0% encontró este documento útil (0 votos)
49 vistas22 páginas

Arenas y el Testimonio Disidente

Este documento analiza la obra Necesidad de Libertad de Reinaldo Arenas y cómo se aproxima al género del testimonio. Arenas usa la poética del testimonio para desafiar la retórica testimonial oficial de Cuba y dar cuenta de su trabajo político-estético en el exilio. Los heterogéneos textos que componen la obra, como ensayos y cartas, son un ejemplo de disidencia dentro de la producción testimonial latinoamericana que busca vindicar el trabajo de la llamada Generación del Mariel.

Cargado por

Gabriel Fernam
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
49 vistas22 páginas

Arenas y el Testimonio Disidente

Este documento analiza la obra Necesidad de Libertad de Reinaldo Arenas y cómo se aproxima al género del testimonio. Arenas usa la poética del testimonio para desafiar la retórica testimonial oficial de Cuba y dar cuenta de su trabajo político-estético en el exilio. Los heterogéneos textos que componen la obra, como ensayos y cartas, son un ejemplo de disidencia dentro de la producción testimonial latinoamericana que busca vindicar el trabajo de la llamada Generación del Mariel.

Cargado por

Gabriel Fernam
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La poética del testimonio en Necesidad de Libertad,

de Reinaldo Arenas

The poetics of testimony in Necesidad de Libertad, by Reinaldo Arenas

MÓNICA SIMAL
Providence College · msimal@[Link]
Profesora asistente en Providence College, Providence, Rhode Island (Departamento de Lenguas
Extranjeras). Enseña cursos de literatura caribeña y de español como lengua. Su investigación está
enfocada en el estudio de la obra de los escritores de la llamada “Generación del Mariel” entre los
que se encuentran Reinaldo Arenas, Carlos Victoria, y Guillermo Rosales.

RECIBIDO: 2 DE SEPTIEMBRE DE 2015 DOI: 10.7203/KAM.6.6865


ACEPTADO: 15 DE NOVIEMBRE DE 2015 ISSN: 2340-1869

Resumen: Se analiza Necesidad de Libertad (México, Abstract: This article analyzes Necesidad de libertad
1986) de Reinaldo Arenas atendiendo a la (Mexico, 1986) of Cuban writer Reinaldo Arenas
aproximación que hace al género testimonio. El focusing in the way this author approaches to the
artículo examina cómo Arenas acude a la poética testimony literary genre. The article examines how
testimonial, en tanto práctica discursiva, para Arenas uses the poetics of testimony as a discursive
enfrentarse a la retórica testimonial oficialista y dar practice that challenges official rhetoric. In addition,
cuenta de su labor político-estética en el exilio como he highlights his political and aesthetic work in exile
parte de la generación de escritores que llegaron a los as part of the generation of writers who came to the
Estados Unidos en 1980 a través del puerto del United States in 1980 through the Mariel boatlift.
Mariel. Estos apenas estudiados heterogéneos textos These scarcely studied and heterogeneous texts
que conforman Necesidad (ensayos, cartas, compiled in Necesidad (essays, letters, documents,
documentos, fotos, etc.) son un ejemplo de una photos, etc.) are an example of dissidence within the
postura disidente dentro de la producción testimonial Latin American testimonial production. They seek to
latinoamericana, la cual pretende reivindicar la labor vindicate the work of the Mariel Generation,
de la llamada Generación del Mariel, estigmatizada, stigmatized and marginalized in the debate on
marginalizada y echada a un lado en ese debate sobre testimony that has accompanied official Cuban politics
lo testimonial que acompañó al proceso político and its corresponding cultural practices.
cubano y a sus correspondientes prácticas culturales.
Palabras Clave: Reinaldo Arenas; Necessity of
Palabras Clave: Reinaldo Arenas; Necesidad de Freedom; Testimony; Mariel; Cuban Cultural Politics.
libertad; testimonio; Mariel; política cultural cubana.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 269
Mónica Simal. La poética del testimonio…

Luego de vivir en el ostracismo y sufrir la censura en Cuba en los años previos a su salida por el
puerto de Mariel1 en 1980, Reinaldo Arenas (Holguín, 1943- New York, 1990) se impuso el deber
ético de realizar, en el exilio norteamericano, una escritura que funcionara como registro de esa
experiencia. Una de las definiciones teóricas de esta noción la ofrece en su novela El color del verano
donde afirmó: “Aunque el poeta perezca, el testimonio de la escritura que deja es testimonio de su
triunfo ante la represión y el crimen. Triunfo que ennoblece y a la vez es patrimonio del género
humano” (1999: 23). Este parece ser el motivo central que impulsó la creación de Necesidad de libertad
(1986), compendio de más de setenta escritos realizados en su mayoría en los Estados Unidos durante
los años 1980-83. Arenas no solo dedicó esta obra a “los diez mil ochocientos cubanos que a riesgo de
sus vidas se asilaron en la embajada del Perú en La Habana en 1980, haciendo posible el éxodo del
Mariel y, por lo mismo, la existencia de este libro y la mía” (2001: 5), sino que incluyó el subtítulo
“Mariel: testimonios de un intelectual disidente”.2
El presente ensayo tiene entonces como objetivo principal estudiar la aproximación areniana al
testimonio –visto como práctica discursiva que forma parte de su poética y su política de lo literario– en
un libro híbrido como Necesidad de libertad, cajón de sastre donde confluyen el género epistolar, el
ensayo, artículos periodísticos, conferencias, poemas, fotos y otros textos inclasificables.3 Destacaré
cómo Arenas, a partir de la autorización que le confiere a un “yo” marielito-testigo presentado como
marginado y víctima del sistema cubano, enfrenta a la monumentalidad del testimonio oficial acuñado
desde la Isla y legitimado por destacados intelectuales y críticos de América Latina y de los Estados
Unidos
Para acercarme a esta alternativa o proyecto “disidente” en que se convierte Necesidad dentro de
la categoría de testimonio, atenderé a la manera en que Arenas se apropia de los marcos políticos e
ideológicos que definieron al género para cuestionar las políticas culturales acuñadas por la revolución.
A partir de la estrategia de colocarse como antagonista directo del principal promotor del testimonio en
Cuba –Miguel Barnet–, evaluaré la manera en que Arenas se automodela como el intelectual disconforme
por excelencia. Siguiendo a Alberto Moreiras, parto del hecho de que Arenas autoriza su testimonio
desde una posición de subalternidad que, como en los casos de Rigoberta Menchú y Esteban Montejo,

1 Durante los meses de abril a octubre de 1980, salieron por el puerto de Mariel más de 125 000 cubanos. Para mayor
referencia consúltese a María Cristina García.
2 Este subtítulo junto a las de fotografías relacionadas con los sucesos en la Embajada de Perú y el éxodo por el puerto del

Mariel fueron eliminados de la segunda edición del 2001 hecha por Ediciones Universal. Las citas que incluyo en este ensayo
pertenecen a la segunda edición.
3 Para un estudio exhaustivo de cómo se presenta en la narrativa areniana esta subversión del testimonio, consultar Reinaldo

Arenas: The Pentagonía (1994) de Francisco Soto.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 270
Mónica Simal. La poética del testimonio…

fue creada desde una ciudad letrada, con lo cual se vuelve “capital cultural” (Moreiras, 1995: 192).4
Aunque comparte con Rigoberta y Montejo, y el resto de las voces testimoniales que proliferaron en
Latinoamérica, el reclamo por la solidaridad, a diferencia de estas, lo hace desde una posición contraria a
esa discursividad política revolucionaria que se irradió por todo el continente con el triunfo de la
revolución liderada por Fidel Castro. Arenas, partiendo de la premisa de que el testimonio fue
promovido como una nueva forma de concebir la escritura y el papel del escritor frente a los nuevos
tiempos, acogió a este género para reflejar, paradójicamente, una contraria toma de posición ideológica
y, hasta cierto punto, estética.
En general, pretendo con mi estudio llenar un vacío crítico en relación a Necesidad de libertad. A
pesar de que se ha escrito mucho sobre la vida y obra de Arenas, este libro no ha gozado de la misma
atención. ¿Hay acaso una falta de valor literario en el proyecto, o en general en la ensayística de Arenas?
¿O acaso es que este compendio –que apela simultáneamente al testimonio como herramienta tanto
política como literaria–, salió a la luz en un momento en que su existencia causaba una gran incomodidad
ideológica? Me interesa examinar el libro teniendo en cuenta a Arenas como parte de una comunidad de
escritores en el exilio (la del Mariel), algo que no se ha valorado lo suficiente. Es en este debate donde se
ha insertado mi investigación, contextualizando la obra dentro de la agenda política y literaria que
enmarcó el quehacer de los escritores marielitos.
Si bien por cuestiones de espacio me centraré solamente en el análisis de este libro de naturaleza
híbrida y polifónica, es importante mencionar que sus antecedentes pueden rastrearse en la labor
realizada por los artistas y escritores marielitos quienes contaron con Arenas como líder, y se abocaron a
una escritura que giró en torno al impacto del éxodo del Mariel y a su agonía como escritores marginados
en la Isla y su posterior lucha por un posicionamiento en el exilio norteamericano. Las revistas culturales
publicadas por intelectuales que habían emigrado en décadas anteriores entre las que se destacaban
Noticias de Arte y Linden Lane Magazine, por solo citar algunas, acogieron mucho de los textos de los
recién llegados. Aunque algunos de los ensayos de Necesidad aparecieron por primera vez en las
mencionadas publicaciones, fue sin dudas la creación de la revista Mariel: Revista de Literatura y Arte
(1983-1985) lo que les permitió una mayor cohesión al visibilizar su agenda estético-ideológica. En
Mariel se reeditaron algunos de sus ya conocidos ensayos y textos literarios, al mismo tiempo que fueron
salieron otros de más reciente factura (algunos reaparecerían en las páginas de Necesidad).
La revista fue fundada por Arenas junto a otros intelectuales que se autodenominaron “generación
del Mariel”, entre los que se encontraban Reinaldo García Ramos (Cienfuegos, 1944), Juan Abreu (La

4Vale precisar que el testimonio areniano no pasa por las manos de un mediador como sí sucedió con los de Rigoberta
Menchú y Esteban Montejo que tuvieron como intermediarios a Elizabeth Burgos Debray y a Miguel Barnet respectivamente.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 271
Mónica Simal. La poética del testimonio…

Habana, 1952) y Carlos Victoria (Camagüey, 1950- Miami, 2007). Desde mi lectura, Necesidad debe
leerse como continuidad de la labor desplegada en la revista. Ambos proyectos tuvieron como trasfondo
la impronta de Mariel y el gran impacto que causó en lo político y lo cultural, y, sin embargo, a muy pocos
estudiosos les ha interesado profundizar en esta conexión.5
En una de las notas editoriales de la mencionada revista se resaltó que “toda obra de arte es un
desafío, y por lo tanto, implícita o explícitamente, es una manifestación –y un canto– de
libertad” (“Editorial”, 1983: 2). Al igual que en las páginas de la publicación, en su libro Arenas cantó a
la libertad y ratificó esa fatalidad del arte cubano que lo llevó a consagrarse en el exilio. En el texto “Una
cultura de la resistencia”, retomó y resaltó “la incesante circunstancia (esa fatalidad), de desarraigo y
acorralamiento” como parte de una tradición cubana: “Esa tradición, esa ecuación, no por terrible
menos grandiosa, de persecución igual a creación, exilio igual a invención, se continúa y enriquece con
las nuevas generaciones de creadores” (2001: 36). Para Arenas, “el último éxodo cubano –el éxodo del
Mariel– confirm[ó] y enriquec[ió] esa tradición de la cultura cubana: la de ser una cultura de la
resistencia y el exilio” (íbid.: 36). Arenas se presentó así dentro de una tradición ética cubana e hizo de
su testimonio un vehículo para establecer un diálogo con la misma. No sólo pretendió testimoniar lo
vivido, utilizó el testimonio también como imperativo para seguir adelante, y establecer un lugar para su
obra marginada y excéntrica del canon oficial cubano.
Es importante entonces, a la luz de dos nuevas y revisadas ediciones,6 hacer un rescate de
Necesidad a partir de su inscripción como testimonio de la plataforma estético-ideológica de Arenas en el
exilio, la cual informó su labor y la de su generación. Parafraseando a Liliana Weinberg en su estudio
sobre el género ensayístico, de los textos de Arenas también podríamos observar que si existe “un
umbral que marca la inscripción del texto en un ámbito específico, (…) hay otro umbral dado por las
huellas que esa intervención específica ha dejado en el texto, y que pueden ser reactualizadas” (2011:
36). Rafael Ocasio ha sido uno de los pocos críticos que, resaltando el compromiso areniano con la
“comunidad marielita”, reflexionó sobre la impronta que dicho compromiso tuvo en su obra y su labor
política (2007: 49). Con esta finalidad, destacó a Arenas como un ferviente activista en contra del
gobierno revolucionario. Acentuó cómo Arenas se presentó en el exilio norteamericano como escritor
marielito ante todo, llegando a rehusar, en un inicio, la politizada clasificación de “disidente” (íbid.: 49).
Sin embargo, como lo muestra el subtítulo a la primera edición de Necesidad, Arenas, después de seis

5 A pesar de que Rafael Ocasio le dedica un capítulo en su libro A Gay Cuban Activist in Exile: Reinaldo Arenas a lo que
denomina la “experiencia marielita” de Arenas en donde expone su tesis sobre el escritor como activista político, no
sistematiza la vinculación entre Necesidad y la revista Mariel.
6 La segunda edición estuvo a cargo de Ediciones Universal (2001) y la tercera salió en España en el año 2012 bajo el sello de

Point de Lunettes.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 272
Mónica Simal. La poética del testimonio…

años en los Estados Unidos, usó la etiqueta de “disidente” para su presentación literaria. Se apropió del
término para re-significarlo de manera positiva utilizando una estrategia típica de los grupos marginados.
El adjetivo fue retomado en su enfrentamiento contra esa política cultural cubana que había quedado
sellada por el máximo líder de la revolución. Hay que recordar que, en el contexto revolucionario
cubano, la palabra “disidente” fue (y es) usada sistemáticamente para categorizar y descalificar a todos
aquellos ideológicamente opuestos al régimen.
Arenas convirtió esta “disidencia” en una metáfora de su defensa de la libertad individual y
artística, de su rebeldía e irreverencia anticastrista (si bien su tono y muchas de sus posturas replican lo
criticado). Su disidencia intelectual incluyó además un ataque a aquellos escritores consagrados que
habían apoyado a la revolución como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, y Ernesto Cardenal. Se
encargó de tacharlos de oportunistas ante su insensibilidad frente a la falta de libertades dentro de la Isla
y, en cambio, haber signado a la revolución como baluarte para la integración latinoamericana. La palabra
“disidente” (como “Mariel”) actuó entonces como “palabra suficiente”7 : no fue solo un dato cualquiera,
una información sin mayor connotación, sino que resumió la “afiliación”8 adoptada por Arenas y asumió
“un valor político y simbólico en particular” (Weinberg, 2011: 47-57). Para el autor de Necesidad fue
crucial minimizar la connotación negativa que acarreaba el ser marielito: sinónimo de delincuente y
antisocial gracias a la propaganda que se desató desde la Isla. Se debía reivindicar el hecho histórico de
1980 y a sus participantes desde una plataforma político-literaria:
Todos sabemos de qué modo la prensa norteamericana ha resaltado las ‘hazañas’ de los
criminales y los agentes secretos introducidos por Castro en los Estados Unidos [a través del
Mariel]. Los que casi no han aparecido en la prensa ni en la televisión son los poetas, los
escritores, los pintores, ni los miles de trabajadores que ya están ubicados en todo el país, y que,
precisamente por desarrollar una labor hermosa y útil, no causan ruido (Arenas, 2001: 36).
Es preciso recalcar que en este caso no se trataba de mera retórica por parte de Arenas ya que solo
un cuatro por ciento de los más de 125 000 personas que llegaron por el Mariel estuvieron involucrados
en situaciones delictivas (García, 1996: 64-65). Ante la exitosa campaña del régimen cubano, de la cual
se hizo eco la prensa norteamericana, al éxodo del Mariel lo caracterizó (caracteriza) el hecho de no

7 “Un estudioso del ensayo, Réda Bensmaïa, plantea la idea de “palabra suficiente” (un término inspirado en la noción de
‘mot bastant” del propio Montaigne), que es aquella que permite sintetizar haces de significados que operan en distintos
niveles del texto” (Weingber, 2011: 55).
8 Liliana Weinberg destaca, siguiendo a Edward Said, la tensión dialéctica entre “filiación” y “afiliación”. Lo primero “se

refiere a aquello que somos por origen; ‘afiliación’, a aquello que somos por elección” (2011: 40). Puesto que la “filiación”
nos “remite a la adscripción de un autor a diversos sistemas de clasificación ya dados, por procedencia étnica, extracción
social, pertenencia sexual, etc.” (íbid.: 30). Mientras que la “afiliación” “nos conduce a la asunción voluntaria por parte de un
autor de nuevas formas de relación, sistemas de creencias, posturas ideológicas, no sólo reforzadas por el propio texto sino en
buena medida construidas a través de él” (íbid.: 30). En este sentido la afiliación de Arenas a la “comunidad marielita” en el
exilio, lo vincula a su vez a una tradición literaria cubana erigida fuera de los contornos geográficos de la isla.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 273
Mónica Simal. La poética del testimonio…

contar con relatores simpatizantes (al menos no los suficientes para acabar con el estigma). Es por ello
que resulta tan desafiante la postura de Arenas dedicando el libro a un grupo marginado por el gobierno
cubano, un amplio sector de la izquierda internacional, y hasta por el imaginario político-cultural
norteamericano (muestra de ello es la versión cinematográfica hollywoodense con el título de Scarface,
1983). Ocasio reveló las relaciones que mantuvo Arenas con los marielitos amotinados en Atlanta, a los
cuales sirvió de mediador frente a sus negociaciones con las autoridades (2007: 10). Por otro lado, el
escritor aconsejó e incluso envió dinero a marielitos presos en New York –a pesar de su precaria
situación económica– (ibíd.: 11). El hecho de que este activismo marielita de Arenas apenas fuera
conocido, nos indica cómo el autor del ensayo “Grito, luego existo”, trabajaba también, en ocasiones, sin
“causar ruido”.
Arenas se propuso establecer un espacio de legitimidad intelectual para los escritores y artistas que
fueron silenciados en Cuba y estaban siendo ignorados en el exilio. Lo movió la necesidad de reconstruir
y redefinir una identidad que le(s) fue escamoteada; por ello, el énfasis que puso en enunciar sus
concepciones sobre el arte y la literatura, y su interés en reformular la tradición cubana en oposición a lo
institucionalizado por la política cultural de la revolución.9 Si esta por un lado privilegió y canonizó el
discurso testimonial de los setenta, por otro, según nos informan repetidamente los ensayos de
Necesidad, obró en detrimento de la labor intelectual de figuras como Virgilio Piñera y José Lezama
Lima. La labor de rescate de lo que el escritor marielito entendió como parte de la tradición, donde
incluyó a los mencionados autores, entre otros del exilio a los cuales la revolución desterró de las letras
(Lydia Cabrera, Carlos Montenegro, Enrique Labrador Ruiz) debe ser vista dentro de su llamado a
repensar “lo cubano”, al mismo tiempo que le permitió el establecimiento de ese espacio utópico de
legitimidad intelectual, tanto para él como para el resto de los integrantes de la generación del Mariel. El
afán de “pertenecer”, tanto como persona, como con su propia obra, al corpus de la literatura cubana,
intentó desafiar la premisa de una literatura nacional definida por la geografía. He ahí lo decisivo de
compilar en formato libro una variedad de textos que, parafraseando a Weinberg fueron “lucha
simbólica”, “batalla de ideas” (2011: 54) –testimonio acusador que a fin de cuentas buscó contar con un
mayor alcance internacional–.
En general, los heterogéneos textos recogidos en Necesidad, escritos como conferencias, charlas,
cartas, artículos, con su consabido público y finalidad, pueden agruparse dentro de la llamada “prosa de
ideas” puesto “que, como el ensayo, son prosa destinada a transmitir opiniones sobre un tema para su
discusión en el espacio público” (Weinberg, 2011: 35). Esta “reunión de textos” con “aires de

9 Ver mi artículo “Necesidad de libertad: Reinaldo Arenas y la Generación del Mariel frente a la tradición literaria cubana”.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 274
Mónica Simal. La poética del testimonio…

familia”10 que comparten como “rasgo en común” (ibíd.: 34), una crítica a la dictadura cubana y su
ideología, son importantes estudiarlos a partir de su desafío a constreñidas marcas genéricas, destacando
el contrapunteo entre “lo privado y personal con lo público e intelectual” (ibíd.: 50).
El volumen dividido en siete partes, cuenta con tres prólogos y tres epílogos. El primer prólogo
abre con una cita de Borges: “Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo,
las dictaduras fomentan la crueldad: más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez (…).
Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor” (Arenas, 2001: 12).
Arenas se apoyó en estas palabras de Borges y las usó de forma lapidaria para acusar al gobierno cubano y
señalar la falta de libertad en la Isla. Una de las directrices que sigue este volumen quedó así establecida:
acusar de dictadura al gobierno de Fidel Castro que tanta popularidad gozaba entre los intelectuales de
izquierda y entre los países que veían en Cuba un ejemplo a seguir. El material fue organizado
estratégicamente con ese objetivo fundamental más allá de su estructura aparentemente caótica.
Se destaca la carta escrita por el escritor marielito Roberto Valero (Matanzas, 1955-Washington,
D.C, 1994), destinada al secretario ejecutivo de la Organización de Estados Americanos para denunciar
y “condenar las violaciones de derechos humanos del Gobierno de Cuba” en relación al acoso de sus
familiares y retención en la isla de su ex esposa e hija, a las que no se les permitía salir del país (íbid.:
207). En la segunda sección del libro: “Dos caras y una moneda”, Arenas incluyó su carta del 15 de
marzo de 1983 dirigida a los editores del periódico The New York Times reaccionando ante lo que era
para él un parcializado reportaje: “La revolución y los intelectuales en América Latina” (íbid.: 72). Este
artículo seguía lo postulado por Julio Cortázar y Gabriel García Márquez en su positiva relación de los
logros de la revolución. Algo inadmisible para Arenas, lo que lo lleva a denunciar el silencio impuesto a
esas otras voces que, de no haber estado bajo censura, hubieran dado testimonio de la represión
intelectual y sexual en Cuba. La carta funciona como preámbulo para el frontal ataque contra lo que
Arenas considera las actitudes serviles de reconocidos escritores plasmado en los textos que le siguen a
continuación: “Gabriel García Márquez, ¿esbirro o es burro”, y “Cortázar, ¿senil o pueril?”.
Otro documento que da fe del tratamiento al intelectual en Cuba es la sentencia emitida por un
tribunal contra el destacado escritor René Ariza (Habana, 1940- San Francisco, 1994), quien tuvo que
sufrir ocho años de prisión porque “desde algún tiempo viene dedicándose a escribir cuentos, ensayos y
relatos cuyo contenido y enfoque se basan en el más amplio diversionismo ideológico y propaganda

10 Liliana Weinberg retoma esta noción de “aires de familia” propuesta por Ludwig Wittgenstein en sus Investigaciones
filosóficas de 1953, “para agrupar distintos elementos de una serie que ‘conforman una complicada red de parecidos que se
superponen y entrecruzan” (2011: 34). Weinberg encuentra en esta noción de “aires de familia”, una salida al “complejo
panorama” para enmarcar a los diversos textos de prosa entre los que se incluyen el ensayo, el prólogo, la carta, el artículo.
Rehúye así de la separación entre la “prosa de ideas” y de la “prosa no ficcional” (íbid.: 34).

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 275
Mónica Simal. La poética del testimonio…

contrarrevolucionaria escrita” (íbid.: 86). Arenas antecede el documento legal con una transcripción del
artículo 103 de la ley cubana, que define los delitos de “propaganda oral o escrita” y las exorbitantes
penas de prisión para los sancionados (íbid.: 83). Así, contextualiza la sentencia donde se afirma que
“todo este material carente de valor artístico, escrito en contra de los intereses de nuestro pueblo, de
nuestro Primer Ministro Comandante Fidel Castro Ruz (…) fue tratado de enviar al exterior de nuestro
país para mediante su divulgación incitar contra el orden socialista” (íbid.: 86). La inclusión de todos
estos documentos legales, textos ajenos como la Primera y Segunda “Carta de los intelectuales europeos
y latinoamericanos a Fidel Castro” (1971), discursos de Castro en diversas circunstancias, y otros textos
misceláneos, le sirven para contextualizar y darle un carácter polifónico a su propio testimonio personal.
Los agrupó bajo la advertencia de Fray Bartolomé de las Casas citado junto a Borges en el primer
prólogo: “Porque la maldad no se cura sino con decirla, y hay mucha maldad que decir” (íbid. :12).
Con lo anterior, se puede afirmar que el canto a la necesidad de libertad (intelectual y vital) que da
título a la colección, y a su quinta sección, es el hilo conductor del heterogéneo material que integra este
compendio testimonial. En la poética areniana, la libertad es la condición indispensable para toda
actividad creadora ya que “el escritor es un ser que fabula y sueña” (íbid.: 29). Pues “en el caso de un
escritor, (…) de alguien que vive en permanente estado de curiosidad, de alerta y de reto, en perenne
inconformidad, la libertad es tan necesaria como el aire para respirar o el espacio para
desplazarse” (íbid.: 55). De ahí el grito liberador: ese que dice Arenas haber podido finalmente dar una
vez que se vio en el mar cruzando el estrecho de la Florida puesto que “iba para un lugar donde podría
gritar” (íbid.: 22). Ese “grito, luego existo” (13), versión del je pense donc je suis cartesiano, pasó a ser
el subtítulo de Necesidad.
Esta defensa de la libertad de creación –pilar fundamental para Arenas– fue de la mano de una
poética del lenguaje. La cuarta sección: “Palabras único tesoro”, resumió desde su título el valor
trascendental que dio al arte, a la palabra, la cual le sirvió de denuncia y de asidero. En general, todos
estos temas presentes en Necesidad, que incluyen tanto lo personal como polémicas literarias y políticas,
conforman un corpus que pretende representar, de la manera más completa posible dentro de su
fragmentación (no olvidemos que Arenas lo dividió, cabalísticamente, en siete secciones) el testimonio
uno y múltiple de un testigo que da cuenta de su experiencia individual, y la inserta en la historia. Es por
ello que me acerco a este testimonio alternativo areniano recorriendo sus líneas fundamentales: la
deslegitimación del régimen cubano, la defensa de la libertad personal y artística, y el valor redentor del
lenguaje. Partiendo de la inscripción de Necesidad dentro del proyecto político-estético de Arenas como
“activista marielito”, doy paso ahora a una breve panorámica sobre la institucionalización del testimonio
en Cuba y cómo este fue acogido por la crítica, para luego pasar al análisis de la apuesta testimonial
areniana en Necesidad.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 276
Mónica Simal. La poética del testimonio…

Contornos del testimonio: el caso cubano


Desde sus inicios, la definición (o indefinición) del testimonio, e incluso su existencia como
género independiente, ha sido motivo de polémica. Su naturaleza híbrida, y su inscripción en forma de
etnografía, periodismo, historia oral, biografía, autobiografía, y otros “géneros” tradicionales hacen
difícil apresar lo que caracteriza y distingue al testimonio. John Beverley lo definió como:
una narración –usualmente pero no obligatoriamente del tamaño de una novela o novela corta–
contada en primera persona gramatical por un narrador que es a su vez el protagonista (o testigo
de su propio relato). Su unidad narrativa suele ser una “vida” o una vivencia particularmente
significativa (situación laboral, militancia política, encarcelamiento, etc.). La situación del
narrador en el testimonio siempre involucra cierta urgencia o necesidad de comunicación que
surge de una experiencia vivencial de represión, pobreza, explotación, marginalización, crimen,
lucha (1987: 9).
A pesar de que Fredric Jameson adjudicó a Ricardo Pozas la creación del “testimonio” (1992:
126), Beverley, coincidiendo con George Yúdice, le atribuyó su paternidad al escritor cubano Miguel
Barnet, quien lo usó por primera vez en su obra Biografía de un cimarrón (1966) (Beverley, 1987: 9).
Este libro marcaría el inicio de lo que se promovió en la década del sesenta como la llamada “novela-
testimonio”, convirtiéndose Cuba en el epicentro para su proliferación (íbid.: 9). El hecho de que la Casa
de las Américas en 1970 incluyera al testimonio como categoría dentro de su prestigioso premio
literario, fue para Yúdice un momento clave dentro de la cultura latinoamericana. “Se buscaba apoyar
con esta decisión el papel solidario del intelectual en contraste con el tipo de escritura ‘autorreferencial’
–y por ende, no en diálogo con sujetos marginados– que se hacía dominante con el ‘boom’ literario de
los años sesenta” (1992: 212). Y un poco más adelante señala que se “procuraba asentar la
responsabilidad de la enunciación en la voz/escritura de clases y grupos subalternos para así cambiar su
posición en relación a las instituciones a través de las cuales se distribuye el valor y el poder” (íbid.: 212).
Si bien John Beverley creyó que el testimonio no era “necesariamente la [nueva] forma
canónica” (1987: 15) que simbólicamente representaba los nuevos tiempos y el hombre nuevo cubano,
es evidente que sí hubo una intención de quererla convertir en esa nueva narrativa. Miguel Barnet por
ejemplo afirmó que “la novela-testimonio va a crecer en nuestro continente, estoy seguro” (1969: 150).
Y en otro momento resaltó: “Tenemos que ser la conciencia de nuestra cultura, el alma y la voz de los
hombres sin tierra” (1980: 142). Raúl González de Cascorro, premio Casa 1975 en la categoría
testimonio, por su parte aseveró: “Evadirnos mediante otro tipo de literatura que no esté de acuerdo con
nuestro tiempo, no es la posición adecuada para un escritor que se considere comprometido” (citado en
Soto, 1994: 29). Para Víctor Casaus, en países como Cuba, sometidos por el imperialismo, el testimonio
era (es) importante para mostrar el verdadero rostro del pueblo y “recoger, de manera documental, una
realidad viva y diariamente cambiante: la Revolución” (2010: 67).

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 277
Mónica Simal. La poética del testimonio…

En una entrevista que le hizo a Arenas en 1987, Francisco Soto le preguntó su opinión acerca de
las obras de Miguel Barnet y aquel le respondió:
Claro. Ese tipo de cosa también le interesa mucho al estado porque no son en realidad novelas,
son testimonios que se llegan a escribir en forma de libro. Pero son testimonios de la masa que
dan una visión histórica, hasta cierto punto dialéctica, marxista. Las novelas de Barnet son como
páginas desprendidas del manual del marxismo-leninismo (…). [Se presentan] como si la vida
tuviese esa escala política paradisíaca, que todo lo demás es negativo y al final todo es maravilloso
con la Revolución (citado en Soto, 194: 164).
En El color del verano, Arenas escribió un capítulo titulado “Del bugarrón” en donde introduce
como viejo “bugarrón”, entiéndase homosexual activo, a “un anciano de más de 130 años llamado
Esteban Montejo”, el cual es encontrado por su nieto en una visita ocasional, vestido de mujer (1999:
65). En el capítulo aparece no sólo el “personaje”/testimoniado del esclavo de Biografía de un cimarrón
de Miguel Barnet, como bugarrón, sino que el propio Barnet es ficcionalizado como Miguel Barniz “un
pájaro de la peor catadura” (Soto, 1994: 47). Para Soto, esto resultó ser “a parodic undermining not
only of Hispanic patriarchal machismo but also of the seriousness and the prominence of Barnet and his
famous protagonist within the canon of Cuban revolutionary letters” (íbid.: 47). El crítico
posteriormente aclaró que la casa editorial que publicó las memorias de Arenas optó por usar el nombre
de “Miguel Barniz” para evitar problemas legales. No obstante, el epíteto “barniz” se torna aquí
representativo de esa postura de Barnet que, según Arenas, estaba acomodada a los designios y
necesidades de la revolución.
William Luis, quien compartió esta opinión de Arenas sobre Barnet, afirmó que el último no hizo
otra cosa que servirse de los intereses políticos y culturales de la revolución para que su libro fuera
publicado (1989: 485). En esa línea, Juan Carlos Quintero Herencia concluyó que Biografía de un
cimarrón no era más que un “pacto intelectual” que tenía su raíz en el discurso pronunciado por Fidel
Castro a los intelectuales en la Biblioteca Nacional en 1961 (2002: 371). En dicho discurso Fidel puso
como ejemplo el testimonio de una esclava centenaria que había sido recientemente alfabetizada y a la
cual dijo que se le propuso escribir un libro. Y sentenció: “Quién puede escribir mejor que ella lo que
vivió el esclavo y quién puede escribir mejor que ustedes el presente” (citado en Quintero Herencia,
2002: 371). Quintero Herencia analizó cómo al final de este discurso Fidel unió ambas experiencias,
tanto la del esclavo como la del intelectual, en una suerte de comunión que exponía la realidad presente, y
les lanzó así el reto a los intelectuales allí reunidos. El contrapunteo con el discurso del máximo líder de
la revolución se puede cotejar además en lo expuesto por Barnet en su introducción a Biografía de un
cimarrón. En esta reveló haberse acercado al tema a partir de unas entrevistas a esclavos publicadas en la
prensa cubana en 1963 (íbid.: 371-72).

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 278
Mónica Simal. La poética del testimonio…

Lo significativo de la reflexión de Quintero Herencia, es el interesante aporte que hace al tema


sobre la constitución del género testimonio; en su investigación, el crítico rastreó su nacimiento a partir
del discurso institucional cubano, en especial en Palabras a los intelectuales que significó, –como señala
José Antonio Portuondo– y ratificó Quintero Herencia, “el primer documento de la política cultural
revolucionaria” (2002: 410). La línea de análisis de Quintero Herencia es válida para entender
Necesidad como una contienda contra este discurso literario-cultural y político cubano que dictaminó
obras como las de Barnet, y que se hizo extensivo a todo un continente a partir de la irrupción de la
revolución cubana en la cultura y el pensamiento latinoamericano. Quintero Herencia apuntaba cómo
“para Castro, hablar de la tesitura misma de lo revolucionario y de la historia política latinoamericana es
equivalente a hablar de la realidad cubana” (íbid.: 372). Esta irradiación sobre la cultura latinoamericana
en general a partir de la política cultural seguida por el gobierno revolucionario quedó evidenciada en la
constitución del testimonio como género y en la novela-testimonial cubana. Biografía de un cimarrón es
el ejemplo más destacado y conocido pero durante este tiempo en Cuba, el apoyo institucional al género
testimonio creó una verdadera explosión de publicaciones de este tipo que iban desde la crónica de los
sucesos de la lucha contra Fulgencio Batista, hasta la época revolucionaria con títulos como: Aquí se
habla de combatientes y de bandidos (1975) de Raúl González de Cascorro y Girón en la memoria
(entrevistas y artículos) (1982) de Víctor Casaus, entre muchos otros.
Yúdice aclaró, muy pertinentemente, que existe “una doble historia del testimonio: por una parte,
el testimonio estatalmente institucionalizado para representar: el que se encuentra en cierta producción
testimonial en Cuba y Nicaragua; y por otra parte, el testimonio que surge como acto comunitario de
lucha por la sobrevivencia especialmente en Centroamérica” (1992: 214). En el caso cubano destacó
cómo “la parte de la producción testimonial” operó con “las pautas populistas de aglutinar a un pueblo
por medio de la alterización y demonización de sectores sociales que extravían de los límites ideológicos
establecidos por la dirección revolucionaria” (íbid.: 214). Puso como ejemplo la recopilación testimonial
que realizó el gobierno cubano en la década del ochenta a raíz del éxodo del Mariel, en donde sobresalió
el testimonio de un espía o agente secreto castrista infiltrado en el grupo de cubanos que se asiló en la
embajada del Perú. El agente presentó a los “otros”, la llamada “escoria”, como “‘individuos
extravagantes, homosexuales y lesbianas, delincuentes y apátridas con caras de susto (…) ex presos
contrarrevolucionarios, Testigos de Jehová, guapetones, oportunistas (…) [santeros, pederastas],
etcétera’” (íbid.: 215). El agente dramatizó el sentir y la reacción del pueblo ante este hecho en función
de lo que Yúdice vio como una proclamación de la “recuperación de la concientización del pueblo”, al
anunciar “‘Volv[í] a vivir los años 60’” (íbid.: 215). El crítico concluyó que “el objetivo de este tipo de
testimonio es reproducir los valores sancionados por instituciones estatales, lo cual se procura lograr con
la (con)fusión de los tres sentidos de la representación: describir un estado de cosas (la traición de la

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 279
Mónica Simal. La poética del testimonio…

escoria), servir de portavoz (el agente hablar en nombre del pueblo), y ser ejemplo de los valores
afirmados (revivir la epopeya de Girón)” (íbid.: 215).
Este testimonio del éxodo quedó expuesto en formato “fotos-murales” en la antigua embajada del
Perú representando a la llamada “escoria” marielita (íbid.: 215). El “museo testimonial” (íbid.: 215)
reforzó así la radicalidad discursiva del gobierno castrista que no dejó margen a las diferentes posturas
individuales y disidentes. El discurso individual que pretendió dar voz al pueblo terminó haciendo un
metarrelato de la revolución. El espía tuvo que “demonizar” a los “otros” y “santificar”, entonces, a esa
otra colectividad que era el pueblo. El testimonio del agente no cuestionó de qué forma, quién y cómo se
organizó ese pueblo enfurecido. No era el objetivo de este testimonio de dar voz a la denominada
“escoria”.
A pesar de que John Beverley mencionó en breve nota al pie de página en su trabajo “Anatomía del
testimonio” que “evidentemente puede haber una articulación anti-socialista del testimonio, también,
como en los casos de las memorias carcelarias de Solzhenitsyn o Valladares” (1987: 16), este
comentario quedó diluido en su propuesta sin mayor seguimiento o análisis tanto por él como por el
resto de la crítica. Es incuestionable que un testimonio anti-socialista (como el que hizo Arenas en
cambio), no cumplía, desde la perspectiva ideológica, los requisitos del género, al menos no tal y como
estaban siendo establecidos por la crítica.
Si para Yúdice el testimonio fue una suerte de estrategia surgida ante el fracaso de la modernidad
latinoamericana, definiéndolo como “política cultural” (1992: 226), con esto se valida aún más la lectura
de Quintero Herencia, quien notó en las exigencias de la política cultural cubana el verdadero origen de
la legitimización institucional del testimonio como género. El acuñado nuevo género tuvo que pasar así
el engorroso trance de ser definido, enmarcado, enjuiciado y acotado. Beverley lo promovió como una
“forma extraliteraria o aun antiliteraria”, constituyendo “un nuevo género postnovelesco” (1987: 16),
destacando que “en primer lugar el testimonio no es una obra de ficción” (íbid.: 11). Interesado además
en dilucidar si el testimonio era o no una “subcategoría del género autobiográfico”, ultimó que
“evidentemente no hay una línea de división exacta entre testimonio y autobiografía (o
memorias)” (íbid.: 13). En palabras de Fredric Jameson, hay una “relación dialéctica” entre ambos
(1992: 126). El testimonio pasó a ser entonces la alternativa frente a la autobiografía, que, como forma
“burguesa”, “construye el sujeto personal y la ilusión de una identidad personal, subjetiva y
privada” (íbid.: 126). Por esta razón, Sylvia Molloy destacó que la producción de literatura testimonial es
un género distinto al autobiográfico en el sentido estricto, dejándolo fuera en su investigación sobre la
autobiografía hispanoamericana (1996: 20).
La centralidad del testimonio comenzó a ser revertida en la década del ochenta, a pesar de que
mantuvo su importancia y respaldo institucional. En un estudio un poco más reciente, Manuel Alberca

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 280
Mónica Simal. La poética del testimonio…

subrayó lo que llamó cierta “invasión colonialista de los géneros de no-ficción por la ficción”, lo cual dice
justificarse tras el afán posmodernista de que “todo es ficción, porque todo es uno y lo mismo” (2009:
14). Para Alberca “los novelistas parasitan en la autobiografía o en la historia”, pero por cuestiones
estratégicas de mercado, se empeñan en no proclamar sus obras como “documentos” o
“testimonios” (íbid.: 14). Deben en ese sentido “convencer a sus lectores de que su obra no es
autobiográfica o histórica, no vaya a ser que alguno piense que la suya es un pobre texto testimonial. Es
decir, una obra no-literaria, según esa lógica” (íbid.: 14). El testimonio deja de ser una forma
privilegiada y tiene que enmascararse tras el velo de la ficción: de la pretensión de veracidad, a la
socorrida suspensión de la incredulidad.

Arenas frente al testimonio

Necesidad vendría a ser el reverso del fenómeno descrito por Alberca ya que Arenas
estratégicamente empleó la primera persona para invertir la lógica del mercado y las definiciones
genéricas. Al destacar que la obra es un testimonio y que va además de la mano con la ficción, se enfrentó
desde una periferia marginal en el exilio a todo el discurso teórico e ideológico que acompañó al nuevo
género.11 Frente a la reificación del testimonio en los setenta y su posterior descrédito posmoderno,
Arenas insiste en la validez de la apuesta testimonial, pero sin dejar fuera la subjetividad y la imaginación
“burguesas”. Arenas intuyó lo que señaló en años posteriores Georg M. Gugelberger, el cual observó
cómo detrás de la canonización institucional y apropiación del testimonio operaban fuerzas críticas que,
desde la academia (y yo agregaría que a partir de políticas culturales como las implementadas en Cuba),
pasaron a monumentalizarlo y transformarlo en capital discursivo (Gugelberger, 1996: 6).
Es obvio que, para una figura como él, las formulaciones en relación a la constitución del
testimonio como género, fueron extremadamente problemáticas. La misma revolución que por un lado
promovía los discursos subalternos en el plano continental, por otro, reprimía los discursos alternativos y
minoritarios dentro de su frontera nacional. ¿No eran acaso los inmigrantes del Mariel tan subalternos
como los indígenas de Guatemala o las víctimas de la masacre de Trelew? Al ir Arenas en contra de la

11 Críticos como Anna Forné, Rachel Chang-Rodríguez y Elzbieta Sklodowska han destacado cómo los dispositivos literarios
no se difuminan del todo con la experiencia testimonial. Para ellas la apuesta testimonial no estuvo necesariamente divorciada
del discurso literario y la experimentación formal. Aunque los límites de lo literario fueron cuestionados en esta práctica
discursiva, (Beverley, Jameson) sí se logró, en algunos casos, conciliar la literariedad con el discurso científico (etnográfico)
(muy a pesar de la opinión de Arenas). Ver a Sklodowska para un mayor análisis de cómo Barnet logra esta armonía en sus
obras.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 281
Mónica Simal. La poética del testimonio…

obra de Barnet12 y al reafirmar que sus escritos reunidos en Necesidad son, en cambio, un “testimonio”,
fue a contracorriente de todos esos discursos teóricos sobre el género. Subvirtió la retórica del
testimonio que lo señaló como vehículo para otorgar voz al subalterno, al marginal, solamente en el caso
de las víctimas de la opresión capitalista, minimizando los testimonios disidentes del socialismo.
Necesidad recogió entonces la ideología contestataria que caracterizó en general la obra areniana y la de
muchos de los escritores de la generación del Mariel y que se enfrentó no solo al aparatus ideológico del
estado cubano, sino a sus prolongaciones académicas y públicas en Estados Unidos y Latinoamérica
como parte del continuum teórico-ideológico de la izquierda en el hemisferio.
La presentación que hizo Arenas en el prólogo-ensayo número dos, mediante la enunciación de un
“yo” proveniente de una de las clases más pobres de la sociedad, y que fue víctima en Cuba de un
sinnúmero de atropellos, lo debemos cotejar como ataque directo a las bases ideológicas que asentaron,
acogieron y canonizaron al nuevo género: “Yo, por haber sido siempre un personaje insignificante,
tengo como testigo una posición privilegiada” (2001: 22). Arenas erigió y autorizó así este “yo” para
hablar desde su marginalidad como “campesino, obrero en una fábrica, becado, (…) joven comunista,
estudiante marginado, prófugo y presidiario” (íbid.: 22). Un “yo” que podría definirse como ese “yo-
social” que para Prada Oropeza encarna el de Domitila en Si me permiten hablar…Testimonio de
Domitila una mujer de las minas de Bolivia (1977). Parafraseando a Prada Oropeza, este “yo-persona/
sujeto” que erige Arenas es uno “que nunca pierde conciencia de su constitución social” (17). Detrás de
esa primera persona hay también una “conciencia de clase del sujeto emisor del discurso” lo cual le
“concede una significación política indudable a este testimonio” (17). Arenas articula un yo
omnipresente pero a la vez representativo del colectivo Mariel –grupo subalterno silenciado al cual le dio
voz– contraponiéndolo al pretendido y controversial “autor ausente” de mucho de los testimonios
respaldados por la discursividad política revolucionaria. En sus palabras:
Los que de una forma u otra se arriesgaron y huyeron, abandonando íntimos vínculos, paisajes
cómplices y dulces costumbres, dando así testimonio de una insobornable condición vital
superior a cualquier circunstancia, merecen no sólo todo tipo de consideración y solidaridad,
sino también un lugar destacado junto a la dignidad humana (2001: 38).

12 A pesar de que la ensayística areniana y la de Barnet representan dos posturas ideológicas equidistantes, las mismas
contienen una reflexión y un posicionamiento sobre los modos de entender lo literario. Si por un lado los ensayos de Barnet
justifican teóricamente su obra dentro de los marcos de la novela-testimonial, la ensayística de Arenas, por su parte,
contrarresta la manipulación y apropiación ideológica del género que intentó hacer de la literatura una praxis revolucionaria.
A su vez, Arenas expone en estos textos su postura teórico-crítica en relación a la naturaleza del arte y de la literatura. En otras
palabras, ambos autores terminan legitimando sus respectivos posicionamientos literarios más allá de sus encuentros, o
desencuentros, con la discursividad política revolucionaria.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 282
Mónica Simal. La poética del testimonio…

De esta manera, Arenas defendió la legitimidad ética de su posición, y no solo frente a la


representación estatal cubana. En un plano retórico, estableció la conexión (de la que habló Yúdice) con
la comunidad imaginaria de los subalternos que luchan por hacerse escuchar. Su compendio puso, sin
dudas, el dedo en la llaga. ¿Por qué no reconocer como testimonio obras también en contra de la
institución-revolución cubana?
Por ello es importante estudiar este testimonio alternativo areniano como uno abiertamente
“disidente” y contrario al discurso oficial. Arenas enfrentó a Fidel Castro y lo hizo hasta responsable de
su muerte en su carta-testamento publicada al final de su autobiografía, la cual fue incluida en la segunda
edición de Necesidad. De ahí que no pueda solo afirmar que Arenas se opone a la maquinaria
institucional cubana reflejada en el programa de Barnet, ya que perdería de vista algo que para él estaba
muy claro: señalar a Fidel Castro como culpable. “El pueblo soy yo, el estado soy yo, el poder soy yo, la
literatura soy yo, la patria soy yo, la historia soy yo, yo, yo, yo y sólo yo… He ahí el infinito monólogo
de un dictador…” (2001: 49).
El “yo” de este compendio, se presenta en conflicto con el “yo” supremo, autoritario y monolítico
de Fidel Castro pues “mientras existan dictaduras existirá ese yo, que hablará por todos los yo, por todos
nosotros, que no seremos más que sombras adulteradas y distorsionadas, conminadas […] a aplaudir y
apoyar ese yo que no somos, que no seremos nunca, nosotros” (íbid.: 49). Arenas hizo una réplica a ese
yo autoritario enunciando (autorizando) uno que fue a su vez un “nosotros”, confiriéndole así visibilidad
a su generación. Como intelectual, se sintió en el deber de denunciar “la torpeza o la barbarie de [los]
gobernantes”, antes que estos pudieran silenciarlo. Siguiendo a Borges, escribió: “Porque la verdadera
historia de la infamia es también un libro incesante y reiterativo, y muchas veces sus textos se confunden”
(íbid.: 23). Poniendo como ejemplo el alegato de defensa de Fidel Castro al juicio que se le hizo ante su
responsabilidad por el ataque al Cuartel Moncada, citó la repetición de sus ya míticas palabras: “la
historia me absolverá”, como un plagio a las hechas por Hitler en su juicio tras el golpe de Munich.13 Si la
historia está llena de estas tan lamentables repeticiones, “nosotros … tenemos derecho a afirmar que la
verdadera historia, la historia de los pueblos, no es la historia de sus dictadores” (íbid.: 24).
Esta tensión entre el “yo” y el “nosotros” como estrategia discursiva fue abordada en “Grito,
luego existo”, prólogo-ensayo número dos, del cual he extraído las citas anteriores. El yo que gritó,
denunció, y acusó, terminó siendo uno mucho más apegado al ser humano Arenas (íbid.: 22). Es
interesante notar que aquí, retóricamente, se invierten los términos, y el yo subjetivo areniano se

13 Según Arenas, estas fueron las palabras pronunciadas por Hitler: “‘Podréis declararnos culpables hasta mil veces, pero la
diosa del tribunal eterno de la historia sonreirá y hará trizas el alegato del estado acusador y la sentencia de este tribunal:
porque ella nos absuelve’” (2001: 23-24).

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 283
Mónica Simal. La poética del testimonio…

convierte en un nosotros generacional, mientras que el Nosotros del testimonio tradicional se revierte al
yo castrista, presentado como epítome del colectivismo populista.
Liliana Weinberg subrayó la existencia de un primer “umbral” (apropiándose del término de
Gérard Genette), que posibilita el paso del autor de “carne y hueso”, al autor del ensayo. Los textos de
Arenas parecen confirmar “una de las más ricas perspectivas del ensayo” dada en esa “tensión entre el
esfuerzo por hablar del mundo desde mi personal forma de verlo y hacer hablar al mundo a través de
mí” (2011: 38). Esa dialéctica, ese paso de la “subjetividad” –entendida como el “estilo personal del
autor” y su manera peculiar de reaccionar frente a un tema– a la “subjetividad” que se da a través de su
habla como escritor “en cuanto humano”, “en cuanto mexicano” o “en cuanto miembro de una
generación”, “puede advertirse en el frecuente cambio entre el ‘yo’ y el ‘nosotros’ del ensayista” (íbid.:
39).
En general, la enunciación de esta primera persona recreada en el compendio le debe mucho a la
posturas crítico-literarias ya presentes en personajes de la novelística areniana, como es el caso de Fray
Servando, protagonista de El mundo alucinante (1968). En el texto “Fray Servando, víctima infatigable”
escrito a modo de introducción para la segunda edición de la novela con el mismo título, e incluido en la
cuarta sección de Necesidad, Arenas expuso uno de sus acercamientos teóricos fundamentales a la
creación. Más que buscar en la Historia, entendida como acopio de datos y campo epistemológico del
testimonio, Arenas reconoció que su búsqueda está en el “tiempo”, es decir en la subjetividad de los
individuos sometidos a los vaivenes del poder. Al igual que su Fray Servando, Arenas se presentó tras ese
“yo” enunciado en Necesidad, como víctima infatigable de la Historia. Testigo del inicio y del ocaso de la
revolución cubana, Arenas expuso su desconfianza ante los discursos totalizantes de pretendida
veracidad absoluta: “Los trabajos y documentos aquí reunidos son un testimonio de esas ironías y de ese
grito a los que me he referido. Quizás no sean toda la verdad, no pueden serlo, pero son mi verdad (mis
verdades) y también las de una gran parte del género humano” (2001: 22).
Por otro lado, hay que tener en cuenta que la entronización del testimonio se basó en un paralelo
cuestionamiento del modo de privilegiar lo literario. Se trataba de dar una mayor visibilidad a colectivos
marginados y desplazados y privilegiar entonces una “poética de la solidaridad” (Moreiras). El
testimonio, entendido a la manera “revolucionaria”, fue un género donde lo “literario” cedió entonces
paso a una concepción didáctica y propagandística de la literatura, perfectamente alineada con las ideas
de Fidel Castro sobre el tema.14 Para dar cuenta de ello, Necesidad incluyó un fragmento del seminal
discurso del máximo líder durante la clausura al Primer Congreso de Educación y Cultura en 1971, en

14 Ver nota al pie número 11.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 284
Mónica Simal. La poética del testimonio…

donde se acotó al arte y al intelectual cubano.15 Castro ya había establecido los límites de la libertad
artística bajo la revolución en sus célebres Palabras a los intelectuales (1961) cuando sentenció que:
“dentro de la Revolución, todo: contra la Revolución nada” (citado en Quintero Herencia, 2002: 348).
Es preciso destacar entonces la forma en que Arenas –resistiendo a la acogida tanto conceptual,
como formal que tuvo el testimonio como género– se apoyó en el ensayo para dar fe de su poética de lo
literario. Llevó su versión testimonial a su ensayística16 ratificando que “el testimonio acoge a la ficción
porque la verdad que proclaman sus libros no depende de la fidelidad al acto histórico” (Rozencvaig,
1990: viii). Para Arenas “[it] is never a question of fact versus fiction, but rather how fact and fiction
nurture each other in the construction of their respective discourses” (citado en Soto, 1994: 15). En sus
ensayos compilados en el libro que nos atañe, confluyó la poesía, “el artículo de opinión” y “la literatura
periodística” (Triff, 1994: 185) para darle un giro al testimonio, entendido por Beverley como una
forma anti-literaria (Beverley, 1987: 16), y entregarnos así su visión de una “realidad más
perdurable” (Arenas, 2001: 127). Sus ensayos “no se dejan atrapar bajo ningún discurso homologador.
Se apoya en discursos marginales, rechazados por el poder y los legitima, o desmitifica el discurso del
mismo poder; es contradictorio. De este aparente caos va apareciendo un pensamiento coherente” (Triff,
1994: 185).
Para Arenas la poesía, más que un género, era una actitud ante el mundo y ante la escritura: “más
que en los voluminosos libros de texto, la verdadera historia del hombre, de los pueblos, de la
humanidad, la recoge y resume en forma estricta el poema” (íbid.: 100). Por ello insistió al señalársele lo
difícil de distinguir entre poesía y prosa en su obra, que “poetry is the source of everything” y que por
tanto nunca se debe limitar a su género, sino que es una necesidad literaria: “A writer should always keep
poetry in mind; if not, the text becomes journalistic, very arid” (citado en Soto, 1994: 154). Los ensayos
de Necesidad dan cuenta entonces de esta inundación poética puesto que, parafraseando a Lukács, el
ensayo areniano funciona “como poema intelectual” en donde “es posible acceder a la intelectualidad
como vivencia sentimental (citado en Weinberg, 2011: 24). Por otro lado, su afirmación de la
“veracidad” del testimonio poético se presenta como un contrapunteo de la posible veracidad o no del
testimonio sin poesía.

15 Castro expresó: “Y desde luego, como se acordó por el Congreso, ¿concursitos aquí para venir a hacer el papel de jueces?
¡No! ¡Para hacer el papel de jueces hay que ser aquí revolucionarios de verdad, intelectuales de verdad, combatientes de
verdad! Y para volver a recibir un premio, en concurso nacional o internacional, tiene que ser revolucionario de verdad,
escritor de verdad, poeta de verdad, revolucionario de verdad. Eso está claro. Y más claro que el agua … [T]endrán cabida
únicamente los revolucionarios” (citado en Quintero Herencia, 2002: 288).
16 Si bien la ensayística testimonial fue (es) considerada como una modalidad dentro del género testimonial, guardando

marcadas diferencias en relación al género ensayístico, lo que intento es precisamente salirme de esta categorización a la hora
de analizar los textos de Necesidad. Prefiero tratarlos como textos misceláneos y polifónicos que tienen en común ese “aire de
familia” del que habló Wittgenstein, y que retomó Weinberg, según lo aclaro en la nota 10 del presente trabajo.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 285
Mónica Simal. La poética del testimonio…

A modo de conclusión

Resulta llamativo que Antes que anochezca (1992), publicado después de su muerte y presentado
con el rótulo de “autobiografía”, haya sido leído como el testimonio del escritor, no así Necesidad.
Quizás es debido a que a la ensayística testimonial areniana, en general, no ha recibido la suficiente
atención crítica. Frente al éxito de sus novelas y, en años reciente, a la atención generada por su best-
seller Antes que anochezca llevado a la gran pantalla por Julian Schnabel en el año 2000, Necesidad
ocupa un lugar bastante relegado.
Este compendio debe ser rescatado como una obra clave para estudiar el posicionamiento literario
y político de Arenas; como dispositivo discursivo disidente para contrarrestar los criterios de
legitimación del discurso oficialista cubano. Obra que se configuró en medio de un minado campo
intelectual donde se redefinió el rol del escritor y de la literatura. Arenas enfrentó al conservadurismo
formal presente en el testimonio oficial, mediante su elección de la técnica del collage y de la
fragmentación como estructura de su libro (Soto, 2010: 2). Para él la pulsión testimonial no estaba
reñida con la experimentación formal.17 De hecho un texto fragmentado y convulso como Necesidad
podía ser un testimonio mucho más fidedigno de la fractura del individuo y su comunidad bajo el

17 La crítica Anna Forné se ha abocado al rescate de los dispositivos estéticos dentro del impulso testimonial. Para ello ha
revisado las actas del premio testimonio auspiciado por Casa de las Américas destacando que los criterios de premiación no
perseguían una anulación de los valores literarios (Ver “El género testimonial revisitado”). Si bien las novelas-testimoniales
de Miguel Barnet pudieran confirmar que sí hubo apuestas por lo literario dentro de las modalidades que abarcó el testimonio,
no fue el valor literario lo que primó, se premió, o prevaleció. El debate crítico oscilaba precisamente en cómo la práctica
literaria podía fundirse, o no, con la acción política. Ver a Victoria García para mayor detalle. Una relectura de los estudios
críticos de décadas anteriores exponen estos forcejeos y/o contrapunteos de legitimación en el campo literario. Así, Rachel
Chang-Rodríguez sin hacer un mayor seguimiento, se limita a mencionar que la “definición de la novela-testimonio apunta
hacia un discurso polifónico” (1978: 134). Sin embargo, no explora a fondo las características literarias que harían de
Canción de Rachel (1969) una novela polifónica; más bien se interesa en destacar que “el creador, al aprehender la época a
través de un protagonista, lo presenta independientemente y no como objeto de su visión artística” (134). En cambio,
Elzbieta Sklodowska, comentando sobre el vacío crítico en relación a la obra de Barnet, según ella tratada de forma tangencial,
destaca cómo en la misma se ha producido “una armoniosa conciliación de estas dos formas discursivas (la literaria y la
científica)” (2002: 1072). Para Sklodowska, “la originalidad del proyecto barnetiano consiste, pues, en su atrevido
eclecticismo formal. De un discurso científico el escritor toma prestado el método de recopilación del material (entrevista,
grabación, fichas, investigación de la época), pero en la organización del mismo no ignora los criterios estéticos (selección,
condensación, montaje, línea dramatúrgica)” (íbid.: 1073). A pesar de estos pertinentes señalamientos, Sklodowska, quien
también menciona “la polifonía lingüística”, destaca que lo que prima en la producción de Barnet después de Biografía de un
cimarrón, es “la búsqueda de la identidad cultural cubana a través de sus manifestaciones ignoradas o marginales” (íbid.:
1076). Quizás lo que podemos inferir de estos y otros postulados críticos es que, en general, los estudiosos se auto-limitaron
en señalar y enmarcar lo testimonial a partir de su tendencia a presentar testimonios de primera mano o recogerlos a partir de
informantes fidedignos. Incluso aquellos que se aventuraron a destacar que lo contenidístico no estaba reñido a lo estético, no
sistematizaron lo suficiente esta visión. En palabras de Prada Oropeza, al discurso-testimonio se le confirió “una ausencia –
que desde Jakobson sabemos que nunca puede ser total- de una intencionalidad estética: entre la verdad (su versión de
verdad) y la belleza, este discurso elige la primera” (2001: 18).

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 286
Mónica Simal. La poética del testimonio…

totalitarismo, que un simple texto lineal, factual, cronológico: “I have always been interested in (…) the
power of experimentation, in language as well as in structure” (citado en Soto, 1994: 151).
Vale reafirmar que Arenas fue el disidente, la “escoria marielita”, el “gusano” marginado y
vilipendiado, que decidió hacer una recopilación de textos vindicando a su generación y al éxodo de
Mariel, en su calidad de testigo. Para lograrlo se apoyó en una escritura testimonial que combatió el
discurso oficial desde dentro y con sus propias armas, esas que conocía tan bien. Enfatizó que su
principal manera de enfrentarse a la ideología oficial era dándole primacía a lo literario, pues creyó “en el
valor trascendente de la palabra, de la creación” (Arenas, 2001: 26). Y con esta irreverente propuesta
testimonial, procuró desarticular algunas de las premisas que sustentaban el canon oficial cubano, donde
el testimonio ocupaba un lugar central. Asumió, además, la descolocación como estrategia de sobrevida.
Escribir desde los márgenes y apostar por una literatura contestataria, fue su sello de autoridad y
legitimidad como intelectual disidente.
En este ensayo he intentado entonces escuchar a Arenas, quien en su momento llevó una gran
ventaja a los críticos literarios al proponer la lectura de este heterogéneo libro como testimonio. Hoy en
día es imposible hablar del género en los términos en que lo definieron institucionalmente los jurados del
premio Casa de las Américas de los años setenta. Ningún crítico serio desecharía Antes que anochezca
como testimonio simplemente por contener amplias dosis de fabulación. Estas relecturas críticas están
apenas comenzando en el caso de Necesidad, al ser este uno de los primeros estudios en seguir la
indicación de su autor de leer el compendio como forma contestataria a los criterios que legitimaron al
testimonio. Actualmente tenemos en Cuba a críticos como Víctor Casaus hablando en su nuevo prólogo
a la edición del 2010 de su libro Defensa del testimonio (1990), de “creyentes y practicantes” del
testimonio que creen en la “revitalización del género” (2010: 9). A pesar de que Casaus abre el espectro
a ciertas contradicciones ya presentes en la sociedad civil cubana de los cuales la literatura oficialista está
dando cuenta –con sus respectivas y esperadas limitaciones,– se enfoca en el rescate de un testimonio
“abocado” en “la sociedad cubana de estos días”: “esto es, en las gentes que habitamos este espacio y
este tiempo” (íbid.: 9).18 Dejando fuera así, una vez más, a cualquier testimonio disidente y alternativo
que pudiera hacerse desde “la otra orilla”. Casaus, quien comentó sobre el declive que tuvo el testimonio
en los noventa, adjudicándoselo a la situación económica, habla, no obstante, de un nuevo auge del
género en Cuba como resultado del establecimiento de premios y becas que estimulan su producción
(una vez más, recurrir al testimonio para dar una visión redentora de la revolución). A la luz de textos

18Casaus observa: “el género testimonio podría mostrar también hoy su utilidad y eficacia artística y comunicativa abordando
de manera sistemática, aguda y participante las riquezas temáticas –contradictorias, dramáticas– que se hallan en la sociedad
cubana de estos días, abocada sin dudas a cambios estructurales que supondrán a su vez conmociones e impactos muy
sensibles en el tejido social: esto es, en las gentes que habitamos este espacio y este tiempo” (2010: 9).

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 287
Mónica Simal. La poética del testimonio…

testimoniales recientes que parecen renacer ya desde sus títulos como el ave fénix (Vidas secretas de
médicos cubanos, de Hedelberto López Blanch, Bajo la piel del Che, de Alicia Elizundia o La calle de los
oficios, de Yamil Díaz), y de las palabras de Casaus en esta reedición de su libro, la apuesta areniana por
una disidencia testimonial se reactualiza más que nunca. Y es que la batalla de Arenas frente a la política
cultural cubana está muy lejos de concluir.
Resuena (y resonará) el eco de su testimonio y de los marielitos, en su intento heroico en medio
del aislamiento, el silencio crítico y la abierta hostilidad, de trastornar el discurso oficialista al dar una
visión “otra”, disidente y desconforme que se convirtió en su “verdad”. Si terminó siendo esta o no otra
ficción más, se trató de finalmente poderla expresar con la libertad que le daban las palabras, ese “único
tesoro” areniano, espacio compartido, “verdad” violenta enfrentada a todas las represiones.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 288
Mónica Simal. La poética del testimonio…

Bibliografía citada
Alberca, Manuel. “Es peligroso asomarse (al interior). Autobiografía vs. Autoficción”. Rapsoda. Revista
de Literatura 1 (2009): 1-24.
Arenas, Reinaldo (1999). El color del verano o ‘Nuevo jardín de las delicias’. Barcelona: Tusquets.
Arenas, Reinaldo (2001). Necesidad de libertad. 2nd. ed. Miami: Ediciones Universal.
Barnet, Miguel (1969). “La novela testimonio: socio-literatura.” Canción de Rachel. Barcelona: Estela.
Barnet, Miguel. “Testimonio y comunicación: una vía hacia la identidad.” Unión 4 (1980): 131-143.
Beverley, John. “Anatomía del testimonio”. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana 13.25 (1987):
7-16.
Casaus, Víctor (2010). Defensa del testimonio. La Habana: José Martí.
“Editorial”. Mariel: Revista de Literatura y Arte 1.1 1983: 2
Chang-Rodríguez, Rachel. “Sobre La Canción de Rachel, Novela-Testimonio”. Revista Iberoamericana
44.102-103 (1978): 133-138.
García, María Cristina (1996). Havana USA: Cuban Exiles and Cuban American in South Florida,
1959-1994. Berkeley: U of California P.
García, Victoria. “Testimonio literario latinoamericano: prefiguraciones históricas del género en el
discurso revolucionario de los años sesenta”. Acta Poética 35.1 (2014): 63-92.
Gugelberger, Georg M. (1996). “Introduction: Institutionalization of Transgression: Testimonial
Discourse and Beyond”. Gugelberger, Georg (ed). The Real Thing Testimonial Discourse and
Latin America. Durham y London: Duke UP: 1-19.
Jameson, Fredric. “De la sustitución de importaciones literarias y culturales en el tercer mundo: El caso
del testimonio”. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana 18.36 (1992): 119-135.
Luis, William. “The Politics of Memory and Miguel Barnet’s ‘The Autobiography of a Runaway Slave’”.
MLN 104. 2 (1989): 475-501.
Molloy, Sylvia (1996). Acto de presencia. La escritura autobiográfica en Hispanoamérica. México:
Fondo de Cultura Económica.
Moreiras, Alberto (1995). “The Aura of Testimonio”. Gugelberger, Georg M. (ed.) The Real Thing.
Testimonial discourse and Latin America. Durham y London: Duke UP: 192-24.
Ocasio, Rafael (2007). A Gay Cuban Activist in Exile: Reinaldo Arenas. Gainesville: UP of Florida.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 289
Mónica Simal. La poética del testimonio…

Prada Oropeza, Renato. El discurso-testimonio y otros ensayos. México, D.F.: Coordinación de Difusión
cultural, Dirección de Literatura, UNAM, 2001.
Quintero Herencia, Juan Carlos (2002). Fulguración del espacio. Letras e imaginario institucional de la
Revolución Cubana (1960-1971). Rosario: Beatriz Viterbo.
Rozencvaig, Perla y Julio Hernández-Miyares (eds.) (1990). Reinaldo Arenas: alucinaciones, fantasía y
realidad. Glenview: Scott, Foresman and Company.
Sklodowska, Elzbieta. “Miguel Barnet y la novela-testimonio”. Revista Iberoamericana 68. 200 (2002):
799-806.
Simal, Mónica. “Necesidad de libertad: Reinaldo Arenas y la generación del Mariel frente a la tradición
literaria cubana”. The Latin Americanist 59.3 (2015): 67-87.
Soto, Francisco (1994). Reinaldo Arenas: The Pentagonía. Gainesville: UP of Florida.
Soto, Francisco. “Libertad y disidencia en Reinaldo Arenas: un legado intelectual del Mariel”. Mariel:
memoria y escritura. Ollantay Center for the Arts. Baruch College, New York. 12 jun. 2010.
Lectura.
Soto, Francisco. Reseña de A Gay Cuban Activist in Exile, de Rafael Ocasio. Revista de Estudios
Hispánicos 42.2 (2008): 380-82.
Triff, Soren (1994). “Los ensayos dispersos de Reinaldo Arenas”. Sánchez, Reinaldo (ed). Reinaldo
Arenas: recuerdo y presencia. Miami: Ediciones Universal: 183-99.
Weinberg, Liliana (2011). Umbrales del ensayo. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
Yúdice, George. “Testimonio y concientización”. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana 18.36
(1992): 211-32.

AVATARES DEL TESTIMONIO EN AMÉRICA LATINA


KAMCHATKA 6 DICIEMBRE 2015. PÁGS. 269-290 290

También podría gustarte