España: Crisis y Cambio (1788-1833)
España: Crisis y Cambio (1788-1833)
FRENTE A ABSOLUTISMO
El periodo histórico comprendido entre 1788 y 1833 marca en España la crisis del Antiguo Régimen. En esta etapa, se
dieron los primeros intentos de establecer nuevos regímenes políticos liberales, dando como resultado largas décadas
de luchas entre un bando absolutista y otro liberal. Asimismo, durante esta época, tuvieron lugar dos acontecimientos
desastrosos para España: la guerra de Independencia y la emancipación de las colonias americanas.
La monarquía de Carlos IV destacó por un rey débil e influenciable, detrás de cuyas decisiones estaban su mujer, la
reina María Luisa de Palma, y su valido, Manuel Godoy. Éste último había protagonizado un espectacular ascenso
social, convirtiéndose en jefe de gobierno del país desde 1795 hasta 1808. Dicho ascenso y cargo despertaron el
rechazo del pueblo español, que lo consideraban un advenedizo.
A nivel exterior, España se había mantenido unida a Francia mediante los Pactos de Familia. Sin embargo, en 1789,
estalló la Revolución Francesa, rompiéndose los lazos con los galos ante una posible difusión de las ideas ilustradas.
Así, el fracaso de las fuerzas europeas por enfrentar a las tropas napoleónicas y la Paz de Basilea en 1796, resultaron
en la subordinación española a los intereses franceses.
En 1797, España y Francia volvieron a ser aliadas bajo el Tratado de San Ildefonso y participaron en varias guerras
contra Gran Bretaña y Portugal. Cabe destacar la importante victoria frente a los lusos (Guerra de las Naranjas),
aunque también hubo dos significativas derrotas: Cabo de San Vicente en 1797 y Trafalgar en 1805.
En 1807, España y Francia firmaron el Tratado de Fontainebleau, a partir del cual ambas naciones acordaron el ataque
y reparto de la corona portuguesa, permitiéndose la entrada y permanencia de las tropas francesas en tierras españolas.
No obstante, esto sólo era el pretexto de la posterior ocupación que planteaba Napoleón de España.
A nivel interior, creció el malestar español como consecuencia de la creciente influencia francesa y la precaria
situación económica del país. De esta manera, dichos factores instigaron la caída de Godoy y la abdicación forzosa de
Carlos IV en su hijo Fernando VII, como resultado en marzo de 1808 del motín de Aranjuez, promovido por
conspiradores fernandinos. No obstante, pronto Carlos IV se arrepentiría de su decisión y las disputas entre padre e
hijo florecerían.
La guerra de Independencia supuso un conflicto bélico que marcó en España el inicio de la Edad Contemporánea, y
sus principales objetivos residieron en su liberación frente a Francia y la sustitución del Antiguo Régimen por un
nuevo modelo político liberal.
Como causantes, aprovechando el enfrentamiento entre Carlos IV y Fernando VII, Napoleón los convocó en Bayona
en abril de 1808, donde forzó a ambos a renunciar al trono, los hizo prisioneros en Francia y nombró a su hermano
José I Bonaparte rey de España, más conocido despectivamente como Pepe Botella.
Como consecuencia del malestar español ante estas circunstancias, el 2 de mayo de 1808 estalló en Madrid un
levantamiento popular. Pese a la dura represión gala, con los fusilamientos del 3 de mayo, los levantamientos se
extendieron por toda España, comenzando así la Guerra de Independencia.
El conflicto estuvo protagonizado por un bando español, que defendía como rey legítimo a Fernando VII, liderado por
los patriotas (absolutistas y liberales). Además, se ayudaron de un ejército inglés al mando del Duque de Wellington.
Por otro lado, el bando francés defendía como rey legítimo a José I, quién además de disponer de un fuerte ejército,
contó con el apoyo de los afrancesados, un reducido número de intelectuales ilustrados. Éste último intentó aplicar en
España las nuevas ideas de la Revolución Francesa mediante la aprobación del Estatuto de Bayona, aunque con la
oposición de la mayor parte del pueblo español.
Al inicio de la guerra, el levantamiento de la población y la resistencia de ciudades tomaron por sorpresa al
bando francés. Tras la victoria española en la batalla de Bailén en 1808, Francia pasó a la ofensiva, con Napoleón en
persona, derrotando al ejército español en la batalla de Ocaña y ocupando casi toda la Península con la excepción de
Cádiz, Alicante y Lisboa. En cualquier caso, tras la salida de las tropas francesas hacia la campaña de Rusia, el bando
español logró con la ayuda del ejército británico la independencia y recuperación total de la nación. Así, en diciembre
de 1813, con la firma del Tratado de Valençay finalizaba la guerra y Fernando VII volvía a España como rey.
En términos generales, la guerra fue cruenta, con un ingente aumento de la mortalidad y con ciudades destruidas. Todo
acabó en victoria, pero ésta no hubiera sido posible sin la fuerte resistencia del pueblo español, el estratégico sistema
de guerra de guerrillas, el apoyo prestado por Gran Bretaña y el fracaso de Napoleón de conquistar Rusia.
Al mismo tiempo que la Guerra de Independencia, se desarrolló en España una verdadera revolución liberal para
acabar con el Antiguo Régimen. Este suceso se concretó en dos grandes acontecimientos: la reunión de las Cortes de
Cádiz y la aprobación de la Constitución de 1812, con una importancia más simbólica que práctica, ya que apenas
estuvo en vigor.
En un principio, ante el vacío de poder provocado por la guerra, surgieron de manera espontánea Juntas locales y
provinciales, que restablecieron el orden y la resistencia frente a los franceses. Además, se formó la Junta Central
suprema, presidida por antiguos políticos ilustrados de Carlos IV, como Jovellanos o Floridablanca.
En 1810, la invasión de Andalucía obligó a la Junta a refugiarse en Cádiz y disolverse para ceder sus poderes a un
Consejo de Regencia, encargado de convocar las Cortes. Éstas se inauguran el 24 de septiembre de 1810 y se reúnen
hasta 1813 en Cádiz. Estaban formadas por representantes de todos los territorios españoles y americanos, escogidos
por sufragio censitario. La composición de los diputados era heterogénea, destacando a los liberales, la inmensa
mayoría; los absolutistas, y los jovellanistas, que defendían un régimen intermedio.
En cualquier caso, las Cortes realizaron gran cantidad de reformas: abolición del derecho señorial, supresión de los
mayorazgos, de los gremios, de la Santa Inquisición; y lograron la libertad de comercio, de industria de imprenta,
entre otros.
El 19 de marzo de 1812, las Cortes de Cádiz proclamaron la primera Constitución de la Historia de España, conocida
popularmente como “La Pepa”. En el texto constitucional, formado por 384 artículos, destacan la soberanía nacional,
los derechos fundamentales y libertades de todos los ciudadanos, la igualdad ante la ley, la división de poderes, la
confesionalidad del Estado, la creación de la Milicia Nacional y el sufragio universal masculino; aunque se
mantuvieron algunos aspectos absolutistas.
Fue un periodo marcado por el regreso al Antiguo Régimen y por las constantes luchas entre absolutistas y liberales.
Esto se debió a que la vuelta del rey Fernando VII El Deseado vino con la consiguiente reimplantación del
absolutismo en España, contando con un importante grupo de diputados que habían redactado el Manifiesto de los
Persas a favor del Antiguo Régimen, y con el apoyo de las potencias vencedoras de Napoleón, que organizaron el
Congreso de Viena para su restauración. Así, en mayo de 1814, se derogaron la Constitución de 1812 y la obra
legislativa de Cádiz, se persiguió a los liberales y se produjo el regreso al absolutismo. A este periodo se le conoce
como el Sexenio Absolutista, que duró desde 1814 hasta 1820.
La época del Trienio Liberal (1820-1823) comienza el 1 de enero de 1820, cuando el teniente coronel Rafael Riego,
que se encontraba al mando de un grupo de tropas en Las Cabezas de San Juan, se sublevó a favor de la vuelta de la
Constitución de 1812. Siguiendo su ejemplo, los pronunciamientos se extendieron por toda España y Fernando VII se
vio obligado a acatar y restablecer el régimen constitucional. De esta forma, el gobierno fue de nuevo liderado por
liberales que volvieron a poner en marcha las reformas de las Cortes de Cádiz. No obstante, el trienio enfrentó a dos
tendencias: los moderados, partidarios de alcanzar un compromiso con los absolutistas; y los exaltados, más radicales.
Estos conflictos fueron aprovechados por los absolutistas, derrocando el gobierno liberal y restaurando el poder
absoluto.
La etapa de la Década Ominosa (1823-1833) comienza en abril de 1823, cuando el ejército francés de los Cien Mil
Hijos de San Luis, comandados por el Duque de Angulema y enviados por la Santa Alianza, invadió España para
acabar con el gobierno liberal y restaurar el absolutismo de Fernando VII. Como resultado, la Constitución de 1812
fue de nuevo abolida, y se desató una nueva ola de represión y persecución de cualquier nuevo intento de rebelión
liberal. Este periodo también vino marcado por una gran crisis económica y la independencia de la mayoría de
colonias americanas.
Por otro lado, del matrimonio entre María Cristina de Borbón y Fernando VII nació en 1830 Isabel, su única hija.
Según la Ley Sálica, las mujeres no podían heredar el trono, así que Fernando VII aprobó la Pragmática Sanción, una
ley que eliminaba a la anterior. Este hecho provocó una guerra civil tras la muerte de Fernando VII, la Guerra Carlista,
entre el bando isabelino (liberales), que apoyaban como reina a Isabel II; y el bando Carlista (absolutistas), que
apoyaban como rey a Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII.
5. La emancipación americana.
El ejemplo de la independencia de los Estados Unidos, el apoyo británico a la causa, la explotación colonial y la crisis
en España a causa de las guerras en época de Carlos IV y Fernando VII, facilitaron el proceso de liberación de las
colonias. Dicha independencia se inició a partir de 1808, liderada por figuras como Simón Bolívar o José de San
Martín. A pesar de que España intentó restablecer el orden enviando tropas, fueron derrotadas en batallas como las de
Carabobo y Ayacucho. Finalmente, en 1825, la Corona española había perdido todas sus colonias excepto Cuba,
Puerto Rico y Filipinas; España acabó devastada, consumida en unas circunstancias que heredarán los siguientes
monarcas y gobiernos que determinarán el curso de la Historia de España hasta nuestros días.
Este conflicto bélico supuso una guerra civil entre absolutistas y liberales, finalizando con la victoria del segundo
bando, que desembocó en el final del Antiguo Régimen y el triunfo del liberalismo en España. No obstante,
posteriormente se dieron dos nuevas guerras, de menor importancia, en el S.XIX: la Segunda Guerra Carlista (1846-
1849) y la Tercera Guerra Carlista (1872-1876).
En cualquier caso, en un comienzo, del matrimonio de María Cristina de Borbón y Fernando VII, nacía en 1830
Isabel, su única hija. Según la Ley Sálica, las mujeres no podían heredar el trono, así que Fernando VII aprobó la
Pragmática Sanción en 1830, una ley que eliminaba la anterior. De esta forma, Carlos María Isidro, hermano del
monarca, quedaría destituido como heredero de la corona y, en consecuencia, tras la muerte de Fernando VII, estalló
en España un conflicto sucesorio: La Guerra Carlista.
La guerra civil enfrentó a un bando carlista, que defendía el Antiguo Régimen, y a un bando liberal, isabelino o
cristiano, que pretendían implantar el liberalismo. Los primeros defendían como rey legítimo a Carlos María Isidro,
estando formados por el clero más reaccionario y el campesino conservador; se concentraban en zonas rurales y
forales norteñas, siendo sus principales líderes Zumalacárregui, Maroto y Cabrera. Por otra parte, los segundos
defendían como reina legítima a Isabel II, estando formados por la burguesía, las clases medias y la población urbana;
se concentraban en las ciudades y los territorios del centro y sur de España, siendo su principal líder el general
Espartero.
El conflicto se divide en una serie de fases, estando comprendida la primera entre 1833 y 1835 y desarrollándose
principalmente en zonas aisladas del norte de España. Se caracteriza por el fracasado sitio de los carlistas sobre
Bilbao, donde murió Zumalacárregui, y la feroz lucha en la Sierra del Maestrazgo, resaltando al general Cabrera. La
segunda etapa duró hasta 1837, extendiéndose la guerra a toda la nación debido a las expediciones militares carlistas.
Destacan la del general Gómez y la de Carlos María Isidro. La tercera etapa viene marcada por la división interna
carlista y el triunfo del bando liberal. En agosto de 1839, tiene lugar el Convenio de Vergara entre Maroto y Espartero,
por el que los Carlistas aceptaron a Isabel II como reina.
No obstante, Carlos María Isidro no acepta la derrota y se exilia en Francia. El conflicto sucesorio acaba con una
cuarta fase protagonizada por el general Cabrera, que continuó la lucha en el Maestrazgo hasta su derrota en 1840.
2. La monarquía liberal
El modelo gubernamental que fue implantado durante el reinado de Isabel II se caracterizó por la división de poderes y
el protagonismo ejecutivo tanto de la reina como de los distintos partidos políticos, estando el sistema de elecciones
basado en el sufragio censitario. No obstante, el gobierno isabelino contó con una constante inestabilidad política y
una decisiva participación militar en el ámbito gubernativo.
En cualquier caso, el estado liberal nace cuando Isabel II se convierte en reina de España, con tan solo tres años,
aunque asumiendo el cargo de monarca al alcanzar la mayoría de edad a los trece.
En términos generales, su vida privada fue motivo de escándalo y burla y, a nivel político, Isabel II estuvo
influenciada por las camarillas de la corte real y siempre prefirió a los liberales moderados. Sin embargo, terminó
perdiendo la corona y saliendo expulsada de España tras la Revolución de la Gloriosa en 1868.
Los partidos políticos que acompañaban a Isabel II en su tarea de gobierno estaban liderados por espadones,
prestigiosos generales. Asimismo, para el desarrollo de una actividad parlamentaria entre los distintos cuerpos
políticos, se construyó entre 1843 y 1850 en Madrid el Congreso de los Diputados.
De esta forma, aparecieron una serie de partidos políticos: el carlista, cuyo líder era Carlos María Isidro, apoyado por
el clero y el campesinado conservador, que defendía el absolutismo; el partido liberal moderado, cuyo líder era el
general Ramón María Narváez, apoyado por la clases altas, que defendía el liberalismo ordenado, el poder de la
monarquía y el sufragio censitario; la unión liberal, cuyos líderes eran los generales O’Donnell y Serrano, apoyados
por las clases altas y medias, que representaban la posición intermedia entre moderados y progresistas; el partido
liberal progresista, cuyo líder era el general Baldomero Espartero, apoyado por las clases medias, que defendía el
liberalismo reformista, el poder limitado de la monarquía y un sufragio censitario amplio; por último, el partido
demócrata, cuyo líder era el general Juan Prim, apoyado por las clases medias y bajas, que defendía el liberalismo
democrático basado en el sufragio universal, el poder muy limitado de la monarquía e incluso la República.
En septiembre de 1833, a la muerte de Fernando VII, fue necesario establecer un periodo de regencias, ya que Isabel II
solo tenía tres años. De este modo, destacamos la regencia de la reina María Cristina de Borbón (1833-1840) y la del
general Espartero (1840-1843).
La primera transcurrió durante un periodo complicado, marcado por la guerra carlista y la transición hacia el
liberalismo. María Cristina siempre prefirió apoyarse en los liberales moderados, quienes ocuparon el poder entre
1833 y 1835, liderados por Martínez de la Rosa. Durante este periodo, el ministro Javier de Burgos dividió España en
49 provincias y en 1834, se aprobó el Estatuto Real, una ley que establecía unas cortes de poderes muy limitados
divididas en el Estamento de Próceres y en el de Procuradores.
No obstante, entre 1834 y 1835 hubo varias revueltas anticlericales con ataques a la Iglesia y, en 1836, sucedió la
Sargentada de la Granja, un pronunciamiento militar a favor de una verdadera constitución liberal. Estos sucesos
llevaron a la regente a buscar el apoyo de los progresistas, ocupando éstos últimos liderados por Mendizábal el poder
entre 1835 y 1837.
Durante esta etapa, en 1836, Mendizábal aprobó la desamortización de bienes eclesiásticos que estaban en manos
muertas de las órdenes religiosas, pasando a manos del Estado y poniéndose en venta. Así, pretendían acabar con la
deuda pública, crear una nueva clase de propietarios de tierras liberales y castigar a la Iglesia. A su vez, se aprobó una
nueva Constitución progresista en 1837, que recogía las ideas de la de 1812 con algunos cambios más moderados;
como el derecho de veto de leyes por el rey y la división del poder legislativo en las dos cámaras actuales (Congreso
de los Diputados y Senado).
Finalmente, entre 1837 y 1840, volvieron los moderados, lo cual provocó enfrentamientos con los progresistas y
revueltas por toda España. Para su represión, María Cristina recurrió al general Espartero, quien aprovechó y forzó la
renuncia de la regente. Así, implantó un gobierno autoritario.
A nivel económico, impulsó una política librecambista, lo que generó mucho malestar. De esta forma, en 1842, tuvo
lugar una fuerte revuelta en Barcelona, aunque fue reprimida violentamente con el bombardeo de la ciudad. No
obstante, en julio de 1843, la situación con Espartero se hizo insostenible y un levantamiento moderado, liderado por
el general Narváez, le obligó a renunciar a la regencia.
Para acabar con los problemas de la regencia, las cortes decidieron declarar a Isabel II mayor edad a los 13 años,
convirtiéndose en reina de España en 1843. Por su mayor preferencia por los liberales moderados, desde 1844 hasta
1854, dio inicio la Década Moderada, un periodo de estabilidad cuyo poder era liderado por el general Narváez, que
llevó a cabo numerosas reformas buscando la consolidación de un estado liberal centralizado y uniforme. De esta
forma, se aprobó la Constitución de 1845, que recogía los principios del liberalismo moderado: soberanía compartida
entre el rey y las Cortes, amplios poderes del rey, poder legislativo bicameral, sufragio censitario, entre otros.
Asimismo, se creó la Guardia Civil en 1844 y se aprobaron una nueva ley de Hacienda y otras de administración local
y provisional en 1845. A su vez, se instauró un nuevo Código Penal en 1848 y un Código Civil en 1851. En este
último año, también se firmó un Concordato con el Vaticano, restableciendo las relaciones con la Iglesia. Por último,
entre 1846 y 1849, tuvo lugar la Segunda Guerra Carlista en Cataluña.
En 1854, los moderados se encontraban debilitados por divisiones internas y por el desgaste de 10 años de gobierno,
por lo que en junio del mismo año tuvo lugar la Vicalvarada, un pronunciamiento militar en Vicálvaro liderado por el
general O’Donnell. Junto con Serrano, ambos redactaron el Manifiesto de Manzanares, solicitando una regeneración
liberal, dando comienzo desde 1854 hasta el 1856 al Bienio Progresista.
En este contexto, Espartero aprovechó para regresar del exilio y, estando el poder en manos de gobiernos progresistas,
realizó nuevas reformas. El ministro Pascual Madoz aprobó la desamortización civil de bienes de los ayuntamientos
que estaban en manos muertas. En 1855, se promulgó la ley de Ferrocarriles y, además, se estableció la Ley Bancaria
en 1856, intentándose aprobar una nueva Constitución non nata en el mismo año, sin llegar a su uso.
No obstante, estas medidas liberales provocaron nuevas revueltas populares que fueron sofocadas por el general
O’Donnell, estableciendo entre 1858 y 1863 un periodo de estabilidad con gobiernos de la Unión Liberal. Durante esta
etapa, se llevó a cabo una política liberal intermedia y se centró la atención en una agresiva política exterior,
participando en guerras como las de Marruecos, México, Cochinchina, entre otras.
En 1863, el general O’Donnell presentó su dimisión. Así, entre 1863 y 1868, se vive un periodo de gran inestabilidad,
con gobiernos moderados liderados por el general Narváez, que no pudieron evitar la caída de la monarquía debido al
desprestigio personal de Isabel II, la oposición de los partidos progresista y demócrata, las violentas represiones de la
oposición y la grave crisis que afectó a España.
A partir de 1866, se sucedieron las conspiraciones e intentos para acabar con el gobierno y la monarquía. En agosto
del mismo año se firmó el Pacto de Ostende en Bélgica, un acuerdo entre progresistas y demócratas para acabar con
los Borbones en España. Así, en septiembre de 1868, estalló la Revolución de la Gloriosa, liderada por los generales
Prim, Serrano y el almirante Topete, que provocó la caída de la monarquía borbónica y el exilio de Isabel II en
Francia.
El 19 de septiembre de 1868 surgió un gran pronunciamiento militar dirigido por el almirante Topete en Cádiz, al grito
de ¡Viva España con honra! Dicha revolución, que recibió como nombre la Gloriosa, se extendió por toda España, con
la creación de juntas revolucionarias por las principales ciudades. Esta serie de revueltas fueron causadas por la
enorme crisis de subsistencia, la quiebra de numerosas sociedades de crédito y las nuevas ideas intelectuales y
democráticas.
Isabel II intentó resistir la rebelión, pero su ejército fue derrotado por el general Serrano en la Batalla de Alcolea,
Córdoba. De esta manera, el 30 de septiembre, Isabel II y su familia abandonaban España para exiliarse en Francia.
Tras el éxito de la Revolución, se estableció en España un gobierno provisional cuya misión fue la de aprobar una
nueva constitución que estableciera el nuevo sistema político en España. Así, la jefatura del gobierno transitorio entre
1868 y 1870 estuvo compartida por los generales Prim y Serrano, siendo éste último el primer presidente en funciones
y, tras la aprobación de la Constitución de 1869, su regente.
Serrano aprobó nuevas medidas y libertades, como la creación de la peseta, pero tuvo que enfrentarse a numerosos
problemas que se extenderían y agravarían: la oposición de monárquicos conservadores (alfonsinos y carlistas), la
oposición de republicanos, el descontento de las clases populares ante la lentitud de las reformas y la guerra de Cuba
(1868-1878), que buscaba el fin de la esclavitud y la independencia insular.
Por otro lado, como se había establecido en el Pacto de Ostende, el gobierno provisional convocó unas elecciones
constituyentes en febrero de 1869 mediante sufragio universal masculino, dándose el mayor apoyo a grupos
partidarios de la monarquía (progresistas, demócratas y unionistas).
Las nuevas Cortes aprobaron en junio la Constitución de 1869, que fue la más democrática, progresista y avanzada del
S.XIX. En ella, se establecía la soberanía nacional y el sufragio universal masculino para mayores de 25 años, así
como una monarquía constitucional basada en la división de poderes: ejecutivo (rey), legislativo (Senado y Congreso
de los Diputados) y judicial (tribunales de justicia). Además, recogía una amplia lista de derechos individuales:
expresión, religión, educación…
En cualquier caso, durante el gobierno provisional, el general Prim dirigió la búsqueda de un nuevo rey, barajándose
hasta cinco posibles candidatos a la corona española: el príncipe portugués Fernando de Sajonia, rechazado por el
miedo de Portugal a una posible anexión; el príncipe alemán Leopoldo de Hohenzollern, rechazado por el miedo de
Francia a verse rodeada, lo que acabó provocando una guerra europea; el Duque francés de Montpensier, rechazado
por ser cuñado de Isabel II; el general Espartero, rechazado por su avanzada edad; y, por último, el príncipe italiano
Amadeo de Saboya, elegido tras una votación en las Cortes y proclamándose el 16 de noviembre de 1870 rey de
España.
El reinado de Amadeo I constituyó el intento fallido de establecer en España una monarquía democrática basada en la
Constitución de 1869. Esto fue debido a que Amadeo I, hijo del rey italiano Víctor Manuel II, pertenecía a la dinastía
Saboya y, a pesar de haber sido educado para ser rey, no estaba preparado para hacer frente a la difícil situación
política en que se encontró España, un país sin tradición democrática.
Por tanto, contó con muy pocos apoyos durante su reinado, ya que fue rechazado por la nobleza y el clero, partidarios
de los Borbones; por el ejército y las clases populares, que lo veían como un rey extranjero; y su gran fiel, el general
Prim, fue asesinado días antes de su llegada a España.
En términos generales, Amadeo I padeció la soledad y desaprobación del pueblo español, fue menospreciado y
ridiculizado e incluso sufrió un intento de atentado. Asimismo, una serie de problemas provocaron una continua
inestabilidad política durante su reinado, que pasó por 3 elecciones y 6 gobiernos en apenas dos años: la falta de
apoyos del rey por los propios grupos políticos que lo habían elegido, la fragmentación y enfrentamiento del partido
progresista en constitucionalistas (liderados por Práxedes Mateo Sagasta) y radicales (liderados por Manuel Ruiz
Zorrilla), y la oposición de carlistas, alfonsinos, republicanos, anarquistas y socialistas (movimientos obreros).
Además, su reinado también se vio afectado por conflictos bélicos como la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) en el
norte de España, defendiendo los derechos del nuevo pretendiente y sus reivindicaciones (Dios, Patria, Rey y Fueros);
y la Guerra de Cuba (1868-1878), que continuaba desde la implantación del gobierno provisional.
Con todo ello, desesperado e incapaz de hacer frente a todos estos problemas, Amadeo I abdicó y renunció al trono
español el 10 de febrero de 1873, proclamándose la I República en España el 11 de febrero del mismo año.
4. La I República (1873-1874)
El periodo republicano, un régimen breve e inestable de 11 meses (febrero, 1873 – enero, 1874) y en el que se
sucedieron 4 presidentes del gobierno (Figueras, Pi i Margall, Salmerón y Castelar), fue el primer intento fallido de
establecer en España un sistema político no monárquico.
La I República se enfrentó a una serie de problemas que la llevaron a su rápido fracaso: la falta de una real base de
políticos republicanos (la mayoría eran monárquicos desencantados tras la abdicación de Amadeo I), la división de los
grupos políticos republicanos en federales (partidarios de una república desde abajo, con un gobierno descentralizado
y mayor autonomía de los ayuntamientos, liderados por Pi i Margall) y en unitarios (partidarios de una república desde
arriba, con un gobierno centralizado y poseedor del mayor poder, liderados por Emilio Castelar), la oposición de los
grupos monárquicos alfonsinos (partidarios del regreso de los Borbones con Alfonso XIII), la Guerra de Cuba y la
Tercera Guerra Carlista y, por último, el surgimiento del cantonalismo, un movimiento republicano radical que
buscaba la rápida instauración de una república federal descentralizada y que llevó al surgimiento de cantones en
España.
Durante esta etapa, los primeros meses estuvieron marcados por el intento de establecer una república federal
descentralizada en España. Así, en febrero de 1873, se implantó un primer gobierno, presidido por Estanislao
Figueras, y unas nuevas Cortes que empezaron un proyecto de nueva constitución republicana federal que nunca llegó
a aprobarse. Finalmente, Figueras renunció y, en junio de 1873, se instauró un segundo gobierno presidido por
Francesc Pi i Margall, que hizo frente a diversos levantamientos populares. En Alcoy, estalló una huelga general
obrera que fue violentamente reprimida y, en Cartagena, se desató un movimiento cantonalista que desobedecía al
gobierno central, defendiendo una mayor descentralización y autonomía para los municipios y provincias y
extendiéndose por otras ciudades del Levante y Andalucía. Esta última rebelión, desbordó al gobierno de Pi i Margall,
que no era partidario de la represión violenta de este movimiento y se vio obligado a dimitir un mes después.
Por otro lado, los últimos meses de este periodo estuvieron marcados por el intento de establecer una república
unitaria centralizada en España. Así, en julio de 1873, se implantó el tercer gobierno, presidido por Nicolás Salmerón,
quien comenzó a hacer frente a los cantones rebeldes. No obstante, Salmerón dimitió a los 2 meses al negarse a firmar
las sentencias de muerte de los líderes cantonales. Finalmente, en septiembre de 1873, se estableció el cuarto y último
gobierno, presidido por Emilio Castelar. Éste recurrió al ejército para acabar con el cantonalismo, dejándole sin
apoyos, pues la represión fue cruenta y violenta.
La continua inestabilidad de la I República y la gran cantidad de problemas existentes fue creando una gran
preocupación en el ejército, que era partidario de restablecer el orden. Por tanto, el 3 de enero de 1874, el general
Manuel Pavía dio un golpe de estado y ocupó militarmente el Congreso para evitar el nombramiento de un nuevo
gobierno republicano, estableciendo una dictadura militar en manos del general Serrano.
Tras el golpe de estado del general Pavía, se estableció una dictadura provisional en la que el general Serrano ostentó
el poder y gobernó entre enero y diciembre de 1874. Aunque siguió siendo técnicamente una república unitaria, el
gobierno ya no era democrático; se suspendió la Constitución, las elecciones y se abolieron las Cortes. De esta forma,
Serrano gobernó de forma autoritaria, tratando de frenar la inestabilidad política y acabar con los conflictos internos y
externos existentes.
El fracaso de los distintos intentos democráticos del Sexenio había facilitado la vuelta de los Borbones con Alfonso
XII, hijo de Isabel II. Los preparativos para su regreso estuvieron liderados por Antonio Cánovas del Castillo, un
político procedente de la Unión Liberal. No obstante, aunque Cánovas era partidario de la restauración borbónica de
manera pacífica, ésta tuvo lugar con un nuevo golpe de estado el 29 de diciembre de 1874. Dicho pronunciamiento
militar fue liderado por el general Arsenio Martínez de Campos en Sagunto, por el que se proclamó a Alfonso XII
como nuevo rey de España.
PREGUNTAS CORTAS
1. ¿Quién fue la primera regente del reinado de Isabel II? María Cristina de Borbón.
2. ¿Quién fue el segundo regente del reinado de Isabel II? General Baldomero Espartero.
6. ¿Qué cuerpo de orden público creó el duque de Ahumada en 1845? La Guardia Civil.
7. ¿Qué convenio firmado en 1839 puso fin a la I Guerra Carlista? El Convenio de Vergara.
9. ¿Qué pronunciamiento acabó con la década moderada en el reinado de Isabel II? La Vicalvarada.
11. ¿Qué militar quedó encargado de la búsqueda de un monarca para España en 1870? General Juan Prim.
12. ¿Cuál es el nombre del primer monarca del llamado Sexenio Revolucionario? Amadeo I de Saboya.
15. ¿Qué militar fue asesinado poco antes de la llegada a España de Amadeo I? General Juan Prim.
18. ¿Qué general dio el pronunciamiento militar que dio fin a la I República española? Manuel Pavía.
19. ¿Qué general dirigió el gobierno provisional en durante el año 1874? General Serrano.
20. ¿Qué militar dio el golpe de estado que comenzó la Restauración en 1874? Arsenio Martínez Campos.
PREGUNTAS SEMIABIERTAS
21. Define los siguientes conceptos:
Regencia: período en que las labores de gobierno no las desempeña el rey por minoría de edad, incapacidad o ausencia
prolongada. En la España Contemporánea señalamos las regencias de María Cristina de Borbón (183-1840), del
General Espartero (1840-1843) y de María Cristina de Habsburgo (1885-1902).
Ley Sálica: disposición por la que se prohibía de forma expresa que las mujeres heredaran el trono. Fue anulada en
1830 por Fernando VII con la denominada Pragmática Sanción, lo que permitió el reinado de su hija, Isabel II.
Manifiesto: escrito en el que se hace pública una declaración, una doctrina o unos propósitos de interés para una
colectividad. Durante la contemporaneidad, tomamos como ejemplo el Manifiesto de Manzanares, firmado el 7 de
julio de 1854 por Cánovas del Castillo y por el general O’Donnell. A través de éste, se exigieron reformas políticas y
unas Cortes Constituyentes para hacer posible una auténtica regeneración liberal.
Espadón: general que estaba en la cúspide de la jerarquía militar e intervenía en la vida política, habitualmente
mediante pronunciamientos. Muchos de ellos fueron presidentes de Gobierno, como los generales Narváez,
O’Donnell, Serrano y Espartero.
Sufragio censitario: sistema electoral en que solo pueden votar quienes poseen como mínimo cierta cantidad de bienes
o perciben determinadas rentas. Se da en los sistemas liberales del S.XIX, siendo los partidos moderados partidarios
de mayor restricción que los progresistas.
Concordato: tratado de derecho público internacional entre un Estado y la Santa Sede. Los representantes del Papa y
del correspondiente Estado pueden firmar acuerdos sobre asuntos eclesiásticos o simplemente regular las relaciones
entre ambas partes. En España, son tradicionales desde la Edad Media, y en la época contemporánea se han firmado en
1851, 1953 y 1979.
Carta Otorgada: documento por el que el monarca se comprometía a gobernar bajo ciertas limitaciones. Se considera
una pseudoconstitución, ya que no reconocía ciertos derechos políticos y sociales como la soberanía popular, y dejaba
en manos de la corona numerosas prerrogativas. En España, destacaron la de Bayona (1808) y la de la regente María
Cristina de Borbón (1834).
Milicia Nacional: institución de carácter cívico-militar establecida por primera vez en la Constitución de 1812. Tenía
como fin la defensa del régimen liberal y se organizaba por provincias, estando sus unidades formadas por varones de
entre 30 y 50 años. Solo estaba en activo cuando las circunstancias del país lo requerían y al ser de carácter liberal-
progresista, eran disueltas en los periodos de gobierno absolutista y moderado.
Librecambismo: sistema económico liberal capitalista que, impulsado por Gran Bretaña, abogaba por la no
intervención del Estado en economía, la supresión de aduanas y aranceles y por ser partidario de la libre competencia
internacional. Será defendido por los liberales progresistas. La ley librecambista más importante fue elaborada por el
Ministro de Hacienda Laureano Figuerola tras la Revolución de 1868.
Bicameral: denominación del poder legislativo cuando está formado por dos cámaras. En España suelen ser el
Congreso de los Diputados y el Senado.
Cantonalismo: movimiento político insurreccional que defiende la autonomía de las regiones aspira a dividir el Estado
nacional en cantones casi independientes. Se produce el 12 de julio de 1873 durante la I República española.
República unitaria: estado republicano con un único centro de poder político que extiende su acción al conjunto del
estado, es decir, que privase a las regiones de su autonomía. En España, su figura más representativa fue Castelar.
República federal: estado republicano descentralizado, resultante de la unión entre varios territorios que, pese a contar
con normas propias, se someten a determinados planteamientos comunes. Cada una de estas unidades territoriales
inferiores cuenta con amplios poderes legislativos y administrativos autónomos, bajo una institución central y
soberana que se reserva entre otras la política exterior, la defensa y la organización económica. En España, su figura
más representativa fue Pi i Margall.
Cortes constituyentes: institución parlamentaria que tiene poder para elaborar una Constitución o reformar el texto
constitucional vigente, además de su labor legislativa. Suelen disolverse una vez aprobada la nueva Constitución. Por
otro lado, las Cortes ordinarias sólo tienen potestad para legislar e interpretar las leyes, exigir responsabilidades
políticas, aprobar presupuestos…
22. Explica brevemente en qué consistió el fraude electoral.
El fraude electoral supuso un sistema plebiscitario restringido en el que solo unos pocos tenían derecho de voto,
controlado y manipulado desde el gobierno, y en el que se excluía a la mayoría de los ciudadanos de la participación
política. El control y manejo astuto de las elecciones por parte de un partido político, impedía a los demás partidos
llegar al poder por medios legales, de ahí que solo lo lograran mediante la violencia: revueltas populares y
pronunciamientos militares.
Fue un movimiento político, nacido a raíz del conflicto sucesorio tras la muerte de Fernando VII (1833), que defendía
los valores más tradicionales de la sociedad española. Su lema Dios, patria, Rey y jueces, resumido en el binomio
Trono y Altar, articula toda su teoría política: defensores del catolicismo, la monarquía y un fuerte componente
nacionalista. A estos elementos se suma la defensa de los fueros particulares de cada uno de los territorios, así como la
defensa de la religión. Los carlistas pretendían, además, restaurar la legitimidad política, puesto que no reconocían el
valor jurídico a la Pragmática Sanción, y defendían la Ley Sálica, por la que don Carlos tendría que ser rey.
Promulgada durante la Década Moderada, la Constitución de 1845 asumió los principios del liberalismo conservador o
moderado, suprimiendo los aspectos más avanzados y progresistas de la anterior Constitución de 1837. Así, rechazaba
la soberanía nacional y establecía un gobierno compartido entre el Rey y las Cortes; recortaba las atribuciones de las
Cortes y ampliaba las del poder ejecutivo considerablemente los poderes de la Corona. Además, establecía la
confesionalidad católica del Estado y la pérdida de poder por parte de ayuntamientos y diputaciones; también
aprobaba un sufragio censitario muy restringido.
Con el Convenio de Vergara se ponía fin a la Guerra Carlista y se pretendía la conciliación entre liberales y
absolutistas. Además del reconocimiento de los grados y condecoraciones de los generales carlistas y su incorporación
al ejército, se hicieron concesiones como el respeto de los fueros en Navarra y el País Vasco.
Al finalizar la Guerra de la Independencia contra Francia, la debilidad del Estado hace que la inseguridad se apodere
de los pueblos españoles, pues los bandoleros se habían adueñado de los mismos. Tal situación demandaba una fuerza
que pusiera freno a tal estado social, por lo que nació el proyecto para la creación de la Guardia Civil en 1844, llevado
a cabo por el II Duque de Ahumada, Francisco Javier Girón y Ezpeleta.
Tras la firma del Pacto de Ostende y la muerte de O’Donnell y Narváez, la posición de la reina Isabel II queda muy
debilitada. De esta manera, en septiembre de 1868 tiene lugar un pronunciamiento militar en la Bahía de Cádiz,
llevado a cabo por el almirante Topete, quien se subleva a la Armada. Al mismo tiempo, Prim se pone al frente de la
rebelión, a la que se une Serrano. Así, se produce la Revolución de la Gloriosa tras la victoria en la batalla de Alcolea,
provocando que Isabel II abandonase la corte en dirección al exilio en Francia.
En 1854, los moderados se encontraban debilitados por divisiones internas y por el desgaste de 10 años de gobierno,
por lo que en junio del mismo año tuvo lugar la Vicalvarada, un pronunciamiento militar en Vicálvaro liderado por
generales como O’Donnell y Serrano, que se enfrentaron a las tropas gubernamentales. Posteriormente, los sublevados
redactaron el Manifiesto de Manzanares, solicitando una regeneración liberal, dando comienzo desde 1854 hasta el
1856 al Bienio Progresista
29. Describe brevemente las reclamaciones progresistas que se establecían en el Manifiesto de Manzanares.
El Manifiesto de Manzanares reclamaba un régimen representativo, la supresión de la camarilla, la mejora de las leyes
de imprenta y electoral, la reducción de los impuestos, la descentralización municipal y el establecimiento de unas
cortes constituyentes. Fue redactado tras el pronunciamiento militar de la Vicalvarada por los generales O’Donnell y
Serrano, dando comienzo desde 1854 hasta el 1856 al Bienio Progresista.
30. Explica las causas de la revolución de 1868.
A partir de 1865, la nación española se vio envuelta en una crisis política (el rechazo de los moderados a la
democratización del régimen liberal, la corrupción y el desprestigio de la Corona) y económica (malas cosechas, crisis
industrial y financiera). Además, toda la oposición se unió en el Pacto de Ostende, por el cual se acordaba que Isabel
II debía irse de España y convocar una asamblea constituyente por sufragio universal. Su triunfo dio lugar al Sexenio
Democrático, donde se estableció un régimen de monarquía parlamentaria basado en la soberanía nacional, el sufragio
universal, una clara división de poderes y la libertad de cultos en el ámbito religioso.
31. Describe brevemente en qué consistió la política exterior en la época de Isabel II entre 1859 y 1866.
En cuanto a la política exterior, Marruecos había atacado Ceuta y Melilla, y en 1859 se le declaró la guerra. Ésta
termina con la victoria española de los Castillejos y la paz de Wad-Ras (1860), con la que se ocupó Tetuán. Otras
intervenciones militares se realizaron conjuntamente con la Francia de Napoleón III en México y en la Cochinchina
(Vietnam y Camboya), pero no nos reportaron beneficio alguno; ni tampoco la guerra del Pacífico contra Perú y Chile.
32. Explica las causas de la activa política exterior española que tuvo lugar entre 1859 y 1866.
La activa política exterior era llevada a cabo para desviar la atención en el interior y obtener prestigio para España. De
esta forma, el nuevo gobierno impulsó una política exterior imperialista, de intervenciones militares en África,
América y Asia.
33. Describe brevemente los problemas a los que se enfrentó Amadeo I de Saboya durante su reinado.
El reinado de Amadeo I de Saboya se enfrentó a gran cantidad de problemas: la manifiesta falta de apoyos tanto de los
monárquicos como de los republicanos, el inicio de la III Guerra Carlista, la inestabilidad política derivada de la
disgregación de la coalición gubernamental, los problemas sociales causados por la persecución estatal de los
partidarios de la AIT y los problemas de las colonias americanas, como la guerra que se estaba librando en Cuba. Con
todo ello, desesperado e incapaz de hacer frente a todos estos problemas, Amadeo I abdicó y renunció al trono español
el 10 de febrero de 1873, proclamándose la I República en España el 11 de febrero del mismo año.
34. Explica brevemente las características de la constitución de 1869.
La Constitución de 1869 fue la más democrática y progresista de todas las promulgadas hasta ese momento. En ella, se
recogía una amplísima declaración de derechos individuales, se declaraba la libertad de culto, la soberanía nacional, el
sufragio universal masculino, la división de poderes y reconocía a España como una monarquía parlamentaria donde
el rey perdía mucho poder en favor de los poderes ejecutivo (Gobierno) y legislativo (Congreso y Senado).
35. Explica los problemas a los que tuvo que enfrentarse la I República española.
La I República española se enfrentó al escaso apoyo popular que mantuvo, ya que los conservadores y los
monárquicos la consideraban un régimen revolucionario. Además, los carlistas recrudecieron la lucha en el norte
peninsular en el contexto de la III Guerra Carlista. Tampoco ayudó la existencia de una guerra independentista en
Cuba, así como el escaso apoyo internacional. A todo ello se sumó la inestabilidad política (4 presidentes en un año),
la división interna entre los republicanos (unitarios y federalistas) y el problema del cantonalismo, que obligó a los
gobiernos republicanos a un uso de la violencia que acabó por desgastarlos.
36. Describe brevemente en qué consistió el pronunciamiento militar del general Pavía.
La continua inestabilidad de la I República y la gran cantidad de problemas existentes fue creando una gran
preocupación en el ejército, que era partidario de restablecer el orden. Por tanto, el 3 de enero de 1874, mientras se
estaba votando un nuevo gobierno, el ejército ocupó los puntos clave de Madrid, y el general Pavía, capitán general de
Madrid, entró con las tropas en el congreso, disolviendo la Asamblea y anunciando la constitución de un gobierno
militar dirigido por el general Serrano.