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Anuario del Instituto Canario

Este documento presenta el índice del Anuario del Instituto de Estudios Canarios correspondiente al año 2008. Se incluyen artículos sobre arqueología, artes plásticas, ciencias de la vida, historia, medicina y farmacia, musicología, física, comunicaciones a la dirección, recensiones y necrologías. El documento rinde homenaje a Adrián Alemán, profesor e historiador canario fallecido recientemente, dedicándole el número en memoria a su trayectoria defendiendo el patrimonio cultural canario.

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Anuario del Instituto Canario

Este documento presenta el índice del Anuario del Instituto de Estudios Canarios correspondiente al año 2008. Se incluyen artículos sobre arqueología, artes plásticas, ciencias de la vida, historia, medicina y farmacia, musicología, física, comunicaciones a la dirección, recensiones y necrologías. El documento rinde homenaje a Adrián Alemán, profesor e historiador canario fallecido recientemente, dedicándole el número en memoria a su trayectoria defendiendo el patrimonio cultural canario.

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ESTUDIOS CANARIOS

ANUARIO DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS

AnR!AN ALEMAN, in memoriam

LII
[2008]
2009
ESTUDIOS CANARIOS
ANUARIO DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS
E N LA UNIVERSIDAD D E LA LAGUNA

Director
EDUARDO AZNAR VALLEJO

Secretaria
JosEFA DoRTA LUis

Consejo Editorial
RosARIO ÁLVAREZ MARTíNEZ JUAN HERNÁNDEZ BRAVO DE LAGUNA
MATILDE ARNAY DE LA RosA VICTORIA MARZOL JAÉN
ESPERANZA BELTRÁN TEJERA JUAN FRANCISCO NAVARRO MEDEROS
ANDREA BRITO ALAYÓN CONSTANZA NEGRÍN DELGADO
DoLORES CoRBELLA DíAz JuAN RAMóN NÚÑEZ PESTANO
MIGUEL DELGADO DíAZ JOSÉ JAIME p ASCUALFERNÁNDEZ
FERNANDO EsTÉVEZ GoNZÁLEz MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ MARTÍN
SEBASTIÁN NICOLÁS DELGADO DíAZ ANDRÉS SÁNCHEZ ROBAYNA
FRANCisco GoNZÁLEZ LUis ANA VIÑA BRITO
CARLOS EMILIO GONZÁLEZ REIMERS WOLFREDO WILDPRET DE LA TORRE

Consejo Asesor

MAURO S. HERNÁNDEZ PÉREZ (Universidad de Alicante, España)


REINHARD ScHNETTER (Universidad de Giesen, Alemania)
MARÍA JosEFINA TEJERA (Universidad Central de Venezuela)
FRANCisco MARcos MARÍN (University ofTexas at San Antonio, EEUU;
Universidad Autónoma de Madrid, España)
EMELINA MARTÍN AcosTA (Universidad de Burgos, España)
MARcos MARTÍNEZ HERNÁNDEZ (Universidad Complutense de Madrid, España)

Ni la dirección ni su Consejo Editorial se identifican necesariamente con las opiniones de


los autores, quienes asumen la total responsabilidad de los conceptos vertidos
en sus trabajos en virtud de la libertad intelectual que cordialmente se les brinda;
en consecuencia no se mantendrá correspondencia alguna sobre estos aspectos.
Para suscripciones, peticiones de envío e intercambios dirigirse a:

INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS


Bencomo, 32, Apartado núm. 498
38201 LA LAGUNA- TENERIFE
Tel.: 922 250 592
Fax: 922 251 530
Web: www.iecan.es e-mail: [email protected]

ISSN 0423-4804

Impresión: Gráficas Sabater


Depósito Legal: Tf. 203-1958
Esta edición ha contado con el Patrocinio de
la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de
San Cristóbal de La Laguna

EXCMO. AYUNTAMIENTO DE
SAN CRISTÓBAL DE

LA LAGUNA
ÍNDICE

Eliseo Izquierdo, Adrián Alemán in memoriam ......................................... 9

ARQUEOLOGÍA

Verónica Alberto Barroso y Javier Ve lasco V ázquez El espacio funerario


de Lomo Caserones (La Aldea de San Nicolás, Gran Canaria).
Nuevos datos para su comprensión arqueológica.......................... 11

ARTES PLÁSTICAS

Constanza Negrín Delgado, El relieve de «San Jorge combatiendo al dra-


gón» de la parroquia matriz de Nuestra Señora de la Concepción
en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) ..................................... 41

Carlos Rodríguez Morales, Algo más sobre Cristóbal Hernández de Quin-


tana, pintor y dorador.................................................................... 57

CIENCIAS DE LA VIDA, LA TIERRA Y EL MEDIO AMBIENTE

M.a L. Rodríguez Navarro, J. R. Acebes Ginovés,V. L. Lucía-Sauquillo


y P. L. Pérez de Paz, Contribución al conocimiento de la flora
ornamental del casco del municipio de El Sauzal (Tenerife, Islas
Canarias)........................................................................................ 65

HISTORIA

José Miguel Rodríguez Yanes, Los extranjeros en La Laguna durante el


Antiguo Régimen............................................................................. 89

Roberto J. González Zalacain, Historia y sociedad: las caras de Clío y el


Instituto de Estudios Canarios .......................................... ............. 117
8 ESTUDIOS CANARIOS

MEDICINA Y FARMACIA

Beatriz Alonso Álvarez, María Remedios Alemán Valls, L. Milva Rodrí-


guez Rodríguez, Marta Llanos Muñoz, Emilio González Reimers
y J. Norberto Batista López, Cambios en la densidad de masa ósea
en mujeres con cáncer de mama precoz que han recibido quimiote-
rapia adyuvante con y sin bifosfonatos .......................................... 137
Emilio González Reimers y Matilde Amay de la Rosa, Análisis químico
del hueso: isótopos estables en estudios paleodietéticos ............... 149

MUSICOLOGÍA Y ETNOMUSICOLOGÍA

Isabel Saavedra Robaina, Sobre la sociedad «Liceo de Las Palmas de


Gran Canaria» (1854- ca. 1910)................................................... 163

FÍSICA, QUÍMICA Y MATEMÁTICAS

Francisco González de Posada y Dominga Trujillo Jacinto del Castillo,


Cambio climático: consideraciones astronómicas y fisicas. Apli-
cación a Canarias........................................................................... 181

COMUNICACIONES A LA DIRECCIÓN

Eliseo Izquierdo Hablar de María Rosa Alonso........................................ 219

Xaverio Ballester, Tres Notuelas de Toponimia Canaria........................... 229

RECENSIONES

Ángel Lobo Rodrigo (María Ángeles Rodríguez Pérez, Políticas de me-


jora y modernización de las Administraciones Públicas. Especial
referencia a la Comunidad Autónoma de Canarias, Santa Cruz de
Tenerife 2007)................................................................................. 233

NECROLOGÍAS

José Luis Sánchez Parodi (1921-2008)..................................................... 235

CRÓNICA DEL INSTITUTO DEL ESTUDIOS CANARIOS

Acta de la Junta General Ordinaria del26 de marzo 2008 ........................ 237


Memoria de actividades del año 2008 ............ ..................... .... .................. 242
ADRIÁN ALEMÁN, in memoriam

QUIZÁS PORQUE veinticuatro horas antes de su inesperado fallecimiento el


profesor Adrián Alemán había impartido en el Instituto de Estudios Cana-
rios la que iba a ser su última lección académica, el impacto de su desapa-
rición fue en esta Casa especialmente doloroso. Aquella tarde crepuscular
de su vida habló Adrián con la pasión con que abordaba siempre la defensa
y conservación del patrimonio histórico y artístico de la ciudad de su naci-
miento; con el calor casi de una cruzada personal, pero también con la pro-
fundidad y el rigor de quien había dedicado muchas horas de reflexión y de
estudio a un tema cardinal entre los que configuraron el repertorio de sus
preocupaciones intelectuales. Nadie de cuantos asistieron a aquella inter-
vención pública pudo permanecer indiferente ante su claro y firme alegato
a favor de unos valores que nunca han dejado de estar en peligro, por uno u
otro motivo, por ésta o por aquella codicia, por tantas y tantas cerrazones.
Adrián se sentía además vocero de quienes, desde diferentes atalayas, vi-
gilaban, y continúan avizorantes, para frenar cualquier acción que pudiera
dañar el perfil esencial de la ciudad que había conquistado en dura pugna
el reconocimiento de Bien Cultural Patrimonio de la Humanidad.
El curso monográfico dedicado al Patrimonio histórico y artístico de
San Cristóbal de La Laguna, que se clausuraba aquella tarde, iba a tener
continuación, de forma casi inmediata, en otro orientado al estudio de los
valores de carácter natural que encierran la ciudad, su casco histórico y
todo el municipio. La desaparición del doctor Alemán de Armas provocó
su aplazamiento. Al encarrilado ahora de nuevo, con la participación de
especialistas de primera línea en las diferentes facetas que el tema pro-
puesto les permitirá abordar, el Instituto de Estudios Canarios considera un
deber dedicárselo, como testimonio de gratitud y de recuerdo. Pero, ade-
más, como la mejor expresión de esos sentimientos, acordó que el presente
número del Anuario del IECan sea homenaje especial a su bien probada
trayectoria de defensa de los más altos valores de la cultura canaria.
Adrián Alemán nació en San Cristóbal de La Laguna el20 de febrero de
1935. Sus inquietudes tempranas sobre la arquitectura insular se manifes-
taban ya en el trabajo La Laguna: la vivienda tradicional y los problemas
10 ESTUDIOS CANARIOS

de la organización del espacio urbano, de 1976, que se corresponde con


la etapa en la que ejerció como aparejador (luego arquitecto técnico), la
primera de sus actividades profesionales. Esta atención especial a nuestros
valores patrimoniales se amplía y proyecta pronto en otros estudios, como
Masca: aproximación a la arquitectura popular [1977] o Icor: una medi-
tación sobre patrimonio cultural [1978], se consolida en los años finales
del siglo con su obra Con el patrimonio a cuestas [1999] y se prolonga en
el libro póstumo de vivencias y experiencias La Laguna en dos palabras
[2008]. En 1975 concluye la licenciatura en Historia en la Universidad de
La Laguna. Obtiene el doctorado en esta disciplina académica en 1988, año
en que también se licencia en Ciencias de la Información en el mismo cen-
tro (con anterioridad había obtenido el grado de Periodista, por la Escuela
de Periodismo de la ULL, en su última promoción). Su currículo docente
abarca desde profesor agregado de Enseñanza Media y titular de Arquitec-
tura Técnica en la Escuela Universitaria de Arquitectos Técnicos de la ULL
hasta titular de Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información
de la misma Universidad, en la que desempeñó los cargos de vicedecano,
director de departamento y decano. Cuando falleció era profesor emérito.
Fue el primer director general de Cultura del Gobierno de Canarias, entre
1985 y 1986. Su actividad como periodista la desarrolló en El Día, Hoja
del Lunes, del que fue el último director, La Gaceta de Canarias y La
Opinión, y en diferentes medios audiovisuales. Dio charlas, lecciones y
discursos en centros relacionados con el Patrimonio y en universidades
sudamericanas. Participó en congresos nacionales e internacionales. Y en
toda esta labor tan diversa y rica, Adrián Alemán mantuvo siempre con
firmeza y claridad sus convicciones ideológicas y políticas y una voluntad
inequívoca de servicio a la verdad, de amor a su tierra, de pasión por la
ciudad de La Laguna y un noble sentido de la amistad.

ELISEO IZQUIERDO
A R Q u E o L o G Í A

El espacio funerario de Lomo Caserones (La Aldea


de San Nicolás, Gran Canaria). Nuevos datos
para su comprensión arqueológica

VERÓNICA ALBERTO BARROSO y JAVIER VELASCO V ÁZQUEZ

Resumen. El propósito de este trabajo es dar a conocer los resultados de la in-


tervención arqueológica desarrollada en el año 2005 en el conjunto funerario de
Lomo Caserones (La Aldea de San Nicolás, Gran Canaria). Dichos trabajos con-
firman la complejidad del funcionamiento sepulcral de este lugar, aportándose
nuevos elementos de reflexión para su valoración histórica.
Palabras clave: prácticas funerarias, prehistoria, Gran Canaria.

Abstract. The aim of this study is to divulgate the results of the archaeological
investigations carried out in 2005 in the site ofLomo Caserones (La Aldea de San
Nicolás, Gran Canaria). These works confirm the complexity of this buriel site,
providing new evidences for its historical valuation.
Keywords: mortuary behaviour, prehistory, Gran Canaria.

INTRODUCCIÓN

En este trabajo se recogen los resultados de las últimas excavaciones


realizadas en la necrópolis del Lomo de los Caserones (La Aldea de San
Nicolás, Gran Canaria), efectuadas en 2005. Éstas se enmarcan en el pro-
grama de actuaciones que la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico
del Cabildo de Gran Canaria llevó a cabo en diversos enclaves prehis-
pánicos en uso público. Los objetivos se dirigen, por un lado, a comple-
tar la información disponible sobre este emblemático enclave mortuorio,
descubierto y estudiado desde la década de los 70 de la pasada centuria
y, por otro, evidenciar la necesidad de abordar minuciosos análisis de los
12 ESTUDIOS CANARIOS [2]

procesos tafonómicos que afectan e interactúan en los sepulcros para poder


explicar con mayor fidelidad la naturaleza de estos depósitos. En última
instancia, ello significa acceder de manera más precisa a los gestos mor-
tuorios que conlleva el fenómeno de la muerte y, en consecuencia, ayudar
a concretar la amplia variabilidad de actos y principios sobre los que sus-
tentan las prácticas funerarias de los antiguos canarios.

SOBRE EL POBLADO PREHISPÁNICO DE LOS CASERONES

Ocupaba la desembocadura del Barranco de La Aldea, extendiéndose


por ambas márgenes, si bien parece que con una especial incidencia en la
derecha, coincidiendo precisamente con el emplazamiento que hoy se co-
noce como Los Caserones. A juzgar por los datos disponibles, debió cons-
tituir un gran poblado, con una dilatada ocupación humana que, si se atien-
de a las fechas radiocarbónicas conocidas, se prolonga desde un momento
bastante temprano del poblamiento aborigen hasta su disolución a finales
del siglo XV tras la conquista. El conjunto está integrado por diversas cons-
trucciones, tanto de carácter doméstico como sepulcral, instaladas en las
zonas de pendiente más suave, en torno al cauce, definiendo agrupaciones
de desigual densidad.
A Víctor Grau-Bassas se debe la primera descripción sobre este conjun-
to arqueológico, cuya reseña merece la pena transcribir a fin de valorar el
alcance y significación histórica de los vestigios y calibrar el notable dete-
rioro experimentado por este enclave en poco más de una centuria:

Ya en el Barranco de la Aldea, junto a la desembocadura el aspecto varía.


Allí se reconoce la existencia de un Pueblo muy numeroso: allí aparecen las
construcciones que he venido llamando goros, pero de mayor tamaño (10 y
12 metros) y en número que yo estimo de 800 a 1000. Si bien estos goros,
más toscamente construidos que los estudiados aquí, ocupan una considerable
extensión que yo calculo en dos kilómetros cuadrados a la margen derecha del
barranco desde su orilla hasta el pie de las montañas del Carrizo ( ... ).
Mezclados con los goros se encuentran algunos dólmenes, cuyo croquis
también acompaño, pero estos dólmenes están en número muy limitado y son
aparentemente construidos como los de Mogán, sólo que aquí los materiales
son grandes cantos rodados por cuyo motivo son más importantes, aunque no
faltan las tres piedras rojas coronándolos.
En la margen izquierda del barranco y a la altura de las construcciones
antedichas y muy arrimadas al risco se encuentran multitud de sepulturas cons-
truidas con cierto esmero pero iguales a las de Mogán, según se puede ver en
[3] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 13

el croquis. Los materiales empleados son lajas: hay bastantes visibles, pero
un gran número deben estar cubiertas por los desprendimientos de la colina
superior. (1980: 40-41.)

En esta narración se hallan las referencias más tempranas sobre los en-
claves funerarios de este conjunto. De estas palabras se desprende que los
espacios de habitación y los mortuorios no sólo se encuentran estrecha-
mente relacionados, sino que incluso comparten un mismo espacio físico,
prácticamente sin solución de continuidad.
Pasados los años, en la década de los 40 del siglo xx, el comisario de
excavaciones Jiménez Sánchez también visita el conjunto, dando cuenta de
la situación en la que se encontraba:

( ... )localizamos los primitivos poblados guanches de los Casarones y La Ca-


tetilla, densas aldeas aborígenes constituidas por las ya tradicionales casas de
planta cuadrada, en su mayoría cruciforme, de factura ciclópea y de paredes
ovales al exterior. ( ... ) Tan importantes poblados aborígenes aparecen hoy día
en ruina. De ellos sólo quedan montículos de piedra, paredes fragmentarias y
cimientos. (1946: 46.)

Específicamente, las valoraciones sobre los espacios sepulcrales no son


demasiado profusas en detalles, aportando tan sólo algunas apreciaciones
generales:

En el mismo poblado aborigen de Los Caserones hemos identificado las ruinas


de tres grandes enterramientos con graderías y torreón central que nos recuerda
a los enterramientos múltiples de la estación arqueológica de El Agujero y la
Guancha (... ).El lamentable estado de profanación en que se encuentran estos
enterramientos nos ha impedido no sólo recoger material óseo, sino hacer una
planta de los mismos.
Mejor suerte corrió otro enterramiento que descubrimos, próximo a los an-
teriores, el cual, si bien parecía destrozado su torreón, estaban indemnes sus
dos cistas pétreas con cabeza al naciente. Las cámaras de ambas cistas apare-
cieron llenas de tierra vegetal muy arcillosa, producto de arrastres de lluvias
( ... )Estas dos cistas se nos presentaron cubiertas por sendos lajones basálticos.
Una de estas cistas hallamos removida y por tanto sin restos humanos, mien-
tras que en la otra logramos descubrir la osamenta completa de un esqueleto,
sin vestigio de sudarios. (1946: 50-51.)

Habrá de esperarse a la segunda mitad de la década de los 70 para en-


contrar las primeras investigaciones arqueológicas, desarrolladas desde
14 ESTUDIOS CANARIOS [4]

parámetros modernos, insertas en un amplio proyecto de investigación


para el conocimiento del poblamiento aborigen del Valle de La Aldea 1• Al
amparo de este proyecto, entre otras actuaciones, se acometió el estudio de
tres conjuntos funerarios: Lomo de Los Caserones, Los Caserones y, algu-
nos años después, Lomo Granados. Asimismo, se procedió a la excavación
de varias construcciones domésticas, destacando la obtención de una de las
dataciones más antiguas de las conocidas hasta el momento para la isla: 60
d.C.±1502• Por su relación directa con lo recogido en este trabajo, se traen
a colación las intervenciones practicadas en los espacios sepulcrales, sobre
las que cabe destacar las siguientes conclusiones.
El conjunto sepulcral de Los Caserones, excavado en 1978, corresponde
a una considerable construcción de piedra de aproximadamente 11 metros
de diámetro, localizada en las inmediaciones de varias estructuras de habi-
tación. Constituye un espacio sepulcral complejo en el que se distinguió 3
un área central de morfología oval, delimitada por un muro de piedras,
dentro de la cual había una cista individual con los restos óseos «desor-
denados» de un varón adulto. Adosados al cerco de piedra, y alrededor de
este espacio central, se alude a una serie de estructuras semicirculares, en
una de las cuales había una segunda cista, cubierta por tablones de madera
y piedras, que contenía los restos esqueléticos de una mujer en decúbito
supino extendido, cuya datación aportó una fecha del 810 ±100 d.C. Fi-
nalmente, en el sector NW del conjunto, se descubrió un tercer depósito,
denominado cista exterior, con los restos óseos de una mujer, igualmen-
te en decúbito supino extendido. El trabajo desarrollado en este conjunto
reveló, entre otras cuestiones de interés, datos inéditos sobre las técnicas
constructivas empleadas en la habilitación de los espacios mortuorios, así
como la ordenación jerárquica del espacio fúnebre y las desiguales relacio-
nes espaciales que se establecen entre los diferentes individuos incluidos
en este enclave sepulcral.

1
Jiménez y Arco, 1975-76 y 1981, Jiménez et al., 1993, y Arco et al., 1977-1979.
2
A continuación, la mayor parte de las intervenciones han estado dirigidas, por un
lado, a completar el inventario de emplazamientos y bienes integrantes del complejo y, por
otro, a la realización de diferentes trabajos para lograr su efectiva protección y puesta en
uso social. En este panorama habría que destacar la actuación de finales de la década de
los 90 en las denominadas casas 4 y 5, con la excavación de parte del relleno arqueológico
conservado y la consolidación y restauración de dichas construcciones (García y Marrero,
2004) y específicamente, por lo que atañe a este trabajo, las realizadas entre los años 96-97
en Lomo de Los Caserones, a las que luego se hará referencia.
3
Siguiendo las apreciaciones de sus investigadoras recogidas en la publicación de re-
ferencia (Jiménez y Arco, 1977-79).
[5] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 15

En una línea similar pueden valorarse los resultados obtenidos en Lomo


Granados que, aunque algo alejado de los conjuntos anteriores, permiten
disponer de referentes comparativos. En esta intervención se puso de ma-
nifiesto

un sitio de carácter funerario perfectamente organizado, cuyo orden responde


a los patrones jerárquicos en los que se apoya la sociedad a la que pertenece;
circunstancia que planteamos en base a las características arquitectónicas y
antropológicas, así como al estudio de los vestigios útiles y su distribución
espacial en una sepultura que tiene sus paralelos más próximos en los túmulos
de Los Caserones y Lomo de los Caserones. (Jiménez et al., 1992: 160.)

Se trata de un conjunto funerario integrado por una construcción promi-


nente constituida por una cista, que contenía los restos de un varón adulto,
y sendos anillos de piedra que la circundan. Además, incluía dos cistas
externas adosadas respectivamente por uno de sus lados al anillo exterior
del sepulcro principal, con distinta orientación, que incluían, en cada caso,
una mujer adulta y un niño de entre 9 y 11 años. El análisis de los restos de
madera que cubría la cista central proporcionó una fecha radiocarbónica
del 250±100 d.C. En este trabajo destaca la descripción detallada de las
técnicas constructivas y tipos arquitectónicos de los depósitos, así como las
referencias a otros restos materiales, al margen de los bioantropológicos,
recogidos en el área de excavación y que los investigadores asocian de for-
ma genérica con la celebración de algún tipo de ritual funerario 4 •

CONJUNTO FUNERARIO DEL LOMO DE LOS CASERONES

El yacimiento fue incorporado a la investigación a raíz del hallazgo


fortuito de una mandíbula en el transcurso de unos trabajos agrícolas que
se efectuaban en la parte alta de una pequeña loma, muy próxima al puerto
de La Aldea. El descubrimiento, una vez comunicado al equipo que por
entonces prospectaba la zona, derivó en las oportunas excavaciones ar-
queológicas, concluyendo:

4
Por otra parte, no se mantienen algunos de los planteamientos esgrimidos para descri-
bir aspectos de la práctica funeraria. Así por ejemplo, se alude a la inclusión de sedimentos
intencionadamente para cubrir los cadáveres una vez que se introducen en la cista como
parte de la práctica sepulcral, hecho que no se corresponde con la disposición en que fueron
encontrado los restos, cuyo desplazamiento sólo se entiende en un proceso de descomposi-
ción en espacio vacío.
16 ESTUDIOS CANARIOS [6]

La presencia de una estructura tumular, de tendencia oval, con unas dimensio-


nes de 6,5 m. en su eje norte-sur por 4,5 m. en el este-oeste, integrado por una
construcción principal que contiene una cista en segmento de círculo rodeado
por dos anillos concéntricos, y unos elementos secundarios formados por dos
enterramientos en cistas y una zona de ofrendas que se adosan al núcleo prin-
cipal. (Jiménez y Arco, 1975-1976: 181.)

En esta investigación se hacen constar marcadas diferencias en los mo-


delos constructivos y ubicación de cada depósito que se relacionan con
distinciones de género, tal y como reveló el estudio bioantropológico5 • Así,
mientras la cista central estaba ocupada por un varón adulto, en las dos
laterales se colocó a sendas mujeres también adultas, situación que llevó
a plantear una ordenación disimétrica en la posición de los individuos allí
incluidos en función de su sexo. En general, con este trabajo se ponían de
manifiesto unos datos que, a la postre, sirvieron de referente obligatorio
ante cualquier aproximación a las prácticas sepulcrales de la población
prehispánica de Gran Canaria.
Tras la excavación de 1977, el yacimiento fue cubierto con plásticos y
su exterior vallado mediante un sistema de tela metálica sostenida por pos-
tes de madera hincados en el suelo. Cuando a finales de los 80 se elabora el
Inventario Arqueológico del término municipal, prácticamente no quedaba
ningún vestigio del mencionado vallado, indicando «un estado ruinoso, cu-
bierto en parte por basuras». Dicha situación persistiría hasta 1996, cuando
se inician las obras de cerramiento por encargo de la Consejería de Política
Territorial del Gobierno de Canarias, que se realizaron con seguimiento
arqueológico. No obstante, el levantamiento de un sistema de protección
provisional, previo a dichos trabajos, sin control arqueológico, afectó a
un «relleno arqueológicamente fértil y, además, a escasos centímetros de
dos nuevas cistas», como así se pone de manifiesto en el correspondiente
Informe6 • El seguimiento de las obras reveló nuevas evidencias y la ne-
cesidad de llevar a cabo una excavación antes de proceder al cerramiento
definitivo. En una primera intervención se descubrieron dos nuevas cistas,
denominadas 4 y 5, así como otra estructura de funcionalidad incierta. Con
posterioridad7 , se efectuó una nueva campaña, cuyos objetivos prioritarios

5
García, 1977-1979.
6Díaz et al., 1998: 17. Lamentablemente, como luego se comprobó, la afección no se
detuvo a escasos centímetros de las cistas como se indica en el informe, sino que significó
la parcial alteración de la cabecera de la que sería denominada cista 4 y la destrucción del
cráneo del cadáver allí depositado.
7
Entre febrero y marzo de 1997.
[7] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 17

se centraron en la consolidación de las estructuras descubiertas previamen-


te y la excavación de la cista 5, correspondiente a un niño fallecido antes
de cumplir los dos meses de vida. Esta intervención permitió identificar
una nueva tumba intacta -cista 6-, evidenciando, una vez más, el po-
tencial que aún conservaba el lugar y la necesidad de continuar con la
investigación. Dada la situación, los técnicos de la Unidad de Patrimonio
Histórico del Cabildo proponen la intervención de los dos depósitos mor-
tuorios que aún se conservaban; con el objeto, por un lado, de completar
la información concerniente a las prácticas funerarias prehispánicas allí
materializadas y así acrecentar la información sobre el sitio y, por otro,
evitar eventuales destrucciones por violaciones o expolias, especialmente
en el caso de las cistas 4 y 6.

LOS NUEVOS DEPÓSITOS FUNERARIOS

Cista 6

Es un sepulcro exento e individualizado en el conjunto que ocupa el


sector suroeste a una cota algo inferior al resto de las unidades funerarias.
En esencia, responde a los vestigios de una estructura sepulcral compuesta
por un cajón mortuorio de piedras -cista- muy bien conservado y los
restos testimoniales de lo que en origen pudo haber constituido un anillo
exterior, que la rodearía en parte o en su totalidad, si bien resulta un ele-
mento tan sumamente alterado que apenas sí es posible certificar algo más
que su existencia8 (Figura 1).
Por lo que se refiere a la cista, en el momento de iniciar los trabajos,
aparecía como un depósito funerario intacto. Es de morfología elíptica,
dispuesta en sentido oblicuo a la pendiente de la ladera, con una orienta-
ción prácticamente norte-sur. Sus dimensiones totales son de 2,30 m largo

8
Es dificil determinar si la tumba estuvo constituida por otros componentes arquitectó-
nicos hoy desaparecidos, tales como un posible revestimiento de piedras o de tierra que re-
cubriera la construcción creando una plataforma sobreelevada del suelo o si, por el contrario,
sólo la integraban la cista y el cerco que la circunda. El primer caso se asociaría a una situación
constructiva ampliamente documentada en otros contextos cementeriales de la isla e incluso
dentro del mismo conjunto al que se alude, donde otras unidades funerarias exhiben este tipo
de remates. No obstante, la situación actual no comporta indicio alguno que permita reconocer
la pasada presencia de un elemento de estas características, bien porque se perdió por completo
o simplemente porque nunca existió.
18 ESTUDIOS CANARIOS [8]

[Figura l. Vista general de la cista 6]

y de 1m de ancho, mientras que las del interior de la cista son de 1,90 m de


largo por unos 0,40 m de ancho y unos 0,44 m. de profundidad.
En la fase inicial de su construcción se procedió a la apertura de una
fosa, cuya forma coincide con la de la cista, aunque con unas dimensiones
algo superiores a las del propio cajón. La fosa se abrió en la tierra, salvo en
el flanco E que, por ausencia de relleno, se labró en el sustrato de caliche.
Seguidamente se procedió a la fábrica de la cista. El cajón propiamente
dicho se constituye a partir de cuatro flancos adosados a las paredes de
la fosa. Para ello se utilizan cantos de medianas dimensiones con cierta
homogeneidad en su forma y tamaño. En detalle, el flanco que actúa de
cabecera -norte- es una pieza de tendencia plana y forma cuadrangular,
colocado en vertical sobre su eje longitudinal. Ésta se apoya directamente
sobre el sustrato de caliche, introduciéndose un pequeño bloque en la base
que hace de calzo y ayuda a regularizar la superficie de apoyo sobre la que
se levanta la cabecera. El extremo contrario -flanco sur- está constitui-
do por un canto de proporciones, más o menos, similares y dispuesto del
[9] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 19

mismo modo. Por lo que se refiere a la ejecución de los laterales E y W,


responden a una obra sencilla, aunque cuidada en su factura. Están realiza-
dos a partir de la disposición alineada de cuatro cantos regulares. Como en
los casos precedentes, se apoyan directamente sobre el soporte de caliche y
en determinados puntos se introducen bloques o cantos menores que ayu-
dan a regularizar la superficie de sustentación, sobre todo en los espacios
intermedios entre cantos, dada su morfología redondeada. Seguidamen-
te, el hueco que media entre el borde de la fosa y las paredes de la cista
se rellena con tierra y pequeñas piedras, favoreciendo la sujeción de los
bloques y una mayor estabilidad de la fábrica. Sobre ambos laterales lon-
gitudinales se colocan una serie de cantos menores, algunos tallados para
conseguir una forma apropiada, con los que se crea una superficie regular
y sólida para sustentar las piedras con las que se cerraría la cista. La obra
se completa con la colocación de una serie de cantos, con unos rasgos par-
ticulares, destinados a tapar la cista. Se trata de seis piezas, de dimensiones
considerables, consistentes en grandes cantos de tendencia aplanada. Éstos
se disponen transversalmente desde la cabecera que queda oculta bajo el
primero hasta los pies que permanece al descubierto, además sobresalen
ligeramente de la cista por el flanco E, pero no por el W donde se apoyan,
sin llegar a cubrirlo en su totalidad. Aunque en conjunto se pueden consi-
derar de gran tamaño, parece producirse cierta alternancia entre las piezas
mayores y menores. Al efecto, empezando desde la cabecera se dispondría
primero un canto menor, al que le seguiría uno mayor y así sucesivamente
hasta llegar a los pies, con uno de gran formato 9 •
El otro elemento que conforma la estructura funeraria es un pequeño
fragmento de muro que parece constituir una porción residual de alguna es-
pecie de cerco o anillo exterior alrededor del cajón pétreo que se conserva
hacia el suroeste de la cista. Su presencia da lugar a un espacio intermedio
entre el borde interno del anillo y el límite externo de la cista de unos 40
cm, en el que hoy sólo se constata la sedimentación natural del lugar.
Tras levantar las piedras que tapaban las cista se reveló un relleno de
tierra orgánica, similar a la que se encuentra en el exterior, relacionada con
la actividad agrícola. Entremezclados se encontraron numerosos fragmen-
tos de plásticos, cristales y papeles producto de la presencia moderna de
pequeños roedores que allí habían cavado sus madrigueras.

9
Asimismo, y sin que sea posible calibrar el grado de significación que posee, parece que
se produce cierta intencionalidad en cuanto a las tonalidades de las rocas, diferenciándose entre
dos grupos. Uno constituido por tres cantos de tonalidad gris (extremo norte) y otro integrado
igualmente por tres cantos de tonalidad rojiza (extremo sur).
20 ESTUDIOS CANARIOS [lO]

[Figura 2. Depósito funerario de la cista 6]

Bajo esta tierra, se documentó un relleno diferente, de matriz más fina y


tonalidad más clara, originado en la progresiva filtración de los sedimentos
naturales que se inicia desde el mismo instante que la cista se cierra defi-
nitivamente.
La cista corresponde al depósito primario de una mujer adulta de entre
30-40 años (Figura 2). El cadáver fue colocado en posición decúbito supino
extendido, con la cabeza al norte y las extremidades superiores e inferiores
completamente estiradas en evidente simetría. Los procesos postdeposi-
cionales que, con desigual origen, han afectado a los restos esqueléticos
no han introducido cambios sustanciales en el conjunto, por lo que la ima-
gen arqueológica obtenida es representativa del depósito primario. Dada
la morfología y dimensiones de la cista, no se producen fenómenos de
compresión lateral, si bien las características del fondo de fosa condicionan
parte de los movimientos postdeposicionales, así como la propia disposi-
ción inicial del cuerpo.
El grado de representación de las evidencias esqueléticas es alto, pero,
aunque no existe una subrepresentación significativa, sí se detecta un fenó-
meno de conservación diferencial. Al respecto, en los huesos o porciones
óseas en los que el tejido esponjoso es dominante (básicamente huesos
cortos, huesos planos y epífisis) se registra un importante deterioro que,
en algunos casos, llega incluso a la completa destrucción. Así ocurre, por
ejemplo, con los coxales, cuerpos vertebrales, extremos de los principales
huesos largos o la región correspondiente al esqueleto facial.
En el nivel de preservación tienen un protagonismo destacado los roedo-
res, cuyas mordeduras afectan preferentemente a los huesos de manos y pies
y a los extremos de los huesos largos. Dicha circunstancia resulta fácilmente
reconocible por las huellas que quedan en los bordes del hueso, consistentes
en pequeños surcos paralelos, muy próximos entre sí, con sección rectangu-
[11] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 21

lar y fondo plano 10 • En las epífisis se observan destrucciones generalizadas,


ya que se trata de áreas ricas en tejido esponjoso, de menor dureza, llegando
a invadir parte de la diáfisis. No obstante, los huesos más pequeños son los
más afectados, provocando incluso su completa desaparición.
Además, confluyen otros procesos posteriores al depósito que han con-
dicionado el grado de representación y el estado de conservación de los
restos óseos, entre los que destacan los agentes vegetales y más concreta-
mente las raíces de las especies herbáceas que crecen en la zona, aunque su
incidencia es menor que la de los roedores. Éstas, en su desarrollo, afectan
directamente a los huesos, llegando en los casos más extremos a invadir las
cavidades medulares diafisarias con la consiguiente fracturación del tejido
óseo. Con menores consecuencias, también alteran la superficie cortical,
provocando una malla intrincada de pequeños surcos que menoscaban la
resistencia del hueso.
Los procesos tafonómicos aludidos han provocado un elevado grado
de fragilidad de los huesos, haciéndolos más susceptibles a las reacciones
físico-químicas derivadas de los procesos diagenéticos al entrar en con-
tacto con el sedimento que fue rellenado la cista, dando origen a líneas de
fracturación y áreas de erosión que, a la vez, aumentan su debilidad.
En términos reales no puede hablarse de inhumación, sino de deposición,
constatándose una descomposición en «espacio vacío». La destrucción de
los elementos corporales que mantienen unidas las relaciones anatómicas
propicia que se liberen progresivamente las piezas óseas, favoreciéndose
así que algunas de ellas puedan desplazarse, provocando incluso que una
parte se salga del espacio inicialmente ocupado por el cuerpo.
El estado de conservación y la representación anatómica del individuo
analizado permite reconocer determinados movimientos postdeposiciona-
les que son especialmente diagnósticos en el sentido propuesto. En este
fenómeno destaca el cráneo, afectado por un intenso movimiento que pro-
porciona algunos criterios de referencia sobre el período de destrucción de
los tejidos blandos del cuerpo y la introducción de sedimento en el interior
de la cista. Teniendo en cuenta la posición de la mandíbula y de las tres
primeras vértebras cervicales, puede suponerse que inicialmente la cabeza
se colocó girada a la izquierda. En un momento dado el cráneo sufre un
desplazamiento notable que termina colocándolo en posición caudal. Se
trata de un movimiento en el que el atlas no acompaña al cráneo, lo que
indicaría, dada la resistencia de los elementos ligamentosos que los man-
tienen unidos, que el proceso de descomposición se encontraba en una fase

10
Le Mort y Ravinovich, 1994; Botella et al., 2000; Klippel y Synstelien, 2007.
22 ESTUDIOS CANARIOS [12]

[Figura 3. Detalle de los restos esqueléticos (C-6)]

muy avanzada en la que prácticamente ya se habría culminado la esque-


letización. Todo ello permite afirmar que, dado que el cuerpo fue deposi-
tado directamente en la cista cerrada con los grandes cantos de basalto, el
sedimento que se filtró en su interior hasta sellarla lo hizo en un intervalo
muy avanzado del proceso de esqueletización, cuando ya habrían desapa-
recido los tejidos blandos. En la cintura escapular se observan sintomáticos
desplazamientos como la verticalización de las clavículas, dándose una
desconexión total con el esternón y las escápulas. Éstas últimas aparecen
prácticamente en horizontal, si bien con una ligera elevación de la región
lateral con respecto a la medial. Esta circunstancia pone de manifiesto la
tendencia cóncava del fondo de deposición. Los brazos, dispuestos com-
pletamente estirados a los lados del cuerpo, han sufrido un movimiento de
rotación lateral, por la que se consuma una desvinculación de la articula-
ción escápula-humeral. Dicho movimiento es más notable en el izquierdo,
donde el húmero acaba apareciendo por su superficie anterior, como tam-
bién sucede con el cúbito y el radio (Figura 3).
[13] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 23

En el mismo sentido pueden interpretarse los movimientos de las cos-


tillas, que, al margen de la relativa asimetría entre ambos flancos, han ex-
perimentado una puesta en plano que, en algunos casos, lleva aparejada la
desconexión costovertebral y su salida fuera del volumen corporal. Por su
parte, la columna vertebral mantiene una conexión anatómica estricta, con
excepción de las tres primeras cervicales que, por la ya aludida rotación
del cráneo, sólo mantienen ciertos vínculos anatómicos con la cervical4 y
siguientes. También habría que matizar esta afirmación en relación con los
sutiles movimientos de dirección posterior que sufren la tercera y cuarta
lumbar como consecuencia de la puesta en horizontal. Llama la atención
la ligera curvatura que presenta la columna vertebral con respecto al eje
axial del cuerpo. Son varias las razones que pueden estar propiciando esta
circunstancia, entre las que podemos destacar las ligeras irregularidades
del fondo de deposición, la disposición original del cuerpo determinada,
quizá por la estrechez de la cista con respecto al volumen del cadáver, e
incluso considerar una tercera posibilidad, acaso complementaria, como
la manifestación de una escoliosis de la columna vertebral, especialmente
perceptible en la porción dorsaP 1 •
En la cintura pélvica se constata una marcada asimetría entre ambos
coxales. El sacro, como consecuencia de las irregularidades de la super-
ficie de deposición, ha mantenido una posición semivertical que con pos-
terioridad no se ha visto modificada en esencia. La hemipelvis derecha
también se mantuvo en su posición original, muy posiblemente porque en
parte se apoya en el desnivel que marca el fondo de la fosa abierta para la
construcción de la cista. La posición del fémur derecho viene a confirmar
esta valoración, a la vez que permite seguir explicando la casi completa
verticalidad del coxal diestro.
Las extremidades inferiores se encontraban completamente estiradas.
El extremo distal del fémur derecho fue apoyado sobre el izquierdo y la
extremidad proximal de la tibia del mismo lado, lo que condiciona los mo-
vimientos. Las tibias han mantenido su posición anterior, como resultado
de la horizontalidad de la superficie de deposición en esta zona. Finalmen-
te, los huesos de los pies estaban muy alterados debido a la pérdida de los
vínculos anatómicos y la destrucción de parte de los componentes esquelé-
ticos por la ya citada acción de roedores 12 (Figura 4).

ll Lamentablemente la ausencia de buena parte de los cuerpos de las piezas vertebrales

dificulta ratificar la viabilidad de esta hipótesis.


12
Concluida la intervención se volvió a rellenar la cista con la misma tierra extraída
durante el proceso de excavación y a reponer en su sitio las losas del cierre.
24 ESTUDIOS CANARIOS [14]

[Figura 4. Cista 6]

---·-·~----
SOcm

[Figura 5. Representación de la cista 4]


[15] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 25

Cista 4

En este caso corresponde a una cista inserta en un grupo que se dispo-


ne anexo, por el flanco oeste, al depósito principal. En concreto, dentro
de este grupo ocuparía la posición más externa. La cista no integra otros
elementos constructivos, salvo el propio cajón pétreo, es decir, que no se
identifican específicamente otras obras que completen el depósito fúnebre
tales como algún tipo de sobre-estructura, anillo o cerco que la circunde.
No obstante, sí comparte otros dispositivos arquitectónicos que hacen que
se incluya en un sistema constructivo de mayor alcance.
La cista se emplaza transversal a la ladera, manteniendo la misma dis-
posición conferida al depósito principal, con el que guarda una gran sime~
tría. Está orientada con la cabecera hacia el E y los pies al W y tiene un
carácter unipersonal. En el momento de iniciar los trabajos arqueológicos
en superficie se apreciaban evidentes signos de alteración, como la desapa-
rición de la cubierta que cerraba la cista y el desmantelamiento del extremo
este, correspondiente al sector de la cabecera, por las obras para el cierre
del yacimiento.
Su planta es de tendencia cuadrangular y evidencia una fábrica muy
sencilla. En primer lugar se ha procedido a excavar una fosa en el sustrato
de tierra natural con las mismas características que después exhibirá la
cista. En este caso concreto la excavación de la fosa se adapta a las dimen-
siones de la cista por lo que este primer elemento de la fábrica no resulta
visible como si sucede en la cista 6. A continuación se levanta el cajón
pétreo, organizado a partir de una sola hilada de bloques basálticos que
guardan cierta regularidad en cuanto a sus características morfométricas y
cuyo aprovisionamiento tiene lugar en el entorno inmediato a este enclave
(Figura 5).
Para los pies se ha utilizado un bloque de grandes dimensiones, dispues-
to sobre su eje de equilibrio. Por lo que se refiere a las paredes laterales en
la actualidad la integran 3 bloques por ambos flancos, si bien debió poseer
al menos uno más por cada lado. Dicha ausencia es patente en la permanen-
cia de dos piedras menores, colocadas en la base de la cista para facilitar la
sustentación de uno de estos bloques desaparecidos en el lateral norte. En
la misma línea apunta la longitud interior de la cista de apenas 1,50 m de
largo, excesivamente reducida para las medidas habituales que se registran
en los depósitos de personas adultas, y como así se pone de manifiesto con
los propios restos esqueléticos del cadáver que contenía y que de no existir
ese cuarto bloque no hubiera cabido. De forma más detallada el flanco sur
lo conforman 3 bloques de tendencia plana, dispuestos en vertical, del que
26 ESTUDIOS CANARIOS [16]

el tercero está desplazado de su posición original, mientras que en el lado


opuesto se reconocen tres bloques perfectamente alineados, caracterizados
por una gran homogeneidad de sus formas y medidas. Estos, al contrario
que el flanco sur, presentan una morfología menos aplanada y están dis-
puestos sobre su eje de equilibrio. Además, tanto en el espacio que queda
entre los bloques como en la línea de base se disponen piedras menores
que actúan a modo de calzo para afianzar la construcción. Al tratarse de
bloques con cierta tendencia a una morfología paralelepípeda no resulta
tan necesario el añadido de una hilera superior con el fin de crear una pla-
taforma regular donde sustentar las piedras que constituirían el cierre de
la cista, de modo que, para esta función, sólo se reconoce la colocación de
una de estas piedras entre el segundo y tercer bloque del lado norte.
Las dimensiones conservadas del interior de la cista son de 1,50 m de
largo por 0,50 m de ancho, mientras que la profundidad difiere entre un
flanco y otro, siendo menor en el sur donde se constatan unos valores en
tomo a los 0,15 m, mientras que en el lado contrario -flanco norte- se
sitúa entre 0,25-0,28 m. Por otra parte, nada se puede describir sobre el
sistema de cubierta que despareció por completo. Sin embargo, por el ca-
rácter de los procesos de descomposición que han afectado al cadáver se
sabe que, en origen, ésta debió estar cerrada por algún tipo de cubierta
similar a las reconocidas en otros ámbitos funerarios aborígenes, o sin ir
más lejos como incluso se reconoce en el propio conjunto en el ejemplo
de la cista 6. Pudiera corresponder entonces a una cubrición de grandes
piedras, dispuestas de modo transversal al eje de la cista, sin llegar a sellar
por completo el depósito, abierto por los intersticios a que dan lugar las
irregularidades de los bloques. O también pudiera haberse dado el caso de
una cubierta mediante tablones de maderas, bien por sí solos, bien combi-
nados con piedras.
La cista corresponde a un depósito primario que contiene una mujer
adulta, de entre 30 y 40 años. Como en el ejemplo precedente, el cadáver
fue colocado en posición de decúbito supino extendido, con los brazos esti-
rados, si bien la mitad distal de los antebrazos y las manos quedaron debajo
del cuerpo. Presenta una orientación este-oeste. En este caso, y pese a que
el proceso de descomposición también tuvo lugar en un espacio abierto, se
constata una posición de los restos muy próxima a la del asiento del cadá-
ver en la cista (Figura 6).
Tanto el estado de conservación como su representación pueden consi-
derarse buenos. En este sentido, sólo destaca la ausencia del cráneo, atri-
buible a las ya comentadas obras de cierre provisional del yacimiento, con
excepción de la mandíbula que prácticamente permaneció in situ. El resto
[17] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 27

del esqueleto manifiesta una representación de casi el 100%. En este caso


no se observan los procesos de alteración y destrucción descritos para la
cista 6, de ahí la permanencia de las porciones ricas en hueso trabecular,
especialmente las epífisis de los principales huesos largos, los cuerpos ver-
tebrales o los componentes de la cintura pélvica.
Como en la cista 6, es un fenómeno en espacio abierto o vacío, es decir,
que el sedimento que cubría el cuerpo y rellenaba la cista penetró cuando ya
se había iniciado la destrucción de los tejidos blandos del cadáver. No obs-
tante, la entrada de sedimento se produjo con relativa rapidez, lo que pro-
picia que los movimientos postdeposicionales de los huesos resulten más
limitados a los registrados en el ejemplo anterior. Además, esta entrada de
sedimento es progresiva, afectando con mayor rapidez a unas regiones es-
queléticas que a otras. Dicho proceso queda atestiguado en diversos aspec-
tos como la desvinculación anatómica observada en las vértebras dorsales
más caudales, así como en las lumbares. Un progreso también perceptible
en la apertura de las palas iliacas, especialmente la del lateral derecho, la
ligera rotación de los fémures o el desplazamiento medial de la rótula de-
recha y lateral de la izquierda. Probablemente, uno de los testimonios más
ilustrativos en el sentido propuesto sea la completa desconexión anatómica
de parte de los tarsos y metatarsos, los cuales, incluso, terminan saliéndose
del volumen del cuerpo. Los cambios observados para los carpos, metacar-
pos y falanges pueden ser valorados en el mismo sentido. Por su parte, la
puesta en plano de las costillas, e incluso la parcial desvinculación anató-
mica de algunas conexiones costovertebrales, constituyen indicios directos
de que este individuo no fue enterrado. Pese a todo, los movimientos óseos
no resultan tan importantes como los observados en otros contextos de
descomposición en espacio vacío, o particularmente con lo registrado para
el caso de la cista 6. Estas circunstancias pueden ser atribuidas, al menos,
a dos causas interactuantes. Por un lado, las características de la superfi-
cie de deposición con una clara tendencia a la horizontal 13 , favoreciendo
que algunos movimientos postdeposicionales minimicen su intensidad, al
encontrar el reposo gravitacional prácticamente de inmediato, evitando así
desplazamientos significativos. Y, por otro lado, la posibilidad de que la
cubierta de la cista estuviera confeccionada en un material perecedero, o
al menos de una naturaleza no tan resistente como los grandes bolos de
basalto de la cista 6. El uso de cubiertas de madera aparece documentado

13
Ha de señalarse a este respecto que en la zona correspondiente a la cintura pélvica
la superficie de deposición presenta una cierta tendencia a la concavidad, propiciando la
verticalización del sacro y la casi inexistencia de apertura de la pala iliaca derecha.
28 ESTUDIOS CANARIOS [18]

[Figura 6. Vista de los restos esqueléticos (C-4)]

en este mismo conjunto del Lomo de Los Caserones 14 o en el cercano de


Caserones 1S, si bien en el ejemplo al que se alude no se recuperó ningún
resto de este material. También pudiera suceder que se tratara de un cierre
realizado a base de piedras, entre las que quedaran grandes huecos que
permitieran la entrada rápida de sedimento. En cualquier caso, sea cual
fuera la naturaleza del remate de la cista, los procesos de descomposición
observados son indicativos de que el contacto del cuerpo con el sedimento
se produce con relativa celeridad, al menos antes de que se viera culmina-
do el proceso de descomposición.
En un análisis pormenorizado del esqueleto se puede concluir que, al
margen de la destrucción del cráneo, la mandíbula permaneció in situ, apa-
rentemente sin modificaciones importantes. Esta afortunada circunstancia,
así como la disposición de las cervicales, permite reconocer que en el de-
pósito primario el cráneo se encontraba ligeramente girado hacia la dere-
cha. Por lo que respecta al raquis, las últimas cervicales como las primeras
cinco dorsales, sin perder sus conexiones anatómicas estrictas, se encuen-

14
Jiménez y Arco, 1975-1976.
15
Jiménez y Arco, 1977-1979.
[19] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 29

tran en posición anterolateral izquierda, manteniendo una colocación muy


similar a la conferida al individuo en el momento de su introducción en la
cista. Por otra parte, se observa la desvinculación anatómica de las vérte-
bras lumbares, con movimientos de dirección lateral derecha, si bien con
escasa rotación sobre su eje axial. Las costillas presentan una puesta en
plano completa, con un progresivo y escalonado descenso de dirección
postero-inferior. Un progreso que en los dos flancos se sucede dentro del
volumen corporal, lo que no ha impedido que se produzcan puntuales pér-
didas de la conexión costovertebraP 6 • El hecho de que las costillas no se
desplacen más hay que buscarlo, no en la ausencia de un espacio abierto,
sino en la particular posición en la que se colocaron los brazos, limitados
los movimientos por la sujeción que representa su colocación bajo la pel-
vis. No obstante, la presencia de algunas costillas izquierdas fuera de su
sitio parece responder tanto a la acción de pequeños animales en el depósi-
to, como a la ya aludida existencia de un espacio vacío que propicia dicha
movilidad.
Parte de la cintura escapular fue alterada en el mismo incidente aludido
para el cráneo 17 • La clavícula izquierda aparece por la superficie caudal,
lo que puede ser achacable a dos posibles explicaciones: o bien durante
la descomposición habría sufrido un movimiento de rotación con despla-
zamiento craneal, o bien, y si tenemos en cuenta la presencia de algunas
piezas costales muy cerca de ella, que hubiera sido objeto de una alteración
de origen animal, lo que impediría conocer su ubicación primaria.
Las escápulas estaban prácticamente en plano, por su superficie ante-
rior. El esternón ha sufrido un importante desplazamiento de dirección cau-
dal, localizándose a la altura de la doceava torácica, en su lateral derecho.
Por lo que respecta a las extremidades superiores se encontraban to-
talmente extendidas, manteniendo una marcada simetría. En el depósito
inicial los brazos fueron colocados en pronación, con la extremidad distal
bajo la cintura pélvica, lo que, entre otras consecuencias, limitó el movi-
miento de estos huesos. Los húmeros sufren una ligera rotación lateral,
algo más acusada en el izquierdo, que provoca que su superficie de apari-
ción sea prácticamente anterior. Los cúbitos, por su relación anatómica con
el húmero, también participan de este movimiento, mientras que los radios

16
Muy ilustrativo en el sentido propuesto es el desplazamiento de dirección caudal de
la primera costilla del lado derecho, la cual no sólo ha perdido su conexión con la primera
vértebra torácica, sino también su relación directa con ella (ya que se desplaza hasta T-3).
17
Así, por ejemplo, la clavícula derecha habría desaparecido en el mismo proceso que
el cráneo.
30 ESTUDIOS CANARIOS [20]

[Figura 7. Cista 4]

exhiben un comportamiento particular. De tal suerte, ambos radios expe-


rimentan un desplazamiento pendular, ya que sus epífisis distales están
«sujetas» por la cintura pélvica, mientras que en la zona de la articulación
del codo se pierde. Por su parte, las manos debieron estar en el depósito
inicial con la palma hacia abajo, si bien los procesos de descomposición en
espacio vacío han provocado la completa pérdida de los vínculos anatómi-
cos entre carpos, metacarpos y falanges.
En líneas previas ya se ha señalado que son limitados los movimientos
de la pelvis. Sin embargo, se observan claras evidencias de un proceso de
descomposición en espacio vacío, tal y como apunta la apertura del coxal
derecho y la desvinculación púbica. Por su parte, la pala iliaca derecha
prácticamente no ha sufrido movimientos significativos, favoreciéndose
así la persistencia de una marcada verticalidad en el sacro.
Por lo que respecta a las piernas, fueron dispuestas en completa ex-
tensión, siguiendo un patrón bastante simétrico, con la particularidad de
que la extremidad distal de la tibia izquierda se apoya ligeramente sobre la
derecha. Esta circunstancia facilitará la pérdida de conexiones anatómicas
entre parte de los huesos del pie y que la dirección preferente de su despla-
zamiento sea lateral derecha. Tanto los fémures como las tibias aparecen
en posición anterior, si bien estas últimas muestran una cierta tendencia a
la rotación hacia la derecha. Los fémures apenas han sufrido rotación sobre
[21] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 31

su eje; sin embargo, el desplazamiento es perceptible, tanto por el desliza-


miento de las rótulas como por las sutiles desvinculaciones observables en
la articulación femuro-tibiaP 8 (Figura 7).
El análisis de carbono 14 efectuado sobre una muestra ósea arrojó una
cronología que, una vez calibrada, sitúa la muerte de esta persona entre
finales del siglo XIII y el XIVI 9 •

VALORACIÓN DE LOS TRATAMIENTOS FUNERARIOS

En términos generales, la investigación sobre las prácticas funerarias de la


población prehispánica de Gran Canaria adolece de importantes lagunas. En
este panorama se plantean numerosos interrogantes, sobre todo ante el aporte
de nuevos hallazgos que día a día se suman al conocimiento de esta materia y
que amplían notablemente las perspectivas de análisis. Esta misma profusión
de datos revela una casuística mucho más amplia y diversificada en los pa-
trones y prácticas funerarias de lo que hasta ahora se ha venido considerando,
imponiéndose su asimilación y la revisión de los planteamientos vigentes
sobre el mundo de la muerte entre estas poblaciones. En dicho sentido el
conjunto del Lomo de Los Caserones no es una excepción, con la particu-
laridad de que es un yacimiento que viene aportando valiosa información
desde su descubrimiento en los años 70 y del que aún podrían derivarse
contribuciones de interés para el conocimiento del mundo funerario.
Ya se ha señalado que las cistas analizadas en el presente trabajo se inte-
gran en un conjunto funerario más amplio. Se trata de un complejo para el
que en la actualidad se conocen al menos 6 depósitos mortuorios, además
de otras estructuras de funcionalidad desconocida.
Por los datos recabados hasta ahora parece que el conjunto se organiza
en torno a una sepultura principal que ocupa una posición extrema en la
zona más alta del Lomo, en su parte septentrional. A ésta se unen, en lo
que parece ser una relación de dependencia, una serie de sepulturas más
o menos vinculadas espacialmente, incluidas las descritas en este trabajo,

18
Una vez extraídos los restos bioantropológicos que, por otra parte, constituyen el
único repertorio material presente en la cista, se procedió de la misma manera que para la
cista 6, pasando a rellenar nuevamente el interior con la propia tierra que había sido extraída
de ella.
19
Beta Analytic Radiocarbon Dating Laboratory (Beta 210781). La fecha obtenida
fue del690±40 BP. Con dos sigmas de calibración se situaría entre 1270-1320AD ó 1350-
1390AD. En el caso del individuo 6 la muestra seleccionada no contenía suficiente coláge-
no para su datación.
32 ESTUDIOS CANARIOS [22]

!m
LOMO DE LOS CASERONES

[Figura 8. Plano general del conjunto funerario del Lomo de los Caserones]

que se articulan en un sistema sepulcral de cierta complejidad. Es decir, se


manifiesta una marcada pauta de organización y funcionamiento del espa-
cio mortuorio, expresada con rotundidad en la ordenación de las tumbas.
Toda esta complejidad, no es más que la expresión física de una normativa
social que atañe al fenómeno de la muerte y a los lugares de acogida que
se habilitan para ello: los cementerios. Además, parece que en este espacio
se trasciende la función sepulcral en sentido estricto, mediante el estable-
cimiento de otras construcciones, que hasta ahora han quedado al margen
de la investigación, o el desarrollo de actividades que se han apuntado a
partir de la presencia de una/serie de evidencias relacionadas con el fuego,
pero que, asimismo, no han llegado a ser definidas con precisión, y que se
entiende difieren de la acción concreta de introducir el cuerpo de la perso-
na fallecida en su sepultura.
Hasta el momento se hanjdocumentado seis cistas, que se articulan en
un dispositivo constructivo, 'unque concretamente funcionan como sepul-
cros individuales, acogiendo los cadáveres de un hombre adulto, en la cista
más relevante del conjunto, cuatro mujeres asimismo adultas y un recién
[23] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 33

nacido, muerto a una edad muy temprana, antes de los dos primeros meses
de vida20 (Figura 8).
En cuanto a su significado se ha establecido una ocupación jerarquizada
de las tumbas en función del género de la persona fallecida. En concreto
se sustenta en un fenómeno de preeminencia de los hombres frente a las
mujeres y los niños. Esta interpretación se mantiene y refuerza si se consi-
deran los resultados obtenidos en los restantes conjuntos funerarios de tipo
tumular estudiados en el Valle de La Aldea. Así se constató también en el
caso del conjunto de Caserones y de Lomo Granados, en los que a unas cis-
tas consideradas principales por su ubicación en el edificio sepulcral, y que
contienen los restos esqueléticos de varones adultos se vinculan otras que
fueron ocupadas por mujeres y niños. El hecho resulta muy significativo
toda vez que no se conocen referentes similares con una distribución por
género tan marcada en otros enclaves mortuorios de la isla21 .
Centrando la atención en los dos últimos depósitos intervenidos en el
Lomo de Caserones, sobre los que se ocupa este trabajo, se pueden con-
siderar algunos datos de interés para su definición. Atendiendo a lo seña-
lado, se trata de dos sepulturas individuales, en la misma línea de las ya
identificadas en trabajos previos. En ellas se ha constatado la existencia
de sendos esqueletos correspondientes a mujeres adultas, manteniendo la
concordancia con esa propuesta de jerarquización por sexo formulada con
anterioridad. Por otra parte, un análisis pormenorizado de sus componentes
estructurales permite señalar algunas claves en la distinción de los depó-
sitos, al tiempo que los caracterizan, y que van desde su posición en el es-
pacio hasta los criterios de diseño y construcción de los sepulcros. En prin-
cipio, ambas sepulturas son subsidiarias de la denominada cista 1 para la
que se puede mantener un estatus de preeminencia dentro del conjunto. No
obstante, en el sistema de relaciones orgánicas que se establece, de cada
una con respecto a la cista principal o de acuerdo a su posición general en
el conjunto, se deriva cierta situación de disparidad, al menos en lo que a
los vínculos funerarios parece referirse22 •
Así, pues, y aunque las dos cistas ocupan una posición extrema en el
edificio funerario, al menos en el que ha llegado hasta nuestros días, la

20
Sin que por ahora, y mediante la valoración de criterios morfométricos, se haya po-
dido determinar si se trata de un niño o una niña.
21
Obvia decir que nos referimos a los yacimientos que han podido estudiarse en pro-
fundidad y para los que se dispone de suficiente información, aunque en la isla se conozca
un número elevado de este tipo de necrópolis.
22
Otra cuestión es su significado social, que aún no estamos en condiciones de vislum-
brar completamente.
34 ESTUDIOS CANARIOS [24]

núm. 4 semeja guardar un patrón de proximidad más evidente, tanto físi-


co como constructivo, con el núcleo principal del conjunto. En esta línea
puede argumentarse su concordancia con la denominada cista 3, frente a la
que se dispone en paralelo y mantiene numerosas similitudes en la cues-
tión formal, incluidas la propia selección de la materia prima para su eje-
cución23. Por su parte, la cista 6, si se atiende a su ubicación, reviste una
situación de marginalidad en el conjunto mayor que la considerada para
la núm. 4. De hecho, en la actualidad se percibe como una tumba exenta
que, aunque muy próxima, no parece vincularse directamente al resto del
edificio funerario. Además, su disposición en el conjunto modifica la pauta
mayoritaria de orientación seguida en las restantes tumbas, con la excep-
ción de la cista 2 que también la rompe. A ello debe añadirse que para su
confección se prefirieron los cantos rodados, al igual que acontece en el
caso de la cista 2.
En una visión simplificada se puede considerar la siguiente estructura
en cuanto a los componentes del conjunto y su organización:
Una cista principal, C-1, en la zona más prominente del lomo con una
orientación este-oeste, ocupada por un varón adulto. Presenta las mayores
dimensiones de todo el conjunto. Su obra se completa con un anillo de
piedra que la circunda y con el que se crea una plataforma horizontal que
anula el desnivel del terreno. El espacio intermedio entre la cista y el anillo
se cubre con un enlosado de piedras que denota cierto esmero en la colo-
cación. Se ha considerado que este anillo no llegaba a bordear la cista por
su flanco norte, es decir, por la parte más alta de la construcción, si bien, a
tenor de las evidencias observadas en el sitio, lo que parece producirse es
un fenómeno de conservación diferencial. Este tramo de la construcción se
habría perdido, quizá por un problema de exposición debido a su situación
en la zona más elevada y expuesta del lomo.
Aunque esta cista se considera el núcleo fundamental en tomo al cual
se articula todo el conjunto, en el estado actual de los conocimientos no
es posible afirmar que asimismo sea la primera en funcionar como tumba.
En este sentido, habría que considerar que es la posición en el cementerio
y no el orden de uso el indicador que expresa el valor de la tumba y la
consideración del sujeto a la que está destinada24 • Es cierto que resulta

23
Esto es, bloques de tendencia plana, frente a los cantos rodados que se utilizan en
otros sepulcros (bien en exclusiva, bien en combinación con otros bloques) y estructuras
constructivas del conjunto.
24
Y no necesariamente esta condición principal vendrá expresada por su ubicación en
un espacio destacado. En ocasiones esta situación de notoriedad no será tan claramente per-
[25] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 35

muy complicado establecer relaciones cronoestratigráficas precisas entre


los distintos depósitos fúnebres y que para este propósito se tendrá que dar
continuidad a la investigación.
En el sitio se revelan algunos indicios constructivos que permiten plan-
tear que desde la estructura de C-1 antaño se prolongaba una línea de muro,
hoy prácticamente desmantelada, que englobaba las cistas 2 y 3 y que,
como el anillo descrito con anterioridad, las delimitaba, al menos por su
parte inferior, creando una segunda plataforma o superficie aterrazada y
enlosada. Aunque se ubican a un mismo nivel dentro del grupo, se observa
que la realización de la llamada cista 3 fue anterior a la núm. 2, pues ésta
en parte se apoya en la primera. No obstante, no se cuenta con suficientes
elementos de juicio para establecer si se trata de una remodelación a pos-
teriori de la obra original, o si, por el contrario, se diseñó de esta forma
desde un principio. En este problema hay que considerar que la cista 2 se"
dispone con una orientación contraria a las cistas 3 y 1 y para su ejecución
aprovecha tanto los pies de la C-3 como un segmento de anillo de C-1 que
se convierte en la cabecera. Como ya se ha señalado, y aún sin poder fijar
una conclusión definitiva al respecto, cabe plantearse la posibilidad de que
las cistas 3 y 2 no correspondan al mismo momento constructivo, siendo
la núm. 2 posterior.
Por debajo se sitúa un fragmento de muro, de tendencia circular, asimi-
lable a un nuevo anillo o cerco de piedra envolvente, que todavía se levanta
hasta tres hiladas25 pero sólo se conserva en un tramo muy reducido. En
principio, mediante prolongación de sus extremos, podría constituir una
nueva plataforma que a la manera de anillos concéntricos va delimitando
las cistas, a las que se añaden C-4 y C-5. En el caso de C-4 ya se ha di-
cho que presenta una gran similitud con C-3, si bien al quedar fuera del
segundo anillo no se puede precisar la relación secuencial con las cistas
precedentes. Más elocuente resulta el ejemplo de C-5, una pequeña cista
destinada a un individuo recién nacido 26 • Ésta se dispone entre C-3 y C-4,

ceptible desde nuestra perspectiva actual, pues no depende de una preponderancia espacial,
sino del sitio que a cada cual le toca ocupar. Las numerosas intervenciones que se vienen
realizando en yacimientos funerarios en los últimos años así parecen ponerlo de manifiesto;
de modo que puede plantearse que las sepulturas están asignadas con anterioridad al hecho
de la muerte y a cada persona le corresponde un lugar preestablecido en el área cementerial.
En definitiva, lo relevante es reconocer el orden que guía la organización de los emplaza-
mientos funerarios y cuáles son los condicionantes sociales que lo determinan.
25
Si bien algunas piedras pudieran haber sido recolocadas en época reciente.
26
Este es un caso de gran interés, único hasta el momento. Recientemente se han lo-
calizado restos de sujetos perinatales en cuevas que comparten el espacio mortuorio con
36 ESTUDIOS CANARIOS [26]

y parece que para su ejecución se desmantela parte del segundo anillo y


además se aprovechan algunas de las piedras ya existentes que formaban
parte del enlosado. Por ahora se desconoce la relación exacta que mantiene
con ambas cistas; sin embargo, todo apunta a que cuando se habilita esta
pequeña tumba, además de C-3, ya existía C-4, e incluso podría conside-
rarse una vinculación con esta última, al menos desde una óptica espacial.
Fuera de este grupo se situaría la cista 6, que asimismo se encuentra
muy próxima a los restos del tercer anillo. La dinámica de organización
podría, entonces, ser la misma que la descrita para las anteriores, si bien da
la sensación de encontrarse exenta ante la ausencia de un cuarto anillo que
la incluya dentro del sistema. De cumplirse este extremo, debe revisarse la
consideración de tumba aislada que se le ha atribuido.
Además de las estructuras estrictamente sepulcrales, se reconocen otras
construcciones que por el momento no han llegado a ser suficientemente
esclarecidas. Entre todas destaca un recinto en forma de U, de grandes di-
mensiones, inmediata y abierto al grupo de cistas. Se trata de muros reali-
zados con la misma técnica constructiva y materias primas que se emplean
en la erección de los sepulcros. También se distingue una superficie empe-
drada con cantos rodados de medianas proporciones. Y finalmente, en la
cota más baja se aprecia lo que parece una nueva alineación de piedras que
bien podría corresponder a un nuevo anillo o cerco envolvente.
A tenor de lo comentado se deriva un elevado valor arqueológico para
este enclave, del que se ha obtenido relevante información para el conoci-
miento de las prácticas funerarias de las poblaciones aborígenes y del que
aún podrían recabarse datos de gran interés.
Por otra parte, con el presente trabajo se ha pretendido significar la
necesidad de profundizar en los procesos tafonómicos que interactúan en
cualquier depósito arqueológico hasta que se estudian en el presente. Asi-
duamente este tipo de análisis es secundario en el proceso de inferencia
y explicación de los yacimientos, frente a la preferente atención del mo-
mento en que el depósito comienza a funcionar como tal. En este sentido,
a la imagen arqueológica actual se le hace corresponder una acción en el
pasado, que pese a su indiscutible peso para la comprensión de los sitios
arqueológicos no es más que un instante histórico. Queda valorar, pues, el
alcance de la modificación habida en un largo proceso activo hasta llegar
a nuestros días y que obviamente distorsiona el aspecto original. En con-

personas adultas; sin embargo el ejemplo del Lomo de Los Caserones representa el primer
hallazgo de un sujeto de tan corta edad incluido en una cista realizada ex profeso y que,
asimismo, comparte contexto fúnebre con adultos en una construcción tumular.
[27] EL ESPACIO FUNERARIO DE LOMO CASERONES ... 37

traposición, se aspira a introducir en la investigación no solo cómo se ha


producido una entidad arqueológica sino también qué transformaciones ha
experimentado hasta que son descubiertas en la actualidad.
Por lo que se refiere a la cuestión de las prácticas funerarias, con fre-
cuencia su estudio se detiene tras una prolija descripción del recinto sepul-
cral y de cómo se colocó el cadáver, para en un segundo paso abordar las
características biológicas de los restos en estudio. Hay, por tanto, toda una
suerte de tratamientos y gestos funerarios que no se contemplan en este tipo
de análisis o, al menos, no a la luz de las posibilidades que permite el dato
empírico. Mayor alcance reviste la eliminación de cualquier consideración
o razonamiento relacionado con el proceso de necrólisis, excluyendo con
ello su más que notable participación en el estado y disposición en que
aparecen los restos óseos y, cómo no, la trascendente implicación social
inherente a las prácticas mortuorias relativas a dónde y cómo se depositan
los muertos de cualquier comunidad. En este sentido, las alteraciones que
se reconocen en los depósitos funerarios a veces no tienen que ver con un
agente externo y moderno que los distorsiona, tal y como se suele esgri-
mir para explicar cualquier situación de perturbación que no encaja en la
idea de la sepultura original que nos hacemos en el presente, sino que son
producto de un proceso remoto y que probablemente tiene que ver con el
tiempo en que los yacimientos arqueológicos fueron activos y tuvieron vi-
gencia histórica. Además, a ello se une otro género de alteraciones, estas sí
correspondientes a un tiempo posterior en el que el sitio funerario pierde su
sentido social original. En esta fase, los yacimientos son revueltos o expo-
liados en un fenómeno ajeno a la práctica fúnebre inicial que allí aconteció.
No obstante, y aun constituyendo las circunstancias a las que más común-
mente se apela para explicar cualquier situación de disturbio, no quedan
suficientemente sustentadas en las condiciones del registro material o del
depósito arqueológico en general.
38 ESTUDIOS CANARIOS [28]

BIBLIOGRAFÍA

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A R T E S P L Á S T I e A S

El relieve de «San Jorge combatiendo al dragón»


de la parroquia matriz de Nuestra Señora
de la Concepción en San Cristóbal de La Laguna
(Tenerife)

CONSTANZA NEGRÍN DELGADO

Resumen. El relieve de San Jorge combatiendo al dragón, conservado en la parro-


quia matriz de Nuestra Señora de la Concepción en San Cristóbal de La Laguna
(Tenerife) y procedente de la capilla de su advocación en la desaparecida iglesia
parroquial de San Agustín de dicha ciudad, es una obra que ha permanecido hasta
el presente erróneamente catalogada, pues proviene de un taller de los antiguos
Países Bajos meridionales y, en concreto, de la próspera villa de Amberes, donde
sería ejecutada en tomo al primer cuarto del siglo XVI, a instancia de su presumible
importador y donante el borgoñón Jorge Grimón, natural del Condado de Namur.
Palabras clave: Islas Canarias, escultura importada, antiguos Países Bajos me-
ridionales, Amberes, primer cuarto del siglo XVI.

Abstract.Warranty marks from Antwerp, in the Old Meridional Low Countries,


have been found pyrographed in certain sculptural works dating from the beginning
of the 16'h C. and preserved in the Canary Islands. These present serious problems
when analysed from a stylistic point of view; such pieces could be catalogued
within the production ofthe schools ofBrnssels or Mechlin ~depending on each
case~, with the exception of one of them, if it were not for the presence of these
guild stamps or control marks.
Key words: Canary Islands. Imported sculpture. Old Meridional Low Coun-
tries. Antwerp warranty marks. 16'h C.
42 ESTUDIOS CANARIOS [2]

ESTA OBRA, que actualmente se conserva en la parroquia matriz de Nuestra


Señora de la Concepción en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife), proce-
de de la capilla de San Jorge -denominada también de los Grimón y de los
Nava o de los Marqueses de Villanueva del Prado, sus descendientes 1- en
la desaparecida iglesia parroquial de San Agustín de dicha ciudad, pues fue
destruida en 1964 por un voraz incendio.
Tal altorrelieve de madera decapada y muy plano por exigencias del
grosor del soporte (154 x 126 x 1,5 cm) representa el tema de San Jorge
combatiendo al dragón dentro de un esquema compositivo axial, donde en
los dos tercios inferiores se marca la contraposición entre el dinamismo de
los cuartos delanteros de los dos animales afrontados y el estatismo de sus
cuartos traseros al reposar, respectivamente, uno encima del otro y sobre el
suelo rocoso con atisbos de una sumaria vegetación, mientras el legendario
santo rompe la monotonía del conjunto, pues se desvía del eje de simetría
con la esforzada pose inclinada de su grácil cuerpo frontalmente vuelto
que tira de las riendas del caballo, lo espolea y antaño enristraba la lanza o
blandía una espada desenvainada.
En cambio, el tercio superior se reserva a las preceptivas referencias
paisajísticas de cualquier episodio transcurrido al aire libre, pues uno de
los flancos se rellena con un esbelto árbol de tronco leñoso y ramas bi-
furcadas con frondosa copa formada por apretadas hojas lanceoladas, en
tanto el extremo opuesto ofrece el esbozo de una vista panorámica urbana
en lontananza con eclécticos edificios techados con sistemas cupuliformes
orientalizantes y agudos chapiteles de pizarra nórdicos, para conferirle ese
aspecto exótico con el cual se pudiesen evocar las lejanas tierras de la
ciudad de Silca, en Libia, donde el valeroso soldado librara su singular
combate contra el dragón que tenía atemorizados a sus habitantes, según
narra la Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine 2 .
Por ello, conforme a su iconografía habitual3, este tribuno u oficial del
ejército romano al parecer oriundo de Capadocia, en Asia Menor, lleva
una anacrónica coraza de peto aquillado o axialmente aristado, con una
sola launa de cintura cortada en semicírculo por la parte delantera, gorjal
alto y hombreras rematadas en grandes espirales, cuyas prolongaciones se

1
VV.AA., Una cripta del siglo XVI. Investigaciones multidisciplinares en torno a su ha-
llazgo, Santa Cruz de Tenerife, Organismo Autónomo de Museos y Centros-Cabildo Insular
de Tenerife, 2004, págs. 58 y 60.
2
Véase S. de la Vorágine, La leyenda dorada, t. 1, Madrid, Alianza Editorial (Alianza
Forma, 29), 1982, págs. 248-253.
3
Véase L. Réau, Iconografía del arte cristiano. Iconografia de los santos. De laG a la
O, t. 2, vol. 4, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1997, págs. 153-162.
[3] EL RELIEVE DE «SAN JORGE COMBATIENDO AL DRAGÓN>> ... 43

transforman en unas mangas ceñidas hasta los codos con vueltas plisadas, a
juego con el trazado de los pliegues tubulares de los paños en el acampana-
do faldellín, que trasluce el movimiento fugaz de su figura y se interrumpe
en la zona de los muslos para sugerir la protección metálica de los quijotes,
cubriendo el resto de sus piernas con las correspondientes rodilleras abom-
badas, las grebas y los escarpes quizá de punta roma con espuelas -hoy
perdidos a causa del deterioro de la obra por el paso inexorable del tiempo
y la acción de los insectos xilófagos-, mientras se encasqueta un capace-
te de ala estrecha y calva apuntada, adornado por un enorme penacho de
plumas de avestruz, de acuerdo con la moda militar vigente en los Países
Bajos meridionales en el tránsito de los siglos XV al XVI 4•
En efecto, modelos similares de armaduras lucen el San Miguel Ar-
cángel de la parroquia de su advocación en Tazacorte5 , su homónimo del
santuario de Nuestra Señora de las Angustias en Los Llanos de Aridane 6
-ambos en La Palma- y el mismo arcángel del Museo Mayer van den
Bergh de Amberes (n. 0 cat. 2259f.

4
Véase J. A. Godoy, «La Real Armería», [Catálogo de la exposición] Tapices y Arma-
duras del Renacimiento. Joyas de las colecciones reales, Barcelona, marzo-abril, Barce-
lona, septiembre-octnbre, Madrid, Patrimonio Nacional-Ajuntament de Barcelona-Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Lunwerg Editores-Empresa Nacional ALDEASA,
1992, cat. 27 y 30, págs. 124-127 y 132-133, respectivamente.
5
C. Negrín Delgado, «Escultnra», [Catálogo de la exposición] Arte Flamenco en La
Palma, Gobierno de Canarias, Consejería de Cultura y Deportes, junio-julio 1985, cat. 1O,
s. pág.; «Jácome de Monteverde y las ermitas de su hacienda de Tazacorte, en La Pal-
ma», Anuario de Estudios Atlánticos, 34 (1988), págs. 330 y 342-345, fig. 1, y «Flandes
y el Atlántico Ibérico: el mecenazgo artístico de Jacques de Groenemberg en la isla de La
Palma», Actas del Congreso Internacional sobre Gil de Siloe y la Escultura de su época,
Burgos, Burgos 13-16 octubre de 1999, Centro Cultural Casa del Cordón, Institnción Fer-
nán González-Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, 2001, págs. 510 y 516-520,
fig. l.
6
Idem, «Escultnra», [Catálogo de la exposición] Arte Flamenco ... , cat. 11, s. pág.;
«Jácome de Monteverde ... », págs. 335 y 349-351, figs. 5-6; «Flandes y el Atlántico Ibéri-
co ... », págs. 513 y 517-520, fig. 3; [Catálogo de la exposición] El arte en Cataluña y los
reinos hispanos en tiempos de Carlos I, Madrid, Salón del Tinell, Museo de Historia de la
Ciudad, Barcelona, 19 de diciembre de 2000 al4 de marzo de 2001, Sociedad Estatal para la
Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000, cat. 72 (por Idem), págs.
326-327; [Catálogo de la exposición] El Fruto de la Fe. El legado artístico de Flandes en
la isla de La Palma, Madrid, Fundación Carlos de Amberes-Cabildo Insular de La Palma-
Sociedad Estatal para la Acción Cultnral Exterior, SEACEX, 2004, cat. 31 (por Idem),
págs. 300-308.
7
J. De Coo, Museum Mayer van den Bergh, Catalogus 2 (Beeldhouwkunst. Plaketten.
Antiek), Antwerpen, 1969, cat. 2259, pág. 204.
44 ESTUDIOS CANARIOS [4]

Figura l. San Jorge combatiendo al dragón. Parroquia matriz de Nuestra Señora de la


Concepción. San Cristóbal de La Laguna. Tenerife.
[5] EL RELIEVE DE «SAN JORGE COMBATIENDO AL DRAGÓN>> ... 45

Además, con los dos primeros comparte los rasgos fisonómicos de su


juvenil semblante imberbe 8 , encuadrado por los finos mechones semion-
dulados de su corta melena, cuyo óvalo lleno de frente casi plana, ojos
rasgados y contorneados por gruesos párpados, finas cejas arqueadas hacia
el arranque de su pequeña nariz recta con anchas aletas, boca menuda con
los labios contraídos en una incipiente sonrisa y mentón redondo, resume
algunas de las características tradicionales de la estatuaria brabanzona de
la época.
Ahora bien, su aparente fragilidad física contrasta con la corpulencia
del brioso caballo enjaezado, que igualmente entronca con la vena natura-
lista de la escultura nórdica del momento por el perfecto estudio anatómico
de su recia musculatura en tensión al describir una airosa corveta, el detalle
del sexo propio de su género, las protuberancias pilosas sobre los cascos,
la tupida cola ondeante, las crines y la testuz con orejas enhiestas, resaltes
oculares almendrados, orificios nasales dilatados por un brusco resoplido
o relincho y belfos separados por el bocado de un freno con guarnición
lateral en forma de roseta, que constituye el único elemento decorativo de
sus sencillas bridas, en consonancia con los restantes atalajes o arreos y la
cincha de la montura.
Particularidades que remiten a aquellas otras cabalgaduras reproducidas
por entonces en no pocos retablos bruselenses y antuerpienses, sirviendo a
menudo de pretexto para plasmar a los jinetes Longinos -el lancero- y
Stephaton -el portaesponja- a ambos lados de Cristo inmolado en el
Gólgota en las escenas de la Crucifixión, baste recordar los retablos de
la Pasión de los Museos Reales de Arte y de Historia de Bruselas (nos.
inv. 3006, se. 130 y V 198?, de los Museos Reales de Bellas Artes de
Bélgica (legs. Livrauw-Delporte, n. 0 inv. 8774) 10, de la Sint-Janskatedraal

8
Véanse notas 5-6.
9
[Catálogo de la exposición] El esplendor de Flandes. Arte de Bruselas. Amberes y
Malinas en los siglos XV-XVI, Barcelona, Fundación La Caixa, 1999, figs. 9-10, págs. 38 y
41, cat. 36 (por R. De Boodt), págs. 89-92, fig. 7 (p. 35), y cat. 37 (por Idem), págs. 93-95,
respectivamente. Véanse también Guide bruxellois des retables des Pays-Bas méridionaux
(xve-XVIe siecles). Bruxel!es et environs, Sous la direction de Catheline Périer-D'Ieteren et
Nicole Gesché-Koning, Bruxelles, Centre de Recherches et d'Etudes technologiques des
Arts plastiques, Université Libre de Bruxelles, Tempora, 2000, págs. 48-53 (figs. 1-5), 38-
47 (figs. 1-9) y 68-71 (figs. 1-2), respectivamente; M. Buyle y Ch. Vanthillo, Retables
Flamands et Brabam;ons dans les monuments belges, Bruxelles, Ministerie van de Vlaamse
Gemeenschap, Afdeling Monumenten en Landschappen, 2000, il. col. págs. 22-23 (para el
primero de ellos, denominado el retablo de Claudia Villa y Gentina Solara).
10
Guide bruxellois des retables ... , págs. 82-87, fig. l.
46 ESTUDIOS CANARIOS [6]

Figura 2. San Jorge combatiendo al dragón. Detalle de la figura ecuestre del santo. Parro-
quia matriz de Nuestra Señora de la Concepción. San Cristóbal de La Laguna. Tenerife.
[7] EL RELIEVE DE <<SAN JORGE COMBATIENDO AL DRAGÓN>> ... 47

en 's-Hertogenbosch (Países Bajos )11, de las iglesias belgas de Saint-


Mattieu en Hulshout 12 y de Saint-Hubert en Gemmenich-Plombieres 13 , del
templo alemán de San Pedro en Dortmund 1\ del Musée des Beaux-Arts de
Dijon (Francia) 15 , del Museo del Louvre de París (n.o inv. RF 1769) 16 y del
Rijksmuseum deAmsterdam (n. 0 inv. R.B.K. 16082) 17 ; además de los frag-
mentos de Cristo con la cruz a cuestas y de un Calvario del antedicho mu-
seo (nos. inv. K.O.G. 690 y N.M. 2476Y 8 , de un asunto similar al anterior
de la colección Onghena (GanteY 9 o del retablo de Bassine del precitado
museo bruselense (n. 0 inv. 3629? 0 , y un largo etcétera de piezas.
También, el realismo inherente a tal caballería se puso al servicio de
la recreación de un animal fantástico, el dragón, que adopta el aspecto de
un ser híbrido con velluda cabeza deforme de pabellones auditivos pun-
tiagudos, grandes ojos desorbitados, hocico cuadrado con descomunales
fauces entreabiertas mostrando unos formidables colmillos, alineadas
piezas dentales y la lengua saliente en el instante de exhalar un horrendo
bramido, cuerpo rechoncho con dobles alas membranosas de quiróptero,
patas terminadas en garras de león y cola enroscada de idéntica especie

11
Antwerp Altarpieces. 15th-16th centuries, l. Catalogue, Edited by Hans Nieuwdorp,
Antwerp, Antwerp Cathedral 26 May-3 October 1993, Museum voor Religieuze Kunst,
1993, cat. 7 (por H. De Smedt), págs. 52-57. Véase también [Catálogo de la exposición]
O Brilho do Norte. Escultura e Escultores do Norte da Europa em Portugal. Época Ma-
nuelina, Lisboa, Palácio Nacional da Ajuda, Galeria de Pintura do Rei D. Luís, outubro de
1997, pág. 82.
12
C. Dumortier, «Le retable sculpté de Hulshout. Essai de reconstitution d'une ceu-
vre anversoise du début du XVIe siecle», Revue des Archéologues et Historiens d'Art de
Louvain, VII (1974), págs. 129-143, figs. 1-2 y 4; Antwerp Altarpieces ... , cat. 2 (por J. van
Damme ), págs. 30-35; M. Buyle y Ch. Vanthillo, ob. cit., págs. 186-187.
13
M. Buyle y Ch. Vanthillo, ob. cit., págs. 200-201.
14
Ibídem, il. col., págs. 80-81.
15
Ibídem, il. col., pág. 64; Antwerp Altarpieces ... , cat. 3 (por H. Nieuwdorp), págs.
36-39.
16
S. Guillot de Suduiraut, Sculptures brabam;onnes du musée du Louvre. Bruxelles,
Malines, Anvers. xve-XVIe siecles, Paris, Éditions de la Réunion des Musées Nationaux,
2001, cat. 17, págs. 112-122, il. col. pág. 59.
17
J. Leeuwenberg con la colaboración de W. Halsema-Kubes, Beeldhouwkunst in het
Rijksmuseum, 's-Gravenhage-Amsterdam, Staatsuitgeverij-Rijksmuseum, 1973, cat. 146,
págs. 135-136.
18
Ibídem, cat. 77 y 152, págs. 97-98 y 138-139, respectivamente.
19
J. Liéveaux-Boccador y E. Bresset, Statuaíre médiévale de collection, t. II, Italia, Les
Clefs du Temps (Zoug)-St. Grafico Matarelli (Milán), 1972, fig. 236, pág. 221.
20
[Catálogo de la exposición] El esplendor de Flandes ... , cat. 85 (por R. De Boodt),
págs. 166-167.
48 ESTUDIOS CANARIOS [8]

Figura 3. San Jorge combatiendo al dragón. Detalle del caballo. Parroquia matriz de Nues-
tra Señora de la Concepción. San Cristóbal de La Laguna. Tenerife.
[9] EL RELIEVE DE «SAN JORGE COMBATIENDO AL DRAGÓN>> ... 49

zoológica, a semejanza de los esculpidos a los pies de la estatua posible-


mente antuerpiense de San Miguel Arcángel de la parroquia de San Marcos
Evangelista en Icod de los Vinos (Tenerife)21 y en la malinense de Santa
Margarita de Antioquía de la ermita tinerfeña de su título en La Quinta
(Taucho, Adeje)22 , aunque es asimismo comparable con los labrados en
las imágenes de igual nombre del Musée Suermondt en Aix-la-Chapelle
(n. 0 inv. Collection Steiger, SKN n. 0 183)23 , del trascoro de la colegiata de
Saint-Mateme en Walcourt24 y del templo de Sainte-Marguerite de Berzée
en dicha localidad belga25 , en las germanas de San Jorge estante de las
colecciones J. Boccador26 y Litybur2 7 (París) o en la brabanzona del arcán-
gel San Miguel de la colección M. Gazan (Bruselas) 28 , con la cual ofrece
indudables paralelismos en la concepción del diablo.
Pero, aparte de estos ejemplos comparativos puntuales, existieron en
los antiguos Países Bajos esculturas exentas con el mismo motivo icono-
gráfico, como atestiguan las tallas ecuestres de la iglesia de Saint-Georges
en Chardon (Bélgica? 9, del Musée Vleeshuis de Amberes 30 , del mentado

21
Esta escultura, que actualmente presenta un lamentable estado de conservación, será
objeto de un estudio pormenorizado en un futuro trabajo de investigación.
22
C. Negrín Delgado, «El legado artístico de los Antiguos Países Bajos. Catálogo de
Obras. Tenerife», Ruta del azúcar y su cultura en las isla atlánticas. El Arte de Flandes en
Madeira y Canarias 1 Rota do m;:úcar e a sua cultura nas ilhas atlánticas. A Arte da Flan-
dres na Madeira e nas Canárias, Sevilla, Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias-
Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, Egondi Arte Gráficas, 2006, pág. 247.
23
W. Godenne, «Préliminaires a l'Inventaire général des Statuettes d'origine malinoise
présumées des xve et xvre siecles», Handelingen van de Koninklijke Kring voor Oudhei-
dkunde, Letteren en Kunst van Mechelen (1958), n. 0 LXI, págs. 59-61.
24
R. Didier, «Sculpture de la fin du M oyen Áge dans le Namurois. Essai de catalogue»,
[Catálogo de la exposición] Art en Namurois. La sculpture 1400-1550, Sous la direction
de J. Toussaint, Conservateur du Musée des Arts Anciens du Namurois, Bélgica, Société
archéologique de Namur-Service de la Culture de la Province de Namur, 2001, págs. 263-
271.
25
lbidem, pág. 275.
26
a
J. Boccador, Statuaire médiévale en France de 1400 1530, t. II, Zoug (Suisse), Les
Clefs du Temps, 1974, figs. 19-19 bis, págs. 26-27.
27
J. Liéveaux-Boccador y E. Bresset, ob. cit., t. II, fig. 348, pág. 331.
28
Ibidem, fig. 352, pág. 335.
29
P. Vitry, «La sculpture dans les Pays-Bas au xve et au xvre siecle», Histoire de l'Art
depuis les premiers temps chrétiens jusqu 'a nos jours de A. Michel, t. V, 1, Paris, Librairie
Armand Colin, 1912, fig. 208, pág. 334.
30
J. De Bosschere, La Sculpture Anversoise aux xve et XVI Siecles, Bruxelles, Collec-
tion des Grands Artistes des Pays-Bas, Librairie Nationale d' Art & d'Histoire, G. van Oest
& Cie., Éditeurs, 1909, fig. 1, págs. 8/9.
50 ESTUDIOS CANARIOS [lO]

Figura 4. San Jorge combatiendo al dragón. Detalle del dragón. Parroquia matriz de Nues-
tra Señora de la Concepción. San Cristóbal de La Laguna. Tenerife.
[11] EL RELIEVE DE <<SAN JORGE COMBATIENDO AL DRAGÓN>> ... 51

Museo Mayer van den Bergh (n.o cat. 2234) 31 -las dos en posición inver-
tida-, del Rijksmuseum de Amsterdam (n.o inv. N.M. 2501 )32 y del Musée
communal de Lovaina33 , obra de Malinas donde se advierten estrechas si-
militudes con la aquí estudiada en el atuendo del protagonista hagiográfico
-a excepción de su celada con visera levantada, los elementos defensivos
de los brazos y las manoplas-, en el ornato floral del freno caballar -pero
no así en su complicado arnés- y en la morfología o apariencia bestial del
dragón retorciéndose ferozmente bajo sus pezuñas, que parece una trans-
posición plástica de los seculares hallazgos de los «primitivos flamencos»,
pues recuerda al tipo pintado por un seguidor de Rogier van der Weyden
en el compartimento dedicado a la mártir de Antioquía en el reverso de las
puertas del retablo escultórico bruselense de la iglesia de Saint-Martin en
Ambierle (Francia), donado en 146634 •
En consecuencia, de todo lo anteriormente expuesto puede deducirse
que la obra objeto de estudio fue ejecutada en un taller de los Países Bajos
meridionales y, en concreto, de la cosmopolita villa de Amberes, de donde
saldría alrededor del primer cuarto del siglo XVI.
Por último, las peculiaridades de la pieza ahora analizada permiten su-
poner que se tratara del panel central de un tríptico actualmente desman-
telado, cuyas alas se reservaran a sendas pinturas con los retratos del do-
nante y de su esposa, o más presumiblemente se destinaran a la ubicación
de cuatro recuadros en relieve -dos superpuestos en cada postigo- con
distintas escenas alusivas al martirio de San Jorge -conforme al relato
de la Leyenda Dorada 35- , pues no en vano contaba con un magnífico
precedente, el retablo esculpido de igual advocación de la extinta capilla
de Notre-Dame-du-Dehors en Lovaina -hoy en los Museos Reales de
Arte y de Historia de Bruselas (n. 0 inv. 362)-, firmado y fechado por Jan

J. De Coo, ob. cit., cat. 2234, pág. 188.


31

J. Leeuwenberg con la colaboración de W. Halsema-Kubes, ob. cit., cat. 167, págs.


32

147-148.
33
W. Godenne, «Préliminaires a l'Inventaire général des Statuettes d'origine malinoi-
se, présumées des xve et xvre siecles», Handelingen van de Koninklijke Kring voor Oud-
heidkunde, Letteren en Kunst van Mechelen (1976), n. 0 II/262, págs. 86-88.
34
M. J. Friedlander, Early Netherlandish Painting. Rogier van der Weyden and the
Master ofFlémalle, vol. II, Comments and notes by Nicole Veronee-Verhaegen, translation
by Heinz N orden, Leyden-Brussels, A.W. Sijthoff-Éditions de La Connaissance, 1967, cat.
105, pág. 81, lárn. 117. Véase también S. Guillot de Suduiraut, ob. cit., pág. 34, fig. 22.
35
Véase nota 2.
52 ESTUDIOS CANARIOS [12]

II Borman el Grande en el año 1493 36 , donde se reseñan con extrema mi-


nuciosidad las crueles torturas infligidas al fabuloso santo, incluido en el
grupo de los Catorce Intercesores y considerado «el tipo ideal del paladín,
el parangón y el modelo de todas las virtudes caballerescas», en palabras
de L. Réau37 •
Tan lamentable hecho quizá se produjera cuando se desarmó el expre-
sado altar original de la capilla colateral del Evangelio o de San Jorge, con
motivo de la reconstrucción de la iglesia del convento agustino del Espí-
ritu Santo verificada en la segunda mitad del siglo XVIII, para sustituirlo
por el Retablo de san Agustín 38 , donde bajo el escudo de los Marqueses
de Villanueva del Prado de su remate se embutió el relieve en cuestión39
--constituido a su vez por el ensamblaje de seis estrechas tablas longitudi-
nales a la sazón acopladas o adheridas a otras dos de distinta madera más
clara y con mayor espesor (2 cm.)-, como ocurriera con el desaparecido
Retablo escultórico de la Epifanía o de la Adoración de los Pastores de la
colateral opuesta de la Epístola, de Nuestra Señora de los Remedios, del
Espíritu Santo o del Sagrario40 , que posiblemente había sido importado
de los antiguos Países Bajos por el fundador de la misma, el conquistador
Remando de Llerena, regidor del Cabildo de Tenerife y destacado inte-
grante del gobierno de la isla durante el mandato de don Alonso Femández

36
Comte J. De Borchgrave D' Altena, Les retables brabans;ons. 1450-1550, Bruxelles,
Éditions du Cercle d'Art, 1942, págs. 7, 14 y 22, láms. II-V; Th. Müller, Sculpture in the
Netherlands, Germany, France and Spain. 1400-1500, Harmondsworth, The Pelican Histo-
ry of Art, Penguin Books, 1966, págs. 156-157, lám. 163; E. Szmodis-Eszláry, «Sculptures
néerlandaises, hollandaises et flamandes en Hongrie. I. Un détail de retable sorti de l'atelier
de Jan Borman le Vieux», Bulletin du Musée Hongrois des Beaux-Arts, 31 (1968), págs. 40-
41, figs. 25-29,31 y 33; G. von der Osten y H. Vey, Paintingand Sculpture in Germany and
the Netherlands. 1500-1600, Harmondsworth, The Pelican History of Art, Penguin Books,
1969, pág. 57, lám. 44; B. D'Hainaut-Zveny, «La dynastie Borreman (xve-xvre S.). Crayon
généalogique et analyse comparative des personnalités artistiques», Annales d'Histoire de
l'Art et d'Archéologie, V (1983), págs. 48 y 51-54, fig. 1, y «Le retable de la Passion de
Güstrow. Problemes d'attribution et essais d'analyse», Revue belge d'Archéologie et d'His-
toire de l'Art, LV (1986), págs. 18 y 21-30, fig. 9; [Catálogo de la exposición] El esplendor
de Flandes ... , pág. 34, figs. 12, 16 y 21 (págs. 44, 47-48 y 51, respectivamente); M. Buyle
y Ch. Vanthillo, ob. cit., págs. 33-36, il col. págs. 31 y 33; Guide bruxellois des retables ... ,
págs. 54-59, figs. 1-6; S. Guillot de Suduiraut, ob. cit., pág. 39, fig. 33 (pág. 40).
37
Véase nota 3.
38
Véase VV.AA., Una cripta del siglo XVI..., págs. 57-58 y 60.
39
J. Rodríguez Moure, Guía histórica de La Laguna, La Laguna, Instituto de Estudios
Canarios, 1935, pág. 160.
40
Ibidem, pág. 57.
[13] EL RELIEVE DE «SAN JORGE COMBATIENDO AL DRAGÓN» ... 53

de Lugo41 , pues también se aprovechó empotrando «esta preciosa reliquia


de otras edades», de pequeñas dimensiones y «de orden gótico florido» -a
tenor del testimonio de J. Rodríguez Moure- en la suerte de ático de la
parte superior del nuevo ejemplar lígneo42 .
En este sentido, la primitiva localización de la pieza aquí analizada, su
específico terna iconográfico -el del santo patrón de su presunto comiten-
te- e incluso la cronología antes propuesta hacen pensar que fuera labrada
en los afamados obradores de la ciudad del Escalda por expreso encargo
del constructor de la capilla donde se instaló, es decir, de Jorge Grirnón.
Dicho personaje, que había nacido en el seno de una familia noble de
Narnur hacia 1455 y llegaría a la Península Ibérica en torno a 1475 para
servir durante veinte años a los Reyes Católicos, participando en la cam-
paña bélica «contra los sarracenos» de la guerra y rendición de Granada
-corno consta en la patente expedida el1 Ode mayo de 1494 por don Iñigo
de Mendoza, conde de Tendilla-, intervino en la etapa final de la conquis-
ta de Tenerife, a donde se trasladó en la segunda mitad del año 1496, según
sus propias palabras «con mi casa y familia, rnuger e hijos y con mucha
cantidad de pólvora y con tres espingardas» -armas de fuego manipula-
das por él, su primogénito Jean y su criado Jean Lirnán, Lernán, Alirnán
o Alemán-, pues «aún estavan por ganar las partes de Abona y los altos
de Ycode» -últimos reductos de resistencia de los guanches «alzados» o
insumisos refugiados en los hospitalarios bandos de paces-, «y con mi
llegada y de mi hijo Juan Grirnón ( ... ),y con el servicio de la pólvora en
brevemente se ganó todo» 43 .

41
Véase J. A. Cebrián Latasa, Ensayo para un diccionario biográfico de conquista-
dores de Canarias, Islas Canarias [sic], Gobierno de Canarias, Consejería de Educación,
Cultura y Deportes, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Dirección General de Cultura,
2003, págs. 305-307.
42
J. Rodríguez Moure, ob. cit., pág. 162. Véase también P. Tarquis Rodríguez, Riqueza
artística de los templos de Tenerife. su historia y fiestas, Santa Cruz de Tenerife, 1966-
1967, págs. 157-160.
43
Véanse B. Bonnet, «Jorge Grimón y la rendición del Sur de Tenerife», Revista de
0
Historia, VI, n. 41 (1938), págs. 7-15; J. de Viera y Clavijo, Noticias de la historia general
de las Islas Canarias, t. II (3. 0 , 1776), Santa Cruz de Tenerife, Goya Ediciones, 1951, nota
2, pág. 595; F. Femández de Béthencourt, Nobiliario de Canarias, t. 1, La Laguna de Tene-
rife, J. Régulo Editor, 1952, pág. 871; M. R. Alonso, El poema de Viana. Estudio histórico-
literario de un poema épico del siglo XVII, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, 1952, pág. 613; A. de Viana, La conquista de Tenerife, t. II, introducción, notas
e índices por A. Cioranescu, Santa Cruz de Tenerife, Aula de Cultura de Tenerife, 1971, Ín-
dices, I, págs. 270-271; E. Romeu Palazuelos, Cartas de don Tomás Lino de Nava-Grimón
y Porlier, V Marqués de Villanueva del Prado, desde La Laguna, a don Joseph de Viera
54 ESTUDIOS CANARIOS [14]

En parecidos términos se pronunciaba el primer Adelantado de Cana-


rias al declarar -junto con otros testigos presentados en la información o
probanza de nobleza practicada en 1506- que «sin sus armas y diligencia
no hubiera podido acabar de someter la isla tan presto»44 , agraciándolo con
la concesión de una serie de «datas» de tierras de riego y secano repartidas
por las zonas de Icod, La Rambla, Taoro y Tegueste e incluso de un solar
en la entonces capital insular San Cristóbal de La Laguna, para convertirlo
a la postre en un opulento hacendado local45 .
Se trataba, pues, de un aguerrido soldado profesional o «un hombre de
armas» en la terminología de la época -también apodado el Borgoñón,
por razón de su cuna-46 , quien en diferentes momentos de su dilatada vida
lucharía por que se reconociese su condición privilegiada de hijosdalgo y
se hiciesen valer sus derechos en el reino de Castilla, pues así sucedía y se
le respetaban en el Condado de Namur -su tierra natal-, sito en los con-
fines del «imperio de Borgoña», como se refleja en el poder especial por él
otorgado en 1527 al escribano público Juan Márquez con tal fin47 •
Dualidad que marcaría toda su existencia al poseer una personalidad
contradictoria, pues su carácter violento y a veces cruel -temido por sus
familiares más cercanos, al decir de ellos mismos 48- no lograría ensom-
brecer su fervor religioso, del cual se vanagloriaba materializándolo en

y Clavija en Madrid, La Laguna, Instituto de Estudios Canarios, 1988, págs. 54-55; J. F.


Delgado Gómez, El Menceyato de Abona. Arico, Granadilla, San Miguel, Aro na, Vilajlor,
Santa Cruz de Tenerife, Centro de la Cultura Popular Canaria-Ayuntamientos de Arico,
Granadilla, San Miguel, Arona y Vilaflor, 1995, págs. 18-19; J. A. Cebrián Latasa, ob. cit.,
págs. 249-251; A. Rumeu de Armas, La conquista de Tenerife. 1494-1496, La Laguna,
Instituto de Estudios Canarios, 2006, págs. 401-403.
44
Véase nota anterior.
45
Véanse A. de Viana, ob. cit., t. 11, Índices, 1, pág. 270; E. Serra Rafols, Las datas
de Tenerife (Libros I a IV de datas originales), La Laguna, Instituto de Estudios Canarios
(Fontes Rerum Canariarum, XII), 1978, doc. nos. 778-19,998-28 y 1003-33, págs. 160, 194
y 195, respectivamente; F. Moreno Fuentes, Las datas de Tenerife (Libro primero de datas
por testimonio), La Laguna, Instituto de Estudios Canarios (Fontes Rerum Canariarum,
XXXV), 1992, págs. 17, 18 y 180; P. M. Martínez Galindo, La vid y el vino en Tenerife
en la primera mitad del siglo XVI, La Laguna, Instituto de Estudios Canarios, 1998, págs.
339-347.
46
J. A. Cebrián Latasa, ob. cit., págs. 51 y 249. V éanse también M. R. Alonso, ob. cit.,
pág. 613; A. de Viana, ob. cit., t. 11, Índices, I, pág. 270; P. M. Martínez Galindo, ob. cit.,
pág. 339; A. Rumeu de Armas, ob. cit., pág. 402.
47
D. Galván Alonso, Protocolos de Bernardino Justiniano (1526-1527), La Laguna,
0
Instituto de Estudios Canarios (Fontes Rerum Canariarum, XXIX), doc. N. 1109, pág.
380.
48
J. A. Cebrián Latasa, ob. cit., pág. 249.
[15] EL RELIEVE DE <<SAN JORGE COMBATIENDO AL DRAGÓN>> ... 55

magnánimas dotaciones eclesiales, cuyo máximo exponente sería la funda-


ción de la mentada capilla colateral de San Jorge erigida a sus expensas en
el lagunero templo conventual del Espíritu Santo, donde debió de colocar
su escudo de armas y dispuso su sepultura bajo una losa pétrea tras su óbito
acaecido en 1545, en tiempos del priorato de su hijo fray Pedro Grimón49 .
Por lo tanto, este despiadado y a la vez piadoso caballero -aunque
parezca un contrasentido-, cuyo papel decisivo en la conclusión del so-
metimiento de la isla le valdría el posterior renombre de su ilustre apellido
y blasonada Casa en la Historia de Canarias50 , que ostentó el patronato
general de la provincia de Santa Clara de Montefalco a partir de 1659 en
reconocimiento a los muchos favores y dádivas de los distintos miembros
de ella recibidos por la orden agustina51 , pudo ser el promotor de la llegada
del referido relieve antuerpiense -datado hacia 1500-1525- a su lugar
de procedencia, en donde fue adquirido con el propósito de trasladarlo a
su actual emplazamiento por el presbítero J. Rodríguez Moure en el siglo
pasado52 .

49
J. de Viera y Clavijo, ob. cit., t. III (4. 0 , 1783), pág. 323; F. Femández de Béthencourt,
ob. cit., pág. 871; A. de Viana, ob. cit., t. II, Índices, I, pág. 271; J. Rodríguez Moure, ob.
cit., págs. 157-158, 160-161 y 163; A. Cioranescu, La Laguna.. Guía histórica y monumen-
tal, La Laguna, 1965, págs. 182 y 184; VV.AA., Una cripta del siglo XVI ... , págs. 53-55 y
58.
50 Véanse Fr. A. de Espinosa, Historia de Nuestra Señora de Candelaria [1594], Santa

Cruz de Tenerife, Goya Ediciones, 1952, pág. 119; A. de Viana, ob. cit., t. I [1604], 1968,
pág. 383; J. de Viera y C1avijo, ob. cit., t. II (3°, 1776), nota 2, pág. 595.
51 Véanse J. de Viera y Clavija, ob. cit., t. III (4. 0 , 1783), págs. 323-325; VV.AA., Una

cripta del siglo XVI ... , pág. 53.


52
Véase A. Cioranescu, ob. cit., pág. 184.
Algo más sobre Cristóbal Hemández de Quintana,
pintor y dorador

CARLOS RODRÍGUEZ MORALES

Resumen. La actividad artística de Cristóbal Hemández de Quintana no se ciñó


a la pintura de caballete -su faceta más conocida y valorada-, pues se dedicó
también con éxito a la policromía y al dorado de retablos y techumbres en diversos
recintos religiosos de Canarias. A los encargos ya conocidos, añadimos ahora su
intervención en el desaparecido convento agustino del Realejo (Tenerife ), entre
1689 y 1690, que estudiamos a partir de documentos inéditos del Archivo Histó-
rico Nacional, en Madrid.
Palabras clave. Cristóbal Hemández de Quintana, pintura barroca, conventos,
documentación, Canarias.

Abstract. Cristóbal Hemández de Quintana did not circumscribe his artistic en-
deavors to easel painting -the most famous and highly valued area ofhis produc-
tion-, but also he successfully embarked on polychromy and gold decoration
of altarpieces and roofs in severa! religious buildings in the Canary Islands. In
addition to well-known commissions, 1 present and study one he undertook in the
disappearedAugustinian monastery in Los Realejos (Tenerife) between 1689 and
1690. My analysis is based on a series ofunpublished documents preserved at the
National Historie Archive in Madrid.
Keywords: Cristóbal Hemández de Quintana, baroque painting, monasteries,
documentation, Canary Islands.

LA ESTIMA que en la sociedad canaria del barroco alcanzó la obra de Cris-


tóbal Hemández de Quintana (La Orotava, 1651-La Laguna, 1725) se ha
mantenido hasta hoy, pues todavía se aprecia la amabilidad de su pintura.
Paralelamente, el conocimiento sobre su trayectoria personal y profesional
ha ido enriqueciéndose gracias a las aportaciones historiográficas publi-
cadas sobre todo a partir de los años cuarenta del pasado siglo 1 ; pero los

1
Véanse, entre otros, J. J. Martín González, El pintor canario Cristóbal Hernández
de Quintana, La Laguna, 1958; M. Rodríguez González, El pintor Cristóbal Hernández de
Quintana (1651-1725), Santa Cruz de Tenerife, 1985; C. Fraga González, «La formación
58 ESTUDIOS CANARIOS [2]

archivos, los templos y las colecciones particulares reservan aún noticias


y obras inéditas cuyo paulatino «descubrimiento» afianza la valoración de
Quintana como el pintor isleño mejor considerado de su tiempo2 •
Los encargos que centran esta comunicación insisten en la importancia
de su faceta como pintor y dorador de techumbres y retablos, que consti-
tuyó su principal actividad en la década de los años ochenta del siglo XVII
tras su regreso a Tenerife y que le permitió asentar su prestigio y mejorar
su economía al iniciar una nueva etapa artística y familiar. El mismo año
(1681) de la muerte de su primera esposa en Las Palmas Quintana volvió
a su isla natal; aquí su primer trabajo sería dar «el uamis» a la imagen del
Cristo de Burgos del convento agustino de La Laguna en febrero de 1681 3 ,
y tres años más tarde lo hemos situado en el Puerto de la Cruz, donde
suponemos que trabajó en sendos retablos por iniciativa de Juan de las
Nieves Ravelo: el mayor del convento de dominicas y el de la capilla de las
Ánimas en el convento franciscano 4 • En enero de 1688 fue requerido para
la que sería su empresa más relevante en este campo: el artesonado y el
retablo de la capilla mayor del santuario de la Virgen de Candelaria, obras
impulsadas por el obispo García Ximénez y que contrató con el licenciado
Gaspar Álvarez de Castro, vicario de Tenerife 5•

de Cristóbal Hemández de Quintana», en Serta Gratulatoria in honorem Juan Régulo, La


Laguna, Universidad, 1990, t. IV, págs. 147-160, y C. Rodríguez Morales, Cristóbal Her-
nández de Quintana, Islas Canarias [sic], 2003.
2
Tras la publicación de nuestra monografía sobre el pintor le hemos atribuido dos
veras efigies de la Virgen de Candelaria, una conservada en la iglesia de San Lázaro de La
Laguna, recogida por S. Negrín, «El arte de la restauración», en D Trulenque (suplemento
de Diario de Avisos, Santa Cruz de Tenerife), 18 de junio de 2004; y otra en colección
particular de San Juan de la Rambla.; C. Rodríguez Morales, «Virgen de Candelaria», en J.
Pérez Morera (comisario), Roque de Montpellier. Iconografia de los santos protectores de
la peste en Canarias, Garachico, 2006, pág. 220.
3
E. Izquierdo, «El Santísimo Cristo de Burgos», El Día (Santa Cruz de Tenerife), 14
de marzo de 1958.
4
C. Rodríguez Morales, Cristóbal Hernández de Quintana, ob. cit., pp. 15, 22.
5
Más adelante, en la primera década del siglo XVIII, Quintana sería reclamado para
trabajar en otros retablos: el de la iglesia del hospital de Nuestra Señora de los Dolores, en
La Laguna -posiblemente también en el de San Juan de Dios del mismo templo-, y el de
la capilla mayor de la iglesia parroquial de Teguise, en Lanzarote. A. Trujillo Rodríguez, El
retablo barroco en Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 1977, t. 1, págs. 117-118, y t. Il,
pp. 21-22; J. R. Gómez-Pamo Guerra del Río, «Aspectos artísticos de la iglesia parroquial
de Nuestra Señora de Guadalupe en Teguise en el tránsito del XVII al XVIII», en III Jornadas
de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, Puerto del Rosario, 2003, págs. 353-357, y C.
Rodríguez Morales, Cristóbal Hernández de Quintana, ob. cit., págs. 25-26.
[3] ALGO MÁS SOBRE CRISTÓBAL HERNÁNDEZ DE QUINTANA ... 59

Pero este no fue el primer contacto laboral entre Quintana y Álvarez


de Castro, beneficiado de la parroquia de la Concepción de La Laguna y
juez de las cuatro causas. Los documentos que ahora presentamos avalan
la confianza previa del clérigo en el pintor a raíz de la voluntad de los
agustinos del Realejo de que se cumplieran algunas de las mandas de Juan
de Gordejuela, fundador del convento de San Juan Bautista. Entre las cláu-
sulas de su testamento redactado en 1619 había dispuesto que se hiciese un
«tabernáculo de madera al altan> y que se pintase y dorase tanto éste como
la capilla mayor, especificando que «la concha del altar mayor se haga de
oro azul»; además, dispuso que para las festividades principales se adqui-
riesen «ocho doseles de tafetán o seda otra, e que tengan el cumplidor que
sea necesario» para colgar el recinto 6 • En septiembre de 1686 -casi seis
décadas después- dieron comienzo unos «Autos fechos a pedimiento del
reverendo padre prior del convento de San Agustín del Realejo de Abajo
sobre el dorado del retablo y una concha en la capilla mayor y colgadura
que legó Juan de Gordejuela». El proceso -ante el juzgado eclesiástico
de las cuatro causas, encargado de valorar y en su caso decretar el libra-
miento de las cantidades necesarias del arca correspondiente allegado del
fundador- se conserva inserto en un protocolo de escrituras del archivo
conventual de recoletas agustinas del Realejo, ahora en el Archivo Histó-
rico NacionaF.
Vista la petición del prior y también un certificado del notario públi-
co y apostólico Juan Carlos de los Santos Aguiar sobre cómo las obras
en cuestión no estaban doradas «ni parese auerlo estado nunca», Gaspar
Álvarez de Castro nombró el último día de octubre de 1686 a Cristóbal
Hernández de Quintana y a Alonso V ázquez, maestros de pintores, «por
reconocedores del techo de la capilla, retablo y concha, y cada cosa de por
sí, con distinsión si están para dorarse, y la cantidad de oro y demás ma-
teriales que fuere menester; y asimismo midan la capilla mayor, su altor y
ancho». Aceptado el nombramiento por ambos pintores tres días después,
a principios del mes de diciembre presentaron su informe, exponiendo que
el retablo:

podrá llebar de oro tres mill panes más o menos, dorando solamente los reliebes
y los fondos de colores bruñido; y lo que toca a la concha del presbiterio allan
en su concien¡;;ia no estar para dorar por ser de tosca y es materia incapas por lo

6
Archivo Histórico Nacional [AHN], Clero, libro 2.553, ff. 248r-25lv.
7
AHN, Clero, libro 2.550, ff. l99r-215v. Agradezco a Lorenzo Santana haberme comu-
nicado la existencia de este documento, que consulté en Madrid.
60 ESTUDIOS CANARIOS [4]

que se desgrana, y de aberse de dorar podrá llebar dos mill panes de oro poco
más o menos, dado los fondos de asul; y que el dorado de la capilla podrá llebar
de oro mili quinientos panes poco más o menos, y lo demás de toda la lasería
irá pintado de colores que podrá llebar de ellas, así la capilla como la concha y
retablo, quinientos reales; y lo que toca aparejos, como son engrudo, yessos y
bol, trec;ientos reales. Y en quanto a la medida de la capilla mayor tiene de alto
nuebe baras y de largo tres baras por cada un lado, y los dos pies derechos del
arco de la capilla mayor desde la cornisa asta el pedestal tiene sinco baras de
alto y dos de ancho; y lo que toca al presbiterio tiene seis baras de alto desde la
concha al suelo, y de ancho quatro baras y media por cada un lado.

Este documento resulta excepcional por su carácter técnico y por la


información que proporciona relativa a un edificio ~la primitiva iglesia
de los agustinos del Realejo~ que ya no existe, al quedar destruida la
iglesia agustina por un incendio en 18068 • Por otra parte, es la única cola-
boración que conocemos de Cristóbal Hernández de Quintana con Alon-
so V ázquez, un artífice muy vinculado al convento de San Agustín de La
Laguna, en cuyo entorno pudieron encontrarse, de quien se conocen otros
trabajos como pintor dorador de retablos 9 • Sin embargo, por razones que
ignoramos, la decisión de ejecutar por fin la voluntad de Juan de Gorde-
juela se retrasó hasta los primeros meses de 1689 y el encargo se formuló
únicamente a Quintana, que pasó al Realejo «para reconocer lo que fuere
necesario para dar principio a dicha obra». En virtud de sus disposiciones,
el29 de abril de 1689 se firmaron en el Puerto de la Cruz sendas escrituras
por las que Fernando Pérez y el carpintero Francisco Miguel se comprome-
tían, respectivamente, a entregar madera y a hacer con ellas los andamios
«a satisfasión y seguridad de Cristóbal Remandes de Quintana, maestro de
pintor de dicha obra», que estuvo presente en la otorgación. El concierto
fue suscrito en La Laguna el29 de junio de ese año 10 .

8
Véase J. Siverio Pérez, Los conventos del Realejo, Los Realejos, 1977, especialmen-
te págs. 45-65.
9 P. Tarquis Rodríguez, «El pintor Alonso Vázquez y el apogeo del retrato en Tene-

rife», El Museo Canario, núm. 9, 25-26 (1948), págs. 1-16; «Un cuadro interesante de la
colección de Ossuna», en Revista de Historia, núm. 82-83 (1948), págs. 177-183; y «Alon-
so Vázquez (pintor regional del XVII). Los últimos documentos», La Tarde (Santa Cruz de
Tenerife), 16 de abril de 1953. [E. Serra Rafols], «De los pintores Alonso Vázquez», en
Revista de Historia, núm. 84 (1948), págs. 458-459; A. Trujillo Rodríguez, El retablo ba-
rroco en Canarias, ob. cit., 1977, t. II, págs. 60-62; M. Rodríguez González, La pintura en
Canarias durante el siglo XVIII, Las Palmas de Gran Canaria, 1986, pág. 248.
10
Véase su transcripción en el anexo documental l.
[5] ALGO MÁS SOBRE CRISTÓBAL HERNÁNDEZ DE QUINTANA. .. 61

Previamente, al menos desde febrero, Gaspar Álvarez de Castro ha-


bía recurrido al capitán inglés Cristóbal Francis para que trajese a la isla
«los millares de oro, a dosientos y setenta reales el millar, de Ynglaterra,
de marca mayor, y asimismo el que dé y pague en dinero 300 reales en
contado para el engrudo, yeso y bol, y quinientos reales para comprar co-
lores»; también se le encomendó la adquisición de trescientas cincuenta
y una varas «de tafetán de doseles de Granada( ... ) a precio de seis reales
vara». Francis se comprometió a traerlo todo en el plazo de seis meses, a
cuenta del importe del arrendamiento de las viñas del patronato de Juan de
Gordejuela, y a pagar «lo que se librare a los ofisiales por la obra de dicho
dorado».
La noticia de esta obra de Quintana, además de ampliar su catálogo,
permite plantear algunas consideraciones sobre su actividad como maes-
tro de pintura y dorado. En primer lugar, confirma su especial dedicación
a estas labores en la década de los años ochenta y los buenos resultados
obtenidos, pues de alguna forma un proyecto le llevaría a otro. Como se
ha indicado más arriba, entre 1684 y 1689 asumiría al menos dos encargos
en el Puerto de la Cruz -según le hemos atribuido, pues no están explíci-
tamente documentados-, el de Candelaria y éste en el Realejo de Abajo,
por el que otorgó sendos recibos en junio de 1690 11 • Con estos datos puede
pensarse que el pintor compaginó durante unos meses el proyecto de Can-
delaria -contratado a principios de 1688 y que no concluyó al menos has-
ta un lustro más tarde- y el del Realejo, que lo mantuvo ocupado un año, a
partir de junio de 1689. Y no hay que descartar que, paralelamente, siguiera
realizando otros trabajos de este tipo o de pintura de caballete, para los que
necesitaría contar con un equipo de oficiales colaboradores, de los que por
estas fechas sólo se conoce a Jacob Machado Fiesco.
Avecindado en el Puerto de la Cruz hacia 1684, allí pudo mantener casa
abierta -a pesar de desplazarse por distintas localidades de la isla- al
menos hasta el verano de 1690, cuando recibió sepultura en la parroquia
de la Peña de Francia «una esclavita de Cristóval Hemández Quintana, el
pintor» 12 • No fue hasta finales de 1692 cuando adquirió la casa de la calle

II Ambos recibos, otorgados a favor del capitán inglés Cristóbal Francis, se conservan

en el mismo protocolo de escrituras, pero no dentro de los autos citados sino entre las
cuentas presentadas por él, correspondientes al arrendamiento de las viñas del patronato de
Gordejuela. Véanse los anexos documentales 2 y 3. El primero de los recibos figura al pie
de una memoria de los materiales -yeso, colores, oro- entregados a Quintana a partir
de julio de 1689.
12
Archivo parroquial de Nuestra Señora de la Peña de Francia, Puerto de la Cruz, Libro
II de entierros, f. 196r, 7/8/1690. Agradezco este dato a Eduardo Zalba González.
62 ESTUDIOS CANARIOS [6]

Herradores de La Laguna que mantendría hasta su muerte, lo que permi-


te pensar que hasta entonces tuvo en el Puerto su centro de operaciones.
Establecido probablemente a raíz de los encargos que recibió de Juan de
las Nieves, pudo influir también la propia vitalidad comercial del lugar, su
cercanía a la próspera Villa de La Orotava -donde había nacido y donde
pudo comenzar a formarse 13- y también la proximidad del Realejo Bajo,
de donde procedía su familia materna. El encargo que aquí hemos dado a
conocer puede avalar, además, la atribución ya planteada de otras realiza-
ciones suyas en el lugar; nos referimos a las pinturas del retablo de la Vir-
gen del Carmen de la iglesia de la Concepción 14 -destruidos en el incen-
dio de 1978- y a los cuatro lienzos de santos franciscanos que conserva la
iglesia de Tigaiga, quizá procedentes del convento de Santa Lucía15 •
Para concluir esta aportación documental, recogemos una mención iné-
dita sobre la obra del pintor en el inventario -formado en La Laguna en
1734- de los bienes de doña María Logman Villavicencio, correspondien-
tes a su primer matrimonio con Sebastián Patricio Leal. Entre el «amenaje
de la casa» se incluyeron «ocho láminas entre grandes y pequeñas de Quin-
tana, en mil ciento veinte reales» 16 , que evidencian su prestigio casi diez
años después de haber muerto, confirmado más adelante por alguna otra
noticia y por la pervivencia soterrada de su apellido en la memoria isleña
como pintor que -en palabras del arcediano Pereira y Ocampo en 1759-
«tuvo fama en este arte» 17 •

ANEXO DOCUMENTAL 1

Fray Nicolás de León y fray Juan Alonso, agustinos, conciertan con Cristóbal Her-
nández de Quintana los trabajos de dorado y pintura de la capilla mayor, de su reta-
blo y de la concha del presbiterio del convento de San Juan Bautista del Realejo.
Archivo Histórico Nacional: Sección Clero, libro 2.550, ff. 214v-215v.
1689,junio, 29. San Cristóbal de La Laguna.

13
C. Fraga González, «La formación de Cristóbal Hemández de Quintana», art. cit.,
págs. 147-160.
14
J. J. Martín González, El pintor canario ... , ob. cit., pág. 14.
15
C. Rodríguez Morales, Cristóbal Hernández de Quintana, ob. cit., págs. 98-1 Ol.
16
Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Sección histórica de Proto-
colos notariales, 950 [escribanía de José Vianes de Salas], f. 56v.
17
M. Rodríguez González, La pintura en Canarias durante el siglo XVIll, ob. cit., pág.
245.
[7] ALGO MÁS SOBRE CRISTÓBAL HERNÁNDEZ DE QUINTANA ... 63

En la ciudad de La Laguna en veinte y nuebe de junio de mili seicientos y ochenta


y nuebe años, hallándose presente su paternidad muy reverenda fray Nicolás de
León, prior del convento de San Juan Baptista del Realejo, y en su compañía el
padre visitador [//215'] fray Juan Alonso, prior que abía sido de dicho convento, se
ajustó con el maestro Christóval Remandes de Quintana del dorado y pintura de
la capilla y dorado del nicho del altar mayor y su concha de presbiterio, en confor-
midad de lo mandado por Juan de Gordejuela, patrono de dicho convento. Y por el
dorado y pintura de la capilla mayor, dos mili reales; y por el dorado se entiende
los sinco florones del almisate y pechina y un cordón que orla la capilla toda, y
una moldura que ba por sobre la solera, y asimismo en algunas partes salteándola,
según buena disposición y arte, y lo restante pintura de diferentes colores, según
arte; y por el dorado del nicho y concha otros dos mili reales, y el dorado de la
concha a de ser al ólio y el del nicho bruñido, que no caue con el material de la
concha dicho bruñido, que ambas partidas suman y montan quatro mili reales, los
qua! es se le an de dar al dicho Christóual Remandes de Quintana por dicha obra,
dándosele los materiales conforme la memoria que diere para poner con estos au-
tos, el qua! [/P 15v] consierto se hisso en presensia de su mersed por dichos padres
religiosos y dicho maestro de obra, y que el pagamento se le uaya asiendo a siento
y sinquenta reales cada semana y el resto acauada dicha obra; y su mersed mandó
se le den los libramientos nesesarios así para el trabaxo personal como para los
materiales dándosele libramiento de dicha cantidad de quatro mili reales sobre el
capitán Christóual Franci, de nazión ynglés, para que en conformidad de lo que se
está deviendo del tiempo del arrendamiento y obligazión que consta destos autos
lo baya satisfaciendo y pagando por dichas semanas que con reciuo se le da por li-
bre de su obligación hasta en dicha cantidad. Y todas las partes lo firmaron, siendo
testigos Gaspar Gonsáles Texera y Francisco Remandes, vezinos desta ciudad.

El licenciado Gaspar Á!bares de Castro (rubricado).


Fray Nicolás de León, prior (rubricado).
Cristóbal Remandes de Quintana (rubricado).
Gabriel Alonso de Figueroa, notario público (rubricado).

ANEXO DOCUMENTAL 2

Cristóbal Hemández de Quintana otorga recibo a Cristóbal Francis y compañía


por 3.596 reales en oro y materiales para la obra del dorado y la pintura del techo
de la capilla mayor, concha y retablo del convento de San Juan Bautista del Rea-
lejo de Abajo.
Archivo Histórico Nacional: Sección Clero, libro 2.550, f. 246r.
1690,junio, 19.
64 ESTUDIOS CANARIOS [8]

Reseuí del señor don Cristóbal Francis y compañía los tres mill y quinientos y
nobenta y seis reales i medio, como consta de la memoria de arriba, en oro y ma-
teriales para la obra del dorado y pintura del techo de la capilla y concha y retablo
del combento del Realejo de Abajo. Y por ser así verdad lo firmé en 19 de junio
de 1690 años. Y si pareciere otro resiuo de fecha antesedente se entienda ser de
ningún valor.

Cristóbal Remandes de Quintana (rubricado).

ANEXO DOCUMENTAL 3

Cristóbal Hemández de Quintana otorga recibo a Cristóbal Francis y compañía


por 4.000 reales correspondientes al trabajo del dorado y la pintura del techo de
la capilla mayor, concha y retablo del convento de San Juan Bautista del Realejo
de Abajo.
Archivo Histórico Nacional: Sección Clero, libro 2.550, f. 247r.
1690,junio, 19.

Reseuí del cappitán don Cristóbal Francis y compañía cuatro mill reales por orden
del señor vicario don Gaspar Álbares de Castro por el trabajo del dorado y pintura
de la capilla y concha y retablo del convento de San Agustín del Realejo de Auajo,
es a sauer dos mill reales por el trauajo de la capilla, quinientos reales por la con-
cha y mill y quinientos por el retablo, como constará de los autos. Y si paresiere
otro resiuo de fecha antesedente se entienda ser de ningún valor. Y por verdad lo
firmé en 19 de junio de 1690 años.

Cristóbal Remandes de Quintana (rubricado).

(Criterios de transcripción: normalización del uso de mayúsculas,


acentuación y puntuación. Desarrollo de las abreviaturas.)
CIENCIAS DE LA VIDA, LA TIERRA Y EL MEDIO AMBIENTE

Contribución al conocimiento de la flora ornamental


del casco del municipio de El Sauzal
(Tenerife, Islas Canarias)

M.a L. RODRÍGUEZ NAVARRO, J. R. ACEBES GINOVÉS,


V. L. LUCÍA-SAUQUILLO y P. L. PÉREZ DE PAZ

Resumen. Con este trabajo aportamos un catálogo comentado sobre la flora orna-
mental del municipio de El Sauzal. Se han catalogado un total de 151 especies de
la flora vascular, para cada una de ellas se detalla sus sinónimos más comunes,
nombre vulgar y zona de origen. Se analiza la riqueza florística y su procedencia.
Palabras clave: Flora ornamental, El Sauzal, Tenerife, Islas Canarias.

Abstrae!. With this work we contributed a catalogue commented on the ornamen-


tal flora of the municipality of El Sauzal. A total of 151 species of the vascular
flora has been catalogued, for each one of them details their synonymous most
common ones, vulgar name and zone of origin. One analyzes the floristic wealth
and its origin.
Key words: Ornamental flora, El Sauzal, Tenerife, Canary Islands.

INTRODUCCIÓN

La benignidad del clima de Canarias ha permitido que gran cantidad de


plantas ornamentales, de la más diversa procedencia, se hayan aclimatado
en nuestras islas. Esta diversidad de especies se ve incrementada con la
producción de numerosos híbridos y cultivares para el comercio de plan-
tas con interés ornamental. El mundo de las plantas ornamentales plantea
serios retos en la identificación de los taxones, ya sea por la dificultad que
supone el estudio taxonómico de los nuevos cultivares, como por la gran
cantidad y variedad de bibliografía existente.
66 ESTUDIOS CANARIOS [2]

El casco municipal de El Sauzal es un claro ejemplo de diversidad


florística ornamental. En sus calles, plazas, jardines, parterres, rotondas,
bordes de carreteras, etc., se han contabilizado un total de 151 taxones
procedentes de los cinco continentes.
Este trabajo supone una nueva contribución al conocimiento de la flora
ornamental presente en la isla de Tenerife, además de para el municipio de
El Sauzal.

MATERIAL Y MÉTODO

El presente catálogo está basado en el trabajo de campo de localización


e identificación de las diversas especies que caracterizan los jardines, par-
terres, rotondas, etc., del casco del municipio de El Sauzal.
Para la correcta determinación de los taxones y la obtención de infor-
mación sobre cada uno de ellos, se han empleado diversas publicaciones:
ALBANO (2005), ANÓNIMO (2003), BARTELS (2005), BRAMWELL (1972),
BRAMWELL & BRAMWELL (1983, 1984, 1995 y 2001), CABRERA PÉREZ
(1999), CHARCO (2001), CHEERS (1999), ELLISON (1995), GARCÍA GALLO
et al. (1997, 2002 y 2003), GEIB (2006), GIBBONS (1996), GRAF (1978),
GREUTER (1997), HERNÁNDEZ & LEAL (1999), KREMER et al. (2005),
KUNKEL (1998), LIU (1989), LÓPEZ LILLO et al. (2000, 2003,2004 y 2005),
LUZZI (1996), MORO (2002), RAY (1998), REYES BETANCORT & PÉREZ DE
PAZ (2001), RODRÍGUEZ PÉREZ (2001), RODRÍGUEZ PIÑERO et al. (1987),
SA' AD (1967), SCHÓNFELDER & SCHÓNFELDER (1997 y 2002), SCHUBERT
& HERWIG (1980) y WILDPRET DE LA TORRE et al. (2005).

RESULTADOS

A continuación se presenta el catálogo comentado de las especies localiza-


das e identificadas. Para la ordenación de estos taxones se ha seguido el orden
sistemático establecido por EHRENDORFER in STRASBURGER et al. (1994):

PTERIDOPHYTA
SPERMATOPHYTA

CONIFEROPHYTINA: Pinopsida
CYCADOPHYTINA: Cycadopsida
MAGNOLIOPHYTINA: Magnoliopsida y Liliopsida
[3] CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO DE LA FLORA ORNAMENTAL ... 67

Dentro de cada uno de estos grupos, las familias se han ordenado alfa-
béticamente, lo mismo que dentro de éstas los géneros y especies.
Para cada taxón se aporta la siguiente información:
l. Nombre de la especie, citadas con su «nombre científico», seguido de
la abreviatura del «autor o autores» de la combinación según BRUMMITT &
POWELL (1992), y la «citación bibliográfica».
2. Sinónimos (Syn.: Synonimum!a, sinónimo, sinonímia) nomenclatura-
les o taxonómicos de diferente rango apreciados en la bibliografía consul-
tada, ordenados alfabéticamente.
3. Nombre/s vulgar/es (N.V.) aplicados en la zona o referenciados en la
bibliografía consultada, ordenados alfabéticamente.
4. Origen o procedencia geográfica del taxón en cuestión. La distri-
bución de las especies presentes en las Islas Canarias se ha obtenido de
HANSEN & SUNDING (1993) y ACEBES GINOVÉS et al. (2004).
5. Observaciones (Obs.) o notas de interés para el taxón comentado.

PTERIDOPHYTA
Clase FILICOPSIDA
Familia DRYOPTERIDACEAE
Cyrtomium falcatum (L. f.) C. Presl., Tent. Pterid. 86 (1836). Syn.: Aspi-
dium falcatum (L. f.) Sw., Dryopteris falcata (L. f.) Kuntze, Phanerophle-
biafalcata (L. f.) Copel., Polypodiumfalcatum L. f., Polystichumfalcatum
(L. f.) Diels. N.V.: Helecho acebo. Origen: Nativo del Este de Asia (Japón,
Corea y China).
Familia ÜLEANDRACEAE
Nephrolepis exaltata (L.) Schott., Gen. Fil. pl. 3 (1834). Syn.: Aspidium
exaltatum (L.) Sw., Hypopeltis exaltata (L.) Bory, Nephrodium exaltatum
(L.) R. Br., Polypodium exaltatum L. N.V.: Helecho de Boston, helecho de
espada, helecho rizado. Origen: De América Central y Meridional.

SPERMATOPHYTA
CONIFEROPHYTINA
Clase PINOPSIDA
Familia ARAUCARIACEAE
Araucaria bidwillii Hook., London J Bot. 2: 503-506, t. 18, 19, f. l.
(1843). N.V.: Araucaria de Bidwill, pino de bunya. Origen: Procede de una
pequeña zona litoral del Este de Australia. Obs.: Existe un ejemplar de esta
especie en la finca «La Baranda» (Casa del Vino) considerado como árbol
monumental de Canarias.
68 ESTUDIOS CANARIOS [4]

Araucaria heterophylla (Salisb.) Franco, Anais Inst. Super. Agron. 19: 11-
12 (1952). Syn.: A. araucana (Malina) C. Koch, A. excelsa (Lamb.) R.
Br., Dombeya excelsa Lamb., Eutassa heterophylla Salisb. N.V.: Arauca-
ria, pino de Norfolk, pino de pisos. Origen: Nativo de las islas Norfolk; al
Norte de Nueva Zelanda. Obs.: Existe un ejemplar de esta especie ubicado
en la finca «La Baranda» (Casa del Vino) considerado como árbol monu-
mental de Canarias.

CYCADOPHYTINA
Clase CYCADOPSIDA
Familia CYCADACEAE
Cycas revoluta Thunb., Verh. Hall. Maatsch. Weetensch. Haarlem 20(2):
424, 426-427 (1782). N.V.: Cica, cica del Japón, palma de iglesia, palma
del sago, palmera de alcanfor, palmera sagú, sagú de Japón. Origen: Sur de
Japón, islas Riukiu.
Familia ZAMIACEAE
Zamiafurfuracea Aiton, Hort. Kew 3: 477 (1789). Origen: México.

MAGNOLIOPHYTINA
Clase MAGNOLIOPSIDA
Familia ACANTHACEAE
Thunbergia grandiflora (Roxb. ex Rottl.) Roxb., Bot. Reg. 6: pl. 495
(1820). Syn.: Flemingia grandiflora Roxb. ex Rottl., Th. cordifolia Nees.
N.V.: Bignonia azul. Origen: Oriunda de la región Norte de India, Sur de
China, Tailandia y Camboya.
Familia AIZOACEAE
Aptenia cordifolia (L. f.) N.E. Br., Gard. Chron., sér. 3, 84: 313 (1928); J.
Bot. 66: 139 (1928). Syn.: Mesembryanthemum cordifolium L. f. Origen:
Sudáfrica.
Drosanthemum floribundum (Haw.) Schwantes, Z. Sukkulentenk. 3: 29
(1927). Syn.: D. hispidum (L.) Schwantes, Mesembryanthemum jloribun-
dum Haw., M torquatum Haw. N.V.: Uña de gato, velo de Magdalena.
Origen: América del Norte.
Malephora crocea (Jacq.) Schwantes, Deutsche Gartn.-Zeitung 43: 7
(1928) var.purpureocrocea (Haw.) Jacobsen & Schwantes. Syn.: Crocan-
thus croceus (Jacq.) L. Bolus, Mesembryanthemum croceum Jacq. Origen:
Sudáfrica.
Familia AMARANTHACEAE
!resine herbstiiHook., Gard. Chron. 1864:654 (1864). Syn.: Achyranthes
verschaffeltii Lem., J. reticulata Hort. N.V.: Aquirante, iresine. Origen:
Brasil. Obs.: También hemos observado el cultivar 'Aureoreticulata'.
[5] CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO DE LA FLORA ORNAMENTAL ... 69

Familia ANACARDIACEAE
Mangifera indica L., Sp. PI. 1: 200 (1753). Syn.: M austro-yunnanensis
Hu, Rhus laurina Nutt. N.V: Mango. Origen: Originario del Sudeste Asiá-
tico.
Familia APOCYNACEAE
Acokanthera oblongifolia (Hochst.) Codd, B~thalia 7: 449 (1961). Syn.:
A. spectabilis (Sond.) Hook. f., Carissa oblongifolía Hochst. N.V.: Follao,
laurel de nieve, laurel tóxico. Origen: Sudáfrica (Mozambique).
Catharanthus roseus (L.) G. Don, Gen. Hist. 4: 95 (1837). Syn.: Ammo-
callis rosea (L.) Small, Lachnea rosea (L.) Rchb., Pervinca rosea (L.) Mo-
ench, Vinca rosea L. N.V.: Dominica, nomeolvides, perico, rosa pervinca,
teresitas, vincapervinca. Origen: Madagascar.
Nerium oleander L., Sp. Pl. 1: 209 (1753). Syn.: N. indicum Mill., N. odo-
ratum Lam., N. odorum Sol., N. verecundum Salisb. N.V.: Adelfa, baladre,
laurel rosa, oleandro. Origen: Región Mediterránea.
Plumeria rubra L., Sp. Pl. 1: 209-210 (1753). Syn.: Pl. acuminata Aiton,
Pl. acutifolia Poir., Pl. bicolor Ruiz & Pav., Pl. carinata Ruiz & Pav., PI.
lutea Ruiz & Pav., Pl. tricolor Ruiz & Pav. N.V.: Flor de cebo, flor de cera,
flor de mayo, frangipani. Origen: América Central (desde México a Ecua-
dor). Obs.: También hemos observado la raza con flores blancas.
Thevetia peruviana (Pers.) K. Schum., Nat. Pflanzerifam. 4(2): 159 (1895).
Syn.: Cascabela peruviana (Pers.) Raf., C. thevetia (L.) Lippold, Cerbera
thevetia L., C. peruviana Pers., Th. linearis A. DC., Th. neriifolia Juss. ex
Steud. N.V.: Adelfa amarilla, amancay, cascabel, covalonga, tevetia. Ori-
gen: América Tropical.
Familia ARALIACEAE
Hedera helix L., Sp. Pl. 1: 202 (1753). Syn.: H caucasigena Pojark., H
taurina (Paul) Carr. N. V.: Hiedra común, yedra común. Origen: Nativo de
Europa. Obs.: Existen numerosos cultivares plantados en el municipio, que
varían en la morfología (forma, tamaño y tonalidad) de sus hojas.
Sche.fftera actinophylla (Endl.) Harms, Nat. Pflanzenfam. 3(8): 36 (1894).
Syn.: Brassaia actinophylla Endl. N.V.: Árbol paragua, árbol pulpo,
árbol sombrilla. Origen: Nativo de Queensland en Australia y de Nueva
Guinea.
Scheffiera arboricola (Hayata) Merr., Lingnan Sci. J. 5(1-2): 139 (1929).
Syn.: Heptapleurum arboricola Hayata, H sasakii Hayata. N. V.: Cheflera.
Origen: Nativo de Taiwan. Obs.: De esta especie se comercializan diversos
cultivares, algunos de ellos aparecen plantados por el municipio.
Familia ASCLEPIADACEAE
Stephanotis floribunda Brongn., Ann. Sci. Nat., Bot. sér. 2, 7: 30 (1837).
70 ESTUDIOS CANARIOS [6]

Syn.: Ceropegia stephanotis Poir. ex Decne., Marsdeniajloribunda (Brogn.)


Schltr. N.V.: Estefanota, jazmín de Madagascar. Origen: Madagascar.
Familia ASTERACEAE
Argyranthemumfrutescens (L.) Sch. Bip. in Webb & Berthel., Phyt. Ca-
nar. 3(2,2): 264 (1844) subsp. frutescens. Syn.: A. frutescens var. gran-
diflorum Webb in Webb & Berthel., var. linnaeanum Webb in Webb &
Berthel., Pyrethrum frutescens Choisy in Buch. N.V.: Magarza común,
margarita. Origen: Endemismo de Lanzarote, Gran Canaria, Tenerife, El
Hierro y La Palma. Obs.: El uso de esta especie o de sus congéneres como
ornamental supone un riesgo cierto de contaminación genética, promovida
por su alta promiscuidad y solapamiento ecológico.
Artemisia thuscula Cav., Anal. Cienc. Nat. 4: 86 (1801). Syn.: Artemisia
canariensis (Bess.) Less. N.V.: Incienso, incienso canario, insensio, mol.
Origen: Endemismo de Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, El Hierro y
La Palma. Obs.: A esta especie se le atribuyen propiedades alergénicas,
circunstancia que debe condicionar su uso como ornamental.
Asteriscus sericeus (L. f.) DC., Prodr. 5: 486 (1836). Syn.: Bubonium seri-
ceum (L. f.) Halvorsen & Wiklund, Buphthalmum sericeum L. f., Nauplius
sericeus (L. f.) Cass. N.V.: Jorado,jorao. Origen: Endemismo exclusivo de
la isla de Fuerteventura. Obs.: Plantado como ornamental en los bordes de
carretera y mirador de La Garañona, ha sido difundida como tal por todo
el archipiélago canario.
Bracteantha bracteata (Vent.) Anderb. & Haegi, Opera Bot. 104: 105
(1991). Syn.: Xeranthemum bracteatum Vent. Origen: Australia.
Gazania rigens (L.) Gaertn, Fruct. Sem. Pl. 2: 451 (1791). Syn.: Gorteria
rigens L. Origen: África del Sur y del Este.
Gazania rigens var. uniflora (L. f.) Roessler, Mitt. Bot. Staatssamml.,
München 3: 371 (1959). Origen: Sudáfrica.
Kleinia neriifolia Haw., Syn. PI. Succ. 312 (1812). Syn.: Cacalia kleinia
L., Senecio kleinia Sch. Bip. in Webb & Berthel. N.V.: Senecio, verode,
verol. Origen: Endemismo canario.
Leucanthemum maximum (Ramond) DC., Prodr. 6: 46 (1837). Syn.:
Chrysanthemum maximum Ramond. N.V.: Margarita. Origen: Pirineo.
Senecio mikanioides Orto ex Walp., Allg. Gartenzeitung 13(6): 42 (1845).
Syn.: De/airea odorata Lem. N.V.: Hiedra alemana, yedra alemana. Ori-
gen: Sudáfrica.
Tagetes erecta L., Sp. Pl. 2: 887 (1753). Syn.: T. elongata Willd., T. ernstii
H. Rob. & Nicholson, T. majar Gaertn. Origen: México.
Familia BASELLACEAE
Anredera cordifolia (Ten.) Steenis, Fl. Malesiana, Ser. 1, Spermatophyta
[7] CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO DE LAFLORAORNAMENTAL ... 71

5(3): 303 (1957). Syn.: Boussingaultia cordata Sprengel, B. cordifolia


Ten., B. gracilis Miers. N. V.: Enredadera tuberosa, parra de Madeira. Ori-
gen: Desde Paraguay al Norte de Brasil y Argentina.
Familia BIGNONIACEAE
Distictis buccinatoria (DC.) A.H. Gentry, Brittonia 25(3): 237 (1973).
Syn.: Bignonia buccinatoria DC., Phaedranthus buccinatorius (DC.)
Miers., Pithecoctenium buccinatorium DC. N.V.: Dedos de señora, trom-
peta sangrienta. Origen: México.
Jacaranda mimosifolia D. Don, Bot. Reg. 8: 631, pl. 631 (1822). Syn.:
J. acutifolia Humb. & Bonpl., J. chelonia Griseb., J. filicifolia D. Don
ex Seem., J. ovalifolia R. Br. N. V.: Jacaranda, palisandro. Origen: Sur de
Brasil, Argentina, Bolivia y Norte de Uruguay.
Pandoreajasminoides (Lindl.) K. Schum., Nat. Pjlanzenfam. 4(3b): 230
(1894). Syn.: Tecoma jasminoides Lindl. N. V.: Binonia, pandora, planta
enramada. Origen: Australia.
Podranea brycei (N.E. Br.) Sprague, Fl. Trap. Afr. 4(2): 5.154 (1906).
Syn.: Pandorea brycei (N.E. Br.) Rehd., Tecoma brycei N.E. Br. Origen:
Zimbabwe.
Podranea ricasoliana (Tanfani) Sprague, Fl. Cap. 4(2): 450 (1904). Syn.:
Pandorea ricasoliana (Tanfani) Baill., Tecoma ricasoliana Tanfani. N. V.:
Arbusto de Pandora, binonia, enredadera de Puerto de San Juan. Origen:
Sur de África.
Pyrostegia venusta (Ker-Gawl.) Miers, Proc. Roy. Hort. Soc. London 3:
188 (1863). Syn.: Bignonia tecomiflora Rusby, B. venusta Ker-Gawl., B.
ígnea Vell.,P acuminata Miers,P ignea (Vell.) C. Presl. N. V.: Bignonia de
fuego, binonia, flor de fuego, pirostegia, tango. Origen: Sudamérica (Brasil
y Paraguay).
Spathodea campanulata P. Beauv., Fl. Oware 1: 47-48, t. 27, 28 (1805).
Syn.: Bignonia tulipifera Thonn., Sp. danckelmaniana Bottner, Sp. nilotica
Seem., Sp. tulipifera (Thonn.) G. Don. N. V.: Árbol de los tulipanes, llama
africana, tulipero africano, tulipero del Gabón. Origen: África Tropical.
Tecomaria capensis (Thunb.) Spach, Hist. Nat. Veg. 9: 137-138 (1840).
Syn.:BignoniacapensisThunb., Tecoma capensis (Thunb.) Lindl., Tecoma-
ria krebsii Klotzsch., T petersii Klotzsch. N.V.: Bignonia, chupamieles del
Cabo, enredadera de trompeta, madreselva del Cabo. Origen: Sudáfrica.
Familia BOMBACACEAE
Chorisia speciosa A. St.-Hil., Pl. Usuel. Bras. pl. 63 (1828). Syn.: Ceiba
speciosa (A. St.-Hil.) Ravenna. N.V.: Corisia morada, palo borracho, samo-
hú. Origen: Paraguay, Brasil y Argentina.
72 ESTUDIOS CANARIOS [8]

Familia BORAGINACEAE
Echium decaisneiWebb & Berthel.,Phyt. Canar., 3(2,1): 49 (1844). subsp.
decaisnei. Syn.: E. thyrsiflorum Link in Buch. N. V.: Taginaste blanco. Ori-
gen: Endemismo de Gran Canaria.
Familia BUXACEAE
Buxus sempervirens L., Sp. PI. 2: 983 (1753). N.V.: Boj. Origen: Centro y
Sur de Europa, Suroeste de Asia y Noroeste de África.
Familia CACTACEAE
Echinocactus grusonii Hildm., Monatsschr. Kakteenk. 1: 4 (1891). N.V.:
Barril dorado, cactus barril, silla de la suegra. Origen: Región Central de
México.
Hylocereus undatus (Haw.) Britton & Rose, Fl. Bermuda 256 (1918).
Syn.: Cereus undatus Haw., H. guatemalensis (Weing.) Britton & Rose.
N .V.: Culebra vegetal, reina de Honolulu, reina de la noche. Origen: Amé-
rica Tropical (Haití, Jamaica y Martinica).
Opuntia microdasys (Lehm.) Pfeiff., Enum. Diagn. Cact. 154 (1837) var.
rufida (Engelm.) K. Schum., Gesamtbeschr. Kakt. 706 (1898). Syn.: O.
rufida Engelm. Origen: México y Texas.
Familia CAESALPINACEAE
Bauhinia variegata L., Sp. PI. 1: 375 (1753). Syn.: B. candida Aiton, B.
chinensis (DC.) Vogel, B. decora Uribe, Phanera variegata (L.) Benth.
N.V.: Árbol de las orquídeas, árbol de Santo Tomás, madera de ébano,
orquídeas de pobres, palo de orquídeas, pata de camello rosa, pata de vaca.
Origen: India, China y Suroeste de Asia.
Cassia didymobotrya Fresen., Flora 22(1): 53 (1839). Syn.: C. nairobensis
Hort. ex L.H. Bailey, Chamaesenna didymobotrya (Forssk.) Small., Senna
didymobotrya (Fresen.) Irwin & Banerby. N.V.: Arbusto de las palomitas
de maíz, casia alada, flor de gofio, mantequilla de cacahuetes. Origen: Áfri-
ca Tropical y Sur de la India, Sri Lanka y Malasia.
Delonix regia (Bojer ex Hook.) Raf., Fl. Tellur. 2: 92 (1836) [1837]. Syn.:
Poinciana regia Bojer ex Hook. N.V.: Árbol de la llama, árbol del fuego,
fiamboyant, poinciana reaL Origen: Madagascar.
Familia CAPRIFOLIACEAE
Lonicera japonica Thunb. ex Murray, Syst. Veg. (ed. 14), 216 (1784).
N.V.: Madreselva del Japón. Origen: Oriunda de Japón y probablemente
de China.
Familia CARICACEAE
Carica papaya L., Sp. PI. 2: 1.036 (1753). Syn.: C. bourgeaei Solms, C.
citriformis Jacq., C. cubensis Solms, Papaya carica Gaertn., P vulgaris A.
[9] CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO DE LA FLORA ORNAMENTAL ... 73

DC. N.V.: Papaya, papayero. Origen: América Tropical y las Indias Occi-
dentales.
Familia CHENOPODIACEAE
Bassia scoparia (L.) A.J. Scott, Feddes Repert. 81(2-3): 108 (1978). Syn.:
Chenopodium scoparium L., Kochia parodii Aellen, K. scoparia (L.)
Schrad. N. V.: Ciprés de verano, pinillo, pino de adorno. Origen: Eurasia.
Familia CONVOLVULACEAE
Convolvulusftoridus L. f., Suppl. PI. 136 (1781). Syn.: Rhodorrhizajlo-
rida Webb in Lindl. N.V.: Guaidil, guaydil. Origen: Endemismo canario.
Obs.: Cultivado en los jardines de la finca «La Baranda» (Casa del Vino),
goza de gran predicamento como ornamental en todo el archipiélago.
Ipomoea cairica (L.) Sweet, Hort. Brit. 287 (1826). Syn.: Batatas cav-
anillesü (Roem. & Schult.) G. Don, B. senegalensis G. Don, Convolvulus
cairicus L. N.V.: Campanilla palmeada. Origen: África Tropical Occiden-
tal, Senegal y Gambia.
Familia CRASSULACEAE
Aeonium arboreum (L.) Webb & Berthel., Phyt. Canar. 3(2, 1): 185 (1840).
Syn.: A. manriqueorum Bolle, Sedum arboreum (L.) Hegi, Sempervivum
arboreum L., S. mutabile W. Schlecht ex Breit. N.V.: Bejeque, bejeque
arbóreo. Origen: Endemismo de Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, El
Hierro y La Palma. Obs.: Plantado como ornamental en los jardines de los
márgenes de las carreteras.
Ka/anchoe blossfeldiana Poelln., Repert. Spec. Nov. Regni Veg. 35: 159
(1934). Syn.: K. coccinea Welw. var. blossfeldiana (Poelln.) Boiteau, K.
globulifera H. Perrier var. coccinea H. Perrier. Origen: Madagascar.
Ka/anchoe delagoensis Eckl. & Zeyh., Enum. PI. Afr. Austral. 305 (1837).
Syn.: Bryophyllum delagoense (Eckl. & Zeyh.) Schinz, B. tubiflorum
Harv., B. verticillatum (Scott-Elliot) A. Berger, K. tubiflora (Harv.) Raym.-
Hamet. Origen: Madagascar, Mozambique.
Ka/anchoe laxiflora Baker, J Linn. Soc. Bot. 22: 472 (1886) [1887]. Syn.:
Bryophyllum crenatum Baker, B. laxiflorum (Baker) Govaerts, K. crenata
(Baker) Raym.-Hamet. Origen: Madagascar.
Familia EUPHORBIACEAE
Acalypha wilkesiana Müll. Arg., Prodr. 15(2): 817 (1866). Syn.: A. amen-
lacea Roxb. subsp. wilkesiana (Müll. Arg.) Fosberg, Ricinocarpus wilke-
sianus (Müll. Arg.) Kuntze. N.V.: Abrigo de Jacob, acalifa, manto de Jésus.
Origen: Islas tropicales del Pacífico, Centro América y África Central.
Codiaeum variegatum (L.) A. Juss., Euphorb. Gen. 80: 111, pl. 9, f. 30
(1824). Syn.: C. variegatum (L.) Blume, Croton pictus Lodd., C. variega-
74 ESTUDIOS CANARIOS [10]

tus L. N.V.: Croton. Origen: Nativo de la India, Sri Lanka y Península


Malaya.
Euphorbia candelabrum Trernaut. ex Kotschy., Mitt. Geog. Gesell. 1(2):
169 (1857). Origen: Desde el Sur de África hasta Etiopía.
Euphorbia grandicornis Goebel ex N.E. Br., Hooker 's !con. PI. 26: t.
2.531, 2.532 (1897). Origen: África Meridional y Oriental, desde Natal a
Kenia y Tanzania.
Euphorbia milii Des Moul. ex Boiss., Bull. Hist. Nat. Soc. Linn. Bordeaux
1(1): 27-30, pl. 1 (1826) var. splendens (Bojer ex Hook.) Ursch & Lean-
dri, Mem.Inst. Sci. Madagascar, Ser. B. Biol. Veg. 5: 148 (1954). Syn.: E.
splendens Bojer ex Hook., Sterigmanthe splendens Klotzsch & Garcke.
N.V: Corona de espinas, espina de Cristo, euforbia de Milus. Origen: Ma-
dagascar.
Euphorbia pulcherrima Willd. ex Klotzsch, Allg. Gartenzeitung 2(4): 27-
28 (1834 ). Syn.: E. erithrophylla Bertol., Poinsettia pulcherrima (Willd. ex
Klotzsch) R.C. Graharn. N.V: Estrella de navidad, flor de pascua, poinse-
tia. Origen: México y América Central.
Familia F ABACEAE
Lotus berthelotii x Lotus maculatus. Origen: Híbrido producido en vi-
veros del cruce de Lotus berthelotii Masf. y Lotus maculatus Breitf., en-
dernisrnos exclusivos de Tenerife. Obs.: Plantado en diversos jardines del
municipio, corno los de la finca «La Baranda» (Casa del Vino). Aunque
muy espectaculares, el uso de las especies de este grupo de Lotus como or-
namentales adolece del mismo problema comentado para Argyranthemum,
máxime en la zona de El Sauzal, localidad clásica de Lo tus maculatus.
Tipuana tipu (Benth.) Kuntze, Revis. Gen. PI. 3(3): 72 (1898). Syn.: Mach-
aerium fertile Griseb., M tipu Benth., T speciosa Benth., T tipa Lillo.
N. V: Orgullo de Brasil, palo rosa, tipa, tipú, tipuana. Origen: Sudamérica
(Argentina, Bolivia y Brasil).
Familia HYDRANGEACEAE
Hydrangea macrophylla (Thunb.) Ser., Prodr. 4: 15 (1830). Syn.: H. hort-
ensia Sieb., Viburnum macrophyllum Thunb. N. V.: Hortensia, flor de mun-
do. Origen: China y Japón.
Familia LAMIACEAE
Lavandula canariensis Mili., Gard. Dict. ed. 8, n. 4 (1768). Syn.: L. abro-
tanoides Larn., L. elegans Desf., L. multifzda L. subsp. canariensis (Mili.)
Bomet, L. multifzda L. subsp. canariensis (Mill.) Pit. & Proust. N.V: Chi-
vera, hierba risco, mato risco, matorrisco común, romanillo, yerba risco.
Origen: Endernisrno canario.
[11] CONTRIBUCIÓNALCONOCIMIENTODELAFLORAORNAMENTAL ... 75

Familia LAURACEAE
Ocoteafoetens (Aiton) Benth. & Hook. f., Gen. 3: 158 (1880). Syn.: Laurus
foetens Aiton, L. maderensis Lam., L. till Po ir., Oreodaphne foetens N ees,
Persea foetens Spreng. N. V.: Til, tilo. Origen: Endemismo macaronésico
(Islas Canarias, excepto Fuerteventura y Lanzarote, Madeira y Azores).
Familia MAGNOLIACEAE
Magnolia grandiflora L., Syst. Nat. (ed. 10), 2: 1.082 (1759). Syn.: M
ferruginea Z. Collins ex Raf., Mfoetida (L.) Sarg., M lacunosa Raf. N.V:
Magnolia, magnolio común. Origen: Sureste de Estados Unidos.
Familia MALVACEAE
Hibiscus rosa-sinensis L., Sp. Pl. 2: 694 (1753). N.V.: Bibisco, hibisco,
rosa de China. Origen: Asia Tropical.
Lavatera acerifolia Cav., Anales Cienc. Nat. 6: 339 (1803). Syn.: Althaea
acerifolia (Cav.) Kuntze, Malva acerifolia (Cav.) Alefeld., Saviniona ace-
rifolia (Cav.) Webb & Berthel. N.V.: Malva de risco, malvarrisco rosada.
Origen: Endemismo canario (excepto El Hierro).
Thespesia populnea (L.) Sol. ex Correa, Ann. Mus. Natl. Hist. Nat. 9: 290
(1807). Syn.: Bupariti populnea (L.) Rothm., Hibiscus bacciferus Blume,
H populifolius Salisb., H populneus L., Malvaviscus populneus (L.) Gaer-
nt. N.V.: Cremón, mahoe, majaguilla, milo. Origen: Área Tropical de In-
donesia.
Familia MELIACEAE
Melia azedarach L., Sp. Pl. 384-385 (1753). N.V.: Agriaz, árbol del pa-
raíso, cinamomo, lila de la India, melia. Origen: India septentrional y de
China.
Familia MIMOSACEAE
Acacia baileyana F.J. Muell., Trans. & Proc. Roy. Soc. Victoria 24: 168-
170 (1888). Syn.: Racosperma baileyanum (F.J. Muell.) Pedley. N.V.: Aca-
cia de Cootamundra, mimosa dorada. Origen: Nativo de Australia.
Acacia cyclops A. Cunn. & G. Don, Gen. Hist. 2: 404 (1832). Syn.: Acacia
cyclopis Cunn. ex Loudon. N.V.: Acacia de la costa, acacia majorera. Ori-
gen: Oeste de Australia.
Acacia mearnsii De Wild., Pl. Bequaert. 3(1): 61 (1925). Syn.: Racosper-
ma mearnsii (De Wild.) Pedley. N.V.: Acacia negra. Origen: Nativo de
Australia.
Familia MORACEAE
Ficus benjamina L., Mant. Pl. 1: 129 (1767). Syn.: Ficus nitida Thunb.
non auct., Urostigma benjaminum (L.) Miq. N.V.: Árbol benjamín, ma-
tapalo. Origen: Nativo de la India, Sureste de Asia, Archipiélago Malayo,
Australia.
76 ESTUDIOS CANARIOS [12]

Ficus elastica Roxb. ex Homem., Hort. Bengal. 65 (1814). N. V.: Árbol del
caucho, árbol de la goma, fisco, gomero. Origen: Desde el Himalaya hasta
la península Malaya, Sumatra y Java.
Ficus lyrata Warb., Bot. Jahrb. Syst. 20: 172 (1894). N.V.: Caucho fibroso,
higuera de hojas de violín. Origen: Nativo de África Tropical Occidental.
Ficus microcarpa L. f., Suppl. PI. 442 (1782). Syn.: F. amblyphylla (Miq.)
Miq., F. cairnsii Warb., F. condoravia Buch-Ham., F. littoralis Blume, F.
nitida auct. non Thunb., F. retusa auct. non L., Urostigma microcarpum (L.
f.) Miq. N. V.: Laurel de Indias. Origen: Asia Tropical, Malasia y Australia.
Ficus pumita L., Sp. PI. 2: 1.060 (1753). Syn.: F. longipedicellata H. Pe-
rrier. N.V.: Ficus trepador. Origen: Este de Asia (Vietnam, China, Japón).
Familia MYRICACEAE
MyricafayaAiton,Hort. Kew. 3:397 (1789). Syn.: FayafragiferaWebb &
Berthel. N.V.: Crecera, faya, faya canaria, faya de las islas, haya. Origen:
Centro y Sur de Portugal, Macaronesia (Azores, Madeira e Islas Cana-
rias).
Familia MYRTACEAE
Callistemon rigidus R. Br., Bot. Reg. 5: t. 393 (1819). Syn.: C. linearifolius
(Link) DC. N.V.: Escobilla, limpiatubos, limpiatubos rígido. Origen: Nue-
va Gales del Sur (Australia).
Eucalyptus ficifolia F.J. Muell., Fragm. 2: 85. Syn.: Corymbia ficifolia
(F.J. Muell.) K.D. Hill & L.A.S. Johnson. N.V.: Eucalipto rojo, gomero de
flores rojas. Origen: Oeste de Australia.
Eugenia uniftora L., Sp. Pl. 1: 470-471 (1753). Syn.: E. costata Cambess.,
E. indica Nicheli, E. michelii Lam., Myrtus brasiliana L., Stenocalyx mi-
chelii (Lam.) O. Berg. N.V.: Cerezo de Barbados, cerezo de Brasil, cerezo
de Cayena, cerezo de Surinam, pitanga. Origen: América Tropical.
Familia NYCTAGINACEAE
Bougainvilleaglabra Choisy, Prodr. 13(2): 437 (1849). Syn.: B. spectabi-
lis Willd. var. glabra (Choisy) Hook. N. V.: Buganvilla, buganvilla lisa, flor
de papel, trinitaria. Origen: Brasil.
Bougainvillea spectabilis Willd., Sp. Pl. 2(1): 348 (1799). Syn.: B. brasi-
liensis Rausch. N.V.: Buganvilla, trinitaria. Origen: Brasil.
Familia OLEACEAE
Jasminum polyanthum Franch., Rev. Hort. 1891: 270, f. 69 (1891). Syn.:
J blinii H. Lév., J delafieldii H. Lév. N.V.: Jazmín, jazminero. Origen:
Nativo de China y Japón.
Olea europaea L., Sp. PI. 1: 8 (1753). Syn.: O. oleaster Clus. N.V.: Olivo,
acebuche. Origen: Probablemente originario de la cuenca del Mediterráneo
Oriental y Asia Menor, extendiéndose a todos los países ribereños.
[13] CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO DE LA FLORA ORNAMENTAL ... 77

Familia PASSIFLORACEAE
Passiflora x alato-caerulea Lindl., Bot. Reg. 10: pl. 848 (1824). Syn.: P x
belotii Pepin. N.V.: Flor de la pasión, pasiflora, pasionaria. Origen: Fórmu-
la híbrida del cruce de P afata Curtis y P caerulea Lour. ex DC.
Passiflora quadrangularis L., Syst. Nat. (ed. 10), 2: 1.248 (1759). Syn.:
Granadilla quadrangularis (L.) Medik., P grandiflora Salisb., P macro-
carpa Linden ex Mast., P tetragona Roem. N.V.: Barbadina, granadilla
gigante, granadilla real, maracuyá, parchita gigante, pasiflora, pasionaria.
Origen: América Tropical.
Familia PLATANACEAE
Platanus orientalis L., Sp. PI. 2: 999 (1753). Syn.: PI. cuneata Willd., PI.
digitata Hort. ex Steud. N.V.: Plátano de Oriente, plátano europeo. Origen:
Sureste de Europa, Asia Menor, Siria, Líbano y Chipre.
Familia PLUMBAGINACEAE
Limonium arborescens (Brouss.) Kuntze, Rev. Gen. PI. 2: 395 (1891).
Syn.: Statice arborescens Brouss., S. arborea Willd. N. V.: Siempreviva ar-
bórea. Origen: Endemismo de La Palma y Tenerife. Obs.: De nuevo cabe
la observación ya realizada paraArgyranthemum y Lotus. También en este
caso, el riesgo de hibridación interespecífica es cierto.
Plumbago auriculata Lam., Encycl. 2(1): 270 (1786). Syn.: PI. alba Pasq.,
PI. capensis Thunb. N.V.: Azulina, belesa, celestina, embeleso, jazmín
azul, jazmín celeste, plumbago, plumbago del Cabo. Origen: Sudáfrica.
Familia PROTEACEAE
Grevillea robusta A. Cunn. ex R. Br., Suppl. Prodr. Fl. Nov. Hall. 24
(1830). N.V.: Grevillea, pino de oro, roble australiano, roble sedoso. Ori-
gen: Australia.
Familia PUNICACEAE
Punica granatum L., Sp. PI. 1: 472 (1753). N.V.: Granadero, granado.
Origen: Nativo de Irán y Sudeste de Asia.
Familia RANUNCULACEAE
Aconitum napellus L., Sp. PI. 1: 532 (1753). Syn.: A. firmum Rchb., A.
pyramidale Mill. N.V.: Acónito común, anapelo, matalobos, napelo,
vedegambre azul. Origen: Nativo de Europa.
Consolida ambigua (L.) P.W. Ball & Heyw., Feddes Repert. Spec. Nov.
Regni Veg. 66: 151 (1962). Syn.: C. ajacis auct. non (L.) Schur, Delphi-
nium ambiguum L., D. ajacis auct. non L. N.V.: Consuelda, espuela de
caballero, espuela pelosa. Origen: Región Mediterránea.
Familia ROSACEAE
Marcetella moquiniana (Webb & Berthel.) Svent., Bol. Inst. Nac. Invest.
Agron., Madrid 18(95): 11 (1948). Syn.: Bencomia moquiniana Webb &
78 ESTUDIOS CANARIOS [14]

Berthel., Sanguisorba moquiniana (Webb & Berthel.) Nordborg. N. V.: Pa-


losangre, palo de sangre, ramo de sangre. Origen: Endemismo de La Go-
mera, Tenerife y Gran Canaria.
Rosa sp. N.V.: Rosa, rosal. Obs.: Existen diversos cultivares plantados en
los jardines del municipio.
Familia RUBIACEAE
Coprosma repensA. Rich., Voy. Astro/abe 1:264 (1832). Syn.: C. baueriT.
Kirk. N. V.: Planta del espejo. Origen: Nativo de Nueva Zelanda.
Familia RUTACEAE
Citrus limon (L.) Burm. f., Fl. Indica 173 (1768). Syn.: C. limonelloides
Hayata, C. x limonum Risso, C. medica L. var. liman L. N.V.: Limonero.
Origen: Sudeste Asiático.
Familia SALICACEAE
Salix babylonica L., Sp. Pl. 2: 1.017 (1753). Syn.: S. heteromera Hand.-
Mazz., S. matsudana Koidz., S. pendula Moench. N. V.: Desmayo, llorón,
sauce llorón. Origen: Asia, China, Manchuria.
Salix canariensis C. Sm. ex Link in Buch, Phys. Beschr. Canar. Ins., 159,
178 (1825). Syn.: S. pedicellata Desf. subsp. canariensis (C. Sm.) Maire
& Weiller, subsp. canariensis (Buch) Skvortsov. N.V.: Sao, sauce, sauce
canario. Origen: Endemismo macaronésico (Islas Canarias, excepto Lan-
zarote y Fuerteventura, y Madeira).
Familia SCROPHULARIACEAE
Hebe x andersonii (Lindl. & Paxton) Cockayne & Allan, Trans. & Proc.
N. Z. Inst. 468 (1929). Syn.: Veronica andersonii Lindl. & Paxton. N.V.:
Hebe, verónica arbustiva. Origen: Australia y Nueva Zelanda. Obs.: Híbri-
do de H salicifolia (G. Forst.) Pennell y H speciosa (A. Cunn) Cockayne
&Allan.
Russelia equisetiformis Schltdl. & Cham., Linnaea 6(2): 377-378 (1831).
Syn.: R.juncea Zucc. N. V.: Lágrimas de amor, lluvia de coral, ruselia. Ori-
gen: México.
Familia SOLANACEAE
Brugmansia cundida Pers., Syn. Pl. 1: 216 (1805). Syn.: Datura arborea
Ruiz & Pav., D. candida (Pers.) Pasq. N.V.: Floripondio, trompetero. Ori-
gen: Perú.
Brugmansiax cundida Pers., Syn. Pl. 1: 216 (1805). Syn.: Datura x candi-
da (Pers.) Saff. N.V.: Datura, santas noches. Origen: Ecuador. Obs.: Híbri-
do entre B. aurea Lagerh. y B. versicolor Lagerh.
Brugmansia versicolor Lagerh., Bot. Jahrb. Syst. 20(5): 666 (1895). Syn.:
Datura mollis Saff., D. versicolor (Lagerh.) Saff Origen: Ecuador.
[15] CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO DE LA FLORA ORNAMENTAL ... 79

Cestrum nocturnum L., Sp. Pl. 1: 191 (1753). Syn.: C. hirtellum Schltdl.,
C. scandens Thib. ex Dunal, C. suberosum Jacq. N.V: Galán de noche.
Origen: Indias occidentales.
Petuniax hybrida Hort. ex Vilm., Fl. Pleine Terre 1: 615-616 (1863). N. V:
Petunia. Origen: Sudamérica Tropical. Obs.: Complejo de híbridos que en-
globa a las especies P. integrifolia (Hook.) Schinz & Thell. y P. axillaris
(Lam.) Britton, Stems & Pogg.
Solandra grandiflora Sw., Kong!. Vetensk. Acad Nya Handl. 8: 303-306,
t. 11 (1787). Syn.: S. hartwegii N.E. Br., S. maxima (Sessé & Mo~.) P.S.
Oreen, S. nitida Zucc., Swartzia nitida (Zucc.) Standl. N.V.: Copa de oro,
copa dorada, solandra. Origen: Jamaica, Puerto Rico y Antillas, cultivada
y naturalizada en bosques tropicales de México, América Central y Vene-
zuela.
Solanum rantonnetii Lesc., Horticulteur Franc. Ser. 2, 1: 197, t. 16 (1859-
1860). Syn.: Lycianthes rantonnetii Carr. N.V.: Dulcámara perenne. Ori-
gen: Nativo de Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia.
Familia STERCULIACEAE
Brachychiton discolor F.J. Muell., Fragm. Phyt. Austral. 1 (1858). Syn.:
Sterculia discolor (F.J. Muell.) F.J. Muell. ex Benth. N.V.: Árbol sombrero.
Origen: Nativo de Australia.
Brachychiton populneus (Schott & Endl.) R. Br., Pl. Jav. Rar. 234 (1844).
Syn.: B. diversifolium (G. Don) R. Br., Poecilodermis populnea Schott &
Endl., Sterculia diversifolia G. Don. N.V.: Árbol botella, bracho, braqui-
quito. Origen: Australia.
Familia TURNERACEAE
Turnera ulmifolia L., Sp. Pl. 1:271 (1753). Syn.: T. alba Liebm., T. angus-
tifolia Mill., T. caerulea DC., T. mollis Kunth. Origen: América Tropical
y Subtropical. Obs.: Planta de reciente introducción en España. Sus flores
se abren por la mañana y sólo duran un día, pero la floración se prolonga
desde mediados de la primavera hasta gran parte del verano.
Familia VERBENACEAE
Lantana camara L., Sp. Pl. 2: 627 (1753). Syn.: Camara aculeata (L.)
Kuntze, L. aculeata L., L. armata Schauer, L. hirsuta M. Martens & Ga-
leotti, L. glandulosissima Hayek, L. horrida Kunth, L. scandens Moldenke,
L. scorta Moldenke, L. tiliifolia Cham. N.V.: Bandera española, cariaquito,
lantana, venturosa. Origen: Jamaica, en las Antillas, América Tropical.
Familia VIOLACEAE
Viola hederacea Labill., Nov. Hall. Pl. 1: 66, t. 91 (1805). N.V.: Violeta.
Origen: Sur y Este de Australia, Tasmania.
80 ESTUDIOS CANARIOS [16]

Clase LILIOPSIDA
FamiliaAGAVACEAE
Agave americana L., Sp. PI. 1: 323 (1753). Syn.: A. complicata Trel. ex
Ochot., A. melliflua Trel. N.V.: Ágave común, pita, pitera, pitera común.
Origen: México. Obs.: También se encuentra el cultivar 'Mediopicta', con
una banda central amarillo claro en las hojas.
Agaveattenuata Salm-Dyck,Hort. Dyck. 7:303 (1834). Syn.: A. cernuaA.
Berger, A. glaucescens Hook., A. pruinosa Lem ex Jacobi. N.V.: Orgullo de
Tenerife, pitera lisa. Origen: Sur de México.
Furcraeafoetida (L.) Haw., Syn. PI. Succ. 78 (1812). Syn.: Agavefoetida
L., F gigantea Vent. N.V.: Pita floja, pita gigante, pitera abierta. Origen:
Islas del Pacífico. Obs.: También se encuentra el cultivar 'Mediopicta', que
tiene las hojas variegadas de color crema.
Nolina recurvata (Lem.) Hemsl.,Biol. Cent.-Amer., Bot. 3(17): 372 (1884).
Syn.: Beaucarnea recurvata Lem. N.V.: Árbol pata de elefante, cola de
pony, nolina, pie de elefante. Origen: Sureste de México.
Sansevieria trifasciata Prain, Bengal PI. 2: 1.054 (1903). Syn.: S. lauren-
tii De Wild. N.V.: Lengua tigre, rabo de tigre, sanseviera. Origen: África
Tropical.
Yucca aloifolia L., Sp. PI. 1: 319 (1753). Syn.: Y. yucatana Engelm. N.V.:
Bayoneta española, yuca. Origen: Indias occidentales, Sureste de EE.UU,
México.
Familia AMARYLLIDACEAE
Clivia miniata Regel., Garteriflora 13: t. 434 (1864). Syn.: Cl. miniata var.
citrina S. Watson, var.jlava (Phill.) C. Mueller, Imanthophyllum miniatum
(Regel) Hook. f. N.V.: Azucena cafre, clivia, lirio de Kafir. Origen: Especie
de Natal, Sudáfrica.
Familia ARACEAE
Colocasia escalenta (L.) Schott in Schott & Endl., Melet. Bot. 18 (1832).
Syn.: Arum esculentum L., C. antiquorum Schott. N.V.: Colocasia, ñame,
ñamera, oreja de elefante, taro. Origen: Este de Asia Tropical.
Monstera deliciosa Liebm., Vidensk. Meddel. Dansk Naturhist. Foren.
Kjobenhavn 1: 19-20 (1849). Syn.: Philodendron pertusum Kunth &
Bouché. N.V.: Costilla, costilla de Adán, esqueleto, filodendro. Origen:
México y América Central, bosques de Sudamérica.
Zantedeschia aethiopica (L.) Spreng., Syst. Veg. 3: 765 (1826). Syn.: Cal-
la aethiopica L., Pseudohomalomena pastoensis A.D. Hawkes, Richardia
africana Kunth. N. V.: Cala, cartucho, lirio de agua, oreja de burro. Origen:
Sudáfrica.
[17] CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO DE LA FLORA ORNAMENTAL ... 81

Familia ARECACEAE
Archontophoenix cunninghamiana (H. Wendl.) H. Wendl. & Drude, Lin-
naea 3 9: 214 (187 5). Syn.: Ptychosperma cunninghamiana H. Wendl. N. V.:
palma Rey Piccabeen, palmera de Bangalow, palmera de Cunningham,
palmera elegante. Origen: Australia (Queensland y Nueva Gales del Sur).
Chamaedorea elegans Mart., Linnaea 5: 204-205 (1830). Syn.: Collinia
elegans (Mart.) Liebm. ex Orst., Neanthe elegans (Mart.) O.F. Cook., Nun-
nezharia elegans (Mart.) Kuntze, Ch. elegantissima Hort. ex H. Wendl.,
Ch. humilis Liebm. ex Mart., Ch. pulchella Linden ex Hemsl. N.V.: Came-
dorea elegante, palmera de salón. Origen: México, Guatemala y Belice.
Chamaerops humilis L., Sp. Pl. 2: 1.187 (1753). N.V.: Eureka, margallón,
palma de frutos de oro, palma enana, palmito, palmito del Mediterráneo.
Origen: Desde el Oeste de Portugal hasta Marruecos.
Chrysalidocarpus lutescens H. Wendl., Bot. Zeitung (Berlin) 36(8): 117-
118 (1878). Syn.: Areca lutescens Bory, Dypsis lutescens (H. Wendl.) Be-
entje & J. Dransf. N.V.: Palmera amarilla, palmera de frutos de oro. Ori-
gen: Madagascar.
Cocos nucifera L., Sp. Pl. 2: 1.188 (1753). Syn.: Palma cocos Mill. N.V.:
Cocotero. Origen: Oeste del Pacífico.
Phoenix canariensis Chabaud, Provence Agric. Hort. Ill. 19: 293, f. 66-68
(1882). Syn.: P dactylifera L. var.jubae Webb & Berthel., Pjubae (Webb
& Berthel.) Webb ex Christ. N.V.: Palma, palmera canaria. Origen: Ende-
mismo canario.
Phoenix dactylifera L., Sp. Pl. 2: 1.188 (1753). N.V.: Palmera datilera,
palmera datilífera. Origen: Norte de África y Suroeste de Asia.
Phoenix roebelenii O'Brien, Gard. Chron., ser. 3, 6: 475 & 758, f. 68
(1889). N.V.: Palmera datilera enana, palmera de Roebelen, palmera pig-
mea. Origen: Laos.
Washingtonia .filifera (Linden ex André) H. Wendl., Bot. Zeitung (Berlin)
37: 61 (1880). Syn.: Braheafilamentosa (H. Wendl. ex Fenzl) Hort. ex S.
Watson, Neowashingtonia filifera (Linden ex André) Sudw., Pritchardia
filifera Linden ex André, Sabal filifera Hort. ex André. N.V.: Palmera de
abanico del desierto, washingtonia de California. Origen: Suroeste de los
EEUU, Noroeste de México.
Washingtonia robusta H. Wendl., Gart.-Zeitung (Berlín) 2: 198 (1883).
Syn.: Neowashingtonia robusta (H. Wendl.) A. Heller, N sonorae (S.
Watson) Rose, W. gracilis Parish., W. sonorae S. Watson. N.V.: Palmera de
abanico mejicana, washingtonia mexicana, washingtonia robusta. Origen:
Sur de Sonora y Baja California (México).
82 ESTUDIOS CANARIOS [18]

Familia ASPHODELACEAE
Aloe arborescens Mill., Gard. Dict. (ed. 8), 3 (1768). Syn.: A. arborescens
var.frutescens (Salm- Dyck) Link. N. V.: Planta pulpo, sábila arbórea roja.
Origen: Desde el Cabo hasta Zimbawe y Malawi.
Familia CANNACEAE
Canna x generalis L.H. Bailey, Hortus 118 (1930). N.V.: Canna, caña o
junco de Indias, platanilla. Origen: África y Sudamérica. Obs.: Probable-
mente la mayoría de sus híbridos han sido obtenidos de Canna indica L.
Familia COMMELINACEAE
Tradescantiapallida (Rose) D.R. Hunt, Kew Bu/l. 30(3): 452 (1975). Syn.:
Setcreasea pallida Rose, S. purpurea Boom, T. purpurea Boom. N. V.: Co-
razón púrpura. Origen: México. Obs.: En concreto hemos observado el
cultivar 'Purpurea'.
Familia CYPERACEAE
Cyperus papyrus L., Sp. PI. 1: 47 (1753). N.V.: Papiro. Origen: Sudán y
Egipto.
Familia LILIACEAE
Agapanthus praecox Willd., Enum. PI. 1: 353 (1809) subsp. orientalis
(F.M. Leight.) F.M. Leight.,J S. African Bot., Suppl. Vol. 4: 21-22, t. 4, f. 8
(1965). Syn.: A. orientalis F.M. Leight. N. V.: Agapanto azul, lirio africano.
Origen: El Cabo, Sudáfrica.
Familia MUSACEAE
Ensete ventricosum (Welw.) E.E. Cheesm., Kew Bull. 1947(2): 101 (1948).
Syn.: Musa ensete J.F. Gmel., M ventricosa Welw. N. V: Banana de Abisi-
nia, banano de jardín, plátano de Kenia. Origen: África Oriental.
Musa acuminata Colla, Mem. Reale Accad. Sci. Torino 25: 394-395
(1820). Syn.: M cavendishii Lamb. ex Paxton, M nana Lour. N.V.: Plata-
nera. Origen: Birmania, Tailandia, Malasia, Indochina y Borneo.
Strelitzia nicolai Regel & Kom., Gartenjlora 7: 265, t. 235 (1858). N.V.:
Strelitzia gigante. Origen: Sudáfrica.
Strelitzia reginae Banks ex Dryand., Hort. Kew. 1: 285; t. 2, Thunb. Nov.
Gen. 113 (1789). Syn.: S. reginae var. juncea (Ker-Gawl.) H.E. Moore.
N.V.: Ave del paraíso, estrilicia, flor de Canarias, strelitzia. Origen: Sudá-
frica.
Familia PANDANACEAE
Pandanus utilis Bory, Voy. !les Afrique 2: 3-5 (1804). N.V.: Palma tomillo,
pándano. Origen: Madagascar.
Familia POACEAE
Bambusa vulgaris Schrad. ex J.C. Wendl., Col!. Pl. 2: 26, t. 47 (1808).
Syn.: Arundo jera Oken, B. bambas (L.) Voss, B. humilis Rchb. ex Rupr.,
[19] CONTRIBUCIÓNALCONOCIM!ENTODELAFLORAORNAMENTAL ... 83

B. mitis Blanco, B. sieberi Griseb. N.V.: Bambú común, bambú tropical.


Origen: Desde Java, África y las Indias Orientales hasta América Central
y del Sur.
Cortaderia selloana (Schult. & Schult. f.) Asch. & Graebn., Syn. Mitteleur.
Fl. 2(1): 325 (1900). Syn.: Arundo dioica Spreng., A. selloana Schult. &
Schult. f., C. argentea (Nees) Stapf, C. dioica Speg., Gynerium argenteum
Nees. N.V.: Cordatera, hierba de las Pampas, hierba de las Pampas Urugüa-
yas, plumacho, plumacho pampero, plumero. Origen: Sudamérica (Argen-
tina). Obs.: Aunque en Canarias el riesgo es limitado, debido a la climato-
logía del archipiélago, en otras latitudes, por ejemplo la cornisa cantábrica
en España, es considerada una especie con alto potencial invasor.

CONCLUSIONES

El presente catálogo recoge la flora ornamental, exótica o autóctona,


observada en parques, jardines, parterres, rotondas, bordes de carreteras,
etc., del casco municipal de El Sauzal y sus inmediaciones. Engloba 151
taxones, agrupados en 67 familias, 2 de ellos pertenecientes a Pteridophyta
y 149 a Spermatophyta: 4 gimnospermas y 145 angiospermas. De las an-
giospermas, 113 son de Magnoliopsida y 32 de Liliopsida. No conocemos
catálogos previos de flora ornamental para el municipio, en el que llama
la atención la considerable riqueza de taxones exóticos procedentes de los
cinco continentes. Para un análisis básico de los vínculos geográficos de la
flora considerada, se ha diferenciado:

África del Sur: Taxones nativos del Sur del continente africano y Macla-
gasear.
América Central: Taxones nativos del área central de América, desde el
Norte de México hasta el Norte de Sudamérica (Venezuela, Norte de Bra-
sil, etc.).
América del Sur: Taxones nativos de Sudamérica.
América del Norte: Taxones nativos de Norteamérica.
Australia: Taxones nativos de este continente insular, y de las islas más
próximas como Nueva Zelanda, Norfolk, Tasmania, etc.
Este de Asia: Taxones nativos del Este Asiático continental, incluyendo las
islas del Pacífico como Japón, Taiwan, Filipinas, Polinesia, etc.
Mediterráneo: Taxones nativos del entorno de la cuenca del mar Medite-
rráneo.
84 ESTUDIOS CANARIOS [20]

Trópicos del Viejo Mundo: Taxones nativos de las regiones tropicales de


África y Asia.
Macaronesia: Taxones nativos de varios archipiélagos macaronésicos.
Canarias: Taxones propios de Canarias.
Otros orígenes: Taxones cuyo origen no se corresponde con ninguna de las
regiones anteriores.

Del análisis del gráfico se deduce:


• La notable diversidad proveniente de los cinco continentes.
• El aporte más numeroso, un 17% del total, proviene de África del
Sur con 26 taxones, 9 de los cuales proceden de la isla de Madagas-
car.
Resulta considerable la aportación de América Central, América del
Sur y Trópicos del Viejo Mundo, que con 19 taxones para cada área,
representa un 13% del total.
• La flora nativa de Canarias, ocupa un lugar destacado en el munici-
pio: un 8% del total.
• Del contexto de América Central, destaca la gran aportación de
México: 14 taxones son nativos de este país.
[21] CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO DELAFLORA ORNAMENTAL ... 85

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H I S T o R I A

Los extranjeros en La Laguna


durante el Antiguo Régimen

JOSÉ MIGUEL RODRÍGUEZ Y ANES

Resumen. San Cristóbal de La Laguna, antigua capital de Tenerife, contó desde los
comienzos de la colonización con una notoria representación de población extran-
jera. Italianos, franceses, ingleses, irlandeses, flamencos, portugueses y esclavos
africanos residieron en la ciudad, destacando esta presencia sobe todo en los siglos
XVI y XVII, cuando la capital se convirtió en la ciudad más populosa de Canarias
y los cónsules extranjeros se establecieron en ella. Las ocupaciones y motivos de
estancia de los foráneos fueron variados, así como su grado de integración. El
comercio y la artesanía fueron las ocupaciones más practicadas. A partir de finales
del XVIII, en plena decadencia demográfica, económica y política de La Laguna,
fue menor el número de extranjeros y mayor la diversidad de oficios de éstos.
Palabras clave: integración, comercio, oficios, cónsules, decadencia.

Abstrae!. San Cristóbal de La Laguna, the old capital town of Tenerife, had from
the beginning of the colonization a notable representation of foreign population.
Italian, French, English, Irish, Flemish, Portuguese and African slaves resided
in the city, highlighting their presence in the sixteenth and seventeenh centuries,
when the town became the most populated city of the Canary Islands and the
foreign consuls established there. The occupations and the reasons of the stay of
the foreigners were varied as well as their degree of integration. Trading and craft
work were the most relevant. From the end ofthe xvnrth century, in the heat ofthe
demographic, economic and poli ti cal decay of La Laguna, the number of foreign-
ers was smaller and increased the diversity oftheir jobs.
Key words: integration, trade, crafts, offices, consuls, decay.
90 ESTUDIOS CANARIOS [2]

INTRODUCCIÓN: CONSIDERACIONES GENERALES

En el limitado espacio de este artículo se pretende una aproximación a


un tema que requiere de más estudios y la aportación de diversas fuentes
para obtener en un futuro una sinopsis más completa y concreta. Esta mo-
desta contribución se basa sobre todo en trabajos publicados y en algunos
documentos de archivo. Se ha intentado sintetizar un conjunto de noticias
referidas a la presencia de extranjeros en La Laguna, lo cual no siempre es
sencillo, pues sobre todo en las primeras décadas posteriores a la conquista
a menudo sólo se menciona la vecindad o residencia en Tenerife de bastan-
tes personas, sin especificar el núcleo de población. Además, las informa-
ciones estadísticas sobre el número de forasteros son tardías, lo que obliga,
hasta llegar al siglo XVIII, a tantear la jerarquía de las colonias extranjeras
mediante la recopilación de nombres en documentos heterogéneos y, en
su ausencia, se bucea en algunas parcelas de la actividad de inmigrantes
que pueden ser representativos con objeto de formular algunas hipótesis
de carácter general. Aparte de intentar ofrecer un panorama general de la
presencia y significación de los extranjeros, se ha prestado atención a la
impresión causada por la ciudad a los visitantes foráneos a través de sus
descripciones. En cuanto al límite temporal, como no existe unanimidad
sobre una data determinada para establecer el fin del Antiguo Régimen, se
ha optado por fijar el mojón en 1833, año en el que de modo definitivo La
Laguna pierde su esperanza de recuperar la condición capitalina perdida en
la década precedente tras haberla ostentado desde 1496.
En consonancia con lo expuesto, se ha estructurado el tema en tres apar-
tados: 1) la presencia extranjera desde la conquista hasta 1790; 2) los ex-
tranjeros en la etapa 1790-1833; 3) La Laguna a ojos de los extranjeros.

l. DESDE LA CONQUISTA HASTA 1790

Los esclavos

Cuando se habla de extranjeros, suele comenzarse por los colonos eu-


ropeos. Vamos a romper esta tendencia para realizar, en primer lugar, una
pequeña referencia a los laguneros forzados a serlo, los esclavos. Dado que
la esclavitud guanche desapareció con relativa rapidez, desde la segunda
década del Quinientos se puede decir que procedieron de fuera los escla-
vos, cuyo número fue creciente en la ciudad a partir de mediados del siglo
XVI, como correspondía a una población ya consolidada, cuya condición
[3] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 91

de capital, su potencial económico, su cercanía al puerto de Santa Cruz, así


como el deseo de distinción social de la clase dominante, exigían una no-
toria representación de esta minoría. La Laguna fue un importante núcleo
residencial de esclavos, hasta el punto de que en la segunda mitad de la
centuria citada los bautismos de esclavos constituyeron en la parroquia de
los Remedios el 31.5% del total. Todo apunta a que la mayoría moraba en
la «villa de Abajo» y solía tratarse de negros, provenientes casi siempre de
las factorías portuguesas de Cabo Verde y Santo Tomé, que eran utilizados
en especial en el servicio doméstico, aunque también trabajaron en labores
auxiliares de artesanía. Sus movimientos y actos, más allá de lo dictado por
sus propietarios, estuvieron limitados por las ordenanzas: prohibición de
estancia en las calles tras el tañido de la campana de queda, impedimento
para portar los pendones de los oficios o armas ... 1
No sabemos cuántos había, pero sin duda era exagerada la alarma del
personero Ocampo, que solicitaba en 1680 la prohibición de la entrada de
esclavos negros debido a su proliferación. Afirmaba que algunos vecinos
tenían 6 u s·y que en conjunto su número era superior al de aquellos, in-
dicando literalmente: «no se encuentra por las calles otra cosa que negros
( ... ) y en las esquinas desta siudad y plasas suelen juntarse tantos que in-
quietan la vensindad, especialmente de noche, causando escándalo con las
pendencias que causan»2 .
También hubo moriscos, de los que en 1530 se solicita su expulsión,
a la que se opuso el gobernador. Su aculturación debió ser intensa en nu-
merosos casos o en casi todos, y de hecho cuando se pretendió su extra-
ñamiento muchos moriscos protestaron alegando su condición de casados,
con descendencia, y su dedicación a la labranza. Entre los firmantes, trece
estaban asentados en Geneto, y de ellos diez se ocupaban de faenas agrí-
colas3. Llegaron más moriscos en la segunda mitad de ese siglo, sin que su
integración plantease problemas. La Laguna concentraba a la mayoría de
los residentes en la isla, según el censo del Santo Oficio de 1595, alcanzan-
do la cifra de 63, que representaba el32% del total tinerfeño 4 .

1
José Peraza de Ayala, Las ordenanzas de Tenerife y otros estudios municipales de
Canarias, Tenerife, 1976, págs. 64, 218 y 220.
2
José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante durante el Antiguo Régimen. Des-
de su fundación hasta finales del siglo XVII, La Laguna, 1997, vol. II, pág. 852.
3
José Peraza de Ayala, «Los moriscos de Tenerife y acuerdos sobre su expulsión»,
Homenaje aE!ías Serra Rafols, La Laguna, 1970-1973, t. III, págs. 117-118.
4
José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo Régimen ... , ob. cit., vol.
II, pág. 700.
92 ESTUDIOS CANARIOS [4]

Los italianos

A falta de conocer su número, destacaremos algunos personajes desta-


cados en los primeros años. Los hubo madrugadores, como los genoveses
Mateo Viña, financiero de la conquista, que tuvo casa en la calle de la
Carrera y fue regidor en 1500, y Bautista Ascanio, llegado hacia 1498,
que también recibió datas, fue alguacil mayor y vivió en la villa de Arriba
con su mujer e hijos 5 • El mercader milanés Juan Jácome Carrninatis se
estableció en La Laguna hacia 15066 , dedicándose al comercio de varios
productos: textiles, cereales, azúcar. .. Logró una notable fortuna al invertir
en tierras y casas los beneficios obtenidos en préstamos y compraventas.
También cultivó la vid y poseyó varios molinos. Asimismo llegó en la pri-
mera década del siglo el mercader, banquero y labrador Tomás Justiniano.
Es posible que también fuera de procedencia milanesa un tal Bartolomé de
Milán, que en 1514 contribuyó con un préstamo a la traída de agua a la ciu-
dad. Un ejemplo significativo de florentinos es el de Juan Alberto Giraldin,
presente en la isla desde 1510, dedicado como Carminatis al mercadeo de
cereales y diversos géneros, además de destacar en el negocio azw;arero.
La relación vecinal del repartimiento de 1514 sitúa en La Laguna a
cinco genoveses: el ya citado Mateo Viña, Spíndola, el escribano público
Bernardino Justiniano, Jácome Ascesva y Benito Negrón, residentes estos
últimos en la calle de San Agustín. Por esas fechas se avecindan Juan Fol-
qui y Bernardo Escarlata.
Un italiano afamado en la primera mitad de este siglo fue el doctor en
medicina Juan Fiesco, el denominado doctor Nizardo por su localidad na-
tal. No sólo obtuvo el salario y la categoría municipal de médico durante
muchos años, sino que alcanzó el empleo de regidor en 1550.
Hacia la mitad de siglo, al menos, se hallaba aquí el genovés Antonio
Dorantes, un corredor de lonja, y en la tazmía de 1552 aparecen citados una
docena de italianos que vivían en la calle de Santo Domingo y aledañas,
en la calle Cabrera Pinto y en la calle de San Agustín: Pedro Justiniano,
Julio de Mar, Luisa de Riberol, Esteban Justiniano, Tristán de Hemerando,

5
Manuela Marrero Rodríguez, «Los genoveses en la colonización de Tenerife», Revis-
ta de Historia Canaria, núm. 89 (1950), pág. 60.
6
Juan Manuel Bello León, M.• del Cristo González Marrero, «Los "otros extranjeros"
catalanes, flamencos, franceses e ingleses en la sociedad canaria de los siglos xv y XVI»,
Revista de Historia Canaria, núm 179 (1997), págs. 42-45. También, M. a Jesús Luis Yanes,
Concepción I. Fumero de León, «El mercader Juan de Carminatis: apuntes para su estudio»,
Strenae Manuela Marrero Oblatae, pars prior, La Laguna, 1993, págs. 629-632.
[5] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 93

Antón Usodemar, Esteban Rizo, Gaspar Justiniano, Juan de Carminatis y


Juan Jácome.
Terminamos estas sucintas referencias del Quinientos con un testimo-
nio artístico. Fruto de un enlace entre descendientes de italianos y en el so-
lar ocupado por la casa del escribano público Gaspar Justiniano, se levantó
uno de los edificios más significativos de la ciudad: la llamada casa de
Lercaro, construida en 1599 por el genovés Dr. Lercaro de León, teniente
de corregidor, casado con Catalina Justiniano, hija del citado escribano 7 •
Entrando en el siglo XVII, en la década de los años veinte y treinta en-
contramos avecindado y negociando al veneciano Esteban Alberti, que ac-
túa sobre todo en el comercio con Brasil. Un genovés de esa época es Gas-
par Sopranis, que en 1629 vivía en una casa de alquiler en la calle Maya.
Citemos asimismo al milanés Pedro Pablo Macera, que llega en 1663 a
La Laguna como boticario. Tuvo sus problemas con el Santo Oficio, que
pretendió desterrarlo durante 4 años bajo la acusación de incesto y propo-
siciones heréticas, pero las presiones y súplicas municipales lo libraron de
males mayores, ya que no se quería dejar a la ciudad sin medicamentos 8 •
No fueron estos sus únicos problemas, pues tuvo que recurrir al Cabildo
para que instase a los médicos a recetar en su botica, ya que carecía de
clientela.
En la primera mitad del siglo XVIII debió seguir existiendo una minús-
cula colonia de italianos. Destaquemos que Génova tenía representación
consular con sede en La Laguna, y entre al menos 1725 y 1734 desempe-
ñaba el cargo D. Juan Nicolás Mongiot.

Los flamencos

Su relación con la ciudad es temprana, y ya desde los primeros protoco-


los notariales se habla de flamencos en la isla, pero más difícil es vincular-
los con su residencia temporal o vecindad en La Laguna, aunque es seguro
que en esos inicios están presentes en ella, hasta el punto de que en 1526 se
menciona la calle de los flamencos.
En la segunda mitad de siglo, en 1569, se cita a Pedro Doublers (o
Doble), natural de Enghein (cercanías de Bruselas), que casó con una lagu-

7
Alejandro Cioranescu, La Laguna: guía histórica y monumental, La Laguna, 1965,
1965, págs. 154-155.
8 José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo Régimen ... , ob. cit., vol.

II, pág. 931.


94 ESTUDIOS CANARIOS [6]

nera, hija de un regatón con tienda en la calle de la Carrera9 . Las diversas


fuentes coinciden en destacar el asentamiento de flamencos en el último
cuarto del Quinientos, época de un vigoroso despegue económico y demo-
gráfico de la ciudad y de la isla. Buena parte de ellos consiguen una pronta
inserción, constituyendo un signo de su integración la castellanización de
sus apellidos. En 1578 sabemos que residían en la ciudad Comieles Van
Hende y Pedro de Westerling. Como otros mercaderes extranjeros, este
tendría durante unos años a renta el Adelantamiento, entre cuyas posesio-
nes aún figuraban las casas que a principios del siglo siguiente albergarían
la fundación de las monjas catalinas. Huesterlin recibió del regidor Nico-
loso de Ponte la propiedad de la capilla de la Vera Cruz de la iglesia de San
Agustín en 1588 10 y alcanzó una regiduría en 1605 11 , mientras un hijo suyo
adquiría unas casas altas sobradadas en la calle de los Mesones en 1595 12 .
La tazmía de 1592 aporta una muestra de la vecindad de los flamencos,
que se concentran en las calles de la Carrera y Real (Pedro Blanco, Pi cabe-
te, Jaques, Pascual Leardin, Comieles Oflaque, Nicolás But.. .) 13 . No obs-
tante, la pujanza del puerto de Garachico inclinará a algunos mercaderes
flamencos a trasladarse a esa localidad o mantener una doble casa, como
fue el caso del amberino Comelio Manacre 14 y de Pedro Blanco. Cuando
este marcha a América con su suegro y cuñado, actúa como factor suyo
un compatriota, Esteban Roselle, que poseía una tienda en La Laguna 15 .
Muy ligado a este mercader estuvo otro comerciante antuerpiense, Pedro
Flux, que en 1593 se establece en la capital y comercia con su país de
origen, Inglaterra y Cádiz 16 . Algo similar pasó con Jacobo o Jacques de
Brier, también originario de Amberes, que tras residir en La Laguna deci-
dió trasladarse a La Palma en 1610 17 . Si no todos, sí la inmensa mayoría de

9
Miguel Á. Gómez Gómez, «Endogamia, comercio y poder. Consideraciones en tomo
a la presencia flamenca en Tenerife (1600-1750)», en Flandes y Canarias. Nuestros oríge-
nes nórdicos, t. II, La Laguna, 2004, pág. 31.
10
Alejandro Cioranescu, La Laguna: guía histórica ... , ob. cit., pág. 180.
11
Miguel Á. Gómez Gómez: «Endogamia, comercio y poder. .. », art. cit., págs. 38-39.
12
José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo Régimen ... , ob. cit.,
vol. II, pág. 766.
13
lbíd., vol. 1, ob. cit., pág. 110.
14
José Miguel Rodríguez Yanes, «Comercio y comerciantes flamencos (1560-1630).
Algunos ejemplos de mercaderes», en Flandes y Canarias. Nuestros orígenes nórdicos, t.
1, La Laguna, 2004, pág. 277.
15
Miguel Á. Gómez Gómez, «Endogamia, comercio y poder. .. », art. cit., pág. 32.
16 lbíd., pág. 36.
17
José Miguel Rodríguez Yanes, «Comercio y comerciantes flamencos ... », art. cit.,
pág. 305.
[7] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 95

los mercaderes flamencos eran partícipes o cómplices del tráfico ilegal con
protestantes. Por ejemplo, Leardin comerciaba ilícitamente con herejes,
encubría a los protestantes y exhibía documentos falsos ante el S. 0. 18
A pesar de que suele identificarse a los flamencos casi de modo exclu-
sivo como comerciantes, desempeñaron otras profesiones. Es el caso del
historiador Levinos Apolonio, que desde Brujas había llegado primero a
La Palma y más tarde ejerció en La Laguna como preceptor de gramática,
domiciliado en la calle de la Caza 19 •
La mayoría de noticias sobre flamencos en La Laguna en el siglo XVII
son ajenas a las primeras décadas, lo que no quiere decir que su presencia
fuera inusual en esos años; un ejemplo es el del brujelés Pedro Navens, que
tuvo tienda en la capital a principios de la centuria20 . Pero de modo similar
a lo sucedido en el siglo precedente, se detecta una oleada flamenca en las
últimas décadas del siglo XVII. El prototipo del mercader inmigrante será
un joven amberino de clase media que se inicia en el trato mercantil como
servidor de un comerciante de fuste introducido ya en la isla, con las miras
puestas en independizarse con prontitud y montar su negocio. Algún que
otro ejemplo lo ilustrará mejor. El antuerpiense Jan Janssen Verschueren
llegó a Canarias en 1669 a los 14 años y, tras residir en Gran Canaria, siete
años después se instala en La Laguna, donde alcanza su autonomía finan-
ciera y su ascenso social. Contrae matrimonio con María Ana Lesour de la
Torre apenas cuatro años más tarde, estableciendo su hogar en la casa de
su suegro (la hoy conocida como «casa Van den Heede»). Con su esposa
fundará una ermita e intentará otras vías de reconocimiento social, como la
capitanía del regimiento de extranjeros de la isla. Fracasaría en un primer
intento, algo prematuro (1684), para entrar en el mercado indiano, pues
el Consulado sevillano rechazó su petición. Otros mercaderes de Ambe-
res que se acomodaron en la ciudad fueron Pablo Dubois, Pedro de Roó,
Juan Esquinaert, Francisco del Campo, Nicolás Mustelier. .. Dubois había
llegad6 en 1667, se casó con una lagunera de origen foráneo (Ana María
de Bigot y Villarreal), consiguó la capitanía de una compañía y ostentó el
cargo de cónsul flamenco en Canarias, oficio que también desempeñó Roó.
Nicolás y Pedro Mustelier eran hijos de Nicolás Mustelier el Viejo, natural
de Valenciennes. Nicolás participaría del comportamiento habitual endo-
gámico de otros comerciantes, enlazando hacia 1654 con Juana Bigot, hija
de Claudia Bigot, a quien luego se hará referencia. La familia Mustelier

18
Ibíd., pág. 237.
19
A. Cioranescu, La Laguna: guía histórica ... , ob. cit., pág. 114.
20
Miguel Á. Gómez, «Endogamia, comercio y poder ... », art. cit., pág. 105.
96 ESTUDIOS CANARIOS [8]

tenía tienda abierta en la ciudad, en la que expendía un variado surtido de


géneros, manteniendo unas estrechas relaciones mercantiles con los pa-
rientes radicados en Europa. Acumuló un considerable capital, que al morir
en 1688 rondaba los ocho millones y medio de mrs, algo más de la mitad
en bienes raíces (poseía varias viviendas en La laguna). El citado Pedro de
Roó, casado con Ana María de Bigot, construyó una capilla, ya desapare-
cida, en la iglesia de la Concepción, en el lugar que en la actualidad sirve
de antesala al bautisterio. En realidad, la obra estaba concebida como una
fundación colectiva de varios flamencos, pero como los demás desistieron
de costearla, terminó siendo una capilla de Roó y familia21 •
Otra práctica entre estos mercaderes fue su unidad de actuación en los
negocios, aunando esfuerzos para salir airosos de coyunturas problemá-
ticas, como lo practicaron durante la guerra de Sucesión tres mercaderes
de naturaleza amberina: Verschueren, ya citado y llegado en 1676, Juan
Antonio Moermans y Juan Pedro Dujardin (asentado hacia 1696-1697),
cuyo ámbito de actuación temporal los sitúa casi en una generación pos-
terior a una buena parte de los ya nombrados. Estos otros comerciantes
persisten en las alianzas endogámicas y en los rituales de ascenso social y
fundaciones eclesiásticas. Así, Verschueren y Moermans se casan con dos
hermanas, hijas de Miguel Francisco Lesour de la Torre, continuando en
el siglo XVIII el reforzamiento de lazos económicos y sociales entre esos
apellidos. Un matrimonio que enlazó a los Dujardin con los Moermans
fundó la capilla de San Francisco en el convento dominico y se retrató en
los laterales22 . Otra fundación religiosa corrió a cargo de Juan Jansen y su
cuñado Salvador Lesour, que costearon la ermita de San Miguel de Gene-
to23. No se conoció, por lo demás, otra corriente inmigratoria flamenca en
el siglo XVIII.
Como ya indicamos en otra parte24 , sus estrategias son similares a las
del resto de la burguesía capitalina: lucha contre el fraccionamiento patri-
monial, bien fuera mediante las convenientes uniones matrimoniales o a
través de convenios de renuncia de las legítimas pertenecientes a las hijas
ingresadas en conventos. Su arraigo, por lo demás, conllevará un interés
económico más allá de la exportación de productos de la tierra, intervi-
niendo ~incluso como propietarios y productores~ en esa faceta (ad-

21
A. Cioranescu, La Laguna: guía histórica ... , ob. cit., pág. 57.
22
Miguel Á. Gómez, «Endogamia ... », art. cit., pág. 47.
23 lbíd., pág. 49.
24
José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo Régimen ... , vol. I, ob.
cit., pág. 769.
[9] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 97

quisición de viñedos, por ejemplo) y en la industrial. Van Damme, como


otros compatriotas, intentó la inserción en el estamento nobiliario a través
del desempeño de oficios cabildicios, militares, inquisitoriales ... 25 . En sus
viviendas se mezcla la funcionalidad con la comodidad burguesa. La plan-
ta baja corresponde al ámbito mercantil (tienda, cuarto de contabilidad,
almacén, bodega ... ) y la alta se destina a la vida familiar. El mobiliario
es selecto: bufetes importados, sillas de Moscovia, numerosos cuadros ... ,
que en algún caso, como el del matrimonio Verschueren-Lesour, incluirá
ya retratos familiares.

Los ingleses e irlandeses

Carecemos de información sobre la vecindad de ingleses en La Laguna


en las décadas cercanas a la conquista; si los hubo, debieron ser muy esca-
sos. Posiblemente vivió en la ciudad Thomas Mailliard (o Tomás Mallar-
te), quien viene a la isla hacia 1511, dedicándose al comercio.
Hacia 1556 residió el famoso Thomas Nichols, que seguramente no
guardaría muy buen recuerdo de la ciudad debido a su proceso por la In-
quisición. Se alojó en casa del genovés Antonio Dorantes y tuvo tienda
abierta, en la que vendía sobre todo textiles de su país. Sabemos que tuvo
relaciones con otro mercader británico que vivía en la capital, Ricardo Gra-
feton.
Contamos con más noticias sobre la residencia de ingleses en el Seis-
cientos, siglo en el que es suficientemente conocida la importancia británi-
ca en la isla. Sin embargo, no constituyó la capital un lugar muy apetecido
por esta colonia, sobre todo a partir de la década de 1640, estando condi-
cionados su asentamiento y actividad por el malvasía, más propio del valle
de La Orotava y de Daute, así como por el deseo de moverse en una zona
teóricamente menos vigilada por las autoridades. En 1620 sabemos que
residía en la capital el mercader Juan Clerque26 . En 1636 algunos ingleses
radicados en La Laguna suscriben un memorial para quejarse de los exce-
sos del Santo Oficio en la ciudad respecto a la visita de los navíos. Uno de
los peticionarios, Henry Isham, está presente de un modo muy diligente en
la capital en la década de los años veinte y treinta, y su gestión se aprecia
en los años posteriores en los asuntos mercantiles y de representación de

Miguel Á. Gómez Gómez, «Endogamia, comercio y poder. .. », art. cit., pág. 38.
25

26
José Miguel Rodríguez Yanes, «Comercio y comerciantes flamencos ... », art. cit.,
pág. 331.
98 ESTUDIOS CANARIOS [lO]

sus compatriotas. Su notoriedad excedió el ámbito tinerfeño y se convirtió


en una de las cabezas visibles de los ingleses del archipiélago canario en
negocios y representaciones. Muy célebre fue el factor Marmaduque Raw-
don, quien llega por primera vez a la isla en 1631 como enviado por su tío
y se establece en la capital, en una casa alquilada, desde la que despliega su
red mercantil y una intensa vida social. Regresa por primera vez a su patria
en 1638, y lo sustituye en lo económico Marmaduque Squier, asimismo
radicado en La Laguna. Es conocida la despedida de Rawdon desde su
domicilio lagunero, deslumbrando a los vecinos con su rica indumentaria,
valorada en 1000 ducs, y acompañado por una comitiva de unas 40 per-
sonas. Cuando regrese en 1639 visitará los dos conventos femeninos de la
capital gracias a una treta compartida con el médico Pieugh27 , que curaba
en la isla gracias a las gestiones de Rawdon, el cual abandonará de manera
definitiva la ciudad y el archipiélago en 1655 a raíz de la conflictividad
entre España e Inglaterra28 .
Thomas Coling fue otro notable mercader domiciliado en la capital, en
la que se casó en 1660 con doña María Violete, hija del boticario Pedro Vio-
lete. Posiblemente los esposos vivirían en la casa de la calle Real incluida
en la dote 29 . También el matrimonio fue otra de las vías ensayadas por el
católico John Sturdy para su integración: llegado en 1680, se españolizó
y se avecindó en La Laguna, enlazando con una doncella descendiente de
extranjeros: Claudia Mariana de Lousel, nieta de Claudio Bigot30 . En 1696,
en fin, se detecta la presencia de Juan Lorquin, que dirigió una cargazón de
vinos a Irlanda con el flamenco Verschueren 31 .
La convivencia con los protestantes originó en ocasiones alguna situa-
ción espinosa. Por ejemplo, en 1699 la niña Ana Clavel, de siete años,
hija del comerciante inglés Duarte Clavel, fue sacada de su domicilio por
dos criados y llevada a la casa de un beneficiado, desde donde pasó a un

27
Sobre Pieugh, vid. José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo
Régimen ... , ob. cit., vol. II, págs. 911, 917-918.
28
José Carlos Guerra Cabrera, Un mercader inglés en Tenerife en el siglo XVIII. Biogra-
fia de Marmaduque Rawdon, Santa Cruz de Tenerife, 1994, págs. 60, 68-69.
29
José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo Régimen ... , ob. cit.,
vol. II, pág. 729.
3
° Francisco Fajardo Spínola, «La Guerra de Sucesión española y la comunidad bri-
tánica en Canarias: el final de una época», en Felipe V y el Atlántico, III centenario del
advenimiento de los Barbones, XIV Coloquio de Historia Canario-Americana (2000), Las
Palmas de Gran Canaria, 2002, pág. 85.
3
' John G. Everaert, «La colonie marchande flamande aux Canaries au tournant du cy-
cle du vin » (1665-1705)», V Coloquio de Historia Canario-Americana (1 982), Las Palmas
de Gran Canaria, 1984, t. II, pág. 452.
[11] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 99

convento, con la justificación de que la pequeña deseaba convertirse al


catolicismo en contra de la voluntad paterna. El asunto supera el ámbito
familiar, pues el embajador británico protesta ante la Corte por lo que con-
sidera una clara violación de los tratados de paz. Tras ordenar Carlos II la
exploración de la voluntad de Ana, esta se mantuvo fiel al catolicismo32 .
Es dificil atribuir un valor absoluto a las relaciones de protestantes redu-
cidos al catolicismo, ya que La Laguna operaba como un centro comarcal
de conversiones; no obstante, reviste un carácter orientador, pues los por-
centajes de convertidos en diferentes períodos permiten apuntar compa-
raciones interesantes. Así, en el siglo XVII casi el 20% de las reducciones
tinerfeñas se producían en La Laguna, bajando hasta un 11% en el primer
tercio de la siguiente centuria, mientras se duplicaron en Puerto de la Cruz
y Santa Cruz, y ya entre 1740 y 1812 es sólo de un 10% en la capital, en
tanto Santa Cruz alcanza una clara hegemonía en Canarias33 . Esta situación
favorable del puerto santacrucero es una señal más del cambio que llevará
a una posición secundaria a la capital. Lógicamente, la clerecía lagunera,
muy numerosa, se moviliza cuando se trata de hacer mudar de religión
a los protestantes. Si creemos a los religiosos, la población anhelaba las
conversiones, hasta el punto de que cuando se lograba alguna la novedad
suscitaba una alegría colectiva.
La guerra de Sucesión produjo la salida de buena parte de la colonia
inglesa. Aún a principios de siglo se constata en la documentación la resi-
dencia de algunos de ellos, sobre todo mercaderes. Por ejemplo, en 1701,
Francisco Hoper apoderaba a un mercader londinense para cobrar una ele-
vada suma de dinero 34, y al año siguiente Juan Traplein otorgaba también
poder de cobranza a un francés para percibir una cantidad de otro compa-
triota de éste35 • Por las mismas fechas, el Cabildo nombraba boticario asa-
lariado a Guillermo Fouler con la obligación de despachar sus productos

32
Francisco Fajardo Spínola, Las conversiones de protestantes en Canarias: siglos XVII
y XVIII, Las Palmas de Gran Canaria, 1996, págs. 109-110.
33
Francisco Fajardo Spínola, Reducciones de protestantes al catolicismo en Canarias
durante el siglo XVIII: 1700-1812, Las Palmas de Gran Canaria, 1977, pág. 39.
34
AHPSCT, leg. 3.806, reg. de 1701, f.o 63 vto. (9-4-01). Francisco Hoper, inglés resi-
dente en La. Laguna, apodera al mercader londinense Juan Blake para cobrar de Booth (?)
Hereford, londinense, 23.721 rs corrientes que le debe.
35
AHPSCT, leg. 3.806, reg. de 1702, f.o 55 vto. (20-2-1702). Juan Traplein, vecino de
La Laguna, apodera a Juan Francisco Laborda, francés, residente en Tenerife, próximo a
Francia, para cobrar de Juan Esteban Parral, francés de la villa de Pesenas (Languedoc),
morador en Lisboa, lo que le debe más 5.650 rs que importaron los vinos.
100 ESTUDIOS CANARIOS [12]

en la capitaP 6 . En 1703 vivía en la capital un tal Ricardo Rir, casado con


Ana Delgada37 . La segunda generación de algunos de los ingleses llegados
en la segunda mitad del siglo XVII en parte residirá en la capital, como en
el caso de D. Thomas Clerque (Clark), nacido en La Laguna38 .
Como han subrayado los autores que han estudiado la llegada de los
irlandeses, el porcentaje e importancia de estos sobre el conjunto de la
colonia angloirlandesa va incrementándose hasta superar a los ingleses
en el primer tercio de la centuria. Dado el marcado carácter mercantil de
esta inmigración, los irlandeses prefieren afincarse de modo prioritario en
localidades de mayor movimiento comercial y portuario que La Laguna.
En ciertos casos, tuvieron su residencia en un período de su vida en la
capital y luego se decidieron por el valle de La Orotava, como aconteció
con negociantes tan señalados como Jorge Geraldin y Bernardo Valois.
Otro irlandés residente en 1718 es D. Diego Geraldín, activo exportador de
malvasía a Inglaterra39 •
Los testamentos permiten averiguar detalles de la mentalidad y com-
portamiento social de los integrantes de esta colonia y calibrar su grado de
integración. Por ejemplo, tomemos el caso de la descendencia de D. Juan
Sturdi40 , casado por primera vez con doña Claudia Mariana de Lousel, hija
de Juan de Lousel y doña Violante Bigot: de los hijos sobrevivientes, Isabel
profesó en el convento de Santa Catalina; a su vástago Diego le propor-
cionó una suma importante de dinero para financiar un viaje a Indias, y
asimismo intentaba costearle un desplazamiento a La Habana. Otro hijo,
Manuel, había recibido cierta cantidad para un viaje a América. En cuanto
a su otra hija, Ana, de 14 años, le prometía 4.000 pesos si entraba en reli-
gión, matizando que recibiría una mejora si casaba «con ombre de bien y
de mérito a gusto y satisfasión de sus hermanos, mi mujer y demás alba-
ceas, y no con ombre pobre y de baja esfera».
En 1729 Wadding exporta vinos a Hamburgo junto con otro irlandés
avecindado en La Laguna, Santiago Eduardos 41 . Aún en 1731 residía este
en la ciudad, junto con Dujardin y el cónsul D. Juan Crosse, jr. 42 , como lo

36
AMLL, Libro de Actas 33, 1. 0 , f.o 157v (2-1-1702).
37
AHPSCT, leg 3.806, reg. de 1703, f.o 197.
38
AHPSCT, leg. 3.810, f.o 88 v (4-6-1714). D. Thomas Clerque (Clark), v. 0 y natural de
La Laguna, que se dispone a viajar a Londres, deja como representante a D. Juan Pouldon,
0
V. de Puerto de la Cruz, para cobranzas, y distribuir efectos que le remitiere.
39
AHPSCT, leg. 728, reg. de 1718, f.o 149 (28-9-1718).
40
AHPSCT, leg. 1405, f. 0 215 (9-10-1721).
41
AHPSCT, leg. 309, f. 0 1 (14-2-1729).
42
AHPSCT, leg. 1.407, reg. de 1731, f. 0 204 (3-12-1731 ).
[13] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 101

atestigua un poder otorgado en nombre de los demás mercaderes isleños.


Los irlandeses ya hacía tiempo que deseaban emanciparse de la tutela con-
sular británica y obtener la naturalización.
La realidad económica y portuaria de la isla no sólo supondrá la merma
de la influencia y residencia de los ingleses en la isla y, por ende, en su ca-
pital, sino también la redistribución de los súbditos de S. M. británica, que
optan con pragmatismo por su asentamiento en otras localidades, añadién-
dose el puerto de Santa Cruz a la ya conocida vecindad de estos nacionales
en el Puerto de la Orotava. La situación es patente es una relación de mer-
caderes de 1734: 43 once vivían en el Puerto de la Orotava, ocho en Santa
Cruz y cinco en La Laguna (D. David Lockhart, D. Thomas Wadding, D.
Santiago Eduardo, D. Diego Key y D. Thomas Pendergast).
Conforme avanza el siglo, disminuye aún más el interés de estos extran-
jeros por La Laguna, realidad manifiesta en los datos de 1766, pues de los
27 irlandeses censados en Canarias, 14 residen en Puerto de la Cruz, 9 en
Santa Cruz, y el resto se reparte entre Gran Canaria y La Palma.

Los portugueses

Es de común dominio la importancia cuantitativa y cualitativa de la pre-


sencia lusitana en Tenerife. En el caso de su capital, en el repartimiento de
151444 se expresa a veces la condición de portugueses de algunos vecinos
(unos 37), ostentando el porcentaje más elevado de población extranjera.
La mayoría residía en la calle del Molino de Viento, en la de San Agustín y
en la de Rodrigo Escudero hasta Santa María. En una tazmía de fecha pos-
terior, la de 1552, se cita a una portuguesa que era mesonera y a Gonzalo
Afonso, domiciliado en la calle Cabrera Pinto.
Al igual que en otras poblaciones, sus ocupaciones fueron variadas. En
1514 se mencionan algunas: zapateros, sastres, ganaderos, esparteros ...
Algunos artesanos lusos participaron en edificaciones urbanas, entre ellas
las religiosas: el cantero portugués Miguel Alonso participó en la construc-
ción de la iglesia de los Remedios a partir de 1515, y dos años más tarde
recibió una data para levantar una casa en la ciudad45 •

43
AMLL, R-XX-2.
44
Roberto González Zalacaín, Familia y sociedad en Tenerife a raíz de la conquista,
La Laguna, 2005.
45
Alejandro Cioranescu, La Laguna: guía histórica ... , ob. cit., pág. 66.
102 ESTUDIOS CANARIOS [14]

El hecho de que en las tazmías posteriores no se anote la naturaleza


lusitana de algunos moradores quizá tuvo que ver con su rápida integra-
ción social. A veces, de modo indirecto hallamos huellas de la presencia
de algunos; por ejemplo, en 1564 conocemos a un portugués avecindado,
Manuel Carvallo, porque fue presentada una denuncia de blasfemia ante
el Santo Oficio con ocasión de jugarse una partida de chilindrón en su
domicilio46 •
En los años finales del siglo XVI un personaje portugués interesante
destaca entre los extranjeros asentados en La Laguna: Pedro Afonso Ma-
zuelos, natural de Guimaraes, uno de los más ricos comerciantes y finan-
cieros del último cuarto del Quinientos, presente en el censo de 159247 (en
1590 declaraba un patrimonio de 9900 doblas). Es famosa la significación
de Mazuelos como promotor artístico: nos referimos al retablo de la iglesia
de los Remedios, colocado en 1615, y realizado con el dinero dispuesto
por el mercader para ese fin en su testamento48 . De igual modo que otros
mercaderes con posibles, el Ayuntamiento recurre a sus servicios para pro-
veer de cereal a la ciudad en las crisis carenciales que ya menudeaban en
la isla en las dos últimas décadas de esa centuria. En el verano de 1594 se
acordó negociar con él 49 «sy quiere obligarse a traer de la ysla de Lan<;arote
a esta dos o tres mill fs de trigo a precio puesto por su qua e rriesgo», o en
caso negativo si ofrecía crédito a una persona designada por la institución.
Al final, el comerciante se decanta por esta última posibilidad a cambio
de que el Cabildo aportase fiadores seguros, que al final resultan ser los
propios regidores.
En el siglo XVII se constata que una profesión con presencia portuguesa
en la ciudad fue la de médico municipal. A finales de 1615 se instala en
ella ellicdo. Felipe do Valle. Pocos años más tarde, en 1622, presenta un
sólido currículo académico para esa plaza el dr. Diego Méndez de Sosa,
que cursó todos sus estudios en Coimbra. También en esta ciudad univer-
sitaria se graduó el licdo. Luis Díaz Gutiérrez, madeirense que a finales
de 1635 es contratado por el Ayuntamiento lagunero. Se pretendió, ante la
dificultad de hallar médicos en las condiciones ofrecidas por la isla, con-

46
José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo Régimen ... , ob. cit.,
vol. II, pág. 1051. No sabemos si es mera causalidad o una cierta afición de los lusitanos a
las cartas, pero en 1624 Diego Benítez declaraba ante el mismo tribunal que todos los días
laborales acudía a jugar a las cartas a la casa del mercader portugués Femán Pinto, un judío
en cuya morada no se permitía el juego los sábados (ibíd, pág. 1052).
47
Ibíd., pág. 763.
48
Alejandro Cioranescu, La Laguna: guía histórica ... , ob. cit., pág. 76.
49
AMLL, Libro de Actas 18, 1. 0 , fols. 13 y 13 v (28-6 y 4-7-1594).
[15] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 103

certarse con otros médicos de Portugal, pero la sublevación de 1640 fue un


obstáculo 50 .
Dejando a un lado esta faceta sanitaria, la conocida relación inquisito-
rial de 1626 posibilita acercamos, como si se tratase de una instantánea,
a la realidad de la inmigración lusitana en esa época. La hornada de ju-
deoconversos tuvo que ver con los autos de fe celebrados en Portugal en
esos años y con las buenas perspectivas de la isla para el negocio mercantil.
Aunque con cierta cautela, el listado refleja de modo notable tanto el peso
económico de La Laguna como, por ese motivo, la presencia mayoritaria
lusitana en ella: el 41.3% de los censados en la isla figura en la ciudad.
Suelen ser hombres entre 20 y 40 años que se integran socialmente vía
matrimonial, aunque también se manifiesta cierta endogamia. Un rasgo
peculiar de estos portugueses «laguneros» es su procedencia continen-
tal (en particular, de Lisboa y Oporto), en contraste con los asentados en
el resto de la isla, que provienen sobre todo de Azores y Madeira. Tam-
bién destaca otro hecho: se concentran en La Laguna los dos tercios de
los comerciantes llegados en esta etapa, pero conviene subrayar que aquí
se establecen todos los que poseen una relación mercantil muy amplia:
Femán Pinto, Antonio de Fonseca, Diego López de Lerda y su hermano
Hierónimo López, Antonio Díaz de Moura, Hierónimo de Sosa, Antonio
Hemández, Tomás y Diego Perera, Domingo Pérez, Diego de Morales,
Juan de Heredia, Antonio Díaz de Moura, Diego López de Lerda y Antonio
Álvarez. Fuera del comercio, otros oficios desempeñados fueron: confite-
ro, espadero, mesonero, esterero .. Y. El más renombrado fue Tomás Perera
de Castro, llegado antes de 1612 acompañado de unas cuatro personas,
entre criados y empleados. Logró en cuatro años un buen matrimonio, y
de igual modo procederá su hermano Diego. Su familia (todos conversos)
estaba repartida entre Londres, Dublín, Holanda y Burdeos. Tomás alcan-
zará una regiduría municipal, que traspasará unos veinte años después a su
hermano. Los hermanos Perera lograron un destacado papel en las finanzas
isleñas: comercio exterior, arrendamiento de rentas reales, administración
del Adelantamiento y del señorío de Fuerteventura y Lanzarote. También
actuarán como fundadores de obras cristianas, como suele ocurrir con los

50
José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo Régimen ... , ob. cit.,
vol. II, págs. 901-909.
51
Francisco Fajardo Spínola, «Portugueses en canarias en el siglo XVII. Una relación
de 1626», en XV Coloquio de Historia Canario-Americana(2002), Las Palmas de Gran
Canarias, 2004, pág. 312. También, Sergio Bonnet y Suárez, «Familias portuguesas en La
Laguna del siglo XVII», Revista de Historia, núm. 93-94 (1951 ), págs. 111-118.
104 ESTUDIOS CANARIOS [16]

neófitos adinerados, máxime si sobre ellos se cierne la sospecha de la hete-


rodoxia. Esto no siempre fue suficiente valladar para disipar las dudas, ni
el transcurrir del tiempo, los atinados matrimonios y la generosidad en el
desembolso de ducados, borraron un pasado que medio siglo después aún
pesaba sobre la segunda generación. Lo comprobamos cuando a finales
de siglo, en 1697, se tramita una denuncia contra María Perera, hija del
regidor D. Alonso Perera de Castro, por una supuesta frase contra la hostia
pronunciada en la iglesia de los Remedios. Además, dos monjas de la dis-
tinguida familia Llarena Carrasco testimonian que habían oído decir a la
dicha María Perera que era judía en el convento de Santa Catalina52 .
Un caso destacado de judeoconversos lo constituyó el del portugués
Duarte Emíquez Álvarez, establecido en la Laguna en 1641, donde vivió
como administrador de las rentas reales en la calle de San Agustín, en una
casa con bodega y cuadra. Vivió de manera acomodada y alquiló dos ca-
sas en la ciudad, dedicándose durante su estancia de once años, aparte de
su oficio de almojarife, al comercio a larga distancia. Empleó a diversos
conversos portugueses: Francisco Rodríguez Cardoso, Antonio Rodríguez
Robles, Manuel López Suárez, Emique Fernández !barra. No se casó, pero
convivió con la lagunera doña Magdalena de Rojas y Guzmán, de la que
tuvo tres hijos 53 •

Los franceses

La rivalidad franco-española, una de cuyas repercusiones en el archipié-


lago fue la piratería francesa, no contribuyó al principio al avecindamiento
o residencia de personas de ese origen, pero la documentación revela la
presencia de algunos galos desde los primeros decenios del Quinientos.
Así, en 1513 obtuvieron data en las laderas de San Lázaro Simón Fye,
Esteban Martín y Juan Bordón o Bordona54 ; y en el reparto de 1514 se da
cuenta de un aserrador francés que vivía en la calle de Rafael Font.

52
José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo Régimen ... , ob. cit.,
vol. II, pág. 699.
53
Luis Alberto Anaya Hemández, «El converso Duarte Enríquez, arrendador de las
rentas reales de Canarias», Anuario de Estudios Atlánticos. núm. 27 (1981 ), págs. 345-424.
54
Juan Manuel Bello León, M. a del Cristo González Marrero, «Los "otros extranjeros"
catalanes, flamencos ... », art. cit., pág. 59.
[17] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 105

Un destacado personaje de ese país es doña Juana de Masieres, tercera


mujer de Lugo, que vivió en la ciudad desde su matrimonio en 1514 hasta
la muerte del Adelantado55 .
A mediados de ese siglo hallamos al boticario Luis Leal; otro compa-
triota, Pedro Violete, fue admitido como boticario de la ciudad en 1603,
vendiendo sus productos en la farmacia de su antecesor, que tuvo en arren-
damiento56.
Será en el Seiscientos cuando las fuentes publicadas y algunos datos
de los protocolos proporcionen más información. En el primer tercio del
siglo algunos comerciantes franceses optan por La Laguna y cobran un
notable protagonismo económico y social. Es el caso de los Bigot (Guiller-
mo y Claudio, procedentes de Ruán), Domingo Boulineau, Pedro Perel y
Juan Villon. Guillermo Bigot figura casado en 1628 con Catalina Budete,
pero al poco tiempo marcha a Indias y deja a su esposa, con varios hijos,
en una difícil situación financiera. Un paradigma de integración mediante
matrimonio es el enlace de Claudio Bigot con Mariana Enríquez57 . Bigot
mantendría desde la capital diversos negocios de exportación e importa-
ción de mercancías, que en parte distribuía desde su tienda lagunera, casi
siempre asociado a otros mercaderes extranjeros como el inglés Isham o
los compatriotas Boulineau, Perel o Bourgoing. En 1654 terminará la edi-
ficación de la vivienda que en la actualidad lleva su nombre en la calle de
los Herradores, si bien poseía otra casa en la calle de la Carrera. En cuanto
a Domingo Boulineau, que actuó relacionado con importantes mercaderes
británicos, se valió también de un apropiado matrimonio, en este caso con
Isabel Soler, hermana de un beneficiado de la iglesia de la Concepción. Su
actividad hará necesario el alquiler de varias viviendas y lonjas, entre ellas
unas situadas junto a la plaza de los Remedios. Otros mercaderes franceses
de menor importancia jugaron un indispensable rol como redistribuidores
y agentes de otros comerciantes de talla superior, como el mentado Pedro
Perel, que expendía géneros en su tienda, y Jorge Bemaldes o Bemardes,
quien combinó sus pequeños negocios con la representación de mercaderes
bretones, pues Saint-Malo y Ruán eran núcleos vitales en las relaciones
franco-canarias. Merece asimismo recordarse entre los franceses a D. Ber-

55
Ibíd., pág. 64.
56
José Miguel Rodríguez Yanes, La Laguna durante el Antiguo Régimen ... , ob. cit.,
vol II, pág. 928.
57
Ibíd., págs. 728-729. La dote, aportada por la madre de la desposada, la viuda Ma-
ría Enríquez, se componía de un vínculo y 6000 rs de ajuar. Las arras alcanzaron los 500
ducs.
106 ESTUDIOS CANARIOS [18]

nardo Fau, cuya intervención fue decisiva en la reedificación del Hospital


de los Dolores.
En las primeras décadas del siglo ilustrado hubo intentos de impulsar
las relaciones entre Francia y el archipiélago, sobre todo después de la
instauración de la dinastía borbónica en España y la creciente disminución
de la presencia inglesa en Canarias. Una de las personas más destacadas en
esa línea fue el cónsul Esteban Porlier, residente en la capital, que ejercía
ese cargo en 1713. Sus gestiones no se limitan a resolver los asuntos de-
rivados de su empleo; es también partícipe del trato mercantil y adquiere
propiedades en la ciudad58 • En 1722 vende una casa terrera de piedra, ba-
rro y madera y teja, en La Laguna, en la calle de Las Quinteras, que había
comprado él en 13 de mayo de este año. En ese año muere su esposa, doña
Rita de la Luz Soberanis, hija de un francés y de una grancanaria, y él otor-
ga sus últimas voluntades en nombre de la fallecida 59 • Por el documento
conocemos que fue enterrada en la capilla mayor de la parroquial de la
Concepción, en el sepulcro de sus padres; la misma iglesia en la que había
contraído matrimonio en 1706, al poco de llegar a la isla. De sus seis hijos,
pasaría al varón de más edad, D. Juan Antonio, el cual le sucedería en el
consulado, el vínculo instituido por el abuelo de doña Rita, al que hicieron
agregaciones el cónsul y su esposa. Tras la muerte de su esposa, la situa-
ción económica de Porlier sufrió un notorio menoscabo, y esto influyó en
un cierto desapego del cónsul por las Islas.
La predilección de los franceses por Santa Cruz es muy clara desde las
primeras décadas de la centuria. La lista de residentes en 1723 así lo mani-
fiesta: de los 33 franceses de la isla, sólo 9 viven en La Laguna, frente a los
21 que prefieren el citado puerto60 • Una distribución similar se percibe en
una relación de mercaderes de 1732: 16 habitan en Santa Cruz y seis en La
Laguna (D. Antonio Miguel, D. Santiago Clemot, D. Andrés Bancand, D.
Antonio Utran, Pedro Rigand, Hilario Atguet). Esta nómina es significati-
va, pues se diferencia de la inglesa en que no se menciona a ningún francés
en otro lugar de la isla y por la circunstancia de que el cónsul y su canciller
sean ya vecinos de Santa Cruz. No conocemos la relación por localidades
de 1749, pero no debió alterar esa proporción, y desde luego, como en las

58
AHPSCT, 1eg. 1.677, f.o 82 (8-6-1722).
59
AHPSCT, leg. 730, f.o 142 (La Laguna, 12-10-1722)
60
Didier Ozanam, «El consulado francés en Canarias y la familia Porlier», XIV Co-
loquio de Historia Canario-Americana (2000), Las Palmas de Gran Canaria, 2002, pág.
313.
[19] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 107

estadísticas precedentes, es abrumadora la predilección gala por disponer


su estancia en Tenerife: 23 de un total de 25.

2. LOS EXTRANJEROS ENTRE 1790-1830

Como se apuntó al principio, hemos diferenciado este período por la


disponibilidad de datos objetivos más precisos sobre el número de extran-
jeros. Además, es mayor asimismo el número de descripciones de la ciudad
por parte de algunos visitantes. Resulta elocuente el paralelismo entre el
ralo porcentaje de extranjeros que eligen La Laguna como residencia y la
imagen decadente que, en general, transmiten los relatos de los viajeros,
como se apreciará más adelante. En 1791, la matrícula de estos es muy
expresiva de sus preferencias de asentamiento: 56 residían en Santa Cruz,
30 en el Puerto de La Orotava y 11 en La Laguna (4 italianos, 3 franceses,
2 portugueses, 1 maltés y 1 flamenco ) 61 . Las estadísticas posteriores agran-
dan las distancias: pensemos que en 1799 constan 65 en Santa Cruz y 10
en La Laguna. De estos, 4 son franceses, 3 italianos, 1 maltés, 1 portugués
y 1 flamenco. Las ocupaciones, salvando cuatro dedicados al comercio,
son variadas: sastre, dentista, músico, latonero, impresor, marinero 62 . En
los años posteriores no superará apenas la decena el número de extranjeros
que vivan en la capital, si bien la guerra de la Independencia introduciría
un cambio circunstancial. Vamos a examinar la situación de cada colonia,
tal como hemos venido haciendo respecto a los siglos anteriores 63 .

Los italianos

En 1791 residen en la ciudad el toscano Silvestre Mariani, de profesión


latonero; el veronés Roldoni, director de loza, y el trajinante piamontés
D. Antonio Gameri. Junto al palacio de Nava, en la antigua casa de los
Llerena, radicó la tipografía de Ángel Bazzanti, el primer impresor de la
ciudad64 , de origen toscano, a quien encontramos en el listado de 1799.

61
Antonio Ruiz Álvarez, «Matrícula de extranjeros en la isla de Tenerife a fines del
siglo XVIII», Revista de Historia, t. XX (1954).
62
Alexis Brito González, «Matrícula de extranjeros en Canarias durante la segunda
mitad del siglo XVIII», Anuario de Estudios Atlánticos, núm. 45 (1999), págs. 258-260.
63
Los datos sobre los diversos grupos de extranjeros de las páginas siguientes están
tomados deAMLL, E-XXIV-4, E-XXIV-22, E-XXIV-28, E-XXII-4, E-XXIII-4.
64
Alejandro Cioranescu, La Laguna: guía histórica ... , ob. cit., pág. 12!.
108 ESTUDIOS CANARIOS [20]

Cabe decir que en el primer tercio del siglo XIX apenas varía el exiguo peso
demográfico de los italianos, pues en la matrícula de 1831 sólo figuran dos
napolitanos.

Los malteses

Hacen su presencia en Canarias a mediados del siglo XVIII para dedi-


carse al comercio minorista, pero su implantación es más lenta en Tenerife,
hacia la última quincena del siglo; es decir, cuando el atractivo comercial
de La Laguna es muy escaso. Esto explica que en 1791 casi todos los mal-
teses de la isla se concentren en Santa Cruz y sólo uno resida en la capital,
el mercader de vara D. Andrés Lucas. En 1799 hallamos a D. Antonio
Darmani, que llevaba tres años en la ciudad y era comerciante minorista.
Situación similar se produce en la matrícula de 1802, pues sólo se cita a D.
Casidonio Rebet, ayuda de cámara del marqués de Villanueva del Prado,
y en 1832 está inscrito el labrador Juan Magro. Por tanto, se trata de una
vecindad irrelevante.

Los franceses

En contraste con la situación de principios del siglo XVIII, en 1791 sólo


viven en La Laguna tres franceses: D. Joseph Plou, mercader de vara; D.
Antonio Anglés, mayorista, y el profesor de música D. Pedro Carbonel.
Esto no quiere decir que haya disminuido la inmigración de los franceses,
sino que éstos optan por otras poblaciones, como ya se ha explicado: en
1793 sólo viven en La Laguna 4 de los 22 franceses, frente a los 16 de San-
ta Cruz, donde residían su cónsul y los comerciantes más importantes65 .
Esto no implicaba un desapego absoluto hacia la capital; por ejemplo, los
hermanos Devigneau, propietarios de la firma mercantil gala más emble-
mática, participaban de un hábito que debió nacer en esa época entre la
burguesía comercial residente en Santa Cruz, consistente en poseer una
vivienda de veraneo en La Laguna.
Aparte de los mercaderes, viajeros y marineros, visitantes voluntarios,
los hubo de carácter forzado. Una real cédula de finales de 1793 disponía
el envío desde Barcelona a Canarias de 600 prisioneros franceses, que en

65 M." del Carmen Guimerá Ravina, «Tenerife y la guerra contra la Revolución france-

sa», Anuario de Estudios Atlánticos, núm. 21 (1975), pág. 174.


[21] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 109

parte se pensaba acoger en el hospital de convalecientes de La Laguna. No


obstante, el rumor de que los recién llegados podían propagar enfermeda-
des lleva a ubicarlos en el lazareto de Santa Cruz. Otra remesa de presos
llegaría durante la guerra de la Independencia, recurriéndose al edificio de
la Alhóndiga como morada de los 200 prisioneros de 180966 , quince de los
cuales lograron fugarse y bajar a Santa Cruz, donde se apoderaron de un
barco inglés para abandonar la isla67 •
La matrícula de 1831 refleja una indudable hegemonía gala entre los fo-
ráneos inscritos en La Laguna: 16 franceses sobre un total de 20 repartidos
en diez calles, si bien la de la Carrera se llevaba la palma. La guerra de la
Independencia tiene parte de responsabilidad en este hecho, pues algunos
son antiguos prisioneros de esa contienda, que, al obtener su libertad, se
inclinan por quedarse en la ciudad y arraigarse casándose con mujeres de la
isla. Las ocupaciones son variadas: dos venteros, dos criados domésticos,
dos molineros, barbero, tonelero, sillero, zapatero, sepulturero, campesino,
jornalero, hortelano, carpintero, médico (D. Bartolomé Aurin y Liautaud),
mientras otro regentaba una fonda pública.

Los ingleses

Posiblemente la presencia británica, que ya hemos constatado en franco


declive desde el primer tercio del siglo XVIII, se limitó al tránsito y a una
corta estancia. Cioranescu hace mención, en las afueras de La Laguna,
más abajo de la ermita de Gracia, a la denominada «Villa Macario», que,
edificada por el inglés Mackerrick en la primera mitad del siglo XVIII y
con varias notorias modificaciones posteriores, fue alojamiento del famoso
viajero James Cook68 y del poeta satírico inglés John Wolcott (apodado
Peter Pindar), autor de una Elegía a las pulgas de Tenerife.
Lo propio cabe decir de los irlandeses, y apenas alguna mención aislada
revela la presencia de algún individuo de esa isla. Por ejemplo, D. Lope
Antonio de la Guerra y Peña nos noticia en sus célebres Memorias que en
1778, en el contexto ilustrado de la recién creada Real Sociedad Econó-
mica de Amigos del País, se establece en La Laguna un tejedor de lienzos

66
Alejandro Cioranescu, La Laguna: guía histórica ... , ob. cit., pág. 105.
67
Francisco María de León, Apuntes para la historia de las Islas Canarias: 1776-1868,
Santa Cruz de Tenerife, pág. 98.
68
Alejandro Cioranescu, La Laguna: guía histórica ... , ob. cit., pág. 219.
110 ESTUDIOS CANARIOS [22]

irlandés 69 que realizaba sus labores en un telar costeado por algunos socios,
de modo que sirviera de emulación a otras personas.

Los portugueses

Muy parca es la presencia de los lusitanos, pues en 1791 sólo se citan


dos: un sastre y otro individuo sin oficio. No parece variar mucho esta
situación, pues el mismo número se repite en la matrícula de 1832, uno de
los cuales era presbítero.

3. VISIONES EXTRANJERAS DE LA LAGUNA

Que sepamos, Thomas Nichols es el primer foráneo que aporta una


breve descripción de la ciudad hacia 1560. Aparte de la lógica referencia
al pequeño lago, limita su parca visión a una alusión a las dos iglesias
parroquiales, a la residencia del gobernador y la justicia, y a una sucinta
caracterización socioprofesional de los habitantes: «hidalgos, mercaderes
y labradores» 70 . Pocos años más tarde, el portugués Gaspar Frutuoso se
atreve a ofrecer una cifra poblacional: unos 2000 hogares, al tiempo que se
muestra muy optimista con la realidad económica de la ciudad, cuya ferti-
lidad y abundancia la pondrían a salvo de la dependencia exterior, salvando
las especias 71 .
Una veintena de años habría que esperar (1588) para la estancia de uno
de los visitantes más ilustres y conocidos de La Laguna, el que le dejara,
como a tantas otras ciudades y lugares, su primer plano: Leonardo Torriani.
La primacía demográfica en el archipiélago se la reconoce el cremonés en
su ajustado comentario, si bien es cauto a la hora de aventurar cifras sobre
el número de habitantes: más de mil fuegos, señala (como sabemos, la pes-
te de 1582 había dejado una profunda huella negativa). Su dibujo refleja
la reseña que le dedica, pues buena parte de los abundantes cuadriláteros y
trapecios que delimitan las manzanas urbanas presentan un espacio interior

69
LopeAntonio de la Guerra y Peña, Memorias (Tenerife en la segunda mitad del siglo
XVIII), cuaderno III, Las Palmas de Gran Canaria, pág. 21.
70
Alejandro Cioranescu, Thomas Nichols, mercader de azúcar, hispanista y hereje, La
Laguna, 1963,págs.114y 116.
71
Gaspar Frutuoso, Las islas canarias (de Saudades da terra), ed. de E. Serra, J. Régu-
lo y S. Pestana, La Laguna, 1964, pág. 105.
[23] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 11l

colonizado por huertos, en gran parte naranjeros, según puntualiza Torria-


ni. A él también se debe la analogía del marco montañoso con un anfitea-
tro. Un elemento físico que llama poderosamente la atención del ingeniero
es el clima, cuyas «grandes intemperies», viento, frío y niebla resalta como
características singulares, poniendo énfasis en la humedad de las fachadas
domésticas orientadas al norte y la abundancia de la hierba en sus calles.
Lo bajo y tétrico de sus casas lo compensaban las arboledas de los jardines,
muy comunes en las viviendas 72 •
En una fecha imprecisa de principios del siglo XVII, un caballero in-
glés, sir Edmund Scory, lisonjea el paisaje lagunero, afirmando que parecía
«como si la naturaleza hubiera preparado este lugar al hombre para edificar
en él una ciudad». Menos bondadosa es su impresión arquitectónica. Sin
duda amante de las grandes urbes con elevadas y majestuosas edificacio-
nes, critica la escasa calidad y altura de las viviendas de La Laguna. Tam-
bién le sorprende la ausencia de chimeneas, incluyendo las de las cocinas,
que explica por la práctica de tostar y quemar más que de asar. Sin em-
bargo, como tantos otros, alaba la regularidad del trazado urbano 73 . Otro
inglés, William Dampier, a finales de ese siglo proporciona un risueño re-
trato de la ciudad, aunque discrepa sobre la regularidad de las calles, que
sí considera anchas y hermosas. Es de los pocos visitantes que menciona
la Plaza del Adelantado y su entorno de bellas casas. Por lo demás, su es-
tampa placentera se centra en el verdor circundante de naranjos, limones,
huertas, parras, jardines .... 74 . Por entonces la ciudad tendría poco más de
7000 habitantes.
Ya en el siglo XVIII, el naturalista Louis Feuillée, en 1724, de modo
sorprendente le atribuye murallas a La Laguna cuando afirma que las aguas
de su lago llegaban hasta ellas. Por lo demás, coincide con Dampier en la
anchura de sus calles y en la cita de una bella y céntrica plaza cuadrada en
medio de un entorno de magníficas moradas 75 .

72
Leonardo Torriani, Descripción e historia del reino de las Islas Canarias, antes Afor-
tunadas, con el parecer de sus fortificaciones, Santa Cruz de Tenerife, 1978, ed. de A.
Cioranescu, págs. 188-189.
73
Buenaventura Bonnet, «Observaciones del caballero Inglés sir Edmund Scory acerca
de la isla de Tenerife y del Pico de Teide», El Museo Canario, núm. 8 (1936), págs. 58-59.
74
William Dampier. Viaje alrededor del mundo, citado por Joseph de Viera y Clavijo,
Noticias de la historia general de las islas Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 1971, ed. de
A. Cioranescu, t. Il, pág. 293.
75
M. Ángel Puig-Samper, Francisco Pelayo, El viaje del astrónomo y naturalista Louis
Feuillée a las Islas Canarias (1724), La Laguna, 1997, pág. 126.
112 ESTUDIOS CANARIOS [24]

Para un desafortunado emprendedor inglés como George Glas, más


atento al negocio, su visión en 1764 es un tanto desoladora 76 • Aunque re-
conoce la existencia de «hermosas casas particulares», tras subrayar la
inexistencia de vida mercantil, sentencia así: «la ciudad aparece, para un
extranjero que pase por ella, como desolada y casi deshabitada, pues ape-
nas puede ver a nadie por las calles, en la mayor de las cuales se puede ver
cómo crece la hierba ... ».
Una estampa aún más negativa corresponde a P. Kinderley, quien la
visita el mismo año que Glas. Esperaba el extranjero un panorama ma-
ravilloso, un conjunto selecto, para su gusto, de jardines, arquitectura y
arte, y se encuentra frente a lo que califica como «edificios pobres, su-
cios y pequeños», añadiendo para sorpresa del lector: «las monjas viejas
y sin ningún atractivo». Sí reconoce la amplitud y disposición regular de
las calles, y como contraposición unas características que enlazan con las
descritas por Glas: «pero muy poco adornada y silenciosa como la noche».
Igual que aquél, coincide en la función residencial de la capital para la
clase pudiente, en particular de la santacrucera77 . Muy explícito, rotundo y
escueto se muestra Cook en 1776, respecto a la decadencia de La Laguna,
al punto que según el inglés no merecía el nombre de ciudad, conceptuan-
do su trazado como muy irregular, si bien algunas calles las reputa anchas
y con ciertas casas limpias 78 .
Esta serie de miradas inglesas se interrumpe en 1786, casi en vísperas
de la Revolución francesa, con la visita de un galo, Fleuriot de Langre,
cuya percepción es tan concisa como curiosa: por un lado, corrobora la
tristeza que invadía la ciudad, pero la hallaba más hermosa que Santa Cruz:
encontraba «las calles más grandes, mejor pavimentadas y las casas mejor
construidas»; por otro, contraponía el carácter rudo, propio de los españo-
les, de los laguneros, que a su entender odiaban a los franceses, a la mayor
humanización de los santacruceros, derivado según él del trato mercantil
con los extranjeros79 . Al año siguiente el británico John White ofrece un
panorama que abarca cuatro aspectos: a) la referencia clásica al lago, casi
seco durante el estío; b) una ajustada descripción urbana, sobre todo con

76
George Glas, Descripción de las Islas Canarias 1764, La Laguna, 1976, ed. de Cons-
tantino Aznar, págs. 78-79.
77
P. Kinderley, Cartas desde la isla de Tenerife (1764), La Orotava, 1990, ed. de J. A.
Delgado Luis págs. 17-18.
78
J. Cook, Tercer viaje, en P. Kinderley: Cartas desde la isla... , ob. cit., págs. 34-35.
79
Jean M. Fleuriot de Langre, «Viaje de Fígaro a la isla de Tenerife», en Giovanni Boc-
caccio, De Canaria y de las otras islas nuevamente halladas en el océano allende España
(1341), La Orotava, 1998, edic. de J. A. Delgado Luis, pág. 131.
[25] LOS EXTRANJEROS EN LA LAGUNA DURANTE EL ANTIGUO RÉGIMEN 113

referencias a las iglesias y hospitales, destacando su buena impresión acer-


ca de las viviendas, pues observa «un número bastante grande de casas
bonitas»; e) la función residencial de la capital para la burguesía; d) la
existencia de una actividad económica vinculada al suministro marítimo:
vinos, trigo, aceite ... , y unas pocas manufacturas textiles de consumo in-
temoso. Cinco años más tarde Georges Staunton asevera que en la ciudad
no hay laguna. Debió visitarla en verano. Aparte de este dato, se detiene
en comentar la población reclusa, según él casi limitada a las muchachas
de escasos recursos condenadas por su «incontinencia». No le interesa la
fisonomía urbana, pues su relato lo completa una pincelada económica y
otra hidráulica, llamándole la atención la conducción centenaria de agua
mediante la sucesión de troncos acanalados de madera sobre postes que
descansaban en la tierras 1.
En el septenio 1796-1803 varios viajeros de diversas nacionalidades,
algunos de gran notoriedad, pasan por la ciudad y aportan información
de diverso calado. El primero es André-Pierre Ledrn, que además de la-
mentar la carencia de alojamiento, es el visitante foráneo que aborda una
explicación socioeconómica de carácter crítico sobre la realidad isleña al
tratar de argumentar el retroceso demográfico de La Laguna, pues apenas
alcanzaba ya los 8 000 habitantes, dibujando una situación de una mayoría
de población pobre y sin propiedades, forzada a emigrar de una ciudad sin
industria, bien hacia Santa Cruz o hacia Caracas. El francés incidía en otro
aspecto complementario de la crisis: la extraordinaria importancia y núme-
ro de un clero en cuyas manos estaba amortizada buena parte de la propie-
dad. La consecuencia era la ya retratada por otros extranjeros: La Laguna
como hogar de los privilegiados. Respecto a su apariencia y estructura, el
bosquejo de Ledru es benévolo: rúas derechas y amplias, plazas agraciadas
con fuentes. Completan su testimonio las alusiones al clima, subrayando la
humedad, la vegetación en las paredes y lo sorprendente que resultaba la
ausencia de chimeneas en un medio tan fríos 2 • Menos rica, por desgracia,
es la anotación del naturalista Humboldt, pues se limita a acentuar el perfil
clerical de la ciudad, a dibujar un vago retrato verde salpicado de ermitas

80
John White, «Viaje a Nueva Gales del Sur, Botany-Bay y Porto Jackson, en 1787,
1788 y 1789», en Ch. Van Beneden, Al noroeste de África: las Islas Canarias, La Orotava,
1995, ed. de J. A. Delgado Luis, págs. 106-108.
81
Georges Staunton, «Viaje de lord Macartney al interior de China y Tartaria durante
los años 1792, 1793 y 1794», en Ch. Van Beneden, Al noroeste de África... , ob. cit., pág.
63.
82
André-Pierre Ledru, Viaje a la isla de Tenerife, La Orotava, 1982, ed. de J. A. Del-
gado Luis, pág. 56.
116 ESTUDIOS CANARIOS [42]

campos y en sus talleres artesanales, curaron enfermos, promovieron obras


artísticas en una ciudad que actuó como capital consular de Canarias en la
etapa de mayor apogeo demográfico y mercantil de la isla. Los recién lle-
gados y sus descendientes contribuyeron a embellecer la urbe con nuevas
construcciones que hoy constituyen orgullo de sus habitantes, hasta llegar
a la etapa de decadencia de las últimas décadas del siglo XVIII, cuya crítica
estampa, languidez y declive, descritos por los viajeros foráneos e histo-
riados por los investigadores, no debe hacer olvidar que hubo un pasado
distinto, dinámico, abierto.
Historia y sociedad: las caras de Clío
y el Instituto de Estudios Canarios *

ROBERTO J. GONZÁLEZ ZALACAIN

Resumen. La Historia, corno rama de la ciencia, ha tenido una evolución impor-


tante en su concepción y en su proyección social, desde sus orígenes en la Grecia
antigua hasta el siglo XX. En el presente artículo se plantea una narración interpre-
tativa de ese proceso, con el objeto de contextualizar su función en nuestra socie-
dad actual. Por último, se reflexiona sobre la plasrnación de esta evolución en el
Instituto de Estudios Canarios, y se plantean una serie de propuestas de futuro para
que el Instituto mantenga el ánimo renovador que, desde sus orígenes, ha tenido en
su forma de concebir la Historia.
Palabras clave: Historia, sociedad, Instituto de Estudios Canarios, historio-
grafía.

Abstrae!. History has had an irnportant evolution in her conception and social
projection. In this paper we propase an interpretative story of this process, for
know her function in our current society. Finally, we study this evolution in the
Instituto de Estudios Canarios (Canary Islands), with a few ideas ofthe future of
the Instituto and the History.
Key words: History, society, Instituto de Estudios Canarios, historiography.

CUENTA LA mitología griega que de Zeus y Mnemónide nació Clío, una


de las nueve musas inspiradoras de las artes y las ciencias, consagrada al
arte de la historia. Las invocaciones a su figura son constantes. Vivimos el
bombardeo cotidiano de acontecimientos «históricos», en numerosas oca-
siones materializados en hechos cuya trascendencia futura difícilmente los
haría merecedores de tal calificativo. Pero, lamentablemente, estos casos
no son los más peligrosos, ya que como «históricos» se califican también
supuestos derechos inalienables a determinadas comunidades humanas,

' El presente texto corresponde, a grandes rasgos, a la conferencia de ingreso como


miembro del Instituto de Estudios Canarios de su autor, pronunciada el 23 de mayo de
2007. Véase la nota en la página web del IECan, http://www.iecan.es/iec/noticia~even­
to~id.php?id=120.
118 ESTUDIOS CANARIOS [2]

utilizadas de forma frecuente en la confrontación con otra comunidad o


estructura política.
Y sin embargo, entre el común parece haber calado la imagen de la
Historia como conocimiento marginal y erudito. Es muy habitual que los
historiadores seamos cuestionados acerca de la supuesta utilidad de nuestra
disciplina1, dudoso honor compartido por muy pocos ámbitos del conoci-
miento humano. A nadie se le ocurre preguntarle a un ingeniero o a un abo-
gado (por no aludir al sempiterno ejemplo de la medicina) para qué sirve
lo que hace. Pero lo peor es que cometemos el error de responder, y casi
siempre con argumentos un tanto vagos, cuando en mi opinión deberíamos
recurrir a la herramienta dialéctica de contestar con una nueva pregunta.
¿Es posible entender el mundo que nos rodea sin saber de dónde proviene?
O más concretamente, ¿hay alguien capaz de explicar sin utilizar la Histo-
ria por qué un grupo de homínidos en apenas unos miles de años ha pasado
a poder vivir en edificios de más de cien plantas, hablar en más de 6500
idiomas diferentes, o crear organizaciones políticas con la complejidad que
muestran nuestros actuales Estados?
Me temo que no, pero también estoy convencido de que tampoco po-
demos quedamos en el lamento por la escasa valoración social que tiene
nuestro trabajo, sin detenemos a pensar que en buena medida la culpa de la
situación actual la tenemos los historiadores. Bien sea porque casi siempre
ha sido considerada como un ejercicio de erudición elitista, o porque en los
momentos en que ha tratado de traspasar esas fronteras sus ambiciones tal
vez fueron demasiado elevadas, lo único cierto es que la sociedad de prin-
cipios del siglo XXI no considera imprescindible nuestro trabajo.
Vivimos tiempos difíciles, encerrados como estamos en nuestros pe-
queños campos de conocimiento y acosados por más intrusistas que en
cualquier otro oficio; pero creo que no debemos renunciar a que la Histo-
ria, con mayúsculas, ocupe un lugar importante en la forma, o las formas,
que tiene de modelar su visión del mundo nuestra sociedad. Lo que sigue
es mi modesta contribución al debate, acompañando a este discurso intros-
pectivo una serie de propuestas sobre el papel que para el caso de Canarias
puede desempeñar una institución de la tradición y trayectoria del Instituto
de Estudios Canarios.

1
Preferiría llamarlo ciencia, pero la utilización misma del concepto no suscita unani-
midad entre los historiadores; aunque en el sentido que aquí se hace pueden llegar a ser
calificados como sinónimos, la palabra «disciplina» está menos contaminada por el debate
historiográfico.
[3] HISTORIA Y SOCIEDAD: LAS CARAS DE CLÍO Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS 119

Debemos comenzar por reflexionar brevemente acerca de la evolución


de lo que se ha entendido por Historia desde los primeros escritores de la
Grecia clásica hasta nuestros días, ya que en esa evolución encontraremos
algunas de las claves que explican la situación actual. Allí nos encontramos
a los primeros «padres» de la disciplina. Heródoto de Halicamaso, griego
del Asia Menor que nos dejó en sus Historias 2 un amplio elenco de noticias
geográficas y etnográficas; o Tucídides, según la tradición dedicado al no-
ble oficio de historiar tras escuchar una lectura pública de Heródoto, y que
renovará en parte los postulados de su maestro al narramos su Historia de
las Guerras del Peloponeso.
Si Heródoto abogaba por una percepción directa de la realidad como
necesaria herramienta para el conocimiento real, Tucídides aporta a la dis-
ciplina una lectura del hecho histórico sin mediatizar por la acción de los
dioses. No hay lugar para lo maravilloso en su obra, sólo la voluntad de
poder, que es la que rige los designios de los acontecimientos. Encontra-
mos aquí ya la estructura básica de un tipo de historia que aún hoy tiene
cierto predicamento tanto entre algunos especialistas como entre el público
en general. Es la que los franceses dieron en llamar «historia evenemen-
cial», en la que el acontecimiento asume el centro del escenario narrativo
y explicativo.
El mundo romano supo asimilar buena parte de los ideales helenísticos
en su proceso de expansión imperial, y en su seno acogió las primeras
intenciones de creación de una historia universal. Eso pretendían las Histo-
rias de Polibio de Megalópolis, en las que se trasluce la idea de Tucídides
de que el curso de la historia puede ser susceptible de dominio por parte del
hombre. Su obra inaugura un período en el que los historiadores entienden
que el mundo romano es la única alternativa válida, y que se manifiesta
tanto en La guerra de las Galias de Julio César, como en los trabajos de
Cicerón, Plutarco, o Suetonio, y culmina en Tácito. Siendo un poco ven-
tajistas y estirando un poco el argumento, podríamos señalar éste como el
primer momento que vive un «fin de la Historia».
Sin embargo, este ideal se tambaleó con el progresivo deterioro del po-
der romano. Ammiano Marcelino, el último gran historiador pagano, ya no
puede hablar de la hegemonía del Imperio Romano, y la primera Historia
Universal se resquebrajaba. En el año 41 O las huestes visigodas de Alarico

2
Véase Amaldo Momigliano, La historiografia griega, Barcelona, Crítica, 1984. Una
curiosa edición de las Historias de Heródoto está disponible en la web en http://www.
ebooksbrasil.org/eLibris/nuevelibros.html#1, además de la siempre citada publicada por la
editorial Gredos entre 1987 y 1992.
120 ESTUDIOS CANARIOS [4]

saquearon Roma. Fue un golpe demasiado fuerte tanto para los pensadores
cristianos como para los paganos. En los primeros tiempos del cristianis-
mo el Imperio simbolizaba el mal, pero desde el siglo IV había sufrido una
reconversión ideológica, y pasado a simbolizar el organismo querido por
la Providencia. El debate generado entre partidarios de ambas religiones
acerca de la culpabilidad en la decadencia del Imperio ya no tenía senti-
do3. La historia Universal tuvo que dejar paso a la visión histórica de la
cristiandad medieval, que marcaría la forma de concebir la historia de una
manera tan profunda que, como veremos, en algunos aspectos ha llegado
hasta la actualidad.
Su primer gran representante, Agustín de Hipona, escribió precisamen-
te bajo la conmoción de la caída de Roma4 • El objetivo inicial de su obra
cumbre, La ciudad de Dios, se enmarca en el seno de esa polémica entre
paganismo y cristianismo, y era el de exculpar al cristianismo de los males
del Imperio, con el argumento de que gracias a la mediación de Dios mu-
chos romanos consiguieron salvar sus vidas. En la segunda parte expone su
explicación del desarrollo de las sociedades. Desde los inicios del mundo
la historia se ha desarrollado como el continuo enfrentamiento entre dos
ciudades, símbolo de una doble manera de comportarse según las leyes
divinas. Por un lado los que viven de acuerdo a ellas (la ciudad de Dios),
y por el otro los que lo hacen siguiendo bajo los preceptos mundanos (la
ciudad terrenal). El trabajo del historiador consiste en rastrear en cuál de
los dos modelos ha vivido cada una de las sociedades.
El otro gran planteamiento histórico de La ciudad de Dios señala que
la humanidad ha cubierto seis edades, iniciadas en Adán y culminadas en
el momento en que escribió su obra. Queda una séptima edad, la del reino
que no tiene fin, pero esa ya traspasa los límites de la historia humana y
se convierte en un tiempo transhistórico. San Agustín, por tanto, creía que
vivía en el «fin de la Historia». Esta serie de reflexiones generó toda una
corriente historiográfica en la Edad Media, reconocida por algunos autores
como agustinismo histórico 5 , que prima la explicación basada en la provi-
dencia divina como motor de la historia.

3 Ama1do Momigliano ( ed.), El conflicto entre paganismo y cristianismo en el siglo IV,

Madrid, Alianza Editorial, 1989.


4
La bibliografía sobre este pensador es ingente. Una buena y accesible selección de
textos la encontramos en Tomás Chuaqio, <<La ciudad de Dios de Agustín de Hipona: selec-
ción de textos políticos», Estudios Públicos, 99 (2005), págs. 273-390. Disponible en www.
cepchile.cl/dms/archivo_3650 _183 8/r99_ chuaqui_laciudad.pdf.
5
Emilio Mitre Femández, Historia y pensamiento histórico, Madrid, Cátedra, 1997,
págs. 32-35.
(5] HISTORIA Y SOCIEDAD: LAS CARAS DE CLÍO Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS 121

El legado de San Agustín es imponente, y marcará en buena medida lo


que será la percepción que el hombre medieval tendrá de la Historia, y por
ende de su presente. No obstante, esta visión convivirá con otra comple-
mentaria a lo largo de los siglos medievales, y con una mayor intenciona-
lidad política. La evolución de las diferentes monarquías europeas generó
un tipo de literatura que arrancó con historias de los diferentes pueblos
germánicos que se fueron asentando en los territorios del occidente medie-
val, ayudó en los proyectos de consolidación política de determinadas mo-
narquías, y desembocó en los grandes ciclos de crónicas de la época de la
plenitud del medievo 6 • Este tipo de literatura retomó la narración del acon-
tecimiento como herramienta de trabajo, careciendo en la mayor parte de
las ocasiones de cualquier tipo de espíritu crítico. A partir del siglo XVI se
institucionalizará la figura del cronista de corte, a la manera de un Florián
de Ocampo en Castilla o un Jerónimo Zurita en Aragón, poniendo, cada
cual a su manera, el relato histórico al servicio del poder que lo sustenta.
No obstante, esta visión ya no será unívoca. Benedetto Croce, uno de
los más importantes historiadores de los últimos siglos, señaló precisamen-
te esos años del tránsito entre el mundo medieval y el moderno como un
hito fundamental para la Historia, ya que «la negación de la trascenden-
cia cristiana fue obra de la época del Renacimiento» 7 • Mil años después
de la obra de San Agustín, el pasado podía volver a ser explicado sin la
intervención directa de Dios. Maquiavelo recurrirá a la Historia, además
de a la experiencia política, en ese compendio de teoría política que es El
Príncipe 8•
En los dos siglos siguientes conviven la gestación de algunos de los ejes
que sustentarán la disciplina en tiempos más recientes con obras cumbre
del neoprovidencialismo de corte agustiniano. Jean Mabillon, monje bene-
dictino, compuso en 1681 una De re diplomatica que aún hoy es obra de
obligada consulta para paleógrafos y diplomatistas, y daba impulso a una
importante corriente que primó la erudición y la crítica de fuentes. Ese
mismo año Jacobo Bossuet elaboró su Discurso sobre la Historia Univer-

6
Carmen Orcástegui Gros y Esteban Sarasa Sánchez, La historia en la Edad Media:
historiografía e historiadores en Europa Ocidental: siglos V-XIII, Madrid, Cátedra, 1991;
Gerardo Ortalli, «Gli affani Della storiografia. Tra crisi e sviluppo nel secolo XII», en
Renovación Intelectual del Occidente Europeo (siglo XII), XXIV Semana de Estudios Me-
dievales, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1997, págs. 119-134; y E. Mitre Femández,
Historia y pensamiento histórico ... , ob. cit.
7
Benedetto Croce, Teoría e historia de la historiografía, Buenos Aires, 1955, pág.
184.
8
Nicolás Maquiavelo, El Príncipe-La Mandrágora, Madrid, Cátedra, 1995.
122 ESTUDIOS CANARIOS [6]

sal, escrito con el objetivo de educar al heredero al trono de Francia, ya


que consideraba que la sucesión de los hechos históricos es un estudio ne-
cesario para los príncipes. Sin embargo, la plasmación de la obra no aporta
grandes novedades, y retoma la teoría providencialista de las siete edades.
En ese año conviven, pues, la última gran Historia según la visión cristiana
clásica del acontecer humano con una obra que dará carta de naturaleza al
análisis crítico y racional de lo contenido en los documentos elaborados
por el hombre.
El siglo XVIII ha sido identificado tradicionalmente como el del triun-
fo de la razón. La Ilustración, resumiendo tal vez en exceso, aspiraba en
esencia a independizar al hombre de todas las tutelas ejercidas hacia su
persona, tanto en el plano político como en el social, y muy especialmente
en el religioso. El camino para lograrlo residía en la ciencia y en el cono-
cimiento racional, es decir, a través de la razón, del entorno del hombre.
Esta interpretación ha sido muy matizada en las últimas décadas, entre
otras cuestiones porque muchas de las «Ilustraciones», como por ejemplo
la alemana o la escocesa, tuvieron un marcado carácter religioso. Como
bien ha señalado alguna autora, en el siglo XVIII «había que irse a París
para hacerle la guerra a Dios» 9 , por lo que la concentración de críticas a la
religión se hallaba en manos de unos pocos.
No obstante, es innegable que las ideas ilustradas tuvieron muy buena
parte de culpa en la creación del entorno ideológico propicio para elaborar
una visión laica del pasado, del presente y del futuro. Y los planteamientos
de muchos de los pensadores más renovadores de esa centuria tomaron
como uno de sus ejes argumentales básicos la historia. Montesquieu escri-
bió unas Consideraciones sobre las causas de la grandeza de los romanos
y su decadencia 10, aunque la mayor trascendencia para la disciplina la en-
contramos en El espítitu de las leyes 11 • En ella nos habla de los distintos
factores que inciden en la conformación de las realidades de los hombres:
el clima, la religión, las leyes, las costumbres. El carácter de los pueblos
iría en función de las diferentes combinaciones de estos otros elementos 12 •

9
Olwen Hufton, «¿Qué es la historia religiosa ahora?», en David Cannadine (ed.),
¿Qué es la historia ahora?, Granada, Almed, 2005, pág. 145.
10
Montesquieu, Grandeza y decadencia de los romanos, Madrid, Espasa-Calpe, 1962.
11
Montesquieu, El espíritu de las leyes, Madrid, Istmo, 2002.
12
Por estas argumentaciones el padre de la sociología incluye a ésta en la genealogía
de esta ciencia; Emile Durkheim, Monstesquieu y Rosseau, precursores de la sociología,
Madrid, Tecnos, 2000.
[7] HISTORIA Y SOCIEDAD: LAS CARAS DE CLÍO Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS 123

Voltaire nos dejó aún más obras de historia, centradas en reinados de


diferentes países, entre las que destaca sobremanera El siglo de Luis X/0 3•
Aunque la historia política centra su atención primordial, su intención va
más allá de narrar la historia individual de un solo hombre, ya que preten-
de ante todo hablar del espíritu de los hombres, para lo que ha de referirse
ineludiblemente a la vida artística, intelectual y material. Poco a poco la
Historia va introduciendo otros argumentos explicativos que enriquecen la
interpretación.
Si paramos en este punto y recapitulamos lo dicho hasta el momento,
se puede comprobar que la vida de Clío fue muy ajetreada hasta el Siglo
de las Luces. Y sin embargo, a pesar de las múltiples facetas que nos ha
mostrado hasta el momento, hay una característica que subyace de manera
relevante en todas las formas en que se ha manifestado la práctica histórica
en sus inicios: su evidente y marcado cariz elitista. Tanto los autores como
los destinatarios de los escritos históricos antes del siglo XIX pertenecían a
las elites de poder de los diferentes ámbitos sociopolíticos que hemos ido
viendo. En dicha centuria llegará el momento de que las masas comiencen
a hacer uso de la Historia. O al menos, de que alguien lo haga para ellas.
Será también el siglo que sufra la eclosión histórico-filosófica de va-
rias grandes formas de entender la disciplina que en cierta manera llegan
hasta nuestros días. Algunas, como el idealismo alemán, cuya máxima re-
presentación llegaría de la mano de Hegel, generaría una de las mayores
aberraciones del siglo xx, la Alemania nacional-socialista 14 • Otras, como
el positivismo de Augusto Comte o el materialismo histórico de Karl Marx
y Friedrich Engels, generarían modelos de comprensión y explicación del
pasado que, con una cierta evolución en las formas, aún hoy son practica-
dos por grupos importantes de historiadores, y también fueron utilizadas
para justificar regímenes totalitarios, aunque con una ideología en teoría
diferente.
Hemos llegado de esta forma, un tanto precipitada y dejando muchos
caminos sin mencionar, a la situación de la Historia a principios del siglo
xx. En sus primeros años, Emst Bemheim15 propugnaba que el trabajo del
historiador había pasado por tres momentos: un período inicial de marcado
carácter narrativo, en el que primó la relación de acontecimientos (mu-
chos de ellos legendarios); un segundo período de mayor pragmatismo,

13
Voltaire, El siglo de Luis XIV, México, Fondo de Cultura Económica, 19782 .
14
Mitre, Emilio, Historia ... , ob. cit., pág. 59.
15 Emst Bemheim, Introducción al estudio de la historia, Barcelona, Labor, 1937, págs.
9-15.
124 ESTUDIOS CANARIOS [8]

marcado por las personalidades de la historiografia clásica para quienes la


historia era fuente de experiencias (en otras palabras, la Historia corno ma-
gistra vitae), y un tercer período genético o evolutivo en el que la labor del
historiador se orientaba a explicar los hechos en función de las causas que
los habían determinado. Hasta cierto punto parece una esquernatización
razonable. Pero los caminos para lograrlo, cada vez son más numerosos.
Y la esencia de la idea, la capacidad del historiador para explicar, y no
sólo conocer, ocupa el escenario principal del debate historiográfico en la
actualidad.
Señalaba al inicio que los historiadores caernos en la trampa de respon-
der a las dudas que despierta la validez de nuestra disciplina de una forma
errónea, ya que entiendo que más allá de la Historia no hay otra manera de
conocer por qué la Humanidad funciona corno lo hace en el presente. Lo
que me he reservado antes es el cuestionarniento a este principio que hacen
algunos historiadores hoy, para los cuales a lo más que podernos aspirar es
a determinar el cómo del pasado histórico, y muy especialmente el cómo lo
percibieron las gentes del pasado.
En el centro del debate está el carácter de la Historia corno discipli-
na científica. Si tornarnos estrictamente la definición académica de cien-
cia, es probable que comiencen a surgir las primeras dudas: «Conjunto
de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento,
sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes
generales» 16 • Edward Hallet Carr, autor del que es probablemente el libro
más leído por los estudiantes de Historia de todo el mundo de la segunda
mitad del siglo XX, ¿Qué es la historia? 17, resumía los reparos puestos por
los pensadores que no consideran la disciplina histórica corno una ciencia
en estos cinco puntos: 1) la historia se ocupa sólo de lo particular, mientras
que la ciencia lo hace de lo general; 2) la historia no enseña nada; 3) la
historia no puede pronosticar; 4) la historia es subjetiva en esencia, ya que
el hombre se está observando a sí mismo; 5) la historia implica problemas
de religión y moralidad.
Tratar de rebatir cualquiera de estos argumentos implicaría hacer una o
varias publicaciones por cada punto, a cual de ellas más sesuda y reflexiva.
No es mi intención. Sólo quiero hacer dos apuntes relacionados entre sí. El

16
Búsqueda de la palabra ciencia en el Diccionario on-line de la Real Academia Españo-
la ( 19-05-2007). http://buscon.rae.es/draei!SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=ciencia
17
E. H. Carr, ¿Qué es la Historia?, Barcelona, Ariel, 1995, págs. 118-140.
[9] HISTORIA Y SOCIEDAD: LAS CARAS DE CLÍO Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS 125

primero es que un pensador de la magnitud de José Antonio Maravall 18 , o


también el propio Carr, ya apuntaban hace cuarenta años cómo la repetibi-
lidad de los fenómenos en la física o la biología no era tan absoluta como
se venía pensando. El segundo nos lleva a uno de los científicos españo-
les más importantes de la actualidad, el recientemente galardonado con el
premio Príncipe de Asturias de Ciencia, Juan Ignacio Cirac. Gracias a él
muchos de nosotros descubrimos que la segunda ley de la física cuántica
señala que un gato puede estar vivo y muerto a la vez 19 , duda que única-
mente podemos descifrar cuando lo observamos de forma directa. Para al-
guien de letras como nosotros se trata de una idea difícil de entender, pero
a primera de vista parece un duro golpe a la generalización de la ciencia
clásica. Y no digamos ya a la repetibilidad.
De todos modos, lo que sí es innegable es que a lo largo de los últi-
mos siglos hay multitud de historiadores que han considerado su trabajo
como científico, y han trabajado duro para ampliar su potencial explicati-
vo. Desde los primeros tiempos del historicismo, en que a través de unos
rígidos esquemas se pretendía confirmar que el historiador podía llegar a
unas verdades tan frías e incontrovertibles como las de cualquier otro espe-
cialista en ciencias naturales 20 , las distintas generaciones de historiadores
marxistas, cuantitativistas y analistas fueron aportando nuevas dimensio-
nes a los conceptos de «método» y de «fuentes». La historia de la primera
mitad del siglo XX muestra una trayectoria convergente con la sociología,
buscando ambas la creación de modelos explicativos de largo alcance para
sus propios objetos de análisis. Sin embargo, la paulatina ruptura de ese
paradigma historiográfico ha acercado a la historia a otra gran disciplina
del conocimiento humano, la antropología, en la que los historiadores han
encontrado herramientas útiles para conocer relaciones familiares, filiacio-
nes, sentimientos Puede suponerse por tanto que Clío, en el siglo xx, se ha
cambiado muchas veces de vestido. Y a veces los ha combinado.
El primero de ellos hunde sus raíces en tiempos muy remotos. La histo-
ria «historizante», «evenemencial», ya hemos visto que tiene sus primeros
practicantes en la Grecia clásica. De forma peyorativa se le ha adjudicado
el nombre de historia de las batallas, simplificando los postulados fun-

18
José Antonio Maravall, Teoría del saber histórico, Madrid, Revista de Occidente,
1967, págs. 58-59; Carr, E.H., ¿Qué es la historia?, ob. cit., pp. 125-126.
19
Esta afirmación se extendió en toda la prensa escrita con motivo de la concesión del
premio. Pueden verse algunos ejemplos en los siguientes enlaces: http://www.elcorreodigi-
tal.com/vizcaya!prensa/20070504/sociedadlcirac-dice-ordenador-cuantico_ 20070504 .html
20
Bien resumidos en Pi erre Salmon, Historia y crítica. Introducción a la metodología
histórica, Barcelona, Teide, 1972.
126 ESTUDIOS CANARIOS [10]

damentales y exponiendo a los practicantes de esta forma de entender la


disciplina como meros ordenadores de eventos. Sin embargo, ni la más
dura narración de hechos olvida en algún momento la explicación de esos
mismos hechos 21 •
Los otros vestidos, sin embargo, son más difíciles de individualizar y
ubicar desde el punto de vista geográfico. Señalé antes que probablemente
el libro de historia que más influencia ha tenido en la segunda mitad del
siglo XX ha sido ¿Qué es la historia? Curiosamente, está escrito por al-
guien que no desempeñó nunca cargo académico alguno relacionado con la
disciplina; sin embargo, planteó algunas de sus líneas básicas. En él se for-
mulaban una serie de preceptos, muchos de ellos en absoluto novedosos,
que en buena medida han regido el trabajo historiográfico de las últimas
décadas. Del materialismo histórico Carr tomó la primacía de las fuerzas
económicas y sociales a largo plazo, negando la importancia del individuo
o del hecho asilado, a lo que añadió una atención preferencial a la sociolo-
gía y a la causalidad, y un interés especial por la historia extra-europea.
Buena parte de la mejor historiografia anglosajona de las décadas que
siguieron a su publicación se escribió atendiendo al patrón señalado por
Carr. No obstante, lo cierto es que paulatinamente se fue cayendo en un
cierto desencanto hacia esta nueva historia social: la cuantificación no pa-
recía rendir tanto como se esperaba de ella22 , la sociología prestaba menos
ayuda de la deseable, y el hincapié en lo causal y lo analítico comenzó a
perder el atractivo que tuvo unos años antes 23 •
Mientras tanto, en el entorno historiográfico de influencia francesa, la
conocida como Escuela de Annales trató de hallar la fórmula para una his-
toria total que lograse la comprensión de la sociedad como un todo. Surgió
de la mano de Marc Bloch y Lucien Febvre, como un intento de supera-
ción de la historia narrativa, de la que se declaraba ferviente detractora.
Haciendo un uso sistemático de la amplia gama de ciencias humanas que

21
Aróstegui, Julio, La investigación histórica. Teoría y método, Barcelona, Crítica,
1995, p. 264.
22
Femández-Mayorales Palomeque, J., «Matemáticas de la historia (o de cómo Clío,
celosa de Urania, soñaba con ser de mayor una ciencia exacta», Memoria y civilización, 3
(2000), pp. 275-309.
23
Desencanto ya apuntado por Lawrence Stone en 1979, cuando alertó del retomo de
la narración al espacio historiográfico: Lawrence Stone, «The Reviva! of Narrative: Re-
flexions on a New Old History», Past & Present, 85 (1979), pp. 3-24, traducido al español
en «El resurgimiento de la narrativa: reflexiones acerca de una nueva y vieja historia», en
Lawrence Stone, El pasado y el presente, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1986,
pp. 95-120.
[11] HISTORIA Y SOCIEDAD: LAS CARAS DE CLÍO Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS 127

se habían ido consolidando (sociología, antropología, etnología, economía,


etcétera), buscaron la explicación del pasado más allá de las elites gober-
nantes, de los acontecimientos políticos y de las instituciones consideradas
como mero reflejo del poder y de los intereses de aquéllas. En cierta medi-
da tenía grandes paralelismos con la nueva historia inglesa, especialmente
por su interés por los acontecimientos colectivos.
Entre los años cuarenta y sesenta esta Escuela vivió un relevo genera-
cional que estuvo dominado por la gigantesca figura de Femand Braudel,
el creador de la teoría de los tres ritmos y «la longue durée» 24 • El desarrollo
histórico vendría determinado por la conjunción de tres tipos de aconteci-
mientos que, en función de su carácter, incidían de forma más o menos de-
terminante en el discurrir histórico. A esta segunda generación le sucedería
una tercera, en la que privan la antropología y la etnografía histórica, y
tendría en figuras de la talla de Georges Duby, André Burguiere o Jacques
Le Goff sus figuras más representativas.
A la par de estas dos grandes escuelas, el materialismo histórico, en
ocasiones evidente referente teórico en algunos de sus puntos de las otras
dos, siguió su propio discurrir. Sin embargo, su estrecha relación con los
partidos políticos comunistas hizo que, tras, la caída del Muro de Berlín,
se produjese un enorme desencanto entre sus practicantes de este lado de
la muralla. Hoy son pocos los historiadores que se reconocen materialis-
tas, aunque también es cierto que muchos de sus instrumentos de análisis
siguen vigentes.
Pero a pesar de la indudable efervescencia de toda esta panoplia de
propuestas teórico-metodológicas, lo cierto es que de alguna manera hoy
se consideran proyectos fracasados en sus ambiciones más grandes, produ-
ciéndose un retorno a las explicaciones de corte narrativista como supuesta
panacea de los males que aquejaban a Clío. Sin embargo, la vuelta de la
narración ya no se pudo llevar a cabo con los modos de hacer de los más
fervientes admiradores de las historias de batallas. Las décadas anteriores
habían asistido al florecimiento de un vasto muestrario de otras tendencias
que cambiaron la naturaleza de la investigación histórica. La influencia de
Michel Foucault, el posmodernismo y el «giro lingüístico»; el surgimiento
de la historia de las mujeres y su progresiva evolución hacia la historia de
género, el paso a la historia cultural y la reconfiguración de la historia im-

24
Teoría desarrollada en su obra más célebre. Braude1, Femand, El Mediterráneo y
el mundo mediterráneo en la época de Felipe JI, México, Fondo de Cultura Económica,
19762 .
128 ESTUDIOS CANARIOS [12]

perial, han marcado la pauta del trabajo de los especialistas en los últimos
tiempos.
Como se puede suponer, la historia social ha dejado de ser ese campo de
trabajo al que había que seguir y con ambición de abarcar una explicación
definitiva y total. En su lugar se ha ido asentando con un esquema que
ya no busca una explicación universal al acontecer histórico, sino que se
preocupa más por desentrañar distintas partes de la sociedad. Ello ha per-
mitido a ámbitos del conocimiento histórico cuasi denostados hasta épocas
recientes, como la historia política o la religiosa, volver a formularse y
plantear una serie nueva de interrogantes que las convierten en campos de
estudio sumamente atractivos para las nuevas hornadas de investigadores.
Este hecho, sin embargo, ha traído también consecuencias negativas, y a
pesar de que abogo por un planteamiento optimista que rescate las cualida-
des positivas del momento actual en que nos encontramos, lo cierto es que
dentro y fuera del ámbito académico hay una serie de críticas y retos que
hay que tratar de superar.
A mi entender, el principal problema que tiene la historia en la actua-
lidad es la tremenda fragmentación de nuestro trabajo. Ahora se escribe,
y se publica, tanta historia que muy pocos investigadores pueden seguir
siquiera una pequeña fracción de lo que se aparece en el mercado. En otras
palabras: todos sabemos cada vez más sobre menos. El desarrollo de tantas
nuevas subespecializaciones amenaza con producir una especie de chau-
vinisme subdisciplinar, en el que se trataría de primar la aproximación de
unas sobre otras para una mejor comprensión del pasado, perdiendo de
esta manera la perspectiva global necesaria para comprender la sociedad
que se está estudiando. A ese camino llevan determinados trabajos que uti-
lizan una jerga impenetrable, sólo apta para iniciados, que fracasa cuando
se trata de exponer a un público académico más amplio. Y si esto ocurre
entre los especialistas, qué no pasará cuando tratemos de exponer al gran
público, a fin de cuentas el que nos paga, el resultado de nuestras investi-
gaciOnes.
Esta es la situación actual de la Historia como disciplina. Sin embargo,
cuando planteé como título de estas reflexiones las distintas caras de Clío
no me refería a las variadas formas que han tenido los historiadores a lo
largo de los siglos de concebir la Historia, sino a la constatación de sus
tres grandes planos de existencia. El primero es al que le he dedicado toda
la argumentación preferente, destinada a trazar la genealogía de historia
académico-científica, con todos los peros ya expresados. Pero hay otros
dos planos fundamentales que los historiadores generalmente olvidan, y
que creo que debemos tomar conciencia de su existencia si no nos con-
[ 13] HISTORIA Y SOCIEDAD: LAS CARAS DE CLÍO Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS 129

formamos con el lamento por la escasa atención que el gran público nos
presta: el plano divulgativo y la historia genealógico-familiar.
Abarcar la faceta de divulgación de la Historia me parece uno de los
compromisos más urgentes a los que nos enfrentamos los historiadores de
este primer tramo del nuevo milenio. Y lo es por dos razones, relacionadas
y secuenciadas entre sí, sin las cuales no conseguiremos obtener los resul-
tados deseados. No se trata sólo de exponer a la ciudadanía el resultado de
nuestro trabajo, sino que a esta labor debemos añadir otra fundamental:
desterrar del imaginario colectivo todas aquellas interpretaciones erróneas
de nuestro pasado. Vayamos por partes.
En la exposición que he realizado anteriormente he incidido en dos
cuestiones que quiero retomar a continuación: el carácter religioso-provi-
dencialista de buena parte de la literatura historiográfica anterior al siglo
XIX, y el hecho de que los grandes avances en el pensamiento laico hayan
sido obra de unos pocos, sin tener en consideración la asunción del conjun-
to de la sociedad de esas nuevas ideas y valores.
Sólo si tenemos en cuenta la conexión de estos dos hechos podemos
entender que en el año 2006 haya abierto al público en los Estados Uni-
dos de América un Museo del Creacionismo25 , que conjuga una puesta en
escena visualmente muy atractiva con un total desprecio por el trabajo de
generaciones de historiadores, y prehistoriadores, que han demostrado que
hubo vida más allá del año 6000 antes de Cristo, y que el mundo tardó en
crearse bastante más de siete días. Y lo peor no es eso: los responsables
de este centro esperan un cuarto de millón de visitantes en su primer año
de existencia, necesarios para amortizar los más de 20 millones de euros
invertidos.
Es evidente que queda mucho trabajo pendiente para los historiadores.
Pero si continuamos haciéndolo en las aulas universitarias, difícilmente
vamos a poder cambiar la situación actual. Desconozco si hay encuestas
realizadas en nuestro país acerca del porcentaje de personas que creen fir-
memente en las tesis creacionistas, aunque aforturradamente la impresión
general es que es bastante menos del45% que arrojan las realizadas en los
Estados Unidos26 • Aunque también es cierto que en nuestro país abunda la
literatura de corte ocultista que trata de desvelar los secretos que celosa-
mente ocultamos los practicantes de la «ciencia oficial», empeñados como

25
Noticia publicada en el diario El País del diez de mayo de 2007, y que se puede en-
contrar en el siguiente enlace web: http://www.elpais.com/articulo/sociedad!Dios/Darwin/
elpepusoc/2007051 Oelpepisoc_ 5/Tes
26
Ibíd.
130 ESTUDIOS CANARIOS [14]

estamos en negar que los templarios ayudaron a Colón a descubrir América


con la información que celosamente guardaban en sus archivos ocultos.
Y no hablemos ya de las escalas hechas en Canarias por civilizaciones
perdidas, que aprovecharon la parada técnica para construir todo tipo de
vestigios de su presencia que sólo nosotros nos negamos a reconocer. ..
Permítaseme el uso de la ironía para tratar un tema tan serio, pero es
que lo que viene ahora es aún peor, y no admite broma alguna. Hablé al co-
mienzo de la estrecha conexión existente entre Historia y política, y cómo
ya desde la Edad Media se había buscado justificación y legitimación de
los poderes existentes en función de su relación con poderes del pasado27 •
El paso de los siglos no sirvió para mejorar ese aspecto, y la estrecha rela-
ción entre nacionalismo e Historia en la etapa contemporánea ha ayudado
a crear una serie de monstruos que en algunos casos aún colean en nuestra
realidad cotidiana28 •
Efectivamente, la Historia ha sido utilizada en los últimos siglos como
martillo forjador de espíritus nacionales, sea cual sea la nación que uno
quiera forjar. Los estados-nación del siglo XIX utilizaron el pasado como
herramienta ideológica en el proceso expansivo de la escolarización. Y en
el caso de España, la educación histórica que el estado franquista dispuso
para todos los españoles 29 contenía muchos de los principios historiográfi-
cos utilizados desde San Agustín a Florián de Ocampo y que hemos visto
anteriormente: una total parcialidad en la narración de los acontecimientos
y una interpretación de corte neoprovidencialista que equipara al caudillo
militar con algunos santos guerreros de épocas pasadas.
La última cara de Clío es la íntima y familiar, de marcado carácter ge-
nealógico, que mueve a un grupo nada desdeñable de personas a los ar-
chivos a la búsqueda de informes sobre su propio pasado personal. Este
interés no es ni mucho menos nuevo. Hay que tener en cuenta que la sig-
nificación y fuerza de la institución familiar había adquirido dimensiones

27
Un ejemplo magnífico y muy reciente sobre la utilización de la historia como legiti-
madora es el de Martín Ríos Saloma, «De la Restauración a la Reconquista: la construcción
de un mito nacional (Una revisión historiográfica. Siglos XVI-XIX)», En la España Medie-
val, 28 (2005), pp. 379-414. Disponible on-line en la página http://www.ucm.es/BUCM/
revistasBUC/portal/modulos. php ?name=Revistas2&id= ELEM
28
Véase el magnífico trabajo realizado sobre los distintos nacionalismos peninsulares
publicado en Carlos Forcadell (ed.), Nacionalismo e Historia, Zaragoza, Institución Fer-
nando el Católico, 1997.
29
Véase Joseph Fontana (ed.), Enseñar historia con una guerra civil de por medio,
Barcelona, Crítica, 1999, para poder medir la distancia entre una educación republicana y
otra de corte nacional-católico.
[ 15] HISTORIA Y SOCIEDAD: LAS CARAS DE CLÍO Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS 131

especiales en los reinos hispánicos, a raíz del fenómeno de diferenciación


étnico-religiosa y de limpieza de sangre que se produce entre los siglos
XVI y XVII, tras la expulsión de judíos y moriscos. Este factor tendrá como
consecuencia una innegable repercusión social, al penetrar ampliamente en
todas las esferas de la vida cotidiana. Ello dará pie a la redacción de his-
torias locales que justifican el glorioso, noble y, sobre todo, limpio pasado
respecto a la sangre musulmana o judía, que hacen que la preocupación por
la genealogía tenga aquí mayor significación que en otros ambientes de
Europa occidental. Esta búsqueda de limpieza de sangre en los antepasados
de los grupos dirigentes, enlaza y explica, a la vez, la tradición biográfica
que alcanzará en la historiografia española en los siglos posteriores, y que
tiene en el Diccionario Carraffa30 , en la biblioteca genealógica de Don Luis
de Salazar y Castro y, para el caso canario, el Nobiliario de Canarias 31 sus
principales puntos de referencia32 •
Y, sin embargo, este tipo de literatura ha sido frecuentemente denostada
por los especialistas, que sólo recurren a ella en la búsqueda de datos pero
no la toman en consideración como género. Cierto es que los objetivos y el
interés son distintos, diríase que mucho más limitados entre los genealogis-
tas. Pero no es menos cierto que buena parte de las personas que frecuentan
nuestros archivos históricos de todo tipo están interesadas en la vertiente
genealógica de los fondos que en ellos se custodian. Esto es demostrativo,
a mi entender, de un interés evidente por el pasado, aunque sea el propio.
Y mirar hacia atrás siempre ha sido la especialidad de Clío. El panorama,
como podemos observar por todo lo dicho, ofrece muchas sombras, pero a
la par hay un goteo de luces aquí y allá, una serie de herramientas muy úti-
les para mejorar la presencia de la Historia en la realidad social del entorno
en que nos movemos.
Proponía en mi título la estrecha imbricación entre historia y sociedad,
que en el caso que hoy nos ocupa podía verse ejemplificada, de forma
metafórica, en la relación presente y futura entre Clío y el Instituto de Es-
tudios Canarios. Fundado en 1932, contó entre sus miembros fundadores
con varios de los mejores especialistas en cuestiones históricas de la isla.

30
Diccionario Heráldico y Genealógico de Apellidos Españoles y Americanos (de An-
tonio y Alberto García Carraffa), Nueva Imprenta Radio, Madrid, 1958. Obra incompleta
por la muerte de ambos autores a principios del siglo xx. Los 87 vols. elaborados incluyen
desde A hasta URR.
31
Francisco Femández de Béthencourt, Nobiliario de Canarias, 4 vols., Santa Cruz de
Tenerife, 1952.
32
Véase al respecto Francisco Chacón Jiménez, et alii, Sin distancias: familia y tenden-
cias historiográficas en el siglo XX, Murcia, Universidad de Murcia, 2003.
132 ESTUDIOS CANARIOS [16]

Recientemente el Instituto ha celebrado su 75 aniversario, y tan importante


fecha ha sido la excusa para llevar a cabo una exposición retrospectiva de
su labor en estos tres cuartos de siglo33 • Gracias a ella hemos podido apren-
der cómo el Instituto de Estudios Canarios se situó desde el mismo mo-
mento de su fundación a la vanguardia de la investigación histórica. Entre
otras razones, porque acogió en su seno a los especialistas universitarios
en la materia, enriquecida además con algunas personas que, por distintas
circunstancias, no encontraron acomodo laboral en los puestos docentes de
la Universidad de La Laguna.
Gracias al Instituto, en Tenerife contamos con la que, probablemente,
sea la colección de documentación histórica publicada con mejor trayec-
toria de toda España. La colección Fontes Rerum Canariarum, que cuen-
ta con más de cuarenta volúmenes publicados, es un referente de trabajo
metódico y bien desempeñado, y sólo se ha visto superada en número de
publicaciones por regiones en los que el esfuerzo inversor tras el fin de la
dictadura franquista ha sido infinitamente superior al dispuesto por el Ins-
tituto. La colección se inició con la publicación en 1933 de la Conquista
de la Isla de Gran Canaria34, y de momento cuenta con cuarenta y cuatro
números. El último de ellos precisamente se publicó a finales del año 2007,
una crónica sobre las Islas hasta ahora inédita, obra del autor realejero Dá~
maso Quesada y Chaves.
Entre ese número de publicaciones destaca la labor realizada con las
Actas municipales del Archipiélago, tanto las de Tenerife como las de
Fuerteventura. Se trata, sin duda, de la mejor colección de actas munici-
pales publicada en toda España. Y tampoco tiene parangón la edición de
protocolos notariales, fundamental para poder conocer mejor el pasado del
archipiélago, y que cuenta con un total de trece títulos enmarcados en esta
colección. Mención especial merece Le Canarien, obra fundacional de la
Historia canaria, y que fue abordado con igual entusiasmo y ánimo reno-
vador en dos momentos distintos, a mediados del siglo xx por Elías Serra
y Alejandro Cioranescu, y ya a comienzos del siglo XXI por un equipo
interdisciplinar integrado por Eduardo Aznar, Antonio Tejera, Berta Pico y
Dolores Corbella.

33
Se puede realizar un recorrido virtual a través de los distintos paneles en la página
web del IECan, http://www.iecan.es/.
34
Para evitar una abrumadora carga de citas bibliográficas, remito al lector a la consulta
del Catálogo de Publicaciones del IECan, disponible en su página web, en la que encontrará
cumplida información de todas las obras que se citan a continuación.
[17] HISTORIA Y SOCIEDAD: LAS CARAS DE CLÍO Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS 133

La sección de Historia del Instituto siempre ha estado a la vanguardia en


sus postulados metodológicos, lo que se ha manifestado de forma evidente
en su labor editorial a lo largo de estos setenta y cinco años. Ello permite
que el catálogo de publicaciones del Instituto albergue algunos de los títu-
los más importantes de los principales historiadores del archipiélago de la
segunda mitad del siglo xx. Además de las obras recogidas en la colección
Fontes Rerum Canariarum, de por sí una línea de publicaciones absolu-
tamente innovadora en el panorama de la historiografía española contem-
poránea, otras muchas aportaciones fundamentales encontraron acomodo
editorial en esta insigne institución. De esta forma, Alejandro Cioranescu
publicó obras de la calidad de Colón y Canarias (1959), Thomas Nichols,
mercader de azúcar, hispanista y hereje (1963), Agustín de Bétancourt, su
obra técnica y cientfjica (1965), además de haber sido objeto él mismo de
una monografía, Alejandro Cioranescu: biografia intelectual de un com-
paratista (2007). Manuela Marrero publicó La esclavitud en Tenerife a raíz
de la conquista (1960), y El prebendado Don Antonio Pereira Pacheco (en
colaboración con Emma González Yanes en 1963, y reeditada en 2002).
Recientemente el Instituto ha tenido el honor de contar entre sus autores
con el insigne historiador canario Antonio Rumeu de Armas, al publicar la
reedición de su célebre La conquista de Tenerife (2006).
La lista de títulos es muy amplia, y valga la selección de los autores
antedicha para calibrar la calidad científica de las personas que han publi-
cado sus trabajos a través del Instituto. Aun así, no debemos olvidar otras
obras fundamentales para el conocimiento del pasado del archipiélago pu-
blicadas en la colección de monografías: Relaciones mercantiles entre In-
glaterra y los Archipiélagos del Atlántico Ibérico (1970), Los libertos en
la sociedad canaria del siglo XVI (1983), El azúcar en Tenerife (1991), La
vid y el vino en Tenerife en la primera mitad del siglo XVI ( 1998), o los más
recientes La vara y la espada. Control y descontrol de los oficiales reales
de Canarias después de la conquista (2004) y Familia y sociedad en Te-
nerife a raíz de la conquista (2006). Como vemos, no sólo del pasado vive
nuestra institución. Su sección de Historia en la actualidad cuenta con más
de setenta miembros, procedentes no sólo de las dos universidades cana-
rias, y de las peninsulares, sino también de otros ámbitos de la docencia o
incluso campos de trabajo afines, como puede ser el de archivos y museos.
Sus trabajos continúan la mejor tradición inaugurada por los Elías Serra,
Leopoldo de la Rosa o Alejandro Cioranescu, entre otros: la búsqueda de
la continua renovación metodológica.
Este hecho convierte al Instituto, a mi entender, en una plataforma ideal
para poder trabajar en la primera de las facetas de Clío, la Historia cientí-
134 ESTUDIOS CANARIOS [20]

fica de corte académico. Alejado de las trabas burocráticas que aquejan a


cualquier proyecto de colaboración que sobrepase los límites instituciona-
les de la Universidad, la calidad científica contrastada de los miembros de
la Sección de Historia, o incluso la colaboración que ya se está llevando a
cabo con los de otras secciones de Humanidades, deben consolidar y pro-
yectar al Instituto como el centro de referencia en la investigación del pasa-
do del archipiélago que ya es en la actualidad. Este trabajo es fundamental
para poder desempeñar otro de igual o incluso mayor importancia que el
anterior: el de la divulgación del saber histórico. Los propios estatutos fun-
dacionales recogían como uno de sus objetivos el de «fomentar la cultura
y estimular la crítica científica en las Islas». Esta intención se vio desarro-
llada con la celebración de las Jornadas de Estudios Canarios, encuentros
multidisciplinares destinados a divulgar el trabajo científico desarrollado
por los miembros del Instituto, y en los que la Historia desempeñó un lugar
fundamental en todas sus ediciones. Por ello, considero que, contando con
la tradición de las Jornadas de Estudios Canarios, y con la cercanía geo-
gráfica del centro de La Laguna, ciudad Patrimonio de la Humanidad, el
Instituto puede ayudar a la ciudad que le acoge, e incluso extendiendo su
labor divulgativa a otros lugares del archipiélago, a exponer los resultados
de esa investigación puntera que se esté desarrollando en su seno.
Pero esta propuesta no acaba ahí. La tercera cara de Clío también puede
tener cabida en esta casa. Es habitual encontrar en nuestra Biblioteca gente
que se ha acercado a consultar los fondos bibliográficos y archivísticos
del Instituto en busca de noticias interesantes para sus investigaciones de
corte genealógico-familiar. Pero estoy convencido además de que también
se puede ofrecer a los interesados en estas cuestiones formación para que
desempeñen esta afición con mayores probabilidades de éxito. A la sec-
ción de Historia pertenecen los mejores paleógrafos y archiveros de este
lado del archipiélago, además de especialistas en otros ámbitos del conoci-
miento histórico útiles para la consecución de estos objetivos. Además, la
legislación autonómica le otorga un papel relevante en materia de consulta
de todos estos temas, labor que se ha retomado muy recientemente, con la
celebración de un curso sobre Genealogía y Heráldica que ha contado con
los mejores especialistas nacionales sobre el tema35 •
En resumidas cuentas, lo que he querido transmitir a través de estas
páginas es que estoy convencido de que la Historia no ha finalizado. Aún
quedan muchas incógnitas por desvelar, pero sobre todo hace falta una
mayor presencia del pensamiento histórico en nuestra realidad cotidiana.

35
http://www.iecan.es/iec/noticia_evento _id.php?id= 152
[21] HISTORIA Y SOCIEDAD: LAS CARAS DE CLÍO Y EL INSTITUTO DE ESTUDIOS CANARIOS 135

Nuestra sociedad actual vive cada vez más de espaldas a lo que ha sido,
sin ser muy consciente de lo que eso puede acarrear. Pero para cambiar esa
realidad, los historiadores debemos trabajar en el triple plano que he pro-
puesto. Y qué mejor lugar que el Instituto de Estudios Canarios para poder
hacerlo con garantías de éxito, al menos en el entorno que nos compete: el
Archipiélago Canario.
MEDICINA y FARMACIA

Cambios en la densidad de masa ósea en mujeres


con cáncer de mama precoz que han recibido
quimioterapia adyuvante con y sin bifosfonatos

BEATRIZ ALONSO ÁLVAREZ, MARÍA REMEDIOS ALEMÁN VALLS,


L. MILVA RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, MARTA LLANOS MUÑOZ,
EMILIO GONZÁLEZ REIMERS, J. NORBERTO BATISTA LÓPEZ

Resumen. La quimioterapia adyuvante ha prolongado la supervivencia de las pa-


cientes con cáncer de mama no metastático, pero se ha visto que produce una dis-
minución de la densidad mineral ósea (DMO). Existe interés en estudiar el papel
de los bifosfonatos en prevenir la pérdida de masa ósea que se produce en estas
pacientes. Analizamos el efecto de la quimioterapia sobre la DMO en mujeres
con cáncer de mama no metastático que recibieron antes del primer ciclo ácido
zoledrónico intravenoso. Prospectivamente incluimos a 88 mujeres con cáncer de
mama no metastático (estadio I-III) seguidas en el Servicio de Oncología Médica
del Hospital Universitario de Canarias. Medimos la DMO en zona lumbar y cadera
al diagnóstico y después de la quimioterapia. La DMO aumentó de forma signi-
ficativa en el trocánter y cuello femoral, y permaneció estable en zona lumbar,
cadera total, intertrocánter y triángulo de Wards. La administración de un bifos-
fonato intravenoso reduce la pérdida de masa ósea que se produce después de la
quimioterapia en las mujeres con cáncer de mama no metastático.
Palabras clave: cáncer de mama, osteoporosis, bifosfonatos, quimioterapia.

Abstract. Adjuvant therapies have prolonged survival of non-metastatic breast can-


cer (NMBC) patients, but they also decrease bone mineral density (BMD). There
is increased interest in the potencial role of bisphosphonate drugs in preventing
and treating chemotherapy-induced bone loss. We have analyzed the effects of
chemotherapy on BMD of women with NMBC who received before first cycle
intravenous zoledronic acid. We prospectively included 88 women with NMBC
(stage I-III) referred to the Medica! Oncology Service of University Hospital of
138 ESTUDIOS CANARIOS [2]

Canary Islands. We measured lumbar and hip BMD at diagnosis, and after che-
motherapy. BMD after chemotherapy significantly increased trochanter and femo-
ral neck areas, and remained stable lumbar, total hip, intertrochanter, and Ward' s
triangle areas. Intravenous bisphosphonate (zoledronic acid) in our study have
demostrate a benefit in reducing the loss bone mineral density after chemotherapy
in women with NMBC.
Key words: Breast cancer, osteoporosis, bisphosphonates, chemotherapy.

INTRODUCCIÓN

El cáncer de mama es la neoplasia más frecuente en la mujer, funda-


mentalmente en occidente, representando la principal causa de muerte en-
tre los 35-54 años. Su incidencia en la Europa mediterránea oscila entre
24-40/100000 mujeres/año, mientras que en España la tasa bruta es de
49/100000 mujeres/año (Martin, 2004).
Los datos del Registro Poblacional del Cáncer de Canarias reflejan que
representan hasta el 32% de los casos de tumores malignos entre la pobla-
ción femenina, lo que quiere decir que 1 de cada 3 tipos de cáncer diagnos-
ticados en mujeres es de mama.
El tratamiento adyuvante en el cáncer de mama en estadio precoz ha
supuesto una mejora importante en el pronóstico de las mujeres afectas por
este tumor. La quimioterapia combinada, la radioterapia, y para aquellas
con receptores hormonales positivos, el uso de tratamiento hormonal, han
disminuido la frecuencia de recidiva e incrementado la supervivencia de
estas pacientes. Pero, a su vez, estos tratamientos tienen gran cantidad de
efectos secundarios, siendo la osteoporosis, en particular, uno de los más
importantes por las repercusiones que puede ocasionar a la larga en una
población tan amplia como es la de las mujeres que han sufrido cáncer de
mama, empeorando su calidad de vida, ya mermada en algunas ocasiones
por las secuelas producidas por el tumor y su tratamiento.
La osteoporosis es el resultado de una alteración en el remodelado óseo
que es siempre debida a un desequilibrio entre la formación y la resorción
ósea, con predominio de esta última, que conduce tanto a la pérdida de
masa ósea como al desarrollo de las alteraciones microestructurales que
denominamos calidad ósea.
La mayoría de los pacientes osteoporóticos no padecen otras enferme-
dades responsables de su trastorno y su pérdida ósea se encuentra ligada
a dos factores: la menopausia y el envejecimiento. En la mujer, la fase de
pérdida ósea acelerada se inicia en la menopausia, se relaciona estrecha-
[3] CAMBIOS EN LA DENSIDAD DE MASA ÓSEA EN MUJERES ... 139

mente con el cese de la función ovárica y se puede prevenir con tratamien-


to sustitutivo estrogénico, considerándose, por tanto, que la deficiencia de
estrógenos es el mecanismo central de la osteoporosis posmenopáusica.
El mecanismo por el que la deficiencia de estrógenos origina pérdida ósea
no se conoce en su totalidad. Las células óseas presentan receptores de es-
trógenos, y la deficiencia estrogénica origina un desequilibrio del remode-
lado óseo con predominio neto de la resorción. Estos efectos directos sobre
el hueso se explican a través de cambios en numerosas citocinas y factores
de crecimiento en el microambiente óseo, ya que los estrógenos intervie-
nen en la regulación de numerosas citoquinas y de factores relacionados
con las citoquinas que participan en la diferenciación de los progenitores
de los osteoclastos y su supervivencia, como son la interleukina-1, la inter-
leukina-6, el factor de necrosis tumoral y la osteoprotegerina.
Los estrógenos actúan, por tanto, de forma directa e indirecta, impi-
diendo la resorción ósea. La pérdida de este efecto como consecuencia
de una menopausia precoz se traduce en un incremento en la formación y
supervivencia de los osteoclastos. Ante este déficit estrogénico se produce
un incremento compensatorio de la formación ósea que resulta insuficiente
probablemente porque también se pierde el estímulo que los estrógenos
provocan sobre determinados factores de crecimiento importantes para la
formación ósea como son TGF ~ (transforming growth factor) y el IGF-1
(insulin growth factor) (Weitzmann, 2006).
Esta pérdida de masa ósea se produce también en mujeres jóvenes con
amenorrea secundaria a una alteración en la liberación de la GnRH y fallo
ovárico precoz provocado por la quimioterapia.
La insuficiencia ovárica generalmente se desarrolla dentro del primer
año de tratamiento en el 63%-96% de las mujeres premenopáusicas con
cáncer de mama que reciben tratamiento adyuvante con ciclofosfamida,
metotrexate, 5- fluorouracilo, adriamicina y ciclofosfamida, observándose
además en distintos estudios que las mujeres que se quedan menopáusicas
después de quimioterapia tienen un 14% (p s 0.05) menos de densidad
ósea lumbar comparadas con aquellas que continúan menstruando (Veh-
manen, 2001; Harvey, 2004).
La osteoporosis es, por tanto, un problema frecuente en mujeres con
cáncer de mama, en las que se ha visto que la incidencia anual de colapso
y fractura vertebral es casi cinco veces mayor en los años siguientes al
diagnóstico comparada con los controles (Shapiro, 2005) .
Los bisfosfonatos son los fármacos de elección para prevenir la pér-
dida de masa ósea y tratar la osteoporosis en pacientes con cáncer (Reid,
2002).
140 ESTUDIOS CANARIOS [4]

Además del tratamiento con bisfosfonatos, otras maniobras no farma-


cológicas pueden ayudar a mejorar la salud del hueso con el objetivo de
reducir el riesgo de fractura en pacientes que reciben tratamiento para el
cáncer: una dieta con consumo adecuado de proteínas que mantenga la
resistencia muscular y el peso corporal, y un consumo adecuado de vita-
minas y minerales. Como el calcio y la vitamina D son esenciales para la
formación y el mantenimiento del hueso, hay que recomendar un consumo
adecuado de alimentos ricos en estos elementos y una exposición al sol
adecuada. Los que no consigan un consumo adecuado con la alimentación
deben tomar suplementos orales de calcio y vitamina D. La dosis recomen-
dada de calcio es 1200 mg/día y de vitamina D debe oscilar entre 400-800
IU diarias (Whyte, 2006).
Realizar ejercicio de forma regular puede mejorar la resistencia del hue-
so y la movilidad en los pacientes con cáncer y riesgo de pérdida ósea.
Los pacientes con cáncer, por tanto, tienen un riesgo elevado de pér-
dida ósea y fractura, no sólo por su enfermedad y riesgo relacionado con
su edad sino también por los tratamientos recibidos. Esta pérdida de masa
ósea tiene serias consecuencias clínicas, incremento del riesgo de fracturas
y otras morbilidades que pueden empeorar la supervivencia. El reconoci-
miento de la magnitud de este problema y una identificación precoz de los
pacientes con riesgo de pérdida de masa ósea son la clave para un abordaje
eficaz. Preservar la densidad mineral ósea debe ser objetivo importante en
el tratamiento de las pacientes con cáncer y no considerarlo simplemente
como tratamiento de soporte. Los pacientes de alto riesgo deben tener un
estudio precoz y regular de la densidad de masa ósea, así como de los fac-
tores de riesgo para pérdida de la misma, aportando las medidas necesarias,
si las hubiera, para prevenir la aparición de la misma. Además de adminis-
trar el tratamiento necesario, debemos también educarlas para que tomen
un papel activo en la modificación de su estilo de vida, dieta, ejercicio ...
Esta actitud positiva frente a la necesidad de una adecuada salud del hueso
ayudará a mantener la densidad mineral ósea, minimiza el riesgo de frac-
tura y mejora la calidad de vida de los pacientes con cáncer en tratamiento
(Greep, 2003).
Por lo descrito hemos querido analizar las características epidemioló-
gicas de nuestras pacientes con cáncer de mama no avanzado que fueron
diagnosticadas y tratadas en el Servicio de Oncología Médica del Hospital
Universitario de Canarias durante un periodo de 6 años (2001-2007). Tam-
bién, en un primer estudio, quisimos conocer el efecto que tiene el trata-
miento adyuvante con quimioterapia sobre la masa ósea en estas pacientes,
comparándolas previamente con un grupo control, para valorar si parten
[5] CAMBIOS EN LA DENSIDAD DE MASA ÓSEA EN MUJERES ... 141

de una misma densidad ósea; y en un segundo estudio, una vez demostra-


da la disminución de la masa ósea en estas mujeres tras la quimioterapia,
quisimos valorar si estos cambios en la densidad mineral ósea sufridos en
las pacientes con cáncer de mama en estadio precoz que recibían quimiote-
rapia adyuvante se modificaban al administrar previamente un bifosfonato
intravenoso que en este caso fue el ácido zoledrónico.

Pacientes y método

Realizamos dos estudios prospectivos consecutivos aprovechando los


resultados del primero para llevar a cabo el segundo. Primeramente las
características epidemiológicas se analizaron en 237 pacientes. El primer
trabajo consistió en medir la masa ósea de 83 mujeres diagnosticadas de
cáncer de mama precoz, antes y después de recibir tratamiento adyuvante
con quimioterapia. Los resultados previos al inicio de tratamiento se com-
pararon con los obtenidos en 55 mujeres sin cáncer. Realizamos entonces
un segundo trabajo donde valoramos la densidad de masa ósea antes y
después de la quimioterapia adyuvante en 88 pacientes también diagnosti-
cadas de cáncer de mama precoz, pero esta vez administramos previamente
bifosfonato intravenoso (ácido zoledrónico, a dosis de 4 mg) con el objeti-
vo de estudiar si disminuía la pérdida de masa ósea observada en el grupo
anterior. La densidad mineral ósea se midió mediante absorciometría ra-
diológica de doble energía (DXA), determinándose la misma en columna
lumbar y varias localizaciones en la cadera (cuello femoral, áreas trocan-
téreas e intertrocantéreas, y triángulo de Ward), y mediante parámetros
analíticos (fosfatasa alcalina, LH, FSH, 17-estradiol, cortisol, osteocalcina
sérica, y deoxipiridolinas en orina).

RESULTADOS

Estudio epidemiológico

La edad media de las pacientes era de 56±15 años, encontrándose la


mayoría, un 65,9%, en un estadio II, seguidas de un 21.8% en estadio I
y un 12.3% en estadio III. Al igual que lo descrito en otros estudios, el
diagnóstico histológico más frecuente fue el de carcinoma de mama ductal
infiltrante no metastático. El índice de masa corporal fue de 28,2 kg/m2
(rango 19,2-42,1). El 60.5% eran mujeres menopáusicas, y del 39.5% de
142 ESTUDIOS CANARIOS [6]

las mujeres premenopáusicas, el 70% quedó con amenorrea postquimiote-


rapia. Encontramos que un 85% de las pacientes tenían receptores estróge-
nos y progesterona positivos y un 10% tenían receptor Her2 positivo.
Cuando comparamos nuestro grupo de pacientes con las del gru-
po control no encontramos diferencias significativas en cuanto a comor-
bilidad (diabetes, hipertensión arterial, hiperlipemia, cardiopatía), ni en el
consumo de alcohol, tabaco o café, ni tampoco en cuanto a la alimentación
definida según una dieta estándar canaria. Las únicas diferencias de interés
fueron que las pacientes con cáncer de mama tenían un índice de masa cor-
poral mayor (28.3±4.9 vs 26.3±3.5), habían tenido más hijos y practicaban
menos ejercicio físico que las controles.

Efecto de la quimioterapia adyuvante sobre la densidad de masa ósea:

• Quimioterapia sin administración previa de bifosfonato intravenoso.

El resultado más relevante, tras realizar la densitometría (Tabla I), es un


descenso significativo de masa ósea tanto en los valores de la densitometría
de la columna lumbar como en los de las áreas de trocánter, intertrocánter,
cuello femoral y cadera total, cuando comparamos los resultados obtenidos
antes y después de quimioterapia.

TABLA I

prequimioterapia postquimioterpia p
DMOlumbar 0,98±0,13 0,96±0,12 <0,001
DMO cuello femoral 0,79±0,13 0,78±0,12 0,041
DMO trocánter 0,69±0,10 0,67±0,10 0,001
DMO intertrocánter 1,09±0,16 1,08±0,15 <0,001
DMO triángulo de Ward 0,92±0,13 0,70±1,46 0,046
DMO cadera total 0,65±0,17 0,64±0,15 0,265

En cuanto a los valores en sangre y orina (Tabla II), encontramos una


elevación significativa de la fosfatasa alcalina y la PTH, mientras que la
osteocalcina y la deoxipiridolina en orina, si bien aumentaron, no alcanzó
[7] CAMBIOS EN LA DENSIDAD DE MASA ÓSEA EN MUJERES ... 143

la significación estadística. En la evaluación del estado hormonal encon-


tramos una clara elevación de la LH y la FSH, con una disminución del
estradiol.

TABLA II

prequimioterapia postquimioterpia p
F osfatasa alcalina 177.6±60 202±0,56 <0,001
Osteocalcina 9.34±9 10.45±11 NS
PTH 36.27±24 44.54±26 0,001
LH 16.8±14.2 28.90±15 <0,001
FSH 33.74±32 63.14±31 <0,001

• Quimioterapia con administración previa de bifosfonato intravenoso.

En la segunda parte del trabajo, dada la disminución de la masa mineral


ósea observada tras la administración de la quimioterapia adyuvante, de-
cidimos estudiar si podíamos mejorar este efecto secundario con la admi-
nistración, previa al inicio de tratamiento, de un bifosfonato intravenoso,
utilizándose en nuestro trabajo el ácido zoledrónico, con el objetivo de
disminuir la aparición de osteoporosis en estas pacientes. Al comparar los
resultados obtenidos en la densitometría realizada antes y después de la
quimioterapia, esta vez, al contrario de lo que había ocurrido en el anterior
estudio, encontramos una mejoría sustancial de la pérdida de masa ósea
tras la quimioterapia adyuvante, consiguiéndose la significación estadísti-
ca en la localización del cuello femoral y en el trocánter. Por tanto, no sólo
no encontramos disminución significativa de la densidad de masa ósea tras
la quimioterapia sino que incluso llegó a experimentarse un aumento de la
misma en todas las localizaciones, excepto en el triángulo de Ward, donde
hubo una disminución no significativa (Tabla III).
144 ESTUDIOS CANARIOS [8]

TABLA III

prequimioterapia postquimioterpia p
DMO lumbar 1 ,00±0,16 1,01±0,17 0,901
DMO cuello femoral 0,80±0,13 0,82±0,12 0,002
DMO trocánter 0,71±0,11 0,72±0,10 0,006
DMO intertrocánter 1,09±0,15 1,10±0,15 0,115
DMO triángulo de Ward 0,94±0,13 0,93±0,16 0,830
DMO cadera total 0,68±0,18 0,69±0,16 0,766

En cuanto a los parámetros analizados en sangre y orina (Tabla IV),


encontramos una disminución significativa de los marcadores de forma-
ción ósea (fosfatasa alcalina y osteocalcina en sangre y deoxipiridolina en
orina) y un aumento de marcadores de resorción (PTH).

TABLA IV

prequimioterapia postquimioterpia p
Fosfatasa alcalina 78,77±22,03 68,69±23,26 0,001
Osteocalcina 12,89±9,92 7,58±4,88 <0,001
PTH 41,64±27,36 66,79 ±87,85 0,037
LH 17,88±15,86 26,19±16,35 0,003
FSH 40,76±33,14 62,51±29 ,52 <0,001
estradio1 49,92±71,70 24,18±15,18 0,011
Deoxipiridolina orina 11.7±4.5 9.5±5.1 0.001

Análisis de varianza

Tras los resultados obtenidos en los cambios de la densidad mineral ósea


en mujeres con cáncer de mama en tratamiento quimioterápico adyuvante,
con o sin administración de bifosfonatos previo al mismo, realizamos un
análisis de varianza con dos colas para ponderar la evolución de los valores
de la masa ósea en estos casos, y encontramos diferencias significativas
en el comportamiento en todas las áreas estudiadas (Figura 6) excepto en
[9] CAMBIOS EN LA DENSIDAD DE MASA ÓSEA EN MUJERES ... 145

cadera total y triángulo de Ward; si bien no se consiguió diferencias signi-


ficativas, se observó una menor disminución en el caso de la cadera total,
y un ligero aumento en el caso del triángulo de Ward.

FIGURA 6. ANÁLISIS DE VARIANZA

cambios en la DMO en cuello femoral cambios en la DMO lumbar

0,830
-BF+QT -BF+QT
~--QT
¡::¡
E
~ 0,820
rn

.
.
~
E
~0,810
5
o
o"
0,800

preQT postQT preQT postQT


tiempo tiempo

cambios en la DMO intertrocánter cambios en la DMOtrocánter

1,110 0,725
-BF+QT -BF+QT
-QT 0,720 -QT

<g ¡::¡0,715
~ 1,100 E
.::!! ~0,710
~
-~ i
.
~ 1,090
-~
0,705

_g 0,700
o
o i'l 0,695
"o 1,080 0,690
p<O.OOl p <.0.001
0,685
L----r------~--~
preQT postQT preQT postQT
tiempo tiempo
146 ESTUDIOS CANARIOS [10]

DISCUSIÓN

Según el Registro Poblacional del Cáncer en Canarias, la incidencia del


cáncer de mama en nuestra comunidad es similar a la de otras zonas del
territorio español, siendo también el tipo histológico más frecuente en las
distintas series el cáncer ductal infiltrante. En nuestro medio, por tanto, las
mujeres con cáncer de mama tienen unas características epidemiológicas
y presentan una evolución en el tiempo muy similar a las del resto de la
población occidental. En el estudio de masa ósea, hemos encontrado que la
quimioterapia adyuvante administrada a mujeres con cáncer de mama no
avanzado produce una disminución a corto plazo de la misma en las locali-
zaciones de columna lumbar, trocánter, región intertrocantérea y cadera to-
tal. En un intento de disminuir la incidencia de osteoporosis en estas muje-
res, mejorando así su calidad de vida, realizamos un segundo estudio donde
administramos a nuestras pacientes un bifosfonato intravenoso justo antes
del inicio de la quimioterapia adyuvante y realizamos el estudio de masa
ósea antes y después de finalización de la misma. Encontramos que no sólo
no había disminución de la masa ósea en ninguna de las áreas estudiadas,
como ocurría en el anterior trabajo sin administración de bifosfonatos, sino
que incluso conseguíamos en algunas zonas un aumento estadísticamente
significativo de la misma. El motivo de utilizar un bifosfonato intravenoso
como ocurre en el caso del ácido zoledrónico, fue principalmente con la
idea de disminuir los efectos secundarios que pudiera acarrear la formula-
ción vía oral, y que se sumaría a los ya muchos problemas digestivos que
pueden tener estas pacientes secundarios a la propia quimioterapia.
Como es sabido, tanto el propio cáncer de mama como los tratamientos
utilizados para luchar contra la enfermedad suponen múltiples agresiones
para la mujer, como la osteoporosis, lo que puede acarrear importantes li-
mitaciones que van desde alteraciones físicas hasta secuelas psicológicas,
llegando incluso en plazo más largos a un deterioro de su capacidad laboral
y adquisitiva. La suma de todos estos factores conlleva un empeoramiento
de la calidad de vida. Teniendo en cuenta la edad media de presentación de
esta neoplasia, que ocurre en mujeres habitualmente con actividad física
al menos moderada, es muy importante, con vistas a su calidad de vida en
el futuro, poder prevenir una enfermedad y, con ello, sus complicaciones,
como es la osteoporosis.
[11] CAMBIOS EN LA DENSIDAD DE MASA ÓSEA EN MUJERES ... 147

BIBLIOGRAFÍA

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WHYTE MP. 2006. The long and the short ofbone therapy. N Eng J Med. 354:860-
3.
Análisis químico del hueso: isótopos estables
en estudios paleodietéticos

EMILIO GONZÁLEZ REIMERS


MATILDE ARNAY DE LA ROSA

Resumen. Se revisan los principales aspectos relativos a la información que pro-


porcionan, desde un punto de vista paleodietético, la determinación de isótopos
estables de carbono, nitrógeno, hidrógeno, oxígeno y azufre. Se dan a conocer los
resultados preliminares obtenidos en muestras antropológicas de Las Cañadas del
Teide.
Palabras clave: isótopos estables-oxígeno-carbono-nitrógeno-hidrógeno-azu-
fre-Cañadas del Teide.

Abstract. The rnain information relative to paleodiet which can be derived frorn
stable isotope determination of oxygen, hydrogen, nitrogen, carbon and sulphur is
reviewed. We also report sorne prelirninary results of carbon and nitro gen isotopes
frorn anthropological sarnples frorn Las Cañadas del Teide.
Key words: stable isotopes-oxygen-carbon-nitrogen-hydrogen-sulphur-Las
Cañadas del Teide.

INTRODUCCIÓN

En aportaciones previas en esta revista hemos abordado la información


que el análisis químico del hueso puede proporcionar sobre la paleodieta
(González Reimers y Amay de la Rosa, 2008), como herramienta com-
plementaria de lo que podemos inferir de un análisis detallado de la den-
tadura. Como es conocido, el análisis químico incluye la determinación
de oligoelementos en hueso, en la actualidad restringidos de manera casi
exclusiva al bario y estroncio (Ezzo, 1994; Balter, 2004), y la de isótopos
estables. Recientemente, el desarrollo de los estudios de estos últimos ha
sido considerable; nos proponemos en el presente trabajo dar a conocer
algunos resultados preliminares obtenidos en muestras antropológicas de
Las Cañadas del Teide, al tiempo que revisamos la situación actual del
conocimiento relativo a los isótopos estables, profundizando en aquellos
que proporcionan información sobre la dieta consumida. No hablaremos
150 ESTUDIOS CANARIOS [2]

por lo tanto de los isótopos del estroncio, dado que el objetivo principal de
su estudio es la movilidad migratoria (diferentes proporciones de isótopos
se observan en distintas áreas geográficas, y el estroncio se incorpora a la
fase mineral del hueso), aunque algunos datos apoyan que también puede
usarse para discernir dieta marina de dieta terrestre (Sealy et al., 1991 ).

l. EL COLÁGENO DEL HUESO

El tejido óseo está compuesto, en un 70% de su peso seco, por sales


inorgánicas (fosfato cálcico en un 85%; también carbonato cálcico (10%),
fluoruro cálcico y fosfato magnésico) dispuestas sobre una matriz proteica
denominada osteoide (Bargmann, 1968). Esta matriz proteica o cemento
es rica en proteoglicanos y glucosaminoglicanos, y configura un sistema
coloidal semilíquido en el que están empotradas las fibras de colágeno.
El colágeno -que supone un 25% del peso seco del hueso- es una es-
tructura compleja, extremadamente resistente a la degradación, formada
por macromoléculas que, dispuestas en haces, adoptan una configuración
fibrosa (Rojkind y Dunn, 1980).
Como toda proteína, las fibras de colágeno están constituidas por ami-
noácidos. Como su nombre indica, un aminoácido tiene un esqueleto de va-
rios carbonos unidos entre sí, al que se le añaden radicales ácido (COOH) y
amino (NH2). En un fragmento de colágena, la secuencia de aminoácidos
puede ser diferente de la de otro fragmento de la misma macromolécula,
pero la relación carbono/nitrógeno se mantiene siempre entre 2.9 y 3.6.
Este dato es importante, ya que aunque el colágeno es extremadamente
resistente y puede durar miles de años, también puede ser degradado por
proteasas bacterianas. Por lo tanto, la cuantía relativa de carbono y nitró-
geno debe ser tenida en cuenta en cualquier estudio en el que se analice el
colágeno presente en restos antiguos (Ambrose, 1990).
Como hemos dicho, cuatro son los elementos constitutivos de los ami-
noácidos: carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno. Además, algunos
aminoácidos contienen también azufre. Los átomos constitutivos de los
aminoácidos provienen del alimento. Así, por ejemplo, lípidos e hidratos
de carbono pueden proporcionar carbono, oxígeno e hidrógeno, elementos
que sirven tanto para fabricar el esqueleto del aminoácido (su secuencia
carbonada) y su grupo ácido terminal antes mencionado (COOH), como
-junto con el calcio- generar los cristales de carbonato cálcico (Ca C03)
o -junto al sodio- el bicarbonato sódico (Na H C03). El aminoácido
formaría parte de la colágena, mientras que los carbonatos formarían parte
[3] ANÁLISIS QUÍMICO DEL HUESO: ISÓTOPOS ESTABLES EN ESTUDIOS PALEO DIETÉTICOS 151

del hueso. El nitrógeno, en cambio, debe ser aportado por las proteínas
dietéticas, ya que no forma parte de la estructura habitual de hidratos de
carbono simples y lípidos (Nelson y Cox, 2005).
Con carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno, el organismo podría fa-
bricar, en teoría, cualquier aminoácido y, por extensión, cualquier proteína.
Esto es cierto para la mayoría de ellos, pero hay algunos, denominados
aminoácidos esenciales, que deben ser aportados por la dieta, al carecer
el ser humano de la dotación enzimática necesaria para su síntesis. En la
colágena hay aminoácidos de ambos tipos, esenciales (aproximadamente
un 22%, Dürrwachter et al., 2006) y no esenciales; el carbono, hidrógeno
y oxígeno de los primeros necesariamente ha de ser aportado por dieta
proteica, conteniendo el aminoácido completo, mientras que el nitrógeno
siempre ha de derivar de la ingesta proteica. En cambio, el carbono, oxíge-
no e hidrógeno de las sales del hueso pueden derivar de la ingesta de cual-
quiera de los tres principios inmediatos: proteínas, hidratos de carbono, o
lípidos.

2. ISÓTOPOS ESTABLES

Un elemento viene definido por su número atómico (o sea, número


de protones o electrones). En los organismos vivos, todos los átomos de
carbono tienen exactamente el mismo número atómico, pero la masa de
estos átomos puede variar ligeramente, y de hecho, puede ser ligeramente
distinta en dos organismos diferentes que estuvieran constituidos por un
número idéntico de átomos de carbono. Esto se debe a la existencia de
varios isótopos estables. Los isótopos estables son sustancias con idéntico
número atómico pero distinta masa atómica (con diferente número de neu-
trones) que no tienden a decaer espontáneamente, es decir, que no emiten
radiactividad, y cuya concentración, por lo tanto, se mantiene constante a
lo largo del tiempo. En la naturaleza, diversos elementos de interés bioló-
gico (carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, azufre) están presentes en
forma de diversos isótopos, aunque, para cada elemento, uno de los isóto-
pos es mucho más abundante que el resto (Katzenberg, 2000).
El interés que tiene el estudio de algunos isótopos estables en análisis
paleodietéticos estriba en que su metabolismo difiere ligeramente según su
peso atómico. Por lo general, los isótopos más pesados suelen reaccionar
más lentamente, y los ligeros tienden a eliminarse con mayor facilidad.
Eso explica que la concentración relativa de los mismos varíe en los seres
vivos en relación con la dieta consumida. Aunque son varios los elementos
152 ESTUDIOS CANARIOS [4]

cuyos isótopos pueden ser útiles en información paleodietética, los más


estudiados son el carbono y el nitrógeno.
La cantidad relativa de un isótopo concreto puede determinarse me-
diante espectrometría de masas (Ambrose, 1990). La proporción del isóto-
po minoritario presente en una muestra se puede calcular con facilidad, ya
que se han definido, por convención, unos patrones o estándares que sirven
de referencia. Así, una vez medida la cantidad relativa del isótopo pesado
y del ligero se calcula la proporción del segundo con respecto al primero
(«delta») aplicando una fórmula, que, en el caso del carbono, es:

Delta (en %o)= (13C/12C muestra -13C/12C del Standard)/ 13C/12C del
standard.

El CARBONO se encuentra principalmente en forma de carbono 12 (el


98.89%), pero el carbono 13 (C-13) se encuentra en una pequeña cantidad
(1.11%), especialmente en plantas como el maíz, sorgo, caña de azúcar y
otras plantas tropicales (plantas C4, con un delta C-13 (ó 13 C) de -9 a -14
%o ), que utilizan una vía metabólica diferente de la que caracteriza a otras
plantas como leguminosas, trigo, cebada o centeno (plantas C3), en las que
la cantidad de C-13 es mucho más baja (entre -20 y -35 %o). Lo cierto es
que la proporción de isótopos en las plantas es distinta de la presente en la
atmósfera (el 8 13 C del C02 atmosférico es de -7 %o) (Katzenberg, 2000).
Ateniéndonos a lo que antes comentábamos acerca de la mayor elimina-
ción, en los procesos metabólicos, del isótopo más ligero, se entiende que
el herbívoro tenga un ó 13 C algo superior al de la dieta vegetal que consu-
ma. Esta discriminación se mantiene a lo largo de la cadena trófica, por lo
que el8 13 C va a ser mayor en omnívoros y mayor aún en carnívoros. No
obstante, el enriquecimiento a lo largo de la cadena trófica es escaso (ente
1 y 1.5 %o), por lo que la determinación de los isótopos del carbono no
permite diferenciar de manera clara el tipo de dieta consumida (Drucker y
Bocherens, 2004).
Abundando en la complejidad que encierra la interpretación de un delta
C-13 concreto en una muestra de colágeno de, por ejemplo, un individuo
prehispánico de las islas Canarias, quien a buen seguro también consumió
marisco, debe considerarse también el 8 13 C del alimento de origen mari-
no. Los animales marinos presentan una cantidad de carbono 13 similar a
la de las plantas C4, es decir, relativamente elevada. Así, análisis realiza-
dos en peces y mariscos de las islas Fiji muestran que los niveles de delta
C-13 eran de -15 +/- 2.8 %o (en el caso del marisco), de -16 +/- 1.8 %o en
los peces de alta mar, y de -12.6 +/-0.4%o en los peces de arrecife (Valentin
[5) ANÁLISIS QUÍMICO DEL HUESO: ISÓTOPOS ESTABLES EN ESTUDIOS PALEO DIETÉTICOS 153

et al., 2006). Estos valores son similares a los recopilados por Richards
y Hedges (1999), en los que se aprecia que los valores del delta C-13 de
animales marinos oscila entre -12%o (en focas y leones marinos) y -15%o a
-17%o en cefalópodos, crustáceos, y marisco.
Por lo que hemos dicho, teniendo presente el escaso enriquecimiento
en carbono 13 a lo largo de la cadena trófica, los datos derivados de los
alimentos potenciales, que, como acabamos de exponer, presentan bastante
solapamiento, y las eventuales situaciones hipercatabólicas o marasmáti-
cas a las que un individuo prehispánico (en nuestro caso) pudo haber es-
tado sometido, se comprende que la información derivada solamente de la
determinación del carbono 13 no es útil en la inferencia paleodietética. Por
eso se ha estudiado el comportamiento de otros isótopos.
El NITRÓGENO está presente en la atmósfera en forma de 14N (en un
99.63%) y 15N (en un 0.37%). Como standard o patrón se elige aquí al
nitrógeno atmosférico para el cálculo del delta N-15 (ó 15 N). Plantas como
las leguminosas, en virtud de su relación simbiótica con determinadas bac-
terias, utilizan una mayor proporción de N atmosférico que plantas no le-
guminosas, que utilizan nitratos y otras sales de nitrógeno presentes en el
suelo. Por lo tanto, el() 15 N de las primeras es cercano a O, mientras que es
más alto en las segundas (Brill, 1977). Cuando un herbívoro ingiere proteí-
nas, el nitrógeno contenido en sus aminoácidos sufre diversas reacciones
metabólicas, de desaminación o transaminación, hasta que eventualmente
es eliminado en forma de urea. Aplicando el principio antes mencionado,
la eliminación del isótopo ligero es proporcionalmente mayor que la del
pesado, por lo que los herbívoros poseen un ó 15 N superior al de la planta
ingerida, que es, en este caso, un 3%o-4%o superior. Aplicando el mismo
principio, los carnívoros se enriquecen aún más al ingerir herbívoros, y
así sucesivamente a lo largo de la cadena trófica. Como comentamos con
anterioridad, el nitrógeno de la colágena deriva exclusivamente de la in-
gesta proteica, por lo que, al menos teóricamente, puede inferirse, en una
muestra de colágeno humano, el tipo de dieta, o al menos, la proporción
de proteínas cárnicas en relación al total de proteínas ingeridas. Esta in-
ferencia, como comentaremos a continuación, no es, de ninguna manera,
sencilla y lineal.
En primer lugar, el () 15 N de los vegetales difiere según la parte de la
planta que se considere. Así, con respecto al trigo, hay un enriquecimiento
de () 15 N en el grano del cereal de l-1.5%o sobre la hoja, y, con respecto al
mijo, de 0.8 sobre hojas y 2.6 sobre tallos (Yoneyama et al.,l997; Pechen-
kina et al., 2005). Esto es importante, ya que el ser humano consumirá fun-
damentalmente grano, lo que, de por sí, aunque fuera vegetariano estricto,
154 ESTUDIOS CANARIOS [6]

[Figura l. Microfografía con microscopio de barrido electrónico de una muestra de Las Ca-
ñadas del Teide, donde se aprecia rotura de algunas trabéculas, y, en general, un mal estado
de conservación de la estructura ósea.]

condicionaría en su colágena un 8 15 N más elevado que el de un herbívo-


ro, que consume hojas y tallos. Además, el campo abonado con estiércol
proporciona una cantidad extra de 8 15 N al vegetal que crece en él, si se
compara con un campo no abonado (Choi et al., 2003), lo que marcará de
nuevo una diferencia entre el ser humano -aun vegetariano estricto- y
el herbívoro, ya que este último probablemente ingiera vegetales con un
menor delta N-15. Sin tener en cuenta este último aspecto, se asume así
que herbívoros y humanos se enriquecen en un 4%o con respecto a ve-
getales, y humanos un 1%o más por diferencia entre grano y hojas/tallos.
Evidentemente, para analizar la cadena trófica sería ideal contar con mues-
tras de plantas -que, en el caso de las prehistóricas, no sobreviven-, de
huesos de herbívoro, y de restos humanos, pero, por lo que hemos dicho,
la interpretación de los datos varía si los restos humanos pertenecen a una
población con una economía agrícola desarrollada o no. El abono de los
campos durante 100 años supone un enriquecimiento del delta N-15 del
(7] ANÁLISIS QUÍMICO DEL HUESO: ISÓTOPOS ESTABLES EN ESTUDIOS PALEO DIETÉTICOS 155

3-5 %o en el cereal; si el herbívoro consume -como es de esperar- cereal


no abonado, la diferencia entre herbívoro y humano es aún mayor (Hedges
y Reynard, 2007).
Además se han descrito variaciones espaciales y temporales del 8 15 N,
sobre todo en estudios realizados sobre restos pre-holocénico (Hedges y
Reynard, 2007). Ello implica que, para lograr una información precisa del
régimen dietético, debemos estudiar huesos animales y humanos de idén-
tica antigüedad, y además, de una misma área geográfica. Se ha descrito
diferencias de los valores del 8 15 N de especies cercanas, como cabra y
oveja, de hasta 1-1.5%o, y valores parecidos en cerdos y ovejas en algunos
sitios, pero no en otros, y en algunas épocas, pero no en otras. También
debe tenerse cuidado en no incluir animales jóvenes cuando queramos te-
ner valores medios de una zona, ya que éstos, al alimentarse de leche ma-
terna, tendrán un 8 15 N superior (Minagawa, 1992).
De todas maneras, los animales carnívoros tendrán un 8 15 N que será
un 3-4%o superior al del herbívoro; se puede observar, por lo tanto, que el
enriquecimiento del N-15 con la cadena trófica es claramente mayor que el
del e-13. La cadena trófica suele ser más larga en el medio acuático que en
el terrestre. Así se ha visto que los peces de agua dulce tienen valores del 8
15
N superiores a los de los animales terrestres. El enriquecimiento en N-15
es aún mayor en animales marinos (Schoeninger et al., 1983; Walker y De-
Niro, 1986) que puede alcanzar un 8.1 %o (Schoeninger y DeNiro, 1984);
en contraste con lo que ocurre en animales terrestres, los peces no presen-
tan diferencias geográficas.
Por lo tanto, conjugando la información derivada del 8 13 e y del 8 15
N podemos concluir que hay 4 puntos teóricos de dieta (Richards y Hed-
ges, 1999): herbívoros y carnívoros terrestres tienen un 8 13 e parecido
(aproximadamente de -20%o), mientras que los primeros tienen un 8 15 N
bajo (aproximadamente 4%o) y los segundos un 8 15 N de 1O %o. En el otro
extremo están los carnívoros marinos de bajo nivel en la escala trófica, con
un 8 13 e muy alto (-12%o) y un 8 15 N bajo (6 %o), y en el otro, los carnívo-
ros marinos de la cúspide de la cadena trófica, con 8 13 e alto (-12%o) y un
8 15 N muy alto (15-19 %o). En cualquier caso, el hallazgo en la colágena
humana de un 8 13 e superior a -14%o sugiere el consumo de una dieta emi-
nentemente marina (Richards y Hedges, 1999).
Pero la interpretación del8 15 N también está sometida a otras variables.
Por ejemplo, en una situación en la que crónicamente el aporte proteico es
menor, como la cantidad de nitrógeno 14 en el alimento siempre es mayor
que la del ser que se alimenta, si el alimento disminuye en cuantía, la can-
tidad de N 15 del individuo irá aumentando; igualmente, en situaciones de
156 ESTUDIOS CANARIOS [8]

rho=0.90; p=O 037

12,000

11,000

';:::: 10,000
e

9,000

8,000

-21,000 -20,500 -20,000 -19,500 -19,000

de lta13

[Figura 2. Relación entre delta 13-C y delta 15-N en las muestras válidas.]

privación de agua habrá una mayor concentración de urea en tejidos, urea


que en teoría debe contener mayor proporción de N-14, por lo que la cuan-
tía de nitrógeno 15 en la colágena aumentará. Un similar razonamiento es
válido para los estados hipercatabólicos (Katzenberg, 2000).
Por todas estas razones se investiga actualmente el papel de los isótopos
de HIDRÓGENO, en concreto de la proporción de deuterio, o «delta D». En
efecto, un 60% del hidrógeno estructural (no intercambiable) del colágeno
viene de la dieta; el 40% restante, del agua (Reynard y Hedges, 2008). El
principio teórico que avala su utilización en la inferencia paleodietética
es el mismo que el comentado para el N -15 o C-13: las pérdidas de agua
por el organismo (transpiración insensible, respiración, etcétera) son más
ricas en el isótopo ligero, por lo que la proporción de deuterio (es decir, el
() D) aumenta en el organismo. Se ha visto también que el medio marino
tiene un () D 45 %o mayor que el terrestre. Por lo tanto, a ingesta de agua
isotópicamente idéntica, el individuo que consuma una dieta marina pura
tendrá un() D aproximadamente un 27-30 %o superior a aquel que consuma
una dieta terrestre pura, y si en vez del lOO%, fuera, supongamos, el33%,
la diferencia en el() D sería de 9-10 %o.
[9] ANÁLISIS QUÍMICO DEL HUESO: ISÓTOPOS ESTABLES EN ESTUDIOS PALEODIETÉTICOS 157

El hecho de que el 40% del hidrógeno del colágeno venga del agua se
ve corroborado por la relación directa entre el oD del agua de lluvia y el
del colágeno. En cualquier caso, el oD del agua de lluvia varía de un sitio a
otro, por lo que, teóricamente, a igualdad de dieta, su determinación podría
servir también para inferir procedencia o desplazamiento.
Pero además el oD se incrementa con la cadena trófica (Birchall et al.,
2005). De herbívoros a omnívoros el escalón es de 30 a 50 %o; de omní-
voros a humanos, de 10-20 %o. Es decir, el oD se comporta como el o 15 N
sin la variabilidad impuesta por la aridez, química del suelo o abono. Por
lo tanto, en aquellos casos en los que el o 15 N es ambiguo es útil recurrir
al oD.
Por lo tanto, aunque carbono y nitrógeno, y más recientemente el hidró-
geno, están plenamente incorporados a los estudios paleodietéticos, tam-
bién se ha investigado la información proporcionada por otros isótopos,
como oxígeno, azufre y estroncio.
Las fuentes principales de oxígeno son agua, alimentos y aire. Como
la composición del OXÍGENO atmosférico es relativamente constante, es
realmente la composición isotópica del oxígeno ingerido la que proporcio-
na información paleodietética. La proporción de oxígeno 18 en relación al
oxígeno 16 (o 18 O) está fuertemente influida por el clima y lugar de donde
proceda el agua ingerida. En general, a menor temperatura, menor o 18 O
(incluso se observan diferencias con las variaciones estacionales de tempe-
ratura, Rozanski et al., 1992). También disminuye el o 18 O con la altitud,
la distancia al mar y mayor humedad ambiental.
La interpretación de los valores del o 18 O en una muestra antropológi-
ca se complica aún más porque la cuantía relativa de cada isótopo difiere
según qué parte del vegetal es ingerido (algo similar ocurría con el nitró-
geno), y qué tipo de vegetal. De nuevo, con el oxígeno, se han detectado
cambios importantes entre plantas C4 y C3 (Stemberg et al, 1984), que
llegan, en medios áridos, a alcanzar un 1O por mil, aunque el impacto de
estos cambios sobre el o 18 O del animal que las consume es menos claro
(White et al., 2004).
Una vez ingerido, la proporción de los isótopos de oxígeno sufre cam-
bios paralelos a los descritos para otros elementos: el isótopo más ligero
tiende a ser eliminado con mayor facilidad, especialmente por procesos
como la evaporación insensible y las pérdidas pulmonares; eso explica el
porqué el animal que regula su temperatura jadeando tiene mayor o 18 O
que el que la regula mediante el sudor, menos rico en 0-16 (Wong et al.,
1988). Por todos estos argumentos es problemática la interpretación del
o 18 O en muestras antropológicas, especialmente porque afectan al even-
158 ESTUDIOS CANARIOS [10]

rho=-0.90; p=O 037

to.ooo

LD 5,000
~

0,000

200,00 4{}0,00 600,00

Sr

[Figura 3. Relación entre estroncio óseo y delta 15-N en las muestras válidas.]

tual enriquecimiento a lo largo de la cadena trófica. De hecho, hay dispa-


ridad de resultados al analizar el 8 18 O en carnívoros y los herbívoros que
constituyen su presa (White et al., 2004).
Donde hay mayor consenso es en lo que respecta a su utilidad para de-
terminar si hubo amamantamiento y cuánto duró éste. Así, la leche materna
tiene un 8 18 O más elevado que el agua ingerida, por lo que esta diferencia
se reflejará en el infante, que tendrá un 8 18 O superior al de su madre mien-
tras dure el periodo de lactancia. Por cierto que 8 18 O se determina más
frecuentemente en el carbonato o fosfato de tejidos duros (hueso, esmalte
del diente) que en la colágena (Katzenberg, 2000). Como se puede colegir
fácilmente, su interpretación también está sujeta a posibles alteraciones
diagenéticas, como era el caso de los oligoelementos (Fabig y Herrmann,
2002).
Un elemento menos estudiado ha sido el AZUFRE, en concreto la pro-
porción de azufre 34 en relación al azufre 32 (8 34 S). El medio marino es
mucho más rico en azufre-34 que el medio terrestre, por lo que los habitan-
tes de zonas costeras, en las que, aun cuando la ingesta no sea de animales
marinos, la contaminación marina del agua eleva el contenido de S-34 de
las plantas, y van a presentar por lo tanto un 8 34 S elevado. En efecto, aco-
[11] ANÁLISIS QUÍMICO DEL HUESO: ISÓTOPOS ESTABLES EN ESTUDIOS PALEODIETÉTICOS 159

piando los valores del 8 34 S con los del 8 13 C (que, si la dieta es marina,
serían elevados, como antes comentamos, y bajos si es terrestre), se puede
inferir el tipo de dieta consumida por poblaciones costeras (Privat et al.,
2007).

RESULTADOS PRELIMINARES SOBRE MUESTRAS DE LAS CAÑADAS

Con el objetivo de profundizar en el conocimiento paleodietético de


los guanches, hemos analizado en 7 muestras de individuos aborígenes,
depositados en distintos yacimientos sepulcrales en Las Cañadas, el con-
tenido (en colágena ósea) de N-15 y C-13. Estos análisis constituyen los
resultados preliminares de un proyecto más ambicioso cuyo objetivo es la
reconstrucción paleodietética global de la población prehispánica canaria.
Se logró obtener colágeno con una relación molar de N y Centre 2.9 y 3.6
(que, como antes dijimos, es requisito imprescindible para interpretar los
resultados de forma correcta), en 5 de 7 casos (71.4% de casos). Efectiva-
mente, algunos casos, como el mostrado en la figura 1, presentan un defec-
tuoso estado de conservación. A todos ellos les determinamos estroncio en
hueso. Los resultados de las muestras válidas se reflejan en las figuras 2 y
3. El& 13 C es bajo, lo que sugiere consumo de plantas C-3 -por ejemplo
cereales- y el 8 15 N también, lo que sugiere asimismo que el componente
cárnico de la dieta es escaso. Es interesante la relación inversa que hemos
encontrado entre estroncio óseo -cuya elevación sugiere un fuerte com-
ponente vegetal en la dieta-, y eló 15 N, que es más alto en alimentos de
origen cárnico (fig. 3). En cualquier caso, estos resultados son muy preli-
minares y requieren confirmación en futuros estudios.
160 ESTUDIOS CANARIOS [12]

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MUSICOLOGÍA y ETNOMUSICOLOGÍA

Sobre la sociedad «Liceo de Las Palmas


de Gran Canaria» (1854- ca. 1910)

ISABEL SAAVEDRA ROBAINA

Resumen. Al margen del Gabinete Literario, creado en 1844 por la burguesía de


Gran Canaria, diez años después se aglutinó un movimiento cultural de signo pro-
gresista y popular en tomo al Liceo de Las Palmas de Gran Canaria, asociación
de artesanos que, entre sus fines recreativos y docentes, incluyó las enseñanzas
elementales de la música, pretendiendo incluso organizar su propia banda musical
y edificar un teatro moderno. El carácter proletario de sus asociados marcó en
gran medida el devenir de esta institución, que cambió su nombre por el de Casino
Republicano-Federal de Las Palmas con el advenimiento de la Primera República
(1873), para luego, sometida a inspecciones y represiones, adoptar otros nombres
como el de Casino de Instrucción y Recreo de Las Palmas (1876), aunque siempre
fuera conocido por su antiguo nombre, que volvió a retomarse en 1908. Se extin-
guió hacia la segunda década del siglo XX, dejando una estela de gestos culturales,
especialmente relacionados con la actividad teatral, sin cuyo conocimiento no se
explica la emergencia literaria de los Hermanos Millares, por ejemplo. Se traza
en este artículo su andadura a grandes rasgos; la historia pormenorizada de esta
asociación está aún por escribirse.
Palabras clave: Asociaciones siglo XIX, Liceo de Las Palmas, Teatro y mú-
sica.

Abstract. Opposite to Literary Cabinet, created in 1844 by the bourgeoisie of Gran


Canaria, ten years later developed a progressist and popular cultural movement
around the Liceo de Las Palmas de Gran Canaria, an association of craftsmen,
including between its educational and entertainment purposes, the teaching of
elementary music, even attempting to organize his own band and build a modem
theatre. The proletarian character ofhis associates set toa large extent the future of
this institution, which changed its name to the Republican-Federal Casino of Las
Palmas with the advent ofthe First Republic (1873). Then, subject to inspections
164 ESTUDIOS CANARIOS [2]

and repression, adopt other names such as Recreation and lnstruction Casino of
Las Palmas (1876), but was always known by its former name, which re-incorpo-
rated in 1908. Became extinct towards the second decade ofthe twentieth century,
leaving a trail of cultural gestures, especially related to the theater, without whose
knowledge did not explain the Millares Brothers' emergence ofliterary, for exam-
ple. This article describes its progress in broad; detailed history ofthis association
is yet to be written.
Key words: XIX century Societies, Liceo de Las Palmas, Music and theatre.

l. ANTECEDENTES DEL «LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA»

El Gabinete Literario de Las Palmas, asociación establecida en 1844,


fue una iniciativa de la burguesía de Gran Canaria que, como es sabido,
nació al socaire del Teatro Cairasco. En su edificio tuvo sus primeras de-
pendencias, en las que creó tres comisiones organizativas: la de lectura, la
de recreo y la de conferencias (científicas, artísticas 1 y literarias), dividida
ésta, a su vez, en tres secciones, a saber: la de ciencias y literatura, la de
música, y la de declamación. 2 En definitiva, tres secciones de actividades
orientadas al funcionamiento del teatro. De sus dos categorías de socios,
de número y de mérito, los primeros contribuían al sostenimiento de la
asociación mediante una aportación dineraria, mientras que los segundos
eran admitidos, sin retribución alguna, en atención a los conocimientos
o habilidades especiales o artísticas que los distinguiesen, incluyendo al
género femenino, estando obligados a prestar, en su respectiva profesión,
los servicios designados por la sección correspondiente. De esta manera,
según sus primeros propósitos, sus socios se vieron involucrados en la ac-
tividad teatral como actores, como escenógrafos y como músicos de voz
y de orquesta. Pero eso sí: la junta general se compondría exclusivamente

1
Suponemos que, en un primer momento, los miembros de la Academia de Dibujo
promovida por la Sociedad Económica de Amigos del País, dirigida por Silvestre Bello y
establecida, como el Gabinete, en otras dependencias del mismo Teatro Cairasco, colabo-
rarían en la realización de los decorados, siendo relevados por el artista Manuel Ponce de
León desde que regresó de Madrid en junio de 1845.
2
Reglamento general para la Sociedad de El Gabinete Literario y de Recreo de la Ciudad
de Las Palmas en Gran Canaria (7-III-1844), Las Palmas de Gran Canaria, 1844,Archivo de
El Museo Canario (AEMC), Colección Roja de Millares Torres, tomo IX, impreso (h), págs.
8, 14-16; y Reglamento especial. Para la comisión de conferencias, redactado por esta en
cumplimento del articulo 42 del reglamento general para la Sociedad del Gabinete Literario y
de Recreo de Las Palmas (11-V-1844). Las Palmas de Gran Canaria, 1844,AEMC, Colección
Roja de Millares Torres, tomo IX, impreso (i).
[3] SOBRE LA SOCIEDAD «LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA» ... 165

por los socios de número, quedando excluidos los de mérito, es decir, los
profesionales y los aficionados activos del arte. 3
Dado que los artistas no eran personas de recursos que pudieran con-
tribuir a las cuotas sociales, se creó precisamente esa clase de socios de
mérito que eran los que colaboraban gratuitamente sin estar obligados a
pagar cuota alguna, pero tampoco a percibir salario por sus servicios. Esto
fue una primera dificultad, que originó la disconformidad de los músicos
de orquesta, quienes no tardaron en constituir al margen del Gabinete, en
1845, su propia «Sociedad Filarmónica de Las Palmas», proyecto inicial-
mente gremial a través del cual organizaban conciertos de abono y se ofre-
cían para atender las funciones del teatro, así como cualquier acto musical
promovido por las distintas entidades civiles y religiosas de la población, a
cambio de una retribución pactada.
Vemos, pues, desde el principio, un divorcio entre la élite de los pro-
motores del Gabinete y los profesionales de las artes de los que se pre-
tendía que colaboraran gratuitamente. La pugna con los músicos fue una
constante, ya bien explicada por L. Siemens en su libro sobre la Sociedad
Filarmónica de Las Palmas\ sin que se hubiera resuelto del todo al sufrir
la ciudad de Las Palmas la epidemia del cólera morbo en 1851. A la sazón,
era el director de la orquesta Agustín Millares Torres (Las Palmas de Gran
Canaria, 1826-1896). Sus tensiones con el Gabinete Literario fueron en
aumento e hicieron crisis en 1855, cuando, tras estrenar su zarzuela Elvira,
cuyo beneficio sería íntegramente para el Gabinete, no se le retribuyó en
absoluto, lo cual provocó su alejamiento definitivo de esta asociación.
En el fondo, yacía el convencimiento de que era necesario crear otra
opción asociativa de carácter más popular frente al movimiento asociativo
de la burguesía. Por ello, tanto Millares Torres como otros profesionales
de la época colaboraron desde el año anterior con el grupo de promotores
que fundó una nueva asociación instructivo-recreativa, de signo progresis-
ta frente al conservador Gabinete, denominada «Liceo de Las Palmas de
Gran Canaria», aunque sin formar parte de su junta directiva. 5

3 Reglamento general para la Sociedad de El Gabinete Literario ... (1844), ob. cit., arts.

3, 4, 5, 6, 9 y 15.
4
L. Siemens Hemández, Historia de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas y de su
orquesta y sus maestros, Las Palmas de Gran Canaria, 1995.
5
En el caso de Millares Torres, la razón de este distanciamiento es que, por aquel
entonces, y como director de la orquesta, se consideraba «parte a contratar», y por tanto
no le interesaba figurar al mismo tiempo también como «parte contratante». No obstante,
entraría como uno de los miembros principales de la primera junta directiva del «Liceo de
166 ESTUDIOS CANARIOS [4]

2. FUNDACIÓN DEL «LICEO» Y SU PROYECTO DE EDIFICACIÓN


DE UN TEATRO MODERNO

Esta asociación se fundó el 30 de septiembre de 1854, tal como consta


en su primer reglamento manuscrito6 que, tras largas gestiones, se impri-
mió y distribuyó a comienzos de 1856 con las aprobaciones gubernativas
pertinentes. 7 Es la misma asociación a la que se alude a veces en la prensa
con el nombre de «Liceo de Artesanos», pues es cierto que, según se indica
en una noticia del periódico El Ómnibus, dicho «Liceo» era una «bené-
fica institución» que se consagraría «a la instrucción y recreo de la clase
laboriosa de la sociedad» 8 • Concretamente, en octubre de 1857 Domingo
J. Navarro le comunica por oficio al Jefe Civil que el «Liceo», asociación
cuyo objeto es la instrucción y el recreo de sus socios, «está integrado bá-
sicamente por artesanos e industriales y, además del lícito entretenimiento
que facilita, en él se enseña gratuitamente a leer y escribir. Allí se aprende
también aritmética, dibujo, música, religión y moral. Además tiene como
objetivo proteger a los socios necesitados»9 . Parece ser que tuvo su sede
en la calle de la Pelota, número 15, según se deduce de referencias muy
posteriores que veremos más adelante.
Desde sus inicios, la sociedad del «Liceo» tenía como uno de sus objeti-
vos principales poner en pie otro teatro con más capacidad que el Cairasco,
a partir de un proyecto elaborado por Juan Cubas Negrín, 10 suegro de Mi-
llares Torres, cuyos pormenores se detallan así:

Las Palmas» un Cristóbal Millares, que o bien era su tío paterno o bien el hijo de éste, su
primo, ambos músicos de cuerda.
6
«Reglamento del Liceo de Las Palmas de Gran Canaria», manuscrito, 30-IX-1854,
AEMC, Documentación suelta; véase la transcripción de este reglamento en el anexo de
este trabajo. Asimismo, se confirma este dato en AHPLP: Ayuntamiento de Las Palmas de
Gran Canaria, sección Policía, leg. 1, exp. 20, fol. 6, 27-I-1877.
7
Reglamento del Liceo de Las Palmas de Gran Canaria, Imprenta de M. Collina, Las
Palmas de Gran Canaria, 1856, AEMC, Colección Roja de Millares Torres, tomo IX, im-
preso (o), y Sociedades, IX-A-162 (e).
8
El Ómnibus, núm. 55, Las Palmas de Gran Canaria, 8-XII-1855, pág. l.
9
AHPLP: Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, sección Policía y Ornato, leg.
1, exp. 32b, 5-X-1857 y 6-X-1857.
10
Juan Cubas Negrín, antiguo dueño de una ebanistería situada en la Plaza del Pilar
Nuevo, había construido dos teatros provisionales en Las Palmas en los años treinta: el
primero en la Plaza de San Antón Abad y el segundo, mejor acondicionado, en el patio de la
antigua casa de la calle de los Balcones sobre cuyo solar se ha edificado el actual CAAM.
Véase al respecto lo que dice en sus memorias su hija Encamación en L. Siemens Hemán-
[5] SOBRE LA SOCIEDAD «LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA>> ... 167

Dicho trabajo, obra del conocido artista D. Juan Cubas Negrín, es digno
de observarse, por la delicadeza de su ejecución, la exactitud con que se ha
hecho, la limpieza que se advierte en sus más insignificativos adornos, y sobre
todo por la novedad y gracia del pensamiento. El modelo del que hablamos
representa un salón de 22 varas de longitud por 9 de ancho, rodeado de una
galería elevada 1Y2 varas sobre el piso, viéndose perfectamente desde ella to-
das las partes del escenario, colocado en uno de los extremos. Esta galería se
halla adornada de jarrones con hermosas flores colocados de trecho en trecho,
sostenidos por elegantes pedestales y rodeada exteriormente de un paseo de ár-
boles de una vara de ancho que hacen más delicioso aquel lugar. Dicha galería
contiene tres órdenes de asientos colocados en anfiteatro, que hacen doscientas
personas con mucha comodidad. El salón, lleno de lunetas con anchas calles
laterales, puede contener quinientas personas, de modo que todo el teatro po-
drá encerrar setecientos individuos. El salón se halla resguardado por un techo
de cristal en forma de tejado con armadura de hierro, y de cuyo centro pende
una hermosa araña que, en unión de los quinqués, esparcen una brillante cla-
ridad. La armadura del techo se ha de sostener en los muros del jardín que se
elevará al efecto. La obra toda, según se nos ha dicho, se halla presupuestada
en 2.000 durosn.

En el mismo artículo se alaban las ventajas que el establecimiento del


teatro reportaría al «Liceo», una vez que la sociedad se reembolsase el
capital empleado en su construcción, <<Uniendo en lo sucesivo las cantida-
des líquidas que quedasen» a los demás recursos disponibles. El proyecto
incluía la conversión del espacio teatral en salón de baile, retirando para
ello las lunetas, lo cual atraería a «una multitud considerable» en el caso
de ofrecer bailes públicos, de los que «por desgracia» se carecía en la ciu-
dad «con bastante disgusto de los muchos aficionados». En junta general
de los socios del «Liceo» celebrada el domingo 23 de diciembre de 1855,
quedó aprobado por unanimidad el proyecto de construcción de un «salón-
teatro», determinándose que se llevaría a cabo por medio de 400 acciones
amortizables, con un valor de 100 reales de vellón cada una. Igualmente
se acordó

[... ] que las acciones cobrasen interés; se propuso que el producto de las fun-
ciones dadas en el local se distribuyese del modo siguiente: un 50 por l 00 á
amortizar acciones; un 25 por 100 á pagar los intereses de las mismas sin que

dez, «Encamación Cubas Báez (Las Palmas de Gran Canaria, 1832-1915): memorias de su
niñez y juventud», El Museo Canario, LXI (2006), págs. 323-352, pág. 338.
11
El Ómnibus, núm. 55, Las Palmas de Gran Canaria, 8-XII-1855, pág. !;véase asimis-
mo El Crisol, núm. 82, Las Palmas de Gran Canaria, 11-XII-1855, pág. l.
168 ESTUDIOS CANARIOS [6]

pueda nunca exceder dicho interés del 1O por 100, y el resto á la caja de soco-
rros del mismo Liceo 12 .

En la misma junta general se responsabilizó a la directiva para nombrar


una comisión que llevase a cabo las medidas necesarias para concretar
dicho proyecto. Dado que se trataba de una obra no sólo de interés para
la sociedad del Liceo, sino también de utilidad pública, los redactores de
El Ómnibus recomendaban a dicha comisión que sometiera el diseño a
la opinión del arquitecto de la provincia Manuel Oráa. 13 Pero parece que
finalmente no se pudo materializar el proyecto del Teatro del Liceo, pues
esta sociedad experimentó una supresión gubernativa en 1857, como vere-
mos a continuación.

3. TENSIONES, SUPRESIÓN Y RELANZAMIENTOS

En efecto, la supresión del «Liceo de Las Palmas» tuvo lugar el 31 de


octubre de 1857 por orden del gobernador de la provincia. Fue la causa el
desorden que se produjo en el momento de votar y nombrar los cargos de
la nueva directiva de esta asociación, tras la renuncia de los anteriores, por
el elevado número de socios que se reunieron y por la diferencia de opi-
niones respecto a la persona que debería asumir la presidencia. Tal medida
se llevó a efecto a pesar de las opiniones favorables a la continuidad de
esta sociedad expresadas por personas notables de la población, incluido el
alcalde. 14 Finalmente, la prohibición se levantó, pues la asociación experi-
mentó después sucesivos relanzamientos a lo largo de más de una década,
existiendo nuevas ediciones impresas de sus reglamentos en los años 1859
y 1865_15

12
El Ómnibus, núm. 60, Las Palmas de Gran Canaria, 26-XII-1855, pág. l.
13
Idem.
14
Véase La Reforma, núm. 153, Las Palmas de Gran Canaria, 13-XI-1857, pág. 1; y
AHPLP: Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, sección Policía y Ornato, leg. 1,
exp. 32b, desde el5-X-1857 al21-XI-1857.
15
Reglamento de la Sociedad del Liceo de Las Palmas de Gran-Canaria, AEMC, Co-
lección Roja de Millares Torres, tomo IX, impreso (p), y IX-A-162f, 1859; y Reglamento
de la Sociedad del Liceo de Las Palmas de Gran-Canaria. Segunda edicion. AEMC, Co-
lección Roja de Millares Torres, tomo IX, impreso (q), y IX-A-162g, 1865.
[7] SOBRE LA SOCIEDAD <<LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANAR1A>> ... 169

4. INTENTOS DE ORGANIZAR UNA BANDA DE MÚSICA

En abril de 1857, y por lo que a la actividad musical respecta, la socie-


dad del «Liceo» intentó formar su propia banda, con la compra incluso de
instrumental para destinarlo a los alumnos de sus clases de música. 16 Pero
tampoco se llevó a efecto este proyecto, por una parte por la pretensión de
los alumnos de quedarse con los instrumentos, 17 y por otra, a causa de que
los instrumentistas de viento más adelantados prefirieron tener también
su propia estructura asociativa con su academia de música. Así surgió una
nueva asociación musical de carácter gremial denominada «Sociedad "El
Siglo"», sustentadora de la banda civil del mismo nombre, que colaboraría
en adelante con las diversas asociaciones existentes en la ciudad de Las
Palmas de Gran Canaria a finales de la década de 1850, especialmente con
la «Sociedad de La Unión», creada en junio de 1859 con elementos del
partido progresista. 18
Al incorporarse entonces definitivamente a la actividad musical de la
ciudad de Las Palmas Eufemiano Jurado y Domínguez (Antequera, 1814-
Las Palmas de Gran Canaria, 1888), hijo del que fuera antiguo maestro de
capilla de la catedral de Las Palmas y luego de La Laguna Miguel Jurado
Bustamante, pasó éste a liderar la «Banda de la Sociedad "El Siglo"» junto
con el clarinetista y director tinerfeño Manuel Rodríguez y Martínez. Eu-
femiano Jurado fue también una personalidad carismática, no sólo en lo
musical, sino también en lo político, pues llegaría a desempeñar destacadas
funciones públicas en esta población, y su mención en este contexto viene
a propósito de que su vinculación a dicha banda, y a los proyectos musi-
cales del «Liceo», propiciaron que años más tarde fuera uno de los más
notables presidentes que tuvo esta sociedad progresista.
Estando involucrados en la directiva de «La Unión» tanto Eufemiano
Jurado como Manuel Rodríguez, músicos muy destacados, el propósito
de organizar una banda estaba más que asegurado, y se materializó asu-

16
El Ómnibus, año III, núm. 174, 1 de abril de 1857 [pág. 2].
17
Idem, año III, núm. 183, 2 de mayo de 1857 [pág. 2].
18
Gregario Chil y Naranjo, Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las Is-
las Canarias, manuscrito 11, libro VII (siglo XIX), cap. XXVI, AEMC, Las Palmas de Gran
Canaria, 2001, págs. 2161-2162. Véase asimismo El Ómnibus, año V, núm. 397, 8-VI-1859
[pág. 2]: «Se asegura que uno de los primeros objetos que se propondrá la Sociedad será
la creación de una banda de música, y la organización para el próximo invierno de bailes,
que ignoramos si serán públicos ó privados. Veremos si el concurso de esta Sociedad con
las del Liceo y Gabinete comunica algún movimiento literario y artístico á esta población,
estrechando los lazos que deben unir siempre á todos los Canarios».
170 ESTUDIOS CANARIOS [8)

miendo a la agrupación musical «El Siglo» que ambos dirigieron, hasta la


disolución de la misma en 1864. 19 La «Sociedad de la Unión», junto con el
Gabinete Literario, contribuiría en los años siguientes al fomento cultural y
musical de esta ciudad, mientras que el «Liceo de Las Palmas», destinado a
las clases más populares, tendría una dimensión más pedagógica y teatral,
sin excluir eventualmente algunos actos musicales.

5. REFORMAS ESTATUTARIAS DEL LICEO HASTA SU RECONVERSIÓN


EN «CASINO REPUBLICANO-FEDERAL DE LAS PALMAS» (1873)

Como hemos dicho, en 1854 se formularon unos primeros estatutos del


Liceo manuscritos cuya ideología y fines se especifican en los artículos 2
y 3 de la siguiente manera:

Artículo 2. 0 Su obgeto es proporcionar la instrucción é inculcar los princi-


pios de moralidad por medio de la lectura de obras científicas y periódicos.
Artículo 3. 0 Se prohíbe toda discusión sobre creencias religiosas y asuntos
políticos. 20

No obstante, en el primer reglamento impreso de 1856, los fines se


concretan de otra manera en los siguientes términos:

Art. 3. 0 El objeto del Liceo es proporcionar á los socios instrucción, recreo


y los auxilios necesarios cuando se encuentren en las circunstancias que, por
razón de enfermedad ú otro motivo que les haga acreedores á un socorro, esta-
blecerá un Reglamento especial para este esclusivo objeto.
Art. 4. 0 El Liceo llenará sus objetos por medio de clases de instrucción,
juegos lícitos, funciones teatrales, bailes públicos y otras diversiones análogas,
y una caja de ahorros y socorros. 21

En el año 1859 se vuelve a redactar un nuevo reglamento que regula


el funcionamiento de la asociación, siendo así que sus fines permanecen

19
Roberto Díaz, «Bandas civiles de música en Las Palmas de Gran Canaria (1850-
1900)», trabajo de fin de carrera, Conservatorio Superior de Música de Salamanca, 2007
(inédito), págs. 42-43.
20 Reglamento del Liceo de Las Palmas de Gran Canaria, ob. cit.; véase en el anexo la

trascripción íntegra de este primer reglamento.


21
Reglamento del Liceo de Las Palmas de Gran Canaria, Colección Roja de Millares
Torres, tomo IX, impreso (o), 1856.
[9] SOBRE LA SOCIEDAD «LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA>> ... 171

prácticamente invariables con respecto a los de 1856, si bien redactados


con otras palabras. Se especifica que la asociación se articula a partir de
una junta directiva y tres secciones: de instrucción, de recreo y de soco-
rro.22 Nada se altera en la siguiente edición de este reglamento, impresa en
1865.23
Las actividades del «Liceo» habían cobrado prestigio, pues a los «sa-
lones del Teatro del Liceo» se alude como receptores de varias fiestas so-
ciales en la época que estamos historiando, 24 y en representación de dicha
sociedad aparece José Zenón Doreste como miembro de la Junta General
de la «Exposición Provincial» que se inauguró en abril de 1862 en la ciu-
dad de Las Palmas. 25
Cuando sobrevino la Primera República en 1873, el «Liceo» pasó a
denominarse «Casino republicano-federal de Las Palmas», estando invo-
lucrados en sus actividades de entonces dos músicos tan relevantes como
· Eufemiano Jurado Domínguez y el propio Agustín Millares Torres. Sus
estatutos impresos reproducen la estructura y fines del «Liceo», si bien en
la sección de recreo se incluye ya específicamente la celebración de con-
ciertos musicales:

Art. 2. Su objeto es inculcar los principios de la moralidad social, y proporcio-


0

nar á sus individuos instrucción, recreo y auxilios en caso necesario.


Art. 3. 0 La instrucción se proporcionará por medio de la lectura de obras cien-
tíficas, periódicos, certámenes ó conferencias literarias: el recreo con bailes,
conciertos, ejercicios de gimnasia, declamación y toda clase de juegos lícitos:
y el socorro de los fondos generales de la Sociedad, conforme á lo que previene
el reglamento en su artículo 10. 26

22
Reglamento de la Sociedad del Liceo de Las Palmas de Gran-Canaria, Colección
Roja de Millares Torres, tomo IX, impreso (p), y IX-A-162f, 1859.
23
Reglamento de la Sociedad del Liceo de Las Palmas de Gran-Canaria. Segunda
edición. Colección Roja de Millares Torres, tomo IX, impreso (q), y IX-A-162g, 1865.
24
Véase, por ejemplo, el baile de Carnaval que se cita en El Ómnibus, núm. 679, Las
Palmas de Gran Canaria, 8-III-1862, pág. 2.
25
Programa para la Esposición Provincial de Agricultura, Industria y Artes en la Ciu-
dad de Las Palmas de Gran-Canaria en 1862, Imp. de La Verdad, Las Palmas de Gran
Canaria, 1861, pág. 10, AEMC, Colección Roja de Millares Torres, tomo XV, impreso (j);
y Memoria Histórica y Oficial de la Exposición Provincial de Canarias, de Agricultura,
Industria y Artes, celebrada en las Casas Consistoriales de la Ciudad de Las Palmas de
Gran Canaria en 1862, Imp. de Tomás B. Matos, Las Palmas de Gran Canaria, 1864, pág.
14, Biblioteca de El Museo Canario, sig. I-F-20.
26
Reglamento del Casino republicano-federal de Las Palmas. Aprobado en Junta ge-
neral de socios celebrada la noche del 31 de octubre de 1873, Imprenta de La Verdad, Las
Palmas, 1873,AEMC, Colección Roja de Millares Torres, tomo IX, impreso (r).
172 ESTUDIOS CANARIOS [10]

Eufemiano Jurado había sido director de la orquesta de la «Sociedad


Filarmónica de Las Palmas» entre los años 1866 y 1867. Tuvo una desta-
cada participación política como dirigente de los revolucionarios de Gran
Canaria en 1868 y, al proclamarse la Primera República, había asumido la
presidencia del «Liceo», que se pasó a llamar «Casino Republicano». Se
explica así que ahora la música formara parte sustancial del objeto social
en la sección de recreo y, en efecto, se organizaron diversos conciertos en
los que, como bien explica L. Siemens, afloraron nuevos músicos y com-
positores como los hermanos Andrés y José García de la Torre, el tenor
Filomena Gonzálvez, el cornetín Bartolomé Ojeda, el bandurria Jeróni-
mo López, etcétera. 27 El propio Jurado, que tenía una destacada voz de
barítono-bajo, participó en aquellos conciertos de la sociedad cantando con
Dolores Millares Cubas el dúo de La Traviata en una función a beneficio
de los heridos «en la guerra del Norte». 28
También Agustín Millares Torres, padre de la precitada soprano, el cual
había decidido no volver a ejecutar públicamente obras suyas, se avino a
estrenar en el «Liceo de Las Palmas» (como todavía se seguía llamando
popularmente al «Casino Republicano»), su zarzuela Un amor imposible,
lo cual se verificó con notable éxito por aficionados de esta asociación el
16 de mayo de 1875, teniendo que ser repetida días después. 29
Al término de la Primera República, la asociación tuvo que volver a
cambiar su nombre y, así, se denominó a partir de 1876 «Casino de Ins-
trucción y Recreo de Las Palmas», siendo sus principales cargos directivos
las siguientes personas:

El Presidente, Eufemiano Jurado Domínguez.-El Vice-Presidente, Amaran-


to Martínez de Escobar.-El Director de Instrucción, Vicente Hemández.-
El Director de Recreo, José Vázquez Guerra.-El Director de Socorro, Pedro
Cárdenes.-El Contador, Rafael Millares.- El Tesorero, Isidro Miranda.-El
Secretario, Isidro Brito.-El Secretario, Pedro Avilés. 30

27
Siemens, Historia de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas ... , ob. cit., págs. 104-
105.
28
Idem, pág. 105.
Lothar Siemens Hernández, Agustín Millares Torres, compositor y musicógrafo, Dis-
29

curso de recepción en la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel
(1984), Santa Cruz de Tenerife, 1989, págs. 32-33.
30
Reglamento del Casino de Instrucción y Recreo de Las Palmas, aprobado
en Junta General de socios celebrada la noche del4 de febrero de 1876, AEMC,
Impreso IX-A-163j, 4-II-1876.
[11] SOBRE LA SOCIEDAD <<LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA>> ... 173

Para justificar entonces que su origen no había sido «republicano», su


vicepresidente Amaranto Martínez de Escobar remitió una carta al alcalde
constitucional de Las Palmas en fecha 27 de enero de 1877 en la que afir-
maba:

En cumplimiento á lo manifestado por V.S. en su atenta comunicación de 24


del actual, tengo la satisfacción de acompañar á V.S. un ejemplar del Regla-
mento de esta Sociedad, debiendo manifestar al mismo tiempo que la misma
se instaló el 30 de Setiembre de 1854 con el nombre de Sociedad del «Liceo
de Las Palmas», denominándose hoy «Casino de Instrucción y Recreo de Las
Palmas», conforme al presitado Reglamento. 31

Lo interesante es que, en ese momento, y al margen de las asociaciones


gremiales o profesionales como la «Sociedad Filarmónica de Las Palmas»,
etcétera, el «Liceo» sobrevivía como una de las tres únicas sociedades
instructivo-recreativas de la población. Así lo manifiesta el alcalde consti-
tucional de Las Palmas en un comunicado al gobernador de la provincia el
30 de enero de 1877:

En cumplimiento de lo ordenado por V. S. en circular inserta en el Bn. 0 1• de


esta Provincia n° 154 correspondiente al27 de Diciembre ppcto, tengo el honor
de pasar á manos de V. S. los adjuntos reglamentos de las sociedades «Gabinete
literario, artístico, de fomento y recreo», «Casino de Instn. y Recreo» y «La
Tertulia» que existen en esta Ciudad; debiendo significar al propio tiempo á
V.S. que la primera fué instalada el día 4 de Marzo de 1844, la segunda el 30
de Setiembre de 1854 y la última en 28 de Mayo de 1872.

6. NUEVO REGLAMENTO Y ACTIVIDADES TEATRALES DE LA ASOCIACIÓN

El reglamento aludido se imprimió, en efecto, en 1876, tras su aproba-


ción por la Junta General de socios celebrada el4 de febrero de dicho año. 32
Sus tres primeros artículos nos definen el planteamiento de esta sociedad,
que se mantiene con la misma estructura en tres secciones que tuvo desde
sus inicios, pero enriquecido con las añadiduras de la época republicana,
pues no en vano los dirigentes eran los mismos:

31
AHPLP, Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, sección Policía, leg. 1, exp.
20, fol. 6, 27-I-1877.
32
Véase nota 30.
174 ESTUDIOS CANARIOS [12]

Artículo 1. 0 El Casino de Instrucción y Recreo de Las Palmas, es una reu-


nión de individuos en quienes concurren las circunstancias de moralidad y
ejercicio de una profesión honrosa, ó cualquier otro medio honesto de vivir, y
las demás que marca el artículo 6. 0
Artículo 2. 0 Su objeto es inculcar los principios de la moralidad social, y
proporcionar á sus individuos instrucción, recreo y auxilios en caso necesario.
Artículo 3. 0 La instrucción se proporcionará por medio de [pág. 4] la lec-
tura de obras científicas, periódicos, certámenes ó conferencias literarias: el
recreo con bailes, conciertos, ejercicios de gimnasia, declamación y toda clase
de juegos lícitos: y el socorro de los fondos generales de la Sociedad, conforme
á lo que previene el Reglamento en su artículo 10. 0
Para cada uno de los tres objetos de la Sociedad se formularán reglamentos
especiales por las secciones, sometiéndolos al examen de la Junta Directiva y
aprobación de la General, siempre que no se opongan en lo más leve á lo que
terminantemente expresa este Reglamento. 33

La masa social continuaba estando constituida por artesanos de la pobla-


ción, personas de diferentes oficios que veían en este «Casino» un centro
donde mejorar sus conocimientos y cultura. Los miembros de su sección
de recreo mantenían un grupo de teatro, de mediocre orientación, al que un
grupo de avanzados alumnos del Colegio de San Agustín de Las Palmas
pretendió en cierto momento elevar de nivel. Las memorias inéditas del
hijo de Millares Torres, Agustín Millares Cubas, nos narran con todo deta-
lle la incursión de este grupo en la asociación y su desgraciado fin:

Ahora es forzoso abrir un paréntesis para hablar de nuestra sociedad dra-


mática. Me refiero a sucesos que hubieron de ocurrir en 1876, cuando yo tenía
trece años.
No sé quién nos llevó al local de la Sociedad [un anexo del Liceo], que ya
existía y funcionaba. Era una habitación espaciosa en la planta baja de la casa
en que vivía la familia Rosales, en la calle de la Pelota, habitación que había
servido de panadería, pues aún se veían en ella el horno y la artesa. El escena-
rio se hallaba a la derecha entrando.
Los socios fundadores pertenecían al elemento popular o artesano, y eran
tan ignorantes y limitados que estaban ensayando una comedia de Moratín,
no ciertamente El sí de las niñas, sino otra bastante soporífera. Después del
ingreso del elemento culto y mesocrático, todo cambió. Formose un cuadro de
declamación. [Mi hermano] Luis era naturalmente el primer actor. Los demás

33
Idem. Existe una reedición de 1880: Reglamento del Casino de Instrucción y Recreo
de Las Palmas, aprobado en Junta General de socios celebrada la noche del 28 de enero
de 1880. Impreso IX-A-163k, 1880.
[13] SOBRE LA SOCIEDAD <<LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA>> ... 175

eran Rafael Molina y Sánchez, que fue procurador y murió joven, tuberculoso;
Reyes (no recuerdo el nombre), que era, me parece, hijo de D. Narciso Reyes
y de una hermana del escribano D. José Benítez y Cabrera, padre del notario
D. José Benítez Larena, conocido por Pepé; Agustín Quintana, alias «el cane-
lo», pelirrojo, que empezó por tocar el bombardino en la banda del batallón y
acabó por ser oficial de cartón o de milicias: era el actor cómico; Juan Luis y
Yagüe, hermano del director del Instituto, que hoy vive en Madrid y es médico,
ayudante de un su hermano, especialista en enfermedades del estómago. Yo era
el barba, y las damas los hermanos Lorenzo y Tomás Mina y Cañizares, hijos
del notario de Guía D. Tomás Mina y Moya, valenciano. Ambos hermanos
representaban muy bien, con su acento peninsular que nos parecía más propio
para el teatro que el canariote nuestro. Las niñas de Rosales se encargaban de
transformar a los dos muchachos en damas, vistiéndoles con sus propios trajes
y poniendo algodón allí donde la anatomía femenina lo requiere. Lorenzo y
Tomás emigraron a Buenos Aires, donde ambos conquistaron buena posición,
sobre todo el primero, que llegó a ser uno de los escribanos o notarios de la
capital con estudio en la Avenida de Mayo. Tomás, que aún vive, se dedicó al
comercio. [ ... ]
El triunfo de la compañía era El sueño de un malvado, dramón traducido
del francés. El malvado, Germán (mi hermano Luis), era un criado que se
enamoraba de la hija de su amo (Rafael Molina) y, sorprendiendo a la niña (Lo-
renzo Mina) con su novio (Reyes), hiere a éste con un puñal. Se instruye una
causa (yo era el juez) y procesaron a la muchacha. Pero Germán, que padecía
de sonambulismo, reproduce la escena de la tentativa de asesinato delante del
juez y la familia, y al despertar y verse descubierto cae desmayado. La caída
era el triunfo de Luis, era un talegazo formidable, poniendo en el aire a la vez
las dos piernas.
También triunfaba Luis en una pieza en un acto, De potencia a potencia,
obra de no sé quién. El hijo de un general se enamora de la hija de un señor al
parecer modesto y humilde. El general, orgulloso de su posición y jerarquía, se
opone al noviazgo, y hay una escena violenta entre los dos padres, en la que el
del muchacho (Juan Luis Yagüe) le dice al de la chica (Luis): «Soy general».
«Yo también», contesta el otro, y desabrochando su levita, sacaba a la luz su
chaleco, que era una constelación formada por todos los pendientes, alfileres,
broches, etc., de las niñas de Rosales. Claro es: el padre del chico queda apabu-
llado y, quitándose el sombrero, exclama: «Saludo a esa cruz bendita que aún
no he logrado alcanzar», y la comedia, como es natural, acaba en bodorrio.
Había otra pieza de la que guardo confuso recuerdo, también de proceden-
cia francesa, en la que había una escena emocionante, en la que dentro sonaba
La Marsellesa tocada por el bombardino del canelo y un flautín, en el que so-
plaba uno de los Riberoles, hermano de Jesusito, gran latista que aún vive.
La sociedad y el teatro acabaron como el rosario de la aurora, pues una
tarde, los elementos proletarios, o sea, los mataperros, asaltaron, armados de
176 ESTUDIOS CANARIOS [14]

pírganos, el domicilio social. Nosotros, los colegiales, lo defendimos bizarra-


mente. Yo fui una de las primeras bajas, pues de buenas a primeras me descar-
garon un pirganazo en la cabeza, y tuve que retirarme a la ambulancia. 34

Las actividades teatrales y algunas veladas líricas del «Casino de Ins-


trucción y Recreo de Las Palmas» se prodigaron durante el resto del siglo
XIX, no siendo objeto de este trabajo su enumeración pormenorizada. 35 Lo
que sí es cierto es que la asociación tuvo algunos altibajos y volvió a cons-
tituirse de nuevo con la denominación de «Liceo» en 1908, estableciendo
su domicilio social en el número 15 de la calle de la Pelota36 , que era, como
señalamos al principio, su domicilio anterior. Este relanzamiento debió ser
efímero, pues la historia de la sociedad se diluye a partir de entonces hasta
desaparecer del panorama cultural de la ciudad de Las Palmas de Gran
Canaria.

[Reglamento manuscrito de la sociedad del Liceo de Las Palmas de Gran


Canaria, AEMC, documentación suelta, 1854. Véase la transcripción del
mismo en el anexo de este trabajo.]

34
Memorias manuscritas de Agustín Millares Cubas, conservadas en el Departamento
de Musicología de El Museo Canario, libro 1. 0 , págs. 29-31.
35
Véase M." del Mar López Cabrera, El teatro en Las Palmas de Gran Canaria (1853-
1900), Fundación Universitaria Española, Madrid, 2003.
36
En Diario de Las Palmas, Las Palmas de Gran Canaria, 20-X-1908, pág. 2.
[15] SOBRE LA SOCIEDAD <<LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA>> ... 177

ANEXO

[Transcripción del reglamento fundacional manuscrito del Liceo de Las


Palmas de Gran Canaria, 30-IX-1854. AEMC, Documentación suelta.]

REGLAMENTO
DEL LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Sección 1."
Objeto del Liceo y circunstancias que han de concurrir en los Socios.
Sus deberes entre sí y para con la Sociedad

Artículo l. o
El Liceo de la Ciudad de Las Palmas es la reunión de individuos de todas
clases, con residencia fija en la Isla de Gran Canaria, y en quienes concurran las
0
circunstancias espresadas en el artículo 4. del presente reglamento.

Artículo 2. o
Su obgeto es proporcionar la instrucción é inculcar los principios de moralidad
por medio de la lectura de obras científicas y periódicos.

Artículo 3. 0
Se prohíbe toda discusión sobre creencias religiosas y asuntos políticos.

0
Artículo 4.
Para ser socio se necesitan, como circunstancias indispensables, que concurran
en los individuos las siguientes.
l. a Ser mayor de 18 años.
2.a Tener una profesión, arte, oficio ó modo de vivir conocido que proporcione
al individuo su subsistencia honradamente, y la de su familia si la tuviere.
3.a No tener vicio alguno de los que manchan la reputación de un hombre
honrado.
4.a No haber sufrido pena aflictiva impuesta por los Tribunales.
5." Ser moral en sus costumbres y decoroso en sus palabras.

0
Artículo 5.
Cualquiera de los socios actuales tiene derecho á presentar en el Liceo para
su admisión, en calidad de socio, á todo individuo que se halle adornado de las
circunstancias anotadas en el artículo anterior.
178 ESTUDIOS CANARIOS [16]

0
Artículo 6.
La Junta directiva del Liceo decidirá por votación si se admite ó no al propues-
to, siendo su decisión estrictamente observada, en lo que no se apele al voto de la
Sociedad que decidirá en tal caso.

Artículo 7. 0
Los deberes de los socios entre sí se reducen, á tratarse mutuamente con el
cariño y dulzura de hermanos, moderando cada cual sus pasiones.

Artículo 8. 0
Cada socio está obligado respecto de la Sociedad á cumplir los preceptos si-
guientes:
1.0 Se presentará en el Liceo con la decencia y compostura propias de todo
hombre bien educado.
2. 0 Guardará silencio y orden cuando a él se le llame por el Presidente.
3.° Contribuirá mensualmente con la cuota de cuatro reales vellón que entre-
gará al Tesorero del Liceo, previo recibo, para atender a los gastos mensuales del
mrsmo.

Sección 2.a
Elección de la Junta directiva, sus deberes y atribuciones.

Artículo 9. 0
Todos los socios que existan y concurran al acto de aprobarse el presente regla-
mento, procederán en seguida á la elección de diez individuos de su seno que com-
pondrán la Junta directiva del Liceo en esta forma: un vocal tesorero, otro vocal
secretario, que también lo será de toda la Sociedad, y ocho vocales. Concluida esta
elección se pondrán dentro de un cántaro nocho cédulas, cada una de las cuales
llevará escrito el nombre de uno de los electos vocales, y después de revueltas,
se sacará por el tesorero una de ellas que entregará al secretario. El nombre que
contenga esta cédula designará el de la persona que queda electa Presidente de la
Sociedad del Liceo y de la Junta directiva; procediendo en acto continuo á esten-
derse la oportuna acta que firmarán el Presidente, Tesorero y Secretario.
Estos cargos concluirán en 31 de Diciembre del año actual; y en este día y
semejante de todos los demás años se verificará por igual medio la elección de la
Junta que debe regir en el año entrante y siguientes, pero sin que pueda ser reele-
gido ninguno de los individuos de la Junta saliente.

0
Artículo 10.
Por ausencia, enfermedad ó defunción del Presidente, recaerá la presidencia en
el individuo que la Junta directiva, á pluralidad de votos eligiere de entre los siete
vocales restantes; cuya elección podrá verificarse desde luego para cuando llegue
el caso, y entonces la Sociedad elegirá otro vocal.
[17] SOBRE LA SOCIEDAD «LICEO DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA>> ... 179

Artículo 11.
0

A la Junta directiva corresponde la cobranza é inversión de los fondos de la


Sociedad; el nombramiento de un portero y vigilación para que cumpla con sus
deberes; la conservación de todos los muebles y enseres del Liceo; proponer á la
Sociedad el variar de local cuando le parezca inconveniente el que ocupa; hacer y
retirar las suscriciones á los periódicos, según convenga al estado de los fondos,
proponiéndolo antes á la Sociedad para su aprobación, acordar el socorro diario,
semanal ó mensual que pueda prestar en dinero efectivo á cualquiera de los socios
que por desgracia caiga en indigencia, siempre que hayan existencias para ello,
después de satisfacer las obligaciones mensuales de la Sociedad, y de no haberlos
dará parte á la misma para que acuerde lo que convenga, y por último la formación
del pliego de obligaciones del portero, que firmado por el Secretario, le entregará
al Presidente con su visto bueno.

Artículo 12. 0

El Presidente de la Junta directiva es el encargado de llevar á efecto cuanto


la sociedad y Junta acordaren, y será responsable á una y otra de sus faltas en el
cumplimiento de este deber.

Artículo 13. 0
La Junta directiva lo es á su vez ante la Sociedad de la mala inversión de sus
fondos.

Artículo 14. 0

El día último de Diciembre de cada año, presentará la Junta directiva á la So-


ciedad la cuenta documentada de la cobranza é inversion de los fondos, que le
habrá pasado de antemano el Tesorero, como encargado directo de la cobranza y
pagos, los que no podrá hacer sin el acuerdo de la Junta directiva.

Artículo 15°
La Sociedad nombrará este día una comisión compuesta de tres individuos de
su seno, para que examine estas cuentas: y la comisión dará su dictamen sobre
ellas en la sesión inmediata.

Artículo 16.0

El Tesorero no podrá cobrar ni pagar cantidad alguna sin que los respectivos
documentos lleven el visto bueno del Presidente y toma de razón del Secretario
que al efecto llevará su libro de cargo y data.

Artículo 17. 0
La Junta directiva acordará las formalidades con que deben llevarse los libros
de contabilidad, y el método de las operaciones.
180 ESTUDIOS CANARIOS [18]

Sección 3."
Modos de perder la cualidad de socio y destino que deba darse
á los enseres de la Sociedad cuando concluya esta.

Artículo 18. 0
Cuando un socio quiera dejar de serlo, lo avisará al Presidente, quien lo esclui-
rá del libro que debe llevar para dar asiento á los socios, y dará cuenta al Tesorero
para que deje de exigirle la cuota mensual.

Artículo 19. 0
Todo socio que dejare de satisfacer su cuota á los quince días después de pre-
sentársele el recibo correspondiente al mes, vencido este, quedará escluido de la
sociedad, donde no volverá á ser admitido sin que antes pague las mensualidades
que hayan vencido.

Artículo 20. 0

Cuando por cualquiera causa dejase de existir la Sociedad, se apreciarán todos


los enseres de su pertenencia, y se venderán por el último Presidente con inter-
vención del Secretario en su justo valor. Aquellos que no pudieren venderse por
su justo precio, serán rematados en el mejor postor entre los mismos socios, que
también serán preferidos en la venta á justa tasación: y el producto total se aplicará
á una obra de beneficencia, de conveniencia pública, según las necesidades mas
urgentes en aquella época á juicio de toda la Sociedad.

Artículo 21. 0
La misma inversión se hará de los fondos existentes en la Tesorería al tiempo
de la extinción de la Sociedad.

Disposiciones generales

Artículo 22. 0
La estricta observancia de este reglamento queda á cargo de la Junta directiva
en general y del Presidente en particular.

0
Artículo 23.
El Presidente dará los pasos oportunos con la autoridad competente á fin de
que pueda tener efecto la existencia de la Sociedad del Liceo, y se pondrá de
acuerdo con la misma autoridad en cuanto á las formalidades que deban preceder
á las reuniones.

Las Palmas de Gran Canaria 30 de setiembre de 1854.= Rafael Loren-


zo y García.=Cristóbal Millares.=Domingo Guarello.=Segundo María Carros,
Secretario.=Gobiemo de la Provincia de Canarias.=Hay un sello.=Santa Cruz de
Tenerife 18 de octubre de 1854.=Aprobado.=P.A.=Francisco Belmonte.
F Í S I C A, QU Í M I C A Y MAT E M Á T I C AS

Cambio climático:
consideraciones astronómicas y físicas.
Aplicación a Canarias

FRANCISCO ÜONZÁLEZ DE POSADA


DOMINGA TRUJILLO JACINTO DEL CASTILLO

Resumen. Se estudian las causas astronómicas y físicas de los cambios climáti-


cos en el planeta Tierra con carácter general, caracterizando el momento presente
como de calentamiento global de naturaleza antropogénica, desde unas conside-
raciones físicas y metafísicas sobre el Universo a la luz de las revoluciones de la
física del siglo XX -relatividad y cuántica- y desde la consideración de la Tierra
como estructura dinámica en respectividad intrínseca y extrínseca.
Palabras Clave: cambio climático, calentamiento global, física, Tierra.

Abstract. The astronomical and physical causes of climate changes on pla-


net Earth in general are studied. The present moment is characterised as one of
global warming of an anthropogenic nature according to physical and metaphysi-
cal considerations about the U ni verse in the light of the revolutions in physics in
the 20th century -relativity and quantum mechanics- and from the consideration
of the Earth as a dynamic structure in intrinsic and extrinsic respectivity.
Key words: climate change, global warming, physics, Earth.
182 ESTUDIOS CANARIOS [2]

l. CONSIDERACIONES FÍSICAS Y METAFÍSICAS SOBRE EL UNIVERSO

Consideraciones preliminares científico-filosóficas.

En el artículo «La dinamicidad intrínseca de la Naturaleza. La Tierra en


el Universo» (González de Posada, 2007), publicado en una monografía
la Real Academia Nacional de Farmacia (Jiménez y Doadrio, (eds.) 2007)
unido a otros anteriores más extensos (González de Posada, 1998 y 2001)
se desarrollan unas ideas filosóficas basadas en las revoluciones de la física
del siglo XX -las conceptuales y matematizadas revolución relativista y
revolución cuántica- así como en los descubrimientos observacionales
cósmicos y experimentales terrenos. Estas ideas fundamentales fueron ru-
bricadas por los avances y conceptualizaciones de las ciencias biológicas
hasta nuestros días.
Dichas revoluciones científicas habían permitido a Zubiri (1989) cons-
truir una metafísica -filosofía primera de la Realidad- que, a mi juicio,
puede completarse y aplicarse como meta-física, supra-física o incluso
pan-física a toda realidad con minúscula (en términos clásicos, sea materia
o sea fenómeno, cuerpo o movimiento, sistema o proceso, onda o corpús-
culo, causa o efecto, etc.) así como a la Realidad con mayúscula (Universo,
Cosmos o Naturaleza).
Esa metafísica (versión prioritariamente filosófica) y esa meta-física
(versión prioritariamente física) permiten establecer un conjunto de ideas
fundamentales consideradas como pensamiento científico-filosófico actual
que dominan el panorama de la ciencia vigente y que orientan fácilmente
cuando uno se enfrenta a cualquier tema que tiene algo que ver con las
ciencias.
El pensamiento actual se ha descrito como conjunto de horizontes abier-
tos por las revoluciones intelectuales que han modificado radicalmente el
pensamiento científico y filosófico en el siglo xx (González de Posada,
2001).
Cinco son las ideas fondamentales que creo pueden destacarse del pen-
samiento de Einstein que trascienden de la fisica a todo el pensamiento
científico y filosófico. Son las siguientes: estructura, respectividad, dina-
micidad, emergencia y finitud
Estas ideas (¡las ideas conceptuales o filosóficas! ... no sus concrecio-
nes científicas que constituyen problemas diferentes) fueron matizadas y
rubricadas posteriormente por la Física Cuántica. (Se dejan ahora al mar-
gen las que ésta introduce independientemente -distintas- de las Teorías
de la Relatividad). Es decir, se trata de ideas aportadas, en primer lugar,
[3] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 183

por la Relatividad y después por las sucesivas «nuevas físicas» (Atómica,


Nuclear y de Partículas Elementales o Altas Energías), que han quedado
establecidas, ¿definitivamente?, para todas las ciencias de la Naturaleza y
para todo el pensamiento científico y filosófico.

Caracterización metafisica del Cosmos: realidad emergente, estructural,


dinámica y finita

Las ideas científico-filosóficas generales expuestas en el apartado ante-


rior pueden perfilarse un poco más en el intento de caracterizar metafísica-
mente la cosmología actual.
La concepción que la Física, la Cosmología fisica, tiene hoy del Cos-
mos lo caracteriza metafísicamente, a mi modo de ver, y siguiendo priori-
tariamente la senda sugerida por Zubiri (1989), mediante las cuatro notas
capitales que integran la expresión siguiente: El Universo es la Realidad
por antonomasia, emergente, estructural y dinámica.

Primera. Realidad por antonomasia.


El Universo en tanto que 'un único todo' es la 'realidad total', la
Realidad (con mayúsculas), que a su vez está constituida por realidades
(con minúsculas) integradas en él en respectividad unas con otras. La(s)
realidad(es) -toda realidad- no responde(n) a ninguna de las categorías
filosóficas clásicas: no es sustancia, no es ente, no es ser, no es objeto, no
es sujeto.

Segunda. Producto de una emergencia.


El Cosmos, 'todo lo existente', surgió como emergente. También, en
él, toda realidad ha sido y es emergente. El acto de emergencia primicial
del Todo se denomina Big-Bang o 'gran explosión'. Heredado del lengua-
je matemático se dice que ese 'instante inicial' fue una singularidad, un
'momento' (en los dobles sentidos temporal y filosófico) en el que todo o
el Todo (o nada o la Nada, que desde la sabiduría/ignorancia presentes es
prácticamente lo mismo) era diferente. Lo substratual, anterior, de lo que
ha emergido el Universo -materia, energía, espacio, tiempo, leyes, cons-
tantes, etc.- constituye, al menos hasta el presente, un misterio. Emerge,
¡qué duda cabe!, y lo hace bien desde la Nada bien desde otra realidad de
naturaleza ignota. El Cosmos -«nuestro Universo»- surge pues de for-
ma emergente. Metafóricamente podría decirse que a partir de un punto y a
modo de un puñado de Dios que se abre. De ninguna manera es estático en
184 ESTUDIOS CANARIOS [4]

sus grandes líneas, idéntico a sí mismo, creado de una vez por todas como
algo cósmico al modo de la Tasts aristotélica (ordenamiento propio).

Tercera. Estructuralidad.
La realidad, «de suyo» -que decía Zubiri-, por sí misma y en sí mis-
ma, es estructural, no substancial, no objetual, no subjetual. Es una sus-
tantividad de notas constitutivas que la codeterminan como estructura. El
Cosmos, desde las nuevas flsicas del siglo XX -Relatividad Especial, Re-
latividad General, Física Atómica, Física Nuclear, Física de Partículas Ele-
mentales o de Altas Energías-, es una estructura. Utilizando los términos
lingüísticos clásicos de la Física, las notas fundamentales de esta estructura
se denominan: espacio, tiempo, materia y energía; no son cuatro realida-
des independientes sino cuatro notas constitutivas del Cosmos -con otras
concepciones distintas, agregadas en mutua respectividad-. Estas notas
constitutivas del Cosmos son las clásicas categorías fundamentales (tiem-
po, espacio, materia) de la Física de todos los tiempos hasta el siglo XIX;
en la Física actual estas categorías, con la energía, forman una tétrada cada
uno de cuyos polos puede entenderse por sus relaciones con los otros y por
las relaciones entre estos otros. La Cosmología, pues, puede considerarse
también como ciencia de las relaciones espacio-tiempo-materia-energía.

Cuarta. Dinamicidad intrínseca.


La visión predominante de la Física del siglo XX establece que toda
realidad es en sí misma y por sí misma dinámica. En síntesis dirá Zubiri
que «toda realidad 'de suyo' 'da de sí'». La dinamicidad consiste en dar de
sí por sí en respectividad.
El Cosmos, por sí mismo y desde sí mismo, es esencialmente dinámico,
intrínseca y constitutivamente dinámico. El dinamismo no consiste sólo
en movimiento; éste es el más elemental o sencillo de los dinamismos.
El dinamismo de la variación de lugar es sólo el dinamismo básico. La
dinamicidad intrínseca supone también la transformación de la realidad y
en ella la alteración. En su dinamicidad, el Cosmos va produciendo otros
alter, otras realidades, nuevas configuraciones.
Todo lo existente, desde lo más efímero hasta lo considerado más esta-
ble, tiene una 'vida media', una duración, una vida; nada permanece inde-
finidamente. Hasta hace años se suponía que el protón era estable, hoy se
sabe (se cree saber, con más precisión) que tiene una vida media muy larga,
notablemente mayor que la edad estimada de 'nuestro Universo'; hoy nada
es estable (estático) sino que todo es esencialmente dinámico en sí y por sí
[5] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 185

mismo. El Cosmos sobre todo, en tanto que realidad por antonomasia, es


constitutivamente dinámico.
Y esta dinamicidad le otorga el carácter más significativo de la visión
cosmológica actual en contraste con todas las cosmovisiones precedentes.

Quinta. Finitud.
El Universo -«nuestro Universo», me gusta decir- es espacialmente
muy grande, pero finito; el Universo temporalmente tuvo un inicio, no es
eterno.
A modo de resumen complementario puede aplicarse directamente al
Universo lo que Zubiri (1989) afirma para la realidad. Así se construyen
por sustitución las siguientes densas afirmaciones.
Una. El Universo como esencia es una estructura. Una estructura cons-
titutiva, pero cuyos momentos y cuyos ingredientes de constitución son
activos y dinámicos por sí mismos.
Dos. El Universo no es solamente lo que es actualmente; también está,
en una o en otra forma, incurso en eso que de una manera más o menos
vaga podemos llamar el devenir.
Y tres. El Universo es una estructura que 'de suyo da de sí'.
En conclusión: el cambio -la dinamicidad intrínseca- es una caracte-
rística inherente al Universo.

Las realidades «de» y «en» el Universo: la Tierra

En síntesis apretada puede reiterarse en la línea expuesta en el apartado


precedente que toda realidad contenida en el Universo (la Realidad) posee
las mismas notas caracterizadoras indicadas: emergencia, estructura y di-
namicidad.
Por lo que respecta a la estructura de una realidad determinada con-
viene recordar que debe interpretarse no sólo como compuesto de partes
matéricas sino como conjunto de notas sustantivas integradas por com-
ponentes, interrelaciones y propiedades que so~ mutuamente respectivas
-que están en respectividad intrínseca-.
Pero, además, las realidades son <<notas constituyentes» del Universo
tales que la propiedad de éste -de sus notas- de respectividad intrínseca,
«en» y «del» Universo, implica que las realidades están en respectividad
extrínseca entre sí.
En conclusión, la Tierra es una realidad «en» y «del» Universo.
186 ESTUDIOS CANARIOS [6]

2. CARACTERIZACIÓN DE LA TIERRA

Consideraciones introductorias

Las consideraciones precedentes de carácter general con referencia


principal al Universo son aplicables a la realidad Tierra. Me gusta utilizar
la expresión «la Tierra no es Tierra y sólo Tierra», lema que hemos de desa-
rrollar antes de penetrar directamente en la problemática del actual cambio
climático que se manifiesta como calentamiento global.
Se aplican a continuación las concepciones anteriores, de fundamentos
de fisica, de caracterización metafísica de la realidad, de la visión cosmoló-
gica actual al estudio de la realidad Tierra, que casi siempre se olvida tanto
en los textos de corte filosófico como en los propiamente de fisica. Aquí se
pretende salvar ese olvido.
La Tierra es la única plataforma vivencia! conocida del Cosmos. En
ella vive el hombre, vivimos nosotros. Y en ella parece ser que con y desde
la revolución industrial se ha iniciado una nueva era geológica que se ha
bautizado como Antropoceno.
Dos consideraciones pueden hacerse.
Primera. Es usual en los estudios filosóficos acerca del hombre, escritos
con orientaciones cosmológicas, transitar directamente del Cosmos a la
Vida. Ese puente, transición en el sentido kantiano de su obra póstuma, une
directamente las dos islas citadas, ambas fundamentales, de la reflexión
metafisica. Pero, como ingeniero de Caminos, me atrevo a decir que no es
aconsejable un puente de tan gran luz cuando existen islas intermedias de
tamaño considerable y a distancias adecuadas entre esos estribos colocados
en ese caso sólo en el Cosmos y en la Vida. Es conveniente, pues, concebir
el puente cuando menos con un pilar de apoyo intermedio cimentado en el
planeta Tierra. «¿Qué es la Tierra?» se constituye, así, en pregunta inelu-
dible para dicho tránsito. No puede obviarse la Tierra de ninguna manera
en el tratamiento del problema del hombre (repito, si se estudia en clave
cosmológica) mientras sólo tengamos constancia de su existencia precisa-
mente en la Tierra. (Y, si queremos, sabemos perfectamente que sólo existe
aquí. Otro tema es la posible existencia de vida y de vida inteligente en
otros planetas o mundos).
Segunda. Como aplicación de la concepción de realidad basada en el
pensamiento de Zubiri y expuesta anteriormente (casi como si se tratara de
un ejercicio, de difícil solución, pero con naturaleza de ejercicio) se estudia
ahora la realidad emergente, estructural y dinámica, Tierra. Y se profundi-
za en esta aplicación al hilo de la noción zubiriana tan rica del problema de
[7] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 187

la respectividad, intrínseca y extrínseca, no tratado de ordinario con tanto


interés y detenimiento como los conceptos de estructura y dinamismo. La
esencia es estructura y la esencia es dinámica, «de suyo da de sí». Las notas
estructurales son a su vez dinámicas y respectivas, las intrínsecas y las ex-
trínsecas. En esta característica, como he dicho, quiero centrar la atención.
La importancia de la respectividad, a mi juicio, se pone especialmente de
manifiesto en estos temas típicamente científicos: de órdenes físico, quími-
co, geológico y biológico.
A modo de presentación puede hacerse una primera descripción formal
de la Tierra. Es un planeta del Sistema Solar, el tercero por su distancia al
Sol, uno de los considerados como planetas interiores, conjunto formado
por Mercurio, Venus, Tierra y Marte. Su diámetro es de unos 12.800 kiló-
metros y tiene una masa de 5,97x1027 gramos y una densidad relativa del
orden de 5,5. Orbita a unos 150 millones de kilómetros de media alrededor
del Sol, con una velocidad de traslación de unos 30 kilómetros por segun-
do.
Con respecto a los restantes planetas interiores presenta cinco caracte-
rísticas poco comunes: 1) posee océanos de agua (Hp en fase líquida); 2)
tiene una atmósfera específica, constituida básicamente por un 78% de N2
y un 21% de 0 2 ; 3) en ella ha surgido y se ha desarrollado la vida; 4) de
ella emana un campo magnético intenso; y 5) sufre la denominada 'deriva
continental'.

En torno al origen y a la evolución de la Tierra

La Tierra, en tanto que realidad, es una estructura dinámica inserta en el


dinamismo general del Cosmos.
El principio de la Tierra arranca, parece ser, de la compleja y aún no
suficientemente explicada fenomenología que se relaciona con las conden-
saciones de materia interestelar -'nube de polvo'- que dieron origen al
Sistema Solar y en éste, en sus comienzos, a la proto-Tierra que se genera-
ría por acreción (condensación gravitacional).
Tiene unos 4.500 millones de años.
Y su dinamicidad, intrínseca y extrínseca, la han conducido al estadio
evolutivo actual que incluye como característica fundamental y diferen-
ciadora -si no en el Cosmos, sí en el Sistema Solar- la Biosfera, región
biologizada, y hoy, además, humanizada.
188 ESTUDIOS CANARIOS [8]

La naturaleza estructural de la Tierra: notas intrínsecas

La naturaleza estructural intrínseca de la Tierra, como esbozo, queda


caracterizada en la actualidad por un conjunto de notas entre las que pue-
den destacarse las siguientes.

l. Su campo gravitatorio.
En tanto que realidad material, la Tierra participa de la gravitación uni-
versal. Aquí me refiero a su capacidad activa, generadora, en tanto que
crea un campo gravitatorio, es decir, un campo vectorial central newto-
niano, con centro en su centro de gravedad. Este campo, intensidad de la
atracción gravitacional entre la Tierra y cualquier otro cuerpo, se expresa
de la forma:

donde g es el campo vectorial de la aceleración de la gravedad terrestre;


G = 6,673xi0- 11 N.m2/kg 2 , la constante de la gravitación universal newto-
niana; Mr = 5,97xl027 g, la masa de la Tierra; r, la distancia del punto
considerado al centro de la Tierra; y ~ el versor radial de dicho punto. El
valor escalar de dicha aceleración, módulo del vector g, es:

de tal modo que, aplicada a la superficie de la Tierra, RT = 6.370 km=


6,37xl06 m, se obtiene el valor conocido

=GMr =6673x1o-Jl 5,97x1oz4 =981 N/k.


gT R/ ' (6,37x10 6/ ' g

Este campo g gravitatorio hace posible que exista la atmósfera terres-


tre, tal que atraída por él queda atrapada sobre la superficie de tierras y ma-
res. No todo cuerpo celeste puede gozar de atmósfera gaseosa, sólo aque-
llos que poseen un determinado valor mínimo de su campo gravitatorio.
Esta propiedad, así considerada, de naturaleza intrínseca, es, en principio
al menos, la primordial o la más importante, aunque de ordinario no se
cite.
[9] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 189

El campo gravitatorio terrestre, como todos los demás análogos, se


extiende hacia todo el espacio universal, en respectividad extrínseca con
todo otro cuerpo, disminuyendo su intensidad con el cuadrado de la dis-
tancia según las relaciones anteriores. A una altura h sobre la superficie,
r = RT + h, el valor de g(h) en función de gr se expresa:

Así, la aceleración de la gravedad, en los límites -aproximados- de


la atmósfera, h = 100 km, será de unos 9,51 N/kg; y, en una órbita usual
para una nave o estación espacial situada a unos 300 km de altura sobre la
superficie de unos 8,95 N/kg.
En el entorno de la superficie de la Tierra se han desarrollado todas las
formas de vida conocidas. Y todas ellas, por tanto, con un valor de la gra-
vedad próximo a 9,81 N/kg.

2. Constitución, composición.
La Tierra tiene una forma próxima a la esférica.
Tres conjunciones diferenciadas pueden destacarse, desde el centro
hasta el exterior: endolitosfera, hidrosfera y atmósfera.

2.1. Endolitosfera.
La litosfera-endosfera, que emerge como sólida sobre la superficie de
los mares, posee tres partes específicas que reciben las denominaciones de
núcleo, manto y corteza.
A) El núcleo representa el interior de la Tierra y tiene un radio aproxi-
mado la mitad del de ésta, es decir, de unos 3.000 km. Se conoce, en rea-
lidad se cree conocer, aceptablemente. Se concibe con una zona externa
líquida y otra interna sólida. Ambas zonas, complejas y de dificil caracte-
rización, parece que están compuestas por hierro y níquel y derivados de
ambos, pero a una presión del orden de miles de veces la atmosférica. El
interior es caliente (por la energía de los elementos radiactivos) y se estima
que posee una temperatura de entre 3.000 y 10.000 K, es decir, del orden
de la temperatura existente en la superficie del Sol que es de unos 6.000 K.
Este núcleo, supuesto líquido, es fuertemente conductor.
B) El manto representa los otros aproximadamente 3.000 km, exterio-
res al núcleo. Es una región rocosa, en su mayor parte sólida. El calor pro-
veniente del interior hace que los materiales de las capas más internas del
190 ESTUDIOS CANARIOS [lO]

manto sean dúctiles, blandos, y que existan movimientos tales que los ca-
lientes (menos densos) ascienden y los más fríos (más densos) se hundan.
C) La corteza, relativamente delgada, está partida en placas que 'flo-
tan' sobre el manto parcialmente convectivo y se desplazan sobre él. Las
placas, cuando sobresalen de los océanos, dan lugar a los continentes. La
corteza es la parte más directamente relacionada con los temas geoantro-
podinámicos.

2.2. Hidrosfera.
La Tierra tiene agua, mucha agua. Y por sus condiciones de temperatura
y presión está en cantidad importante en forma líquida que se conside-
ra elemento indispensable para la vida, al menos tal como la conocemos.
También abunda en forma sólida, hielo, y en forma de vapor de agua, gas,
en la atmósfera.
El agua líquida constituye los océanos, mares, lagos y ríos.

2.3. Atmósfera.
La atmósfera de la Tierra es la capa gaseosa que la rodea. Parece singu-
lar, al menos en el Sistema Solar, por la cantidad de oxígeno y la carencia
prácticamente absoluta de hidrógeno. Su composición actual aproximada
es la siguiente: un 78% de nitrógeno, un 21% de oxígeno y del orden de
un 1% de otros gases entre los que destacan vapor de agua, gases nobles,
ozono y dióxido de carbono. Se la denomina, sobre todo en las capas bajas,
aire.
La temperatura varía mucho con la altitud: desde la superficie hasta
los 1O km, disminuye gradualmente alcanzando unos 200 K; aumenta a
continuación hasta los 50 km, donde tiene un valor de unos 273 K; después
disminuye de nuevo, de modo que a 100 km puede ser de unos 173 K. Esta
estructuración térmica aparentemente tan extraña se debe a la absorción de
la radiación solar por diferentes compuestos químicos. En la superficie de
la Tierra la temperatura presenta un valor promedio de unos 15,5 oc.
La presión en la superficie de la Tierra -a nivel del mar- es de unos
760 mm Hg (valor de la presión que suele conocerse como de 'una atmós-
fera'). A medida que se asciende por la atmósfera disminuye la presión.

3. Biosfera.
Por su especial significado para la vida, debe distinguirse cualitativa-
mente la biosfera como unión de partes de las zonas anteriores que consti-
tuyen una entidad diferenciada de las demás y que, por otro lado, diferen-
cia a la Tierra respecto de todos los demás cuerpos del Sistema Solar.
[11] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 191

La biosfera es la región de la Tierra donde se manifiesta la vida, la


habitada por seres vivos. Comprende la zona inferior de la atmósfera, la
totalidad de la hidrosfera hasta sus mayores profundidades, la superficie
del suelo y la litosfera hasta aproximadamente unos 2 km hacia el interior.
Desempeña, pues, el papel especialmente relevante para la vida, y constitu-
ye, sin ningún género de dudas, lo más sorprendente y singular de nuestro
planeta con respecto a todos los demás conocidos, en los que ni siquiera, al
menos hasta hoy, se perciben indicios de vida.

4. Campo magnético.
De la Tierra emana un campo magnético con dos centros: los polos
denominados norte y sur magnéticos, en la actualidad relativamente próxi-
mos a los geográficos pero con desplazamientos continuos. Este campo
magnético puede considerarse como excepcionalmente intenso. Se inter-
preta como generado: a) por corrientes eléctricas que circularían por el
núcleo metálico líquido altamente conductor del interior y por movimien-
tos convectivos de las partes frías y calientes (dado que el movimiento de
estos líquidos no es regular, los polos se mueven irregularmente); y b) por
la rotación de la Tierra.
Otro conjunto de notas, quizás más representativas de la dinamicidad
que de la estructura, pero sin que sea posible una nítida diferenciación y
que se tratará en el punto de la dinámica, es el integrado por el vulcanismo,
la tectónica global (o de placas), la radiactividad y la rotación diurna.
Y estas notas son mutuamente respectivas, están en respectividad in-
trínseca.

La naturaleza estructural de la Tierra: notas extrínsecas

Pero, puede repetirse, «la Tierra no es la Tierra y sólo la Tierra», sino


que es la Tierra también por su respectividad extrínseca con otros cuerpos
celestes y propiedades generales del Universo sin cuyas referencias y ac-
ciones la Tierra no sería la Tierra.
La naturaleza estructural de la Tierra, hasta ahora caracterizada sólo
por sus propiedades intrínsecas, se completa con el conjunto de notas co-
rrespondientes a su respectividad extrínseca, notas tales que en sus propias
dinamicidades inducen y añaden también dinamicidad en y a la propia Tie-
rra. Esta respectividad principalmente se refiere, a los efectos de clasifica-
ción, a las siguientes otras realidades.
192 ESTUDIOS CANARIOS [12]

Primero. El Sol.
A) El campo gravitatorio solar, en el que se encuentra la Tierra, con-
diciona las características orbitales de ésta: la distancia al Sol (la órbita es
casi circular, de radio r = 150xl09 m), la velocidad de desplazamiento, v, y
el ciclo anual (o período de revolución, 1).
El equilibrio dinámico del planeta en su giro alrededor del Sol se esta-
blece mediante la condición de que la gravitación solar, g~so1ar , es la fuerza
central -fuerza centrípeta si se quiere- necesaria para el movimiento
elíptico a la distancia orbital, r, considerada. Es decir, en el marco de la
física newtoniana:

_ - Ms V
gsolarMT = {, ==> G-2-Mr =My-==> V=
~s
G--
r r r

donde Ms = 1,999xl030 kg es la masa del Sol. Sustituyendo y operando se


obtiene:

v= 6,673x10- 11 1•999 xlO:o = 29.800 m/s


150xl0

Por otra parte, de las relaciones de equilibrio dinámico de la órbita se


deduce también el período de revolución aproximado:

de acuerdo con la tercera ley de Kepler del movimiento planetario. Tam-


bién puede obtenerse directamente por mediación de la velocidad ya cal-
culada:
9
V= 2nr => T = 2nr = 2nx150x10 365 ,25 días
T v 29800

En resumen, la Tierra gira alrededor del Sol en una órbita de unos 150
millones de km con una velocidad de unos 30 km/s y un periodo de revo-
lución de unos 365 días (el año terrenal). Y, además, gira sobre su eje con
un periodo de rotación de unas 24 horas. Este eje de rotación está inclinado
en la actualidad unos 23°27' respecto de la perpendicular a la eclíptica
-plano de la órbita de la Tierra alrededor del Sol-, lo que permite que
se produzcan variaciones apreciables de la temperatura en cada latitud a lo
largo del año.
[13] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 193

La órbita -la distancia al Sol- es el primer parámetro determinante


del clima. En el panorama universal de sistemas planetarios que se van co-
nociendo se afirma que la Tierra se encuentra en la ecosfera de su estrella
(corona esférica concéntrica con el centro de la estrella, de radios límites
para la posibilitación de vida). La práctica estabilidad de la órbita garantiza
una especie de situación «media» del clima de la Tierra en la exosfera del
Sol.
B) La actividad solar, como complemento de la gravitación, que se
manifiesta por las manchas solares y el viento solar, influye en el clima
terrestre de manera apreciable. Existe una correlación entre los periodos
de escasa actividad solar y las épocas anormalmente frías y de intensas
nevadas en la Tierra, que se han puesto de manifiesto en registros históri-
cos, por ejemplo, por anillos más delgados de los árboles y por concentra-
ciones más altas de 14 C radiactivo que se produce en las capas altas de la
atmósfera por la radiación cósmica. Las glaciaciones se interpretan como
consecuencias de períodos de menor actividad solar.
La actividad del Sol, a los efectos de lo que se recibe en la Tierra, se
manifiesta básicamente de dos formas: 1) emisión matérica: protones y
electrones, partículas eléctricamente cargadas de las que se defiende nues-
tro planeta gracias a la coraza que supone su magnetosfera; y 2) radiación
electromagnética (espectro continuo), del que interesa considerar los inter-
valos: a) ultravioleta (en su conexión con la capa de ozono y por su peligro-
sidad por la alta energía); b) luminosa; y e) infrarroja o térmica.
La radiatividad de naturaleza térmica se debe pues directamente al Sol,
ligada al proceso de la actividad solar.
Se considera usualmente que desde hace unos 4000 millones de años las
temperaturas medias han permanecido dentro de un intervalo compatible
con la existencia de océanos de agua líquida en la superficie, posibilitando
la existencia de vida en nuestro planeta.
Eso ha sido posible mediante un delicado equilibrio entre la radiativi-
dad solar, la composición química de la atmósfera y la actividad tectónica
y volcánica de la corteza terrestre. Suele recordarse que en dos ocasiones,
hace aproximadamente unos 2600 y 700 millones de años la Tierra estuvo
muy cerca de sufrir una glaciación total. La Tierra no parece ser norma
en el Cosmos. Cuando en las próximas décadas conozcamos planetas si-
milares al nuestro alrededor de otras estrellas podrá conocerse mejor el
fenómeno cósmico.
Los seres vivos han sufrido las consecuencias de los cambios climáticos
pero al mismo tiempo han sido causa importante de algunos de ellos, por
194 ESTUDIOS CANARIOS [14]

ejemplo el de la sustitución progresiva del dióxido de carbono por oxígeno


en la atmósfera terrestre.
El viento solar es un gas de hidrógeno tenue y caliente disociado en
protones y electrones a unos 800 km/s. Supone del orden de un millón de
toneladas por segundo de material ionizado, que ha sido detectado por las
sondas espaciales aún más allá de Saturno, es decir, a una distancia mayor
de diez veces la distancia Tierra-Sol. Sería peligrosísimo para la vida si
incidiera directamente sobre la superficie terrestre, pero la atmósfera y el
campo magnético terrestre lo frenan protegiendo así la superficie. Estas co-
rrientes de viento solar, como las erupciones de rayos X, perturban también
el campo magnético terrestre.
Por otra parte, y en forma telegráfica, conviene recordar que el Sol no
está quieto (y el resto del Cosmos tampoco), que se desplaza hacia la estre-
lla Vega a una velocidad de unos 20 km/s, y que los encuentros interestela-
res (e intergalácticos) también existen.
En resumen, del Sol recibimos su radiación: luz y calor, y también, en-
tre otras, tormentas magnéticas, radiaciones de protones y electrones y ra-
diaciones de neutrinos. Como esta actividad solar es variable, como lo son
la situación relativa de la Tierra con respecto al Sol y la posición respecto
del plano de la eclípticas, el clima en la Tierra es variable.
Y, en conclusión, la distancia al Sol y la actividad solar constituyen
parámetros fundamentales para la fijación del clima de la Tierra.

Segundo. La Luna.
La Luna es el único satélite natural de la Tierra. Tiene un radio de l. 738
km y una masa de 7,34xl022 kg. Orbita alrededor del planeta a una dis-
tancia de unos 385.000 km con un período de revolución de 27,32 días.
Su acción gravitatoria sobre la Tierra es la causa principal de las mareas
(marinas, terrestres y atmosféricas).

Tercero. Los planetas.


Sólo se desea destacar aquí que algunos planetas, sobre todo Júpiter y
Saturno, dadas sus grandes masas, kg y kg, respectivamente, modifican,
aunque sea ligeramente, la órbita terrestre por sus respectivos campos gra-
vitatorios.

Cuarto. La actividad general cósmica.


Existen indicios (óxidos de nitrógeno) de que la radiación en forma de
rayos X de alta energía generada por explosiones de supemovas dejaron
trazas permanentes sobre la Tierra registradas en los hielos polares.
[15] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 195

Con mayor o menor intensidad actúan sobre la Tierra las estrellas, la


radiación de fondo, el polvo interplanetario, el interestelar, etc.

Y quinto. Acciones especiales.


No deben olvidarse en este ámbito de la respectividad extrínseca de la
Tierra, el conjunto que puede catalogarse de acciones especiales, integrado
por elementos tales como los debidos a impactos de asteroides, cometas y
meteoritos de los que debe simplemente dejarse constancia.

La dinamicidad de la Tierra: su actividad

La separación en apartados distintos de las estructuras intrínseca y ex-


trínseca y ahora éste de la dinámica, si bien se hace con rigor formal, debe
reconocerse que no es posible hacerlo con rigor en sí, dado que aunque el
formalismo pudiera ser fácil se aplica a una realidad muy compleja: cada
nota estructural es dinámica y está en respectividad con las otras. Con esta
salvedad destacaré, una vez más, que la Tierra es una estructura intrínse-
camente respectiva y también extrínsecamente respectiva y, además y por
ello, también dinámica. Está en dinamicidad, evoluciona. El 'ser' Tierra,
el de ahora, no es más que la 'actualidad de la realidad' Tierra, esencial y
constitutivamente dinámica.
Las manifestaciones de esta dinamicidad que cobran mayor importan-
cia a los efectos de nuestro objetivo, y más o menos adecuadamente orga-
nizadas, son las siguientes.

l. El dinamismo variacional de naturaleza geométrico-gravitatoria.


La Tierra como todos los astros está sometida a un movimiento comple-
jo, que se considera compuesto por un conjunto de movimientos originados
por diferentes causas y se explican independientemente. Los dinamismos
variacionales principales son los siguientes.
Uno. Movimiento de traslación alrededor del Sol según una órbita elíp-
tica de unos 930 millones de kilómetros, a una distancia media de la estre-
lla de unos 150 millones de kilómetros («Unidad astronómica»: 1 U.A.).
La Tierra se mueve con una velocidad de unos 29,5 ktn/s y completa la ór-
bita en un año (365, 24 días). El Sol se encuentra en uno de los focos de la
elipse. La órbita varía de forma y tamaño con un periodo de unos 105.000
años. La causa principal de esta variación es la gravitación ejercida por
otros planetas, y sobre todo por los grandes, Júpiter y Saturno. La excentri-
cidad de la órbita hace variar la distancia entre Tierra y Sol.
196 ESTUDIOS CANARIOS [16]

Dos. El movimiento de rotación oeste-este alrededor de un eje ideal que


pasa por los polos que determina la sucesión de los días (día-noche) con un
período de unas 24 horas. Debido a que la Tierra no es una esfera perfecta
sino una especie de elipsoide (ensanchamiento ecuatorial, aplastamiento
polar), las atracciones gravitatorias del Sol y la Luna, así como de los res-
tantes planetas originan unos movimientos complementarios.
Tres. El de la inclinación del eje respecto de la eclíptica entre 22 y
24,5 grados con un periodo de unos 41.000 años. A la inclinación se debe
que al orbitar la Tierra alrededor del Sol existan las estaciones: incidencia
primordial de los rayos solares sobre hemisferio norte o sur, ando lugar a
verano, otoño, invierno, primavera, estaciones que pueden ser más o me-
nos calurosas o frías.
Cuatro. El de precesión, o dirección del eje de la Tierra con respecto a
las 'estrellas fijas', o bien giro del plano ecuatorial con relación al plano de
la eclíptica, el eje describe un cono de 47 grados de ángulo con vértice en
el centro de la Tierra. Tiene un periodo de unos 26.000 años. Se manifiesta
por el movimiento de los equinoccios en la eclíptica (así se considera como
precesión de los equinoccios).
Cinco. Nutación, movimiento que se superpone a la precesión, como
vaivén del eje, por la mayor atracción de la Luna sobre la expansión ecua-
torial de la Tierra, que puede expresarse como un movimiento de pequeño
bucle complementario del de precesión. Tiene un período de unos 18,5
años.
Y seis. La longitud del día -movimiento de rotación- crece como
consecuencia de la fricción de las mareas, que producen un efecto de fre-
nado de unos 16 segundos por millón de años, de forma que complementa-
riamente la Luna se aleja de la Tierra unos 4 cm por año.
Los efectos de estos dinamismos pueden superponerse o equilibrarse.
Todos estos cambios afectan a la cantidad de calor solar que llega a la
Tierra y a su distribución.
Estos fenómenos alteran el clima, producen cambios climáticos cícli-
cos, de diferentes períodos -además variables-, por lo que resultan muy
complejo el resultado conjunto

2. Los procesos de erosión-sedimentación-meteorización.


Estos procesos tienen como lugares principales la corteza terrestre y las
cuencas oceánicas, modificando el hábitat de la biosfera.
[17] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 197

3. El vulcanismo.
En el manto tienen lugar procesos magmáticos y materiales de esta re-
gión, por intrusión, penetran en la corteza. Si salen al exterior dan lugar
a las extrusiones volcánicas, lanzando productos a la atmósfera, sobre la
superficie terrestre, o en el interior de los océanos.

4. La tectónica global.
La corteza terrestre está en permanente evolución. Se suceden en ella, a
lo largo del tiempo, fenómenos de aparición y desaparición de continentes,
desplazamientos de éstos (la 'deriva continental') y con ello de los propios
océanos, la formación de montañas, etc. En este marco cambiante se ha
desarrollado el proceso de la vida.
Como datos geocronológicos más significativos (ya se ha apuntado que
la Tierra se formó hace unos 4.500 millones de años) suelen destacarse
los siguientes: 1) el continente Pangea, supuestamente primordial y úni-
co entonces, se desarrolló hace sólo unos 300 millones de años (ejemplo
de la acción expansiva por salida de materiales del interior); 2) el océano
Atlántico comenzó a abrirse hace unos 200 millones de años (ejemplo de
desplazamientos relativos horizontales); y 3) la cordillera del Himalaya,
como plegamiento de la corteza, hace unos 12 millones de años (ejemplo
de colisión de continentes).
Corteza terrestre y vida, en sus evoluciones propias, han caminado jun-
tos; no han sido realidades independientes sino respectivas.
Podría decirse, mirando hacia el futuro, si no existieran ya factores hu-
manos -'artificiales'' por tanto- que estos cambios geológicos de la cor-
teza terrestre serían marcadores relevantes del porvenir de los seres vivos
como lo han sido en el pasado.

5. La radiactividad natural.
Se produce en el interior de la Tierra y se considera fuente generadora
de calor que asciende hacia el exterior.

6. La variabilidad del campo magnético.

7. La transformación de la constitución de la atmósfera.


7 .1. La constitución de la atmósfera.
La atmósfera seca (sin considerar el vapor de agua) tiene una composi-
ción media en volumen, por debajo de los 80 km, aproximadamente como
sigue: Nitrógeno, N 2, 78%; oxígeno, 0 2 , 21 %; argón, A, 0,9%; dióxido
de carbono, C02 , 350 ppm; neón, Ne, 18 ppm; helio, He, 5 ppm; metano,
198 ESTUDIOS CANARIOS [18]

CH4 , 2 ppm; cripton, Kr, 1,1 ppm; hidrógeno, H2 , 0,5 ppm; óxido nitroso,
NO, 0,3 ppm; xenón, Xe, 0,08 ppm; monóxido de carbono, CO, 0,04 ppm;
ozono, 0 3, 0,02 ppm. Estos gases están en proporciones sensiblemente
constantes hasta altitudes próximas a los 80 km, por lo que se denominan
permanentes. La parte esencial a los efectos del clima recaen en los deno-
minados variables, principalmente el vapor de agua. Esta composición se
debe, sobre todo, a los siguientes factores: vulcanismo, radiactividad, ac-
tividad de los organismos, procesos debidos a la radiación solar y, en esta
época de desarrollo industrial, a la emisión de productos contaminantes.

7.2. La estructura térmica vertical de la atmósfera.


La estructuración térmica de la atmósfera también se presenta de interés
para el tema objeto de estudio. Hablando de valores medios en condiciones
medias suele considerarse: una capa baja de unos 14 km denominada tro-
posfera cuya altura queda fijada por la máxima que alcanzan las nubes y en
ella tienen lugar los principales fenómenos que afectan al clima; en ella la
temperatura desciende con la altura de los 15,5 oc de la superficie hasta los
-55 oc que alcanza en la Tropopausa. Entre los 14 y los 50 km se desarro-
lla la Estratosfera (zona de máxima concentración de ozono) de gradiente
térmico lineal positivo hasta los -1 O oc en la Estratopausa. La Mesosfera
alcanza hasta los 80 km en la Mesopausa y más allá la Termosfera.

8. Los cambios climáticos.


Los dinamismos variacionales descritos y las alteraciones de la acti-
vidad solar son causa a su vez de que varíe la cantidad de calor solar que
llega a la Tierra y su distribución por la superficie, lo que genera la evolu-
ción climática.
En resumen, de nuevo, «la Tierra no es la Tierra y sólo la Tierra». Ade-
más de sus notas estructurales intrínsecas, que son respectivas entre sí,
tiene otras extrínsecas que también lo son entre sí y con las primeras. Entre
las extrínsecas, la realidad principal es el Sol. El suministro de energía
solar es muy estable gracias a la notable lentitud del flujo de energía en el
interior de esta estrella, proceso regulador que minimiza las variaciones
interiores en el centro solar. El Sol 'explotará' dentro ... de unos 5.000 mi-
llones de años, y presumiblemente engullirá a la Tierra. Y también podría
suceder que el Sistema Solar fuera 'asaltado' por (o asaltara a) otra estre-
lla ... Serían complejidades añadidas, pero se presentan, en todo caso, como
fenómenos demasiado lejanos en el tiempo futuro.
Los cambios climáticos en la Tierra han sido -y son-, pues, aconte-
ceres ordinarios y continuos, frutos y manifestaciones de la dinamicidad
del Cosmos en general y de la Tierra en particular.
[19] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 199

¡Bien! Pues en esta Tierra esencialmente así descrita surgió la vida, se


ha desarrollado y ha evolucionado. Y hoy la habita nuestra especie. Y ésta
ha alcanzado tal grado de conocimiento científico y de desarrollo tecno-
lógico que en el planeta puede considerarse que se ha iniciado un nuevo
período geológico: el Antropoceno.

3. EN TORNO AL CAMBIO CLIMÁTICO ACTUAL: EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Tipología de los cambios climáticos

Los cambios climáticos son algo natural y continuo en el planeta Tierra


desde su aparición en escena hace unos 4.500 millones de años. En la ac-
tualidad el cambio climático 1, que se presenta como calentamiento globafl,
tiene un componente causal radicalmente novedoso, la actividad industrial
humana.
En la intención de caracterizar el momento presente parece oportuno
introducir una tipología cualitativa básica, como primera tipificación de
los dinamismos climáticos de la Tierra. Podrían representarse mediante las
denominaciones iniciales siguientes.
Cataclismo cósmico. Serían aquellos acontecimientos que cambiarían
radicalmente la naturaleza del planeta. Por ejemplo el hecho supuesto del
choque de un gran objeto cósmico que arrancó un trozo que se convertiría
en la Luna y que metafóricamente se ha expresado: «La Tierra parió a la
Luna con dolor».
Cambio drástico, de naturaleza también propiamente discreta, coyun-
tural, referido a la naturaleza de la atmósfera, tal que podría representarse
mediante una discontinuidad (por ejemplo, en un sistema de coordenadas
temperatura-tiempo). Estos cambios se originarían por una causa exterior
tal como un «cometazo», caída de un meteorito, etc.; o bien por una causa
interior, como una intensa y extensa fase volcánica.
Cambio evolutivo, de naturaleza propiamente continua (por ejemplo, en
el citado sistema de referencia temperatura-tiempo). Este tipo de cambio
podría subdividirse en natural (si se trata de un proceso cósmico de análo-

1
Esta denominación no la consideramos afortunada para el tema objeto de estudio ya
que el cambio actual tiene un sentido claro -calentamiento- y es de naturaleza antropo-
génica, diferente a todos los anteriores.
2
Esta expresión sí resulta correcta. Podría perfeccionarse así: calentamiento global
antropogénico.
200 ESTUDIOS CANARIOS [20]

gos procederes a los que han tenido lugar a lo largo de la historia ordinaria
de la Tierra), y artificial (si son debidos a la acción humana, cuestión que
tiene lugar en el tiempo presente y que preocupa y se debate en la actuali-
dad). Por otra parte, también podría subdividirse en prioritariamente osci-
lante o de alternancias, y prioritariamente creciente o decreciente.

Notas históricas terrestres: caracterización del cambio climático actual

El clima del Cuaternario ha estado dominado por la alternanCia de pe-


ríodos glaciares e interglaciares controlados fundamentalmente por la va-
riación de los parámetros orbitales de la Tierra.
Las predicciones actuales parecen confirmar que el presente período in-
terglacial puede ser excepcionalmente largo debido a que nos encontramos
en una época donde la excentricidad de la órbita terrestre se sitúa en el ran-
go de valores mínimos. Realmente no se sabe con exactitud si la evolución
natural (restándole, en su caso y si se conociera exactamente, la debida a
la artificial) en el entorno temporal del presente (por ejemplo, 1950-2000
d. C.) es creciente o decreciente ya que lo que se conoce aproximadamente
es la evolución conjunta.
En escalas de millones de años puede considerarse que en la actualidad
nos encontramos en una fase de enfriamiento iniciada en el Cretácico, hace
unos 65 millones de años, teniendo como causa principal la pérdida de
energía interna del planeta.
En los dos millones de años más recientes ha tenido lugar una sucesión
de glaciaciones y períodos interglaciares producidos por cambios en los
parámetros orbitales indicados en los apartados precedentes.
Hoy el planeta se encuentra en un período interglacial iniciado hace
unos 1O. 000 años que ha facilitado el desarrollo de la agricultura y, en sín-
tesis, de nuestra civilización.
En este contexto se debate el problema, que se presenta como grave, de
la presencia de la humanidad, de su industrialización, con la gran cantidad
de 'contaminantes', especialmente de co2, que se lanzan a la atmósfera,
facilitando, mediante un exceso de efecto invernadero, el calentamiento
global que se observa actualmente. [La mayor y mejor Información se ob-
tiene de los informes del IPPC, acrónimo en inglés del Panel Intergubema-
mental de Cambio Climático. Estos informes tienen el condicionamiento
de un necesario consenso, como corresponde a instituciones de gobierno,
que hace lenta la tarea de acuerdo científico y retrasa la toma de decisiones.
Complementariamente debo citar a Aguilar Peris, 2003 y V ázquez Abele-
do,2008].
[21] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 201

Causas prioritariamente astronómicas de los cambios climáticos

En la línea expuesta en los apartados precedentes de este trabajo, las


consideraciones de naturaleza prioritariamente astronómica son las corres-
pondientes a las notas extrínsecas de la estructura de la Tierra. Básicamen-
te dos: las de naturaleza mecánica, asociadas a los movimientos relativos
Tierra-Sol, y la de naturaleza térmica, asociada a la radiatividad solar.
La conjunción de estos factores con los correspondientes a la compo-
sición y estructura de la atmósfera hace que la temperatura media del pla-
neta sea de unos 15 oc y que, por tanto, dada la existencia de H2 O, existan
océanos de agua líquida.

Los movimientos relativos Tierra-Sol

La dinamicidad de la Tierra asociada a este factor se ha descrito, digamos


inicialmente, en el punto 2.5 con el subtítulo de dinamismo variacional de
naturaleza geométrico-gravitatoria. Se han considerado unos dinamismos
variacionales principales que la teoría astronómica vigente considera como
procesos relevantes. Así, la excentricidad de la órbita terrestre, la inclina-
ción del eje de rotación de la Tierra con respecto al plano de la eclíptica,
la precesión y la nutación condicionan la cantidad de radiatividad que el
planeta recibe del Sol.
Como consecuencia de lo anterior hay que destacar los dos paráme-
tros relevantes: la distancia Tierra-Sol y (dada la simetría radial del Sol)
la 'cara' (la sección sobre la que incidirían perpendicularmente los rayos,
base del cono de radiatividad con vértice en el centro de nuestra estrella)
que ofrece la Tierra al Sol, factores que condicionan la cantidad de calor
que llega a la Tierra y su distribución.
Los cambios de los parámetros orbitales, entre los 100.000 y 10.000
últimos años han producido las glaciaciones conocidas.

La actividad solar: la radiatividad

La actividad del Sol, a los efectos de lo que se recibe en la Tierra, se


manifiesta básicamente de dos formas: 1) emisión matérica: protones y
electrones, partículas eléctricamente cargadas de las que se defiende nues-
tro planeta gracias a la coraza que supone su magnetosfera; y 2) radiación
electromagnética (espectro continuo), de la que interesa considerar los in-
202 ESTUDIOS CANARIOS [22]

tervalos: a) ultravioleta, que es absorbida en parte importante por la capa


de ozono y presenta peligrosidad en la superficie por su alta energía; b)
luminosa o de luz visible, penetrante ya que la atmósfera es transparente
para ella; y e) infrarroja o térmica.

Causas prioritariamente fisicas

Consideraremos como prioritariamente físicas las que tienen lugar en


la atmósfera terrestre.
Con las dificultades que sin duda pueden achacarse a los datos de que
se dispone y a los medios de estimación puede afirmarse, por mediación de
algunos indicadores que se han producido: a) elevación de temperatura; b)
aumento del nivel del mar detectado en diferentes estaciones y verificados
por datos de altimetría por satélite (parece ser que más debido a la expan-
sión térmica del agua que a la fusión de masas de hielo de Groenlandia y
Antártida).

Condiciones de equilibrio radiativo

La temperatura de una atmósfera planetaria resulta del balance entre la


radiación estelar recibida (que se repartirá en reflejada al exterior, absorbi-
da y trasmitida, que absorbida por la superficie calienta ésta) y la radiación
producida por la Tierra en forma de radiación infrarroja (que análogamente
se repartirá en reflejada hacia la superficie, absorbida por la atmósfera y
trasmitida por ésta al espacio).
En condiciones de equilibrio geológico térmico Sol-Tierra, la tempera-
tura del planeta viene dada por la ecuación aproximada:

T = [s(t - a )1 4a f.
donde S es el flujo estelar incidente en el borde superior de la atmósfera
planetaria (en el caso del Sol-Tierra 1368 W/m2; la Tierra sólo intercepta
la energía correspondiente a la sección transversal -mr - orientada al
Sol, y emite por toda su superficie -4nr -, y por ello hay que dividir la
constante solar por 4, denominándose constante solar media, 342 W/m2); a
es el albedo, fracción de energía reflejada por el planeta (en el caso Tierra:
0,33); y cr la constante de Stefan-Boltzmann.
[23] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 203

Los gases presentes en la atmósfera producen un efecto invernadero


natural que contribuyen a elevar la temperatura anterior, desde unos -18 oc
hasta los 15,5 oc que se considera representativo de la temperatura de la
Tierra (elevación de unos 33 grados debido a la absorción y reflexión por la
atmósfera de la radiación infrarroja emitida por la superficie terrestre).

Procesos en la atmósfera

Tres factores principales, a la luz de la fórmula precedente y de la ob-


servación complementaria, pueden considerarse como contribuyentes al
cambio de clima, sin olvidar la complejidad de cada factor y de las interac-
ciones entre ellos. El clima es un sistema complejo no lineal, imprevisible
en gran medida por la diversa configuración de las nubes (vapor de agua
condensada en torno a partículas). Los factores son los siguientes.

a) Variación del flujo radiativo solar (variable astronómica).


Se considera debido a los cambios en el magnetismo solar, que se re-
laciona con el número y extensión de las manchas solares, índice de la
actividad magnética. En los registros se observan ciclos de unos 11 años.
Medidas realizadas desde el espacio exterior han indicado que el flujo solar
incidente sobre la atmósfera terrestre varía con dicho ciclo de actividad,
aunque las medidas quitan relevancia a su contribución. Parece que la épo-
ca actual es en general de un alto nivel de actividad desconocido en los
últimos 10000 años. Estaríamos así en una fase de calentamiento por este
factor. Pero, en resumen, varía poco en tiempos largos.

b) Variación del albedo (variable de la física atmosférica)


Se denomina albedo a la fracción de radiación solar que es devuelta
directa e inmediatamente al espacio (reflejada por la atmósfera y la super-
ficie terrestre) con respecto a la que entra (suele decirse, para su caracteri-
zación, que son los mismos fotones que llegan), que representa un factor
importante en el balance energético del planeta. Es del orden de 31%, de
modo que se pierden hacia el espacio unos 107 W/m2 y así son sólo unos
235 W/m2 los que calientan la superficie de la Tierra. El albedo es, pues, un
factor causal del clima muy importante.

e) El efecto invernadero natural


La Tierra emite radiación infrarroja de acuerdo con su temperatura su-
perficial (unos 15 oc de media aproximadamente, mucho menor que los
204 ESTUDIOS CANARIOS [24]

5.800 oc de la del Sol), radiación de mayor longitud de onda que la re-


cibida. Pero no toda esta radiación sale al espacio. Los gases de efecto
invernadero la absorben y la transfieren en un 63 % hacia la Tierra, lo que
implica que el equilibrio térmico se establezca a temperatura superior a la
que correspondería sin este efecto. Así, la Tierra ha alcanzado una tempe-
ratura media de unos 15 oc y no sólo los -18 oc que le correspondería sin
este suplemento.
Entre los factores contribuyentes pueden considerarse los siguientes.
a) Erupciones volcánicas. El impacto climático de una erupción depen-
de de la composición química, del tamaño de los aerosoles y de la altura
que alcancen. En general puede decirse que se trata de un factor esporádico
y de escasa duración.
b) Nubosidad, con un efecto climático dependiente de la altura de for-
mación de las nubes. Las altas (cirros) ocasionan calentamiento, las bajas
(estratos, cúmulos) enfriamiento. Por lo que respecta al clima, el agua, en
sus tres fases (sólida, líquida, gaseosa) constituye, al menos de momento,
un conjunto de dudas acerca de en qué medida el vapor de agua afecta al
clima. Se sabe científicamente que el vapor de agua es un importante gas
de efecto invernadero, y no sólo que lo es sino que potencia a otros gases
de efecto invernadero. Una pregunta tradicional era si el vapor de agua
potenciaría o no el calentamiento global y, en su caso, en qué medida. Hoy
casi no quedan dudas. El aumento de temperaturas incrementa la evapora-
ción, lo que supondrá una mayor humedad que hará a su vez aumentar el
calentamiento (retroalimentación positiva).
e) Aerosoles antropogénicos. Debido a la actividad industrial se envía a
la atmósfera una importante cantidad de S0 2 tal que una parte se convierte
en partículas sólidas que enfrían el clima, pero que también son responsa-
bles de la lluvia ácida.
d) Gases de efecto invernadero. Una variación en la concentración at-
mosférica de gases de efecto invernadero genera un cambio en la tem-
peratura, cuestión perfectamente dilucidada en los diferentes registros y
cálculos. Entre los gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, C02 ;
metano, CH 4 ; óxido nitroso, Np; HFC-23, SF6) potencialmente peligro-
sos destaca por su relativa abundancia y su tiempo de residencia (vida en
la atmósfera, unos 150 años) hasta su absorción por procesos naturales el
C02 • La concentración en la atmósfera ha estado creciendo a lo largo del
último siglo de forma considerable. Los otros gases también muestran un
aumento. Las moléculas de estos gases absorben la longitud de onda (más
larga) de la radiación emitida por la Tierra (respecto de la del Sol) y atrapan
más calor (neto predominio de la absortividad y reflectividad sobre la tras-
[25] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 205

misividad). En resumen, la cuantía de estos gases está variando mucho en


la actualidad en poco tiempo. Veamos unas referencias recientes (IPCC).

PRODUCCIÓN HUMANA DE GASES DE EFECTO INVERNADERO: LA EMISIÓN


DE C02 A LA ATMÓSFERA

La actividad humana está generando una creciente emisión de gases de


efecto invernadero. Lo que puede unirse a otros factores conocidos o no.
La causa principal son los gases liberados por la quema de combustibles
fósiles.
El progreso de la humanidad ha estado marcado por el acceso a fuentes
de energía más asequibles y efectivas. La introducción del carbón provocó
unos primeros problemas de contaminación. En el siglo XIX se logra con
la revolución industrial sustituir el trabajo humano por máquinas: carbón,
petróleo y gas natural proporcionaron una energía supuesta inagotable. A
mediados del siglo xx se producen unas primeras voces de alarma. En la
actualidad los tres combustibles fósiles representan en tomo al 85 % de la
producción mundial de energía y el petróleo el 90 % del transporte.
El C02 liberado por unidad de energía producida oscila entre los debi-
dos al carbón (330 g de C02 por kWh) y al gas natural (195 g de C02 por
kWh). Los factores principales que de ordinario se consideran para tasar
la evolución de emisiones de C02 en este marco de referencia son: pobla-
ción mundial y energía consumida por persona (que dependería del poder
económico).
206 ESTUDIOS CANARIOS [26]

La concentración actual de C02 , tras unos 150 años de 'revolución in-


dustrial' es la mayor de los últimos 650.000 años según los estudios de
paleoclima realizados en los hielos de Groenlandia. El C02 se acumula en
la atmósfera y retiene parte del calor que emite la Tierra.

Gráfico de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre (azul) y la


temperatura media global (rojo) en los últimos 1000 años (IPCC)

Las consideradas hoy como energías alternativas y la nuclear no produ-


cen emisión de gases de efecto invernadero.
Desde el punto de vista que aquí interesa, como dato o noticia positiva,
puede afirmarse que el continente africano (consecuencia del subdesarro-
llo económico-social) captura más dióxido de carbono del que emite. Así
ayuda a mejorar las consecuencias, según reciente informe de la FAO (or-
ganismo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). El
ciclo del C02 , carbono capturado mediante fotosíntesis, supera al lanzado
a la atmósfera por deforestación, incendios y degradación forestal: la agri-
cultura y los bosques ayudan.

EFECTO DIRECTO: CALENTAMIENTO GLOBAL ACTUAL

Resultados de miles de observaciones y mediciones en océanos y con-


tinentes con datos de satélites y mediante observación directa, sobre todo
de la reducción de las capas de hielo de los casquetes polares del Ártico, y
de los glaciares, se observa que la temperatura media del planeta no deja
[27] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 207

de crecer. Paralelamente los modelos climáticos de predicción del clima


van incorporando un número mayor de variables. Ya prácticamente se ha
asumido con generalidad la realidad del calentamiento global producido
por la humanidad, considerado además como un grave problema, proba-
blemente el más importante de los actuales, e incluso se está pensando
en la actualidad como nuevo período geológico con la denominación ya
avanzada de antropoceno. 3
Ciertamente se está produciendo un calentamiento global del planeta
Tierra. Este calentamiento, seguramente sin precedentes en los registros
paleoclimáticos de los últimos millones de años con su proyección hacia el
futuro, se explica mediante la siguiente gráfica (IPCC).

Global Warming Projections


5
CCSR/NIES
CCCma 4
CSIRO
2':-
ro
Hadley Centre 3 E
GFDL o
e
MPIM 2 <(
NCARPCM <IJ
......
:::;¡
- NCARCSM ....,
e:!
o <IJo.
E
<IJ
-1 f-

1900 1950 2000 2050 2100

Un reto de suma importancia científica consiste en separar adecuada-


mente la variabilidad intrínseca del sistema climático de la de los agentes
externos.
Desde el siglo xrx se realizan medidas directas de la temperatura de los
océanos y continentales. Con estos datos puede representarse el calenta-
miento del planeta como de unos 0,6 grados centígrados. Debe reconocerse
que se han producido tres etapas: a) un claro aumento en la primera mitad

3
Hasta muy recientemente una parte considerable de científicos se han manifestado
dudosos o negacionistas del cambio. A finales del año 2008 aunque parezca extraño ( .. .
la importancia del triunfo de Obama en las elecciones presidenciales de los EE UU ... )
los negacionistas o se han convertido o guardan silencio. (¡Los científicos -cuando hay
ideologías y políticas de por medio, gran parte al menos- somos ... de la misma especie
que el resto de los humanos!).
208 ESTUDIOS CANARIOS [28]

del siglo xx; b) un estancamiento en el período 1950-80; y e) un incre-


mento apreciable de las temperaturas hasta el momento presente. A estas
anomalías debe añadirse que el calentamiento tampoco ha sido uniforme
espacialmente: el aumento ha sido más significativo en las zonas polares
del hemisferio norte, en las regiones ecuatoriales del Pacífico occidental y
en los continentes.

EFECTOS CONCRETOS: CONSECUENCIAS DE NATURALEZA PRIORITARIA-


MENTE FÍSICA

El cambio climático actual plantea graves amenazas para el planeta que


es preciso valorar de acuerdo con normas científicas preponderantes y la
creciente capacidad de las ciencias del clima. Se trata de una megaten-
dencia global: crisis climática. Los informes del Panel Internacional del
Cambio Climático, de acrónimo en inglés IPCC, son harto significativos
(IPCC). A ellos, con sus estudios y representaciones gráficas, se ha remiti-
do anteriormente y se remite de nuevo al lector.
Los principales efectos concretos, limitándonos a lo formal y priorita-
riamente de naturaleza física, a nuestro juicio, pueden catalogarse y orga-
nizarse de la manera siguiente.

Incremento de la temperatura media del planeta: calentamiento global.

Es el rasgo más evidente en la actualidad. Diferentes modelos conducen


a distintos valores de incremento en el futuro. Ciertamente hay niveles par-
ciales de ignorancia y deficiencias e incertidumbres cuantitativas. El au-
mento (indudable en sí) previsto de temperaturas según diferentes modelos
está entre 2 y 5 °C. Este aumento se manifiesta y se seguirá manifestando
en la atmósfera, la hidrosfera y la litosfera. Se esperan, en concreto: a) Au-
mento de las temperaturas mínimas; y b) Intensificación de los fenómenos
extremos (por ejemplo, «olas de calor»).
Incremento de la temperatura de la atmósfera.

Incremento térmico generalizado en la atmósfera que a su vez implicará


otros procesos en la misma, tales como los siguientes.
l. Cambios en la circulación general de la atmósfera, ya que los movi-
mientos de aire se deben no sólo a la rotación de la Tierra sino también a
[29] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 209

las diferencias de temperatura (gradientes térmicos). En consecuencia, se


están produciendo variaciones del ciclo hidrológico.
2. La capacidad de la atmósfera de contener vapor de agua aumenta no-
tablemente con la temperatura, lo que implica una intensificación del ciclo
hidrológico con mayor probabilidad de producción de grandes inundacio-
nes y sequías, incremento de incendios y mayor emisión de C02 •
3. El vapor de agua es el más potente gas de efecto invernadero. Así, el
sobrecalentamiento debido al co2 origina mediatamente un sobrerrecalen-
tamiento por la mayor cantidad de vapor de agua.

Incremento de la temperatura de la hidrosfera

l. Modificación de las corrientes oceánicas, dado que éstas se produ-


cen por diferencias de temperatura y salinidad entre diferentes zonas de la
hidrosfera.
2. La fusión de las masas polares consecuencia del calentamiento im-
plica también, por ejemplo, una inyección de agua dulce fría al Atlántico
Norte causando una disminución de dichas corrientes; en este caso, la au-
sencia de la «corriente del golfo» (cálida) en las costas de Europa occiden-
tal supondría una bajada de temperaturas importante. (También supone un
mejor acceso a bolsas de hidrocarburos -se cree que un 25% del total del
planeta-, y la apertura de nuevas rutas marítimas).
3. Elevación del nivel del mar como consecuencia primordial de la ex-
pansión térmica, efecto especialmente temido porque una gran parte de la
población vive en las costas. El uso de diferentes modelos sitúa el ascenso
entre unos 20 y 60 cm a lo largo del presente siglo. El probable deshielo
de las masas continentales contribuiría a un aumento brusco del nivel del
mar. (Su valor se encuentra en continua revisión al alza por los estudiosos
del tema que han llegado a considerar hasta una subida de 1 m para el año
2010).
4. Acidificación de los océanos. El intercambio continuo de C02 entre
el agua de mar y la atmósfera había establecido un equilibrio entre las con-
centraciones de C02 de aire y agua. El incremento de la concentración de
C02 en la atmósfera implica mayor disolución del mismo en los océanos,
teniendo como consecuencia mayor acidez de éstos, con los consiguientes
efectos sobre los seres vivos. (En concreto, se aprecia un empeoramiento
de las condiciones para la formación de corales).
5. El calentamiento del mar hace que éste pueda convertirse en un nue-
vo emisor de C02 • Una consecuencia del calentamiento del mar sería la
210 ESTUDIOS CANARIOS [30]

mayor producción de dióxido de c:¡¡.rbono por las plantas marinas, ya que


el calentamiento supondría una alteración de su metabolismo, de modo
que se incrementaría la emisión por respiración de las plantas debida a la
mayor temperatura de su habitat en mayor cuantía que la captura por fo-
tosíntesis4. Así el mar sería nuevo emisor de calor y de CO 2 al alterarse el
balance entre los gases que produce la fotosíntesis y los de su respiración.
En resumen, el incremento de temperatura de los océanos hará que la emi-
sión sea mayor que la absorción.
6. Se duda si el aumento de la temperatura de la superficie del mar
debido al cambio climático provoca que los fenómenos denominados hu-
racanes, ciclones tropicales o tifones -según el lugar del mundo en que
desatan su furia- se incrementen en cantidad e intensidad. Como en casi
todos los casos dudosos: hay científicos que entienden que está creciendo
la frecuencia, la duración y la intensidad, conclusión que alcanzan median-
te estudios de las últimas décadas con la elaboración de teorías que otros
critican por la escasez de datos, y no suficientemente fiables, para estable-
cer una conexión clara entre cambio climático y huracanes.
Por otra parte, se aprecia que el calentamiento del mar está ocasionan-
do un descenso de la productividad de fitoplancton en latitudes medias y
tropicales.

Incremento de la temperatura de la litosfera

l. Rápida disminución del número y volumen de los glaciares de mon-


taña.
2. Disminución más lenta de las masas de hielo de Groenlandia y An-
tártida5.
3. Extensión de los desiertos en sus cinturones y progresiva escasez de
agua en ellos.
4. Desecación de humedales.

4
Noticia del debate organizado por la Fundación BBVA en Madrid el 6 de octubre de
2008. (El País. 7 de octubre de 2008, p. 30).
5
Así, por ejemplo, se constata mediante fotografías por satélites la amenaza para la
supervivencia de la placa de Vilkins, de manera que la masa de hielo que une las islas
Charcot y Latady presentan tan grandes grietas que se piensa será el mayor desgajamiento
del continente austral. (De los registros térmicos de los últimos 50 años en la Antártida se
estima que la temperatura media se ha elevado en ella unos 2,5 oc).
[31] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 211

CONSECUENCIAS NO PROPIAMENTE FÍSICAS

Entre las consecuencias de naturaleza no prioritariamente física, con la


única pretensión de dejar constancia fugaz de algunas, entre otras muchas,
en perspectiva de química biológica, y sólo a modo de introducción del
desarrollo de otros temas por otros autores, pueden recordarse las siguien-
tes.
a) Extinción de especies. El calentamiento global actual antropogénico
va contra la biodiversidad existente y su conservación biológica y consti-
tuye una amenaza de extinción.
b) Extensión de erifermedades. El documento Deadly Dozen (o Docena
Mortal) dado a conocer durante el congreso mundial de la Unión Interna-
cional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, en sus siglas en in-
glés) ha congregado en Barcelona a expertos de todo el mundo. Miembros
de la Sociedad para la Conservación de la Flora y la Fauna, han analizado
una docena de patógenos: tuberculosis, fiebre del valle del Rift, enferme-
dad del sueño, mareas rojas, gripe aviar, babebiosis, cólera, Ébola, fiebre
amarilla, parásitos intestinales, enfermedad de Lime y peste. 6
Las enfermedades tropicales se desplazarán hacia latitudes medias con
mosquitos como principales portadores. Preocupan especialmente la ex-
tensión de la malaria y la falta de agua.

LA CONVENIENCIA/NECESIDAD DE REDUCCIÓN DE LAS EMISIONES DE GASES


DE EFECTO INVERNADERO

En la tesitura actual la reducción de las emisiones de gases de efecto


invernadero, principalmente C02 , se presenta al menos como convenien-
te, si no estrictamente necesario, y quizás además urgente. Pero hay que
destacar que a la Tierra, en tanto que planeta y sólo planeta (astronomía,
geología, física), le da absolutamente igual el problema actual; seguiría
siendo la Tierra. Pero con mayor fuerza aún hay que reconocer que al pla-
neta en tanto que única plataforma vital conocida y «humanizada» no le da
igual. Existe un acuerdo científico, trasladado aceptablemente a gobiernos
y ciudadanos, con creciente concienciación pública, ya prácticamente ge-
neralizado: hay que reducir las emisiones de C02 , lo que implica consumir
menos combustibles fósiles. (Esto supone, en general, para los gobiernos
de muchos países, reducir la dependencia energética exterior). Surge la

6
El Mundo Digital, 9.10.2008.
212 ESTUDIOS CANARIOS [32]

pregunta: ¿Cambiando de sistema de vida? Problema complejo de natura-


leza no física. Se hace con marcación de objetivos, como por ejemplo el de
reducción de un 80% por debajo de los niveles de 1990 en las emisiones
de C02 de aquí a 2050 (compromiso de reducción por 39 países en el de-
nominado Protocolo de Kioto, no ratificado por EE.UU. En la actualidad
se prepara el acuerdo que debe sustituir al de Kioto en Copenhague en
2009). En síntesis, hoy ya no se duda: hay calentamiento global, es grave
y conviene actuar. (Entre paréntesis, esto conlleva muchas cuestiones de
naturaleza político-económico-social, como, por ejemplo, el comercio de
los considerados «derechos de emisión»).
Las actuaciones concebidas son de dos tipos.

Medios para la reducción de emisiones

l. Reducción de emisiones de CO2 de vehículos. (Por ejemplo, el Acuer-


do de la UE de reducción de un 18% -130 gramos de C02 por kilóme-
tro- de 1.12.2008, a la espera de la aprobación por el Parlamento euro-
peo; Acuerdo que representa una especie de equilibrio entre la industria
automovilística y el medio ambiente -«ecologistas»-. Los vehículos
eléctricos verdaderamente aceptables están aún muy lejos).
2. Recurso a energías renovables: hidráulica, eólica y solar, para re-
ducir las emisiones de energías de combustibles fósiles (carbón, petróleo,
gas). Por la ONU, en la conferencia de Poznan 2008, se ha sugerido gravar
el petróleo para que sean rentables las energías renovables.
3. Recurso a la energía nuclear de fisión. (Aunque en este caso se pre-
senta otra problemática -y otras problemáticas colaterales- y no es de
general aceptación).

Medios para la disminución de la cantidad de gases de efecto invernadero


existentes (o que existirían)

Con la consideración de métodos para detraer, -capturar-, C02 de la


atmósfera.
l. Las plantas actúan de sumidero de C02 de la atmósfera; en conse-
cuencia: reforestación, agricultura, etc.
2. Almacenamiento en yacimientos geológicos agotados mediante in-
yección de C02 a grandes profundidades. Tiene el gran inconveniente de
su carestía.
[33] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 213

3. Fijación química7 • El C02 y la peridotita (roca compuesta princi-


palmente por olivino y piroxeno, rica en magnesio y calcio) reaccionan
químicamente formando un sólido de estructura similar al mármol y de
gran estabilidad. Este proceso se considera de gran velocidad y alto ren-
dimiento. Se plantea su uso de dos maneras: a) transporte de peridotita
desde su ubicación -con frecuencia a cierta profundidad- hasta factorías
energéticas; y b) inyectar el C0 2 disuelto en agua marina hasta las rocas, y
dado que la reacción es exotérmica y debe añadirse el incremento de calor
interior se elevaría la temperatura del agua de manera que saldría con faci-
lidad a la superficie por otros conductos.

4. A MODO DE CONCLUSIONES

Y expuestas sintéticamente
Primera. Los cambios climáticos han constituido procesos naturales a
lo largo de los más de cuatro mil millones de años de vida de la Tierra.
Desde su generación el clima ha estado variando fruto de su dinamicidad
intrínseca y extrínseca.
Segunda. No hay ninguna duda acerca de que la actividad humana está
modificando la constitución de la atmósfera por la emisión de gases que
introducidos en ella modifican su composición y su comportamiento.
Tercera. Se conoce perfectamente la acción que varios de estos gases,
de modo particular el citado co2, ejercen como efecto invernadero; es de-
cir, mediante la absorción y reflejo hacia la tierra de parte de la radiación
emitida por ésta.
Cuarta. Se conoce también perfectamente que el efecto invernadero se
manifiesta mediante una elevación de la temperatura de la atmósfera, de
la hidrosfera y de la litosfera; es decir, causa una elevación general de la
temperatura del planeta, un calentamiento global.
Quinta. Quedan dudas cuantitativas, todas las asociadas a un proceso
enormemente complejo, dado el extenso conjunto de notas intrínsecas y
extrínsecas con sus propiedades e interrelaciones. Es discutible el valor
de los resultados de mediciones a los que se les llama datos: temperatura
media del planeta, cantidad de hielo, elevación media del nivel del mar,
deshielo de los glaciares, etc., etc. No son rigurosos los valores de las pre-
dicciones estimadas mediante los modelos utilizados hasta el momento.

7
El País, 24.11.2008, p. 36.
214 ESTUDIOS CANARIOS [34]

Sexta. Si se desea mantener el clima de acuerdo con lo 'natural' en esta


fase de la historia de la Tierra, por una parte, hay que disminuir la cantidad
existente de gases de efecto invernadero en la atmósfera, y, por otra, redu-
cir las emisiones.
Séptima. La necesidad de reducción de las emisiones se formula, en los
ámbitos institucional y personal, con categoría de compromisos firmes.

5. APLICACIÓN A CANARIAS

Dada la complejidad del sistema climático, aunque no exista ninguna


duda en cuanto al calentamiento global actual de origen antropogénico, sí
se presentan incertidumbres en las consideraciones cuantitativas y en las
concreciones precisas de las consecuencias del cambio climático. Estas
incertidumbres son mayores cuando se pretende conocer las consecuencias
del calentamiento global en una zona o región del planeta, como por ejem-
plo las Islas Canarias.
El pasado del archipiélago suele considerarse como depositario de unas
«condiciones climatológicas óptimas» (Ory, F. (2008), pp. 31-32): islas
muy ricas en vegetación, fuentes y cursos de agua, abundaban los manan-
tiales, la vega de La Laguna era un humedal óptimo para la supervivencia
de muchas especies de aves migratorias, y en estas latitudes las precipita-
ciones frecuentes y abundantes darían lugar a suelos muy ricos y fértiles
-«islas afortunadas»-. Pero el autor destaca cuando acerca la mirada
hacia el presente que «las islas han sido sometidas a un doble y continuo
proceso de desecación el primero, de orden natural, tiene que ver con un
cambio climático de orden hemisférico [ ... ]; el segundo, de carácter an-
tropogénico, radica en el descenso de las precipitaciones horizontales por
causa de la deforestación». Más adelante (p. 39) afirma: «de modo análogo
a lo sucedido a tantos lugares del mundo entero, es manifiesta la tendencia
hacia el calentamiento ya a partir de 197 5, al tiempo que un descenso en el
régimen pluviométrico».
En los apartados precedentes de carácter general se ha tenido expre-
samente en cuenta al Archipiélago canario [Vázquez (2008) y Academia
Canaria de Ciencias (2008)] pero pueden explicitarse, a modo de aplica-
ciones, algunas de las «consecuencias del calentamiento global para Cana-
rias». Estos «efectos» pueden catalogarse de diferentes maneras: contras-
tados, posibles y/o probables 8 • En la actualidad estos efectos se expresan

8
Pueden verse referencias de diversos signos en Internet mediante la entrada «cambio
climático Canarias» en Google. Aquí se destaca la perspectiva de la ciencia.
[35] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 215

ya, cualitativamente, lo que no es poco, pero esta perspectiva cualitativa


no nos deja satisfechos como si fuera suficiente. La ciencia alcanza su
valoración máxima con la cuantificación, con las medidas y con la posi-
bilidad de disponer de leyes o modelos que permitan realizar predicciones
cuantitativas contrastables. Sin haber alcanzado este grado hay que reco-
nocer, no obstante, que se sabe bastante, tanto como para conocer algunos
componentes de la evolución del presente hacia el futuro. Así, aún sin esta-
blecer cuantías exactas y sin poseer garantías absolutas por lo complejo del
sistema climático y, todavía más, reconociendo la dificultad de establecer
predicciones porque incluso algunas variables podrían compensar sus ac-
ciones, es posible hacer afirmaciones aceptablemente fundadas en la cien-
cia. Por otra parte, la producción segura de cambios no implica que éstos
sean necesariamente «malos» o de signo «todo a peor en todas partes» (así,
por ejemplo, desde el punto de vista de la biología marina si se produce
una variación de especies piscícolas en las costas canarias, en ningún sitio
está escrito que las poblaciones actuales sean las mejores del mundo, etc.,
etc.). No se vea todo como necesaria y absolutamente catastrofista (otro
ejemplo, una elevación de temperatura es, en principio, positiva para la
vida humana en los países nórdicos). Pero sí conocer sin ambigüedades
que el clima cambiará (de hecho se ha iniciado el cambio y deberíamos de-
cir que seguirá cambiando). La crisis climática actual debe verse como de
cambio y éste en el sentido de clara elevación general de las temperaturas.
En Canarias se aprecia desde hace años un cierto aumento, sobre todo de
las temperaturas nocturnas -«noches tropicales» se le están llamando-.
La realidad del calentamiento global implica efectos colaterales o con-
secuenciales. Quedan incógnitas en el tratamiento general, mucho más aún
cuando se trata de una región o zona concreta del planeta, caso de Cana-
rias. Pero aún así pueden conocerse, sin duda, algunas consecuencias y
considerar otras como harto probables y otras como posibles. No sólo hay
alarma de cambio sino que se está viviendo ya el cambio. Con sus cotas de
incertidumbre cuantitativa cambian las condiciones y habrá que adaptarse
a las nuevas.
Cuevas (2008) hace un detallado estudio de los elementos que modulan
el clima en Canarias, de los indicios de cambio climático en las islas, del
cambio futuro en Canarias según diferentes escenarios, estudia unos as-
pectos locales como la inversión del alisio, otros aspectos regionales como
la corriente de Canarias y ofrece un abanico de conclusiones valorándolas
con expresiones de «muy probable», «incertidumbre media» y «gran incer-
tidumbre», en una estructuración adecuada para concluir que «el clima fu-
turo de Canarias perderá parte de su carácter suave («eterna primavera») y
216 ESTUDIOS CANARIOS [36]

se producirá un aumento en la frecuencia e intensidad de episodios meteo-


rológicos extremos» cerrando el discurso, con aumento del tamaño de las
letras, con la expresión: «Esta tendencia se ha empezado a observar ya».
Veamos, de manera directa y concreta, algunas manifestaciones, en un
intento de clasificación -difícil porque todo está interrelacionado- para
una mejor comprensión. Se organizan nuestras consideraciones según la
estructura tradicional de la zona superficial de la Tierra de modo que pue-
den ofrecerse las siguientes conclusiones.
l. Cambia el clima en Canarias (¡está cambiando ya!) en el sentido que
se expresa mediante calentamiento; es decir, aumento de la temperatura de
la litosfera, de la hidrosfera, de la atmósfera (o sea, de tierra, mar y aire), y,
en consecuencia, de la biosfera.
2. El incremento de la temperatura en el suelo -obviamente en con-
tacto con la atmósfera- supondrá notables cambios edáficos [del Arco,
(2008)]: a) Mineralización más rápida; b) Aumento de la salinización; e)
Mayor desarrollo de la erosión; y d) Progreso de la desertización. Todo
esto si no hay actuaciones humanas de signo contrario, siempre difíciles
y costosas, con la salvedad de que en Canarias estos efectos no serán tan
graves como en los continentes porque el océano actúa de amortiguador.
3. El incremento general de la temperatura en la atmósfera supondrá la
inducción de cambios en la circulación atmosférica de modo que produci-
rá: a) Un comportamiento previsiblemente distinto del de los actuales tan
benefactores alisios; b) Probablemente mayores entradas de masas de aire
caliente de África, en cantidad, duración y frecuencia, aumentando los pe-
ríodos que se conocen como de «calima» (nubes de polvo en suspensión)
; e) Más «tormentas tropicales» y más intensas, que en los últimos años se
están haciendo notar (el ejemplo del Delta sirve de testimonio), consecuen-
cia también de los cambios de corrientes oceánicas, ya que son fenómenos
que se nutren de climas cálidos con humedad; d) Mayor frecuencia y dure-
za de las «olas de calor»; e) Presencia de fenómenos meteorológicos más
extremos también por el lado del frío (sirva como ejemplo: la nevada en el
Hierro y la granizada en Puerto del Rosario del reciente pasado mediodía y
primeras horas de la tarde del27 de marzo de 2009). En síntesis el calenta-
miento global produce alteraciones significativas de la circulación general
de la atmósfera y producirá notables anomalías en las precipitaciones en
Canarias con mayor número de eventos extremos (tormentas violentas y
períodos de sequía).
4. El incremento general de la temperatura del mar (donde además como
consecuencia del deshielo disminuye la salinidad, lo que supone que sea
menos densa) implicará distinto comportamiento de las corrientes genera-
[37] CAMBIO CLIMÁTICO: CONSIDERACIONES ASTRONÓMICAS Y FÍSICAS ... 217

les del Atlántico y producirá algún cambio en las corrientes denominadas


«giro subtropical» y «giro subpolar» que afectan a las Islas Canarias. Los
efectos podrán ser: a) Elevación del nivel del mar, mucho más por la dilata-
ción térmica que por el deshielo; b) Posible cambio de la circulación de las
corrientes oceánicas; e) Unida a la mayor temperatura de la atmósfera, las
masas de aire más calientes incitarán una mayor evaporación modificando
el ritmo de lluvias: más sequía, más inundaciones, más temporales, etc.; y
d) Mayores «golpes de mar».
5. Por lo que respecta a la biosfera: a) Desplazamiento de los ecosis-
temas terrestres hacia mayores cotas, mediante ascenso de la flora a la
búsqueda de mayor altitud (menor nueva temperatura que contrarreste la
elevación térmica); b) Pérdida de biodiversidad (exclusión de especies no
tolerantes a los cambios extremos); e) Los ecosistemas acuáticos se modi-
ficarán de modo que habrá especies marinas emigrantes, con la presencia
de otras nuevas en el área; y f) Presencia creciente de «mareas de algas».
La estructuración anterior de los efectos considerados no debe hacernos
olvidar que dada la enorme complejidad del sistema climático en sus in-
terrelaciones atmósfera-hidrosfera-litosfera-biosfera se presentarán otras
nuevas consecuencias de momento no previstas, de modo que las interre-
laciones entre las corrientes marinas y los vientos, la distribución de hu-
medad y, en síntesis, el dinamismo climático puede hacer que se pierda al
menos parcialmente la consideración actual acerca de la benignidad del
clima en las islas, soporte del desarrollo turístico.

Tampoco hay que olvidar la otra cara de la problemática cuestión. ¿Qué


tal se portan las Islas Canarias? La respuesta desde esta perspectiva es clara
y contundente: conducta lamentable. El desarrollo turístico (más hoteles,
más edificaciones, más agua, más coches, más transportes en general, más
progreso, más ... ) ha supuesto fuertes demandas de energía. Así, Canarias
viene siendo la región de España más alejada del cumplimiento del proto-
colo de Kyoto. El gobierno autonómico solicita una y otra vez al gobierno
de España un tratamiento especial para seguir superando el porcentaje de
emisiones de gases efecto invernadero. También por esta parte (a pesar de
las dificultades inherentes a la progresiva mejora del nivel medio de vida y
dado que su mantenimiento depende de este desarrollo), hay que concien-
ciarse. Calero (2008) afirma: «En conjunto, Canarias envía a la atmósfera
más de 13 millones de Tn de C0 2 cada año», «las Islas Canarias, con una
economía centrada en el turismo, son altamente sensibles a cualquier cam-
bio climático derivado del uso extensivo de los combustibles fósiles», y «el
218 ESTUDIOS CANARIOS [38]

PECAN [Plan energético de Canarias] propone alcanzar en 2015 un 25%


más de emisiones que en 1990».
Hay que adquirir conciencia y no bajar la guardia.

REFERENCIAS

ACADEMIA CANARIA DE CIENCIAS (2008): El cambio climático en Canarias. La


Laguna (Tenerife): Academia Canaria de Ciencias.
AGUILAR PERIS, J. (2003): El efecto invernadero, el cambio climático, la crisis
medioambiental y el futuro de la Tierra. Madrid: Real Academia Nacional
de Medicina.
CALERO PÉREZ, R. (2008): El futuro energético de Canarias y el cambio climático
en Academia Canaria de Ciencias, pp. 41-56.
CUEVAS, E. (2008): Evolución futura del clima canario. Referencia en Academia
Canaria de Ciencias, p. 103.
DEL ARCO AGUILAR, M. (2008): Consecuencias del Cambio climático sobre la
flora y vegetación canaria en Academia Canaria de Ciencias, pp. 79-1 Ol.
GONZÁLEZ DE POSADA, F. (1998): Protección y prevención de los riesgos de la
vida en la especie humana. Arquitectura e Ingeniería sanitarias. Madrid:
Real Academia Nacional de Medicina.
GONZÁLEZ DE POSADA, F. (2001 ): La Física del siglo XX en la Metafisica de Zubi-
ri. Madrid: Instituto de España.
GONZÁLEZ DE POSADA, F. (2007): La dinamicidad intrínseca de la Naturaleza. La
Tierra en el Universo en Jiménez y Doadrio (eds.).
IPCC (acrónimo de Intergovernamental Panel on Climate Change). Por vía In-
ternet se obtiene una buena y abundante información. En español: Panel
Intergubernamental de Cambio Climático (Grupo intergubernamental de
expertos sobre el cambio climático).
JIMÉNEZ GÓMEZ, S. y DOADRIO VILLAREJO, A. L. ( eds.) (2007): Contaminación y
Salud. Monografia XXII. Madrid: Real Academia Nacional de Farmacia.
ÜRY, F. de (2008): El clima en Canarias: pasado y presente en Academia Canaria
de Ciencias, pp. 31-39.
V ÁZQUEZ ABELEDO, M. (2008): El cambio climático: una perspectiva global en
Academia Canaria de Ciencias, pp. 7-29.
ZUBIRI, X. (1989): Estructura dinámica de la realidad. Madrid: Alianza.
COMUNICACIONES A LA DIRECCIÓN

Hablar de María Rosa Alonso*

HABLAR DE María Rosa Alonso es hacerlo desde la emoción, remover un


hondo pozo de vivencias que abarca casi toda una vida. María Rosa grabó
en su memoria, y la ha conservado a lo largo del tiempo, la imagen del niño
que uno fue, con su blusilla bien abotonada, pantaloncillos cortos, zapati-
tos de charol, una pequeña corbata de colorines como era usual hasta en los
críos en aquel tiempo encorbatado, bien peinado el cabello, y de la mano
del padre, por las calles medio destartaladas de la ciudad triste de la dura
postguerra. Debió de haberle hecho cierta gracia aquella menudencia, tan
aseadito él, dócil y tranquilo. En cualquier ocasión que hablara conmigo,
o de mí, se le iluminaba en la memoria el viejo daguerrotipo aquel de hace
más de setenta años, con esa ternura indefinible, concentrada en la viveza
de sus ojos y en la franca sonrisa que se le dibujaba con la mejores evoca-
ciones, las que procuró salvar y guardar avaramente, apartadas del arsenal
de desventuras que llenaron parte importante de su vida. «Yo te recuerdo 1
yo lo recuerdo, chiquitito ... »,comenzaba a decir.
Hablar de María Rosa Alonso es hacerlo de un magisterio íntegro, no-
ble, de valor impagable; sólida amalgama de tolerancia y de rigor, de com-
prensión y de exigencia intelectual y humana. A María Rosa le debo, en
no pequeña parte, haberme metido un día en el mundo perverso y a la vez
fascinante del periodismo. Cuando apenas había cumplido quince años, un
día se me ocurrió, acaso queriendo imitar en algo al tío poeta y periodista
Francisco Izquierdo -del que, por cierto, María Rosa Alonso dice y la
ciudad, a lo que se ve, ignora: «no ha habido un poeta que mejor, más sa-
bia y delicadamente haya cantado a La Laguna»-; se me ocurrió, repito,
emborronar unas cuartillas. Un viejo periodista, cuyo nombre omitiré pues
ya no está dando guerra ni paz en este mundo, me echó, al leerlas, un jarro
de agua fría. El buen hombre, sin duda con la mejor intención del mundo,

'Presentación de la obra Todos los que están fueron [dos tomos] de María Rosa Alonso.
Salón de Plenos del Excmo. Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna. 26 de junio
2008.
220 ESTUDIOS CANARIOS [2]

quiso desanimarme y evitar que quedase atrapado en la sórdida telaraña de


la prensa insular de la época, humeantes aún los escombros materiales y
morales de la guerra civil. Hoy reconozco cuánta razón le asistía, pero es
bien sabido que de un jarro de agua, fría o caliente, hasta los gatos huyen.
Alicaído iba yo por la lagunera calle de San Agustín arriba cuando, como
si de una aparición se tratase, me encontré de pronto, saliendo de su casa
marcada con el número 69, con María Rosa. Me tiró de la lengua y hube
de contarle lo ocurrido. Con la cara de genio que se le ponía cuando de
defender sus convicciones se trataba, me dijo casi colérica: «¡Hazme el
favor: no le hagas caso! Todos estos son unos resentidos. Tú, sigue». No
sé todavía, a estas alturas de mi vida, con tantos aguaceros como los que
uno ha tenido que soportar, los más de ellos en descampado y sin paraguas,
si actué bien, o no, haciéndole caso. Lo cierto es que, en no pequeña me-
dida, por ella estoy aquí ahora recordándola, con la nostalgia y la desazón
profunda de saberla próxima y sin embargo ausente. ¡Cuántas lecciones,
desde entonces, recibí de su bien probada sabiduría, muchas sin apenas
tener conciencia de que fuese así!
Hablar de María Rosa Alonso es hablar de generosidad. Desde aquel
lejanísimo episodio fugaz, María Rosa me dio, y ha continuado dándome,
testimonios incontables de afecto, de preocupación y de atención. Cuando
leía cualquier articulillo mío que despertaba su interés o curiosidad, me
escribía desde Venezuela o Madrid para decírmelo y comentarlo, lo que le
agradecí siempre por partida doble: por la espontaneidad con que lo hacía
y porque María Rosa tuvo siempre fama de crítica severa, implacable con
frecuencia, que no se andaba con rodeos ni subterfugios y, si así lo conside-
raba, le daba un repaso con todas las de la ley a quien se le pusiera a mano,
amigo o no, gran prohombre respetado por el universo mundo mundial o
imberbe muchachillo saliendo todavía del cascarón literario. Más de uno
conocí, lo juro, que al toparse con un comentario de María Rosa sobre su
obra, fuera o no flamante, no pudo evitar un perceptible tembleque incon-
trolado y hasta amagos de descomposición de cintura abajo ... Desde su
siempre recordada Universidad de los Andes me enviaba sus libros con
puntualidad, así como la revista Humanidades, que dirigió en Mérida de
Venezuela entre 1959 y 1964 con eficiencia suma (ella lo confirma con
estas palabras: «Hice una revista, con la que apechugaba sola») aunque en
los créditos editoriales apareciera sólo como subdirectora por aquello del
rango académico y profesora! de los cátedros de la época frente a la dili-
gente y espabilada profesora, emigrante llegada de allende los mares atlán-
ticos. Amiga de sus amigos, no obstaba esto, como acabo de indicar, para,
llegado el caso, cantarle las cuarenta al mismísimo lucero del alba. Eso sí,
[3] HABLAR DE MARÍA ROSA ALONSO 221

con buenas maneras, con cortesía, con educación suma, pero sin claudicar
ni un tanto en sus certezas y en su compromiso intelectual. Porque, para
ella, la palabra amistad fue siempre sagrada y jamás la utilizó para ningún
trapicheo.
Hablar de María Rosa Alonso es hablar de canariedad muy acendrada,
nada más alejado de cualquier canariedad ramplona, populachera, de las
de al tres por cuatro, mercancía biodegradada intelectualmente de tanto ser
manoseada, sobajeada en interesados provechos por quienes saben bien
cómo estrujarla y sacarle hasta la última gota de jugo ... económico sobre
todo. María Rosa trazó siempre una línea sutil pero segura de distinción y
valoración entre el canario fino, el que canta, y el canario ladrador, el canis
que aúlla. En las páginas que ha escrito encontramos a cada poco alusiones
a este concepto, que va mucho más allá y más a lo hondo de lo puramente
clasificatorio. «Quienes hayan arrimado su hombro entre nosotros -escri-
be a propósito del maestro Sabina- a una labor que requiera constancia y
seriedad, tensa vigilia al pie del cañón, en medio de un paisaje de indife-
rencia, de silencio más o menos teñido de amarillo [color del sexto pecado
capital] o desde la zafiedad aldeana encubierta bajo el ladrido del canario
del "canis", esos sabrán valorar -recalca- cuán valiosa es la ejemplar
misión» de hombres como el protagonista de su comentario periodístico de
1953. E insiste, por si no hubiese quedado bien clara su idea: «El canario
del cano, del canto, el fino canario de la estirpe del ruiseñor en calidades,
ha entendido, con la generosidad nativa del alma noble», la lección de ese
y de tantos otros maestros. Es la canariedad que se cimenta y se sustenta en
valores esenciales, la que prendió raíces en Viana y en Viera, en Galdós y
en los Iriarte, en los Guimerá y en los Estévanez (don Nicolás, el de la som-
bra del almendro, y don Patricio, el patriarca del periodismo insular), en
Power y en Cabrera Pinto, en la marañuela de nuestro folclore tradicional,
en el surrealismo y en las vanguardias, en la tolerancia y en la apertura de
espíritu, en nuestro largo pasado migratorio (del que nos estamos olvidan-
do interesadamente con excesiva y lamentable frecuencia) y en el fecundo
maridaje de culturas, de sentimientos y de efusiones de las dos orillas del
mismo océano que nos une y nos separa, y en nuestra temprana y afortu-
nada apertura al pensamiento europeo. Esa es la canariedad que defendió
siempre María Rosa, la que vivifica su espíritu y, por tanto, las páginas de
toda su obra y, naturalmente, las de los dos volúmenes de Todos los que
están fueron.
Este libro es fruto de una cosecha en madurez y a tiempo, resultado de
la tarea de espigar en la amplísima producción de nuestra escritora para
rescatar, antes de que puedan desaparecer arrollados por la tolvanera inmi-
222 ESTUDIOS CANARIOS [4]

sericorde del tiempo que no perdona, textos dedicados a personas y perso-


najes de muy diferente índole que, por muy diversas circunstancias -un
libro, un homenaje, un centenario, su pintura, unos poemas rescatados, un
fallecimiento o cualquier conmemoración importante- merecieron de su
despierta atención el privilegio, incluso cuando éste era crítico, del oportu-
no comentario, del artículo certero o de un ensayo sugeridor. Hay en estas
páginas, felizmente recuperados, textos de más de medio siglo de fecun-
da actividad periodística, pero no solamente periodística sino mucho más.
Desde los tempranos y ya entonces agudos artículos y notas que aparecie-
ron en los diarios republicanos Hoy y La Prensa de Santa Cruz de Tenerife
hasta los más recientes y densos artículos de La Tarde y El Día (en tanto
que sucesor éste último del desaparecido periódico de Leoncio Rodríguez,
viejo maestro al que siempre tuvo María Rosa singular devoción) pasando
por publicaciones de raigambre y solera como Revista de Historia (luego
Revista de Historia Canaria), Índice, Cuadernos de Literatura, Anuario de
Estudios Atlánticos, etcétera, sin omitir los que aparecieron en las páginas
de El Alcázar de Madrid o Falange de Las Palmas de Gran Canaria, dos
periódicos genuinamente franquistas.
Es importante decir que María Rosa utilizó las columnas de Falange
para mantener con sus lectores de las Islas, durante años, una relación, la
única entonces a su alcance, independiente, inteligente y en muchas oca-
siones pespunteada de sutiles sobrentendidos, en tiempos difíciles, cuando
el periódico diario era en la práctica fuente única o la más importante de
noticias y de opinión, claro que sobre lo que el franquismo de la década de
los cuarenta y primeros años de los cincuenta permitía a los escritores que
dijeran a los lectores.
Como es sabido, el diario Falange comenzó a editarse en Las Palmas
de Gran Canaria en 1936, apenas iniciada la guerra civil española, como
órgano del Movimiento Nacional Sindicalista y de las J.O.N.S., y en 1939
quedó como único medio de prensa escrita, cuando el entonces gobernador
civil, un tal García López, concibió la peregrina idea de suprimir todos los
periódicos que se editaban en su provincia -El Defensor de Canarias,
Hoy, Diario de Las Palmas y La Provincia- para dejar campo libre a una
parida suya que no llegó a cuajar: un gran periódico panibérico que se ti-
tularía Hispanidad y sería puente de unión, de diálogo y de entendimiento,
desde Canarias, entre la nueva España rescatada de las garras de las hordas
marxistas y los pueblos irredentos de la joven América. Sólo La Provincia
recurrió la draconiana orden gubernativa, y lo hizo con cierto éxito, pues su
fundador Gustavo García Nieto era hombre bien relacionado, que contaba
con valedores importantes cerca de los insurrectos, en particular con el ge-
[5] HABLAR DE MARÍA ROSA ALONSO 223

neral Francisco Franco Bahamonde, algunos de los cuales respaldaron su


demanda, de forma que al cabo de seis meses el periódico pudo volver al
encuentro con los lectores. Pero el éxito, repito, no fue total, porque si bien
ganó la partida, tuvo que plegarse a la exigencia del citado poncio granca-
nario: el periódico fue obligado a salir a la calle por la tarde, en vez de por
la mañana, para dejar todo el terreno libre a Falange, vocero matutino del
franquismo. Algo similar ocurrió en la provincia occidental: el gobernador
de tumo se incautó de La Prensa y de Amanecer y con la fusión de ambos
lanzó El Día, como portavoz oficial del nuevo sistema político en la pro-
vincia de Santa Cruz de Tenerife, al tiempo que condenaba a total ostracis-
mo informativo al fundador y director del primero de ellos, el periodista y
escritor Leoncio Rodríguez. Cómo le perdonó la vida al modestísimo La
Tarde sigue siendo para muchos un misterio.
Falange estuvo dirigido desde 1939 por el poeta y escritor grancana-
rio Ignacio Quintana Marrero (Teror, 1909-Las Palmas, 1983), periodista
formado en la escuela del madrileño El Debate de Ángel Herrera Oria, el
político y periodista creador de Editorial Católica que llegaría a cardenal
de la Iglesia romana en 1965. Aparte de primer presidente de la Asociación
de la Prensa de Las Palmas al ser ésta reorganizada inmediatamente des-
pués de la guerra civil, Quintana fue subjefe provincial del Movimiento
durante años, lo que le permitía cierta capacidad de maniobra dentro de
los márgenes de la dictadura y explica que, ya a comienzo de los cuarenta,
para prestigiar el periódico, diera cabida en las páginas del diario a firmas
de intelectuales canarios no afectos al régimen pero que consideraba poco
peligrosos o comprometedores, como Juan Rodríguez Doreste, excarcela-
do hacía poco como preso político, que comenzó a colaborar en 1943, o
María Rosa Alonso, que empezaría a hacerlo casi al mismo tiempo; opera-
ción no exenta de riesgos, a la que otros directores no se hubieran atrevido
entonces.
Ambos escritores, Rodríguez Doreste y María Rosa, son ejemplos entre
muchos de lo que tuvieron que hacer numerosos intelectuales españoles en
aquel tiempo de miseria y de penurias: había que vivir y, por ello, había
que seguir produciendo; artículos escritos pro pane lucrando, como diría
en más de una ocasión, para justificar los suyos en época anterior y en
circunstancias diferentes, el viejo periodista lanzaroteño don Isaac Viera y
Viera, pero siempre sin traicionar las convicciones personales, sin abdicar
de ideas y de principios; es más, procurando filtrar en ellos de manera
sutil, siempre que hubo ocasión para hacerlo y sin arriesgarse inútilmente,
su pensamiento, sus sentimientos y, en definitiva, su personalidad, que en
María Rosa Alonso han sido los de una persona que se sintió y comportó
224 ESTUDIOS CANARIOS [6]

siempre como mujer de izquierdas, aunque nunca ligada en forma de mi-


litancia activa a ningún partido político. En el primer párrafo del artículo
que le dedicó en Falange a Juan Rodríguez Doreste con motivo de su falle-
cimiento en 1988 lo manifiesta, regodeándose además en ello, consciente
del sarpullido que provocaba la palabra, y aun hoy quizás continúe pro-
vocando en alguna persona, acaso por timorata, acaso por sectaria: «Los
rojos -dice- no estamos de moda; la verdad es que nunca lo estuvimos»,
y aclara que «la gente que ganó la guerra civil llamaba rojos a los que la
perdimos, aunque esto de ganar y perder es pura metáfora referida a los
que sólo con pensamientos y deseos luchamos en los dos bandos». Luego
hace una precisión, que conviene subrayar: «Era inútil que los perdedores
objetáramos los diversos matices ideológicos que existían entre los perde-
dores; era inútil, repito; todos éramos rojos y hubo que apechugar con el
rótulo». Como colofón de su desahogo, este toque levísimo, entreverado de
humor y de ironía: «Ya nadie habla de rojos, acaso porque no quedan sino
un manojo de antiguallas». Era, repito, 1988.
En las más de novecientas páginas que suman los dos volúmenes de
Todos los que están fueron~ la autora ha reunido trabajos de muy diversa
concepción y extensión sobre cincuenta y dos personajes, todos fallecidos,
vinculados a la historia de Canarias por lazos de distinto tipo, desde el pri-
mero del tomo primero, Guillén Peraza (primera mitad del siglo xv), sobre
el que reproduce ocho escritos diferentes, al último del segundo tomo, el
jovencísimo y malogrado Félix Francisco Casanova (segunda mitad del
siglo xx), que cierra la nómina con dos títulos. En total ciento cuarenta
y cuatro artículos escritos con la maestría que ha sido una constante en el
quehacer intelectual de María Rosa Alonso, construidos con prosa tersa y
ajustada, repletos de información y de atinadas consideraciones biográfi-
cas y bibliográficas, de observaciones originales y análisis críticos, con
claridad y rigor expositivos a la vez que con lenguaje fresco y fluido, que
los hacen sumamente atractivos, al tiempo que permiten, siempre con ese
sostenido nivel, asistir al progresivo adensamiento simultáneo de su pensa-
miento y de sus categoría de eficaz comunicadora. Mientras los que están,
personas y personajes, aparecen según orden cronológico, los artículos que
a cada uno de ellos dedica, cuando son varios, están agrupados conforme a
criterios temáticos. Por otra parte, aunque todos han merecido la mayor y
mejor atención de la autora, no les ha dedicado igual extensión. Así, Anto-
nio de Viana, el poeta del que María Rosa Alonso se prendó literariamente
muy temprano y al que ha consagrado parte muy significativa y valiosa de
su esfuerzo y de su preocupación intelectual, se lleva la palma con treinta
y cuatro trabajos que abarcan ciento ochenta y cinco páginas del primer
[7] HABLAR DE MARÍA ROSA ALONSO 225

tomo. Si a este conjunto de escritos vianistas les sumamos los libros, con
su monumental tesis doctoral de 1952 El Poema de Viana a la cabeza, sor-
prende la amplitud y persistencia de su dedicación al estudio de la figura y
la obra del insigne vate tinerfeño, gloria y prez de la ciudad de San Cristó-
bal de La Laguna, donde nació, que, por qué no decir las cosas como son,
hay que reconocer que no lo ha tratado como merece. Baste recordar cómo
sus paisanos grancanarios han recordado a Cairasco de Figueroa, mientras
Viana sólo ha merecido de los suyos una escuchimizada plaquilla, coloca-
da casi vergonzantemente en modestísima estela al pie de la palmera que
crece en la calle que lleva el nombre del poeta lagunero.
Todos los que están fueron es, en su conjunto, uno de los frontisficios
más representativos de la mejor canariedad; un gran retablo en el que,
como su título proclama, fueron todos los que están, y están porque, de
una u otra forma, lo merecen. Digo esto porque el lector acaso no dejará de
sorprenderse con la presencia, en estas páginas, de figuras como el Primer
Adelantado de Canarias Alonso Femández de Lugo, que, personalmente,
le inspiraba a María Rosa la mayor antipatía, lo que nunca se recató en
proclamar, y sin embargo no tiene empacho en reconocer que era un ser
de mente astuta, «el gran empresario económico de su tiempo, hombre de
sagaz visión, miembro -dice- de una generación impresionante de per-
sonas valiosas, de una movible inquietud creadora y gente de ir más allá».
Porque lo cortés no quita lo valiente. Y María Rosa Alonso, por encima de
filias y de fobias, se ha mantenido siempre, en las maduras y en las verdes,
como una intelectual honesta, seria, consecuente, rigurosa, comprometida
e independiente. Ejemplos hay en las páginas de los dos volúmenes de este
libro. Ahí está, en sentido opuesto al anterior, el artículo que dedica en el
republicano Hoy, en octubre de 1932, a ensalzar la figura del sacerdote
don José Rodríguez Maure, en momentos de acentuado anticlericalismo
bien ganado por los sectores eclesiásticos más recalcitrantes, y a la vez que
justifica que se le haya elegido presidente honorario del recién fundado
Instituto de Estudios Canarios, lo elogia como clérigo amable, que nunca
olió «a penetrante y gazmoño incienso ( ... ), estimado y admirado de viejos
y jóvenes, de izquierdistas y reaccionarios, porque ha sabido estar -recal-
ca- por encima de toda estultez y mezquindad».
Pero este libro, que, si yo fuera decano de la Facultad de Ciencias de
la Información, impondría que leyeran, analizaran y estudiaran los mucha-
chos que aspiran ser periodistas, a ver si así muchos aprenden de verdad a
no decir tonterías, inexactitudes, y a escribir sin petulancia, sin arrogancia,
con la modestia y la humildad que debe de caracterizar al periodista que se
hace a sí mismo, no en los oficiales gabinetes de prensa sino en las redac-
226 ESTUDIOS CANARIOS [8]

ciones de los periódicos, peleándose consigo mismo y con la noticia; este


libro, repito, además de ser un inestimable arsenal de noticias, de opinio-
nes y de juicios atinados y necesarios por clarificadores, de una criatura ex-
cepcional sobre más de medio centenar de hombres y mujeres de Canarias,
la gran mayoría paisanos suyos y nuestros que dejaron huellas perceptibles
de su valía política y literaria (Nicolás Estévanez, Antonio Lara, Domingo
Cabrera, Juan Rodríguez Doreste), poética (desde Viana o Balboa a Fé-
lix Francisco Casanova pasando por Cairasco, Victorina Bridoux, Tomás
Morales, Izquierdo, García Cabrera, Alonso Quesada, Verdugo, Emeterio
o Pilar Lojendio ), musical (Power, Santiago Sabina, Carmelo Cabral), pic-
tórica (Luis de la Cruz, Falcón y León, Óscar Domínguez, Bonnín), teatral
(Guimerá, los Iriarte), narrativa (Galdós, Agustín Espinosa, Carmen Lafo-
ret), científica, pedagógica e investigadora (Viera y Clavijo, Cabrera Pinto,
Agustín Cabrera Díaz, Peraza de Ayala, Padrón Acosta, Moure, Cuscoy) y
periodística (Clavijo y Fajardo, Leoncio Rodríguez, Antonio Lugo, Alfon-
so García-Ramos), además, insisto, Todos los que están fueron es también
un documento de primera mano para conocer a fondo a su autora, solazarse
o meditar con sus propios testimonios dispersos en las novecientas páginas
del libro, saber qué piensa del hombre isleño, de su tierra, de sus virtudes
y defectos, de su humor, de su ironía y de su sorna finísima, y de sí misma.
Es conocer el alma de María Rosa Alonso transparentándose casi siempre
en brevísimas líneas que, como desahogos fugaces o como destellos ines-
perados, iluminan o le dan color y sabor singulares a su prosa, nimbándola
de humanidad. La María Rosa que huye de la cerrazón del isloteñismo, por
«pueblerino y mendaz»; la que reconoce, entre dolorida y mohína que «el
diálogo del canario cantor y del canario ladrador no ha sido nunca fácil, y
que la jauría hace más ruido que el armónico y espaciado trinar del solitario
capirote»; la María Rosa Alonso que no duda en denunciar «el localismo
que intenta ahogar en la capillita altanera o resentida todo intento de miras
con aire civilizado y, por supuesto, culto la vida isleña». También la María
Rosa leal, sincera, de probada integridad personal: «gustándome unas co-
sas y otras no; conforme con casi todas sus ideas, pero no con todas -dice
de Domingo Cabrera Cruz- valoro su calidad personal, su elegancia y
señorío en el trato, la inmensa bondad de su alma y el fino matiz de nuestra
amistad, que era para mí casi paternal»; o la de las aceradas críticas, como
la que le hace al folleto La copla de Padrón Acosta, que «ha sido para mí
-dice- una desilusión y voy a explicarme aunque arrostre sus iras»;
o la que confiesa: «me atraganta hacer una nota del libro que me envían
para que se la haga»; o la que dice no soportar «el regionalismo de manta
y gofio»; o la jovencita «come mundo» que acepta reconocerse como tal,
[9] HABLAR DE MARÍA ROSA ALONSO 227

«porque nadie que no haya querido comerse el mundo merece haber sido
joven»; la humanísima María Rosa que, a pesar de cuantas faenas le ha
jugado la vida en su larga existencia, se sincera y nos hace esta hermosa
confesión de atardecer de espíritu: «He tenido la suerte (creo que ya lo he
escrito) de que mi trabajo para mí no ha sido trabajo; es decir, que me ha
gustado leer, escribir y dar clases, y de leer, escribir y dar clases he vivido.
No he pasado el drama de vivir de hacer cuentas (que no me gustan nada)
o de la alta costura (que tampoco me gusta) e írseme los ojos a los libros,
la pluma o máquina o las clases».
También está bien grabado para siempre en estas páginas su amor a La
Laguna. No es el suyo un amor bobalicón, ñoño, de mirarse el ombligo,
sino el amor que trasciende y aflora a cada paso, ya en la evocación tardía
del poeta Verdugo, o en la acuarela literaria del maestro Bonnín pintando a
la acuarela plástica los dorados sillares del Palacio de Nava (a ver, señora
consejera, a ver, señora alcaldesa, cuándo paramos su acelerado deterioro,
que de no hacerlo no tardará en venírsenos abajo, y entonces, a llorar por
las esquinas y lamentamos y condenar que otros no lo hicieran); y en tantas
y tantas oportunidades por las que deja que se cuelen sus visiones, o sus
emociones, o sus rabietas o sus críticas aceradas por lo que quisiera que la
ciudad fuese o hubiese sido y no fue posible que llegara a ser. Se alargaría
en exceso esta perorata mía si las recordara todas, incluso eligiendo sólo
las más felices, emotivas y hermosas. Dejo a la diligencia de ustedes el
placer de encontrarlas y el sabor de paladearlas con esa morosidad única,
que ningún otro medio nos proporciona, de la lectura sosegada.
Asimismo, rezuman estas páginas amor isleño de muchos quilates. A
las Islas, nos alerta, hemos de amarlas sin caer en la trampa de la vana au-
tocomplacencia. Todo lo contrario. María Rosa, que ha amado siempre con
pasión su tierra, no ahorra la crítica cuando considera es menester aplicarle
tal medicina a manera de terapia sacudidora de modorras, o para conjurar
peleas ridículas y estériles, o para acabar con infecundos onanimos menta-
les. «La isla pequeña tiene siempre el peligro de su limitación, de achatar
su espíritu y cerrarse a los aires del mundo; de ahí la necesidad -insis-
te- de que, o sus hijos salgan de ella cuanto les sea posible, para que se
enteren de cómo es el mundo, o bien, para los que no pueden hacerlo, que
sean gentes del exterior quienes vengan de allá y se establezca un contacto
doblemente beneficioso».
Este libro, que es una publicación espléndida, no sólo por su contenido,
sino también por su realización, pues lleva el cuño inconfundible de Car-
los Gaviño, experto máximo en la fundamental faceta de la elaboración
editorial, es un digno y acertado homenaje a su autora. De María Rosa son
228 ESTUDIOS CANARIOS [10]

estas atinadas palabras: «Razón mucha tiene quien defiende los homenajes
en vida del merecedor de ellos, porque las notas necrológicas no le dan
satisfacción al homenajeado».
María Rosa Alonso Rodríguez continúa con nosotros, sigue con sus
amores, con sus rebeldías, con sus bríos y su pasión humana en esta tierra
que la vio nacer. Pronto, no diré por ahora cuándo para no romper la pro-
mesa que le hice, llegarán sus cien años de vida, un centenario que está ya
casi a la vuelta de la esquina del tiempo. Este libro podernos considerarlo
el pistoletazo de salida para la celebración de esa fecha áurea de la cultura
canaria. Yo emplazo cordialmente al Gobierno de Canarias y a los Ayun-
tamientos de Tacoronte, su pueblo natal, y de La Laguna, la ciudad donde
ha transcurrido la parte mayor y más fecunda de su asendereada existencia
a que, con tiempo suficiente, preparen una conmemoración digna de su
categoría humana e intelectual, una celebración no para que otros se luzcan
a su costa, sino para que ella refulja corno merece, se valore y divulgue
convenientemente su obra y de esta manera se logren remover y oxigenar
las medio cenagosas aguas de la auténtica canariedad que ella defendió con
tesón y apasionadamente.

ELISEO IZQUIERDO
Tres N otuelas de Toponimia Canaria

XAVERIO BALLESTER

CRUZ DE LO MANCHO

Un topónimo grancanario Cruz de lo Mancho es así explicado por TRA-


PERO (1999a: 276): «Mancho puede interpretarse como apócope de Man-
chado, con el sentido de 'color oscuro que contrasta con el contorno'[ ... ]
el conocimiento del terreno nos pone en la evidencia [ ... ] lo que allí hay es
una gran roca en forma de risco que tiene una franja vertical bien marcada
de color oscuro, que contrasta espectacularmente». Nosotros aquí ante la
toponímica duda seguimos el principio de elegir la opción más banaluda y
antes que ver una extraña apócope por lo Manchado para mantener además
ese inusual neutro, preferimos leer un banal derivado del frecuentísimo
lomo, es decir, un Lomancho como si Lomacho pero con adición de esa
-n- que encontramos antes, por ejemplo, para el muncho de la valenciana
Jalance (Poveda & Piera 1997: 223 y 263) o, en toponimia canaria, para un
Terigüenche, en La Gomera, con -n-probablemente añadida a juzgar por
una variante Terigüeche (Perera 2005: I l§XVIII 22). La secuencia -acho
es, desde luego, frecuente en toda la toponimia hispánica, incluyendo Ca-
narias, así, por ejemplo, en Picacho (Trapero 1999a: 313s; 2000: 227). Por
otra parte, los topónimos grancanarios uniendo en un mismo sintagma re-
ferencias a cruz y lomo son al menos 16 (Suárez & al. 1997: II 132 y
133) constituyendo, pues, esta una relación más esperable que la inusual
entre cruz y mancha[r]. Recoge también ÁLVAREZ RIXO (1992: 126) la
expresión como un lebrancho, donde aparentemente se tendría el mismo
formante aumentativo -ancho sobre liebre. Además, "la dicha voz con el
sentido de 'mújol' o 'lisa' está catalogada como canarismo (Navarro 1996:
20; Corrales & al. 1996: 791 ). Con esta lectura banalizante del topónimo
queremos dar, en definitiva, la razón al mismo TRAPERO cuando afirma
(2007: 269) que en toponimia muchas veces nos encontramos con que «la
respuesta, por simple, es la verdadera».
230 ESTUDIOS CANARIOS [2]

ESQUÉN

Tradicionalmente se tienen efequén por una voz guanche para designar


una especie de templo o adoratorio de los indígenas. Ahora bien, en la línea
abierta por MEDEROS y ESCRIBANO (2002: 140) al relacionar con tal voz
topónimos cuales Barranco de Esquinzo, Corral del Esquey, El Lesque,
Esquén Blanco o Lomo Lesque, podría sugerirse la posibilidad de que aquel
efequén nunca hubiese existido y que se trate simplemente de una mala es-
critura o lectura de las fuentes, dada la gran similitud entre los grafos <f>
y <s> de la época, de modo que un *esequen -probablemente /esekén/-
fuera entendido como un efequen. A favor de esta hipótesis interactúan
dos hechos notables y localizables en nuestras fuentes (uide Wolfel1996:
517s): en primer lugar, la forma aceptada para Torriani fquenes es poco
verosímil, ya que no se explica que, contra la pauta suya y la pauta habitual
en la época, el italiano no adaptara los sonidos a su lengua nativa, mientras
que, por el contrario, una forma como *squenes respondería perfectamente
a las expectativas de asimilación para la lengua italiana sin necesidad -y
no como en el caso de fquenes- de prescindir de la e- inicial; en segundo
lugar, su contemporáneo, el sacerdote -y muy interesado en temas religio-
sos- español Abreu Galindo ofrece una efectiva forma esquenes, es decir,
con <s>. Además, un *es[e]quen se dejaría relacionar bien con la forma
guanche recogida en otras fuentes azeca 'muralla' y que presenta un muy
buen apoyo etimológico en ámbito bereber (Wolfel 1996: 654). En fin,
mientras, en efecto, unos Esque, Esquén, Esquencillo, Esquencito, Esquey,
Esquine, Esquinita, Esquinso, Esquinsuela y Lesque aparecen recogidos
en el elenco de topónimos guanches por TRAPERO (2007: 423 y 426), no
encontramos ahí nada parecido a efequén, siendo esperable, en principio,
que una voz común con tal significado hubiera perdurado en algún topóni-
mo, tal como, por ejemplo, sucede con numerosos topónimos nuestros del
tipo Abadía, Ermita, Iglesia, Iglesuela, Monasterio o afines.

GORRA

Como empleo metafórico de gorra en toponimia y en la línea de tan-


tos usos metafóricos de la vestimenta y otros humanos complementos po-
drían, en principio, aducirse los grancanarios Gorra y Gorras (Suárez et
al. 1997: II 166; Trapero 1999a: 238) así como un Gorreta en El Hierro
(Trapero 1999b: 218). Ahora bien, la limitación del topónimo, al parecer,
al espacio canario y la modernidad y vaguedad de la metáfora -¿qué tipo
[3] TRES NOTUELAS DE TOPONIMIA CANARIA 231

de gorra?- nos invitan a sospechar que al menos algunos de estos Gorra


podrían también en realidad encubrir caricaturas de la común raíz guanche
*gor- para 'circular- redondo- cerco- corral'. Seguimos aquí el consejo
de MORALA (1994: 80) de que en toponimia hay que trabajar «extremando
hasta límites morbosos la precaución, exagerando el sentido crítico, ago-
tando todas las posibles hipótesis y acentuando nuestra desconfianza ante
todo aquello no suficientemente demostrado». Pues bien, la existencia en
Canarias de unos topónimos Garito, Gorillo y un Garete (Trapero 2000:
224), apuntalaría nuestra hipótesis de que la voz prehispánica goro o un
derivado de esta pudiera[n] estar en la base de aquella Gorra, máxime
teniendo en cuenta el tan alto número de variantes que PERERA (2005:
II 9§81 182) señala para aquella raíz en todo el Archipiélago: engorona-
da, goire, goiro, goiry, goran, góranes, gore, garete, garito, goro, goron,
gorón, gorona, gorucho, gouro, gunchos, guranchos, gurincho, gurona,
tagora, tagoro, tagoron, tagóror y tegala. A estas formas y en la línea al
menos de la citada engoronada cabe sumar derivativos con sufijación his-
pánica cuales los documentados en los topónimos gomeros Gurencita, El
Gurachito, El Gurito, El Guroncito, La Guroncita, La Guronilla, La Gu-
ronita, Las Gurunejas o Las Gurunitas (Perera 2005: I 1§XIX 36). En ese
contexto nos parece una hipótesis más simple y acaso más defendible la de
entender Gorra[s] y Gorretas como formadas a partir de voces de origen
autóctono del tipo *Gora y *Goreta.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ÁLVAREZ RIXO, José Agustín, Voces, frases y proverbios provinciales de nuestras


Islas Canarias con sus derivaciones, significados y aplicaciones, C. Díaz
& F.J. Castillo edd., Instituto de Estudios Canarios, La Laguna 1992.
CORRALES ZUMBADO, Cristóbal & CORBELLA DÍAZ, Dolores & ÁLVAREZ MAR-
TÍNEZ, Ma Ángeles, Diccionario diferencial del español de Canarias, Arco
Libros, Madrid 1996.
MEDEROS MARTÍN, Alfredo & ESCRIBANO COBO, Gabriel, Los aborígenes y la
prehistoria de Canarias, Centro de la Cultura Popular Canaria, Tenerife-
Gran Canaria 2002.
MORALA RODRÍGUEZ, José Ramón, «Objetivos y métodos en el estudios de lato-
ponimia», A. Álvarez & H. Perdiguero edd., Toponimia de Castilla y León.
Actas de la Reunión científica sobre Toponimia de Castilla y León, Aula
Universitaria de Filología e Historia, Burgos 1994, 57-80.
232 ESTUDIOS CANARIOS [4]

NAVARRO CARRASCO, Ana Isabel, El Atlas de Canarias y el diccionario académi-


co, Universidad de Alicante, Alicante 1996.
PERERA LÓPEZ, José, La Toponimia de La Gomera. Un estudio sobre los nombres
de lugar, las voces indígenas y los nombres de plantas, animales y hongos
de La Gomera, Aider, La Gomera 2005.
POVEDA MORA, José Vicente & PIERA ALBEROLA, Salud, "A tranchas marran-
chas ". El habla tradicional de Jalance, Ayuntamiento de Jalance, Valencia
1997.
SUÁREZ BETANCOR, Javier dir. & alii, La Toponimia de Gran Canaria. 1 Codifi-
cación, análisis y teoría. 11 Corpus Toponymicum, Ediciones del Cabildo
Insular de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria 1997, II voll.
TRAPERO, Maximiano, Diccionario de Toponimia Canaria. Léxico de referencia
oronímica, Gobierno de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria 1999•.
- - Pervivencia de la lengua guanche en el habla común del Hierro. Léxico
común y pastoril, de la flora y de la fauna y de la toponimia, Dirección
General de Patrimonio Histórico, s.l. 1999b.
- - «La morfología derivativa como procedimiento de creación léxica: su es-
pecial importancia en la toponimia de Canarias. I: diminutivos y aumen-
tativos», Estudios de dialectología dedicados a Manuel Alvar con motivo
del XL aniversario de la publicación de El español hablado en Tenerife,
Instituto de Estudios Canarios, La Laguna 2000, 207-36.
Estudios sobre el Guanche. La lengua de los primeros habitantes de las Islas
Canarias, Fundación Mafpre Guanarteme, Las Palmas de Gran Canaria
2007.
WOLFEL, Dominik Josef, Monumenta lingure Canarire (Monumentos de la lengua
aborigen canaria). Un estudio sobre la prehistoria y la historia temprana
del África Blanca, trad. M. Sarmiento, Dirección general de patrimonio
histórico, s.l. 1996, II voll.
R E e E N S 1 o N E S

María Ángeles Rodríguez Pérez, Politicas de mejora y modernización de


las Administraciones Públicas. Especial referencia a la Comunidad
Autónoma de Canarias, Santa Cruz de Tenerife, Instituto Canario de
Administración Pública, 2007, 279 págs.

Este libro constituye una obra de referencia en el estudio de un ámbito tan novedo-
so y necesario como es la implementación de políticas de mejora y modernización
en las Administraciones Públicas. Un funcionamiento eficiente de las Adminis-
traciones Públicas, aspiración legítima de todo ciudadano, pasa ineludiblemente
por el desarrollo de las nuevas tecnologías en el seno de la actividad ad intra y ad
extra de las Administraciones.
La mejora continua de los procesos, procedimientos y prestaciones públicas,
teniendo en cuenta los recursos disponibles y determinando los correspondientes
estándares de calidad, debe concebirse como un requerimiento mínimo de funcio-
namiento para las Administraciones Públicas, y no sólo como una meta, tal como
resulta ser para las organizaciones e instituciones privadas, que han de mantener
su actividad en un marco de libre competencia. Más aún, el servicio al ciudadano
se constituye como uno de los principios básicos que debe presidir la actividad
administrativa.
De ahí la importancia de todos los procesos de mejora y modernización de las
Administraciones Públicas, que tienen como eje principal los modos de gestión
del sector público, para corregir los estados patológicos del aparato administrativo
y de su funcionamiento, puesto que los ciudadanos tienen legítimo derecho a reci-
bir servicios públicos de calidad.
Ahora bien, el éxito de todas estas políticas de modernización, que vienen
impulsadas desde el plano legislativo por los principios de organización, funcio-
namiento y actividad de las Administraciones Públicas, depende -más allá de
los cambios que pudieran introducir nuevas tecnologías, modelos organizativos
e innovaciones metodológicas- de decisiones legislativas. La existencia de pla-
nes de actuación y modernización en las diferentes Administraciones nunca podrá
sustituir la necesaria e imprescindible regulación normativa; y los procesos de
modernización deben abordarse siempre desde una perspectiva jurídica, es decir,
sin olvidar en ningún momento los equilibrios que procura garantizar el Derecho
Administrativo, que es el cauce y la garantía de los cambios en el tiempo. Así lo
reconocen expresamente nuestras leyes, que a su vez consagran principios que
sirven de impulso a todas estas políticas de cambio, como son los principios de
eficacia, economía y celeridad en la actuación administrativa.
234 ESTUDIOS CANARIOS

A lo largo de las últimas décadas se han gestado numerosos cambios, y de un


modelo de administración burocrática «agotado» hemos pasado a una administra-
ción gerencial, a una nueva gestión pública y a unos nuevos conceptos de la gober-
nabilidad, como se analiza en este libro cuando se estudia la gestión del cambio.
Tras un recorrido histórico de las distintas reformas realizadas en España en los
últimos años -tanto de la Administración General del Estado como de las auto-
nómicas- en la segunda parte del libro se analizan los procesos de modernización
de la Administración Pública de la Comunidad Autónoma de Canarias.
En este sentido, se empieza por abordar el tema de la gestión de la calidad en
la citada Administración, para continuar con la mejora y modernización de los pro-
cedimientos administrativos, la simplificación orgánica, los nuevos planteamientos
sobre el control y la evaluación del rendimiento de las unidades administrativas
y, finalmente, las medidas en materia de política de personal y de información y
atención al ciudadano que ha venido desarrollando nuestra Administración auto-
nómica.
Al hilo del análisis de los distintos capítulos, se suscita la necesidad de estudiar
ciertas experiencias que en esta materia se vienen desarrollando en el sector priva-
do, aun cuando no cabe un intento de paralelismo entre la Administración pública
y la empresa privada, pues son sus rasgos esencialmente diferentes. Cierto es que
las instituciones públicas han incorporado a su gestión técnicas propias del sector
privado, pero siempre su aplicación a las funciones administrativas en el marco del
principio de legalidad, dada la existencia de normas reguladoras de los distintos
procedimientos, que garantizan la protección de los derechos de los ciudadanos.
La Administración Pública, como organización que es, tendrá siempre prác-
ticas burocráticas; y la eficacia en la actuación administrativa, que se refleja a
través de los principios de economía procedimental y de celeridad, no puede ir en
detrimento de las garantías formales que reconocen las leyes en aras de la protec-
ción de los derechos de los ciudadanos. La modernización de las Administraciones
debe desarrollarse, por tanto, en el marco de los principios de organización, fun-
cionamiento y actividad que establece la Constitución y sus normas de desarrollo,
garantizando en todo momento el equilibrio entre la eficacia administrativa y las
garantías formales de los ciudadanos, que aseguran la sujeción de la Administra-
ción a la legalidad.
La autora de esta obra, María Ángeles Rodríguez Pérez, aúna en su persona
cualidades características de una gran investigadora como son el orden, la tena-
cidad, la paciencia y la capacidad de extraer conclusiones provechosas de sus in-
vestigaciones.
En definitiva, se trata de una obra rigurosa, bien estructurada y, sobre todo,
útil, que aborda un tema de actualidad como es la mejora y modernización de las
Administraciones Públicas, esto es, la Administración Pública del siglo XXI.

ÁNGEL LOBO RODRIGO


N E e R o L o G Í A S

JOSÉ LUIS SÁNCHEZ PARODI


(1921-2008)

LAS PRESENTES líneas evocan dolorosamente la personalidad singular del magis-


trado José Luis Sánchez Parodi, fallecido el pasado 14 de noviembre en Santa
Cruz de Tenerife, en cuya Audiencia Provincial prestó valiosos servicios juris-
diccionales. Anteriormente lo hizo en Valladolid, donde obtuvo también una alta
estimación profesional durante los años 1969 a 1973. El recuerdo de Sánchez Pa-
rodi, que había nacido en Cádiz el 1.0 de mayo de 1921, pervive todavía hoy en
la Audiencia castellana. En este tiempo circunscribía la Sala su actividad al cono-
cimiento del comportamiento delictivo de acuerdo con la Ley de Enjuiciamiento
criminal de 1882, antes de las transformaciones que el sistema procesal penal ha
experimentado posteriormente. Tuvo Sánchez Parodi en el tiempo de la Audien-
cia vallisoletana un elevado reconocimiento y estimación por parte de colegas y
letrados.
El periodo de Valladolid fue proseguido por la presencia ulterior del magistra-
do en la Audiencia Provincial de Tenerife, coronación de una carrera profesional
plena de elevación técnica y moral -valores apreciables ampliamente en el do-
minio de la Judicatura.
La formulación y aplicabilidad del Derecho ha experimentado una ondulación
sensible en el transcurso del tiempo. El discurso jurídico-penal adoptaba en la
sentencia la forma de un silogismo en el que los hechos declarados probados pro-
porcionaban la premisa menor. La norma jurídica, o la Ley, operaba como premisa
mayor prohibitiva o preceptiva del comportamiento, y la conclusión equivalía al
fallo jurisdiccional. Las sentencias coleccionadas constituyen un conjunto jurídico
inestimable, presente en Chancillerías y Audiencias, como fondo dotado de valor
histórico inmarcesible que, sin embargo, no es objeto de consideración por el es-
tudio histórico del derecho, como complemento de la legislación. En este sentido,
tanto en lo concerniente al derecho privado como al público, los fondos jurisdic-
cionales informan sobre el derecho realmente vivido en el contexto cultural en que
se produce la interpretación de la norma. Las sentencias de la Sala vallisoletana
ponen de relieve una comprensión del derecho menos como sistema de normas
legislativamente codificadas que como cuadro axiológico de regulae iuris, en que
236 ESTUDIOS CANARIOS

se incluye el comportamiento probado. Esta hipótesis merecería ser enlazada a la


consideración histórica del derecho. La escritura jurídica de los magistrados de la
Audiencia vallisoletana, durante la presencia de Sánchez Parodi y miembros del
tribunal, poseía entonces gran claridad, brevedad y precisión intercomunicativa.
Podría servir de mensaje histórico-cultural no sólo dirigido a los lectores letrados,
sino ante todo a la persona, es decir, al destinatario primordial del texto jurisdic-
cional.
La Audiencia vallisoletana, en las sentencias del Tribunal colegiado, ofrece la
peculiaridad implícita de establecer en los casos en que no existen causas específi-
cas de agravación o atenuación una pena que no sobrepasa el límite legislativo de
la suspensión condicional, establecido en el código penal de 1944. En general la
pena concreta de un año fija un límite que permite todavía proceder a la pondera-
ción de la condena condicional. Esta interpretación, precisada de un estudio posi-
ble sobre la práctica de los Tribunales, permitiría hablar de una práctica penal que
enlaza con los postulados humanistas del derecho penal ilustrado y humanitario.
La familia de Sánchez Parodi ha seguido en cierto modo la ruta profesional de
su progenitor. Los hijos han optado por los estudios de Derecho. En el archipié-
lago, Carmen -magistrada-, José Luis -profesor de derecho mercantil en la
Facultad de Derecho de la Universidad de La Laguna- e Irene -funcionaria ju-
risdiccional- dan testimonio y mantienen simbólicamente el nombre y el recuer-
do de don José Luis Sánchez Parodi, el magistrado que proclamó con su práctica
profesional la elevada racionalidad del mundo del derecho, y de la literatura, como
signo de identidad personal y cultural.
La actividad intelectual del magistrado no se circunscribió, en efecto, al cam-
po jurídico profesional. En el tiempo de su estancia en Santa Cruz de Tenerife,
ante todo una vez producida la jubilación, hizo crecer una obra escrita abierta
a numerosos campos literarios. Las palabras escuchadas con ocasión del falle-
cimiento han confirmado este importante aspecto de la personalidad del ilustre
jurista, quien realizó una obra múltiple y significativa en sus escritos semanales
para el Diario de Avisos, un amplio conjunto de artículos y ensayos animados por
un profundo sentido literario. Esta contribución ha quedado reflejada en libros
primordiales (como, por ejemplo, Recuerdos de un Juez, publicado en 1992) que
ha obtenido amplia difusión entre los lectores.
La personalidad del maestro Sánchez Parodi ha dejado, así, pues, un recuerdo
indeleble no sólo en el derecho sino en la literatura. La prensa del archipiélago,
que ha dado noticia de su definitivo alejamiento, ha seleccionado páginas en las
que el lector aprecia su creatividad, su interés por la relación entre el mar, el pai-
saje y la literatura, así como su acercamiento intelectual, poético y espiritual a
la realidad insular canaria. La personalidad del maestro pervivirá a lo largo del
tiempo en el pensamiento jurídico y literario.

ÁNGEL TORÍO LÓPEZ


ACTA S y MEMORIAS

Acta de la Junta general Ordinaria


del26 de marzo de 2008

EN LA CIUDAD de San Cristóbal de La Laguna, en la fecha y hora indicadas, en


la Biblioteca de la sede del IECan, c/Bencomo, 32, se reúnen en sesión ordinaria,
previamente convocada en tiempo y forma, los miembros del IECan que figuran en
la relación adjunta, correspondiente a esta Junta General, excusando su asistencia
los Sres. miembros que figuran en la misma bajo la presidencia del Sr. Director D.
Eduardo Aznar Vallejo.
El Sr. Director abre la sesión y pide autorización a los miembros de la Junta
para incluir como punto del día no previsto con anterioridad la Propuesta de
nuevos miembros. Se acepta la petición por lo que dicho punto fue incluido con el
n° 5 pasando Ruegos y preguntas al n° 6.

1°) LECTURA Y APROBACIÓN, SI PROCEDE, DEL ACTA DE LA JUNTA


GENERAL ORDINARIA CELEBRADA EL 20-03-2007 Y EL ACTA DE LA
JUNTA GENERAL EXTRAORDINARIA CELEBRADA EL 05-12-2007
Leídas las Actas se aprobaron por asentimiento.

2°) INFORMES DEL SR. DIRECTOR


2 .l. Agradecimientos.
Destaca, en primer lugar, el apoyo recibido por parte de la Concejalía de
Cultura del Ayuntamiento de La Laguna, tanto en el apoyo de actos como en la
subvención concedida puesto que se ha duplicado (36.000,00€).

2.2. Casa de Ossuna


El Sr. Director informa de que se ha limpiado algo el patio de la Casa de Ossuna
y de que en reunión con la concejala de cultura y de patrimonio del Ayuntamiento
de La Laguna se le comunicó la intención de que se rehabilitara la casa en un único
proyecto. Se indicó al Sr. Director que quieren llevar adelante el proyecto y que se
está trabajando en ello.
238 ESTUDIOS CANARIOS

2.2. Premios Canarias


El Director hace mención al hecho de que no se ha otorgado el premio Canarias
al IECan en el apartado Instituciones; por otra parte, manifiesta su pesar y extrañeza
porque, en el apartado individual, no se le haya dado al Dr. Wolfredo Wildpret de
la Torre dado su importante currículum; propone que se considere la propuesta de
hacerle un merecido homenaje y en este sentido se dirige a D" Esperanza Beltrán
para indicar que debería promoverlo. Ésta indica que ya se había pensado en ello
en su Departamento y que se había considerado que sería conveniente realizarlo
desde el IECan por la estrecha vinculación del Dr. Wildpret al mismo. El IECan,
aclaró, contará con el apoyo del Departamento.

2.3. Visitas realizadas


La Vicedirectora informa de que se ha visitado la Presidencia del Gobierno, La
Consejería de Educación y la Dirección General del Libro. Se aclara que aunque
se habló de diversos proyectos no se ha concretado nada.

2.4. Administración
El director informa de que se está poniendo al día la administración del IECan
pero aún quedan tareas importantes por realizar como, por ejemplo, la actualización
del mailing y direcciones postales de los miembros del lE Can.

2.3. Exposición conmemorativa 75 aniversario


Se piensa inaugurar el 8 de mayo en el antiguo convento de Sto. Domingo. El
director comunica que se ha descubierto un archivo sonoro de conferencias entre otras
cosas. Cede la palabra al Comisario de la exposición, D. Francisco González Luis.
Este último indica que la Concejalía de Cultura ha aceptado quién va a ser el
diseñador y están a la espera del diseño. Señala que contará con los presidentes de
sección para ver lo que se puede poner en la exposición.

3°) INFORME Y APROBACIÓN DEL ESTADO DE CUENTAS CORRES-


PONDIENTE A 2007 Y PRESUPUESTO PARA EL 2008.
La Vicedirectora, Dolores Corbella, indica que el Tesorero no ha podido asistir
a la Junta por lo que ella misma ofrece la información relativa a este punto. Antes
de hacerlo, agradece el esfuerzo realizado por el tesorero para poner al día la
contabilidad indicando que se ha mejorado mucho.

3.1. Jriforme y aprobación del estado de cuentas correspondiente a 2007


3.1.1. Ingresos
Los ingresos liquidados durante el ejercicio 2007 importan un total de
168.239,70 (CIENTO SESENTA Y OCHO MIL DOSCIENTOS TREINTA Y
NUEVE) euros. En relación con las estimaciones de ingresos del presupuesto
inicial (170.697,80) la recaudación ha supuesto unos ingresos inferiores a lo
presupuestado, en un monto de 2.458,81 euros.
CRÓNICA DEL INSTITUTO 239

3 .1.2. Gastos
Los gastos liquidados durante el ejercicio 2007 arrojan un total de 170.463,76
(CIENTO SETENTA MIL CUATROCIENTOS SESENTA Y TRES CON
SETENTA Y SEIS) euros. En relación con las estimaciones de gasto contenidas
en el presupuesto inicial (170.587,80) los gastos contraídos por el IECan han sido
inferiores a lo presupuestado en 124,04 euros.

3.1.3. Resultado del ejercicio


Deducido el total de gastos contraídos durante el ejercicio de los ingresos
recaudados, la liquidación del presupuesto 2007 arroja un resultado negativo de
- 2.224,06 euros.
Se adjunta al acta el informe detallado de la actividad económica correspondiente
al2007.

Dolores Corbella señala las dificultades que hay para justificar la subvención
del Gobierno de Canarias puesto que, recuerda, no se admite justificar gastos
generales o corrientes. Asimismo, indica que hemos tenido unos ingresos
relativamente buenos en venta de libros.

Se aprueba por unanimidad este estado de cuentas.

3.2. Presupuesto para el2008


La Vicedirectora señala que la previsión de ingresos y gastos para el 2008 es
de 177.887, 19€ destacando el hecho de que la subvención del Ayuntamiento de La
Laguna se duplicará, es decir, se pasa de 18,000,00€ a 36,000,00€ de los cuales
18,000,00€ se destinarán a gastos corrientes.

Se adjunta informe sobre la previsión de ingresos y gastos para el 2008 que fue
aprobada por unanimidad.

4°) ACTIVIDADES PARA EL 2008


Dolores Corbella comenta el plan de actividades para el 2008, los gastos
previstos para el desarrollo de las mismas y el origen del dinero para afrontar tales
gastos. Las actividades y la previsión de gastos se reparte en tres capítulos:
1°) Cursos (18,720,00€)
2°) Ediciones (35,435,00€)
3°) Proyectos (14,561,64€)
Se adjunta al acta información detallada del plan de actividades y previsión de
gastos.
Dolores señala que la previsión de libros para su publicación alcanza el n° de
12 pero que no se podrá publicar este total por lo que se comenzará, al igual que
con los cursos, por aquellos que ya están informados y que tienen subvención; los
otros quedarán en cola. Indica, además, que si se consigue publicar el n° 50/51
240 ESTUDIOS CANARIOS

del Anuario éste estará al día. Añade a ello que hay que ir pensando en el n°
correspondiente al 2008.

Se aprueba el plan para el 2008.

El Director señala que el Dr. Sánchez Robayna ha presentado dos ediciones


nuevas:
-Homenaje a Cioranescu: Actas de las jornadas que se hicieron en el IECan
(unas 100 págs).
-Colección de textos de Pedro García Cabrera que no están integradas en sus
obras completas. Miguel Martinón prepararía la edición. En este caso habría que
pedir dos informes.
Y que la sección de Historia ha presentado:
-Monografia de Alejandro Larraz A vista de oficiales y a su contento. Tipología
y sistemas constructivos de las primeras viviendas de La Laguna (1497-1530). El
libro contará seguramente con una subvención del Colegio de Arquitectos.

5°) ADMISIÓN DE NUEVOS MIEMBROS


La Secretaria indica que ya han sido admitidos por la Junta de Gobierno las
propuestas siguientes:

5.1. Por la Sección de Musicología y Etnomusicología, presentadas por Da Rosario


Álvarez y Da Dolores Corbella:
a. Da Isabel Saavedra Robayna
b. Da Nuria González González
Da Rosario Álvarez toma la palabra para destacar los méritos de los dos
miembros propuestos.

5.2. Por la sección de Filología, presentadas por Da Dolores Corbella y Da Josefa


Dorta:
a. Da Isabel González Cruz
b. D. Germán Santana
Da Dolores Corbella destaca los méritos de los dos miembros propuestos.
Se aprueban todas las propuestas por unanimidad para llevarlas a Junta
General.
Se respalda la propuesta de la Junta de Gobierno.

6°) RUEGOS Y PREGUNTAS


El Director indica que en la Junta de Gobierno de esta misma fecha (26-03-
08) se propuso que se lleve como punto del orden del día para la próxima Junta el
pago de una cuota mínima por parte de los miembros del IECan. Añade que se ha
hablado, asimismo, de ver la posibilidad de abrir un nuevo centro del IECan en
Las Palmas de Gran Canaria.
CRÓNICA DEL INSTITUTO 241

Andrés Sánchez Robayna indica que sería bueno comenzar a presentar libros
en el Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria para tener una presencia
en esa isla. El Director recuerda que esto se hizo ya con Le Canarien y con
Dinojlagelados y que también sería bueno que el Museo Canario presentara libros
en nuestro Centro.
Andrés Sánchez Robayna pregunta por la situación actual de la Casa de
Ossuna. Se reitera que el Ayuntamiento de La Laguna tiene la idea de pagar el
proyecto completo y no la primera parte como estaba previsto. En este tema están
de acuerdo Patrimonio y Cultura. Se reitera lo que se dijo en el punto 2.2. por lo
que se concluye que se está en una buena vía.
Y sin más asuntos que tratar, siendo las 20,00 hs., el Sr. Director da por
concluida la sesión de cuyos contenidos se da cuenta en la presente Acta y de lo
cual, como Secretaria, doy fe.

yo Bo EL DIRECTOR LA SECRETARIA
D. Eduardo Aznar Vallejo Da Josefa Dorta Luis
242 ESTUDIOS CANARIOS

Memoria del año 2008

ACUERDOS Y CONVENIOS
Convenio de colaboración firmado el 3 de julio de 2008 entre el IECan y la
Caja General de Ahorros de Canarias; convenio de colaboración entre el Excmo.
Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna y el IECan firmado el 28 de julio
de 2008; convenio de colaboración entre la Dirección General del Libro, Archivos
y Bibliotecas, mediante orden de 9 de mayo de 2008, y convenio con la Fundación
Canaria Orotava de Historia de la Ciencia firmado el 3 de noviembre de 2008.

CONFERENCIAS
Francisco A. Marcos Marín (Catedrático de Lingüística General de la Uni-
versidad Autónoma de Madrid y de la Universidad de Texas en San Antonio)
«Lengua y Folclore canarios en los Estados Unidos de América» ( 17 de junio).
David Bramwell (Director del Jardín Botánico «Viera y Clavija» de Las
Palmas de Gran Canaria), «El cambio climático y la adaptación de las plantas»
(15 de octubre).

CONFERENCIAS DE INGRESO
Ma Isabel González Cruz (Profesora Titular de Filología Inglesa de la
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria), «Canarias siglo XX: La imagen de
las Islas en tres obras publicadas en Nueva York» (24 de octubre).

CURSOS
«Desierto y desertificación», dirigido por la Asociación de Antiguos Alumnos
de la Universidad de La Laguna (del 24 al 27 de marzo).
«El Atlántico en la estructuración del espacio europeo», dirigido por Eduardo
Aznar Vallejo y Juan Manuel Bello León (del 9 al 11 de octubre).
«Energías Renovables», dirigido por la Asociación de Antiguos Alumnos de la
Universidad de La Laguna (del 2 al 6 de junio).
CRÓNICA DEL INSTITUTO 243

«Genealogía y Heráldica», dirigido por Rafael Sánchez Saus (del 28 al 31 de


octubre).
«La Laguna: Historia y Patrimonio», coordinado por Dolores Corbella y
Eduardo Aznar (dell7 al22 de noviembre).

CONGRESOS Y JORNADAS
«II Jornadas Internacionales de dialectología», dirigido por Dolores Corbella
Díaz y Josefa Dorta Luis (4, 5, 9 y 1O de diciembre).
«XXVI Jornadas Micológicas de Canarias», dirigido por Esperanza Beltrán
(del 1 al 5 de diciembre).

EDICIONES
Estudios Canarios. Anuario del Instituto de Estudios Canarios, no L-LI,
Número especial dedicado a Da María Rosa Alonso y a Don Telesforo Bravo.
ISSN 0423-4804, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna, 2008.
Catálogo de la exposición conmemorativa del 75 aniversario del Instituto de
Estudios Canarios, Francisco González Luis (Ed.). ISBN 84-88366-69-6, Instituto
de Estudios Canarios, La Laguna, 2008.
A vista de oficiales y su contento. Tipología y sistemas constructivos de la
vivienda en La Laguna y Tenerife a raíz de la Conquista (1497-1526), Alejandro
Larraz Mora. ISBN 84-88366-68-9, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna,
2008.
Historia de la Ciudad de Icod de los Vinos, Laura Izquierdo Guzmán et álii.
ISBN 84-88366-71-9, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna, 2008.
Los Guanches, de Luis Diego Cuscoy, Juan Francisco Navarro Mederos y
Miguel Ángel Clavija Redondo (Eds.). ISBN 84-88366-70-2, Instituto de Estudios
Canarios, La Laguna, 2008.
Diario de Viaje a Francia y Flandes, de Rafael Padrón Fernández (Ed.). ISBN
84-88366-67-2, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna, 2008.
Semihistoria de las Fundaciones, Residencias o colegios que tiene la Compañía
de Jesús en las Islas Canarias, de Francisco Fajardo Spínola (Ed.). ISBN 84-
88366-65-5, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna, 2008.

PRESENTACIÓN DE LIBROS
Estudios Canarios. Anuario del Instituto de Estudios Canarios, noL-LI. Número
especial dedicado a María Rosa Alonso y a Don Telesforo Bravo. Presentado por
Don Miguel Martinón y Don Jaime Coello Bravo (6 de junio, Ex Convento de
Santo Domingo).
244 ESTUDIOS CANARIOS

De hortelanos a piratas (Ensayos sobre la cultura canaria en los entornos de


Veracruz y el Gran Caribe, 1725-1825) de Abel Juarez Martínez. Editado por el
Gobierno del Estado de Veracruz (Méjico, 2008) y presentado por Don Manuel
Fariña González, profesor de Historia de América en la Universidad de La Laguna
(21 de octubre, Sede del Instituto de Estudios Canarios).
Diario de viaje a Francia y Flandes, de Rafael Padrón Fernández (Ed.).
Presentado por Da Dolores Corbella Díaz, catedrática de Filología Románica con
la intervención del Excmo. Sr. D. Álvaro Fernández Villaverde y de Silva (27 de
octubre, Espacio Cultural CajaCanarias).
Los Guanches, de Luis Diego Cuscoy, Juan Francisco Navarro Mederos
y Miguel Ángel Clavijo Redondo (Eds.). Presentado por Don Elfidio Alonso
(Periodista) y Don Antonio Tejera Gas par (Catedrático de Arqueología de la ULL).
Con la intervención de Don Francisco García Talavera (Presidente del Organismo
Autónomo de Museos y Centros del Cabildo de Tenerife) (18 de diciembre, Sede
del Instituto de Estudios Canarios).

EXPOSICIONES
Exposición conmemorativa del 75 aniversario del Instituto de Estudios
Canarios, Comisario Francisco González Luis, Ex Convento de Santo Domingo,
La Laguna, 2008 (del 8 de mayo al 8 de junio).

ÜTROSACTOS
DECRETO 110/2008, de 20 de mayo, por el que se concede la Medalla de Oro
de Canarias al Instituto de Estudios Canarios. En el Acto institucional, celebrado
el 30 de mayo, el presidente del Gobierno de Canarias, el Excmo. Sr. D. Paulino
Rivero entregó al Director del Instituto, Don Eduardo Aznar Vallejo, la Medalla
de oro de Canarias por su misión de atender a la investigación histórica, literaria,
científica y del medio ambiente de las Islas.

COLABORACIONES
Colaboración en el «IV Congreso de estudiantes de la Facultad de Química»,
dirigido por la Asociación de Antiguos Alumnos de la ULL (del 14 al 16 de
abril).

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