Tema 1
Intervención Psicológica en Niñez y Adolescencia
Tema 1. Evaluación e
intervención psicológica en
niños y adolescentes
Índice
Esquema
Ideas clave
1.1. Introducción y objetivos
1.2. Características de la evaluación psicológica en la
población infantojuvenil
1.3. El proceso de evaluación psicológica
1.4. Habilidades del terapeuta infantojuvenil
1.5. Modelos de intervención psicológica en niños y
adolescentes
1.6. La intervención psicológica en la población
infantojuvenil
1.7. Referencias bibliográficas
A fondo
La entrevista diagnóstica con niños y adolescentes
Entrevista a Javier Urra
Diagnóstico Pedagógico
Test
Esquema
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Tema 1. Esquema
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Ideas clave
1.1. Introducción y objetivos
Al trabajar con población infantil se hace necesario tomar en consideración una
serie de particularidades durante el proceso de evaluación. Por lo tanto, en primer
lugar, se considerarán las características propias de la población infantil. Antes de
abordar de forma más detallada el proceso evaluativo, se definirán los modelos que
han servido de base a la evaluación psicológica, nuevamente, considerando la
población infantil en la comprensión de estos.
A continuación, se describirá el proceso evaluativo, siguiendo a distintos autores.
Finalmente, se plantearán los principales instrumentos de evaluación, así como las
habilidades fundamentales que el profesional utiliza con la población infantil. En este
tema, se persiguen los siguientes objetivos:
▸ Conocer las características de la evaluación psicológica en la población
infantojuvenil.
▸ Describir el proceso de evaluación, según distintos autores, y su implicación.
▸ Se describirán las principales habilidades del terapeuta en cuanto a la población
infantojuvenil.
▸ Identificar los modelos que han servido de base a la evaluación psicológica.
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Tema 1. Ideas clave
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Ideas clave
1.2. Características de la evaluación psicológica en
la población infantojuvenil
Trabajar con la población infantojuvenil implica atender a una doble demanda: la
información que nos aporta el niño y la que nos transmite la familia y el contexto en el
cual está inmerso el niño. Esto va a conllevar que el profesional de la psicología
desarrolle y adapte las competencias y habilidades para obtener información de
las distintas fuentes. Al trabajar con los niños y jóvenes, se deberá tener en cuenta
una serie de particularidades que permitan obtener la información de la forma más
fiable posible.
La primera de estas consideraciones es la dimensión evolutiva de los niños. Esta
es muy relevante por dos razones. En primer lugar, la psicopatología puede
expresarse de diferente manera en distintos momentos del desarrollo y, por otro lado,
la consideración de la dimensión evolutiva nos va a orientar en la detección de
dificultades cuando no se alcanzan los hitos esperables por edad (García-Martínez,
2020).
Además, considerar el aspecto evolutivo permite adaptar las intervenciones al nivel
cognitivo y lingüístico del niño y, por lo tanto, favorecer su implicación.
Adicionalmente, es necesario establecer múltiples objetivos o áreas de
evaluación, como el funcionamiento cognitivo, emocional y conductual.
De forma específica, se deberá tener en cuenta el desarrollo cognitivo del niño
(Madruga y Delval, 2010). Desde los dos hasta los siete años, aproximadamente, se
encuentran en el estadio preoperacional del desarrollo cognitivo. En este estadio,
pueden pensar simbólicamente, pero centrados en un solo aspecto del problema y
en contenido específico y concreto.
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Tema 1. Ideas clave
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Ideas clave
Desde los siete hasta los once años, se encuentran en el estadio de las
operaciones concretas, por tanto, aparece un razonamiento lógico, el cual se
puede aplicar a objetos reales que puede ver, asumir múltiples perspectivas, ponerse
en el lugar del otro y razonar simultáneamente sobre conceptos relacionados
(Velazquez, 2014).
Así, el lenguaje va cobrando paulatinamente más importancia que el contexto. Hasta
que el niño alcanza esta etapa de desarrollo, no se contempla introducir la terapia
cognitiva.
Por debajo de los dos doce años las preguntas deben ser concretas y
bien situadas en su contexto.
Unido al desarrollo cognitivo, se deberá tener presente el desarrollo del lenguaje
del niño. Aunque en torno a los cuatro años ya tendrá el lenguaje suficiente para
comunicarse, siempre habrá que adaptarlo a él (Rodríguez, 2010). Esto no significa
que debas adoptar un tono infantil, sino utilizar fonología, vocabulario y sintaxis
apropiadas.
Este aspecto le exigirá al profesional cambiar de registros si está inmerso en una
sesión con el menor y a continuación tiene que atender a los progenitores. Algunas
preguntas para los niños pueden ser difíciles (los «cuándos», «cómo», «cuál» y «por
qué» son más complejos que los «qué», «quién» y «dónde»). También se
recomienda usar referentes y nombres en lugar de pronombres.
Cuando el profesional de la psicología está explorando síntomas encubiertos, como,
por ejemplo, el estado de ánimo, los autoinformes pueden resultar de utilidad. Sin
embargo, las técnicas de autoinforme solo se pueden aplicar con ciertas garantías en
niños mayores de siete años, ya que únicamente a partir de esa edad tienen una
buena comprensión lectora y serán capaces de informar de forma fiable.
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Ideas clave
Los niños de entre tres y seis años pueden utilizar autoinforme si cuentan con apoyo
pictórico; pero, en general, antes de los siete años no se recomienda el uso de las
técnicas de autoinforme.
La capacidad de comprensión de las emociones también deberá considerarse en
el proceso de evaluación de niños y adolescentes. Aunque en torno a los dos años
ya están establecidas las bases del desarrollo emocional, con la edad se produce
una mejoría significativa en los niños.
Alrededor de los tres a cinco años pueden identificar tristeza, enfado y felicidad. A los
ocho años, pueden expresar verbalmente el enfado y el miedo. En torno a esta edad,
se producen los cambios más relevantes a nivel de comprensión de emociones. A los
once años, comprenderá que puede tener sentimientos ambivalentes respecto a una
misma persona (Salguero, 2011).
La sinceridad en los niños también ocupa un espacio en el proceso de comprensión
de las dificultades del niño. Los niños de entre tres y cuatro años ya saben la
diferencia entre verdad y mentira, pero a los cinco años la mayoría ya sabe que
mentir es inadecuado. Además, se estima que mentir es una conducta difícil que solo
un 5 % de los niños realiza con frecuencia. Por lo tanto, cuando el psicólogo detecte
incongruencias en la información que recoge, deberá valorar también los posibles
sesgos de interpretación en el adulto.
Negociar aspectos como la confidencialidad también será un aspecto relevante,
sobre todo, en la construcción de la relación terapéutica, especialmente, con
adolescentes. Los adolescentes pueden acudir a una primera consulta con una cierta
actitud de suspicacia y desconfianza con respecto a la información que le vayan a
volcar al psicólogo. Por lo tanto, será fundamental explicarles, acorde a su nivel de
comprensión, el funcionamiento del secreto profesional.
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Ideas clave
Figura 1. Ciclo vital. Fuente: Titaporn, s. f.
Ejemplo de consulta
Para comprender mejor esta idea, vamos a suponer que acude a consulta
una familia preocupada porque su hija tiene cuatro años y aún no ha
logrado el control de esfínteres nocturno. Manifiestan una gran inquietud
por la existencia de un cuadro de enuresis nocturna que pueda interferir en
su desarrollo.
De una forma muy sintética, dado que en cada caso deberemos estudiar
sus particularidades, deberíamos recuperar y tener presentes nuestros
conocimientos de psicología evolutiva y determinar con la familia que
hasta los cinco años no vamos a determinar que las dificultades de esta
niña se explican desde una entidad diagnóstica como la enuresis.
La psicología del desarrollo y la evolutiva serán los conocimientos
transversales que acompañarán al profesional en la toma de decisiones en
la comprensión de cada caso.
En segundo lugar, es necesario tener en cuenta que el niño no es quien ha solicitado
el tratamiento. En la práctica asistencial, el profesional de la psicología irá
observando múltiples explicaciones que el adulto le ha ofrecido al niño. En algunos
casos, estás ideas previas que el niño puede traer resultarán favorables, pero, en
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Tema 1. Ideas clave
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Ideas clave
otras ocasiones, pueden interferir en la primera sesión de evaluación. Veamos
algunos ejemplos:
Tabla 1. Ejemplos reales de explicaciones que se ofrecen al niño para acudir a una primera sesión de
psicología. Fuente: elaboración propia.
Como se puede observar en ejemplos extraídos de la práctica profesional habitual,
no es infrecuente que no sepan a dónde acuden o por qué están accediendo a ese
recurso. En el mejor de los casos, hacen referencia a alguna consecuencia que
causa un impacto en algunos de sus contextos (las notas, la conducta en casa, el
uso excesivo del móvil, etc.), pero no suelen aludir a preocupación o malestar.
Aunque hay familias que tratan de ofrecer una explicación del motivo por el cual
están con un psicólogo, en ocasiones, son los propios cuidadores quienes no
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Ideas clave
comprenden o no logran identificar cómo enfocar la consulta. En los casos en los
cuales resulte posible, es importante un asesoramiento o pautas previas a la
familia.
En general, en el caso de los niños más pequeños se recomienda, sobre todo, en un
primer contacto, aumentar la motivación mediante actividades lúdicas acordes al
contexto del menor y favoreciendo una implicación explicita (Quiles et al., 2014).
La participación de múltiples informantes es necesaria; sin embargo,
frecuentemente conduce a informaciones diferentes e incluso contradictorias. A
continuación, se puede observar un ejemplo de los resultados de un cuestionario
cumplimentado por ambos progenitores (en un perfil gráfico child behavior checklist
[CBCL]). Se trata de un niño de ocho años y, en este caso en concreto, los
progenitores se encuentran separados.
Figura 2. Primer perfil gráfico CBCL – padres 6 a 18 años. Fuente: elaboración propia.
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Ideas clave
Figura 3. Segundo perfil gráfico CBCL – padres 6 a 18 años. Fuente: elaboración propia.
Algunos autores, como Mash y Graham (2001), señalan que la variabilidad y el
desacuerdo que se han encontrado sobre las conductas de los niños se ven
afectados por una serie de variables, como la edad y el sexo del niño, la naturaleza
del problema que se informa (por ejemplo, externalizante versus internalizante) y el
método de evaluación (por ejemplo, entrevistas versus cuestionarios) (Mash y
Graham, 2001).
Parece que existe más correlación entre informantes cuando el motivo
de la consulta se relaciona con problemas de conducta.
Por otro lado, la evaluación del niño necesariamente tiene que ampliarse al contexto
familiar y educativo. De esta forma, se deberá valorar, considerando la plasticidad y
variabilidad de la conducta infantil, si las conductas problemáticas que presenta son
específicas de determinados entornos o se han generalizado.
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Ideas clave
En la Tabla 2, se enumeran algunas de las características específicas de la
evaluación psicológica en niños y adolescentes:
Tabla 2. Características específicas de la evaluación psicológica en niños y adolescentes. Fuente: basado
en Caballo y Simón, 2001.
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Ideas clave
1.3. El proceso de evaluación psicológica
Se pueden encontrar distintas definiciones de evaluación psicológica según los
distintos autores. Del mismo modo, según el planteamiento de la forma de proceder
planteada por distintos autores, se definirá qué debe guiar al profesional en la toma
de decisiones con respecto a la persona evaluada. Dos definiciones relevantes son
las ofrecidas por Fernández-Ballesteros (2007) y Moreno y García Torres (2017).
«Disciplina que explora y analiza el comportamiento de un sujeto o grupo con distintos
objetivos (descripción, diagnóstico, selección o predicción, explicación, cambio y/o
valoración) a través de un proceso de toma de decisiones en el que se emplean una serie
de dispositivos (test u otras técnicas de medida) tanto para la evaluación de aspectos
positivos como patológicos» (Fernández-Ballesteros, 2007).
Según Mateo (2019), la evaluación psicológica es:
«El proceso de recopilación sistemática de información sobre una demanda, a través de
técnicas y estrategias psicológicas evaluativas, cuyo correcto análisis e interpretación
profesional permite verificar hipótesis para describir el problema y/o intervenir sobre él.
Por tanto, la evaluación psicológica incluye la valoración del tratamiento».
Existe una diversidad de propuestas realizadas por distintos autores que han descrito
e l proceso de evaluación psicológica. Así, Fernández-Ballesteros (Fernández-
Ballesteros y Vizcarro Guarch, 2007) propone realizar el proceso de evaluación en
nueve fases, mientras que Muñoz (2019) configura el proceso de evaluación
psicológica a partir de seis momentos diferenciados y Del Barrio (2016) las reduce a
tres fases básicas. En la Figura 4, se puede observar la información de forma
comparativa.
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Ideas clave
Figura 4. Esquema resumen del proceso de evaluación según distintos autores. Fuente: basado en
Fernández-Ballesteros, 2007; Muñoz, 2019 y Del Barrio, 2016.
El proceso de evaluación psicológica según Fernández-Ballesteros
Aunque el planteamiento de Fernández-Ballesteros establece nueve fases para el
proceso de evaluación psicológica, tiene dos variantes de dicho proceso para cuando
el objetivo sea el diagnóstico (proceso descriptivo-predictivo) y para cuando el
objetivo sea la intervención (proceso interventivo-valorativo).
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Ideas clave
Proceso descriptivo-predictivo
Las cuatro etapas básicas del proceso de evaluación descriptivo-valorativo (es decir,
cuando las tareas del evaluador son diagnosticar, orientar y seleccionar) son las que
se pueden observar en la Figura 5 y que se describen a continuación:
Figura 5. Proceso descriptivo-predictivo. Fuente: basado en Fernández-Ballesteros, 2007.
▸ Fase 1. Primera recogida de información:
• Sobre la demanda, el establecimiento de objetivos, la anamnesis y aspectos
biopsicosociales importantes. Por ejemplo, preguntar por el motivo de la consulta,
sobre qué pretenden conseguir con la sesión y qué conductas consideran un
problema.
• En niños se utilizarán varios evaluadores y herramientas, como el dibujo o el juego,
combinados con la entrevista.
• Valoración sobre la necesidad de intervención. En caso positivo, información sobre la
administración de instrumentos, confidencialidad y formato de la intervención para
establecer un acuerdo entre el profesional y el cliente.
• Adecuar el lenguaje del profesional al del niño. En niños, conviene entrevistar la
primera vez a los padres en primer lugar, mientras que, en adolescentes, es
preferible entrevistarlos primero a ellos y luego a los padres para establecer un buen
rapport. Es importante explicarle a la familia el proceso que se está siguiendo con el
objetivo de que se sientan escuchados e identifiquen su espacio de comunicación.
• Tiempo total aproximado de una hora. En menores de ocho años, media hora. Se
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Ideas clave
recomienda terminar con una conversación agradable.
▸ Fase 2. Formulación de hipótesis contrastables:
• Establecimiento de hipótesis de trabajo sobre el caso.
• Al formular las hipótesis, se deben analizar cuatro supuestos: de cuantificación
(con qué frecuencia, duración, etc., se da la conducta); de semejanza
(comportamientos similares a los de otras personas con las que comparte
diagnóstico); de asociación predictiva (analizar si la conducta problemática está
relacionada con otro tipo de conductas que presenta el sujeto y que el conocimiento
científico previamente ya ha definido) y de asociación funcional (análisis de las
relaciones explicativas entre las variables psicológicas de interés en el caso).
• Selección de instrumentos adecuados para medir cada variable de las hipótesis,
teniendo en cuenta en niños los aspectos evolutivos.
▸ Fase 3. Contrastación:
• Preparación y planificación de los instrumentos que se van a utilizar (familiarización
con la prueba y el proceso de administración, y con el ejercicio de técnicas para
mantener la atención del niño). También hay que tener en cuenta el número de
sesiones de administración de instrumentos en función de la edad y del desarrollo
del niño.
• Administración de los instrumentos.
• Análisis de los resultados y contraste de hipótesis. Si las hipótesis no son
contrastadas, se vuelven a reformular, integrando la nueva información obtenida.
▸ Fase 4. Comunicación de resultados:
• Elaboración del informe de resultados. Se debe resolver la demanda e incluir
recomendaciones o propuestas de actuación. En el caso de los niños, la información
se devuelve a sus padres.
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Proceso interventivo-valorativo
Por otra parte, cuando los objetivos son de intervención y cambio, se requerirá un
proceso más largo en el que, tras un primer momento de análisis del caso (proceso
descriptivo-predictivo), seguirá una nueva formulación de hipótesis. Esta hipótesis
será contrastada experimentalmente mediante la aplicación, la valoración y el
seguimiento de un determinado tratamiento.
En este caso, se denomina proceso interventivo-valorativo y conlleva las fases que
se observan en la Figura 6 y que se describen posteriormente.
Figura 6. Proceso interventivo-valorativo. Fuente: Fernández-Ballesteros, 2007.
▸ Fase 5. Plan de tratamiento y valoración:
• Selección de variables independientes (las que manipulamos) y dependientes (las
que medimos; generalmente, el cambio en la conducta), selección de las medidas
(parámetros de ocurrencia, frecuencia, duración, etc.) y de los criterios de cambio
(cuando consideramos que el tratamiento ha tenido efecto sobre la conducta). Se
deben llevar a cabo dos medidas: antes y después del tratamiento.
• Selección de técnicas de intervención eficaces e identificación de variables
contaminantes.
• Selección del diseño de evaluación o plan de acción, donde se identifica a quién se
va a evaluar, cómo y con qué.
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Ideas clave
▸ Fase 6. Tratamiento:
• Es la propia intervención psicológica que se lleva a cabo en los niños y adolescentes
para producir el cambio en el comportamiento o en las condiciones psicológicas. Se
realiza una selección considerando los resultados obtenidos y las particularidades
del momento evolutivo en el cual se encuentre el evaluado.
▸ Fase 7. Valoración y comunicación de resultados:
• Valoración de la eficacia del tratamiento a partir de la recogida de datos sobre las
variables de interés.
• Comunicación de resultados a través del informe (teniendo en cuenta un criterio
experimental, basado en diferencias significativas entre el momento pretratamiento y
el postratamiento, y el criterio clínico, que hace referencia a la importancia atribuida
por la persona a los cambios producidos con ayuda del tratamiento).
• Cuando se emite un diagnóstico que se comunica en este punto del proceso, es
fundamental anticipar las posibles dificultades que puedan presentar los padres o
cuidadores para asumir los resultados que se les están transmitiendo.
El proceso de evaluación psicológica según Manuel Muñoz
Aunque Muñoz (2019) plantea seguir seis fases diferenciadas, considera que las tres
fases o ejes de actividad que articulan toda la evaluación son las tres primeras: el
análisis descriptivo, el diagnóstico y el análisis funcional, los cuales se describen
brevemente a continuación.
Análisis descriptivo
El primer paso en el proceso de evaluación psicológica es constituir una descripción
del problema del consultante y de las variables que están presentes en la situación.
Se planteará un análisis descriptivo del paciente desde un punto de vista global y que
comenzará con una lista de los problemas que presenta el paciente.
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Ideas clave
En el caso de niños y adolescentes, es probable que el área que más les preocupa a
ellos no sea la que más les preocupa a sus progenitores. En este momento, se está
en disposición de identificar y, posiblemente, medir la principales variables
personales o contextuales que pueden afectar a cada problema de forma
significativa.
Además de este aspecto referente al análisis descriptivo, resulta determinante cómo
se lleve a cabo el primer contacto con el paciente y su familia. Los primeros minutos
de la entrevista, herramienta fundamental del psicólogo, con el paciente son
esenciales en el discurrir terapéutico posterior y deben cumplir al menos tres
funciones básicas (Morrison, 2015):
▸ Ser la fuente de las primeras hipótesis.
▸ Establecimiento del rapport y de las relaciones terapeuta-paciente, su interés por la
tarea y su motivación para seguir las instrucciones.
▸ Toma de las primeras decisiones clínicas, entre ellas, la de continuar o no la
evaluación.
Por otro lado, en la exploración inicial se emplean tres métodos complementarios
(observación, conversación y exploración) para evaluar de forma ágil una serie
muy completa de variables. La entrevista será uno de los instrumentos más utilizados
para obtener esta información.
En el caso de los niños, para obtener esta información, será más efectivo comenzar
con preguntas abiertas, por las cuales el niño puede contar aspectos de interés para,
posteriormente, pasar a las preguntas cerradas. Por ejemplo: «¿qué pasa cuando no
quieres hacer los deberes?». En el caso de niños en edad preescolar, puede ser
necesario el empleo de materiales manipulativos o visuales (marionetas, dibujos).
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Ideas clave
En el siguiente vídeo, Entre la normalidad y la patología, veremos en qué consiste el
desarrollo evolutivo sano de un niño y cómo distinguirlo de un desarrollo patológico.
A la hora de evaluar, diagnosticar e intervenir con niños o adolescentes, es
importante tener en cuenta que el proceso es diferente al que realizamos con
adultos. Uno de los aspectos básicos a realizar es el de ser capaces de crear un
buen vínculo antes de empezar el proceso.
Accede al vídeo:
[Link]
4b03-93cb-af8c00dc5c79
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Ideas clave
El diagnóstico
El diagnóstico es la fase del proceso por la cual se determina si los problemas que
afectan al paciente cumplen todos los criterios de una entidad diagnóstica o
trastornos psicológico, el cual vendrá especificado en las clasificaciones
diagnósticas al uso (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales
[DSM] y la Clasificación internacional de enfermedades [CIE]) (American Psychiatric
Association [APA], 2013).
Sabemos que en toda ciencia un requisito para su avance es el de la
autobservación de la realidad y su clasificación. El estudio de las dificultades
psicológicas no es una excepción, así que en el último siglo se ha intentado
conseguir una clasificación adecuada y útil de los problemas que sufren los seres
humanos. La propuesta de clasificación que nos interesa es la prototípica, la cual
parte de la idea de que se pueden identificar ciertas características esenciales en
cada trastorno y algunas otras pueden aparecer, pero no resultan esenciales (Muñoz,
2019).
Análisis funcional y formulación
La tercera fase del proceso de evaluación, indica la necesidad de formular y
contrastar hipótesis durante todo el proceso, yendo desde las más básicas y
primeras de la exploración inicial hasta las más complejas y definitivas de la
formulación clínica del caso. El análisis funcional se considera como la estrategia
básica para desarrollar y contrastar las hipótesis de origen (etiológicas) y de
mantenimiento para cada problema. Además, pretende identificar la conducta sobre
la que se desea intervenir y las circunstancias que la mantienen (Pérez Fernández et
al., 2010).
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Ideas clave
El proceso de evaluación psicológica según Del Barrio
Del Barrio (2016) ha propuesto un modelo que reduce el proceso de evaluación a
tres fases básicas y genéricas, que a su vez incluyen dentro de sí diversas
subfases: recogida de información, elaboración de los datos y comunicación de los
resultados.
Tabla 3. Proceso de evaluación psicológica. Fuente: basada en Del Barrio, 2016.
En general, las particularidades que se aplican a la población infantojuvenil son
transversales a los distintos modelos. No obstante, es importante conocer las
distintas propuestas de evaluación y basar la misma teniendo en cuenta las
particularidades del caso que se atiende.
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1.4. Habilidades del terapeuta infantojuvenil
¿Qué características debe tener un psicólogo que trabaja con niños o adolescentes?
¿Cómo establecer una buena relación, no solo con el paciente, sino con los
progenitores o cuidadores principales? ¿Hasta dónde debe explicar el psicólogo
sobre su proceder profesional? ¿Cómo motivarlo para que coopere en el proceso de
evaluación y tratamiento?
En general, se debe tener una comprensión de las habilidades terapéuticas
implicadas en el proceso de evaluación e intervención. Es importante recordar que,
en el caso del trabajo con niños y adolescentes, se deberán adaptar tanto a la
población infantojuvenil como a los adultos cuidadores de los niños y adolescentes.
Vamos a señalar cuatro actitudes del psicólogo, señaladas ya por Rogers.
Además, se ha demostrado que existen asociaciones significativas y positivas entre
estas actitudes y los resultados del tratamiento (Keijsers et al., 2000), y sus
particularidades en el caso de niños y adolescentes:
▸ Empatía: reconocimiento y comprensión de los sentimientos, actitudes y
comportamientos de los niños o adolescentes.
▸ Escucha activa: saber escuchar resulta fundamental en un proceso de evaluación,
atendiendo tanto a lo que se dice (comunicación verbal) como a lo que no se dice
(comunicación no verbal). En el caso de niños y adolescentes, nos permitirá obtener
información que en otras ocasiones no serán capaces de expresar de forma clara.
En este proceso, además, deberemos emitir respuestas de escucha acorde al
momento evolutivo de nuestro receptor.
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Ideas clave
▸ Aceptación incondicional: implica aceptar al cliente tal como es, sin juicios y
valorarlo como persona merecedora de dignidad. Este aspecto resulta fundamental
en el caso de niños y adolescentes que en la mayoría de las ocasiones no serán los
que hayan tomado la decisión de acudir a consulta.
▸ La autenticidad: la autenticidad implica ser uno mismo, comunicar los propios
sentimientos y experiencias internas, aunque dentro de un equilibrio. En el caso de
niños y adolescentes, transmitir esta autenticidad resulta fundamental, ya que, como
se ha comentado antes, parte de una situación de no iniciativa propia. Es decir,
están en un lugar que no han decidido estar y no saben, ni tienen por qué saberlo,
qué tipo de profesional es un psicólogo.
Además de las habilidades señaladas, el terapeuta debe conocer a nivel teórico las
características, la clasificación y los posibles tratamientos de los trastornos
psicopatológicos en niños y adolescentes. Igualmente, es necesario un conocimiento
de las fases e hitos del desarrollo para prever el impacto de la intervención
psicológica y de las influencias del ambiente (educativo, familiar, etc.) sobre el niño.
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Ideas clave
1.5. Modelos de intervención psicológica en niños
y adolescentes
Según Fernández-Ballesteros (2007), los modelos que han servido de base a la
evaluación psicológica son seis: el modelo dinámico, el modelo del atributo o
psicométrico, el modelo médico, el modelo conductual, el cognitivo y el
constructivista.
A continuación, se verá de forma breve cada uno de estos modelos, considerando
las características de la población infantojuvenil (Fernández-Ballesteros, 2007 y
Aragón Borja, 2019).
Modelo dinámico
Examina dos focos de intervención: la alianza terapéutica y los mecanismos de
defensa. En niños y adolescentes es interesante analizar la transferencia, la cual
consiste en la proyección de aspectos importantes de la experiencia del niño sobre el
terapeuta. La transferencia puede clasificarse en positiva (reacciones de amor),
negativa (reacciones de odio) y ambivalente.
L a s técnicas utilizadas en el modelo psicoanalítico se clasifican en dos grupos:
aquellas en las que se produce material (por ejemplo, la asociación libre) y las
técnicas verbales para el análisis del material (por ejemplo, el señalamiento, la
recapitulación, la clarificación, el esclarecimiento, la confrontación y la interpretación).
Modelo de atributo
Para este modelo, la conducta está en función de variables personales u
organismos intrapsíquicos o genotípicos. Estas se evalúan indirectamente a
través de su manifestación conductual. Por ejemplo, el comportamiento de timidez de
un niño (C) puede ser explicado porque el sujeto es introvertido.
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Ideas clave
Modelo conductual
Este enfoque deriva del condicionamiento clásico, la formulación de la ley del efecto
de Thorndike y el condicionamiento operante. Tiene como objetivo la modificación
de la conducta a través de técnicas de intervención que optimizan el ambiente y los
estímulos que mantienen dicha conducta. Por tanto, la conducta es explicada a partir
de estímulos antecedentes y consecuentes, que serán el objeto de la intervención.
La evaluación en el modelo conductual es el análisis funcional, a través del cual se
pueden identificar los estímulos que inician o mantienen la conducta en el tiempo.
Modelo médico
El modelo médico trata de conocer la etiqueta o entidad nosológica aplicable a un
determinado sujeto que presenta un trastorno conductual. La conducta está
determinada por condiciones biológicas o personales. Se pretende el estudio del
sujeto para clasificarla en entidad nosológica considerada como enfermedad mental
(por ejemplo, trastorno de ansiedad generalizada) y en qué medida presenta
alteraciones biológicas que subyacen a dichos trastornos.
Modelo cognitivo
En este modelo la conducta se explica a través de una serie de procesos y
estructuras mentales internas. Se utilizan muy diversas técnicas que van desde el
autoinforme a tareas tipificadas con el objetivo de describir y explicar el
comportamiento con base en entidades mentales. Los ámbitos de aplicación más
importantes son el laboratorio y los ámbitos educativos.
Modelo constructivista
El modelo constructivista considera que lo importante es evaluar las construcciones
que utiliza el sujeto para describir el mundo en el que vive. Para ello, se postulan
un conjunto de variables internas, como el significado que el sujeto le asigna la
realidad, a sí mismo, a las otras personas y a planes futuros. Desde este modelo se
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han utilizado técnicas cualitativas subjetivas, como los t e s t de evaluación de
constructos personales y la utilización de documentos personales. El ámbito de
aplicación es fundamentalmente clínico.
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1.6. La intervención psicológica en la población
infantojuvenil
Introducción y objetivos
Los tratamientos psicológicos para los trastornos infantojuveniles tienen un efecto
beneficioso, de magnitud moderada y relativamente duradero en el tiempo.
Normalmente, son el tratamiento de elección. También han demostrado su utilidad en
contextos no clínicos, como el educativo o social.
En el siguiente apartado, se abordarán los siguientes objetivos:
▸ Se definen los principios a seguir según la práctica basada en la evidencia en
población infantojuvenil.
▸ Se definen los conceptos de eficacia, efectividad y eficiencia.
▸ Se exponen las tres principales clasificaciones de los tratamientos psicológicos.
Principios de la práctica basada en la evidencia
Los psicólogos deben tomar decisiones basadas en la evidencia disponible, tal y
como indica el propio código deontológico (artículos 17 y 18). Además, las personas
tienen derecho a recibir un tratamiento eficaz y efectivo, y poder decidir cuál es el
mejor para ellos. También, a nivel asistencial, los responsables deben garantizar que
la atención prestada sea basada en la evidencia disponible.
Se suele hablar de que los tratamientos con apoyo sólido son bien establecidos. Las
pruebas empíricas dependen tanto del método de tratamiento (el qué) como de la
relación terapéutica (el cómo), intrínsecamente relacionados.
La APA, en 2005, crea la Task Force on Evidence-Based Practice y, en 2008, la Task
Force on Evidence-Based Practice for Children and Adolescents, publicando varios
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documentos para difundir la práctica basada en la evidencia. En resumen, existen
cuatro principios a seguir (American Psychological Association, 2008):
▸ Los niños y adolescentes deben recibir la mejor atención disponible basada en el
conocimiento científico.
▸ Los sistemas de atención deben tener capacidad de respuesta para atender a los
menores y a sus familias, incluyendo la prevención, la intervención temprana y el
tratamiento.
▸ Igualdad de acceso a la atención, independientemente de género, orientación
sexual, discapacidad, etc.
▸ Aproximación contextual y colaborativa entre profesionales, familia e investigadores.
El conocimiento y quehacer psicológico brega entre lo neurobiológico y el contexto
sociocultural. Una definición simplista de lo psicopatológico no es útil, como, por
ejemplo, reducirlo todo a la alteración de un neurotransmisor como génesis de un
trastorno en concreto.
Así, los problemas psicológicos, más que enfermedades fijas, son entidades
interactivas y conviene más hablar de razones que de causas, Por lo tanto, no
debemos buscar la causa, sino comprender las razones por las que esa persona
tiene ese problema y cómo está respondiendo.
Estos problemas se han tratado de catalogar en diferentes clasificaciones, como la
CIE-11 y el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, quinta
edición (DSM-5), con sus pros y sus contras. Existen otras menos conocidas, como
los criterios en el dominio de la investigación (Research Domain Criteria [RDoC])
(Insel et al., 2010), la taxonomía jerárquica de la psicopatología (Hierachical
Taxonomy of Psychopathology [HiTOP]) (Conway et al., 2022) o los modelos de
redes, que consideran los problemas psicológicos como un sistema complejo de
redes en vez de causas latentes o constructos.
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A pesar de todo esto, en la realidad actual siguen ocurriendo algunas cuestiones
relevantes. En primer lugar, en muchos trastornos se incluye la opción
psicofarmacológica a pesar de sus efectos adversos. En segundo lugar, en torno al
80 % de los menores con problemas de salud mental no llegan a recibir psicoterapia
(Fonseca Pedrero et al., 2021). Y, en tercer lugar, habitualmente, las intervenciones
para menores han recibido menos atención o han sido simplemente adaptaciones de
las desarrolladas para adultos.
Antes de plantear un abordaje y exposición de los tratamientos psicológicos en la
población infantojuvenil, es importante recordar que la evaluación de la eficacia,
eficiencia y efectividad de los tratamientos psicológicos será el criterio que lo guíe.
Este aspecto ha recibido, desde los años 90, especial atención tanto en la población
adulta con en la población infantojuvenil y se refleja en las guías de práctica clínica.
Conceptos relevantes en la práctica basada en la evidencia
Distintos autores y entidades han propuesto unos criterios y conceptos relevantes,
los cuales son recogidos por Pérez Álvarez (en Antequera Iglesias et al., 2022):
«-Eficacia: definida con la capacidad que tiene un tratamiento de producir cambios
psicológicos (conductuales o de otro tipo) en la dirección esperada que sean claramente
superiores a la no intervención, el placebo y otra modalidad de intervención. los requisitos
metodológicos para hablar de eficacia son importantes: disponer de grupos homogéneos
de pacientes, asignación aleatoria de los sujetos al grupo control y al grupo tratamiento,
método “ciego” donde el sujeto no sabe a qué grupo pertenece, evaluación e intervención
sistematizada y estandarizada principalmente.
»Los tratamientos aplicados bajo estas circunstancias tienen una elevada validez interna,
pero menos validez externa.
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»-Efectividad: definida como la capacidad de los tratamientos para lograr cambios
psicológicos en la población clínica habitual. En estos estudios aumenta la validez
externa en detrimento de la validez interna. A nivel metodológico no siempre es posible
que se realice una asignación aleatoria de los grupos (el paciente puede elegir entre los
tratamientos disponibles), no hay tanta homogeneidad de los mismos, el paciente elige el
tipo de tratamiento (no hay por lo tanto método ciego y las expectativas pueden influir de
forma notable en los resultados)».
Cualquier programa que se incorpore en las guías de práctica clínica ha de contar
con suficiente validez interna y externa.
La eficiencia es lograr la mayor cantidad de cambios en la población
clínica con el menor coste posible.
Con la finalidad de comprobar si un tratamiento funciona o no para un problema
psicológico concreto, existen estándares (aunque no exentos de críticas). Estos
criterios son elaborados por diferentes asociaciones en función de los estudios
existentes (preferiblemente, ensayos controlados aleatorizados [ECA]), revisiones,
metaanálisis, consenso de expertos, etc.
Clasificación de los criterios de la práctica basada en la evidencia
En este punto, se van a exponer tres de estas clasificaciones:
▸ La de la APA (2013), los primeros creados.
▸ La del Sistema Nacional de Salud: los que se emplean en los manuales españoles
recientes (Moreno y García Torres, 2017).
▸ La de la Society of Clinical Child and Adolescent Psychology: división 53 de la APA,
específica de la población infantojuvenil (King, 2010).
A continuación, figuran unas tablas con dichas clasificaciones.
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Tabla 4. Criterios para tratamientos empíricamente validados. Fuente: American Psychiatric Association,
2013
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Tabla 5. Niveles de evidencia y grados de recomendación según las GPS del SNS. Fuente: basada en
Orozco Ramírez, 2015.
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Tabla 6. Niveles de apoyo para la psicoterapia. Fuente: King, 2010.
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1.7. Referencias bibliográficas
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for Children and Adolescents: A Systems Approach to Enhancing Care.
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Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision (DSM-5-TR).
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apoyados para la infancia y adolescencia: estado de la cuestión. Psicothema.
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Tema 1. Ideas clave
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Ideas clave
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Manual Moderno.
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[Link]
o_de_Piaget
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Tema 1. Ideas clave
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A fondo
La entrevista diagnóstica con niños y adolescentes
Ezpeleta, L. (2001). La entrevista diagnóstica con niños y adolescentes (pp. 15-45).
Síntesis.
A la hora de realizar una entrevista con el objetivo de diagnosticar e intervenir, es
necesario prepararla de manera que tenga una estructura clara, útil y manejable. En
este libro se muestra un esquema de entrevista dirigida para niños y adolescentes
entre ocho y diecisiete años.
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Tema 1. A fondo
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A fondo
Entrevista a Javier Urra
Para todos la 2. (2013). Javier Urra [Vídeo]. RTVE Play.
[Link]
psicologo/1768335/
Entrevista al psicólogo Javier Urra, experto en infancia y adolescencia y profesor de
Ética y Deontología de la Universidad Complutense de Madrid, sobre su libro
Respuestas prácticas para padres agobiados.
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Tema 1. A fondo
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
A fondo
Diagnóstico Pedagógico
Del Barrio, V. (2016). Evaluación psicológica. Editorial UNED.
La evaluación psicológica consiste en una toma de decisiones en función de los
datos que han sido obtenidos en el proceso de evaluación. Esta obra es un manual
de referencia que ofrece una explicación de los principales conceptos, métodos y
modelos básicos en la evaluación psicológica, combinando aspectos teóricos y
prácticos.
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Test
1. ¿Cuál es el modelo de evaluación psicológica que trata de conocer la etiqueta o
entidad nosológica aplicable a un determinado sujeto que presenta un trastorno?
A. Modelo conductual.
B. Modelo cognitivo.
C. Modelo médico.
D. Modelo constructivista.
2. Señala la opción correcta con respecto a los aspectos de desarrollo cognitivo que
se deberán tener en cuenta en la evaluación de niños:
A. En todo momento se deberán emplear elementos visuales con niños, ya
que su desarrollo cognitivo no les permite pensar simbólicamente.
B. Hasta los doce años se recomiendan utilizar preguntas concretas y bien
situadas en el contexto.
C. Desde los dos a los siete años, aproximadamente, se encuentran en el
estadio de las operaciones concretas, por lo que ya se pueden emplear
preguntas basadas en el razonamiento lógico.
D. El desarrollo cognitivo del niño no tendrá una influencia directa sobre el
lenguaje adoptado por el profesional para comunicarse con el niño.
3. Algunas de las características de la evaluación psicológica de niños y
adolescentes son:
A. Que suelen acudir a la consulta psicológica por iniciativa propia.
B. Que se utiliza una sola técnica de evaluación.
C. Que se valoran las variables ambientales.
D. Todas las anteriores son correctas.
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Tema 1. Test
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Test
4. ¿Cuáles son las fases del proceso de evaluación según la propuesta de
Fernández-Ballesteros?
A. Fernández-Ballesteros propone realizar el proceso de evaluación en nueve
fases.
B. Configura el proceso de evaluación psicológica a partir de seis momentos
diferenciados.
C. Configura el proceso de evaluación psicológica a partir de dos momentos
diferenciados.
D. Hace un planteamiento que reduce el proceso de evaluación a tres fases
básicas.
5. Desde el planteamiento del proceso de evaluación según Fernández-Ballesteros,
señala la opción correcta:
A. Plantea la evaluación como un proceso descriptivo-valorativo cuando el
objetivo es la intervención.
B. Presenta dos variantes de dicho proceso para cuando el objetivo sea el
diagnóstico (proceso descriptivo-predictivo) y para cuando el objetivo sea la
intervención (proceso interventivo-valorativo).
C. Plantea la evaluación como un proceso interventivo-valorativo cuando el
objetivo es el diagnóstico.
D. La fase de formulación de hipótesis se enmarca en el proceso interventivo-
valorativo.
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Test
6. Desde el planteamiento del proceso de evaluación según Fernández-Ballesteros,
en el proceso interventivo-valorativo se lleva a cabo:
A. La comunicación de resultados.
B. El análisis descriptivo.
C. El análisis funcional.
D. El plan de tratamiento y su valoración.
7. Señala la respuesta correcta: en el caso de población infantojuvenil, ¿qué
caracteriza la escucha activa?
A. El reconocimiento y comprensión de los sentimientos, actitudes y
comportamientos de los niños o adolescentes.
B. Aceptar al niño tal como es, sin juicios.
C. Ser capaces de obtener información que en otras ocasiones no son
capaces de expresar de forma clara.
D. Ser uno mismo.
8. El análisis de función, siguiendo el planteamiento de Manuel Muñoz, consiste en:
A. Determina si los problemas que afectan al paciente cumplen todos los
criterios de una entidad diagnóstica.
B. Un análisis descriptivo del paciente desde un punto de vista global que
comenzará con una lista de problemas que presenta el paciente.
C. La estrategia básica para desarrollar y contrastar las hipótesis de origen
(etiológicas) y de mantenimiento para cada problema.
D. Ninguna de las anteriores es correcta.
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Test
9. La entrevista, en el caso de los niños, se caracteriza por:
A. Será preferible emplear un discurso con preguntas cerradas para que no se
desvíen del tema principal.
B. Será preferible emplear un discurso con preguntas abiertas para que el
niño puede contar aspectos de interés para, posteriormente, pasar a las
preguntas cerradas.
C. En el caso de niños mayores de ocho años, se realizará con elementos
pictóricos.
D. Siempre se debe realizar en presencia de los padres.
10. En la fase de valoración y comunicación de los resultados, en el caso de niños y
adolescentes, señala la respuesta incorrecta:
A. Valoración de la eficacia del tratamiento a partir de la recogida de datos
sobre las variables de interés.
B. Se comunican los resultados de la intervención, pero en este momento no
se acompañan de un informe.
C. Cuando se emite un diagnóstico que se comunica en este punto del
proceso es fundamental anticipar las posibles dificultades que puedan
presentar los padres o cuidadores para asumir los resultados que les estás
transmitiendo.
D. Forma parte de la fase siete según Fernández-Ballesteros.
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