Teodoro Hampe Martínez
DON PEDRO DE
LAGASCA
. SU OBRA POLÍTICA EN ESPAÑA Y AMÉRICA
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU
FONDO EDITORIAL 1989
Teodoro Hampe Martínez
DON PEDRO DE
LAGASCA
1493-1567
SU OBRA POLÍTICA EN ESPAÑA Y AMÉRICA
Prólogo de Juan Pérez de Tudela y Bueso
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU
FONDO EDITORIAL 1989
Primera edición, setiembre de 1989
Cubierta: Carlos A. González R.
Don Pedro de la Gasea ( 1493-1567). Su obra política en faJJaJía y
América.
Copyright © 1989 por Fondo Editorial de la Pontificia Universidad
Católica del Perú. Av. Universitaria, cuadra 18. San Miguel. Apartado
1761. Lima, Perú. Tlfs. 626390; 622540, Anexo 220
Derechos reservados
Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o
parcialmente, sin permiso expreso de los editores.
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A MIS PADRES Y
A MIS HERMANOS
INDICE
PROLOGO XV
INTRODUCCION XXI
Gasea en la tradición historiográfica XXII
I
Caracterización del presente estudio XXV
SIGLAS EMPLEADAS XXIX
CONSIDERACIONES PREVIAS: ESPAÑA IMPERIAL BAJO EL GO-
BIERNO DE CARLOS V
I. PRIMERA EPOCA: INICIOS DE SU ACTUACION
PUBLICA
l. Sus raíces familiares en la vieja Castilla 16
2. La experiencia universitaria de Alcalá de Henares 20
3. Un personaje dentro del mundo académico salmantino 24
4. Vicario del arzobispo de Toledo 32
IX
II. MINISTRO DE LA INQUISICION Y VISITADOR EN EL
REINO DE VALENCIA
1. Su incorporación a la Corte: en el Consejo de la
Inquisición 39
2. Sobre adoctrinamiento y sujeción de los moriscos de
Valencia 44
3. Disposiciones para la defensa del reino valenciano 50
4. Toma de cuentas en materia de hacienda 56
5. La residencia de los oficiales de justicia 65
6. Como balance: experiencia en las responsabilidades
gu berna ti vas 71
7. Su vinculación con Cobos, el poderoso consejero 77
7.1. Gasea y el levantamiento de los colonos pcruleros 80
7.2. Aprestos para la jornada del Perú 84
III. DE LA AUDIENCIA EN LA MISION PACIFICADORA DEL
PERU
1. Poderes e instrucciones del César · 94
1.1. Ultimas disposiciones en Castilla 100
1.2. En marcha hacia el Nuevo Mundo 102
2. La negociación de Tierra Firme: llave maestra
del éxito 105
3. Campaña milita r contra los pizarristas 115
3.1. El pacificador en su momen to de gloria 122
4. El reparto de Guaynarima y sus consecuencias 125
4.1. La primera visita general de encomiendas
en el Perú 131
4.2. Un resumen d e la tasa general de tribu tos 135
X
S. Recaudación de fondos de la hacienda pública 138
6. El imperio de la justicia: la Audiencia y
los corregidores 147
7. Disposiciones Pª!ª la conservación de los indios 156
8. Las entradas de conquista y población impulsadas
por Gasea 166
9. Trascendencia de su gobierno; normas generales para
el "sosiego" del Perú 175
9.1. Elementos btlsicos de su acción política 180
9.2. La sucesión en el virreinato peruano 184
10. La remesa de metales preciosos a la Corona 187
10.1. Gasea y su tesoro en la metrópoli 193
IV. CON LA MITRA EPISCOPAL DURANTE EL ULTIMO TRE-
.CHODESUVIDA
1. Su recibimiento en la Corte imperial 202
2. Asesor gubernativo pa~a negocios de Indias 209
3. Un prelado de la Contrarreforma en las sillas de
Palencia y Sigüenza 218
4. El legado: establecimiento de un clan poderoso 224
CONCLUSIONES: GASCA, UN POLITICO EN LOS COMIENZOS
DE LA ESPAÑA IMPERIAL · 235
FUENTES MANUSCRITAS 243
BIBLIOGRAFIA 247
ANEXOS DOCUMENTALES
Advertencias preliminares 263
XI
I. Sentencia pronunciada en la residencia del baile general de
Valencia (Valencia,28-VI-1543) 267
11. Memorial de las personas, letras y cualidades de los letrados
de Valencia (Valencia, 13-IX-1543) 271
III. Relación sobre la defensa del reino valenciano (Valencia,
13-IX-1543) 277
IV. Carta a don Francisco de los Cobos sobre la incorporación
del maestrazgo de Montesa (Valencia, 20-I-1545) 295
Memoria de los lugares y renta del maestrado de Montesa 298
v. Carta del príncipe Felipe a Gasea (Val1adolid,
29-VIII-1545) 301
VI. Carta al príncipe Felipe, aceptando la misión pacificadora
del Perú (Valencia, 3-IX-1545) 302
VIL Carta a don Francisco de los Cobos sobre la visita de
Valencia y la misión pacificadora del Perú (Valencia,
3-IX-1545) 303
VIII. Instrucción de los vecinos perulcros que acudieron al virrey
Blasco Núñez Vela (¿fines de 1546?) 308
IX. Suma de los gastos hechos para provisión de la armada y
ejército reales (1547-1548) 311
X. Relación de las personas gratificadas con pensiones sobre
repartimientos de indios (Cuzco, 1548) 346
XI. Ordenanzas sobre la captura y reducción de esclavos
cimarrones en el distrito de Lima (Los Reyes, 1-V[-1549) 351
XII. Ordenanzas sobre la visita y despacho de navíos en el
puerto de Lima (Los Reyes, 18-XU-1549) 357
XII
XIII. Suma de los gastos realizados en la casa del presidente Gasea
(1549) 360
(1550) 363
XIX. Carta a los oficiales de la Casa de la Contratación sobre
entrega de la hacienda real (Río Guadalquivir,
22-IX-1550) 366
XV. Recepción y almoneda de la plata perteneciente al servicio
del presidente Gasea (Sevilla, 20-X-1550 y 30-X-1551) 367
XVI. Relación al Consejo de Indias sobre la explotación de las
minasdePotosíyPorco (Villamuriel, 1-II-1554) · 370
XVII. Inventario de heredades pertenecientes al linaje de Gasea en
la jurisdicción del barco de Avila (Aldea nueva,
18-III-1561) 375
XVIIJ. Inventarío de los bienes en posesión del obispo y señor de
Sigüenza (Sigüenza, 7-]X-1567) 386
XIX. Sumario del cuerpo documental relativo a la obra política de
Gasea (Despachos remitidos por el comisionado)
A) Visita en el reino de Valencia 414
B) Misión pacificadora del Perú 419
XIII
PROLOGO
Al investigador de la historia no le faltan motivos ordinarios
para creer, siquiera moderadamente, en la virtualidad de las "escue-
las", y le cabe esperar que dentro de cada obra personal se encuentren
las trazas de una determinada historiografía. Para bien de la obra,
por supuesto, si se trata de buenas tradiciones. Sin que eso le lleve a ol-
vidar, por otra parte, que en el cortar de nudos y marañas suele ser pri-
vativo el estilo de manejar el machete.
Me vienen estas obviedades a la pluma con el recuerdo de mi pri-
mera conversación con Teodoro Hampe Martínez; un comedido pero a-
plomado estudiante de doctorado que mostraba en el rostro la juven-
tud de sus 24 a1ios -allá por el de 1984- y en su talante, la circunspec-
ción atenta y cortés del buen estilo limeño, todavía subrayado acaso
en él por la cuidada precisión léxica y la contención dialogal. A al-
guien instalado en los tonos de la expresividad estudiantil ibérica pu-
diera parecerle, por contraste, que el joven peruano ·. estaba ofreciendo
allí -en mi despacho del Consejo Superior de Investigaciones Cientí-
ficas- su brazo incauto y de paladín bisoño para ponerlo a prueba con-
tra los del cíclope Briareo. Porque no menos que un cien-brazos historio-
gráfico me parece a mí que son los sucesos y problemas que se cruzan en
la figura y hechos de don Pedro de la Gasea.
No hubo tiempo, sin embargo, para que yo pudiera deslizarme
por la vertiente -también incauta- de tales prefiguraciones. Pocas
XV
palabras del licenciado Hampe debían bastar al menos avisado para
comprender que hablaba por él una personalidad intelectual de tem-
ple sólido y de legitimadas seguridades en su propia capacidad; un
aspirante a historiador que conocía ya bien el terreno que pisaba, y
detrás del cual estaba el magisterio de dos figuras que no necesitan de
presentaciones ni de ponderaciones en nuestro mundo: las de Guiller-
mo Lohmann Villena y José Antonio del Busto Duthurburu. Podía con-
fiar - así lo hice- en que el esfuerzo que se proponía realizar el
profesor limeño llegaría con éxito al puerto prefijado de una tesis doc-
toral.
Y a puerto llegó, efectivamente, bajo .la más halagüeña sanción
por parte del tribunal que juzgó la tesis. Un laurel que fue ganado me-
diante ese género de denuedos que, acometidos con personal entrega y
dedicación, y poco necesitados de apremios ni de golpes de timón que
les vengan de fuera, hacen ligerísima la carga -si es que así pueda
llamarse, en lugar de alivio- de quien figu ra como padrino y testigo
de excepción de tales esfuerzos.
Bien se comprende que no es a mí -parte interesada en esa conse-
cución académica, a la vez del lado científico y del cordial- a
,quien mejor cumpla hacer una valoración crítica sobre la misma. Per-
mítaseme, no obstante, que vierta sobre ella algunas observaciones
destinadas a justificar al menos el calificativo de acometida impor-
tante que, ése sí, me atrevo a proponer para la que ha afrontado el
nuevo doctor de la Universidad Complutense de Madrid. Importante,
en primer lugar, por la materia de que se trata. Ya sea que el observa-
dor bascule en sus simpatías del lado del hispanismo, ya lo haga a
favor del indigenismo, ya prefiera la siempre reconrcruiaMe opción de
conocer el pasado para reflexionar imparcialmente sobre él, no nega-
rá el peso extraordinario que para las sociedades de la América
hispana hubo de tener la fase instauradora de gobcrrulcioncs y de virrei-
natos, que alcanza hasta la octava década del siglo XVI. Ni ignora
nadie las dificultades -especialmente graves por lo que hace a la in-
terpretación- que lleva consigo el historiar unos días que fueron tan
fecundos en crear condiciones para el futuro, como dramáticamente
agitados.
Por lo que a mí respecta, si se me pidiera elegir el cuadro donde
culminan aquellas dificultades, pero donde a la vez puede el investí-
XVI
gador encontrar las claves más elocuentes sobre aquel mundo, yo seña-
laría de~de luego el Perú de las "alteraciones" o guerras civiles. En
tal elección habría - lo reconozco- elementos de parcialidad subjeti-
va. Pero no impremeditación, por cierto. Creo, en efecto, que en las tra-
gedias del Perú "alterado" hace crisis y destapa toda su carga de in-
gredientes y de virulencias, aquel proceso que, comenzado el año de
1492, fue constituyendo el orbe conf!.ictivo del conquistador. Un proce-
so que en buena medida (al menos según veo hoy las cosas) se orientó
por fuerzas muy superiores en su acción conjunta a la palanca que pu-
diera poseer ninguno de entre los personajes que ostentaron protagonis-
mo relevante en el drama. Lo cual sea dicho sin embargo de que me pa-
rezca ilusoria, por otra parte, la pretensión de dar cuenta del mismo
drama sin analizar aquellos protagonismos.
Que una trayectoria de largas y enconadas luchas civiles -{,lquí
sangrientas- deje una estela de versiones apasionadas y tendentes a
la desfiguración; que el vencedor en ellas se haga oír mejor que el ven-
cido; que el historiador tenga ante así, en tales casos, un campo de
prueba dificil para sus platónicos designios de rescatar la "verdad",
· son reglas a las que difícilmente escapará ningún acontecer de esa ín-
dole. Y a las que desde luego no escapó el del Perú.
Por el contrario, dejó un buen ejemplo de los celajes que las "ver-
siones consagradas" pueden tender con duradera eficacia sobre lo que
verdaderamente significaron los hechos. Y con una especie de culmina-
ción -según tengo para mí- en la etopeya del pacificador del Perú,
don Pedro de la Gasea. Porque, de un lado, toda su labor, corta pero in-
tensa y trascendental, vino a ser contemplada bajo la presión constric-
tiva de los partidismos viejos y enconados que, trascendiendo a toda
clase de juicios y de testimonios, tendió a dejar en la sombra, como si
.hubiese sido nulo, todo lo que no cayó bajo el foco ardiente de la con-
tienda civil y sus motivos. Al tiempo que, además, la contextura mis-
ma de aquel extraordinario gobernador quedaba .también en la penum-
bra por lo que respecta a sus antecedentes bases formativas, experien-
cias y rendimientos; y así en la mejor disposición para ser sustituida
por ·el misterio y las sinuosidades oscuras del Gasea "legendario", es-
to es, de un bonete simbólico encubridor de la inteligencia más sutil pe-
ro también más engañosa.
XVII
El contraste entre las luces historiográficas que aquí nos vienen
del escenario indiano -siquiera sean problemáticas- frente a la opa-
cidad que procede del europeo, tiene algo de típico; y de explicable,
por añadidura, cuando se trata de sujetos que vieron surgir y crecer en
las Indias su carrera de hombres "importantes:". Pero en el caso de Gas-
ea produce el extraño efecto de que el prohombre hubiera salido de la
insignificancia -pennítaseme la metáfora-· para ser instalado por
el emperador Carlos V en un escaño desproporcionado, al confiarle la
misión acaso más delicada y grave que en aquella hora apremiaba a
la monarquía. Un buen ejemplo, por lo tanto, de lo que puede el dese-
quilibrio cuando la investigación exige un desarrollo paralelo a uno y
otro lado de los mares, y en el estudioso, el bagaje que a cada sector
conviene; dicho sea esto último con algún énfasis en el acento.
Conviene subrayar en estas líneas, por sabido que sea de los pro-
fesionales, que el superar las dificultades inherentes a la doble faz
de las cuestiones indianas -la europea y la americana- no radica
tan sólo en la exploración de archivos y de bibliotecas que se hallan
muy distanciados entre sí, sino además en que requiere la familiari-
dad con dos mundos cuyos caracteres y problemas se desplegaron bajo
notas diferenciales ya desde los días del [Link] Almirante. Que eso
sea algo de conocimiento y de enunciado tópico en nuestra esfera de es-
tudios; que la receta en esa tesitura consista simplemente en poseer
una doble y adecuada preparación, no quita un ápice, claro es, a los
precios y a los méritos que tiene el alcanzar esa facultad. Es más: el
avance -con aires de inexorable-- de las especializaciones no parece
prometer que en el futuro vaya a darse, como natural y pródiga cose-
cha de amapolas, la de los historiadores que sepan desenvolverse
bien y a la vez en las cosas de "ambos mundos". Les hará falta, por lo
pronto, la definida ambición de alcanzarlo. Una ambición sin la cual
el presente libro no existiría conforme él es.
Han pasado ya los días -nada lejanos-- en que se hada necesa-
rio justificar defensivamente el cultivo de la biografía histórica, fren-
te al ventarrón de un "sociologismo" escasamente reflexivo sobre las
vías de aproximación a las sociedades histáricas. Ni es ya necesario
ponerse a "redescubrir" la importancia capital de las formulaciones y
los hechos políticos, pues tantas plumas se han lanzado -nunca es
tarde si la dicha es buena- a proclamar lo necesario de ese retorno o
"redescubrimiento" del Mediterráneo (o del Pacifico, para nuestra
XVIII
materia). Ni tampoco es ya urgente el reivindicar la función susten-
tante que la erudición crítica ejerce de forma indispensable en nues- .
tras disciplinas. El talento que desborda sus vuelos desde la fiilta de
erudición despierta cada vez menos entusiasmos.
He allí la serie de condiciones que cabe ofrecer como corolarios
-en mi estima- para otorgar una calificación de "modernidad" (de .
modernidad perenne, me atrevería a decir) a la obra de Hampe Mar-
tínez; cuando, por lo demás, el método no es en ella, como puede verse,
una armadura que pretenda imponerse a la vida pasada desde deter-
minadas preocupaciones disciplinares, sino una sensata adaptación a
los requerimientos que las fuentes documentales hacen a la inteligen-
cia de su intérprete. En definitiva, clasicismo para hacer "historia
general" sobre procesos que tuvieron general repercusión.
El clasicismo se corresponde aquí con la visible. fidelidad a una
línea historiográfica que en el Perú ha tenido y tiene maestros de to-
do el mundo conocidos. Rigor para apurar la búsqueda de las fuentes,
para analizarlas críticamente y sin omisión de detalles; consigna dis-
ciplinada en el otorgar al horizonte institucional, antes que a las ame-
nidades, el primado argumental que él reclama; ponderación cuidado-
sa a la hora de emitir juicios sobre lo opinable; ambiciones interpreta-
tivas bajo la sencillez aparente del discurso; pulcritud estilística al
escribir y justeza expresiva: he aquí algunas de las notas esenciales
que, a mi juicio, proclaman la adhesión de Teodoro Hampe Martínez
a las tradiciones más dignas que en su patria y en su oficio le antece-
den. Y cuyo logro no menor ha consistido tantas veces en iluminar la
historia española mediante páginas destinadas en principio a ilus-
trar el pasado americano, cuando no ha sido de manera inversa. No
es otra cosa la realizada por nuestro autor, en la medida y con el acier-
to que al lector cabe apreciar por sí mismo.
No es ésta la primera vez -ni mucho menos- que Hampe sale
a la plaz.a de las letras impresas. Y fsa su veteranía - al menos rela-
tiva- creo que se deja ver por todas partes en el presente libro. Este,
sin embargo, y como en especie de reválida de pruebas anteriores, pre-
senta al nuevo doctor bajo la divisa notoria de aspirante a un puesto
de relieve en ese mundial . palenque que es hoy el del hispanismo. No
creo pecar de parcialidad afectiva ni correr el peligro de dar en profe-
ta falso si me atrevo a pensar y a decir que su camino para ese logro lo
XIX
tiene expedito, que el futuro ha de rendir en Teodoro Hampe Martí-
nez una larga cosecha de historiador, y de historiador sobresaliente.
Madrid, octubre de 1988
JUAN PÉREZ DE TUDELA Y BUESO
XX
INTRODUCCION
El presente estudio se ocupa de analizar la actuación de una
figura importante dentro de la historia política del siglo XVI en Es-
paña y sus dominios de América: el clérigo bargueño don Pedro de la
Gasea, obispo que fue de Palencia y de Sigüenza. Nuestro propósito
consiste en exponer a este personaje como modelo representativo de los
funcionarios castellanos que administraron los negocios públicos en la
etapa inicial del Imperio hispánico, determinando los factores cul-
turales, sociales y personales que dan forma a su intervención en la es-
cena política. La obra del licenciado Gasea tiene lugar en ambientes
diversos, como el mundo universitario de Alcalá de Henares y Sala-
manca, la Corte castellana, el reinu de Valencia, el ultrc1marino vi-
rreinato del Perú, el séquito de consejeros acompañantes de Carlos V
en sus territorios de habla germana y la sedes episcopales ya mencio-
nadas de Palencia y Sigüenza. Esta amplitud en el marco geográfico
de sus acciones simboliza claramente su pertenencia al formidable ex-
perimento que supone la España imperial gobernada por Carlos V.
No es desconocida, por cierto, la figura de Pedro de la Gasea en-
tre los estudiosos del pasado hispanoamericano, especialmente de
las décadas más tempranas de la colonización ibérica, pues su labor
en el sofocamiento de la rebelión pizarrista ha llamado la atención
de numerosos historiadores. Sin embargo, se ha omitido en general la
tarea de explicar las circunstancias biográficas del personaje (sus an-
tecedentes en la metrópoli, sobre todo) y de encuadrar su obra dentro
XXI
del régimen administrativo de la España imperial. Mediante nuestra
investigación, queremos llenar ese vacío en la historiografía quinien- ·
tista.
Gasea en la tradición historiográfica
Apenas después de su resonante victoria en el campo de Jaquija-
huana, la actuación del pacificador del Pertí empezó a ocupar ]as pá-
ginas de los cronistas indianos. Obedeciendo ·un encargo del propio
obispo seguntino, Juan Cristóbal Calvete de Estrella redactó un libro
dedicado enteramente a historiar el curso vital de Gasea (1567),
haciendo particular énfasis sobre su misión en el Nuevo Mundo; una
obra de tono apologético, hecha para deleitar -<:on minuciosos rela-
tos de viajes y situaciones bélicas- al público de aquella época, así
como a la vanidad del biografiado. El texito de Calvete de Estrena,
que no iba a circular impreso sino hasta finales de la centuria decimo-
nónica (1889), se apoyó en un repertorio de documentos tocantes a la la-
bor gasquiana que fueron utilizados también por otros escritores de la
historia de América, como el palentino Diego Fernández (1571). De
otro lado, la personalidad del clérigo aparece tratado, con matiz
igualmente panegírico, en la obra de Femáindez del Pulgar sobre los
prelados de las diócesis de Palencia (1680) y en el compendio de Ruiz
de Vergara referente a los colegiales de San Bartolomé de Salaman-
ca (1766).
Una semejante tendencia al elogio incondicional se percibe en
monografías publicadas en fechas más recientes. Podemos citar un ar-
tículo de Carlos Ramírez de Arc11ano, que sintetiza la intervención
del licenciado en el terreno político (1870), una conferencia de Rafael
Salillas, pronunciada con ocasión del cuarto centenario del descubri-
miento colombino (1892), y un opúsculo de Nicolás Acero y Abad, au-
tor que evidencia haber mantenido vinculación con los descendientes
de nuestro personaje (1895). Es más interesante la aportación que ofre-
ce el historiador regional Nicolás de Ja Fuente Arrimadas, estudioso
de los caracteres naturales y humanos de la comarca del Barco de Avi-
la 0925-26); alguno de sus juicios respecto a Gasea se encuentra copia-
do en el ensayo biográfico de Amable García Sánchcz (1965), última
producción que puede inscribirse dentro de tal corriente apologética.
XXII
En el transcurso de las seis décadas pasadas hemos asistido a la
circulación de nuevas interpretaciones en tomo a la obra política de
Gasea en América, surgidas de un manejo cuidadoso de las evidencias
documentales y de una actitud crítica frente a las opiniones tradicio-
nales. Primeramente hay que mencionar el trabajo de Luisa Cuesta Gu-
tiérrez, erudita bibliógrafa, que dedicó su tesis doctoral y un folleto
subsecuente a examinar la labor del estadista en tierras indianas
(1928); ilustró su estudio con la transcripción de valiosos manuscritos
conservados en archivos de Madrid, Sevilla, Simancas, y Vallado-
lid. Debido a su agudeza en el enjuiciamiento y a su independencia
respecto de cualquier estimación preconcebida, son importantes las ob-
servaciones que ha manifestado Juan Pérez de Tudela Bueso acerca de
las guerras civiles del Perú, incluyendo la actuación del celebrado
pacificador (1963). Al contrario de la imagen corrientemente divul-
gada, Pérez de Tudela desenmascara el crudo pragmatismo del presi-
dente de la Audiencia limeña, su ambición por disfrutar honores en la
metrópoli y su mentalidad de neta constitución señorial, aunque reco- ·
noce su honradez, su talento diplomático y su preocupación por el bie-
nestar de la masa indígena.
Tal capacidad sugestiva se observa asimismo en el análisis que
el insigne hispanista Marcel Bataillon consagra al movimiento diri-
. gido por Gonzalo Pizarra (1967); enfoca principalmente los elementos
que favorecieron el triunfo del estandarte monárquico en aquella
confrontación. En su estudio introductorio a la descripción del Perú
compuesta por el clérigo harqueño (1976), José M. Bamadas aporta sus-
tanciales ideas acerca del genio de Gasea como dirigente político, al
mismo tiempo que advierte la necesidad de que se elabore una biogra-
fía cabal de este personaje quinientista. Aunque no atañe directamen-
te a nuestro individuo, merece la pena citarse el libro de Guillermo
Lohmann Villcna (1977) orientado a penetrar el sustento jurídico y
moral que los rebeldes peruleros intentaron brindar a su levantamien-
to contra la autoridad regia.
Según hemos indicado arriba, existió un conjunto de papeles refe-
rentes a la misión del sacerdote castellano en Indias que se difundie-
ron en copias manuscritas desde poco luego del retomo de GDsca a la
Península. Un grupo importante de esos pliegos, que estaban en poder
del ilustrado marino Femándcz de Navarretc y del conde de Ezpcle-
ta, fueron dados a publicidad en los tomos XLIX y L de la Colección de
XXIII
documentos inéditos para la historia de España (1866-67); se trata bá-
sicamente de cartas, tanto las cursadas po:r el emisario cortesano al
Consejo de Indias y al caudillo rebelde, como misivas enviadas a Gas-
ea u otros destinatarios. De manera complementaria las Cartas de In-
dias, editadas en la capital española por el Ministerio de Fomento
(1877), reúnen una serie más pequeña de texltos [Link] con la mi-
sión pacificadora del Perú, testimonios que se conservan hasta la
actualidad en el Archivo Histórico Nacional. Adicionalmente, una
tercera recopilación documental sobre el problema histórico que nos o-
cupa es la que ha publicado Juan Pérez de Tudcla Bueso bajo el título
de Documentos relativos a don Pedro de la Gasea y a Gonzalo Pizarra
(1964), en dos volúmenes que incluyen una diversidad de papeles gene-
rados en 1a época del alzamiento pizarrista, con muchas cartas suscri-
tas por el presidente de la Audiencia que hasta entonces no habían sa-
lido a la luz pública. Ambos volúmenes se conservan originales en la
biblioteca Huntington de San Marino, California.
Junto con lo anterior, encontramos muchas noticias interesantes
en el Cmpus documental de Carlos V, que ha editado Manuel Femán-
dez Alvarez (1973-81 ). Dentro de la correspondencia sostenida por los
máximos jerarcas del Imperio, se evidencia preocupación por conocer
el desenvolvimiento de la tarea política del clérigo en Valencia y, so-
bre todo, en el Nuevo Mundo. Un texto nacido de la pluma del propio
actor, su Descripción del Perú (1553), se ha incorporado últimamente
al elenco de testimonios impresos concernientes a la actuación pública
de Casca. En cuanto a contribuciones sobre aspectos específicos de la
vida y la obra de dicho sujeto, cabe mencionar sus informes dirigidos
a la Casa de la Contrntación de Sevilla, que exhumó el historiador
argentino Roberto Levillicr (1921), su testamento, que fue dado a cono-
cer por Luisa Cuesta Gutiérrcz (1953), y un curioso resumen de la tasa
general de las encomiendas del Perú, aplicada por vez primera en vir-
tud de un mandato gasquiano, que ha publicado María Rostworowski
de Diez Canscco (1983-84 ).
Por fin, hemos de señalar una comunicac1on expuesta en el
XXXVIII Congreso Internacional de Americanistas (1968), en que Car-
los Cevallos Bohórqucz relaciona una serie de archivos en diferentes
ciudades españolas, donde pueden rastrearse los vestigios documen-
tales de la obra política de Pedro de la Gasea. En nuestra labor inves-
tigadora hemos consultado la mayoría de los repositorios allí men-
XXIV
donados, así como varias otras fuentes de información, que nos han
permitido dar cuerpo al presente trabajo.
Caracterización del presente estudio
Esencialmente, hemos procurado basar todas nuestras afirmacio-
nes y enjuiciamientos en fuentes documentales, ya sean manuscritas o
editadas. Los testimonios de carácter inédito corresponden en su mayo-
ría a la actuación de Gasea en España, tanto antes como después de su
jornada americana: hemos tenido la fortuna de hallar papeles relati-
vos a su experiencia universitaria en Alcalá de Henares y Salaman-
ca, a su intervención en calidad de canónigo salmantino, a sus actos co-
mo magistrado del Consejo de la Inquisición, y una apreciable masa
de doéumentos (cartas, relaciones, autos judiciales) pertenecientes a
su desempeño en Valencia como visitador. De otra parte, numerosas
· escrituras de índole notarial han iluminado nuestro conocimiento
sobre las actividades que realizó durante su ministerio episcopal en
Palencia y Sigücnza, especialmente en lo que atañe a la distribución
de sus propiedades. Por añadidura, también nos ha sido posible
delinear con trazos firmes su labor como presidente de la Audiencia
limeña gracias a la consulta de registros financieros, probanzas y es-
critos diversos que hasta la fecha no se habían tomado en cuenta.
Para una correcta ambientación histórica e interpretación de los
datos ofrecidos por ese conjunto de manuscritos, nos hemos servido de
publicaciones, cuyas diferentes materias y orientaciones pueden apre-
ciarse a través de los acápites de la bibliografía expuesta al final de
nuestro estudio. La metodología empleada se ciñe, por consiguiente, a
las pautas del trabajo historiográfico erudito, riguroso, apoyado en
los testimonios del pasado, conforme se deja observar en los aparatos
críticos (notas) que acompañan cada capítulo. Sobre la base de dichos
testimonios hemos elaborado un discurso histórico, con unos razona-
mientos destinados a h~cer comprender el significado de la obra polí-
tica del individuo en cuestión. Así pretendemos inscribirnos dentro de
la línea de investigación seria y minuciosa respecto al mundo quinien-
tista, que se ha desarrollado en la historiografía peruana -en la
cual nos hemos formad~ a lo largo del presente siglo.
Como se ha anticipado, nuestro objetivo consiste en ofrecer un
cuadro integral de la actuación pública seguida por don Pedro de la
XXV
Gasea en España y América, considerando a este personaje como un mo-
delo representativo de los funcionarios castellanos que sirvieron en la
administración estatal bajo el gobierno de Carlos V. Por este motivo
se abre nuestra disertación con unas consideraciones acerca de la orga-
nización política, social y económica del Imperio hispánico durante
el reinado del célebre César, primer soberano de la dinastía de Habs-
burgo: son unos apuntes destinados a brindar un marco para entender
el ambiente en que tiene lugar la intervenciém del clérigo de Navarre-
gadilla. Hecho ese preámbulo, el capítulo I se aplica a examinar los
primeros pasos de su carrera pública. Obscn,amos aquí las vinculacio-
nes personales que disfrutaba su fami1ia, especialmente con el carde-
nal Cisneros; los estu~ios que cursó el protagonista en la Universidad
complutense y su posterior mudanza a los círculos académicos de Sala-
manca, donde logró destacar merced a sus virtudes intelectuales y a
sus dotes de ubicuidad; las funciones de vicario que ejerció en Alcalá,
amparado por el influyente cardenal Tavera, a1rzobispo toledano.
El capítulo II está centrado en los años iniciales de labor del li-
cenciado Gasea como miembro de la burocracia cortesana. Su ingreso
en la corte, para ocupar una vacante dentro del Consejo inquisitorial,
determinó que poco tiempo más tarde fuera despachado ·en comisión
especial al reino de Valencia. Hallándose en el litoral mediterrá-
neo, obtuvo por iniciativa de las Cortes el encargo de llevar a cabo
una responsabilidad política, que era la visita (inspección) de todos
los agentes de la Corona en el mencionado reiino. En esta parte de nues-
tro estudio tratamos sobre su indagación respecto al desempeño de los
funcionarios de gobierno, justicia y hacienda, sobre su participación
en el planeamiento de la defensa de las costas valencianas frente a la
agresión extranjera, sobre su postura acerca de la situación de los vasa-
llos moriscos, etc.
La misión pacificadora del Perú, el más importante cargo políti-
co asumido por Gasea, constituye la materia del capítulo III. Gracias
al buen efecto de su trabajo en Valencia y a la ¡protección que le dispen-
só el poderoso consejero Cobos, resultó elegido para desarrollar esa
complicada tarea, obteniendo del monarca unos poderes muy amplios.
Nuestra intención aquí es manifestar las cualidades de hábil negocia-
dor y de conductor militar que exhibió en tierra americana, logrando
vencer al rebelde Gonzalo Pizarro, así como el empeño que dedicó a re-
compensar los servicios de sus colaboradores en el triunfo, de acuerdo
XXVI
con una mentalidad de índole señorial. También examinamos las
medidas que dictó para imponer el control del Estado en diferentes ór-
denes de la vida peruana: aplicó una tasa de los tributos indígenas,
organizó la recaudación de fondos del tesoro público, asentó las instan-
cias de la administración judicial, favoreció la conservación de la
mano de obra nativa ... Dispuestas esas normas para el sosiego de la
colonia, efectuó el viaje de regreso a la metrópoli, aportando un millo-
nario caudal de metales preciosos, cuya cantidad y aprovechamiento
tratamos de determinar.
Por último, el capítulo IV enfoca las actividades del saccnfote
castellano durante el último trecho de su existencia, cuando regentó
la dignidad episcopal en Palencia y en Sigiienza. A pesar de su inves-
tidura eclesü1stica, no cesó entonces de tomar parte en la vida políti-
ca, laborando como asesor gubernativo del Emperador y de sus conseje-
ros; según demostramos con varios testimonios, su asesoría se orientó
fundamentalmente a problemas en la administración de los territo-
rios indianos. En tanto que mitrado, se 1c percibe como un tenaz defen-
sor de las normativas propias de la Contrarreforma. Al mismo tiem-
po, dedicó atenci{m a la me~1oria que debería transmitirse luego de su
muerte: numerosas escrituras revelan su preocupación por dotar maci-
zamente un establecimiento religioso en Valladolid y por colocar a
sus familiares próximos en ventajosos empleós, con rentas solventes.
Las conclusiones del trabajo están dirigidas a precisnr los ele-
mentos condicionantes, constituyentes y consecuentes de la actuación
política de don Pedro de la Gasea. Dichos factores moldean In silueta
de este individuo como hombre público de los comienzos de la España
imperial, principalmente del gobierno de Carlos V, un período de
inusitada expansión de las fronteras geográficas, humanas e institu-
cionales, en que los dominios de Castilla se elevaron a una situación
de hegemonía universal. Es nuestro propósito que esta obra sirva de
aproximación hacia el conocimiento del descmpeiio de los estadistas
castellanos que intervinieron en aquella época de extraordinaria tras-
cendencia para la historia de Espafia y sus posesiones de América.
***
XXVII
Este libro constituyó originalmente una tesis doctoral para la
Universidad Complutense de Madrid, cuya investigación fue dirigi-
da por don Juan Pérez de Tudela Bueso, catedrático emérito de Histo-
ria Moderna. Fue sustentada en la Facultad de Geografía e Historia
de esa misma Universidad, el 7 de marzo de 1986, ante un tribunal in-
tegrado por los profesores Vicente Rodríguez Casado (presidente),
Luis Miguel Enciso Recio (secretario), Demetrio Ramos Pérez, Alfre-
do Moreno Cebrián y Leoncio Cabrero Femández (vocales). La presen-
te edición conserva íntegramante la estructura y el texto de dicha te-
sis.
En mis labores de investigación sobre la obra política de Gasea,
realizadas en diferentes lugares de la Península ibérica, pude disfru-
tar la generosa acogida de muchas entidades y personas. Quisiera
agradecer la ayuda económica proporcionada por el Ministro de Asun-
tos Exteriores, el Instituto de Cooperación Iberoamericana y la Casa
de Velázquez, ~-n Madrid, así como la gentil atención con que me favo-
reció el personal responsable de diversos archivos y bibliotecas de
Madrid, Sevilla, Simancas, Valladolid, Salamanca, Valencia, Tole-
do, Sigüenza y Jerez de la Frontera. Entre los estudiosos de la historia
que m_e brindaron colaboración o consejo, debo realzar el singularísimo
aliento de mi director de tesis, el profesor Pérez de Tudela, quien des-
de los inicios de la tarea investigadora me ofreció acertadas orienta-
ciones para enrumbar por camino seguro esta obra.
A todas las ~más personas que también contribuyeron en la em-
presa, y muy especialmente a mi familia, expreso aquí el más sincero
reconocimiento. Espero que el fruto de mi trabajo se encuentre a la altu-
ra de sus expectativas.
XXVIII
SIGLAS EMPLEADAS
[Link].O.A. = Archivo de la Casa y Estados de los Duques de Abran-
tes, Jerez de la Frontera.
A.C. Sal. = Archivo Catedralicio de Salamanca.
...
[Link]. = Archivo Catedralicio de Sigüenza.
A.C. Tol. = Archivo Catedralicio de Toledo.
A.G.D.V. = Archivo General Diocesano de Valladolid.
A.G.I. = Archivo General de Indias, Sevilla.
A.G.S. = Archivo General de [Link].
A.H.N. = Archivo Histórico Nacional, Madrid.
A.H.P.M. = Archivo Histórico de Protocolos de Madrid.
[Link].V. = Archivo
,,.., de la Real Chancillería de Valladolid.
A.R.V. = Archivo del Reino de Valencia.
A.U.S. = Archivo Universitario de Salamanca.
B.N.M. = Biblioteca Nacional, Madrid.
B.P.M. = Biblioteca de Palacio, Madrid.
B.R.A.H. = Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Ma-
drid.
C.D .l .A.O. = Colección de documentos inéditos re la ti vos al des cu bri-
miento, conquista y organización de las antiguas pose-
siones españolas de América y Oceanía, Madrid, 1864-
84,42 v.
C.D.I.H.E. = Colección de documentos inéditos para la historia de
España, Madrid, 1842-95, 113 v.
1
\
'"---.
XXX
CONSIDERACIONES PREVIAS:
ESPAÑA IMPERIAL BAJO EL GOBIERNO DE CARLOS V
El más importante monarca europeo del quinientos, Carlos V, ri-
gió los destinos de un extensísimo Imperio, en el que se reunían varias
unidades políticas de constitución [Link]. Tuvo bajo sudo-
minio el Imperio romano-germánico, que englobaba una diversidad de
comunidades de habla alemana, y por herencia paterna le tocó la so-
beranía de los Países Bajos. Adem,1s, a partir de ·1516, este príncipe
del linaje de Habsburgo llevó sobre su cabeza las coronas de Castilla
y Aragón, unidas en virtud del matrimonio de los Reyes Católicos (sus -
abuelos maternos); la posesión de ambas coronas significaba que Car-
los extendía el ámbito de su gobierno al reino de Navarra, a los Esta··
dos italianos dependientes de la monarquía catalana-aragonesa y al ·
vasto Nuevo Mundo americano que se había incorporado a la sobera-
nía castellana.
¿Cómo le fue posible al Emperador administrar un conjunto te-
rritorial tan dilatado y disperso? En cierto modo, la presunta com-
plejidad se resuelve ante la evidencia de que no hubo una política uni-
forme para el gobierno de todos los dominios comprendidos dentro del
Imperio carolino. Cada reino o unidad estatal se regía de manera
independiente, conservando sus propias leyes y pri vilegios tradido~
nales, que el monarca se comprometía a respetar escrupulosamente; en
medio de esa aglomeración de pueblos, el nexo cohesivo estaba consti-
tuido por la dinastía reinante (Habsburgü), la religión (el catolicis-
mo) y los lineamientos básicos de política exterior. Frente a cualquier ·
elemento foráneo que amenazase la seguridad del Imperio, todos los
dominios sujetos a Carlos V debían operar mancomunadamente, enla
3
medida de sus respectivas posibilidades, para asegurar la integri-
dad del conjunto (1).
Enh·e la: multiplicidad de territorios que lo reconocían como sobe-
rano, el Emperador manifestó en reiteradas ocasiones su preferencia
por Castilla, lugar que escogió como refugio personal para los últimos
afios de su vida. Castilla fue elevada a la posición de cabeza de los
reinos ibéricos y, a cambio de esta capitalidad, se le exigió la aporta-
ción de cuantiosos subsidios para financiar las empresas dirigidas por
el monarca. Paulatinamente creció en importancia la contribución eco-
nómica de los dominios castcfümos -enriquecidos gracias al sumi-
nistro de metales preciosos de las Indias-, lo cual en buena medida
supuso una identificación del rumbo político de esta colectividad pe-
ninsular con las metas imperiales (2). Junto con el aporte en metálico,
fue tambk~n valiosa la inlervención de las fuerzas militares españo-
las, especialmente de sus tercios de infantería, que gozaron de notable
reputación en la época del Renacimiento.
A causa de su misma extensión y poderío, el .Imperio carolino de-
bió enfrentar el constante hostigamiento de potencias adversarias.
Francia, una nación densamente poblada y de gobierno centralizado,
ejerció la hostilidad como un virtual mecanismo de defensa a fin de so-
brevivir en calidad de Estado independiente, pues se ha1Jaba rodea-
da de los países subordinados a Carlos V. En los confines meridiona.:.
les y orientales de los territorios habsburgucses existió la permanente
amenaza de otro soberano imperial, el sultán turco So1imán el Magní-
fico, quien por diversos medios trató de alcanzar el corazón de Euro-
pa. Aparte, otro factor enemigo de las ambiciones políticas del Empe- .
rador fue la propagación del cristianismo protestante, sobre todo de
(1) LYNCH, John, España bajo los Asturias, tr. de Josep María Barnadas, 3a. ed.
(Barcelona: Edíciones Península, 19'75), I, p. 94; FENANDEZ AL VAREZ, Ma-
nuel Carlos V, un hombre para Europa (Madrid; Ediciones Cultura Hispánica,
1976), p. 56-57. Es muy sugerente la idea que anota el primero de estos autores ci-
tados: "... sin una organización imperial, resultaba dificil que hubiera un Impe-
rio. Carlos V fue esencialmente un heredero, no un creador: es en la defensa de
las partes integrantes de su herencia que hay que ver los motivos de su política".
(2) Sobre el rol desempeñado por Castilla en la política mundial del Emperador, d .
JOVER ZAMORA, José María, Carlos V y los españoles (Madrid: Ediciones
Rialp, 1963), p. 32 SS.
4
las ideas Ju teranas, que men..'Cieron el respaldo de muchos príncipes
germanos deseosos de sacudirse la dominación de este impetuoso dig-
natario de la Casa de Austria. Y de semejante forma podríamos men-
cionar varios elementos más, que fueron motivo de preocupación para
el supremo gobernante de la cristiandad.
Para la administración de los negocios públicos correspondientes
al ámbito de las coronas de Castilla y Aragón (la España imperial,
cabe decir), se empleó el sistema de los Consejos, que había sido pues-
to en vigor ya a finales del siglo XV. Los Consejos eran órganos resi-
dentes en la Corte, que ejercían la doble misión de proveer justicia y
brindar asesoría gubernativa al rey. Unos de estos organismos poseí-
an la suprema jurisdicción sobre algún determinado asunto o ramo en
la monarquía entera, tales como los Consejos de Inquisición, Ordenes
Militares, Cruzada, Guerra y Hacienda; otros de dichos tribunales se
ocupaban de problemas relativos al gobierno de determinados territo-
rios dentro de la monarquía, como los Consejos de Castilla, Aragón, In-
dias e Italia. Por añadidura, funcionaba también el Consejo de Esta-
do, cuya responsabilidad era asesorar directamente al soberano en la
resolución de materias políticas que se consideraban de vital impor-
tancia para el sostenimiento del régimen imperial (3).
Según puede apreciarse, el esquema de la administración cor-
tesana estaba ideado para cumplir las necesidades judiciarias de un
Estado muy extenso, geográficamente disperso y constitucionalmente
diversificado, a la vez que tales cuerpos burocráticos servía para brin-
dar una orientación matriz respecto a la política que debía seguirse
en las distintas circunscripciones. Asimismo, es interesante observar
que había una estrecha vinculación entre ejercicio de gobierno y minis-
terio judicial. Este enlace tiene su origen en el añejo concepto --propio
del mundo feudal- de que la jurisdicción representa una función pri-
mordial de toda autoridad: se pensaba, en consecuencia, que la tarea
fundamental del Gobierno era servir de árbitro, dirimiendo sobre inte-
(3) ELUOTT, J.H., Imperial Spain, 1469-1716 (London: Edward Arnold, 1963), p.
161-163. Cabe añadir que después de la muerte de Carlos V se amplió el esquema
burocrático con la creación de,los Consejos de Portugal y Flandes.
5
reses contrapuestos en la sociedad, antes que planear y construir inten-
cionadamente una estructura social en particular (4).
Conocemos ya grosso modo el régimen gubernamental que existía
bajo el reinado de Carlos V, pero ¿qué clase de hombres eran los
responsables de conducir la máquina del Estado? En cuanto a este pro-
blema, el Emperador se distingue por la escasa cabida que dio a caba-
. lleros de alta noblez.a en los puestos más importantes de la Corte; fue
bastante parco en la concesión de dignidades nobiliarias y prefirió,
en cambio, verse rodeado de individuos de mediana extracción social,
con amplio bagaje humanístico y mucha destreza para el manejo polí-
tico. Siguiendo el ejemplo de sus antecesores los Reyes Católicos, con-
fió los cargos preeminentes del medio cortesano a favor de letrados,
vale decir, hombres de leyes formados en la Universidad, quienes de-
bían llevar ·a ·cabo la tarea ele garantizar una recta administración de
.justicia.
Por regla común, los ll:!trados procedían de familias hidalgas o
villanas con cierto acomodamiento económico, aunque no faltaro11 en
este grupo [Link] pertenecientes a linajes nobles. Su carác-
ter prevaleciente en el desempeñó de oficios públicos se desarrolló en
continuo incremento, hasta asentarse plenamente durante el gobierno
· de Felipe II. Las magníficas posibilidades de empleo que se abrían
para los graduados en cualquiera de las facultades de jurisprudencia
(la de Derech.o civil o la de canónico) motivaron un auge de los estu-
dios universitarios enla Península ibérica a lo largo del Siglo de Oro.
En las dudades que eran sede de universidad, como especialmente
Salamanca, col;>raron extraordinario relieve los colegios mayores -re-
sidencias de los estudiantes más destacados-, pues se consideraban
semilleros de los altos funcionarios y prelados que iban a dominar pos-
. ::terionnente la escena pública (5)~
(4) PARRY, J.H. El Imperio español de ultramar. lntr. de J.H. Plumb. tr. de Ildcfonso
Echevarría (Madrid: Aguilar, 1970), p. 167. Respecto a los elementos componen-
., tes de la jurisdicción señorial heredada del Mediioevo, véase GUILARTE, Alfon-
so María, El régimen señorial en el siglo XVI (Madrid: Instituto de Estudios Polí-
ticos, 1962), p . 117ss.
(5) · Debido a ese apogeo de la vida académiGl, se ha escrito acerca de una ''revolu-
. ción educativa'' en la Península. a. ·BENNASSAR, Bartolomé, Un SU~de d'Or
espagnol (vers 1525-vcrs 1648) {París: Editions Robert Laffont, 1982), p. 46-49,
57.
6
Aun en los dominios más lejanos de la metrópoli castellana, se
encuentran caraccristicas similares en la conduccción de los asuntos es-
tatales. Los años del reinado de Carlos V significan una etapa real-
mente decisiva para la empresa colonizadora de] Nuevo Mundo, ya
que éste es el marco temporal en que se logran sojuzgar las civilizacio-
nes indígenas más desarrolladas: la azteca, la maya, la chibcha, la
inca, lo cual supone un fabuloso enriquecimiento en metales preciosos
y una formidable ampliación de los territorios situados bajo el domi-
nio de la corona de Castilla. Aparte la evidente trascendencia quepo-
see el primer viaje de circunnavegación del globo terrestre, realizado
a la sazón por súbditos españoles, hay que tomar en cuenta el hecho
de que se adquiere por entonces un conocimiento bastante completo de
la realidad geogrMica de América. Todo este progreso material, no
obstante, complica la actuación de la corona en el 6mbito político,
pues se le demanda efectuar en las colonias ultramarinas una serie de
pn,pósitos difíciles de conjurm. Se esperaba de los funcionc1rios penin-
sulares que protegieran la dignidad hmrnma de los indios, sin negar
las pretensiones de los colonizadores; que proveyesen suficiente mano
de obra para 1a explotación de los recursos naturales, sin impedir a
los nativos la pacífica permanencia en sus tierras; que, el mismo tiem-
po, salvaguardaran e incrcmcntarnn la renta fiscal, etc.
La instalación de Audiencias en diferentes provincias indianas
representa un suceso de capital importancia, pues marca el final del
incstc1ble período de conquista (en que imperan los Céntdi11os milita-
res) y el establecimiento de una verdadera administración moncírqui-
ca. Lc1s Audiencias, corporaciones revestidas de poderes tanto guber-
nativos como judicü1les, efectuaban sus tareas en cercana vinculación
con el Consejo de Indias. Estaban compuestas asimismo por hombres
de leyes, quienes se encargabc1n de exponer ante la Corte los proble-
mas n1ás agobümtcs de la vjda ultramarina y de sugerir soluciones pa-
ra su remedio, propuestas que no debían llevarse a la prcíctica hasta
no contar con la autorización del propio monarca<6).
Nominalmente, c1 objetivo fundamental de la presencia españo-
la en América consistía en la difusión de la fe católica entre los habi-
(6) En cuanto al funcionamiento de las Audiencias indianas, véase SCHAFER, Ernes-
to, El Consejo Real y Supremo de las Indias, II (Sevilla: Escuela de Estudios His-
pano-Americanos, 1947), p. 109 ss.
7
tantes nativos, propósito para el cual se confirió al monarca castella-
no la prerrogativa del Patronato, que le permitía sostener un firme
control sobre las actividades religiosas en ultramar. Gracias a la em-
peñosa labor de ·1os frailes dominicos, agustinos, franciscanos y de
otras congregaciones, se logró durante las primeras décadas del siglo
XVI un notable avance en esa divulgación del mensaje evangélico. En
gran parte, los predicadores que viajaron al otro lado del Atlc1ntico
pertenecían a una corriente renovadora dentro de la Ig1csié1, una
corriente de rasgos más austeros, disciplinados, perrnec1b1e a las mo-
dernas ideas del humanismo. Junto con la propagación del ideario cris-
tiano, tales sacerdotes se dedicaron a amparar la integridad física y
moral de los pobladores aborígenes, defendiendo su condición hurnana
y su estatuto de vasallos libres.
En virtud de las denuncias formuladas por los evangelizadores
que realizaban su misión en tierras ultramarinas, se produjo en el rei-
nado de Carlos V un intenso debate sobre la manera en que debía l}c.-
varse a cabo la empresa colonizadora de las Indias. La encomienda o
repartimiento de trabajadores indígenas fue una de las instituciones
que mereció críticas más acerbas, debido a lo cual se restringieron pau-
latinamente las atribuciones de los encomenderos, pues solían cometer
toda suerte de abusos. Un repertorio de las disposiciones emanadas de
la Corona en favor del buen tratamiento de los moradores americanos
está constituido por las Leyes Nuevas, expedidas en 1542, cuerpo le-
gislativo que prohibía la esclavitud de los indios, derogaba el siste-
ma encomendero y vedaba una serie de prácticas inicuas. Estas nor-
mas obtuvieron la encendida repulsa de los colonizadores -inclusive
mediante el recurso de la lucha armada contra ]a autoridad monár-
quica- , pero al fin terminaron por imponerse los criterios estatales,
garantizando el dominio de la metrópoli sobre sus posesiones en el
Nuevo Mundo<7).
Con la extensión del ámbito territorial poblado por hombres ibé-
ricos, aumentó correlativamente la gravitáción económica de esas pro-
vincias en el conjunto del Imperio carolino. El volumen habitual de
las remesas de metales preciosos se multiplicó hasta diez veces entre
(7) HANKE, Lewis, La lucha española por la justicia en la conquista de América, tr.
de Luis Rodríguez Aranda, 2a. ed. (Madrid: Aguilar, 1967), p. 185-190.
8
el comienzo y el fin del período gubernamental que aquí examinamos;
de manera progresiva, crecieron en importancia los envíos de plata
(merced sobre todo al beneficio de las minas de Zacatecas y Potosí), a
la par que disminuía la incidencia del oro (8). La recepción de estos
cargamentos metálicos enriqueció grandemente los fondos públicos de
la corona de Castilla, aunque mucha cantidad del tesoro se destinó a
operaciones financieras fuera de los límites de la Península, sin gene-
rar en la economía autóctona la repercusión positiva que pudiera pre-
sumirse.
La inyección de apreciables montos de dinero provenientes de ul-
tramar, junto con un crecimiento demográfico acentuado en la región
castellana, dieron como resultado la expansión de la demanda en el
mercado peninsular. En respuesta a este fenómeno, se produjo una fase
de desarrollo comercial e industrial, orientado a satisfacer dentro
del mismo país los requerimientos de la población. Sin embargo, no
tardaron en manifestarse elementos desfavorables al sostenimiento
de dicho auge, pues la organización productiva interna no estaba ca-
pacitada para mantener un ritmo tan intenso de trabajo, ni para com-
petir en precios con los artículos manufacturados en otros lugares del
Viejo Mundo; hubo entonces necesidad de importar casi toda clase de
bienes, con la inevitable traslación de capitales ibéricos a manos ex-
tranjeras. A raíz de la escasa oferta de productos vernáculos en un me-
dio económico de creciente demanda, se originó una vertiginosa escala-
da de precios -la denominada "revolución"-, que afectó en especial
la subsistencia de quienes vivían de ingresos fijos y rentas pequeñas
(9) ,
Esas nefastas consecuencias, determinadas en buena parte por el
ingreso de los metales preciosos americanos, pudieran haberse reme-
(8) Tomando en consideración la pérdida que sufrió el poder adquisitivo de los me-
tales preciosos debido a la tendencia inflacionaria de aquella época, puede afir-
marse que "al finalizar el reinado de CarlosV, América pesaba cinco veces más
en el destino de España que en los últimos años del anciano Rey Católico".
Ci-V\UNU, Pi~rre, La España de Carlos V, tr. de E. Riarnbau Saurí (Barcelona:
Ediciones Península . 1976), II, p. 42.
(9) Con respecto a la incidencia de los metales oriundos del Nuevo Mundo en el desa-
rrollo de la economía hispana, es clásica (aunque no poco discutida) la obra de
1-- IAMIL TON, Earl J., El tesoro americano y la revolución de los precios en Espa-
ña, 1501-1650, tr. de Angel J\bad (Barcelona: Editorial Ariel, 1975); véanse es-
peciJ!nwnte p. 57 . . 5¡.; y 1 17---31.S .
9
diado en caso de existir alguna suerte de programa económico dirigi-
do por el Estado; con miras a organizar un esquema productivo más be-
neficioso para los intereses de sus súbditos. Pero las ambiciosas miras
políticas del Carlos V no le permitieron contemplar las existencias
monetarias sino como instrumento para la realización de sus empresas
imperiales, usando en cada ocasión la renta de sus diversos dominios
según le parecía más oportuno 00). Por debajo de la expectante situa-
ción alcanzada por Castilla en el concierlto de las potencias mundia-
les, sin embargo, en su base se mantúvieron prácticamente inalteradas
las viejas estructuras económicas y sociales heredadas del tiempo de
la Reconquista. ·
En la centuria de la Reforma, las actividades mercantiles e in-
. dustriales apenas se encontraban desarrolladas en España. La gran
mayoría de la población vivía en el campo, bien sea como dueños,
arrendatarios o trabajadores de parcelas, pues la tierra constituía la
fuente de riquezas por excelencia. Todavía estaba vigente el prejuicio
social contra los que ejercían el comercio o trabajos manuales, en razón
de lo cual era corriente que los mercaderes que lograban hacer una
fortuna aspirasen a invertir su dinero en 1ia tierra, alejándose de la es-
fera mercantil; esto representaba el primer paso para asimilarse al
estamento aristocrático, cuyos miembros gozaban de honores y exen-
ción de impuestos. El peso más duro de las cargas tributarias recaía so-
bre los humildes plebeyos (pecheros), quienes se desempeñában como
· labradores, artesanos u obreros, sin mayor horizonte económico que
esforzarse durante tóda su vida por conseguir lo necesario para la su-
pervi vencía O1).
Los grupos sociales que ejercían mayor preponderancia eran la no-
bleza y la Iglesia, que se repartían la mayoría de las tierras de culti-
vo en la Península. Como ya sabemos, la aristocracia señorial perdió
bajo el mando del Emperador bastante de su antigua fuerza política,
mas retuvo sus propiedades agrícolas y las prerrogativas de 1a juris-
(10) ELLIOT, (3), p. 199. En torno a dicho problema opina este historiador: "Above
ali, the lack of provision in the Crown's financia! policies -its inability to de-
vise any coherent financial programme- meant that such resoucers as <lid exist
were squandered, while the methods used to extract thcm rnight almost have
been deliberately designed to stunt the economic growth of Castile".
(11) LYNCH, (1), I, p. 138 ss.
10
dicción en sus correspondientes dominios. De otro lado, la organiza-
ción eclesiástica era sumanente poderosa, ya que reafirmó sus lazos
con la administración cortesana, conservando el privilegio ·de cobrar (
tributos propios, como los diezmos; en el siglo XVI, buena cantidad de
los recursos de la Iglesia se destinaron al establecimiento de obras be-
néficas y a soporar las obligaciones financieras -del tesoro público. En
efecto, para conseguir mantenerse a flote, dado que sus ingresos no bas-
taban para solventar las extraordinarias empresas llevadas a cabo
durante el gobierno carolino, la corona de Castilla hubo de recurrir
constantemente a empréstitos, tanto de banqueros europeos como de
los propios súbditos peninsulares 02). · ·
Sintetizando las características políticas, sociales y econmrucas
que hemos observado en la España imperial bajo el gobieno de Carlos
V, puede afirmarse que éste significa un período de especial trascen-
dencia, en el que los dominios castellanos se elevan a una situación de
hegemonía universal. Claro está que el Imperio carolino, formado por ·
una diversidad de naciones y entidades políticas, estaba ·llamado a
desintegrarse luego del retiro de su ilustre fundador, en 1556. De to-
das formas, los reinos de la Península ibérica mantuvieron su unidad
(acrecentada inclusive por Felipe II al incorporar la corona de Portu-
gal), al mismo tiempo que consolidaron su dominación sobre tierras
del viejo y nuevo continente, respetando la estructura administrativa
diseñada por el supremo monarca de la cristiandad quinientista.
(12) Acerca de la financiación bancaria de las acciones políticas del Emperador se
ocupa largamente CARANOE, Ramón, Carl~ V y sus banqueros, ID (Madrid: So-
ciedad de Estudios y Publicaciones, 1967), passim.
11
CAPITULO I
PRIMERA EPOCA: INICIOS DE SU ACTUACION PUBLICA
. .
.
.
.
En una etapa de prolongada duración, quecubre más de la mitad
del arco vital del licenciado de la, Gasea,. tiene lugar .una conjunción ·
de elementos encaminados a dar forma a su posterior actuación en las
más altas esferas políticas de la España imperial.. Hombre [Link]-
tativo del advenimiento de los tiempos modernos, se ve favorecido
por la solvencia económica y las buenas vinculaciones personales de
.su familia, que le permiten saltar de la estrecha comarca serrana don-
de tiene sus raíces hacia el mundo universitario de Castilla y las ca-
pas más importantes de la jerarquía eclesiástica. Con ocasión de la re-.
· vuelta montada por las Comunidades~ da muestras d~ su fidelidad ál .
servicio del rey ~ncarnación del ideal de ·biencornún_de la repúpli- .
ca- y en los prestigiosos círculos académicos de Salamanca, grac~s
a sus virtudes inte1ectivas .y a su talento negociador, logra·[Link]. ·e;ri · ·
un primerísimo plano. Conocida ya la excelencia de su persona; el clé-
rigo obtiene una plaza de confianza cerca del hombre más influyente .
en el gobierno .civil y religioso de aquella época: el cardenal Ta ver~~ · .. ,
De cara a la carrera política de don Pedro de la Gasea, lá ~ás\
importante de esta fase inicial es la experiencia que adquiere en el
manejo de diversos negocios, especialmente en la práctica de fa juris-
dicción. Tanto en las aulas como en la vida cotidiana asume una for-
mación de hombre de leyes, dotado de la convicción racionalista (o, ·
mejor, jusnaturalista) de que Jos preceptos emanados del Derecho pose-
en la virtud de ordenar d mundo, reduciéndolo al imperio de "razón y
justicia". Gracias a ~u estrecho co ntacto con Vitoria y sus discfpulos
de la escuela jurídica ,~aiman tina, aprende a concebir el Estado como
una entidad funcional, perfecta, cuyas piezas se orientan todas a la re-
[Link]ón del bien de la comunidad. Y a ello añade su vocación de
hombre religioso, que le hace entender que esa ordenación "natural"
de la sociedad proviene del designio de Dios y que debe hacerse un es-
fuerzo por expandir la doctrina cristiana entre todos los pueblos de la
Tierra.
l. SUS RAICES FAMILIARES EN LAVIEJA CASTILLA
Muchas versiones se han tejido acerca de las raíces del linaje de
don Pedro de la Gasea, tratando de mostrar la nobleza de su origen.
Una de tales fabu:laciones señala que los Gasea caste11anos eran remo-
tos descendientes de Servilio Casca, político romano que ha pasado a
la Historia por ser el primero que infligió una cuchillada a César en
el día de su a~sinato en el Senado (1), A la luz de documentos histó-
ricos fehacientes, sin embargo, no se puede afirmar más que nuestro
personaje pertenecía, tanto por su rama paterna como por ia materna,
a conocidas estirpes de naturaleza hidalga establecidas desde tiem-
po antiguo en Castilla, en una región serrana bañada por las aguas
del Tormes.
Existe algún autor que, valiéndose del concurso de la heráldica,
ha aportado datos importantes sobre la ascendencia del individuo
que nos ocupa. Dentro de su escudo familiar, compuesto de un cuartel
partido en dos mitades, se aprecian en el lado derecho trece rocles.
Estos símbolos parecen indicar que los antepasados de Gasea se ha-
llaban adscritos a la cuadrilla de Esteban Dom·ngo, uno de los dos
bandos que poblaron la ciudad de Avila en el siglo XI, tras su re-
conquista por los cristianos; y, más precisamente, es posible que el
tronco del linaje referido corresponda al caballero castellano Gil Gon-
zález Dávila~ hijo de Esteban Domingo (2).
(1) CALVETE DE ESTRELLÁ, Juan Cristóbal, Rebelión de Pizarro en el Perú y vida
de don Pedro de Gasea, en Crónicas del Perú, estudio preliminar y ed. de Juan Pé-
rez de Tudela I3ucso, IV (Madrid: Ediciones Atlas, 1964),. p. 230.
(2) Afirmación hecha por fray Ltús Ariz que se encuentra recogida en el apéndic_e de
la edición de la crónica de Calvete de Estrella (1889) que publicó Antonio p3z y
Meliá. Cf. CALVETE DE ESTRELLA, (1), V. p. 151 y 156--157. Véase también FI-
GUEROA Y MELGAR, Alfonso de, Estudio histórico sobre algunas familias espa-
ñolas, 11 (Madrid: Editorial Dawson & Fry, 1965), p. 391.
16
Hombre por muchas circunstancias representativo de la España
de principios de la Edad Moderna, don Pedro de la Gasea vino al mun-
do en una fecha imprecisa de agosto de 1493 en el lugar conocido como
la caballería de Navarrcgadilla, anexo al pueblo de Santa María de
los Caballeros (hoy en la provincia de Avila) (3). Tomó el nombre de
su abuelo materno Pedro de la Gasea, vecino de la villa de Puente del
Congosto --no demasiado lejana de su lugar natal- , en cuya morada
se crió el niño durante buena parte de su infancia (4).
A trnvés de la valiosa información de testigos que se recogió en
1530, con motivo de la Célndidatura del licenciado Gasea a una plaza
de coJcgial en Salamanca, tenemos conocimiento de muchos datos inte-
resantes parn reconstruir lo que fue su ambiente farnifüir de aquella é-
poca temprnna. Sabemos por ese m edio que el <1buelo materno de Gas-
ea estaba casado con C1talina García, que en alguna oportunidad ha-
bía oficiado de corregidor o justicia mayor en Puente del Congosto y
que durante rnuchos a11os laboró como mayordomo de don Luís de Guz-
m<ln, señor de la ci t¡1da villa Ci)_ Adcmi:ÍS, es curioso manifestar que
uno de los declarantes de la mencionc1(fo prob;inza, el sacrist<1n Fran-
cisco Gonz-<~1cz, rcvcL:1 que "este testigo le vezó a leer sycndo pequeño
el dicho m<1cstro", o sea el colegi,1l salm;rn tí no<6)_
Las numerosas propiedades que tenía d viejo Pedro de la Gasea
en términos adyacentes a su morada fueron transmitidas por herencia
(3) FUENTE ARRIMADAS, Nicolás de la, Fisiografía e historia· del Barco de Avi-
la, II (Avila: Tip. y Encuad. deScnén Martín, 1926), p . 211.
En una carta dirigida al Consejo de Indias el 7-V-1548, desde el Cuzco, Gasea se
define como "un hombre que cmnple cincucn ta e cinco ;:iños en el mes de agosto que
viene''. PEREZ DE TUDELA BUESO, Juiln, ed., Documentos relativos a don Pedro
de la Gasea y a Gonzalo Pizarro (Madrid: Real Academia de la l Tistoria, 1964),
II, p. 420.
(4) Cf. CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 230; FUENTE ARRIMADAS, (3), IJ, P.
212; GARCIA SANCHEZ, Amable, Don Pedro de la Gasea; estudio biográfico
(Salamanca: Imprenta Núñez, 1'965), p.9-10.
(5) A.U.S. Ms. 2221., f. 364-370 (Expedientes de colegiales de San Bar tolom é, 1524-
1533). Probanza realizada en Puente del Congosto el 12-III-1530.
(6) Ihid., f. 369v.
17
a su hija doña María, esposa ,del hidalgo Juan Jiménez de Avila m.
Este individuo, natural del asiento de Navarregadilla, donde su
familia poseía variadas rentas y bienes inmuebles, era hijo de Pero
García de Navarregadilla y de Mari Jiménez (8). En la probanza le-
vantada en 1530, refiriéndose al carácter de dicho abuelo paterno de
nuestro personaje, uno de los informantes expresa que "dio ciertas ve-
zes a este testigo en aguynaldo, syendo niño, ciertos dineros y que he-
ra muy buen onbre y hazya mucha lymosna... e que andava el dicho
Pero García contyno en vna mula ruzya porque era onbre muy basto"
(9). Así debemos entender, pues, las condiciones sociales del medio del
cual provenía el licenciado Gasea: gente trabajadora, de costumbres
humildes, relativamente importante dentro de su comarca, que se es-
forzaba por preparar a sus niños para las tareas de un mundo cambian-
te.
Se conocen por lo menos seis de los vástagos nacidos en el matri-
monio de Juan Jiménez de A vila y doña Maria Gasea. El primogénito~
llamado a desarrollar una excepcional carrera en el ambiente políti-
co español del Renacimiento, fue don Pedro de la Gasea, protagonista
de nuestro estudio. Otros hijos varones fueron: Juan Jiménez de Avila,
regidor de Málaga, proveedor de las galeras de la armada real; Fran-
cisco Jiménez de Avila, abad de San Salvador, canónigo de Palencia;
y el doctor Diego de la Gasea -nombre que aparecerá más de una vez
en las páginas siguientes-, quien fue oidor de la Chancillería de Va-
lladolid y luego miembro del Consejo Real de Castilla. En cuanto
a las mujeres, podemos mencionar a doña María Gasea, que se unió en
matrimonio con Francisco de Salazar, vecino del Barco de Avila, y a
sor María de los Apóstoles, la cual profesó de monja en el convento do-
(7) Referencias documentales acerca de las propiedades que tenía Pedro de la Gas-
ea, abuelo de nuestro personaje, pueden encontrarse en B.R.A.H. Col. Salazar y
Castro, M-133, f. 178 ss. (relación de las escrituras que poseía la difunta doña Ma-
ría del Barco, 1643).
(8) FUENTE ARRIMADAS, (3), II, p. 212; GARCIA SANCHEZ, (4), p. 9. Véase tam-
bién B.R.A.H. Col. Salazar y Castro, M-133, f. 178 ss.
Es sabido que Mari Jiménez era hija de Juan Antón, hombre oriundo de las monta-
ñas de Santander, y de su esposa Mari Blázquez. Cf. A.U.S. Ms. 2~1, f. 373-378 y
382-386. Probanzas realizadas en Navarregadilla, 14-III-15.30, y en Aldeanue-
va, 15-III-1530.
(9) lbid., f. 376v. Declaración de Tomé Sánchez, vecino de Aldeanueva.
18
minicano de Santa Cruz de la Magdalena, en el lugarejo de Aldeanue-
va (ubicado en la sierra de Gredos) 00).
Escribe el cronista Calvete de Estrella, autor de una biografía re-
alizada a pedido del obispo de Sigüenza en los últimos años de su vi-
da, que don Pedro cursó las primeras letras - los estudios de gramáti-
ca, como entonces se decía- bajo la orientación del bachiller Minaya,
maestro a quien se había contratado para que regentara una pequeña
escuela en el Barco de Avila. Luego lo enviaron sus padres a Salaman-
ca, con el fin de que profundizase su formación en las humanidades
(11),
Hallándose ocupado el muchacho en el aprendizaje humanís-
tico, tuvo lugar el fallecimiento de su padre. A diferencia de los pro-
genitores de éste, que habían recibido sepultura en una capilla de la
parroquia de Santa María de los Caballeros, Juan Jiménez de Avila
prefirió que lo enterraran en el monasterio dominicano de Aldeanue-
va 02), Debido a ese funesto acontecimiento, así como por su condición
de heredero del patrimonio fa miliar, el joven Gasea puso término a su
estancia salmantina y se trasladó para residir al lado de su madre, y
hermanos en el hogar de Navarregadilla 03).
(10) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 231; A.H.N. Inquisición, leg. 1412, no. 11.
Expediente sobre la genealogía del licenciado Diego Gasea de Salazar (1572).
Pueden consultarse también los apuntes genealógicos, de letra del cronista don
Luis deSalazar, que existen en B.R.A.H. Col. Salazar y Castro, M-133, f. 1.
El nombre de la última de las hermanas, que era monja, se conoce a través de una
escritura de donación otorgada por don Pedro de la Casca en Villamuriel el 3-1-
1556. Cf. ALONSO CORTES, Narciso, ''Datos de don Pedro Gasea" en Revista de
Indias, III, no. 7 (Madrid, enero-marzo 1942), p. 134-135.
(11) Cf. CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 230-231, y FUENTE ARRIMADAS, (3),
I, p. 211-212.
(12) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 231; GARCIA SJ\NCHEZ, (4), p. 10, Por
una probanza realizada en 1570 ante la justicia de Aldcanueva, se certifica que
Juan Jiménez de Avila estuvo sepultado en el monasterio de dicho lugar. Véase
B.R.A.H. Col. Salazar y Castro, M-133, f. 1.
(13) CALVETE DE ESTRELLA, (1), fV, p. 231. Conforme a los términos de una decla-
ración hecha (en 1584) por e) anciano testigo Francisco García de Mingoces, veci-
no de Aldeanueva, el deceso de Juan Jirnénez de Avila puede situarse hacia 1513
61514. ALONSO CORTES, (10), p.132-133.
19
2. LA EXPERIENCIA UNIVERSITARIA DE ALCALA DE HENA-
RES
Con la desapa rición de su padre, crece en importancia la perso-
nalidad de un sujeto que iba a gravitar notablemente en la vida de
nuestro biografiado: el licenciado Diego González del Barco, tío suyo
(hermano del difunto Jiméncz de Avi1a), que era hombre de confianza
y miembro del Consejo del arzobispo de Toledo, dignidad que a ]a
[Link]ón ejercía el poderoso cardenal Francisco Jiménez de Císneros 04).
Algunos historiadores han apuntado inclusive que un cierto paren-
tesco ligaba al arzobispo toledano con el licenciado del Barco (13)_ En
todo caso, podemos suponer la celebración de una especie de junta fa-
miliar, en la cu<1I se determinaría que lo n,ás apropiado era mútricu-
larlo en la Universidad de Alcalá de Henares, que en '1508 ,1G1baba
de erigir el propio c<1rdcnal Cisncros 06). A consecuencia d e ello se
produjo la mudanza de Gasea a los confines de Castilla 1a Nueva, a
donde iría p robablcnwntc acompa11ado de su hermano menor Diego,
am parados ambos en al tutclél del mentado tío suyo (17),
EstZJ blccid o en la villa. co mpl u tense, el nuevo alumno se inscri-
bió en la focul t,1d de Artes dispuesto a perfeccionar los conocirnicnt()S
en ITiatcrj~ filosófica y literaria que habÍd adquirido d urantc los lus-
tros anteced entes. Cr<1cic1s a laagudcza de su ingen io, logró t. ' n brc \·t·
tiempo supcrilr todas las pruebas requeridas hnst,.1 a ccc'(. l·r éd gre1do
de ma estro (el m {iximo de -1q uclla facultad ),, y d i°c(' SC que po~.<t:rinmL:n-
(14) A.H.N. Universid ades, leg. 9 no. 1. El liccncindo del Barco figura como albacea
en el testamento que susLTibió Jirnénez de Cisncros el 14--IV-1512.
(15) CUESTA GUTIERREZ, Luisa, ''Testamento de D. Pedro Gasea, pacificadm de.
Perú, y la apertura del mismo", en Revista de Indias, XIII, no. 31 (i\fodrid, enero-
m arzo 1953), p. 119; FUENTE /\RRltvL1\ DJ\S, (3t Il, p. 2B; GARCIA 5/\N-
CHEZ, (4), p.10.
(1 6) Cf. fv-t/\RTINEZ AU3TJ\CH, J\lfrcdo, La Universidad complutense según el carde-
,nal Cisneros, 1508-1543 (I3urgos: focul tad de Teología del Norte de España,
'1975), p. l7ss.
(1 7) CJ\LVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p . 231 .
2.0
te sirvió de examinador de licencias en Artes 08). Queda constancia
de que, tal vez en el primer semestre de 1519, fue adimitido como cole-
gial en el Colegio Mayor de San Ildefonso O9). Es probable que en esa
coyuntura haya conocido al maestro Martín del Campo, capellán de
dicho Colegio Mayor, quien lo secundó años más tarde en su gestión co-
mo presidente de la audiencia limeña (20).
, Pero el destino le había señalado a Pedro de la Gasea una vida
espiritual de directo acercamiento con Dios, corno representante del
mensaje evangélico. El primer paso dado en esta orientación fueron
los estudios de Teología que cursó en Alcalá de Henares. El libro de
actas más antiguo que se ha conservado de la facultad teológica d e
aquella Universidad ofrece breves noticias respecto a ]os exámenes
que debió rendir el estudiante con el fin de obtener la licenciatura en
la disciplina anotada; encontramos a Gasea sometido a la prueba de
alfonsina en la ültima semana previa a Pentecostés de 1520 (21), Luego
aparece su nombre con relación a calificaciones emitidas en agosto del
mismo año y en agosto y octubre de 1521, aunque la fecha exacta de la
concesión de su título de licenciado nos permanece desconocida (22).
(18) lbid., p. 231-232; RUIZ DE VERGAiv\ Y ALAVA, Francisco, Historia del Cole-
gio Viejo de S. Bartholomé, mayor de la célebre Universidad de Salamanca, 2a.
ed., corr. y aumentada por Joseph de Roxas y Contreras, marqués de i\lvcntos, l
(Madrid: Andrés Ortega, "1766), p . 322. Véase también I3.N.M. Mss. 7122, f. 'I03v.
(Catálogo y summio breve de las personas que han sido colegiales de San Barto-
lomé de Sálamanca, ca . 1628), y la transcrípción de una copia de dicho manuscri-
to en CUESTA CUTI[RREZ, Luisa, La obra de D. Pedro de la Gasea en América,
(Santiago de Compostela: Tip. de "El Eco franciscano", 1928), p. 49.
(1 9) A. H.N. Universickides, lib. 1233, f. 9v. Pedro de la Gasea figura bajo el número
72 d entro de la nómina de colegiales y capcllanos mayores del Colegio Mayor de
San [ld efonso, en un lu gar que se ubica cronol ógicamen te entre el 23-ll- y el 23-VI-
1519.
(20) Véase la carta dirigida por Gasea al Consejo de Indias el 2-V-1549, desde Los
Reyes, en la que encarece 1os servicios prestados por el maestro Campo, su
mayordomo. PEREZ DE TU DELA, (3), It p. 340.
(21) A.H.N. Universidades, lib. 396, f. lv. (Actas de la facultad de Teología, 1520-
1548). Con referencia al carácter de la pmcba denominada alfonsina, puede
consultarse CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 231.
(22) AH N. Universidades, lib. 396, f. 3 y 6.
2l
Entre los profesores que le impartieron enseñanza durante su per-
manencia en la Universidad complutense, podemos distinguir la figu-
ra del maestro Antonio de Nebrija, el célebre hombre de letras de la
primera época del Renacimiento español. Rechazado por el mundo a-
cadémico salmantino, Ncbrija se incorporó al plantel docente de Alca-
lá gracias al apoyo que recibió del cardenal Cisneros, con el objeto de
regentar la catedrática de Retórica, a partiir del curso de 1513-14 (23).
Varias décadas después, hallándose en el Cuzco, nuestro personaje ha-
ría referencia a esa vinculación intelectual en una carta dirigida al
licenciado Díaz de Armendáriz, juez de residencia en la Nueva
Granada;le suplicaba hacer favores a dos hijos de Beltrán Ordóñez,
nietos del maestro Ncbrija, "por haber tenido por tan preceptor e
señor a su abuelo y por tan gran amigo a su padre"(24).
Hacia la época en que nos ubicamos estaba expandiéndose por
las poblaciones castellanas la flama del movimiento de Comunida-
des, imbuido de clamor en demanda de una administración respetuosa
de las tradiciones locales y en procura de abolir los privilegios nobi-
liarios, ideología que prendió también con fuerza en el culto ambiente
de Alcalá . Si bien el rector don Juan de Hontañón no se pronunció nun-
ca abiertamente a favor del bando comuneiro, es sabido que mantenía
cierta avenencia con los jefes rebeldes y que brindó su protección a
aquellos estudiantes que más hacían por difundir el ideario levantis-
co dentro de la Universidad (25). Con ocasión de la visita realizada
por el famoso obispo de Zamora don Antonio de Acuña, en marzo de
1521, el maestro Hontañón optó por eludir cualquier enfrentamiento,
recluyendo en prisión a un grupo de catedráticos y alumnos que le eran
adversos, ya sea por motivos de disensión política o por causas de
otra índole. Entre los encarcelados en esa oportunidad se contó el pro-
tagonista de nuestro estudio (26).
(23) OLMEDO, Félix G., S. J., Nebrija, 1441-1522; debelador· de la barbarie, comen-
tador eclesiástico, pedagogo, poeta (Madrid: Editora Nacional, 1942), p. 54--55.
(24) Carta fecha el 4-VI-1548, publ. en PEREZ DE TUDELA, (3), JI, p. 522.
(25) PEREZ , Joseph, La révolution des "Comunidades" de Castille, 1520-1521 (Bor-
denux: Ecole des Hautes Etudcs Hispaniques, 1970), p. 332-333.
(26) lbid., p. 331,333; BELTRAN DE HEREDIA, Vkente, O.P., Cartulario de la Uni-
versidad de Salamanca, III (Salamanca: Universidad de Salamanca, 1971), p.
100.
22
Así las cosas, al producirse el momento de mayor efervescencia
de la revuelta comunera (mayo de 1521), Gasea se distinguió por su
arrojada acción en defensa de la causa realista. El cronista Calvete
de Estrella, según es lógico exalta grandemente su conducta en medio
de esas circunstancias. Relata cómo demandó con insistencia la veni-
da de las tropas del duque del Infantado; cómo huyó en una mula fue-
ra de Alcalá a fin de entrevistarse con don Antonio de Zúñiga, prior
de la Orden de San Juan, que encabezaba las fuerzas militares en el
reino de Toledo; cómo favoreció el ingreso de la gente dirigida por el
capitán don Alonso de Arellano,·quien a la cabeza de un centenar de ji-
netes y seiscientos hombres de a pie impuso la bandera del rey en la
población complutense, etc. (27). De este modo, explica, "ganó Gasea
gran crédito en la reducción de aquella villa y fue tanta parte que,
después de las Comunidades, por abonarse los de Alcalá, se excusaban
todos con decir que le habían acudido a Gasea" (28). Su intervención en
tales episodios, que se encargaría de recordar después a lo largo de su
vida una y otra vez, significa el primer punto en la foja de servicios
del político castellano a la Corona.
La constitución relativamente moderna de la Universidad com-
plutense influía en que su formación profesional no fuese tan completa
o prestigiosa como la de otros centros de enseñanza superior. Parece
que la intención de cursar estudios de jurisprudencia, junto con el propó-
sito de evadir cualquier residuo de animadversión que pudiera haber
quedado entre sus oponentes de Alcalá, determinaron que el licencia-
do Gasea saliera a buscar nuevos horizontes dentro del mundo acadé-
mico de Salamanca, fuente por excelencia de la intelectualidad caste-
llana en aqucJ entonces (29); quizá no le falte razón al P. Beltrán de
Hcrcdia, erudito salmantino de nuestro siglo, cuando califica al li-
cenciado de "espíritu aventurero que había venido medio expulsado
(27) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 232-233. Véase también FUENTE ARRI-
MADAS, (3) Ir, p. 213-214; CUESTA GUTIERREZ, (18), p. 49; GARCIA SAN-
CI l[Z, (4), p. 10-11; y PEREZ, (25), p. 355.
(28) CALVETE DE ESTRCLLI\, (1 ), IV, p. 232.
(29) lbid., p. 233 . Apunta el croni~tá Calvete de fa,trella que, en primera intención, el
liccnciJdo del Barco detcrntinó que ~u sobrin,, fuera a estudiar la disciplina jurí-
dirn en ltJlia -seguramente en Bolonia-, pl'ru a causa de las guerras en que es-
taba envuelta la región septentrional de la Península itálica, se resolvió enviar-
lo a Salam~mca.
23
de Akalá "(30). En compañía de su hermano Diego, se sentó en la mag-
nífica ciudad del Tormes hacia enero de 1522 (31).
3. UN PERSONAJE DENTRO DEL MUNDO ACADEMICO
SALMANTINO
Veintinueve años de edad tenía el maestro Pedro de la Gasea,
apellidado a veces también Gonzci1cz o García de la Casca, cuando
empezó a cursar estudios en las facultades de Leyes y C-1nones de la
Universidad salmantina. Apunta su biógrafo Calvete de Estrella que
estuvo alojado durante un tiempo en el monasterio de 1a Trinidad, ex-
tramuros de la ciudad, hasta que una crecida del río Tormcs inundó di-
cho edificio y lo obligó a establecer nueva morada en el convento de
San Esteban, residencia de padres dominicos, bastante más cerca de
las aulas universitarias (32). La manuntención de este estud iante\ así
como la de su hermano menor, corrían a cargo del generoso licenciado
del Barco, administrador del patrimonio que hc1bía quedado tras la
muerte de Juan Jíméncz de Avila .
El ingenio de Gasea para ubicarse en unc1 posición expectante en
todo lugar donde se hallMc, tuvo igualmente manifestación en el mun-
do académico salmantino; un mundo no cxt'nto d"c rencillas, con grupos
de poder que pugnaban por asumir el lídcr1..1zgo dentro de ese in fluyen-
te foco de enseñanza. Trns u na problcméltica elección, nuestro persona-
je hubo de jurar el cargo de rector de la Universidad el dia de San Mar-
tín (11 de noviembre) de 1528 (]3). Algún estudioso moderno ha sugeri-
do que las dificultades que rodearon ese acontecimiento partieron de
la tenacidad del rector saliente, Carlos de Arcllano, por imponer la
candidatura de Casca, y corno quiera que aquél cncontr6 opiniones dis-
cordantes dentro de la asamblea de electores, resolvió ccscu a varios
(30) BELTRAN DE HEREDIA, (26), IJI, p. 253.
(31) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 233.
(32) lbid, loe. cit.; FUENTE ARRIMADAS, (3), II, p. 214.
(33) RODRIGUEZ CRUZ, Agueda María, O.P., El oficio de rector en la Universidad
de Salamanca y en las universidades hjspanoamcricanas (S;Jlamanca: Universi-
dad de Salamanca, 1979), p. 42, 73.
24
de los claustrc1lcs con el fin de rl'alizar su propósito (.'14) _ Esta ilícita
maniobra originó --como era de suponer-- encendidas quejas que llega-
ron hasta los oídos de las autoridades de la Corte, de manera que el
Consejo Real acordó el nombramiento de dos visitadores, extendiéndo-
les comisión para poner orden y dictar nuevos estatutos en el Estudio
general salmantino (33).
Conforme se lee en las actas de los claustros cclebrncfos por aquc··
11os meses, el mae~tro Gasea presidió el funcionamiento de la Urliver-
sidad desde e1 7 de diciembre de 1528 hasta el 6 de abril de 1529, por
lo menos (36). Durc1nte este período se inició la bbor de los visitadores
don Pedro Pacheco, deán de Santiagc.\ y el licenciado ~'lcjfr1, canónigo
de Toledo, los cuales empezaron por iWcriguar la ri.1Íz de los enfrenta-
mientos intestinos (37). Parece que los comision¡1dos regios ordl'naron,
sin .mayor dilación, la salida del conflicti vo rector. Esto se Lksprcndc
de las deliberaciones efectuadas en el cL:rnstro del ·¡ 3 de marzo, en que
se determinó ·enviar a la Corte a Fray Fnrncisco de Vitorii.1 y otros
representantes de cuerpo docente, con el objeto de que suplicaran res-
pecto a la orden de "destierro que ha zc al señor retor por los se11ores
vesy tad ores" (31:1).
Sin cmbm-go, lc1 apebción no pudo evitar que el 25 de abril de
1529 se c1igicra rara el puesto rectoral a un nuevo [Link], Fr.1ncis-
co Z,:1pél t,1, y en esa misma fcchzi se dejó esta tui do -haciendo t.·tl vez
(34) Hipótesis formulada por Fernando Espinosa que se recoge en GARCIA SAN-
CHEZ, (4), p. 12.
(35) Cf. BELTRAN DE I-IEREDJA, (26), III, p. 253, y FUERTES HERREROS, José
Luis, ed., Estatutos de la Universidad de Salamanca, 1529 (Salamanca: Universi-
dad de Salamanca, 1984), p. 75 ss.
(36) A. U.S. Ms. 9, f. 94-103 (Libro de claustros, 1527-1530). Hemos consultado un ex-
tracto de las mencionadas actas, elaborado por Luis Carlos Carda-Figucrola Pa-
n iagua y Concha Pablos Laso, gracias a la amabilidad del profesor Manud fcr-
nándcz Al varez.
Véase también RODRIGUEZ CRUZ, (33), p. 73, n. 68.
(37) AU.S. Ms. 9, f. 94v. Ambos comisionados se p resentaron ante el cbu!-tro reu nido
el 13-1-1529, acredi tándose como visitadores de la Uni versidad en nombre d el
rey.
(38) [Link]., f. 100v.
25
alusión al impedimento reglamentario porque se había tachado a
Gasea-que en adelante no podría ser designado rector ni consiliario
sujeto alguno que fuese colegial o que gozara de prebenda, beneficio o
capellanía en la catedral o en cualquier otra iglesia (39), Tampoco re-
cibió Zapata el beneplácito de la mayoría _de la comunidad universi-
taria, de tal suert~ que el 11 de mayo siguiente debió resignar su pla-
za en favor del maestro Femán Pérez de Oliva, distinguido hombre
de letras del Renacimiento (40). Este último pertenecía -Jo mismo que
el efímero rector antecedente-- al conjunto de colegiales fundadores
del Colegio Mayor de Santiago el Cebedeo (vulgarmente llamado del
Arzobispo), que hacía escasos meses se había instalado merced al pa-
tronazgo del arzobispo toledano don Alonso de Fonseca. Quizá no sea
descabellado atribuir la crisis administrativa de 1528-29 en la Uni-
versidad de Salamanca a la desorientación producida por un cambio
en el eje de poder, que habría pasado del viejo Colegio de San Bartolo-
mé a la nüeva corporacion impulsada por el entonces primado de la
Iglesia española (41).
De todas formas, conviene replanteamos la pregunta: ¿por qué
fue expulsado Pedro de la Gasea de la rectoría salmantina? Desde el
punto de vista formal, no cabría achacarle la vedada condición de co-
legial o canónigo, pues las evidencias documentales demuestran que
no estuvo en posesión de ninguna de ambas dignidades antes de 1530.
Aunque conviene recordar el texto de una carta suscrita por el propio
arzobispo Fonseca, en junio de1529, donde advierte el cuidado que ha
de tenerse para que "no nos acaesca como con el maestro de la Gasea",
refiriéndose probablemente a la intención que tuvo el protagonista de
(39) lbid., f. 105, Cf. GARCIA SANCHEZ, (4), p. 12; RODRIGUEZ CRUZ, (33), p. 73,
n. 68; FUERTES HERREROS, (35), p. 75-76.
(40) A.U.S. Ms. 9, f. 113. En el claustro de la indicada fecha se emitieron algunos vo-
tos a favor del maestro de la Gasea, pese a la tacha que se había dictado contra
él.
(41) Cf. FERRER EZQUERRA, Luis e Higinio MISOL CARCIA, Catálogo de colegia-
les del Colegio Mayor de Santiago de Cebedeo, del Arzobispo, de Salamanca (Sa-
lamanca: Universidad de Salamanca, 1956); p. 144-145; FUERTES HERREROS,
(35), p. 75.
26
fonnar parte de la plantilla del nuevo Colegio Mayor, propósito del
cual hubo de abdicar a causa de su elección como rector (42).
Distanciado, pues, del mando universitario y de la nueva enti-
dad que se abría paso en el mundo académico salmantino, casi no le
quedó otro recurso al maestro que buscar su incorporación al tradicio-
nal Colegio Mayor de San Bartolomé, fundado a principios del siglo
XV. Comisionado por el plantel directivo de dicha institución, fue el
licenciado Juan Pérez de Pobladura quien se apersonó en marzo de
1530 a nuestros conocidos pueblos de Puente del Congosto, Navarrega-
dilla y Aldeanueva, en las montañas de Credos, con el fin de recabar
información de testigos sobre la persona y linaje del aspirante a co-
legial (43). En las deposiciones de las catorce personas que brindaron
declaración, se dejan apreciar las cualidades personales, la solvencia
económica y la "limpieza" de sangre de don Pedro de la Gasea; los
individuos consultados señalan que nunca lo han conocido fraile ni
casado, y estiman que los bienes en propiedad de su familia le sumi-
nistraban una renta anual de más de 500 fanegas de pan (44).
Satisfechos los requisitos necesarios, el antiguo rector tomó pose-
sión de una de las codiciadas plazas de colegial bartolomico en la ce-
remonia de inauguración de 1531, efectuada en la festividad de San
Lucas (18 de octubre) (45). En ese claustro, Jecho de fom1ación de los
más importantes políticos de la España del Renacimiento, coincidió
con el licenciado [Link] Tel10 de Sandoval, que más tarde sería vi-
sitador general de la Audiencia de México y presidente del Consejo
de Indias, y también fue colegial en su tiempo el licenciado Lope Car-
(42) Carta de don Alonso de Fonseca del arcediano Juan de Cañizares, fecha en Tole-
do el 6-Vl-1529, publ. en SENDIN CALABUIG, Manuel, El Colegio Mayor del
Arzobispo Fonseca en Salamanca (Salamanca: Universidad de Salamanca,
1977), apénd. XVII, p. 269.
(43) A.U.S. Ms. 2221, f. 364 ss.
(44) lbid., f. 375-378. Véanse especialmente las declaraciones de los testigos Juan Ló-
pez, Tomé Sánchez y Toribio Jiménez del Arroyo, vecinos de Aldcanueva. Díce-
se, además, que su hermana doña María Gasea recibió -presumiblemente en cali-
dad de dote- una porción de 120 fanegas de pan de renta.
(45) RUIZ DE VERGARA, (18), I, p. 322; CUESTA GUTIERREZ, (18), p. 49. Don Pe-
dro de la Gasea figura bajo el número 286 dentro del elenco cronológico de colegia-
les diseñado por Ruiz de Vergara.
27
cía de Castro, otro miembro del Consejo indiano, que se desempeñó va-
rios años después como presidente de la Audiencia de Lima (46). Pero
la estancia en el denominado Colegio Viejo marcó aún más personal-
mente la carrera del hombre público que nos interesa. Allí tomó con-
tacto con dos jóvenes familiares -categoría inferior a la del cole-
gial--, que estudiaban jurisprudencia en Salamanca: el licenciado An-
drés de Cianea y el licenciado Iñigo de Rcntcria, a quienes posterior-
mente escogió como oidores de la Audiencia limeña para que lo acom-
pañaran en su misión pacificadora del Perú (47).
El oficio de maestrescuela gozaba en la época quinientista de
gran prccnlincncia en los centros universitarios, pues estaba bajo su
responsabilidad la administración de justicia por el fuero escolástico
y la concesión de los grados mayores (licenciado, maestro, doctor) en
todas las fa cultades. Por ausencia del maestrescuela salmantino don
Francisco de Bobadilla y Mcndoza, le tocó a Gasea asumir los títulos
de vicescolástico y cancelario de la Universidad, en ejercicio de los
cuales figura en documentos labrados desde septiembre de 1532, cuan-
do menos, hasta fines de marzo del año siguiente (48). Entre los grados
más significativos que concedió, puede mencionarse la ceremonia rea-
lizada el 8 de diciembre de 1532 en la capilla catedralicia de Santa
Bárbara, donde impuso las insignias de maestro en Teología al ilustre
dominico fray Domingo de Soto, sirviendo en esta graduación como
padrino el maestro Vitoria (49). Parece que por cierto quebranto en su
salud o por algún otro impedimento, nuestro sujeto renunció las funcio-
nes de vicescolástico a favor del clérigo Juan Martínez de Silíceo, hu-
(46) Cf. CARABIAS TORRES, Ana Mnría, "Los colegiales mayores salmantinos en el
gobierno de !as Indias (siglo XVI)" en Res Gesta, no. 13 (Rosario, enero-junio
J 9f\3), p. 26, y RODRIGUEZ CRUZ, Agucda Marfo, O. P., "Alumnos de la Uni-
versidad de Salamanca en América", en La ética en la conquista de América (Ma-
dríd: Corpus [Link] de Pace, C.S.l.C., 1984), p. 508,519,539.
(47) RUIZ DE VERGAf{A, (18), I, p. 392. Véase también RODRIGUEZ CRUZ, (46) p.
507 y 516. Ambos familiares se incorporaron al Colegio Viejo alrededor de 1.526.
Existe constancia de que Cian ea se graduó de bachiller en la facultad de Leyes el
6-VIl-1527. A.U.S. Ms. 541, f. 138v. (Libro de pruebas de curso y bachilleramien-
tos, 1526-1527).
(48) A. U.S. Ms. 770, passi m (Libro de grados mayores, 1532-1534). Cf. CALVETE DE
ESTRELLA, (1), lV, p. 234, y CUESTA GUTIERREZ, 08), p. 49.
(49) A.U.S. Ms. 770, f. 71.
28
manista insigne, que andando los años recibiría la suprema dignidad
eclesiástica de arzobispo de Toledo (50).
Tan estrechamente vinculados se hallaban entonces los asuntos
intelectuales y religiosos, que no se puede apartar de su figuración en
los círculos académicos la participación de don Pedro de la Gasea en
el gobierno eclesiástico de Salamanca. Poseía una prebenda canonical
en la iglesia mayor de dicha ciudad, la cual parece que asumió el 9 de
febrero de1531, conforme se desprende de los registros documentales
del cabildo (51). Exactamente un año más tarde, luego de que hubiera
obtenido la beca de colegial de San Bartolorné, encontramos un acuer-
do capitular resolviendo dar licencia al canónigo "para que esté en el
Colegio fasta bíspera de Pasqua de flores", con la condición de que vis-
tiese su hábito clerical y guardase alojamiento decente (52); Permisos
similares se observan repetidamente en los meses sucesivos, como por
ejemplo uno otorgado el 13 de diciembre de 1532, que lo facultaba "pa-
ra que pueda estar en el Colegio de San Bartolomé, no es colegial, to-
da esta mayordomía, syn perjuyzio de los estatutos e costumbres de
la Yglesia" (53) Además es interesante agregar que en febrero del año
31 el maestro de la Gasea fue promovido a la dignidad de subdiácono,
la primera de las órdenes mayores (54).
La plaza capitular que hemos señalado la traspasó, el sábado
30 de agosto de 1533, en favor de su tío el licenciado del Barco, quien
vino entonces a transcurrir los años postreros de su vida como canónigo
salmantino (55). Con relación a este personaje, hay que refe1ir una im-
(50) Antes de resignar dcfinitivamc:nte el oficio, Gasea otorgó su poder el 14-l!I-1533
al maestro Silíceo p.:ira que lo reemplazara como cancelario en un examen de gra-
do, "por quanto él es ta va enfermo en la cania". !bid ., f. 39.
(51) A.C. Sal. Calendarios, mayordomía de 1531.
(52) A.C. Sal. Libro de registros del cabildo no. 26 (1522-1540), f. 549v.
(53) lbíd., f. 587. Pueden consultarse asimismo los f. 5521 572v y 642v.
(54) [Link]. Calendarios, m ayordomía de 1531.
(55) lbid., mayordomía de 1534; CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV . p. 234. Véase tnm -
bíén [Link] Libro de registros del cabildo no. 24 (1507-1537), f. 378, en que se re-
fiere la elección del licenciado del 8Jrco como procurador del cabildo salmanti-
no ante la Corte, en enero de 1538.
29
portante escritura que don Pedro había otorgado el 13 de noviembre
de 1528, haciendo donación de las legítimas correspondientes. a todos
los herederos de Juan Jiménez de Avila en beneficio del mentado tío
suyo (56); tal procedimiento apuntaba al objetivo de garantizar la in-
tegridad del patrimonio familiar.
Por añadidura, los biógrafos de Gasea anotan que desempeñó al-
gunos cargos más durante su estadía de tres lustros en Salamanca. Ma-
nifiestan que se recibió de licenciado en la facultad de Cánones y que
ofició de subcolector de la cámara apostólica, por nombramiento del
nuncio Juan Pogio (57)_ En 1533, teniendo noticia de su prudente ánimo y
capacidad de letrado, el arzobispo de Santiago de Compostela don
Juan Pardo de Tavera Je encomendó las funciones de juez metropolita-
no en la diócesis salmantina (58).
A ello debemos agregar su labor administrativa al frente del Co-
legio Mayor de San Bartolomé, donde ocupó el rectorado en el curso de
1533-34 y volvió a ser electo como rector para el curso de 1536-37, pero
se vio obligado a abandonar dicho empleo en marzo de 1537 al recibir
una nueva destinación eclcsié1stica fuera de la ciudad del Tormcs (59).
La prolongada experiencia salmantina moldeó, sin duda alguna, el
carácter del político castellano; a1lí profundizó su educación uni-
versitaria, codeándose con las figuras más brillantes del pensamiento
español de la época, ganó destreza en la práctica de la adminis-
tración judicial y ejerció diversas funciones de gobierno. Las Jcccioncs
aprendidas en la escuda jurídica de Salamanca, con su justificación
de la conquista de América a la vez que su respeto por la condición
(56) B.R.A.H. Col. Salazar y Castro, M-133, f. 182. Documento otorgado ante el
escribano Alonso Ruano, en Salamanca.
(57) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 234; SALILLAS, Rafael, El pacificador del
Perú (Madrid: Ateneo de Madrid, 1892), p. 16; FUENTE ARRIMADAS, (3), 11, P.
214.
(58) RUIZ DE VERGARA, (18), 1, p. 322; CUESTA GUTIERREZ, (18), p. 49; GARCIA
SANCHEZ, (4), p. 14.
(59) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 234; RUIZ DE VERGARA, (18), 11, p. 995;
GARCIA SANCHEZ, (4), p. 13.
30
humana del indio, iban a manifestarse luego durante su gestión como
pacificador del Perú (60).
Conforme hemos indicado arriba, su hermano el joven Diego de
la Gasea le sirvió de acompañante en ese contacto con el gran mundo
· académico. Durante su permanencia en la facultad de Leyes, Diego
dio muestras de ser un estudiante muy aprovechado. Tenemos cons-
tancia de que obtuvo el gtado de bachiller en agosto de 1526 (61), que
accedió a la licenciatura en septiembre de 1538 y fue investido con la
toga doctoral el 11 de abril de 1540 (62); siguiendo los pasos de su her-
mano mayor, ganó una beca de colegial de San Bartolomé y sirvió la
rectoría de este famoso Colegio Viejo en la mayor parte del curso de
154142 (63). No en vano escribía el licenciado Gasea, en una carta de
recomendación datada en junio de 1542, con respecto a su aplicado pa-
riente: "Ha veynte y un años que él y yo junctos empecamos a studiar
Leyes y Cánones, y sin haver hecho ausencia del estudio que llegasse
a un mes en todos estos años, ny devertídose en vi~ios ny descuydos con
que los studiantes a vezes suelen perder el tiempo, ha residido con ti-
nuamente en Salamanca" (64>. Más adelante habrá oportunidad de es-
pecificar los avances en la carrera pública. de dicho individuo, que re-
presentó constantemente una especie de sombra afortunada al lado de
don Pedro.
Si bien nuestro personaje, en mérito a sus propias luces, consiguió
abrirse terreno en los diferentes ámbitos por donde le tocó transitar du-
rante su larga existencia, no siempre cosechó reconocimientos de parte
de la gente que estaba cerca de él. Uno de los elementos que explota-
(60) O. HANKE, Lewis, La lucha española por la justicia en la conquista de
América_ tr. ge Luis Rodríguez Aranda, 2a. ed. (Madrid: Aguilar, 1%7), p. 258-
262, y PERENA, Luciano, "La escuela de Salamanca y la duda indiana", en la
ética en la conquista de América (Madrid: Corpus Hispanorum de Pace, C.5.1.C.,
1984), p. 306 SS.
(61) [Link].541,f.68v.
(62) A.U.S. Ms. m,f.112v. y154v. (Libro de grados mayores, 1538-1543).
(6.3) B.N.M. Ms. 7122, f. 115; RUIZ DE VERGARA, (18), II, p. 996.
(64) A.G.S. Estado, K-1629, f. 8. Carta de Gasea a don Francisco de ios Cobos, co-
mendador mayor de León, fecha en Valencia el 20-VI-1542.
31
ron sus adversarios para intentar hacer burla del licenciado fue su
apariencia física, que no correspondía precisamente con los ideales de
la esbeltez masculina. El famoso escritor mestizo Inca Garcilaso de la
Vega tuvo ocasión de conocerlo personalmente, en su niñez, cuando Gas-
ea fue recibido en el Cuzco después de la t:riunfal campaña contra Gon-
zalo Pizarra y sus secuaces; apunta dicho autor que "era muy pequeño
de cuerpo, con extraña hechura, que de la cintura abajo tenía tanto
cuerpo como cualquiera hombre alto y de la cintura al hombro no te-
nía una tercia. Andando a caballo parecía aún más pequeño de lo que
era, porque todo era piernas; de rostro era feo"(65) ... Pero -añadirnos
nosotros- estaba dotado de una lucidez mental resistente a toda prue-
ba.
4. VICARIO DEL ARZOBISPO DE TOLEDO
Desconocemos, por desgracia, la mayor parte de la cronología re-
la tiva a los diferentes grados de la carrera religiosa que siguió el li-
cenciado Gasea antes de recibir la ordenación de sacerdote. Con todo,
es importante señalar el nombramiento que obtuvo en 1537 como vica-
rio de Alcalá de Henares, encargándose]e la jurisdicción eclesiástica
de dicha villa en representación del arzobispo de Toledo, cardenal
Pardo de Ta vera (66). Este prelado constituía una personalidad de pri-
mer orden en la España de aquel tiempo, pues no solamente estaba en
cabeza de la Iglesia, sino que también ejercía la presidencia del Con-
sejo Real de Castilla es decir, del más importante órgano consultivo-
administrativo con que contaba la monarquía bajo los Austrias (67).
Relatan las crónicas que la primera tarea que cumplió el vicario
complutense fue la toma de residencia a su antecesor en el cargo, una
costumbre novedosa en la vida de ese lugar. Posteriormente se le asig-
nó la misión de residenciar al vicario general de la arquidiócesis de
Toledo y a los oficiales de su audiencia metropolitana, trabajo en el
(65) GARCIL\SO DE LA VEGA, Inca, Historia general del Perú, lib. V, cap. 2, en sus
Obras completas, cd. y estudio preliminar de Carmelo Sácnz de Santa María,
S.J., IlI (Madrid: EclidonesAtlas, 1960), p.313.
(66) RUIZ DE VERGARJ\, (18t I, p. 322.
(67) Cf. SALAZAR Y MENDOZA, Pedro de, Chrónico de el cardenal don Juan Tauera
(Toledo: Pedro Rod ríguez, 1603), p. 74-75.
32
cual afirmase que permaneció ocupado cerca de un año; durante este
lapso habría ejercido a la vez de vicario ordinario en Toledo (6S). En
nuestra pesquisa realizada entre las actas de sesiones capitulares que
conserva hasta hoy en día la catedral toledana, hemos comprobado
que fue el 2 de enero de 1538 (un miércoles, para más señas) la fecha
en que se presentó Gasea ante los miembros del cabildo, solicitando se
diera obediencia a las provisiones que llevaba firmadas del cardenal
Tavera (69). No han quedado, empero, otros testimonios para exami-
nar el curso de aquel proceso judiciario.
Una vez terminadas sus actividades de juez residenciador, el clé-
rigo volvió a la villa de Alcalá, donde había dejado como teniente
de] vicario al licenciado Francisco Martínez (70). Con su ejercicio del
cargo vicarial concluye la primera época de la actuación pública de
don Pedro de la Gasea, una fase de aprendizaje y tanteo, en que ad-
quieren forma las líneas esenciales que iban a caracterizar su obra po-
lítica de los años decisivos. Desde una óptica jurídico-institucional,
lo que marca los confines de esta etapa primigenia es su limitación a
responsabilidades de ámbito regional e inclusive particular; todavía
no conocía la injerencia en negocios públicos que pudieran afectar a los
intereses de todo el Imperio español, cosa que le tocó experimentar a
partir del año clave de 1541.
Como acotación marginal, es pertinente apuntar en este sitio que
durante la estadía de nuestro sujeto en América se difundió el rumor
de que había participado en el castigo de la rebelde ciudad de Gante,
distinguiéndose como hombre mañoso y cruel (71) . "Por hacerme odio-
so, han publicado Gonzalo Pizarra y lo suyos que en Gante y Valencia
ajusticié mucho número de hombres, ansí eclesiásticos como seglares",
(68) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 234; CUESTA GUTIERREZ, (18), p. 49.
Véase también SALAZAR Y MENDOZA, (67), p. 83.
(69) AC Tol. Libro de actos capitulares no. 6 (1537-1544), f. 51 v.
(70) CALVETE DE ESTRELLA, (l), IV, p. 234.
(71) "Dice vuestra señoría que el de la Gasea está en Túmbez. Piensa entrarnos con
mañas, como en Canté con los flamencos; · trailo mal pensado, que acá se las
entenderán", escribe: Artarazona (¿será I3artolomé de Tarazana, vecino de
Huánuco?) en carta a Gonzalo Pizarro, fecha en Huánuco el 8-V-·1 547. PEREZ DE
TUDELA, (3), JI, p. 53.
3".)
asienta el licenciado en un comentario añadido a cierta carta que le es-
cribió el maestre de campo pizarrista Francisco de Carvajal (72). El
acontecimiento que hemos aludido tuvo lu~;ar en el primer semestre de
1540, luego de que los pobladores de Gante -la patria de Carlos V-
se declararon en rebeldía a abonar unos impuestos al monarca, llegan-
do inclusive a plantearse una eventual alianza con el rey de Francia
para quedar libres del dominio carolino. Indignado por esta subleva-
ción, el propio Emperador se encaminó con sus tropas a la poblacion
flamenca, donde se realizaron detenciones, tormentos y ejecuciones en
masa, creándose un verdadero ambiente de telifor (73).
Sin embargo, no aparece confirmación de que Gasea haya inter-
venido en tal empresa, ni en testimonios documentales de la época, ni
en los relatos de sus biógrafos. Sólo fue una maniobra urdida por sus
enemigos a fin de desprestigiar al representante de la Corona,pues lo
cierto es que antes de llevar a cabo su misión indiana nunca traspasó
los límites de la península ibérica (74).
(72) Ibid., I, p. 374~n. 6. La carta referida, del m aestre de campo Carvajal, está fecha
en el Cuzco el 29-Xll-1547.
(73) Cf. FERNANDEZ ALV AREZ, Manuel, La España del [Link] Cados V, 2a.
ed. (Madrid: Espasa-Calpe, 1979), p . 633 y 636-637.
· (74) FERNANDEZ, Diego, Historia del Perú, l a. parte, lib. II, cap. 32. en Crónicas
del Perú, estudio preliminar y ed. de Juan Pérez de Tudda Bueso, I (Madrid: Edi-
cíones Atlas, 1963), p. 152. ·
34
CAPITULO 11
MINISTRO DE LA INQUISICION Y VISITADOR
EN EL REINO DE VALENCIA
Podemos distinguir como segunda etapa en la carrera de hombre
público llevada a cabo por don Pedro de la Gasea, aquélla que corres-
ponde a su incorporación en el mundo cortesano, con la responsabili-
dad de administrar negocios que concernían a la vida del Imperio his-
pánico entero. Su entrada en esos altos círculos tuvo lugar por la vía
eclesiástica, gracias al llamado del cardenal Tavera, por entonces
máximo jerarca de los asuntos tanto espirituales como mundanos,
quien le proveyó de una plaza en el Consejo de la Inquisición. Junto con
los demás miembros de este organismo, debía encargarse de fomentar
la difusión y el asentamiento de la doctrina católica, persiguiendo a
las sectas heréticas con el fin de asegurar la limpieza en la sangre y
en el alma de todos los vasallos del rey español.
En una circunstancia que es difícil de penetrar, sin embargo, .se
produce una alteración en cuanto a la esfera burocrática dentro de la
cual estaba inscrito el sacerdote castellano; es un cambio que tiene que
ver con su nueva vinculación al comendador mayor de León, el influ-
yente don Francisco de los Cobos, que encabezaba la facción cortesana
opuesta justamente al partido de Tavera. Se produce entonces su pri-
mera labor propiamente política, al recibir la comisión de hacer una
visita general a los oficiales de la Corona en el reino de Valencia. Di-
cho cambio de actividad, pasando de lo eclesiástico a lo civil, se ma-
nifiesta simbólicamente por la necesidad de contar con un breve espe-
cial del Papa, en que autorizara al clérigo a intervenir en problemas
que normalmente eran ajenos a la gente de su hábito. El nombramiento
de visitador en Valencia significó para el licenciado Gasea una nove-
37
dad en muchos aspectos: nuevo ambiente geográfico, nuevo carácter
humano, nueva lengua, nuevas instituciones y nuevos retos a enfren-
tar, que t('mplaron las condiciones de su espíritu, a la vez que amplia-·
ron su experiencia de hombre público.
Gracias a las virtudes que adornaban su personlidad, el comi-
sionado consiguió hacerse una figura muy respetada dentro de la socie-
dad valenciana. Y como Jctrado que había bebido en las fuentes teó-
ricas del Estado moderno, defendió firmemente los intereses de la
. Corona. Mantuvo un planteamiento duro respecto al trato que debía
concederse a los moriscos, demostró aptitud para la conducción mili-
tar (o, al menos, para infundir ánimo en los hombres de guerra), sostu-
vo permanente comunicación con las autoridades de la administración
central -sobre todo con su protector Cobos-, veló en toda circunstan-
cia por el incremento de las rentas fiscales, castigó (y, cuando no pu-
do, trató de castigar) severamente a los funcionarios que no obedecían
con rectitud las instrucciones de su oficio. En suma, se esforzó porque
prevalecieran las regalías propias del soberano, haciéndolas situar-
se encima de los intereses de la aristocracia local y del provecho indi-
vidual de los burócratas. Así, comprendía, resultaba favorecido el
bienestar de la colectividad entera.
Las funciones que debía realizar el personaje en Valencia no le
asignaban, en verdad, capacidad administrativa. Pero su labor fisca-
lizadora durante tres años intensos, averiguando el manejo de los em-
picados públicos pertenecientes a los diferentes ramos de la burocra-
cia, lo llenó de una extrordinaria sapiencia en casi todos los ámbitos
de la gobernación. El juez residcnciador tuvo conocimiento sobre el ma-
nejo de las finanzas, sobre fabricación de moneda, sobre administra-
ción de las más diversas causas judiciales, sobre el funcionamiento de
la Audiencia (órgano de consulta y resolución), sobre clccci6n de perso-
nal burocrático, cte.; de igual modo, fue importante su contacto con la
estructura social regnícola, que le enseñó la trascendencia de saber
respetar y pactar --cuando fuere necesario- con los poderosos de la
tierra. Así se forjó el temperamento de un político hábil para la nego-
ciación, leal defensor de los derechos estatales.
Por obra de la prudencia que exhibió a lo largo de su bestión, el
visitador Gasea se constituyó en hombre de mucha confianza para el
monarca. Y cuando tuvo Jugar una alteración tan grave como el levan-
38
tamiento de los colonos pcmleros, las cualidades del clérigo instruido
en Salamanca parecieron ser a propósito para asumir una responsabi-
lidad de gran envergadura: la pacificación de aquella colonia.
l. SU INCORPORACION A LA CORTE: EN EL CONSEJO DE
LA INQUISICION
A finales de 1539 los deberes de Carlos V corno supremo monarca
de la cristiandad lo obligaron a abandonar una vez más sus dominios
de CastilJa: urgía la presencia del Emperador para sofocar el alza-
miento de su nativa ciudad de Gante, para presidir una Dicta de los
Estados germanos y para tratar de acometer la conquista de la inex-
pugnable plaza de Argel O>. Debido a ]a reciente desaparición de su
mujer ]a emperatriz Isabel, eficaz colaboradora en las tareas de go-
bierno, y porque el príncipe Felipe era todavía un muchacho de corta
edad, se vio ante la necesidad de encargar los asuntos de la goberna-
ción castel1ana a una persona que contara con suficiente experiencia
en problemas de Estado. El hombre escogido fue el cardenal don Juan
Tavera, arzobispo primado de Toledo, quien aquel año había dejado
la presidencia del Consejo Real, donde estuvo una década y media; pe-
ro, en cambio, recibió Ja designación de inquisidor general (o presiden-
te del Consejo de la Inquisición), que le permitía conservar su poder
dentro de los círculos cortesanos (2) .
La vacancia de una de las plazas del Consejo inquisitorial dio
origen, el 28 de noviembre de 1540, al despacho de una provisión fir-
mada por Tavera en virtud de la cual se nombraba consiliario u oidor
al licenciado Pedro de la Gasea (3) . De este modo nuestro personaje,
que c~ 10 vicario hab~a hecho méritos para ganarse el valimcnto del
poderoso cardenal, se mcorporaba a una de las ruedas que daban fun-
cionamiento a la máquina administrativa "polisinodial" de ]a mo-
(1) Cf. FERNANDEZ ALVAREZ, Manucl Carlos V, un hombre para Europa (Ma-
drid: ediciones Cultura Hispánica, 1976), p.136ss.
(2) SALAZAR Y MENOOZA, Pedro de, Chrónico de el cardenal don Juan Tauera (To-
ledo: Pedro Rodríguez, 1603), p. 216-217, 223-225.
(3) PEREZ DE TUDEL/\ BUESO, Juan, cd., Documentos relativos a don Pedro de la
Gasea y a Gonzalo Pizarro (Madrid: Real Academia de la Historia, 1964), ), p.
48.
39
narquía española. Gasea fue recibido en el Consejo el 17 de enero de
1541, fecha a partir de la que comenzó a tener vigencia su salario
anual de 150.000 maravedís (4). Esta misma paga correspondía a los
demás consiliarios que formaban parte de dicho organismo: el decano,
licenciado Hortún Ibáñez de Aguirre; el obispo de Badajoz, don Jeróni-
mo Suárez; y un antiguo rector de la Universidad salmantina, don
Francisco de Navarra, que acababa de ser electo obispo de Ciudad Ro-
drigo (5). . .
· En aquella época estaba constituida la Corte por un conjunto de
personas cercanas al monarca -los servidores de su casa, los soldados
de su guardia, los ministros de su gobierno- que lo seguían a través de
sus desplazamientos por el territorio de la Península. · A falta de la
suprema figura del rey o de un individuo que lo sustituyera con propie-
dad, el ambiente cortesano durante el reinado de Carlos V fue escena-
rio de disputas más o menos veladas entre facciones que luchaban por
imponer sus respectivos intereses. Tal fue el clima social que experi-
mentó el licenciado Gasea tras su establecimiento en Madrid, sede
transitoria de la administración peninsular en el año en que el clérigo
se incorporó al manejo de los asuntos más graves del reino (6).
La institución inquisitorial tenía asignado el deber de velar por
la conservación y propagación de la doctrina cristiana en todas las
partes hasta donde llegare el dominio del rey de España. Su campo
tradicional de acción estaba orientado hacia las "malas razas" ·de ju-
díos y moros que vivían al lado de los cristianos viejos, oponiéndose a
(4) A.H.N. Inquisición, lib. 247, f. 175. R.C sobre libramiento de salarios y ayudas
de costa a los funcionarios del Consejo de la Inquisición, dada en Madrid el 26-(-
1541. Véase también PEREZ DE TUDELA, 3), I, p. 48-49.
(5) A.H.N. Inquisición, lib. 246, f. 162. R.C. dada en Madrid ~l 11-11-1542. Cf. CAL-
VETE DE ESTRELLA, Juan Cristóbal, Rebelión de Pizarro en el Perú y vida de
don Pedro Gasea, en Crónicas del Perú, estudio preliminar y ed. de Juan Pércz de
Tudela Bucso, IV (Madrid: Ediciones Atlas, 1964), p. 235; MARTINEZ MI-
LLJ\N, José y fore~a SANCH[Z RIVILLJ\, "El Consejo de la Inquisición, 1843-
1700", en Hispania Sacra, XXXVI, no. 73 (Madrid, 1984), p. 119.
(6) El propio emperador advirtió alguna vez a su hijo respecto de la existencia de
dos partidos que rivalizaban en la Corte, encabezados por el cardenal Tavera y
el comendador mayor Cobos. FERNANDEZ ALVAREZ, Manuel [Link]ña del
emperador Carlos V, 2a. ed. (Madrid: Fspasa:Calpe, 1979), p. 696. ·
40
su evangelización, y a ello había venido a agregarse la moderna co-
rriente reformista que estaba difundiéndose por Europa, contraria a
la ortodoxia católica romana m. En la coyuntura concreta en que . nos
situamos, uno de los temas que preocupaban más al Consejo de la Inqui-
sición era cierto proceso que habían remitido en consulta los magis-
trados del Santo Oficio de Valencia, en relación con unas ceremonias
y ayunos anticristianos y con el azotamiento del Crucifijo que había
efectuado un grupo de hombres y mujeres de sangre hebraica. Por las
actas que llevaban los secretarios del Consejo, sabemos la identidad
de los reos acusados de esos delitos: eran Joan, Leonor y María
Nateran¡ Pere y Brianda Gaccnt, Castellana Monreal y Angela Man-
rana <8>.
Lo que hacía más complicada la resolución de ese juicio era la
variedad en las deposiciones de los numerosos testigos, así como la in-
constancia de los procesados, quienes se retractaron de las confesiones
que primero habían hecho acerca de su propia culpa y de las certifica-
ciones que habían expresado respecto a la conducta de otros. Para que
entendiera juntamente con los inquisidores valencianos en desem-
brollar el negocio, las autoridades del Consejo dieron nombramiento
de asesor en octubre de 1540 al doctor Acebes, canónigo de Burgos, y
después, en julio del año siguiente, extendieron la misma comisión al
doctor Femando de Loazcs, inquisidor de Barcelona (9). A este último
se le dieron, además, unos papeles con observaciones acordadas en la
Corte luego de haberse examinado los autos del proceso (10>. Sin em-
bargo, ninguno de ambos emisarios acertó a echar luz para aclarar el
dilema, "y así se volvieron sin hacer efecto alguno y cosa que de fruto
fuese", conforme relata el cronista Calvete de Estrena on.
(7) KAMEN, Henry La Inquisición española, tr. de Enrique de Obregón (Barcelona:
Ediciones Grija1bo, 1%7), p. 79 ss.; LEA, Henry Charles, Historia de la Inqui-
sición española, ed. y prólogos de Angel Alcalá (Madrid: Fundación Univer-
sitaria Española, 1983), I, lib. 1, y lll, lib. VIII.
(8) A.H.N. Inquisición, lib. 322, f. 316. a. CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 235.
(9) A.H.N. Inquisición, lib. 322, f. 295 y 314v.
00) Ibid., f. 316-318. Memoria de las diligencias que se han de hacer en los procesos
de la Inquisición de Valencia, memoria de las cosas que resultan de los procesos
de Valenciá y memoria de lo que se ha notado en los procesos de Va1encia.
(11) CALVETE DE ESTRELLA, (5), N, p. 235.
41
En consecuencia, por octubre de 1541, se tomó la determinación de
enviar al reino levantino a dos de )os ministros del Consejo de la In-
quisición, don Francisco de Navarra y don Pedro de la Gasea, viejos
compañeros de la mocedad estudiantil. Ellos recibieron el encargo de
investigar a fondo el asunto y permanecer en Valencia hasta dar por
concluido el proceso (12).
Hurgando en la vida interior del protagonista de nuestro estu-
dio, hay que tener en cuenta la decisiva significación ae aquella mu-
danza al reino de Valencia. Episodio decisivo porq,- representa un
cambio de ambiente geográfico con respecto al que ~staba habituado
en la meseta castellana (donde habían transcurrido sus 48 años de
existencia); su permanencia cerca del Mediterráneo le dio a conocer el
mar -pues "hasta oy nunca entré en la mar ny aun la vy sino después
que a esta ciudad vine", según escribe en una carta reveladora 03)_ y
las características de gente ligada a actividades como la navegación,
el comercio, la pesca, etc. Fue importante asimismo su contacto co-
tidiano con la población valenciana, es decir, con hombres que ha-
blaban una lengua distinta, que tenían un modo de ser relativamente
abierto y que se regían por un aparato institucional autóctono, típico
caso en los países sujetos a la Corona de Aragón. Todo ello le hacía
sentir a Gasea que estaba "en tierra stranger-a": sentimiento que evi-
dencia la pluralidad de naciones que componían el Imperio hispánico
(14).
Acerca del empeño que desplegó el prudente licenciado en averi-
guar la verdad tocante al proceso inquisitorial que se le había enco-
mendado, contamos con el testimonio de su biógrafo Calvete de Estre-
lla. Refiere que estudió minuciosamente el orden en que se habían efec-
tuado las declaraciones de testigos, las circunstancias que pudieron
(12) Gasea aparece firmando documentos del Consejo por última vez el l~X.1541, en
Madrid. A.H.N. Inquisición, lib. 322, f. 327. Cf. GARCIA CARCEL, Ricardo,
Herejía y sociedad en el siglo XVI. la inquisición en Valencia, 1530-1609
(Barcelona: Ediciones Península, 1980), p. 17.
(13) A.G.S. Estado, 297, f. 257. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el [Link]-1545. Se transaibe en los Anexos documentales, VII.
(14) GARCIA MARTINEZ, Scbastián, Valencia y la Casa de Austria (Valencia:
Anubar Ediciones, 1977), p. 3-4. Véase la carta de Gasea a d9n Francisco de los
Cobos, fecha en Valencia el 28-IV-1545, en A.G.S. Estado, 297, f. 120.
42
haber impc1ido a cada persona a cometer un delito y las causas debi-
do a las cuales pudieron originarse las contradicciones de los manifes-
tantes. En virtud de este paciente trabajo, que le ocupó durante un año
y medio, consiguió llegar al meollo del problema, señalando con fir-
meza su opinión sobre los individuos que debían ser condenados opues-
tos en libertad 05).
En 1542 tuvieron lugar en Monzón unas Cortes generales de los
dominios aragoneses, donde se reunieron diputados de los estamentos
sociales de Aragón, Cataluña y Valencia. Esta congregación se reali-
zó bajo ]a presidencia de Carlos V, quien al término de las sesiones
marchó hacia 1a capital valenciana con el objeto de que los súbditos
de esta comarca rindieran juramento de fidelidad a su hijo Felipe, el
heredero de la Corona. Cuéntase que en dicha oportunidad el mon(lr-
ca sostuvo una entrevista con el consejero Pedro de la Gasea, pues le in-
teresaba tornar noticia de su trabajo como ministro de la Jnquisición,
''y gustó tanto de oírlo el Emperador que ... estuvo desde la una hora
después de mediodía hasta ya bien tarde escuchando y preguntando
sobre cada cosa, queriendo entender muy de raíz todo lo que pasara, co-
mo príncipe tan celoso que era de las cosas de la religión " 06). Así pin-
ta ese encuentro -con tono, como siempre, laudatorio- el cronista
Calvete de Estrella, única fuente disponible para bastantes partes os-
curas de la biografía gasquiana.
En una carta fechada el 11 de marzo de 1543, nuestro personaje
advierte a la Corte que los procesos relativos al Santo Oficio estaban
ya conclusos y se hallaban entonces sometidos a revisión por una junta
intcgrnda de una veintena de juristas y teólogos, antes de ser remi-
tidos para su examen final al Consejo de la Inquisición 07). Una vez
terminada la averiguación, el prelado mirobrigense don Francisco de
Navarra retornó a sus foborcs normales de consiliario 08), mientras
J
- - --- - - -
(15) CALVETE DE ESTRELLA, (5), N, p. 235-236.
(16) lbid., p. 236.
(17) A.G.S. Estado, 287, f. 271.
(18) CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 235-236. Consta que el obispo de Ciudad
Rodrigo se quedó en la región levantina hasta noviembre de 1543, a lo menos,
pues tomó parte en esa fecha en una consulta sobre desarme de los moriscos.
A.E.S. Estado, 287, f. 257.-Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 5-XI-1543
43
que Gasea permaneció en el reino de Valencia, comisionado para una
obra política de seria responsabilidad, que analizaremos en las pági-
nas siguientes.
No cabe duda de que la pesquisa llevada a cabo por el clérigo en
la cuestión de los judíos valencianos mereció aprobación en casi todas
partes, tanto en la Corte como en el propio Levante, donde se quedó
por espacio de cuatro años. Esto se deduce de la vinculación que mantu-
vo durante su ausencia con los magistrados del Consejo inquisitorial,
sus colegas, intercambiando noticias e impresiones encaminadas a una
mayor eficiencia en la misión del Santo Oficio 09). Conviene indicar
que el licenciado Gasea no dejó de figurar en ese tiempo dentro de la
nómina de funcionarios cortesanos, percibiendo el mismo salario (ya
anolado) que los demás oidores del Consejo, no embargante que estaba
alejado del supremo tribunal (20).
2. SOBRE ADOCTRINAMIENTO Y SUJECION DE LOS
MORISCOS DE VALENCIA
Entre los problemas socio-religiosos que debió enfrentar don
Pedro de la Gasea durante su estadía en Valencia, ocupa un lugar
fundamental la cuestión de los moriscos; lo que estaba en tela de juicio
era qué medios debían emplearse para garantizar una auténtica evan-
gelización de la gente mudéjar y para asegurar su permanencia en la
tierra, pues se consideraba la fuerza de trabajo de los moriscos como
un elemento decisivo en la actividad económica de la región levanti-
na (21). En este problema desempeñaban un rol importante los señores
feudales, ya que la mayor parte de cristianos nuevos eran labradores
que vivían sujetos al dominio de algún terrateniente, y a los aristócra-
tas poco les interesaba la adscripción religiosa de sus vasallos, .con
(19) Si bien únicamente por referencias, se conocen las cartas que Gasea remitió al
Consejo en 8-VIIl-1543, 21-VIll-1543, 21-Vll-1544 y 10..V-1545. Misivas que los
consejeros enviaron al licenciado se pueden hallar en A.H.N. Inquisición, lib.
322, f. 327v, 349v, 366v, 380v y 387v.
(20) A.H.N. Inquisición, lib. 246, f. 169, 178, 185 y 189v. RR. CC. sobre libramiento de
salarios correspondientes a 1543, 1544, 1545 y 1546, respectivamente.
(21) Cf. DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio y Bcrnard VINCENT, Historia de los
moriscos; vida y tragedia de una minoría (Madrid: Revista de Occidente, 1978),
p. 96-97.
44
tal de qtJe siguieran ofreciéndoles sus rentas de acuerdo a la usanza
medieval. Así, en 1528 los representantes del estamento señorial con-
siguieron que las Cortes se pronunciaran a favor del mantenimiento de
··1a jurisdicción criminal de los terratenientes sobre sus siervos nueva-
mente convertidos, de la misma manera que cuando profesaban el ide-
ario de Mahoma (22). . . ·
La constante incursión de piratas musulmanes provenientes del
Norte de Africa, junto con la amenaza de un ataque por parte de las
fuerzas navales del Imperio otomano, vinieron a añadir ingredientes
de tipo más pragmático en la cuestión morisca. Lo que debía evitarse
era quelos hombres mudéjares se dejaran seducir por la tentación de
abandonar las costas de la Península con el fin de desarrollar vida is-
lámica en libertad. Es por este motivo que en 1541 se dictaron medi-
das enderezadas a limitar el trato de los moriscos con gente foránea,
prohibiendo la entrada en el reino de Valencia a pobladores conver-
sos de otros lugares de España y disponiendo que los cristianos nuevos
· no podrían cambiar de domicilio sin poseer l!cencia de la autoridad
de su respectiva jurisdicción. Igualmente, se expidió una real pragmá-
tica vedando el uso de arcabuces, escopetas y ballestas a dicho sector
de la población (23).
Tal era el panorama que encontró el licenciado Gasea al instalar-
se en el litoral mediterráneo~ Ante las alarmantes noticias que se di-
fundieron luego sobre la venida de los barcos de guerra capitaneados
por Barbarroja, rey de Argel, el consejero de la Inquisición mantuvo
una firme postura,publicando la conveniencia de despojar de sus ar-
mas a todos los moriscos radicados en Levante. Esta maniobra, adver- ·.
tía, serviría al propósito de afirmar "la seguridad del reyno y .a qui- ·
tar.a ellos y a los rnoros que vienen de Bervería de poder andar cati- ·.
vando cristianos por toda esta tierra y de poder hinchir. a Affrica de .
(22) GAROÁ SANCHEZ, Amable, Don Pedro de la Ga~a; estudio . biográfico
(Salamanca: Imprenta Núñe-z, 1965), p. 15; .GARCIA MARTINEZ. (14), p. 6--7;
GARCIA CARCEL, (12), p. 28. .
(23) HALPERIN OONGHI, Tulio, "Un conflicto nacional: moriscos y cristianos viejos
en Valencia", en Cuadernos de Historia de España, XXIII-XXIV (Buenos Aires,
1955), p. 58; GARCIA CARCEL; (12), · p. 30 y · 33. Tales medidas restrictivas .
volvieron a enunciarse en una real pragmática de 12-IX-1544. ·
45
'armas" (24). Entendía el dérigo que dicha acción de fuerza podría lle-
varse a cabo con el concurso de los soldados que se encontraban estacio-
nados en la frontera de Perpiñán, adonde habían sido destacados con
el objetivo de hacer frente a una presunta agresión francesa, y además
-según Ja operación ideal que planeaba don Pedro- debería exigirse
la colaboración de los principales señores de moriscos valencianos,
empezando por el duque de Scgorbc, el duque de Gandía, el conde de
Oliva y don Pedro Maza, gobernador de Orihucla (25).
Poseemos referencias acerca de una consulta de alto nivel que tu-
vo lugar hacia noviembre de 1543, con miras a sondear la opinión de
los más importantes funcionarios de Valencia con respecto a la situa-
ción de los moriscos. El virrey y capitán general, que era don Fernando
de Aragón, duque de Calabria, solicitÓ. el parecer del visitador Gas-
ea; de su compañero de misión inquisitorial, el obispo de Ciudad
Rodrigo; de don Antonio Ramírcz de Haro, obispo de Segovia, quien
oficiaba de comisario apostólico para fomentar la conversión de los
mudéjares; y del regente de la Audiencia valenciana, micer Piqucr.
Solamente el primero de los nombrados manifestó su convicción de que
era urgente proceder al desarme de los moriscos, mientras que los de-
más personajes dieron a entender que aqw~lla no era la circunstancia
más propicia para intentar una acción tan ricsgosa (26).
(24) A.G.S. Estado, 287, f. 243. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 26-X-1543. De manera personal, Cobos expresó su aprobación a la
propuesta del visitador en carta fecha en Salamanca el 8-Xl-1543, dirigida a
Gasea. lbid., f. 242.
(25) lbid., f. 257. Carta, ya citada, de 5-Xl-1543. Véase también la comunicación de
Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en Valencia el 7-11-1545, en A.G.S.
Estado, 297, f. 60.
(26) Carta de Felipe II a Carlos V, fecha en Valladolid el 4-11-1544, publ. en
FERNANDEZ ALVAREZ, Manuel, ed., Corpus documental de Carlos V, II
(Salamanca: Universidad de Salamanca, 1975), p. 195.
El duque de Calabria, miembro de la estirpe real aragonesa, era hijo de don
Fadrique, rey de Nápoles. Estuvo casado con doña Germana de foix (viuda en
anteriores nupcias del rey Fernando II de Aragón, el Católico), noble señora que
ejerció el virreinato de Valencia desde 1523 hasta su muerte, trece años después.
El duque compartió el mando virreinal junto con su mujer y, luego del
fallecimiento de ella, permaneció solo en el puesto hasta 1550, fecha en que
expiró. MATEU IBARS, Josefina, Los virreyes, de Valencia: fuentes para su
estudio (Valencia: Ayuntamiento de Valencia, 1196.'3), p. 117 ss. Con respecto al
ambiente cortesano en Valencia durante la administración del duque de
Calabria, puede consultarse ALMELA I VIVES, franccsc, El duc de Calabria i la
scua cort (Valencia: Tipografía Moderna, 1958).
46
No obstante eso, las deliberaciones sobre la materia continuaron
en los meses sucesivos, manteniéndose el licenciado con [Link] en su
posición "dura". Contrastaba así con la extrema prudencia del duque
de Calabria, el cual no se animaba a ordenar ningún movimiento an-
tes de que se juntaran los 3,500 hombres de guerra que estimaba indis-
pensables para poder emprender con éxito la maniobra de desarme
(27), Desde el lado contrario, Gasea opinaba que la prudencia del du-
que se debía a su desconocimiento de las verdaderas condiciones del te-
rreno y, en una misiva de finales de 1544, expresaba todavía su fe en
salir airoso de ese debate: "... spero que estas personas persuadirán
que se podrá hazer en esta ocurrcnc;ia el nego~io con vn número conve-
niente de soldados, que sea posible levantar, porque a my paresc;e que
ponerlo en el que está señalado es hazcr la neg0<;iac;ión quasy impossi-
ble" (28).
Finalmente, con el alejamiento de la armada de Barbarroja,
terminó imponiéndose el criterio de que no era conveniente por el
momento tratar de poner en práctica el desarme de los nuevamente in-
troducidos en la fe católica, ya que se estaba convencido- de que "los
moriscos no harán movimiento sino con sperarn;a de poderse passar en
Bervería" (29). Y aunque la Corte publicó tardíamente, por marzo de
1545, su. determinación de que soldados estacionados en la frontera de
Perpiñán debían movilizarse hacia Valencia a fin de ejecutar la dis-
cutida operación, ello no tuvo efecto porque para entonces las tropas
ya habían sido licenciadas por sus jefes (30).
(27) A.G.S. Estado, 293, f. 100. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 14-IX-1544.
(28) Ibid., f. 127. Carta a don Francisco de los Cobos de 9-XII-1544.
(29) Gasea manifiesta del siguiente modo su conformidad con esa opinión: "Y aunque
se dilata la execw;ión <leste negoc;io aguardándose a la venida de las galeras,
c;ierto pare~e cosa de importarn;ia la assisten<;ia dellas, no sólo para el tomar
de las armas, mas aun para que después de tomadas haya tiempo de sosegarse y
perder esta gente el azedo que de havérselas tomado les quedara para pasarse
andando las galeras por aquí algunos días después de la exccu~ión ... ". Carta, ya
citada, de 7-11-1545, en J\.C.S. Estado, 297, f. 60. ·
(30) CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 262; A.G.S. ~tado, 297, f. 55. Carta de
Casca a don Francisco de los Cobos, fecha en Valencia el 30-Ill-1545.
47
_T,añ penoso era para la población mudéjar tener que resignarse a
llev~:r':"vida de cristianos, que procuraban aprovechar cualquier oca-
sión·~para escapar al yugo de las autoridades valencianas. Cuando el
.pé[Link] de una incursión de las naves del soberano otomano (más cono- .
"\~ido como el Turco) hubo desaparecido, recreció la llegada de fustas
piráticas procedentes del Norte africano, que venían con el propósito
de recoger a gente arábiga. Don Pedro de la Gasea comentaba, enfáti~
co, el hecho de que
"estos son muy de cora\ón moros, y que aunque acá lo sean a1
presente, es con \O\obra de pensar que algún día se les yrá a la
mano, y que por esto se van adonde sin esta congoxa lo puedan
ser, y que su yda es quando más sazón hallan, corno es aora
que andan fustas y no hay quien se lo estorve" (31)
Las noticias refcren tes a la huida de moriscos a tierras de Bcrbe-
ría se multiplican en la correspondencia de nuestro protagonista
hacia mediados de 1545. Pese a las medidas restrictivas que habían
tratado de imponerse, continuaba la fuga de hombres islámicos, espe-
cialmente por la zona de Jalón y Parcent, y debido a esto se proponía
que fuese a1lí el gobernador general del reino, con el objeto de castigar
a los que pretendían escaparse y hacer justicia de algunos cristianos
viejos que por interés económico auxiliaban a los moriscos en su huida
G~. .
A lo antedicho se sumaba, naturalmente, la mantención de ritos
propios de la creencia mahometana, que los cristianos nuevos cultiva-
ban a pesar de su bautismo. Claramente advierte el funcionario inqui-
sitorial en una carta suya de abril de 1544: "Los moriscos se han mu-
cho desvergon\ado estas sus dos Pc.1scuas postreras a byvir como moros
y a hazer lo' que no havían ossado en esta comarca de Valcrn;ia de
más de xx años a esta parte, porque un quarto de legua de aquí ha
(31) lbid., f. 65. Carta a don Francisco de los Cobos, fecha 'en Valencia el 7-Vl-1545.
En esta misma comunicación proponía el visitador que se aplicaran efecti-
vamente las disposiciones sobre tránsito y cambio de residencia de los moricos
valencianos.
(32) lbid., f. 63. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en Valencia el 2~
Vll-1545. a. GARC:IAMARTINEZ, (14), p. 8.
48
havido lugar en que los que no se havían ossado t;ircurn;idar desde .
enton<;es acá, se han <;ircun~idado aora todos" (33). Sin embargo, las
altas razones de Estado nevaron a los gobernantes cortesanos a tomar
una actitud aparentemente benévola o comprensiva respecto a ese gru-
po social. Una junta reunida en Madrid el mismo año de 1544 dctermi- ·
nó asignar a los moriscos un plazo de veintiséis años para que fuesen
instntidos en la religión cristiana, dejándolos durante este lapso a sal-
vo de cualquier punición del Santo Oficio (34).
· En su contacto epistolar con el Consejo de la Tnquisición, el licen-
ciado de la Gasea hizo notar una y otra vez la perseverancia con que
los recién bautizados mantenían sus costumbres ancestrales (35). Estas
llamadas de atención condujeron a pensar a los magistrados de la
Corte en la posibilidad de revisar el mandato regio que obligaba a so-
breseer en las causas de moriscos, razón por la cual se ordenaba el 30
de marzo de 1545 al comisionado en Valencia que "nos auise muy por
estcnso de todo lo que le pares<;e se debe proueer y remediar en estos
neg~ios de los nueuamcnte convertidos" (36). Pero tales tratativas no
sirvieron para modificar la decisión de la Corona, que apuntaba
fundamentalmente a asegurar la permanencia en territorio ibérico de
los súbditos mudéjares.
A fin de cuentas, ¿por qué interesaba tanto a las autoridades .
políticas y religiosas que los moriscos no se escaparan entonces del do-
minio esi1añol? Aparte del propósito espiritual de extender el radio
de gravitación del Evangelio, incrementando en volumen la grey cató-
lica, había claras motivaciones de índole económica, puesto que la
(33) A.G.S. Estado, 293, f. 80. Carta a don Francisco de los Cobos, fecha en Valencia
el 1-IV-1544.
(34) GARCIA CARCEL, {12), p. 32.
(35) Por ejemplo, en una carta dirigida a don Jeró~jmo [Link], fecha en Valladolid
el 9-IX-1544, los consejeros reales expresan lo siguiente: "De'1a Inquisi(jión de
Valenc;ia ha escrito a este Consejo el señor li~nc;iádo Gasea auisando del atreui-
mien to y desuergüenc;a grande de los nueuamente conuertidos de aquel reyno, que
públicamente hazen sus c;erimonias y han c;ircunc;idado gran número de los
moriscos, y ha enbiado c;iertas informac;iones sobre ello de personas que de sli
voluntad y sin ser llamados anido a deponer al Sancto Offic;io... ". A.H.N.. Inqui-
sición, lib. 322, f. 368. ·
(36) lbid., f. 380v.
49
mano de obra de los campesinos de origen musulmán -de los cuales
había mucha cantidad en Valencia- representaba un elemento deci-
sivo para el progreso de la agricultura de Levante, así como también
era esencial la participación de los individuos de esa raza que ejer-
cían el comercio. Su presencia, en general, era importante para el
bienestar de la comunidad valenciana (37>. Por estas causas, el clérigo
educado en Salamanca apunta con convicción:
"yéndose estos moriscos, se dcstruyría esta tierra mucho
por ser como son de tanto provecho no sólo para sus señores
mas aun para la provisión desta ciudad (Valencia) y de
las otras deste reyno y tractos y cosas dellas, y que ydos no
solamente se perderían ellos y yrían a hazer más fuerte a
Alger, mas aun se perderían sus hijos y des\endicntes, de
quien por tiempo se podría tener speran~a ... que serían me-
jores en la ley de cristianos y de vasallos de Su Majestad,
que no sus padres y avuelos" (38).
Helo ahí, en esa declaración, retratado el político de los tiem-
pos modernos, que busca el incremento de las piezas que componen el
Estado y se esfuerza por asegurar su fortalecimiento.
3. DISPOSICIONES PARA LA DEFENSA DEL REINO
VALENCIANO
Fijando nuestra atención en el esquema institucional por el que se
gobernaban en aquel tiempo los reinos de España, debemos señalar la
condición peculiar que mantuvieron los dominios de la Corona de Ara-
gón después de la unión dinástica castellano-aragonesa producida con
el matrimonio de los Reyes Católicos. Al igual que los demás Estados
de la Corona aragonesa, el reino de Valencia conservó su organización
tradicional, administrándose principalmente por los fueros o leyes
emanadas de sus propias Cortes (asamblea de diputados autóctonos),
(37) Cf. HALPERIN DONGHI, (23), p. 51 ss.; DOMINGUEZ ORTIZ y VINCENT,
(21), p. 109 SS.
(38) A.G.S. Estado, 197, f. 124. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Val encía el 2~ IIl-1545.
50
bajo la conducción política de un virrey como lugarteniente del sobera-
no. Si bien representaban nominalmente una congregación de índole
democrática, las Cortes servían para reunir a delegados de los grupos
más poderosos de la sociedad valenciana; allí tenían cabida represen-
tantes de los tres brazos o estamentos del reino, el eclesiástico, el mili-
tar (nobiliario) y el popular (burgués) (39).
Tras la derrota del alzamiento popular de las Germanías -con-
temporáneo de las Comunidades castellanas-, la aristocracia levan-
tina cerró filas en tomo a la figura del rey. Así, las Cortes celebradas
en 1542 en la villa _del Monzón votaron el acostumbrado servicio de
100.000 libras a favor de la monarquía, y en su tabla de acuerdos
expusieron una serie de problemas que agobiaban la marcha adminis-
trativa del reino de Valencia, dificultades de las cuales se exigía
solución inmediata (40). Dícese que la buena impresión que había
causado don Pedro de la Gasea merced a su labor de juez inquisitorial,
indujo a los diputados regnícolas a proponer su nombre ante el Empe-
rador para que se encargara de una visita general, no obstante que era
extranjero respecto a los ~ominios de la Corona de Aragón (41). Acepta-
da la propuesta, Carlos V despachó el 30 de octubre de 1542 en Barce-
lona una real provisión, comisionando a Gasea hacer averiguaciones
del desempeño de todos los oficiales reales de la ciudad y reino de Va-
lencia -de cualquier estado, dignidad o preeminencia que fueren-,
con facultad para proceder contra dichos funcionarios, suspenderlos
en sus oficios y nombrar sustitutos; únicamente quedaba exceptuada de
su jurisdicción la pcrsonéllid;1d del virrey (42).
(39) REGLA I CAMPISTOL, Joan, Aproximació a la história del País Valenciá, 2a.
ed. (Valencia: Editorial l'Estcl, 1973), p. 79-80, 86-88; GARCIA MARTlNEZ,
(14), p. 4, 7-8.
(40) GARCIA CARCEL, Ricardo, Cortes del reinado de Carlos 1 (Valencia: Uni-
versidad de Valencia Departamento de Historia Moderna, 1972), p. 121-170. Cf.
REGLA I CA!'vlPISTOL, (JQ), p . 87-88, y GARCIA MARTIN[Z. (H), p. 7.
En cuanto al sistema monetario que regía en Valencia, es pertinente anotar que
una libra (unidad de cuenta) valía 20 sueldos y que cada sueldo se componía de
12 dineros. O ducado, moneda usada preferentemente en Castilla tenía el valor
de21 suelda,.
(41) CALVETE DE ESTRELLA. (5), IV, p. 236.
(42) Se menciona dicha R. P. en otro d~ento semejante expedido por el Príncipe en
Cigales el 4-11-1544, confirmando el poder de Gasea para nombrar oficiales
reales interinos en Valencia. AR.V. Real, 1320 (Curiae locumtcncntiae
generalis, lib. 7).
51
Sin embargo, la realización de sus tareas de visitador se vio
complicada en los primeros meses por los asuntos que ~ún estaban pen-
dientes en el tribunal del Santo Oficio. Y luego hubo de distraer su
atención a causa de la alarma que cundió en toda la monarquía españo-
la al saberse que Solimán el Magnífico, emperador otomano, había
pactado una alianza con el monarca francés Francisco I, disponiéndo-
se a lanzar un ataque conjunto por mar y tierra a las islas del Medite-
rráneo y las costas de Levante (43).
La tremenda preocupación por defender convenientemente los
territorios ibéricos frente a la agresión de las potencias unidas, se per-
cibe con nitidez en la correspondencia de los máximos dirigentes del
Imperio. En junio de 1543 Carlos V hace conocer la noticia de que el fa-
moso corsario Barbarroja, rey de Argel, designado capitán general de
la armada turca, salió de Constantinopla al mando de una treintena
de galeras (44). Por otras fuentes se supo luego que con esas embarca-
ciones había arribado a Marsella el 17 de julio, con el objeto de prove-
erse de arti11ería y tomar bajo su dirección a los navíos franceses; de
este modo reunió una temible flota de 30 galeras, 16 naos y tres galea-
. zas, en cabeza de las cuales partió de la costa francesa a principios de
agosto del año mencionado (45). Entre tanto, se habían enviado pertre-
chos y gente de guerra para la protección de las costas de Valencia y
en la Corte se había otorgado licencia al marqués de Denia, noble va-
lenciano, para que acudiera en socorro de su patria (46).
Las disposiciones para la defensa del reino significan el tema
que ocupa mayor espacio en la serie de cartas que Gasea remitió al co-
mendador mayor de León, el poderoso don Francisco de los Cobos, dan-
·. do cuenta de su trabajo como visitador (47>. Este aspecto, además, es
(43) CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 236-237; FERNANDEZ ALVAREZ, (1), p.
147.
(44) Carta de Carlos V a Felipe 11, fecha en Cremona el 19-VI-1543, publ. en
FERNANDEZ ALVAREZ. (26), II, p. 131.
(45) Carta de Felipe II a Carlos V, fecha en Valladolid el [Link]-1543; ibid., II, p.
161.
(47) Se ocupan de asuntos tocantes a la defensa del reino valenciano la cartas del
licenciado conservada en A.C.S. Estado, 287, f. 233, 243, 253, 256, 257, y en
Estado, 293, f. 12,59, 70, 73, 76, 77, 80, 89, 90, 94, 100, 118, 120.
52
singularmente explotado por su biógrafo Calvete de Estrella. Evoca
el cronbta la desolación general q1:1e existía entre la gente valenciana
por recelar de que los morisos se levantarían en armas a la llegada de
los hombres foráneos. y relata la celebración de una junta de guerra
presidida por elduque de Calabria, jefe pusilánime~ en la que éste no
. pudo contener el nanto. Fue en tales circunstancias que salió a relucir .
elánimO impetuoso de nuestro protagonista, quien pronunció una con-
vincente arenga: dijo que no había que temer demasiado a la armada
del Turco ·porque le faltaría el apoyo del ejército de tierra (vencido
por la huestes de Carlos V), que la ·gente regnícola era muy superior
en número a los soldados de Barbarroja y que estaba cierto de que los
moriscos no se aventurarían a colaborar con los enemigos (48). ·
· Con esos argumentos se acaloró el espítitu de los valencianos por
intervenir en los preparativos para la defensa. Investido de teniente
de general, fue el maestre de campo Guevara quien dirigíó el recluta-
miento de los varones en edad de combatir y supervisó la provisión de
armas y demás implementos bélicos. En total, se reunieron más de
diez mil hombres de guerra, unos 1.800 quintales en piezas de artille-
ría, gran cantidad de municiones y un buen múmero de arcabuces y
otras armas que se mandaron traer desde Vizcaya (49); en la isla de
Ibiza, que pertenecía también a la circunscripción del reino valencia-
no, estableció el almirante Andrea Doria una guarnición de 190 infan-
tes (50). Al mismo tiempo se avanzaba en la fortificación de diversos
lugares a lo largo de la costa, valiéndose para esta labor de la ayuda
del caballero catalán don Juan Cervcllón, cuya "cólera y fuego" de-
bían servir para avivar la flema de los levantinos (51).
Como anexo de una carta fechada el 13 de septiembre de 1543, el
visitador general despachó a la Corte una detallada relación de lo
(48) CAL VETE DE ESTRELLA, (5), N, p.237-238.
(49) lbid., p. 238.
(50) · Carta de Felipe II a Carlos V, de 26-VIH-1543 (ya citada), en FERNANDEZ Al-
a.
VAREZ, (26), 11, p. 161. CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 238.
(51) A.G.S. Estado, 287, f. 233. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 12-X-1543.
53
que hasta entonces se había efectuado con miras a la defensa de Va-
lencia. El licenciado Gasea daba noticia de las obras de fortificación
en cada una de las plazas del litoral, de cómo se habían financiado es-
tas construcciones y de qué empréstitos podrían solicitarse de las cor-
poraciones profesionales y sociales del reino; explicaba la situación
militar de Ibiza y hacía conocer la "pcrplexidad" - indecisión- en
que se hallaban los moriscos (52). Es un documento valioso, fuente de
primera mano, para cuya redacción confiesa el autor haberse ayuda-
do del virrey y del experimentado maestre racional, mosén Juan Escri-
vá de Romaní (53).
Largamente aguardada, la ofensiva de la armada de Barbarro-
ja tuvo lugar en octubre de 1543, apoyada en una fuerza naval de vein-
te galeras y cuatro fustas. Comenzó por un desembarco de tropas en la
isla de Ibiza, donde no pudieron causar excesivo daño porque el em-
peño conjunto de los soldados y de los moradores nativos los obligó a
replegarse a sus embarciones al cabo de cinco días, quedando medio
centenar de turcos muertos o prisioneros (54). Después enrumbaron ha-
cia la costa, realizando un saqueo en el lugar de Villajoyosa, el cual
hallaron pr~ícticamcntc despoblado, y en seguida se encaminaron al
castillo de Cuardamar, en el que debieron hacer resistencia a la bata-
lla que les ofrecieron los hombres de a pie y jinetes que estaban asenta-
dos en el cercano pueblo de Orihucla (55). Una fuente adicta a los ibéri-
cos manifiesta que en ese encuentro "dieron tal mano a los turcos, que
les mataron un buen número y los hicieron embarcar con tanta prisa,
que se ahogaron algunos" (56).
(52) A.G.5. Estado, 287, f. 266. Se transcribe en los Anexos documentales, 111.
(53) A.G.S. Estado, 287, f. 267. Carta de Casca a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia cl 13-IX-1543.
(54) Ibid., f. 243. Carta, ya citada, de 26-X-1543. Véase también la carta de Felipe 11
a Carlos V, fecha en Valladolid el 4-Il-1544, publ. en FERNANDEZ
ALV AREZ, (26), 11, p. 194.
(55) CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 238--239.
(56) Carta de Felipe II a Carlos V, de 4-11-1544 (ya citada), en FERNANDEZ
AL VAREZ, (26), II, p. 194.
54
Sea como fuere, lo evidente es que las agresiones del Turco no ori-
ginaron las inmensas bajas o destrozos que se habían temido, debido
probablemente a que los aprestos defensivos siguieron un plan acerta-
do. Pero los gobernantes de Valencia no cesaron su cuidado en los me-
ses siguientes, pues se sabía que las naves al mando de Barbarroja se
habían retirado para invernar al puerto francés de Tolón, con la idea
de recobrar fuerzas a fin de volver al ataque cuando el tiempo se
tomara favorable (57)_ Ya que había indicios de que los enemigos
pretendían ocupar la estratégica Ibiza, el mayor interés de los jefes
militares se concentró en proveer dicha isla de suficiente cantidad de
hombres, armamento, municiones y vituallas. Bajo la autoridad de un
gobernador recientemente estatuido, sumaban alrededor de cuatrocien-
tos los soldados acantonados allí hacia la mitad de 1544(38).
Con denuedo semejante progresaban las obras de fortificación en
diferentes emplazamientos del litoral valenciano. Se dio prcfNencia
a la defensa de Villajoyosa, que por su escasa protección había sido
saqueada durante la anterior incursión de los turcos; para costear los
gastos de edificación, se acordó un reparto de contribuciones entre los
vecinos y la Hacienda Real (59). También hubo bastante atención so-
bre la empresa fortificadora de la ciudad de Va]encia, con respecto a
la cual opinaba nuestro sujeto "que en la traza dc11a el maestro de
campo Guívara se ha havido cuerdamente" (60). En todas las cuestio-
nes de defensa, el visitador general - influyente y respetado en vir-
tud de su amplio poder- nunca dejaba de intervenir con sugerencias u
opiniones.
(57) lbid., p. 193. Véase también la carta de Casca a don Francisco de los Cobos, fecha
en Valencia el 10-1-1544, enA.G.S. Estado, 293, f. 64.
(58) Carta de Felipe II a Carlos V, k'C".ha ¿en Valladolid? el 14-11-1544, pub!. en
FERNANDEZ ALVAREZ, (26), II, p. 211 -212. Acerca de los socorros que se
mandaron a Ibiza trata el visitador en sus cartas conservadas en A.G.S. Estado,
287, f. 243,253,257, y en Estado, 293, f. 12, 59, 70, 76, 77, 80, 89, 90, 94, 120.
(59) A.G.S. Estado, 287, f. 256. Carta de Gasea a don Francico de los Cobos, fecha en
Valencia el 9-Xl-1543.
(60) A.C.S. Estado, 293, f. 73. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 30-IV-1544.
55
. . . . . . .
·Ante la certeza [Link] no podría contar con el apoyo del ejército
de tierra, el capitán general Barbarroja decidió finalmente regresar .
con sus buques a Constantinopla, sin intentar ninguna nueva acción con-
tra los dominios españoles. En junio de 1544, al tenerse la certitud de .
ese alejamiento, el duque de Calabria ordenó que se despidiera a la
gente de guerra que había sido puesta en Peñíscola, Alicante y Villa-
joyosa, así como que se redujera al destacamento habitual (dos jinetes
-Y veinte peones) la guardia del castillo de Benidorm (61). Con todo,
empero, se acordó mantener la .fuerza militar que estaba ubicada en
. Ibiza y se expidió mandamiento, conforme ·fo hábía sugerido el licen-
ciado Gasea, para que continuaran hasta el final las obras de fortifi-
cación (62).
Por ende, en relación con la defensa del reino, podemos mencio-
nar las incursiones de piratas berberiscos que se advierten en la corres-
pondencia de nuestro personaje. No. hace indicación de un ataque de
seis galeras argelinas contra las codiciadas playas de Ibiza, que sabe-
mos ocurrió en febrero de 1544, con un saldo de cuarenta bajas para los
atacantes (@). Señala sí, en cambio, la presencia de moros en la costa
de los Alfaques (julio de dicho año), el combate que promovieron trece
fustas de musulmanes frente a Vinaroz, un pueblo al Norte de Caste-
llón, sin conseguir su entrada en la costa, y la existencia de media do-
cena de naves que estaban merodeando la zona circundante a Villajo-
yosa (agosto de 1545) (64). Sobre el peligro que entrañaban esas opera.;.
dones, hemos tratado ya al examinar la cuestión de los moriscos.
4. TOMA DE CUENTAS EN MATERIA DE HACIENDA
·
·-
De acuerdo con las instrucciones relativas á su cargo de juez de
residencia, la primera labor en que debía ocuparse Pedro de la Gasea
(61) lbid., f. 118. Carta de Casca a don Francisco de los Cobos, fecha en Valencia el 2-
Vll-1544.
(62) Loe. cit. La sugerencia de Gasea se encuentra en su carta a don Francisco de los
· Cobos fecha en Valencia el 15-Vl-1544, en A.G.S. Estado, 293, f. 13.
(6.3) Cf. la carta de Felipe II a Carlos V, de 14-11-1544 (ya citada), en FERNANDÉZ
ALVAREZ,(26), 11, p. 211.
(64) A.G.S. Estado, 293, f. 117, y Estado, 297, f. 168 y 257. Cartas fechas en Valencia
el 18-Vll-1544, 20-VIIl-1545 y3-IX-1545, respectivamente.
56
era investigar el manejo de los funcionarios encargados de admi-
nistrar el patrimonio de la Corona. En el reino de Valencia el más im-
portante magistrado en asuntos financieros era el baile general, que
tenía la responsabilidad de velar por la conservación de todos los
bienes pertenecientes a la Hacienda Real, y en cuyo trabajo se dis-
tinguían dos aspectos: la jurisdicción privativa que ejercía en las cues-
tiones tocantes al fisco y la receptoría que desempeñaba de todo el di-
nero destinado a las arcas del tesoro público (65). Regentaba la bailía
general en aquella sazón el viejo y achacoso don Luis Carroz de Vila-
ragut, quien estaba en el puesto desde hacía dos décadas largas (66).
El emisario de la Corona dio inicio a su tarea en enero de 1543,
suspendiendo en su oficio a Carroz de Vilaragut (67)_ Como primera
medida abrió un juicio de residencia, orientado a averiguar con qué
rectitud había administrado .justicia en materia fiscal. En el proceso
público únicamente se registró la demanda de un boticario, quien lue-
go optó por no continuar el litigio, mientras que en la indagación co-
rrespondiente a la residencia secreta no pudo detectarse ningún cargo
de monta. Por consiguiente, el 28 de junio de 1543 dictó el juez la senten-
cia, absolviendo de toda culpa al baile general y a su hijo don Luis Ca-
rroz (que oficiaba de coadjutor), pues estaba demostrado que había
servido justicia con toda corrección, defendiendo las regalías del pa-
trimonio real y ]as preeminencias de su cargo (68).
Serios problemas ofreció, empero, la averiguaci{m del desempe-
ño del baile general en cuanto a la receptoría de dineros. Tomando pro-
vecho de las vinculaciones que poseía con altos funcionarios cortesa-
nos, don Luis Carroz de Vilaragut se empeñó en dificultar la misión
(65) PILES ROS, Leopoldo, Estudio documental sobre el baylc general de Valencia, su
autoridad y jurisdicción (Valencia: Institución Alfonso el Magnánimo, 1970), p.
12.
(66) Ejercía el cargo de baile general desde 1522. Véase la relación de Gasea sobre la
toma de sus cuentas, en A.G.S. Estado, 2f37, f. 232 (anexo de una carta a don
Francisco de los Cobos fecha el 12-X-1543).
(67) El 19-1-1543 concedió provísoriamente la bailía general a Honorato Bcnet
Vídal, vecino de Valencia. AR.V. Bailía, 1174, f. 272.
(68) A.G.S. Estado, 293, f. 22.7. La sentencia se transcribe en los Anexos documentales,
I.
57
del rcsidenciador, logrando que durante el examen de sus cuentas se
promulgaran varias cédulas reales que hablaban en su favor (69). Pero
Gasea no dejó amilanarse por esa prepotencia, nombrando el 5 de agos-
to de 1543 como sustituto de receptor general a mosén Cristóbal de
Medina y Aliaga (que ejercía semejante plaza en el tribunal del San-
to Oficio valenciano), ya que solamente había restituido al baile en
sus funciones de ministro de justicia (70)_.
Hecha la revisión de los montos que habían entrado y salido de
la caja real de Valencia a lo largo del tiempo en que el funcionario
cuestionado mantuvo su oficio, se sacó en claro que el viejo Carroz de-
bía a la hacienda pública un alcance de 14.331 libras 8 sueldos 7dine-
ros. Así se puso de manifiesto en el mandamiento que expidió el seve-
ro don Pedro el 10 de octubre del año ya señalado (71). Sin embargo, el
baile general interpuso toda clase de recursos a fin de hacer disminuir
la cuantía de dicha suma, de la cual hasta poco antes de su muerte
-agosto de 1544- no había cubierto sino algo más de la décima par-
te, y posteriormente fue su hijo el que siguió oponiendo tropiezos para
la resolución de las cuentas (72).
(69) Puede citarse una R.P. despachada en Barcelona el 1-V-1543, mandando alzar la
suspensión del baile general, y otro documento semejante, expedido en Blanes el 1-
V-1343, ordenando tomar en descargo del baile todas las partidas que hubiera
librado del patrimonio real, inclusive si no estuviese guardada la forma
requerida. En sentido complementario se promulgaron un par de [Link]. en
Valladolid el 3 y 5-IIl-1544. Véase en A.G.S. Estado, 293, f. 227 y 232.
El efecto intimador de los despachos procedentes de la Corona se deja percibir en
una carta de Gasea al Príncipe, fecha en Valencia el 11-Vl-1544, en la cual
suplica "Sl'a servido mandar que se vea [la cuenta del baile general), que tengo
por <;ierto que vista se me dará más culpa de haver sido blando contemporizando
en la cosas del bayle, que no de haver usado con él de rigor alguno". lbid., f. 231.
(70) AR.V. Real, 1320. La receptoría general fue devuelta a don Luis Carroz, hijo,
sólo mediante R.P. dada en Monzón el 10-X-1547, con la obligación de que
"guardaréis y obseruaréis inuiolablemente el modo y forma que el dicho
licenciado de la Casca, visitador sobredicho, houiere puesto, estatuido y
ordenado". AR.V. Maestre Racional, 9054, f. 95.
(71) A.G.S. Estado, 293, f. 232. Relación de Gasea sobre lo actuado en la toma de
cuentas del baile general, fecha en Valencia el 27-V-1544. Hasta este día el
funcionario residenciado sólo había pagado unos 1.500 ducados de su alcance.
58
Dentro del escalafón burocrático concerniente al patrimonio del
fisco, la segunda dignidad pertenecía al maestre racional, una espe-
cie de "contador mayor" que estaba encargado de dirigir las cuentas
de la tesorería del reino (73). En la época que nos interesa ocupaba este
puesto un veterano funcionario, mosén Juan Escrivá de Romaní, que por
su sapiencia y por tener la responsabilidad clave de guardar los li-
bros de contabilidad hacendística significó un valioso auxilio para el
visitador general; no en vano revela una carta suya que el maestre "es
quien en todo ha entendido y entiende porque por su edad y expe-
rienc;ia se haze dél mucho caudal" (74). Además, sabemos que cuando
nuestro sujeto abandonó Valencia para retomar presurosamente a la
Corte, delegó su poder en Escrivá de .Romaní para que acabara de
examinar las cuentas del regente de tesorero y del juez de amortizacio-
nes de aquella comarca, pues habían quedado pendientes de liquida-
ción (75).
A trav('S de la comunicación epistolar que mantuvo el juez de re-
sidencia con las autoridades centrales del Imperio, encontramos rcft-...
rendas sobre la labor de otros oficiales del ramo de las finanzas. Por
ejemplo, en lo tocante al gobierno de la ciudad de Valencia, se mencio-
na al racional, un agente que poseía la misión de llevar las cuentas y
supervisar las obras municipales (76). En virtud de nombramiento sus-
crito por el rey, desempeñaba esta función Baltasar Granullcs <7i>: un
hombre que mereció la aprobación del licenciado de la Gasea a causa
del empeño que demostraba por averiguar la eficiencia en el régimen
contable del Ayuntamiento, hasta tal extremo que los regidores de la
capital valenciana elevaron una protesta, alegando que su labor cons-
(73) Cf. REGLA I CAMPISTOL (39), p. 86.
(74) A.G.S. Estado, 287, f. 267. Carta, ya citada, de 13-IX-1543.
(75) A.R.V. Maestre Racional, 9054, f. 66. Carta de Gasea al maestre racional, fecha
en Madrid el 3-Xl-1545.
(76) REGLA I CAMPITOL. (39), p. 92-93.
fl7) Fue designado para ejercer el cargo de racional de Valencia, por tiempo de tres
años, mediante R.P. dada en Valladolid el 18-11-1542.A.R.V. Real, 429, f. 51.
59
tituía una intromisión de la Corona en problemas circunscritos a la
competencia municipal (78).
El comisionado regio defendía, por supuesto, las atribuciones
concedidas al racional Granu11es y afirmaba que "veo pocos en esta
ciudad que tengan el zelo a los proprios della que él tiene" (79). En
cuanto a la reclamaciones que había suscitado la investigación de las
finanzas del municipio, manifestaba el dictamen siguiente: "Todo es-
to viene del gran descuydo que comúnmente hay en esta tierra de las
cosas comunes y gran cuydado de admynistrarlas y tractarl..1s en utili-
dad y provecho de los que las trnctan y hazer plazcr con d1as a los
amygos con la libertad que si fuesen proprias, y <;ierto creo que es esta
tierra una de las en que más esto acontc<;e" (80).
Tan coniprometido con los intereses de la hacienda pública se
muestra el clérigo igualmente al tratar sobre el oficio de credenciero,
un sujeto a quien le tocaba el deber de recaudar en la tabl.a o caja del
Ayuntamiento los derechos pertenecientes a la Corona. Después de la
nefasta actuación del último individuo que había servido de cnxkn-
cicro, un tal Miguel García, el mencionado cargo se encontraba varnn-
te. En un par de ocasiones, por lo menos, Gnsca escribe a los consejeros
reales advirtiendo respecto a la necesidad de proveer dicho empleo
en una persona competente, de confianza, que supiera velar con acier-
to sobre la rcc<1 udación de las rentas esta tales (81 >.
Un estudioso contemporáneo de la historia de Valencia ha reco-
gido la hipótesis de que habría sido don Pedro de la Casca quien im-
pulsó la creación del Consejo patrimonial, organísn10 formado por el
baile general, el mcstrc racional y otros funcionarios hacendísticos de
. menor jerarquía (constituido oficialmente por despacho regio de
(78) A.G.S. Estado, 287, f. 271. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 11-111-1543.
(79) lbid., f. 267. Carta, ya citada, de 13-IX-1543.
(80) A.G.S. Estado, 293, f.132. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valcnciael31-VII-1544. .
(81) [Link]. Estado, 293, f. 117, y Estado, 2'1'1, f. 58. Cartas fechas en Valencia el 18-
VIl-1544 y 27-11-1545, respectivamente. ·
60
1547)~ El propósito al que se aspiraba ·con este Consejo era. establecer
una administración colegiada de los bienes de la Corona, distribuyen-
do entre varias cabezas el poder de decisió"n que antiguamente estaba
concentrado encl baile general (82). A base de la documentación que .
hemos examinado, empero, no
estamos en capac;idad sino de afirmar ..
que la mencionada institución se haHaba en funciones -tal vez en
vía de experimentació[Link] rite la estancia del visitador en Valen-
cia. Y para comprobarlo, citaremos [Link] .carta del licenciado fechada
el 20 de julio de 1545, donde expresa la utilidad de que ·c1 ·Consejo ·
patrimonial tuviera una casa propia, en la cualsc guardasen sus regís- ·
tros y se hiciese audiencia (83). . . · . . . . · .· · ·
. . .
Muchos ejemplos más pueden traerse a colación .con el fin de ex- ·
poner el celo que en todas circtmstancias puso el juez rcsidenciador co-
mü custodio de los intereses ccOnómicos del Estado. Aunqu~ escapa a
su responsabilidad de examinador de cuentas, es digno mencionar una
orden que promulgó el 4 de agosto de 1544, intimandú al báile de Ali- ·
cante a hacer fiel cun1plimiento de una vieja disposición que manda~
ba sentar registro de todas las mercaderías que entraban y salían dé · ··
dicho puerto (84). Tenía su origen éste problema en tin privilegio expe-
dido en el siglo XV por el rey Alfonso V de Aragón; el cual había acor-
dado que en Alicante no existiera tabla de leuda, .es decir, una caja
donde se recaudaban los derechos sobre el transporte marítimo, bajo
la condición de que se registrasen todos los bienes entrados y salidos
"para que, ya que allí no se cogessen, se pudicssen cobrar (los im-
. puestos) en las otras partes donde hauía tablas de leuda" (85). Como
es füci1 presumir, la negligencia de los funcionarios alicantinos origi-
naba un sinfín de complicaciones y~ sobre todo, atentaba contra el ·
incremento de los fondos fiscales.
(82) PILES ROS, (65), p. 13. Apunta este autor, refiriéndose a la · pérdida de atri-
buciones del oficio de baile general, que "a. partir del siglo XVI llevó vida lán-
guida y precaria, careciendo ·de las características que habían originado su
aparición".
(83) A.G.S. Estado, 297, f. 63.
(84) A.G.S. Estado, 293, f. '137.
(85) ibid., f. 238. Relación de Gasea sobre el negocio de los manifiestos que se reciben
en Alicante. . .
61
Además, el visitador tuvo que ver en la ejecución de un man-
dato regio que ordenaba la acuñacion de coronas de oro en la casa de
moneda de Valencia. Decía la respectiva provisión que estas piezas
deberían labrarse con el mismo peso, valor y ley que en los dominios
castellanos (donde se hacían con oro de 22 quilates); pero al efec-
tuarse ]a averiguación necesaria, Gasea y los dcm,ís comisionados,
que fueron Pallas -el responsable de ]a ceca-, micer Ros y un tal
Ruiz, sacaron a la luz que los derechos de la casa de moneda valencia-
na eran mayores de los que se cobraban en Castil1a, en una proporción
de algo más que cinco maravedís por cada corona (86). Tras algunos me-
ses de deliberaciones, en junio de 1544 se adoptó la resolución de fabri-
car ]as coronas, haciéndose una disminución de siete dineros por mar-
co en la recaudación de derechos fiscales en la ceca (87),
Pero no sólo existía el problema de los impuestos a la Corona,
sino también el hecho de que el oro tenía en Valencia un precio menor
que en otras regiones de la Península. Entonces, para evitar que lasco-
ronas acuñadas allí se hicieran codiciables fuera de los límites valen-
cianos debido a su valor intrínseco, se determinó otorgarles una ley de
21 7 /8 quilates (aplicando, pues, una reducción de casi O, 006 por 100).
Con todo, sin embargo, no pudo impedirse que los comerciantes genove-
ses que traficaban en el Mediterráneo se dedicaran ilícitamente a la
extracción de moneda, "en cuyo cambio obtenían notables beneficios",
según acierta a manifestar el numismHico Matcu y Llopis (88). Y así,
las cartas de nuestro protagonista ofrecen informílción de que en agos-
to de 1545 se llegó al descubrimiento de que el genovés Constantino
Gentil había sacado a través de Alicante la cantidad de 9.300 coro-
nas con destino a su país; encerrado en la cMcel, el fraudulento merca-
der fue sometido a juicio sumario y condenado a restituir dicha suma
al patrimonio m1I(89).
(86) Ibid., f. 11. Carta de Casca a don Francisco de los Cobos, fecha en Valencia el 8-
111-1544. Véase también MATEU Y LLOPIS, Felipe, La ceca de Valencia y las
acuñaciones valencianas de los siglos XIII al XVIII (Valencia: Imp. de la viuda
de Miguel Sanchis, 1929), p.100.
(87) A.C.S. Estado, 293, f. 13. Carta, ya citada, de 15-VI-1544.
(88) MATEU Y LLOPIS, (86), p. 110-111.
(89) A.C.S. Estado, 297, f. 167 y 257. Cartas fechadas en Valencia el 18-VIII y 3-lX-
1545, respectivamente.
62
Era verdaderamente enorme la tarea que debía cumplir el licen-
ciado Pedro de la Gasea en el ámbito de hacienda, pues le competía
examinar las cuentas de todos los oficiales del reino pcrtentecicntcs a
este ramo. Una vez finiquitado el proceso sobre la administración del
baile general, se dedicó a investigar el desempeño de funcionarios de
menor entidad. Con respecto a su labor, apunta en su misiva del 20 de
marzo de 1545 lo siguiente:
"En todos los negocios, ansy de residcn<;ias como de cuentas,
se entiende con la diligen\ia a my possible, y trayo en obra
ansy las de los bayles locales (de los quales tengo aquí
muchos y a cada uno he señalado proprios offic;iales que
hagan sus cuentas) como las de thcsorcría y las del juez de
mortiza<;iones y las de xxiij U libras y de cambios y arcabu-
zes, y según la nc\essidad que de my interven<;ión tienen, as-
sisto a los unos o a los otros... " (90).
Tan minuciosa era la atención que el visitador concedía al enjui-
ciamiento de cada funcionario, que el 2 de octubre del año arriba men-
cionado, en vísperas de su partida de Levante, aún no había termina-
do de revisar las cuentas del regente de tesorero Juan Luis Marradas
(91). Ese día lo suspendió en su oficio, designando como sustituto al ca-
ballero Ximén Pérez Pertusa, y otorgó poder al escribano Pedro Sorcll
para que actuara la residencia del individuo en cuestión (92).
De otro lado, el emisario cortesano debió -atender también
problemas diversos que surgieron durante su estadía en Valencia con
relación al manejo financiero. Respondiendo a un mandamiento· del
Príncipe (después rey Felipe 11), emitió un informe en tomo a cierta su-
.plicación que había formulado Gaspar de Pina. Este sujeto, que era
(90) lbid., f. 124.
(91) Regentaba la tesorería del reino de Valencia en nombre de su hermano Ga~par
Marradas, designado para dicho oficio mediante R.P. dada en Madrid el 10-Xl-
1539. AR.V. Rcal,429, f. 41.
(92) La provisión del sustituto se encuentra en AR.V. Real 1320. En una carta
dirigida al comendador mayor Cobos, fecha en Valencia el 22~X-1545, Juan Luís
Marradas se queja del procedimiento empleado por el rcsidcndador y suplica le
sea restituido su cargo. A.C.S. E.c;tado, 297, f. 139.
63
criado dd baile general, debía al erario una cifra aproximada a los
. veinte mil s1,1eldos, monto que restaba en pie de su trabajó como colec-
tor del derecho de morabetí, y solicitaba se le diera un plazo razona-
ble para poder cancelar esa obligación. Lo que estuvo en manos de
Gasea fue averiguar en los libros de cuentas el valor exacto de la
deuda, así como las posibilidades con que contaba el suplicante para
realizar su ofrecimiento de pago (93).
. No estimamos superfluo mencíonar, en último · término, algunos
· pcqlleños temas de índole fin~nciera que aparecen en los papeles del
· rcsidenciador. En una oportunidad, ad vierte sobre la cori\teniencia de
. quitar el censo en que estaban empeñadas cinco villas del reino valen-
ciano (94); otra vez, hace. una consulta respecto a la supervivencia que
podrían tener unos derechos que los mudtC~jares -en tiempos de su infi-
delidad--:- pagaban al baile de la localidad de Alcíra; en la misma
· ocasión, hace conocer la deüda que había resultado para el patri-
frumio real a causa del arrendamiento de los diezmos de Alcov, Bo-
caircnte y Biar (93). Hallándose ya próxima su salida, logró que:'sc re-
mitieran a las arcas del tesúro público unas 1.500 libras que habían
permanecido én poder de los clavarios de las Cortes ·generales de 1533
(96).
Aunque se trata de tina afirmación en extremo difícil de com-
.. probar, merece la pena señalarse que el biógrafo. gasquiano Calvete
de Estrella refiere que el alcance global de las cuentas tomadas en Va-
Jcncia sumó 160.000 ducados (97>; cantidad por cierto apreciable, pero
ínfima en comparación con ·la millonaria . remesa que el clérigo iba a
traer consigo de vuelta de su misión americana..
(93) A.G.S. Estado, 293, f. 222. Rclacion de. Gasea al Príncipe sobre el negocio de que
suplicó Gaspar de Pina, fecha en Valencia el 31-V.:1544. Véase también la carta
de Gasea al l'ríncipe,de 11-VI-1544 (ya citada); ibíd., f. 231; ·
(94) Ibid., f. 99. Carta de Casca a don Francisco de los Cobos, fecha en Valencia el 27-
IX-1544. .
· (95) AG.S. Estado, 297, f. 171. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia eU O- V-1545. · ·
(96) lbid., f. 55 y 63. Cartas fechas en Valencia el 30-HI y ·20-VU:-1545, respec-
tivamente.
(97) CALVETE DE ESTRELLA, {5), IV, p. 240.
64
5. LA RESIDENCIA DE LOS OFICIALES DE JUSTICIA
Una de las medidas más importantes que se resolvieron en las
Cortes de Monzón d_e 1542 fue la disolución temporal de la Audiencia
de Valencia, acordada con el objeto de que pudiera llevarse a cabo
una minuciosa investigación del desempeño de sus magistrados (98).
Dicho organismo, que recibía también las denominaciones de Rota o
Consejo, funcionaba como máximo tribunal de justicia del reino; tenía
asimismo atribuciones consultivas en problemas de gobierno y consti-
tuía una especie de tribunal de garantías constitucionales, defendien-
do la observancia de los fueros y privilegios de la comunidad valen-
ciana (99). El licenciando de la Gasea, comisionado por el Emperador
para residenciar a todos los oficiales públicos de la comarca levanti-
na, dio inicio a la visita de los salientes oidores de la Rota en el curso
de 1543. Como era usanza habitual en tales circunstancias, llamaría
a las partes interesadas para desarrollar el proceso abierto y convoca-
ría a los testigos más calificados para emprender la residencia secre-
ta.
Entre los legajos que conserva el Archivo del Reino de Valencia,
hemos ubicado una sentencia autógrafa de nuestro personaje, en la que
fa11a su veredicto con relación a la demanda planteada por Catalina
Martí y Ferragut, moradora valenciana, quien reclamaba de la Au-
diencia el libramiento de cierto salario (HXl). Por una carta de junio de
1544, sabemos que para entonces el clérigo había acabado de sen-
tenciar todos los juicios correspondientes a la residencia pública (que
· habían sido bastante numerosos) y, acerca de su repercusión, manifes-
taba contento que "aunque en muchos ha havido condcna~iones, se han
consentido y mostrado los unos y los otros satisfa~ión que se les ha
hecho justicia". También estaban conclusos los procesos seguidos en el
. (98) En el respectivo capítulo de los acuerdos, .s e manifiesta literalmente: "...los dits
tres bra~os suppliqucn e demanen sia mercé de Vostra Magestat de leuar la dita
Rota e donar orde que en altra manera sia feta e administrada la justicia en la
dita vostra ciutat e regne de Valencia. Que sia reuocada ex nunc la pragmática
feta de la Rota e Audiencia que huy se celebra". GARCIA CARCEL, (40), p. 131.
(99) REGLA I CAMPISTOL, (39), p. 82.
(100) A.R.V. Varia, caja 62,, no. 1. Sentencia pronunciada el 23-Vlll-1543, absolvien-
do a los doctores de la Rota respecto de la demanda por 62,5 libras de salario que
exigía la mencionada litigante.
65
JUICIO de residencia por la vía secreta y en la citada m1s1va, preci-
samente, consultaba a su protector Cobos si era él mismo quien debía
pronunciar las sentencias o si los autos habían de remitirse para su
dictamen final al Consejo de Aragón oon.
Al mismo tiempo que se averiguaba fa conducta profesional de
los magistrados de la Audiencia, empezaban a barajarse los nombres
de juristas que serían apropiados para integrar la nueva plantilla de
dicho tribunal, rigiéndose por las flamantes ordemmzas que para su
funcionamiento se habían dispuesto en la Corte (102). Sumamente inte-
resante, bajo esa perspectiva, es el mcmorüll de las personas, letras y
cualidades de los letrados de Valencia, que el visitador general con-
feccionó hacia septiembre de 1543. Consiste en un elenco de dieciséis
hombres de leyes, a los que Gasea había tratado personalmente o de
los cuales había escuchado comentarios favorables (o perjudiciales),
y que por la combinación de sus virtudes le parecían más o menos ade-
cuados para desempeñar puestos de responsabilidad en su patria. El
autor dd memorial hace referencia a la experiencia o habilidad de
los candidatos para ejercer negocios de justicia y gobernación; a la pro-
fundidad de sus estudios o conocimientos en matcría jurídica; a su prác-
tica en la abogacía; a su edad; a la ''limpieza" de su sangre, etc. (103).
El único cargo de la Rota que permaneció vigente a pesar de su di-
solución fue la regencia, que estaba en manos de micer Piquer. Luego
del fallecimiento de este respetado personaje (8 de agosto de 1544), se
nombró para ocupar la plaza al doctor Jaime Filibcrt -el nt"imcro uno
dentro del memorial de letrados que hemos indicado- (I0--0 , y no
(101) A.C.S. [stado,293, f. 13. Carta, ya citada, de 15-Vl-1544.
(102) El visitador propone nombres de letrados para componer la Rota, por ejcmpl~l, en
su carta a don Francisco de los Cobos de 21-VIII-1544, en A.C.S. Estado, 293, f.
121. Debemos algunas referencias sobre la evolución histórica de la Audiencia
valenciana a la gentileza de la profesora Teresa Canct Aparisi, dd Dl'par-
tamcnto de Historia Moderna de la Universidad de Valencia.
(103) AG.S. Estado, 287, f. 265 (anexo de una carta de Casca a don rrancisco de los
Cobos focha en Valencia el 13-IX-1543). Se [Link] en los Anexos documen-
tales, 11.
(104) A.G.S. Estado, 293, f. 133. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 9-Vlll-1544.
66
transcurrió mucho tiempo antes de que se conociera la identidad de
los otros cinco doctores que iban a formar parte de la Audiencia, deter-
minándose asignar a cada uno de ellos 4.000 sueldos de emolumento
anual (105). Por fin, en una comunicación datada en febrero de 1545, lee-
mos que el máximo tribunal del reino acababa de entrar nuevamer. te
en actividades (106).
Durante su labor como juez de residencia, los mayores tropiezos
que debió enfrentar don Pedro de )a Gasea se hallaron en el proceso co-
rrespondiente al portanveces (o teniente) de gobernador general; un
dignatario autóctono que representaba la cabeza pólítica del país va-
lenciano, encargado de vigilar · la tranquilidad social y de adminis-
trar justicia en casos de delincuencia común (107). Ejercía este oficio el
anciano don Jerónimo de Cabc1nillas, miembro de una familia enquis-
tada en los altos círculos sociales del reino, el cual estílba asentado en
dicha plaza desde hacía varios lustros. En el pleito contra Cabani-
Jlas -al igual que en las [Link]<ís residencias practicadas por el visita-
dor- actuó de fiscal un clérigo, el licenciado Luis Fcrrcr, quien ocupa-
ba similar empleo en el tribunal de la Inquisición de Valencia (108) •.
Los autos del juicio qµc comentamos empezaron a form~lfse hacia
mediados de 1544, con la información de testigos realizada a petición
del fiscal, hasta que el 3 de septiembre de dicho año se elevaron ante
el residcnciador los cargos que exponían la deficiente actuación del
funcionario de marras 009). Pero el intrigante Cabanillas, zorro viejo
en estas lides, no se quedó atds y respondió con una extensísima defen-
sa, tratando de rebatir punto por punto las acusaciones de su contrin-
(105) Jbid., f. 100. Carta, ya citada, de 14-IX-1544. Cf. CALVETE DE ESTRELLA, (5),
IV,p.240.
(106) "Los de la rota han empeQido su offi~io y muéstrase tener satisfa~ión dellos",
informa el licenciado Gasea en su carta de 7-11-1545 (ya citada). AG.S. Estado,
297, f.60.
(107) REGLA I CAMPISTOL, (39), p. 84.
(1~) B.N.M. Ms. 727, passim. En este volumen se contienen los autos completos de la
residencia pública tomada a Cabanillas, en copia legalizada de 1545.
(1()()) lbid., f. 79-91.
67
cante 010). A fin de dar suficiente peso a su alegación, llamó a los más
prominentes habitantes de la capital para que testificaran en su fa-
vor: el virrey y capitán general, duque de Calabria; el almirante de
Aragón, don Sancho de Cardona; el obispo de Segorbe, don Jofré de
Borja; el gobernador de Játiva, don Luis Ferrer; el rector de la Univer-
sidad de Valencia, doctor Juan Cclaya, junto con otro medio centenar
de figuras ilustres 01n. Sin embargo, se encontraba a la vista de todos
que, por los achaques propios de su edad, el gobernador no estaba apto
para desempeñar correctamente un oficio tan difícil.
Antes de ordenar la sentencia, el licenciado Gasea convocó una
junta de letrados, con la intención de dis1cutir cuáles serían los térmi-
nos idóneos para apartar del puesto a don Jerónimo, sin herir grande-
mente su sensibilidad. Siendo evidente la ineptitud del gobernador,
todos se pusieron de acuerdo en que "por sus canas y lo que hauía se-
ruido en otras cosas fuera del officio, se callase esto y por las mejores
palabras que pareciesse se le quitasse esta facultad, echándole a su
edad, pues aquel título no era afrontoso sino honroso" 012). Y de esta
suerte, al publicarse la sentencia el 28 de marzo de 1545, el juez hacía
notar que por las declaraciones recabadas en los procesos secreto y pú-
blico de la residencia, era aconsejable que Cabanillas delegara las
funciones de portanveces de gobernador general en su sobrino don Juan
Lorenzo de Villarrasa, quien contaba con la requerida anuencia del
Emperador. Más aún, por añadidura, se suspendía al viejo dignatario
en el empleo de baile de la villa de Liria 013).
(110) lbid., f. 92-157. La defensa, presentada el 22-IX-1544, constaba de nada menos
que 379 _capítulos.
(111) lbid., f."158-287. La probanza tuvo lugar desde 22-IX-hasta 8-X-1544.
(112) . A.G.S. Estado, 297, f, 120. Carta, ya citada, de 28-IV-1545.
(113) B.N.M. Ms. 727, f. 314v. Dicha sentencia fue apelada tanto por Cabanillas como
por el mismo fiscal, licenciado Ferrer; éste reclamaba que la condenación
aplicada al gobernador era muy leve, especialmente porque no comprendía las
penas en que había incurrido a causa de no haber salido nunca a visitar el reino,
estando obligado a hacerlo una vez cada año. Cf. íbid., f. 320v.
Por R.P. dada en Blanes el 2-V-1543, se facultó a don Jerónimo de Cabanillas a
cometer la tenencia de gobernador general de Valencia en favor de don Juan
Lorenzo de Villarrasa, ~u sobrino. A.R. V. Real, 429, f. 92.
68
Noticiado de ese dictamen, el gobernador montó en cólera y diri-
gió una amarga queja al Príncipe, entonces regente de la monarquía
hispánica 014). Su iniciativa fue coronada con éxito, ya que el 25 de
mayo de 1545 -atendiendo a una orden de Felipe 11- se restituyó a
don Jerónimo de Cabanillas la facultad de ejercer la gobernación en el
reino de Valencia 015). Esta ignorancia del vcnxiicto de Gasea, ha-
ciendo saltar los intereses pi.1rticularcs de un aristócrata por cncitna
de las atribuciones del residcnciador, constituyó un duro golpe para
nuestro sujeto: comprendió entonces que las leyes no tenían fuerza para
resistir a los poderes sociales existentes y que el remedio m,1s aconseja-
ble para un gobernante de origen foréínco scrfo pactar desde el princi-
pio con los señores de la tierra.
Para tramitar las cuestiones pr()piamentc jurídicas, c1 goberna-
dor general contaba con el auxilio de un hombre de leyes denominado
el asesor de la góbcrnación. Este funcionario gozaba de relevante pres- ·
tigio, hasta tal punto que el comisionado regio nos expresa que "si no
fuesse por la superioridad que en recorrer dél a la Audiencia Real
hay, le temía por de mayor auctoridad que c1 del rigente, porque se
tractan ante él -a lo que tengo cntcndido- m,ís múmcro de causas cri-
minales y ahún ciuilcs que en la Rota y se determinan con solo su pa re-
cer" (U6). Por carencia de titular en ese empico, se halbba sirviendo
interinamente la asesoría el doctor don Pedro Luis Sanz, un c1bogado
con larga experiencia como consultor del Santo Oficio 017>.
Repetidas veces, el licenciado de la Gasea anota en sus cartas la
utilidad de que sea cubierto debidamente el puesto de asesor de lago-
bernación. Debido a la importancia de este cargo, sugiere que se nom-
bre a una persona muy calificada y de buena reputación, motivo por el
cual desestima la candidatura que se había efectuado de don Lcandro
Loriz, un individuo con experiencia pero sospechoso de "mala razi.1"
(114) A.G.S. Estado, 297, f. 129. Carta de don Jerónimo de Cabanillas al Príncipe,
fecha en Valenda el 1O-IV-1545.
(115) B.N.M. Ms. 'n.7, f. 321 v. Provisión otorgada por el virrey duque de Calabria.
(116) A.G.S. Estado, 297, f.120. Carta, ya citada, de28-IV-1545
(117) Ocupa el segundo lugar dentro del memorial de letrados de Valencia
confeccionado por Gasea. A.G.S. Estado, 287, f. 265.
69
018); en
una comunicación Icemos su propuesta de fijar en 4.000 sueldos
la renta anual del asesor 019). A manera comparativa, recordaremos
que ése mismo era el salario de los oidores de la ·Audiencia, mientras
que el gobernador disfrutaba de un emolumento de 10.000 sueldos por
cada año020).
La administración de otros oficiales de justicia, de rango in-
ferior, ocupó también un sitio en la labor fiscalizadora de nuestro
protagonista. Por ejemplo, sometió a residencia al abogado fiscal y
patrimonial micer Martín Poncc, sustituyéndolo provisoriamcnte des-
de diciembre de 1544 por el doctor Jaime Gascón 021); este funcionario
poseía como tarea la de mediar en conflictos de atribuciones que
pudieran suscitarse entre represcrit. rntes de Ja Corona 022). Adem,1s,
. una carta suscrita el 8 de agosto de 1545 proporciona información acer-
ca del desarrollo de los negocios del visitador en el ámbito que ahora
contemplamos. "En la residern;ia de las justic;ias de la c;iudad, crimi-
nal y c;ivil y de trezicntos sueldos, se entiende, que es la postrera de
los tribunales de dentro della, y hay mucho que hazcr en la secreta
porque creo que en parte de toda Spafia no se usa de offic;ios de admi-
nisfrac;ión de justi<;ia tan corruptamente como aquí se hazc en éstos",
asienta en dicha .misiva, tratando de excusar en a1go la morosidad de
su actm1ción (123).
Algunos problemas de menor entidad vinculados con el ministe-
rio judicial se dejan entrever en los documentos de la visita del reino
de Valencia. Luego de la concordia dispuesta con el rey de Francia a
(118) Explica el visitador que Loriz gozaba de mala estimación entre la gente
valenciana porque no podía olvidarse que fue sacado públicamente al cadalso,
obligándosele a abjurar de su doctrina en medio de la plaza mayor de la capital.
Véase su carta de 28-IV-1545, en A.G.S. Estado, 297, f. 120.
(119) Ibid ., f. 56. Carta de Gasea a don Francisco de los Cobos, fecha en Valencia el 1O-
III-1545.
(120). CALVETE DE ESTRELLA, (5) IV, p. 240.
(121) AR.V. Real, 1320.
(122) REGLA I CAMPISTOL, (39), p . 94.
(123) . A.G.S. Estado, 297, f. 165. Respecto a la competencia jurisdiccional de los
mencionados oficiales, puede consultarse REGLA I CAMPISTOL, (39), p. 94.
70
través de la paz de Crépy, habíase ordenado sobreseer en los litigios
abiertos contra propiedades de los franceses (por enemigos de guerra),
y esto motivó una consulta del clérigo don Pedro sobre la salida que de-
bía darse a los pleitos de esa materia que se ventilaban en la Rota va-
lenciana 024). Más interesante es la denuncia que formula en julio de
1545, señalando la reprobable costumbre de los delincuentes q~e, para
evadirse de los fueros secular y eclesiástico, trataban de ganar el fa-
vor de los legados apostólicos. Tal maniobra de burla a la legalidad
le hacía expresar una severa censura: "es una de las cosas más per-
nic;iosas a la buena administrac;ión de justic;ia y al castigo de los delin-
quentes y pac;ificac;ión de los pueblos" 025). ¡Frases bastante duras sa-
lidas de la pluma de un sacerdote diocesano que, en última instancia,
debía acatamiento a la sede apostólica de Roma!
La urgencia con que Gasea debió abandonar el litoral mediterrá-
neo no le dio plazo para 11cvar a término la residencia de todos los
magistrados de Levante. Al partir dejó los expedientes de los proce-
sos inconclusos, junto con una relación o sumario para hacer más fácil
el entendimiento de cada uno de ellos, bajo la custodia del secretario
de la visita Pedro Sore11 en el archivo de la Inquisición de Valencia
026). Quizá no pudo avanzar tan a fondo en este campo como en .la exa-
minación de cuentas del patrimonio real -entre otras cosas, porque
empezó a hacer las residencias más tarde-, pero logró infundirse de
buena experiencia con respecto a los problemas y las actitudes socia-
les frente al ejercicio de la ley.
6. COMO BALANCE: EXPERIENCIA EN LAS RESPONSABILI-
DADES GUBERNATIVAS
Al margen de las tareas que estaban fijadas en su instrucción,
paulatinamente el visitador general fue asumiendo mayor injerencia
en las funciones gubernativas de Valencia, distinguiéndose como pro-
tector de los intereses de la Corona. En enero de 1545, cuando estaba li-
(124) A.C.S. Estado, 297, f. 58. Carta de Casca a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 27-11-1545. Cf. ITRNANDEZALVAREZ, (1), p.152.
(125) A.C.S. Estado, 297, f. 64. Carta de Casca a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 5-Vll-15-15.
(126) Cf. CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 264.
71
tigándose en la Santa Sede un pleito sobre el maestrazgo de la Orden
de Montesa, el comisionado lanzó la propuesta de aprovechar esa
coyuntura a fin de incorporar las posesiones de dicha corporación reli-
gioso-militar dentro del patrimonio real. Hacía notar que la
sustancia de este proyecto no consistía en la suma de dineros que pudie-
ran engrosar las arcas fiscales, ni tampoco en el número de vasallos
que se pondrían bajo la jurisdicción del rey; lo más importante era que,
por pertenecer el maestre al brazo eclesiástico del reino, con su depen-
dencia del Estado se aseguraría una voz adicta a la causa monárquica
en las Cortes y en otras reuniones de los estamentos valencianos, a la
par que los servidores de la Orden se convertirían en s~_bditos leales
al soberano 027). '
Para acompañamiento de la carta donde proponía la incorpora-
ción de los bienes, Gasea hizo confecciona r una relación somera de los
lugares, vasallos y rentas que estaban en manos de los caballeros de
Montesa 028). Tan sugerente pareció esta idea a las autoridades de la
Corte vallisoletana, que decidieron remitir esos papeles a Flandes
para que los viera el mismo Carlos V. Así, el César manifestaba en
una comunicación que "si esto se pudiesse acabar, no dcxamos de conos-
cer que sería de muy gran momento", aunque pensaba que la cuestión
debería examinarse con mucha pmdencia 029). _
Hay otro caso en que el licenciado se muestra como defensor del
estandarte monárquico y toma inclusive medidas para oponerse a uno
de los grandes del reino levantino. Se trata del duque de Escalona,
que poseía entre sus dominios unas tierras aledañas a la Albufera, la-
go ubicado al Sur de ]a capital valenciana. Por mediados de 1545, al
plantearse la necesidad de transportar cierto lote de madera pertcnc-
(127) A.C.S. [stJdo, 297, f. 308. C:irta de Casca a don francisco de los Cobos, f('cha ~'. n
Valencia el 20-l-1343. Se transcribe en los Anexos docunwntalcs,' IV. [n lJs
espaldas de di chJ cJrta podl'ITWS leer la siguiente inscrip~·ión: "P.:ira emL,i ;:i r ¡:¡
riandes. I !ase de guardar para con monseúor de Crnnvdla", lo cual es signifí -
_cativo de la irnport:mcia que se le asignó en la Corte.
028) !bid ., f. 307 (duplic.:ido en f. 37). /\cerca dd patrimonio y evolución históric:i de
la referida Orden, puede consult:irsc d estudio de VIL L;\RROY/\, Jos(·ph, Re.11
maestrazgo de Montesa (Valenci a: Benito Monfort, 1787), 2 v.
(129) Carta de Carlos V a Felipe IL fecha en Maestricht el 5-V-1545, publ. en
FERNANDEZ AL VAREZ, (26), l I, p. 380.
72
ciente a la Hacienda Real a través de dicho lago, el duque intentó
oponer dificultades, all'g.:mdo que se estaba violando en algún modo
su propiedad (DO). En inmediata reacción, m1t'stro personaje le dirigió
a Esca1onil una c.1rta de rcprimcndíl 031) y, aún más, ordenó que se cm-
bc1rgar,rn cicrt()S bienes dL' ~"'r()pieckid del duque hasta que la m,1dera
fuese recibid.a a s,1lvo en Valencia 032).
Puede ser intcrcsantL' anotar otros situ,1eicnws en l,1s cuaks inter-
vino el juez de rr-~idcnci..l, cns,mchando su b.1g,1je en l,1 fü.iministr¡ici(m
de negocios púL,liws. Durante lus meses inicic1lcs de ·¡544 tc)rn6 p.:irtc
en conversaciones oricnt ..itfos a logrM que los rcprcsentzintcs de l.1 ciu-
dad de Turía propc)rcionc1r,rn 1111 crnpr{'slito dL' 30.000 libr¡1s, sumo qul'
sé ncccsit,1ba p<1rc1 ,1honm PL'nsioncs del cr,.1ri(); como quin,1 que h)s
ci ud.:-idmws se nw~tr,1b,111 n-;:1ei(1s a s(d tc1r l'1 di ncro, Casca no se nin tu -
vo l'n sc11aL1r que era g vntc "prouL'[Link] y ,1rniga de no ver su pud.,lu L'n
ne\cssid,1d" (1.\1). Algo después le tocú ofici,1r de mcdi,1dor l'll un,1 dis-
puta [Link] entre dos nobles c,1bc1llcros, don Xim{,n Pércz d e
C1btayud y d()n Ram(-:,n de Cbtall,1 (octubre de ·¡54..i) (13-l)_ Tuv(l ,isi-
rnismo la fort11n,1 de tr,1tc1r pnst>nalnwntc al mzohisp() ,·,1lc11l·i,rnp
Santo Tom(ls de [Link]'v,1, lo cual le mPvió a bmcntM lt1 fc1lta que
il,a a SL'nlirsc en la di()n.'sis con lc1 aus1.'nci,1 del prelado dd1ido a su
viiljc ¡1,1r.1 inll'n·cnir vn el C()ncil io de Tren to: funcl.íbasc en d ''fructo
que con su doctrin,1 , en el púlpito y fuera d(,J, y nm (:l cxcrnplo dL' ~11 vi -
da, spíritu y deseo que parc1 todo 1o bucnn til'nc y en L'l se con(.)s~c, h.:i-
(130) En virtud de privilegio concedido el 29-I-1418 por el n'y Alfon~) V de Aragón, el
J\fagn.ínimo, se dbpuso la incorporndón de la Albufera y de todos sus beneficios
al pzitrimonio de la corona. SALCEDO f[l~IV\NDIZ, [Link], Estudio
histórico-jurídico de la Albufera de Valencia y de sus aprovechamientos (Cas-
tell(m de la Plana: Sociedad Castellonense de Cultura, 1936), p. 21.
(131) t\.C.S. Estado, 297, f. 62. Carta fecha en [Link] el 10-Vll-1545 . .
(132) !bid., f. 257. Carta, ya citada, de 3-IX-154.5.
(13:1) t\.C.S. Estado, 293, f. 120. Carta de Ga~ca a don francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 28-V-1544. Cf. CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 240.
(114) AG.S. Estado, 293, f. 122. Carta de Casca a don Francisco de los Cobos, fecha en
Valencia el 29-X-1544.
73
ze" (135). He aquí un elogio de estilo scmicultcrano para un santo de la
Contrarreforma. ,
Según hemos insinuado ya, el punto culminante de la trayecto-
ria política desarrollada por Pedro de la Casca en Valencia se encuen-
tra alrededor de la sentencia que dio al proceso residcnciador contra
don Jerónimo de Cabanillas, portanveces de gobernador general. Ante
la decisión de la Corona de restar vigencia al fallo que había pronun-
ciado el juez, sumamente dolido, este magistrado dirigió una suplica-
ción al comendador mayor Cobos, establlccicndo la siguiente disyunti-
va: o se admitía en vigor el dictamen emitido por el visitador o, de lo
contrario, parecíale "será · mejor darme licencia para que me vaya".
En la misma comunicación se quejaba del virrey, duque de Calabria,
quien a causa de "la gran benignidad que él tiene para dcsscar compla-
zer a todos" había manifestado de cara at la Corte una opinión favora-
ble a Cabanillas, no obstante que en un principio había dado su consen-
timiento a la determinación de apartar al gobernador de su oficio
(136) •
.Pese a las súplicas de su estimado hombre de confianza, don
Francisco de los Cobos no hizo más que responder con una misiva de to-
no tranquilizador, advirtiendo que la medida que se había resuelto
en la Corte no significaba derogar la autoridad del visitador (137).
Hasta tal nivel había crecido el poder de Casca dentro de la comuni-
dad valenciana, sin embargo, que el mismo don Jerónimo de Cabani-
(135) lbid., f. 64. Carta, ya citada, de 5-VIl-154S. a. ESCOLANO, Gaspar, Década
primera de la historia de la insigne y coronada ciudad y reyno de Valencia, 11
(Valencia: Pedro Patricio Mey, 1611), lib. X, cols. 1754ss.
(136) A.G.S. Estado, 297, f. 120. Carta, ya citada, de 28-IV-1545. De esta misma
comunicación podemos extraer otras frases reveladoras del estado de ánimo de
nuestro personaje: "... suplico mande darme fouor para que semejante disfauor no
~ me haga, porque vn hombre de tan poca stima como yo, en tierra strangcra y
tan poco acostumbrada a negocios desta qualidad en que entiendo; y encon-
trándome en ellos con tantas personas y de tanta qualidad, si le falta el calor y
reputación que de Su MagL'Stad y Alteza y de los que a su lado L>stán he de tener,
no valdrá de más de que sea menospreciada su persona y desacatadas las vezes
que de Su Magestad tiene".
(137) lbid., f. 217. Carta fecha en Valladolid el 12-V-1545. El comendador mayor
solamente le promete que "de aquí adelante se tcrná el miramiento que conuiene
para que vuestra merced no tenga causa de que quexarsc ni tener dcssabrimien to".
74
)las ~uizá con una pizca de exageración- se manifestaba escéptico
· a admitir que el mandato regio expedido en favor suyo tuviera efecti-
vo cumplimiento. En un escrito del 4 de mayo de ·154~ expresaba el go-
bernador que "yo no podré ser muy bien proucydo porque el licenciado
('St,í hecho aquí el dios Apolo, en tan gran manera, que lta de hazer to-
do extremo por sallir con 1a suya" 018). Similar estimación podemos
apreciar en el pensamiento del <.foque de Calabria, pues consideraba
que el jm.'Z de Tl'sidcncia se había extralimitado respecto a sus atribu-
ciones lega les, y lo anotaba en ~stos términos:
"... se ha engolfado tanto en mis cosas, que muchas vczes las
proucc sin darme raz6n defü,s hasta que sonexecutadas, vsan-
do de contra fueros y modos no lí<;itos, y como ~sta gente es li-
viana cree que todo lo que c1 dicho licenciado haze es pór co-
missiém que tiene para ello de Su Magcstad o de Su A ltc-
za ... "0J9).
No existe constancia acerca de vinculación de nuestro individuo
C()n ningún grupo en particular de Ja . sociedad de Valencia. Desde el
punto de vista profesional, empero, mantuvo estrechas relaciones con
sus colegas del tribunal de la lnquisici6n. Para cubrir los cargos auxi-
liim:-s mc:ís importantes de la visit<1, se sirvió precisamente de funcio- .
narios del Santo Oficio valenciano: asignó la receptoría general de
pecunia a mosén Cristóbal de Medina y Aliaga, receptor de bienes in-
quisitoriales; ejerció de promotor fiscal en todos los juicios de residen-
cia el licenciado Luis Fcrrcr, fiscal del Santo Oficio; y en todas las
gestiones del visitador laboró como escribano Pedro Sorcll, notario
dd sccrl'lo con muchos años de antigüedad en la Inquisición 040).
(138) )bid., f. 170. Carta a don Francisco de los Cobos.
(139) lbid., f. 95. Carta del duque de Calabria a don Francisco de los Cobos, fecha en
Val encía el 2]-Vlll-1545.
(140) A.H.N. Inquisición, lib. 322, f. 365. Cédula expedida por el Consejo de la
Inquisición en Valladolid el 10-Vl-1544, en la cual se menciona que Sorell era
entonces un hombre viejo y enfermo, que contaba con 35 años de servicios como
notario del Santo Oficio. Véase también ibid., f. 405v. Mandamiento del Consejo
despachado en Madrid el 7-XJ-1545, ordenando la distribución de ayudas de
costa entre la; funcionarios de la Inquisición de Valencia.
75
El sacerdote castcfürno, como buen amante de su profesiún, esta-
ba convencido de que la gente de hábito religioso era la 1rnb indícada
para dcscmpcfiar cicrtzis rcspons,1bilidzidl's públicas. Por este moti-
vo, al idea r la persona que podría succdcrlo en la visit,1 dl'l reino,
ofrece solamente nombres de candidatos cck'si,btíet)S y sitú.i L'n la ca-
beza a un ministro inquisitori,11. Justifidndose, ,mota la tr,1sCL'nckn-
cia de que la persona "fuessc dd Scrnlo Offi\io por el mús respecto que
a las dél en esta tierrn se tiene". En la lista de sus favoritos otorga ca-
bida al JiCL'nciado Valtodano, inquisidtir de Toil·do, <11 lin' ncíéldo
Arévalo, d1.;cín ck Scgovici, al líccncír1do Tcmino, pro Yisor 1..k' Se\·illa,
y al ya mcnlcKio doctor Accbcs, c,1m'inigo de Bur~:~ps (l-tl)_ f°\:(>S [Link]!,1-
mos, en rcc1lid. 1d, dentro de un período histórico en que sl'rÍ,1 incorrL'C-
to plantL'ar una división t,1jan1L' entre !(is p<)Lkrcs cívil y L\cll':-.itÍstico,
ya que es C\'idcnte la continua interacción o "contamin,Kitln" de am-
bos cll'mcntos; lo que primilb,1, rn(b biL'n, era lci intenci(in t'.,l.'IH:rc1liz.1-
[Link] ·de halbr los medios ¡1propi t1 dt1s p,1r,1 rl.'alizar d l)icn CPI11t1n -idc-
rd político- de todos los :,ujl'tos de l.1 fl'f'ú[Link] 0-C).
Halljndosc subordinado a l,1 rq~la ck-ric-.11, el licl'1Kiddu Cc1sc1
no poseía facultad p,ira cnknder vn Glll~·dS crimin,1iL's ni l'n (,tn,s as-
pectos de la vidd m<1tl'ri,d 11jL'rn,s a la lgll'sia. Por b u ,, i,·L'rSd liLfod
de problcm,1s que le CPmpctía él\Trigu,ir corno juez dL' t<)dus l<,s ()fici;i-
lcs del reine), fue ncccs,1rio tr,1mít,H lc1 e:'\p1..·diciú11 de un brc\"L' dl'i
Papa, en donde se crntorizara al cl(·rigo a t)cup.1r~,c de ,llJlll'llcis nl'go-
cios comú nmcntc prohibidos parc1 lt1s miL'mbms de ~u }"rti fc~i<'in. Ucsco-
nocemos lc1 fecha C.\,Kl,1 en que s,.1lú·, a luz el dticumcnto p<.1ntificio,
mas rcfcrcnljas sueltas en lél cr1rrcspnnckn cia dl' l~l l~p(1L\1 nns d,m a
conocer que hasta octubre de ·15..J...J., c11,rndP nwnos, todc1\·í,1 se t1~~u,1rd,l-
ba su promulg,1eiún ( 143). Crc1ci.1s c1l ,11npdiro de dicho in'.--tru1n1·ntP, dPn
(141) A.C.5. Estado, 297, f. 257. Carta, ya citada, de 3- JX-1545. Cf. CALVETE DE
ESTRELLA, (3), IV, p. 264. .
(142) Cf. SANCHEZ ACESTA, Luis, El concepto del Estado en el pensamiento español
del siglo XVI (Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1939), p. 24-26.
(143) En una mísiva fecha el 29-X-]544, en la que solicita se apura la expedición del
breve apostólico, Gasea relata de cierta junta de magistrados que hubo de
convocar en su morada para tratar sobrn el castigo a un criminal: "tuve
nc\cssidad de juntarlos en my possada y de hablar en ésta y en otras alguna de la
mesma spe~ic algunas cosas que, no teniendo dispensación para ello, me ponen a
vezcs scrúpulo". A.G.S. Estado, 293, f. 122. Véase también la ('.arta de Felipe H a
Carlos V, fecha en Valladolid el 17-lX-1544, publ. en FERNANDEZ
Al VAREZ, (26), II, p. 275.
76
Pedro logró evadir la tacha de irn'gularidc1d, pudiendo tener inter-
vención en cualquier gL'ncro de dl'litos, cometidos tanto en paz como en
guerra, con la única salvedad de no ejecutar las scntenci,1s de muerte o
tk mutilaciúnde miembros corpora les por su propia mano O+.n.
A guisa de batmcc de los tres ai'ws en que se ocupó el protago-
nista como visitador dd reino de V,1lcncia, debemos resaltar la
s,1¡,iL'ncía que adquirió por medio de su contacto con l()S dirigentes del
gobierno. No hay que olvidar, por cierto, que su tarea fundamental no
consistía en dcscmpcffar un mi administrativo, sino en fiscalizar el
mam'jo de la cosa pública efectuado pnr los oficiales de la Corona. De
esta 111<rncra ganó cxpc'ricncia en los diferentes úmbitos de la goberna-
ción, especialmente en cuanto a las finanzas y al ministerio de jus-
ticia, tratando de cerca los problcn1as caractl'rÍsticos de cada uno de
c~()S ramos. Asimisrno, ,1prendh', d contacto con gentes e instituciones
extrafü.1s y el tr.1to con hombres poderosos de una estructura social
constituida de ,Kuerdo a dnoncs pccu1iarcs.
En tod-1s las circunstanci ~1s, el visitacior dio pruebas eficientes
de su füklidad en el servicio a la Coroné1; se esforzó por mantener, e
inclusive aumcnt1r, lc1 s n)~<1lías propias del soberano y por castigar
rigurns,1mente los fraudes que atcntc1ban contra el poder estatal. Así
se cunstituyó el licenci ,[Link] de la Casca en una figura de confianza pa-
ra l'I rey, é1pta para desempei1ar responsabilidades políticas de ma-
yor envergadura.
7. SU VINCULACJON CON CUBOS, EL PODEROSO
CONSEJERO
Llq:;~1dos a esta altura de m1l'stro cstudiP en torno a la obra polí- -
ti cd de f\,dro de la Gasc.i, SL'r,í pcrtinl'ntc enfocar un soporte de índole
pl>r~,011¡1] quL', a decir n·rlfad, sustentó grandemente el ascenso del clé-
rigo en la vida pública es~"'ai1ola del siglo XVI. Es un soporte que tiene
que h,1evr co n el hict1l;t.;o ubctc.·nsl' dPn Fr,rncisco de los Cobos, comcnda-
dPr m..1ynr de Lt.'l,m, quil'n nwrn.•d ,l su t1borinsidad y cautela había
(144) /\sí lo declara el propio clérigo en las constituciones de la capclbnía mayor de
la Magd.:1l ena de Vulbdolid, que otorgó en Sigücnza el 7-Xl -1567. CUESTA
CUTJ[ RJ<EZ, Luisa, La obra de D. Pedro de la Gasea en América (Santiago de
Compostda: Tip . de TI [co Franciscano", 1928), p. 71.
T7
ido escalando posiciones dentro del aparato burocrático de Carlos V,
a partir de la proclamación de éste como monarca español. Puede de-
cirse que el poderío de Cobos alcanzó su apogeo en 1543, con la salida
del Emperador hacia la península itálica, que motivó la regencia del
adolescente príncipe Felipe 045),
Mediante las extensas atribuciones q¡ue delegó en su fiel mm1s-
tro, el César convirtió a Cobos en una suerltc de brazo derecho o asesor
primordial del Príncipe. En las instrucciones secretas de Palamós (ma-
yo 1543), anotaba el monarca en uno de los capítulos: "Tiene experien-
cia en todos mis negocios y es muy informado de ellos. Bien sé que no
hallaréis persona que, de lo ·que a ellos toca, os podáis mejor servir
que de él, y creo que él lo hará bien y limpiamente" 046). Así, pues,
investido de contador mayor dl' Castilla y miembro del Consejo de
Estado, don Francisco de los Cohos era un elemento de extraordinaria
importancia para todns las tramitaciones y resoluciones de materias
bélicas, eclesiásticas, · tinancicr,is, administrativas, etc.; en suma, un
auténtico foco de atracción denrrn de la Corte. La única figura capaz
de hacerle sombra l'ra l'l c<1rdcnal don Juan Tavera, líder de otra fac-
ción dentro de los .ilto~ ,·írni1Cls liurocráticos, cuyos integrantes se dis-
putaban con los se~uidc,res dt· Cobos la preeminencia de los honores
(147),
En relación con esas rivalidades palaciegas, es difícil precisar
en qué momcntoahandonód liccnci,[Link] [Link].1.11 p . 1rtidn de· Tavern - -su
introductor en la Corte- par,1 sumar~l' ,11 [Link] de su c;1mbicioso npo-
ncnte. De todas maneras, a lo largo de su ¡permanencia en la comarca
levantina sabemos que mantuvo vinculación, tanto oficial como priva-
(145) KENISTON, Hayward, Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V, intr. y tr.
de Rafael Rodríguez-Moñino Soriano (Madrid: editorial Castalia, 1980), p. 248.
Otro historiador ha escrito al respecto: "Francisco de los Cobos... está en la
cúspide de su carrera. Se le encarga incluso de vigilar la acción de los alcaldes de
corte. Es el que recibe los memoriales que los particulares entregan a Felipe los
días de las audiencias públicas. Es aquel, en fin, por cuyas manos pasa toda la
firma del Príncipe. Cobos, por lo tanto, es la gran figura -hasta su muerte- de
esta segunda regencia de Felipe". FERN~NDEZ ALVAREZ, (6), p. 702.
(146) CARANDE. Ramón, Carlos V y sus banqueros (Madrid; Sociedad de Estudios y
Publicadoms, 1967), 111, p. 243.
047) KENISTON, (145),p. 326-328; FERNANDEZ ALVAREZ. (6), p. 703-704.
'"-::.?
da, con el comendador mayor de León. Múltiples testimonios dan
cuenta de ese entendimiento, comenzando por una carta hecha el 20 de
junio de 1542, en la que el ministro del Santo Oficio recomendaba las
virtudes intelectuales de su hermano menor, el doctor Diego de la
Gasea {jurista de la escuela salmantina), con el objeto de que se le pro-
veyera un empleo en la Real Chancillería de Valladolid. Expresaba
que ambos hermanos se consideraban "'servidores y allegados de
casa" de Cobos y recordaba que hace poco tiempo Diego había acudi-
do a saludarlo en su despacho cortesano, acompañado del obispo de
Cartagcna, nuestro conocido maestro Silíceo (148).
Bastante sugestivo es el texto de otra comunicación suscrita en
Valencia, el 12 de febrero de 1543, donde el emisario regio hace refe-
rencia a "la confian~a que su Magestad de my hizo y a la fian~a que
vuestra señoría (Cobos) por my tiene dada" 049). ¿Acaso significa esto
que el comendador mayor otorgó la fianza que usualmente se requería
para garantizar el fiel desempeño de los oficiales de la Corona? De
ser cierta esta presunción, nos hallaríamos ante una prueba
inmejorable de la afinidad que enlazaba a nuestro individuo con el
poderoso hombre de estado. En cuanto a relaciones de carácter más
íntimo, podemos citar la esquela consolatoria fechada el 3 de octubre
de 1544, en la que el juez de residencia manifiesta su pésame por la
defunción de don Juan de Mcndoza, aristócrata castellano, cuñado del
valido de Carlos V (150).
Uno de los episodios en que, desde luego, había de evidenciarse ·
la adscripción del clérigo respecto al partido de Cobos, era el asunto
de la residencia contra el gobernador valenciano donde Jerónimo de
Cabanillas.' En la misma fecha (28 de abril de 1545) que remitió a la
Corte un circunstanciado informe acerca de dicho proceso, Gasea di-
rigía una misiva de tono personal a su protector. "A vuestra señoría
humildemente supplico, con toda la instan~ia que puedo, que mande
passar por ello los ojos y que me dcc el favor que para el bien destos ne-
go~ios es ne~essario, pues me ha r~ebido por suyo y yo me tengo por
(148) A.G.S. Estado, K-1629, f. 8.
·(149) A.G.S. Estado, 287, f. 276.
(150) PEREZ DE TUDELA, (3), JI, p. 21-22.
79
tan de Ja casa y servi<;io de vuestra se11oría 1como los que en ella resi-
den y comen p,m", decía en [Link] cscncii11 de aquella carta OSI). Ya sa-
bemos, sin embargo, la contestación de don Francisco a ese propósito:
había que rcspctdr las canas y el prestigio social de Cabanillas, aun-
que Je J)Csara mucho al visitador o:;2).
· ¿Es que el licenciado, por asegurarse la confianz'1 de los podc-
rosós, burló alguna Vl'Z la legalidad en Valencia? Algo de ello se insi-
núa, creemos, l'n un curioso escrito despachado a fines de 1543. Ahí so-
licita el visitadt)r que se le brinde certidumbre en torno a la propie-
<.L1d de una TL'IT'ICSé.1 de yeguas y potros venida desde N,1polcs, la cual
ckcíasc que e~t,1b.1 destinada personalmente al comcmfador mi1yor de
León u.:;.,)_ Pero, lamentablemente, carecemos de mayores datos sobre
c~tc particular.
7.1. CASCA Y EL LEVANTAMIENTO DE LOS COLONOS
l'J-:RüLLROS
Don Francisco de los Cobos se encontraba en la cumbre de su
-inllt1L'TKii'l ck'ntro del gobierno hispánico cuando llegaron a la Curte
1c1s di..'S,)hr,1dc1hle~ noticic1s dc que Gonzalo Pizarrro, hcrmé.mo del fa-
nw~o conquist,)dor, y}¡¡ mayor parte de los n,lonos dd Perú se habían
,1lz<1do n>ntra los lkkg,1dos envi.1dos por el m(marca para regir esa cx-
tcns,1 y ric.1 pn 1\·ir'll-1,1 ultrnmarina. Según ]Js noticias, los ori'gcncs de
dicha subk\·.1ción n mcernfan, de un [Link], a las <.knominad.:1s Leyes
Nu<..Tas ( pwn111lg,1d.1s en 15--!2), que ----kñidas de lascasismo-- prctcn-
dínn irnpuncr un,1 serie de rt,for111,1s L'll J,.1 ,1dministración indiana, rc-
forz¡rndo el pPlkr lil' l,1 Cun.m,1 y F'rPtq~ícndo la conscrvaciún de los
nativos. l\,r otr,1 p,ntc, cr,1 l'\·idl'ntl' qtw mrKha \.:ulpa rt'Cdía en J,1 r1l·r-
son,1lid,1d intr,rnsihL'ntl' dl'I prim1: r ,·irrcv pl·rnano, Blasü) NútlL'Z \'e-
031) 1\.C.S. [sl ...i..fo, 2q7, r 119.
(152) Cf. J;J cnrt..l, \ 'J 1·itc.1d,1, dc -!2-V-1543:ihd ., f. 21 7.
(151) i\.C.S. [ [Link] o, 2S7, f. 25~. C 1rtJ l1l' CJ:-t:a a don rr ~rndsco de los Cobos, fcd,a l'n
Vak'rKi.i ,_,¡ 2(,-\ 1- t 3~1.1.
la, quien había intentado ejecutar las nuevas ordenanzas, provocando
encendidas protestas de los vecinos peruleros 054).
En el Cuzco, capital del derruido Imperio incaico, Gonzalo Piza-
rro había sido designado procurador general de la tierra y capitán ge-
neral de un ejército, con el cual pretendía reclamar por la fuerza que se
suspendiera la vigencia del discutido estatuto legal, así como el go-
bierno del antipático virrey. Al mismo tiempo, Núñez Vela debió ha-
cer frente a las desavenencias que lo oponían con los magistrados de la
recién creada [Link] de Lima, los mismos que trataron de sacar
provecho de esa conflictiva situación para satisfacer su ambición de
mando. Tras el asesinato del factor Suárez de Carvajal llegó a tal des-
crédito la figura del vicesobcrano, que los oidores resolvieron cogerlo
prisionero y deportarlo en un navío con rumbo a España. Acto seguido,
el licenciado Diego Vázquez de Cepeda asumió la conducción de la Au-
diencia, tomando bajo su responsabilidad el gobierno de la colonia
(155),
Pese a que los flamantes jefes políticos acordaron dejar. fuera de
efecto las Leyes Nuevas, que habían sido la base generadora del le-
vantamiento, el ejército acaudillado por Pizarro continuó .su marcha a
través de los Andes, con miras a posesionarse de la capital del virrei-
nato peruano. Ante la prepotencia de esos elementos militares, Cepe-
da desistió de ofrecer cualquier resistencia, suscribiendo el 23 de no-
viembre de 1544 la proclamacic\n de·Gonzalo Pizarro como gobernador
del país 0Só). Mientras los colonizadores rebeldes se instalaban en el
poder, el desdichado Núñez Vela consigllió librarse del cautiverio a
que estaba sometido y, rodeado de un buen número de soldados leales
al estandarte regio, se hizo fuerte en la comarca de Quitó. Hasta este
punto alcanzaba la reJacíón de los sucesos que difundieron los emisa-
(134) Carta de Conzalo Pizarro al virrey Núficz Vela, fcd1a en Cu,rco el 2-VIII-1544,
publ. en l'CREZ DE TU DEL/\, (3), 11, p. 202. Cf. rvt URO OREJON, Antonio, "'Las
Leyes Nuevas de 1S42-1543, ordenanzas para la gobcrn,1eión de las Indias y buen
tratamiento y consvrv;1ción de los indios", en Anuario de [stuJ ios Americanos,
XVI (Sevilla, 1959), \.'Spccialrncntc p. 368-576. ·
(155) LOI IM/\NN VILL[N/\, Guillermo, Las ideas juridico-políticas en la rebelión
de Gonzalo Pizarro (Valladolid: Seminario Americanista de la Universidad de
Valladolid, 19í7), p. W-31.
(156) lbíd., p. 32-35.
81
rios de ambos bandos en lucha, el realista Diego Alvarez de Cucto y
d pizarrista Francisco Maldonado, que arribaron casi simult,1ncamcn-
te a la Península 057>.
En Valladolid, donde a la sazón estaba levantada la Corte, am-
bos mensajeros expusieron su versión de los acontecimientos ocurridos
en América del Sur en c1 mes de junio de 1545. A fin de intercambiar
opiniones sobre el remedio m,1s apropiado para solucionar el pro-
blema, se hicieron deliberaciones entre los magistrados del Consejo de
Indias y del Consejo de Estadú, con la intervención del príncipe Feli-
pe. Dos de los ministros, el duque de Alba y el doctor Guevara, sostu-
vieron su parecer de que era conveniente que se mandara al Perú a un
caballero, hombre experto en lides militares,. quien en caso necesario
pudiera desempeñar el comando de las tropas para castigar ejemplar-
mente la sedición de los colonos. Pero en última instancia prevaleció
. la decisión de la mayoría de los consejeros: lo m.ís adl'cuado sería
enviar a la provincia revuelta a un letrado, es decir, un individuo do-
tado de prudencia y habilidad negociadora, que supil'ra deslizarse
cautamente entre ambos fuegos, con el objeto de rl'ducir a Pizarro me-
diante "blandura" a la sujeción del rey 058).
Designándose un personaje de tales cualidades -era Ja opinión
mayoritaria-, se evitaría un cuantioso dispendio en pt'rtrcchos y gen-
te de guerra, así como un inútil derramamiento de sangre. Esta misma
era la idea del comendador mayor Cobos, según se desprende de una
·carta suya que remitió al Emperador el 30 de junio del año indicado'.
Aprobaba, en general, las propuestas del Consejo de Indias y sobre 1a
manera de efectuar el [Link], manifestaba que "no se puede Jlcvar
por rigor, ni ay forma ni possibilidad para ello, y ay muy grandes in-
conucnicntcs de no llcuarse con blandura" 059}. En cierto momento ini-
(157) CALVETE DE ESTRELLA, º(5), lV, p. 261; 1-IAMPE MARTINEZ, Teodoro, "En
torno a] levantamiento pizarrista: la intervención del oidor Lisón de Tejada", en
Revista de Indias, XLIV, no. 174 (Madrid, julio-diciembre 1984), p. 4(}2, 406.
(158) Carta de Felipe JI a Carlos V, fecha en Valladolid el 30-Vl-1545, publ. en
FERNANDEZ ALVAREZ. (26), 11, p. 398-399. Véase también CALVETE DE
ESTRELLA, (5), IV, p. 261-262. Hay cierta dechiración sobre el carácter de
Gasea, poco fiable, que algunos autores han puesto en boca del duque de Alba; cf.
GARCIA SANCI-ICZ, (22), p. 26.
(159) A.G.S. Estado, 69, f. 115.
82
cial de las deliberaciones, algunos consejeros de Estado fonnuforon la
posibilidad de que se encargara la pacificación dcl territorio ¡x•n1ano
a don Antonio de Ml•ndoza, virrey de la Nueva fapaña, "por la gran-
de experiencia qllc tiene de .aquellas cosas de líls Jndias"; un plantca-
niiento que ,1semeja estar ílsociado a la línea dura que rl'prescntaba d
duque de Alba, pero que fue dejado aparte a1 ganar en solidez la co-
rriente de opinión favorable a la vía negociadora 060). ·
Hacia Ja ciudad alemana de Colonia, donde estaba residiendo
temporalmente Carlos V, se encaminaron lul'go los comisionados Cuc-
to y Maldonado con .el propósito de exponer al monarca los sucesos que
habían tenido lugar en el Nuevo Mundo, junto con los papeles de las
deliberaciones realiztadas en ValJadolid. Y quedó entonces en manos
del César la tarea .fundamenta) de elegir <11 personaje que debía Jle-
var a cabo la misión pacificadora de aquel virreinato. Uno de los can-
didatós que·nombraba el Consejo indiano era el licenciado Pedro de la
Casca, el fovori to de Cobos, que durante su Jabor en la visita del reino
de VaJcncia había [Link] muestras de ·est,!r capacitado para negociar
con gente diversa y poner en onkn los asuntos de gobernación, deicn-
diendo cabalmente Jos intereses estatales 061)_ Por dio, en una comuni-
cación finnada el 16 de agosto de 1545, d,füale a saber el EmpL'rc1dor
con respecto a las alteraciones en el Perú ·q ue "ha parecido que lo mejPr
· es llcv<1rlo por la presente con blandura y moderación para allanarlo
y ponerlo en quietud y que vaya una persona de medios y experiencia
y celosa de nuestro servicio, y teniendo por cierto que en vos hay estas
cualidades, os habemos querido elegir y nombrar para ello" 062).
Hecha así la designación del juez de residencia para su nueve)
empleo, lo que urgía era que abandonase inmediatamente la comarca
(160) Carta de Felipe II a Carlos V, de 30-Vl-1545 (ya citada), en FERNAND[Z
CL
ALVAREZ, (26), II, p. :l98. LOI IMANN VILL[NA, ('135), p. ó2.
(161) Carta de Carlos V a Felipe 11, fecha en Colonia el 16-Vlll-1545, publ. en
FER..r\lANDEZALVAREZ, (26), 11, p. 411-412. .
·Véase también CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 262-263.
(162) f'ERNANDEZ, Diego, Historia dd Perú, la. p~utc, en Crónicas del Perú, L'Studio
preliminar y cd. de Juan Pérez de Tudda Hueso, 1 (Madrid: [dicíom.-s Atlas,
1963), lib. 11, cap. 15, p. 119-] 20. Cf. la carta del regente Juan de figueroa a
Gasea, fecha en Colonia el 15-Vlll-1345, publ. en PEREZ DE TUDELA, (3), 11, p.
110.
83
levantina para acudir a la Corte, donde debería brindarse forma a los
despachos -poderes e instrucciones..:_ necesarios para su trabajo en el
Perú. El 29 de agosto, en la población vallisoletana, se confeccionaron
un par de misivas dirigidas al licenciado Gasea, en acompañamiento
del papel de Carlos V donde le anunciaba su determinación de enviar-
lo a ultramar 063).
En la carta de don Francisco de los Cobos, aparte de comentarse
diferentes asuntos de la marcha política de Valencia, notamos que en-
carece el comendador mayor su elección "para la reformación y reme-
dio de lo del Perú, que es negocio de tanta cualidad y importancia, que
en muchos tiempos no se podría ofresccr mayor". Además, intimaba al
visitador a abandonar las labores en que estaba ocupado, dejando to-.
dos los papeles bajo la responsabilidad del duque de Calabria hasta
tanto que se resolviera nombrar un sustituto de don Pedro 064). Simila-
res términos se aprecian en la otra misiva a que hemos aludido, la
cual llevaba la firma del Príncipe 06.5).
7.2. APRESTOS PARA LA JORNADA ,DEL PERU
Podemos suponer el impacto que debió sentir el ánimo del sacer-
dote castellano al enterarse de que el soberano le encargaba hacer tan
dilatado viaje, obligándole a salir por vez primera de la Península i-
bérica y a experimentar las sensaciones de la travesía marítima. Mas
su conciencia de recto vasallo le dictaba que estaba en la obligación
de acatar sin miramientos la voluntad de su "rey y señor natural". De-
(163) En su comunicación de 16-Vlll-1545, el Emperador había indicado l'xprcsamcnte
a su hijo fclipe: '\cr.í bi1..m que luego crwil'.•is mi carta al dicho lkcnciado y le
escrib.íis conforme a ella lo qut' conviniere, dilndolc priesa a que se desembrace
y venga para que se cnticndi:l en su dcspi:lcho y se pueda partir a tiempo".
FERNANDEZJ\LV J\REZ, (26), JI, p. 412.
(164) PER~Z DE TUDELJ\,(J),ll,p.114-115.
(165) AC.S. Estado, 297, f. 228. Se transcribe en los Anexos documentales, V.
Respondiendo a la indicación del César con respecto al nombramiento del
pacificador, fclipe II se manifiesta en estos tfaminos: "a Valcn,ía se embió
correo cxpresso al lh;cn~ado C:lsc..1 con la carta de Vuestra Magcstad y otra mya
para que luego se venga aquy. l la parcs\ido mllly bien la cle\ión de su persona
para esto, si lo a,epta, porque es till que se spera que hará lo que conuyenc en
scruydo de Vuestra MagestoJ". Cnta fecho en Valladolid el 3-IX-1345, pub!.
en fERNAN D[Z AL VJ\REZ, (26), ll, p. 419-420.
84
jemos que sea el propio licenciado quien manifieste su r('spucsla, tal
C()mo ]a expuso en la cartJ qm• escribió a Felipe IJ el 3 de setil'mbre de
1545:
"...aunque tan largo camino y sobre agua a ncg~ia<;ión de
la digestión que dizcn hay en las cosas del Perú no puede no
se hazer difficu1toso a quien tan poco ha andado por la
mar y tan corto entendimiento para assentar semejantes
ncg~ios como yo tiene, pero respondiendo a la obligac;i{m
natural que de servir a Su Magcstad y a Vuestra Alteza
tengo, yconsidcrandoquecon hazcrloqueen my fuere con fi-
delidad y limpieza cumplo, me determiné de obcdesc;er y
cumplir lo que se me manda ..." 066).
Sin embargo, Gasea expresó su intención de postergar por algunas
semanas la partida hacia la Corte, en espera de que se-. nombrase a la
persona que debía sucederlo en la visita del reino de Valencia y de
que este individuo fuera allí a tomar posesión de su empleo, orientado
por el funcionario saliente. A este proyecto dedica Ja parte nuclear de
su misiva de contestación al comendador mayor de León, datada el 3
de setiembre. Entendía el juez residenciador que los progresos que él
había conseguido en Levante, haciendo imperar las regalías del Es-
tado que no se observaban debidamente en aquella comarca, sufrían
riesgo de perderse si no aconsejaba personalmente al continuador en su
oficio; gracias a tal procedimiento se aseguraría un buen relevo, evi-
tando "cmbara<;os y impcdimientos que turbasscn el pro<;esso dcstos nc-
go<;ios" 0 67). Por otra parte, ya conocemos la identidad de los candi-
datos qüe Gasea recomendó para la sucesión, o sean el inquisidor Val-
todano, el deán de Scgovia, el provisor de Sevilla y el canónigo burga-
lés Aceocs. ·
Además, escribiía, las semanas adicionales en que el visitador
pudiera permanecer en Valencia le darían oportunidad para Jlcvar a
fin asuntos perentorios o cuya resolución estaba próxima. Hacia aque-
llos días, por añadidura, volvió a experimentarse la zozobra debida
(166) A.C.S. Estado, 297, f. 236. Se tra nscribe en los :\m•xos documentak~, VI
(167) lbid., f. 257. Se transcribe 1.'n los /\ nexos documentales, VII.
a la aproximación de embarcaciones turcas a las costas de Levante. Pa-
ra que se alistase la defensa naval contra los atacantes, se ordenó po-
ner sobre aviso a don Bcrnardino [Link], comandante de las gale-
ras españolas en el Mediterráneo 068).
La mencionada carta a don Franci~co de los Cobos, del 3 de
septiembre de 1545, iba acompañada de una posdata con valiosas no-
ticias para el propósito nuestro de demostrar la vinculación que unía
a Gasea con el poderoso ministro de Carlos V. Revelábale que en su de-
terminación de aceptar la jornada del Pcní ejerció no poca influencia
"la obliga~ión que tengo al servi~io de vuestra señoría y a responder
con gratitud y entero cono5'imicnto a las mer~cdes y favores que vues-
tra señoría me haze". Estaba convencido de que la recomendación ofre-
cida por el comendador mayor había [Link] de que el César pusie-
ra sus ojos sobre el clérigo de Navarregaditlla para una atribución tan
delicada como la tarea pacificadora en Indias. Por esta razón, "me
pares~ió que recusando este viaje no sólo errava al servi~io de su Ma-
gestad, mas aun al que devo como criado y siervo de vuestra señoría",
añade al tutor de la misiva (169). ·
Atendiendo a la iniciativa del comisionado de Valencia, los fun-
cionarios cortesanos resolvieron nombrar como sucesor en su puesto al
deán de la catedral segoviana, licenciado Arévalo; No prosperó, en
cambio, el planteamiento de que se entrevistara con don Pedro de la
Casca antes de su salida del reino levantino. Por la urgencia que ha-
bía en resolver los problemas americanos, se le ordenó que se alistase
en el plazo más breve para venir a la corte, trayendo consigo una rela-
ción de los principales asuntos de la visita para que los explicara a su
reemplazante, a quien también se le dio mandato de acudir a la sede
de la administración imperial (170). Ambos sujetos -el antiguo y el
nuevo en el oficio- fueron citados para encontrarse alrededor del 20 de
octubre en Madrid, villa adonde se mudaba la Corte con la intención
(168) Loe. cit.; CALVETE DE ESTRELLA, (3). IV, p. 262.
069.) /\.C.S. E~tado, 297, f. 144.
(170) A.G.S. [!'itado, 69, f. 13:l. Carta de don frandco de los Cobos al Emperador, fecha
en Valladolid el 27-JX-1545.
86
de rehuir la epidemia que había originado varias mut•rtcs importan-
tes en Valladolid (171).
De tal suerte, luego de cuatro años de estadía t·n el litoral medi-
terráneo, nuestro protagonista salió el 3 de octubre de 1545 de la capi-
tal del reino de Valencia; allí dejaba finiquitada la toma de cuentas
y la residencia de los más importantes ofidales públicos (172). Al ca-
bo de algunas jornadas de tránsito, volvió a la meseta castellana y en
la urbe madrileña reasumió su plaza de oidor en el Consejo de la Inqui-
sición.
Mientras se discutía la elaboración de los papeles que el clérigo
debía llevar consigo a la misión pacificadora del Perú, aquél tuvo
. tiempo de ocuparse aún en problemas relativos a su labor en
Valencia. En primer término, se dedicó a explicar al licenciado
Arévalo los puntos que debía observar durante su gestión como visita-
dor, advirtiéndole con certeza respecto a las cualidades y defectos de
la gente que iba a encontrar alrededor suyo (173). Redactó el 3 de no-
viembre una carta para el maestre racional, Juan Escriba de Romaní,
incitándole~ darse prisa en el examen de las cuentas del regente de te-
sorero y del juez de amortizaciones de aquel reino, "de manera que es-
tén a punto para quanto en buena hora yo bolua allá, o otra persona en
mi lugar, que será en brcue" (174). Igualmente, efectuó gestiones para
lograr que el obispo de Scgovia (de quien arriba hemos hecho men-
ción) se quedara una temporada más en el país valenciano, ya que su
(171) A.C.S. Estado, 297, f. 277. Carta de don francisco de los Cobos a Gasea, fecha en
Valladolid el 13-X-1545.
Víctima de la epidemia, el cardenal Tavera folk'Ció el 5-Vlll-1545. Cf.
MARTINEZ MILLAN ySANCI IEZ RIVILLA, (5), p. 1~.
(172) CALVETE DE ESTRELLA, (5), IV, p. 264.
(173) lbid., p. 267-268.
(174) A.R.V. Maestre Racional, 9054, f. li6.
87
trabajo en la evangelización de los moriscos había rendido frutos no-
tables (175).
Y junto con ello, por cierto, tenemos evidencia de que cl licenda-
do Gasea intervino durante algunos meses en la provisión de materias
que se trataban en el máximo tribunal del Santo Oficio (176). En este
punto dejaremos la actividad del consejero orientada hacia proble-
mas internos de la metrópoli, a fin de examinar su obra política en los
dominios españoles de América.
(175) Carta de fdipc II a Carlos V, fecha 1m Madrid l'i 20-Xl-1543, pub!. en
f[RN/\ND[Z ALVAREZ, (26), Ji, p . 439. Sobre la miskin e,·-1 ngdizad dra Jd
prelado segoviano, don /\ntoni,l Ra mírl'/. de [Link], pu,~de con:--ul tJ rSl'
ESCOLANO, (1350) lib. X, ("ols. 1742 ss ., v DO/'vllNC U[Z OR TlZ ;, VINC[NT,
(21),p. 96 , .
(176) Cast·a apar<.'Cl' firmando documentos del C onsejo d 1.. b lnt1ui ~ici <, n d esde S-X I-
0
E>-13 hasta 16-111-1546, en Madrid . A.11.N . Ínquiskión, Jih. ,n, f. 4(1-l v--l "14-.
CAPITULO III
PRESIDENTE DE LA AUDIENCIA EN LA
MISION PACIFICADORA DEL PERU
La parte nuclear de la . obra política de nuestro personaje está
constituida por su actuación como presidente de la Audiencia de Li-
ma, cargo con el que fue revestido para llevar a cabo el allanamiento
de la rebelión de Gonzalo Pizarro y el sosegamicnto general de la tie-
rra peruana. El viaje al Nuevo Mundo significó para el licenciado de ·
la Gasea una experiencia singular, ya que lo puso en contacto con una
realidad geográfica y un medio social enteramente novedosos: era un
ambiente distinto del .que había vivido en la Península ibérica.
Además, la dignidad presidencial le otorgaba la responsabilidad de
entender en toda suerte de negocios públicos dentro de su jurisdicción,
haciéndole poner en ejecución los conocimientos teóricos y prácticos
que había adquirido durante su largo entrenamiento previo. Confor-
me a su propia exigencia, el mandatario fue dotado de extensos pode-
res, gracias a los cuales sería capaz de desenvolverse en territorio
ultramarino casi sin restricciones.
De acuerdo con las expectativas que habían cifrado los funciona-
rios cortesanos en tomo a su persona, Casca mostró desde un principio
su talento diplomático. En el istmo de Tierra Firme, verdadera pucr-
fa de ingreso hacia el virreinato peruano, negoció habilmente la ren-
dición de los jefes militares pizarristas que estaban allí localizados;
púsoles por delante la obligación que tenían de acatar los mandamien-
tos de su soberano y, a cambio de su buena acción, les ofreció perdones
y mercedes. Después continuó su actividad persuasiva, aunque sin
descuidar los aprestos conducentes a un ataque bélico avasallador.
Conseguida la victoria sobre los rebeldes en el campo de batalla, hi-
91
zo castigar con extrema dureza a los cuht'cillas, y también situó en el
blanco de su labor punitiva a los que habían permanecido indiferen-
tes durante la guerra.
A la hora de distribuir los premios entre sus colaboradores, el
l.1llfl'.1d() p~1eific1dorditl i.1 (llJh)\.L ' T Sll ffH. 'lil,ilid,1d - -de rc:[Link] Sl'l)()TÍ,l-
ks L'v idL'nlcs-- en mak'ri,1 Lk ,,r\kn,1rn it:nki soci,11: (p111._·l'l1í,1 l.1 JW(L'··
sidad de formar una aristocracia de encomenderos, sólidamente
cimentada desde el punto de vista ccon0mico, alrededor de la cual de-
bería girar la vida de los colonos ibéricos en el Perú. El reparto de
Guaynarima fijó la identidad de quienes ocuparían la cúspide de esa
estructura piramidal. Sin embargo, según el esquema ideado por
Gasea, c1 desenvolvimiento de los súbditos indianos no había de exce-
der los paré1mctros relativos al control político y económico de la
Corona, cuya preponderancia era necesario afirmar sobre las ambicio-
nes de particulares dentro del ámbito ,·irn'in.11. Varias medidas se
dictaron con el propósito de garantizar la solidez del poder estatal;
la tasación general de tributos indígenas, la imposición de orden en el
sistema de manejo hacendístico, cJ asentamiento de la administra-
ción judicial, son e1cmcntos que integran un plan destinado a estable-
cer cierta forma de "sosiego" en el país, pese a las reclamaciones de
los soldados desfavorecidos en 1a asignación de mercedes.
Dentro de esa misma concepción sobre la rea1idad peruana, el
buen tratamiento de los indígenas representa una de las disposiciones
más importantes, ya que la conservación d(' la fuerza laboral abori-
gen significaba Ja clave para poder explotar los recursos naturales de
ese territorio. Al ordenar el establecimiento de tasas moderadas de
tributos, al prohibir que los hombres nativos sean utilizados como ve-
hículo de carga o al impedir la práctica de hacer trabajar los indios
contra su voluntad, c1 presidente de la Audiencia actúa como ejecutor
de la Leyes Nuevas, polémico repertorio legislativo promulgado en
virtud de las denuncias humanitarias de fray Bartolomé de las
Casas; con tales cuidados, pensaba, se evitaría la desaparición de los
elcmentos autóctonos. Y, además, el clérigo dedicó bastante atención
a la labor evangelizadora que debía desarrollarse entre los vasallos
paganos, puesto que la propagación de la moral cristiana formaba
parte de los objetivos esenciales de la colonización española de Amé-
tica.
92
El propósito de reforzar los aparatos del Estado caracteriza, en
general, la tarea gubernativa de Gasea durante su permanencia en ul-
tramar. Con el fin de realizar dicha intención, se valió del apoyo de
todo género de individuos: burócratas, religiosos, militares, juristas,
comerciantes, etc., rodearon a la persona del licenciado, un castellano
"fino", capaz de atraerse con sus apacibles maneras y su h,füito sacer-
dotal a los mc1s diversos grupos humanos. En su convicción por llevar a
cabo el ideal de pacificación de la tierra, recurrió a variados procedi-
mientos, entre los cuales podemos mencionar las entradas de conquis-
ta y población que despachó a los confines del \·im ·[Link]; Chile,
Tucumán y diferentes regiones de la verticnt~ oriental de los Andes se
poblaron entonces de gente peninsular, ávida de obtener riqueza gra-
cias a suculentos botines. Con todo, a pcs<1r de la tentación que ofrecía
la abundancia de metales preciosos existentes en el Perú, no poseemos
evidencia de que el gobernante hubiera faltado siquiera una vez a la
honradez en el manejo financiero.
Celoso guardián de los intereses de la metrópoli, don Pedro de
la Gasea se preocupó seriamente por la recaudación de los minerales
extraídos en la cordillera andina, especialmente en el cerro rico de
Potosí (que recientemente había comenzado a beneficiarse). De esta
manera logró reunir un extraordinario caudal de oro y plata para las
arcas fiscales, las mismas que precisamente en aquella coyuntura pa-
decían escasez de fondos. Amparado en la valía de su tesoro, el
presidente emprendió con precipitación el camino de vuelta a Es-
paña, desobedeciendo inclusive los mandatos de sus superiores; buJlf-
an en él, pues, las ansias de verse revestido de honores en su patria, co-
mo premio a su exitosa labor. Cuando arribó a la Península, todas las
complicaciones se disolvieron ante el fabuloso cargamento de metales
p rL'(Í(l:,llS ··- C)~i dll~~ mi lll ll!L ' :-- lÍl: l':iClldP~ ·- (1\ll: ,1pn r t1\ fflfbl\:O, ~( ,l..,rL' t'l
cual se posaron de inmediato Jas manos de los responsables de la eco-
nomía imperial.
Tanto por el cuerpo de disposiciones que aplicó para sentar la
tranquilidad social l' irnpcml'r el control dl'i Est,1do en d nrrl'in,1to
peruano, como por la elevada suma de caudales que proporcionó a la
hacienda .de la metrópoli, puede afirmarse que la misión confiada al
licenciado Gasea en el Nuevo Mundo resultó cabalmente cxítosa. Ante
la difícil responsabilidad política que le tocó enfrentar, el sacerdote
castellano desplegó l'l tacto, prudencia y pragmatismo adecuados pa-
93
ra nevar adelante su tarea. Fue un rcndimieintó tan provechoso, a los
ojos de la administración cortesana, que Jo haría merecedor de gran-
des dignidades, ajustadas a su profesión dcrical.
l. PODERES E INSTRUCCIONES DEL ClESAR
0<."Spués de haberse asentado en la Corte madrileña, el licencia- ·
do de la Gasea se ocupb en tomar información dctaJlada de Jas altera-
ciones que habían ocurrido en el Perú, examinando los apuntes y
despachos que estaban en poder de los consejeros indianos O>. En res-
puesta a la comunicación que Carlos V le remitió a Valencia, escribió
el 14 de noviembre de 1545 una carta dirigida al Emperador, en la
cual manifestaba las razones porque se había determinado a aceptar
la misión pacificadora de aquella colonia, no obstante su corta sapien-
cia respecto a problemas americanos, ni tam¡poco el riesgo que Ja lar-
ga navegación podía suponer para su vida. Asimismo, señalaba su
convicción de que se le daría licencia para volver a la metrópoli tan
pronto como hubiera dado cumplimiento a lo esencial de su tarea: po-
ner en sosiego el virreinato peruano (2).
Conforme al relato proporcionado por los emisarios Cueto y
Maldonado, representantes de ambos bandos en disputa en la guerra
del Nuevo Mundo, los funcionarios cortesanos habían dispuesto una se-
rie de instrucciones tocantes al desempeño que debería observar el pa-
cificador. Eran Jas directivas para transitair ese camino ideal de
"blandura y destreza" que conduciría a aplacar el ánimo sedicioso de
lus pizarristas. Uno de los instrumentos más poderosos del comisiona-
do regio -----scgún se pensaba- sería la revocación del polémico capítulo
. 30 de las Leyes Nuevas, que mandaba incorporar todas las encomien-
das de indios en el patrimonio de la Corona tras la muerte de sus pose-
edores de entonces, dejando absolutamente sin esperanzas a los
(1) CALVETE DE ESTRELLA, Juan Cristóbal, Rebelió111 de Pizarro en el Pení y vida
de don Pedro Gasea, en Crónicas del Pení, estudio preliminar y cd. de Juan Pérez
de T udcla Bucso, IV (Madrid: ediciones Atlas, 1964), lP· 264.
(2) FERNANDEZ, Diego, Historia del Pení, la. parte, en Crónicas del Perú, estudio
preliminar y cd. de Juan Pérez de Tudcla Bucso, 1 (Madrid: Ediciones Atlas,
1963), lib. 11, cap. 17, p. 122-123. Véase también RAMIREZ DE ARELLANO, Car·
los, º'El licenciado Pedro de la Gasea", en Revista de España, XV (Madrid, 1870),
p.255.
94
herederos de los conquistadores americanos; entendíase que esta mar-
cha atrás originaría un efecto muy positivo, ya que la pretendida
derogación del antiguo sistema había sido la causa fundamental del
levantamiento de los encomenderos (3).
Sin embargo, en vista de las noticias ·que llegaban acerca de la
fuerza que poseía Gonzalo Pizarro en medio del convulso ambiente pc-
rulero, hubo necesidad de revisar los despachos que originalmente se
habían elaborado para Gasea. Se convocó a una junta de magistrados
del Consejo de Estado y el Consejo de Indias, con asistencia del propio
clérigo castellano, para discutir en torno a las facultades de que debe-
ría ir revestido el funcionario, y sabemos que éste mismo insistió en
que no bastaban sólo las buenas intenciones o palabras, pues el desaca-
to a la autoridad monárquica había llegado a tal extremo que para
remediarlo haría falta estar dotado de amplios poderes. Pedro de la
Gasea sentó su parecer en un escrito que fue enviado para que lo exami-
nase el César, junto con un memorial exponiendo los acuerdos a que
habían arribado los magistrados palaciegos (4).
El biógrafo de nuestro personaje, Calvete de Estrella, refiere que
unó los puntos más discutidos en aque11a junta fue la cuestión del per-
dón general, que el licenciado consideraba básico para hacer tornar a
la causa del rey a todos aquellos individuos que habían delinquido du- ·
rante la rebelión. A los togados de la Corte, empero, les parecía exce-
siva facultad -propia del soberano-- la de poder perdonar toda clase
de delitos, tanto civiles como criminales, habiendo inclusive pleitos
(3) La revocación fue sancionada por Carlos V mediante provisión fecha en Malinas
el 20-X-1545. MURO OREJON, Antonio, "Las Leyes Nuevas de 1542-1543, orde-
nanzas para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de
los indios", en Anuario de Estudios Americanos, XVI (Sevilla, 1959), p. 610.
Varias semanas antes, en una carta ~uscrita el 3-IX-1545, Felipe II había mani-
festado su aprobación con estos términos: ''Lo que Vuestra Magcstad ha mandado
proueer en los negocios de Indias, y s~ial del Perú, ha scydo muy bien, y la rcuo-
ca~ión de las nuevas ordcnan~as, que fueron el origen y causa de toda la altcra-
~ión y trauajé> de allá, ha dado muy grand contcntamycnto y satisfa9ón a to-
dos...". FERNANDEZ ALV J\REZ, Manuel, ed., Corpus documental de Carlos V,
11 (Salamanca: Universidad de Salamanca, 1975), p. 419.
(4) Existen unos comentarios autógrafos de Casca sobre sus facultades gubernativas y
algunos capítulos de las Leyes Nuevas, en 13.P.M. Ms. 1960, no. 12. Cf. la carta de
Carlos V a Felipe JI, fecha en Bois-lc-Duc el 17-Xll-1345, pub). en FERNJ\N-
DEZALVAREZ, (3), 11, p.441.
95
a instancia de partes; lo que demandaba Gasea, decían, era una conce'.'"
sié>n virtualmente inaudita y, más aún, peligrosa. Otro de los asuntos
que se pusieron en tela de juicio fue la licencia que debería conferirse
al emisario para ordenar la realización de entradas colonizadoras a
nuevos territorios, pues la abundancia de expedicionarios había cau-
sado ya muchos inconvenientes y primaba en el gobierno metropolita-
no la opinión de que sólo podrían efectuarse nuevas conquistas por
mandato expreso del soberano. También hubo enfrentamiento de pare-
ceres con relación a la actitud que debería mostrarse hacia el
desdichado virrey Nuñez Vela, generador de la alteración de los colo-
nos, dado que el envío de Gasea representaba en cierta medida una de-
sautorización de ese personaje (5).
Ya en su carta escrita en Colonia en agosto de 1545, el
Emperador dio a conocer su voluntad de premiar los servicios del reli-
gioso de Navarrcgadilla proveyéndole algún obispado, pero indica-
ba entonces que por librarlo de embarazo dejaría de hacerle esta
merced hasta .su retomo de tierras indianas (6). Así quedaba, pues, de-
terminada la mitra episcopal como recompensa de su labor pacifica-
dora. A pesar de la indicación del monarca, no faltaron consejeros
que opinaban que el título de prelado serviría al objeto de hacer más
respetable la figura de don Pedro de la Gasea, puesto que los rebeldes
(siendo fieles cristianos) tendrían escrúpulo de desobedecer los man-
damientos de un pastor que llevaba por delante el báculo apostólico.
En esta materia, don Pedro se mostró respetuoso de la decisión del su-
premo gobernante, evitando que se hiciera presión para asumir la
silla antes de su viaje, porque reflexionaba que seria inadecuado ale-
jarse en tanta distancia de los moradores de su presunta diócesis m.
En cuanto a sustento económico, también fue objeto de atención el
salario que debería percibir el licenciado durante su alejamiento de
(5) CALVETE DE ESTRELLA, (1 ), N, p. 265-268.
(6) "... por empicaros en esto que tanto importa y que vais más libre, habemos dejado
de proveeros en una de las iglesias que están al presente vacas; pero de que (pla-
ciendo a Nuestro Señor) volváis, tenemos memoria especial de vuestro acrecenta-
miento y honraros y favoreceros como será razón", señala el Emperador en la par-
te final de aquella misiva. FERNANDEZ, (2), lib. ll, cap. 15, p. 120.
(7) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 266,269.
96
la Península. Por tratarse de una comisión de índole especial, quedó
decidido que no perdería su plaza en el Consejo de la Inquisición, lo
cual supuso que continuara cobrando anualmente la paga habitual de
150,000 maravedís (8). En relación con el nivel de precios existentes en
América, sin embargo, dicha suma no le podría permitir un régimen
de vida tan siquiera decoroso, y así se vieron los ministros erí la cir-
cunstancia de fijarle una remuneración adecuada. Con ingenio de hom-
bre astuto, nuestro protagonista formuló el siguiente planteamiento:
como podrían suscitarse malas ideas acerca del manejo de su propio sa-
lario, lo más conveniente sería nombrar un individuo que fuese respon-
sable de administrar-sin Jími tes, aunque con cargo a fiscalizaciún- to-
dos los gastos necesarios para la manutención de Gasea y de los compo-
nentes de su séquito (9).
Los papeles que reflejaban todas esas deliberaciones y propues-
tas de solución se dejaron en manos de Carlos V, con el fin de que el pro-
pio monarca estableciera las atribuciones que corresponderían a su
hombre de confianza en la jornada pacificadora del Perú 00). Final-
mente, hallándose en la villa neerlandesa de Venlo (Limburgo}, el
César suscribió el 16 de febrero de 1546 el conjunto de reales provisio-
nes, cédulas e instrucciones que nuestro su jeto llevó consigo al continen-
te americano.
(8) A.H.N. Inquisición, lib. 248, f. 11. l<..C. dada en Valladolid el 9-VIl-1548, sobre
libramiento del salario de Casca. Parece que el ministro in quisitorial resultó
adeudado en más de tres mil ducados luego de su misión en Valencia, conforme
anota Felipe 1l en una carta fecha el 30-111-1546; véase fERNAN DEZ ALV A-
REZ, (3), II, p. 464.
(9) En las décadas iniciales del siglo XVII, el contador Francisco López de Caravan-
tes apunta sobre Casca: ''Este governador no tuvo ni quisso salario, sino cédula pa-
ra que a vn maiordomo suio diessen los officialcs reales lo nesccssario, en que, co-
mo paresce de los quademos de su gasto, fue muy moderado". SLUITER, Engcl,
"francisco Lópcz de Caravantes historical sketch of fiscal administration in co-
lonial Peru, 1533-1618", en Hispanic American Historical Review, XXV, no. 2
(Durham, mayo 1945), p. 229. Pueden consultarse, además, unas interesantes n<>-
tas anónimas respecto a la paga del clérigo, en PEREZ DE TUDELA BUESO,
Juan ed., Documentos relativos a don Pedro de la Gasea y a Gonzalo Pizarro (Ma-
drid: Real Academia de la Historia, 1964), J, p. 202.
(10) Carta ~e Felipe II a Carlos V, fecha en Madrid el 27-1-1546, publ. en FERNAN-
DEZALVAREZ. (3), IJ, p.445.
97
Haciendo una reducción esquemática1 de ese grupo documental,
podemos señalar que las facultades y obligaciones asignadas a Pedro
de la Gasea eran las siguientt'S:
· a) nombramiento de presidente de la Audiencia de Lima, con po-
der para designar sucesor en este cargo al individuo que creyera conve-
niente;
b) poder para perdonar cualesquier delitos, para proveer nuevas
expediciones de conquista y para encomendar grupos indígenas;
e) comisión para tomar residencia. al gobernador Vaca de
Castro, el virrey Nuñez Vela y a todos los oficiales de justida que hu-
bieran servido en el Perú;
d) comisión para gastar de la Hatienda Real lo que fuese necesa-
rio para la empresa pacificadora, así como para su propia sustenta-
ción;
e) obligación de atender la revocación de las Leyes Nuevas en
lo relativo a incorporación de encomiendas a la Corona y a pérdida
de los repartimientos para los culpados en la guerra pizarrista-alma-
grista; . .
f) obligación de atender la modificación de las Leyes Nuevas
en lo relativo a pleitos sobre encomiendas de indios y a suplicaciones
sobre sentencias en el Consejo de Indias;
g) complementariamente se le dieron cartas para gobernadores,
audiencias, cabildos y sujetos particulares de las Indias, con facultad
para usar de ellas como le pareciere oportuno 01).
Además de los despachos mencionados, el César le extendió un
poder general, en virtud del cual podría conceder toda clase de oficios
y realizar cualesquier negocios en nombre del monarca 02).
Catorce capítulos formaban la instrucción pública concerniente
al desempeño de Gasea como presidente de? la Audiencia limeña. A lo
largo de esos puntos se especifica el empleo que debía hacer de cada
una de las facultades y comisiones arriba señaladas, y por añadidura
se indican algunas otras directivas importantes. Verbigracia, ordéna-
sc al presidente hacer guerra contra los s1úbditos inobedientes; se le
(11) 8.P.M. Ms. 1960, no. 12. Relación autógrafa de Gasea titulada ''Memoria de las
provisiones y cartas que llevo".
(12) CAL VETE DE ESTREL~ (1), IV, p. 268.
98
manda administrar justicia en causas de cualquier género; se le encar-
ga hacer averiguaciones sobre los clérigos escandalosos, de mala vida
y ejemplo, que haya en el Perú; se le obliga a ejecutar las órdenes que
fueron dirigidas a Nuñez Vela, siempre y cuando las entienda conve-
nientes para la causa del rey. Uno de aquellos capítulos hada énfasis
en que estaba obligado a imponer el estricto respeto a las Leyes
Nuevas -la magna reforma indiana de 1542---:-, salvo en los artículos
que se habían revocado o modificado 03).
De otro lado, la instrucción secreta brinda orientaciones sobre el
comportamiento que debería tener en relación con el virrey, bien fuese
que al llegar encontrara el país en calma o en guerra. De todas
formas, lo relevaría de las funciones de. presidente de la Audiencia,
tomando a su cargo el ejercicio judicial. En lo que atañe a los magistra- ·
dos de dicho tribunal, licenciados Cepeda, Alvarez y Zárate, el comi-
sionado regio llevaba poder para suspenderlos en sus oficios si se
comprobaba que habían laborado en perjuicjo de la Corona. Y, asimis-
mo, poseía atribución para recoger informaciones de todo lo acaecido
en el Perú después de la llegada de Nuñez Vela, infausto suceso de la
primera mitad de 1544 04).
Tales son las características de que salió investido el .presiden-
te Gasea gracias a la mano firme del Emperador. Apreciamos, por
consiguiente, que la intención original de mandar a un hombre eminen-
temente negociador, "blando", fue transformada debido a la coyuntu-
ra bélica en el despacho de un agente político dotado de extensísimos
poderes, que si bien no era justamente "duro", estaba facultado para
hacer la guerra, valiéndose de todo el apoyo material disponible, a
fin de castigar la sublevación de Gonzalo Pizarro y sus partidarios.
(13) La instrucción · pública, fecha en Venlo el 16-II-1546, está publicada en
C.0.1.A.0., XXIII, p. 507-515. De las Leyes Nuevas sólo se había revocado el
cap. 30 y se habían modificado los caps. 13 y 33, mediante reales provisiones ex-
pedidas en Malinas el 20-X-1545,a. MUROOREJON, (3), p. 610.
(14) C.D.I.A.0., XXIII, p. 516-519. Fs probable que la Relación de lo sucedido en el Pe-
rú después de la llegada del virrey Blasco Núñez de Vela, obra anónima de la
cual existen varias versiones, tenga vinculación con la cédula que mandaba a
Gasea informarse sobre lo acaecido en esa colonia. Para una somera aproxima-
ción al problema, véase B.R.A.H. Col. Mata Linares, t. 83, f. 219v., y LOH-
MANN VILLENA, Guillermo, Las ideas jurídico-políticas en la rebelión de Gon-
zalo Pizarro(Valladolid, 1977), p. 8.
99
Parece que, a manera de suplemento, el joven Felipe lf acordó prepa-
rar en su Corte madrileña una lista de proposiciones para el buen go-
bierno del comisionado. Se trata virtualmente de una exposición sobre
el político renacentista modelo, en cuya actuación deberían relucir
las virtudes de moderación, prudencia, recato, buen ejemplo, etc. 05).
1.1. Ultimas disposiciones en Castilla
Junto con la serie de provisiones y etSdulas expedidas p21ra la ta-
rea administrativa del presidente, se despacharon dos títulos de oi-
dor de la Audiencia de Lima, concediendo a Casca la prcrroga tiva de
nombrar a ambos titulares. Los elegidos fueron dos viejos compañ eros
de las aulas salmantinas, el licenciado Andrés de Cianea y el licen-
ciado Ifiigo de Rentería, quienes habían ocupado plazas de fomilia-
res en el Colegio Mayor de San Bartolomé durante 1a époczi en que
nuestro protagonista formó parte de esa prestigiosa corporación (16).
Por lo que se refiere al mayordomo, funcionario encargado de manejar
los gastos personales del delegado regio, parece que la designación se
efectuó atendiendo igualmente a lazos intelectuales o profesionales
de viejo cuño. La mayordomía quedó en manos del maestro Martín del
Carnpo sacerdote diocesano adscrito a la jurisdicción de Toledo, que
1
se había desempeñado como capellán en el Colegio Mayor compluten-
se de San Ildcfonso, al cual perteneció tambien -según ya conoce-
mos- el clérigo don Pedro (17) .
La vacancia producida en la arquidiócesis de Toledo a rnusa de
la muerte del cardenal Tavera fue cubierta, en enero de 1546, con el
nombramiento de otro personaje que ha aparecido antes en nuestro dis-
curso: el maestro Juan Martínez de Silíceo, humanista n.'nombrndo,
preceptor de Felipe II. Por haber sido colegas durante su paso por
Salamanca, el nuevo arzobispo delegó su poder a Casca para que to-
(15) Documento sin fecha, publ. en C.D.I.H.E., XXVI, p . 274-283.
(16) Q. RUlZ DE VERGARA Y ALAVA, Francisco, Historia del Colegio Viejo de S.
Bartholomé, mayor de la célebre Universidad de Salamanca, 2a. ed., corregida
y aumentada por Joseph de Roxas y Contrcras, marqués de Alventos, I (Madrid:
Andrés Ortega, 1766), p. 592.
(17) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha de Los Reyes el 2-V-1549, publ. en
PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p.340.
100
mase posesión de la sede más importante de España. Así fue que el 30
de enero de dicho año, un sábado, se halló el clérigo en la catedral to-
ledana presidiendo una solemne ceremonia, que culminó con su jura-
mento arzobispal en representación del maestro Silíceo 08).
Los cinco meses que transcurrió el presidente en la Corte, mien-
tras se daba la puesta a punto de los poderes e instrucciones que debía
Jievar consigo a las Indias, le dieron oportunidad para ocuparse en va-
rios asuntos propios de su condición cclesióstica. Expone el cronista
Calvete de Estrella que luego de haber tomado posesión de la silla de
Toledo, entendió en designar los oficiales del cabildo y de la audien-
cia metropolitana de esa ciudad, pues en virtud de su antigua labor co-
mo vicario ·conocía bien el funcionamiento de ambos organismos;
también tuvo intervención en el pleito que se litigaba con la c,1mara a-
postólica sobre los bienes que constituyeron la herencia de Tavera, y
trntó de lograr alguna concertación en el diferendo que oponía al
comendador mayor Cobos y la Mquidiócesis toledana respecto al usu-
fructo del adelantamiento de Cazorla 09).
Pedro de 1a Casca no dejó de cumplir sus obligaciones de ministro
inquisitorial, asistiendo a la resolución de negocios que se ventilaban
en el supremo tribunal del Santo Oficio. Poco antes de abandonar la
meseta castellana le tocó juzgar en la soné1da causa de sor Magdalena
de la Cmz, una abadesa franciscana a la que se acus<1ba de ser poseí-
da por el demonio (20). No estamos en aptitud de precisar la participa-
ción del clérigo en el respectivo proceso, mas lo cierto es que durante
su estancia pcrulcra hubo algunos detractores que le pusieron por ape-
lativo preci::¡amente el de Magdall'na de la Cruz ... (21).
(18) A.C. Tol. Libro de actoscapitularesno. 7 (1545-1547), f. 120 v.
(19) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 268-269.
(20) Ibid., p. 269-270.
(21) En un escrito remitido al Consejo de Indias en 3-VUI-1549, el soldado Luis de La-
ra recoge así las críticas de los pretendientes a encomienda: "Decían lástimas, y
que el presidente [Gasea] no era hombre, y que hombre humano no pudiera hacer
cosas tan pésimas, y que verdaderamente era Madalena de la Cruz, y así no le sa-
ben llamar por otro nombre sino Madalcna de la Cruz ... ". Citado por PEREZ DE
TUDELA BUESO, Juan, "Observaciones generales sobre las guerras civiles del Pe-
rú", en Crónicas del Perú, I (Madrid: Ediciones Atlas, 1963), p. LXVI.
101
Hacia este tiempo, a la sombra del hermano mayor, proseguía
su crecimiento la figura del doctor Diego de la Gasea, que estaba
ejerciendo de oidor en la Chancillería de Valladolid. Tenemos éons-
tancia de ·que en abril de 1546 asumió la propiedad de los bienes que
transmitió por herencia su tío el licenciado del Barco, canónigo sal-
mantino (antaño tutor de los jóvenes sobrinos), de tal manera que se
convertía en guardián del patrimonio familiar (22). Por entonces cele-
bró matrimonio con una señora llamadla doña Catalina, pariente
cercana del rebelde oidor Diego Vázquez de Cepeda, de la cual había
de quedar viudo pocos meses más tarde (23). Y aunque su hermano
solicitó al Emperador que se (onfiara a Diego un puesto que estaba va-
cante en el Consejo Real de Castilla, el prudente soberano no se deter-
minó a realizar ninguna promoción en su favor hasta tener noticia del
suceso del licenciado Gasea en América (24).
1.2. En marcha hacia el Nuevo Mundo
Arreglados todos los papeles necesariios para su misión pacifica-
dora, don Pedro salió de Madrid el 16 de marzo de 1546, disponiéndo-
se a marchar a la costa andaluza para tomar contacto con las aguas
del Atlántico. Durante su trayecto visitó algunos familiares suyos,
ideando probablemante que ésa sería la ú1ltima vez que los viera. A
corta distancia de la capital, en el lugar de Carabanchel, tuvo un
encuentro con su hermano el abad Francisco Jiménez de Avila, y
después se encaminó hacia el Barco para entrevistarse con su madre
(22) B.R.A.H. Col. Salazar y Castro, M-133, f. 196, doc. 205. Poco antes de fallecer, el
canónigo Diego González del Barco otorgó su testamento en Salamanca el 11-X-
1544, ante el escribano Pedro de Sigüenza; en dicho texto nombra como su herede--
ro universal al doctor Diego Gasea. [Link] Leg. llt no. 19, f. 3v.
- (23) Cf. la carta de Gasea al licenciado Cepeda,· fecha en Panamá el 2~IX-1546,
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 5-7, y la carta del secretario Juan de Sámano a Gas-
ea, fecha en Madrid el 7-V-1547, publ. en PEREZ DE TUDELA, (9), l, p. 587.
(24) Carta de Gasea al Emperador, fecha en Madlrid el 14-XI-1545, publ. en FER-
NANDEZ, (2), lib. 11, cap. 17, p. 122-123. Proponía que Diego de la Gasea ocupa-
se el asiento que había quedado libre por fallecimiento del licenciado Juan Sán-
chez del Corral, un antiguo estudiante de la facultad de Leyes de Salamanca y
colegial del mayor de San Bartolomé.
102
doña María Gasea (25). Llegado a Sevilla, el 17 de abril, fue recibido
por su hermano Juan Jiménez de Avila, regidor malagueño, al cual se
había dado comisión oficial para procurar que en esa ciudad hubiera
prisa en los aprestos concernientes al viaje del presidente de la Au-
diencia (26).
Varios dispositivos se remitieron a la Casa de Contratación de
las Indias con el propósito de echar diligencia sobre los preparativos
de la jornada, ya que importaba mucho la presencia del pacificador
en tierra americana. En uno de esos documentos se mandaba abonar al
licenciado 5.000 ducados en la urbe hispalense, como cuota inicial de
su remuneración (27). Asimismo, diose la orden de que las embarcacio-
nes de particulares deberían hallarse prestas y cargadas de mercade-
ría para el momento en que la nao del presidente estuviese lista para
zarpar, yendo todos los buques en conserva, formando una flota bajo el
comando de Gasea, y para reforzar la defensa de la nao capitana se re-
solvió cargarla con cuatro tiros de artillería (28). No obstante que los
preceptos legales indicaba que no debía permitirse pasar a Indias a
ningún sujeto que no fuera casado o no se dedicara al comercio, una real
cédula concedió al presidente la facultad de hacer viajar consigo a
todas las personas que creyera beneficiosas para el éxito de su tarea
(29).
Una treintena de personas, entre funcionarios y allegados, com-
ponían el séquito presidencial. Dejando aparte al mayordomo y a los
(25) CALVETE DE ESTRELLA, {1), IV, p. 271; FUENTE ARRIMADAS, Nicolás de
la, Fisiografía e historia del Barco de Avila, 11 (Avila: Tip. y encuad. de Senén
Martín, 1926), p. 220-221. Vé~ también A.H.N. Inquisición, lib. 246, f. 191.
R.C. dada en Madrid e] 13-111-1546, mandando a todas las justicias de los reinos
de España ofrecer a~nto y facilidades a Gasea.
(26) A.G.I. Indiferente General, 1%3, lib. 9, f. 334. R.C a la Casa de la Contratación,
fecha en Madrid al 5-11-1546, ordenando proporcionar favor y ayuda a Jiménez
de Avila. A.G.S. Estado, 73, f. 176. Carta de don Francisco de los Cobos al
Emperador, fecha en Madrid el 9-V-1546.
(27) A.G.I. Indiferente General, 1963, lib. 9, f. 317 y 335. RR. CC. a la Casa de la Con-
tratación, dadas en Alcalá de Henares el 6-1 y en Madrid el 5-11-1546.
(28) lbid., f. 351. R.C. a la Casa de la Contratación, dada en Madrid el l 5-III-1546.
(29) lbid., f. 352v. R.C. de la data sobredicha.
103
oidores Cianea y Rcntería (de quienes ya nos hemos acupado), cabe
distinguir dentro de ese conjunto al militar Alonso de Al varado, un ve-
terano de la colonización indiana, que acababa de ser honrado con el
título de mariscal del Perú; el emisario pizarrista Francisco Maldona-
do, nombrado contino de Su Majestad, quien había logrado ganarse el
favor de los personajes de la Corte; el adelantado Pascual de Andago-
ya, gobernador del río de San Juan, que por su larga experiencia era
muy respetado entre los conquistadores (30). También hubo otros acom-
pañantes, menos famosos, que brindaron valiosa colaboración al cléri-
go durante su permanencia en el Nuevo Mundo, como el plasentino Pe-
dro Hernández Paniagua de Loaysa, emparentado con el cardenal Lo-
aysa, presidente del Consejo de Indias; el vallisoletano Luis Sedeño
de Zamudio, auxiliar en materias notariales y contables; o Cristóbal
Gutiérrez, hombre de guerra, regidor de Plasencia (31).
No debemos perder de vista la tremenda conmoción que significa-
ba para la vida de Gasea este viaje al continente americano. Estaba
ante una responsabilidad sumamente delicada, que lo cogía a los 52
años de vid.a -una edad considerable para el nmndo quinientista-,
cuando nunca antes había realizado ningún trayecto marítimo ni se
había enfrentado con las duras condiciones naturales del hemisferio
ultramarino. Tenía entre sus manos una empresa riesgosa y era perfec-
tamente consciente de que no podría saliir adelante si no recurría al
auxilio de gente poderosa en el Nuevo Mundo, capaz de socavar las
fuer:zas que le permitían a Gonzalo Pi:zar:ro burlarse de los dictados
del Emperador.
Hecha una breve estancia en la capital bética, don Pedro de la
Gasea se trasladó a Sanlúcar de Barrameda, población situada en la
desembocadura del río Guadalquivir, adonde llegó el 28 de abril de
(30) G. CUESTA GUTIERREZ, Luisa, la obra de D. Pedro de la Gasea en América
(Santiago de Compostela: Tip. de "El Eco Franciscano", 1928), p . 11.
(31) Respecto a la biografía de los mencionados personajes, cabe indicar los documen-
tos siguientes: a) Carta de Hernández Paniagua a Gonzalo Pizarro, fc,.ha en
Amotape el 8-XIl-1546, publ. en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p. 591-592; b) A.G.I.
Lima, 1621. Provisión de escribano público del Cuzco a favor de Sedeño, dada en
Guaynarima el 14-Vll[-1548; e) A.G.I. Indiferente General, 1207, no. 57. Proban-
za sobre la aptitud de Gutiérrez para viajar al Perú, hecha er,t Madrid el 5-IV-
1546. .
104
1546. Por más que se puso todo el empeño en acelerar el embarque de
pasajeros y mercancías que debía transportar la flota, no pudo evitar-
se que se perdieran cuatro largas semanas durante los últimos arre-
glos. En fin, las condiciones del tiempo se mostraron favorables en la
mañana del 26 de mayo del citado año, fecha en que la nao capitana y
sus nueve embarcaciones de acompañamiento se hicieron a la vela con
destino a ultramar (32). Antes de tocar suelo americano, se efectuó una
detención en la isla Gomera con ·el fin de que pudieran abastecerse de
víveres los pasajeros y repararse las naves; debido al clima tropical
reinante en esa zona, el sacerdote castellano cayó enfermo de
calentura y hubo necesidad de aguardar algunos días hasta su
recuperación (33). Luego continuó la travesía, cruzando las aguas del
Atlántico.
2. LA NEGOCIACION DE TIERRA FIRME: LLAVE MAESTRA
DEL EXITO
Por desconocimiento de la ruta, los miembros de la expedición
gasquiana hubieron de padecer algunas dificultades en su travesía por
el mar de las Antillas, pero finalmente lograron enderezar su rumbo
hacia las costas de América meridional. El 10 de julio de 1546 desem-
barcaron en el puerto de Santa Marta, donde el capitán fue cálidamen-
te acogido por el licenciado Miguel Díaz de Armendáriz, quien oficia-
ba de juez de residencia y gobernador de la Nueva Granada. En dicho
puerto se tuvo noticia de la bata1la de lñaquito (efectuada medio año
atrás), en la cual el virrey Núñez Vela había sido vencido por las tro-
pas pizarristas y decapitado en el mismo campo de batalla, dejando
así firmemente consolidado el gobierno tiránico de Gonzalo (34). Tal
novedad implicaba que el licenciado Gasea se constituía desde enton-
ces en cabeza suprema del partido realista.
Viva expectativa reinaba entre los jefes rebeldes establecidos
en Tierra Firme por conocer la verdadera intención política del dele-
(32) FERNANDEZ, (2), lib. II, cap. 18, p. 124.
(33) CAL VETE DE ESTRELLA, (1 ), IV, p. 289.
(34) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Santa Marta el 12-VIII-1546,
publ. en MINISTERIO DE FOMENTO, ed.., Cartas de Indias (Madrid: Imp. de
Manuel G. Hernández, 1877), p. 527.
105
gado de la Corona. Algunas versiones, difundidas desde la metrópoli,
pretendían comunicar que el presidente traía la confirmación regia
del título de gobernador de Pizarro, así como el hábito de la Orden de
Santiago para el caudillo y varias generosas mercedes para sus segui-
dores, tales como el perdón de los delitos pasados y la concesión perpe-
tua de las encomiendas indígenas (35). Con suma discreción, empero,
Pedro de la Gasea evitó negar de manera rotunda aquellos rumor~,
situando ante todo por delante los amplios poderes que llevaba firma-
dos del emperador y su voluntad de poner en sosiego la tierra median-
te procedimientos pacíficos. En el puerto de Nombre de Dios fue recibi-
do por el capitán pizarrista Hemán Mejía (27 de julio) y, tras un par
de semanas en que se dedicó a tantear el ambiente social del istmo, hi-
zo su mudanza a Panamá (13 de agosto), punto clave para la comunica-
ción con el litoral peruano (36).
En la capital de Tierra Firme, ante el general Pedro de Hinojosa
y los capitanes que lo secundaban en el mando de su hueste, continuó
nuestro protagonista su actividad persuasiva. Manifestaba en primer
término la obligación que tenían todos los vasallos de obedecer fiel-
mente los mandatos de su "rey y señor natural"; advertía la extrema
benignidad de Carlos V, quien había revocado las ordenanzas quemo-
tivaron el levantamiento de los encomenderos y, más aún, ofrecía
perdonar los delitos cometidos en el curso de la rebelión; concluía, por
tanto, que debían deponerse las armas, permitiendo el libre tránsito a
Lima del presidente de la Audiencia (37)_ Auxiliado por el mariscal
Alonso de Alvarado -bien conocido en el medio indiano-, logró con-
vencer a los dirigentes militares para que escribieran cartas a Gonza-
lo Pizarro, dándole a entender la bondad de la empresa que intentaba
llevar adelante ese hombre "santo". Uno de los elementos que más tra-
(35) Cf. la carta de Pedro de Hinojosa a Pedro de Puelles, fecha en Panamá el 3-VIII-
1546, y la carta de Juan Alonso Palomino a Gonzalo Pizarro, fecha en Panamá el
20-VIII-1546, publ. en PEREZ DE TUDELA, (9), 1, p. 145-147 y 105-106, respecti-
vamente. Véase también LOHMANN VI LLENA., (14), p. 61-63.
(36) FERNANDEZ, (2), lib. II, cap. 23 y 25, p. 131 ss.; BATAILLON, Marcel, "Les co-
lons du Pérou contre Charles Quint: analyse du mouvement pizarriste (1544-
1548)", en Annales (E. S.C.), año 22, no. 3 (París, mayo-junio 1%7), p. 480. Este úl-
timo autor ha sugerido inclusive el nombre de "istmo peruano", ya que la región
de Tierra Firme constituía el eje de las comunicaciones hacia el Perú.
(37) CALVETE DE ESTRELLA, (1), IV, p. 308-3()<).
106
tó de explotar el presidente fue, por cierto, su condición religiosa: el
argumento de que el monarca enviaba un humilde sacerdote para sen-
tar la paz, debía remover las conciencias de los levantiscos (38).
Junto con las misivas de los capitanes, Gasea acordó remitir (sin
publicarlo a Hinojosa) unas comunicaciones para los dignatarios ecle-
siásticos y las autoridades municipales del Perú. En estos textos, fe-
chados todos a 26 de agosto de 1546, el licenciado anunciaba su inten-
ción de viajar próximamente al virreinato, con el objeto de imponer la
tranquilidad social, permitiendo la conservación de las haciendas,
almas, vidas y honras de aquellos súbditos. Se encomendó la tarea de
distribuir tales comunicaciones -en secreto- al monje dominico Fran-
cisco de San Miguel (39).
Pero la marcha de los acontecimientos iba a dejar poco espacio
al espíritu pacifista del presidente. De un lado, el emisario fray
Francisco de San Miguel no pudo avanzar mucho en su tarea difusora
del ideario gasquiano, ya que fue detenido por los representantes de
Pizarro al llegar a Tumbes (40). Y, por otra parte, no dejaban de cau-
sar zozobra las noticias transmitidas por ciertos viajeros venidos del
Perú que desembarcaron en Panamá hacia aquel tiempo (41). Cabe men- ,
donar señaladamente el parecer anónimo dado a Gasea por un indivi-
duo que salió de Lima a finales de agosto del año 46; anotaba este
hombre que el líder rebelde se encontraba plenamente enseñoreado en
(38) En carta dirigida a Pizarro el 16-VIII-1546, Alonso de Alvarado elogia de esta
forma el temperamento de Gasea: "es la persona de tanta bondad cuanta yo ja-
más he conoscido y el que más sana intinción trae para hacer bien a todos los que
en estas partes residen". PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p.168.
Sin embargo, Gonzalo Pizarro no se mostraba nada afecto a creer en la "santi-
dad" del licenciado. El 30-Xll-1546, en una misiva enviada a Hinojosa, asienta
en tono amenazador: "el de la Gasea se vuelva con Dios a España, pues que es san-
to, que acá luego a la hora se dañan con el mucho oro que acá hay, y no hemos me-
nester frailes ni abades porque ellos hacen todos los males que en esta tierra
hay, y hombre tan santo no ha de estar en el Perú, sino en parte donde esté más re-
cogido". lbid., I, p. 82.
('.39) FERNANDEZ, (2), lib. 11, cap. 26, p. 135-136.
(40) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Panamá el 28-Xll-1546, publ. en
C.D.I.H.E., XLIX, p. 41.
(41) FERNANDEZ, (2), lib. II, cap. 28, p. 139.
107
el territorio perulero, sin que nadie osara plantearle contradicción, y
opinaba que de no reconocerse la gobernación a Pizarro, era imposible
que sus partidarios se redujeran a la obediencia del rey por la vía de
clemencia. El único remedio posible "para que Su Majestad quede ver-
daderamente por señor de la más rica tierra que en el mundo hay",
pues, consistía en usar de rigor<42).
Con entera lucidez, el autor del citado escrito advertía que el
allanamiento de la rebelión sería más fácil si el presidente gozara de
dominio en las aguas del Pacífico. Sabedor de la realidad de la situa-
ción, el clérigo se resolvió a pedir socorro a las otras colonias india-
nas con el fin de armar un poderoso ejército contra Gonzalo Pizarra: en-
vió mensajeros con este propósito ante las audiencias de México, Gua-
temala y Santo Domingo, a la par que demandaba semejante auxilio
de los gobernadores de Cartagena, Nueva Granada y Popayún (34).
Quizá a este mismo momento (septiembre de 1546) corresponde una
relación de los principales vecinos pcrulcros que en el alzamiento con-
tra Núñez Vela militaron en el bando "lealista", documento que ofre-
ce breves noticias acerca de la situación en que se halJaban dichos per-
sonajes durante la estancia de nuestro sujeto en el istmo centroameri-
cano (44). Lo que se intentaba saber, ciertamente, era quiénes cstarfon
dispuestos a tomar las armas en el Perú para derrocar a los gobernan-
tes tiránicos.
Puesto que en la Corte existía la intención de eludir los inconve-
nientes de una lucha armada, don Pedro de la Gasea ensayó todavía
una salida para convencer a su oponente con buenas palabras. El 26 de
septiembre escribió una carta a Pizilrro, donde hacía noté1r que le se-
ría imposible resistir el ataque de un ejército poderoso form,ido en
nombre del emperador. Usando un tono de halago y respeto, le sugería
reflexionar sobre la trascendencia de su misión pacificadora con áni-
mo de cristiano, de hidalgo, de prudente y de amante de la tierra colo-
nizada, manifestando luego que su preocupación fundamental era que
(42) Parecer sin fecha, publ. en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 128-135.
(43) Relación de Gasea fecha el 28-Xll·1546, en [Link].H.E., XLIX, p. 37-38; FERNAN·
DEZ, (2), lib. II, cap. 28, p. 139-141.
(44) , B.P.M. Ms. 1960, no. 8. Se transcribe en los Anexos documentales, VIII.
108
reinase la paz (45). A manera de anexo, incluyó una comunicación que
Carlos V había dictado para el rebelde peru]ero: una misiva de carác-
ter conminatorio, en que le ordenaba cumplir todo lo que mandara Gas-
ea, haciendo invocación de los servicios que había realizado a la Co-
rona su hermano el marqués Pizarra (46). Y la responsabilidad de en-
tregar ambas cartas al caudillo se dejó en manos del extremeño Pedro
Hernándcz Paningua, quien salió del istmo acompañado del emisario
pizarrista Francisco Maldonado (18 deoctubre)(47),
Además de conducir las cartas mencionadas y algunas otras le-
tras para los jerarcas del movimiento rebelde, Hcmándcz Paniagua
llevaba el encargo de rectificar la falseada imagen que se estaba
difundiendo en el Perú con respecto al carácter y los antecC'dcntes bio-
gráficos del sacerdote castc11ano. Decíase que era un hombre mañoso,
perverso, que tras una apariencia presuntamente bondadosa ocultaba
una malicia cx¡¡gerada. Más aún, se habían inventado relatos en tor-
no a las actividades de Gasea como juez en el castigo de los rebeldes
de Gante y en cierto problema que habría tenido lugar en Galicia, oca-
siones en las cuales -según esas falsificaciones- se había distingui-
do por su talante sanguinario, ordenando la ejecución de un crecido nú-
mero de personas (48). Cierto individuo que vio a Gasea actuando en
Tierra Firme señalaba a guisa de alarma que "es un hombre para tras-
tornar a todo el mundo con sus palabras" (49).
Otra de las habladurías que Paniagua debía reducir a corrección
era la idea, sumamente generalizada, de que la hacienda pública de
(45) PEREZ DE TUDElA, (9), I, 186-392.
(46) Carta fecha en Venloel 16-Il-1546, publ. ibid., I, p. 385-386.
(47) Cf. la carta de Gasea a Hemández Paniagua, fecha en Panamá el 14-X-1546 (dán-
dole órdenes respecto a su partida), y la relación de Hernández Paniagua a Cas-
ca, fecha en San Miguel el 1-VIII-1547; ibid., 1, p. 527, y 11, p. 301, respectivamen-
te.
(48) FERNANDEZ, (2), lib. 11, cap. 32, p. 152. Puede consultarse la carta de Diego
Garáa de Morales a Gonzalo Pizarro, fecha en Portoviejo el 21-X-1546, y la rela,..
ci6n de Hernández Paniagua fecha el 1-VIII-1547, publ. en PEREZ DE TUDEL.A,
(9), 11, p. 57-58 y 312, respectivamente.
(~ Callt de Baltasar de Escob«to a un "muy magnífico señor", fecha en Tumti.. ti
3~X1I-1546, [Link]., I, p. 117.
l(}.¡l
Castilla se encontraba insolvente y requería de modo imprescindible
la aportación de los tesoros del antiguo territorio incaico; esta idea
llevaba a la ilusión de que, por causa de su debilidad económica, el
Emperador se mostraría blando frente a cualquier exigencia del gober-
nador de esa tierra. Provisto de cifras exactas que le había facilitado
Gasea, el mensajero se empeñó en rebatir tales planteamientos de ín-
dole monetaria. Al entrevistarse en Lima con la plana mayor del pi-
zarrismo, hizo la afirmación de que "sola la 'c iudad de Nápoles vale
más que tres Perúes", una sentencia ciertamente discutible, pero vale-
dera al propósito de destruir las ensoñaciones de los soberbios perule-
ros (50).
En medio de tal ambiente, se preparaba una junta de delegados
de las diferentes poblaciones españolas del virreinato, con el objetivo
de discutir los alcances de la embajada que esperaban remitir a la Cor-
te. Una lista impresionante de firmas de más de sesenta de los princi-
pales habitantes del país se encuentra al pie de una carta a Gasea, fe-
chada en la ciudad de los Reyes (Lima) el l4 de octubre de 1546. Se
apunta en esta comunicación la inconveniencia de que el presidente
haga su entrada en los límites del Perú, ya que podría ser "causa de
acaballos de asolar y destruir". Llenos de ar:rogancia, los colonos ex-
presan que no necesitan de perdón, pues entienden no haber errado en
su fidelidad al rey, y le piden al comisionado que regrese a la metró-
poli (51). Unos términos semejantes habían de aparecer en la instruc-
ción dada a Lorenzo de Aldana, teniente de gobernador en la capital
peruana, encargándole hacer personalmente un requerimiento al licen-
ciado para que no intentase penetrar en el mar del Sur; y en caso de
que persistiera en dicho propósito, habría de dictar las medidas apro-
piadas para ocasionarle la muerte (52).
La llegada de Aldana al istmo de Tierra Firme (el 13 de noviem-
bre) significa un episodio trascendental dentro del curso de eventos
(50) Relación de Hernández Paniagua fecha el 1-VIIJ.-1547; ibid., II, p. 313, 316-317.
Véase también LOHMANN VILLENA, (14), p. 60-611.
(51) El original .d e dicha carta se encuentra en A.G.l. Justicia, 451, no. 2, f. 10; está pu-
blicada en PEREZ DE TUDELA, (9), I, p. 1369-371.
(52) FERNANDEZ (2), lib. 11, cap. 34, p. 154-155. Texto del requerimiento que debía
formular Aldana, en B.R.A.H. Col. Mata Linares, t. 83, f. 240 v.
110
que tuvieron lugar durante Ja gestión negociadora det pacificador. Ya
en las cróni~as quinientistas se expone la impresión de que este colabo-
rador de Pizarro no estaba plenamente adherido a la ideología del
partido rebelde, y por este motivo habría aprovechado la primera
circunstancia a la mano para incorporarse al bando contrario. Lo cier-
to es que al arribar a Panamá se reunió con Hinojosa, jefe de la arma-
da gonzalista, y le dio a conocer las agresivas palabras que estaban
en su instrucción, tras lo cual fue decidido por ambos que era mejor des-
truir ese papel, echándolo al fuego. Así fue que a Gasea le entregó úni-
camente la carta de los sesenta y tantos vecinos, intimándole volver a
España (53).
Hasta ese instante las tratativas de Gasea con los representan-
tes del caudillo asentados en Panamá aún no habían rendido frutos sa-
tisfactorios, pues todavía no estaba resuelta la postura que debían
asumir en el conflicto. Sin embargo, al entender los desmedidos propó-
sitos que concebían los pizarristas y al ver que un dirigente tan respe-
table como Lorenzo de Aldana manifestaba su repulsa .a ese ídeario,
los jefes de la escuadra acabaron de determinarse a brindar su apoyo
a la causa monárquica; a la cabeza de ellos, el general Hinojosa indi-
có al licenciado que de ahí en adelante podría contar con las naves de
su armada (54). No cabe duda - y los hechos posteriores así lo confir-
man de que no solamente influyó la mayor o menor bondad de las op-
ciones políticas en disputa, sino también el ofrecimiento que hizo Gas-
ea de recompensar con grandes mercedes a esos hombres poderosos que
le abrían el portillo para iniciar su marcha exitosa hacia el Perú. De
esta suerte, una vez consumada la victoria en Jaquijahuana, los mayo- .
res elogios del pacificador estarán dedicados a Hinojosa y Aldana,
en primer término, y luego alos capitanes Hernán Mejía, Pablo de Me-
neses, Juan Alonso Palomino y don Pedro de Cabrera: la llave del éxi-
to, pues la adquii:ió en Tierra Firme gracias a su habilidad negociado-
ra (55).
(53) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 28-1-1549, publ. en
PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 380; FERNANDEZ, a), lib. 11, cap. 39, p. 162.
(54) Rel~ón de Gasea fecha el 28-XÍI-1546, en C.D.I.I-1.E., XLIX, p. 31-35.
(55) Carta de Gasea al Emperador, fecha en Cuzco el 5-V-1548, publ. en CD.I.H.E.,
· XLIX, p. 351-355. Cf. PEREZ DE TUDELA, (21), p. LX-LXI; este investigador opi-
na que el propósito del licenciado de ganarse la voluntad de los alzados sin o-
tras armas que el perdón y el premio llegó más lejos de lo que hubiera pensado el
monarca, más distante de lo que convenía a la justicia.
111
Según se desprende de la documentación coetánea, fue asimismo
decisiva la intervención del mariscal Alonso de Alvarado, que ejerció
de "brazo derecho" del licenciado en sus conversaciones tendientes a
la reducción de la armada gonzalista. Más tarde, durante la campa-
ña militar, le tocaría ejercer el segundo rol dentro de la organización
del ejército (56). Hallándose los dirigentes realistas en la capital pa-
nameña ocurrió, por otra parte, el fallecimiento del gobernador de
Tierra Firme, doctor Ribera, accidente que forzó a Gasea a ocuparse
provisoriamente de los asuntos gubernativos y judiciales del istmo
(57)_
..l .
Amparados en la seguridad que suponía su dominio marítimo,
los hombres del bando "fidelista" optaron por poner en práctica una
estrategia más directa. Se resolvió colocar el galeón de la arrnada ba-
jo el mando del capitán Palomino para que lo guiara hasta el puerto
de Buenaventura, donde había de dejar en tierra al mercedario fray
Juan de Vargas, quien llevaba numerosos pliegos destinados a repar-
tirse a lo largo del Perú. Además de un conjunto de cartas para el go-
bernador, lo más importante eran las copias de los despachos reales
entregados al comisionado en Madrid; sólo entonces se decidió Gasea
a exponer abiertamente que llevaba poder para perdonar los delitos,
hacer encomiendas de indios y otorgar permiso a nuevas conquistas,
que tanto pizarristas como almagristas podían conservar sus repartí-
. mientos, que se había revocado el mandato sobre derogación de enco-
miendas particulares, etc. (58).
(56) Sin embargo después de la ~alida de Gasea fuera del Perú, Alonso de Alvarado
promovió una información de testigos para demostrar que cierto juez lo había sen-
tenciado a muerte (pena que no se ejecutó), obedeciendo la voluntad del presiden-
te de la Audiencia, quien "me tuvo mala querencia, odio y enemistad, sin haber
causa niguna para ello". Véase la demanda pn~entada en Cuzco el lf>.XH-1550,
en PEREZ DE TUDEL\, (9), II, p. 240 ss.
(57) Cf. MENA GARCIJ\, Ma . del Carmen, la soci<~dad de Panamá en el siglo XVI
(Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, 1984), p. 198,200.
(58) Acta del pleito homenaje que se tomó al capitán Juan Alonso Palomino y a los de-
más jefes de la escuadra perulera. fecho en Panamá el 19--Xl-1546, publ. (?ft
C.D.I.H.E., XLIX, p. 12-17; carta de Gasea • Gonzalo Pizarro, f«l\a en P.....
el 2S-Xl-1546, publ. en PEREZ DE TUDELA, (9), I, p. 393-394; FERNANDEZ,
(2), lib. U, cap. 41, p. 167.
112
Hubo mucho recelo en evitar que se conociese públicamente la en-
trega de la armada en Tierra Firme, porque se temía que si Gonzalo Pi-
zarro supiera dicha alteración, mandaría fortificar la costa peruana,
despoblándola de gente y dejándola falta de abastecimientos, con lo
que la incursión de las naves en ese litoral sería de escaso provecho
(59) . Después de zarpado el galeón de Palomino cott los despachos re-
gios, el 1 de diciembre de 1546 expidió el presidente una provisión con-
cediendo el título de capitán general a Pedro de Hinojosa, en nombre
del César. Aunque la designación se mantuvo en secreto, téll medida
significaba virtualmente una declaratoria de guerra (60). No siendo
viable el remedio de "blandura", la única solución posible era empren-
der una ofensiva militar.
Entre tanto, el delirio de los pizarristas había seguido en creci-
miento, hasta tal extremo que se enviaron procuradores laicos y reli-
giosos para demandar exorbitantes mercedes en las cortes del Viejo
Mundo. En las instrucciones de la embajada destinada a formularse
ante los ministros del Emperador, se incluía la exigencia de otorgar
la gobernación del Perú a Gonzalo Pizarro y un sucesor suyo, con el re-
quisito de que durante ambas vidas no estuviese en funcionamiento la
Audfencia y, por añadidura, con la gracia de que se hicieran perpe-
tuas las encomiendas de aborígenes (61). Dado el caso de que no fueran
aceptados tales planteamientos, debería intentarse un recurso aún
más insólito: ofrecer al pontífice romano -que, en última instancia,
era quien había cedido al rey de Castilla el dominio sobre las In-
dias- tomar como feudo suyo al territorio conquistado por los Piza-
rro, a fin de que los colonos pudieran eximirse de la soberanía españo-
la y desempeñar la administración de ese país en nombre del Papa
(62). ¡Qué lejos alcanznba el orgullo del caudillo pcrulero!
(59) Relación de Casca fecha el 28-XIl-1546, en C. [Link]., XLIX, p. 36, 43-45.
(60) B.R.A.H. Col. Mata linares, t. 83, f. 266. Cf. FERNANDEZ, (2), lib. 11, cap. 42,
p.168.
(61) LOHMANN VILLENA, (14), p. 73. Texto de las instrucciones, fechas en Los Re-
yes el 2~Xl-1546, en B.P.M. Ms. 409, no. 1, y en B.R.A.H. Col. Mata Linares, t.
84,f.1.
(62) LOHMANN VILLENA, (14), p. 74-76.
113
Pero todas esas divagaciones se fueron literalmente al agua, ya
que los emisarios no contaban con la resistencia que les opondrían los
navíos estacionados frente al puerto de Panamá. Al llegar aquí, en
enero de 1547, uno a uno fueron cayendo en poder de la hueste realista
los procuradores que habían jurado lealtad a Pizarro; ellos fueron el
maestresala del tirano, Gómez de So1ís, el arzobispo de Lima, Jeróni-
mo de Loaysa, el obispo de Santa Marta, Martín de Calatayud, y el
provincial de los dominicos peruanos, Tomás de San Martín, junto con
otras figuras menores. De semejante forma, con el transcurso de las se-
manas fue engrosándose la masa de soldados colocada bajo la conduc-
ción del general Hinojosa, mientras se evitaba brindar noticia acerca
de estos acontecimientos a los rivales (63). Merced a la paciente activi-
dad persuasiva del clérigo de Navarregadilla, t~nto como por obra
de su habilidad negociadora, comenzaba a producir los frutos espera-
dos la dilatada permanencia de nuestro individuo en el istmo centroa-
mericano. Todo el éxito había consistido en dejar correr el tiempo y en
manejarse con suficiente cautela (64).
Respecto al ataque militar que debería librarse contra los piza-
rristas, la táctica de Gasea señalaba que, una vez reunidas las fuerzas
suficientes, sé-abandonarfa el istmo con dirección a la costa peruana,
llevando el propósito de adentrarse hacia Quito para emprender des-
de esta región la marcha al Sur a través de la serranía andina. Para
realizar este proyecto, era necesario que se !tuviera despejado de ene-
migos el rumbo por el océano Pacífico y que las poblaciones del litoral
expresaran su simpatía por la bandera monárquica. Con la tarea de
hacer el correspondiente allanamiento, se armó una expedición de
trescientos hombres; éstos debían movilizarse a lo largo de la costa
hasta ocupar el puerto limeño, para lo cual se repartieron en tres naos
y una fusta, que se hicieron a la vela el 15 de febrero de 1547. Era co-
mandante de esta armadilla el capitán Lorenzo de Aldana, un indivi-
(@) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Panamá el 17-11-1547, publ. en
C.0.1.H.E., XLIX, p. 64-68; FERNANDEZ, (2), lib. 11, cap. 44, p. 170.
.(64) O. BATAILLON, (36), p.480, 491-492, y BARNADAS, Josep M., €harcas, 1535-
1565; orígenes históricos tf e una sociedad colonial (La Paz: Centro de Investiga-
ción y Promoción del Campesinado, 1973), p. 94.
114
duo de prestigio que con su subordinación al César había definido a fa-
vor del presidente la suerte de su estadía en Tierra Firme (65).
3. CAMPAÑA MILITAR CONTRA LOS PIZARRISTAS
Puestas en orden todas las provisiones necesarias para la conser-
vación de los hombres, de las cabalgaduras y de las armas que perte-
necían a la hueste, las tropas realistas salieron de Panamá el 10 de
abril de 1547, yéndose a aguardar vientos propicios para la partida
en la cercana isla de Taboga. Era un contingente impresionante de 820
hombres de guerra que, de acuerdo a las órdenes de su general Pedro
de Hinojosa, se distribuían en dieciocho navíos y una galeota. Poco an-
tes de abandonar esa capital habían recibido noticias favorables en
tomo a la expedición comandada por Aldana y al mensajero Hemán-
dez Paniagua, quien logró salir indemne de su encuentro con el caudi-
llo rebelde (66). Tan óptimo era el ánimo de aquellos guerreros, que ide-
aban alcanzar en breve la paz, no haciendo daño "sino de los que, olvi-
dados de lo que deben y les cumple, carecieren del temor de Dios y del
de su rey y de la virtud de fidelidad y lealtad", conforme anota el li-
cenciado Gasea (67)_
Corrientes opuestas, fuertes vientos y contiuos aguaceros hicie-
ron dificultosa la navegación por el mar del Sur, originando enferme-
dades en gran número de soldados. Pese al rompimiento de orden de la
escuadra, el licenciado consiguió desembarcar en el puerto de Manta
el 31 de mayo. Allí se enteró, con natural alborozo, de que los vecinos
de Trujillo, Huánuco, Chachapoyas, Bracamoros y Loja habían pro-
clamado recientemente su fidelidad a la Corona, y de que un senti-
miento semejante abrigaba entre los pobladores de Portoviejo, Guaya-
quil y Piura. Además de esto, un poco más tarde vino a su noticia de
(65) Instrucciones de fray Pedro de Ulloa y de los capitanes Lorenzo de Aldana, Her-
nán Mejía y Juan Alonso Palomino, fechas en Panamá el 11-Il-1547. Originales en
B.P.M. Ms. 1960, no. 9; publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 52 ss. Véase también la rela-
ción de Gasea fecha el 17-11-1547, ibid., p. 73-74, y FERNANDEZ, (2), lib. 11,
cap.47,p.174.
(66) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en la isla de Taboga el 12-IV-1547,
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 83-85.
(67) Carta de Gasea al Emperador, fecha en Panamá el 24-III-1547, publ. ibid., p. 83.
115
que tambi(•n se había alzado la bandera realista en la ciudad de Qui-
to, tras el asesina to cometido en la persona de Pedro de Pu elles, que
era el teniente de gobernador por Pizarro en dicha comarca. Todas las
acciones mencionadas resultaban efecto de la acogida que los partida-
rios del César habían dado a Lorenzo de Aldana durante su escala en
Trujillo, permitiéndole esparcir mensajes en las poblaciones del Nor-
te del virreinato (hS).
Posteriormente, el 30 de junio, don Pedro de la Casca -modifi-
cando el diseño original de su li.Íctica- arribó a Tumbes, la provincia
mé.b septentrional del actu,tl territorio del Perú. En este lugar se detu-
vo por espacio de un mes y medio, tratando de concertar un plan de
ataque con los hombres de guerra de las [Link] que acab,1ban de
proclamar su lealtad al rey y dictando medidas conducentes a su pos-
terior administración como presidente de la Audiencia (69). Se supo
entonces que, continuando su avance a lo largo de la costa, el capiti.ín
Aldana había 11egado frente al puerto de Lima, donde cogió virtual -
mente por sorpresa a Gonzalo Pizarra y su gente: hílllándosc incapaz
de solicitar colaboración en los poblados del espacio nórdico de la co-
lonia, que habían aceptado al bando contrario, no encontró el tirano
otro procedimiento más adecuado que ordenar que S<1licscn de sus ca-
sas todos los moradores limeños. Y luego abandonó con ellos la capi-
tal, tomílndo el rumbo de la sierra, con lo que no tardó en _proclamarsc
la fidelidad a Carlos V en la misma ciudad de los Reyes (17 de julio)
(70).
La proliferación de sucesos venturosos ocasionó en el ánimo del
presidente la idea de que la victoria sobre los rebeldes se encontraba
ya muy cerca y, con dio, el permiso para poder restituirse a su patria.
Hallándose en el campílmcnto de Tumbes, el 11 de agosto de 1547, re-
dactó una carta al Emperador para hílcerlc saber la conveniencia de
(68) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Tumbes el 11-VIII-1547, publ. en
PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 204-217; ZARA TE, Agustín de, Historia del descu-
brimiento y conquista de las provincias del Perú, 2a. ed. (Sevilla: Alonso Escriba-
no, 1577), lib. VI, cap. 11, f. 95v.
(69) Relación de Gasea fecha el 11-VIII-1547, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 219-
236.
(70) Relación de Lorenzo de Aldana a Gasea, fecha en Los Reyes el 22-VII-1547, publ.
en C.D.I.H.E., XLIX, p. 95 ss.; ZARATE. (68), lib. VI, cap. 16, f. 101v.
116
que SP nombrara con presteza un nuevo virrey peruano (quien a la vez
debería presidir la Audiencia de Lima), y proponía la designación de
don Antonio de Mcndozc1, veterano gobernante de la Nueva España.
Brindaba como argun1cnto que, debido a su estrecho contacto con los
soldados, le sería difícil recompensé1r sus méritos con la apropiada au-
toridad y justeza, de manera que ninguno de los hombres - amigos su-
yos-- quedaría Sé:Úisfecho m>.
Profundiz<1ndo en la señalada línea argumentativa, el cJC:,rigo
vislumbró con sapiencia la dificultad que supondría para el sosiego
del territorio peruano la abundancia de colonos ibéricos, gente nada
dispuesta para el trabajo productivo, que venía sólo en bu-sea de rique-
za y mercedes. Por esta razón se dirigió a las autoridades de México,
Santo Domingo y Nueva Granada, solicitando que no enviasen ~l soco-
rro militar que en un comienzo había pedido (72) . Adem,ís, recomenda-
ba a la Corte que se pusiera especial cuidado en el control de salida ·
de los pasajeros a Indias para evitar que entrasen en el Perú indivi-
duos que no hicieran vida marital o que no se dedicaran al tráfico
mercanti1. Y, debido a la muerte del licenciado Rentería (que falleció
en Panamá), así como a la desaparición de los antiguos oidores, de-
mandaba que fueran cubiertas las plazas vacantes de magistrados de
la Audiencia (73).
Tras alguna indecisión sobre el camino que sería mc1s idóneo pa-
ra emprender el ataque contra los rebeldes en Ja zona andina, se resol-
(71) PEREZ DE TUDELA (9), 11, p. 516-518. No obstante ello, en su comunicación de
respuesta Felipe II le dio a entender al comisionado que aún debía permanecer
bastante tiempo en el Perú, dado que el asunto de nombrar un nuevo virrey "se mi-
rará y ,platicará y proueerá lo que conbenga, y de lo que Su Magestad acordare se
os dará abbisso; entre tanto, vos por mi servicio entended en ordenar las cossas
desas prouincias y proueer en ellas lo que viéredes que oonbiene... ". A.G.I. Lima,
566, lib. 5, f. 292. Carta fecha en Valladolid el 14-VII-1548.
(72) Carta de Gasea al virrey de nueva España, fecha en Tumbes el 4-Vlll-1547, publ.
en C.D.l.H.E., XLIX, p. 160-161. Sobre las restricciones impuestas a los pasajeros
originarios de México, véase BORAH, Woodrow, Early colonial trade and navi-
gatitlll hMIIIWII MHico alld hn1 (Berkeley & Los Angela: University of Califor-
nia Preu, 1954), p. 99.
(1.J; Re...... aC...Jildla 411-VIll-lW, en PEREZ DI TUDEU., (9), 11, p. 238-
239. Sabmas que el oidor li\igo de Renteria fallilci6 e11 p.,... el 2.1-VIII-1546;
d. A.G.I. Contalluría, 1680.
117
vió que el licenciado prosiguiera su ruta a través del litoral; fue así
que Gasea pasó por Piura, Trujillo y la desembocadura del río Santa
antes de comenzar a internarse en las nevadas cordilleras. Desde que
salió del istmo venía siempre acompañado del mariscal Alonso de
Alvarado (con quien, sabemos, había cruzado el Atlántico) y del arzo-
bispo limeño fray Jerónimo de Loaysa, el cual se constituyó en su prin-
cipal confidente para los asuntos gubernativos. Mientras tanto, el
grueso de las tropas marchaba bajo el comando de Hinojosa en una ru-
ta paralela, a lo largo de los Andes, esperando que en el camino se les
unieran los refuerzos de las poblaciones norteñas. Quedó acordado que
todos deberían volver a juntarse en el valle de Jauja, una tierra rica en
productos agrícolas y no muy distante de la capital del [Link]
(74).
Al internarse en la sierra, Gasea determinó ceder a favor de
Lorenzo de Aldana la justicia mayor de Lima y "de todo lo que ay des-
de la dicha cibdad abaxo en todo el Pirú, ansít en la mar como en la tie-
rra" (22 de octubre de 1547) (75). Donde todavía quedaba por comba-
tir, pues, era en la zona alta circundante al Cuzco, la vieja capital de
los incas.
Conforme se había planeado, Jauja fue el escenario de una mag-
na concentración de tropas que estaban vinculadas por su apego a Car-
los V. Luego de recoger el mayor número de éllrmas, municiones y víve--
res que se hallaron disponibles, los dirigentes militares dedicaron el
mes de diciembre a estructurar convenientemente el ejército. En la rese-
ña de los batallones se contaron 700 arcabuceros, 500 piqueros y 400 ji-
netes, mientras que los cargos del estado mayor se distribuían de la si-
guiente forma: general, Pedro de Hinojosa; maestre de campo, Alonso
de Alvarado; alférez mayor, el licenciado Benito Suárez de Carva-
jal; sargento mayor, Pedro de Villavicencio;: capitán de la artillería,
Gabriel de Rojas; al lado de siete capitanes de hombres de a caballo
y otros trece al mando de compañías de peoines (76). Tan sólidamente
(74) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Ja1uja el 27-Xll-1547, publ. en PE-
REZ DE TUDELA (9), II, p. 343-351. B president:e llegó al valle jaujino el 6-Xl-
1547.
(75) A.G.I. Contaduría, 1680. Provisión suscrita en el tambo de Lampas.
(76) FERNANDEZ. (2), lib. 11, cap. 83, p. 220.
118
organizada estaba la hueste, que la noticia de la derrota del jefe rea-
.lista Centeno en el encuentro de H uarina no afectó en nada el optimis-
mo de esos súbditos leales reunidos en el valle jaujino del Mantaro
(77>.
A pesar de todo, el ánimo soberbio de Pizarro no decayó un solo
instante. Tanto en sus cartas al Emperador como en sus misivas al con-
sejero inquisitorial, se preciaba de los servicios brindados por su fa-
milia a la Corona, advirtiendo sobre todo la enorme cantidad de
metales preciosos que habían aportado al fisco, y acusaba al licencia-
do Gasea de haber turbado la calma en el Perú tomando en su poder
los despachos que los procuradores gonzalistas debían llevar a la Cor-
te (78). Mantuvo, en general, una enorme confianza en sus propias fuer-
zas hasta el término de la guerra, de tal suerte que en una comunica-
ción de marzo de 1548 escribía que "pues Dios pelea por nosotros, vues-
tra merced crea qu~ podemos acometer a todo el mundo" (79). Por orden
del tirano, se había reunido en Lima un gntpo de seis letrados con el
objeto de dar justificación a la defensa militar de los pizarristas; en
la parte considerativa de su dictamen, los jurisconsultos acusaban a
(77) Relación de Gasea fecha el 27-XII-1547, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 35~
355. En uno de los párrafos de este texto, anota el licenciado: "Creemos que (pla-
ciendo a Dios) se perderá Gonzalo Pizarro e los que con él andan en breue, porque
en este campo hay mucha e muy buena gente e de mucho elustre, porque están to-
dos cuantos buenos e vecinos hay e residen en esta tierra, e muy deseosos e prenda-
dos para facer lo que deben, así por lo que son obligados a servir a su rey como va-
sallos e hijosdalgo, como por lo que les va para conservación de sus vidas e facien-
das, lo cual todo les quitaría Gonzalo Pizarro si se viese para ello parte" (p.
361).
(78) Podemos mencionar la carta de Pizarra a Gasea, fecha en Los Reyes el 29-1-1547,
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 46-51, y la carta de Pizarra al Emperador, fecha en
los Reyes el 20-VII-1547, publ. en PEREZ DE TUDELA, (9), I, p. 366-368. En esta
última comunicación se discuJpa el tirano de la manera siguiente: "si en lo que
agora subcediere se hiciere algo de lo que Vuestra Majestad se desirva, es la cul-
pa del licenciado de la Gasea y no mía, pues yo no puede facer cosa de que Vues-
tra Majestad se deba tener por deservido, defendiendo mi justicia y la deste rei-
no contra el licenciado de la Gasea y sus secuaces, que por su interese, contra su há-
bito y profesión, me quiere hacer guerra..." (p. 368).
(79) Carta al padre Francisco de _Herrera, beneficiado en Charcas, fecha en Cuzco el
22-III-1548, publ. ibid., 11~ p. 158. Más aún, el caudillo rebelde fabulaba que el ca-
pitán Garcilaso le traería prisionero a Gasea. .
Respecto al derecho de sucesión alegado por Pizarro, véase LOHMANN VILLE-
NA, (14), p.49-52.
119
Gasea de haber usurpado en Tierra Firme los navíos de la armada de
Hinojosa y de haber detenido a los diputados del reino, formando un
ejército para ocupar el territorio peruano. En consecuencia, dictaban
la pena de muerte contra el clérigo y sus auxiliares, llamándolos
"usurpadores y alborotadores y destruidorcs del bien de la repúbli-
ca"... (80).
Las ínfulas de los levantiscos crecieron aún más después de la ba-
talJa de Huarina (cerca del lago Titicaca), librada el 20 de octubre
de 1547, en la cual fueron vencidas las tropas del capitán Diego Cente-
no. Este hombre había tenido la virtud de mantener encendida la an-
torcha "fidelista" en los confines meridionales del virreinato. Luego
de permanecer escondido varios meses en una cueva adyacente a Are-
quipa, se levantó en armas y marchó al frente de un centenar de solda-
dos con dirección al Cuzco, ciudad que ocupó en junio del año menciona-
do; ante la arremetida gonzalista procedente de la capital, salió ha-
cia la meseta del Collao para juntarse con las fuerzas leales que se ha-
bían constituido en Charcas (81). No obstante contar con superioridad
numérica de soldados, los portadores del estandarte regio sucumbie-
ron en Huarina ante la formidable astucia de Francisco de Carvajal,
el maestre de campo de los enemigos, en un encuentro que originó nume-
rosas pérdidas entre los seguidores de Centeno. Mas este jefe, que se
hallaba enfermo, logró escapar con vida (82).
Asimismo firme en su empeño, don Pedro de la Gasea no abando-
nó el intento de convencer al tirano de que abandonase su postura rebel-
de. Criticaba de éste la dura servidumbre que había impuesto a los
habitantes pcruleros, amenazando reprimir con crueldad cualquier
acción opuesta a sus intereses, y evocaba en alguna misiva las instruc-
(80) C.D.I.H.E., XLIX, p. 571-574. En la elaboradó111 de dicha sentencia participaron
los licenciados Vásquez de Cepeda, Suárez de Carvajal, de la Gama, Niño, Polo
de Ondegardo, y el bachiller Vélez de Guevar.a, aw,que sólo el primero de los
nombrados pllS() su firma en el documento.
(81) ZARATF., (68), lib. VI, cap. 13, f. 98v.; CUESTA GUTIERREZ. (30), p. 15; LOPEZ
MARTINEZ. Héclor, Dif81t Centen• y II rebelió11 de loa encommderos (Lima: Ta-
lleres GráfiCOII P. L. Villamaeva. 1970), p. 81-84 y 88-89.
(82) lARATI, (68), m,. VII, C..-~ l. 1al·1-~ND.E.l. (2), n. 11, cap. 79, p. 21>
216.
120
ciones que Pizarra había dirigido al istmo panameño, tendientes a
ocasionar la muerte del clérigo. Saliendo al paso de una común idea
que existía en el país, manifestaba el sacerdote que su status rcJigioso
no suponía impedimento alguno para llevar a cabo una empresa tan
benévola como la pacificación del Perú (83). Y en cuanto a la argumen-
tación relativa a los servicios proporcionados por los Pizélrro a la mo-
rnuquía española, 1a rebatía con este razonnmiento: justnmente por
ser hermano del conquistador de 1a tierra era que Gonzalo debía obe-
diencia a la Corona, ya que fue el rey quien --otorgando permiso a la
expedición conquistadora- había posibilitado a su familia acn.'der
de la pobreza a la posesión de riquezas y [Link] (84).
TeniL'ndosc conocimiento de que [Link] había estacionado sus
[Link] en el Cuzco, el general Hinojosa ordenó que el L'jl'rcito realista
prosiguiera ]a marcha por la cordillera hacia c1 Sur. Por su cálido
tempcran1cnto, se escogió el valle de Andahuaylas para realizar los
aprestos definitivos antes del encuentro de ambos bandos. Durante fe-
brero del año 48 se incorporaron a la hueste gasquiana los refuerzos ve-
nidos de la gobernación de Popayán, con el adelantado Scbastüín de
Benalcázar, de la provincia de Chile, con el rnpitún Pedro de Valdi-
via, y los soldados remitidos por la Audiencia de Guatemala, bajo ]a
conducci ón del licencfr,do Ramírez de Quiñones; también causó bastan-
te alegría Ja llegada a Andahuaylas del jefe reaJista Diego Centeno,
acompañado de los supervivientes de su esforzada campaña. En el cur-
so de la estancia en dicho valle (a Jo 1nrgo de un mes y medio) las
mayores preocupaciones estuvieron orientadas a acertar el sitio por
donde sería más prudente hacer el cruce del río Apurímac, elemento
geogrMico que entonces marcaba prácticamente los límites de ambos
partidos en disputa (85).
(83) Carta de Gasea a Pizarro, fecha en Jauja cl 16-Xll-1547, publ. en PEREZ DE TU-
DELA, (9), I, p. 375-384; constituye una réplica minuciosa de todas las afirmacio-
nes hechas por Pizarro en su misiva dirigida al emperador el 20-Vll-1547 (cita-
da en la nota 78, supra). Sobre la pretendida irregularidad del sacerdote caste-
llano, véase la carta de Francisco de Carvajal a Casca, fecha en Cuzco el 29-Xll-
1547, publ. ibid, l, p. 373.
(84) Carta de Gasea a Pizarro, fecha en Andahuaylas en febrero 1548, publ. ibid, I, p.
361-363.
(85) Relación de Casca al Consejo de Indias, fecha en Andahuaylas el 7-111-1548,
publ. ibid., 11, p. 430-438; ZARATE, (68), lib. VII, cap. 5, f.109-110.
121
Debido al acoso de los rivales, que pretendían impedir el acerca-
miento a la gente de Hinojosa, se pasaron hartas dificultades en atra-
vesar el puente tendido sobre el río a la altura del pueblo de Co-
tabambas (86). Cuando por fin se logró superar este obstáculo, la suerte
de la confrontación quedó poco menos que decidida: escasa resistencia
podrían ensayar los fieles al caudillo tiránico ante el poderío ava-
sallador de los atacantes, que además se favorecían con el inmenso
prestigio de la bandera del rey. Apenas unos cuantos días más tarde,
el 9 de abril de 1548 (lunes de Cuasimodo), tuvo lugar el tan aguar-
dado encuentro en la llanura de Jaquijahuana, no lejos de la metrópoli
incaica. En el campo de batalla se reunieron 18 piezas de artillería,
600 jinetes, 1,400 arcabuceros y un crecido contingente de piqueros, que
podrían hacer presumir el desarrollo de una lucha sangrienta (87}.
Más que batalla, empero, el lance de Jaquijahuana significó una
desbandada de la hueste pizarrista. En la llanura quedaron escasa-
mente una veintena de muertos, ya que tras un breve ataque de la arti-
llería de Gabriel de Rojas y de un enfrentamiento personal de los sol-
dados de ambas tiendas, la mayoría de los elementos rebeldes opta-
ron por la retirada (88). De esta manera se desintegró el levantamien-
to que había retado en América a la sup~emacía del César.
3.1. EL PACIFICADOR EN SU MOMENTO DE GLORIA
Los principales dirigentes del bando sedicioso fueron apresados
en el lugar de la batalla. Con miras a evadir todo género de complica-
ción, se resolvió proceder en juicio sumario contra ellos en el mismo
campo de Jaquijahuana, nombrándose magistrados para este efecto al ·
· mariscal Alonso de Alvarado y al oidor Andrés de Cianea; en ambos
individuos delegó sus poderes judiciales el presidente, ya que por res-
peto a su profesión clerical no quiso intervenir en el condenamiento de
(86) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Cuzco el 7-V-1548, publ. en PE-
REZ. DE 'TUDELA, (9), II, p. 403-407.
(87} Carta de Gasea a la Casa de la Contratación, fecha en Cuzco el 25-IV-1548, publ.
en LEVILLIER, Roberto, ed., Gobernantes del Pe1rú; cartas y papeles siglo XVI, I
(Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1921), p.101-102.
(88) Relación de Gasea fecha el 7-V-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 410-413;
ZARATE, (68), lib. VII, cap. 7, f. 111 v. Acerca de las motivaciones socio-políti-
cas de la desbandada, puede consultarse LOHMA.t\!N VILLENA, (14), p. 20.
122
tales delincuentes. En primer lugar se ejecutó la pena de muerte en Gon-
zalo Pizarra, al que se cortó la cabeza, y luego fueron ajusticiados sus
seguidores más importantes: el temible maestre de campo Francisco
de Carvajal, apodado El demonio de los Andes, quien durante la rebe-
lión -dícese- segó la vida de trescientas personas; el bachiller Juan
Vélez de Guevara, asesor del caudillo en materias jurídicas; el capi-
tán Juan de Acosta, estrecho colaborador en el mando militar; el anti-
guo procurador cortesano Francisco Maldonado, etc. (89). En total, su-
maron 48 los culpados en el alzamiento que recibieron la pena capita l
(90).
Tres días después de la batalla sucedió la entrada triunfal del
licenciado Gasea en el Cuzco. Aquí, rodeado de los más prominentes
vecinos de la colonia, continuó supervisando la ejecución de las senten-
cias y dictó fundamentales medidas para "sosiego" de la tierra (91).
Junto con la orden de embargar los bienes de los partidarios de la rebe-
lión, se determinó enviar fuera del país a 350 de ellos, condenados a
servir en las galeras de la armada imperial (bien que la mayoría es-
capó durante el trayecto). En vista de la necesidad que existía de re-
ducir la población ibérica que habitaba el Perú, se adoptó como medi-
da complementaria el destierro de más de setecientos hombres, los
denominados "de la mira", que en la sublevación no se habían mani-
festado a favor del pizarrismo, pero tampoco dieron muestras de sim-
patía hacia el estandarte regio; era gente oportunista, aunque no ha-
bía delito alguno de que pudieran tacharse<92).
No podía dejarse de cuestionar el criterio jurídico del presiden-
te, ya que por un lado sancionaba a los incautos oportunistas y, al mis-
(89) Relación de Gasea fecha el 7-V-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p. 413-416.
(90) A.G.I. Escribanía de Cámara, 962. Inventario de las sentencias pronunciadas con-
tra los que intervinieron en el levantamiento pizarrista. Véase también LORE-
DO, Rafael, "Sentencias contra los que participaron en el alzamiento de Gonzalo
Pizarro", en Mercurio Peruano, XXII, no. 159 (Lima, 1940), p. 257-287.
(91) Relación de Gasea fecha el 7-V-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p.415ss.
(92) A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 112. Carta de Gasea al Príncipe,
fecha en Innsbruck el 3~Xl-1551. Citada por ROSTWOROWSKI DE DIEZ
CANSECO, María, "La tasa ordenada por el licenciado Pedro de la Gasea
(1549)", en Revista Histórica, XXXN (Lima, 1983-84), p. 56-57.
123
mo tiempo, premiaba con formidables mercedes a los otrora dirigien-
tes rebeldes que mudaron de bando en el curso de la sedición. EJ tacto
político de Gasea le dio a entender la utilidad de aceptar la colabora-
ción de esos tránsfugas, pues su ejemplo sirvió para incentivar a que
otros elementos de la tienda pizarrista realizaran una acción semejan-
te. En su pragmatismo extremo, señalaba nuestro protagonista que
"aun cuanto por más culpadas eran tenidas [tales personas], más fruc-
to hacían, por el ánimo y exemplo que a otros daban para que hicie-
sen lo mesmo" (93). Mecanismo político de aceptación sumamente con-
trovertible que el hombre de leyes formado en Salamanca aplicó des-
de sus primeras jornadas de estancia americana, negociando para su
causa el concurso de los más poderosos de una tierra donde él era foras-
tero.
Como quiera que Gonzalo Pizarra y sus secuaces habían tomado
para sí los fondos pertenecientes a la Corona que estaban en las arcas
reales, el presidente de la audiencia debió recurrir a la colaboración
de mercaderes y gente particular para el financiamiento de su campa-
ña. Según se comprueba en los registros de contabilidad hacendística,
tales sujetos permitieron en gran medida la sustentación de las tropas
realistas; brindaban préstamos en dinero o hacían entrega de mano de
obra y de diversas especies, como ropa, ganado, productos agrícolas, a-
limentos, etc. (94). Tanto la carestía de artículos que existió en el trans-
curso de la guerra como los elevados sueldos que era necesario pagar a
los soldados, para evitar su fuga al rico bando pizarrista, originaron
cuantiosas expensas a los responsables de la hueste gasquiana. El con-
tador Agustín de Zárate, usualmente bien informado en asuntos finan-
(93) Relación de Gasea fecha el 7-V-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 419.
Sobre el problema de la excepcutación de los delincuentes trata una carta del
Consejo de Indias a Gasea, fecha en Madrid el 30-VI-1547, publ. en C.D.I.H.E.,
XLIX, p. 93-95.
{94) A.G.I. Contaduría, 1679. Suma de los gastos hechos para provisión de la armada
y ejército reales, 1547-1548. Se transcribe en los Anexos documentales, IX. Puede
consultarse una lista de gastos complementaria en A.G.I. Contaduría, 1680.
No obstante ello, existe la impresión de que los mercaderes panameños se
mostraron reticentes a brindar su colaboración al pacificador. Cf. MENA
GARCIA, (57), p. 273.
124
cieros, refiere en su crónica que los gastos para la campaña militar con-
tra los rebeldes ascendieron a 'unos 900.000 pesos (95).
A través de la correspondencia de los altos dignatarios del Impe-
rio se observa el interés existente en la monarquía hispánica por cono-
cocer los acontecimientos de la misión confiada a Pedro de la Gasea.
El retraimiento de Pizarro hacia el corazón de la sierra, la derrota
del capitán Centeno en el altiplano, el triunfo del presidente en la ba-
talla de Jaquijahuana, son eventos dignos de comentario en las cartas
suscritas por el mismo Emperador (96). En diciembre de 1548, con la lle-
gada del capitán Hcmán Mejía, emisario pcrulcro, a la Corte levan-
tada en Va11adolid, se manifestaron plenos de júbilo los funcionarios
peninsulares al saber que el alzamiento gonzalista estaba definitiva-
mente aplacado (97).
Alcanzado este momento de gloria, se cumplía el objetivo pri-
mordial de la jornada del clérigo en las Indias. Lo que restaba era sen-
tar las bases para que se consolidase un estado pacífico en el virreina-
to peruano.
4. EL REPARTO DE GUAYNARIMA Y SUS CONSECUENCIAS
De acuerdo a los ofrecimientos que había efectuado el licencia-
do de la Gasea en el transcurso de su campaña contra los pizarristas,
luego de la victoria tocaba hacer la distribución de recompensas entre
los que había coadyuvado al triunfo del estandarte de Carlos V. En
(95) ZARATE, (68), lib. VII, cap. 10, f. 114v. Véase también CUESTA GUTIERREZ,
(30), apénd. 2, p. 54.
De semejante manera, comprobamos que Pizarro también se valió de la
aportación económica de comerciantes para solventar su campaña. En AG.I.
Justicia, 451, f. 960, puede observarse la derrama que impuso a los mercaderes de
Lima el 4-VI-1547.
(96) FERNANDEZ ALVAREZ, (3) II, p. 597 y 608, y II, p. 40 y 56. Cartas fechas el 11-
Il, 14-III, 29-IX y 10-XIl-1548.
(97) A.G .S. Est3do, 76, f. 116 y 118. Carta de los licenciados Cutierre Vclásquez y Gre-
gorio López al Príncipe, fecha en Valladolid el 16-XII-1548, y carta del secreta-
rio Juan de Sámano al Príncipe, de la misma data. Este último funcionario comu-
nica: "Ayer xv de dcxiembre llegó aqui el capitán Hernand Mexía con cartas del
licenciado de la Gasea del subc;eso próspero que Dios ha dado a los ministros de
Su Magcstad contra aquel traydor de Gon<;alo Pic;arro..."
125
aquella época forma ti va de la sociedad colonial, el premio más dese-
ado era una encomienda de indios, o sea un grupo de aborígenes a los
cuales se obligaba a proporcionar graciosamente una renta a determi-
nado colono peninsular; para los hombres criados en un mundo de tipo .
feudal, esa institución resultaba sumamente atractiva, ya que
asimilaba en cierto modo a los encomenderos con el estamento seño-
rial (98). Sin embargo, se planteaba el difícil problema de que el núme-
ro de individuos que se consideraban con mérito para ser n..'Compcnsa-
dos sobrepasaba largamente a la cantidad de repartimientos que esta-
ban en aptitud de otorgarse.
Bien fuera que se adoptase uno u otro criterio para la distribu-
ción de mercedes, lo evidente es que siempre quedarían sujetos descon-
tentos con el reparto acordado. Por este motivo, con la intención de que
se calmaran los ánimos de los pretendientes más furibundos, el pruden-
te licenciado dejó correr varias semanas antes de tomar ninguna resolu-
ción. Durante este lapso se ocupó en recoger informaciones de los veci-
nos más prominentes de las diferentes jurisdicciones del virreinato, in-
quiriendo sobre las encomiendas que había en cada lugar, sobre la can-
tidad de sus habitantes y su respectivo potencial económico. Poco
confiado en los datos de esta encuesta, el corregidor Polo de Ondegar-
do anota que "como la tasa fue a tiento y sin verla, fue herrada", alu-
diendo específicamente a la memoria que se presentó con relación a la
provincia de Charcas (99). Quizá valga hacer la misma observación
respecto a las listas de los demás términos del país: Chuquiabo, Cuz-
(98) Sobre el funcionamiento y repercusión social de la encomienda, véase Lockhart,
James, El mundo hispanoperuano 1532-1560, tr. die Mariana Mould de Pease (Mé-
xico: Fondo de Cultura Económica, 1982), p. 20 ss.; una definición jurídica de la
institución, en Zavala, Silvio A., La encomienda indiana, 2a. ed. (México, D.F.:
Editorial Porrúa, 1973), p. 214-215. Puede consultarse también GUILARTE, Alfon-
so María, El régimen señorial en el siglo XVI (Madrid: Instituto de Estudios Polí-
ticos, 1%2), p. 17 SS.
(99) POLO DE ONDEGARDO, Juan, "Informe al licenciado Briviesca de Muñatones
sobre la perpetuidad de las encomiendas en el Perú", en Revista Histórica, XIII
(Lima, 1940), p. 158. Cf. ESCOBEDO MANSILLA, Ronald, El tributo indígena en
el Perú, siglos XVI, y XVII (Pamplona: Universidad de Navarra & Oficina de
Educación Iberoamericana, 1979), p. 42.
126
co, Arequipa, Huamanga, Lima, Huánuco, Trujillo, Chachapoyas,
Piura, Guayaquil, Quito y Portoviejo 000).
Además de dichas estimaciones provisionales en tomo al valor
de las encomiendas, Gasea ordenó a sus asesores preparar una relación
de los méritos de los capitanes y soldados que militaron en su bando.
Con tales instrumentos de orientación, don Pedro decidió alejarse del
bullicio de reclamantes que había en la antigua capital incaica y se
estableció, a mediados de julio de 1548, en el asiento de Guaynarima
(hoy en el departamento de Apurímac). A este humilde lugarejo se
mudó en compañía de su secretario Pedro López de Cazalla, encarga-
do de [Link] documentación, y del arzobispo fray Jerónimo de Lo-
aysa, quien tenia buena experiencia del ordenamiento socio-económi-
co indiano oon. Nadie más que ambos personajes debía ser testigo de
las dubitaciones del clérigo sobre el reparto tan ansiosamente espera-
do.
Un mes de deliberaciones bastó para dar forma a un conjunto de
recompensas, que iba a tener fundamentales repercusiones durante lar-
go tiempo. Las mercedes acordadas en el reparto de Guaynarima pue-
den dividirse en tres categorías:
a) como aspecto primordial, una serie de más o menos 215 enco-
miendas cedidas a los principales beneméritos (con derecho a gozar
de los repartimientos por dos vidas) y cuya renta sumaba anualmente
más de un millón de pesos, en conjurlto O02); ·
(100) Las relaciones de encomiendas que existían al terminar la rebelión pizarrista se
encuentran en B.R.A.H. Col. Mata Linares, t. 82, f. 94 ss. Están publicadas en LO-
REDO, Rafael, Alardes y derramas (Lima: Gil, 1942), p. 115-134, y en Los repar-
tos (Lima: Lib. e Imp. D. Miranda, 1958), p. 141-298.
(101) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 25-IX-1548, publ.
en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 269. En este texto confiesa el pacificador suma-
yor preocupación: "La cosa que en este negocio a que se me mandó venir más he te-
mido, después que la fui entendiendo, ha sido que allanado Gonzalo Pizarro, no
se pudiendo cumplir con los que en ello siruiesen a su salvo y conforme a la costum-
bre que en las alteraciones que en estos reinos ha habido se ha tenido, había de
resultar inconvenientes y desasosiegos y desgracia, especialmente para conmigo,
en que por la familiar conversación que conmigo han tenido y por haberme ayuda-
do en esta jornada tanta speranza cada uno tenía ..." (p. 267).
(102) La lista de los benefiaciados con encomienda (sobre cuya renta se impuso una de-
duccción) puede verse en LOREDO, Los repartos (100), p. 352-361.
127
b) como aspecto subsidiario, una bolsa de "pensiones" por valor
de 135.000 pesos, impuesta por una sola vez sobre las rentas de los en-
comenderos, al efecto de beneficiar con aquélla a unos 140 individuos
cuyos méritos no les otorgan derecho a disfrutar de repartimiento
(103); y
c) como aspecto complementario, una distribución de yanaconas
(trabajadores indios exentos del sistema encomendero ) para explotar
con su mano de obra las minas de Potosí, estimándose que podrían ofre-
cera sus amos un ingreso de 50.000 pesos al afio O 04). ·
No está demás indicar que, fuera de aquellos beneficiados en el
reparto, quedó excluida de premio la mayoría de los soldados "fide-
listas " que pretendían mercedes. Por lo tanto, cabe interpretar la de-
terminación del sacerdote castellano como originada en una mentali-
dad de clara raíz señorial, que aspiraba a una estructura socio-econó-
mica de tipo dualista, en la que existiera una capa superior firmemen-
te consolidada, nutrida de una base rentística segura, en condiciones
de orientar la marcha política de la comunidad. Debajo o alrededor
de esta aristocracia habían de situarse grupos de clientelaje, que brin-
daban sus servicios a los poderosos y dependían económicamente de
ellos; tratábase de una relación entre principal y subordinado que
guarda mucha semejanza con los vínculos de señorío-clientela hereda-
dos en la Europa feudal de la Antigüedad clásica. En la ancha base
de la pirámide social, destinada a ofrecer sustento a los estratos supe-
rior y medio, se encontraría la masa indígena, es decir, los vasallos
de la Corona q uc proporcionaban a los bencmé~ritos su tributo O05).
(103) Relación de las personas gratificadas con pensiones, en B.R.A.H. Col. Muñoz, t.
47, f. 135. Se transcribe en los Anexos documentales, X. La naturaleza de esta bol-
sa de contribuciones repartida entre los encomenderos ha sido mal entendida por
algunos estudiosos de la historia peruana del siglo XV[; véase, por ejemplo, LO--
REDO, Los repartos (100), p. 315, y PEREZ DE TU DELA, (21), p. LXV, n . 187.
(104) BARNADAS, (64), p. 288; ZA VALA, Sil vio A., El servicio personal de los in-
dios en el Perú, l, (lvléxico, D.F.: El Colegio de México, 1978), p. 12. ·
(105) Sobre el carncter del tributo indígena, d . ESCOB[DO MJ\NSILLA, (99), p . 22-
23. Un historiador moderno ha interpretado el repa rto de Guayrwrima d e esta
forma : ··se trató de un relevo, de personal en la clase beneficiaría de la plusva-
lía colonial procedente del tributo indígena; desde w1 pu11to de vis ta de dinnmi-
ca política, conviene explicar que se daba por admitido que el 'equilibrio' o paz
social se basaba en la esperanza de que la clase privilegiada sería la primera in-
128
De tal manera, entendemos, puede esquematizarse el cuadro so-
cial que postulaba el reparto de Guaynarima. Lo que se atendía esen-
cialmente era reforzar el poder del Estado, para lo cual debían selec-
cionarse con cautela los individuos llamados a formar un estamento su-
miso y, a la vez, preponderante dentro de ]a colonia.
Pues tenía por cierto que su medida de premiación iba a dejar dis-
gustados a la mayoría de pretendientes, el licenciado optó por no
dar la cara en la publicación del reparto, tomando directamente el ca-
mino de la costa. Antes de partir de Guaynarima, el 18 de agosto de
1548, escribió una carta para los soldados que lo habían auxiliado en
la campaña victoriosa. En forma de disculpa, expresaba que "todo lo
que estaba vaco en la tierra he proveído a vuestras mercedes con la
mayor igualdad y justicia que he podido, desvelándome de noche y
de día en pensar los méritos de cada uno para - a la medida de
ellos- repartir a cada uno lo que mereciese". Hacía la advertencia
de que había resuelto expulsar del país tanto a los partidarios de Pi-
zarra como a los que se mantuvieron indiferentes, con lo que nadie po-
dría estorbar a los leales en la obtención de mercedes. Y así, pues,
quienes no habían conseguido entonces suficiente recompensa, debían
conservar la esperanza de ser agraciados en el futuro O06).
Fue el arzobispo Loaysa quien asumió la responsabilidad de dar
a conocer, en el Cuzco, la identidad de los beneficiados con encomien-
das, pensiones y grupos de yanaconas. Ni la comunicación disculpato-
ria que firmó el presidente, ni el sermón que pronunció antes de hacer-
se la publicación el dominico fray Tomás de San Martín, valieron pa-
ra menguar la cólera de los hombres de guerra al enterarse de la ine-
quidad del reparto. Se organizó en seguida un amotinamiento, encabe-
zado por el capitán Francisco Hernándcz Girón, que tuvo en proyecto
liquidar la vida del desafortunado arzobispo, quebrando así de nuevo
la estabilidad política del virreinato. Pero la intentona fue rápida-
mente cortada, poniendo dentro de la cárcel al cabecil1a y a varios de
sus prosélitos 007),
tcrcs;:ida en m an tener la sHuación (... ) contra los perturb,Klorcs ambicio~1ls".
BJ\RNJ\D1\S, (64), p. 101.
(106) FERNANDEZ, (2), lib. JI, capa. 92, p. 231 .
(107) Relación de Gasea fecha el 25-IX-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p . 273-
274.
129
Según calcula don Pedro de la Gasea, la proporción de elemen-
tos realistas que quedaron excluidos de premio fue de aproximadamen-
te dos tercios 008). Muchos de éstos eran hombres que habían perma-
necido leales a la bandera monárquica desde la llegada de Núñez Ve-
la, por lo que se consideraban víctimas de una grave injusticia; escasa-
mente dotados para realizar un trabajo productivo, aquellos soldados
también querían gowr de la confortable existencia de los encomende-
ros. Nada satisfechos con el reparto de mercedes, una verdadera ola
de pretendientes se trasladaron a la capital del virreinato con el pro-
pósito de reclamar personalmente al gobernante la concesión de algu-
na renta o de los mantenimientos necesarios para su subsistencia. De
este modo, apenas desde el día siguiente a su magnífico recibimiento
en Lima (17 de septiembre), Gasea debió soportar la continua deman-
da de quejosos que llegaban hasta su posada OOCJ>.
Conforme .a su perspectiva señorial, el presidente opinaba que
los colonos ibéricos eran demasiado atrevidos en sus pretensiones, "an-
sí por parescerles que estando lexos de sus naturales no se sabe quién
son ni lo poco que allá tuvieron, como porque las guerras y desventuras
pasadas han causado mucha igualdad entre los que más y menos son "
010). Para librarse de las importunidades de los soldados, se alista-
ron varias expediciones de conquista y población a regiones diversas
del continente americano -de lo cual trataremos con detalle en un
apartado posterior- y se puso mucho cuidado en reprimir cualquier
ensayo de sedición. Con todo, no logró evitarse la persistente reclama-
ción de los hombres ubicados en Lima, alrededor de Gasea, quien para
mantenerlos contentos debió invertir dinero en su alimentación, toman-
do provecho de la facultad que se le había dado para gastar sin lími-
te de los fondos de la Hacienda Real 011).
(108) CUESTA GUTIERREZ, (30), apénd. 2. p. 56. Respecto a la disfunción social que
implicaban los "soldados", puede consultarse BARNADAS, (64), p. 150-151.
(109) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 14-X-1548, publ. En
PEREZ DE TUDELA, (9), II, p. 426-427.
(110) Memorial de Gasea a su sucesor en el gobierno del Perú, fecho en Los Reyes el 25-1-
1550, publ. ibid., II, p. 291.
(111) CUESTA GUTIERREZ, (30), apénd. 2, p. 56. En esta obra, p. 33, se recoge la signi-
ficativa anécdota de que uno de los soldados descontentos atrcvióse a decir al
presidente: "Déme vuesa señoría ese bonete con que ha engañado a tantos, que con
130
Los obstinados pretendientes, sin embargo, no aceptaban paliati-
vos de ninguna clase. Críticas de muy fuerte tono se manifestaron en el
país contra la discutible premiación del sacerdote castellano, tanto
durante su estadía en la sede de la Audiencia corno después de su par-
tida. Por ejemplo, d soldado Alonso de Medina denostaba su hipocre-
sía, su falta de cristiandad, y exclamaba airadamente: "¿Es posible
que ande al revés el mundo y la tierra? ¿Es posible que la justicia an-
de tan baja que no se dé a nadie, sino a los que tienen dinero y favor?"
(112). Tan poco o menos ecuánime, el funcionario hacendístico Toribio
Galíndez de la Riba acusaba al licenciado de haber pervertido la ra-
zón y la jústicia en el Perú, expresando que los males ocasionados por
Gasea en esta colonia eran comparables a los de la propia tiranía pi-
zarrista e, inclusive, a la revolución que había causado en Alemania
la difusión de las ideas luteranas ... 013).
_4.1. LA PRIMERA VISITA GENERAL DE ENCOMIENDAS EN
EL PERU
Hasta antes de la instalación del régimen gasquiano, los enco-
menderos-guiados por su ambición de enriquecimiento-solían come-
ter toda suerte de abusos con los indígenas pertenecientes a sus reparti-
mientos, ya que no existía control alguno respecto al monto de los tribu-
tos que podían percibirse de los nativos. Los funcionarios peninsulares
enviados al Perú habían desatendido las reiteradas disposiciones
emanadas de la Corte, obligando a realizar una visita general de las
encomiendas de esta colonia. Consciente de la necesidad de imponer
límites a la codicia de los españoles, el presidente designó en mayo
de 1548 a un grupo de 72 vecinos, reunidos a la sazón en el Cuzco, y se-
ñaló a ellos la tarea de hacer la inspección de los repartimientos indí-
él me doy por pagado de todo" ... Valiosa muestra del estado anímico reinante en
aquel tiempo.
(112) Memorial sin fecha, publ. en PEREZ DE TUDELA. (9), I, p. 10
(113) A.G.l. Lima, 118. Relación de Galíndez de la Riba al Emperador, fecha en Are-
quipa el 10-11-1551. En uno de los pasajes interesantes de esta composición, el au-
tor expresa lo siguiente:"En diversas vezes, hablando con personas que se syntfan
dél [Gasea] por privados y bien pagados, me acuerdo averle oydo dezir que los
que dexó de dar de comer son gente de treynta por dozena, y que teniendo los que
tenía contentos no temía en esta tierra ningún desososyego, y que aquellos a quien
dio la tierra los halló en estofa ...".
131
genas en todo el virreinato 014). Gracias a los resultados de esta mag-
na averiguación, se podrían fijar con exactitud las tasas tributarias,
un elemento que "ha de ser la llave de la conservación y donde se ha
de poner en justicia y razón la tierra", según pensaba nuestro indivi-
duo (115).
TranquiÜzados en algo los sentimientos opuestos al polémico re-
parto de Guaynarima, el licenciado Gasea ordenó a los visitadores
que saliesen a inspeccionar las encomiendas atribuidas a ellos, comen-
zando esta labor hacia marzo del año 49 (116). Dichos examinadores
tenían la obligación de realizar su trabajo en parejas y de conducir lue-
go a Lima los pliegos resultantes de su encuesta. Según se establece en
las instrucciones correspondientes a la visita, los comisionados debí-
an recoger información tanto del cacique como del encomendero de ca-
da repartimiento; debían consultar sobre el número de pobladores que
habitaban el núcleo étnico y sobre la existencia de mitimaes (gente en-
viada a laborar en sitios distantes); debían inquirir acerca de los cul-
tivos agrícolas, ganados, tejidos, minas y cualquier otro recurso econó-
mico de los naturales; debían extraer noticia en tomo a los tributos
que proporcionaban al encomendero y, en tiempos previos a la Conquis-
ta, a los incas y demás señores nativos; debían, en fin, averiguar la
distancia que los separaba de los pueblos donde los aborígenes acudí-
an a brindar su fuerza de trabajo 017).
(114) ESCOBEDO MANSILLA, (99), p. 29-31, 41, 96; R051WOROWSK1 DE DIEZ
CANSECO, (92), p. 5~54.
(115) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 2~1-1549, publ. en
PEREZ DE TUDELA, (9), JI, p. 374. O. CUESTA GUTIERREZ, (30), p. 35, y Za -
Vala, (98), p. 122.
(116) Relación de Gasea fecha el 23-1-1549, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 374. So;
bre los expedientes de visitas que se han conservado, véase R051WOROWSK1
DE DIEZ CANSECO, (92), p.58.
(111) Pueden citarse las instrucciones de los visitadores Juan de Mori y Carda Ortiz
de Espinosa, vecinos de Huánuco, fechas en Los Reyes el 20-111-1549, publ. en
HELMER. Marie, "La visitación de los yndios chupachos: inka et encomendero,
1549" en Travaux de l'lnstitut Fran(ais d'Etudcs Andines, V (París-Urna, 1955-
56), p. 46-50. En tomo a la Labor de los visité11dores en general, d. VILLARAN,
Manuel Vicente, Apuntes sobre la realidad social de los indígenas del Perú ante
las leyes de Indias (Lima: Talleres Gráficos P.L. Villanueva, 1964), p. 95-96.
132
Al efectuarse la distribución general de repartimientos, el paci-
ficador acordó situar los indios de Yucay bajo el cuidado de un admi-
nistrador, en espera de que la Corona se pronunciase sobre la posesión
de esta rica entomienda, que originalmente estuvo en manos de don
Francisco Pizarro. Antes de conocer la decisión de la metrópoli, en ma-
yo de 1549 Gasea ordenó que la administración de dicho repartimien-
to se pusiera a cargo del corregidor y oficiales reales establecidos en
el Cuzco, pues de esta manera habría un mejor control sobre la recauda-
ción de los tributos 018). Con idéntico objetivo, al partir de Lima (ene-
ro de 1550) emitió el clérigo una ·disposición para que el repartimien-
to de Puna, que había pertenecido al capitán Diego Centeno, entonces
difunto, fuese en adelante regido por los oficiales de la ciudad de La
Plata 019). Esta medida, orientada naturalmente al beneficio del Es-
tado, dio al traste con las pretensiones de muchos soldados, que aspi-
raban a poseer alguna de las encomiendas vacantes.
Por otra parte, en cuanto al sistema de otorgamiento de enco-
miendas, Pedro de la Gasea obró con independencia de las normas le-
gislativas al conceder un grupo indígena al arzobispo de [Link]ó
esta merced, en reconocimiento de los notables servicios y de la pree-
minen te dignidad del dominico fray Jerónimo de Loaysa, no embargan-
te que las Leyes Nuevas señalaban desde 1542 que estaba prohibido a- ·
signar repartimientos a los oficiales de gobierno, justicia y hacienda,
así como a los prelados, monasterios, hospitales, cofradías, etc. 020)• .
La concesión a que aludimos, ordenada el 5 de febrero de 1549, entrega-
ba a Loaysa -auténtico brazo derecho del clérigo de Navarregadi-
lla- los indios de Yauyos, Lurigancho y Tantacaja, comarcas próxi-
mas a la capital, con una tasa de tributos especialmente moderada
(118) Carta de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 16-IX-1549, publ. en
Cartas de Indias (34), p. 541-543. Véase también WACHTEL, Natha. Los venci-
dos. los indios del Perú frente a la conquista española (1530-1570), tr. de Antonio
Esoohotado (Madrid: Alianza Editorial, 1976), p. 171-173, y ZAVALA, (104), I,
p.16.
(119) Cartas de Gasea al Consejo de Indias, fecha en el río Guadalquivir el 22-IX-1550,
publ. en Cartas de Indias (34). p. 561-562.
(120) MURO OREJON, (3), P. 573-574, cap. 26 de las Leyes Nuevas.
133
021). No será impertinente recordar en este punto que el prelado limen-·
se era sobrino del cardenal García de Loaysa, arzobispo de Sevilla,
que en su condición de presidente del Consejo de Indias apoyó el nom-
bramiento de Gasea para la jornada pacificadora.
Aunque renuentes en un principio a aceptar limitación en la co-
branza de sus tributos, los dueños de repartimientos se vieron al cabo
forzados a integrarse en el nuevo régimen. Pero no ocurrió lo mismo con
los gravámenes eclesiásticos, ya que los encomenderos se manifesta-
ron adversos a una ordenanza que los obligaba a donar a sus diócesis
el diezmo de la renta tributaria. Así lo percibimos en sendas comuni-
caciones de protesta firmadas por el arzobispo Luaysa y por fray Juan
Solano, prelado cuzqueño, quienes se quejaban ante la metrópoli de la
escasez de fondos en sus iglesias debido al incumplimiento de lamen-
cionada obligación 022).
Fue públicamente convenido que las tasas impuestas en el repar-
to de Guaynarima no serían más que provisionales, hallándose suje-
tas a modificación de acuerdo con los resultados de la visita general.
Para analizar los datos ofrecidos por los visitadores, determinando
con rectitud el tributo que buenamente podrían aportar los indígenas,
se formó una junta compuesta de tres ilustres dominicos: fray Jerónimo
de Loaysa, fray Tomás de San Martín y fray Domingo de San to To-
más; tres religiosos en cuya actuación dentro del mundo indiano se per-
ciben huellas de la idco]ogía de otro miembro de la Orden de Predica-
dores, su coetáneo el padre Las Casas, con quien sostuvieron vincula-
ción personal 023). En una comisión de tales características se empezó
a decidir, desde fines de mayo de 1549, la tasación que debía regular
(121) Relación de Gasea fecha el 2-V-1549, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p. 330-331;
OLMEDO JIMENEZ, Manuel, Fray Jerónimo de Loaysa, pacificador de españoles
y protector de indios, tesis de Dr. en Historia de América (Sevilla:Universidad
de Sevilla, Facultad de Geografía e Historia, 1982), 2a. parte, cap. 2.
(122) A.G.I. Patronato, 192, no. 1, ramo 55. Carta de Loaysa al Consejo de Indias, fecha
en Los Reyes el 24-VII, 1549. A.G.I. Lima, 305. Carta de Solano al Emperador, fe-
chaen Arequipa el8-II, 1551.
(123) Cf. LOHMANN VILLENA, Guillermo, "La restitución por conquistadores y encer
menderos: un aspecto de la incidencia lascasiana en el Perú", en_Anuario de Estu-
dios Americanos; XXIII (Sevilla, 1966), p. 44-46; ROSTWOROWSKI DE DIEZ
CANSECO, (92), p. 55.
134
la coexistencia de españoles y nativos bajo el régimen de la encomien-
da (124).
Debido a los naturales problemas de comunicación que plantea-
ba la agreste orografía del país, no fue posible avanzar en la tasación
con la presteza que deseaba Gasea. Consta que cuando el pacificador
partió de la c.1pital del virreinato, estaban resueltas las estimacio-
nes tributarias correspondientes a los repartimientos de Lima, Huánu-
co, Trujillo y Arcquipa 025).
4.2 UN RESUMEN DE LA TASA GENERAL DE TRIBUTOS
Ciñéndose a las pautas diseñadas por el licenciado Gasea, los
magistrados de la Audiencia, que tomaron a su cargo la gobernación
del virreinato, dictaron las medidas apropiadas para que se termina-
ran de fijar las tasas. Por ausencia del provincial dominico Tomás de
San Martín, quien viajó en el séquito del pacificador, ocupó su lugar
en la comisión tasadora el oidor Andrés de Cianea. A la vuelta de un
año de trabajo, en febrero de 1551, sabemos que únicamente faltaba re-
visar los expedientes de las visitas practicadas en los términos de Piu-
ra y Quito, provincias ubicadas en el extremo Norte del país (126).
Son relativamente escasos los testimonios que se han conservado
acerca de los montos tributarios fijados como consecuencia de la prime-
ra visita general de las encomiendas en el Perú. A base de los documcn-
(124) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 17-VII-1549, publ.
en C.D.I. H.E., L, p. 70. ZA VALA, (98), p. 135, sostiene que la tasación ordenada
por nuestro personaje generó una disminución de la tercera parte en el monto de
los tributos.
(125) Cf. ESCOBEDO MANSILLA, (99), p. 44. A modo de ilustración podemos citar la
tasa del repartimiento de Pachacámac (perteneciente a Bernardo Ruiz y Hernán
González, vecinos de Lima,), expedida en Los Reyes el 12-VII-1549, publ. ibid.,
p . 310-316, y la tasa del repartimiento de Ilabaya (perteneciente a Hernán Ro-
dríguez de Huelva, vecino de Arequipa), expedida en Los Reyes el 24-IX-1549,
publ. en BARRIGA, Víctor M., O. de M., cd., Documentos para la historia de Are-
quipa, 1534-1558, II (Arcquipa; Editorial de Colmena, 1940), p. 2o:;.2w.
(126) Carta de la Audiencia de Lima, al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 20-II-
1551, publ. en LEVILLIER, Roberto, ed., Audiencia de Lima; correspondencia de
presidentes y oidores (]549-1564), pról. de J. de la Riva-Agüero (Madrid: lmp. de
Juan Pueyo, 1922), p. 20-21; ZA VALA, (98), p. 856.
135
tos conocidos, puede señalarse que la mayor virtud del nuevo sistema
impuesto por el vencedor de Jaquijahuana consiste en haber determi-
nado con exactitud las categorías que formaban la aportación de los
nativos a los poseedores de repartimientos. Se mantenía para los in-
dios la obligación de entregar una diversidlad de productos: oro, pla-
ta, cultivos agrícolas (coca, papa, quinua, maíz, trigo), tejidos (vesti-
dos, mantas, toldos, costales), ganado (auquénidos, ovejas, puercos),
aves, pescado, huevos, sal, calzado, sogas, etc. A ello se sumaba la
exigencia de proporcionar mano de obra, que el encomendero usaba pa-
ra el servicio de su casa, para la labranza de sus parcelas o para la
guarda de sus animales 027).
Luego de publicarse los registros de tasación, surgieron muchas
voces de protesta procedentes de la masa indígena y de algunos re-
ligiosos que ejercían su defensa, dando a entender que las estimaciones
de los visitadores sobrepasaban la auténtica capacidad económica de
los tributarios. Hubo entonces necesidad de practicar retasas, a fin
de disminuir la cuantía de la renta que se demandaba a los nativos
(128). Pero lo que permaneció definitivamente a partir de la adminis-
tración de Gasea fue la mecánica tasadora, esto es, un instrumento de
control ejercido por el Estado para limitar la exorbitante ambición
de los colonos peninsulares y para fomentar la subsistencia de la fuer-
za laboral indígena, base imprescindible en el desarrollo de la econo-
mía colonial.
En un legajo de papeles varios guardado en el Archivo General
de Si mancas, se encuentra una interesan te relación firmada por el se-
cretario Pedro de A vendaño, escribano mayor de Nueva Toledo, que
(127) En R051WOROWSKI DE DIEZ CANSECO, (92), p. 63-102, se encuentra la
transcripción de un documento fundamental para comprender el carácter de las ta-
sas impuestas por Casca. Se trata de un extracto de la tasación tributaria estable-
cida para un conjunto de treinta repartimientos, pertenecientes a las jurisdiccio-
nes de La Plata, La Paz, Cuzco, Arequipa, Huamanga, Lima, Huánuco, Trujillo y
Quito.
(128) POLO DE ONDECARDO, (99), p. 159, 163; ZA VALA, (104), p. 17. Uno de los res-
. ponsables de la tasación, el propio Domingo de Santo Tomás, afirmaba en 1550
que "acobardados de los atrevimientos que en esta tierra se han usado, hanse ha-
bido en la dicha tasa harto más largos de lo que según razón y conciencia entien-
den que esta pobre gente pueden y deben dar·'; citado en ESCOBEDO MANSI-
LLA, (99), p. 45.
136
constituye una especie de resumen de la tasa general ordenada por
nuestro personaje 029). De manera sintética, este cuadro indica el nú-
mero global de encomenderos y de indios tributarios que había en ca-
da una de las jurisdicciones que fueron enteramente visitadas: La Pla-
ta, La Paz, Cuzco, Arequipa, Huamanga, Lima, Huánuco, Trujillo, Piu-
ra y Quito. Junto con ellos figuran las cifras totales de los más impor-
tantes elementos que componían el tributo, vale decir, los pesos en me-
tálico, los cestos de coca, la cantidad de vestidos, las cabezas de gana-
do, las fanegas de productos cultivados y las fanegas de sementeras o
tierra sembrada. Así podemos establecer valiosas comparaciones, in-
dicativas del potencial económico de las diferentes provincias del vi-
rreinato.
El mismo documento expresa que permanecieron sin tasa los re-
partimientos de los términos de Chachapoyas, Santiago de los Va-
lles, Jaén, Loja, Guayaquil y Portoviejo; zonas de reciente ocupación
ibérica o de pobre dotación de recursos naturales, alejadas de la capi-
tal del país, que fueron objeto de escasa atención por parte de las auto-
ridades virreinales 030). Habida cuenta de tal defecto, la lista nos
muestra la existencia de 363 encomenderos, quienes cobraban anual-
mente una renta cercana a 1.400.000 pesos, en conjunto. De esta suma,
lo que se aportaba en metálico (420,220 pesos) representa el 30 por
100, mientras que el resto estaba formado por el valor monetario que
usualmente tenían en el mercado las otras especies que componían el
tributo.
A falta de series documentales relativas a la visita y tasa gene-
ral ordenada en 1548, cabe utilizar este cuadro-resumen de Pedro de
Avendaño (expuesto a continuación) como el testimonio más significa-
tivo para entender la distribución de encomiendas y riqueza en el Pe-
rú luego del reparto de Guaynarima.
(129) A.G.S. Diversos de Castilla, 46, f. 29. Relación de los vecinos encomenderos e in-
dios visitados del Perú, sin fecha.
(130) Los repartimientos indígenas correspondientes a Jaén y Santiago de los ValJes
permanecieron asimismo sin tasar en la visita efectuada por orden del virrey
marqués de Cañete; alrededor de 1560. Cf. HAMPE MARTINEZ, Teodoro, "Rela-
ción de los encomenderos y repartimientos del Perú en 1561", en Historia y Cultu•
ra, no. 12 (Lima, 1979), p. 81.
137
COMPOSICION DEL TRIBUTO INDIGENA EN LOS
REPARTIMIENTOS DEL PERU
Ciudad n c E F H
A
----- D G
Cuzco .............. 80 58.225 86.225 13.914 10.529 4.921 19.155 249
La Plata ......... 30 27.023 146.640 7.450 1.008 2.110 10.120 212
La Paz ............ 39 29.921 39.900 7.320 7.017 2.918 4.240 159
Arequipa ........ 36 20.183 8.950 3.0SS 7.925 3.230 23.332 547
Huamanga ...... 26 14.094 24.000 5.650 2.024 1.308 12.540 289
Lima ............... 34 22.384 31.420 8.629 1.151 37.520 229
Trujillo ........... 24 21.500 16.090 18.630 445 18.900 562
l·Iuánuco......... 29 14.601 37.080 1.780 6.245 2.059 19.500 428
Quito ............. 41 27.036 24.725 5.469 25.317 131
Piura ............. 24 8.599 5.190 8.392 185 9.795 47
TOTAL ......... 363 243.576 420.220 39.199 75.868 18.327 180.419 2.853
Monta todo lo tasado a precios ordinarios: 1.400.(X)() pesos.
Claves empleadas: A = número de encomenderos; B = cantidad de
tributarios; C = pesos en oro y plata; D = cestos de coca; E = vestidos de
algodón; F = cabezas de ganado; G -= fanegas de ma íz y trigo; H
fanegas de sementera.
5. RECAUDACION DE FONDOS DE LA HACIENDA PUBLICA
Uno de los aspectos en que el licenciado Gasea puso mayor énfa-
sis durante su labor administrativa en el Perú, fue el ordenamiento
del sistema financiero, ya que hasta en tonccs la recaudación de dine-
ros de la Corona no se había atendido debidamente a causa de las gue-
rras civiles. Apenas unos cuantos días luego de la ejecución de Pizarra,
se despachó al capitán Gabriel de Rojas a la zona de Charcas con el
encargo de tomar los bienes de los culpados en el alzamiento, cobrar
los tributos de repartimientos vacos y extraer el quinto real de la pro-
ducción minera 031). Debe tenerse en consideración que pocos años
atrás se había iniciado la explotación de los ricos yacimientos argen-
tífcros de Potosí, empleándose todavía el procedimiento indígena de
la guaira para refinar la plata; la abundancia de este metal permi-
(131) Relación de Casca fecha el 7-V-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p. 417;
CUESTA CU?ERREZ, (30), apénd. 2, p . 55 .
. 138
tió en gran medida sostener la campaña dirigida por el caudillo rebel-
de, quien tenía muchas propiedades en la zona de Charcas (132).
Asimismo, fue acordado distribuir nuevas marcas para la acuña-
ción de metales preciosos que se llevaran a registrar -como era obli-
gatorio- en las casas de fundición repartidas a lo largo del virreina-
to. Había establecimientos de dicho género en Charcas, Cuzco, Are-
quipa, Lima, Tmjillo y Quito 033). Posteriormente, al instalarse el
presidente de la Audiencia en la capital peruana, se tomaron las
medidas pertinentes para averiguar el manejo de los responsables del
dinero estatal, encargándose a sujetos de confianza el examen de los
pliegos de contabilidad hacendística.
Llama nuestra atención el procedimiento de Gasea al designar a
mercaderes profesionales, en repetidas oportunidades, para una ta-
rea tan delicada corno investigar la administración del patrimonio
de la Corona. Es posible comprender esta actitud como una suerte de re-
conocimiento a la colaboración que prestaron los hombres de negocios,
financiando los gastos de abastecimiento de la armada y ejército del
rey hasta la batalla de Jaquijahuana. Lo cierto es que en los meses fi-
nales de 1548 hallamos ejerciendo responsabilidad fi scalizadora a
Francisco de Escobar, un prominente empresario de origen andaluz,
que poco más tarde se restituyó a su patria para desempeñar un lugar
importante en el gremio mercantil de Sevilla 0 34). Igualmente, cu m-
plieron funciones con tables otros indidividuos ligados al tráfico mer-
cantil hi spanoamericano de gran escala, como Alvaro de lllescas
(miembro de una familia de negociantes bien conocida) y Diego Díaz
de Alvarado, que estaba vinculado con d irigen tes del Consu lado his-
(132) ZARATE, (68),lib. VI, cap. 4, f. 86; BARNA DAS, (64), p. 101. Véase también la
carta d el con tador Juan de Cáccrcs al Em perador, fecha en Los Reyes el 24-II-
1549, en A.C.I. Lima, 118.
(133) Relación de Casca fecha el 25-IX-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p. 260-
261.
(134) A.G.I. Contaduría, 1680 y 1790, no. 4. Toma de cuentas de los tesoreros Riquelme
y San Pedro. Cf. LOCKHART, (98), p. 115-117, y LORENZO SANZ, Eufomio, Co-
m ercio de España con Am érica en la ép oca de Felipe II, pról. de Demetrio Ramos
Pércz, I (Valfa dolid: Diputación Provincial deValladolid, 1979), p . 300.
139
panense 035). Aunque conocidos sólo dentro del ámbito pcrulcro, los co-
merciantes Jaime Fajardo y Baltasar de Annenta también formaron
parte del grupo de hombres de confianza dell clérigo, mereciendo en al-
guna ocasión el nombramiento de examinadores de cuentas 036).
La primera averiguación tuvo por objeto el ejercicio del tesorero
Alonso Riquclme (muerto en mayo de ]548),, que había dirigido los pa-
gos de la Hacienda Real desde la expedición conquistadora de Piza-
rro en que se logró reducir al último soberano incaico. Hecho el ajuste
de cuentas de este ladino funcionario, trabajio en el cual se ocupó el ya
mentado Toribio Galíndez de la Riba, resultó un alcance favorable al
,·fisco de 83.216 pesos, enorme suma que demuestra la ineficiencia en el
· •'• manejo de la econorrúa colonial temprana 037)_ Dado que los bienes
· _del difunto tesorero no alcanzaban a cubrir la cifra señalada, los de-
. inás ministros del ramo hacendístico establecieron una concertación
· con el presidente Gasea; en virtud de este acuerdo, firmado el 2 de ene-
. ró<le 1549, dichos burócratas -contador, factor y veedor- se compro-
. metían a abonar al erario la cantidad de 100.000 pesos en un plazo de
. cuatro años, reteniendo a cambio en su poder las propiedades que cons-
,tituían la herencia de Riquelme (138).
Co~no siguiente fase, se procedió a liquidar las cuentas pendien-
tes de la campaña bélica desarrollada contra Gonzalo Pizarro y sus sc-
cu~ces. El capitan Lorenzo de Aldana, quien había tenido a su cargo
la armadilla que partió en vanguardia de Tierra Firme y, después,
ejerció el tnando de las provincias costeñas, fue sentenciado a pagar
un saldo de 13.094 pesos en favor del tesoro público. Por su responsabi-
lidad en el libramiento de gastos para la provisión de ]as tropas, el
contador Juan de Cáceres hubo de entregar la suma de 5.083 pesos en
(135) A.G.l. Contaduría, 1784. Toma de cuentas del capitán Aldana, del ~ontador Cá-
ceres y del veedor Salcedo. ()f. LCX:KflART, (98) y Lorenzo SANZ, (114), 1, p.
352-353.
(136) A.G.I. Contaduría, 1680. toma de cuentas del tesorero San Pedro. Of. LOCK-
HART, (98), p. 12~123.
(137) A.G.I. Lima, 118. Relación de Galfndez de la [Link] al Emperador, fecha en Are-
quipa el 1~11-1551.
(138) A.G.I. Contaduría, 1680; B.R.A.H. Col. Muñoz, t. 93, f. 118; relación de Gasea fe-
cha el 2S-l-1549, en PEREZ DE TUDELA, (9), Il, p. 372-374.
140
concepto de alcance a las cajas reales. Y, a su tumo, el veedor García
de Salcedo resultó condenado a satisfacer 1.033 pesos, como balance
negativo de su labor durante la pasada coyuntura militar 039).
Según está contemplado en una real cédula que se promulgó en
octubre de 1548, a partir de este año debía ejecutarse la obligación de
rcmi tir a la Corte, al final de cada ejercicio anual, un estado de las fi-
nanzas en .los dominios hispánicos de América.
Debido a la muerte del anterior tesorero, Riquclme, fue nombra-
do para regentar interinamente este oficio en la Nueva Castilla el es-
cribano Bcmaldino de San Pedro (140). Hallándose ante los ojos vigi-
lantes de Gasea -un celoso guardián de los intereses estatales-, el
tesorero se vio incapaz de ensayar cualquier maniobra fraudulenta, re-
alizando en cambio una eficacísima recaudación de los ingresos de la
·hacienda pública. En el ajuste de cuentas correspondiente a 1548, Ber-
naldino de San Pedro resultó deudor al Estado en nada más que 112 pe-
sos; pero su cuidado en la observancia de las normas legislativas al-
canzó después hasta tal extremo, que en la investigación relativa al
manejo financiero de 1549 salió recompensado con un saldo a su favor
de 457 pesos 04U.
Pedro de la Gasea se preocupó de controlar la situación no sólo
de la caja central de Lima, sino también de los otros centros recaudado-
res que había en el virreinato. Así, en mayo de 1549 comisionó al con-
tador Juan de Cáceres para que fuese a inspeccionar el desempeño de
los encargados de las cajas reales de Arequipa, Cuzco y Charcas, o sea
de la zona serrana que producía los mayores ingresos para el fisco. El
comisionado debía ocuparse de recoger los fondos provenientes de re-
partimientos vacos, fundiciones de metales preciosos y embargo de
propiedades de los rebeldes castigados, así como de examinar la ad-
ministración de la importante encomienda de Chucuito, que estaba in-
corporada al patrimonio real. Como auxiliar suyo en esta tarea se de-
(139) A.G.I. Contaduría, 1784. Condenaciones suscritas por Gasea en Los Reyes el 24-1,
8-111 y 27-IV-1549 amtra Aldana, Cáceres y Salcedo, respectivamente.
(140) B.R.A.H. Col. Muñaz, t. 93, f. 119.
(141) A.G.I. Contaduría, 1680. Mandamientos expedidos por Gasea en Los Reyes el 12-
IV-1549 y 23-1-1550.
141
signó a Galíndez de la Riba, y se dio mandamiento a los corregidores
de las jurisdicciones indicadas para que contribuyesen con su parecer o
autoridad en el mejor rendimiento de tal comisión 042).
De manera análoga, se instruyó al licenciado Antonio de la
Gama (jurista que había estado entre los principales consejeros del ti-
rano) que saliera a hacer la recaudación de fondos públicos en las pro-
vincias norteñas del país. Este personaje desarrolló su labor en Piura,
Guayaquil, Portoviejo, Quito y Loja, encaminándose luego a depositar
lo cobrado en la caja de Trujillo 043).
Cabe indicar además, respecto a la exacción de impuestos, que
cuando Gasea salió de la metrópoli recibió de su protector don Francis-
co de los Cobos la tarea de asumir la cobranza de sus derechos de fun-
.didor y marcador mayor, regalía que le significaba embolsar el uno
por ciento de todos los metales producidos en el virreinato peruano.
Tras el fallecimiento del poderoso consejero (mayo de 1547), sin em-
bargo, nuestro protagonista determinó aplicar una sustancial reforma
en el sistema por el cual se deducían los llamados "derechos de Co-
bos". Desde entonces no continuó m,1s la práctica de extraer la centési-
ma parte libre de cualquier gravamen; el monto de los derechos fue re-
ducido al 0,8 por 100 del conjunto de metales que se llevaban a fundir
y, por añadidura, sc ·impuso sobre esa cifra el habitual descuento del
quinto en beneficio de la Corona 044). Tales características, y algunas
otras menos relevantes, pueden apreciarse entre los centenares de fo-
lios de contabilidad hacendística formados durante la administra-
ción del clérigo en Indias.
El principal cuidado de Gasea en materia económica, tal como lo
revela su propia correspondencia, estuvo orientado a juntar la mayor
(142) Relación de Casca Fecha el 17-VIII-1549, en [Link].E., L, p. 68-69. Véanse tam-
bién las cartas de Casca a Calíndez de la [Link], fechas en Los Reyes el 28-IX-
1349 y 5-1-1550, en AC.l. Lima, 118.
(143) Relación de Casca al Consejo de Indias, fecha en el río Guadalquivir el 22-IX-
1550, publ. en C.D.I.H.E., L, p. 105.
(144) Cf. 11/\MPE MJ\RTIN[Z, ··1ncidc1Ki.i dL' los "derechos de Cobos· L'I\ la f LKicnda
peniana (1527-1532)"', l'n Anu.:irío de Estudios Amt>ricanos, XL (St•,·ill a , 1()1{.1),
p. 282-2!:n.
142
cantidad posible de metales preciosos para las arcas fiscales. En más
de una oportunidad, el presidente se muestra entusiasmado con el he-
cho de que le fuera posible reunir una inmensa suma, más cuantiosa
aun que todo el oro y plata que se había remitido a la metrópoli des-
de el Perú antes del levantamiento gonzalista 043) . Lo que permitió
esa enorme remesa gasquiana fue la explotación de las minas de Po-
tosí, para cuyo aprovechamiento el mandatario dictó medidas cspa,cí-
ficas, como por ejemplo el reparto de yanaconas que ordenó en Guayna-
rima.
Tanta importancia se concedía a la recaudación del mineral po- ._
tosino, que fue el general Pedro de Hinojosa quien tomó a su cargo la
empresa de transportar la plata desde Charcas hasta la capital del .
virreinato. Para llevar a cabo esta operación se demandó el concurso
de los encomenderos de La Plata, La Paz, Cuzco y Arequipa, a fin de
que prestaran indios de sus repartimientos para movilizar la carga
metálica con rumbo a la costa. Hinojosa recibió en el asiento minero la
cantidad de 3.771 barras de plata, la mitad de ellas procedentes del
quinto del usufructo de los yacimientos y la otra mitad, de bienes con-
fiscados, aprovechamientos vacantes y una mínima proporción corres-
pondiente a "derechos de Cobos". Valiéndose de la eficaz colabora-
ción de dos antiguos compañeros de milicia, los capitanes Palomino y
Meneses, el general se puso en marcha con su preciado carg~mento en
julio de 1549 046).
Luego de detenerse en Arcquipa para recoger una aportadón de
la caja real de dicha ciudad, Hinojosa llegó al puerto de Lima al ~bo
de tres meses de viaje. El licenciado Gasea, con acuerdo de los oidores
y de los oficiales de hacienda cstc1blccidos en la capital, determinó
que lo más conveniente era mandar ese cargamento de plata directa- ,
(145) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 26-XI-1548, publ.
en PEREZ DE TUDELA, (9), II,p. 447; carta de Gasea a la Casa de la Contrata-
ción, fecha en Los Reyes el 28-IV-1549, publ. en LEVILLl[R, (87), l, p. 166-167. Se-
gún la comprobación hecha en los registros de contabilidad fiscal, antcs ,del le-
vantamiento pizarrista se habían enviado a las arcas de la Corona un total de
1.040,943 pesos en oro y plata.
(146) Relación de Gasea fecha el 17-VII-1549, en C.D.1.1-1.E., L. p. 67, 75-76. A.H.N.
Diversos, Documento de Indias, no. 9~. Cartas de Hinojosa a Gasea fecha en Are-
quipa el 17-IX-1549.
143
mente a Panamá, pues se tenía conocimiento de que en la península ha-
bía urgencia por contar con el dinero americano para financiar los pre-
. supuestos de la monarquía 047)_ La remesa traída por Hinojosa, que es-
taba compuesta de 3.813 barras de plata (cuyo valor aproximado era
de 900.000 pesos), se distribuyó en cuatro navíos que se hallaban an-
clados en la rada del Callao. El tesorero de la gobernación de Tierra
Firme, Juan Gómez de Anaya -constante auxiliar del presidente du-
rante su misión pacificadora-, asumió la responsabilidad de condu-
cir la plata hasta el istmo centroamericano, y partió al frente de di-
chas cuatro embarcaciones el 9 de noviembre de 1549 048).
En los depósitos de la caja real limeña se había almacenado
otra buena cantidad de plata, proveniente del Cuzco y de otros luga-
res diversos del vireinato. Al hacerse el conteo, resultó una existencia
de 1.368 barras de metal argénteo, que valían poco más de 320.000 pe-
sos. A imitación de lo sucedido con el cargamento del Alto Perú, fue-
ron los vecinos de Lima quienes proporcionaron los materiales y la ma-
no de obra necesaria para trasladar tales fondos al embarcadero del
Callao, en donde se distribuyó la plata a bordo de dos naves. Puesta
la remesa bajo el cuidado de Manuel de Rojas, un antiguo gobernador
de Cuba (hermano de Gabriel de Rojas), amibos buques se hicieron a la
vela con rumbo a Panamá el 7 de diciembre del año arriba indicado
(149).
Animado tal vez por la buena experiencia que conoció en el reino
valenciano, don Pedro de la Gasea introdujo en el Perú la costumbre de
(147) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha Em el puerto de Lima, 8-Xl-1549,
publ. en Cartas de Indias (34), p. 550-551.
(148) B.R.A.H. Col. Muñoz, t. 67, f. 160, y t. 93, f. )191, Véase también la carta de Gó-
mez de Anaya a la Casa de la Contratación, fecha en Panamá el 22-Xll-1549, en
A.G.J. Contratación, 5103. La remesa argénte se distribuyó de la siguiente m~nc-
ra: el maestre Pedro González. Cargó en u navío 1065 barras; el maestre Bartol~
mé de Mafra, 1.044 barras; el maestre Juan Pimienta, 898 barras; y el maestre
Gaspar Fernández, 806 barras.
(149) Relación de Gasea al Consejo de Indias, fecha e:n el puerto de lima, 6-Xll-1549,
publ. en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 424-425. A.G.I. Lima, 112. Testimonio
otorgado por el teniente de contador Luis SedeJi10 en el puerto de Lima el 5-XIl-
1549. Se verifica que Juan Lucas, maestre del navío de Santa Maria de los Reyes,
recibió 745 barras de plata y que Antón de Rodas, maestre del San Juan, recibió
623 barras. . ·
144
practicar semanalmente una junta para tratar negocios financieros. En
esta junta tomaban parte, además del presidente de la Audiencia, los
oficiales de la Hacienda Real (tesorero, contador, factor, veedor), el
fiscal residente en la Audiencia, el procurador patrimonial y el escri-
bano que se ocupaba de llevar los papeles sobre materia hacendísti-
ca. Tales reuniones poseían por objeto discutir acerca del estado en que
se hallaba la cobranza de las deudas pertenecientes a la Corona, así
como exponer el curso de los litigios que se ventilaban de acuerdo al
fuero patrimonial: de esta manera quedaba garantizado un control
permanente sobre los bienes estatales (150).
Gasea, hombre de leyes de recto proceder, era de la opinión que
el fraude a la hacienda pública significa el robo más grave que puede
efectuarse, ya que
"se hurta a la administración de justicia y a la defensa de sus
súbditos, pues con su hacienda el rey es poderoso para proveer
y hacer estas cosas, y en especial esto concurre en Su Majestad
[Carlos V], que con su hacienda es parte para defender la repú-
blica cristiana de infieles y la religión cristiana y fe católi-
ca, de herejcs"051).
En conformidad con esa idea, el ~lérigo se mostró siempre comba-
tivo frente a todos aquellos que intentaban burlar las facultades del
soberano, especialmente en asuntos tocantes a la recaudación pecunia-
ria. Más aún, Gasea proclamaba con orgullo la limpieza con que de-
sempeñó su oficio de presidente de la Audiencia, no aceptando ningún
dinero de regalo de los que le ofrecieron tanto españoles como indíge-
nas. En una memoria de descargo relativa a los gastos que hizo duran-
te su estancia en el Nuevo Mundo, menciona las diversas ocasiones en
que se intentó entregarle dádivas; anota inclusive que al llegar de
vuelta a Sevilla, entendió que los vecinos penileros pretendían abo-
narle unos 26 ó 28 mil pesos para que ejerciera presión a favor de ellos
(150) Relación de Gasea fecha el 28-1-1549, en PEREZ DE TUDELA (9), 11, p. 374;
SANCHEZ-BELLA, Ismael, La Qrganizadón financiera de las Indias, siglo XVI
(Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-americanos, 1968), p. 39.
(151) Memorial de Gasea fecho el 251-1550, en PEREZ DE TUDE~ (9), 11, p.298.
145
en la Corte, mas el clérigo se tornó la molestia de hacer que dicha su-
ma fuese repartida entre los parientes que tenían esos colonos en la me-
trópoli, dejando a salvo su honradcz052).
Ya hemos referido el acuerdo que se tomó sobre los costos de ma-
nutención del licenciado de la Gasea en su jornada americana, dándo-
se el nombramiento de mayordomo al maestro Martín del Campo, con
licencia para extraer de la Hacienda Real todo cuanto fuere necesa-
rio. Rcyisando los pliegos de la contabilidad fiscal, podemos encon-
trar relaciones detalladas de los gastos que se efectuaron para abaste-
cer la despensa, pagar los salarios de criados y costear obras diversas
en la casa del presidente mientras estuvo residiendo en Lima 053).
Comprobamos también que el mayordomo se hallaba sujeto a un perió-
dico examen de cuentas, y que no faltó alguna vez en que el maestro
del Campo intentó coger para su bolsillo ciertos efectos que estaban
destinados a la provisión de su señor. Por ejemplo, en 1549 fue obliga-
do . a restituir 180 pesos, suma correspondiente al beneficio personal
que había extraído del pellejo y sebo de cierto ganado que se adquirió
nominalmente para el establo presidencial 054).
De todas formas, no deja de parecer un tanto excesivo el monto
de dinero que se empleó para la subsistencia de nuestro personaje y sus
allegados. En el registro de cuentas perteneciente al citado año de
1549, Jos gastos de la casa del presidente ascienden a 43.993 pesos, va-
le decir, casi cuatro veces más que los salarios de los magistrados de
la Audiencia y diez m<1s que la remuneración de los oficiales reales
(152) CUESTA GUTIERREZ, (30), apénd. 2, p. 57-58. En ese mismo texto refiere el pre-
sidente: "[n mi persona ni en la guarda della, q¡uc nunca la quise tvner, no gastó
Su Magestad de su hacienda un solo maravedí, sino sólo darme de comer desde
que salí de Sevilla h;:ista que bolví a ella; y una mula que de su hncicnda se com-
pró en Panamá por doscientos pesos para que andubiesc en el Perú, al tiempo que
de Lima partí se vendió en ochocientos y tantos, e hice que de ello se hiciese car-
go a los oficiales reales y se asentase en el i bro de la Hacienda Real" (p. 37).
(153) A.G.I. Contaduría, 1680. Suma de los gastos realizados en la casa de Gasea, en
1549 y 1550. Se transcribe en los Anexos docurnen tales, XIII.
(154) A.G.I. Contaduría, 1680. Por añadidura, el mayordomo fue condenado a pagar
280 pesos de alcance como resúltado de su manejo contable durante el primer cua-
trimestre de 1549.
146
de hacienda, tomados en conjunto 055). Es problable que esa elevada
cuota fuese en mucho determinada por la existencia de "soldados" en
torno a Gasea -infatigables reclamadores de mercedes-, a quienes
el clérigo se vio forzado a contentar brindándoles un sitio en su mesa,
conforme relata en sus despachos encaminados a la metrópoli 056).
Lo evidente, no obstante, es que el político castellano dedicó sumo em-
peño a la recaudación de fondos del tesoro público, sin manifestarse
dispuesto a lucrar con la riqueza que lo rodeó en el Perú.
6. EL IMPERIO DE LA JUSTICIA: LA AUDIENCIA Y LOS
CORREGIDORES
Según la concepción del presidente Gasea sobre el modo en que de-
bería gobernarse el virreinato del Perú, la correcta administración de
la justicia ocupaba un lugar fundamental. En la base del sistema judi-
ciario se hallaban los corregidores, unos oficiales cuya competencia
se extendía a los distritos pertenecientes a cada una de las ciudades
de españoles que había entonces en el país. Reconociendo la importan-
cia que poseía la institución de los corregimientos, Gasea procuró esco-
ger a jurisconsultos de título universitario o a personas de suma con-
fianza para el desempeño de tales oficios. El capitán Lorenzo de Al-
dana asumió la justicia mayor de Lima después de haberse asentado
el partido realista en las provincias del litoral; tras la victoria sobre
los pizarristas en abril de 1548, el licenciado Polo de Ondcgardo fue
enviado como corregidor a Charcas, mientras que el licenciado de la
Gama se dirigió con semejante cargo a Quito, y el licenciado Suárez
de Carvajal quedó más tarde de juez en la comarca del Cuzco O57).
Dado que no existían partidas presupuestarias para abonar sala-
rios de corregidores, debió confiarse el ministerio judicial a vecinos
(dueños de repartimientos), lo cual -claro está- no dejaba de origi-
nar ciertas suspicacias acerca de su labor. Durante el período que nos
(155) Loe. cit. La paga de los oidores, en conjunto,ascendió a 11.421 pesos y la de los fun-
cionarios hacendísticos, a 4.390 pesos.
(156) ·Trata justamente sobre la incidencia financiera de tal género de sustento en su re-
lación fecha el 26-XI-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p .447.
(157) Relaciones de Casca fechas el 28-I y 17-VII-1549, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11,
p. 364, y C.D.I. HE., L, p. 80, respectivamente.
147
ocupa, la más importante función de estos oficiales consistió en repri-
mir los brotes levantiscos que se multiplicaron en diversas zonas del
Perú a causa del descontento por el reparto de mercedes que había
acordado el pacificador. También intervinieron los corregidores en la
recaudación de dinero fiscal, prestando asistencia a los comisionados
que se nombraron para dicho efecto. En general, era relevante el con-
junto de atribuciones delegadas en los corregimientos, ya que ejercían
la resolución judicial en primera instancia, abriendo el camino para
la ulterior suplicación de sus fallos ante el máximo tribunal de justi-
cia del virreinato, que era la Audiencia de Lirna058).
Con relación al movimiento rebelde que había sofocado, posee-
mos constancia de que el clérigo don Pedro se ocupó personalmente en
hacer indagaciones respecto a la actuación de algunos presuntos cóm-
plices en el levantamiento. Hallándose establecido en la capital pe-
ruana, averiguó el parecer de testigos acerca de la intervención del
padre Juan Lozano, canónigo de la iglesia limeña, y de otros sujetos de
menor entidad, como Julián Sedeño y Antón de León 059). Posteriormen-
te, en mayo de 1549, se aplicó a recoger testificaciones sobre el proyec-
to que -conforme decíase- hubo para dar un tósigo al virrey Núñez
Vela (160).
Hombre de leyes formado en las aulas de la Universidad sal-
mantina, el licenciado Andrés de Cianea, natural de Peñafiel (Valla-
dolid), se constituyó en el principal ayudante de nuestro protagonista
para el tratamiento de negocios judiciales. Firmó las sentencias de to-
dos los indidivuos culpados por su participación en la sublevación pi-
zarrista y, tras haberse marchado Gasea para estudiar el reparto de
Gaynarima, desempeñó por varios meses el empleo de corregidor en el
Cuzco; ]a prudencia con que administró justicia en este lugar, cuando
(158) Relación de Casca fecha el 17-VII-1549, en C.D.I.H.E., L, p. 80; LOHMANN VI-
LLENA, Guillermo, El corregidor de indios en el Perú bajo los Austrias (Madrid:
Ediciones Cultura Hi~pánica, 1957), p. 22.
(159) B.P. M. Ms. 1960no. 11. Gasea comenzó hacer estas indagaciones en noviembre de
1548.
(H,O) Loe. cit. Constan las declaraciones de Pedro de Quirós, estante en la capital;
Alonso de Castro, alguacil mayor; Simón de Alzalte, escribano público; y del oi-
dor destituido Diego Vázquez de Cepeda.
148
la ciudad imperial bullía con las destempladas reclamaciones de los
soldados malcontentos, fue elogiosamente ponderada por los vecinos
cuzqueños (161). Al llegar el licenciado Cianea a Lima (8 de diciembre
de 1548), se puso en sus manos la justicia mayor del término correspon-
diente a dicha población, hasta que tras la instalación de la Audien-
cia empezó a servir su plaza de oidor (162). En premio a su valiosa co-
laboración, el presidente le concedió un estipendio de 2.000 pesos en el
Cuzco y después, en julio de 1549, lo favoreció con el título de escriba-
no mayor de minas, que le otorgaba derecho a llevarse cierta propor-
ción de todos los gastos notariales pertenecientes al ramo minero (163).
Debido a la muerte de tres de los primeros magistrados de la Au-
diencia, y a c~usa de la complicidad del licenciado Cepeda con la ti-
ranía gonzalista, Cianea fue el ·único que permaneció en aptitud de
ejercer como oidor. Aunque Pedro de la Gasea disfrutaba de licencia
para nombrar sustitutos en aquellos cargos, este hábil político prefi-
rió aguardar la venida de nuevos togados provistos directamente en
la Corte: una medida que le permitió obrar con extensa libertad duran-
te la primera etapa de su función gubernativa. Para dicho efecto,
suplicó la expedición de un dispositivo legal que autorizaba a don Pe-
dro a despachar toda clase de provisiones y mandamientos, patenta-
dos con el sello real, sin necesidad de llevar la n,íbrica de ningún oidor
064). Tal prerrogativa vino a hallar término como consecuencia de la
designación de un segundo oidor, que representaba el quórum necesario
para poner en funcionamiento la Audiencia; el elegido fue un antiguo
estudiante de Derecho de la Universidad de Bolonia, el doctor Mel-
chor Bravo de Saravia, quien recibió el nombramiento en febrero de
(161) Relación de Gasea fecha cl 17-VIJ-1549, en C.D.1.H.E., L, p. 81.
(162) Relación de Gasea fecha el 28-1-1549, en PEREZ DE TUDELA, (9); 11, p.364-365.
(163) B.R.A.R Col. Muñoz, t. 47, f. 136v.; A.G.I. Lima, 118. En este último legajo se con-
serva una carta de Canea al Consejo de lndías, fecha en Los Reyes el 22-Vll-
1549, solicitando licencia para renunciar la escribanía mayor de minas en pe~
na hábil y suficiente.
(164) A.C.I. Lima. 566, lib. 6, f. 44. R.C dada en Madrid el 14-V-1547. Además, es im-
portante señalar que desde la metrópoli se remitieron a Gasea cuarenta c:édulas
en blanco, a fin de que el presidente las rellenara con el nombre de personas que se
hubieran distinguido por sus servicios a la Corona. Véase la carta del Príncipe a
Gasea fecha en Madrid el 4-V-1547, publ. en C.0.1. H.E., XLIX, p. 89.
149
1548, y luego comenzó a hacer los aprestos para el dilatado viaje has-
ta su destino (165).
Por fin, el 17 de abril de 1549 desembarcó d doctor Brnvo de Sa-
ravia en el puerto del Cillao. Doce días más tarde, en e1 marco de
una colorida ceremonia, se realizó la [Link]ón del supremo tribu-
n<1l de'justicia del reino (166). Un acontecimiento que le permitía al sa-
cerdote castellano escribir con regocijo a su príncipe: "esta tierra es co-
sa muy rica, y de cada dfa se muestra 1wís, y se va assent,rndo y po-
niendo en orden, y la gente teme ya y respeta a la justicia ... " (167). En
el transcurso de los meses siguientes se cubrieron los élsientos vacantes
en la Aud icncia con la llegada del licenciado Pedro 1\..'laldomdo, que
se incorporó en junio de 1549, y con el licenciado Hernando de Santi-
llán, quien se posesionó de su vara de oidor en enero de 1550 (1(~). Por o-
tra parte, c1 presidente de dicho organismo resolvió confiar las
tareas de fiscal a11icenciado Juan Ferrn1ndez, un jurista oriundo de To-
rrijos, que había mostrado ser capaz de amparar debidamente los inte-
reses de la Corona. "Es persona virtuosa y de confianza y de buenas
letras, habilidad y mucha diligencia", opinaba Casca en torno al fis-
caI 0 69).
(165) . Cf. PER[Z MARTIN, Antonio, Proles aegidianai (13olonia: Real Colegio de Espa-
ña, 1979), p. 697; A.G.I. Lima, 566, lib. 5, f. 269. R.P. de nombramiento, dada en
Alcalá de Henares el 3-II-1548. Sabemos que el nuevo oidor se hizo a la vela e
Sanlúcar de Barrameda el 6-V-1548. Ya antes, el 21-V-1547, se había designado
en sustitución del oidor Rentería al doctor Salazar, juez de apelaciones en Cana-
rias, mas desconocemos las causas porque dicha provisión no alcanzó efecto. ·
AC.I. Lima, 566, lib. 6, f. 53v.
(166) Relación de Gasea fecha el 2-V- 1549, en PEREZ DE TUDELA, (9), IL p.337-342.
(167) Carta de Gasea al Príncipe, fecha en Los Reyes el 2-V-1549, publ. en CUESTA
GUTIERREZ, (30), apénd. 5, p. 67.
(168) A.G.I. Lima, 566, lib. 5,f. 287 y 298. [Link]. de nombramiento dadas en Scgovia el
25·-Vl-1548 y en Valladolid el 1-IX-1548, a favor de Maldonado y Santillán, res-
p<..'Ctivarncnte. Véanse también las relaciones de· Gasea al Consejo de Indias fe-
chas en Los Reyes el 17-VII-1549 y 8-1-1530, publ. en C.D.I. H. E., L, p. 78 y, PE-
REZ DE TUDEL/\, (9), 11, p.398, respectivamente.
(169) Relación al Consejo de Indias fecha en Los Reyes el 21-IX-1549, publ. en PEREZ
DE TU DELA, (9), II, p.494. Se asignó al fiscal un salario de 1.300 pesos anuales.
1.'iO
Entre las recomendaciones que dio el licenciado a sti sucesor en el
gobierno pcrnlero incluía la necesidad de mantener el secreto en el
voto de los oidores, así como la pr,ktica de conceder a todos los magis-
trados la oportunidad de expresar libremente su opinión en las delibe-
raciones que tuviesen lugar en la Audiencia, ya que ambas medidas
servían para fomentar la eficacia de dicho cuerpo (170). Además, era
indispensable acrecent.1r el s.1lario de los oidores limcf1os, puesto que
los dos mil pesos que pcrcibian a la sazón no eran suficientes para
lograr mantenerse con decencia durante el año entero. Esto tenía su ori-
gen en la exagerada carestía que reinaba en el mercado de aquella
colonia, hasta tal punto que "no se compra con un peso de oro lo que en
España se puede compnu con un n.'al". Así, pues, el licenciado TL'CO-
mendaba que se duplicara la remuneración de los jueces, porque de
otra manera estarían obligc1dos a solicitar dinero de los VL'cinos a fin
de poder sustentarse, con evi(knte daño para la respetabilidad de la
justicia 0 7 1>.
Durante las primeras semanas de su funcionami<.'nto, se plantea-
ron ciertas dubitcicioncs acerca de la jurisdicción que competía a la Au-
diencia . RL'spccto a est.1 materia, es bastante significativa una carta
del 22 de ju lin de ] 5-l9, L'n la que el presidente y los oidores l'xponen
las siguientes incertidumbres ante el Consejo de Indias:
a) Como no existía ninguna disposición rcJativa al corregimien-
to (k Lima , se ha determinado asignar a la Audiencia la jurisdicción
en pri1m'ra instancia dentro del término provincial, limci10; con este
objdo queda cstc1blccido un sistema rotativo, por el que cada oidor en-
tcndcrú como justicil1 mayor L'n lc1s G1usas de primera instancia duran-
te tn's meses, pllliiL·ndo h)S litig,1ntcs solicitar renovación de sus
fallos ante la Audiencia (sin que el oidor-juez originc1l tL'nga voto en
Lis G1US<1s que SL'rtlL'nciú).
(170) Memorial fecho el 25-1-1550, i bid., 11, p. 289.
(171) Relación fecha el 28-1-1549, ibid., 11, p. 365. En torno al problema salarial, pode-
mos citar asimismo la carta de Gasea al Consejo de Indias, fecha en los Reyes el
20- Vll-1:>49, publ. en Cartas de Indias (34), p . 539-540, y la carta de los oidows
al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 22-VII-1549, publ. en LEVILLIER.
(126), p.3-4.
151
b) En vista de las reiteradas demandas que se han formulado
porque unos vecinos han despojado sus repartimientos de indios a
otros, actuando de manera violenta, la Audiencia ha determinado to-
mar conocimiento en tales pleitos, no obstante. que las Leyes Nuevas
señalan que los juicios tocantes a encomiendas deben ventilarse exclu-
sivamente en el Consejo de Indias.
c) Se han asentado numerosas reclamaciones de encomenderos,
quejándose porque los antiguos gobernadores de la tierra los han des-
poseído de sus repartimientos, sin ser oídos ni vencidos conforme a de-
recho, y la Audiencia no posee certidumbre acerca de la obligación
que le toca en estos asuntos 072).
Mientras los funcionarios métropolitanos tardaban en emitir su
dictamen acerca de tales dudas, proseguía la labor judiciaria de los
togados residentes en Lima. Lo dilatado de la circunscripción pertene-
ciente a la Audiencia -todo el virreinato del Perú- situó a las auto-
ridades coloniales en la necesidad de· expedir una ordei:1anza, con el
objeto de precisar los plazos dentro de los cuales deberían acudir los
apelantes para seguir sus litigios en segunda instancia ante los oido-
res. Dicha ordenana:za, suscrita por el licenciado Casca el 9 de agosto
de 1549, fija estos términos: para Hliamanga y Trujillo, 25 días; para
Cuzco, 40 días; para Arcquipa y Piura, 45 días; para Chachapoyas,
50 días; para La Paiz, Guayaquil, Loja y Santiago de los .Valles, 60
días; para La Plata, Quito y Portoviejo, 80 días 073). Lista que contie-
ne una información nada desdeñable, ya que nos ilustra rcspc.."Cto a los
distritos judiciales y ,el estado de las comunicaciones por entonces exis-
tente en el Perú virreinal.
Con las caractc!rísticas que hemos enunciado, el presidente im-
pulsó las actividades de la Audiencia limeña; un tribunal que si bien
fue establecido originariamente por Blasco Núñcz Vela, había teni-
do hasta la llegada de Casca una existencia efímera y az~rosa debi-
do al levantamiento pizarrista. En cambio, después de 1549 el régi-
(172) El ori~1nal de dicha comunicación, en [Link]. Lima, 92; está publicado en LEVI-
LllER, '126), p. 5-7.
073) CUESTA GUTIERREZ. (30), apénd. 6, p. 68-70.
152
men audiencial se consolidó definitivamente en el Perú, manteniéndo-
se vigente esta institución hasta el final del dominio hispánico.
En su condición de juez residenciador, el clérigo mandó pregonar
el 15 de julio de 1549 un par de edictos, convocando al seguimiento de
la residencia de Cristóbal Vaca de Castro, antiguo gobernador de la
tierra peruana, y enterando a las ciudades del virreinato sobre la pró-
xima apertura del juicio contra los primeros oidores de la Audiencia
de Lima: Cepeda, Tejada, Alvarez y Zárate 074). Tocante a este últi-
mo proceso, se formó un dilatado interrogatorio para someterlo a la
respuesta de testigos calificados, y en él la mayoría de preguntas es-
taban referidas a la actuación del licenciado Diego Vázqucz de Cepe-
da, un magistrado inteligente y ambicioso, a quien se ha calificado
de "eminencia gris" de la tiranía pizarrista 075). El 4 de noviembre
de .dicho año, recogidas las declaraciones de los principales vecinos
de la capital, Gasea instauró un cargo de 101 capítulos acerca de la
culpabilidad de Cepeda en la pasada sublevación; sin dejarse afectar
demasiado, el oidor respondió en la misma fecha con una serena confe-
sión, ornada de citas bibliográficas de índole humanística 076).
La residencia de Cepeda y sus colegas togados formó un volumi-
noso expediente, de cerca de un millar y medio de folios, llenos de no-
ticias tan jugosas sobre la rebelión, que "podrían pasar por historia
de todo lo que él [Cepeda] e Gorn;alo Pi~arro en lo passado han he-
cho'\ conforme opinaba el presidente 077). Estando la información de
testigos de la vía secreta a punto de concluirse, al salir con destino a
la metrópoli Gasea llevó consigo los abultados cuadernillos que para
entonces estaban redactados, y a su lado hizo embarcar como prisione-
ro al licenciado V,ízqucz de Cepeda, cuyo desempeño debía juzgarse
en la Corte 078). Un moderno investigador del levantamiento perule-
(174) Relación de Gasea fecha cl 17-Vll-1549, en C.0.1. H.E., L, p.81-82.
(175) Cf. LOHMANN VILLENA, (14), p. 90, 1()0, 105.
(176) Los autos del proa.'SO de residencia se conservan enAG.I. Justicia, 451.
(177) Relación de Gasea fecha el 8-Xl-1549, en Cartas de Indias (34), p. 557.
(178) AG.I. Justicia, 451. Testimonio otorgado por el secretario Pedro de J\vcndaño en
Los Reyes el 13-1-1551.
153
ro, Guillermo Lohmann Villena, asienta que el sacerdote castellano
trató en general con suma blandura al rebelde, lo cual se explica tal
vez por el parentesco que los unía --como ya hemos anotado- a tra-
vés del matrimonio del doctor Diego de la Gasea con una prima de Ce-
peda 079).
Otras de las facultades que poseía el gobernante que aquí estu-
diamos era la de disponer ordenanzas, con acuerdo de los habitantes
del reino, para garantizar la tranquilidad social dentro del territo-
rio peruano. Durante la estancia del presidente en Lima llegaron a
sus oídos continuas quejas acerca de los males que producían los escla-
vos huidos del dominio de sus amos; señalaban las reclamaciones que
esos cím1.nw11cs (ya fucr,m negrPs, p cirdos o bcrbcriscc)s) se dedicaban a
perpetrar crueldades, robos y muertes con los individuos que caían en
su poder, generando así una ola de pánico entre el vecindario limeño.
Ante tales dcnunó.1s, don Pedro resolvió promulgar unas ordenanzas
para impedir los desmanes de los esclavos fugitivos. Se trata de un do-
cumento de una docena de capítulos, suscrHo el 1 de junio de 1549, en
que se evidencia el drástico talante que podía adoptar el clérigo cuan-
do era necesario reducir las cosas a su debido orden 0 80)_
Dichas ordenanzas contemplaban las penas que deberían apli-
carse a los cimarrones, según la extensión del tiempo en que hubieran
estado ausentes de sus sefiores: había azotes, encierros en el cepo, muti-
laciones de miembros corporales e inclusive la muerte. Asimismo, fija-
ban la escala de premios correspondientes a los sujetos que ayudaban
en la búsqueda y captura de los esclavos, y se estipulaba la contribu-
ción pecuniaria que dcbfan brindar los amos para costear los gastos de
tales operaciones de rescate. Con este motivo, quedaba impuesta la
obligación de hacer un registro público de todas las piezas esclaviza-
(179) LOI IMANN VILLENA, (14), p. 105.
(180) I3 .RAI l. Col l'vL:it.:i Linares, t. 21, f. 80, y AC.I. Escribanfa de Cámara, 500 (J\).
Las mencion.::id.::is orden:rnz.:is fueron prcgonad.:is en b capit.:il pcru.:lna e1 10-VI-
1:149, por voz de Pedro de la Peúa. Se transcriben en los Anexos documentales,
XI.
De otro lado, el 1-VI- 1549 pn,mulgó el licl'rKíado Cn~a un mandamicnto,dispo-
niendo que los esclavos fugitivo" que regresaran voluntariamente al servicio de
sus amos en d término de veinte d 1as no Sl'rían afectados por las penas contem-
pladas en las ordenanzas de esa misma focha. B.R.A.H. Col. Mata Linares, t.
21, f. 84.
154
das que hubiese dentro del término municipal limeño, a la vez que se
manifestaba la conveniencia de llevar un registro paralelo de negros
libertos. También señalaba el documento la manera en que deberían
administrarse los fondos recaudados para el control de la población
esclava, y advertía respecto a los castigos en que incurrían aquellos
ciudadanos que escondían a los cimarrones o ayudaban a sus hermanos
de raza a liberarse del cautiverio.
Igualmente, pueden mencionarse las ordenanzas que estatuyó el
presidente con relación a la visita y despacho de navíos en el puerto
de Lima. El objetivo de esta serie de regulaciones era fijar los dere-
chos que habían de cobrar las personas encargadas de inspeccionar
las embarcaciones que arribaban o salían del Callao, así como deter-
minar los géneros de cargamento que debían ser registrados (180a).
Desde la época de su trabajo como visitador en el reino de Valen-
cia, el licenciado de la Gasea contaba con una dispensación del Papa
para entender en negocios de justicia civil y criminal que normalmen-
te estaban vedados a los miembros del estamento religioso. Por la
calidad de los asuntos en que debió ocuparse durante su misión pacifi-
cadora, el clérigo demandó -"para la seguridad de su conciencia",
anota una real cédula 081)_ que se expidiera un nuevo documento
pontificio, eximiéndolo de la nota de irregularidad respecto a las san-
ciones y hechos que había determinado en la campaña contra Pizarro.
Esta absolución sólo se publicó después del regreso del consejero inqui-
sitorial a la metrópoli, el 1 de octubre de 1550, a través de un despa-
cho firmado por el nuncio apostólico en España, arzobispo de Siponte
(182).
Si bien poseía ya entonces la última de ]as órdenes mayores, el
sacerdote castellano prefirió no oficiar nunca misa durante los años en
que laboró como agente político, tanto en Levante como en el Nuevo
(180a) AG.I. Justicia, 471, f. 849. Ordenanzas promulgadas en Los Reyes el 18-Xll-1549.
Se transcriben en los Anexos documentales, XII.
(181) R. C. a don Diego de Mcndoza, embajador español de la Santa Sede, dada en Va-
lladolid el 16-IX-1549, publi en LISSON CI IA VEZ, Emilio, ed., La Jglcsia de Es-
pafia en el Perú, l (Sevilla: Editorial Católica E~pañola, 1943), p. 160.
(182) [Link].1960, no.12. Documento otorgado en Valladolid.
155
Mundo. Así lo revela, con alguna traza de vanagloria, en un papel que
escribió poco antes de su muerte. Se justificaba el licenciado afirman-
do que
"por reverencia de este santo sacramento, pareciéndonos que
en tratándose de cosas de tanta sangre era cosa no decente cele-
brar, lo dexamos de hacer, y aun por no tener el reposo y sosie-
go que para elJo era menester con la multitud de negocios qlle
en aquellos tiempos tuvimos" 083).
7. DISPOSICIONES PARA LA CONSERVACION DE LÓS IN-
DIOS
La subsistencia de la masa aborigen era un requisito indispensa-
ble para el desarrollo de la vida española en el Perú, ya que la mano
de obra de los nativos permitía llevar a cabo todo género de activida-
des. Con miras a ganarse el favor de la población vernácula, parece
que Gonzalo Pizarra ideó unirse en matrimonio con su sobrina doña
Francisca Pizarra, hija del conquistador de esa tierra y nieta del inca
Huayna Cápac, el sqbcrano que rigió los destinos del Imperio cuzque-
ño durante su época de mayor esplendor; acerca de tal proyecto fue ad- .
vertido el licenciado Gasea por los funcionarios cortesanos 084). Sin
embargo, el presidente de la Audiencia gozó la fortuna de que a poco
de desembarcar en el puerto de Tumbes reciibió una comunicáción de
Paullu, príncipe de la estirpe incaica (hijo de Huayna Cápac), quien
le manifestaba su voluntad de servir en favor del estandarte regio
(185).
Conseguida la victoria en Jaquijahuana, el pacificador dedicó
notable empeño a mantenerse en vinculación con el inca Sayri Túpac,
un .muchacho venerado como el heredero del trono imperial, nieto de
Huayna Cápac, que vivía refugiado en las montañas de Vilcabamba.
. (183) CUESTA CUTIERREZ, (30), apénd. 7, p. 71 Constituciones de la capellanía
mayor de la Magdalena de Valladolid, fechas en Sigücnza el 7-Xl-1567.
(184) A.C.l. Lima, 566, lib. 6, f. 49. Carta del Príncipe~• Casca, fecha en Madrid el 21-
V-1547. a. LOI-IMANN VJLLENA, (14), p. 53-54.
(185) Relación de Casca fecha el 11-Vlll-1547, en PEREZ DE TU DELA, (9), ll, p. 238.
156
Entre ambas figuras políticas se entabló una amistosa comunicación,
sirviendo a manera de intermediario don Martín de Chira, un indio
hispanizado que poseía encomienda y había visitado en alguna opor~
tunidad la metrópoli; Gasea accedió a la mayoría de exigencias que
planteó el joven inca para someterse a la obediencia del rey de Espa-
ña: le entregó una dilatada porción de terreno a orillas del Apurímac,
un par de casas en la ciudad del Cuzco, una heredad en el valle de Ja-
quijahuana 086). A pesar de esto, el receloso Sayri Túpac no se deter-
minó a abandonar la fortaleza que habitaba, permaneciendo en acti-
tud virtualmente hostil hasta la salida de nuestro personaje fuera de
la colonia 087>.
En la serie de disposiciones que promulgó con respecto a los súbdi-
tos aborígenes, don Pedro de la Gasea se manifiesta como un cabal in-
térprete del texto de las Leyes Nuevas, publicadas en 1542 (con un
añadido en 1543), gracias a la persistente demanda del apóstol de los
indios, el célebre padre Las Casas. Dichas normas prohibían termi-
nantemente someter a los nativos a régimen de esclavitud e impedían
la nociva práctica de hacerlos transportar carga, cual si fueran bes-
tias. Los naturales americanos debían ser respetados como personas li-
bres, vasallos de la Corona castellana, a quienes no podía obligarse a
realizar ninguna clase de trabajo contra su voluntad; toda labor que
ejercieran los indios había de ser remunerada con justo salario, y los
tributos que estaban obligados a pagar por su condición de subordina-
dos al rey debían ser convenientemente moderados 088). Todas estas
directivas las respetó con fidelidad el presidente de la Audiencia, po-
niendo especial atención en el desarrollo de la visita y tasa general
de encomiendas, ya que "es una de las mayores partes del concierto
desta tierra y la más importante para ser mantenidos en razón e justi-
cia estos naturales, e para que no sólo se persuadan a convertir e se con-,
(186) CUESTA GUTIERREZ, (30), p. 38-39.
(187) Cf. HEMMING, John, The conquest of the Incas (London & Basingstoke: Macmi-
llan, 1970), p. 281-284, y TEMPLE. Ella Dunbar, "La descendencia de Huayna Cá-
pac", en Revista Histórica, XIII (Lima, 1940), p. 31-77.
(188) MURO OREJON, (3), p. 572 ss., especialmente los cap. 21 y 24 de las Leyes Nue-
vas y el cap. 3 de las ordenanzas complementarias. Véase también ESCOBEDO
MANSILLA, (99), p. 33-34.
157
serven, pero aun para que se tornen a reparar y multiplicar", conforme
sentenciaba en una de sus relaciones escritas en Lima 089).
Desde su llegada al territorio peruano, Gasea impidió tajante-
mente el hábito de utilizar a los aborígenes como vehículos de carga.
Esta era una costumbre abominable, en la cual solían cometerse toda
especie de crueldades. Los hombres eran forzados a llevar pesadísi-
mas cargas, por espacio de largos trayectos, con escaso reposo y poca o
ninguna alimentación; muchas veces el 'objeto de transporte -echados
en hamacas-- eran seres humanos, que podían ser tanto colonos ibéri-
cos como esclavos africanos y, aun en ciertas ocasiones, mujeres indíge-
nas vinculadas amorosamente a los individuos de la hueste. Por efec-
to de tales prácticas, una muchedumbre de braceros autóctonos habían
perecido durante los años del establecimiento hispánico en el Perú, a
la vez que numerosos sujetos se habían recluido en las altas llanuras
de los Andes y en otros lugares de d ifícil acceso para librarse de la tor-
tuosa servidumbre rendida a los colonizadores 090).
Al quedar prohibida la usanza de indios cargueros, surgió la
necesidad de estructurar una red de tambos o posadas a lo largo de las
rutas más frecuentadas dentro .del virreinato, con el fin de brindar
abastecimiento a los viajeros y sus animales de transporte. Los admi-
nistradores de estos tambos fueron dotados de varas de alguacilazgo,
concediéndoles licencia para tomar prisioneros a los españoles y cua-
lesquier otros individuos que trataran de cometer abusos contra los na-
tivos. Durante los meses siguientes al advenimiento del orden pacífi-
co, se dictaron medidas para que los caminan tes fuesen atendidos gra-
tuitamente en aquellas hospederías; pero más tarde se estipuló que
los corregidores asumirían la responsabilidad de fijar los precios que
deberían regir en los establecimientos de su correspondiente distrito
(191),
(189) Relación de Gasea fecha el 8--I-1550, en PEREZ DE TU DELA, (9), JI, p.399.
(190) Relación de Gasea fecha el 28-1-1549, ibid., II, p. 376-177. Una R.C. d ictada en
Valladolid el 1-VI-1549 prohibió qul' los indios dd Perú fueran cargados con mer-
caderías u otras cosas, sin excepción alguna. A.G.I. Lima, 566, lib. 6. f. 122v.
(191) Véase el mandamiento de Gasea a Jerónimo de Silva y don Antonio de Ribera, ve-
cinos de Lima, para salir a vbitar tambos, fecho en Los Reyes el 28--III-1549.
A.G.I. Lima, 121.
158
Para ilustración de lo que venimos diciendo, puede citarse una cé-
dula despachada por el licenciado Gasea el 24 de enero de 1550, esca-
sos días antes de su salida del puerto limeño. Mediante este documen-
to se facultaba a Francisco Pércz Lezcano, vecino de Tmjillo, para que
en el término de un año hiciera levantar en el valle de Pacasmayo un
tambo, destinado a brindar alojamiento y víveres a los caminantes
que transitaban por la ruta Piura-Trujil1o (y viceversa). Este tambo
debía hallarse situado a por lo menos cinco · leguas de distancia de
cualquier otro puesto semejante que existiese en la zona, y se añadía
el requisito de que junto a la posada hubiera un ermita de mediano ta-
maño, "donde tengáys puestas ymágenes y vn hornamento conplido,
con .que los clérigos e religiosos que por allí pasaren puedan dezir mi-
sa, e la oyr los españoles e naturales que fueren cristianos". Por lo que
atañe al rendimiento económico, el administrador Pérez Lezcano obtl..._
nía la merced de beneficiarse con las rentas que produjese tal servicio
como negocio propio O92).
Mirada desde el punto de vista monetario, la explotación de los
yacimientos mineros representaba la actividad productiva más im··
portante de la colonia. Entendiéndolo así, el pacificador ordenó en el
reparto de Guaynarima un par de disposiciones relativas al trabajo
indígena en el cerro de Potosí: permitía a los encomenderos de la juris-
dicción de La Plata emplear la décima parte de sus tributarios para
usufructuar las minas, e hizo una distribución de yanaconas con el obje-
to de que los dueños de minas que no poseían encomienda pudieran tam-
bién beneficiarse de la producción argentífcra 093). Posteriormente,
cuando se deliberaba sobre la cuantía de las tasas en los repartimien-
tos altoperuanos, Gasea manifestó su convicción de que no debería in-
cluirse una cantidad determinada de mano de obra para la explota-
ción minera, dejando sólo lugar a la cuota de plata que los indios bue-
namente pudiesen ofrecer a los vecinos, sin detrimento para su salud o
bienestar social y sin intervención directa de los colonos O94).
(192) AG.I. Urna, 118.
(193) Relación de Gasea fecha el 25-IX-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), fI, p. 271-
272.
(194) RelacióndeGascafechael22-IX-1550,en CD.I.H.E., L. p.155-156.
159
Sin embargo, la codicia de los hombres peninsulares rebasó lar-
gamente las buenas intenciones del clérigo de Navarregadilla. Pronto
se oyeron denuncias en el sentido de que dueños de repartimientos
avecindados en Huamanga, Arequipa, Cuzco y La Paz obligaban a
los moradores de sus encomiendas a trasladarse hasta el lejano asien-
to potosino -situado a 500 o m4s kilómetros de distancia- para que
les remitieran el fruto argénteo de su trabajo, sin obtener por ello re-
muneración alguna, ni tampoco facilidades para desarrollar un viaje
tan largo. Señalaban las informaciones que, por lo común, ninguno de ·
los tributarios mandados a laborar en Charcas volvía a su pueblo de
origen y que, más aún, las dos terceras partes de esos indígenas falle-
cían durante el dilatado trayecto 095). Ante tales evidencias de cruel-
dad, don Pedro de la Gasea reaccionó con firmeza; el 24 de julio de
1549 expidió una serie de mandamientos, prohibiendo a los encomen-
deros ajenos a la jurisdicción de La Plata quie continuasen el hábito de
echar indios a las minas de Potosí, bajo apercibimiento de ser cas~
tigados con la suspensión en el goce de sus tributos. Al mismo tiempo,
ordenó al corregidor de la provincia charqueña que dejara a los traba-
jadores nativos en libertad para volver a sus lugares de procedencia,
pues disfrutaban del estatuto de personas litbres y nadie podía forzar-
los a actuar contra su voluntad (196).
Fueron las autoridades y vecinos del Cuzco quienes de inmediato
protestaron sobre aquella medida ante la Audiencia, alegando que
los naturales dedicados a las faenas mineras se encontraban a gusto
-sin coacción- en Potosí, pues ellos también podían beneficiarse con
la riqueza de La Plata 097>. Pese a esta argumentación, el presidente
no dio marcha atrás. Respondió al justici~ mayor de la ciudad impe-
(195) Carta de Gasea al corregidor del Cuzco, fecha Ein Los Reyes el 28-IX-1549, publ.
en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p.545; ZA VALA, (104), L p.13.
(196) Relación de Gasa fecha el 21-IX-1549, en PERJEZ DE TUDELA, (9), U, p. 498;
A.G.I. Justicia, 667. En el mandamiento expedido para el corregidor de La Plata,
con fecha de 29-VII-1549, se indica textualmente que a los nativos "los poméys
luego en libertad, dándoles a entender que tienen libertad para poderse boluer a
sus pueblos cada y quando quequisyeren, y que sus encomenderos ni ca9ques no lo
pueden compeler ni apremiar a que rcsydan en las dichas minas". Este dispositi-
vo fue pregonado en el asiento de Potosí el 17-l-1550.
(197) BARNADAS, (64), p. 266; A.G.I. Justicia, 667. Demanda e información de
testigos hecha por parte de los vecinos del Cuzco y La Paz, en Potosí el 24-V-
1550.
160
ria] con una carta de duros términos, haciendo notar que la extinción
de la masa aborigen traería funestas consecuencias para las finanzas
de la Corona e impediría convertir esas almas a la religión cristiana.
Literalmente, su idea acerca del trabajo en las minas se resumía en es-
ta frase:
"disimular cosa tan fuera de términos como es que se Heven in-
. dios ciento y sesenta leguas a echar en minas y que se saquen
de sus casas y pueblos y se lleven a poblar en partes tan lcxos
y donde no tienen tierras en que sembrar qué coman, ni de sus
casas se lo puedan llevar, es cosa que no se puede disimular
sin grandísima ofensa de Dios y gran cargo de consciencia y pe-
ligro de incurrir en ira de Su Majestad y aun escándalo de los
que lo vean" 098).
A fin de imponer orden en la extracción de los metales preciosos,
el licenciado Gasea promulgó hacia el final de su mandato unas orde-
nanzas sobre la labor de las minas. Desgraciadamente, no conocemos
el texto preciso de dicho documento, aunque se sabe que estuvo en bue-
na parte inspirado en las ordenanzas sobre semejante materia que se
habían expedido en el virreinato de Nueva España 099). Apenas tene-
mos constancia de un artículo, hecho para salvaguardar los intereses
económicos de la metrópoli, que disponía que en el ámbito de toda ve-
ta recién descubierta había de reservarse una estaca (superficie) de
60 x 30 varas para beneficio de la Hacienda Real (200).
Considerando la evolución dé la obra política del protagonista
de nuestro estudio, no resulta descaminado plantear una similitud
entre la situación de los moriscos en el reino de Valencia y la de los
(198) Carta fecha el 28-IX-1549, en PEREZ DE TUDELA. (9), 11, p. 544. Cf. ZAVALA,
(98), p. 853-854.
(199) Relación de Gasea fecha el 22-IX-1550,, en CD.I.H.E., L, p. 102.
(200) A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 123. Carta de Gasea al Consejo de In-
dias, fecha en Villamuriel el 1-11-1554. La superficie mencionada equivale a
1.'157,1 metros cuadrados.
En cuanto al trabajo minero, puede agregarse que durante el mandato de Gasea se
comenzaron a explotar unos ricos yacimientos argentíferos en la región de l-lua-
manga. Véase la relación de Gasea fecha el 2-V-1549, en PEREZ DE TUDELA,
(9), 11, P. 342.
161
aborígenes en el derruido Imperio incaico. En ambos casos se trata de
población perteneciente a una cu! tura extraña, a la cual se intenta re-
ducir a la obediencia de la Corona, ya que su concurso es muy significa-
tivo para el fortalecimiento político y económico del Estado. Ade-
más, frente a los moriscos e indios peruanos existía la intención de con-
vertirlos a la fe cristiana; una intención espiritual, asumida las mús
de las veces con sinceridad, pues estaba firmemente ,arraigada en la
merite de los españoles quinientistas (201). En su apoyo a la labor evan-
gelizadora destinada a los nativos del mundo americano, Gasea depo-
sitó entera confianza en los frnilcs de la congregación de Santo Domin-
go, cediendo el lugar preferencial al arzobispo limeño Jerónimo de Lo-
aysa, primado de la Iglesia en el Perú (202).
Es interesante examinar unas instmcciones para el adoctrina-
miento de los naturales de la diócesis de Lima, que en febrero de 1549
mandó poner en ejecución Loaysa, contando con la anuencia del presi-
dente, quien intervino en la revisión del texto. Señalaban estas nor-
mas que debía erigirse una iglesia en cada repartimiento indígena, en
la cual se dijera misa, se oficiaran los sacramentos y se llevara a cabo
la doctrina. Los responsables de ejercer esta misión debían empicar c'a-
tecismos impresos en latín o castcllcino, sin valerse de las cartillas
que para entonces comenzaban a circulzir en lengua vernácula, pues
~1tm no estaban corregidas ni autorizadas por el prelado. A la vez que
se fomentaba la introducción de los neófitos en los dogmas y enseñan-
zas morales del catolicismo, se instaba a destruir su mundo religioso
tradicional; los evangelizadores estaban obligados a allanar las gua-
rns o adoratorios en que se rendía cülto a piedras, animales u otros ob-
jetos de la naturaleza. En general, el texto discurre prolijamente en
torno a la aplicación de sacramentos, ¿:1yunos, fiestas de guardar, ente-
rramientos, pago de diezmos (rl'ducidos a la mitad de lo preceptivo),
etc., v prima el criterio de que una verd,1dcra asimilación ideológica
debí; anteceder a la rcccpció~ del [Link] isn10C203). "
(201) Cf. HANKE, Lewis, La lucha española por la justicia en la conquista de Améri-
ca, tr. de Luis Rodríguez Aranda, 2a. ed. (Madrid: Aguilar, 1967), p. 23.
(202) CUESTA GUTIERREZ, (30), p. 13 Sobre el carácter de la obra evangelizadora en
Indias, puede consultarse BARNADAS, (64), p. 436,452.
(203) A.G.I. Lima, 300. Dichas instrucciones fueron enviadas al Consejo de Inruas por
intermeruo de fray Pedro de Ulloa. WACI !TELL, (118), p. 209, se ocupa de la
162
Tales nonnas de evangelización, concebía Gasea, deberían exten-
derse por las demás provincias eclesiásticas del país. Durante su
triunfal estancia en el Cuzco, luego de la victoria sobre los rebeldes,
encargó al provincial de los dominicos fray Tomás de San Martín que
hiciera un recórrido por la meseta del Collao, Charcas y Arequipa pa-
ra organizar la difusión doctrinaria en esas comarcas (204) . Al reelegir-
se el mencionado provincial en un capítulo de la Orden de Predicado-
res celebrado en julio de 1549, se acordó distribuir un conjunto de sacer-
dotes con miras a expandir el mensaje del Evangelio en prácticamente
todas las regiones colonizadas que dependían del gobierno limeño
(205), Junto con ello, otros dos religiosos de hábito dominicano fueron
designados por el presidente para cumplir tareas de protección e ins-
trucción de los nativos eri sendas expediciones de conquista encamina-
das a Tucumán y a Macas (de los cuales trataremos en el apartado per-
tinente); los individuos que se aluden fueron fray Gaspar de Carvajal,
quien marchó hacia el Sur, y fray Francisco de San Miguel, que tomó
el rumbo de la zona ecuatorial (206).
En la memoria que redactó para su sucesor en el gobierno virrei-
nal, el licenciado Gasea plantea observaciones y deja constancia de al-
gunas medidas que tenía en proyecto con relación a la subsistencia de
la masa aborigen. Manifestaba, por ejemplo, lo inconveniente que era
la existencia de repartimientos seccionados en dos o tres partes, debi-
do al fraccionamiento que se había efectuado con el objeto de crear un
mayor número de encomenderos. A causa de esta multiplicación de
recaudadores de tributos, los indios se veían molestados con la obliAt1-
ción de aportar un sinfín de productos y una elevada cuota de fuerza
laboral. Además, desde la perspectiva de la llamada "república de
españoles", tampoco era positiva la abundancia de dueños de reparti-
mientos, ya que la sociedad ideal -acorde con el planteamiento aris-
trascendencia de la denominada "extirpación de idolatrías" para el mundo ab<>-
rigen.
(204) RelacióndeGascafechael2-V-1549, en PEREZ DE TUDELA,{9), II, p.341.
(205) Relación de Gasea fecha el 21-IX-1549, ibid., II, p. 493-494.
(206) Ibid., p. 495.
163
tocracista del clérigo- era la que tenía en su cúspide a un núcleo redu-
cido de señores muy poderosos (207).
Otras indicaciones dignas de comentario, surgidas del razona-
miento político del presidente de la Audiencia¡, son las que siguen:
a) Era necesario poner coto al abusivo régimen de los curacas, je-
fes indígenas que ejercían una despótica administración sobre los
miembros de su comunidad étnica, haciéndose servir toda clase de re-
galos y castigando con excesiva dureza (a comparación del régimen
legal europeo) las faltas de sus vasallos. Como remedio a esta si tua-
ción, proponía hacer una tasa de lqs tributos que los indios del común
deberían entregar anualmente a sus caciques; una tasa determinada
por las autoridades coloniales, a fin de que, en última instancia ·resi-
diera en los agentes del Estado la facultad de controlar a la masa
nativa (208). ·
b) Tanto para la labor [Link] como para la utilización
de su fuerza de trabajo, sería conveniente que los habitantes aboríge-
.nes se reuniesen a morar en pueblos, ya que en muchas regiones (espe-
cialmente en el litoral) . tenían por costumbre vivir aisladamente
-sin constituir familias ni colectividades unidas por parentesco o ac-
tividad-, mudándose con entera libertad de un sitio a otro (209).
(2Cfl) Memorial fecho el 15-1-1550 y carta de Gasea al licenciado Miguel Díaz de Ar-
mendáriz, fecha en Cuzco el 4-VI-1548, publ. e111 PEREZ DE TUDELA, (9), II, p .
. 298 y 522, respectivamente. En la segunda de dkhas comunicaciones expresa ·e1
presidente: "me paresce que hay más necesidad de juntar repartimientos para
que sean algo, que no de desmembrallos, que cierto cuando se desemembran dema-
si~do donde antes uno moría qe hambre, que era el que no tenía repartimiento,
después de desmembrado mueren dos: al que se le quita el pedazo e al otro". Res-
. pecto a la onerosa carga que significaba el [Link] hispánico, véase WACHTEL,
(118), p. 1s2.:.183. .
208) Cf. LOHMANN VILLENA, (158), p. 8-11; WACHTEL, (118), p. 186-187. Una
R.C. dictada en Toro el 18-I-1552 mandó a la Audiencia de Lima informarse so-
bre la conveniencia de que los tributos de caciques fueran tasados. A.G.I. Lima,
567, lib. 7, f. 87v.
(20')) Cf. TORO NICOLINI, Javier y Carlos LAZO GARCIA, "Economía y sociedad en
el Perú colonial (movimiento social)", en Historia del Perú (Lima: Editorial
Juan Mejía Baca, 1980), V. p. 122. Una R.C. expedida en Madrid el 17-XIl-1551
ordenó que los indios yungas (de la costa peruana) que vivieran dispersos debe-
rían congregarse en pueblos. [Link], 567; lib. 7, f. 76.
164
e) Con miras a semejante propósito, debería impedirse que subsis-
tieran fos yanaconas cómo trabajadores eventuales al servicio de la co-
munidad española, vale decir, gozando de licencia para cambiar de
señor sin restricción alguna. En cuanto a este problema, formulaba la
iniciativa de establecer un género de contratos, por los cuales aquellos
servidores quedarían adscritos durante cierto plazo a un determinado
colono, con derecho a percibir salario (de acuerdo al espíritu de las
Leyes Nuevas) (210). ·
La indusión de servicio personal en las tasas que se cstabled~
ron como consecuencia de la visita general ordenada en J548 hace de
la encomienda .gasquiana una forma intermedia dentro de la evolu-
ción histórica del sistema de repartimientos, ya que supone un control
sobre la tributación que antes no existía y contempla todavía la entre-
ga de mano de obra alencomendero, que poco depués fue suprimida. En-
tre las modalidades de servicio personal que se hallan en las tasas de
nuestra época, podemos mencionar el servicio doméstico, las labores
de siembra y cosecha de productos agrícolas, la guarda de ganado, el
transporte de carga (entendido como conducción de los animales car-
gueros), los oficios artesanales, etc. Como bien sabemos, esta contribu-
ción en fuerza de trabajo se complementaba con la aportación de pie-
zas metálicas y de otras variadas especies (211). En alguna oportuili-
dad, hallándose en tela de juicio el criterio con que debería realizar-
se la tasación, Gasea se manifestó contrario a sustituir la entrega de
productos por la prest~ción de mano de obra, ya que la utilización del
trabajo indígena podía más fácilmente dar lugar a abuso (212).
Dejándose orientar, pues, por los sacerdotes dominicos estableci-
dos en el virreinato peruano -algunos de ellos, conocidos prosélitos
de fray Bartolomé de las Casas-, el presidente de la Audiencia
(210) Cf. VILLARAN, (117), p. 157-1.59; WACHTEL, (118), p. 201.(211)
(211) BELAUNDE GUINASSI, Manuel, La encomienda en d Perú (Lima: Ediciones
Mercurio Peruano, 1945), p. 117; PEREZ DE TUDELA, (21), p. LXVIII. Durante el
propio gobierno de Gasea, el 28-IIl-1549, una R.C. librada en Valladolid prohi-
bió el servicio personal indígena en el Perú, aunque fuera por vía de tasación o
permutación de tributos. A.G.l. Lima, 566, lib. 6, f. 104.
(212) Relación de Casca fecha el 22-IX_1550, en C.D.l.H.E.; L. P. 156. Sobre proble-
masdeconmutación tributaria, véase ESCOBEDOMANSILLA, (99), p.129.
165
llevó a cabo fundamentales disposiciones para garantizar la sub-
sistencia y adoctrinamiento de los moradores indígenas. Este buen tra-
tamiento dio satisfacción a los vasallos nativos, originando de su par-
te un cambio de conducta. Muchos de los que habían fugado más allá
del alcance de los funcionarios peninsulares decidieron retornar a sus
ayllus (comurudades típicas andinas) y tierras de labranza; asimila-
dos a la economía mercantil, hubo indios que comenzaron a vender sús
productos a la gente colonizadora; cada vez mayor número de habi-
tantes aborígenes, siguiendo el ejemplo de sus caciques, se iniciaba en
las prácticas de la religión católica (213). Una fase de comunicación en-
tre el mundo hispánico y el mundo americano se había abierto de tal
modo gracias a la política conciliadora del sacerdote castellano.
Ni tan propenso a la explotación de la sociedad autóctona como
los colonos, ni tan idealista en su defensa de los nativos como el grupo
lascasino, Pedro de la Gasea supo imponer en América una vía inter-
media con respecto al gobierno de los nalturales: ésa era la vía más
adecuada a los intereses del Estado metropolitano.
8. LAS ENTRADAS DE CONQUISTA Y POBLACION
IMPULSADAS POR GASCA
La mayoría de los españoles que pasaban al Nuevo Mundo lo ha-
cían animados por la ilusión de obtener riqueza y honores a través de
sus acciones de' conquista en el territorio americano. Eran hombres de
talante guerrero, poco dispuestos al trabajo productivo, que ofrecieron
dificultades a los gobernantes coloniales cuando principiaron a escase-
ar las posibilidades de repartir indios o metales preciosos (214). Ante
este tipo de problemas debió enfrentarse el licenciado Gasea después
del triunfo de Jaquijahuana, ya que no todos los soldados que colabora-
ron en la victoria realista pudieron ser beneficiados en la distribucíón
de mercedes. Una de las medidas importantes que tomó el presidente .
(213) A.G.I. Patronato, 192, no. 1, ramo 55. Carta de Fray Jerónimo de Loaysa al Conse-
jo de Indias, fecha en Los Reyes el 24-VII-1549. Advierte este prelado que con la
llegada de Gasea hubo una modificación en el comportamiento de los indios,
pues entendieron que "este apo, que quiere dezir sefior prirn;ípal o gouernador, no
era corno los pasados". Véase también la relación de Gasea fecha el 17-VII-
1549, en C.D.I.H.E., L, p. 85.
(214) Sobre cl carácter y ocupaciones de los soldados, cf. LOCKHART, (98), p. 176ss.
166
de la Audiencia para librarse de la carga de tales individuos, fue la
promoción de las expediciones colonizadoras a diferentes regiones de
los confines del virreinato; en virtud de estas "entradas" se fundaron
nuevas ciudades hispánicas y se poblaron tierras que más tarde consti-
tuyeron gobernaciones independientes del eje limeño.
Para remediar los peligros que suponía la existencia de Charcas
-con las codiciadas minas de Potosí- como núcleo aislado en el extre-
mo meridional de la cordillera andina, se acordó levantar una nueva
población en un sitio adyacente a la meseta del Collao, hacia la mi-
tad del trayecto que separaba al foco charqueño de Arequipa y Cuzco.
Así fue como surgió la ciudad de nuestra Señora de la Paz, denomina-
ción concebida para evocar la derrota del movimiento pizarrista
(215). Los primeros vecinos de este distrito fueron señalados ya al ha-
cerse la distribución de encomiendas en Guaynarima, y las autorida-
des civiles y judiciales tomaron posesión de sus cargos en octubre de
1548, jurando como primer corregidor de La Paz el capitán Alonso de
Mcndoza (216).
El extremeño Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, figuró
entre los capitanes que se unieron a la hueste gasquiana cuando estaba
alistando fuerzas para emprender el ataque definitivo contra los re-
beldes. En premio a los meritorios servicios de este soldado, el presi-
dente resolvió nombrar a Valdivia gobernador y capitán general de
la provincia de Chile (llamada Nueva Extremadura), mediante des-
pacho firmado el 23 de abril de 1548. Fijó como límites de su jurisdic-
ción de tierra que, comenzando en el pueblo de Copiapó (27º), se exten-
día hasta los 41 grados de latitud Sur, y le señaló por anchura cien
leguas de territorio; al mismo tiempo, proveyó oficiales para ejercer
la administración de la Hacienda Real (217). Los preparativos de la
expedición chilena -otro de los medios para reducir el número de sol-
dados pretendientes- tuvieron lugar principalmente en Arequipa.
(215) Relación de Gasea fecha el 25-IX-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11,273,275.
(216) BARNADAS, (64), p. 38-40; BUSTO DUTHURBURU, José Antonio del, Histo-
ria general del Perú. Descubrimiento y conquista (Lima: Librería Studiurn, 1978),
p.327-328.
(217) Relación de Gasea fecha el 7-V-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 417-418;
FERNANDEZ, (2) lib. 11, cap. 92, p. 230.
167
De aquí salió el gobernador en septiembre del año mencionado a la ca-
beza de 120 hombres de guerra, mientras que el resto de la tropa ulti-
maba lo necesario para hacer el viaje por mar (:218). ·
Pese a la interdicción que había dispuesto el pacificador, Valdi-
via hizo embarcar habitantes autóctonos en sus navíos e incorporó den-
tro de su ejército a elementos pizarristas que se hallaban condenados
a servir en la Península. Además, vinieron acusaciones de que había
ordenado el asesinato de Pedro Sancho de Hoz, su compañero y rival
en la conquista sureña, por todo lo cual Gasea dictó mandato para que
el gobernador de Chile fuera detenido (219). El general Hinojosa, efi-
caz colaborador durante la misión pacificadora del Perú, se encargó
de marchar en persecución del discutido jefe, hasta que logró tomarlo
prisionero y remitirlo junto consigo a Lima. En la sede virreinal fue
instaurado un proceso contra Valdivia, a fin de averiguar lo cierto de
las numerosas faltas que se le achacaban, labor judicial en la que se
ocupó personalmente el clérigo don Pedro (220!).
Vistas las pruebas y declaraciones relativas a la conducta del
capitán extremeño, se sacó en claro que no le tocaba responsabilidad
en la muerte de Sancho de Hoz y que, podo demás, no habría inconve-
niente en darle licencia para llevar a cabo la empresa colonizadora ·
de las tierras australes, que él mismo había descubierto. Como resul-
tado de su pesquisa, el 19 de noviembre de 1548 expidió el presidente
de la Audiencia un mandamiento, detallando las obligaciones que el
· enjuiciado había de atender en su tarea gubernativa: debía cubrir en
el plazo de un año todos los empréstitos brindados por particulares;
debía realizar una juiciosa distribución de ·encomiendas, moderando
los tributos de los aborígenes; debía cortar sus relaciones con Inés Suá-
rez, la amante de Valdivia, que desempeñaba notable injerencia en
(218) Relación de Gasea fecha el 25-IX-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p.275.
(219) Carta de .Casca al Consejo de indias, fecha en Los Reyes el 25-IX-1548, publ.
ibid., 11, p. 278-270; FERNANDEZ (2), lib. II, cap. 914, p. 233-234.
(220) Se estableció contra Valdivia un cargo de 57 capl[tulos, a los cuales respondió el 2-
Xl'-1548. Véase C.D.I.H.E., XLI~ p. 468 ss., y la relación de Gasea fecha el 26-XI-
1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p.440442.
168
la mayoría de sus decisiones... (221). Al fin, entonces, tras haber junta~
do algunos soldados más para su tienda, el gobernador partió con rum-
bo a Chile. En su camino hacia Santiago le tocó enfrentarse con los in-
dios que habían arrasado la población de La Serena, y después se de-
tuvo a preparar una victoriosa campaña, en la que resultaron erigidas
las ciudades de Concepción, La Imperial y Valdivia; nombre éste im-
puesto para perpetuar la memoria del valeroso extremeño<222>.
En diciembre del año 48 se presentó en Lima el capitán Ñuflo de
Chaves, representante de una avanzada de expedicionarios que ha-
bían entrado en el continente .americano por el Río de la Plata.
Dichos hombres, que tenían como jefe a Domingo Martínez de Irala,
andaban en busca de una comarca presuntamente rica en oro y plata, si-
tuada en la cuenca del Paraguay. Habían llegado hasta el territorio
peruano con la intención de que el emisario de la Corona les otorgase
un gobernador y ]es diera auxilio bélico para emprender la conquista
de esa llamada "tierra de los césares", lo cual ayudaría a descon-
gestionar el virreinato de sujetos ociosos. En virtud de la fama que
rodeaba a Diego Centeno por su ejemplar lealtad al estanqarte mo-
nárquico, proponían la designación de este personaje como autoridad
máxima de su jornada (223).
Prudente hombre de leyes, Gasea se manifestó sumamente recelo~ ·
so ante la fabulosa versión que transmitían los expedicionario~. Ante
todor temía cometer un error político al proveer la gobernación de una
tierra ignotar ya que podría ocurrir una superposición de jurisdiccio-
nes entre los gobernadores del Paraguay y del Río de la Plata, máxi-
me teniéndose noticia de que la Corona acababa de instituir una mie-
va autoridad de la región platense; el clérigo tenía en la mente ~y
así lo manifiesta por escrit~ el recuerdo de las disputas sangrientas
que se habían producido a causa del desacuerdo limítrofe entre piza~
rristas y alma gris tas (224). Por este motivo, ·consultó detenidamente
(221) C.D.I.H.E., XLI)(, p. 567-570.
(222). a. MORALES PADRON, Francisco, Historia del descubrimiento y conquista de
América, 4a. ed. (Madrid: Editora Nacional, 1981), p. 699-701.
(223) Relación de Gasea fecha el 26-XI-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 444-
446; MORALES PADRON, (222), p. 707 y 741.
(224) Relación de Gasea fecha el 28-1-1549, en P ~ DE TUDELA, (9), II, P:364-368.
169
el parecer de los más importantes funcionarios que estaban en su entor-
no y abrió una información de testigos para determinar con precisión
hasta dónde se extendían los dominios de Nueva Castilla y Nueva
Toledo (provincias ambas que formaban el virreinato peruano) y en
qué punto comenzaban los límites del Río de la Plata. Al cabo de mu-
chas cavilaciones, el presidente resolvió entregar la gobernación de
la tierra paraguaya a Diego .Centeno, firmando las instrucciones co-
rrespondientes el 20 de diciembre de 1548 (22S).
Si el presidente se había decidido a nombrar un gobernador en
medio de ese polémico ambiente, era fundamentalmente con el objeti-
vo de asegurar la tranquilidad social dentro de la colonia, pues no fal-
taba resquemor de que la copiosa muchedumbre de soldados estableci-
dos en Charcas pudiera causar zozobra en la recaudación de fondos
provenientes de las minas de esa región. Cuando ya estaban despacha-
dos todos los documentos relativos al funcionamiento de la nueva enti-
dad territorial, el capitán Centeno expresé> su retractación a partici-
par en aquella empresa conquistadora. Tomó la decisión al enterarse
de que Martínez de !rala, el jefe de las tropas que deberían estar bajo
su mando, había vuelto con su gente de conlfianza a la ciudad de Asun-
ción (capital paraguaya), y le parecía mejor a Centeno evitar una in-
fructuosa confrontación, en la que el advenedizo tendría escasas proba-
bilidades de triunfo (226).
Como quiera que se mantuvo la aglomeración de pretendientes y
vagabundos en la zona circundante a las minas del Alto Perú, Gasea
debió ordenar otra "entrada" con dirección meridional. El 18 de junio
de 1549 confirió la capitanía y justicia mayor del Tucumán al badajo-
cense Juan Núñez de Prado, que era alcalde en Potosí, dándole facul-
tad para alzar pueblos y hacer repartición de indios entre sus vecinos
(227). De acuerdo con la explicación que proporciona el licenciado en
una de sus comunicaciones a los burócratas peninsulares, la jornada
del Tucumán -región que poco antes hab:ían explorado ya los euro-
(225) A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 76.
(226) Relación de Casca fecha el 2-V-1549, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p. 326-328; ,
LOPEZ MARTINEZ, (81), p. 114-115. .
(227) A.H.N. Diversos, Documentos d e Indias, no. 87. Instrucción compuesta de diez ca-
pítulos.
170
peos- era importante por varias razones: servía para descargar los
soldados a la provincia charqucña; reforzaba la defensa de los coloni-
zadores contra el hostigamiento de los indios chiriguanos; facilitaba
el camino para movilizarse entre Charcas y Chile; abría una nueva
ruta de acceso al Río de la Plata; aunque no fuese la tucumana una co-
marca de gran utilidad económica, servía para tomar noticia de las
tierras ubicadas en derredor (228).
Puesta en forma la hueste, integrada de unos ochenta hombres,
el capité1n Núñez de Prado dejó atrás el cerro rico de Potosí en octubre
de 1549. Junto con los soldados de esta expedición marchaba (según he-
mos anticipado) el dominico fray Gaspar de Carvajal, encargado de
proteger la conservación de los súbditos nativos, y casi al mismo tiem-
po salió hacia el Río de la Plata una compañía dirigida por Ñuflo de
Chaves, avezado explorador de aque11a parte del continente (229). An-
tes de penetrar en el corazón de la comarca tucumana, la tropa de Nú-
ñez de Prado se detuvo a fundar un núcleo poblado, al que se dio por
nombre El Barco, en conmemoración de la villa castellana en que don
Pedro de la Gasea se había criado durante su niñez. Posteriormente i-
ban a surgir allí enfrcntan,icntos de autoridad entre los hombres origi-
narios del Alto Perú y los militares chi1cnos subordinados a Valdi-
via, deseosos de t01m1r bajo su control esa región traszmdina. Así surgió
una dura confrontílción personal y geopolítica, disputa que se prolon-
garía hasta los años 60 del siglo XVI, cuando quedó definitivamente
establecida la gobernación del Tucumc1n (230).
De otro lado, hay que mencionar las entradas de colqD,ización
que el presidente de la Audiencia impulsó hacia la zona :,.d e ,;<ej,a :~ "
montaña". El 3 de octubre de 1548 concedió las prerrogativas de ca'pi-
t,ln y justicia mayor de los Brncamoros al vecino piurano Diego Pal~-
,
o
(228) Relación de Casca fecha el 17-VIl-1549, en C.D.l.H.E., L p. 79-80.
(229) Carta del licenciado Polo de Ondegardo a Casca, fecha en Potosí el 9-X-1549,
publ. en Cartas de Indias (34), p. 545; relación de Casca fecha el_6-XII-1549, en
.PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p.424.
(230) a. CASCA, Pedro de la, Ó~~cripción del Perú (1553), ed. d~ Josep M. Barnaclas
(Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, Instituto de Investigaciones His-
tóricas, 1976), p. 35; Bi\RN/\D/\S, (64), p. 5.l ;:~2; MORALES PADRON, (22), p.
7~709. ·.
171
mino, quien se vio favorecido en su empresa por el hecho de utilizar
una ruta que anterionncnte habían transitado expedicionarios ibfri-
cos. Luego de vadear el río Chinchipe, las tropas dirigidas por el ca-
pitán Palomino a travesaron las comarcas de Perico y Chcrinos, donde
consiguieron salir airosas de sus encuentros con los indios lugareños. Fi-
a
nalmente llegaron unas tierras altas y de buen temple, y en ellas de-
terminaron fundar la ciudad de Jaén de Bracamoros (julio o agosto de
1549), dotada inicialmente de una pobfoción de 26 vecinos (231).
En octubre de 1548, asimismo, diose comisión para realizar otra
expedición de conquista al capitán Juan Pércz de Guevara, uno de los
mejores conocedores de la región circundante a Chachapoyas. Según
anota en su correspondencia el líccncido Gasea, no resultaba sencillo
conseguir gente dispuesta a enrolarse en ·estas aventuras de coloniza-
ción marginales, porque 1n mayoría de los inmigrantes peninsulares
estaban para entonces ya habituados a las ventajas que ofrecía "la
groseza desta tierra" (232)_ De todas formas, Pérez de Guevara logró
ubicar un territorio de riqueza promisoria, di~puesto óptimamente pa-
ra la crianza de ganado a unas 25 leguas de camino de Chachapoyas;
allí fundé el pueblo de Santiago de los Valles (en el actual departa-
mento de San Martín) e hizo una distribución de encomiendas entre 19
vecinos. Las autoridades cclcsiústicas del virreinato extendieron su
permiso para que las rentas. del primer año .se dedicasen a costear la
ornamentación de la primitiva iglesia de dicho poblado (2:33).
En cambio, las entradas que tuvieron como lugar de partida a la
ciudad de Quito se distinguen más bien por su inclinación conquistado-
ra, o sea que estuvieron. orientadas a comarcas donde nunca antes se
habían hallado pobladores ibéricos. Una de tales misiones fue la en-
caminada a la desembocadura del río Mira, sitio bañado por las
aguas del Pacífico, hacia el Norte de Portoviejo, donde se decía ha-
ber esmeraldas en abundancia. La tarea de conquista fue encomenda-
da, en octubre de 1548, al capit,ín Martín Ochoa; en uno de los encuen-
tros con los aborígenes de la zona, resultó muerto este capit,ín, y para
(231) BUSTO DUTHURBURU, (216), p. 321-322. Relaciones de Gasea fechas el ll4-X-
1548 y 8-1-1550, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p.427 y 397, respectivamente.
(232) Relación de Gasea fecha el 14-X-1548, ibid., 11, p. 427-428.
(233) Relación de Gasea fecha el 2-V-1549, ibid., 11, p. 340-341.
172
sustituirlo se nombró al vecino quiteño García de Baz.án (234). Por otra
parte, también fue despachada una compañía de guerra para el alla-
namiento de la región de Macas, una tierra afamada por su riqueza en
oro y ganados, situada hacia el Oriente amazónico. La capitanía y
justicia mayor de esta empresa estuvo en manos de Hernando de Bena-
vente y, conforme ya sabemos el padre dominico Francisco de San Mi-
guel dirigió la tarea evangelizadora de los nuevos v~sallos (235). ·
Ásimismo, puede mencionarse la jornada de colonización de Zu-
maco, que el presidente de la Audiencia confió al capitán Rodrigo de
Salazar un soldado realista que durante la tiranía de Pizarro encabe-
zó en Quito el pronunciamiento a favor de'la bandera del Emperador.
Según estaba contemplado en la provisión que se le entregó, Zumaco
abarcaba una superficie de 200 leguas de longitud por 20 leguas de an-
chura, área rectangular que confinaba en la parte meridional con el co-
rregimiento de Quito y en la parte superior con la gobernación de Po-
payán (236). Pese a las esperanzas que se guardaban sobre el aprove- .
chamiento económico de este territorio, Rodrigo de Salazar dejó pa-
sar el tiempo sin animarse a realizar la conquista; parece -tal como
advierte Gasea- que únicamente estaba interesado en ostentar el títu-
lo de capitán para hacerse de mayor prestigio ante los ojos de la Cor-
te (237>.
Examinando las referencias que aparecen en el corpus documen-
tal perteneciente a la obra política del licenciado Gasea en el Perú,
llegamos a la certeza de que hacia la mitad de la decimosexta centu-
ria se había logrado ya un conocimiento bastante completo de la geo-
gratía de dicho país. En vista del rendimiento poco halagador que se
(234) Relaciones de Casca fechas el 26-Xl-1548 y 21-IX-1549, ibid., 11, p. 442 y 495-496,
respectivamente.
(235) BUSTO OUTBURBURU, (216), p. 322-324. Relaciones de Casca fechas el 17-
VIl-1549 y 21 -IX-1549, en C.D.I.B.E., L, p. 73, y PEREZ DE TUDELA, (9), Il,
495, r~pectivamcnte.
(236) ReladóndeGascafechael 14-X-1548,en PEREZ DE TUDElA, (9), 11, p.428 . .
(237) Relación de Gasea fecha el 17-Vll-1549, en C.D.I.H.E., L p. 73.
Además, cabe hacer referencia a la entrada de Yaquiraca, que se desarrolló bajo
la oonducdón de Alonso de Mercadillo. Cf. BUSTO DUTHURBURU, (216), p.
314,
173
había obtenido en las últimas entradas, el presidente rechazó inclusi-
ve una propuesta formulada por el capitán Gómez de Alvarado para
hacer la conquista de Omagua, en ]a cuenca del Amazonas (2'.38). A los
consejeros metropolitanos advertíales la inconveniencia de que pasa-
ran al NuevoMundo más cantidad de guerreros, pues se agotaban las o-
portunidades de intervenir en jornadas bélicas. Y, en todo caso, hacía
la observación de que en el futuro no deberían proveerse nuevas expe-
diciones colonizadoras en España, sino en los propios dominios de
América, por que era aquí donde se tenía mejor conocimiento de la cali-
dad de las tierras (239).
Justificando el impulso que brindó a las 1empresas descongestiona-
doras de la región de Charcas, el p0lítico castellano observa que la
utilización del camino del Río de la Plata podría significar un eficaz
remedio para las dificultadc.'s que ofrecía el viaje al Perú a través de
la mta marítima del Pacífico. Anota al respecto:
"... parece que por aquella parte del Río de la Plata se podría
enviar desde España (que es buena y una sola navegación) cjfr-
cito con que, aunque ccm mucho trabajo y con harta dilación,
ayudado de los del Río de la [Link] y de los que del Perú acu -
diesen a la voz de su rey, se podría con mc:ís facilidad que de
antes allanar lo del Perú si se «ltcrasc, especialmente que pa-
ra ir por aquel camino del Río de la Plata ayudarían las po-
blaciones de españoles que, entre el Perú y el Río de Pl<1 t<1, yo
ordené que se hiciesen, no sin falta de este respecto, aunque a
nadie lo dijc"(240).
En la frase citada reluce la clara, pragmMica, concq1ei6n geopo-
lítica de nuestro protagonista, así como su actitud de cl'loso guardi/in
de la estabilidad del poder de la Corona. Igualmente destaca el he-
cho de que el pacificador no descarte la eventualidad, de nuevos le-
(238) Relación de Gasea fecha el 8-1-1550, en PEREZ DE TUDELA, (9), IL p. 397. Véa-
se tamb_ién la carta de la Audiencia de Lima al Consejo de Indias, fecha en Los
Reyes el 20-11-1551, publ. en LEVILLIER, (126), p. 17-19
(239) Relación de Gasea fecha el 26-XI-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p. 44&-
447.
(240) CASCA, (230), p. 74. En torno a la controversia sobre la vinculación de Charcas
con Lima o el Río de la Plata, cf. BARNADAS, (64), p. 461 ss.
vantamientos contra la autoridad regia · en aquella colonia, por más
que durante su gobierno procuró sentar las normas generales para su
consistente "sosiego" del Perú.
9. TRASCENDENCIA DE SU GOBIERNO: NORMAS
GENERALES PARA EL "SOSIEGO" DEL PERU
Tanto en el curso de la rebelión de los colonos peruleros como du-
rante la gestión administrativa ·del presidente Gasea, los miembros
de Ordenes religiosas desempeñaron un papel activo en la marcha po-
lítica del virreinato. Con una virulencia tal vez exagerada, el clérigo
formado en Salamanca censuró especialmente la conducta de los frai-
les de la congregación·de la Merced, muchos de los cuales actuaron en
favor del bando pizarrista. Es bastante conocida, por ejemplo, la figu-
ra de fray Pedro Mufi0z, un sacerdote experto en el manejo de armas
de fuego, y también la del comendador del convento mercedario de Li-
ma, fray Miguel de Orense, quien asumió la tarea de formular un re-
querimiento a Gasea, instándole a no entrar en territorio peruano
(241). Movido por estos antecedentes, don Pedro recomendó alguna
vez la expulsión de todos los religiosos de dicha Orden establecidos
en el Perú, sugiriendo en cambio la venida de mayor cantidad de pre-
dicadores dominicos o franciscanos (242).
Entre las directivas que se impartieron al gobernante colonial
desde la metrópoli, cabe anotar ciertas disposicones referidas a asun-
tos eclesiásticos. Una real cédula de agosto de 1549 le mandaba· averi-
guar respecto a la controversia sobre el distrito de Piura, ya que esta-
ba en duda si pertenecía a la diócesis de Quito o a la de Lima (243).
Otro documento semejante, promulgado en septiembre de dicho año, le
ordenaba informarse acerca de la pretensión de los curas limeños, que
procuraban un acrecentamiento de su salario (244); y, poco más tarde, ·
se le pedía que manifestase su parecer en torno a la petición formula-
da por el arzobispo Loaysa, quien solicitaba que los indios de Chin-
(241) Cf. LOHMANN VI LLENA, (14), p. 93-96. Texto del requerimiento que debía for-
mular Orense, en B.P.M. Ms. 1960, no. 8.
(242) Relación de Gasea fecha el 25-IX-1548, e~ PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 277.
(243) LISSON CHAVEZ, (181), 1, p.155-156. R.C. dada en Valladolid el 7-Vlll-1549.
(244) lbid., p. 157. R.C. dada en Valladolid el 16-IX-1549.
175
cha (repartimiento de la Corona) fueran empleados en 1a construcción
de la nueva catedral de Lima (245). Por las fechas relativamente
tardías de los despachos, sin embargo, parece que Gasea no tuvo
ocasión de ocuparse de esos problemas antes de su salida hacia Tierra
Firme.
Después de la ejecución de Gonzalo Piizarro, el pacificador tomó
a su cargo el cuidado y manutención de los hijos mestizos -un mucha-
cho y una niña pequeña- que dejó el caudillo rebelde. En febrero de
1549 hizo embarcar con destino a la Península a ambos menores, acom-
pañados de una prima suya, hija del difunto Juan Pizarro, a fin de que .
se criasen con los parientes que tenían en Extremadura; de las rentas
de la encomjenda de Yucay, perteneciente al más ilustre de los herma-
nos Pizarra (el marqués don Francisco), extrajo el clérigó la suma de
6.000 pesos para que se asignara a la subsistencia de aque11os jóve-
nes. Confom1e explica en una de sus cartas, obró con tanta benevolen-
cia guiado por el cristiano sentimiento de amparo y pensando, a la
vez, en la buena memoria que merecían los servicios del conquistador
de la tierra incaica (246). Además, la deportación de todos los descen-
dientes del linaje de Pizarro representaba un instrumento de control
político, ya que servía para eliminar la tentación de algunos colonos
descontentos, que pretendía 1Hilizar en su iinterés el prestigio de ese a-
pellido (247).
Al asentarse el predominio de los agentes metropolitanos en ]a
colonia, empezó a tratarse sobre la utilidad de remitir procuradores
a la Corte. En su afán garantizador de los intereses del Estado, Gasea
planteó que la misión de los diputados debería comprender dos cues-
tiones: agradecimiento al monarca por la benignidad con que había
tratado a los sediciosos del levantamiento pasado,pcrdonando sus de- .
litos, y negociación de diversas mercedes para el bien de la república.
(245) lbid., p. 187. R.C. dada en Cigales el 15-X-1549. Respecto a la petición del arzo-
bispo, véase la carta de Loaysa al Príncipe, fe--Jta en Los Reyes el 3-11-1549, en
A.G.I. Patronato, 192, no. 1, ramo 55.
(246) Carta de Casca al Consejo de Indias, fecha en Los Reyes el 15-11-1549, publ. en
Cartas de Indias (34), p. 535-537, y carta de Gasea a la Casa de la Contratación,
fecha en Los Reyes el 5-1-1550, publ. en LEVJLUER, (87), J, p. 245-246.
(247) Relación de Gasea fecha el 25-IX-1548, en PEREZ DE TUDElA, (9), 11, p.271.
176
En cuanto a este último punto, consideraba indispensable ofrecer ante
todo- lo mismo que en las Cortes de los reinos españoles- un "servi-
cio" o dádiva al soberano, que guardara proporción con la abundancia
de recursos del virreinato peruat\0(248).
Pocas noticias se tiene acerca del régimen de vida que desarrolló
el presidente de la ·Audiencia durante su estadía en la sede limeña,
por espacio de 16 meses, en que se dedicó a fijar las normas convenien-
tes para la ordenación socio-política del país. Sabemos, con tódo, que
estuvo .aposentado en la residencia palaciega que mandó edificar pa-
ra sí el marqués Pizarro, en la plaza mayor de la ·capital. Aquí habi-
tó junto con su auxiliar más propincuo, fray Jerónimo de Loaysa, y con
los integrantes del séquito presidencial, encabezados por el mayordo-
mo Campo y su secretario Juan Gutiérrez; varios esclavos negros aten-
dían las labores domésticas (249). No pudiendo. librarse de la presen-
cia de los soldados vagabundos, que lo molestaban con sus continuas re-
clamaciones, el clérigo optó por contentarlos dándoles alimentación:
"estoy obligado a tenelles mesa larga, so pena de ser tenido por mal
compañero e incurrir en mucha desgracia", afirma resignadamente
(250).
Nuestro personaje llevaba un puntual registro de todos los acon-
tecimientos que guardaban relación con su tarea política en el Nuevo
Mundo. Así, por estar llenas de detallados informes y de juiciosos co-
mentarios sobre los sucesos que ocurrían a su alrecedor, las relaciones
que envió el licenciado Gasea al Consejo de Indias significan una fuen-
te histórica de primer orden para estudiar el mundo hispanoamerica-
no durante el período de su administración presidenciaJ; ,se trata de
unos testimonios merecedores de plena confianza, tal como puede com-
probarse al contrastar sus noticias con los datos que aportan otros docu-
(248) Relación de Gasea fecha el 21 -IX-1549, ibid., II, p.497.
(249) Relación de .Gasea fecha el 26-Xl-1548, ibid., II, p. 443. A.G.I. Contaduría, 1680.
Conocimientos de la recepción de tres esclavos negros, suscritos por el maestro
Campo en Los Reyes el 20-X y 3-XI-1548. B.P.M. Ms. -1960, no. 6. Carta de venta
de un esclavo berberisco, otorgada a favor del secretario Gutiérrez en Los Reyes
el 29-Vll-1549.
(250) Relación de Casca fecha el 26-XI-1548, en PEREZ DE TUDElA, (9), 11, p.447.
•J
177
mentos de la época (251)_ A fin de que sus escritos llegaran efectiva-
mente a manos de los funcionarios de la Corte, el licenciado practicó
la norma de enviar duplicados de todas sus cartas y papeles en dife-
rentes remesas (para remediar la circunstancia de pérdida o naufra-
gio eventual de alguna embarcación), y obligaba a los maestros de las
naves a manifestar el peso exacto de los pliegos que transportaban, lo
cual debía verificarse en la metrópoli al registrar el cargamento de
la Casa de la Contratación, de Sevilla (252). Gracias a estas medidas
preventivas, se han conservado hasta hoy casi la totalidad de los
textos relativos a su obra política indiana.
Sin aguardar las instrucciones superiores en tomo al momento en
que debía emprender la travesía de regreso, don Pedro de la Gasea de-
terminó por su propia cuenta la situación oportuna para abandonar el
virreinato. Tomó en consideración que las dificultades fundamentales
estaban ya "asentadas y puestas en toda quietud y orden" (253): la tie-
rra se había descongestionado de los rebeldes pizarristas y de los
indiferentes; se había impuesto orden en la recaudación de fondos
pertenecientes al tesoro público; la administración judicial se había
regularizado con el establecimiento de la Audiencia y de jueces
provinciales; marchaba por buen camino la obra de conservación y
adoctrinamiento de la masa indígena; las entradas de conquista y po-
blación habían extendido el ámbito territorial sometido al rey de
Castilla. Solamente quedaba en pie el obsltáculo que representaban
las protestas de los soldados fieles al estandarte monárquico, que cla-
maban por obtener un lugar en la distribución de mercedes (254).
(251) MORALES PADRON, (222), p. 570, menciona las relaciones de Gasea entre las
principalesfuentes para estudiar las guerras civiles del Perú del siglo XVI.
(252) B.P.M. Ms. 1960, no. 12. Testimonio otorgado por Asencio de Jáurcgui y Diego Dí-
az Boza, escribanos públicos de Nombre de Dios, sobre los pliegos de cartas y o-
tros documentos pertenecientes al licenciado Gasea que se remitieron a Sevilla
desde abril de 1548 hasta enero de 1550.
(253) Relación de Gasea fecha el 8-1-1550, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p.398.
(254) En cuanto a esta materia, ya mucho antes de su partida el presidente había ad-
vertido que "ninguna difficultad tiene hoy el assiento y sossiego de la tierra sino
la sobra de gente que acá hay, la qual es de tanto inconueniente quanto no podría
significar". Carta de Gasea a la C'1sa de la Contratación, fecha en Los Reyes el
14-X-1548, publ. en LEVILLIER, (87), I, p. 133-134.
178
En virtud de la promesa hecha en Guaynarima, donde se ofreció
recompensar tan pronto como fuera posible a los que en aquella oportu-
nidad no consiguieron beneficios, creció la expectativa al saberse que
el presidente de la Audiencia iba a hacer una reparto de las encomien-
das vacantes con anterioridad a su partida. Para no enfrentarse con
la reacción hostil de los descontentos, Gasea fijó los términos del re-
.. _,. parto a bordo de su navío anclado en el puerto del Callao, dej,mdo la
-JJstél;<,kntro de un pliego sellado para que los oidores efectuaran la pu-
·.\blidtdpn r~spectiva luego de su alejamiento. De igual modo que la pri-
mera disfü9ución de mercedes, el reparto del Callao contempló una
exigua cantidad de títulos de encomienda, junto con una bolsa de
25.000 pesos para asignar pensiones entre los no encomenderos (255). Y,
además, el licenciado proveyó sendas capitanías en favor de Rodrigo
Núñez de Bonilla, vecino de Quito y Francisco Hernándcz Girón, cau-
dillo, cuzqüeño, cncarg,fodoles dirigir nuevas expediciones de conquis-
ta hacia la banda oriental de los Andes (256).
Resueltas así las cosas, el 27 de enero de 1550 se hizo a la vela
en el puerto limeño, con el proyecto de tomar a su cargo en Panamé1 el
transporte de la cuantiosa remesa de metales preciosos que había jun-
tado para las arcas de la Corona. En la capital peruana los magistra-
dos de la Audiencia asumieron la responsabilidad de gobernar el pa-
ís, en medio de un estado socio-político medianamente sosegado, don-
de la tasación general de tributos se hallaba aún en pleno desarrollo
y la tranquilidad empezaba a reinar en las ciudades, pese a las inaca-
bables reclamaciones de los soldados vagabundos (237) _ El mérito del
presidente Gasea había consistido en fijar los lineamientos generales
de la vida colonial, con una estructura social apoyada sobre una elite
(255) Relación de Casca fecha el 22-IX-1550, en C.0.1.H.E., L, p. 103.
(256) Carta del Cabildo de Lima al Emperador, fecha en Los Reyes el 11-VIII-1550,
publ. en Cartas de Indias (34), p. 564-565.
(257) Relación de Casca fecha el 22-IX-1550, en C.0.1.H.L., L, p. 104-105. Se sabe que
las autoridades del Cabildo limeño, considerando las alteraciones que podrían
suceder a causa del alejamiento del licenciado, trataron de apartarlo de su inten-
ción de viajar tan pronto fuera del Perú; véase la carta arriba citada (nota 256),
en Cartas de Indias (34), p. 564.
Tras la partida de Casca tuvo lugar una almoneda de los bienes que se emplearon
para el servicio de su residencia limeña, los cuales se vendieron por la suma de
3.929,261 maravidís (o sea 8.731,7 pesos). A.C.I. Contaduría, 1680. ·
179
de encomenderos poderosos, por encima de la que los aparatos del Es-
tado retenían su capacidad de conducir la marcha económica y políti-
ca del virreinato. Dichos lineamientos generales se mantuvieron vi-
gentes en el Perú durante las décadas posteriores del siglo XVI y aun,
con ciertas modificaciones, se perciben ·en épocas más tardías del pe-
ríodo de dominación hispana (258).
9.1. ELEMENTOS BASICOS DE SU ACCION POLITICA
Para llevar a cabo su tarea ·gubernativa, el licenciado contó con
la colaboración de numerosos personajes, dedicados a la amplia varie-
dad de esferas ocupacionales que debió atender como presidente de la
Audiencia. Teniendo en consideración la rama profesional a la que
pertenecían esos individuos, es posible confeccionar el elenco siguien-
te:
-Miembros del clero regular sirvieron de elemento fundamen-
tal de apoyo desde la propia gestación de la campaña militar contra
los rebeldes pizarristas. En primerísimo plano destaca la labor del ar-
zobispo de Lima, el extremeño fray Jerónimo de Loaysa, dominico, a
quien Gasea califica de "persona de gran virtud, bondad y entereza y
con quien nadie de los demás pretende igua1dad"(259). Junto con este
prclado,[Link] dos frailes de la Orden de Predicadores brindaron va-
liosa ayuda en Jo relativo al tratamiento de la sociedad indígena;
ellos fueron Tomás de San Martín, provincial en el Perú, y Domingo
de Santo Tomás, prior del convento limeño. Varios otros sacerdotes do-
minicos participaron, además, en diferentes responsabilidades políti-
cas.
- Los ministros de la Audiencia, por el mismo oficio que desem-
peñaban, constituyeron auxiliares importantes del presidente. Sobre
todo resalta el licenciado Andrés de Cianea, escogido como oidor debi-
do a su añeja vinculación estudiantil con Gasea; los demás magistra-
dos, por haberse incorporado relativamente tarde a la administra-
ción colonial, ejercieron menos influencia. Eil secretario de dicho tribu-
(258) a. BARNADAS, (64), p. 126.
(259) ' Memorial de Gasea fecho el 25-1-1550, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p.291.
180
nal Pedro de Avendaño, hombre astuto, representó un colaborador efi-
ciente (260).
- Los jefes de la armada perulera estacionada en Tierra Firme, ·
puerta de ingreso hacia el virreinato meridional, recibieron la entera
confianza del clérigo, quien recurrió a sus servicios tanto para labores
bélicas como para diversas actividades civiles. En la documentación
de la época se registran las misiones encargadas al general Pedro de
Hinojosa y a los capitanes Aldana, Mejía, Palomino, Meneses y Cabre-
ra.
.- Otro grupo de procedencia militar está formado por los defen-
sores del estandarte regio que se unieron a la hueste gasquiana des-
pués de su entrada en territorio peruano. Fueron responsables de la vi-
sita general de las encomiendas, así como del gobierno de las ciuda-
des y de algunas comisiones extraordinarias (por ejemplo, las de Ga-
briel de Rojas, en Charcas, y Diego Centeno, con su frustrada conquis-
ta del Paraguay).
- Hombres con instrucción jurídica, de los cuales no había mu-
chos en el virreinato, recibieron la tarea de administrar justicia en
las provincias más importantes: el licenciado Polo de Ondegardo fue
a Charcas, el licenciado Gama a Quito y el licenciado Carvajal a Cuz-
co. Consta que en ellos pensó alguna vez Gasea para ocupar interina-
mente los asientos de la Audiencia (261).
- Funcionarios con experiencia en asuntos contables y notariales
brindaron también su colaboración en la obra administrativa. Ejerció
de proveedor general de las tropas realistas e) tesorero de Panamá,
Juan Gómez de Anaya; dieron su aporte en la examinación de cuentas
fiscales los escribanos Luis Sedeño de Zamudio y Toribio Galíndez de
la Riba (262).
(260) Fue nombrado c~cribano mayor de Nueva Toledo, con residencia l)ll la 1\udiencia
limeña, mediante R.P. dada en Valladolid el 12-111-1549. J\.C.J. Lima, 536, lib. 6, f.
99.
(261) Rclad6ndeGascafechaelS.l-1549,en PEREZ DE TUDELA,(9), Jl,p.364.
(262) Se encuentran noticias biográficas sobre ambos personajes en la carta de Sedeño,
teniente de contador de Nueva Castilla, al Consejo de India~. fecha en Los Rcy<.-s
el 20-Vll-1549, y en )a relación de Galíndez de la Riba al Emperador, fecha en .
Arequipa el 10-11-1551. A.G.I. Lima. 118
181
- El gremio de comerciantes que negociaba en el mercado limeño
proporcionó un apoyo no menos sustantivo, dando préstamos para cos-
tear el abastecimiento de los soldados y, luego,tomando parte en las
investigaciones sobre el manejo del dinero estatal.
El 25 de enero de 1550, fecha en que abandonó Lima para irse a
embarcar en el navío que lo conduciría fuera del territorio peruano, Pe-
dro de la Gasea estampó su firma al pie de una memoria dirigida a su
sucesor en el gobierno de la colonia; conforme a su propia expresión, en
ese papel dejó "scripto todo lo que me pare~,ce que le puedo advertir,
que al menos le aprovechará para que al principio no se halle nuevo
en las cosas de acá" (263). Es un documento sumamente interesante, una
especie de testamento político, en que el gobernante manifiesta sus im-
presiones sobre la forma en que debe regirse el Perú. Tan importante
consideraba su autor este texto que lo depositó, cerrado, en poder el ar-
zobispo Loaysa con el objeto de que lo entregase personalmente al nue-
vo virrey después de su llegada a la capital. La memoria discurre so-
bre los cinco ramos en los cuales-según el licenciado- podía dividir-
se la responsabilidad gubernativa: administración de justicia, gobier-
no, recaudación de la hacienda pública, tratamiento de españoles y
tratamiento de indios (264).
En cuanto al manejo de la comunidad española, advierte respec-
to a los nocivos efectos de sostener conversación particular con algunos
de los colonos, ya que luego suelen inclinarse éstos a formular preten-
siones desmedidas. Uno de los medios apropiados para evitar nuevas
alteraciones sería impedir la entrada en el país a los hombres penin-
sulares que no sean comerciantes o no vengan con la intención de esta-
blecer familia en el Nuevo Mundo. Y cuando haya oportunidad de pro-
veer encomiendas u otras rentas, la autoridad deberá tener presente
que los candidatos reúnan tres condiciones: cristiandad, fidelidad al
rey y servicios prestados en el descubrimiento, conquista y población
de la tierra.
(263) Relación de Gasea fecha el 8-1-1550, en PEREZ DE TU DELA, (9), II, p .400-401.
(264) Ibid., 11, p . 288-300. Cf. la relación de Gasea fecha el 22-IX-1550, en Cb.I.H.E.,
L, p.102.
182
Por lo que atañe al gobierno de la república de indios, debe aten-
derse sobre todo a la conservación de su fuerza laboral, ya que de ésta
resulta provecho para las finanzas de la Corona. Dándose buen trata-
miento a la comunidad nativa, además, los aborígenes se mostrarán
mejor dispuestos a aprender las lecciones del Evangelio, y así estará
justificada ante el divino poder la obra colonizadora de América. Ele-
mentos indispensables para una labor positiva entre los indígenas son
la tasación de sus tributos, que aportan tanto a los encomenderos como
a los caciques, y el adoctrinamiento a cargo de religiosos, especial-
mente de las congregaciones dominica y franciscana (265).
De manera particular, en un par de cartas dirigidas al Consejo
de Indias, el licenciado Gasea expuso la utilidad de incorporar los
principales repartimientos del Perú dentro del patrimonio estatal, se-
gún lo había puesto en práctica al colocar bajo la administración de
oficiales reales a las encomiendas de Yucay (en Cuzco) y Puna (en
Charcas), que originalmente estuvieron asignadas a don Francisco Pi-
zarro. Tales incorporaciones - hechas con suficiente tino- servirían
para reforzar la preponderancia de la Corona, suministrando a las ar-
cas fiscales el dinero necesario para costear los sueldos de corregido-
res y otros funcionarios locales (266). Este fue, junto con la tasa general
de tributos y la prohibición de echar indios a las minas, otro de los re-
cursos que utilizó el presidente de la Audiencia para minar el poderío
de los encomenderos, en defensa de los intereses políticos y económicos
de la metrópoli.
Al hacer un examen de los componentes materiales e intelectua-
les que coadyuvaron al desarrollo de la tarea política de nuestro sujc-
. to, no debemos obviar las virtudes de su propio carácter. El sacerdote
(265) Acerca de los problemas que planteaba la muchedumbre de soldados y el buen tra-
tamiento de los indios,se ocupa Gasea en una carta al Príncipe, fecha en lnnsbruck
el30-Xl-1551, publ. en CUESTA GUTIERREZ,(30),apénd. 4, p. 65-66.
(266) ZA VALA, (104), 1, p. 16. Con respecto a las medidas dictadas por nuestro perso-
naje sobre el sistema encomendero, se ha afirmado que "la solución impuesta por
Casca, con una encomienda restringida en sus resortes exactivos, pero de ancha ba-
se rentística, responde en definitiva al pensamiento de estirpe señorial, aristo-
cracista -aunque acomodado al imperativo moderno de unidad jurisdiccional-,
que imperaba en la mayor parte de los hombres de gobierno no sólo de España, si-
no de todo el Occidente". PEREZ DE TUDEL\, (21), [Link].
183
castellano se mostró a la altura de las expectativas que se habían ci-
frado en tomo a su_persona en la corte, actuando corno un hábil negocia-
dor, capaz de ganarse el apoyo de·los elementos poderosos en el mo-
mento oportuno y de incentivar la colaboración de diversos grupos hu-
manos; a la par, fue duro en el castigo de los individuos rebeldes o me-
recedores de sospecha y condescendiente mn los humildes soldados
que reclamaban premios por su inquebrantable fidelidad al rey (267).
Acertadamente, aunque en forma apologética, el historiador regional
Nicolás de la Fuente Arrimadas ha escrito sobre esta materia:
"No necesitó Gasea ganar batallas sangrientas, puesto que no
era general, ni las necesitó para su fama y prestigio; él no lle-
vaba más armas que su breviario y su cayado; pero sí llevaba
un corazón capaz de las más arduas empresas, una clara inteli-
gencia, una entereza de carácter, una voluntad de acero, una
increíble laboriosidad, una astucia, una diplomacia, un don
de gentes, que contrastaban con su exterior humilde y modesto
y con su traje sacerdotal" (268).
9.2. LA SUCESION EN EL VIRREINATO PERUANO
Don Pedro de la Gasea entendió siempre que el objetivo esencial
de su misión americana era allanar la rebelión de Gonzalo Pizarra.
Por esta razón, apenas percibió que la hueste realista contaba con fuer-
za suficiente para imponerse sobre sus adversarios, se dirigió a Car-
los V dándole a entender la conveniencia de que fuese nombrada una
nueva persona para gobernar el Perú con los cargos de virrey y presi-
dente de la Audiencia. Ha11ándose tanto en Tumbes como en Jauja, va-
rios meses antes de la batalla definitiva contra las tropas rebeldes,
advirtió ya el soberano las molestias que iban a causarle las reclama-
ciones en busca de premio de los soldados que combatían bajo el estan-
darte regio y "terno -afirmaba- que como yo no pueda satisfacer a
cada uno a medida de lo que estima lo que hace y de Jo que por ello es-
(267) Sobre el talento diplomático de Gasea, cf. CUESTA GUTIERREZ, (30), p. 6; PE-
REZ DE TUDELA, (21), p. LVII, LXXII; BARNADAS, en su introducción a GAS.
CA, (230), p. 13. La primera de los autores nombrados lo define como "espíritu fi-
no, avizorador, diplomático, frío, que todo lo sacrifica al logro de sus propósitos;
insinuante y flexible, pero de una firmeza de espíritu enorme".
(268) FUENTE ARRIMADAS, (25), JI, p. 226.
184
pera, he de ser de todos o de muchos desamado" (269). Deseoso de evi-
tar hallarse en el blanco de las críticas, solicitaba autorización para
volver a su patria.
Con semejante argumentación, el licenciado reiteró en varios me-
moriales al César su voluntad de alejarse pronto del continente ameri-
cano (270). Mientras esperaba la llegada del ansiado permiso, se apli-
có a la misión pacificadora que hemos analizado, tratando de resol-
ver los problemas que había en la tierra peruana dentro de la estructu-
ra social y de sentar orden en los negocios gubernativos, judiciales, ha-
cendísticos, etc. Entre tanto, no dejó de reclamar la licencia en virtual-
mente ninguna de sus comunicaciones enviadas a la metrópoli, y llegó
a tal extremo de impaciencia que en una misiva de finales de 1548 ob-
servaba que "por ninguna cosa quedaré acá, porque me parescería que
ya se contemporizaba comigo, y en esto no habrá en mi determinación
mudanza. Y aliende del gran bien y merced que a mí se hará en
enviarme licencia para irme, conviene al seruicio de Dios y de Su Ma-
jestad y buena administración de justicia que otro de administre, e no
yo, que tan prendado estoy, en opinión de los desta tierra, a serles a-
migo igual y no juez superior'' (271).
Ya sabemos que el presidente salió del Callao, en enero de 1550,
sin tener noticia de ]as instrucciones que se le remitían acerca de super-
manencia en el Perú.
Sólo después de enterarse con certeza del triunfo conseguido en Ja-
quijahuana (enero de 1549), Carlos V ordenó las primeras medidas en-
(269) Carta fecha en Tumbes el 11-VIIl-1547, en PEREZ DE TUDELA, (9), II, p. 517.
(270) Cartas de Gasea al Emperador fechas en Jauja el 28-Xll-1547, en Cuzco el 5-V-
1548 y en Los Reyes el 24-IX-1548, publ. en C.D.I.H.E., L, p. 328-329 y 358, y en PE-
REZ DE TU DELA, (9), I, p. 204, respectivamente.
PEREZ DE TUDELA, (21), p. LXI y LXIV, sostiene que el clérigo poseía la inten-
ción de exonerarse de cualquier compromiso respecto al futuro político del Perú:
le importaba mucho más verse triunfante ante el monarca y sus consejeros que
aguardarse a comprobar la consistencia de su obra pacificadora.
(271) Relación de Gasea fecha el 25-IX-1548, en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p. 276--
277.
185
caminadas al nombramiento de una nueva autoridad virreinal (272).
Atendiendo a la indicación del Emperador, los ministros del Consejo
de Indias elaboraron una lista de los sujetos que se hallarían en apti-
tud para desempeñar el cargo vacante: estaban incluidos el marqués
de Sarria, el conde de Monteagudo, el conde de Nieva, don Diego de
Carvajal, don Alonso de la Cueva, don Luis de Velasco y don García
de Toledo. Pero por encima de todos ellos, concedían su preferencia a
don Antonio de Mendoza, quien hacía más de una década gobernaba
el virreinato de la Nueva España, justificando esta propuesta en ra-
zón de "su larga experiencia y la prudencia con que se ha gouemado
ally, y por el inconueniente que podría hauer de yr persona de nucuo a
tierra que tan alterada ha estado " (273). La resolución final de di-
cho asunto se dejó en manos del príncipe Felipe, heredero del trono es-
pañol, debido al buen entendimiento que poseía respecto a la política
indiana.
También el Príncipe emitió un dictamen favorable al virrey don
Antonio de Mendoza (274). Como se recordará, el nombre de este indi-
viduo se había barajado ya en la junta vallisoletana de 1545, cuando
se discutió sobre la persona que debería asumir la misión pacifica-
dora del Peru, y después fue el propio licenciado Gasea quien recomen-
dó a la Corona su designación para el gobierno de esta colonia (275).
Así sucedió entonces que el 4 de julio de 1549 el monarca suscribió en
Bruselas las provisiones por las cuales se investía virrey del Perú y
presidente de la Audiencia de Lima a Mendoza, con salario anual de
veinte mil <lucanos (276). Sin embargo, el traslado del mandatario
(272) Carta de Carlos V a Felipe 11, fecha en Bruselas el 11-1-1549, publ. en FERNAN-
DEZ ALVAREZ, (3), III, p. 62.
(273) Memorial anexo a la carta de Carlos V a Felipe II, fecha en Bruselas en 26-1-
1549, publ. ibid., III, p. 71-72.
(274) Carta de Felipe II a Carlos V, focha en Steinach el 4-11-1549, publ. ibid., III, p.
85. En esta misma comunicación señalaba el Príncipe que don Luis deVclasco, an-
tiguo virrey de Navarra, sería el sujeto más apropiado para ejercer el gobierno
virreinal de México, vacante debido al traslado de Mendoza.
(275) Véase el apartado 7.1. del cap. II, supra. En su carta fecha el 11 -Vlll-1547, Gas-
ea propuso el nombramiento de don Antonio de Mcndoza, invocando su forna de
hombre cuerdo, bueno y religioso, defensor de los nativos, expcrimcntJdo en la
administración del mundo indiano; d. PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p.518.
(276) A.G.I. Lima, 566, lib. 6, f. 150v.
186
-hombre viejo y achacoso a la sazón- hacia su nuevo destino se re-
trasó bastante tiempo, de manera que tomó posesión de su cargo en la
capital peruana más de un año y medio después de la partida de nues-
tro protagonista (277).
10. LA REMESA DE METALES PRECIOSOS A LA CORONA
Una vez liquidada la sublevación de los colonos perulcros, el ma-
yor interés de los funcionarios metropolitanos sobre la labor de Gasea
estuvo centrado en su aportación de metales preciosos a las arcas de
la Corona. Debido a los apuros financieros que padecía el Imperio, se
aguardaba con suma expectativa la 1legada del oro y plata de los ya-
cimientos andinos, y especialmente porque la rebelión pizarrista ha-
bía originado una solución de continuidad en el suministro de los quin-
tos reales (278). También en este aspecto el presidente de la Audiencia
satisfizo las exigencias de la Corte, formando un extraordinario car-
gamento metálico, gracias sobre todo al usufructo de las minas de Po-
tosí. A su partida de Lima, los oficiales de hacienda entregaron a
Diego Gaitán, maestre del navío en que el clérigo se hizo a la mar, la
suma de 63.275 pesos en oro, que significaba toda la existencia áurea
que se había juntado en la caja principal del virreinato (279).
Con la ayuda de vientos favorables, la travesía desde la ca-
pital hasta Trujillo .duró solamente cuatro días. Al desembarcar en
dicha ciudad, el 31 de enero de 1550, el vecino cuzqueño Lope Martín a-
sumió el encargo de recoger todo el metfüico que hubiese reunido en la
caja real de Trujillo, procedente tanto de lo correspondiente a esta ju-
risdicción como de los fondos que el licenciado de la Gama había alle-
gado en las provincias norteñas del Perú . En conjunto, se tomaron allí
34.407 pesos de oro y 9.110 pesos de plata, metales ambos que se ha11a-
ban en forma de piezas menudas. Cuando la comitiva de Gasea arribó
al istmo centroamericano, esta remesa, al igual que la suma de oro que
(277) Cf. BELAUNDE GUINASSI, (211 ), p. 121; BUSTO DUTHURBURU, (216), p.
331. El segundo virrey del Perú fue recibido en Lima el 12-IX-1551.
(278) Cf. JARA, Alvaro, "Dans le Pérou du XVI e siecle: la courbe de production des mé-
taux monnayables", en Annales (E.S. C.), año 22, no. 3 (París, mayo-junio 1967), p.
598; LOHMANN VILLENA, (14), p. 12.
(279) Relación de Gasea fecha el 22-IX-1550, en C.O.I.H.E., L, p. 104.
187
se había entregado al maestre del navío de~ Lima, fue depositada en
poder de Juan Gómez de Anaya, el tesorero de la gobernación de Tie-
rra Firme (280).
Don Pedro de la Gasea llegó a Panamá el 12 de marzo del año re-
ferido y, tras el recibimiento que le brindaron las autoridades de esa
provincia, se aposentó en la casa del doctor Pérez de Robles, un anti-
guo oidor de la Audiencia panameña (281). Aquí tomó conocimiento
-con no poco desaliento- de una carta de Carlos V, fecha en Bruse-
las el 9 de octubre de 1549, en que le mandaba remitir con brevedad el
tesoro perulero a Tierra Firme y esperar ein Lima la llegada del vi-
rrey don Antonio de Mendoza (282). Esto significaba, pues, que su sali-
da del virreinato peruano había sido demasiado precipitada, en ra-
zón de su deseo de encontrarse de vuelta en Castilla lo más pronto po-
sible; más a pesar de la indicación del Emperador, el licenciado per-
sistió en su propósito de cruzar el Atlántico en acompañamiento del te-
soro. Después se excusaría de tal desobediencia, alegando que su pre-
sencia en el isbno resultó determinante parat sofocar el alzamiento de
los hermanos Contreras, quienes llevaban la intención de apoderarse
de los dineros del soberano Q83). ·
Teniendo en mente la formación de una escuadra, el presidente
ordenó que todas las naves que estaban surtas en el puerto de Nombre
de Dios permanecieran detenidas en ese sitio, con el objeto de em-
. barcar a bordo de ellas el cargamento de metales preciosos y la gran
cantidad de pasajeros que estaban dispuestos a viajar al Viejo Mundo.
Para trasladar las cajas con el caudaloso tesoro hacia la orilla atlán-
tica del isbno, solicitó la colaboración de los mercaderes y vecinos pa-
(280) Ibid., p. 105-106.
(281) Ibid.,p.106-lCYl,
(282) A.G.I. Lima, 566, lib. 6, f. 198v. Comunicación transcrita en una carta de los prín-
cipes Maximiliano y María a Gasea, fecha en Valladolid el 30-Xll-1549
(283) Por ejemplo, en una misiva redactada a su arribo a la Península, el licenciado ex-
presa que '1as cosas del Perú quedan en todo asiento y sosiego y buen orden, y que
en Tierra Firme fue de poco menos importancia mi vuelta que la ida". Carta de
Gasea a un ''muy ilustre y reverendo señor" (¿don Fernando de Valdés, arzobispo
de Sevilla?), fecha en septiembre 1550, publ. en PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p.
613.
188
nameños. El camino debía cubrirse a lomo de mulas hasta la venta de
Cruces ( a seis leguas de Panamá), y luego se proseguía la ruta por bar-
co a través del río Chagres (284). Todavía antes de que Gasea abando-
nara · 1a capital de Tierra Firme, el 14 de abril llegó allí Diego de Al-
marez con una remesa de metales complementaria, proveniente de
Charcas y Cuzco, que se integraba de 699 barras de plata a 10.651 pe-
sos de oro; esta última cantidad de mineral dorado fue asimismo en-
tregada al tesorero Gómez de Anaya (285).
Unos cuantos días más tarde nuestro personaje salió de Panamá,
cargando pólvora, mecha, plomo y arcabuces, con que planeaba refor-
zar la defensa de los navíos que debían componer su armada. Hasta
ese momento todo había sucedido óptimamente. Sin embargo, poco
después de alcanzar la desembocadura del río Chagres (22 de abril),
el clérigo se enteró con pavor del alzamiento que había tenido lugar
en la costa pacífica tras su partida (286).
Hemando de Contreras, hijo del gobernador de Nicaragua, se
había levantado en dichas provincia centroamericana, juntando un
buen número de gente para ir a robar la hacienda de la Corona que es-
taba en Tierra Firme y proseguir luego con rumbo al Perú. Las tropas
del caudillo -secundado por su hermano Pedro de Contrcras-cntra-
ron por fuerza en Panamá la noche del 20 de abril; enseguida tomaron
los dineros que poseía en custodia el tesorero Gómez de Ana ya, saquea-
ron las casas de los .vecinos principales y cogieron a muchos de ellos co-
mo rehenes. Luego se encaminaron al asiento de Cruces para apoderar-
se de las arcas llenas de plata que estaban allí, a punto de ser embar-
cadas río abajo, e inclusive organizaron una expedición para asaltar
Nombre de Dios,donde pensaban hacerse con la mayor parte del teso-
ro. Según estima el licenciado Gasea, los rebeldes consiguieron tener
en sus manos unos 450.000 pesos pertenecientes al erario (287).
(284) Relación de Gasea fecha el 22-IX-1550, en CD.I.H.E., L, p. 109-113; B.P.M. Ms.
1960, no. 12. Relación del teniente de gobernador de Nombre de Dios sobre los na-
víos que estaban surtos en ese puerto, fecha el 14-111-1550, Véase también MENA
GARCIA, (57), p. 162 ss.
(285) Relación de Gasea fecha el 22-IX-1550, en CD.I.H.E., L, p. 113-114.
(286) a. ZARATE, (68), lib. VII, cap. 12-13, f. 1lSv-117.
(287) Relación de Gasea fecha el 22-IX-1550, en C.D.l.H.E., L, p. 153.
189
No obstante ello, aprovechando un descuido de los elementos le-
vantiscos, los vecinos de Panamá --con el valioso auxilio de sus esda-
vos negros- lograron preparar una resistencia. Y el 23 de abril, cuan-
do los hombres de Contreras intentaron volver a entrar en dicha ciu-
dad tras haber salido a las afueras, se produjo un recio combate, en
que los fieles a la bandera monárquica resultaron vencedores. La ma-
yoría de los foráneos fueron capturados en el escenario del enfrenta-
miento, aunque varios pudieron escapar por vía marítima o se escon-
dieron en tupidos montes; el cabecilla del movimiento falleció ahoga-
do durante su huida. A fin de imponer orden en ese convulso ambiente,
el presidente Gasea regresó a la capital istmeña, donde señaló las me-
didas conducentes al apresamiento de los fugitivos y a la recupera-
ción de la hacienda real. Puede decirse que el alzamiento de los her-
manos Contrcras fue sofocado de manera bastante exitosa, ya que no
restaron en falta más que 71 barras de plata, mientras que los princi-
pales seguidores del jefe rebelde fueron sometidos a castigo ejemplar
(288).
Vencida esa desagradable complicación, se resolvió ultimar los
aprestos para la partida de las naves con el tesoro, puesto que no habí-
a ninguna noticia acerca de la escuadra que se decía iba venir desde
la Península. De las embarcaciones ancladas en Nombre de Dios, se es-
cogieron nueve, que por su diseño y elementos defensivos parecían ser
a propósito para conducir con seguridad el preciado cargamento. El li-
cenciado de la Gasea, como capitán general de la armada, designó en-
tonces a ocho personas para que tomasen bajo su responsabilidad los
barcos que acompañarían a la nao capitana. Los seleccionados fueron
Juan Gómez de Anaya; Arias de Accvedo, regidor de Panamá; Juan de
Guzmfo, contador de la provincia de Nueva Toledo; Jerónimo de
Aliaga, vecino de Lima; Lope Martín, vecino del Cuzco; Gómcz de Ro··
jas, vecino de La Paz; Hemán Núñcz de Segura, vecino de Charcas; y
Cristóbal Gutiérrcz, regidor de Plascncia (289). La remesa de plata se
distribuyó a bordo de las embarcaciones dl' la manera siguiente:
(288) Un relato compendioso de dicho levantamiento se encuentra en la carta de Gasea
al virrey de Nueva España, fecha en Panamá el 2-V-1550, publ. en PEREZ DE
TUDELA, (9), J, p. 54-61. sobre la persecución de los rebeldes huidos, véase la car-
ta de Nicolás Zamorano a Gasea, fecha en Panamá el 22-V-1550, publ. ibid,., JI,
p. 601-602.
(289) Relación de Gasea fecha el 22-IX-1550, en C.0.I.H.E., L, p. 160-162.
190
- nao capitana San Nicolás (maestre Pedro Galán), 992 barras;
- nao almiranta Santa María de Begoña (maestre Juan García),
750barras;
- nao La Magdalena (maestre Miguel de la Borda), 750 barras;
- nao Santa Catalina (maestre Gonzalo Báez), 750 barras;
- nao La Concepción (maestre Gaspar de la Rosa), 650 barras;
- nao La Concepción (maestre Juan Rodríguez Mondragón), 600
barras;
- nao San Antonio (maestre Francisco Ruiz), 500 barras;
- otra nao (maestre Marcos de Nápoles ), 500 barras;
- carabela Sancti Spiritus (maestre Andrés Lorenzo), 327 ba-
rras.
Así se constituyó la remesa de 5.819 barras de plata, a las cuales
estaban agregadas otras doce piezas pcquenas del mismo metal (290).
Además de lo contenido en la lista antecedente, hay que considerar
los dineros que guardó en depósito el tesorero Gómez de Anaya, por
valor de 108.333 pesos en oro y 9.110 pesos en plata, según hemos refe-
rido en los párrafos anteriores. Una instrucción compuesta de una vein-
tena de capítulos, firmada por Gasea, señalaba la orden que debían
observar los capitanes, maestres y pilotos de la armada durante su
travesía hasta la metrópoli (291). Finalmente, el 24 de mayo de 1550
zarparon del puerto de Nombre de Dios las naves que transportaban
la hacienda del César, llevando en conserva a ocho embarcaciones
-menos artilladas- en que viajaban numerosos pasajeros y mercan-
cías di versas (292).
Tres noches luego de haber partido, un fuerte temporal causó la
desaparición de la nao de Marcos de Nápolcs, en que iba como capi-
tán Juan Gómez de Anaya. Sucedió que los vientos hicieron quebrar la
antena del trinquete y, para arreglarla, los responsables del navío de-
(290) A.G.I. Contratación, 4555. Memoria otorgada por los oficiales reales de Tierra ,
Firme en Nombre de Dios el 21-V-1550.
(291) B.P.M. Ms. 1960, no. 12.
(292) Relación de Gasea fecha el 22-IX-1550, en C.D.I.H.E., L, p. 162-163. Sobre noti-
cias llegadas a la Corte en tomo a los aprestos de partida de la armada con el te--
soro, véase la carta del secretario Juan de Sámano al Príncipe, fecha en Vallado-
lid el l~VI-1550, en A.G.S. Estado,81,f. 261.
191
cidicron apartarse del mmbo de la armada. Cuando intentaron vol-
ver a juntarse con los demás barcos, fueron atacados por una nueva tem-
pestad, que desvió la nao hacia el golfo de Ada; a la postre, sortean-
do diversos obstáculos geográficos, arribaron a la isla de Comogre,
desde este lugar, distanciado unas 25 leguas de Nombre de Dios, se en-
viaron mensajeros a las autoridades del istmo para dar a saber que no
habían sufrido ninguna pérdida humana y que su cargamento se man-
tenía intacto (293). La fortuna corrida por esta embarcación (entiénda-
se, por el tesoro que llevaba), inquietó constantemente al capitán de
la armada hasta su arribo a la Pcnínsula(294).
Después de una breve escala de Cartagcna y de haber cruzado el
Caribe, Gasea desembarcó en el puerto de La Habana el 19 de junio,
con la intención de abastecer a su séquito tanto de víveres como de
municiones y de hacer reparos en las naves,_que venían bastante mal-
trechas. . A causa de la malignidad · del clima, hasta la llegada a la
capital cubana habían fallecido 16 personas de las que viajaban en su
compañía, incluyendo a dos maestres de navíos. A lo largo de cinco se-
manas que tardó su detención en La Habana, el licenciado encargó va-
rias diligencias a fin de obtener información sobre la nao desapareci-
da, y aunque ninguno de tales ensayos consiguió resultado positivo,
don Pedro mantuvo la confianza en que los dineros que transportaba
Gómez de Anaya no se habrían perdido, pues iban en un barco que con-'
sideraba seguro (295). ·
En el resto del tray~to sólo ofreció dificµltades la carabela
Sancti Spiritus, cuyo timón quedó estropeado cuando se hallaba en me-
dio del oceáno Atlántico. Fue entonces necesario emprender una riesgo-
sa operación, trasladando a sus ocupantes y su contenido de plata a
la nao capitana, en la cual viajaba el ' pacificador del Perú. La úiti-
ma escala se realizó en la isla de San Miguel, unél de la Azores. Por en-
(293) A.G.l. Contratación, 5103. Carta de Gómez de Anaya a un "muy magnífico señor"
(¿el gobernador de Tierra Firme?) fecha _
en la isla de Comogre el 9-VI-1550. Cf.
CALVETE DE ESTRELLA, (1), V, p.120.121.
(294) Carta de Gasea al Consejo de Indias, fecha en Sevilla el 29-IX-1550, publ. en PE-
REZ DE TUDELA, (9), I,p. 75-76.
(295) Relación de Gasea fecha el 22-IX-1550, en C.D.I.H.E., L, p. 165-169; CASCA,
(230), p. 62.
192
de, el 20 de septiembre de 1550 penetró la armada gasquiana en la ba-
rra de Sanlúcar de Barrarneda, trayendo a salvo a la mayor parte del
caudal de metales preciosos destinado a la Corona (296).
10.1. GASCA Y SU TESORO EN LA METROPOLI
Cuando estaba remontando el Guadalquivir con dirección a Sevi-
lla, el,licenciado mandó al capitán Lope Martín con una serie de car-
tas para informar sobre el buen suceso de su jornada a los principales
responsables del gobierno indiano. El vecino del Cuzco debía entrevis-
/ tarse primero, en la capital bética, con los oficiales de la Casa de la
Contratación; debía marchar posteriormente a la corte Vallisoleta-
na, a fin de exponer detalles de la afortunada misión ante los oidores
del Consejó de Indias y ante los príncipes Maxirniliano y María, re-
gentes de la monarquía española; y, acto seguido,debía ponerse en ca-
mino hacia Alemania, donde se encontraba a la sazón el Emperador
(297), En un despacho firmado en Augsburgo el 20 de octubre de 1550,
Carlos V manifiesta su satisfacción por la llegada de Pedro de la Gas-
ea con el tesoro argénteo: "... hauemos holgado de saberlo más parti-
cularm~nte por lo que agora nos ha scripto [Gasea] con el capitán Lope
Martín, a quien embió hazemos relación de todo el sub<;esso de su via-
je y de la cantidad que trae, porque acá hauía diferentes auisos" (298).
A falta qe .una verificación e)'.(acta de la ley de los metales preciosos
que formaban su r~mesa, el presidente calculó aproximadamente su
valor en dOs rrrillori~s de ~cudos.
(296) Relación de Gasea fecha el 22-IX-1550, en C.D.I.H.E.,L, p. 169-171; CALVETE
DE ESTRELLA, (1), V, p.119-120. .
(297) Aparte de la relación extensa al Consejo de Indias datada en el río Guadalquivir
(a siete leguas de Sevilla) el 22-IX-1550, se conocen los textos de unas cartas bre-
ves enviadas por Gasea en la misma fecha al príncipe Felipe, al duque de Alba,
a la Casa de la Contratación y al Consejo de Indias; para referencias exactas,vé-
ase Anexos documentales, [Link]ás, puede citarse en este lugar la carta del
doctor Diego de la Gasea al Príncipe, fecha en Valladolid el 2&.IX-1550, en
A.G.S. Estado, 81, f. 334 (recoge la noticia del arribo de su hermano mayor con el
cargamento de plata).
(298) FERNANDEZ ALVAREZ, (3), III, p. 243. Carta de Carlos V a los príncipes Ma-
ximiliano y María.
193
Una calurosa recepción, en son de triunfo, brindó la ciudad de Se-
villa a nuestro protagonista el 26 de septiembre; acudieron a manifes-
tarle su reconocimiento don Alvaro de Bazán, ilustre marino de la épo-
ca quinientista, así corno personajes de la alta nobleza y autoridades
locales (299). Pasado el jolgorio, Gasea se ocupó de entregar a la Casa
de la Contratación su cargamento de plata destinado al erario, el
cual constaba (a falta de lo que se había quedado por el accidente de
la nao de Górnez de Anaya) de 5.319 barras y una docena de piezas pe-
queñas; cantidad difícilmente igualada en la serie de aportaciones
de metal americano a la Hacienda Real durante el siglo XVI, (300).
Además, depositó por concepto de los derechos de fundidor y marca-
dor mayor -que embolsaban los herederos de don Francisco de los Co-
bos- la suma de6.932 pesos en oro y 122 barras de plata (301).
Por su parte, el maestro Martín del Campo, mayordomo del pre-
sidente de la Audiencia limeña, se apersonó a la Casa de la Contrata-
ción el 20 de octubre para rendir cuentas de su tarea. Devolvió enton-
ces cinco barras de plata, que sobraron de los gastos pertenecientes a
la casa de su señor, y entregó asimismo 68 piezas de plata labrada
que se utilizaron para el servicio de la mesa de Gasea. Era un conjunto
de tazas, platos, escudillas, cucharas, etc., que se remataron posterior-
mente al precio de 743 ducados (302). Una muestra fehaciente de la
honradez que caracterizó el manejo económico del sacerdote castella-
no durante su estancia en el rico virreinato del Perú.
(299) CALVETE DE ESTRELLA, (1), V, p.121.
(300) A.G.I. Contratación, 4555. Relación de los oficiales de la Casa de la Contrata-
ción, fecha en Sevilla el 28-IX-1550. Véase una cuantificación de las remesas de
oro y plata aportadas por el Perú durante. la centuria quinientista en JARA,
(278), p. 604-607.
(301) A.G.I. Contratación, 5103. Carta de los oficiales reales de Tierra Firme a la casa
de la Contratación, fecha en Nombre de Dios el 23-V-1550. A.G.I. Indiferente Ge-
neral, 1802. Registro de la nao capitana San Nicolás, fecho en Sevilla el 21-X-
. 1550. Cf. HAMPE MARTINEZ, (144), p. 284. .
(302) A.G.J. Contratación, 4555. Las cinco barras de plata pesaron 249 marcos, mien-
tras que el conjunto de piezas labradas pesaron 122 marcos. El testimonio de la re-
cepción y la almoneda de la plata perteneciente al servicio del comisionado re-
gio se transcribe en los Anexos documentales, XV. Antes de la partida de Lima se
entregaron al maestro Campo 4.233.961 maravedías (o sea 9.408,8 pesos) en pla-
ta de la Hacienda Real para costear los gastos del viaje del presidente hasta la
metrópoli. A.G.l. Contaduría, 1680.
194
Debido a las irregularidades que solían cometerse en tierra ame-
ricana en la determinación del peso y valor de los. metales, el licencia-
do de la Gasea resolvió incluir en su cargamento mucha cantidad de
oro y plata que no estaban ensayados, concibiendo que podría ser más
provechoso para el fisco realizar aquella operación en la metrópoli.
Así, el 21 de noviembre de 1550 empezó a hacerse la fundición de la re-
mesa plateada en la [Link] de moneda de Sevilla, en acatamiento a
una disposición que mandaba fundir todos los metales preciosos proce-·
dentes del Perú, aunque hubiesen venido -ensayados (3CB). Para agi-
lizar la labor de esta plata, ansiosamente esperada por los adminis-
tradores de las finanzas del Imperio, se dio comisión particular al ar-
zobispo de Sevilla, don Fernando de Valdés (304). Y también se asignó
participación en esta empresa a un hermano de nuestro sujeto, el regi-
dor ma]agueño Juan Jiménez de Avila, cuyo nombre hemos ubicado·por
lo menos una vez antes en relación con los caudales indianos; se trata
de una partida de 450 pesos que llegó para él en agosto de 1549, a bor-
do de una nao en que vinieron algunos pasajeros coRocidos corno hom-
bres de confianza del presidente de la Audiencia limeña (305).
Es interesante anotar que fue Jiménez de Avila quien, en una mi-
siva enviada a la Corte el 16 de diciembre del año 50, advirtió respec-
to a la inconveniencia de ensayar la plata perulera con el carbón que
habitualmente se utilizaba en Sevilla; en caso de emplearse carbón
de Utrera o de Granada, decía, se podría obtener un rendimiento adi-
cional de dos granos por cada marco de plata (306). Esta llamada de
atención fue inmediatamente acogida por los funcionarios cortesanos,
(303) A.G.1. 'Contratación, 4555. Se acordó en Sevilla refinar la plata dándole una ley
de 11 díneros 18 granos. · ·
(304) Interesantes observaciones y datos sobre la labor de la plata perulera se encuen-
tran en la carta de Gasea a la princesa María, fecha en noviembre 1550, publ. en
PEREZ DE TUDELA, (9), 11, p.515-516.
(305) A.G.I. Indiferente GeneraL 1802. Registro de la nao Santa María de Begoña, fe-
cho en Sevilla el 10-VIIl-1549. En esta embarcación hicieron la traveía atlánti-
ca el mercader Francisco de Escobar y el dominico fray Pedro de Ulloa, recomen-
dados oficialmente por Gasea ante la corte.
(306) A.G.I. Indiferente General, 2000, f. t. Carta de la Casa de la Contratación al Em-
perador, fecha en Sevilla el 7-1-1551. Cf. CALVETE DE ESTRELLA, (1), V, p.
122. .
195
quienes el 19 de enero de 1551 promulgaron una real cédula, ordenando
a los responsables de la ceca sevillana aplicar en su labor ensayadora
alguno de los materiales propuestos por Jiménez de Avila (307), Duran-
te los meses siguientes, bajo la minuciosa observación de este indivi-
duo, se llevó a cabo el procesamiento del mineral originario de la cor-
dillera andina (308).
Los caudales allegados por Gasea en el Nuevo Mundo lograron
completarse en la metrópoli, a mediados de 1551, con el arribo de la
remesa de oro y plata que transportaba la desafortunada embarca-
ción de Marcos de Nápoles. Este cargamento, rescatado a salvo en Tie-
rra Firme, llegó junto con el tesoro de la armada que conducía el capi-
tán general Sancho de Biedma (30CJ).
Originalmeritie, en diciembre de 1549, Biedma había sido nom-
brado para hacerse cargo de la armada en que debería remitirse el te-
soro perulero, conforme al plan diseñado en la Corte, que mandaba al
presidente de la Audiencia permanecer en Lima (310), Sin embargo,
los acontecimientos se desenvolvieron de tal modo que esta armada
cruzó el océano casi al mismo tiempo que la escuadra formada por Gas-
ea lo hacía en sentido inverso. De todas formas, Sancho de Biedma
embarcó en el istmo el cargamento de 500 barras de plata y 117.443 pe-
sos en piezas menudas de oro y plata que estaban bajo la responsabili-
dad del tesorero Gómez de Anaya, así como otras diez barras de me-
tal argénteo que lograron recobrarse de los fondos incautados durante
(307) A.G.I. Contratación, 4555. Disposición acatada por Melchor Damián, ensayador
de la casa de moneda de Sevilla.
(308) A.G.I. lndiferent,e General, 2000, f. 19. Carta de la Casa de la Contratación al
Emperador, fecha en Sevilla el 12-11-1551. Jiménez de Avila cobró 200 ducados
por el tiempo que se ocupó en la labor de la plata; d. CUESTA GUTIERREZ,
(30), apénd. 3. p. 61.
(30CJ) A.G.I. Indiferente General, 1561. Carta de Biedma al Emperador, fecha en Sanlú-
car de Barrameda el 12-Vl-1551; anuncia su llegada en este día, con una remesa
de medio millón de ducados para la Hacienda Real.
(310) Carta de Carlos V a los príncipes Maximiliano y María, fecha en Bruselas el 16-
XI-1549, publ. en FERNANDEZALVAREZ (3), III, p. 164. A.G.I. Indiferente Ge-
neral, 1964, lib. 11, f. 352v. R.P. de nombramiento de capitán general dada en Va-
lladolid el 30-Xll-1549.
196
el alzamiento de los Contreras (311). Quince leguas antes de aportar en
Sanlúcar de Barrameda, se perdieron 40 barras debido al incendio de
una de las naves que formaban parte de la armada; pero todo el resto
de los caudales alcanzó a llegar entero a su punto de destino (312).
Tal vez a causa de todas aquellas vicisitudes, ha existido des-
de tiempo antiguo una diversidad de opiniones sobre el monto preciso
de la remesa de metales preciosos proporcionada por el clérigo a la
Corona (313). De los varios documentos que se han conservado acerca
de esta materia, el más confiable parece ser una relación elaborada
por los oficiales de la Casa de la Contratación de las Indias, suscrita
el 9 de julio de 1552, donde están señaladas todas las partidas en que
se invirtió el oro y plata proveniente del Perú. De acuerdo con dicho
manuscrito, la suma global de tesoro asciende a 667.128.841 marave-
dís, cifra equivalente a 1.906.082 escudos ó 1.779.010 ducados ó
1.482508 pesos, según los diferentes tipos monetarios que regían enton-
ces en los dominios del Imperio hisp,ínico (314). Expresado de una u
el
otra forma, lo evidente es que cargamento suministrado por don Pe-
dro de la Gasea representaba una valiosísima aportadón, más aún en
esa coyuntura de difícil sostenimiento para las finanzas de Carlos V,
debido a la expansión del gasto público y a la necesidad de armar tro-
(311) A.G.I. Contratación, 4555; A.G.S. Estado, 81, f. 336. Carta del secretario Juan de
Sámano al Príncipe, fecha en Valladolid el 2~IX-1550. La porción del tesoro
gasquiano venida en la armada de Biedma montó en total 1()().758 pesos de oro y
25.995 marcos de plata, según el registro efectuado en Sevilla en julio de 1551.
(312) A.G.I. Indiferente General, 1802. Relación del oro y plata que trajo Sancho de
Biedma para el fisco (1551). Indiferente General, 2000, f. 44. Carta de la Casa de
la Contratación al Emperador, fecha en Sevilla el 13-VI-1551.
(313) CUESTA GUTIERREZ, (30), p. 26. En B.R.A.H. Col. Muñoz, t. 67,f. 358, se indica
que wta comprobación de cuenta elaborada por la Casa de la Contratación mani-
fiesta un total de 1.m.144 ducados. De modo semejante, CARANDE, Ramón,
Carlos V y sus banqueros, III (Madrid: Sociedad de Estudios y Publicaciones,
1967), p . 315, luego de contrastar fuentes diversas,establece romo resultado la ci-
fra de 1.m.143 ducados. En cambio, una cuenta de gastos preparada por el Conse-
jo de Hacienda el 17-IX-1551 expresa la suma de 1.761.()()6 ducados (A.G.S. Con-
tadurías Generales, 3052).
(314) CUESTA GUTIERREZ, (30), apéd. 3. p. 59-64.
197
pas para defenderse contra el ataque de los príncipes germanos que
amparaban la fe de Lutero (315).
A fin de tomar una idea sobre la administración de los fondos es-
ta tales durante la época dorada del Imperio, no estará demás repa-
sar la distribución que se asignó a ese dinero americano. Según las
órdenes de pago autorizadas por el monarca, 600.000 escudos debían
remitirse a Alemania, 400.000 escudos a los Países Bajos 200.000 escu-
dos para costear la jornada militar de Parma, 200.00 ducados para
las necesidades financieras de Castilla, 100.000 ducados de préstamo
para el Papa, y lo sobrante debía utilizarse en cubrir deudas pendien-
tes con banqueros flamencos, alemanes, genoveses, vascos, etc. (316).
Tal era la dispersión de destinos y el orden de prioridades que funcio-
naban en la economía imperial hacia la mitad de la centuria quinien-
tista.
Junto con el asentamiento del poder de la Corona en el rico y ex-
tenso virreinato del Perú, la entrega de aquel ingente tesoro consti-
tuía el aporte más significativo del hombre de leyes educado en Sala-
manca a la política de la España imperial.
(315) Cf. CARANDE, (313), IIL p. 390 ss.
(316) A.G.S. Contadurías Generales, 3052. Véase también la carta de Carlos V a la
princesa María, fecha en Augsburgo el 18-11-lSSl, publ. en FERNANDEZ ALVA-
REZ, (3), III, p. 260; y A.G.I. Contratación, 4555. Relación de la plata entregada
a Alonso del Castillo (210.000.000 maravedís), en virtud de la R.C. dada en Var
lladolid el 25-XI-1550. ·
198
CAPITULO IV
CON LAMITRA EPISCOPAL DURANTE EL
ULTIMOTRECHODESUVIDA
Tratándose de un individuo de profesión clerical, no se encontró
cosa más apropiada que la dignidad de obispo para recompensar la
tarea política desarrollada por don Pedro de la Gasea en las etapas
anteriores de su vida. Sin embargo, pese a sus obligaciones eclesiásti-
cas, el mitrado no cesó de participar en la administración de los nego-
cios públicos. Especialmente significativa es la temporada que perma-
neció en la Corte imperial, al lado de Carlos V, ocupándose en exami-
nar junto con el propio monarca la resolución de los variados proble-
mas que ofrecía el gobierno de los territorios situados bajo su dominio
tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo. Con relación a las inquietu-
des que planteaba en la metrópoli la organización administrativa de
las colonias españolas de América, el obispo fue solicitado repetidas
veces para que expresara su parecer -influyente veredicto-sobre a-
suntos tales como la explotación minera, las encomiendas de indios, el
ministerio judicial, etc.
En cuanto al desempeño de Gasea como pontífice en las sedes de
Palencia y Sigüenza, cabe observar un decidido acercamiento a la ide-
ología contrarreformista, que se estaba fraguando entonces en el Con-
cilio de Trento. De algún modo, este prelado tiene que ver en las cau-
sas inquisitoriales más sonadas del momento; se afana por divulgar
el ideario cristiano según la corriente exegética tradicionalista; inter-
viene en asambleas orientadas a imponer un nuevo esquema de pode-
res en el ámbito eclesiástico, reforzando la autoridad de los obispos
por encima de los capitulares. Y en medio de esas gestiones, cultiva su
acercamiento personal con las figuras más relevantes de la Corte (es
' .
201
testamentario de dos reinas, hermanas del Emperador), ganándose el
favor de su soberano.
Merced a su dignidad episcopal, con rentas de tipo feudal incor-
poradas a ella, el licenciado de la Gasea consiguió reunir una cuantio-
sa fortuna. Pero en respeto a su hábito de sacerdote, determinó astuta-
mente distribuir la propiedad de sus bienes en dos direcciones: una
parte de sus pertenencias la traslada, mediante donaciones, a poder
de familiares suyos, y con el resto dota una capellanía en la antigua
iglesia vallisoletana de la Magdalena, destinada a perpetuar las
virtudes espirituales y la grandeza de los hechos llevados a cabo por
este personaje de la España imperial. Además, dedica todo su empeño
a colocar en ventajosos empleos a sus allegados y parientes, con el obje-
to de dejar establecido a su muerte un clan poderoso, que habría de lus-·
trar el nombre de un sagaz político oriundo de Navarregadilla, luga-
rejo humilde en la sierra castellana, que gracias a su talento escaló
hasta la cúspide de la administración estatal.
1. SU RECIBIMIENTO EN LA CORTE IMPERIAL
Durante su estadía en Sevilla, vuelto de la exitosa jornada en el
Nuevo Mundo, el licenciado Gasea disfrutó la protección del arzobis-
po hispalense don Fernando de Valdés, quien desempeñaba las funcio-
nes de inquisidor general. Este prelado le brindó la comida necesaria
para su sustento en la ciudad del Betis y, al cabo de un par de sema-
nas, le entregó una mula para que pudiera encaminarse con rumbo a la
Corte, donde debía reasumir su plaza en el Consejo de la Inquisición
<H. Antes de marchar hacia la meseta castellana, el clérigo se detu-
vo algunos días en el pueblo de Cantillana y pasó luego al santuario
de Nuestra Señora de Guadalupe, con el fin de practicar una novena,
agradeciendo a la Virgen por la merced que le había concedido en re~
gresar a salvo a su patria tras la riesgosa empresa en el continente
americano (2).
(1) Asf. lo revela el propio Gasea; véase CUESTA GUTIERREZ, Luisa, La obra de D.
Pedro de la Gasea en América (Santiago de Compostela: Tip. de "El Eco Francis-
cano", 1928), apénd. 2, p. 58.
(2) CALVETE DE ESTRELLA, Juan Cristóbal, Rebelión de Pizano en el Perú y vida
de don Pedro Gasea, en Crónicas del Perú, estudio preliminar y ed.. de Juan Perez
de Tudela Bueso, V (Madrid: Ediciones Atlas, 1965), p. 121-122.
202
El 10 de noviembre de 1550 entró Gasea en Valladolid, sede por
entonces de los organismos rectores de la monarquía, en la cual halló
misivas dirigidas a él tanto por el Emperador como por el príncipe Fe-
lipe, encareciendo el buen resultado de su misión pacificadora. Ejer-
cía a la sazón el gobierno de España la princesa María, hija de Carlos
V, debido a la ausencia del monarca y de su heredero; ante dicha re-
gente, así como ante los ministros del Consejo df Indias, comunicó deta-
11adamente los sucesos ocurridos durante su permanencia en 1Jltramar,
y después, empezó a ocuparse de nuevo en los asuntos propios-del San-
-to Oficio (3). A pesar de la lejanía en que se hallaba respecto a sus cole-
gas, sabemos que el licenciado no dejó de sostener vinculación desde el
Perú con los funcionarios del Consejo inquisitorial. Puede citarse una
carta que remítió en mayo de 1549 al famoso cronista Jerónimo de Zuri-
ta, que oficiaba de secretario en el máximo tribunal del Santo Ofi~io,
comunicación a través de la cual deja notar sus relaciones epistolares
con diversos individuos de la mencionada corporación (4).
En respuesta a la misiva que había obtenido de Felipe II don Pe-
dro de la Gasea le contestó en mesurados términos: "No he passado a
besar las manos de Su Magestad y de Vuestra Alteza por no saber si
dello Su Magestad sería seruido" (55~ Pero la insinuada licencia para
ser admitido por la Corte imperial rio tardó en recibirse. El soberano
encargó al ministro de la Inquisición que alistase su próxima salida
_ con destino a Alemania, llevando consigo una remesa de 600.000 escu-
dos en plata procedente del Perú, que debería embarcar en el puerto
de Rosas (cerca de Gerona). A fin de recoger este -cargamento metali-
co, se envió a Sevilla a un criado de la Casa Real, Alonso del Casti-
(3) lbid., p. 122.
(4) B.R.A. H. Col. Salazar y Castro, A-111, f. 293. En dicho texto Gasea manifiesta
haber recibido_cartas del secretario Zurita y del oidor don Diego Tavera, a la
vez que señala haber dirigido misivas al recep~or del Consejo y al obispe,> de Ba-
dajoz, don Francisco de navarra (un antiguo miembro de este tribrmal).
(5) A.G.S. Estado, 81, f. 333. Carta fecha en Valladolid el 12-XI-1550.
203
llo, quien había de recaudar dicha suma en los depósitos de la Casa
de la Contratación de las Indias<6>.
Como quiera que la fundición del tesoro perulero y la recauda-
ción del monto señalado se desarrollaban con bastante demora, el co-
misionado aprovechó un espacio de tiempo en que se halló despejado
de ocupaciones para realizar una visita a su lugar nativo de Navarre-
gadilla. Una invernal pero acogedora temporada de veinte días, en-
tre enero y febrero de 1551, pasó en dicho sitio, gozando la compañía
de su anciana madre doña María Gasea y de otros parientes y allega-
dos. Después de tan gratificante experiencia regresó a la Corte valli-
soletana y, poco más tarde, se puso en camino hacia el litoral medite-
rráneo. Entre otras poblaciones, Aranda de Duero, Zaragoza y Lérida
sirvieron de circunstancial morada al sacerdote castellano, hasta que
el 14 de abril del año referido llegó a Barcelona, tomando aposento en
el palacio de los virreyes de Cataluña (7).
Según quedó anticipado al designarse a Gasea para la misión pa-
cificadora del Perú, la recompensa de su exitosa labor debió consistir
en el otorgamiento de una mitra episcopal. Así, hecha la presenta-
ción correspondiente por el monarca español, el papa Julio III expidió
el 6 de abril de 1551 las bulas por las que se instituía a nuestro sujeto
en obispo de Palencia, reemplazando al difunto don Luis Cabeza de
Vaca (8). Hemos de considerar que la diócesis palentina era en aque-
lla época particularmente importante, ya que su jurisdicción compren-
día el distrito de Valladolid, residencia habitual de los supremos ór-
(6) FUENTE ARRIMADAS, Nicolás de la, Fisiografía e historia del Barco de Avi-
la, 11 (Avila: Tip. y Encuad. de Senén Martín, 1926), p. 230. Cf. lac; cartas de Car-
los V a la princesa María, fechs en Augsburgo el 30-XII-1550 y 19-1-1551, publ. en
FERNANDEZ ALVAREZ, Manuel, ed., Corpus documental de Carlos V, III
(Salamanca: Universidad de Salamanca, 1977), p.253 y 259, respectivamente.
En una escritura labrada el 9-111-1551, en Sevilla, Alonso del Castillo declara
haber recibido de los oficiales de la Casa de la Contratación la suma de
210.000.330 maravedís, en 1.936 barras de plata originaria del Perú. CEVA-
LLOS BOHORQUEZ, Carlos, "Ruta bibliográfica para el estudio del pacifica-
dor del Perú, don Pedro de la Gasea (siglo XVI) en los archivos de España", en
Verhandlungen des XXVIII. lnternationalen Amerikanist~nkongresses, III (Mün-
chen :Klaus Renner Verlang, 1971), p. 478.
(7) CALVETE DE ESTRELLA, (2), V, p.123-125.
(8) A.G.S. Patronato Real, 62, f. 108.
204
ganos del gobierno ibérico. Recibidos los documentos pertenecientes a
su flamante dignidad, el prelado emitió unas instrucciones para la ad-
ministración de la diócesis mientras durase su ausencia, y el [Link] ma-
yo -festividad de Pascua del Espíritu Santo- recibió la consagra-
ción en la capilla del palacio virreinal de Barcelona de manos del
·obispo de Vich, don Juan Tormo; fue en el marco de una ceretnonia muy
concurrida, aunque organizada con premura debido a la intención ·de
cumplir pronto la voluntad del Emperador<9).
No obstante ello, considerando el peligro que suponían las .naves
turcas que se hallaban estacionadas en la costa de Berbería, el obispo
determinó que lo más cauto sería depositar los 600.000 escudos de pla-
ta en la capital catalana, aguardando coyuntura más propicia para
efectuar el traslado con rumbo a A}emania. Gasea adoptó esta resolu-
ción de común acuerdo con el marqués de Aguilar, virrey de Cataluña,
y su opinión, fundada en el propósito de salvaguardar los intereses de
la Corona, fue aceptada por
el JJismo Carlos V no>. De todas formas,
el comisionado se embarcó en el puerto de Rosas para dirigirse al en-
cuentro del máximo gobernante de la cristiandaG, quien residía con su
séquito en Augsburgo.
Prósperos vientos favorecieron la travesía por aguas del Medite-
rráneo, que culminó en breves días al tocar en Génova. El obispo de Pa-
lencia continuó la ruta por tierra a través del Norte de la Península
itálica, lo cual le dio oportunidad de entrevistarse con varios persona-
jes notables. Hallándose en Mantua (13 de junio), se reunió con el prín-
cipe Felipe -el heredero del trono que había apoyado la carrera po-
lítica de Gasea- , quien viajaba de regreso a Castilla con el objeto de
volver a asumir la regencia de la monarquía; a su paso por Trento, es-
tableció contacto con los prelados y teólogos de diferentes países de
Europa que intervenían en el célebre Concilio, cuyas sesiones estaban
reanudadas desde hacía unas cuantas semanas; luego, al hacer escala
en Bolzano, tuvo un encuentro con el rey Maximiliano de Bohemia, es-
(9) CALVETE DE ESTRELLA, (2), V, p.126-127.
(10) Carta de Carlos V a la princesa María, fecha en Augsburgo el 16-V-1551, publ.
en FERNANDEZ ALVAREZ. (6), 111, p. 271.
205
poso de la princesa gobernadora María (hija de Carlos V) y futuro po-
seedor del Imperio romano-germánico (11).
Al fin, el 2 de julio de 1551 llegó el clérigo de Navarregadilla
ante la persona del Emperador, un dignatario al que había servido
fielmente durante los años en que le tocó ejercer responsabilidades po-
líticas. Como súbdito, don Pedro expuso con minuciosidad el uso que
había dado a los poderes e instrucciones firmadas por el monarca pa-
ra su administración en el Nuevo Mundo señalando los medios que em-
pleó a fin de reducir el levantamiento de los colonos peruleros, sentar
un orden pacífico en la tierra conquistada por Pizarra y recaudar con
eficacia los dineros pertenecientes a la Hacienda Real. Agradecido
por su ejemplar comportamiento, Carlos V le pidió que permaneciera
a su lado en Augsburgo, integrando el selecto conjunto de asesores que
el gobernante tenía a la mano para resolver los problemas más delica-
dos que se planteaban en el vasto ámbito de su'Imperio (12).
Una serie de circunstancias adversas complicaban en ese momen-
to la estabilidad del régimen político dirigido por el Emperador. Ter-
minadas las agrias negociaciones en torno a la sucesión en el trono ger-
mánico, debía combatir en el frente septentrional la rebelión de los
príncipes alemanes defensores del luteranismo (que tramaban ya una
alianza con el rey de Francia) y en el frente meridional, debía aten-
der a la guerra de Parma y a la revitalizada enemistad del soberano
turco; además, la problemática existencia del Concilio de Trento ocu-
paba buena parte de las cavilaciones de Carlos V, interesado en man-
tener y aun incrementar la fuerza del catolicismo (13). El acercamiento
a toda esa variedad de negocios públicos, observándolos desde la pers-
pectiva del propio soberano, constituye una experiencia fundamental
dentro de la carrera política de Gasea. Lástima que no poseamos testi-
monios directos de este individuo acerca de dicha etapa de ~u vida,
(11) CALVETE DE ESTRELLA, (2), V, p. 127-128; JEDIN, Hubert, Historia del Conci-
lio de Tren to, 111 (Pamplona: Universidad de Navarra, 1975), lib. V, cap. 1.
(12) CALVETE DE ESTRELLA, (2), V, p.128-129.
(13) a. FERNANDEZ ALVAREZ, Manuel, Carlos V. un hombre para Europa (Ma-
drid: Ediciones Cultura Hispánica, 1976), p. 177-179.
206
aunque es sabido que solía participar en consultas dedicadas a tratar
preferentemente asuntos eclesiásticos o indianos04).
Trasladada la Corte imperial a Innsbruck, pintoresca población
tirolesa, llegó allí procedente de Castilla la princesa María, quien
venía para cumplimentar a su padre. Cuando María salió de dicho lu-
gar, el 11 de febrero de 1552, lo hizo acompañada por el obispo palen-
tino. Juntos se dirigieron entonces hacia la Alta Austria, donde en la
ciudad de Linz debían llevarse a cabo las negociaciones de paz entre
el duque Mauricio de Sajonia, cabeza de los nobles alemanes opuestos
a la autoridad de Carlos V, y el rey de romanos Femando I, hermano
del Emperador. Durante la estancia del prelado de Linz, Femando de-
mostró gran interés por conocer detalles de la geografía y de la vida
humana en el Perú, haciendo frecuentes preguntas a Gasea. En mues-
tra de simpatía, el rey le obsequió al final de su estancia un juego de
ocho piezas de plata ricamente labradas 05); y podemos agregar que
unos meses antes hallándos_e en Augsburgo, don Pedro había adquiri-
do un tríptico de un pintor flamenco, con el propósito de regalarlo a la
iglesia del Barco de Avila donde fue bautizado 06).
Mientras se realizaban las conversaciones entre el rey de roma-
nos y el jefe de los alzados, nuestro personaje determinó volver a Inns-
bruck para dar cuenta a Carlos V del difícil estado en que se hallaba
la cuestión. Formando parte del séquito imperial, le tocó experimen-
tar una de las situaciones más agitadas en la vida del gran monarca
-"- · quinientista: su desesperada fuga de ocho días, en mayo de 1552, cuan-
do ante la proximidad de las tropas enemigas debió evacuar Inns-
bruck y emprender una veloz retirada por entre los Alpes, hasta asen-
(14) CALVETE DE ESTRELLA, (20), V, p. 133, 134, 136, 137. A la época de su perma-
nencia en la Corte imperial corresponde una sugestiva carta que el obispo de Pa-
lencia remitió a Felipe 11, fecha en Innsbruck el 30-Xl-1551, la misma que anali-
zamos en el siguiente apartado del presente capítulo.
(15) CALVETE DE FSTRELLA, .(2), V, p. 134-135; FERNANDEZ ALVAREZ. (13), p.
183.
(16) FUENTE ARRIMADAS, (6), IL p. 231.
207
tarse en el poblado de Villach 07>. Tales peripecias vividas en el co-
razón del Imperio, que narra con detenimiento el cronista Calvete de
Estrella, hubieron de marcar una profunda huella en el ánimo del sa-
cerdote castellano.
En el refugio de Villach, donde el Emperador continuó impasii-
blemente su tarea gubernativa, Gasea le solicitó permiso para resti[-
tuirse a su patria, ya que tenía la intención de administrar persona11-
mente su diócesis. Era un período de casi un año el que había pasado
en acompañamiento del monarca, viviendo junto con éste las venturas
propias de su magna responsabilidad política 08). De otro lado, con
la mente siempre puesta en la consolidación del poder de su familia,
había logrado que el 28 de marzo de 1552 se expidiera una provisión
.nombrando a su hermano el doctor Diego Gasea como ~embro del con-
sejo real de Castilla, el más importante de los organismos administra-
tivo-consultivos que formaban la Corte 09).
Durante su trayecto de vuelta a la Península ibérica, el licencia-
do Gasea se detuvo por espacio de un mes en Génova, donde hubo oca-
sión de reunirse con los prelados españoles participantes en el Cond-
lio de Trento; este certamen había suspendido nuevamente sus reunio-
nes, a causa de la guerra que se libraba en Alemania, y los obispos se
disponían entonces a regresar a sus predios (20). Estando detenido en ,
ese puerto ligurino, don Pedro debió de recibir una carta escrita en Ro-
ma por un tal Alonso González, quien le proponía tomar a su cargo la
administración del virreinato de Nápoles, "cosa de tanta importan-
cia-afirmaba-, de la cual enteramente redundaría la quietud de Su
Majestad y pacificación de toda Italia". Señalaba el citado indivi-
duo que el obispo había manifestado en sus anteriores tareas polfü-
cas un óptimo rendimiento, añadiendo que los asuntos napolitanos los
(17) CALVETE DE ESTRELLA, (2), V, p. 136; FERNANDEZ ALVAREZ, (13), p. 183-
184. Un privilegio real expedido en Madrid el 10-X-1565 menciona entre los m~1s
importantes servicios brindados por Casca a la Corona aquella fuga en compañía
de Carlos hasta Villach. [Link]. H. Col. Sala zar y Castro, M-133, f. 76v.
(18) CALVETE DE ESTRELLA, (2), V, p.136-137.
(19) A.G.S. Quitaciones de Corte, 11.
(20) CALVETE DE ESTRELLA, (2), V, p. 137; JEDIN, (11), III, lib. V, cap. 8.
208
podría llevar a buen término "quien con sana mente y fuera de pasión
tomare la protección de ello"(21),
Pero el clérigo de Navarregadilla, próximo a celebrar sus sesen-
ta años de vida, ya no poseía más ganas de ocuparse en complicados
negocios políticos, sino de llevar una existencia apacible en su país na-
tivo, revestido con el traje pontifical. Así, pues, el 26 de noviembre
del año 52 se alejó de Italia embarcado en la nao Franchota, viajando
al lado del arzobispo de Granada y de los obispos de Tuy y Huesea.
Una inusual furia de mar y viento hizo sumamente problemática su
travesía por el Mediterráneo, obligándolos a cambiar de embarcación
en la isla de Mallorca. Vencidos trabajosamente los obstáculos de la
naturaleza, el 6 enero de 1553 pudieron tocar suelo en el puerto de Ali-
cante (22).
Una vez más, el obispo Gasea se encaminó a la Corte, que estaba
levantada a la sazón en la villa madrileña. Aquí fue cálidamente re-
cibido por Felipe II y sus consejeros, que le asignaron de inmediato el
cometido de examinar ciertas dubitaciones relativas a la condición
política y económica de los ministros del Santo Oficio, tarea en la
cual entendió a lo largo de varias semanas, hasta principios del mes
de marzo. Luego se puso el mitrado en marcha hacia la sede de su dió-
cesis (23).
2. ASESOR GUBERNATIVO PARA NEGOCIOS DE INDIAS
Gracias a su afortunada labor en la misión pacificadora del Pe-
rú, Gasea cobró notable reputación entre los funcionarios y otros ele-
mentos peninsulares que tenían que ver con el gobierno de las colonias
del Nuevo Mundo. En una misiva fechada en enero de 1550, por ejem-
plo, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo prodigaba vivos elo-
gios al clérigo y le pedía que confeccionase una relación acerca de su
(21) [Link]ón fecha el 18-Xl-1552, publ. en PEREZ DE TUDELA BUESO, Juan,
ed., Documentos relativos a don Pedro de la Gasea y a Gonzalo Pizarro (Madrid:
Real Academia de la Historia, 1964), L p. 74-75.
(22) Un minuciosos relato de las vicitudes experimentadas en el curso de dicha nave-
gación se encuentra en CALVETE DE ESTRELLA, a), V, p.137-142.
(23) lbid,. p. 142-143.
209
campaña victoriosa contra Pizarra, a fin de cerrar con ella el texto de
su Hisforia general y natural de las Indias,. que escribía por encargo
oficial de la Corona (24). Después de haberse asentado nuevamente en
la metrópoli, Pedro de la Gasea fue solicitado eh varias oportunida-
des por el Consejo de Indias para que brindase asesoría en la resolu-
ción-de negocios importantes de la vida hispanoamericana, especial-
mente en lo relativo al virreinato limeño.
Con ocasión de su estadía en Valladolid durante los meses fina-
les de 1550 e inicios del afio siguiente, el licenciado participó en las
deliberacione~ de una junta que analizaba la pretensión de otorgar los
[Link] indígenas a perpetuidad --demanda formulada por
los colonos mexicanos- y la manera en quie deberían llevarse a cabo
las futuras expediciones de conquista. Entonces hubo de manifestar su
opinión favorable a una encomienda por vidas limitadas y con tribu-
tos moderados, según el régimen que había puesto en vigencia al ejer-
cer la administración del Perú (25). Asimismo, podemos suponer que en
aquellas circunstancias planteó al Consejo indiano la utilidad de que
se estableciera una nueva Audiencia en la región de Charcas, bastan-
te apartada de la capital del virreinato y muy importante debido a
la riqueza de sus yacimientos ·argentíferos; sin embargo, advertía, di-
cha Audiencia sólo estaría destinada a agmzar la administración ju-
dicial, pues las facultades gubernativas deberían retenerse en manos
del virrey instalado en Lima (26).
(24) PEREZ DE TUDELA, (21), 11, p. 607-609. Fernández de Oviedo dedica un capítu-
lo de su obra a la victoria del licenciado Gá~a sobre Gonzalo Pizarro, y en el ca-
pítulo siguiente, califica la jornada gasquiana como el último de los siete mayo-
res servidos proporcionados a la Corona en Indias; véase su Historia general y
natural de las Indias, ed. y estudio preliminar de Juan Pérez de Tudela Bueso,
V, (Madri~: Ediciones Atlas, 1959), lib. XLIX, cap. 15 y 16, p. 299-3(8 y 305.
(25) RAMIREZ DE ARELLANO, Carlos, "El licenciado Pedro de la Gasea", en Revis-
ta de España, XV (Madrid, 1870),. p. 263. Sobre las características generales del
referido evento, cf. GONZALEZ RODRIGUEZI Jaime, "La junta de Valladolid
convocada por el Emperador", en La ética en la conquista de América (Madrid:
Corpus Hispanorurn de Pace, C.S.I.C., 1984), p. 199-227.
(26) CUESTA GUTIERREZ, (1), p. 45. La importancia de erigir una Audiencia en la
región charqueña aparece señalada en consultas que el Consejo de Indias elevó al
monarca el 20-IV-1551, 15-XI-1553, 9-VI-1554 y 27-VIII-1554. HEREDIA HE-
RRERA, Antonia, Catalogo de la consultas del Consejo de Indias, I (Madrid: Di-
rección General de Archivos y Bibliotecas 19?',2), no. 70,96,99 y 100.
210
A la época de su permanencia en la corte imperial corresponde
u!'\~ interesante carta, datada en Innsbruck el 30 de noviembre de
í551, que el obispo de Palencia envió a Felipe II (27). En la primera
parte de ella trata sobre la conveniencia de dispensar buen tratamien-
to a los nativos de América, puesto que a la vista de las suaves mane-
ras de los colonizadores, esos aborígenes se decidirían de buena gana
a aceptar las lecciones morales del catolicismo, y en virtud de la con- ·
servación de la masa indígena existiría fuerza de trabajo suficiente
para aprovechar los recursos naturales de la tierra conquistada: de es-
te modo se cumpliría el doble objetivo, espiritual y material, que
guiaba la empresa hispánica en el Nuevo Mundo.,Luego discurr.e el
texto sobre la dificultad que para el sosegamiento del Perú suponfa la
muchedumbre de gente "perdida y suelta", sección en la cual se refie-
re el autor a las medidas que dictó como presidente de la Audiencia
con miras a reducir la cantidad de soldados vagabundos, propensos a
fomentar levantamientos. Proponía limitar la entrada de hombres
ibéricos en ese país hasta que se entendiera que todos los colonos po-
seían una situación económico-social estable.
En la misma comunicación indica el sacerdote la utilidad de que
sea fortificado el puerto de Nombre de Dios, en la costa atlántica de
Tierra Firme, que servía de llave de ingreso a todas las poblaciones si-
tuadas en la vertiente del Pacífico. Expresa que la ocupación de dicho
lugar por fuerzas enemigas podría acarrear funestas consecuencias pa-
ra la Corona, pero este peligro se desvanecería con la simple fortifica-
ción de un arrecife que se hallaba a un extremo de la boca del puerto;
más aún, detalla las condiciones que deberían observarse en la provi-
sión de mano de obra y materiales necesarios para dicha fábrica (28).
Por otra parte -<lejándose guiar por el consejo de terceros-, manifies-
ta la bondad de que se edifique un pueblo en la costa de Florida, fren-
te al canal de Bahama, en la desembocadura de un río llamado Santa
Elena. Este poblado serviría al objeto de evangelizar a los aborígenes
(27) Original en A.H N. Diversos, Documentos de Indias, no. 112. Está transcrita
fragmentariamente en CUESTA GUTIERREZ, (1), apénd. 4, p. 65-66.
(28) En consulta de 9-VI-1554, el Consejo de Indias manifiesta la utilidad de que se to-
men informes detallados sobre el lugar exacto donde debería constituirse en Nom-
bre de Dios la fortaleza que había propuesto hacer el obispo de Palencia. HERE-
DIA HERRERA, (26), I, p. 68, no. 99.
211
floridanos, de promover la explotación minera y el cultivo agropecua-
rio en esa zona, de ofrecer abastecimiento a lo~ navíos que efectuaban
la travesía atlántica y de defender la América hispana contra los a-
taques de potencias europeas rivales (29).
También es digna de comentario una ·carta que don Pedro de la
Gasea remitió al Consejo de Indias el 12 de febrero de 1554, tratando
específicamente sobre la labor de las minas pertenecientes a la Coro-
na de Potosí y Porco, los centros argentíferos más importantes del Al-
to Perú. Explica la forma cómo se han obtenido dichas minas, sea por
confiscación o por señalamiento, y la modalidad con que suelen apro-
vecharse en el Nuevo Mundo los yacimientos de metales preciosos.
Advierte la conveniencia de que empiecen a beneficiarse las vetas de
Porco, utilizándose para ello la vía del socavón (que debiera prolon-
gar el tajo abierto por Hemando Pizarro en el interior del cerro). En
cuanto a la fuerza de trabajo, recomienda decididamente el empleo
de esclavos negros, anotando que "si se lleuasen más de los que eran
menester para la labor, con lo que aquéllos se vendiessen por más pre-
cios que acá costasen, podría salir de balde los otros". Y para la sus-
tentación de esta mano de obra, aconseja valerse de las ricas encomien-
das que pertenecieron al capitán Diego Centeno y al general Pedro de
Hinojosa, ubicadas ambas en la región charqueña (30).
La pieza antecedente representa un significativo testimonio
sobre la vinculación de Gasea con el ideario lascasiano, que ya hemos
soslayado con anterioridad. Por una parte: defiende tenazmente la su-
pervivencia y adoctrinamiento de los nativos americanos (seres hu-
manos), mientras que de otro lado favorece la esclavización y trabajo
duro de los negros (mercancías), guardando como telón de fondo la
arraigada convicción de proteger los intereses de Estado.
(29) La costa de Florida situada frente a las Bahamas fue inicialmente explorada
por Lucas Vásquez de Ayllón, en 1526, más luego no se realizó ningún ensayo de
colonización española hasta la llegada del adelantado Pedro Menéndez de Avi-
lés, en 1565. Cf. MORALES PADRON; Francisco, Historia del descubrimiento y
conquista de América, 4a. ed. (Madrid: Editora Nacional, 1981), p. 453-475.
(30) A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 123. La carta se transcribe en los Ane-
xos documentales, XVI.
212
Alrededor de la época en que nos situamos, se hallaba en plena
efervescencia la polémica respecto a la concesión perpetua de las enco-
miendas de indios (31). Sobre esta materia expresó su dictamen el obis-
po de Palencia en una carta remitida a Felipe II el 27 de abril de
1554. Hombre moderado en su línea de pensamiento relativa al mun-
do aborigen, el prelado señalaba la nocividad de incurrir en cualquie-
ra de ambos extremos en disputa: no era conveniente poner todos los re-
partimientos en cabeza del rey (propuesta lanzada por los defensores
acérrimos del indio), ya que la presencia de vecinos españoles era in-
dispensable para proteger el dominio sobre la tierra colonizada, ni
tampoco era conveniente otorgar los repartimientos a los encomende-
ros en perpetuidad, ya que la oferta de gratificar con indios a los hom-
bres béneméritos constituía un instrumento útil para mantener bajo su-
jeción a los colonos. Por lo [Link], debería mantener en vigor el sistema
de encomienda por vidas limitadas y con tribu tos moderados, "pues
de él tan gran utilidad a las rentas y hacienda de Su
Majestad viene,
y con tanta libertad y justicia los indios viven, y tan poca mano los es-
pañoles para hacerles mal tratamiento ni agravio tienen", según razo-
naba don Pedro (32).
Además, son valiosas las sugerencias que aporta nuestro perso-
naje en una misiva enviada al Consejo de Indias, con fecha de 17 de oc-
tubre de 1554, destinada advertir sobre problemas que podrían consi-
derarse en la instrucción del nuevo virrey del Perú (33). En cierta mane-
ra, se le puede tomar como un complemento del memorial que escribió
al marcharse de Lima, en 1550, con observaciones interesantes para el
desempeño de su sucesor en el mando virreinal. Por lo que respecta a
los entes administradores de justicia, recuerda la importancia de esta-
blecer una Audiencia en Charcas, que permaneciese subordinada a las
resoluciones gubernativas del presidente limeño. En el nivel más bajo
(31) Cf. GOLDWERT, Marvin, "La lucha por la perpetuidad ·de las encomiendas en
el Perú virreinal, 15S0.1600", en Revista Histórica, XXI (Lima, 1955-56), p. 348-
350.
(32) Carta publicada en PEREZ DE TUDEI.A, (21), I, p. 264-270; cita de la p. 268.
(33) Ibid., 11, p. 504-512. Es presumible que a dicha comunicación se refiera Gasea en
una breve nota que envió al Príncipe, fecha en Villamuriel el 1-X:.1554; ibid., I,
p.20.
213
de la estructura judicial, para tratar en pleitos movidos por vasallos
nativos, proponía instituir unos alcaldes indígenas, sobre cuyos fallos
podría apelarse ante los corregidores. Estos jueces españoles -agrega-
ba - deberían ser hombres probos, no poseedores de repartimientos,
que percibieran por su oficio un sueldo decoroso; y para fiscalizar el
ejercicio de los corregidores, sería oportuno que los magistrados de la
Audiencia saliesen a hacer anualmente visitas en diferentes provin-
cias del virrenato. Menos atención, en cambio, dedica a los asuntos de
hacienda, limitándose a advertir la provechosa usanza de efectuar
juntas semanales para discutir sobre el manejo del dinero fiscal.
Conforme al pensamiento de Gasea, el régimen de encomienda
era todavía susceptible de algunas modificaciones. Cada vez que hu-
biera vacante o se produjera una reclamación en tomo al tributo, debe-
ría aprovecharse la circunstancia para suprimir el servicio personal
y reducir el monto de las tasas; lo que no debía postergarse de ningún
modo era la tasación de las rentas que cobraban los caciques, pues se
hacía necesario imponer restricciones a su codicia y despotismo. A fin
de aliviar la pesada situación que estaba fijada a determinados gru-
pos indígenas, era conveniente volver a juntar los repartimientos que
se habían desmembrado, colocándolos bajo la autoridad de sus señores
[Link] de tales sugerencias se encuentran recogidas en
la instrucción de gobierno del marqués de Cañete, tercer virret del Pe-
rú, documento expedido por Carlos V en marzo de 1555 (34). Con la ad-
ministración de Cañete, un gobernante de mano dura -"buen republi-
cano", decían sus contemporáneos-- llegó a su fin el inestable periodo
de la conquista y guerras civiles en el Perú (35).
{34) BELAUNDE GUINASSI, Manuel, La encomienda en el Perú {Lima: Ediciones
Mercurio Peruano, 1945), p. 126; ZAVALA, Sílvio A., El servicio personal de los
indios en el Perú, 1 {Méxíro, D.F.: El Colegio de México, 1978), p. 21-22. Respecto
al ambiente de intranquilidad social que hubo de enfrentar el mencionado digna-
tario, debido a la fragilidad del orden pacífico estatuido por Gasea, puede con-
sultarse PEREZ DE TUDELA BUESO, Juan, "Observaciones generales sobre las
guerras civiles del Perú", en Crónicas del Perú, I {Madrid: Ediciones Atlas, 1963),
p. LXXII-LXXIII.
(35) LOCKHART, James, El mundo hispanoperuano, 1532-1560, tr. de Mariana
Mould de Pease (México: Fondo de Cultura Económica, 1982), p. 16.
214
La sagaz actuación del clérigo en la misión pacificadora que lle-
vó a cabo en América atrajo, desde luego, el interés de los hombres es-
tudiosos de la época renacentista. Es sabido que el emperador le pidió
que elaborase una relación de los principales acontecimientos de su jor-
nada, en obedecimiento a lo cual el obispo de Palencia le remitió a
Bruselas hacia fines de 1553 un conjunto de traslados de las comunica-
ciones que había dirigido al Consejo de Indias durante su labor como
presidente, documentos llenos de minuciosa información y sugestivo
enjuiciamiento (36). Como elemento original,puso en cabeza de dichas
copias una descripción de mediana longitud, orientada a exponer "las
cosas que parecen de admiración de aquella tierra y mar y algunas di-
ficultades notables que en la jornada se ofrecieron"; así lo manifiesta
en una carta a Guillermo Malineo, camarero de Carlos V, anunciando
el próximo envío de la referida composición (37).
También el rey Femando I, hermano del César, demostró curiosi-
dad por las características de la lejana tierra perulera. Atendiendo a
su inquietud, el prelado le dirigió aViena otro ejemplar de la mencio-
nada relación (modernamente editada bajo el título de Descripción
del Perú), una obra cuya contenido resume Gasea de la siguiente mane-
ra:
'' ... refiere las grandes navegaciones y descubrimientos que los
españoles en estos tiempos han hecho, y de la muchas tierras
y ricas que a la corona de España han adquirido, y qué y cuán-
to a su sola costa y trabajos han hecho, y lo que desto por man-
dado y costa de los Reyes Católicos(. .. ) y de Su majestad [Car-
los V] hicieron; y las diversidades de temples que en aquellas
tierras, y especialmente en el Perú, hay, y cuán contra lo que
(36) Entre los papeles de Gasea se conserva una memoria, en tres planas, sobre las car-
tas que el pacificador reunió para componer su relación de los sucesos del Perú; d<>-
cumento que se complementa con una hoja titulada "Lo que falta para cumpli-
miento de la relación de lo del Perú". B.P. M. Ms. 1960, no. 12.
(37) Carta fecha en Palencia el 23-VIII-1553, publ. en PEREZ DE TUDELA, (21), l,
p. 207-209. En esta misiva apunta el licenciado las equivocaciones que ha notado
en la Historia general de las indias de Francisro López de Gómara, obra cuya cir-
culación fue prohibida mediante real cédula de noviembre de 1553. Cf. PEREZ
PASTOR, Cristóbal, la imprenta en Medina del Campo (Madrid: Sucesores de
Rivadeneyra, 1895), p. 90 ss.
215
todos los antiguos escribieron de las zonas, especialmente de
la tórrida; y de la fortaleza de el Perú, y de las dificultades
que de las corrientes de los mares y de la perpetuidad de los
aires en las navegaciones hay, y las religiones que en· aque-
llas partes las gentes tenfan"(38). ·
Es presumible que ese texto. castellano fuera vertido al latín por
alguno de los ministros de la Corte vienesa, de tal manera que se com-
prendería la existencia de dos manuscritos --uno por cada uno de las
lenguas señaladas- en la Biblioteca Imperial de Viena, donde se con-
servan hasta nuestros días (39).
Según ha advertido Joscp M. Bamadas, editor de la Descripción
gasquiana, la característica más notable de esta obra consiste en la
fusión que evidencia su autor entre las curiosidades típicas del natura-
lista y las preocupaciones propias del gobernante; gracias a esta
mixtura, se deja apreciar en la carrera púbHca del jurista formado en
Salamanca un interés doble, orientado a conseguir tanto una naturale-
za humanizada como una política consciente de su escenario. En cuan-
to a apoyo bibliográfico, parece casi absoluta la independencia de
Gasea al redactar ese texto, surgido mayormente de sus vivencias
personales (40). La pieza que comentamos permite dividirse en tres
bloques temáticos: a) el medio natural; b) la población autóctona pe-
ruana; e) los obstáculos que la naturaleza oponía el asentamiento de
la autoridad colonial.
Entre las notas curiosas que pueden extraerse de la Descripción
elaborada por el sacerdote castc1lano, cabe señalar el frío tempera-
mento que experimentó en las montañas andinas, pues revela que "an-
(38) Carta al rey de romanos, fecha en Villamuriel el 2-1-1554, publ. en FERNAN-
DEZALVAREZ, (6), III, p. 646-647.
Es conocida una especie de borrador de aquella descripción del Perú, sobre todo
de la parte relativa al medio geográfico y a los descubrimientos marítimos de
los castellanos; se encuentra en C.D.I. HE., L, p. 172-177. '
(39) [Link], Josep M., en su introducción a CASCA, Descripción del Perú (1553)
(Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, Instituto de Investigaciones His-
tóricas, 1976), p. 1819; este investigador sugiere que la traducción podría haber
sido realizada por el capellán Jaime Nogueras.
(40) Jbid., p. 23-24.
216
duve un año menos veinte días por ella y ningún mes hubo que no tuvie-
se yo nieve, excepto febrero" (alude con esta última referencia a su es-
tadía en Andahuaylas) (41). No deja de ser interesante el apartado
que dedica a las características del linaje incaico, recogiendo la leyen-
da que lo hace originario del lago Titicaca; menciona como el primer
inca a Viracocha y explica detalladamente los elementos del culto al
Sol, haciendo relación de las mujeres, casas, depósitos, animales, tie-
rras, cultivos,etc., que estaban consagrados a esa divinidad. Por su-
puesto, -anota la variedad de recursos naturales que había en el Perú,
conjunto dentro del que se distingue especialmente las minas de oro y
plata (42).
Aparte del texto que hemos reseñado, no se conoce ningún otro tes-
timonio de índole literaria que haya dejado don Pedro de la Gasea
respecto a su actuación en la esfera política. Más que un teórico o un su-
jeto versado en el manejo de la pluma, el clérigo de Navarregadilla
demostró ser ante todo un hombre de acción, que a través de su conduc-
ción de los negocios públicos evidenciaba las enseñanzas que había re-
cibido en el mundo académico del [Link] en su activi-
dad como visitador en Valencia cuanto en su tarea como pacificador
del Perú, este individuo muestra las virtudes de un político observa-
dor, prudente, pragmático en muchas de sus determinaciones, templa-
do en la mayoría de sus juicios. Un hombre público educado en la prác-
tica de la obediencia a las leyes y en la firme convicción -propia de
los tiempos modernos- de amparar los intereses del Estado, por tra-
tarse del órgano garante del bienestar de la comunidad (43).
(41) lbid., p. 45.
(42) lbid., p. 55-60.
(43) Cf. SAULLAS, Rafael, El pacüicador del Perú (Madrid: Ateneo de Madrid,
1892), p. 26; SANCHEZ AGESTA, Luis, El concepto del Estado en el pensamiento
español del siglo XVI (Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1959), p. 24-25. En
sugestivo planteamiento, el primero de los autores nombrados observa que la figu-
ra de Pedro de la Gasea evidencia una antinomia o constraste entre lo somático y
lo psíquico, esto es, entre su apariencia contrahecha y su carácter ecuánime.
21 7
3. UN PRELADO DE LA CONTRARREFORMA EN LAS
SILLAS DE PALENCIA Y SIGUENZA
Electo obispo de Palencia, don Pedro de la Gasea se aposentó
por primera vez el 16 de marzo de 1553 en su residencia palaciega de
Villamuriel, una aldea situada en el valle de Cerrato, a una legua de
la capital diocesana. Nueve días más tarde tuvo lugar su solemne re-
cibimiento en Palencia, e~ un jornada de coloridos festejos que poseyó
corno acto principal los oficios celebrados en la iglesia catedral de
San Antolín (44).Aunque la dignidad episcopal no suponía incompati-
bilidad alguna, el licenciado prefirió renunciar a su plaza de oidor en
el Consejo de la Inquisición para dedicarse enteramente al gobierno
de su obispado, lejos de la agitada vida cortesana (45).
Una de las medidas iniciales que ordenó el flamante prelado
fue una visita general de la diócesis palentina, labor que encomendó
al licenciado Alonso Varona; en torno a esta inspección, podemos
citar a guisa de ejemplo el interrogatorio de testigos que aplicó el visi-
tador respecto a la conducta de los beneficiados de la villa de Husi-
llos, por enero y febrero de 1554 (46). Otra de las disposiciones que eje-
cutó Gasea fue la edición de unos breviarios conteniendo los rezos y u-
sos religiosos propios de aquella circunscripción, que se publicaron ha-
cia mediados del año 54 bajo el título Manuale secundum usum sanctae
ecclesiae Pallantinae (172 hojas, en 4.0). Conforme se establecía en el
compromiso suscrito con los impresores Mateo y Francisco del Canto,
vecinos de Medina del Campo, dicho libro debió de contar con una ti-
rada de 750 ejemplares, que se imprimieron en el plazo de cinco meses
(44) CALVETE DE ESTRELLA, (2), V, p. 14J..144; FERNANDEZ DEL PULGAR, Pe-
dro, Historia secular y eclesiástica de la ciudad de Palencia, III (Madrid: Viuda
de Francisco Nieto, 1680), p. [Link], el 29-V-1551, Gasea tomó pose-
sión de la diócesis por intermedio de procuradores.
(45) Véase la carta del inquisidor general don Fernando de Valdés al Emperador, fe-
cha en Valladolid ell 2-IX-1553, publ. en GONZALES NOV AUN, José Luis, El in-
quisidor general 1:emando de Valdés (1483-1568), II (Ovíedo: Universidad de
Oviedo, 1971), p. 147. Aquí se lamenta Valdés de la intención de renunciar a su
asiento manifestada por el obispo palentino, "porque la experiencia de su perSQ-
na, con las buenas partes que tiene, fuera muy a propósito para lo que es menester
en el Consejo".
(46) B. P.M. Ms.160no. 4.
218
después de haberse recibido los originales, al precio de cuatro mara-
vedís por cada pliegoC47).
Nuestro protagonista, empero, no perdió su vinculación con la
personalidad de Carlos V. Cuando el Emperador ingresó por última
oportunidad en su vida a la Península ibérica, en los meses postreros
de 1556, encomendó al obispo que acompañase desde Valladolid has-
ta Badajoz a sus dos hermanas, la reina Leonor de Francia y la reina
María de Hungría, quienes marcharon hacia la frontera lusitana pa-
ra entrevistarse con la infanta María de Portugal (hija de la sobera-
na francesa); .fue una reunión llena de emotividad, en que la infanta
sin embargo expresó su ·negativa a mudarse para residir en Castilla
junto con sus parientes maternos (48). En virtud de la compañía dispen-
sada en ese trayecto a ambas hermanas del César, el prelado se ganó
el valimiento tanto de Leonor como de María,. que lo nombraron alba-
cea en sus respectivas disposiciones testamentarias (49).
La reina Leonor, viuda de Francisco I de Francia, [Link]ó en febre-
ro de 1558 en el poblado de Talaverucla, no lejos del monasterio de
Yuste, adonde se había recogido el Emperador para terminar su exis-
tencia. Y en el mismo año, el 18 de diciembre, falleció en Cigales (Va-
n
lladolid) la reina María, viuda de Luis de Hungría, otrora enérgi-
ca gobernadora de los Países Bajos (50). Poseemos constancia de que el
obispo palentino se empeñó en dar cabal cumplimiento a las mandas
(47) PEREZ PASTOR, (37), p. 123-125. El mencionado compromiso se acordó en Palen-
cia el 20-X-1553
(48) CALVETE DE ESTRELLA, (2), V, p. 146; FERNANDEZ ALVAREZ (13), p. 210.
Un real privilegio de 10-X-1565 (ya citado) indica que la labor de acom-
pañamiento que Gasea brindó a ambas reinas duró siete meses y que, asimismo,
sirvió a la prince!>a Juana de algunas salidas que hizo fuera de Valladolid en
tiempo que ejerció la gobernación de los reinos de España, B.R.A.H. Col. Salazar
y Castro, M-133, f. 76v.
(49) La monarca francesa suscribió su testamento en Talaveruela el 15-II-1558, mien-
tras que la reina húngara ordenó su última voluntad en Cigales el 27-IX-1558. Cf.
PRIETO CANTERO, Amalia, Archivo General de Simancas. Catálogo V: Patro-
nato Real (834-1851), I (Valladolid; Tipografía Cuesta, 1949), p. 422-423, no.
3015y3022.
(50) Loe. cit. Véase también CALVETE DE ESTRELLA (2), V, p. 146; FERNANDEZ
ALVAREZ, (13), p. 211 y passim.
219
de última voluntad establecidas por ambas figuras regias, conforme
se deduce de un memorial que elevó en cierta ocasión a Felipe II (51).
Consumado el cisma de la Iglesia cristiana, con la separación en-
tre católicos romanos y una diversidad de sectas protestantes, los pen-
sadores de la línea tradicionalista -reunidos por entonces en el Con-
cilio de Trento- determinaron radicalizar el carácter punitivo del
Santo Oficio para combatir a todo género de herejía. Una de las pri-
meras causas inscritas dentro de esta tendencia contrarreformista fue
la que se siguió al doctor Agustín de Cazalla, que destacaba entre los
receptores castellanos de las "nuevas ideas"; en el auto de fe celebra-
do en Valladolid el 21 de mayo de 1559, le tocó a Gasea efectuar la pú-
blica degradación del doctor Cazalla y otros dos clérigos que en esa fe-
cha fueron penitenciados por la Inquisición (52). Poco después, al tra-
tarse el célebre caso de fray Bartolomé Carranza de Miranda, arzo-
bispo toledano, hubo el propósito de que nuestro individuo participa-
ra en la resolución de dicho proceso, que involucraba nada menos que
al primado de la jerarquía española. Si bien el obispo de Palencia re-
cibió poderes del inquisidor general don Fernando de Valdés para in-
tervenir en el litigio, se excusó de tomar parte mediante una carta di-
rigida al rey el 27 de abril de 1560, en la cual daba a conocer sus
dudas sobre la legalidad del nombramiento hecho en su favor y
proponía aguardar a que viniera confirmación del Papa (53).
En cambio, el prelado sí se distinguió como ejecutor de las nor-
mas contrarreformistas al proveer la canongía lectoral de Palencia
(51) Documento sin fecha, en A.G.S. Patronato Real, 31, f. 27.
(52) O. GONZALEZ NOV AUN, (45), Il, p. 244; KAMEN, Henry, La Inquisición es-
pañola, tr. de Enrique de Obregón (Barcelona, Ediciones Grijalbo, 1%7), p. 83 ss.
(53) PEREZ DE TUDELA, (21), 11, p. 122-123. Puede consultarse también la carta del
obispo de Plasencia, don Pedro Ponce de León, al inquisidor general (fecha en Va-
lladolid el 14-V-1560), declinando la designación fecha en su persona para enten- .
der en la causa del arzobispo toledano junto con Gasea y otro dos inquisidores;
publ en GONZALEZ NOVALIN, (45), 11, p. 274
Durante su proceso judicial, fray Bartolomé Carranza declaró en cierta oportuni-
dad que tenía por enemigo y por hombre odioso y sospechoso al licenciado Gasea,
"que por Su Santidad está excluido de esta causa", señalando que era íntimo ami-
go de don Femando de Valdés. TELLECHEA IDIGORAS,J. Ignacio, ed., Fray
Bartolomé Carranza: documentos históricos IV (Madrid: Real Academia de la
Historia, 1975), p. 231.
220
(para interpretación de las Sagradas Escrituras) en el doctor Vadi-
llo, un catedrático vallisoletano: fue así el primer mitrado español
en otorgar dicha prebenda, de acuerdo a las disposiciones del Conci-
lio tridentino (54). Por lo que atañe al medio humano que rodeó a este
sujeto durante su permanencia en la sede palentina, cabe indicar que
llamó para que residiera a su lado a doña María Gasea, su progenito-
ra. Según anota el cronista Calvete de Estrella, doña María se instaló
en la mencionada ciudad hacia octubre de 1553, viniendo acompaña-
da por dos hijas suyas (55).
Después de la silla metropolitana de Toledo, una de las dignida-
des más importantes de la organización eclesiástica castellana era el
obispado de Sigüenza. Vacante este capítulo por la muerte de don
Francisco Manrique de Lara, el soberano resolvió promover a nuestro
personaje a la iglesia seguntina. Las bulas correspondientes se expi-
dieron en la Santa Sede el 2 de junio de 1561, y el nuevo prelado hizo
su entrada solemne en la ciudad alcarreña el 11 de agosto de dicho
año (56). Dado que junto con la prelacía estaba incorporado el scñorío
de Sigüenza, el licenciado pasó a hospedarse en el magnífico castillo
(edificado en el período de ocupación musulmana), que se yergue sobre
una colina a un costado de esa población.
Instalado ya en su nueva sede, don Pedro de la Gasea fue llama-
do a integrar el conjunto de teólogos que discutieron en torno a la cano-
nización de San Diego de Alcalá, monje franciscano del siglo XV, de
oriundez andaluza, que mereció la devoción del mismo Felipe II (57).
De otro lado, en procura de consolidar la buena situación de su fami-
lia, concertó el 31 de enero de 1565 unas capitulaciones matrimoniales
con el obispo de Cuenca, fray Bernardo de Fresneda, que era una figu-
ra de bastante prestigio dentro del séquito del llrcy prudente". A tra-
vés de dicho acuerdo se fijaban las condiciones del enlace entre el li-
(54) CALVETE DE FSTRELLA. (2), p. 144. Además, sobre las características funda-
mentales de su gobierno episcopal en Palencia, a. FERNANDEZ DEL PULGAR,
<44>, m, p. 214.
(55) CALVETE DE ESTRELLA (2), V, p.144.
(56) A.C. Sig. Libro de actas del cabildo, t. 34, f. 3. MINGUELLA Y ARNEDO, Tori-
bio, O.S.A., Historia de la 'diócesis de Sigüenza y de sus obispos, 11 (Madrid: Tip.
de la "Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos", 1912), p. 253-254.
(57) FUENTE ARRIMADAS, (6), 11, p. 232.
221
cenciado Diego Gasea de Salazar y doña María de Velasco, sobrinos
de ambos pontífices; la unión marital debía verificarse en el término
de treinta días, obligándose la parte de la novia a proporcionar una
dote de 7.000 ducados, mientras que el esposo aportaría a la sociedad
conyugal la suma de 1.000 ducados, así como la serie de propiedades
que le pertenecían en Piedrahíta, Barco de Avila, Puente del Congos-
to y Navarregadilla, lugares de donde era oriundo el linaje gasquia-
no (58).
Una vez promulgadas las resoluciones conciliares de Trento, hu-
bo necesidad de discutir sobre los medios más adecuados para aplicar
tales directivas en la realidad social de cada territorio. Con este obje-
tivo, se desarrolló a partir de agosto de 1565 un Concilio provincial to-
ledano, en el cual estuvieron presentes los mitrados de Córdoba, Sego-
via, Palencia, Cuenca, Osma, Jaén, y también el prelado seguntino
que aquí estudiamos (59). La materia que generó mayores discusiones a
lo largo del certamen fue el reforzamiento de la jurisdicción de los
obispos respecto al desempeño de los capitulares, tal como lo habían
propuesto los ideólogos de la Contrarreforma. Conforme era de espe-
rar, la introducción de este novedoso esquema de poderes originó aira-
das reclamaciones de parte de los prebendados de diferentes iglesias,
sobre todo luego de hacerse públicas las conclusiones de la junta episco-
pal, que terminó a finales de marzo de 1566 (60).
El siguiente paso destinado a impone1r la ideología contrarrefor-
mista, limando las asperezas suscitadas entire el obispo y los capitula-
res, fue en el caso particular de Sigüenza la realización de un Sínodo
diocesano, que se inauguró el 28 de julio del año mencionado (61). En la
organización de este evento, Gasea fue efü:azmente auxi~iado por el
(58) B.R.A. H. Col. Salazar y Castro, M-133, f. 52.
(59) MINGUELLA Y ARNEDO, (56), II, p. 256.
(60) Véase la carta de los obispos reunidos en el Concilio provincial a Felipe II, fe-
cha en Toledo el 26-III-1566, en A.G.S. Patronato real, 22, f. 39. Asimismo, es in-
teresante el parecer que formuló Gasea (datado el 25-11-1566) sobre la jurisdic-
ción que deberían tener los prelados para la corrección y castigo y de sus cabildos;
ibid.f.35.
(61) MINGUELLA YARNEDO, (56), 11, p. 258.
222
vicario general y provisor de su diócesis, licenciado Miguel Díaz de
Annendáriz, individuo que hemos nombrado al tratar sobre la misión
del pacificador en América. Natural del pueblo navarro de Valtie-
rra, Díaz de Annendáriz había estudiado Cánones en la Universidad
salmantina y había llevado la beca de colegial de San Bartolomé, el
mismo Colegio en que residió -como bien sabemos- el pontífice se-
guntino; luego fue enviado a Indias, como gobernador y juez de residen-
cia de la Nueva Granada, y al regresar a la metrópoli se hizo canóni-
go, mereciendo el aprecio de Gasea (62). En cuanto al problema que esta-
ba en debate, además, es conocida una carta que don Pedro remitió al
monarca el 17 de julio de 1567, sugiriendo se pidiera el concurso del Pa-
pa para solucionar el enfrentamiento originado con el alto clero de la
arquidiócesis toledana (63).
. Uno de los testimonios perdurables que dejó el clérigo de Nava-
rregadilla en virtud de su ministerio episcopal, fue la construcción
del trascoro o deambulatorio situado a espaldas del altar mayor de
la catedral de Sigüenza (64). Por lo demás, transcurrió la fase postre-
ra de su existencia en su mansión señorial, disfrutando las glorias del
honor y riqueza que había obtenido en mérito a su actuación en la vi-
da pública española del quinientos. Se dedicó entonces a distribuir la
propiedad de sus bienes -entre parientes suyos e individuos de con-
fianza- y organizar la memoria que la posteridad debiera tener a-
cerca de su vida.
En 1566 llamó a su presencia al infanzón aragonés Juan Cristóbal
Calvete de Estrella, un escritor experto en textos de carácter laudato-
rio; para que compusiese un relato biográfico, centrado especialmente
en la jornada pacificadora que llevó a cabo el obispo en el Nuevo Mun-
do. Abastecido de copioso material informativo que el propio biogra-
(62) RUIZ DE VERGARA Y ALA VA, Francisco, Historia del Colegio Viejo de S. Bar-
tholomé, mayor de la célebre universidad de Salamanca, 2a. ed., corregida y au-
mentada por Joseph de Roxas y Contreras, marqués de Alventos, I (Madrid: An-
drés Ortega, 1766), p. 346; RODRIGUEZ CRUZ, Agueda María, O.P., "Alumnos
de la Universidad de Salamanca en· América", en La ética en la conquista de
América, (Madrid; Corpus Hispanorum de Pace, CS.I.C, 1984), p. 517.
(6.3) A.G.S. Patronato Real, 22, f. 45. En la misma fecha Gasea dirigió una nota de se-
mejante contenido al nuncio apostólico Juan Bautista Castagna.
(64) MINGUELLA Y ARNEOO, (56), 11, p. 255-256.
223
fiado puso a sus disposición, Calvete de Estrella redactó la Rebelión
de [Link] en el Perú y vida de don Pedro Gasea, a la que dio fin en
enero de 1567, escasos meses antes de la desaparición de su protagonis-
ta (65). No puede negarse que ésta es una obra bien documentada,
aunque hecha para deleitar a los lectores de su época y a la vanidad
de Gasea; abundan las descripciones de viajes o eventos bélicos y pre-
domina el tono apologético en loor del sacerdote castellano, a la par
que se omiten aspectos interesantes de la historia llinterna" relativa
a dicho personaje. Por añadidura, es curioso anotar que entre los
objetos que poseían los herederos de don Pedro a comienzos del siglo
XVII se encontraba un libro escrito en verso latino en alabanza del
obispo de Sigüenza, que parece no se difundió nunca en letras de molde
(66).
4. EL LEGADO: ESTABLECIMIENTO DE UN CLAN
PODEROSO
Hallándose en trance de agonía, Pedro de la Gasea expresó sus
disposiciones de última voluntad al escribano Bernardo Razoso el 6
de noviembre de 1567, en el alcázar de Sigüenza; debido a la quebran-
tada condición de su salud, no estuvo en capacidad de firmar el docu-
mento con su propia mano, por lo que hubo que emplearse la estampi-
lla (67). Como medida complementaria, el día siguiente delegó am-
plios poderes en su hermano el doctor Diego Gasea y en don Francisco
de Salazar, capellán mayor de la catedral seguntina; para que pudie-
sen añadir a su testamento todo cuanto les pareciere necesario (68). Fi-
(65) PEREZ DE TUDELA. (34), p. CVIII.
(66) A.G.D.V. Parroquia de Santa María Magdalena, lib. s/n. [Link] papeles
delacapillamayor(fechoen Valladolidel29-IV-1605),f.10,no.112.
(67) CUESTA GUTIERREZ, Luisa, 'Testamento de D. Pedro Gasea, pacificador del
. Perú, y la apertura del mismo", en Revista de Indias, XIII, no. 51 (Madrid, enero-
marzo 1953), p. 12~122. · ·
(68) A.R. 01. V. Pleitos Civiles, Zarandona y Balboa, fenecidos leg. 437, pieza 4, f.
13. Este legajo contiene valiosa información acerca de las propiedades y dotacio-
nes que administró don Pedro de la Gasea en el último trecho de su vida. Se formó
a raíz de una demanda planteada en 1622 por el capellán mayor de la Magdale-
na de Valladolid, alegando que el patrono no cumplía ron entregar ciertas sumas
de dinero fijadas en las constituciones de la capellanía estatuida por el obispo
deSigüenza.
224
nalmente, el lunes 10 de noviembre, entre las diez y las once de la ma-
ñana, dejó de existir en aquella señorial residencia el clérigo oriundo
de Navarregadilla (69). Había alcanzado la edad de 74 años, tras de-
sarrollar una formidable carrera en los círculos académicos, políticos
y eclesiásticos de la España imperial gobernada por Carlos V.
Al hacerse la apertura de su carta testamentaria, en la propia
fecha de sti defunción, se revelaron los generosos términos que contenía
dicha escritura. En síntesis, podemos recoger los puntos siguientes:
-manda gratificar a sus criados de diversas maneras, especifi-
cando que (a) los que hayan servido en su casa por lo menos cuatro
años tendrán derecho a gozar sus salarios vitaliciamente, (b) los que
hayan servido de dos a cuatro años, gozarán la mitad de sus salarios
vitaliciamente, (c) los que hayan servido menos de dos años, gozarán
sus salarios correspondientes a dos ejercicios anuales, y (d) los que ha-
yan sido despedidos antes de su fallecimiento no tendrán derecho a
ningún beneficio;
- manda estatuir dos censos, cada uno de renta anual de 50 duca-
dos, para celebrar la festividad del Nombre de Jesús en las catedra-
les de Palencia y Sigüenza;
- manda sepultar su cadáver en la capilla mayor de la iglesia
de la Magdalena de Valladolid;
- manda respetar estrictamente todas las disposiciones que ha-
ya ordenado con relación a su capellanía fundada en dicha iglesia,
nombrando capellán mayor a su sobrino don Diego Gasea de la V cga;
- instituye ejecutores testamentarios al doctor Gasea y a don
Francisco de Salazar, arriba señalados (70).
Conforme al deseo del obispo, su cuerpo fue trasladado a la ciu-
dad del Pisuerga para darle enterramiento en la iglesia de la Magda-
lena. Los restos se colocaron al pie de las gradas del altar principal,
. en un imponente sepulcro de jaspe, con una escultura yacente de Gasea
en que aparece revestido de pontifical, obra realizada por el famoso
(69) [Link]. Libro de actas del cabildo, t. 35, f. 378v.
(70) Don [Link] Salazar, individuo de origen presuntamente harqueño, falleció .
el31-l-1568.
225
artista vallisoletano Esteban Jordán (71). A manera de epitafio, se
grabó en los muros de la capilla mayor una inscripción evocando los
hechos y grandezas llevados a cabo por el personaje durante su dilata-
da existencia (72). El escudo de armas del linaje gasquiano, enriqueci-
do con seis banderas (mostrando una P echada, en conmemoración de
la derrota de Pizamo) y con un lema alusivo a la jornada pacificado-
ra del Perú, se colocó en diversas paredes del templo; una representa-
ción de este emblema hecha en gran tamaño se esculpió sobre la facha-
da de la iglesia de la Magdalena, frente a la actual calle de Colón,
donde reluce aún hoy en día (73)
Por todas esas manifestaciones de grandiosidad, algún historia-
dor moderno comenta que el licenciado Gasea se convirtió en la senec-
tud en un sujeto ostentoso (74). Si bien demostró entera honradez en el
manejo económico que efectuó en Indias, no se eximió empero de reco-
ger todo género de frutos que halló a la mano después de su vuelta a la
metrópoli; gracias a la concepción feudal que reinaba todavía en el
ámbito eclesiástico durante el siglo XVI, el licenciado asumió junto
con la mitra episcopal los títulos de Conde de Pernía (una comarca de
Palencia) y señor de Sigüenza, que le proporcionaron jugosas rentas. A
fin de salvaguardar su imagen de persona austera, humilde, el astuto
sacerdote se empeñó en diseminar - mediante la figura de donacio-
nes- la propiedad de sus bienes entre diversos allegados y ·parientes,
garantizando de esta manera el establecimiento de un poderoso clan,
que debería brindar lustre a su apellido.
(71) GONZALEZ GARCIA-VALLADOLID, Casirniro, Dátos para la historia biográ·
fica de Valladolid,, I (Vallodolid: Imp. y lib. de los hijos de Rodríguez, 1893), p.
565. En Valladolid,, el 22-XI-1604, doña Ana de la Vega y Barros (viuda del doc-
tor Diego Gasea) hiizo una liquidación de cuentas con los herederos de Esteban Jor-
dáb, saldando los pagos que se le debían en razón del retablo, sepulturas y lien-
zos que trabajó para el ternp~o de la Magdalena. A.G.D.V. Inventario de papeles
de la capilla mayor (citado), f. 11. no.122.
(72) ACERO Y ABAD, Nicolás, El presidente La• Gasea (Valladolid: Imp. y Llb. de
los hijos de Rodríguez, 1895), p. 19.
(73) Cf. CALVETE DE ESTRELLA, (2), apéndice (copiado de la ed. de Antonio Paz y
Meliá, 1889), V, p. 156.
(74) FUENTE ARRIMADAS, (6), II, P. 239.
226
. .
Desde esa perspectiva, es fundamental la carta de traspasó que
suscribió don Pedro el 22 de julio de 1558, cediendo a favor de su her-
mano Diego Gasea el señorío de las villas de Peñalba; en la ribera del
.. Duero, y de Padilla y Revma, en la tierra de Campos,.así como todos
· los demás bienes raíces que tu viera al presente o adquiriese en lo por-'
· venir; efectuaba esta donación bajo el .requisito de que dichas propie-
.·dades se conservaran vinculadas en un mayorazgo (75}. En los años suce-
sivos hallan:\Os otras escrituras de semejante índole extendidas ·. por el
mismo personaje, con el objeto de acrecentar el patrimonio familiar~
Por esta vía se incorporaron al mayorazgo referido : las alcabalas
(impuestos sobre las ventas y permutas).correspondientes a las villas
de Peñalba, Revilla, Santovenia y Villabáñez, que el obi~po adqui-
rió de la Hacienda Real (76). · . .. .. . . · .
Asimismo, es importante ·señalar la [Link]ón ·que firmó el prela-
do seguntino el 28 de diciembre de 1564, entregando un conjunto de bie- .
nes inmuebles a manos de su sobrino el licenciado Diego Gasea de Sala-
zar, que era el mayor de los hijos de doña María Gasea (hermana del
clérigo). Expresa el documento que la cesión comprenqía el señorío de
las · villas de Piedrahíta y Barco de Avila y del lugar de Navarrega-
dilla, junto con una diversidacl de pertenencias ubicadas en las juris-
dicciones de Puente del Congosto y Barco de Avila, todo lo cual se ha-
bía transmitido por herencia ancestral a los parientes de nuestro indi-
viduo. La condición para que el traspaso hubiera efecto consistía, des-
de luego, en que los bienes se conservasen unidos mediante el estableci-
miento de un mayorazgo (77). Ello significa la determinación de que el
licenciado Gasea de Salazar debería representar el guardián -here-
dero por excelencia- de las añejas vinculaciones territoriales del li-
(75) A.R. Ch. V. Pleitos Civiles, lcg. citado, pieza 21, f. 1. Documento otorgado en Vi-
llamuriel ente el escribano Juan Gómez de Mijangos. a. ALONSO CORTES, Nar-
ciso, "Datos de don Pedro Gasea" en Revista de Indias, IIL no 7 (Madrid, enero-
marzo 1942), p. 135.
(76) [Link]. V. Pleitos Gviles, leg. dtdo, pieza 6,f. 6; pieza 21, f. 29v; y pieza 30, f.
1. Donaciones suscritas en Valladolid el 7-!X-1599, en Sigüenza el 2-1-1563 y en
Toledo el 4-IX-1565. ·
(TI) B.R.A.H. Col. Salazary Castro, M-133, f. 95. Documento otorgado en Sigüenza an-
te el escribano Bernardo [Link] respecto a las heredades que pertenecían al
linaje de Gasea en la jurisdicción del Barco de Avila, es sumamente ilustrativo el
inventarío levantado en Aldeanueva el 18-111-1561, ante el escribano Juan Mén-
. dez. [Link].O.A. Leg. 114, no. 20. Se transcribe en los AnexQS documentales, XVII.
227
naje gasquiano, originario de la mentada zona del Barco, un asiento
· . de recios hombres en la vieja Castilla.
Para retribuir el desprendimiento de su hermano Diego, quien en-
tregó los bienes que le correspondían por sucesión en la comarca barque-
. ña, el obispo de Sigüenza acordó favorecerlo con una nueva donación.
El 28 de diciembre de 1564 cedióle la propiedad de todos los objetos
que tenía en su casa (tanto los que hubiera en ese instante como los que
adquiriese después), con lo cual el prelado se transformaba legalmen-
te en mero poseedor de esos artículos (78). Así, 11egado el momento de
su expiración, Gasea se encontraría casi desembarazado de todo patri-
monio.
En virtud de la escritura antedicha, el doctor Diego Gasea acu-
dió al castillo de Sigüenza el 7 de septiembre de 1567 para tomar en
su poder todos los bienes pertenecientes a la residencia del mitrado,
los mismos que se hallaban bajo la custodia de su mayordomo, doctor
Puertas, y del camarero Francisco Martínez. El minucioso inventario
de tales pertenencias constituye un testimonio valioso para analizar
la riqueza del menaje de un dignatario eclesiástico ~n aquellos tiem-
pos; el manuscrito revela todos los objetos de plata~ tapicería, piezas
de la recámara, utensilios de cocina, efectos de la despensa, botille-
ría, caballeriza, etc., que tenía a su disposición el pontífice seguntino
(79). Un par de días antes de la muerte de don Pedro, el 8 de noviembre
del año 67, su hermano mandó realizar otras inspección de esos artícu-
los domésticos, entregándolos en depósito al contador Francisco de An-
chieta. Con respecto al inventario previo, se constató un incremento
de dos acémilas castañas en el establo, mientras que los productos
guardados en el granero se calcularon en 1.700 fanegas de trigo y 700
fanegas de cebada, más unos pequeños volúmenes de avena y centeno
(80),
(78) [Link].V. Pleitos Gviles, ieg. citado, pieza 6, f. 2. Documento otorgado enSi-
güenza ante el escribano Bernardo Razoso.
(79) lbid. pieza 20, f. 25v. Se transcribe en los Anexos documentales, XVIII, Cf.
FUENTE ARRIMADAS, (6), 11, p. 236.
(80) [Link]. V. Pleitos Civiles, leg. citado, pieza 20,f. 58.
228
Una forma habitual de invertir dinero ante la cercanía del trán-
sito vital, dejando a salvo la propia conciencia frente a las opiniones
ajenas, consistía en la fundación de capellanías para promover el cul-
to divino. Acogiéndose a ·esta usanza, el obispo Gasea eligió como
blanco de su piadosa generosidad a la iglesia vallisoletana de la
Magdalena, un templo de edificación bastante antigua, del · que ·era
parroquiano el doctor Diego Gasea. Lo que se proponía nuestro sujeto
era tomar la capilla mayor de dicha iglesia como lugar de sepultura
para sí mismo y sus ,familiares, a cambio del compromiso de hacer res-
taurar el dañado edificio y de asignar rentas suficientes para su orna-
mentación y sustento del cura, sacristán y capcllancs<Sl). De esta suer-
te, el 12 de abril de 1563 se estableció un concierto entre el doctor Gas-
ea (apoderado de don Pedro) y Pedro de Olivares, mayordomo de la
Magdalena, sobre la erección de una capellanía en el mencionado tem-
plo. En los 25 capítulos de la concertación se fijaba, entre otros puntos,
que allí serían enterrados los padres del pontífice seguntino y su tío el
licenciado del Barco -fundamental apoyo durante su edad juvenil-,
así como los hermanos de Gasea y su descendencia; y también se deter-
minó que el mitrado gozaría derecho a situar en medio de la capilla
mayor " su tunba e bulto, de piedra labrado, lebantado según y como
lo rrequiere la dignidad y calidad de su persona" (82).
Mediante bula promulgada en Roma el 14 de octubre de 1564, el
papa Pío IV aprobó la concertación relativa a la capellanía mayor
de la Magdalena de Valladolid, dando facultad al prelado de Si-
güenza para dictar las constituciones sobre el funcionamiento de esta
obra pía (83). A partir de entonces, Gasea dedicó todo su empeño a do-
(81) lbid., pieza 12, f. 10, Carta de poder extendida por el obispo seguntino en favor
del doctor Diego Gasea, de los licenciados Buitrón y Victoria, abogados, y de
Francisco Martínez solicitador en la Otancillería de Valladolid, fecha en Si-
güenzael 12-111-156.1.
(82) lbid., pieza 12,f. 16 v. Dicha concertación fue autorizada por el provisor deVa-
lladolid el 20-IV-1563.
A propósito, cabe señalar el mandamiento expedido por el corregidor del Barco
de Avila para que el cadáver de Juan Jiménez de Avila, padre del obispo, fuera
sacado de su enterramiento en el monasterio dominicano de Aldeanueva y trasla-
dado a Valladolid. Documento otorgado el 2-IX-1570 ante el escribano Nicolás
Martínez, en A.C.E.D.A. Leg. 114, no. 26.
(8.3) [Link]. V. Pleitos Civiles, leg. citado, pieza 11, f. 3.1.
229
tar de cuantiosas rentas a la iglesia, para su fábrica, adorno y manu~
tendón de los sacerdotes, ya que ideaba que permaneciera ante la p6s:-
teridad como símbolo de sus cúalidades personales y de s1.,1 espíritu
. dadivoso.
En julio de 1565 donó a favor de la capellanía las tercias de las ·
villas de Mojados, Revilla y Santovenia, las alcabalas enteras de
Traspinedo y Tovilla y la mitad de las alcabalas de Villabáñez (84).
Exactamente un .año .más tarde fomentó la suscripción de un contrato,
por el cual el maestro Rodrigo Gil se obligaba a dirigir los trabajos de .
refacción del templo vallisoletano, percibiendo en pago de esta faena
la cifra de 1s:ooo ducados (85). Las cesiones monetarias más importan.;.
tes las realizó post~riormente, en diciembre de 1566 y septiembre de
1567, fechas en que asignó en beneficio de la capellanía un monto de
60~000 ducados, que deberían servir para la sustentación de los cléri:..
gos de la Magdalena por tiempo indefinido; dicha cantidad fue inver-
tida en la adquisición de unos juros situados sobre los dCrechos maríti-
mos que se cobraban en Medina del Campo, que producían anualmente
réditos de tres mil ducados (86). ·
Por ende, el 7 de noviembre de 1567, escasos días antes de su de-
función expidió el obispo seguntino las constituciones de [Link]ía .
mayor de la Magdalen~. Es interesante recoger algunos términos del
preámbulo, pues aquí justifica la dotación de esta obra piadosa seña.,
lando que la hizo "para satisfacer las grandes y largas faltas que en
celebrar hemos tenido", especialmente durante los ocho años que ad-
ministró negocios políticos en Valencia y Perú. Además, explica que
escogió la referida iglesia por que "era la más pobre [de Valladolid]
y quemenos remedio tenía de poderse reedificar, estando como estava
para dar en el suelo, de tal m¿¡ncra que los parroquianos por temor de
su ruina no osaban venir a misa a ella"(87). En seguida ordena la serie
(84) lbid., pieza 4, f. 19.
(85) lbid., pieza 6, f. 12. Documento otorgado en Valladolid el 4-VII-1566 ante el es-
cribano Melchor de la Serna.
(86) Ibid., pieza 25, f. 5 y 8v. Las donaciones de los mencionados juros, fechas en Si-
güenza el 13-VIII y 8-XI-1567, se encuentran en la pieza 4,f.23, y pieza 8,f3.
(87) CUESTA GUTIERREZ, (1), apénd. 7, p. 71-72.
230
de 61 capítulos que forman el cuerpo de este documento, donde quedan
señaladas las condiciones administrativas, el número de servidores y
el carácter de los oficios divinos que debían celebrarse en aquel recin-
to (88).
. . .
-Debido a su condición de ejecutor testamentario y patrono de la
capellanía instituida por su hermano, le tocó al doctor Diego Gasea
ocuparse en dar cumplimiento a las diversas medidas fijadas . por el
· difunto prelado, tanto en lo relativo a la dotación de la Magdalena y
otros .establecimientos religiosos como en lo concerniente a las pagas
de sus criados. También intervino en n'egociaciones con un representan-
te de la _cámara · apostólica, Mateo Reilusino, para determinar el va-
lor de. los bienes dejados por el obispo que pertenecían a la _Iglesia; en
abril y junio de 1568, el delegado apostólico recibió en conjunto unos
5.100 ducados a cuenta de. dicho espolio, el cual no se fijó de m_anera
definitiva sino varios meses más tarde (89). Otro hermano de nuestro
· personaje, Juan Jiménez de Avila, quien por un largo cuarto de siglo
ejerció las funciones de tenedor·de los bastimentos reales de la ciudad
de Málaga; dejó dejó de existir en diciembre de 1570. En vista de que
no poseía descendencia, nombró como heredero universal mentado al
-doctor Gasea (90)
Miembro del Consejo Real de Castilla, regidor y alférez mayor
de Valladolid, señor de Padilla, Revilla, Peñalba, Sardón y Villabá-
ñez, el' antiguo estudiante salmantino Diego de la Gasea constituía
una figura de bastante influencia en los medios cortesanos cuando fa-
lleció, en Madrid, el 26 de agosto de 1572. En la escritura de última vo-
luntad que otorgó la víspera de su deceso, manifiesta -con cierto tono
(88) Texto impreso de las constituciones en A.G.D.V. Parroquia de Santa María Mag-
dalena; lib. 11. Cf. FUENTE ARRIMADAS, (6), 11, p. 233-234.
(89) A.G.D.V. Inventario de papeles de la capilla mayor (citado), f. 9v. 105,106
y1W. La concordia sobre el espolio de Gasea se firmó en Madrid el 28-X-1569.
(90) A.G.S. Contaduría Mayor de Cuentas, 1m. época, 932. En diversos legajos de
esta sección documental se conservan papeles tocan tes a su gestión como tenedor
de bastimentos en Málaga, desde 1545 hasta 1570.
Sabemos que por su testamento (otorgado el 21-Xll-1570) Jirnénez de Avila legó
500,000 maravedís a favor de su sobrina doña María Gasea de Salazar, mujer de
Hernando de Vega, vecino de Tordesillas. Puede consultarse el inventario de sus
bienes,efectuadoenMálaga el 20-Xll-1570, en AC.E.0./\ . Leg. 106,no. 2
231
amargoso- la fiel observancia que había dispensado a las mandas
señaladas por el pontífice seguntino: ·
"... todos los bienes que el dicho señor obispo don Pero Gasea,
·mi hermano, tenía y dexó al tiempo de su fin e muerte, y mu-
cho más, sean convertido, consumido y gastado en las mandas
y obras y cosas a que el dicho señor obispo cstaua obligado por
escripturas y .contratos y donác;iones y por lo que él ordenó y
dispuso por su testamento y vltima voluntad; y avn para el
cumplimiento de lo que ansí se a he,cho y cumplido, yo e pues-
to c;iertos dineros de mi casa y hazicnda; y lo que de lo susodi-
cho no se a cumplido, a sido por no auer hazicnda del dicho se-
ñor obispo con que lo poder hazer"(91).
A través del citado testamento, el consejero Gasea estableció dos
vínculos de mayorazgo, con el fin de que la masa de sus bienes fuera re-
partida entre dos de sus hijos: el primogénito, don Pedro de Gasea de
la Vega, y el tercero de los varones, don Juan Gasea de Avila. Aparte
de ambos herederos, los demás vástagos habidos en su matrimonio con
doña Ana de la Vega y Barros fueron Diego, capellán mayor de la
Magdalena de Valladolid; Bartolomé; Maria, esposa de don Francis-
co de Contreras (burócrata cortesano); Antonia e Inés, monjas del con-
vento vallisoletano de Santa Catalina de Sena (92). En razón de la
minoría de ydad de todos sus hijos, al quedar viuda doña Ana de la
Vega· debió responsabilizarse legalmente de su tutcla y administra-
ción de sus propiedades, para lo cual ofreció como fiador al licencia-
do Diego Gasea de Salazar (93). .
Ya hemos indicado previamente algunos datos biográficos en tor-
no a dicho sobrino del obispo de Sigücnza, refiriendo su filiaciém, su
(91) A.H.P.M. Protocolo 271, f. 1033. Documento otorgado ante el escribano Gaspar
Testa.
(92) Informaciones extraídas de la pobranza de hidalguía hecha por los cuatro her-
manos Gasea de la Vega, que resume ALONSO CORTES, (75), p. 13().133. a. el
testamento de doña Ana de la Vega y Barros, fecho en Valladolid el 10-X-1600,
en A.R. 01. V. Pleitos Gviles, leg. átado, pieza 6, f. 44. .
(93) lbid., pieza 19, f. 30. documento otorgado en Madlrid el 28-Vll-1572.
232
matrimonio y su elección como guardián del patrimonio ancestral del
linaje [Link]. Valiéndose del prestigio cobrado por su apellido, el
licenciado Gasea de Salazar desarrolló una notable carrera de figura
jurídico-política durante la segunda mitad de la centuria quinientis- ·.
ta. Tras haberse graduado en la facultad de Leyes de Salamanca y
haber residido como colegial en el Mayor de San Bartolomé, fue desig-
nado en 1565 oidor de la Chancillería de Valladolid (94). Cuatro años
más tarde ya lo ubicamos en la Corte madrileña, desempeñando una
plaza de oidor en la Contaduría Mayor de Hacienda; poco después,
en junio de 1570, fue promovido a un cargo semejante en el Consejo de
Indias, organismo donde permaneció bastantes años (regentando inclu-
sive durante cierto lapso la presidencia de la Casa de la Contrata-
ción sevillana), y en la última fase de su trayectoria pública, desde
octubre de 1592, ocupó un asiento entre los magistrados del Consejo Re-
al de Castilla. Ornado con esta apreciable foja de servicios, el vetera-
no ministro Gasea de Sala zar expiró el 14 de marzo de 1603(95).
De tal modo, gracias a la preocupación del clérigo de Navarre-
gadilla por dejar una buena memoria de sus acciones individuales y co-
locar en ventajosas posiciones a los miembros de su familia, se logró el
establecimiento de un clan poderoso -el de los Gasea- en la España
imperial; un clan que participó activamente en la dirección de los ne-
gocios públicos y que disfrutó en la esfera privada de lustre y rique-
zas.
Así como los bienes reunidos por don Pedro de la Gasea se distri-
buyeron entre diversas manos, los testimonios documentales concer-
nientes a la vida de este personaje se repartieron luego de su falleci-
(94) B.N.M. Ms. 7122. f. 146v. (Catálogo y sumario breve de las personas que han si-
do colegiales de San Bartolomé de Salamanca, ca. 1628); RUlZ DE VERGARA,
(62), I, p. 391.
(95) A.G.S. Quitadones de Corte, 11; CARABIAS TORRES, Ana María, "Los colegia-
les mayores salmantinos en el gobierno de las Indias (siglo XVI)", en Res Gesta,
no. 13 (Rosario, enero-junio 1983), p. 27. Un expediente sobre la genealogía de es-
te personaje, formado en 1572, se conserva en A.H.N. Inquisición, leg. 1412, no. 11.
Los magistrados del Consejo inquisitorial, reunidos en Madrid el 17-X-1572, acor-
daron en vista de esos autos que en el licenciado Gasea de Salazar concurrían las
calidades necesarias para ser admitido como familiar en el Santo Oficio.
Sobre la desccn~cncia de dicho indidivudo, véase el ensayo genealógico conser-
vado en A.C.E.D.A. Leg.157,no.48.
233
miento ·en varias . direcciones. Unos .papeles. fueron depositados : en
1605 en el archivo de la fortaleza dE? Simailcas (96), otro apreciable
conjunto de manuscritos se entregó a la biblioteca del salmantino Cole-
gio Mayor ·de San: Bartolomé (97), y .otra SE!rie más-de pliegos queda:.
a
ron en poder de ·s us descendientes, honrados firialcs del siglo XVII .
con el título marquesal de Revilla .(98t En .nuestra labor investigado~
ra hemos tratáq.o de recoger esa dispersa · masa iriformaHva, con el ·. ·· ·
propósito . de examinar la actuación complleta .del sacerdote castella-
no. .
(%) A.G.D.V. Inventario de papeles de la capilla mayor (citado), f. 11; no. 121. Se
hace referencia a un inventario suscrito por Antonio de Ayala, secretario del ar-
chivo de Simancas, el 10-lll-1603.
(97) B.R.A.H. Col. Muñoz, t. 93, f. 218 ss.; RUIZ DE VERGARA, (962), III, p. 333. En
· dicha biblioteca se guardaron dos volúmenes en folio, uno de copias y otro de do-
cumentos originales, referidos especialmente a la jornada pacificadora del Perú.
(98) Cf. ACERO Y ABAD, (72), p. 4 y 10.
Un voluminoso conjunto de papeles relativos al mayorazgo fundado por Gasea
obra actualmente en Jerez de la Frontera en casa del duque de Abran tes, don José
Zuleta y Carvajal, a quien agradecemos las facilidades brindadas para nuestra
investigación.
234
CONCLUSIONES:
GASCA, UN POLITICO EN LOS COMIENZOS
DE LA ESPAÑA IMPERIAL
Según lo hemos apreciado a través de la evolución de su carrera
política, don Pedro de la Gasea puede constjtuir un modelo caracterís-
tico de los hombres públicos que actuaron en los comie~zos de la Espa-
ña imperial, vale decir, en una época de inusitada expansión de las
fronteras geográficas, humanas e institucic>nales. Gasea es un clérigo
oriundo de la comarca del Barco de Avila, relativamente escondida
en la sierra de Credos, que gracias a sus dotes intelectuales llegó a des-
tacar en el mundo universitario de Alcalá de Henares y Salamanca.
Admitido en la Corte por la vía eclesiástica del oficio inquisitorial, ·
efectuó su primera misión ·política en el reino de Valencia, pertene-
ciente a los dominios de la corona de Aragón, desempeñando un ~argo
-el de visitador general- que normalmente estaba vedado allí"pa-
ra los súbditos castellanos. Después realizó su tarea política más im-
portante en el virreinato peruano, investido como presidente de la
Audiencia de Lima; su objetivo fundamental consistía en sofocar el le-
vantamiento de Gonzalo Pizarro e imponer el control del Estado sobre
esa colonia ultramarina, que sólo unos cuantos lustros atrás se había
incorporado a la corona de Castilla.
Tal amplitud en el marco de acciones del licenciado Gasea es
bien representativa del formidable experimento político que supone
la España imperial gobernada por Carlos V, régimen en el que los do-
minios de Castilla se elevaron a una situación de hegemonía univer-
sal. Así se comprende que dicho personaje fuera llamado, luego de su
exitosa tarea en el Nuevo Mundo, para servir durante algún tiempo
al lado del propio Emperador~ brindando consejo respecto a la admi-
237
nistración de sus vastos y dispersos territorios. Por consigUicnte, un
análisis de los elementos que integran .la actuación política del cléri-
go de Navarregadilla puede servir para ensayar conclusiones genera-
les acerca del desempeño de los altos funcionarios castellanos en la
época del Imperio carolino. ·
Los factores que configuran la acción política de Pedro de la Gas- ·.
ca se pueden dividir en tres categorías: A) elementos condicionantes,
B) elementos constituyentes y C) elementos consecuentes. En los párra-
fos sucesivos vamos a hacer una somera recopilación de dichos facto-
res, que determinan la personalidad de este atrayente individuo del
mundo quinientista.
A) Elementos condicionantes de la actuación del funcionario caste-
llano son los siguientes:
Primeramente, sus orígenes familiares, correspondientes a una
estirpe hidalga con firme acomodamiento económico. Gasea se vio fa-
vorecido por la cantidad de bienes raíces que poseía su linaje (tanto
paterno como materno) en diversos Jugares de las montañas de Credos
y también por las importantes vinculacion<'S personales que disfruta-
ban sus parientes, en especial su tío el licfnciado del Barco, que era
allegado del cardenal Cisncros.
El acercamiento personal con Cisneros determinó que el joven
Gasea cursara estudios de teología en la Universidad complutense y
que se identificara con la línea renovadora dentro del dero hispánico
que impulsó el mismo cardenal, alentador de la entrada del humanis-
mo erasmiano en la Península. Esta corriente innovadora favorecía
una vida religiosa más austera, disciplinada, acorde con los genuinos
preceptos de Cristo.
Para su desempeño en el ámbito político, fueron decisivos los es-
tudios de jurisprudencia que realizó cl 'dérigo en la Uriivcrsiaad de
Salamanca, foco principal del mundo académico castellano. En. [Link]
concepción heredada del Medioevo, existía la idea de que la jurisdic-
ción era un ejercicio primordial de la autoridad; el Estado debía ser-
vir ante todo como árbitro, dirimiendo sobre los intereses contrapues-
tos en la sociedad. Por esta causa solía confiarse el manejo de los
organismos centrales de gobierno a hombres de leyes (letrados).
, -. (~
.. J: .
Durante su permanencia en Salamanca, el .licenciado estableció
contacto con Francisco de Vitoria y otros pensadores distinguidos de
la escuela jurídico-teológica reriancentista, de inclinación neotomis-
ta. Esta circunstancia le pcrmi tió captar la esencia del Derecho de
gentes, normador de las relaciones internacionales entre pueblos civi-
. lizados (incluyendo a los aborígenes del continente americano), y asi-
milar el propósito de instaurar un mundo de "razón y justicia", obede-
ciendo la voluntad divina. ·
Asimismo, nuestro personaje recogió la moderna noción de que el
Estado representa la entidad en que se funden los intereses de los suje-
tos componentes de la república, en que se concentra la soberanía del
pueblo. Por lo tanto, el Estado significa el garante del bien común, y
sus derechos han de ser protegidos con firmeza, pues de tal modo -ad-
vierte este pensamiento- se ampara el bienestar de la colectividad.
Con ocasión del movimiento de las Comunidades de Castilla, en
1521, el licenciado Gasea ofreció las primeras muestras qe su inaltera-
ble fidelidad a la Corona, a la que entendía como suprema figura esta-
tal. Hallándose en Alcalá de Henares, realizó diligencias a favor
del ingreso en esta población de las tropas realistas, con el fin de sofo-
car el alzamiento promovido por los seguidores de la ideología comu-
nera.
Luego de ejercer las funciones de vicario en Alcalá, fue designa-
do por el cardenal Tavera para ocupar una magistratura en el Consejo
de la Inquisición; de esta manera se incorporó al ámbito cortesano, lo
cual implicaba entender en la administración de negocios relativos a
la monarquía hispana en su conjunto. Como ministro del Santo Oficio,
asumió la responsabilidad de defender la consolidación del catolicis-
. mo en todos los dominios sujetos al rey español y de perseguir cual-
quier género de sectas heréticas.
· Gasea experimentó la rivalidad de faccio.n~s que pugnaban por
hacer prevalecer sus intereses en el mundo cortesano, situació[Link]-
. tada por las reiteradas ausenciás del Emperador. Al mudar su ·ads-
. cripción al bando de Tavera por la alineación con el partido de don
.Francisco de los Cobos, se produjo un cambio en la esfera [Link] labor bu-
rocrática: pasó del terreno religioso al político, campo éste [Link] sig-
nificado nuestro principal objeto de a tendón. . · ·
239
B) Elementos constituyentes de la acción política de Gasea, relacio-
nados especialmente con sus misiones en Valencia y el Perú, son los si-
guientes:
Dentro de la c~rrera del protagonista es importante su tarea co-
mo visitador de los oficiales reales de Valencia porque lo sitúa frente
a unos caracteres culturales e institucionales diferentes del mundo cas-
tellano y porque le permite entrenarse a través del contacto con diver-
sos ramos de la administración pública. Aunque su competencia no era
en realidad ejecutiva, sino ante todo fiscalizadora, ofreció eviden-
da.s de hallarse capacitado para desarrollar una labor política de
mayor envergadura.
Debido al óptimo efecto de su trabajo en Valencia, y gracias a la
poderosa influenéia de Cobos, don Pedro de la Gasea fue seleccionado.
para llevar a cabo la misión pacificadora del Perú. Antes de partir
hacia el nuevo continente se le otorgaron amplios poderes y el cargo
de presidente de la Audiencia, que suponía la obligación de manejar
directamente todos los negocios públicos de aquel virreinato. El juris-
ta debía poner entonces en obra los conocimientos teóricos y prácticos
adquiridos durante su larga capacitación previa.
Conseguida la victoria sobre los rebeldes [Link] mediante
una campaña militar, el clérigo manifestó una mentalidad claramen-
te señorial al emprender la distribución de premios entre quienes coad-
yuvaron al triunfo del estandarte monárquico. El reparto de Guayna-
rima constituye un instrumento destinado a establecer en el Perú una
aristocracia de encomenderos, reducidos en número y económicamente
poderosos, alrededor de los cuales debería girar la vida de la pobla-
ción ibérica en dicha colonia. Los demás hombres peninsulares ha-
brían de fungir como meros clientes (dependientes) de los poseedores
de repartimientos indígenas.
En virtud de su preocupación por dispensar buen tratamiento a
los vasallos nativos, el presidente de la Audiencia se revela como un
fiel intérprete del espíritu de las Leyes Nuevas, conjunto de reglas
proteccionistas expedidas a instancias de Las Casas; más aún, duran-
te su labor gubernativa se hizo auxiliar por sacerdotes dominicos, apo-
yando la obra de evangelización dcsarro11ada por éstos entre los abo-
rígenes. Al promover la conservación de la fuerza de trabajo india,
240
empero, Gasea defiende no sólo principios humanitarios, sino tam-
bién el interés económico de la Corona.
De modo genérico, la tarea administrativa del hombre de leyes
formado en Salamanca está orientada a imponer en América el predo-
minio de los criterios políticos de la metrópoli. Con este objetivo,
aplica la tasación de tributos para controlar las rentas de los encomen-
deros, asienta definitivamente la Audiencia y los corregidores como
instancias del ministerio judicial, organiza una estricta recaudación
de los ingresos fiscales, etc.
Junto con la derrota de la sedición gonzalista, el logro más impor-
tante de Gasea en su ejercicio presidencial consiste en la recolección de
un enorme caudal de metales preciosos para las arcas del Estado, mer-
ced sobre todo al beneficio de los yacimientos argentíferos de Potosí,
que se habían descubierto poco tiempo antes. A causa de las dificulta-
des financieras que padecía el imperio carolino, su remesa de casi dos
millones de escudos fue acogida con extraordinaria satisfacción, va-
liendo para el licenciado la concesión de dignidades preeminentes.
Por su exitoso desempeño en el Nuevo Mundo, Gasea permaneció
ligado en la metrópoli a la gobernación de las colonias indianas. En
repetidas oportunidades fue llamado a expresar su dictamen acerca.
de la resolución que debería promulgarse en materias como la discuti-
da perpetuidad de las encomiendas, la estructuración del sistema judi-
ciario o el usufructo de las riquezas mineras. También residió algún
tiempo en la Corte imperial, atendiendo junto a Carlos V los proble-
mas que planteaba la administración de sus vastísimos territorios.
No poseen menos relevancia las virtudes que entrañaba la mis-
ma personalidad del clérigo de Navarregadilla. Era un hombre de no-
table talento diplomático, un castellano "fino", capaz de atraerse la
colaboración de diversos grupos humanos y de negociar con los elemen-
tos más conflictivos. Era también un gobernante prudente, apegado a
las leyes y a los razonamientos bien meditados; ante las circunstan-
cias decisivas, sin embargo, solía actuar de manera eminentemente
pragmática, subordinando todo al logro de sus miras políticas.
C) Elementos consecuentes de la intervención del licenciado Gasea
en el ámbito político son los siguientes:
241
.. Tratándose de un individuo de profesión religiosa, la .mitra ·epis-
.copal sirvió de recompénsa a su actuación en la esfera laica ..Interesa .
señalar que para poder ocuparse en asuntos normalmente ajenos a su .
el
hábito, tanto en Levante como eil Indias, clérigo debió gestionar la
expedición de una dispensa papal. ·Salvada así la tacha de irregula-
ridad, don Pedro desempeñó más tarde los obispados de Palencia y Si-
güenza~·
La identificación con las normativás propias de la Contrarrefor-
ma es uno de los factores que caracterizan el gobierno episcopal de
nuestro personaje. Gasea puso empeño en divulgar el mensaje evangéli-
co conforme a la línea exegética trádicionalista; [Link] las cau-
sas inquisitoriales más sonadas de aquella época; tomó parte en asam-
bleas dedicadas a examinar la aplicación de las regulaciones contra- .
rreformistas emanadas del Concilio de Tren to.
Aunque el sacerdote castellano ·se formó originariamente en la co-
rriente renovadora . dentro de la Iglesia peninsular, . vinculada a la
austeridad y disciplina conventual, en el curso de su vida llegó a ad-
quirir una gran ambición por los honores. Su dignidad de obispo, que
llevaba aparejadas mantiosas rentas de índole feudal, le permitió
reunir una apreciable fortuna. Estos bienes suyos los distribuyo én dos .
direcciones: favoreció con múltiples donaciones a sus parientes y .esta-
tuyó una obra piadosa en Valladolid. ·
' '
.Durante su existencia, el clérigo denotó preocupación por colocar
en ventajosos empleos a sus hermanos y otros familiares próximos. De
esta suerte, y con las donaciones de propiedades realizadas en benefi-
cio de ellos, debería establecerse un dan poderoso -:-el de l()s Gasea-
llamado a perpetuar la memoria del ilustre político quinientista. ·
Tales son las características inás saltantes que conforman la per-
sonalidad de don Pedro de la Gasea como .hombre público de ·1os
comienzos de la 'España imperial;· especialmente bajo el gobierno de
Carlos V. Mediante el estudio de su obra política, queremos haber
brindado una aproxnmación hacia el conocimiento del desempeño de
los funcionarios castellanos que rigieron los negocios estatales en
aquel período de exltráordinaria trascendencia para la .historia de Es-
paña y sus dominios de América. ·
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259
ANEXOS DOCUMENTALES
ADVERTENCIAS PRELIMINARES
El propósito de estos anexos es el de complementar, meqiante;evi-
dencias documentales, las aserciones y enjuiciamientos que se hallan.
en nuestro estudio crítico relativo a la obra política de don Pedro de
la Gasea. Para dicho efecto hemos realizado una selección de docu-
mentos inéditos, cuya transcripción tiene por objeto iluminar diversos
aspectos de la biografía del personaje y de su tarea como agente de la
Corona en los comienzos de la España imperial. Esta serie de diecio,.
cho manuscritos se expone de acuerdo al orden cronológico, en un maito
que comprende desde 1543 hasta 1567.
A través de las piezas aquí expuestas, se puede tomar conoci-
miento detallado de las actividades del licenciado Gasea como visi-
tador en el reino de Valencia: su diligencia en la toma de cuentas a
los oficiales de hacienda (I), su calificación de los hombres de leyes
hábiles para el ministerio de justicia (11), su participación · en los
aprestos de la defensa militar contra el ataque de Barbarroja (III}, su
constante amparo de los intereses económico-políticos de la monar-
quía (N). Hallándose el emisario regio en Levante, tuvieron lugar
las primeras consultas acerca de su responsabilidad en la misión paci-
ficadora del Perú. Nuestros documentos ofrecen la propuesta for-
mulada por el heredero de la Corona (V), así como la aceptación del
sacerdote castellano (con sus motivaciones y exigencias personales), y
dejan a la luz el rol protector desempeñado por el influyente ministro
Cobos (VI y VII).
263
En cuanto a la intervención del protagonista en tierras del Nue-
vo Mundo, se enfoca la campaña militar desarrollada contra los rebel-
des pizarristas por intermedio de una relación de los vecinos leales al
estandarte monárquico (VIII) y de una circunstanciada lista de los
gastos hechos para abastecimiento de las tropas gasquianas (IX).
Tras la victoria en Jaquijahuana, le tocó al pacificador aplicar dispo-
siciones variadas para el sosegamiento de la colonia; entre otras
medidas, ordenó gratificar con pensiones a los soldados que no mere-
cieron repartimientos de indios (X) y promulgó ordenanzas referentes
a los esclavos cimarrones (XI) y al tráfico naviero (XII). Son dignos
de interés, además, los gastos domésticos que realizó el presidente de
la Audiencia durante su estadía en Lima (XIII).
Conforme es sabido, junto con la imposición del predominio esta-
tal en el virreinato peruano, el mayor logro del clérigo en su misión
ultramarina consistió en la remesa de un extraordinario cargamento
de metales preciosos para las arcas de la Corona. Un par de nuestros
manuscritos se refieren a la entrega de piezas argénteas que efectuó al
llegar a Sevilla, incluyendo la plata labrada perteneciente al servi-
cio de su mesa (XIV y XV). Por último, aparecen también algunas
otras materias tocantes al dilatado curso vital de don Pedro de la
Gasea: una relación al Consejo de Indias lo muestra en calidad de ase-
sor gubernativo para negocios americanos, brindando indicaciones
sobre la explotación de las minas de Charcas (XVI); un inventario evi-
dencia la riqueza patrimonial de su linaje en la comarca del Barco de
Avila (XVII); otra escritura semejante da a conocer la cómoda existen-.
cía que disfrutaba el obispo de Sigüenza al final de su vida, aunque
todos sus bienes se hallaran legalmente en propiedad de su hermano
menor... (XVIII).
En la transcripción de dichos testimonios históricos hemos procu-
rado respetar la ortografía original, modernizando la puntuación y el
empleo de mayúsculas y minúsculas, y hemos cambiado los números ro-
manos por cifras arábigas en aquellas relaciones dedicadas especial-
mente a problemas cuantitativos, con el fin de hacer más cómoda su
lectura. En la mayoría de los casos, trátase de versiones originales o
de copias autorizadas; únicamente constituye la excepción un despa-
cho regio, cuyo texto se halla inacabado por tratarse de una minuta
(V). Según queda advertido en los lugares correspondientes, algunos
manuscritos están redactados de su puño y letra por el propio licencia-
264
do Gasea. Las fuentes de procedencia de los documentos se encuentran
indicadas al pie de cada texto.
El último apartado de los presentes anexos (XIX) está destinado
a ofrecer un índice de la relación epistolar mantenida por el clérigo
de Navarregadilla durante los años de su ejercicio .como funcionario
político. Tal registro comprende los despachos cursados por Gasea a
diferentes personajes e instituciones, comunicaciones que se encuentran
tanto inéditas como publicadas en distintas obras, o bien que se cono-
cen únicamente por referencias. En cuanto a su gestión de ministro in-
quisitorial y visitador en el reino de Valencia, hemos seleccionado
las cartas remitidas al príncipe Felipe, regente de la monarquía espa-
ñola, al comendador mayor Cobos, figura preponderante en el Consejo
[Link], y a los magistrados del Consejo de la Inquisición. Por lo que
atañe a su labor en la misión pacificadora del Perú - responsabili-
dad política de mayor envergadura-, hemos observado un conjunto
de destinatarios más amplio: a la cabeza, el propio Emperador; sus
hijos el príncipe Felipe y la princesa María, gobernadores de los do-
minios de Castilla por ausencia del monarca; el Consejo de Indias y la
Casa de la Contratación, máximos organismos rectores del gobierno
americano en la metrópoli; el caudillo rebelde Go_nzalo Pizarro, prin-
cipal interlocutor del emisario cortesano en el Perú.
A causa de la dispersión de las fuentes documentales, no es fácil
ensayar un registro similar de los despachos enviados a Gasea por
esas mismas personas y en ti da des de la administración pública, con
lo que se podría tener una visión completa dé su correspondencia. De
todas maneras, consideramos que esta ordenación (cronológica y bi-
bliográfica) de las misivas cursadas por el agente de la Corona puede
servir para redondear nuestra idea en torno al desempeño de un alto
funcionario castellano en el Imperio hispánico de aquella época. En
este caso particular, de un letrado instruido en Salamanca que se esfor-
zó por defender cabalmente los intereses de la monarquía.
265
I
SENTENCIA PRONUNCIADA EN LA RESIDENCIA DEL BAILE
GENERAL DE VALENCIA' .
(Valencia, 28-VI-1543)
Visto el proceso de residencia hecho contra los nobles don Luys
Carroz de Villaragut y don Luys, su hijo, bayles y receptores genera- ·
les en esta insigne ciudad y reyno de Valencia, e la prouisión que cer- .
ca e sobre el al~amiento de suspensión Su Magestad dio en B~rcelona
a primero de mayo <leste presente año de mil y quinientos y quarenta
y tres; y como en la residencia pública ninguna quexa no demanda
contra alguno dellos huno, sino tan solamente vna demanda que Pere
Joan Torrellas, boticario, puso contra el dicho don Luys, mayor de
días, la qual no paresce hauer prosesuido;., y com() de la información
que de officio en la secreta se recibió, ningul)a cosa resultó de que quan-
to a la administración de justicia de bayles: se les d~uiesse hazer car-
go, quanto quiera que ert la dicha información se tomaron e recibie-
ron testigos en número tales que tenían noticia de las cosas de la dicha
baylía y de la administración y manera que en el exercido de su offi-
cio han tenido los dichos bayles; y dado que fueron examinados por
muchos artículos que conprehendían todas las cosas en que los dichos .
bayles pudieron hazer contra io que se deuía al buen exercicio .y ad-
ministración de su officio, antes por la dicha información y testigos
paresce que los dichos bayles padre y hijo han administrado la dicha
jurisdicción de bayle limpiamente, con rectitud y bondat, sin hazer
agrauio a alguna persona, defendiendo las regalías del Patrimonio
Real y las preheminencias del dicho officio de bayle como buenos ser-
. uidores y officiales de Su Magestad.
Fallamos que deuemos absoluer y absoluemos a los dichos nobles
don: Luys, mayor de días, y a don Luys, su hijo, de la dicha residencia
ansí pública como secreta quanto a lo tocante a la administración de ·
la justicia, y damos por no partes al procurador fiscal y a todas y qua-
267
lesquiere personas y comunidades de qualquier estado e condición que
sean que puedan pretender hauer recebido en la dicha administración
de justicia agrauio alguno para poderlo intentar por vía de quexa o de-
manda ciuil o criminalmente contra los dichos bayles o contra qual-
quiera dellos; imponiendo como imponemos perpetuo silencio sobre e
cerca el tal agrauio al .dicho procurador fi~cal e a todas e qualesquier
personas e comunidades que en la dicha administración de justicia
puedan pretender hauer sido hasta ahora agrauiadas de los dichos
bayles o de alguno dellos; declarando como declaramos los dichos bay-
les padre e hijo hauer bien, recta y limpiamente, sin cohecho ni bara-
tería alguna, administrado justicia en el dicho officio de bayle y de-
fendido las regalías del Patrimonio Real con el cuydado, zelo y dili-
gencia que deuían, y hauer conseruado las preheminencias y jurisdic-
ción de su officio como buenos officiales. Y ansí lo declaramos,
pronunciamos y sentenciamos en estos escriptos y por ellos
difinitiuamente juzgando y pro tibunali sedendo.
Encargando como encargamos a los dichos bayles que al tiempo
que nonbraren alguno para justicia criminal o ciuil o para almustac;af
no le pidan officio de los que después de nonbrado suele proueher, ni
antes de nonbrarle, pues sería género de recebir dádiua por lo que
graciosamente y sólo considerado el bien pútblico han de hazer, ni des-
pués de lo hauer nonbrado porque en alguna manera parescería extor-
sión, attenta la causa que al nonbrado avn queda de no dexar desgra-
ciados los dichos bayles para quando otra vez el tal nonbrado boluies-
se a ser con otros elegido; y que ya que sin pedir los dichos baylcs al
gún officio antes de halzer el nombramiento, ni después, el que nonbra-
do fuere se le diere libre y espontáneamente de su propio motu, que no
se prouea el tal officio a persona que le venda, sino que libre y gracio-
samente se dé a persona suficiente que le sirua, pues de venderse los
officios no sólo no se da buen exemplo, mas avn se siguen otros inconue-
nientes.
. Y ansí mesmo les encargamos que tengan mucho cuydado y vigi-
lancia en hazar que los officiales de la dicha baylía, ansí escriuanos
como los demás, hagan con diligencia sus officios y despachen breue-
mente a los arrendadores y a los otros negociantes, sin llcuarles más
de los salarios e derechos justamente deuidos ni so color de derechos
ni por razón del breue despacho, avnque lo den graciosamente los
tales arrendadores, bayles locales y los otros negociantes, pues de ha-
268
zcrse lo contrario resultaría que los officiales se deternían en los des-
pachos a fin que los negociantes les diesscn alguna cosa porque los des-
pachasscn y no serían a todos yguales en la breue expedición.
Y ansí mesmo les encargamos que no consientan que offidal algu-
no de la baylía aduogue, procure ni solicite causa alguna contra el Pa-
trimonio Real ni sus rentas, pues que allende de ser cosa no deuida que
consistiendo la principal parte del officio de la baylía en la defensa
del Patrimonio Real los officiales della ayuden contra el dicho Patri-
monio y sus rentas, se daría causa que como los dichos officiales ten-
gan noticia de los derechos del dicho Patrimonio y sus rentas, los pro-
palarían y manifestarían a las partes aduersas a quien ayudassen.
Y quanto a las cosas tocantes a la administración, recepción y co-
brarn;a del Patri monio y pecunia real, reseruamos en nos facultad de
declarar, sentenciar y executar cerca ,e sobre ellas conforme a lo que re-
sultare del proceso de cuentas que por la comissión de Su Magestad ha-
zernos con el noble don Luys, mayor de días, que hasta ora solamente
ha parescido hauer administrado el dicho Patrimonio y pecunia resci-
biendo las rentas dél y distribuyéndolas.
En consequencia de lo qual y conformándonos con la dicha proui-
sión que Su Magestadmandó dar en Barcelona, quanto el buen recaudo
y seguridad de la administración y cobran~a del Patrimonio Real y
sus rentas da lugar y permite, al~arnos y quitarnos a los dichos bayles
la suspensión que del dicho officio de bayle por nos (conforme a la ins-
trucción que de Su Magestad tenernos) les fue hecha al tiempo de la
publicación de su residencia para que de aquí delante vsen y gozen de
las preheminencias, prerrogatiuas, antelaciones que como a bayles
les conuienen y exerciten la jurisdictión y hagan todas las otras cosas
que los bayles generales suelen Y. acostunbran hazer, como lo hazían
y pudían hazer antes de la dicha suspensión.
Quedando en su fuer~a y vigor tan solamente la dicha suspensión
quanto a lo tocante al officio y exercicio de receptor, por manera que
durante el examen y processo de las dichas cuentas o hasta que otra co-
sa (conforme a la .instructión que cerca de dello tengo) por mí sea
proueydo en lo tocante a esto, no se entrometen ni reciban las rentas ni
emolumentos del Patrimonio Real, sino que lo haga y las reciba en la
tabla desta ciudad, de la forma que por nos fuere ordenado que se hi-
269
ziesse la dicha recepción al tiempo que hezimos la suspensión, la per-
sona que para ello por mí fuere deputada. La qual, porque la cobran~a
de las dichas rentas y obuenciones se hagan con toda facilidad, pueda
compeler a los bayles locales y a los otros deudores de las dichas ren-
tas y obuenciones reales a la paga dellas por cartas y mandamientos
firmados del dicho don Luys o de su hijo o del mesmo que para la di-
cha cobran\a e receptoría fuere deputado, como más conuenga a la fá-
cil cobran\a de las dichas rentas y por nos fuere ordenado, y assista
con los dichos bay!es o con qualquiera dellos al hazer y afiarn;ar las
dichas rentas, y ansí mesmo ponga colectores en caso que de coger se
hayan juntamente con los dichos bayles o qualquiera dellos.
El licenciado Gasea.
FUENTE: Archivo General de Simancas, Estado, 293,f. 227
270
11
MEMORIAL DE LAS PERSONAS, LETRAS Y CUALIDADES
DE LOS LETRADOS DE VALENCIA
(Valencia, 13-IX-1543)
Lo que alcarn;o de las personas, letras y qualidades de los letra-
dos desta 9udad de ValenQa es lo siguiente:
. Al doctor Philiberte tengo por buen letrado y de entendimiento
bueno y prudente y que no sólo es para admiriistrac;ión de justi<;ia, mas
aun para govema9ón y expedientes de negcx;ios, y por hombre entero
y de buena con59en<;ia; será hombre de <;incuenta años o algo menos, y
de pequeño tiene mediana· representac;ión de .persona; tiene expe-
rien9a de muchos años de avogac;ía y es de los que aora más a ella ga-
nan en esta tierra, y regió un tiempo el offic;io de assessor de govema-
dor. Hele experimentado en los neg°';ios del Santo Officio harto y en
los de la residen<;ia del bayle alguna cosa. ·
Al doctor don Pero Luys Sans tengo por letrado y de entendimien-
to para administrac;ión de justicia y govema<;ión y expediente de ne-
goc;ios y por hombre de consc;ienc;ia; será hombre de la edad que el pas-
sado o algo más y de buena representac;ión de persona; tiene expe-
rienc;ia de muchos años de avogac;ía, en que ha ganado bien, y ha regi-
do y rige el offic;io de assessor de governador desde año y medio a esta
parte, y ha xxiiij años que es consultor en el Santo Offic;io desta Inqui-
si<;ión; no sé ny he oydo que en alguno destos offic;ios haya dexado de
hazer lo que devía. Hele experimentado mucho en los neg~ios del
Santo Offi<;io y también en la residen<;ia pública de los de la Rota, en
que ha sido avogado.
Al doctor Benavente tengo por letrado y que ha visto bien en su
facultad de Derechos y por trabajador más que a los dos passados, pe-
ro por algo confuso y que tiene entendimiento más bastante para admi-
271
nistrac;ión de justic;ia que no para governac;ión ny expediente de
neg~ios; téngole por hombre de consc;ienc;ia, aunque por hombre que se
affi9ona algunas vezes algo más de lo que convernía para juzgar con
ánimo indifferente y que se assa de fundamentos no de mucho peso pa-
ra fundar aquello a que se affic;iona; será hombre de la edad de los
passados y de poca representac;ión de persona; tiene experienc;ia de
muchos años de avogac;ía y es uno de los que a ella más ganan en esta
tierra, y ha regido algún tiempo el offic;io de assessor de governador.
Hele experimentado mucho en los neg~ios del Santo Offic;io y algo en
la residenc;ia de los de la Rota.
Al doctor Ros tengo que porque ha días que no es continuo en su
studio está descaeS\ido de las letras, pero que de haverlas tenido y
practicado mucho y de tener buen natural es suffic;iente para adminis-
trac;ión de justic;ia, y que para governac;ión y expediente de neg~ios es
uno de los mejores entendimientos y prudentes que aquí conozco. Y da-
do que la residencia pública dél y de los otros de la Rota va al cabo y
haya havido en ella número de demandas, de las quales aún hay más
de xx proc;essos por sentenc;iar, pero hasta aora no he visto cosa porque
le pueda tener sino por entero juez, aunque en algunas de las causas de-
terminadas ha sido condenado en algunas cosas que no contienen delic-
to ny malic;ia; bien es verdad que una accusación criminal se presentó
contra él de haver mandado dar un garrote a un hombre en la cárc;el
sin oyrle, y que después havía constado no tener culpa, y por no tener
breve yo para pader conoS\er desta causa sin incurrir en yrrigulari-
dad, dixe a la parte querellante que para conosc;er de las causas desta
qualidad tenía comissión el regente myc;er Piquer, la qual no quiso se-
guir ante él la causa, sino hazer presentac;ión ante my dentro de los
xxx días que se davan para poner las quexas o demandas en la resi-
denc;ia y aguardar a seguir la causa quando se me hUviesse traydo bre-
ve, como Su Magestad escrivió que se havría para que yo pudiesse co-
nosc;er destas causas sin irregularidad; y ansy no se ha seguido esta
causa, ny puedo dezir si tiene culpa o no en ella, ny si de la secreta re- ·
sultará algo contra ·él porque aún no se ha rec;ebido. Será hombre de
más de lx años, de los más antiguos letrados desta c;iudad, y que fue
muchos a~os de la Rota, y de buena representac;ión de persona y de lar-
ga experienc;ia en avogac;ía y diversos offic;ios que en esta c;iudad ha
tenido; es tenido algo por converso, aunque muy poco y de lexos. Hele
experimentado mucho en esta residenc;ia.
272
Al lic;en9ado Stela tengo por hombre de buenas letras y continuo
studiante y trabajador y de buen entendimiento ansy para adminis-
trac;ión de justic;[Link] para govemac;ión y expediente de negoc;ios. Y
hasta aora de la residern;ia no he visto cosa porque le pudiesse tener
sino por bueno y entero y diligente juez, dado que en la residen9a ha-
ya havido y hay en éste lo que he dicho de myc;er Ros, exc;epto que con-
tra solo myc;er Ros es la quexa del garrote. Será de edad de xi años o
algo más y de mediana representac;ión de persona, y fue de la Rota
desde el año de xxxv hasta las últimas Cortes de Morn;ón, en que se re-
vocó esta Audienc;ia, y ha sido algunos años y es consultor deste Santo
Offic;io. Hele experimentado mucho en negrn;ios del Santo Offic;io y
de la residern;ia y en algunos otros.
Al doctor don Pedro de Moneada tengo por mediano letrado y de
suffic;iente entendimiento ansy para administrac;ión de justic;ia como
govemac;ión y expediente de negoc;ios, y por hombre de consc;ienc;ia; se-
rá de edad de xlv años o algo más, de mediana representac;ión de per-
sona; tiene experienc;ia de avogac;ía ya de años y es uno de los que bien
a ella ganan en esta c;iudad; hay días que es avogado de los presos en
este Santo Offic;io. Hele experimentado en negoc;ios del Santo Offic;io
en que ha vogado.
Al doctor Abbad tengo por letrado y de suffic;iente entendimien-
to ansy para administrac;ión de justic;ia como para expediente de ne-
goc;ios; oyo dezir que no es tenido por muy cuydadoso de consc;ienc;ia,
pero yo no podría dezir c;erca desto sino solamente que en una causa
que en esta residenc;ia me procuró de informar, me paresc;ió por el
proc;esso que se alargó más en su relac;ión de lo que con verdad en el
proc;esso havía: fue possible que fuesse más por no estar bien en el
proc;esso que no por quererse a sabiendas alargar. Será de edad de 1 a-
ños, de mediana representac;ión de persona y de experienc;ia de avo-
gac;ía, que ha muchos años exerc;ita, y es de los que más negoc;ios en e-
lla tienen; es tenido por converso de una parte. Hele experimentado
en negoc;ios de la residern;ia y en otros dos que se ha offresc;ido tractar
con él.
Al doctor Capdevilla tengo por suffic;iente letrado y studioso y
de suffü;iente entendimiento ansy para administracc;ión de justic;ia co-
mo para govemac;ión, aunque no creo será muy desembuel to para el bre-
ve despacho de negoc;ios, y por hombre de buena cosnc;ienc;ia. Será de
273
edad _d e xl'? -~ños_~ algo más, de buena representac;ión de persona; tie-
ne experiencia.- d j ;}negoc;ios .dejivogac;ía, en la que él tiene razonable
[número] dellos; ha algunos días que júntamente con don Pedro de Mon- i
cada es avogado de los presos del Santo·Offic;io. Hele experimentado ~-
en ellos y en algunos otros. - ·
Al doctor Urgelles tengo por mediano letrado y que continuamen-
te studia y trabaja, y por de bueno y cuerdo entendimiento ansy para
administracQón de justic;ia como de governac;ión, y por de buena y ente- _-
· ra co~iencia; será de edad de :xxxiiij o xxxv años, de poca represen-
tac;ión de person~; no tiene mucha experiem;ia de negoc;ios. Hele expe-
rimentado en las cosas de la baylía porque ha sido teniente de asses-
-sor del bayle, y aunque moc;o contentóme con sus buenas partes y entere-
za. -
Al doctor don Dimas de Aguilar tengo por suffic;iente letrado y
de buen entendimiento ansy para administrac;ión de justicia como de
govemac;ión y por hombre bien entero; algunos le quieren notar de se
determinar no con mucha deliberac;ión, pero de lo que en él he visto no :. ,
ossaría notarle tanto; será hombre de lx años, de mediana represen-
tac;ión de persona y de experienc;ia de negoc;ios. Hele experimentado
mucho en los deste Santo Offic;io y algo en
los de la residencia de los
doctores de la Rota. ·
Al doctor Sans de Morella tengo por hombre de _razonables le-
tras y de mediano entendimiento para administrar justic;ia y que en go-
vemac;ión ni expediente de negoc;ios no será muy prompto, y téngole
por hombre bueno y entero, y por tal es tenido; será hombre de lx años
y de buena representac;ión de persona, y tiene experienc;ia de neg~ios
de avogac;ía, de los quales no tiene muchos. Hele experimentado en
los negoc;ios del Santo Offic;io y por ser hombre mtiy de pocas pala-
bras, con haverle comunicado en ellos continuamente de ocho meses a
esta parte, no tengo de sus letras tanta notic;ia como de su bondad.
Al doctor <;arc;ola tengo por poco letrado y que no es muy conti-
nuo en su studió, dado que tiene bueno y cuerdo entendimiento ansy pa-
ra administrac;ión de justic;ión de justic;ia como para govemac;ión, y no
he visto cosa porque le pudiesse tener por mal juez, dado que en la resi-
denc;ia ha havido lo que he dicho de myc;er Ros, exc;epto lo del garro-
te que (como se dixo) sólo se intenta contra Ros; será de xxxv o xxxvj
274
años; fue de la Rota desde el fin de xxxviij hasta las dichas últimas
Cortes de Mon\ón. Hele experimentado en sola la residen\ia.
Al doctor Soria no tengo por letrado y no de muy assentado enten-
.dimiento para administra\ión de justicia y menos para expediente de
negO\ios de governa\ión; no está en possessión de muy cuydadoso de
. con~ien9-a, aunque yo no he visto cosa en que le pudiesse notar por de -
mala con~iencia; será hombre de 1 años o más y de mediana represen-
ta~ión de persona y de experien\ia de negO\ios de avoga\ía, en la qual
tiene hartos. Hele experimentado en la residen\ia en las causas que
ha avogado y en lo de la baylía, porque de poco acá es teniente de
bayle y para este officio creo es bien suffi\iente.
Al doctor Paredes no tengo por letrado ny trabajador y por hom-
bre no d~ delgado entendimiento, dado que el tengo por buen hombre y
que en avoga\ía tiene algunos nego\ios, y regió el offi\io de assessor
años; será de xlv años o más y de buena representa\ión de persona. He-
le experimentado·en los neg0<;ios del Santo Offi\io y en la residern;ia
dela Rota. ·
Al doctor Coscolla tengo por mediano letrado y hábil para ad-
ministra~ión de justi\ia, aunque algo confusso y no creo sería para ex-
pediente de neg~ios de govema\ión, y no he visto cosa porque no le de-
va tener por de buena con5\iencia; será hombre de quarenta años o al-
go menos y de poca repre·senta\ión de persona, y tiene experiern;ia de
negO\iÓs de avogac;ía, en que tiene algunos,; es converso de todas par-
tes y hijo de padre y madre relaxados en persona por el Santo Offi\io .
. Otros letrados en Derechos hay en esta \iudad, de que no se ha-
ze caso por ser mo\os y de poca experiern;ia y de no tantas letras.
Ex\epto del doctor Gascón, a quien tengo por mediano letrado y studio-
so y de mediano entendimiento para administra\ión de justi\ia, pero
no para expediente de negO\ios de governac;ión, y tiene alguna expe-
rien\ia de avoga~ía, en que ya tiene algunos neg0t;ios; será de xxxv
años y no de mucha representa\ión de persona y que no se da muy bien
a entender.
Del regente my\er Piquer no he hecho relac;ión porque no pienso
hay pensamiento de le mudar de lo que tiene y no porque no tenga de
él todo buen corn;epto ansy en letras, que las tiene muy buenas, y muy
275
bueno y cuerdo entendimiento para administrac;ión de justic;ia y gover-
nac;ión, y tiene todo buen zelo a hazer justi<;ia sin respecto de nayde, y
trabaja mucho, y c;ierto es hombre (a lo que tengo entendido) n~essa-
rio y ac;ertado para lo que tiene dado, que según son muchos los ne-
g0<;ios creo convernía proveerle de compafieros bolviendo la Rota. Y
téngole mucho experimentado en los nego~;ios del Santo Offic;io y en
otros muchos que hemos entrambos comunicado.
De los doctores que arryba he puesto, consideradas todas las qua-
lidades que en ellos me paresc;en que concurren, me paresc;e que en sus
méritos guardan la orden que en contarlos puse, dado que tales circuns-
tanc;ias podrían concurrir en algún offü;io que me podría paresc;er que
no conveniesse tanto los que primero van puestos como algunos de los
otros.
FUENTE: Archivo General de Si mancas, Estado, 287, f. 265;
autógrafo.
276
III
RELACION SOBRE LA DEFENSA DEL REINO VALENCIANO
(Valencia, 13-IX-1543)
Lo que para la defensa deste reyno el teniente de general, con pa-
re~er y consejo de los offi\iales reales e de otras personas que para me-
jor deliberar en lo que más cumpla ha junctado, ha determinado es lo
siguiente:
Alicante
Primeramente que porque la \ibdad de Alicante es vna de las co-
sas más importantes deste reyno y está en la parte más peligrosa dél,
ansí por ser marítima e hazia la parte adonde avn quando no hay pu-
jarn;a de armada (como ahora se teme que la habrá) las fustas de Ber-
bería más acuden e hallan más aparejo para hazer daño, como tam-
bién por estar \ercada de tierra toda llena de moriscos e los que se
piensa que primero en este reyno se podrían lleuantar y junctarse con
los que en la armada viniessen; que se pudiesse dentro en la c;iudad
don Pedro Mac;a, gouemador de aquel partido de Oríhuela, porque
aliende de la calidad y valor de su persona e lo que tiene por ser tan
emparentado y tanta parte en todo este reyno, metiéndose allí se
nec;essitauan muchos de sus deudos y parc;ialidad a hazelle compañía
en la defensa de aquella c;iudad quando tal nec;essidad occuriesse, e
que él hiziesse apen;ibir a Orihuela y a su gouernac;ión para que cada
y quando que tuviesse nec;essidad de socorro se le diesse, e que ansí
mesmo se hiziessen en el reyno de Murc;[Link] soldados, los qua-
les se le diessen para la dicha defensa.
Hablóse esto a don Pero Mac;a e dixo que no se metería en la di-
cha c;iudad si no le diessen a cumplimiento de quinientos soldados y
la c;iudad fortificada a contento de don Ramón de Rocaful, primo
suyo, el qual dixiesse que estaua fortificada de tal manera que se po-
277
dría defender. E avnque se le ha dicho que se le darán desde luego los
trezientos soldados e los otros dozientos que pide se le darán en te-
niendo nueva que la armada turquesca y fram;essa se muevan hazia es- .
ta parte, con los quales, estando aquella 9udad tan bien fortificada
como está y hauiendo en ella tanta artillería y muni9ones e mil hom-
bres de pelea que della e de su huerta se enc;ierran en ella, se podrá
sin peligro alguno defender de toda la dicha armada, es~ialmente
teniendo tan a la mano el socorro de la jente de Origuela y su tierra y
estando aperc;ibida por mandado del Príncipe, nuestro señor, la jente
del marquesado para que acuda a las partes <leste reyno a que el lugar-
teniente de general de él les embiare a dezir, el qual luego que huvies-
se n~essidad de socorro para aquella c;iudad ha de embiar a dezir
que la acudan; no ha querido detenninarsse en hazerlo.
E porque pare~ió que poner Pero Mac;a la cosa a paresc;er del di-
cho su primo, que hansí por no se ne<;esitar a meterse en la dicha 9u-
dad con él como porque no hauía de dar pare~er sino a voluntad del
dicho don Pero Ma<;a, el qual se tiene por <;ierto que no la tiene de ha-
zer lo que se le pide, pare~ió de le requirir por acto que como gouerna-
dor de aquel partido hiziesse y cumpliesse esto, pero después tornó a
pare~er que ponello en este riesgo podría ser que no aprouechasse sino
para desgra<;ialle para que del todo se determinasse a no tomar esta
empressa ni socorrer en tiempo de n~sidad al que en ella se pusiesse,
quanto en aquella tierra puede.
En ansí se ha embiado a Alicante por parte del lugarteniente de
general al capitán Aldana para que juntamente con el dicho don Ra-
món vea la fortifica<;ión que aquella <;iudad tiene, a yntento que el
dicho capitán persuadiesse a don Ramón la suffic;iente fortificación
que aquella <;iudad tiene. No se ha sabido que el dicho don Pero Ma<;a
hasta ahora tenga respuesta de su primo.
Pero ha nombrado el teniente de general a don Fran9sco Fenolet
para que en caso que el dicho don Pero Mac;a todavía esté en no se de-
terminar de ponerse allí, vaya este don Fran9sco. El qual nombra-
miento ha hecho ansí por alguna. manera de torc;edero para que don
Pero Ma<;a, viendo que hauía quién tomasse esta defensa con las con-
dic;iones ya dichas, se detenninasse él en tomalla, pues hera tanto
más parte para salir con ella como tanbién porque la cosa no estuvies-
se tan sin dueño, que si sobreviniesse improuissa n~essidad no huvies-
278
se quien fuesse a estar en aquella plaza. E de hauer acceptado este
cauallero ha mostrado don Pero Mac;a alguna desgrac;ia con él, dado
que se le ha dicho que aquello no es sino para en caso que él no fuesse.
Como es dicho, tiénese por cosa que mucho importaría que el di-
cho don Pero Mac;a se encargasse desta cosa, no sólo para la seguridad
de aquella c;iudad y para dar calor aquella comarca, pero avn para
que otros caualleros <leste reyno se encargassen de algunas otras cosas
viendo que seruía en ésta a don Pero Mac;a, a quien todos en este reyno
tienen tanto miramiento por la parte quien él es y la antigüedad de su
persona. Y hay tanta differen9a de ponerse allí él o don Franc;isco co-
mo de poner vn hombre que tiene n~essidad para representar el cargo
de ayudarse de sólo lo que el rey le diere o de alguna parte de los gas-
tos que para la defensa fueren nec;essarios, porque don Franc;isco de su-
yo no tiene nada más de buena voluntad para seruir a Su Magestad,
que ésta verdaderamente se conoc;e en él, o de poner vn hombre que por
lo que toca a su autoridad e honrra ha de gastar en la empressa mucho
de lo suyo y ha de nec;essitar a muchos otros que por su respecto hagan
lo mesmo ayudándole en ella, que es la causa (a lo que se cree) porque
más don Pero Mac;a reúsa esta cosa.
Pienso que si Su Alteza le escriuiesse que ac;eptasse esta cosa, lo
haría, porque ya que haya de poner en algún riesgo su persona y poner-
se en gasto de su hazienda querrá que sepa de su seruic;io Su Alteza y
hazerlo por su mandamiento más que por otro. Y avnque se le haya
escripto vna vez, por la importarn;ia desta cosa paresc;e que se sufriría
tomarle a escriuir otra.
El alcaide de aquella c;iudad de Alicante a pedido que se le den
c;incuenta hombres para la defensa de la fortaleza. Hásele mandando
que él tenga seys, que es obligado a tener, y diéronsele otros catorze,
que son veynte, y mándase que de los trezientos soldados que han de es-
tar en la c;iudad ressidan los treynta en la fortaleza. E ansí mesmo se
ha mandado proueher la dicha fortaleza de mantenimientos y man-
dóse que no se toque en ellos en tanto que la dicha c;iudad no estuviere
c;ercada y que entonc;es se tenga mucha orden e cuenta e razón en el gas-
to dellos, e que la artillería, muni<;iones y pertrechos todo se ponga y
esté en orden.
279
Villaj oyosa
Pare~ió que Villajoyosa no hera pueblo que de tanta harmada
se podía defensar y que por esto, en caso que la armada aquellas par-
tes fuesse, los de aquel pueblo se recogessen en Alicante (que está de
allí dos leguas) porque desta manera no sólo ellos huyen del peligro
de ser pressos y saqueados, pero avn ayudarían en defensa de Alican-
te, y esto está ansy determinado e que ellos con tiempo hayan sacado
sus haziendas, mugercs, niños y viejos y puéstolos en lugares de cristia-
nos más metidos en tierra.
Pero los desta villa están descontentos desto y puestos en no de-
samparar su pueblo, antes de sacar las mugeres y haziendas, niños y
viejos a partes seguras, e los que dellos fueren para guerra quedarse en
ella e procurar de defenderla, y para ello se fortifican lo mejor que
pueden. Y el bayle de aquella villa, que habrá veynte o veynte y <;in-
co días que vino aquí por mandado del lugarteniente de general, pe-
día que como ayudavan a otras villas para fortificarse se deuía ayu-
dar a aquélla, ansí por lo que ellos procuravan de ayudarse como por
la ne<;essidad que avía que aquella villa no se desamparasse, porque
de estar fortificada resultaua mucho fauor a la fortaleza de Benedor-
me, que no tenía de dónde socorrerse en breue sino de allí, y sy se de-
samparaua no solamente se quitaua esta comodidad de fauor a la di-
cha fortaleza, mas avn quedaua toda aquella tierra libre a los moris-
cos porque en ella no hay pueblo de cristianos que sea de alguna impor-
tarn;ia sino Villajoyosa. E ansí dezía que no sólo se hauía de dar ayu-
da para la fortifica<;ión, pero avn alguna jente, la qual juntamente con
la de la villa estaua allí en muy gran puesto ansí para el socorro de
la dicha fotaleza como para amedrentar los moriscos que no se alte-
rassen e para fauores<;er a los que dellos tuviessen buen propósito e
avn para hazer daño a los enemigos, espe<;ialmente a los que vinies-
sen desmandados a robar; y que quando viessen tanta pujan<;a que so-
bre ellos venía, ansí la jente que allí se pusiesse como los de la villa
se podrían recojer a Alicante, porque como los enemigos han de venir '
por mar y desembarcarse para ~ercarlos, no lo podían hazer tan en
breue, es~ialmente teniendo los de la villa sus atalayas como tie-
nen, que no les den espa«;io para poderse seguramente passar a Alican-
te, e lo harían por este camino. Lo que ho harán si se lleua el que el te-
niente de general tiene ordenado, porque viendo los vezinos de aque-
lla villa que a nada son fauores9dos, quando se vieren en n~essidad
280
de desamparar el pueblo antes se yrán a otras partes donde tengan sus
haziendas y mugeres recogidas que no a meterse en Alicante.
Desta villa no see más de que me dizen está vn quarto de legua
de la mar y que hay en ella dozientos hombres de pelea, los mejores
deste reyno, e del valor desta jente hay mucha public;idad en esta tie-
rra. Y después que yo en ella estoy han captiuado algunos que de Ver-
bería venían a robar y captiuar en aquella tierra, y teniéndolos muy
sobre ojos los corsarios hauía días se juntó número de fustas y vinieron
sobre aquella villa y echaron ochoc;ientos hombres en tierra (según di-
zen), y ellos con ayuda de algunos vezinos que les acudieron se dieron
tan buena maña, que en vn día y en vna noche que turó la cosa les mata-
ron y hirieron muchos, ansí de turcos como de moriscos, y los hizieron
boluerse a embarcar y yrse. Y el capitán de Benadorme, que se halló a-
quí con el dicho bayle, dezía y affirmaua que conuenía mucho se hi-
ziesse lo que dezía el bayle. Está esta vi11a en medio de los morisca-
dos de hazia la parte de Bernia; no tiene fortaleza y la <;erca es fla-
ca.
Xixona
Ansí mesmo está en aquella partida otra villa real que se llama
Xixona, en la qual está determinado se haga lo mesmo que se determi-
nó de Villajoyosa, e no sé que en esto se haya mostrado contradi<;ión
de parte <leste pueblo, que dizcn es de quatroc;ientos hasta quinientos
vezinos y está de la mar dos leguas y media o tres, y otro tanto de Vi-
llajoyosa; no está c;crcado ni tiene fortaleza.
Guardamar
Paresc;ió que el lugar de Guardamar no se desamparasse, syno
que se defcndiesse e que para ello se pusiesse en el eastillo gente y al-
guna artillería y munic;ión, porque paresc;ió que avnque aquel lugar es-
tuviesse c;erca de la mar se podría defender ansí porque el castillo es
de alguna ressistencia como porque el socorro estaría a la mano de Ori-
gucla y del reyno de Murc;ia y porque paresc;ió que siendo para la ar-
mada cosa que tan poco les importaua, con poca resistencia que halla-
ren no harían en ella insistenc;ia, e ansí está mandado proueher que
se fortifique y guarde. Dizcn que estaría de la mar legua y media, y
poco m'-cís de Origuela. Esto es quanto a la goucrnac;ión de Origucla.
281
Benidorme
Proveyóse el capitán de Benidorme a complimiento de 9nquenta
soldados que tenga en aquella fortaleza, y asní mesmo se proueyó de
muni9ones y mantenimientos, e mandósele que con toda diligen\ia
procurase acabar la fortifica\ión que en aquella fortaleza se haze. E
habrá veynte días que con todo recaudo fue de aquí el capitan junta-
mente con el bayle de Villajoyosa, a quien se mandó entendiesse en la
paga de todo. Es fortaleza de buena resisten\ia, en que bate la mar; es-
tá metida entre muchas calas.
Denia
Pare5\ió ansí mesmo que por ser la vma de Denia puerto tan im-
portante se deuía embiar por parte del teniente de general vna perso-
na que recono59esse lo que en ella se deuiesse fortificar y mandarse a
los lugares de cristianos comarcanos de la dicha villa se recojesen a
ella con sus mantenimientos, e ansí se mandó al capitán Aldana que
de camino, yendo a Alicante, lo hiziesse. E después que el marqués a
ella ha venido, embió por don Juan <;erbellón para hazer la fortifi-
ca9ón con su pare5\er, el qual está allá desde ocho días a esta parte.
Penáguila
Pare5';ió que se mandase a Penáguila que se fortificasse lo mejor
que pudiesse para que no re~ibiese dapno de jente desmandada y
que sacassen los viejos, niños, mugeres y vituallas y los pusiessen en lu-
gares de cristianos seguros, más metidos en tierra y la jente de guerra
guardasse todo el tiempo que pudiesse la dicha villa, y que veniendo
en condi\ión de pare5';erles que no lo podían hazer, se recojessen a Al-
coy. Es Penáguila pueblo de dozientos vezinos, con vn castillo de poca
importancia; está tres leguas de la mar y otras tres (poco más o m~
nos) de Denia, pueblo de dozientos vezinos o algo menos, ~ercado
aunque con ~erca de poca resisten\ia, con vna fortaleza que es poca co-
sa (sic).
282
Alcoy
Parec;ió que Alcoy se fortificase todo lo vien que pudiesse, y ansí
se haze. Es pueblo de seysc;ientos vezinos e tiene vna torre de la
Yglesia fuerte, no haviendo bateria; está quatro leguas la mar o algo
más, y está mal c;ercada, pero tiene sitio fuerte; estará c;inco leguas de
Xátiua.
Co~entayna
Paresc;ió que se deue embiar a Coc;entayna don Melchior de Pere-
lós, gouemá.dor de aquel condado, y mandársele que fortificasse aque-
lla villa siguiendo lo que hazen el duque de Gandía y conde de Oliua
en la fortificación de aquellas villas, que en aquella comarca tienen.
Y ansí está allá el dicho don Melchior entendiendo en ello porque a
causa de la absenc;ia y falta del conde paresc;ió que se deuía tener es-
pec;ial cuydado de la fortificac;ión desta villa. Coc;entayna estará
otras quatro leguas de la mar y será de setec;ientos vezinos, y dellos
son los más moriscos, pero no están dentro de la c;erca de la villa; y es-
tá metida entre muchos lugares d~ moriscos y tiene buena c;erca y vna
casa que para llana es fuerte. ·
Xátiua
Paresc;ió que la c;iudad de Xátiua fortificasse sus muros y cava
conforme a lo que el lugarteniente de general ordenó los días passados
quando fue a visssitar aquella c;iudad, y ansy se haze, e que ansí mes-
mo se executasse lo que el teniente de general entonc;es dexó ordenado
mo se executasse lo que el teniente de general entonc;es dexó ordenado
que se hiziesse en la fortificac;ión del castillo y en la prouissión de
mantenimientos e muni<;iones y adresc;o de artillería e los otros pertre-
chos, y ansí se dio mandamiento para que el r~eptor que cobra las ren-
tas de Su Magestad de aquella c;iudad diesse los dineros que fuessen
nesc;essarios para lo conc;emiente al dicho castillo, y ansí se entiende
en ello. Y mandóse que toda la jente de la dicha c;iudad y de su contri-
. buc;ión esté a punto de guerra para defenderla e, si fuere nec;essario, re-
cojerse en ella con todas las prouissiones que tuvieren, y que don Luis
Ferrer; alcaide de aquella fortaleza y gouernador de aquella c;iudad,
vaya en persona a residir en ella, e ansí está a punto para yr quando
se le mandare.
283
Algezira
Pare~ió ansí mesmo que a la justic;ia, jurados y conc;ejo de la vi-
lla de Algezira se mandasse que fortificassen aquella villa todo lo
mejor que pudiessen e que hizicssen prouissiones para tener en ella e
se mandasse a los lugares de su contribuc;ión que pusiessen los manteni-
mientos y prouissiones que tuviessen dentro en ella y estuviessen a pun-
to para que, cada y quando que huviesse nec;essidad dello, se puedan
meter en ella, e ansí se ha mandado. Y por ser esta villa de la impor-
tanc;ia que es, paresc;ió que se deuía de poner en ella vna persona im-
portante para que diesse calor y gouiemo en la fortificac;ión y defensa
della; esta persona hasta agora no se ha señalado. Es pueblo que dél
y de su juridi<;ión saldrán mill hombres de pelea, según dizen, y es
muy fuerte y c;ercada; no tiene fortaleza, pero el sitio la haze toda for-
taleza; está de la mar dos leguas y media, y c;inco leguas de Valenc;ia.
Cullera
Pare~ió que se fortificasse conforme a c;ierta trac;a y orden que el
teniente de general quando los días pasados fue a visitar aquella
villa dio, y que en la fortaleza donde se han de recojer todos se ponga
alguna prouissión para el mantenimiento del alcaide y sus criados e
póluora y munic;iones, y que para ayuda a esto se diesse a la villa c;ien-
to y veynte libras e lo demás para fortificar la dicha villa lo pusies-
sen los della, y ansy con ellos se ha conc;ertado. Es Cullera de c;iento y
ochenta vezinos o algo menos; está múy poco c;ercada y tiene fortaleza
razonable; está de la mar dos tiros de vallesta, y llegan las fustas por
Xucar arriba junto a las casas; está dos leguas de Algezira y de Va-
lenc;ia, c;inco.
Monviedro
En lo que se deuiesse hazer de la villa de Monviedro ha hauido
dificulrad porque el pueblo es muy derramado para defenderse y la
fortaleza ansí mesmo es muy grande y está muy derribada, y no pa-
re~e aver en ella parte alguna que se pudiesse fortificar para que en
ella tuviesse la jente acogimiento y defensa, y desamparalla pa-
re~ía que podría en alguna manera ser causa de desanimar a los cris-
tianos de aquella parte y de dar alguna avilanteza a los moriscos pa-
ra la alteración que dellos se teme. Y ansí ha hauido diuersos acuer-
284
dos, porque quando se pensó hauía de ser la venida de la annada en es-
ta tierra más presta de lo que ha sido, se acordó que se mandasse a los
de aquella villa que sacassen della a otras partes seguras las muge-
res, niños y viejos y las prouissiones que tenían y los que fuessen para
la defensa se estuviessen en ella y no la desamparassen todo el tiem-
po que pudiessen defenderla, y que se embiasse a mandar a los jllra-
dos, justi<;ia y corn;ejo de aquella villa y al alcaide que viniesscn aquí
para platicar sobre la forma que se podría dar en la defensa della. E
después, viendo que la venida de la armada daua más espa<;io, se ha
tornado acordar que don juan C::eruellón fuesse a ver aquella villa y
platicar con los della y el alcaide de la fortaleza sobre lo que se deua
hazer para que, conforme a la rela<;ión que don Juan diere después de
hauella visto y platicado sobre ello, se haga lo que más convenga y
en caso que se hallare manera para poder fortificar alguna parte de
la villa o fortaleza, se mande a los cristianos comarcanos se acojan a
ella con sus mantenimientos y prouisiones; hasta hora no ha ydo don
Juan, pero creo yrá luego que venga de Denia.
Villarreal
Paresció que Villarreal se deuía fortificar y defender, y ansí la
mesma villa y vezinos della lo hazen y fortifican con mucha volun-
tad y diligencia. Es pueblo de trezientos vezinos, cercado con razona-
ble cerca; no tiene fortaleza y está de la mar vna legua.
Borriana
Paresció ansí mesmo que la villa de Borriana se fortificasse y de-
fendiesse, y porque los vezinos della son pobres, se les da de ayuda pa-
ra fortificarse trezientos ducados. Es pueblo de dozientos vezino, cer-
cado de cerca buena y de vna caua muy buena; no tiene fortaleza; está
de la mar avn no vn quarto de legua, y llegan a aquella playa fustas,
pero naues gruesas no pueden parar por allá ni llegar con dos leguas.
Onda
Ansy mesmo paresció que la villa de Onda se podría defender y
por esso se ha mandado fortificar, y ansí los vezinos della lo hazcn
con todo lo que pueden y hasta hora no han pedido ayuda. Es de tre-
285
zientos vezinos; c;ercada no bien y el arrabal, que es más que la villa,
no tiene \erca; tiene vna fortaleza mal parada y está metida entre mu-
chos lugares de moros, y tres leguas de la mar; es encomienda de Mon-
tesa y lo criminal de Su Magestad.
Castelló de la Plana
Paresció que Castelló dela Plana se deuía fortificar lo mejor que
fuese possible por ser pla\a que importa, ansí por ser pueblo de quatro-
c;ientas casas y estar de la mar media legua y porque paresc;e que está
en paso que es muro para no passar por aquella parte los enemigos a
hazer daño en lo que está más metido en tierra, y por esto se capituló .
que los de aquella villa gasten en la fortificación tres mill ducados y
Su Magestad les ayude con mill, y en esta proporción con más o menos
según se gastare en ella.
Peñiscola
Pareció que importaua embiar algunos soldados a la villa de
Peñiscola para que con los vezinos della residiessen en la defensa de
plac;a tan importante como aquélla, en que si los enemigos se meties-
sen, se podrían hazer muy fuertes, y ansí se embió a Delgadillo, cria-
do del lugarteniente de general, que se cree que lo hará vien, con c;in-
qucnta arcabuzeros; y que ansí mesmo se procurasse que don Luis Boti-
ller, alcaide de allí, y su hijo se viniessen a poner en aquella villa,
porque alliende de lo que sus personas y casa pueden ser de prouecho
para la defensa, se cree que se enc;errarán con ellos en tiempo de nec;esi-
dad otros deudos y amigos suyos, y que si para ello fuesse nec;esario el
mandamiento de Su Alteza, se procurasse. A diez días que el hijo se
fue a poner en esta villa, y se le ha embiado a mandar que embíe rela-
ción de lo que le paresc;e que es ne<;essario para la fortificac;ión y
prouissión de aquella villa, para que se prouea en ello; hasta hora no
la ha embiado.
Valencia
Paresció que la ciudad de Valenc;ia deuía hazer fundic;ión de ar-
tillería hasta en c;inco mill libras y que deuí hazer cava a rededor de-
lla por las partes que no la hauía, y en las partes donde la hauía en-
sanchalla más, y que ansí mismo deuía hazer alrededor de la c;erca al-
286
gunos bestiones con trauiessas que se respondiessen de vno a otro, que
paresQél que sería de costa de diez mill libras o más.
E ansí se pidió por parte del teniente de general y offiQales rea-
les a la c;iudad y Generalidad que cargassen .esta quantidad de quinze
mili libras sobre la renta del General y la de los muros y valles y se
gastassen en la dicha artillería y fortificac;ión,pues éste hera cargo
de la dicha c;iudad, la cual tenía para fortificac;ión della esta renta
que dizen de muros y valles, e que ya en tiempos passados en semejan-
te differenc;ia se hauía determinado que esto hera a cargo de la ciu-
dad y no del rey, y ansí entonces se proueyó de la c;iudad y no del Pa-
trimonio Real. E sobre esto ha hauido muchas alterac;iones en muchas
juntas, y con gran difficultad la semana passada se concluyó que la ciu-
dad cargasse sobre la renta de muros y valles c;inco mili libras para la
fortificac;ión de la c;iudad y que el General diesse diez mill para arti-
llería y munic;iones della. E la causa que mayor difficultad ha puesto
para poderse esto concluir (según lo que dizen) ha sido estar en parti-
culares la hazienda y renta de los propios desta c;iudad y reyno, por-
que aquéllos por no salir della procuran de desuiar qualesquier gastos,
avnque sean tan m~~esarios como éste.
E hasta hora en la fortificac;ión de la c;iudad no está echo más
de emp~ado a abrir por algunas partes en que antes no la hauía cava
.[sicl, y esto ha sido de c;ierta colleta o repartimiento que a tres suel-
dos echaron por casa, y ansí ha sido lo que se ha echo hasta hora po-
co~
Está hecho conc;ierto con vn mercader que traya c;ient quintales
de salitre y ásele dado parte del dinero; hasta hora no se ha traydo.
Está hecho ansí mesmo conc;ierto con otro que traherá mill y quinien-
tos arcabuzes y siete mili picas, y ha más de dos meses que fue a Viz-
caya y hasta hora no ha venido.
Mandóse que el trigo que estaua en el grao se metiesse en ella, y
ansí se ha hecho y va haziendo.
Yten paresc;ió que se deuía mandar y amonestar por vía de pre-
gón y todos los vezinos,desta c;iudad que se prouyessen de harina, le-
ña, carbón y las otras cosas nec;essarias para su mantenimiento. No se
ha pregonado esto por no causar altera9ón antes de tiempo, pero ha-
zerse ha luego que parezca convenir.
287
Yten se acordó que se embiasse vna persona aVarc;elona que tu-
viesse cuydado de avisar continuamente del discurso que la armada
turquesca y franc;essa hiziesse y lo que della se entendiesse para que
conforme a aquello y con más avisso aquá se pudiesse proueher lo más
nesc;essario.
Para la dicha fortificac;ión y artillería y munic;iones desta <;iu-
dad hay, como dicho es, hasta hora las dichas quinze mill libras y no
más. E los arcabuzes y picas que se traxieren, se repartirán por los offi-
<;ios y parrochias y villas reales del reyno de manera que los paguen
los vezinos a quien se dieren por el pre<;io que está con<;ertado, y sin los
que se esperan se han traydo y repartido trezientos y quinze arcabu-
zes que a vn mercader, vezino desta c;iudad, tenían las guardas deteni-
das en Vtiel.
Hanse echo en esta c;iudad reseñas de la jente de pie della y de
su huerta de hasta ocho mill hombres, seys de la <;iudad y dos de la
huerta, al parec;er toda buena jente y bien adrec;ada y con buenas ar-
mas, al menos offensiuas, porque coseletes ni otras armas defensiuas
han pares<;ido muy pocas; y créese que las offensiuas que sacan no son
tantas con gran parte como paresc;en porque como las reseñas haya si-
do por particulares capitanías en diuersos días, créese que muchos sa-
len con vnas mesmas armas, prestándoselas vnos a otros. Y esta falta
no se ha podido ver hasta hora por no [Link] hecho muestra gene-
ral y por juncto desta jente, ni creo se hará hasta que vengan las picas
y arcabuzes porque no se dé occasión de publicar esta falta .
Para los gastos de la fortificac;ión de las villas reales y prouis-
siones de fortalezas y de los soldados que en ellas han de estar y de
las muni<;iones y otras cosas que para la defensa del reyno de parte de
Su Magestad es nec;essario gastar, no hay hasta hora más de veynte y
tres mill libras que por virtud del poder que para ello tiene el tenien-
te en general ha cargado sobre Villarreal, Borriana, Castelló, Peñís-
cola y Morella, las quales villas se obligaron a pagar las pensiones
desta quantidad, y el teniente de general (por virtud del poder que
tiene de Su Magestad) obligó el patrimonio y renta de la baylía gene-
ral para la paga de las dichas pensiones y prin<;ipal a las dichas vi-
llas.
288
Hay ansí mismo para estos gastos lo que sobrare en estos tres
años venideros de la renta de la dicha baylía, pagados los gastos or-
dinarios y salarios de offic;iales y situac;ión de c;ensales a que la di-
cha baylía responde y pagadas las pensiones que a esta c;iudad cada
año se pagan por lo que Su Magestad deue de empréstido a la dicha
c;iudad, que pasa de c;iento y treynta y c;inco mill libras, porque la di-
cha c;iudad ha dado consentimiento para que los dichos tres años veni-
deros, pagándose solamente las pensiones, se pueda gastar lo que so-
brare en seruic;io de Su Magestad sin embargo del contracto que tiene
para que todo lo que sobrare se emplee en paga y quitamiento del di-
cho empréstido.
Lo qual todo es poco para los dichos gastos, espec;ialmente que se
cree que viniendo a tener nec;essidad el teniente de general de sacar al-
guna jente desta c;iudad para yr a dar socorro a alguna otra parte del
reyno, habrá menester de tener algún dinero para podella sacar, por-
que pretenden los vezinos desta c;iudad que no han de salir a su costa
fuera della y que ansí ya cuando han salido se les ha dado para la cos-
ta, dado que el teniente de general avnque tiene este miedo está deter-
minado de ponerse a compelellos a que se ayuden en vna nec;essidad co-
mo ésta, en que tan obligados están a poner personas y haziendas en
la defensa suya y de su reyno.
E por esto se han pensado algunos expidientes para poder hauer
dinero:
- primeramente que al colegio de los mercaderes_se hechasse de
empréstido quinze mil ducados, como se hizo en el tiempo de la Jcr-
manía;
- iten ansí mesmo que se podría hechar empréstido a algunas
personas princ;ipales desta c;iudad que lo podrían bien dar;
- iten más se podría hechar empréstido al colegio de los nota-
rios;
- iten más a la Generalidad;
-iten más a la c;iudad de Valern;ia;
- iten más a la fábrica de muros y valles;
- iten más a los señores y barones del reyno;
- iten a las villas y c;iudades reales;
- iten a las villas e lugares del estamento eclesiástico y mili-
tar.
289
A los quales todos por virtud del poder que para ello tiene, el te-
niente general podrá. hazer consignac;;ión que les será pagado lo que
prestaren del servuic;;io de las primeras Cortes que huviere.
Iten que la c;;iudad de Xátiua, con las villas reales de aquella
parte, carguen a c;enso alguna quantidad de la forma e manera que
arriba está dicho que lo hizieron Peñíscola, Morella, Villarreal, Cas-
telló y Borriana;
- iten que lo mesmo haga la ciudad de Alicante, Orihuela y los
otros lugares de Su Majestad de aquella gouemac;;ión; ·
- iten que ansí mesmo a los caualleros y las otras personas de
aquella gouernac;;ión se pide el empréstido de la forma y manera que
se ha dicho arriba; ·
- iten que los offic;;ios y las parrochias desta c;iudad y los quatro
quarteles de la huerta della den empréstido o señalen jente que sin
sueldo esté aperc;;ibida para yr al socorro de qualquier pueblo del rey-
no adonde fuere nesc;;essario ymbiar jente de socorro. ·
Están apuntados estos expidientes de hauer dinero y no puestos
de execuc;;ión porque pare~e que podrían tener más fác;il expediente
quando la nec;;essidad estuviesse más cerca y apretasse más. Y hase
pensado en tantos porque se crehe que no se podrán effectuar todos o
que de cada vno dellos se habrá poco.
Lo que se entiende de los moriscos deste reyno.
Los moriscos deste reyno después de la venida de la armada del
Turco a la costa de Franc;;ia pare~e que en alguna manera han mostra-
do miedo de lo que les podría subc;;eder, y ansy han dado alguna señal
de estar perplexos en lo que deviessen hazer ya que la armada vinies-
se en este reyno, porque avnque ellos todos tengan (según se tiene por
c;;ierto) entera voluntad a que la dicha armada tenga buen succ;;esso, té-
mense que venidat jente de Castilla y juntada con los cristianos deste
reyno, que tan mal los quieren por los robos y captiuerios y muertes que
de cristianos han hecho los mesmos moriscos y sus deudos que cada
día en las fustas vienen, boluerán sobre ellos y los saquearán y mata-
rán, y que avnque a los dichos moriscos nos hallassen lleuantados ha-
rían lo mesmo, como dizen que succ;;edió en la Jermanía, que dado que
los moriscos no fueron della, la jente de guerra que contra los ajermana-
dos vino saqueó y mató algunos moriscos. E ansí ha (según se ha di-
290
cho) hauido algunos de los moriscos que han offre~ido en este tiempo
de dar las a'rmas y que pomían mugeres y hijos donde se les mandasse,
y que se les diesse manera como pudiessen estar seguros de los cristia-
nos ya que las cosas viniessen en el riesgo que se teme.
E conforme a esta perplexidad, dixo el bayle de Villajoyosa
quando el otro día aquí vino que hauían andado algunos días los mo-
riscos de aquella parte, que son los que se piensa que primero se han de
lleuantar, en tractos e hablas con él y con los de aquella villa y con
los otros cristianos que por allí hay, porque algunos moriscos que en
aquella parte tienen hazienda y no querrían perdella y que son perso-
nas que suelen poder con los otros deseavan persuadirlos a que se con-
certassen con los cristianos para que si la armada viniesse, los ayudas-
sen contra ella, y que ansí mesmo los cristianos los tu viessen por ami-
gos para que no se les hiziesse daño por los cristianos del reyno ni por
la jente de Castilla, y que sobre estos tractos hauían hecho los moris-
cos bien quantas juntas generales; y el dicho bayle y los otros cristia-
nos hauían procurado mostrarles toda voluntad a su amistad y detcr-
minac;ión de guardársela, dado que conosc;iessen que según los moriscos
es jente liuiana y está affectada a los de su nac;ión, que venida la ar-
mada en esta costa y empec;ando a mostrar que heran en ella parte, no
se deuía tener mucha confianc;a en lo que estos moriscos ahora prome-
tiessen; y que al fin, después de los dichos tractos y juntas, se determi-
naron los dichos moriscos en que no les hera cosa segura la dicha confe-
derac;ión y en que cada vno dellos deuía mirar lo que mejor le estuvies-
se. Y que ansí luego, que según el bayle dize fue dos días antes que él se
partiesse para venir aquí (que habrá quarenta días o más), salieron
de Xalón, que es vn lugar de moriscos de aquella comarca, quarenta y
siete moriscos con sus vallestas y armas y atanbor y vandera y se fue-
ron a meter en seys fustas que en aquella costa estauan, de las quales
luego vino jente al mesmo lugar, con la qual se fueron a meter en ellas
quarenta casas de moriscos con hijos, mugeres y hazienda, y por no ca-
ber más en las fustas no se passaron en ellas más, pero embiaron a de-
zir que boluiessen por ellos, que se passarían.
En ansí se piensa que de los de aquella comarca se hu viera passa-
do ya la mayor parte, sino que (según se tiene por lengua de algunos de-
llos) Barbarroxa escriuió a Cenegal que en esta sazón no passassen mo-
riscos deste reyno, porque estando en él podrían ser de más prouecho
en este tiempo.
· 291
También vna morisca que siendo niña fue tomada en la syerra de
Espadán quando el otro lleuantamiento desta jente y se crió esclaua
aquí encasa de vn c;iudadano y salió (según a paresc;ido) ynclinada a
nuestra fe cathólica, y hauiéndola sus deudos los días passados resca-
tado y lleuado consigo hazia la parte de Segorbe, donde viuían, a pro-
curado salir de entre ellos y boluerse a esta c;iudad porque la forc;auan
a que viuiesse como mora, y ansí habrá c;inco días que se boluió aquí. Y
preguntada qué sintió de cómo tomavan los moriscos de aquella parte
la venida del armada del Turco, si conc;ibían que hera para hazer da-
ño y boluierse o para procurar de tomar la tierra y hazer en ella as-
siento, dize que ella entendía poco lo que en esto hablauan, porque ha-
blauan ordinariamente en algarauía y ella no la entendía; pero que
vn su tío en cuya casa estaua y a los de casa oya dezir que la dicha ar-
mada hauía de tomar este reyno y tener por vassallo a los cristianos
que se les diessen y a los otros matarlos, y que entonc;es los moriscos es-
tarían señores en el reyno como agora los cristianos. Es jente liuina y
con el deseo que desto tienen, se puede creer que se lo persuaden, y si
ansí lo creen pares<;e que se puede bien creer que viniendo la armada
se habrac;arán con ella y harán lo que se pudieren en su fauor.
Habrá quinze días que el teniente general resc;ibió vna carta des-
de Catalunia, en que le escriuían que se hauían entendido allá por las
espías que en Franc;ia tenían que Barbarroxa hauía embiado algunos-
moriscos a este reyno a entender de los moriscos en propóstio que te-
nían. Y en esta c;iudad se halló rastro de dos que en ella andauan, avn-
que no se han podido hallar ni averiguar el negoc;io que trayan, mas
de que vna morisca dixo que le hauían hablado y dicho que, también
heran ellos moros como ella y que en breue podía ser que subcediesse co-
sa que a tódos ellos estuviesse bien, y dize que no se le descubrieron
más.
Hase dicho esta semana que han sacado moriscos desta c;iudad
muchas vergas de vallestas, sin embargo que tiene en el reyno diez y
siete o diez y ocho offi9ales de hazer vallestas moriscos.
Paresc;e que para preuenir a lo que el año venidero se puede te-
mer, convernía que empec;ando a entrar el ymbierno, quando los moris-
cos no podrían confiar en el fauor de las fustas, se les devrían quitar
las armas, porque los que dellos querrían viuir pac;íficos las darían de
buena gana y los otros es razón que no las tengan. Y según las difficul-
292
tades que los que defienden lo contrario ponen y de lo que en esta mate-
ria dando y tomando muchas v~es con ellos teng~ entendido, si no me
engaño, avn en este tiempo se podría effectuar sin que tuviesse altera-
~ión alguna, porque los moriscos están con temor y con poco más que se
les pusiesse se costriñirían a darlas, y ya que muchas dellas escondies-
sen, no sería de poco effecto ne~esiitallos a andar sin ellas, porque
con esto se les quitaría la occasión que tiene de robar, matar y cap-
tiuar cristianos no sólo hazia aquella parte de Alicante (donde viuen
los que comúnmente esto hazen), mas avn salliendo della por el reyno
a ca~a de cristianos, y la que tiene de tener mercan~ía de armas para
proueer a toda Berbería dellas, y avn la que dan a los corsarios que
vienen de Berbería para poder andar por todo el reyno y entrar en Va-
len9a armados sin que nadie pueda saber si son de los moriscos del
reyno o de los cosarios de Berbería.
El capitán de Yvi<;a, quando tuvo nueva de la venida de la arma-
da del Turco, embió a furia con vn vergantín a pedir el teniente de ge-
neral jente para la defensa de aquella c;iudad, diziendo que no tenía
más de quarenta y <;inco soldados en ella, el qual viendo lo que impor-
taua la conserva~ión de aquella 9udad al serui<;io de Su Majestad y
vien desta tierra, lo hizo saber a Su Alteza y juntamente proveyó en
que se fuesse a hazer jente a Origuela para ymbiarla por la vía de
Alicante. Y antes que embiasse y después que Su Alteza embió a man-
dar que se embiassen trezientos soldados a aquella ysla, resc;ibió el te-
niente de general otras cartas del capitán della en que le escriuía có-
mo el prím;ipe Doria le hauía dexado quando por allí passó a compli-
miento de dozientos soldados, y que con aquéllos y con la jente de la
ysla tenía harta jente para defenderla y que la demás no aprovecha-
ría sino para gastar los vestimentos y causar confusión, y que por esto
no se le embiasse más jente sino alguna artillería, munic;iones y dine-
ros para la paga de los soldados que allá hauía.
Al teniente de general paresc;ió que, considerado que Su Alteza
le hauía embiado a mandar que embiasse trezientos soldados y se
hauían tomado dineros al cambio para ello, que deuía embiar luego
c;iento sin embargo de lo que el capitán dezía porque con ellos y con los
que allá estavan se complían trezientos, que heran los que a Su Alte-
za hauía paresc;ido que sería menester para allí; y que sobre si se
293
deuían embiar mís a los dineros y muni~iones que el capítan pedía, de-
vía consultar a Su Alteza.
E lo mesmo le ha pares~ido en lo que el capitán y los de aquella
.ysla han embiado a pedir con tercero mensajero, que es vn clérigo, que
junctamente con el segundo mensajero aguarda aquí la respuesta. El
qtial pide dineros para la paga de los soldados y dos culebrinas y
otros dos o tres tirns pequeños y muni~ión de pelotas y póluora, y dize
que sin esto está mucho a peligro aquella ~iudad y que con ello según
la han fortificado con los trezientos soldados que allá están (porque
ya se tiene nueva como los ~iento llegaron) y con la jente de la <;iudad,
· que es buena y esltá bien a punto de guerra, estará segura, y dize que de
la tierra sin los soldados habrá ocho~ientos hombres muy buenos para
pelear.
FUENTE: Archivo General de Simancas, Estado, 287, f. 266.
294
IV
CARTA A DON FRANCISCO DE LOS COBOS SOBRE LA
INCORPORACION DEL MAESTRAZGO DE MONTESA
(Valencia, 20-1-1545)
Muy illustre señor:
Algunas vezes he querido hazer rela<;ión de lo que pares<;e que
importa para las cosas deste reyno que Su Magestad tuviesse la admi~
nistra<;ión perpetua del maestrazgo de Montesa y, pareS<;iéndome ex-
cusado que en cosa que Su Ex<;elencia tenía la mano hablasse yo, lo he
dexado hasta aora, que me dio causa a ella una carta que oy me mos-
traron, en que escriven de Roma que el pleyto sobre esta dignidad se
tractava muy de rezio entre los dos que en discordia fueron a ella ele-
gidos y que Su Santidad havía dicho que se con<;ertassen. Y siendo co-
mo se escri ve, pares<;e coyuntura para que no con mucha difficultad
contentando a éstos que pretenden tener derecho o con pensiones o
otras encomiendas, renun9assen su derecho y se pudiesse anexar esta
pie<;a al maestrazgo de Calatrava, cuyo miembro es en reglas y sub-
je<;ión de visita, que (según entiendo) siempre se visita por personas
que se embían de aquel convento.
Porque el comendador Bou, que es uno de los litigantes, según se
ha entendio, no se ha sentido muy favores<;ido, dado que aora se dize
que favores<;en su cosa dos cardenales, pero esta ayuda siempre será
de emprestado y sin mucha prenda. Y el derecho del hijo del duqe de
Gandía, que es el otro litigante, a quien el Papa se ha creydo que favo-
res<;ería, tiénese por más flaco por los menos votos que en la eleQón di-
zen que tuvo. Y si el Papa dixo que se con<;ertassen, puédese pensar se-
ría por estar informado dello, y siendo ansy también havría razón
de poderle contentar; s~ialmente que según las promessas y tractos
que se dize huvo de parte de entrambos para aquerir las vo<;es que tu-
295
vieron, tienen causa de creer que sus [Link] son defectuosas y aun
por ventura sus personas hechas inhábiles para ser elegidos.
Y esto importa no tanto por lo que el maestrazgo renta (que es lo
que se contiene en la memoria que con ésta embío) ny por los vassallos
que tiene, dado que son buenos y de buenos pueblos, corno por tener esta
dignidad y la arc;obispal la voz de lo ecclesiástico para las cosas de
Cortes y otras de que cada día hay nec;essidad para el servic;io de Su
Magestad y porque en este reyno tiene buenas provisiones de encomien-
das, por razón de las quales los que las tuviessen -siendo subjectos al
maestre y preoveydos por él- y los que ]las sperassen servirían a Su
Magestad, y los unos y los otros seguirían la Corte sirviendo y torna-
rían la affic;ión y modo que los que en ella se crían suelen tener en las
cosas del servic;io de Su Magestad, y aun los deudos estarían por res-
pecto dellos mejor en ellas, que c;ierto para effectuarlas en este reyno
es todo menester.
Bien creo que ansy por tener pueblos de qualidad el señor duque
corno por tener qué proveer, estimaría por mucha rnen;ed y favor que
· haziéndose esta anexión se le encomendasse la administrac;ión deste
maestrazgo en tanto que biviesse. No see el lugar que esto tenga, pero
haviendo en esta sazón difficultad de anexar desde luego esta piec;a,
o por el Papa no quererlo o por no venir alguno de los litigantes en re-
nunc;iar, para que se hiziesse esta anexión se podría poner en Su Exc;e-
lencia a título que por quitar a los que letigan de pleyto y diferern;ias
[?] le quería hazer rnen;ed Su Magestad de lo que les diesse y al señor
duque porque tuviesse qué proveer quería que se le diesse el maestraz-
go, y después Su Exc;elenc;ia consentiría en la anexión, y se podría ha-
zer sin ernbarac;o ni bullic;io alguno. Dízenme que los vassallos desse-
an tanto esta encorporac;ión, que darían por ayuda della xx U duca-
dos. Si paresc;iere que acá se <levan hazer sobre esta negrn;iac;ión algu-
nas diligen9-as, hazerse han embiándose a mandar, y tengo entendi-
do que de buena voluntad dará para ellas su ayuda el señor duque.
Y aun parésc;erne que en tanto que esto se effectúa y anda el pley-
to, se devría procurar de Roma facultad de poder el lugarteniente de
Su Magestad administrar y proveer lo que el maestre suele, porque en
no haver ésta pade~e la administra9-ón y llo que vaca perjuyzio y da-
ño, que aunque Su Exc;elenc;ia por las vezes que de Su Magestad tiene
entiende en la adrninistrac;ión de la jurisdic;ión temporal y rentas, no
296
lo puede hazer en las provisiones de las vacantes y otras cosas que sa-
ben a la ecclesiástica. .
En lo de las armas de los moriscos, no se ha platicado con las per-
sonas a quien se ha de comunicar a causa de la indisposi\ión de Su
Ex~elern;ia, que ha sido de la gota, más rezia que otras vezes. Está ya
mejor, aunque todadía tiene n€\essidad de caña, y son venidos los que
para hablar sobre esta cosa Su Ex~elen<;ia ha llamado y creo nos junc-
tará mañana.
Nuestro Señor conserve y augmente vida y stado de vuestra seño-
ría a su santo servi<;io como los suyos deseamos. De Valern;;ia a XX de
enero de 1545.
De vuestra señoría humill siervo que sus manos besa,
El fü;ern;iado Gasea.
FUENTE: Archivo General de Simancas, Estado, 297, f. 308;
autógrafo.
297
[Anexo] ·
MEMORIA DE LOS LUGARES Y RENTA DEL MAESTRADO DE
MONTESA
Valor(*)
- Primo la villa de Sanct Matheu, que es la principal villa del
maestrado, en que ay 700 casas y mucha gente honrrada,
todos cristianos viejos; hase arrendado los fructos y renta
pertenesciente al maestre.............................................................. 520
- más Trayguera, que es otra buena villa; arréndase ......... ..... . 380
- más Chert, otro lugar que se arrenda....................................... 160
· - más Cernera, otro lugar; arréndase con una buena fortaleza,
que es la cabec;a del maestrado en la parte de la Plana ......... 325
- más La Jana, otro lugar lugar que se arrenda......................... 200
- más Canet, otro lugar, arréndase .............................................. 200
- más Rossell, otro lugar, arréndase ........................................... 60
- más Calig, otro lugar, arréndase ............................................... 164
Todos estos ocho lugares están juntos en término de seys
o siete leguas; passarán de 2.000 vezinos; la iuridición alta,
baxa, seuil e criminal es del maestre de Montesa; están lexos
de Valencia 14 hasta 15 leguas.
- Más tiene a una legua de Valencia tres lugares que se llaman
Moneada, Carpesa y Borboto; están todos iuntos; habrá 110
casas de christianos viejos; arréndanse .................................... 700
- Más tiene otro lugar a quatro leguas de Valencia llamado
Sueca; es de 240 casas, todos christianos viejos; arréndase
cada año .. ... ......... ... .. ........ .... ...................... .. ... .. ......... .. .. ... .. ....... ...... 1200
La jurisdición <leste lugar es de Su Magestad, lo demás
del maestre.
r> · Valor monetario indicado en libras, sueldos, dineros.
298
- Más tiene la villa de Montesa, que es cabe~a del maestrado;
está a <lose leguas de Valencia, en la qual ay una fortaleza
inexpugnable casi o de la suerte de Pei ñiscola, en que habita
el conuento de los frayles de la dicha religión; que habrá en
el dicho lugar 140 casas. Y a una legua dél ay otro lugar que se
llama Vallada, con otras tantas casas, todos christianos viejos. ·~
La iurisdictión ceuil e ceuil e criminal es del maestre en estos
dos lugares. Es a saber que estos dos lugares nunca se han
arrendado; valdrán de arrendamiento hasta ........................... 200
Más tiene vltra de los dichos lugares las responsiones siguientes:
- más primo la baylía general de Valencia .. ~ ............................ . 66.13.4
·- más la ciudad de Valencia a Pasqua de Resurrectión ......... .. 5
- más la fábrica de muros y valles .............................................. . 4.10
- más la vniuersidad de las Cueuas ~ Sant Miguel ................. . 100
- más la vniuersidad de Albocácer ............................................ . 51
- más la vniuersidad de Villanoua ............................. ~ .............. . 41
- más la vniuersidad de Tirig ..................................................... . 23.10
- más la vniuersidad de Salzadella ............................................ . 14.18.10
- más la vniuersidad de la Sarra tella ......................................... . 5
- más la vniuersidad de Onda, por ella y por el comendador 152.15.6
- más la tenencia de Culla ........................................................... . 15
- más la vniuersidad de Vista bella ............................................ . 40
- más la vniuersidad de Benesal ................................................ . 45
- más el comendador de Culla ......................................... ~ .......... . 15
- más el vniuersidad de Ars ........................................................ . 75
- más el comendador de Alcalá .................................................. . 150
- más el comendador de Benicarló ............................................ . 30
- más la vniuersida de Villafamés .............................................. . 90
- más el molino de Salóm ............................................................ . 20
- más el comendador de Villafamés .......................................... . 55
- más el comendador de Castellfubib ........................................ . 15
- más el comendador de Barriana .............................................. . 75
- más los censos de Morella ........................................................ . 8
- más el comendador de Perpuxet .............................................. . 150
299
Tiene más que proueher en el reyno de Valencia doze encomien-
das sobre muy buenas vniuersidades, que fa que menos vale renta 300
ducados; ay de quinientos e de seyscientos e de mil.
Tiene más seys o siete priorados que proueher; los bayles de los
dichos lugares tienen su renta sin que los pague el maestre.
Tiene de cargos el dicho maestre la costa e vistuario de los fray-
les, que gastará cda año 1.200 libras.
Tiene más en los sobredichos lugares las penas y caloñas de los
delinqu_entes, que no entran en los arrendamientos.
FUENTE; Archivo General de Simancas, Estado, 297, f. 57; du-
plicado en f. 307.
300
V
CARTA DEL PRINCIPE FELIPE A GASCA
(Valladolid, 29-VIIl-1545)
Por la carta de Su Magestad que yrá con ésta veréis assy lo que ·
se offre~e en el Pení y n~essidad que ay de remedio en las cosas que
ally han succ;edido y las causas que le han mouido a nombraros para
yr a entender en ello, por las grande, qualidades de vuestra persona.
A my me scriue en la misma substanc;ia, encargándome que luego os
despache correo a diligenc;ia para que dexado todo lo que toca a essa
visita en el estado que se hallare (para lo qual sy conuiniere se embia-
rá otra persona) vos os partáis y vengásis aquí para que se os diga lo
que Su Magestad manda y quiere que se haga para el remedio de aque-
lla prouinc;ia. Y aunque tengo c;ierto que vos lo pornéis luego por obra
con la voluntad que sienpre hauéis tenido de seruir a Su Magestad, yo
os encargo mucho que en r~ibiendo ésta os dispongáis a ello, dexando
essos negoc;ios al illustrísimo duque don Femando para que se guarden
assy hasta que por Su Magestad o por nos se mande lo que en ellos se
deurá hazer. Y quanto ante viniéredes, r~ibiremos de vos mayor con-
tentamiento, y assy os tornamos a encargar que lo pongáis por obra sin
otra dilac;ión.
El comendador mayor de León nos hizo relac;ión de lo que le
scriuistes, y no ay que dezir en ello más de agradesc;eros al cuydado
que tenéis de lo que ay se offresc;e. Sobre lo de los dineros que se toma-
ron, que aquel ginoués sacaua por la vía de Alicante, se escriue al
illustrísimo duque don Femando y al bayle general lo que conuiene.
Vos procuraréis que se haga breuemente justic;ia, de manera que a és-
tos sea castigo y a otros exemplo.
FUENTE: Archivo General de Simancas, Estado, 297, f. 228;
minuta.
301
VI
CARTA AL PRINCIPE FELIPE, ACEPTANDO LA
MISION PACIFICADORA DEL PERU
(Valencia, 3-IX-1545)
Muy alto y muy poderoso señor:
La carta de Su Magestad y la de Vuestra Alteza m;ebí, y
aunque tan largo camino y sobre agua a ncgoc;iac;ión de la digestión
que dizen hay en las cosas del Perú no puede no se hazer difficul toso a
quien tampoco ha andado por la mar y tan corto entendimiento para
assentar semejantes neg0<;ios como yo tiene, pero respondiendo a la
obligac;ión natural que de servir a Su Magestad y a Vuestra Alteza
tengo y considerando que con hazer lo que en my fuere con fidelidad y
limpieza cumplo, me determiné de obdcsc;er y cumplir lo que se me
manda, y con zelo de más de servir dila té my partida hasta veer rcs-
puest~ de lo que va en la relac;ión que en la carta del comendador ma-
yor de León escrivo para que sin menos pcssadumbre que por larga car-
ta él la haga a Vuestra Alteza. Humíllmente supplico a Vuestra Al-
teza que oyda se me embíe a mandar lo que <leva hazcr, que sin
dilac;ión lo cumpliré como devo.
Nuestro Señor conserve y guarde la persona de Vuestra Alteza
por largos y bienaventurados años a su santo scrvic;io y bien universal
de la república. cristiana, como deseamos y hemos menester los vasa-
llos a Vuestra Alteza. De· Valencia a iij de setienbre de mil y quinien-
tos y qua renta y c;inco.
De Vuestra Alteza humill y indigno vasallo que sus reales ma-
nos bessa,
El lic;enc;iado Gasea.
FUENTE: Archivo General de Simancas, Estado, 297, f. 256;
autógrafo.
302
VII
CARTA A DON FRANCISCO DE LOS COBOS
SOBRE LA VISITA DE VALENCIA YLAMISION
PACIFICADORA DEL PERU
(Valencia, 3-IX-1545)
Muy illustre señor:
Las cartas de Su Magestad y Alteza con la de vuestra señoría de
xxix del passado, re<;ebí el primero déste y no poca congoxa de me man-
dar hazer camino tan largo por agua, que es una de las cosas que conti-
nuamente más he temido, ansy por lo poco que lo he usado ( que hasta
oy nunca entré en la mar ny aun la vy sino después que a esta <;iudad vi-
ne), y empe<;arse un hombre a habituar a ella en el postrero ten;io de
sus días no puede dexar de ser peligroso a la salud y vida, como tam-
bién porque siempre me han dicho que my complexión no .es convenien-
te para caminar por agua, spé<;ialmente siendo aguado. Y no menos
congoxa me pone entender la mala digestión que en aquella tierra los
negoc;ios tienen y el aparejo que hay de cometer rebeliones y inso.-
lenc;ias por estar tan apartados y lexos los que no son tan inclinados co-
mo deverían a la fee y obedienc;ia que a su rey <leven; pero consideran-
do la obligac;ión con que nas<;í de servir a my rey natural, me he deter-
minado de obede5<;er y cumplir lo que se me manda, creyendo que si en
la jornada fuere Dios servido de llevarme, acabaré en el cumplimien-
to de lo que <levo a las divinas y humanas magestades.
Hame paresc;ido que importaría mucho que antes que de aquí sa-
liesse, viniesse la persona que ha de continuar estos negrn;ios con comis-
sión de Su Alteza para tomarlos en el puncto y estado que tienen y
acabarlos y usar de todos y qualesquier poderes que de Su Magestad y
Alteza se me hayan dado bien ansy y de la mesma manera que yo lo
pudía hazer, porque con c;inco o seys días que esta persona aquí me al-
canc;asse en presern;ia de los proc;essos y negrn;ios y lo que <;erca dellos
está actuado, dárselcyan a entender las cosas y tino que en ellas se ha
303
llevado mejor que en ausern;ia, y entendido todo bien podría más ac;er-
tadamente seguir el hilo que se lleva y mejorarle conforme a su ma-
yor talento que el myo. Y si se pusiesse algún tiempo en medio de
alc;ar yo la mano y de ponerla quien succ;ediesse, sería possible hubies- ·
se algunos embarac;os y impedimentos que turbassen el proc;esso destos
riegoc;ios y pusiessen difficultad en él, como se ha visto que Su Mages-
tad ha cometido esta visita dos vezes antes de la comissión que a my
hizo y el Rey Cathólico diversas, y siempre los que no la querían la
han estorvado y tenido modo que no se prOl(;ediesse en ella hasta aora,
que sin embargo que no han faltado ni faltan voluntades y obras de ha-
zer lo mesmo se ha puesto tan adelante como está. Y aunque el que
succ;ediere será mucho más que no yo, pero por tenerles yo a los desta
tierra tomados (como dizen) los corac;ones más que no el que de nuevo
viniere, creo seré alhaja para ponerle en la possesión destos negoc;ios.
Y no sólo me atrevy a detenerme este poco tiempo con el deseo
que tengo a que esta visita vaya adelante por lo que conozco, que dello
.se servirá Dios y Su Magestad y hará bien a esta c;iudad y reyno, y
aun por la affic;ión que al bien destos negoc;;ios tengo seguiendo la co-
mún inclinac;ión que qualquiera tiene a lo que le ha costado trabajo,
mas aun porque en xxv o xxx días que si luego viniesse la persona que
los ha de acabar me pudo detener aguardándola, me paresc;ió que no
se perdería tiempo para lo de la jornada, prnes sin n:tY se podrían en es-
tos días hazer las instrm;iones y otras cosas nec;essarias para este via-
je y sus negoc;ios. Pero si paresc;iere que yo no aguarde esto, luego que
désta rec;iba respuesta me partiré sin dilac;ión alguna, que ésta no la
he tomado sino con el zelo que tengo que acái y donde me mandan yr se
haga lo que cumple al servic;io de Su Magestad. Y por saber lo que en
lo que digo se me manda, despacho este mensajero a priessa.
· Encomendar los negocios al señor duque no es sino dexarlos desier-
tos, porque requieren propria persona y sería gran daño que se perdies-
se lo hecho como se perder:ía si no se continuassen por persona tal y
que spec;ialmente venga a ellos. Y esta persona, hallándose, importa-
ría que fuesse del Santo Offic;io por el más respecto que a las dél en es-
ta tierra se tiene. Y entre los inquisidores no tengo de alguno para esta
cosa más satisfac;ión que del lic;enciado Valtodano, inquisidor de Tole-
do, y de no inquisidores la tengo buena del déan de Segovia y del
fü;enc;iado Temiño, prior de Sevilla, y del doctor Ac;eves, canónigo de
Burgos.
304
En el negoc;io de los ginovesses, luego que se prendieron suppliqué
al señor duque y al regente que se advocasse a la Audien9a lo crimi-
nal y que porque lo del fraude se tractasse con la suma y brevedad que
en los fraudes manda la pregmática se haga de palabra y sin admitir
scriptos, lo dexassen a la baylía, y ansy se hizo. Y porque se entendió
quán floxo andava el bayle y aun su assessor, hize que el assessor se
juntasse con el regente mic;er Filibert y, con su paresc;er y después de
haverlo communicado, acordaron que pues por las confessiones destos
ginovesses (conforme a la pregmática y pregón que sobre ella nueva-
mente se havía hecho) constava ser perdidas las ix U ccc coronas, que
sin otro proc;esso lo devía ansy el assessor declarar y applicarlas a
quien la pregmática las applicava. Y ansy lo hizo conforme a su stilo,
que es que lo que declara el assessor dize que lo declara el bayle a con-
sejo de su assessor, y luego se pusieron en la tabla a cuenta de Su Ma-
.gestad las dos ter9as que en la declarac;ión se le applicaron. Ello creo
está bien declarado y aunque al princ;ipio los genoveses tuvieron por
perdidos estos dineros, con sperar aora que a supplicac;ión de Andrea
Doria Su Magestad les ha de mandar hazer merc;ed dellos (porque se-
gún dizen tienen cartas dél en que les da esta speranc;a) no dexarán de
esforc;arse a buscar embarac;os, los quales temán menos lugar estando
desta manera la cosa que no si estuviera entera y en depósito.
La madera del Albufera está ya acá, y se desembargaron al mar-
qués sus dineros.
Ante de ayer ya tarde rec;ebí esta carta del bayle de Alicante y ·
otra del alcayde de Cartagena para don Bemardino con un hombre de
pie, que con el mesmo aviso passó a Tortosa y [Link]. Y luego la
fuy a comunicar con el señor duque y paresc;ióle que se devía armar y
embiar una fragata con la carta del alcayde y otras que de Su Alteza
Su Exc;elenc;ia tenía para don Bemadino, y ansy con toda la priessa
que pude procuré que se armasse de doze remeros my buneos y un mari-
nero, y se partió ayer a buscar a don Bemardino y darle las cartas, con
instruc;ión que fuesse a Denia y si ally no tuviesse lengua dél passasse
a Ybic;a y no le hallando en aquella ysla passasse a la de Mallorca y
de ally a donde al visorey de Mallorca paresc;iesse que le podría ha-
llar. La fragata va tan en orden, que [Link] que a qualquier galera huy-
rá por spac;io de mediodía, que paresc;e que bastaría o para ser socorri-
da de la noche o de llegar a tierra, aunque la encontrassen las galeras
de los turcos. ·
305
Oy llegó aquí uno de Villajoyosa por pólvora y un tiro, por que
dize que en aquella costa andavan seys fustas y que con el tiempo se
perdieron las dos esta semana, la una con toda la gente y de la otra es-
. caparon los más, de los quales por medio de los moriscos de la tierra
han entendido que número de velas de turcos y moros se juntavan para
venir sobre aquella villa.
Nuestro Señor conserve y augmente vida y stado de vuestra seño-
. ría a su santo servi\io como los suyos deseamos. De Valern;ia a iij de
setiembre de 1545.
De vuestra señoría humil siervo que sus manos besa,
El li\enc;iado Gasea.
FUENTE: Archivo General de Si mancas, Estado, 297, f. 257;
autógrafo.
306
[Posdata]
Muy illustre señor:
El día que rec;ebí la carta de vuestra señoría torné a hablar al
síndico sobre lo de su offic;io, y me respondió muy bien y alegremente
que se hiziesse. Y otro día bolvióme a hablar no con aquella volun-
tad, diziendo que me quería hablar claro que su hijo se havía resuelto
con él (spec;ialmente al tiempo que dél se despedía) que no quería esta
coadjutoría, sino que se diesse a su hermano, y que con esto él me ha-
vía dicho que podía escrevir que quiriendo su hijo Gerónimo Dassión
la coadjutoría y mandándolo vuestra señoría, él sería contento de dár-
sela. Díxele lo que en esto me parec;ía, y en fin quedó que resolviéndo-
se su hijo en quererla, que vuestra señoría mande lo que sea servido.
Paré~eme que Gerónimo Dassión <leve determinarse en quererla y con
intento de no vender el offü;io quando a su poder después de los días
de su padre viniere, y vuestra señoría mandar que se effectúe esta co-
adjutoría porque es offic;io de qualidad; y el padre teme que Gerónimo
Dassión le venda después de sus días, y aunque por otros respectos ha
estado más inclinado al otro hijo, pero el princ;ipal es este temor.
No ha sido poco para me determinar al peligro de la jornada
que se manda hazer la obligac;ión que tengo al servic;io de vuestra seño-
ría y a responder con gratitud y entero conosc;imiento a las mcrc;edcs y ·
favores que vuestra señoría me haze, y ansy teniendo por muy c;ierto
que las bozes que vuestra señoría por my da han sido causa que Su Ma-
gestad pusiesse los ojos en my para esta cosa, me paresc;ió que recusan-
do este viaje no sólo errava al servic;io de Su Magestad, mas aun al
que <levo como criado y siervo de vuestra señoría, y lo que digo es por
lo que passa y siento y no por otra considerac;ión ni fin. En la carta del
Prín<;ipe, nuestro señor, no hago más de referirme a la de vuestra seño-
ría.
FUENTE: Archivo General de Simancas, Estado, 297, f. 144;
autógrafo.
307
VIII
INSTRUCCION DE LOS VEONOS PERULEROS QUE
ACUDIERON AL VIRREY BLASCO NUÑEZ VELA
(¿fines de 1546?)
- El capitán Garcilasso, que acudió al virrey al tiempo que se
al\ó Pi\arro; estuuo en término de ahorcarle el maestro de campo en
casa de Jerónimo de Aliaga, vecino de Lima, sino fuera por el mesmo
Aliaga.
- El capitán Grauiel de Rojas, que assí mesmo acudió al virrey;
también anduvo muy abatido.
- El capitán Cá\eres, que assí mesmo acudió al virrey, que tam-
bién le quisieron matar.
- Vn sobrino del capitán Rojas que se llama Gómez de Rojas, veci-
no del Cuzco, también acudió al virrey.
-Costilla, vecino del Cuzco, también acudió al virrey.
- Soria, vecino del Cuzco, alférez que fue del capitán Castro con
Vaca de Castro, acudió al virrey.
- Diego de Mesa, vecino del Cuzco, al\ó vandera por el rey; túvo-
le la soga a la garganta el maestro del campo y diole muchos tormen-
tos.
- Diego Maldonado, vecino del Cuzco, señor de Andaguaylas,
acudió al virrey, al\ó vandera por el rey, diéronle tormento.
- Oriuela, vecino del Cuzco, acudió al virrey diéronle tormento.
- Pedro Pi\arro, vecino de Arequipa, acudió al virrey, quitáron-
le los yndios.
- Gómez de León, vecino de Arequipa, acudió al virrey. .
- Antón Aluarez, vecino de las Charcas, acudió al virrey.
- Luys de Ribera, vecino de las Charcas, acudió al virrey.
- Juan Estevan, vecino de Guánuco, acudió al virrey.
- Gar\i Sánchez, vecino deGuánuco, acudió al virrey.
-Juan de Morí, pariente del mariscal Alonso de Aluarado, acu-
dió al virrey.
308
- Juan López de Montenegro, vecino delos Chachapoyas, acudió
al virrey.
- Juan Alexandre, vecino de los Chachapoyas, acudió al virrey.
- Morales, vecino de Truxillo, acudió al virrey.
- Diego de Vega, vecino de Truxillo, acudió al virrey.
- Marcos de Scobar acudió al virrey.
- Diego de Mora, teniente de Truxillo embió vn hombre al vi-
rrey, y también él acudirá.
- Pero Gon~ález, al virrey.
- Juan de Osomo embió vn hijo al virrey.
-Diego Guttiérrez, vecino de Piura, al virrey.
- Juan Rubio, vecino de Piura, al virrey.
- Diego Palomino, vecino de Piura, al virrey.
- Lu~ena, conquistador, vecino de Piura, al virrey; quitáronle los
yndios y quisiéronle ahorcar.
- Quirós, vecino de Piura, al virrey; éste han desterrado del rey-
no.
- Santiago, vecino de Piura, al virrey; está en Lima.
- Pedro de los Ríos, conquistador y descubridor, al virrey, y por
ello quitados los yndios y su muger en el hospital.
- Grejera, vecino de Piura, acudirá al rey, y no fue leal al virrey
porque le fractó muy mal el virrey.
- Jerónimo de Silua, vecino de Lima, tutor del hijo de Diego de
Agüero, al rey.
- Nicolás de Ribera, vecino y regidor de Lima, al rey.
- Solar, vecino de Lima, al rey, y no sirvió al virrey porque le
quiso ahorcar sin justi~ia.
- Alonso Díaz, conquistador y descubridor y casado y pobre, al
virrey y·a1 rey.
- Caravantes y su hermano, vecinos de Lima, al rey.
- Alonso Martín de Don Benito, vecino de Lima, al rey.
- Pero Martín, su hermano. Ojo en él, que sin confessión los ahor-
cava quando era alcalde.
- Nicolás de Ribera, el viejo, alcalde de Lima, al rey.
- Don Antonio de Ribera sigue la opinión de Pi~arro de miedo,
que es caballero y desea al rey.
- El licenciado Niño fue en prender al virrey; vecino de Lima.
- Martín Pi~arro [y] Francisco de Ampuero, vecinos de Lima, en
prender al virrey.
- El capitán Juan Femández, vecino de Lima, sigue a Pi~arro.
309
- El contador Juan de Các;eres, al virrey y al rey.
- El veedor del rey, al virrey y al rey.
- El thesorero: no sé.
-Antón de León, vecino de Lima, tutor del hijo de Pedro Nabarro
(conquistador e vecino), al rey y al virrey.
- Juan Alonso de Badajoz, vecino de Lima, al virrey y al rey.
- El teniente de Lima, Lorenc;o de Aldana, ánima del rey. .
- Hemán Gonc;alez, vecino de Lima, al virrey, y a su compañero
en los yndios le tienen quitado el repartimiento porque siruió al vi-
rrey. ·
-El regente fray Thomás de San Martín, spíritu del rey.
- Fray Domingo,prior de la casa de Santo Domingo de Lima, [al]
virrey y rey.
- Christóval de Burgos, vecino de Lima, fue en prenderlo [al
virrey]
- Merlo, vecino de Lima, sigue a Pic;arro.
- Barba Tinoco, vecino de Lima, al virrey y al rey.
- Montenegro,vecino de Lima, al virrey y al rey.
FUENTE: Biblioteca de Palacio, Madrid. Ms. 1960, no. 8.
310
IX
SUMA DE LOS GASTOS HECHOS PARA PROVISION
DE LA ARMADA Y EJERCITO REALES
(1547-1548)
Los gastos de enpréstidos y muni<;ión y bastimcntos y otros soco-
rros en dineros y cauallos y otras cosas que sean fecho en esta c;iudad
de los Reyes es lo de yuso declarado:
- Primeramente a Juan Marroquí 1.250 pesos para en quenta de
4.000 pesos que enprestó en rropa para la pac;ificac;ión destos rreynos
contra Gonc;alo Pic;arro; por su carta de pago, por virtud del libramien-
to del mariscal Alonso de Aluarado en nombre del muy illustre señor
presidente Gasea.
-A Antón Pinto 200 pesos por otros tantos que prestó en plata pa-
ra la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a de Lorenzo de Aldana y carta
de pago.
-Al thesorero Alonso Riqueme 1.000 pesos por otros tantos que en-
prestó para la dicha pac;ifica<;ión; por librarn;a del mariscal Alonso
de Aluarado.
- A Alonso de Moya, mercader, 1.919 pesos por otros tantos que él
y Diego Gutiérrez dieron en rropa al contador Joan de Các;eres para
probeymiento del rreal exérc;ito; por libranc;a de Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Diego Núñcz, mercader, 592 pesos para en qucnta de 1.000 pe-
sos que prestó en plata para el dicho allanamiento, como diz que se
contiene en vna libranc;a del mariscal Alonso de Aluarado; por carta
de pago.
- - Al tesorero Alonso Riqueme 256 pesos por vn paño veynte y se-
seno que se tomó de poder de Baltasar de Torregrossa para prouisión
de la gente del rreal exérc;ito; por libranc;a en forma.
- Al vehcdor Garc;ía de Salzcdo 136 pesos por otros tantos que en-
prestó para comprar cosas de munic;ión para el rreal cxérc;ito; por li-
branc;a del dicho y carta de pago.
311
- A Diego de Salazar 400 pesos por otros tantos que enprestó en
plata para la dicha pa~ifi~ación; por libran~a del dicho mariscal
Alonso de Aluarado y carta de pago.
- A Lázaro Gar~ía 100 pesos por otros tantos que prestó para la
dicha pa~ifica~ión en dinero; por libran«;a del dicho y carta de pago.
-A Hemand Aluarez, mercader, 1.000 pesos por otros tantos que
prestó en dinero para la dicha pa«;ifica~ión;: por libran«;a de Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- Al dicho Hernad Aluarez de Toledo 800 pesos por otros tantos
que prestó en dinero para la dicha pa~ifica«;ión; por libran~a de Loren-
zo de Aldana y carta de pago.
- Al dicho Hemand Aluarez 500 pesos por otros tantos que prestó
en dineros para la dicha pa«;ifica~ión; por libran«;a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- Al dicho Hemand Aluarez otros 221 pesos por otros tantos que
enprestó en rropa para la dicha pa~ifica«;ión; por libran«;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Diego Fernández 150 pesos por otros tantos que enprestó en di-
neros para la dicha pa~ifica~ión; por libran~a y carta de pago.
- A Alonso Gómez 100 pesos por otros tantos que enprestó en dine-
ro para la dicha pa9fica~ión; por libran~a del dicho mariscal Alonso
de Aluarado y carta de pago.
- A Juan Gutiérrez 150 pesos por otros tantos que enprestó para el
dicho allanamiento; por libran~a del dicho Lorenzo de Aldana y car-
ta de pago.
- A Alonso Rodríguez 175 pesos por otros tantos que prestó en di-
neros para la dicha pa~ifica«;ión; por libran~a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Pedro de Encalada 100 pesos por otros tantos que prestó en di-
neros para la dicha pa~ifica~ión; por libran~a del dicho Lorenzo de .
Aldana y carta de pago. ·
- A Alonso Rodríguez 300 pesos por otros tantos que prestó en di-
neros para la dicha pa«;ifica~ión; por libran~a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago. .
- A Catalina <;orita 300 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pa~ifica«;ión; por libran«;a del dicho mariscal Alon-
so de Aluarado y carta de pago.
- A Bartolomé Ramírez 200 pesos por otros tantos que prestó en
dineros para la dicha pa~ifica~ión; por libran~a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
312
- A Diego Gutiérrez 387 pesos 7 tomines por otros tantos que pres-
tó en dineros para la dicha pac;ificac;ión; por librarn;a del dicho maris-
cal y carta de pago.
-A Martín Barriga 100 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pac;ificac;ión; por librarn;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Juan Pizarra 120 pesos por otros tantos que prestó en dineros
para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de Alda-
na y carta de pago.
-A Franc;isco Muñoz 200 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho mariscal y car-
ta de pago.
-A Juan de Herrera 300 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Cristóual Calderón 111 pesos por otros tantos que dio en rro-
pa para la dicha pac;ificac;ión; por libraric;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Garc;ía de Herrera 150 pesos por otros tantos que dio en rropa
para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho lorenzo de Aldana
y carta de pago.
- Al dicho Garc;ía de Herrera 96 pesos por vna palmilla verde
que se dio al contador Các;eres para socorro de soldados en el rreal
exérc;ito; por librarn;a del dicho y carta de pago. ·
- A Diego del Pino 100 pesos por otros tantos que prestó para la
dicha pac;ificac;ión en dineros; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
-Al dicho 57 pesos por diez y nueue toc;inos que dio a soldados pa-
ra su camino del rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- Al dicho Diego del Pino 490 pesos por otros tantos que prestó en
dineros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho mariscal
Alonso de Aluarado y carta de pago.
- A Joan Fernández de Almendras 700 pesos por otros tantos que
prestó en dineros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Bartolomé Ramírez 100 pesos por otros tantos que prestó en
dineros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Andréz de Palenc;uela 150 pesos por otros tantos que prestó en
313
dineros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- AJ uan Marroquí 175 pesos por otros tan tos que prestó en dineros
para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de Alda-
na y carta de pago.
-A Alonso Daza 100 pesos por otros tantos que prestó en dienros
para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho lorenzo de Aldana
y carta de pago.
-A Franc;isco Belázquez 100 pesos por otros tantos que prestó pa-
ra la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- AJ uan Marroquí 180 pesos por otros tan tos que prestó en dineros
para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de Alda-
na y carta de pago.
- A Franc;isco Belazquez 100 pesos por otros tantos que prestó en
dineros para la dicha pac;ificac;ión; por libranza del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- Al bachiller Alemán 130 pesos por otros tantos que prestó en di-
neros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Juan de Corla 100 pesos por otros tantos que prestó en dineros
para la dicha pac;ificac;ión; por libranza del dicho Lorenzo de Alda-
na y carta de pago.
- A Franc;isco de Castrillexo 80 pesos por otros tantos que prestó
en dineros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- A Diego de Yllescas 500 pesos por otros tantos que prestó en di-
neros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho mariscal A-
lonso de Aluarado y carta de pago.
- A Juan de Herrera 200 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Franc;isco de Castrillexo 200 pesos por otros tantos que prestó
para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho mariscal .Y carta
de pago.
- A Pedro de Oropessa 100 pesos por otros tantos que prestó en-
dienro para la dicha pac;ificac;ión; por lib1ranc;a del dicho mariscal
Alonso de Aluarado y carta de pago.
- A Diego Gutiérrez 200 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
314
dana y carta de pago.
- A Diego Yllescas 350 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pa\ifica<;ión; por libran\a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Pedro Garrarn;urri 400 pesos por otros tantos que prestó en di-
neros para la dicha pa<;ificac;ión; por libran<;a del dicho mariscal y
carta de pago. ·
- A Melchior Gutiérrez 100 pesos por otros tantos que prestó en
dinero para la dicha pa<;ifica\ión; por libran\a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Xayme Faxardo 600 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pa<;ificac;ión; por librarn;a del dicho mariscal Alon-
so de Aluarado y carta de pago.
-A Diego Núñez 150 pesos por otros tantos que prestó en dineros
para la dicha pa<;ifica<;ión; por libran<;a del dicho Lorenzo de Alda-
ña y carta de pago.
-A Frarn;isco Muñoz 60 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pa<;ificac;ión; por librarn;a del dicho y carta de pa-
go.
-A Pedro de Burgos 50 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pa<;ificac;ión; por libran<;a del dicho y carta de pa-
go.
-A Gaspar Ortigas 400 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho mariscal y car-
ta de pago.
- A Pedro de Garranc;uri 247 pesos 7 tomines por otros tantos que
prestó en dineros para la dicha pac;ifica<;ión; por libranc;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Bartolomé Aruallo 100 pesos por otros tantos que prestó en
dineros para la dicha pa<;ifica<;ión; por libran<;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Luis Pérez 200 pesos por otros tantos que prestó en dineros
para la dicha pa<;ifica\ión; por libran<;a del dicho Lorenzo de Alda-
na y carta de pago.
-A Hernand Aluarez 150 pesos por otros tantos que prestó en di-
nero para la dicha pa<;ifica<;ión; por libran<;a del dicho y carta de pa-
go.
- A Niculás Rodríguez, maestre, 497 pesos por otros tantos que
prestó en dineros para la dicha pac;ifica<;ión; por libranc;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
315
-A Pedro de Auila 100 pesos por otros tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Franc;isco de Almendras 100 pesos por otros tantos que pres-
tó en dineros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho Loren-
zo de Aldana y carta de pago.
- A Diego de Yllescas 300 pesos por otros tantos que prestó en di-
neros para la dicha pac;ificac;ión; por libramc;a del dicho y carta de
pago.
-A Bartolomé Ramírez 150 pesos por otros tantos que prestó en
dineros para la dicha pac;ificac;ión; por librarn;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Cristóual Gómez 50 pesos por otros: tantos que prestó en dine-
ros para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a de Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Diego Gauilán, y por él a Joanes de Lic;arazu e Lorenzo de
Aldana, 745 pesos por otros tantos que prestó para la dicha pac;ifi- .
cac;ión; por libranc;a y carta de pago, por virtud de mandamiento del
señor presidente.
-A Joan Griego 577 pesos 1 grano para en quenta de 900 pesos que
enprestó para al dicha pac;ificac;ión, como paresze por dos libram;as,
la vna del mariscal Alonso de Aluarado y la otra del teniente Loren-
zo de Aldana, y sus cartas de pago del dicho Joan Griego.
-A Juan de Coria 170 pesos para en quenta de dos libranc:;as de
500 pesos del dicho mariscal y del dicho teniente Lorenzo de Aldana,
que enprestó para la dicha pac;ificac;ión, corno paresze por sus cartas
de pago.
-A Aluaro de Yllescas 575 pesos 4 tomines 8 granos para en quen-
ta de 6.500 pesos que enprestó en dineros para la dicha pac;ificac;ión;
por dos libranc;as, la vna del dicho mariscal y la otra del dicho te-
niente Lorenzo de Aldana, y sus cartas de pago.
- A Diego Ortiz de Guzmán 297 pesos 5 tomines, que por él cobró
Franc;isco de Escouar, para en quenta de 3.500 pesos 1que prestó en dine-
ros para la dicha pac;ificac;ión; por libranca del dicho mariscal Alon-
so de Aluarado y cartade pago del dicho Franc;isco de Escouar.
- A Alonso Daza 66 pesos 4 y tomines 6 granos para en quenta de
600 pesos que prestó para la dicha pac;ifica<;ión; por librarn:;as, la vna
del dicho mariscal y la otra del dicho teniente Lorenzo de Aldana, y
sus cartas de pago.
- A Antón Sánchez 19 pesos 3 tomines para en quenta de 300 pe-
316
. sos que enprestó para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho
mariscal Alonso de Aluarado y su carta de pago.
- A Pedro de Burgos 12 pesos 2 tomines 6 granos para en quenta
de 50 pesos que prestó en dinero para la dicha pac;ificac;ión; por li-
branc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Juan Marroquí 1.058 pesos 7 tomines 6 granos, demás de otros
1.250 peso sde que está pagado, en quenta de 4.000 pesos que prestó pa-
ra la dicha pac;ificac;ión en rropa, como paresc;e por la librac;a dellos
del dicho mariscal Alonso de Aluarado.
- A Franc;isco Ximénez 27 pesos 6 tomines 3 granos para en quen-
ta de 1.000 pesos que enprestó para la dicha pac;ificac;ión; por li-
brarn;a del dicho marsical Alonso de Aluarado y carta de pago, en 800
pesos en plata y en 200 pesos en veynte espadas y ocho hierros de
lanc;as.
- A Alonso de Prado 142 pesos 1 tomín 6 granos para en quenta
de 200 pesos que enprestó en dinero para la dicha pac;ificac;ión; por li-
branc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
-A Pero Ximénez 124 pesos 4 tomines 3 granos para en quenta de
200 pesos que enprestó para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del di-
cho teniente Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Diego de Aguilar 92 pesos 4 tomines 6 granos para en quenta
de 100 pesos que prestó para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del
dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
-A García de Dueñas 67 pesos 9 granos para en quenta de 100 pe-
sos que enprestó para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Juan de Oliuares 171 pesos 5 tomines 6 granos para en quenta
de 366 pesos 4 tomines que ovo de auer, los 200 que prestó para la di-
cha pac;ificac;ión y los 166 pesos 4 tomines de obras de caxas de arcabu-
zes que hizo para prouisión del rreal exérc;ito; por libranc;as de los di-
chos Mariscal y Lorenzo de Aldana y cartas de pago.
-A Frarn;isco Márquez 76 pesos 6 tomines 6 granos para en quen-
ta de 1.000 pesos que prestó para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a
del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
'. . A Franc;iscoo de Truxillo 457 pesos 2-tomines para en quenta de
500 pesos que enprestó para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Martín de Bonilla 275 pesos 2 tomines 3 granos para en quen-
ta de 1.000 pesos que enprestó en dinero para la dicha pac;ificac;ión;
por librarn;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
317
-A Juan AntonioCor<;o 304 pesos6 tomincs3 granos para en quen-
ta de 402 pesos que prestó, los 250 en dinero y los 152 pesos que los dio
de bastimentos; por dos libran<;as del dicho teniente Lorenzo de Alda-
na y cartas de pago.
- A Juan Franzés 52 pesos 6 tomines 3 granos para en quenta de
100 pesos que prestó en dineros para la dicha pa<;ifica<;ión; por li-
bran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- Al bachiller Alemán 191 pesos 5 tomines para en quenta de
200 pesos que prestó para la dicha pa<;ifica<;ión; por libran<;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Alonso Martínez 248 pesos 1 tomín para en quenta de 300 pe-
sos que prestó para la dicha pa<;ifica9ón; por libran<;a del dicho te-
niente Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Luis Pérez 734 pesos 3 tomines 6 granos para en quenta de
2.601 pesos 4 tomines que prestó en rropa en Guamanga para probey-
miento de la gente de guerra; por mandamiento del señor presidente y
libran<;a y carta de pago.
- A Diego de Medina 13-3 pesos 3 tomines 6 granos para en quen-
ta de 200 pesos que emprestó en dineros para la dicha pa<;ificac<;ión;
por libran<;a del dicho Mariscal Alonso de Al1uarado y carta de pago.
- A Fran<;isco Lloscos 21 pesos 2 tomín para en quenta de 400 pe-
sos que prestó en dineros para la dicha pa<;ifica<;ión; por libran<;a de-
llos del dicho mariscal y carta de pago.
- A Tomás Gar<;ía, harnero, 291 pesos 6 tomines para en quenta
de 400 pesos que prestó en dineros para la dicha pa<;ifica<;ión; por li-
bran<;a dellos del dicho Alonso de Aluarado y carta de pago.
- A Alonso Gonzales 80 pesos y tomín para en quenta de 600 pe-
sos que prestó en dinero para la dicha pa1~ifica<;ión; por libran<;a del
dicho mariscal y carta de pago.
- A Gonzálo Méndez 12 pesos 2 tomines 6 granos para en quenta
de 150 pesos que prestó en dinero para la dicha pa<;ificación; por li-
bran<;a dellos del dicho mariscal y carta de pago.
- A Jhoan Moreno 87 pesos 6 tomines para en quenta de 200 pesos
que prestó en dineros para la dicha pa<;ificac<;ión; por libran<;a dellos
del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Domingo Bene<;iano 29 pesos 7 tomines para en quenta de
150 pesos que prestó en dineros para la dicha pa<;ifica<;ión; por li-
branc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago. ·
- A Diego Hemández de Ocaña 24 pesos 3 tomines para en quen-
ta de 350 pesos que prestó para la dicha pa<;ifica<;ión; por virtud de li-
318
branc;a del dicho teniente Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Ginés Sánchez 73 pesos 6 tomines para en quenta de 200 pe-
sos que prestó para la dicha pa<;ifica<;ión; por libran<;a de Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Diego Díaz 1.434 pesos 2 tomines 6 granos para en quenta de
2.223 pesos 6 tomines que prestó para la dicha pa<;ifica<;ión; por li-
branza del dicho mariscal Alonso de Aluarado y carta de pago.
- A Bias de <.;isneros 107 pesos 1 tomín 3 granos para que quenta
de 300 pesos que prestó en dinero para la dicha pa<;ifica<;ión; por li-
bran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Juan de Segura 131 pesos 6 tomines para en quenta de 600 pe-
sos que prestó en dinero para la dicha pa<;ifica<;ión; por librarn;a de
Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
- A Alonso Gutiérrez 75 pesos 2 granos para en quenta de 200 pe-
sos que prestó para la dicha pa<;ificac;ión en dinero; por libran<;a del
dicho Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
- A Franc;isco Díaz 118 pesos 3 tomines para en quenta de 2.742
pesos 5 tomines que prestó en rropa en Caxa; por mandamiento del se-
ñor presidente, con carta de pago.
- A Franc;isco Belázquez 18 pesos 5 tomines para en quenta de
vna libranc;a de 200 pesos que prestó en dinero para la dicha pac;ifi-
ca<;ión; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Diego del Pino 39 pesos 3 tomines para en quenta de 137 pe-
sos que dio en ra<;iones a soldados; por libranc;a de Lorenzo de Aldana,
con carta de pago.
- A Cristóual Arias 95 pesos 7 tomines 6 granos para en quenta
de 1.000 pesos que prestó en dineros; por libram;a de Lorenzo de Alda-
na, con carta de pago.
- A Hemán Mexía 16 pesos 6 tomines para en quenta de 100 pe-
sos que prestó en dinero para la dicha pac;ifica<;ión; por libranc;a del
dicho Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
- A Alonso de Carrión 257 pesos 3 tomines para en quenta de
2.500 pesos que prestó en dineros para la dicha pac;ificación; por li-
bran<;a del dicho mariscal y carta de pago. .
- A Francisco Lonbardo 19 pesos 5 tomines para en quenta de 300
pesos que prestó en dineros .para la dicha pac;ificac;ión; por libran<;a
de Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
.. A Bernaldo de Loya 307 pesos 3 tomines para en quenta de vna
libranc;a de 467 pesos que prestó en dinero; por libranc;a de Lorenzo de ·
Aldana, con carta de pago.
319
- A Diego de Sayabedra 67 pesos 3 tomines para en quenta de
114 pesos que prestó en dinero para la dicha pac;;ificac;;ión; por li-
branc;;a de Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
- A Diego Gonc;ales 109 pesos 3 tomines 3 granos para en quenta
de 150 pesos que prestó en dineros para la dicha pac;;ificac;;ión; por li- .
branc;;a de Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
- A Pero Bélez 145 pesos 7 tomines para en quenta de 450 pesos
en dineros que prestó para la dicha pac;ificac;;ión; por libranc;;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Pero Díaz de Figueroa 54 pesos 4 tomines para en quenta de
200 pesos que prestó en dineros para la pac;;ificac;;ión; por libranc;;a de
Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
- A Amador de la Fuente 17 pesos 5 tomines 6 granos para en
quenta de 40 pesos que prestó en dineros; por libranc;;a de Lorenzo de Al-
dana, con carta de pago.
- A Alonso Gómez 17 pesos 4 tomines para en quenta de 125 pe-
sos que prestó en dineros para la dicha pac;;ificac;;ión; por libranc;;a del
dicho Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
- A Baltasar de los Reyes 49 pesos 7 tomines para en quenta de
400 pesos que prestó en dinero para la dicha pac;;ificac;ión; por li-
branc;;a de Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
-A Pedro de Garrarn;urri, y por él a Pedro de Andi, 163 pesos 4
tomines 3 granos para en quenta de 200 pesos que prestó en dinero para
la dicha pac;;ificac;;ión; por libranc;;a del dicho Lorenzo de Aldana.
- A Bernardo Correa, y por él a Torregrossa, 21 pesos 2 tomines
para en quenta de 50 pesos que prestó en dineros para la dicha pac;ifi-
cac;ión; por libranza del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
· - A Diego Gutiérrez 230 pesos para en quenta de 700 pesos que
prestó para la dicha pac;;ificac;;ión en plata; por libranc;;a del dicho Lo-
renzo de Aldana y carta de pago.
- A Martín Barriga 40 pesos para en quenta de 250 pesos que
prestó en dineros para la dicha pac;;ificac;;ión; por libranc;;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Ana Xuárez 332 pesos 5 tomines por ocho mil y seisc;;ientos y
quarenta y ocho panes, de a libra cada vno, que dio para la comida y
rrac;;iones de soldados y gente del armada rreal del señor presidente;
por libranc;;a de Lorenzo de Aldana y carta de pago. .
- A Aldonza de Torres 248 pesos por c;;iento y veynte e quatro
arrouas de viscocho que della se tomaron para probeymiento de la di-
320
cha rreal armada; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta
de pago.
- A Aluaro Galán 942 pesos por veynte y quatro novellos que
dio para prouisión de la armada, a quarenta pesos cada vno; por li-
bran~a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- Al mariscal Alonso de Aluarado 1.082 pesos 4 tomines por qua-
troc;ientas y tres obejas que se compraron de vn mayordomo suyo para
la gente de guerra que se juntó en Caxamalca; por librarn;a y carta de
pago, por vertud del mandamiento del dicho señor pressidente.
- A Juanes de Huste, maestre, 50 pesos por el flete de quinientas
y veinte y siete piedras de sal que traxo en su nauío desde la Barranca
para prouisión de la dicha rreal armada; por libranc;a del dicho y car-
ta de pago.
- A doña María de Baluerde 211 pesos por c;iertas sogas y peta-
cas que della se compraron para el galeón y para lleuar probeymiento
al rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de
pago. .
~Ala dicha doña María de Baluerde 386 pesos por c;iento y no-
venta y tres arrouas de viscocho que della se compraron para probey-
miento de personas y soldados que yban a seruir al rreal exérc;ito, a
razón de dos pesos el arroua; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Diego del Pino 13 pesos 4 tomines por quinientos clauos de ti-
llado para la galera y dos esteras en que se hechaua el viscocho para
la comida della; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Antón Ramos 72 pesos por nueue quintales de viscocho para
prouisión de los nauíos de la dicha rreal armada; por libranc;a del di-
cho y carta de pago.
- A Martín Pizarro 100 pesos por veynte puercos para prouisión
de la dicha armada; por libran<;a del dicho y carta de pago.
- A Ana de Guzmán 68 pesos por ocho quintales y medio de vis-
cocho para proueymiento de la dicha rreal armada, a ocho pesos el
quintal; por libranc;a del dicho y carta de pago. .
- A Diego del Pino, maestre, 230 pesos por c;iento y treinta ques-
sos que dio a soldados y diez queros de bacas para hazer c;eladas; por
libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Xaime Fajardo 4.795 pesos y 7 granos que montan los gastos
que hizo en rrac;iones con la gente de las compañías de Juan Alonso Pa-
lomino y Hernán Mexía y galeón y galera y fragata, como paresc;e por
libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
A doña María de Baluerde 154 pesos por mill e novec;ientas y
321
quarenta y dos libras de pan y quarenta fanegas de mahíz que della
se compraron para probeymiento de ~inquienta y siete soldados de la
compañía del li~ern;iado Pedro Ramírez de Quiñones; por libran~a del
dicho y carta de pago.
- A Diego Martín, pescador, 173 pesos 7 tomines por ~iento y
treynta y tres arrouas de pescado y treynta corvinas que dio al galeón
y galera de la dicha armada; por libran~a del dicho y carta de pago.
- Al dicho Diego Martín, pescador, 28 pesos 4 tomines por veyn-
te y quatro arrouas de pescado que dio para prouisión de la dicha gle-
ra; por librarn;a del dicho y carta de pago.
- A Joan de Adrada 36 pesos por dow arrouas de viscocho que
dio a doze soldados del capitán Juan Pére:i Dardón, de la compañía
del li~en9ado Ramírez; por libran~a del dicho y carta de pago.
- A Diego del Pino 29 pesos 6 tomines por quatro arrouas de
azeyte y seis ovillos de ylo para el galeón y vna manta y camiseta
que se dio a vn yndio que vino con carta de Diego Zenteno del Cusco;
por libran~a del dicho y carta de pago.
- A Diego del Pino 26 pesos por 9nco fanegas y media de sal que
se compraron dél y de Alconchel para la dicha armada; por libran~a
del dicho y carta de pago.
- A Catalina Díaz 10 pesos por 9nco arrouas de viscocho que
dio a Gar~i Alonso y a Cristóual Rodríguez y a Juan Gómez y a Juan
Griego y a Rodrigo de Lasaga, soldados de la compañía de Hemán
Mexía, para la comida de camino de yr a semir al real exén;ito; por li-
bran~a del dicho y carta de pago.
-A Martín Sánchez 1.164 pesos por ~iento y quarenta y vn quin-
tales y tres arrouas de viscocho que se le compraron para el galeón, a
ocho pesos el quintal; por libran~a del dicho Lorenzo de Aldana y car-
ta de pago.
- A Pero Ximénez, el cassado, 886 pesos por diez mili y quinien-
tas y noventa y tres ra~iones de pan que probeyó a la real armada des-
de 24 de jullio de 541 años (sic) hasta veynte e ~inco de agosto del
dicho año; por libran~a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
-A Alonso Gómez 72 pesos por diez y ocho barriles de dos
arrouas de sal que dél se compró para la carne del galeón y vn arcabuz
y ~inco dozenas de herraxe mular; por libran~a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Diego Díaz, maestre del galeón, 88 pesos por onze quintales
de viscocho que dél se conpraron para dicho el galeón; por libran~a
del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
322
- A Joan Pizarro, carretero, 302 pesos por veynte carretadas de
leña que llevó a la real armada al puerto desta <;iudad y por el
acarreto de ochenta y tres carretadas que lleuó para la dicha armada
de viscocho y para carne y artillería y ropa de soldados; por libran<;a
del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago. ·
- A Joan Quintero, pescador, 100 pesos 1 tomín por sesenta y seis
arrouas y nueue libras de pescado y nueue coruinas que dio para los ca-
vallos y soldados de la real armada desde 22 de jullio de 547 años
hasta 23 de setiembre del dicho año; por libran<;a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- A Diego Martín, pescador, 94 pesos por razón de tre~ientos y
setenta y nueue arreldes de pescado que dio para el galeón y <;inquen-
ta y seis coruinas, por libran\a y carta de pago, desde 22 de jullio has-
ta 28 de setiembre de 547 años.
-A Adrián Enrrique, flamenco, 6 pesos por dos petacas para
ynuiar vicocho a Caxatanuo para prouisión de la cassa del señor presi-
dente; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Martín Pérez de Lezcano 16 pesos por dos quintales de visco-
cho que dél se conpraron para prouisión de la dicha armada; por li-
brarn;a del dicho y carta del pago.
- A Rodrigo de Herrera 35 pesos por catorze tozinos que dio pa-
ra soldados de el capitán Hemán Mexía para el camino que fueron a
Xauxa al real exército; por libran<;a y carta de pago.
- A Sebastián Xuárez 36 pesos por quatro quintales y medio de
viscocho que se conpraron para la dicha real armada, a ocho pesos el
quintal; por librarn;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A doña María de Bahierde 253 pesos por <;inquenta tozinos y
diez y seis quintales de viscocho que dio para prouisión de la dicha
real armada; por libran<;a del dicho y carta de pago.
- Al maestre del galeón y otros <;iertos soldados y marineros del
armada 229 pesos 6 tomines 4 granos por <;ierta cantidad de viscocho
que dieron para prouisión de la dicha armada; por libran<;a del dicho
Lorenzo de Aldana y zertifica<;ión de Pedro de A vendaño.
- A Alonso Gómez 23 pesos 6 tomines por <;inco tozinos e medio e
quatro fanegas de mahíz que dél se conpraron para soldados que fue-
ron a seruir al real exército; por libran<;a del dicho Lorenzo de Alda-
na y carta de pago.
- A Cristóbal de Sanctana 10 pesos por dos esteras para los pa-
ñoles de la galera que dél se conpraron; por libran<;a del dicho Loren-
zo de Aldana y carta de pago. ·
323
- A Alonso Pérez de Valenzuela 36 pesos por seis arrouas de
ac;;eyte que dél se conpraron para el galeón, a seis pesos; por libranc;;a
del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Pedro del Río 244 pesos de treynta quintales y dos arrouas
de viscocho que dél se conpraron para prouisión de la real armada y
soldados; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Diego del Pino 8 pesos por quatro fanegas de mahíz que se
conpraron para soldados que yban a seruir en el real exército; po1r li-
branc;a del dicho y carta de pago.
- A Jhoan de Andrada 206 pesos por veynte y c;inco quintales y
tres arrouas de viscocho que dél se conpraron para el dicho galeón e ar-
mada real; por librarn;;a del dicho y carta de pago.
- A Alonso de Herrera 50 pesos por veynte y c;inco arrouas de vis-
cocho que dél se conpraron para la real armada; por libranc;a del di-
cho wrenzo de Aldana y carta de pago.
- A Ynés Téllez 166 pesos por veynte quintales y tres arrouas. de
viscocho que a dado para el armada y otros soldados; por libram;a
del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Aldonza de Torres 430 pesos 2 tomines por dosc;ientas y ca-
torc;;e arrouas y siete libras de viscocho que dio para la dicha real ar-
mada; por libranc;;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A la dicha Aldonza de Torres 483 pesos 4 tomines por sesenta
quintales y vna arroua y diez y siete libras de vicocho que della se
tomaron para el galeón y para los soldados del real exérc;;ito, por
libranc;;a del dicho y carta de pago.
- A Esteuan de Viuar y Gonzalo de Viuar y Franc;isco de Bimuza
y Alonso Benítez 400 pesos por lleuar c;;ierto ganado al dicho real
exérc;;ito y a Xauxa; por libranc;;a y carta de pago.
- A Gonc;;alo Méndez 16 pesos 4 tomines por seis arrouas de visco-
cho y seis quesos que dél se conpraron para Diego de la Hoz y Hemán
Núñez y Juan Morón y Diego Gaetial y maestre Cristóual y Domingo
Ochoa, soldados que fueron a seruir al real exérc;ito; por libranc;a del
dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A García Fernártdez de Oropessa 150 pesos por seis meses que
sirvió en la despensa de las rac;;iones de la real armada, por libranc;a
del dicho y carta de pago.
- A Mari Ortiz 194 pesos por nouenta y siete arrouas de viscocho
que della se conpraron para la dicha real armada; por libranc;;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Francisco de Almaraz 200 pesos por tresc;ientos puercos que
324
dio en Xauxa para prouisión del real exérc;;ito; por librany1 y carta de -
pago, por vertud del mandamiento del señor presidente.
- A Aluaro Rodríguez 54 pesos por veynte y siete arrouas de vis-
cocho para la dicha real armada; por libran<;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago. ·
- A Diego del Pino 97 pesos por quarenta y ocho toc;;inos y medio
que dio a soldados de las compañías de Juan Alonso Palomino y Her-
nán Mexía; por librany1 del dicho Lorenzo de Aldana y ca'r ta de pa-
go.
-A Juan Portales 163 pesos 6 tomines por sesenta y c;;inco fanegas
y media de mahíz que dio para la gente del adelantado Benalcác;;ar
que yba a seruir al real exén;ito; por libranc;;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Manc;;io Pérez 144 pesos por diez y ocho quintales de viscocho
que dio para soldados que yban a seruir al real exérc;ito; por libranc;;a
del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Bernardino de Medina 50 pesos por dos quintales de quessos
que dél se conpraron para soldados que yban al rreal exérc;;ito; por li-
branc;;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Alonso Martín de Don Benito 182 pesos por c;;iento y quatro
puercos que Gerónimo de Silva envió desde Chincha al real exérc;ito,
por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Cristóual de Burgos 266 pesos 1 tomín para en quenta de 760
pesos que dio para la dicha pac;ificac;;ión en catorze nouillos y c;;ien fa-
negas de mahíz; por vertud de -librarn;a del dicho teniente Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Rodrigo de Mazuelas 154 pesos 7 tomines para en quenta de
957 pesos que ovo de tresc;;ientas y noventa obejas que dél se tomaron en
Xauxa para prouisión del rreal exérc;ito; por libranc;a, por vertud del
mandamiento del señor presidente, y carta de pago.
- A Aluaro Galán 1.884 pesos 2 tomines 6 granos para en quenta
de 3.214 pesos 7 tomines 10 granos por carne que dio para prouisión de
la real armada y exército; por libranc;;a del dicho Lorenzo de Aldana
y carta de pago.
- A Cristóual Gómez 120 pesos por c;;ientoy veinte c;eladas de cue-
ro de baca que hizo para el rreal exérc;;ito del dicho señor pressidente;
por libranc;;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Sancho Brauo de Lagunas 12 pesos 6 tomines de c;;iertos jorna-
les por negros suyos que siruieron a los herreros que hizieron arcabuzes
325
para el dicho real exér~ito; por libran~a del dicho Lorenzo de Aldana
y carta de pago.
- A Pedro de la Peña, pregonero, 25 pesos por vna cota que dél se
conpró para la dicha pac;ifica~ión; por libran~at y carta de pago.
- A Lorenw de Cantoral 20 pesos por vn arcabuz que dél se conpró
para la guarda del dicho Lorenzo de Aldana; por su libran~a y carta
de pago. .
- A Fran~isco Xuárez 15 pesos por vn ar<:abuz que dél se conpró_pa-
ra probeymiento del real exérc;ito; por libran<;a del dicho e carta de
pago. .
- A Alejos de Ordales 20 pesos por vna silla xineta con sus es-
triuos y adrezos que dél se coinpró para el capitán Juan Pérez de Ardos-
si, de la compañía del li~en~iado Ramírez de Quiñones, para yr a
seruir al real exérc;ito; por libran~a del dicho y carta de pago.
- A Fran~isco Gar9a 25 pesos 7 tomines por veynte y tres libras
de póluora que dél se compraron para el armada; por libran<;a del di-
cho y carta de pago. .
- A Bernardino de San Pedro 20 pesos por c;iertos cueros de fue-
lles de vaca que dél se compraron para correones de coseletes y pectos
para el rreal exér~ito; por libran~a y carta de pago. ·
-A maestre Antón, herrero, 40 pesos 4 tomines por obras que hizo
para la galera; por libran~a del dicho y carta de pago.
- A Juan de Graxales 16 pesos por ocho moldes de madera para
las zeladas de cuero que se hizieron para el dicho real exér~ito; por li-
bran~a del dicho y carta de pago.
- A Diego de Panyagua 27 pesos por ~iinco moldes de madera pa-
ra las zeladas y morriones y seis baquetas para seis arcabuzes que hi-
zo y por los fondos de dos barriles en que se lleuaron al real exér~ito
los hierros de picas y de barrenar tres~ienltas pelotas de palo para el
artillería del dicho; por libran~ del dicho y carta de pago.
~·Alonso de Paniagua, carpintero, 21 :pesos por catorze caxas de
arcabuzes que hizo para los soldados de la guarda del dicho Lorenzo
· de Aldarta; por libran~a y carta de pago.
-A Critóual de Sanctana, carpintero, 16 pesos 4 tomines por vna
azuela armada y vna sierra armada y por vn martillo mediano y vna
· barrena y vna lima que se dio al carpintero de la galera para adouar
~iertos remos della;· por libran~a ·del dicho y . carta de pago.
- A fray Pedro de Atienza, procurador del monesterio de Nues-
tra Señora de la Mer~ed desta QUdad, 57 pesos por diez y nueue palos
326
de sauzes curados que dél se compraron para caxas de arcabuzes del di-
cho real exér~to; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Martín Barriga 2 pesos 2 tomines por nueue baras de cañama-
zos que dél se conpraron para fardos para ynuiar munic;iones para el
rreal exérQto; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Lorenzo de la Peña 7 pesos por dos arrouas de fierrro de aros
que dél se conpraron para hazer Alonso Naranxo llaues y tornillos y o-
tras munic;iones de arcabuzes; por libranc;a del dicho Lorenzo de Alda-
na y carta de pago.
- A Juan Comes 24 pesos por quarenta y ocho pares de alpargates
que dél se compraron en Colán para prouisión de soldados de la real
armada; por libranc;a del dicho y carta de pago,: por vertud de c;ertifi-
cac;ión del probehedor general Juan Gómez de Anaya.
- A Diego Díaz, maestre del galeón, 60 pesos por siete arcabuzes
que dél se conpraron en el puerto de Truxillo para el capitán Diego de
Mora; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Xorje Martín 12 pesos por vn toldo que dél se conpró para
Franc;isco Dávila, soldado que fue al real exérc;ito a seruir; por li-
branc;a del dicho y carta de pago.
- A fray Agustín Xuárez, procurador de la cassa del señor Sancto
Domingo, 20 pesos por seis palos grandes para caxas de arcabuzes; por
libranc;a y carta de pago.
- A Joan Portales 62 pesos por hechura de tres ternos de prisio-
nes, con tres ramales cada vno, y sus arroplas para prouisión de la
galera de la dicha armada y por quatro pernos grandes y por catorze
fanegas .de mahíz que dél se conpraron; por libranc;a del dicho Loren- ·
zo de Aldana y carta de pago.
- A Luis Pérez 20 pesos por otros arcabuzes que dél compró el dt~ -
cho capitán Palomino para su gente; por libranc;a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago. ·
- A Joan Bela 20 pesos por otro arcabuz que dél compró el dicho
capitán Juan Alonso Palomino para su gente; por libranc;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Cristóbal de Sanctana, carpintero, 70 pesos por hechura de
veynte caxas .de arcabuzes y Hermnán Mexía; por libranc;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Cristóual de Sanctana, carpintero, 70 pesos por hechura de
veynte caxas de arcabuzes y una caxa de atanbor que hizo para las
compañías de Palomino y Hernán Mexía; por libranc;a del dicho Lo-
renzo de Aldana y carta de pago. ·
327
- A Marcos Pérez Castroverde e Adri.án Pérez 38 pesos por dos ar-
cabuzes que dellos compró el capitán Palomino para su gente; por li-'
bran<;a del dicho y carta de pago.
- A Antonio Falcón y Juan de la Peñta, herreros, 400 pesos por la
hechura de do~ientos hierros de picas q1L1e se lleuaron al real exérd-
to; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Joan de [Link], carpintero, 72 pesos por treynta y seis picas
que hizo para servi<;io del real exér<;ito; por libran<;a del dicho
Lorenzo de Aldaná y carta de pago.
- A Jhoan de Medina, carpintero,.30 pesos ·por veynte picas que
hizo para el dicho real exér<;ito; por libran<;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Lorenzo López de · Villaseca, carpintero, 156 pesos por
sesenta y ocho picas que hizo para el real exér<;ito; por libran<;a del
dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Antón Obregón e · Andrés de Olmedo 40 pesos por dos
areabures que dellos compró el capitán Juan Alonso P~lomino para su
gente; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Miguel Sánchez, carpintero, e a Juan Esteuan 130 pesos por
hechura y adouio de setenta y <;inco picas para el dicho real exér<;ito;
por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Miguel Gómez 12 pesos por vn arcabuz que dél compró el capi-
tán Juan Alonso Palomino para su gente; por libran<;a del dicho Loren-
zo de Aldana y carta de pago.
- A Diego de Sanctiago 20 pesos por vn arcabuz que dél compró
para su gente el dicho capitán Palomino; por libran<;a del dicho Lo-
renzo de Aldana y carta de pago.
- A Alonso de Cobarrubias 54 pesos por tres arcabuzes y el cañón
de otro que conpró para sus soldados [¿de Palomino?] que residían en
el galeón; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
A Gon<;alo de Castañeda 100 pesos por el tiempo que se ocupó en
Guadachiri en hazer veynte y <;inco botijas de póluora para el dicho
real exér<;ito y armada; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Alonso Gaytán 62 pesos por quatro arcabuzes y seis petacas
para probeymiento del galeón y quatro barriles para ynuiar clauos al
rreal exército; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de
pago.
- A Niculás de Trapana 50 pesos por el tiempo que se ocupó en Ta-
rama con Lorenzo de Estopiñan en hazer la póluora y salitre del rreal
328
exérc;ito; por libr~a -~ o y carta de pago. .
- A Jhoan de Salaman~a, sillero, 25 pesos por vna silla estradio-
ta que dél se compró con sus adrezos, que se dio a Villafana, alfrérez
de Hernán Mexía, par4-_yrJ seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del
dicho y carta de pago.
- A Juan Pinos y y Juan Griego 35 pesos por dos toldos que dellos
se conpraron para el capitán Hernán Mexía; por libranc;a del dicho y
carta de pago.
- A Alonso Gaytán, herrero, 121 pesos 4 tomines por adouios de
arcabuzes y otras munic;iones de la compañía del capitán Palomino;
por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Diego de Sanctander 25 pesos por vn toldo en que él y Sabas-
tián de Sanctander y Diego Ruyz, soldados, ban a seruir al rreal
exén;ito; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Enrrique Pereyra 16 pesos por vn arcabuz que dél se compró
para el galeón; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Alonso de Cobarrubias 72 pesos por c;inco arcabuzes que com-
pró y entregó a Lorenzo de Aldana para prouisión del rreal exérc;ito;
por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Cristóual Zarc;a 44 pesos por adouios de munic;ión de arcabu-
zcs que hizo a soldados de la compañía de Hernán Mexía y por vn ar-
cabuz que dél se compró para probeymiento del galeón; por libranc;a
del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Diego del Pino 40 pesos por dos toldos que dél se compraron
que se dieron al contador Cázeres para lleuar la ropa al rreal exérc;ito
del socorro de la gente de guerra; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Antonio Rodríguez 6 pesos por dos espadas que adrezó a Pe-
dro Morón e Andrés Hernández, soldados que fueron al rreal exército;
por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Antón Sánchez 68 pesos por tres candados y ocho9entos
clauos de medio tillado y llaues y eslabones para los españoles delga-
león y vna estera grande y vna dozena de herraxe y dos quesos que se
dieron a dos soldados que fueron a correr el campo; por libranc;a y car-
ta de pago.
- Al dicho Antón Sánchez 138 pesos por dos calderas grandes que
lleuaron para hazer póluora a Tarama y Guadachiri Xinés de Casta-
ñeda y Juan Xiero para colar el salitre, y dos hachas de yerro y un_.
apayla y dos quesos para el camino y quatro mac~etes y vna calde~á
grande y vn marco (?) de ocho libras y otras caldera grande y dos sáua-
nas y liquilas de algodón y vnas balanc;as grandes con vn peso de carne
que se les dio para el camino y seis zedac;ois; por libran~ del dicho Lo-
"-renzo de Aldana y carta de pago.
- Al vehedor García de Salzedo 126 pesos por c;ierta madera que
dél se compró para caxas de arcabuzes y dos corbatones para el galeón
y 9erto cobre para pelotas y dos ginetones para el rreal exérc;ito; por
libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Fram;isco de Morales 4 pesos 4 tomines por nueue rosarios que
se·· .ynui~roi\ .al rreal exér9to para el secreto de Juan Cruza te; por li-
branc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Gaspar Ortigas 7 pesos por catoirze rosarios que dél se com-
praron para el secreto de Juan Cruzate; por libranc;a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- A Alonso de Paniagua 22 pesos 4 tomines por hechura de caxas
de arcabuzes y diez y seis baquetas para soldados que fueron al rreal
exé~ito y de la guarda de Lorenzo de Aldana; por su libranc;a y carta
de pago. ·
- A Bartolomé Román, espadero, 93 pesos 4 tomines para en
quenta de las obras de su officio que haze en el rreal exército, por
libranc;a y carta de pago, por vertud de mandamiento del señor
presidente.
- A Antonio de Morales, carpintero, 53 pesos por hechura de
diez y nueue caxas de arcabuzes que hizo para la compañía del capi-
tán Palomino, por libranc;a del dicho Lo1renzo de Aldana y carta de
pago -
· -.A Benito de Pineda, baruero, 745 pesos por amolar dosc;ientos
hierros de picas para el rreal exérc;ito; por librarn;a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
"". A Diego de Torres 100 pesos por c;inieo arcabuzes que dél se com-
praron para el capitán Juan Alonso Palomino; por librarn;a deldicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Pedro de Medina, zapatero, 20 pesos por vn arcabuz que dél
se compró para Alonso de Avila, soldado de capitán Palomino; por li-
branc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Franc;isco de la Mula, sillero, 35 pesos por dos arcabuzes que
dél se compraron para el dicho capitán Palomino; por libranc;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Cristóual Carreño, herrero, 15 pesos por vn arcabuz que dél
330
se compró para prouisión del galeón, por libram;a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- A Jhoan Barragán 15 pesos por vn arcabuz que dél se compro '.el
capitán Palomino; por libran~a del dicho Lorenzo de Alda~ y carta
de pago.-
- A Pedro Broncano 20 pesos por vn arcabuz que dél compró el di-
cho Palomino; por libran\a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de
pago. . ¡ .t .
- A AlonsoGaytán 18 pesos por arcabuz que dél compró el dicho
Juan Alonso Palomino; por librari~a del dicho Lorenw de Aldana y car-
ta de pago.
- Al dicho Gaytán 80 pesos por los ádouios que hizo a arcabuzes
de la compañía de Hemán Mexía; por libran\a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago. ·
- A Juan de Oliuares, carpintero, 6 pesos 4 tomines por dos caxas
de arcabuzes que hizo por Julián de Sedeño y Juan de Sigura, soldados
de Hernán Mexía; por librarn;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de
· pago.
- A Benito de Pineda, baruero, 30 pesos por ~ien hierros de picas
que amoló para el rreal exér.;ito; por libran\a del dicho Lorenzo de Al-
dana, con carta de pago. . I ·
- A Pedro de Escobar 20 pesos por otro arq1buz que dél compró el
dicho capitán Palomino para su gente;por libran~a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- A Bautista de Sevilla 25 pesos por otro arcabuz que dél compró
el dicho capitán Palomino para su gente; por libran\a del dicho Loren-
zo de Aldana y carta de pago.
- A Joan Corbella 20 pesos por otro arcabuz que dél compró el di-
. cho capitán Palomino para su gente; por libran~a del dicho Lorenzo ,
de Aldana y carta de pago.
- A Juan de Hontiueros 25 pesos por otro arcabuz que dél compró
el dicho capitán Palomino para su gente; por libran~a del dicho Loren-
zo de Aldana y carta de pago.
-A Lázaro Martín 14 pesos por otro arcabuz que dél compró el di-
cho capitán Palomino para su gente; por libran~a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- A Diego Hemández 18 pesos por nueue libras de póluora que
dél se compró para prouisión de la real armada; por libran~a de Loren-
zo de Aldana y carta de pago.
- A Pero Femández, por vn arcabuz que el capitán Palomino dél
331
compró para su gente, 20 pesos; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Pedro Cavallero 20 pesos por vna botija de póluora que dél se
tomó para la dicha rreal armada; por libranc;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
-A Alonso Narojo 12 pesos por vn arcacabuz que dél se compró pa-
ra la rreal armada; por libranc;a del dicho y crurta de pago.
- A Franc;isco López Nieto 17 pesos por vn toldo que él y otros
tres soldados de la compañía de Palomino lleuan para yr a seruir en
el rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana. y carta de
pago.
- A Antón de Rodas 12 pesos por seis. arrouas de aros de yerros
que se compraron para clauos de herrar del exérc;ito rreal; por li-
brarn;a del dicho y carta de pago.
- A Franc;isco Garc;ía 26 pesos por vna zelada de fierro y ocho li-
bras de póluora que dél se compraron para el rreal exérc;ito; por li-
branc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Diego del Pino 7 pesos por ca torze pares de alpargates que
dél se compraron para soldados del rreal exén;ito; por libranc;a del di-
cho y [Link] pago.
- A fray Pedro de Atienc;a 147 pesos por quarenta y dos palos de
savzes enrados que dél se compraron para hazer caxas de arcabuzes;
por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Alonso de Cobarrubias 40 pesos por quarenta y dos palos de
savzes enrados que dél se compraron para hazer caxas de arcabuzes,
por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Alonso Naranxo, frenero, 200 pesos por adouios de arcabuzes
para soldados de la real armada y exérc;ito; por libranc;a del dicho y
carta de pago.
-A Juan Mac;ías, carpintero, 52 pesos 4 y tomines por obras de ar-
cabuzes y frasquillos y cura de vn cavallo; por libranc;a del dicho y
carta de pago, por vertud de c;ertificac;ión de Toriuio Galíndez de la
Riua.
- A Jhoan de Adrada 20 pesos por vn arcabuz que dél se compró
para soldados de la guarda de Lorenzo de Aldana; por su libranc;a y
carta de pago.
- A Cristóual Gómez 15 pesos por vn arcabuz que dél se compró
para soldados de la guarda de Lorenzo de Aldana; por su libranc;a y
carta de pago .
.. A Alonso Naranxo 80 pesos por adouios de arcabuzes que hizo
332
para soldados del rreal exérc;ito e armada; por libran~ del dicho Lo-
renzo de Aldana y carta de pago~
- A Domingo Bernal 110 pesos por dos meses y medio que se ocupó
en Tarama en ayudar a hazer la póluora y salitre a Juah Siero, poluo-
rista; por libranc;a del dicho y carta de pago. ·
- A Antón de Chaues, tornero, 15 pesos por tre~ientas pelotas de
palo que hizo para el rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho y carta de
pago.
- A Juan de Zamora 146 pesos 4 tomines por 9ento y veinte y tres
libras y media de póluora que dél se compraron para la rreal armada;
por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago. .
- A Cristóual de Sanctana, carpintero, 59 pesos por la ·hechura
de treynta y nueue caxas de arcabuzes que desbastó para er rreal e-
xérc;ito; por libranc;a del dicho y carta de pago. - .
- A Jhoan de Medina,carpintero, 66 pesos 4 tomines por desbas-
tar c;inquenta ·y nueue caxas de arcab~s y hac;er c;inco moldes de ma-
dera para las zeladas de baca; por lioran~a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Pedro de Peña 20 pesos por vn arcabuz que dél se compró para
prouisión del rreal exér9to; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Cristóual de Sanctana 109 pesos por ~iento y nueue caxas de
arcabuzes que desbastó para el rreal exér~ito; por libranc;a del dicho
y carta de pago. ·
- A Juan de Zamora y Juan Esteuan y Miguel Sánchez 300 pesos
para en quenta de lo que ovieron de auer por las :picás_que avían de yr
a labrar a Xauxa para el rreal exérc;ito; por librémc;[Link]·Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Joan de Medina, carpintero, 83 pesos por desbastar ochenta y
tres caxas de arcabuzes; por libranc;a de Lorenzo de Aldana y carta de ·
·pago.
-A Alonso Paniagua 4 pesos por agujerar do~ientos y cinquenta
pelotas de palo que se ynuiaron para el artillería al rreal exérc;ito;
por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Martín de Bonilla 5 pesos por miH tachuelas que dél se com- ·
praron para la bonua del galeón; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Antón Ximénez 36 pesos por vn molejón que dél se compró pa-
ra el rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta
de pago.
- A Jhoan Siero, poluorista, 300 pesos por tres meses que se ocupó
333
de Tarama en hazer póluora y salitre para la dicha armada y exérc;i-
to; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Diego de Castillo 18 pesos por vn arcabuz que dél se compró
para vn soldado de la guarda del dicho Lorenzo de Aldana; por li-
branc;a del dicho y carta de pago.
- A Lorenzo de Villaseca, carpintero, 20 pesos por desbastar
veynte caxas de arcabuzes para el rreal exérc;ito; por librarn;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Antonio de Chaues, tornero, 10. pesos por dosc;ien tos y <;inquen-
ta pelotas de palo que hizo para el rreal exérc;ito; por libranc;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Pedro de Escobar 50 pesos por c;inquenta caxas de arcabuzes
que desbastó; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pa-
go.
- A Cristóual de Sanctana 53 pesos 4 tomines por diez y siete ca-
xas de arcabuzes que hizo para soldados del rreal exérc;ito; por li-
branc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Martín de Bonilla 3 pesos por dos hachas de hierro que se
dieron a maestre Benito, carpintero de galera, para hazer remos en
Xauxa; por libranc;a de Lorenzo de Aldana y ,carta de pago.
- A Juan de Oliuares 65 pesos por sesenta y c;inco caxas de arcabu-
zes que desbastó para el rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho y carta
de pago.
- A Sebastián de Segouia 64 pesos por sesenta y quatro caxas de
arcabuzes que desbastó para el rreal exén;ito; por libranc;a del dicho
y carta de pago. ·
- A Diego Gutiérrez 33 pesos por om:e arrouas de hierro que dél
se compraron para arcabuzes y munic;iornes del rreal exén;i to; por li-
branc;a del dicho y carta de pago.
- A Pedro Duarte 12 pesos por vn arcabuz que dél se compró para
vn soldado de la guarda de Lorenzo de Aldana; por libram;a y carta de
pago.
- A Joan Mazo 25 pesos por vn toldo que dél se compró para An-
drés Contera y Franc;isco de Castañeda, soldados, para yr a seruir al
rreal exérc;ito; por libranc;a y carta de pago.
- A Alonso de Castellanos 18 pesos por veynte y quatro rosarios
de quentas que dél se compraron para el neal exérc;ito para el secreto
de Juan Cruza te; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Martín Barriga 80 pesos por diez espadas que dél se compra-
334
ron para el dicho rreal exér<;ito; por libran<;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Fran<;isco Gon\ales 60 pesos por vna cota y dos arcabuzes que
dél se compraron para el rreal exér<;ito; por libran<;a del dicho Loren-
zo de Aldana y carta de pago. ·
- A Fran<;isco de Truxillo 125 pesos por vna cota y vna zelada que
dél se compró y lleuó al rreal exér<;ito el contador Juan de Cázeres; por
libran,;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Juan Fernández de Almendras 28 pesos 1 tomín por vna
arroua del póluora que dél se compró para prouisión de la real arma-
da; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Antonio Rodríguez, espadero, 86 pesos por adrezos de espa-
das que hizo a soldados del li<;en<;iado Ramírez; por libran<;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
-A Jhoan Esteuan, carpintero, 221 pesos 2 tominez 6 granos para
· en quenta de 1.500 pesos de muni<;ión de picas e caxas de arcabuzes que
hizieron en el rreal exér<;ito [él] e sus compañeros; por vertud de man-
damiento del señor presidente y libran<;a del contador y su carta de
pago.
- A Alonso Naranxo e Antón Pérez 300 pesos para en quenta de
500 pesos de hobras que hizieron de sus ofi<;ios de ferreros; por li-
bran<;a de Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Antonio de Toledo 27 pesos 1 tomín para en quenta de 152 pe-
sos por vna cota con sus mangas e vn morrión; por libran<;a de Alonso
de Aluarado y carta de pago.
. - A Cristóual <;ar<;a 300 pesos para en quenta de 463 pesos por ho-
bras que hizo de muni<;ión; por libran<;a de Lorenzo de Aldana (de ho-
bras que avía hecho de su offi<;io de herrero), con carta de pago.
-A Joan de Zamora, y por él a Cristóual de Sanctana, 100 pesos
para en quenta de 1.500 pesos de hobras de carpintería que hizo para
el rreal exér<;ito; por libran<;a y carta de pago, por vertud de manda-
miento del señor presidente.
- A Femando de Bonilla y Pedro Arias, herreros, 300 pesos para
en quenta de 1.200 pesos de hobras de muni<;ión que hizieron para el
rreal exér<;ito; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de
pago.
-Al capitán Juan Alonso Palomino, y a Cristóual de Burgos en su
. nombre, 1.000 pesos de gastos que hizo con la gente de·su compañía;
por libran<;a y carta de pago, por vertud de vn mandamiento del di-
.cho señor presidente.
335
- Al fü;enc;iado Torres 50 pesos por lat curas que hizo a Pedro de
Alcázar e a Juan Sánchez e a Franc;isco de Cueuas e [a] Alonso Pérez e
a Pedro de Yepes e a otros soldados que vinieron en la rreal armada;
por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Juan Gutiérrez, mercader, 31 pesos 4 tomines por ochenta y
quatro baras de cañamazo para líos y fardos para la rropa y herrage ·
que se ynuió al dicho rreal exérc;ito; por lilbranc;a del dicho y carta de .
pago.
- A Alonso de Abalos 5 pesos por hechura de vn capote y vna cha-
marra que hizo a Juan Garc;ía de las Heras,. soldado del lic;enc;iado Ra-
mírez; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Martín Barriga 12 pesos 4 tomines por c;inquenta baras de an-
xeo para fardos de la ropa que rr~iuió el vehedor Garc;ia de Salzedo
para enviar al exérc;ito de Su Magestad; por libranc;a del dicho y car-
ta de pago.
- Al capitán Hemán Mexía 400 pesos para toldos y alpargates
para su gente; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pa-
go.
- A Nuño de Guzmán 50 pesos para que se prouea para el camino
de yr a seruir en el dicho rreal exérc;ito; del dicho Lorenzo de Aldana
y carta de pago.
- A Joan Muñoz 50 pesos para que se proueyesse para el camino
de yr a seruir al dicho rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- A Diego del Pino 46 pesos 2 tomines por vna camissa y vn som-
brero y vn jubón y quatro pares de alpargates y c;inco baras y media de
palmilla que dél se compraron para Alonso Gómez, soldado que se hu-
yó- a Gonzalo Pizarro y fue a seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del
dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Antonio de Torres 30 pesos de socorro para con que vaya a se-
ruir al dicho rreal exérc;ito; por libranc;a de dicho Lorenzo de Aldana
y carta de pago.
- A Pedro de Alcázar 70 pesos de socorro para con que vaya se-
ruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y car-
ta de pago.
- A Cristóual de Molina, soldado de la compañía del dicho capi-
tán Palomino, 100 pesos de socorro para comprar vn cauallo para yr a
seruir al rreaJ exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Cristóual Domínguez 60 pesos por c;ierta ropa que dél se tornó
336
para Juan Gómez e Juan Asturiano, soldados que fueron en la fragata a
la Nasca con el despacho del señor presidente para el capitán Diego
Zenteno al Cuzco; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Sebastián de San Esteuan, soldado de Hemán Mexía, 35 pe-
sos para ayuda de socorro para yr a seruir al rreal exérc;ito; por li-
brarn;a y carta de pago.
- A Pero Núñez, soldado de la compañía de Palomino, 25 pesos
para vn toldo para con que baya a seruir al rreal exérc;ito; por li-
brarn;a del dicho y carta de pago. .
- A Jhoan Ortiz, sastre, 5 pesos por la hechura de vn capote y
vna chamarra que hizo a Alonso Gómez, que·se huyó de Gonc;alo Piza-
rro, que se le dio con otras cosas para que fuese a seruir el rreal exérc;i-
to; por libranc;a del dicho y carta de pago.
. -A Joanes de Licón, soldado de Juan Alonso Palomino, 37 pesos
por otros tantos que costaron vnas calzas y vna camissa de rruán y vn ca-
pote de paño azul que se le dio de socorro para que fuese a seruir al rre-
al exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pa-
go.
-A Bartolomé Ferrer 60 pesos por quatro meses que siruió de sol-
dado en la galera; por libranc;a del dicho y carta de pago.
-A Luis de Espinossa 70 pesos de socorro para yr a seruir al rreal
exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Gonc;alo de Volíuar 150 pesos que se le dieron de socorro para
yr a seruir al dicho rreal exén;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- Al capitán Juan Alonso Palomino 1.000 pesos para prouisión ~e
toldos y otras cosas neszesarias para sus soldados que van aseruir al ·
rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho y carta de pago.
-A Sebastián de San Esteuan 15 pesos de socorro para yr a seruir
en el rreal exén;ito; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Joan Rodríguez Panyagua, soldado, 35 pesos de socorro con
que se adreze para yr a seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho
. y carta de pago.
- A Diego Fragosso, soldado, 20 pesos de socorro para que se
prouea para yr a seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Loren-
zo de Aldana y carta de pago.
- A Alonso de Pérez de Valenc;uela 148 pesos por veinte arrouas
de azeite que dél se compraron para la lanctía del galeón y por siete
baras de cordelate de grana que dio para calzas a Juan Pérez y Pero
337
. Moreno, soldado que fueron a seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del
· diého y carta de pago.
-A Pedro de Auila, soldado~ 50 pesos porque rresida en la galera
por soldado; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Franc;isco Rodríguez de Antequera, soldado, 100 pesos porque
siruió en la guardia . e compañía de Lorenzo de Aldana; por que li-
branc;a y carta de pago. · ·· · · ·
- A Juan de Padilla 150 pesos por lo que a seruido y siruió en el ar-
mada y guarda de Lorenzo de Aldana; por libranc;a del dicho y carta
de pago.
- Al adelantado Benalcázar 1.500 pesos de socorro para la gente ·
que en su compañía trae para ser socorridos para yr a seruir al rreal
exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
-A Rodrigo de Argüello 120 pesos de socorro para yr a seruir al
rreal exérc;ito; por libranza del dicho y carta de pago. ·
- A Franc;isco Xuárez 202 pesos por otros tantos que dio en Xauxa
en rropa para la gente del rreal exérc;ito; por libranc;a y carta de pa-
go, por vertud de mandamiento del señor presidente.
- A los quinze soldados que residían con el capitán Joan de Ylla-
nes en la rreal armada 735 pesos por cada tre'S meses y ocho días, a rra-
zón de 15 pesos cada mes; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Joan Ortiz, sastre, 45 pesos por he<:huras de rropas que hizo
para soldados del lic;enc;iado Pero Ramírez de Quiñonez; por libranc;a
del dicho y carta de pago. .
- A Gaspar de Rojas, soldado, 20 pesos con que se adrezasse de
c;iertas cosas para yr a correr el campo; por libranc;a del dicho y carta
de pago. ·
- A Joan Griego 18 pesos 6 tomines por c;inquenta baras de anxeo
que dél se compraron para líos de la rropa que ynuió el beedor Garc;ía
de Salzedo para socorros de soldados del rreal exén;ito; por libranc;a
del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Baltasar Basques 40 pesos por dos sillas ginetas que dél se
compraron, que se dieron a Franc;isco de Orellana y a Riuadeneyra,
soldados del lic;enc;iado Ramírez; por libranc;a. del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
-A Juan Rodríguez 72 pesos por hechuras de c;alc;as que hizo a sol-
dados del lic;enc;iado Ramírez; por libranc;a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- A Joan Fernández de Almendras 50 pesos por do5\ientas b~ras
338
de angeo que dél se compraron para fardos de la ropa que lleuó el con-
tador Cázeres al dicho rreal exér~ito; por libran~a del dicho Lorenzo
de Aldana y carta de pago.
- A Antonio Rodríguez 239 pesos 3 granos para en quenta de 550
pesos que ovo de auer por vn negro espadero que dél se compró para
enuiar al rreal exérc;ito con Román, espadero, y de 150 pesos que pres-
tó en dinero; por dos libran~as, la vna del dicho mariscal y la otra de
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Juan de Frías 900 pesos por dos cauallos y vna yegua que dél
se tomaron para la dicha · pac;ific;ación; por libranc;a del mariscal
Alonso de Aluarado y carta de pago. ·
- A Diego Moreno,sargento de Hernán Mexía, 320 pesos para com-
prar vn cauallo para yr a seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Antonio Falcón, herrero, 325 pesos por vna yegua en que yba
a seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Joan de la Peña, herrero, otros 325 pesos para con que compre
vna yegua para que baya a seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Jhoan de la Rúa 390 pesos por vn cauallo ruc;io que dél se com-
pró, que se dio a Diego Moreno, sargento de Hemán Mcxía, para yr a
seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Alonso Domín 250 pesos por vn cauallo que dél se compró en
San Miguel para la dicha pac;ificac;ión; por libranc;a y carta de pago,
por vertud de mandamiento del señor presidente.
- A Lorenzo de Ulloa 320 pesos por vn cauallo que dél se compró,
que se dio a Franc;isco de Avila, soldado del lic;enc;iado Ramírcz de
Quiñonez, para yr a seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Lo-
renzo de Aldana y carta de pago.
-A Antonio de Toledo 350 pesos por vn cau allo que dél se compró,
que se dio a maestre Cristóual para que fuese a scruir al rreal exén;i-
to; por libranc;a del mariscal Alonso de Aluarado y carta de pago.
- A Alonso Martín de Don Benito 400 pesos por vn cauallo que
dél se compró, que se dio a Antonio de Auila para que fuese a seruir en
el rreal exérc;ito; por librarn;a del mariscal y carta de pago.
·-A Pedro de Riueros 270 pesos por vna yegua que dél se compró,
que se dió a Franc;isco López Nieto, soldado de Juan Alonso Palomino;
por libranc;a del dicho mariscal y carta de pago.
339
-A Pero López, soldado, 200 pesos que ovo de auer por el trueco
de vna mula que dio para en que fuese Juan Muñoz sobre otra que se le
dio; por libranc;a del dicho Mariscal y carta de pago.
- A Alonso Castellanos 290 pesos por vna yegua que se dio a Bas-
co de Gusmán para en que fuese seruir al rreal exérc;ito; por libranc;a
del dicho mariscal y carta de pago.
- A Diego Brauo 420 pesos 9 granos para en quenta de 1.150 pesos
que se libraron por dos potros y tres yeguas que dio para la dicha pac;i-
ficac;ión; por libranc;a del dicho mariscal Alonso de Aluarado y carta
de pago suyas de Franc;isco de Escobar en su nombre.
- A Alonso de Castellanos 611 pesos 3 tomines 6 granos para en
quenta de l. 250 pesos que ouo de auer por dos cauallos [que valieron]
los 900 pesos, y los 350 que enprestó para la dicha pac;ificac;ión; por li-
branc;as de los dichos mariscal y Lorenzo de Aldana y cartas de pago.
-A Pero Gómez 300 pesos para en quenta de 1.000 pesos por c;ier-
tas yeguas que dél se compraron; por libram;a de Alonso de Aluarado,
con carta de pago.
-A Juan de Ruanc;a, herrador, 33 pesos de honze dozenas de he-
rraje mular que atarragó para el dicho rreal exén;ito; por libranc;a del
dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Juan de Segura 246 pesos 4 tomines por treynta dozenas y
veynte ferraduras con tres mill clauos que dél se compraron para el di-
cho allanamiento; por libranc;a de Lorenzo de Aldana y carta de pa-
go.
- A Diego del Pino 2 pesos por quatro esportillas que dél se com-
praron para ynuiar clauazón al rreal exérc;ito; por libranc;a y carta de
pago.
- A Andrés Machuca 40 pesos por los cauallos que herreró a sol-
dados que yban a seruir, contenidos en libram;a de Lorenzo de Aldana
y carta de pago.
- Al dicho Andrés Machuca 6 pesos por veynte y quatro herradu-
ras y dosc;ientos clauos que atarragó para Alonso Rieros, soldados; por
libranc;a del dicho y carta de pago. ·
- A Antón Falcón e Juan de la Peña, herrems, 840 pesos por veyn-
te y quatro dozenas de herraje cauallar que atarragó para el rreal
exército; por libram;a de Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Diego Gonzales, herrador, 72 pesos por veynte y quatro doze-
nas de herraje cauallar que atarragó para el rreal exérc;ito; por li-
branc;a de Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Andrés Machuca, herrero, 90 pesos por treynta dozenas de
340
herraje que ~ ynbiaron al rreal exér~ito, que los adouió; por librarn;a
del Jicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Joan de Ruan~a, herrador, 170 pesos 4 tomines por ~inquenta
y seis dozenas y veynte herraduras de herraje cauallar que adrezó pa-
ra el rreal exér~ito; por libran~a del dicho Lorenzo de Aldana y carta
de pago. ·
- A Joan de Ruanc;a, herrador, 3 pesos por herrar tres cauallos a
tres soldados que fueron a seruir al rreal exér~ito; por libranc;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Antón Sánchez 20 pesos 2 tomines por quatro dozenas y me-
dia de herraje cauallar que dél se compraron para la dicha pa~ifi-
ca9ón; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Andrés Machuca, herrador, 15 pesos por c;inco dozenas de he-
rraje mular que atarragó para proueymiento del rreal exérc;ito, a tres
pesos la dozena; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de
pago.
-A Pedro Gaitán, herrador, 48 pesos por seis dozenas de herraje
cauallar que hizo para el rreal exérc;ito; por libranc;a del dicho Loren-
zo de Aldana y carta de pago.
- A Antón Sánchez 54 pesos por dos dozenas de herraje cauallar
que dél se compraron para prouisión de soldados que yban al dicho
rreal exér,;ito; por libran91 del dicho Lorenzo de Aldana y carta de
pago.
- A Juan Pérez, tonelero, 6 pesos por tres pipas que hizo para
agua del galeón; por libran91 del dicho y carta de pago.
- A Machuca, herrador, 21 pesos por curas que a hecho a caua-
llos y herrar otras bestias de la real armada; por libranc;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- Al dicho Machuca 10 pesos por herrar e atarragar 9ertos caba-
llos y mulas de soldados que yban a seruir al rreal exérc;ito; por li-
bran~a del dicho y carta de pago.
- A Juan Marroquín 589 pesos 4 tomines por ochenta y dos doze-
nas de herraje cauallar con su clauo que dél se compraron para el rreal
exér~ito; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Fran9sco de Truxillo 170 pesos por veynte y quatro dozenas
de herraje cauallar y mular que dél se compraron para el rreal exér9-
to; por libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Martín de Oyar,;ll 25 pesos por las aguas que tomó a la almi-
ranta bieja en Túnbez; por libranc;a del dicho y carta de pago, por ver-
tud de la zertificac;ión del probehedor general Juan Gómez de Anaya.
341
- A Pedro Zapata 20 pesos por vna arroua de hilo para adouar
el chinchorro que pescaua en los nauíos del armada; por libranc;a del
dicho y carta de pago.
-A Juan Quintero, pescador, 40 pesos por c;inquenta libras de hi-
lo gall~dero de la tierra que dél se compró para adrezar el chinchorro
. para pescar la quaresma en la rreal armada; por libranc;a del dicho y
carta de pago. . ,
- A Diego del Pino 20 pesos 7 tomines por dos esteras para el es-
pañol de la galera y quarenta clauos grandes para el galeón y vna es-
pada para Juan Seco, soldado de la compañía de Hemán Mexía, y
adouio de vna espada de Alonso Gómez, soldado de la dicha compa-
ñía; por libranc;a del dicho y carta de pago.
-A Juan Marroquí, mercader, 20 pesos por vn peso mediano con su
marco de quatro libras que lleuó el contador Juan de Cázeres para la
paga de los soldados del rreal exérc;ito; por libranc;a y carta de pago.
- A Adrián, lonbardero del galeón, 62 pesos 4 tomines por c;inco
meses que siruió de artillero en el galeón dende 9 de diziembre de 547
hasta 9 de mayo de 548 años; por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Diego GarQa de Alfaro 8 pesos die flete de vn rreligiosso de
Santo Domingo que traxo en su nauío desde~ Truxillo a esta 9udad; por
libranc;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago, por vertud de
zédula de Su Altez.a.
- Al demitre (?) Sota, cómitre de la galera, 27 pesos 2 tomines 10
granos a cumplimiento de 80 pesos 5 tomines 6 granos que ovo de auer
de suldada por c;inco meses y veynte y un días que siruió en la dicha
galera hasta que fue despedido; por vertud de c;ertificac;ión de Tori-
bio Galíndez, por libranc;a del dicho y carta de pago.
- A Cristóual de Arenas 893 pesos 7 tomines para pagar costas y
gastos ordinarios de munic;iones y alimentos de soldados de la real ar-
mada y de la guarda del dicho Lorenzo de Aldana y otras cosas tocan-
tes al seruic;io de Su Magestad; por libranc;a del dicho Lorenzo de
Aldana y carta de pago.
- A Cristóual López, pescador de la armada, 62 pesos 2 tomines 8
granos a cumplimiento a 143 pesos que ovo de auer de salario de ocho
meses y diez y ocho díaz que siruió de pescador, a rrazón de 200 pesos
por año; por libranc;a del dicho Lorenzo dE? Aldana y carta de pago,
por vertud de zcrtificac;ión de Toribio Galíndez de la Riba.
: - A los marineros de la fragata 510 pesos a cumplimiento de lo
que por diez meses siruieron en la dicha armada, conforme a lo que ga-
nauan por año de soldadas; por librarn;a del dicho y carta de pago,
342 .
por vertud de t;ertificat;ión de Toribio Galíndez de la Riba.
- A Fran~isco, calafate, 15 pesos por ~inco jornales que trauaxó en
la baya de San Mateo en la fragata y galeón, a 3 pesos cada día; por
librant;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Benito Ginobés, carpintero de la galera, 30 pesos para en
quenta de su soldada; por libran~a del dicho Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Pedro Vela 35 pesos demás de lo que de su soldada de marine-
ro de la fragata ovo de auer por razón que dizque siruió de despensero
en ella; por libran~a del dicho y carta de pago.
- A Diego del Pino 17 pesos 2 tomines por ~ierto cardenillo y co-
sas que dél se compraron para curas y candiles de la chusma de la ga-
lera; por librant;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Ygnat;io Alonso, buzo, 25 pesos por ~iertas aguas que tomó en
el puerto a el galeón; por libran~a del dicho Lorenzo de Aldana y car-
ta de pago.
- A Barba Pedro, marinero del galeón, 8 pesos por vnos cueros que
dél se compraron para la bomba; por libran~a del dicho Lorenzo de Al-
dana y carta de pago.
- Al bachiller Juan Ramos, ~irujano mayor del rreal exér~ito, 100
pesos, los 90 pesos a cumplimiento de 250 pesos que tiene por año por ci-
rujano del mayor de vn año del corrido (sic) y los 10 para en quenta a
lo que a de desde 1.0 de enero de 548 años en adelante, por libram;a del
dicho Lorenzo de Aldana y carta de pago. -
- A Marco Bene~iano 100 pesos por el flete de quatro bestias del
obispo de Los Reyes que traxo eq su nauío en la rreal armada; por li-
brant;a del dicho y carta de pago y por vertud de ~ertifica~ión de Juan
Gómez de Anaya, probeedor general de la rreal armada.
- A doña Fran~isca de Pineda 12 pesos 4 tomines por dos arrouas
y treze libras de estopa de cabuya que della se compró para la galera;
por libran~a del dicho y carta de pago·.
- A Joan Gutiérrcz, criado del señor presidente, 100 pesos para
gasto ordinario de ~iertos criados de Su Señoría; por librarn;a del di-
cho Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- Al maestre Juan, cómitre de la galera, 50 pesos demás de su sol-
dada que por año ganaua; por librarn;a del dicho Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Joan Gallego 60 pesos para en quenta de 170 pesos que se le se-
ñalan por vn año por marinero de la galera desde 23 de diziembrc de
_547 en adelante; por libran~a y carta de pago. ·
343
- A Toriuio Galíndez de la Riua 66 pesos por \iertas costas que
hizo en tinta y otras cosas que enuió para la cassa del señor presiden-
te y rrefresco que enuió al probehedor general Juan Gómez de Anaya
al puerto; por librarn;a del dicho y carta de pago.
- A Bi<;en\io Pasqual 26 pesos por <;inco arrouas y veinte y siete li-
bras de xar<;ia menuda que el capitán Diego Díaz dél rres<;iuió para el
galeón; por libran<;a del dicho y carta de pago.
- A Juan Fernández Ter\ero 40 pesos por vna trompeta de plata
que dél se compró para el rreal exén;ito; por libran<;a del dicho Loren-
zo de Aldana y carta de pago.
- A doña María de Baluerde 200 pesos por <;inco quintales de esto-
pa de cabuya para la galera y por diez quintales de viscocho para la
dicha real armada; por librarn;a del dicho Lorenzo de Aldana y carta
de pago.
- A Bi~ern;io Pasqual 146 pesos por dos icables y vnas betas y vn fo-
nil que se dio al maestre del galeón Diego Díaz y por catorce pipas pa-
ra hechar carne salada; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana y
carta de pago.
- A Adrián Enrríquez 28 pesos por .q~atro meses que siruió de ma-
rinero en la fragata, viniendo por lonbardero; por libran<;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago.
- A Juan Gómez, guardián del galeón, 60 pesos demás de lo que en
Panamá se asenctó con él; por libran~a del dicho y carta de pago.
- A Amador de la Fuente 184 pesos 4 tomines, por Gaspar Femán-
dez, maestre, de flete de soldados y cauallos de la real armada y pa-
ños que dél se tornaron para la chusma de la galera; por libran<;a y car-
ta de pago, por v~rtud de \ertifica\ión del probeedor general Juan Gó-
mez de Anaya.
- A Martín Sánchez 100 pesos por dos meses que siruió de piloto
en la galera desde Payta al puerto desta \iudad; por libran<;a y carta
de pago.
- A Jhoan Marroquí 42 pesos por seis arrouas de azeyte que dél se .
compraron para la galera; por libran<;a del dicho Lorenzo de Aldana
y carta de pago.
- A Frarn;isco Femández de Almend1;as 81 pesos por quatro
arrouas de vino y quarenta y vna baras de f1iseta que dél se tornaron
en la costa para prouisión de la real armada; por libran<;a del dicho
Lorenzo de Aldana y carta de pago, por vertud de zertifica<;ión del
probeedor general Juan Gómez de Anaya.
- A Francisco de Truxillo 73 pesos por tres pie\as de lonas que dél
344
se tomaron para vna toldeta para la galera y por dos arrouas y media
de a<;úcar con que se adrezó <;ierto diazitrón que se enuió al señor presi-
dente con Juan Pérez de Bergara; por libran<;a del dicho y carta de pa-
go.
- A Pedro Gallego 200 pesos para en quenta de 303 pesos de he-
churas de rropas que hizo a soldados de su offi<;io de sastre; por
libran<;a de Lorenzo de Aldana, con carta de pago.
-A Mateo Ramírez 26 pesos 3 tomines 3 granos para en quenta de
180 pesos que se le deuían de fletes de soldados y cosas que en la rreal
armada traxo desde Panamá; por librarn;a del dicho Lorenzo de Alda-
na y carta de pago, por vertud de <;ertifica<;ión de Juan Gómez de Ana-
ya, probehedor general.
- A Diego Gar<;ía de Alfaro 35 pesos 6 tomines 3 granos para en
quenta de vn libramiento de Lorenzo de Aldana. ·
- Al li<;en<;iado Diego Núñez 170 pesos a cumplimiento de 250 pe-
sos que tiene en salario por año por <;irujano de la real armada, sobre
80 pesos que abía re~euido en Panamá, desde 1.0 de enero de 547 has-
ta lºde enero de 548 años; por Jibran<;a del dicho y carta de pago.
- A Jhoan Páez, tonelero de la galera, 25 pesos por dos rnill e qui-
nientos clauos que dél se compraron para la dicha galera; por li-
bran<;a del dicho y carta de pago.
Por manera que suman y montan los gastos en estos veinte e vn
pliego contenidos 72.714 pesos 1 tomín 7 granos.- Fran<;isco de Esco-
bar. Toriuio Galíndez de la Riua.
[añadido: Pares<;e que hubo de hierro en estas sumas 1.000 pesos,
porque ande ser í3.714pesos 1 tomín 7 granos].
FUENTE: Archivo General de Indias, Sevilla. Contaduría, 1679, no.
1, pliegos 50-70.
345
X
RELACION DE LAS PERSONAS GRATIFICADAS CON
PENSIONES SOBRE REPARTIMIENTOS DE INDIOS
(Cuzco, 1548)*
En la \iudad del Cuzco se gratificaron en plata a los que hauían se-
ruido hasta que Gon\alo Pizarro fue ven\ido y justi\iado de lo que rre-
sultó de las pensiones que el presidente Gasea puso sobre los rreparti-
mientos de yndios que encomendó después que ven\ió y castigó a
Gon\alo Pizarro en el valle de Xaquixaguana .
Pesos
- A Blasco Barrionuevo y a Medrano se les pagaron por lo
que hauían scruido ................................................. ...................... 800
-A Rodrigo de Palos y Rentería se le pagaron....................... 400
-- A Nicolcís Carrizo..................................................................... 250
- A Juan de Espinoza .................................................................. 250
- A Martín de Ah;ate................................................................... 500
- A Baltassar de Guzmán (que ya es muerto)......................... 400
- A Yllcscas Brauo ........................................................................ 200
-A Juan de Guzmán y Cosme de Guzmán, su hermano..... 400
- A Diego de Figucroa, alférez que fue de Rodrigo Pantoja . 400
-A Lope <;uac;o (hermano del li\enc;iado Mercado de Pcña-
1ossa, oydor) ................................................................................... 200
- A Roclta ....... ............ ... ............ ....... .......... .. .. ... .. ... .. .. .................. 300
- A Barrionuevuo, alférez ................................. ......................... 600
- A Alonso Muñoz ...................................................................... 400
- A Juan de Ribamartín .............................................................. 500
(..) Esta relación se presentó en la Corte madrileña h.:i1cia mediados de la década de
1560.
346
- A Cristóual de Truxillo, sargento del li<;en<;iado Quiñones 300
-A Gon<;alo de Perales............................................................... 200
- A Pedro de Fuentes .............................................................. .. . 250
-- A Diego Pérez .. .. ... ................... ... ............................ ... .. ..... ..... .. . 500
- A Julián de Sámano ................................................................. 350
-A Juan de Quintanilla .............................................................. 250
-A Muñoz, el manco.................................................................. 250
- A Antonio de Trexo ................................................................. 200
-A Baltasar Méndez................................................................... 300
- A Jorge de Herrera................................................................... 300
- A Gar<;ía de Pasaje ........ ......... ....... .. ............ ... ....... ....... ... .......... 200
- A Hernán Gon~alez ...... ........................................................... 200
- A Benito de Loren<;ana . ............... ............ ................................ 200
- Al alférez Nauarro ................................................................... 600
~ A Pedro de Rentería ........... ...................................................... 250
- A maestre Fran<;isco Brizeño, <;irujano (que en estotra ar-
mada boluió al Perú) (1) .............................................................. · 500
- A Sancho de Lecandia .. ~.......................................................... 300
- A Juan de Llanes ................................. ..................................... 200
- A Fran<;isco Vásquez ........ :·......................,. .................. ;.......... . 200
- A Diego Mac;o Alderete ........................................................... 100
- A Jorge Ungaro, trompeta ...................................................... 300
- A Gorn;alo Syluestre (que al presente está en esta Corte y
a quien Su Magestad hizo en esta tierra c;ierta mer<;ed de
renta)............................................................................................... 400
- A Alonso del Rincón .................... .. ..... ..... ................................ 200
- A Trémolo ............. ..... .. ............... .. ............ .. ............... ..... .......... 250
- A Diego de Loyola .................. ... .. .......... ........................ .......... 300
- A Diego Martín Pardo y a Juan de ~ea................................. 400
-A Franc;isco Benítez ......................................................... :....... 300
- A Enrrique Casaos ..................... .. ....... ... .. .. ...................... ........ 300
- A Pero Núñez, secretario que fue del Audiern;ia de Pana-
má ................................................................... -................................ 400
- A Andrés de Prado .................................................................. 250
- A Benito de Aguilar .. ,.............................................................. 200
-A los Bexaranos ......................................................... :.............. 600
(1) _ Añadido: y sin esto, se lean dado otras vezes más de mil] (pesos]
347
-A Gaspar Rodtíguez ................................................................. 250
- A Diego de Cayas..................................................................... 200
-A Felipe Ma<;a ........................................................................... 200
- A Gas par de Carran<;a ................. ... .. .. ... .... ........ .... ... ............... 400
-A Hcrnando de Medina ................ .-.......................................... 200
- A Salzedo Montañés ................................................................. 350
- A Gaspar de Rojas (que agora es vezino de la <;iudad de
La Plata).......................................................................................... 500
- A Rueda, alférez de Gómez de Aluarado ....... ...................... 600
- A Fran<;isco Mcnacho ........... ........ .... ....... .. ... .... ........ ............... 300
- A Gaspar de Peña losa ............................................................. 300
-A Segura.................. .......................................................... ........ 400
- A Lope Rejas .. .... ................. ........ .............. .. ... ........................ .. . 500
- Jorge de Aluarado ...................................... .............................. 500
- A Horvi11a, el 1n0<;0 .. ... .. ... .. ... .. . . ... . . .. . .. . . .. . .. ... .. .. ........ .. .. ... ..... .. . 300
- A Juan Maldonado ................................................................... 300
-Al capitán Benauente................................................................ 300
-A Juan de Trejo .......................................................................... 200 .
- Al alférez Núñez ...................................... ....... ............... _......... 500
-A Ruy Pérez de la Cuerda....................................................... 500
-A Cristóual Gutiérrez .............................................................. 1000
-A Nuño de Valderrama (vezino de Quito)........................... 500
-A Pedro Núñez, hermano del lic;ern;iado Núñez................. 400
- A Juan de Mendieta ......... ......................................................... 400
- A Pero Ru1z ........... ...................................... .............................. 300
- A Antonio de Melgar y su hermano ..... ................................ 400
- ·A Pedro de Porras ......................................................... .......... . 400
- A Juan Romo......... ..................................................................... 400
- Al lic;en<;iado Andrés de C::ianca, oydor ................................ : 2000
-A Juan de Biota (que al presente está en esta Corte) ........... 400
-- A Hernando de Aluarado ............. ................. ......................... 300
- A Melchior de León ...... ..... ... .. ....... ... ....... .. ..... ................... ... .. . 400
-A Diego Gallego....................................................................... 500
-A Argueta, alférez ..................................................................... 500
- Al lh;enc;iado Gamboa ....... ....... ............... .. ..... ... .. ................. .. . 800
- A Juan de Tapia, alférez de la compañía del li<;enc;iado
Quiñones ... ....... ..... .. ... ..... ..................... ..... ............ .. ........ .... ........ .. . 500
- A Fran<;isco C::erón ....... ....... ... ....... .. ..... .......... ..... ... ............ ........ 300
- A Franc;isco Flores ..... ....... .. ... .... ... .. ... .. .... ... ....... ... .. ... .... ... .. ... .. . 300
348
-A Cristóual de Aranda, alférez del capitán Sorma .. ........... 500
- A Andrés Banegas .......... -........................................................ .'. 300
- A Francisco de Carvajal........................................................... 250
- A Sancho Pizarra...................................................................... 400
- A Alonso Martín de Montanjes .............................................. 400
-A Franc;isco Cardoso ................ ~............................................... 350_
- A Joan de Lira ........................................................................... 250
- A Alonso Hemández Melgarejo .. :......................................._.. 400
- A Hernando de <;elis y Estrada (2) ........................................ 600
- ·A Agustín Díaz ......................................................................... 300
- A Arias Tinaco ......................... ....... ..... .. ... .. .............................. 300
- A Jherónimo de Torres ............................... _....................... ~ .. ··. 300
- A Fran<;isco López, sargento de Gómez de Solís ................. 300
- Al alférez Berru .... .. ....... ................. ....... ... .. ................... ........... 600
- A Luis Morgovejo .... ..... ...................... ..................................... 300
- A Antonio de [Link] ............................................................ 700
- A Yñigo López de Munc;ibay ................................................. 800
- A Juan de Barrios ..................................................................... 500
- A Sebastián Bemal .... ................... ..... .............. ....... ............ ..... . 300
-Al alcayde <;amara.................................................................... 500
- A Pedro Hemández, el,leal....................... .............................. 400
- A Pedro de Acuña de Loaysa ................................................. 600
-AJuan Martín y su hermano .~................................................. 500
- A Antonio de Balda y Rodrigo de Balda y a Diego Ma<;ao
de Alderete ....... ... .......................... .......... .. ... .. ..... ....... ..... ..... ......... . 900
- A Domingo de Lagorta ............... .............. .............................. 300
- A Villalpando ...... .'.................................................................... 400
- A Martín de Arbieto ...................... .................................. ........ 500
_- A Grauiel de A yala .................................................................. 200
-A Pedro Sarmiento, escriuano ............................................... 400
-A Bartolomé Sánchez............................................................... 300
- A Villasbt1enas ..................................... ...................... ............... 400
- A Antonio de Alderete .............................. .............................. 300
- A <;auallos y a Villa<;inga ........................ ................................ 600
- A Robled.o, alférez ..............-..................... ............................... . 500
- Al padre Domingo Ruiz ..................... ............................. ........ 1.500
(2) Añadido: y luego se amotinaron y se ahorcaron y se cobraron hasta Qento y
nouenta pesos.
349
- A Diego de Caldo..................................................................... 400
- A Juan de Seuilla (3) ................................................................ 350
- A Alonso Gil ............................................................................. 300
- A Toribio de Güemes............................................................... 400
- A Hernando de Cac;orla ........................................... ~.............. 300
- A Hernando de Barahona ........................................................ 300
-A Johan Ortega de Frías.......................................................... 350
- A Benito de <;::epeda .................................................................. 300
-A Villafranca y Pedro Caxas.................................................... 1.000
- A Toribio Galíndez de la Riba (4) ........................................... 800
- A Hernando de Barahona ........ ~·................... ........................... 300
- A Sancho Garc;ía Montañés..................................................... 350
- A Marco Antonio, que vino de la ysla de Santo Domingo
de socorro .. .. ..... ... .. ............ ... .... ... ............ ......... ... .. ..... ..... ..... .... ...... 800
- A Juan Nauarro ........................................................................ 450
- A Sebastián de Benauente ....................................................... 250
- A Auréualo Brizeño ................................................................. 150
-A Luis Matcos........................................................................... 300
- A Pablos Gon,;alez de Auila y Gonc;alo Hemández Puebla 600
- A Pedro de Baluoa ...... ....... ..... ................................................. 650
- A Pedro Caxas ................................................. ... ....................... 1.000
.- A Andrés Durán ....................................... ................................ . 200
- A Pedro de Melgar ........................................ :.......................... 200
- A Rodrigo de Villalouos ...... ............................. ...................... 200
- Al padre Domingo Ruiz .... ...................................................... 1.000
FUENTE; Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Madrid.
Col. Muñoz, t. 47, f. 135.
(3) Añadido: y luego fue traydor y biue y está en e1 Perú, con estar condenado a
galeras perpetuamente.
(4) Añadido: y después fue traydor y le hizieron c;inco quartos y se cobraron para el
rrey hasta tres mil pesos de sus bienes.
350
XI
ORDENANZAS SOBRE LA CAPTURA Y REDUCCION
DE ESCLAVOS OMARRONES EN EL DISTRITO DE LIMA
(Los Reyes, 1-VI-1549)
Yo el lizenciado Pedro de la Gasea, del Consejo de Su Magestad
de la Santa y General Inquisición y su presidente en estos reynos y pro-
vincias del Perú, conciderando los males y daños, robos y muertes, que
de huirse en esta ciudad los negros y andar por los términos de ella ro-
bando y matando e inquietando la paz y sosiego assí de los españoles
como de los naturales, y como los sobredichos males y muertes y robos
de los dichos negros crecerían en gran detrimento y riesgo y peligro de
los españoles [y] naturales de esta ciudad miesen (?) y por sus térmi-
nos pasasen y anduviesen si no se remediasen con grande rigor casti-
gando en los dichos negros, especialmente cresiendo como cada día ere-
se el número de los negros en la dicha ciudad; para remedio de lo suso-
dicho, por virtud de la cédula real que para ordenar en estos reynos
de Su Magestad tengo, cuyo tenor de verbo ad verbum es el siguiente:
El Rey. Por quanto Nos embiamos a vos el licenciado Pedro de la
Gasea, del nuestro Consejo de la Santa General Ynquisición, por
nuesto presidente de la nuestra Audiencia Real de las prouin-
cias del Perú e a ordenar y reformar las cosas de aquellas prouin-
cias y ponerlas en toda paz y sosiego en seruicio de Dios Nuestro
Señor y nuestro, y porque podría ser que después de llegado vos a
las dichas prouincias conviniese contratar con los vezinos espa-
ñoles y con los naturales sobre cosas que fuese necesario ordenar
para perpetuydad e bien de aquellas prouincias ·e hazer en ellos
ordenan~as, por la presente vos damos poder e facultad para que
cerca de la susodicho podáis tratar con cualesquier personas que
conviniere e hazer las ordenan\as que os pareciere ser necesarias
al seruicio de Dios Nuestro Señor e nuestro bien e sosiego de las
dichas prouincias e abitadores y naturales dellas. E de las orde-
351
nan~as que ansy hiziéredes embiaréis un treslado ante Nos al
nuestro Consejo de las Yndias, y entre tanto que por Nos otra cosa
se probé y manda cerca dello, hazerlas heis guardar y cumplir.
Fecho en Venelo a diez y seis días de hebrero de mili e quinien-
tos e quarenta e seis años. Yo el Rey. Por mandado de Su Mages-
tad, Francisco de Erasso.
Auiendo comunicado sobre lo que en el remedio de lo sobredicho
se devía ordenar y proueer con el lizenciado Andrés de Sianca y doc-
tor Melchor Brauo de Saravia, oydores de la Real Audiencia de Su
Magestad que en esta ciudad recide, y con las personas del Cavildo oe
esta ciudad y otros, ordeno y mando lo siguiente:
(1) Primeramente ordeno y mando que ningún esclavo ni esclava,
pardo, negro ni berberisco, no sea osado de se ausentar ni huir de su
amo ni de su seruicio, so pena que si lo hiziere que dentro de tres días
desde el día que assí se fuere inclusive no tomare a venir a seruir al di-
cho su amo, cayga e incurra en pena de sien azotes, los quales le sean
dados públicamente, y más que esté vn día de caveza en el zepo; y si
dentro de dies días después que ansí se fuere ausentado y huido no se
tomare al dicho su amo y seruicio, constando al juez que se huyó el tal
esclaouo por tener que hazer carnalmente con alguna y ndia o negra,
le sea cortado el miembro genital públicamente; y si por otra causa se
fuere y ausentare los dichos dies días, incurra en pena que sea destron-
cado de vn pie (qual el dicho su amo quisiere) públicamente; y si el di-
cho tiempo de la dicha aucencia huviere fecho y cometido algún deli-
to y delitos porque se el deua imponer mayores penas de las de suso de-
claradas, en tal caso que sin embargo de la exepción de ellas se proce-
da y haga justicia contra él; y si dentro de veinte días después que an-
sí se fuere y ausentare no tomare al dicho su amo y a su seruicio, que
por sólo el mismo caso de la dicha huida muera naturalmente, porque
él sea castigado y a otros esclauos que lo supieren hubieren exemplo
para no se ausentar ni huir de sus amos ni seruicio. Y porque podría ser
que algún amo de algún esclauo o esclaüa, auiéndose así huido, por e-
badirle de la pena o penas de susso declaradas digesen o alegasen que
por su mandado o de su consentimiento auían ido y estado y estádose
ausentes, proueo y mando que en tal caso, mostrando el dicho su amo
por legítima provanza dentro del término que el juez que del casso co-
nociere asignare auerse ido con su lizencia y consentimiento, sea rele-
vado de las penas, y no de otra manera, esepto que si huviere fecho o
352
cometido qualquier delito en el tiempo de la dicha ausencia, sea casti-
gado como dicho es por el tal delito en el tiempo de la dicha ausen-
cia. ·
·(2) Otrosí ordeno y mando para que lo contenido aya efecto y aya
executores para prender los tales esclauos huidos, y porque es justo se
dé premio y paga al que tragere el tal esclauo o esclaua que ansí andu-
bieren huidos, que a la persona o personas españoles, negros o indios
(a los quales mando se dé a entender lo susodicho y lo contenido en el
capítulo) que así tomaren o tuvieren los tales eslauos y los entregaren
a la justicia o los trugeren a la cárcel pública desta ciudad, les den
por la dicha toma y traída de cada vno de los dichos esclauos, auién-
dolos tomado y traído después de la publicación de estas ordenanzas
y en los términos de suso contenido en que por su ausencia o huida han
de incurrir en las penas de suso declaradas: el que prendiere algún ne-
gro o negra o pardo o berberisco que aya estado huido tres días, aya
de premio seis pesos; el que huviere estado huido dies días, dies pe-
sos; y el que huviere estado veinte días, quinze pesos; y el que huviere
estado más de veinte días, aya de premio veinte y cinco pesos; y que
si el tal negro que assí estuviere huido y ausente los dichos tres días o
dies o veinte o más se defendiere para no ser preso, que sin pena ningu-
na el español o negro o yndio que lo quisiere prender lo pueda herir y
matar, y trayendo la caueza del tal negro, aya el premio comforme a
lo arriba declarado bien así como si lo tragera preso.
(3) Otrosí ordeno y mando que el esclauo que después de hauer sido
condenado y castigado por hauer estado ausente huido tres días se hu-
viere huido segunda vez, se le dé la pena de arriba está puesta contrá
el esclauo que estuviere huido dies días , y si el tal esclauo que assí
castigado primera y segunda vez por hauer estado huido por dos ve-
zes los dichos tres días; se le dé pena de muerte por la tercera vez.
(4) Otrosí ordeno y mando que el esclauo que fuere castigado por
hauer estado huido de su amo [Link] días y otra vez se huyere de su
amo, que muera por ello.
(5) Otrosí ordeno y mando porque aya de qué se cumpla y pague lo
que se ha de dar y pagar a la persona o personas que tomaren y truge-
ren los dichos esclauos huidos, y para las costas que en personas que es
necesario embiar en busca y seguimiento de los simarrones y otras co-
353
sas necesarias continuamente es necesario que se hagan para el segui-
miento de los dichos esclauos fugitiuos, que cada vn dueño de los es-
. clauos y esclauas, negros, pardos y berberiscos que al presente ay en es-
ta ciudad y en sus términos, den dos pesos de buen oro por cada cabeza .
de esclauo o esclaua que assí tubieren de dos años arriba; y si fueren de
dos años dende abajo, vn peso de los que asta aora fueren nacidos, y de
los que aquí adelante naciere, vn peso; y de los que de aquí adelante
vinieren de nueuo a esta ciudad de fuera de este reyno, se pague por ca-
da negro o negra, pardo o berberisco, quatro pesos de buen oro de entra-
da, lo qual den y paguen vna vez y no más, aunque pasen los dichos es-
clauos a otros diuersos dueños, constando hauerse pagado vna vez co-
mo dicho es. Lo qual den y paguen los señores de los negros que al pre-
sente ay después que se hiziere la manifestación de los dichos es-
clauos dentro de nueue días primeros siguientes, y si no lo pagaren, se
execute por ello, y los otros dentro de nueue días como llegaren a esta
ciudad. Y que dentro de los dichos términos los manifiesten los que tie-
nen y trugeren los dichos esclauos y esclauas ante el escriuano del
Cauildo, so pena de perder el tal esclauo o esclaua, el valor del qual
dende aora aplico la tercia parte para la Ciimara de Su Magestad, la
otra parte para la persona que lo denunciare y la otra para la dicha
caxa. El dicho escriuano asiente la dicha manifestación con día, mez
y año y con el nombre y señal del esclauo y de la persona que lo mani-
festare, y tenga a buen recaudo el libro de las dichas manifestaciones
así para cobrar lo susodicho como para que quando se dudare si algún
esclauo se a manifestado o no, se aberigüe por el dicho libro.
· (6) Otrosí ordeno y mando que el dicho escriuano lleue el dicho li-
bro de manifestación al Cauildo cada viernes para que por él se vean
los esclauos que están manifestados asta aquel cauildo y se mande co-
brar lo que no estuviere cobrado y se deuiere.
(7) Otrosí ordeno y mando que para la cobanza que se ha de hazer
de lo sobre dicho, en principio de cada año se nombre en cauildo vno
de los alcaldes y vn regidor, los quales juren que bien y diligentemente
entenderán en la dicha cobranza y no disimularán con alguna persona
en ella, y que el mismo día que qualquiera cosa cobraren (o a lo menos
otro día siguiente) lo metan en la caxa que abajo se hará mención, y lo
que así se huviere lo asienten en el libro que ha de estar en la caxa con
día, mez y año, haziendo mención de la partida el día que se manifes-
354
taron los tales esclauos, y lo firmen de sus nombres el corregidor y al-
caldes y regidor y escriuano.
(8) Otrosí ordeno y mando que porque en el dicho reciuo y guarda de
los dichos pesos de oro ya todo recaudo y fidelidad, que aya vna caxa
de quatro llaues, de las quales tenga la vna el corregidor, la otra vn
alcalde ordinario y la otra vn regidor y la otra el escriuano del cauil-
do, la qual caxa esté en las casa de Cauildo y en ella se hechen y me-
tan los dichos pesos de oro y luego el día que reciuieren o a lo menos
otro día siguiente, y de allí se pague lo que se huviere de pagar por la
traída de los dichos esclauos y para la execución del dicho destronca-
miento y muerte y las demás costas y gastos que se huvieren de pagar,
lo qual se pague por mandamiento de el juez que de la causa conosiere,
con carta de pago del que lo huviere de hauer o de quien su poder hu-
viere, y asienten en el dicho libro lo que se pagare, por manera que se
tenga toda quenta y razón de dicho reciuo y gasto; la qual dicha caxa
y libro se compre a costa de los dichos pesos de oro.
(9) Otrosí ordeno y mando que por quanto es conueniente y necesario
se sepan los esclauos que así se fueren y ausentaren y anduvieren he-
chos simarrones para que se provea en la busca y toma de ellos, que
dentro de veinte días como se huyere algún esclauo o esclaua lo man-
fieste ante el escriuano del Cauildo el dueño de tal esclauo, so pena
que la persona que no lo manifestare dentro del dicho término pague
la persona que lo trugere preso o lo matare (según dicho es) el premio
que de la caxa se mandase dé alas tales personas.
(10) Otrosí proveo y mando que ninguna persona sea osado de quitar
yerros ni argollas ni otras priciones ni señales que los amos les huvi-
ren hechado o puesto a los tales esclauos si no fueren sus dueños y
amos y quien ellos mandaren, y por los siguiente [no] los tengan en sus
casas, pueblos ni estancias escondidos, ni les den de comer ni acogi-
miento, sino que si lo supieren que están huidos los manifesten luego,
so pena de caer e incurrir en las penas en derecho establesidas y da-
das, las quales mando se executen con todo rigor, y más aliende
incurra en pena de sinquenta pesos.
(11) Otrosí ordeno y mando que cada vno de los que han de tener las
_dichas llaues de la dicha caxa y cargo de receuir los dichos pesos de
oro y pagar los dichos gastos y costas, según de susso está declarado,
355
aya y lleue de salario por su trabajo en cada vn año de los que huviere
de tener el dicho cargo veinte pesos de buen oro [y] el escriuano, qua-
renta; lo qual se los tomen y paguen por ellos mismo de la dicha caxa
y lo descarguen en el Jibramiento y carta de pago como lo demás que
pagaren.
(12) Otrosí proveo y mando que porque soy informado que algunos de
los esclauos y esclauas de la calidad de suso declarados se han aho-
rrado y ahorran. de cada día, siendo libres y so color de ello andan en-
tre los naturales y contratan con ellos, de que los dichos naturales resi-
ben engaño, fraudes, y hazen otros exessos y delitos, por lo qual y por
otras causas que a ello me mueben que son necesarias, que todos los
esclauos y esclauas negros, pardos y berberiscos que hu viere horras en
esta ciudad al tiempo de la publicación de estas ordenanzas se ven-
gan a manifestar ante el escriuano de Cauildo para que se vea de qué
viven y cómo son libres, lo qual hagan dentro de nueue días, so pena
de sien azotes y desterrado de estos reynos perpetuamente.
Las quales dichas ordenanzas de suso declaradas mando que de
aquí adelante se guarden y cumplan y executen como en ellas y en ca-
da vna de ellas se contiene, asta tanto que vistas por Su Magestad o
los señores de su Consejo de Yndias cerca de ello otras cosas provean y
manden, y que se pregonen públicamente en la plaza pública de esta
ciudad porque venga a noticia de todos y ninguno pueda pretender
ygnorancia.
Fecho en Los Reyes a primero de junio de mil y quinientos y
quarenta y nueue años.- El lizenciado Gasea.- Por mandado de Su
Señoría, Simón de Al<;ate.
FUENTE: Biblioteca de la Real Academia de la Historia,
Madrid. Col. Mata Linares, t. 21, f. 79.
356
XII
ORDENANZAS SOBRE LA VISITA Y DESPACHO DE NAVIOS
ENELPUERTODELIMA
(Los Reyes, 18-XII-1549}
Yo el licenc;iado Pedro Gasea, del Consejo de Su Magestad de la
Santa General Ynquisic;ión e su presydente destos reynos y prouirn;ias
del Perú, etc.
Por quanto al seruicio de Su Magestad e bien de sus súbditos e va-
sallos conviene que los maestres que navegan en sus naos o agenas por
la costa desta mar del Sur y que tienen sus contratac;iones en el puerto
desta c;ibdad de los Reyes sepan y entiendan los derechos que son obli-
gados a pagar de la entrada e salida que con los dichos navíos fizie-
ren en el dicho puerto e del registro e de lo que le pueden e deuen lle-
uar las personas a quien yo o el que subcediere en mi ofü;io cometiére-
mos la visyta y registro de los dichos navíos, por virtud de la cédula
e facultad a mí dada por Su Magestad para ordenar en estos dichos
reynos lo que me paresc;iere que conviene, cuyo thenor es éste que se
sygue:
[aquí la R.C. fecha en Venlo el 16-II-1546]
Hordeno e mando que de aquí adelante en el despacho que las ta-
les personas fizieren de los dichos navíos en el lleuar de los dichos de-
rechos guarden la orden syguiente:
(1) Primeramente que la persona a quien cometiéremos la tal visy-
ta, aora sea alguazil o otra qualquier persona a quien nos paresciere
cometerla, syendo como es el tal nombramiento anexo e concerniente
al gouierno, que de qualquier navío de los que en el puerto desta dicha
c;ibdad de los reyes entrare al tiempo que los visytare e despachare
para yr fuera destos dichos reynos, lleue de sus derechos de cada vn
navío que ansy despachare por el trabajo que thomare en yr a la mar e
357
boluer (que son quatro leguas de yda e buelta) y en estar allá hasta ,
que se hagan a la vela e por el despachar e hazer las dilegen<;ias que
es obligado, mirando que en él no vaya persona syn licen<;ia ·ni que aya
cometido delito, ni que se lleuen yndios naturales desta tierra e fuera
de sus naturalezas, ni persona que no mostrare c;éciula de los ofi<;iales
reales de cómo no deue pesos de oro a la Hazienda Real,· seys pesos de
oro e no más.
(2) Yten que no lleue derechos algunos de los navíos que entraren en
el dicho puerto (avnque vengan de fuera del reyno) por ninguna mane-
ra ni forma, ecepto que atento la necesydad que ay de prohibir que no
entre gente en estos reynos hasta que sean descargados de la mucha
que en ellos ay e que ansy Su Magestad lo tiene probeydo e mandado,
que la dicha persona que ansy nonbráremos para visytar los dichos na-
víos pueda lleuat y lleue por todo el año venidero de quinientos e c;in-
quenta años de cada persona que viniere en algún navío que no traxere
licenc;ia de Su Magestad para venir a estos reynos o ·no syendo verda-
deramente mercader o hombre casado y que venga con su muger e casa,
cinco pesos, y otros tantos del maestre y piloto que lo truxiere; trayen-
do antes que cobre la dicha pena a la tal persona e al maestre o piloto
que lo traxere a la cárcel o ante mí ante el que en mi ofic;io subcedien-
re, o al menos trayendo primero el dicho piloto o maestre sy la tal per-
sona no se pudiere aver por averle hechado en tierra el dicho piloto o
maestre, y en tal caso por el dicho año cobre del dicho piloto o maes-
tre diez pesos, los <;inco por él e los otros <;inco que avía de pagar la tal
persona.
(3) Yten que los ofic;iales reales, conforme a la c;édula de Su Mage-
tad, visyten los navíos e no lleuen por eHos derechos algunos, ynfor-
mándose ansy por el registro coq10 por juramento del maestre, piloto e
marineros y pasageros sy va allí alguno que deue algo a Su Magestad
o sy lleua algún oro o plata por quintar o fuera del registro, e hazien-
do todas las otras diligenc;ias que en la dicha c;édula Su Magestad
manda que se hagan.
(4) Yten mando que ninguna persona lleue fuera destos dichos reynos
ningund oro ni plata por marcar, ni esmeraldas ni perlas ni otras cosas
qualesquier de que se deuan a Su Magestad derechos reales, syn pagar
los derechos que deuiere, so pena de muerte y perdimiento de sus bie-
nes para la cámara de Su Magestad.
358
(5) Otrosy mando que ninguna persona pueda lleuar ni lleue ningund
oro ni plata por registrar en el registro que se fiziere de la nao donde ·
la lleuare, so pena de yncurrir en pena del quatro tanto para la cáma-
ra de Su Magestad.
(6) Yten que el escriuano que yo y el que en mi lugar subcediere non-
bráremos para hazer los registros e despachos de los navíos que deste
puerto partieren para fuera del reyno, lleue por cada treslado del re-
gistro que entregare al maestre quatro pesos y no más y a las partes
que registraren, medio peso de cada partida de oro o plata que regis-
traren y no más.
[Link] todo que dicho es e cada vna cosa e parte dello mando a
las dichas personas que lo guarden y cunplan e no vayan ni pasen con-
tra el thenor e forma de las dichas ordenan<;as ni de ninguna dellas en
tanto que por Su Magestad o por. mí o por el subcesor en mi ofü;io de
presydcnte en su real nonbre otra cosa se probé y manda, so las penas
en ellas contenidas; e más, que las personas que fizieren la dicha visy-
ta<;ión de los dichos navíos y escriuano que fiziere el dicho registro de-
llos cayan e yncurran por la primera vez en pena del quatro tanto y
por la segunda en septenas, aplicado las dos ter<;ias partes para la cá-
mara de Su Magestad y la otra ter<;ia parte para el que lo acusare, e
por la tcr<;era vez en priua<;ión de ofi<;io. E porque venga a noti<;ia de
todos e dello no se pueda pretender ygnorancia, mando que se aprego-
ne asy públicamente en la pla<;a desta dicha <;ilxiad.
Fecho en Los Reyes a diez e ocho de dizienbre de mill e quinien-
tos e quarenta e nueve años.- El licen<;iado Gasea.- Por mandado de
Su Señoría, Pedro de Avendaño.
FUENTE: Archivo General de Indias, Sevilla. Justicia, 471, f.
849.
359
XIII
SUMA DE LOS GASTOS REALIZADOS EN LA CASA
DEL PRESIDENTE GASCA
(1549)
Las contías de maravedís e pesos de oro quesean gastado este
año de quarenta e nueve en la casa del señor presidente el lic;enc;iado
Gasea, ansí de salarios de criados como en la despensa ordinaria e
otros gastos, son los siguientes en esta manera:
- Primeramente a Pedro Navarro, despensero del señor presiden-
te, 959 pesos que se le dieron para proveymiento de la despensa de Su
Señoría; por libranc;a del señor presidente e ofic;iales rrealcs y carta
de pago de 12 de enero de 1549.
- Al maestro Martín del Canpo, mayordomo del señor presiden-
te, 6.000 pesos para los gastos e despensa de su casa; por libramiento
de Su Señoría e libranc;a de Franc;isco de Escobar, teniente de conta-
dor, y carta de pago de 15 de enero de 1549.
- A Juan Gutierres, criado del señor presidente, 2.521 pesos 1 to-
mín 8 granos, los quales por c;iertas quentas qtie dio paresc;ió aver gas-
tado de cosas que avía conprado para proveimiento de la casa e des-
pensa de Su Señoría; por libranc;a del señor presidente e ofic;iales rre-
ales y carta de pago de 23 de enero de 1549.
- Al dicho maestro Martín del Canpo, mayordomo del señor pre-
sidente, 513 pesos 3 tomines que se le dieron para gastos e despensa de
la casa de Su Señoría el año pasado de 548; por libranc;a del señor pre-
sidente e del contador e carta de pago de 24 de enero de 1549.
- A Pero Ortiz, mercader, 3.851 pesos 5 tomines que son y se toma-
ron de cosas n~esarias para la casa e criados del señor presidente;
por libramiento de Su Señoría y de ofü;iales rreales y carta de pago
de 3 de febrero de 1549.
- A Nicolao del Venino 164 pesos por vna c;erteficac;ión firmada
del proveedor Juan Gomes de Anaya, que par~e que lo valió c;ierto vi-
no e otras cosas que dél se conpraron en Payta para proveimiento de la
360
despensa del señor presidente; por libran91 de Loren~o de Aldana y
carta de pago de 8 de febrero de 1549.
- Al maestro Martín del Canpo, mayordomo del señor presiden-
te, 4.000 pesos que se le dieron para los gastos e despensa de la casa de
Su Señoría; por mandamiento del señor presidente y ·<»rt.a de pago de
16 de abril de 1549.
- Al dicho maestro Canpo, mayordomo del señor presidente,
4.000 pesos para los gastos de la casa e despensa de Su Señoría; por
mandamiento del señor presidente e libran~a de ofi9ales rreales y
carta de pago de 29 de mayo de 1549.
- Al dicho maestro Canpo, mayordomo del señor presidente,
2.155 pesos 1 tomín 7 granos por razón que los avía gastado fasta fin
de jullio del año de 49 para proveimiento de la casa e despensa de Su
Señoría; por libramiento del señor presidente e del contador y carta
de pago de 12 de agosto de 1549.
- Al dicho maestro Canpo, mayordomo del señor presidente,
2.000 pesos para los gastos e despensa de su casa; por libramiento de
Su Señoría y del contador y carta de pago de 12 agosto de 1549.
- Al dicho maestro Canpo, mayordomo del señor presidente,
2.500 pesos para los gastos e despensa de su casa; por libramiento de
Su Señoría y del contador y carta de pago de 12 de septienbre de 1549.
- Al dicho maestro Canpo, mayordomo, 326 pesos 9 granos por el
gasto ordinario del señor presidente; por su libran~a y del contad~r.y,
carta de pago de 13 de septiembre de 1549. ·
- Al dicho maestro Canpo, mayordomo del señor presidente,
3.890 pesos que fueron para pagar los salarios de las personas que sir-
ben a Su Señoría de loquean de aver del primer ter~io del año de 49,
que comen~ó a correr dende prin~ipio del dicho año, y para pagarles
el segundo ter~io del dicho año, que se acabó a postrero de agosto; los
quales dichos salarios se mandaron pagar con par~r del señor ar~o-
bispo, por mandamiento del señor presidente y carta de pago de 23 de
otubrede 1549.
- Al maestro Canpo, mayordomo de Su Señoría, 2.500 pesos para
la despensa e gastos de la casa del señor presidente; por libramiento
suyo e carta de pago de 30 de otubre de 1549.
:-- Al dicho maestro Canpo, mayordomo, 2.000 pesos para los gas-
tos de su casa e despensa; por mandamiento del señor presidente e li-
brarn;a del contador y carta de pago de 28 de noviembre de 1549.
- Al maestro Canpo, mayordomo del señor presidente, 446 pesos
5 tomines 6 granos que le eran devidos del mes de otubre de 549, que los
361
avía gastado en la casa e despensa de Su Señoría, por mandamiento
suyo e librarn;a del contador y carta de pago de 28 de noviembre de
1549.
- Al maestro Canpo, mayordomo del señor presidente, 702 pesos
7 tomines 4 granos por otros tantos que gastó el mes de novienbre del
año de 549 en la despensa e casa de Su Sefioría; por mandamiento suyo
e librarn;a del señor contador y carta de pago de 22 de dizicnbre de
1549.
- Al dicho maestro Canpo, mayordomo, 2.000 pesos para los gas-
tos e despensa del señor presidente; por mandamiento suyo e librarn;a
del contador y carta de pago de 22 de dizienbre de 1549.
- Al dicho maestro Canpo, mayordomo, 1.505 pesos 4 tomines 4
granos para la despensa e casa del seño1r presidente; por libramiento
suyo e librarn;a del contador y carta de pago de 9 de enero de 1550.
- Al dicho maestro Canpo, mayordomo, 1.957 pesos 5 tomines que
fueron para pagar los salarios a las persomas e criados que sirven al se-
ñor presidente del postrero ten;io del año de 549; por libranc;a del se-
ñor presidente y carta de pago de 12 de enero de 1550.
Por manera que suma la dacta en este pliego contenida 43.993 pe-
sos 2 tomines 2 granos.- Baltassar de Armienta. Jayme Faxardo.
FUENTE: Archivo General de Indias, Sevilla. Contaduría, 1680.
362
(1550)
Dacta de lo que pagó [el tesorero] al lic;em;iado Gasea para su
despensa y otras cosas de gastos de su casa:
-: Resc;íbense en quenta al dicho thesorero 2.000 pesos que por li-
bramiento del lic;enc;iado Gasea hecho a 9 de henero de 1550 años dio
e pagó al maeso Campo, su mayordomo, para gastar en la despensa de
su cassa, de que mostró el libramiento con carta de pago, por el qual
manda que los ofic;iales reales le tomen quenta dellos antes que le li-
bren otros, y pare5\ió por fee de Luis Sedeño, teniente de contador; que
le tomaron quenta destos 2.000 peso, y que se metió quenta de la-caxa
de las tres llaves.
- Más se le resc;iben en quenta otros 2.000 pesos que por otro libra-
miento hecho a 19 de henero de 1550 años pagó al dicho maestro Cam-
po para el gasto de la cassa del dicho lic;enc;iado Gasea, de que mostró
otros tales rrecavdos y diligcnc;ias como el de arriba.
El dicho lic;enc;iado presidente Gasea dio vn su libramiento del
thenor siguiente:
Yo el lic;enc;iado Pedro Gasea, del Consejo de Su Magestad de la
Santa y General Ynquisic;ión, su presidente en estos reynos del Pe-
rú. A vos Alonso de Almaraz, thesorero de su Real Hazienda en
esta c;ibdad de Lima, yo vos mando que beáys la memoria y gas-
tos en esta otra parte contenidos, que montan 1.845 pesos 2 tomi-
nes que se a gastado, que de los pesos de oro que an sido e son a
vuestro cargo y fueren de aquí adelante deys y paguéis a las per-
sonas en cada vna de las dichas partidas contenidas los pesos de
oro que por ella pare5\e que se les deve y lastan en la dicha can-
tidad, que dándoselos e pagándoselos e tomando sus cartas de pa-
go de cada vno dellos de lo que re5\ibieren, mando que vos sean
re5\ibidos y pasados en quenta para vuestro descargo los dichos
1.845 pesos 2 tomines. Fecho en Los Reyes a 24 de henero de 1550
años.
363
Por virtud del qual, el dicho thesorero dio e pagó los dichos pe-
sos de oro a las personas siguientes en esta manera:
- Que se gastaron en vna comida y colaQón que se dio a los oydo-
res, sus mugeres y otras personas el día de los Reyes y en el refresco
que embió a mandar que se llevase al puerto de la mar aJ li<;ern;iado
Santillán, oydor, y a su muger quando vinieron 423 pesos 6 tomines, se-
gund lo dio por fee el mayordomo maestro Campo, de que dio carta de
pago.
- Que se pagaron a Juan Ortiz Alemiín por cosas que se sacaron de
su tienda para la casa del presidente (segund lo dio por fee maestro
Campo) 475 pesos 3 tomines, y cart:a de pago de Juan Ortiz.
- A Pero López de Aguirre, boticario, 233 pesos 2 tomines y a Cor-
bella, boticario, 20 pesos por med~inas que dieron para la casa del
presidente, de que mostró sus cartas de pago.
- A Juan Martín Gudínez, c;apatero,, 90 pesos de calc;ado que dio
para la casa, de que mostró su carta de pago.
- A Alonso Naranjo, herrero, 116 pesos de cosas que hizo de su
ofic;io para la casa, de que mostró carta de pago.
- A Ribera, sastre, 84 pesos de obras que hizo para ]a casa, de
que mostró su carta de pago.
- A Flores, guamic;ionero, 30 pesos de cosas que hizo para la ca-
sa, de que mostró carta de pago.
- A Guadalupe, calzetero, 67 pesos de que mostró su carta de pa-
go.
- A Grajales, carpintero, de la camat del presidente y otras obras
145pesos.
- A Cristóval Sánchcz de Galbes de cosas de su tienda para bcs-
tir vn paje 31 pesos, de que mostró carta de pago.
- A Fuentes , boticario, por mcdic;inas que se le devían hasta que
dexó la botica 70 pesos, de que mostró su carta de pago.
- A Antón Pérez, herrero, 10 pesos de cosas que hizo de su ofic;io,
de que mostró su carta de pago.
- Al lic;enc;iado Franc;isco Núñez, c;irujano, y por él a Pero de
Arauxo, 50 pesos de curas que hizo, de que mostró su carta de pago.
Que son los dichos l.845 pesos 2 tomines de que mostró el dicho
mandamiento y en las espaldas dél el memorial de _estas partidas y
cartas de pago.
364
Monta este pliego de gastos que se hizieron por mandado del pl'e9
sidente Gasea para su despensa y casa y otros gastos extraordinarios -
los dichos 5.845 pesos 2 tomines, que redu~dos a maravedís ( a rra-
zón de 450 maravedís el peso) montron 2.630.362 maravedís, que se le
res<;iben aquí en quenta.
FUENTE: Archivo General de Indias, Sevi11a, Contaduría, 1680.
365
XIV
CARTA A LOS OFICIALES DE LA CASA DE LA
CONTRATACION SOBRE ENTREGA DE LA HACIENDA REAL
( Río Guadalquivir, 22--IX-1550)
Muy magníficos señores:
La noche pasada poco más de a medianoche re~ebí la carta de
vuestras mer\edes que el correo traxo e lo que vuestras men;edes man-
dan de la horden que les pares~e se deue tener en el lleuar desta ha-
zienda: se cunplirá. E lo que les suplicaua de su venida fue porque fue-
se con mejor horden e más a rrecaudo e porque me dixeron lo auían ansí
fecho quando Hemando Pi\arro traxo otra partida de harto menos
cantidad.
La desenboltura que Márquez tuvo para dezir contra verdad que
yo le embiaua a hazer saber de mi llegada fue de clérigo del Perú,
porque nunca tal me pasó por pensamiento. Con el despacho para Su
Magestad y señores del Consejo embío al capitán Lope Martín, e no le
hauía despachado antes por despacharle con el pares\cr de vuestras
mer~edes, e entendiendo la cosa de Márquez acordé de despachalle. A
vuestras men;edes supplico le manden dar fauor para que luego a toda
diligen\ia siga su camino.
Nuestro Señor conserue y augmente vidas y estado de vuestras
mer~edes en su santo serui\io como desean y sus scruidores deseamos.
Oeste rrío, xxii de setiembre de 1550.
De vuestras mer~edes servidor que sus manos besa,
El li~enQado Gasea.
FUENTE: Archivo General de Indias, Sevilla. Contratación, 5103.
366
XV
RECEPCION Y ALMONEDA DE LA PLATA PERTENECIENTE
AL SERVICIO DEL PRESIDENTE GASCA
(Sevilla,20-X-1550 y 30-X-1551)
El dicho día veynte de otubre de mili e quinientos e cinquenta
años r~bimos del maestro Martín Canpo, mayordomo del dicho
li~en~iado Gasea, presidente del Abdien~ia Real del Perú, la plata
labrada que adelante dirá, que diz que es la con que se seruía en el
Perú el dicho li~en~iado Gasea y agora la entrega para Su Magestad,
que es la siguiente:
i'eso (*) ·
- 3 frascos
- 2 ta~as
- 1 bernegal
- 1 caldreta
} .................... 26.3
-10
- 9
- 4
- 19
platillos
escudillas de orejas
salseritas de orejas
escudillas de falda
} ................•... 53.4
- 10 cucharas
- 1 salero quebrado en 4 pi~as
- 1 sobre copa 42.1
- 3 candeleros
- 3 platos grandes
- 1 fuente grande
(•) Peso indicado en marcos, on:[Link], ochavas.
367
Por manera que son todas las dichas sesenta y ocho pi~as en la
manera que dicha es y pes.5aron todas 122 marcos de plata, las quales
r~ebimos como dicho es y las vendimos en la manera siguiente.
Venta de la dicha plata.
En xxx de otubre de j U dli años pusymos en almoneda todas las
dichas pi~as de plata en presenc;ia de muchos mercaderes, pregona-
da por Antonio de Ordiales, pregonero, y ]las vendimos y rematamos
en Gonc;alo Cano, mercader de oro, a 2.290 maravedís [cada marco] y
se la entregamos para que la pague entregada en la casa de la moneda
de Seuiila a diez días primeros siguientes. Y entregamos la dicha pla-
ta pessada por Sancho de Medina, maestro de la balanc;a de la casa
de la moneda, y pesó y montó lo siguiente:
- 3 frascos
- 2 tac;as
} .............. 3.5.6
- 1 bernegal
- 1 caldreta 33.1.4
-
-
3 candeleros
1 sobrecopa
}············
-19 escudillas de orejas
- 4 salseretas de orejas 53.5.5
-lOplatos }···············
-19 escudillas de falda
- 3 platos grandes
- 1 fuente
- 1 salero en 4 pedac;os
-10 cucharas
} ............... 31.6.1
368
Monta todo 280. 238 maravedís, los quales reQbió en su poder el
thesorero Fran\isco Tello y dellos se le haze cargo en el libro de su
cargo y descargo; entiéndese que aquel cargo y éste es todo vna misma
cossa.
Sobró en el pesso de quando r~ebimos las dichas sesenta e ocho
pi~as de plata labrada a quando las entregamos vendidas en la
manera que dicha es 3 hon~as de plata, lo qual sobró en el pesso.
FUENTE: Archivo General de Indias, SevilJa. Contratación,
4555.
. 369
XVI
RELAQON AL CONSEJO DE INDIAS SOBRE LA EXPLOTAQON
DELASMINASDEPOTOSIYPORCO
(Vi11amuriel, 1-11-1554)
Muy illustre y muy magníficos señores:
Con desseo de mejor poder cumplir el mandamiento de vuestra se-
ñoría como lo desseo y deuo hazer, referiré lo que sé que pasa en lo de
las minas que Su Magestad tiene y lo que creo son para que vista la re-
lación del hecho pueda vuestra señoría mandar lo que se deua hazer,
pues esto será lo más acertado, y también se pueda mejor veer si lo que
dixere en el parecer que se me manda contiene algo de que se deua ha-
zer caso.
Las minas que Su Magestad posee se han hauido o por vía de con-
fiscación o señalamiento que se le haya hecho de ellas, que son en Por-
co, Potosí y entre Arequipa y la villa de Plata y en los términos de
Guamanga.
Todas ellas tiene Su Magestad desde iel castigo de Gorn;alo Pi<;a-
rro, o por confiscación que contra él y los que con él anduieron se hizo,
como son todas las de Potosí de que en los testimonios se haze minción
y la de Gon<;alo Pi~arro de Porco, o por virtud de vna ordenarn;a que
quando ordené lo que se hauía de guardar en las minas hize, en que se
manda que qualquier descubridor de nueuas minas luego que tomare la
suya por descubridor (que ha de ser, a lo que me acuerda, de ochenta
varas en largo y quarenta en ancho) señale antes que a otro alguno en
aquel descubrimiento que se da por nueuo descubridor de término de
vna legua la primera a Su Magestad, de sesenta varas en largo y
treynta en ancho, que es la medida de todas las otras. Y por esta
ordenan~a tiene Su Magestad las demás, y no tiene por virtud de ella
alguna en Potosí por ser aquellas minas descubiertas mucho antes de
370
esta ordenanc;a. Y digo todas ecepto la de Porco, que se dize en el testi-
monio que está estacas de la de Hernando Pic;arro, porque aquella la
tiene desde el tiempo de el marqués Francisco Pic;arro, que la señaló a
Su Magestad con el zelo de buen vasallo que tuuo, y después ninguna ni
por confiscación ni señalamiento tuuo hasta cuando he dicho.
Y dexando de relatar las maneras de labrar las minas de plata,
de que tan informado vuestra señoría estará, sólo presuponiendo que
ninguna mina de plata es de mucho prouecho hasta llegar a la que di-
zen caxa, que es el espacio entre dos vetas de piedra donde se halla el
metal firme, porque aunque antes de aquélla .se halle metal -causa-
do, según dizen, de lo que humea- lo firme es poco; digo que la mina
de Porco que Su Magestad tiene a estacas de la de Hernando Pic;arro
se ha creydo y cree es muy rica por serlo tanto la de Hernando Pic;a-
rro, que me dizían que tenían catorze pies de caxa, que es dezir que tie-
ne de ancho catorze pies de metal firme entre las dos vetas de piedra
que lo abrac;an. ·
Pero nunca se ha empec;ado a labrar ésta de Su Magcstad, y ansí
sólo se juzga por lo que se cree de la vicindad de la otra. Y trattando
de su labor, me dizían que sería costosa si se hizicsse a tajo abierto,
que es quando se déscopeta o desmonta la mina p9r alto, quitando 1a
tierra que encima tiene hasta llegar a la caxa, porque (según me
dizían) esta mina tiene sobre sí vn cerrillo de mucha tierra. Y ansí pa-
rece, pues piensan los que hablan en ponella en labor que se han de
ahondar sesenta estados, aunque se podrían engañar porque a más y a
menos que la vezina podría estar la caxa.
Y por huir esta dificultad y costa y dilación que hauía de haucr
hasta que empec;ase a dar notable frutto, me dizían que se pudía la-
brar por socabón, que es minando por baxo, y que esto se podía hazer
por lo que la mina de Hernando Pic;arro tiene abierto y que en esto no
se la haría perjuizio a Hemando Pic;arro, o muy poco, y que a Su Ma-
gestad sería de mucho prouecho y escusaría gasto.
De las minas de Potosí, Su Magestad tiene algunas ya puestas
en caxa, porque ansí las p~sieron los dueños a quien se confiscaron. Las
otras de los otros descubrimientos nunca hasta ahora se han enipcc;a-
do a calar.
371
Presupuesto lo que he dicho, me parece que según la rara verdad
que en aquellas tierras se guarda y la poca cuenta que con el que toma-
se a labrar estas minas a terc;fa parte o media parte de lo que sacase
se pudía tener para que no quedase en su voluntad dar por tercia parte
o mitad lo que quisesse, specialmente siendo puesto de su mano el nú-
mero, sería de poco prouecho lo que diesse no saliendo la mina tan ri-
ca, que aun con defraudar mucho fuesse de valor lo que por parte a Su
Magestad diesse, y saliendo tan rica sería de mucha pérdida para Su
Magestad lo que él ganasse; y que el concierto que a dinero se offrece
por ocho o diez años es de poco interesse y se podría Su Magestad lo
que él ganasse; y que el concierto que a dinero se offrece por ocho o
.diez años es de poco interesse y se podría Su Magestad perjudicar mu-
cho en el interesse de la mina, porque si los que esto offrecen al prime-
ro o segundo año llegasen a la caxa de metal firme podrían en los otros
años esquilmar tanto de ella, que o se acabase la veta o la pussiesen
tan honda que después fuesse dificultosa y costosa de elaborar, y ansí
haurían lleuado éstos la nata y grueso de la mina de balde, como se-
ría por tan poco dinero y tan tarde pagados como offrecen. Y si no me
engaño, si como Gómez de Solís offreció abrir la mina por al to hasta .
ponella en caxa dándole (a lo que entiendo) facultad de gozar cinco
años, pidiera doss o tress, lo tuuiera por mejor partido porque a no
hauer llegado en ellos a la veta huuiera hecho mucho prouecho y
lleuado poco de la mina y ya que llegara a la caxa antes de acabárse-
le el tiempo, parece que no se pudiera auenturar a esquilmar mucho el
metal firme.
Paréceme que cosa de tan gran prouecho como sería posible que
huuiesse en estas minas y hay tanta razón de pensar que le ha de
hauer en ellas, pues en las vezinas el ha hauido y hay, no se deuría
de auenturar a perder, porque en la de Porco hablándome algunas per-
sonas me dizían que no tenían en mucho que en tanto que durase su la-
bor valiesse por año cien mill ducados de Su Magestad. Bien entiendo
que los que me hablauan era de credulidad y que en muchas vezes los
hombres se alargan en estimar las cosas, y más algunos de aquella tie-
rra que en hablar de bien y mal suelen ser largos; pero donde tanto se
podría aucnturar a ganar labrándolas, y tan poca costa, paréceme que
se deuría emp~ar a labrar por Su Magcstad aquélla de Porco y las de
Potosí, spccialmcntc las que en aquel asiento estuuiessen puestas en ca-
xa.
372
Y que para ello se comprasen negros y lleuasen a aquella labor, y
si se Iíeuasen más de los que eran menester para la labor, con lo que
aquéllos se vendiessen por más precio que acá costasen podrían salir
de balde los otros. Y hauíanse con los negros de lleuar negras con que
se casasen y los siruiessen para que ellos no se ocupassen sino en la la-
bor de las minas, y aun en algo ellas podrían ayudar, y criarse yan o-
tros que se subrrogasen en lugar de los que muriessen o por enfermedad
se hiziessen impotentes para trabajar.
Y en esta manera de labor no parece hauría fraude, pues hauía
de hauer vn hombre de confian~a puesto por Su Magestad que en cada
asiento de éstos presidiesse a los negros, el qual aunque [Link] hur-
tar no podría porque los negros lo entenderían y dirían, specialmente
que los officiales reales de el Nueuo Toledo residen en aquellos asien-
tos, los quales en fin de cada semana hauían de tomar cuenta de lo que
se hauía sacado en ellas, y aun también para este buen recado ayuda-
ría la Audiencia que en la villa de La Plata ha de residir, estando co-
mo está tan cerca de estos asientos.
E para que esta labor se pueda hazer, y sin costa alguna, es me-
nester -porque sin ello no se podría hazer- que para proueer de to-
das las cosas necessarias ansí de comida como de ropa a los negros que
anduuieren en Porco,esté en cabc~a de Su Magcstad el repartimiento
de Puna, que fue vno de los que tuuo Diego Centeno y yo le dcxé deposi-
tado en ca~a de Su Magestad, y a su hijo se dicsse otra cosa (como en
Augusta lo ordenó Su Magestad), porque con los tributos que están tas-
sados a estos indios se podrían mantener los negros, spccialmente con
puercos que aJlí se podrían criar para carne. E que para labor de las
minas de Potosí se pussiesse en cabec;a de Su Magestad el repartimien-
to que por muerte de Pedro de Hinojosa vacó, que es muy a propósito y
los tributos de él muy bastantes no sólo para sustentar los negros que
en aquel asiento anduuiesscn, mas aun creo valdrían arriba de quinze
mili pesos a Su Magestad y aun de veynte si las partes que dél dis-
membré y di a don Alonso de Montemayor y a Pablo de Meneses se tor-
nassen a juntar con él, dando a estos doss otra cosa en recompensa, que
ellos tomarían de buena gana. Y deshazerse ya el aggrauio que con la
gran necesidad que tuue de contentar a muchos hize a aquel cacique en
qui talle aquellos vasallos, de que no dexo de tener scrúpulo, sin embar-
go que después que los spañoles en aquella tierra entraron és éste vna
373
de las más ordinarias exorbitancias de que han vsado, diuiendo, (sic)
los repartimientos.
Esto es lo que mi poco juizio alcan~a en esta cosa de la minas de
Potosí y Porco, porque de las otras no parece que hay que hablar has-
ta que se tenga más notica de lo que son, dado que me scriuen se labran
ya minas en lo de Guamanga y que salen buenas y de metal blando y
que corre mucho. El asiento de Porco es muy bueno y templado para ne-
gros; no lo es tanto el de Potosí, según entendí.
A vuestra señoría supplico perdone mi prolixidad, que no me su-
pe dar a entender sin ella. Acuérdome que en esta materia y otra se
me mandó scriuir al Príncipe, nuestro señor; no sé si desde Augusta o
Inspruch lo hize.
Nuestro Señor guarde la muy illustre y muy magníficas personas
de vuestra señoría con el augmento de vida y stado a su santo seruicio
que los suyos desseamos. De Villamuriel, primero de hebrero 54. ·
De vuestra señorías siervo que sus manos besa,
El obispo de Palencia, conde.
FUENTE: Archivo Histórico Nacional, Madrid. Diversos Docu-
mentos de Indias, no. 123.
374
XVII
INVENTARIO DE HEREDADES PERTENEOENTES AL LINAJE
DE GASCA EN LA JURISDICCION DEL BARGO DE A VILA
(Aldeanueva, 18-III-1561)
Deslinde e apeo de la heredad que el illustre señor dotor Gasea
del Consejo Real de Su Magestad, tyene en la villa del Barco e su tie-
rra, y fue deslindado e declarado e tasado la simiente que haze por
Fran~isco Martín Carrascal, vezino de Aldeanueva, e por Fran9sco
Gorn;alcs, vezino de Navarrcgadilla, . jurisdicción de la vílla del Bar-
co, el qual se hizo de pedimiento de Bias López, maestresala del illus-
trísimo e reverendísimo señor obispo de Palenc;ia, en nombre del dicho
señor doctor Gasea. La qual se hizo en el dicho lugar de Aldeanueva a
diez e ocho días del mes de marc;o de mill e quinientos e sesenta e vn a-
ños y pasó ante Juan Méndez, escrivano público de la dicha villa.
- Primeramente la casa prirn;ipal en Navarregadilla, con las ca-
sas e corrales de atrás.
- Yten las paneras que están fronteras de las casas pri nc;ipalcs e
vn pajarejo junto a éstas.
- Yten vn caballeriza grande junto a las dichas paneras.
- Yten la casa que hera de Franc;isco Hemández, herrero, junto a
las de arriba, con vn pajar e otra casilla entremedias déstas.
- Yten la casa que llaman de Juan Blázquez, con su huerto.
- Yten la casa que llaman de Juan Yzquierdo.
- Yten las casas que heran de Juan Antón, con su pajar.
- Yten en las casas princ;ipales de Juan Antón la sesta parte, que
se compró de Pero Garc;ía.
- Yten vn pajar junto a la huerta de los árboles.
- Yten la huerta grande de los árboles junto a la casa princ;ipal.
- Yten la media huerta de solehera que linda con heredad de la
capellanía del señor abad e con el exido.
- Yten la huerta de la fuente que alinda con la calle e con camino
que va a Carrascalejo.
375
- Yten dos huertas que dizen del enzina, la vna que se dize Caña-
da Retuerta que alinda con el camino o con prado del señor dotor.
- Yten vn linar a la huerta de los de Villar que linda con linar
de Andrés Gon~ales e con linar de la de Hemán Gar~ía.
- Yten el linar del arroyo la vieja en los Quartos, que haze vna
hanega (?) de lino, linde con el prado del arroyo la vieja e con linar
de los herederos de FranQSCO Sánchez, vezino de los Quartos.
. - Yten otro linar al Bodonal que alinda con linar de Fran~isco
Carc;ia Merino y con el camino.
- Yten otro linar al Redondillo que tyene el dicho Juan Moreno,
que alinda con huerta del palomar e con linar de Andrés Con~ales.
- Yten otro linar a la huerta del soto que alinda con la calle e con
linar de Con~alo Sánchez, clérigo.
-Yten vn linar tras las cañadas al regadero que alinda con el pra-
do molino e con la dehesa y heredad del señoi~ doctor.
- Yten vn corral e vna mealera junto al exido de Navarregadi-
11a, do dizen las Comederas.
La hoja del ryo.
- Vna vega al ryncón de los pradillos que haze tres quarti11as de
trigo de sembradura, alinda con el ryo e prados del ryo del señor doc-
tor.
- Yten otra tierra junto a ésta que ha:¡¡o;e tres quarti11as de trigo,
que alinda con los dichos prados e con la vega del rycón.
- Yten otra tierra junto a la de arriba que haze dos hanegas de
trigo, que se dize del Sastre, que alinda con tierra de Hemán Gar~ía e
con los prados del ryo.
- Yten otra tierra a la vega del ryo que haze vna hanega de tri-
go, alinda con tierra del dicho Hemán Garc;íá e con tierra de Alonso
Garc;ía, vezino de Navarregadilla.
- Yten otra tierra que haze tres zelemincs de trigo, que alinda
por dos partes con heredad del dicho señor doctor.
- Yten otra tierra en las dichas vegas del ryo que haze tres quar-
tillas de trigo, que alinda con el ryo e con tierra de Hemán Garc;ía.
- Yten vna hac;a tras las cañadas que [Link] quatro hanegas de c;en-
teno, que alinda con Gonc;alo Sánchez, clérigo, e con FranQSCO Garc;ía
de Navarregadilla.
- Yten otra tierra junto a la de arriba que hará dos c;e1cmines de
c;entcno de sembradura, que linda con tierra de Juan Sánchcz e con tit?-
376
rra de María Hernandes, vezina de Navarregadilla.
- Yten otra hac;a junto a la Cañada Retuerta que haze <;inco c;ele-
mines de c;enteno de senbradura, que alinda con la Cañada Retuerta e
con tierra de Hernán Garc;ía, vezino de Navarradilla.
- Yten otra tierra casi junto a la de arriba que haze c;inco hane-
gas de c;enteno de sembradura, que linda con el ryo e con tierra de Juan
<;enteno.
- Yten otra tierra a la solana dentro del término de la Horcaja-
da que haze hanega y media de trigo, que alinda con tierras del bene-
fic;io de los cavalleros.
- Yten la huerta de la puente que haze dos hanegas de trigo de
senbradura, c;errada, que alinda con el ryo e con la carrera.
- Yten otra huerta que dizen del Ryo que haze hanega y media
de trigo, que alinda con prado del dicho señor dotor e con el ryo.
- Yten otra tierra junto a la Cañada Retuerta que haze media ha-
nega de c;enteno de senbradura, que linda con prado del dicho señor
doctor e con tierra de Gonc;alo Sánchez, cura de Santiago del Collado.
- Yten otra hac;a tras las cañadas que haze vna hanega de c;ente-
no de senbradura, que alinda con tierra de Gonc;alo Sánchez, cura de
Santiago, e con tierra del dicho señor dotor.
- Yten otra hac;a junto a la de arriba que haze vna hanega de c;en-
teno de senbradura, que linda por dos partes con tierra del dicho señor
doctor.
- Yten otra hac;a junto a éste que haze otra hanega de c;enteno de
senbradura, que alinda con tierras del dicho señor dotor e con tierras
de Gonc;alo Sánchez, cura de Santiago.
- Yten otra pedac;o al regadero que alinda con tierra de la ygle-
sia de la Lastra, que haze vna hanega de c;entcno de senbradura a qua-
tro c;elemines de trigo de senbradura.
- Yten otra hac;a al regadero que haze media hanega de trigo y
media de c;enteno de senbradura, que alinda con tierra de Gonc;alo Sán-
chez e con heredad del dicho señor doctor.
- Yten otros dos pedac;os de tierra enc;ima de la dehesa a la lade-
ra del carrascal que hazcn vna hanega de c;enteno de senbradura, que
alinda con tierra de Gorn;alo Sánchez, cura de Santiago, e con tierra
de Carzera, vezino de Aldeanucva.
377
La hoja del atalayuela.
- La tierra de Fram;isco de Cuesta en los llanos de Aldeanueva
que haze hanega y media de trigo de scnbradura, que alinda con tie-
rra de Franc;isco Calvo e con camino del Barco.
- Yten otra tierra por debaxo de Regajo Palac;io (?) que haze me-
dia hanega de c;enteno, que alinda con el prado del molino e con el pra-
do de Regajo Palac;io (que es del señor dotor) e con el padrón de Aldea-
nueva.
- Yten otra tierra por debaxo del prado Regajo PalaQo que haze
vna hanega de c;enteno, que alinda con el dicho prado e con camino que
se dize Carrera Pinadera.
- Yten otra pedac;o por c;ima déste que haze otra hanega de c;ente-
no, linde con el exido de Navarregadi11a e con el mesmo camino.
- Yten otra huerta junto allí que está c;eITada, que haze vna hane-
ga de trigo de senbradura, que linda con el exido de NavarregadilJa.
- Yten otro pedac;o de tierra enc;ima del exido de Navarregadi-
lla que alinda con tierra de la capellanía que al presente tyene el se-
ñor abad, que haze dos hanegas de trigo y vna hanega de c;entcno.
- Yten otro pedac;o por c;ima déste hac;ia Regajo Palac;io que haze
quatro c;e1emines de senbradura, que alinda ieon tierra del monesterio
e con tierra de Hemán Garc;ía.
- Yten otro pedac;o de tierra junto al camino e Regajo Palac;io que
haze media hanega de c;enteno de senbradura, que alinda con tierra
del monesterio e con el camino.
- Yten otro pedac;o que dizen el <;ebadal que haze tres quartillas
de c;enteno, que alinda con tierras de Hemán Garc;ía e con Franc;isco
Hernandcs de la Sierra.
- Yten otra tierra que haze tres quartillas de c;enteno junto al pa-
drón de Aldeanueva, que alinda con tierra de Pero Blázquez de los
Quartos e con tierra del moncsterio.
- Yten otro pedac;o de tierra a Regajo los Calvos que alinda por
dos partes con tierra de Pero Blázquez de los Quartos e con tierra del
dicho señor dotor.
- Yten otro pedac;o de tierra debajo del ermita que haze c;inco ·
quartillas de c;enteno, que alinda con la Garganta Pedruna e con tierra
de Hcmán Garc;ía.
- Yten otro pedac;o de tierra que se llama del Asperón que haze
c;inco quartillas de c;enteno, que alinda con la Garganta Pedruna e con
tierras del rnoncsterio.
378
- Yten otro peda<;o de tierra que se dize de <;ebadal que haze dos
hanegas de <;enteno, que alinda con tierra de Juan Sánchez del Colla-
do e con tierra del monesterio.
- Yten otro peda<;o de tierra a Peña Agujadera que allega al Re-
gajo de los Calvos, que haze dos hanegas de <;enteno de senbradura,
que alinda con tierra de Cristóval Sánchez e con Franc;isco Garc;ía, el
menor, vezino de Navarregadilla.
- Yten otro peda<;o de tierra por c;ima del prado cruzado que ha-
ze quatro c;elemines de trigo de senbradura, alinda con tierra de Tori-
bio Gar<;ía de Navarregadilla e con la vereda de los Quartos.
- Yten otro pe_da<;o junto a éste que haze media hanega de trigo y
dos hanegas de c;enteno, que alinda con la vereda de los Quartos e con
tierra de Fran<;isco Gar<;ía de Navarregadilla.
- Yten otra ha<;a a la fuente del espino que haze vna hanega de
<;enteno, que alinda con tierra de Gorn;alo Sánchez, cura de Santiago e
con tierra de la capellanía de la casa de Mingo Sancho.
- Yten otro peda<;o al pozo que haze vna hanega de <;enteno, que
alinda con tierra de Gorn;aJo Sánchez e con tierra de Toribio Gan;ía.
- Yten otro pedac;o de tierra a las mealeras que haze hanega y
media de trigo, que alinda con la vereda e con tierra de Frarn;isco
Gar<;ía Merino.
- Yten junto a este pcdac;o otro por debajo de la vereda que haze
dos hanegas de <;enteno, que alinda con la vereda e con heredades del
dicho señor dotor.
- Yten otra hac;a junto a la de arriba que haze vna hanega de tri-
go, que alinda con tierras del señor dotor por anbas partes.
- Yten otra hac;a pegada a la de arriba que haze vna hanega de
trigo e vna quartilla de c;enteno, que alinda con tierras del dicho señor
dotor e con tierra de Gon<;alo Sánchez, clérigo.
- Yten otra tierra por <;ima de la huerta de la fuente el Sapo que
haze hanega y media de trigo, que alinda con tierra de Pero Martín
de Carrascalejo e con tierras del dicho señor dotor.
- Yten otra hac;a junto a ésta que haze quatro <;elemines de c;ente-
no, que alinda con la huerta de la fuente del Sapo e con tierras del di-
cho señor dotor.
- Yten otra ha<;a junto a la de arriba que viene desde la vereda
de los Quartos hasta la orden, que haze vna hanega de <;entcno e me-
dia hanega de trigo, que alinda con los herederos de Juan Antón.
- Yten otro peda<;o que se dize Peña del Hara (?) que haze tres
hanegas de trigo e vna hanega de ~entena, que alinda con tierra de los
379
menores de Juan Antón e con los herederos de Juan del Enzina de Aldea-
11ueva.
- Yten otro pedac;o junto al de arriba que haze media hanega de
c;enteno, que alinda con tierra de Hernán Garc;ía e con tierra del dicho
señor dotor.
- Yten otra hac;a junto a ésta que haze media hanega de \entcno,
que alinda con tierras del dicho señor dotor que anbas partes.
- Yten otra tierra junto a ésta que haze dos hanegas de c;enteno
de scnbradura, que alinda con el prado cruzado e con tierras del dicho
señor dotor.
- Yten otra tierra en\ima de las zorreras que haze media hanega
de \enteno, que alinda con tierra de Juan Serrano de la Sierra e con tie-
rra de la de Fran\isco Gar\ía de los Quartos.
- Yten otro peda\o de tierra debroco del prado cruzado a las Tra-
viesas que haze hanega y media de trigo de senbradura, que alinda
con tierra del dicho señor dotor e con tierra de Gonc;alo Sánchez, cléri-
go.
- Yten otro pedac;o de tierra a las Cañadillas que haze dos hane-
gas de \enteno, que alinda con la orden y con tierras del dicho señor do-
lor.
- Yten otro pedac;o de tierra a la Cruz que haze hanega y media
de \enteno, que alinda con la orden e con tierra del monesterio.
- Yten otra tierra a la Cañadilla que haze c;elemín y medio de
\enteno de senbradura, alinda con tierras del dicho señor dotor e con
la orden.
- Yten al Bodonal c;elemín y [Link] \enteno, que alinda con el
prado del palomar y con el Bodonal.
- Yten otro peda\o de tierra que haze media hanega de \enteno,
que alinda con el camino que viene de la Horcajada e con tierra del di-
cho señor dotor.
- Yten otro pedac;o de tierra junto al prado del Bodonal que haze
media hariega de c;enteno, que alinda con el prado del Bodonal e con
tierras del dicho señor dotor.
- Yten otro pcdac;o de tierra que haze vna hanega de c;enteno, a
la puerta del prado Carrera, que alinda con tierras de Gorn;alo Sán-
chez, clérigo, e con la carrera.
- Yten otra hac;a junto al prado Carrera que haze media hanega
de c;enteno que alinda con los prados de la carrera e con tierras del di-
cho señor dotor.
380
- Yten otra hac;a junto a ésta que haze media hanega de c;enteno
de senbradura que alinda con heredades del dicho señor dotor e con el
monesterio de Aldeanueva.
- Yten otro pedac;o de tierra que haze hanega y media de c;ente-
no, que alinda con tierra del dicho señor dotor e con tierra de Andrés
Gonc;ales e con el ryo. ·
- Yten otro pedac;o junto a éste que haze hanega y media de c;ente-
no de senbradura, que linda con heredades del dicho señor dotor e con
tierra de Gonc;alo Sánchez, clérigo.
- Yten otra hac;a que llega al ryo junto al prado de la fuente que
haze media hanega de c;enteno de senbradura, que alinda con tierra
de Pero Garc;ía Naranjo e con tierra del dicho señor dotor.
- Ytcn otra tierra al pradillo abierto de la fuente que haze vna
hanega de ~enteno, que alinda con los pradilJos de la fuente e con Her-
nán Garc;ía e con Catalina Hemandes, vezina de Navarregadilla.
- Yten otro pedac;o de tierra a la huerta de solehera que haze
quatro c;elemines de c;enteno y alinda con tierras del dicho señor dotor
e con tierra de Gonc;alo Sánchez.
- Yten otra tierra por c;ima del prado de la fuente que haze dos
hanegas de c;enteno, que alinda con el dicho prado e con camino que va
a Carrascalejo.
- Yten otra tierra como tres c;elemines de c;enteno, al prado de la
fuente, que alinda con el ryo e con heredad de los de Juan Antón.
- Yten otra tierra más adelante que haze tres quartillas de c;ente-
no, que allega al camino que va a Carrascalejo e con la Cañada Retuer-
ta ( que es del ospital).
- Yten la vega del Aldiuela que hera de Alonso de Ysabel, que
haze hanega y media de trigo, que linda con tierra de Diego Garc;ía
del Hito e con la nava del Aldiuela.
Prados.
- Primeramente el prado de la Garganta, el grande, que alinda
con huerta del monesterio e camino que viene del Barco e con prado
del ermita e con prados de la villa.
- Yten vn prado en el Verdal que hera de Santos Domínguez, que
alinda con Juan Marques e con Mingo Gan;ía, trotcro.
- Yten otro prado en el Verdal junto a éste que alinda con el di-
cho prado que hera de Frarn;isco Sánchez de los Quartos, que alinda
con tierra de Alonso Hemandes, el sordo, de Aldeanueva.
381
- Yten el prado la huerta del trotero que alinda con el prado
grande e con prado de los herederos del li~ern;iado Medina e con los
llanos de los Quartos.
- Yten otro prado que se dize al Arroyo la Vieja, el grande, que
alinda con linar del dicho señor dotor e con linar de los herederos de
Fran~isco Sánchez.
- Yten otro prado debaxo déste que sie dize el Arroyo la Vieja, el
chico,que linda con prado del dicho señor dotor.
- Yten el prado de Roda que alinda con prado de los herederos
de Juan Blázquez de Tarraque e con prado del alcaide.
- Yten vna huerta en el prado del Palancar que a1inda con los he-
rederos de Alonso Gonc;ales de los Quartos e de Franc;isco de la Trava.
- Yten el prado de Santa María que alinda con la Cargante Pe-
druna e con camino de los Quartos.
- Yten el prado de los Casillas que alinda con prado de Franc;isco
Hemandes de los Quartos e con prado de los herederos de Espinosa de
Piedra hita.
- Yten la suerte de prado de Cañadahonda que alinda con prado
de Juan Sánchez Poyal e con prado que se dize la Cañadilla del Sevi-
llano.
- Yten el prado de la fuentes en el monte del Collado que alinda
con heredades de Diego(?) del Collado por dos partes.
- Yten el prado Regajo Palac;io que alinda con tierras del señor
dotor e con Carrera Pinadera.
- Yten el prado de la Roc;a que alinda con huerta de Juan Antón y
con el Escobar.
- Ytcn el prado la huerta de los peros que alinda con el prado de
la Roc;a e con el pradillo de los álamos.
- Yten el pradillo de los álamos que alinda con prado de los pe-
ros e con el prado del Soto.
- Yten el prado del Soto quealinda con el prado de los álamos y
con huerta de Juan Antón.
- Yten el prado de casa de la de Toribio Garc;ía que alinda con el
prado de arriba e con calle pública de Navarregadilla.
- Yten la huerta del Palomar, con su palomar, que alinda con la
huerta princ;ipal de los árboles y con la Garganta.
- Yten el prado del Bodonal que alinda con la Garganta e con he-
redades del dicho señor dotor.
- Yten el prado Carrera que alinda con el prado de Alonso Her-
nandes y con el prado de la capellanía que tyene el señor abad.
382
- Yten la cañadilla del Bodonal que alinda con el camino y con
huerta del dicho señor dotor. ·
- Yten el prado del Exido que alinda con prados de Juan Sánchez
del Collado e con el exido.
- Yten la Cañada Retuerta, la mayor, que alinda con el prado
del Exido e con prado de Juan Sánchez del Collado.
- Yten otro prado por debaxo del de arriba que alinda con vna
suerte de prado de Hemán GarQa e con prado del dicho señor dotor.
- Yten otro prado junto a éste que se dize la Cañada Retuerta la
chica, que alinda con éste y con camino que va a Carrascalejo.
- Yten el prado de la Fuente que alinda con tierras del dicho se-
ñor dotor e con tierra de Fram;isco Gar~ía el Merino.
- Yten el prado abierto que se dize de la Rynconadilla, que alin-
da con la Cañada Retuerta del ospital e con tierra de Hemán Gar~ía.
- Yten los pradillos del Ryo que alindan con tierras del dicho se-
ñor dotor e con el camino real. •
- Yten el prado fuente de Navarregadilla que alinda con tierras
de Juan Martínez e con tierra de Juan Sánchez del Collado.
- Yten la cañada Gar~ia Martínez que alinda con el camino real
e con tierras que se vendieron al Consejo (que heran del dicho señor do-
tor) e con tierra de Hemán Gar~ia.
- Yten el prado del Ryo que alinda con el camino real y con el
ryo.
- Yten la suerte del prado del Ryo que alinda con el camino real
e con huerta del dicho señor dotor.
- Yten la pradillo de la Puente que alinda con el camino real e
con prado de Gon~alo Sánchez, clérigo.
- Yten el prado Azar que alinda con tierras de Alonso Gar~ía de
Navarregadilla e con tierras del Consejo.
- Yten el prado Cañuelo que alinda con camino de la Horcajada e
con prado de Alonso Hemandes de Navarregadilla.
- Yten el prado del Cabe~o Viejo que linda con el Cabe~o Nuevo e
por abaxo [con] tierras de Fran9sco Hemandes, herrero.
- Yten el prado de Ca~o Nuevo que alinda con el Viejo e con el
prado Cabe~o, que hera de Torjbio del Ma~o y al presente es del dicho
señordotor.
- Yten el prado del Cabe~o de Toribio del Ma~o que linda con el
Cabe~o Nuevo e con prado de Gon~alo Hemandes que fue del dicho se-
ñor dotor.
383
- Yten el prado del Cabe~o que hera de Gon~alo Hernandes, que
linda con el prado de arriba sobredicho o con prado de Juan Heman-
des de Carrascalejo.
- Yten el prado de los Lancharejos que alinda con prados del di-
cho señor dotor e con prado del ospital del &uco.
- Yten el prado nuevo de las Longueras que alinda con prado de
Fran~isco Gon~ales de Carrascalejo e con prado de Antón Hemandes.
- Yten el prado Regajo Herrero que linda con prado de los herede-
ros de Pero Martín de Carrascalejo e con prado de Juan Hernandes de
Carrascalejo.
- Yten la cañadilla de la Ryberiega que alinda con tierras de
Juan Hemandes, de Marcos Hernandes e con prado del dicho señor
dotor. ·
- Yten la cañadilla Hondonera que linda con el prado de arriba
e con tierra del monesterio.
- Yten la suerte ~imera del prado Molino que alinda con prado
de la de Hemán García e con las huertas del Soto.
- Yten otra suerte más abaxo en el prado Molino, en la dehesa,
que alinda con tierra de Hernán Gar~ía e con tierra del dicho señor do-
lor.
- Yten otra suerte junto a la de arriba que alinda con suerte de
prado de Gon~alo Sánchez, clérigo, y con el regadero.
- Yten otra suerte junto a éstas que alinda con prado de la de Juan
Gon~ales de Carrascalejo.
- Yten la suerte del prado Carrera que alinda con prado de Cris-
tóval S,ínchez e con suerte de Franc;isco Martín de las Hcras.
- Yten el prado las Dehesillas que allinda con prado de la de
Blasco Martín del Soto e con prado de Cavzera.
- Yten el prado del Angostura que alinda con camino que va al
monte y con la Garganta Preduna.
- Yten el pradillo junto a la casa de Juan Antón que alinda con la
dicha casa e con prado de los herederos de Juan Antón.
El qual dicho deslinde e amojonamilento hizieron los dichos
Fran~isco Martín Carrascal e Fran~isco Gon~ales, vezino de Navarre-
gadilla, e dijeron ser bueno y verdadero. Testigos que fueron presen-
tes: Juan Blázquez, carretero, vezino de las casas de la Vega, e Gon~a-
lo Hemandes Bernardo, vezino de Aldeanueva.
384
Y el dicho Fran~isco Martín lo firmó por sí e por el dicho
Fran~isco Gon~ales, porque no sabía fim1ar.- Frarn;isco Martín Ca-
rrascal.- Pasó ante mí, Juan Méndez, escrivano.
FUENTE: Archivo de la Casa y Estados de los Duques de Abran-
tes, ,erez de la Frontera, Leg. 114, no. 20.
385
XVIII
INVENTARIO DE LOS BIENES EN POSESION DEL
OBISPO Y SEÑOR DE SIGÜENZA
(Sigüenza, 7-IX-1567)
En la c;iudad de Sigüern;a a siete días del mes de setienbre, año
del Señor de mili e quinientos y sesenta y siete. El muy ylustre señor
dotor Diego Gasea, del Consejo Real de Su Magestad, señor de las vi-
llas de Padilla, Revilla, Peñalba, Sardón y Villabáñez, rexidor y
alférez perpetuo de la uilla de Ualladolid, en presenc;ia de mí el es-
criuano y notario público, por virtud de la escriptura de donac;ión,
renunc;iac;ión y reconpenssa otorgada por el ylustríssimo y reveren-
díssimo señor don Pedro Gasea, obispo y señor de Sigüenc;a, en su fauor
de todos los bienes muebles y semouientes, oro, plata labrada y por la-
brar, tapic;ería, camas, caualleric;a y todas las otras cossas contenidas
en la escriptura de donac;ión y reconpensa que Su Señoría hic;o y otorgó
por ante mí el dicho escriuano y notario en la c;iudad de Sigüenc;a a
veinte y ocho días del mes de dicienbre, fi1t1 del año del nasc;imiento
de Nuestro Señor Jesucristo de mill e quinientos y sesenta e· quatro, y
en prosecuc;ión de la posesión que de los dichos bienes y cosas en la
dicha escriptura de donac;ión contenidos Su Merced tiene; hic;o pa-
resc;er ante sí a Franc;isco Martínez, ar<;ipreste e camarero de Su Seño-
ría, y al dotor Juan Puertas, mayordomo, ·como personas a quien Su
Merced dexó depositados y en fiel custodia y guarda los dichos bie-
nes, para les tomar quenta de todo ello. La qual se les tomó e rcsc;iuió
por los libros e ynuentarios que de los dichos bienes de contaduría de
Su Señoría esevía, y paresc;e que hasta oy dicho día quedan y son a
cargo de dichos mayordomo y camarero de fo que en ellos se depositó
líquidos los bienes y cosas siguientes:
Sáuanas.
Primeramente quatro sáuanas de olanda nueuas, que se hic;ieron
de una piec;a de olanda que se traxo de Laredo;
386
otras ocho sáuanas de olanda e ruán para camas de huéspedes;
otras tre<;e sáuanas que siruen en la cama del obispo, mi señor;
dos sáuanas (otras que siruen en la cama del señor don Pedro) de
ruán;
otras seis sáuanas que siruen para criados de huéspedes, viexas;
otras quatro sáuanas de ruán nueuas;
yten otras nueue sáuanas de ruán nueuas.
Almoadas.
Quatro almoadas con lauores de seda blanca;
otras quatro almoadas y dos regalillos con tiras de red la-
bradas;
otras quatro almoadas y dos regalillos con tiras desyladas;
otras quatro almoadas de ruán largas y llanas;
otras dos almoadas viexas labradas de seda negra;
otras diez almoadas llanas que siruen en la cama de Su Señoría;
otras quatro almoadas llanas que siruen en la cama del señor don
Pedro;
otras quatro almoadas de ruán nueuas;
otras ocho almoadas viexas e rotas;
sus traueseros de ruán nueuos para la cama de Su Señoría;
quatro almoadas nueuas de ruán para huéspedes.
Regalillos.
Hon<;e regalillos, sin los quatro .d e que arriba se a<;e min<;ión.
Paños de nari~es.
Treinta e tres paños de nari<;es.
Camisas de Su Señoría.
Do<;e camisas de lien<;o caseras buenas;
otras tres camisas buenas;
otras nueue camisas viexas;
yten otras seis camisas de olanda nueuas.
387
Roquetes.
Doce roquetes de olanda, los dos nueuos y los diez traídos.
Paños de fregar la caue~a.
Zinco paños para fregar la cauec;a de Su Señoría.
Paños de seruidor.
Seis paños de seruidor
Escupidores.
Quatro paños escupidores de una pierna.
Peinadores.
Seis peinadores de olanda, los dos nueuos y los quatro traídos.
Mangas de roquetes.
Veinte y seis pares de mangas de roquetes, los diez pares nueuos
y los otros traídos.
Escofias.
Treinta e quatro escofias de olanda, las seis con ramales y
nueuas y las demás traídas.
Paños de manos.
,Veinte e nueue paños de manos y touallas.
Paños labrados.
Tres paños de olanda labrados de seda colorada e otros seis pa-
ños desylados, el uno nueuo y los c;inco traídos;
otros dos paños de lienc;o casero labrados de ylo blanco;
vna muy buena tovalla de olanda desylada.
388 .
Cal~etas de lien~o.
Tres pares de calc;etas de lienc;o;
otros tres pares de calc;etas de ruán nueuas que se atacan con las
c;alcas.
~aragüelles.
Vnos c;aragüelles.
Paños de afeitar.
Dos paños de olanda labrados con seda blanca con que se afeita
Su Señoría.
Fruteros.
Tres fruteros de red labrados de blanco.
Tocas de camino.
Dos tocas de camino de olanda largas.
Faxas de estómago.
Nueue faxas de estómago.
Sitiales y coxines de ter~iopelo.
Vn sitial de terc;iopelo carmessí colorado que tiene tres anchos
de terc;iopelo, cada ancho de tres varas e media;
dos coxines del mismo terc;iopelo;
otro sitial de terc;iopelo morado carmessí que tiene tres anchos
de terc;iopelo, cada ancho de tres varas e media;
dos coxines del mismo terc;iopelo morado;
otros dos coxines de terc;iopelo carmessí pequeños, que andan en
la litera;
otros quatro coxines de terc;iopelo negro;
una escobilla para alinpiar los coxines.
389
Coxines de quero (sic).
Seis coxines de terc;iopelo negro;
quatro coxines de terc;iopelo colorado;
otro coxín pequeño que sirue en el altair;
tres coxines de tapic;ería viejos;
vn coxín de paño de vuriel viexo.
Tapicería.
Diez paños nueuos de la ystoria de Paris (?);
otros tres paños de figuras viexos;
otros nueue paños grandes e muy antiguos de la ystoria de
Davucodonossor;
otros tres paños de figuras de lanpac;os,;
dos paños de figuras muy viexos y rotos.
Paños de vuriel y luto.
Siete paños y una antepuerta de vuriel;
un paño negro de veinteydoseno de una tunba, en dos pedac;os.
Reposteros.
Nueue reposteros, todos viexos y el uno de Yndias;
vna antepuerta viexa que es como los reposteros;
dos poyales angostos y viexos.
Alhonbras.
Tres alhonbras grandes e buenas; .
otras tres alhonbras pequeñas, las dos viexas y la una rota.
Paramentos de lien~o.
Vn paramento de altar de lienc;o con unas franxas de lana ac;ul y
blanca;
seis paramentos de lienc;o listado que siruen de cama.
390
Guadame~ís.
Catorce guadamecís de quero de quatro queros de largo de alto
auajo y otros quatro de ancho, sin las <;encfas de en medio y los cauos;
otros tres de quatro queros de caída y tres de ancho, sin las <;ene-
fas doradas;
yten otros tres de quatro caídas y dos en ancho, sin las <;cnefas
doradas;
otros seis de tres queros de caída y quatro de ancho y sus <;encías
coloradas y verdes;
tres sobremesas doradas de guadame<;ís de dos queros de ancho y
dos de largo y sus <;cnefas;
d0<;e guadame<;ís nueuos de quatro queros de caída y otros quatro
en ancho, sin las <;enefas (tiene cada uno dos redondos con la ystoria
de la crea<;ión del mundo, los qua les se trajeron de Córdoua);
otros tres de quatro queras de caída y tres de ancho, sin las <;ene-
fas (tiene cada uno dos redondos de la dicha ystoria);
otros tres guadame<;ís nueuos de quatro queros de caída y dos de
ancho, con sus <;encfas (no tienen redondos).
Cama de damasco carmessí.
Vna cama de madera de hévano con todo su recado para la ma-
dera e llaue y claua<;ón y barras de yerro; la madera tiene su almofrex
de sayal y baueles para la madera, todo aforrado en anjco, y tiene
marn;anillas doradas de madera. Tiene esta cama un <;ieJo y quatro cor-
tinas y un cobertor y una sobremesa, todo de damasco carmcssí, y guar-
ne<;ido de franxas de oro y seda y alamares de lo mesmo a las quatro
cortinas a las dos esquinas del cobertor; e falta en la una esquina un
macho, y en la de los alamares. Tiene dos rodropiés del mismo damas-
co.
Cama de damasco verde.
Tiene esta cama su madera con toda su claua<;ón y llaue y los qua-
tro pilares altos dorados, e tiene sus barras d e yerro e madera e
marn;anillas doradas e un almofrex e dos baúles de sayal, todos afo-
rrados en angeo. Tiene esta cama quatro cortinas y un <;iclo y dos rodro-
piés de damasco uerde y las goteras del ~ielo de ter~iopelo uerde con
sus franxas, todo de seda e oro, e una colcha de tafetán verde.
391
Cama de grana.
Tiene esta cama su madera de nogal e sus barras de yerro y made- .
rae su llaue e clauac;ón e manc;anillas e un almofrex e dos baúles de sa-
yal aforrados en angeo; tiene un c;ielo y quatro cortinas e un cobertor y
una sobremessa, todo de grana de poluo y con franxas y alamares de se-
da e oro, y falta en una esquina un alamar macho, y en ésa no tiene ro~
dropiés.
Cama de paño uerde de Quenca.
. Tiene esta cama rfiadera de nogal e su clauac;ón e llaue y barras
de yerro e madera e sus rnanc;anillas ucrdes e dos baúles para la made-
ra; no tiene almofrex. Tiene dos cortinas que rodean toda la cama e un
<;iclo e un cobertor e dos rodropiés, todo con franxas de seda ucrde.
Cama uerde de palmilla.
Tiene esta cama su madera de noguera con su claua<;ón y llauc y
barras de yerro y madera y sus man<;anillas blancas. Tiene quatro cor-
tinas e quatro mangas e un <;iclo e un cobertor de palmilla ucrde, todo
guarnecido de franxas de yladillo uerde, <;icpto las mangas y cobertor,
que no tienen guarni<;ión; y tienen las cortinas alamares del dicho y la-
dillo.
Cama de madera de henebro.
Ay una cama de madera, claua<;ón y llaue y barras de yerro y ma-
dera e marn;anillas blancas, que se hic;o para Su Señoría; no tiene otra
cossa.
Ay otra media cama de nogal con su llaue e clauac;ón, e no tiene
más.
Colchones en la recámara.
Diez y seis colchones grandes de ruán enfundados e otros dos pe-
queños, que son diez y ocho colchones;
otros doc;e colchones para los huéspedes, los quatro son de brin y
los otros quatro son de anjeo y los otros son de lienc;o, y el uno déstos es .
muy pequeño.
392
Fra~adas en la recámara.
Quatro couertores blancos nueuos sin listas;
ocho fra~adas nueuas listadas;
dos couertorcs nueuos colorados;
una manta fra~ada colorada teñida en grana;
- otra fra~ada blanca buena y tundida de la cama del obispo, mi
señor;
otras ~inco mantas fra~adas blancas traídas;
vn pellico de corderinos que anda en la cámara de Su Señoría;
otras tres fra~adas blancas viejas, las dos con listas a~les y la
otra sin ellas (son groseras);
otros dos couertores colorados viexos.
Colchas.
Tres colchas de olanda blancas buenas;
otras tres colchas de lien~o traídas y gruessas.
Cosas de capilla.
Vn báculo de junco marino morisco guarn~ido con una mano de
oro, esmaltado de blanco, y tiene un botón de oro y al fin un recatín de
plata; tiene una funda de baqueta;
vna cruz pectoral de oro con ocho esmeraldas [Link]á muy fi-
nas;
vn anillo de oro con una esmeralda;
vna redomica de vidrio pequeñica de bálsamo fino y una cax.a en
que está metido ello y el anillo y la cruz;
vnas cal~as de seda blanca con tiras de oro en lo alto dellas para
el pontifical;
vnos ~apatos de raso blanco para el pontifical;
tres mitras, las dos de raso blanco y la otra de tafetán blanco, la
una bordada de oro con su caza; ·
vna túnica y tandela de tafetán blanco para el pontifical;
vna capa publial de brocado aforrada en raso carmessí, muy
buena;
otra capa de tafetán blanco con su franja de seda blanca y oro;
vn frontal de brocado bordado con frontorcales (sic) de oro;
dos paños para fa9stores de los diáconos de Evanjelio e Epís-
393
tola, el uno con franxas de oro y el otro no las tiene, y son anbos de tela
de oro y cannessí; ·
tres almoadillas de la misma telilla para los misales;
vn gremial de raso blanco bordado con precales de oro;
vna imagen con el Desc;cndimiento de la Cmz, con un tafetán uer-
de e sus puertas;
vn retablo grande diuidido en seis partes, el qual está sienpre en
· el altar;
vn rótulo que contiene la orden que se tiene en la consagrac;ión de
un perlado.
Guantes de seda.
Vnos guantes de seda negra;
otros guantes de seda negra;
,o tros guantes de seda naranjada;
otros dos pares de guantes de seda blanca.
Ornamentos ordinarios.
Vna casulla de tafetán blanco con c;enefa de vastones, orlada con
percales de oro y con franxas de oro a la redonda;
vna alba de olanda con faldones y botasmangas de raso blanco
de la misma guarnic;ión;
vna estola e un manípulo de tafetán blanco con franxas de oro al-
rededor;
vn amito de olanda deste ornamento;
vna casulla de chamelote de seda ac;ul con c;enefa de unos basto-
nes de oro, estola e manípulo del mesmo chamelote;
dos albas deste ornamento, la una con faldones del mismo chame-
lote y la otra con faldones y bocasmangas de 1raso azul;
yten dos amitos deste ornamento nueuos de mán (?);
un frontal deste mismo chamelote sin frontaleras;
vn c;íngulo de seda blanca con los ramales a los lados y con estre-
mos de oro;
tres c;íngulos de seda blanca;
otro c;íngulo de seda grana con estremos de oro;
vna casulla de contorna blanca con c;cncfa de raso falso colorado;
vna alba de bretaña con unos faldones de raso falso colorado y su
amito y estola y manípulo del mesmo raso;
394
vn frontal de raso falso carmessí con una cruz en medio, con fron-
taleras de raso azul;
vn frontal de bocal negro viejo;
vn frontal de lien<;O con tiras de red;
vnos corporales de red labrados de oro, plata y seda con yjuela
de lo mismo, y con ellos una palia de olanda labrada a la redonda de
seda verde y colorada de una lavor ancha;
otros corporales de olanda con lauor de red labrados de oro y se-
da blanca, con hijuela de lo mismo;
otros corporales de olanda labrados de red, oro y plata e seda
blanca, con su hijuela de lo mismo;
otros corporales de olanda labrados de seda blanca, sin hijuela;
otros dos pares de corporales labrados con seda blanca, los unos
con unas letras y los otros con lauor pequeña e angosta; tienen hijuelas
delo mismo;
otros cinco pares de corporales que siruen de ordinario en la
capilla, con sus hijuelas;
seis corporales de olanda guam~idos de ylo y una hijuela de oro
en todos ellos;
otros corporales de olanda labrados de cadenta y punto real, con
una yjuela de cadeneta aforrada en tela de oro amarilla; tiene estos
corporales vna palia de olanda guamc<;ida; y drcnto (sic) de la
guami<;ión una lavor de oro a la redonda;
vna palia de olanda labrada de cadeneta toda a la redonda; y
de la misma lauor tiene una cruz con su pie y a la redonda guarne<;ida,
y está aforrada de tafetán colorado;
dos varas de tafetán carmessí que están en la capilla para dar
paz a Su Señoría;
otra palia de olanda con una cruz de seda amarilla y colorada;
yten otras dos palias llanas que siruen en la capilla de ordina-
rio;
yten quatro rejistros de seda, los unos de do<;e ramales y los de-
más de a ocho, de seda b1anca e otras colores;
yten dos tablas de manteles adamascados de a tres varas e
media cada uno, que siruen de ordinario en la capilla;
quatro touillas de olanda nueuas para el scrui<;io de la capilla;
dos paños de olanda pequeños guame<;idos que siruen de ordina-
rio en la capilla;
tres purificadores de ruán buenos;
tres capillos para cáli<;cs;
395
vna ara de piedra negra guamec;ida a 1ai redonda de madera;
vnas vinajeras de estaño buenas;
vna casulla y estola y manípulo de red de beatilla, aforrado to-
do en tafetán carmessí, y una alua de ruán con faldones y bocasmangas
delo mismo;
vnos corporales llanos de o landa con [Link] de seda blanca.
Plata que sirue en la capilla.
Vn cáliz alto llano con su patena, todo dorado, que pesa con su
patena tres marcos y una onc;a (tiene caxa); ·
otro cáliz dorado y esmaltado con su patena, que pesa todo
quatro marcos y una onc;a;
otro cáliz de plata blanco llano con su patena, que pesa tres mar-
cos, dos orn;as y dos ochauas;
vna cruz de plata dorada con vn cru~;iffixo encamado, que pesa
quatro marcos y quatro onc;as y seis ochauas (con su caxá);
vn ostiario de plata dorada, que pesa un marco y dos orn;as y dos
ochauas (con su caxa); ·
dos candeleros grandes dorados, que pesan treinta marcos y siete
onc;as e quatro ochauas (con sus caxas);
otros dos candeleros de plata blanca, que pesan cat~rc;e marcos
(con sus caxas);
vna palmatoria de plata con unas t:enac;illas para despauilar,
que pesa seis onc;as y siete ochauas;
vnas vinajeras de plata, que pesan dos marcos y quatro onc;as y
quatro ochauas; ·
vna can panilla de plata, que pesa dos marcos y seis ochauas;
vna portapaz de plata dorada, que pesa dos.: marcos y siete
onc;as.
Libros en la capilla.
Vn pontifical con doc;e rcxistros de seda colorada;
vn misal grande gcrónimo con rexistros de carm~ssí y ac;ules;
otro misal romano grande;
otros dos misales pequeños gerónimos y viexos;
otro misal seguntino con rexistros colorados;
dos brevarios palentinos grandes;
otro brevario romano grande;
396
otro brevario romano y un di u mal romano;
tre<;e libro~ de consagra<;ión de ollio y xrisma, cnquadernados en
pargamino los do<;e y el otro en papelón colorado;
vn misal seuillano;
otro brevario seguntino bien enquadcrnado e dorado.
Botillería.
Tres arcas, la una es grande y las dos son pequeñas, e tienen sus
llaues; son vicxas y de pino;
vn candelero de ac;ófar;
dos frascos'.g randes de cobre;
vn medio qúartillo de cobre;
dos enbudos de colar buenos;
dos calderqs de cobre;
vn peso cOJisus balan~as de yerro e un marco entero de dos libras;
tres achero~ de pino buenos;
dos candados con sus llaues y tomillos;
vn esparauel para pescar bueno;
quin~e queros buenos para uino;
otros seis queros viejos;
vnas bolsas·para es~ias;
vn martillo búeno;
vn cántaro de cobre bueno;
vna a~eytera y una vinajera de cobre; .
dos caxones viexos aforrados en baqueta;
dos caxones de pino para traer de comer;
vna romana con su pilón;
quatro e dos, vna y media libras de yerro;
dos messas de pino con goznes;
dos frascos de peltre buenos;
vn cuuilctede peltre;
vna lintemá de oja de lata grande;
dos tablas grandes de pino sobre que se ponen cosas de la boti-
nería;
tres estrados de pino que se hi<;ieron para el sínpt,io;
.yten dos qucros nueuos para uino; ·
yten otros dos queros nucuos;
un frasco de cobre estañado con su coucrtor y asillas;
de un quero viexo de los dos arriua se hi~icron dos votas.
397
Despensa.
Tres tablas de manteles alimaniscos;
c;inco tablas de manteles angostos y bastos para moc;os;
vn cac;o de cobre para sacar agua de la tinaja;
quatro candeleros de azófar;
vna caldera buena;
vn peso de yerro con quatro e dos e una e media libra de yerro;
vna romana con su pilón;
treinta e quatro platillos de peltre;
siete platos mediados de peltre;
dos semillas de peltre buenas;
c;inco cuuiletes de peltre;
vna cuchilla para cortar carne;
vn cuchillo para quartear;
vn tenedor e un cuchillo para partir;
dos arcas con sus llaucs y c;erraduras;
vn candado con su llaue y tomillos,
vn quartillo de cobre para medir vino,;
quatro queros para uino;
tres tinajas para uino e una para agua;
quatro messas de pino clauadas y suclltas en el tinelo.
Cozin~
Quatro barquines de cobre con tres coverteras;
c;inco cac;os de cobre buenos;
vn cac;o grande de manos;
dos coladores de cobre;
ocho cac;uelas con ocho coberteras;
c;inco cucharas, las tres c;erradas y las dos espumaderas;
ocho asadores, los seis grande y los seis pequeños (sic);
dos cauallos de yerro;
vnas nébedcs de yerro;
vna uac;ía de cobre buena grande;
dos paletas de yerro;
unas parrillas;
vn rallo bueno;
vna pala de yerro
vn jarro de cobre bueno;
398
dos cuchillos grandes;
dos almyr~es con sus manos;
tres sartenes buenas;
un omillo de cobre con su cobertera;
dos calderas buenas;
vna cac;uela grande con su cobertera y assas;
vn tablero grande de nogal;
vn cofre en que anda la herramienta con dos c;erraduras e llaues;
dos barquines pequeños;
vna zerniga con dos estrellas;
vn almirez con su mano;
vna alquitara;
dos braseros con sus caxas;
otro brasero de cobre sin caxa;
dos calderas; ·
quatro cac;os;
quatro sartenes pequeñas;
un cac;o pequeño;
un rallo e una cuchara;
seis cántaros de cobre con que traen agua;
un vacín de uarvero bueno;
vnos yerros para suplicac;iones;
una pesa de yerro de dos libras;
dos pares de morillos de yerro;
vna vac;inica de ac;ófar;
vn marco grande;
dos candados con sus tomillos y llaue;
vn brasero de cobre con tres pies, sin caxa.
Plata en el aparador.
<;inco platos grandes llanos, pesan veinte y seis marcos y seis
onc;as;
yten diez platos medianos, que pesan veinte e siete marcos y una
onc;a e quatro ochauas;
setenta y un platillos pequeños: los catorc;e platillos son hon-
dillos y pesan diez y nueue marcos y seis onc;as y quatro ochauas, los
quin.c;e platillos son dobladyllos y pesan treinta e dos marcos y seis
onc;as y dos ochauas, los veinte y seis platillos son llanos y pesan
treinta e siete marcos y siete orn;as, los diez y seis platillos [son] trin-
399
cheros y pesan treinta e tres marcos;
doc;e escudillas de falda, que pesan diez y nueue marcos;
- . nueue escudillas de orejas, pesan siete marcos y una onc;a e dos
ochauas;
c;inco tenedores de plata pequeños, pesan quatro onc;as y tres
ochauas;
dos paletillas para sal, que pesan dos onc;as y seis ochauas;
c;inco cucharas del obispo, mi señor, pesan un marco y una
ochaua;
diez y m1c11c cucharas comunes (las seis son de pati1l(1), pesan dos
marcos y seis onc;as;
seis jarros enanos: el uno es un poco dorado, que es del obispo mi
señor, y éste pesa tres marcos y quatro onc;as y dos ochauas, y los c;inco
jarros pesan trcc;e marcos e quatro ochauas;
vn ac;ucarero de plata, que pesa un marco y c;inco onc;as e una
ochaua;
vn vcmcgal con quatro asas, que pesa tires marcos y tres onc;as;
ocho candeleros, los dos pequeños que siruen a el obispo, mi
señor, pesanc;incomarcosyunaonc;aequatroochauas;losotrosdoscan-
deleros, que son viexos, pesan siete marcos ; los otros dos candeleros,
que son llanos, pesan seis marcos y seis onc;as; los otros dos candeleros
son llanos y pesan quatJro marcos y seis onc;as;
vn salarero blanco en dos medios, pesa un marco y dos ochauas;
vna uac;inilla de plata, pesa dos marcos y quatro om;;as y dos
ochauas;
vna calderica de plata agallonada coni su asa, pesa dos marcos y
dos ochauas;
dos vasos blancos de pie bajo, pesan un marco y tres onc;as y siete
ochauas;
dos jeringas de plata: la una es grande e pesa con el palo y csti-
pas c;inco marcos y seis onc;as, y la pequeña pesa seis onc;as; un brasero
ochauado de plata con dos assas que sirve en el altar, pesa onc;e mar-
cos, y tiene su vac;inilla y su caxa nueua;
otro brasero más pequeño que sirue a la mesa, pesa quatro marcos
y dos onc;as y dos ochauas, tiene su vac;inica;
vn despauilador de plata, que pesa dos marcos, quatro onc;as y
seis ochauas;
vnas tijeras de plata para despáuilar, pesan c;inco onc;as y qu~-
tro ochauas e media; ·
400
quatro copas blancas enanas, que pesan tres marcos y tres onc;as y
seis ochauas;
dos copas porc;clanas altas, pesan tres marcos y tres onc;as;
quatro cuchillos con los cauos de plata en vna caxa dorada;
vn c;obero de plata que enbió el dotor, mi señor, que pesa tres on-
c;as y siete ochauas;
vn orinal de plata, que pesa dos marcos y dos ochauas y media;
vn escalcntador de plata con su sortija en el remate, que sale de
una cabcc;a de león, con tres molduras en el astil, pesa onc;c marcos y
quatro onc;as, y el astil es de yerro, está aforrado en plata e pesa el ye-
rro tres marcos y quatro onc;as e dos ochauas, de manera que sacado el
peso del yerro pesa la plata del calentador siete marcos y siete onc;as
y seis ochauas;
yten vn tenedor de plata pequeño, que pesa c;inco reales y un quar-
to, que se yc;o en Alcalá;
ytcn vn frasco de plata con sus cadenas que se yc;o nueuo, pesa c;i-
co marcos y dos onc;as y seis ochauas y media.
Plata dorada.
Vna fuente dorada grande, que pesa doc;e marcos y siete onc;as y
dos ochauas;
vn aguamanil dorado para esta fuente, que pesa quatro marcos y
c;inco onc;as y seis ochauas;
dos copones ynperiales altos y dorados con sus sobrecopas, pesan
anbos quinc;e marcos y seis onc;as; falta a la sobrecopa del vno el rema-
te alto (tiénele el camarero);
quatro copones grandes dorados, pesa cada vno tres marcos y c;in-
co onc;as, y es el peso de todos catorc;e marcos y quatro onc;as;
quatro porc;elanas altas: la una es en que bebe el obispo, mi señor,
y ésta pesa dos marcos y tres onc;as y seis ochauas; pesan las otras dos,
que son llanas e altas, tres marcos y siete onc;as; pesa la otra, que es al-
ta y es copa y acanelada, vn marco y c;inco orn;as;
otras c;inco copas altas doradas: la vna dellas tiene Tórtolcs
para el obispo, mi señor, pesa vn marco y seis onc;as; pesan las tres c;in-
éo marcos; pesa la otra, que es alta y con veneras, vn marco y dos onc;as
y siete ochauas;
vna copilla pequeña con su sobrecopa, pesa seis onc;as y tres
ochauas; trocóse la sobrecopa por otra nucua, y pesa la nueua más que
la vieja quatro ochauas; ·
401
vn salero dorado en tres pie~as, pesa vn marco y siete orn;as;
otro salero e pimentero, pesa vn marco y tres on~as y tres
ochauas; ·
otros dos saleros grandes, pesan qua tro m¡¡ reos y dos on~as y qua-
tro ochauas.
Cosas que andan y son nes~esarias en el aparador.
Vri cuchillo para el obispo, mi señor, con cabos de yerro;
· Vn cofre con dos ~erraduras en que anda la plata dorada;
tres arcas en que anda la plata y ropa blanca;
vna caxuela para cucharas y tenedores;
\inquenta y quatro cuchillos;
\inco cuchillos y dos tenedores de triinchante (digo que son ~inco
cuchillos grandes porque se consumió vno y le dieron dos nueuos);
dos cántaros de cobre buenos;
vna ba\ía de cobre para lavar la plata;
vna herrada;
siete candeleros de a~ofar;
\inco pares de tijeras de espabilar;
vn brascrico de a~ófar pequeño;
más dos candeleros buenos de a~ófar
yten otros dos candeleros de a~ófar, que se conpraron nueuos a
veynte y siete de agosto de mili y quinientos y sesenta y siete años.
Manteles reales.
Quatro tablas de manteles reales, de ~inco varas y media cada
vna;
otras dos tablas de manteles reales, de siete varas cada vna;
Otras dos tablas de manteles reales, de ~inco varas y ter\ia ca-
da vna;
vna pi~a de manteles reales que tiene veynte a nas.
Servilletas reales.
Veynte y \inco servilletas reales en ]a re~amara (digo veynte y
quatro, que se consumió la vna);
diez y nueue varas y. media de scrvmetas reales que quedaron
de la pic~a de que se yQeron las de arriba.
402
Manteles alemaniscos en el apar~dor.
Vna tabla de manteles alcmaniscos de seis varas;
dos tablas de manteles alcmaniscos de c;inco varas;
do<;e tablas de manteles alemaniscos de a tres varas y media ca-
da tabla (de la vna déstas se yc;ieron dos tablas para el seruic;io de la
capilla);
siete tablas de manteles alcmaniscos de a tres varas;
dos tablas de manteles de a dos varas;
otras dos tablas de manteles de nueve quarteles, de a seis varas
y quarta cada vna.
Servilletas alemaniscas.
Yten c;iento y doc;e servilletas alcnianiscas;
diez y ocho servilletas bastas e alemaniscas viejas.
Babadores.
Más seis babadores (e los que más abía se consumieron);
otros dos babadores guamC\idos;
yten otros seis babadores de olanda buenos.
Sábanas en el aparador.
Dos sábanas grandes de anxco para el aparador;
quatro sábanas para las mesas de cortar y copa;
otras dos sábanas de a pierna ~ de a dos varas e media para el
aparador de la mesa de los capellanes; ,
otras dos sábanas grandes para la mesa de cortar.
Paños de la plata.
Diez y siete paños para alinpiar la plata.
Vidros.
Quatro copas blancas de vidro buknas, labradas y todas altas;
otra piec;a que tiene vn aderC\O ~n el pie de plata porque fue que-
brada;
403
yten dos copillas pequeñas;
vn aguamanil con las armas de Su Señoría;
tres copones altos, rajados los dos y el otro labrado de pinpincla.
1
Camas de mad era de gente.
Veynte y quatro camas de gente encordeladas;
otras dos camas de pino encordeladas.
Xergones. ·
Veynte xergones de anxeo.
Colchones de gente.
Veynte y ~inco colchones de gente, todos enfundados, sin los
treynta de la recámara. ·
Sábanas de cama de gente.
Noventa y siete sábanas de camas de gente, sin las de olanda y
ruán que están en la recámara;
quatro sábanas viejas y remendadas.
Fra~adas blancas de gente.
Treynta y siete fra~adas blancas en las camas de la gente, sin las
que están en la recámara.
Cobertores de gente colorados.
<;inco cobertores colorados de las camas de la gente, sin los que
atrás van puestos que están en la recámara.
Alfamares.
Dos alfamares listados en las camas de la gente.
404
Sillas de ter~iopelo.
Dos sillas de terc;iopclo morado;
vna silla de terc;iopelo negro con dauac;ón dorada;
vna silla de terc;iopelo carmesí (para en la litera);
quatro fundas de sayal aforradas en anxeo para las sillas de
terc;iopclo.
Sillas de quero.
Dos sillas de Granada labradas de tarac;ea, guarnec;idas de que-
ro bayo (están guamec;idas de terc;iopclo carmesí);
seis sillas de nogal guamec;idas de baqueta negra;
tres sillas de caderas de las comunes;
vna silla baxa de nogal y baqueta negra que se sienta Su Señoría;
otras seis sillas nuevas de las de Aillón;
vna silla de nogal con sus dos palos y quatro aldabas para lle-
varal obispo, mi señor (tiene tabla en los pies).
Bancos de nogal.
Tr~e bancos de nogal largos;
otros dos bancos de nogal de los sitiales;
dos banquillos pequeños de pino;
otro banco de pino grande;
otros dos bancos de pino para la mesa segunda.
Mesas.
Tres mesas de nogal grandes, con bancos y cadena las dos y la
otra tiene dos pies;
otras dos tablas de pino grandes con sus pies que están en la recá-
mara;
quatro mesas de pino con sus bancos y cadenas, que siruen las dos
en la mesa de los capellanes;
otra mesa angosta y larga de dos tablas de pino en que se pone la
copa;
otra mesa de pino con bancos que sirue en la capilla;
otra mesa de dos tablas y con dos bancos, pequeña, que es apara-
dor de los capellanes;
405
otra mesa de pino de pies que está en el aparador;
dos pi~as de gradas que es aparador donde se pone la plata, que
están sobre una mesa;
vn caxón con quatro caxoncs que tiene el contador por escriptorio;
vna mesa de nogal pequeña de vna tabla, con su pie y cadena.
Bufetes.
Diez bufetes de nogal buenos, con sus yerros.
Cofres.
Quatro cofres de Flandes viejos, con sus c;erraduras y llaucs;
otro cofre varreado de yerro, con vna llauc, en que ay c;iertas ~s-
cripturas.
Arcas.
Dos arcas de pino angostas (en cada vna dos llaues e tres cajones
dentro);
otras dos arcas de pino varrcadas de yerro;
otra arca blanca en que andan las cortinas de la camas.
vna caxa de pino grande e ancha en que anda el homamento de
brocado;
otra tres arcas viejas de pino que están en la recámara;
otra arca que tiene el mayordomo en su aposento.
Capas de coro.
- Vna capa de coro de grana de poluo, t1forrada la cogulla en ra~o
cannessí; 1
otra capa de coro de raja, cojsu cogulla aforrada en raso negro.
Lobas y manteos de Su Señ ría.
1
i .
Vna loba de refino con su mfeta;
vna muc;eta de otra loba de r fino que se desyc;o;
otra loba de anascote con su uc;eta;
otra loba de luto de arbín (?) on vn capirote de lo mesmo;
vn manteo de veynteydoscn .
406
Ropas de Su Señoría de por casa.
Vna ropa de raso negro aforrada en martas;
otra ropa de tafetán aforrada en peña de Nabarra;
otra ropa de tafetán negro aforrada en pcllcxos de conejos de
Flal¡ldes;
otra ropilla de tafetán corta aforrada en martas;
' otra ropa de raja aforrada en felpa negra;
otra ropa de sarga aforrada en peña negra;
otra ropa de raja con vueltas de tafetán;
otra ropa de tafetán negro con vueltas de lo mismo;
otra ropa de carisea negra aforrada en bayeta morada;
vna ropa de raja con vuelta de tafetán.
! Sotanas de Su Señoría.
Vna sotana de veyntcyquatrcno;
otra sotana de raja;
otra sotana de raja.
Cal~as de Su Señoría.
Vnas calc;as de carisea aforradas en grana colorada, medias y to-
1
do; \
otro calc;as de raja aforradas como las de arriba;
- \~tras calc;as, aforrados los muslos en grana blanca;
- \ytcn dos varas de grana de poluo y otras dos varas de carisea pa-
ra vnµs calc;as (yc;iéronse las calc;as y no quedó sino vara y ochaua de
la grapa); ;
- yten vnas calc;as de carisea negra aforradas en lienc;o.
Jubones.
Vn jubón de raso negro aforrado de terc;iopelo carmessí;
otro jubón de raso negro viejo;
otro jubón de raso negro;
otro jubón de tafetán negro doblado, aforrado en pellejos de cone-
xos de Aandcs.
407
Cosas en la recámara.
Vn fieltro negro viejo;
vn albornoz ac;ul;
vn papaygo de raja con vn bonetillo de tafetán;
otro papaygo de terc;iopelo con cofia de tafetán negro;
vna valixa de ventiquatreno con cordones de seda;
tres servidores de cobre (los dos son altos);
otro servidor de nogal con vac;enica de cobre, con su bolsa de ba-
queta;
otro servidor de nogal con su vac;inica de cobre estañado, sin pla-
ta.
vna silla de cuero aforrada en terc;iopelo, confunda de baqueta,
que sirue para servidor;
vna vac;inica de ac;ófar que tiene agua de ynojo;
vn xuego de axedrez con sus trabajos e bolsa de tcrc;iopelo negro y
cordones de seda;
vna faxa de terc;iopelo negro de vna ochaua de ancho;
vna escribanía de pinc;el pintada, con funda de pie;
dos c;amarros;
vna cuera de badana blanca;
vna porc;elana de barro con su caxa negra;
vna caxa de peines, con dos peines de marfil e vn espejo de ac;cro;
c;inco peines de marfil;
vara y mediade bocac;í colorado;
vara y media de tafetán negro; .
dos arcos turcos con vna alxaba de flechas;
dos cordobanes nucuos;
quatro cueros de venados adcrec;ados;
otro cuero de venado que se está adercc;ando;
otro cuero de venado adcrcc;adó,
vn par de borc;euís viejos;
vn par de c;apatos de cordobán aforrados en grana y corcho;
tres pares de calc;as de aguxa e lana;
dos pares de mangas de abrijo;
vn guante de terc;iopelo negro aforrado en martas;
vn amoscador de vara y media de tafetán verde, con vn anillo y
calc;illo de plata;
vn calentador de cobre;
vn sonbrero de fieltro con sus cordones de seda (es nucuo);
408
otro c;inco sonbreros viejos, los quatro de fieltro y el vno de tafo-
tán;
tres piec;as de plata pequeñitas que heran de vn báculo de héba-
no;
vn báculo de junco marino que tiene tres pi~as de plata;
vn glouo con su ynjcnio para subirle y baxarle;
vna prensa para bonetes;
vna prensa para cartas;
vna tabla de nogal con vnas aldabillas, que solía Su Señoría es-
cribir en ella, que entre en vna silla;
vnas votas de baqueta viejas;
vnos pantuflos aforrados en paño colorado;
vna ten;ia de grana colorada cortada por el lomo y vara y me-
dia de tafetán, que se abía sacado para la ropa de carisea y no se yc;o;
vna caja de madera dorada con tres peines de hébano e dos de
marfil y vn espejo y c;iertas crramicntas de yerro y vna escobilla para
los peines;
do<;e pellejas de conejos de Flandes;
vnos <;npatos de cordohín aforrados en ten;iopclo negro.
Vna mula de Su Señoría con su silla y freno y guarni<;iones de cue-
ro y con vna gualdrapa de cuero;
vna guarni<;ión de paño con su gualdrapa de paño y freno y copas
negras, con riendas de seda;
dos cabalJos, vno castaño y otro obero, con sus aderec;os de la gine-
ta el vno y el otro de la brida. Tiene el de la gineta vna silla xineta
con estribos plateados y su c;incha xincta e vna mochila de terc;iopclo
ac;ul y dos varas de tafetán ac;ul y su reata de cuero y otra de vn listín
de seda ac;ul; tiene vnas cabcc;adas de cuero ac;ul y su pretal del mesmo
cuero, tiene vn bocado xinete,tiene dos pares de espuelas de gineta y
vna almártiga de cuero labrada de seda.
vna silla de la brida de terc;iopelo negro, con sus c;inchas y vna
guarni<;ión de cuero con vna clavac;ón de latón y todo su adem;o;
dos frenos de la brida con sus copas de latón;
otro freno minete del caballo obcro;
vn pretal de cascabeles de tcrc;iopelo carmcssí;
vna adarga morisca;
vna silla e guamic;ión de cuero sin estribos, que hera de la mula
409
vieja que se dio al dotor, mi señor;
- todas las bestias tiene cada ~na su manta;
yten dos almoa<;as buenas; :
vn capara<;ón de paño negro bueno;
vnas cabe<;adas de la gineta de cuero negro;
vna reata de cuero negro vieja;
dos rodelas; ·
dos montantes y dos espadas de esgrima;
dos lan<;as: la vna está quebrada e adcre<;ada (son de la gineta);
vna mula parda, tiene silla y freno y no guarnic;ión;
vnas ac;iones del caballo castañuelo;
yten vna silla gineta y vnas espuelas ginetas, con su guarnic;íón y
<;incha y pretal y estriberas ginetes, y la silla tiene caparac;ón de cue-
ro;
yten vn capara<;ón que se yc;o del capirote de luto de veynteydose-
no.
Literas.
Vna caxa de litei:_a vieja aforrada en raso verde, con sus veras y
sillones echos pedac;os;
otra caja de litera aforrada en raso carmcssí, con clavac;ón de la-
tón; tiene sus sillones y guamic;iones y enc;crados y dos varillas de ye-
rro con dos candados y sus llaves;
otra litera nueva aforrada en raso carmesí, con clavac;ón de la-
tón blanco, son sus sillones e guarnic;iones de baqueta e sus en<;errados y
tres candados con sus llaves y dos vari1las de yerro, y tiene vnos cor-
dones largos de seda carmcssí;
yten vnas tablas de nogal conque se c;icrra la litera;
vn baúl viejo y vna espuela de rúa(?).
A~émilas.
· Siete ac;émilas con sus albardas, mantas y sogas y todo adcrc<;o
para la carga; .
vna borrica con su albarda;
dos muesos de yerro para los machos.
410
Peltre (sin lo que está enla despenssa).
Treynta y dos platos pequeños en el aparador;
veyrite y dos platillos pequeños en la recámara (son nuevos);
dos doc;enas de escudillas de orejas;
media doc;ena de platos grandes de peltre;
ocho platos medianos de peltre;
dos frascos pequeños de peltre nuevos;
dos cubiletes de peltre nuevos.
Costales y ac;adones.
Dos costales viejos para pasar c;ebadas;
vn cántaro de cobre;
vna harca vieja con c;erradura y llave;
tres ac;adones para cavar 1a viña;
más otros dos costales de tomen tos.
Olanda.
Yten nueve varas de olanda, que sobraron de las quarenta varas
que enbió el contador Ancheta de Balladolid, porque las demás se gas-
taron en las cosas de olanda que van puestas en este ynventario.
Escaleras.
Quatro escaleras para entapic;ar, las dos son grandes y las dos
pequeñas; .
. otra escalera pequeña candada que se traxo de Toledo.
·'Aumento de la plata.
- En la plata del aparador ay vna partida de diez platos me-
dianos que pesavan veynte y ·siete marcos, vna onc;a y quatro ochauas;
aumentósse en dos platos dellos, que se adercc;aron, vn marco y tres
onc;as y vna ochaua, y ansí pesa agoril 1a dicha pc:utida vcyntc y ocho
marcos, quatro onc;as y c;inco ochauas.
- En la dicha plata del aparador ay dos partidas, la vna de
quatro copas blancas enanas que pesaron tres marcos, tres onc;as y seis
411
ochauas, y otra de _dos copas por<;elanas altas blancas que pcsavan
tres marcos y tres on<;as. Adere<;áronse las dos llanas y la vna por<;ela-
na y añadóseles de plata siete om;as y <;inco ochauas, y ansí pesan ago-
ra anbas partidas de la dichas seis pie<;as siete marcos, seis on<;as y
tres ochauas.
- Yten quedan y son a su cargo de los dichos doctor Puertas y
Fran<;isco Martínez, depositarios su sodichos, siete marcos, tres om;as
y vna ochaua y media de plata en pasta.
- Yten las pie<;as de oro y plata siguientes:
- nueve coronas de oro;
- vn real de a veynte de oro;
- tres doblas caenes (?);
- quatro florines de oro;
- vn tallón de plata que es real de a diez;
- vn real sen<;illo antiguo de plata;
- otra moneda de plata antigua pura.
Todos los qualcs dichos bienes y cosas susodichas y declaradas
Su Mer<;ed del dicho señor doctor Diego Gasea de nuevo depositó y con-
siguió en poder de los dichos doctor Juan Puertas, mayordomo, y
Fran<;isco Martínez, camarero de Su Señoría, con todos los demás que
de aquí adelante se aumentaren y acre<;entaren.
Y los dichos doctor Puertas y Fran<;isco Martínez, camarero, no
ynnobando el primero depósito en ellos fecho, dijeron que re~ibían y
resc;ibieron todos los dichos bienes, con todos los demas que de aquí
adelante se acrc<;cntaren e aumentaren en el dicho dcpóstio,para los
tener en guarda y fiel custodia. Y se obligaron con sus personas y bie-
nes avidos e por a ver que tendrán los dichos bienes y cosas, ansí lo que
de presente resc;ibcn como todas las demás que se acr~cntaren y au-
mentaren (de qualquier calidad y cantidad que sean), en el dicho de-
pósito,guarda y fiel custodia, y que con todos ellos acudirán al dicho
señor doctor Diego Gasea y a quien Su Mer<;cd mandare e hordenarc y
dél tuviere derecho y causa, cada y quando que por Su Mer<;ed le fue-
ren pedido e demandados, y le darán de todos ellos qucnta con pago
<;ierta y verdadera. Que desde agora para eston<;es y de estom;es para
agora se constituyan y constituyeron por tales depositarios de todo
aquello que de aquí adelante se acre<;entarc y aumentare para acudir
con ello a Su Mer<;ed del dicho señor doctor en la manera susodicha so
412
las penas de los depositarios que no acuden con los depósitos que en
ellos son fcchos. Y para lo ansí cumplir, guardar e mantener obligaron
sus personas y bienes avidos y por avcr y dieron poder a las justic;ias
para que ansí se lo agan cumplir como si esta carta fuese sentenc;ia
dada por juez conpctentc, pasada en cosa juzgada, y renunc;iamos (sic)
las leyes que se puedan aprovechar y el derecho que dic;e que general
renunc;iac;ión no vala.
E luego Su Merc;ed del dicho señor doctor Diego Gasea dijo que su
voluntad hera y es que el obispo, mi señor, para el servic;io de su casa,
precariamente y por el tiempo que su voluntad fuere y no más, se pue-
da aprovechar de lo dichos bienes. Y para este efeto permitía que los
dichos doctor Puertas, mayordomo, y arc;ediano Franc;isco Martínez,
camarero, puedan acomodar y usar dellos como hieren que más conbcn-
ga, sin pcrjuic;io del dicho depósito, antes quedando en su fuerc;a y vi-
gor y ellos obligados a él. Los quales lo ac;ebtaron y prometieron y se
obligaron de lo cumplir ansí. Y todos tres lo firmaron de sus nombres es-
tando presente por testigos el doctor Pedro Guerra y Franc;isco de Oroz-
co, clérigos, y Garc;ía Herrero, estantes en Sigücnc;a.
E yo el dicho escribano e notario doi fee conozco a los otorgantes.-
Doctor Diego Gasea. El doctor Puertas. Franc;isco Martíncz. - Pasó
ante mí, Bernardo Rac;oso, notario.
FUENTE: Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Plei-
tos Civiles, Zarandona y Balboa, fenecidos, leg. 437, pieza 20, f.
25v.
413
XIX
SUMARIO DEL CUERPO DOCUMENTAL RELATIVO A
LA OBRA POLITICA DE GASCA
(Despachos remitidos por el comisionado)
A) Visita en el reino de Valencia
1. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 20-VI-1542)
original en A.G.S. Estado, K-1629, f. 8.
2. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 12-Il-1543)
original en A.G.S. Estado, 287,f. 276.
3. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 11-III-1543)
origirial en A.G.S. Estado, 287, f. 271.
4. Al Consejo de Inquisición (Valencia, 8-VIII-1543)
conocido sólo por referencias: carta del Consejo de Inquisición a
Gasea (Valladolid, 17-VIIl-1543), en A.H.N. Inquisición, lib.
322, f. 349v.
5. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 13-IX-1543)
original en A.G.S. Estado, 287, f. 267.
6. Al comendador mayor Cabos (Valencia, 12-X-1543)
original en A.G.S. Estado, 287,f. 233.
7. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 26-X-1543)
original en A.G.S. Estado, 287, f. 243.
8. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 5-Xl-1543)
original en A.G.S. Estado, 287, f. 257.
414
9. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 9-Xl-1543)
original en A.G.S. Estado, 287, f. 256.
10. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 26-Xl-1543)
original en A.G.S. Estado, 287, f. 253.
11. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 26-Xl-1543)
original en A.G.S. Estado, 287, f. 258.
12. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 10-1-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 64
13. Al comendador mayor Cobas (Valencia, 4-11-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 59.
14. Al comendador mayor Cobas (Valencia, 16-11-1544) .
original en A.G.S. Estado, 293, f. 94.
15. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 2-III-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 90.
16. Al comendador mayorCobos (Valencia, 5-IIl-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 89.
17. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 8-IlI-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 11.
18. Al comendador mayorCobos (Valencia, 14-lll-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 70.
19. AlcomendadormayorCobos(Valcncia, 1-IV-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 80.
20. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 4-IV-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 76. ·
21. Al comendador mayorCobos (Valencia, 6-IV-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 77.
415
22. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 30-IV-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 73.
23. Al comendador mayorCobos (Valencia, 11-V-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 12.
24. Al comendador mayor Cobos (Valencia,, 28~V-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 120.
25. Al príncipe Felipe (Valencia, 31-V-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 222.
26. Al príncipe Fdipe(Valencia, 11-VI-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 231.
27. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 15-VI-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 13.
28. Al c;omendador mayor Cobos (Valencia, 21-VI-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 119.
29. AJ comendador mayorCobos (Valencia, 2-VII-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 118.
30. Al comendador rnayor Cobas (Valencia, 7-Vll-1544)
. original en A.G.S. Estado, 293, f. 115.
31. Al comendador mayorCobos (Valencia, ·is-VII-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 117.
32. Al Consejo de Inquisición (Valencia, 21-VII-1544)
conocido sólo por referencias: carta del Consejo de Inquisición a
Gasea (Valladolid, 25-VIIJ-1544), en A.H.N. Inquisición, lib.
322, f. 366v.
33. Al comendador mayorCobos (Valencia, 31-VIl-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 132.
34. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 9-Vll I-1544)
original en A.G.S. Estado 293, f. 133.
416
35. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 21-VI II-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 121.
36. Al comendadormayorCobos (Valencia, 14-IX-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 100.
37. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 27-IX-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 99.
38. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 3-X-1544)
publ. en PEREZ DE TUDELA, 11, p. 21-22.
39. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 29-X-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 122.
40. Al comendador mayor Cobos (Va lcncia, 26-X 1- I S44)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 11 O.
41. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 9-XII-1544)
original en A.G.S. Estado, 293, f. 127.
42. Al comendador mayor CobQs (Valencia, 20-1-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 308.
43. Al comendadormayorCobos (Valencia, 7-JI-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 60.
44. Al comendadormayorCobos (Valencia, 27-II-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 58.
45. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 10-IIl-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 56.
46. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 20-III-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 124.
47. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 30-III-1545)
origina] en A.G.S. Estado, 297, f. 55.
417
48. Al comendador mayor Cobos ( Valencia, 28-IV-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 119.
49. Al comcndadormayorCobos (Valencia, 28-IV-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 120.
50. Al comendadormayorCobos (Valencia, 10-V-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 171.
51. Al Consejo de Inquisición (Valencia, 10-V-1545)
conocido sólo por referencias: cart<1 del Consejo de Inquisición a
Gasea (Valladolid, 22-V-1545), en A.H.N. Inquisición, lib.322,
f. 387v.
52. Al corncndadormayorCobos (Valencia, 27-V-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 69.
53. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 7-Vl-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 65. /
54. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 13-Vl-1.545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 161.
55. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 5-Vll-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 64.
56. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 20-VJI-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 63.
57. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 8·-VIJl-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 165
58. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 18-VIII-1545)
· original en A.G.S. Estado, 297, f. 167.
59. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 20-VIII-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 168
60. Al comendador mavor Cobos (Valencia, 28-VlU-1545)
original en A.G.S. E;tado, 297, f. 166.
41X
61. Al príncipe Felipe (Valencia, 3-lX-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 256.
62. Al comendador mayor Cobos (Valencia, 3-IX-1545)
original en A.G.S. Estado, 297, f. 257.
63. Al comendador [Link] Cobos (Valencia, l 7-IX-1545)
conocido sC)lo por referencias: carta del comendador [Link] Cobos
a Casca (Va lladolid, 13-X-1545), en A.G.S. Estad.o, 297, f. 277.
64. Al comcndt1dL1r rn.1yur Cobos (Vzilcncia, 20-IX-1545)
conocido sólo por referencias: cart<1 del comendador m,1yor Cobos
a Gasea (Vallé1dolid, 13-X-1545), ci t. supra.
B) Misión pacificadora del Perú
1. Al Empcrc1d< 1r Uvlad rid, 14-Xl--1545)
pub l. en FER:'~AN DEZ, 1a . pé1r lc, lib. lf, c.1p. 17.
2. Al Consejo de J ndizi s (Sevilla, IV-154(í)
conocido sólo por referencia s: G1rti.1 del comcnd,1dor m,1yor Cc)bos
al Empcrndor (~1c1drid, 9-V- -154ó), en A.G.S. Estado, 73, f. ·176.
3. Al Consejo de Indi.1s ( Isla de Go mera , Vl-15-t6)
conocido sólo por rdcn'ncia s: dcsp ,1eho de Casca al Con sejo de
Indias(Santa J\fart<1, 12-VII-15-H:i ),cit. infra .
4. Al Consejo de Indias (Santa Nbrtcl, 12-VII-'1546)
original L'n A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 58; pub!.
en CARTAS DE IN DI AS, p. 526-528.
5. Al Consejo de Indic1s (Nombre de Dios, VI 11-15-16)
conocido sólo por rcfl'rl'ncü1s: CAL VETE DE ESTRELLA, Jib. 11,
Célp. 4.
6. A Gonzalo Pizarro (Panam.:1, 26-IX-1546)
publ. en PEREZ DE TU DELA, 1, p. 386-392.
41 tJ
7. Al Consejo de Indias (Panam,1, 18-X-1546)
conocido sólo por referencias: despacho de Gasea al Consejo dl'
Indias (Panairn1, 28-XJl-1546), cit. infra.
8. Al Consejo de Indias (Panamá, 26-X-1546)
conocido sólo por referencias: carta del príncipe Felipe a Gasea
(Madrid, 4-V-1547), publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 86-90.
9. A Gonzalo Pizarro (Panam,1, 28-Xl-1546)
origin,11 en H.E.H .L. Pizarra-Gasea Papers, 1, f. 468; publ. en
C.D.I.H.E., XLIX, p . 27-30, y en PEREZ DE TUDFLA, 1, p. 393-
394.
10. Al Consejo de Indias (Panaffkl, 28-Xll-1546)
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 30-45.
11. A Gonzalo Piz,mo (PanaméÍ, 5-11- -1547)
publ. en C.D.I.H.E ., XLlX p. 51 -52.
12. Al Consejo de Indias (Panamá, 17-11-1547)
publ. en C.D.1.H.E., XLIX, p. 63-75.
13. Al Consejo de Indias (Panamá, 18-111-1547)
publ. en C.D.I.H .E., XLIX, p. 76-80.
14. Al Emperador (Panam,~, 24-111-1547)
publ. en C.D.l.H.E., XLIX, p. 82-83.
15. Al Consejo de Indias (Pana1rn1, 24-111-1547)
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 80-81 _
16. Al Consejo de Indias (Isla de Taboga, 12-JV-1547)
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 83-86
17. Al Emperador (Tumbes, 11-VIll-1547)
original en A.1-·I.N. Diversos, documentos de Indias, no. 68; publ.
en PEREZ DE TUDELA, 11, p. 516-518.
18. Al Consejo de Indias (Tumbes, 11-VIII-1547)
original en H.E.H.L. Pizarro-Gasrn Papcrs, 11, f. 235; publ. e n
420
C.D.I.H.E., XUX, p. 165-230, y en PEREZ DE TUDELA, II, p.
204-239.
19 Al Consejo de Indias (San Miguel, 27-111-1547)
publ. en C.D.l.H.E., XLIX, p. 257-260.
20. AJ Consejo de Indias (San Miguel, 30-Vlll-1547)
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 257-260.
21. A Gonzalo Pizarro (Jauja, 16-Xll-1547)
original en H.E.H.L. Pizarro-Gasca Papcrcs, 1, f. 454; pub1. en
C.D.I.H.E., XLIX, p. 260-276, y en PEREZ DE TUDELA, 1, p. 375-
384.
22. Al Consejo de Indias (Jauja, 27-XII-1547)
original en H.E.H.I. Pizarro-Gasca Papers, 11, f. 428; publ. en
C.D.I.H.E., XLlX., p. 281-320, y en PEREZ DE TUDELA, 11, p.
343-362.
23. Al Emperador (jduja, 28-Xll-1547)
publ. en C.D.l.H.E., XLIX, p. 328-329.
24. Al príncipe Felipe (Jauja, 28-XII-1547)
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 327.
25. A Gonz<1lo Pizarro (Andahuaylas, 11-1548)
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 347-350, y en PEREZ DE TUDELA,
I, p. 361-363.
26. Al Consejo de Indias (Andahuaylas, 7-111-1548)
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 330-346, y en PEREZ DE TUDELA,
ll, p. 429-439.
27. A la Casa de Contratación (Cuzco, 25-IV-1548)
original en A.G.l. Contratación, 5103; publ. en LEVJLLJER, l, p.
101-102.
28. Al Emperador (Cuzco, 5-V-1548)
publ. en C.D.J.H.E., XLIX, p. 351-358.
421
29. · Al Consejo de Indias (Cuzco, 7-V-1548)
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 359-394, y en PEREZ DE TUDELA,
11, p. 401-421.
30. Al Empcr,1dor (Los Rcy('s, 24-IX-1548)
Fubl. en PEREZ DE TU DELA, l, p. 204.
31. Al C<mscjo de fndias (Los Reyes, 25-fX-1548)
publ. en C.D.I.H.E., XLIX, p. 394-427, y en PEREZ DE TUDELA,
11, p. 258-277.
32. Al Cnnscjn de lndü1s (Los Reyes, 25-lX-1548)
publ. en C.D.l.H.E., XUX,p. 428-429, y en PEREZ DE TUDELA,
I L p. 278-279.
J3. A1 Consejo de Indias (Los Reyes, 14-X-1548)
. publ. en C.D.I.H .E., XLIX, p. 430-433, y en PEREZ DE TUDELA,
1r, p. 426-429.
34. A la Casa de Contrataci(m (Los Reyes, 14-X-1548)
origin<'ll en A.G.J. Contratación, 5103; publ. en LEVILLIER, I, p.
133-134.
35. Al C()nscjo de Indias (Los Reyes, 26-Xl-1548)
publ. en C.D.1.H.E., XLIX, p. 436-451, y en PEREZ DE TUDELA,
II, p. 440-4-fS.
36. Al Consl'jo de Indias (Los Reyes, 28-1-1549)
origirnil en A.H.N. Div<.'rsns, Documentos de Indias, no. 78; publ.
en C.D.J.H.E., L, p. 5-37, y en PEREZ DE TUDELA, II p. 363-382.
37. AJ Consejo de Indias (Los Reyes, 15-11-1549)
original en A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 79; publ.
en CARTAS DE INDIAS, p. 535-537.
38. Al Consejo de Indias (Los Reyes, 22-Il-1549)
original en A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 80; publ.
en CARTAS DE INDIAS, p. 537-538.
39. A la Casa de Contratación (Los Reyes, 28-IV-1549)
422
original en A.G.L Contratación, 5103; publ. en LEVILLIER, 1, p.
166-167.
40. Al príncipe Felipe (Los Reyes, 2-V-1549)
original en A.H.N. Diversos, Documentos de lndias,no. 82; publ.
en CUESTA GUTIERREZ, apénd. 5, p. 67.
41. Al Consejo de Indias (Los Reyes, 2-V-1549)
original en A.H .N. Diversos, Documentos de Indias, no. 83; publ.
en C.D.I.H.E., L, p. 37-64, y en PEREZ DE TUDELA, ll, p. 326 -
342.
42. A la Casa de Contratación (Los Reyes, 14-V-1549)
original en A.G.I. Contratación, 5103.
43. Al Consejo de Indias (Los Reyes, 17-VII-1549)
original en A.H.N. Diversos, Documentos de lndü1s, no. 89; publ.
en C.D.I.H.E., L, p. 65-88.
44. Al Consejo de Indias (Los Reyes, 20-VII-1549)
original en A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 90; publ.
en CARTAS DE INDIAS, p. 539-540.
45. A la Casa de Contratación (Los Reyes, 27-VII-1549)
· original en A.G.I. Contrataci{m, 5103.
46. Al Consejo de Indias (Los Reyes, 16-IX-1549)
original en A.H. N. Diversos, Documentos de Indias, no. 97;
publ. en CARTAS DE INDIAS, p. 541-544.
47. A la Casa de Contratación (Los Reyes, 20-IX-1549)
original en A.G.I. Contratación, 5103.
48. Al Consejo de Indias (Los Reyes, 21-IX-1549)
original en A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 99; publ.
en C.D.I.H.E., L, p. 89-99, y en PEREZ DE TUDELA, 11 p. 493-
499.
49. Al Consejode Indias (Puerto de Lima, 8-Xl-1549)
original en A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 104;
publ. en CARTAS DE INDIAS, p. 548-558.
423
50. A lo príncipes Maximiliano y María (Puerto de Lima, 6-Xll-
1549)
original en A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 105;
publ. en CARTAS DE INDIAS, p. 559-560, y en PEREZ DE TU-
DELA, I, p. 203.
51. Al Consejo de Indias (Puerto de Lima, 6-XTI-1549)
publ. en PEREZ DE TUDELA, 11, p. 421-425.
52. A la Casa de Contratación (Los Reyes, 5-1-1550)
original en A.G.I. Contratación, 5103; publ. en LEVILLIER, I, p.
245-246.
53. Al Consejo de Indias (Los Reyes, 8-1-1550)
publ. en PEREZ DE TUDELA, 11, p. 396-401.
54. Al príncipe Felipe (Río Guadalquivir, 22-IX-1550)
original en A.G.S. Estado, 81, f. 335; publ. en FERNANDEZ AL-
VAREZ, Ill, p. 241.
55. Al Consejo de Indias (Río Guadalquivir, 22-XI-1550)
publ. en C.D.I.H.E., L, p. 100-172.
56. Al Consejo de Indias (Río Guadalquivir, 22-IX-1550)
original en A.H.N. Diversos, Documentos de Indias, no. 108;
publ. en CARTAS DE INDIAS, p. 561-562.
57. A la Casa de Contratación (Río Guadalquivir, 22-XI-1550)
original en A.G.l. Contratación, 5103.
58. Al Consejo de Indias (Sevilla, 29-IX-1550)
publ. en PEREZ DE TUDELA, I, p. 75-76.
59. A la princesa María(¿ ... ?, XI-1550)
publ. en PEREZ DE TUDELA, 11, p. 515-516
60. Al príncipe Felipe (Va1lladolid, 12-XI-1550
original en A.G.S. Estado, 81, f. 333.
424
FUENTES (claves empleadas)
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A.G.S. = Archivo General de Simancas.
A.H.N. = Archivo Histórico Nacional, Madrid.
H.E.H.L. = Henry E. Huntington Library, San Marino (California).
C.D.I.H.E. = Colección de documentos inéditos para l.1 historia de Es-
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CALVETE DE ESTRELLA = CALVETE DE ESTRELLA, Juan Cristó-
bal, Rebelión de Pizarro en el Perú y vida de don Pedro Gas-
ea, en Crónicas del Perú, estudio preliminar y ed. de Juan Pé-
rez de Tudcla Bueso, IV y V (Madrid: Ediciones Atlas, 1964-
65).
CARTAS DE INDIAS = MINISTERIO DE FOMENTO, cd., Cartas de
Indias (Madrid: Imp. de Manuel G. Hcmándcz 1877), xvi, 877
p.
CUESTA GUTIERREZ = CUESTA GUTIERREZ, Luisa, La obra de D.
Pedro de la Gasea en América (Santiago de Compostela: Tip.
de "El Eco Franciscano", 1928), 76 p.
FERNANDEZ = FERNANDEZ, Diego, Historia del Perú, en Cróni-
cas del Perú, estudio preliminar y cd. de Juan Pércz de Tudcla
Bueso, I y II (Madrid: Ediciones Atlas, 1963).
425
FERNANDEZ ALVAREZ = FERNANDEZ ALVAREZ, Manuel, ed.,
Corpus documental de Carlos V (Salamanca: Universidad de
Salamanca, 1973-81), 5 v.
LEVILLIER = LEVILLIER, Roberto, ed., Gobernantes del Perú; cartas
y papeles, siglo XVI (Madrid, 1921-26), 14 v.
PEREZ DE TUDELA = PEREZ DE TUDELA BUESO, Juan cd., Docu-
mentos relativos a don Pedro de la Casca y a Gonzalo Pizarro
(Madrid: Real Academia de la Historia, 1964), 2.v.
426
PUBLICACIONES RECIENTES
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El espaFwl de Lima. Materiales para el estudio del habla culta. 1989.
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1989. XCI+ 431 p.
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Albaiiilcría estructural: Disciio y cálculo de muros. 1989. 136 p.
TEODORO HAMPE MARTINEZ
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