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Hume

El documento describe el contexto filosófico de David Hume. 1) Hume vivió durante la Ilustración escocesa e inglesa, un periodo de revolución política y desarrollo científico. 2) Hume fue un filósofo empirista que creía que todo conocimiento proviene de la experiencia sensorial. 3) El documento explica las diferencias entre el racionalismo y el empirismo, señalando que Hume se alineó con la tradición empirista de pensadores como Locke.

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El documento describe el contexto filosófico de David Hume. 1) Hume vivió durante la Ilustración escocesa e inglesa, un periodo de revolución política y desarrollo científico. 2) Hume fue un filósofo empirista que creía que todo conocimiento proviene de la experiencia sensorial. 3) El documento explica las diferencias entre el racionalismo y el empirismo, señalando que Hume se alineó con la tradición empirista de pensadores como Locke.

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Hume

Hume
El autor y su contexto filosófico
https://www.youtube.com/watch?v=u9zx_VtKVBs
La situación sociopolítica de
Inglaterra en los siglos XVII y XVIII es
absolutamente peculiar y difiere del
resto de Europa. En efecto, si en el
continente prevalece el absolutismo,
en Inglaterra tiene lugar la revolución
burguesa. Entre los años 1640-1650 se
generaliza en toda Europa un
movimiento revolucionario contra la
monarquía absoluta. En Londres,
Ámsterdam, París, Barcelona... la burguesía exige derechos individuales,
abolición de los monopolios del Estado, intervención del pueblo en la
legislación... Pero sólo triunfó en esta época donde se le unió la nobleza.
En el año 1688 acontece la “Gloriosa revolución”: Jacobo II, que intentó restaurar el catolicismo, tiene
que huir porque whigs y tories (http://historiaybiografias.com/whigs_tories/)
han llamado al estatúder de Holanda, Guillermo III de Orange. En
adelante la monarquía será parlamentaria y constitucional,
consagrándose la supremacía del Parlamento (basado en la doctrina del
contrato social, y no en la monarquía de derecho divino) , y proclamándose en
1689 la “Declaración de derechos”.
En resumen, el triunfo de la revolución supuso el reconocimiento de las
libertades políticas, religiosas y económicas. La clase más beneficiada
fue la burguesía, así como la Iglesia anglicana. Además, Inglaterra se
convirtió en la primera potencia comercial y capitalista, y los teóricos
del liberalismo (Locke https://www.youtube.com/watch?v=AH5zYB3MJHs&list=PL8PEFpPr13IjdUUstP-
VgS84q_chQwCcp&index=21) y los científicos ingleses (Newton) fueron, finalmente,
los inspiradores de la Ilustración europea.

La filosofía moderna
La Filosofía Moderna tiene sus comienzos en el siglo XV pero alcanza su máximo esplendor en los siglos
XVII y XVIII. Algunas de sus características básicas son:
Defensa de la autonomía de la razón. Mientras que en la Edad Media la filosofía era un saber
estrechamente vinculado a la religión, en los siglos siguientes la filosofía se separa y desvincula de
la religión y adquiere autonomía propia. Esto tiene al menos dos consecuencias:
a) que el ejercicio de la razón no sea coartado o regulado por ninguna instancia exterior y ajena a
ella misma, sea esta la tradición, la autoridad o la fe religiosa; y
b) que la razón se convierte en el tribunal supremo a quien corresponde juzgar lo verdadero y lo
justo (filosofía teórica y práctica).
La ciencia como modelo del saber. El gran desarrollo que estaba teniendo la ciencia, lleva a los
filósofos a tomarla como modelo del saber. Los autores racionalistas tomarán como modelo las
matemáticas, y los empiristas, las ciencias naturales.
La preocupación por el método. La cuestión del método aparece como una cuestión primordial para
todos los filósofos de la Modernidad. Si la razón se extravía o no rinde lo suficiente no es por
incapacidad natural, sino por no haber encontrado y puesto en práctica el método adecuado a la
propia razón. Ahora se formulan o reelaboran los principales métodos científicos: el método
deductivo, el inductivo y el hipotético-deductivo.
Hume
Racionalismo y empirismo. Dentro de la Filosofía Moderna nos vamos a encontrar con dos corrientes
filosóficas que van a fundamentar la filosofía en principios contrapuestos: racionalismo y empirismo.
Así como a René Descartes hay que incluirlo dentro del Racionalismo, a Hume hay que incluirlo
dentro del Empirismo (cuyos antecedentes se encuentran ya en Aristóteles) y en la que también se
incluyen filósofos como John Locke (1632-1704) y George Berkeley (1685-1753). El empirismo es una
corriente que se desarrolla principalmente en Gran Bretaña como reacción al racionalismo y cuyas
características principales son:
La experiencia es
la fuente básica de
conocimiento. Por
experiencia entienden los
empiristas la información
proporcionada por los
sentidos acerca de lo que
hay en la realidad
circundante (lo que ellos
llaman experiencia externa,
pues los sentidos nos informan
de la realidad externa al
sujeto), y la información que
el sujeto tiene de lo que
ocurre en su interior:
emociones, sentimientos,
deseos, pasiones, etc. (lo
que ellos llaman experiencia interna pues informa de lo que el sujeto siente y vive en su interior).
La postura empirista se resume en la siguiente frase: nada hay en la mente que no provenga de la
experiencia. Admitir que la experiencia es la fuente básica de conocimiento conlleva dos consecuencias:
1. La confianza en los sentidos como órganos y fuente de conocimiento. Mientras que
los Racionalistas desconfiaron de los sentidos como fuente de conocimiento (constituían
una vía poco fiable, confusa e insegura), los empiristas sostienen que los sentidos son las
ventanas por las que entra en el entendimiento gran cantidad de información fiable
acerca de lo que hay en la realidad exterior a la mente.
2. El límite del conocimiento humano lo establece la experiencia. Esto significa que
nada podemos conocer con certeza y con garantía de verdad acerca de temas,
cuestiones o asuntos relacionados con realidades de las que no tenemos experiencia
directa.
Primacía de los métodos experimentales (inductivo e hipotético-deductivo) como instrumentos para
conducir nuestras investigaciones en la búsqueda de la verdad.
Negación de la existencia en la mente de ideas innatas. Mientras que para los Racionalistas la razón o
mente es una razón capaz de descubrir y elaborar por sí misma ciertas ideas (las llamadas ideas innatas,
como, por ejemplo, la idea de Dios), el Empirismo rechaza esta posibilidad. La mente es algo así como una
tabula rasa, un papel en blanco en el que no hay nada escrito antes del contacto con la experiencia.
Es a través de la experiencia (externa e interna) como, poco a poco, la mente se va llenando y poblando
de ideas.

El contexto filosófico en el que nos adentramos


Los pensadores empiristas coincidieron en el tiempo con los racionalistas, lo que les permitió
establecer contacto con ellos y sus ideas, y contribuir al nacimiento y desarrollo de la filosofía
moderna. Por eso, el contexto filosófico de ambas corrientes es muy semejante. El tema clave
de la filosofía siguió siendo el conocimiento humano: solo si se sometía a este a un profundo
análisis, se alcanzarían criterios morales seguros y cabría establecer una organización social y
política que garantizase la concordia y la paz, tan necesarias en aquellos tiempos.
Aunque existen significativas diferencias entre los filósofos empiristas, es posible señalar algunos
puntos comunes:
 El deseo de hacer una filosofía nueva que, a semejanza del proyecto racionalista, sirviera
para despejar todas las dudas y proporcionara un conocimiento seguro.
 La aceptación del principio de experiencia, que subraya que esta es la única fuente de
conocimiento y que no hay ideas innatas en nuestra mente. Coinciden con el racionalismo
en que no conocemos las cosas mismas, sino nuestras ideas, pero, a diferencia de este,
situaron su origen en la experiencia sensible y no en la razón.
Hume
 El proyecto de analizar el entendimiento humano para descubrir el proceso por el que se
forman ideas complejas en nuestra inteligencia a partir de las percepciones sensibles.
Este análisis suponía el intento de aplicar el método de las ciencias experimentales a la
psicología.
 La limitación del campo al que se extiende el conocimiento humano y, por lo tanto, el
filosofar. Hume rechazó por completo las ideas de la metafísica racionalista: yo, Dios y
mundo. Con esta crítica, la filosofía empirista se inclinó hacia el escepticismo.
El planteamiento de una doctrina moral y política sustentada sobre los hechos y la observación.
En contra del racionalismo, Hume propuso la primacía de las pasiones sobre la razón para
distinguir la virtud del vicio y determinar las obligaciones morales. En política, los empiristas
supusieron la existencia de un estado de naturaleza y declararon que un contrato social
fundaría la sociedad civil.
Hume

David Hume: datos biográficos esenciales y


obras
https://www.youtube.com/watch?v=vHUNfRLZKhA
David Hume nació en Edimburgo (Escocia) en 1711. Aunque comenzó a
estudiar la carrera de Derecho, la abandonó para dedicarse a sus tres
pasiones: la literatura, la historia y la filosofía. Por sus ideas (sobre todo
de tipo religioso) siempre resultó un personaje bastante incómodo desde
el punto de vista intelectual (fue acusado de ateísmo y de negar la
inmortalidad del alma).
Hume se vio obligado a desempeñar diferentes trabajos para ganarse la
vida: preceptor privado, bibliotecario, secretario de la Embajada de
Inglaterra en Francia (ejerciendo este cargo conoció en París a los grandes
filósofos franceses de la época: Diderot, D’alembert, Rousseau) , y
diplomático del Ministerio inglés de Asuntos Exteriores. Murió en
Edimburgo en 1776.
Su primera obra se titula Tratado sobre la Naturaleza Humana, y
apareció en 1739. El fracaso fue rotundo. Esta mala acogida se debió a que el escaso público que la leyó
no entendió su contenido. Para remediar este problema y suscitar el interés por la obra, publicó en 1740
de manera anónima un pequeño folleto titulado Compendio de un libro recientemente publicado titulado
Tratado de la Naturaleza Humana, donde los principales argumentos de este libro se muestran y explican,
más conocido como Resumen del Tratado de la Naturaleza Humana o simplemente Compendio. En el
prefacio (introducción) de este folleto Hume explica cuáles son sus intenciones al escribirlo: hacer más
inteligible a las capacidades ordinarias (el pueblo) una obra extensa (Tratado...) por el procedimiento de
abreviarla y posibilitar que su contenido sea juzgado por el gran público (pueblo) y no sólo por los eruditos.
También en este prefacio Hume señala las causas por las que el Tratado tuvo poco éxito: la extensión de
la obra y el carácter abstracto del contenido.
La mala acogida del Tratado y el interés de Hume por hacer que su contenido fuese conocido incluso por
aquellos que no eran especialistas en filosofía hicieron que Hume refundiera la obra. Aparecieron, así,
otras dos grandes obras de Hume: Investigación sobre el conocimiento humano, publicada en 1748, e
Investigación sobre los principios de la moral, publicada en 1752. Otras obras de Hume son: Diálogos sobre
la Religión Natural; Historia Natural de la Religión; Ensayos Políticos.
Hume
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La teoría del conocimiento de Hume y la crítica del principio de


causalidad
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El propósito filosófico principal de David Hume es elaborar una “ciencia filosófica del hombre” que
tenga el mismo grado de exactitud y rigor que el que tienen las ciencias naturales, en concreto la física
newtoniana. Esta “ciencia filosófica del hombre” incluye cuatro disciplinas o ramas, Lógica, Ética,
Filosofía Política, y Estética, cada una con su propio objeto de estudio.
Lógica o Teoría del Conocimiento. Objeto de estudio: Explicación de los elementos básicos y operaciones
del conocimiento humano.
Ética o Filosofía Moral. Objeto de estudio: Explicación de los juicios acerca de la bondad o maldad de las
acciones humanas.
Filosofía Política. Objeto de estudio: Explicación del origen de la sociabilidad humana.
Estética o Crítica de las Artes y Letras. Objeto de estudio: Explicación de los juicios acerca de la belleza
artística.
El análisis empirista de la naturaleza humana ha de comenzar por un estudio del conocimiento humano.
Este estudio del conocimiento humano ha de prestar especial atención a dos cosas relacionadas con la
facultad mediante la cual conocemos (el entendimiento o mente): los contenidos del entendimiento y las
operaciones que el entendimiento puede realizar con esos contenidos.
Hume

Las percepciones: impresiones e ideas


A los contenidos del entendimiento Hume los llama percepciones. El origen de estas percepciones se
encuentra en la experiencia, ya sea externa
(información de los sentidos sobre la realidad exterior
a la mente: colores, formas...) ya sea interna
(información sobre pasiones, deseos, sentimientos...).
1. Ahora bien, no todas las percepciones
son de la misma clase. De hecho, se puede
hablar de dos clases de percepciones:
impresiones e ideas. El criterio de clasificación
es el grado de vivacidad, fuerza o intensidad que
presentan las percepciones en la mente o
entendimiento.
Impresiones: son percepciones vivas, fuertes e
intensas; el grado de vivacidad e intensidad es
muy alto. Por ejemplo, la impresión de color
rojo cuando estoy viendo una cosa roja o la
impresión de alegría cuando el sujeto conoce
una buena noticia.
Ideas: son percepciones tenues o débiles; el
grado de vivacidad, fuerza o intensidad es menor que en las impresiones. Son algo así como las copias o
las huellas que dejan las impresiones en nuestra mente; en este sentido, las impresiones son algo así como
las imágenes debilitadas de las impresiones. Por ejemplo, cuando mi mente piensa en el color rojo cuando
no estoy teniendo ninguna impresión de ninguna cosa roja, lo que hay en la mente en ese momento es la
idea de color rojo. Acerca de las ideas Hume hace las siguientes observaciones:

El principio de la copia
Este principio gnoseológico afirma que todas las ideas que hay en la mente son copias derivadas de las
impresiones y que, por tanto, las impresiones son siempre anteriores (prioridad) a las ideas. Este principio
de la copia implica dos cosas:
a) La negación de la existencia en la mente de ideas innatas
Los filósofos racionalistas consideraban que en la mente hay ideas innatas. Se trata de ideas formadas
directamente por la mente sin recurrir a ningún dato de experiencia.
Según Hume, para que en la mente haya una determinada idea es preciso experimentar previamente la
impresión correspondiente, y el origen de las impresiones es siempre la experiencia, sea externa o
interna. Por tanto, no tiene sentido hablar de la existencia de ideas innatas en nuestra mente. Ahora bien,
esto no significa que no haya nada innato en la mente humana pues ciertas impresiones referidas a
pasiones (como, por ejemplo, el amor a la virtud o el resentimiento) son tendencias naturales e innatas de la
naturaleza humana.
b) Las impresiones como criterio para establecer la veracidad de una idea
Para saber si una determinada idea que se encuentra en nuestra mente es verdadera basta con buscar la
impresión que la ha originado, es decir, la impresión de la que se deriva y es copia esa idea.
Si la búsqueda tiene éxito y logramos encontrar la impresión de la que deriva estaremos ante una idea
verdadera; si no es así, estaremos ante una idea falsa o ficticia (una ficción), y en este caso lo mejor que
podemos hacer es echarla de nuestra mente porque lo único que nos puede producir es confusión y
engaño.

Principios de Asociación de Ideas.


La mente o entendimiento, haciendo uso de la
facultad de la imaginación, puede combinar unas
ideas con otras a su antojo, es decir, de un modo
caprichoso y arbitrario (la mente puede combinar,
por ejemplo, la idea caballo con la idea hombre e
inventa así la idea centauro). Pero también ocurre
que entre ciertas ideas hay una especie de lazo
secreto que hace que de manera involuntaria y
automática, la mente las conecte y una entre sí.
Como consecuencia de esta conexión de ideas, la
Hume
presencia en nuestra mente de una idea trae consigo (evoca) la aparición de otra u otras ideas. Es a esto a
lo que Hume denomina principio de la asociación de las ideas.
Este principio de asociación de las ideas de nuestra mente se basa en tres leyes:
La ley de la semejanza: una idea se asocia de manera natural y espontánea con aquella idea o ideas con
las que presenta un parecido o semejanza, de una manera muy parecida a como un retrato se asocia con
la persona representada en él. La existencia de esta ley de asociación de ideas explica el que la mente
tienda a pensar que objetos semejantes tienen propiedades, características o capacidades similares. Esta
ley explica, por ejemplo, que la mente tienda a pensar que todos los hombres son mortales o que todos
los metales se dilatan con el calor.
La ley de la proximidad o contigüidad espacio-temporal: la mente tiende a asociar de manera natural y
espontánea lo próximo en el espacio y en el tiempo. Por ejemplo: si se nos menciona a Valladolid
asociamos este núcleo urbano con el río Pisuerga, dada la proximidad espacial entre un lugar y otro
(contigüidad espacial); suena el timbre a determinada hora (las once) y lo asociamos con el recreo por la
proximidad temporal entre un hecho y otro (contigüidad temporal); el final de una canción de un CD evoca
el comienzo de la canción siguiente.
La ley de la causalidad o relación causa-efecto: esta ley nos dice que tras la observación de la existencia de
una proximidad espacial entre dos hechos, de su sucesión en el tiempo y de la reiterada repetición de esas
relaciones entre ambos, se crea en nuestra mente la predisposición a evocar la idea del segundo (al que
consideramos hecho-efecto) si está presente la idea del primero (al que consideramos hecho–causa.) Por ejemplo, la
idea de ir al dentista se asocia de manera automática con la idea de sentir dolor; la idea de tiempo nublado
con la idea de lluvia.

Los razonamientos
Según Hume, hay dos tipos de conocimiento: relaciones entre ideas, y cuestiones de hecho.

Relaciones entre ideas


Es un tipo de conocimiento en el que la mente establece relaciones deductivas y lógicas entre ideas que
se implican necesariamente. Por ejemplo, cuando decimos que “los alumnos del Colegio Hume están
matriculados” estamos estableciendo una relación lógica entre dos ideas (la idea de “ser alumno del Colegio
Hume” y la idea de “estar matriculado”) que se implican necesariamente en el sentido de que en el sujeto de
la proposición “alumnos del Colegio Hume” está implícito de modo necesario lo que se dice en el
predicado “estar matriculados”. Las características de este tipo de conocimiento son:
El proceso mental mediante el cual la mente establece este tipo de relaciones se denomina “demostración” pues
lo que hace la mente es “mostrar” en el predicado de la proposición algo que ya está contenido (aunque de forma
implícita) en el sujeto de la proposición.
El fundamento de estos procesos demostrativos es el “principio de no contradicción”. Dicho principio
establece que es imposible concebir lo contrario a lo que establece una relación correcta entre ideas,
pues ello implicaría una contradicción, y lo que implica una contradicción no puede concebirse. Así, por
ejemplo, la proposición “los alumnos del Colegio Hume no están matriculados” es contradictoria en sí
misma, y, por tanto, absurda e inconcebible.
Las proposiciones o afirmaciones de este tipo de conocimiento son siempre verdaderas, ciertas, seguras,
exactas e indiscutibles.
Este tipo de conocimiento es el que encontramos en las matemáticas y en la lógica. Por ejemplo, “Sumar
tres veces cinco es igual a la mitad de treinta” o “Todos los hombres son mortales y Sócrates es hombre,
por tanto, Sócrates es mortal”.

Cuestiones de hecho
Es un tipo de conocimiento en el que la mente construye proposiciones en las que se hace referencia a
hechos que han ocurrido (hechos pasados), ocurren (hechos presentes) u ocurrirán (hechos futuros) en la
realidad. Por ejemplo, las proposiciones “Las mujeres españolas del siglo XIX no tenían derecho al voto”;
“Los alumnos del Colegio Hume son estudiosos” y “El Sol saldrá mañana” son cuestiones de hecho. Las
características de este tipo de conocimiento son las siguientes:
El fundamento de la formación de este tipo de proposiciones es la experiencia y el principio de
causalidad. En estas proposiciones la información que se da a través del predicado no está contenida
implícitamente en el sujeto de la proposición, y, en consecuencia, es preciso recurrir a la experiencia
para poder afirmar lo que dice la proposición. Las cuestiones de hecho son proposiciones cuya verdad es
contingente. Que su verdad es contingente significa que lo que se dice en la proposición podía haber sido
de otra manera y ello no supondría incurrir en ninguna contradicción.
Las proposiciones de cuestiones de hecho son las proposiciones que encontramos en las llamadas ciencias
Hume
empíricas o factuales, especialmente en las ciencias naturales. Por ejemplo, “El agua hierve a 100
grados”; “Los metales se dilatan con el calor”.

Análisis crítico de la idea de causalidad


Concepción tradicional de la causalidad
La tesis tradicional respecto de la causalidad se puede
resumir en la siguiente afirmación: Dados dos hechos, A y
B, A es causa de B cuando dado A se produce necesariamente B. Esto supone que dado A, y antes de que
se produzca B, la mente es capaz de predecir con seguridad y certeza que B se va a producir. Es decir, la
concepción tradicional de la causalidad es la de una relación o conexión necesaria entre hechos. Así,
por ejemplo, decimos que el fuego es la causa de que el agua se caliente y que la lluvia es la causa de que
las cosas se mojen y que necesariamente tiene que ser así. Que la relación o conexión entre los hechos es
necesaria quiere decir que la presencia del hecho–causa provoca inevitablemente, en virtud algún poder,
fuerza o energía presente en la causa, el hecho–efecto.
El ejemplo humeano de las bolas de billar. Vemos una bola de billar en movimiento que se acerca a otra
bola de billar que está en reposo y choca con ella, y vemos, a continuación, que la bola de billar que
estaba estática se pone en movimiento. En este ejemplo, hay dos hechos: un hecho o suceso al que
consideramos hecho-causa (impacto de la bola
de billar en movimiento con la bola de billar en
reposo) y un hecho-efecto (puesta en
movimiento de la segunda bola de billar).
Decimos, incluso, que entre esos dos hechos
existe una conexión necesaria, de tal manera
que si se da el hecho -causa necesariamente
tendrá lugar el hecho - efecto.
Hume
La crítica de Hume del principio de causalidad
https://www.youtube.com/watch?v=qwTnmaatqR4
Desde su enfoque empirista del conocimiento humano, Hume pretende poner en cuestión la existencia de
relaciones causales entre hechos de la realidad. Aunque estemos firmemente convencidos de la existencia
de relaciones de causa y efecto entre diferentes hechos o sucesos que ocurren en el mundo, según Hume
no tenemos información empírica alguna que permita afirmar que las conexiones necesarias causales
entre hechos existen. Las únicas conexiones necesarias que existen son las que se dan en las relaciones
entre ideas ya que una idea puede llevarnos necesariamente a otra, por ejemplo, la idea de triángulo nos
lleva a la idea de que necesariamente se trata de una figura de tres lados o que la suma de sus ángulos es
igual a 180º grados. Pero cuando hablamos de hechos la cosa cambia.
Según Hume, carecemos de base empírica acerca de esa conexión necesaria entre hechos que permita decir que
un hecho es causa necesaria de la existencia de otro hecho; es decir, carecemos de la impresión de la que se
pueda derivar la idea de conexión necesaria entre dos hechos. Ningún hecho nos conduce necesariamente a
otro hecho. Como dice Hume, Adán, el primer hombre, y nada más salir de las manos de Dios y todavía sin
ninguna experiencia de la realidad, nunca podría haber descubierto que la fluidez y transparencia del agua le
podía quitar la sed y le podía ahogar, o que el fuego podía provocar quemaduras dolorosas.
Según Hume, cuando relacionamos causalmente dos hechos que ocurren en la realidad no tenemos
ninguna impresión o información empírica del poder o nexo causal entre los hechos; solamente tenemos
información empírica de tres cosas (pero de nada más):
Existencia de una contigüidad o proximidad espacial y temporal entre los hechos (el hecho-causa y el hecho-efecto
aparecen siempre juntos en el espacio y en el tiempo)
Existencia de una prioridad temporal del llamado hecho-causa respecto al llamado hecho-efecto (la
causa es siempre anterior al efecto)
Existencia de una conjunción constante entre los dos hechos (la causa va acompañada del mismo efecto; esta
conjunción constante se puede comprobar si repetimos varias veces el experimento, por ejemplo el experimento del choque
de las bolas de billar)

La alternativa humeana al principio de causalidad: el hábito o costumbre y


la creencia
A pesar de que no hay ninguna base empírica que permita afirmar la existencia de una conexión necesaria
entre dos hechos, lo cierto es que la mente humana es capaz de predecir con antelación el hecho que se
va a producir cuando se da determinado hecho, por ejemplo, que si pongo la mano en el fuego me
quemaré, que si ponemos agua al fuego hervirá, o que el sol saldrá mañana.
El único fundamento para este tipo de predicciones es el hábito o costumbre. El habituarse o acostumbrarse a ver
repetidas veces que entre dos determinados hechos se produce una sucesión constante lleva a la mente a pensar
que en el futuro va a darse esa misma sucesión. En efecto, es el hábito el que nos lleva a esperar el hecho B
siempre que aparece el hecho A. Así pues, más que la razón, la costumbre es la guía de la vida humana y el
fundamento de nuestras inferencias causales y de nuestras expectativas respecto de los acontecimientos futuros.
Así, por ejemplo, si nos hemos habituado y acostumbrado a ver que el sol sale todas las mañanas daremos por
hecho que mañana también saldrá. Al pensar así, estamos presuponiendo también que “la naturaleza es
uniforme” y que lo que hemos visto en el pasado y en el presente se repetirá en el futuro.
Hume
Teniendo en cuenta que es el hábito o costumbre, así como la suposición de que la Naturaleza es uniforme, es la
base y fundamento de las predicciones que hace la mente respecto a futuros hechos de experiencia, Hume llega a
afirmar que en las cuestiones de hecho referidas a hechos futuros nunca podremos tener la certeza y fiabilidad
que se da en las relaciones entre ideas. Según Hume nunca podremos tener la certeza plena de que a un
hecho le va a suceder inevitablemente otro hecho (por ejemplo, que si pongo agua al fuego se va a calentar); lo que
sí tenemos es una creencia (sentimiento muy vivo), producto del hábito y de la costumbre, gracias a la cual
estamos convencidos de que los hechos futuros serán como los hechos pasados y presentes.
Hume

La crítica a la metafísica tradicional: Dios, yo y mundo exterior


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El concepto de sustancia: un concepto clave de la tradición filosófica


occidental
La idea de sustancia es una de las ideas más importantes de la tradición filosófica occidental.
Tradicionalmente, la sustancia había sido considerada como una realidad existente que se caracteriza por
poseer determinados atributos o cualidades.
La realidad de la sustancia se percibe con claridad en la estructura lingüística sujeto–predicado de las
proposiciones: el sujeto hace la función de la sustancia, y el predicado la de atributo. Así, por ejemplo,
cuando decimos que la “la rosa es roja” o que “yo estoy alegre”, estamos dando a entender que “la rosa”
es una sustancia que tiene como uno de sus atributos “el ser de color rojo” , y que “yo” soy una sustancia
que en determinados momentos se predica de ella que “está triste”.
Para Aristóteles dicho concepto se utilizaba para hacer referencia a las cosas singulares compuestas de
materia y forma.
Descartes había hablado de la existencia de tres sustancias, cada una de ellas caracterizada por un determinado
atributo: la mente, alma o yo, cuyo atributo es el pensamiento; la materia, cuyo atributo esencial es la
extensión, y Dios, cuyo atributo es la perfección.
En una línea similar a la cartesiana, el filósofo empirista del siglo XVII John Locke había definido la sustancia como
una especie de sustrato, sostén o soporte de todas las cualidades que predicamos de ella, y establecía una
distinción entre dos tipos de sustancia: la sustancia material o materia, y la sustancia espiritual, alma o yo.
Según él, de esas cualidades tenemos experiencia, pero no de su soporte sustancial (se presupone su existencia pero
resulta incognoscible). Cuando alguien nos pide que digamos lo que vemos al mirar al frente, decimos que vemos
“una pared blanca”; hablando con rigor, sólo vemos “la blancura” pero presuponemos que ese color es una
cualidad de la sustancia material “pared”. Algo similar ocurre con la sustancia espiritual, alma o yo: tenemos
experiencia de sus cualidades anímicas (emociones, pasiones, etc.) y presuponemos que estas cualidades pertenecen
a un yo espiritual.

La crítica de Hume a la idea de sustancia


Según Hume, si todo nuestro conocimiento se reduce
a datos de experiencia (impresiones de sensación –color,
olor, sabor, sonido...– e impresiones de reflexión –pasiones,
emociones...–) no tenemos ninguna base empírica ni
para afirmar que existe una sustancia material ni
para afirmar que existe una sustancia espiritual.
Según Hume, no tenemos una impresión de la cual pueda
derivarse esa idea que llamamos idea de sustancia. Por
tanto, hemos de desterrar del vocabulario filosófico y científico la palabra sustancia pues solamente nos puede
acarrear confusiones y equívocos: la sustancia es una ficción y la palabra sustancia un mero nombre que no denota
nada. Como vemos, el fundamento de la crítica humeana a la idea de sustancia es el mismo que el de su crítica a la
idea de causalidad: ese fundamento es el principio de la copia y la tesis de que no está justificada ninguna idea a la
que no podamos encontrar la impresión correspondiente de la que se deriva.
Según Hume, lo que llamamos “sustancia material” (por ejemplo, un melocotón) no es más que una colección o
agrupamiento de impresiones a la que se asigna un nombre o término lingüístico (la palabra “melocotón”)
para recordar dicha colección y para señalar que ese conjunto de impresiones aparece siempre de manera
repetida. Dicho de otra manera, lo que nosotros llamamos “melocotón” no es más que una suma de
propiedades o cualidades percibidas, pero no tenemos ningún derecho a afirmar que el melocotón es algo
más que la colección de cualidades que percibimos.
Por otra parte, según Hume, en lo relacionado con la llamada “sustancia espiritual, alma o yo”, Hume afirma
que no tenemos base empírica para afirmar que el alma o yo sea una realidad permanente que está por debajo
de todos los fenómenos mentales, sentimientos, emociones, actuando como una especie de sustrato o soporte
cuya esencia o atributo sea el pensamiento o consciencia. Según Hume, podemos tener una impresión de lo
que es pensar, reír, llorar, padecer, etc., es decir, podemos tener experiencia de una sucesión de impresiones
sobre lo que pasa en nuestro interior, pero no de un yo constante e invariable que tenga esas emociones y
sentimientos. Lo que, según Hume, llamamos alma o yo, invariable e idéntico durante toda nuestra vida (en
efecto, nosotros nos sentimos que somos uno y que somos los mismos a lo largo del tiempo: identidad personal), no es más
que “un producto de la memoria”: en la mente o entendimiento se suceden constantemente unas a otras
muchas impresiones e ideas referidas al ámbito de nuestra interioridad, y el recuerdo de esa sucesión es lo que
nos hace pensar que tenemos un yo invariable e idéntico.
Hume
El fenomenismo escéptico de David Hume
El carácter empirista de la filosofía de Hume desemboca en el fenomenismo y en el escepticismo.
- Desemboca, en primer lugar, en el fenomenismo
(palabra derivada de “fenómeno” que significa “lo que
aparece”, “lo que se muestra”) porque para Hume el
conocimiento de la realidad se reduce a aquello de
lo que tenemos una percepción en nuestra mente.
Esto significa que la mente no puede conocer la
realidad tal y como es en sí misma sino la realidad
tal y como se nos muestra en los datos de
experiencia (percepciones) que tenemos de ella. La
crítica que Hume hace de la idea de causalidad y de
la idea de sustancia es una consecuencia de esta
postura fenomenista.
- Desemboca, en segundo lugar, en el escepticismo.
Hume afirma que reducir el conocimiento
exclusivamente a los datos de experiencia y sostener
que en muchas de nuestras afirmaciones sólo cabe
una creencia producto del hábito desemboca en el escepticismo ya que acerca de muchas cuestiones
nunca podremos tener una certeza racional absoluta, por ejemplo, acerca de si existe algo cuando no lo
percibimos o si va a ocurrir algo de lo que todavía no tenemos experiencia (por ejemplo que mañana va a salir
el sol). Ahora bien, no se trata de un escepticismo absoluto o riguroso (también llamado “escepticismo
pirrónico” porque fue el filósofo griego Pirrón uno de sus defensores) sino más bien un escepticismo moderado
pues el hombre dispone de un instinto natural (equivalente a lo que sería algo así como el sentido común) que
hace que nuestra mente crea que algo sigue existiendo aunque dejemos de percibirlo o que considere
como cierto y seguro aquello que solamente es probable. Esto es lo que nos quiere decir Hume cuando
afirma que la filosofía [empirista] haría de todos nosotros unos pirronianos (unos escépticos radicales y
absolutos) si la naturaleza no fuera demasiado fuerte para impedirlo.
Hume

Los principios de la moral humeana: el emotivismo moral


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La moral es un asunto que nos interesa por encima de todos los demás, dice Hume. La razón de esta
importancia concedida a la moral está en que la moral trata de las acciones humanas en cuanto que son
buenas o malas. De ella se ocupa la Ética, la cual debe ser considerada una ciencia al igual que las
matemáticas o la física.
La ética se ocupa de los juicios que hacemos acerca de la bondad y maldad de las acciones humanas. Decimos, por
ejemplo, que robar es una acción moralmente mala, y dar limosna, moralmente buena. Ahora bien, ¿cómo
podemos saber qué es lo bueno y qué es lo malo desde el punto de vista moral? Esta pregunta es la pregunta por
la fundamentación de los juicios morales. No es una pregunta nueva sino uno de los interrogantes eternos de la
Ética. Lo que sí es innovador es la respuesta que da Hume a la pregunta.
Antes de Hume, la mayoría de los filósofos reconocían que la razón o intelecto era la facultad que
permitía a los hombres saber qué es lo bueno y qué es lo malo (Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino). Un
ejemplo claro de este planteamiento era el intelectualismo socrático: el que hace una acción mala es
simplemente un ignorante que no ha hecho uso de la razón y, en consecuencia, desconoce lo qué es
bueno. Este punto de vista es conocido como racionalismo moral.
El punto de vista de Hume es
completamente distinto; es, más
bien, un punto de vista que critica
el racionalismo moral. Según
Hume, si hacemos uso de la razón
jamás encontraremos en una
acción, por ejemplo, un asesinato,
algo que nos permita decir que es
una acción mala y que, por tanto,
no debe realizarse. Ahora bien,
ocurre que las acciones despiertan
en los sujetos emociones o
sentimientos de aceptación o
rechazo. Es en estos sentimientos donde se fundamentan los juicios morales. El que una acción sea buena o mala
depende de las emociones que despiertan o suscitan en nosotros. Sentimos sentimientos de placer o satisfacción
ante una acción buena y malestar o dolor ante una mala, y de esta manera la aprobamos o la rechazamos. Lo
que es bueno o malo moralmente no es, por tanto, algo que “se razona” previamente sino algo que “se siente”.
En definitiva, frente al intelectualismo o racionalismo moral clásico, el emotivismo moral humeano.

“La razón es, y únicamente debe ser, esclava de las pasiones y no puede reivindicar en
ningún caso una función distinta de la de servir y obedecer a éstas.”

Un sentimiento de gran relevancia moral es el de la simpatía, es decir, la capacidad para “padecer con”,
para alegrarnos con los éxitos de los demás y entristecernos con sus fracasos. Gracias a este sentimiento
la vida de los demás no nos resulta indiferente.
Finalmente, conviene hacer una breve referencia al tema de la libertad, más concretamente a la cuestión
de si somos libres o no al obrar. De la libertad habla en los párrafos 32 y 33 del Compendio. Hume
mantiene una posición ambigua: por un lado, afirma que los actos humanos están determinados solamente
por nuestra voluntad; nada ajeno a la voluntad interviene a la hora de actuar. Por tanto, en este sentido, se
puede decir que somos libres pues actuamos movidos por “nuestra voluntad”. Pero, por otro lado, Hume señala
que al actuar siempre hay una causa, un motivo; hay motivos que determinan constantemente a nuestra voluntad
a obrar en una dirección o en otra; de esto, cabe inferir que no somos libres; hay una falta de libertad en el
momento de actuar ya que cuando hacemos algo nuestra voluntad está determinada por algún motivo.

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