Estrategia de Cuidado en Bogotá
Estrategia de Cuidado en Bogotá
y de cambio cultural
Bogotá
Laura Díaz
Investigadora
Observatorio de Mujeres y Equidad de Género
Gestión del Conocimiento
Jorge Cano
Diseño
CONTENIDO
1. INTRODUCCIÓN .........................................................................................................3
6. BIBLIOGRAFÍA ...........................................................................................................49
1. INTRODUCCIÓN
Este documento presenta la estrategia pedagógica y de cambio cultural “A cuidar se aprende”
del Sistema Distrital de Cuidado de Bogotá. En la introducción se mostrará la importancia
del concepto del cuidado a nivel global, en el contexto nacional y en el contexto local de
Bogotá. Igualmente, se hará énfasis en el reconocimiento y la redistribución del cuidado.
Aunque el cuidado es una categoría que se ha estudiado desde tiempos muy recientes —
los años setenta y ochenta del siglo XX (Carrasco et al, 2011)—, ha llegado a tal punto de
importancia en la agenda pública mundial que está consignado en la meta 5.4 del Objetivo
de Desarrollo Sostenible 5: “Reconocer y valorar los cuidados y el trabajo doméstico no
remunerados mediante servicios públicos, infraestructuras y políticas de protección social,
y promoviendo la responsabilidad compartida en el hogar y la familia, según proceda en
cada país” (Meta 5.4, ODS 5). Igualmente, el cuidado es reconocido como un derecho en la
Declaración de los Derechos Humanos que lo reconoce como un derecho del que gozan la
infancia y las mujeres embarazadas.
En concordancia con este marco nacional y con las luchas históricas del movimiento de
mujeres en Bogotá, el Plan de Desarrollo Económico, Social, Ambiental y de Obras Públicas
2020-2024, “Un Nuevo Contrato Social y Ambiental para la Bogotá del Siglo XXI” incluyó
entre sus programas estratégicos la implementación del Sistema Distrital de Cuidado.
Este sistema es un “[c]onjunto de servicios, regulaciones, políticas, y acciones técnicas e
institucionales, para reconocer, redistribuir y reducir el trabajo de cuidado, entendiéndolo
como una función social necesaria para la vida diaria de las personas y el funcionamiento de
la sociedad y enmarcado en los estándares existentes de derechos humanos en materia de
cuidado” (Concejo de Bogotá, 2020, p. 53). Este sistema sigue los objetivos estructurantes
de cualquier política o sistema de cuidado que se conocen como las 3R (Elson, 2017) (ONU
Mujeres, 2018): reconocer el trabajo de cuidado no remunerado, reducir el tiempo que
dedican las personas cuidadoras a este trabajo y redistribuir el trabajo de cuidado de forma
equitativa entre distintos actores de la sociedad y entre hombres y mujeres.
Teniendo en cuenta el objetivo de reconocer y redistribuir los trabajos de cuidado, las
disposiciones del Plan Distrital de Desarrollo 2020-2024 estipulan que se debe: “implementar
una estrategia de cambio cultural y pedagógica en el Distrito, frente a la corresponsabilidad en
la realización del trabajo de cuidado en los hogares y comunidades, a fin de redistribuir este
trabajo entre hombres y mujeres, propendiendo por el desarrollo de nuevas masculinidades”
(Concejo de Bogotá, 2020, p. 54). También está establecida como una meta sectorial de la
Secretaría Distrital de la Mujer (SDMujer)1: “Formular e implementar una estrategia pedagógica
para la valoración, la resignificación, el reconocimiento y la redistribución del trabajo de
cuidado no remunerado que realizan las mujeres en Bogotá” (Concejo de Bogotá, 2020, p. 35).
Esta estrategia, a su vez, busca aportar a dos metas trazadoras del Plan Distrital de Desarrollo a
partir del cambio cultural. La primera es disminuir en cinco puntos porcentuales la percepción
de las mujeres que consideran que las mujeres son mejores para el trabajo doméstico que
los hombres tomando como línea base los datos recogidos en la Encuesta Nacional de Uso
del Tiempo (ENUT). La segunda es disminuir en cinco puntos porcentuales la percepción de
los hombres que consideran que las mujeres son mejores para el trabajo doméstico que los
hombres a partir de esta misma encuesta2.
2. MARCO CONCEPTUAL
En este capítulo se expondrán los lineamientos teóricos que, en el marco de la estrategia
pedagógica y de cambio cultural del SIDICU, permitirán generar un lenguaje común frente
al trabajo de cuidado no remunerado y su intersección con el cambio cultural. En primera
instancia, se profundizará en categorías asociadas a la teoría de género en función del
reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado con un énfasis especial en las
masculinidades cuidadoras. En segunda instancia, se expondrán categorías relacionadas
con el cambio cultural desde una perspectiva de normas sociales.
1
En adelante, el documento se referirá a la Secretaría Distrital de la Mujer como SDMujer.
2
Estas cifras se encuentran actualmente, según la ENUT (2016-2017), en 52,20% y 53,80% respectivamente.
3
En adelante, el documento se referirá al Sistema Distrital de Cuidado con sus siglas SIDICU.
2.1. La división sexual del trabajo y el trabajo de cuidado no remunerado
La forma en que se organizan, distribuyen y valoran los trabajos de cuidado y el lugar que ocupan
en la sociedad actual son producto de un largo proceso histórico que comenzó a gestarse
durante la transición al capitalismo liberal (Carrasco et al, 2011). A partir de este momento y
con las transformaciones que vivió la sociedad industrial, la nueva división sexual del trabajo
empezó a asignar la provisión de cuidado no remunerado a los hogares y, específicamente, a
las mujeres. María Jesús Izquierdo (2003) lo describe de la siguiente manera:
Así, las autoridades morales, filosóficas y médicas a lo largo de los siglos XVIII, XIX e incluso
XX, empezaron a recargar la responsabilidad del cuidado en la madre y a consolidar la idea
del cuidado como un don natural de las mujeres que se vincula con el amor (Badinter, 1981).
También se empezaron a crear espacios de socialización dedicados específicamente a la
pedagogía del cuidado con cada vez más exigencias para las mujeres (Carrasco et al, 2011).
De ese modo se empezaron a construir unas normas sociales, estereotipos de género y
roles de género4 poco favorables para el reconocimiento y la redistribución del trabajo de
cuidado no remunerado entre hombres y mujeres.
Al respecto de la naturalización del cuidado como algo femenino, Corina Rodríguez (2015)
plantea lo siguiente:
A pesar de que se trata de una problemática de vieja data, como se dijo más arriba, el
cuidado como categoría de análisis se ha estudiado desde tiempos muy recientes: los años
setenta y ochenta del siglo XX (Carrasco et al, 2011). La categoría del cuidado surge a partir
de desarrollos teóricos en torno al “debate sobre el trabajo doméstico”. En la década de
los setenta, el feminismo empezó a hablar acerca del trabajo doméstico y, posteriormente,
acerca del trabajo reproductivo. Como lo señala Natalia Moreno (2017):
La diferencia estaba más bien en que las primeras feministas promovían la abolición
de dicho trabajo como medio para liberar a las mujeres, mientras que los desarrollos
posteriores plantearon que la clave consistía en entender su desigual distribución
en términos de género, visibilizando los costos para las mujeres, y en promover su
redistribución. (p. 65)
Más adelante, se empezó a utilizar el concepto de trabajo de cuidado dado que las
investigaciones dejaron de centrarse en la comparación del trabajo no remunerado con el
remunerado y empezaron a buscar un mayor entendimiento de las actividades que ocurren
en el hogar. Así, como lo señala Karina Batthyány (2020): “el cuidado tiene sus similitudes
con el trabajo doméstico porque comparte su invisibilidad y su asociación con habilidades
femeninas, pero se distingue por el componente relacional” (p. 14).
Se entiende que existen dos tipos de trabajo de cuidado: el indirecto y el directo. El cuidado
indirecto hace referencia a los trabajos de cuidado relacionados con el mantenimiento
habitacional de los hogares o comunidades (trabajos domésticos). Se puede materializar en
acciones como la limpieza del hogar, la preparación de los alimentos, las compras para el
hogar, entre otras. Por su parte, el cuidado directo hace referencia al grupo de tareas que
implican la interacción entre personas o una atención directa hacia alguien que lo demanda.
Algunos ejemplos de esto son el cuidado de niños y niñas, de personas con discapacidad,
de personas adultas mayores o de personas que están enfermas (ONU Mujeres, 2018;
Rodríguez, 2015).
Ahora bien, a partir del siglo XX la división sexual del trabajo se ha empezado a cuestionar y
transformar. Sin embargo, a medida que las mujeres han ido ingresando al mercado laboral,
los hombres no han cuestionado en igual medida su relación con el cuidado. Como lo
sostiene ONU Mujeres (2018):
Por tanto, es deseable propender por un modelo social, familiar y cultural que Nancy Fraser
llama del Cuidador Universal (Universal Caregiver Model) (1997, pp. 59-62). Este modelo
busca inducir a los hombres a realizar trabajo de cuidado no remunerado y presupone
que, así como todas las personas deben trabajar remuneradamente, también tienen
responsabilidades de cuidado.
No obstante, para que este modelo funcione, es necesario fomentar masculinidades
cuidadoras; es decir, formas de ser hombre que involucren una ética del cuidado. Como lo
señala David Martín-Vidaña (2021):
Igualmente, Elliot (2015) señala que la característica central de las masculinidades cuidadoras
es su rechazo de la dominación y su interiorización de valores del cuidado como las
emociones positivas, la interdependencia y la relacionalidad a las identidades masculinas (p.
2). Por esta razón, la reflexión sobre las masculinidades cuidadoras es muy cercana al estudio
y la promoción de una ética del cuidado dado que, como lo explica Virginia Held (2006): ‘‘la
ética del cuidado valora la emoción en vez de rechazarla [...] emociones como la simpatía,
la empatía, la sensibilidad y la receptividad se entienden como el tipo de emociones morales
que se deben cultivar” (p. 10).
Como se puede ver con lo anterior, la transformación de emociones será también una
parte central de esta estrategia pedagógica. Las identidades que se quieren fomentar pasan
necesariamente por las emociones personales y por los vínculos afectivos intersubjetivos.
Finalmente, cabe resaltar que, si bien es cierto que es fundamental lograr la igualdad entre
hombres y mujeres frente al trabajo de cuidado no remunerado, también es necesario
reflexionar sobre cómo estas cargas afectan de manera diferencial a las mujeres, dado
que estas no se pueden considerar como un grupo homogéneo. Por ende, se requiere
considerar aspectos como la etnia, la edad o la clase social en las experiencias de vida de
las mujeres. Según datos del informe Cuidados en América Latina y el Caribe en tiempos de
COVID-19, a medida que las mujeres aumentan su incorporación en el mercado laboral sin
una efectiva redistribución del trabajo de cuidado no remunerado, se han vuelto más pobres
en términos de tiempo; al incrementar su tiempo en el trabajo remunerado no se disminuye
su participación en el trabajo de cuidado no remunerado.
Pero, como lo señala el mismo informe, “[e]stas diferencias son incluso mayores para las
mujeres de menores ingresos, las denominadas ‘mujeres de los pisos pegajosos’, quienes
dedican en promedio 46 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a las mujeres
de los denominados ‘techos de cristal’, con mayores ingresos, que dedican en promedio 33
horas semanales” (Bango, 2020, p. 6). En este sentido se puede entender el cuidado como una
experiencia socioeconómicamente estratificada, donde las mujeres con hogares de mayores
ingresos tienen mayores libertades en cuanto a la organización del trabajo del cuidado. Es
más probable que estas puedan contar con la oportunidad de adquirir servicios del cuidado
de otras personas, generalmente mujeres, y con ello liberar su propio tiempo para disponer
de este en beneficio de su desarrollo personal y profesional. Estas diferencias son las que de
una u otra forma nos permiten comprender que no se pueden trazar, a priori, mecanismos
de cambio comunes, asignando unos intereses y objetivos estandarizados para todas las
mujeres.
De aquí que las intervenciones de las entidades que hacen parte de esta estrategia deberían
incorporar el enfoque interseccional y diferencial para tratar de entender y recorrer aquellas
representaciones de las desigualdades que se producen en la sociedad.
Las normas de género están definidas histórica y culturalmente, son interiorizadas por las
personas a través de la socialización y son reforzadas por otras instituciones sociales a lo largo
del ciclo de vida por medio de los estereotipos de género: ideas preconcebidas y prejuicios
que se asocian a hombres y mujeres. Como lo dicen Bosch et al (2013): “Los estereotipos de
género tienen un alto grado de ser prescriptivos, al proveer de reglas y normas sociales de
cómo deben idealmente ser y comportarse hombres (protectores, dominantes, agresivos,
insensibles, sexuales) y mujeres (maternales, cuidadoras, sumisas, pasivas, complacientes,
dependientes)” (p. 384). Estas normas también afianzan comportamientos, responsabilidades
y tareas que la sociedad espera que realicen hombres y mujeres y que se conocen como
roles de género. Así, el trabajo de cuidado como una actividad indispensable para el sustento
y la reproducción de la vida participa en este sistema de género y se asigna tradicionalmente
a lo femenino.
Ahora bien, vale la pena precisar que actualmente las acciones del desarrollo con un énfasis
en el género también vienen adelantando intervenciones sociales y conceptualizaciones
bajo la categoría normas sociales6. Como lo plantean Cislaghi y Heise (2019), es necesario
tender un puente conceptual entre estas y las normas de género. Así las cosas, la estrategia
pedagógica y de cambio cultural acogerá su definición: Las normas de género son normas
sociales que definen las acciones aceptables y apropiadas para las mujeres y los hombres
de un grupo determinado o una sociedad. Están arraigadas en las instituciones formales e
informales, anidadas en la mente y producidas y reproducidas a través de la interacción social.
Juegan un papel importante en determinar el acceso (usualmente desigual) de hombres y
mujeres a los recursos y las libertades, de tal modo que afectan su voz, su poder y su sentido
de identidad. (pp. 415-416)
A su vez, según lo plantea Cristina Bicchieri (2019), “una norma social es una pauta o norma
de conducta a la que los individuos prefieren ajustarse con la condición de que crean que: a)
a la mayoría de las personas de su red de referencia7 se ajustan a ella (expectativa empírica) y
b) la mayoría de personas de su red de referencia creen que deben ajustarse a ella (expectativa
normativa)” (pp. 64-65). En otras palabras, una norma social ocurre cuando confluye una
expectativa sobre el comportamiento de las otras personas y una expectativa sobre lo que
estas personas consideran deseable. Por tanto, las expectativas serán una categoría central
a lo largo de este documento y se definen como creencias sobre las demás personas.
5
Esta categoría conceptual fue planteada por la antropología, la sociología y los estudios feministas y fue popularizada en la
literatura del desarrollo en la última década del siglo XX.
6
Esta categoría conceptual ha sido estudiada desde Grecia pero a partir del siglo XX fue ampliamente desarrollada por la
psicología social, la filosofía, la psicología del comportamiento, la antropología y la sociología.
Las expectativas empíricas se refieren a creencias sobre el comportamiento de las demás
personas y se pueden resumir en la siguiente pregunta: ¿qué hacen las personas de mi
comunidad o grupo de referencia? Por su parte, las expectativas normativas se refieren a
las creencias sobre lo que las demás personas consideran bueno o deseable y se pueden
resumir en la siguiente pregunta: ¿qué esperan las demás personas que alguien haga en una
situación determinada? ¿Qué comportamientos están dispuestas a sancionar socialmente si
no se cumplen como ellas esperan? (Bicchieri, 2019).
En estos apartados se ha podido ver que la distribución inequitativa del trabajo de cuidado
no remunerado obedece a una división sexual del trabajo que tiene un origen histórico.
Esta división asignó unos roles fijos a hombres y mujeres dentro de la sociedad y empezó a
consolidar normas de género y estereotipos de género en torno a estos y estas.
7
Una red de referencia es el grupo de personas o la comunidad que una persona tiene en consideración cuando evalúa las
expectativas empíricas y las expectativas normativas que guían su comportamiento.
8
Esto no significa que sean neutrales, significa que no asumen un juicio de valor.
Así, se han empezado a promover masculinidades y paternidades cuidadoras y nuevas
maneras de asumir el cuidado por parte de las mujeres donde este no deba significar un
sacrificio o una limitación de los proyectos personales. Este es el horizonte conceptual y el
tipo de cambios culturales que busca generar la estrategia “A cuidar se aprende”.
CATEGORÍA DESCRIPCIÓN
Se refieren a las acciones físicas o verbales que realizan las personas de manera
Comportamientos individual o colectiva.
Sexo:
Criterio principal • Hombres
• Mujeres
Así, se realizaron los siguientes grupos con hombres: hombres con educación técnica,
tecnológica, pregrado con hijos (1), hombres con educación técnica, tecnológica, pregrado
sin hijos (1), hombres educación básica - secundaria con hijos (1), hombres educación básica
- secundaria sin hijos (1), hombres con primaria o sin educación formal con y sin hijos (1),
hombres jóvenes (1), hombres adultos mayores (1), hombres afrocolombianos (1), hombres
indígenas9 (2), hombres gays (1), hombres ex habitantes de calle (2), hombres servidores
públicos del distrito (3). En el caso de los grupos focales convocados bajo el criterio de nivel
educativo, se tuvo en cuenta si los hombres eran padres o no partiendo de la hipótesis de
que la experiencia de la paternidad influye en la manera en que se concibe el cuidado.
Se realizaron los siguientes grupos con mujeres: cuidadoras de animales (2), cuidadoras LBT
(2), cuidadoras con discapacidad (2), cuidadoras adultas mayores (3), cuidadoras lideresas
comunitarias (2), cuidadoras Nini (1), cuidadoras afrocolombianas, raizales y palenqueras (4),
cuidadoras gitanas – Rrom (1) y cuidadoras indígenas (4)10.
En el caso de los grupos focales con mujeres se hizo uso de una viñeta. En el caso de los grupos
focales con hombres, el instrumento de investigación contaba con una video-elicitación y
con una viñeta. El primero es un instrumento de investigación donde se muestra un video y se
solicita a los participantes que reaccionen a este. El segundo, es la narración de una historia
ficticia donde un personaje se encuentra con un dilema y se solicita a los participantes que
imaginen cómo reaccionarían la mayoría de las personas de su comunidad frente a esa
situación. Como lo señalan Bicchieri et al (2014), este instrumento es especialmente útil para
9
En uno de estos grupos focales también participaron mujeres indígenas.
Vale la pena señalar que los grupos focales para hombres y mujeres tienen criterios diferentes porque aquellos que se reali-
10
zaron con mujeres fueron diseñados para la Estrategia de cuidado a cuidadoras del SIDICU y se les agregó un paso adicional
para identificar normas sociales asociadas al cuidado. Para más información ver documento de la Estrategia de Cuidado a
cuidadoras en el siguiente link: http://www.sistemadecuidado.gov.co/docs_/estrategia-cuidado-cuidadoras_/documento-cui-
dado-cuidadoras_.pdf
identificar normas sociales, porque evita las respuestas personales y permite a las personas
contesten por lo que haría la mayoría; así se pueden evitar algunos sesgos de deseabilidad
en las respuestas, especialmente frente a temas sensibles como lo es el tema del género.
Las viñetas diseñadas establecen una tensión narrativa entre un hombre que no asume sus
responsabilidades frente al trabajo de cuidado no remunerado y una mujer que sí lo hace y
que le plantea a este un escenario de redistribución. Para el caso de hombres, se construyó
una viñeta con la historia de dos hermanos11 y, para el caso de las mujeres, se trata de una
pareja12. La información se analizó con el programa NVIVO teniendo en cuenta las categorías
mencionadas anteriormente.
A su vez, se hizo una revisión de fuentes primarias y secundarias cuantitativas que permitieran
complementar la información recolectada en campo. En primer lugar, se usaron datos
procesados por el Observatorio de Mujer y Equidad de Género de la SDMujer a partir de
los microdatos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) realizada por el DANE
en el periodo 2016 - 2017. Adicionalmente, se citan los resultados de la investigación Los
hombres y el cuidado en Bogotá: una aproximación cualitativa y cuantitativa realizada por la
Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad de Los Andes en el marco del Memorando
de Entendimiento No. 665-2021 con la SDMujer.
3.2.1. Comportamientos
Como se dijo más arriba, los comportamientos son acciones físicas o verbales que realizan
las personas de manera individual o colectiva. En ese sentido, para esta investigación es
importante comprender cómo se involucran las personas que habitan en Bogotá en el
11
La viñeta es la siguiente: “Jorge vive junto a su hermana, Jhoanna, en Bogotá. Él trabaja duro durante el día en una
carpintería y, usualmente, por las tardes pasa un tiempo junto a sus amigos jugando fútbol. Finalmente, por la noche, llega
cansado. Mientras tanto, Jhoanna se dedica a todas las labores domésticas que requiere la casa y cuando Jorge llega, ella
sigue haciendo actividades: prepara la cena y arregla la cocina. Hace varias semanas, unas primas de Jhoanna la están
invitando a reunirse por las tardes porque tienen un grupo donde toman tinto y conversan. Jhoanna, aunque quiere participar,
no se anima porque sabe que eso implicaría abandonar las actividades domésticas. Últimamente, sus primas le han insistido
con más fuerza a Jhoanna. Jorge ha notado que su hermana ha estado un poco extraña y le pide que le comente qué le pasa.
Jhoanna está considerando sentarse con Jorge y pedirle que asuma su responsabilidad con las labores domésticas, quiere
pedirle que ajusten mejor sus tiempos para que ella pueda realizar las actividades que le gustan”.
12
La viñeta es la siguiente: “Jhoanna vive en Bogotá con su novio, con quien hace un año tuvo un bebé. Jhoanna no quiere
dejar de hacer las actividades personales que son importantes para ella y para su propio futuro, pero el cuidado del bebé le
está demandando mucho tiempo. Mientras tanto, Jorge ha estado trabajando, pero Jhoanna está considerando sentarse con
él y pedirle que asuma su responsabilidad en los cuidados del bebé y que ajusten mejor sus tiempos”.
trabajo de cuidado. Así, la investigación realizada permite observar que hombres y mujeres
participan de manera desequilibrada en el trabajo de cuidado no remunerado en la ciudad
de Bogotá. Como se puede ver en los resultados de la ENUT (2016-2017), solo 6 de cada 10
hombres participan en este trabajo mientras que 9 de cada 10 mujeres lo hacen. Incluso si
los hombres participan en este trabajo, dedican aproximadamente 3 horas menos. Mientras
que estos lo asumen durante 2 horas y 19 minutos, las mujeres lo hacen durante 5 horas y
30 minutos.
88%
MUJERES 5:30
100% 80% 60% 40% 20% 0% 0:00 1:00 2:00 3:00 4:00 5:00 6:00
Gráfico 1. Tasa de participación y tiempo promedio diario dedicado por hombres y mujeres al trabajo
de cuidado no remunerado. ENUT (2016-2017) - Procesamiento OMEG - SDMujer
88%
Mujeres 88%
70%
Hombres 65%
Gráfico 2. Tasa de participación y tiempo promedio diario dedicado por hombres y mujeres al Trabajo doméstico y
de cuidado no remunerado - comparación ENUT 2012-2013 - ENUT 2016-2017 - Procesamiento OMEG - SDMujer
La baja participación de los hombres en el trabajo de cuidado no remunerado coincide con
los resultados más recientes de la Encuesta de Masculinidades y Cuidado realizada en el
2021 por la Dirección de Observatorio y Gestión del Conocimiento Cultural (DOGCC) de la
Subsecretaría de Cultura Ciudadana (SCC) de la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte
(SCRD)13. Como se evidencia en el gráfico que se presenta a continuación, las mujeres
reportan que ellas se dedican principal o totalmente a este trabajo en una medida mucho
mayor que los hombres.
4% 2%
35% 13%
HOMBRES
MUJERES
43% 32%
10% 27%
9% 27%
En el gráfico 3 los hombres reportan que, mayoritariamente, o bien ayudan en los oficios del
hogar o bien los distribuyen equitativamente. Sin embargo, el reporte sobre la distribución
equitativa no coincide entre hombres y mujeres: se diferencia por once puntos porcentuales
(43% en comparación con 32%). En el mismo sentido, cuando esta encuesta se desagrega
por actividades específicas, se puede observar que los hombres reportan en una medida
mucho mayor que las actividades son compartidas frente a lo que reportan las mujeres.
Estos resultados se pueden poner en diálogo con la siguiente viñeta del cómic Me lo podrías
haber pedido realizado por la ilustradora francesa Emma Clit que, desde la ilustración,
parodiza esta situación que no solamente ocurre en el contexto colombiano.
Esta encuesta contó con un tamaño de muestra de 1009 encuestas. Se hizo con un muestreo probabilístico por localidad y
13
con selección aleatoria simple sin reemplazo al interior de cada localidad. Tiene un margen de error de muestreo de 3,10% y
95% de confianza.
Imagen 1. Imagen del cómic Me lo podrías haber pedido. Recuperado de: Hola mujer, por Emma Clit. https://bit.ly/3xLckYO
6:56
4:12
3:04
1:40
Mujeres Hombre
Gráfico 4. Tiempo dedicado a trabajo de cuidado no remunerado al día según sexo y si vive o no en pareja (hh:mm).
Los hombres y el cuidado en Bogotá: una aproximación cualitativa y cuantitativa (Tribin-Uribe et al, 2021)
En el mismo sentido, las mujeres que viven en hogares con individuos que necesitan altos
niveles de apoyo (INANA) dedican 4 horas más al trabajo de cuidado no remunerado que
los hombres que viven en hogares con estas características. En cambio, las mujeres que no
viven en hogares con individuos que requieren altos niveles de apoyo dedican 2 horas y 9
minutos más que los hombres que no viven en hogares con estas características.
7:01
3:53 3:01
1:44
Mujeres Hombre
Gráfico 5. Tiempo dedicado a trabajo de cuidado no remunerado al día según sexo y presencia de individuos
que requieren altos niveles de apoyo (INANA) en el hogar (hh:mm). Los hombres y el cuidado en Bogotá: una
aproximación cualitativa y cuantitativa (Tribin-Uribe et al, 2021)
No obstante, los hombres no identifican este desequilibrio tanto como las mujeres; así,
consideran que con un apoyo frecuente en este trabajo están asumiendo su responsabilidad.
Igualmente, vale la pena destacar que los datos indican que es prioritario hacer una pedagogía
de la redistribución con hombres y mujeres que viven en pareja o que viven con personas
que requieren altos niveles de apoyo dado que en esos hogares es más probable que los
hombres asuman menos responsabilidades que las mujeres.
3.2.2. Creencias
Como se dijo más arriba, las creencias se refieren a pensamientos sobre cosas, abstracciones,
situaciones o comportamientos. En esta investigación, es especialmente importante entender
qué piensan las personas sobre el cuidado. A partir de los grupos focales realizados en el 2020
por la SDMujer, se puede concluir que tanto en hombres como en mujeres se puede observar
una relación fuerte entre el cuidado directo y la idea del amor. Un participante dice: “Hay que
tener amor por la otra persona. Para cuidar hay que amar” (Hombre, grupo focal, 2020).
Igualmente, en los grupos focales también se pudo observar que los hombres conciben que
las habilidades del trabajo de cuidado no remunerado son un “don natural” de las mujeres.
Así, hacen este tipo de afirmaciones: “Hay una predisposición hacia el servicio de las mujeres.
Es un tema genético, por su tema de ser mujeres y ser madres” (Hombre, grupo focal,
2020). Igualmente, hay afirmaciones que permiten evidenciar la tensión entre los discursos
tradicionales y los discursos que promueven una transformación cultural: “Claro que hay
cosas que las mujeres atienden mejor que los hombres debido a su rostro femenino. El
cuidado de los bebés. Ellas como son madres, los cuidan mejor. Aunque el hombre también
está dado para hacer exactamente lo mismo” (Hombre, grupo focal, 2020).
Los datos de la Encuesta Bienal de Culturas muestran que tanto hombres como mujeres
han tenido un cambio positivo con respecto a estas expectativas. Como muestra el gráfico
a continuación, ha habido una reducción de casi diez puntos porcentuales entre el 2017 y el
2019 en el porcentaje de hombres y mujeres que considera que “las mujeres por naturaleza
hacen mejor los oficios del hogar que los hombres”. Sin embargo, aproximadamente la
mitad de hombres y mujeres aún considera que esto es cierto.
64%
61%
51%
48%
2017 2019
Mujeres Hombre
Gráfico 6. Pregunta relacionada con el cuidado comparativa Encuesta Bienal de Culturas 2017- 2019.
Procesamiento del DOGCC – SCC – SCRD.
En relación con lo anterior, también es importante entender cuál es la valoración moral de las
personas hacia la redistribución; es decir, es importante entender si identifican que esta es una
meta que debe alcanzar la sociedad. De manera casi unánime, los hombres que participaron
en los grupos focales de la SDMujer manifestaron unas creencias favorables a la igualdad de
género y al “deber ser” de la redistribución del trabajo de cuidado no remunerado. Como
lo reportó un hombre: “Lo ideal es que hubiera un acuerdo, ‘vamos a repartirnos el oficio,
nuestro tiempo, que usted también tenga sus derechos’” (Hombre, grupo focal, 2020). En ese
orden de ideas, a través de la viñeta se evidenció que los hombres ven la necesidad de que
las mujeres tengan “su derecho” al tiempo libre.
En múltiples ocasiones, los hombres describen estar en desacuerdo con el machismo, tal y
como lo señala este participante: “El hombre que diga que es malo coger una escoba me
parece muy machista. Uno también puede cocinar, trapear, hacer varias cosas de la casa y
colaborarle a la esposa” (Hombre, grupo focal, 2020).
Al igual que con los hombres, para las mujeres que participaron en los grupos focales de
la SDMujer existe la percepción generalizada de que las tareas del hogar se deben repartir.
Las mujeres afirman que: “es de concertar, no se trata de decir qué tiene que llegar a hacer,
es cuestión de conversar y reconocer que el trabajo es pesado, lo importante es el respeto
y el reconocimiento mutuo” (Mujer, grupo focal, 2020). Como lo evidencia el anterior
comentario, las mujeres reconocen las demandas de trabajo de los hombres en el mercado
laboral e insisten que la redistribución se debe dar a través del diálogo asertivo que permita
el reconocimiento mutuo. Una participante plantea la siguiente solución:
Cuántas veces son obreros, cuántas veces tienen trabajos muy pesados, tienen trabajos
muy difíciles y llegan cansados. Yo creo que el problema que hay que definir es qué
pasa después de las 6 de la tarde, eso sería lo que habría que hablar. O sea, la mujer
tiene que decirle al hombre: ‘reconozco que estás cansado, reconozco que te toca
muy pesado y que quieres descansar, pero también necesito que tú reconozcas que
yo desde por la mañana este fue mi horario: me levanté, hice, cociné, lavé, planché,
trapeé, hice mercado, fui por los niños a la escuela, los volví a traer, serví. Yo a esta hora
también estoy cansada. Como estamos cansados los dos, distribuyámonos el trabajo
de la noche y que el trabajo de la noche sea fácil. (Mujer, grupo focal, 2020)
Estas afirmaciones se pueden poner en diálogo con otras creencias que se evidencian
en la investigación Los hombres y el cuidado en Bogotá: una aproximación cualitativa y
cuantitativa. Allí se muestra, a partir de datos de la ENUT (2016-2017), que más de la mitad
de los hombres y mujeres tienen creencias favorables hacia la igualdad de género, aunque
las de las mujeres son más favorables que las de los hombres. Las autoras señalan:
Observamos que el 67% de los hombres y el 70% de las mujeres están en desacuerdo
o muy en desacuerdo con que el hombre debe ser el proveedor del hogar y la mujer la
cuidadora. Además, el 78% de los hombres y el 80% de las mujeres están de acuerdo o
muy de acuerdo en que tanto hombres como mujeres deben contribuir al ingreso del
hogar. Por otro lado, en cuanto a la jefatura del hogar, el 64% de los hombres coinciden
en que la cabeza del hogar no debe ser un hombre, frente al 71% de las mujeres. (Tribin-
Uribe et al., 2021)
No obstante, también hay que señalar que estos mismos datos evidencian que hay una
porción de la población que está de acuerdo con creencias tradicionales. Aún más; esta
misma investigación Los hombres y el cuidado en Bogotá: una aproximación cualitativa y
cuantitativa evidencia que en las personas de estratos socioeconómicos 1 y 2, que viven
en pareja o que viven con personas que requieren altos niveles de apoyo tienen creencias
menos favorables hacia la igualdad de género y la redistribución (Tribin-Uribe et al., 2021). En
ese mismo sentido, la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (2015) evidencia que el 18,9%
de los hombres encuestados y el 16,4% de las mujeres encuestadas están de acuerdo con la
frase: ‘El papel más importante de las mujeres es cuidar su casa y cocinar para su familia’.
Esta misma situación se aprecia en los grupos focales realizados por la SDMujer. Un número
más reducido de mujeres plantea que, alternativamente a la redistribución del cuidado con
su pareja, acudiría a la madre para que apoye en el cuidado: “tiene que colocarse de acuerdo,
conseguir una persona que pueda cuidarlo en la casa o decirle a la mamá que le colabore
con eso que están necesitando” (Mujer, grupo focal, 2020). Otra mujer plantea que este
apoyo externo, de hecho, es la única solución que contempla: “yo apoyaría a mi esposo,
de saber que él está todo el día trabajando para que estemos bien. Trataría de hacer lo que
pueda en mi caso, con mi hijo. Si me queda difícil le digo a mi mamá o buscaría alguna
solución. No le diría a Jorge que nos repartamos porque si yo lo quiero y ya estoy haciendo
una vida con esa persona, pues no, yo lo apoyaría” (Mujer, grupo focal, 2020).
Finalmente, hay que señalar que hay una creencia fuertemente arraigada, especialmente
en los hombres, de que quien no aporta económicamente en el hogar sí debe dedicarse al
cuidado. Los hombres que participaron en los grupos focales consideran que las personas
que hacen parte de un hogar deben “aportar”; si este aporte no es económico, debe hacerse
con el trabajo de cuidado no remunerado. Los hombres afirman que: “Ambas partes trabajan
remuneradas. Quien no trabaje asume tareas del hogar” (Hombre, grupo focal, 2020). En ese
orden de ideas y reconociendo que el mercado laboral es menos propenso a contratar a una
mujer, en últimas se acepta la desigualdad porque no se reconoce que existe un problema
estructural en la división sexual del trabajo.
3.2.3. Expectativas
Como se dijo más arriba, las expectativas se refieren a creencias sobre el comportamiento y
las creencias de las demás personas. Cuando se habla de expectativas se está hablando de
lo que las personas consideran que las otras personas hacen habitualmente; igualmente, se
está hablando de lo que las personas creen que las otras creen o, también, de lo que estas
consideran bien y mal visto.
Teniendo esto en cuenta, se puede observar que los hombres coinciden en que ha habido
un cambio generacional significativo en las actitudes y comportamientos de los hombres y
mujeres frente al trabajo de cuidado y el mercado laboral. Los participantes de los grupos
focales realizados por la SDMujer dicen: “Pero hoy en día no, hoy en día el hombre ya se
mete a la cocina, que venga hacemos un almuerzo, que venga le ayudo a lavar la loza, que
ya se convive para que un fin de semana se pueda hacer oficio con la esposa. Antes no se
veía eso, antes se veía el esposo en la cama acostado que porque le tocaba duro y la mujer
hágale” (Hombre, grupo focal, 2020). También afirman: “Eso cambió desde que la mujer
trabaja y también aporta en la casa. Antes, la mujer no trabajaba y el hombre aportaba. Para
nuestros padres la mujer debía estar en la casa y el hombre en la calle. Se veía mal una mujer
en la calle” (Hombre, grupo focal, 2020).
Cuando se narra el cambio, se observa que, si bien los participantes hablan del involucramiento
de los hombres en el trabajo de cuidado no remunerado, se enfocan mucho más en los
derechos de las mujeres y en su participación en el mercado laboral. Esto coincide con el
hecho de que el progresivo involucramiento de las mujeres en este mercado no ha venido
acompañado de un suficiente involucramiento de los hombres en el trabajo de cuidado,
como se señaló anteriormente en este documento.
También cabe señalar que los hombres identifican una causalidad entre el progresivo
involucramiento de mujeres en el mercado laboral remunerado y la necesidad de los
hombres de participar en el cuidado: “Los hombres se han estado involucrando en las
tareas del hogar mucho más que antes porque las mujeres están trabajando, estudiando
y aportando en la casa. He conocido casos de hombres que son cuidadores del hogar y
de los hijos” (Hombre, grupo focal, 2020). Es decir que el cambio cultural que identifican
los hombres no se debe tanto a un reconocimiento del derecho que tienen las mueres a
dedicarse a proyectos alternativos al cuidado sino a la necesidad de asumir actividades en
las que las mujeres han dejado de participar. Un participante manifiesta que: “Esos cambios
se dan no necesariamente por disposición del hombre sino porque las mujeres se ‘paran
duro’” (Hombre, grupo focal, 2020).
Igualmente, cabe resaltar que hay algunos hombres que matizan la participación masculina
en el trabajo de cuidado no remunerado. En particular, esto es evidente con respecto al
cuidado directo. Así, los hombres que participaron en los grupos focales de la SDMujer hacen
afirmaciones como: “Si hay cambio por lo menos en las paternidades no es tan drástico. El
abandono o negación de la paternidad sigue siendo algo muy latente en esta generación,
es un problema de la población masculina. La mayoría de los hogares monoparentales son
de mujeres y uno se pregunta. ¿Dónde están los hombres y qué están haciendo?” (Hombre,
grupo focal, 2020) o “Simplemente se asume que una mujer va a cuidar a la persona. Ninguno
de mis tíos ha asumido el cuidado de mi abuela. Mi mamá y mi tía lo han asumido y esa es mi
pelea con mi mamá porque ella tiene otros intereses en la vida y no ha podido hacer nada”
(Hombre, grupo focal, 2020).
Esto es importante porque la expectativa de que los hombres no cuidan puede incentivarlos
a no redistribuir. Esto también permite entrever que existe una expectativa arraigada de que
los roles tradicionales no se han modificado tanto como las personas afirman cuando se
refieren a sus creencias personales. De hecho, es frecuente que las expectativas no coincidan
Según su opinión, la matoría de los hombres en Bogotá:
64% 78%
HOMBRES
MUJERES
29% 16%
6% 5%
0% 0%
Participan menos que las mujeres en los oficios del hogar Participan más que las mujeres en los oficios del hogar
Participan igual que las mujeres en los oficios del hogar NS/NR
con las creencias personales de las personas y esto es relevante porque, como lo señala
Bicchieri (2019), nuestro comportamiento se relaciona mucho más con lo que creemos
sobre las demás personas que con nuestras creencias personales.
En general, se observa que se tienen expectativas negativas hacia los hombres con respecto
al trabajo de cuidado indirecto. Como se puede ver en el siguiente gráfico, 6 de cada 10
hombres y 6 de cada 10 mujeres (58% y 59%, respectivamente) tienen la expectativa de que
la mayoría de mujeres consideran que los hombres no saben hacer oficio.
58% 59%
HOMBRES
MUJERES
18% 19%
26% 30%
En Bogotá, la mayoría de las mujeres consideran que los hombres no saben cómo hacer oficio
En Bogotá, la mayoría de las mujeres consideran que se sienten mal si dejan que los hombres hagan oficio en la casa
En Bogotá, la mayoría de las mujeres no enseñan a sus hijos hombres las labores del hogar porque pierden su hombría
Gráfico 8. Expectativas de hombres y mujeres frente a las creencias sobre el cuidado que tienen las mujeres en
Bogotá. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).
Igualmente, las expectativas frente a la crianza en relación con el cuidado directo también
son relevantes. Se puede ver que 3 de cada 10 hombres y 3 de cada 10 mujeres (26% y 30%,
respectivamente) tienen la expectativa de que la mayoría de mujeres no enseñan a sus hijos
hombres las labores del hogar porque pierden su hombría. Esto coincide con los testimonios
de las mujeres que participaron en los grupos focales de la SDMujer. Estas tienen la idea
generalizada de que a los hijos y las hijas se les da una educación machista. Así, explican
lo siguiente: “las mamás educan a los hijos que no pueden cocinar, que no pueden lavar,
depende de la formación, el machismo hay que sacarlo de las mentes de las mujeres” (Mujer,
grupo focal, 2020).
Adicionalmente, como muestran los gráficos de esta misma encuesta que se exponen a
continuación, las expectativas sociales de las mujeres frente a los hombres con respecto
al cuidado indirecto son más negativas que las que tienen los hombres hacia ellos mismos.
Esto contrasta con el anterior gráfico, donde vemos que las respuestas de hombres y mujeres
tienen una distribución similar cuando se refieren a estas. Esto permite intuir que, o bien los
hombres responden con un sesgo de deseabilidad, o bien los hombres tienen una visión
mucho más positiva consigo mismos de lo que corresponde con la realidad. En cualquier
caso, cabe señalar que incluso la mitad de los hombres tienen expectativas negativas hacia
ellos mismos. Por ejemplo, en la encuesta se puede ver que 7 de cada 10 mujeres (68%)
cree que los hombres están de acuerdo con que si un hogar está desorganizado o sucio es
porque le falta una mano femenina y 5 de cada 10 hombres considera lo mismo (49%).
57% 76%
HOMBRES
MUJERES
49% 68%
50% 70%
20% 46%
Las mujeres tienen un don natural para las labores del hogar
Las mujeres son mejores para el trabajo doméstico que ellos
que ellos no tienen
Si un hogar está desorganizado o sucio es porque le falta una
Si se dedican a hacer oficio de su casa pierden hombría
mano femenina
Gráfico 9. Expectativas de hombres y mujeres frente a las creencias de los hombres frente al trabajo de cuidado indirecto y los
roles de género. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).
Se observa que las expectativas de hombres y mujeres frente a la participación de los
hombres en el trabajo de cuidado indirecto son bastante negativas. Esta es una información
importante para la estrategia “A cuidar se aprende” pues las expectativas negativas hacia los
hombres tienen repercusiones sobre sus comportamientos y su participación en el trabajo
de cuidado no remunerado.
Ahora bien, frente a las expectativas que se tienen frente a la realización de acuerdos y
la negociación en el hogar en torno a la redistribución del cuidado indirecto, las viñetas
de los grupos focales realizados por la SDMujer dieron otros resultados interesantes. Ante
la situación narrada, cuando se le solicita a un hombre que se involucre en el trabajo de
cuidado no remunerado, los participantes tienen expectativas divididas. Por un lado, la
mayoría de hombres plantean que ese tipo de conversaciones molestarían a los hombres:
“Un porcentaje alto va a responder de mala manera sin querer contribuir a esa obligación o
a esas actividades que hace la hermana en la casa. No lo van a aceptar fácilmente” (Hombre,
grupo focal, 2020).
También se observó que en el caso de una relación de pareja es aún más difícil tener este
tipo de conversaciones que en el caso de los hermanos dado que allí aparecen los celos,
el control y “las intrigas” del hombre. Esto va en la misma vía que los datos planteados
en el capítulo anterior, donde se mostraba que los hombres que viven en pareja dedican
proporcionalmente menos tiempo al trabajo de cuidado no remunerado que aquellos que
no viven en pareja.
Por otro lado, en los grupos focales algunos hombres indican que la reacción sí sería positiva
y el hombre participaría: “Como los tiempos han cambiado, podrían llegar a un acuerdo.
Establecer horarios para las tareas domésticas. Lo que los hombres de Bogotá harían sería
un acuerdo para llegar a una solución” (Hombre, grupo focal, 2020). Otros señalan que “50-
50 se molestarían y entenderían” (Hombre, grupo focal, 2020) reconociendo que ha habido
un cambio en algunos hombres, pero aún falta trabajar con la mitad de la población.
Ante la situación planteada en la viñeta sobre la redistribución del trabajo indirecto, las mujeres
que participaron en los grupos focales de la SDMujer argumentan —con mayor énfasis que
los hombres— que estos van a reaccionar mal si se les plantea que asuman su responsabilidad
con respecto al trabajo de cuidado no remunerado. Para ellas, los hombres argumentan que
este trabajo es difícil y les produce inseguridad no saber cómo realizarlo. Según plantean,
los hombres pueden llegar al punto de amenazar a su pareja con la separación con tal de
no asumir la responsabilidad: “generalmente hay hombres como que se escudan en que es
difícil que no lo pueden hacer, o amenazan a las mujeres diciéndoles que si a ellos les toca
hacer eso mejor se consiguen a otra, entonces las mujeres terminan cediendo para evitar
esos problemas familiares” (Mujer, grupo focal, 2020).
Cuando se preguntó en los grupos focales por la reacción de las mujeres ante la situación
planteada en la viñeta sobre la redistribución del trabajo de cuidado indirecto, se tienen
opiniones divididas. Por un lado, algunas afirman que ellas no se atreverían a tener esa
conversación, principalmente por temor al abandono cuando conviven con su pareja. Por
otro lado, algunas consideran que las mujeres actualmente sí plantearían esto a sus parejas:
“pienso que sí, la mujer actual sí se anima a tener la conversación. Uno al principio tiene el
temor de que la pareja no llene esa expectativa, pero la realidad te empuja a plantear esa
situación. Hoy en día los dos necesitan trabajar, no se puede como antes que solo uno
trabaja. Ahora las mujeres nos atrevemos más” (Mujer, grupo focal, 2020).
Desde la perspectiva de los hombres, son las mujeres las que toman la iniciativa de
la redistribución. No obstante, las viñetas permitieron observar que de forma general
los hombres consideran que la mayoría de mujeres en Bogotá no tendrían este tipo de
conversaciones: “siento que sería complejo para ella decírselo porque Jorge ya tiene sus
horarios acomodados. Puede pensar ‘si yo le digo de pronto se enojará’. Si partimos de ahí,
ella tendría sus dudas en decirle” (Hombre, grupo focal, 2020).
Para el caso de las mujeres, la dificultad radica en emociones como el miedo hacia la persona
con la que conviven por su posible reacción. Para el caso de los hombres, la dificultad radica en
que estos tendrán emociones de rabia o ira frente a la propuesta de redistribución. No obstante,
ciertos hombres señalan que algunos de estos recibirían la propuesta de forma receptiva.
Ahora bien, también es importante reconocer las expectativas que están relacionadas
con aquello que está bien o mal visto. Así, los hombres que participaron en los grupos
focales de la SDMujer consideran que si un hombre comparte a sus pares que debe asumir
responsabilidades frente al trabajo de cuidado no remunerado, en la mayoría de los casos
este recibirá una sanción social: “Dirían: ‘No, ¿cómo se le ocurre a usted ponerse a hacer
oficio? Si ella no hace absolutamente nada, está en la casa, el que está trabajando es usted.
Que siga haciendo los oficios’” (Hombre, grupo focal, 2020).
Esta sanción social demuestra que si bien existe una creencia personal que favorece la
igualdad de género, aún existe la expectativa de que los hombres que se dedican a las
actividades domésticas pierden algo de su masculinidad: “es más inseguridad personal. Al
pensar que ‘Si me pongo a lavar las ollas dejo de ser el hombre de la casa, el que tiene el
mando, el que de pronto es la cabeza familiar’” (Hombre, grupo focal, 2020). En ese sentido,
un hombre se plantea lo siguiente: “Me pregunto qué pasaría si un hombre llega a tener
esas responsabilidades de cuidado, cómo puede llegar a ser visto ese hombre. Hasta qué
punto una mujer estaría dispuesta a compartir la vida con una persona que dedica su vida al
cuidado y no está enfocada en conseguir dinero” (Hombre, grupo focal, 2020).
Igualmente, las mujeres coinciden en que las personas cercanas a los hombres los van a
sancionar solo por considerar asumir el trabajo de cuidado: “hijo, ¿por qué hace eso? Que
lo haga ella, las mujeres están diseñadas para eso, usted sale a trabajar” (Mujer, grupo focal,
2020). Frente a esto último cabe señalar que si bien los hombres reconocen que la sociedad
sancionaría a un hombre que asumiera por completo un rol de cuidador, existe también una
tendencia a leer el involucramiento de quien lo asume como un acto heroico, en especial
cuando se trata de sus madres: “se admira más la labor del hombre que hace esto y no el de
la mujer. Es más admirable que el hombre haga este ‘sacrificio’. En cambio, en el caso de las
mujeres no se entiende como un ‘sacrificio’” (Hombre, grupo focal, 2020).
Esto es consistente con los datos de la Encuesta de Masculinidades y Cuidado (2021). Esta
evidencia que, ante la situación de un hombre que sale a la calle a pasear a su hijo o hija
en coche y con un delantal puesto, tanto hombres como mujeres tienen la expectativa
normativa de que los amigos en su mayoría se burlarían de él porque se ve como una mujer
o lo molestarían y lo harían sentir mal. Es decir que las personas esperan que un hombre
reciba una fuerte sanción social si se dedica al trabajo de cuidado no remunerado.
32% 36%
HOMBRES
MUJERES
18% 16%
18% 10%
32% 38%
Se burlarían por verse como una mujer No se darían cuenta o serían indiferentes
Lo felicitarían por encargarse de las labores del hogar Lo molestrían o lo harían sentir mal
Gráfico 10. Expectativas normativas de hombres y mujeres frente a un hombre que asume el trabajo de cuidado no
remunerado. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).
Una segunda expectativa relacionada con el “deber ser” es aquella que establece que
todas las personas que viven en un hogar deben hacer un “aporte”. Cuando el aporte no es
económico se asume que debe ser en trabajo de cuidado independientemente del tiempo
y el esfuerzo que este tome. Esta misma encuesta muestra que 3 de cada 10 hombres (30%)
y 5 de cada 10 mujeres (52%) creen que los hombres están de acuerdo con la idea de que
quien menos aporta económicamente en la casa debe encargarse del oficio.
83%
80%
48% 46%
Hombre Mujer
En Bogotá, la mayoria de las mujeres quisieran que los hombres ayuden con el oficio, pero no esperan que se encarguen completamente
En Bogotá, la mayoría de las mujeres esperan que las parejas de sus hijos los atiendan
Gráfico 10. Expectativas normativas de hombres y mujeres frente a un hombre que asume el trabajo de cuidado
no remunerado. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).
Esto refuerza, a nivel de expectativas, lo que ya habíamos visto con las creencias personales
de los hombres: ellos consideran que quien no trabaja remuneradamente debe aportar
al hogar con trabajo de cuidado no remunerado y además creen que los otros hombres
también piensan así. Las mujeres participantes de los grupos focales realizados por la SDMujer
también reconocen la tensión que existe por el aporte económico a la casa. Señalan que: “Él
le diría: de qué vamos a vivir, si yo me quedo aquí, tú sales a trabajar y entonces ya empieza
de por medio la parte afectiva, se va con otro, empiezan los celos” (Mujer, grupo focal,
2020). Se puede ver así que el trabajo remunerado no solo determina quién se encarga del
trabajo de cuidado, sino que, en caso de que la mujer lo asuma, aparecen sospechas frente
a sus actividades por fuera de la casa.
En los datos del gráfico anterior se puede ver que 7 de cada 10 mujeres (67%) cree que
los hombres están de acuerdo con que deben ayudar en el oficio del hogar, pero no es su
obligación y 5 de cada 10 hombres considera lo mismo (51%). Esto evidencia que actualmente
se reconoce que, si bien no está bien visto que los hombres sean ajenos al trabajo de cuidado,
no les corresponde este trabajo como su responsabilidad principal. Es decir que hay un cambio
incipiente pero aún es necesario continuar con una transformación cultural.
Con respecto a las expectativas de lo que es deseable para una mujer con respecto a la
redistribución, en los grupos focales realizados por la SDMujer las participantes señalaron
que, si una mujer busca consejo porque está interesada en redistribuir el trabajo de cuidado
no remunerado, va encontrarse con unas u otras recomendaciones dependiendo de a quién
se lo pida. Si se trata de una madre con ideas tradicionales se va a estimular que la mujer
“aguante”: “ellas creen que toca matarse por atender al marido y los hijos” (Mujer, grupo
focal, 2020). Más allá de las personas concretas, algunas mujeres identifican que la sociedad
en general espera de ellas que asuman el cuidado: “nos colocan el letrero de que ustedes
son las que mantienen el hogar, eso hace que una mujer asuma este cuidado y mantenga
el hogar estable. Las mujeres cuidadoras se sienten cargadas porque la misma sociedad ha
hecho que ellas sean el estandarte de un hogar” (Mujer, grupo focal, 2020). Por el contrario,
si se trata de una amiga joven o de una hermana: “le dice que lo ubique en el tiempo, que
estamos en la actualidad y hoy tienen que colaborar, que como él tiene su tiempo tú también
te lo mereces” (Mujer, grupo focal, 2020).
Frente a las expectativas hacia las mujeres, según la Encuesta de Masculinidades y Cuidado,
8 de cada 10 hombres y 8 de cada 10 mujeres (80% y 83%, respectivamente) considera que
la mayoría de mujeres quisiera que los hombres ayuden con el oficio, pero no espera que
se encarguen completamente. Si esto se complementa con la expectativa de que no es
obligación de los hombres asumir esta responsabilidad, se puede concluir que en Bogotá hay
expectativas arraigadas que aún impiden la redistribución en tanto que una parte importante
de la sociedad espera que los hombres “ayuden” pero no que asuman la responsabilidad
principal del cuidado. De hecho, es interesante observar que hombres y mujeres coinciden
en que esta es una idea más arraigada en las mujeres que en los hombres: mientras el 80%
de hombres y el 83% de mujeres consideran que la mayoría de mujeres quisiera que los
hombres ayuden con el oficio, pero no espera que se encarguen completamente, el 51% de
hombres y el 67% de mujeres creen que los hombres deben ayudar con los oficios del hogar
67%
51% 52%
30%
Hombre Mujer
Deben ayudar en las labores del hogar pero no es su obligación
Gráfico 10. Expectativas normativas de hombres y mujeres frente a un hombre que asume el trabajo de cuidado
no remunerado. Encuesta de Masculinidades y Cuidado - DOGCC – SCC - SCRD (2021).
pero no es su obligación. Esto también se alinea con la apreciación que comparte otra mujer
participante de los grupos focales cuando señala la dificultad que tienen las mujeres para
ceder el cuidado: “Es muy difícil dejarse atender. Las mujeres a veces no se dan el permiso
de que las atiendan” (Mujer, grupo focal, 2020).
Esto se puede complementar con el hecho de que 5 de cada 10 hombres (48%) y 5 de cada
10 mujeres (46%) consideran que la mayoría de mujeres esperan que las parejas de sus
hijos los atiendan. Se puede observar entonces que la mitad de la población encuestada
considera que hay unas necesidades de cuidado de los hombres que son obligación de las
mujeres, bien sean sus familiares o sus parejas. Esta expectativa se puede relacionar con el
hecho de que los hombres que viven en pareja tienden a redistribuir menos el trabajo de
cuidado no remunerado.
Con lo señalado anteriormente, se puede concluir que los hombres aún son
sancionados socialmente por su red de referencia más cercana (amigos, familia,
etc.) por participar activamente en el trabajo de cuidado no remunerado. Esto se
articula con la expectativa de que la responsabilidad principal del cuidado es de
las mujeres y el rol de los hombres es “ayudar”.
3.3. Conclusiones
Esto, a su vez, permite concluir que existen algunas normas sociales que están en
transformación y otra que está más establecida. Las normas sociales en transformación
hacen referencia a normas que se están abandonando y cuestionando o a normas que se
están empezando a acoger en la sociedad. Por el contrario, la norma social establecida
hace referencia a una norma fuertemente arraigada en la ciudad que actualmente no se está
cuestionando.
• Las personas que no aportan económicamente en la casa deben aportar por medio de
trabajo de cuidado no remunerado: esta es una norma social bastante arraigada entre
hombres y mujeres y es uno de los grandes retos para la redistribución pues invisibiliza la
mayor dedicación horaria que requiere el trabajo de cuidado con respecto a otras formas
de trabajo remunerado.
A continuación, se presenta una matriz con los cambios deseados utilizando las categorías
exploradas en la investigación. Adicionalmente, se incluyen las categorías conocimientos,
habilidades, emociones y vínculos afectivos dado que estos elementos serán importantes
para generar los cambios culturales deseados, como se señaló en el marco teórico de
este documento.
Los hombres tendrán más conocimientos y habilidades Implementar espacios de formación que les
sobre el trabajo de cuidado no remunerado si realizan permitan a los hombres fortalecer: a) sus
ejercicios experienciales que les permitan poner en habilidades y conocimientos sobre el cuidado,
práctica estas habilidades. b) sus habilidades de comunicación asertiva y
c) sus habilidades en el manejo de emociones
Los hombres y las mujeres desarrollarán habilidades relacionadas con el cuidado y el autocuidado.
Conocimientos de comunicación asertiva si participan en actividades
y habilidades experienciales que les permitan desarrollar y practicar Implementar talleres de sensibilización que
estas habilidades. despierten la curiosidad de los hombres con
respecto a trabajos de cuidado específicos.
Los hombres desarrollarán habilidades en el manejo de
emociones relacionadas con el cuidado y el autocuidado Implementar talleres de sensibilización que
si participan en actividades experienciales que les inviten a las mujeres a desarrollar habilidades de
permitan desarrollar y practicar estas habilidades. comunicación asertiva.
Los hombres y las mujeres valorarán el cuidado como Implementar talleres de sensibilización y
trabajo si se evidencia el tiempo y el esfuerzo físico y procesos de formación que brinden razones
mental que este requiere. para transformar estas creencias.
Implementar actividades de literatura y arte
Los hombres y las mujeres de Bogotá valorarán el cuidado
que evoquen emociones que favorezcan estas
como una actividad fundamental para el bienestar de la
creencias.
sociedad si se evidencian las consecuencias que puede
tener la ausencia de cuidado. Utilizar piezas gráficas y audiovisuales que
aporten argumentos, razones y emociones
Los hombres y mujeres de Bogotá considerarán que
para transformar estas creencias.
los roles de género se pueden transformar y no están
definidos por naturaleza si se evidencia que hay muchas Hacer conversatorios y eventos que aporten
formas de ser hombre o mujer, que todas las personas aporten argumentos y razones para transformar
deben aprender a cuidar y que no siempre han sido las estas creencias.
mujeres las que han cuidado en la historia de la humanidad.
Los hombres y las mujeres considerarán que los oficios
domésticos y el cuidado de otras personas que viven en su
hogar no están distribuidos equitativamente entre todos
Creencias los miembros de su hogar y tendrán una percepción
coherente con su participación real en los trabajos de
cuidado directo e indirecto en sus hogares si se brindan
espacios de reflexión y conversación donde los hombres
puedan revisar críticamente sus prácticas cotidianas.
Los hombres y las mujeres considerarán que el trabajo
de cuidado no remunerado debe ser una responsabilidad
compartida entre todos los miembros de un hogar si
entienden que actualmente en Bogotá los trabajos de
cuidado no están bien distribuidos entre hombres y
mujeres y esta es una situación injusta porque limita las
posibilidades de las mujeres.
Las mujeres y los hombres valorarán el cuidado de sí
mismas/os en igual medida que el cuidado de otras
personas y considerarán que el autocuidado debe ser
una actividad importante en sus vidas si identifican los
beneficios del cuidado y del autocuidado y la injusticia
que hay detrás de la falta de distribución.
Se transformarán las expectativas sobre el rol del hombre Utilizar piezas gráficas y audiovisuales que
y la mujer frente al trabajo de cuidado no remunerado posicionen nuevas expectativas y narrativas
en los hogares de la ciudad si se visibilizan hombres sobre los hombres.
comprometidos con el cuidado y mujeres comprometidas
con sus proyectos personales y el autocuidado. Hacer conversatorios y eventos que posicionen
nuevas expectativas y narrativas sobre los
Se transformarán las expectativas del rol del padre y hombres.
la madre en la crianza de las hijas/os en Bogotá si se
visibilizan hombres cuidadores, presentes y afectivos Realizar acuerdos colectivos simbólicos para
y mujeres que cuestionan la idea del sacrificio y la evidenciar el compromiso de diversos actores
abnegación maternal. frente a la redistribución.
Expectativas Las personas considerarán que no se sanciona a los Instar a diversos actores a realizar pedagogía
hombres por asumir trabajo de cuidado no remunerado sobre el cuidado y su redistribución.
si se visibilizan familias y comunidades que valoran los
beneficios colectivos que trae la redistribución. Utilizar piezas gráficas y audiovisuales que
posicionen nuevas expectativas sobre la
La ciudadanía considerará que las personas creen valoración de la redistribución y su pedagogía.
que deben enseñarles a sus hijos e hijas sobre
su responsabilidad en el trabajo de cuidado no
remunerado en el hogar si se visibilizan familias
y comunidades que valoran los beneficios y la
necesidad de educar a niñas y niños en el marco de la
redistribución del trabajo de cuidado.
Categoría Cambios deseados e hipótesis de cambio Mecanismos de cambio
Los vínculos afectivos entre hombres y personas que Implementar actividades de literatura y arte
requieren cuidado se fortalecerán si se fomentan que permitan fortalecer los vínculos afectivos
espacios para que los hombres se involucren en el de los hombres con las personas que requieren
cuidado. cuidado.
Los vínculos afectivos entre mujeres y personas que Implementar talleres de sensibilización,
requieren cuidado se cuestionarán si se evidencia la
Emociones conversatorios y eventos que brinden razones
relación problemática que históricamente ha existido
y vínculos para que las mujeres cuestionen los vínculos
entre el “amor femenino” y el cuidado.
afectivos afectivos con las personas que requieren
Los hombres de la ciudad sentirán orgullo por cuidado.
participar en el trabajo doméstico y de cuidado no
remunerado si evidencian que otros hombres lo están Utilizar piezas gráficas y audiovisuales que
haciendo y que es deseable para la sociedad que los posicionen nuevas expectativas y narrativas
hombres cuiden (teniendo cuidado de no heroizar a sobre los hombres que fomenten el orgullo
los hombres cuidadores). por el cuidado.
Los hombres y las mujeres realizarán acuerdos Todas las actividades anteriormente
explícitos si mejoran sus habilidades para hacer mencionadas aportarán al cumplimiento de
acuerdos y las practican. este cambio deseado.
Como se vio más arriba y según lo plantea Cristina Bicchieri, “una norma social es una
pauta o norma de conducta a la que los individuos prefieren ajustarse con la condición
de que crean que: a) a la mayoría de las personas de su red de referencia se ajustan a ella
(expectativa empírica) y b) la mayoría de personas de su red de referencia creen que deben
ajustarse a ella (expectativa normativa)” (2019, pp. 64-65). En otras palabras, una norma social
ocurre cuando confluye una expectativa sobre el comportamiento de las otras personas y
una expectativa sobre lo que estas personas consideran deseable.
Para cambiar las normas sociales es esencial identificar las razones compartidas para que
ocurra un cambio (es decir, alinear las creencias personales de las personas), generar un cambio
colectivo de expectativas (en particular, frente a la red de referencia) y coordinar la acción.
Pasos para abandonar una norma
Nuevas Abandono
Decisión Confianza
Cambio en Acción expectativas de nuevas
colectiva de / creencia
las creencias coordinada empíricas expectativas
abandono compartida
normativas
Gráfico 13. Construcción propia a partir del gráfico 3.2. Pasos para abandonar una
norma de Nadar en contra de la corriente (Bicchieri, 2019).
Igualmente, se priorizan actividades relacionadas con las artes porque como lo explica Martha
Nussbaum (2010), las sociedades democráticas requieren de las artes y las humanidades
para su desarrollo, especialmente para desarrollar la imaginación narrativa, es decir, la
capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, de interpretar con inteligencia el relato
de esa persona y de entender sus sentimientos, deseos y expectativas. En ese sentido, las
experiencias artísticas y las actividades de lectura son espacios que permitirán experimentar
y fortalecer la empatía de las personas participantes hacia las personas que asumen el trabajo
de cuidado en sus hogares y entornos cotidianos.
En segundo lugar, se busca trabajar en un nivel intersubjetivo transformando a) los vínculos
afectivos y b) las expectativas de las personas sobre el cuidado. Esto se trabajará a través
de actividades de arte y literatura para transformar vínculos y emociones, la difusión de
contenidos gráficos y audiovisuales, la articulación de distintos actores para amplificar la
pedagogía del cuidado y la realización de un acuerdo colectivo simbólico para redistribuir y
promover la redistribución a través del lanzamiento de esta estrategia.
En este nivel, cabe señalar que varias actividades están orientadas hacia los padres y sus
vínculos afectivos porque, como se vio, los hogares con personas que requieren altos niveles de
apoyo requieren, en mayor medida, una redistribución de los trabajos de cuidado. Este énfasis
también es importante porque, como lo señala el informe Getting men to care (Promundo,
ALIGN & RWAMREC, 2018) y State of the World’s Fathers (Van der Gaag et al, 2019) el trabajo
orientado a padres ha demostrado tener resultados positivos frente a la redistribución.
A continuación se presenta el esquema que resume los dos niveles de intervención que se
abordarán en la estrategia.
NIVEL 2
Subjetivo
NIVEL 1
Individual
Gráfico 14. Niveles de intervención de la estrategia pedagógica y de cambio cultural. Construcción propia
5.3 La ruta del cambio
Resultados Las creencias, disposiciones, emociones, Las expectativas sociales con Los vínculos afectivos
Cambio en el conocimientos, habilidades y respecto al cuidado, al autocuidado y relacionados con la
desempeño del comportamientos individuales asociados al al género favorecen el redistribución del trabajo
cuidado, al autocuidado y al género favorecen
sistema el reconocimiento y la redistribución del
reconocimiento y la redistribución del de cuidado de hombres
trabajo de cuidado directo e indirecto y mujeres se transforman
trabajo de cuidado directo e indirecto
Gráfico 15. Niveles de intervención de la estrategia pedagógica y de cambio cultural y componentes. Construcción propia.
5.4. Acciones
En esta sección se hará referencia a las acciones propuestas para la Estrategia pedagógica y de
cambio cultural. El apartado incluye acciones propias de la SDMujer y acciones concertadas
con otros sectores del Distrito. Estas se agruparon en tres componentes teniendo en cuenta
la duración y el tipo de acción.
14
En este nivel, específicamente se trabajará la realización de acuerdos explícitos para redistribuir y la realización de activida-
des de autocuidado.
En segundo lugar, está el componente de formación. Este hace referencia a procesos de
formación virtual o presencial de más de 40 horas donde se pueden transformar creencias,
disposiciones, habilidades, conocimientos, emociones y comportamientos en torno al
género, el autocuidado o el trabajo de cuidado no remunerado y su redistribución.
Subjetivo
D. Comunicación
NIVEL 1
Individual B. Formación
A. Sensibilidad
Gráfico 16. Niveles de intervención de la estrategia pedagógica y de cambio cultural y componentes. Construcción propia.
5.4.1. Actores del cambio
Matriz de actores
Tipo de Institución/ Categorías a
Componente Actividades asociadas
actor organización impactar
Secretaría Distrital Reflexiones frente a la redistribución del cuidado: "A cuidar se aprende" Creencias, disposiciones,
Sensibilización
de la Mujer con hombres y "Cuidamos a las que nos cuidan" con mujeres habilidades, comportamientos
Instituto Distrital de Experiencias artísticas del programa NIDOS con énfasis en Creencias, disposiciones y
Sensibilización
las Artes (IDARTES) masculinidades con padres, hijas e hijos vínculos afectivos
Creencias, disposiciones,
Secretaría de Cultura Escuela Hombres al Cuidado con ciclos de formación en
Formación conocimientos, habilidades,
recreación y deporte cuidado directo, indirecto, emocional y ambiental
emociones
Sector Jardines infantiles, colegios Realizar acciones de pedagogía sobre el reconocimiento y la Creencias, disposiciones,
y universidades Amplificación
educativo redistribución del trabajo de cuidado y articularse con el SIDICU conocimientos, expectativas
Organizaciones no Entidades sin ánimo de lucro Realizar acciones de pedagogía sobre el reconocimiento y la Creencias, disposiciones,
gubernamentales Amplificación
e iniciativas ciudadanas redistribución del trabajo de cuidado y articularse con el SIDICU conocimientos, expectativas
Gráfico 17. Matriz de actores de la estrategia pedagógica y de cambio cultural. Construcción propia.
A continuación, se detallan las acciones de sensibilización con las que contará la Estrategia
pedagógica y de cambio cultural “A cuidar se aprende” donde están involucradas la
Secretaría Distrital de la Mujer (SDMujer), el programa NIDOS del Instituto Distrital de las
Artes (IDARTES), la Dirección de Lectura y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura Recreación
y Deportes (SCRD) y la Subdirección para la familia de la Secretaría Distrital de Integración
Social (SDIS).
5.4.2.1. SDMujer - Equipo del SIDICU: Talleres de sensibilización “A cuidar se aprende” y
“Cuidamos a las que nos cuidan”
La SDMujer tiene una oferta de dos tipos de taller, “A cuidar se aprende” y “Cuidamos a
las que nos cuidan”, que se dirigen, respectivamente, a hombres y mujeres. Los talleres
tienen una duración aproximada de dos horas, se dictan de manera virtual y presencial y
están pensados para una participación máxima de 30 personas. Su objetivo es transformar
creencias personales, disposiciones, habilidades y comportamientos en torno al cuidado, el
autocuidado y el género.
El primer tipo, “A cuidar se aprende”, cuenta con 7 módulos que se pueden implementar de
forma virtual o presencial y de manera independiente teniendo en cuenta las particularidades
de la población con la que se trabajará y las características del espacio: 1) “A cuidar se aprende
- reflexión - adolescentes” para hombres de 14 a 18 años, 2) “A cuidar se aprende - reflexión”
para adultos de 18 a 59 años, 3) “A cuidar se aprende - reflexión - personas mayores” para
hombres de 60 años en adelante, 4) “A cuidar se aprende - práctico - adolescentes” para
hombres de 14 a 18 años, 5) “A cuidar se aprende - práctico” para adultos de 18 a 59 años, 6)
“A cuidar se aprende - práctico - personas mayores” para hombres de 60 años en adelante,
y 7) “A cuidar se aprende - hombres trans”. La diferencia entre los talleres de reflexión y los
talleres prácticos es que en los primeros se usa la discusión en torno a las actividades de
cuidado para generar un cambio en las personas participantes y en los segundos, que son
necesariamente presenciales, se realizan actividades de cuidado15 para generar el cambio.
En el marco de estos talleres se practican las siguientes actividades: a) Apoyar en la lactancia materna, b) Cambiar de
15
pañales, c) Usar pastilleros y apoyar a personas mayores o enfermas, d) Planchar y doblar ropa, e) Coser y remendar ropa, f)
Realizar aseo general y g) Cocinar y lavar loza.
El segundo tipo, “Cuidamos a las que nos cuidan”, cuenta con 16 módulos en total que se
pueden implementar de manera virtual o presencial. De estos, cinco están dirigidos a la
ciudadanía en general: 1) Reconstruyendo la maternidad, 2) Parejas compañeras y pactos
igualitarios, 3) Amistades solidarias, 4) Del cuidado al autocuidado, 5) Transformando el hogar;
cinco módulos están dirigidos a las mujeres afrocolombianas o negras: 6) Reconstruyendo
la maternidad - mujeres negras y afrocolombianas, 7) Parejas compañeras y pactos
igualitarios - mujeres negras y afrocolombianas, 8) Amistades solidarias - mujeres negras
y afrocolombianas, 9) Del cuidado al autocuidado - mujeres negras y afrocolombianas,
10) Transformando el hogar - mujeres negras y afrocolombianas; cinco módulos están
dirigidos a las mujeres indígenas: 11) Reconstruyendo la maternidad – mujeres indígenas,
12) Parejas compañeras y pactos igualitarios - mujeres indígenas, 13) Amistades solidarias -
mujeres indígenas, 14) Del cuidado al autocuidado - mujeres indígenas, 15) Transformando
el hogar - mujeres indígenas; y un módulo está dirigido a mujeres trans: 16) Cuidamos a
las que nos cuidan - mujeres trans.
El programa Nidos, arte en primera infancia del Instituto distrital de las artes - IDARTES,
busca garantizar el derecho de la primera infancia a participar libremente en la vida cultural
y en las artes, mediante experiencias artísticas que hacen posible el disfrute, la creación
y el enriquecimiento de la vida mediante los lenguajes artísticos. Nidos contribuye varias
acciones de atención integral y de carácter intersectorial orientadas a generar bienestar para
la primera infancia, mediante líneas de trabajo que convergen y aportan de formas diversas
a las políticas públicas distritales y nacionales16.
16
Entre ellas, (i) la política del Plan de Prevención de Violencias de la Secretaría Distrital de Integración Social, a la cual Nidos
aporta mediante experiencias artísticas para niños y niñas de primera infancia y cuidadores orientadas a la apropiación
de corresponsabilidad en el cuidado de la primera infancia, y (ii) la política del Plan de Igualdad de Oportunidades para la
Equidad de Género, a la que Nidos aporta con experiencias artísticas para primera infancia y sus cuidadores/as desde una
perspectiva de transformación cultural con enfoque de género.
Nidos hace parte del componente de sensibilización de la Estrategia pedagógica y de cambio
cultural del SIDICU a través de la línea de acción en masculinidades. Esta cuenta con dos
particularidades que armonizan su misión con los propósitos de la presente estrategia. De un
lado, desde un punto de vista técnico, esta línea de acción crea y pone en escena experiencias
artísticas que abordan o tocan temáticas afines a las masculinidades y las paternidades
sensibles y corresponsables; las experiencias se orientan, así, a movilizar sensaciones,
emociones, pensamientos, visiones y sensibilidades que contribuyan a resignificar tópicos
relacionados con el cuidado directo de la primera infancia, el cuidado indirecto y sus
distribuciones equitativas. Las experiencias que cumplen este criterio se definen a partir de la
intención artístico-pedagógica de la experiencia y/o por los referentes a partir de los que esta
se crea. De otro lado, la línea de acción busca convocar a cuidadores haciendo énfasis en
hombres que potencial o actualmente ejercen cuidado (papás, hermanos mayores, abuelos,
tíos y otros miembros familiares y de la comunidad) de manera que el espacio en sí mismo
se convierta en un momento de redistribución del cuidado, así como en un momento que
cualifica el tiempo que estos cuidadores dedican a niños y niñas.
La línea de masculinidades del programa Nidos cuenta con el siguiente objetivo general:
Promover la presencia activa de hombres en el cuidado de la primera infancia y del hogar
tanto como la conformación de paternidades e identidades corresponsables, a través de
experiencias artísticas orientadas a población beneficiaria del programa Nidos. Igualmente,
tiene los siguientes objetivos específicos: 1) propiciar encuentros en los que los cuidadores y
las cuidadoras, en especial los padres, puedan pasar tiempo con sus hijos, hijas, niños y niñas,
2) promover la creación o el fortalecimiento de vínculos afectivos entre hombres, niños y
niñas, 3) impulsar la transformación de creencias y disposiciones afines a la redistribución del
trabajo de cuidado directo de la primera infancia en la población beneficiaria, principalmente
en hombres cuidadores, 4) impulsar la transformación de creencias y disposiciones afines a
la redistribución del trabajo de cuidado indirecto, principalmente en hombres cuidadores, 5)
promover la comprensión, la identificación y la expresión de las emociones para contribuir al
cuidado emocional personal y de las otras personas, en niños, niñas, cuidadores y cuidadoras,
6) evidenciar logros a través de procesos de documentación y evaluación de las creaciones
colectivas y experiencias vividas.
BibloRed realiza, entre otras actividades, las siguientes: 1) actividades de lectura en voz alta,
2) talleres de animación de lectura y escritura, 3) actividades de lectura crítica y reflexiva y
4) charlas/conversatorios relacionados con temas de interés de la comunidad. En el marco
de la estrategia pedagógica y de cambio cultural del Sistema Distrital de Cuidado, estas
actividades tendrán una modificación central: las actividades de lectura, los talleres y las
charlas estarán alineadas con los propósitos del SIDICU y buscarán generar reflexiones en
torno a los roles tradicionales de género y al cuidado directo e indirecto.
Las actividades tendrán los siguientes objetivos: 1) Ofrecer a las personas asistentes
herramientas de goce y comprensión de textos breves y fragmentos que ofrezcan caminos
para el disfrute del tiempo libre, 2) Presentar a las personas asistentes textos breves que
cuestionen los roles de género tradicionales asociados a las labores de cuidado.
Las actividades ofrecidas por BibloRed en asociación con el SIDICU ocurrirán en las
manzanas de cuidado y las bibliotecas públicas. En las manzanas de cuidado se ofrecerán
lecturas en voz alta para niños, niñas y cuidadores y en las bibliotecas habrá clubes de lectura
con enfoque de género que enfatizan la importancia de impugnar los roles tradicionales
asignados a hombres y mujeres, el derecho al ocio y a que las mujeres disfruten con
seguridad del espacio público y el aire libre. Como parte de la estrategia de articulación, se
tiene contemplado un ciclo interno de sensibilización y reflexión sobre los temas del SIDICU
orientado a los colaboradores y equipos de mediadores de BiblioRed para fortalecer sus
capacidades en relación con los temas y estrategias del Sistema.
En términos de materiales de lectura, se trabajarán los textos del autor de libros infantiles
Anthony Brown para reflexionar acerca de los imaginarios de familia socialmente construidos
y se reflexionará conjuntamente sobre la distribución en las tareas del hogar que suelen
recaer sobre una sola persona. Mediante el diálogo, juegos de rol y expresión creativa, se
generarán reflexiones colectivas. En los clubes de lectura de las bibliotecas, se usarán textos
que cuestionan las representaciones tradicionales de la maternidad, el uso restringido del
espacio público por parte de las mujeres, el derecho al disfrute del ocio y el tiempo libre,
entre otros. Además, se trabajarán los vínculos emocionales que pueden crearse entre los
hombres y sus hijos. Mediante estas actividades se procura que los padres puedan reflexionar
en torno a estos nuevos roles que pueden asumir y vincularse afectivamente de manera
profunda con sus hijos. Esta línea temática se trabajará mediante la inclusión de textos que
representan paternidades afectuosas, comprometidas y presentes.
5.4.2.4. SDIS - Subdirección para la familia: Estrategia entornos protectores y territorios
seguros
A continuación, se detallan las acciones de formación con las que contará la Estrategia
pedagógica y de cambio cultural donde están involucradas la Subsecretaría de Cultura
Ciudadana de la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte y la Gerencia de la Escuela de
Participación del Instituto Distrital de Participación y Acción Comunal (IDPAC).
La estrategia incorpora el concepto de “Entornos protectores”, entendiendo a estos como espacios donde todas las redes
17
como la familia, la escuela, el Estado y la comunidad pueden ayudar a reducir los índices de violencia, todo bajo un principio
de corresponsabilidad.
5.4.3.1. SCRD - Subsecretaría de Cultura Ciudadana: Escuela “Hombres al Cuidado: El reto
es hacernos cargo”
Sus objetivos específicos son: 1) promover narrativas que fomenten cambios en la relación
entre los hombres y el cuidado, visibilizando a los hombres que participan en el cuidado y a las
mujeres que valoran positivamente esa participación, 2) impulsar el cambio comportamental
de los hombres de la ciudad a partir de ofertas pedagógicas y de formación que les permitan
mejorar sus conocimiento y habilidades en estas labores del cuidado directo, indirecto,
emocional y medioambiental y 3) fomentar una acción colectiva de la ciudadanía que
reconozca positivamente la participación equitativa de los hombres en el trabajo directo,
indirecto, emocional y medioambiental.
La Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo” cuenta con cuatro componentes:
1) Nuevas narrativas y acciones comunicativas digitales, 2) Convocatoria y acciones de
pedagogía en calle, 3) Escuela Itinerante “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo” y 4)
Un seguimiento. A continuación se describirán sucintamente los primeros tres componentes
que implican la intervención de acciones.
Posteriormente, se propone llevar a cabo un evento en el espacio público para marcar el inicio
de una gran acción colectiva alrededor de la escuela y de la participación equitativa de los
hombres en el trabajo del cuidado. En ese marco, la SCRD realizará acciones performativas,
teatrales y artísticas de nuevas narrativas sobre el cuidado y los roles de género, visibilización
de los beneficios individuales y colectivos de la participación equitativa de los hombres,
cambio en las normas sociales de los hombres y pedagogía sobre cómo realizar las labores
del cuidado.
18
Cabe señalar el capítulo 2 de la miniserie CALMA inaugurada en el 2021 que es una herramienta de entretenimiento educati-
vo para promover la redistribución del trabajo de cuidado no remunerado. https://www.youtube.com/watch?v=VXwXYvrlNs-
M&list=PL2Lpk8Cly91La9yPlqBRMk0f1Voi2e_gd&index=2&ab_channel=CulturaEnBta
Las actividades principales de este componente serán: 1) planeación y desarrollo de
reuniones y talleres de presentación de la Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos
cargo” con organizaciones de base, juntas de acción comunal, colegios y jardines de las 4
localidades priorizadas para la implementación de la escuela, 2) diseño, producción y entrega
de material POP sobre la escuela en supermercados, iglesias, alcaldías locales, colegios,
barberías, comercio, entre otras, 3) creación y realización de 4 happenings performativos
(que incluyen 5 actores, escenografía y vestuario) en el espacio público para la “Hora 0” de la
Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo”, 4) alquiler e intervención artística
de la van de la Escuela “Hombres al Cuidado: El reto es hacernos cargo”.
Este ciclo de formación consta de tres cursos, cada uno de 48 horas, para un total de 144
horas. Se dicta a través de la Plataforma Virtual de la Escuela de Participación y está dirigido
a la ciudadanía en general mayor de 14 años que se inscribe por la página web de la Escuela
de Participación. Adicionalmente, el ciclo cuenta con sesiones sincrónicas que se realizan
con el apoyo de la SDMujer. El objetivo general del ciclo es fomentar el reconocimiento
de las labores de cuidado, la importancia de su redistribución y la reducción de las cargas
inequitativas contribuyendo a la reflexión sobre transformaciones culturales. Sus objetivos
específicos son: 1) reconocer que existen enormes retos tanto de hombres como de mujeres
en la redistribución del cuidado en el escenario de lo privado, 2) potenciar y dar a conocer
la apuesta distrital por la construcción del Sistema Distrital de Cuidado y 3) fomentar la
construcción de relaciones equitativas en la distribución de las tareas de cuidado para
fortalecer la participación de las mujeres en los escenarios públicos.
El ciclo está compuesto de la siguiente manera. En primer lugar cuenta con el curso
Promoviendo el cuidado y el autocuidado en Bogotá, que está compuesto por los módulos
a) ¿Qué es el cuidado y el cuidado de sí? b) El cuidado y el autocuidado en nuestros entornos
cercanos y c) El cuidado en el Distrito. Una apuesta para siglo XXI. En segundo lugar, el ciclo
cuenta con el curso Redistribución del cuidado desde lo cotidiano, que está compuesto por
los módulos a) ¿Qué implican el reconocimiento y la redistribución del trabajo de cuidado
no remunerado? b) ¿Cuál es el reto de los hombres para redistribuir el trabajo de cuidado
no remunerado? c) ¿Cuál es el reto de las mujeres para redistribuir el trabajo de cuidado no
remunerado? En tercer lugar, el ciclo cuenta con el curso Cuidado en lo público, que está
compuesto por los módulos a) Cuidado en lo público, b) Participación en el cuidado de lo
público y lo comunitario y c) Cuidado que trasciende lo humano.
Como lo señala el informe Getting men to care (2018) de las organizaciones Promundo,
ALIGN y RWAMREC: no hay un solo factor de desigualdad en el trabajo de cuidado no
remunerado, ni una sola solución. En cambio, se requerirá de esfuerzos coordinados en
muchos niveles de la sociedad para avanzar en estos cambios a la velocidad necesaria. En el
mismo informe se señala la importancia de trabajar de la mano de instituciones y diferentes
ámbitos cotidianos de la vida de las personas para lograr una transformación en las normas
sociales en torno al cuidado. En ese mismo sentido, el informe State of the World’s Fathers
(Van der Gaag et al, 2019) señala que el cambio de normas sociales se puede lograr al
trabajar de manera articulada con los entornos laborales, instituciones educativas y líderes o
lideresas de las comunidades.
Por estas razones, la Red de Alianzas del Cuidado pretende ser un espacio de inserción a
actores que históricamente no han estado familiarizados con los trabajos de cuidado y que
pueden ayudar a transformar las expectativas que se tienen sobre el cuidado. Igualmente,
desde la Red, se tiene como objetivo proveer herramientas concretas a estos actores para que
adopten una pedagogía activa en relación con la redistribución de los trabajos de cuidado.
La RAC es un espacio de articulación con actores que se resumen en las siguientes categorías:
sector privado, sector educativo y organizaciones no gubernamentales con los que se busca
amplificar la pedagogía sobre la redistribución.
En adelante, el documento se referirá a la Red de Alianzas del Cuidado con sus siglas RAC.
19
SECTOR SECTOR ORGANIZACIONES NO
PRIVADO EDUCATIVO GUBERNAMENTALES
PYMES y empresas grandes Jardines infantiles, colegios Entidades sin ánimo de lucro e
y universidades iniciativas ciudadanas
Gráfico 17. Actores involucrados en la Red de Alianzas del Cuidado. Construcción propia.
Convocatoria: Actor
Construcción de
15 a 20 personas. Se pueden
cronograma de talleres
Realización de realizar convocatorias
“A cuidar se aprende”
talleres de cambio Virtual o presencial 2h por taller simultáneas para atender la
para hombres y
cultural demanda.
“Cuidamos a las que nos
Realización de talleres:
cuidan” para mujeres.
Equipo SIDICU
Repositorio de
Entrega y difusión de Mailing, intranet (si aplica),
contenidos virtuales
contenidos para el carteleras virtuales o
alojados en la página web - Equipo SIDICU
ecosistema digital de análogas, u otros canales
sistemadecuidado.gov.co
los actores que dispongan.
para hacer difusión.
5 piezas sobre
redistribución para Canales externos (Redes
Entrega de Kit de hombres, 5 piezas sobre sociales, páginas web u
- Equipo SIDICU
Comunicación redistribución para mujeres otros) y canales internos (si
y 2 piezas de información es de su interés).
general del SIDICU.
Generación de
nota de prensa para Página web del SIDICU,
Visibilidad en la página
informar que el actor redes sociales de la SDMujer 1 semana Equipo SIDICU
web del SIDICU
ha sido efectiavmente y redes sociales del actor.
vinculado a la RAC.
Este es el proceso básico para vincularse a la Red de Alianzas del Cuidado. Una vez esto
ocurra, el SIDICU visibilizará a la entidad como parte de la Red de Alianzas del Cuidado
por medio de las redes sociales de la SDMujer y de la página web del sistema http://www.
sistemadecuidado.gov.co/. Adicionalmente a lo anterior es posible ampliar el alcance de las
articulaciones entre el equipo SIDICU-SDMujer con la Alianza de acuerdo a necesidades o
propuestas concretas que se puedan evidenciar en el proceso de consolidación.
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