FUNCIONAMIENTO Y
RECOMENDACIONES
Para este viernes Santo os proponemos realizar este viacrucis. Repasamos
en este documento las 14 estaciones de la pasión de Jesús. Os
recomendamos trabajarlas durante todo el día del viernes,
empezando desde la mañana, dejando algo de tiempo entre
estaciones, cada persona al ritmo que pueda.
Somos conscientes de que trabajar el documento completo exige
bastante tiempo; por ello, os proponemos un recorrido corto en el que
trabajar menos estaciones para aquellas personas que no puedan hacerlo
entero. Estas son las 7 estaciones sugeridas para el recorrido corto:
I, IV, V o VI, VIII , IX,XII, XIV. No son más que algunas sugerencias y
recomendaciones, sentíos libres de seguir el recorrido que más os ayude
a acompañar a Jesús en su camino a la cruz.
En cada estación encontraréis algún texto bíblico de referencia y una
imagen. En algunas paradas encontrareis alguna reflexión que
esperamos que ayude a pensar, alguna oración para rezar, y
preguntas que nos inviten a cuestionarnos, junto con otros
recursos de audio y música o vídeo que nos faciliten
ponernos en la piel de Jesús además de alguna que otra invitación a
escribir o dibujar aquello que vayamos pensando. Clica en
las [palabras] entre corchetes para acceder a los recursos.
Además en algunas de las estaciones os invitamos a compartir algo de
lo trabajado en un foro, concretamente en las siguientes estaciones:
V, VI , VII , X, XIV . Para acceder tenéis que registraros aquí [FORO] ,
puede ser con vuestras cuentas de Google, Facebook... y en cada estación
encontrareis el enlace directo al foro. Dejad ahí vuestros comentarios,
reflexiones, imágenes...
*Todos los cuadros utilizados en el documento han sido realizados por Sister Mary Grace
Thul. Todos los derechos reservados a la autora de los cuadros. Recuperados de esta
[web].
INTRODUCCIÓN
Nosotras, las personas cristianas, somos conscientes de que el viacrucis
no fue simplemente el camino hacia el lugar del suplicio. Creemos que
cada paso de Jesús, cada gesto o palabra suya, así como lo que vieron e
hicieron todas aquellas personas que tomaron parte de este momento,
nos habla continuamente. En su pasión y en su muerte, Cristo nos revela
también la verdad sobre Dios y sobre las personas.
Hoy, viernes santo, vuelves a experimentar la cruz. Vemos cómo tú, Jesús,
vas recogiendo todo el sufrimiento del mundo y de la humanidad, lo
haces propio, te lo cargas sobre tus hombros y te identificas con ese dolor
para no olvidarlo. Lo incorporamos a nuestro cuerpo para poder sanarlo
y salvarlo. Tú nos invitas a adentrarnos en tu mirada profunda, amorosa y
nos hablas de un reino preparado para todas.
Tú nos gritas que en la cruz hay lugar para la esperanza en la resurrección
y en la vida.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 22-23.26
Pilato les preguntó: «¿y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» Contestaron
todos: «¡que lo crucifiquen!» Pilato insistió :«pues ¿qué mal ha hecho?»
Pero ellos gritaban más fuerte: «¡que lo crucifiquen!» Entonces les soltó a
Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
I Jesús es condenado a muerte
Vamos a empezar viendo un [vídeo] para ponernos en sintonía con
este viacrucis que vamos a comenzar.
Jesús, está allí, humillado, deshonrado e indefenso delante del juez. Pilato
no es un monstruo de maldad. Sabe que este condenado es inocente;
busca el modo de liberarlo. Pero su corazón está dividido. Y al final
prefiere su posición personal, su propio interés, al derecho. Tampoco
las personas que gritan y piden la muerte de Jesús son monstruos de
maldad. Muchos de ellos, el día de Pentecostés, sentirán «el corazón
compungido» (Hch 2, 37), pero en aquel momento están sometidos
a la influencia de la muchedumbre. Gritan porque gritan las demás y
como gritan las demás. Y así, la justicia es pisoteada por la cobardía, por
miedo a la revolución propuesta por Jesús. La sutil voz de la conciencia es
sofocada por el grito de la muchedumbre. La indecisión da fuerza al mal.
¿Y, tú?
A lo largo de los siglos, la negación de la verdad ha generado sufrimiento
y muerte. Son las personas inocentes las que pagan el precio de la
hipocresía humana. No bastan decisiones a medias. No es suficiente
lavarse las manos. Queda siempre la responsabilidad por la sangre de
las inocentes. La pasión por tu fe trae consigo la condena de un mundo
egoísta. Estar con Cristo puede traer soledad, momentos en los que
aprendes con quiénes quieres pasar tu tiempo. Recuerda la promesa de
Cristo, “Bienaventurados vosotros, cuando por mi causa os insulten, os
persigan y levanten toda clase de calumnias”
Tenemos un momento de oración. Aprovechamos para sincerarnos
con Dios. Pedir perdón por todas las veces que miramos a otro lado,
por las veces en que nuestro silencio o indiferencia es una condena para
otras muchas personas.
Humilde Jesús,
también nosotros nos dejamos condicionar por lo que está fuera.
Ya no sabemos escuchar la voz sutil,
exigente y liberadora, de nuestra conciencia
que dentro llama e invita amorosamente:
«No salgas fuera, entra dentro de ti mismo:
porque en tu interior reside la verdad»
Ven, Espíritu de la Verdad,
ayúdanos a encontrar en la «persona escondida
en el fondo de nuestro corazón»
el rostro santo de Jesús
que nos renueva en la semejanza divina.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 27-31
Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron
alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de
color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza
y le pusieron una caña en la mano derecha.Y doblando ante él la rodilla,
se burlaban de él diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!». Luego lo escupían,
le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la
burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
II Jesús con la cruz a cuestas
La multitud se agolpa en torno al camino que lleva al Calvario. Cristo,
humillado, flagelado y apaleado; carga con la Cruz. Con nuestra Cruz.
Le espera un largo camino hasta el Calvario, pero Él no se ahorra nada.
Acepta en su plenitud todo el peso de la cruz, todo el dolor de nuestros
errores, todo el precio de nuestra salvación. Abraza la cruz con un amor
inmenso; con el amor que siente por cada una de nosotras; con el amor
suficiente para convertir ese terrible madero en el trono de nuestra
salvación…
En esta estación queremos activar nuestra mirada amorosa. Solo Dios
sabe tus más íntimos temores y problemas. Es el único que comprende
completamente los dolores y miedos que cargas cada día. Solo Jesús
conoce el peso completo de tu Cruz diaria. Algunas cruces parecen más
pequeñas que otras, pero todas llevamos la cruz que podemos cargar.
Es momento de identificar y de rezar por aquella situación o
persona que te hace sufrir, es momento de abordar ese dolor que los
malos pensamientos están causando a tu corazón. Sí, ahora es momento
de creer que en el dolor de esas espinas se encuentra nuestra salvación.
Puedes utilizar esta [canción]
Lectura: Mc 2, 9-12
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados quedan perdonados’
o decirle: ‘Levántate, toma tu camilla y anda’? Pues voy a demostraros
que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados.
Entonces dijo al paralítico:
–A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
El enfermo se levantó en el acto, y tomando su camilla salió de allí a la
vista de todos. Así que todos se admiraron y alabaron a Dios diciendo:
–Nunca habíamos visto nada semejante.
Jesús cae por primera vez
III
Meditación ante el cuadro de Marc Chagal “La caída del ángel”
El pintor francés Marc Chagal pintó entre 1923 y 1942 un cuadro llamado
la caída del ángel. Un Cristo crucificado contempla todo el espectáculo.
En él, el ángel y la tierra teñidos de rojo son la expresión de una
humanidad dolorida, cuyo paso vacilante tiene más de incertidumbre
que de clarividencia. Y quién no ha sentido esas experiencias durante
estas últimas semanas. Si me hubiera preguntado Chagal, le hubiera
aconsejado que pintara a Cristo cayendo, más que crucificado, porque el
nazareno Jesús cayó, y tuvo que aprender de su humanidad a caerse, a
condolerse y a levantarse.
Y es que la cruz nos hace caer, y en ese tránsito sentimos que ella nos
aplasta y que la tierra con la que nos encontramos nos hiere. Estoy
seguro de que Jesús nunca hubiera abrazado una cruz anestesiada,
levantada como un inútil escudo vencedor de la nada. Estoy seguro de
que Jesús nunca hubiera querido sentir un cuerpo indoloro que huye a
las alturas para sanar desde arriba, mágicamente, el vacío que deja en
su huida. El caminante Jesús, sin vestiduras adamascadas y palpando la
tierra bajo sus pies, se cae y se asume caído y apoyado sobre sus manos
doloridas y arañadas, lo vuelve a intentar, como tú y como yo. Porque Él,
caído, tiene tu nombre y el mío, como el de tantas personas. (PJ Albacete)
SÍGUELO, NO TE RINDAS A PESAR DE LAS DIFICULTADES.
Dejamos un momento de oración personal. Piensa en tus caídas, en tus
debilidades y ponlas en manos de Dios. Pídele que te acompañe y que te
ayude a levantarte y a seguir caminando con tus cruces. Hazlo rezando el
PADRE NUESTRO, despacio, parándote en cada frase. Sentimos que
Dios está con nosotros/as y nos da fuerzas y esperanza.
Escucha la siguiente [canción]
Lectura: Juan 19, 25-27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre,
María, esposa de Cleofás, y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre
y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho, dijo a su madre:
–Mujer, ahí tienes a tu hijo.
Luego dijo al discípulo:
–Ahí tienes a tu madre.
Desde entonces, aquel discípulo la recibió en su casa.
IV Jesús encuentra a su madre
Vemos este [pasaje] de la película “La pasión de Cristo”.
Me abrí paso entre el gentío y caminé junto a mi hijo. Lo llamé a gritos,
se detuvo. Nuestros ojos se encontraron, los míos, llenos de lágrimas y
angustia; los de Él, llenos de dolor y confusión. Me sentí desesperada
y entonces sus ojos me dijeron ¡ánimo!, todo esto servirá para algo. A
medida que tambaleante caminaba, supe que tenía razón, y así, lo seguí y
recé en silencio.
Señor Jesús: ¡Perdóname las muchas veces que nuestros ojos se
encontraron y yo cambié mi mirada! ¡Perdóname las veces que
cuando las cosas no se hicieron a mi manera, se lo hice saber a
todos! ¡Perdóname las veces que perdí la tranquilidad por pequeños
inconvenientes o me desanimé y no puse atención a tus llamados a tener
ánimo! Sí, Señor, nuestras miradas se han cruzado muchas veces, pero sin
fruto.
Oración del papa Francisco
“Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo
de salvación y de esperanza. Nosotros nos confiamos a ti, salud de
los enfermos, que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes de qué tenemos necesidad y
estamos seguros que proveerás, para que, como en Caná de Galilea,
pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del
Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros
sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de
la cruz, a la alegría de la resurrección.”
Lectura Evangelio según San Mateo 27, 32; 16, 24
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado
Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.
Jesús había dicho a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo,
que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».
V El cireneo ayuda a Jesús
a llevar la cruz.
El encuentro de Jesús con Simón de Cirene es un encuentro silencioso,
una lección de vida: Dios no quiere el sufrimiento y no acepta el mal. Lo
mismo vale para el ser humano. Pero el sufrimiento, acogido con fe, se
transforma en camino de salvación. Entonces lo aceptamos como Jesús, y
ayudamos a llevarlo como Simón de Cirene.
Jesús, tú has hecho que la humanidad tomara parte en llevar tu cruz.
Nos has invitado a compartir tu sufrimiento. Simón de Cirene es uno de
nosotros, y nos enseña a aceptar la cruz que encontramos en el camino
de la vida. Señor, siguiendo tu ejemplo, también llevamos hoy la cruz
del sufrimiento y de la enfermedad, pero la aceptamos porque tú estás
con nosotras. Esta nos puede encadenar a una silla, pero no impedirnos
soñar; puede apagar la mirada, pero no herir la conciencia; puede dejar
sordos oídos, pero no impedirnos escuchar; atar la lengua, pero no
apagar la sed de Verdad. Puede adormecer el alma, pero no robar la
libertad.
¿Qué cruces de otras personas ayudamos hoy a llevar? Te invitamos a
parar un momento y buscar una imagen que refleje una de esas
realidades de cruz que acompañamos.
Señor, queremos ser tus discípulos y discípulas para llevar tu cruz todos
los días; la llevaremos con alegría y con esperanza para que tú la lleves
con nosotras, porque tú has alcanzado para nosotros el triunfo sobre la
muerte.
Escuchamos la siguiente [canción] y podéis seguir la [letra]
Si quieres, puedes compartir
esta estación en el
[FORO]
Lectura del libro del profeta Isaías 53, 2-3
No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado
y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a
sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros; despreciado y desestimado.
Del libro de los Salmos 26, 8-9
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor, no
me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi
auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.
VI Verónica enjuga
el rostro de Jesús
Escucha esta [canción]
Verónica, una de las mujeres que sigue a Jesús, que ha intuido quién es
él, que lo ama, y por eso sufre al verlo sufrir. Ahora ve su rostro de cerca,
ese rostro que tantas veces había hablado a su alma. Lo ve demudado,
sangriento y desfigurado, aunque en todo momento manso y humilde.
No resiste. Quiere aliviar sus sufrimientos. Toma un paño e intenta limpiar
la sangre y el sudor de aquel rostro.
En nuestra vida, a veces hemos tenido ocasión de enjugar lágrimas y
sudor de personas que sufren. Tal vez hemos atendido a un enfermo
terminal en un pasillo de hospital, hemos ayudado a un inmigrante o a
un desocupado, hemos escuchado a un recluso. E, intentando aliviarlo,
quizás hemos limpiado su rostro mirándolo con compasión.
Nuestra propuesta para esta estación es que dibujes el rostro de
Jesús, pero no en su significado más literal. Queremos que te centres
en los sentimientos que has tenido en los momentos en los que, como
Verónica, has tenido que aliviar a una persona que estaba sufriendo.
Escoge el material que más te guste o el que tengas en casa y plasma
todos esos sentimientos para crear el verdadero rostro de Jesús en el
mundo.
Si quieres, puedes compartir
esta estación en el
[FORO]
Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 1-2.9.16
Yo soy el hombre que ha visto la miseria bajo el látigo de su furor.
Él me ha llevado y me ha hecho caminar en tinieblas y sin luz. Ha
cercado mis caminos con piedras sillares, ha torcido mis senderos. Ha
quebrado mis dientes con guijarro, me ha revolcado en la ceniza.
VII Jesús cae por segunda vez
Jesús cae por segunda vez. Piensa en las veces que tú has caído, que
has sentido que fallabas y que te faltaban las fuerzas, que has vuelto a
tropezar con la misma piedra.
¿A qué recurres entonces? Una persona, una canción, un poema, un
libro, un relato, una oración, un pasaje de la Biblia…¿qué te ayuda en esos
momentos de caída o recaída?
Te proponemos hablar ahora con esa persona, escuchar
esa canción, buscar ese poema o fragmento y después, si
quieres, compartirlo en el foro.
Cántame las verdades de mi vida.
Oídas de tus labios
no sonarán a cálido reproche,
sino a amor que me acepta desgarrado.
Cántame las verdades.
Acostumbro
diariamente a caer en el engaño
de condolerme de mis propios lutos
y, sin criterio, disculpar mis fallos.
Miro tanto las faltas de los otros…
Tantas recetas doy que yo no hago…
Dime cómo me ves, Tú que me abarcas
con tus ojos eternos de milagro.
No perderé los ánimos. Tú sabes
corregir con amor. Lleva tu mano
a las secretas llagas. Vamos, cántame
las verdades que sanen mis pecados.
Luis Carlos Flores Mateos, sj
Si quieres, puedes compartir
esta estación en el
[FORO]
Lectura del Evangelio según San Lucas 23, 28-31
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí,
llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día
en que dirán: «dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz
y los pechos que no han criado». Entonces empezarán a decirles a los
montes: «Desplomaos sobre nosotros»; y a las colinas: «Sepultadnos»;
porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?
VIII Jesús encuentra a las
mujeres de Jerusalén
En esta estación nos encontramos con un Jesús, que a sabiendas de su
futuro inminente y de lo que pasará después, les pide a las mujeres de
Jerusalén, que no lloren por él, que se preocupen por lo que vendrá.
Como si de un llamado al cuidado de los demás se tratase.
En una sociedad que se dedica a poner trabas a quienes se preocupan
por los demás, es de vital importancia que se proteja y se cuide a quienes
cuidan. Jesús se dirige a las madres de Jerusalén, a las mujeres, a aquellas
personas que por darle especial importancia al cuidado de los demás han
sido despreciadas, infravaloradas e incluso maltratadas. Aquellas que a lo
largo de la historia, han cargado con el peso de la cruz de los demás.
Jesús en medio de su sufrimiento, hace un llamado y un reconocimiento
a las personas que son capaces de ponerse la cruz de otro. Que son
capaces de cuidarles. ¿Y tú? ¿Eres capaz de hacer este reconocimiento?
¿De verdad pones en valor a estas personas?
Proponemos para esta estación escribir una carta, un mensaje…
a alguna persona que haya sido capaz de cuidarte en algún momento, de
llevar contigo tu cruz, poniendo en valor todos estos aspectos que tanta
falta hace reconocer en estos tiempos.
Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 27-32
Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se sienta
solitario y silencioso, cuando el Señor se lo impone; que ponga su boca
en el polvo: quizá haya esperanza; que tienda la mejilla a quien lo hiere,
que se harte de oprobios. Porque el Señor no desecha para siempre a los
humanos: si llega a afligir, se apiada luego según su inmenso amor.
IX Jesús cae por tercera vez
Esta estación relata la tercera caída de Jesús. Intenta ponerte en la piel
de Jesús. Pon esta [canción] de fondo, y lee este texto en voz alta.
Lee despacio, imaginando cada palabra, haz alguna pausa de vez en
cuando si te hace falta.
Rezo,
desde el dolor o desde la enfermedad La cruz de la responsabilidad,
con mi cuerpo o mi espíritu roto. La cruz del que sufre,
Intento ponerme en tu piel, La cruz del pobre, del abandonado,
noto hoy el peso de mi cruz, del perdido, del condenado.
me envuelve la desesperanza Del hijo e hija, de la madre y el padre.
y el cansancio. La cruz del sacrificio por los demás.
Me siento sola con esta carga. La cruz de la vida entregada
pero no reconocida.
Me duelen los hombros, La cruz de la incertidumbre.
respiro entrecortadamente,
Me vienen a la cabeza
tenso cada músculo de mi cuerpo
infinitas escenas de sufrimiento.
buscando fuerzas escondidas.
Se me clavan como espinas
Se me clavan como espinas los dolores de otras.
las cruces de mi intimidad, Solo de pensarlo me caigo,
es ese rencor no perdonado, y tú caes, por tercera vez,
esa rabia no resulta, conmigo.
esas decisiones no conciliadas. Siento el dolor del peso de la cruz.
Pesa horrores,
Y ahí estás Tú, Es el peso del mundo,
tambaleante, que cargo sobre mis hombros,
dubitativo, exhausto, los tuyos.
Sucio, ensangrentado, No tengo fuerza para levantarme.
Humano, frágil.
Entonces,
Intuyo a qué sabe tu sufrimiento, Un susurro,
Pero no soy capaz de coger tu cruz. Eres tú,
Siento que las mías pesan demasiado Levántate,
Y no me atrevo a cargar con el peso de Me dices,
la tuya. Dios nos espera,
Cargo con mi cruz,
Me puede la indiferencia,
La tuya,
La sensación de perder el control,
Y echo a andar.
el egoísmo de no querer complicarme.
Sé que tu cruz es la que más pesa.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 33-36
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir «La
Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó,
pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su
ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo.
X Jesús es despojado
de las vestiduras
Ahora ha terminado la materialidad del camino, pues el cortejo ha
llegado a la roca del Calvario. Los verdugos agarran a Jesús y, con prisa
por terminar, le arrancan la ropa. Digo arrancan, no solo por la violencia
con que lo hacen, sino porque la abundante sangre que cubre el cuerpo
de Jesús, sobre todo su espalda, se ha coagulado, adhiriéndose a la
túnica. ¡Qué tormento atroz! Y ahí lo tienes, desnudo, expuesto a las
miradas indecentes de la multitud injuriante y burlona. ¡Qué humillación
cruel!
En esta estación te proponemos pensar en estas dos ideas.
Pese a todo, Jesús no se opone, no estorba a quienes así actúan, no echa
culpas, no se queja. Muestra una fe y confianza inquebrantable en Dios.
Asume su realidad, no escoge sus sufrimientos, los acepta activamente.
¿Y tú? Elegir uno su propio sacrificio es mucho más fácil, por duro que
sea, que aceptar el que nos viene de la vida y sus circunstancias.
Aquella túnica sin costura, tejida de una pieza, es lo último de lo que se
desprende. Ahora Jesús, totalmente despojado, se queda con la cruz
desnuda. Algún día a nosotros también nos será necesario dejarlo todo,
y plantarnos ante la cruz desnuda. ¿Por qué, entonces, nos atamos con
tanta facilidad y con tan poca medida a las cosas de este mundo? Sin que
nos demos cuenta nos hacemos esclavos de las cosas.
Si quieres, puedes compartir
esta estación en el
[FORO]
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 37-42
Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación:
«Este es Jesús, el Rey de los judíos». Crucificaron con él a dos
bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza:
«Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días,
sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban
también diciendo: «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No
es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos».
XI Jesús es clavado en la cruz
¿A quién verás en esa cruz? A las vulnerables e indefensas de la sociedad,
a las pobres, a las inmigrantes, a las víctimas de violencia y guerra, a las
víctimas de un sistema económico que beneficia a pocas, a las personas
sufriendo de adicciones, a las personas clavadas por la indiferencia de
muchas que se llaman a sí mismas cristianas.
Son muchas las personas que clavamos en la cruz con nuestras actitudes,
a cada una nos puede venir un colectivo a la mente. Tómate un tiempo
para pensar en ellas y en tus actitudes que cada día les clavan un poco
más en la cruz.
Nosotras queremos acordarnos de todas esas personas que dejan atrás
sus vidas para buscar un sitio mejor y se encuentran muros, alambres
de espino y clavos. Queremos que pares un rato a ver un [vídeo en
castellano] o un [vídeo en inglés] en que se nos muestran
realidades distintas de las personas que están atrapadas en los campos
de refugiados.
Para terminar os invitamos a leer la siguiente oración de José María
Rodríguez Olaizola
Preguntas a un rey en cruz
¿Qué corona es esa que te adorna, Me corona el dolor de los inocentes.
que por joyas tiene espinas? Me retiene un amor invencible.
¿Qué trono de árbol te Me acompañan los desheredados,
tiene clavado? los frágiles, los de corazón justo,
todo aquel que se sabe fuerte en la
debilidad.
¿Qué corte te acompaña, poblada Mi poder no compra ni pisa,
de plañideras y fracasados? no mata ni obliga, tan solo ama.
¿Dónde está tu poder? Me viste la dignidad de la justicia
¿Por qué no hay manto real y cubre mi desnudez la misericordia.
que envuelva tu desnudez? Míos son quienes dan sin medida,
¿Dónde está tu pueblo? quienes miran en torno con ojos limpios,
los que tienen coraje para luchar
y paciencia para esperar.
Y, si me entiendes, vendrás conmigo.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 45-50. 54
Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda
aquella región. A media tarde Jesús gritó: «Elí, Elí lamá sabaktaní», es
decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» [...]
Jesús muere en la cruz
XII
Jesús está en la cruz, otro año más colgado, sufriendo… ¿Y nosotras qué
hacemos, dónde estamos? No estamos acompañándole, él se siente
solo, sus discípulos no están ahí. Qué duro tuvo que ser incluso sentirse
abandonado por su propio padre.
Yo voy por esta solitaria tierra, Tanto bien presenta la memoria,
de antiguos pensamientos molestado, y tanto mal encuentra la presencia,
huyendo el resplandor del sol dorado, que me desmaya el corazón vencido.
que de sus puros rayos me destierra.
El paso a la esperanza se me cierra; ¡Oh crüeles despojos de mi gloria,
de una ardua cumbre a un cerro voy desconfïanza, olvido, celo, ausencia!;
enriscado, ¿por qué cansáis a un mísero rendido?
con los ojos volviendo al apartado
lugar, solo principio de mi guerra. Poema de Fernando de Herrera
Es cierto que al menos las mujeres y Juan lo acompañaron, benditas
ellas, valientes y siempre fieles. ¿Pero y nosotras? ¿Sabemos mirar a las
hermanas muriendo; o por el contrario acobardadas, conocedores del
dolor ajeno, nos resguardamos en nuestro propio ser, en nuestra propia
comodidad?
[...]Al oírlo algunos de los que estaban por allí dijeron: «A Elías llama éste».
Uno de ellos fue corriendo; enseguida cogió una esponja empapada en vinagre
y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si
viene Elías a salvarlo».[...]
Hoy muchas personas son despreciadas, abatidas por las injusticias
sociales, religiosas, políticas… Vivimos acomodadas mientras que otras
son las que suben día a día al calvario a tentar a la muerte o a morir. En
estos tiempos de virus seguimos en nuestras casas escondidas viendo a lo
lejos en los cerros la muerte. [vídeo]
[...]Jesús, dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu. El centurión y sus
hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron
aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios».
HEMOS MATADO A DIOS.
Ha muerto con los brazos abiertos como el Padre de la parábola del Hijo
Pródigo (Lc 15) para abrazar a todos los que vuelven destrozados de la
vida. Ha muerto con la cabeza hacia delante porque escucha una por una
todas nuestras dificultades. Ha muerto con los pies clavados entregando
su Amor, a través de la Iglesia, que como el amor de una madre, siempre
espera de noche y de día a que volvamos al Hogar. Ha muerto con el
corazón abierto y para decirnos que las puertas de su costado están
siempre abiertas y que no tiene secretos con nosotras.
Ha muerto y solo nos queda orar. Te invito a rezar a Dios para que
abrace a Jesús, que abrace a todas las personas que mueren día a día
por nuestros pecados.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 54-55
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto
y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de
Dios». Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas
que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle.
XIII Jesús es bajado de la cruz
y entregado a su madre
[vídeo]
María aguanta hasta el final. Después de ser testigo de la tortura y
humillación a la que es sometido Jesús, espera para recoger su cuerpo,
para limpiarle las heridas y perfumarlo. Para cuidarlo y quererlo por
última vez.
María, que puso su vida en manos de Dios con un “hágase” cuando el
ángel le anunció el plan que tenía para ella.
María, que crió con amor a su hijo, que lo vio crecer y le dejó marchar.
María, que fue una discípula más, que escuchaba y seguía a Jesús.
María, que sigue firme en su fidelidad a Dios, a pesar del sufrimiento.
María, que siente ahora el dolor inmenso de la muerte de un hijo.
Escucha esta [canción].
Reza con la letra, acompañando a María en su dolor.
Reza por las Marías de tu vida. Que creen en ti, te dan aliento, te tienden
la mano cuando lo necesitas. Que te quieren y te cuidan, que te abrazan y
te besan. Que representan ese amor puro y profundo de una madre.
Y tú, ¿para quién quieres ser María? ¿Quién necesita de tus cuidados, de
tu mirada de amor? ¿Quién te pide que no te rindas, que estés hasta el
final?
MADRE
Madre, ¿qué vale todo el universo y el poder lo cubriremos juntos de caricias.
frente a una sola llaga de tu Hijo? Madre, me asomaré al costado abierto de su
Madre, ¿qué ven tus ojos cuando lloras junto amor,
a Él, y miraré lo cielos nuevos
cuando le besas todas las heridas? Donde adoran a tu Hijo vencedor.
Madre, quiero ver lo que tú ves. No hay dolor tan grande comparable a tu dolor,
Madre, ¿a dónde fueron las palabras que no hay más vida que la muerte por amor.
escuché?, Cuando todos huyan, cuando pierdan la razón,
¿A dónde fue el calor de sus latidos? velaré contigo el Rostro de mi Dios.
Madre, ¿a dónde fue tu amado?, yo lo Madre, átame fuerte con tus brazos a la Cruz.
buscaré, No quiero más tesoro que sus clavos.
y lo pondré al abrigo de tus brazos, Madre, quiero mirarte cuando no encuentre la
Madre, donde Dios quiso nacer. luz,
Mécele en tus brazos esta noche como ayer, y recorrer contigo cada paso,
bajo el frío y el misterio de Belén. Madre, del camino de la Cruz.
Solo con su sangre volveremos a nacer, Guárdame en tus brazos esta noche junto a Él,
con la sangre de Jesús de Nazaret. venceremos a la muerte con la fe.
Madre, yo bajaré temblando a Cristo de la Calmaremos juntos el deseo que escuché
Cruz, de sus labios que aún repiten “Tengo sed”,
De sus labios que ún me dicen “Tengo sed”.
Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 59-61
José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo
puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una
piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena
y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
XIV Jesús es puesto en el sepulcro
Es lo que había que hacer en medio de tanto dolor, ocultar el cadáver
de Jesus de la vista. Los que le querían buscaron un lugar digno. Las
autoridades que lo crucificaron no quisieron enseñarse con el cadáver. Ya
no era un hombre, dejó de ser un peligro: eran restos humanos.
Los discípulos y María llevaron el cuerpo de Jesús a una tumba.
Desconsolados y llorando por todo lo que había sucedido. Cerraron a
tumba y allí se quedaron las mujeres, mirando aquella piedra redonda
que cerraba el sepulcro. Imagina el dolor que debían de sentir al llevar
a Jesús al sepulcro; su corazón quedaba sumido en tinieblas, lleno
de tristeza y soledad. Enterrarlo significaba enterrar con Él todas las
expectativas e ilusiones. Imagina el miedo que debían de sentir los
discípulos cuando Jesús murió. Pero en medio de todas esas tinieblas,
brillaba la esperanza de que Jesús resucitaría, como Él mismo había
dicho.
Hay muchos espacios en nuestro mundo que se asemejan al sepulcro.
Muchos lugares donde parece que se palpa la derrota… Pues bien, ese
sepulcro en el que yace la Vida a punto de estallar, en el que la Palabra
espera para volver a ser proclamada con estruendo, es hoy icono de
esperanza para todas esas realidades vencidas y atravesadas, que siguen
esperando que se haga la luz.
Te invito a rezar, a pensar en todas aquellas veces en las que tu corazón
también se ha sumado en tinieblas.
¿Has sentido en algún momento que Jesús también muere hoy?
¿Dónde has encontrado la luz de la esperanza?
¿Qué lugares se asemejan al sepulcro?
En todas las situaciones que podemos vivir que se asemejen a esta, la fe
es uno de los consuelos más firmes que podemos encontrar. La fe nos
hace ver a lo lejos, nos hace vislumbrar la luz de un nuevo día más allá
del que vivimos. La fe es una lamparilla capaz de iluminar la noche más
oscura.
Padre-Madre, enséñame a esperar.
A creer en las promesas, en tus promesas.
Enséñame a sentir que, aunque no lo vea, la losa que cubre tantas
Si quieres, puedes compartir
realidades está a punto de romperse.
esta estación en el Dame fe.
[FORO]