Enseñanza de LSA: Postura de la CAS
Enseñanza de LSA: Postura de la CAS
INTRODUCCIÓN
Por otra parte, los cursos de enseñanza de la LSA como L2 están destinados a personas oyentes adultas
(madres, padres y otros familiares oyentes de personas sordas, personal administrativo, estudiantes
universitarios, público en general, etc.), como así también a niños, adolescentes y adultos oyentes en
establecimientos educativos oficiales.
Basamos estas reflexiones en evidencias provistas tanto por la experiencia de la comunidad sorda como
así también en distintas investigaciones. En base a esto, planteamos nuestra postura respecto de por
qué es necesario que, en base a la situación actual en nuestro país, las personas sordas señantes
con formación sean las principales encargadas de enseñar la LSA como L1 y como L2.
Consideramos que los argumentos que apoyan esta afirmación trascienden el plano lingüístico, en tanto
van mucho más allá de poseer un dominio alto de la LSA, ya que entran en juego otras consideraciones
y particularidades a la hora de enseñarla. A continuación, desarrollamos nuestra postura de manera
fundada a través de tres ejes: la dimensión histórico-política desde la perspectiva de la comunidad
sorda, la dimensión lingüístico-cultural y la dimensión pedagógico-disciplinar. Por último,
formulamos una serie de recomendaciones para mejorar la implementación de propuestas o medidas
en torno a la enseñanza de la LSA.
La Confederación Argentina de Sordos (CAS) es una institución sin fines de lucro que desde su creación
en 1957 ha perseguido como único fin el bienestar de toda la comunidad sorda en la Argentina. La CAS
DOCUMENTO DE POSICIÓN Nº 006/2020 - CAS: “POSTURA OFICIAL DE LA CAS SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA LENGUA DE
SEÑAS ARGENTINA (LSA): ¿QUIÉNES DEBEN ENCARGARSE DE ENSEÑAR LA LENGUA DE SEÑAS ARGENTINA COMO LENGUA
PRIMERA (L1) Y COMO LENGUA SEGUNDA (L2)?
es la única institución argentina afiliada a la Federación Mundial de Sordos (WFD, por sus siglas en
inglés), quien, a su vez, es miembro consultivo de la ONU en temáticas relacionadas con las personas
sordas en el mundo. En cumplimiento del mandato otorgado por la totalidad de las asociaciones de
personas sordas afiliadas del país, la CAS tiene como finalidad la promoción y defensa de los Derechos
Humanos de las personas sordas que habitan en la República Argentina, a través de acciones y
programas que responden a sus necesidades, y que abarcan ámbitos como salud, educación, cultura y
arte, entre otros, poniendo especial énfasis en la Lengua de Señas Argentina -lengua natural de
identidad y pertenencia-,como elemento de cohesión lingüístico-cultural de nuestra comunidad.
Actualmente la CAS tiene como afiliadas a más de 30 organizaciones de Personas Sordas, sobre un
total aproximado de las 50 existentes en todo el país, además de aquellas en vías de constituirse, junto
con numerosas agrupaciones en todo el territorio argentino, que participan en nuestras actividades como
beneficiarios directos e indirectos.
La CAS tiene como misión contribuir a una mejora sustancial de la calidad de vida de las personas
sordas de todo el país, y a la vez, preservar, proteger y promover los derechos humanos, civiles y
lingüísticos de todas las personas sordas, promoviendo el bienestar y el desarrollo individual, familiar
e institucional para asegurar la continuidad y pertenencia, sostener los valores con los cuales nos
identificamos y afianzar el sentido de comunidad en el ámbito territorial de la República Argentina. Desde
la CAS, valoramos a las personas sordas y con problemas de audición con diversas perspectivas,
experiencias y habilidades. La diversidad y la inclusión son los valores fundamentales para lograr nuestra
misión.
En el año 2007, durante los días 9 y 10 de Junio de ese año, la CAS realizó la primera Cumbre Nacional
de Personas Sordas denominada "Cumbre LSA. Lengua, Herencia y Cultura. Patrimonio
Lingüístico: un tesoro a preservar", con el objetivo de preservar la lengua como patrimonio lingüístico
y cultural de la comunidad sorda argentina, además de establecer políticas y aunar criterios que permitan
la preservación y protección de la LSA. Este evento fue un hito histórico para la comunidad sorda
nacional, dado que contó con la presencia de casi el 95% de las instituciones sordas de nuestro país.
En dicha cumbre, se definieron posturas que instaban a que las personas oyentes cedan el protagonismo
a las personas sordas para enseñar su idioma, habida cuenta de las distorsiones lingüísticas que se
habían estado produciendo en la LSA. Estas distorsiones no son una mera cuestión de preciosismo, sino
el origen de graves problemas de comunicación para las personas sordas. A partir de los consensos
generados en la Cumbre, comenzaron a implementarse medidas con el objetivo de lograr que las
personas sordas se capaciten formalmente para ser las principales encargadas de enseñar la
LSA (Confederación Argentina de Sordos, 2007).
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SEÑAS ARGENTINA (LSA): ¿QUIÉNES DEBEN ENCARGARSE DE ENSEÑAR LA LENGUA DE SEÑAS ARGENTINA COMO LENGUA
PRIMERA (L1) Y COMO LENGUA SEGUNDA (L2)?
En este marco, es importante resaltar que tanto la Federación Mundial de Sordos (WFD) como la
Asociación Mundial de Intérpretes de Lenguas de Señas (WASLI) (2006) reconocen “la primacía
de las organizaciones de personas sordas para hacer un seguimiento del desarrollo político,
cultural y educativo de la lengua de señas en su país, incluyendo la difusión de diccionarios de
lenguas de lenguas de señas y material docente“.
2. DIMENSIÓN LINGÜÍSTICO-CULTURAL
Breve historia del estudio lingüístico de la LSA y otras lenguas de señas (LLSS)
En todo el mundo, las Lenguas de Señas (LLSS), entre las cuales se incluye nuestra Lengua de Señas
Argentina (LSA), han estado históricamente relegadas a una situación puramente doméstica y restringida
y condenadas al ostracismo. Se las ha considerado como una especie de código restringido, como
pantomimas agramaticales, y hubo una cantidad infructuosa de intentos de erradicarlas (Stokoe, 1990;
Baynton, 2002; Jordan, 2002).
A inicios del siglo XX, las primeras descripciones lingüísticas clasificaban a las LLSS como
“comunicación no verbal″, es decir, como una forma de comunicación que no tiene una gramática (Kanda
y Fleisher, 1988: 185), lo que implica sostener que las LLSS no poseen el mismo estatus lingüístico que
lenguas orales como el español, el inglés o el ruso. De no ser por los estudios académicos pioneros a
partir de la década de 1960, liderados por Stokoe (1960), Klima y Bellugi (1979), entre otros
investigadores en el campo de la lingüística moderna, como Massone (1985) en la Argentina, que
demostraron que existen lenguas de señas independientes de la oralidad y con reglas gramaticales
propias, las lenguas de señas hubiesen continuado condenadas a la marginalidad. Desde entonces, en
el campo de la lingüística de las lenguas de señas se comenzó a mostrar evidencia de la existencia de
una gran cantidad de LLSS en distintas comunidades sordas del mundo. Todas ellas son lenguas
naturales, con su propia estructura gramatical, distinta de las lenguas orales, intrínsecamente ligadas a
una cultura visual, la de las personas sordas, y que, por ende, son culturalmente comunitarias. Es a partir
de estos aportes en la lingüística y la sociolingüística, que el uso de las LLSS comienza a trascender en
todos los ámbitos y contextos sociales, inclusive los académicos, consolidándose hoy en día en diversas
proyecciones que superan toda dimensión cultural, lingüística, cognitiva e histórica donde las LLSS
intervienen y conllevan simultáneamente un proceso profundo de transformación social, lo que las lleva
a ir recuperando el reconocimiento antes negado por siglos y que cada vez son más aceptadas como
lenguas de propio derecho (Massone, 2010).
La LSA, al igual que otras lenguas de señas, es una lengua natural, compleja y completa. Se ha
desarrollado en una comunidad lingüístico-cultural minorizada, con miembros que poseen un alto grado
de interacción, una historia y una cultura en común: la comunidad sorda argentina. Por estos motivos, ni
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SEÑAS ARGENTINA (LSA): ¿QUIÉNES DEBEN ENCARGARSE DE ENSEÑAR LA LENGUA DE SEÑAS ARGENTINA COMO LENGUA
PRIMERA (L1) Y COMO LENGUA SEGUNDA (L2)?
la LSA ni ninguna otra lengua de señas puede ser homologada a lenguas artificiales como el esperanto,
los lenguajes computacionales o códigos como el Morse (Baynton, 2002: 17).
La LSA nos permite experimentar, entender y transformar nuestra realidad. Nos permite construir
dinámicamente nuestra subjetividad y nuestra identidad lingüístico-cultural comunitaria. Por eso, cuidar
la LSA es cuidar nuestra identidad lingüístico-cultural. Consideramos que un factor muy importante para
mejorar nuestra situación es cambiar actitudes y concepciones dentro de la propia población oyente que
impone o discrimina (Krausneker, 2015; Wilcox, Krausneker y Armstrong, 2012).
Ahora bien, la situación sociolingüística de las personas sordas al momento de nacer tiene algunas
particularidades. En muchas comunidades, la transmisión de la lengua minorizada suele ir de
madres/padres u otros miembros adultos de la comunidad hacia sus hijas e hijos desde el momento en
que estos nacen. Esta adquisición se realiza en forma natural, sin enseñanza formal. En la comunidad
sorda, algo similar ocurre en el caso de los niños sordos que nacen en familias de personas sordas. No
obstante, esta no suele ser la situación más frecuente de las personas sordas. Si consideramos que, de
acuerdo con distintas estadísticas mundiales, entre el 90% y el 95% de las personas sordas nace en
hogares compuestos por personas oyentes, que tienen como primera lengua (L1), al menos, una lengua
oral, vemos que la situación de las personas sordas requiere de una particular atención. En estos casos,
los niños sordos no pueden adquirir naturalmente la lengua oral o las lenguas orales que se utilizan en
su hogar, porque no se encuentran en un entorno con una lengua accesible. Esto no cambia con la
buena voluntad, ni con dispositivos como el implante coclear o los audífonos. Por ende, lo mejor que se
puede hacer es brindarle al bebé o niño sordo la posibilidad de adquirir la LSA desde el momento en que
nace. La LSA le permite al niño sordo desarrollarse atravesando los mismos procesos psicolingüísticos
y neurolingüísticos que un niño oyente (Massone y Machado, 1994; Petitto, 2000; Emmorey, 2002; Lillo-
Martin, 2008) y, gracias a ello, puede aprender también otras lenguas, ya sean lenguas de señas u
orales.
Lamentablemente, los niños sordos que nacen en familias de personas oyentes no suelen tener
un acceso temprano a la LSA, en tanto continúan existiendo mitos en torno a las lenguas de señas.
En particular, estos mitos forman parte de creencias populares y suelen observarse en el ámbito de la
salud, con profesionales que desaconsejan la adquisición de la LSA en edades tempranas, motivado por
un supuesto impacto negativo que produce en el aprendizaje de lenguas orales (Padden y Humphries,
2005). Estas afirmaciones no tienen sustento científico. Por el contrario, en investigaciones sobre este
tema se observan efectos opuestos.
En los seres humanos, existe un período crítico (también denominado período sensible), que suele ir
desde el nacimiento hasta los 5 años de edad, en el que se produce un proceso de adquisición de
primeras lenguas único e irrepetible. En este momento, el niño sordo debe encontrarse expuesto a, al
menos, una lengua accesible, que le permitirá atravesar este proceso de adquisición de forma natural.
Los niños sordos que no acceden a una lengua de señas en este período crítico o sensible se
encuentran en mayor riesgo de privación lingüística, fenómeno que produce graves daños
cognitivos, lingüísticos, emocionales y sociales (Humphries et al. 2014; Hall, 2017; Hall et al. 2019).
Por dar un ejemplo concreto de los problemas que esto genera: un niño que sufre privación lingüística
tiene menores chances de aprender una lengua con una fluidez cercana a la de la persona nativa
(Mayberry 1994, 1998, Hall & Johnston 2009, Hudson & Newport 2009).
¿Por qué es relevante que las personas sordas sean las principales encargadas de enseñar la
LSA?
En primer lugar, para comprender la importancia de tener medidas específicas para la Lengua de Señas
Argentina (LSA) es clave comprender que, al igual que en otras partes del mundo, esta es una lengua
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SEÑAS ARGENTINA (LSA): ¿QUIÉNES DEBEN ENCARGARSE DE ENSEÑAR LA LENGUA DE SEÑAS ARGENTINA COMO LENGUA
PRIMERA (L1) Y COMO LENGUA SEGUNDA (L2)?
minorizada1. En la Argentina, las personas sordas utilizan una única lengua de señas en todo el territorio
nacional, la Lengua de Señas Argentina (LSA). El último censo nacional (INDEC, 2010) indica que en
nuestro país hay aproximadamente 900.000 personas con déficit auditivo permanente. Si bien no hay
estadísticas nacionales oficiales, se estima que un gran porcentaje de esta población utiliza la LSA como
L1. El número es mayor, si consideramos a los hijos oyentes de padres sordos (CODAS) que aprenden
la LSA como su L1 e inclusive mayor si consideramos las personas que utilizan esta lengua como L2,
entre quienes se incluyen madres, padres y demás miembros oyentes de las familias de personas
sordas, y personas oyentes que utilizan la LSA en el ámbito laboral, educativo y/o académico (docentes,
intérpretes, etcétera). Estos números, aunque sean estimativos, nos dan una primera pauta
respecto de la necesidad de implementar medidas específicas para proteger esta lengua
minoritaria del territorio argentino. Debido a que hay un número reducido de personas sordas
que poseen la LSA como su L1, en comparación con hablantes de lenguas mayoritarias como el
español o el inglés, y que hay muy poca información de calidad respecto de la LSA y la cultura
sorda, resulta de fundamental importancia que las mismas personas sordas señantes sean las
principales encargadas de enseñar su propia lengua.
En tercer lugar, que las personas sordas sean encargadas de enseñar su propia lengua también
es beneficioso para prevenir situaciones de privación lingüística en bebés y niños sordos. Los
niños sordos suelen atravesar sus primeros años de vida sin estar expuestos a la única lengua accesible
para ellos, la LSA, por lo que es imprescindible revertir esta situación. Respecto de este punto, la
Federación Mundial de Sordos (2016) recomienda a los gobiernos que implementen programas
específicos para apoyar la enseñanza de la(s) lengua(s) de señas a las familias y personas
encargadas del cuidado de los niños sordos, en cooperación con las comunidades sordas y con
docentes sordos de lenguas de señas2.
1 Hay diferentes LLSS dispersas por todo el mundo. De las 7111 lenguas vivas existentes, se ha llegado a contabilizar una
cantidad de 144 LLSS usadas por distintas comunidades sordas del mundo (Ethnologue, 2020). La Universidad de Gallaudet
ha contabilizado un número inclusive mayor (271 LLSS).
2Según la WFD (2016), este programa no debería significar una carga en la economía de la familia del niño sordo. Dentro
de las medidas a adoptar, los cursos de enseñanza de la(s) lengua(s) de señas del territorio deberían brindarse sin costo
para las familias y personas encargadas del cuidado de niños sordos; la asistencia a dichos cursos puede incluirse dentro
del tiempo libre remunerado del trabajo de los padres y personas encargadas de su cuidado. Estas medidas se encuentran
en línea con la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, y recomendaciones del Comité sobre los Derechos del
Niño de la ONU que indica que los Estados Parte deben proveer asistencia y apoyo a los padres (y tutores) en el desempeño
de sus responsabilidades en la crianza de los hijos, incluida la garantía de que se les brinden oportunidades para aprender
una lengua de señas para fomentar la comunicación con el niño sordo en el seno familiar.
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3. DIMENSIÓN PEDAGÓGICO-DISCIPLINAR
Al igual que en otras partes del mundo (Álvarez García et al. 2001; Urbann et al., 2020), en la Argentina
existe una demanda cada vez mayor de cursos de enseñanza de la LSA como L1 y como L2.
Respecto de los cursos de enseñanza de LSA como L1, estos suelen enmarcarse dentro de propuestas
de educación intercultural bilingüe para estudiantes sordos. Luego, en los cursos de enseñanza de la
LSA como L2 existe una demanda cada vez mayor por parte de públicos diversos.
Por ejemplo, en varios municipios y provincias se están implementando medidas para incorporar la
Lengua de Señas Argentina como materia dentro de planes de estudios de establecimientos educativos
de nivel inicial, medio y superior. También existe una creciente demanda de cursos de enseñanza de la
LSA para adultos oyentes que se desempeñan en instituciones públicas y privadas y que tienen contacto
frecuente con personas sordas. Asimismo, las familias oyentes de bebés y niños sordos (que, como se
mencionó en el apartado anterior, constituye aproximadamente el 90% de los casos) demandan cursos
de LSA que les permitan establecer una adecuada comunicación en el entorno familiar desde el
momento en que la persona sorda nace. Si bien esta creciente demanda es una excelente noticia para
la comunidad sorda nacional, lo cierto es que a lo largo y ancho del país existen propuestas muy dispares
y diversas.
El grave problema que se presenta es que actualmente no hay una oferta adecuada ni suficiente de
formación didáctico-disciplinar en la enseñanza de la LSA como L1 y como L2, ni organismos nacionales
o regionales que puedan generar políticas lingüísticas concretas y adecuadas (como la creación de
diseños curriculares, estándares de nivelación y evaluación, material didáctico, certificaciones, etc.). En
consecuencia, no existe un control sobre la calidad de las propuestas didácticas de enseñanza de
la LSA. Esto implica que tanto las instituciones educativas como los estudiantes actualmente no tienen
garantías respecto de la calidad de la propuesta ni de la calificación de sus instructores. Por eso, es
imperativo que se creen estándares en la enseñanza de la LSA para asegurar la calidad en el
diseño curricular, en la instrucción y en la evaluación (Rosen, 2020), con la activa participación
de organizaciones sociales de la comunidad sorda.
Debido a la falta de políticas específicas para la enseñanza de la LSA, aún existen personas oyentes
que, luego de haber asistido a cursos básicos de LSA y sin ningún tipo de contacto con organizaciones
sociales de la comunidad sorda, son quienes se encargan de enseñar esta lengua. Con frecuencia, lo
que ocurre en estas instancias es que la LSA se utiliza en el mismo orden lineal del español, mixtura que
origina un “español señado”, muy lejos de ser considerado el idioma de las personas sordas argentinas.
También han ocurrido casos de personas que aprenden vocabulario básico de la LSA y que luego
enseñan a “señar“ canciones, sin ningún tipo de preparación específica para realizar semejante tarea.
También se ven casos de personas oyentes que enseñan vocabulario de otras lenguas de señas (como
la Lengua de Señas Americana) sin informar al público asistente que no es la lengua de señas que se
utiliza en el territorio argentino (la LSA). Estas situaciones, que serían imposibles para lenguas
hegemónicas como el inglés, dado que a nadie se le ocurriría pensar que está en condiciones de enseñar
inglés luego de haber aprobado un curso básico de esa lengua, o de pensar que puede traducir una
canción al inglés (¡y enseñarla!) sin tener un nivel muy avanzado de la lengua, ocurren con mucha
frecuencia en lenguas minorizadas como la LSA.
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Por el lado de las personas sordas, existen provincias en las cuales las propias personas sordas son
quienes llevan a cabo la tarea de enseñanza de la LSA, a pesar de haber tenido menos oportunidades
educativas que sus contrapartes oyentes, lo que deriva en una gran diversidad de estándares y niveles
de instrucción/capacitación y una merma en la efectividad de la enseñanza de la LSA.
Asimismo, es importante aclarar que la sola presencia de una persona sorda al frente de una clase no
es garantía suficiente de la eficacia y calidad de un curso, taller o cualquier otra modalidad que involucre
a la LSA como objeto de enseñanza. Para que esto ocurra, la persona sorda debe encontrarse
debidamente formada y capacitada en un abordaje teórico y metodológico apropiado para la
enseñanza de dicha lengua, lo que involucra también la enseñanza de la cultura sorda.
Dependiendo del público destinatario del curso, el abordaje partirá de una propuesta de enseñanza de
L1 o de L2.
Por un lado, la enseñanza de la LSA como L1 debe tener un abordaje intercultural y bilingüe (Jokinen,
2016; Federación Mundial de Sordos, 2018; Urbann et al., 2020). Según Jokinen (2016), ex presidente
de la Federación Mundial de Sordos (período 2003-2011), actual presidente honorario de dicha
institución y experto en educación, la lengua de señas del país (o región) debe ser la lengua de
instrucción de las personas sordas. Este autor señala que también debe existir una asignatura
específica, es decir, de la misma forma que las/los estudiantes oyentes reflexionan sobre sus propias
lenguas, en materias como “Lengua“, “Prácticas del lenguaje“ o “Literatura“, las personas sordas también
deben tener esta posibilidad). En adición, la(s) forma(s) escrita(s) de la(s) lengua(s) oral(es) de ese país
(o región) deben enseñarse como una lengua segunda (L2).
En esta misma línea de pensamiento, la Federación Mundial de Sordos (WFD) (2018) establece que la
educación para personas sordas debe contemplar un enfoque bilingüe e intercultural, abordando de
forma primordial el aprendizaje de la lengua escrita a partir de la lengua de señas del territorio. Esta
educación debe contar con una fuerte presencia de personas sordas: estudiantes, docentes y
personal que domine en un nivel nativo o casi nativo la(s) lengua(s) de señas del territorio, con material
educativo bilingüe y con la lengua de señas del territorio como asignatura. Desde esta perspectiva,
proveer un servicio de interpretación en lengua de señas no hace que la situación educativa sea
completamente accesible, en tanto el/la estudiante sólo puede comunicarse con docentes, compañeros
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y personal de la escuela en forma mediada. Para que el contexto educativo sea completamente
accesible, el/la estudiante sordo/a debe poder comunicarse, aprender y participar directamente con
todos los participantes de la escuela, lo cual implica en todo momento la existencia de lenguas
accesibles, que son, en primer lugar, la(s) lengua(s) de señas del país (o región) y, en segundo lugar,
la(s) lengua(s) escrita(s) del país (o región).
Por otro lado, los cursos de enseñanza de la LSA como L2 deben contemplar un abordaje comunicativo
de enseñanza de la LSA por niveles de complejidad creciente, e incorporando la historia de opresión
lingüístico-cultural de la comunidad sorda. Asimismo, de la misma forma que aprobar un curso básico
de inglés no habilita a la persona a enseñar esa lengua ni a ser traductora ni intérprete de esa lengua,
un curso básico de LSA no califica a la persona para enseñar la LSA ni para ser intérprete LSA/español,
sino que constituye una instancia de aprendizaje de la LSA con fines comunicativos.
La comunidad sorda, representada a través de sus organizaciones sociales, viene realizando serios
esfuerzos para racionalizar cursos y estándares, y mejorar la cooperación y coordinación entre los
diferentes actores en esta área. Hay que destacar que actualmente algunas universidades e institutos
de educación superior de distintas provincias han comenzado a ofrecer planes de estudio para que las
personas sordas obtengan formación en la enseñanza de la LSA. Asimismo, también se están abriendo
espacios de formación en otras áreas relacionadas, como en la formación de personas sordas como
asesores, mediadores e intérpretes calificados de LSA/español.
4. CONCLUSIÓN Y RECOMENDACIONES
La reflexión sobre la enseñanza de la LSA en torno a tres ejes, la dimensión histórico-política desde la
perspectiva de la comunidad Sorda, la dimensión lingüístico-cultural y la dimensión pedagógico-
disciplinar, nos permite dar fundamentos basados en experiencias de la comunidad y en investigaciones
científicas en distintas áreas que justifican por qué es necesario que, en la situación actual, las
principales encargadas de enseñar la LSA como L1 y como L2 sean personas sordas señantes
con formación adecuada para tal fin.
Por último, formulamos una serie de recomendaciones para mejorar la implementación de propuestas
o medidas en torno a la enseñanza de la LSA:
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§ Respetar bajo todo punto de vista la identidad lingüística y cultural de las personas
sordas argentinas. Es importante ser conscientes del perjuicio que se puede producir en una
lengua minorizada, sobre la que todavía abunda la desinformación, mitos y prejuicios, y sobre
sus señantes naturales, que utilizan la LSA para sus intercambios cotidianos.
REFERENCIAS
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AGRADECIMIENTOS
Este documento de posición de la Confederación Argentina de Sordos – CAS) fue redactado inicialmente
por el Sr. Hugo Farfán (Pro Secretario de la CAS e Instructor Universitario en Lengua de Señas
Argentina, Universidad Nacional de Entre Ríos) y la Dra. Rocío Martínez (Investigadora Asistente,
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) - Instituto de Lingüística,
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires) en marzo de 2020. El documento final fue
editado por la Dra Rocío Martínez para la versión definitiva.
La CAS agradece a las siguientes personas por sus comentarios y aportes sobre este documento de
posición:
§ Johanna Katz-Searls (Magister Johanna Katz-Searls. Intérprete y Mediadora Lingüístico/Cultural
Sorda. Capacitadora de Intérpretes – Sorenson Communications.)
§ Agustín Rodríguez (Lic. en ciencia política e Instructor Universitario en Lengua de Señas
Argentina, Universidad Nacional de Entre Ríos)
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