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Revolución y Rito de Octubre

Este cuento-ritual narra la historia de una abuela que le cuenta a un niño sobre los problemas que enfrentaba su pueblo hace 80 años y cómo la gente se levantó para luchar por un cambio. Describe cómo la gente estaba enfermando y sufriendo debido a la contaminación, desigualdad y abusos de poder. Eventualmente, los jóvenes comenzaron a protestar en 2019 y desataron una revolución que logró unir a la gente y despertarla para transformar su realidad, encontrando su fuerza al conectarse entre sí y con la

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Lisette Mendieta
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Revolución y Rito de Octubre

Este cuento-ritual narra la historia de una abuela que le cuenta a un niño sobre los problemas que enfrentaba su pueblo hace 80 años y cómo la gente se levantó para luchar por un cambio. Describe cómo la gente estaba enfermando y sufriendo debido a la contaminación, desigualdad y abusos de poder. Eventualmente, los jóvenes comenzaron a protestar en 2019 y desataron una revolución que logró unir a la gente y despertarla para transformar su realidad, encontrando su fuerza al conectarse entre sí y con la

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CUENTO-RITUAL

Hay un círculo formado por el público.

Aparece una abuela, enciende una vela y canta.

Llega un niño, y le dice- Abuela te he estado observando y todos los meses de octubre haces eso, ¿qué
significa?

Ah!- le dice la abuela- se trata de un rito muy especial. Hacemos un rito para recordar que estamos en
esta tierra, y hubo muchos más antes que nosotras y nosotros, a través de los ritos honramos a la tierra
que es nuestra madre, a los ríos y cerros que nos protegen, a todas las plantas animales y seres que
habitamos juntos, y a todos quienes han luchado y construido por un mundo mejor.

Este rito, me recuerda que lo que tenemos hoy es sagrado. Ya es tiempo de que te cuente. Es una
historia que yo misma viví cuando tenía 10 años, así como tú. Fue un día como hoy, hace 80 años, en un
mes de octubre que cambió nuestros destinos para siempre.

Aparece una niña

(la abuela puede ir relatando pero la niña es quien va apareciendo en escena)

“cuando yo era niña las cosas eran muy distintas. Mi pueblo se estaba perdiendo. Las personas
trabajaban durante años para tener una casa donde vivir, no había respeto por los ancianos, no eran
escuchados y muchos vivían sus últimos momentos de vida en completa soledad y pobreza. Los niños y
niñas eran enviados a la guardería a los pocos meses de nacer, luego a la escuela. Y veían muy poco a
sus padres y familias porque ellos trabajaban durante todo el día. Muchos niños llegaban a sus casas y
estaban solos, así que se conectaban a unas máquinas a jugar videojuegos. La gente no se conocía, no se
miraba ni se saludaba. Cuando había tiempo libre iban a unos lugares cerrados con miles de tiendas, y
compraban cosas. Pero muy en el fondo, en el corazón de todos y todas las habitantes existía un vacío
que no se llenaba con nada.

La gente comenzó a enfermarse debido a esta situación. Los niños y niñas fueron los primeros en dar
aviso que algo andaba mal. Se pusieron inquietos y se rebelaron, empezaron a hacer muchas preguntas
a todos los adultos, porque no le encontraban sentido a vivir cómo se vivía. ¿por qué la educación no
puede ser gratis? ¿por qué este país es tan desigual? ¿por qué nadie reclama con las injusticias que
vivimos?. Entonces vinieron los especialistos y hablando en un lenguaje muy raro y complicado dijeron
que eran “hiperactirebeldes, que no podían concentrarse, que estaban enfermos y que tenían que
tomar muchas pastillas para ser normales” Entonces los niños se cayaron.

Luego empezaron a enfermar también los adultos. Se sentían tristes, nerviosos, todo lo que ocurría en el
pueblo les daba rabia, pero pensaron que sus problemas eran personales, no sabían que a todos les
ocurría lo mismo. Entonces volvieron a venir “los especialistos” y les dijeron que tenían
“bipolaridepresión severa con trastorno del ánimo del sueño y estrés, de origen no laboral”, les
recetaron pastillas para dormir, para trabajar, para despertar, para no llorar.
Pero no solo los humanos estaban enfermando. Los animales y plantas también morían. El país estaba
lleno de basura, que contaminó los mares, la tierra y el aire.

Y entonces ella se levantó.

La madre tierra despertó, y habló a la gente de la tierra, pidiéndoles que entregaran su mensaje a todos
los y las humanas.

La gente de la tierra trajo su mensaje a la humanidad. La machi sonó su kultrún y habló con los espíritus
(música), y luego dijo a la gente, que la humanidad debía levantarse a luchar y proteger a la ñuke mapu,
y a todos los seres vivos que estaban en peligro por la forma en que se estaba depredando a la madre
tierra.

Pero no fueron escuchados.

Fue cuando aparecieron los hombres grises. Bajaron de sus lujosos edificios y sus lujosos autos con sus
maletines llenos de dólares, con sus calculadoras, con sus ternos, corbatas y gafas. A diferencia de todos
y todas, ellos no habían enfermado, no estaban deprimidos, sino que se sentían contentos con la
situación, porque sus maletines día a día se llenaban de más dinero: con las compras de medicamentos,
con la tala de los bosques, con el aprisionamiento de las aguas, con la venta de comida de plástico. Y es
que tenían el control total, de la gente que trabajaba y los enriquecía.

Como las palabras de la gente de la tierra amenazaba su poderío, los hombres grises enviaron armas y
los atacaron. A muchos los tomaron prisioneros y los mataron para acallar sus voces. Pero la gente de la
tierra no calló, siguieron levantándose guerreros y guerreras a decir la palabra de la ñuke mapu.
Entonces los hombres grises enviaron a los periodistas a decir mentiras acerca de ellos, y los tildaron de
peligrosos. Y los rodearon y los vigilaron, con policias y tanques, para evitar que volvieran a levantarse.

Entonces la madre tierra envió a los elementales del agua, aire, tierra y fuego. Y vinieron terremotos,
tornados, tsunamis e incendios, que remecieron a los hombres y mujeres. Pero tenían tanto miedo, los
unos de los otros, que se escondieron más en sus casas, y la voz de la ñuke mapu no fue escuchada.

Las cosas se pusieron peor. Miles se empezaron a enfermar por la contaminación del aire y los
alimentos, y el agua. En muchos lugares los arroyos y ríos dejaron de [Link] hombres grises les
enviaron balas, los mataron y los encerraron. Su mensaje no fue escuchado.

Habían tantos enfermos, que los hombres grises supieron que podrían sacar provecho de esta situación,
y subieron el precio a los medicamentos.

Ante esta situación, aparecieron los luchadores sociales y comenzaron a hablar con el pueblo.

Y llegaron lxs sin miedo, y hablaron en los liceos y escuelas, marchando en la calle, y dándole pelea a la
policía, comenzaron a ser más y más. Los hombres grises los llamaron delincuentes, los golpearon y los
encarcelaron, y luego hicieron promesas los gobernantes, dijeron que todo cambiaría pero nada cambió.

Mucho tiempo pasó, y el pueblo no despertaba.


Hasta que, después de mucho tiempo, durante un mes de octubre de 2019. Subieron el pasaje del
transporte. Esto ya había ocurrido muchas veces, pero la gente no decía nada. Tenían miedo.

Y entonces aparecieron ellas y ellos. Los sin miedo. Vinieron de todas partes saltando torniquetes y
recuperando el valor de este pueblo: eran los niños, niñas y jóvenes.

(Se escuchan consignas: evadir no pagar otra forma de luchar).

Cuando ellos irrumpieron en las calles, nadie quedó indiferente. Tenían razón, había que luchar por lo
nuestro.

Y así empezaron a sumarse más y más cada día. Vinieron con cantos desenterrados, ollas y cucharas de
palo, con lienzos y capuchas: Queríamos escribir la historia de nuestro pueblo.

Los hombres grises, subestimando nuestro poder, enviaron a sus tropas, llenaron las calles de militares y
de armas. Lanzaron bombas de gases. Muchos murieron, otros quedaron heridos, con perdigones en sus
cuerpos, con heridas en sus ojos.

Pero ahí empezó nuestra revolución. Estábamos perdidos, pero no solos. Comenzamos a juntarnos y
hablar. Nos dimos cuenta de que nos habían estado mintiendo y engañando durante mucho tiempo.

Descubrimos que nuestras penas eran las mismas, y pronto entendimos que la cura a nuestros miedos
era encontrarnos. Poblamos las plazas, salimos a la calle, empezamos a reconocernos, encendimos
hogueras gigantes y bailamos a su alrededor. El fuego fue el símbolo de este cambio, quemó todo lo que
tenía que transformarse, y desde las cenizas construímos.

Los hombres grises al verse acorralados, hicieron promesas vacías, dijeron entender las demandas y
hablaron de nuestra incapacidad para saber qué queríamos. Intentaron ponernos unos contras otras,
pero ya habiamos vivido tantas veces ese juego, que no lo consiguieron. En nosotras y nosotros no había
líderes, éramos juntxs la fuerza movilizadora y transformadora.

Pero la represión continuó, tal y como siempre, pusieron leyes para perseguir a quienes no se ajustaban
a su orden, trajeron más armamento, nos dispararon, nos hirieron, nos mataron. Eso sólo nos hizo más
fuertes.

Nos curamos nosotrxs mismxs, empezamos a cuidarnos unas a otros. Y el vacío que siempre sentíamos,
empezó a llenarse.

Quizás el cambio más grande fue el de entender que juntos éramos como un bosque, y cada unx un
árbol con raíces que se extendían y nos conectaban. Y donde cada unx podía nutrírse y aportaba en
mantener esta red, y juntos podiamos sostener a quienes lo necesitaban.

Y vino la gente de la tierra, y esta vez si los escuchamos. Ellos nos señalaron el camino, nos enseñaron a
conectar con tierra, a valorar a cada ser vivo y honrarlo.

(rito)
Pronto liberamos los ríos y dejamos que el agua nutriera todo el país. Nos reunimos alrededor del fuego,
y empezamos a soñar el mundo que queríamos para todas y todos…

hasta ahí voy =P

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