Pecados capitales
Los siete pecados capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras
enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana. La Iglesia
católica romana divide los pecados en dos categorías principales:
pecado venial aquellos que son relativamente menores y pueden ser perdonados a través del
sacramento.
pecado mortal los cuales, al ser cometidos, destruyen la vida de gracia y crean la amenaza
de condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia,
o siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente.
Comenzando a principios del siglo XIV, la popularidad de los siete pecados capitales como tema
entre los artistas europeos de la época finalmente ayudó a integrarlos en muchas áreas de la cultura
y conciencia cristiana a través del mundo.
Contenido
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1 Lista de los siete pecados capitales
2 Pecados capitales
o 2.1 Lujuria
o 2.2 Gula
o 2.3 Avaricia
o 2.4 Pereza
o 2.5 Ira
o 2.6 Envidia
o 2.7 Soberbia
3 Arte
4 Virtudes que contempla la iglesia católica
5 Relación de cada pecado con un demonio particular
6 Actualización de los pecados capitales
7 Referencias
8 Véase también
9 Enlaces externos
Lista de los siete pecados capitales
Listado de los siete pecados capitales en el mismo orden que utilizó el papa romano san Gregorio
Magno (circa 540-604) en el siglo VI. Más tarde, el poeta Dante Alighieri utilizó el mismo orden en
su obra La Divina Comedia (c. 1308-1321).
Siete pecados capitales
lujuria pereza gula ira envidia avaricia soberbia
La identificación y definición de los siete pecados capitales a través de su historia ha sido un
proceso fluido y, como es común con muchos aspectos de la religión, la idea de lo que cada uno de
estos pecados envuelve ha evolucionado con el tiempo. Ha contribuido a estas variaciones el hecho
de que no se hace referencia a ellos de una manera coherente o codificada en la Biblia y por tanto se
han consultado otros trabajos literarios o eclesiásticos para conseguir definiciones precisas de los
pecados capitales.
La teología de «El Purgatorio», la segunda parte del poema La Divina Comedia, casi ha sido la
mejor fuente conocida desde el Renacimiento (siglos XV y XVI), y muchas interpretaciones y
versiones posteriores, especialmente derivaciones conservadoras del protestantismo y del
movimiento cristiano pentecostal han postulado temibles consecuencias para aquellos que cometan
estos pecados como un tormento eterno en el Infierno, en vez de la posible absolución a través de la
penitencia en el Purgatorio.
Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser
referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a san Juan
Casiano y a san Gregorio Magno (Mor. 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros
pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza.
Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1866, artículo 8, «El pecado» (V: La proliferación del pecado).
[1]
Los pecados capitales son enumerados por Santo Tomás de Aquino (I-II:84:4) como siete:
vanagloria (orgullo, soberbia), avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia, ira. Buenaventura de
Fidanza (Breviloquium, III, IX) enumera los mismos. El número siete fue dado por san Gregorio
Magno (Lib. mor. en Job XXXI, XVII), y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad
Media. Escritores anteriores enumeraban ocho pecados capitales: San Cipriano de Cartago (De
Mort., IV); Juan Casiano (De instit. cænob., V, coll. 5, «de octo principalibus vitiis»); Columbano
de Lexehuil («Instr. de octo vitiis princip.» en Bibl. max. vet. patr., XII, 23); Alcuino de York (De
virtut. et vitiis, XXVII y siguientes). El término «capital» no se refiere a la magnitud del pecado
sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo a santo Tomás de Aquino (II-II:153:4)
Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un
hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su
fuente principal. […] Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana
caída está principalmente inclinada.
Tomás de Aquino[2]
Pecados capitales
Lujuria
Detalle de la lujuria, en el cuadro El jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch. En esta tabla
aparecen todo tipo de placeres carnales, que Bosch consideraba pecaminosos.
La lujuria (en latín, luxuria) es usualmente considerada como el pecado producido por los
pensamientos excesivos de naturaleza sexual. Según otro autor [cita requerida] la lujuria son los
pensamientos posesivos sobre otra persona. Debido a su intrínseca relación con la naturaleza sexual,
la lujuria en su máximo grado puede llevar a compulsiones sexuales o psicológicas y/o
transgresiones, incluyendo la adicción al sexo, el adulterio y la violación.
El concepto que Dante tenía de la lujuria era el amor hacia otras persona, lo que pondría a Dios en
segundo lugar.
Gula
La gula representada por Pieter Brueghel en su obra Los siete pecados mortales o los siete vicios.
Actualmente la gula (en latín, gula) se identifica con la glotonería, el consumo excesivo de comida
y bebida. En cambio en el pasado cualquier forma de exceso podía caer bajo la definición de este
pecado. Marcado por el consumo excesivo de manera irracional o innecesaria, la gula también
incluye ciertas formas de comportamiento destructivo. De esta manera el abuso de substancias o las
borracheras pueden ser vistos como ejemplos de gula. En la Divina Comedia de Alighieri, los
penitentes en el Purgatorio eran obligados a pararse entre dos árboles, incapaces de alcanzar y
comer las frutas que colgaban de las ramas de estos y por consecuencia se les describía como
personas hambrientas.
Avaricia
Avaricia representada por Pieter Brueghel
La avaricia (en latín, avaritia) es —como la lujuria y la gula—, un pecado de exceso. Sin embargo,
la avaricia (vista por la Iglesia) aplica sólo a la adquisición de riquezas en particular. Tomás de
Aquino escribió que la avaricia es «un pecado contra Dios, al igual que todos los pecados mortales,
en lo que el hombre condena las cosas eternas por las cosas temporales». En el Purgatorio de Dante,
los penitentes eran obligados a arrodillarse en una piedra y recitar los ejemplos de avaricia y sus
virtudes opuestas. «Avaricia» es un término que describe muchos otros ejemplos de pecados. Estos
incluyen deslealtad, traición deliberada, especialmente para el beneficio personal, como en el caso
de dejarse sobornar. Búsqueda y acumulación de objetos, robo y asalto, especialmente con
violencia, los engaños o la manipulación de la autoridad son todas acciones que pueden ser
inspirados por la avaricia. Tales actos pueden incluir la simonía.
Pereza
Pereza por Jacob Matham
La pereza (en latín, acidia) es el más «metafísico» de los pecados capitales, en cuanto está referido
a la incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia de uno mismo. Es también el que más
problemas causa en su denominación. La simple «pereza», más aún el «ocio», no parecen constituir
una falta. Hemos preferido, por esto, el concepto de «acidia» o «acedía». Tomado en sentido propio
es una «tristeza de ánimo» que aparta al creyente de las obligaciones espirituales o divinas, a causa
de los obstáculos y dificultades que en ellas se encuentran. Bajo el nombre de cosas espirituales y
divinas se entiende todo lo que Dios nos prescribe para la consecución de la eterna salud (la
salvación), como la práctica de las virtudes cristianas, la observación de los preceptos divinos, de
los deberes de cada uno, los ejercicios de piedad y de religión. Concebir pues tristeza por tales
cosas, abrigar voluntariamente, en el corazón, desgano, aversión y disgusto por ellas, es pecado
capital. Tomada en sentido estricto es pecado mortal en cuanto se opone directamente a la caridad
que nos debemos a nosotros mismos y al amor que debemos a Dios. De esta manera, si
deliberadamente y con pleno consentimiento de la voluntad, nos entristecemos o sentimos desgano
de las cosas a las que estamos obligados; por ejemplo, al perdón de las injurias, a la privación de los
placeres carnales, entre otras; la acidia es pecado grave porque se opone directamente a la caridad
de Dios y de nosotros mismos. Considerada en orden a los efectos que produce, si la acidia es tal
que hace olvidar el bien necesario e indispensable a la salud eterna, descuidar notablemente las
obligaciones y deberes o si llega a hacernos desear que no haya otra vida para vivir entregados
impunemente a las pasiones, es sin duda pecado mortal.
Ira
Ira (enojo). Miniatura de Tacuinum sanitatis
La ira (en latín, ira) puede ser descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y
enojo. Estos sentimientos se pueden manifestar como una negación vehemente de la verdad, tanto
hacia los demás y hacia uno mismo, impaciencia con los procedimientos de la ley y el deseo de
venganza fuera del trabajo del sistema judicial (llevando a hacer justicia por sus propias manos),
fanatismo en creencias políticas y generalmente deseando hacer mal a otros. Una definición
moderna también incluiría odio e intolerancia hacia otros por razones como raza o religión,
llevando a la discriminación. Las transgresiones derivadas de la ira están entre las más serias,
incluyendo homicidio, asalto, discriminación y en casos extremos, genocidio.
La ira es el único pecado que no necesariamente se relaciona con el egoísmo y el interés personal
(aunque uno puede tener ira por egoísmo, por ejemplo, por celos). Dante describe a la ira como
«amor por la justicia pervertido a venganza y resentimiento».
Envidia
Como la avaricia, la envidia (en latín, invidia) se caracteriza por un deseo insaciable, sin embargo,
difieren por dos grandes razones: Primero, la avaricia está más asociada con bienes materiales,
mientras que la envidia puede ser más general; segundo, aquellos que cometen el pecado de la
envidia desean algo que alguien más tiene, y que perciben que a ellos les hace falta, y a
consiguiente desear el mal al prójimo, y sentirse bien con el mal ajeno.
La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
Francisco de Quevedo
Dante Alighieri define esto como «amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros
de los suyos». En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus ojos y
coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.
Soberbia
Todo es vanidad por Charles Allan Gilbert.
En casi todas las listas de pecados, la soberbia (en latín, superbia) es considerado el original y más
serio de los pecados capitales, y de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los otros.
Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando en
halagar a los otros.
Según la Biblia, este pecado es cometido por Lucifer al querer ser igual que Dios.
Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar, alcanzar o
superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un estatus elevado y subvalorizar al
contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o dice
es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás. También se puede
tomar la soberbia en cosas vanas y vacías (vanidad) y en la opinión de uno mismo exaltada a un
nivel crítico y desmesurado (prepotencia).
Soberbia (del latín superbia) y orgullo (del francés orgueil), son propiamente sinónimos aun cuando
coloquialmente se les atribuye connotaciones particulares cuyos matices las diferencian. Otros
sinónimos son: altivez, arrogancia, vanidad, etc. Como antónimos tenemos: humildad, modestia,
sencillez, etc. El principal matiz que las distingue está en que el orgullo es disimulable, e incluso
apreciado, cuando surge de causas nobles o virtudes, mientras que a la soberbia se la concreta con el
deseo de ser preferido a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego. Por
ejemplo, una persona Soberbia jamás se "rebajaría" a pedir perdón, o ayuda, etc.
Arte
Mesa de los pecados capitales
Por Hieronymus Bosch, 1485, pintura al óleo sobre tabla.
Los siete pecados capitales se representan con originalidad, con
un realismo impecable.
En el centro del cuadro se ve una imagen tradicional de Cristo
como varón de dolores, saliendo de su tumba. Se dice que
representa el ojo de Dios, y la imagen de Cristo es su pupila.
Bajo esta imagen hay una inscripción en latín: CAVE CAVE
DEUS VIDET ("Cuidado, cuidado, el Señor lo ve"). Es una
referencia clara a la idea de que Dios lo ve todo.
Alrededor, hay un círculo más grande dividido en siete partes,
mostrando cada uno de los siete pecados capitales, que pueden
ser identificados por sus inscripciones en latín. Véase:Análisis
de la obra
Virtudes que contempla la iglesia católica
La Iglesia católica romana reconoce siete virtudes que forman parte del catecismo; (que
corresponden a cada pecado capital).
Pecado Virtud Descripción
Humildad Es la característica que define a una persona modesta, alguien que no se
Soberbia (en latín, cree mejor o más importante que los demás en ningún aspecto; es la
humilitas) ausencia de soberbia.
Hábito de dar y entender a los demás. En momentos de desastres
naturales, los esfuerzos de la ayuda son con frecuencia proporcionados,
voluntariamente, por los individuos o los grupos que actúan de manera
Generosidad unilateral en su entrega de tiempo, de recursos, de mercancías, dinero,
Avaricia (en latín, etc.
generositas)
La generosidad es una forma de altruismo y rasgo de la filantropía,
como puede verse en las personas anónimas que prestan servicios en
una Organización sin ánimo de lucro.
Castidad Comportamiento voluntario a la moderación y adecuada regulación de
Lujuria (en latín, placeres y/o relaciones sexuales, ya sea por motivos de religión o social.
castitas) No es lo mismo que abstinencia sexual.
Paciencia
Ira (en latín, Actitud para sobrellevar cualquier contratiempo y dificultad.
patientia)
Templanza Moderación en la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el
Gula (en latín, uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los
temperantia) instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad.
Caridad
Envidia (en latín, Empatía, amistad.
caritas)
Es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Como toda virtud se trabaja,
Diligencia netamente, poniéndola en práctica; significa cumplir con los
Pereza (en latín, compromisos, no ser inactivo, no caer en la pereza, proponerse metas
diligentia) fijas y cumplirlas en su tiempo, poner entusiasmo en las acciones que se
realizan.
Relación de cada pecado con un demonio particular
En 1589, Peter Binsfeld, basándose libremente en fuentes anteriores, asoció cada pecado con un
demonio que tentaba a la gente por medios asociados al pecado. Su clasificación de los demonios
es la siguiente:
Lujuria: Asmodeo
Gula: Behemot
Avaricia: Mammon
Pereza: Belfegor
Ira: Amon (demonio)
Envidia: Leviatán
Soberbia: Lucifer
Según Binsfeld, también existían otros demonios que incitaban a pecar, como los íncubos
(fantasmas masculinos que tenían relaciones sexuales con mujeres durmientes) y los súcubos
(fantasmas femeninos que tenían relaciones sexuales con varones durmientes), que incitaban a la
lujuria.
Actualización de los pecados capitales
El 10 de marzo de 2008, el regente del Tribunal de la Penitenciaría Apostólica del Vaticano,
cardenal Gianfranco Girotti, presentó la siguiente lista, que ha sido divulgada ampliamente por los
medios de comunicación, con la denominación de pecado social o nuevos pecados capitales:[3]
No realizarás manipulaciones genéticas.
No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones.
No contaminarás el medio ambiente.
No provocarás injusticia social.
No causarás pobreza.
No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común.
No consumirás drogas.
La lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, los tradicionales siete
pecados capitales enumerados por el papa Gregorio I hace 1500 años y recogidos después por Dante
Alighieri en La Divina Comedia, se habían quedado obsoletos para el mundo globalizado de hoy.
Así que el Vaticano ha decidido modernizar la lista exhibiendo una atención especial hacia los
llamados «pecados sociales», aquellos cuya comisión va en contra de la justicia en las relaciones
entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona.
El resultado son siete nuevos pecados capitales, que condenan como ofensas a Dios acciones tales
como enriquecerse a costa de los demás o algunas investigaciones científicas con implicaciones
bioéticas.