Entre Signos de Asombro
Entre Signos de Asombro
entre signos de
(
ASOMBRO
10000
EDICIONES
15000
TRILCE
255-
a la semiótica
This One
ISBN: 9974-32-058-5
Fernando Andacht
a la semiótica
EDICIONES
TRILCE
CONTENIDO
INICIACIÓN A LA SEMIÓTICA 9
ESPACIO
PERSONA
PAISAJE TEÓRICO
y de mi padre,
Federico Andacht (1920-1987)
ENTRE SIGNOS DE ASOMBRO
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
INICIACIÓN A LA SEMIÓTICA
--a la
Una introducción debería ordenadamente presentar, poner en escena
manera enciclopédica—- una extensa serie de definiciones, explicaciones y
esquematizaciones de su tema. Esto no es una introducción . Como en el cuadro
de Magritte, La traición de las imágenes, en que asistimos a un duro combate entre
signos gráficos y visuales. En él una inocente frase cuya caligrafía sugiere el trazo
de una mano infantil se explaya prolija y modosa con su "Ceci n'est pas une pipe”,
mientras abajo suyo, oronda y de aspecto macizo cubre una buena extensión del
plano la imagen de una pipa que también aparenta ser escolar-didáctica, uno de
esos dibujos sin pretensiones que debería ilustrar la letra "P" mayúscula o la "p"
minúscula de un típico manual. Bueno, esto no es un manual, aunque presente
conceptos, definiciones, discusiones y esquemas no ajenos al ajetreo de todo
manual . Magritte va tras de nuestro asombro con su imagen hablada o su decir
imaginado. El libro que empiezan ahora a leer es el viaje de mi asombro con los
signos de cada día. Sin asombro no hay búsqueda del sentido desconocido, sin ese
sabor extraño del estupor en los labios, no zarpamos detrás de nuevas tierras y
olores inusuales . Entre Signos deAsombro es pues la crónica de varios viajes desde
los signos invisibles de lo obvio, esos que nos sostienen con su red tan eficaz como
ignorada, hacia zonas en las que los pasos tienen sólo el aire conjetural para
apoyarse. Me viene a la mente la visión disparatada e irresistible del ratón Mickey:
camina distraído sobre la nada , más allá del borde seguro de tierra firme . Mickey
no puede caer al vacío hasta no caer en cuenta de ese desliz . Así se inicia uno en
esta vía de los signos : dejando atrás , casi sin darse cuenta, el apoyo de lo obvio, y
avanzando ligero sobre ese aire que nos sostiene a pura imaginación y curiosidad.
De esto trata lo que el lector tiene entre manos . De una iniciación que va en pos
de su asombro y no de una introducción que le garantiza su segura estadía en el
universo semiótico.
Iniciarse conlleva un jugarse a algo en términos semióticos -no en vano "¡Todo
al tres!" es el título iniciático de uno de los trabajos incluidos en este volumen-.
Por ser una iniciación a la semiótica, ella involucra un derrape imaginativo, mi
aproximativa traducción del musement propuesto por el creador del modelo
semiótico empleado aquí. Al derrapar imaginativamente ya no es posible distinguir
con certeza o claridad dónde está el que baila, y dónde el baile (Yeats) . Ambos
elementos resultan consustanciados para siempre en una sola figura, un único
sentimiento, un arrebato de fuerza y placer por siempre indisociables. Les propon-
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go entonces, durante este rato de lectura , derrapar juntos imaginativamente porlos
abigarrados senderos de la semiosis, esa actividad incesante de los signos que nos
rodean, que nos definen e inventan tanto como nosotros a ellos .
Cada una de estas escrituras surgió como un interpretante o efecto sígnico
frente a un signo-problema, a algún tema que me fue planteado o que me ocupó
por cierto tiempo . Creo que hay ventajas apreciables en que cada lector pueda
embarcarse a su aire en una iniciación , en lugar de emprender el apacible, aunque
algo árido y uniforme , sendero de una introducción. Un manual opera como un
atildado conservatorio o museo de (parte de) lo que se sabe hasta el momento y
que, por ende, debe(ría) alguien saber sobre un asunto, por ejemplo, la semiótica.
Sies bueno, y los hay en este campo excelentes, ese manual tendrá sus esclarecedores
ejemplos, sus disquisiciones críticas , su minucioso relevamiento bibliográfico y
muchas otras salas dignas de atención e interés para sus eventuales visitantes . La
iniciación, en cambio, funciona como una sugerencia al aire libre, una invitación
a asociar por su cuenta, a dejarse llevar por imágenes propias y ajenas, sobrevolando
zonas no demasiado bien delimitadas de la experiencia propia y de otro, en este
caso, los días y trabajos del escritor de estas líneas y de las que le siguen, su propia
iniciación.
Los escritos agrupados en esta antología fueron producidos durante varios años
de constante diálogo con los más diversos artefactos culturales . Allí donde el
semiótico dirije la mirada o cualquier otro sentido , allí mismo aparece un terreno
fértil para sembrar dudas, instalar el asombroy pasearse por aspectos insospechados
de eso que con toda tranquilidad llamamos la realidad a secas . Ninguno de estos
trabajos empezó como la exposición o introducción a nada. Por ese motivo no
fueron suprimidas las varias entradas a un mismo concepto semiótico que están
presentes en los diversos capítulos . No se trata de meras repeticiones, sino de un
asedio cambiante e insistente; son etapas iniciáticas en el interminable ritual de
incorporar, literalmente, de llevar al cuerpo, algo que deja de ser pura teoría para
devenir entusiasmo . En cada caso hay un recorrido azaroso y concreto desde “la
irritación de la duda” , al decir de Peirce, hacia una calma relativa o remanso
interpretativo. Se trata, por supuesto, de una duda que nunca culmina limpia o
definitivamente, sino que apenas se apacigua por un rato... Pero el deseo está
siempre dispuesto a partir de nuevo , como un peregrino incansable , por los
tentadores laberintos del sentido .
Al lector le surge entonces una duda legítima , justo en este momento de trabar
vínculo con el signo- libro, con esta trama de sentido que ella o él está , no sin ciertos
titubeos, a punto de leer. ¿Cómo puede un virtual lector o lectora utilizar estos
trayectos conversacionales entre la curiosidad de color semiótico —un tono
indefinible pero inconfundible- por un lado, y los paisajes que ofrecen la
televisión, los diarios , la ciudad, las personas, el teatro o la cambiante escena del
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universo social, por el otro? No le queda más remedio que abducir, es decir, lanzar
ligeras y múltiples suposiciones descartables, ágiles redes de atrapar lo nuevo,
también llamadas hipótesis. Percibir es ya una forma casi automática y distraída de
formular abducciones, conjeturas cuyo fin es dar cuenta de algo que llama la
atención, por ejemplo, la distinción que he propuesto entre introducirse e ini-
ciarse a la semiótica . ¿Será válida la oposición o es tan sólo un truco o prestidigitación
de marketing libresco para captar ingenuos, digo lectores (que nunca pueden serlo
del todo)? Y aun si fuera cierta, ¿cómo puede un libro ser iniciático sin versar sobre
ciencias ocultas o sobre lo estrictamente personal-emotivo? He aquí tan sólo
algunas de las numerosas conjeturas interpretativas que, como insectos, giran a
gran velocidad en torno a esa luz potente que es el título de este pasaje y que es,
en definitiva, todo título . Cabe pues sembrar algún otro indicio que, fatalmente,
será origen de nuevas abducciones que ...
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cognitivo y cuantitativo (por ejemplo, “ ahora sé más , el doble ”) . Se trata de una
transformación mucho más global y cualitativa, ya que afecta el sentir, el actuar y
el interpretar del viajero abductivo.
Quien tenga deseos de una visión panorámica -en términos de Peirce quien
esté con un tono o cualisigno de ese orden, según la categoría semiótica de la
primeridad, de aquello que es en sí mismo sin consideraciones de la existencia real
o de la generalidad legitimadora y previsible- podría dejarse llevar hacia la
sección más general, hacia parajes como "Todo al tres: semiosis , juego, vida" o
"Semiosis, diseño y deseo". Estas dos instancias topográficas, sin orden jerárquico
o ninguna clase de prioridad entre sí, permiten que la mirada recorra y viva zonas
muy amplias . Tal vez el cuerpo adopte allí el ritmo del colibrí, el ave que puede
quedar suspendido en el vuelo y, quizá , tener desde allí un sitio interesante para
reunir tiempo y espacio en un solo punto. Desde el ángulo de las ocurrencias
concretas -categoría de la segundidad , de lo que existe tal cual en el mundo, y en
relación con otra cosa— la curiosidad encontrará definidas nociones centrales
válidas para amplios trechos del derrape o musement que pueda ocasionar el resto
del libro-trayecto. Así los lectores podrán conversar animadamente con conceptos
ComoSEMIOSIS, REPRESENTAMEN, OBJETO (DINÁMICO E INMEDIATO), INTERPRETANTE, ABDUCCIÓN,
INDUCCIÓN, DEDUCCIÓN, GRAMÁTICA ESPECULATIVA, CRÍTICA Y METODÉUTICA. En fin , estos son
sólo algunos de los componentes de la lógica de los signos o semiótica levantados
por Peirce durante más de un cuarto de siglo, como una interminable y remodulable
catedral donde albergar lo que es, puede ser o sería en todos los casos y mundos
cognoscibles.
No siempre es el caso de que a nuestro aire nos sintamos atraídos o tentados
por mirar la región de la semiosis desde lo más alto , por el aerodinámico ojo de
buey de un avión, aun si uno posee un zoom para agrandar o fijar la imagen todo
lo que se quiera ... También puede el ánimo , el ritmo tonal del cuerpo , inclinarnos
hacia un abordaje mucho más carnal y urbano, un trayecto que nos instale
imaginariamente en el centro mismo de la vida cotidiana. Para los amantes de lo
casero, lo de "entre- casa ", ¿qué mejor que un buen recorrido por algunas viviendas
de temporada, de reuniones corporativas o de exposición? Para eso hay dos
accesos posibles en "Un mito a dos aguas " y "Espacios deconstructivos ”. El primero
implica un esfuerzo de luchar cuerpo a cuerpo, casa a casa, con la idea de la
ideología batllista, para verla más concreta, más tangible y con tejas o ticholos,
cerca del mar.
Seguramente hay algunos lectores que cuando hablé de la urbe , pensaron en
otra clase de discurso urbano, uno también concreto y protagónico de la ciudad,
también frecuentador de ritmos cotidianos y aun espectaculares, pero sin techo ni
ventanas. De la polis griega, cuna de nuestra civilización , hoy nos queda la idea
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misma de la política. Para los amantes de esa forma de (inter)acción hay una
invitación a sentarse al banquete de " Los ñoquis mágicos de Menem", o a compartir
cierto clima de fin de siglo en "Desencanto y herejía política". Quizá haya incluso
algún ciudadano con deseos de revivir una visión resumida de ese paroxismo
discursivo-político que es el período electoral en una sociedad como la uruguaya
contemporánea. Una buena ubicación en el ruidosos palco de esta ceremonia
puede ser el que suministra "El espectáculo del poder". Deslizarse por esta región
iniciática facilita el imaginarse que no sólo de pan y techo vive el homo semioticus:
también de ideas, de imágenes y -por qué no- de algunas vituallas maravillosas
que tienen más que ver con lo legendario que con la modesta harina y el alegre
tuco.
Mucho más que con libros, un alto porcentaje de los cuerpos que lleguen hasta
este punto del volumen, o siquiera a las tapas de él, ya ha transitado y derrapado
a gusto por otros medios notoriamente más masivos y generosos en su invitación
al goce interpretativo que éste tan acotado espacio , algo claustrofóbico y en semi-
extinción, que es el libro. Dada la gran familiaridad, pero sobre todo el inigualable
placer corpóreo de entregarse plenamente a cine, televisión, prensa, video y
teatro, muchos de ustedes dejarán que sus sentimientos los empujen en primer
lugar hasta esta zona de menor prestigio en la historia antigua del análisis de lo
social o lo cultural, pero provista de una fuerza pasional inusitada y que sólo puede
crecer en el futuro. Para estos deseos itinerantes, viajeros incansables de pantallas
o escenarios diversos , tal vez los avisos de la ruta del espectáculo mediático que
siguen resulten no poco atractivos.
Para el pensamiento intelectual serio, la risa tiene a menudo algo de sospechoso.
Una forma prestigiosa y más aceptable de la risa, sin embargo, lo constituye la
comedia sorda del absurdo que despliega el irlandés Samuel Beckett en su obra
Días felices. Quien quiera revisitar el clásico y vigente concepto de mimesis
literaria puede hacerlo en el derrape que incluyo sobre esta obra teatral, una
prestigiosa heredera de antiguas prácticas laxantes helenas (la prestigiosa catarsis
no era otra cosa que un eficaz remedio contra la constipación espiritual ciudadana) .
Lastbutnotleast, la persona. La intraducible y feliz expresión idiomática inglesa
quizás podría acercarse a “último pero no menos importante" . Por qué
entonces no iniciarse en el supuesto centro semiótico desde donde entendemos ,
queremos y hacemos esa obra inacabada e inacabable que es la humanidad.
Imposible dejar de lado en un itinerario iniciático al héroe de esta saga, al
mismísimo Homo Semioticus en su propia morada, la subjetividad. Tres son los
escenarios en los que se la puede visitar y jugar con ella. "Los signos del selfsegún
Erving Goffman" permiten vivir la visión no exenta de ironía y lucidez de quien
mejor entendió, junto con Peirce, que lejos de ser un potente centro de control,
somos más parecidos a una cebolla cuyas capas podemos retirar a condición de
inmediatamente remplazarlas por otras. Intentar dar con el auténtico sí mismo sin
máscaras , es como querer llegar al corazón de la cebolla semiótica : en ambos casos
me doy con el vacío. Imágenes fílmicas fácilmente evocables por la visión interna
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del lector sirven para apuntalar un diálogo con la inagotable idea de un selfo sí
mismo más duro, el universo romántico enfrentado al burocrático. La recreación
mítica de esta batalla desarrollada en " Semiosis, pasión y muerte del selfromántico "
involucra cine , poesía y teoría literaria, algunas de las voces que no pueden dejar
de tramar y destramar el intrincado tapiz de la subjetividad.
¿Cómo conversar sobre la persona desde el mirador semiótico sin invitar al
fundador de una manera revolucionaria de imaginarla? ¿Qué hace Sigmund Freud
cuando se pone a mirar a un niño que juega? Una posibilidad a la que invito al lector
a abducir en "Signos y creatividad", es que, observador y observado se encuentran
en pleno camino abductivo. La inquietante " especulación" que el psicoanalista
introduce para dar cuenta de algo que cree fuera de lo común en la escena infantil,
así como el célebre Fort/da con que el niño se entretiene lanzando y trayendo un
carrito atado a una piola, constituyen dos juegos o hipótesis para explicarse algo
inusual o complejo en el mundo. Postular una nueva teoría e inventar una forma
de jugar, podrían basarse en una misma forma de inferencia semiótica: aquella que
crea una ley o regularidad aún no verificada y, afortiori, no aceptada socialmente,
para poder lidiar con lo nuevo.
¿Fin del camino o inicio de senderos antes insospechados? No hay bordes claros
en una iniciación, sólo hay deseos que divagan por zonas más o menos iluminadas.
La luz no va desde el texto al observador, sino que se encuentra en algún punto del
trayecto con el haz inquieto que le dirige , a su aire , la inquietud lectora . No se trata
de entender lo aquí escrito, una imagen posible y por ende descartable; importa
más trabar un combate cuerpo a cuerpo, signo a signo, en que lo Otro pueda
devenir lo Propio, lo Diferente se pierda en lo Mismo. Si el manual enseña, esta
iniciación se enseña. No busca más que una búsqueda de sentido, y anhela
perderse allí, para que brote en otro sitio, distinto, el encuentro . Como toda forma
de semiosis , la iniciática tiene lugar entre tres sujetos: la dura insistencia de aquello
que no soy, la ligereza cambiante de lo que puedo llegar a ser y la fuerza persuasiva
de quien creo ser en cada momento. Los invito ahora a perderse en la casa que
edificó Peirce , a dejar deambular el deseo, para encontrar no lo que está ahí, sino
lo que puede brotar en la conversación con estos signos, que no puede dejar de
ser una mutua conversión.
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MEDIOS , POLÍTICA Y
REPRESENTACIÓN
ENTRE SIGNOS DE ASOMBRO
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
EL MUMI VIVE
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alentar lo que él mismo describió con el nombre de "un pequeño país modelo".?
La clase de reformas que le valió a José Batlle y Ordóñez, pues de él se trata, el
epiteto de "utopista " durante su primer período de gobierno tiene que ver sobre
todo con los cambios que propone para la propiedad. El estadista aspira a que el
"Estado, dueño de todas las fortunas o de gran parte de ellas" pudiera socorrer a
los más necesitados . Cabe recordar que quien así se expresa no es un teórico del
comunismo sino el fundador del batllismo, según uno de sus allegados .
En su agudo análisis del imaginario político uruguayo, es decir, de la matriz de
los principales mitos que subyacen en la cultura nacional, Juan Rial' postula cuatro
relatos fundacionales de la identidad uruguaya moderna . Su nacimiento se asocia
a la figura de J. Batlle y Ordóñez. La construcción de lo que Carlos Real de Azúa¹º
denominó el "estado providencialista ", no es sino un nuevo avatar del don que con
sacrificio y generosidad entrega el gran jefe redistribuidor a los suyos.¹¹
Dentro de este esquema sociopolítico, las instituciones democráticas no
pueden dejar de ser entendidas por la gran mayoría como un don del gobernante.
Su llamado " estilo anticipatorio” lo lleva a conceder desde el poder, como iniciativa
suya, lo que el socialismo el movimiento gremial de la época, próximo al
anarquismo- reclamara desde la oposición.
El precio que se pagó por estos " dones", observa Rial , es el rechazo de todo
mesianismoy la aceptación de una mediocridad general dentro de una democracia
de pares (ya Real de Azúa había postulado una marcada “tendencia ireneica” en el
país , que volvía poco probables los estallidos sociales y políticos, como legado del
primer batllismo¹²) .
El Estado pasa a convertirse en un munificente “escudo de los débiles"¹³ que no
sólo otorga a los ciudadanos el voto universal sino los cuidados de una cultura sin
exclusiones que se concreta con la creación de los liceos departamentales y la
abolición de las corridas de toros.
El estudio clásico sobre el batllismo de Milton Vanger, titulado precisamente Un
país modelo, parece animado por una fuerte admiración de la gesta de este mumi
moderno. Sólo la tradición analítica representada por los escritos de Real de Azúa
y continuada por Juan Rial y Carina Perelli -no los únicos, pero sí claramente
ubicados en una misma coordenada crítica— se aleja del hechizo de la actuación
política del primer batllismo. Sus conclusiones vuelven posible la comprensión de
comportamientos sociopolíticos actuales que de otro modo serían un inexplicable
producto del azar ahistórico.
El estudio sistemático del imaginario que surge junto a esta epopeya
redistribuidora de beneficios generales permite entender, por ejemplo, la actitud
nacional hacia la votación . Aldo Solari¹ compara la actitud colectiva frente a las
elecciones con la experimentada ante un clásico de fútbol . El mito democrático
-la expresión no es de Solari , sino de Rial- hace sentir protagónica a la mayoría
durante ese día de noviembre. No obstante , existe la curiosa percepción de que en
esa fecha "se resuelve un pleito que tiene algo de deportivo , según el cual se sabrá
si gana un partido u otro (...) pero ese pleito se refiere a un plano muy alejado del
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plano de su vida habitual". A la muy limitada comprensión del cabal sentido de la
ocasión, Solari le llama el "problema electoral” , lo que explica por un lado el
tradicional triunfo de los partidos tradicionales , y por otro la casi nula participación
real del electorado en la gestión política, una vez pasadas las elecciones. El análisis
propuesto aquí agrega nuevos elementos para completar el estudio de un imagi-
nario social dentro del cual el don se agotaría en la posesión de ese poder puntual
que le fue otorgado al ciudadano, pero que no lo habilita a tomar otro tipo de
iniciativa.
Veamos otro hecho paradojal que puede interpretarse como un efecto del
accionar redistribuidor del Estado. Perelli¹ llama la atención sobre un hecho que
debía causar perplejidad: el llamado a votación por parte de los militares en 1980.
La investigadora se pregunta la razón de este "recurso del actor militar a la
legitimidad entendida como legalidad, y no la apelación a la legitimidad entendida
como eficacia". Su conclusión es que incluso este sector de la población , inmune
en muchos aspectos a la socialización general de la ciudadanía, no puede escapar
"a la propia matriz ideológica hegemónica presente en el Uruguay durante un largo
período antes del golpe ". En los términos de la presente reflexión, diría que aun
quienes cuestionan radicalmente la validez y viabilidad del estado providencial, no
consiguen totalmente escapar de su filiación más profunda: los militares continúan
siendo hijos aunque renegados del mumi batllista . Para ellos, como para la
inmensa mayoría , el voto es tan don como la educación gratuita y demás bondades
ofrecidas por aquel gran jefe , en el imaginario. ¿Cómo pensarse fuera de esta visión
del mundo y seguir habitando el orden simbólico fundado a principios de siglo
como la identidad sociopolítica dentro del universo social uruguayo?
Desde la jornada laboral de ocho horas hasta el clientelismo más desembozado,
todos estos elementos dispares se originan dentro de una forma de organización
burocrática que rechaza explícitamente el espacio ideológico reivindicativo para
asumir el reformismo benevolo ("obrerista, no socialista"16) . A principios de este
siglo la figura del mukama , encarnada en Uruguay por la estirpe violenta y épica
del caudillo, es sustituida irreversiblemente por la del mumi , personificado por
Batlle y Ordóñez. Este se adelanta a los deseos de su gente y organiza ese banquete
infinito yproblemático que es el Estado de Bienestar (Welfare State) . Tal es la manera
autóctona de responder a lo que en el siglo XVIII , David Hume enuncia como el
principio de todo gobierno consentido popularmente: "como la fuerza está
siempre del lado de los gobernados, los que gobiernan no tienen nada que los
apoye si no es la opinión. Es por ende en la opinión en que se basa el gobierno".
El importante cúmulo histórico —aunque no escrito de las opiniones genera en
cada comunidad el imaginario político, aquello que es pensable , deseable y
posible dentro de la identidad de una nación . Hablar de opinión (pública) conduce
inexorablemente a hablar de persuasión , convicción, creencia, es decir, hablar de
la manipulación discursiva del otro . La Retórica de Aristóteles sigue siendo el
manual de consulta ineludible en lo que respecta a las diversas técnicas para
acceder a la "buena fama” o doxa. Consideraciones de índole retórica nos llevan
de nuevo al episodio que dio lugar a esta larga digresión .
20
¿CON ÑOQUIS O SINSIGNOS?
21
presentan a la mente alude a la modalidad del conocimiento humano, es decir,
sobre su faneroscopía Peirce elabora una auténtica epistemología basada en la
acción sígnica o semiosis. La a menudo criticada —por difícil de manejar— clasi-
ficación de signos intenta cubrir los inagotables aspectos que ofrece la experiencia
al entendimiento.
Tres son las categorías faneroscópicas que dan cuenta de toda manifestación
inteligible de acuerdo a Peirce : "primeridad (firstness), el modo de ser de aquello
que es tal cual es , positivamente y sin referencia a más nada; segundidad
(secondness), el modo de ser de lo que es en relación con un segundo, pero sin
considerar ningún tercero, y terceridad (thirdness), el modo de ser de lo que es tal
como es poniendo en relación recíproca un segundo y un tercero" .20 Cuando
pensamos en una pura cualidad —la tonalidad del rojo, dice Peirce²¹—, no como
su ocurrencia en algún objeto concreto sino como pura posibilidad o poder ser, se
trata de la primeridad; cada cosa en tanto hecho , la atribución aquí y ahora del tono
rojo a un trozo de tela , es la segundidad. Si llamo o reconozco el trozo rojo de tela
como una bandera del partido colorado o del partido comunista o la señal de
peligro en el mar, interviene una ley general, es la terceridad. Se trata de un acto
de interpretación regulada según una convención que no tiene existencia concre-
ta, como la tela, pero que rige su comprensión dentro de ciertas circunstancias ,
también genéricas (el lugar puede ser un local de los partidos políticos mencio-
nados o una playa en temporada veraniega) .
Sólo cabe agregar a esta visión triádica de lo cognoscible, la definición de signo
como "todo lo que está relacionado con una Segunda cosa, su Objeto, en lo que
respecta a una Cualidad, de modo tal que trae una Tercera cosa, su Interpretante ,
en relación con el mismo Objeto".22
El esquema muestra el tipo de dinamismo que existe en el modelo semiótico
peirceano:
Para evitar confusión terminológica, debo aclarar que el " objeto" en Peirce
equivale, aunque sólo aproximadamente, al concepto o significado del modelo de
signo saussureano: es la cosa tal como es representada por el signo y no una
entidad extrasemiótica (el referente ) .
Una vez entendidas las categorías peirceanas como " modos de toda realidad"
o lo que es lo mismo “las diversas maneras según las cuales el pensamiento puede
decir lo real", 23 podemos recurrir a dos de las tipologías de signos elaboradas por
Peirce, para aplicarlas al presente análisis.
22
Una surge de la consideración del signo en relación consigo mismo; son tres las
posibilidades: cualisigno, sinsigno y legisigno. El cualisigno es la pura cualidad en
tanto signo, como en el ejemplo ya citado de la tonalidad de rojo. El sinsigno es el
signo en tanto ocurrencia singular, manifestación de una cualidad; por ejemplo, el
número de veces que una letra ( réplica) aparece impresa en una hoja cuenta como
otros tantos sinsignos . Por fin, legisigno es el signo como ley o regla interpretativa .
Sólo puedo reconocer las sucesivas apariciones de la letra "a" pues poseo algo que
no tiene el mismo estatuto existencial que aquellas , ya que “ a” no puede realizarse
nunca en tanto tipo, elemento abstracto y general de la letra (el código llamado
alfabeto tal como lo interiorizamos) .
La otra clasificación a que debo recurrir se basa en considerar el signo en
relación con su objeto. Si el vínculo S- O se apoya en una cualidad compartida, en
una relación simétrica o analógica, se trata de un ícono (dibujos, mapas, fotos,
pinturas, diagramas, etcétera). Si existe un vínculo de contigüidad existencial o
causal entre S y O, obtengo un índice (la veleta, el humo, la pisada en la playa). Por
último, si S - O están asociados en virtud de una convención , hablo de un símbolo
(letras, números, etcétera) . Desde el punto de vista faneroscópico vemos cómo ,
por ejemplo, en sinsigno e índice funciona la categoría de la segundidad, la
experiencia que como fuerza bruta compele el intelecto hacia la causa , así como
la resistencia que un cuerpo encuentra, lo lleva a reconocer la presencia del otro.
Desde esta perspectiva semiótica , se puede afirmar que todos los elementos
desplegados por el equipo publicitario de Menem para el tan mentado "final de
película" de la campaña electoral peronista , pueden analizarse mediante las clases
sígnicas de Peirce. El objetivo no es un mero ejercicio académico-taxonómico, sino
un esfuerzo por comprender la naturaleza retórica empleada por ese político.
La supuesta evasión de la prisión del lenguaje es tan imposible como lo sería
un intento por salirse de la propia piel para lograr la pura presencia . Aquello que
más parece alejarse del plano discursivo -el alimento ofrecido en el banquete-
no es algo sin signos , sino sinsignos, la categoría segunda de aprehender la reali-
dad, el mundo experimentado como resistente . Los ñoquis son convocados a ese
lugar para funcionar como índices , los signos que están en contigüidad física
con su objeto. ¿Qué señalan estos índices? Primero, cada ñoqui representa al
objeto-noqui (un elemento primario, de puro reconocimiento); luego indica el
objeto-abundancia (un segundo) . A semejanza de la antigua figura retórica de la
24
sinécdoque o la parte por el todo, estos ñoquis con su ocurrencia singular (de
sinsignos y de índices) dramatizan la cornucopia por venir: significan
espectacularmente los futuros platos de comida --no necesariamente del mismo
tipo- que llenará otros platos de estos comensales y de todos quienes se enteren
por boca suya o por los medios masivos, en las ocasiones que el ritual cotidiano
señala como aptas para comer.
La foto debajo de cada plato constituye un cualisigno, promueve el reconoci-
miento de ciertas características -gestalt, color, extensión— y es también un
ícono, pues la reproducción mecánica cuenta como analogía de su objeto, el
candidato (pero no necesariamente del marido, el amigo, etcétera) .
23
Finalmente , este don —por la gran comida ofrecida a los jubilados— se hace
en nombre del nombre de Menem, en tanto representante de su partido político :
el Justicialista , otro nombre . Así se encarga de recordarlo sin cesar el estribillo
a través del sistema de altoparlantes . Se trata de la regla interpretativa o legisigno ,
en combinación con los símbolos (las palabras) como forma tercera de compren-
der el mundo.
Lejos de haberse apartado de los meros signos para acceder a los puros hechos ,
Menem y su equipo orquestaron un vasto despliegue sígnico según las diversas
modalidades fenomenológicas (comida, imagen y sonido) y epistemológicas (del
cualisigno al símbolo) . La activación de tipos de signos como la cualidad, lo
existencialy lo genérico-interpretativo aumenta el poder retórico del discurso pero
de ningún modo disuelve lo discursivo .
CONCLUSIÓN
Si la fuerza nunca fue suficiente para dominar a una colectividad, pues aun en
las más despóticas dictaduras siempre ha existido la necesidad de "propagar una
teoría o ficción que le diera legitimidad al gobernante ","5 propongo la existencia de
un grado de populismo variable en todo discurso que se dé a sí mismo como algo
radicalmente diferente de los signos que lo componen. La consigna peronista de
"mejor que decir es hacer" señala inequívocamente un aspecto del populismo
discursivo. Lo antedicho vale incluso para un tipo de discurso que se ve a sí mismo
como la antipoda del populismo. Si hay un enemigo acérrimo del estado providen-
cial o del líder demagogo y carismático, es un autoritarismo de corte neoliberal
como el implantado por Pinochet en Chile. Lechner describe esta forma de do-
minio como "una visión negativa de la democracia", un régimen que sólo busca
evitar daños (a la propiedad privada). El neoliberalismo pretende sustituir el
asistencialismo paternal del mumi por la visión de un mercado autónomo e
irrestricto, sólo sometido a sus leyes de juego económico. Importa señalar que en
lugar de haber escapado del discurso para ofrecer a la ciudadanía los hechos y nada
más que los hechos el libre juego de la oferta y la demanda en su estado más
puro-, como bien observa Lechner, este sistema político sólo consigue ofrecer a
la gente su propia utopía, ya que “ la presunta objetividad impersonal del mercado
es ideología" .27
Captar la opinión del otro a través de la manipulación de signos parece ser el
derrotero de toda campaña política electoral. Populista es aquella retórica que
intenta (re)presentarse como carente de toda retórica. Olvida ( o desea hacer
olvidar) que ese anhelo ha de ser representado , es decir, significado a través de
algún tipo de semiosis.
Sean los signos electorales tan efimeros como las aladas palabras pronunciadas
por el demagogo que enardece a las masas desde el infaltable balcón, o los
suculentos ñoquis que humeantes representan infinitas comidas futuras de las que
la presente no es sino una muestra ( =índice), todos ellos requieren ser procesados
24
como otros tantos signos por una serie de signos ( = los interpretantes) . Sin las reglas
interpretativas todo ese espectacular despliegue del día 29 en La Boca sería sólo
caos, gula, ruido que no se transforma en los codiciados votos.
La última instancia de significación de todo discurso electoral es la misma a la
que apuntan los muy reales ñoquis : el legisigno de un buen gobierno -en el caso
analizado del candidato peronista- un gobierno popular, protector y providente .
La terceridad que vehicula el signo -y todo signo puede analizarse desde las
diversas categorías, que revelan sendos aspectos- oficia de nexo entre el manjar
que provee el moderno mumi y el acto cívico que lo legitima como gobernante: la
votación .
Muy disímiles aspirantes a gobernante intentan una y otra vez sustraerse a la
fina, invisible pero infinita red de significación en la que es posible leer sus
palabras, mirar sus gestos y sonrisas o comer sus dones gastronómicos . Quizá la
última utopía de una época descreída sea el deseo imperioso de extirpar el
componente utópico/ideológico de la propia ideología, para abrazar la causa de
las cosas.
No es poca la ironía de que esta moderna actitud “pragmática” —como hoy no
se cansan de repetir los candidatos de todo pelo- haya sido deconstruida por
medio de unateoría que su creador, Charles Sanders Peirce, bautizó con el nombre
de "pragmaticismo” . Así designó el estudio del conocimiento vehiculizado por los
signos que "en ciertas circunstancias determina un comportamiento (con) efectos
reales".28
Notas
25
5. El antropólogo es Marvin Harris en su obra Caníbales y Reyes, Marcos Vergara, Barce-
lona, 1978. Todos los ejemplos son extraídos de su discusión.
6. Economía y Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 1964 .
7. La descripción pertenece al senador Espalter, político batllista, un hombre próximo a
don Pepe; el fragmento pertenece a una conversación que había tenido con éste a
propósito de la proyectada ley de divorcio. La cita aparece en Milton Vanger, A Model
Country, Brandeis Univ. Press, Brandeis, 1980 .
8. Ibíd.
9. "El 'imaginario social' uruguayo y la dictadura”, en De mitos y memoriaspolíticas, Carina
Perelli y Juan Rial, Ebo, Montevideo, 1986.
10. El impulso y su freno, Ebo , Montevideo, 1964.
11. Sobre la imagen del estadista sacrificado ver, por ejemplo, la carta que le envía Domingo
Arena a París (27 de agosto de 1908) , citada parcialmente en Milton Vanger, ob. cit. , p . 57.
12. Uruguay, ¿una sociedad amortiguadora?, Ciesu/Ebo , Montevideo, 1984.
13. Autodesignación del batllismo a partir de 1929, año de la muerte de Batlle y Ordóñez,
tal comoapunta Carlos Zubillaga en "El Batllismo: una experiencia populista" , en ElPrimer
Batllismo. Cinco enfoques polémicos, J. Balbis et. al. , Claeh/Ebo , Montevideo, 1985. El
autor pone especial énfasis en la actitud benévola de la actuación batllista durante el
primer período , accionar que parangonamos aquí con la institución primitiva del mumi .
Dentro del imaginario queda opuesta al socialismo .
14. “Requiem para la izquierda” , en Estudios sobre la sociedad uruguaya II, Arca, Monte-
video, 1965.
15. "Matrices ideológicas y discurso político: el problema de la hegemonía", D.T. 125, Ciesu ,
Montevideo, 1986 .
16. La referencia aparece en Zubillaga, ob. cit .
17. Citado por Leonor Arfuch , “Las variantes del juego de la política en el discurso electoral
de 1983", enEldiscursopolítico. Lenguajesy acontecimientos, EliseoVerón et al. , Hachette,
Buenos Aires, 1987.
18. Joseph Ransdell , “On Peirce's concept of iconic sign", en Iconicity. Essays on the nature
ofculture, Paul Bouissac et al. (ed.), Tübingen, Stauffenburg, 1986.
19. Peirce, 1.284. Las referencias a Peirce son hechas según la convención usual : “ 1.284"
significa 1 volumen, párrafo 284 de los Collected Papers ofC.S. Peirce, C. Hartshorne
y P. Weiss (eds. ) , Vol. I -VI ; A. Burks (ed .) , Vol. VII -VIII , Harvard University Press ,
Cambridge, 1931-1958.
20. Peirce, 8.328.
21. Peirce, 1.304.
22. Peirce, 2.92.
23. Paul Thibaud, "Nom propre et individuation chez Peirce " (inédito) .
24. Cuando decimos corrientemente “$ 1.000 per cápita” o su equivalente castellano “por
cabeza", no designamos así el costo que el corresponde a esa porción de la anatomía
humana, sino el precio individual ; estamos empleando una sinécdoque casi fosilizada
por el uso (lo que se conoce en retórica como catacresis).
25. Ken Thomas, “Just say yes”, The New York Review ofbooks, 24/11/88.
26. “El proyecto neoconservador y la democracia”, Flacso Nº 10, Santiago de Chile , 1981.
27. Ibíd.
28. Fuente manuscrita (circa 1905) , recopilado por R. Marty, L'algèbre des signes, Mouton,
The Hague , 1988 .
26
ENTRE SIGNOS DE ASOMBRO
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
o dice la calle entre admirada y nostálgica: las elecciones ya no son lo que eran.
Falta de fervor, falta de militancia, falta de fe; sobran las dudas, sobra el
escepticismo, sobran indecisos . El líder mesiánico de antaño remplazado por el
bufón electrónico: el nombre de Pinchinatti y su Movimiento Putista parece
recoger el mismo fervor que el milenarismo fuerte de los años sesenta. La pregunta
surge inevitablemente: ¿cuándo empezó esto, por qué , como llegamos aquí?
Intentaremos darle una respuesta que va mucho más allá del estudio de
televisión al que se dirigen con insistencia las miradas acusadoras o divertidas.
28
embargo, hay un punto en común entre la forma de organización que Karl
Mannheim ( 1968 ) llama del tipo “ monopolio" del conocimiento, ejemplificada por
el poder eclesiástico medieval, y lo que el mismo autor denomina " competencia
atomística”, característica de las sociedades modernas y seculares. Se coloca en " el
corazón del espacio humano-social, dice Gauchet, aquello que en todos sus
puntos lo articulaba y regía desde afuera". En otras palabras, nace el poder como
poder de representación simbólica. El fin de la religión “verdadera” se produce al
asumir el hombre plenamente los dos aspectos centrales del signo; la semiosis , nos
recuerda Eco (1988) , no sólo está determinada por el mecanismo de sustitución ,
algo que está en lugar de otra cosa, sino también por “lo que está en lugar de sus
posibles interpretaciones". Casta sacerdotal, rey, emperador y presidente obtienen
su razón de ser de la fuerza representativa. Por su parte , el individuo deberá ejercer
un poder que le restituye aquella libertad a la que por tanto tiempo había
renunciado en beneficio de lo inmóvil : interpretar como una vía hacia lo que aún
no es, "la apertura a un futuro radicalmente indeterminado en su contenido". Así
explica Gauchet el surgimiento del poder moderno como administración imper-
sonal, el despliegue de oropeles del príncipe convertido en la silenciosa acumu-
lación de conocimiento del Estado con escaso rol simbólico.
Desde la perspectiva de este extensísimo proceso de desencantamiento,
definido como el exilio de lo sacro que fundía a hombres visibles con su
fundamento invisible y perdido en el tiempo, es posible reunir la imagen ridícula
del político parodiado, Pinchinatti, y las imágenes de sus modelos, quienes
comparten el mismo espacio televisivo e imaginario de una sociedad. Tanto el
primero como los últimos son manifestaciones de un residuo religioso que se niega
a abandonarnos , intentos de recuperar la poderosa capacidad de expresión ritual
de la religión verdadera. Por la vía negativa de la burla o la positiva de la
idealización, constituyen dos maneras de espectacularizar el creciente anonimato
tecnológico de la representatividad política.
29
debilitan el apoyo de la trama. Estamos muy lejos de aquel mundo incuestionado
o incuestionable de la religión primera, mundo del consenso.
Para entender cabalmente la exigencia que plantea la campaña de Lacalle
veamos cómo surge la creencia en relación con el sentido que atribuimos al
mundo.
La semiótica de C.S. Peirce constituye una “total revolución de los conceptos de
'verdad' y de 'realidad”” . El cambio que apareja la teoría pragmática, según Carlo
Sini (1989) está sintetizada en la célebre máxima pragmática que Peirce propone
en 1878: "Considerad qué efectos que puedan concebiblemente tener alcances
prácticos, pensamos nosotros que tenga el objeto de nuestra concepción . Entonces
nuestra concepción de estos efectos es la totalidad de nuestra concepción del
objeto". (5.402)
Así como el análisis histórico-ideológico de Gauchet muestra la progresiva
liberación del hombre mediante la inclusión dentro de sí mismo de lo que había
colocado enel exterior absoluto , la determinación del sentido según el pragmatismo
peirceano implica la decisión del individuo, sus acciones: "el significado es
inagotable, por ende no puede darnos una descripción infalible de lo real. Sólo hay
una aproximación sucesiva, los significados de todas las afirmaciones permanecen
abiertos a próximas determinaciones". Con gran acierto Floyd Merrell (1989)
describe de este modo la cadena de interpretaciones que vuelve a todo signo la
traducción de otro signo que a su vez es ...
Se esto le parece abstruso al lector, piense por un instante en ciertos términos
nodales de la campaña de 1989: " cambio", "(neo)liberal", " modernización",
"conservador". El sentido último de cada uno de estos núcleos temáticos debe
interpretarse a la luz de todos los demás discursos (tanto del propio candidato que
lo enuncia, como de la oposición) .
Así aparece que inseparable del acto semiótico de creencia existe el acto de
duda. Ambos conforman el movimiento constante del pensamiento humano: “La
acción del pensamiento es estimulada por la irritación de la duda y termina cuando
se consigue la creencia, por ello la producción de la creencia es la única función
del pensamiento” . (5.394) . Pero como buen pragmático, el mismo Peirce agrega
que "el resultado final del pensamiento es el ejercicio de la volición... la creencia
es sólo un estado de la acción mental. Su esencia es el establecimiento de un
hábito". (5.397) . El constante vaivén entre dinamismo y reposo, duda y creencia,
está provocado por el aspecto interpretativo de todo signo , como señalamos antes .
La verdad deja de ser una correspondencia rígida entre signo y cosa para integrarse
al mundo de la acción; es tan sólo un movimiento tendencial hacia el horizonte del
consenso siempre diferido .
Detrás del rezongo generalizado-" todos dicen lo mismo"-hayun desencanto
tan profundo como la condición humana: la libertad nos entrega la capacidad
inagotable de creer y de confiar en el futuro de nuestros propios designios . Llegar
a la creencia, dice Peirce , implica luchar; él llama a esta batalla “ investigación"
(inquiry). Debajo de la aparente frivolidad de la propaganda o del fastidio por esa
30
incesante solicitación a creer, las elecciones como dramatización de la fuente de
legitimidad retoman uno de los principios de la filosofía occidental : conócete a ti
mismo. La pragmática de Peirce agregaría: para actuar en consecuencia a tu verdad;
un asunto que reúne significado del discurso político con propósitos y acciones
humanas.
Ahora intentaremos responder a la pregunta planteada en la introducción, es
decir, ¿qué quiere decir el remplazo de un afiche del Che Guevara por el del
candidato putista?
Tanto la forma paródica como la escenificación del poder en sendos textos
televisuales determinan actos interpretativos , formas conflictivas de producir la
verdad de acuerdo a una expectativa , a la autoconstitución de lo social . Montaruna
campaña electoral y montar una parodia son dos actos de inteligibilidad. Risa y
creencia son dos modalidades de ponerse de acuerdo con la exterioridad
internalizada, el orden social . En ambos casos es necesaria la ruptura con la
evidencia sensible, el acto de fe consciente que Gauchet presenta como propio de
las religiones que terminan con la religión. Interpretar es ese acto individual y libre
que partiendo de signos nos conduce a ciertas formas de vida que a su vez reciben
una interpretación y así hasta el infinito.
El hombre desencantado no necesariamente es el hombre descreído, por el
contrario, es aquél que se encuentra en la situación de creer y dudar con el vigor
de saberse libre y el temor de no saber a ciencia cierta para qué.
Referencias
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ENTRE SIGNOS DE ASOMBRO
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
UN ESCENARIO DOBLE
Tanto este trabajo como Desencanto y herejía en política, fueron escritos a fines de 1989
y a comienzos de 1990 , en un intento de evaluar y sintetizar las principales tendencias de
significación presentes en la campaña electoral de 1989. Durante ese año tuve a mi cargo
la conducción de un tipo de análisis cualitativo-semiótico de las estrategias electorales de
todos los candidatos, desde el Departamento de Promedios de Equipos Consultores
Asociados . Hubo un proyecto luego abandonado de publicar los informes que se
producían mensualmente, y cuyos destinatarios los recibían por suscripción. Valgan estas
notas como muestra de ese esfuerzo sistemático por comprender los mecanismos de
sentido que se echan a andar durante este proceso democrático.
La elección comenzó para mí desde muy temprano, ya que empecé a relevar el evento
desde el mes de mayo de ese año, el momento en que se difundió la campaña de las
elecciones internas del Batllismo, y duró hasta la clausura oficial de esta suerte de
gigantesco potlatch criollo en el caldeado mes de noviembre . Otra forma de exposición
en la que incursioné con este tipo de análisis durante ese mismo año fue el novedoso
espacioradial "Detrás de la campaña", sección fija del programa Enperspectiva, conducido
por Emiliano Cotelo. Versiones levemente modificadas de ambos artículos aparecieron
en sendos números de Relaciones entre 1989 y 1990 (Nº 66 y 70) .
32
semiótico de la campaña electoral . Las internas batllistas constituyen el primer
objetivo; así surge el primer informe Le seguirán cinco más que llegan hasta la
segunda semana de noviembre . Su destino inmediato es aportar información para
quienes deben dirigir y elaborar la campaña electoral Su circulación restringida
motiva la publicación de estas reflexiones . Más que el acierto o el error del análisis
efectuado durante siete meses de 1989, creo que vale la pena dejar constancia de
este esfuerzo sistemático a modo de referencia para futuros estudios en un campo
.
relativamente nuevo en el país . Trataré de explicar porqué la semiótica como
instrumento de análisis, porqué el análisis si es algo que está " a la vista de
todos❞— y porqué en las elecciones de 1989 sucedieron algunas de las cosas que
hoy son de público conocimiento.
Una posible barrera para el lector de los seis análisis elaborados puede ser el
lenguaje adoptado, el de la teoría semiótica.
El especialista francés Roland Barthes reivindicaba hace más de quince años la
importancia de desarrollar “un análisis que exhiba a la luz del día las armas de
combate de los lenguajes". Aunque vivimos inmersos en la esfera de los signos y
estamos sometidos a su poder, ni siquiera lo percibimos . El universo del sentido
es nuestra segunda piel . Para poder contemplarlo, estudiarlo y entenderlo se
impone tomar distancia ; a pesar de que no existe ningún lugar fuera del lenguaje,
síhayvarios tipos de discursividad . El mismo Barthes propone dos fundamentales:
uno es aquel instalado en el poder o que aspira a él . Desde Aristóteles se conoce
esta palabra fuerte, asumida como el sentido común y que encarna la opinión de
la mayoría, como Doxa. Este discurso transparente y poderoso que no es vivido
como carga recibe el nombre de encrático (dentro del poder) , no tiene necesidad
de glosa o carta de presentación . Ni transparente ni de captación automática, el
discurso acrático (=fuera del poder) es percibido como extraño y alienante ya que
nos aleja de nosotros mismos . El proyecto científico de la semiótica en cuanto
reflexión sistemática sobre el sentido se ubica fuera de la doxa; lejos y al margen,
constituye la para-doxa . Lo paradójico de esta para- doxa es que para entender
cómo se produce la opinión común, elabora un lenguaje , el de la teoría , que no lo
es en absoluto . Primer choque frontal con el "buen sentido": invasión de la cadena
de opiniones; los lugares comunes no hacen sino fomentar la producción de más
opinión común. El poder siempre se inscribe en el lenguaje de lo obvio. La mayor
o menor originalidad de las piezas de propaganda analizadas en los informes de
Promedios no contradice en absoluto esta afirmación . El telespectador no necesita
una explicación para interpretarlas . Quizá algunas lo sorprendan e incluso le
causen cierto desasosiego, pero no alejan sino que por el contrario convocan el
deseo. Bajo la forma de seducción, persuasión o simple ratificación técnicas
correspondientes a los posibles destinatarios del discurso político- se aspira a
ingresar al mundo cotidiano, a lo que se da por sentado . Tal naturalización del
33
lenguaje no es posible para la semiótica. Su terminología no es ni elitista ni
demagógica. Sus conceptos son el instrumento con el que se pretende acceder al
momento previo a que el sentido se vuelva común, se cristalice en opinión pública.
La perspectiva aquí desarrollada no busca la interpretación justa de la campaña
electoral que vio la gente por televisión. Esta pretensión desmedida implicaría un
absoluto desprecio por la capacidad de observar y entender el mundo de la
inmensa mayoría. Sólo se busca entender cómo es que tales interpretaciones son
posibles. Para ello hay que ir detrás de escena, estudiar ese momento fuera del
tiempo real y construido por nuestras hipótesis , en el que los signos son arcilla
maleable con potencial para engendrar significación y así armar el espectáculo en
el que hemos de absorbernos.
Ubicado en un lugar intermedio, entre la doxa cotidiana y la dureza de estos
trabajos para ser re-leídos , surgió la posibilidad de desarrollar un discurso oral
a través de un medio masivo . El programa radial “Detrás de la Campaña”, dirigido
por el periodista Emiliano Cotelo (Emisora del Palacio) requería una nueva
traducción de la información . Vale la pena recordar que los informes no eran
académicos . La urgencia de su cometido -ser material para procesar de inmediato
en la dinámica electoral- los alejaba del trabajo monográfico de erudición pura.
Sin embargo, los textos nunca hubieran resistido el medio radial sin una sustancial
modificación. El desafío era doble: cómo evitar la mera enunciación de conceptos
elaborados , para una lectura concentrada , por una parte, y cómo dejar intacta la
naturaleza acrática del análisis semiótico sin convertirlo en mera opinión sin poder
reflexivo-crítico. El proyecto justificaba la dificultad. Por primera vez se iba a
suministrar a (parte de) el público de la campaña electoral un poderoso instrumen-
to para la deconstrucción de ésta . Sospecho que la presencia del aparato analítico
en uno de los medios masivos encargados de difundir la doxa puede generar
inesperadas consecuencias aún dificiles de evaluar.
Una de las formas de estudiar la recepción de un texto para la semiótica es
analizar su impacto en otros textos . Entre las repercusiones de este ciclo radial
quiero señalar dos por creerlas sintomáticas. En un semanario, un columnista se
indignó por la gratuidad y lo forzado de teorizar sobre algo tan natural como los
gestos de un político dentro de un corto televisivo . Importa, sin duda, que este líder
estaba identificado con ese semanario. Pero en la misma nota , se ridiculizaba
también la consideración analítica del "fenómeno Pinchinatti", hecho
comunicacional a caballo del humor y la campaña en su fase subterránea pero
central, como intenté demostrar. Tocar lo obvio es tocar lo intocable . Abandonar
el terreno de la opinión para tratar sobre ésta es incurrir en la ira de la doxa , destino
inevitable de toda para-doxa.
El otro efecto interesante fue la organización de una mesa redonda en la propia
radio cuyo tema fue precisamente uno de los análisis realizados en “ Detrás de la
Campaña". Varias mujeres candidatas al parlamento dieron su opinión sobre las
imágenes femeninas dentro de la campaña electoral. En forma pionera, estaban
demostrando una de las posibilidades que se abre con el ingreso al ámbito público
34
y masivo de la reflexión sistemática. Entre otras cosas , implica abandonar un
terreno altamente ideologizado , aunque sea en forma muy acotada; sumar a la
cadena de opiniones sobre opiniones cierto distanciamiento teórico de la opinión
es aportar material nuevo y removedor a la discusión pública.
No se trata de minimizar o ignorar el hecho de que el poder utiliza -o puede
utilizar si así lo desea― esta forma discursiva fuera del poder que es la semiótica .
Sin embargo, al igual que ha sucedido con las estadísticas y las encuestas que están
en su base, toda esta información creciente sobre la vida pública no puede dejar
de convertirse en un fuerza dinamizadora de la propia sociedad . Tener acceso a
más datos sobre la realidad no significa estar sometido a la palabra inapelable de
las ciencias sociales. Por el contrario, implica poseer más elementos para compren-
der nuestro lugar dentro de esa realidad que no es ni inmutable ni recibida para
siempre, sino una dimensión creada entre todos los actores . Una realidad es más
maleable cuanto más móvil es el discurso que sustenta la ideología según la cual
vivimos los seres humanos.
LA DEUDA EXTERNA
35
a la imaginación , el mismo recurso que despliega típicamente la publicidad. No es
lo dicho, ni siquiera quién lo dice; es el acto mismo de vivir ese trasiego de signos
lo determinante . El marco, las expectativas y las estrategias de producción,
configuran las condiciones sociales de producción discursiva que posibilitan la
cómoda ubicación dentro de ese discurso para cualquiera . No es preciso ser
herrerista, ni comunista o ni siquiera socialista; en un mundo tan rápido como el
zapping cambiacanales, el pasajero de los signos puede instalarse sin más
compromiso que una recepción satisfactoria del discurso. Lo real es la imagen que
me hago del partido o del político . Si bien el programa de gobierno es importante ,
el votante sabe que cada vez pesa más lo coyuntural, lo que resulte de fuerzas
complejas y encontradas durante la gestión . Lo que sí está en sus manos , y en sus
sentidos , es el texto audiovisual, el espectáculo de lo político . Por eso el espectador-
votante está muy atento, para comprender qué le pasa mientras lo mira.
Hoy es el kerigma -ni doctrinario ni mesiánico el que tiene mayores
perspectivas de acomodar al mayor número de consumidores.
Entrar a la televisión es penetrar en su dominio sígnico. Fuera del gran espacio
público, dentro del pequeño estudio que agiganta el detalle y que vuelve la
minucia fundamental, el " matiz" se torna protagónico. La palabra misma fue
utilizada constantemente en el discurso político de esta campaña 1989. Desde los
rounds inaugurales del debate Batlle -Tarigo en mayo, hasta el tan esperado y
decepcionante encuentro televisivo en el programa En Vivo y en Directo,
conducido por Néber Araújo en Canal 12— de Batlle-Lacalle, fue muy clara la
importancia de las sutiles variaciones sobre un mismo tema.
Al efecto agigantador de la cámara de televisión, se suma el hecho de que ésta
fue una elección de plena democracia y no de camino hacia ella, como la de 1984.
La tendencia, entonces, es el matiz de sentido . Hubo una casi unánime concordan-
cia respecto de la invariante temática de toda la campaña, la idea de cambio, y existió
un abanico multicolor sobre las variaciones de este tan ansiado cambio. Para
describir teóricamente este mecanismo recurrimos a la noción de cualisigno
elaborada por Peirce. Cuando éste desarrolla su compleja tipología de signos ,
denomina cualisigno al instante primario, más simple y fundacional del proceso de
sentido. Momento casi adánico el de esta pura cualidad o “tono” (término
empleado como sinónimo de cualisigno por Peirce), constituye la base sobre la
que se asienta el funcionamiento de los signos más complejos : las palabras, frases ,
argumentos y discursos completos .
Cualisignos de esta campaña son el humor y la falta de solemnidad y de
dimensión épica del hecho político . Es un espectro que abarcó desde el bufón
Pinchinatti hasta las escenas de juegos de azar con que se cerró la campaña de
Lacalle (la invitación a decidirse hecha a un jugador quien, carta o pieza de ajedrez
en mano, lo hace exclamando “ ¡Lacalle!") . Incluye también la serie de las paradojas
de Democracia Avanzada/1001 y el dibujo animado del Movimiento Nacional de
Rocha. No cabe duda que en esta campaña se impuso un nuevo tono para la
estrategia de captación de votos. Lo que llamé en los análisis de Promedios
36
comunicación política light implica el surgimiento de un nuevo verosímil. La noción
proviene de la antigua retórica griega tal como es retomada por autores franceses
(Tzvetan Todorov, Gérard Genette , Roland Barthes, entre otros) . Volverse creíble
es la meta de todo discurso social ; para ello no es central la coincidencia con lo real
(lo verdadero), sino con un criterio probabilístico de lo que es " normal" . En
definitiva, es el acomodarse dentro del horizonte de expectativas del receptor, lo
que significa encajar dentro de algunos de los géneros vigentes.
Una coincidencia importante en esta campaña fue la aparición en agosto de un
corto de Lacalle en el que el candidato le da gran relevancia a lo que designa como
"el tono y el nivel" de la campaña por venir y casi simultáneamente la proyección
del primer spot de Democracia Avanzada que inaugura la serie “Anímese " . Impacta
con su lenguaje y ritmo de video-clip. En forma implícita está haciendo lo mismo
que Lacalle dice de modo explícito: surge un nuevo verosímil , pues se pone gran
atención en aquello que los antiguos llamaban el decoro. Lejos de ser un aspecto
trivial o nimio de la comunicación , éste marca o delimita lo que es pensable y por
ende decible sobre un aspecto de la realidad. La función de los signos es
verosimilizar el mundo, transformar su virtual infinitud, imposible de dominar , en
un conjunto más o menos cerrado de formas significantes con las que el hombre
no sólo entiende a los demás sino que se entiende a sí mismo. Al describir lo real
también se lo concibe, es decir , hay un trabajo de construcción.
Otro término clave es el de heterogeneidad constitutiva del discurso. Se origina
en la teoría de la enunciación de Emile Benveniste y de seguidores suyos
(
Jacqueline Authier-Revuz y Dominique Mainguenau) . Cabe preguntarse de dón-
de provienen los signos de esta campaña. “ El mundo está escrito de cabo a rabo
y los signos no hacen sino citarse unos a otros hasta el infinito . " En estos términos,
R. Barthes describe la ilusión de originalidad y autonomía del individuo, que
intenta disimular la heterogeneidad de orígenes de los discursos que lo constitu-
yen. ¿De dónde sale el tono justo de Lacalle , su situarse en el punto medio de la
opinión como encarnación de la mesura , la armonía y lo contenido? Eso que el
propio candidato llamó en un acto “la dimensión humana del episodio político"
puede ubicarse dentro de la cultura uruguaya actual en un programa televisivo.
Hablemos dirigido por el periodista Jorge Traverso encarna a la perfección el
decoro postulado por Lacalle para esta elección . Una vez desaparecido el reino de
los grandes logros, la época mítica que intentó evocar Jorge Batlle en su serie " Para
volver a vivir", permanece en pie el reino de la mesura agradable simbolizada en
un living de clase media.
¿De dónde provienen los cualisignos de la 1001? De varias fuentes: la cultura
juvenil que llegó a su apogeo en 1987-88 , los video-clips de rock y la publicidad
que emplea estos ingredientes (ej . , Pepsi-Cola). Todo neo-verosímil social, como
nueva forma de decoro discursivo, no hace sino retomar otras formas de decoro
ya existentes dentro de otra ecología de discurso . Poco tiempo atrás era impensa-
ble, no verosímil, proponer un tono como el que primó en esta campaña. Sin
embargo, este tipo de decoro era completamente verosímil, es decir, percibido
como necesario y transparente en los géneros mencionados.
37
Lo mismo sucede con la inclusión del humor. En la campaña anterior, la de
1984, el mismo programa humorístico que incluye el sketch de Pinchinatti
(Decalegrón), ofrecía para esa época un sketch con parodias de los candidatos . No
obstante, el marco de un género y otro se mantenían del todo alejados. El deseo
generalizado de cambio determina que éste empiece por la propia elección. Así
como la política entra a la televisión, ésta pone en escena su parodia política en la
calle . La expresión de temor por parte de ciertos dirigentes con respecto a una
posible votación "real" al candidato " irreal" Pinchinatti, evidencia un desconoci-
miento del funcionamiento de los marcos en la vida cotidiana. De continuo
realizamos traslaciones y juegos de toda índole sobre los marcos primarios que
definen la naturaleza de un evento social. Estas alteraciones reguladas no nos
hacen perder de vista cuál es el borde más exterior, aquel que da nombre y
legitimidad al acto comunicativo en el que estamos participando.
El concepto de isotopía proviene de la teoría semiótica de Algirdas Julien
Greimas . Frente a quienes sólo ven en la propaganda televisiva un masivo engaño,
un proyecto de mala fe, el análisis semiótico abre una nueva puerta de abordaje.
Las piezas de esta campaña pueden verse como una clave interpretativa para guiar
la lectura del receptor.
Si bien hubo un " plato único" en el menú electoral -el concepto de cambio-
las diversas isotopías constituyen modelos de lectura que vuelven preponderantes
ciertos aspectos del candidato y de su propuesta, mientras que eclipsan otros .
Cuando miramos televisión hacemos una selección y combinación del material
audiovisual que ya ha sido seleccionado y combinado para nosotros. A pesar del
margen de lectura libre posible , hay una zona mayoritaria de la población que va
a ubicarse dentro del efecto de sentido proyectado . Este efecto semiótico se basa
en una suerte de mapa cognitivo que posee el texto audiovisual, como si fuera una
serie de instrucciones para ser interpretado según los deseos del emisor. El éxito
de un discurso masivo estriba justamente en el grado de coincidencia entre la
isotopía o plan temático virtual (emisión) y la isotopía o modelo temático reali-
zado (recepción).
Si el discurso político -como todo discurso social-— no es más que una deriva
de citas que se re-envían una a otras sin posibilidad de dar con un origen absoluto,
mítico lugar del no-sentido donde se inventa radicalmente una significación, ¿qué
pasa con el autor, con la autoridad del político como agente protagónico de
discursividad?
El antropólogo Claude Lévi-Strauss nos dice que más que enunciar los mitos ,
el hombre es hablado por ellos . Pocas veces aparece esto tan claro como durante
la pugna discursiva de una elección.
Imagino la reacción de intranquilidad del lector ante el término " mito". Para el
habitante de una era muy lejana a la de aquellos relatos fantásticos, más aun en una
38
comarca tradicionalmente escéptica como el Uruguay, suena muy extraño hablar
de estos cuentos . Tal vez los mitos en su forma clásica hayan desaparecido, pero
no lo mítico. Siguen existiendo imágenes y palabras que regulan nuestra creencia,
nuestra adhesión a cierta visión del mundo social . Con el aporte del psicoanálisis
(Freud, Lacan ) y la sociología del conocimiento (Berger y Luckmann, Castoriadis)
es posible teorizar sobre ese estrato fundacional de toda sociedad. La propia
semiótica puede ser entendida como el nuevo agente omnipotente de una verdad
invencible. Frente a esta versión mítica, y ajena a tal heroicidad, la teoría de los
signos se circunscribe a inaugurar un campo de preguntas sobre lo social,
aceptando límites epistemológicos , además de la incertidumbre que le toca porser
una ciencia sobre lo humano.
Vamos a demostrar cómo funciona lo mítico a través de algunas instancias de
esta campaña. Había una vez un hombre que no sólo le dio nombre y ley a suépoca
sino que como todo líder sufrió el destino ambiguo de la aceptación que recibe
quien es reconocido como ser excepcional , y el fuerte rechazo de quien propone
cosas no-verosímiles. Un hombre de ideas. Este puede ser el esbozo sintético y
simplista del gran Mumi José Batlle y Ordóñez, quien en los primeros años de este
siglo deja como legado a la sociedad uruguaya lo que aún hoy, tambaleante y
agónico, es una de sus principales características : su Estado benefactor.
El Mumi era una institución social en ciertas tribus de la Polinesia y entre los
indios norteamericanos . Una clase de líder muy especial, el joven que quería ser
reconocido como Mumi debía hacer un gran don a su grupo . Para ello, conseguía
que quienes lo secundaban trabajaran con enorme ahínco para ofrecerun copioso
banquete, su don, a todos. El Mumi batllista entrega ese don supremo y ambivalente
como todo don recibido por arte de magia —lo que Real de Azúa llamó su estilo
providencialista y anticipatorio . Este gesto político-simbólico le da un lugar
preponderante dentro del imaginario social uruguayo . En la interpretación colec-
tiva e inconsciente de la nacionalidad moderna, esa que silenciosa pero segura-
mente conforma los valores más básicos de la sociedad, la figura histórica del
político se parece mucho a la de un titán (Real de Azúa) . Hay una transfiguración
de los rasgos humanos en la figura prometeica que con sus poderosas y adelanta-
das ideas sueña con “un país modelo”.
En la campaña de Jorge Batlle, la balada "Para volver a vivir" funcionó como
auténtica isotopía, no como mero jingle o fondo musical . Suministró la clave
interpretativa de su ofensiva electoral . Fue un intento de re-editar en clave
kerigmática la gesta mítica del fundador de la ciudadanía uruguaya moderna. La
estrategia surtió un efecto muy potente al comienzo : la ecuación entre venta del
oro y permanencia de los muchachos durante la campaña interna del Partido
Colorado, en mayo de 1989, fue un gesto épico.
Sin embargo, la maquinaria discursiva con sus leyes inexorables siguió su
camino y fue más fuerte que los designios del poder real buscado ,
Perdió Batlle el candidato, ganó su discurso .
Hay una breve fábula de Jorge Luis Borges que da cuenta de este poder
39
inherente en todo signo . En La Trama, leemos sobre el asesinato de Julio César en
manos de los conspiradores, entre quienes estaba “ su protegido , acaso su hijo",
Bruto. Se cita su hoy célebre exclamación "¡Tú también, hijo mío!", una de las frases
más viajadas en la literatura. La recogen autores clásicos (Shakespeare, Quevedo)
y el sentido común, pues sintetiza algo muy fuerte dentro de la imaginación
colectiva . Decirla u oírla es poner en funcionamiento ese pequeño relato que da
sentido a los otros que protagonizamos . Porque " al destino le agradan las
repeticiones, las variantes, las simetrías", el relato de Borges recoge un oscuro
hecho de sangre acaecido mucho tiempo después en la pampa argentina. Mientras
cae acuchillado por varios atacantes, un gaucho "reconoce a un ahijado " . Cuando
lo ve, exclama: “¡Pero ché!", concluye el narrador. Lo matan y no sabe que muere
para que se repita una escena. Muy lejos de enunciar una creencia en el fatalismo
ciego, la fábula borgeana es una reflexión lúcida sobre el poder ignorado de los
signos de una cultura para moldear los deseos, los designios de los hombres, esos
pasajeros transitorios de signos que permanecen . Nada es inevitable, determinado
desde siempre. Pero ciertas elecciones permiten predecir ciertos resultados , cierta
peripecia del sentido.
Primera escena. Una figura pequeña que la cámara toma de espalda; luego se
lo ve de frente pero lejano. En primer plano, una multitud: son los “ indios" que
oyen un discurso emotivo sobre la opción existencial entre vender las reservas de
oroyseguirperdiendo a la juventuduruguaya. Con el término "indios" Batlle buscó
polarizar las simpatías hacia quien se presentaba como el más débil y cercano al
llano, en franca oposición a “los caciques", es decir, los poderosos dentro de la
estructura partidaria . A sabiendas o no el descendiente del Mumi apela a otro mito
muy entrañable de la sociedad uruguaya, el que narra el eterno enfrentamiento del
pequeño David contra el gigante Goliath . Es el acto de cierre de las internas
batllistas. Segunda escena. El hombre , visiblemente exaltado, gesticula con pa-
sión; su cara sudorosa y crispada es captada en un plano medio que lo pone por
encima de su público. Si la imagen es la tradicional de un político en plena
campaña, no sucede así con sus palabras . Oímos lo inaudito: el candidato del
Batllismo Unido lanza apasionadamente heladas y duras cifras sobre la elevación
del montepío obrero y patronal, sobre el aumento de varios puntos del impuesto
al valor agregado (IVA) . El auditorio está compuesto en su mayor parte por “vete-
ranos ", gente con aspecto de jubilados. Es el acto final de la campaña en el Interior,
en la ciudad de Minas. El tema es la imposibilidad de votar la reforma constitucional
para lograr el reajuste automático de pasividades; el tono es el del hombre de
grandes ideas . Como sucedió con el oscuro personaje de Borges , el candidato
muere para que el mito del mumi perviva . No es poca la ironía de que , quien lanza
la mayor ofensiva contra el Estado, se hunda por situar su discurso dentro de los
mismos parámetros de quien impulsó su crecimiento . La coherencia interna del
discurso de Jorge Batlle se opone a la incoherencia flagrante de antagonizar a la
gran mayoría de sus potenciales destinatarios . Irresistible, otra imagen literaria
viene a la mente . El oficial-verdugo de En la coloniapenitenciaria, de Franz Kafka,
40
va a demostrar con su propio cuerpo el mortífero poder de la máquina de impartir
justicia con la cual se condena a morir torturados a todos quienes infringen la ley
del lugar. Ante los ojos atónitos del visitante , el oficial será destrozado por aquel
engranaje siniestro que no se puede detener una vez puesto en funcionamiento.
No sólo el ascenso vertiginoso sino el discurso de Pablo Millor, la nueva figura
protagónica del pachequismo , constituye otro testimonio del mecanismo de los
mitos . Una de las sorpresas que nos depara este discurso es que tanto en actos
públicos como en los spots televisivos , Millor utiliza los mismos signos de quienes
dice combatir con ahínco en cada oportunidad que tiene . Así oímos con extrañeza
hablar de los "combatientes", imagen que emplea para autodesignarse y designar
a sus seguidores; para sus enemigos políticos reserva la imagen de "gusanos que
se arrastran❞ lejos de “las águilas que están en lo alto de la montaña” . Estos son
algunos de los ejemplos de una forma discursiva que se remonta a uno de los mitos
imperantes a fines de los años sesenta, el milenarismo mesiánico adoptado por
muchos grupos guerrilleros , incluido el MIN-Tupamaros en Uruguay, némesis del
candidato pachequista .
Sus denostados marxistas-leninistas, en cambio, se instalan en el mito hedonístico
de los años ochenta . Así vemos al candidato- vedette del Frente Amplio, Tabaré
Vázquez, en una reactualización del Flautista de Hamelin, caminando sonriente
por una ciudad que lo sigue en pie de paz.
Por fin el candidato presidencial herrerista se ubica dentro de un mito de
comienzo de los sesenta. Se trata de una poderosa leyenda que se impuso en
Estados Unidos, desde donde irradió hacia todo occidente . Es el mito de Camelot,
en que el joven y apuesto rey, junto a su hermosa reina, se unieron para asegurar
un reinado de paz e idílica armonía. La pareja real de John Kennedy y Jackie
Bouvier está en el trasfondo mítico de las imágenes ganadoras de Lacalle y su
familia (un momento importante de su campaña televisual fue su presentación en
el programa "Hablemos ") . El candidato no se cansaba de repetir una frase de su
esposa: "Un gobernante debe tener la boca chica y las orejas grandes”. Mucho más
importante que su propuesta de gobierno, importó la liviandad con la que fue
presentada. También fue significativo el spot que presentó la caminata por la playa
de Lacalle y los suyos: una visión doméstica y real (en el sentido de verdadera y
de realeza), asimilable a la familia del rey Juan Carlos en España. Podríamos decir
del hoy presidente electo que vive y triunfa para que se repita otra escena, la
paradójica coronación de un soberano democrático . Un mundo de cristal y magia
que se aposentó con tanta placidez en la pantalla del televisor como estrépito y
furia ocasionó el torrente de ideas y propuestas de Jorge Batlle.
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ENTRE SIGNOS DE ASOMBRO
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
43
monólogo de la protagonista y la proliferación de indicaciones escénicas , da una
desmesurada preeminencia a algo aparentemente banal : la manipulación obsesiva
de los pequeños objetos en la cartera de Winnie, una de los dos protagonistas. Lo
que va a extraer sin cesar de ella mientras habla o en lugar de hacerlo , desde el
remedio hasta el revolver, son como gadgets ridículos , ínfimos, que sin embargo
debemos conectar con la honda desesperanza presente o eterna de estar arrojados
en un páramo del todo ajeno a lo cotidiano, fuera de todo quehacer diario o de
rutina .
Pero es en el lenguaje mismo donde van a chocar frontalmente estos dos tipos
de mímesis: frases hechas , banales, un alud de lugares comunes instalados en un
lugar nada común, y dichos con consecuencias nada comunes . Esta violenta
antítesis es la que le da ese sabor inaudito al universo dramático de Días Felices;
sus signos trazan a un mismo tiempo una trama simple y aplanada como una
historieta en dos viñetas (una por acto) , pero compleja y alusiva como una
teodicea inmemorial. La situación nos ofrece una instancia ejemplar para verificar,
por la negativa o el absurdo, la validez de la máxima pragmática, uno de los pilares
de la teoría del significado construida por Peirce hace un siglo. La máxima de 1878
reza así: “Se debe considerar cuáles son los efectos prácticos que nosotros
pensamos puedan ser producidos por el objeto de nuestra concepción. La
concepción de todos esos efectos es la concepción completa del objeto” . (5.402)
En tal sentido no hay sentido que quede en pie en el transcurso de Días Felices;
el alcance que imaginamos para cada concepto trastabilla en efectos inimaginados
o inconcebibles. Nada es lo que pretende ser o se dice que es en cada escena; los
impactos del significado no llegan allí donde los esperamos como espectadores.
Algo semejante le ocurre al Hidalgo de la Mancha desde la percepción de su
acompañante Sancho o del lector corriente, ambos jugando del straight man o
sujeto de la supuesta razón dentro de un duo cómico, la norma desde la cual reírse
de los desatinos del desaforado (sujeto torcido ?). El idioma inglés estipula para
el término desilusión la palabra disappointment; en ella es fácil leer dos sectores
léxicos: el prefijo negador o privativo dis- y appointment que significa cita, en-
cuentro. Todo empleo de un signo verbal implica una suerte de cita virtual, ya que
cuando lo utilizamos tanto en la comunicación con el Otro como con uno mismo
(como Otro) , nos estamos dando cita con cierto efecto probable en algún punto
del espacio-tiempo social. Cuando ese encuentro tan plausible como esperado no
ocurre, se produce una des-ilusión semiótica. Rosset ( 1976: 10) nos recuerda que
la estructura cognitiva del iluso -aquel que sufre una enfermedad del sentido que
podríamos diagnosticar a los personajes de Beckett y a muchos seres no literarios
o ficticios- consiste en la violación sistemática de la citada máxima pragmática.
Cuando ésta no funciona se “ dice sí a la cosa percibida, no a las consecuencias que
normalmente se siguen de esto". Otra forma de plantearlo, siempre según Rosset
(ibid) , es describir la ilusión como la " emancipación del aspecto teórico (aquello
queseve), del aspecto práctico ( aquello que se hace)". Elimpacto de esta desilusión
recurrente nos obliga en tanto espectadores de Beckett a apelar a otros recursos
44
interpretativos , a ir más allá de estos sentidos que no acuden nunca al lugar donde
nos dan cita.
Debe haber pocas obras que , como la del autor irlandés, exijan más imperio-
samente el aparato hermenéutico, la interpretación que permita acceder a otros
significados , diferentes de los que nos salen al encuentro en un primer momento .
¿Qué puede haber de más banal o infantil que dos payasos bromeando al lado de
un árbol para matar el tiempo, mientras esperan a alguien que les prometió venir,
como ocurre en Esperando a Godot ? La épica griega por el contrario —señala
Auerbach- no se deja interpretar, sólo puede ser analizada. Su fin no es fascinar
con la multiplicidad de sentidos posibles , sino con la inmediatez casi física que nos
lleva a olvidar los signos que cautivan para absorbernos en los convincentes
espejismos textuales que estos montan ante nuestra imaginación . Una forma de
atentar contra el decoro textual explícito es la que lleva adelante Umberto Eco en
El mito de Superman (1964): ante un artefacto para el consumo fascinado y
automático - la historieta comounequivalente gráfico delfastfood- , el semiótico
italiano analiza, entre otras cosas, el manejo de la temporalidad que nunca
consume al héroe , alguien que es siempre el mismo en cada hazaña, como si
hubiera nacido en ese mismo momento . Cuando no se puede interpretar —o no
se debe hacerlo, caso de literatura masiva para consumo rápido y olvidable— Eco
se autoimpone la tarea de desplegar el asombro semiótico mediante el análisis , una
forma de derrapaje del sentido por encima del Sentido mayúsculo y único
legitimado por la costumbre (= pasatiempo sin pretensiones) . Su falta de buenos
modales produce un Superman alternativo , denso en implicaciones filosóficas y
literarias, a fortiori, ajeno a los designios industriales con que fue proyectado .
45
metainterpretante o clave social de legitimidad destinada a funcionar como
garante último de inmediata y unánime conformidad entre los socios de una
comunidad; esto no puede dejar de constituir un placer estético tanto como
jurídico. Cuando alguien exclama ―tras ver algo en la televisión o leer un diario
o libro "¡Claro ! ¡ Es normal ! ¡Lógico, está bien!", sin saberlo está dando una triple
bendición semiótica . Su amén tripartito implica una dimensión LÓGICA O Sintáctica ,
la cadena de signos le permite acceder a un sentido según las normas que conoce
(inglés , castellano, etcétera) , una dimensión ÉTICA, se ajusta lo interpretado a sus
propósitos tal como su comunidad los define y acepta ; pero por sobre todo implica
una dimensión ESTÉTICA : hay plena conformidad con lo que de justo y agradable
siente el intérprete que debe haber en el fundamento de toda significación , en la
relación entre lo representado y lo que representa. El decoro nos compensa por la
ausencia del interpretante final, ese momento semiótico en el que quedaría
saldado para siempre todo efecto semiótico interpretativo posible a partir de un
signo. Por supuesto que se trata de suponer lo imposible: el acceso al sentido
último y todoabarcador de La Biblia o de Superman o cualquier otra instancia
textual . Este interpretante de interpretantes o decoro, en cambio, se instala en el
momento de la escucha o lectura anticipada, la que hace todo emisor sígnico antes
de emitir: imagina cómo se lo va a entender desde la otra punta de la semiosis
social, desde el destinatario . Dada la indeterminación fundacional de todo signo,
especialmente los signos que son recibidos en ausencia de su productor inmediato
-caso de los medios masivos, desde la literatura al videoclip hay que asegurarse
de instalar al Otro en el punto exacto para que la cita no falle , para que no se
produzca la desilusión semiótica . El mismo decoro que en la vida cotidiana llama-
mos educación o buenas costumbres, en el ámbito textual estético se conoce como
género, verosímil filmico o literario, etcétera . Desde el Interpretante inmediato
(li) se forja entonces el decoro como un dispositivo de seguridad para la inter-
pretación deseada, concebida, proyectada en un objeto cultural a distancia
(temporal y espacial) . No aceptar un sentido intencional inferido desde un
supuesto autor no es tan difícil; sí es mucho más arduo renegar de un decoro
explícito, ya sea el bíblico, homérico o el beckettiano . Este gesto implica la
transgresión suprema , abandonar los límites del mundo tal como se lo conoce,
para fundar otro universo, paralelo, tangencial o simplemente ajeno al por todos
conocido. Sólo así puede establecerse un nuevo decoro o neo-verosímil para que
sustituya lo que comunitariamente se ha estipulado y creído como el marco
necesario para toda interpretación.
Mucho se puede conjeturar y aventurar sobre los sentidos de las andanzas de
Ulises o de Abraham. Muy poco o casi nada se puede inferir sobre el alma del
marino griego o las peripecias materiales, circunstanciales, del personaje bíblico.
No es falta de imaginación del lector u oyente; se trata de que dentro del marco
semiótico de cada una de estas instituciones no se está habilitado a formular esas
preguntas, no tienen sentido. Comprender La Odisea o el Antiguo Testamento,
implica necesariamente someterse al dictamen de la máxima pragmática: todo
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significado implica concebir ciertas cosas y sus efectos casi- corporales . No es una
concepción lógica, ética o estética aceptable, preguntarse por cosas que caen por
completo fuera del decoro textual.
Para quien sepa captarlo , en los episodios bíblicos hay material para melodrama,
e incluso para comedia. Sólo faltaba tomar ese amor por la minucia propio de la
carnalidad epitelial del héroe homérico, esa especie de fábula caminante -como
sus sucesores actuales , los héroes del comic siempre definidos y fieles a su ethos-
y combinarlo con la multidimensionalidad de seres que viven con el miedo de Dios
sobre sus cabezas, y para quienes cada decisión es una modificación irreversible
de sus existencias: Jacob, Esaú , David, son sólo tres ejemplos de seres a quienes
vemos cambiar radicalmente durante su vida.
Esta doble condición de fijeza y trivialidad por un lado, y una perspectiva
trágica de la vida y lo sublime inseparable de lo ridículo, por el otro, en el teatro
de Beckett es lo que irrita a un especialista como George Steiner en La Muerte de
la Tragedia y lo conduce a condenar esta forma " antidramática" por ser ajena a
todo canon teatral: "El resultado es paralítico y monótono. En el mejor de los casos
hay un guiñol metafísico y por momentos fascinante o monstruoso por el hecho
de que los títeres insisten en comportarse como si estuvieran vivos” (1972: 350) . Si
no lo juzgamos con respecto al teatro occidental, sino a las técnicas miméticas que
han moldeado todas las formas de representación desde la antigüedad, la propuesta
del teatro del absurdo es mucho más interesante . Las marionetas no están hechas
de madera sino de los signos nuestros de cada día; lo único que rescato de la
comparación de Steiner es que la puesta en escena de Beckett se propone volver
estos volátiles e imperceptibles signos nuestros tan opacos y densos como la
madera para poder observar los fundamentos últimos de toda semiosis social.
Forma curiosa y perversa, pero ingeniosa, de observar cómo funcionan los signos
que nos mantienen unidos . Consiste en planificar una situación en la que estos
signos parecen funcionar al vacío, sin entrar en sus rutas acostumbradas , pero es
gracias a este itinerario bizarro que Beckett nos deja atisbar en el interior mismo de
la cocina del sentido.
No parece apropiado preguntarse como espectador teatral de dónde vienen o
qué hacían antes de no hacer lo que no hacen durante dos actos los bufones
trágicos Didi y Gogo en Esperando a Godot, o Winnie y Willie en Días Felices. Así
como el narrador bíblico no nos dice una palabra sobre el aspecto de Dios o de su
interlocutor Abraham, y calla todo sobre los posibles motivos de elegir a este
hombrey no a otro para la durísima prueba, los seres escénicos de Beckett parecen
siempre sertomados in medias res, en medio de una trama que viene de otra parte.
Como espectadores no podemos quitarnos la impresión de haber llegado con la
obra empezada, y de que nos vamos con la obra aún en vilo, inacabada. El
concepto dominante en narrativa y dramaturgia clásica es el de teleología, es decir,
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el partir de varios puntos para llegar inevitablemente a una única solución o
desenlace determinado; éste es sustituido en Beckett por el de teleonomía, con-
cepto que "implica un comienzo desde cualquier punto posible y que conduce
hacia un fin indefinido e indefinible" (Merrell, 1985: 162 ).
Porun lado encontramos, entonces, el laconismo paratáctico hebreo: una serie
de frases pegadas una al lado de la otra que omiten toda la información previa,
causal o anecdótica para golpearnos con un episodio ambientado en un páramo
o en un área desértica, como sucede en Días Felices. Pero al mismo tiempo estos
personajes no dejan de llenar el aire , incluso el espacio escénico tridimensional
con un torrente de signos verbales, gestuales , espaciales y objetuales referidos a
trivialidades mínimas o a cuestiones de peso metafísico, todo caóticamente
mezclado. Es este torrente sígnico el que lleva a Steiner a rechazar con vehemencia
el teatro de Beckett ; lo que encuentra inadmisible es ese cruce de dos clases de
mímesis. Hay algo macabro, incluso mortífero para el sentido común ese que
integra los signos cotidianos de modo automático e irreflexivo- en esta reunión
obscena de un discurso anecdótico- pleno (mímesis homérica , fácil para absorber
y disfrutar) junto con uno sacro-despojado (mímesis bíblica , difícil de comprender
y aprender) . Para Steiner el rictus mortis de los personajes beckettianos tiene que
ver con un rasgo inaceptable de seres a quienes se les niega el estatuto dramático ,
épico, trágico o burlesco de los personajes tradicionales. Serían entonces criaturas
sin el don de lo memorable, como el que posee Mutter Courage, la creación de
alguien cuya política Steiner (1972:355) afirma detestar, pero cuya capacidad
dramatúrgica, o mejor aun, demiúrgica , hará que " Madre Coraje continúe tirando
de su carro durante la noche invernal mucho después de que haya sidobarrido por
el tiempo de la historia literaria el nombre de Brecht".
No es difícil entender la irritación de Steiner cuando nos esforzamos por
recordar qué fue exactamente lo que dijo Didi y qué lo que dijo Gogo en Esperando
a Godot, de diferenciar a este par de bufones cuyos signos tienen el aspecto de ser
intercambiables, tan fácilmente permutables como sus estados de ánimo . La
conmutación rige incluso la selección de nombres para estos dramatis personae
que se empecinan en parecer máscaras parlantes sin otro relleno que el engañoso
de los signos que salen de sus cuerpos: ella se llama Winnie, él Willie , apenas un
fonema/grafema distingue a estos dos que sin embargo parecen tan distintos , pero
que quizá no sean más que un solo actor dual, un alma a dos voces. Vamos a
intentar comprender, al margen de la aceptación entusiasta o el rechazo categó-
rico, cómo funciona en tanto semiosis o proceso de generación de sentido- el
texto dramático escrito de Beckett.
Los textos de Samuel Beckett erigen un mundo sin mojones geopolíticos ,
abandonado a la deriva de palabras y gestos que parecen haberse autonomizado,
desprendido de su referencia habitual. Palabras que convierten a quien las dice no
en dueño de su propio pensamiento, sino en marioneta , en títere quieto y rígido
del que emanan signos. Sin embargo , Brecht y Beckett parecen apuntar hacia un
fin semejante, hacia un lugar que tradicionalmente se ha dado en llamar de
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vanguardia. Ambos buscarían transgredir, pasar del otro lado, sortear la valla del
entretenimiento o de la emoción que surge por la sucesión causal que Aristóteles
llama mythos, (aproximadamente el argumento o trama dramática que culmina en
una reversión de la suerte o desenlace ) , uno de los seis ingredientes de la
teatralidad.
El fin en Beckett parece ser adentrar al espectador en un lugar insólito, es decir,
no frecuentado. Un anti-lugar con respecto a aquel colonizado por el sentido
común y que llamamos realidad cotidiana, mundo de la vida . Pero las técnicas
desplegadas por uno y otro dramaturgos son radicalmente diversas . Mientras que
el extrañamiento que persigue Brecht (Verfremdung) con su teatro épico busca
algo cuasi-didáctico , la toma de conciencia, el tomar la vida por asaltoy apoderarse
de un destino natural que ha sido naturalizado por las formas de poder establecido,
según la enseñanza del Marx de La Ideología Alemana, el universo ascético del
irlandés, a semejanza de su amigo y compatriotaJames Joyce (sobre todo el creador
de Finnegans Wake), provoca la irritación de lo sin sentido, de un laberinto de
signos que han perdido su supuesta función primordial de guiarnos , de llevarnos
hacia la certidumbre (incluso si ésta se opone a la certidumbre oficial, como sucede
en el teatro épico y político brechtiano) . Mientras parece esperar algo indefinido
pero inevitable como las dos campanas que pautan su jornada, Winnie no puede
parar de hablar. A diferencia de Brecht, Beckett se ubica en relación con sus signos ,
tal como describe Joyce muy tempranamente al autor: como alguien que detrás de
bastidores observa la escena que ha armado, lejano e indiferente mientras se lima
las uñas . El desprecio por el mythos debería entonces conducir con más fuerza la
escena de Días Felices hacia otro de los ingredientes de la composición teatral,
según Aristóteles, el llamado dianoia (aproximadamente el tema o motivo desa-
rrollado por la obra) . Al igual que en los episodios bíblicos , el destinatario de
Beckett se pregunta más, ¿Qué sentido tiene esto? que , ¿Y ahora qué va a pasar?
Vamos entonces hacia el texto mismo para entender cómo se cruzan estas dos
formas antitéticas de mímesis y qué efectos semióticos produce esto en el
espectador de Días Felices.
Las palabras de Winnie, la protagonista de Días Felices, mujer, esposa, difunta (?),
el eterno femenino en su versión post mortem, parecen surgir del cruce improbable
e irreal entre la profundidad, la hondura que siempre sigue como una sombra a los
seres bíblicos, y ese goce mediterráneo por la extroversión de toda idea o
intención, el signo propio como vestimenta para lucir frente a la comunidad, como
blasón que ubica, delimita, vuelve al sujeto de la enunciación miembro de una
comarca única, irrepetible, del mundo. Así se deslizan irrefrenables los signos de
la espera, entre tópicos, elipses y reticencias que parecen apuntar a la condición
del ser universal, a su agonía y su tiempo, y una abrumadora reiteración de
trivialidades (el peine , el cepillo de cerdas, el revolver obsesivo de la cartera y el
primer beso evocado como otro objeto más...).
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Los silencios a veces densos, a veces atroces, a veces tan sólo triviales están a
cargo de Willie , el Otro, su hombre , su esposo (?) , decididamente su límite y su
confin. Según una útil dicotomía del crítico inglés Forster, en tanto personajes de
ficción estos dos seres oscilan entre la redondez de plenitud -personaje lleno, con
desarrollo y cambio a través de la obra— y una chatura anémica que los volvería
marionetas , rudimentarios recursos textuales con la única función de adelantar o
retrasar una acción y desaparecer. Una mezcla de Superman y la Molly Bloom del
Ulysses de Joyce, en su monólogo- cascada mientras espera en la cama a su
itinerante marido.
Toda mención del pasado, de lo que les pasó antes de habitar ese páramo sin
indicios parece negada por referencias al “viejo estilo". No hay lugar dónde cobijar
la experiencia en este terreno baldío, desolado, calcinado por el sol pero sobre
todo por la ausencia de repercusión de los signos en la vida de quienes los
manipulan. Es esa repercusión vital la que Peirce designa como el significado en
virtud de su Máxima Pragmática: entender algo es sentir emocional y
cognitivamente el impacto imaginativo del signo sobre el cuerpo, sobre el virtual
destino de quien entiende algo, que sabe o estima las consecuencias que se siguen
de concebir esto ( concebir en el estricto y literal sentido de engendrar, de dar a luz
un sentido) . El significado de un signo, según Peirce , es cómo éste nos puede llevar
a actuar de cierto modo, implica siempre la modificación de una acción cuyo
objetivo está determinado por el signo comprendido. Concebir el significado de
algo es captar ese itinerario dinámico y también suponer los efectos sobre nosotros
mismos . Todo sentido posible queda así corporeizado, asimilado a la vida, indi-
vidual y social. La acción de los signos y la acción de los hombres que viven entre
signos son por lo tanto inseparables. Insistimos con esta imagen casi-genesíaca y
radicalmente activa del significado como semiosis que dinamiza los signos en
relación con la vida y no la de un supuesto saber intelectual, estático, incambiado,
que nos limitaríamos a chequear en algún banco de datos de la mente, como si
fuera un diccionario completo, inamovible . No es un significado meramente
contextualizado, es mucho más que eso: se trata de un significado integrado al
cuerpo en el mundo junto a los otros . Entender un signo es ya anticipadamente
vivir sus consecuencias, captarlo es asimilar algo, en la acepción metabólica de
llevar un alimento dentro de uno mismo. En la alteración intencional de este
proceso basa su eficacia el chiste, como bien lo comprendió Freud con su teoría
del ahorro de energía psíquica. Esa descompostura del camino habitual que nos
desruta tiene “gracia” porque es algo gratuito : vivimos vicariamente una escena
imposible; es agradable porque lo hacemos con la conciencia de estar haciendo un
experimento de laboratorio semiótico, el itinerario que el chiste traza delante
nuestro es sólo para recorrerlo "de mentira", de lo contrario el humor se convertiría
enseguida en horror. No habría cuerpo que resistiera , de acuerdo a la máxima
pragmática aquí descrita , la concepción perversa que pone un chiste delante de
nuestros ojos un chiste , si debiera hacerlo “en serio”.
El modo en que el diálogo de Días Felices transgrede la máxima pragmática
50
tiene que ver con una oscilación nerviosa entre el significado serio —aquel para
el cual disponemos el cuerpo la mayor parte del tiempo y el perverso , cómico
porque rodea nuestro cuerpo con una capa aislante que le permite reírse de
aquello que le causaría enorme angustia si no fuera por esta protección semiótica .
Basta tomar algunos parlamentos y gestos de Winnie y de Willie para comprender
este mecanismo:
"Otro día celestial. "
Esta frase que será de las más recurrentes en la obra tiene lugar en el primer acto
cuando la protagonista sólo está enterrada hasta la cintura en su hoyo y aún puede
mover las manos y brazos con las que invocará acto seguido a Cristo:
"Por Jesucristo. Amén."
El lugar, la postura, el sol, la separación del otro personaje, todo parece
llevarnos a atribuirle al conjunto el significado de una visión infernal , o al menos
de un purgatorio existencialista ; sin embargo ahí está este saludo casi kerigmático ,
pues anuncia la buena nueva con alborozo . En el mismo tono Winnie alude al pasar
al Génesis, a la irrupción de la luz que ordena el cosmos:
"...luz sagrada - saltar de golpe de la oscuridad. "
y mientras sigue limpiando los cristales agrega: "fulgor de luz infernal” . Nada en
ella, en su respiración o actitud, deja evidenciar el salto, el contraste, la violencia
del sentido radicalmente opuesto. Por último , siempre refiriéndose a la luz, agrega:
"Maravilloso don. No me puedo quejar. No debo quejarme . Tanto por lo que
estar agradecido . "
Los signos espaciales (el páramo calcinado) , los corporales (la inmovilidad del
entierro envida), los objetuales (el contenido banal y pormenorizado de su cartera)
y los lingüísticos que acabamos de citar no pueden ser asimilados por ningún
cuerpo dentro del cuerpo social . Desde esta perspectiva, la escena imaginada por
Beckett puede pensarse como una cámara al vacío en la cual zumban, rebotan,
vibran hasta su transfiguración los signos nuestros de cada día, creando y des-
truyendo efectos corporales, corporativos, en una serie inagotable de réplicas y
contrarréplicas. Hay algo reñido con el buen sentido , con aquello consentido por
la comunidad en nosotros, algo que repudia esta convivencia. Como para ratificar
esa disonancia semiótica entre palabras y acciones , Winnie comienza enseguida
a hurgar con frenesí en los contenidos de su cartera . Es como si a la Molly Bloom
de Ulysses en su exuberante monólogo, mientras aguarda el regreso de Leopoldo
Bloom de las calles de Dublin, le hubiesen arrancado sus andanzas eróticas y
geográficas y sólo le quedaran referencias a su más inmediato entorno: el paraguas,
la cartera, el cepillo de dientes con pelos de cerda. La mayor parte del tiempo el
personaje no parece poder evocar más allá o más precisamente que eso. Otro
ejemplo de lo antedicho es el éxtasis que le produce a Winnie el enterarse con
exactitud sobre el origen de la cerda con la que se hizo su cepillo. Luego que Willie
le informa sobre el significado del término cerdas, “chancho castrado criado para
matadero", este saber trae aparejada una iluminación o epifanía. Vale la pena
recordar la definición que de ésta proponeJoyce, para quien las súbitas iluminaciones
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producidas por causas aparentemente triviales y hasta arbitrarias eran la herra-
mienta principal del artista . Así lo expresa su personaje juvenil Stephen Daedalus
al definir la epifanía como "una súbita manifestación espiritual, ya sea en la
vulgaridad del habla o del gesto, o en un fase memorable de la mente misma" . En
DíasFelices se ha llevado la vulgaridad cotidiana a algo aun más chato , trivial, vacío
de todo potencial iluminador para el cuerpo, y sin embargo Winnie exclama
jubilosa a causa de esta inesperada adición a su conocimiento:
"Eso es lo que encuentro maravilloso, que no pasa un día ―para hablar en
el viejo estilo sin alguna adición a nuestro conocimiento, por insignificante
que sea."
“¡Oh ! ¡Este sí que es un día feliz ! ¡Este habrá sido otro día feliz! Después de
todo . Hasta acá. "
La epifanía en el estercolero . Cabe explorar el paralelo entre esta escena de tono
burlesco y la que le sirve de probable modelo , tanto a Joyce, el maestro, como a
Beckett, su seguidor: la escena del nacimiento de Cristo. Se trata de la epifanía
original, en virtud de la cual no sólo surge algo memorable en medio de lo abyecto
(el lugar de los animales, del estiércol), sino que queda destrozado el decoro
mimético que mantenía la figura heroica alejada de lo bajo y humilde en la forma
de representación griega . Es impensable dentro de la mímesis homérica que un
héroe tenga tan humilde origen (Edipo sólo parece un huérfano abandonado con
los pies hinchados, en verdad ya era un rey en potencia) . Por el contrario,
humillación y elevación son inseparables en la saga veterotestamentaria Cacaso el
hijo pródigo no pasa de comer lo que dejan los cerdos , a ser celebrado con júbilo
mediante un copioso festín?) . De nuevo una evidencia a favor de nuestra hipótesis
sobre una cruza insólita entre dos maneras de mímesis o simulacro de lo real que
en Beckett generan el desacomodo o descompostura de los signos y de nuestro
cuerpo. Una catarsis moderna y nada moderada.
Es aquí donde se instala la mayor paradoja de la obra: la renuncia a ubicar,
explicar, situar concretamente a los personajes. Todo lo que hace pensar en la
operación bíblica para dar universalidad a lo relatado se acompaña de una
presencia constante del lenguaje pequeño, el small talk como designa el inglés ,
todas las formas con que nos introducimos al otro para asegurar su legitimidad y
la propia, desde los saludos hasta la ruptura del hielo conversacional frente a un
desconocido . Gran parte del discurso de Winnie -y todo el de Willie- corresponde
a lo que Bronislaw Malinowski denominó “ comunión fática” y luego Roman
Jakobson "función fática". Charla liviana, casi intangible pero de enorme poder
social pues por medio de ella nos introducimos suavemente desde la ilegitimidad
de lo propio e intransferible (ámbito de máxima privacidad ) hasta el nosotros
previsible y legalizado (ámbito de socialidad compartida) . Los movimientos de
Winnie con la cartera, los comentarios sobre la situación , son todos signos fáticos .
La estrategia de la obra parece estar de acuerdo con la cita favorita de Beckett,
atribuida a Demócrito de Abdera : “ Nada es más real que la nada” (cit . en Esslin
1962: 33) . De estas nadas sociales está tejida la trama argumental, el continuo ir y
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venir de signos de los dos actos ; claro que en los lugares más inesperados del
liviano tejido fático, refulgen sustancias ajenas que se incrustan inesperadamente
entre estos signos proferidos para olvidar que faltan otros signos, y que nos obligan
a revisar lo antes comprendido. Veamos algún ejemplo.
Quizá esté hablando de la hora de su muerte o del holocausto nuclear, pero el
tono se parece más a una frase dicha en el ascensor o en la parada de ómnibus para
llenar el tiempo, para ocupar un incómodo vacío social. Winnie la dice mientras
lee la etiqueta de un vigorizador que se dispone a tomar:
"El viejo estilo . "
Se parece mucho a la frase que como leimotiv trivial y ajeno a esos cuerpos y
a esas acciones vuelve continuamente:
"¡Ah éste va a ser otro día feliz!"
Quizá la imagen de Steiner, desprovista de su tono condenatorio, sea la más
apropiada para estos personajes después de todo . Se trata de títeres o más
precisamente de muñecos de ventrílocuo; los signos salen de estos personajes
enfatizando su ajenidad, su deriva desde otro origen . Un momento típico es hacia
el fin del primer acto, una de las raras ocasiones en que oímos a Willie decir algo
en forma espontánea; él lee en voz alta dos avisos clasificados del diario que no
abandona durante casi toda esa parte . El efecto enrarecido, dadas las circunstancias ,
el tiempo y su compañera de páramo, es el de un lenguaje que cae flotando,
ingrávido sobre esta nube de signos ingrávidos que es el torrente de palabras de
Winnie:
"Oportunidad para joven listo.
Se necesita joven brillante."
Lenguaje prefabricado, listo para llevar o poner en un sitio para que otro se lo
ponga encima y se diga alborozado: “¡Ese soy yo!”, u otro entristecido se crea
excluido por el discurso que no lo designa. Así los designios del lenguaje son el
destino ajeno que asumimos como aquello más propio que nos define y ubica.
Hablarlo es dejar que por nuestro cuerpo circule otro cuerpo de saber y de actuar
social, el específico de la institución laboral con sus exigencias y metas . Ajenidad
semiótica respecto del sujeto enfatizada por la actitud de la mujer. Mientras él lee
concentrado, Winnie se impulsa a sí misma a rezar. Plegaria y clasificados nos
configuran como seres humanos legítimos, creyentes o trabajadores, instituyen
algo que con orgullo podemos llamar el sujeto , el sí mismo. En forma constante ,
Días Felices permite observar cómo aquello que creemos más propio, lo que funda
nuestra identidad, esa subjetividad que nos gusta llamar (nuestro) lenguaje es
originariamente una heterogeneidad. Mis propios signos son siempre signos del
Otro, desde el otro. Así lo afirma Winnie en medio de una evocación clásica —una
forma convencional de la retórica― el nostálgico Ubi Sunt, sobre su pelo dorado
de otrora, que también la retrotrae a alguna ocasión festiva, un dorado aniversario
sugerido y cortado por esta alusión a las palabras:
"¿Y ahora qué? Las palabras fallan , hay momentos en que hasta ellas fallan....
¿Qué tiene que hacer uno entonces hasta que ellas vuelvan? Si fallan queda
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el pelo, o recortarse las uñas, son cosas que la arreglan a una. Eso es lo que
quiero decir. Eso es todo lo que quiero decir. Eso es lo que encuentro tan
maravilloso , que ni un día pase, (sonrisa) para hablar en el viejo estilo (
fin
de sonrisa), sin alguna bendición ... disfrazada. "
Más adelante Willie es reconocido por Winnie como su interlocutor convalidante,
pero no en un sentido psicológico o afectivo , sino literalmente como el dueño de
sus signos, el otro desde donde llega todo sentido, sentido que debe ser consentido
para existir como tal:
"Entonces puedo decir en todo momento, aun cuando no contestas, ytal
vez no oigas nada, algo de esto es escuchado, yo no estoy sólo hablándome
a mí misma, es decir, en medio de un páramo salvaje, algo que nopodría
hacerpor mucho tiempo . Eso es lo que me permite seguir. Hablando digo.
Mientras que si te fueras a morir, para hablar en el viejo estilo, ¿qué haría yo,
qué podría hacer yo, todo el día, digo entre la campana para despertarse y
la campana para dormir?”
Si por un momento el par puede recordarnos a ese otro par de hablantes que
se expresa a dúo por una sola boca -Paolo y Francesca en el infierno— más
potente es el surgimiento de la deuda que presenta la identidad como algo diverso
a sí misma, habitada o invadida por la diferencia. Aunque de hecho Winnie habla
sola casi todo el tiempo, su lenguaje le viene desde un afuera constitutivo.
Nuestros signos nos atraviesan pero antes recorren ámbitos , juegos o actos del
lenguaje que instituyen derechos y obligaciones adquiridos quién sabe dónde ,
poco importa salvo que el saldo es siempre negativo ; somos deudores sin poder
jamás saldar este déficit . Cuánto de lugar común , de cliché , hay en toda palabra es
el incómodo memento mori que nos trae el texto de Beckett. Así, al recordar -
como la Francesca de Dante, aquel instante del que ahora es tan atroz hablar— el
tiempo de la pasión encendida, Winnie la amada dice:
"De oro, dijiste aquel día, al fin solos , cabellos de oro. "
Dos formas muertas del discurso retórico o catacresis: una hipérbole que la
obra se encarga de volver literal y una metáfora, que el segundo acto se encargará
de revivir, ya que sólo la cabeza (y el cabello) de Winnie quedará fuera del hoyo.
Todo signo es a determinar, a completar por la incorporación al intérprete en un
acto semiótico. Todo significado supone esta jugada imaginaria para insertar el
signo enuna acción futura, darle un objetivo posible, ponerlo delante de la mirada
interior para su eventual utilización en la vida.
Si no se puede contar con las palabras , quizá sólo queden las cosas, pero allí
nos aguarda una nueva frustración. Después de todo no son más que signos , cosas
que están en lugar de otras cosas, y ese infinito reenvío no tendrá fin... De esto
podría estar hablando Winnie cuando intenta precisar la naturaleza de unos
sonidos que escucha, y apoyada en lo que le resta de razón afirma que se trata de
"Cosas. En el bolso, afuera del bolso. Ah sí, las cosas tienen su vida ... las
cosas tienen una vida. ”
Días felices nos da a la vez la innegable sensación de que hay una burla
constante del aspecto básico del significado pragmático de los signos , del signifi-
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cado tal cual es asimilado por el cuerpo social en su conjunto , tal como lo digiere
usualmente para volverse parte de ese conjunto :
"El significado de un símbolo consiste en cómo aquel podría llevarnos a
actuar, donde el cómo' se refiere a una descripción de la acción en términos
de su finalidad. Para entender el pragmatismo, sostenía Peirce , uno debe
indagarrespecto a cuál puede ser su fin último, uno que es posible proseguir
indefinidamente . " (Carolyn Eisele , 1987: 92) .
El entendimiento colectivo ―al igual que Winnie desde su hoyo desolado- se
esfuerza denodadamente por dar con un marco histórico, asible, humano para
cada situación, incluso para esta situación de ninguna parte. ¿Por qué no la
cosmogonía cristiana que imaginó Dante hace ocho siglos? ¿Por qué estos dos que
hablan por una boca, la de la mujer, viviendo bajo una luz y un sol implacables ,
sacudidos por el espasmo regular de dos campanas, el comienzo y el fin de nada,
porque allí no hay tiempo , ni antes ni después? ¿Por qué estos dos no podrían ser
un nuevo avatar de Paolo y Francesca? Aquellos amantes malditos reaparecen
aquí, viejos y ajados , con un lenguaje saturado de banalidad pero con destellos de
metafísica. En lugar del conmovido oyente , están los silenciosos espectadores
modernos juzgando este holocausto escénico luego del holocausto mundano de
apenas quince años antes . Tampoco estos dos pueden reunirse y están condena-
dos a una conjunción que no es comunión pero que los hace inseparables testigos
de la miseria del otro.
Como último elemento de remisión a otros textos tomemos la escena del
encuentro de Winnie y Willie en el segundo acto, al final de la obra . Él está vestido
de gala pero es incapaz de levantarse como Gregorio Samsa debe quedar
doblado contra el suelo como algo animal, como no-humano, pero investido de
los signos para seducir— y ella por su parte no deja de alentarlo , exclamando su
júbilo por una visita tan galante . La clave es la de una farsa, la de una alegría y una
tristeza fuertemente obscenas, es decir, desubicadas, mal colocadas , porque sus
signos anuncian lo que el cuerpo luego no percibe donde esperaba recibirlo .
Fracasa la máxima pragmática y triunfa el absurdo , que no es sino la existencia de
signos que siguen su viaje a pesar del cuerpo, en contra de sus predisposiciones
naturales , es decir, sociales.
En el segundo acto, finalmente , se dice lo obvio sobre todas las obviedades que
los personajes no paran de enunciar, se trata de gente que no tiene nada que decir
pero que no puede parar de decirlo :
“Hay tan poco que uno pueda decir, uno lo dice todo . Todo lo que uno
puede. Y nada de verdad en esto, en ninguna parte ."
Más adelante lo reitera así:
"No puedo hacer más nada . Decir más nada. Pero debo decir más.”
Beckett lo plantea más explícitamente en su trilogía novelística (Molloy. Malone
dies y The Unnamable):
“La búsqueda de los medios para poner un fin a las cosas , un fin a la palabra
es lo que vuelve posible que el discurso prosiga. "
Sobre ese efecto de heterogeneidad constitutiva propio del discurso, ese
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ventrilocuismo que hace que los signos nos hablen a nosotros tanto como nosotros
los hablamos a ellos , el narrador señala:
"De dónde vienen estas palabras que brotan de mi boca, y qué significan ... y
uno escucha, sin razón, como uno siempre ha escuchado porque un día
empezó la escucha, porque no puede detenerse."
"Uno empieza a mover las cosas sin pensar siquiera en cómo pararlas . Para
hablar . Uno empieza hablando como si fuera posible parar a nuestra
voluntad . "
Si volvemos a Días Felices, un aspecto recurrente es el tiempo , no el histórico,
claro (datos determinados sobre llegada, partida, nacimiento) , sino un tiempo
irreal, un deseo de escapar del tiempo ; pero como el lenguaje por su estructura
misma nos obliga a usar y hablar del tiempo, hay que seguir haciéndolo, estamos
condenados a encuadrarnos en esa categoría lógica y afectiva, así lo expresa
Winnie:
"Me peinaré después, más tarde, muy simple , tengo todo el tiempo del
mundo... Curiosa expresión. ¿Se dice así? Willie, ¿se puede decir que
tenemos todo el tiempo del mundo? ¿Tú dirías , Willie, que tienes todo el
tiempo del mundo?"
No es una ironía menor que aun dentro de una corriente teatral conocida como
del “absurdo”, de todos modos impera, tiraniza la razón . Los signos de Beckett
arman un racional modo de derrapar sobre la razón. Los signos poseen su lógica
implacable, inescapable.
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En un ensayo apropiadamente titulado El arte como técnica se enuncia el
manifiesto formalista que habrá de dictar el curso de mucha escritura , pintura y
escenificación europea a lo largo de este siglo:
"El arte existe para que uno pueda recuperar la sensación de la vida; existe
para hacer que uno sienta las cosas , para volver a la piedra ' pedregosa' . El
propósito del arte es impartir la sensación de las cosas tal como son
percibidas y no como son conocidas. La técnica del arte es volver a los
objetos extraños (ostranenje), hacer las formas difíciles, aumentar la difi-
cultad y el largo de la percepción, porque el proceso de percepción es un
fin estético en sí mismo y debe ser prolongado. "
Mientras que la ciencia de la semiosis considera esta pérdida como la única vía
de mantener el sistema abierto a nuevos aportes, la automatización del sentido es
el enemigo de la vanguardia. La mímesis clásica busca que los interpretantes se
disuelvan en los signos " de la vida misma"; en la mímesis de Beckett el objetivo es
que el interpretante de los signos sea de modo explícito y tematizado otros signos
percibidos como tales. La dificultad, los callejones sin salida del mythos en Días
Felices (qué están haciendo , dónde irán luego, etcétera) nos obliga a detenernos
en los signos mismos que parecen burlar su función familiar, su cuerpo familiar tal
como lo asimilamos (literalmente ingerimos) a diario, y forzar nuestra mirada hacia
donde habitualmente no desea ir: a los bastidores , al tácito contrato que hace
posible el eficaz mecanismo de la semiosis social . Dos ejemplos pictóricos se me
ocurren para ilustrar esta torcedura del sentido . Uno es esa Disneylandia Atroz que
pintó Hyeronimus Bosch en el tríptico El jardín de los placeres terrenales. La vi-
vacidad polícroma del conjunto es traicionada en una inspección detenida y más
próxima por lo siniestro -en el sentido de no -familiar o unheimlich, como lo usa
Freud- de personajes y acciones. Otro es el grotesco frutal o zoológico con que
Arcimboldo cautiva la mirada que retrocede luego espantada o defraudada al
comprobar que es un cúmulo imposible de objetos despojados de humanidad lo
que vio (¿soñó?) como un retrato humano. Ambos pintores jugaban a la
desautomatización, a burlarse o carnavalizar las leyes que por su regularidad y alta
probabilidad adormecen los sentidos, de tal modo que, más que mirar, apenas nos
notificamos de un fragmento y sabemos o anticipamos el resto sin mayor esfuerzo.
Pero lo que es eficacia y economía en el universo cotidiano, se vuelve para la
vanguardia (un anacronismo retrospectivo claro en el caso de Arcimboldo y de
Bosch) en uninsulto, un desafio. En el lenguaje hablado corriente , señalaba Sapir,
no escuchamos ni percibimos los sonidos como tales, sino tan sólo una abstracción,
los fonemas o unidades pertinentes del código, " los sonidos, esas unidades
fundamentales del lenguaje" han sido vaciados (Even-Zohar, ob.cit . : 348) . De no
ser así, señala este especialista, " la comunicación sería casi imposible" . Es un
vuelco romántico de la imaginación el volver la orientación comunicacional
-llamada Einstellung por Roman Jakobson en su ya clásico esquema funcional
del lenguaje hacia el propio signo, potenciar atención y tensión del destinatario
hacia lo que es comúnmente apenas mediación, una ancilar función de relevo
entre lo mundano, lo que no es signo y nosotros . Por eso la fuerte renuncia a que
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los signos presentados sirvan como mojones , como meros indicadores o
identificadores , esos que normalmente pretendemos mantener dentro del mayor
sigilo . El tratamiento por el absurdo de Beckett hace que no haya un signo que
actúe como sumiso sirviente.
¿Cuál es el balance de esta operación semiótica típica de la vanguardia y,
específicamente de Beckett, en Días Felices ? El resultado final es que otras fun-
ciones además de las originalmente concebidas para el código y sus regularidades
pueden ser cumplidas por estos signos desautomatizados o extrañados. Interesa
señalar que “estas funciones son introducidas en el mensaje a pesar del código y
no en congruencia con él” (Even-Zohar, ob. cit .: 348) . La semiosis se vuelve
espectacular, un espectáculo en sí misma, una vitrina proteica que nos deja atisbar
su modo de actuar sobre el mundo , sobre nosotros como los sujetos del lenguaje.
Una vez perdida esa transparencia que permite vadear del signo al mundo sin
pensarlo, cada parcela de sentido aparece como un terreno a explorar, un desafío
al cuerpo que nunca está listo para esto.
El impacto dramático de Días Felices es un viaje hacia la tierra de la ostranenje
preconizada por Shklovsky para el arte y buscada por la vanguardia artística desde
principio de siglo. Por eso cada signo nos obliga a rever, revolver y reaprender su
sentido, y también nuestro cuerpo, ya que la máxima pragmática ha previsto,
pretrazado, cierto camino imaginario en él sobre la base de los signos usuales ,
usados . Estos signos extrañados de Beckett nos desrutan, desvían el metabolismo
familiar hacia sitios impensados. Doble perversión o desafío de un texto que reúne
los dos caminos de representación occidental, sin permitirnos decidir cuál de ellos
es el primordial; que nos espera con su nutrida batería de lugares comunes, y
dentro de estos los más ínfimos: frases , construcciones y gestos , sin que podamos
considerarlos un "habla pequeña” y deleznable. Días Felices desde su título mismo
es un crucero siniestro y transversal por opciones que ya había tomado la cultura
durante siglos -o luz plena y uniforme a la manera épica homérica, o claroscuro
perspectivado al modo épico bíblico-y una opacificación de los signos , hasta de
los más leves y obvios que proponen como sus problemáticos interpretantes su
propio estatuto sígnico.
Referencias
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ESPACIO
Agradecemos a la revista ELARQA por la gentil
cesión de las fotografías.
Créditos: p . 69, Carlos Pazos y José Pampín;
p. 79, ELARQA Nº 4 ( set. 1992); p . 85, Gerald
Zugmann.
ENTRE SIGNOS DE ASOMBRO
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
comunicación ← indicación
significación
63
categorías a lo largo de un eje de tensitividad, es decir, de la carga emotiva que
vuelve a un tiempo sinónimo de la plenitud y de lo memorable , mientras que el otro
aparece como mera espera y olvido . En la casa de temporada sólo se pasa una
pequeña fracción del año total, de lo que se contabiliza como tiempo de vida
normal . Ese tiempo global lo podemos llamar crónico (del griego chronos =
tiempo mensurable), un tiempo que es del orden de lo contabilizable , de lo que
se mide y calcula . Está hecho de una sucesión de fragmentos idénticos entre sí
según una convención. Es la temporalidad del trabajo, de la rutina, de las
obligaciones, materia prima esencial de toda burocracia estatal y de la
burocratización de la vida privada . De ese tiempo crónico se pasa apenas un sexto
o poco más promedialmente en la casa de afuera . Primer escándalo de la razón
(práctica) . Sin embargo se vive allí mucho del otro tiempo, el de la oportunidad,
el que no se debe dejar pasar. Tiempo fuerte éste que designamos con su nombre
clásico de kairos (griego para ocasión, oportunidad, sazón) . La fuerza de este
tiempo estriba en su condición de memorable , de establecer una ruptura con la
normalidad. En él suceden bodas, lunas de miel, viajes de placer y, por supuesto,
vacaciones en la casa de temporada. No está compuesto por trozos iguales y
repetibles al infinito, sino por un máximo de expectativa, una alta tensión y una
pasionalización del espacio. La locución corriente nos habla de "irse para afuera"
(sal-irse de sí?) . Se trata de abandonar la cronicidad para ingresar a la
excepcionalidad del kairos. He ahí la transgresión del sujeto: se cambia de bando,
deja su ser ciudadano y adaptado a las normas de la polis donde trabaja , vive y
sueña, para vadear hábitos y vestimentas cotidianas y así acceder a otro espacio,
con otro tiempo. Vamos ahora a ver qué pasa con la construcción misma donde
transcurre el kairos veraniego.
Tanto en la demanda del cliente como en la propuesta del arquitecto para la
casa de veraneo se da el reencuentro no fortuito entre naturaleza y cultura . La
formulación de deseo y proyecto arquitectónico tienen fuertes rasgos míticos , en
el sentido que le asigna a " mito" el antropólogo francés Lévi-Strauss. Según un
estudioso de su obra:
"En la perspectiva de los mitos, el término mediador reúne sin
amalgama o confusión la naturaleza y la cultura (...) El término medio
tiene pues una posición privilegiada, ya que es a la vez el lugar de un
desvío entre la naturaleza y la cultura, y el de su unión . No se trata
pues de una intersección entre naturaleza y cultura, sino más bien de
la conjunción de estos dos elementos : lo que representa, a este nivel ,
un término complejo." 7
La casa de temporada sería precisamente el intento arquitectónico de reconci-
liar los extremos, de apaciguar la ansiedad que producen los términos opuestos
que la lógica no mitológica cotidiana mantiene rigurosamente separados . Su
construcción y ubicación dramatizan un deseo de reintegración al orden natural
que por supuesto, no puede cumplirse del todo . Sin embargo, en relación con la
vivienda permanente, ubicada en la antipoda de lo natural por ser la definición
misma de la urbanidad humana , del esfuerzo civilizatorio por conjurar el caos, la
casa de afuera se posiciona en un lugar intermedio, como el mito es un "término
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mediador". Ni totalmente urbana, ni salvaje del todo, delimita un espacio de
nuevas posibilidades , de otros significados con respecto a lo cotidiano. El proyecto
arquitectónico parece responder a un intento de " mirar cara a cara” ese reino al que
el hombre ha renunciado para volverse lo que es, como plantea Cassirer. Ilusión
de in-mediatez, de instalarse en un universo físico no colonizado por el orden
simbólico. En eso consiste la transgresión como instauración de un mito, el del
retorno a los orígenes, al que aspiraba Rousseau para “el hombre de la naturaleza”
que debía remplazar al hombre social, "el hombre del hombre".
Del mismo modo en que en una fotografía una modelo semidesnuda puede
verse como una representación en la que “el desnudo es concebido como una
instancia de mediación entre lo natural y lo cultural (pues) él sostiene un discurso
mítico al hablar de una posición de equilibrio entre los contrarios reconciliados
que son la naturaleza y la cultura" 8, la casa de veraneo mitologiza la existencia. Ni
desnudez edénica , ni ropaje según el decoro vigente , la modelo nos seduce por su
oscilar entre dos mundos. Entre lo libre/espontáneo/suelto y lo construido/
armado/normatizado, la casa-de-afuera instaura un espacio de deseo singular, el
deseo de ser- otro, un turista en su propia tierra . Es también la abolición de la
conducta sedentaria; se está allí de paso, se revalora el entorno que en la vida
cotidiana se olvida, mediante la necesaria anestesia- o apaciguamiento de los
sentidos , para que prime el Sentido, buen sentido o sentido común que des-
ocupa al individuo para que pueda ocuparse de otros aspectos centrales para su
existencia (trabajo, familia, pareja, esparcimiento, etcétera)—.
En la casa-de-afuera todo cambia, empezando por sus habitantes . Ropas, gestos y
horarios han de re-ajustarse para transgredir lo normal sin caer, empero, en la
anomia. Módico strip-tease de las costumbres, no permite jamás ver aquello cuya
promesa atiza al máximo el deseo, deseo imposible de dar con lo otro, y salirse de
sí. Proponemos ahora un esquema que modeliza semióticamente estos elementos
irreconciliables que por arte de un tiempo fuera del tiempo (=verano para
vacaciones) y de un lugar fuera del lugar (=casa para veranear) aspira a escapar de
la dicotomía que encierra los días y los trabajos del hombre contemporáneo.
TERMINO MEDIADOR
casa de verano
IMPLICACIÓN IMPLICACIÓN
OPUESTOS
no-cultura no-naturaleza
salvaje urbano
existencia nómade existencia estable
borariosfluidos borarios rígidos
yfisiológicos y burocráticos
sin obligaciones obligaciones varias
vestimentas libres vestimentas obligadas
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La primera transgresión tiene que ver pues con el advenimiento del “ reino de
la posibilidad" al decir de Cassirer' que neutraliza la dicotomía necesidad vs.
simbolismo, los límites animales y los humanos son trascendidos por la utopía de
un lugar más allá de lo cotidiano. Claro que entre la (supuesta) realidad a secas, y
el sueño ilimitado prosigue su viaje incesante de conexión lo simbólico, los
códigos que recuerdan e instruyen silenciosamente sobre los márgenes de lo
deseable y placentero para los hombres en cada época y lugar. Quincha, ladrillo
visto o estuco, no es sólo el valor ergonómico ni el estético lo que mueve al hombre
a optar por uno u otro elemento de construcción , sino el que estas materias inertes
han sido semiotizadas, ubicadas en clases excluyentes dentro del sistema arquitec-
tónico.
66
"Seleccionando entre varios útiles con utilidad diferente pero todos
los cuales sirven para ejecutar una operación determinada aquél del
cual uno se sirve efectivamente para ejecutarla , se elige al mismo
tiempo unaforma particular de concebir esa operación. " 10
Para Prieto el útil es la formación o vehículo sistémico del sentido o utilidad.
El útil no es aún la casa de veraneo construida, artefacto concreto y tangible, sino
un conjunto abstracto que integra el catálogo cognitivo de técnicos y usuarios
(chalé, cabaña, apartamento con servicio, etcétera ) , la utilidad, por su parte , es la
operación también en abstracto- que dicho útil permite llevar a cabo, en este
caso vivir durante la temporada (y no albergar una colonia infantil de vacaciones ,
por ejemplo) . Para lograr la meta deseada, la operación, hay varios útiles disponi-
bles , pero tal como estipula el fragmento enfatizado en la cita, hay siempre dos
elecciones, la segunda es de tipo connotativo o ideológico . Mientras que habría un
elemento de casi-necesidad en el qué operativo, una protección necesaria del
afuera, hay un movimiento imaginativo en el cómo realizativo .
Basta con dar una rápida mirada a la rica gama e viviendas de veraneo que
coexisten en el Uruguay de los noventa, para percibir el fuerte contraste de las
ceremonias actuales del habitar la casa de temporada con las del " paisito”, el
universo sociopolítico uruguayo según Batlle y Ordóñez que conoce su apogeo en
la década del cincuenta.
En el reino de la mesocracia -como describe la sociedad de entonces Real de
Azúa― la casita de temporada era una encarnación de un país que se percibía a
sí mismo como "la Suiza de América”. Qué mejor manera de connotar esa
autopercepción que edificando chalés estilo francés o suizo. Las tejas que cubrían
los techos de dos aguas, sobre paredes prolijamente pintadas de blanco constituian
la visualización arquitectónica de una ideología medianizadora y moderna . Esta
tenía como ideal supremo el ingreso a una módica clase media, empleo público o
bancario mediante, sin mayores sobresaltos para el resto de la existencia.
Dentro del imperio laico de José Batlle y Ordóñez estos chalés a la suiza o al
estilo de la Costa Azul francesa revelan el espacio mítico dentro del cual se
ubicaban los relatos legitimadores de aquel momento para los uruguayos. La
relación con la naturaleza era de franca oposición : ella ahí y la casita acá. Se trataba
de abrirse un claro, de destacar el rasgo de supremacía occidental, europea, por
encima del entorno natural. Hoy, a ochenta años de fundado el Uruguay moderno
y casi cuarenta del inicio de su decadencia, la ideología vigente es muy distinta:
nuevos tiempos implican nuevas ceremonias . Con respecto a aquellas connotacio-
nes, las actuales viviendas de temporada son evidentes transgresiones, implican
por su tipología y materiales un abandono del universo mesocrático, del prolijo
ordenamiento suizo-francés.
La opción de la chapa acanalada (Lámina 1 ), por ejemplo, para una construcción
clase media la emparenta con el rancho pescador, con una vivienda permanente
y de tipo proletario . Lejos de intentar di-simular el útil elegido, los responsables del
67
proyecto afirman que han buscado " la explotación de los materiales en sus cua-
lidades físicas y formales reafirmando, con un tratamiento de colores, las diferentes
texturas, dimensiones, etcétera". Otro tanto podría decirse del bloque Antisonit
empleado con frecuencia creciente . El estudio sistemático de lo ideológico
coincide con el campo de las apariencias y de la persuasión , objeto de la antigua
Retórica. Dentro de este dominio no vale la oposición de lo verdadero y lo falso ,
sino la de lo verosímil y lo no verosímil . Verosímil es aquello cuyo aspecto nos
convence de ajustarse a lo que es, aunque no lo sea, en definitiva es lo creíble. La
chapa y el bloque son hoy creíbles como materiales para una vivienda de
temporada clase media. Transgreden el ladrillo y la teja mesocráticos, para
instaurar otro espacio dentro del imaginario social uruguayo . Es la simpleza y
despojamiento buscados cuidadosamente en algunas resoluciones arquitectóni-
cas de Cabo Polonio o Valizas por individuos de la clase media.
El tipo de razón o motivo que planteamos en esta sección nunca o casi nunca
es consciente en el arquitecto o el usuario. La ideología es una suerte de
inconsciente político, es la voz poderosa pero discreta de la polis que dictamina lo
que es verosímil en un momento dado . Así leemos que para la cabaña ubicada en
Laguna del Sauce (Lámina 2) el proyecto tomó esa forma/ceremonia con "la in-
tención expresa de mimetizarse con el paisaje en cuanto al color y materiales".
Nada dice de la ruptura o transgresión con respecto al canon mesocrático, sin
embargo sólo se puede comprender este diseño al enfrentarlo al chalecito del
apogeo modernizador. El material del cerramiento superior, la quincha, es otra
apropiación de algo expulsado por el verosímil anterior, los materiales del rancho
proletario rural . A pesar de que se habla de “simplicidad en la construcción", no hay
nada de simple en la connotación . El valor semiótico de la quincha para el
habitante de campaña es completamente diferente del que tiene para el habitante
veraniego. El primero no intentaba mimetizarse con lo natural ; el segundo , de
acuerdo con el mito propio de la vivienda de temporada, sí. La opción por
materiales "pobres " debe evaluarse tanto económica o ergonómicamente como
desde el punto de vista ideológico . Por esta solución soplan aires de movimiento
ecológico, de búsqueda de "raíces" y de intento de alejamiento espiritual de
antepasados europeos . Existe el deseo evidente de que el entorno deje de ser el
decorado estático que realza los valores de la vivienda de veraneo , para fusionarse
discretamente con los nuevos valores naturales.
Un rasgo prominente de esta casa de temporada son los pilotes sobre los que
se eleva del suelo. La razón esgrimida es doble: " alejamiento de alimañas y otros
animales,(y) mantener vistas a la laguna previendo futuras construcciones por
delante". Sin poner los motivos en tela de juicio, cabe señalar que habría muchas
maneras de llevar adelante esta doble operación, muchos útiles posibles; la opción
Se trata de los arquitectos del Estudio Vértice . Imágenes y texto aparecen en la revista
de Arquitecura y Diseño ELARQA, Nº 1 , 1991 .
..
Remito al mismo texto, esta vez se trata de los arquitectos Lucía Rubio y Marcelo
Viola.
68
Lámina 1
Casa en La Paloma
Lámina 2
Casa en Laguna
del Sauce
Lámina 3
Casa en Pinares
69
tomada determina que la vivienda tenga un look exótico , “ polinesio”. Se crea así
una suerte de oxímoron o antítesis visual: el uso de la quincha que connota lo
telúrico, originario de esta zona del mundo, y el uso de un diseño del todo ajeno
al entorno construido autóctono . Este contraste es un buen ejemplo del doble
movimiento ideológico de lo cosmopolita no-europeo y de la revalorización del
“terruño”. El imaginario social mesocrático de los años cuarenta o cincuenta
difícilmente hubiera tolerado una propuesta de esta clase , alimañas y vista
hubieransido resueltas de un modo muy diverso, aunque los materiales empleados
estaban disponibles en ese momento .
Por último, una referencia mínima a otra cabaña de quincha (Lámina 3 )˚ . Vale
la pena destacar la descripción, suerte de lenguaje sobre el lenguaje, que dan los
responsables . El planteo "adopta el lenguaje común (de otras cabañas con techo
de quincha) y se intenta simplificarlo, sin ocultar los prismas de ladrillos que
configuran la geometría del proyecto" . El frente de la casa tiene un alero consti-
tuido por la caída del quinchado apoyado en pilares de madera. De nuevo la
explícita alusión al rancho autóctono, vía el imaginario actual. La búsqueda de lo
primitivo, de lo intocado , en nítida oposición al anhelo mesocrático de educar la
naturaleza, aun en vacaciones. Incluso cuando los materiales empleados son los
mismos que en la época de la "tacita del Plata", los designios del sentido no lo son:
"El ladrillo, la piedra bruta, la madera y la quincha se utilizan en volúmenes ma-
cizos y despojados” (énfasis agregado) Tal es el procedimiento semiótico de la
ceremonia, la sombra que describe el novelista como inseparable de la piedra con
que se edifica. Se recurre al ladrillo pero se lo desea "macizo , despojado", ¿privado
de qué? De la alusión meta-arquitectónica al mundo francés o suizo del universo
mesocrático. No es ya la cabaña alpina o la casita de Cannes el punto de referencia
al que se orienta el estilo elegido. Hay una búsqueda expresa de nuevas coordenadas
culturales , de otro espacio dentro del imaginario social uruguayo. Nada de esto es
consciente o voluntario (necesariamente), al menos en los términos planteados
aquí, pero esto no lo hace menos importante o influyente en los deseos de
arquitecto y usuario.
No es lo mismo diseñar una casa de temporada para quienes viven en un lugar
llamado " como-el-Uruguay- no-hay", que para los que se ubican en el país de la
crisis y el desencanto . De eso trata la ideología en los términos en que fue definida
aquí, ideología tan presente en el discurso político como en la vivienda o en la
vestimenta de la gente . Es bueno buscar los síntomas del cambio histórico en estas
incursiones arquitectónicas en el posbatllismo. Desde la concepción del estado
providencial que aseguraba o al menos prometía— una casita afuera al sujeto
mediano, hasta el actual descalabro financiero y notorio recambio de actores
sociales, se llega al cambio de textos legitimadores de las ceremonias vigentes.
70
EPILOGO
Referencias
1. Giono, Jean, Que ma joie demeure cit. en , The Dynamics ofArchitectural Form, R.
Arnheim , University of California Press, Berkeley, 1977, p.209.
2. Prieto, L. J., Estudios de Lingüística y Semiología Generales, Nueva Imagen, México ,
1977 ,p. 172, énfasis agregado.
3. Marshall, L. “Kung Bushmen Bands”, Africa, Vol. 30, Nº 4, 1960, pp.342-3 ; cit. en The
Semiotics of the built Environment, Donald Preziosi , Indiana University Press,
Bloomington, 1979, p.5 .
4. Preziosi, ob. cit. , ibid.
5. Cassirer, Ernst , Antropología Filosófica, Fondo de Cultura Económica, México, 1945 ,
pp.47-48, énfasis agregado.
6. Preziosi, D. , ob. cit. , p . 77.
7. Courtès, Lévi-Strauss et les contraintes de la pensée mythique, Mame , Tours , 1973 ,
pp. 65-66, énfasis agregado.
8. Floch,J. M. , Petites mythologies de l'oeilet de l'esprit, Hadès-Benjamin , Paris, 1985, pp.34 .
9. Cassirer, E. , ob . cit . , p.91 .
10. Prieto, L. J. ob. cit. , p. 170 , énfasis agregado.
11. Boullée, Etienne-Louis, Architecture . Essai sur l'art, cit. en Rudolph Arnheim ,
ob. cit, p. 258 .
71
ESPACIOS DECONSTRUCTIVOS
Había una vez una dilatada comarca en la cima de cuyo monte se elevaba un
inmaculado edificio blanco con columnas . Su blancura irradiaba como un signo
inconfundible del espíritu de aquella gente, de su pureza. Tan potente era este
signo de lo trascendental-incoloro que su influencia llegó hasta lejanas regiones
donde bancos y recintos del poder más alto fueron erigidos en torno a él, como lo
testimonia la pompa del palacio de leyes montevideano. Homenajes de la polis
moderna a este grandioso signo arquitectónico de lo marmoreo impoluto. Hasta
73
que un día, la extraña y perversa sugerencia de un hombre puso este tranquilo y
límpido universo patas para arriba . La cuna de la civilización grecolatina no habría
sido levantada sobre la ejemplar blancura del mármol sino encima de una
policroma superficie , tal como indicaban nuevos indicios del pasado.
Peor aun, para el sentido común, fue la constatación de que el ser humano no
habría satisfecho etológica y fisiológicamente sus necesidades de habitar, para
luego, mucho después , ornar las superficies de su vivienda . Este nuevo relato
sostenía que “el espacio emerge con la idea de la casa, y las casas son un efecto de
la decoración". (Wigley, 1991 ) . Así en un registro de fábula y contra -fábula, resumo
las ideas del teórico de la deconstrucción del espacio, Mark Wigley, sobre el nuevo
“paradigma de la arquitectura” propuesto por Gottfried Semper en el siglo XIX, a
raíz de ciertos hallazgos arqueológicos . Una venerable tradición arquitectónica
—casi podría decirse un puntal en la arquitectura de lo social-entra en crisis luego
de la aparición de los templos polícromos . A la pregunta sobre si esta pintura era
un accidente , un inútil ornamento que opacaba la idealizada blancura, indisociable
del legado heleno, Semper no duda en responder, deconstructivamente, que el
mármol no fue usado por su radiante e inmaculada blancura, sino que el mármol
habría sido elegido como material “porque podían pintarlo mejor” ( ibíd.).
Tal como lo plantea el acápite de esta sección, para Semper, lo ornamental no
sólo no sería criminal, como luego diría Adolf Loos, sino que estaría en el origen
mismo del espacio llamado interior. Lo cóncavo-habitable no sería más que la
consecuencia de las externas texturas de fibras vegetales , tejidas a mano primero,
y luego suplantadas por pigmentos , con que el habitante creaba una semiosis
espacial. Esta idea deconstruye el credo unánime de todos los que se creían
herederos de la pureza marmorea griega. La máscara puede ser más profunda que
el hueso, o como lo dice Wigley (ibid.) ,
“Un interior no es sólo físico sino una cuestión de representación. El
espacio es una superficie , la idea de lo interior no es física, sino una
idea social con la máscara de superficie ."
Deconstruires , en esta versión que adoptamos como buena, la desnaturalización
de la trama social, en este caso el potente canon basado en la blancura del material,
de lo espiritual y de lo profundo como la esencia divina del hombre . Lo contrario,
su caída de la gracia, estaría en las máscaras que esconden el alma, los gestos
inútiles, los afeites ya sea humanos o tectónicos que di-simulan la verdad/lo na-
tural o que simulan virtudes inexistentes/no naturales . Recurriendo por última vez
a la exposición de Wigley, quiero presentar una visión heterodoxa, no canonizada,
de la arquitectura. Esta deconstrucción de lo arquitectónico no se limita a un estilo
o grupo de autores, sino que encuentra como momento de extrañeza en el corazón
mismo de esta actividad tan estrechamente asociada a lo más familiar del hombre,
la gestión tecno-artística para vivir en algún lado de algún modo:
"El arte de la arquitectura es el arte de disimular el material, no la
escena del material. "
Hacer arquitectura y vivirla serían, desde esta visión deconstructiva, algo muy
74
cercano a tener una identidad, a ser alguien . Uno mismo no es alguna esencia
natural, supra-semiótica y ajena a la interacción social , como bien comprendió el
microsociólogo Erving Goffman. Sin nuestras máscaras de vida, la vida no sólo
sería intolerable, sino inviable. No se trata de hipocresía, como tampoco la
primacía del ornato es frivolidad; en ambos casos son los signos que nos limitan
y vuelven posibles como seres en un espacio y tiempo para compartir:
“Una escena correctamente armada y actuada lleva a la audiencia a
imputar un sí mismo (self) al personaje actuado, pero esta imputa-
ción, este sí mismo, es un producto de una escena lograda, y no una
causa de ésta.” (Goffman, 1959: 253).
Deconstruir el espacio interior nos condujo a desarmar ese otro objeto sagrado
que es la persona que vive en él. Ambos, espacio y sujeto, orgullosos poseedores
de una sustanciay de un espíritu , parecen oscilar ahora, de modo indecidible, entre
lo real y lo ilusorio. Entre ambos mundos se levantan los signos constructores del
sitio habitado y de la identidad ocupada.
75
moderno- occidental . Se trata de recrear levemente el punto cero del pensamiento
que con orgullo todavía llamamos nuestro, en las postrimerías del milenio y de las
certidumbres legadas por aquellos juglares del logos mediterráneo.
Se trata del interior de una sala de exhibición de muebles en Houston, Texas.
La escenificación arquitectónica nos pone en la duda: contemplar estas telas o
considerarlas. Entonces se instala esta visión humorística sobre el capitalismo
tardío, que vuelve la exhibición de bienes de uso, ya consabidos como bienes de
cambio, en bienes de culto. La propuesta de Graves constituye la espacialización
de un auspicio, esa costumbre que hoy asociamos a la publicidad y los medios
masivos. Auspiciar era para los romanos el tipo de presagio que se tomaba a partir
del vuelo, del canto de los pájaros y del modo en que ellos comían (latín auspicium:
avis, ave y spicere, examinar) . Cuando hoy se dice estar "bajo los auspicios de
alguien", significa estar bajo su protección, contar con su apoyo . Semejante es el
significado del inglés sponsor. Su origen lo vincula con el padrino o madrina, la
persona que se hace responsable por otro; derivativamente significa el que
publicita y así paga por una emisión televisiva en la que se cuenta, muestra y canta
las virtudes de sus mercancías y servicios . Lo que hace hoy un auspiciante o sponsor
televisual es financiar la mirada atenta de los espectadores, un don de la vista
regocijada (contemplación) a cambio del don de la vista ocupada (consideración) .
Poreso lo apropiado del lugar armado por Graves . En el templo del consumo, qué
mejor que ritualizar el moderno rito del mirar, que propiciar con grandilocuencia
irónica el admirar de quienes acuden con ese fin a este comercio.
Estamos ante una disposición de columnas que sugiere un rito de pasaje, un
ritual de entrada que hace vacilar a quien llega allí entre el negocio y el ocio, el
recogimiento espiritual y el exhibicionismo del sí mismo a través del consumo
ostentoso, de la adquisición de una virtud que sea fiel reflejo de lo “ interior”,
invisible y por eso mismo valioso y necesitado de vías expresivas . Ni exterior ni del
todo funcional, este juego de columnas, pilares, superficies polícromas en tensión,
propone un lugar que no es sagrado como el templo ni mercantil como el banco.
Se trata entonces de auspiciar un mirar diferente, intenso . La actitud que este signo
para cuerpos en acción vuelve posible es la que antes propiciaba el museo. No
hace falta ser apocalíptico ni siquiera metafórico para hablar de un museo en la
"época de la reproducción mecánica” y así evocar a ese lúcido pensador de lo
moderno tardío que fue Walter Benjamin . Si el arte pre-moderno, como Benjamin
sostiene , era ante todo la experiencia intransferible del aura, el estar-ahí- con-el-
otro no condicionado -sea en el lugar mágico cercado de menhires (Stonehenge)
o en la nave de una catedral-, la esteticidad difusa de nuestro tiempo procura el
éxtasis de lo exhibido para muchos simultáneamente en infinidad de sitios . Sólo
así se explica la referencia obsesiva a lo exclusivo en vestimenta , lo "en vivo y en
directo" para espectáculos del todo ajenos al sudor y a la arena de la inmediatez
y lejanos en enormes distancias, pero compartidos por la técnica plana de la
imagen de pixeles.
76
EL ESCENARIO OSCILATORIO DEL SENTIDO
El nuestro es un mundo sin aura original pero con más ansias que nunca de la
experiencia de lo auténtico , de lo intransferible . Ese es el sentido que corona las
columnas sin coronar de Michael Graves. Darle trascendencia a aquello que por
definición no la tiene, huir aunque sea un instante de la fétida amenaza del kitsch
que acosa todo intento servicial de conservar los valores-imperecederos -del-
patrimonio-occidental . Este fue el grito de batalla que unió a personajes de tan
dudosa reputación como Hitler y Mussolini en su anhelo de una arquitectura
ciclópea en la que inmortalizar lisa y blancamente sus ansias de poder.
La columna es citada por Graves como el signo inevitable, venerable y temible
del sitiopara sentir emociones memorables. Aquí, sin embargo, ese significado es
puesto a vibrar en un flujo constante entre lo solemne-sacro y lo burlón-subversi-
vo. Colores , volúmenes, formas y un lugar para contemplar/considerar de modo
indecidible es el concepto vivido y hacia el que apunta este signo del lugar
habitado transitoriamente por miradas que pronto serán solicitadas por nuevos
espacios sacro-mercantiles. De ese modo el sujeto busca organizar su módica
utopía del confort, la última promesa de la felicidad dentro del imaginario
judeocristiano.
Si el mundo siempre fue y será un escenario, desde el renacimiento o quizá
desde mucho antes, desde los tiempos en que en un gran estadio colmado, atento
y heleno, se dramatizaba el dolor de ser, según guiones de Sófocles y Eurípides ,
por qué no montar a fines del siglo XX un espectáculo para espectadores sin
solución de continuidad con la escenografía de la cuna occidental . Las columnas
oficiarían de económica sinécdoque, la figura de la parte por el todo que recrea, o
mejor, escenifica el instante clásico de la interpretación . Ellas mismas son ejemplo
de sinécdoque: su capitel está trunco , desaparece con discreción en un plano
horizontal, con anónima claridad en el caso de las cuatro columnas mayores,
apareadas, dispuestas adelante, y con estruendo azulado en el caso de las menores
dispuestas atrás. Tampoco hay astrágalo o ábaco: su ausencia nos deja ante un
cuerpo cilíndrico, ascético, moderno . Una cita incompleta del modelo, una
evocación elíptica. El fuste, ascético, como una esencia mínima de la tradición
helena, se permite el juego de volumen y altura , duplicadas en las que primero
encuentra el visitante . Por último, el plinto también se inscribe en este juego de
diferir lo auténtico y contar con la expectativa oscilatoria. No es la clásica base
cuadrada sobre la cual la base se apoya y enmarca la columna . En un caso se trata
de una plataforma de madera, obviamente ajena al diseño de lo que sostiene . En
el segundo caso, se trata de una saliente de la pared que sirve de apoyo a las
77
columnas más delgadas. Al mismo tiempo este plinto-pared sirve para subrayar la
inutilidad funcional de las columnas más delgadas . Ostensiblemente es la pared,
más gruesa ynotoriamente rectangular -en nítido contraste con la sección circular
de la columna— la encargada de soportar esa bóveda.
Por fin, la bóveda coloreada en rojo, azul y blanco juega a ser y no ser
arquitrabe , friso y cornisamento . Modulación cromática y morfológica de
discontinuidades que como las capas de una cebolla promete tras cada caída
develar la esencia secreta de la cebolla, pero sólo consigue aumentar el desencanto
de quedarnos con las manos vacías en nuestro viaje hacia la verdad. Así opera todo
signo, así la semiosis que es la acción de los signos en cada instante . Pretender
llegar al último sentido es como querer acceder al corazón de la cebolla semiótica,
levantar el último de los telones que se interponen entre nuestra mirada y la matriz
semiótica, pero todo signo re- envía a otro signo que a su vez... Y así indefinidamen-
te . Como bien lo plantea un especialista en Peirce:
"Para la semiótica de Peirce no hay ni un más acá (el intérprete ) ni un
más allá (las cosas) del signo: el objeto es dimensión sígnica y un
signo él mismo. " (Gérard Deledalle , 1979: 89).
El interior diseñado por Graves parece poner en escena el diferir interminable
de un sentido prometido y siempre entregado parcialmente, ya que siempre queda
algo por develar, por revelar. Ese resto o remanente del sentido es lo que mantiene
la semiosis en vilo: el significado no puede agotarse ni en una vida ni en todas las
que coexisten a la vez, viaja proteico en el tiempo, en el cuerpo y en el espacio
colectivo . Nuestros signos de cada día , como las columnas empleadas y citadas por
Graves vienen desde muy lejos , desde los menhires que levantaban un espacio
mágico, y llegan hasta la skyline de la metrópolis soñada a principios de este siglo
por los modernistas de toda estirpe.
79
podemos contemplar la destrucción sádica y seguramente seductora en la era de
la reproducción mecánica que causa el Guasón junto a sus secuaces en un museo.
El Guasón en su versión original es elJoker, notanto el comodín de las cartas, como
el Trickster o espíritu burlón y subversivo protagónico de la mitología nativa
norteamericana. La función del Trickster es subvertir todo valor establecido ,
desacralizar lo santo, defecar en el lugar de lo impoluto, llenar de risa lo consagrado
a la meditación silenciosa. ¿No habría algo del Trickster en este juego visual-
espacial de Graves?
El templo griego era el escenario ideado para la lectura de designios ajenos
máximos: los divinos. Hoy esas columnas son parte de una instalación para
designios muy humanos : el consumo de bienes más o menos durables . El juego de
máscaras religiosas convierte esta entrada a una muestra textil en algo no del todo
terreno. Pero las texturas de la fibra vegetal, luego animal y por fin inorgánica , tal
comolo plantea Semper, bien pudieron haber sido uno de las primeras membranas
con que el hombre se puso a armar su habitar fuera de las oquedades minerales,
tan sólo desnaturalizadas por el trazo de sus signos gráficos y su fuego.
La opción humana ha sido siempre por lugares para depositar y representar
cromática y morfológicamente lo vivido, lo percibido, pero por sobre todo lo
creído. Es eso lo que celebra esta compleja puesta de Michael Graves en el
preámbulo a una sala para ver, a un display, una exhibición o muestra de bienes.
Para verla bien hay que entrar bien. Se trata de un rito de pasaje que me especializa
en consumidor visual, para ver algo que “se come con los ojos ". No cabe duda que
la mercadería más codiciada de este fin de siglo es la visual . La adicción más fuerte
no es la de estupefacientes, como se nos querría hacer creer, sino la escopofilia
(escopein: mirar, filia: amor, afecto) . ¿Qué otro vicio puede jactarse de 1500
millones de adictos simultáneos, como proclamaba admirado un comentarista de
Barcelona '92 . ¡Qué pocos seres, cada vez menos, consiguen estar ahí y cuántos ,
incontables, tienen fruición diferida, no en el tiempo pero sí en el cuerpo y en el
espacio! Ya no se está en el ahí-mismo, sino en un allá privado, munido de una
mirada privatizada muy distinta de la de aquellos espectadores, fruidores en vivo
y en directo de su laxante dramatúrgico, ya que no otra cosa significa la katharsis,
un re-acomodador de la flora mental.
LA BÓVEDA INTRINCADA
80
semiosis espacial que propone Coop Himmelblau ( C.H. de aquí en adelante ) a
través de la remodelación de un ático en un edificio céntrico vienés ( Láminas 2 y
3 ). Sobre esta dualidad que no es tal voy a consignar algunas ideas .
La utilización del vidrio y de una estructura metálica "en fuga" parecen abrir la
significación al sentido opuesto e inquietante de lo cerrado y estático que
propiciaría el tipo de reunión sobre la que se edifica nuestra socialidad corporativa,
multinacional y burocrática. Los múltiples planos, el flagrante quiebre de la
horizontal, el festejo de lo oblicuo y no obvio constituyen casi un monumento al
término marcado en la oposición semiótica sobre la que se funda todo valor
ideológico o "transvalor” (Liszka , 1989:passim). Al valor semántico fruto de la pura
oposición sistémica (arriba/abajo, derecha/izquierda, recto/oblicuo) , se suma
siempre una carga mítica o transvalor : hay un término que es consagrado como
la norma, lo neutro, en última instancia lo recomendable socialmente , es lo no-
marcado, y se opone al otro término, el más escaso, menos común , anómalo, el
término marcado. Esta construcción de C.H. es el imperio de lo marcado
espacialmente, régimen de la dificil inteligibilidad, de lo que no " cae por su propio
peso".
Para José Luis González (ob.cit . ) la propuesta de C.H. tiene fuerte afinidad con
el formalismo de la segunda década de este siglo. Es tentador analizar esta
propuesta de los ochenta medio siglo después de aquella vanguardia. Al misticis-
mo de Malevitch se ha agregado un tono burlón , que desarma certidumbres, en
lugar de buscarlas a través de lo ascético interiorizado, el despojo de color y la
variación geométrica.
No es escasa la ironía de mirar este Adolf Loos revisitado que nos propone C.H.
La construcción en el techo del viejo edificio es casi una parodia de aquel
manifiesto funcionalista de Loos . Si el ornato es crimen , ¿qué diría aquel purista
vienés de colocar un simulacro de fuselaje aéreo, o de la caparazón de un
artrópodo encaramada en la cima de una vieja edificación , en su azotea, para que
recubra y reabra esta seria sala de conferencias?A través de la máxima pragmática,
voy a considerar brevemente qué sucede con el concepto mismo de sala de
reuniones empresarial cuando la escenifica C.H.
El lugar que corona tanto espacial como jerárquicamente la edificación, queda
aprisionado y expandido, en vilo entre la tecnología obscena y la preservación de
entrañables tradiciones edilicias . Difícil es decir si en este caso se trata de la
recuperación o reciclaje urbano que salva el ayer para mejor inteligibilidad de un
mañana excesivamente estandarizado o de una brutal agresión contra el estilo
original y auténtico de esta edificación.
La semiosis deconstructiva del habitar debe comprenderse como el desajuste
de la frontera binaria , cartesiana e insostenible del adentro y del afuera . Ese techo
al que se ha “encaramado” una estructura que parece a primera vista un exceso
(Lámina 3 ) , una excrecencia casi obscena (=fuera de la escena esperada) no deja
calmo e intocado el espacio cóncavo, elvientre de este animal arquitectofantástico .
Este lugar habitado por el desacomodo de expectativas muy antiguas , nos obliga
81
a reconceptualizar desde el cuerpo mismo el sentido de las cosas . Surge inevitable
la pregunta sobre cómo armonizar el cuerpo reunido y concentrado en torno a esa
mesa para reunirse (Lámina 2), con el impulso volátil que ella misma por su
contorno sugiere, se trata más de una saeta-aeroplano a punto de despegar hacia
el infinito que del punto de apoyo para cavilar formal y analíticamente.
C. H. crea simultáneamente dos cuerpos: el de lo construido , que ha sido
desajustado, removido , emocionado, en el sentido de haber sufrido una violenta
sacudida, y el que insiste con su clásico programa para habitar, el término no
marcado, la norma. Desde el adentro que no es tal, hacia el afuera que tampoco
es sencillamente epitelio y corteza, se produce un sentido complejo, inquietante ,
sugerente, en el sentido de lo que mueve el piso cognitivo y afectivo sobre el que
estoy parado (ver Andacht, 1987: 121 , para un ejemplo lingüístico-musical) .
La semiosis según Peirce es el encuentro no fortuito, sino teleológico de objeto
(lo representado), representamen (vehículo sígnico) determinado por éste, e
interpretante (efecto interpretativo, diferente del intérprete en naturaleza) deter-
minado por aquel, según un esquema triádico donde los puntos no unidos indican
la primacía de la relación entre los tres elementos que generan toda interpretación
posible de manera inestable y condicionada por el tiempo .
También llamado “signo" por Peirce, aunque los dos términos no son totalmente
equivalentes. Para la distinción ver “ Los signos del self según Erving Goffman”, en
este volumen .
82
adentro y el afuera, con sus columnas disecadas, rematadas por superficies-
cornisamentos bulliciosamente pintadas, llamativamente no virginales e impolutas .
La reunión a techo transparente de C.H. , con esa suerte de claraboya que es el fruto
de una erupción metálica y morfológica, tiene algo de ziggurat babilonio que
parece desmentir la seriedad calculada del ambiente ejecutivo- corporativo. Este
espacio de lo corporativo y literal invita provocativamente a la metáfora , al tipo de
pensamiento diagramático y analógico que es un intento de dar cuenta por el
sentimiento sobre las complejidades del mundo.
De acuerdo a la tipología de Abraham Moles ( 1972 : 62), este lugar abovedado
y cristalino de morfología marcada corresponde al sitio donde el encuentro
"constituye un evento": la reunión corporativa. Se opone así al modo de vida
"concentrado", ya sea la oficina o la sala de exhibición comercial del primer
ejemplo.
Ambos espacios son dificiles de situar, no corresponden ni al sitio de uno
mismo, ni al del otro, ni al público puro ―ej . , la carretera , la plaza pública—, ni al
privado y exclusivo del sí mismo y sus íntimos . Tanto la sala de reunión, lugar para
compartir con algunos otros, como la sala de exhibir mercadería, el lugar a
compartir con muchos otros, tienen aspectos públicos y aspectos privados . Así, en
su fase pública, la moderna empresa no opera , normalmente, con un dispositivo
de filtro a cargo de un individuo, como el dueño de una vivienda unipersonal, con
su rol de Janus vigilante de todo lo que entra y lo que tiene acceso vedado al
interior. Pero a esa sala de conferencias concurre un espectro bastante reducido de
actores sociales . Si dejamos de lado por el momento la naturaleza de su interacción,
es posible encontrar una semejanza entre estos habitantes no permanentes y los
que concurren con mayor asiduidad a una casa privada. El círculo de amigos,
familiares y conocidos que frecuentan el living o sala de co-existir puede verse
comoun equivalente no-burocrático del grupo de cuadros medios y altos que tiene
acceso en forma regular y habitual a reuniones en el espacio rediseñado por C.H.
En el caso del ático rediseñado por C.H. el arriba máximo del cielo es lo que
quiebra la horizontal, en el zigzag anómalo y anómico que se convierte en metáfora
inédita del poder. El objeto protagónico de este sitio es, sin duda , la mesa
corporativa (Lámina 2). Ella funciona como el signo indicial por excelencia ya que
apunta con su extremo más agudo hacia el vértice de este poliedro irregular donde
está ubicada. La mesa-saeta configura y figurativiza el inmemorial atributo del
poder: el arma tonitronante de Zeus, la manifestación divina que infundía pavor
en los mortales . Puede ser una flecha o un avión, pero siempre está dotada de los
atributos de la fuerza y el arrojo.
83
Peirce define el signo indicial como aquel que provoca o requiere una
compulsión inferencial ciega hacia su objeto . En la calle basta que un transeúnte
deje su condición de tal un momento y devenga señalización viviente con su cara
hacia las alturas, para que de inmediato, y por un buen rato, otro, muchos dejen
de transitar y se detengan para atisbar en ese punto el objeto imaginado. Esto
ocurre aun cuando, tras su detención, los ojos no descubran el objeto imaginado
irresistiblemente a partir de ese signo corporal, del cuerpo en tensión hacia algo
que supuestamente lo ocasionó y por ende existe y puede percibirse .
Así es la clase de semiosis de este interior de C.H. que señala y es señalado por
la bóveda celeste . Un lugar transparente y con su estructura impúdicamente al
descubierto . Esas vigas son signo seguro de una modernidad reñida con este lugar
de otro tiempo para otras gentes y otras necesidades . La puerta flanqueada poruna
ostentosa columna, parece argumentar en favor de ese otro momento. Pero incluso
este monumento del habitar clásico y trascendente está literalmente rodeado de lo
sutil, metálicoy vítreo, curvoy aéreo. Tal como ocurre en la estrategia deconstructiva
propuesta porJacques Derrida, este margen constituido por el riel y el círculo de
neón en las "afueras" de la columna deslegitima el supuesto centro ocupado por
ésta . Esas formas y materiales tan ajenos al relato que trae con su verticalidad clásica
la columna , terminan arrojando una fuerte sospecha sobre la autenticidad de ésta,
como le ocurría a la blancura marmorea por el gesto deconstructor de Semper.
¿Qué es lo que importa más en la gramática espacial de esta sala, el soporte
ancestral y confiable de la columna, o la delgada línea curva de neón, o el riel
metálico expuesto, que subraya el contraste entre la bóveda ilimitada y la trazada
por C.H. para el sitio de reunión?
El planteo espacial de C.H. constituye una inquietante metáfora del poder
corporativo que no tiene centro, que se expande en modos no soñados por el
capitalismo en su edad heroica . Figurativización del descentramiento de todo el
sistema productivo y de circulación actuales, este salón de reunión es también un
lugar de desconcentración. El lugar parece estar en fuga, escapado de los confines
del edificio, del salón, como si estuviera en tránsito perpetuo hacia lo que no es él
mismo, pronto a abandonar su centro inestable . Basta pensar si no en la tradicional
sala rectangular, ortodoxa, no-marcada, con su mesa rectangular o circular y su
trono hereditario, unipersonal, asignada para los negocios. Hay más que una
sospecha de ocios en este diseño de C.H.
Según Moles ( 1972:8-9) son dos los modos de organizar espacialmente el
mundo del sí mismo o Umwelt en el que existe el hombre: uno solipsista , gober-
nado por la preocupación absorbente y exclusiva típica del niño; el otro, cartesiano,
lleva al hombre a expandir su interés mucho más allá de lo que abarca su esfera o
burbuja de interés propio.
El juego que propone C.H. con su lugar de reunión desconcentrado se basa en
la desarticulación de la fuerza centripeta y emotiva que nos lleva irrestiblemente
hacia el Yo/Nosotros-Aquí-Ahora y la fuerza centrífuga y racional que conforma la
"filosofía de la extensión" espacial, el Ellos-Ahí-Entonces. Ático que culmina una
84
Lámina 2
¿Sale para despegar al infinito o
cavilar formalmente?
Lámina 3
Entre el reciclaje apacible y
la invención
arquitectofantástica
85
empresa a la vez que la lanza hacia un vuelo incierto, privándola así de su
estatismo, de la quietud del capital en reposo . Capitalproviene de cabeza(del latín
caput); es el lugar del padre , del orden jerárquico incuestionable sobre el que se
levantó nuestra civilización occidental . Más que la cabeza corporativa, esta sala
parece ser el lugar de la mirada que salta vallas de lo real para acceder al universo
posible del vuelo imaginativo.
Ni convergente ni diseminante este espacio engendra un interpretante propio
de la complejidad y del conflicto. No es posible decidir de modo satisfactorio si este
lugar abovedado de vidrio e infinito es un respetuoso homenaje a los deseos
edilicios de la Viena del s . XIX o un ultraje imperdonable a su decoro. El adentro
proyectado por C.H. parece al fin de cuentas tan sólo una excusa para ese derrape
imaginativo que es y no es parte del techo del vetusto edificio. Los de C.H. han
vuelto tangible la noción abstracta de la paradoja, han diseñado un lugar paradó-
jico donde es posible estar cubiertos y estar al desnudo, reunirse y dispersarse
indefinidamente .
Referencias
86
PERSONA
ENTRE SIGNOS DE ASOMBRO
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
In memoriam E.G.(1922-1982)
Nuestro Homo Goffmans necesita ahora con apremio dar con la mirada de
alguien, para luego con un gesto cuidadosamente casual, decirle con su cuerpo:
“qué le va a hacer, si no corro, lo pierdo”, o “estos ascensores de ahora se cierran
con una rapidez que...". Y dicho para adentro, y hecho para afuera, nuestro héroe
va a colocar esperanzado el gesto dentro del campo de visión de un compañero
de ruta edilicia, otro ocupante del ascensor que parece ser buen candidato para
esta emergencia . Su experiencia pasada le asegura que a vuelta de correo le va a
llegar, en el peor de los casos, un imperceptible movimiento de cabeza en
dirección vertical, una muy pequeña oscilación de arriba hacia abajo o, algo aun
mejor, ese pendular movimiento acompañado de un achicar de los ojos que bien
puede pasar por una sonrisa conmiserativa, una módica ofrenda para compensar
al recién llegado por el pequeño desliz en el decoro en que ha incurrido cuando
se puso a correr. Si está de suerte, hasta puede que obtenga un rotundo “¡Valió la
pena!" o un estimulante y caluroso " Justo a tiempo!". La frase banal y olvidable , sin
embargo, suena como música en los oídos del recién llegado, ahora del todo
aclimatado y aceptado en la cofradía de los viajeros del ascensor de las 17.47 con
destino al 9º piso.
Pero siempre cabe la posibilidad, hecha realidad sobre todo bajo la forma de
una temida fantasía, algo que constituye la materia prima de innumerables chistes
o de comedias de Hollywood, de que esto no ocurra . Existe pues la remota pero
palpable y siniestra eventualidad de que tras haber enviado ese gesto de SOS a la
89
colectividad ascensorial no pase nada. Es posible aunque no probable- que
tras el pedido de rescate sígnico, luego de esa solicitud perentoria de ratificación
de humanidad levemente averiada, no haya más que la vacía mirada del otro, su
cabeza inmóvil, el silencio intolerablemente ruidoso de una tripulación de ascensor
convertida en despiadado jurado de la interacción . Culpable de falta en el porte,
de torpeza grave , de serias carencias en el cuidado elemental del sí mismo, parece
ser el duro veredicto . Para este infeliz, el viaje en ascensor se transforma entonces
en un viaje al cadalso . Cada instante que pase en esa compañía va a deslizarse
aceitosamente; sus movimientos serán tan penosos como quien se mueve debajo
del agua o en un sueño. Su inmunidad social ha quedado destrozada, no es más
que un paria de la interacción , al menos hasta que la máquina lo arroja, desolado ,
a su piso, pronto para lamerse las heridas interactivas y reingresar al orden que bien
merece llamarse goffmaniano.
Dominio en apariencia deleznable el de las pequeñas apariencias, este " orden
de la interacción”, como lo bautizó su explorador, fue el que hizo la grandeza de
uno de los más originales pensadores científicos sobre lo social de los últimos años .
Cuando se cumplen diez años de su muerte , este trabajo se propone iluminar
algunos aspectos de la obra de Erving Goffman desde la perspectiva sociosemiótica,
por creer que los aportes del autor de Frame Analysis ( 1974) y Forms ofTalk (1981),
además de los casi best sellers La Presentación del Self en la Vida Cotidiana
(1959) e Internados ( 1961) pueden tomarse como fundacionales de este campo de
la investigación semiótica.
Voy a utilizar el término inglés self a lo largo de este trabajo, por considerar que no puede
traducirse por 'persona' , como ocurrió con el título de la obra de Goffman en su versión
castellana de Amorrortu ( 1981 , trad . H.B. Torres Perrén y F. Setaro) . Una aproximación
mejor a self sería tal vez 'sí mismo ', sin embargo la práctica ya es corriente en la literatura
en castellano, como lo demuestra la traducción de la obra de H. Kohut, Análisis del Self
(1984) en la misma editorial . Por comodidad voy a referirme a La Presentación del Selfen
la vida Cotidiana con la abreviación La Presentación.
90
(=acción sígnica ) que rige toda interacción social. Tal como lo plantea el semiótico
norteamericano Peirce :
"La propia entelequia del ser radica en el ser representable. ”
(Ms. 517 , énfasis agregado)
Para comprender el alcance muy real y nada místico o metafísico de esta idea
peirceana, conviene que demos " Un pequeño paseo por los mundos de animales
y humanos". Este es el título de un trabajo pionero del biólogo Jakob von Uexküll,
quien en la década del treinta teoriza sobre la esfera del selfcomo un concepto
básico para entender la significación dentro del mundo animal y humano. En esa
obra de 1934, Uexküll propone el casi intraducible término de Umwelt (mundo del
selfo mundo fenoménico) que él define así:
"...todo aquello que el sujeto percibe y que se convierte en su mundo
perceptual, y todo lo que hace, se vuelve su mundo efector. Ambos
mundos se reunen en una unidad cerrada, el Umwelt ."
Uexküll nos relata con minuciosidad cómo es para el biólogo, o el semiótico
agregaría yo, el universo habitado en su centro por un sujeto no humano. Utiliza
como ejemplo la vida, pasión y muerte de un ácaro. El piojo pacientemente espera
hasta una década a que pase una ráfaga de ácido butírico para arrojarse desde el
árbol sobre un mamífero para parasitarlo: es todo él ese momento. Y sin embargo
todo ese tiempo transcurrido es como si fuera tan sólo un instante. No hay otra
posibilidad para el piojo que la (probable) recepción del aroma de sudor animal,
el aterrizaje y luego de dar con el epitelio no piloso, la succión y eventual abandono
y muerte, tras haber parido sus crías . Mientras que el piojo, el delfín o cualquier otra
criatura no humana confunden en su presencia o corporalidad su finalidad, el
hombre es la única criatura que difiere , toma distancia del ahora, diseña, duda y
construye sin cesar quien quiere y puede ser o no ser. El Umwelt del piojo desde
la perspectiva humana parece confundirse con lo ínfimo, con un perímetro
reducido a lo casi puntual, tanto en el espacio como en el tiempo. El Umwelt
humano, en cambio, no existe exclusivamente en el deslizamiento genético de
cromosomas, que sólo conocen la duración larga, la evolución en el sentido
darwiniano, una inevitabilidad químico-fisiológica.
El Umwelt de los seres humanos es abierto, ya que el hombre es la única criatura
circumspecta, al decir de Arnold Gehlen ( 1976) , un ser que puede mirar en
derredor. Esa mirada que puede interesarse por regiones y asuntos impensables en
el presente constituye una fuente de grandezas y miserias. El hombre -desde esta
Para citar a C.S.Peirce voy a seguir la convención usual : si se trata de manuscritos , estos
son indicados con Ms. seguido de un número que remite a la edición de R.S. Robin,
Annotated catalogue ofthe Papers ofC.S. Peirce, The University of Massachussetts Press,
Worcester, 1967. En el caso de constar también el año, éste figura junto al número de
manuscrito. En el resto de las ocasiones utilizo una de las ediciones estándar, The Collected
Papers ofC.S. Peirce, Vols . I-VI, ed . C. Hartshorne y P. Weiss, Harvard University Press,
Cambridge, 1931-1935 . La convención seguida es referirse al volumen seguido del
párrafo, ej . 5.275, quinto volumen, párrafo número 275.
91
perspectiva es aquello que vive de la representación y puede representar otra
cosa. Ser hombre, es poseer un cuerpo , pero también disponer de él según una
compleja teleología doble . La semiosis humana, o proceso interpretativo que
coincide con la vida de cada persona, nace del cruce de dos teleologías, como
sugiere James Liszka ( 1989: 37) : por un lado está el propósito de quien se vale de
signos para cumplir con su deseo, y por otro, la "teleología objetiva de los procesos
sígnicos" en tanto condicionamiento y restricción del deseo humano . Entre el
empuje del crecimiento y duración de los signos y la fuerza del querer de cada uno
de nosotros, aparece recortada la silueta del Umwelt abierto de lo humano. La
mejor manera de concebir este Umwelt es como si fuera un diálogo incesante y
complejo; allí se elabora una historia que dura lo que la vida de la comunidad, ya
que a cada muerte concreta e individual, los otros reparan la trama con la única
continuidad a que se puede aspirar, la de una semiosis infinita. De este relato en
su faz más humilde y cotidiana, es que nos cuenta Goffman en su obra. Sobre las
pequeñas caídas, los moretones y torpezas de un selfo sí mismo ubicado en el
interior de su Umwelt, pero con capacidad imaginativa e inferencial de ir y venir
entre los Umwelten de quienes están con él, han estado o estarán, versa esa suerte
de novela del microcosmos social que durante más de un cuarto de siglo narra este
gran observador de la minucia interactiva .
Hubo una vez un canadiense que leyó a Durkheim, asimiló a Sartre e intentó
ser Salinger. No creo que sea especialmente llamativa la deuda de este joven
sociólogo nacido en el oscuro pueblo de Mannville en Alberta, Canadá,— y
egresado de la Universidad de Chicago , para con la teoría sobre los ritos y la
personalidad humana dentro de la sociedad desarrollada por Émile Durkheim en
Lasformas elementales de la vida religiosa ( 1912) . Sí puede despertar rechazo en
una institución sociológica como la norteamericana -convocación de un empirismo
duro y estadístico-una compañía no muy honorable , por ser sospechosa de lesa
verificabilidad, como la del existencialismo sartreano, una influencia notoria
durante el primer período de Goffman que voy a discutir con cierto detalle más
adelante . Pero lo que sin duda llamó la atención fue que sus descripciones de la
vida cotidiana estuvieran formuladas en un estilo que le trajo tantos fans de afuera
de la academia como detractores dentro de ella.
"Lane mismo prendió un cigarrillo mientras el tren terminaba de
detenerse en la estación. Luego, como tanta gente, a la que, tal vez,
se le debería dar sólo un permiso temporal para ir a recibir trenes, él
trató de vaciar su cara de toda expresión que pudiera muy simple-
mente revelar cómo se sentía respecto de la persona que llegaba allí. "
(Franny and Zooey , 1957: 12)
Un popular escritor de fines de los cincuenta , Jerome David Salinger describía
en estos términos el manejo expresivo de un joven que espera hace buen rato y con
92
gran ansiedad a su novia en la intemperie helada de una estación de tren, mientras
sus compañeros lo hacen adentro de ella . Salvando una distancia no muy grande,
hayuna interesante afinidad entre este tipo de escritura y lo que por la misma época
escribía Goffman:
"Detrás de muchas máscaras y muchos personajes, cada actor tiende
a lucir un único aspecto, un aspecto desnudo no socializado , un
aspecto de concentración , un aspecto de alguien que está privada-
mente comprometido con una ardua tarea de engaño . ” (Goffman ,
1959:235)
Norequeriríagran esfuerzo colocar este párrafo de Goffman debajo del anterior
en la novela, a guisa de reflexión sobre la conducta del personaje de Salinger, o a
la inversa, eliminar el nombre del personaje y hablar de "Un joven de clase media
alta que espera...", para hacer ingresar cómodamente el trozo de Salinger en la obra
del sociólogo. No parece extraño pues que La Presentación se convirtiera en un
libro de culto en las universidades de Estados Unidos y, gracias al entusiasmo de
Pierre Bourdieu, también en Francia.
Podríamos resumir esta técnica estilística de Goffman como la capacidad para
hacer que un instante banal e insignificante se convierta en una experiencia
memorable. Pero esto no sólo por las implicaciones teóricas, es decir, por la
sustancia de su tarea etnográfica, por lo que revela sobre ese submundo minúsculo
que normalmente, como parte del Umwelt abierto humano , debe mantenerse
parcialmente anestesiado, para no quedar abrumados por tanta solicitación del
mundo en derredor . Esta dimensión heurística existe , pero en principio sería
extensible a la mayoría de las ciencias sociales . Peter Berger ( 1963 : 157) propone
el término de éxtasis para describir el abandono de la perspectiva usual: se deja el
mundo de lo obvio mediante
"el acto de salirse de o levantarse (literalmente ekstasis) de las rutinas
dadas por sentado en la sociedad. ( ...) el éxtasis ' transforma nuestra
conciencia dela sociedad en tal modo que lo dado (givenness) se
vuelve posibilidad. "
Además de la visión extática de lo microsocial , el propio texto del sociólogo
genera un éxtasis con respecto a la escritura académica ortodoxa o convencional.
Paul Atkinson ( 1989:75) concluye que teoría y texto son inseparables:
"Los textos de Goffman representan su sociología a través de sus
modalidades de escritura. El mundo social tal como es representado
por Goffman es el mundo socialtal como está inscripto en los textos."
No se trata sólo de que el estilo del sociólogo sea atractivo o inusual , sino de
que el suyo es un análisis cuya fuerza radica en su retórica, como afirma el mismo
estudioso:
"Tal vez más que ningún otro sociólogo moderno, el análisis de
Goffman era retórico, en que dependía tanto del poder persuasivo de
su estilo escrito, de la elegancia de su empleo de figuras y de tropos ,
y del ingenio con que usaba estos recursos ." (Atkinson, 1989: 61)
Más que "ningún sociólogo moderno " quizá, pero no que un semiólogo
93
moderno como Roland Barthes . Aunque sólo pude encontrar un par de referencias
explícitas de Goffman a la obra de Barthes , quiero arriesgar aquí la hipótesis de
que el abordaje realizado por Erving Goffman a lo largo de siete libros y numerosos
artículos tiene varios puntos de contacto con la operación "semioclasta ”, de
inspiración marxista-estructuralista que Barthes lleva adelante casi por la misma
fecha (Mythologies aparece originalmente en 1957 y La Presentación en 1959 ).
Esta proximidad o veta europea del trabajo de Goffman marcaría su afinidad con
el pensador francés en el análisis de la significación social. No se trata de una deuda
concreta, ni siquiera de una inspiración , tal vez lo más adecuado sea hablar de
afinidades electivas.
Mitologías puede leerse como una colección de medio centenar de viñetas muy
breves que des-cubren lo cotidano francés, desde el churrasco con papas fritas,
hasta el strip-tease pasando por la Tour de France y el afiche electoral . No es difi-
cil leer La Presentación, a pesar de su coherencia y continuidad como una serie
de escenas deslumbrantes, reales, literarias o imaginadas que buscan develar la
cocina del sentido en la clase media norteamericana . En este punto sin embargo,
la diferencia entre ambos se hace evidente : la presencia del epíteto "burgués"
-sinónimo de mala fe , inauténtico y no estético— es tan notoria en Barthes co-
mo su ausencia en la obra de Goffman. Lo que para uno es un desmontaje o
"semioclastia" ( = análisis de signos) de la mistificación burguesa, para el otro es
meramente el escenario sociocultural utilizado para pasear su inquietante ojo de
pez, sin ambición de dar con trampas ideológicas . El ojo de pez fotográfico que
captura una escena familiar de un modo que no lo es en absoluto constituye la clave
del análisis retórico usado por ambos . La distorsión flagrante parece ser el precio
que se debe pagar para ver el mundo dado por sentado desde un sitio insólito y
removedor de viejas certezas.
Esta clase de análisis no se limita a la obra temprana de Barthes . Cuando él
discute una de las oposiciones clásicas de la lógica -la basada en la denotación
y la connotación, según su funcionamiento en un texto literario- sostiene que la
existencia de la primera aseguraría al texto cierta "inocencia" o "ilusión " ya que
“la denotación no es el primero de los sentidos , sino que finge serlo;
bajo esta ilusión, ella no es más que la última de las connotaciones
(aquella que parece a la vez fundar y cerrar la lectura), el mito
superior gracias al cual el texto finge volver a la naturaleza del
lenguaje, al lenguaje como naturaleza". (1970: 16)
Si hasta este punto buena parte de los analistas del discurso, sobre todo de
inspiración marxista-sartreana, acompañarían con gusto al autor, al llegar al final
del párrafo esta prestigiosa compañía seguramente se vería diezmada :
*. Éstas son: tres en su obra mayor , Frame Analysis ( 1974); dos a la “Estructura de losfait
divers", ensayo de Ensayos Críticos, y una a “Un interesante trabajo dramatúrgico sobre
la lucha libre" en Mitologías, la otra aparece en un trabajo menor, GenderAdvertisement
( 1979), remite a otro ensayo de Mitologías, esta vez sobre el afiche político fotográfico.
94
"...debemos cuidarnos de la denotación, vieja deidad vigilante,
pícara, teatral, en guardia para representar la inocencia colectiva del
lenguaje." (Ibid.)
Es sin duda, en este gran final metafórico ( denotación = deidad vigilante... )
donde reposa mucha de la fuerza discursiva de la reflexión muy poco ortodoxa
pero certera del pensador francés.
La analogía en este punto con la escritura del microsociólogo queda en
evidencia en esta selección de metáforas e “ incongruencias” seleccionadas de la
obra de Goffman por Jason Lofland ( 1980: 25) :
"Todos debemos llevar dentro nuestro algo de la dulce cofradía de
los conspiradores."
"Aquellos que rompen las reglas de la interacción cometen sus
crímenes en la cárcel."
“La naturaleza universal humana es algo no muy humano."
"El mundo , en verdad, es una boda. "
Tanto o más que el sistema taxonómico desarrollado por Barthes en S/Z (los
cinco códigos y las subdivisiones en semas, etcétera), y con igual peso cognitivo
que la aguda observación de lo cotidiano, importa la entrega de esa percepción
bajo la forma de una visión. Barthes y Goffman son artífices de seductoras
epifanías, tal como lo querían creadores desde Joyce a Pound a comienzos de este
siglo. Epifanizar la realidad significa descubrir lo insólito y misterioso en medio
de lo más banal y cotidiano . Ese es el trabajo del lenguaje, de un juego de lenguaje
que se conecta a una forma de vida no ortodoxa dentro del campo de lo literario
o de las ciencias sociales.
Quizá podamos entender mejor el porqué del actual auge masivo del blooper
si lo concebimos como la irrupción del azar en la cuidadosa teleología del hombre,
específicamente en su decoro. La actual fascinación del blooper o documento
audiovisual de un accidente o papelón, es decir, un papel o rol que le ha explotado
al sujeto en la escena misma. La predisposición a un género , el competitivo-
deportivo público o la celebración-familiar en la intimidad, se ven súbita y
alegremente violadas al acaecer lo que el discurso intenta por todos los medios
conjurar: el salto que da con todo vestigio de decoro en el piso, o el tropiezo que
termina con la torta de cumpleaños de alto vuelo, en el suelo. El atractivo del
blooper es que por un instante quedan expuestos los sagrados mecanismos con
que cooperativamente producimos las sensaciones de euforia pública y privada.
La escena registra ese instante en el que no se ha logrado aún encontrar la cara justa
para acomodarse al desastre de las apariencias, la ruina irreversible en el manejo
de impresiones. El blooper es a nivel popular una evidencia contundente del
caracterfabricado de todo aquello que normalmente rueda con soltura por el carril
de lo natural- espontáneo. Veamos ahora su vertiente científica.
95
Mucho antes de la reciente pasión mundial por el blooper, Goffman le dedica
un extenso capítulo, “Radio Talk”, de su último libro publicado en vida (Forms of
Talk, 1981). El elocuente subtítulo es una buena descripción de un aspecto
sustancial de la metodología de Goffman a través de toda su carrera: “Un estudio
de las maneras de nuestros errores ”. Para realizarlo no utiliza en este caso la
observación visual, pequeños accidentes del orden de interacción como el descrito
al comienzo de este trabajo, sino que se basa en discos comerciales de bloopers. Se
trata de colecciones de furcios, es decir, equivocaciones acaecidas durante la
emisión de programas radiales . Propongo ahora rastrear brevemente la historia
algo oculta de la vertiente científica de esta pasión por lo fallido, por lo que acaece
sin designio . Hablo de la importancia del accidente y de su utilidad en el estudio
de lo humano .
Todo empieza con un método para detectar cuadros falsos postulado por un
misterioso Morelli, del que Freud se reconoce deudor en su descubrimiento del
método analítico. Su técnica, no muy impresionante desde la nuestra, no carecía
de ingenio. Morelli aconsejaba observar las zonas non sanctas de las célebres
imágenes, las orejas de los modelos, por ejemplo. Era allí, en ese ' suburbio'
pictórico , donde el falsificador más factiblemente bajaría la guardia y cometería un
error, por no ser una parte célebre del estilo imitado . Los detalles que escapan a
la atención del espectador promedio, creía Morelli , serían los mismos que estos
artífices de lo ilegal descuidarían en su copia. Un especialista en iconografía
comenta sobre Morelli y su singular método:
"Nuestros pequeños gestos inadvertidos revelan nuestro carácter de
una manera mucho más auténtica que cualquierposturaformal ".
(Cit . por Ginzburg, 1989: 120, énfasis agregado)
Parece enunciar así la centralidad del marginal blooper o lapsus para los in-
vestigadores posteriores . Efectivamente este contemporáneo de Freud mereció un
caluroso elogio del fundador del psicoanálisis en " El Moisés de Miguel Ángel"
(1914):
"A mi juicio, su procedimiento muestra grandes afinidades con el
psicoanálisis. También el psicoanálisis acostumbra a deducirde rasgos
poco estimados o inobservados, del residuo -el refuse de la
observación cosas secretas o encubiertas”. (Cit. por Ginzburg, ob.cit.
ibíd., énfasis agregado)
La metáfora empleada por Freud es harto elocuente: lo revalorado por Morelli
y luego por el psicoanálisis es sólo un desecho o detritus para la ciencia oficial. Será
justamente el detalle deleznable lo que constituya la base del método de investi-
gación psicoanalítico y de la microsociología goffmaniana. Las famosas páginas
sobre el lapsus linguae y su significación con respecto a lo reprimido en La
Psicopatología de la Vida Cotidiana -cuyo título puede leerse como un cripto-
eco del que lleva el clásico de Goffman- parecen adelantar desde el campo de la
psiquis el material que el joven candidato doctoral reunirá para su tesis en las Islas
Shetland. Sus observaciones de los pequeños gestos automáticos , de los sutiles
96
cambios que estos campesinos exhiben cuando son vistos por la gente de afuera
y cuando están sólo entre isleños , sin duda habrían sido arrojadas al basurero
metodológico por sus colegas. Nadie había pensado en reunir los materiales que
Freud y Goffman atesoran por la sencilla razón de que carecían de una teoría con
la cual ordenarlos.
El capítulo XV de Communication conduct in an island community, la tesis
doctoral de Goffman, titulado "Safe Supplies", trata sobre los "recursos seguros"
para llevar adelante una conversación y una identidad posible . Se trata de las
banalidades (small talk) con que rompemos el hielo en cualquier situación en la
que existe cierto riesgo para la imagen que se intenta mantener. El punto de partida
de la microsociología goffmaniana en tanto método puede encontrarse en estas
notas sobre la comunión fática, el término propuesto por Malinowski -y citado
por Goffman- para trabar contacto en cualquier situación comunicacional. Fática
es la red tendida por debajo de la persona que debe caminar diariamente sobre la
delgada cuerda del equilibrio interaccional. La mirada de Goffman va a observar
con minuciosidad todos los incidentes que se produzcan cuando un individuo
pierde pie y va a aterrizar con su dignidad y decoro maltrechos sobre la garantía
fática de sus socios. ¿Qué pasa cuando esa pista de contención no funciona muy
bien o cuando sencillamente se hunde? Son esos los momentos privilegiados para
la mirada goffmaniana . Bloopers de la interacción que revelan el esfuerzo continuo
por mantener, heroicamente, un frente incólume incluso ante el desastre en el
manejo de las apariencias.
Para cerrar esta muy parcial visión de la obra goffmaniana, voy a entrar en uno
de los terrenos que mejor despejó para futuras exploraciones: el territorio del self.
Así podré mostrar la otra entrada semiótica de Goffman: su afinidad electiva con
la teoría del signo de Peirce .
De nuevo toca hablar de los signos de Goffman , esta vez referidos al campo que
descubre y ordena Goffman a través de su obra y no a aquellos que la constituyen
en el plano lingüístico . Ambos tienen la peculiaridad de no ser "por defecto". Tal
como no se puede hablar de la mera escritura académica , porque sus escritos
ejercen una seducción insólita y, como vimos , son admirables por sí mismos , su
reflexión sobre la identidad humana lo muestra como un original pensador de la
modernidad tardía.
Me refiero al sistema de signos clasificado e ilustrado profusamente por
Goffman desde fines de los años cincuenta hasta comenzada la década del
ochenta. Existe un elemento en común en todos ellos . Son los signos del cuerpo;
el cuerpo presentado por Goffman es siempre a la vez el cuerpo sagrado y el
cuerpo del delito. Y ambas cosas inseparablemente unidas. El cuerpo aparece
como objeto de cuidados, de reparaciones , de una atención que no se basa sólo
en consideraciones macrosociales estatus , clase social, división del trabajo,
97
partidos políticos , ideologías, etcétera—, sino en la propia índole de las transac-
ciones que debemos efectuar para poder comunicarnos o meramente estar con los
demás . Si nuestros cuerpos no nos llevan hasta la escena del diálogo, si no
ocupamos cierto espacio de cierta manera, no puede darse la conversación, esa
comunión llamada comunicación . Aunque ésta se reduzca a algo de tan poca
monta como el cruce de tautologías sobre el tiempo , cuando con seriedad casi
enternecedora decimos ¿Vio quéfrío que hace?, como si no fuera evidente , como
si el otro no supiera que yo sé que es evidente, obvio, innecesario. Y sin embargo
en esas palabras de redundancia calculada y cuidadosa se nos juega la vida en
común. Y eso que parece primordial, el intercambio de palabras informativas, en
realidad sólo es secundario en la sociedad humana. El trueque de datos informa-
tivos ocurre siempre y cuando se haya establecido, previa y fiduciariamente, un
contrato de confianza, una estética del mutuo agrado y aceptación transitoria, hasta
nuevo aviso. Sólo entonces , cuando se ha jugado lo más importante -la legalidad
de lo humano corporal- se puede proceder a jugar el siguiente partido.
Ese cuerpo sagrado, siempre digno de homenaje como lo redescubre
Goffman en la sociedad norteamericana, a partir de Durkheim- es el mismo que
se convierte con facilidad en cuerpo del delito. Piso a alguien al pasar por el pasillo
del ómnibus. Mientras mi cuerpo sigue avanzando hacia la salida, sin ninguna
necesidad estricta , o interesada, voy a girar el tronco, ahora en marcada disidencia
con los miembros inferiores que siguen enfilados hacia adelante , luego girará mi
cabeza, mientras que una de mis manos señala aplacadora hacia atrás , hacia el
lugar del crimen interactivo . Un gesto de mis cejas que se enarcan, conjuntamente
con la palma que señala sin ambigüedad posible hacia la víctima, completa el ritual
de la solicitud de perdón o labor de reparación (remedial work). ¿Qué hacen
tronco, mano, cejas coordinados de esa manera tan poco práctica para seguir
caminando hacia el final del ómnibus , adonde me dirigía antes del accidente?
Representan un cuerpo y un self enmendados : acabo de deshacerme de una capa
de cuerpo culpable, una faceta desechable , la que incurrió en pisar al otro, en no
tomar en cuenta de modo adecuado su espacio, su cuerpo, sus derechos a no ser
lastimado, invadido, etcétera.
Esta representación de la reparación no acaba en el simple perdón gestual .
Sobreviene la última entrega del cuerpo, la aérea y sonora: " ¡Pero qué torpe! ¡Cómo
pude yo hacerle eso!" . Se trata de una laminación del self; es desde una identidad
no culpable, no torpe que se juzga la torpeza del anterior sujeto que pudo incurrir
en la falta. Sólo la capacidad de representar, de aludir a algo no presente a través
de la presencia física, material, explica esta fascinante y compleja escena. Para
poner en escena este sentido y todos los demás que necesito en la vida cotidiana,
debo contar con un repertorio de signos que manejo según reglas compartidas ,
consabidas , es decir, manejadas por todos a la vez dentro de una misma sociedad
o grupo.
El concepto del sí mismo , sucinta y eficazmente expresado en el término inglés
selfparecía, hasta Goffman, un núcleo duro, una sustancia mineral indestructible.
98
El selfera aquello que el sujeto designa como el centro de su persona, de su
personalidad, de lo que es más personal o auténtico de sí. Contra este piadoso
credo de autosatisfacción se levanta el análisis goffmaniano. No es del todo casual
que el primer libro publicado por el sociólogo tenga un título evocativo del célebre
trabajo freudiano La Psicopatología de la Vida Cotidiana. Freud y Goffman atacan
la última seguridad , el bastión del auto-control occidental: la persona como algo
que es objeto de poder absoluto, que es propiedad de un dueño . Ese intento de
extender la relación social por excelencia , la de posesión, al ámbito más íntimo y
cercano, es burlado con la propuesta del inconsciente y con la exposición de las
innombrables estrategias que manejamos con destreza para poder generar " apa-
riencias naturales”. El hombre que nos enseñan estos dos conocedores de lo
humano está muy lejano de aquel humanista que se creía por encima de todo
control , una vez emancipado del mandato divino. Muerto Dios, parece nacer una
deidad pequeña, discreta pero implacable , a la que es necesario rendirle culto
incesantemente. Esa deidad no es otra cosa que el self. Goffman demuestra
exhaustivamente cómo la religión puede pasar, pero no así la religiosidad. En el
más trivial encuentro hay lugar para rendir culto, para demostrar fuerte devoción
por quien el Otro pretende que es, por quien espera ser tomado. La demanda, por
supuesto, es recíproca. Si colocamos esta teorización de inspiración durkheimiana
a la luz de la semiótica de Peirce , aparecen a la vez la coincidencia con los escritos
de Sartre sobre la identidad como alienación y su distancia con respecto al
existencialismo. Esta divergencia es la que acerca la teoría goffmaniana del selfal
modelo triádico del signo que está en la base de la semiosis según Peirce y que, en
mi opinión, convalida la propuesta sociosemiótica.
Mucho se ha escrito sobre la visión cínica del ser social que aparece en las
páginas de La Presentación. La metáfora teatral que desarrolla Goffman para dar
cuenta de las estrategias con que el hombre busca legitimar su identidad en cada
momento de la interacción fue interpretada como una visión negativa de una
criatura manipuladora y de mala fe. Esto explica la afinidad que muchos ven entre
Goffman y Sartre. Sin embargo, quiero demostrar que esto es una falacia. Aunque
sí hay semejanza superficial, la diferencia entre ambas reflexiones de lo humano
estriba en el modelo de la identidad que está implícito en ambos pensadores : el de
Goffman es triádico y el de Sartre diádico o binario.
Para Sartre la conciencia de que todo sentido para serlo debe ser con-sentido,
es decir, nunca del todo propio sino mío para compartir con el otro en la
comunicación entendida como puesta en común de la semiosis- es un
fenómeno que genera dolor y frustración . El self sartreano sufre la vivencia de estar
confinado, en tanto posibilidad, a una instancia que está afuera, en el futuro; debe
aceptar la limitación de ser para otro y sólo con otro . El autor de El Sery la Nada
concibe la apertura del self hacia el otro como lo trágico inevitable y por eso la
describe en términos de una falta dolorosa experimentada como un robo de
autonomía. Para este self descubrirse es descubrir la dolorosa incompletud . Sartre
(1956:265) ve en el otro a aquel que me obliga a aceptar que "Yo ya no soy el amo
99
de la situación” . El camino que conduce a esta conclusión es el de una semiótica
binaria:
100
"Hay una tendencia vulgar en el pensamiento social a creer que la
parte sagrada del individuo, lo que él realmente es, está por debajo
de todo (el despliegue de roles) , cuando se relaja y libera ante
quienes están delante suyo , cuando puede mostrar qué clase de tipo
es' más allá de sus roles. " (Goffman, 1961 : 152)
El sujeto llega en este caso hacia un selfque " virtualmente está esperando al
individuo que entra en esta posición” (ibíd.) . Estamos en la primacía del deber ser
o del modo discursivo teorizado por Aristóteles en la Retórica bajo el nombre de
lo verosímil (to eikós) . Al decir de uno de los maestros de Goffman, el también
canadiense Ray Birdwhistell, el hombre y su destino de previsibilidad como ideal
social . Es el personaje, el nicho dentro del discurso que aguarda la llegada y está
amueblado desde mucho antes que a alguien concreto y real se le ocurra ir a
ocuparlo.
También hay un self que corresponde al actor (performer ) , la entidad encar-
gada de encarnar como mejor pueda y quiera ese personaje pre -existente . Este
componente del self es una fuente inagotable de deslices , de bloopers ; surge del
desajuste inevitable entre el " demasiado humano" dramatizador y el self legítimo
y por ende plausible:
"Una crucial discrepancia entre nuestros sí mismos demasiado hu-
manos y nuestros sí mismos socializados. Como seres humanos
somos presumiblemente criaturas de impulso variable con senti-
mientos y energías que cambian de un minuto al otro. Como
personajes armados para un público , no podemos estar sujetos a
altibajos." (1959:56)
Ser convincente depende de la doble semiosis, tanto voluntaria (lo
comunicacional intencional) como expresiva (lo que emana inevitablemente junto
a lo otro) . Mientras que el selfoficial experimenta pocas y lentas variaciones du-
rante la vida de un individuo es decir, en su comunidad la legitimidad que
engendra roles es de una duración extensa― el self actoral experimenta tantas
variaciones como posibles estados de ánimo crucen el cuerpo del sujeto.
Si el modelo de Goffman se contentara con estas dos dimensiones estaríamos
en un típico dualismo cartesiano, culpable de las mismas trampas metafísicas que
101
Derrida y otros luego de él han encontrado en la reflexión que va por lo menos
desde Platón hasta Saussure . Me refiero al dualismo onto-teológico e ilusorio entre
un alma auténtica, pura , intangible y un cuerpo caído, inauténtico y sórdido . Un
buen ejemplo es la fábula victoriana por excelencia, la que escribe Robert Louis
Stevenson: una faz de la medalla es el doctor Jekyll , la imagen misma de la politeia
epocal . No sólo es un dedicado científico sino que en sus ratos de ocio, mientras
contempla a debida distancia a su amada toca el piano , él sublima casi al pie de la
letra toda la energía perturbadora del inconsciente . Sólo tras ingerir la fatídica
poción de su propia invención vemos aparecer al brutal y descontrolado Mr. Hyde
frecuentador de prostitutas y esclavo de sus "bajos instintos ". Ilustración ésta más
gráfica sin duda que el postulado de Saussure estipulando la primacía del
significante sonoro etéreo y cercano al alma ( flatus animi), en contra del falaz y
casi aberrante significante escrito, un signo caído de la gracia. En lugar de atacar
la investidura para salvar la energía encargada de lidiar con aquella, habría para
Goffman un tercer elemento en la semiosis del self.
"Nuestro sentido de ser una persona puede provenir del ser atraídos
dentro de una unidad social más amplia; nuestro sentido del sí mismo
(sense ofselfhood) puede surgir mediante las pequeñas maneras en
que resistimos el tirón . Nuestro estatus es respaldado por las sólidas
edificaciones del mundo, mientras que nuestro sentido de identidad
personal a menudo reside en las grietas ." (1961 : 320, énfasis agre-
gado)
El ser humano sería también
"Una entidad que adopta una actitud , algo que toma una posición en
algún punto entre la identificación con una organización y la
oposición a ella, y está lista a la menor presión a retomar su
equilibrio mediante un cambio en su involucración en cualquier
dirección. " (Ibíd., énfasis agregado)
Jason Lofland (1980 : 45) , el autor de quien tomo estas dos citas , llama a esta
categoría del self el alma" (soul). Debo rechazar este concepto que bajo la apa-
riencia de lo triádico invoca el clásico modelo binario . Hablar del “ alma” equivale
a adjudicarle a este componente del self algún tipo de privilegio ontológico que
no posee. Este selfReactivo (porque surge como reacción a las dos fuerzas opues-
tas del self Oficialy el self Actoral) en mi opinión, es sólo una dimensión esencial
de tres dimensiones igualmente esenciales. Para comprender el acierto de Goffman
al incluir esta triple instancia en la identidad humana y la falacia en pretender volver
a alguna más auténtica o potente que las otras, vamos a recurrir a una homologación
entre este modelo y el del signo peirceano.
Cada instancia del self corresponde a una de las categorías o modalidades del
signo. Así el self oficial pertenece a la Terceridad, definida por Peirce como lo que
es general , como una ley o un hábito. El ejemplo clásico es el símbolo y, entre los
símbolos , la palabra. Al self actoral le corresponde la categoría de la Primeridad,
que comprende aquello que es vago, indeterminado, el dominio de lo posible.
102
Siempre hayuna posibilidad de que al dar una condolencia o un " Buenos días " algo
salga mal, que irrumpa el blooper tan temido . Por fin, lo que Lofland erróneamente
llama alma corresponde a la categoría de la Segundidad en la teoría de Peirce . Él
describe al individuo de la segundidad en estos términos :
“...un individuo es aquello que reacciona. Esto quiere decir que
reacciona contra algunas cosas, y que es de tal naturaleza que
podría reaccionar, en contra de mi voluntad. " (3.613, énfasis agregado)
El selfreactivo no es el estrato más profundo o verdadero del sujeto, sino la
resultante del compromiso ("las grietas") entre lo proteico y libérrimo -un self
que "juega a ser otro, ante un concurso de personas que juegan a tomarlo por aquel
otro" según la fórmula feliz de Borges- y la firme constricción de la ley del Otro.
Del selfreactivo es el oprobio o la exaltación fruto de una escena mal o bien
montada, de esas huellas concretas está hecho el pasado de cada uno, y mucho de
su futuro.
Goffman ha sido uno de los que más lejos llevó la propuesta semiótica de
Peirce. La microsociología confirma que "el hombre es un signo ", como audazmente
pensó el semiótico hace un siglo. Así llegamos a una visión de la identidad como
signo, un proceso interminable con tres modalidades o categorías semióticas en
continua circulación, sin afuera ni adentro . El diagrama traiciona la complejidad de
la teoría del selfgoffmaniano, quizá una cinta de Moebius sería más fiel a él :
Primeridad
Self Actoral
"Por Signo quiero decir cualquier cosa ... que es capaz de una forma sen-
sible, es aplicable a algo diferente que ella misma, que ya es conocida,
y que es capaz de ser interpretada así en otro signo. " (Ms.654, p.7)
Representamen
Objeto Interpretante
103
La homologación de signo y self es total: hay un dispositivo expresivo, es la
posibilidad ilimitada que pertenece al instante mismo (Representamen/Self acto-
ral); un producto de la oposición que manifiesta la existencia misma (Objeto
Self reactivo), el individuo como el duro deseo de durar, la obstinación de
manifestar algo incambiado en medio de la sucesión de variaciones; y la realiza-
ción futura del signo y del self como capacidad de engendrar otro sentido
(Interpretante/ Self oficial ) . La semiótica no concibe la ley social y sus demandas
comoalienantes : es la única vía de realización del self. La imputación de un sentido
legítimo es condición necesaria de semiosis y self, no degradación o pobreza de la
identidad.
Queda así en evidencia la neta oposición de la teoría sociosemiótica de
Goffman y la doctrina de Sartre sobre el ser y su vínculo con los otros. La tríada de
selfy del signo, del selfcomo signo, se opone a toda ilusión de dar con lo auténtico
y último, con la verdad del self, ya sea en el interior o en el exterior del sujeto. Si
la realización de un signo o del self es algo afuturo vale recordar la descripción
que nos deja Peirce sobre el significado último de un signo:
Tal vez no sea una imagen elegante pero es tan liberadora como la visión del
self que nos deja el rico legado de Erving Goffman. Todo self es real y ninguno
lo es más que los otros . Aquello que creo ser, aquello que quiero ser, aquello que
los demás esperan que sea, todo en conjunto conforma la semiosis proteica
llamada identidad humana.
Referencias
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Ginzburg, Carlo, “Morelli,Freud y Sherlock Holmes: indicios y método científico, en Elsigno
de tres, U. Eco y T.Sebeok (ed .), Lumen, Barcelona, 1989.
104
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York, 1959.
Goffman, Erving,, Encounters, MacMillan, NewYork, 1961 .
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Liszka, James, The semiotic of myth, Indiana University Press, Bloomington, 1989.
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Robin, Richard, Annotated catalogue of the Papers of C.S.Peirce, The University of
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Salinger, Jerome D. , Franny and Zooey, Penguin, London, 1964 (orig. 1957)
Sartre, Jean Paul, Being and Nothingness, Philosophical Library, New York, 1956, (trans.
Hazel Barnes).
Uexküll, Jakob, “A stroll through the worlds of Animals and Men”, en Instinctive Behavior:
thedevelopment ofa modern concept, C.H.Schiller (ed .) , International University Press ,
New York, 1957 (orig. 1934).
105
ENTRE SIGNOS DE Asombro
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
INTRODUCCIÓN
106
de la teleología, como si fuera una provocación para actuar, para pensar, cuando
todo es incierto y por explorar. Puede ser un vistazo o la mirada adánica al
explayarse por el Edén la primera mañana de su existencia. No hay aún rótulos y
todo es exploración, riesgo, incertidumbre : una aventura del sí mismo, pero de un
selfque ni siquiera es tal todavía porque no ha chocado en contra de sus límites.
En la primeridad aún no existe la experiencia de la demarcación y resistencia
que es el otro, lo no-uno- mismo , lo que nos cierra el paso y abre el camino al error,
al aprendizaje, a la división fundamental entre ilusión y hecho. Ese dominio que
el personaje bíblico encontrará de lleno en su antigua costilla, algo que de interno,
de totalmente difuso-mera sensación primera, vaga, parte de uno mismo- es
transformado en OBJETO, es decir, en eso que está-ahí-enfrente (ob-jectum: algo
lanzado frente a alguien) , en oposición a alguien que sólo entonces deviene sujeto.
Eva es la plenitud de la segundidad (secondness), de la delimitación que me re-
cuerda, que me informa que yo limito con otra cosa, que tengo una frontera, de
naturaleza humana en este caso. Estamos en el régimen semiótico de la FACTICIDAD.
La segundidad tiene que ver con el hecho bruto -dice Peirce- con la resistencia
de algo sobre nuestra percepción . Al toque de Adán sobre la piel de Eva surge una
innegable respuesta, la reacción de fibras y músculos contra otro tejido que no se
deja moldear del todo por esa presión , pero que sin duda acusa recibo de los dedos
que lo rozan, lo ciñen por un momento lo suficientemente extenso como para
recibir la impresión de alteridad.
Falta, para completar esta descripción de los signos con que se arma la escena
de significación, el tercer componente de la experiencia humana . Con la lección
divina sobre lo que es kosher y lo que no lo es dentro del jardín del Edén, es decir,
la severa estipulación sobre aquellos frutos que pueden ser alimento y aquellos
malditos de los que deberán abstenerse los inquilinos del ilustre propietario,
aparece en la escena bíblica la capacidad humana por excelencia: la negación. Lo
interesante de nuestros signos no es precisamente que se ciñan en todo momento
a la realidad tal cual es (o tal cual creemos o estamos seguros que es) . Poco
habríamos avanzado desde la caverna paleolítica de no ser por los juegos de
lenguaje que llamamos planos y proyectos, ya sean los de Platón con respecto a
un régimen político y social perfecto, en La República, o los de Da Vinci sobre
máquinas que vuelen o ductos que sean más eficaces que los existentes en la
ciudad. Cada diseño sobre lo que aún no es pero que podría desarrollarse en el
futuro, de darse ciertas condiciones, proviene de una enfática negación delpre-
sente y su opresión factual, en favor de otra ley, otra norma que a mi entender sería
más satisfactoria. Cuando el Dios judeocristiano prohibe y sus criaturas desobede-
cen, o cuando mienten como Caín quien afirma no saber de su hermano,
asesinado poco antes por él-estamos frente a la terceridad (thirdness) peirceana.
Ley, generalidad o hábito, la terceridad caracteriza lo que es más duradero, lo
estipulado o convenido socialmente que, como ya vimos, bien puede ser atacado
desde otra ley, desde otro deseo o voluntad de legislar el mundo en el que se
interesa el sujeto o agente semiótico. La terceridad ni factual ni posible es del orden
107
de la PROBABILIDAD. Dentro de la semiosis humana es la terceridad la que estipula qué
ha de considerarse como normal y dentro de las expectativas , y qué anómalo y
peligroso para el sujeto.
Los enemigos de esta modalidad semiótica son dos , como veremos al conside-
rar en detalle la gramática romántica: el accidente, aquello por completo inespe-
rado que viene a perturbar el cuidadoso designio sobre el que se basa la socialidad,
por un lado; y el capricho, el sueño diurno ofantasía que me seduce, que me aleja
peligrosamente de las vías de lo convenido para acercarme a caminos inexplorados,
con la única guía de un antojo o de una vaga visión, por el otro lado.
A la ley que estipula el desconocimiento respetuoso de la fruta prohibida se
contrapone otra que la incluye dentro de los proyectos posibles y que con ese fin
le asigna un nuevo valor: ese fruto sería algo especialmente interesante , tentador.
Modificando el proverbio popular, creemos que no es tanto un caso de que “hecha
la ley, hecha la trampa ", sino más bien de que “hecha la ley, viable su negación".
Desde esta concepción del universo de la experiencia -entendida como la
produccióny recepción de tres clases distintivas de semiosis o acción de los signos
sobre la agentividad humana ²—, voy a plantear la siguiente hipótesis : la corriente
de pensamiento conocida como romanticismo y asociada al nombre de creadores
como Shelley, Byron o Keats , puede fácilmente extrapolarse a una tendencia
general explicable sobre la base de dos grandes maneras de organizar el sí mismo
o self. Estas dos "gramáticas del self" 3 han sido desde el comienzo del mundo
moderno en Occidente (situado arbitraria y discutiblemente en la sociedad
ateniense de los filósofos, la del siglo V AC) una gramática romántica y una
gramática administrativa o burocrática.
Dos precisiones sobre la terminología. Cabe aclarar que no hay en absoluto un
juicio admirativo hacia la primera y peyorativo hacia la segunda, ni tampoco a la
inversa. Aunque ambos términos tienen amplio curso en la vida diaria, en la que
reciben casi inevitablemente una fuerte carga axiológica, en el presente trabajo
serán usados de manera descriptiva y no prescriptiva . En segundo lugar, por
gramática no sólo entiendo una serie de reglas de tipo lingüístico, sino una
verdadera forma de vida (Lebensform), tal como la define Wittgenstein en sus
Investigaciones Filosóficas cuando afirma que “el hecho de hablar un lenguaje
forma parte de una actividad, o de una forma de vida”. Por ende no existe un
lenguaje humano -sea verbal, gestual, vestimentario , espacial, etcétera— sepa-
rable de las tres modalidades de la experiencia propuestas por Peirce para
comprender la naturaleza de la semiosis o acción sígnica en la vida . Veamos cómo
se caracteriza cada una de estas gramáticas de la subjetividad.
108
accedera la autenticidad. Y para ello cuenta con un indicio: la experiencia límite .
¿Cómo definirla? Es algo que en la vida de todos los días termina inevitablemente
dentro de un relato. Un ejemplo entre tantos posibles ocurre hacia el final del filme
Paris, Texas de Wim Wenders (EEUU, 1987 ) . Somos testigos de un relato extraño
y seductor que logra atrapar la imaginación de una mujer sin espesor detrás de un
vidrio de una dirección:
"¡Hasta un viaje cualquiera al almacén era una aventura!"
Se trata de las palabras que le cuenta Travis, el peregrino , a su exmujer Jane
mientras ésta intenta llevar adelante su rutina como fantasía viviente dentro de un
burdel electrónico, sin haber reconocido aún que se trata de su antiguo esposo
—a causa de una interacción muy particular que paso a describir―. Nos encontra-
mos dentro de una suerte de Disneylandia para voyeurs, una serie de cubículos que
recuerdan los célebres locales de la zona roja de Amsterdam, donde se exhiben las
prostitutas, pero con un par de diferencias importantes . Los vidrios sólo dejan
observar para adentro del pequeño cuarto donde la mujer no sólo se somete a la
mirada del otro sin poder observarlo ella misma, sino que además accede a actuar
las fantasías sugeridas por el cliente mediante disfraces apropiados. Del otro lado,
una silla y un teléfono establecen el vínculo sonoro entre las dos partes . Es allí
donde el protagonista la encuentra, luego de varios años de mutua desaparición
y buena parte de esta película-de-carretera ( road movie), para relatarle la saga
romántica de quienes ellos fueron en otra Terceridad.
Travis con su relato consigue arrancarla de su apatía de imagen incorpórea que
es mirada pero que no puede ver, un puro objeto escopofilico(=la pasión del mirar) .
En esa bizarra circunstancia, poco propicia para una anagnórisis o reconoci-
miento tradicional, él va a contarle sobre el selfque era él y que era ella en el tiempo
de la pasión. Lo interesante es que en el presente del filme su relato parece no
instalarse en el violento cuerpo a cuerpo que la narración revive, representa y
difiere . Asistimos en cambio al espectáculo calmo de quien desde lejos , rigurosa-
mente administrado según las estipulaciones burocráticas de ese burdel visual , irá
descerrajando imágenes, atmósferas y acciones narradas. El término burocrático
no es un símil o una metáfora en este caso: Travis le habla a Jane a través de una
ventanilla unidireccional de atención al público . ¿Pero no lo son todas? ¿No
instaura toda ventanilla administrativa un camino sin retorno hacia el que acude
con su problema único, intransferible , y que se lleva invariablemente como
respuesta un formulario-igual-para-todos-los- que- acuden- a-la-repartición? No
debe existir mejor manera de ilustrar la sociedad abstracta teorizada por Max
Weber que esta ascéptica casa de miradas toleradas.
Si la pasión es la fuerza que mueve al mundo de lo privado, que engendra
relatos que animan o alumbran esa esfera robada a la abstracta negociación del
orden público donde se busca el éxito y el bien-parecer, aquí presenciamos algo
que nos parece mal, anómalo y anómico: un cliente que no usa su privilegio -en
un primer momento Travis le habla de espaldas, para re-establecer la simetría y,
paradójicamente, para estar juntos en la separación impuesta por ese orden
109
administrativo que funda la institución—. La gramática romántica es el intento de
deshacerse de esa estructura de cebolla que nos dice Peirce es la semiosis: un signo
sólo remite a otro signo que a su vez... El selfadministrativo es el que acepta su
ubicación dentro de esta semiosis . Su morada se parece un poco al organigrama
del Estado o a una gran corporación en una sociedad moderna, una red o rizoma
de infinitas e intrincadas ramificaciones que no podemos llegar a conocer a fondo
nunca, a riesgo de quedarnos sin nada que conocer.
Desde esa gramática administrativa podemos ver cómo Travis le dice pero no
le habla, porque su voz le llega a ella a través de un aparato diseñado para
incomunicarse cara-a- cara . Están muy cerca pero demasiado lejos, hay un teléfono
por el que sale la voz algo afectada del hombre , que intenta no ser reconocido por
la mujer, como si su voz no saliera desde aquella pasión que fue de los dos . De no
reaccionar en contra de esta fuerza, el selfdel protagonista terminaría por abs-
traerse en la categoría financiera de cliente , usuario, espectador/voyeur, etcétera.
Su abandono se da precisamente a través de un relato , que ella oye al principio
como dicho por nadie a nadie , es decir, dos funcionarios que ejecutan la función
que les fue destinada en ese organismo -privado, en este caso, pero no cambiaría
mucho si fuera estatal— . Es la narración de Travis la que los devuelve a los dos al
espacio social de una semiosis personal, intransferible, que logra suprimir el
designio macro para instaurar el proyecto de dos individuos privatizados.
Todo relato tiene como núcleo de sentido la pasión viajera o lógica itine-
rante que rige la gramática del self romántico: es un viaje entre lo usual que es
desapercibido y lo inesperado que debe explicarse . Veamos con un poco más de
detalle qué dice ese hombre casi ajeno a ese lugar, alguien que representa a la
perfección la anonimia burocrática del típico cliente de burdel que de hecho no es,
y que niega la pasión que la película ha mostrado de modo convincente: lo ha
conducido hasta ese lugar, para reunirse con su exmujer, quien también es la
madre de su hijo, abandonado por ambos y reunido ahora con su padre por la
común búsqueda.
110
ley textual que dice así: todo encuentro con una forma de primeridad notable,
removedora, instaura la posibilidad de fundar una terceridad distinta , ajena a la
que se confunde con la norma que invisible y poderosa rige los destinos de la
colectividad semiótica . Esta conjunción se manifiesta o concretiza a través de la
segundidad de un relato.
La narratividad humana, como bien observa Jerome Bruner, tiene como fina-
lidad central " hallar un estado intencional que mitigue o al menos vuelva
comprensible un desvío delpatrón canónico cultural " . Contar relatos y hacer las
paces con la normalidad parecen estar muy unidos dentro de la teoría de la vida
corriente que llamamos sentido común.
El impulso semiótico que preside la génesis de un relato o la vivencia romántica
de la vida representada en él se encuentran en la base de la concepción del sí
mismo que Kavolis' describe así:
"El verdadero sí mismo es una luminosidad sumergida que da una
pista de su presencia sólo en los momentos de las experiencias pico
más vívidas o más puras que son arrolladoramente completas en
cada caso, pero que no son necesariamente consistentes entre sí a lo
largo de un período o con cualquier orden externo al individuo. "
Vamos a ver enseguida cómo lo que atrapa irresistiblemente a la prostituta
icónica, hastiada de clientes en su ventanilla unidireccional, no es su propia
historia, ya que al principio no la reconoce , ni se reconoce en ella, sino la fuerza
irresistible de una “experiencia pico”, de ese momento límite que nos lleva a
contemplar precisamente los límites habituales que son por lo común invisibles.
Su invisibilidad se debe al acostumbramiento. Es por hábito que llegamos a
confundir nuestro deseo (el querer a secas) con nuestro deber (lo que conviene
querer y hacer). De pronto el relato nos arroja una bocanada de posibilidad aún
no experimentada, de alternativa, de otro mundo que no es este mundo. Es ese el
proyecto romántico de toda época y nación, el dar con un sí mismo o selfAUTÉNTICO,
"puro", independiente de las leyes de la ciudad. A esto sólo se accede, como temía
Platón en el Fedro, a través del apasionamiento :
"No nos dejemos perturbar por una argumentación que intente
atemorizarnos y hacernos preferir la amistad del apasionado en lugar
de la del cuerdo ."
Tal como lo planteaJames Conlon³, la pasión está “ en el corazón mismo de toda
la filosofía platónica, desde la ética hasta la estética”. En su contraste entre
Alcibíades , el desmesurado borracho , y Sócrates , el razonable sabio, se encuentra
el anatema que lanza Platón contra los apasionados y también en contra de “los
artistas que inspiran la pasión, y que deben ser exiliados para siempre de la ciudad,
si ha de alcanzarse alguna vez la felicidad humana".
111
desesperados o de cualquiera que se rebela contra el tranquilo decurso del hombre
de 8 a 12, y de lunes a viernes , y de besos medidos , y de consecuencias temidas .
Otros amantes , también hijos de la representación estética, que no conocen la
mesura y merecen no un relato filmico pero sí un poema , son los que corren sobre
la superficie de una vasija griega en el poema de John Keats: " Oda a una urna
griega". Hay desmesura y algo que juega con los límites semánticos en la
concepción de dos amantes que no han de darse alcance jamás , que no van a
aprovechar los frutos de su pasión, pero que van a poder perdurar eternamente en
la mera promesa de esa experiencia máxima :
“Audaz amante, nunca , nunca vas a poder besar,
aunque te arrimes a la meta - pero no lo lamentes;
ella no puede marchitarse, aunque tú no tengas tu goce
por siempre querrás, y por siempre será ella hermosa. "
112
cuando la vigilia racional desciende y sube la atención de mis sentidos, con el
mundo como yo siento que es ? Para entender cómo este planteo rebasa géneros
y épocas, basta pensar en el adagio de Picasso respecto de haberse esforzado toda
suvida por desaprender el saber pictórico adulto para llegar a pintar comoun niño.
El problema en verdad no es sentimental, sino epistemológico, pues implica dos
modalidades de conocer antagónicas.
En esos términos precisamente se plantea un grupo de estudiosos del lenguaje
literario el origen de lo artístico . ¿No podría ser el arte algo que devuelve al sermo
humilis, como describían los oradores clásicos el lenguaje de todos los días, su
perdido resplandor, su intimación de haber estado en contacto con la gloria de lo
no trillado, lo no obvio, lo no tristemente previsible? Uno de sus teóricos más
conocidos, Victor Shklovskij, en dos ensayos de los años 2010 hace una formulación
que nos recuerda poderosamente el funcionamiento de la gramática romántica ,
más que una escuela estética.
Lo esencial para Shklovskij es el procedimiento de desfamiliarización
(ostranenje) que, como ya vimos en el ejemplo narrativo de Paris, Texas se aplica
también para un momento de cotidianeidad (ir de compras) que deviene extraor-
dinario (una aventura erótica, titilante) :
"La gente que vive en la costa llega a acostumbrarse tanto al
murmullo de las olas que ni siquiera las oye . Por la misma razón,
apenas oímos nosotros las palabras que proferimos ... Nos miramos
mutuamente, pero ya ni siquiera nos vemos . Nuestra percepción del
mundo se ha desvanecido , lo que ha quedado es un simple recono-
cimiento. "
"La densidad (faktura) es la característica principal de este mundo
peculiar de objetos deliberadamente construidos, cuya totalidad
llamamos arte ."
El teórico ruso de la segunda década del siglo XX parece estar repitiendo casi
al pie de la letra lo que en un registro poético dijera exactamente Keats cien años
antes en 1819— a través de su imagen del beso imposible pero deseable —y en
un contexto levemente diferente, Shelley por esa misma época-. O mejor aun, el
beso infinitamente deseable y proteico porque al no consumarse difiere sine die
el peso de lo factitivo , de aquello que inevitablemente va a acumularse en el hábito
social: un típico beso de amantes jóvenes atenienses pertenecientes al primer
cuartil socioeconómico, por ejemplo.
La transferencia pasional a la experimentación de la primeridad, lo que
Shkovskij llama desautomatización, es lo que el poeta inglés Keats celebra como
belleza perenne, que es en definitiva, el selfdisuelto en la imaginación, en lugar
de resuelto en el escueto hecho (choque de dos bocas anhelantes) , o en la estabi-
lidad erótica legitimada (a través del contrato matrimonial y la descendencia) .
Como en una suerte de reacción energética, la ruptura de los enlaces que
mantienen la legalidad vigente o terceridad, parece liberar una cantidad impor-
tante de energía imaginativa o primeridad. Gracias a esta última puede realizarse
113
la gramática romántica y dejarse de lado, momentáneamente al menos, la gramá-
tica administrativa y su afán de predecir y volver predecible el agente semiótico .
Burocracia es el proyecto de supresión constante de lo inesperado, lo anómico, de
todo aquello que ponga en tela de juicio la ley social vigente . La máxima aspiración
de esa manera de organizar el self es llegar a un instante en el que la organización
de proyectos individuales y la planificación de proyectos colectivos sean indistin-
tos. Esto jamás puede conseguirse pero, como lo teorizara Max Weber, puede
concebirse el moderno estado como una curva que asintóticamente tiende a
absorber todo impulso privado dentro de una zona de interés público (véase el
Ministerio del Tiempo Libre en Francia).
Dentro de esa normativización de la vida social, el lenguaje desempeña una
función vital: es lo que cada socio ha de adquirir lo más correctamente posible para
poder hacerle compañía a sus congéneres sin ser censurado o, peor aun, ignorado.
Debe quedar absolutamente claro que en todo ser humano coexisten siempre ambas
gramáticas para la organización del self, así como las tres modalidades de semiosis.
Sin duda, lo que varía es la proporción o importancia relativa de una de las dos en la
semiosis constitutiva de la identidad humana durante todo el tiempo en que ésta existe.
Por tal motivo, el semiótico Even-Zohar" considera que el proceso de
automatización mirado con desprecio por Shklovskij no sólo es inevitable sino
necesario para que un sistema sígnico funcione . Él admite que tal como señala el
formalista ruso existe un “vaciamiento" (depletion) y una “automatización" sígnica
y que ambos procesos son requisitos esenciales para el cambio sistémico (shift) del
lenguaje verbal , por ejemplo. Su gran discrepancia con él nos ayuda a comprender
la visión del mundo de una y otra gramática:
“la redundancia es una condición necesaria de la comunicación (y
noalgoa) lamentarcomosifuera una miseria de la vida. La ecuación
de Shklovskij entre la automatización y el no-arte le impidió ver que
el vaciamiento existe tanto en el arte como en el no-arte... No existe
ningún área de nuestra vida donde elprincipio de vaciamiento no
opere",12
Queda así formulada la tensión entre ambas formas de organizar la semiosis del
self: aceptar de buen grado el vaciamiento por obra de la costumbre o hábito
(=terceridad) de elementos que pasan así a cumplir una nueva función —ej .: la
veloz y casi secreta mirada de los amantes pendientes de sí que deviene mirada de
padres pendientes de otro , algo propio de la gramática administrativa. Pero este
pasaje tiene un costo: la mayor abstracción, la creciente independencia del puesto
de quien lo desempeña, del acto de quien lo ejecute , aleja la esfera de lo personal
intransferible del ámbito público, y lo obliga a refugiarse en el mundo privado. La
alternativa es entonces renegar de ese proceso de ahuecamiento semiótico que
engendra previsibilidad y abstracción, en favor de una mayor demanda imagina-
tiva, una exigencia de autenticidad que nos obligue a salirnos del surco usual para
lidiar con una semiosis problemática e incierta , y que por serlo es vivida o percibida
como auténtica por el sujeto.
114
El problema es fundacional para el ser en sociedad. De acuerdo al deseo
transitivo hegeliano, el sujeto se define como aquel que desea ser deseado. En pos
del ansiado reconocimiento se corre el riesgo de perderse como diferencia y
convertirse en estadística , en un adaptado más. Esta teleología o lógica de la fina-
lidad genera una fuerte duda: ¿no me conduce inevitablemente a desaparecer
como diferencia, como ser auténticamente separado de los demás , en aras de
fundirme con el colectivo? Se ve con claridad el porqué del miedo de Platón al
apasionado, el que acepta el libre curso de la posibilidad y sacrifica sin remordi-
mientos el apacible camino de la ley- que-es-igual- para-todos. Será el mismo temor
que despierta el profesor Keating en la escuela Welton representada en el filme La
Sociedad de los Poetas Muertos. La queja expresada por el profesor de latín al
comienzo, pero extensible a todos quienes no enseñan —o no se enseñan— como
él es: ¿Por qué provocar la sensación, cuando es más sabio fortalecer los buenos
bábitos que sirven para socializar? Una parte importante del filme se ocupa en
aseverar con convicción -de todas las formas posibles— que la vida es un in-
fiernofuera de la terceridad.13
El profesor nuevo espía al grupo, pero lo hace muy visiblemente, mal disimu-
lado y con picardía, por detrás de una puerta entornada. Luego entra, con
displicencia y silbando. Curioso: nadie ríe, y todos los cuerpos que habíamos
contemplado un instante atrás en posición de descanso ruidoso , se envaran, como
si quisieran formar un ángulo de 90° con el respaldo del banco de madera . Es el
primer día. Llega irresistible el recuerdo del mozo que observa Sartre en Elsery la
nada, ese que con sus gestos mecánicos , casi de muñeco, está en verdad jugando .
¿A qué, se pregunta el filósofo? A hacer de mozo, del mozo ideal que él mismo
imagina que el cliente imagina debe atenderlo en el bar real donde acude a tomar
algo. Volvamos al aula y a una duda . ¿Qué pasó con el silbar, y el espiar, y la mirada
juguetona del protagonista del filme de Peter Weir, La Sociedad de los Poetas
Muertos ? ¿Por qué nadie en la clase acusa recibo de esa di-versión o per-versión
de la terceridad esperada que faltó a la cita? Antes de esta peculiar entrada de
Keating, se nos muestran flashes de las clases de matemática y de latín: dos
versiones de una ley del todo previsible. Una es severa y exigente, la otra casi una
dulce letanía de casos y declinaciones (Agricola, agricolae, agricolam...) que
desciende como una leve llovizna, no del todo desagradable , sobre estos alumnos
de la prestigiosa escuela preparatoria Welton, hacia fines de los cincuenta , en
Estados Unidos.
En esa escena inaugural del vínculo profesor-alumnos aún impera la gramática
burocrática cuyo fin es administrar cada momento en la vida de estos sujetos . Ahora
están en clase , y el/un profesor lo que tiene que hacer es darla del modo convenido
tácitaypotentemente. Y nada más . Keating llega al frente del salón, a su supuesto
lugar, el del ' sujeto del supuesto saber', pero no lo ocupa, no asume el mando, al
115
menos no desde allí. Sigue caminando y les dice , les ordena que lo sigan, que
salgan todos del recinto. Allí se produce el momento más interesante de este filme
que celebra y enjuicia la gramática romántica del self. No sólo hay incredulidad en
los muchachos: es ironía, juega con nosotros, y si lo hace , ¿a qué? Lo interesante
es observar además el desacomodo físico de estos estudiantes: la mayoría ya se
había acomodado a adherir todo lo posible el torso al banco, las piernas al piso,
las manos sobre el pupitre y la mirada al frente . Casi como soldados del saber. ¡Y
ahora esto! Estos jóvenes alumnos parecen escenificar a la perfección lo que Peirce
llama Máxima Pragmática ( 1878) y que da cuenta del significado sosteniendo que
hay que tomar en cuenta “cuáles son los efectos prácticos que pensamos pueden
serproducidospor el objeto de nuestra concepción" . El sentido que algo tiene para
nosotros es precisamente eso: no algo fijo, estático y definido de una vez para
siempre en algún libro, sino ante nada un efecto sobre nuestro cuerpo. El cuerpo
de estos muchachos revela el desasosiego de un concepto inédito, inaudito: un
profesor que no se porta como tal , o al menos, no como los profesores que ellos
conocían, y claro , que podían predecir. Estar predispuesto es todo, tanto para una
gramática como para la otra ; por ejemplo, para una identidad de tipo adminis-
trativo como la que pusieron en buen uso los estudiantes antes de la entrada de
Keating. Pero no les sirvió con éste ; estaban preparados pero para otra cosa, para
más de lo mismo, para un docente abstracto, genérico, alguien que diera literatura,
más o menos como hay-que-darla . Keating los saca del salón , los saca del ángulo
recto, los saca de quicio y termina por sacarlos fuera de sí. Se convierte en un
acontecimiento relatable.
Lo que hace Keating cuando los lleva al corredor para hablarles sobre el paso
del tiempo es mucho más importante que la posterior discusión sobre el motivo
literario del carpe diem. Él no sólo les habla de aprovechar el momento, sino que
lo actualiza, los hace sentir auténticamente que el que faltó ese día se loperdió:
no te imaginás , el tipo nos sacó de la clase, nos hizo parar en el corredor, sí, frente
a los cuadros esos de los antiguos alumnos del colegio, y luego... Es fácil imaginarse
el tono excitado de este cuento posible aunque no dicho, mezcla de placer por
haber sido testigo y parte de eso, y también de un poco de angustia por no entender
todavía del todo, de qué viene este tipo. Los muchachos se mueren por contárselo
a los que no estaban allí, pero ante todo a ellos mismos , para poder hacer el
desplazamiento gradual pero seguro desde esa violenta impresión hacia la ley que
tiempo y abstracción mediantes pasa a ingresar la otra gramática . Para ella, la
actitud cotidiana que puede darse por sentado , no merece entrar en una historia.
Porque lo obvio no se cuenta , se describe o prescribe silenciosa y eficazmente de
modo anestesiado e interno a la conciencia; así somos los eficaces vigilantes de
nuestros días. En la gramática administrativa, el nuevo profesor se convierte
eventualmente en Keating-el-cómico o Keating-ese-loco- medio- raro-de-litera-
tura, o en cualquier otro rótulo que sirve para darle abstracción y generalidad a lo
que esa mañana no la tenía y que por eso daba tantas ganas de volver relato . La
pasión es la fuerza semiótica que engendra la narrativa. Todo relato nace del
116
impulso de un Ur- romanticismo, un empuje universal que nos lleva a notar y
recordar lo singular, lo anómalo, nos parezca bien o mal.
Más que la célebre escena de la segunda clase —cuando Keating les ordena
(algo usual, previsible ) que arranquen y rompan la introducción al manual de
poesía (algo inusuale inaudito)-es el quiebre con la disposición previa y genérica
respecto de lo que significa el ir o el estar en clase , lo que pone en jaque la norma.
Comoseñalaba Even-Zohar, hay formas que se vacían con una teleología funcional
-la interacción estudiante-profesor, es un ejemplo para poder usarla para otro
fin: la comprensión de cierto juego de lenguaje -matemática, geografía, etcéte-
ra―, por ejemplo. Es allí donde Keating golpea con eficacia . Su actitud no permite
que los estudiantes den por sobrentendida la relación, el vínculo que funda el
aprendizaje . Es fácil comprender que él no ha ido a Welton a enseñar eso, sino a
enseñar-se y a iniciar- los. Estoy hablando de la figura shamánica , de aquel que
inicia al neófito en una dimensión insospechada que incrementa el confin delo
real, al hacerle sentir un mundo posible pero poco probable . De eso parece estar
hablando otro teorizador de la gramática de identidad romántica casi por la misma
época en que escribía su poema Keats.
Aunque el tema del texto es la poesía, parece fácil sustituir este tópico por todo
impulso que intente separar al self de la abstracción categórica que rige el mundo
social, alejarlo de las divisiones y los deberes previsibles y aceptados que configu-
ran la Ley:
"Pero la poesía actúa de un modo distinto y más divino (que las
ciencias éticas) . Despierta y amplía la mente misma, al volverla el
receptáculo de mil combinaciones no captadas del pensamiento . La
poesía levanta el velo dela belleza escondida del mundo, y haceque
los objetos conocidos parezcan desconocidos..."14
De no ser Percy Bysshe Shelley el autor, bien podría cien años más tarde, el
formalista Shklovskij haber firmado esta Defensa de la Poesía, escrita en 1821. El
proceso perceptivo de desautomatización conseguido al volver extraño lo más
familiar, parece prologar la escuela de Moscú tanto como la posterior estética
teatral de Bertold Brecht (especialmente su Verfremdungseffekt) . La recomenda-
ción que luego da Shelley en esta apología de un género literario vuelve explícito
el enfrentamiento de la gramática romántica del self con la gramática administra-
tiva. Lejos de asimilarse al común de los mortales, el poeta, según Shelley, debe
aspirar a una identidad negativa : para ser todos debe ser nadie, tal como escribirá
más tarde aun Borges de Shakespeare en un ensayo que se llama justamente
Everything and Nothing:
"El gran secreto de la moral es el amor; o un salir de nuestrapropia
naturaleza, y una identificación de nosotros mismos con lo de
hermoso que exista en el pensamiento, la acción , o la persona que
no somos nosotros mismos... Un poeta por ende haría mal en en-
carnarsus propias concepciones del mal y del bien, que en general
son las de su lugar y su tiempo ." 15
117
No se trata de integrarse al grupo sino de condensar la especie tomando para
ello lo más distintivo de los seres humanos . Y esta condensación se da a través de
un auténtico "éxtasis" del self-del griego, abandonar el lugar donde se está—:
para vencer lo general abstracto hay que emigrar de los confines del cuerpo. Algo
muy similar proponía un par de años antes un buen amigo de Shelley en una carta
a Richard Woodhouse ( 1818):
"El tipo poético ... no es nada en sí mismo, no tiene un sí mismo (self
).
Un Poeta es lo menos poético que existe , porque no tiene Identidad,
siempre está representando algo, llenando algún otro Cuerpo.... los
Hombres, las Mujeres que son criaturas de impulso son poéticas y
tienen en torno de sí un atributo invariable- el poeta no posee nin-
guno, ninguna identidad... "16
Este proyecto compartido por Keats y Shelley —así como por las películas que
discutidas aquí tiene que ver con el anhelo de autenticidad que sospecha de
toda propuesta de vivir según la Ley de la ciudad. Para los escritores ingleses, quien
se dedica a narrar el éxtasis debe estar vaciado de toda pasión para ser un buen
receptáculo de ésta . No es más que una ratificación de la gramática romántica, pero
por la negativa: lo central de la existencia sería la primeridad (llamada por Keats
"atributo invariable " -es decir, la cualidad posible-y "hermoso" por Shelley) . La
paradoja es que para dar con la autenticidad, el poeta debe desaparecer en tanto
hábito(sus concepciones morales sesgadas por su ubicación epocal y geográfica)
y como presencia física y concreta (un self que resista lo Otro, el mundo a repre-
sentar). Debe permanecer en el imaginario para poder habitarlo todo, serlo todo
momentáneamente, y nada para siempre , en forma categórica.
Es porese motivo que no pienso que la gramática romántica implique necesaria
o principalmente una transgresión o siquiera que haya algo liberador en la escena
de la destrucción de la introducción de los manuales de literatura en el filme de
Peter Weir. Después de todo, ¿cómo se libraría el profesor Keating del doble
vínculo (double bind batesoniano) que existe en la orden: “¡ Sean libres!"? Si ellos
lo obedecen, efectivamente no están obrando con entera libertad, y si no lo hacen,
es difícil imaginar cómo pueden llegar a concebir otro universo ético posible que
el de las rígidas normas del colegio Welton. Sin embargo, creo que hay una salida
de este dilema.
Una vez que el cuerpo juega con otro posible , cuando es conmovido por una
invitación a sentirse otro —“¿cómo es ese hombre del retrato (Walt Whitman)?”,
"¿por qué no intentan escuchar lo que dicen sus antepasados desde los retratos?",
etcétera , se produce una abducción, un modo de pensamiento por el cual,
según Peirce, es posible imaginar otras leyes que aún no son tales, es decir,
formular una hipótesis. El mecanismo ha sido estudiado con detención para la
metodología científica. No obstante, propongo adoptar la abducción o búsqueda
de una explicación posible para aquello que nos asombra, como un mecanismo
romántico del self. El poeta imaginado por Shelley y Keats, el profesor actuado por
Keating y el narrador de Paris, Texas, ofician cada uno a su modo como un shamán
118
que guía sin mandar ni enseñar al otro hacia el universo de lo auténtico. Por
auténtico todos ellos imaginan aquella visión o percepción que arranca con una
sacudida el cuerpo de su surco habitual para arrojarlo a la contemplación o acción
de lo nunca antes percibido o considerado. Llegar a jugar con esa visión o epifanía
es lo que sostenían, desde una postura semejante , el Ezra Pound de los haiku y el
JamesJoyce de la primera época. La pasión textual de poemas, relatos o reuniones
en una cueva en el bosque oficia de antídoto contra el perderse a uno mismo en
el gran argumento lógico y abstracto que es la sociedad en tanto organización
adecuada para el con-vivir.
LA AMARGURA DE LA PASIÓN
Como epílogo quiero hacer una breve consideración acerca de dos muertes
cinematográficas que pueden servirnos para una última reflexión sobre el
enfrentamiento de las dos gramáticas que regulan la identidad occidental.
Hay energía liberada de signo positivo en la búsqueda de autenticidad que
emprenden los iniciados por el shamán Keating. Penetrar al bosque es darse a la
primeridad que no conoce las mismas determinaciones fijas y estables de la
terceridad antes habitada como hábito no problemático . Claro que ellos, en grados
diversos, siguen siendo también típicos estudiantes de un colegio modelo . Sin
embargo, sus mentes y sus cuerpos se han dado además a la abducción, que es el
juego imaginativo de indagar no quién uno es, aquí y ahora, sino quién unopodría
llegar a ser, en cualquier instante, incluso en el pasado. Veamos un par de
ejemplos.
Uno obvio. Tiene que ver con Charlie, un muchacho que aparece desde el
comienzo como audaz y juguetón; él va a llevar esta predisposición a extremos: se
pintarrajea como un salvaje de caricatura y se hace llamar "Nuwanda". Luego será
el responsable de una travesura que le cuesta un duro castigo físico que no
consigue reformarlo . Pero hay otro ejemplo no tan obvio e interesante , que no
tiene el aspecto de una transgresión, sino de una fantasía, de una imagen que
remodela elpasado, lo re -escribe y consigue así cambiar el presente . Se trata de
Todd, el hermano del que fue el mejor del colegio. Casi autista, el rito iniciático de
Keating tendrá sobre él un cambio profundo y duradero. Un día, Neil, el estudiante
que lidera a los demás en la iniciación a la Sociedad de los Poetas Muertos , lo
encuentra sentado en el suelo, en la oscuridad, sobre un puente, con un juego de
escritorio a su lado . Cuando le pregunta por el motivo de su aire deprimido, se
entera de que es su cumpleaños y de que nuevamente sus padres le han regalado
lo mismo. Así como lo ignoran y confunden siempre con su brillante e inalcanzable
hermano, así le niegan su derecho a la distinción en el día que es sólo suyo . Es
entonces que presenciamos un caso de invención, de surgimiento de algo nuevo
no previsto por Keating. Neil le sugiere (abducción) que ese objeto de muerte, de
temible abstracción es un regalo para cualquiera, no para él, que ya recibió otro
idéntico antes- bien podría ser un aeroplano -nueva terceridad en clave de
119
juego, abierta a nuevas determinaciones semióticas—. Ambos participan entonces
en el "primer vuelo no piloteado de un juego de escritorio”. Todd, el muerto, como
lo sugiere su nombre ( =alemán der Tod: la muerte) re-nace al calor de una
abducción que le permite explorar una parte suya inesperada: el humor, la
capacidad de burlarse de este duro olvido. Arroja -junto con el absurdo regalo—
una manera de organizar el self que lo abstrae hasta la aniquilación. Una ironía del
filme es que el intento de llevar la gramática romántica a su última expresión
terminará con la vida de Neil, el que sugirió esa visión salvadora a su compañero.
Por ese motivo, si bien será la imagen triunfante de Todd la última que veamos
en elfilme, cuando se sube a su pupitre para desafiar la autoridad del director y es
imitado por quienes habían renegado del shamán- Keating, esa escena ocurre tras
la muerte de Neil, el iniciador de los iniciados. La pasión, el triunfo momentáneo
de la gramática romántica, la aventura de la identidad que emprenden varios de los
jóvenes de Welton finaliza funestamente .
Luego del intento frustrado de iniciar una actividad teatral en contra de la
voluntad de su padre, Neil va a suicidarse en la casa paterna. La sombra de la culpa,
la responsabilidad por este infortunio recae sobre quien introdujo el germen de la
pasión entre los muchachos . Ni siquiera la escena final con Todd como líder, la
reivindicación de su gramática sobre la del colegio, consigue borrar el sabor
amargo de la muerte, que rodea como un aura la figura de Keating. La pasión se
paga, el éxtasis no se consigue sin pagar un altísimo costo; esta moraleja parece
quedar flotando en los pasillos silenciosos de Welton, en medio de una calma sólo
quebrada por la recitación monótona pero tranquilizadora del profesor de latín: su
letanía inmemorial reasegura al sujeto de que todo está en orden y en su justo lugar,
y que éste es el mejor mundo posible, a pesar de todo .
Otro caso de violenta colisión de ambas gramáticas de la identidad en el último
ejemplo de este trabajo. En Atracción Fatal (Adrian Lynne, 1988) partimos de un
universo armónico y ordenado. No parece existir en la hermosa familia de Dan
Gallagher (Michael Douglas) compuesta por su atractiva mujer Beth (Ann Archer),
y su hija Ellen de seis años nada disonante o que no despierte la admiración de un
observador casual. Sin embargo, durante un fin de semana en el que Dan queda
solo en la ciudad, él va a tener una aventura con Alex Forrest (Glenn Close) , una
muy atractiva y sofisticada editora. Hasta aquí nada nuevo ni especial. Así parecen
creerlo los dos adultos que tras un almuerzo de mutua y cómplice seducción ligera,
deciden con sangre fría y humor pasar el resto del día juntos en la casa de Alex . Pero
allí va a terminar lo que aparentaba ser producto del puro cálculo, de una sociedad
moderna que alienta a cada uno a expresarse a su antojo y a realizar sus deseos
hasta donde pueda, sin más reparo que los posibles conflictos con los otros.
Parecería un claro triunfo de la gramática administrativa, cuya abstracción involucra
"la reificación no sólo de sentimientos y de ideas, sino también de antiguos
compañeros".17
En el apartamento de Alex contemplamos una danza frenética que nos
recuerda la entrada casi mística, entre espesas sombras, de los muchachos de
120
Keating en el bosque, rumbo a la cueva y a otras posibilidades del self. Por instantes
los sobrios estudiantes de Welton parecen hasta perder su carácter humano y dan
la impresión de una bandada de grandes pájaros negros que se deslizan con sigilo
por un mundo del todo ajeno al nuestro . Una vez traspuesto el umbral del edificio,
los cuerpos de Dan y Alex ocupan todo el espacio posible con su búsqueda de
sensaciones . Tanto el ascensor como la cocina, el lugar público y el lugar no
apropiado para el sexo serán temporal e intempestuosamente ocupados para estos
movimientos con los que ambos parecen obstinados en sacar al otro de quicio: no
es otra cosa el éxtasis que prescribe la gramática romántica del self, en su violento
abandono de la posición habitual. La autenticidad en Atracción Fatal es relatada
filmicamente como el imperio de los sentidos.
Desde el punto de vista semiótico del "tono", término que designa para Peirce
la pura sensación posible en la primeridad -sensación aún no concreta— no hay
distinción válida entre dormitorio y cocina, dentro del apartamento y afuera en el
ascensor, donde se está visible a potenciales moradores.
Antes, al comienzo del filme , cuando Dan había querido hacer el amor con su
esposa, luego de una fiesta, él ve su deseo coartado por el deber de sacar antes el
perro. De regreso, aún con deseos de su mujer, se encuentra con la hija dormida
en la cama matrimonial . El gesto de resignación risueña de Beth es la viva antítesis
de la mirada feroz y concentrada de Alex en su fruición del sexo que desborda
dormitorio y apartamento.
Pocas veces quedan las dos gramáticas mejor enfrentadas y su problemática
convivencia dentro del mismo sujeto mejor ilustradas, que en este breve pero
excelente diálogo en el apartamento de Alex, mientras cenan luego de haber hecho
el amor con furia. Dan acaba de enumerar complacido una lista de todo lo que le
parece placentero de su familia:
"Alex: Suena bastante bien.
Dan: (asiente orgulloso).
Alex: Si todo eso es tan bueno , ¿qué estás haciendo acá?."
El pobre Dan queda perplejo, no atina a decir una palabra, hace lo que haría
cualquiera a quien le pidan dar cuenta de la coexistencia difícil de las dos
gramáticas de la identidad a través de su día, de su vida, de unos escasos
momentos , tal vez; cambia de tema, escurre el cuerpo . No es otra la pregunta que
le preocupaba a Platón y sobre la que deseaba prevenir al mundo social.
Pero en verdad, ¿qué fue a hacer allí Dan, teniendo una hermosa mujer y una
linda hija? A la película le es tan difícil contestar la pregunta de Alex que opta por
darunviolento giroy convertir a esta buena contrincante del filósofo griego, en una
psicópata peligrosa y detestable.
Quizá no erremos demasiado si decimos que Dan -y junto a él todo sujeto en
occidente aspira a algo que no es únicamente el mundo previsible y abstracto
de las instituciones, que sin embargo le dan seguridad y sin las cuales caería en la
más terrorífica anomia. Esa es precisamente la sensación de Dan cuando Alex
comienza a perseguirlo y asediarlo en su propio territorio. Él siente que es una
121
venganza irracional, porque él y ella sólo buscaban pasar un buen rato, como dos
adultos maduros y conscientes del juego en que se metían . Sin embargo, el
protagonista nunca va a aceptar que algo en él tenía una fuerte necesidad de la
pasión, algo que sólo la gramática romántica le podía dar. Por eso, para eliminar
esa desazón que es innombrable, el relato filmico termina por ahogar y balear esa
influencia dañina que parece venir de afuera, esa invasora que penetra en el hogar,
que se agazapa en el baño para ultimar a la esposa.
Aveces parece que las imágenes tuvieran más facilidad para expresar loque los
símbolos lingüísticos no alcanzan a decir. Cuando Beth, la mujer de Dan, se está
mirando en el espejo de su baño lleno de vapor, percibe la imagen de la otra ; al
darse vuelta la encuentra vestida de modo muy similar a ella. Si bien es esperable
que la dueña de casa esté ataviada con una salida de baño blanca, no parece lo más
plausible para quien viene de la calle . Pero lo más sorprendente es que Alex habla
primero y le pregunta a Beth qué está haciendo ahí. Hay una sugerencia evidente
de que una mujer es la imagen especular de la otra, hay una simetría inversa entre
ambas. Son las dos gramáticas enfrentadas en un duelo mortífero. El filme no tiene
ambigüedades al respecto. No contento con matar una y otra vez a la amenaza
pasional que salió de dentro de Dan, la película se cierra con una toma en zoom
del retrato de la familia. Ya ha quedado muy atrás el baño cubierto de sangre, el
cuerpo de la otra mujer en la bañera, el revólver humeante en la mano de Beth,
quien ha salvado así a su esposo de la pasión homicida de Alex y de él mismo, claro.
Atracción Fatal bien podría llevar como epígrafe la advertencia de Platón que
citamos al comienzo y que también podría colocarse en alguna parte de La So-
ciedad de los Poetas Muertos. Sin bien con más ambivalencia, tanto un filme como
el otro parecen emitir un juicio adverso y definitivo en contra de la gramática
romántica del self que opera con igual fuerza en la vida cotidiana, como en los
textos de Keats y Shelley discutidos aquí, o en una infinidad de películas, como
Paris, Texas.
No se trata de evaluar cuál es la mejor manera de organizar el self o de saber
qué gramática es más satisfactoria . Al igual que las tres modalidades de la semiosis
propuestas por Peirce , las dos gramáticas son parte ineludible de todo agente
semiótico. Entre la eficaz abstracción que nos permite vaciar de primeridad
elementos de nuestro entorno para que pasen a ocupar nuevas funciones burocrá-
ticas, y la potente pasión que persigue la experiencia límite de lo auténtico e
intransferible, se juega la realidad de lo humano. En los relatos que nos contamos
mutuamente, o a nosotros mismos, contemplamos fragmentos de pasión que nos
recuerdan lo que aún podemos ser, incluso en el pasado. Por eso la fascinación de
cuentos y películas , anécdotas y novelas. Pero irónicamente, para poder dedicar-
nos a ese disfrute, a esa búsqueda que privilegia la primeridad, es decir, la
imaginación que juega con las fronteras, dependemos cada vez más de prótesis
que exigen una complejísima organización . En el mundo desarrollado el juego es
cada vez más administrado , el Ministerio del Tiempo Libre ya no es una visión de
Aldous Huxley . El alejar el selfde sus rutinas exige cada vez rutinas más complejas .
122
Para recordar al sujeto esta delicada tensión entre los dos momentos de la
identidad occidental, muchos relatos como los dos filmes analizados en esta última
sección, aunque parecen celebrar la inquietante primeridad que desata nudos
convencionales y abre las compuertas del self a lo insólito , incluyen en momentos
decisivos de su trama una visión aleccionadora de los peligros de permanecer
demasiado en esa dimensión inquietante de la semiosis . Keating expulsado de
Welton mientras sobrevive calmo y pacífico el recitado de latín, o la foto familiar
de Dan y los suyos por encima del cuerpo masacrado del delito, de la pasión: estas
visiones constituyen manifiestos visuales en clara contraposición a manifiestos
verbales como el de Shelley. Parecen decir: hay que desconfiar del demiurgo
poético que revela lo desconocido, que hace que lo familiar vuelva a verse como
si nunca hubiera sido percibido antes. Parecen ignorar que el sujeto no es sino la
criatura de esa tensión indecidible. Entre las leyes de la ciudad y las sugerencias
reales o imaginadas de sus sentidos, este peregrino -como el que imagina Kafka
en "Ante la Ley❞— no va a penetrar nunca del todo en el espacio luminoso de la
Ley, ni va a poder sustraerse por completo de ella para habitar su visión privada e
incierta .
Con su conmovedora fábula , Travis -el relator- parece plantarse
enunciativamente en la anti-pasión, que no es sino otro avatar de la pasión. Cómo
no percibir el impulso romántico que lo desengancha de ser un triste cliente en la
ventanilla del sexo incumplible y medido de esta prostitución televisual , o de un
plausible ex-marido que reprocha o tergiversa con melancolía lo que no fueron en
otro tiempo pero podían haber sido. Nada de eso ocurre en Paris, Texas o en el
jarrón griego evocado por Keats (en Ode to a Grecian Urn) . El proyecto romántico
vive dentro de otra teleología: vibra y pervive en esa silueta que de espalda
desgrana la pasión, la desventura del romántico que puede deambular por Los
Angeles , el desierto o los acantilados del Parque Rodó. Romántico es, en la lógica
itinerante del filme de Wim Wenders -o en la temeraria ThelmayLouise de Riddley
Scott- no aprovechar el vidrio que le permitiría mirar sin ver, tener una total
impunidad sobre el cuerpo de quien lo ignora como otro cuerpo dotado de deseo.
Negación del voyeur para quien este aparato de sensualidad vicaria en la era de
la reproducción mecánica fue hecho , Travis con su cuerpo elige contar el relato
más seductor de occidente , la historia de la pasión . Hay sólo dos relatos que se
reiteran sin cesar en nuestro mundo, decía Borges; uno es el de unos hombres que
encuentran una isla con un tesoro en ella y otro el de unos hombres que crucifican
a otro en la cima de un monte . Ambas son versiones de la pasión, de lo que con
violencia se aparta de la norma, de la sagrada Terceridad que rige o intenta guiar
el azar, lo que pasa en cada instante. Entre el ver para creer del asombro y el
tranquilo saber verpara mirar de lo consabido, hay una ancha franja de riesgo,
de incertidumbre , que estos artefactos pasionales de imagen, sonido o letra nos
ayudan a transitar.
123
Notas
124
11. En " Depletion and Shift. The process of de -iconization”, en Iconicity, R. Posber et al.
(ed) , Stauffenverlag, Tübingen, 1987 .
12. Even-Zohar, ob. cit, p . 349.
13. Para ser más preciso debería decir: la vida es un infierno fuera de la terceridad
consagrada como La norma en un momento y lugar dados . Todo anhelo imaginativo
ajeno a esa norma aspira a instaurar su propia legitimidad. Una vez instituida, ella será
el obstáculo contra el cual van a estrellarse otros posibles no reconocidos.
14. Tomado de Critical approaches to literature, de D. Daiches, Longmans, London , 1956,
p.120; la traducción es mía.
15. Ibíd.
16. Extraído de Selected Poems..., p.279; la traducción es mía.
17. R. Clignet y R. H. Brown (ob. cit. , p.21 ).
125
ENTRE SIGNOS DE ASOMBRO
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
SIGNOS Y CREATIVIDAD
Tanto la metodología seguida por Freud en su clásico "Más allá del principio del
placer", como la que sigue Peirce en muchos de sus escritos semióticos , podría
rotularse de cenoscópica . El término proviene del filósofo utilitarista inglés Jeremy
Benthamy es empleado por Peirce (C.P. 1.241) ' como uno de los dos términos para
clasificaruna ciencia "teórica" basada en la formulación de hipótesis: la designación
de ciencia cenoscópica (del griego coenos-común y scopein -mirar) se aplica al
estudio sistemático de “la verdad positiva... pero se contenta a sí mismo con
observaciones tales como las que pasan a formar parte del rango de la experiencia
normal de todo hombre, y en su mayor parte en toda hora en que está despierto
en su vida". Reserva Peirce el término de idioscópica para aquellas otras ciencias
como la astronomía o la química que para hacer sus estudios se valen de "aparatos
físicos"y de cierto entrenamiento profesional para poder utilizarlos adecuadamen-
te. Tanto el fundador del psicoanálisis como el de la semiótica moderna emplean
para formular sus hallazgos la mirada desnuda, o quizá sea más apropiado hablar
de una mirada sólo provista de hipótesis. Estas hipótesis, cuyo mecanismo voy a
estudiar en cierto detalle más adelante, le permiten al investigador del campo
cenoscópico proponer cierto modelo teórico del mundo a verificar luego en la
experiencia, ya sea clínica o empírica general, los diversos campos donde la
perspectiva semiótica puede emplearse.
Me propongo indagar en este ensayo sobre un modo de inferencia humana
llamado abductivo o hipotético por Peirce, en virtud del cual no sólo especialistas
sino todas las personas , incluso o sobre todo los niños , llegan a forjarse un mundo
viable, un modelo dentro del cual ordenar la multiplicidad caótica e inmanejable
126
que nos llega de continuo a través de los sentidos . Esta preocupación por reunir
lo diverso en la unidad, atraviesa el campo filosófico y el cotidiano a lolargo de toda
su historia .
La aproximación abductiva a este esfuerzo de síntesis no es sino una de las tres
posibles , siempre según Peirce ; las otras dos son la deducción y la inducción . El
interés en una reflexión específica sobre la abducción o mecanismo de generar
hipótesis es su estrecha y fundacional vinculación con la creatividad humana.
Quien propone un nuevo modo de entender la psiquis o el conocimiento en
general -caso de Freud y Peirce respectivamente- así como quien debe lidiar
con la angustia del abandono (temporario) junto con el ingreso a un nuevo orden
de existencia —caso de la especie humana en su estadio infantil- recurren a las
hipótesis como a una fuente de soluciones provisorias pero eficaces para com-
prender y actuar sobre el mundo . En una palabra, hipotetizar en psicoanálisis ,
semiótica o vida cotidiana es enfrentarse creativamente a un obstáculo inédito. La
empresa de unos y otros tiene como punto de partida un desequilibrio, un estado
rayano en el asombro, el thaumatsein filosófico, es decir, cierto desasosiego
epistemológico o existencial, que nos empuja a dar ese salto al vacío llamado
abducción.
127
inducción . Concluye que la abducción opera sobre nosotros por “ sugerencia” :
algún encadenamiento de signos nos apartaría de la huella consabida y nos llevaría
a pensar y sentir algo nunca antes pensado o sentido .
Freud comienza su “ Más allá del principio del placer” ( 1974: 2508 ss . ) con una
puesta en crisis epistémica , es decir, con la introducción de la posibilidad de un
cambio en las certezas que antes ha deducido de su modelo económico de la
psiquis —por ejemplo , la referencia a la “teoría psiconalítica” y al “ ahorro de
displacer"— y que ha creído constatar, inductivamente, en sus propios pacientes
—“el examen de los procesos anímicos por nosotros estudiados ”—
La mera observación de un acto creativo va a sugerir a Freud que su teorización
es insuficiente e inexacta. Cabe hacer aquí una advertencia. No toda hipó-
tesis posible tiene como consecuencia inmediata conmover el sólido edificio
de nuestras certezas . En las diversas caracterizaciones que da Peirce de la
abducción, queda delineado un amplio rango que cubre desde la más banal
percepción cotidiana y anónima hasta un descubrimiento de la magnitud del rea-
lizado por Kepler, cuando propone la forma elíptica para la órbita de Marte. Para
clasificar estas diversas clases de abducción, Eco (1989: 276-294) propone una cla-
sificación en cuatro tipos fundamentales . Dos de ellos son los que me interesan
ahora: corresponden a la "abducción creativa" y a la "meta-abducción" (ibíd : 277) .3
La abducción creativa implica la creación de una nueva ley, es decir, una
“invención" que también obedece a “criterios estéticos” ; este último factor tiene
una importancia evidente tanto para el estudio de la creación de un modelo teórico
como para la de un modelo lúdico . Esta clase de inferencia iría siempre acompa-
ñada, según Eco , de una meta-abducción; ésta " consiste en decidir si el universo
posible delineado por nuestras abducciones de primer nivel es el mismo que el
universo de nuestra experiencia" ( ibíd.) . En ambas instancias -teoría y juego
infantil― existe una multiplicación de lo familiar en ámbitos nuevos, no necesa-
riamente congruentes con el mundo conocido: por ejemplo, el como si infantil que
abre la puerta a una dimensión paralela, perpendicular, invertida o en cualquier
otra relación geométrica posible con respecto al universo de lo cotidiano ; Eco
considera que su aplicación más frecuente es en el campo científico y criminológico.
Quiero agregar a estos dos, el del juego infantil.
Se va a producir entonces, desde mi perspectiva , una suerte de encajonamiento
de muñecas rusas: el psicoanalista llega por una abducción a una solución posible
para un punto ciego teórico , tal como el niño observado llega por una abducción
a una solución transitoria para un punto ciego afectivo . Si seguimos el método de
investigación del primero podemos reconstruir el proceso humano de la creativi-
dad del segundo, proceso inseparable de la capacidad general de hacer abducciones .
La descripción del momento del asombro que desencadena toda abducción se
ubica enla segunda sección del ensayo freudiano. No sostengo aquíni tengo forma
alguna de demostrar que Freud haya efectivamente seguidoun itinerario heurístico
idéntico al que describe su narración . Sin embargo, ésta nos ofrece una versión
posible, aunque idealizada o al menos normalizada , del procedimiento que en los
hechos siguió este investigador.
128
Hay tres momentos claramente distinguibles en la metodología freudiana.
Primero, una seca exposición deductiva -inductiva de la teoría ; en ella Freud habla
del aparato psíquico y de su funcionamiento según principios de economía . Luego
Freud pasa a hacer una muy somera consideración de la “ neurosis traumática”
producto de la guerra que acababa de terminar y , por fin, como si quisiera alejarse
al máximo de esa temible visión , Freud decide abordar, inesperadamente , el tema
del juego infantil:
"Abandonemos por ahora el oscuro y sombrío tema de la neurosis
traumática para dedicarnos a estudiar el funcionamiento del aparato
anímico en una de sus más tempranas actividades normales."
(1974: 2511 , énfasis agregado)
Todo ocurre como si esta zona del discurso freudiano estuviera regida por la
figura retórica del anacoluto, es decir, la notoria interrupción del flujo textual más
plausible y por ende previsible . Esta fuerte irrupción va en contra de toda
expectativa discursiva; ella sería un rasgo característico de la abducción creativa,
según la imagen algo misteriosa que de ésta nos da Peirce:
"La sugerencia abductiva nos viene como un relámpago . Es un acto
de visión (act of insight), aunque de una visión extremadamente
falible ." (C.P. 5.182)
Freud a su vez nos da una buena pista sobre cómo emprende este viaje
abductivo hacia la creación científica, cuando habla de los actos "normales" del
niño que observa muy de cerca y durante "varias semanas". Más adelante va a
insistir sobre esta idea de una norma abandonada cuando al describir el com-
portamiento infantil se refiera a una "perturbadora costumbre " en el sujeto
observado. El carácter perturbador sólo sería tal porque perturba la imperturbada
costumbre o hábito de Freud respecto de lo que un niño debería legítimamente
hacer al jugar o para poder jugar y gozar con esa actividad . He ahí el surgimiento
de la sorpresa, el thaumatsein o capacidad de asombro activada , que está detrás
de la gestación de toda hipótesis científica (cf. Rehder 1989: 297) . Veamos ahora
qué cosa exactamente perturbaba a Freud en aquella situación y ponía en
funcionamiento el aparato abductivo.
Para llegar a determinar lo que es normal, el investigador vienés no sólo recurre
a la autoridad científica, es decir, lo que entre los griegos se conocía como
epistémé, sino que también alude de manera indirecta al recurso retórico por
excelencia, la doxa o " conocimiento práctico" al que adhiere incondicial y
tácitamente la opinión mayoritaria . " Ambas modalidades cognitivas se correspon-
den a la perfección con los dos tipos de método racional que Peirce (C.P. 2.204)
postula. Por un lado, habría una logica utens con la que toda persona se maneja
en el mundo cotidiano; se trata de un tipo de razonamiento eminentemente
práctico y espontáneo, aunque sea un obvio producto cultural y semiótico . Por el
otro, existiría una logica docens, el tipo de procedimiento sistemático propio del
científico; éste requiere una preparación especializada y su asimilación nunca es ,
al menos fundamentalmente , de tipo narrativo. Ilustrativa de esta nítida oposición
129
es la pregunta que se formula Jerome Bruner: "¿por qué los niños pueden entender
relatos tanto tiempo antes que entienden lógica?", "
Cuando Freud nos habla sobre el “juicioso carácter” ( 1974:2511 , énfasis en el
orig.) de este pequeño de un año y medio, no sólo cita -sin indicarlo- palabras
probablemente empleadas por sus padres y la criada , sino que se hace eco de ellas.
Parte de la doxa epocal indicaba que un niño juicioso "no perturbaba por las
noches el sueño de sus padres, obedecía concienzudamente a las prohibiciones
(...) y sobre todo no lloraba nunca cuando su madre lo abandonaba por largas
horas". (Ibíd.) Hasta ahí la logica utens del mundo vienés de principios de siglo ,
un universo cognitivo en el cual convivían cómodamente el observador y todos los
demás, incluido, claro, el niño . Antes de que Freud desarrolle su teorización del
comportamiento anómalo del sujeto observado , se instala un procedimiento que
no es espontáneo -por ende propio del mundo dado por sentado- ni especia-
lizado o científico . Si el mundo de todos los días funciona como si estuviera
olvidado de sí, con muy escasa autorreflexión , y el mundo académico con gran
morosidad y autocrítica, habría un tercer universo ni anestesiado localmente ni
formalmente crítico: propongo llamarlo el dominio de la logica itineris (del latín
iter: travesía, viaje) . Esta tercera vía por la que circula el razonamiento humano
tiene como cualidad central el movimiento. La logica itineris comparte con el
razonar de todos los días la espontaneidad, pues un asombro genuino no puede
provocarse como sí sucede con el minucioso análisis de premisas propiciado por
la logica docens. Por otra parte, de ésta posee la curiosidad, la actitud (auto)reflexiva
que no se conforma con la opinión recibida e incuestionada del mundo práctico.
Ni totalmente cotidiana ni genuinamente científica, la logica itineris es la actitud
cognitiva que nos permite engendrar explicaciones para lo inédito, soluciones
para aquello que de inexplicable tiene la vida del intelecto o de los afectos. Esta
explicación, como veremos , puede tomar la forma de un argumento racional para
dar cuenta de un fenómeno curioso, o la de un simulacro lúdico con el cual
dramatizar una fuente real de angustia.
La descripción minuciosa y fascinada de ese juego que elaboró Freud y que hoy
se conoce como el fort/da responde a un movimiento semiótico que parte de la
certeza y se encamina hacia la duda, con el propósito incierto de calmarla. A
primera vista (desde la logica utens) no parece haber nada espectacular o siquiera
llamativo en este juego infantil: apenas un niño que arroja y trae hacia sí mediante
130
una cuerda un carrete de madera . La acción es acompañada cada vez por dos
monosílabos: fort (fuera) para el gesto centrífugo y da (aquí) para el centripeto,
"desaparición y reaparición". Nada parece ser más simple y obvio que este par
binario.
El punto de inflexión de la logica itineris, el comienzo de la inferencia abductiva
es el peculiar (para Freud) énfasis que el niño ponía en uno de los dos instantes,
precisamente el que no correspondía a la norma científica ( =el principio del placer
antes postulado por el propio psiconalista):
"...juego del cual no se llevaba casi nunca a cabo más que la primera
parte (
fort), la cual era incansablemente repetida por sí sola, a pesar
de que el mayor placer estaba indudablemente ligado al segundo
acto (da) ." (1974: 2512)
El terreno está pronto para aventurar una hipótesis que explique lo asombroso
del fenómeno. La desaparición de este juguete improvisado no sería sino un
modelo inventado por el niño para representar la desaparición real, no lúdica, de
su madre. Cabe recordar aquí que en esencia “la construcción de modelos ,
diagramáticos o geométricos, es un proceso de figurativizar relaciones conceptuales
mediante medios espaciales" . (Spinks, 1991 : 446) Lo que comenzó como una
"metáfora" juguetona, es decir, un signo analógico inventado por el niño para
poner en escena -como dice Freud— un abandono angustiante y temido y para
llegar a dominar lo disfórico de la ocasión , termina, tal como lo estipula uno de los
acápites de esta sección , en el “álgebra" de la teorización psiconálitica. Mirando
jugar a un niño a inventar un diagrama que no sólo reproduce la ausencia sino que
le permite al sujeto manejarla más fácilmente, Freud se pone a jugar con su
imaginación y produce otro modelo, uno más eficaz que el económico con que ha
partido en este viaje abductivo , del que ya no volverá igual, como en la poderosa
imagen de Heráclito.
"¿Cómo está de acuerdo con el principio del placer el hecho de que
el niño repita como un juego el suceso penoso para él?” (1974:2512)
Luego de reconocer la principal vulnerabilidad de su abducción creativa -el
que su campo de observación se limita "al análisis de un solo caso" (ibid.) - Freud
sigue adelante; la sugerencia hipotética tiene la fuerza suficiente como para revisar
el antiguo modelo, esa puesta en escena económica que tras la separación de lo
cotidiano y de lo científico aceptado, ya no parece tan aceptable . Así lo va a
enunciar el teórico:
“Llegase así a sospechar que el impulso a elaborar psíquicamente
algo impresionante, consiguiendo de este modo su total dominio,
puede llegar a manifestarse primariamente y con independencia del
principio del placer. " ( 1974:2513)
Un modelo -ya sea del tipo infantil-analógico del carrete o el algebraico del
psicoanálisis constituye una herramienta semiótica primordial que, sin embar-
go, "es incapaz de reproducir fielmente o dar una imagen especular del mundo"
131
(Merrell, 1991 : 267) . No obstante, esta construcción sígnica está en la base del
autoconocimiento , pues
"los modelos por medio de la semiosis (poiesis más praxis) no son
otra cosa que un signo compuesto . Su comienzo diagramático se
transforma en los elementos de un lenguaje construido, que sirve
repetidamente para 'corregir' el diagrama. ” (Ibíd.)
Tal como la teoría freudiana va a continuar su viaje de autocorrecciones en vida
de su autor y luego a través de las reflexiones/modelos de quienes se instalen en
este campo del conocimiento, ese juego elemental binario constituye el ingreso a
la dimensión simbólica del niño , su entrada a un universo en el que de continuo
retocará y transformará aquel diagrama incial o juego inaugural en los otros juegos
delenguaje, al decir de Wittgenstein, con que va a interactuar consigo mismo y con
los otros. La meta de dominio que supone Freud en ese niño puede homologarse
a la de autocorrección científica a la que aquel aspira cuando postula una
dimensión "más allá (del principio del placer)" con "tendencias más primitivas e
independientes de él en absoluto" ( 1974: 2513).
133
por una emoción, un componente estético y “pasional” del razonar, como dirá
Peirce:
"Esta emoción (musical) es esencialmente la misma cosa que una
inferencia hipotética y toda inferencia hipotética implica la forma-
ción de tal emoción (...) la hipotésis produce el elemento sensual del
pensamiento." (C.P. 2.643)
No importa si para dar cuenta del acto creativo se postula una cualidad musical
o una escritura mágica que desaparece pero que deja huellas a otro nivel (el
modelo analógico del Wunderblock de 1925) ; en ambas instancias nos encontra-
mos dentro de un universo sugerente e incierto, que remueve emotivamente lo
consabido para hacer espacio para lo inédito. La logica itineris de la búsqueda
lúdica o científica está estrechamente emparentada con la logica docens y la logica
utens. La primera envía nuevos insumos, pasionales y removedores, tanto al
mundo enrarecido de la teorización científica como al ultrapráctico de la
cotidianeidad . Sin ese proceder racional itinerante de la creación, la vida no sería
más que un arduo páramo de lo útil interesado y de lo racional formalizado . Queda
por fortuna un tercer espacio, ni práctico ni científico, desde donde los otros dos
acceden a la movilidad y a la incertidumbre renovadoras.
¿Por qué no dejar la última palabra a los poetas, como aconseja sabiamente
Freud? En la proliferación ligera de sus mundos encontramos a menudo un
territorio más sustancioso que en el puro incidente que nos recuerda loreal a secas ,
la finitud de los límites terrenos.
Un poderoso estanciero uruguayo decide formar —junto con un grupo de
adherentes una secta, "que representaría a todos los hombres de todas las
naciones" . No se trata de una visionaria Organización de las Naciones Unidas, sino
del fabuloso "Congreso del Mundo" inventado por Alejandro Glencoe inventado
porJorge Luis Borges en El Congreso (1972) .
Entre las tareas que el grupo de congresales se impone está la reunión de una
ingente biblioteca. Como en el mito de Babel, el acopio de libros se transforma
rápidamente en un ziggurat interminable y vano, una tarea para cuya concreción
ningún esfuerzo parece suficiente ya que la biblioteca proyectada “ no podía
reducirse a libros de consulta y que las obras clásicas de todas las naciones y
lenguas eran un verdadero testimonio que no (se podía) ignorar sin peligro".
Parten entonces comitivas hacia diferentes puntos del mundo. Se ha echado a
rodar con grandilocuencia la construcción de un efigie del mundo para superar
todas las conocidas hasta entonces . El Congreso del Mundo se propone como la
imagen ideal y completa de todo lo que el intelecto humano puede llegar a
aprehender.
A medida que el proyecto se aleja de su base, impulsado por el incansable
impulso utópico de remodelar lo que es a través de un puede ser lo bastante lejano
134
comopara no avizorar las consecuencias indeseables y tangibles, este ziggurat del
intelecto cae en el vórtice de la desmesura y la insensatez. La venalidad de algunos
junto con inversiones imposibles -" tres mil cuatrocientos ejemplares de Don
Quijote"- se encargan de dilapidar los fondos disponibles . Todo ocurre como si
la pasión abductiva de Alejandro Glencoe hubiera dado a luz a una criatura con
vida propia y por completo ajena a los designios originales . Estos sin embargo, no
son ajenos a una hubris fatídica que acompaña el nacimiento del Congreso del
Mundo. El origen del nombre de esta agrupación parece residir en un acto de
compensación imaginaria: el despecho de Glencoe por haber sido rechazado en
su deseo de convertirse en diputado.
No es difícil ver en el funcionamiento de una corporación legislativa un modelo
posible del mundo cotidiano: un grupo de personas que conversa, discute y tras
negociar y renegociar, acuerda. Una buena metáfora, todavía persuasiva, de la
humanidad: una conversación interminable, escandida por acuerdos temporales
y a término . Este diálogo parlamentario representa, está en lugar de -como buen
signo icónico la comunidad toda. Glencoe no encuentra mejor solución/
abducción a su frustración real que imaginar otro modelo, una hipérbole imposible
con respecto al plausible congreso comunitario.
En la construcción del modelo imaginado se le va la vida al poderoso
despechado; no es tan sólo una fría fórmula lógica desde la cual él espera
comprender el universo: es su propio ser el que intenta abarcar el planeta desde
este modelo metafórico llamado el Congreso del Mundo. En él los libros harían las
veces de las voces que animan ese diálogo continuo y tan exasperante como
imprescindible en el otro modelo, el mucho más limitado congreso de la sociedad
como cuerpo político .
A un llamado imperioso del fabricante de esta visión colosal, acuden desde sus
distintas misiones en el mundo, los encargados de llevar a cabo la infinita
biblioteca. Lejos de asistir a la apoteosis de un modelo, ellos van a contemplar
estupefactos la destrucción -en apariencia perversa e incomprensible- de todo
lo logrado hasta el momento:
"-Que no quede un libro en el sótano.
Acumulamos en el patio de tierra una pila más alta que los más altos .
- Ahora le prenden fuego a estos bultos."
Tal es la orden tremenda que da entre carcajadas Alejandro Glencoe. Luego, el
protagonista, el fabricante de ese espacio de pura posibilidad que es el Congreso
del Mundo, les comunica a los otros su fulminante visión , una visión que desplaza
brutalmente la anterior; allí mismo les propone otro modelo del mundo . Su visión
parece corresponderse a la perfección con el deslumbrante flash of insight que
emplea Peirce para describir la abducción:
135
Los griegos reservaban el nombre de adinata para una serie discursiva abiga-
rrada y caótica como la que Glencoe utiliza para describir esta otra empresa
enorme, el nuevo modelo del universo que superaría por completo la metáfora
anterior. El recurso retórico de la adinata era empleado a modo de síntoma de un
gran desorden cósmico o humano, un indicio textual de una profunda alteración
en el orden de las leyes que rigen los destinos humanos y divinos . Así en la
enumeración que hace Glencoe se van a mezclar con violencia magnos episodios
históricos "los caledonios que derrotaron a las legiones de César"-, míticos
-"Job en el muladar"-, junto con la pequeña crónica que ni siquiera va a ocupar
un magro espacio en las noticias del día siguiente. Con el mismo aliento épico,
Glencoe incluye en su recuento la muy reciente estafa de la que ha sido víctima por
parte de los congresales , aquellos en quienes había confiado la misión de ayudarlo
a concretar el modelo que iba a superar todos los modelos , y que lo ha conducido
inexorablemente a su ruina material. Nada parece ajeno a esta nueva visión que lo
ha visitado como un relámpago, hasta tiene cabida la aún humeante destrucción
de libros que él mismo ordenó.
De pronto, el poder sugerente de la abducción se apodera de la imaginación
de todos los presentes; también ellos comienzan a considerar la posibilidad de este
nuevo modelo como algo viable, una creación infinitamente más potente y
seductora que la anterior. Glencoe los invita entonces a contemplar con él la nueva
versión del Congreso; para esto no es necesario el acopio interminable de libros,
ni la conjura de unos pocos iniciados en una pequeña comarca muy al sur del
planeta. Desde un coche de alquiler tirado por caballos, los congresales van a
recorrer la ciudad. Su rumbo está regido por el azar , por donde quiera ir el cochero;
tal es el pedido expreso del visionario desengañado. Gradualmente la compren-
sión de todos es expresada por uno de los invitados a recorrer este vastísimo
modelo: el narrador del relato que leemos . Desde la nueva abducción , él cree
entender que la ironía final no es la esperada , los creadores después de todo son
también productos de su propia creación . Los seres humanos son los hijos de una
visión que no está ni afuera ni adentro de ellos mismos , sino en la interacción entre
el sí mismo y las imágenes que éste propone sin cesar para comprender lo que es
a través de lo que puede ser:
"Importa haber sentido que nuestro plan, del cual más de una vez nos
burlamos , existía realmente y secretamente y era el universo y
nosotros ."
Somos parte del plan tanto como éste es un componente vital de quien somos
o pensamos ser. El posibilismo de la abducción coincide con el instante pasional
de la vida de los signos , que es toda la vida que llevamos . Abducir es la experiencia
humana de estar abierto , disponible a lo que aún no es pero que puede ser y que
altera radicalmente la mera existencia física con la irrupción de algo tan vago y
difuso como una visión.
Sobre el mundo de las cosas que simplemente son se sobreimprime de con-
tinuo la imagen de las cosas que significan y que cambian de acuerdo a designios
136
que sólo llegamos a conocer y entender en la medida en que nuestro propio ser
sale fuera de sí a retocar "nuestro plan" del mundo y, tal vez sin saberlo siquiera,
termina por inventarse de nuevo cada vez.
Quizá toda creación sea algo muy semejante a ese viaje abierto e ilimitado que
emprenden al final del relato borgeano los pasajeros de ese nuevo sueño que es
todos los sueños . El proyecto de un modelo perfecto y acabado se convierte
inexorablemente en la pesadilla del sentido cerrado, ajeno por completo a su
creador. Lo opuesto a esta asfixia de lo posible humano es el re-encantamiento que
conmueve a los viajeros esa noche inolvidable . Allí donde vaya la travesía de la
mirada creadora, allí mismo se instala una posible creación y una nueva imagen de
ese incansable constructor de mundos llamado ser humano . Ni el sentido ni quien
lo propone pre-existen o llevan una existencia aislada. Somos tanto lo que
comemos como los sueños en que llevamos de paseo nuestra imagen del universo,
que es también la imagen cambiante del lugar que ocupamos en él. Crear es re-
encantar el mundo que va perdiendo su encanto primigenio a medida que el
modelo construido por nosotros se revela incapaz de albergar el asombro perpetuo
que nos produce la deriva de signos en que transcurre la deriva de nuestros días .
Notas
1. Seguimos la convención de citar a C.S. Peirce según sus Collected Papers , Vols. I-VI (ed .
P.Weiss y C.Hartshorne, Harvard University Press: Cambridge , 1931-1935) , el primer
numeral corresponde al volumen y el segundo al párrafo.
2. Así describe Peirce el continuum abductivo que existiría entre el mero registro sensorial
y el hallazgo inesperado y memorable: “la inferencia abductiva se diluye en el juicio
perceptual sin ninguna línea de clara demarcación respecto a éste... nuestras primeras
premisas, los juicios perceptuales, deben ser considerados como un caso extremo de
inferencias abductivas, de las que difieren por estar absolutamente más allá de toda
crítica". (C.P. 5.182)
3. Los otros dos son la " abducción hipocodificada" y la "abducción hipercodificada". La
primera consiste en la operación casi automática de identificar una ocurrencia con el tipo
de la cual aquella sería una instancia (fenómeno constante en el lenguaje oral o escrito,
por ejemplo) . La otra conlleva ya cierta audacia imaginativa pues implica que “la regla
debe seleccionarse entre una serie de reglas equiprobables puestas a nuestra disposición
por el conocimiento del mundo". (Eco, 1989:276)
137
4. Menciona al respecto Freud ( 1974 : 2511) : “las diversas teorías sobre el juego infantil ...
reunidas y estudiadas analíticamente por vez primera en un ensayo de S. Pfeifer..."
5. Para una excelente discusión de la teoría retórica en relación con la investigación en
ciencias sociales , ver McGee y Lyne ( 1987 :393ss . ) .
6. Citado en Deely, 1990:3.
7. Habría en última instancia, en esta fabricación de modelos ya sea científicos o no, un
trayecto interminable hacia el autoconocimiento. Tanto para el self del sujeto como para
la realidad por conocer “ ... un modelo conjeturado es una sugerencia tentativa siempre
sujeta a modificación ". (Merrell, 1991 : 265)
8. Todas las citas de esta sección provienen del relato " El Congreso", tal como aparece en
J.L.Borges. Prosa Completa ( 1980) .
Referencias
Borges, J.L., "El Congreso", en J.L. Borges. Prosa Completa, Bruguera, Barcelona, 1980.
Deely,J., Basics ofSemiotics, Indiana University Press, Bloomington, 1990.
Eco, U. , “Cuernos, cascos, zapatos: algunas hipótesis sobre tres tipos de abducción”, en El
signo de tres, U.Eco y T.Sebeok (eds .) , Lumen , Barcelona, 1989.
Freud, S. , “El poeta y la fantasía”, en S. Freud Obras Completas, L.López-Ballesteros (trad.) ,
Biblioteca Nueva, Madrid, 1971 (orig. 1908) .
Freud , S., “Más allá del principio del placer”, en S. Freud Obras Completas, L.López-Ba-
llesteros (trad.) , Biblioteca Nueva, Madrid, 1974 (orig. 1920).
Freud, S. , “El block maravilloso” , en S.Freud Obras Completas, L.López- Ballesteros (trad .),
Biblioteca Nueva , Madrid , 1974 (orig. 1925) .
McGee, M. yLyne, J.R. , "What are nice folks like you doing in a place like this?" , en J.S.Nelson
et al. (eds.), The rhetoric ofthe Human Sciences, The University of Wisconsin Press,
Madison, 1987.
Merrell , F. , “Model, world , semiotic reality”, en On semiotic modeling, M.Anderson y F. Merrell
(eds. ) Mouton de Gruyter, Berlin, 1991 .
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138
PAISAJE TEÓRICO
Las ilustraciones de las páginas 163 , 167, 168
y 172 han sidoreproducidas del libro Theshock
ofthe new, Robert Hughes, BBC , Londres 1980 .
ENTRE SIGNOS DE ASOMBRO
Ediciones Trilce, Montevideo, 1993
La segunda parte de esta triple incursión está incluida en este volumen; se trata de “ Los
Signos del Self según Erving Goffman". Esta presentación de Peirce y la de Goffman
fueron publicadas (la última en una versión diferente , más breve) en Relaciones Nº 74,
1990 y Nº 100, 1992, respectivamente). Todavía soy deudor de la última porción del
tríptico, la referida a la obra del psicoanalista inglés Winnicott.
141
diversidad, y ésta no logra sobrevivir en un sistema como la dialéctica hegeliana,
otro avatar idealista y, en definitiva , monádico de ese par- que-es-uno . Me dedicaré
en este ensayo a presentar la teoría filosófica en que se basa la semiótica peirceana ,
sin la cual es imposible comprender su mal divulgada y peor comprendida
taxonomía sígnica . Para ello tres términos fundacionales de la arquitectónica
semiótica deben ser introducidos : faneroscopía, pragmatismo y abducción.
La segunda porción del tríptico pretende incursionar en un modelo que si bien
no está elaborado conscientemente sobre la tríada que Peirce postula como
explicación de toda semiosis , tiene interesantes afinidades electivas con aquella.
Me refiero a la teoría psicoanalítica de D. W. Winnicott ( 1886-1971) . Nociones tan
ricas y sugestivas como el objeto transicional, el espacio potencial y el papel jugado
por lo materno, pueden leerse desde una óptica como la que desarrollo aquí. No
sólo es inquietante la noción de juego, sino también la de lo femenino, ese otro
desaparecido de la polémica (guerrera) díada: masculino vs femenino. Lo repri-
mido tiende a re-aparecer: el juego que no es serio, lo femenino que es (tan sólo)
la incompletud de lo masculino; ambas víctimas epistemológicas reivindican su
espacio en la tríada de Winnicott.
La tercera porción tiene que ver con una visión provocativa de la minucia
cotidiana, de las pequeñeces sociales que nunca merecieron la atención de la
sociología seria, académica . Otro teórico afín, aunque tampoco deudor directo del
modelo triádico es el (micro) sociólogo canadiense Erving Goffman ( 1922-1982) .
Su obra, coherente como pocas , es un riquísimo friso teórico sobre la modernidad
captada con minucia fotográfica en esos instantes poco serios: en los saludos o
dentro del corto pero difícil viaje con extraños en un ascensor y en otras
incontables micro-situaciones en que la persona debe negociar esa ardua conquis-
ta que le da el otro y que es la legitimidad.
Estos tres pensadores inconformes, heterodoxos , Peirce, Winnicott y Goffman
son mis ejemplos de un modelo alternativo al ruinoso y temible esquema diádico
con que aún se pretende regir el Mundo de la Vida. La semiosis , el juego y la vida
cotidiana son tres interrupciones o irrupciones en el paradigma dominante del
dualismo cartesiano. No sólo dominante sino dominador, pues la ideología de la
díada esjerárquica, buscar superar, vencer al otro; polémica, busca destruir al otro;
y totalitaria, busca eliminar la diversidad, el disenso.
Pero no podía terminar esta introducción sin una referencia a otro pensamiento
heterodoxo, a alguien que sí hace referencia directa a la obra de Peirce. Su trabajo
hace entrar en crisis irreversible ese largo reinado de la díada que es el estructuralismo
en ciencias sociales . Debemos a Jacques Derrida ( 1978) el haber retirado el velo
tramposo a las oposiciones (pseudo) binarias que nos deja la obra póstuma¹ de
Ferdinand de Saussure ( 1978, orig. 1916) . El modelo semiológico del lingüista
ginebrino está armado sobre un potente ideologema que Derrida deconstruye ,
expone en toda su camuflada unicidad, totalidad. Debajo de la aparente simetría
de iguales, significantes vs significado, lengua us habla, etcétera, la indagación
cuidadosa, casi talmúdica del gramatólogo, encuentra un duelo a muerte en el que
142
siempre perece , desaparece uno de los términos en beneficio de la dominación del
otro. Con un ejemplo concreto el lector puede comprender la audacia de la
estrategia deconstructiva . Derrida se basa en un hecho en apariencia menor, una
minucia: el anatema que lanza Saussure contra el signo escrito . La escritura ,
argumenta el lingüista, es derivativa, secundaria, fuente constante de errores de
intelección, casi podría concluirse que la escritura es el origen de toda maldad
semiológica. ¿De qué se trata en verdad aquí? La lectura derrideana adjudica a este
discurso " menor" una centralidad insospechada: Saussure está defendiendo una
preeminencia absoluta, totalitaria de la foné(=voz) como manifestación primigenia,
espiritual (al igual que el pneuma o alma es invisible) por encima de la dimensión
material del lenguaje . El resultado es que el (pseudo) par del significante vs sig-
nificado se reduce al segundo término, el puro sentido, sin esa contaminación
deformante de la materia, de lo corporal. No es difícil leer en filigrana la persistente
imagen del cogito cartesiano en esta semiología monádica.
Reclamo la inquietante obra de Derrida como parte del nuevo paradigma o
"perspectiva emergente ” —al decir del semiótico Floyd Merrell- que se alza sobre
las ruinas del modelo binario.
143
FANEROSCOPIA
144
Para que el lector comprenda la enorme riqueza conceptual de este modelo
ternario o triádico del universo, le ofrezco una homología tan sólo a título de
ejemplo sugerente. Comparo las tres categorías freudianas de Yo , ELLO Y SUPERYO
con la segundidad o existencia de hecho, el duro encuentro con lo real, la
primeridad o la pura virtualidad del "tal vez ( may be) y la terceridad o generalidad
hipotética de ley, aquello que sería así, si ciertas condiciones se cumplieran,
respectivamente . Otro tanto podría hacerse con el sistema triádico del Inconscien-
te, Preconsciente y Consciente, etcétera.8
Pasemos a la segunda instancia de esta presentación triádica del pensamiento
peirceano: la pragmática.
PRAGMÁTICA
Parto de una tesis de Mihail Nadin ( 1987 : 158 ss .) que asigna a la pragmática un
rol rector respecto de “la dimensión aplicada de un sistema semiótico dado" . Según
el autor habría una profunda "solidaridad entre el encuadre semiótico y la
pragmática como su necesario corolario". Para ilustrar esta idea, el especialista
introduce una imagen que vamos a adoptar en la conclusión de este ensayo como
eficaz sustituto de la metáfora óptica del espejo, figura cuyo itinerario puede
seguirse desde Platón, pasando por Stendhal y llegando a Lacan (1975:91-93) .
Propongo abandonar la tradicional teoría del reflejo, subyacente en concepciones
tan variadas como la caverna platónica y las ideas eternas; el novelista que el autor
de Lo rojoy lo negro imagina paseando por un camino mientras enarbola un espejo
que se limita a mostrar lo que hay; y por fin, esa imagen lacaniana que termina por
devorar lo real, aunque su planteo también permite , en una lectura más atenta,
desarticular la díada real/imaginario y armar la tríada real/simbólico/imaginario.
En su lugar, adopto la cinta de Möbius, superficie de un solo lado, sin anverso ni
reverso, ya que si uno cortara a lo largo de la línea central de la cinta, ésta
permanecería incambiada, en una sola pieza . La antítesis de esta figura la encon-
tramos en la célebre imagen de Saussure ( 1978 : 193) , la hoja de papel, cuyas dos
caras inseparables representan el significante y el significado, respectivamente . La
subversiva lectura gramatológica descubre que estas dos caras no sólo son
separables, sino que están hechas con material de diversa calidad, siendo uno (el
espiritual significado) superior al otro (el material vehículo) . Otro avatar de la díada
cartesiana y su imperio mentalista .
Mediante otra figura de la modernidad, la topología matemática, Nadin exhibe
el vínculo entre semiótica y pragmática. Una botella de Klein es "una superficie
cerrada, sin afuera ni adentro, y se parece a una botella tironeada adentro de sí
misma" (Nadin, ibíd.) . Si realizamos el experimento mentalmente o ayudados por
el monitor de una computadora, podremos visualizar " una cinta de Möbius
transformándose en una botella de Klein (la cinta se redondea hasta que se une a
sí misma)” (ibid.) . La pirotecnia visual sirve para imaginar cómo la pragmática es
el 'adentro' de la semiótica extraído como resultado de una operación muy similar
145
a las transformaciones topológicas” (ibíd.) . Pero vale la pena hacer una incursión
en el pasado, dejando por el momento las inquietantes posibilidades modernas de
la teoría creada por Peirce , y remontarnos a su génesis; el itinerario de este
concepto constituye casi una biografia intelectual de su autor. Si la pasión es esa
insistencia contrariada que se confunde con la totalidad de la vida del apasionado,
me atrevo a describir la gestación del pragmatismo en esos términos . No es una
curiosidad menor que el concepto que habría de colorear gran parte del pensa-
miento anglosajón contemporáneo, fuera formulado por primera vez por un
norteamericano , en francés y a bordo de un buque rumbo a Plymouth. La primera
versión “marítima” data de setiembre de 18779, y su autor apunta la primera glosa:
"no me queda más nada que traducirla al inglés" (5.526). Ignora que deberá glosar
el término hasta el fin de sus días , pues acuñarlo fue también dar origen a un
malentendido tan largo como la existencia del término. Así, leemos una explica-
ción que, ya enfermo y arruinado, tres décadas más tarde y muy cerca de su muerte ,
le da a Howes Norris , con respecto al nombre escogido:
"Derivé el nombre de esta doctrina de pragma - comportamien-
to' para que fuera entendido que la doctrina es que la única
significación real de un término general se encuentra en el compor-
tamiento general que ésta implica. " (mayo de 1912)
Corresponde ahora dar la versión original de la Máxima del Pragmatismo, tal
como fuera publicada en 1878 en la Revue Philosophique :
"Se debe considerar cuáles son los efectos prácticos que pensamos
pueden ser producidos por el objeto de nuestra concepción. La
concepción de todos estos efectos es la concepción completa del
objeto." (5.18)
Ni utilitarista, ni conductista (léase en el primer caso la lectura reduccionista de
Dewey, y en el segundo la de Morris), la máxima no permite distinguir "entre la
teoría y la observación . Su universo es el del experimento (...) y su validez es de
naturaleza lógica" . 10 Para comprender el alcance de la doctrina que le permite a la
semiótica dialogar con la especificidad del lenguaje, de los gestos o del espacio en
tanto objetos categorizables por el sentido, debemos volver a la imagen de las
puertas citada arriba . O a una versión sintetizada:
"La terceridad se derrama sobre todos nuestros juicios perceptivos ,
todo razonamiento (...) se apoya en la percepción de la generalidad
y la continuidad en cada paso". " (5.162)
Conocer es siempre re-conocer. Así lo dice el aforismo burlón de Milan
Kundera, en su best-seller " La insoportable levedad del ser": einmal ist keinmal,
algo así como lo que sucede sólo una vez es como si no sucediera'; en una vena
zen agregaría: como el aplauso de una sola mano. En términos filosóficos ,
encuentro apropiada la glosa que da Matthew Fairbanks ( 1977 : 180 ) de este
concepto tan revolucionario como malentendido: "todo lo que es real es idéntico
a todo lo que puede ser conocido (...) y todo lo que es conocible es equivalente
a los signos (...) que expresan ese conocimiento" . El corolario de esta postura
epistemológica es que "es sencillamente un sinsentido hablar de alguna realidad
inconocible".
146
La cinta de Möbius, sin un afuera ni un adentro, nos ayuda a recorrer el extraño
camino de una percepción que también es intelección, de un juicio categórico
racional que es inseparable de la impresión sensorial involuntaria. La cinta
ejemplifica la continuidad, el dinamismo infinito que discurre entre los tres polos
del modelo peirceano; la pura indeterminación o primeridad sensorial, el hecho
bruto y limitador de la segundidad existencial ( sin la luz que golpea el sólido no
lo puedo percibir) y la conexión que pone en movimiento perpetuo la cinta
experimental de la vida, la terceridad. En la tríada ningún elemento es prescindible ,
para la aceleración son necesarias " tres posiciones sucesivas en relación" ( 1.377);
del mismo modo la mediación que habilita al hombre como tal, como animal de
semiosis, es intermediación centre dos puntos ay b. Este modelo irreductible a
dos, y a fortiori a uno , es la alternativa epistemológica que opongo a las díadas
cartesianas, hegelianas, marxistas y, más recientemente, sociobiológicas. Contra
estos esquemas reduccionistas de la riqueza conceptual en lo humano se alza
como un baluarte esta definición cooperativa de la semiosis, del todo incon-
gruente con cualquier clase de agonismo binario:
"por 'semiosis' yo me refiero a una acción, o influencia, que es, o
involucra, una cooperación de tres sujetos, tales como un signo, su
objeto, y su interpretante, esta influencia trirrelativa no se puede
resolver en modo alguno en acciones entre pares . " (5.484)¹²
La caracterización de la semiosis como "influencia trirrelativa" o dispositivo de
movimiento perpetuo que genera la comunidad del sentido así como el sentido
común que funda toda comunidad, pertenece a la madurez de la obra de Peirce;
es del año 1907 y el filósofo muere en 1914. No creo exagerar el alcance de su
pensamiento si afirmo que podemos leer allí en filigrana conceptos tan modernos
yprovocativos como "la forma de vida " que Wittgenstein ( 1958 : 23) pone en la base
del célebre "juego de vida".
“ ... el término ‘juego de lenguaje' tiene el propósito de poner de
relieve el hecho de que el hablar un lenguaje es parte de una acti-
vidad, o de una forma de vida."
Y por qué no el "acto de habla” austiniano, que hizo tanta fortuna a través de
la obra de John Searle y , luego de un rodeo possaussureano en los brillantes
trabajos de Emile Benveniste ( 1977 ) sobre el "aparato formal de la enunciación ".
¿Qué otra cosa nos dice John Langshaw Austin ( 1982) cuando ataca la “falacia
descriptiva", es decir, la creencia de que la única función que justifica la existencia
del lenguaje es la descripción? Austin propone, en cambio, el considerar la clase
de acción involucrada en el hablar, las cosas que hacen los signos, si parafraseo el
título de su conocido trabajo. El filósofo de Oxford sostiene con audacia y, creo,
sensatez que su enfoque es parte de "una revolución en filosofia (que) si alguien
desea llamar la mayor y más saludable revolución en toda su historia, esta no sería,
después de todo, una pretensión desmesurada" (ob. cit. , p.44) . El nombre y origen
teórico de esta desmesura es, en mi opinión, la Máxima del Pragmatismo de 1877.
¿Qué es lo que esta revolución revoluciona?, es decir, ¿qué da vuelta?
147
Una versión perversa por empobrecedora del quehacer humano. La tradición
que inaugura el triadismo peirceano da cabida a una “lógica vaga", un sistema que
no se agota como postula el positivismo lógico en la díada Verdad us Falsedad-
sino en una apertura a la indeterminación que vuelve a la verdad una construcción
social interminable:
"Un signo es objetivamente vago, en tanto, dejando su interpretación
más o menos indeterminada, reserva para otro signo o experiencia
posibles la función de completar la determinación. " (5.505) ¹³
El modelo triádico y su continuación en Wittgenstein, Austin y otros, en
forma más o menos explícita por pertenecer al campo filosófico y de modo
implícito, o quizá cabría hablar de una afinidad electiva en los desarrollos
psicoanalíticos de Winnicott y (micro) sociológicos de Goffman- le da cabida a
lo COTIDIANO, al CUERPO Y al SENTIDO COMÚN. No es accidental que el párrafo del que
proviene la cita sobre lo vago recién empleada, tenga como título “Una filosofía
crítica del sentido común". Lo vago es aquello que no encaja en el rígido corsé
académico que no pudo dar entrada al discurso de Peirce en su época; no hay que
olvidar que el semiótico nunca consiguió tener un nombramiento efectivo en
Harvard, además de casi no publicar su monumental reflexión sobre la semiosis.
No es difícil imaginar la actitud escandalizada de sus contemporáneos , ante
alguien que con toda seriedad les proponía un acto subversivo de consecuencias
impredecibles: dinamitar el dogma diádico: "Lo vago podría definirse como
aquello a lo que no puede aplicarse el principio de contradicción" (5.505). ¿Cómo
puede alguien en su sano y diádico juicio plantear la abolición del tercero excluido
en 1905? Cabe preguntarse también, ¿cómo puede otro estudioso en esa misma
fecha sembrar el desconcierto hablando de la sexualidad infantil, o de una región
del hombre que escapa y reniega del cogito cartesiano , zona bañada en poderosa
luz y bajo total control del yo? No postulo una relación causal de influencia mutua,
sino algo mucho más importante desde el punto de vista epistemológico . La
insólita audacia de Freud puede apreciarse bajo una nueva luz , si re-leemos su
Psicopatología de la vida cotidiana ( 1901-04) como una convulsión fragmentaria
desde el frente psicológico, de esa vasta revolución vaticinada por Austin. Es en
esta perspectiva que voy a analizar una de las obras centrales de Goffman, cuyo
título evoca sugestivamente el clásico freudiano: La Presentación del Sí Mismo en
la Vida Cotidiana, publicada en 1959, pero redactada originalmente como tesis
doctoral en 1953, a escaso medio siglo de los aportes heterogéneos y heterodoxos
de sus subversivos antecesores .
Para cerrar esta presentación -necesariamente parcial y sesgada del
pragmatismo peirceano tomo del propio Peirce la designación ideal de esta
semiótica de lo cotidiano, de lo común, del cuerpo social , cuya lógica no se agota
enelparbinario Verdadero vs Falso, así como el Inconsciente o el trabajo del sueño
tampoco respetan la ley del tercero excluido. En 1908, Peirce llama a la semiótica
“la ciencia cenoscópica de los signos " (8.343) . El término saca a relucir los
elementos más inquietantes y específicos del pragmatismo peirceano: “ cenoscópico”
148
es engendrado por la reunión del griego " común, las cosas que pertenecen a los
otros en común, y de mirar" 14
La explicación de tal designación la encuentra Peirce en su creencia en una
filosofía-ciencia que "trata con la verdad positiva, pero que se contenta con
observaciones tales como las que entran dentro del rango de la experiencia normal
de todo hombre, y en su mayor parte durante cada hora en que está despierto de
su vida (in every waking hour ofhis life)" ( 1.241) . Freud le va a agregar a este vasto
campo de jurisdicción , incluso las horas en que la vigilia de ese hombre cesa,
aunque no los conceptos y sus efectos/interpretaciones sobre la vida de aquel .
Tras haber recorrido el paisaje categorial de la faneroscopía y la estrecha
conexión entre lo nocional y lo sensorial dentro del ámbito de la vida cotidiana
-el dominio pragmático— sólo me resta discutir el tercer elemento de mi tríada
argumental. Lo he dejado para el final, pero quizá deba admitir que está en la
génesis de este proyecto, de esta para muchos sin duda inexplicable reunión de
puntos alejados en el confín académico, y cotidiano, es decir, la postulada
homología entre la semiótica de Peirce , el psicoanálisis según Winnicott y la teoría
del mundo social según Goffman . ¿Cómo se le ocurre a alguien , a mí en este caso
particular, algo así? ¿Cómo es que el hombre reúne lo, en apariencia, disímil? Debe
existir algo así como una apuesta a algún tipo no evidente de congruencia
profunda, una suerte de adivinanza respecto de un vínculo que, de existir, de
verificarse experimentalmente, estaría apuntando a una generalidad hasta ese
momento no reconocida.
Ya el lector habrá hecho su propia adivinanza sobre el concepto de que hablo,
habrá formulado su propia hipótesis. Precisamente se trata de presentar el
concepto de hipótesis O ABDUCCIÓN en la obra de Peirce. Con esta última pieza
fundacional , el lector puede apreciar mejor la arquitectónica del filósofo norteame-
ricano.
ABDUCCIÓN
150
fértil que está bien cultivado; decimos de un ser humano fértil en ideas y
sugerencias, que también lo está . La abducción es el arado infatigable con el que
conjuramos el peligroso azar. Una nueva coincidencia inesperada entre el meca-
nismo abductor de conjurar asombro y el dispositivo discursivo que Michel
Foucault (1983: 11 ) supone destinado a “ conjurar los poderes y peligros, dominar
el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad". El azar,
lo que simplemente es o segundidad, es mantenido a raya, separado de la vulne-
rable virtualidad que es el sujeto como interioridad indeterminada o primeridad,
gracias al trabajo constante e inventivo de la lógica abductiva o terceridad.
Un nuevo eslabón con próximos desarrollos del modelo triádico tanto en la
obra de Winnicott como en la de Goffman. El sentido del juego como espacio
transicional en el primero, y de la adquisición de legitimidad como efecto
dramático de una eficaz puesta en escena de un sí mismo verosímil , en el segundo ,
buscan dar cuenta de simulacros semióticos que habilitan al ser que juega
(recordemos que el play de la extensa metáfora teatral goffmaniana significa
además de actuar, jugar). Lo habilitan en cuanto le aseguran un lugar en la matriz
comunitaria del sentido. "Volverse alguien" implica que otro puede contar con
uno, es decir, con que uno va a expresarse (primeridad) , en cierta ocasión concreta
(segundidad), dentro de ciertos límites y según ciertas expectativas (terceridad) .
Por tal motivo detecto una profunda afinidad epistemológica entre psicoanalista
y sociólogo, por un lado , y el semiótico por otro . Cuando este último se pregunta
sobre la finalidad de una hipótesis explicativa -toda abducción lo es, ya que surge
ante el asombro- afirma que
“Su fin es, a través del sometimiento a la prueba experimental, guiar
hacia el evitamiento de toda sorpresa y hacia el establecimiento de
un hábito de expectativa positiva que no será desilusionado . " (5.197)
EPILOGO-SINOPSIS
En las futuras secciones de este tríptico cuyo comienzo cierro aquí, voy a
plantear cómo esa criatura de semiosis que es la humanidad se mueve a sus anchas
dentro de los confines del mapa triádico que genialmente traza Peirce en el último
cuarto del siglo XIX. Una concepción pragmática del Mundo de la Vida puede
incluso explicar hechos sociopolíticos tan candentes y poco académicos como la
crisis del marxismo llamado real . La humanidad ya no tolera la marcha de fuerza
mecánica a que la condena el pensamiento diádico, ya sea éste el insostenible
cuerpo us alma cartesiano o la positivista de infraestructura vs superestructura. La
teoría que desarrolla Peirce para dar cuenta de la semiosis o circulación social del
sentido no hace sino dar entrada y legitimidad científica a algo que siempre estuvo
ahí, pero reprimido. Siempre hubo una proclividad a la polifonía, a la conversación
de muchas voces, para emplear una sugerente imagen del filósofo inglés Michael
Oakeshott (1964) . Contra los sucesivos intentos por imponer una sola voz a la
humanidad , por ejemplo la de la ciencia en la anti-utopía nazi o en la utopía
151
modernista de un Le Corbusier, la gente se las ha arreglado para reinstaurar esa
“aventura intelectual no ensayada" que es la conversación , según Oakeshott . Toda
díada es totalitaria, busca el exterminio de su otro. En un mundo donde prima la
ciencia, muere la voz de la práctica , la de la historia, la de la poesía. Por eso
comparto la opinión de Jorge Barreiro ( 1990 :36) , con respecto a que el marxismo
es "un movimiento político, una ideología dominante ; ambos posmarxianos que
(...) han contribuido a positivizar el pensamiento de Marx y, por ende, a desvir-
tuarlo". Donde Barreiro escribe " positivizar" yo leo convertir en diádico , es decir,
jerárquico, polémico y, en definitiva, monádico y totalitario. No es el fin de la
historia, sino tan sólo el fin de la ya demasiado extensa historia de un modelo
epistemológico que dualiza para dominar, para liquidar la diferencia, la necesaria
diversidad conversacional en la que los hombres y mujeres cooperan a diario para
llevar adelante esa aventura intelectual no ensayada pero siempre perfecta en su
imperfección o apertura que es la semiosis.
Notas
152
8. Tomo la idea de un excelente trabajo sobre la relación entre el psicoanálisis lacaniano
y la semiótica de Peirce , de M. Balat ( 1989), quien tuvo la gentileza de darme el
manuscrito en su estadio de galera, previo a la publicación.
9. Los datos histórico-biográficos sobre la vida de Peirce y de sus conceptos centrales son
tomados de M. Nadin, 1987 ; C. Eisele , 1987 y de R. Almeder, 1987 .
10. Nadin, 1987 p.155 .
11. Tomo esta cita de C. Eisele , 1987 p.93.
12. Extraigo la cita de M. Fairbanks , 1977 p.188.
13. El desarrollo de este concepto proviene de M. Nadin, 1987 p. 164.
14. D. Greenle, 1973 p. 19. Él explica el origen benthamiano del concepto en Peirce . No deja
de ser interesante que el filósofo utilitarista Jeremy Bentham (1748-1832) , autor intelec-
tual del temible "panóptico" que sirve de base al excelente Vigilar y Castigar de M.
Foucault, le ofrezca a estos dos pensadores estímulos tan dispares. Unmodelo orwelliano
y totalitario al francés, y uno libertario y revolucionario al norteamericano.
Referencias
PREÁMBULO AL DESEO
154
de pensamiento sistemático tan vieja como occidente -la primera referencia se
remonta a unfragmento de Heráclito, en el que se emplea la forma verbal semainei,
el indicar mediante signos- y el de una práctica científica tan reciente como la que
traen los caprichosos aires de la moda intelectual parisina de los años sesenta . No
puedo dejar de mencionar aquí la ráfaga más apacible pero constante que proviene
de los herméticos escritos del sabio norteamericano Charles Sander Peirce ,2
reflotados hoy gracias a la tarea arqueológica de especialistas del Peirce Project en
Indianapolis , y el vivo interés manifestado por sus actuales seguidores en todo el
mundo, de Bloomington a Tartu . Así, mis lectores se colocan ante algo aparente-
mente tan inservible como la antigua metafísica, y tan novedoso como la inteligen-
cia artificial; en ambos quehaceres intelectuales pueden encontrarse investigado-
res semióticos.
No hay un diseño válido que deje de lado una consideración sistemática del
método; hacerlo es condenarse al voluntarismo o espontaneísmo, tan caro a
muchas regiones de este continente. Dicho esto, sólo nos queda pasar a la
discusión del método , de quien esto escribe y de quienes serán un día profesiona-
les del diseño, como de los que hacen uso del diseño en su quehacer diario.
Desde el primer día la pregunta que me hice ha sido la misma: ¿cómo dar con
la mejor manera de llegar al otro? Mi otro inmediato, mis estudiantes , el diferido de
quienes han leído o escuchado mi discurso expositivo a lo largo de estos más de
diez años de conversación semiótica fuera y dentro del país. El diálogo en el caso
que me ocupa aquí es con todo el cuerpo social para el que está destinado en
primera y última instancia un diseño industrial, diseño éste con vocación de
impacto colectivo, con un virtual poder de convocatoria y con una imprescindible
capacidad de lucha para concitar la atención y la preferencia con respecto a otros
productos que buscan lo mismo en el mismo sitio y al mismo tiempo. Por otra parte,
la semiótica no puede desatender en tanto sistematización del saber diseñístico
la presencia del fantasma romántico y equívoco de lo artístico, en su versión del
siglo XIX .
Más adelante desarrollaré la oposición entre estéticoy artístico-ver Denotación
y connotación como naturalidad y artificio , pero ahora se impone hacer al-
gunas observaciones introductorias al respecto. Mientras que el primer término
designa un componente fundamental de toda producción de diseño industrial, lo
155
segundo designa un campo ajeno, opuesto radicalmente a este tipo de creación
humana . Lugares comunes como “ ¡Esta cafetera es una obra de arte !” no hacen sino
poner de manifiesto la vigencia que todavía posee un modo de pensar que miraba
con desprecio lo producido de manera repetible, mecánica, desprovista del “aura ”
de la que habla Walter Benjamin en su célebre ensayo de 1936 La obra de arte en
la época de su reproductibilidad técnica. En el origen de esa inocente catacresis
o metáfora en vías de extinción que asigna a un producto masivo los atributos de
su opuesto, no ya lo artesanal, sino la creación concebida como una huella dactilar,
como el fruto único de un individuo único (el ' genio ') , existe una ideología
profundamente conservadora, de tinte aristocrático que, junto con el aparente
elogio, niega la especificidad y las virtudes propias de un producto típico de la
modernidad, como lo es el diseño industrial. De esa modernidad ya había más que
una huella en la civilización griega clásica , pues su término tekhné cubría tanto lo
artesanal vendido en el mercado, como el arte de la oratoria o el admirado talento
pictórico que engañaba a la misma naturaleza, haciendo que los pájaros intentaran
devorar las uvas pintadas. Comparar un objeto de diseño industrial con una obra
de arte es algo impensable fuera del universo ideológico de la burguesía del siglo
pasado . La semiótica en tanto práctica crítica de los discursos , de los deseos que
circulan con total naturalidad, debe estar atenta a estas influencias que opacan el
cabal sentido de la noción de diseño industrial . No se trata en modo alguno de dar
con una definición correcta del diseño, en el sentido en que una palabra está
escrita con corrección ortográfica . Por el contrario, el campo de la semiótica está
constituido por la acción de los signos o semiosis , una actividad que, como vimos ,
tiene que ver con el despliegue del deseo, de voluntades subjetivas en relación con
una instrumentalidad objetiva. Definir bien semióticamente implica reflexionar de
forma exhaustiva sobre los parámetros de la actividad diseñística, qué clase de
acciones sonlas incluidas y cuáles no. Una definición en tal sentido busca dilucidar
la naturaleza del proceso y no las normas lingüísticas que deben respetarse para
bablar de él.
La preocupación sobre el otro, el no-diseño , nos lleva directamente a conside-
rar el método, el camino a través del cual compartir signos con mis interlocutores
más próximos, y con el que ellos puedan crear signos apetecibles para sus
interlocutores más lejanos, los eventuales usuarios del diseño . El método ha sido
desde el comienzo la especulación sobre cómo llegar al Otro. En esta sección voy
a partir de una rápida revisión de conceptos semióticos de variado origeny época ,
para llegar a proponer la metodéutica o retórica especulativa, una de las tres ramas
de la semiótica, en la clasificación de ciencias propuesta por Peirce , como el acceso
más fructífero al problema metodológico en el diseño . Volveré sobre este punto
más adelante, una vez que haya presentado el modelo sígnico de Peirce, sin el cual
no es posible comprender esta ciencia subordinada a la semiótica general o lógica.
La estructura del signo peirceano tiene que ver con la forma misma de la
pregunta; a partir de lo conocido, de las premisas que se dan por sentadas, se
accede, eventual y problemáticamente, a una conclusión que es respuesta y riesgo
a la vez. De eliminar la noción de riesgo, caigo en el dogma , en la convicción ciega
156
e incambiable de que las cosas que son no podrían ser de otro modo. Afirmar eso
es negar el principio fundamental de todo diseño: la búsqueda de designios aún
no revelados, que sólo pueden surgir por la vía experimental, es decir, por el
camino arduo del error y la corrección . Ser fiel a esa mecánica de la investigación
que conduce a la invención implica mirar con extremo recelo la impartición e
imposición de un método como una forma de aplicación mecánica de preceptos
incuestionables . No es posible ignorar el peso de la palabra informada, de la
formación impartida por el docente o el expositor como eventual deformación
de inquietudes y aquietamiento definitivo de la duda propia e insustituible.
Mi deseo es no definir la semiótica. Negarse al deseo es atizarlo; saciarlo aun
antes de que pueda desplegar sus poderes es correr el peligro de adormecer lo que
enél hay de más valioso: el impulso a recorrer senderos que se bifurcan. Negar algo
conlleva afirmar otra cosa, en mi caso: la creencia de que es posible incentivar el
asombro, la mirada que se escapa de su itinerario cotidiano y previsible, para
instaurar rutas insólitas . Un método para la conjunción de semiótica y diseño pasa
entonces por el éxtasis, en su sentido primigenio de ek-stasis, es decir, el aban-
donar con violencia la postura habitual . Pero no es otro el camino seguido por toda
ciencia social, aquella disciplina que toma por objeto lo humano corriente
(división del trabajo, formas de organización de lo social, etcétera), pero desde un
ángulo no transitado habitualmente . La vida cotidiana tiende a producir la anes-
tesia local en quienes la viven, apunta a la privación de sensaciones muy marcadas
respecto de la actividad desempeñada a diario y, sobre todo, a adormecer hasta un
mínimo aceptable para cumplir con las funciones vitales y sociales la percepción
del mundo que nos rodea . Sólo desactivando gran parte de ese campo de atención
inmenso, virtualmente ilimitado que es el mundo en el que se mueve el animal
circumspecto (circum-en derredor, specto mirar), al decir de Arnold Gehlen,³
puede existir la atención focalizada en un punto . De todas las criaturas, sólo el
humano vive en un universo expandible , con fronteras delimitadas pero en
permanente cambio. La apertura al mundo se paga con un precio específicamente
humano: la distracción. El único animal que se distrae, que imagina, que divaga
y sueña, que posa sus ojos en lo que aún no es pero que podría llegar a ser es el
hombre. Si recurrimos ahora al trabajo de un biólogo interesado tanto en el mundo
animal como en el universo del significado, podemos avanzar un poco más en el
conocimiento de esta condición “ circumspecta", común a toda la especie y de
importancia singular para el Homo Diseñador.
El concepto de Umwelt es esencial para entender el funcionamiento del diseño
.
y la semiosis . Propuesto por el sabio alemán Jakob von Uexküll en los años treinta,
Umwelt designa la conjunción inseparable de la esfera de acción perceptora, en-
cargada de atribuir significado , y la efectora, encargada de utilizar ese significado
para cumplir una función vital . En lugar de postular, como es habitual, una
ajenidad o desconexión entre el sujeto y el objeto, Uexküll los reúne como el ying
y el yang de un ciclo que sólo puede funcionar gracias al encastre perfecto entre
ambos términos, según se ve en el " círculo funcional" de la Figura 1 , la herramienta
conceptual con la que podemos comprender el accionar del Umwelt.
157
SIGNIFICADO
RECEPTOR
ULO O
ORGANO
SIGNIFICAD
RECEPTOR
PERCEPTOR
SEÑAL-VEHÍCULO
DE
ESTRUCTURA
VEHÍC
CONECTORA
PERCEPTORA
DE
OBJETIVA
)( UJETO
)(OBJETO
S
ORGANO SEÑAL-VEHÍCULO
EFECTOR EFECTORA
EFECTOR
159
areté o virtud máxima buscada por aquellos inventores de lo occidental moderno,
como se creía, este material habría sido elegido precisamente por ser el más apto
para recibir la pintura sobre su superficie . No ha sido la búsqueda de algo que lo
cobijara el imperativo primordial humano, como observa con lucidez Semper, sino
que el propio espacio habitado sólo puede concebirse como el producto de esa
ornamentación. Planteado en términos deconstructivos, se pone en crisis la idea
del diseño decorativo como lo superfluo o secundario si no trivial , aquello de lo
que sólo es viable ocuparse una vez que se han solucionado las necesidades
básicas , pues "el espacio emerge con la idea de la casa , y la casa es un efecto de
la decoración". " Revisión radical de la centralidad de todos los aspectos del diseño
y del trabajo del diseñador o cómo lo marginal pasa a ocupar un sitio de preferencia
en el desarrollo de ese diálogo que la criatura humana mantiene consigo misma y
que llamamos cultura.
160
instalar el estupor allí donde no parece haber lugar para el asombro; su método
buscará luego, de modo gradual , la coherencia, lo sistemático, lo planificado , pero
siempre a partir del ekstasis premeditado que nos habilita a explorar un Umwelt
alternativo , instalados en los confines casi invisibles por lo muy familiares del
Umwelt actual. Esa exploración es , desde mi punto de vista, inseparable de una
teoría del diseño. Kant nos enseña que el ojo desnudo, sin las categorías culturales ,
es ciego; lejos de obtener una mirada del mundo tal cual es, no puede ver ningún
mundo. La semiótica en el diseño no es un nuevo y utópico intento de que los
futuros diseñadores industriales vean las cosas tales como son, en sí mismas. El
proyecto es mucho más modesto y realizable: se trata de acceder a la fundación
humana, histórica y no necesaria, de lo que parece natural, ahistórico e inescapable.
Todo lo que es dentro de la cultura- desde un bosque tupido a una cabina de
teléfono público- está modelado por el deseo humano, ya que allí donde mujeres
y hombres ponen la mirada, aunque más no sea para nombrar, allí ya hay no sólo
una lectura, sino una construcción de sentido y de finalidad. No se trata entonces
de desnudar el ojo, tan sólo de adiestrarlo para ver lo que el hábito le ha
acostumbrado a ignorar, para funcionar con más eficacia en la vida cotidiana .
161
quedar agrupados de forma anónima en la designación genérica homicidio. Ser
revolucionario o ser diseñador, implica descreer de un estado de cosas que goza
de consenso absoluto y de gran prestigio por constituir la norma social, por haber
sido la regla de lo humano durante muy largo tiempo, en un lugar. Sin embargo,
que algo sea normativo o extremadamente regular -y por eso mismo gratificante—
no significa en modo alguno que sea necesario o inexorable. Diseñar implica
actuar como si no existiera esa necesidad inamovible en una forma de proceder
que goza del aval histórico innegable de haber sido válida por un lapso prolonga-
do, en cualquier dominio sígnico, desde los instrumentos quirúrgicos hasta los
aromas eróticos.
Particularmente sensibles a este problema de la costumbre y el cambio, los
creadores , y sobre todo quienes además reflexionaron sobre la creación, postulan
el arte de una época comouna praxis cuya finalidad última es la des-automatización
de la percepción más que el tratamiento estilístico refinado o ingenioso de algún
tema o contenido fundamental para la comunidad. Así lo expresa el célebre
lingüista y semiótico ruso Roman Jakobson:
"La función de la poesía es la de indicar que el signo no se identifica
con su referente. (...) junto con la conciencia de la identidad de signo
y referente (A es Ai), necesitamos tener conciencia de la insuficiencia
de esta identidad (A no es A₁) ; esta antinomia es esencial, puesto que
sin ella la conexión entre signo y objeto se automatiza, y la percep-
ción de la realidad se desvanece." 10
En esta formulación de 1933 , asociada indeleblemente a la vanguardia artística,
es visible la influyente teorización formalista de Viktor Shklovskij . En 1919
Shklovskij postula el uso del arte verbal como una eficaz heurística para conmover
las estructuras de la vida, esas estructuras que ya no podemos percibir por la
costumbre con que de modo inconsciente revestimos cada acto de nuestra vida .
Para llegar a esta meta nada fácil, el pensador ruso proponía la estrategia de la
ostranenje, expresión rusa traducible como extrañamiento, idea afín al
Verfremdungseffekt (=alienación, desfamiliarización) brechtiano, es decir, la ope-
ración de convertir algo familiar en su opuesto. No parece mal consejo como vía
para desautomatizar la mirada, los gestos y las manos de quienes van a rediseñar
tanto como diseñar. La primera instancia del método, y una que nunca puede
abandonar del todo un abordaje semiótico al discurso del diseño, tiene que ver con
esta indagación de lo que no es, por definición, objeto de indagación posible . Se
trata del mundo obvio, de lo que es dado por sentado. ¿A quién se le ocurre mirar
con detención y extremo cuidado una silla o un afiche, salvo cuando es nuevo o
se desea adquirirlo, es decir, cuando aún no ha sido desgastado por la erosión de
los sentidos en su diario contacto?
A una mujer llamada Meret Oppenheim, por ejemplo, quien en 1936 produjo
lo que el crítico Robert Hughes ( 1988: 243) llama "una imagen autocontradictoria
de asombroso poder". Hughes se refiere a un artefacto de escasas tres pulgadas,
que puede verse en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y que Oppenheim
denominó Almuerzo en piel (Luncheon in fur, veáse Lámina 1).
162
Lámina 1. Almuerzo en piel, M. Oppenheim, 1936.
Flagrante oxímoron o antítesis que reúne de modo inaudito los dos rasgos que
la cultura occidental se ha empeñado en mantener completamente distanciados :
lo liso, inorgánico, frío, pulido, como semas o unidades semánticas mínimas de
todo aquello que entra en contacto con el cuerpo en circunstancias tanto culinarias
como sanitarias (basta pensar en los materiales empleados para los artefactos de
un baño típico de clase media) . Esta organización semántica pertenece al dominio
de lo que se sabe de modo tácito, implícito, por el hecho de ser miembro de cierta
tribu humana, en este caso la occidental de tipo mesocrático; es parte del mundo-
dado-por-sentado, hasta el instante en que a alguien se le ocurre provocar un
pequeño terremoto semiótico y jugar con las categorías, con el kosmos u orden
placentero que rige el universo cotidiano. Oppenheim nos obliga con su rediseño
a recuperar una porción del mundo " tal como es percibid(a) y no como es
conocid(a)". Es así que se produce un ekstasis cognitivo , y afectivo, claro está . La
visión de este bizarro artefacto tal vez pueda interpretarse, como lo hace Hughes
(ibid.) , en tanto metáfora sexual, pero sin duda el objeto producido por esta mujer
obliga a su virtual receptor a admitir una mayor entropía que la habitual dentro de
su mundo.
Ya no habría nada razonable en los bordes con textura lisa y tersa de una taza,
sino algo de legítimo, de (con)sagrado. Algo similar nos produce la visión de una
largay elegante mesa alrededor de la cual departen amablemente varios co- cloacales,
es decir, un grupo de personas sentadas en sus respectivos water-closets. Luego,
con gran discreción y delicadeza , uno de ellos se levantará, tras excusarse , para ir
hasta un pequeño cuarto sin ventanas y rigurosamente cerrado. Allí habrá de
163
encerrarse para, solo y con actitud completamente ensimismada , devorar un plato
de comida. La escena es parte de la película Elfantasma de lalibertad del director
español Luis Buñuel . La visión descrita comparte con el artefacto creado por
Oppenheim esa subversión de lo razonable que no es tal, ya que bajo el mito de
la razón se esconde siempre , en toda cultura imaginable, la fuerza del deseo, la
violenta imposición histórica de un orden en contra de otros alternativos que han
de ser desechados y olvidados . De lo contrario sería la anomia, el caos de lo
cambiante sin cesar, una cascada imposible de manejar para la criatura
"circumspecta" que es el hombre .
Lo que pasa por ser una mera costumbre, el superfluo estilo de hacer algo,
constituye en verdad lo central en toda práctica humana. No hay duda de que se
puede tomar un líquido en la taza de Oppenheim. Sí, se puede ; pero en el sentido
lingüístico para el que el idioma inglés reserva una forma verbal específica, can,
es decir, el poder físico de hacer algo. Efectivamente , un ser humano tiene la
capacidad motriz de llevar a sus labios este artefacto cóncavo lleno de una
sustancia bebible , sin que ésta se derrame . No ocurre lo mismo con el sentido
verbal, sin embargo, para el cual el inglés dispone de la expresión may, es decir,
el poder legítimo para hacer algo (usado, por ejemplo, cuando alguien de menor
poder solicita autorización a un superior para abandonar un lugar) . Desde esta
perspectiva, no sería lícito en absoluto, apoyar los labios en esta taza, pues sobre
quien lo hiciera recaería una suerte de maldición o estigma social.
Las cosas sin duda son -física, geométrica y cromáticamente― pero a la vez
significan. Beber algo de este adminículo diseñado por Oppenheim implica caer
fuera del kosmos occidental y cristiano , así sea un absoluto ateo quien lo haga.
¿Qué hace esta mujer con su obra? Ella provoca un efecto estético por excelencia.
La palabra estética tiene como raíz el griego aisthesis, que alude a la sensación o
percepción; enfrentarme al Almuerzo en piel es inevitablemente exacerbar mis
sentidos, percibirquepercibo. Esto es exactamente lo contrario a lo que me ocurre
dentro de mis caminos habituales, ya que ellos conducen a la privación de esa
sensación aguzada, es decir, a la anestesia. Diseñar es, desde esta perspectiva,
poner en crisis la percepción del mundo nuestro de cada día, recategorizar lo que
parecía inamovible. Alguien podrá pensar que al emplear este ejemplo se incurre
en una contradicción a los fines antes enunciados: recurrir a una instancia no sólo
proveniente del arte, sino del arte de vanguardia, parece ser un típico gesto de
negación de la naturaleza misma del diseño industrial y de afirmación de los rasgos
aristocratizantes de lo artístico.
Aunque válida, la objeción no funciona en el campo de la semiótica por una
característica básica de esta metodología: ella es descriptiva y no prescriptiva. El
artefacto de Meret Oppenheim no es presentado como un hito en la historia del
arte , como una magnífica o detestable obra de arte . Dejo ese espinoso y fascinante
problema a sus especialistas, los críticos e historiadores del arte . Mi utilización de
este y otros ejemplos provenientes de la vanguardia artística tiene un valor
estratégico: sirve para activar una actitud y práctica vigilantes respecto del entorno
164
humano, no para señalar los más grandes logros de la humanidad . En todo caso ,
el intento busca aproximar la figura del diseñador a otros personajes que poco
tienen que ver con los artistas, grandes o pequeños que jalonan la historia; me
refiero a los protagonistas del universo político.
El diseño es un acto esencialmente político , si por político entendemos ese
proyecto que tiene como hito fundacional en Occidente la utopía de Platón, su
República, y que incluye tanto los sueños ascéticos de Le Corbusier y Mies van der
Rohe, como las pesadillas del universo concentracionario de Adolf Hitler y su
tercer Reich. En todos estos casos existe el despliegue de una tekhné para formular
proyectualmente la mejor manera posible de organizar la percepción humana,
para dar con la estructura ideal o kosmos de una época.
Para entender cómo se despliega el método del asombro y la invención en la
vida cotidiana y en su opuesto, recurro ahora al aparato conceptual propuesto por
Peirce.
165
de lo que había a simple vista. Otro concepto semiótico nos permite conocer cómo
funciona cognitivamente este peregrinaje: la abducción.
Abductivo es aquel razonamiento que mediante “un relámpago visionario"
flash of insight) ofrece una explicación posible a algo que en el mundo parece
pedirla, se trata del momento del asombro:
“La sugerencia abductiva nos viene como un relámpago. Se trata de
un acto visionario, aunque de una visión extremadamente falible. ”
(5.181) ¹¹
Peirce intenta explicar el proceso que culmina con la introducción de un
elemento fresco en el mundo cotidiano y que aún no ha sido sometido a la
evaluación crítica y sistemática, a través de una metáfora de cuño poético o mítico,
como lo es la apelación al “relámpago" . No debe llevarnos a engaño esta alusión
a un dominio muy alejado de la tecnología . El primer boceto de una silla, por
ejemplo, antes de que la mirada ergonómica y el cálculo de costos y las estrategias
de marketing den su visto bueno, tiene mucho que ver con el mecanismo
abductivo. Ya en esta etapa casi edénica del proyecto, la semiótica puede
contribuir a dilucidar cómo surge lo nuevo a partir de lo viejo, puesto que ambos
elementos pertenecen a una hipótesis, es decir, al fruto de una abducción :
"Es cierto que los diferentes elementos de la hipótesis estaban en
nuestra mente antes; pero es la idea de reunir lo que nunca antes
habíamossoñado en reunir la que trae como un relámpago la nueva
sugerencia ( flashes the new suggestion) ante nuestra contempla-
ción". (5.182, énfasis agregado)
El movimiento inferencial de una hipótesis, según Peirce, consta de tres
instantes, dos premisas y una conclusión:
Resultado. Un hecho sorprendente C es observado.
Regla : Pero si A fuera verdad, C sería algo obvio.
Caso: Por ende hay razón para sospechar que A es verdad.
En esta fórmula de Peirce (2.623) , se parte de una “observación cargada de
teoría", pero cuando se tiene dudas acerca de qué teoría pueda ser ésta realmente .
Puesto que la forma más simple de una teoría es una hipótesis , se sigue que la
consecuencia primaria de una abducción es una hipótesis de la forma:
"Si C, en virtud de una ley X, entonces A. ” 12
Podemos reconstruir el movimiento semiótico de abducción seguido por
Oppenheim (ver Lámina 1 ) de acuerdo a este planteo sobre la abducción . Ni la
textura pilosa en sí, ni la gestalt de una taza con su convencional platillo y cuchara
por sí solas generan asombro o la urgente búsqueda de una explicación. Pero su
inaudita yuxtaposición tiene la suficiente novedad como para poner en marcha
una abducción en el receptor. Para esta mujer fue la imagen de una posibilidad
visual-táctil; para el receptor de este objeto surrealista son las posibles interpre-
taciones que van desde lo sexual —“ la más intensa y abrupta imagen de sexo
lesbiano en la historia del arte” es la hipótesis que aventura el crítico Hughes (ob.
cit).— hasta lo familiar subvertido. Pero en todo caso esa imagen está vinculada
166
con lo unheimlich -al decir de Freud- es decir , con lo siniestro , con aquello que
se opone radicalmente a lo heimlich, entendido como lo doméstico -habitual, ese
universo de cosas, acciones y personas que no despierta zozobra perceptual
alguna. Doble camino abductivo en el diseño de este artefacto: uno para despegar
de lo real de todos los días, emblematizado en el útil con que entramos a ese mundo
.
cotidiano, la taza del desayuno: ésta es la propuesta del artista; otro itinerario
abductivo para explicar(se ) y entender este fuerte desacomodo del contrato tácito
que es la vida cotidiana: ésta es la recepción interpretativa del público.
Si se acepta mi premisa de que el diseño es un caso privilegiado del funciona-
miento de la logica itineris, ese movimiento imaginativo a la búsqueda de sensa-
ciones no-cotidianas, no obvias, entonces la abducción sería su mecanismo
privilegiado. Mis cursos de semiótica se inician con algo que será una prolongada
abducción: ¿qué puede ser esto de la semiótica? Preguntar por la semiótica no es
pedir una definición sino una justificación, una interpretación incesamente reno-
vada y problematizada. Claro que en lugar de plantearlo en estos términos formales
y técnicos, se pide al estudiante que frecuente el entorno familiar de un modo
infrecuente . Esto puede consistir en mirar muchas veces la grabación en videoca-
sete de las noticias televisivas vespertinas o en observar minuciosamente los gestos
que como un ballet perfectamente ensayado acompañan el diálogo aparentemen-
te banal que se desarrolla en una parada de ómnibus . El objetivo es trazar un
diagrama de lo que sucede allí. Mi pedido es absurdo, tanto como la propuesta del
tazón piloso, ese artefacto familiar y siniestro al mismo tiempo de la surrealista
Oppenheimer. Como en el célebre experimento de Jastrow (ver Figura 2 ) según
el cual veo alternativamente un conejo o un pato, esta obra vanguardista deja ver
y entender la taza, su plato y su cuchara, o algo que subvierte con fuerza el familiar
conjunto de este utensilio para el comedor o la cocina de una familia típica . Para
recibir el pleno impacto de uno, hay que dejar de ver el otro.
Si comienzo a reflexionar seriamente so-
bre la típica conversación en torno al clima
reinante que se desarrolla entre vecinos en un
ascensor o en la parada de ómnibus entre dos
extraños, me doy cuenta de que a ninguno de
los involucrados le interesa particular o espe-
cialmente el clima y sus incesantes y más o
menos previsibles cambios, al menos en ese
momento. ¿Entonces por qué lo vuelven de
manera constante el tópico de ese intercam-
Figura 2: Imagen del pato-conejo
bio verbal tan animado? Una vez instalada la
de Jastrow
incertidumbre, una vez corrido el espeso
velo que esconde con su aire familiar y amigable todo lo que de contractual y
convencional tiene nuestro Umwelt, puedo empezar a indagar, a imaginar solu-
ciones para este acertijo que antes no era tal . No es muy diferente el proceso por
el cual una mujer o un hombre llegan a rediseñar algo que a nadie incomodaba en
167
su actual aspecto . Asombrarse ante lo obvio puede constituir la fórmula de entrada
para lo que Buchler (ver arriba, p. 160 ) llamaba " la capacidad de indagación", es
decir, "una mezcla de imaginación y de asombro".
No hay investigación que no se embarque en la senda itinerante, que no parta
de algo que saque al investigador de quicio, es decir, que lo arranque de las
márgenes plácidas de lo previsible total, de la doxa aristotélica, una de cuyas
traducciones posibles es ' la buena fama', es decir, la buena reputación de que
gozan las apariencias de una comunidad y que constituye la mejor protección
contra los intentos de cambio. El método itinerante es lo que hace falta para que
alguien se ponga en movimiento impulsado no por la necesidad biológica (ape-
tito, seguridad, sexo), sino por la pura posibilidad, la sola imagen de algo que aún
es promesa, virtualidad y que quizá nunca sea algo más concreto . ¿De qué otra
manera llegamos a ese " manifiesto neoplasticista", como ingeniosamente llama
Pignatari ¹³ a la silla Rietveld? (veáse Lámina 2)
Este mueble que para Hughes
(1988: 201) es "una escultura, un desa-
rrollo tridimensional del patrón
bidimensional de las (formas y colo-
res) de las pinturas de Van Doesburgy
Mondrian" fue creado por un integran-
te del movimiento intelectual de Stijl ,
Gerrit Thomas Rietveld, a comienzos
de siglo, en 1918. Esta propuesta de
diseño se emparenta con la fachada de
la casa Steiner en Viena, la en aquel
entonces extraña " casa sin cejas" di-
señada por Adolf Loos, esa que asom-
braba a los " circunspectos" vieneses y
que ya no somos capaces siquiera de
notar como gesto de vanguardia ar-
quitectónica. Junto con el tazón piloso
de Oppenheim, estos artefactos tienen
en común un envidiable poder de su-
gerencia, de dar a luz hipótesis que Lámina 2. Foto de La silla roja y azul de
intentan, con mayor o menor suerte, Gerrit Rietveld, 1918 .
ubicarlos dentro de algún estado de
cosas normal. Así como la naturaleza aborrece el vacío, la percepción humana no
puede sobrellevar con facilidad algo que desafie las categorías cognitivas habituales.
El diseño es aquella actividad humana encargada, entre otras cosas, de darle
trabajo extra al entendimiento, a la función asimiladora de información circundante .
Para indagar sobre el proceso que determina la coalescencia de todo lo que es junto
con todo lo que conozco, ya es tiempo de que introduzca la configuración triádica
168
que Peirce denomina signo junto con su teoría de las categorías sobre la que
descansa toda posible indagación humana .
170
exclama postrado en la tierra Hinne-ni , expresión hebrea por aquí estoy (para
servirte en lo que mandes, Señor). Además de sus rasgos propios, además de ser
hijo de su mujer y suyo, Isaac es aquel que tiene el sentido de lo más precioso para
el padre . Isaac significa, desde la legitimidad , la máxima realización de su vida, el
encargado de llevar adelante la estirpe de Abraham, la continuidad generacional
que inmortaliza y acarrea gloria.
Sobre cada una de estas categorías se instalan los tres " sujetos " que cooperan
para crear una relación llamada semiosis o acción sígnica según el siguiente
esquema:
Primeridad
Signo o Representamen
Objeto Interpretante
Segundidad Terceridad
• La semiosis o acción sígnica no existe en ninguno de los tres componentes por separado,
sino en ese virtual y elemental punto de confluencia esquematizado aquí mediante el
punto central . Intento graficar así el encuentro cooperativo o relación tripartita de estos
tres sujetos formales (representamen, objeto e interpretante). Sólo hay signo cuando
coexisten simultáneamente estos tres factores o aspectos de la semiosis.
171
Vale la pena ahora extraer esta
definición del signo, del casi cente-
nar que formula Peirce a lo largo de
su vida:
172
en algún aspecto contextual y situacionalmente relevante". 15 El Oi corresponde
pues al sólido e incuestionable saber almacenado por la tradición y vehiculizado
por un signo en un momento dado . El Oi funciona como un legado que interpela
al sujeto y lo socializa precisamente por ser alguien con una dotación específica de
objetos, entendida ésta no como la posesión material de cosas, sino como el ma-
nejo habitual de un saber determinado sobre esas cosas . Sólo así se explica cómo
un individuo no llega a experimentar repugnancia al sorber un líquido caliente y
verdoso proveniente de un recipiente hecho con una cucurbitácea ahuecada,
mediante un adminículo metálico cuyo extremo aplanado para succionar pasará
de boca en boca, a lo largo de un círculo que puede abarcar desde dos hasta más
de diez personas. Al considerar el Oi de la semiosis, se deja expresamente de lado
lafunción dramatúrgica del propio signo, es decir, la manera específica en que
éste cumple con la representación de ese objeto. Por tal motivo , un típico o
promedial lector uruguayo comprende , luego del sacudón inicial, que en la
descripción de arriba me refiero al mate, la muy popular bebida uruguaya, pero
para hacerlo empleo un modo sígnico nada habitual. El Oi sigue siendo el tradi-
cional brebaje uruguayo que no falta en paseos urbanos, campestres o durante la
preparación de exámenes; sin embargo, la manera pedante y rebuscada en que me
he referido al consabido mate lo (re)presenta de un modo insólito. Algo similar
ocurriría si al despedirme de mi esposa para ir a trabajar tomase el extremo de su
mano y la besara ligeramente; es un saludo, sin duda, pero el vehículo escogido
para plasmarlo es de muy baja plausibilidad, al menos en esa situación.
El signo siempre agrega al proceso semiótico una plusvalía de deseo al designar
de un modo u otro eso que se sabe siempre de antemano (en mis ejemplos, el
consabido mate o el habitual saludo de despedida) . Esto es válido ya sea que el
signo empleado busque disimular al máximo la presencia de la subjetividad o
intente maximizarla . Así, en lugar de mi extraña descripción de la bebida telúrica,
podría haber empleado esta otra mucho más corriente: a los uruguayos les gusta
tomar mate. El caso opuesto ocurre cuando el signo escogido aspira a convertir el
acto descriptivo, en un trozo púrpura, tal como lo hace habitualmente la publicidad
al exaltar al máximo el propio dispositivo de comunicación . También hay una
estrategia del deseo, de los signos , en el anhelo de pasar desapercibido al activar
la semiosis, es decir, en ese deseo de que mis signos se confundan con el ruido
circundante, con los signos anteriores de otros interlocutores ya sin nombre . Esto
es lo que ocurre con la vox populi, vox Dei típica de la mayoría silenciosa , cuyos
labios elocuentemente callados se esfuerzan por leer los políticos del mundo. Pero
también ocurre cuando existe el deseo estridente de concitar la atención de todos
quienes me rodean e incluso de quienes no me conocen y me llegarán a conocer
reconstruyendo un emisor a partir de esos signos restallantes . En ambos casos se
agrega al pasado compartido, a la evidencia fundacional de toda comunidad
humana, una voluntad adicional, un rumbo que guía el esfuerzo. interpretativo
final , ese que da coherencia a la semiosis, al imprimirle una dirección o influencia.
Por su parte, el objeto dinámico (Od) es “ el objeto de referencia tal como
173
realmente es, sin importar cómo se lo represente que es en cualquier representa-
ción dada". 16 La aparente independencia de este componente con respecto a la
semiosis no es tal. Sólo puede existir algo así como una reserva de referencia o de
conocimiento posible para alguien desde elpropio conocimiento queproporciona
la semiosis . Lo absolutamente inconcebible no es accesible , en breve, no es. Porlo
tanto, el Od es aquello que supongo como el desfasaje inevitable entre lo que
percibo ante mí en tanto expresión presente, y todo lo que ese " manifiesto
neoplasticista” hecho silla (ver Lámina 2) dejó afuera , adrede o de modo incons-
ciente, para poder incluir su visión, su sueño propio, es decir, la historia de la silla
sobre la que me apoyo para entender la propuesta innovadora de Rietveld. De lo
antedicho queda claro que el OBJETO semiótico no es la cosa en sí, el Ding an sich
kantiano, el artefacto de madera pintada de rojo y azul, ese que efectivamente me
produce cierta sensación de comodidad o displacer al sentarme, sino que es una
metabolización de lo real en un aspecto que el signo se encarga de transmitir. Esa
transmisión nunca coincide con la realidad a secas , pues debe optar por alguna
perspectiva , por algún estilo, por cierto material, sujeto a los costos empleados ,
etcétera.
En el esquema de la Figura 4 exhibimos la integración de estos dos aspectos de
la segundidad semiótica, el Oi y el Od:
IA
S/R
NC
RE
FE
RE
01 I
Od
174
Como ya se planteó (ver arriba p. 159) , el semiótico no niega en absoluto la
existencia de esta dimensión física del mundo, y a modo de prueba adicional de
esto, ofrezco una definición del correlato sígnico objeto escrita casi al fin de la vida
de Peirce que, espero, borra toda sospecha de idealismo que el lector podía aún
albergar con respecto a la semiótica:
"Un signotiene necesariamente por su Objeto algún fragmento de la
historia, es decir, de la historia de las ideas . Este debe estimular
alguna idea..." (Ms.849, 1911)
Ese objeto no coincide entonces con la cosa en sí, sino con el saber previo o
preconcepto del que todo sujeto está provisto para poder ejercer la significación
en el mundo. Dificilmente pueda alguien emplear un signo para representar algo
que ignora o desconoce por completo . El referente es necesariamente parte del
pasado del usuario sígnico, el objeto apunta como un vector hacia el bagaje
semiótico de la persona. Precisamente sobre ese saber previo ("la historia de las
ideas") va a instalarse la imaginación humana como reino de lo posible ("debe
estimular alguna idea”) .
En el caso de los animales no-humanos, se adhieren o coinciden de modo
absoluto el Oi y el Od : no queda margen alguno para imaginar algo que escape
o difiera de la rutina, de ese rígido patrón que viene inscrito en el codón genético,
un mensaje de la naturaleza al cuerpo que lo determina plenamente . El universo
animal no-humano es el de lo totalmente previsible, no hay en él lugar para
encuestas de opinión o mutaciones debidas a la moda, tanto en vestimenta como
en ideología política. La vida del hombre , en cambio, se debate entre un margen
de alta previsibilidad —debida en gran medida al diseño imperante en todos los
ámbitos de la vida social- y una franja variable de variación posible -los cambios
de ese diseño hegemónico en todas las áreas imaginables desde la mecánica
hasta la sexualidad pasando por el alimento.
La semiosis en cuanto posibilidad de afectar algún órgano perceptor concreto,
su punto de entrada al Umwelt humano (ver Figura 1), aparece en el modelo
triádico como el signo o representamen. Si Oi es la instancia previa, el conoci-
miento que el usuario sígnico supone que el otro tiene, no es dificil imaginar que
para un habitante de una comunidad sin sillas o sin urinarios, ni Rietveld ni
Duchamp resultan escandalosos, subversivos o renovadores siquiera . El objeto
que existe en la inmediatez de la semiosis constituye el anclaje existencial de esa
mera posibilidad expresiva que es el signo. Para poder expresar algo es inevitable
dejar algo sin expresar. Esto queda claro en otra definición de signo en la que Peirce
introduce un cuarto elemento que no es tal , es decir , que no rompe la tríada sobre
la que se basa toda su teoría sobre la semiosis, ya que se trata de un modode describir
lafunción del representamen con respecto a su objeto (inmediato):
"Un signo, o representamen, es algo que representa para alguien algo
en algún aspectoo capacidad. (...) El signo representa algo, su objeto.
Representa ese objeto, no en todos sus aspectos, sino con referencia
a alguna clase de idea (...) el fundamento /ground/ del
1 representamen. " ( 2.228, énfasis agregado)
175
Elfundamento del signo peirceano es la posición que alguien a través de este
signo o representamen toma con respecto a la tradición , es decir, la expresión de
algún deseocon respecto a lo conocido, a lo que se supone (con)sabido por el otro.
No estoy conforme con mi propia traducción de ground que, previsiblemente,
como toda traducción, tiene algo de traición' . De todos modos quiero hacer
hincapié en la idea de una base o piso ideológico desde el cual alguien enuncia su
proyecto o intención, sea este proyecto tan fugaz como una palabra o tan
contundente y duradero como un monumento de mármol .
El inglés ground alude tanto al suelo, a la tierra sobre la cual necesariamente
me apoyo para actuar, como a las razones sobre las que me baso para afirmar o
pensar lo que afirmo o pienso. En ambos casos el ground constituye una plata-
forma sobre la cual alguien se ubica para esgrimir argumentos o simplemente
mirar, contemplar el mundo circundante. El Oi es el punto más o menos consen-
sual y comunitario desde el cual se pone en marcha una semiosis. Pero para que
esto suceda debe surgir un vehículo , un posible medio para hacer de ese objeto de
conocimiento algo accesible para otro, incluso si ese otro coincide con el propio
agente semiótico (por ejemplo, cuando alguien ata un nudo en un pañuelo para
recordar algo que sabe en el presente, pero que, quien él o ella será luego, puede
llegar a olvidar) . Así, lo comunitario debe necesariamente pasar por lo individual,
por el matiz, por el lugar del sujeto y de su fantasía, de su mucha o poca
imaginación. ¿Cómo imagina ella o él ese dato (que puede ser un mueble o un
saludo)? Le compete al fundamento del signo plasmar la semiosis que fue engen-
drada por un objeto o matriz ideológica y que eventualmente genera, a través de
esa manifestación perceptible, un interpretante.
Sin el conocimiento de pesados y antropomórficos muebles barrocos o
manieristas, el proyecto ascético del modernismo, su rebelión emblematizada por
el eslogan de Adolf Loos: "¡El ornato es crimen!", deviene inexplicable e incluso
impensable. Pero ya se trate de un acto de vanguardia o del más banal de los signos
cotidianos, se trata siempre de hacer entender algo a alguien, es decir, de persuadir
sobre el sentido de alguna cosa , desde unaposición siempre frágil, cuestionable ,
un lugar que tiene la vulnerabilidad de esa imagen evanescente aún no dicha ni
pintada, un intangible proyecto sin existencia concreta todavía.
Para recibir algo como una afrenta al canon estético , primero debo saber de qué
se trata. El ámbito de exhibiciones quizá no estaba pronto para la Fountain
(Fuente) firmada por un tal R. Mutt, el seudónimo que emplea Marcel Duchamp
para presentar su urinario ready-made en el Salón de los Independientes de Nueva
York, en 1917 (Lámina 3) . Pero sin duda los organizadores sabían que eso que
alguien trajo al lugar de exhibición (al comienzo el comité de admisión no sabe que
Fountain pertenece a Duchamp) era un artefacto para orinar en lugares públicos ,
y también sabían que este producto industrial no formaba parte de la extensión
lógica de los elementos incluibles en una exposición de arte (=obras artísticas) , al
menos en aquel entonces.
Tomado en sí mismo el artefacto sanitario de Duchamp puede dar lugar a una
imagen o cualidad de higiene , de blancura, de lo liso (como lo hace la taza de
Oppenheim, pero por la negación y el absurdo), y así indefinidamente . Incluso con
176
esa firma " R. Mutt" colocada de modo invertidopor Duchamp en la parte superior,
este aparato sanitario puede interpretarse al límite como un urinario real con
graffiti incluido, si no hubiera sido enviado expresamente como una obra
firmada a ese Salón , con obvios fines expositorios . La circunstancia institucional
funciona ella misma como un signo; ella tiene sus propios componentes que
obligan a considerar —no a aceptar— el urinario como una obra para colgar
invertida, de acuerdo al sentido en que se inscribe la firma y también como una
inversión o perversión del canon artístico vigente.
En virtud de ese signo insólito se produce un cisma estético, una exacerbación
de la percepción con respecto a aquello que puede constituir una obra de arte . El
signo ofrecido por Duchamp/Mutt obliga a dar marcha atrás , a reconsiderar un Oi
que imaginábamos restringido a cuadro, escultura o vasija. Por su causa, de golpe
nos encontramos atisbando en la tiniebla de un Od inconmensurable , inaudito .
Cuando creíamos haberlo visto todo, los confines del dominio artístico parecen
perderse en la lejanía, ya nada es seguro... Si un artefacto sanitario puesto al revés
y provisto de un nombre y una firma es admitido al canon de lo artístico, ¿qué no
es artístico? De estas dudas y vacilaciones están hechas las revoluciones en arte y
en diseño, como también en las ciencias naturales.
A la demanda de una obra para exhibir, la imaginación del artista o del
diseñador es el único límite . Ella o él saben que mostrar es inevitablemente
mostrarse, magnífica coincidencia del castellano enseñar : se enseña algo, y se
enseña (=muestra) el sujeto mismo en virtud de ese acto público . Por sí solo, sin
embargo, el signo como primeridad es libérrimo, todo lo que sea eventualmente
captable y movilizable como Forma o Medio es válido para llevar adelante la
semiosis . Pero esto no suena del todo creíble; sabemos que el decoro medio, el
pudor, las barreras internas del individuo, en una palabra su autocensura, más que
ninguna prohibición institucional, por feroz que ésta sea, debe ser tomado en
cuenta a la hora de arriesgar signos , de lanzar primeridad al mundo real. El
conjunto de estas barreras del sujeto restringe los infinitos posibles a algunos pocos
probables en una circunstancia epocal dada. Por cada gesto dadaísta o neoplasticista
históricamente registrado, hay una infinidad de olvidables y poco imaginativos
epígonos ; por cada Rietveld y Loos , un sinnúmero de seguidores de la tradición en
sillas o en fachadas. Para entender cómo sucede esto, debemos pasar a la tercera
instancia de toda semiosis.
No debemos entender el interpretante de un signo en términos de una persona
concreta, ni siquiera virtual, alguien que procede a remontar la genealogía del
signo, objeto inmediato arriba, para comprender esa intención que anima el
representamen o signo. De hacerlo, se pierde gran parte de la riqueza de la teoría
semiótica de Peirce , ya que ésta naufraga en un deslucido psicologismo. El
interpretante es un efecto o impacto de sentido, aparte de cualquier posible en-
carnación en un agente humano concreto. El nombre que le da Peirce a esta
posición lógica dentro de la semiosis proviene de la tarea del traductor, aquel que
dice que lo que una persona está diciendo en un idioma significa lo mismo que lo
que otra dice en un idioma diferente. Mientras que el vínculo entre Oi y S/R (ver
Figura 4) da lugar al conocimiento o valor distintivo de algo (por ejemplo, una silla
177
no es un banco ni un sofá ni un sillón , aunque es un mueble para sentarse como
los otros artefactos), el interpretante procede a reevaluar o, como propone James
J. Liszka a transvaluar " esa relación referencial de acuerdo a lo que la comunidad
considera legítimo, noble, sublime , vil, etcétera . Esto explica porqué no hay mayor
problema cognitivo en establecer la identidad del urinario de Mutt/Duchamp , pero
sí una gran descompostura estética y costumbrista en admitir o reconocer que eso
fuera algo digno de comparecer con sus congéneres más normales en el Salón
de 1917.
triádica según Peirce, pues da cabida al efecto referencial o valorativo, así como al
N
A
NC
L
RE
O
FE
R
RE
R
LO
VA
0
Od
178
persona, por ejemplo, o un trozo de madera que ha sido moldeado por los
elementos naturales y está tirado en una playa . Sólo incluidos dentro de alguna
situación cultural tanto el tic compulsivo y fisiológico , como esa madera en estado
salvaje, adquieren un significado adicional (por ejemplo, "Fulano está nervioso" o
"¡Qué linda decoración para el living de mi casa!"). El célebre urinario en tantosigno
es el resultado de la teleología objetiva -los límites establecidos por los sistemas
sígnicos tanto relativos a lo higiénico- sanitario, como a lo estético- escultural- y
de la teleología subjetiva ―el deseo del artista de presentar algo diferente en ese
Salón neoyorkino hace más de siete décadas . Voy a volver sobre este tema al
tratar en la segunda parte el problema de la connotación en relación con la
denotación.
179
mado OBJETO Semiótico. Se trata de un saber previo, algo que pre -existe al acto
semiótico presente; he llegado a esa evidencia mediante otros contactos, otras
mediaciones disponibles en mi entorno, a través de la socialización. Hay además
en la semiosis un término ad quem también esencial: es el punto de llegada o
INTERPRETANTE Semiótico. Siempre que emprendo un proceso de semiosis, desde el
diseño de un mueble hasta el saludo casi automático a alguien con quien me cruzo
en la calle, tengo una finalidad, el propósito que justifica esa inversión de energía
sígnica. Entre estos alfa y omega de la semiosis se ubica indispensable el shuttle
o término de conexión, el elemento que hace de mediador entre lo con- sabido,
el pasado que doy por sentado y desde el que parto, y lo por compartir, el futuro
que deseo forjar a través de cierta conducta expresiva O SIGNO/REPRESENTAMEN (ver
Figura 5).
El impacto interpretativo de mis signos ya figura en la configuración de lo que
doy a interpretar . Para aclarar este punto, Peirce propone una triple división del
interpretante, el elemento central estudiado por la retórica especulativa. Vale la
pena citar la caracterización que ofrece el semiótico de estas tres facetas o aspectos
del interpretante. Nuevamente, como era de esperar en un sistema de gran
coherencia lógica como el peirceano , cada uno de los interpretantes que intervie-
nenen la semiosis corresponde a una de las categorías faneroscópicas antes descri-
tas. Así el Interpretante Inmediato (Ii) tiene que ver con la primeridad, con el
abanico de las posibles interpretaciones que pueden extraerse del signo como tal :
"es el interpretante tal como se lo representa en el signo mismo,
implícita o explícitamente . (...) es el rango de interpretabilidad, el
rango de posibles interpretantes dinámicos fijado por la identidad
del signo como tal. " 19
182
quedan en el medio de este vasto espectro de legitimidad semiótica posible. La
historia de la crítica, tanto de arte como de diseño, puede concebirse como el
registro diacrónico de los Id correspondientes a una elite o intelligentsia, los jueces
de lo conveniente en un sitio y momento dados .
Por su parte, la hermenéutica es el intento de comprender la recepción
interpretativa de un trabajo intelectual en un momento dado; en lugar de buscar
el sentido puro o verdadero de una obra , la hermenéutica acepta la dimensión de
la segundidad como una porción ineludible del significado que un producto
intelectual de cualquier momento histórico posee . Por supuesto que cuanto más
lejana sea esa época (ruinas de Stonehenge o los monolitos de la isla de Pascua) ,
más esfuerzo arqueológico y riesgo habrá en los Id propuestos, pero de todos
modos las circunstancias del sujeto que realiza la interpretación ingresan a la
semiosis como Id.
Por último, el Interpretante Final (If
) . Este corresponde a la categoría o moda-
lidad existencial y cognitiva de la terceridad. Tiene que ver con el máximo de
legitimidad hacia el cual, idealmente, tendería la interpretación de un signo. Ya no
tomamos en cuenta lo que un sujeto empírico imagina como respuesta plausible ,
verosímil, e incluso errónea o inadecuada. El If tiene que ver con la interpretación
hecha tomando en cuenta el plazo más largo posible, el que coincide con el
porvenir de una comunidad en su búsqueda de la certeza, de lo verdadero con
respecto a un signo o conjunto de ellos:
183
formulación entre este aparente psicologismo y la perspectiva lógica, es decir,
semiótica ("su referencia engeneral a interpretantes "), sobre el universo cognitivo
humano que campea en todos los escritos peirceanos . Una posible explicación de
esa inclusión inesperada de la "mente " en el campo de la semiótica, la encontramos
en esta suerte de defensa o justificación que, en otro contexto, hace Peirce de su
terminología equívoca. Luego que define el interpretante del signo como la
determinación que realiza éste de "un efecto sobre una persona", parece rechazar
su propia descripción , y así se lo explica a su corresponsal :
"Mi inserción de 'sobre una persona' es una carnada para Cerbero,
porque yo desespero de hacer que se entienda mi propia concepción
más amplia (my own broader conception). " (Carta a Lady Welby,
1908, p.80)
Peirce se siente en la necesidad de disfrazar en ocasiones su auténtica “concep-
ción más amplia”, es decir, una propuesta epistemológica tan radical para su época
como para la actualidad : no se trata de una negación del sujeto, de su defunción
oficial , tal como fue decretada por algunas prestigiosas figuras asociadas al
estructuralismo francés de los años sesenta , sino de una revisión revolucionaria del
desempeño de los signos en la vida humana.
Por tal motivo, volviendo a la definición de la retórica especulativa y a sus
enormes posibilidades para la investigación del diseño, es importante separar lo
importante de lo que no lo es. No se trata de incluir la consideración de lo mental,
psicológico, y en última instancia individual , en el estudio de los interpretantes , es
decir, del cumplimiento de la finalidad última de toda semiosis . Creo que nueva-
mente Peirce el estratega nos ofrece dos concepciones . Una de ellas es apta para
el entorno científico de su época: es la que habla de “apelar a una mente”, una
perspectiva que no se condice con el resto de su vasta y rigurosa reflexión sobre
la semiosis . En cambio, cuando él habla del estudio de la "referencia en general
a interpretantes " de los signos , estamos frente a su “concepción más amplia” , es
decir, plenamente semiótica , sin vestigios psicologistas o mentalistas . No depende
el significado de lo que pueda entender quien esto escribe o su actual lector o el
de mañana, sino de lo cognoscible o entendible en sí, lo que puede provenir de
una comunidad entera "sin claros límites" como fuente de interpretaciones
posibles para un signo (“el rango de interpretabilidad legítima" al decir de Ransdell) .
LA METODÉUTICA EN ACCIÓN
Un ejemplo puede ser útil a esta altura del discurso para clarificar esta extensa
especulación. No se trata de una aplicación de la teoría, sino de un problema
concreto de diseño gráfico que instalado en el método peirceano intenté abordar.
Todo diseño implica una abducción doble, como vimos antes . En este caso el
problema tiene que ver con el proceso de comprensión de un afiche publicitario
(ver Lámina 4) que aparece en las páginas de una revista española, Hola. El público
típico de esta revista es la mujer adulta de clase media, pero la publicación admite
una lectura distraída de otros miembros de la familia, es decir, del hombre e incluso
184
de los jóvenes, sobre todo del sexo femenino. Su brillante y amplia portada asoma
con llamativa frecuencia en los revisteros de peluquerías de mujer.
UN HOMBRE
DE CUIDADO .
Protéjase manteniendo joven y sana su piel.
186
Como en la figura bicéfala de Jastrow (ver Figura 2) nos encontramos ante una
encrucijada semántica: ¿cuál de las dos sendas opuestas debo tomar? Hacemos lo
correcto en estas circunstancias de ambivalencia semántica: vamos a recorrer uno
y luego otro camino, para ver adónde nos conducen. La diagramación seria y
masivamente verbal nos conduce en la dirección de un tópico viril: la página que
quizá detenga la mirada distraída del eventual lector masculino de Hola y los ojos
algo sorprendidos de la plausible y previsible lectora de la revista , lleva a imaginar
una página de conceptos en torno a un personaje del que habría que cuidarse.
Una mezcla de Harrison Ford y Richard Gere , actores cuyo look ha dado cuerpo
a una galería de seres de ficción cuyos días no transcurren en apacibles oficinas y
amables hogares de clase media. En esta dirección funciona el aviso como un eficaz
red herring, mediante su simulacro de ser un artículo de Esquire, o por qué no, de
algunas de las muchas publicaciones encargadas actualmente de divulgar un saber
científico. El estilo y el léxico con que están escritos los seis párrafos que ocupan
la mayor parte de la página ratifica ampliamente esta primera impresión. Salvo el
primero, todos ellos están antecedidos por un pequeño cuadrado gris claro que,
a modo de asterisco , enfatiza su supuesto carácter de items informativos . He aquí
algunos ejemplos tomados de estos cinco grupos grises y serios: "El hombre de hoy
necesita protección porque su piel como la de la mujer está expuesta al paso del
tiempo”; “RNA Bio-Complexes una crema hidratante nutritiva..."; "Su gran secreto
loconstituye el sodio RNA que incrementa la oxigenación activando el colágeno...".
Quien llega al final o barre con rapidez esta proliferación de términos técnicos y
semi-especializados, no puede sino observar la pequeña imagen en color que se
'esconde' en el fondo de la página como una sobria ilustración de ese despliegue
especializado del saber dermatológico de última generación . Pero una vez llegado
hasta ese confin de lo impreso no puede menos que retornar al primer párrafo, el
único que no está prologado por el cuadrado gris . En él se hace mención de la
marcay del producto que el aviso expone y propone a la lectura : "Aramis ha creado
el más revolucionario y sofisticado producto de tratamiento masculino de los
útlimos tiempos : RNA Bio-Complex crema hidratante ". También, a modo de sub-
título debajo del ambiguo titular general, en itálica y de cuerpo menor, centrado
entre dos rayas gruesas y grises , un consejo habitual dentro del discurso publici-
tario: "Protéjase manteniendo joven y sana su piel” . Fácil de no advertir la primera
vez, probable hallazgo de una mirada cuidadosa, esta frase también sirve como
guía para el otro sentido del título y del aviso en general. Ya es tiempo, por lo tanto ,
de emprender la marcha por el segundo sendero a que me habilita este
representamen contundente rematado por un innecesario pero llamativo punto
final, especie de sonoro portazo que daría la autorizada y autoritaria voz de la
ciencia, esa que no admite réplica pues habla desde el sitio donde todo se sabe y
todo se puede de manera absoluta, o al menos así lo cree la imaginación colectiva.
El término clave en el enunciado lingüístico del primer párrafo es “tratamiento ".
La palabra coincide con la foto sensual, inquietante , de un envase de plástico
arrojado con displicencia sobre lo que suponemos es la dorada mesa de azulejos
187
de un baño moderno . Las evocativas gotas que como un noble sudor cubren
generosamente azulejos y tubo de crema abierto indican la posibilidad de que el
titular se refiera a una persona de sexo masculino que se prodiga cuidados a sí
mismo, específicamente al estado de su piel. Se trata de la escena del "tratamiento"
ésta que aparece discretamente , mediante una imagen tan sigilosa como la palabra
escondida en ese párrafo en negrita, sin encabezado gris . Precisamente esa imagen
puesta como al descuido, al final de la superficie impresa es la finalidad o
interpretante hacia el que este aviso desea orientar la mirada lectora de quien
frecuenta las páginas de Hola. Cabe preguntarse ahora : ¿por qué no haber ido al
grano?, ¿para qué este largo y costoso rodeo que impidió una mayor y más
estimulante visibilidad del producto y de su atractivo envase? La marca Aramis ya
goza de un sólido prestigio en el área de la perfumería masculina , por ende , todo
parecería indicar la presencia de una marca que puede darse el lujo de lanzar una
crema hidratante para hombres escudándose detrás de su buen nombre.
Tercera abducción. Aquí se impone movilizar toda esa zona profundamente
anestesiada, la que nos permite nadar como peces en el agua comunitaria, en este
caso lo que nos permite ser, sentirnos y ejercer como occidentales contemporá-
neos. Como la pilosa taza con plato y cuchara de Oppenheim (Lámina 1 ) o el
urinario de Duchamp (Lámina 3) , este aviso gráfico nos obliga a revisar un área no
explorada del objeto dinámico (Od). Claro que existe una cosmética masculina no
sólo posible , sino plausible, legítima : es la que tiene que ver con la loción para
después de afeitar, con el desodorante o con el perfume, especialmente la colonia,
pero de ninguna manera el maquillaje para los ojos , el polícromo esmalte para las
uñas o la crema hidratante... Con buen criterio, el o los diseñadores de esta pieza
publicitaria han tendido su red interpretativa de modo sumamente cauteloso.
Saben o prevén (= Interpretante Inmediato, li) que de haber realizado una apela-
ción flagrante y directa relacionada con las ventajas de utilizar una crema facial para
las arrugas masculinas , la plausible respuesta hubiera sido de franco rechazo
(Interpretante Dinámico, Id). Es más fácil masculinizar la re-presentación del
producto a través de un ingenioso representamen ambivalente que femineizar al
receptor, al menos eso es lo que la mayoría de hombres leyendo el aviso pensarían
sobre una propuesta dudosa encabezada por un título inquietante como éste, por
ejemplo: 'UN HOMBRE CUIDADOSO '.
No sólo se ha evitado utilizar el representamen obvio, es decir, uno que monte
la escena de un señor aplicando esta crema hidratante Aramis a su rostro luego de
una afeitada, por ejemplo, sino que se ha descrito el efecto de este cosmético en
términos de laboratorio biológico más que de belleza personal. Para empezar, el
nombre del producto: "RNA Bio- Complex" es un compendio de todo lo que hoy
suena hard y tecno en Occidente, el inglés , las palabras compuestas que incluyen
impresionantes siglas , la apelación a lo científico- experimental , etcétera . Sin em-
bargo, el destinatario sí aparece , pero de manera trópica, es decir, mediante una
figura retórica, la metonimia. La tradicional maniobra retórica que representa la
contigüidad semántica entre la causa y la consecuencia, entre otros vínculos
188
posibles, exhibe al usuario de este cosmético por (el resultado de) sus actos . En
lugar de representar la crema en forma horizontal o vertical correctamente
apoyada enun estante del baño-y cerrada con su tapa , el tubo de Aramis aparece
muy visiblemente desordenado : en posición oblicua, con su extremo apuntando
hacia arriba y a la izquierda , y con la tapa fuera de lugar, tirada como al descuido
abajo, a la izquierda del envase marrón . Junto con las gotas que humedecen
azulejos y tubo , todos estos indicios permiten inferir o reconstruir de modo fiel un
hombre muy hombre, es decir , la antítesis de alguien cuidadoso, meticuloso , un
hombre que estaría pendiente de su aspecto y de su piel, como ocurre con el
popular estereotipo femenino que, aún a fines de siglo, goza de buena salud. Muy
por el contrario, quien dejó así el tubo de crema hidratante encaja bien con el
identikit imaginario que emblemáticamente asociamos con el rostro de Harrison
Ford o Richard Gere . En definitiva, gracias al representamen verbal y visual
escogido es posible contemplar casi simultáneamente las dos cabezas de la imagen
de Jastrow (ver Figura 2): se puede ser, gracias al RNA Bio-Complex de Aramis un
hombre de armas tomar y un hombre que dedica tiempo, preocupación y dinero
al cuidado de su zona más superficial, su propia piel . Mientras que lo primero goza
del respaldo de leyendas y mitos milenarios , lo segundo debe comunicarse
sigilosamente, haciendo uso de la retórica especulativa propuesta por Peirce .
Abducción final, por ahora. El lector de este análisis comprende, mientras
abandona el estupor agradable que entraña caminar por senderos no fatigados por
la costumbre y el hábito, que aún queda mucho por recorrer, aunque se trate de
un modesto aviso gráfico que no ganó ningún Clio y que muy probablemente no
ingrese al Hall de la Fama de la publicidad mundial . No obstante , observado con
el método semiótico en los ojos , este simple aviso de crema hidratante para
hombres nos permite ver en acción una de las estrategias políticas más importantes
de la humanidad: la verosimilización. La meta última a la que aspira Aramis no es
únicamente vender, posicionar y demás objetivos que el marketing defina como
adecuados para este producto . Mucho más que eso le interesa mediante un truco
o acto de prestidigitación semiótica hacer ingresar este novedoso Oi con todos los
derechos de circulación al flujo de saberes obvios . El Oi parece ser cosmético
masculino, pero en realidad se trata de cosmético masculino que hasta hace muy
poco era un atributo exclusivo de la condición femenina y por ende un tabú
masculino. Gracias al simulacro del género informativo-científico-de -divulgación
(diagramación con dimensión y ubicación de fotografía), del vocabulario tecno-
científico empleado, a la ambivalencia semántica del titular, el diseño gráfico de
este aviso ha conseguido ampliar el rango de referencias o valores posibles de la
comunidad. Por supuesto, para que esto suceda se ha anticipado la lectura
cautelosa y problemática del típico varón e incluso de su esposa. Para que Aramis
tenga éxito en su campaña de expandir el espectro semántico de lo que un hombre
promedio puede aplicar a su cuerpo con fines cosméticos, debe haber una
instancia final de TRANSVALORACIÓN, es decir, la acción del interpretante que otorga
coherencia y cierre (provisorio) a la semiosis, tal como puede verse en las Figuras
4 y 5.
189
A esta altura del análisis , espero que mis interlocutores compartan el entusias-
mo naciente de entender que aquello que se juega en un aviso no es algo banal u
olvidable . Esta publicidad es el fruto del diseño, que es una herramienta política
tanto como es un instrumento práctico, en este caso una herramienta para
incrementar las ventas de un cosmético. En el aviso de Aramis está en juego la re-
admisión de una representación de la sexualidad masculina que tuvo gran vigencia
hasta bien entrado el siglo XIX y que la doxa vigente en lo relativo a apariencia viril
nos ha hecho olvidar. El adusto traje gris o azul marino es tan poco natural o
razonable para un hombre maduro, como lo eran las 'bolsas genitales ' con las que
los gentilhombres del siglo XV llamaban la atención de su prójimo sobre atributos
que creían dignos de mención y atención públicas. Es muy diferente leer sobre esto
en un voluminoso manual de historia de las costumbres o atavíos, que ser
protagonista de una pugna por imponer una versión y visión ideológica de la
sexualidad en un aviso o en un videoclip. Más allá de los intereses industriales y
económicos que sin duda son primordiales y respetables en el universo del
diseño, sea éste el publicitario, el de la moda textil o el de los automóviles—
también están en juego deseos que aún no tienen nombre porque la comunidad
no los acepta, no los desea, todavía . La teoría del diseño, dentro de la que se incluye
la de la publicidad, puede demostrar cabalmente que esta última no es necesaria-
mente una perniciosa fábrica de inventar necesidades que la humanidad no tiene.
Los seres humanos no son hijos de la necesidad, exclusivamente ; esto lo prueban
tanto las religiones y las guerras como los designerjeans de Calvin Klein .
Voy a intentar una síntesis de una discusión crítica que hace un par de años hice
sobre el desarrollo de la semiótica visual y del concepto de connotación en ese
campo sígnico (ver Andacht, 1987, el capítulo “La realidad de las imágenes, las
imágenes de la realidad”) .
Bajola poderosa influencia del modelo semiolingüístico que proviene original-
mente de la obra del lingüista ginebrino Ferdinand de Saussure , se desarrolla la
prestigiosa actividad de la semiología francesa de los años sesenta, específicamente
los trabajos del grupo de investigadores agrupados en torno a la École des Hautes
Etudes parisina. Las reflexiones de estos pensadores aparecen publicadas en la
revista Communications, un respetado ámbito de indagación que a menudo
contaba con invitados de la talla de Umberto Eco. Es en aquellos años que
comienza a estudiarse la naturaleza semiótica de la imagen. Para un tratamiento
191
más sustancioso del debate, remito al lector a los números pioneros de esta
publicación, como lo son el número 4 ( 1964) o el 15 (1970), volúmenes dedicados
a la teoría general o a su incidencia en lo publicitario y también a un trabajo
fundamental de Eco como La Estructura Ausente ( 1968) , cuyo capítulo sobre el
iconismo, "La mirada discreta", es retomado y revisado varios años más tarde en
su clásico Tratado de Semiótica General (1976) o para una visión crítica de estos
aportes, a mi propia contribución antes citada.
El intento por comprender la naturaleza semiótica de las imágenes adolecía de
un problema central; todo debía ser adaptado al lecho de Procrustro de un sistema
sígnico que era considerado el paradigma: el lenguaje verbal. Sólo así puede
entenderse un juicio tan curioso como el que hace Roland Barthes en "El mensaje
fotográfico", escrito originalmente en 1961 , sobre la semiosis de la imagen
producida industrialmente . Según Barthes, en una foto existiría “la coexistencia de
dos mensajes, uno sin código (lo analógico, fotográfico) y otro con código (el ' arte'
o 'tratamiento')" ( 1976: 118) . Esta inútil duplicación teórica es un flagrante atentado
contra la cautela epistemológica recomendada por Occam en su filosa navaja, "las
entidades no deben ser multiplicadas , a menos que esto sea estrictamente nece-
sario" . Esta maniobra puede entenderse a la luz de una fetichización de la palabra:
sólo ésta sería un verdadero signo, o el signo por antonomasia, lo que en definitiva
es lo mismo.
No puedo entrar aquí en una exposición detallada de los múltiples méritos que
me llevan a elegir el modelo triádico del signo propuesto por Peirce en lugar del
diádico propugnado por Saussure originariamente , pero debo mencionar que la
inclusión peirceana de un tipo de signo asociado a la primeridad, a la imagen, a la
cualidad, como es el icono ("un signo que se refiere al Objeto que éste denota
meramente en virtud de características propias... sin importar si tal Objeto existe
o no" (2.247)) , tiene un peso decisivo a la hora de optar por una metodología
semiótica en el campo del diseño .
Cabe preguntarse cómo hace Barthes para que esta aparente contradicción, “un
mensaje sin código", pase una inspección de exigencia de coherencia teórica
básica . Éllo hace recurriendo al concepto de connotación. Lo específico del mensaje
fotográfico que luego extenderá al campo del diseño gráfico, en lo que
constituye el primer análisis semiótico de la publicidad, la “Retórica de la Imagen”
(1964)- sería que “un mensaje connotado se desarrolla a partir de un mensaje sin
código" (1976: 118) . De este modo él reintroduce clandestinamente, por la puerta
trasera, lo que él mismo ha expulsado por la puerta delantera. Para Barthes, hace
treinta años, en los albores de la semiótica visual, la connotación es "un sentido
secundario, cuyo significante es un cierto tratamiento de la imagen por parte del
creador y cuyo significado, ya sea estético o ideológico remite a cierta cultura”.
(ibid.)
Reverberaciones de esta formulación se encuentran una década más tarde, en
teóricos tan ilustres como el semiótico argentino Luis Jorge Prieto (1977: 175) ,
quien en una discusión sobre la arquitectura y el diseño propone el término
192
"ceremonia " para lo que Barthes llama connotación, aunque ya no se hable aquí
de un elemento secundario, lo cual constituye , a mi modo de ver, un claro adelanto:
“la elección del útil del que uno se servirá para ejecutar una operación deviene
necesariamente ceremonia, es decir, indicio de una forma particular de concebir
dicha operación, forma de concebirla que se suma a la que ya se tiene en relación
con el objeto perseguido". La idea de ceremonia nos acerca al representamen
como dramatización formal o irrupción del deseo en el proceso de semiosis, tal
como lo plantea Peirce. Si aplicamos su modelo triádico tal como fue desarrollado
aquí, no es posible olvidar que lo que veo en una imagen tiene mucho que ver con
lo que he aprendido a ver en ella, es decir, los patrones culturales que Peirce
denomina Oi (Figura 4). Dicho de otro modo, no existe un momento secundario,
posterior, en el cual se agregaría la connotación.
La fuente de donde Barthes extrae el concepto es la glosemática del lingüista
danés Louis Hjelmslev. En un desarrollo del concepto bifacial del signo saussureano
-modelo que implica la reunión de un significante y un significado, las caras
perceptible e inteligible de la significación respectivamente- en su Prolegómenos
a una teoría del lenguaje ( 1943), Hjelmslev aporta la idea de un plano de la
expresión y un plano del contenido, cada uno de ellos dividido a su vez en dos
componentes, una forma y una sustancia. Habría por ende una forma de la ex-
presión y una forma del contenido, y una sustancia de la expresión y una sustancia
del contenido. La forma semiótica en el modelo de Hjelmslev constituye el
componente invariante, según un criterio de alterifuncionalidad, es decir, aquel
que según la propiedad de la conmutación estipula que cualquier cambio operado
en la forma, tanto de la expresión como del contenido, trae aparejada una variación
en la interpretación lícita que se le dé a un signo, en su significación. La sustancia
semiótica, en cambio, es el conjunto de elementos que la manifestación semiótica
de un signo acarrea inevitablemente, aquello que sobreviene como parte de una
materialidad no semiótica pero imprescindible para que haya semiosis, y que
según el criterio de alterifuncionalidad no contribuye decisivamente a la interpre-
tación de un signo. Un ejemplo puede ser el color rojo que se emplea para una
bandera comunista, para un emblema de la Cruz Roja y para el banderín metálico
que se utiliza en las playas de Montevideo, para señalar la prohibición de baños en
esa zona. El que los tres signos compartan una cualidad cromática, el rojo, no les
da unidad ideológica o de finalidad : la política , lo asistencial internacional y la
vigilancia costera son tres efectos de sentido incompatibles. Las circunstancias en
que cada una de estas enseñas es desplegada funciona como un signo, es una parte
de su sentido; la tela empleada, el matiz exacto de rojo tal como puede ser afectado
por el uso, la incidencia lumínica, la calidad del soporte elegido , las dimensiones
y otros innumerables rasgos materiales no son pertinentes o relevantes desde el
punto de vista de la significación (=forma de expresión) . El color es parte de la
forma en tanto se opone al negro, al azul, etcétera, mientras que la textura, la
dimensión de la superficie sobre la que se extiende y demás aspectos de la
concreción sígnica pertenecen a la sustancia.
193
Una conjunción del tipo antes descrito —la asociación entre el color rojo y el
concepto de la institución política, sanitaria o de prevención y vigilancia, según sea
el caso específico de cada signo-determina un plano semiótico denotativo. El plano
connotativo estaría conformado por un signo cuyo plano de la expresión está a
su vez conformado por un plano semiótico denotativo completo, según el si-
guiente esquema:
CONNOTACIÓN Plano de la Expresión Plano del Contenido
194
casi teatral del teórico francés, hay algo sumamente interesante en esta fusión de
los dos términos de la dicotomía . Si bien reaparece el aspecto cronológico, la
alusión al "primero de los sentidos" y a "la última de las connotaciones", esto es sólo
una maniobra, algo que le quita toda validez al enfoque temporal de denotación
y connotación. Los términos lógicos de este par no se suceden como el inicio y el
epílogo de una novela , sino que coexisten problemática e indisociablemente como
la noción de protagonista de una ficción y su ética o estética.
Si recordamos el análisis del aviso de Aramis (Lámina 4), el aspecto paradójico
de esta reformulación del par denotación-connotación se vuelve comprensible .
Alguien podría decir que un cosmético denota algo empleado para la belleza
personal y connota el universo femenino. En otras palabras, habría algo neutral o
natural en su función, debida ésta a factores moleculares, químicos , de textura, y
algo artificioso, cultural o convencional en su asociación con uno de los dos sexos .
¿Aquello que en la época victoriana se conocía como un dulce angelito y que los
freudianos llamaron “un polimorfo perverso", se refiere o no al mismo objeto, se
trata o no de la cría del hombre? Hay una fuerte tentación epocal por designar la
última descripción como la buena o la verdadera, entonces ésta sería la denotación
de la palabra niño , mientras que las anteriores serían sólo caprichosas connota-
ciones atribuibles a fallas humanas en el conocimiento histórico. Parece de buen
sentido pensary creer que sí hay algo real-objetivo que es el niño en sí,y que luego
distintas épocas le agregan sentidos efímeros , modas, ideologías e incluso teorías
sobre el funcionamiento de la psiquis y la sexualidad humana. Lamentablemente
el buen sentido en sí mismo ya es algo fabricado, modulado por el deseo, por el
diseño educativo, vestimentario, sexual y urbano. El buen sentido ni siquiera es
uno o único, sino que es el campo de batalla semiótico en el que se desarrolla una
sorda y violenta puja . Nadie piensa en lo bélico cuando se habla de ese buen
sentido porque es por detrás de su armoniosa fachada que se produce el feroz
debate o polémica entre fuerzas sociales con diverso poder dentro de la comuni-
dad, que tienen en común el anhelo de imponer su particular e interesada versión
de lo societal. Cabe agregar que el término detrás empleado para analizar la
disputa social por imponer el/un buen sentido no es más que una metáfora en mi
demostración. De lo contrario, si leo literalmente esta figura espacial, favorezco la
interpretación de sentidos supuestamente subliminales, concepto de ningún modo
aceptable desde el planteo semiótico que propongo.
La segunda formulación de Barthes -que denomino aquí, un poco en broma,
perotambién con seriedad, denoconnotación , pone en evidencia la importancia
de la concepción humana en la determinación de lo que cuenta como real.
Casualmente, utilizando la lengua nativa de Barthes, el francés, mientras se dirigía
hacia Plymouth, en un buque, Peirce formula en 1877 la máxima pragmática. Esta
sigue siendo una de las mejores aproximaciones al significado; ella reúne con
precisión el cuerpo y el sentido; los sentidos de un signo son aquellos viables desde
y para los sentidos del cuerpo:
195
"Se debe considerar cuáles son los efectos prácticos que pensamos
pueden serproducidos por el objeto de nuestra concepción . La concep-
ción de estos efectos es la concepción completa del objeto . " (5.18)
196
Esta breve e insuficiente visita a un rincón abstracto y especializado de la logica
docens, del saber erudito que forma parte de la doctrina de los signos, nos ha
permitido verificar cómo la vida de cada día está atravesada por esta abstracta
polémica de la denotación y la connotación pero a través de una versión anestesiada
o automática de la misma. Lo que se defiende en el mundo cotidiano es una
razonabilidad a prueba de dudas , una postura opuesta a todo tipo de análisis;
para el ámbito cotidiano todo sucede como si no existieran y funcionaran con gran
eficacia los mitos de la razón. Por supuesto que , desde el enfoque de este trabajo,
las implicancias de la teoría de la denotación y connotación para la logica itineris
son enormes. Todo diseño y rediseño no puede menos que constituir una crisis ,
mayor o menor, para el proceso denoconnotativo. Su impacto pasa por el cuerpo,
y éste recibe la semiosis como el juego triple de ese pinball incesante y proteico
que es el vínculo objeto-representamen-interpretante.
Abandono la reflexión con un último diagrama (Figura 6); en él quiero reunir
la tríada de ciencias que Peirce (2.197) en 1901 llamó NORMATIVAS : la estética, la ética
yla lógica. Hay una gran audacia en esta reunión de lo matemático , de la conducta
de cada día y del reino de la sensación. Pero hay mayor audacia aun en darle
primacía absoluta a la estética sobre las otras dos ciencias. La cuestión de que ella
debe ocuparse no es la determinación de lo bello, y así Peirce rechaza como su
objetivo el campo semántico del término inglés beautiful o el del francés beau,
para proponer el griego kalós, palabra que puede traducirse como lo bello o lo
bueno, y para el cual ofrezco tentativamente la traducción castellana de “ conve-
niente”, pues creo que sirve para reflejar esa ambivalencia. Vale la pena citar a
Peirce en su caracterización de la estética y del lugar que esta debe ocupar dentro
del paradigma científico:
Imaginación
ESTÉTICA
ÉTICA LÓGICA
Conocimiento Persuasión
de Sí y del Otro del Otro
197
mientras que el primer concepto designa un ámbito que no coincide más que
metafórica y equívocamente con el campo del diseño industrial, el término estético
sí coincide plenamente con esta clase de actividad humana moderna. Por estético,
de acuerdo a la caracterización peirceana, tanto puede hablarse de un motor de dos
tiempos que cumpla con requisitos no sólo económicos sino además de protección
ambiental , como también de un estupendo afiche publicitario hecho parapromover
un bien o un servicio, que a la vez, genera una excelente imagen de todo el país
en el que se vende este bien o servicio: un efecto que excede ampliamente la
acotada meta que se ha fijado el publicista o la empresa para la que este aviso fue
creado. Ese rasgo de lo conveniente, expresión con la que traduzco el esquivo
kalás elegido por Peirce , significa la coronación de todo el proyecto de diseño , la
perfecta coincidencia entre deseo individual (del diseñador) o corporativo (de la
institución que hace la demanda de diseño) por un lado, y “una comunidad sin
límites", por el otro.
La ética en Peirce no tiene nada que ver con el tema de qué es lo bueno y qué
lo malo, un asunto tradicionalmente tratado por la moral, que según el lógico sólo
consigue empañar el cristal con que se realiza la observación científica . Por ética
la semiótica entiende “qué es aquello que yo estoy preparado deliberadamente a
aceptar como la afirmación de lo que quiero hacer" (2.198) . Lógica en este es-
quema de cosas sería el conjunto de medios por el cual puedo llevar adelante mi
proyecto. Tenemos delineado así el campo de acción de la tekhné que hoy co-
nocemos con el nombre de diseño. Buscar las cualidades más convenientes para
un lugar y momento dados de la historia —una historia de la cual el propio
diseñador o diseñadora es parte ser capaz de incluir en el proyecto los
propósitos sin autoengaño o confusión y, por último, disponer sistemáticamente
de las herramientas de la invención y la búsqueda, a partir del asombro. He aquí
las metas casi imposibles pero imprescindibles a que debe aspirar un diseñador
que siga el método semiótico apenas esbozado en estas páginas.
198
Notas
199
Referencias
200
El Ratón Mickey pasa de largo, con paso presuroso y distraído, el
limite mortal de un precipicio . Sin embargo, su cuerpo no va a caer
hasta que Mickey no caiga en la cuenta de que está sostenido por
el mero aire . El asombro es esa figura temeraria e ingrávida que
camina porelaire de lo incierto, absorto en considerarposibilidades
nunca antes entrevistas. Sólo la audacia conjetural nos permite
llevar el cuerpo más allá del tranquilizador terreno de lo consabido ,
El hallazgo de lo nuevo se paga con una dura caída: la pérdida de
la inocencia que nos convence de que no hay nada más que lo
conocido, que todo es como debe ser. Asombrarnos e indagar
nuevos posibles no esitarea de poco riesgo ni escasa desazón .
Lectora y lector pueden dar pasos imposibles, como aquel roedor
que también lo es, entre los signos de asombro dispersos en este
antimanual. Manual es lo que está a mano. El asombro como
impacto emotivo y de saber no lo está; no puede ser, por definición ,
previsible y cotidiano . Manual es lo ordenado sabia y
alfabéticamente, como un diccionario enciclopédico . El universo
por el que van a merodear a su antojo, no lo está. Manual es un
educado guía libresco que presenta formalmente los puntos de
interés e importancia a sus visitantes. No hay aquí otra guía que el
propio deseo.