USAL –FILOSOFÍA 2020 Viviana R.
Galdo
Sócrates. Los Sofistas. Verdad y Verosimilitud (Bibliografía variada. Consultar programa)
SÓCRATES
Vivió y permaneció en Atenas entre los años 470 y 399 a. C.
Para Sócrates la sabiduría no se refiere exclusivamente al intelecto sino a la vida integral del espíritu: si el hombre
sabe lo que es el bien y lo que es el mal, no puede ser vencido por nada ni obrar de manera distinta a lo que conoce
como bien. Considera que nadie que sepa o crea que hay cosas mejores y están a su alcance, incurre en un error o
en culpas voluntariamente. De este modo UNE conocimiento y voluntad.
Sabiduría es vencerse a sí mismo. Ignorancia es ser vencido por sí mismo.
Sabio será entonces aquel hombre en el que prevalece el autodominio, aquél en el que el componente superior de la
temperanza se impone al componente inferior (corporal) de las pasiones y los deseos irracionales.
El hombre puede disponerse de distintas formas frente al conocimiento: - disposición negativa (repulsa instintiva) –
neutra (falta de interés) –disposición favorable (atracción espontánea). Esta última disposición de ánimo es
condición de posibilidad para adquirir sabiduría.
UN POCO DE HISTORIA:
Sin entrar en profundo detalle, simplemente para ubicarnos históricamente estableceremos algunos hitos.
490 aC. Guerras Médicas. El pueblo Medo de Asia (de allí el nombre), persas, cuyo rey Darío tenía políticas
expansivas, intenta invadir Grecia por tierra y es rechazado por los atenienses en la llanura de Maratón.
480 aC. Jerjes, sucesor al trono de Darío, reintenta invadir Grecia por tierra y agua. Los espartanos intentan
vencerlos en una zona montañosa (Termópilas) pero no lo logran, continuando su camino los persas hasta Atenas.
Los atenienses abandonan la ciudad y se refugian en la isla de Salamina donde el paso es estrecho y Jerjes intenta
ingresar con sus numerosas naves pero es vencido y se retira.
479 aC. Nuevamente intentan los persas invadir Atenas y esta vence, sin la ayuda de Corinto ni Esparta, en la ciudad
de Platea originándose la Liga de Delfos, en la cual el poder lo tenía Atenas.
430-404 aC. En la guerra del Peloponeso, contra Esparta, y con el reinado de Pericles sumada una peste en la ciudad,
la mayoría muere instalándose los sobrevivientes en Siracusa. Atenas se somete entonces a Esparta que pone como
condiciones un resarcimiento económico, la destrucción de los muros que protegían a la ciudad y la sustitución del
gobierno democrático por un cuerpo colegiado de 30 miembros con un cuerpo de protección al que se conoce como
el “gobierno de los 30 tiranos”, que condenaron a Sócrates .
401 aC. Un pequeño ejército ateniense derrocó a los 30 tiranos y restituyó la democracia.
LA FILOSOFÍA DE SÓCRATES
Sócrates inaugura temas filosóficos que hasta hoy ocupan un lugar en la filosofía: la ética, la antropología, la teoría
política. Busca definir la Justicia, la Virtud, la Amistad.
No es un pensador universal (esto recién surgirá en el período helenístico), rasgo característico del período clásico,
ya que no se conciben las personas fuera de la comunidad a la que pertenecen (su familia, sus dioses, su ciudad), por
ello el destierro es insoportable.
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No dejó ningún texto escrito porque considera que la escritura no es apta como medio de pedagogía ya que si se
formula una pregunta a un hombre este la contesta pero un texto no. Prefiere la oralidad dialógica.
Su madre era partera, y se decía que había heredado de ella la capacidad de ayudar a “dar a luz” las ideas.
Mayéutica: arte de las parteras (gr. mayéuo maieuw).
En vida fue una figura muy conocida en Atenas y después de su muerte, sus discípulos escribieron textos
apologéticos (de defensa) sobre su condena injusta a morir como mártir (testigo gr. martiúros marturos) de la
filosofía.
Sólo conocemos su pensamiento filosófico a través de los escritos de otros. Podemos decir que los más antiguos
pertenecen a Jenofonte y Platón. De los diálogos de este último, cuyo actor principal es precisamente Sócrates y
especialmente de los más antiguos se deducen algunas de sus afirmaciones.
Sócrates responsabiliza al dios Apolo de su actividad filosófica, el oráculo de Delfos afirmaba que él era el hombre
más sabio lo que despertó su vocación a la que no podía renunciar.
El diálogo estaba precedido por un examen interior: qué sabía sobre un tema, si es que podía saber algo. Era un
requisito que hubiese una convicción con fundamento, ya que no bastaba la mera convicción.
“Sólo sé que no sé nada”. El que posee conciencia de su ignorancia puede cambiar algo, buscar en los otros una
certeza. El diálogo sometía a examen al otro, cualquiera podía ser interlocutor siempre que aceptara ser confrontado
respecto de lo que suponía saber. De todos modos, sucedía con frecuencia que al ponerse de manifiesto el no saber
del interlocutor la reacción era hostil ya que solo quedaba aceptar la ignorancia. Sócrates demostraba a través de las
preguntas que las respuestas eran particulares sin llegar a la generalidad de la idea y recién entonces podían juntos
buscar la respuesta. Mostrar el camino de la búsqueda era hacer filosofía, aunque solo en ocasiones se llegara a una
respuesta general que respondiese la pregunta inicial. Lo importante es que Sócrates confiaba en la capacidad del
hombre para encontrar respuestas verdaderas.
Para Sócrates conocer una virtud implica necesariamente atenerse a ella. Es justo y valiente el que conoce la justicia
y la valentía.
En el proceso jurídico ateniense el acusado podía interrogar a sus acusadores y si por la causa, la ley no preveía un
castigo, el acusado podía incluso sugerir una pena alternativa.
En la Apología de Sócrates se relata que es acusado por políticos, poetas y artesanos. Lo acusan de corrupción por
introducir en la ciudad nuevos dioses, haciéndoselos conocer a los jóvenes, corrompiéndolos.
Desecha el destierro por la identificación que siente con su polis y porque además, adónde fuera seguiría trabajando
igual. Podría pagar una multa pero finalmente lo condenan a muerte.
En el diálogo platónico “Fedón”, Fedón relata a Equécrates, el último día de Sócrates en la cárcel, rodeado de sus
amigos con los que dialoga hasta que termina el día, momento en que el encargado de darle de beber la cicuta,
aparece con indicaciones específicas para Sócrates quien la bebe diciendo “el canto del cisne, no es un canto de
tristeza, sino la sublime esperanza de una vida inmortal y bienaventurada”. Debatió con sus amigos sobre la
inmortalidad del alma poniendo su fe filosófica en esta última afirmación. Muere como modelo de filósofo con total
tranquilidad sabiendo que la condena fue injusta y esperando para su alma el mejor destino.
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SÓCRATES Y LA POLÍTICA: En Atenas la forma de gobierno era la democracia directa aunque Sócrates estaba en
desacuerdo con algunas formas de elección. Todos los hombres libres y mayores de 30 años podían elegir las
autoridades en el aerópago, por ello era tan importante el poder de convencimiento y los sofistas tuvieron tanto
éxito. Pero algunos cargos públicos se sorteaban (todo hombre en condiciones de elegir podía tener durante 24 hs.
el más importante cargo sin que se hubiera evaluado su idoneidad y sin obtener la mayoría de los votos). La noción
de azar no era de “lo totalmente fortuito” sino que se consideraba la expresión de una voluntad divina.
SÓCRATES Y LA MORAL: El Daímon (gr. daimwn), entidad de naturaleza divina, luego considerado el eslabón entre
los hombres y los dioses, es presentado por Sócrates como un dios del que tiene experiencia desde niño. Según
figura en su apología, esta voz interior solo le prohibía hacer o continuar con lo que hacía, marcando su conducta. Es
la primera expresión filosófica conocida que hace referencia a la conciencia moral.
SÓCRATES Y LOS SOFISTAS: No podemos separar de Sócrates un movimiento contemporáneo que influyó en el
cambio de la filosofía, aunque contrario a Sócrates, y que fue llevado adelante por los sofistas.
Sofistés gr. (Sofisths) todo el que tiene un saber especializado en la materia que fuese.
Eran extranjeros que actuaban en Atenas entre los que prevaleció la enseñanza de la técnica o arte (tecné gr. tecnh)
de la Retórica. Fijaron las partes del discurso (apertura, desarrollo y cierre) y la verosimilitud (eikós gr. eikos) o
probabilidad para lo cual los argumentos expuestos tienen que ser creíbles (no forzosamente verdaderos ya que la
verdad puede ser a veces poco convincente).
Como maestros particulares, formaban buenos oradores. En la democracia ateniense podía tomar la palabra
cualquier persona presente y por ello era muy importante la retórica para ser un buen político o imponer una idea.
Sócrates (y muchos otros incluso Platón) considera que enseñan a hacer pasar por bueno para todos, lo que en
realidad es solo bueno para uno, criticándolos por el carácter no ético de su objetivo. Juzga que se consagran a la
verosimilitud, no necesariamente a la verdad por lo que se oponen a la filosofía que se ocupa del bien y la verdad.
Protágoras de Abdera y Gorgias de Leontinos (Sicilia) consideraban que no es posible para el hombre alcanzar la
verdad. Protágoras escribió un texto llamado “La Verdad” en el que afirma que “el hombre es la medida de todas las
cosas, de las que son en tanto son, de las que no son en tanto no son.” Esta expresión considerada relativista afirma
que cada hombre individual teien en sí una medida o criterio personal para medir y fijar lo que es y lo que no es, por
lo tanto la aspiración de alcanzar alguna verdad objetiva y única es imposible.
Gorgias con la retórica suscitaba una fascinación que hacía neutralizar la capacidad natural de crítica de los otros. Y
se dedicó a preparar oradores.
VERDAD Y VEROSIMILITUD
Bernard Lonergan (sacerdote jesuita, filósofo y teólogo canadiense del siglo XX) defiende la posibilidad del ser
humano de alcanzar la verdad partiendo de la teoría del conocimiento de Santo Tomás que a su vez se nutre de la de
Aristóteles. Considera que entre los pasos que sigue el intelecto para alcanzar el conocimiento, hay un ACTO
REFLEXIVO donde el intelecto capta la necesaria conexión entre las fuentes de su conocimiento y la hipótesis
planteada, esto es un JUICIO que también permite conocer al hombre su innata capacidad para alcanzar la verdad.
Lonergan entiende que la luz que para Santo Tomás nos permite conocer, entender y finalmente juzgar todas las
cosas; es una luz creada dentro nuestro como una participación de la luz primera, eterna y verdadera. Esta luz le
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permite al intelecto ir más allá de la mera relatividad, a la inmutable verdad, y por ello podemos discernir apariencia
de realidad.
Al preguntar, la inteligencia anticipa el acto de entender y desde allí lo hace posible; y la causa del preguntar se debe
a que en todo hombre hay un deseo puro y desinteresado para conocer (motivo, origen y dinamismo del
conocimiento) que origina la admiración, las preguntas y la investigación.
Una postura diferente toma Enrique Dussel (filósofo argentino, exiliado y actualmente nacionalizado mexicano, uno
de los primeros que desarrolló la filosofía de la liberación), refiriéndose a la imposibilidad de alcanzar una verdad
absoluta. Propone referirnos a la “validez factible”. La ética de la liberación propone la necesidad de definir un
criterio de validez moral intersubjetivo, que debe articularse con el criterio de verdad práctica consistiendo este
último en establecer la necesidad de reproducir y desarrollar la vida humana en comunidad, comunidad que
constituye y a su vez es constituída por el sujeto como sujeto comunicativo.