido un poco y los míos se han hecho mucho más intensos. Aiden se
encuentra frente a la posibilidad de tener que continuar solo, ya que algunos de
sus compañeros han decidido detenerse y no dar un paso más hacia delante.
— Esto es una completa locura, Aiden. No entiendo cómo podemos haberte
hecho caso para traerlos hasta aquí. — Comentó uno de los compañeros.
— Esta es la única solución. De lo contrario, tarde o temprano irán tras ustedes,
tal como lo hicieron conmigo. — Respondió aire a través del radio comunicador.
— Estamos fuera, esto es una operación suicida. — Dijo otro de los compañeros,
antes de cortar comunicaciones con Aiden.
Se había quedado completamente solo y dos de sus compañeros permanecían
atrapados por los hombres de esta organización. Aiden no podía darles la espalda
a estos sujetos que le habían brindado su confianza, tenía que hacerlo por ellos y
por su propio bienestar futuro. Armado y listo para enfrentar a los hombres,
Aiden entra al edificio, avanzando y neutralizando uno a uno cada uno de los
sujetos comienzan a aparecer en su camino. Pero, era completamente ilógico que
un solo sujeto pudiese eliminar a todos los hombres que allí se encontraban.
Aiden no contaba con las suficientes armas como para poder combatirlos a todos
y, a pesar de que estaba preparado para ello, el agotamiento y la presión
terminarían por jugar en su contra hasta dejarlo completamente vulnerable ante
el puño inclemente de los hombres de esta organización.
Después de algunas horas de mantenerse sólido en combate, Aiden ya no podía
más, por lo que, un descuido mínimo, lo llevó a cometer el error que lo
entregaría directamente a las manos de estos hombres.
Un fuerte golpe en la cabeza lo dejó inconsciente, para luego ser trasladado a
una sala donde lo interrogaría antes de asesinarlo. Unos 45 minutos después,
Aiden abre los ojos y puede ver a sus dos compañeros justo enfrente de él
sentados cada uno una silla, amarrados y amordazados. No puede evitar sentir
algo de remordimiento al saber que la situación en la que se encuentran estos dos
sujetos es completamente su responsabilidad.
No puede considerar la posibilidad de que estos hombres no vuelvan a ver a sus
familias o no puedan disfrutar de una navidad con sus hijos, gracias a la
insistencia de Aiden por tratar de eliminar a una organización que parecía estar
blindada por el mismo gobierno de los Estados Unidos
Mientras Aiden se encuentra atrapado sin ninguna esperanza de poder salir de
allí con vida, el jefe de la organización se ha movilizado de aquel edificio.
Aunque hubiesen tenido éxito aquella tarde, no habrían podido dar con el
hombre que era el objetivo. Al ver como cada uno de sus hombres caían uno tras
otro, este sujeto decidió movilizarse y tomar una solución por sus propias manos.
Sabía que el generador de esa situación que se está presentando en aquel lugar
había sido Aiden Luna, por lo que había decidido devolverle el favor atacando a
quien podía destruirle la vida por completo. Tenía ubicada perfectamente a Zoe
Blanco, quien se encontraba bajo el cuidado de Helen, una mujer que también
está preparada para confrontar a cualquier enemigo.
El hombre se había movilizado hasta aquella residencia, ingresando de manera
silenciosa mientras ambas mujeres disfrutaban de una taza de café en el
comedor.
Zoe vio el reflejo de un hombre movilizándose en la cocina, llamando la
atención de Helen, quien se preparó rápidamente para el ataque. Ambas mujeres
parecieron haber desaparecido como fantasmas del comedor. El hombre ingresa
al área observando con detalle cada espacio, pero no puede dar con ninguna de
las dos mujeres. Repentinamente, Helen golpea al hombre en el rostro con un
jarrón de cerámica.
El hombre, aturdido, deja caer su arma y comienza una pelea entre él y Helen
cuya desventaja es evidente. El hombre es muy fuerte, y no tiene ningún tipo de
problemas de sacarse de encima a la mujer.
La empuja para separarse de ella y patea su pecho con sus grandes botas
militares, dejando prácticamente sin aire a Helen. El sujeto no logra ubicar a
Zoe, pero camina hacia su arma para acabar con su primer objetivo, para luego
dirigirse hacia la esposa de Aiden y acabar con ella.
Justo antes de tomar su arma, Helen recupera el sentido y vuelve abalanzarse
sobre el hombre, impidiendo que este tome el arma. Un segundo forcejeo hace
que el hombre pierda la paciencia, empujando a Helen contra la pared, lo que
genera un fuerte golpe en la cabeza que le hace perder el conocimiento.
En este segundo intento, parece que el hombre tendrá éxito, ya que logra
alcanzar su arma y camina directamente hacia la mujer para dispararle
directamente en el rostro. Justo antes de activar el gatillo, un cuchillo de unos 15
cm de largo se incrusta en el costado del hombre.
Zoe ha tomado la iniciativa de participar en el evento y ayudar a la mujer que se
suponía que tenía que protegerla a ella. Le ha regresado el favor, y el hombre
deja caer el arma al suelo para intentar sacarse el cuchillo que tiene incrustado
entre sus costillas y que ha atravesado un pulmón. Zoe ayuda a levantarse a
Helen, quien se encuentra completamente confundida, salen de la casa tan rápido
como pueden, mientras el hombre cae al suelo sin fuerzas, desangrándose hasta
morir.
Zoe tiembla descontroladamente ante el hecho de que acaba de asesinar a un
hombre. Es la primera vez que sus manos se manchan de la sangre de alguien
más. Helen, aunque se encuentra aturdida, intenta calmar a la chica, quién sabe
finalmente de qué se trata eso de acabar con la vida de un ser humano. No puede
dejar de llorar al imaginar que algo terriblemente malo podría haberle pasado a
Aiden.
Helen se había ocupado de mantenerla tranquila durante todo el día, pero
finalmente había sentido en carne propia el terror en el cual se encontraban
involucrados. Aiden se encuentra siendo torturado por un par de sujetos, quienes
golpean fuertemente sus costillas amenazando con romperlas. Sus dos
compañeros han corrido una suerte similar, sus rostros están casi desfigurados de
tantos golpes que recibieron.
Los despiadados hombres que mantienen inmovilizados a sus víctimas, no
tardarán demasiado antes de asesinarlos sin ningún tipo de remordimientos. Han
asumido que se trata de hombres contratados por el gobierno para erradicarlos,
descartando la posibilidad de que es una operación completamente personal.
Aiden no está dispuesto a cruzar una sola palabra con los sujetos, por lo que trata
de mantenerse en silencio mientras recibe los fuertes golpes.
En su mente solo existe la imagen de Zoe, la cual se repite una y otra vez
intentando darse apoyo a sí mismo. La esperanza de volver a compartir con esta
hermosa chica comienza a desaparecer, desvaneciéndose con las fuerzas de sus
piernas y sus ganas de vivir.
Los hombres le han arrebatado todo vestigio de dignidad y fortaleza, por lo que
empiezan a morir lentamente. Sabiendo que los prisioneros no hablarán, los
captores deciden ejecutarlos finalmente.
Uno de ellos toma un gran cuchillo en su mano para cortar sus gargantas, tal y
como suelen hacerlo en sus tierras. El primero que será ejecutado será Aiden,
quién es el que muestra mayor solidez de los tres sujetos. Los compañeros de
Aiden observan aterrorizados como el hombre camina hacia el para colocar el
cuchillo en su garganta. Pero este no puede terminar su tarea, ya que recibe un
impacto de bala directamente en el cuello.
El lugar se convierte en una zona de guerra, cayendo los dos sujetos a cargo y
dos más que custodiaban la puerta. Los compañeros de Aiden que habían
decidido marcharse, no han podido con el remordimiento de abandonarlo a su
suerte en compañía de los otros dos amigos.
Han regresado para terminar el trabajo y lo han hecho en el momento justo, ya
que si hubiesen tardado unos segundos más posiblemente habrían encontrado a
Aiden decapitado.
Había sido una operación completamente suicida, pero la disciplina y la
abnegación de cada uno de los participantes, los había llevado a resolver la
situación en el último momento. Aiden es liberado rápidamente en conjunto con
sus compañeros, los cuales se encontraban fuertemente golpeados y no podían
caminar por sí solos. Arriesgándose a recibir una segunda embestida de otro
grupo de sujetos, los exmilitares caminan ayudándose unos a otros.
Aiden recupera algo de energía y puede valerse por sí mismo, siendo empujado
únicamente por la necesidad de volver a ver a Zoe. Revisan completamente el
lugar para asegurarse de que no ha quedado nadie vivo.
El lugar está repleto de cuerpos sin vida que han sido el producto del fuerte
golpe administrado por Aiden y sus compañeros. Han tenido la fortuna de no
sufrir ninguna baja, todos han salido adoloridos y muy golpeados, pero por
fortuna nadie ha perdido la vida.
Deben regresar a la camioneta cuanto antes y dirigirse nuevamente a casa para
reagruparse y considerar la posibilidad de establecer contacto con el gobierno,
quienes deben estar al tanto de lo que han hecho. El lugar fue una completa
carnicería, y ellos deben asumir la responsabilidad de los actos cometidos. Aiden
sabe perfectamente que hay ciertas conexiones entre esta organización y el
gobierno, por lo que posiblemente, las represalias no terminen.
Lo único que conoce Aiden es el arte de la guerra, y esta ha sido su última
misión antes de emprender una vida dedicada a la tranquilidad y a formar una
familia normal con su esposa. Zoe y Helen se encuentran a las afueras de la casa
a la espera de noticias de los chicos, quienes aparecen algunas horas después en
su camioneta. Zoe, por alguna razón se encuentra preparada ante la posibilidad
de que Aiden no se encuentre en el vehículo, por lo que mira completamente
llena de expectativas mientras cada uno de ellos sale.
Observando el mal estado en el que salían cada uno de los compañeros de Aiden,
cada vez, Zoe pierde más esperanza de volverlo a ver. El último en salir del
vehículo había sido él, a quien le costaba apoyar una de sus piernas. A Zoe poco
le importó la discapacidad con la que ha regresado su esposo, ya que corrió hacia
él y lo abrazó tan fuerte que casi hace crujir sus huesos.
Aiden soporta el dolor generado por el abrazo de la chica, el cual es sustituido
por una gran sensación de satisfacción por volver a tenerla tan cerca y
completamente a salvo. Aiden se preocupa al ver las manos de la chica llenas de
sangre, la cual se ha secado tras el ataque al sujeto que ha muerto en la sala de la
casa de Helen.
— ¿Te encuentras bien? ¿Qué es toda esta sangre? — Preguntó Aiden.
— Fue horrible. Tuve que asesinar a ese sujeto… Lo siento. — Dijo Zoe en
medio de un mar de lágrimas.
Aiden busca respuestas en el rostro de Helen, quien asiente y le indica que todo
se encuentra bien. Aiden abrazó fuertemente a su esposa pidiéndole perdón una
y otra vez por haberla involucrado en una situación como esa. Zoe sabe
perfectamente que Aiden no es el culpable directo, por lo que no tiene nada que
perdonarle.
Un par de días después, el equipo debe desintegrarse una vez más, cada uno debe
regresar a sus respectivas casas a intentar mantener una vida normal, después de
un episodio tan aterrador como ese, lo menos que merecían era un descanso. Era
posible que la organización a la que habían atacado a un existiese, pero Aiden y
su compañero se habían encargado de enviarles un mensaje claro que estaban
preparados para cualquier cosa en el futuro.
No permitiría que nuevas amenazas llegaran a sus vidas sin hacer nada al
respecto. Zoe tendría noticias muy agradables para Aiden algunos meses
después, ya que en su vientre había comenzado a crecer el producto de un
inmenso amor que había tenido que atravesar duras pruebas para poder llegar
hasta ese punto.
Aiden logró recibir el reconocimiento de su país y había sido condecorado por
acabar con el centro de operaciones más importante de esta organización
criminal que operaba en los Estados Unidos, recibiendo un jugoso cheque que
aseguraría la vida de él, la de Zoe y el bebé que crecía en el vientre de su esposa.
Durante meses, todos hablaron sobre ese héroe anónimo que desde un pequeño
pueblo llamado Pinecreek, había desmantelado una red de criminales y
terroristas que habría incendiado el país entero de no haberse hecho algo al
respecto.
NOTA DE LA AUTORA
Si has disfrutado del libro, por favor considera dejar una review del mismo (no tardas ni un minuto, lo sé
yo). Eso ayuda muchísimo, no sólo a que más gente lo lea y disfrute de él, sino a que yo siga escribiendo.
A continuación te dejo un enlace para entrar en mi lista de correo si quieres enterarte de obras gratuitas o
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Otras Obras:
La Mujer Trofeo
Romance Amor Libre y Sexo con el Futbolista Millonario
— Comedia Erótica y Humor —
J * did@ - mente Erótica
BDSM : Belén , Dominación , Sumisión y Marcos el Millonario
— Romance Oscuro y Erótica —
La Celda de Cristal
Secuestrada y Salvada por el Mafioso Millonario Ruso
— Romance Oscuro y Erótica —
“Bonus Track”
— Preview de “La Mujer Trofeo” —
Capítulo 1
Cuando era adolescente no me imaginé que mi vida sería así, eso por descontado.
Mi madre, que es una crack, me metió en la cabeza desde niña que tenía que ser independiente y
hacer lo que yo quisiera. “Estudia lo que quieras, aprende a valerte por ti misma y nunca mires atrás,
Belén”, me decía.
Mis abuelos, a los que no llegué a conocer hasta que eran muy viejitos, fueron siempre muy estrictos
con ella. En estos casos, lo más normal es que la chavala salga por donde menos te lo esperas, así que
siguiendo esa lógica mi madre apareció a los dieciocho con un bombo de padre desconocido y la echaron de
casa.
Del bombo, por si no te lo imaginabas, salí yo. Y así, durante la mayor parte de mi vida seguí el
consejo de mi madre para vivir igual que ella había vivido: libre, independiente… y pobre como una rata.
Aceleramos la película, nos saltamos unas cuantas escenas y aparezco en una tumbona blanca junto a
una piscina más grande que la casa en la que me crie. Llevo puestas gafas de sol de Dolce & Gabana, un
bikini exclusivo de Carolina Herrera y, a pesar de que no han sonado todavía las doce del mediodía, me
estoy tomando el medio gin-tonic que me ha preparado el servicio.
Pese al ligero regusto amargo que me deja en la boca, cada sorbo me sabe a triunfo. Un triunfo que no
he alcanzado gracias a mi trabajo (a ver cómo se hace una rica siendo psicóloga cuando el empleo mejor
pagado que he tenido ha sido en el Mercadona), pero que no por ello es menos meritorio.
Sí, he pegado un braguetazo.
Sí, soy una esposa trofeo.
Y no, no me arrepiento de ello. Ni lo más mínimo.
Mi madre no está demasiado orgullosa de mí. Supongo que habría preferido que siguiera
escaldándome las manos de lavaplatos en un restaurante, o las rodillas como fregona en una empresa de
limpieza que hacía malabarismos con mi contrato para pagarme lo menos posible y tener la capacidad de
echarme sin que pudiese decir esta boca es mía.
Si habéis escuchado lo primero que he dicho, sabréis por qué. Mi madre cree que una mujer no
debería buscar un esposo (o esposa, que es muy moderna) que la mantenga. A pesar de todo, mi infancia y
adolescencia fueron estupendas, y ella se dejó los cuernos para que yo fuese a la universidad. “¿Por qué
has tenido que optar por el camino fácil, Belén?”, me dijo desolada cuando le expliqué el arreglo.
Pues porque estaba hasta el moño, por eso. Hasta el moño de esforzarme y que no diera frutos, de
pelearme con el mundo para encontrar el pequeño espacio en el que se me permitiera ser feliz. Hasta el
moño de seguir convenciones sociales, buscar el amor, creer en el mérito del trabajo, ser una mujer diez y
actuar siempre como si la siguiente generación de chicas jóvenes fuese a tenerme a mí como ejemplo.
Porque la vida está para vivirla, y si encuentras un atajo… Bueno, pues habrá que ver a dónde
conduce, ¿no? Con todo, mi madre debería estar orgullosa de una cosa. Aunque el arreglo haya sido más
bien decimonónico, he llegado hasta aquí de la manera más racional, práctica y moderna posible.
Estoy bebiendo un trago del gin-tonic cuando veo aparecer a Vanessa Schumacher al otro lado de la
piscina. Los hielos tintinean cuando los dejo a la sombra de la tumbona. Viene con un vestido de noche
largo y con los zapatos de tacón en la mano. Al menos se ha dado una ducha y el pelo largo y rubio le gotea
sobre los hombros. Parece como si no se esperase encontrarme aquí.
Tímida, levanta la mirada y sonríe. Hace un gesto de saludo con la mano libre y yo la imito. No
hemos hablado mucho, pero me cae bien, así que le indico que se acerque. Si se acaba de despertar, seguro
que tiene hambre.
Vanessa cruza el espacio que nos separa franqueando la piscina. Deja los zapatos en el suelo antes de
sentarse en la tumbona que le señalo. Está algo inquieta, pero siempre he sido cordial con ella, así que no
tarda en obedecer y relajarse.
—¿Quieres desayunar algo? –pregunto mientras se sienta en la tumbona con un crujido.
—Vale –dice con un leve acento alemán. Tiene unos ojos grises muy bonitos que hacen que su rostro
resplandezca. Es joven; debe de rondar los veintipocos y le ha sabido sacar todo el jugo a su tipazo
germánico. La he visto posando en portadas de revistas de moda y corazón desde antes de que yo misma
apareciera. De cerca, sorprende su aparente candidez. Cualquiera diría que es una mujer casada y curtida en
este mundo de apariencias.
Le pido a una de las mujeres del servicio que le traiga el desayuno a Vanessa. Aparece con una
bandeja de platos variados mientras Vanessa y yo hablamos del tiempo, de la playa y de la fiesta en la que
estuvo anoche. Cuando le da el primer mordisco a una tostada con mantequilla light y mermelada de
naranja amarga, aparece mi marido por la misma puerta de la que ha salido ella.
¿Veis? Os había dicho que, pese a lo anticuado del planteamiento, lo habíamos llevado a cabo con
estilo y practicidad.
Javier ronda los treinta y cinco y lleva un año retirado, pero conserva la buena forma de un futbolista.
Alto y fibroso, con la piel bronceada por las horas de entrenamiento al aire libre, tiene unos pectorales bien
formados y una tableta de chocolate con sus ocho onzas y todo.
Aunque tiene el pecho y el abdomen cubiertos por una ligera mata de vello, parece suave al tacto y no
se extiende, como en otros hombres, por los hombros y la espalda. En este caso, mi maridito se ha
encargado de decorárselos con tatuajes tribales y nombres de gente que le importa. Ninguno es el mío. Y
digo que su vello debe de ser suave porque nunca se lo he tocado. A decir verdad, nuestro contacto se ha
limitado a ponernos las alianzas, a darnos algún que otro casto beso y a tomarnos de la mano frente a las
cámaras.
El resto se lo dejo a Vanessa y a las decenas de chicas que se debe de tirar aquí y allá. Nuestro
acuerdo no precisaba ningún contacto más íntimo que ese, después de todo.
Así descrito suena de lo más atractivo, ¿verdad? Un macho alfa en todo su esplendor, de los que te
ponen mirando a Cuenca antes de que se te pase por la cabeza que no te ha dado ni los buenos días. Eso es
porque todavía no os he dicho cómo habla.
Pero esperad, que se nos acerca. Trae una sonrisa de suficiencia en los labios bajo la barba de varios
días. Ni se ha puesto pantalones, el tío, pero supongo que ni Vanessa, ni el servicio, ni yo nos vamos a
escandalizar por verle en calzoncillos.
Se aproxima a Vanessa, gruñe un saludo, le roba una tostada y le pega un mordisco. Y después de
mirarnos a las dos, que hasta hace un segundo estábamos charlando tan ricamente, dice con la boca llena:
—Qué bien que seáis amigas, qué bien. El próximo día te llamo y nos hacemos un trío, ¿eh, Belén?
Le falta una sobada de paquete para ganar el premio a machote bocazas del año, pero parece que está
demasiado ocupado echando mano del desayuno de Vanessa como para regalarnos un gesto tan español.
Vanessa sonríe con nerviosismo, como si no supiera qué decir. Yo le doy un trago al gin-tonic para
ahorrarme una lindeza. No es que el comentario me escandalice (después de todo, he tenido mi ración de
desenfreno sexual y los tríos no me disgustan precisamente), pero siempre me ha parecido curioso que haya
hombres que crean que esa es la mejor manera de proponer uno.
Como conozco a Javier, sé que está bastante seguro de que el universo gira en torno a su pene y que
tanto Vanessa como yo tenemos que usar toda nuestra voluntad para evitar arrojarnos sobre su cuerpo
semidesnudo y adorar su miembro como el motivo y fin de nuestra existencia.
A veces no puedo evitar dejarle caer que no es así, pero no quiero ridiculizarle delante de su amante.
Ya lo hace él solito.
—Qué cosas dices, Javier –responde ella, y le da un manotazo cuando trata de cogerle el vaso de
zumo—. ¡Vale ya, que es mi desayuno!
—¿Por qué no pides tú algo de comer? –pregunto mirándole por encima de las gafas de sol.
—Porque en la cocina no hay de lo que yo quiero –dice Javier.
Me guiña el ojo y se quita los calzoncillos sin ningún pudor. No tiene marca de bronceado; en el
sótano tenemos una cama de rayos UVA a la que suele darle uso semanal. Nos deleita con una muestra
rápida de su culo esculpido en piedra antes de saltar de cabeza a la piscina. Unas gotas me salpican en el
tobillo y me obligan a encoger los pies.
Suspiro y me vuelvo hacia Vanessa. Ella aún le mira con cierta lujuria, pero niega con la cabeza con
una sonrisa secreta. A veces me pregunto por qué, de entre todos los tíos a los que podría tirarse, ha elegido
al idiota de Javier.
—Debería irme ya –dice dejando a un lado la bandeja—. Gracias por el desayuno, Belén.
—No hay de qué, mujer. Ya que eres una invitada y este zopenco no se porta como un verdadero
anfitrión, algo tengo que hacer yo.
Vanessa se levanta y recoge sus zapatos.
—No seas mala. Tienes suerte de tenerle, ¿sabes?
Bufo una carcajada.
—Sí, no lo dudo.
—Lo digo en serio. Al menos le gustas. A veces me gustaría que Michel se sintiera atraído por mí.
No hay verdadera tristeza en su voz, sino quizá cierta curiosidad. Michel St. Dennis, jugador del
Deportivo Chamartín y antiguo compañero de Javier, es su marido. Al igual que Javier y yo, Vanessa y
Michel tienen un arreglo matrimonial muy moderno.
Vanessa, que es modelo profesional, cuenta con el apoyo económico y publicitario que necesita para
continuar con su carrera. Michel, que está dentro del armario, necesitaba una fachada heterosexual que le
permita seguir jugando en un equipo de Primera sin que los rumores le fastidien los contratos publicitarios
ni los directivos del club se le echen encima.
Como dicen los ingleses: una situación win-win.
—Michel es un cielo –le respondo. Alguna vez hemos quedado los cuatro a cenar en algún restaurante
para que nos saquen fotos juntos, y me cae bien—. Javier sólo me pretende porque sabe que no me interesa.
Es así de narcisista. No se puede creer que no haya caído rendida a sus encantos.
Vanessa sonríe y se encoge de hombros.
—No es tan malo como crees. Además, es sincero.
—Mira, en eso te doy la razón. Es raro encontrar hombres así. –Doy un sorbo a mi cubata—. ¿Quieres
que le diga a Pedro que te lleve a casa?
—No, gracias. Prefiero pedirme un taxi.
—Vale, pues hasta la próxima.
—Adiós, guapa.
Vanessa se va y me deja sola con mis gafas, mi bikini y mi gin-tonic. Y mi maridito, que está
haciendo largos en la piscina en modo Michael Phelps mientras bufa y ruge como un dragón. No tengo muy
claro de si se está pavoneando o sólo ejercitando, pero corta el agua con sus brazadas de nadador como si
quisiera desbordarla.
A veces me pregunto si sería tan entusiasta en la cama, y me imagino debajo de él en medio de una
follada vikinga. ¿Vanessa grita tan alto por darle emoción, o porque Javier es así de bueno?
Y en todo caso, ¿qué más me da? Esto es un arreglo moderno y práctico, y yo tengo una varita Hitachi
que vale por cien machos ibéricos de medio pelo.
Una mujer con la cabeza bien amueblada no necesita mucho más que eso.
Javier
Disfruto de la atención de Belén durante unos largos. Después se levanta como si nada, recoge el gin-
tonic y la revista insulsa que debe de haber estado leyendo y se larga.
Se larga.
Me detengo en mitad de la piscina y me paso la mano por la cara para enjuagarme el agua. Apenas
puedo creer lo que veo. Estoy a cien, con el pulso como un tambor y los músculos hinchados por el
ejercicio, y ella se va. ¡Se va!
A veces me pregunto si no me he casado con una lesbiana. O con una frígida. Pues anda que sería
buena puntería. Yo, que he ganado todos los títulos que se puedan ganar en un club europeo (la Liga, la
Copa, la Súper Copa, la Champions… Ya me entiendes) y que marqué el gol que nos dio la victoria en
aquella final en Milán (bueno, en realidad fue de penalti y Jáuregui ya había marcado uno antes, pero ese
fue el que nos aseguró que ganábamos).
La Mujer Trofeo
Romance Amor Libre y Sexo con el Futbolista Millonario
— Comedia Erótica y Humor —
Ah, y…
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Gracias.