Compilado por: Rafael Flores, con aportes de Carmen Delia Avilán
LIBROS DE TEXTOS: El cristiano y la mayordomía./ Bill Bright.
OBJETIVOS
DE CONOCIMIENTO:
• Definir la Mayordomía, su importancia y su etimología mediante el uso correcto de
su significado.
• Identificar las diferentes cualidades del mayordomo en el contexto de las
SAGRADAS ESCRITURAS.
• Estudiar los principios básicos en la Mayordomía Cristiana mediante la
OBJETIVOS:
implementación de los instrumentos necesarios para la obra del Señor.
• Definir los términos: diezmo, ofrenda, usos y propósitos mediante actividades
prácticas que evidencien su desarrollo.
DE HABILIDADES:
• Adquirir nociones prácticas para una buena administración de la salud, el tiempo y
las finanzas.
DE ACTITUD:
• Describir los pasos para formar una iglesia dadivosa, creando situaciones
específicas donde se pueda transmitir la visión pastoral.
• Aplicar los conocimientos adquiridos en Mayordomía mediante la creación de
situaciones donde se motive a la iglesia a ser dadivosa.
PRINCIPIOS DE MAYORDOMÍA
CRONOGRAMA DE CLASES
INTRODUCCIÓN IV. MAYORDOMÍA DE NUESTRO SER
I. TÓPICOS DE MAYORDOMÍA • Mayordomía del espíritu
CRISTIANA. • Mayordomía de alma
1. Etimología de la palabra mayordomo. • Mayordomía del cuerpo
2. Cualidades de un mayordomo V. MAYORDOMÍA DEL TIEMPO
3. ¿A qué se llama principios? ¿Cuál es la
• Principios en la Mayordomía del Tiempo
diferencia entre principios y valores?
• Tiempo de trabajo
II. PRINCIPIOS DE MAYORDOMÍA
• Tiempo de descanso
• principio de propiedad universal
• Tiempo para el Señor
• principio de responsabilidad
• principio de rendición de cuentas VI MAYORDOMÍA DE LOS DONES,
principio de recompensa TALENTOS Y HABILIDADES
III. MAYORDOMOS Y SIERVOS VII MAYORDOMÍA DE NUESTRAS
• Siervos POSESIONES
• Administradores • Ofrendas
• Fieles. • Diezmo
VIII. LA MAYORDOMÍA PARA CON EL SEÑOR
OBJETIVO 1
TÓPICOS DE MAYORDOMÍA CRISTIANA
Mayordomía, en griego corresponde al término oikonomia (oikos, casa; nomos, ley),
economía, ley o disposición de una casa; y corresponde al gobierno o administración de los
asuntos de una familia o de la propiedad de otros (Lc 16.2,3,4); también se traduce como
comisión (1ª Co 9.17) y dispensación, cuyo significado consiste en un modo de tratar, una
disposición o administración de los asuntos (erróneamente se ha dado un uso a la palabra
dispensación como un período o una época, pero en realidad significa la administración de los
asuntos en determinado momento)
Ahora bien, si la mayordomía es el cargo del mayordomo o administrador, entonces el
mayordomo es… El mayordomo es el encargado de la administración de los bienes o empresa
de otro, descrito por varias palabras en hebreo. Según el Antiguo Testamento, Abraham (Gen
5:2), José (Gen 43:6), Booz (Rut 2:5), David (1ª Cro 28:1), Acab (1ª Re 18:3) y Ezequías (2ª Re
18:18) tenían mayordomos.
• Etimología de la palabra Mayordomo
En el Nuevo Testamento existen dos vocablos griegos que conllevan una misma idea de
administrador o mayordomo: epítropos: alguien a cuyo cuidado se le encomienda algo y
oikonomos: el que lleva el control de asuntos de una casa (ecónomo).
La parábola de Lucas 16:1-14 destaca los deberes de los mayordomos y el pecado de
emplear lo del dueño en los intereses propios, y en Lucas 12:42-48 se destaca lo importante de
“aprovechar el momento”. Pablo recoge la misma figura en relación con su ministerio, el de sus
compañeros y el de los obispos, subrayando que la virtud primordial del mayordomo ha de ser
la fidelidad ante su propio Señor, desarrollando el uso correcto de las áreas siguientes: ser,
tiempo, talento y posesiones (1ª Co 4:1; Ef 3:2; Tito 1:7; 1ª Pe 4:10).
La palabra castellana Mayordomo viene de dos vocablos latinos:
Major/maior = Mayor y Domus= doméstico, casa. Parafraseando es el mayor de la casa, el
que administra.
• Principios y valores
Según el diccionario Enciclopédico universal Aula: Principio “Base, fundamento, origen,
razón fundamental sobre la cual se procede discurriendo en cualquier materia.” En otras
palabras es el fundamento de una disciplina (asignatura) o ciencia. Consiste en una ley o
regla que se cumple o debe seguirse con cierto propósito, pues determinan el modo de pensar y
actuar (es lo que se conoce como postulados esenciales o fundamentales).
El término “Principio” viene del latín principium y del griego arjé. Significa “aquello de lo
cual algo proviene, fundamento o comienzo; La raíz arqu– indicaba primariamente aquello que
era de valor. De ahí que el verbo arje significara «ser primero». Así también surgió la idea de un
principio, el origen, la causa activa, sea que se trate de una persona o cosa (p.ej., Col 1.18).
Desde esta perspectiva, los principios consisten en leyes, o la verdad invariable de las cosas
(como la ley de la gravedad), es permanente y poco susceptible de discusión; son las reglas o
normas de conducta que orientan la acción de un ser humano, y se consideran, normalmente,
inmutables a través del tiempo. Por ende, los principios son lo que no se negocia, lo que siempre
está presente y frente a lo cual no se transige.
Por su parte, los valores son convicciones profundas de los seres humanos que determinan
su manera de ser y orientan su conducta. Los Valores son atributos que le damos a los
Principios, o dicho de otra manera, es la forma o la manera como el hombre ve el principio, y de
acuerdo a su pensamiento se somete a éste. Se demuestran como virtudes personales.
En cuanto a la diferencia, los principios son las leyes naturales que son externas a nosotros
y que, en última instancia, controlan las consecuencias de nuestros actos; mientras que los
valores son internos, subjetivos; representan aquello que sentimos con más fuerza orientando
nuestras conductas. Debemos aprender a valorar los principios ya que todo el mundo tiene
valores, incluso una banda de criminales tiene valores; los valores gobiernan las conductas de
esas personas, pero los principios gobiernan las consecuencias de esas conductas, pues son los
juicios o preceptos que apuntalan la correcta concepción de los valores. Los principios son
independientes de nosotros y Dios lo ha establecidos desde la eternidad, corresponden a la ley
moral.
En relación a la Mayordomía, existen valores inherentes a los principios que la rigen, los
cuales se evidencian en las cualidades del mayordomo cristiano: honestidad, fidelidad,
responsabilidad, transparencia, etc.
• Cualidades del mayordomo cristiano.
Basado en: Mateo 24:45; 1ª Co 4:1-2; Lc 16:10; 1ª Tim 1:12
1. Prudente
2. Responsable: "Exactitud en cumplir con sus compromisos."
3. Constante
4. FIDEDIGNO: "Digno de fe, confianza"
5. Consecuente: “su conducta guarda correspondencia con los principios que profesa"
6. Leal: "Inspirado por la fidelidad”.
Las ilustraciones neotestamentaria de la mayordomía las podemos ver en algunas
parábolas: En la parábola de los talentos (Mt 25:14-25); la parábola de las 10 minas (Lc 19:11-
27). En estas parábolas se observan algunas características de la mayordomía cristiana, que dan
las pautas para comprender los principios de mayordomía:
• Hay un dueño o propietario y escoge a sus siervos
• El dueño entrega a cada siervo según su capacidad
• El propósito era negociar y ponerlos a producir (administrarlos)
• El resultado destaca la fidelidad
• En algún momento se va a rendir cuentas
• Se obtendrá recompensa recíproca a la fidelidad.
Otras parábolas también ilustran situaciones diversas sobre la mayordomía, frente a la
propiedad, la fidelidad y la responsabilidad.
OBJETIVO 2
PRINCIPIOS DE MAYORDOMÍA
Los principios de mayordomía que trataremos en este módulo de estudio son:
El principio de la propiedad Universal: Dios es Dueño y Señor de todo.
El principio de responsabilidad. Nosotros somos mayordomos de Dios, responsables
de administrar las cosas que a Él le pertenecen.
El principio de la rendición de cuentas. Dios nos pedirá cuentas por lo que hicimos
con todo lo que Él depositó en nuestras manos.
El principio de recompensa. Dios dará la recompensa a cada uno, según haya sido su
obra
Principio de Propiedad Universal, (Principio fundamental de la mayordomía
cristiana) (Salmo 24:1; Levítico 25:23):
Dios es el Dueño y Señor de todo
Nunca llegaremos a comprender los deberes que cada cristiano tiene como mayordomo
si no reconocemos que Dios es: El Creador, el Señor y el Dueño absoluto de todo.
EL DERECHO DIVINO:
Por creación: Gen 1:1
Por posesión: Gén 14: 19-22; 1ª Co 10:26; Lev 15:23
Por sustentación: 2ª Pedro 3:7; Hebreos 1:3
Importancia de este principio de mayordomía cristiana
Este es el principio fundamental de la mayordomía bíblica: Dios es dueño de todo, somos
simplemente mayordomos o administradores que actúan en su nombre.
Por lo tanto, la administración expresa nuestra obediencia con respecto a la mayordomía de
todo lo que Dios ha puesto bajo nuestro control, y esto lo abarca todo. La administración es el
compromiso de uno mismo y nuestras posesiones al servicio de Dios, reconociendo que no
tenemos el derecho de control sobre nuestra propiedad o sobre nosotros mismos.
Haciendo eco de lo escrito en Deut 8:17, podríamos decir: “Mi poder y la fuerza de mi
mano me han traído esta riqueza.” Pero Deut 8:18 nos aconseja a pensar de otra manera:
Sino acuérdate del Señor tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas.
El testimonio de Job: Aunque Job era rico, era hombre maduro, recto, temeroso de Dios y
apartado del mal no confiaba en sus riquezas, sino en el Dios vivo y verdadero. Reconoció que
Dios le dio todo, y que tuvo el derecho de quitárselo, tanto como tuvo en dárselo al principio.
(Job 1: 21).
• Principio de Responsabilidad
Los propietarios tienen derechos; los administradores tienen responsabilidades.
La Biblia dice que Dios nos da “todas las cosas en abundancia para que las
disfrutemos” (1ª Tim 6:17), es necesario recordar siempre que nada es nuestro, y que nosotros
somos sólo los administradores. En realidad nada nos pertenece. Dios es dueño de todo; somos
responsables de cómo tratamos y lo que hacemos con ello. Por eso, en lugar de quejarnos y estar
exigiendo derechos aquí en la tierra, debemos hacer frente a nuestras responsabilidades.
Estamos llamados, como administradores de Dios, a gestionar lo que pertenece a Dios.
Mientras que Dios nos ha confiado amablemente el cuidado, desarrollo y disfrute de todo lo que
tiene como sus mayordomos, somos responsables de administrar bien y explotarlas conforme
con sus deseos y propósitos. La Mayordomía trata acerca de la responsabilidad del cristiano de
administrar sabiamente, tanto su vida como sus recursos.
• El principio de rendición de cuenta
La rendición de cuentas es un acto por el cual una persona que conserva bienes o fondos
ajenos a su propiedad, procede a informar de su trabajo al propietario de aquéllos. La rendición
de cuentas es inherente a todo administrador o mandatario. Constituye la forma legalmente
prevista para acreditar la adecuada gestión de bienes ajenos.
En este sentido, al reconocer el principio de Propiedad Universal y distinguir entre el
concepto de dueño y el de administrador o mayordomo, se hace resaltar la importancia del
principio de dar cuenta (Lc 16:2). El administrador tiene que rendir informes sobre su manera
de manejar los bienes que se encomendaron; el dueño no.
Debemos reconocer que Dios es el dueño y que nosotros somos los mayordomos, porque
daremos cuenta personalmente a Él por el desempeño de nuestra mayordomía en relación a todo
lo que se nos ha confiado, incluyendo nuestra vida, tiempo, habilidades, información, sabiduría,
relaciones, autoridad y dinero.
En síntesis, todos vamos a dar cuenta al legítimo propietario de que hemos logrado con las
cosas que nos ha confiado. (Mal 3:8–12; Mat 6:24–34; 25:31–46; Mc 10:17–31; Lc 12:13–24;
19:11–27; Jn 15:1–17; Ro 12:1–13; 1ª Co 9:7–14; 2ª Co 8:115; 9:6–-15; 1ª Tim 6:6–19; Heb
7:8; Stgo 1:27; 1ª Jn 3:16–18).
• Principio de recompensa
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;
sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor
servís.” (Colosenses 3:23-24)
El principio de recompensa está relacionado directamente con la Justicia de Dios. La
Justicia consiste en dar a cada quien lo que se merece; Dios, en su justicia, dará a cada
mayordomo la justa recompensa como retribución a su desempeño en la administración de lo
que se ha confiado: buena recompensa para los que lo han hecho bien y con fidelidad; castigo
para el siervo malo y negligente (Mat 25:14-30).
Un elemento importante para reconocer es que Dios, como dueño de todo, es quien
establece, no sólo cuánto trabajo podemos realizar, sino cual es la recompensa adecuada para el
trabajo desempeñado. Sin embargo, el desempeño de un buen mayordomo no debe ser motivado
por la recompensa en sí misma; sino por el amor y gratitud al Dueño de la Obra; recordemos las
palabras del apóstol Pablo: “Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero
si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.” (1ª Co 9:17).
El que sirve por interés específico de la recompensa es aquel que la Biblia menciona como
asalariado (Jn 10:12-13) y denota a alguien que no tiene interés verdadero en su deber, o alguien
que es infiel en el ejercicio de sus responsabilidades.
OBJETIVO 3
MAYORDOMOS Y SIERVOS
“Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los
misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado
fiel.” (1ª Co 4:1-2)
La Mayordomía se originó desde el momento que Dios creó al hombre a su imagen y
semejanza y lo colocó en el huerto del Edén, y le asignó la responsabilidad de llenar la tierra,
sojuzgarla y señorear sobre la creación: animales, para cuidado, plantas, para manutención (Gen
1:28-29). El trabajo de mayordomos de Dios no fue de libre elección, Dios puso al hombre para
administrar.
Para el cristiano, mayordomía significa: Responsabilidad de guardar, velar y administrar
todo lo que Dios ha confiado. El uso de esta mayordomía tiene que ver con la vida, el físico, el
tiempo, los talentos, dones, posiciones materiales y la creación, etc. La mayordomía abarca el
uso sabio y abnegado de la vida en relación a nuestro Dios en todo lo que poseemos. La
Mayordomía trata acerca de la responsabilidad del cristiano de administrar sabiamente, tanto su
vida como sus recursos.
Pero es importante tener claro que la mayordomía implica dos aspectos: somos
administradores y somos siervos. La palabra empleada en 1ª Co 4:1 para siervo es juperetes,
propiamente un remero subordinado (jupo, bajo; eretes, remero), de ahí pasó a denotar a
cualquier subordinado actuando bajo la dirección de otro. En este sentido, el siervo
administrador no es el capitán del barco, mucho menos el dueño de la galera, sino tan sólo
remeros de Cristo (y no el remero principal, sino el de la galera inferior).
Somos siervos de Cristo, y no señores sobre su heredad. No podemos olvidar que Dios es el
dueño de todo; y nosotros siervos según su voluntad: 1ª Co 8:6; Col 1:16; Rom 11:36.
Entre las muchas cosas que se nos ha confiado para administrar, dice el apóstol que somos
«administradores de los misterios de Dios»; en otras palabras, se nos ha «confiado el
Evangelio». Ahora bien, recordando el hecho de que somos administradores y no dueños, el
asunto es algo similar a lo que sucede con una persona que se le otorga un poder y facultades
legales para administrar los bienes de otro, el poder o contrato establecido contiene clausulas
que no se pueden modificar, sólo se está obligado a cumplirlas y/o hacerlas cumplir. El fiel
administrador se atiene al documento, y lo obedece. El administrador no redacta el documento,
sólo está obligado a cumplirlo. Exactamente igual sucede con el evangelio, no estamos llamados
a reformarlo, cambiarlo o interpretarlo a conveniencia; estamos llamados a proclamarlo y
obedecerlo, conforme a lo que está escrito.
Nuestro servicio a Dios implica administrar bien nuestra vida, tiempo, talentos y bienes: y
por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y
resucitó por ellos. (2ª Co 5:15)
Con relación al servicio, es importante reconocer las diferencias de términos griegos usados
en la Escritura:
• diakonos (se traduce diacono o ministro) contempla al siervo en relación con su trabajo;
• doulos, es el siervo en relación con su dueño;
• juperetes, el siervo en relación con su superior;
• leitourgos, el siervo en relación con el servicio público; sirve a la comunidad
gratuitamente;
• latreuo, significa servir por remuneración, asalariado
Ahora bien, el administrador es el depositario de los bienes de su amo. En otras palabras,
todo lo que tiene pertenece a su amo, y es custodio de tesoros especiales, no para que haga con
ellos lo que guste, sino para cuidar de ellos. El Señor nos ha confiado a cada uno talentos,
dones, bienes, pero no nos pertenecen; no son nuestros para que nos gloriemos en ellos, sino
que los tenemos en depósito para administrarlos para el Señor. La parábola de los talentos nos
muestra que la ganancia obtenida no pertenecía al siervo, sino al Señor.
La segunda parte del texto dice claramente que se requiere de los administradores una
característica particular: ser hallado fiel. Y esto es importante porque somos siervos sujetos a las
órdenes de nuestro Señor, por tanto debemos serle fieles a Él, sujetos a su voluntad.
Recordemos el caso de los labradores malvados, que no fueron fieles al señor de la viña (Mt
21:33-41). Caso contrario, vemos a José administrando durante la escasez en Egipto, debido a
que le fue fiel a Dios. En otras palabras, la virtud más grande de un mayordomo, bíblicamente
hablando, es ser hallado fiel. (Filipenses 2.15).
Son muchas las razones por las que podemos fallar en ser fieles; pero todas están
relacionadas con estas razones:
• Olvidarnos que Dios es el dueño, y nosotros los siervos
• Dejar de administrar lo que Dios nos ha encomendado, sea nuestro ser, talentos, tiempos o
bienes, de manera que en lugar de hacer la voluntad de Dios, nos ocupemos en el afán o en
el ser humano.
• Darle mal uso de lo que pertenece a Dios.
OBJETIVO 4
MAYORDOMÍA DE NUESTRO SER
Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo,
sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1ª Tes 5:23)
Cuando decimos que el administrador debe ser fiel, hay una palabra que resalta:
irreprensible. En la mayordomía de nuestro propio ser, dice la Escritura que todo nuestro ser
debe ser guardado irreprensible. En otras palabras, un fiel mayordomo cuidará de su vida, de
forma integral. Las áreas o dimensiones del Ser Humano son: espíritu, alma y cuerpo. El
espíritu es el que permite que nos relacionemos con Dios; en él se manifiesta la parte espiritual
del ser humano, identificada principalmente por la intuición, la conciencia y la comunión. El
alma es el centro de relación con los demás seres humanos, se identifica en la Biblia también
como mente y corazón, es pues el centro de las emociones y el asiento de los sentimientos; por
ende, el alma, incluye las emociones, la razón o intelecto, y la voluntad.
Finalmente, a través del cuerpo nos relacionamos con el medio ambiente. El cuerpo se
estudia y comprende mediante la anatomía (partes del cuerpo, estructura), morfología
(características y apariencia externa) y fisiología (función del cuerpo) del ser humano.
La correcta mayordomía de nuestro ser permite hacer distinción entre el hombre carnal (de
la carne), natural (del alma) y espiritual (del espíritu) (1ª Co 2:11-14).
Con relación al “alma” y el “espíritu”, en su uso más preciso, se refieren al ser interior del
hombre en diferentes relaciones. El alma mira hacia la tierra, el espíritu hacia el cielo. El alma
es el hombre en sus relaciones terrenales; el espíritu es el hombre en sus relaciones espirituales.
Juntos constituyen el ser inmaterial del hombre.
Mayordomía del espíritu
El espíritu humano es el que nos relaciona con Dios; posee tres partes: conciencia,
comunión e intuición. La conciencia tiene la función de decir al hombre lo que es bueno y lo
que es malo; lo que es correcto o equivocado; lo que agrada y lo que desagrada a Dios. Podemos
también decir que su función es llevar el alma hasta Dios, es decir, llevar nuestra mente,
emoción y voluntad a Su presencia. La comunión se refiere a tener comunicación con Dios. La
Intuición es donde Dios coloca Su sentir; con ella discernimos y comprendemos la voluntad de
Dios, revelada en su Palabra.
¿Cómo podemos ejercer una mayordomía del espíritu? A través de la consagración a Dios.
Es necesario andar y vivir en el Espíritu, ser llenos del Espíritu, viviendo una vida en perfecta y
plena comunión con el Señor; y esto se logra buscando su presencia, obedeciendo su Palabra,
avivando el fuego… en otras palabras, se logra viviendo una vida devocional con Dios: Rom
8:1; Gál 5:16; Ef 6:18; Heb 4:12; Jn 4:24; Col 1:9.
Mayordomía del Alma
El alma, como centro de las emociones es traducida en las Escrituras como corazón o mente.
Dice el libro de Proverbios que de acuerdo al pensamiento del hombre en su corazón, serán sus
acciones (Prov 23:7). Es decir, nuestras actitudes, deseos, y los motivos detrás de nuestras
conductas vienen de nuestro corazón (Lc 8.11–15; Prov 4.23); la Biblia dice que “del corazón
salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los
falsos testimonios, las blasfemias” (Mt 15.19; Rom 1.24). Por lo tanto, la mayordomía del alma
implica llevar y rendir nuestro intelecto, emociones y voluntad a Dios, de manera tal que
podamos tener verdaderos cambios en nuestra forma de vivir, es decir, un verdadero
convertimiento (Ef 4.22–24).
Ahora bien, la mayordomía del alma consiste en dejar el viejo hombre, la pasada manera de
vivir, la vida vieja, y vivir una vida nueva en Cristo. Consiste en mantener y cuidar la vida
nueva, de acuerdo con las enseñanzas de la Palabra (Col 3; Rom 6; 2ª Cor 5:17). Ya no vivir
como vive el resto del mundo, sino llevar cautivo nuestro pensamiento a la obediencia a Cristo:
2ª Co 10:5; Ef 4:17 4:23; Heb 8:10; 10:16; Is 26:3.
Mayordomía del cuerpo
Hay tres aspectos donde es necesario ser mayordomos de nuestro cuerpo: la salud, la moral
y la apariencia externa. Estos tres aspectos están contemplados en la escritura y se van a detallar
a continuación. Existen muchas tendencias teológicas que manifiestan que Dios sólo viene a
buscar el corazón; pero la Biblia enseña claramente que Dios viene a buscar al ser humano
completo:
• El cuerpo es templo y morada del Espíritu Santo (1ª Co 6:19). Este pasaje también nos deja
claro que Dios es el dueño de nuestro cuerpo; por tanto debemos administrarlo para Él, y
reflejarlo a Él.
• También dice que nuestro cuerpo es de Dios, y por tanto debemos glorificar a Dios con el
cuerpo, así como lo hacemos con el espíritu (1ª Co 6:20). ¿cómo se puede glorificar a Dios
con el cuerpo?
• Debemos presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios; no sólo
el alma o el espíritu. (Rom 12:1; 6:12)
• También expresa que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea hallado irreprensible para
la venida de Jesucristo (1ª Tes 5:23)
• Nuestros cuerpos serán transformados para recibir a Cristo en Gloria. Este cuerpo mortal se
vestirá de inmortalidad (1ª Cor 15:44-52); no sólo es el alma (o corazón) lo que viene a
buscar el Señor, es al ser humano completo.
Por tanto, es necesario que atendamos al llamado de administrar sabiamente los que Dios
nos ha entregado, porque nosotros somos los llamados a cuidar el cuerpo y presentarlo al Señor.
Somos los llamados a limpiarnos de toda contaminación, no sólo de espíritu, sino también de
carne (2ª Co 7:1); y el llamado es a una santidad integral. Ya no vivimos para nosotros, sino lo
que vivimos en la carne, lo vivimos en la fe del Hijo de Dios (Gal 2:20).
Mayordomía del cuerpo: cuidado del cuerpo salud
Uno de los aspectos inherentes a la mayordomía del cuerpo es el relacionado con la salud; al
cuidado y bienestar del cuerpo. El cuerpo puede enfermar, por causas naturales; y creemos en la
sanidad divina y en la oración de fe; pero no por eso debemos descuidar la salud. Es necesario
alimentarse de manera sana, evitar sustancias nocivas o dañinas y realizar chequeos médicos
periódicos.
Algunos argumentan que la biblia no condena el consumo de licor u otras sustancias
adictivas, como drogas o cigarrillos, porque no se mencionan; pero es de todos conocidos los
efectos nocivos a la salud que pueden tener tales sustancias. Sin embargo, la Biblia es clara
cuando dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual
sois vosotros, santo es”. (1ª Co 3:16-17); luego en 1ª Co 6:13 dice que el cuerpo es para el Señor
y el Señor para el cuerpo.
Mayordomía del cuerpo: aspecto moral del cuerpo sexualidad
Generalmente el aspecto al que más se le da énfasis cuando se habla de la mayordomía del
cuerpo es en relación a la sexualidad. Y ciertamente, es uno de los aspectos en que el ser
humano debe administrar bien su cuerpo. El sexo es una dádiva de Dios para expresarse dentro
de los límites del matrimonio (Heb 13:4). Dios mismo instituyó el matrimonio. En Gen 2:18-24
podemos ver que Dios dijo, hizo, tomó y trajo la ayuda idónea para Adán. El ser humano debe
administrar su cuerpo moralmente para Dios.
Las recomendaciones de mayordomía del cuerpo comienzan recordando que el sexo es sólo
para el matrimonio. Dice 1ª Co 6:18: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el
hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca” a partir
de allí, son muchos los pasajes de las escrituras que nos revelan la forma de mantener una
adecuada administración o mayordomía de la sexualidad: 1ª Co 7:2-5; 1ª Co 6:13; 1ª Co 6:15.
La inmoralidad sexual es contraria a la voluntad de Dios. Ro 1:24: Por lo cual también Dios
los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que
deshonraron entre sí sus propios cuerpos…
Mayordomía del cuerpo: Apariencia externa vestidura
Hay un elemento importante en la mayordomía del cuerpo; pero que siempre se deja de
lado: la apariencia externa o lo que se refleja frente al mundo. En este aspecto es importante
destacar que las convicciones internas, del alma, se reflejarán en lo externo; y aun cuando,
ciertamente el cuerpo es más que el vestido (Mateo 6:25), el Señor dijo eso en el sentido de que
no debemos afanarnos u ocuparnos en dedicar nuestra vida a las cosas materiales, pero no
significa que no sea necesario administrar correctamente esta área.
En este sentido, son dos los aspectos de la vestidura que debemos saber administrar:
• No ocuparnos más de lo requerido (con la finalidad de lucir u ostentar atavíos lujosos) (1ª Ti
6:8; 1ª Pe 3:3; 1ª Ti 2:9)
• Vestir conforme a personas que profesan piedad. (1ª Tim 2:9-10; Zac 3:3-4; Sof 1:8)
En este orden de ideas, expresa Bill Bright que “la Biblia ve el cuerpo como un vehículo de
expresión de los valores espirituales”, es decir, lo que somos en el aspecto interior (espíritu y
alma) se verá reflejado en nuestro exterior (cuerpo). Por eso, cuando el apóstol habla de que las
mujeres vistan como personas que profesan piedad, hace énfasis en decoro, pudor y modestia, y
luego añade en santificación.
Hay un elemento intrínseco de la santidad con la apariencia externa. Cuando dice que todo
vuestro ser sea hallado irreprensible, se refiere al cuerpo integralmente, es decir, lo anatómico,
morfológico y fisiológico. En el caso específico de la vestidura del cristiano, corresponde al
aspecto que tiene que ver con la morfología: las formas y apariencias externas.
La apariencia externa tiene que ver con la dignidad y el decoro (1ª Co 12:23; 1ª Ti 2:9); el
Señor, a través de la parábola de la fiesta de boda (Mt 22: 1-14) refiere que había un hombre que
no estaba vestido conforme a la ocasión, los convidados a las bodas del cordero debemos cuidar
nuestra manera de vernos frente al mundo, porque los que viven en la carne, aun sus ropas son
aborrecibles (Jud 23) ; pero es importante destacar que lo externo debe ser el reflejo de lo
interno (1ª Pe 3:3-4), porque también dice la escritura que habrá algunos con apariencia de
piedad, pero negarán la eficacia de ella (2ª Tim 3:5), y que muchos se glorían es en las
apariencias y no en el corazón (2ª Co 5:12). Como dice el Señor: esto es necesario hacer sin
dejar de hacer aquello.
Consideraciones finales
Finalmente, es importante recordar que el ser humano, conformado por espíritu, alma y
cuerpo es uno; de modo que la mayordomía del ser lleva implícita la integración de estos tres
elementos. Recordemos lo que Ro 12:1-2 dice. El pasaje nos pide:
• Presentar el cuerpo en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios
• No tomemos la apariencia externa de este mundo (cuerpo)
• Transformarnos por completo, desde el entendimiento (alma)
• Para que comprobemos la voluntad de Dios, es decir, tengamos comunión con Dios
(espíritu)
En este sentido, debemos presentar todo nuestro cuerpo para servir a Dios, consagrarlo a
Dios y santificarlo para Dios; esto incluye todos los sentidos (ojos, oído, boca, tacto, olfato).
Pero la forma de hacerlo es a través de la comunión con Dios mediante el Espíritu Santo que
mora en nosotros. Dice en Judas 19 que hay algunos que causan divisiones, los que se dejan
guiar por los sentidos porque no tienen el Espíritu Santo y viven en la carne. Es por esto que
debemos desechar las obras de la carne, y presentar nuestro cuerpo como instrumento de Dios.
Donde nos paremos, nuestra sola presencia debe indicar que somos hijos de Dios.
“Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumento de iniquidad, sino
presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a
Dios como instrumentos de justicia” (Rom. 6:13).
No olvidemos la recompensa de administrar bien nuestra vida:
“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que
siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”. (Gálatas 6:8)
OBJETIVO 5
MAYORDOMÍA DEL TIEMPO
…aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. (Ef. 5:16)
La mayordomía del tiempo no se refiere únicamente a la parte del tiempo que dedicamos al
servicio del Señor, sino a la buena administración del tiempo en todos los ámbitos de nuestra
vida, para aprovecharlo de la manera más eficiente y poder dedicar nuestra vida al Señor. De
hecho, hay quienes afirman que tiempo y vida son sinónimos, porque el uso que haces de tu
tiempo, es en definitiva el uso que haces de tu vida.
Este ejercicio permite visualizar la relación entre vida y tiempo: Utilicemos algunas de las
frases que habitualmente usamos con relación al tiempo y cambiémosle la palabra tiempo por
vida:
No tengo tiempo No tengo vida
Me falta tiempo Me falta vida
Se va el tiempo entre los dedos Se me va la vida entre los dedos
Si tuviera más tiempo ¡Si tuviera más vida!
Ni paro de perder mi tiempo No paro de perder mi vida
Tengo que sacar tiempo para hacer lo que Tengo que sacar vida para hacer lo que realmente
realmente quiero quiero
Malgastar el tiempo Malgastar la vida
Matar el tiempo Matar la vida
Mt 6:21 permite determinar que un simple análisis de dónde van nuestras horas revelará de
forma clara donde están nuestras prioridades y las cosas que consideramos importantes en
nuestras vidas.
La definición bíblica de la vida se encuentra en Stgo 4:14: “Porque ¿qué es vuestra vida?
Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”. Por eso es
tan importante ser buenos mayordomos del tiempo que Dios nos da durante nuestra vida.
Principios en la mayordomía del Tiempo
Hay ciertos elementos que son necesarios considerar con relación al tiempo:
• El tiempo pertenece a Dios.
Como todos los “bienes” que debemos administrar, nuestro tiempo también le pertenece a
Dios (Sal 31:15), Él nos lo ha concedido (Hch 17:26); nos corresponde hacer una buena
mayordomía de un bien tan preciado y escaso (Ap 10:6; Ap 1:3; 1ª Pe 4:2-3; Sal 89:47), por eso
el encargo apremiante: “aprovechando bien el tiempo”.
Dado que no vivimos para nosotros mismos, sino que vivimos para aquel que murió y
resucitó por nosotros, ya no vivimos para nuestros propios propósitos, sino para los de Jesús
(Rom 14:7-9).
• El tiempo tiene sus propias reglas.
El tiempo es igual para todos los seres humanos; a todos se nos ha dado la misma cantidad
de tiempo para gastar cada día. Por este motivo, el tiempo no puede ser:
• Acumulado. El tiempo que hoy nos sobra no podemos guardarlo para usarlo mañana. Cada
día hay que gastar la cantidad de vida que se nos ha otorgado, y se ha de gastar sabiamente.
• Detenido. No es posible detener la vida, esta avanza de forma inexorable y debemos
manejarla en el momento.
• Estirado. No es posible aumentar la cantidad de tiempo disponible. Siempre hay más cosas
que hacer que tiempo o vida disponible.
Una vez que entendemos que el tiempo le pertenece a Dios, y que tiene sus propias reglas,
entonces estaremos conscientes de la necesidad de una buena mayordomía del tiempo, lo que
implica usarlo en aquellas cosas que Dios espera que hagamos. Para ello, es básico y necesario
comprender cuál es su voluntad. ¿Qué clase de mayordomo es aquel que usa el tiempo tan sólo
para sus propios asuntos y no tiene tiempo para los de su señor?
TODO TIENE SU TIEMPO: Debemos ordenarnos en el tiempo: Ec 3: 1-8: Sal 90:12.
Tiempo de buscar a Dios: Is 55:6; Ef 5:14-17; Col 4:5
Tiempo de dormir: Sal 104:19-21; 1ª Tes 5:7; Prv 3:24
Tiempo de trabajar: Sal 104:22-23; 1ª Tes 5:8; 2ª Tes 3:10; Jn 5:17; Prv 24:10
Hay dos maneras de dividir ese tiempo:
Actividades de Iglesia…. Para Dios Actividades de Iglesia… Para Dios
Trabajo…. Para ganar dinero Trabajo…. Para Dios
Tiempo Personal…. Para llenar mis Tiempo Personal….Para Dios
deseos y entretenerme
En este sentido, una buena administración del tiempo del tiempo implica organizar un
espacio para el trabajo, y otro para el descanso. Ese fue el ejemplo que Dios nos dio (Gen 2:2).
El trabajo es algo necesario y un mandamiento de Dios; por tanto no debemos caer en ninguno
de los dos extremos: ocio y afán.
Tiempo de trabajo
• Dios le dio trabajo al hombre desde su creación (Gen 2:15)
• El pecado trajo consigo un esfuerzo en el trabajo (Gen. 3:19).
• A los israelitas: Éx 20:9, vemos que el Señor mandó a los israelitas a trabajar seis días y
descansar un día. Es necesario estar ocupados en el trabajo (1ª Cr 4.23)
• A los cristianos: la recomendación expresa es a mantenerse ocupados en sus trabajos, y no
andar desordenadamente, ni ser carga para otros (2ª Tes 3:6-12; 1ª Tes 4:11-12).
Esto no lleva a la antítesis del trabajo: el ocio y la pereza. La Biblia enseña que el que no se
ocupa en algo productivo, se va a ocupar de los asuntos ajenos (2ª Tes 3:11; 1ª Tim 5:13);
además que el que no trabaja se empobrece (Prov 28:19). De modo que el consejo bíblico es el
de administrar bien el tiempo, y a ocuparnos en nuestros propios asuntos, sean espirituales o
materiales. (1ª Tes 5:14; 2ª Ped 1:8)
Tiempo de descanso: Entretenimiento y recreación
Administrar el tiempo demanda, entonces planificar su uso, de modo que podamos cumplir
con nuestras responsabilidades personales y espirituales. También debemos administrar el
tiempo de descanso. El ser humano requiere descanso y recreación; pero todo debe hacerse en el
debido orden y dentro de los límites adecuados. Dt 5:14; Mr 2:27; Job 7:2
El afán de diversiones no es bueno, y menos cuando no se hace para la gloria de Dios. (1ª
Co 10:7; Ex 32:6). Is 56:7 dice: “yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de
oración”. La administración del tiempo de descanso implica determinar qué, cómo y para quien
se hacen esas actividades.
ADVERTENCIA CONTRA EL AFÁN: Mt 6:25-34; Fil 4:6; Sal 127:2
Muchas veces el afán ocurre por exceso de trabajo, y es señal de una mala administración
del tiempo. La mayordomía del tiempo consiste en hacer una buena gestión del tiempo. La
atención que dediquemos a nuestras actividades dependerán de dos factores: importancia y
urgencia. Respecto a esto, existe una matriz llamada Matriz de Eisenhower para gestionar el
tiempo.
Como el tiempo no se detiene, el asunto consiste en gestionar dónde debemos poner nuestra
atención en cada momento. Lo urgente es aquello que requiere atención inmediata, mientras que
lo importante contribuye a tu propósito de vida. Muchas veces lo urgente desplaza lo
verdaderamente importante, y allí es donde se necesita la mayordomía del tiempo. Las tareas
importantes, aunque no urgentes son las que necesitan más de nuestra atención.
La buena mayordomía se concentra en el Cuadrante II (cosas importantes pero no urgentes),
porque en este cuadrante están los aspectos relacionados con la vida, el futuro, las relaciones,
entre otros. Especialmente, un buen mayordomo planifica tomando como base, primeramente, la
voluntad de Dios; también reduce en lo posible el tiempo que está en el Cuadrante I, y no se
preocupa demasiado de los Cuadrantes III y IV.
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría. (Salmo
90:12)
Tiempo para el Señor: Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.
(Juan 5:17)
Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la
cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. (Juan 6:27)
El trabajo en la obra del Señor también es importante; es necesario dedicar tiempo a la
comunión con el Señor, al trabajo en la obra del Señor y a congregarnos. Rom 13:11-12; Sal
5:3; Prov 8:17; Heb 10:25.
Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor
siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. (1ª Co 15:58)
Salmos 39:4: Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán
frágil soy.
OBJETIVO 6
MAYORDOMÍA DE LOS DONES, TALENTOS Y HABILIDADES
Si la mayordomía consiste en cuidar y administrar lo que Dios nos ha confiado, los dones,
talentos y habilidades también deben ser administrados, porque ellos son dados por Dios.
Los talentos y habilidades humanas son capacidades o facultades para hacer algo, innatas
(heredadas) o adquiridas, y que pueden ser desarrollados por medio del estudio y la práctica.
Los hemos recibidos de Dios, por lo que debemos usarlos para su gloria y para el beneficio de la
humanidad. Cuando los dones, habilidades y talentos se usan en la obra del Señor, su propósito
es la edificación del Cuerpo de Cristo, no el reconocimiento personal. La Mayordomía de los
talentos y habilidades permiten canalizar el buen uso que se da a los mismos.
Los dones espirituales son otorgados por el Espíritu Santo a la Iglesia, es decir, a todos los
que son hijos de Dios, con una finalidad de ser administrados en el área espiritual (Sal 68:18);
los talentos son dones que Dios ha dado a la humanidad desde su creación, y forman parte de la
estructura genética. Recientemente a estas habilidades se les ha llamado Inteligencias múltiples.
• Gen 4:20-22 muestra los primeros talentos del hombre.
• Éx 31:3-6 los talentos y habilidades naturales son dados por Dios, y pueden ser
perfeccionados por el Espíritu Santo;
• Éx 35:25-26 las mujeres también ponían sus talentos al servicio de la obra, (compare con la
mujer virtuosa Prov 31).
La administración de los dones espirituales y los talentos o habilidades implica:
• Reconocer que poseemos algún talento, habilidad y don de parte del Señor (1ª Co 12:7)
• No descuidarlo (1 Tim 4:14)
• Usarlo (Rom 12:6-8)
• Compartirlo (1ª Pe 4:10)
• Estar conscientes de que necesitamos los de otros y otros necesitan los nuestros (1ª Co
12:21);
• Honrarlos, apreciarlos, valorarlos (1ª Co 12:24).
• Evitar desavenencias, conflictos, o competencia (1ª Co 12:25)
• Procurarlos (1ª Co 12:31; 14:1).
• Anhelarlos (1ª Co 14:12).
• Trabajando en equipo (Gen 2.18, Ecle 4:9-12) y en unidad.
• Utilizarlos para la gloria de Dios (Col 3:22-24).|
Importante para considerar, que se tenga el talento, o la habilidad, no implica que sea
obligatorio que lo uses a tu modo; Dios da los talentos, pero también dispone el modo en que se
deben utilizar, decentemente y con orden. El rey David tenía un talento especial para tocar y
componer música, era conocido como el dulce cantor de Israel; sin embargo no pudo participar
del coro en el tabernáculo, pues este trabajo era exclusivo para los levitas. No obstante colaboró
en la creación de salmos e instrumentos musicales, y en la organización o planificación de la
creación del coro (1ª Cr 6:31-32; 1ª Cr 15:16).
OBJETIVO 7
MAYORDOMÍA DE NUESTRAS POSESIONES
Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos (Prov. 3:9)
Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente
cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.(1ª Cr 29:14)
Cuando hablamos de la mayordomía de nuestras posesiones, estamos hablando de nuestros
bienes materiales (muebles e inmuebles) y de nuestro dinero. Es poner lo que poseemos al
servicio del Señor. Sabemos que si trabajamos conforme a su voluntad, él bendice la obra de
nuestras manos. No podemos hacer una lista que abarque todas las bendiciones que hemos
recibido de él. Por eso es que cada cristiano tiene un deber para con su Dios. Habiendo recibido
todo “de gracia”, también debemos “dar de gracia”. En relación a las finanzas, hay dos aspectos
a tomar en cuenta al administrarlas: las ofrendas y el diezmo.
LA OFRENDA: FRUTO DE GRACIA Y GRATITUD
DEBE SER:
Voluntaria: Un sacrificio para ser agradable delante de Dios debe ser VOLUNTARIO. 1ª Cro
29:17; Éx 36:2
Espontánea: El sacrificio debe ofrecerse con NATURALIDAD, ESPONTÁNEAMENTE: 2ª
Co 9:7
LA ABUNDANTE GRACIA: Filipenses 2:13
• El Señor acepta la ofrenda del corazón limpio y manos santas. Debemos estar a cuentas con
el Señor al ofrecerle ofrenda (sea de canto, oración, cuerpo o bienes). Is 1:18 y 1ª Jn 1:9; 1ª Ti
2:8.
• El Señor acepta la ofrenda del creyente que se lleva bien con sus hermanos. Mt. 5:23-24. Es
el sentido de 1ª Tim 2:8, de “levantar manos” en oración, sin ira y sin contienda.
• El Señor acepta la ofrenda del creyente obediente (1ª Sam 15:13-22). La obediencia a su
Palabra agrada al Señor más que cualquier ofrenda.
• El Señor acepta la ofrenda del creyente agradecido, compare la ofrenda de perfume en Mateo
26:6-13.
• El Señor acepta la ofrenda del creyente comprensivo (1ª Cró. 29:14). Dijo el rey David,
“Porque todo es tuyo, y de lo recibido de tus manos te damos”.
DIOS MUEVE EL CORAZÓN DEL CREYENTE CONFORME A SU VOLUNTAD. SI SE
DEJA. (2ª Co 8:9; 2ª Co 9:8; 2ª Co 9:15).
Importante:
Es necesario aprender que “más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35). Y por
medio de la mayordomía cristiana, ¡el Señor nos ofrece esta gran oportunidad!
Usos de las ofrendas (mayordomía de los bienes): La Biblia señala tres usos principales para
las ofrendas:
• Construcción de templos y compra de instrumentos para el ministerio. Casi todo el
apoyo bíblico para esto se encuentra en el Antiguo Testamento, y estas cosas se escribieron
para nuestra enseñanza (Rom 15:4), ya que en la iglesia primitiva no existía la necesidad de
templos (recuerde que al principio se reunían en el templo de Herodes, y después los
hermanos se congregaban en casas propias (Hch. 12:12; Film. 2). Ahora, gozamos de la
libertad de culto y el Señor nos concede el privilegio de reunir dinero, uniendo así nuestras
fuerzas para la edificación de templos, la compra de instrumentos, etc. Pero, ni los templos
bien adornados, ni los equipos de sonido, ni los instrumentos musicales, ni cualquier otra
clase de equipo pueden servir de substituto de las vidas puras, rectas y santas de los
hermanos. ¡El Señor habita en su pueblo, no en templos hechos de manos!.
Dios acepta tanto la ofrenda de trabajo como la de materiales. El Señor dio el diseño del
tabernáculo y mandó a los israelitas, hombres y mujeres, ofrendar para su construcción:
• Ofrendas de materiales. Éx 35:4-9: El pueblo de Dios ofrendó voluntariamente para este fin
y sobró la ofrenda. Éx 35:29; 36:4-7.
• Ofrendas de mano de obra. Éx 35:10-19: muchos ofrendaron su ayuda para la hechura del
tabernáculo. Éx 35:25; 36:8.
Las ofrendas para el templo fueron iniciados por el rey David (1ª Cr 29:1-5; 22:1-3). Dios le
dio el diseño para el templo, pero él no tuvo la satisfacción de verlo ya hecho. Sin embargo, por
la fe, apartó una gran ofrenda para este fin.
David ofreció a todos la oportunidad de ofrendar, habiendo él puesto el buen ejemplo (1a Cr
29:5). A veces, una sola persona puede iniciar una obra, poniendo ejemplo en dar sus propias
ofrendas, y así animar a otros. Todos los demás ofrendaron voluntariamente (1ª Cr 29:6-9). Fue
motivo de gozo y de alabanza a Dios. Hicieron la ofrenda reconociendo al Señor como el
DADOR de todo (1ª Cro 29:14).
• Ayuda a los necesitados o pobres. Ningún estudio de las ofrendas debe pasar por alto el
privilegio de ofrendar para ayudar a los necesitados. En 2ª Co 8 y 9 el apóstol Pablo enseña
los grandes principios de la ofrenda bajo la gracia, mediante a una colecta que se hizo para
los pobres entre los discípulos en Jerusalén. Los hermanos de las iglesias de Macedonia y
otras partes ayudaron a los hermanos de Jerusalén (Rom 15:26). “A los pobres siempre
tendréis con vosotros”, dijo el Señor Jesús a sus discípulos. Pues, siempre hay a quienes
podemos ayudar. Y al ayudarles, hacemos bien y recibimos recompensa del Señor.
Nuestras ofrendas para los pobres son:
• Préstamos al Señor (Prov. 19:17).
• Evidencia del verdadero amor cristiano (1 Juan 3:17-18).
• Evidencia de una fe verdadera (Sant. 2:14-17).
Las ofrendas para los pobres fueron reconocidas como un deber. Fueron mandadas en la ley
de Moisés (Deut. 15:7-11). También fue una disposición apostólica (Gál. 2:9-10).
• Sostén de los ministros de la Palabra. La doctrina del sostén del ministerio consagrado se
encuentra en 1ª Co 9:5-14. Los ministros fieles del Señor no son “asalariados”. Existe una
gran diferencia entre “predicar para recibir salario” y “recibir salario por predicar”.
(Mt.10:10; Lc.10:7; Gál. 6:6).
Entendemos que los apóstoles recibieron ofrendas para su comida y bebida, y ayuda en
cuanto al sostén de su familia. Fue un derecho apostólico (2ª Tes 3:5-9). Pablo también
agradeció a los hermanos de Filipos por sus ofrendas (Fil. 4:10-17).
El recibir recompensa es un derecho común. El que trabaja en algo espera sostenerse con su
trabajo (1ª Co 9:7). No obstante, no es ético tener tarifas por predicar, o presentar el evangelio
como si la salvación se comprase con dinero: “¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el
evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo” (1 Co 9:18)
OFRENDA VOLUNTARIA EN EL NUEVO PACTO
Es importante comprender que las finanzas son utilizadas para el sostén de la obra; pero
debemos tener cuidado de no dejarnos engañar ni seducir con las teologías heréticas de
prosperidad, teología de la siembra, pactos con dinero, súper fe, o cualquier otro nombre que se
le coloque, las cuales enseñan que el don de Dios la bendición se pueden obtener a través de un
pacto con dinero, y que si no estás prosperando estás mal con Dios o estás en maldición, lo que
es contrario a la Palabra de Dios. Respecto a esto, la recomendación apostólica es la siguiente:
“Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren
enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los
hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el
cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1ª
Tim 6:8-10)
La Biblia menciona que había necesitados entre los hermanos de Jerusalén, para los cuales
se recaudó una ofrenda (Ro 15:26). Pablo también hace mención de este esfuerzo en otras
porciones: Gál.2:10; 1 Cor.16:1-4; Rom. 15:25-28; Hch.24:17. De hecho, los apóstoles no
tenían riquezas ni grandes posesiones (Hech 3:6; 1ª Co 4:11-13), ni recibían dinero a cambio de
alguna bendición especial (Hch 8:20)
El ofrendar es una gracia (2ª Co 8:1,7), es un deseo, una disposición, creada en el corazón
del verdadero hijo de Dios por el poder del Espíritu Santo. La pobreza no priva del privilegio de
ofrendar (2ª Co 8:2-4). Tenemos el ejemplo de los hermanos macedonios, a pesar de estar en
medio de persecución y de su “profunda pobreza”) (Ro 15:26-27). La ofrenda Cristiana es una
ofrenda voluntaria y es prueba de nuestra sinceridad y amor (2ª Co 8:8-12; 9:1, 2, 5, 7).
EL DIEZMO: fruto de fe y obediencia
El diezmo corresponde a la décima parte de lo que se posee.
Debido a los abusos por parte de las falsas enseñanzas de la teología prosperidad, son
muchos los que están en contra del diezmo, alegando que el mismo estaba establecido sólo para
el tiempo de la ley, y que, al ser abolida la ley, a través del sacrificio de Cristo, ya no es
necesario diezmar en el tiempo de la gracia. Otros argumentan que el nuevo testamento no hace
mención explícita del diezmo, por eso no debería aplicarse en esta época.
En este sentido, ante las interpretaciones bíblicas incorrectas acerca de las enseñanzas sobre
el diezmo para el Nuevo Testamento, y estando persuadidos de las posibles confusiones que
esto pudiera traer, es de vital importancia profundizar sobre esta doctrina.
LA VIGENCIA DEL DIEZMO DURANTE LAS EDADES
El diezmo antes de la ley de Moisés
Y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los
diezmos de todo. (Gn 14:20)
Esta es la primera cita en la Biblia donde aparece la voz “diezmo”. El vocablo proviene de
la palabra hebrea ma´aser que significa literalmente “una décima parte”. Nadie sabe como
Abraham recibió la indicación de diezmar, pero el hecho que la Biblia registre este suceso y no
exista reproche divino por este respecto, sin dudas afirma al diezmo como aprobado desde la
lejana etapa patriarcal.
La segunda ocasión que se menciona el diezmo sucede 4 siglos antes de la ley, y otra vez es
un patriarca quien lo menciona: Jacob (Gn 28:22). En esta ocasión, como la anterior, el diezmo
está relacionado con una actitud de agradecimiento a Dios por un bien recibido o por
recibir. Luego la ley ratificaría y legislaría sobre el diezmo, pero nunca fue ella la primera en
enseñarlo.
El diezmo en la ley de Moisés. Sus prescripciones fundamentales:
Se debía diezmar de todo cuanto el israelita recibiera: del fruto de la tierra, de los animales e
incluso del fruto de los árboles; reconociendo así que todo lo que hemos recibido viene de Dios
y nada podemos tener a menos que venga de su mano. En caso de que un judío quisiera retener
algún producto en particular de su cosecha debía entonces dar el equivalente monetario y
añadirle una quinta parte de ese valor al total, no así de los animales que no podían ser
rescatados. (Lv 27:30-33). Estas prescripciones buscaban perfeccionar el temor a Dios (Dt
14:22-23) quien es dador de toda buena dádiva.
Uso del diezmo durante la ley:
• Para alimentar a levitas y sacerdotes que servían en el ministerio del tabernáculo de reunión
y posteriormente el templo (Nm 18:21). Este diezmo que recibían era la remuneración por el
servicio que prestaban a Jehová (Nm 18:31).
• Cubría las necesidades de viudas, huérfanos, extranjeros y pobres (Deut 14.28-29).
• Los levitas también daban el diezmo de los diezmos que recibían y lo presentaban a Dios
como una ofrenda mecida (Nm 18.25-27).
El diezmo en el Nuevo Testamento
El diezmo aparece 10 veces en el Nuevo Testamento: Mt 23:23; Lc 11:42; 18:12; Heb 7:2,
4-6, 8-9. Y hay una mención indirecta en 1ª Co 9: 13 ¿No sabéis que los que trabajan en las
cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?
Se suele decir que la mención del diezmo en el Nuevo Testamento no es una ordenanza
específica para la iglesia; pero si analizamos hermenéuticamente la Escritura nos daremos
cuenta de que esto no es así; por el contrario, el diezmo es algo vigente en la actualidad. El
Señor mismo nunca atacó la enseñanza del diezmo, lo que censuró fue la inadecuada
prominencia que los fariseos le habían dado sobre otros requerimientos divinos más importantes
como lo son: la justicia, la misericordia, y la fe (Mateo 23.23).
Muchos de los que sostienen que no se debe diezmar argumentan que el diezmo pertenece a
la ley; pero ya se ha comprobado que mucho antes de la ley ya se diezmaba. La ley no introdujo
el diezmo, solo legisló sobre él para el pueblo de Israel. Si decimos que no debemos diezmar
hoy porque la ley hace alusión al diezmo, podríamos decir que no debemos casarnos hoy porque
la ley de Moisés también legisla en este respecto aun cuando la ley no introdujo el matrimonio.
De hecho, el escritor de los Hebreos hace mención directa del diezmo de una forma
exhaustiva y minuciosa, cuando Abram le entrega los diezmos a Melquisedec, suceso que ya
sabemos, se remonta a un suceso muy anterior a la Ley. Lo primero que vemos, si analizamos
detenidamente el pasaje, es que no se hace una mención casual de los diezmos; de hecho, se
menciona siete veces la palabra Diezmos, cuatro en alusión a Melquisedec y tres en referencia al
diezmo levítico. Pero no sólo es el hecho de la cantidad de menciones que se hacen, sino el
contexto de lo que se dice:
• Se hace una referencia expresa de quien es Melqisedec, y se dice que “permanece sacerdote
para siempre”. Si consideramos ese hecho, aun es vigente darle el diezmo de todo, porque
aun es sacerdote. Se hace énfasis en que Cristo fue hecho Sacerdote para siempre según el
orden de Melquisedec, y en ese contexto es un sacerdocio eterno, entonces, desde ese punto
de vista, el diezmo que entregó Abraham, antes de la ley, antes del pacto, trasciende esa ley
y ese pacto. El sacerdocio eterno hace que diezmar sea una acción atemporal, no cesó con el
cambio de ley.
• La segunda mención que se hace expresa: “Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien
aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.” ¡Imaginense! ¡Cuán grande era éste
sacerdote que Abraham no esperó que se le exigiera el diezmo, sino que sintió, supo o
comprendió que debía entregarlo.
• Abraham dio los diezmos a alguien que no era de su genealogía (y de quien no se da
genealogía); como muestra inequívoca que los diezmos no son sólo para el linaje de Israel.
Efectivamente, el botín del cual Abraham dio el diezmo no era de su pertenencia, ni de su
familia, era de la nación que fue a rescatar.
• Hebreos 7:8 dice: “Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno
de quien se da testimonio de que vive.” Tiene una expresión en presente continuo: reciben.
Vemos aquí dos oraciones coordinadas a través de una Elisión de verbo (esta regla suprime
el verbo de la segunda oración cuando coincide con el de la primera, siempre y cuando los
sujetos y objetos sean diferentes); el verbo en cuestión recibe, (en presente) es el mismo
para ambas oraciones; de lo contrario el autor no hubiese hecho esta estructura gramatical,
sino que hubiese construido dos oraciones, donde la segunda oración hubiese dicho: pero
allí recibió… si hubiese sido un suceso pasado que quedó en el pasado. Es decir, se
sobreentiende que el verbo a emplear es recibe, en el modo presente continuo; en otras
palabras, todavía recibe los diezmos. Obviamente no los recibe literalmente; pero por eso es
que en el orden de Melquisedec, Cristo como sacerdote, ministro del santuario, a través de
su sacrificio constituyó un pueblo de sacerdotes (1ª Pe 2:5,9) que en forma ordenada
administra el diezmo a través de las autoridades de la iglesia.
• Figura y sombra de las cosas celestiales
Con respecto a este último tema mencionado, queda algo más a considerar. Estudiando y
analizando Hebreos 7-9, vemos algo muy significativo, y es que el sacerdocio levítico y el
tabernáculo de Israel eran un modelo del Santuario celestial, y éste ya existía antes del
tabernáculo de Moisés. Dios se lo muestra a Moisés, para que hiciera un modelo igual,
juntamente con sacerdocio terrenal como figura y sombra de las cosas celestiales.
En este punto, la ley, el tabernáculo y el sacerdocio levítico, son sombra y figura (tipo) del
sacerdocio celestial; dice Pablo, que la ley es un ayo, para llevarnos a Cristo. ¿Cuál es la función
del ayo? Instruir y guiar. El sacerdocio de Melquisedec recibe los diezmos de Abraham, y en él
toda la descendencia de Abraham: pero esa descendencia debe recibir a Cristo como sumo
sacerdote, según el orden de Melquisedec; así que no es para el Israel terrenal, sino para el
espiritual. De modo que la institución de los diezmos queda establecida desde ese momento para
el sacerdocio espiritual.
• El diezmo sigue siendo para el sustento de la obra
Mientras la iglesia esté aquí en la tierra debe dar sus diezmos, porque así como en la ley fue
instituido que el diezmo era para el sustento de los levitas, también en la gracia se hace mención
de esto (contrario a los que dicen que no se menciona), que el diezmo sirva para el sustento de
los que sirven al evangelio (1ª Co 9:13-14, compare con Números 18:21; Mal 3:10)
Ciertamente, aun cuando el pasaje no dice expresamente diezmo, pero los lectores y oyentes
de esa época (y nosotros también) sabían a qué se refirió Pablo cuando dijo: los que trabajan en
las cosas sagradas, comen del templo; los que sirven al altar, del altar participan; es decir, sabían
que se estaba refiriendo al diezmo.
Si aun así usted no desea dar el diezmo, debe considerar estas premisas:
• Si el judío bajo la ley daba el 10% de todos sus ingresos con acción de gracias, ¿cómo el
cristiano bajo la gracia que ha recibido todos los beneficios del nuevo pacto sellados con la
muerte de Cristo no va a entregar para la obra del Señor, no sólo el 10%, sino inclusive
mucho más?
• Todo cristiano debiera con alegría y total fidelidad participar en el mantenimiento de la obra
del Señor.
• Intentar mutilar la enseñanza del diezmo para nuestros días, sería desproveer a la iglesia de
prosperar para sustentar la obra de Dios y para expresar la gratitud por lo mucho que hemos
recibido del Señor.
Dar es un privilegio no una carga (2ª Co 8:4).
OBJETIVO 8
LA MAYORDOMÍA PARA CON EL SEÑOR
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;
(Col 3:23)
Recapitulando sobre los principios de Mayordomía, explicados en el Objetivo N° 2;
debemos recordar que nuestra Mayordomía es para con el Señor, por tanto debemos hacer todas
las cosas para Él; por eso debemos andar, vivir y actuar como es digno del Señor (Col 1:10),
recordando que todo lo que poseemos es de su propiedad, y Él nos lo ha encargado para
administrarlo.
Nosotros, los cristianos, tenemos el alto privilegio de ser mayordomos del Señor. Que
seamos fieles en el cumplimiento de todo lo que el Señor nos ha encomendado en el uso de
nuestro cuerpo, tiempo y bienes. Toda la mayordomía Cristiana tiene como fin el alcanzar a las
almas pérdidas y edificar a la iglesia del Señor.
La mayordomía es inversión de tiempo que requiere sacrificio. La mayordomía es la buena
inversión de los bienes, la cual se le entrega el manejo a una persona para su cuidado. La
mayordomía es una posición de deberes y responsabilidades que un mayordomo hace en
servicio gozoso y entrega de su vida misma. Desde el principio la Biblia enfatiza la posición
divina: Todo es de Dios.
Salmos 50:10-12 dice: “Porque mía es toda bestia del bosque y los millares de animales en
los collados, conozco a todas las aves de los montes y todo lo que se mueve en los campos me
pertenece; mío es el mundo y su plenitud”. DIOS ES DUEÑO ABSOLUTO No elegimos ser o
no ser mayordomos, nacemos para administrar lo que es de Dios. ¿Qué lugar ocupa el hombre?
Dios lo puso a administrar sus obras. Salmo 8 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna
y las estrellas que Tú formaste... Digo: ¿Qué es el hombre y el hijo del hombre para que tú lo
visites? Le hiciste señorear sobre las obras de Tus manos, todo lo pusiste debajo de sus pies. El
hombre es un mayordomo, la mayordomía se originó cuando Dios, desde el principio, nos creó
a su imagen y semejanza. Dios nos hizo socios en el cuidado de la creación.
Ahora bien, toda esta mayordomía consiste en una gran responsabilidad. Cuando Cristo
venga ¿Qué estaremos haciendo sus mayordomos?
Mateo 24, Lucas 12 nos dan un resumen de los principios de la Mayordomía; pero muy
especialmente nos enseña en qué consiste el trabajo del mayordomo. El Buen mayordomo debe:
• Velar (Mat 24:42; Lc 12:37)
• Estar listo (Mat 24:44)
• Ser fiel y prudente (Mat 24:45; Lc 12:42)
• Cumplir con su deber, a tiempo (Mat 24:45-46; Lc 12:43)
• Esperar el regreso de su Señor, porque sabe que vendrá (Mat 24:46; Lc 12:36)
• Estar preparados cuando el Señor regrese (Lc 12:36; 40)
“Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a
golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel
siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su
parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mat 24: 48-51)
Cuando el Señor regrese pedirá cuentas, otro principio fundamental de la buena
mayordomía es que se debe rendir cuentas buenas. Hay tres áreas generales donde nosotros
debemos y vamos a rendir cuentas:
• Rendición de cuentas personal - Gen. 3:9, 11, 13.
• Rendición de cuentas familiar - 1 Timoteo 5:8.
• Rendición de cuentas ministerial - Mateo 25:19.
El Señor nos va a pedir cuenta por todo: por nuestro actuar, nuestro pensar, nuestra forma de
vivir y hasta nuestro hablar: Deut 18:18-19; Rom 14:12; Heb 4.13; Mat 12:36.
El Señor nos va a pedir cuenta del trato con nuestros semejantes: Isaías 1:17-18.
Y nos va a pedir cuenta del don, talento y/o ministerio que nos encomendó, del trabajo que
nos puso a hacer: Mat 18:23; Mt 25:19; Lc 16:2.
Finalmente, obtendremos la recompensa. Hay dos tipos de recompensa, la que Dios da en la
tierra, cuando honra a los que le honran, y la recompensa final, celestial que Dios ha prometido
a los que le aman:
• Ciertamente el justo será recompensado en la tierra !Cuánto más el impío y el pecador!
(Prov 11:31)
• mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y
los que me desprecian serán tenidos en poco. (1ª Sam 2:30)
• Riquezas, honra y vida Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová. (Prov
22:4)
Los premios del dador alegre son:
• Gozo (2ª Co 8:2).
• Una capacidad aumentada para ofrendar (2ª Co 9:7-11).
• Aumentan las acciones de gracias del pueblo de Dios (2ª Co 9:12).
• Se glorifica a Dios y su evangelio (2 Corintios 9:13-14).
¿Por qué cosa reciben recompensa los cristianos?
• 2ª Tim 4:8: corona de justicia, por tener amor a la venida de Cristo
• 1ª Tes 2:19: corona de gozo, por almas ganadas para Cristo
• Stg 1:12: corona de vida, por amor a Cristo y resistir la tentación
• 1ª Pe 5:4: corona de gloria, por ser un ejemplo en el rebaño de Dios
La Mala administración produce pobreza
• Hay personas pobres porque no piden de Dios (Santiago 4:2).
• Hay otras que, sí, piden a Dios, pero con mala intención, para gastar en sus propios placeres
(Stg 4:3).
• Hay otras que son pobres porque no trabajan; son haraganes. “No ames el sueño, para que
no te empobrezcas; abre tus ojos, y te saciarás de pan” (Pro. 20:13).
• Hay otras que son pobres porque no usan ni conservan bien lo que el Señor les da (Prov.
6:6-11).
Una buena mayordomía nos invita, tanto a la consagración como a la devoción.
“Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra
contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17)