Cuento
Un cuento es una narración breve creada por uno o varios autores, puede ser basada ya sea
en hechos reales como ficticios, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido de
personajes y con un argumento relativamente sencillo.
Ada, la rana dorada (Panamá)
Ada, la rana dorada, trabajaba con mucho esfuerzo en su negocio de
caza y venta de insectos. Al cumplir 9 años, edad en que las ranas ya
son ancianas, decide dar una lección y un regalo a sus tres
renacuajitos. A cada uno le da un pergamino con un consejo para
reflexionar y tres monedas (croanedas) para invertir. Laura y
Saponcio no le dan importancia a esto y desperdician el dinero. Pero
Renata comprendió el mensaje de su madre, se puso a trabajar,
ahorró e invirtió. Así, hizo crecer la
empresa, hasta el día en que Ada, la rana
dorada, se enfermó. Finalmente, sus
hermanos se dan cuenta de la sabiduría de
las palabras de su madre y ayudan a su
hermana con el negocio familiar, además
de dar clases sobre el ahorro a las demás
especies.
Una sonrisa bajo la lluvia
Por Danny Vega Méndez.
Las gotas chocan contra la ventana causando una sinfonía de
ritmos naturales de la época. Siente que es injusto lo que ocurre.
Es tiempo de vacaciones y Susan no puede salir al patio a jugar.
Esperó tanto y no puede disfrutar de este tiempo tan añorado.
Su rostro afligido se refleja tenuemente en la húmeda ventana
de agosto. Su madre la observa y no resiste la tentación de
cuestionarla:
-“¿Por qué estás triste si ya estás en vacaciones?”
-“Es que mi tiempo de jugar lo dañó la lluvia. Esperé tanto para nada”, la pequeña
hace ademanes de frustración para terminar en una sentencia infantil:”la lluvia todo
lo daña.”
-“¿Sabes qué es la lluvia?”, le pregunta su progenitora mientras la sienta en sus
piernas. “Para un animalito del bosque, es un baño obligatorio y momento de
diversión. Para las flores del campo, es saciar su sed y ponerse más bellas. Y, para
los agricultores, es bendición hecha agua. Pero, lo mejor de todo, es que luego de
ella, todos son más felices.
La pequeña no se quedó con la explicación; y a la primera oportunidad y sin
despojarse de la ropa nueva, abre la puerta y se dirige a experimentar todo aquello
que se le fue enseñado.
Para sorpresa, su progenitora se percató de lo que hacía su hija: “¡Susan, qué
hiciste!” Susan estaba empapada y con los piecesitos llenos de lodo junto a aquel
angelical rostro de niña traviesa.
El regaño no se hace esperar, sin embargo fue derribado por la sonrisa tierna de su
niña, matizada por alegres carcajadas: “Mira mamá, hasta el cielo está feliz”, le dice
mientras señala con su sucio dedito el arco iris. Al verla piensa que debe enseñarle
a cuidar su salud y la ropa.
Aunque para sí cree que otro vestido se puede comprar pero esa sonrisa bajo la
lluvia de agosto de su hija: jamás tendrá precio alguno.