Tema 3 Psicología Social UNED Dolores Latorre
TEMA 3. COGNICIÓN SOCIAL
INTRODUCCIÓN
Para poder desenvolvernos en un medio social tan complejo como los grupos humanos, hemos
desarrollado diversos mecanismos mentales que nos permiten coordinación con los otros y actuar
de manera eficaz dentro del grupo. Pero para ello se requiere dar significado a nuestro mundo
social, y compartirlo con otros. Eso implica comprender, recordar y predecir la conducta de otras
personas, elaborar juicios e inferencias a partir de lo que percibimos de los demás, y adoptar
decisiones en función de toda esa información. Cómo hacemos todo eso es lo que estudia la
Cognición Social, y también cómo influyen en esos procesos la presencia de los demás, la
motivación, y nuestro estado emocional en cada situación.
La cognición social puede entenderse en dos sentidos: como una corriente o perspectiva dentro de
la psicología social y también como un conjunto de procesos psicológicos que tienen lugar en la
mente de las personas. La perspectiva de la cognición social se basa en el supuesto de que la
conducta social esta medida cognitivamente. Por otra parte, los psicólogos sociales emplean el
término de cognición social para referirse al conjunto de procesos mediante los que interpretamos,
analizamos, recordamos y empleamos la información sobre el mundo social.
Cabe destacar el interés que ha despertado en los psicólogos sociales y que ha generado gran
cantidad de investigación, la influencia mutua entre procesos cognitivos y emocionales, el papel de
la motivación y el procesamiento no consciente de la información.
Comenzaremos diferenciando la cognición social de la cognición “no social”.
1. COGNICIÓN SOCIAL Y COGNICIÓN NO SOCIAL
La Cognición Social aplica los métodos y teorías de la Psicología Cognitiva a la Psicología Social.
Esto es porque la investigación en cognición social analiza estructuras y procesos cognitivos
(atención, percepción, memoria, inferencia...) aplicándolos a personas en lugar a objetos o
conceptos abstractos. Algunos autores han sostenido que no cabe una distinción entre cognición
social y no social. Sin embargo, Fiske y Taylor señalan algunas diferencias:
Las personas influyen en su entorno e intentan controlarlo. Los objetos no
Las personas son al mismo tiempo percibidas y perceptoras, es decir la cognición social es
cognición mutua (juzgamos, nos juzgan). Los objetos, no
Las personas se parecen más entre sí que a cualquier objeto. Esto implica que los demás
pueden proporcionarnos más información sobre nosotros mismos que los objetos
Las personas pueden cambiar cuando son objeto de cognición, pero no los objetos.
Es más difícil comprobar la precisión de la cognición sobre otras personas (si son como
creemos que son) que sobre objetos, puesto que muchas de sus características no son
directamente observables sino que han de ser inferidas. Además, la mayoría de estas
características son dinámicas, no estables, a diferencia de los objetos.
Para estudiar la cognición social es necesario simplificar la realidad, debido a la gran
complejidad que caracteriza al ser humano. Y aunque también ocurre en la investigación
sobre cognición no social, no implica tanta distorsión.
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Deducimos pues, que el objeto de la cognición social (las personas y relaciones sociales) es
diferente del objeto de la cognición “no social”. Algunos psicólogos sociales van más allá y señalan
que, en realidad, toda cognición tiene un origen social puesto que el conocimiento de la realidad y
la forma en que la procesamos surge y se desarrolla a través de la interacción social. Incluso desde
una perspectiva evolucionista, los mecanismos cognitivos que poseen los seres humanos se
desarrollan en un entorno grupal.
Además, la cognición es socialmente compartida entre los miembros de un grupo, sociedad o
cultura.
Desde la investigación en Neurociencia Social se ha encontrado evidencia que sugiere la posibilidad
de que la cognición social sea la actividad por defecto de nuestro cerebro cuando está en reposo.
2. EL ESTUDIO DE LA COGNICIÓN EN PSICOLOGIA SOCIAL
El origen de la corriente denominada Cognición Social se suele situar en los años 70.
Kurt Lewin, uno de los padres fundadores de la Psicología Social científica, llamó la atención sobre
el hecho de que el contexto social influye en el individuo a través de la percepción e interpretación
que éste hace de él (Lewin, 1951). La influencia que las personas ejercen en los pensamientos,
emociones y conductas de otras personas es siempre a través de la cognición.
Fiske y Taylor lo asocian a dos modelos de ser humano “pensante”:
Las personas somos “Científicos ingenuos”: seres esencialmente racionales, que buscamos
las causas de la conducta con un enfoque cuasi-científico, reuniendo la máxima cantidad de
información relevante y sacando conclusiones lógicas.
La “psicología ingenua” de Heider (próximo tema) es la base de la que parten las teorías de
la atribución. Este modelo tenía un carácter normativo o prescriptivo, es decir, señalaba
cómo deberían pensar de manera lógica las personas para encontrar las causas del
comportamiento de los demás. Todo lo que se apartara de la norma se consideraba un
error, lo que ocurría por interferencia de procesos mentales “no racionales” como la
motivación o la emoción.
La abrumadora evidencia de que las personas en su vida diaria no siguen unos métodos tan
sistemáticos y racionales dio lugar a un nuevo modelo al que Shelley Taulor (1981)
denominó “indigente cognitivo”.
“Indigentes cognitivos”: las personas no estamos tan preocupadas por la búsqueda
científica de la verdad, si no que escatimamos esfuerzos y buscamos atajos para simplificar
y encontrar soluciones rápidas, pero no debido a factores irracionales, sino a las
limitaciones de nuestro sistema cognitivo.
Esta “cognitición fría” dio paso, en los años 90, a la “cognición caliente” en la que se tiene en cuenta
la influencia de factores emocionales y motivacionales en los procesos cognitivos. Esta relación se
explica por las conexiones neuronales entre el sistema límbico y la corteza cerebral. A partir de aquí
surge el tercer modelo de ser humano: el “estratega motivado”. Desde esta perspectiva las personas
necesitamos dar sentido al mundo social que nos rodea y manejar una gran cantidad de
información; para ello recurrimos a estrategias cuya elección depende muchas veces de factores
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cognitivos (metas, estado afectivo). En ocasiones lo que queremos es ser mentalmente eficientes
con poco esfuerzo. Mientras que, en otras, necesitaremos elaborar juicios más precisos, evitando
errores. Nuestro sistema cognitivo es flexible y cambia según nuestros objetivos, estado de ánimo,
etc.
3. ESTRATEGIAS PARA MANEJAR LA INFORMACIÓN SOCIAL Y ELABORAR
JUICIOS
El ser humano usa estrategias para manejar toda la información que recibimos de forma
“eficiente”, entendiéndolo de forma adaptativa, es decir sacar el máximo partido optimizando los
recursos cognitivos que tenemos (que son limitados).
Rodríguez y Betancor (2007) agrupan estas estrategias en tres categorías:
Estrategias mediante las cuales reducimos la información que tenemos que procesar.
Estrategias mediante las cuales reducimos la cantidad de procesamiento necesaria,
organizando la info y recurriendo a conocimientos que ya tenemos almacenados.
Estrategias mediante las cuales reducimos o simplificamos los procedimientos cognitivos
necesarios para procesar la info y elaborar juicios.
3.1. ATENCIÓN SELECTIVA
Estrategia consistente en fijarnos solo en aquellos estímulos que nos resulten “salientes” o
distintivos, debido a alguna característica que posee, por ejemplo porque destaca o porque resulta
incongruente. También puede ser debido a factores subjetivos, como actitudes, estados afectivos o
motivación.
3.1.1. CATEGORIAS, ESQUEMAS Y EJEMPLARES
Nuestra mente no es una tabula rasa, sino que cuenta con información previa. Este conocimiento
está almacenado y organizado en una especie de estructuras cognitivas, que son representaciones
mentales sobre conceptos o categorías de estímulos y que nos sirven para interpretarlos y para
tener expectativas sobre ellos. En concreto, nos referiremos a los esquemas y los ejemplares.
[Link]. Las categorías
Una categoría se refiere a un conjunto de estímulos que consideramos que tienen algo en común.
Las categorías que estudia la Psi. Social incluyen personas, grupos, roles u ocupaciones, conductas,
interacciones, situaciones y cualquier tipo de estímulos, relevantes para la forma en que pensamos,
sentimos y nos comportamos.
El proceso de categorización es automático, se produce nada más percibir el estímulo, y facilita el
procesamiento de la información al agruparla en función de su semejanza. Se produce el llamado
“principio de acentuación” (Tajfel, 1957) que consiste en resaltar las semejanzas percibidas entre
los miembros de una misma categoría (intracategoriales) y las diferencias entre categorías distintas
(intercategoriales). Cuando se activa una categoría, el conocimiento almacenado que tiene relación
con ella se hace más accesible y fácilmente recuperable. Esa información se encuentra almacenada
en nuestra memoria en forma de esquemas y ejemplares.
Efecto de homogeneidad relativa al exogrupo: proceso por el cual tendemos a percibir a los
miembros del exogrupo (al que no pertenecemos) como más semejantes entre sí de lo que
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percibimos a los miembros del endogrupo (al que pertenecemos). Se produce sobre todo en
situaciones de competición entre grupos. También puede provocar esta percepción el tamaño del
endogrupo respecto al exogrupo: los grupos minoritarios se perciben a sí mismos como más
homogéneos que al exogrupo mayoritario.
[Link]. Los esquemas sociales
Un esquema es una estructura cognitiva independiente que representa el conocimiento abstracto
que tenemos acerca de un objeto, persona, situación o categoría. Son una especie de “teorías de
andar por casa”.
Los esquemas sociales son abstracciones mentales almacenadas en la memoria, que representan un
conocimiento global. Nos ayudan a interpretar la información social y guían nuestro procesamiento
de esa información.
En Psicología Social se han estudiado algunos tipos de esquema:
Esquemas de personas: Es el conocimiento global y abstracto acerca de individuos
concretos, de tipos de individuos, o de grupos, de cómo son esas personas y cómo se
comportan. Aquí se incluyen las llamadas teorías implícitas de la personalidad por las
cuales creemos que ciertos rasgos o comportamientos van juntos unos con otros, por lo que
va unido al concepto de estereotipo.
Esquemas de roles: Contienen Información sobre cómo son y cómo se comportan las
personas que ocupan un determinado rol en el grupo o en la sociedad. Esto nos permite
comprender y tener expectativas sobre acciones de esos individuos y saber cómo debemos
interactuar con ellos. En las culturas colectivistas, la información sobre los roles que
desempeñan las personas es mucho más importante para definirlas que en las culturas
individualistas. En las primeras (colectivistas), los esquemas de roles se activan más
fácilmente. En las segundas (individualistas), son más comunes las teorías implícitas de la
personalidad.
Esquemas de situaciones (scripts o guiones de actuación): Se trata de información sobre
secuencias típicas de acciones en situaciones concretas. Indica lo que se espera que ocurra
en un determinado lugar o situación. Sirven para orientarnos en diferentes situaciones y
comportarnos de forma apropiada.
Esquema del yo: Incluye ideas centrales y distintivas que tenemos acerca de nosotros
mismos. Cada persona posee múltiples autoesquemas, uno por cada faceta de su
autoconcepto. Los esquemas del yo son mucho más complejos que los de personas.
Algunas características de los esquemas:
Se pueden adquirir a través de los demás o por la propia experiencia con estímulos de una
categoría. Basta con uno o dos casos para que las personas se formen un esquema y lo
apliquen en el futuro a estímulos similares.
A medida que se van encontrando casos el esquema se va haciendo más abstracto, más
complejo, y más abierto a las excepciones.
Los esquemas se activan de forma espontánea y dirigen nuestra atención a la información
relevante, ayudando a reconocerla y recuperarla cuando la queremos recordar.
Funcionan como un filtro, percibiendo y recordando más fácilmente la información que es
consistente con nuestros esquemas
Efecto de perseverancia: son resistentes a modificaciones incluso ante información
contradictoria.
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Si nos encontramos ante una información inconsistente con nuestros esquemas, el proceso
deja de ser tan automático y la persona tiene tres alternativas posibles:
1. Rechazar esa información inconsistente.
2. Abandonar el esquema previo juzgándolo inadecuado.
3. Incluir la inconsistencia considerándola una excepción.
Son estructuras compartidas, especialmente los estereotipos, los esquemas de roles y los
scripts.
Gracias a que son compartidas por un grupo o sociedad, nos facilita relacionarnos con los
demás.
Guían el comportamiento y la interacción social: expectativas sobre comportamientos de
los demás y el propio. A su vez influimos en los demás para que su comportamiento se
ajuste a lo que esperamos de ellos (efecto Pigmalión).
[Link]. Ejemplares
Se refiere a estímulos o experiencias concretas, no sólo como generalizaciones abstractas. Pueden
ser personas, o aspectos de una persona como rasgos de personalidad o conductas; también
elementos concretos de una situación. Lo que hacemos en este caso es almacenar los ejemplares
más representativos de una categoría, sobre todo cuando no tenemos un esquema formado sobre
ella.
Como ventajas nos ofrecen más flexibilidad a las representaciones mentales en el sentido de que se
pueden activar diversos ejemplares e incluir nuevos a medida que encontremos información que no
encaja con la almacenada, mientras que un esquema se activa completo, no por partes. Además, los
ejemplares representan información sobre la variabilidad dentro de una categoría.
Se pueden activar diferentes subconjuntos de ejemplares en diferentes contextos, de forma que la
representación mental que contienen puede ser más específica. Por ejemplo, categoría “gitanos”:
aquí no incluimos en los mismos ejemplares de la categoría a un contexto relacionado con el
“flamenco” que a un contexto de “compraventa de objetos usados”.
El conocimiento esencial que proporcionan los esquemas se combina con la riqueza de información
sobre la variabilidad que aportan los ejemplares.
3.2. EL PROCESO DE INFERENCIA Y EL EMPLEO DE HEURÍSTICOS
Además de comprender la realidad que nos rodea y poder predecirla, en nuestra vida diaria
constantemente tenemos que hacer juicios y tomar decisiones. Es decir, debemos hacer
inferencias.
El proceso de inferencia es fundamental en cognición social y está en la base de mushoc de los
fenómenos que estudian los psicólogos sociales.
El estudio del proceso de inferencia se hace desde dos perspectivas distintas:
1. El científico ingenuo (modelo normativo): centrada en los pasos que deben seguirse
para realizar una inferencia correcta. De acuerdo a este modelo las inferencias deben
realizarse siguiendo una secuencia lógica a través de tres fases sucesivas:
a) Reunir información, abundante y precisa, para que sea más correcta la inferencia
b) Seleccionar los datos que más se adecuen al objetivo. Deben ser representativos, de
una muestra grande y no ser ejemplos extremos de la misma.
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c) Integrar los datos seleccionados y combinarlos para hacer un juicio, aplicando una
regla de decisión adecuada.
Sin embargo el ser humano no es una máquina y no podemos actuar siempre de forma tan
sistemática; la vida cotidiana nos obliga a funcionar de otra manera, incurriendo en sesgos
que cometemos habitualmente.
2. El indigente cognitivo (modelo intuitivo): la complejidad y el volumen de la información
que hay que considerar, así como la incertidumbre que muchas veces caracteriza esa
información, hace que resulte poco realista pretender utilizar estrategias tan exhaustivas.
Así que echamos mano de los recursos que tenemos, y uno de los más potentes es el
conocimiento almacenado. De ahí que nuestras inferencias estén muchas veces
influidas por las creencias y teorías previas, que en ocasiones sesgan el proceso e impiden
detectar posibles errores. En la vida diaria no tenemos tiempo ni motivación para llevar a
cabo las operaciones que exige el modelo normativo. Lo que realmente hacemos es
sacrificar la exactitud a cambio de la eficiencia, en función de nuestras metas en cada
situación. Recurrimos a reglas simples que se llaman heurísticos.
Fase Proceso Fuentes de sesgo
Recogida Reunir la información relevante Basarse en teorías y expectativas
previas (esquemas, ejemplares)
Centrarse en la información
confirmatoria
Selección Elegir los datos importantes para Seleccionar casos no
elaborar el juicio mediante un representativos y/o extremos
muestreo adecuado de la (error de muestreo)
información disponible Recurrir a teorías y expectativas
previas
Encontrar lo que queremos
encontrar (inferencia motivada)
Integración Combinar toda la información Recordar sólo los casos
reunida y seleccionada para confirmatorios o extremos
elaborar el juicio Dar más peso a los casos
confirmatorios
Utilizar reglas de decisión
inadecuadas
3. 2. 1. LOS HEURÍSTICOS
Los heurísticos son atajos mentales que simplifican la solución de problemas cognitivos complejos,
transformándolos en operaciones más sencillas (Tversky y Kahneman, 1974).
[Link]. Heurístico de representatividad
Se emplea para hacer inferencias sobre la probabilidad de que un estímulo (persona, suceso...)
pertenezca a una categoría determinada, basándonos en sus semejanzas con otros elementos
típicos de dicha categoría. Es decir, “cuanto más similar sea X a los miembros típicos de categoría
Y, más probable será que pertenezca a dicha categoría”.
Los juicio e inferencias suelen ser correctos, puesto que pertenecer a ciertos grupos efectivamente,
se relaciona con el estilo de comportamiento e incluso con la apariencia externa de las personas.
Sin embargo, al usarlo podemos caer en el error de ignorar las probabilidades estadísticas de que
esa persona pertenezca a dicho grupo (error en la fase de recogida de la información relevante, y
también la calidad y fiabilidad de la información (los datos que tenemos pueden ser escasos y
engañosos). Lo que da lugar al error denominado falacia de la conjunción.
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La falacia de la conjunción consiste en estimar que la probabilidad de que dos o más eventos o
características se den conjuntamente es mayor que la probabilidad de que ocurra cada uno de ellos
por separado.
[Link]. Heurístico de accesibilidad o disponibilidad
Se usa para estimar la probabilidad de un suceso, la frecuencia de una categoría o la asociación
entre dos fenómenos, basándose en la facilidad o la rapidez con la que vienen a nuestra mente
ejemplos específicos de ello.
Por ejemplo, tendemos a sobreestimar la frecuencia de enfermedades muy dramáticas (como una
epidemia) y a subestimar otras que parecen tener consecuencias menos nefastas.
Muchos de los contenidos y estructuras cognitivas utilizados con mayor facilidad a la hora de hacer
inferencias son aquellos relacionados ocn nuestro yo o identidad. Como por ejemplo,el efecto del
falso consenso que consiste en creer que la propia conducta es la normal y los demás actuarían
igual en una situación determinada.
Tenderemos a sobreestimar la frecuencia de los fenómenos que estén más relacionados con
nuestras creencias y valores y con las personas con las que nos relacionamos.
[Link]. Heurístico de anclaje y ajuste
Cuando tenemos que hacer juicios en situaciones de incertidumbre, lo utilizamos para reducir la
ambigüedad, tomando como referencia un punto de partida (ancla) sobre el cual realizamos
ajustes para llegar a la conclusión final. El problema puede surgir si no hacemos los ajustes
apropiados una vez tenemos el dato “ancla”. Se usa mucho en situaciones sociales, usándonos a
nosotros mismos muchas veces como ancla de referencia para estimar o juzgar la conducta social
de los demás. Sin embargo, cuando no tenemos en cuenta el peso de las circunstancias para
corregir nuestro juicio, cometemos lo que se conoce como error fundamental de la atribución.
[Link]. Heurístico de simulación
Es la tendencia de las personas a estimar la probabilidad de que un suceso ocurra en el futuro o
haya ocurrido en el pasado, basándose en la facilidad con que puede imaginarlo. Se utiliza para
predecir y para inferir la causa de un suceso ocurrido.
El tipo de construcción mental característica del heurístico de simulación se conoce como
pensamiento contrafáctico. Por ejemplo, cuanto más fácil nos resulta imaginarnos a nosotros
mismos llevando a cabo una conducta, más expectativas tendremos de comportarnos así.
En general, el uso de todos estos atajos mentales (heurísticos) puede llevar a errores en las
estimaciones que hacemos de la realidad. Pero cuanto más usamos estas estrategias, más confianza
tenemos en nuestros juicios, debido a que nos fijamos en los casos confirmatorios y pasamos por
alto los erróneos.
3.3. PROCESOS COGNITIVOS AUTOMÁTICOS Y CONTROLADOS
Para que una respuesta llegue a ser automática, es necesario que la información se haya procesado
de forma repetida, lo que puede ocasionar obstáculos. Por ejemplo, la activación de los estereotipos
de género para el desarrollo laboral de las mujeres, donde de manera automática e inconsciente se
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considera que las mujeres (o los hombres) sólo pueden realizar ciertas actividades por las
características propias de su sexo.
En un principio se consideró que los procesos automáticos y los controlados eran opuestos e
incompatible y que se diferenciaban en cuatro aspectos fundamentales: la consciencia, la
intencionalidad, el control y la eficacia.
Los procesos automáticos no son intencionados y no están sujetos a un control deliberado.
Pero son muy eficaces en términos de coste-beneficio, ya que requieren de pocos recursos
cognitivos, no implican esfuerzo y se basan en estructuras de conocimiento almacenado en la
memoria, por lo que pueden ocurrir simultáneamente con otros procesos.
Sin embargo, los procesos controlados se producen con consciencia y requieren mayor
esfuerzo, por lo que es un procesamiento más lento.
La distinción entre ambos tipos de procesos no se puede establecer de manera tajante y es más
adecuado hablar de distintos grados de automaticidad, consciencia, intencionalidad, control y
eficacia.
3.3.1. PROCESOS PRECONSCIENTES
El punto más extremo de automaticidad, tienen lugar totalmente fuera de la consciencia pero
afecta a la elaboración de juicios y a la conducta. Ejemplo: percepción subliminal.
La influencia de la percepción subliminal es especialmente probable cuando los estímulos
subliminales son social o personalmente relevantes, cuando no hay otros estímulos supraliminales
que se opongan a ellos y cuando se presentan inmediatamente antes del estímulo que hay que
juzgar (Fiske y Taylor, 1991). Por ejemplo, el cambio en la expresión facial de una persona tiene un
efecto rápido sobre otra persona, lo que la hará sentirse de una manera determinada sin saber por
qué.
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3.3.2. PROCESOS POSTCONSCIENTES
Se es consciente del estímulo, de que se ha percibido y procesado la información, pero no se es
consciente de su influencia en juicios y respuestas posteriores.
Por ejemplo, nuestro estado de ánimo, que tiene influencia en nuestros juicios y conducta.
Otro ejemplo es el hecho de que las personas que más destacan visualmente en un grupo y que más
atraen la atención reciban juicios más extremos, es decir, se las culpe o se las elogie más que a los
demás 8Taylor y Fiske, 1978).
3.3.3. PROCESAMIENTO DEPENDIENTE DE METAS
Este tipo de procesos no son plenamente automáticos, puesto que tenemos un control intencionado
inicial en función de las metas y motivaciones, pero una vez iniciado el proceso perdemos el control
sobre él. Hay tres ejemplos muy representativos de estos procesos.
Las inferencias espontaneas sobre rasgos de personalidad, en las que inferimos rasgos
de personalidad de otros a partir de su comportamiento (proceso automático) debido a que
tenemos algún interés en formarnos opinión sobre esa persona (es decir, nuestra meta es
esa).
La supresión de pensamientos se refiere a los esfuerzos por mantener ciertos
pensamientos lejos de nuestra consciencia (como sustituirlos por imágenes alternativa);
aunque suele producirse el efecto contrario (efecto rebote), cuando queremos no pensar en
algo, pensamos mucho más.
Las rumiaciones, que son pensamientos conscientes que las personas dirigimos a un
objeto dado (suceso, cosa o persona) durante un periodo prolongado como resultado de
alguna meta frustrada. Pensamos constantemente en formas alternativas de conseguir ese
objetivo frustrado, y pasamos todo el día dando vueltas. Pueden ser contraproducentes
porque no facilitan la solución del problema y pueden acabar en una depresión por la
incapacidad para obtener una meta deseada y controlar los pensamientos recurrentes.
3.3.4. PROCESOS CONTROLADOS
Son plenamente conscientes e intencionados, son susceptibles de control de principio a fin por
parte de la persona y requieren más tiempo y más esfuerzo cognitivo. Son el tipo de procesos que
ponemos en marcha cuando tenemos que tomar una decisión importante o hacer una elección
difícil, también cuando estudiamos o buscamos la solución a un problema complejo.
Antes de poner en práctica una decisión son necesarios dos procesos:
Uno deliberativo, en el que se consideran las opciones que se tienen y toda la información a
favor.
Otro centrado en la implementación de la decisión tomada.
No siempre se dan los dos procesos, por ejemplo nos quedamos en la primera fase al hacernos
propósitos que luego no cumplimos.
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4. LA RELACIÓN ENTRE EL ESTADO DE ÁNIMO Y LA COGNICIÓN
La manera en la que nos sentimos moldea y contribuye a conformar cómo pensamos, aunque esta
influencia se da también en sentido contrario. El estudio de todos estos aspectos, iniciado en los
años 90, es lo que se conoce como “cognición caliente”.
4.1. La influencia del estado de ánimo sobre la cognición
Las emociones pueden influir de diversas formas en el procesamiento de la información. El estado
de ánimo influye en los juicios sociales que se hagan sobre uno mismo y sobre los demás, de forma
que se van a elaborar estos juicios más positivos cuando se tiene un estado de ánimo positivo, y
más negativos cuando ese estado de ánimo es negativo. Esto ocurre porque nuestro estado de
ánimo influye tanto en la forma que percibimos e interpretamos distintos estímulos como en la
forma en que recordamos hechos pasados, y en los sesgos que cometemos en cada uno de esos
procesos. Es lo que se denomina efecto de congruencia con el estado de ánimo.
Según el modelo de infusión del afecto de Forgas (1995), el estado emocional influye en los
procesos cognitivos a través de dos mecanismos:
Afectando a la atención y codificación de la información procedente del medio, y también a
la activación de categorías y esquemas congruentes con el estado de ánimo.
Sirviendo de pista informativa para inferir en nuestro juicio sobre un determinado
estímulo.
El primer mecanismo se pone en marcha cuando percibimos información del medio y necesitamos
interpretarla recurriendo al conocimiento que tenemos almacenado, mientras que el segundo lo
hace cuando empleamos heurísticos para hacer inferencias.
También influye en la información que se procesa y se recuerda; la congruencia se da entre el
estado emocional que se tiene en el momento de recuperar la información y la valencia (positiva o
negativa) de la misma.
Los efectos del estado de ánimo positivo son más fuertes que los del negativo, excepto en el caso de
las personas con depresión crónica que recuerdan más los sucesos negativos.
Se ha encotrado que la información que provoca reacciones afectivas se procesa de forma diferente
y es más difícil de ignorar, porque tenemos poco control sobre ella. Esto supone una fuente de
contaminación mental que condiciona al individuo a la hora de tomar decisiones y elaborar juicios.
4.2. La influencia de la cognición sobre el estado afectivo
Schachter (1964) sugería, en su teoría de los dos factores de la emoción, que en ocasiones nos
resulta difícil identificar nuestras emociones, por lo que vamos a inferir su naturaleza a partir de
situaciones en las que experimentamos la activación.
Las estructuras cognitivas también tienen impacto en las emociones, los esquemas basados en
experiencias anteriores pueden incluir una etiqueta emocional. Cuando se activa un esquema, no
solo se aplica el conocimiento almacenado en él, sino también ese componente afectivo, que puede
influir en la forma en que nos sentimos hacia el estímulo que ha activado el esquema.
Ejemplo: sentimientos de rechazo o admiración hacia un determinado grupo de personas.
Ejemplo: el pensamiento retrospectivo con el que intentamos tratar de disminuir el impacto
de algún suceso negativo o frustrante a través de la cognición. Consiste en reducir
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(mentalmente) las probabilidades de éxito, convenciéndonos de que en dadas las
circunstancias era imposible que el suceso saliera bien.
5. EL PAPEL DE LA MOTIVACIÓN EN LA COGNICIÓN SOCIAL
Según autores como Kruglanski (1989), es difícil concebir una actividad cognitiva que esté libre de
base motivacional, de ahí que desde el enfoque de la “cognición caliente” se considere al ser
humano como un “estratega motivado”. La motivación está presente en todas las fases del
procesamiento cognitivo (codificación, almacenamiento y recuperación de información,
integración de esa información y formación de juicios).
La evidencia empírica permite hacer dos afirmaciones:
La primera, que la motivación puede ejercer sus efectos tanto en la dirección como en la
intensidad del pensamiento.
La segunda, que esos efectos están limitados por nuestra capacidad para justificarlos de
acuerdo con nuestra comprensión de la realidad.
Las metas, que influyen en qué creencias y reglas aplicamos al hacer juicios y también en cuánto
esfuerzo y tiempo dedicamos a ello. Personas con diferentes metas pueden llegar a hacer juicios
muy distintos, y una misma persona puede sacar distintas conclusiones según cambian sus metas.
Kruglanski (1980) propone una clasificación de metas según su efecto en la cognición:
Metas de precisión: nos motivan para llegar a la conclusión más acertada posible, así que
invertimos mayor esfuerzo. Nuestro razonamiento se vuelve más complejo y elaborado y
nos preocupamos por buscar mejores estrategias. Este tipo de razonamiento está motivado
por el deseo o la necesidad de evitar cometer errores ante una decisión importante.
Metas de dirección: cuando lo que queremos es llegar a la conclusión que más nos
conviene, sesgando la selección de creencias y reglas a las que acceder para nuestro
razonamiento e influyendo en la cantidad de esfuerzo invertido. Por mucho que nos
convenga una determinada conclusión, sólo la obtendremos si podemos justificarla y para
ello debe ser plausible y no chocar con nuestra percepción de la realidad.
Por mucho que nos empeñemos en creer que somos competentes en algún ámbito, esa creencia
choca con la realidad al obtener malos resultados, por lo que sustituiremos esa conclusión
injustificable por estrategias de evitación, como eludir ese tipo de actividades.
Hay también ocasiones en las que nuestra meta es evitar la indecisión y llegar a una conclusión lo
más rápido posible, así que adoptamos la vía automática de procesamiento de la información,
echando mano de la que está más accesible y aferrándonos al primer juicio sin considerar otras
opciones.
La cognición social está además profundamente influida por los motivos sociales básicos, en
especial: comprensión, control y confianza.
El motivo de comprensión es esencial, ya que vivimos en un entorno social.
Comprender a los demás, lo que hacen, piensan, sienten y lo que pretenden puede
determinar nuestra interacción con ellos. Eso implica que gran parte del conocimiento sea
compartido para poder comunicarnos y coordinarnos.
El motivo de control se refiere a la necesidad que tenemos de sentirnos competentes y de
que exista una relación entre nuestros pensamientos, nuestra conducta dirigida a una meta
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y los resultados obtenidos. Este motivo es tan fuerte que con frecuencia sobreestimamos el
control que tenemos sobre los resultados de nuestras acciones. Así que persistimos en
tareas difíciles, incluso ante el fracaso inicial. Las ilusiones optimistas pueden ser
especialmente beneficiosas cuando se refieren a juicios globales, pero peligrosas cuando se
emplean como guía de conductas y decisiones importantes.
También lo aplicamos a los demás, haciendo atribuciones y juzgando sus acciones sin tener
en cuenta la situación en la que se encuentran.
El motivo de confianza nos lleva a esperar cosas buenas de la mayoría de la gente. Sin
esta tendencia, la cooperación necesaria para la vida en grupo no habría podido
desarrollarse y el ser humano no habría podido sobrevivir. Utilizamos los llamados sesgos
de positividad porque no es muy adaptativo estar continuamente en estado de alerta, por
eso tratamos de ver el lado positivo de las personas o justificar los resultados, aunque
también estamos atentos ante cualquier signo contrario. Aunque las primeras impresiones
negativas son muy difíciles de cambiar.
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