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Relato erótico: Encuentro apasionado

Dos personas se encuentran en un lugar público donde comienzan a besarse y tocarse íntimamente de manera apasionada. Posteriormente se encierran en el baño donde tienen relaciones sexuales explícitas y desenfrenadas, llegando ambos al orgasmo. Comparten un momento íntimo de placer físico y emocional.
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Relato erótico: Encuentro apasionado

Dos personas se encuentran en un lugar público donde comienzan a besarse y tocarse íntimamente de manera apasionada. Posteriormente se encierran en el baño donde tienen relaciones sexuales explícitas y desenfrenadas, llegando ambos al orgasmo. Comparten un momento íntimo de placer físico y emocional.
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Al llegar arriba nos sentamos en una banca y platicamos un poco.

Ambos estábamos nerviosos, así


que me senté junto a él para romper el hielo, mientras él puso su mano sobre mi pierna y comenzó
a acariciarme. Su mano subía desde mi rodilla hasta mi muslo y cada vez más arriba y debajo de
mí. -¡Qué suave se siente!-, me decía. De un momento a otro se acercó a mí y empezó a besarme
con una desesperación que no me dejó tiempo para pensar nada más que en dejarme llevar.

Pronto sus manos estaban, una bajando por mi espalda, y otra sobre mis pechos. Mi mano
recorría su entrepierna para encontrarse con una virilidad sorprendente, tanto, que no me aguanté
las ganas de bajarle el cierre. La saqué de su pantalón y de inmediato comencé a lamerla. Era una
sensación cálida, húmeda y sofocante, ya que apenas cabía en mi boca, pero tenía unas ganas de
saborearla que no podía detenerme. De pronto volví los ojos a él e intercambiamos miradas de
deseo y excitación. Sabía que él amaba verme hacerlo, y yo estaba encantada de devorarme sus
ganas... De un momento a otro levantó mi rostro para besarme de nuevo con desenfreno. Su mano
seguía bajo mi pantalón y con sus dedos había logrado que mis jugos escurrieran un poco. De
pronto sacó su mano y la puso en mi boca para que yo la probará, enseguida volvió a besarme para
que ambos compartiremos el sabor de la miel que de mí hizo fluir...

Minutos después estábamos tan excitados que nos encerramos en el baño del lugar. Nuestras
manos encontraron estorbosa toda la ropa, así que mientras nuestros labios seguían devorándose,
la ropa caía por todos lados. De repente nuestras pieles se tocaron; entre calor y sudor me moría
de ganas por sentirlo dentro, así que comencé a acercarlo a mí y él se unía a mi plan sin resistencia.
Subí mi pierna a la tapa del excusado y entonces él halló la posición exacta para entrar por
completo..., casi me deja sin aliento. Estaba tan enorme, grueso, duro, cálido y palpitante que por
un momento pensé que esto no sería posible, pero mi humedad hizo lo suyo y se resbaló dentro
deliciosamente. Adentro y afuera, muy lento primero, y poco a poco subiendo la intensidad. Mis
gemidos se escapaban de la habitación con cada vez más y más volumen. Mientras más rápido se
movía, más placer me causaba. De pronto se separó de mí y se sentó sobre la tapa del excusado,
yo le seguí. Cuando recibí su primera estocada sentí como si llegara hasta mi garganta y mi
respiración ya no fuera posible. Le pedí que abrazara mi cintura y no me soltara. Él recorría mis
senos con su boca, como un niño desesperado por el elixir de su madre. -Acércate más-, le dije, y
reatregué mis pechos lo más que pude a su rostro, mientras subía y bajaba sobre sus piernas,
sintiendo cómo su miembro me llenaba por dentro y me acercaba cada vez más al orgasmo. Lo
hice tan rápido que me dijo que estaba por llenarme de él, mientras que yo le dije que no me
soltara porque también yo le daría todo de mí... En cierto momento escuché que gemía fuerte,
descargando en mí todo eso que tenía dentro y me excité más... Me moví aún más rápido y
empecé a gritar de placer, deliciosa sensación de abatimiento físico... -No puedo más -, le dije. -
Abrázame, porque siento que me voy a desmayar-. Afortunadamente no sucedió, pero sí me sentí
como una gota de tinta que se desvanece en el agua, iluminando todo de diferentes tonalidades...

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