Historia Del Derecho Practica-4
Historia Del Derecho Practica-4
Muchas veces pasamos el tiempo tratando de explicar que somos y hacia dónde vamos, pero
en la mayoría de los casos no nos detenemos a preguntarnos o a investigar que todo lo que
somos y seremos de cierta forma depende de la siguiente interrogante: ¿De dónde venimos?
Con esta sencilla pregunta inicio esta monografía que lejos de ser una investigación profunda
sobre la historia del derecho es más bien un modesto análisis descriptivo del periodo
comprendido desde el 1822 hasta el 1861 de la Historia del Derecho Dominicano.
La época que es motivo de análisis en este trabajo Inicia con la Ocupación Haitiana
acontecimiento ocurrido en febrero de 1822 trayendo así un importante periodo en la historia
del derecho dominicano, que podría denominarse como el periodo puente entre los siglos
coloniales y la etapa republicana iniciada en 1844.
Con la ocupación haitiana se introduce un sistema jurídico totalmente diferente al que había
regido las etapas anteriores trayendo consigo varias modificaciones de índole jurídica ya que
todas las constituciones haitianas desde su independencia proclamaron de manera categórica
la abolición de la esclavitud, protegiendo siempre su raza contra los enemigos del exterior.
Tras 22 largos años de ocupación y estar regidos bajo la legislación haitiana cuyos códigos
eran adaptaciones de la codificación francesa específicamente los grandes códigos
napoleónicos que comenzaron a promulgarse en el mismo año que Haití se independizó de
Francia en el 1804, unidas todas las tendencias entre los dominicanos el 16 de enero del 1844
se lanzó el manifiesto que justificaba la independencia y el 27 de febrero se dio en Santo
Domingo el golpe que puso fin a la ocupación haitiana.
A 350 años del descubrimiento de la Isla, conquistan los habitantes de su más extensa parte
oriental el derecho de darse sus propias leyes y de administrarse a sí mismos, manteniendo en
principio las en vigencia las leyes haitianas para que pudieran seguir funcionando los
tribunales, la recaudación de impuestos, municipios, etc. en los que se dictaban las leyes
dominicanas, las cuales comenzaron a surgir a partir de octubre del 1844 donde se proclamó
la primera carta magna de la República Dominicana y así nació la vida institucional
dominicana. La constitución de 1844 tuvo una vigencia de 10 años, en febrero del 1854
fueron modificándose 70 artículos de la constitución anterior.
No obstante de ser modificada en diciembre del mismo año de produjo otra modificación que
permaneció hasta el 19 de febrero del 1858 cuando se promulgó la constitución de Moca,
siendo esta la más democrática de todas las cartas magnas aunque su vigencia fuera muy
corta, ya que el 27 de Septiembre del 1858 se decretó abolida la constitución de Moca y se
puso en vigencia de nuevo la constitución del diciembre del 1854.
La ocupación militar haitiana de Santo Domingo en 1822 fue un período histórico que duró
22 años, en el cual Haití gobernó la parte oriental de la isla imponiéndose sobre el nuevo
Estado de Haití Español, el cual fue dividido en dos departamentos: situándose en la porción
norte, el Cibao y en la porción sur, el Ozama.
Los veintidós años de la ocupación haitiana de Santo Domingo, después de un breve período
de independencia son recordados en gran medida por los dominicanos como un período de
régimen militar brutal, aunque la realidad es más compleja. En este período se llevaron a
cabo expropiaciones de tierra a gran escala, en desmedro de los esfuerzos necesarios para la
producción de cultivos de exportación.
Haití prohibió la constitución de los blancos como propietarios de tierras y las principales
familias terratenientes se vieron privadas por la fuerza de sus propiedades. La mayoría
emigró a Cuba, Puerto Rico o a la Gran Colombia, por lo general con el apoyo de
funcionarios haitianos, que adquirieron sus tierras.
Los haitianos, que asociaban la Iglesia católica con sus amos franceses, que les habían
explotado antes de su independencia, confiscaron todos los bienes de la iglesia, deportaron a
todos los clérigos al extranjero y los restantes miembros del clero rompieron los lazos con el
Vaticano. La Universidad de Santo Domingo, la más antigua de América y que carecía de
estudiantes y profesores, fue cerrada.
Con el fin de recibir el reconocimiento diplomático de Francia, Haití se vio obligado a pagar
una indemnización de 150 millones de francos a los ex-colonos franceses, suma que
posteriormente fue reducida a 60 millones de francos. Esto motivó que Haití impusiera
pesados impuestos sobre la parte oriental de la isla.
Muchas extranjeros nos han preguntado por qué en la República Dominicana se aplican los
Códigos Franceses, y no pocos dominicanos se habrán hecho igual pregunta.
Somos un pueblo con raíces culturales mayormente españolas, y con sólo nueve años de
ocupación francesa (1800 a 1809), aparenta incomprensible que su legislación se base todavía
en la francesa. Veamos las razones de esta, aparentemente, rara circunstancia.
La Isla de Santo Domingo fue colonia de España, y en ella rigió la legislación hispana,
basada en antiguas leyes castellanas, luego modificadas por otras dictadas para las colonias
americanas, llamadas Leyes de Indias.
En esa legislación se evidencian marcadas diferencias entre el tratamiento que se les daba a
los criollos, los extranjeros o los que no fueran católicos o blancos.
Desde el Siglo XVII, la parte occidental de la Isla de Santo Domingo fue ocupada por
franceses. Francia y España tenían legislaciones parecidas, pues sus principios jurídicos
provenían del antiguo derecho romano y ambas conservaban sus antiguas leyes feudales.
A partir del 1789, en Francia todo cambió con la Revolución, incluyendo su legislación, que
eliminó las diferencias entre los ciudadanos por razones de raza o condición social.
El período de la España Boba, de 1809 a 1821, estuvo influencia do por las luchas
constitucionalistas en España, provocando la promulgación de la primera Constitución en
1812, e intentos de modernizar la antigua legislación.
Ya para esa época, en Francia regían los Códigos Napoleónicos, que fueron adoptados por los
hatianos en 1816, con escasas diferencias.
El fin a la ocupación haitiana tuvo buena acogida en los residentes de la ciudad de Santo
Domingo quienes hondearon banderas españolas en su mayoría y algunas francesas. Como
respuesta, Charles Rivière-Hérard encabezó desde Haití una invasión que fue sofocada por el
general Pedro Santana, secundado por el general Antonio Duvergé en la batalla del 19 de
marzo de 1844 en Azua. Quedaron en el campo más de 1000 haitianos muertos,mientras que
los dominicanos solo sufrieron 2 muertos y 3 heridos. No obstante Hérard en su retirada
incendió el pueblo de Azua, fusilando a los prisioneros que había hecho.
El 30 de marzo de ese mismo año las fuerzas dominicanas al mando del general José María
Imbert en compañía de Fernando Valerio en su «Carga de los Andulleros» derrotaron al
ejército invasor haitiano, el cual en su repliegue cometió numerosas fechorías, robos e
incendios hasta llegar a Haití. La primera batalla naval se libró el 15 de abril de 1844. El
resultado de la batalla fue que los dominicanos hundieron tres buques enemigos, sin perder ni
uno solo de los suyos.
En mayo de 1845 el general Pedro Santana asistido por el general Antonio Duvergé y el
general José Joaquín Puello, vencieron a las tropas haitianas en la Estrelleta y en Beller y
capturaron en Puerto Plata a la escuadra haitiana que había bombardeado esa población
causando cuantiosos destrozos.
La Manifestación de los pueblos de la Parte Este, dada a conocer el pasado 16 de enero, citas
numerosas causas como motivadores del movimiento independentista. En uno de sus
primeros párrafos afirma que al llegar los haitianos en 1822, con ellos entraron "los
desórdenes y los vicios, la perfidia, la división, la calumnia, la violencia, la delación, la
usurpación, el odio y las personalidades".
Señala que sus decretos y disposiciones fueron motivo de discordia y señal de destrucción,
forzando a las principales familias a emigrar y luego confiscado sus tierras que eran
mantenidas por sus familiares, reduciendo a éstos a la miseria. Afirma que los ataques a la
iglesia incluyeron el despojo de sus riquezas, sus rentas y derechos y que vilipendió y ajó a
los ministros de la fe católica.
En el documento se hace mención de la ley del 8 de julio de 1824, que "determina cuáles son
los bienes mobiliares e inmobiliares, radicados en la parte del Este, que pertenecen al Estado,
y regula, respecto de los particulares en esa parte, del derecho de propiedad territorial,
conforme al modo establecido en las otras partes de la República, y que fija los sueldos del
alto clero del Cabildo Metropolitano de la Catedral de Santo Domingo, y asegura la suerte de
los religiosos cuyos conventos han sido suprimidos" a la que atribuye la ruina de la crianza de
animales y el empobrecimiento de numerosos padres de familia.
Como es sabido, la organización de la tierra en la parte del Este se basa en los llamados
terrenos comuneros, que son propiedad común y se utilizan para pastar ganado,
principalmente. Esta forma de propiedad viene de la colonia y es una consecuencia de la
escala población y de la relativa abundancia de tierra.
Los dominicanos se quejan de los ataques al idioma natal y a la religión, como causa
principales de sus agravios contra el gobierno haitiano.
Como puede verse, sólo la paciencia del pueblo dominicano y su relativa debilidad permitió
estos atropellos por más de veinte años, pero ahora, por lo que parece, hay un cambio de
actitud que, confiamos, se manifieste en la pronta proclamación de la independencia del país.
Proclaman la nueva Constitución Haitiana
Con un solemne acto fue proclamada la Constitución de la República votada por la Asamblea
Constituyente, el pasado 31 de diciembre de 1843, en Puerto Príncipe.
A tal efecto se celebró un acto en el Palacio del Gobernador y en la Plaza de Armas, donde se
dió lectura al nuevo texto constitucional, que tiene 200 artículos y que, sin dudas, es mucho
más liberal que la constitución de 1816, que rigió todo el gobierno de Boyer.
Entre estos últimos podemos citar a Juan Nepomuceno Tejera, de Santo Domingo,
Buenaventura Báez, diputado por Azua, el presbítero José Santiago Díaz de Peña,
representante de Neiba, Manuel María Valencia, diputado por Santo Domingo, Remigio del
Castillo, representante de Higuey, Francisco Javier Abreu, asambleísta por Santo Domingo y
Miguel Antonio Rojas, diputado por Santiago.
La reunión de la Asamblea Constituyente fue una de las promesas hechas por la revolución
triunfante de La Reforma, iniciada el pasado mes de enero de 1843 en Los Cayos. La
Asamblea Constituyente se instaló el pasado 23 de septiembre y la nueva Constitución fue
proclamada el 31 de diciembre.
A partir de las elecciones, ganadas por los dominicanos, el presidente Hérard desató una
fuerte persecución contra los sindicados como líderes del movimiento independentista. Hizo
prisioneros en varias poblaciones, entre los que se cuentan varios sacerdotes y el patriota
Matías Ramón Mella, quien se dedicaba a labores revolucionarias en el interior.
Pero la revisión de la Carta Magna en febrero de 1854 suprimió el recurso de nulidad y dejó a
la Suprema Corte de Justicia como tribunal de apelación. Esta situación se mantuvo a todo el
largo de la vida, desde 1854 hasta 1908, cuando la Suprema Corte de Justicia reconquistó su
verdadera función de Corte de Casación. Excepcionalmente en la reforma efectuada en Moca
en 1858, se establece la Corte de Casación para conocer sobre la "infracción de fórmulas o
violación a la ley", pero la contrarrevolución encabezada por el Gral. Pedro Santana impidió
este paso de avance.
En la reforma de 1877 y hasta la reforma de 1907, durante todos estos años se le atribuyó
expresamente a la Suprema Corte de Justicia la facultad "de declarar cual es la ley vigente,
cuando alguna vez se hallen en colisión". La Ley Orgánica Judicial de 1884 dispuso que la
Suprema Corte de Justicia "resolverá las consultas que le soliciten los tribunales inferiores,
pero nunca antes de éstos dar sentencias".
Desde la reforma de 1878 (artículo 38) la Suprema Corte de Justicia ha tenido la potestad de
tomar la iniciativa en la formación de las leyes que se refirieran a asuntos judiciales. Esta
situación nunca ha sido modificada desde entonces y actualmente está vigente a través del
artículo 38 de la reforma de 1994.
La existencia de la pena de muerte como castigo capital para los acusados que así lo
merecieran, dio lugar a que la Suprema Corte en pleno formara parte de las Comisiones
militares que en virtud del artículo 210 de la Constitución de la República, fueran creadas una
en 1847, la cual ordenó el fusilamiento de los hermanos José Joaquín y Gabino Puello, y otra
en 1848, que fue más indulgente condenando a penas de reclusión en unos casos y descargo
para otros acusados. En ambas oportunidades fueron juzgados por cometer crimen de
conspiración contra la seguridad del Estado.
Dada su categoría de Diputado al Congreso Nacional el Gral. Santiago Pérez, Acusado del
crimen de homicidio en perjuicio del poeta Eduardo Scanlan, por causa de este último
cometer el presunto delito de adulterio con la esposa del reo, fue condenado dicho Gral.
Santiago Pérez, a la pena de muerte por la Suprema Corte de Justicia y posteriormente
ejecutado en 1887.
Pero semejante fórmula fue eliminada en la siguiente reforma de 1927, con la finalidad de
restablecer el "control difuso", establecido en la de 1908, para lo cual debía haber
previamente controversia judicial y en consecuencia poderse admitir el recurso de
inconstitucionalidad y no como en 1924 que disponía que el recurso estaba abierto aún en
ausencia de litigio. Desde 1927 hasta 1994 este sistema de "control difuso" se mantuvo, es
decir un recurso por vía de excepción.
La reforma de 1908 suprimió la pena de muerte por causa de delitos políticos. En la siguiente
de 1924 se consagró el principio de la inviolabilidad de la vida y se descartó para siempre la
pena de muerte, la que fue sustituida por la pena de trabajos públicos por Ley No. 64, de
1924 y esta a su vez fue suprimida para convertirla en pena de reclusión, por Ley No. 224 de
1984.
Durante este período se hicieron numerosas modificaciones a los Códigos Civil, Penal, de
Comercio, de Procedimiento Civil y de Procedimiento Criminal, y se instituyeron nuevas
legislaciones en materia bancaria, de seguridad individual (libertad provisional bajo fianza,
habeas corpus, perdón condicional de la pena, régimen penitenciario), trabajo (accidentes y
préstamos laborales), seguridad social (jubilaciones, pensiones, asistencia hospitalaria).
Por Ley No. 25-91 se promulgó la Ley Orgánica de la Suprema Corte de Justicia,
dividiéndola en dos Cámaras: una Civil, Comercial y de Trabajo y otra Penal, Administrativa
y Constitucional, mediante el artículo 25 se consagró la capacidad del Presidente de la
Suprema Corte de Justicia para ser apoderado directamente por querella de parte, fijando
audiencia en materia correccional y nombrando un Juez de Instrucción para los fines de la
investigación de lugar en caso criminal.
Designada así la Suprema Corte de Justicia, corresponde a esta elegir los Jueces de la Corte
de Apelación, del Tribunal de Tierras, de los Juzgados de Primera Instancia, los Jueces de
Instrucción, los Jueces de Paz y sus suplentes, los Jueces del Contencioso Tributario y los
demás Jueces de cualesquiera otros tribunales del orden judicial creados por la ley y los
cargos administrativos que sean necesarios para que el Poder Judicial cumpla cabalmente con
sus atribuciones y finalmente todos los funcionarios y empleados que dependan del Poder
Judicial, que como todos los sueldos y remuneraciones de todo el tren judicial y su personal
administrativo.
Desde 1844 hasta esta reforma de 1994, los nombramientos de todos los jueces del Poder
Judicial estaban a cargo originalmente por el Consejo Conservador y luego por el Senado de
la República, dentro del sistema bicameral legislativo o por el Senado consultor, la Cámara
Legislativa o el Congreso Nacional en los años en que reinó el sistema unicameral. Por Ley
No. 156-97 el número de jueces de la Suprema Corte de Justicia fue elevado a 16 (diez y
seis), un Presidente y tres cámaras identificadas como, Primera (Civil), Segunda (Penal) y
Tercera (Tierra, Laboral, Contencioso Administrativo y Contencioso Tributario).
En febrero del 1822 se inició un importante periodo en la historia del derecho Dominicano,
que podemos denominar periodo puente entre los siglos coloniales y la etapa republicana
iniciada en 1844.
Todos los sucesos acontecidos en ese periodo incidieron en la unificación de la isla en 1822
puesto en este periodo se destacaron varios cambios en la vida jurídica haitiana.
La constitución promulgada en el 1816 fue la que rigió Haití hasta el 1843 y por ende fue el
texto constitucional aplicado a los dominicanos durante la ocupación haitiana. Para los
dominicanos fue la segunda constitución después de la de Cádiz de 1812, que tuvo en
vigencia por solo 3 años.
Los puntos más notables de la constitución se refieren al problema racial que tanto
preocupaba a los haitianos aparte de declarar que nunca habría esclavos en Haití y que ningún
blanco podía poseer tierras.
La constitución proclamó los derechos del hombre resumiéndolos en cuatro: “La libertad, la
igualdad, la seguridad y la propiedad”. Asimismo se proclamó que “la agricultura como
primera fuente de la prosperidad de los estados y que la misma seria protegida y fomentada.
En cuanto a los deberes del hombre, estos fueron resumidos dos grandes principios: “No
hagas a otro lo que no quieras para ti mismo” y “Haced siempre al prójimo todo el bien que
queráis recibir”. Como libertades públicas se destacan la de expresión, la tolerancia de cultos
y la inviolabilidad del domicilio y la libertad contra persecuciones y prisiones arbitrarias.
Competía a la cámara de representantes recibir los proyectos de ley emanados del presidente
de la república y votar sobre ellos, y a el Senado tenía como competencia aprobar o no los
presupuestos anuales del gobierno, juzgar al presidente y otros funcionarios, proponer la
reforma de la Constitución y conocer de las leyes aprobadas por la cámara de representantes,
aprobarlas y rechazarlas, en caso de aprobarlas, las enviaba al Poder Ejecutivo para su
promulgación.
En cuanto al poder ejecutivo, este era ejercido por un presidente vitalicio, con poderes muy
amplios y con capacidad de designar su sucesor. El presidente era el Jefe de las Fuerzas
Armadas, era quien proponía las leyes al poder ejecutivo, nombraba todos los funcionarios
civiles, municipales y militares y los miembros del Poder Judicial, dirigía las relaciones
internacionales del país y declaraba la guerra, con sanción del Senado.
Esta constitución con relación a las fuerzas armadas declaraba que ellas eran esencialmente
obedientes y no podían nunca deliberar.
Bajo el presidente, la administración pública quedaba dirigida por tres altos funcionarios: El
Secretario de Estado, el Secretario General y el Gran Juez. El secretario de estado era el
encargado de las finanzas y de la recolección de impuestos y tenía bajo su control los bienes
nacionales, el secretario general era quien contra-firmaba todos los actos y decretos
presidenciales y les ponía el sello de la república, el gran juez tenía a su cargo la supervisión
de todos los tribunales, le correspondía la fiel ejecución de las leyes y de que fueran aplicadas
correctamente, dando directrices e interpretaciones de las mismas, conservaba los archivos
públicos y legalizaba los documentos que iban para el extranjero.
Todo lo anterior nos muestra que en poco tiempo Boyer logro organizar administrativamente
la parte este de la isla, pero fue más difícil adaptar a los dominicanos al sistema legal haitiano
el cual estaba basado en la tradición jurídica francesa.
El sistema judicial vigente durante los 22 años de la ocupación haitiana tuvo sus bases en la
constitución, así como en dos leyes principales de Organización de Tribunales.
Quedo establecido un sistema compuesto por Juzgados de Paz, los Tribunales Civiles y el
Tribunal de Casación. No existieron las Cortes de Apelación. Las constitución y la leyes
autorizaron que los conflictos civiles fueran puestos por las partes en manos de árbitros
escogidos por ellas, pudiéndose renunciar al derecho de recurrir contra las decisiones de los
mismos.
Según las notas de derecho Constitucional del jurista Manuel A. Amiama, la Constitución
dominicana después de proclamada en 1844 ha sido modificada 39 veces, la primera fue en
1854 y la última en el 2015, pero según el autor hasta 1994 no se habían alterado
esencialmente la teoría política que desde el principio la inspiró.
Amiama destaca que las reformas más fundamentales han sido: la reafirmación del sistema
bicamarista; la supresión del refrendo ministerial de los actos del Presidente; la instauración
del sufragio directo para las magistraturas políticas; la creación del recurso de casación; la
extensión de los derechos políticos de la mujer; entre otros.
Sin embargo, a lo largo de la historia 15 gobernantes dominicanos han cambiado la
Constitución de acuerdo a los intereses del momento, como el debate del establecimiento o
no de la Reelección Presidencial y el empeño de los gobernantes de obtener poder, entre ellos
Pedro Santana, Buenaventura Báez, Ramón Cáceres, Horacio Vásquez, Rafael Leonidas
Trujillo Molina, Joaquín Balaguer, Hipólito Mejía, Leonel Fernández y el actual presidente,
Danilo Medina.
Entre las reformas más recientes están las de 1994, tras la crisis electoral de ese año y de los
cambios que produjo, estableció la no reelección presidencial consecutiva, estableció el
porcentaje de 50 y más para ganar la Presidencia de la República y los Colegios Electorales
Cerrados.
Estableció que si ninguno de los candidatos presidenciales logra 50 y más, los dos candidatos
más votados van a una segunda vuelta.
Otra reforma constitucional fue la de 2002, impulsada por el presidente Hipólito Mejía para
restablecer la reelección presidencial e intentar ser reelecto.
Se presentó como candidato y fue derrotado por el candidato del Partido de la Liberación y
fuerzas aliadas, Leonel Fernández.
De ahí nació el proyecto de reforma que dio origen a la Constitución de 2010, la más amplia
en la historia de la República Dominicana y posteriormente en mayo de este año dar paso a la
reforma número 39, en su artículo 124 que establece la reelección presidencial.
-En 1854 hubo dos reformas a la Constitución. La primera fue promulgada el 25 de febrero,
que suprimió el artículo 210 restringiendo los poderes del Ejecutivo y amplió las facultades
del Poder Judicial y del Congreso.
-La segunda fue proclamada el 23 de diciembre del mismo año, se convirtió en el texto
preferido de las dictaduras del siglo XIX.
-La Constitución de 1866 vino a ser la de 1865 con ligeras variantes. La de 1872 fue
modificada por iniciativa del presidente Buenaventura Báez.
-Abril de 1874 llega con un nuevo texto constitucional que suprimió el requisito de saber leer
y escribir para los votantes y estableció un congreso unicameral compuesto por 31 diputados
elegidos por voto directo.
-Esa constitución se reformula sucesivamente en 1875, 1876, 1877, 1878, 1879, 1880, año en
que el general Gregorio Luperón decreta la celebración de elecciones para la Asamblea
Nacional que debía dotar al país de una nueva Constitución.
-Luperón, también promovió otra reforma en 1881, la que tendría vigencia hasta 1887 cuando
comienzan las ejecuciones dictatoriales de Ulises Heureaux.
-En la cuarta gestión de gobierno de Lilís propició otra reforma constitucional que le
permitiría la reelección en 1896. A partir de ese momento y hasta 1907, no hubo más
revisiones a la Carta Magna.
-En el siglo XX, se produjeron seis reformas constitucionales antes de la dictadura de Rafael
Leónidas Trujillo: dos con Ramón Cáceres en 1907, 1908 y cuatro con Horacio Vásquez en
1924, 1927, y dos en 1929.
-Reforma de 1962, septiembre 10, Reforma hecha por el Consejo de Estado, presidido por el
Lic. Rafael F. Bonnelly. El consejo del estado desde la proclamación de la constitución
votada en 1961 venía ejerciendo los poderes legislativo y ejecutivo.
-Acta institucional del 1965, 09 de agosto, que puso fin a la guerra civil. El ensayo de
gobierno democrático surgió de la libérrimas elecciones del 20 de diciembre 1962 quedó
frustrado por un injustificado cuartelazo militar, a penas a 7 meses de haber iniciado el
ejercicio del poder el gobierno constitucional que en lo que iba de siglo más tributo y respeto
rindiera a las libertades públicas y a los derechos del hombre.
-El golpe militar del 25 de diciembre del 1963, por medio del manifiesto dirigido al pueblo
dominicano por los comandos de las fuerzas armadas y la policía nacional que depusieron al
presidente de la república Juan Bosch, declaro “Inexistente la última constitución de la
República votada por la constituyente surgida de las últimas elecciones generales.
El 18 de marzo de 1861, fue arriada en toda la República la bandera tricolor símbolo del
pueblo dominicano, en su lugar fue enarbolada la española. Volvía la nación a ser tutelada
por el trono peninsular, esta vez dirigido por Doña Isabel II.
La soberanía era entregada voluntariamente, sin derramamiento de sangre, por el Presidente
de la República, General Pedro Santana Familia, quien fue honrado por la Corona
de España con pomposos títulos, como el de Gobernador Civil, Capitán General de la
Colonia, Senador del reino, Teniente General de Los Reales Ejércitos y Marqués de las
Carreras.
Santana había nacido en el Poblado de Hincha en el año de 1801, poseía un hato en la ciudad
del Seibo llamado Hacienda el Prado, se había destacado como General y Patriota durante la
guerra en contra de Haití y, era considerado como héroe nacional, por haber derrotado al
ejército haitiano en las Batallas de Azua y las Carreras.
A la sazón ejercía la presidencia de la República por tercera vez. A sus 60 años el Hatero del
Seibo carecía de la energía mostrada en el pasado. Tratando de perpetrarse en el poder, envió
a Felipe Alfau en calidad de ministro en misión especial a España, con el fin de gestionar la
anexión a la madre patria. Argumentó querer librar al país de la amenaza haitiana, así como
de las incontables escaramuzas políticas que diezmaban su población.
Los dominicanos en su gran mayoría estaban en contra de la Anexión. Sin embargo, Santana
presentó la solicitud al Gobierno de España simulando que todo el pueblo simpatizaba con
esa medida. Las gestiones llevadas a cabo ante la corona, encontraron terreno fértil, pero no
contaban con el apoyo del pueblo, el cual no había sido consultado. Por lo que prontamente
se iniciaron las protestas en todo el territorio dominicano.
En el período de la Segunda República sigue la pugna política, ahora entre el último gobierno
restaurado por el general Antonio Pimentel, quien se negaba a gobernar desde Santo
Domingo, como lo mandaba el Congreso, y el general José María Cabral quien tuvo que
comandar desde Santo Domingo, respondiendo a la no diputación de Pimentel. Cabral logró
quedarse con el poder y remodeló la Constitución.
En el gobierno de Cabral, los partidos de colores se hicieron dueños del escenario político
siendo estos: Rojo y Azul, siendo el Rojo al mando de Buenaventura Báez, y el partido más
poderoso quien gobernó por seis años.
Luego durante los años siguientes hubo una sucesión de gobiernos hasta 1889, cuando
comienza la dictadura de Ulises Heureaux, Lilís, que duró hasta 1899.
Como parte de la sociedad misma, el derecho evoluciona junto con ella. Si no lo hace, si no
va en armonía con los cambios que se producen en otros estratos de la sociedad, no sólo se
anquilosa, sino que deja de cumplir su misión, deja de jugar el papel de estabilizador de las
relaciones entre las personas. Por ello, es misión, primero del legislador y luego del juez, ir
adaptando el derecho a la circunstancias de una cambiante sociedad.
Aunque hay principios que pudiéramos decir que son inmutables, toda la vida cambia y con
ella debe cambiar el derecho. Estas consideraciones vienen al caso, en el momento en que la
República Dominicana realiza un denodado esfuerzo para modernizarse en muchos órdenes
de la vida del país. Las comunicaciones, el comercio, la industria, el transporte, la educación,
las ciencias, las artes, evolucionan para servir a una sociedad que les exige ponerse al día.
Esto mismo tiene que lograrlo el derecho.
Causa gran expectativa, que comisiones de eminentes juristas hayan concluido sus trabajos y
hayan presentado sus anteproyectos de los nuevos códigos dominicanos. Enhorabuena! No
conocemos los textos ni sabemos cuáles son los cambios, pero abrigamos la esperanza de que
de promulgarse, esos códigos sean realmente lo que el país necesita en esta nueva estructura
social del siglo XXI. Los códigos existentes, se originan a principios del siglo XIX y por lo
tanto van pronto a cumplir 200 años, y desde entonces la sociedad ha evolucionado tanto que
no tiene parecido alguno con la existente cuando el genio de Napoleón concibió esos códigos.
CONCLUSIÓN
Como hemos podido ver desde nuestro descubrimiento en 1492 hemos tenido mucho andar
por diversos cambios en todos los aspectos de la vida nacional, iniciándonos con los
españoles, luego con franceses, de nuevo los españoles, seguido de los haitianos, hasta que
por fin logramos en 1844 ser dominicanos por primera vez dominicanos, luego continuó la
lucha.
La historia de nuestro derecho ha sido un camino bastante largo y espinoso pero el tiempo se
encargó y se está encargando de hacer valer la lucha por nuestra soberanía y nuestra propia
legislación, los continuos cambios que sufrimos en los periodos que fueron expuestos en esta
monografía reflejan todos los experimentos jurídicos a los cuales fuimos sometidos que de
cierta forma nos sirvieron de experiencias y conocimiento previo para poder crear y
establecer una legislación acorde con nuestro sistema de vida y a nuestras realidades sociales
y circunstanciales de la época.
Después de 328 largos años del periodo de la dominación colonial y de la ocupación haitiana
durante 22 años, la Republica Dominicana dio un drástico giro en su vida institucional
logrando en 1844 una vida independiente y constitucional, con elecciones de los funcionarios
más importantes, con cierta libertad de prensa y con tolerancia religiosa.
Es cierto que la vida institucional del país durante la primera república no había sido tan
democrática como aparece en sus constituciones y leyes, pero siempre se estuvo bajo una
constitución y por ello pelearon los dominicanos en más de una ocasión y se estuvo siempre
sometido al principio de que el poder político emanaba del pueblo, el cual poder estaba
claramente delimitado, y con regímenes políticos que permitieran un mínimo de derechos a
los ciudadanos.
Luego del año 1861 la historia del derecho dominicano sigue su agitado curso, a partir de
dicha fecha los dominicanos pierden su independencia y sigue su largo peregrinar hasta llegar
a formar su propio derecho.
Es mucho lo que falta por decir, por analizar y hasta por hacer pero he aquí un breve análisis
descriptivo de los acontecimiento