Camilón era un cerdito bastante gordo, por eso lo llamaban Comilón.
No era un cerdo muy sucio, pero si
era perezoso y muy glotón. Si señor,
Camilón era un gran Comilón.
Camilón no quería saber nada de trabajar para ganarse la
comida. Prefería comer cada día en casa de un amigo, o pedir
un poco de comida a los demás.
Nadie se molestaba por eso, porque todos eran amigos de
Camilón y hasta les hacía gracia la glotonería del cerdito,
porque no dañaba a nadie. Si acaso, solamente a Camilón.
Un día salió de casa con una cesta vacía.
En el fondo de la cesta solo lleva una servilleta.
En la huerta del Señor Manduca se encontró con el perro fiel.
-Buenos días amigo fiel, ¿Qué está haciendo usted?
-Trabajando amigo, estoy cuidando estas sandías.
-¡Jesús, cuántas sandías!
Y yo, aquí con un hambre que creo que me voy a desmayar.
¿No podría usted regalarme una?
-Bueno esta bien, al fin y al cabo una sandía menos no se
notará. Tenga usted.
Y allá marchó Camilón, caminó adelante. Con su cesta, y en la cesta
una sandía, y encima de ella una servilleta.
Más adelante Camilón se encontró con el
burro Yoca que tiraba de una carretilla.
-Buenos días amigo Yoca.
-¿Qué está haciendo usted?
-Trabajando amigo. Llevo estas
calabazas al mercado.
-Jesús cuántas calabazas, y yo aquí con
un hambre que creo que me voy a
desmayar.
¿No podría regalarme usted algunas?
-Bueno está bien… Tome dos, dos
calabazas menos no se notarán.
Y allá marcho Camilón, caminó adelante. Con su cesta.
Y en la cesta, una sandía y dos calabazas, y encima de todo una
servilleta.
Más adelante Camilón se encontró con la vaca Mimosa, que
estaba en el corral.
-Buenos días amiga Mimosa ¿Qué
está haciendo usted?
-Trabajando amigo, estoy
haciendo mantequilla, queso y
requesón.
-¡Jesús cuántas cosas!
Y yo, aquí con un hambre que
creo que me voy a desmayar.
¿No podría usted regalarme
alguna cosilla?
-Bueno…Está bien… tome tres
quesos y cuatro litros de leche.
Y allá marchó Camilón, caminó adelante con su cesta. Y en la
cesta una sandía, dos calabazas, tres quesos y cuatro litros de
leche, y encima de todo una servilleta.
Más adelante, Camilón se encontró con la gallina Quica, a la
puerta del gallinero. Y la misma conversación … y la misma
petición… y Quica que mira al gallinero gritando
-¡Hijos míos, que el señor Camilón quiere maíz!
Y los pollitos le trajeron cinco mazorcas de maíz a Camilón.
Y allá marchó Camilón, caminó
adelante con su cesta.
Y en la cesta, una sandía, dos
calabazas, tres quesos, cuatro litros
de leche, cinco mazorcas de maíz, y
encima de todo una servilleta.
Más adelante, Camilón se encontró con el Mono Simón.
Está vez la cosa no fue tan
fácil, porque el mono Simón
era muy listo. Pero insistió
Camilón que terminó
convenciéndolo.
-Está bien, un racimo entero
no le voy a dar. Pero bueno
tome seis plátanos.
Y allá marchó Camilón,
caminó adelante con
su cesta.
Y en la cesta, una
sandía, dos calabazas,
tres quesos, cuatro
litros de leche, cinco
mazorcas de maíz, seis
plátanos y encima de
todo una servilleta.
Más adelante Camilón se
encontró con la abeja
Zum-Zum, que estaba
atareadísima buscando
polen.
Y Camilón habló… y
habló… y pidió y acabó
consiguiendo siete frascos
de miel.
Y allá marcho Camilón,
caminó adelante con su
cesta.
Y en la cesta, una sandía,
dos calabazas, tres quesos,
cuatro litros de leche,
cinco mazorcas de maíz,
seis plátanos, siete frascos
de miel y encima de todo
una servilleta.
Más adelante, Camilón se
encontró con el conejo
orejudo.
Y bueno, supongo habrás
adivinado lo que ocurrió.
¡Eso mismo!
El conejo dijo que estaba
trabajando…Y Camilón dijo
que tenía tanta hambre que
estaba apunto de
desmayarse. Y al final
Camilón consiguió ocho
lechugas y nueve zanahorias.
El Cerdito metió todo a
la cesta y lo cubrió con
la servilleta, y allá
marchó Camilón
caminó adelante con
su cesta.
Y en la cesta,
¿Cuántas sandías? ¡Una!
¿Cuántas calabazas? ¡Dos!
¿Y quesos? ¡Tres!
¿Y litros de leche? ¡Cuatro!
¿Y mazorcas de maíz? ¡Cinco!
¿Y plátanos? ¡Seis!
¿Y frascos de miel? ¡Siete!
Y ocho lechugas… Y nueve
zanahorias…
¡Toda una montaña de comida!
Pero Camilón aún no estaba
satisfecho.
Más adelante se encontró
con la ardilla.
Y Camilón habló… y
habló… y pidió… Y acabó
convenciéndola.
Y allá marchó Camilón, caminó
adelante, hasta un lugar sosegado en
medio del bosque, con su cesta.
Y en la cesta, una sandía y dos
calabazas, tres quesos y cuatro litros de
leche, cinco mazorcas de maíz, seis
plátanos, siete frascos de miel, ocho
lechugas, nueve zanahorias y diez
avellanas que le dió la ardilla y encima
de todo una servilleta.
¿Y qué crees
que pasó
luego?
¿Qué Comilón
se escondió y se
comió todo
aquello solo?
¿Y qué después
tuvo el mayor
dolor de barriga
del mundo?
Bueno… si quieres así
puede terminar la
historia.
Pero a mí me parece
que eso ya ha
ocurrido antes,
muchas veces…
demasiadas veces.
Y también me parece
que esta vez debería
ocurrir algo diferente.
Nuestro amigo cerdito era
un glotón, si señor, pero
era amigo de todo el
mundo. Porque compartía
lo que tenía. Por eso
Camilón organizó una gran
merienda e invitó a todos
sus amigos que le habían
dado alguna cosa.
Yo también quiero ir a
la merienda. Y voy a
llevar once naranjas.
¿Quieres venir a la
fiesta?
Podrías llevar doce
¿Doce qué?
¿Y tú hermano? ¿Y tú
amiga?
¡Y COLORADO
COLORÍN ESTE
CUENTO LLEGÓ A
SU FIN…!