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Cuentos Cortos para Adolescentes: Reflexiones

Este documento presenta resúmenes en 3 oraciones o menos de 15 cuentos cortos para adolescentes. Los cuentos tratan temas como la felicidad, los prejuicios, la resistencia ante las adversidades y la importancia de no racionalizarlo todo. Los autores incluyen a Tolstoi, Trujillo, Kafka, Monterroso, Cortázar y Arreola, y a través de historias breves buscan transmitir valores y reflexiones a los lectores jóvenes.

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Cuentos Cortos para Adolescentes: Reflexiones

Este documento presenta resúmenes en 3 oraciones o menos de 15 cuentos cortos para adolescentes. Los cuentos tratan temas como la felicidad, los prejuicios, la resistencia ante las adversidades y la importancia de no racionalizarlo todo. Los autores incluyen a Tolstoi, Trujillo, Kafka, Monterroso, Cortázar y Arreola, y a través de historias breves buscan transmitir valores y reflexiones a los lectores jóvenes.

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15 Cuentos Cortos para


Adolescentes y Sus
Reflexiones
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15 cuentos cortos para adolescentes y sus reflexiones

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Catalina Arancibia Durán

Máster en Literatura Española e Hispanoamericana


La literatura cumple varias funciones, entre ellas transmitir ideas, valores y
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Desde la antigüedad, las culturas han compartido historias que tienen
un valor simbólico o pedagógico. Estos cuentos breves han sido especialmente
seleccionados para adolescentes. En ellos, se puede encontrar una variedad de estilos y
mensajes que buscan no sólo acercar la lectura, sino que entregar mensajes edificantes.

1. El zar y la camisa - León Tolstói


Un zar estaba enfermo y dijo: - Daré la mitad de mi reino a quien me cure.
Entonces, se reunieron todos los sabios y empezaron a discutir cómo curar al zar.
Nadie sabía que hacer. Sólo un sabio afirmó que se podía curar al zar. - Si se
encuentra a un hombre feliz -dijo-, se le quita la camisa y se le pone al zar, éste se
curará. El zar mandó que buscaran a un hombre feliz por todo su reino, pero por
mucho que sus emisarios cabalgaron por todos sus territorios, no pudieron
encontrarlo. No había ni uno que estuviese satisfecho de todo. Uno era rico, pero
estaba enfermo; otro gozaba de buena salud, pero era pobre; otro era rico y gozaba
de buena salud, pero su mujer era malvada, o bien sus hijos; todos tenían algún
motivo de queja. Un día, a última hora de la tarde, el hijo del zar pasaba junto a una
pequeña isba y oyó a alguien que decía: - Gracias a Dios he trabajado bastante, he
comido cuanto necesitaba y ahora me voy a la cama. ¿Qué más puedo pedir? El hijo
del zar se alegró, ordeno que le quitasen la camisa a ese hombre, que le diesen una
cantidad de dinero a modo de compensación, todo el que quisiera, y que llevaran la
camisa al zar. Los emisarios fueron a ver al hombre feliz y quisieron quitarle la
camisa; pero ese hombre feliz era tan pobre que ni siquiera tenía camisa.

Este cuento pertenece a Libros rusos de lectura que publicó León Tolstói (1828 - 1910) en
1872, el primer proyecto en su país para proveer de material pedagógico a las escuelas.

De esta manera, cumple una labor didáctica. Intenta enseñar a los jóvenes que la
verdadera felicidad radica en la percepción que se tiene sobre las cosas y no en los
bienes materiales o circunstancias que rodean a las personas.

2. Una fábula taoísta - Julio Trujillo

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En el Lieh Tzu se cuenta que un hombre, que había perdido su hacha, sospechaba
que se la había robado el hijo de su vecino. Su modo de andar, su talante y su
manera de hablar lo señalaban como el ladrón. Sus acciones, cada uno de sus
movimientos y, de hecho, su conducta en general indicaban con claridad que él y no
otro había robado el hacha. Con el tiempo, sin embargo, mientras cavaba en su
jardín, el dueño se encontró con el implemento perdido. Al día siguiente, cuando
volvió a ver al hijo de su vecino, no halló ningún rastro de culpa en sus
movimientos, ni en sus acciones, ni en su conducta en general.

El escritor mexicano Julio Trujillo (1969) se ha dedicado principalmente a la poesía. En


este breve relato, hace referencia al Lieh Tzu, una de las tres obras principales del
taoísmo filosófico. A través de esta anécdota, intenta explicar cómo el ser humano es
capaz de determinarse frente a ideas erróneas y juzgar a alguien sin tener argumentos
válidos.

3. Los árboles - Franz Kafka


Pues somos como troncos de árbol en la nieve. Aparentemente yacen en un suelo
resbaladizo, así que se podrían desplazar con un pequeño empujón. Pero no, no se
puede, pues se hallan fuertemente afianzados al suelo. Aunque fíjate, incluso eso es
aparente.

Franz Kafka (1883 - 1924) es considerado uno de los escritores más importantes de la
literatura moderna. Su obra es bastante autobiográfica y muestra al individuo frente a
las dificultades de la vida. Al ser de origen judío en la Europa de comienzos de siglo, tuvo
bastantes problemas para encajar en la sociedad del periodo. Además, sufrió de
tuberculosis desde su juventud, por lo que padecía de una salud delicada.

Por medio de una metáfora, intenta demostrar la resistencia humana frente a las
adversidades. Esto será característico en varias de sus obras, pues ante los problemas
de la vida, siempre pareciera haber una solución o una raíz que permita aferrarse.

4. El burro y la flauta - Augusto Monterroso


Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que ya nadie tocaba,
hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola
producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del Burro y de la Flauta.

Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte


y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo
mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.

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El escritor Augusto Monterroso (1921 - 2003) se hizo reconocido a nivel mundial como el
creador del microcuento, género que pretende reducir al mínimo de elementos una
historia.

En este relato breve, el autor postula que la racionalidad no tiene por qué
necesariamente ser el camino adecuado en todas las situaciones de la vida. Hay muchas
veces en que el azar puede crear oportunidades maravillosas para una criatura tan
simple como un burro, del que nadie espera nada. Por ello, depende de cada quién
aprender a vislumbrar el potencial que puede llegar a tener cada cosa que sucede.

5. Instrucciones para llorar - Julio Cortázar


Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar,
entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la
sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en
una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de
lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en
que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted
mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el
mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del
estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se
tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los
niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón
del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortázar (Argentina, 1914-1984) es uno de los escritores más destacados del siglo
XX. En sus cuentos, trató de jugar con las posibilidades del lenguaje, planteando el texto
como un artefacto con diversas interpretaciones.

En "Instrucciones para llorar", busca hacernos reflexionar sobre algo tan básico para el
ser humano como expresar las emociones. Hace alusión a un acto completamente
común, para que así el lector pueda tomar consciencia de la necesidad de dejar de
racionalizar la vida y empezar a vivirla.

6. Baby HP - Juan José Arreola


Señora ama de casa: convierta usted en fuerza motriz la vitalidad de sus niños. Ya
tenemos a la venta el maravilloso Baby H.P., un aparato que está llamado a
revolucionar la economía hogareña.

El Baby H.P. es una estructura de metal muy resistente y ligera que se adapta con
perfección al delicado cuerpo infantil, mediante cómodos cinturones, pulseras,
anillos y broches. Las ramificaciones de este esqueleto suplementario recogen cada
uno de los movimientos del niño, haciéndolos converger en una botellita de Leyden

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que puede colocarse en la espalda o en el pecho, según necesidad. Una aguja


indicadora señala el momento en que la botella está llena. Entonces usted, señora,
debe desprenderla y enchufarla en un depósito especial, para que se descargue
automáticamente. Este depósito puede colocarse en cualquier rincón de la casa, y
representa una preciosa alcancía de electricidad disponible en todo momento para
fines de alumbrado y calefacción, así como para impulsar alguno de los
innumerables artefactos que invaden ahora los hogares.

De hoy en adelante usted verá con otros ojos el agobiante ajetreo de sus hijos. Y ni
siquiera perderá la paciencia ante una rabieta convulsiva, pensando en que es una
fuente generosa de energía. El pataleo de un niño de pecho durante las veinticuatro
horas del día se transforma, gracias al Baby H.P., en unos inútiles segundos de
tromba licuadora, o en quince minutos de música radiofónica.

Las familias numerosas pueden satisfacer todas sus demandas de electricidad


instalando un Baby H.P. en cada uno de sus vástagos, y hasta realizar un pequeño y
lucrativo negocio, trasmitiendo a los vecinos un poco de la energía sobrante. En los
grandes edificios de departamentos pueden suplirse satisfactoriamente las fallas
del servicio público, enlazando todos los depósitos familiares.

El Baby H.P. no causa ningún trastorno físico ni psíquico en los niños, porque no
cohíbe ni trastorna sus movimientos. Por el contrario, algunos médicos opinan que
contribuye al desarrollo armonioso de su cuerpo. Y por lo que toca a su espíritu,
puede despertarse la ambición individual de las criaturas, otorgándoles pequeñas
recompensas cuando sobrepasen sus récords habituales. Para este fin se
recomiendan las golosinas azucaradas, que devuelven con creces su valor. Mientras
más calorías se añadan a la dieta del niño, más kilovatios se economizan en el
contador eléctrico.

Los niños deben tener puesto día y noche su lucrativo H.P. Es importante que lo
lleven siempre a la escuela, para que no se pierdan las horas preciosas del recreo,
de las que ellos vuelven con el acumulador rebosante de energía.

Los rumores acerca de que algunos niños mueren electrocutados por la corriente
que ellos mismos generan son completamente irresponsables. Lo mismo debe
decirse sobre el temor supersticioso de que las criaturas provistas de un Baby H.P.
atraen rayos y centellas. Ningún accidente de esta naturaleza puede ocurrir, sobre
todo si se siguen al pie de la letra las indicaciones contenidas en los folletos
explicativos que se obsequian en cada aparato.

El Baby H.P. está disponible en las buenas tiendas en distintos tamaños, modelos y
precios. Es un aparato moderno, durable y digno de confianza, y todas sus
coyunturas son extensibles. Lleva la garantía de fabricación de la casa J. P.
Mansfield & Sons, de Atlanta, Ill.

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Juan José Arreola (México, 1918 - 2002) se caracterizó por una obra en la que predomina
el humor, la ironía y el juego con el lector. En este cuento, toma el estilo de la
propaganda para intentar vender un producto que promete sacar provecho al exceso de
energía de los niños.

Por medio del humor, realiza una fuerte crítica a la sociedad capitalista que intenta que
todo en la vida de las personas pase a ser parte del mercado. Arreola se adelanta
bastante a su época, pues lo publicó en 1952, en donde la productividad y el consumo
no eran tan fuertes como hoy.

Resulta necesario que las nuevas generaciones puedan discutir los límites entre
tecnología y humanidad, para así poner en cuestión la dirección que está tomando la
sociedad contemporánea.

7. Fábula - Braulio Arenas


Un pastor se encuentra con un lobo.
- Qué hermosa dentadura tiene usted, señor lobo! le dice.
- ¡Oh! - responde el lobo - mi dentadura no vale gran cosa, pues es una dentadura
postiza.
- Confesión por confesión - dice el pastor - si su dentadura es postiza, yo puedo
confesarle que no soy pastor: soy oveja.

Braulio Arenas (Chile, 1913 - 1988) se dedicó a la poesía, al teatro y a la narrativa. En este
breve texto, recurre al formato de las fábulas antiguas para relatar, de forma cómica,
que las apariencias no siempre son lo que parecen.

8. El fantasma provechoso - Daniel Defoe


Un caballero rural tenía una vieja casa que era todo lo que quedaba de un antiguo
monasterio o convento derruido, y resolvió demolerla aunque pensaba que era
demasiado el gusto que esa tarea implicaría. Entonces pensó en una estratagema,
que consistía en difundir el rumor de que la casa estaba encantada, e hizo esto con
tal habilidad que empezó a ser creído por todos. Con ese objeto se confeccionó un
largo traje blanco y con él puesto se propuso pasar velozmente por el patio interior
de la casa justo en el momento en que hubiera citado a otras personas, para que
estuvieran en la ventana y pudiesen verlo. Ellos difundirían después la noticia de
que en la casa había un fantasma. Con este propósito, el amo y la esposa y toda la
familia fueron llamados a la ventana donde, aunque estaba tan oscuro que no podía
decirse con certeza qué era, sin embargo se podía distinguir claramente la blanca
vestidura que cruzaba el patio y entraba por una puerta del viejo edificio. Tan
pronto como estuvieron adentro, percibieron en la casa una llamarada que el
caballero había planeado hacer con azufre y otros materiales, con el propósito de
que dejara un tufo de sulfuro y no sólo el olor de la pólvora.

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Como lo esperaba, la estratagema dio resultado. Alguna gente fantasiosa, teniendo


noticia de lo que pasaba y deseando ver la aparición, tuvo la ocasión de hacerlo y la
vio en la forma en que usualmente se mostraba. Sus frecuentes caminatas se
hicieron cosa corriente en una parte de la morada donde el espíritu tenía
oportunidad de deslizarse por la puerta hacia otro patio y después hacia la parte
habitada.

Inmediatamente se empezó a decir que en la casa había dinero escondido, y el


caballero esparció la noticia de que él comenzaría a excavar, seguro de que la gente
se pondría muy ansiosa de que así se hiciera. En cambio, no hacía nada al respecto.
Se seguía viendo la aparición ir y venir, caminar de un lado para otro, casi todas las
noches, y siempre desvaneciéndose con una llamarada, como ya dije, lo cual era
realmente extraordinario.

Al fin, alguna gente de la villa vecina, viendo que el caballero daba a la larga o
descuidaba el asunto, comenzó a preguntarse si el buen hombre les permitiría
excavar, porque sin duda había allí dinero escondido. Pues, si él consentía en que
ellos lo cogieran si lo encontraban, excavarían y lo encontrarían aunque tuvieran
que excavar toda la casa y tirarla abajo.

El caballero replicó que no era justo que excavaran y tiraran la casa abajo, y que por
eso obtuvieran todo lo que encontraran. ¡Eso era muy duro de tragar! Pero que él
autorizaba esto: que ellos acarrearían todos los escombros y los materiales que
excavaran y aparecían los ladrillos y las maderas en el terreno vecino a la casa, y
que a él le correspondería la mitad de lo que encontraran.

Ellos consintieron y comenzaron a trabajar. El espíritu o aparición que rondaba al


principio pareció abandonar el lugar, y lo primero que demolieron fue los caños de
las chimeneas, lo que significó un gran trabajo. Pero el caballero, deseoso de
alentarlos, escondió secretamente veintisiete piezas de oro antiguo en un agujero
de la chimenea que no tenía entrada más que por un lado, y que después tapió.

Cuando llegaron hasta el dinero, los ilusos se engañaron totalmente y se


maravillaron sin querer razonar. Por casualidad el caballero estaba cerca, pero no
exactamente en el lugar, cuando se produjo el hallazgo, cuando lo llamaron. Muy
generosamente les dio todo, pero con la condición que no esperaran lo mismo de lo
que después encontraran.

En una palabra, este mordisco en su ambición hizo trabajar a los campesinos como
burros y meterse más en el engaño. Pero lo que más los alentó fue que en realidad
encontraron varias cosas de valor al excavar en la casa, las que tal vez habían
estado escondidas desde el tiempo en que se había construido el edificio, por ser
una casa religiosa. Algún otro dinero fue encontrado también, de modo que la
continua expectación y esperanza de encontrar más de tal manera animó a los
campesinos, que muy pronto tiraron la casa abajo. Sí, puede decirse que la
demolieron hasta sus mismas raíces, porque excavaron los cimientos, que era lo
que deseaba el caballero, y que hubiérale llevado mucho dinero hacer.

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No dejaron en la casa ni la cueva para un ratón. Pero, de acuerdo con el trato,


llevaron los materiales y apilaron la madera y los ladrillos en un terreno adyacente
como el caballero lo había ordenado, y de manera muy pulcra.

Estaban tan persuadidos -a raíz de la aparición que caminaba por la casa- de que
había dinero escondido ahí, que nada podía detener la ansiedad de los campesinos
por trabajar. De hecho, sí encontraron algunos objetos de valor del antiguo
monasterio, algo que los espoleó aún más. Al final, la casa fue derruida por entero y
los escombros retirados, cumpliendo el caballero con su deseo y empleando para
ello apenas un poco de ingenio.

Daniel Defoe (Inglaterra, 1660 - 1731) es reconocido a nivel mundial como el autor
de Robinson Crusoe , una de las novelas de aventuras más famosas de todos los tiempos.

En este relato breve se analizan dos temas. Primero, se puede encontrar la figura del
pícaro, aquel que utiliza su ingenio para obtener provecho. Luego, el autor nos muestra
que debido a la avaricia de las personas, el hombre logra su cometido, pues no parece
haber ningún obstáculo cuando el ser humano se mueve a partir del dinero.

9. A imagen y semejanza - Mario Benedetti


Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras.
Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios
terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó
inmóvil sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el
terrón. Retrocedió, después se detuvo. Tomando sus patas traseras como casi punto
fijo de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de un
reloj. Sólo entonces se acercó de nuevo. Las patas delanteras se estiraron, en un
primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron. Sin embargo, el rápido
movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga.
Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo sostuvo
sobre su cabeza. Por un instante pareció vacilar, luego reinició el viaje, con un
andar bastante más lento que el que traía. Sus compañeras ya estaban lejos, fuera
del papel, cerca del zócalo. La hormiga se detuvo, exactamente en el punto en que
la superficie por la que marchaba, cambiaba de color. Las seis patas hollaron una N
mayúscula y oscura. Después de una momentánea detención, terminó por
atravesarla. Ahora la superficie era otra vez clara. De pronto el terrón resbaló sobre
el papel, partiéndose en dos. La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó
una detenida inspección de ambas porciones, y eligió la mayor. Cargó con ella, y
avanzó. En la ruta, hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada. La
bordeó lentamente, y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se
había vuelto nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga
tenía lugar sobre una A. Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera
soplado. Hormiga y carga rodaron. Ahora el terrón se desarmó por completo. La
hormiga cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo.

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Luego pareció tranquilizarse. Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes
había formado parte del medio terrón, pero no lo cargó. Cuando reinició su marcha
no había perdido la ruta. Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en
la zona clara, otro obstáculo la detuvo. Era un trocito de algo, un palito acaso tres
veces más grande que ella misma. Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se quedó
inmóvil durante unos segundos. Luego empezó la tarea de carga. Dos veces se
resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de mástil
inclinado. Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de la hormiga era
casi triunfal. Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie
clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja y la hormiga rodó, más o
menos replegada sobre sí misma. Sólo pudo reincorporarse cuando llegó a la
madera del piso. A cinco centímetros estaba el palito. La hormiga avanzó hasta él,
esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple paso. Así y todo, llegó hasta
su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras, de nuevo corrió el aire y el
palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá, semicaído en una de las
rendijas que separaban los tablones del piso. Uno de los extremos, sin embargo,
emergía hacia arriba. Para la hormiga, semejante posición representó en cierto
modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de intentar la operación
desde un ángulo más favorable. Al cabo de medio minuto, la faena estaba cumplida.
La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición más cercana a la estricta
horizontalidad. La hormiga reinició la marcha, sin desviarse jamás de su ruta hacia
el zócalo. Las otras hormigas, con sus respectivos víveres, habían desaparecido por
algún invisible agujero. Sobre la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que
sobre el papel. Un nudo, bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más
de un minuto. El palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo
de la hormiga aseguró su estabilidad. Dos centímetros más y un golpe resonó. Un
golpe aparentemente dado sobre el piso. Al igual que las otras, esa tabla vibró y la
hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió su carga. El palito
quedó atravesado en el tablón contiguo. El trabajo siguiente fue cruzar la
hendidura, que en ese punto era bastante profunda. La hormiga se acercó al borde,
hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó en aquel abismo de
centímetro y medio. Le llevó varios segundos rehacerse, escalar el lado opuesto de
la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón. Ahí estaba el palito.
La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento que un intermitente
temblor en las patas delanteras. Después llevó a cabo su quinta operación de carga.
El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con respecto al cuerpo de la
hormiga. Esta hizo un movimiento brusco y entonces la carga quedó mejor
acomodada. A medio metro estaba el zócalo. La hormiga avanzó en la antigua
dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la veta. Ahora el
paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de derrumbe. A dos
centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada. Entonces, de lo
alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga
y hormiga.

Mario Benedetti (Uruguay, 1920 - 2009) se caracteriza por una narrativa sencilla que
reflexiona sobre la cotidianidad en la existencia. En este cuento, el autor hace un
llamado a considerar a cada criatura que existe en el mundo.

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Con gran detalle, narra la travesía de una pequeña hormiga que, con todo su esfuerzo,
lucha por llevar un terrón de azúcar a su hogar. Sin embargo, luego de enfrentar muchos
obstáculos es destruida por un dedo humano.

El título "A imagen y semejanza" alude al relato bíblico en el que el hombre fue creado a
imagen y semejanza de Dios. La lección se encuentra en que las personas deben
aprender a respetar cada vida, por muy insignificante que parezca, ya que todos forman
parte del milagro de la creación.

10. El espíritu nuevo - Leopoldo Lugones


En un barrio mal afamado de Jafa, cierto discípulo anónimo de Jesús disputaba
con las cortesanas.

-La Magdalena se ha enamorado del rabí -dijo una.

-Su amor es divino -replicó el hombre.

-¿Divino?… ¿Me negarás que adora sus cabellos blondos, sus ojos profundos, su
sangre real, su saber misterioso, su dominio sobre las gentes; su belleza, en fin?

-No cabe duda; pero lo ama sin esperanza, y por esto es divino su amor.

Leopoldo Lugones (1874 - 1938) fue el máximo exponente del modernismo en Argentina.
En este breve relato, intenta hacer reflexionar al lector sobre el poder de la fe. Aunque
tener una creencia religiosa ayuda muchísimo a sobrellevar los problemas del día a día,
es ese amor sin esperanza de recibir nada a cambio lo que caracteriza el poder de los
creyentes.

11. La araña pollito - Horacio Quiroga


Esta gran araña se llama así, según la etimología popular, por su capacidad para
atacar y devorar un pollito. No es fácil, sin embargo, que pueda hacerlo. Ni sus
costumbres ni sus fuerzas se lo permiten con éxito. Más fácilmente se ha de
contentar con insectos de su familia, a semejanza de todas las arañas. Sus dientes,
sin embargo, no son cosa de despreciar, ni aún por un ser humano, conforme se
verá por el siguiente ejemplo: un hombre que yo conocía, envejecido en la dura vida
del extremo nordeste de la república, no había perdido a sus años la costumbre de
reírse cada vez que oía hablar del veneno de la araña pollito.
Este hombre había sido mordido dos veces por tantas yararás, y una vez por una
serpiente de cascabel. En la mitad de su vida, un rayo le había arrancado todos los
dientes superiores. Debido, sin duda, a esta familiaridad con los acontecimientos
de volumen, el hombre resistíase a admitir el peligro que encarnan los vellosos y
curvos dientes de la araña pollito.

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- Yo he visto más de mil en mi vida - decía-. Y todas aplastadas de patas contra el


suelo.
Yo sabía en esa época de dos endurecidos peones de monte, que se habían
desmayado instantáneamente al ser mordidos por esa araña.
- Dos miedosos, nada más; (él sabía bien que no eran miedosos) - decía riendo
nuestro incrédulo.
Pues bien; supe una mañana que dicho hombre acababa de ser visto sentado junto
al fogón con una vincha mojada sobre la frente, quejándose bien alto mientras se
balanceaba en el banco.
Había sido mordido por una araña pollito.
Fui a ver a aquel escéptico, sin reírme en lo más mínimo, porque sospechaba que
no había lugar a risa alguna.
- ¡Maldita basura! - me dijo inmediatamente el hombre mordido -. No puedo ni
tomar agua todavía...¡Y he aplastado miles y miles de esos bichos, le aseguro...
Figúrese que hace un rato yo estaba aquí mismo... esperando que hirvieran
porotos...cuando bien por encima de mi cabeza una de esas arañas bajó del techo
por el caño de la escopeta... Yo la arranqué del caño por una pata, y en el aire sentí
que se me enredaba en los dedos...y me picó. En seguida, en el momento mismo, vi
todo azul... y sentí que las piernas se me doblaban... Y casi caigo sentado en la olla
de porotos... ¡Nunca creí, yo le juro, que uno pudiera perder tan de golpe las
fuerzas, y ver azul el barro!...
Los otros dos hombres mordidos por una araña pollito, de que he hecho mención,
sufrieron igual síncope. Uno cayó desmayado con la mitad del cuerpo dentro del
agua, y el otro se desplomó sin sentido, a pleno sol de fuego.
Pero tanto el uno como el otro, e igualmente nuestro conocido, no sufrieron
mayores molestias, salvo una ligera hinchazón de la parte mordida, y un atroz dolor
de cabeza que los hacía hamacarse gimiendo.

Horacio Quiroga (Uruguay, 1878 - 1937) es considerado el padre del cuento


latinoamericano. En sus obra exploró el espacio de la selva, la relación del hombre con
la muerte y el inconmensurable poder de la naturaleza.

Este cuento comienza describiendo a la "araña pollito", un insecto de gran tamaño que
suele verse en el campo. Luego, se muestra que el anciano peca de soberbia. Ha vivido
tantas experiencias traumáticas en su contacto con el mundo salvaje, que no le teme a
aquella simple criatura que, por lo general, es lenta y poco agresiva.

Sin embargo, luego de un encuentro con ella, va a experimentar un dolor inimaginable.


Por ello, vemos que la moraleja reside en no subestimar a nada ni a nadie, ya que de
donde menos se espera, puede haber peligro.

12. Los desarraigados - Cristina Peri Rossi


A menudo se ven, caminando por las calles de las grandes ciudades, a hombres y
mujeres que flotan en el aire, en un tiempo y espacio suspendidos. Carecen de
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raíces en los pies, y a veces hasta carecen de pies. No les brotan raíces de los
cabellos ni suaves lianas atan su tronco a alguna clase de suelo. Son como algas
impulsadas por las corrientes marinas, y cuando se fijan a alguna superficie es por
casualidad y dura sólo un momento. En seguida vuelven a flotar y hay cierta
nostalgia en ello.

La ausencia de raíces les confiere un aire particular, impreciso; por eso resultan
incómodos en todas partes y no se los invita a las fiestas ni a las casas, porque
resultan sospechosos. Es cierto que en apariencia realizan los mismos actos que el
resto de los seres humanos: comen, duermen, caminan y hasta mueren, pero quizás
el observador atento podría descubrir que en su manera de comer, de dormir,
caminar y morir hay una leve y casi imperceptible diferencia. Comen
hamburguesas McDonald's o emparedados de pollo Pokins, ya sea en Berlín,
Barcelona o Montevideo. Y lo que es mucho peor todavía: encargan un menú
estrafalario, compuesto por gazpacho, puchero y crema inglesa. Duermen por la
noche, como todo el mundo, pero cuando despiertan en la oscuridad de una
miserable habitación de hotel tienen un momento de incertidumbre: no recuerdan
dónde están, ni qué día es, ni el nombre de la ciudad en que viven.

Carecer de raíces otorga a sus miradas un rasgo característico: una tonalidad


celeste y acuosa, huidiza, la de alguien que en lugar de sustentarse firmemente en
raíces adheridas al pasado y al territorio, flota en un espacio vago e impreciso.

Aunque algunos al nacer poseían unos filamentos nudosos que sin duda con el
tiempo se convertirían en sólidas raíces, por alguna razón u otra las perdieron, les
fueron sustraídas o amputadas, y este desgraciado hecho los convierte en una
especie de apestados. Pero en lugar de suscitar la conmiseración ajena, suelen
despertar animadversión: se sospecha que son culpables de alguna oscura falta, el
despojo (si lo hubo, porque podría tratarse de una carencia de nacimiento) los
vuelve culpables.

Una vez que se han perdido, las raíces son irrecuperables. En vano el desarraigado
permanece varias horas parado en una esquina, junto a un árbol, contemplando de
soslayo esos largos apéndices que unen la planta con la tierra: las raíces no son
contagiosas ni se adhieren a un cuerpo extraño. Otros piensan que permaneciendo
mucho tiempo en la misma ciudad o país es posible que alguna vez le sean
concedidas unas raíces postizas, unas raíces de plástico, por ejemplo, pero ninguna
ciudad es tan generosa.

Sin embargo, hay desarraigados optimistas. Son los que procuran ver el lado bueno
de las cosas y afirman que carecer de raíces proporciona gran libertad de
movimientos, evita las dependencias incómodas y favorece los desplazamientos. En
medio de su discurso, sopla un viento fuerte y desaparecen, tragados por el aire.

Cristina Peri Rossi (Uruguay, 1941) es una de las voces latinoamericanas más
interesantes del panorama actual. Debido a la dictadura en su país natal, tuvo que

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emigrar a España en 1972, donde reside actualmente. La condición de exiliada es un


tema recurrente en su obra y en este cuento se trabaja de manera metafórica.

Los inmigrantes cortan sus lazos con el pasado y existen en una especie de presente
perpetuo en el que les resulta imposible volver a aferrarse. La historia intenta hacer
entender la sensación que tiene alguien que ha debido abandonar su país y radicarse en
un lugar con otra cultura y costumbres.

El narrador afirma "en apariencia realizan los mismos actos que el resto de los seres
humanos: comen, duermen, caminan y hasta mueren". Con esto, intenta hacer
reflexionar al lector sobre la actitud que se tiene ante los extranjeros, un tema que es
necesario analizar y discutir en la actualidad.

13. Nacimiento - Vicente Battista


Los antropólogos de la Universidad de Duke, en los Estados Unidos, estiman que el
hombre de Neanderthal, que habitó la tierra hace más de cuatrocientos mil años,
poseía el don de la palabra. Esta novedad podría contestar una pregunta que hasta
hoy no tenía respuesta.

Para encontrar esa respuesta habrá que retroceder hasta una tribu de Neanderthal,
una noche en especial. Los hombres y mujeres están alrededor del fuego, buscan
calor y celebran el fin de otra jornada. A la mañana de ese mismo día, los hombres
habían partido de caza en busca de alimentos. Las mujeres, en tanto, cuidaban a
sus críos. Ahora que el sol ya se fue, es tiempo de descanso y de contar las
experiencias del día. Cada hombre dice cómo atrapó a la presa que perseguía. No
sabe mentir.

Pero para uno de estos hombres la caza había sido un fracaso. Cuando llega su
turno, no tiene proezas para contar. Entonces decide inventarlas. Miente una
cacería imposible. Lo hace con tal perfección que transforma esa mentira en una
historia bella y apasionante. Todos piden que la repita. Aquella noche, sin saberlo,
ese anónimo hombre de Neanderthal acababa de inventar la literatura.

El escritor argentino Vicente Battista (1940) plantea el poder que tienen las palabras
para crear realidad. Frente a la cruda decepción de su día, aquel "primer" hombre
intentó mirar de forma más alegre sus circunstancias. Así, creó la literatura como una
herramienta que enseña, entretiene y ayuda a los seres humanos en el transcurso de su
existencia.

14. El mundo - Eduardo Galeano


Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

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