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La ciudad
de baja densidad
Lógicas, gestión y contención
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La ciudad
de baja densidad
Lógicas, gestión y contención
Coordinador: Francesco Indovina
Colección_Estudios
Serie_Territorio, 1
01 Presentació[Link] 2/10/07 10:39 Página 6
Esta obra es una iniciativa del Observatorio Territorial de la
Dirección de Estudios con la colaboración del Área de
Infraestructuras, Urbanismo y Vivienda de la Diputación de
Barcelona
Dirección científica y coordinación:
Observatorio Territorial de la Dirección de Estudios
de la Diputación de Barcelona
Coordinación técnica de la edición:
Xavier Boneta Lorente
Maria Herrero Canela
© de la edición: Diputació de Barcelona
© del texto: los autores
Septiembre, 2007
Producción: Direcció de Comunicació de la Diputació de Barcelona
Composición: Fotoletra, SA
Impresión: S.A. de Litografía
ISBN: 978-84-9803-237-6
Depósito legal: B-37337-2007
Índice
9 Presentación
Celestino Corbacho Chaves
Introducción
13 Antes de la ciudad difusa
Francesco Indovina
Parte 1
25 La realidad urbana de la ciudad de baja densidad
27 Región urbana de Barcelona: de la ciudad compacta a los territorios
metropolitanos
Antonio Font
51 La producción residencial de baja densidad en la provincia de Barcelona
(1985-2001)
Francesc Muñoz
85 Diagnosis de las urbanizaciones residenciales en la provincia de Barcelona
Joan Barba y Montserrat Mercadé
97 Morfologías metropolitanas contemporáneas de la baja densidad
Antonio Font
109 Hacia una gestión de la ciudad residencial de baja densidad
Jordi Bertran Castellví
131 El metabolismo económico de la conurbación madrileña (1984-2001)
José Manuel Naredo y José Frías
185 De la ciudad jardín a «chalépolis»
Pier Luigi Cervellati
7
Parte 2
201 Los costes ambientales, económicos y sociales
de la ciudad de baja densidad
203 Análisis de costes de la baja densidad. Una lectura desde la sostenibilidad
Garbiñe Henry
243 Los costes ambientales de la ciudad de baja densidad
Francesc Magrinyà y Manuel Herce
265 Reflexiones sobre la ciudad: más allá de la ciudad difusa, más allá de la ciudad densa
Xavier Mayor Farguell
277 Los costes económicos y sociales de la ciudad de baja densidad
María Cristina Gibelli
307 SPRAWL. Causas y efectos de la dispersión urbana
Ivan Muñiz, Daniel Calatayud y Miquel Ángel García
Parte 3
349 Las políticas de gestión de la ciudad de baja densidad
351 Políticas para la contención del proceso de urbanización dispersa
Joan Vicente i Rufí y Moisès Jordi i Pinatella
381 Políticas de gestión e intervención de la ciudad de baja densidad
Barba & Mercadé
427 Espacios libres y centros urbanos para contener la baja densidad
Frederic Ximeno
453 Ahora toca hacer ciudad
Ricard Pié Ninot
481 La ciudad compacta sustituye a la dispersión
Nikos A. Salingaros
499 Contra la dispersión, intensidad. Contra la segregación, ciudad
Oriol Nel·lo
525 Conclusión: después de la ciudad de baja densidad
Francesco Indovina
8
01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 9
Celestino Corbacho
Presentación
Chaves
Presidente
de la Diputación
de Barcelona
La Diputación de Barcelona tiene como principal razón de ser el
bienestar y la mejora de la calidad de vida de las personas, por lo que
impulsa políticas de progreso y desarrollo en todos los municipios en
colaboración con los ayuntamientos. Para que esta mejora de la
calidad de vida sea realmente efectiva, es fundamental tener un
territorio socialmente cohesionado, económicamente competitivo y
ambientalmente sostenible.
Con el objetivo de estudiar las principales dinámicas territoriales
y de ejercer de puente entre los núcleos de expertos y los
responsables del diseño y la gestión de las políticas públicas, la
Diputación de Barcelona creó en 2002 la colección Territorio y
Gobierno: Visiones. Una colección que en sus cinco años de
existencia, puso al alcance de técnicos y electos municipales una
selección de títulos coordinados por importantes expertos del mundo
del urbanismo, la ecología, la ordenación del territorio o el
paisaje.
Esta colección puso en circulación bagaje teórico y, a la vez,
herramientas de intervención para una mejor gestión y gobierno del
territorio.
Seis años después iniciamos una nueva etapa con la aparición de
este primer volumen de la Serie Territorio, enmarcada dentro de la
nueva colección Estudios de la Diputación de Barcelona.
La colección Estudios tiene como objetivo poner a disposición del
mundo local conocimiento para promover la reflexión y el análisis en
temas de interés para los gobiernos locales.
9
01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 10
La ciudad de baja densidad
El presente libro, coordinado por el profesor Francesco Indovina,
recoge, ordena y amplía las intervenciones más destacadas que se
produjeron durante el curso «La ciudad de baja densidad: lógicas,
gestión y contención», realizado en noviembre de 2004 en el marco de
los cursos de otoño del Consorcio Universidad Internacional Menéndez
Pelayo de Barcelona - Centre Ernest Lluch.
Hemos creído oportuno estrenar la serie Territorio con un
volumen dedicado al análisis de uno de los fenómenos territoriales de
mayor impacto para nuestros municipios y sus habitantes: los
procesos de urbanización en baja densidad.
Un estudio sobre las urbanizaciones realizado el año 2004 calculó
que en la provincia de Barcelona existían unas 192.000 parcelas, con
cerca de 93.500 viviendas construidas, que ocupaban 260 km2 de
territorio.
El fenómeno de la baja densidad empieza a manifestarse en toda
su complejidad en el momento en que muchas de las construcciones
dispersas y mayoritariamente aisladas, que con los años han ido
ocupando espacios abiertos de nuestro territorio, han acabado por
adquirir cierta fisonomía urbana pese a carecer de las características
básicas que definen a una ciudad como tal. La transformación de
muchas de estas viviendas en primera residencia ha añadido presión
sobre las infraestructuras y los servicios municipales. La forma de
estos asentamientos ha dado lugar a una nueva organización del
espacio, a nuevos intereses, nuevos modelos de vida, hábitos,
demandas y servicios, configurando un modelo territorial que requiere
una política y una estrategia territorial específicas.
Estas dinámicas, que tienen sus orígenes en décadas pasadas,
han aumentado enormemente en los últimos años, extendiéndose a lo
largo y ancho del territorio, y están teniendo un gran impacto,
especialmente en municipios pequeños con gran disponibilidad de
suelo.
En un momento en que los servicios básicos parecían totalmente
cubiertos en la mayoría de municipios, algunos de estos crecimientos
han vuelto a poner de relieve déficits en servicios e infraestructuras
que parecían ya parte del pasado.
La baja densidad plantea nuevos interrogantes y nuevos retos
para la gestión de nuestros municipios. Problemas de movilidad, de
consumo de suelo, de mantenimiento de servicios básicos (luz, agua,
alcantarillado, residuos), de seguridad, de inexistencia o baja calidad
del espacio público, de riesgo de incendio, de excesivo consumo
energético, de falta de equipamientos… y así una larga lista de nuevas
demandas a las que los gobiernos locales, una vez más, deben
responder.
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 11
Celestino Corbacho Chaves • Presentación
En un contexto en el que los gobiernos locales, y ello incluye
también a la Diputación de Barcelona, deben hacer compatible la
gestión eficiente, equitativa y prudente de los recursos con el derecho
de todo ciudadano, viva donde viva, a recibir los mismos servicios
públicos de calidad, es más necesario que nunca disponer de
herramientas que nos ayuden a entender estos fenómenos y a diseñar
respuestas adecuadas.
Por más que sea una dinámica poco deseable, la baja densidad
es una realidad ampliamente extendida y consolidada ante la cual de
poco sirve lamentarse. Es importante tomar las medidas necesarias
para contener y moderar este tipo de crecimientos, para lo que se
hace indispensable un planeamiento urbanístico riguroso y de calidad.
El libro está estructurado en tres bloques, el primero de los
cuales describe la realidad, las dimensiones y la naturaleza de la
ciudad de baja densidad.
El segundo apartado plantea un análisis y una estimación de los
costes que este modelo de ocupación del suelo tiene para el conjunto
de la sociedad en los aspectos ambiental, social y económico.
Por último, el tercer bloque plantea seguramente la cuestión más
importante: ¿Cómo enfrentamos y cómo gestionamos la baja
densidad? ¿Hay que extirpar, favorecer o corregir la baja densidad tal
como se pregunta el profesor Indovina? ¿Son las políticas de
contención suficientes? Preguntas todas ellas que, una vez más, no
aceptan una respuesta unívoca, sino que requieren acciones
coordinadas, un ejercicio de gobernanza que, desde el respeto máximo
a la autonomía municipal, aúne a distintas administraciones, a la
ciudadanía, a los agentes privados en un objetivo común de
cooperación y concertación para dar respuesta a dinámicas tan
complejas.
Espero que estas reflexiones sirvan de estímulo, y tal vez también
de guía, para que todos los que de un modo u otro tenemos
responsabilidades en la gestión del territorio sigamos innovando y
sigamos trabajando con el objetivo de hacer de nuestros municipios
mejores lugares donde vivir. Sólo así haremos realidad el objetivo de
convertir cada ciudad y cada pueblo en un espacio generador de
igualdad de oportunidades para todos.
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 12
Nota del editor
Este libro recoge y amplía los contenidos del curso «La ciudad de baja
densidad: lógicas, gestión y contención», realizado los días 24, 25
y 26 de noviembre de 2004 en el marco de los cursos de otoño del
Consorcio Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Barcelona -
Centre Ernest Lluch.
El curso fue dirigido conjuntamente por el profesor Francesco Indovina
del Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia y por Jordi
Bertran, coordinador del Área de Infraestructuras, Urbanismo
y Vivienda de la Diputación de Barcelona.
01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 13
Introducción:
antes de la ciudad Francesco Indovina
Profesor de técnica
y planificación
urbanística.
difusa Instituto Universitario
de Arquitectura
de Venecia
El curso organizado por la Diputación de Barcelona y coordinado por
Jordi Bertran y por mí mismo, La ciudad de baja densidad: lógicas,
gestión y contención, abordó un fenómeno de organización territorial
cada vez más generalizado y que plantea importantes problemas de
gestión. Los materiales elaborados para dicho curso, que aquí se
publican, tenían que responder básicamente a la siguiente pregunta:
cuál es el coste económico, social y medioambiental de esta nueva
organización territorial, que definíamos –sin que hubiera un consenso
general entre los participantes– como ciudad pero de baja densidad,
es decir, donde la baja densidad se conjugaba con el concepto de
ciudad. Había además que poner sobre la mesa las «políticas de
contención», cuestión ésta que revelaba que nos hallábamos ante una
configuración espacial que planteaba problemas y merecía ser
corregida mediante políticas específicas. El ámbito territorial de
referencia fue preferentemente España y, sobre todo, Cataluña, pero en
temas concretos se remitió también a casos de otros países y regiones
europeas.
Para cumplir con las finalidades del curso, se optó por encargar la
preparación de un dosier sobre cada tema con abundante
documentación, que tras ser presentado fue sometido a un debate
crítico. Del interés y riqueza de dicho material da fe la presente
publicación, que esperamos sea apreciada por los lectores.
A continuación intentaremos esbozar el telón de fondo del
fenómeno, una especie de esquema dentro del que debería ser más
fácil situar las distintas cuestiones. Esbozar este marco de referencia
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 14
La ciudad de baja densidad
servirá asimismo para sacar a la luz algunas cuestiones teóricas
y metodológicas, divergencias interpretativas y las que podríamos
definir como carencias disciplinarias. No haremos, pues, una
exposición sintética del material que contiene el volumen, sino que
intentaremos ofrecer un cuadro general que ayude a entender mejor el
fenómeno.
El fenómeno sobre el que trató el curso resulta importante desde
varios puntos de vista: su envergadura, sus condicionantes, sus
consecuencias, su relación con la planificación, sus políticas de
control. Aspectos todos ellos importantes, pero la verdadera
trascendencia del fenómeno radica en su impacto sobre la ciudad: la
que, por tradición, se sigue considerando la «forma» ciudad es objeto
de conflicto en tanto en cuanto los que durante mucho tiempo han
sido considerados «fragmentos», improcedentes ocupaciones del
territorio (del campo), han terminado por adquirir una fisonomía
urbana aun careciendo de todos los rasgos físicos y morfológicos de
la ciudad, es decir, aun careciendo de intensidad, densidad y falta
de solución de continuidad. Por supuesto, ahora y siempre cada
ciudad ha sido distinta de las otras: no es ésta la cuestión, porque
cada una dentro de sus diferencias tenía en común con todas las
demás unos rasgos generales físico-morfológicos y sobre todo un
«límite», y el fenómeno que aquí nos incumbe rompe con esta
tradición afirmando al mismo tiempo un perfil urbano. Es algo que
altera materialmente la organización y el orden espacial, da una
configuración distinta a intereses y modelos de vida, obliga a enfocar
de otra manera la política territorial y afecta de lleno a la cultura
urbanística.
Es preciso puntualizar que el fenómeno objeto de nuestro interés,
la creación de una condición urbana distinta a la de la tradicional
ciudad compacta, la que siempre hemos conocido, concierne al
escenario europeo, a sus grandes países, y constituye una tendencia
que se halla en un estadio más o menos avanzado, que avanza a
mayor o menor velocidad, en función de las condiciones específicas
–de desarrollo y de tipo de desarrollo, entre otras– de cada país en
concreto y de cada una de sus regiones. La tendencia, en cualquier
caso, está bien delineada, tal como documentó la exposición Explosión
de la ciudad;1 tendencia, debemos recalcar, que no puede asimilarse a
otros casos, aparentemente similares, como el de Norteamérica, que
ofrece causas y resultados totalmente diferentes.
1. La exposición, obra de Antonio Font, Francesco Indovina y Nuno Portas, se pudo
visitar entre junio y septiembre en Barcelona, y comparaba trece ciudades del sur de
Europa (Francia, Italia, Portugal, España).
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 15
Francesco Indovina • Introducción: antes de la ciudad difusa
Para ir aclarando algunas de estas cuestiones, será útil empezar
por presentar y especificar el fenómeno, su evolución, y por
determinar las causas generales que pueden explicarlo.
El fenómeno de la urbanización del campo, en esta segunda
posguerra, se presenta poco homogéneo: distintos han sido, a lo largo
de los años, los tipos de asentamientos, cuyas fases de desarrollo no
han coincidido en los distintos países. Si hacemos un desglose del
fenómeno se pueden distinguir por lo menos los siguientes aspectos:
• hay que vincular estrechamente la urbanización del campo con
la devaluación de la actividad agrícola. Donde la actividad agrícola
sigue produciendo un rendimiento, el campo, por decirlo así, resiste.
Es la pérdida de rentabilidad lo que transforma el territorio agrícola en
una zona a la espera de ser utilizada de otra forma y, preferentemente,
de ser edificada. A su vez, la posibilidad de que una zona tenga
perspectivas de utilizarse para la edificación puede determinar su
pérdida de potencial agrícola (no se hacen inversiones, no se buscan
productos que puedan aumentar la rentabilidad, etc.). No estamos
diciendo que dicha «espera» sea la causa de la urbanización difusa,
sino más bien que esta posibilidad ha facilitado el proceso;
• no se debe olvidar que los grandes procesos migratorios,
especialmente la emigración interior, que han caracterizado a
numerosos países europeos, sobre todo del sur de Europa, han
determinado una fuerte presión sobre el mercado inmobiliario, causa
–entre otros aspectos– de la dinámica al alza de los precios de
viviendas y terrenos, así como una apreciable densificación y
crecimiento de las ciudades;
• los asentamientos de cierta envergadura fuera de la ciudad,
caracterizados por la baja densidad (un conjunto de casas
unifamiliares con jardín, garaje, etc.), son el resultado de una
promoción inmobiliaria especulativa que, por un lado, aprovecha los
bajos precios de los terrenos agrícolas y, por otro, satisface y explota el
deseo de las familias, por lo común de clase media-alta, de hacer
realidad su ideal de vivienda: un chalé independiente, en medio de la
naturaleza, con piscina, etc. (si bien después la realidad no se
corresponde con ese ideal). La «ciudad jardín», ya de por sí discutible,
se transforma en el asentamiento, aislado en el campo, de una serie de
casitas individuales poco distantes entre sí, promocionadas con el
eslogan «a pocos minutos del centro de la ciudad» (en coche,
evidentemente), viaje que la congestión viaria convierte en cansancio,
estrés y tiempo;
• la diseminación de casas individuales en el territorio es el
resultado de dos fenómenos distintos pero convergentes. Por un lado,
es consecuencia de la mejora de las condiciones de vida de los
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 16
La ciudad de baja densidad
miembros más jóvenes de las familias campesinas, que, tras encontrar
empleo en distintos sectores (industria, sobre todo) y ver aumentados
sus recursos económicos levantan, en el terreno propiedad de la
familia (el viejo campo en parte abandonado), una nueva vivienda, muy
a menudo autoconstruida con la ayuda de parientes y amigos. Por otro
lado, familias cansadas de vivir en la ciudad concentrada y reacias a
abrazar las ofertas de los grandes asentamientos especulativos, entre
otras cosas por disponer de recursos económicos insuficientes, se
hacen empresarios autónomos y construyen en el campo, allí donde
les resulta posible.
En definitiva, éste es el circuito: desarrollo económico
(industrial) de la ciudad, emigración del campo a la ciudad,
crecimiento de la densidad, aumento de los precios inmobiliarios y
predisposición, por decirlo así, del campo a dejarse urbanizar,
constituyen los ingredientes que dieron inicio a una transformación del
territorio que ya no se ha detenido. Pero son otros, y no menos
poderosos, los factores que han acentuado este proceso. De forma
sucinta los podemos resumir en:
• el éxito de la ciudad (concentrada), es decir, su desarrollo,
produce un incremento de la renta y por consiguiente un aumento en
el coste de la vida. La ciudad (concentrada) es cada vez más
incompatible con las actividades económicas que tienen bajo valor
añadido y con las familias de renta baja o media-baja. Unas y otras son
empujadas a marcharse, la situación las lleva a buscarse una
colocación diferente en el espacio;
• el efecto de la tecnología sobre las actividades productivas que
genera la desarticulación de la producción en unidades más pequeñas
y separadas pero integradas en un único proceso productivo, la
posibilidad de controlar y gestionar la producción a distancia y la
facilidad para externalizar segmentos de producción y de servicios ha
reducido considerablemente el valor positivo y el interés por la
aglomeración. Estar en la ciudad termina por dejar de ser una ventaja
para convertirse en un inconveniente (mayores costes, congestión,
retrasos, posibles dificultades para ampliar las instalaciones, etc.); en
cambio, alejarse, o por lo menos alejar la producción, elimina estos
inconvenientes dando a la vez la posibilidad de sacar partido del precio
a menudo alto de las áreas abandonadas. Además, ¿por qué no
decirlo?, la diseminación por el territorio ofrece la ventaja adicional de
«menores controles» (por ejemplo medioambientales);
• el desarrollo de la pequeña y mediana empresa, fruto tanto del
uso inteligente de nuevas tecnologías como de una notable capacidad
empresarial (a menudo de la unión de ambos), junto con la difusión de
los «distritos industriales», constituye una de las principales novedades
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 17
Francesco Indovina • Presentación
del desarrollo productivo de la posguerra. La pequeña y mediana
empresa, con frecuencia ensalzada como el estándar de dimensiones
ideales para el desarrollo futuro, o bien vituperada por su escasa
capacidad de investigación y de medirse con los nuevos fenómenos del
mercado internacional, constituye uno de los «sujetos» que en mayor
grado han tendido a ocupar el territorio extraurbano. La explicación
reside en varios factores, que van desde el bajo coste de los terrenos
hasta el origen no urbano de muchos de estos empresarios, desde la
evolución que han sufrido las actividades de trabajo a domicilio
localizadas principalmente en el campo hasta la utilización de edificios
de uso agrícola como primer asentamiento, etc. Sea cual fuere la
motivación, el dato que importa es su destacada presencia dentro del
campo urbanizado;
• las nuevas costumbres de vida, el incremento del tiempo
disponible, el incremento del bienestar, una motorización
enormemente extendida, etc. posibilitan, como hemos dicho, la
realización del deseo de un nuevo modelo de vivienda (la casa
unifamiliar), pero también determinan nuevas demandas de servicios;
• la demanda de más y nuevos servicios se presenta amplia en
su magnitud y articulación (comerciales, de ocio, vida social, deportes,
espectáculos, etc.) pero dispersa sobre el territorio, de modo que no
sería posible satisfacerla sin la alta motorización y la propensión a la
movilidad de familias e individuos. Precisamente para responder a
estas nuevas demandas el territorio se equipa cada vez más con
complejos de servicios integrados: hipermercados junto a centros
comerciales y grandes tiendas especializadas, cines multisala junto a
pizzerías y salas de juegos, boleras junto a discotecas y gimnasios, etc.
La ubicación de dichos complejos obedece a una estrategia de
accesibilidad: lo que importa no es que estén cerca del cliente –algo
por lo demás imposible–, sino que se pueda llegar a ellos con facilidad.
Este tipo de instalaciones, con los amplios espacios para aparcar que
las acompañan, dibujan un paisaje nuevo;
• observando la transformación del territorio no se puede evitar
la alusión a los procesos de fuerte especialización con fines recreativos
de la costa y en parte de la montaña.
En definitiva, conflictos, oportunidades, demandas, ocasiones y
necesidades han provocado una profunda transformación del territorio,
tanto del que se halla bajo el dominio de una gran ciudad –un área
metropolitana, para entendernos–, como de aquellos con poca o
ninguna supeditación a la metrópoli.
La simple polaridad ciudad-campo, vigente hasta el término de la
Segunda Guerra Mundial, es hoy sustituida por una variedad de
escenarios que reciben distintas denominaciones, pero que podemos
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 18
La ciudad de baja densidad
resumir en: campo, campo urbanizado, urbanización difusa, ciudad,
metrópoli. Cada uno de estos escenarios se caracteriza por una mayor
o menor urbanización, por la mayor o menor presencia –podríamos
decir– de «objetos», por tener un funcionamiento propio, por proyectar
una imagen propia. Una variedad de escenarios que por un lado
enriquece las experiencias individuales, pero por otro provoca
impactos no siempre positivos sobre el medio ambiente, sobre el
paisaje, sobre la organización de los servicios, sobre la funcionalidad
de la administración.
En este punto de nuestra descripción del telón de fondo
tropezamos con el primer escollo metodológico: ¿cómo identificamos
o a cuál de los posibles escenarios urbanísticos llamamos ciudad de
baja densidad? Desde la década de 1990, y de forma totalmente
indebida, se viene llamando ciudad difusa a todo tipo de urbanización
del campo de cierta envergadura. Reiteradamente ha sido preciso
aclarar que la envergadura de la difusión no tiene nada que ver con la
calificación de ciudad. La ciudad difusa, fórmula que como es obvio
constituye una contradicción en términos, se da cuando una
determinada y amplia porción de territorio urbanizado ofrece gran
abundancia y variedad de funciones, caracterizándose por una amplia
dotación de servicios pese a que estén esparcidos por el territorio, y
cuando –éste es el principal requisito– es utilizada por la población allí
asentada como si de una ciudad se tratara. Es la cuestión de los
equipamientos y de su uso lo que justifica dicha denominación. Con
este breve paréntesis pretendemos asimismo combatir el uso
igualmente desviado que se hace de la locución ciudad de baja
densidad con referencia a todo asentamiento caracterizado por una
baja densidad. La ciudad de baja densidad tiene que ser a la vez
ciudad y caracterizarse por ser de baja densidad; se define por la
presencia de la complejidad urbana (funciones y equipamientos) en un
área extensa y por un uso urbano de dicha área por parte de los
ciudadanos. En el resto de casos tenemos distintos niveles de
urbanización. Podríamos afirmar que ciudad de baja densidad y ciudad
difusa vienen a ser las fórmulas utilizadas en dos lenguas distintas
para nombrar un mismo fenómeno, si bien una tiende a destacar
un elemento propio de la arquitectura y la construcción, la baja
densidad, y la otra un elemento relativo a la organización del espacio,
la difusión.
El escollo metodólogico radica precisamente en el hecho de que
no toda la cultura urbanística, la que se ocupa de la ciudad y el
territorio a distintos niveles, considera que pueda atribuirse al
fenómeno del que aquí tratamos el rango de ciudad, mientras que hay
quien, aun reconociéndole por lo menos en parte tal rango, considera
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 19
Francesco Indovina • Presentación
que el fenómeno es contraproducente y se debe corregir volviendo a
meter la ciudad dentro de las murallas. El punto de vista predominante
en estas actitudes es, por un lado, «morfológico», y hace hincapié, por
otro lado, en la «intensidad de la vida urbana», en la vitalidad de sus
calles y plazas, en lo imprevisible, etc., elementos que remiten a
experiencias del pasado ya inexistentes, o que existen de otra manera,
en la ciudad concentrada de hoy en día. Tales puntos de vista plantean
unos problemas que tienen importancia únicamente si pueden
revelarse operativos en el marco de las transformaciones que están en
curso. Ciudad y territorio están y han estado en continua y
permanente transformación, y con esa transformación habrá que
medirse para corregir, mejorar, dar calidad.
El proceso que estamos analizando tiende a afianzar una
demanda de ciudad (si bien, por decirlo así, «fuera de las murallas»)
en un ámbito territorial. No se trata de un rechazo ni de una tendencia
antiurbana: esta nueva demanda de ciudad más bien hace frente, en el
plano de las vivencias individuales, a la fragmentación, que ha sido
facilitada por las posibilidades surgidas con el aumento de la movilidad
y ha venido determinada por las modificaciones de los procesos
productivos, las innovaciones tecnológicas y los cambios en las
costumbres. Pero a dicha demanda hay que dar respuestas que estén
a la altura de la situación.
Situación que genera un nuevo escollo, éste –digámoslo así–
disciplinario: la ciudad difusa, esta fórmula que en cierto modo
constituye un oxímoron, desde un punto de vista disciplinario no es
algo comprensible, no pertenece a las «figuras» que la disciplina se ha
dado como modelos, no existen instrumentos de estudio que permitan
explorarla e interpretarla. En definitiva, el fenómeno concreto plantea la
necesidad de una oportuna revisión de las categorías científicas, a no
ser que se comparta la opinión de que, si la realidad no se ajusta a la
teoría, la primera está equivocada o no existe.
Partiendo de esta problemática, es posible distinguir por lo
menos tres posiciones que son a la vez teóricas y operativas, y que
coinciden las tres en que abusar del territorio debe considerarse algo
negativo, porque da lugar a fenómenos de degradación y no permite
un uso sostenible del mismo. A continuación procuraremos delinear el
perfil de estas distintas posiciones. Evidentemente, la exposición de
tales planteamientos no podrá ser sino muy esquemática y sumaria,
sin que deba descartarse la posibilidad de distinguir otras varias
posiciones que ocuparían lugares intermedios entre las aquí
establecidas. Habida cuenta de la finalidad de estas páginas
introductorias creemos poder permitirnos, en cualquier caso, la
esquematización.
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 20
La ciudad de baja densidad
El primero de los posicionamientos considera el caso de la
urbanización que –para simplificar– llamamos «difusa» un fenómeno
que hay que extirpar: ve en él una negación de la ciudad, y no cree
justificado (¿lícito?) un asentamiento difuso en el territorio que no esté
asociado a la actividad agrícola. La solución al problema consiste en
volver a meter la ciudad dentro de las murallas, lo que se consigue con
varios medios: vínculos y prohibiciones; creando «nuevas ciudades»;
mejorando, evidentemente, las condiciones de la vida urbana. A
quienes defienden este planteamiento se les escapan –o cuando
menos así lo parece– los factores sociales, económicos y culturales
que generan el fenómeno, o en todo caso tales factores no les parecen
muy relevantes ni, por consiguiente, susceptibles de algún tipo de
modificación.
Según el segundo posicionamiento, la realidad es que resulta
imposible poner freno alguno a esta dinámica: se da por hecho, en
cierto modo, que el «mercado» está destinado a ganar, asumiéndose la
inexorabilidad de la transferencia a nuestros países de modelos
pertenecientes a otras culturas urbanas caracterizadas, precisamente,
por la difusión. Son imputables a este planteamiento la falta de una
interpretación original del fenómeno y la no diferenciación incluso
terminológica entre situaciones diferentes, diferentes en la sustancia y
en las causas, como ocurre cuando la «difusión» europea es asimilada
al sprawl norteamericano. A partir de aquí, dentro de este marco, se
plantea el problema, por un lado, de limitar los daños y, por otro,
precisamente para evitar los daños, de favorecer el fenómeno (por
ejemplo con las oportunas infraestructuras).
Finalmente, una última línea de opinión, por una parte, considera
los condicionantes «fuertes» de dicho proceso no sólo relevantes, sino
causa y efecto de las nuevas condiciones económicas, tecnológicas y
culturales; por otra parte, ve con interés la creación autoorganizada de
una «condición urbana» y la asume como expresión de una demanda de
ciudad. De tales consideraciones deriva un planteamiento de corrección:
merecería la pena trabajar para dar cada vez más calidad a estos
asentamientos, activando una política de densificación, corrigiendo los
fallos, imponiendo reglas y tendiendo a hacer de la ciudad de baja
densidad, con mayor determinación si cabe, una ciudad que responda a
las novedades pero no acepte pasivamente sus consecuencias. En
especial esta posición estima conveniente pasar de la ciudad
autoorganizada a una ciudad determinada por una voluntad colectiva,
que cuide del interés general y sea gestionada con solvencia política.
Los tres verbos que hemos utilizado, extirpar, favorecer y
corregir, bien pueden expresar de forma sintética, aunque a costa de
esquematizar, la esencia de las tres posiciones.
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01 Presentació[Link] 28/8/07 13:42 Página 21
Francesco Indovina • Presentación
La que nosotros defendemos con convicción es la tercera. Habida
cuenta de la necesidad de ciudad que ponen de relieve estos
fenómenos, afirmación en las condiciones actuales de la dialéctica
entre «individuo» y «sociedad» que ha encontrado su máxima
expresión en la condición urbana, resulta necesario satisfacer dicha
necesidad tomando en consideración los peculiares escenarios que se
han creado en estos territorios. Repárese en el hecho de que, si la
fragmentación, y por lo tanto la dispersión urbana, implica una
afirmación de individualismo (a menudo exasperado), la necesidad de
ciudad y la creación, en muchos aspectos autoorganizada, de
condiciones y funcionalidad urbanas, puede interpretarse como la
expresión de una necesidad (implícita y puede que incluso
inconsciente) de sociedad.
Es preciso destacar cómo, en efecto, los procesos de los que
estamos hablando son preferentemente el resultado de actividades de
autoorganización, en el sentido de que no obedecen a un diseño
global, no persiguen ninguna función u objetivo general, sino que
responden a iniciativas individuales, generadas por las propias
necesidades y por la interacción independiente entre las iniciativas de
los sujetos individuales. No es la ejecución de un proyecto común, sino
más bien la suma de la puesta en práctica de intereses individuales.
Cuestión ésta que trae a colación un tercer escollo: que se implante la
condición urbana sin un diseño común y de conjunto, por un lado,
resulta contradictorio (la ciudad, desde siempre, es el resultado, más o
menos satisfactorio, de un diseño) y, por otro, demuestra que la
necesidad de ciudad es tan fuerte que se da de algún modo por
satisfecha incluso con el desorden de la autoorganización. Este
fenómeno no está desprovisto de consecuencias: ante todo, lo que
está muy claro es que la condición y funcionalidad urbana que se lleva
a cabo es parcial y cubre principalmente las funciones que pueden ser
puestas en marcha por los particulares. Es como si la ciudad estuviera
manca. Además, el uso de esta ciudad acarrea costes muy elevados,
tanto individuales como sociales. Y, por último, resulta menos
sostenible que la ciudad concentrada.
Mirando las cosas desde el punto de vista de los individuos, se
puede afirmar que la huida, por motivos económicos,
medioambientales, sociales y psicológicos, de la insostenibilidad de la
condición urbana concentrada hacia un escenario de campo
urbanizado no soluciona el problema porque emergen nuevas
situaciones negativas: movilidad en aumento, aislamiento, falta de
servicios, etc. Precisamente para resolver en parte algunos de estos
aspectos la autoorganización tiende hacia la ciudad difusa. Querer
aumentar los rasgos urbanos de la ciudad difusa debería constituir hoy
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La ciudad de baja densidad
el compromiso del urbanismo, lo que implica modificar los
procedimientos analíticos y la interpretación de los fenómenos, dar
sentido a una nueva condición urbana.
En los territorios difusos, incluida la ciudad de baja densidad, los
costes medioambientales en términos de consumo de suelo y energía,
contaminación, etc. son superiores a los de la ciudad concentrada, del
mismo modo que los costes que las administraciones públicas deben
soportar para ofrecer a estos asentamientos los servicios colectivos
mínimos resultan hasta cuatro veces superiores a los consumos y
costes correspondientes de la ciudad concentrada. Eso sin contar con
que el ámbito difuso propicia comportamientos de despilfarro (baste
pensar en el consumo de agua netamente superior, en una proporción
de 3 a 1). Estos aspectos están bien documentados y analizados en los
textos editados dentro del presente volumen.
Estas consideraciones llevarían, con toda naturalidad, a afirmar la
conveniencia de un retorno a la ciudad concentrada. Solución tan
obvia como difícil y probablemente negativa. En cuanto a la obviedad
no hay más que añadir: la ciudad difusa no ofrece del todo las
peculiares condiciones urbanas, es despilfarradora e insostenible. En
cuanto a la dificultad, un proyecto que pretenda volver a meterlo todo
«dentro de las murallas» no encara los fenómenos y fuerzas que han
determinado la difusión: modificación de las fuerzas productivas,
implantación de nuevos medios y posibilidades tecnológicas, una
nueva estructura de los costes de producción y, no menos importante,
unas nuevas costumbres de vida. (Véase lo que los materiales
documentan sobre la producción de modalidades de baja densidad.)
Se trata de factores que se hallan muy condicionados entre sí y
modifican a su vez las condiciones organizativas de los individuos y de
la sociedad. La solución resulta además negativa porque somete a una
coerción voluntarista un complejo proceso material y una diversificada
voluntad individual, con resultados seguramente distintos a los
esperados. No se trata de abandonarse a la inexorabilidad de los
acontecimientos, sino más bien de incidir sobre ellos de un modo que
se revele eficaz.
Resultan evidentes dos cosas: por un lado, la modalidad
organizativa de la urbanización difusa no parece aceptable, pues
presenta, como se ha dicho, aspectos negativos en distintos ámbitos,
si bien responde a exigencias y condiciones específicas tanto en el
ámbito de los procesos económicos como en el de las costumbres de
vida; por otro lado, estos fenómenos deben afrontarse, no pueden ser
ni borrados, ni conjurados. El reto que la disciplina, por una parte, y las
administraciones públicas, por otra, tienen ante sí es el de ofrecer
condiciones y funcionalidad urbanas, es decir, ciudad, dentro de las
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Francesco Indovina • Presentación
nuevas condiciones y sin dejar de tener en cuenta las tendencias en
curso.
Afrontar con éxito este reto significa no sólo responder
positivamente a la demanda de ciudad que los individuos, necesitados
de ciudad, expresan (las formas de la ciudad difusa son una respuesta
autoorganizada), sino también crear condiciones favorables al
crecimiento económico, la equidad social y el desarrollo cultural.
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Parte 1
La realidad
urbana de la
ciudad de baja
densidad
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Región urbana de Barcelona: de la ciudad
compacta a los territorios metropolitanos
Antonio Font
Catedrático de Urbanística.
Universitat Politècnica de Catalunya
Barcelona, un La capital de Cataluña y de la extensa región metropolitana a la que
paradigma presta su nombre ha sido un paradigma recurrente en la cultura
urbanístico urbanística y arquitectónica internacional, desde los primeros tiempos
recurrente1 del ensanche Cerdà y la arquitectura modernista, hasta los más
recientes de la reforma urbana con ocasión de los Juegos Olímpicos de
1992, o las actuales del Fórum Universal de las Culturas. El «modelo
Barcelona» ha llegado a ser un cierto estereotipo en muchos campos:
la moda, el diseño gráfico, el mobiliario urbano, la arquitectura, el
diseño urbano, la planificación urbanística. La imagen corporativa
conocida y divulgada de la marca Barcelona ha sido, sin duda, la de la
ciudad decimonónica continua y compacta y la de los fragmentos de
modernidad que sobre ella han supuesto aquellas transformaciones.
Pero la Barcelona real, la de su región metropolitana que se
extiende a lo largo de un centenar de kilómetros, desde el Foix hasta
La Tordera, penetrando una treintena de kilómetros desde la costa
hasta la Serralada Prelitoral, la Ciutat de Ciutats, es la gran
desconocida, incluso en nuestro país, a pesar de lo evidente de la
organización territorial de las actividades y de la intensidad de los
flujos urbanos, del carácter polinuclear de su estructura espacial, de
sus diferencias sociales y culturales, del valor patrimonial de sus
ciudades y de sus paisajes.
Sobre un soporte territorial singular formado por las dos
depresiones –costera e interior–, separadas por la Serralada del
1. Este artículo fue publicado anteriormente en Font Arellano (ed). «L’explosió de la
ciutat: morfolofies, mirades i mocions sobre les transformacions territorials recents
en les regions urbanes de l’Europa Meridional». Col·legi d’Arquitectes de
Catalunya/Forum Universal de les Cultures. Barcelona, 2004.
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La ciudad de baja densidad
Litoral y comunicadas entre sí a través de los valles de los ríos
Llobregat y Besòs, nos encontramos al final del siglo XX frente a una
ciudad discontinua y heterogénea, integrada por una ciudad central
(la Barcelona de las rondas), un conjunto de núcleos conurbados a lo
largo de los tramos inferiores de ambos valles y de la costa central, y
un sistema de polaridades, interiores y costeras, de características
diversas. El conjunto forma una ciudad discontinua y policéntrica,
todavía escasamente reticulada, producto de un largo proceso
histórico de urbanización que, desde sus inicios, y en plena
coherencia con su soporte geográfico y con su historia, ha tenido ese
carácter polinuclear.
Etapas Aunque nuestro objeto de estudio sean las transformaciones
significativas del territoriales recientes del último cuarto de siglo, parece necesario
crecimiento apuntar de manera sintética los rasgos dominantes de las etapas
contemporáneo significativas en el proceso de urbanización de la región urbana de
Barcelona, sobre aquel territorio:
a) 1950-1975. Industrialización moderna y boom inmobiliario.
Tras el período de autarquía económica posterior a la guerra civil,
se produce la industrialización del país a través de las grandes
ciudades, comportando importantes corrientes migratorias y
demandas urbanas de todo tipo. Las necesidades residenciales y del
propio crecimiento industrial provocan un enorme boom inmobiliario,
responsable de la formación de unas periferias urbanas invertebradas,
a través de los procesos de densificación de las tramas suburbanas, de
los barrios de urbanización marginal y de los polígonos de vivienda
popular, precarios en cuanto a los espacios libres, el equipamiento, las
infraestructuras o el transporte.
Es el tiempo de la institucionalización administrativa de la
vivienda (Ministerio), del urbanismo (ley del Suelo de 1956) y de la
planificación del desarrollo. A partir de los inicios de los años setenta,
se construyen las nuevas infraestructuras viarias de las grandes
ciudades (Planes de las Redes Arteriales), entre ellas, los accesos a
Barcelona y el inicio de las autopistas transversales.