Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad No 226,
marzo-abril de 2010, ISSN: 0251-3552, <[Link]>.
La cuestión El golpe de Estado en Honduras
militar desmiente la creencia de que las
asonadas militares y la interrupción
El golpe de Estado en
del orden constitucional eran
Honduras como desafío cosa del pasado. El rol de las
a la democracia y al Fuerzas Armadas fue clave para
sistema interamericano el derrocamiento de Manuel Zelaya
e implica un peligroso precedente
para la región. El artículo analiza
la historia militar de Honduras, clave
en la guerra contrainsurgente en
Centroamérica, y sus sólidas
relaciones con Estados Unidos, que
mantiene una base en territorio
hondureño, y concluye que asegurar
la supremacía civil sobre las
Fuerzas Armadas es crucial para
Raúl Benítez Manaut / evitar que este tipo de episodios
Rut Diamint se repitan en el futuro.
■■Introducción
El 28 de junio de 2009, en Honduras, la democracia se puso en tensión; tam-
bién se pusieron a prueba las capacidades del sistema interamericano para
evitar golpes de Estado y la interrupción de la institucionalidad. Hasta el mo-
mento, se pensaba que los cuartelazos eran cosa del pasado, pues en los últi-
mos 15 años ningún intento de asonada militar había tenido éxito en América
Latina. Lo sucedido en Honduras rompió con la creencia de que se había
Raúl Benítez Manaut: investigador del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de
la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) y presidente del Colectivo de Análisis
de la Seguridad con Democracia de México, <[Link]>.
Rut Diamint: profesora de la Universidad Torcuato Di Tella e investigadora del Consejo Nacio-
nal de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina.
Palabras claves: militares, control civil, sistema interamericano, golpe de Estado, Honduras.
Nueva Sociedad 226 146
Raúl Benítez Manaut / Rut Diamint
superado la apelación a los militares para resolver diferendos políticos o cri-
sis de gobernabilidad. Los militares fueron la pieza decisiva para derrocar
al presidente Manuel Zelaya. Solo con su apoyo fue posible sacarlo de la re-
sidencia presidencial y llevarlo a Costa Rica contra su voluntad. Si el presi-
dente hubiera sido juzgado en el país por los poderes Judicial y Legislativo se
hubiera desatado una grave confrontación política, más aún cuando algunos
sectores populares respaldaban fuertemente a Zelaya. El gobierno de facto
instalado tras el golpe, encabezado por Roberto Micheletti, sobrevivió en me-
dio de un gran rechazo externo, sostenido por una oligarquía cohesionada
y convencida de que derrocar a Zelaya, sin importar los costos, implicaba
salvar al país del chavismo. Fue un golpe de Estado exitoso, restaurador de
un viejo orden oligárquico que se pensaba superado.
■■El poder de las Fuerzas Armadas
Históricamente, tal como sucedió en otros países de América Latina, las Fuer-
zas Armadas hondureñas supervisaron y controlaron a la ciudadanía: más
que orientadas a la defensa externa, se configuraron como una fuerza de con-
trol político interno. Desde el siglo xix
Históricamente, tal como Honduras fue definido como un «país
sucedió en otros países de bananero», con una pequeña elite eco-
América Latina, las Fuerzas nómica local apoyada por compañías
estadounidenses, que gobernaba con la
Armadas hondureñas mano dura de los militares. Desde el ini-
supervisaron y controlaron cio del proceso de democratización, sin
a la ciudadanía: más que embargo, parecía que el país se moder-
nizaba políticamente al ritmo del resto
orientadas a la defensa
de América Latina. Pero como también
externa, se configuraron ocurre en otros países de la región, el
como una fuerza de incompleto control democrático sobre
control político interno n los militares funcionó como el elemento
decisivo de la ruptura del Estado de de-
recho. A ello se agrega una conducción civil muy débil por parte de Zelaya,
elegido presidente en 2005, quien había emprendido políticas que polariza-
ron al país, acercándose a la liga bolivariana encabezada por Hugo Chávez.
Esto activó la resistencia de la oligarquía, la clase política tradicional enca-
bezada por el Partido Nacional y sectores conservadores de la propia fuerza
política de Zelaya, el Partido Liberal, liderados por Micheletti, además de la
resistencia de la justicia y los sectores medios. A esta cruzada anti-Zelaya se
agregaron los factores de poder más importantes de la política hondureña,
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La cuestión militar. El golpe de Estado en Honduras
que solo actúan en el momento preciso: los militares y el clero. El golpe de
Estado hizo trizas el principio firmado por los países latinoamericanos en
la Carta Democrática Interamericana, en el sentido de que ya no eran posi-
bles los golpes militares, ni viables ni legítimos los gobiernos emanados de
ellos. Micheletti pudo gobernar Honduras por más de seis meses y resistió el
embate de la comunidad internacional, principalmente de América Latina y
Estados Unidos.
■■Algunos antecedentes históricos
Aunque Honduras no experimentó una guerra civil como sus vecinos, fue
parte activa de los conflictos regionales y su territorio funcionó como base
de operaciones de grupos paramilitares. Fue en esa etapa, en los 80, cuando
se solidificó la relación entre las Fuerzas Armadas hondureñas y las esta-
dounidenses: Honduras se convirtió en un aliado de eeuu en la estrategia
de derrocamiento del gobierno revolucionario de Nicaragua y en el esfuerzo
para evitar el triunfo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional
(fmln) en El Salvador. Las Fuerzas Armadas de Honduras se beneficiaron
de esta alianza: Honduras adquirió, mediante préstamos muy generosos, un
escuadrón de aviones f-5, con lo cual eeuu le otorgó un rol privilegiado a la
Fuerza Aérea de ese país. En reciprocidad, el gobierno hondureño permitió a
eeuu el uso militar del aeropuerto de Palmerola-Soto Cano, donde se estable-
ció una fuerza estadounidense que permanece hasta hoy, empleada para la
guerra contra el narcotráfico en la región.
Pese al proceso de democratización del sistema político que se inició en 1980
con las elecciones para la Asamblea Constituyente, las Fuerzas Armadas de
Honduras lograron conservar un lugar protagónico, sin desaparecer del juego
público, ya fuera como importantes agentes económicos o como agentes del
orden público. En los 90, una vez producidas las transiciones a la democracia
en el istmo centroamericano, la debilidad institucional y legal favoreció la ex-
tensión de las actividades delictivas, con el avance del crimen transnacional
cometido por las maras. Honduras pasó de situarse en el ojo del huracán de
las guerras de los 80 a sufrir una clara descomposición social producto de la
debilidad del Estado y de las condiciones sociales que ubican al país –junto a
Haití, Bolivia y Nicaragua– entre los más pobres del continente.
La ausencia de juicios a los militares por los abusos de derechos humanos
cometidos durante los gobiernos autoritarios creó un sentido de impunidad
que se diseminó en la sociedad y en los organismos de seguridad. Ni las
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Raúl Benítez Manaut / Rut Diamint
policías ni los ciudadanos hondureños han internalizado la idea de rule of law,
de imposición del derecho y supremacía de la justicia. El sistema de sanciones
es arbitrario y no prevalecen reglas éticas y morales que garanticen el cum-
plimiento de la ley. Pese al aporte de los organismos de defensa de derechos
humanos, son conocidos la parcialidad y el descrédito de la justicia.
La reducción de las fuerzas militares hondureñas, parte de las reformas ci-
viles que se implementaron también en Guatemala, El Salvador y Nicara-
gua, incluyó el fin del servicio militar obligatorio y la creación de un sistema
voluntario. Este cambio no apuntaba a la necesidad de profesionalizar a las
Fuerzas Armadas: su objetivo era eliminar un mecanismo de control social en
un contexto en el cual se había redefinido la escala de las amenazas tras los
acuerdos de paz en los países vecinos. Así, la Ley Constitutiva de las Fuerzas
Armadas, aprobada en octubre de 2001, fijó una serie de pautas para instau-
rar la supremacía civil y ratificó el carácter de servidores públicos de los mi-
litares, pero no estableció una política de defensa clara.
A esta situación hay que agregar el contexto de una sociedad altamente pola-
rizada, con una reducida clase alta y media alta y una ampla clase baja mar-
ginalizada. El desempleo es elevado y la movilidad social, bajísima. Todos
estos elementos limitan las oportunidades de inserción social y económica. En
este contexto, los jóvenes tienen pocas oportunidades de mejorar su futuro. En
consecuencia, la alternativa de sumarse a las maras o a otros grupos criminales
es una opción atractiva para muchos. Si a esto le añadimos que en muchos casos
los jóvenes solo alcanzan una educación precaria, que provienen de hogares
desintegrados o a cargo de una madre que trabaja –entre otras razones, por la
migración masculina a eeuu–, entonces es posible entender cierta predisposi-
ción a no respetar las reglas, así como el alto grado de alcoholismo y uso de
drogas. El resultado es una fuerte cultura de la clandestinidad, proclive a la
transgresión de la ley, en la cual la impunidad se transforma en resentimiento
social y, en momentos de crisis, también en resquemor político.
■■El golpe de Estado
El artículo 272 de la Constitución de Honduras establece que las Fuerzas Ar-
madas son profesionales, no deliberativas y apolíticas y que están supedita-
das al control civil. Sin embargo, en ese mismo artículo se les otorgan funcio-
nes políticas: «defender la integridad territorial y la soberanía de la República,
mantener la paz, el orden público y el imperio de la Constitución, los princi-
pios de libre sufragio y la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de
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La cuestión militar. El golpe de Estado en Honduras
la República». Esas contradicciones en la definición misma de sus funciones
explican el papel político de los militares hondureños.
El golpe de Estado fue precedido por una serie de medidas que anticipaban
la ilegalidad de las decisiones de Zelaya. El 8 de mayo, el Procurador General
de la Nación, actuando como garante de la Constitución, solicitó a la Corte
Suprema que declarara la ilegalidad y nu-
lidad de la decisión del Poder Ejecutivo de El golpe de Estado
llamar a una consulta popular para habilitar fue precedido por
la reelección no inmediata del presidente.
una serie de medidas
Antes de consumarse el golpe de Estado, el
25 de junio, el presidente Zelaya destituyó al que anticipaban la
general Romeo Vásquez como jefe del Estado ilegalidad de las
Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas por
decisiones de Zelaya n
negarse a distribuir los materiales electorales
para la consulta del domingo siguiente (28 de junio), que abriría el camino a
esa reforma constitucional. La consulta fue declarada ilegal por la Fiscalía, el
Congreso y el Tribunal Supremo Electoral. La Corte Suprema ordenó a Zelaya
que restituyera a Vásquez en su cargo, ahondando el enfrentamiento entre los
poderes del Estado. Dos días antes de la asonada, Vásquez había negado la
posibilidad de un golpe: «Nosotros [los militares] estamos más bien buscan-
do el uso de la razón y no de la fuerza para que los conflictos se resuelvan en
la mesa del diálogo», afirmó en entrevista telefónica que ofreció desde Teguci-
galpa, y agregó: «Los tiempos [de golpes militares] han cambiado, la institución
tiene como estrategia el fortalecimiento de la democracia»1. Según el defensor
de los Derechos Humanos de Honduras, Andrés Pavón, Vásquez tiene conoci-
dos lazos con el narcotráfico: «Él es un hombre de la comunidad de inteligencia
de América Latina, cercana a las estructuras de la dea y la cia»2.
La justificación legal del golpe se basó en la inconstitucionalidad de la con-
sulta. El decreto Nº 141-2009 del 28 de junio de 2009 acordaba separar al ciu-
dadano José Manuel Zelaya Rosales del cargo de Presidente Constitucional
de la República de Honduras por las reiteradas violaciones a la Constitución.
En un informe solicitado por el Congreso de eeuu, se sostiene que se aplicó la
ley constitucional en sintonía con el sistema legal hondureño. «Sin embargo,
1. «Ex-jefe de Fuerzas Armadas de Honduras descarta intención de golpe de Estado» en EcoDiario.
com, España, 26/6/2009, <[Link]
[Link]>.
2. «Las relaciones de los militares hondureños con el narcotráfico» en El Libertador, Honduras,
9/7/2009.
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Raúl Benítez Manaut / Rut Diamint
el traslado del presidente a otro país fue en abierta violación del Artículo 102
de la Constitución, lo que aparentemente está bajo investigación de las auto-
ridades hondureñas.»3 Los artículos 304 y 306 de la Constitución permiten
llamar a la fuerza pública para hacer cumplir con los mandatos de la Corte.
Pero nada dicen todas estas figuras jurídicas de deportar a Zelaya, de noche,
y trasladarlo a Costa Rica en un avión militar. Más aún: el principal asesor
legal de los militares admitió que «la decisión de sacarlo a Costa Rica la toma-
mos nosotros como Fuerza Armada»4. Curiosa legalidad.
La doctrina militar hondureña genera contradicciones. Vale la pena anali-
zar esta frase de la página oficial de las Fuerzas Armadas: «Cuando las leyes
pierden su efecto yendo contra el pueblo, los poderes públicos, el orden y la
justicia que debe prevalecer bajo la fuerza de la libertad. Con sumo agrado le
damos paso a la fuerza de la razón aunque esta esté sostenida por las armas».
Y agrega, unos párrafos más adelante: «Nuestras Fuerzas Armadas observan
con admiración el trabajo enorme de la Junta Militar de Gobierno, que tan
solo en cuatro meses llegó a demostrarnos que para gobernar un pueblo, se
hace justo y necesario llevarlo si es posible de la mano»5. El mensaje se torna
aún más confuso cuando expresan: «Garantizamos que las Fuerzas Armadas
vamos a actuar con profesionalismo y transparencia porque se ha demostrado
en el pasado y en el presente que la institución castrense es totalmente apolí-
tica. No hay sesgo, eso garantiza que somos servidores públicos, respetuosos
de la autoridad constituida y estamos a la disposición del Tribunal Supremo
Electoral»6. Estas frases demuestran que el comandante en jefe –es decir el pre-
sidente– no es su autoridad, que niega su pasado dictatorial y que afirma que
son las Fuerzas Armadas las que determinan la supremacía de la ley.
La «amenaza chavista» La «amenaza chavista» permitió cons-
permitió construir fantasías truir fantasías irracionales para justificar
el golpe de Estado, como la que expresó
irracionales para justificar el comandante del Ejército hondureño,
el golpe de Estado n general Miguel Ángel García Padget,
3. Norma Gutiérrez: «Honduras: Constitutional Law Issues» en Directorate of Legal Research,
The Law Library of Congress, ll File No 2009-002965, Washington, dc, agosto de 2009, p. 10.
4. Carlos Dada y José Luis Sanz: «Cometimos un delito al sacar a Zelaya, pero había que hacerlo»
en El Faro, 2/7/2009, <[Link]/secciones/Noticias/20090629/noticias16_20090629.asp>.
5. Fuerzas Armadas de Honduras: «Alocución del 21 de Octubre. Así se manifestaba», 21 de oc-
tubre de 2009, <[Link]/[Link]/historia-militar/alocusiones/[Link]?
start=1>.
6. Fuerzas Armadas de Honduras: «Junta de Comandantes comprometidos con la democracia»,
25 de noviembre de 2009, <[Link]/[Link]/noticias/estado-mayor-conjunto/595-
[Link]>.
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La cuestión militar. El golpe de Estado en Honduras
quien afirmó: «Para un líder suramericano, Honduras, la sociedad hondure-
ña, sus Fuerzas Armadas pararon ese plan expansionista de llevar al corazón
de eeuu un socialismo disfrazado de democracia»7. Pero sin duda la expre-
sión más contundente del rol político que jugó el Ejército fue la del coronel
Herberth Bayardo Inestroza, principal asesor jurídico de los militares: «No
hay que ser tan inteligente para darse cuenta de lo que ha sucedido en Boli-
via, Ecuador y Venezuela, para saber qué es lo que viene. En esos países han
establecido control sobre el ejército, y controlando el ejército se da lo demás»8.
Reveladoras declaraciones, que dan cuenta de que la prescindencia política
no es una cualidad de los militares hondureños.
El golpe, de acuerdo con los objetivos de los grupos conservadores, fue exi-
toso, pues logró extirpar la amenaza chavista, cuyo símbolo era Zelaya. Las
fuerzas de izquierda que habían participado del gobierno y ocupado seg-
mentos importantes del Partido Liberal fueron excluidas, y se reconstruyó
la «legalidad» política mediante las elecciones del 29 de noviembre, donde
se impuso el candidato del Partido Nacional, Porfirio Lobo, quien asumió
la Presidencia el 27 de enero de 2010. La democracia hondureña apareció
como restaurada y la normalidad política y las relaciones externas del país
fueron rehabilitadas.
■■El sistema interamericano en su laberinto: dos diplomacias
en tensión
Antes de la asonada en Honduras, uno de los últimos intentos exitosos de
golpe de Estado en América Latina había ocurrido en abril de 1992 en Perú,
cuando Alberto Fujimori disolvió las dos Cámaras del Congreso para am-
pliar los poderes presidenciales, lo que fue considerado un atentado de un
poder del Estado sobre otro. Pero no fue una asonada militar. En 1993, Jorge
Serrano intentó algo similar en Guatemala, tratando de imitar a su amigo
peruano, pero fracasó y tuvo que renunciar. En otras palabras, Serrano no
consiguió el respaldo de los militares, que sí había obtenido Fujimori, y por
eso no logró su objetivo. En Haití, el general Raoul Cedrás lideró un golpe de
Estado contra el presidente Jean-Bertrand Aristide, quien logró retornar a su
cargo tras una negociación en la Organización de las Naciones Unidas (onu)
bajo la presión de Bill Clinton.
7. «General hondureño dice que golpe frenó ‘socialismo disfrazado de democracia’» en El Uni-
versal online, Caracas, 4/8/2009, <[Link]
hondureno-di_04A2584129.shtml>.
8. C. Dada y J.L. Sanz: ob. cit.
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Raúl Benítez Manaut / Rut Diamint
Los episodios golpistas continuaron. Ya en el siglo xxi, el 11 de abril de 2002,
se intentó infructuosamente derrocar a Hugo Chávez. El gobierno de facto
–que contaba con el apoyo de un sector de las Fuerzas Armadas– no duró
más de 40 horas y Chávez regresó airoso al poder, respaldado por la comuni-
dad interamericana y por la Organización de Estados Americanos (oea), que
emitió una enérgica condena a la ruptura de la constitucionalidad en Vene-
zuela. Más tarde, a inicios de 2004, la grave y larga crisis de gobernabilidad
en Haití llevó a la caída del presidente Aristide, quien buscó refugio en el
exterior. Con ello se inició una etapa de ocupación internacional del país que
se prolonga hasta hoy, en lo que en su momento fue calificado por sectores di-
plomáticos y políticos como un atentado a la soberanía del empobrecido país.
En Ecuador, las recurrentes crisis de gobierno han llevado a la destitución,
renuncia o revocación de diferentes presidentes, aunque no como resultado
directo de golpes de Estado.
Con estos antecedentes, la crisis de Honduras no tomó completamente por
sorpresa al sistema interamericano. La Carta de la oea sostiene que la sobera-
nía de los Estados es un elemento fundamental que debe regir las relaciones
entre los países. Pero al mismo tiempo muchos documentos de la organi-
zación, elaborados y consignados por gran cantidad de gobiernos, aluden a
la aplicación de embargos, suspensiones o expulsiones (Honduras fue sus-
pendido, lo cual no preocupó mucho al gobierno de facto) si la democracia
es vulnerada. La oea está entrampada entre, por un lado, la necesidad de
respetar la soberanía y la autodeterminación política, y, por otro, la urgencia
de la acción internacional tras atentados contra la democracia o gravísimas
crisis de gobernabilidad, que pueden llevar al despliegue de fuerzas militares
multinacionales como en Haití.
El golpe de Estado en Honduras generó una fuerte polémica. El repudio pro-
vino principalmente de la diplomacia multilateral, encabezada por el presi-
dente de Costa Rica, Oscar Arias, quien diseñó el «Plan Arias» para lograr
la restauración de Zelaya. Sin embargo, el mismo día del golpe las tensio-
nes geopolíticas y militares se incrementaron. Chávez amenazó incluso con
realizar una acción militar en Honduras, lo que polarizó el debate sobre las
soluciones posibles a la crisis. Esto puso en guardia a las Fuerzas Armadas hon-
dureñas, que volvieron a encender luces de alarma una semana después, el 5
de julio, cuando un avión argentino intentó aterrizar en Tegucigalpa: viajaban,
además de Zelaya, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y
el presidente de Ecuador, Rafael Correa. El intento fue impedido por el des-
pliegue de transportes militares en la pista de aterrizaje.
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La cuestión militar. El golpe de Estado en Honduras
La oea fue incapaz de activar los mecanismos interamericanos de resolución
de conflictos. Quedó atrapada entre la diplomacia activa tradicional, expresa-
da principalmente en el Plan Arias, la novedosa y sui géneris acción concer-
tada bolivariana y la falta de activismo, los dos primeros meses, de los países
más influyentes del continente (Bra-
sil, eeuu, México e incluso Cuba, con La oea fue incapaz de
una influencia importante en el Cari- activar los mecanismos
be y muchos intereses en Honduras a interamericanos de
través de sus cooperantes médicos).
resolución de conflictos.
A esto se añade la fuerte cohesión del
gobierno golpista, que logró resistir Quedó atrapada entre la
todos los embates externos. diplomacia activa tradicional,
expresada en el Plan Arias,
La primera medida de la oea fue la
suspensión de Honduras. El secretario la novedosa y sui géneris
general de la organización, José Miguel acción concertada bolivariana
Insulza, se sumó a la propuesta de in-
y la falta de activismo, los
tentar la restitución de Zelaya mediante
una negociación en el contexto del Plan dos primeros meses, de
Arias. A este esfuerzo, en los meses de los países más influyentes
julio y agosto, se agregó la condena al
del continente n
gobierno de facto por parte de casi to-
dos los países del hemisferio y de Europa. Pero esto no amilanó a los golpistas.
Hacia mediados de septiembre, el gobierno de facto ya había consolidado su
posición y Zelaya, como presidente itinerante, no tenía muchas opciones. Optó
por la más audaz: reingresó a Honduras desde El Salvador y buscó refugio en la
Embajada de Brasil, donde permaneció hasta el 27 de enero de 2010.
■■Los vínculos militares entre Honduras y eeuu
¿Cuál es la relación entre los militares estadounidenses y los hondureños?
La tradicional presencia en Honduras desde comienzos de los 80 incluye ac-
tualmente a miembros de la Fuerza Aérea, la Marina, el Ejército, la Infantería
de Marina y de Reservas. Además, eeuu mantiene una base militar en Soto
Cano (Palmerola), ubicada a 97 kilómetros de la capital, operativa desde 1981,
cuando fue activada por el gobierno de Ronald Reagan. Este aeropuerto fue
utilizado como una base de operaciones de los grupos contrarrevolucionarios
nicaragüenses entrenados y financiados por la cia. La estrecha colaboración
militar incluye asimismo la participación de oficiales hondureños en cursos
de instrucción estadounidenses en mayor proporción que la de cualquier otro
Nueva Sociedad 226 154
Raúl Benítez Manaut / Rut Diamint
país de América. La relación es sólida en operaciones de paz, lucha antinarcó-
ticos y ayuda humanitaria. Con posterioridad al golpe contra Zelaya, el Depar-
tamento de Estado indicó que «las tropas norteamericanas conducen y proveen
de asistencia logística para una serie de ejercicios bilaterales y multilaterales (…)
y seguirán conduciendo esas actividades regionales pese a la suspensión de la
cooperación con el régimen de facto o las Fuerzas Armadas hondureñas»9.
Los militares hondureños son conscientes de la importancia de estos lazos.
El jefe de las Fuerzas Armadas de Honduras, Vásquez Velásquez, aseguró al
diario local La Prensa que eeuu es el aliado militar más importante del país.
Por su parte, el actual comandante de la aviación de Honduras, general Luis
Javier Prince Suazo, estudió en la famosa Escuela de las Américas, al igual
que el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Romeo Vásquez. La vincula-
ción preferencial también se refleja en la visita del pastor Stuck Johnson, te-
niente coronel retirado de la Fuerza Aérea de eeuu, a los miembros del Cuar-
tel General de las Fuerzas Armadas hondureñas, a quienes felicitó por el rol
de la institución en el golpe. Al finalizar el evento, el general Romeo Vásquez
entregó al pastor un obsequio como muestra de hermandad y respeto10.
La posición de eeuu fue ambivalente. El gobierno deportó a Honduras a Bianca
Micheletti, hija del presidente de facto, que trabajaba en la embajada hondureña
en Washington. Pero, por otra parte, el embajador estadounidense ante la oea,
Lewis Anselem, calificó de «irresponsable e idiota» el regreso de Zelaya a su
país. En general, se esperaban decisiones más contundentes por parte de Barack
Obama. Por otra parte, se logró detener el bloqueo del Congreso de eeuu para
la designación de Arturo Valenzuela como subsecretario de Estado para el He-
misferio Occidental y de Thomas Shannon como embajador en Brasil a cambio
de reconocer el resultado de las elecciones en Honduras. Según Robert White,
el senador republicano Jim DeMint logró que el Departamento de Estado admi-
tiera que «es esencial que estas elecciones [en Honduras] se lleven a cabo y sean
reconocidas»11. Los legisladores republicanos Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln y
9. Departamento de Estado de eeuu, Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental: «Background
Note: Honduras», <[Link]/r/pa/ei/bgn/[Link]>.
10. Fuerzas Armadas de Honduras: «Pastor Stuck Johnson visita a los miembros del Cuartel Gene-
ral de las Fuerzas Armadas», 7/12/2009, <[Link]/[Link]/noticias/estado-mayor-
conjunto/642-pastor-stuck-jhonson-visita-a-los-miembros-del-cuartel-general-de-las-fuerzas-
[Link]>.
11. Robert White: «La derrota negociada en Honduras», Programa de las Américas, Center for In-
ternational Policy, Washington, dc, 11/112009, <[Link]/esp/6568>; Laura Carlsen:
«Departamento de Estado de e.u. traiciona la democracia hondureña a cambio de confirmacio-
nes en el Senado», Programa de las Américas, Center for International Policy, Washington, dc,
13/11/2009, <[Link]/esp/6575>.
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La cuestión militar. El golpe de Estado en Honduras
Mario Díaz-Balart viajaron a Honduras, en una visita no oficial, ratificando
la ambigüedad y la división que existe en eeuu respecto a la posición frente al
golpe de Estado. Ellos viajaron en apoyo al gobierno de facto y en rechazo a la
política estadounidense de condena a la asonada militar12. La directora de la Ofi-
cina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (wola, por sus siglas en
inglés) advirtió sobre las consecuencias de esta jugada: «Estos miembros del
Congreso tuvieron una regresión a la mentalidad de la Guerra Fría. Es tiempo
de que se den cuenta de que estamos en 2009»13.
Hay que recordar también que Zelaya dijo que el avión militar hondureño
que lo envió a Costa Rica hizo una escala para reabastecerse de combustible
en la base estadounidense en Soto Cano. Si bien Robert Appin, portavoz del
Comando Sur, lo negó en un correo electrónico enviado a The Associated
Press14, resulta difícil aceptar que hubo un desconocimiento total por parte
de las fuerzas norteamericanas. Los objetivos de despliegue de las Fuerzas
Armadas de eeuu fuera de su territorio en cuerpos multinacionales, según
expresa su posición estratégica, dan pie a pensar que al menos conocían los
movimientos de las tropas hondureñas. Durante una visita a Brasil, Zelaya
habló de la escala en Soto Cano y manifestó sus sospechas acerca de la com-
plicidad de eeuu, aunque agregó que no cree que hayan estado involucrados
altos funcionarios del gobierno de Obama.
Pero así como no está claro hasta qué punto eeuu estaba informado del golpe,
tampoco pudo dilucidarse si conocía la operación de regreso de Zelaya a Hon-
duras, ni si Brasil comunicó anticipadamente su decisión de otorgar refugio al
ex-presidente. Ambas informaciones
La organización «School
deberían aclararse para disipar las
dudas acerca del comportamiento of the Americas Watch», que
del gobierno de Obama. propone cerrar la Escuela
de las Américas, asegura
La organización «School of the Ame-
que el golpe confirma los
ricas (soa) Watch», que propone
cerrar la Escuela de las Américas, efectos desestabilizantes de los
asegura que el golpe confirma los graduados de esa institución n
12. «Tres congresistas republicanos; confirman ambigüedad del gobierno de Estados Unidos» en
Radio Progreso, 5/10/2009, <[Link]
[Link]>.
13. Comunicado de prensa, Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, Washington,
dc, 10/7/2009.
14. «Fuerzas de eeuu niegan haber participado en golpe de Honduras» en La Prensa, San Pedro
Sula, 16/8/2009.
Nueva Sociedad 226 156
Raúl Benítez Manaut / Rut Diamint
efectos desestabilizantes de los graduados de esa institución15. La Escuela de
las Américas, que pasó a llamarse Instituto del Hemisferio Occidental para la
Cooperación de Seguridad, entrenó, como ya se señaló, a numerosos militares
hondureños. No obstante, no hay reportes de soa Watch que confirmen la par-
ticipación directa de militares norteamericanos en el golpe. Es cierto que, desde
la asunción de Obama, no se han realizado cambios en el Comando Sur, y que la
Embajada de eeuu en Honduras es una de las más pobladas del hemisferio, pero
esos datos no son suficientes como para afirmar que los militares estadouniden-
ses estuvieron directa o indirectamente involucrados en la crisis de Honduras.
En todo caso, la indefinición del gobierno de Obama fue evidente. Osciló entre
sumarse a la posición predominante en América Latina de condena al golpe
y reclamo de retorno de Zelaya, al reconocimiento de las elecciones antes de
su realización, como forma de restaurar la democracia, sin insistir en la vuelta
del presidente depuesto al poder. El subsecretario de Estado para Asuntos del
Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, señaló ante la oea que la elección
no implicaba legitimar el golpe de Estado, sino que constituía una oportunidad
para permitir al pueblo ejercer su soberanía16. Pero la actitud tiene consecuen-
cias imprevisibles. El periodista Tim Padgett, que realizó una serie de notas en
Honduras, advirtió los errores del gobierno de Obama: no solo la aceptación de
las elecciones sino también la vuelta a la Guerra Fría que implicó la instalación,
sin consulta con los vecinos, de bases militares en Colombia17. Padgett citó a
Christopher Sabatini, director del Consejo de las Américas: «No se puede usar
una elección para limpiar la pizarra después de un golpe de Estado. Ello solo
amenaza con hacer retroceder las normas democráticas en América Central por
décadas»18. Y no fue la única posición contraria al reconocimiento de los comi-
cios. La analista hondureña Leticia Salomón afirmó: «Cómo es posible que se
garantice que las elecciones serán legales si están los militares en la calle, con sus
fusiles apuntando a la ciudadanía y dispuestos a reprimir, cómo es posible que
haya sectores retardados en el ámbito internacional que estén pensando recono-
cer estas elecciones donde los militares juegan un papel de gendarme»19.
Por último, cabe concluir este análisis preguntándose si los militares serán
sujeto de juicio político o judicial por su actuación fuera de la ley en el golpe
15. <[Link]/>.
16. Declaraciones de Arturo Valenzuela tomadas de Ginger Thompson: «Region Finds us Lacking
on Honduras» en The New York Times, 27/11/2009.
17. «Obama’s Latin American Policy Looks Like Bush’s» en Time, 3/12/2009, <[Link]/
time/world/article/0,8599,1945440,[Link]>.
18. «In Central America, Coups Still Trump Change» en Time, 30/11/2009, <[Link]/
time/magazine/article/0,9171,1940235,[Link]>.
19. Entrevista a Leticia Salomón, Buenos Aires, 20 de noviembre de 2009.
157 Nueva Sociedad 226
La cuestión militar. El golpe de Estado en Honduras
del 28 de junio. Por el momento no se vislumbra esta posibilidad. Por ello, segu-
ramente se fortalecerá su rol político como «garantes de la estabilidad», rol au-
toasignado por la autonomía real de la que gozan, por encima de los poderes del
presidente, el Congreso y la Justicia. Está claro que el 28 de junio la ley se violó
en dos sentidos: se rompió la «cadena de mando» constitucional, al subordinar-
se a otros poderes del Estado (el Legislativo y el Judicial) en lugar del Ejecutivo, y
no se actuó conforme a derecho en la captura y traslado de Zelaya a Costa Rica.
Por eso, si no se revisa, política y legalmente, la actuación de los militares en la
crisis, se habrá retrocedido notablemente en los tibios avances que se habían
logrado en la construcción de relaciones cívico-militares democráticas.
■■Palabras finales
La crisis de Honduras genera importantes repercusiones en los sistemas de
prevención de conflictos tanto a escala regional como hemisférica. Los me-
canismos subregionales, como el Sistema de la Integración Centroamerica-
na (sica) y el Tratado Marco de Seguridad Democrática, fueron rebasados.
Igualmente, la Carta Democrática Interamericana mostró ser un documento
no vinculante, ante la imposibilidad de ser usado como referente multilateral
con resultados efectivos para hacer retroceder una violación del orden demo-
crático. Reaparece así la amenaza a la democracia en Honduras, y en el resto
de la región, mediante la utilización de las Fuerzas Armadas como soporte
para resolver conflictos políticos. En Honduras se reconstituyó la institucio-
nalidad política tras las elecciones del 29 de noviembre de 2009 y la asunción
de Lobo, pero la democracia quedó herida y debilitada.
En este marco, no hay que soslayar la importancia de efectivizar la conduc-
ción democrática de las Fuerzas Armadas. Para evitar que esta historia trágica
se repita en otro país, pues el golpe es una amenaza para todos los pueblos de
América Latina, es necesario garantizar el control civil pleno de las Fuerzas
Armadas. La búsqueda de un equilibrio entre la estabilidad económica y po-
lítica, por una parte, y la terquedad de perdurar en el poder, por otra, puede
derivar en un descuido a la necesaria institucionalización de los militares.
Con ello se avalan diferentes formas de autonomía militar, que encubren el
temor a actuar sobre las Fuerzas Armadas, consideradas como el único actor
con capacidad de plantear una alternativa al recambio democrático, o el te-
mor a perder un aliado utilizable como soporte político ante una imprevista
pérdida de dominio. O, como hemos visto en Honduras, se crea el riesgo de
una restitución conservadora, ilegítima y antidemocrática, que nunca hubie-
ra triunfado sin la arbitraria colaboración de los militares.