Histopía N28
Histopía N28
Sumario
Editorial. Pág. 3
Arqueología
ISSN 2683-6904
Año V N- 28 Octubre 2023 “Madonna Della Ceriola en Monte Isola. Un santuario de altura
Staff:
en el lago Iseo (Pre Alpes de Italia)”.
Por María Constanza Ceruti. Pág.26
Dirección:
María Teresa Fuster
Corrección:
Eduardo Fusero
Cultura y Sociedad
Diseño:
Demis Juliá “Sobre una revista literaria de los años cuarenta. Sus fundadores,
San Blas 5158 CABA CP 1407. colaboradores y resonancias”
Mail: revistahistopia@[Link] Por Carlos María Romero Sosa. Pág. 49
© 2019. Registro de propiedad
intelectual. Ley 11.723. Se puede citar “Aimé Jacques Alexandre Goujaud (apodado Bonpland). Médico
cualquier parte del contenido de la
y naturalista. Sus vínculos con Uruguay” (Parte I)
presente publicación siempre y
cuando se mencione la fuente. Por Augusto Soiza Larrosa. Pág. 59
Foto de tapa: “La Redención por
medio de la Caridad”, óleo de autor
anónimo, S XVIII, Escuela quiteña
(MHM).
2
Editorial
La Dirección
Revista Histopía.
3
Revista PBT 1915 (AGN Biblioteca).
4
DEVOCIÓN Y FE
Invención de una colección en la gestión
del Museo Histórico Nacional
María Inés Rodríguez Aguilar y Miguel José Ruffo1
1
María Inés Rodríguez Aguilar es licenciada en Historia por la Universidad Nacional de Córdoba con
posgrado en Administración de Archivos Históricos y Administrativos graduada en España, docente en:
Universidad Nacional de Córdoba, Universidad de Buenos Aires, Universidad del Museo Social.
Directora del Museo Roca (por concurso) desde 1985. Interventora en el Museo Histórico Nacional
(2001-2002).
Miguel José Ruffo es profesor y licenciado en Historia (Facultad de Filosofía y Letras – UBA) Sus
primeros trabajos de investigación estuvieron relacionados con la historia del movimiento obrero
argentino a principios del siglo XX, pero posteriormente se especializó en Historia del Arte Argentino e
incursionó en cuestiones relacionadas con la historia barrial. Se desempeña además como periodista
cultural en diversos medios barriales e institucionales, como los periódicos Tras Cartón, Desde Boedo y
Revista Astronómica. Premios: “Alfredo Gramajo Gutiérrez: ¿Pintor de la Nación o documentalista
antropológico?” (conjuntamente con Lic. María Inés Rodríguez Aguilar) Fundación Telefónica Espigas.
Concurso: “Arte y Antropología” año 2004.
2
Morales Moreno, L. G. “La invención de la colección museo gráfica en la producción de significado”.
En Historia y grafía, México, Universidad Iberoamericana Núm. 15, 2000, pp.151-180.
5
paralelo, iglesias y conventos devinieron en agentes de la producción y guarda de estas
imágenes.
Las obras serán tematizadas en la gestión patrimonial del Estado y convertidas en un
campo epistémico diferenciado para dialogar aplicando un análisis transversal a las
jerarquías que aluden, las genealogías de sus imágenes y las condiciones de producción,
difusión, consumo y gestión patrimonial.
Indagaremos acerca de las vertientes teológicas desde un análisis de las iconografías e
inscripciones epocales superando al orden cronológico y estilos al interpelar a las
matrices culturales del cuerpo de su materialidad y de su historicidad particular.
Proponemos establecer núcleos problemáticos para construir una mirada que incluya
al ámbito museístico como espacio de poder al aplicar a valores de recolección,
selección y discursos histórico museográficos en su propuesta de una cultura visual al
instalar en la suspensión museal a imágenes de culto y otorgar visibilidad a lo intangible
estableciendo con el público contemporáneo nuevos vínculos entre las imágenes y
sacralidad enunciada.
6
con las religiosidades femeninas presentes en las más diversas culturas que serían objeto
de un proceso de evangelización.
Asimismo, las imágenes de los santos permitían no solo recordar el martirio de estos,
sino por sobre todo poner de manifiesto el valor de la vida cristiana en un mundo o en
una sociedad inicialmente hostil a la nueva religión del Verbo encarnado. En segundo
término, el arte sacro como vehículo de evangelización estaba al acceso libre, directo y
espontáneo de todo devoto, de todo cristiano. En efecto, en sociedades donde la lecto-
escritura era manejada tan solo por un reducido número de pobladores, las imágenes se
convirtieron en el más óptimo medio de transmitir valores y principios sagrados.
Mientras que la palabra escrita solo era accesible por unos pocos, las imágenes podían
ser vistas por todos. Así, el arte sacro es la biblia de los pobres. En tercer término, las
relaciones entre lo sensible y lo inteligible, para decirlo con palabras de Platón, al estar
mediada por la imagen, hacía de esta, el peldaño para acceder a un plano de la
existencia, más allá de la terrenalidad de la vida cotidiana.
Las imágenes colocaban a sus contempladores en una relación de meditación por
medio de las oraciones que elevaban al creyente del plano de lo cotidiano al plano del
mundo celestial, en la medida de la intuición que de este mundo podemos tener en las
condiciones de una vida epocalmente determinada.
En efecto, mientras vivimos en una sociedad temporal y espacialmente determinada,
con un conjunto de problemáticas económicas, sociales y políticas, al introducirnos en
una iglesia, sobre todo en una catedral, dejamos fuera el mundo profano, nos
introducimos en un espacio sagrado, en un temenos, que solo deja el paso a la luz, que
desde el exterior llega al interior catedralicio, para proyectar a los fieles a la luz divina.
Esto es particularmente pertinente para una catedral gótica cuyos vitrales pintados con
escenas sagradas filtran la luz, resaltan las imágenes de las vidrieras y permiten
vislumbras el cielo empíreo o para ser más precisos: siendo el Reino de Dios un Reino
de Luz, la luz natural que penetra en el interior de las iglesias son juntamente con las
imágenes la apoyatura sensible para que el creyente ascienda al plano de lo divino.
El cristianismo, como dijimos, tiene su origen en el judaísmo, una religión patriarcal
y patrilineal; pero la nueva religión incorporó a su acervo un componente femenino muy
importante: el de la Virgen María como “Madre de Dios”. Se produce, en la América
hispana, un florecimiento bajo medioeval de las imágenes de la Virgen y de las
catedrales bajo la advocación de Nuestra Señora. No debemos perder de vista que la
conquista y colonización de América se desarrolla en los siglos XV y XVI. En este siglo
se produce la división de la cristiandad occidental en católicos y protestantes. La predica
de Lutero había cuestionado no solo la autoridad de la iglesia, sino toda la teología
medieval, la teoría sacramental y el culto a la Virgen María y a los santos. Mientras en
Europa el catolicismo perdía terrenos ante el protestantismo, en América encontraría un
nuevo territorio a evangelizar, lo que llevó a un enfrentamiento con las religiosidades de
los pueblos autóctonos.
La conquista y evangelización de América incorporará en su imaginario estético-
religioso a una diversidad de advocaciones marianas, representaciones que
interrelacionan a los componentes hispano-europeos e indígenas preexistentes en
complejos itinerarios en sincronía a las reformas protestantes, que niegan el culto a la
Virgen María, ratificado y expandido por la Contrarreforma católica y el Barroco.
Luego de las tensiones del “proceso de colonización de lo imaginario religioso” en
los términos de Gruzinski3 se elaboraron en talleres de Potosí y Cuzco producciones
amplia circulación entre ellas, la que representa a Nuestra Señora de Cocharcas, bajo de
3
Gruzinski, S., La guerra de las imágenes – De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492-2019), México,
Fondo de Cultura Económico, 2001, p.122.
7
un palio central de la composición con la leyenda: “Resando una Avemaría e aman 4
días de inci concedidas por el Ilmo Sr. Obispo de Guanano. En la parte superior, se lee
una cartela “Pulcra est María Itmacula Originalis” y en la base del mismo, “La
Milagrosa Imagen de Na S S de Cocharcas. Año 1746”.
El vestido de la Virgen tiene motivos florales. Se contrastan con el paisaje; mientras
éste es, en líneas generales y pese al río que serpenteante lo atraviesa, árido; el vestido
es florido. Esto se refuerza con la presencia de dos floreros a los pies de la Virgen
El conjunto de la composición es planimetría, generándose como una especie de
superposición entre la imagen central de Nuestra Señora y el paisaje, como fondo, a la
manera de planos superpuestos. Un relieve montañoso con un río que se despliega en
forma curvilínea, produce cierta sensación de profundidad.
El paisaje sólo tiene unos pocos árboles. Se alcanzan a ver unas casas del pueblo,
todas ellas muy sencillas. Se destaca, por su tamaño, en el extremo superior derecho, el
santuario de Nuestra Señora de Cocharcas y junto a este camino sinuoso la indicación
de “Camino del Cuzco”.
Fig. 1: La milagrosa imagen de Nuestra Señora de Cocharcas, 1746. Óleo de escuela cuzqueña sobre
tela. Autor: Anónimo. Medida: 660 X 800 mm.
8
En el paisaje se destacan numerosas escenas: hay un diablillo, dibujado en la parte
inferior, mientras en sus proximidades un sacerdote bautiza una mujer. Hacia el centro
de la parte inferior aparece representado un Obispo, junto a dos autoridades. Un
funcionario o pregonero toca una trompeta como anunciando la presencia del Obispo. El
río está siendo cruzado por varios personajes, destacándose por su tamaño
desproporcionado, un caballo vadeando el curso de agua. Hacia la derecha del óleo y
por debajo de la representación de la localidad de San Pedro de Cocharcas, dice “P.P.
Misioneros”.
La tela lleva una orla, en la cual, dentro de sendos medallones, se hallan las efigies de
22 santos y santas de la Iglesia, algunos de ellos están representados con banderas o
estandartes que son los símbolos de los santos fundadores de las órdenes religiosas,
según afirma el Prof. Héctor Schenone “Bandera o estandarte (la llevan) también los
santos fundadores de órdenes religiosas, reyes y caballeros”.4 Otros sostienen una
calavera entre sus manos, propia de los santos ascetas, símbolos de la vanidad y finitud
del mundo. Los hay portando un libro que es un atributo que llevan los santos escritores
o los doctores de la Iglesia, “Atributo muy genérico, lo portan aquellos santos que
fueron escritores o redactaron algunas de las reglas de las órdenes religiosas. También
ciertos bienaventurados, como símbolo de oración o meditación”.5
De acuerdo al profesor Schenone hemos reconocido a los siguientes santos: a Santa
Bárbara, con su atributo la Torre; a Santo Domingo, no sólo por el hábito de dominico
negro y blanco sino también por las alas, ya que en América se estilaba representar con
alas no sólo a Santo Domingo, sino también a San Francisco, Tomás de Aquino,
Vicente Ferre.6
A San Francisco, no sólo por el hábito franciscano de color marrón y por las alas, sino
también por la calavera y su relación con la fugacidad de los bienes terrenales y la
prédica franciscana de retorno a la pobreza cristiana primitiva; a San Pablo al que
reconocemos por su atributo: la Espada; a San Francisco Javier, con el cangrejo como
atributo.
A San Mateo Evangelista con la balanza como atributo; a Santa Rosa de Lima,
primera santa del Nuevo Mundo, con su rama de azucenas; a Santa Catalina de Siena,
por su hábito dominico y los lirios como atributo; a San Pedro Nolasco, con su gran
cruz.
Sostenemos que se adoptó como modelo la Virgen de la Candelaria no por la relación
entre la Virgen y la Tierra (si este hubiera sido el motivo la asociación podría haberse
hecho con otra advocación mariana) sino por el vínculo con la luz. Y en este sentido
cabe preguntarnos qué significaba la luz entre los quechuas y los aymaras. Los cronistas
siempre se refieren a los santuarios como “Templos del Sol”. El sol y la lluvia, de los
que dependen las cosechas, suelen ser el interés principal de casi todos los pueblos
agrícolas. Pero esto no nos debe hacer perder de vista la relación general de las
imágenes marianas con los cultos tradicionales a la Madre Tierra, los nexos que se
establecieron entre la Virgen y la Tierra, entre la Virgen y la Pacha Mama. Pero en el
caso puntual de esta imagen la relación de la Virgen con la Luz nos ha llevado a
establecer un vínculo de esta con el Sol Incaico ya que los Incas eran los hijos del Sol.
Asimismo, recordemos la pluralidad étnica del incanato. Frente al culto solar de los
quechuas (todos los imperios han sido solares desde el punto de vista de su religiosidad)
4
Schenone, H., Iconografía del Arte Colonial: los Santos, Bs. As., Fundación Tarea, Vol. II, 1992, pp.
792.
5
Schenone, H., op. cit., pp. 787-792.
6
Mesa, J. de y Gisbert, T., Historia de la Pintura Cuzqueña, Lima, Fundación Augusto N. Wiesse, Tomo
1, 1982, p.303.
9
se alzaba el culto a la tierra, el culto ancestral de los campesinos a la tierra que
trabajaban, el culto de los aymaras. Se ha argumentado que los conquistadores tuvieron
un mayor éxito, en cuanto a su prédica religiosa, allí donde imperaba por sobre la
comunidad campesina una nobleza organizada en estado; que allí donde lo limitado de
la estratificación social impedía o limitaba la presencia de una nobleza. Los cultos
solares se vinculan con la autocracia de un estado, con un monarca absoluto, en nuestro
caso el Inca y el nexo con el poder de éste podía establecerse a partir del momento en
que muchos siglos atrás cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del
Imperio Romano la figura de Jesús fue solarizada y se asoció al Sol convirtiéndose su
luz en luz solar. Por el contrario, las relaciones de la comunidad campesina con la tierra,
del trabajador de la tierra con la proximidad de su “objeto de trabajo”, llevaba a este a
pensar a la tierra como una madre nutriente, a sacralizar a la tierra y pensar lo sagrado
como algo próximo a la condición humana y no como algo elevado y distante, tan
distante como el Sol y el Inca. Por eso es importante el análisis de esta imagen de la
Virgen María: como mujer está vinculada a la tierra, la fertilidad de una hace a la
fecundidad de la otra; como Virgen vinculada a la luz de las velas, la aleja de la
cotidianeidad campesina, la asocia a la teocracia del Inca y al sol como dios distante. Y
todo ello permitió establecer una continuidad entre la realeza del Inca y la realeza de los
monarcas españoles como lo rebelan otras iconografías que muestran a los monarcas de
España como continuadores de los reyes Incas. Allí donde la imagen decía que el rey de
España había venido a continuar al rey de los Incas encontraba en esta imagen mariana
un antecedente en el cual afincarse. Tierra y Sol, Mujer y Virgen, Río y Paisaje, todo se
conjuga para hacer de esta imagen un compendio de la religiosidad andina después de la
conquista.
Devoción popular practicada “en la mayor feria que tienen los indios, que es la de
Cocharcas, adonde concurren de varias provincias más de dos mil indios, y así ocurren a
las tenderas indias, que tienen paciencia para venderles un cuartillo en una aguja de
arriero, un cuartillo de pita, y así lo demás.”7
Dos producciones refieren a la advocación que en 1767 se puso a España y sus
dominios bajo el especial patronazgo bajo la Inmaculada o Purísima Concepción, así su
“imagen fue representada infinitas veces y según todas las técnicas conocidas, como
consecuencia del intenso fervor inmaculista que caracterizó la religiosidad peninsular”.8
Esto implicó una circulación de una traducción en términos estéticos de un concepto
metafísico a saber, el de la preexistencia de María en la Eternidad, anterior al tiempo-
espacio del hombre; vale decir, María existía en Dios, antes de advenir a la tierra, por
medio de la maternidad de Ana, siendo preservada del pecado original.
En realidad cuando hablamos de la preexistencia de María en la mente de Dios,
estamos hablando de una existencia anterior al tiempo ya que el mundo fue creado
conjuntamente con el tiempo; o para expresarnos en otros términos, el tiempo no existía
antes de la creación del mundo; no hay un antes del mundo, porque pensar en un antes
es dar dimensión temporal a algo (la actividad de Dios) que no está en el tiempo ya que
el tiempo no existía antes del mundo, sino que advino a la existencia con el mundo. Este
es creado con el tiempo y no en el tiempo. Vemos entonces la dificultad de una imagen
de la Inmaculada Concepción. ¿Cómo producir una imagen que dé cuenta de un
pensamiento, el de Dios, que por ser un pensamiento “anterior” al mundo, no transcurre
en el tiempo? El propio lenguaje humano nos presenta la dificultad de pensar y
expresar algo que no tiene dimensión temporal. Y lo mismo cabe decir de las imágenes
7
Concolorcorvo, El Lazarillo de Ciegos Caminantes. Desde Buenos Aires Hasta Lima, Buenos Aires,
Ediciones Argentinas Solar, 1942 [1775], pp.323.
8
Schenone, H., Iconografía del Arte Colonial: Santa María, Buenos Aires, Educa, 2008, pp.44.
10
como lenguaje. Se trata de traducir en una imagen que forzosamente será temporal una
“realidad” que esencialmente es atemporal. Tan solo podemos vislumbrar el
pensamiento divino no pudiendo sino expresarlo como pensamiento humano. Y en este
sentido lo limitamos temporal y espacialmente. Tal vez las imágenes de la Inmaculada
Concepción, los intentos de los artistas por aprehender un pensamiento atemporal sea
más un desiderátum que una realidad tangible. Pero la imagen es tangible, la podemos
ver, podemos deleitarnos con sus formas y colores, con su figura y sus fondos; pero
formas, colores, figuras, fondos no son sino herramientas sensibles que intentan dar
cuenta de un pensamiento en virtud del cual, Dios preservó al María del pecado original
desde antes del tiempo. La Virgen María fue un sujeto histórico real pero su vida fue
inmaculada desde antes del tiempo, y por ende desde antes de nacer.
Fig. 2: “La Purísima Concepción”. Óleo sobre cobre. Autor: Anónimo. Escuela del Cuzco; siglo XVIII.
Medida: 265 X 300 mm
11
En esta imagen de la “Purísima Concepción” solo se ven clara y distintamente el
rostro y las manos de la Virgen en actitud de oración; el cuello lleva un rico collar de
tres niveles y tiene también la corona de Reina de los Cielos. Todo su cuerpo está
cubierto por un lujoso manto claro adornado con motivos florales. La imagen al centro
de la composición, se dispone bajo un cortinado que se abre para dejar paso a aquella,
como aludiendo a la misericordia de la Virgen. Entretanto a los pies de la misma,
aparece una figura angelical, como si estuviese volando, extendiendo ampliamente sus
brazos, con las palmas desmesuradamente alargadas.
Al MHN ingreso otra imagen más compleja “La Purísima Concepción. Alegoría”.
Óleo sobre tela. Autor: Anónimo, 1791. Con leyenda. Medida: 625 X 800 mm. lleva en
la parte inferior una cartela que dice
“A la devoción de la Señora María Cristina Santa Ana de Carranza, año 1791.
Como es bien sabido el Rosario es una oración mariana cuyos orígenes se vinculan a
Santo Domingo de Guzmán. A éste la Virgen le entregó el Rosario. Las cuentas unidas
por un hilo cual, si fuesen una sarta de perlas, sirven para contar los rezos. En el Rosario
se rezan los misterios vinculados a la Virgen María, que son los Misterios Gozosos que
hacen referencia a la encarnación del Verbo, al nacimiento virginal de Jesús; los
Misterios Dolorosos, que hacen referencia a la vida, pasión y muerte de Jesús y los
Misterios Gloriosos que hacen referencia a la Resurrección de Jesús. Es una vinculación
con la Virgen y a través de ella con Jesús. Se integra a esta colección una Imagen de la
Virgen del Rosario que ingresó por donación de Enrique Fox de 1945, una de las
“pinturas de viaje”, tipología descripta por Schenone, pues el lienzo se enrolla en una
vara cilíndrica con cabezales que sirven de sostén a la tela cuando esta cuelga para ser
expuesta. En ocasiones recibían un tratamiento ornamental o dorado a la hoja. Las
pinturas estaban, por lo común, hechas sobre un delgado lienzo de lino para permitir
como se dijo, ser arrolladas con facilidad, evitando en lo posible, el cuarteo de la
superficie.”9
Fig. 3: “Nuestra Señora del Rosario”. Óleo sobre tela. Autor: Anónimo. Con leyenda. Con estuche de
madera para transportar en campaña. Medida: 570 X 805 mm.
9
Schenone, H., op. cit., p.63.
12
El culto de la Virgen del Rosario es uno de los más antiguos de la ciudad de Buenos
Aires. Según consta en los documentos ya en 1586 se había constituido una cofradía del
Rosario y la imagen de la Virgen fue sacada en procesión. En el año 1600 la orden de
Santo Domingo construyó su primera iglesia y convento donde fue instalada la imagen.
Nuestra Señora del Rosario era la Patrona de la Armada Real de España y de los
galeones y Liniers, capitán de navío de la marina española en el Rio de la Plata, cuando
reconquista Buenos Aires, le ofrece a la Virgen las banderas inglesas tomadas en esos
acontecimientos.
La representación artística de la Virgen del Rosario tiene una larga tradición pictórica
y escultórica. Las dos pinturas más antiguas, son de inspiración dominica, y datan del
siglo XV. Ya en estas imágenes junto a la Virgen que ocupa el lugar central se
encuentra representado Santo Domingo, a este bajo la advocación del Rosario se le
había manifestado la Virgen
La Virgen está sentada, lleva en su mano derecha el Rosario y con la izquierda
sostiene contra su cuerpo al Niño Jesús. Está lujosamente ataviada. El vestido le cubre
todo el cuerpo dejando ver solamente el rostro y las manos. Tiene una corona y lleva
aureola. La Virgen está rodeada de seis angelitos y por una corona de nubes. En la parte
superior y al centro, por encima de la Virgen, el Espíritu Santo. Al pie una crucifixión
sobre una montaña, seguramente el Gólgota. En la parte superior de la cruz cuatro
angelitos. San Francisco sostiene con la mano izquierda una calavera, mientras en la
derecha se ve su estigma. Santo Domingo tiene a su vez junto a él un perro (atributo)
que sostiene en su boca un rollo de papeles.
Fig. 4: “Virgen del Rosario”. Óleo y nácar sobre madera. Anónimo. (450 X 630 mm).
13
Esta obra con aplicaciones de nácar refiere a las variedades de las materialidades con
resoluciones plásticas enriquecidas, en ella se destaca al centro de la composición la
imagen de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús en brazos, coronada por dos figuras
angelicales. Esto nos hace recordar el quinto de los misterios gloriosos. La coronación y
exaltación de María sobre todos los coros de los ángeles. Lo que comenzó con el Ángel
de la Anunciación culmina ahora en la coronación. Así, María, habiendo entrado
íntimamente en la historia de la Salvación, atrae a los creyentes hacia su Hijo y el amor
del Padre Los ángeles que rodean a la Virgen son Querubines. En la parte inferior y
hacia la izquierda, aparece representada Santa Teresa, con un estandarte que dice:
"OMORT y BENCER" y a la derecha, un santo en éxtasis (no identificado). Estas tres
figuras están adornadas con incrustaciones de nácar.
En la pintura religiosa imágenes de santas y santos expresaban a devociones de
acuerdo a vinculaciones de iconografías y contenidos hagiográficos así incluimos para
tramar un relato devocional, entre lo privado y la esfera pública, el caso de Santa
Clara.
Fig. 5 “Santa Clara”. Óleo sobre cobre; siglo XVIII. Con marco de época (90 X 125 mm).
14
Santa Clara (1194-1253) Noble fundadora de la Orden de las Clarisas, donde la
austeridad de la institución fue confirmada por un “Privilegio de Pobreza., se esforzó
por aplicar el ideal de vida formulado por San Francisco, nombrada abadesa en 1215 y
canonizada en 1255.
Los orígenes del movimiento franciscano se relacionan con el retorno a la “pobreza
evangélica” predicada por San Francisco. Era este hijo de un acaudalado comerciante en
una época en que el desarrollo del comercio y las artesanías permitieron un
renacimiento urbano y con él se inició el desarrollo de una forma de riqueza (la del
capital comercial) distinta de la riqueza tradicional vinculada a la propiedad de la tierra
y que estaba detentada tanto por la nobleza laica como por la eclesiástica. Para fines del
siglo XII y principios del XIII, la Iglesia católica había acumulado un gran poder
temporal, no solo político sino también económico.
La organización jerárquica de la Iglesia, el desarrollo de los estados pontificios y las
propiedades de la tierra que había acaparado en el correr de los siglos, la fueron
apartando del mensaje cristiano originario y de la pobreza de los primeros tiempos. Si
las parábolas mediante las cuales Jesús se había dirigido a campesinos y pescadores, si
el mensaje que Jesús había transmitido estaba dirigido fundamentalmente a los “pobres
de este mundo”, la realidad de la Iglesia en el siglo XIII, hacía de ella un poder
dominante y de las jerarquías eclesiásticas el intelectual orgánico de la nobleza feudal.
La Iglesia, en el mensaje que Dios le transmite a Francisco, tambaleaba; era necesario
apuntalarla.
Y para ello era de vital importancia el retorno a la pobreza de los tiempos
evangélicos. Un retorno a los orígenes para recuperar la sabia de las palabras de Jesús.
Francisco renunció a todas las posesiones que tenía a partir de las riquezas de su padre,
renunció a la clase de los comerciantes, quedó con su desnudez ante el mundo. Con los
primeros discípulos y con la autorización del Papa, inició su prédica y creó una nueva
orden religiosa, la de los franciscanos. Para el “pobre de Asís”, toda la naturaleza era su
hermana: los pájaros, los animales, las montañas, los ríos todos eran un fruto de la
creación y estaban hermanados con su persona. Y Clara, la joven adolescente,
enamorada de Francisco, lo seguirá en su prédica y dará con su amor y su entrega a la
vida religiosa, origen a la segunda de las ordenes franciscanas: la de las clarisas,
integrada por mujeres que hicieron de la pobreza evangélica y de la caridad el ejemplo
de sus vidas, al igual que Francisco. Clara será la “hermana luna” y Francisco el
“hermano
A diferencia de los benedictinos, que rompían con el mundo y se organizaron en
monasterios rurales; los franciscanos constituyeron una de las órdenes mendicantes de
la Baja Edad Media, se establecieron en las ciudades, en los nuevos centros de la
medievalidad y desde allí, viviendo de la caridad, predicaron la pobreza de Cristo.
Entre los atributos asignados a Santa Clara abarcan “una cruz rematada en una rama
de olivo (amor de Clara por el crucifijo). Custodia. Hábito de clarisa. Lámpara de aceite
o linterna (patrona de los ciegos). Lirio (pinturas de Siena y Umbría)”.10
Santa que, de acuerdo a los peligros de la ciudad de Buenos Aires durante la
Invasiones Inglesas, no queriendo que este pueblo católico gimiese bajo el pesado yugo
de la herejía, dispuso y preparó el cristiano corazón del Señor Don Santiago de Liniers
para su reconquista que fue el día 12 de agosto, fiesta de nuestra gloriosa Madre Santa
Clara.11
10
Duchet-Suchaux, G., Pastoureau, M., La Biblia y los Santos, Madrid, Alianza Editorial, 1996, pp.90-91.
11
Udaondo, E., Antecedentes y Descripción de una Gran Obra de Arte en Buenos Aires, Buenos Aires,
Imprenta Amorrortu, 1935, pp.30-35.
15
La Redención por medio de la Caridad de autor anónimo, siglo XVIII. Escuela
quiteña, donación de 1965 del Crítico de Arte del Museo de Santa Fe Horacio Caillet-
Bois, autor del catálogo Primer Salón de Arte Sagrado y Retrospectivo de Santa Fe
(1940).
Esta alegoría se inscribe en la política iconográfica en el Virreinato del Perú, la cual
se desplegó, a partir del siglo XVII, en numerosos lienzos y muros de iglesias y capillas,
como “una herramienta visual en sintonía con los discursos referidos a la finitud de la
vida, la condena idolátrica, el tormento del infierno ante una vida dedicada a los
pecados, la necesidad de la confesión, y la esperanza de la salvación eterna”.12
Fig. 6: “La Redención por medio de la Caridad”, óleo de autor anónimo, S XVIII, Escuela quiteña.
12
Siracusano,G., “De aquí y de allá. Muerte y conversión recorren el mundo”, En Las redes del arte:
intercambios, procesos y trayectos en la circulación de las imágenes. VII Congreso Internacional de
Teoría e Historia de las Artes XV Jornadas CAIA, p.25.
16
San Pablo afirmaba que de las tres virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad), la
Caridad era la más importante. En efecto, vana sería la Fe en Cristo, si no se es
caritativo con el prójimo, sino se comparte el pan; la Esperanza carecería de sentido si
no se comportan los cristianos como hermanos; en efecto, qué sentido tendría esperar la
parusía si no se está hermanado con todos los cristianos. La Caridad es amor al prójimo,
entregarse al otro, brindarse al hermano y el mayor de todos los actos caritativos, es dar
la vida por el hermano. Y Jesús ofrendó su vida para la salvación de los hombres. Llevó
la caridad a su máxima expresión. El sentido de la crucifixión es el del sacrificio
redentor. Pero se trata no solo de ver la crucifixión de Jesús sino llevar la imitación de
Cristo como el modelo de vida de todo cristiano. “Fuisteis crucificados en Cristo”, decía
San Pablo y en este sentido cada cristiano debe cargar su cruz y seguir el camino de
Jesús. La devoción de los santos, la representación de las virtudes teologales; en suma,
el conjunto de la imagen, tiene en el sacrificio de Jesús el centro de la vida.
La especificidad abordada en esta producción despliega los sentidos de la redención
por medio de la caridad ante el Juicio Final. Redimir es rescatar, liberar al hombre del
pecado y reconciliarlo con Dios. La historia de la redención es la historia de la vida,
pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. El sacrificio de Jesús es la
condición de la Nueva Alianza del hombre con Dios, de la liberación del pecado, del
rescate de los hombres que llevaban el estigma de Adán.
Sostienen al discurso de esta alegoría las reflexiones de Hegel “Visión Artística de la
Redención” afirmando: “El momento supremo en la vida del Hombre-Dios es el
sacrificio de la existencia individual, la historia de la Pasión, de los sufrimientos de la
Cruz, el suplicio del espíritu, los tormentos de la muerte”.13
En el cuadro vemos en la parte superior representada a la Trinidad: en una compacta
figura central, encontramos a la derecha a un Jesús triunfante, cubierto de un manto
rojo, que lleva en su brazo la cruz, el instrumento de la redención; al centro, el Espíritu
Santo, representado por medio de una paloma blanca rodeada de una aureola y hacia la
izquierda, el Dios Padre, también cubierto por un manto rojo, que lleva sobre la cabeza
una aureola triangular blanca, que representa a la Trinidad. El conjunto de la figura
central, está rodeada de ángeles que, en la iconografía medieval y española colonial,
llegaron a representar a la milicia divina en la lucha contra el demonio y el mal.
En el centro del cuadro, se destaca la crucifixión de Jesús, su martirio en la cruz, para
liberar al hombre del pecado. La figura de Cristo, está sumamente estilizada,
remarcándose, a través de fuertes líneas, la tensión de los músculos y costillas, de su
cuerpo, sometido al martirio. El sacrificio representado en el centro de la composición,
es la fundamentación de la Trinidad triunfante, que vemos en la parte superior de la
misma.
A la izquierda de Cristo, se destaca la imagen de la Virgen María, cubierta por un
manto rojo y azul rodeada su cabeza por una aureola circular (símbolo de la eternidad) y
con las manos en actitud de oración. Aplasta con su pie a una serpiente, que aparece
enroscada sobre un globo mundi. De esta manera, la serpiente que había tentado a Eva y
arrastrado al hombre al pecado y la caída, es a través de María vencía, porque en su
vientre fue concebido su hijo, Jesús.
A los pies de la cruz, rodeando con una de sus manos al madero, donde están
clavadas las piernas de Jesús y con un rostro, que denota sumo pesar, la imagen de
María Magdalena, la pecadora arrepentida, una de las tres mujeres que presenciaron la
crucifixión. Del otro lado de la cruz, hacia la derecha y también a sus pies, la imagen de
San Pedro, que tiene en una de sus manos las llaves del reino.
13
Hegel, G., Estética. Sistema de las Artes, Buenos Aires, Ediciones Libertador, 2006, pp.151-153.
17
Todo el conjunto central está rodeado de figuras angelicales y de sacerdotes-obispos-
santos, como San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Se destaca hacia la derecha
y al medio de la composición San Juan Bautista. También reconocemos a San Nicolás
de Bari por la mitra y a San Jorge, que se encuentra representado con una armadura.
En la parte superior, en un costado, hacia la derecha, el Sagrado Corazón, una
representación del centro de la creación, la sangre divina o sagrada, derramada en el
sacrificio de la cruz. La sangre que anima al mundo con una fuerza vital. Por encima del
Sagrado Corazón Virtudes teologales como la Fe y la Caridad. A la Fe la reconocemos
por el cáliz en el cual recoge la sangre de Jesús, apareciendo la Hostia por encima del
cáliz; y la Caridad, con el corazón atravesado por una flecha. Asimismo, virtudes
cardinales como la templanza y la fortaleza.
La obra del “Jesús Nazareno” presenta una especificidad de temática y
temporalidad, se trata de un óleo de mediados del siglo XIX remitiendo a la factura de
una pintura sacra vinculada a los consumos domésticos en una época en que la
revolución y los cambios de costumbres, incluidas al nivel del gusto artístico, estaban
cambiando el panorama de la plástica post colonial, aunque continuaba practicándose la
pintura religiosa; por otra parte las fiestas católicas continuaron desplegándose en el
Buenos Aires criollo, pese al desarrollo de las fiestas cívicas .
Fig. 7: “Jesús Nazareno”. Óleo sobre tela. Autor: Fernando García del Molino (405 X 600 mm).
Es un óleo de Fernando García del Molino (1813-1899) a quien León Pagano calificó
de pintor de la federación, por sus retratos de los representantes más conspicuos del
18
orden federal. García del Molino, cuyas reflexiones estéticas, hace referencia a aquellos
pintores europeos que tenían en los temas religiosos su motivo de representación.
En el tema del “nazareno” debemos distinguir dos órdenes de problemas: el histórico y
el iconográfico. El primero nos lleva a la pregunta acerca de porque se llamaba a Jesús
“el nazareno” y frente a ello se han formulado diversas respuestas: 1) atribución al
hecho de haber residido en “Nazaret”, pero esto generó el debate histórico-arqueológico
sobre la existencia de la aldea 2) la pertinencia de una adhesión de Jesús a la secta de
los nazarenos, pero los críticos cristianos han señalado que los nazarenos se
constituyeron después de la época de Jesús 3) la que extensión del vocablo hebreo nazir
aplicada a aquellos hombres que han sido consagrados a Dios y eran denominados los
“Santos de Dios”.
En cuanto a lo iconográfico nos encontramos con la representación de Jesús portando
la cruz camino del calvario, del juicio y flagelamiento, con la cruz a cuestas hacia el
momento central de su Pasión, la muerte en la cruz. Esta obra de la cual no conocemos
su forma de ingreso al MHN, se integra a su producción abordada exhaustivamente bajo
un sensible e inteligente mirada en la Muestra Retratos para una identidad. Fernando
García del Molino (1813-1899) del Museo Fernández Blanco.
14
Pacheco, M.E., Coleccionismo artístico en Buenos Aires del Virreinato al Centenario-Expansiones del
discurso, Buenos Aires, 2011, p.178.
19
Conclusiones
Las obras seleccionadas provienen de la retórica del proto coleccionismo de los siglos
SXVIII y XIX, luego incorporadas a la dinámica de las memorias museográficas
secularizadas y administradas por el estado y participes de estructuras narrativas de
MHN de manera tangencial. Producciones que remiten al mundo de lo privado y la
espiritualidad, a los intercambios, procesos y trayectos de imágenes luego integradas a
las formas colectivas que gestiona el estado asignando otros sentidos la los mensajes de
sacralidad originarios.
Corpus que puede “ser construido y descifrado, en conjunto, en la fraternidad del
descubrimiento en común”15 y objeto de prácticas curatoriales futuras para conformarse
en una intersección del discurso museográfico del MHN que hegemónicamente apeló a
sostener mensajes pedagógicos desde diferenciadas orientaciones historiográficas en
horizontes culturales dinámicos. El desafío de una exhibición integral implica una
puesta en valor de las condiciones de la materialidad de las obras proponiendo un
espacio de reflexión, como un instrumento privilegiado para una gestión plural de los
significados de arte y la historia. ●
15
Chartier, R., Escribir las prácticas, Buenos Aires, Manantial, 1996, p.60.
20
Documentos de Nuestra Historia
EDUARDO SCHIAFFINO
Su documentación personal
María Teresa Fuster16
Schiaffino, Eduardo Sivori, Ernesto de la Cárcova, Augusto Ballerini y Martín Boneo de pie. Angel della
Valle, Lucio Correa Morales y Americo Bonetti en 1883 (izq a derecha) AGN,
16
Licenciada en Historia (UBA), Profesora de Enseñanza Media y Superior en Historia (UBA),
Especialista en Historia Colonial (UNlu) Miembro de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la
Comunicación, Miembro del Instituto Nacional Browniano. Miembro del Comité Argentino de Lucha
contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales (2016-2020), Perito documental. En la actualidad se
desempeña en el Área de Comunicación y Acción Cultural del Archivo General de la Nación dependiente
del Ministerio del Interior.
17
Cútolo, V. O., “Nuevo Diccionario Biográfico Argentino (1750-1930)” Tomo VII, Letras SC-Z,
Buenos Aires, 1969.
21
Egisto Lancerotto19 y en París con Rafael Collin20 y Pierre Puvis de Chavannes21 .
Además de la labor artística, escribió artículos sobre crítica del arte para el diario La
Nación y otros periódicos.
En 1873 Domingo Faustino Sarmiento había encomendado a José Aguyari la
fundación de una Academia Nacional de Artes, iniciativa que no pudo concretarse en
ese momento, sin embargo, tres años después, Aguyari, Schiaffino y otros hombres de
la cultura participaron de la formación de la sociedad “Estimulo a las Bellas Artes”, que
según palabras de Schiaffino: “su objeto único e inalterable es propender al desarrollo
entre nosotros del dibujo, pintura, escultura, arquitectura y demás Artes” 22. Esta
Sociedad fue la precursora de la actual Academia Nacional de Bellas Artes.
Sus actividades en el campo cultural fueron incansables, en 1891 participó en la
fundación de “El Ateneo” en la ciudad de Buenos Aires, lugar que convocó un
importante grupo renovador de la cultura con la participación de destacadas figuras
como Guido Spano, Ricardo Gutiérrez, Rafael Obligado, Roberto Payró, Enrique
Larreta, Rubén Darío y Leopoldo Lugones, entre otros, y que prontamente se convirtió
en un centro del arte y la cultura de la ciudad23. Dentro de las actividades del Ateneo
estaba la realización de conferencias, conciertos y exposiciones de pintura y escultura24.
En 1894 formó parte además de la Comisión Pro Monumento a Sarmiento, junto con
Miguel Cané y Aristóbulo del Valle, quienes contrataron a Auguste Rodin para la
ejecución de la obra.
Schiaffino fomentaba y difundía el arte. Lo consideraba un medio civilizador para el
país que estaba en pleno proceso de formación25. Creía en la necesidad de la existencia
de los museos, afirmaba que estas instituciones eran “análogas a la de las bibliotecas” y
hasta superiores porque las obras que resguardaban eran piezas únicas a diferencia de
las bibliotecas pues razonaba: “puesto que la obra de arte individualizada en el ejemplar
único no puede tener la difusión del libro editado a millares de copias”26.
Por Decreto del Poder Ejecutivo del 16 de julio de 1895 se creó formalmente el
Museo Nacional de Bellas Artes. Eduardo Schiaffino fue nombrado director. Por quince
años estuvo al frente del Museo realizando una notable gestión. Lo dotó de valiosas
obras de artes nacionales y extranjeras que hicieron del Museo Nacional de Bellas Artes
una institución notable en el mundo, propició la apertura de galerías de arte, organizó
muestras de arte argentino en el país y en el exterior, logró traer importantes
exposiciones y muestras al país, promovió el otorgamiento de becas para estudiar en
Europa con el fin de capacitar a los futuros artistas que enriquecerían el arte local. Y en
1904 fue nombrado delegado del gobierno para organizar la Exposición Nacional de
18
José Aguyari era un pintor veneciano nacido en 1840 y radicado en el país. Sus pinturas representan
escenas rurales y gauchescas. Falleció en 1885 en la ciudad de Buenos Aires
19
1847-1916. Artista veneciano.
20
1850-1916,
21
1824-1898. De origen francés perteneció al movimiento llamado del simbolismo.
22
Schiaffino, E., La pintura y la escultura en Argentina (1783-1894), Buenos Aires, 1933.
23
Fernández García, A. M. Arte y emigración. La pintura española en Buenos Aires (1880-1930).
Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo, Gijón, 1997.
24
Gutiérrez Viñuales, R. “Exposiciones históricas en la Argentina l. El Ateneo (1893-1896)” En
Cuaderno de Arte, N° 35, Universidad de Granada, 2004, p.128.
25
Galvez, I “La importancia del arte en la Argentina en el siglo XIX”, UNLP. Consultado en línea 16-09-
2023:
[Link]
26
Discurso de Eduardo Schiaffino en la inauguración del Museo Nacional de Bellas Artes, Periódico La
Nación del 26 de diciembre de 1896.
22
Arte en Saint Louis (EEUU) primera y única exposición de Bellas Artes realizada por
Argentina en el extranjero.27
Durante su gestión, el Museo aumentó varias veces su patrimonio, pasando de las 150
piezas originales a más de 3700 y amplió de cuatro a veintidós las salas de
exposiciones. A pesar de su desempeño exitoso al frente de la institución, la Comisión
Nacional de Bellas Artes - de la cual pasó a depender el Museo desde el año 190728 -
libró una feroz batalla en su contra, y finalmente logró sacarlo del cargo el 19 de
septiembre de 1910 solo un mes antes de que el presidente Figueroa Alcorta dejara su
cargo29. Su sucesor, Roque Sáenz Peña, consciente de la injusticia en su contra quiso
reparar el daño otorgándole un cargo en el Servicio Exterior.
23
“Desnudo”:1888 - Museo Castagnino - Mar del Plata.
“El Reposo”: 1889 - Museo Nacional de Bellas Artes.
Margot: 1890 - Museo Nacional de Bellas Artes.
Desnudo con fondo azul: 1895 – Museo Nacional de Bellas Artes.
Retrato de una señora con sombreo c. 1920- Mueso Nacional de Bellas Artes.
24
¿Qué documentos se conservan de Eduardo Schiaffino?
31
Periódico El Atlántico. Año 1935 p. 12
25
Arqueología
Figura 1 - Monte Isola en el Lago Iseo, a los pies de los Alpes italianos ( María Constanza Ceruti)
El Lago Iseo se extiende en la desembocadura del Río Oglio, que desciende desde las
altas cumbres alpinas, recorriendo los noventa kilómetros de Val Camonica. En épocas
prehistóricas, las costas del Iseo fueron hogar de los Camunos y Cenoman, pobladores
réticos que residían en asentamientos lacustres sobre paláfitos. La tradición oral regional
recuerda que en el Medioevo, los monjes del islote de San Paolo se dedicaban a la
producción de redes de pesca y que en 1510 AD, el poblado lacustre de Pisgone se vio
envuelto en cacerías de brujas. En la cima del llamado “monte-isla” (Figura 1), sobre un
altar dedicado a deidades precristianas de las montañas y los bosques, se construyó un
santuario dedicado a la Virgen María, bajo la advocación de Madonna della Ceriola. A
su descripción y análisis contextual se dedica el presente trabajo.
32
Miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Licenciada en Antropología y
Doctora en Historia. Profesora en la Universidad Católica de Salta e investigadora del CONICET. Autora
de más de cien artículos científicos y veinticinco libros sobre arqueologia de altura y montañas sagradas.
Medalla de Oro de la UBA y de la Sociedad Internacional de Mujeres Geógrafas. UCASAL – CONICET
– ANCBA. Contacto: constanza_ceruti@[Link]
26
Introducción al paisaje del Valle de los Camunos y Lago Iseo
Val Camónica es un extenso valle alpino italiano que desciende desde el Paso del
Tonale hasta el Lago Iseo. Entre centros de ski, prados de altura, bosques de castaños,
castillos medievales y fuentes termales, se conservan notables evidencias arqueológicas
de la Prehistoria y Antigüedad Clásica. El Museo de la Prehistoria de Valle Camúnica
custodia menhires neolíticos y estelas grabadas de la Edad del Bronce, que permiten
explorar la articulación de esta región en el fenómeno del megalitismo europeo y el
culto protohistórico a rasgos prominentes y sacralizados en el paisaje.
En el parque arqueológico de Cividate Camuno sobresalen el teatro y el anfiteatro de
la antigua ciudad romana de Camunnorum, que se cuentan entre las construcciones más
sugestivas y mejor conservadas de época romana en todo el arco alpino. No lejos de allí
se encuentra otro parque arqueológico que alberga las ruinas de un santuario dedicado a
Minerva, construido sobre un lugar de culto de la Edad del Hierro, junto al Río Oglio.
El Valle de los Camunos es conocido también como “Valle de lo Sagrado” (Val del
Sacro) y “Valle de los Símbolos” (Valle dei Segni), puesto que ostenta la mayor
concentración de arte rupestre prehistórico del mundo. Se trata de más de 300.000
petroglifos distribuidos en sitios al pie del Pizzo Badile, el “monte sagrado de los
Camunos” y con vista a la panorámica Concarena, otra montaña “encantada” en la
vertiente opuesta del valle33.
Los antiguos pobladores réticos que habitaban en esta región durante la Edad del
Hierro eran denominados Camunos y a ellos debe su nombre el valle. Al igual que otros
pueblos del occidente alpino, se caracterizaban por sus distintivos asentamientos
lacustres construidos sobre paláfitos y por sus tradiciones rupestres, heredadas del
Neolítico, Calcolítico y Edad del Bronce.
En particular, el parque arqueológico Cemmo custodia dos grandes bloques erráticos
con alrededor de 200 grabados rupestres que datan del segundo milenio AC e incluyen
motivos de animales, armas (dagas), carros, arados y antropomorfos. Enriquecido con
estelas calcolíticas, este santuario rupestre con vistas a las montañas sagradas de Val
Camónica permaneció en uso hasta la antigüedad tardía (siglos IV y V AD). En tanto
que el parque de las incisiones rupestres de Naquane se observan más de cien rocas
glaciares con grabados que datan del siglo IV al I AC e incluyen motivos de ciervos,
escenas de caza, escenas de duelo, orantes, guerreros, pisadas y hasta presuntas
representaciones de aldeas lacustres sobre palafitos. Sobresale un antropomorfo con
cuernos de ciervo, probable representación del dios celta Cernuno. Se destaca también
la concentración de grabados rupestres en Seradina Bedolina, a los pies de la montaña
Concarena, donde aparecen representados la famosa “rosa camuna”, el “mapa de
Bedolina”, escenas de caza, ciervos, arados, instrumentos musicales, antropomorfos
guerreros y duelantes. En un promontorio rocoso cercano se levanta el Pieve de San
Siro, un templo de estilo románico lombardo considerado como “la iglesia más antigua
del valle”, cuya fundación se atribuye a San Siro (s. IV) y a Carlomagno (s. VIII).
Situados al pie del Pizzo Badile, los conjuntos rupestres de Cambergo y Paspardo,
incluyen petroglifos medievales. Por su parte, el folclore local conserva la memoria de
la presencia de ermitaños en oratorios de montaña, de quienes se dice que se
comunicaban entre sí mediante hogueras. Abundan asimismo las leyendas sobre brujas
o streghe, que hacen eco de una triste realidad histórica, ya que a comienzos del siglo
XVI, más de setenta mujeres fueron condenadas a la hoguera, por hechicería, en las
costas del Lago Iseo.
33
Véase Ceruti 2023.
27
La “isla-montaña” de Monte Isola
Monte Isola es el nombre italiano de una forestada isla montañosa que emerge en medio
del Lago Iseo. Tiene una circunferencia de nueve kilómetros, alcanza una altitud de
seiscientos metros y es una de las islas lacustres más grandes de Europa. El terreno está
constituido por rocas calcáreas dolomíticas y la cobertura forestal incluye bosques de
castaños y plantaciones de olivos. La principal actividad económica es la pesca, aunque
los isleños también practican la cría de ganado menor.
La isla tiene una población permanente de aproximadamente 1800 habitantes,
reunidos en once villas, entre las que se cuentan Peschiera, Maraglio, Sensole, Portoli,
Siviano, Carzano, Menzino, Olzano y Sensano. Los automóviles están prohibidos y
solamente se permite el transporte en bicicleta, a pie o en mini-buses locales. El paraje
rural de Siviano cuenta con viviendas del siglo XVII, una escuela, un hospital y un
puerto. En el seno de este poblado se puede visitar un pequeño museo dedicado a las
redes de pesca. En tanto que en la fiesta de Pentecostés las calles de Carzano aparecen
decoradas con flores de papel.
La segunda cumbre de la isla está coronada por un castillo del siglo XIV, construido
con fines defensivos por la familia gibelina de los Oldofredis de Iseo. Durante el
Renacimiento italiano, fue convertido en abadía por la familia de los Martinengo. La
torre mayor se encuentra inusualmente situada en el centro mismo del castillo; en tanto
que las casas, también fortificadas, cuentan con elegantes balcones.
El principal puerto turístico está situado en Peschiera, un poblado pesquero
caracterizado por casas de piedra pintadas de blanco, jardines, capillas y patios donde se
acumulan herramientas de labranza. Desde allí, un camino pedestre muy escénico
(Figura 2) atraviesa pastizales y bosques de castaños en dirección a la cima principal de
la isla, donde se encuentra un santuario mariano dedicado a la Virgen de la Ceriola.
28
El Santuario de Madonna della Ceriola
Figura 3 - Santuario a Madonna della Ceriola en la cima del Monte Isola ( María Constanza Ceruti).
La iglesia se yergue a 404 metros, en la cumbre del Monte Isola, sobre las ruinas de un
antiguo templo pagano (Figura 3). El tramo final del acceso al santuario puede
completarse, no solamente siguiendo la huella que atraviesa los bosques de castaños,
sino también por un sendero empedrado jalonado con estaciones del Vía Crucis. El
santuario permanece siempre abierto, gracias a que en el complejo vive un custodio
permanente. Asimismo existe un precario restaurante que permite mitigar el hambre de
los peregrinos.
El templo dedicado a la Virgen de la Ceriola fue construido en el siglo XIII, pero
adquirió su forma actual en el siglo XVI. El campanario data de mediados del siglo
XVIII y está construido, en parte, con bloques de granito. La estatua de la Virgen,
confeccionada en madera, recibió una corona de oro que le fue colocada por las mujeres
de la isla en 1924.
Los muros internos aparecen tapizados con decenas de exvotos pintados que
condensan, en una sola imagen pictórica, relatos de incidentes que comportaron la
intercesión de Nuestra Señora en curaciones milagrosas o a través de intervenciones
sobrenaturales -por ejemplo, salvando la vida del devoto o su familia en caso de
accidente-. Algunos exvotos rememoran fechas importantes en la historia del santuario
y otros parecen representar instancias de rogativas colectivas para la fertilidad de la
naturaleza y la abundancia de las cosechas (Figura 4).
29
Figura 4 - Exvotos pintados en el templo de Madonna della Ceriola ( María Constanza Ceruti).
La leyenda de “las cuatro hogueras de las hermanas” tiene al menos trescientos años
de antigüedad, según lo informan las publicaciones que se consiguen en la santería 34 Se
dice que hacia el año 1200 de la Era cristiana, cuatro hermanas que vivían en Sebino se
convirtieron en ermitañas para venerar a la Virgen. Se establecieron entonces en
rincones bastante remotos: una fue a vivir al monte Conche; la segunda, a Santa María
del Giogo; la tercera, a Parzánica y la última, a la cumbre del Monte Isola. Las míticas
hermanas acordaron encender hogueras simultáneamente, una vez al año, para
comunicar su supervivencia. Tiempo después, intrigados por la tradición de las
hogueras, los isleños construyeron en dichos puntos elevados capillas dedicadas a la
veneración de la Virgen María. Si bien la versión oficial de la leyenda destaca en varios
puntos el culto mariano, la tradición oral popular se inclina hacia el paganismo,
identificando a las hermanas como “streghe” o hechiceras, tal como me fuera referido
por una dama que reside en Sulzano.
Consideraciones
A fines de la Prehistoria, las costas e islas del lago Iseo fueron hogar de los Camunos,
pobladores réticos residentes en asentamientos sobre palafitos, cuyo territorio se
extendía también a lo largo del valle alpino que lleva su nombre. A los Camunos y a sus
ancestros se acredita la autoría de miles de petroglifos grabados en superficies rocosas
erosionadas por antiguos glaciares, que distinguen a Val Camónica como “Valle de lo
Sagrado”. Los principales campos de petroglifos, Naquane y Seradina Bedolina, se
34
“Il Santuario della Madonna della Ceriola”, anónimo a cura del Párroco de Siviano, 1979.
30
extienden respectivamente a los pies del Pico Badile y de la Concarena, a los que se
identifica como “montes sagrados de los Camunos”. La importancia religiosa y cultural
del paisaje montañoso de este singular rincón alpino perduró en tiempos de los
romanos, plasmada en la construcción de teatros, anfiteatros y santuarios dedicados a
deidades femeninas como Minerva.
Monte Isola, la distintiva isla-montaña en medio de las aguas del Iseo, era desde
tiempos antiguos sede de culto a una divinidad pagana femenina llamada “Iside”,
presumiblemente relacionada con la diosa Isis, de la cual habría derivado el nombre
actual del lago. El sincretismo religioso facilitó el eventual arraigo de la devoción a la
Virgen María, al existir superposición con un lugar sagrado que había sido
originalmente utilizado para la veneración de una deidad femenina precristiana (Figura
5).
Figura 5 - Madonna della Ceriola en un antiguo fresco al interior de la iglesia (© María Constanza).
Ceruti).
31
“Giove Penino”35. Las grandes montañas circundantes son aún hoy en día conocidas
colectivamente como Alpes Peninos.
Los romanos identificaron posteriormente a Pen con la figura del Fauno o Pan. El
Fauno recibió culto en la cumbre misma de Monte Isola: en efecto, en la fachada de la
iglesia de Madonna della Ceriola se observa un antiguo altar de piedra, reutilizado como
basamento de una columna, que ostenta una incisión donde se lee la palabra “FAVNI”.
El dios pagano “Fauno” continuó siendo venerado en la cima de la isla-montaña por
campesinos y pescadores, como entidad protectora de la campiña y los bosques.
En el siglo V AD, San Vigilio, el obispo de Brescia, introdujo el cristianismo en la
zona del Sebino y procuró suprimir el culto a las divinidades paganas en Monte Isola
erigiendo una pequeña capilla dedicada a “la purificación de la Virgen”, en alusión a la
purificación de las “supersticiones”. A tal fin eligió “aquella maravillosa cumbre de la
isla que despunta sobre el verde del bosque, entre el gris del lago y el espléndido azul
del cielo, que se alza como un monumento o un trono, por sobre la Riviera del Iseo”36.
En los Alpes Peninos existen diversos montes cuyas alturas han sido dedicadas a la
Virgen María, entre ellos Nuestra Señora de las Nieves del monte Zerbion37y la
Madonnina en los glaciares del Gran Paradiso38. Asimismo, en los Alpes Cocios
sobresale la monumental Madonna que corona la cima de Rocciamelone, el santuario
más alto de Europa39. Situado a más baja altura, en la cumbre de una colina costera
junto al mar, el santuario de Trsat en Croacia también articula la devoción popular a la
Virgen con antiguas creencias relacionadas con deidades atmosféricas precristianas40.
Una antigua leyenda hace referencia a las míticas “hogueras” que posibilitaban la
comunicación periódica entre las cuatro hermanas convertidas en “ermitañas” y
recluidas en promontorios elevados, incluyendo la cima principal de Monte Isola, donde
fue ulteriormente erigido el santuario de la Ceriola (Figura 6). El folclore de Val
Camónica también alude a la presencia de ermitaños en los oratorios de montaña -como
en el caso del Pieve de San Siro-, de quienes se dice que se mantenían en contacto
mediante hogueras. Estas leyendas sobre ermitaños y ermitañas que se comunicaban
mediante señales de humo aparecen asociadas a santuarios de montaña que cumplieron
roles destacados en las estrategias diseñadas por los obispos medievales para la
cristianización de los Alpes. Tal es el caso de San Siro en Val Camónica y de San
Vigilio, en la Riviera del lago Iseo.
El trabajo de campo en Monte Isola ha permitido advertir que las legendarias
ermitañas perviven en la memoria popular, caracterizadas como “hechiceras” o
“brujas”. En efecto, en Val Camónica también abundan las leyendas sobre “streghe”,
que hacen eco de incidentes ocurridos entre 1510 y 1517, cuando más de setenta
mujeres fueron condenadas a la hoguera. La cacería de brujas tuvo como epicentro al
poblado lacustre de Pisogne, situado sobre la costa del Iseo, cerca del punto donde el
Río Oglio vierte en el lago las aguas que bajan desde las cabeceras del Valle Camúnico.
No escasean en los Alpes italianos las leyendas que vinculan a montañas puntiagudas
con la presencia de hechiceras o “streghe”. Cabe mencionar en este caso al monte
Scilliar, un distintivo macizo de las Dolomitas que tiene a sus pies el castillo de Presule
35
Véase Ceruti 2018
36
Op. cit. “Il Santuario della Madonna della Ceriola …”.
37
Véase Ceruti, 2015.
38
Véase Ceruti, 2017.
39
Véase Ceruti, 2019.
40
Véase Ceruti, 2020.
32
y el Lago de Fie, donde varias mujeres fueron también quemadas en la hoguera en el
siglo XVI, tras haber sido condenadas por hechicería41.
Figura 6 - Vista desde las alturas del Monte Isola ( María Constanza Ceruti).
41
Véase Ceruti, 2020b.
33
Conclusiones
En síntesis, el presente trabajo se ha dedicado a caracterizar el santuario de montaña de
Madonna della Ceriola en Monte Isola, describiendo su patrimonio arquitectónico e
intangible y analizándolo en el contexto del paisaje cultural de Val Camónica y el Lago
Iseo. En una región al pie de los Alpes, en la que el culto a las montañas sagradas fue
canalizado por los pobladores Camunos a través del arte rupestre, la distintiva y
forestada montaña-isla en medio del Iseo devino en un espacio sacralizado para cultos
vinculados a la naturaleza salvaje. En tiempos precristianos, la devoción se orientó hacia
la deidad femenina Iside y hacia Pen, deidad masculina celta de las montañas y los
bosques, a la que los romanos identificaron con la figura del Fauno. La cristianización
introdujo en el siglo V la veneración a la Virgen María, pero las creencias paganas
persistieron, por ejemplo en el culto panteísta que perpetuaron los pescadores isleños y
en singulares leyendas acerca de hogueras encendidas por mujeres ermitañas, a las que
se sigue identificando como “hechiceras”. En la cima principal del monte Isola, sobre
un antiguo altar romano dedicado al Fauno, se erigió en el siglo XIII un templo
dedicado a Nuestra Señora de la Ceriola, el cual sigue funcionando como centro de
peregrinaje religioso hasta la actualidad. ●
Referencias citadas
Anónimo, Il Santuario della Madonna della Ceriola in Monte Isola–Lago d´Iseo. A cura del Párroco de
Siviano. Génova: Gráfiche Fassicomo, 1979.
Ceruti, M. C., Nuestra Señora de las Nieves del Monte Zerbion, una devoción mariana en los Alpes.
Boletín del Museo Regional de Atacama. Volumen VI Nro. 6:71-81. Copiapó, 2015.
------- “La Madonnina del Gran Paradiso: alta montaña y patrimonio religioso en la cima de un gigante de
los Alpes” .En Revista Estudios del Patrimonio Cultural Nro. 16: 6-20. España, 2017.
---------San Bernardo de Aosta, los pasos transalpinos y el culto a Giove Penino. Publicación
Institucional del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta. Nro 12: 185-198. Centro de
Investigaciones Genealógicas. Salta, 2018.
---------Rocciamelone: la montaña sagrada y el santuario más alto de Europa. Conferencias en la
Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Publicación electrónica. ANCBA. Buenos Aires, 2019.
----------“Monte Ucka y santuario de Trsat: mitología, turismo y religiosidad popular en
el norte de Croacia”. En Turismo y Patrimonio N° 15:181-194. Septiembre 2020, 2020
a. ISSN: 2313-853X (Digital) [Link]
[Link]
-------- “El macizo de Scilliar: brujas y hechiceros en un monte sagrado de las Dolomitas”. En Revista
Histopía 2 (10): 37-46. Buenos Aires, 2020b.
---------"Val Camónica: entre petroglifos y montañas sagradas (Alpes del Norte de Italia)". Ponencia
presentada en el IV Congreso Nacional de Arte Rupestre. Universidad Nacional de Salta. 11-14 de Abril
de 2023.
34
Guerras de Independencia
EL PRIMER CRONISTA DE LA
RODADA EN SAN LORENZO
PEDRO J. AGRELO
(1818)
Roberto Colimodio42
42
Historiador. Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro Correspondiente
de la Academia Sanmartiniana, del Instituto Nacional Belgraniano, de la Junta de Historia de la provincia
de Corrientes y de los Centros de Estudios Históricos y Genealógicos de San Juan, Entre Ríos y Merlo
(San Luis). Autor de varios libros.
35
fechas exactas, ni describe físicamente al Libertador y confunde su hoja de servicios y
rangos militares obtenidos.
Sin embargo, y aquí lo más valioso a mi entender, narra con asombrosa exactitud
algunos hechos atinentes al Combate de San Lorenzo que llevó años (casi 200) poder
llevarlos a conocimiento exhaustivo en análisis posteriores de investigación. Agrelo
describe los hechos, sin duda con conocimiento veraz de testigos directos de la acción, y
por qué no, de propias palabras de San Martín a quien frecuentó en Buenos Aires en la
Sociedad Patriótica. Por ello toma particular relevancia y a mí entender más valioso la
narración que escribe sobre algunos hechos atinentes al Combate de San Lorenzo y, en
particular al episodio de la rodada del caballo bayo del Gran Capitán, hecho puesto duda
por muchos historiadores ya que no hay constancia documental ni mención alguna en
diversos partes y memorias, sino testimonios de terceros. Ni el propio San Martín lo
cuenta excepto cuando dijo: “Los matuchos me tuvieron tan apurado en San Lorenzo”.
Agrelo escribe en su periódico en 1818:
“Aún no había concluido con su organización, y disciplina, cuando se le mandó salir
a San Lorenzo a contener el desembarco, y batir en caso preciso quinientos hombres de
tropa de línea, con que acometió aquel punto por el caudaloso Río Paraná el Gobernador
Español de Montevideo. Este primer ensayo de los ulteriores servicios que ha hecho a
su país este insigne Oficial, no dejó menos acreditado su valor, que su instrucción y
desvelos en la disciplina de su cuerpo: con solos ciento y cincuenta hombres de él, y sin
esperar la infantería y artillería, que debía componer la división, cargó a sable en mano
sobre la línea y cañones enemigos a la cabeza de sus granaderos, y los deshizo, y
precipitó contra las mismas barrancas del Río que tenían a la espalda, y de que no se
separaban: fueron muy pocos los que lograron reembarcarse, y volver escarmentados
con la noticia a Montevideo. Él tuvo el caballo muerto, dislocado el brazo derecho, y
una herida de sable en la cabeza, con que hubo de ser él mismo muerto por un soldado
enemigo en el acto de haber rodado, sino le salva la vida un granadero, que se anticipó a
quitársela al bajo agresor”.
Vayamos por puntos resaltados: para quienes investigamos sobre el Combate, una de
las tareas que con mayor ahínco realizamos fue la de tratar de establecer
fehacientemente la cantidad de granaderos presentes en San Lorenzo, las diversas
fuentes, entre ellas el propio San Martín, daban cifras de 120, 132, 140 y 150 utilizando
diversos cálculos y escritos (del mismo San Martín y del testigo presencial Robertson).
En 2012 pudimos establecer que fueron 150 gracias a las Lista de Revista del RGC
realizadas por el Comisario de la Guerra. Agrelo ya lo sabía…
“Sin esperar la infantería y la artillería…” Sabido es y profusamente difundido que la
infantería a cargo de Juan Bautista Morón y subordinada a San Martín quedó relegada
en la marcha por falta de caballos en la Posta de Santos Lugares. Pero el caso de la
Artillería (2 cañones y 100 fusiles) que partieron un día antes de Buenos Aires era
prácticamente desconocido. Al mando de Larrazábal este convoy tuvo problemas en el
trayecto en sus carretas y los cañones no llegaron a San Lorenzo. De este contingente se
desprendieron y sumaron a las filas del Escuadrón los llamados “oficiales voluntarios
Julián Corbera y Vicente Mármol” que fueron mencionados en el parte de batalla que
dictara San Martín a Necochea. Agrelo le da importancia…
“Cargó a la cabeza de sus granaderos…” Si bien es más que conocido y reconocido
este episodio, cabe destacar que está escrito apenas 5 años después de ocurrido…
Agrelo tuvo fuentes contemporáneas con la memoria fresca y pudo contar con varias
voces…
Esto nos lleva al párrafo final que destaco como el más importante: “Él tuvo el
caballo muerto, dislocado el brazo derecho, y una herida de sable en la cabeza, con que
36
hubo de ser él mismo muerto por un soldado enemigo en el acto de haber rodado, sino
le salva la vida un granadero, que se anticipó a quitársela al bajo agresor”.
Estas 4 líneas nos cuentan, y perdón la reiteración, en 1818 los hechos como nunca
después sucediera hasta 1862 en que Pastor Obligado en “La Tribuna” publicara su
artículo “El correntino Cabral” luego reescrito como “El primer granadero” y editado en
1888 en sus “Tradiciones de Buenos Aires”. Recordemos que ni el propio San Martín,
ni Miller en sus “Memorias”, ni Robertson en su “Viaje…” hacen mención a la
rodada… ni siquiera el parte de guerra enemigo del Combate habla de los apuros que
tuvo el Jefe de los Granaderos…. (el historiador español Torrente en 1829 sólo dice
“afortunado jefe” y el parte del comandante Ruiz y Ruiz que sólo había sido herido).
Aunque todos sabemos que el parte de guerra realista no se caracteriza por su veracidad.
Agrelo nos da la primera versión de la rodada – puesta en duda por muchos
investigadores por la inexistencia de documentos oficiales – y no solo eso, nos habla de
que tuvo “dislocado el brazo derecho” que se puede probar o bien inferir
documentalmente por la carta del cura Navarro al Gobernador de Santa Fe, Beruti, ya
que ese documento original (que hoy no se encuentra) es referido por Juan Ramón
Beltrán en “Los servicios médicos en el combate de San Lorenzo”. En ese documento
Navarro escribe… “se halla el expresado coronel dislocado de un brazo y herido…”. No
dice Navarro qué brazo ni qué tipo de herida… Agrelo lo sabía….
“Una herida de sable en la cabeza…” En el mencionado escrito de Obligado de 1862
este comete algunos errores que le son rectificados por los generales Pacheco y
Escalada, entre ellos el de la herida (de sable o de hacha) que recibiera el entonces
coronel en la mejilla. Aquí, si bien la mejilla forma parte de la cara y ésta de la cabeza
podríamos encontrar una “versión errada” si se prefiere, dada por Agrelo… Ni Obligado
en 1862, ni Carranza en 1864, ni Mitre mencionan como fuente a Agrelo ni su escrito de
1818 en “El Abogado Nacional”. Evidentemente pudieron suceder dos cosas: que no
conocieran de su existencia o caso contrario que lo hayan desestimado. Lástima en
ambos casos… nos hubieran facilitado el trabajo de investigación posterior...
Posiblemente esta omisión fuera subsanada en el futuro. En el siglo XX el escrito de
Agrelo sigue desapercibido: Ni Juan Canter, ni Guastavino, ni siquiera Bartolomé
Descalzo en 1948 lo mencionan entre sus fuentes siquiera para desacreditarlo. Aunque
en 1910 podemos encontrar alguna referencia (poco feliz para Agrelo) en la
“Bibliografía del General don José de San Martín y de la Emancipación
Sudamericana” por Carlos I. Salas. Publicada bajo los auspicios de la Honorable
Comisión del Centenario de la Independencia Argentina. 1778-1910. Buenos Aires:
Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco, 1910. Allí el autor menciona y recopila
toda bibliografía que trate sobre San Martín y dedica algunas líneas al periódico “El
Abogado Nacional”: “Este diario consta de 11 números. Empezó a publicarse el día 15
de octubre de 1818 y terminó el día 1° de mayo de 1819. Redactor: Doctor Pedro J.
Agrelo. Número 4: Tanto los apuntes biográficos de Brayer como los que se refieren a
San Martín que trae este número son incompletos. Biografías sintéticas muy
incompletas que no revisten verdadero interés histórico”. Fue tajante don Carlos I.
Salas para descartar una fuente contemporánea. Esto posiblemente haya “espantado” a
varios investigadores que desecharon a una posible fuente de información.
Agrelo cierra su artículo con unas palabras premonitorias: “San Martín no aspira a
hacerse conocer sino por sus hechos, y lo conseguirá; ni quiere más premio que la
gratitud de su país; él la tiene”.
Si bien los hechos últimos narrados son vastamente conocidos, pienso que estas
palabras de Agrelo, que pasaron desapercibidas para muchos historiadores (entre los que
me incluyo) deben de obtener la gratitud no buscada pero sí merecida por su
37
contemporaneidad, su exactitud y templanza. También debe tenerla uno de los pocos
sino el único intento de rescate historiográfico que realizara Hernando Molinari en la
Revista San Martín Número 32 del año 1953 quien en un artículo de su autoría se
pregunta si el Dr. Pedro José Agrelo no debe ser considerado el primer biógrafo de San
Martín. Sin embargo, Molinari no analiza el texto y sólo introduce los estudios de otros
autores que mencionaban a los “primeros biógrafos” ya aludidos al principio,
atribuyéndole a Pedro José Agrelo la autoría del texto (que no está firmado) quien era el
editor responsable del periódico.
Por ello, y para concluir, quisiera hacer un doble rescate: al del autor de la primera
biografía, o sí prefieren esbozo biográfico y a quien intentara recuperarlo del olvido o
de la indiferencia de los investigadores cayendo quizá él también inadvertido, al menos,
para la mayoría. Este humilde aporte como reconocimiento y difusión de sus tareas y
contribución para la historia sanmartiniana. ●
38
Historia Colonial
EL MERCADO DE LA HARINA
Tahoneros y comerciantes
Buenos Aires
(Siglo XVIII y principios del XIX)
Mauro Luis Pelozatto Reilly43
Introducción
„„No hay asentamiento poblacional en el mundo occidental que haya podido prescindir
del trigo‟‟44, y Buenos Aires, desde su fundación, no fue la excepción. Dentro de un
proyecto de investigación más amplio y complejo45, partimos de la importancia del
mencionado grano como materia prima de la harina, y de ésta última como insumo
indispensable para la elaboración y el abasto de pan46.
Afortunadamente, contamos con una rica historiografía al respecto, la cual -a través
del planteo y desarrollo de diversos objetos de estudio, perspectivas analíticas, fuentes,
etc.-nos ayuda a entender el protagonismo de los panificados en la dieta de los porteños
durante la época colonial y bastante más allá de ella47, la incidencia de los rendimientos
agrícolas, su relación con las unidades productivas rurales48, la inserción de estas
últimas en los mercados locales y regionales49, la participación de las distintas
43
Historiador. Instituto Ravignani-UBA/CONICET; Universidad Nacional del Oeste (UNO).
44
Ochoa de Eguileor, J. A. „„Atahonas y molinos en el Buenos Aires colonial‟‟. En Todo es Historia, N°
125, 1977, pp. 29-37.
45
El presente artículo forma parte de nuestra tesis de posgrado, la cual se desarrolla con apoyo de la beca
interna doctoral del CONICET.
46
Djenderedjian, J. y Martirén, J. L. „„Los precios de los bienes en una economía asediada. Santa Fe,
1700-1750‟‟. En Quintas Jornadas de Historia Económica. Montevideo, Asociación Uruguaya de
Historia Económica, 2011, pp. 1-26.
47
Guzmán, T. y Schmit, R. „„Niveles de vida en la ciudad de Buenos Aires durante la primera mitad del
siglo XIX (1824-1850)‟‟. En Santilli, D. V. (Comp.). Niveles de vida en un país en ciernes. Dimensiones
de la desigualdad en Argentina en el largo plazo, 1700-1900. Prometeo Libros, Buenos Aires, 2020, pp.
189-210. Santilli, D. V. „„El nivel de vida en Buenos Aires en la primera mitad del siglo XIX. Una
medición a través de las canastas de consumo‟‟. En Santilli, D. V. (Comp.). Niveles de vida en un país en
ciernes. Dimensiones de la desigualdad en Argentina en el largo plazo, 1700-1900. Prometeo Libros,
Buenos Aires, 2020, pp. 131-162.
48
Garavaglia, J. C. „„Las „estancias‟ en la campaña de Buenos Aires. Los medios de producción (1750-
1850)‟‟. En Fradkin, R. O. (Comp.). La historia agraria del Río de la Plata colonial. Los
establecimientos productivos (II). Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1993, pp. 124-208.
49
Fradkin, R. O. „„Producción y arrendamiento en Buenos Aires del siglo XVIII: la hacienda de la
Chacarita (1779-84)‟‟. En Fradkin, R. O. (Comp.). La historia agraria del Río de la Plata colonial. Los
establecimientos productivos (II). Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1993, pp. 40-69.
Gelman, J. D. „„Una región y una chacra en la campaña rioplatense: las condiciones de la producción
triguera a fines de la época colonial‟‟. En Fradkin, R. O. (Comp.). La historia agraria del Río de la Plata
colonial. Los establecimientos productivos (II). Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1993, pp.
7-39.
39
clasificaciones de productores, intermediarios y mercaderes en el abasto urbano50, la
importancia de la escasez de cereales51, su impacto en los precios, los niveles de
consumo52 y demás.
Respecto a los principales problemas que solían presentarse, destacamos la figura del
cabildo como organismo interventor, en torno a las existencias trigueras y harineras 53,
su circulación y comercialización, el almacenamiento de las mismas, la evolución de los
montos regulados y los del mercado, las políticas para solucionar la falta de los
alimentos indispensables, las medidas contra la especulación y el fraude, los controles
de calidad y cantidad en los establecimientos expendedores, y la fijación de puntos
obligatorios de compraventa (como la Plaza Mayor de la Ciudad de Buenos Aires, en su
momento)54, todas cuestiones trabajadas para el aprovisionamiento de los productos que
nos convocan55, como también alrededor del ganado vacuno y sus derivados (carne,
cueros, sebo y grasa)56, y toda una gran variedad de bienes consumibles con cierto
protagonismo en el día a día de nuestro Pueblo y sus alrededores (yerba mate 57, vinos y
aguardientes58, azúcar y sal, entre otros59).
Recientemente, hemos publicado algunos aportes, relativos al seguimiento de las
reservas de trigo en Buenos Aires hacia mediados del siglo XVIII, teniendo en cuenta
50
Garavaglia, J. C. Pastores y labradores de Buenos Aires. Una historia agraria de la campaña
bonaerense 1700-1830. Ediciones de la flor, Buenos Aires, 1999.
51
Passarini, J. M. Crisis agraria, actores sociales y debates políticos: La escasez de trigo en el Buenos
Aires tardocolonial (Tesis de licenciatura). Universidad de Buenos Aires-Facultad de Filosofía y Letras,
2009.
52
Cuesta, E. M. „„Precios y mercados en Buenos Aires en el siglo XVIII‟‟. En América Latina en la
Historia Económica, N° 28. México, Instituto Mora, 2007, pp. 26-57. Johnson, L. „„Salarios, precios y
costo de vida en el Buenos Aires colonial tardío‟‟. En Boletín del Instituto de Historia Argentina y
Americana „„Dr. Emilio Ravignani‟‟, Tercera Serie, N° 2. Buenos Aires, Instituto Ravignani, 1990, pp.
133-157. Johnson, L. „„La historia de los precios de Buenos Aires durante el período virreinal‟‟. En
Johnson, L. y Tandeter (Comps.). Economías coloniales. Precios y salarios en América Latina, siglo
XVIII. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1992, pp. 153-190.
53
Fradkin, R. O. „„El mundo rural colonial‟‟. En Tandeter, E. (Dir.). Nueva Historia Argentina. Tomo II.
La sociedad colonial. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2000, pp. 241-284.
54
Garavaglia, J. C. „„El pan de cada día: el mercado del trigo en Buenos Aires, 1700-1820‟‟. En Boletín
del Instituto de Historia Argentina y Americana „„Dr. Emilio Ravignani‟‟, Tercera Serie, N° 4. Buenos
Aires, Instituto Ravignani, 1991, pp. 7-29. González Lebrero, R. E. „„Producción y comercialización del
trigo en Buenos Aires a principios del siglo XVII‟‟. En Boletín del Instituto de Historia Argentina y
Americana „„Dr. Emilio Ravignani‟‟, Tercera Serie, N° 11. Buenos Aires, Instituto Ravignani, 1995, pp.
7-37.
55
Silva, H. A. „„El trigo en una ciudad colonial. Buenos Aires en la primera mitad del siglo XVIII‟‟. En
Investigaciones y Ensayos, Nº. 5. Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1968, pp. 1-32.
56
Dupuy, A. L. El mercado de abasto de carne vacuna en Buenos Aires en la etapa colonial y temprano-
independiente (Tesis de Doctorado). Universidad Nacional de Mar del Plata-Facultad de Humanidades,
Mar del Plata, 2019. Garavaglia, J. C. „„De la carne al cuero. Los mercados para los productos pecuarios
(Buenos Aires y su campaña, 1700-1825)‟‟. En Anuario del IEHS, Vol. 9. Tandil, Universidad Nacional
del Centro, 1994, pp. 61-96. Silva, H. A. „„El Cabildo, el abasto de carne y la ganadería. Buenos Aires en
la primera mitad del siglo XVIII‟‟. En Investigaciones y Ensayos, N° 3. Buenos Aires, Academia
Nacional de la Historia, 1967, pp. 1-72. Silva, H. A. „„La grasa y el sebo, dos elementos vitales para la
colonia. Buenos Aires en la primera mitad del siglo XVIII‟‟. En Revista de Historia Americana y
Argentina, N° 15-16. Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, 1970-1971, pp. 39-53.
57
Garavaglia, J. C. Mercado interno y economía colonial. Prohistoria Ediciones, Rosario, 2008.
58
Silva, H. A. „„El vino y el aguardiente en la Buenos Aires de la primera mitad del siglo XVIII‟‟. En VI
Congreso Internacional de Historia de América, pp. 245-259.
59
Silva, H. A. „„Pulperías, tendejones, sastres y zapateros. Buenos Aires en la primera mitad del siglo
XVIII‟‟. En Anuario de Estudios Americanos, N° 26. Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos,
1969, pp. 471-506. Taruselli, D. G. „„Las expediciones a salinas: caravanas en la pampa colonial. El
abastecimiento de sal a Buenos Aires (Siglos XVII y XVIII)‟‟. En Quinto Sol, N° 9-10. Santa Rosa,
Universidad Nacional de La Pampa, 2006, pp. 125-149.
40
tanto las intromisiones generales del Ayuntamiento, como las más específicas,
correspondientes a sus funcionarios especiales (principalmente, en manos del fiel
ejecutor), relacionadas con los puntos destacados en el párrafo anterior60. En esta
oportunidad, nos proponemos responder una pregunta que resulta clave para poder
continuar desarrollando nuestra tesis, teniendo en cuenta que uno de los ejes centrales
de la misma tiene que ver con el análisis de los actores participantes en los circuitos
mercantiles y en los mecanismos arbitrados para el abasto citadino: ¿por qué es
relevante estudiar a los dueños de atahonas y molinos desde el punto de vista de las
autoridades?
Antes de enfocarnos en el desarrollo del objeto, es preciso tener presente que estamos
posicionados ante una economía de Antiguo Régimen, caracterizada -en lo que respecta
a los agentes y la reglamentación mercantil-, por la clasificación y tasación de las
mercaderías, el del trigo como „„primer mercado‟‟ en el orden de las necesidades, el
fraude y el beneficio especulativo como problemáticas más frecuentes61. Siguiendo
nuestro marco teórico, nos concentramos en dichos rasgos distintivos. Así, surge la
siguiente cuestión: ¿por qué la relación entre la sala capitular y los tahoneros fue
problemática? Planteamos la hipótesis de que las tensiones tuvieron que ver con
intereses enfrentados, en lo tocante al precio de la molienda, las condiciones de aquella,
la calidad de los productos, y las irregularidades en torno al pesaje y el almacenaje de la
harina.
En cuanto al contexto histórico seleccionado (1750-1821), el mismo resulta relevante
porque se encuadra entre la intensificación de las reformas borbónicas y las primeras
consecuencias políticas y económicas de la revolución de independencia62, pasando por
varios procesos de guerras63, e incluyendo el crecimiento demográfico y de las
demandas de alimentos, y la consolidación de Buenos Aires como nueva capital
virreinal y como nuevo centro de consumo y polo de atracción para las economías
regionales64. De esta manera, es lógico pensar en la posibilidad de observar cambios en
la dinámica económica e institucional, desde nuestra perspectiva, a lo largo del período
señalado.
Primeramente, hay que explicar quiénes son nuestros protagonistas, y por qué son
actores fundamentales, a la hora de problematizar sobre el mercado del trigo y sus
derivados en Buenos Aires, dentro de nuestro recorte temporal. En pocas palabras, se
trata de los propietarios y/o explotadores de los sitios y artefactos empleados en la
molienda65 o, como solía decirse en aquella época, el „„beneficio del trigo‟‟66.
60
Pelozatto Reilly, M. L. „„El Señor de la Plaza. El Fiel Ejecutor y las manifestaciones de trigo en Buenos
Aires colonial‟‟. En Revista Histopía, Vol. V, N° 26. Buenos Aires, 2023, pp. 43-53.
61
Grenier, J. Y. „„¿Qué es la economía de Antiguo Régimen?‟‟. En Anuario del Instituto de Historia
Argentina, N° 12. La Plata, Universidad Nacional de La Plata-Facultad de Humanidades y Ciencias de la
Educación, 2012, pp. 13-20.
62
Fradkin, R. O. y Garavaglia, J. C. La Argentina colonial. El Río de la Plata entre los siglos XVI y XIX.
Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2009.
63
Halperín Donghi, T. Revolución y guerra. Formación de una elite dirigente en la Argentina criolla.
Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2014.
64
Santilli, D. V. „„¿Perjudiciales o beneficiosas? La discusión sobre el impacto económico de las
reformas borbónicas en Buenos Aires y su entorno‟‟. En Fronteras de la Historia, Vol. 18, N° 2. Bogotá,
Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2013, pp. 247-283.
65
Incluyendo las piedras, animales y demás utensilios necesarios para la misma.
41
Ahora bien, ¿a qué se debe su importancia y por qué entraban en conflicto con las
autoridades? „„La construcción de atahonas permitió a sus propietarios ocupar una
franja más lucrativa del mercado, como lo era la producción de harinas, a la vez que
subordinar a quienes no contaban con molienda propia facilitando la concentración de la
producción (los pagos por la molienda se hacían generalmente en especie) y,
consiguientemente, del mercado triguero. La inversión en instrumentos de molienda
pudo ser empujada adicionalmente por la búsqueda de una mejor conservación de la
producción‟‟67. De esta manera, sostenemos que „„en efecto, los tahoneros contaban con
una ventaja para realizar sus transacciones. Les entregaban un elemento en una forma
(grano) y lo devolvían en otra (harina) y de allí la diferencia sustancial que se registraba
en las medidas‟‟68. Asimismo, el hecho de cobrar la mayor parte del servicio en trigo,
les permitía consolidarse entre los principales acaparadores de granos de la
jurisdicción69.
En cuanto a las perspectivas de análisis, destacamos el estudio de los mecanismos
llevados a la práctica por los molineros, panaderos y diezmeros con el fin de obtener
mayores ganancias70. Asimismo, este problema no es exclusivo de nuestro territorio.
Por ejemplo, sabemos que los panaderos absorbían buena parte del trigo y la cernidura
suministrados por la Alhóndiga de Cádiz en el siglo XVIII, lo cual fue demostrado en
términos porcentuales71.
También es relevante tener en cuenta el promedio molido por expendedor, la cantidad
de atahonas por cada uno, y la concentración de la oferta en los dueños de las
panaderías en nuestra Ciudad. „„En 1808, por ejemplo, tomando un mes, desde el 7 de
julio hasta el 6 de agosto, han operado como molenderos un total de 42 personas. De ese
total, hay sólo 9 que llevan el título honorífico de „„don‟‟, se perciben también aquí
bastantes apellidos extranjeros. Por otra parte, diez de los molenderos no saben firmar.
Además, hay cinco mujeres que tienen atahonas‟‟72.
Más allá de la cantidad de participantes en este mercado, es menester dejar planteado
el predominio de los grandes. Para ese mismo año, „„si bien hay molineros que cuentan
con un solo „„asiento de atahona‟‟, la mayor parte tiene varios y el promedio es superior
a 3,5 por molendero. Es interesante notar que si bien el promedio molido por tahonero
es de ca. 56 fanegas, ello se debe a la presencia de un número apreciable de muy
pequeños molineros que cuentan con uno o dos asientos de atahona. Lo que resulta
relevante es el alto grado de concentración: los primeros tres molenderos -entre los que
se cuentan hombres como Francisco Maderna que aparece repetidamente en los
petitorios del gremio de „„panaderos‟‟- concentran casi el 29% del total del trigo molido
en ese período. Y los primeros cinco, llegan a una cifra de casi el 40% de ese total. Es
66
Djenderedjian, J. Historia del capitalismo agrario pampeano. Tomo 4. La agricultura pampeana en la
primera mitad del siglo XIX. Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2008. Garavaglia, „„El pan de cada
día‟‟. González Lebrero, „„Producción y comercialización del trigo‟‟.
67
González Lebrero, R. E. „„Chacras y estancias en Buenos Aires a principios del siglo XVII‟‟. En
Fradkin, R. O. (Comp.). La historia agraria del Río de la Plata colonial. Los establecimientos
productivos (II). Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1993, p. 107.
68
Silva, „„El trigo en una ciudad colonial‟‟, p. 25.
69
Jumar, F. y otros. „„El comercio ultramarino y la economía local en el complejo portuario rioplatense.
Siglo XVIII‟‟. En Anuario del IEHS, Vol. 21. Tandil, Universidad Nacional del Centro, 2006, p. 244.
70
Garavaglia, Pastores y labradores de Buenos Aires.
71
Martínez Ruiz, J. I. „„El mercado internacional de cereales y harinas y el abastecimiento de la periferia
española en la segunda mitad del siglo XVIII: Cádiz, entre la regulación y el mercado‟‟. En
Investigaciones de Historia Económica, Vol. 1, N° 1. Asociación Española de Historia Económica, 2005,
p. 52.
72
Garavaglia, Pastores y labradores de Buenos Aires, p. 254.
42
decir, el dominio de los grandes panaderos/tahoneros parece confirmarse por estos
datos‟‟73.
Esta tendencia de los medios de producción a concentrarse en pocas manos parece
acentuarse, en los años siguientes. Para 1815, „„hay sólo 35 molineros -había 42 en
1808- y han desaparecido totalmente los pequeños propietarios de un solo asiento de
atahona, por lo tanto, el promedio de asientos por molino ha subido notablemente,
situándose en más de cinco por atahona. Hay asimismo datos sobre el capital y sobre la
suma invertida en casas; dejemos de lado el hecho obvio de que la fuente de esta
información son los propios tahoneros que, sin lugar a dudas, han declarado
evaluaciones muy inferiores a la realidad, el punto interesante es que la suma de capital
más casas, alcanza a 183.000 pesos. Ese capital dividido por la cantidad total de
panaderos y de „„harineros‟‟ - ¿se trata de acopiadores exclusivamente? - nos da la
bonita cifra de casi 5.000 pesos por cada uno de ellos, suma nada despreciable para la
época y el lugar. Ella indica la importancia de la actividad de estos molineros y… la
razón por la que se convertirán en „„carne de cañón‟‟ de toda una serie de imposiciones
desde 1810 en adelante‟‟74.
Esta posición de los sujetos en cuestión, como principales acopiadores de granos y
dueños de medios productivos, hizo que, desde principios del período analizado,
entraran en tensión -y hasta llegaran a desatarse enfrentamientos e instancias judiciales-,
con el Cabildo de Buenos Aires y demás autoridades de la época, las cuales buscaban
garantizar el surtido urbano, evitar las hambrunas, controlar los precios -persiguiendo la
idea del „„precio justo‟‟- y la circulación de las mercaderías.
Entre el „„bien común‟‟ y los intereses particulares. Los conflictos entre los
comerciantes de harinas y los representantes del Estado colonial
Para desarrollar con mayor precisión el problema planteado para esta investigación,
decidimos elegir dos casos. El primero consiste en describir las principales regulaciones
capitulares, en el marco de la rivalidad desatada entre el cuerpo de alcaldes y regidores
y los dueños de molinos y atahonas, en torno al estipendio que los primeros querían
imponer y hacer cumplir sobre la molienda (en las décadas de 1750 y 1760). Para ello,
nos basamos en información extraída de los Acuerdos del Extinguido Cabildo de
Buenos Aires (en adelante AECBA), y de un expediente sobre este asunto, recopilado
en el archivo de la misma institución (ACBA), relevados de los fondos documentales
del Archivo General de la Nación (AGN). En el segundo caso, nos detuvimos en el
conflicto abierto por don León de Altolaguirre, vecino de la Ciudad, funcionario de la
Real Renta de Tabacos y comerciante, quien había acusado al Virrey Marqués de Loreto
de no permitirle retirar unas harinas que tenía almacenadas en los cuartos de la Real
Aduana, provocando la pérdida de las mismas. Para explicar el desarrollo de esta causa
(1788-1792), nos valemos, fundamentalmente, de los legajos obrados durante la misma,
disponibles en el Archivo Histórico Nacional de España (AHN). Buscamos responder a
los interrogantes planteados, utilizando nuestro marco conceptual, y dialogar con la
bibliografía existente.
En cuanto al primero de los conflictos enunciados, el mismo tuvo que ver,
principalmente, con los intereses encontrados en torno al precio del procesamiento
triguero. El Cabildo de Buenos Aires quería garantizar que todos los sectores de la
sociedad pudieran acceder al beneficio de los granos a un precio justo, respetándose la
73
Íb.
74
Íb.
43
„„antigua costumbre‟‟ de que cada molendero redujera por cuatro reales cada fanega de
trigo, mientras que los productores querían elevar este precio.
El 16 de enero de 1751, se discutió acerca de dicho estipendio, el cual era de cuatro
pesos por fanega de trigo que se moliera (precio fijado por el Ayuntamiento), lo cual
había llevado a un conflicto con instancia judicial ante la Real Audiencia, debido a que
varios sujetos pretendían moler por seis reales fanega75. Este tipo de ordenanzas se
basan en varias características de las economías del Antiguo Régimen: la clasificación
de las mercaderías para poder tasarlas, las marcas como función reglamentaria e
individualizadora, la inspección de las manufacturas, y la persecución de las
irregularidades en búsqueda de cierta „„igualdad‟‟ entre los vendedores y sus clientes76.
Sin embargo, entre la norma y la práctica hay un largo trecho, ya que los comerciantes
tenían sus mecanismos de defensa. Para el 26 de septiembre de 1753, se sabía que los
tahoneros y dueños de molinos habían llevado el precio de su trabajo de seis a ocho
reales por fanega. Ante las penas impuestas por el fiel ejecutor, habían dejado de
producir, provocando la escasez77. De esta manera, podemos apreciar otro de los
aspectos destacados en este tipo de sociedades: la incidencia de los mercaderes en la
formación de los precios78.
Ante este panorama, las respuestas concejiles no se hicieron esperar. El mismo día, el
cuerpo de cabildantes se negó a innovar en la materia y, pese a la apelación de los
interesados ante la Real Audiencia de la Plata, dispuso que el fiel ejecutor los obligara a
seguir moliendo por cuatro reales fanega, bajo la pena de 50 pesos de multa, aplicados
por mitades a los gastos de cámara y a las obras de la cárcel 79. Pero pese a las
intenciones de los capitulares, los problemas continuaron. El 13 de noviembre de aquel
año, se les tuvo que ordenar que no dejaran de moler, con citación por parte de las
autoridades80. Dos días después, resolvieron que se notificara a los propietarios de
atahonas, para que continuaran moliendo por cuatro reales fanega, con la intervención
del Regidor Fiel Ejecutor don Juan de la Palma81. Así, también podemos afirmar que las
funciones de la mencionada regiduría excedían las explicaciones „„tradicionales‟‟, que
sólo la definen en términos generales como encargada de la supervisión de abastos,
tiendas y pulperías82.
Finalmente, el 8 de octubre de 1754, el Fiel Ejecutor don Juan Benito González
manifestó el incumplimiento del estipendio de cuatro reales por fanega mandado por Su
Alteza, continuando con el pleito ante dicho tribunal. Según el mencionado regidor,
debía mandarse a notificar a los contraventores, para que respetaran el arancel83.
Aparentemente, los intentos por parte del municipio no fueron suficientes para hacer
valer su voluntad. El 2 de abril de 1761 se ordenó que todos molieran al „„precio
antiguo‟‟ de cuatro reales fanega84. El 18 de mayo del mismo año, don Antonio Ángel
Millán había presentado un escrito, manifestando que, por el cumplimiento del bando
promulgado para que se beneficiara por cuatro reales fanega, „„algunos de los demás
75
AGN. AECBA, Serie III, Tomo I-Libros XXVII al XXX, p. 11.
76
Grenier, Op. Cit., pp. 14-18.
77
AGN. AECBA, Serie III, Tomo I-Libros XXVII al XXX, pp. 332-333.
78
Grenier, Op. Cit., p. 21.
79
AGN. ACBA, Sala IX, Legajo 1640, folio 33r.
80
AGN. ACBA, Sala IX, Legajo 1640, folio 36v.
81
AGN. AECBA, Serie III, Tomo I-Libros XXVII al XXX, pp. 345-346.
82
Moutoukias, Z. „„Gobierno y sociedad en el Tucumán y el Río de la Plata, 1550-1800‟‟. En Tandeter,
E. (Dir.). Nueva Historia Argentina. Tomo II. La sociedad colonial. Editorial Sudamericana, Buenos
Aires, 2000, pp. 355-411.
83
AGN. ACBA, Sala IX, Legajo 1640, folios 53r-54r.
84
AGN. AECBA, Serie III, Tomo II-Libros XXX al XXXIII, p. 612.
44
dueños de las atahonas‟‟ se habían inquietado, y que incluso dos de ellos estaban
produciendo al precio de seis reales fanega85. En conclusión, las fuerzas del mercado
terminaron imponiéndose sobre las regulaciones institucionales.
El segundo de los estudios enunciados tiene su origen en otro de los grandes
problemas para todos los interesados: el almacenamiento de la materia prima. Según los
documentos, don León de Altolaguirre, había tratado de exportar hacia La Habana -vía
Montevideo-, 37 sacos de harina (114 quintales), los cuales finalmente no logró
embarcar, por falta de navío. En consecuencia, se guardaron en los almacenes de la Real
Aduana, en teoría, hasta que pudieran darle alguna salida86. Empero, el asunto
demoraría y se tornaría conflictivo.
En 1790, el mencionado mercader -ante el juez de residencia-, acusó al Marqués de
Loreto de haberle hecho perder sus existencias, de „„lastimar su honor y reputación‟‟87.
Durante el mismo año, exigió el pago de 570 pesos (correspondientes a los 114
quintales en cuestión), por las pérdidas que le había causado el Virrey, aparte de los 300
pesos que había gastado en los expedientes. Además, reclamó la satisfacción de su
„„honor vulnerado‟‟, ya que se lo había culpado por la escasez de trigo y por suba de su
precio88. Así, Altolaguirre puso en duda las intenciones de Su Excelencia, al decir que,
si su objeto era el de abastecer al pueblo y bajar el precio de „„tan necesario alimento‟‟,
por qué no había mandado a que se le entregasen los 37 sacos, permitiendo que se
pudrieran89. Luego, acusó al mencionado virrey de no devolverle las cantidades que
estaban guardadas en los almacenes de la Real Aduana, en un momento en el cual se
estaba tratando de combatir la escasez de trigo y regular su precio90.
Siguiendo la bibliografía al respecto, proponemos avanzar sobre el tratamiento de las
malas cosechas y la falta de sus derivados91, conociendo sus repercusiones en los
precios92, el descontento social, las políticas tendientes a regularlos, los controles
comerciales, de pesos y medidas, o de calidad -ante la intensificación de las maniobras
especulativas y fraudulentas por parte de quienes buscaban mayores réditos-, el
problema central representado por el peso del pan, el planteo y desenvolvimiento de
diversas formas de administración de los recursos, etc.
Sin embargo, la autoridad virreinal no se quedaría de brazos cruzados, frente al
ataque del citado ministro. Más adelante, en defensa del residenciado, se dijo que las
únicas pruebas que Altolaguirre había presentado para confirmar su propiedad sobre los
bienes en discusión, eran testigos que argumentaban haber oído de otros que así era93.
Asimismo, no había aparecido el registro de la guía, correspondiente a dichas
85
AGN. AECBA, Serie III, Tomo II-Libros XXX al XXXIII, p. 623.
86
ANH. Consejos, 20412.
87
AHN. Consejos, Legajo 20412, p. 68.
88
AHN. Consejos, Legajo 20412, p. 74.
89
AHN. Consejos, Legajo 20412, p. 75.
90
AHN. Consejos, Legajo 20412, p. 157.
91
En una de nuestras publicaciones más recientes, abordamos el problema de la carestía en el caso de la
comercialización de harinas -particularmente en años de malas cosechas-, el carácter de las disposiciones
capitulares en materia de precios, licencias comerciales, prohibición de las extracciones, almacenamiento
y distribución del producto, controles de calidad, su relación con el abasto de pan, etc. Ver: Pelozatto
Reilly, M. L. „„El abasto de harinas en Buenos Aires durante las primeras décadas del siglo XIX‟‟. En
Antigua Matanza. Revista de Historia Regional, Vol. 6, N° 1. San Justo, Universidad Nacional de La
Matanza, 2022, pp. 8-53.
92
Además de los antecedentes citados sobre la evolución de los precios agrícolas, se recomienda la
lectura de: Garavaglia, J. C. „„Precios de los productos rurales y precios de la tierra en la campaña de
Buenos Aires: 1750-1826. En Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana „„Dr. Emilio
Ravignani‟‟, Tercera Serie, N° 11. Buenos Aires, Instituto Ravignani, 1995, pp. 65-112.
93
AHN. Consejos, Legajo 20412, p. 92.
45
acumulaciones94. En el mismo año de 1790, la defensa del Marqués de Loreto hizo
hincapié en que el denunciante se había demorado varios meses en pedir la mercancía95.
Finalmente, el Consejo de Indias -pese a una primera resolución adversa por parte del
tribunal de justicia de Buenos Aires-, terminó fallando a favor del ex mandatario
virreinal. Sin embargo, resultar interesante el nivel de representación alcanzado por
Altolaguirre, lo cual nos habla de su posición social, política y económica. Sería
relevante profundizar acerca de las instancias representativas en defensa de los intereses
corporativos e individuales de los labradores, tahoneros y panaderos, cuestión poco
desarrollada por nuestra historiografía96, al menos en lo que respecta a este sector en
particular y sus problemáticas específicas.
Conclusiones
Este primer avance nos permite, además de comprobar nuestra hipótesis y de encontrar
varias de las características de una economía de Antiguo Régimen, afirmar varias
cuestiones importantes, y plantear posibles temas de investigación, para continuar con
nuestro trabajo:
El Cabildo de Buenos Aires y otras instancias (como el Virrey del Río de la
Plata), intervinieron -durante todo el período-, en cuestiones centrales para el
funcionamiento de este mercado, tales como el precio de la molienda, la calidad
de la misma y la guarda de los excedentes.
Entre los oficios concejiles, se destaca la figura del fiel ejecutor, como principal
interventor sobre los estipendios, la continuidad de la producción, la notificación
a los apercibidos, la aplicación de multas a los contraventores, las políticas de
aprovisionamiento obligatorio de la Plaza, etc. Consideramos necesario un
capítulo aparte, dedicado a este ministerio.
Las principales causas de conflictos entre la burocracia colonial y los
particulares, se encuentran en los diferentes intereses que tenían en torno a los
aranceles, el acopio y circulación de los beneficios. Mientras el cuerpo
municipal trataba de garantizar el „„precio justo‟‟, los intermediarios buscaban
obtener mayores ventajas en lo económico, así como también evitar pérdidas.
Pese a los intentos por parte de los funcionarios, los abastecedores se impusieron
en lo que respecta a los precios y la disponibilidad de bastimentos. Esta
conclusión tiene que ver, indudablemente, con el grado de concentración
alcanzado por los propietarios de los medios de producción, como se ha visto
gracias a los documentos históricos y los ejemplos brindados por los
antecedentes bibliográficos.
Tanto los agentes que formaban parte del Estado como los productores y
comerciantes tuvieron instancias de representación de sus reclamos. Sería
valioso ofrecer un seguimiento de las formas colectivas y su evolución, a lo
largo del marco temporal estudiado.
Más allá del protagonismo del Ayuntamiento, otras autoridades como el
Excelentísimo Señor, el Gobernador, la Real Audiencia, la Aduana, entre otras,
94
AHN. Consejos, Legajo 20412, p. 93.
95
AHN. Consejos, Legajo 20412, p. 97.
96
Sobre la representación de los intereses de los Hacendados, se recomiendo la lectura de: Jumar, F. y
Kraselsky, J. „„Las esferas del poder. Hacendados y comerciantes de Buenos Aires ante los cambios de la
segunda mitad del siglo XVIII‟‟. En Anuario del Instituto de Historia Argentina, N° 7. La Plata,
Universidad Nacional de La Plata-Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, 2007, pp. 31-58.
46
actuaron en el abasto reglamentado. Queda un largo camino por recorrer, a partir
de esta última afirmación. ●
Bibliografía
47
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Tandeter (Comps.). Economías coloniales. Precios y salarios en América Latina, siglo XVIII. Fondo de
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cambios de la segunda mitad del siglo XVIII‟‟. En Anuario del Instituto de Historia Argentina, N° 7. La
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Pampa, 2006, pp. 125-149.
48
Historia de la cultura
Trascurrían los años cuarenta del siglo pasado, cuando nadie imaginaba la irrupción de
la civilización digital, universo que hoy domina en competencia algo desleal con la letra
impresa. Ya una década atrás, Giovanni Papini en su libro “Gog” de 1931, había
advertido: “La materia prima de la vida moderna no es el hierro, ni el petróleo, ni el
carbón, ni el caucho: es el papel”. Lo cierto es que con tala de bosques mediante, ese
material abundaba y los escritores argentinos jóvenes se daban a la aventura de editar
revistas literarias, en general de efímera duración pero dadas a presentar las comunes
inquietudes renovadoras de sus participantes.
97
Abogado y Escribano (UBA) posee un doctorado en Derecho penal y ciencias criminológicas. Realizó
estudios superiores de literatura española en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de
Madrid. Docente universitario, Ejerce el periodismo cultural. Autor de numerosos libros
49
La Generación Poética del 40 no tuvo, entonces, uno sino varios cauces para darse a
conocer y marcar sus diferencias con la martinfierrista precedente. Así las páginas de
Canto que publicaron Julio Marsagot, Miguel Ángel Gómez y Eduardo Calamaro, o
Huella dirigida por José María Castiñeira de Dios, Basilio Uribe y Adolfo Pérez
Zelaschi, o Verde memoria de Juan Rodolfo Wilcoch y Ana María Chouy Aguirre, o los
sucesivos doce números de Poesía Argentina, publicada por la Comisión Nacional de
Cultura y supervisada por José María Fernández Unsain, Juan Oscar Ponferrada,
Francisco Dibella y Martiniano Paso, o Poética que aparecía en La Plata bajo la
dirección de Arturo Cambours Ocampo, o Reseña a cargo de Vicente Barbieri, o Sed, de
Osvaldo Svanascini, o Savia de José Luis Ríos Patrón y Ricardo Justo Casanovas y
podría seguirse con la lista detallada en el libro de Héctor René Lafleur, Sergio D.
Provenzano y Fernando P. Alonso con prólogo del primero: “Las revistas literarias
argentinas 1893-1967”, dada a conocer en la edición de 1962 por Biblioteca de
Literatura (Buenos Aires) y en los análisis de los contenidos de las mismas presentes en
“La Generación Poética del 40” de Luis Soler Cañas98.
Sumándose a esa corriente de nucleares las individualidades y revelarse agrupadas en
publicaciones, en noviembre de 1943 apareció el primero de los cuatro números de la
inicial época que sumó uno más en la segunda en 194599, de Sendas. Revista de Arte,
Historia y Literatura, con redacción y administración en la calle Gurruchaga 2449 del
barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires. No se advierte que estuviera
demasiado consubstanciada con los postulados neorrománticos de la icónica Generación
del 40, aunque desde el punto de vista cronológico a ella pertenecía el grupo
fundacional. Más bien de tomar en cuenta la alta proporción de sonetos, décimas y
poesías en general rimadas y medidas comparada con los escasos poemas en verso libre,
alguno de José Andrés Villegas o Balada del mar del más vanguardista Osvaldo
Svanascini, que vieran la luz en sus páginas100, aparece próxima a una estética
tradicional formal, algo retórica y ajena a Neruda y al lituano Lubisz Milosz tan de culto
para buena parte de los poetas del 40, junto a Rilke o Cernuda en opinión de Natalio
Kisnerman y Teresita Frugoni de Fritzsche101.
Sin explicitar manifiestos, jugar al anacronismo o ser excluyente con otras visiones
en boga incluso de alguno de sus colaboradores, su línea general o mejor dicho el gusto
personal de los hacedores, tendía a mantenerla dentro de los espacios del Modernismo
de Darío, del boliviano Ricardo Jaimes Freyre y del venezolano Rufino Blanco
Fombona, a quien Darío prologó admirativamente el libro “Pequeña ópera lírica”.
Tanto Jaimes Freyre como Blanco Fombona fueron homenajeados en Sendas; el
primero en el número cuarto102 y el segundo a su muerte en Buenos Aires el 16 de
octubre de 1944, en lo que representó un verdadero duelo para varios de los codirectores
de los que era un guía espiritual, en el quinto103.
Era otra muestra de que el movimiento Modernista en su versión tardía se hallaba
con signos vitales en la Argentina a mediados de la anterior centuria, diversificado y
revitalizado si se quiere, en las poéticas de tono lírico de Mario Bravo o en las
98
Soler Cañas, L., La generación poética del 40, Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1981.
99
Pereyra, W. L., La prensa literaria argentina. Tomo IV con prólogo de Eduardo Romano. Buenos
Aires, 2008, pp.451-452. Se menciona en ambas páginas la segunda época de Sendas y no la primera.
100
Sendas, número 2, correspondiente a enero-febrero de 1944: “Éramos los dos”, poema libre de José
Andrés Villegas en la páginas 26 y “Balada del mar” de Osvaldo Svanascini en p. 27.
101
Frizsche, T. F de y Kisnerman, N., “El 40: 25 poetas y bibliografía de una generación”. Buenos Aires,
Grupo Editor Argentino, 1963. Mencionado en la página 56 del Tomo I de La generación Poética del 40
de Luis Soler Cañas.
102
Sendas, número 4, correspondiente a agosto-septiembre de 1944.
103
Sendas, número 5 de la Segunda Época, correspondiente a agosto-septiembre de 1945.
50
adscriptas al neoclasicismo hispano del Enrique Larreta del sonetario “La calle de la
vida y de la muerte”.
El Tuércele el cuello al cisne de la puesta en guardia contra el preciosismo adoptada
por el mejicano modernista y a la postre posmodernista Enrique González Martínez en
el soneto de su libro “Los senderos ocultos” de 1911, era una advertencia que presente o
no en la mente de los jóvenes de Sendas les era innecesaria, porque como en el caso de
los sonetos a la estirpe de Romero Sosa incluidos en el número tercero104, concebidos a
indudable influjo de la “Eurindia” intuida por su maestro Ricardo Rojas, de sus lecturas
de Ángel Guido con quien se carteaba, sobre “La fusión hispanoindígena en la
arquitectura colonial” y del peruano José Santos Chocano de “Oro de Indias”,
añoraban más las “ñustas” vírgenes del Imperio Incaico que la riente marquesa Eulalia
de “Era un aire suave”, la princesa triste de la “Sonatina” o el suspiro por amores
exóticos en “Divagación”, tres creaciones presentes en “Prosas profanas” del “gran
libertador” nicaragüense en categoría de Borges.
Sendas surcadas en general por el darismo, fue contemporánea de la dominicana
revista La poesía sorprendida, apadrinada al comienzo por el anteriormente creador del
Postumismo: Domingo Moreno Jiménes. Esa publicación fue representativa del
movimiento poético de igual modo conocido como “La poesía sorprendida”, de
aspiración universalista y con la enarbolada bandera de la creación sin límites y sin
fronteras, nacido en Santo Domingo hacia 1943. Editada bajo la dirección de Freddy
Gatón Arce, sus veintiún números vieron la luz entre 1945/1946 y el último en 1947 en
la ya renombrada Santo Domingo por Ciudad Trujillo. Tanto Romero Sosa como
Gallardo se escribían con intelectuales dominicanos –con el crítico y antólogo mocano
Julio Jaime Julia y con el historiador y genealogista Emilio Rodríguez Demorizi, el
primero- así que debieron estar al tanto de la existencia de “La poesía sorprendida”.
Pero la publicación argentina, aparte de tributar a Talía, se abrió a otras disciplinas
como ser la historia nacional y las artes plásticas; tendiéndose a una universalidad sin
desconocer las raíces americanas tal vez esto a inspiración de la difundida revista Nativa
de Julio Díaz Usandivaras105. Fiel a esa cosmovisión telúrica es por ejemplo el
comentario anoticiando sobre la inauguración en Buenos Aires de una exposición
pictórica del artista catalán radicado en Mendoza, Fidel Roig Matons, donde se subraya
la presencia del cuadro: “Don José de San Martín en 1817”, que presenta un San
Martín criollo, de poncho con el que reconocía las posiciones enemigas 106. Sin dejar de
mencionar que se dio lugar en las páginas a un aporte sobre el regionalismo
“Trancachuya”, remitido desde Salta en un correo de lectores por un anónimo “Profesor
de Castellano”107.
Dirigían Sendas el porteño José Andrés Villegas, el salteño Carlos Gregorio Romero
Sosa, el porteño vinculado con el barrio de La Boca y sus instituciones culturales
Alfredo S. Osuna y el rosarino Domingo V. Gallardo, poetas y periodistas los cuatro.
En la segunda época se sumaron como codirectores el psicólogo, pedagogo y profesor
universitario salteño Oscar V. Oñativia (1919-1995) y el riojano Oscar G. González
Carrizo (1903-1955), historiador y escribano público graduado en la Universidad de
Buenos Aires en 1927. En la función profesional se desempeñó como apoderado de
Obras Sanitarias de la Nación hasta su muerte. González Carrizo actuó en el periodismo
104
Sendas, número 3, correspondiente a mayo-junio de 1944, p. 8.
105
Tanto Gallardo como Romero Sosa fueron activos colaboradores también de la revista “Nativa” e
incluso el segundo prologó el libro inicial de poesía de su después director, Julio Carlos Díaz
Usandivaras: “El poema de Talía”.
106
Sendas, número 2: GALERÍAS DE ARTE Iconografías sanmartinianas, p. 28.
107
Sendas, número 2: “Un regionalismo en polémica”, página 28.-
51
en su ciudad natal, en el diario Juventud y la revista Fénix y fue vocal del Instituto de
Investigaciones de Ciencias Históricas que presidía José Armando Seco Villalba108.
Alfredo S. Osuna (¿?) era un consumado sonetista. Domingo V. Gallardo (1917-
2005)109, autor de los poemarios “Anillos de cristal” (1938) y “La luz presentida”
(1955) con prólogo de Fernán Félix de Amador, dio a conocer en prosa en 1999:
“Saporiti, apuntes para una historia de las Agencias Noticiosas en la Argentina” y dejó
inédito un volumen de aforismos que tituló “Ideocromos”. Conoció y reporteó a Pablo
Neruda en Buenos Aires, que le obsequió dedicado “Veinte poemas de amor y una
canción desesperada”110.
Carlos G. Romero Sosa111, (1916-2001) fue docente, historiador, genealogista,
folclorólogo y realizó investigaciones arqueológicas en su provincia bajo la guía del
sabio José Imbelloni .
José Alfredo Villegas, publicó “Labor del silencio” (1950), “Dimensión vectora”
(1953) ilustrado por Julio César Montes de Oca, y “La Patria y yo” (1970). Nacido en
1915 y sin datos de su muerte, actuó junto a Francisco Póliza, José Eusebio Rodríguez
Casco, la recitadora Lily Hartz y otros poetas en “La Peña de los Martes Bohemios” en
el Ateneo Popular de La Boca. Colaboró en El Hogar y viajó por varios países.
Recibió premios por su actividad poética. Según lo destacado por el profesor Romero
Sosa, al prologar su libro de poemas: “Cantos de la carne pecadora” en 1949,
perteneció: “a lo que podríamos llamar el núcleo de Sendas, revista literaria que
fundamos con él, con Domingo V. Gallardo y con Alfredo S. Osuna a fines de 1943.”
Y continuó el prologuista evocando la actividad de la revista que había desaparecido
más de un lustro atrás: “Sendas se impuso contra la mediocridad y el escepticismo. Y su
triunfo, en gran parte, fue debido al espíritu tesonero, emprendedor, generoso y
conciliatorio del escritor y poeta José Andrés Villegas, nervio impulsor de conferencias
y publicaciones. Sendas organizó verdaderos ciclos culturales y artísticos. Fomentó
exposiciones de bellas artes; alentó valores nuevos; descubriéndolos y haciéndolos
conocer en la gran ciudad; colaboró en ciclos culturales de entidades tan conocidas y
prestigiosas como el Ateneo Popular de La Boca, en la típica barriada de Quinquela, de
Filiberto y de Bucich. Y, en todos los casos, José Andrés Villegas, fue algo así como el
“alma mater” de la revista o del núcleo homogéneo de Sendas.”
La estima personal e intelectual entre prologuista y prologado era mutua y lo
atestiguan los dichos de Villegas en una carta que le remitió a Salta donde se hallaba
temporalmente Romero Sosa, despachada el 12 de abril de 1944: “Demás está
expresarle mi agrado en saber por intermedio de Gallardo que regresa Ud. a esta el mes
entrante, mucho temíamos que razones ajenas a su voluntad prolongara indefinidamente
su estadía, con el consiguiente desmedro para Sendas, que tiene en su actividad con
respecto a ella, un firme filón que la sustenta y acrecienta. Ardua tarea tenemos en
perspectiva y el plan de acción que desarrollaremos dentro de poco será coronado con el
más seguro de los éxitos contándolo nuevamente con nosotros. El martes sale a la calle
nuestra hija, no precisamente a pasear, sino a ingresar nuevamente a su puesto de
combate, desde el cual nos proporcionará algunas sanas alegrías, y nuestros paternales
corazones quedarán ahítos de satisfacción por los progresos que opera el decurso en
108
Abad de Santillán, D. Gran Enciclopedia Argentina. Tomo III, Página 231. Ediar Soc. Anon Editores.
Buenos Aires 1957. Figura allí una síntesis biográfica del escribano González Carrizo.-
109
Romero Sosa, C.M., Domingo V. Gallardo. Una vida entre gacetillas y arcanos. Ediciones El Orfebre,
Buenos Aires, 2006.
110
Pocos años antes su muerte, Gallardo puso en nuestras manos ese libro dedicado y firmado con la tinta
verde que usaba el poeta chileno.
111
Cutolo, V.O., Historiadores argentinos y americanos, Buenos Aires, 1966, pp. 329-330. Biografía de
CGRS en [Link]
52
amable cooperación con las grandes o modestas aptitudes de cada cual. Remítole
adjunto el talonario y espere para el miércoles o jueves próximo algunas decenas de
Sendas. Esperando esté bien en compañía de sus señores padres y demás miembros de
su familia, reciba saludos afectuosos de José A. Villegas.”
Sobre el entusiasmo de Villegas con la publicación, es del caso comentar, además,
que remitió el 14 de junio de 1946 desde el Valle de Santa María de Punilla (Córdoba),
una esquela a Gabriela Mistral con timbre de Sendas, solicitándole a la ganadora el año
anterior del Premio Nobel de Literatura, la antología publicada en Chile por Zig-Zag, al
tiempo que le pedía opinión sobre composiciones poéticas suyas, enviadas junto a
ejemplares de la revista en cuestión112.
Dando razón a lo informado en el prólogo de “Cantos de la carne pecadora”, es
notorio que el codirector Romero Sosa y algunos colaboradores de Sendas como el
académico Enrique de Gandía, lo hacían también con asiduidad en Pórtico, el órgano
del Ateneo Popular de La Boca, centenaria institución creada en 1926 por Antonio J.
Bucich. Pórtico que editó dieciséis números entre 1941 y 1946113, era de bastante tirada
y estuvo, entre otros ateneístas, bajo la dirección del historiador José Carlos Astolfi y
del musicólogo y escritor discípulo de Ricardo Rojas que apadrinó su tesis doctoral en
la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Jorge Oscar
Pickenhayn.
Incluso en una carta de 7 de mayo de 1945 remitida por el nombrado Antonio J.
Bucich, a la sazón presidente del Ateneo Popular de La Boca, a Romero Sosa que se
encontraba en Salta dedicado a las tareas de organizar el Museo Histórico Nacional y de
Bellas Artes del Cabildo114, le confidenció: “Director de Pórtico lo he nombrado a
Pickenhayn. Si Ud. hubiera estado aquí, iba a ese cargo.”
Igualmente podría marcarse el hecho que tanto Gallardo como Romero Sosa estaban
vinculados por lazos de amistad y de comunidad en ideales patrióticos y de justicia
social con el poeta Vicente Trípoli, quien el mismo año de 1943 de aparición de
Sendas, inició la publicación de Perfil, letras de ritmo sureño.
Los proyectos de los responsables de Sendas eran mayores sin duda que las
posibilidades de llevarlos a cabo íntegramente en las algo más de treinta páginas de las
que constan las sucesivas entregas, sumado a los tiempos convulsos que se vivían en
los inicios de la Revolución de 1943, advirtiéndose en la cita de frases de Alfredo
Palacios incluidas en sus páginas115, lo que puede inferirse como una muestra de
reticencia de algún miembro de influencia del staff de Sendas, como Bernardo González
Arrili, hacia el gobierno de facto establecido el 4 de junio de 1943, sin hallar en ninguna
otra sección definiciones de índole política. Incluso Washington Pereyra en su citada
obra: “La prensa literaria argentina”, al considerar la ideología de Sendas, menciona
primero “Católica” y luego de aséptica “Divulgación cultural”.
Ya en el segundo número se anunciaban noventa y seis colaboradores, varios de los
cuales no llegaron a ver impresos sus trabajos remitidos como el Padre Juan Sepich,
Pablo Rojas Paz, Carlos Abregú Virreina, Francisco L. Romay, Miguel Alfredo D‟Elía,
Fausto de Tezanos Pinto, Francisco Uriburu Michel, María Torres Frías, Rafael P. Sosa
o el abogado salteño Néstor Sylvester, después magistrado y Ministro de la Corte
112
[Link]
113
Fara, C., “Las asociaciones culturales barriales como espacios para el comercio de arte en Buenos
Aires. Un caso de estudio”. En H-Art Revista de Historia, teoría y crítica de arte, Universidad de los
Andes, 2019.
114
Gutiérrez, T., Un museo testigo de la historia de Salta, Salta, Talleres Gráficos “Juana Manuela”,
[Link]. 91-96.
115
Sendas, número 2 correspondiente a enero-febrero de 1944, página 5 y 15.
53
Suprema de Justicia local. Mientras que otros no alcanzaron siquiera a enviarlos como
Augusto Raúl Cortazar, Calixto Lassaga, Augusto Mario Delfino o el político del
partido colorado, historiador y periodista uruguayo, director del Museo Histórico
Nacional del Uruguay entre los años 1921 a 1934 Telmo Manacorda116. Sí lo hizo el
salteño Juan Carlos Dávalos, primo hermano de la madre del codirector Romero Sosa,
que le remitió su traducción de una rima póstuma del italiano Lorenzo Stechetti dada a
conocer en la página 3 de la segunda entrega de Sendas. Después, en carta fechada en
Salta el 19 de diciembre de 1943, le marcaba el mérito del empuje y la osadía con unos
versos del antiguo y anónimo romance carolingio del Conde Claros de Montalbán,
composición popular en Barcelona, Portugal y las Islas Azores que Menéndez y Pelayo
juzgó de tradición castellana117. Es que el autor de “El viento blanco” había tomado en
cuenta el esfuerzo juvenil, grato al fin pero agotador y hasta oneroso, que significaba
para el sobrino y los tres restantes editores poner en circulación Sendas: “Mi querido
amigo y sobrino gentilísimo: Siento en la necesidad de darte ánimo con unas pocas
voces de aliento. Esforzá, esforzá, el buen conde y no queráis desmayar.”
También Alfredo Palacios, en una misiva fechada el 27 de diciembre de 1943, le
expresó lo siguiente:
Casi un año después, en noviembre de 1944, le hizo llegar por correo una cálida
felicitación luego de leer su ensayo aparecido a páginas 8/10 del primer número de la
revista: “Algunos traductores de las “Rubai-Yat” de Omar Khayyam en la Argentina”.
Habla de la disposición y generosidad del Primer Diputado Socialista de América, esa
enhorabuena autografiada sobre una hoja de papel con membrete de la Academia de
Ciencias Económicas de la que era miembro numerario desde 1925:
Todo un espaldarazo intelectual al que nos hemos referido más extenso en el capítulo
del libro “Papeles con mi padre”118precisamente titulado: “La revista Sendas, Alfredo
Palacios, un artículo y una aclaración de Borges”. Lo anticipamos en versión algo más
breve en la revista mensual Claves de la ciudad de Salta que dirigía Pedro José
González.119
116
(1893-1954).
117
Díaz, L., “Evolución tradicional de un romance carolingio El Conde Claros”,
En: [Link]
118
Buenos Aires, 2016.
119
Año 13, Número 125 correspondiente al mes de marzo del año 2004. Más tarde, en abril de 2006,
cuando se desarrollaba la Feria del Libro Dominicano en la ciudad de Santo Domingo y en ocasión de
que habíamos sido invitados internacionales ambos al evento por la Secretaría de Cultura del país
antillano, le obsequiamos
en mano a María Kodama ese artículo nuestro.
54
Aparte del elogio de Palacios, aquel trabajo paterno sobre las traducciones
castellanas de los –o mejor de las- Rubayyat del poeta y astrónomo persa del siglo XI,
tendría una interesante derivación en una carta que Jorge Luis Borges envió a la
redacción de Sendas con pedido de publicación. El documento sobre el cual nos
explayamos en el antedicho capítulo de “Papeles con mi padre”, apareció en el número
III de Sendas, correspondiente a los meses de mayo-junio de 1944. Figura trascripto
igualmente en la obra “Textos recobrados 1931-1955” de Jorge Luis Borges120 y al
presente puede hallarse en un par de sitios por Internet.
Su contenido aclaratorio de la equivocada atribución al poeta de “Fervor de Buenos
Aires” y no a su progenitor, Jorge Borges, como hubiera sido del caso, de las versiones
castellanas de las Rubaiyat vertidas al inglés por el escritor británico de origen irlandés
Edward Fitzgerald (1809-1883), traductor asimismo de varios dramas de Calderón de la
Barca, dice:
“Señores Directores de Sendas:
Me han conmovido en el número primero de la revista, los elogios de Carlos Romero
Sosa a una traducción española de las Rubaiyat de Fitzgerald. Me han conmovido,
porque no se refieren a mí; porque se refieren a mi padre, que ha muerto y que en 1919
redactó esa versión. A través de la literatura inglesa, era devoto de las literaturas
islámicas; era lector de Lang y de Burton, de Palmar y Nicholson.
La errónea atribución que señalo es inevitable: mi nombre es Jorge Luis Borges; el de
mi padre, Jorge Borges.
“¿Puedo en las páginas de Sendas corregir ese error?
Con mi anticipada gratitud los saluda
Jorge Luis Borges
Buenos Aires”
120
1era. Edición. Sudamericana, Buenos Aires, 2011, p. 44
121
Los comentarios fueron trascriptos en la contratapa interior final del número 2, de enero-febrero de
1944, y en la página 32 del número 3, de mayo-junio de 1944, en la sección Voces Amigas.
55
Sí, en cambio, el 20 de noviembre de 1943, Ricardo Levene, le escribió: “Muy
interesantes son las páginas de Sendas, abiertas para un núcleo calificado de escritores.”
El 28 de diciembre de 1943, Monseñor Miguel Ángel Vergara, el destacado
investigador de la historia jujeña y miembro de la Academia Nacional de la Historia, en
una extensa correspondencia le hizo saber que tenía ya Sendas en su poder y lo felicita
por una página de autoría del destinatario donde se comentaba la obra del remitente
Vergara en homenaje de Monseñor Bernabé Piedrabuena, el Obispo de la Diócesis de
San Miguel de Tucumán fallecido en 1942.
El 17 de diciembre de 1943, Bernardo González Arrili se disculpó: “Amigo Romero:
No he olvidado el pedido de mi artículo sobre Castellanos para su revista. Pero estoy sin
tiempo y medio enfermo. He pasado una gripe de pie. Pronto irá. Le envío en cambio
una poesía de Castellanos que yo creo inédita, según verá en la nota. Vea si le sirve.
Cariñosos saludos de su apreciado amigo. Bernardo González Arrili.” Y agrega a
continuación como posdata: “Caso de publicarse cuide mucho la prueba.”
La anunciada poesía inédita compuesta en endecasílabos de Joaquín Castellanos: “A
la Patria Oriental”, fechada en Montevideo en 1893 y escrita en su segundo exilio en el
Uruguay después de participar en las revolución radicales de 1890 y de 1893, apareció
con la consiguiente nota explicativa del propio González Arrili, a páginas 17/19 del
número II correspondiente a enero-febrero de 1944.
El 2 de diciembre de 1943, César Fernández Moreno, le testimonió en esquela con
membrete del estudio jurídico donde se desempeñaba, la gratitud por el comentario
bibliográfico a su quinto libro, “La palma de la mano”, que figura en la página 32 del
primer número de la revista y bajo el cual aparecen las iniciales C.G.R.S, fácilmente
identificables con el redactor de la crónica. En la ocasión el autor de “Gallo ciego”
anotó de su puño y letra lo siguiente: “Gracias por sus palabras sobre “La palma de la
mano”. Y felicitaciones por Sendas. No se le puede negar a Ud. que es Romero! Que
ande, pues, muchos caminos. El más cordial saludo. César Fernández Moreno.”
El 29 diciembre de 1943, Oscar Oñativia fechó una tarjeta de saludo y
reconocimiento “por su gran obra.”
El 27 de enero de 1944, hizo otra tanto en San Miguel de Tucumán el poeta
Guillermo Orce Remis. Y más o menos por ese tiempo le llegaron dos nuevas
felicitaciones, una de Miguel Alfredo Olivera y otra procedente de Salta de su íntimo
Raúl Aráoz Anzoátegui, sumando a la enhorabuena la confidencia de su contrariedad
ante los rasgos autoritarios del gobierno militar instaurado el 4 de junio del 43¨ a cargo
del general Pablo Ramírez: “Ahora estoy sacando la página literaria de El Intransigente.
Mándame colaboraciones. Es ahora cuando se necesita decir cosas. Casualmente cuando
las cosas andan mal hay que arriesgarse. No es posible cantarle solamente a la luna. Es
necesario salvar la dignidad del pensamiento, cuando se trata de ponerle vallas. Recibe
un abrazo de tu siempre amigo.”
El 31 de marzo de 1944, desde Rosario, el doctor Calixto Lassaga, ex Magistrado,
Diputado Nacional (M.C.), ex presidente del Consejo Deliberante, ex Intendente
Municipal de Rosario, historiador miembro de la Academia Nacional de la Historia e
impulsor en 1933 que se designara como Día de la Bandera el 20 de junio, festividad
que se llevó a cabo por la ley 12.361 del 8 de junio de 1938, le trasmitió por carta
manuscrita lo siguiente: “Con mucho gusto voy a preparar algún trabajo para la revista
Sendas que me manifiesta haber fundado en la Capital Federal: a la nueva publicación
le deseo mucho éxito y larga vida, ya que se trata de una revista que contribuirá al
progreso cultural del país.”
El 7 de septiembre de 1945, Telmo Manacorda desde Obligado 1270, del
montevideano Pocitos, le dirigió una extensa carta también manuscrita comentándole al
56
“salteño de Salta y no de Salto como yo”, que trabajaba en un libro sobre Artigas y la
conclusión de otro sobre José Pedro Varela. Pasajes después y entre muestras de su
posición política enfrentada a los halagadores de las masas: “Yo ya no creo en
plataformas, ni en demagogias ni en lumbreras falsificadas. Aquí también estamos
llenos de “actores pachecos” como el de Eça de Queiroz”, aparece la frase admirativa:
“Hoy recibí “Sendas”.!Gracias!”. Y más adelante: “el famoso Bucich me tiene a mal
traer con su ¿?. Ya lo vi en la lista de colaboradores. Tengo mucho gusto en
acompañarlo a Ud. y a él. Los amigos son los amigos.”
Elogios esos y otros más como el mucho más reciente de Luis Ricardo Furlan122,
nunca de circunstancia sino motivados, qué duda cabe, por el nivel de los notas y el
prestigio de los colaboradores de la publicación. Sería injusto que “brevitatis causae” se
antepongan algunos nombres a otros y queden en el tintero varios más. Sin embargo no
pueden dejar de resaltarse al revisar los sumarios de la colección si más no fuere a vuelo
de pájaro, por ejemplo los de Carlos Mastronardi, Ricardo Victorica, David Zambrano,
una juvenil Beatriz Guido que dio a conocer allí algunos de su poemas iniciales de
exaltación familiar, la salteña Delia Mirtha Blanco, para entonces ya laureada autora de
“Versos de sol y sombra”123, la tucumana María Elvira Juárez, Yelma Balde, Carlos de
Jovellanos y Paseyro, Gladis Vacas Pueta, Simón Romero, Ricardo Massa, Mario
Fernández Cid, Eduardo G. Zapiola, el poeta santanderino radicado en Salta amigo de
Ricardo León: José A. Ramírez, que firmaba con el seudónimo: “Montañes de
Cantabria”, Juan Canter, Antonio J. Bucich, Raul M. Rosarivo, el tucumano Eduardo
Joubín Columbres, María Raquel Adler, Sara Sabor Vila, el catamarqueño Juan Oscar
Ponferrada, José Amado Adip, César Fernández Moreno, Raúl T. de Ezeiza Monasterio,
José Ramón Luna, Osvaldo Svanascini, el hispanista salteño Juan Carlos García
Santillán124, José Ángel Reynafé Santillán, Jorge Miguel Pastor, Pablo Lagos Lasserre,
el Pbro. Carlos Ruiz Santana, Párroco de Santa María de Catamarca, Renato Ciruzzi o
Manuel García Hernández, el periodista y novelista venezolano de “Los ojos del
Obelisco” publicada en 1938 y bastante comentada en su momento pero que Leonidas
Barletta definió como “enciclopedia de banalidades”.-
El codirector Romero Sosa tuvo un vínculo casi discipular con el doctor Mario
Bravo, quien lo alentó en sus actividades literarias e historiográficas desde que se
instaló en Buenos Aires para estudiar Filosofía y Letras y trabajar en el Congreso de la
Nación. El político socialista solía concurrir a sus conferencias y aquél lo visitaba en su
estudio jurídico, de allí lo extraño que no figuró como colaborador de Sendas. No
obstante, a su muerte en 1944, se le rindió tributo allí dando a conocer un poema
dedicado a su esposa el 23 de diciembre de 1940; como detalla la nota adjunta a la
composición: “en la época que retornaba a su vida ideal tras las incesantes luchas
cívicas que supieron consagrarlo como líder.” De igual modo se agradeció en los
siguientes renglones a la familia de Mario Bravo que: “teniendo una fina atención para
con Sendas, accedió a proporcionarnos el poema que trascribimos, con el cual
tributamos a la memoria del ilustre poeta, el homenaje que no podrían traducir nuestras
palabras.” (sic)
122
En efecto, Furlan, inolvidable amigo poeta, ensayista, crítico y estudioso de las Generaciones del 40 y
sobre todo del 50, se interesó y nos interrogó por Sendas hacia el año 2010, instándonos a realizar y
publicar un sumario o índice de la misma, así como él había confeccionado el “Índice del Suplemento de
Letras, Artes y Ciencias del diario Mayoría: Buenos Aires 1974-1976”, aparecido en 1997 con una
advertencia de Luis Trenti Rocamora.
123
Editado en segunda edición en 1945 en Salta.
124
En la página 13 del número 1 de Sendas, el doctor García Santillán dio a conocer un soneto suyo
dedicado a San Juan de la Cruz.
57
Sendas brindó su espacio para otros homenajes: a Alejandro Korn y al poeta casi
secreto Eduardo Jorge Bosco que se suicidó en las aguas del Río de la Plata a los treinta
años de edad, el 30 de diciembre de 1943, cuando comenzaba a circular el primer
número de la revista a la que había prometido enviar alguna colaboración para una
próxima entrega, como lo relató el sentido recordatorio firmado por su amigo Carlos
Gregorio Romero Sosa125.
Entre los últimos espaldarazos a la publicación en su codirector Romero Sosa, figura
el del historiador y hombre público santafecino doctor Manuel Cervera. En respuesta al
envío de varios números de “Sendas” acompañados de trabajos historiográficos de
aquél, éste le remitió una fotografía con la siguiente dedicatoria manuscrita: “A mi
estimado y (…) amigo Carlos G. Romero Sosa, distinguido en sus trabajos históricos de
enseñanzas, patriota salteño a quien desde lejos remito con simbólico abrazo en esta mi
efigie fotográfica. Manuel Cervera. Santa Fe, 12 de abril de 1946.
De esa manera trascurrió la existencia de Sendas, hasta cumplir su ciclo. Entre
expectativas juveniles y duelos imprevistos, tal como en la vida y de acuerdo a la
promesa de metas en el idealizado camino que invocaba su nombre, no ajeno por
supuesto a tropiezos al transitarlo. ●
125
Sendas, Año II, número 2, p. 25, segunda columna.
58
AIMÉ JACQUES ALEXANDRE
GOUJAUD
(APODADO BONPLAND)
Médico y naturalista
Sus vínculos con Uruguay (Parte I)
Augusto Soiza Larrosa126
126
Médico. Miembro de Honor y ex presidente de la Sociedad uruguaya de Historia de la Medicina.
Contacto:
asoiza@[Link]
59
Introducción
127
Mañé Garzón, F., Historia de la ciencia en el Uruguay. Montevideo, Universidad de la República-
Depto. de Publicaciones, 2005. Tomo III, cap. XXX, p. 345.
128
Contreras R., Julio R; Giacchino, A; Gasparri, B.; Davies, Yolanda E., Ensayos sobre Aimé Bonpland
(1773-1858). Buenos Aires, Fundación de Historia Natural Félix de Azara, Universidad Maimónides,
Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, 2020. On line (cons: 20/03/2023):
[Link]
129
Ib., p. 84 y 103.
60
Bonpland no los incorporó y decidió enterrarse en el continente americano profundo
desdeñando un retorno a su continente natal donde sin duda tenía reservado un
magnífico sitial. Fue “el enigma de cerrarse de pronto y enclaustrarse en un
pragmatismo estrecho y en un paraje aislado y periférico del mundo”130.
Mucho se ha escrito sobre el naturalista viajero. Al aproximarse el 250 aniversario de
su nacimiento contabiliza más de 400 referencias. La cantera está agotada y sólo cabe
volver a divulgar lo que se ha publicado. Es seguro que aún hay material por conocer
dado el ignorado destino que tuvieron muchos de sus manuscritos y el carácter inédito
de la mayor parte de aquellos que se han conservado131 132.
Su real nombre era Aimé Jacques Alexander Goujaud. Su padre, Simon-Jacques
apodado “Bon plant” (buena planta) y por derivación Bonpland (su hijo lo adoptó como
apellido133) era chirurgien en chef de l‟hôpital de la Charité y tenía ancestros boticarios.
Su hermano, Michel-Simón resultó también médico. Su madre fue Marguerite-Olive de
la Coste. Nació el 28 de agosto de 1773 en La Rochelle, Francia, capital del
departamento Charente-Marítimo sobre la costa atlántica, entre la Bretaña y el país
vasco francés. Y murió en América, en su casa del Rincón de Santa Ana (hoy
Bonpland), a dos leguas de Paso de los Libres (hoy Restauraión), la pequeña villa de la
provincia de Corrientes el 11 de mayo de 1858 a los 84 años.
Para su aspecto físico se conocen retratos de Bonpland en América, no así en Europa.
En Buenos Aires, 1837, en casa del documentalista Pedro de Angelis (Nápoles 1784-
Buenos Aires 1859), fue dibujado a los 64 años por el ingeniero, dibujante y litografista
francés Carlos Enrique Pellegrini (Chambéry, Francia 1800-Buenos Aires 1875)134. Un
grabado litográfico basada en ese dibujo fue incluido acompañando la biografía escrita
por De Angelis en la bonaerense Revista del Plata en 1853, que en su primera época
dirigió Pellegrini hasta 1855. Sería el primer retrato conocido.
Existen además dos daguerrotipos ubicados de Bonpland135. Uno de ellos,
posiblemente de 1850-51, le fue tomado en Corrientes por un estudiante americano de
botánica que lo visitó. Le hizo dos tomas Uno de los daguerrotipos terminó obsequiado
a Humboldt en 1853 y éste lo pasó al grabador alemán Rudolf Hoffman quien realizó
una litografía en 1857. Bonpland aparece con abundante cabello, ceño fruncido, vista al
frente, levita, chaleco y moño al cuello; en la solapa no está la Legión de Honor,
condecoración que se le adjudicará en 1849. La litografía - que se imprimió en un
130
Ib., p. 104-105.
131
Para una síntesis de la bibliografía sobre Aimé Bonpland, tanto biográfica como temática, ver Cerruti,
C., L‟américanisme en construction : une pré-histoire de la discipline d‟après l‟expérience du naturaliste
Aymé Bonpland (1773-1858). Histoire. Université de La Rochelle. HAL Open Science. A multi-
disciplinary open access archive for the deposit and dissemination of scientific research documents.
Introduction Générale, 2012. On line. [Link]
(cons: 18/03/2023).
132
Puede consultarse el “Catálogo del Archivo Aimé Bonpland” (1999), que se custodia en el Museo de
Farmacobotánica “Juan Aníbal Domínguez” de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad
de Buenos Aires, República Argentina. Ha sido elaborado por Lorena Soledad Arias, Liliana Maetakeda y
María Solo Shmidt, Contacto on line para solicitarlo: [Link]
133
Castellanos, A., “Bonpland en los países del Plata”. En Rev. Acad. Colomb. Ciencias. Bogotá,
Colombia, 1963. XII (45): 57, nota Nº 3 al pie. On line:
[Link] (cons: 14/03/2023)
134
Aimé Bonpland. Dibujo a lápiz y aguatinta; papel, 37 x 27 cm; firmado a la derecha: Ch. Pellegrini, y
con un autógrafo de Pierre de Angelis, otro de Aimé Bonpland y dedicatoria del autor á Mme. De
Angelis. Catálogo de la Exposición de Retratos y Paisajes y otros trabajos ejecutados por el ingeniero
Carlos E. Pellegrini reunidos en ocasión de su centenario. 28 de julio 1800 a 1900, Buenos Aires, s/f, p. 9.
135
Ferrari, R. A., “Los daguerrotipos de Aimé Bonpland”, En 8vo. Congreso de Historia de la Fotografía
en Argentina, noviembre 2003. Buenos Aires, CEP, 2006. Consultado 24/03/23
[Link]
61
periódico alemán - se habría inspirado en el daguerrotipo de 1850-51 en poder de
Humboldt, que hoy se considera perdido. El posible segundo daguerrotipo (ya que se
desconoce si se tomaron otros) se conserva en la Harvard College Library, Cambridge,
Massachusetts.
El otro daguerrotipo se encuentra en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires,
sin datos de autor, origen, donante ni fecha, pero datado entre 1850-60, pues la placa es
de origen norteamericano y se conoce su fabricante. Tampoco tiene la Legión de Honor,
sólo una pequeña cinta en la solapa derecha.
La única imagen con la Legión de Honor en la solapa es un grabado inserto en la
biografía escrita por el médico Adolphe Brunel. Esa litografía pudo ser hecha a partir de
un daguerrotipo, pero no se conoce paradero del mismo. Es diferente de los dos
anteriores que no tienen la condecoración francesa.
En 1791, con 18 años, Aimé-Jacques y su hermano mayor Michel-Simon, se
trasladaron a París para estudiar medicina. En esa época, los estudios médico-
quirúrgicos estaban experimentando los cambios de la Revolución Francesa (1789).
Desde 1769 se cursaban en el Collége et Académie Royale de Chirurgie creado por el
rey Louis XV y ubicado en la rue des Cordeliers (luego rue Marat y después rue de
l‟École de Santé). Su edificio se conserva hoy día y el nombre de la calle cambió a rue
de la École de Médecine. Abolido el antiguo régimen, desde 1794 el Collége pasó a
llamarse École de Santé y en él se doctoró Bonpland en 1797. Entre 1791 y 1797
adquirió un título intermedio de Chirurgien de troisième classe (officier de santé)
durante su servicio militar en la marina. Un buen resumen de su actividad médica desde
la formación hasta su residencia en el cono sur americano se encuentra en Miguel de
Asúa136. Respecto a la historia natural y su orientación preferente a la botánica, la
vocación habría derivado de su asistencia a los cursos dictados en el Museo Nacional de
Historia Natural137.
Era esperable un conocimiento y destreza en el manejo de los dones de la naturaleza
como auxilio terapéutico de una medicina aún empírica. La École de Santé contaba con
su jardín botánico y además París tenía su Jardin des Plantes asociado al Museo de
Historia Natural de París. No es de extrañar que un médico fuera enamorado de la
naturaleza y aficionado como herborizador y clasificador de especies vegetales,
minerales y fauna. Eran conocimientos necesarios para el ejercicio médico.
Médico y naturalista se hermanaron perfectamente en Bonpland, y ejerció ambas
ciencias aunque en diferente grado.
Bonpland en Uruguay
136
Asúa, M. de., “Bonpland Médecin”. En: Guy Martinière y Thierry Lalande (eds.), Aimé Bonpland, un
naturaliste rochelais aux Amériques (1773-1858). De l‟orchidée à la yerba mate. Paris, Rivage des
Xantons, 2010 p.215-224.
On line: [Link] (cons: 14/03/2023)
137
Cerruti, C., L‟américanisme en construction: une pré-histoire de la discipline d‟après l‟expérience du
naturaliste Aymé Bonpland (1773-1858). Histoire. Université de La Rochelle. HAL Open Science. A
multi-disciplinary open access archive for the deposit and dissemination of scientific research documents,
2012, p. 8, nota 1 al pie. On line. [Link]
(cons: 18/03/2023).
62
Uruguay es hoy una República organizada en el siglo XIX tras un texto constitucional
jurado en solemne acto público el 18 de julio de 1830. Surgió de un acuerdo entre dos
países gigantes con los cuales mantenía límites: por el oeste, las Provincias Unidas del
Río de la Plata (de la cual formó parte como Banda Oriental del río Uruguay desde el
fin de la dominación española); por el este el Imperio del Brasil (del cual también formó
parte – invasión mediante - como Provincia Cisplatina desde 1821). En guerra por su
posesión, ambos vecinos llegaron a un acuerdo para cesarla y declararla “provincia
autónoma”. Eso fue en 1828. Transformada la Banda Oriental en país independiente,
juró su constitución como una república en 1830.
Bonpland bajó repetidamente por el río Uruguay hasta Montevideo para validar su
“certificado de vida” ante el consulado francés, acto necesario para cobrar la pension
vitalicia que le concediera Napoleón Bonaparte por su aporte a la ciencia francesa luego
del viaje americano que hiciera con Humboldt.
Médico y naturalista, Bonpland se vinculó en Uruguay con colegas y con
investigadores en ciencias naturales138.
138
La documentación referida al vínculo de Bonpland con Uruguay, tanto política como científica
(médica, botánica, mineralógica, paleontológica) permanece inédita pero clasificada. Está depositada en
el Museo de Farmacobotánica “Juan Aníbal Domínguez” de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la
Universidad de Buenos Aires. Ese museo ha formado un “Catálogo del Archivo Aimé Bonpland” (1999)
que comprende 17 cajas con 2046 documentos indizados. Son sus autores Lorena Soledad Arias, Liliana
Maetakeda y María Sol Shmidt. Conservo copia del catálogo en mi archivo.
63
Una carta que enviara a Montevideo, destinada al presbítero uruguayo Larrañaga desde
Buenos Aires, inauguró el vínculo que estableció con la entonces Banda Oriental.
El doctor Dámaso Antonio Larrañaga (Montevideo,1771-1848) fue un sacerdote
ilustrado, formado en Buenos Aires (Colegio de San Carlos) y Córdoba (universidad
jesuítica), dedicado a las ciencias naturales en todas sus ramas y que dejó obra escrita
édita e inédita. Esta es un tesoro nacional que en su época no fue conocida fuera de
fronteras y le impidió ocupar el lugar al que por sus descripciones originales tenía
legítimo derecho139.
La papelería de Larrañaga a su muerte el 16 de febrero de 1848 quedó en su quinta
del Cerrito, territorio vecino a Montevideo gobernado por el brigadier general Manuel
Oribe. Eran los tiempos de la Guerra Grande (1843-1852) que dividió al país en dos
estados: Montevideo amurallado con su puerto y el resto del territorio. Sus sobrinos
herederos Berro-Errazquin, en poder de la documentación del sacerdote la prestaron al
abogado uruguayo Andrés Lamas (Montevideo, 1817-Buenos Aires, 1891). Lamas,
residente en Buenos Aires, estaba interesado en esos papeles para escribir una historia
de las Repúblicas del Plata, obra que no llegó a concretar. Lamas fue un conocido
coleccionista de documentos. A su muerte, el estado uruguayo adquirió de sus herederos
la documentación que poseía referente a Uruguay, dentro de la cual estaban los papeles
de Larrañaga. Los destinó al Archivo y Museo Histórico Nacional y están actualmente
conservados en el Archivo General de la Nación-Fondo Archivo Larrañaga. Dentro de
esa adquisición aparecieron las pocas cartas intercambiadas entre Larrañaga y
Bonpland140.
Bonpland, ya instalado en Buenos Aires (su arribo fue el 29 de enero de 1817), supo
de Larrañaga y de sus trabajos y - sin conocerlo personalmente, pues nunca se
encontraron – mantuvo contacto epistolar entre 1818 y 1820. No hay certeza que supiera
de Larrañaga antes de su arribo a Buenos Aires. Cuando un frustrado Bonpland decidió
abandonar para siempre la capital porteña en octubre de 1820, y hubo arribado a
Corrientes, que formaba parte de la República de Entre Ríos, le escribió a Larrañaga la
que sería su última misiva conocida, el 10 de noviembre de 1820.
Bonpland llegó a Buenos Aires el 29 de enero de 1817, pero Larrañaga no estaba en
Montevideo desde el 7 de marzo. Había sido enviado por el Cabildo de Montevideo a la
corte del Brasil, en Río de Janeiro en misión diplomática. Poco tiempo entre ambas
fechas para dedicarse a escribir cartas. Cuando el presbítero retornó a Montevideo en
enero de 1818, Bonpland le envió la primera carta fechada en Buenos Aires el 13 de
febrero de 1818. Esa y las siguientes - apenas las conservadas - fueron publicadas en la
edición oficial del archivo Larrañaga bajo el título Escritos de Don Dámaso Antonio
Larrañaga entre 1922 y 1930. Hoy esa publicación en varios volúmenes es una rara
obra y sólo se encuentra en la biblioteca pública y en repositorios particulares 141¿Cómo
supo Bonpland en Buenos Aires de los trabajos y las colecciones de Larrañaga? Lo
sabemos por el propio Bonpland en esa primera misiva: “estoy muy al corriente de
139
Existe abundante bibliografía sobre este sacerdote ilustrado. Una enumeración temática de todos sus
escritos conocidos en: Mañé Garzón, F., Historia de la ciencia en el Uruguay. Montevideo, Universidad
de la República-Depto. de Publicaciones. Tomo III, cap. X, p. 113-125, “El naturalista Dámaso Antonio
Larrañaga (1771-1848)”, 2005.
140
Islas, A., Prólogo al Diario de Historia Natural 1813-1824 de Dámaso Antonio Larrañaga.
Montevideo, Biblioteca Artigas, Colección de Clásicos Uruguayos, 2017 (Volumen fuera de serie II), p. I-
VII.
141
Larrañaga, D. A. (1818-1820). Correspondencia. En: Escritos de Don Dámaso Antonio Larrañaga.
Montevideo, Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, Edición Nacional, 1924. Tomo III, p. 257-
276. Las cartas están reproducidas en forma facsimilar en el sitio web de la Facultad de Información y
Comunicación del Uruguay Anáforas.
64
todos sus trabajos y de su noble afán por las ciencias por el señor Segurola y por don
Bartolo Muñoz”. Se refiere a Saturnino Segurola, porteño (Buenos Aires, 1776-1854) y
a Bartolomé Doroteo Muñoz, español (Madrid, 1776-Montevideo, 1831), sacerdotes
ambos con dotes de naturalistas, aunque sin la intensidad y dedicación de Larrañaga.
Formaban parte del clero ilustrado y de un polo rioplatense de ciencia teórica y
aplicada, pues: “Todos se habían formado en el Real Colegio de San Carlos de Buenos
Aires, habían sido alumnos del Pbro. Melchor Fernández (1789-1791) y formaron una
verdadera red, dicho en términos actuales. Mantuvieron su amistad e intercambiaban
datos sobre sus observaciones y sobre sus contactos científicos, por carta o
personalmente”142.
Larrañaga había sido además director de la biblioteca pública de Buenos Aires.
Luego de extenderse en homenajes de admiración a la obra del presbítero y expresar el
deseo de un encuentro, Bonpland pasó al tema de su mayor interés: la venta de los libros
de historia natural, aquellos que siguiendo el consejo de amigos “trajo para acá”.
Lamentablemente, el listado que dice adjuntar, no sobrevivió y no sabemos la totalidad
de obras que contenía. Es que: “Muy poco es lo que se conoce acerca de la biblioteca
personal de Bonpland, con excepción de la que trajo originalmente consigo, que parece
haber sido importante y quedó, en la parte que no fuera vendida al naturalista uruguayo
Dámaso Antonio Larrañaga, parcialmente, en manos de un ejecutor de segundo orden
como depositario en Buenos Aires, y de la que cierto número de volúmenes pasó,
mediante venta, a la Biblioteca Nacional, entonces Biblioteca Pública de Buenos Aires.
Todo eso sucedió antes de octubre de 1820. De esos libros que Bonpland trajo a Buenos
Aires consigo en 1818 [arribó en 1817], se sabe poco con certeza. Ninguno de sus
visitantes menciona, la presencia de libros, aun cuando muchos describen
pormenorizadamente sus humildes residencias de Corrientes o del Brasil”143.
Pese a la dificultad para adquirir libros, en general obras ilustradas y en varios
volúmenes, por tanto, onerosas para el bolsillo de un presbítero rioplatense (con el
sueldo de una capellanía castrense en 1801 y ¿tributos recibidos por gestiones del fuero
sacerdotal?), se sabe que Larrañaga llegó a poseer una importante colección de ciencias
aplicadas y una “copiosa y escogida librería” de más de 800 volúmenes que donó a la
Pública de Montevideo en 1816144. Por lo pronto, en la respuesta a Bonpland
(Montevideo, 26 de febrero de 1818)145 afirmó contar con un libro de cabecera: el
Sistema Naturae del sueco Carlos Linneo (1707-1778), en la edición de Gmelin. Se trata
sin duda (pues lo reafirma en su carta del 25 de mayo) de la magna obra del siglo XVIII
Systema Naturae Sive Regna Tria Naturae Systematica Proposita Per Classes, Ordines,
Genera & Species. 13ª edición reformada, Leipzig, 1788-1793, 10 volúmenes in-8vo en
tres tomos146. Linneo fue su gran fuente de conocimientos taxonómicos, como le
142
Monreal, S., Larrañaga, ciencia, cultura y educación. El origen de un linaje de fundadores y
reformadores. Conferencia. Páginas de Educación, 15 (1), Montevideo, Universidad Católica del
Uruguay, junio 2022. On line (cons: 12/03/2023):
[Link]
143
Contreras Roqué, J. R. et alii (2020), Ensayos sobre Aimé Bonpland (1773-1858), cit. p. 100.
144
Masini, R., “Memoria sobre el establecimiento, destrucción y obstáculos para la restauración de la
Biblioteca pública de la Ciudad de Montevideo”, En: Mariano Ferreira, Reseña Histórica de la
Biblioteca y Museo Nacional. Montevideo, Imprenta El Siglo Ilustrado, 1920, p. 10. On line:
[Link] (cons: 14/03/2023).
145
Larrañaga, D. A. (1818). Correspondencia, op. cit, p. 260.
146
Fue una edición con modificaciones y añadidos del naturalista y químico alemán; Johann Friedrich
Gmelin y con ilustraciones y descripciones botánicas. Publicada con el nombre de "Caroli a Linné,
Systema Naturae per Regna Tria Naturae, Secundum Classes, Ordines, Genera, Species, cum
characteribus, differentiis, synonymis, locis. Editio Decima Tertia, Aucta, Reformata" Georg. Emanuel.
Beer, Lipsiae, 1789-1796. 9 vol. In-8vo enc. Pergamino.
65
responde en su carta del 26 de febrero: “Entregado a mí mismo y sólo con este gran
Maestro y algún otro expositor, he llegado a reunir muchos e interesantes materiales . .
.”.
Había recibido poco antes la Flora Peruana. Seguramente, la obra de los viajeros
botánicos españoles al Virreinato del Perú, Hipólito Ruiz y José Pavón en los años 1777
a 1788, Flora Peruvianae Et Chilensis Prodromus, edición de Madrid, Typis Gabrielis
de Sancha, 1794 (hubo otras ediciones, Madrid 1798 y 1802). Y un libro de Persoon
(sic), que no pudo ser otro que C. H. Peerson, Sinopsis Plantarum, edición de
Gottingae, 1805. Y por supuesto no faltaba el aragonés Félix de Azara (1742-1821), con
sus obras sobre quadrúpedos, Apuntamientos Para La Historia Natural De Los
Quadrúpedos del Paragüay Y El Rio De La Plata, Madrid, Imprenta de la Viuda de
Ibarra, 1802, 2 volúmenes. Y sobre las aves del mismo Azara, Apuntamientos Para La
Historia Natural De Los Páxaros del Paragüay Y El Rio De La Plata, Madrid, Imprenta
de la Viuda de Ibarra, 1802. También disponía del Buffon (George Louis Leclerc, conde
de Buffon, Montbard, 1707-París, 1788) con su Histoire Naturelle, Generale et
Particuliere par Leclerc de Buffon. Nouvelle edition accompagnèe des notes . .
.Ouvrage formant un Course complete d‟Histoire Naturelle, redigèe par [Link]. A
París, de l‟Imprimerie de F. Dufart, 1798-1807. Constaba de varios volúmenes in 8vo,
obra colectiva reeditada por el naturalista Carlos Nicolás Sonnini que Larrañaga compró
en Rio de Janeiro entre marzo de 1817 y enero de 1818 según su carta del 25 de mayo a
Bonpland.
Esta simple cita de pocos volúmenes nos da una idea de la jerarquía intelectual y
científica del presbítero Larrañaga en aquella sociedad rioplatense que venía con la
pesada herencia del oscurantismo hispánico. Y justifica la admiración que en aquel
medio tan rústico despertó en Bonpland. No obstante, está documentado que a esa fecha
poseía de mucho antes, otras obras, incluso en varios volúmenes, diccionarios y
enciclopedias. Larrañaga siempre se mostró humilde147.
Así se disculpó Larrañaga: “Como no tenía sino a Buffon ni tenía los principios
científicos que rigen en el día, de nada me ha servido [se refiere al Azara] para rectificar
mis ideas [taxonómicas] ni mis caracteres específicos, no obstante, siempre tengo un
género nuevo en los animales y otro en las aves. Los insectos y los vermes, casi todos
nuevos: lo mismo le sucede a los peces y anfibios. ¿Pero quando reuniré estos grandes
materiales? . . . Lo temo mucho: ya tengo 46 as”.
Pocos días después (2 de abril de 1818) le respondió Bonpland148. Admirado, le
propuso dedicarle su nombre a un género nuevo de plantas, pero no cualquiera, sino
“que sea bien destacado y sobre todo que sea un hermoso árbol”. Y se apenó por los
daños “espantosos” sufridos en sus colecciones de plantas, insectos y aves al retorno de
Larrañaga desde el Janeiro, con especímenes que no volverá a encontrar. Esta mención
merece ser aclarada. Larrañaga había depositado sus colecciones (y libros de su
propiedad), un verdadero museo particular, en la primera biblioteca pública de
Montevideo que ayudó a fundar. Instalada ésta en 1816 en algunas piezas en los altos
del “Fuerte” (ex Casa del Gobernador, actualmente inexistente y que estuviera en la hoy
Plaza Zabala), allí fueron a parar las colecciones del presbítero. Pero durante su
ausencia en Río de Janeiro, aquellas dependencias fueron ocupadas en 1817 por
jerarquías militares lusitanas. Libros y colecciones fueron bajados manu militari de sus
estanterías, arrumbados en la planta baja y trasladados luego a otro lugar, sin mayor
147
Para el acervo bibliográfico de Larrañaga, ver Castellanos, Alfredo R. (1949). La biblioteca científica
del Padre Larrañaga. Rev. Hist., Montevideo, 16 (46-48): 589-626. La revista puede ser consultada on
line en el sitio web del Museo Histórico Nacional.
148
Larrañaga, D. A. (1818). Correspondencia, op. cit, p. 263.
66
cuidado ni respeto, consiguientemente deterioradas, confundidas y aún faltantes. Un
verdadero desastre149 150 En cambio Bonpland en Buenos Aires salvó sus colecciones y
herbario de más de 20.000 plantas, conchillas y minerales que había traído consigo
desde Francia pues ni siquiera pudo desembalarlas de sus cajones, desencantado con la
ausencia del gabinete de exposición y preservación prometido, por “el estado de guerra
continuado que obliga a olvidar las ciencias”.
Nos resulta imposible dejar de compartir la desazón de ambos científicos; uno por la
pérdida de sus colecciones y el cierre de la biblioteca-museo (que no reabrirá hasta
1838), el otro por la frustración de no poder hacer público las suyas.
El respeto y la consideración de un naturalista de la talla de Bonpland hacia el
presbítero es digno de admiración, al extremo de declinar el envío de informes y
especímenes de la región hasta saber de las intenciones de Larrañaga al respecto. Es
decir, le cedió la primacía en las investigaciones sobre la historia natural regional – en la
cual él aún no había profundizado – y consideró éticamente que no podía pasar por alto
los resultados de tantos años obtenidos por el presbítero. Véase esta frase tajante con
que concluye su segunda misiva: “Yo sabría con desesperación, que publicaba sin su
asentimiento trabajos a los que Vd. tiene mil veces más derecho que yo y que por lo
demás considero como de su propiedad-Bonpland”.
149
Klappenbach, M. A., Larrañaga y el viejo museo. Edición póstuma y notas del manuscrito por el Lic.
Alvaro Mones. Montevideo, Museo Nacional de Historia Natural y Antropología. Publicación Extra Nº
53, 2004, p. 21-22. Hay edición on line en Anáforas, Libros y artículos sobre Dámaso Antonio Larrañaga.
150
Castellanos, A. R., “La biblioteca científica del Padre Larrañaga”. En Rev. Hist., Montevideo, 16 (46-
48), 1949, p. 615-616. En este trabajo, cita los títulos de los libros de la biblioteca que constan en la
edición de los Escritos de Larrañaga y en el Common Place Book (libro lugar común 1807-1819).
Castellanos no llegó a conocer la primera parte del Diario de Historia Natural (1808-1814), recién
publicada en Montevideo en 2015; sólo la segunda parte (1813-1824), dada a publicidad en la edición
nacional de los Escritos del presbítero (cit.). Así, la envergadura de la biblioteca de Larrañaga y/o de lo
consultado, aunque sin poseerlo, con la consiguiente información científica, se acrecienta
significativamente.
151
Castellanos, A. R., “La biblioteca científica del Padre Larrañaga”, En Rev. Hist., Montevideo, 16 (46-
48), 1949, cit, p. 618.
67
1º Voyage de Humboldt et Bonpland, Zoologie un volumen in 4º avec fig. coloriées152
2. Humboldt tableaux de la nature 2 volumes153
3. Schel. Dictionnaire des Sciences naturelles 5 vol. in 8º avec deux Atlas154. Cette
ouvrage se continue et j‟attends de jour en jour la suite.
4. Desfontaines: tableaux d l‟École botanique un vol155
5. Plumier: Plantae americanae un vol. infolio156
Bonpland remitió con los libros adquiridos por Larrañaga, otros “a fin de llenar el
cajón y para que los libros no sufran en el viaje”, y en caso de no ser de interés para el
presbítero o cliente montevideano (la biblioteca pública había cerrado), le agradecía los
reenviara a Buenos Aires para venderlos a la Casa Roguin y Meyer. Dominique Roguin
fue un comerciante francés con buena reputación en la sociedad bonaerense. Asociado
con Joseph Meyer, fundaron la primera casa de comercio francesa en el ramo de
importación-exportación a Buenos Aires en 1816157. A la fecha del arribo de Bonpland a
Buenos Aires, Roguin era un comerciante bien establecido y una personalidad dentro de
la sociedad porteña. Fue a la sociedad comercial Roguin-Meyer que Bonpland eligió
para comerciar sus libros (también intermediarios con París). Es aún probable que
Roguin estimulara a Bonpland a dirigirse a la provincia de Corrientes con la cual tenía
relaciones comerciales. Se sabe que Bonpland se embarcó en un transporte de la Casa
Roguin-Meyer y Cíe., y ambos comerciantes acompañaron al naturalista explorador
para fundar allí una sucursal158.
Larrañaga remite a Bonpland una clasificación linneana de sus colecciones del reino
animal. En carta datada en Montevideo el 25 de mayo de 1818, Larrañaga le envió a
Buenos Aires “cinco estados [cuadros] del reyno animal” (62 mamíferos, 142 aves, 33
anfibios y 65 peces) que había clasificado según el sistema de Linneo salvo los
mamíferos “clasificados por los nuevos métodos y también con algunas innovaciones
mías”159. Es en ese año que Larrañaga retomó su “Diario de Historia Natural” que dató
al 23 de abril de 1818 y en octubre del mismo año comenzará su “Diario de la chácara”
152
“Voyage Aux Régions Équinoxiales Du Nouveau Continent”, titulado “Recueil/d‟Observations de
Zoologie/ et d‟Anatomie Conmparée,/ faites / dans l‟Ocean Atlantique, dans l‟interieur du Nouveau
Continent et dans la Mer/ du Sud pendat les années 1799, 1800, 1801, 1802 et 1803; / Par Al. De
Humboldt et A. Bonpland / Premier Volume./A Paris/[Link] et G- Dufour/1811. El volumen 2º que le
vendió Bonpland se editó con contribuciones zoológicas de Humboldt, Georges Cuvier y Pierre André
Latreille, pero no de Bonpland.
153
Tableaux/ de la Nature,/ ou / Considérations / sur les Déserts, sur la Physionomie des Végétaux, / et
sur les caracteres de l‟Orenoque; / Par A. De Humboldt, / Traduits de l‟Allemand,/par [Link]és. /
Tome . . ./ París, / Chez Schoell, / 1808 [1º et 2º].
154
Dictionnaire / des / Sciences Naturelles,/ dans lequel / on traite méthodiquement des différens êtres de
la nature, / considérés soit en eux-mêmes, d'après l'état actuel de / nos connoissances, soit relativement à
l'utilité qu'en / peuvent retirer la médecine, l'agriculture, le commerce / et les arts. / Tome Premier /
Strasbourg, F.G. Levrault, Editeur / Paris, Le Normant / 1816 [1º, 2º, 3º, 4º]-1817 [5º]. Obra colectiva; lo
vendido fueron los volúmenes editados a esa fecha pues la obra total finalizó en 1845 con 61 volúmenes.
155
Tableau / De / l‟École de Botanique / Du / Muséum d‟Histoire Naturelle / Par M. Desfontaines, /
Membre De l‟Institut, et Professeur de Botanique. / A Paris / Chez J. A. Brosson / 1804.
156
Plumier, C., Plantae americanae. Amsterdam, Jan Burman Ed., 1755-1760
157
Beraud, Gilles; Mariño, María P. (2012). Français de la Plata, pionniers à la recherche de nouvelles
alternatives dans la conformation sociopolitique argentine. HAL, multi-disciplinary open access archive
for the deposit and dissemination of scientific research documents. On line: [Link]
00708326/document (cons: 14/03/2023).
158
Hamy, T. J.E., Aimé Bonpland. Médecin et naturaliste explorateur de l‟Amèrique du Sud, sa vie, son
euvre, sa correspondance. Paris, Librairie Orientale & Américaine E. Guilmoto, 1906, ed., p. XLV.
Grabado de Bonpland tomado de Carlos E. Pellegrini. Source [Link] / Mèdiathéque du musée du
quai Branly-Jacques Chirac. On line (cons: 15/03/2023).
159
Larrañaga, [Link]., p. 267-269.
68
en su quinta del Cerrito, cedida en 1818 en carácter vitalicio por el Cabildo de
Montevideo160. En esa carta hizo referencia a un tal “Dr. Chapús”, que Castellanos
identificó con un médico francés establecido en Montevideo, amigo de Larrañaga, a
quien regaló la 2ª edición de un “Diccionario de Historia Natural” con 15 volúmenes.
Que le permitió actualizarse “al nivel de la mayor parte de los últimos
descubrimientos”.
En la última carta que Bonpland le remitió desde Buenos Aires (15 de setiembre de
1818)161 acusó recibo de “el gran paquete que Vd. me ha enviado” [¿serían
especímenes? ¿los libros no adquiridos?] y reiteró los elogios por los trabajos
taxonómicos de Larrañaga. Expresó su frustración por no haber podido comenzar su
trabajo específico – herborizar, colectar, formar herbarios con especímenes regionales,
un jardín botánico, en fin – por el estado de guerra de las provincias unidas162. Y le
adelantó su intención de viajar a Corrientes y al Paraguay, supeditado a la comisión que
le encargaría el director supremo de la provincia, el general Juan Martin de Pueyrredón.
Esa comisión no existió, y Bonpland partió en octubre de 1820 en la sumaca
“Bombardera” rumbo a Corrientes, para iniciar su segundo gran periplo americano.
Todavía le escribió Larrañaga desde Montevideo a Corrientes el 29 de octubre (esa
misiva no ha sido preservada) que fue contestada por Bonpland el 10 de noviembre de
1820, la última que se conserva entre los dos naturalistas163. Le comunicó que durante el
viaje por el río Uruguay y el Paraná – no exento de dificultades - hizo colecta botánica y
mineral y diseñó una carta de este último río. Le aseguró poder cumplir con encargos
que le hiciera el presbítero, seguramente sobre asuntos botánicos, que en la época era la
línea de investigación preferida por Larrañaga. No sabemos que resultó de ese pedido.
Ya no hubo más intercambio epistolar (conocido) entre ambos. Es desconcertante que
habiendo estado Bonpland muchas veces en Montevideo, no se conoce de un contacto
personal con el presbítero Larrañaga, que murió en 1848 y Bonpland en 1858. ●
160
Castellanos, A. R. (1951). Contribución al estudio de las ideas del Pbro. Dámaso A. Larrañaga. Rev.
Hist., Montevideo, 2ª época, 17 (49-50), p. 39.
161
Larrañaga, op. cit, p. 272-275.
162
El 28 de junio de 1818, le había sido acordada una asignación anual de dos mil pesos fuertes como
naturalista de las Provincias Unidas del Río de la Plata ante la muerte (Alto Perú, 1817) de su titular, el
naturalista bávaro Taddaeus Haenke que residía en América del Sur desde que viniera con la expedición
de Malaspina. Se sumaba a la pensión anual vitalicia concedida por Napoleón como recompensa, en
1804, de 3.000 francos por su aporte botánico al Museo Nacional procedente del viaje con Humboldt.
163
Larrañaga, op. cit, p. 276.
69
Caras y Caretas año 1906 (AGN).
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