Universidad del Rosario
Fenomenología y Hermenéutica
Leonardo Montaña Contreras
Protocolo de problema
En la introducción los prejuicios clásicos y el retorno a los fenómenos de su libro la
fenomenología de la percepción, Merleau-Ponty estudia de forma fenomenológica la
percepción. Partiendo de revisar distintas interpretaciones o propuestas que se han dado
desde distintas escuelas como el empiricismo o el intelectualismo. En la tercera sección de
esta introducción la atención y el juicio, se estudia en las primeras páginas brevemente el
concepto de “atención”. Este protocolo de problema tiene la intención de explorar este
concepto de atención a la luz de las críticas de Merleau-Ponty y de la propuesta de este
mismo. Esto debido a que el concepto de atención es clave para poder tanto los hilos
argumentativos de las posiciones que critica como para entender el propio fenómeno de la
percepción.
El concepto de atención surge en la introducción, principalmente, como una posible
respuesta del empiricismo ante los ataques que Merleau-Ponty hace sobre este en lo
referente a cómo trata el mundo el empiricismo. Para el empiricismo el mundo se encuentra
ya dado. Al estar el mundo ya dado previo a que el sujeto tenga una relación con este, la
percepción del mundo que el sujeto pueda tener se encuentra impregnada por el mundo
exterior en cierta relación causal. Donde percibir un objeto del mundo es percibir un objeto
por medio de los datos sensoriales que arrojan información de este objeto tal cual es
“objetivamente”. Esta teoría del empiricismo está cargada, entonces, de la hipótesis de la
constancia la cual dice que el estimulo que el sujeto recibe concuerda en una relación de
uno a uno con lo que el sujeto termina percibiendo. Merleau-Ponty encuentra fallas en esta
teoría pues no se corresponde bien con la experiencia humana ante, por ejemplo, una
“ilusión” como el caso de las líneas de Muller-Lyer.
Para dar cuenta de estos casos extraños en los cuales el estimulo no se corresponde
correctamente con la percepción es que el empiricismo hace uso de la idea de “atención”.
El empiricismo argumenta que las sensaciones que tenemos del mundo exterior son siempre
las mismas pero que estas pueden ser “perdidas” o no las percibimos correctamente debido
a que no les estamos prestando la suficiente atención. El problema con esto es que no
sabemos muy bien qué es aquello que causa que la atención se active o que funcione en
ciertos casos y en otros no; es decir, no conocemos lo que sería la base de la estructura de la
percepción: la atención. Aún más, si tenemos en cuenta las herramientas con las que trabaja
el empiricismo (los estímulos externos) junto a su propuesta de la atención, veremos que
esta atención no debería de cambiar nada en los datos sensoriales que percibo, sino que solo
resaltaría algunos sobre otros. Esto, por ende, termina por no explicar lo ocurrido con las
ilusiones.
Ahora bien, viendo hacia el otro lado del espectro con el intelectualismo el panorama sigue
sin ser muy bueno. Para el intelectualismo hay una actividad constitutiva de la consciencia
la cual crea esta estructura por medio de la cual somos capaces de percibir y esta estructura
existe, aunque nosotros la veamos o no. En el intelectualismo la atención también resalta
aquello que ya se encuentra presente. Pero si en el intelectualismo la conciencia por su
misma actividad constituye consciencias, es de nuevo incompresible como esta puede ser
engañada por las ilusiones. Tenemos entonces el problema en el cual en el empiricismo la
consciencia es demasiado pobre y en el intelectualismo la conciencia es demasiado
poderosa. Las dos posiciones parece que terminan entendiendo la percepción no como lo es
que es en sí misma como fenómeno, sino que la alteran para que cumpla con sus
presupuestos como el de un mundo objetivo. Sin embargo, los propios psicólogos
comenzaron a dudar de estas dos propuestas cuando descubrieron que algunos pacientes
que sufrían de ciertos desordenes ocasionados por problemas en el sistema nervioso, no
podían localizar bien ciertos puntos de sus cuerpos al ser tocados, aunque estuvieran al
tanto de que estaban siendo tocados.
Para Merleau-Ponty la atención se puede entender mejor no solo como elucidar o resaltar
ciertos datos preexistentes o dados de ante mano sino como una cualidad activa que
progresivamente va haciendo que lo que está dado inicialmente en los órganos de los
sentidos se de como determinado o como indeterminado. Que su significado sea ambiguo
no lo sea. Esto se puede ver mejor con el ejemplo de los niños que en sus primeros nueve
meses de vida no son capaces de diferenciar entre lo que tiene color o los diferentes tintes
cálidos o fríos de los colores pero que, con el tiempo, llegan a poder distinguir estos
detalles sofisticados de los colores. Los psicólogos argumentaban que era solo por falta de
atención hacia el nombre o el color mismo que los niños no “captaban” los tonos pero que
debían de ver verde donde el verde estaba. Esto nace, para el autor, de la incapacidad de
pensar en un mundo con colores indeterminados de los psicólogos porque estos ya
adquirieron una cierta estructura en su consciencia de percepción. Pero este no es el mundo
que experimentan los niños. Lo cual nos lleva a creer que prestar atención no es
simplemente clarificar más unos datos preexistentes sino configurar la estructura de la
consciencia para tomarlos como figuras diferentes del fondo. “thus attention is neither an
association of images, nor the return to itself of thought already in control of its object, but
the active constitution of a new object which makes explicit and ariticulate what was until
then presented as no more than an indeterminate horizon” (pág. 35).
En este orden de ideas, parece que hay en Merleau-Ponty un intento por defender la idea de
que el mundo al cual nos enfrentamos o el cual percibimos constantemente es un mundo
que, si bien no es completamente caótico en sí mismo, sí tiene ciertos rasgos de
ambigüedad y que es gracias a las estructuras cada vez más sofisticadas de la consciencia
que le damos un orden y a ese objeto algo más ordenado que como se nos presenta en un
primer momento, lo terminamos llamando aquello que percibimos. De aquí pues me
surgen algunos problemas o dudas acerca del proceso por el cual el autor lleva a cabo su
forma de hacer fenomenología o de afrontarse a los fenómenos, en especial el de la
percepción a la luz ahora de la atención. Siendo el eje principal el problema epistémico.
Primeramente, resulta muy extraño pensar en el mundo y en la propia percepción como
algo que es ambiguo, pues si esta es ambigua en sí misma ¿Por qué nuestro conocimiento
sobre ella no lo sería?
Este problema y el tema de la atención parece asemejar mucho a la paradoja del Menón de
Platón. Pues el objeto que estamos intentando estudiar desde la fenomenología que es la
percepción, no la conocemos totalmente en tanto a que los acercamientos anteriores (como
el empiricismo) son errados y esta en su misma naturaleza es algo difusa; pero, para poder
saber y entender que los otros acercamientos son errados necesitamos conocer bien qué es
la percepción pues de otro modo Merleau-Ponty no podría emitir juicios similares a “la
percepción no puede ser x”. ¿Si la atención es aquella que nos permite cambiar la estructura
o configuración de nuestra consciencia es por medio de está que podemos saber también
qué es la percepción? ¿Cómo discernimos entre cuál estructura es más correcta que la otra
en esta especie de reducción fenoménica?
De igual modo, si bien cualidades como la atención pueden hacer que las percepciones que
tenemos sean cada vez más claras. Al final lo mejor a lo que podemos aspirar es a
comprender las razones del error o de nuestra caída ante distintas ilusiones. En este sentido
y, de nuevo, si tomamos en cuenta la defensa que hace Merleau-Ponty del mundo ambiguo
y “gris” y que es así cómo lo experimentos ¿Qué criterios de objetividad podemos esperar
no solo en el estudio fenoménico sino en las ciencias tanto naturales como sociales que
requieren de cierta garantía de veracidad en lo que proponen? El punto que quiero hacer ver
aquí ya no es sobre la capacidad que podamos tener de diferenciar entre “buenas
interpretaciones y malas interpretaciones” sino que de no existir algo a lo que podamos
llamar “mundo objetivo” (o que nuestras experiencias de percepción jamás se podrán
acercar totalmente a estas), ninguna de nuestras percepciones es nunca “buena” para los
criterios que tienen las ciencias o el avance epistemológico. Esto es pues ni la atención nos
ayuda sobrellevar este problema ya que siempre que le prestemos más atención a algo que
configure nuestra consciencia para hacer visible algo que antes no lo era, estaremos dejando
de lado o no prestando atención a otra cosa. Sobre este ultimo punto que es, a mi parecer, el
más complejo no tengo una propuesta clara o mejor que la que hace el mismo Merleau-
Ponty pues considero que su análisis de la percepción y de la cualidad de la atención es
muy bueno, pero sigue dejando de lado, al menos para mí, ciertas incógnitas difíciles ante
el problema del conocimiento.
Bibliografía:
M. Merleau-Ponty. Phenomenology of Perception. London: Routledge, 2022. Pp. 30-59.