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Estrategia de Cuidado en Bogotá

Este documento presenta la estrategia pedagógica y de cambio cultural "A cuidar se aprende" del Sistema Distrital de Cuidado de Bogotá, con el objetivo de reconocer y redistribuir de forma equitativa el trabajo de cuidado entre hombres y mujeres. La estrategia busca promover nuevas masculinidades cuidadoras a través de componentes de sensibilización, formación y amplificación. Se basa en investigaciones sobre normas sociales en torno al cuidado que muestran creencias y expectativas tradicionales que deben cambi

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Estrategia de Cuidado en Bogotá

Este documento presenta la estrategia pedagógica y de cambio cultural "A cuidar se aprende" del Sistema Distrital de Cuidado de Bogotá, con el objetivo de reconocer y redistribuir de forma equitativa el trabajo de cuidado entre hombres y mujeres. La estrategia busca promover nuevas masculinidades cuidadoras a través de componentes de sensibilización, formación y amplificación. Se basa en investigaciones sobre normas sociales en torno al cuidado que muestran creencias y expectativas tradicionales que deben cambi

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Estrategia pedagógica

y de cambio cultural
Bogotá

Para más información ingresa a


www.sistemadecuidado.gov.co
SISTEMA DISTRITAL DE CUIDADO
Claudia López Hernández
Alcaldesa de Bogotá

EQUIPO SECRETARÍA DISTRITAL DE LA MUJER EQUIPO SECRETARÍA DE CULTURA,


RECREACIÓN Y DEPORTE

Diana Rodríguez Franco Nicolás Montero


Secretaria Distrital de la Mujer Secretario de Cultura, Recreación y Deporte

Diana María Parra Romero Henry Murrain


Subsecretaria de Cuidado y Políticas de Igualdad Subsecretario de Cultura Ciudadana y
Gestión del Conocimiento
Natalia Moreno Salamanca
Directora del Sistema Distrital de Cuidado María Fernanda Cepeda
Líder del Ámbito de Género y Diversidad
Claudia Rincón Caicedo Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte
Asesora de Comunicaciones
Juan David Cortés
Juan Afanador Apoyo Técnico del Ámbito de Género y
Karen Noriega Diversidad
María Fernanda García Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte
Equipo de la Estrategia Pedagógica y de Cambio
Cultural
Dirección del Sistema Distrital de Cuidado

Laura Díaz
Investigadora
Observatorio de Mujeres y Equidad de Género
Gestión del Conocimiento

Ana María Montoya


Edición

Jorge Cano
Diseño
CONTENIDO

1. INTRODUCCIÓN .........................................................................................................3

2. MARCO CONCEPTUAL .............................................................................................4


2.1. La división sexual del trabajo y el trabajo de cuidado
no remunerado .............................................................................................................5
2.2. Las masculinidades cuidadoras y estrategias de
gestión emocional para las mujeres .......................................................................7
2.3. Cambio cultural y teoría de normas sociales ..............................................9
2.4. Recuento de los conceptos ............................................................................11

3. INVESTIGACIÓN SOBRE NORMAS SOCIALES EN


TORNO AL TRABAJO DE CUIDADO NO REMUNERADO ............................11
3.1. Metodología de investigación .........................................................................11
3.2. Resultados de la investigación ........................................................................14
3.2.1. Comportamientos ...........................................................................................14
3.2.2. Creencias ...........................................................................................................18
3.2.3. Expectativas ......................................................................................................22
3.3. Conclusiones .......................................................................................................30

4. OBJETIVOS DE LA ESTRATEGIA PEDAGÓGICA Y DE


CAMBIO CULTURAL “A CUIDAR SE APRENDE”..............................................31
4.1. Objetivo general ..................................................................................................31
4.2 Objetivos específicos .........................................................................................32

5. TEORÍA DE CAMBIO – LÓGICA DE LA INTERVENCIÓN .............................32


5.1. Cambio deseado .................................................................................................32
5.2. Supuestos de partida .........................................................................................35
5.3 La ruta del cambio ...............................................................................................37
5.4. Acciones ................................................................................................................37
5.4.1. Actores del cambio .........................................................................................38
5.4.2. Componente de sensibilización .................................................................39
5.4.3. Componente de formación .........................................................................43
5.4.4. Componente de amplificación ....................................................................47

6. BIBLIOGRAFÍA ...........................................................................................................49
1. INTRODUCCIÓN
Este documento presenta la estrategia pedagógica y de cambio cultural “A cuidar se aprende”
del Sistema Distrital de Cuidado de Bogotá. En la introducción se mostrará la importancia
del concepto del cuidado a nivel global, en el contexto nacional y en el contexto local de
Bogotá. Igualmente, se hará énfasis en el reconocimiento y la redistribución del cuidado.

Aunque el cuidado es una categoría que se ha estudiado desde tiempos muy recientes —
los años setenta y ochenta del siglo XX (Carrasco et al, 2011)—, ha llegado a tal punto de
importancia en la agenda pública mundial que está consignado en la meta 5.4 del Objetivo
de Desarrollo Sostenible 5: “Reconocer y valorar los cuidados y el trabajo doméstico no
remunerados mediante servicios públicos, infraestructuras y políticas de protección social,
y promoviendo la responsabilidad compartida en el hogar y la familia, según proceda en
cada país” (Meta 5.4, ODS 5). Igualmente, el cuidado es reconocido como un derecho en la
Declaración de los Derechos Humanos que lo reconoce como un derecho del que gozan la
infancia y las mujeres embarazadas.

Siguiendo este marco y la necesidad de integrar el cuidado a las políticas sociales, en


Colombia se incluyó la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales a través
de la Ley 1413 de 2010. Por medio de esta se busca medir la contribución de la mujer al
desarrollo económico y social del país y es una herramienta fundamental para la definición
e implementación de políticas públicas. En desarrollo de esta Ley, el Decreto 2490 de 2013
creó la Comisión Intersectorial para la inclusión de la información sobre trabajo de hogar no
remunerado en el Sistema de Cuentas Nacionales. Adicionalmente, la Ley 1955 de 2019, por
la cual se expide el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 “Pacto por Colombia. Pacto por
la Equidad”, en su capítulo XIV “Pacto de equidad para las mujeres”, establece un apartado
dedicado al cuidado como una apuesta de articulación y corresponsabilidad. Por último,
cabe señalar que en el 2021 se dictó la Ley 2114 de 2021 que amplió la licencia de paternidad
y creó la licencia parental compartida y la licencia parental flexible, medidas favorables para
hacer del cuidado un derecho que tienen tanto mujeres como hombres.

En concordancia con este marco nacional y con las luchas históricas del movimiento de
mujeres en Bogotá, el Plan de Desarrollo Económico, Social, Ambiental y de Obras Públicas
2020-2024, “Un Nuevo Contrato Social y Ambiental para la Bogotá del Siglo XXI” incluyó
entre sus programas estratégicos la implementación del Sistema Distrital de Cuidado.
Este sistema es un “[c]onjunto de servicios, regulaciones, políticas, y acciones técnicas e
institucionales, para reconocer, redistribuir y reducir el trabajo de cuidado, entendiéndolo
como una función social necesaria para la vida diaria de las personas y el funcionamiento de
la sociedad y enmarcado en los estándares existentes de derechos humanos en materia de
cuidado” (Concejo de Bogotá, 2020, p. 53). Este sistema sigue los objetivos estructurantes
de cualquier política o sistema de cuidado que se conocen como las 3R (Elson, 2017) (ONU
Mujeres, 2018): reconocer el trabajo de cuidado no remunerado, reducir el tiempo que
dedican las personas cuidadoras a este trabajo y redistribuir el trabajo de cuidado de forma
equitativa entre distintos actores de la sociedad y entre hombres y mujeres.
Teniendo en cuenta el objetivo de reconocer y redistribuir los trabajos de cuidado, las
disposiciones del Plan Distrital de Desarrollo 2020-2024 estipulan que se debe: “implementar
una estrategia de cambio cultural y pedagógica en el Distrito, frente a la corresponsabilidad en
la realización del trabajo de cuidado en los hogares y comunidades, a fin de redistribuir este
trabajo entre hombres y mujeres, propendiendo por el desarrollo de nuevas masculinidades”
(Concejo de Bogotá, 2020, p. 54). También está establecida como una meta sectorial de la
Secretaría Distrital de la Mujer (SDMujer)1: “Formular e implementar una estrategia pedagógica
para la valoración, la resignificación, el reconocimiento y la redistribución del trabajo de
cuidado no remunerado que realizan las mujeres en Bogotá” (Concejo de Bogotá, 2020, p. 35).
Esta estrategia, a su vez, busca aportar a dos metas trazadoras del Plan Distrital de Desarrollo a
partir del cambio cultural. La primera es disminuir en cinco puntos porcentuales la percepción
de las mujeres que consideran que las mujeres son mejores para el trabajo doméstico que
los hombres tomando como línea base los datos recogidos en la Encuesta Nacional de Uso
del Tiempo (ENUT). La segunda es disminuir en cinco puntos porcentuales la percepción de
los hombres que consideran que las mujeres son mejores para el trabajo doméstico que los
hombres a partir de esta misma encuesta2.

Teniendo lo anterior en cuenta, este documento presentará la estrategia pedagógica y de


cambio cultural del Sistema Distrital de Cuidado (SIDICU)3. El documento parte de un marco
conceptual y de una investigación cualitativa y cuantitativa realizada entre el 2020 y el 2021
para proponer, a continuación, una teoría de cambio y las acciones que distintos sectores
del Distrito aportan para implementar esta estrategia.

2. MARCO CONCEPTUAL
En este capítulo se expondrán los lineamientos teóricos que, en el marco de la estrategia
pedagógica y de cambio cultural del SIDICU, permitirán generar un lenguaje común frente
al trabajo de cuidado no remunerado y su intersección con el cambio cultural. En primera
instancia, se profundizará en categorías asociadas a la teoría de género en función del
reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado con un énfasis especial en las
masculinidades cuidadoras. En segunda instancia, se expondrán categorías relacionadas
con el cambio cultural desde una perspectiva de normas sociales.

1
En adelante, el documento se referirá a la Secretaría Distrital de la Mujer como SDMujer.
2
Estas cifras se encuentran actualmente, según la ENUT (2016-2017), en 52,20% y 53,80% respectivamente.
3
En adelante, el documento se referirá al Sistema Distrital de Cuidado con sus siglas SIDICU.
2.1. La división sexual del trabajo y el trabajo de cuidado no remunerado

La forma en que se organizan, distribuyen y valoran los trabajos de cuidado y el lugar que ocupan
en la sociedad actual son producto de un largo proceso histórico que comenzó a gestarse
durante la transición al capitalismo liberal (Carrasco et al, 2011). A partir de este momento y
con las transformaciones que vivió la sociedad industrial, la nueva división sexual del trabajo
empezó a asignar la provisión de cuidado no remunerado a los hogares y, específicamente, a
las mujeres. María Jesús Izquierdo (2003) lo describe de la siguiente manera:

Veremos que la división sexual del trabajo es un modo de producción y también un


modo de socialización, de subjetivación que sigue pautas de género. La división sexual
del trabajo construye la subjetividad femenina orientada al cuidado, a la conexión con
las demás personas, a la disposición a satisfacer las necesidades ajenas. Esa disposición
comporta que el otro, además de ser objeto de preocupación, sea instrumento de
realización y de confirmación de la valía de la mujer.

La organización sexista del trabajo construye también la subjetividad masculina que


complementa la femenina. Hace al hombre y lo hace dispuesto a realizar sus objetivos,
a eliminar obstáculos para conseguirlo, a movilizarse en la defensa de las personas
más débiles. En suma, construye una subjetividad movilizada hacia la provisión y la
protección, comprometida con la cura y no con el cuidado, que favorece el desarrollo
de concepciones universalistas, separadas del contexto, orientadas a la resolución de
los problemas y no a la valoración del impacto de los problemas o las dificultades en las
vidas de la gente concreta. (p. 121)

Así, las autoridades morales, filosóficas y médicas a lo largo de los siglos XVIII, XIX e incluso
XX, empezaron a recargar la responsabilidad del cuidado en la madre y a consolidar la idea
del cuidado como un don natural de las mujeres que se vincula con el amor (Badinter, 1981).
También se empezaron a crear espacios de socialización dedicados específicamente a la
pedagogía del cuidado con cada vez más exigencias para las mujeres (Carrasco et al, 2011).
De ese modo se empezaron a construir unas normas sociales, estereotipos de género y
roles de género4 poco favorables para el reconocimiento y la redistribución del trabajo de
cuidado no remunerado entre hombres y mujeres.

Al respecto de la naturalización del cuidado como algo femenino, Corina Rodríguez (2015)
plantea lo siguiente:

Esto deviene de la concurrencia simultánea de una serie diversa de factores. En primer


lugar, la mencionada división sexual del trabajo. En segundo lugar, y relacionado con
lo anterior, la naturalización de la capacidad de las mujeres para cuidar. Esto es, la

Estos tres conceptos se definirán más adelante.


4
construcción de una idea social (que las mujeres tienen mayor capacidad que los
hombres para cuidar) a partir de una diferencia biológica (la posibilidad que las mujeres
tienen y los hombres no, de parir y amamantar). Así, se considera que esta capacidad
biológica exclusiva de las mujeres las dota de capacidades superiores para otros aspectos
del cuidado (como higienizar a los niños y las niñas, preparar la comida, limpiar la casa,
organizar las diversas actividades de cuidado necesarias en un hogar). Lejos de ser una
capacidad natural, se trata de una construcción social sustentada por las relaciones
patriarcales de género, que se sostiene en valoraciones culturales reproducidas por
diversos mecanismos como la educación, los contenidos de las publicidades y otras
piezas de comunicación, la tradición, las prácticas domésticas cotidianas, las religiones,
las instituciones. (p. 41)

A pesar de que se trata de una problemática de vieja data, como se dijo más arriba, el
cuidado como categoría de análisis se ha estudiado desde tiempos muy recientes: los años
setenta y ochenta del siglo XX (Carrasco et al, 2011). La categoría del cuidado surge a partir
de desarrollos teóricos en torno al “debate sobre el trabajo doméstico”. En la década de
los setenta, el feminismo empezó a hablar acerca del trabajo doméstico y, posteriormente,
acerca del trabajo reproductivo. Como lo señala Natalia Moreno (2017):

La diferencia estaba más bien en que las primeras feministas promovían la abolición
de dicho trabajo como medio para liberar a las mujeres, mientras que los desarrollos
posteriores plantearon que la clave consistía en entender su desigual distribución
en términos de género, visibilizando los costos para las mujeres, y en promover su
redistribución. (p. 65)

Más adelante, se empezó a utilizar el concepto de trabajo de cuidado dado que las
investigaciones dejaron de centrarse en la comparación del trabajo no remunerado con el
remunerado y empezaron a buscar un mayor entendimiento de las actividades que ocurren
en el hogar. Así, como lo señala Karina Batthyány (2020): “el cuidado tiene sus similitudes
con el trabajo doméstico porque comparte su invisibilidad y su asociación con habilidades
femeninas, pero se distingue por el componente relacional” (p. 14).

La categoría del trabajo de cuidado se ha estudiado desde distintas disciplinas. Existen


desarrollos que la trabajan desde la economía del cuidado, otros que la asocian con una
reflexión sobre el bienestar a través de la sociología del cuidado y algunos que entienden
el cuidado como derecho. Finalmente, están los que comprenden el cuidado como ética y
lo abordan desde disciplinas como la antropología, la psicología social y la ciencia política
(Batthyány, 2020, p. 14).

La estrategia pedagógica y de cambio cultural, en línea con la propuesta del SIDICU,


entiende el cuidado como todas las relaciones humanas necesarias para el bienestar de las
personas y el entorno. De forma general, se define como una actividad de nuestra especie
que incluye todo lo que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro ‘mundo’ de
manera que podamos vivir en este de la mejor forma posible. Este mundo incluye nuestros
cuerpos, nuestros seres y nuestros entornos (Fisher & Tronto, 1991, p. 40). A su vez, el trabajo
de cuidado es el conjunto de actividades necesarias para proveer bienestar a las personas;
“comprende todas las actividades no remuneradas que se realizan en el hogar, relacionadas
con el mantenimiento de la vivienda, los cuidados a otras personas del hogar o comunidad y
el mantenimiento de la fuerza de trabajo remunerado” (Tribin et al, 2021). Puede considerarse
como una labor remunerada o no, y puede realizarse dentro o fuera de los hogares.

Se entiende que existen dos tipos de trabajo de cuidado: el indirecto y el directo. El cuidado
indirecto hace referencia a los trabajos de cuidado relacionados con el mantenimiento
habitacional de los hogares o comunidades (trabajos domésticos). Se puede materializar en
acciones como la limpieza del hogar, la preparación de los alimentos, las compras para el
hogar, entre otras. Por su parte, el cuidado directo hace referencia al grupo de tareas que
implican la interacción entre personas o una atención directa hacia alguien que lo demanda.
Algunos ejemplos de esto son el cuidado de niños y niñas, de personas con discapacidad,
de personas adultas mayores o de personas que están enfermas (ONU Mujeres, 2018;
Rodríguez, 2015).

2.2. Las masculinidades cuidadoras y estrategias de gestión emocional


para las mujeres

Ahora bien, a partir del siglo XX la división sexual del trabajo se ha empezado a cuestionar y
transformar. Sin embargo, a medida que las mujeres han ido ingresando al mercado laboral,
los hombres no han cuestionado en igual medida su relación con el cuidado. Como lo
sostiene ONU Mujeres (2018):

Las mujeres, a nivel global, se han ido incorporando progresivamente a la actividad


económico-laboral, siendo precisamente en la región de América Latina y el Caribe
donde se han producido aumentos más sustanciales (entre 1990 y 2013 la tasa de
participación económica de las mujeres pasó del 40% al 54%, lo que redujo la brecha
de género de 42 a 26 puntos porcentuales) (ONU Mujeres, 2017a). Sin embargo, la
progresiva incorporación de las mujeres a la actividad económico-laboral no ha tenido
el esperado efecto “puerta giratoria” de entrada de los hombres en la esfera doméstica
y del cuidado. (p. 9)

Por tanto, es deseable propender por un modelo social, familiar y cultural que Nancy Fraser
llama del Cuidador Universal (Universal Caregiver Model) (1997, pp. 59-62). Este modelo
busca inducir a los hombres a realizar trabajo de cuidado no remunerado y presupone
que, así como todas las personas deben trabajar remuneradamente, también tienen
responsabilidades de cuidado.
No obstante, para que este modelo funcione, es necesario fomentar masculinidades
cuidadoras; es decir, formas de ser hombre que involucren una ética del cuidado. Como lo
señala David Martín-Vidaña (2021):

El concepto de masculinidades cuidadoras (caring masculinities) (Hanlon, 2012; Elliot,


2016) surge en el marco de los estudios críticos sobre masculinidades y permite
promover la igualdad y equidad de género. Estas nuevas masculinidades, además de
no cumplir con los mandatos de género tradicionales, como es el riesgo, la agresividad
y la violencia, permiten desarrollar la facultad de expresar los propios sentimientos y
emociones. Investigaciones recientes ponen el énfasis en la relación entre los hombres,
las masculinidades y el cuidado, así como las relaciones de poder que derivan de los
diferentes modelos de masculinidad que posibilitan que los hombres puedan verse ellos
mismos como cuidadores, pudiendo teorizar sobre ellos, sus vidas y su vinculación con
la provisión de los cuidados (pp. 236 - 237).

Igualmente, Elliot (2015) señala que la característica central de las masculinidades cuidadoras
es su rechazo de la dominación y su interiorización de valores del cuidado como las
emociones positivas, la interdependencia y la relacionalidad a las identidades masculinas (p.
2). Por esta razón, la reflexión sobre las masculinidades cuidadoras es muy cercana al estudio
y la promoción de una ética del cuidado dado que, como lo explica Virginia Held (2006): ‘‘la
ética del cuidado valora la emoción en vez de rechazarla [...] emociones como la simpatía,
la empatía, la sensibilidad y la receptividad se entienden como el tipo de emociones morales
que se deben cultivar” (p. 10).

El concepto de masculinidades cuidadoras también se pone en diálogo en el marco de


esta estrategia con el concepto de paternidades cuidadoras. Como lo señala David Martín-
Vidaña (2021): “En términos generales, esta perspectiva incide en la necesidad de proclamar
un nuevo modelo de paternidad que, en oposición con el modelo de paternidad tradicional,
permita demostrar su lado más comprometido con los/as hijos/as, manteniendo relaciones
emocionales más íntimas y afectivas, y, por tanto, menos jerárquicas” (pp. 246-247).

En complemento a las masculinidades cuidadoras, esta estrategia también parte de la


necesidad de fomentar otras formas de ser mujeres cuidadoras. Siguiendo a Fernández (2014),
se considera que se deben promover estrategias de “gestión emocional” de tal modo que las
mujeres adopten herramientas para enfrentarse a negociaciones, contradicciones y malestares
en su experiencia de cuidadoras. Con respecto a la maternidad, las estrategias deben tener
como objetivo “el cambio hacia maneras alternativas de vivir la experiencia materna, más
igualitarias respecto a la responsabilidad, el vínculo, la autoridad, el tiempo propio, la vivencia
corporal con el hijo o la hija, etc.” (Fernández, 2014, p. 122). En su investigación, Fernández
plantea dos categorías de estrategias que deben ser criterios orientadores para el trabajo de
cambio cultural con mujeres: las estrategias emocionales adaptativas, que no rompen con
la jerarquía del género y las normas sociales, y las estrategias emocionales rupturistas, que
transforman los roles de género y complejizan las experiencias frente a la crianza. En esta
estrategia se busca promover las estrategias rupturistas no solo en la transformación de la
maternidad sino de la relación en general de las mujeres con el cuidado.

Como se puede ver con lo anterior, la transformación de emociones será también una
parte central de esta estrategia pedagógica. Las identidades que se quieren fomentar pasan
necesariamente por las emociones personales y por los vínculos afectivos intersubjetivos.

Finalmente, cabe resaltar que, si bien es cierto que es fundamental lograr la igualdad entre
hombres y mujeres frente al trabajo de cuidado no remunerado, también es necesario
reflexionar sobre cómo estas cargas afectan de manera diferencial a las mujeres, dado
que estas no se pueden considerar como un grupo homogéneo. Por ende, se requiere
considerar aspectos como la etnia, la edad o la clase social en las experiencias de vida de
las mujeres. Según datos del informe Cuidados en América Latina y el Caribe en tiempos de
COVID-19, a medida que las mujeres aumentan su incorporación en el mercado laboral sin
una efectiva redistribución del trabajo de cuidado no remunerado, se han vuelto más pobres
en términos de tiempo; al incrementar su tiempo en el trabajo remunerado no se disminuye
su participación en el trabajo de cuidado no remunerado.

Pero, como lo señala el mismo informe, “[e]stas diferencias son incluso mayores para las
mujeres de menores ingresos, las denominadas ‘mujeres de los pisos pegajosos’, quienes
dedican en promedio 46 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a las mujeres
de los denominados ‘techos de cristal’, con mayores ingresos, que dedican en promedio 33
horas semanales” (Bango, 2020, p. 6). En este sentido se puede entender el cuidado como una
experiencia socioeconómicamente estratificada, donde las mujeres con hogares de mayores
ingresos tienen mayores libertades en cuanto a la organización del trabajo del cuidado. Es
más probable que estas puedan contar con la oportunidad de adquirir servicios del cuidado
de otras personas, generalmente mujeres, y con ello liberar su propio tiempo para disponer
de este en beneficio de su desarrollo personal y profesional. Estas diferencias son las que de
una u otra forma nos permiten comprender que no se pueden trazar, a priori, mecanismos
de cambio comunes, asignando unos intereses y objetivos estandarizados para todas las
mujeres.

De aquí que las intervenciones de las entidades que hacen parte de esta estrategia deberían
incorporar el enfoque interseccional y diferencial para tratar de entender y recorrer aquellas
representaciones de las desigualdades que se producen en la sociedad.

2.3. Cambio cultural y teoría de normas sociales

Las causas estructurales de la desigualdad entre hombres y mujeres tienen manifestaciones


culturales históricas que se señalaron previamente y que se expresan a través del género,
entendido como un sistema social que asigna recursos, roles, poder y derechos dependiendo
de si una persona o práctica es percibida como masculina o femenina. En ese orden de
ideas, para generar transformaciones en torno al cuidado es fundamental comprender las
normas de género5 en tanto que estas son las reglas y expectativas sociales que mantienen
el sistema de género intacto (Cislaghi y Heise, 2019).

Las normas de género están definidas histórica y culturalmente, son interiorizadas por las
personas a través de la socialización y son reforzadas por otras instituciones sociales a lo largo
del ciclo de vida por medio de los estereotipos de género: ideas preconcebidas y prejuicios
que se asocian a hombres y mujeres. Como lo dicen Bosch et al (2013): “Los estereotipos de
género tienen un alto grado de ser prescriptivos, al proveer de reglas y normas sociales de
cómo deben idealmente ser y comportarse hombres (protectores, dominantes, agresivos,
insensibles, sexuales) y mujeres (maternales, cuidadoras, sumisas, pasivas, complacientes,
dependientes)” (p. 384). Estas normas también afianzan comportamientos, responsabilidades
y tareas que la sociedad espera que realicen hombres y mujeres y que se conocen como
roles de género. Así, el trabajo de cuidado como una actividad indispensable para el sustento
y la reproducción de la vida participa en este sistema de género y se asigna tradicionalmente
a lo femenino.

Ahora bien, vale la pena precisar que actualmente las acciones del desarrollo con un énfasis
en el género también vienen adelantando intervenciones sociales y conceptualizaciones
bajo la categoría normas sociales6. Como lo plantean Cislaghi y Heise (2019), es necesario
tender un puente conceptual entre estas y las normas de género. Así las cosas, la estrategia
pedagógica y de cambio cultural acogerá su definición: Las normas de género son normas
sociales que definen las acciones aceptables y apropiadas para las mujeres y los hombres
de un grupo determinado o una sociedad. Están arraigadas en las instituciones formales e
informales, anidadas en la mente y producidas y reproducidas a través de la interacción social.
Juegan un papel importante en determinar el acceso (usualmente desigual) de hombres y
mujeres a los recursos y las libertades, de tal modo que afectan su voz, su poder y su sentido
de identidad. (pp. 415-416)

A su vez, según lo plantea Cristina Bicchieri (2019), “una norma social es una pauta o norma
de conducta a la que los individuos prefieren ajustarse con la condición de que crean que: a)
a la mayoría de las personas de su red de referencia7 se ajustan a ella (expectativa empírica) y
b) la mayoría de personas de su red de referencia creen que deben ajustarse a ella (expectativa
normativa)” (pp. 64-65). En otras palabras, una norma social ocurre cuando confluye una
expectativa sobre el comportamiento de las otras personas y una expectativa sobre lo que
estas personas consideran deseable. Por tanto, las expectativas serán una categoría central
a lo largo de este documento y se definen como creencias sobre las demás personas.

5
Esta categoría conceptual fue planteada por la antropología, la sociología y los estudios feministas y fue popularizada en la
literatura del desarrollo en la última década del siglo XX.
6
Esta categoría conceptual ha sido estudiada desde Grecia pero a partir del siglo XX fue ampliamente desarrollada por la
psicología social, la filosofía, la psicología del comportamiento, la antropología y la sociología.
Las expectativas empíricas se refieren a creencias sobre el comportamiento de las demás
personas y se pueden resumir en la siguiente pregunta: ¿qué hacen las personas de mi
comunidad o grupo de referencia? Por su parte, las expectativas normativas se refieren a
las creencias sobre lo que las demás personas consideran bueno o deseable y se pueden
resumir en la siguiente pregunta: ¿qué esperan las demás personas que alguien haga en una
situación determinada? ¿Qué comportamientos están dispuestas a sancionar socialmente si
no se cumplen como ellas esperan? (Bicchieri, 2019).

Adicionalmente, para la transformación de las normas sociales es fundamental entender


que también existen las creencias personales. Estos son pensamientos sobre cosas,
abstracciones, situaciones o comportamientos. Pueden ser “objetivas”8, en tanto que son
afirmaciones desinteresadas sobre las características de estos elementos, o pueden ser
normativas, en tanto que son evaluaciones positivas o negativas sobre estos elementos. Por
ejemplo, se puede tener la creencia de que la disposición a cuidar está dada por la biología,
pero también se puede tener la creencia normativa de que son las mujeres las que más
deben cuidar a sus hijos. Para los propósitos de esta estrategia, ambos tipos de creencias se
deben transformar.

Finalmente, es importante tener en cuenta que, para cambiar comportamientos en


torno al cuidado, se deben transformar las disposiciones de hombres y mujeres. Estas
se entienden como preferencias a actuar de una manera particular en una situación
específica (Bicchieri, 2019).

2.4. Recuento de los conceptos

En estos apartados se ha podido ver que la distribución inequitativa del trabajo de cuidado
no remunerado obedece a una división sexual del trabajo que tiene un origen histórico.
Esta división asignó unos roles fijos a hombres y mujeres dentro de la sociedad y empezó a
consolidar normas de género y estereotipos de género en torno a estos y estas.

A lo largo de la vida, las personas van interiorizando creencias, disposiciones y expectativas


sobre lo que hacen y deben hacer los hombres y las mujeres a través de la socialización por
medio de instituciones como la familia, el colegio y las iglesias o los productos culturales
del arte, el entretenimiento y la publicidad. No obstante, a partir de la segunda mitad del
siglo XX, con el surgimiento del feminismo y de la categoría de trabajo de cuidado, se han
empezado a cuestionar estos roles de género tradicionales y se han empezado a consolidar
otras formas posibles de construir identidades en torno al cuidado.

7
Una red de referencia es el grupo de personas o la comunidad que una persona tiene en consideración cuando evalúa las
expectativas empíricas y las expectativas normativas que guían su comportamiento.
8
Esto no significa que sean neutrales, significa que no asumen un juicio de valor.
Así, se han empezado a promover masculinidades y paternidades cuidadoras y nuevas
maneras de asumir el cuidado por parte de las mujeres donde este no deba significar un
sacrificio o una limitación de los proyectos personales. Este es el horizonte conceptual y el
tipo de cambios culturales que busca generar la estrategia “A cuidar se aprende”.

3. INVESTIGACIÓN SOBRE NORMAS SOCIALES EN TORNO


AL TRABAJO DE CUIDADO NO REMUNERADO
3.1. Metodología de investigación

En este apartado, se presentan los resultados de la investigación cualitativa y cuantitativa sobre


normas sociales en torno al trabajo de cuidado no remunerado. Para la transformación de
las normas sociales es importante tener claras las creencias personales, las expectativas y los
comportamientos de las personas frente al cuidado. A continuación, se recapitula cada categoría.

CATEGORÍA DESCRIPCIÓN

Se refieren a las acciones físicas o verbales que realizan las personas de manera
Comportamientos individual o colectiva.

Se refieren a pensamientos individuales sobre cosas, abstracciones,


situaciones o comportamientos. Pueden describir las características, las
Creencias consecuencias o la naturaleza de estos o pueden tener una evaluación que
determina si estos son deseables o indeseables.

Se refieren a creencias sobre el comportamiento y las creencias de las demás


personas. Estas creencias pueden enfocarse en el comportamiento habitual de
Expectativas
las personas (lo que normalmente se hace) o pueden referirse lo que las demás
personas consideran bueno o deseable (lo que está bien o mal visto).

Tabla 1. Categorías de análisis. Construcción propia.

Las conclusiones de la investigación se construyeron a partir del análisis de 18 grupos


focales realizados con diferentes hombres en Bogotá y con 21 grupos focales realizados con
diferentes mujeres. La realización de los grupos focales requirió una muestra diversa o de
máxima variación (Hernández R. et al., 2010) que se construyó bajo criterios poblacionales y
diferenciales partiendo de la hipótesis de que para distintos grupos el trabajo de cuidado se
experimenta de maneras diversas.
Instrumento de investigación 39 grupos focales (18 con hombres, 21 con mujeres)

Sexo:
Criterio principal • Hombres
• Mujeres

• Nivel educativo (educación técnica, tecnológica, pregrado)


• Con hijos o sin hijos
• Enfoque diferencial
Grupo etario
Expectativas Grupo étnico
Diversidad sexual
Condición o situación especial deseable (lo que está
bien o mal visto).

Tabla 2. Diseño metodológico de grupos focales. Construcción propia.

Así, se realizaron los siguientes grupos con hombres: hombres con educación técnica,
tecnológica, pregrado con hijos (1), hombres con educación técnica, tecnológica, pregrado
sin hijos (1), hombres educación básica - secundaria con hijos (1), hombres educación básica
- secundaria sin hijos (1), hombres con primaria o sin educación formal con y sin hijos (1),
hombres jóvenes (1), hombres adultos mayores (1), hombres afrocolombianos (1), hombres
indígenas9 (2), hombres gays (1), hombres ex habitantes de calle (2), hombres servidores
públicos del distrito (3). En el caso de los grupos focales convocados bajo el criterio de nivel
educativo, se tuvo en cuenta si los hombres eran padres o no partiendo de la hipótesis de
que la experiencia de la paternidad influye en la manera en que se concibe el cuidado.

Se realizaron los siguientes grupos con mujeres: cuidadoras de animales (2), cuidadoras LBT
(2), cuidadoras con discapacidad (2), cuidadoras adultas mayores (3), cuidadoras lideresas
comunitarias (2), cuidadoras Nini (1), cuidadoras afrocolombianas, raizales y palenqueras (4),
cuidadoras gitanas – Rrom (1) y cuidadoras indígenas (4)10.

En el caso de los grupos focales con mujeres se hizo uso de una viñeta. En el caso de los grupos
focales con hombres, el instrumento de investigación contaba con una video-elicitación y
con una viñeta. El primero es un instrumento de investigación donde se muestra un video y se
solicita a los participantes que reaccionen a este. El segundo, es la narración de una historia
ficticia donde un personaje se encuentra con un dilema y se solicita a los participantes que
imaginen cómo reaccionarían la mayoría de las personas de su comunidad frente a esa
situación. Como lo señalan Bicchieri et al (2014), este instrumento es especialmente útil para

9
En uno de estos grupos focales también participaron mujeres indígenas.
Vale la pena señalar que los grupos focales para hombres y mujeres tienen criterios diferentes porque aquellos que se reali-
10

zaron con mujeres fueron diseñados para la Estrategia de cuidado a cuidadoras del SIDICU y se les agregó un paso adicional
para identificar normas sociales asociadas al cuidado. Para más información ver documento de la Estrategia de Cuidado a
cuidadoras en el siguiente link: http://www.sistemadecuidado.gov.co/docs_/estrategia-cuidado-cuidadoras_/documento-cui-
dado-cuidadoras_.pdf
identificar normas sociales, porque evita las respuestas personales y permite a las personas
contesten por lo que haría la mayoría; así se pueden evitar algunos sesgos de deseabilidad
en las respuestas, especialmente frente a temas sensibles como lo es el tema del género.

Las viñetas diseñadas establecen una tensión narrativa entre un hombre que no asume sus
responsabilidades frente al trabajo de cuidado no remunerado y una mujer que sí lo hace y
que le plantea a este un escenario de redistribución. Para el caso de hombres, se construyó
una viñeta con la historia de dos hermanos11 y, para el caso de las mujeres, se trata de una
pareja12. La información se analizó con el programa NVIVO teniendo en cuenta las categorías
mencionadas anteriormente.

A su vez, se hizo una revisión de fuentes primarias y secundarias cuantitativas que permitieran
complementar la información recolectada en campo. En primer lugar, se usaron datos
procesados por el Observatorio de Mujer y Equidad de Género de la SDMujer a partir de
los microdatos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) realizada por el DANE
en el periodo 2016 - 2017. Adicionalmente, se citan los resultados de la investigación Los
hombres y el cuidado en Bogotá: una aproximación cualitativa y cuantitativa realizada por la
Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad de Los Andes en el marco del Memorando
de Entendimiento No. 665-2021 con la SDMujer.

Complementariamente, se revisaron datos de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud


(ENDS, 2015) realizada por el DANE, la Encuesta Bienal de Culturas (EBC) del 2017 y el 2019
y la Encuesta de Masculinidades y Cuidado (2021) realizadas por Dirección de Observatorio
y Gestión del Conocimiento Cultural de la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte.

3.2. Resultados de la investigación

3.2.1. Comportamientos

Como se dijo más arriba, los comportamientos son acciones físicas o verbales que realizan
las personas de manera individual o colectiva. En ese sentido, para esta investigación es
importante comprender cómo se involucran las personas que habitan en Bogotá en el

11
La viñeta es la siguiente: “Jorge vive junto a su hermana, Jhoanna, en Bogotá. Él trabaja duro durante el día en una
carpintería y, usualmente, por las tardes pasa un tiempo junto a sus amigos jugando fútbol. Finalmente, por la noche, llega
cansado. Mientras tanto, Jhoanna se dedica a todas las labores domésticas que requiere la casa y cuando Jorge llega, ella
sigue haciendo actividades: prepara la cena y arregla la cocina. Hace varias semanas, unas primas de Jhoanna la están
invitando a reunirse por las tardes porque tienen un grupo donde toman tinto y conversan. Jhoanna, aunque quiere participar,
no se anima porque sabe que eso implicaría abandonar las actividades domésticas. Últimamente, sus primas le han insistido
con más fuerza a Jhoanna. Jorge ha notado que su hermana ha estado un poco extraña y le pide que le comente qué le pasa.
Jhoanna está considerando sentarse con Jorge y pedirle que asuma su responsabilidad con las labores domésticas, quiere
pedirle que ajusten mejor sus tiempos para que ella pueda realizar las actividades que le gustan”.
12
La viñeta es la siguiente: “Jhoanna vive en Bogotá con su novio, con quien hace un año tuvo un bebé. Jhoanna no quiere
dejar de hacer las actividades personales que son importantes para ella y para su propio futuro, pero el cuidado del bebé le
está demandando mucho tiempo. Mientras tanto, Jorge ha estado trabajando, pero Jhoanna está considerando sentarse con
él y pedirle que asuma su responsabilidad en los cuidados del bebé y que ajusten mejor sus tiempos”.
trabajo de cuidado. Así, la investigación realizada permite observar que hombres y mujeres
participan de manera desequilibrada en el trabajo de cuidado no remunerado en la ciudad
de Bogotá. Como se puede ver en los resultados de la ENUT (2016-2017), solo 6 de cada 10
hombres participan en este trabajo mientras que 9 de cada 10 mujeres lo hacen. Incluso si
los hombres participan en este trabajo, dedican aproximadamente 3 horas menos. Mientras
que estos lo asumen durante 2 horas y 19 minutos, las mujeres lo hacen durante 5 horas y
30 minutos.

65% HOMBRES 2:19

88%
MUJERES 5:30

100% 80% 60% 40% 20% 0% 0:00 1:00 2:00 3:00 4:00 5:00 6:00

TASA PARTICIPACIÓN %T IEMPO PROMEDIO


TIEMPO PROMEDIODIARIO (hh:mm)
DIARIO (hh:mm)
Fuente: ENUT-2017, procesamiento OMEG - SDMujer

Gráfico 1. Tasa de participación y tiempo promedio diario dedicado por hombres y mujeres al trabajo
de cuidado no remunerado. ENUT (2016-2017) - Procesamiento OMEG - SDMujer

Se puede analizar también, como lo indica la comparación entre la ENUT 2012-2013 y la


ENUT 2016-2017 presentada a continuación, que la tasa de participación de los hombres
ha disminuido. Esto evidencia la urgencia de implementar una estrategia pedagógica y de
cambio cultural.

Tasa de participación de hombres y mujeres en TDCNR

88%
Mujeres 88%

70%
Hombres 65%

0% 10% 20% 30% 40% 50%6 0% 70%8 0% 90% 100%

ENUT 2012-2013 ENUT 2016-2017

Gráfico 2. Tasa de participación y tiempo promedio diario dedicado por hombres y mujeres al Trabajo doméstico y
de cuidado no remunerado - comparación ENUT 2012-2013 - ENUT 2016-2017 - Procesamiento OMEG - SDMujer
La baja participación de los hombres en el trabajo de cuidado no remunerado coincide con
los resultados más recientes de la Encuesta de Masculinidades y Cuidado realizada en el
2021 por la Dirección de Observatorio y Gestión del Conocimiento Cultural (DOGCC) de la
Subsecretaría de Cultura Ciudadana (SCC) de la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte
(SCRD)13. Como se evidencia en el gráfico que se presenta a continuación, las mujeres
reportan que ellas se dedican principal o totalmente a este trabajo en una medida mucho
mayor que los hombres.

¿Qué tanto participa usted de los trabajos de hogar?

4% 2%

35% 13%

HOMBRES

MUJERES
43% 32%

10% 27%

9% 27%

No participo de ninguna manera Me encargo principalmente y algunos


en el oficio en mi hogar miembros del hogar me ayudan

Ayudo los fines de semana Me encargo completamente y no recibo


o cuando tengo tiempo ayuda de ningún miembro de mi hogar

Distribuimos el oficio equivalentemente


entre los miembros del hogar

Gráfico 3. Reporte de participación de hombres y mujeres en el trabajo de cuidado no remunerado.


Encuesta de Masculinidades y Cuidado – DOGCC – SCC - SCRD (2021).

En el gráfico 3 los hombres reportan que, mayoritariamente, o bien ayudan en los oficios del
hogar o bien los distribuyen equitativamente. Sin embargo, el reporte sobre la distribución
equitativa no coincide entre hombres y mujeres: se diferencia por once puntos porcentuales
(43% en comparación con 32%). En el mismo sentido, cuando esta encuesta se desagrega
por actividades específicas, se puede observar que los hombres reportan en una medida
mucho mayor que las actividades son compartidas frente a lo que reportan las mujeres.

Estos resultados se pueden poner en diálogo con la siguiente viñeta del cómic Me lo podrías
haber pedido realizado por la ilustradora francesa Emma Clit que, desde la ilustración,
parodiza esta situación que no solamente ocurre en el contexto colombiano.

Esta encuesta contó con un tamaño de muestra de 1009 encuestas. Se hizo con un muestreo probabilístico por localidad y
13

con selección aleatoria simple sin reemplazo al interior de cada localidad. Tiene un margen de error de muestreo de 3,10% y
95% de confianza.
Imagen 1. Imagen del cómic Me lo podrías haber pedido. Recuperado de: Hola mujer, por Emma Clit. https://bit.ly/3xLckYO

En concordancia con lo anterior, resulta llamativo que, en su verbalización durante los


grupos focales realizados por la SDMujer, los hombres suelen utilizar los verbos “ayudar”
o “colaborar” que dan cuenta de que ellos no necesariamente asumen la responsabilidad
principal del cuidado. Esta conclusión se profundiza cuando se les pregunta por su
participación y algunos de ellos hacen este tipo de afirmaciones: “En el oficio sí les trato de
colaborar [a hermanas, mamá y esposa] pero los fines de semana” (Hombre, grupo focal,
2020) o “Cuando tengo un tiempo libre sí participó en lavado y planchado pero la mayoría
de esas actividades las hace mi esposa” (Hombre, grupo focal, 2020). Igualmente, se observa
que los hombres manifiestan que estos pueden o tratan de hacer las actividades del cuidado
mas no que deben.

Finalmente, la investigación Los hombres y el cuidado en Bogotá: una aproximación cualitativa


y cuantitativa (Tribin-Uribe et al., 2021) evidencia que en los hogares donde se vive en pareja
o donde se convive con una persona que requiere altos niveles de apoyo hay más demanda
de cuidado, pero, a la vez, los hombres están asumiendo menos responsabilidades. Como
se observa en el gráfico 4, las mujeres que viven en pareja dedican 3 horas y 52 minutos
más al trabajo de cuidado no remunerado que los hombres que viven en pareja mientras
que las mujeres que no viven en pareja dedican 2 horas y 28 minutos más a este trabajo
que los hombres que no viven en pareja. Esto da a entender que es importante trabajar la
redistribución del trabajo de cuidado con hombres y mujeres que viven en pareja.

6:56

4:12
3:04
1:40

Vive en pareja No vive en pareja

Mujeres Hombre

Gráfico 4. Tiempo dedicado a trabajo de cuidado no remunerado al día según sexo y si vive o no en pareja (hh:mm).
Los hombres y el cuidado en Bogotá: una aproximación cualitativa y cuantitativa (Tribin-Uribe et al, 2021)
En el mismo sentido, las mujeres que viven en hogares con individuos que necesitan altos
niveles de apoyo (INANA) dedican 4 horas más al trabajo de cuidado no remunerado que
los hombres que viven en hogares con estas características. En cambio, las mujeres que no
viven en hogares con individuos que requieren altos niveles de apoyo dedican 2 horas y 9
minutos más que los hombres que no viven en hogares con estas características.

7:01

3:53 3:01
1:44

Sin presencia de INANA Presencia de INANA

Mujeres Hombre

Gráfico 5. Tiempo dedicado a trabajo de cuidado no remunerado al día según sexo y presencia de individuos
que requieren altos niveles de apoyo (INANA) en el hogar (hh:mm). Los hombres y el cuidado en Bogotá: una
aproximación cualitativa y cuantitativa (Tribin-Uribe et al, 2021)

En conclusión, el trabajo de cuidado está distribuido de


forma desequilibrada en la ciudad de Bogotá: las mujeres lo
asumen en mayor medida que los hombres.

No obstante, los hombres no identifican este desequilibrio tanto como las mujeres; así,
consideran que con un apoyo frecuente en este trabajo están asumiendo su responsabilidad.
Igualmente, vale la pena destacar que los datos indican que es prioritario hacer una pedagogía
de la redistribución con hombres y mujeres que viven en pareja o que viven con personas
que requieren altos niveles de apoyo dado que en esos hogares es más probable que los
hombres asuman menos responsabilidades que las mujeres.

3.2.2. Creencias

Como se dijo más arriba, las creencias se refieren a pensamientos sobre cosas, abstracciones,
situaciones o comportamientos. En esta investigación, es especialmente importante entender
qué piensan las personas sobre el cuidado. A partir de los grupos focales realizados en el 2020
por la SDMujer, se puede concluir que tanto en hombres como en mujeres se puede observar
una relación fuerte entre el cuidado directo y la idea del amor. Un participante dice: “Hay que
tener amor por la otra persona. Para cuidar hay que amar” (Hombre, grupo focal, 2020).

Igualmente, en los grupos focales también se pudo observar que los hombres conciben que
las habilidades del trabajo de cuidado no remunerado son un “don natural” de las mujeres.
Así, hacen este tipo de afirmaciones: “Hay una predisposición hacia el servicio de las mujeres.
Es un tema genético, por su tema de ser mujeres y ser madres” (Hombre, grupo focal,
2020). Igualmente, hay afirmaciones que permiten evidenciar la tensión entre los discursos
tradicionales y los discursos que promueven una transformación cultural: “Claro que hay
cosas que las mujeres atienden mejor que los hombres debido a su rostro femenino. El
cuidado de los bebés. Ellas como son madres, los cuidan mejor. Aunque el hombre también
está dado para hacer exactamente lo mismo” (Hombre, grupo focal, 2020).

Los datos de la Encuesta Bienal de Culturas muestran que tanto hombres como mujeres
han tenido un cambio positivo con respecto a estas expectativas. Como muestra el gráfico
a continuación, ha habido una reducción de casi diez puntos porcentuales entre el 2017 y el
2019 en el porcentaje de hombres y mujeres que considera que “las mujeres por naturaleza
hacen mejor los oficios del hogar que los hombres”. Sin embargo, aproximadamente la
mitad de hombres y mujeres aún considera que esto es cierto.

64%
61%
51%
48%

2017 2019
Mujeres Hombre
Gráfico 6. Pregunta relacionada con el cuidado comparativa Encuesta Bienal de Culturas 2017- 2019.
Procesamiento del DOGCC – SCC – SCRD.

Igualmente, si bien no existe un consenso completo, la mayoría de hombres que participaron


en los grupos focales consideran que el cuidado sí es un trabajo. Un hombre dice lo siguiente:
“Sí es trabajo y con mucha importancia. Las labores del hogar requieren tiempo y esfuerzo
como cualquier otro trabajo” (Hombre, grupo focal, 2020). Otro hombre señala esto: “Sin
duda es un trabajo, es un trabajo muy delicado, un trabajo de mucha paciencia, de mucha
responsabilidad. Yo creo que no se lo podría mirar de otra manera. Es un trabajo de mucha
responsabilidad” (Hombre, grupo focal, 2020).

En contraste a esta percepción, otro hombre señala que:

No es un trabajo porque un trabajo es si yo lo estuviera haciendo de forma externa.


Si yo lo estoy haciendo en mi casa, en mi misma familia, no lo vería como un trabajo.
Un trabajo es si lo realizo externo, en otra parte donde estuviera recibiendo una
remuneración, donde económicamente me estuvieran pagando por hacerlo, pero
como lo hacen nuestras parejas, lo hacemos nosotros en la casa, donde lo estamos
haciendo es por nuestro hogar, no lo vería como un trabajo, sino como un oficio de
nuestra casa. (Hombre, grupo focal, 2020).
Por el contrario, la mayoría de las mujeres que participaron en grupos focales están de
acuerdo con que el cuidado es un trabajo. Una mujer sostiene que: “es un trabajo porque
una no tiene rentabilidad, por el contrario, una se desmerita muchísimo, se cansa y con
la rutina se acaba y se agota” (Mujer, grupo focal, 2020). Igualmente, en el apartado que
se refiere a las expectativas, se observará que las mujeres encuestadas en la Encuesta de
Masculinidades y Cuidado (2021) consideran que la mayoría de hombres cree que el oficio
de la casa no es un trabajo.

Se puede ver entonces que existe una contradicción: si


bien la mayoría de hombres que participaron en los grupos
focales de la SDMujer están de acuerdo con que el cuidado
es un trabajo, consideran también que es un don natural y
un acto de amor.

Esto da cuenta de un cuestionamiento de ciertas ideas tradicionales pero, igualmente, de un


arraigo de creencias más tradicionales.

En relación con lo anterior, también es importante entender cuál es la valoración moral de las
personas hacia la redistribución; es decir, es importante entender si identifican que esta es una
meta que debe alcanzar la sociedad. De manera casi unánime, los hombres que participaron
en los grupos focales de la SDMujer manifestaron unas creencias favorables a la igualdad de
género y al “deber ser” de la redistribución del trabajo de cuidado no remunerado. Como
lo reportó un hombre: “Lo ideal es que hubiera un acuerdo, ‘vamos a repartirnos el oficio,
nuestro tiempo, que usted también tenga sus derechos’” (Hombre, grupo focal, 2020). En ese
orden de ideas, a través de la viñeta se evidenció que los hombres ven la necesidad de que
las mujeres tengan “su derecho” al tiempo libre.

En múltiples ocasiones, los hombres describen estar en desacuerdo con el machismo, tal y
como lo señala este participante: “El hombre que diga que es malo coger una escoba me
parece muy machista. Uno también puede cocinar, trapear, hacer varias cosas de la casa y
colaborarle a la esposa” (Hombre, grupo focal, 2020).

Al igual que con los hombres, para las mujeres que participaron en los grupos focales de
la SDMujer existe la percepción generalizada de que las tareas del hogar se deben repartir.
Las mujeres afirman que: “es de concertar, no se trata de decir qué tiene que llegar a hacer,
es cuestión de conversar y reconocer que el trabajo es pesado, lo importante es el respeto
y el reconocimiento mutuo” (Mujer, grupo focal, 2020). Como lo evidencia el anterior
comentario, las mujeres reconocen las demandas de trabajo de los hombres en el mercado
laboral e insisten que la redistribución se debe dar a través del diálogo asertivo que permita
el reconocimiento mutuo. Una participante plantea la siguiente solución:
Cuántas veces son obreros, cuántas veces tienen trabajos muy pesados, tienen trabajos
muy difíciles y llegan cansados. Yo creo que el problema que hay que definir es qué
pasa después de las 6 de la tarde, eso sería lo que habría que hablar. O sea, la mujer
tiene que decirle al hombre: ‘reconozco que estás cansado, reconozco que te toca
muy pesado y que quieres descansar, pero también necesito que tú reconozcas que
yo desde por la mañana este fue mi horario: me levanté, hice, cociné, lavé, planché,
trapeé, hice mercado, fui por los niños a la escuela, los volví a traer, serví. Yo a esta hora
también estoy cansada. Como estamos cansados los dos, distribuyámonos el trabajo
de la noche y que el trabajo de la noche sea fácil. (Mujer, grupo focal, 2020)

Estas afirmaciones se pueden poner en diálogo con otras creencias que se evidencian
en la investigación Los hombres y el cuidado en Bogotá: una aproximación cualitativa y
cuantitativa. Allí se muestra, a partir de datos de la ENUT (2016-2017), que más de la mitad
de los hombres y mujeres tienen creencias favorables hacia la igualdad de género, aunque
las de las mujeres son más favorables que las de los hombres. Las autoras señalan:

Observamos que el 67% de los hombres y el 70% de las mujeres están en desacuerdo
o muy en desacuerdo con que el hombre debe ser el proveedor del hogar y la mujer la
cuidadora. Además, el 78% de los hombres y el 80% de las mujeres están de acuerdo o
muy de acuerdo en que tanto hombres como mujeres deben contribuir al ingreso del
hogar. Por otro lado, en cuanto a la jefatura del hogar, el 64% de los hombres coinciden
en que la cabeza del hogar no debe ser un hombre, frente al 71% de las mujeres. (Tribin-
Uribe et al., 2021)

Se puede observar, así, que en términos generales los hombres


y las mujeres coinciden en que la redistribución es deseable.
Igualmente tienen, en su mayoría, creencias ue cuestionan los
roles tradicionales de género.

No obstante, también hay que señalar que estos mismos datos evidencian que hay una
porción de la población que está de acuerdo con creencias tradicionales. Aún más; esta
misma investigación Los hombres y el cuidado en Bogotá: una aproximación cualitativa y
cuantitativa evidencia que en las personas de estratos socioeconómicos 1 y 2, que viven
en pareja o que viven con personas que requieren altos niveles de apoyo tienen creencias
menos favorables hacia la igualdad de género y la redistribución (Tribin-Uribe et al., 2021). En
ese mismo sentido, la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (2015) evidencia que el 18,9%
de los hombres encuestados y el 16,4% de las mujeres encuestadas están de acuerdo con la
frase: ‘El papel más importante de las mujeres es cuidar su casa y cocinar para su familia’.
Esta misma situación se aprecia en los grupos focales realizados por la SDMujer. Un número
más reducido de mujeres plantea que, alternativamente a la redistribución del cuidado con
su pareja, acudiría a la madre para que apoye en el cuidado: “tiene que colocarse de acuerdo,
conseguir una persona que pueda cuidarlo en la casa o decirle a la mamá que le colabore
con eso que están necesitando” (Mujer, grupo focal, 2020). Otra mujer plantea que este
apoyo externo, de hecho, es la única solución que contempla: “yo apoyaría a mi esposo,
de saber que él está todo el día trabajando para que estemos bien. Trataría de hacer lo que
pueda en mi caso, con mi hijo. Si me queda difícil le digo a mi mamá o buscaría alguna
solución. No le diría a Jorge que nos repartamos porque si yo lo quiero y ya estoy haciendo
una vida con esa persona, pues no, yo lo apoyaría” (Mujer, grupo focal, 2020).

Si bien las creencias de las personas son mayoritariamente favorables a la redistribución,


existe un grupo de hombres y mujeres que no considera deseable una transformación en los
roles tradicionales de género. Es importante tener esto en cuenta porque no es una minoría
tan reducida como para ignorar el dato.

Además, tampoco se puede afirmar que se está en una


situación óptima frente a la redistribución porque el hecho
de que los hombres tengan creencias favorables a esta no
garantiza que efectivamente se redistribuya.

De hecho, en el informe Tiempo de cuidado: las cifras de la desigualdad, a partir de datos


de la ENUT, el DANE & ONU Mujeres (2020) afirman que: “Aún si los hombres [en Colombia]
están en desacuerdo en que las mujeres sean más aptas para los trabajos domésticos, no
contribuyen a nivelar la balanza del trabajo no remunerado” (p. 41).

Para el caso de Bogotá, según un procesamiento de la ENUT (2016-2017) por parte de la


SDMujer, los hombres que están muy en desacuerdo o en desacuerdo con esta afirmación
dedican 2 horas y 23 minutos diarios al trabajo de cuidado no remunerado mientras que
los hombres que están de acuerdo o muy de acuerdo dedican 2 horas y 17 minutos diarios.
Es decir que los hombres con expectativas más favorables hacia la redistribución solo
dedican 6 minutos diarios más a estos trabajos.

Finalmente, hay que señalar que hay una creencia fuertemente arraigada, especialmente
en los hombres, de que quien no aporta económicamente en el hogar sí debe dedicarse al
cuidado. Los hombres que participaron en los grupos focales consideran que las personas
que hacen parte de un hogar deben “aportar”; si este aporte no es económico, debe hacerse
con el trabajo de cuidado no remunerado. Los hombres afirman que: “Ambas partes trabajan
remuneradas. Quien no trabaje asume tareas del hogar” (Hombre, grupo focal, 2020). En ese
orden de ideas y reconociendo que el mercado laboral es menos propenso a contratar a una
mujer, en últimas se acepta la desigualdad porque no se reconoce que existe un problema
estructural en la división sexual del trabajo.

En conclusión, en este apartado hemos podido ver que hombres y mujeres


consideran que el cuidado es un trabajo, pero también lo siguen asociando con
el amor y con la idea de un don natural. Eso demuestra que las creencias están
transformándose, pero aún se encuentran en tensión y en contradicción con
otras ideas más tradicionales. Asimismo, se puede ver que hombres y mujeres
consideran en su mayoría que la redistribución es deseable en la sociedad. No
obstante, existe una minoría que considera que esta no es deseable. También se
concluye que aún si los hombres están en desacuerdo con ideas tradicionales —
como lo es la idea de que las mujeres son mejores para el trabajo doméstico que
los hombres— no asumen responsabilidades significativamente mayores frente
a este trabajo.

3.2.3. Expectativas

Como se dijo más arriba, las expectativas se refieren a creencias sobre el comportamiento y
las creencias de las demás personas. Cuando se habla de expectativas se está hablando de
lo que las personas consideran que las otras personas hacen habitualmente; igualmente, se
está hablando de lo que las personas creen que las otras creen o, también, de lo que estas
consideran bien y mal visto.

Teniendo esto en cuenta, se puede observar que los hombres coinciden en que ha habido
un cambio generacional significativo en las actitudes y comportamientos de los hombres y
mujeres frente al trabajo de cuidado y el mercado laboral. Los participantes de los grupos
focales realizados por la SDMujer dicen: “Pero hoy en día no, hoy en día el hombre ya se
mete a la cocina, que venga hacemos un almuerzo, que venga le ayudo a lavar la loza, que
ya se convive para que un fin de semana se pueda hacer oficio con la esposa. Antes no se
veía eso, antes se veía el esposo en la cama acostado que porque le tocaba duro y la mujer
hágale” (Hombre, grupo focal, 2020). También afirman: “Eso cambió desde que la mujer
trabaja y también aporta en la casa. Antes, la mujer no trabajaba y el hombre aportaba. Para
nuestros padres la mujer debía estar en la casa y el hombre en la calle. Se veía mal una mujer
en la calle” (Hombre, grupo focal, 2020).

Cuando se narra el cambio, se observa que, si bien los participantes hablan del involucramiento
de los hombres en el trabajo de cuidado no remunerado, se enfocan mucho más en los
derechos de las mujeres y en su participación en el mercado laboral. Esto coincide con el
hecho de que el progresivo involucramiento de las mujeres en este mercado no ha venido
acompañado de un suficiente involucramiento de los hombres en el trabajo de cuidado,
como se señaló anteriormente en este documento.
También cabe señalar que los hombres identifican una causalidad entre el progresivo
involucramiento de mujeres en el mercado laboral remunerado y la necesidad de los
hombres de participar en el cuidado: “Los hombres se han estado involucrando en las
tareas del hogar mucho más que antes porque las mujeres están trabajando, estudiando
y aportando en la casa. He conocido casos de hombres que son cuidadores del hogar y
de los hijos” (Hombre, grupo focal, 2020). Es decir que el cambio cultural que identifican
los hombres no se debe tanto a un reconocimiento del derecho que tienen las mueres a
dedicarse a proyectos alternativos al cuidado sino a la necesidad de asumir actividades en
las que las mujeres han dejado de participar. Un participante manifiesta que: “Esos cambios
se dan no necesariamente por disposición del hombre sino porque las mujeres se ‘paran
duro’” (Hombre, grupo focal, 2020).

Igualmente, cabe resaltar que hay algunos hombres que matizan la participación masculina
en el trabajo de cuidado no remunerado. En particular, esto es evidente con respecto al
cuidado directo. Así, los hombres que participaron en los grupos focales de la SDMujer hacen
afirmaciones como: “Si hay cambio por lo menos en las paternidades no es tan drástico. El
abandono o negación de la paternidad sigue siendo algo muy latente en esta generación,
es un problema de la población masculina. La mayoría de los hogares monoparentales son
de mujeres y uno se pregunta. ¿Dónde están los hombres y qué están haciendo?” (Hombre,
grupo focal, 2020) o “Simplemente se asume que una mujer va a cuidar a la persona. Ninguno
de mis tíos ha asumido el cuidado de mi abuela. Mi mamá y mi tía lo han asumido y esa es mi
pelea con mi mamá porque ella tiene otros intereses en la vida y no ha podido hacer nada”
(Hombre, grupo focal, 2020).

Se puede concluir que si bien existe una idea generalizada de que


ha habido un cambio generacional —especialmente por parte de
los hombres— estos tienen la expectativa de que, en concreto, el
cuidado directo no está bien distribuido.

Con respecto al cuidado indirecto, la Encuesta de Masculinidades y Cuidado (2021) muestra


que tanto hombres como mujeres coinciden en que los hombres participan menos que las
mujeres en el trabajo de cuidado indirecto. Esto evidencia una contradicción interesante
con el capítulo de comportamientos: si bien los hombres reportan que el trabajo de cuidado
es distribuido equitativamente entre ellos y las personas de su hogar, cuando se trata de
otros hombres afirman que en general estos participan menos que las mujeres.

Esto es importante porque la expectativa de que los hombres no cuidan puede incentivarlos
a no redistribuir. Esto también permite entrever que existe una expectativa arraigada de que
los roles tradicionales no se han modificado tanto como las personas afirman cuando se
refieren a sus creencias personales. De hecho, es frecuente que las expectativas no coincidan
Según su opinión, la matoría de los hombres en Bogotá:

64% 78%

HOMBRES

MUJERES
29% 16%

6% 5%

0% 0%

Participan menos que las mujeres en los oficios del hogar Participan más que las mujeres en los oficios del hogar

Participan igual que las mujeres en los oficios del hogar NS/NR

Gráfico 7. Expectativas de hombres y mujeres frente a la participación de hombres en el trabajo de cuidado no


remunerado. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).

con las creencias personales de las personas y esto es relevante porque, como lo señala
Bicchieri (2019), nuestro comportamiento se relaciona mucho más con lo que creemos
sobre las demás personas que con nuestras creencias personales.

En general, se observa que se tienen expectativas negativas hacia los hombres con respecto
al trabajo de cuidado indirecto. Como se puede ver en el siguiente gráfico, 6 de cada 10
hombres y 6 de cada 10 mujeres (58% y 59%, respectivamente) tienen la expectativa de que
la mayoría de mujeres consideran que los hombres no saben hacer oficio.

Porcentaje de acuerdo de hombres y mujeres con las siguientes afirmaciones:

58% 59%
HOMBRES

MUJERES

18% 19%

26% 30%

En Bogotá, la mayoría de las mujeres consideran que los hombres no saben cómo hacer oficio

En Bogotá, la mayoría de las mujeres consideran que se sienten mal si dejan que los hombres hagan oficio en la casa

En Bogotá, la mayoría de las mujeres no enseñan a sus hijos hombres las labores del hogar porque pierden su hombría

Gráfico 8. Expectativas de hombres y mujeres frente a las creencias sobre el cuidado que tienen las mujeres en
Bogotá. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).
Igualmente, las expectativas frente a la crianza en relación con el cuidado directo también
son relevantes. Se puede ver que 3 de cada 10 hombres y 3 de cada 10 mujeres (26% y 30%,
respectivamente) tienen la expectativa de que la mayoría de mujeres no enseñan a sus hijos
hombres las labores del hogar porque pierden su hombría. Esto coincide con los testimonios
de las mujeres que participaron en los grupos focales de la SDMujer. Estas tienen la idea
generalizada de que a los hijos y las hijas se les da una educación machista. Así, explican
lo siguiente: “las mamás educan a los hijos que no pueden cocinar, que no pueden lavar,
depende de la formación, el machismo hay que sacarlo de las mentes de las mujeres” (Mujer,
grupo focal, 2020).

Adicionalmente, como muestran los gráficos de esta misma encuesta que se exponen a
continuación, las expectativas sociales de las mujeres frente a los hombres con respecto
al cuidado indirecto son más negativas que las que tienen los hombres hacia ellos mismos.
Esto contrasta con el anterior gráfico, donde vemos que las respuestas de hombres y mujeres
tienen una distribución similar cuando se refieren a estas. Esto permite intuir que, o bien los
hombres responden con un sesgo de deseabilidad, o bien los hombres tienen una visión
mucho más positiva consigo mismos de lo que corresponde con la realidad. En cualquier
caso, cabe señalar que incluso la mitad de los hombres tienen expectativas negativas hacia
ellos mismos. Por ejemplo, en la encuesta se puede ver que 7 de cada 10 mujeres (68%)
cree que los hombres están de acuerdo con que si un hogar está desorganizado o sucio es
porque le falta una mano femenina y 5 de cada 10 hombres considera lo mismo (49%).

Porcentaje de hombres y mujeres de acuerdo con las siguientes afirmaciones:


En Bogotá, la mayoria de los hombres cree que:

57% 76%
HOMBRES

MUJERES

49% 68%

50% 70%

20% 46%

Las mujeres tienen un don natural para las labores del hogar
Las mujeres son mejores para el trabajo doméstico que ellos
que ellos no tienen
Si un hogar está desorganizado o sucio es porque le falta una
Si se dedican a hacer oficio de su casa pierden hombría
mano femenina

Gráfico 9. Expectativas de hombres y mujeres frente a las creencias de los hombres frente al trabajo de cuidado indirecto y los
roles de género. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).
Se observa que las expectativas de hombres y mujeres frente a la participación de los
hombres en el trabajo de cuidado indirecto son bastante negativas. Esta es una información
importante para la estrategia “A cuidar se aprende” pues las expectativas negativas hacia los
hombres tienen repercusiones sobre sus comportamientos y su participación en el trabajo
de cuidado no remunerado.

Ahora bien, frente a las expectativas que se tienen frente a la realización de acuerdos y
la negociación en el hogar en torno a la redistribución del cuidado indirecto, las viñetas
de los grupos focales realizados por la SDMujer dieron otros resultados interesantes. Ante
la situación narrada, cuando se le solicita a un hombre que se involucre en el trabajo de
cuidado no remunerado, los participantes tienen expectativas divididas. Por un lado, la
mayoría de hombres plantean que ese tipo de conversaciones molestarían a los hombres:
“Un porcentaje alto va a responder de mala manera sin querer contribuir a esa obligación o
a esas actividades que hace la hermana en la casa. No lo van a aceptar fácilmente” (Hombre,
grupo focal, 2020).
También se observó que en el caso de una relación de pareja es aún más difícil tener este
tipo de conversaciones que en el caso de los hermanos dado que allí aparecen los celos,
el control y “las intrigas” del hombre. Esto va en la misma vía que los datos planteados
en el capítulo anterior, donde se mostraba que los hombres que viven en pareja dedican
proporcionalmente menos tiempo al trabajo de cuidado no remunerado que aquellos que
no viven en pareja.

Por otro lado, en los grupos focales algunos hombres indican que la reacción sí sería positiva
y el hombre participaría: “Como los tiempos han cambiado, podrían llegar a un acuerdo.
Establecer horarios para las tareas domésticas. Lo que los hombres de Bogotá harían sería
un acuerdo para llegar a una solución” (Hombre, grupo focal, 2020). Otros señalan que “50-
50 se molestarían y entenderían” (Hombre, grupo focal, 2020) reconociendo que ha habido
un cambio en algunos hombres, pero aún falta trabajar con la mitad de la población.

Ante la situación planteada en la viñeta sobre la redistribución del trabajo indirecto, las mujeres
que participaron en los grupos focales de la SDMujer argumentan —con mayor énfasis que
los hombres— que estos van a reaccionar mal si se les plantea que asuman su responsabilidad
con respecto al trabajo de cuidado no remunerado. Para ellas, los hombres argumentan que
este trabajo es difícil y les produce inseguridad no saber cómo realizarlo. Según plantean,
los hombres pueden llegar al punto de amenazar a su pareja con la separación con tal de
no asumir la responsabilidad: “generalmente hay hombres como que se escudan en que es
difícil que no lo pueden hacer, o amenazan a las mujeres diciéndoles que si a ellos les toca
hacer eso mejor se consiguen a otra, entonces las mujeres terminan cediendo para evitar
esos problemas familiares” (Mujer, grupo focal, 2020).
Cuando se preguntó en los grupos focales por la reacción de las mujeres ante la situación
planteada en la viñeta sobre la redistribución del trabajo de cuidado indirecto, se tienen
opiniones divididas. Por un lado, algunas afirman que ellas no se atreverían a tener esa
conversación, principalmente por temor al abandono cuando conviven con su pareja. Por
otro lado, algunas consideran que las mujeres actualmente sí plantearían esto a sus parejas:
“pienso que sí, la mujer actual sí se anima a tener la conversación. Uno al principio tiene el
temor de que la pareja no llene esa expectativa, pero la realidad te empuja a plantear esa
situación. Hoy en día los dos necesitan trabajar, no se puede como antes que solo uno
trabaja. Ahora las mujeres nos atrevemos más” (Mujer, grupo focal, 2020).

Desde la perspectiva de los hombres, son las mujeres las que toman la iniciativa de
la redistribución. No obstante, las viñetas permitieron observar que de forma general
los hombres consideran que la mayoría de mujeres en Bogotá no tendrían este tipo de
conversaciones: “siento que sería complejo para ella decírselo porque Jorge ya tiene sus
horarios acomodados. Puede pensar ‘si yo le digo de pronto se enojará’. Si partimos de ahí,
ella tendría sus dudas en decirle” (Hombre, grupo focal, 2020).

Con estos resultados, se puede concluir que existen expectativas


arraigadas sobre la dificultad de tener conversaciones en torno a la
redistribución del trabajo de cuidado.

Para el caso de las mujeres, la dificultad radica en emociones como el miedo hacia la persona
con la que conviven por su posible reacción. Para el caso de los hombres, la dificultad radica en
que estos tendrán emociones de rabia o ira frente a la propuesta de redistribución. No obstante,
ciertos hombres señalan que algunos de estos recibirían la propuesta de forma receptiva.

Ahora bien, también es importante reconocer las expectativas que están relacionadas
con aquello que está bien o mal visto. Así, los hombres que participaron en los grupos
focales de la SDMujer consideran que si un hombre comparte a sus pares que debe asumir
responsabilidades frente al trabajo de cuidado no remunerado, en la mayoría de los casos
este recibirá una sanción social: “Dirían: ‘No, ¿cómo se le ocurre a usted ponerse a hacer
oficio? Si ella no hace absolutamente nada, está en la casa, el que está trabajando es usted.
Que siga haciendo los oficios’” (Hombre, grupo focal, 2020).

Esta sanción social demuestra que si bien existe una creencia personal que favorece la
igualdad de género, aún existe la expectativa de que los hombres que se dedican a las
actividades domésticas pierden algo de su masculinidad: “es más inseguridad personal. Al
pensar que ‘Si me pongo a lavar las ollas dejo de ser el hombre de la casa, el que tiene el
mando, el que de pronto es la cabeza familiar’” (Hombre, grupo focal, 2020). En ese sentido,
un hombre se plantea lo siguiente: “Me pregunto qué pasaría si un hombre llega a tener
esas responsabilidades de cuidado, cómo puede llegar a ser visto ese hombre. Hasta qué
punto una mujer estaría dispuesta a compartir la vida con una persona que dedica su vida al
cuidado y no está enfocada en conseguir dinero” (Hombre, grupo focal, 2020).

Igualmente, las mujeres coinciden en que las personas cercanas a los hombres los van a
sancionar solo por considerar asumir el trabajo de cuidado: “hijo, ¿por qué hace eso? Que
lo haga ella, las mujeres están diseñadas para eso, usted sale a trabajar” (Mujer, grupo focal,
2020). Frente a esto último cabe señalar que si bien los hombres reconocen que la sociedad
sancionaría a un hombre que asumiera por completo un rol de cuidador, existe también una
tendencia a leer el involucramiento de quien lo asume como un acto heroico, en especial
cuando se trata de sus madres: “se admira más la labor del hombre que hace esto y no el de
la mujer. Es más admirable que el hombre haga este ‘sacrificio’. En cambio, en el caso de las
mujeres no se entiende como un ‘sacrificio’” (Hombre, grupo focal, 2020).

Esto es consistente con los datos de la Encuesta de Masculinidades y Cuidado (2021). Esta
evidencia que, ante la situación de un hombre que sale a la calle a pasear a su hijo o hija
en coche y con un delantal puesto, tanto hombres como mujeres tienen la expectativa
normativa de que los amigos en su mayoría se burlarían de él porque se ve como una mujer
o lo molestarían y lo harían sentir mal. Es decir que las personas esperan que un hombre
reciba una fuerte sanción social si se dedica al trabajo de cuidado no remunerado.

Imagine que un hombresale a la calle a pasear a su hijo o hija en un coche y con un


delantal puesto, ¿qué cree que le dirían sus amigos si lo ven así?
% responden Sí

32% 36%
HOMBRES

MUJERES

18% 16%

18% 10%

32% 38%

Se burlarían por verse como una mujer No se darían cuenta o serían indiferentes

Lo felicitarían por encargarse de las labores del hogar Lo molestrían o lo harían sentir mal
Gráfico 10. Expectativas normativas de hombres y mujeres frente a un hombre que asume el trabajo de cuidado no
remunerado. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).
Una segunda expectativa relacionada con el “deber ser” es aquella que establece que
todas las personas que viven en un hogar deben hacer un “aporte”. Cuando el aporte no es
económico se asume que debe ser en trabajo de cuidado independientemente del tiempo
y el esfuerzo que este tome. Esta misma encuesta muestra que 3 de cada 10 hombres (30%)
y 5 de cada 10 mujeres (52%) creen que los hombres están de acuerdo con la idea de que
quien menos aporta económicamente en la casa debe encargarse del oficio.

83%
80%

48% 46%

Hombre Mujer
En Bogotá, la mayoria de las mujeres quisieran que los hombres ayuden con el oficio, pero no esperan que se encarguen completamente

En Bogotá, la mayoría de las mujeres esperan que las parejas de sus hijos los atiendan

Gráfico 10. Expectativas normativas de hombres y mujeres frente a un hombre que asume el trabajo de cuidado
no remunerado. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).

Esto refuerza, a nivel de expectativas, lo que ya habíamos visto con las creencias personales
de los hombres: ellos consideran que quien no trabaja remuneradamente debe aportar
al hogar con trabajo de cuidado no remunerado y además creen que los otros hombres
también piensan así. Las mujeres participantes de los grupos focales realizados por la SDMujer
también reconocen la tensión que existe por el aporte económico a la casa. Señalan que: “Él
le diría: de qué vamos a vivir, si yo me quedo aquí, tú sales a trabajar y entonces ya empieza
de por medio la parte afectiva, se va con otro, empiezan los celos” (Mujer, grupo focal,
2020). Se puede ver así que el trabajo remunerado no solo determina quién se encarga del
trabajo de cuidado, sino que, en caso de que la mujer lo asuma, aparecen sospechas frente
a sus actividades por fuera de la casa.

En los datos del gráfico anterior se puede ver que 7 de cada 10 mujeres (67%) cree que
los hombres están de acuerdo con que deben ayudar en el oficio del hogar, pero no es su
obligación y 5 de cada 10 hombres considera lo mismo (51%). Esto evidencia que actualmente
se reconoce que, si bien no está bien visto que los hombres sean ajenos al trabajo de cuidado,
no les corresponde este trabajo como su responsabilidad principal. Es decir que hay un cambio
incipiente pero aún es necesario continuar con una transformación cultural.
Con respecto a las expectativas de lo que es deseable para una mujer con respecto a la
redistribución, en los grupos focales realizados por la SDMujer las participantes señalaron
que, si una mujer busca consejo porque está interesada en redistribuir el trabajo de cuidado
no remunerado, va encontrarse con unas u otras recomendaciones dependiendo de a quién
se lo pida. Si se trata de una madre con ideas tradicionales se va a estimular que la mujer
“aguante”: “ellas creen que toca matarse por atender al marido y los hijos” (Mujer, grupo
focal, 2020). Más allá de las personas concretas, algunas mujeres identifican que la sociedad
en general espera de ellas que asuman el cuidado: “nos colocan el letrero de que ustedes
son las que mantienen el hogar, eso hace que una mujer asuma este cuidado y mantenga
el hogar estable. Las mujeres cuidadoras se sienten cargadas porque la misma sociedad ha
hecho que ellas sean el estandarte de un hogar” (Mujer, grupo focal, 2020). Por el contrario,
si se trata de una amiga joven o de una hermana: “le dice que lo ubique en el tiempo, que
estamos en la actualidad y hoy tienen que colaborar, que como él tiene su tiempo tú también
te lo mereces” (Mujer, grupo focal, 2020).

Frente a las expectativas hacia las mujeres, según la Encuesta de Masculinidades y Cuidado,
8 de cada 10 hombres y 8 de cada 10 mujeres (80% y 83%, respectivamente) considera que
la mayoría de mujeres quisiera que los hombres ayuden con el oficio, pero no espera que
se encarguen completamente. Si esto se complementa con la expectativa de que no es
obligación de los hombres asumir esta responsabilidad, se puede concluir que en Bogotá hay
expectativas arraigadas que aún impiden la redistribución en tanto que una parte importante
de la sociedad espera que los hombres “ayuden” pero no que asuman la responsabilidad
principal del cuidado. De hecho, es interesante observar que hombres y mujeres coinciden
en que esta es una idea más arraigada en las mujeres que en los hombres: mientras el 80%
de hombres y el 83% de mujeres consideran que la mayoría de mujeres quisiera que los
hombres ayuden con el oficio, pero no espera que se encarguen completamente, el 51% de
hombres y el 67% de mujeres creen que los hombres deben ayudar con los oficios del hogar

67%
51% 52%

30%

Hombre Mujer
Deben ayudar en las labores del hogar pero no es su obligación

Quien menos aporta económicamente en la casa debe encargarse del oficio

Gráfico 10. Expectativas normativas de hombres y mujeres frente a un hombre que asume el trabajo de cuidado
no remunerado. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).
pero no es su obligación. Esto también se alinea con la apreciación que comparte otra mujer
participante de los grupos focales cuando señala la dificultad que tienen las mujeres para
ceder el cuidado: “Es muy difícil dejarse atender. Las mujeres a veces no se dan el permiso
de que las atiendan” (Mujer, grupo focal, 2020).

Esto se puede complementar con el hecho de que 5 de cada 10 hombres (48%) y 5 de cada
10 mujeres (46%) consideran que la mayoría de mujeres esperan que las parejas de sus
hijos los atiendan. Se puede observar entonces que la mitad de la población encuestada
considera que hay unas necesidades de cuidado de los hombres que son obligación de las
mujeres, bien sean sus familiares o sus parejas. Esta expectativa se puede relacionar con el
hecho de que los hombres que viven en pareja tienden a redistribuir menos el trabajo de
cuidado no remunerado.

Con lo señalado anteriormente, se puede concluir que los hombres aún son
sancionados socialmente por su red de referencia más cercana (amigos, familia,
etc.) por participar activamente en el trabajo de cuidado no remunerado. Esto se
articula con la expectativa de que la responsabilidad principal del cuidado es de
las mujeres y el rol de los hombres es “ayudar”.

Adicionalmente se ve que las mujeres que buscan redistribuir el trabajo de


cuidado son sancionadas por las personas con discursos más tradicionales de
su red de referencia, pero son impulsadas a redistribuir por las personas más
jóvenes de esta red.

Finalmente, existen expectativas que establecen que la sociedad espera que


quien no trabaje de manera remunerada aporte al hogar por medio de trabajo
de cuidado no remunerado.

3.3. Conclusiones

A partir de lo que se ha expuesto hasta el momento, se recapitulan las siguientes


conclusiones:
1. El trabajo de cuidado está distribuido de forma desequilibrada en la ciudad de Bogotá:
las mujeres lo asumen en mayor medida que los hombres.
2. Si bien la mayoría de hombres está de acuerdo con que el cuidado es un trabajo,
también considera que es un don natural y un acto de amor.
3. Si bien las creencias de las personas son mayoritariamente favorables a la redistribución
del trabajo de cuidado no remunerado, esto no garantiza que efectivamente esta se dé
en los hogares.
4. Si bien existe una expectativa de que ha habido un cambio generacional frente
a la participación de hombres en el trabajo de cuidado no remunerado, existe una
contradicción en los discursos de las personas, pues estas consideran que en la ciudad
los hombres no participan equitativamente en el cuidado directo e indirecto.
5. Existen expectativas arraigadas de que tener conversaciones en torno a la redistribución
del trabajo de cuidado en los hogares es difícil.
6. Los hombres aún son sancionados socialmente por su red de referencia más
cercana (amigos, familia, etc.) por participar activamente en el trabajo de cuidado no
remunerado.
7. Existe una expectativa de que la responsabilidad principal del cuidado es de las mujeres
y el rol de los hombres es “ayudar”.
8. Las mujeres que buscan redistribuir el trabajo de cuidado son sancionadas por las
personas con discursos más tradicionales de su red de referencia, pero son impulsadas
a redistribuir por las personas más jóvenes de esta red.
9. La sociedad espera que quien no trabaje de manera remunerada aporte al hogar por
medio de trabajo de cuidado.

Esto, a su vez, permite concluir que existen algunas normas sociales que están en
transformación y otra que está más establecida. Las normas sociales en transformación
hacen referencia a normas que se están abandonando y cuestionando o a normas que se
están empezando a acoger en la sociedad. Por el contrario, la norma social establecida
hace referencia a una norma fuertemente arraigada en la ciudad que actualmente no se está
cuestionando.

Normas sociales en transformación:

• El trabajo de cuidado no remunerado les corresponde a las mujeres y los hombres


no se deben involucrar en este: se observa que las creencias personales de hombres y
mujeres están alejándose paulatinamente de esta norma y la estrategia de cambio cultural
debería trabajar por eliminarla. Sin embargo, las expectativas sociales están en tensión:
algunas personas identifican cambios, especialmente en el caso de las mujeres, pero
aún se considera que la mayoría de hombres en Bogotá asume los roles tradicionales
de género. A su vez, se está muy lejos de una transformación de esta norma social con
respecto a los hombres y esto se identifica por medio del alto grado de sanción social
que existe cuando un hombre se dedica al trabajo de cuidado por encima de otras
actividades. Como se planteó en el apartado anterior, esto también se relaciona con
las creencias y expectativas que vinculan el cuidado con un don natural que tienen las
mujeres y con una expresión del “amor femenino”.
• El trabajo de cuidado no remunerado lo deben asumir hombres y mujeres: esta norma
es casi inversa a la anterior y la estrategia de cambio cultural debería fomentarla. En el
caso de las mujeres existen expectativas sociales que pueden fortalecer esta norma en
tanto que algunas personas de su red de referencia (especialmente las personas jóvenes)
sí las impulsan a tomar medidas en favor de la redistribución. En el caso de los hombres,
la vergüenza de ser “atenidos” puede ejercer una presión para que estos asuman más
trabajos de cuidado y, de ese modo, aporten a integrar esta norma a la sociedad.

Norma social establecida:

• Las personas que no aportan económicamente en la casa deben aportar por medio de
trabajo de cuidado no remunerado: esta es una norma social bastante arraigada entre
hombres y mujeres y es uno de los grandes retos para la redistribución pues invisibiliza la
mayor dedicación horaria que requiere el trabajo de cuidado con respecto a otras formas
de trabajo remunerado.

4. OBJETIVOS DE LA ESTRATEGIA PEDAGÓGICA Y DE


CAMBIO CULTURAL “A CUIDAR SE APRENDE”
Teniendo en cuenta el marco teórico y los resultados de la investigación cuantitativa
y cualitativa. A continuación, se presentan los objetivos de la estrategia pedagógica y de
cambio cultural y se plantean las acciones que la componen.

4.1. Objetivo general

Contribuir al reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado no remunerado entre


hombres y mujeres en los hogares de la ciudad de Bogotá.

4.2 Objetivos específicos

• Transformar las creencias, disposiciones, emociones, conocimientos, habilidades y


comportamientos individuales asociadas al cuidado, al autocuidado y al género que
dificultan el reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado directo e indirecto.

• Transformar las expectativas sociales asociadas al cuidado, al autocuidado y al género que


dificultan el reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado directo e indirecto.

• Transformar los vínculos afectivos relacionados con el reconocimiento y la redistribución


del trabajo de cuidado de hombres y mujeres.
5. TEORÍA DE CAMBIO – LÓGICA DE LA INTERVENCIÓN
5.1. Cambio deseado

A partir de los objetivos planteados, la narrativa de cambio de la estrategia pedagógica y de


cambio cultural del SIDICU es la siguiente:

Si se transforman las creencias, disposiciones, emociones, comportamientos,


conocimientos, habilidades, expectativas sociales y vínculos afectivos que
obstaculizan el reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado no
remunerado, entonces, las personas valorarán y compartirán de manera más
equitativa la responsabilidad de este trabajo en los hogares de Bogotá.

A continuación, se presenta una matriz con los cambios deseados utilizando las categorías
exploradas en la investigación. Adicionalmente, se incluyen las categorías conocimientos,
habilidades, emociones y vínculos afectivos dado que estos elementos serán importantes
para generar los cambios culturales deseados, como se señaló en el marco teórico de
este documento.

Categoría Cambios deseados e hipótesis de cambio Mecanismos de cambio

Los hombres tendrán más conocimientos y habilidades Implementar espacios de formación que les
sobre el trabajo de cuidado no remunerado si realizan permitan a los hombres fortalecer: a) sus
ejercicios experienciales que les permitan poner en habilidades y conocimientos sobre el cuidado,
práctica estas habilidades. b) sus habilidades de comunicación asertiva y
c) sus habilidades en el manejo de emociones
Los hombres y las mujeres desarrollarán habilidades relacionadas con el cuidado y el autocuidado.
Conocimientos de comunicación asertiva si participan en actividades
y habilidades experienciales que les permitan desarrollar y practicar Implementar talleres de sensibilización que
estas habilidades. despierten la curiosidad de los hombres con
respecto a trabajos de cuidado específicos.
Los hombres desarrollarán habilidades en el manejo de
emociones relacionadas con el cuidado y el autocuidado Implementar talleres de sensibilización que
si participan en actividades experienciales que les inviten a las mujeres a desarrollar habilidades de
permitan desarrollar y practicar estas habilidades. comunicación asertiva.

La disposición de hombres y mujeres a redistribuir el Implementar espacios de formación que


trabajo de cuidado no remunerado puede aumentar si aumenten la disposición a redistribuir al
se les brindan argumentos, razones y emociones al igual aumentar los conocimientos y habilidades de
que si se fortalecen sus habilidades de cuidado. los hombres frente al trabajo de cuidado no
remunerado.
Implementar talleres de sensibilización que
brinden razones para aumentar la disposición
Disposiciones a redistribuir.

Implementar actividades de literatura y arte


que evoquen emociones que favorezcan la
disposición a redistribuir.
Utilizar piezas audiovisuales que aporten
argumentos, razones y emociones para
aumentar la disposición a redistribuir.
Categoría Cambios deseados e hipótesis de cambio Mecanismos de cambio

Los hombres y las mujeres valorarán el cuidado como Implementar talleres de sensibilización y
trabajo si se evidencia el tiempo y el esfuerzo físico y procesos de formación que brinden razones
mental que este requiere. para transformar estas creencias.
Implementar actividades de literatura y arte
Los hombres y las mujeres de Bogotá valorarán el cuidado
que evoquen emociones que favorezcan estas
como una actividad fundamental para el bienestar de la
creencias.
sociedad si se evidencian las consecuencias que puede
tener la ausencia de cuidado. Utilizar piezas gráficas y audiovisuales que
aporten argumentos, razones y emociones
Los hombres y mujeres de Bogotá considerarán que
para transformar estas creencias.
los roles de género se pueden transformar y no están
definidos por naturaleza si se evidencia que hay muchas Hacer conversatorios y eventos que aporten
formas de ser hombre o mujer, que todas las personas aporten argumentos y razones para transformar
deben aprender a cuidar y que no siempre han sido las estas creencias.
mujeres las que han cuidado en la historia de la humanidad.
Los hombres y las mujeres considerarán que los oficios
domésticos y el cuidado de otras personas que viven en su
hogar no están distribuidos equitativamente entre todos
Creencias los miembros de su hogar y tendrán una percepción
coherente con su participación real en los trabajos de
cuidado directo e indirecto en sus hogares si se brindan
espacios de reflexión y conversación donde los hombres
puedan revisar críticamente sus prácticas cotidianas.
Los hombres y las mujeres considerarán que el trabajo
de cuidado no remunerado debe ser una responsabilidad
compartida entre todos los miembros de un hogar si
entienden que actualmente en Bogotá los trabajos de
cuidado no están bien distribuidos entre hombres y
mujeres y esta es una situación injusta porque limita las
posibilidades de las mujeres.
Las mujeres y los hombres valorarán el cuidado de sí
mismas/os en igual medida que el cuidado de otras
personas y considerarán que el autocuidado debe ser
una actividad importante en sus vidas si identifican los
beneficios del cuidado y del autocuidado y la injusticia
que hay detrás de la falta de distribución.

Se transformarán las expectativas sobre el rol del hombre Utilizar piezas gráficas y audiovisuales que
y la mujer frente al trabajo de cuidado no remunerado posicionen nuevas expectativas y narrativas
en los hogares de la ciudad si se visibilizan hombres sobre los hombres.
comprometidos con el cuidado y mujeres comprometidas
con sus proyectos personales y el autocuidado. Hacer conversatorios y eventos que posicionen
nuevas expectativas y narrativas sobre los
Se transformarán las expectativas del rol del padre y hombres.
la madre en la crianza de las hijas/os en Bogotá si se
visibilizan hombres cuidadores, presentes y afectivos Realizar acuerdos colectivos simbólicos para
y mujeres que cuestionan la idea del sacrificio y la evidenciar el compromiso de diversos actores
abnegación maternal. frente a la redistribución.
Expectativas Las personas considerarán que no se sanciona a los Instar a diversos actores a realizar pedagogía
hombres por asumir trabajo de cuidado no remunerado sobre el cuidado y su redistribución.
si se visibilizan familias y comunidades que valoran los
beneficios colectivos que trae la redistribución. Utilizar piezas gráficas y audiovisuales que
posicionen nuevas expectativas sobre la
La ciudadanía considerará que las personas creen valoración de la redistribución y su pedagogía.
que deben enseñarles a sus hijos e hijas sobre
su responsabilidad en el trabajo de cuidado no
remunerado en el hogar si se visibilizan familias
y comunidades que valoran los beneficios y la
necesidad de educar a niñas y niños en el marco de la
redistribución del trabajo de cuidado.
Categoría Cambios deseados e hipótesis de cambio Mecanismos de cambio

Los vínculos afectivos entre hombres y personas que Implementar actividades de literatura y arte
requieren cuidado se fortalecerán si se fomentan que permitan fortalecer los vínculos afectivos
espacios para que los hombres se involucren en el de los hombres con las personas que requieren
cuidado. cuidado.
Los vínculos afectivos entre mujeres y personas que Implementar talleres de sensibilización,
requieren cuidado se cuestionarán si se evidencia la
Emociones conversatorios y eventos que brinden razones
relación problemática que históricamente ha existido
y vínculos para que las mujeres cuestionen los vínculos
entre el “amor femenino” y el cuidado.
afectivos afectivos con las personas que requieren
Los hombres de la ciudad sentirán orgullo por cuidado.
participar en el trabajo doméstico y de cuidado no
remunerado si evidencian que otros hombres lo están Utilizar piezas gráficas y audiovisuales que
haciendo y que es deseable para la sociedad que los posicionen nuevas expectativas y narrativas
hombres cuiden (teniendo cuidado de no heroizar a sobre los hombres que fomenten el orgullo
los hombres cuidadores). por el cuidado.

Los hombres y las mujeres realizarán acuerdos Todas las actividades anteriormente
explícitos si mejoran sus habilidades para hacer mencionadas aportarán al cumplimiento de
acuerdos y las practican. este cambio deseado.

Las mujeres realizarán más actividades de autocuidado


si redistribuyen el trabajo de cuidado no remunerado
y si cambian sus creencias frente al valor del
Comportamientos
autocuidado.

Al transformar las creencias, disposiciones,


conocimientos, habilidades, expectativas, emociones
y vínculos afectivos de las personas en Bogotá frente
al cuidado, se transformarán los comportamientos en
favor de la redistribución.

5.2. Supuestos de partida

Como se vio más arriba y según lo plantea Cristina Bicchieri, “una norma social es una
pauta o norma de conducta a la que los individuos prefieren ajustarse con la condición
de que crean que: a) a la mayoría de las personas de su red de referencia se ajustan a ella
(expectativa empírica) y b) la mayoría de personas de su red de referencia creen que deben
ajustarse a ella (expectativa normativa)” (2019, pp. 64-65). En otras palabras, una norma social
ocurre cuando confluye una expectativa sobre el comportamiento de las otras personas y
una expectativa sobre lo que estas personas consideran deseable.

Para cambiar las normas sociales es esencial identificar las razones compartidas para que
ocurra un cambio (es decir, alinear las creencias personales de las personas), generar un cambio
colectivo de expectativas (en particular, frente a la red de referencia) y coordinar la acción.
Pasos para abandonar una norma

Nuevas Abandono
Decisión Confianza
Cambio en Acción expectativas de nuevas
colectiva de / creencia
las creencias coordinada empíricas expectativas
abandono compartida
normativas

Gráfico 13. Construcción propia a partir del gráfico 3.2. Pasos para abandonar una
norma de Nadar en contra de la corriente (Bicchieri, 2019).

Teniendo lo anterior en consideración, en esta estrategia pedagógica y de cambio cultural se


plantea trabajar en dos niveles de intervención. En primer lugar, se busca generar espacios
pedagógicos a nivel individual a través de talleres de sensibilización, experiencias artísticas,
espacios de lectura, procesos de formación, eventos, conversatorios y difusión de contenidos
gráficos y audiovisuales. A través de estas actividades se buscará generar transformaciones
en las creencias, disposiciones, emociones, habilidades, conocimientos y comportamientos
de las personas en favor de la redistribución y el reconocimiento del cuidado.

Como lo explica Cristina Bicchieri, la deliberación comunitaria es una herramienta efectiva


para cambiar prácticas y normas sociales perjudiciales en una sociedad en tanto que permite
desenterrar múltiples creencias y valores y hacer evidentes las inconsistencias que existen
entre estos. Así, la deliberación crea entornos donde las personas pueden hablar, con la guía
de personas profesionales, acerca de temas que de otra manera serían tabúes sociales o
conversaciones difíciles (2019, p. 204-211). En ese sentido, los talleres, experiencias artísticas
y espacios de lectura propuestos pueden permitir poner sobre la mesa el reconocimiento
del cuidado y generar espacios para reflexionar y tomar acción acerca del reconocimiento y
la redistribución del trabajo de cuidado.

Igualmente, se priorizan actividades relacionadas con las artes porque como lo explica Martha
Nussbaum (2010), las sociedades democráticas requieren de las artes y las humanidades
para su desarrollo, especialmente para desarrollar la imaginación narrativa, es decir, la
capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, de interpretar con inteligencia el relato
de esa persona y de entender sus sentimientos, deseos y expectativas. En ese sentido, las
experiencias artísticas y las actividades de lectura son espacios que permitirán experimentar
y fortalecer la empatía de las personas participantes hacia las personas que asumen el trabajo
de cuidado en sus hogares y entornos cotidianos.
En segundo lugar, se busca trabajar en un nivel intersubjetivo transformando a) los vínculos
afectivos y b) las expectativas de las personas sobre el cuidado. Esto se trabajará a través
de actividades de arte y literatura para transformar vínculos y emociones, la difusión de
contenidos gráficos y audiovisuales, la articulación de distintos actores para amplificar la
pedagogía del cuidado y la realización de un acuerdo colectivo simbólico para redistribuir y
promover la redistribución a través del lanzamiento de esta estrategia.

En este nivel, cabe señalar que varias actividades están orientadas hacia los padres y sus
vínculos afectivos porque, como se vio, los hogares con personas que requieren altos niveles de
apoyo requieren, en mayor medida, una redistribución de los trabajos de cuidado. Este énfasis
también es importante porque, como lo señala el informe Getting men to care (Promundo,
ALIGN & RWAMREC, 2018) y State of the World’s Fathers (Van der Gaag et al, 2019) el trabajo
orientado a padres ha demostrado tener resultados positivos frente a la redistribución.

Adicionalmente, las campañas mediáticas pueden transformar creencias, expectativas y, por


tanto, comportamientos. El informe State of the World’s Fathers señala que la educación
pública, las campañas, los impresos, el radio, la televisión y los medios digitales pueden
servir para mostrar que los hombres están cuidando y este cambio de expectativas puede
ser clave en la transformación de normas sociales (Van der Gaag et al, 2019, pp. 56). Así
mismo, Cristina Bichieri explica que:

Los medios de comunicación masiva son herramientas populares para cambiar


conductas. El rango de tecnologías puede incluir medios de difusión tales como
radio, cine y televisión, periódicos o panfletos, vallas publicitarias, internet e incluso
eventos públicos. Las intervenciones comunes incluyen campañas de información,
entretenimiento educativo o edu-entretenimiento (que van desde las telenovelas hasta
los videojuegos), así como otras formas más modestas de entretenimiento colectivo,
como el teatro tradicional, el teatro callejero, o acciones performativas como el teatro
invisible o el teatro legislativo (2019, p. 193).

A continuación se presenta el esquema que resume los dos niveles de intervención que se
abordarán en la estrategia.
NIVEL 2

Subjetivo
NIVEL 1

Individual

Gráfico 14. Niveles de intervención de la estrategia pedagógica y de cambio cultural. Construcción propia
5.3 La ruta del cambio

Teniendo lo anterior en cuenta, a continuación se muestra la teoría de cambio que resume


los impactos, resultados y productos que tendrá la Estrategia pedagógica y de cambio
cultural del sistema distrital de cuidado.

entre hombres y mujeres en los hogares de la ciudad de Bogotá


Impacto
Cambio
social
Las personas de la ciudad de Bogotá valoran el trabajo de cuidado no remunerado, consideran que

Resultados Las creencias, disposiciones, emociones, Las expectativas sociales con Los vínculos afectivos
Cambio en el conocimientos, habilidades y respecto al cuidado, al autocuidado y relacionados con la
desempeño del comportamientos individuales asociados al al género favorecen el redistribución del trabajo
cuidado, al autocuidado y al género favorecen
sistema el reconocimiento y la redistribución del
reconocimiento y la redistribución del de cuidado de hombres
trabajo de cuidado directo e indirecto y mujeres se transforman
trabajo de cuidado directo e indirecto

Se realizan diversas actividades y


Se visibilizan en la ciudad diversos Se realizan diversas actividades
procesos de sensibilización y
referentes de hombres y mujeres que artísticas con hombres y
formación con hombres y mujeres
redistribuyen el trabajo de cuidado mujeres que tienen o pueden
sobre el reconocimiento y la
Productos de manera equitativa en sus hogares tener un rol de cuidado directo
redistribución del trabajo de cuidado
Cambio en el
sistema
Se divulga información basada en Diversos actores se comprometen
evidencia, con razones y públicamente y realizan pedagogía
argumentos para reconocer y sobre la redistribución del trabajo de
redistribuir del trabajo de cuidado cuidado en sus ámbitos de incidencia.

Gráfico 15. Niveles de intervención de la estrategia pedagógica y de cambio cultural y componentes. Construcción propia.

5.4. Acciones

En esta sección se hará referencia a las acciones propuestas para la Estrategia pedagógica y de
cambio cultural. El apartado incluye acciones propias de la SDMujer y acciones concertadas
con otros sectores del Distrito. Estas se agruparon en tres componentes teniendo en cuenta
la duración y el tipo de acción.

En primer lugar, está el componente de sensibilización. Este hace referencia a actividades


de reflexión (talleres, experiencias artísticas, actividades de lectura) que se dan en el marco
de una intervención corta, que no excede las dos horas de duración, donde se pueden
transformar creencias, disposiciones, habilidades, comportamientos14 y vínculos afectivos en
torno al género, el autocuidado o el trabajo de cuidado no remunerado y su redistribución.

14
En este nivel, específicamente se trabajará la realización de acuerdos explícitos para redistribuir y la realización de activida-
des de autocuidado.
En segundo lugar, está el componente de formación. Este hace referencia a procesos de
formación virtual o presencial de más de 40 horas donde se pueden transformar creencias,
disposiciones, habilidades, conocimientos, emociones y comportamientos en torno al
género, el autocuidado o el trabajo de cuidado no remunerado y su redistribución.

En tercer lugar, está el componente de amplificación. Este hace referencia a la identificación


de aliados y aliadas por fuera de las instituciones públicas directamente vinculadas al
SIDICU para consolidar una Red de Alianzas del Cuidado que pueda amplificar los mensajes
y la pedagogía en torno al reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado no
remunerado. Este componente aportará en la promoción de nuevas expectativas sociales
así como en la transformación de creencias, disposiciones, conocimientos y emociones en
torno al género, el autocuidado o el trabajo de cuidado no remunerado y su redistribución.

Finalmente, los tres componentes serán acompañados por estrategias de comunicación,


conversatorios y eventos que ayudarán a impactar los resultados de la Estrategia pedagógica
y de cambio cultural desde el nivel de la comunicación. Estas actividades aportarán en la
transformación de expectativas, creencias, disposiciones, conocimientos y emociones.
NIVEL 2

Subjetivo

D. Comunicación
NIVEL 1

Individual B. Formación
A. Sensibilidad

Gráfico 16. Niveles de intervención de la estrategia pedagógica y de cambio cultural y componentes. Construcción propia.
5.4.1. Actores del cambio

A continuación se presenta una matriz con el resumen de los actores involucrados en la


estrategia donde se muestran cuáles son las acciones que implementará cada uno y en qué
nivel van a aportar al cambio cultural que busca la estrategia.

Matriz de actores
Tipo de Institución/ Categorías a
Componente Actividades asociadas
actor organización impactar

Secretaría Distrital Reflexiones frente a la redistribución del cuidado: "A cuidar se aprende" Creencias, disposiciones,
Sensibilización
de la Mujer con hombres y "Cuidamos a las que nos cuidan" con mujeres habilidades, comportamientos

Instituto Distrital de Experiencias artísticas del programa NIDOS con énfasis en Creencias, disposiciones y
Sensibilización
las Artes (IDARTES) masculinidades con padres, hijas e hijos vínculos afectivos

Secretaría de Cultura Clubes de lectura de BibloRed con enfoque de género y lecturas en


Sensibilización Creencias, disposiciones
recreación y deporte voz alta para niños, niñas y cuidadores

Sector Secretaria Distrital de


Talleres de "masculinidades corresponsables no violentas" Creencias, disposiciones,
público Sensibilización
Integración Social conocimientos

Creencias, disposiciones,
Secretaría de Cultura Escuela Hombres al Cuidado con ciclos de formación en
Formación conocimientos, habilidades,
recreación y deporte cuidado directo, indirecto, emocional y ambiental
emociones

Ciclo de formación de cuidado y convivencia de la Creencias, disposiciones,


IDPAC Formación
Gerencia de la Escuela de participación conocimientos

Conversatorios, eventos, campañas de comunicación y


Creencias, disposiciones,
Todos los sectores Comunicación estrategias de comunicación para reconocer y redistribuir
conocimientos, expectativas
el trabajo de cuidado no remunerado

Sector Realizar acciones de pedagogía sobre el reconocimiento y la Creencias, disposiciones,


Empresas grandes y PYMES Amplificación
privado redistribución del trabajo de cuidado y articularse con el SIDICU conocimientos, expectativas

Sector Jardines infantiles, colegios Realizar acciones de pedagogía sobre el reconocimiento y la Creencias, disposiciones,
y universidades Amplificación
educativo redistribución del trabajo de cuidado y articularse con el SIDICU conocimientos, expectativas

Organizaciones no Entidades sin ánimo de lucro Realizar acciones de pedagogía sobre el reconocimiento y la Creencias, disposiciones,
gubernamentales Amplificación
e iniciativas ciudadanas redistribución del trabajo de cuidado y articularse con el SIDICU conocimientos, expectativas

Gráfico 17. Matriz de actores de la estrategia pedagógica y de cambio cultural. Construcción propia.

5.4.2. Componente de sensibilización

A continuación, se detallan las acciones de sensibilización con las que contará la Estrategia
pedagógica y de cambio cultural “A cuidar se aprende” donde están involucradas la
Secretaría Distrital de la Mujer (SDMujer), el programa NIDOS del Instituto Distrital de las
Artes (IDARTES), la Dirección de Lectura y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura Recreación
y Deportes (SCRD) y la Subdirección para la familia de la Secretaría Distrital de Integración
Social (SDIS).
5.4.2.1. SDMujer - Equipo del SIDICU: Talleres de sensibilización “A cuidar se aprende” y
“Cuidamos a las que nos cuidan”

La SDMujer tiene una oferta de dos tipos de taller, “A cuidar se aprende” y “Cuidamos a
las que nos cuidan”, que se dirigen, respectivamente, a hombres y mujeres. Los talleres
tienen una duración aproximada de dos horas, se dictan de manera virtual y presencial y
están pensados para una participación máxima de 30 personas. Su objetivo es transformar
creencias personales, disposiciones, habilidades y comportamientos en torno al cuidado, el
autocuidado y el género.

El primer tipo, “A cuidar se aprende”, cuenta con 7 módulos que se pueden implementar de
forma virtual o presencial y de manera independiente teniendo en cuenta las particularidades
de la población con la que se trabajará y las características del espacio: 1) “A cuidar se aprende
- reflexión - adolescentes” para hombres de 14 a 18 años, 2) “A cuidar se aprende - reflexión”
para adultos de 18 a 59 años, 3) “A cuidar se aprende - reflexión - personas mayores” para
hombres de 60 años en adelante, 4) “A cuidar se aprende - práctico - adolescentes” para
hombres de 14 a 18 años, 5) “A cuidar se aprende - práctico” para adultos de 18 a 59 años, 6)
“A cuidar se aprende - práctico - personas mayores” para hombres de 60 años en adelante,
y 7) “A cuidar se aprende - hombres trans”. La diferencia entre los talleres de reflexión y los
talleres prácticos es que en los primeros se usa la discusión en torno a las actividades de
cuidado para generar un cambio en las personas participantes y en los segundos, que son
necesariamente presenciales, se realizan actividades de cuidado15 para generar el cambio.

En el marco de estos talleres se practican las siguientes actividades: a) Apoyar en la lactancia materna, b) Cambiar de
15

pañales, c) Usar pastilleros y apoyar a personas mayores o enfermas, d) Planchar y doblar ropa, e) Coser y remendar ropa, f)
Realizar aseo general y g) Cocinar y lavar loza.
El segundo tipo, “Cuidamos a las que nos cuidan”, cuenta con 16 módulos en total que se
pueden implementar de manera virtual o presencial. De estos, cinco están dirigidos a la
ciudadanía en general: 1) Reconstruyendo la maternidad, 2) Parejas compañeras y pactos
igualitarios, 3) Amistades solidarias, 4) Del cuidado al autocuidado, 5) Transformando el hogar;
cinco módulos están dirigidos a las mujeres afrocolombianas o negras: 6) Reconstruyendo
la maternidad - mujeres negras y afrocolombianas, 7) Parejas compañeras y pactos
igualitarios - mujeres negras y afrocolombianas, 8) Amistades solidarias - mujeres negras
y afrocolombianas, 9) Del cuidado al autocuidado - mujeres negras y afrocolombianas,
10) Transformando el hogar - mujeres negras y afrocolombianas; cinco módulos están
dirigidos a las mujeres indígenas: 11) Reconstruyendo la maternidad – mujeres indígenas,
12) Parejas compañeras y pactos igualitarios - mujeres indígenas, 13) Amistades solidarias -
mujeres indígenas, 14) Del cuidado al autocuidado - mujeres indígenas, 15) Transformando
el hogar - mujeres indígenas; y un módulo está dirigido a mujeres trans: 16) Cuidamos a
las que nos cuidan - mujeres trans.

5.4.2.2. IDARTES - Programa Nidos: experiencias artísticas de la línea en masculinidades

El programa Nidos, arte en primera infancia del Instituto distrital de las artes - IDARTES,
busca garantizar el derecho de la primera infancia a participar libremente en la vida cultural
y en las artes, mediante experiencias artísticas que hacen posible el disfrute, la creación
y el enriquecimiento de la vida mediante los lenguajes artísticos. Nidos contribuye varias
acciones de atención integral y de carácter intersectorial orientadas a generar bienestar para
la primera infancia, mediante líneas de trabajo que convergen y aportan de formas diversas
a las políticas públicas distritales y nacionales16.

16
Entre ellas, (i) la política del Plan de Prevención de Violencias de la Secretaría Distrital de Integración Social, a la cual Nidos
aporta mediante experiencias artísticas para niños y niñas de primera infancia y cuidadores orientadas a la apropiación
de corresponsabilidad en el cuidado de la primera infancia, y (ii) la política del Plan de Igualdad de Oportunidades para la
Equidad de Género, a la que Nidos aporta con experiencias artísticas para primera infancia y sus cuidadores/as desde una
perspectiva de transformación cultural con enfoque de género.
Nidos hace parte del componente de sensibilización de la Estrategia pedagógica y de cambio
cultural del SIDICU a través de la línea de acción en masculinidades. Esta cuenta con dos
particularidades que armonizan su misión con los propósitos de la presente estrategia. De un
lado, desde un punto de vista técnico, esta línea de acción crea y pone en escena experiencias
artísticas que abordan o tocan temáticas afines a las masculinidades y las paternidades
sensibles y corresponsables; las experiencias se orientan, así, a movilizar sensaciones,
emociones, pensamientos, visiones y sensibilidades que contribuyan a resignificar tópicos
relacionados con el cuidado directo de la primera infancia, el cuidado indirecto y sus
distribuciones equitativas. Las experiencias que cumplen este criterio se definen a partir de la
intención artístico-pedagógica de la experiencia y/o por los referentes a partir de los que esta
se crea. De otro lado, la línea de acción busca convocar a cuidadores haciendo énfasis en
hombres que potencial o actualmente ejercen cuidado (papás, hermanos mayores, abuelos,
tíos y otros miembros familiares y de la comunidad) de manera que el espacio en sí mismo
se convierta en un momento de redistribución del cuidado, así como en un momento que
cualifica el tiempo que estos cuidadores dedican a niños y niñas.

La línea de masculinidades del programa Nidos cuenta con el siguiente objetivo general:
Promover la presencia activa de hombres en el cuidado de la primera infancia y del hogar
tanto como la conformación de paternidades e identidades corresponsables, a través de
experiencias artísticas orientadas a población beneficiaria del programa Nidos. Igualmente,
tiene los siguientes objetivos específicos: 1) propiciar encuentros en los que los cuidadores y
las cuidadoras, en especial los padres, puedan pasar tiempo con sus hijos, hijas, niños y niñas,
2) promover la creación o el fortalecimiento de vínculos afectivos entre hombres, niños y
niñas, 3) impulsar la transformación de creencias y disposiciones afines a la redistribución del
trabajo de cuidado directo de la primera infancia en la población beneficiaria, principalmente
en hombres cuidadores, 4) impulsar la transformación de creencias y disposiciones afines a
la redistribución del trabajo de cuidado indirecto, principalmente en hombres cuidadores, 5)
promover la comprensión, la identificación y la expresión de las emociones para contribuir al
cuidado emocional personal y de las otras personas, en niños, niñas, cuidadores y cuidadoras,
6) evidenciar logros a través de procesos de documentación y evaluación de las creaciones
colectivas y experiencias vividas.

En la línea de masculinidades, Nidos realizará las siguientes acciones: 1) Encuentros artísticos


donde una dupla de artistas que puede hacer actividades de forma itinerante interactúa
con los niños, niñas y familias a través de videollamadas o en encuentros presenciales y
realiza experiencias artísticas con grupos entre 10 y 15 personas. Cada experiencia tiene una
duración de 30 a 45 minutos, 2) Laboratorios artísticos: son experiencias artísticas con las
mismas características que los encuentros con la particularidad de que cuentan con espacios
físicos fijos adecuados para propiciar el juego, la exploración y la experimentación a partir de
los lenguajes del arte, 3) Circulación: son obras, conciertos y experiencias artísticas creadas
específicamente para la primera infancia y cuya presentación se lleva a cabo en plataformas
como Facebook, Zoom, Google Meet y de manera presencial en escenarios artísticos de
la ciudad.Se diferencian de los encuentros y las actividades de los laboratorios en tanto
que hay una diferencia más clara entre la obra y el público, 4) Contenidos: son contenidos
multiformato (audiovisuales, sonoros, literarios, musicales, entre otros) desarrollados por los
artistas de los diferentes componentes del Programa, que se alojan en la página www.nidos.
gov.co y que se pueden entender, para los propósitos de esta estrategia, como herramientas
de comunicación sobre la redistribución, 5) Cualificación de agentes educativos: son procesos
de cualificación a agentes que trabajan con la primera infancia a través de encuentros
virtuales sincrónicos en una plataforma virtual y/o en el Classroom, con retos que deben
desarrollar los participantes de los procesos de cualificación.
5.4.2.3. SCRD - Biblored - Dirección de Lectura y Bibliotecas: espacios de lectura en voz
alta y clubes de lectura

BibloRed realiza, entre otras actividades, las siguientes: 1) actividades de lectura en voz alta,
2) talleres de animación de lectura y escritura, 3) actividades de lectura crítica y reflexiva y
4) charlas/conversatorios relacionados con temas de interés de la comunidad. En el marco
de la estrategia pedagógica y de cambio cultural del Sistema Distrital de Cuidado, estas
actividades tendrán una modificación central: las actividades de lectura, los talleres y las
charlas estarán alineadas con los propósitos del SIDICU y buscarán generar reflexiones en
torno a los roles tradicionales de género y al cuidado directo e indirecto.

Las actividades tendrán los siguientes objetivos: 1) Ofrecer a las personas asistentes
herramientas de goce y comprensión de textos breves y fragmentos que ofrezcan caminos
para el disfrute del tiempo libre, 2) Presentar a las personas asistentes textos breves que
cuestionen los roles de género tradicionales asociados a las labores de cuidado.

Las actividades ofrecidas por BibloRed en asociación con el SIDICU ocurrirán en las
manzanas de cuidado y las bibliotecas públicas. En las manzanas de cuidado se ofrecerán
lecturas en voz alta para niños, niñas y cuidadores y en las bibliotecas habrá clubes de lectura
con enfoque de género que enfatizan la importancia de impugnar los roles tradicionales
asignados a hombres y mujeres, el derecho al ocio y a que las mujeres disfruten con
seguridad del espacio público y el aire libre. Como parte de la estrategia de articulación, se
tiene contemplado un ciclo interno de sensibilización y reflexión sobre los temas del SIDICU
orientado a los colaboradores y equipos de mediadores de BiblioRed para fortalecer sus
capacidades en relación con los temas y estrategias del Sistema.

En términos de materiales de lectura, se trabajarán los textos del autor de libros infantiles
Anthony Brown para reflexionar acerca de los imaginarios de familia socialmente construidos
y se reflexionará conjuntamente sobre la distribución en las tareas del hogar que suelen
recaer sobre una sola persona. Mediante el diálogo, juegos de rol y expresión creativa, se
generarán reflexiones colectivas. En los clubes de lectura de las bibliotecas, se usarán textos
que cuestionan las representaciones tradicionales de la maternidad, el uso restringido del
espacio público por parte de las mujeres, el derecho al disfrute del ocio y el tiempo libre,
entre otros. Además, se trabajarán los vínculos emocionales que pueden crearse entre los
hombres y sus hijos. Mediante estas actividades se procura que los padres puedan reflexionar
en torno a estos nuevos roles que pueden asumir y vincularse afectivamente de manera
profunda con sus hijos. Esta línea temática se trabajará mediante la inclusión de textos que
representan paternidades afectuosas, comprometidas y presentes.
5.4.2.4. SDIS - Subdirección para la familia: Estrategia entornos protectores y territorios
seguros

La Estrategia entornos protectores y territorios seguros cuenta con siete módulos


y con el siguiente objetivo general: “Promover el derecho a una vida libre de violencias
mediante procesos de formación generadores de entornos y territorios seguros17 desde
el reconocimiento del ejercicio de los derechos y de la construcción de relaciones
democráticas tanto al interior de las familias como en la comunidad”. De los siete módulos,
habrá uno que se articulará con la estrategia pedagógica y de cambio cultural del Sistema
Distrital de Cuidado dado que concibe la redistribución en el trabajo de cuidado al interior
de los hogares y las reflexiones en torno a la economía del cuidado como formas de
prevención de la violencia. La población objetivo de esta estrategia son ONGs, líderes
sociales, organizaciones comunitarias y ciudadanía en general y el módulo priorizado para la
articulación es “Masculinidades corresponsables no violentas”. A continuación, se plantean
los objetivos del módulo señalado y se expone la acción que se llevará a cabo.

Módulo masculinidades corresponsables no violentas: Busca ofrecer elementos


conceptuales y pedagógicos sobre las masculinidades corresponsables no violentas a través
de talleres de prevención que tienen el propósito de reducir la violencia intrafamiliar, con
especial énfasis en la ejercida por los hombres hacia las niñas, niños, mujeres y adultos
mayores, y que redundan en la equidad, el respeto y el reconocimiento por la dignidad.
En el marco de la articulación con la estrategia pedagógica y de cambio cultural del Sistema
Distrital de Cuidado se realizarán talleres en torno a las masculinidades corresponsables
no violentas para posicionar, junto a las personas participantes, nuevos patrones culturales
no hegemónicos con un especial énfasis en la redistribución del cuidado, la economía del
cuidado y la paternidad. Este módulo tiene los siguientes objetivos relacionados con la
Estrategia pedagógica y de cambio cultural: 1) Identificar el significado de las masculinidades
corresponsables a través de ejercicios de diálogo, que posibiliten el comportamiento no
violento al interior del hogar, 2) promover la construcción de las relaciones familiares
basadas en la equidad, el respeto, el reconocimiento por la dignidad y la convivencia desde
las masculinidades corresponsables no violentas, y 3) desmitificar creencias culturales frente
a las masculinidades corresponsables no violentas.

5.4.3. Componente de formación

A continuación, se detallan las acciones de formación con las que contará la Estrategia
pedagógica y de cambio cultural donde están involucradas la Subsecretaría de Cultura
Ciudadana de la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte y la Gerencia de la Escuela de
Participación del Instituto Distrital de Participación y Acción Comunal (IDPAC).

La estrategia incorpora el concepto de “Entornos protectores”, entendiendo a estos como espacios donde todas las redes
17

como la familia, la escuela, el Estado y la comunidad pueden ayudar a reducir los índices de violencia, todo bajo un principio
de corresponsabilidad.
5.4.3.1. SCRD - Subsecretaría de Cultura Ciudadana: Escuela “Hombres al Cuidado: El reto
es hacernos cargo”

La Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo” es una estrategia piloto de la


Secretaría de Cultura Recreación y Deporte -SCRD- en el marco de la Estrategia pedagógica
y de cambio cultural del Sistema Distrital del Cuidado con la que se busca saldar la deuda
histórica que tienen los hombres en su corresponsabilidad de cuidar y de mantener la vida,
como en contribuir a la equidad de género y a la reducción de las cargas históricas de las
mujeres en los trabajos del cuidado.

Con esta iniciativa se crearán un conjunto de herramientas formativas, pedagógicas


y comunicativas para que los hombres —y la ciudadanía en general— desaprendan las
narrativas asociadas a los roles de género y a las normas sociales de la masculinidad
hegemónica que históricamente han dividido sexualmente el trabajo y han contribuido a
la feminización de la pobreza, la inequidad y la desvinculación emocional de los hombres
con sus familias y seres queridos.

El objetivo general de la escuela es contribuir a la eliminación del machismo y a la participación


equitativa de los hombres en las labores del cuidado directo, indirecto, emocional y
medioambiental en Bogotá.

Sus objetivos específicos son: 1) promover narrativas que fomenten cambios en la relación
entre los hombres y el cuidado, visibilizando a los hombres que participan en el cuidado y a las
mujeres que valoran positivamente esa participación, 2) impulsar el cambio comportamental
de los hombres de la ciudad a partir de ofertas pedagógicas y de formación que les permitan
mejorar sus conocimiento y habilidades en estas labores del cuidado directo, indirecto,
emocional y medioambiental y 3) fomentar una acción colectiva de la ciudadanía que
reconozca positivamente la participación equitativa de los hombres en el trabajo directo,
indirecto, emocional y medioambiental.

La Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo” cuenta con cuatro componentes:
1) Nuevas narrativas y acciones comunicativas digitales, 2) Convocatoria y acciones de
pedagogía en calle, 3) Escuela Itinerante “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo” y 4)
Un seguimiento. A continuación se describirán sucintamente los primeros tres componentes
que implican la intervención de acciones.

El primer componente se centrará en la construcción de una nueva narrativa sobre la


relación y participación de los hombres con las labores del cuidado a través de una campaña
de expectativa de la Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo” que genere
una vinculación emocional a partir de piezas gráficas, contenidos audiovisuales para redes
sociales y una rueda de prensa para los medios de comunicación. Los contenidos serán
liderados por hombres diversos de la ciudad de Bogotá que se apropien de esta narrativa y
la lleven a su vida cotidiana con sus parejas, sus familias y sus amigos.
Las actividades principales de este componente serán: 1) formulación de una narrativa
innovadora y propositiva que aterrice a la cotidianidad la nueva relación que propone la
Escuela entre los hombres y el cuidado, 2) diseño y producción de piezas con mensajes
alusivos a la narrativa y datos de la encuesta “Masculinidades y Cuidado” (2021) de la Dirección
de Observatorio y Gestión del Conocimiento Cultural, 3) preproducción, producción y
posproducción de videos del “falso documental” sobre un grupo diverso de 4 hombres que
se prepara para entrar a la Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo”, 4)
divulgación de los videos18 y espacios de diálogo con los hombres en redes sociales como
Youtube, Whatsapp, Facebook e Instagram y 5) Rueda de prensa con el “combo” de los 4
hombres que harán parte de la Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo”.

El segundo componente de la estrategia le apuntará a la conformación de una acción


colectiva alrededor de la escuela, que inicie con acciones pedagógicas y performativas en
calle invitando a la desnaturalización, la conversación, el diálogo y apropiación de la iniciativa
a nivel territorial, así como a la identificación de posibles interesados en participar. Con esta
avanzada, se espera que la escuela se dé a conocer previamente a la inauguración en cada
una de las manzanas del cuidado seleccionadas.

Posteriormente, se propone llevar a cabo un evento en el espacio público para marcar el inicio
de una gran acción colectiva alrededor de la escuela y de la participación equitativa de los
hombres en el trabajo del cuidado. En ese marco, la SCRD realizará acciones performativas,
teatrales y artísticas de nuevas narrativas sobre el cuidado y los roles de género, visibilización
de los beneficios individuales y colectivos de la participación equitativa de los hombres,
cambio en las normas sociales de los hombres y pedagogía sobre cómo realizar las labores
del cuidado.

18
Cabe señalar el capítulo 2 de la miniserie CALMA inaugurada en el 2021 que es una herramienta de entretenimiento educati-
vo para promover la redistribución del trabajo de cuidado no remunerado. https://www.youtube.com/watch?v=VXwXYvrlNs-
M&list=PL2Lpk8Cly91La9yPlqBRMk0f1Voi2e_gd&index=2&ab_channel=CulturaEnBta
Las actividades principales de este componente serán: 1) planeación y desarrollo de
reuniones y talleres de presentación de la Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos
cargo” con organizaciones de base, juntas de acción comunal, colegios y jardines de las 4
localidades priorizadas para la implementación de la escuela, 2) diseño, producción y entrega
de material POP sobre la escuela en supermercados, iglesias, alcaldías locales, colegios,
barberías, comercio, entre otras, 3) creación y realización de 4 happenings performativos
(que incluyen 5 actores, escenografía y vestuario) en el espacio público para la “Hora 0” de la
Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo”, 4) alquiler e intervención artística
de la van de la Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo”.

El tercer componente de la estrategia consiste en una oferta gratuita de formación a la


que podrán acceder los hombres mayores de 18 años en Bogotá, que quieran unirse a la
transformación cultural del machismo participando de manera equitativa en la redistribución
del cuidado al interior de sus hogares. Específicamente, la escuela tendrá como característica
la itinerancia, es decir, que se movilizará por la ciudad en una van ofreciendo formación
para los hombres en cuatro manzanas del cuidado seleccionadas. A su vez contará con los
siguientes módulos de formación:

• Módulo 1: Formación de hombres en Cuidado Directo: consiste en herramientas


pedagógicas, comunicativas y de cambio comportamental para que los hombres
aprendan las labores, herramientas, buenas prácticas y disposición necesarias para dar
cuidado a las personas que requieren altos niveles de cuidado: niños y niñas menores de
5 años; niños, niñas mayores de 5 años y personas adultas mayores. Las metodologías
de este módulo se combinarán con momentos de reflexión, discusión grupal y ejercicios
prácticos basados en el uso de materiales pedagógicos.

• Módulo 2: Formación para hombres en Cuidado Indirecto: busca generar reflexiones


y ejercicios orientados a que los hombres aprendan a limpiar, organizar y mantener los
espacios que habitan: cocinas, dormitorios, baños, patios, entre otros. Los ejercicios
prácticos se llevarán a cabo con materiales pedagógicos y objetos del cuidado del hogar
que proveerá la escuela, así como con una dimensión de cambio comportamental que
revise conjuntamente emociones, sesgos y barreras de la cotidianidad que pueden
anteponerse para que su participación en el cuidado sea sostenible en el tiempo.

• Módulo 3: Formación para hombres en autocuidado y cuidado emocional: tiene como


propósito generar reflexiones y promover aprendizajes en torno a cómo los hombres
se relacionan consigo mismos y con las demás personas a su alrededor, ya sea en el
espacio privado o en el espacio público. Teniendo en cuenta que parte de los mandatos
del machismo se expresan en el bloqueo emocional de la masculinidad, la expresión
violenta, la aversión al riesgo y el descuido de la salud, con este módulo se ofrecerán
herramientas pedagógicas y espacios de conversación para que los hombres participantes
desaprendan los mandatos de la masculinidad e incorporen herramientas que puedan
poner en práctica en su cotidianidad.
• Módulo 4: Formación para hombres en el cuidado ambiental: contará con sesiones de
metodologías prácticas y de reflexión para que los hombres se pregunten por su rol en
el cuidado ambiental y adquieran conocimientos y buenas prácticas sobre la separación
de residuos en la fuente, entre otras.

5.4.3.2. IDPAC - Gerencia de la Escuela de Participación: Ciclo de formación - Diplomado


“Cuidado y convivencia”

Este ciclo de formación consta de tres cursos, cada uno de 48 horas, para un total de 144
horas. Se dicta a través de la Plataforma Virtual de la Escuela de Participación y está dirigido
a la ciudadanía en general mayor de 14 años que se inscribe por la página web de la Escuela
de Participación. Adicionalmente, el ciclo cuenta con sesiones sincrónicas que se realizan
con el apoyo de la SDMujer. El objetivo general del ciclo es fomentar el reconocimiento
de las labores de cuidado, la importancia de su redistribución y la reducción de las cargas
inequitativas contribuyendo a la reflexión sobre transformaciones culturales. Sus objetivos
específicos son: 1) reconocer que existen enormes retos tanto de hombres como de mujeres
en la redistribución del cuidado en el escenario de lo privado, 2) potenciar y dar a conocer
la apuesta distrital por la construcción del Sistema Distrital de Cuidado y 3) fomentar la
construcción de relaciones equitativas en la distribución de las tareas de cuidado para
fortalecer la participación de las mujeres en los escenarios públicos.

El ciclo está compuesto de la siguiente manera. En primer lugar cuenta con el curso
Promoviendo el cuidado y el autocuidado en Bogotá, que está compuesto por los módulos
a) ¿Qué es el cuidado y el cuidado de sí? b) El cuidado y el autocuidado en nuestros entornos
cercanos y c) El cuidado en el Distrito. Una apuesta para siglo XXI. En segundo lugar, el ciclo
cuenta con el curso Redistribución del cuidado desde lo cotidiano, que está compuesto por
los módulos a) ¿Qué implican el reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado
no remunerado? b) ¿Cuál es el reto de los hombres para redistribuir el trabajo de cuidado
no remunerado? c) ¿Cuál es el reto de las mujeres para redistribuir el trabajo de cuidado no
remunerado? En tercer lugar, el ciclo cuenta con el curso Cuidado en lo público, que está
compuesto por los módulos a) Cuidado en lo público, b) Participación en el cuidado de lo
público y lo comunitario y c) Cuidado que trasciende lo humano.

5.4.4. Componente de amplificación

A continuación, se detalla la Red de Alianzas del Cuidado que es la herramienta de la Estrategia


pedagógica y de cambio cultural para amplificar la pedagogía sobre el reconocimiento y la
redistribución del trabajo de cuidado más allá de las entidades directamente involucradas en
el SIDICU. Por tanto, este componente está liderado por la SDMujer, pero en este participan
el sector privado, el sector educativo y organizaciones no gubernamentales.
5.4.4.1. Red de Alianzas del Cuidado (RAC)

El objetivo de la RAC19 es la amplificación de las reflexiones, mensajes y acciones de la


Estrategia Pedagógica y de Cambio Cultural en ámbitos de la sociedad diferentes a los
de las entidades distritales directamente relacionadas con el SIDICU tal manera que se
puedan consolidar nuevas expectativas sociales así como la transformación de creencias,
disposiciones, conocimientos y emociones en torno al género, el autocuidado o el trabajo
de cuidado no remunerado y su redistribución en distintos ámbitos de la sociedad.

Como lo señala el informe Getting men to care (2018) de las organizaciones Promundo,
ALIGN y RWAMREC: no hay un solo factor de desigualdad en el trabajo de cuidado no
remunerado, ni una sola solución. En cambio, se requerirá de esfuerzos coordinados en
muchos niveles de la sociedad para avanzar en estos cambios a la velocidad necesaria. En el
mismo informe se señala la importancia de trabajar de la mano de instituciones y diferentes
ámbitos cotidianos de la vida de las personas para lograr una transformación en las normas
sociales en torno al cuidado. En ese mismo sentido, el informe State of the World’s Fathers
(Van der Gaag et al, 2019) señala que el cambio de normas sociales se puede lograr al
trabajar de manera articulada con los entornos laborales, instituciones educativas y líderes o
lideresas de las comunidades.

Por estas razones, la Red de Alianzas del Cuidado pretende ser un espacio de inserción a
actores que históricamente no han estado familiarizados con los trabajos de cuidado y que
pueden ayudar a transformar las expectativas que se tienen sobre el cuidado. Igualmente,
desde la Red, se tiene como objetivo proveer herramientas concretas a estos actores para que
adopten una pedagogía activa en relación con la redistribución de los trabajos de cuidado.
La RAC es un espacio de articulación con actores que se resumen en las siguientes categorías:
sector privado, sector educativo y organizaciones no gubernamentales con los que se busca
amplificar la pedagogía sobre la redistribución.

En adelante, el documento se referirá a la Red de Alianzas del Cuidado con sus siglas RAC.
19
SECTOR SECTOR ORGANIZACIONES NO
PRIVADO EDUCATIVO GUBERNAMENTALES
PYMES y empresas grandes Jardines infantiles, colegios Entidades sin ánimo de lucro e
y universidades iniciativas ciudadanas

Gráfico 17. Actores involucrados en la Red de Alianzas del Cuidado. Construcción propia.

¿Cómo vincularse a la Red?


Para que la Red de Alianzas del Cuidado sea un conjunto de actores en función de la
redistribución y cumpla su rol de ser una caja de resonancia de “A cuidar se aprende”, se
propone un trabajo por fases diferenciadas por los productos ofrecidos desde el equipo del
SIDICU- SDMujer. A continuación, se expondrán los productos ofrecidos por fases y lo que
sucederá en cada una de ellas.

Fase Actividad Medio Duración Relación


Inscripción en
Inscribirse sistemadecuidado.gov.co - Actor
página web

Contacto desde Realizar reuniones


Virtual o presencial 1h Equipo SIDICU
equipo SIDICU de preparación

Convocatoria: Actor
Construcción de
15 a 20 personas. Se pueden
cronograma de talleres
Realización de realizar convocatorias
“A cuidar se aprende”
talleres de cambio Virtual o presencial 2h por taller simultáneas para atender la
para hombres y
cultural demanda.
“Cuidamos a las que nos
Realización de talleres:
cuidan” para mujeres.
Equipo SIDICU

Repositorio de
Entrega y difusión de Mailing, intranet (si aplica),
contenidos virtuales
contenidos para el carteleras virtuales o
alojados en la página web - Equipo SIDICU
ecosistema digital de análogas, u otros canales
sistemadecuidado.gov.co
los actores que dispongan.
para hacer difusión.

5 piezas sobre
redistribución para Canales externos (Redes
Entrega de Kit de hombres, 5 piezas sobre sociales, páginas web u
- Equipo SIDICU
Comunicación redistribución para mujeres otros) y canales internos (si
y 2 piezas de información es de su interés).
general del SIDICU.

Generación de
nota de prensa para Página web del SIDICU,
Visibilidad en la página
informar que el actor redes sociales de la SDMujer 1 semana Equipo SIDICU
web del SIDICU
ha sido efectiavmente y redes sociales del actor.
vinculado a la RAC.

Gráfico 18. Ruta de vinculación a la RAC

Este es el proceso básico para vincularse a la Red de Alianzas del Cuidado. Una vez esto
ocurra, el SIDICU visibilizará a la entidad como parte de la Red de Alianzas del Cuidado
por medio de las redes sociales de la SDMujer y de la página web del sistema http://www.
sistemadecuidado.gov.co/. Adicionalmente a lo anterior es posible ampliar el alcance de las
articulaciones entre el equipo SIDICU-SDMujer con la Alianza de acuerdo a necesidades o
propuestas concretas que se puedan evidenciar en el proceso de consolidación.
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