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Fujimori: Corrupción y Política en Perú 1990-2000

Este documento resume un trabajo de investigación sobre el régimen de Alberto Fujimori en el Perú entre 1990 y 2000. Aborda los antecedentes políticos y económicos que llevaron a Fujimori al poder, así como su gobierno autoritario caracterizado por la corrupción institucionalizada y violaciones a los derechos humanos. Finalmente, analiza el legado complejo que dejó Fujimori en la democracia peruana.

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Fujimori: Corrupción y Política en Perú 1990-2000

Este documento resume un trabajo de investigación sobre el régimen de Alberto Fujimori en el Perú entre 1990 y 2000. Aborda los antecedentes políticos y económicos que llevaron a Fujimori al poder, así como su gobierno autoritario caracterizado por la corrupción institucionalizada y violaciones a los derechos humanos. Finalmente, analiza el legado complejo que dejó Fujimori en la democracia peruana.

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UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN

MARCOS
Universidad del Perú, Decana de América
FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS
Escuela profesional de Economía

Tema: “El régimen de Alberto Fujimori: corrupción y política en el


Perú durante el periodo de 1990- 2000”

Trabajo presentado para el curso de:


Realidad Nacional e Internacional

Autores: Códigos:
Mucha Cuicapuza Carlos Alberto 23120257
Peralta Sánchez Dylan Giuliano 23120052
Pingo Rodríguez Félix Sebastián 23120263
Pisfil Capuñay Maryuri Narumi 23120264
Quiros Rios Juan Pablo 23120267
Rimac Hurtado Valentina 23120270
Rosas Rojas Siomara Aracely 23120272
Vigo Valerin Victoria Vigo 23120064

Docente:
Rojas Juarez Hugo Felipe

Lima 2023-II
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Índice

1. Introducción........................................................................................................................3
2. Antecedentes.......................................................................................................................6
3. Montesinos.........................................................................................................................9
4. Fujimori............................................................................................................................21
5. Inicios del gobierno de Fujimori de 1990 hasta el autogolpe de 1992.............................25
6. Remozando la corrupción.................................................................................................29
7. Dictadura cívico militar....................................................................................................34
8. Redes de corrupción.........................................................................................................42
9. Participación del sector privado.......................................................................................48
10. Corruptelas militares.......................................................................................................54
11. Colusión con el narcotráfico...........................................................................................57
12. Caída Cinemática............................................................................................................61
13. Autoexilio en Japón y Demanda de Cuentas de Alberto Fujimori.................................66
14. Culminación de un ciclo.................................................................................................78
15. Medidas anticorrupción implementadas después del gobierno de Fujimori..................79
16. Conclusiones...................................................................................................................84
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1. Introducción

Existe un legado dentro de la historia peruana en los últimos 30 años que ha

trascendido toda esfera social y política. Una huella que se mantiene viva porque una serie de

transformaciones y acontecimientos han quedado instaurados en el marco legal máximo del

Perú y en su propia población. No es otra huella que la del fujimorismo.

Imborrable para bien o para mal, el legado del expresidente Alberto Fujimori es

innegable tanto por sus seguidores como por sus detractores. Este trabajo busca dar a conocer

el origen de este legado en el régimen autoritario de Fujimori durante la década de los 90,

centrándonos en sus políticas y la corrupción institucionalizada en su gobierno.

Asimismo, hablar de este personaje histórico nos permitirá formar una idea de cuál es

el origen de uno de los partidos más importantes 23 años después del culmine del régimen

fujimorista, es decir, de Fuerza Popular. ¿Quién es la máxima figura de este partido? Por qué,

sí, sentirse representado por Fuerza Popular o participar activamente por este partido, implica

casi por obligatoriedad ser fujimorista o, por lo menos, implica sopesar más los cuestionables

logros que los perjuicios generacionales que ha cometido contra el Perú, el ex mandatario.

Hablar de la situación política del Perú es hablar de una crisis de gobernabilidad cuyo

origen es debate de otras investigaciones. Sin embargo, hemos de resaltar un condicionante y

potenciador como lo fue este gobierno para entender el panorama político actual. ¿Cómo

podría ser posible entender a cabalidad la noticia constante del intento de indulto a Fujimori

sin conocer por qué se le encarceló?, ¿Cómo podríamos entender el desdén en la política al

apellido Fujimori, en padre como en hijos?, ¿Cómo podemos entender la estructura social del

Perú actual sin conocer las leyes que la han condicionado?


4

Diez años de mandato no es sintetizable en un solo trabajo, pero al menos los puntos

que se mencionarán darán una buena idea de tal periodo.

En este sentido, empezaremos por mencionar los antecedentes y el camino al poder,

seguido por la figura de Montesinos, sus años de constitucionalidad, los inicios de la

corrupción en su gobierno, la dictadura cívico militar, las redes de corrupción, la

participación del sector privado, caída y exilio, y finalmente las medidas tras el gobierno

fujimorista

La historia política de América Latina está marcada por figuras que han dejado una

impronta significativa en el devenir de sus naciones. En este contexto, el gobierno del

expresidente peruano Alberto Fujimori emerge como un capítulo trascendental que ha

suscitado debates, elogios y críticas a lo largo de las décadas. Esta monografía se propone

examinar de manera exhaustiva la presidencia de Alberto Fujimori, un periodo caracterizado

por transformaciones políticas, económicas y sociales en la República del Perú.

Alberto Fujimori asumió la presidencia del Perú en 1990, en un contexto de crisis

económica, inestabilidad política y conflictos internos. Su mandato, que se extendió hasta el

año 2000, se destaca por una serie de políticas y decisiones que generaron impactos

profundos en la estructura y el funcionamiento del Estado peruano. Para comprender

plenamente este periodo, es imperativo examinar los logros, desafíos y controversias que

marcaron la gestión de Fujimori.

Desde la implementación de medidas económicas drásticas hasta la lucha contra el

terrorismo y la reconfiguración del sistema político, el gobierno de Fujimori dejó una huella

compleja en la historia peruana. Esta monografía abordará aspectos clave de su presidencia,


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analizando su legado en términos de estabilidad económica, derechos humanos, corrupción y

el impacto a largo plazo en la democracia peruana.

A través de un análisis riguroso y objetivo, se buscará arrojar luz sobre los factores

que definieron el gobierno de Alberto Fujimori y evaluar su influencia en el devenir posterior

del Perú. En última instancia, esta investigación aspira a proporcionar una comprensión

integral de un periodo que ha dejado una marca indeleble en la historia política de América

Latina.

A medida que esta monografía se sumerge en los años del gobierno de Alberto

Fujimori, se explorarán no solo las políticas y acciones que definieron su mandato, sino

también las complejidades éticas que rodearon sus decisiones. Al examinar su legado, se

buscará no solo entender el impacto inmediato de sus políticas, sino también evaluar cómo

estas han dado forma a la trayectoria política y social del Perú en las décadas posteriores. En

última instancia, esta investigación se presenta como una oportunidad para reflexionar sobre

las intersecciones entre el poder, la ética y el legado en el ámbito gubernamental.

2. Antecedentes

Cotler y Grompone (2000) mencionan que durante los años ochenta, el Perú vivió una

crisis que amenazó con destruir por completo los lazos de una sociedad ya fragmentada y

terminar por destruir la degradada y precaria organización social.

Previo a ello el salto súbito a la democracia tras la dictadura militar terminó siendo

muy accidentado, situación homogénea en distintos países latinoamericanos. Las expectativas

de la democracia no fueron satisfechas por la presencia de factores externos e internos.


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En el marco de la "década perdida" de América Latina, Fernando Belaunde asumió la

presidencia del Perú y enfrentó problemáticas ligadas al gobierno militar pasado, acciones

subversivas que iban naciendo en la Sierra, una crisis internacional de la deuda externa en

1982 y los efectos del Fenómeno del Niño. Agudizando la situación política-social, los

históricos conflictos entre partidos políticos y sectores de la sociedad, como de la incapacidad

del Estado para formular, organizar y tomar decisiones; este primer gobierno democrático

terminó sumergido en una ola de contradicciones que agudizado aún más los problemas que

venían arrastrándose de los años 70.


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Frente a tal situación, las ideas y propuestas nacionalistas y populistas concentraron el

apoyo popular expresado en una victoria electoral aplastante del partido Aprista y de un joven

Alan Garcia. Con la promesa de responder a las contradictorias demandas colectivas y lograr

la integración nacional, Garcia asumió el poder en el 85. En primera instancia, los poderes

facultados al presidente por el Congreso afirmaron el carácter presidencialista del gobierno.

García adoptó un carácter caudillista y decidió impugnar las condiciones del pago de

la deuda externa. Además, rechazó las políticas recomendadas por organismos multilaterales

para lograr estabilidad y ajuste económico. Sumándole a ello los ataques al gobierno de los

Estados Unidos por sus pretensiones hegemonistas, el Perú fue aislado económicamente de

los círculos financieros internacionales.

Resultado de ello, el Perú se vio inmerso en la segunda hiperinflación mas larga de

toda la historia, y junto a los nulos ingresos fiscales, el aparato del Estado dejó de funcionar

por completo. Fue natural en este punto la eclosión del sector informal. Por otro lado, al
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sumarse la subversión terrorista y el tráfico ilógico de drogas, de terminó por desencadenar

un ambiente de desorden social, incertidumbre y temor.

Sin importar tal coyuntura, los actores políticos se esmeraron en anular cualquier

esfuerzo destinado a conseguir acuerdos para abordar los aspectos de la crisis nacional. Al

mismo tiempo, los movimientos mesiánicos, los movimientos terroristas, "la utopía andina" y

desborde popular acabaron por desacreditar al Estado "criollo".


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3. Montesinos

Vladimiro Montesinos, nacido en 1945 en Arequipa, Perú, provenía de una familia de

clase media. Su vida tomó un rumbo determinante cuando decidió ingresar a la Escuela de las

Américas en Panamá para su formación militar. Durante este período de formación,

estableció conexiones cruciales en el poder militar y de inteligencia, tanto con influencias de

Estados Unidos como de la Unión Soviética en plena Guerra Fría, sentando las bases para su

futura trayectoria en las esferas de inteligencia y militar.

Sin embargo, su carrera sufrió un revés cuando fue acusado de espionaje e

insubordinación, lo que resultó en su expulsión del ejército. Aprovechó este tiempo en prisión

para estudiar Derecho, logrando graduarse en tiempo récord. Posteriormente, se destacó como

abogado defensor, especializándose en la defensa de narcotraficantes, utilizando sobornos y

chantajes para obtener victorias judiciales.

Montesinos rápidamente se convirtió en un personaje relevante como abogado

defensor, sobre todo de miembros de las fuerzas armadas y la policía implicados en casos de

gran relevancia. Entre estos casos se incluyó "Villa Coca", que involucraba narcotráfico, y

violaciones a los derechos humanos en Ayacucho. Ganó reputación al garantizar la

impunidad para estos individuos y al ganarse la confianza de altos mandos militares.

Con su regreso al ámbito de la inteligencia, Montesinos aprovechó sus conexiones y

renombre para infiltrarse en el sistema de inteligencia peruano, así como en la judicatura y el


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ejército. Finalmente, se convirtió en un personaje crucial en la campaña presidencial de

Alberto Fujimori en 1990, consolidando su influencia política y su ascenso al poder. Este

camino turbio y astuto lo llevó a convertirse en uno de los personajes más oscuros de la

historia política de Perú, marcando profundamente la década de los años 90, una época de

enorme complejidad y controversia en la historia del país.

Desde su detención en junio de 2001, Vladimiro Montesinos ha sido constantemente

mencionado en periódicos, revistas y noticieros peruanos con nuevas revelaciones sobre su

extensa red de corrupción. Hace solo cinco años eran escasas sus apariciones, pero ahora sus

fotos llenan abarrotados archivos en las oficinas de prensa, mostrándolo con los mismos

gestos y posturas: mirada fija, cabeza abatida y hombros anchos buscando ocupar el mayor

espacio posible. Incluso hoy en día, su figura sigue siendo un enigma. Cada revelación

reciente sobre las actividades de su mafia, posiblemente involucrando a figuras políticas de

Latinoamérica, Estados Unidos y España, amplía en lugar de disminuir su misterio. Preguntas

como hasta dónde llegó su influencia y poder, quiénes fueron registrados en sus videos

privados y cuánto dinero e influencia pudo acumular, probablemente quedarán parcialmente

sin respuesta para siempre. Estas incógnitas sientan las bases de una leyenda en desarrollo.

Las repetidas imágenes en los periódicos corroboran el fascinante atractivo que genera

alguien que parece personificar, como pocos en nuestra historia reciente, la pureza del mal.

De ser el amo oculto del Estado peruano, ha pasado a convertirse en un "producto de

mercadeo" de los medios. Montesinos estaba intrínsecamente ligado al poder, siendo el mal

para él un entorno natural y un pozo de perpetua juventud en el que se sumergía diariamente.

Es uno de los personajes históricos que buscaban saciar desde las sombras su deseo de

dominio, al igual que sus predecesores históricos y literarios. Estaba convencido de que la

pareja política que el destino le había asignado, un ingeniero hijo de inmigrantes japoneses,
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no estaba a la altura de sus ambiciones. Poseía una personalidad llena de intrigas y pasillos, y

quizá la congelada pasión por controlar la vida de los demás era el sol en ese oscuro sistema

solar. Esta pasión parece haberse originado como respuesta a la violencia que lo rodeaba en

su juventud. Según su biógrafo Luis Jochamowitz, en su ciudad natal de Arequipa, su

apariencia frágil lo exponía a abusos por parte de amigos del barrio. En una ocasión, después

de sufrir una paliza, Montesinos descubrió y denunció las travesuras secretas de sus agresores

a sus padres, lo que resultó en castigos ejemplares para ellos. Con el tiempo, la delación, el

chantaje y la adulación se convirtieron en los cimientos de una forma cautelosa de

supervivencia y luego en un sistema para seducir y ascender en el poder. Su carrera, desde

sus días de estudiante, estuvo marcada por fraudes, engaños y falsificaciones de documentos

para obtener posiciones en el ejército. Durante las décadas de los setenta y ochenta,

Montesinos obtuvo rápidos favores de generales y ministros, y después de un período en

prisión por espionaje, recuperó un poder absoluto durante el gobierno de Fujimori. La

atracción erótica por el poder no solo fue una venganza contra aquellos que lo habían

rechazado y encarcelado antes, sino también contra un pasado lleno de afrentas.

Su anhelo de control surge de las huellas de una infancia marcada por carencias y

humillaciones: un padre alcohólico y erratico en Arequipa, un hogar familiar salpicado de

limitaciones y necesidades, y el desprecio de sus tíos hacia su madre. Su padre, Francisco

Montesinos, proveniente de una distinguida familia arequipeña (las calles de Arequipa fueron

decoradas con flores para la boda de su abuelo Guillermo), fue excluido después de casarse

con Elsa Torres, considerada socialmente inferior por su madre y hermanos. Siendo hijo de

un marginado, criado en la marginación de una familia poderosa, ahora parece comprensible

que Vladimiro quisiera buscar compensaciones a través de un poder absoluto. Si la realidad


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lo había apartado, estaba decidido a tomarla. Si su hogar no fue aceptado por el mundo, haría

que el mundo fuera su hogar.

Su padre tendría una influencia crucial en los recovecos y turbulencias de esta

obsesión. Jochamowitz ha reconstruido con precisión la relación, de la cual aquí daremos

solo un esbozo. Francisco Montesinos se había casado y tenía un hijo llamado Ricardo con

Elena Bouroncle, una mujer a quien la familia (encabezada por su madre María y su hermano

mayor Alfonso) consideraba indigna por su "pasado". Cuando la familia Montesinos anuló el

matrimonio y pagó a Elena para que dejara Arequipa para siempre, Francisco se sintió

completamente despojado por su hermano (la rabia hacia Alfonso siempre lo acompañaría) y

devastado por la pérdida de su hijo. Pero no por mucho tiempo. Pronto, Francisco

compensaría la desaparición de Ricardo con el nacimiento en 1945 de Vladimiro, su primer

hijo con una mujer de origen social humilde, Elsa Torres. (Es importante recordar que en esos

años de la Segunda Guerra Mundial era común poner nombres de grandes líderes europeos a

los recién nacidos; algunos compañeros de colegio de Vladimiro se llamaban Adolfo).

Francisco, un hombre inestable, capaz de arrebatos de furia y generosidad igualmente

extremos, colocó a Vladimiro en el centro de la familia y lo hizo creer en un futuro de

grandeza. Pensaba que el mejor camino para que su hijo cumpliera con ese destino era la

carrera militar, a la que Vladimiro no se sentía inclinado pero aceptó. Algún tiempo después,

mientras vivían en Lima, un accidente de Vladimiro provocaría indirectamente la muerte de

su padre.

Tras un choque automovilístico de su hijo, Francisco cometió un fraude para

ayudarlo, se vio acorralado por problemas financieros y, finalmente, después de una vida

sembrada de fracasos y frustraciones, se quitó la vida. Francisco Loayza, viejo amigo de

Montesinos que lo presentó al entonces candidato Fujimori, cuenta que un día Montesinos lo
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llevó a un edificio, abrió la puerta de uno de los apartamentos y le mostró el cuerpo de su

padre, que acababa de suicidarse, haciendo una pregunta: "¿Crees que la muerte de este

afectará mi carrera?" Es muy probable que tuviera una relación de amor y odio con quien lo

nombró heredero de sus delirios de grandeza. Jochamowitz relata que Montesinos tomaría

muy en serio el consejo en forma de mensaje escrito que su padre le dejó antes de morir:

"Nunca seas pobre".

Era una versión de Big Brother, pero también una encarnación de El Padrino.

Aceptaba peticiones y proponía acuerdos ilegales mostrando una generosidad calculada. En

ocasiones, iniciaba sus sobornos con reflexiones sobre la globalización y la tecnología

moderna. La comunicación, la cortesía y la sutileza eran herramientas de dominio. Sus

modales pulidos de caballero arequipeño fueron uno de los factores que lo convirtieron en un

creador de subordinados. A menudo, justificaba sus coimas con el argumento de las

necesidades de desarrollo de Perú (frases como "debemos ver las cosas a nivel macro" o

"tenemos que demostrar que tenemos un gobierno fuerte y unido" eran comunes).

Aunque no hay dudas de que ordenó el asesinato de periodistas, líderes sindicales y

otras personas incómodas con frialdad calculada, prefería inicialmente recurrir al chantaje, la

coima y la persuasión. En ocasiones se jactaba de lograr sus objetivos sin derramar sangre.

No obstante, su ejército personal, una versión moderna de la guardia pretoriana, estaba

constantemente activo (mediante asesinatos y torturas), y tanto Montesinos como Fujimori

recompensaban sus atrocidades con ascensos y otros incentivos.

En retrospectiva, su astucia y crueldad parecen estar irónicamente teñidas de

ingenuidad. En una era saturada por la luz difusa de las comunicaciones, pretendía
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mantenerse en la oscuridad. Suponía que podía extender al infinito y, al mismo tiempo,

mantener en secreto la red que lo sostenía. La lectura posiblemente contribuyó a sus

ilusiones. Sus profesores de la escuela y de la Academia Militar lo recordaban como un ávido

lector de biografías, libros de historia y psicología. A veces se respaldaba en las ideas de

Maquiavelo como justificación para sus acciones. Al igual que Edgar Hoover, a quien

admiraba, desde sus años de estudiante había creado un archivo personal compuesto de

cuadernos con información biográfica sobre sus compañeros de clase y profesores (desde

muy joven chantajeaba repetidamente al guardia para escapar de la escuela). Convencido de

que el poder dependía de la voluntad y el talento individuales, imaginaba un universo que

giraba en torno a él. Suponía que los presidentes eran piezas intercambiables que podían

sucederse bajo un sistema de vigilancia compuesto por centros de grabación telefónica y

cámaras ocultas en dormitorios y ropas (una de sus últimas diversiones fue la microcámara en

la corbata).

El poder era la obsesión natural de una vida marcada por la soledad y la marginación.

Para alguien solitario, el poder solo podía realizarse en el control de su enemigo natural: los

otros y las demás personas. El solitario siempre percibe a los demás como enemigos naturales

en su conciencia. Para el solitario, la desconfianza (hacia los demás y hacia sí mismo) es un

requisito previo para cualquier relación. Por eso, el solitario necesita una prueba definitiva de

la sumisión de los demás. La extensión del poder de Montesinos solo podía confirmarse

mediante dos manifestaciones paralelas: el sexo y el dinero. Mantenía relaciones sexuales con

mujeres y acumulaba fortuna en bancos de todo el mundo con avidez (padecía el síntoma

común de los hombres adinerados: no sabía cuánto dinero tenía). Para demostrar con más

énfasis su poder, a menudo llegaba con regalos a su amante, Jacky. En este último aspecto,

seguía el lema de su padre: "Un Montesinos nunca llega con las manos vacías".
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Si el sexo y el dinero manifestaban el poder, la vista y el oído lo sustentaban. La única

venganza del solitario era poseer al otro a través de la mirada (Montesinos leía a Sartre, y es

tentador, aunque quizás exagerado, pensar que asimiló las ideas del ser-para-el-otro en

relación con sus propios traumas). La inclinación voyeurística de Montesinos demostraba su

deseo de fijar y archivar la realidad bajo su dominio. Nada debía moverse en el mundo sin

que sus sentidos lo captaran. La oscuridad le confería autoridad y poder a su mirada. El ojo,

inseparable de la sombra, era una forma sinuosa de venganza y redención.

Maestro de la manipulación emocional, pretendía ser también un visionario de los

infiernos de los demás. La premisa de su intento residía en su convicción de la natural

vulnerabilidad de los seres humanos ante su lado oscuro ilimitado. Parecía razonar que el

poder pertenecía a quien registrara pruebas de la inclinación innata de los hombres hacia las

drogas, el sexo y el alcohol. Gracias a su control sobre algunos burdeles y locales de

entretenimiento en Lima, había acumulado cientos, quizás miles, de videos de congresistas,

militares, actores, políticos y deportistas famosos involucrados en actos sexuales, sesiones de

drogas o exhibiciones alcohólicas (muchos de estos fueron destruidos antes de su fuga y otros

fueron eliminados por Fujimori antes de la suya; algunos se conservan actualmente en una

instalación de la Iglesia peruana). En una ocasión, su camarógrafa oficial, Matilde Pinchi, se

quedó dormida de tanto filmar encuentros sexuales. Uno de los rumores extendidos durante

su mandato era que había colocado micrófonos en los teléfonos celulares de ministros y

congresistas. Otro rumor afirmaba que enviaba a empleadas domésticas y choferes para

seducir a algunos políticos. Su concepción del mundo estaba formada por circuitos que

comenzaban en sus ojos y terminaban en los cuerpos ajenos. Torpe para manejar los

dispositivos de video, Montesinos le encargaba a un operador su manipulación y a menudo le


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pedía que congelara y repitiera infinitamente algunas imágenes. En la erótica del poder, los

ojos de los dispositivos se habían convertido en sus órganos sexuales.

Esta atracción lo sostenía. Quizás su adicción a ella es el contexto que explica su

ambición. Era un incendiario moral al servicio de su obsesión: absorber el caos de la realidad

en la unidad de su sistema de dominio. El símbolo de esta unidad, sin duda, era el ojo de la

cámara.

Poseía una energía que le permitía trabajar en sesiones de quince horas seguidas en las

oficinas del Servicio de Inteligencia Nacional (examinando contratos, revisando documentos,

leyendo resúmenes de transcripciones, celebrando reuniones) y se entregaba con la misma

energía a sus tendencias voyeuristas. La curiosidad era una obsesión al servicio de su

necesidad. Observar y observarse eran dos pasiones paralelas y complementarias. Observar al

otro era fijarlo. Observarse a sí mismo con el otro era una confirmación de su dominio. Si se

grababa sobornando a congresistas y jueces, posiblemente lo hacía para guardar la evidencia

de su superioridad, la culminación práctica de su poder. Naturalmente atraído por la

oscuridad, ya que había optado por no aparecer en lugares públicos, ser observado, en

cambio, lo aterraba, ya que equivalía a entregarse. Sin embargo, este temor se transformaba

en placer al ser observado por personas de extrema confianza (sus guardias, confidentes y

pocos más), momento en el que liberaba su espíritu exhibicionista.

Una anécdota de Luis Jochamowitz lo describe de esta manera. En cierta ocasión,

Montesinos y su novia Jacqueline Ortega se sumergieron desnudos en la piscina de su casa de

playa. Antes, Montesinos había hecho formar a su guardia privada en fila, de espaldas a la

piscina, con la instrucción de no voltearse para mirarlo. Su diversión consistía en hacer el

amor en el agua mientras observaba a sus hombres y descubría con el rabillo del ojo al

primero de ellos que no podía resistir la curiosidad y se volteaba para mirar.


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El poder de la mirada y la mirada del poder conforman una ecuación silenciosa. El

ruido excéntrico del poder, en cambio, se manifestaba en sus alardes cotidianos. En

ocasiones, por ejemplo, proponía a alguno de sus amigos tomar un avión privado para

almorzar esa tarde en la Isla Margarita. Pero en la caverna del poder, se proyectaban sus

sueños y, al mismo tiempo, sus pesadillas. La inseguridad, la desconfianza y el temor a ser

destituido nunca lo abandonaron. Su amante Jacqueline Beltrán cuenta que se despertaba

alarmado después de haber soñado con un golpe de Estado. La vida para él era una guerra

constante contra sus enemigos, es decir, todos los demás.

Inseparable de la soledad, el ejercicio absoluto del poder implica una intensidad difícil

de sobrellevar a medida que pasan los años. Según Jochamowitz, en los últimos meses del

gobierno de Fujimori, Montesinos soñaba vagamente con la posibilidad de retirarse del

gobierno y ser considerado un consultor en temas políticos y militares, con cierta reputación

intelectual. En ese momento, la oscuridad empezaba a abrumarlo. El otro gran personaje en

este escenario es el general Antonio Ketín Vidal, quien capturó a Montesinos. Ketín es un

personaje moralmente intachable, un policía reservado, delgado y con una expresión de

dureza benigna que cumplió al pie de la letra las instrucciones de su deber. Su personalidad

podría estar definida por su uniforme siempre impecable y su gorra de policía que encaja

perfectamente en su sien. Se podría decir que es, en términos de Isaiah Berlin, un erizo, un

ser humano definido por una única característica y destinado a una sola vocación: un policía

decidido a buscar y capturar delincuentes. Es significativo que haya logrado esto con los dos

criminales más destacados en la historia peruana, Montesinos y Abimael Guzmán.

El irónico desenlace de la historia de Montesinos comenzó a redactarse recientemente.

Una vez el dueño absoluto de la mirada pública, ahora es objeto de la atención mediática. El

primero de sus numerosos procesos en curso se inició cuando ingresó al penal de Lurigancho
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el 18 de febrero, una sesión transmitida en vivo por televisión y radio. Es curioso que ahora

ocupe una celda de hierro que él mismo ordenó construir para albergar a terroristas

peligrosos, lo cual, sin duda, es una de las ironías de este desenlace. Consciente de todo esto,

el hombre que se mostró en la pantalla esa mañana, una caricatura evidente del antes

poderoso asesor, parecía un fantasma incierto, un superviviente pálido de su propia historia.

Desde el principio, en las audiencias públicas, su principal obsesión ha sido retener

algún vestigio de poder. Alegando, a través de su abogada Estela Valdivia, la falta de

imparcialidad de los jueces, se ha mantenido en silencio ante las preguntas de la jueza y el

fiscal, frente a las cámaras. Demacrado, encogido, devastado por los estragos de la calvicie,

el silencio de Montesinos en estos días es el último acto de resistencia, su aferramiento a la

oscuridad. Aunque es posible que rompa ese silencio en alguno de los otros juicios más

relevantes que se avecinan, su rostro imperturbable, su cuerpo inmóvil, son el epicentro de las

sesiones. Los reproches, acusaciones, insultos y confesiones de su amante Jacqueline Beltrán,

su confidente Matilde Pinchi y otros personajes de su entorno no han alterado hasta ahora, 10

de marzo, su semblante robótico que ha perdido todos los poderes excepto el de mantener el

autocontrol. El silencio y la inmovilidad, últimas manifestaciones de su sombra, solo se

interrumpen brevemente. Su única manifestación ocasional es una breve crisis de parpadeo,

una señal con la que parece comunicarse a sí mismo, no al mundo, de que sigue vivo.

En un giro inesperado, este acto de aparente cortesía en la sesión del 6 de marzo dejó

perplejos a los presentes, como si Montesinos, el arquitecto de tantos actos oscuros, estuviera

insinuando una nueva faceta de su persona ante la inminencia de su juicio. Sin embargo, tras

este breve momento de calma en la sala de audiencias, la sombra de su pasado corrupto y sus

maquinaciones siguió acechando cada palabra y gesto suyos, recordando la profundidad de

sus acciones en un pasado no tan lejano.


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Este gesto aislado de Montesinos en la audiencia, aparentemente trivial en

comparación con su trayectoria de manipulación y crueldad, contrasta profundamente con el

análisis detallado del ascenso meteórico que protagonizó durante la presidencia de Alberto

Fujimori en Perú. Este episodio oscuro de la historia peruana se centra en la enigmática

"salita del zinc" y el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), desvelando cómo Montesinos

consolidó su poder rápidamente en un momento tumultuoso para el país.

En un contexto donde la seguridad nacional era una prioridad, se explica qué

funciones desempeñaba un servicio de inteligencia en Perú, especialmente en la década de

1980. Montesinos, con conocimiento previo del funcionamiento interno de estas

instituciones, estableció relaciones estratégicas en los ámbitos judicial y militar, generando

confianza antes de la presidencia de Fujimori.

Una vez Fujimori ascendió al poder, Montesinos capitalizó estas relaciones y

rápidamente adquirió una posición influyente en él y otras instituciones clave. Utilizó los

recursos y la red de inteligencia del SIN para consolidar su poder, controlando diversas

instituciones y manipulando la información para mantener su influencia política, a menudo a

través de prácticas corruptas y coercitivas.

Los "vladivideos" representaron un hito crucial al exponer la corrupción rampante y la

manipulación en la política peruana, especialmente durante la campaña de reelección de

Fujimori. Estos videos revelaron un abuso generalizado de poder y corrupción, demostrando

cómo Montesinos aprovechó rápidamente la situación para consolidar su influencia en la

sombra durante el gobierno de Fujimori, dejando una marca indeleble en la historia política

de Perú.
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Así pues, para el encuentro estratégico entre Alberto Fujimori y Vladimiro

Montesinos, uno de los nexos cruciales fue Francisco Loaiza, un sociólogo y miembro del

equipo cercano a Fujimori. Loaiza, quien poseía acceso a información clasificada de

inteligencia, jugó un papel esencial al facilitar la conexión inicial entre estos dos personajes

después de la primera vuelta electoral. Montesinos, con un historial marcado por períodos de

prisión y vínculos con actividades ilícitas, fue fundamental para despejar las acusaciones de

evasión fiscal que amenazaban la campaña de Fujimori. Esta colaboración estratégica marcó

el inicio de una relación estrecha entre ambos, consolidándose como una alianza influyente

que caracterizó la política peruana durante la década de 1990.

4. Fujimori

Un docente de ciencias naturales que se convierte en un fenómeno político y electoral.

Sus progenitores, Naoichi Fujimori y Mutsue Inomoto, originarios de una familia campesina

y humilde, emigraron desde la prefectura japonesa de Kumamoto en 1934 como una pareja

recién casada. Naoichi ya se había establecido en el Perú, donde trabajó como jornalero

recolector de algodón antes de abrir un modesto taller de sastre en Huacho, una ciudad

costera al norte de Lima. Posteriormente, la familia se trasladó a la capital del país. Alberto

nació cuatro años después en un momento particularmente difícil para la familia, tras la

quiebra del taller de sastrería y luego de perder los cultivos de algodón que tenían arrendados

en el distrito limeño de Miraflores. Ante estas circunstancias, el padre incursionó en la


21

reparación de neumáticos de vehículos, un negocio que prosperó hasta que estalló la Segunda

Guerra Mundial, desencadenando sentimientos xenófobos en la población peruana hacia la

comunidad de origen japonés. El Gobierno proestadounidense de Manuel Prado Ugarteche

confiscó las propiedades económicas de esta comunidad.

Alberto Fujimori, el segundo de cinco hijos de los Fujimori (la primogénita fue

Juana y los más jóvenes Pedro, Rosa y Santiago), cursó la educación primaria en el colegio

Nuestra Señora de la Merced y en la escuela pública La Rectora, mientras que la educación

secundaria la realizó en la gran unidad escolar Alfonso Ugarte. Aprovechando una

posibilidad legal, sus padres lo registraron como ciudadano japonés en el Consulado nipón,

otorgándole la doble nacionalidad, peruana y japonesa. Educado bajo los valores de

laboriosidad y superación personal propios de la cultura oriental, influenciado por las labores

agrícolas de su familia, Fujimori ingresó en 1957 a la Universidad Nacional Agraria La

Molina (UNALM) en Lima. En 1961, se graduó como ingeniero agrónomo, destacándose

como el mejor de su promoción. Luego, en 1962, comenzó a enseñar Matemáticas en la

recién fundada Facultad de Ciencias. Durante 1964, amplió sus estudios en Matemáticas y

Física en Francia, participando en un curso de posgrado en la Universidad de Estrasburgo.

Gracias a una beca de la Fundación Ford, Fujimori realizó otro posgrado en

Matemáticas en la Universidad de Wisconsin en Milwaukee, Estados Unidos, donde obtuvo

el título de máster en Ciencias en 1969. Posteriormente, regresó al Perú para reanudar sus

labores docentes. En julio de 1974, contrajo matrimonio con Susana Higuchi Miyagawa,

también peruana de ascendencia japonesa e ingeniera. Juntos tuvieron cuatro hijos: Keiko

Sofía, Hiro Alberto, Sachi Marcela y Kenji Gerardo. Tras más de dos décadas dedicadas a la

investigación y logros académicos, Fujimori fue designado rector de la UNALM en 1984 y,

al mismo tiempo, decano de la Facultad de Ciencias. En 1987, asumió la presidencia de la


22

Asamblea Nacional de Rectores y recibió doctorados honorarios de la Universidad Agrícola

de Gembloux (Bélgica) y la Universidad de San Martín de Porres en Lima, en

reconocimiento a sus inquietudes por la situación agrícola y educativa en el Perú. Estas

inquietudes también lo llevaron a dirigir el programa de televisión pública "Concertando"

entre 1987 y 1989, donde exploró temas relacionados con la agricultura y la educación

peruana. Además, durante este tiempo, se acercó a los círculos políticos de la Alianza Popular

Revolucionaria Americana (APRA), un partido histórico con orientación socialdemócrata que

en ese momento dirigía el Gobierno nacional bajo la presidencia de Alan García Pérez.

En 1988, Alberto Fujimori, apoyándose en un grupo de colaboradores universitarios y

empresarios, inició la creación de su propia fuerza política, denominada Cambio 90 (C90), la

cual fue oficialmente registrada el 5 de octubre de 1989. Este movimiento cívico

independiente, sin una ideología claramente definida, se consolidó una vez que dejó sus

responsabilidades como regidor académico. En su estatuto, se presentaba como una fuerza

democrática y nacionalista, apoyándose principalmente en los avances tecnológicos para

alcanzar el desarrollo nacional propuesto en su ideario. Cambio 90 representaba una

composición social diversa, incluyendo representantes de pequeñas y medianas empresas,

profesiones liberales e iglesias evangélicas. Con una autoconfianza palpable y entusiasmo,

Fujimori se inscribió como candidato en las elecciones presidenciales de 1990, sucediendo a

García, cuya credibilidad había quedado erosionada debido al desastroso balance de su

mandato de cinco años. Fujimori ingresó al escenario político con un perfil pragmático y

tecnocrático, destacándose como un hombre de números y planes solventes, desinteresado en

el estéril debate ideológico y en la política convencional.

Al principio de la campaña, Fujimori era considerado un candidato marginal y

anecdótico. Sin embargo, su lema de Honestidad, Tecnología y Trabajo, sus mensajes sobre
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la necesidad de moralizar las instituciones democráticas y ofrecer una alternativa a los

políticos y partidos tradicionales, junto con promesas vagas de prosperidad y seguridad,

lograron despertar un interés limitado en los medios de comunicación, que lo veían como un

aventurero con poco más que la capacidad persuasiva de su enfoque populista. Fujimori

adoptó con entusiasmo el apelativo de "El Chino", dado por sus seguidores, para destacar su

ascendencia mestiza y diferenciarse de los candidatos considerados como "blanquito pituco",

en particular Mario Vargas Llosa, apoyado por las élites económicas y empresariales debido a

su plataforma reformista neoliberal. Otro lema de Cambio 90 apelaba directamente a esta

suerte de complicidad mestiza y social: Un presidente como tú. A pesar de las expectativas

iniciales, Fujimori logró ascender rápidamente en las encuestas antes de la primera vuelta

electoral, celebrada el 8 de abril, obteniendo el 29.1% de los sufragios y avanzando a la

segunda vuelta, sorprendiendo a Vargas Llosa y superando al candidato del oficialismo

aprista, Luis Alva Castro. En la segunda vuelta, celebrada el 10 de junio, Fujimori arrasó con

un asombroso 62.5% de los votos, excluyendo las papeletas inválidas, y se impuso a Vargas

Llosa, quien solo logró el 37.5% de los sufragios. En las elecciones legislativas, Cambio 90

obtuvo 32 de los 180 escaños de la Cámara de Diputados y 14 de los 60 escaños del Senado,

quedando en tercer lugar tras el FREDEMO y el PAP, anticipando una coyuntura

parlamentaria desafiante para el nuevo mandatario.

Esta sorpresiva victoria electoral de un candidato surgido prácticamente del

anonimato antes de las elecciones, sin experiencia política previa, sin un verdadero respaldo

partidista y con recursos limitados para financiar su campaña, es decir, un completo outsider

que irrumpió desde cero, fue interpretada como un voto de censura sin precedentes a la clase

política, que había perdido credibilidad ante una gran parte de los peruanos debido a la

corrupción e ineficacia, despertando el interés de politólogos de todo el mundo. Los 4.5


24

millones de votos a favor de Fujimori provenían del electorado pobre, indígena y mestizo,

ilusionado por la expectativa de soluciones prácticamente milagrosas, así como de las clases

urbanas medias y medias-bajas, anteriormente cortejadas con éxito por el PAP, e incluso de

minorías no asalariadas con un estatus más acomodado. El presidente electo conformó un

Consejo de Ministros compuesto en su mayoría por profesionales y técnicos ajenos a Cambio

90. Esta victoria inesperada, en la que emergió un hombre de origen humilde y con poca

trayectoria política, generó un fuerte impacto y fue interpretada como una señal de

descontento sin precedentes hacia la clase política tradicional en el país. La llegada de

Fujimori al poder fue vista como un nuevo comienzo para el país, con un enfoque centrado en

la tecnología y la eficiencia para abordar los desafíos nacionales.

5. Inicios del gobierno de Fujimori de 1990 hasta el autogolpe de 1992

En el histórico 28 de julio, en su quincuagésimo segundo cumpleaños, Alberto

Fujimori ascendió al puesto de presidente de la República del Perú, encontrándose frente a un

panorama complejo y desafiante. La ceremonia en el Palacio Legislativo, lejos de ser un

evento solemne, se vio ensombrecida por abucheos y tensiones entre los diputados del PAP y

el FREDEMO, mientras que la presencia de cinco presidentes latinoamericanos subrayaba la

gravedad de la situación. En su primer discurso a la nación, Fujimori asumió la difícil

herencia de la administración alanista, describiendo la situación como una crisis profunda que

abarcaba desde la economía sumida en hiperinflación y depresión hasta una sociedad

fracturada por la violencia, la corrupción, el terrorismo y el narcotráfico.

El año 1989 se despidió con una recesión masiva, una inflación anual astronómica del

2.773%, una deuda externa que ascendía a 20.000 millones de dólares y el dólar cotizando a

4.800 intis en el cambio oficial. Fujimori cifró la inflación acumulada en el quinquenio en


25

una tasa escalofriante de más del 2.200.000%. Las condiciones empeoraron, especialmente la

inflación, que en julio experimentó un aumento del 100%. El déficit fiscal equivalía al 7,5%

del PIB, y tan solo el 15% de la población activa disfrutaba de un "empleo adecuado",

mientras que un 10% estaba desempleado y un 75% se encontraba en una situación de

subempleo.

A pesar de las promesas de implementar una "verdadera economía social de mercado"

y de ciertas correcciones al populismo durante la campaña electoral, Fujimori estaba a punto

de introducir medidas neoliberales más radicales que las propugnadas por el FREDEMO, la

fuerza política que había derrotado a Vargas Llosa. El 8 de agosto, un día después de decretar

el estado de emergencia debido a ataques terroristas, el primer ministro y ministro de

Economía, Juan Carlos Hurtado Miller, anunció un plan de ajuste y austeridad conocido

como "paquetazo" o "fujishock". Este plan buscaba combatir la hiperinflación y frenar el

acaparamiento de mercancías por especuladores, pero desencadenó disturbios y saqueos en

Lima, marcando un punto de inflexión en el descontento social.

A lo largo de 1990, Fujimori se enfrentó a una serie de desafíos, desde huelgas

obreras hasta ofensivas terroristas, todo mientras los rumores de malestar en las Fuerzas

Armadas resonaban en el ambiente. A pesar de las medidas implementadas, la economía

continuó en declive, cerrando el año con una contracción del 6% del PIB y una inflación que

alcanzó el asombroso 7.600% en diciembre.

En 1991, a pesar de la renuncia de Juan Carlos Hurtado, la línea neoliberal persistió,

marcando el comienzo de una nueva era económica. Se llevaron a cabo políticas de

desnacionalización de la banca, privatización parcial de empresas estatales, liberalización de


26

tasas de interés y flexibilización del régimen de cambios monetarios. Sin embargo, la crisis se

exacerbó con una epidemia de cólera y el fenómeno climático del Niño, que impactaron

negativamente en la incipiente recuperación económica.

A partir de finales de 1991, la oposición política se consolidó en el Congreso, pero la

frustración de Fujimori con los límites legales y divisiones de poder lo llevó a dar un golpe de

Estado en abril de 1992. Disolvió el Congreso, reorganizó el Poder Judicial y estableció un

"Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional". Aunque el golpe inicialmente fue

respaldado por la cúpula militar y parte de la población, la comunidad internacional lo

condenó, aunque con el tiempo se normalizaron las relaciones exteriores, excepto con

Venezuela.

Fujimori continuó liderando el país, participando en eventos internacionales, pero su

gobierno estaba marcado por la controversia y la consolidación de un poder autoritario. La

historia de esos años en Perú fue una compleja travesía a través de crisis económicas,

desafíos políticos y medidas controvertidas que dejaron una huella significativa en la historia

del país, configurando un periodo de transformaciones y tensiones. El impacto social de las

medidas de choque fue brutal, y mientras la inflación descendía hasta alcanzar el 139% en

promedio anual en 1991 y un 57% en 1992, la prioridad del Gobierno se centró en contener

un brote de cólera que dejó más de 500 muertos en semanas. La epidemia, exacerbada por el

consumo de agua contaminada y la falta de inversiones públicas, causó pérdidas económicas

significativas y marcó un trágico episodio en la realidad de subdesarrollo que afligía al Perú.

A medida que avanzaba 1992, Perú se adentraba en una nueva era económica

caracterizada por la desnacionalización de la banca privada, la privatización parcial de


27

empresas estatales, la liberalización de las tasas de interés y la flexibilización del régimen de

cambios monetarios. Un hito fundamental fue la sustitución del inti por el nuevo sol el 1 de

julio de 1991, estableciendo un tipo de cambio de un nuevo sol por un millón de intis.

Simultáneamente, Fujimori desplegó una agresiva diplomacia económica, buscando

renegociar la deuda externa, obtener nuevas ayudas financieras y favorecer la inserción de

Perú en esquemas de cooperación regional e internacional.

A partir de finales de 1991, el PAP y el FREDEMO se convirtieron en una oposición

coherente en el Congreso, bloqueando decretos legislativos y presionando al Gobierno. En

mayo de 1992, el Gobierno cedió a las presiones de Estados Unidos y firmó una declaración

para combatir con medios militares el tráfico de drogas. Sin embargo, el Poder Judicial se

descalificó liberando a narcotraficantes y reduciendo arbitrariamente las penas carcelarias.

Fujimori, frustrado con los obstáculos legales, dio un golpe de Estado institucional en la

noche del 5 al 6 de abril de 1992.

En su mensaje televisado a la nación, Fujimori anunció la disolución temporal del

Congreso, la reorganización total del Poder Judicial, y la creación de un "Gobierno de

Emergencia y Reconstrucción Nacional". Aunque inicialmente respaldado por la cúpula

militar y parte de la población limeña, la comunidad internacional condenó el golpe,

congelando la cooperación económica y retirando embajadores. Sin embargo, con el tiempo,

las relaciones exteriores se normalizaron, excepto con Venezuela, marcando un periodo de

consolidación del poder autoritario de Fujimori.

Al comenzar 1993, las relaciones exteriores de Perú se normalizaron en su mayoría,

pero con Venezuela persistieron las tensiones debido al asilo concedido a militares

sediciosos. Fujimori participó en eventos internacionales, destacando su papel en la creación

de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Sistema Andino de Integración. A pesar de


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la resistencia política al golpe, la consolidación del poder de Fujimori continuó, dejando un

legado de transformaciones y tensiones en la historia de Perú.

6. Remozando la corrupción

En los convulsos años de 1980, un grupo de oficiales militares se conjuró en una

suerte de tradición "patriótica", delineando un plan secreto para llevar a cabo un golpe contra

el gobierno del presidente García, cuya administración generaba un creciente descontento

general. Este plan, concebido en 1988, aspiraba a ser tolerado por la opinión pública en

medio del malestar con el gobierno aprista, caracterizado por su disfuncionalidad. No

obstante, este proyecto original no llegó a concretarse en ese momento específico.

Sin embargo, el destino del plan tomó un giro inesperado cuando cayó en manos de

Vladimiro Montesinos, un jefe de espías sin escrúpulos y exoficial del ejército con

conexiones enredadas en la corrupción. Montesinos, astuto y maquinador, adoptó y modificó

la conspiración original para avanzar hacia el establecimiento de un gobierno autoritario que

se escondiera detrás de una fachada democrática, implementando políticas económicas

neoliberales.

La convergencia de Montesinos con Alberto Fujimori, un político que confió en él

para resolver problemas legales y que buscó su ayuda durante la campaña electoral de 1990,

marcó el inicio de una alianza oscura. Montesinos no solo desplegó tácticas cuestionables,

como la colocación de una bomba para intimidar a un parlamentario opositor, sino que

también tejía una red de colaboradores con vínculos profundos en los círculos de corrupción

militar y judicial, conexiones con la CIA y lazos con cárteles de drogas.

Montesinos, además, poseía un conocimiento profundo de los códigos de corrupción y

utilizó hábilmente estos activos para consolidar su influencia en la campaña electoral de


29

Fujimori, asegurando cuantiosas donaciones de origen incierto. A partir de estos oscuros

orígenes, la corrupción se infiltró en todas las direcciones durante lo que se conocería como

la "década infame" del régimen de Fujimori.

Vladimiro Montesinos Torres, originario de una familia de clase media en Arequipa,

al igual que Mario Vargas Llosa, tomó un camino completamente opuesto. Mientras que

Vargas Llosa denunciaba en su primera novela los aspectos crueles y deshumanizantes de la

cultura militar peruana, Montesinos los absorbió durante su formación en la Escuela Militar

de Chorrillos y, en 1965, se entrenó en la Escuela de las Américas en Panamá, compartiendo

conexión con el futuro dictador panameño Manuel Antonio Noriega.

El golpe militar de 1968 abrió oportunidades para oficiales con aspiraciones

desmedidas, y Montesinos, un capitán ambicioso, se posicionó exitosamente como secretario

personal o asistente de importantes figuras políticas y militares. Sin embargo, su caída

comenzó con el cambio de régimen en 1975, siendo destituido y obligado a retirarse a un

distante puesto militar. En 1976, abandonó su puesto y, tras un breve periodo en prisión, se

reinventó como abogado defensor de narcotraficantes.

Durante la "década perdida" de los años 80, cuando el Perú tenía gobiernos

democráticamente elegidos pero lidiaba con un poder judicial en crisis, Montesinos

contribuyó a minar aún más este sistema. Su sed de venganza contra la facción militar que lo

encarceló impulsó su desafío audaz, colaborando con su primo en la revista Kausáchum, que

reveló secretos militares embarazosos. Esta exposición pública llevó a Montesinos a huir del

país en 1983, viviendo en Argentina hasta 1985.

De regreso en el Perú, Montesinos continuó su ascenso como abogado defensor,

ganando notoriedad en casos como el escándalo "Villa Coca" en 1985 y la defensa del
30

general José Valdivia, acusado de violaciones a los derechos humanos en 1988. Su reputación

de defensor exitoso y sin escrúpulos le ganó acceso a altos oficiales que, gradualmente,

reemplazaron a sus antiguos enemigos. En 1989, se acercó a Edwin Díaz, jefe del SIN, y con

documentos judiciales confidenciales logró obtener un destacado puesto en la comunidad de

inteligencia.

Montesinos se convirtió en el asesor de confianza de Fujimori y en el jefe de facto del

SIN en julio de 1990, superando a los jefes formales del servicio, y ejerciendo un poder más

allá de la supervisión institucional. Aprovechó los vacíos institucionales y la inseguridad de

Fujimori para minar las normas constitucionales y ejercer un poder ejecutivo sin límites. La

creciente corrupción, ligada al tráfico de narcóticos, permitió a Fujimori y Montesinos

reorganizar rápidamente los niveles superiores de la policía, purgando a oficiales capaces y

honestos. Fujimori lanzó una campaña "moralizadora" contra la corrupción, pero Montesinos,

astuto, se había reunido previamente con funcionarios estadounidenses para filtrar

información sobre la complicidad de altos oficiales en el narcotráfico.

Estos cambios estratégicos en el liderazgo militar y policial fueron difíciles de lograr

sin la manipulación previa del sistema judicial y de la Fiscalía de la Nación en el Ministerio

Público. Montesinos diseñó un sistema integrado por jueces, fiscales, funcionarios de cárceles

y oficiales de policía, ofreciendo impunidad virtual a militares aliados frente a posibles

procesamientos. Entre julio de 1990 y abril de 1992, perfeccionó esta red judicial informal y

la utilizó para castigar y intimidar a medios independientes, minando así la información

crítica. La crisis del sistema judicial, bajo las presiones de corrupción, tráfico de drogas y

terrorismo, se convirtió en un campo de violación de derechos humanos.

Montesinos, utilizando sus fuentes de información secreta, renovó vínculos con la

CIA y socavó los esfuerzos antidrogas de la DEA en Perú. Entre abril y septiembre de 1991,
31

asumió el control administrativo de las operaciones antidrogas conjuntas con Estados Unidos,

recibiendo elogios por la captura de narcotraficantes pero, al mismo tiempo, permitiendo el

crecimiento de su propio cartel de drogas. La corrupción militar y policial en la lucha contra

el narcotráfico en Perú se institucionalizó bajo Montesinos, quien aprovechó la oportunidad

para consolidar su poder subterráneo, preferido por Fujimori y su entorno.

La astucia de Montesinos se evidenció en su capacidad para mantener una relación

dual con los Estados Unidos: mientras trabajaba con la DEA en operativos antidrogas,

también facilitó la infiltración de cárteles de drogas en la región, permitiendo que las fuerzas

antinarcóticos estadounidenses persiguieran a traficantes rivales mientras protegía a los que

estaban bajo su influencia.

A lo largo de estos años, Montesinos mantuvo una estrecha relación con el poder

económico, asegurando que sus intereses estuvieran alineados con los del gobierno de

Fujimori. Consolidó alianzas con importantes empresarios y lideró una serie de medidas

económicas, conocidas como el "Fujishock", que liberalizaron la economía y abrieron las

puertas a la inversión extranjera. Montesinos, con su astucia política y su red de corrupción,

jugó un papel crucial en la implementación de estas políticas que, aunque impulsaron el

crecimiento económico, también generaron desigualdades sociales y concentración de

riqueza.

A medida que avanzaba la década de 1990, Montesinos y Fujimori consolidaron su

poder autoritario con el autogolpe de 1992. Montesinos, siempre en la sombra, manipuló el

sistema electoral y logró que se aprobara una nueva Constitución que le permitió a Fujimori

postularse para un tercer mandato. En las elecciones de 1995, Montesinos organizó la

reelección de Fujimori, utilizando tácticas cuestionables y manipulación de los medios de


32

comunicación. A pesar de las críticas nacionales e internacionales, la pareja Fujimori-

Montesinos continuó gobernando con mano dura.

Durante estos años, Montesinos consolidó aún más su poder, utilizando el sistema de

inteligencia para espiar a opositores políticos, activistas y periodistas. Creó un sistema de

sobornos y chantajes para mantener la lealtad de políticos, militares y empresarios,

asegurando así la estabilidad del régimen. La corrupción y la violación de los derechos

humanos fueron moneda corriente bajo su influencia, con informes de desapariciones

forzadas, torturas y asesinatos de disidentes políticos.

La caída de la pareja Fujimori-Montesinos comenzó a gestarse a finales de la década

de 1990. En 2000, la difusión de videos que mostraban sobornos a congresistas y

empresarios, así como escuchas telefónicas que revelaban la corrupción y la manipulación de

la justicia, desencadenaron una crisis política. Montesinos huyó del país y se refugió en

Venezuela, pero finalmente fue capturado en junio de 2001 y extraditado a Perú.

El juicio contra Montesinos reveló la magnitud de su red de corrupción y su papel en

la violación sistemática de los derechos humanos. Fue condenado por cargos que incluían

corrupción, violaciones a los derechos humanos y tráfico de armas. Su condena marcó el fin

de una era oscura en la historia peruana, pero dejó cicatrices profundas en la democracia y la

institucionalidad del país.

La historia de Vladimiro Montesinos es un recordatorio sombrío de cómo un

individuo astuto y sin escrúpulos puede manipular y corromper las instituciones de un país,

llevando a una nación por un camino de autoritarismo y violación de derechos fundamentales.

Su legado es una advertencia sobre la fragilidad de las democracias y la importancia de


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preservar la integridad de las instituciones para evitar que personajes como Montesinos se

aprovechen de las debilidades del sistema.

7. Dictadura cívico militar

Desde el inicio mismo del régimen de Fujimori, las crecientes redes encubiertas de

inteligencia y militares operaron para derribar los contrapesos constitucionales,

parlamentarios y judiciales. Este objetivo se logró consolidar mediante el autogolpe el día 5

de abril de 1992. Este golpe a la inconstitucionalidad del Perú fue justificado ideológicamente

como necesario para conseguir la derrota del terrorismo.

Sin embargo, la dictadura absoluta y la supresión abierta de la libertad de expresión y

de la prensa en el contexto de aquellos años no eran algo fácil de alcanzar debido a la

reprobación internacional. El gobierno apoyó la implementación de políticas económicas

neoliberales, al mismo tiempo que facilitaba la corrupción para alimentar mecanismos

informales y ocultos que sustentaban una guerra sucia contra la subversión y el terrorismo. La

corrupción era, pues, un medio con el cual alcanzar, consolidar y mantener el poder

autoritario y abusivo. Este principio distorsionado ha sido denominado la «economía

inmoral» del fujimorismo.

En el ámbito internacional Fujimori había logrado conseguir el respaldo del Fondo

Monetario Internacional (FMI). Este apoyo clave vino tras el rápido avance en el arreglo de

los problemas de la deuda externa heredados del anterior gobierno. De este modo, su primer

ministro de Economía de Fujimori, Juan Carlos Hurtado Miller, implementó en agosto de

1990 un drástico paquete de ajuste que inició la tendencia al control de la inflación galopante.
34

Durante su tiempo en el cargo, aplicó una serie de políticas económicas que formaron

parte de lo que se conoció como el "Fujishock" o "shock económico fujimorista". Algunas de

las medidas económicas más destacadas implementadas durante su mandato incluyeron:

Plan de estabilización económica: Hurtado Miller y el gobierno de Fujimori

implementaron un plan de estabilización económica destinado a combatir la hiperinflación

que afectaba a Perú en ese momento. El plan incluyó una serie de medidas como la

liberalización del tipo de cambio, la eliminación de los controles de precios y la reducción de

los subsidios a los productos básicos.

Privatización de empresas estatales: Se llevó a cabo un programa de privatización de

empresas estatales en Perú. Esto incluyó la venta de empresas en sectores como la minería, la

energía y las telecomunicaciones a inversores privados. El objetivo era mejorar la eficiencia y

la competitividad de estas industrias.

Apertura comercial: Se promovió la apertura de la economía peruana a través de la

reducción de aranceles y barreras comerciales. Esto permitió un mayor flujo de comercio

internacional y la entrada de inversión extranjera.

Reformas al sistema de pensiones: Se realizaron reformas al sistema de pensiones,

incluyendo la creación de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) en Perú, que

permitieron a los trabajadores administrar sus propias cuentas de jubilación.

Estas políticas económicas, conocidas en conjunto como el "Fujishock", lograron

inicialmente estabilizar la economía peruana y reducir la inflación, pero también generaron

controversia y críticas debido a los impactos sociales y económicos negativos que tuvieron en

algunos sectores de la población, especialmente en términos de desempleo y desigualdad.


35

Por otro lado, Fujimori y Montesinos acudían a la desinformación y a las campañas de

manipulación o «psicosociales» propagadas por medios de comunicación masiva. Se

alimentaba, así, una opinión pública conservadora en tanto que múltiples encuestas de

opinión indicaban la preferencia por un gobierno «fuerte», sin aparente preocupación por los

abusos que este pudiese generar.

El atractivo popular de Fujimori se vio impulsado, aún más, por sus programas

«sociales» populistas y clientelistas de reparto de alimentos y medicinas gratuitos, así como

por obras públicas de motivación política que abarcaban la muy pregonada construcción de

escuelas. Estos programas, bajo el control y ejecución directos del entonces presidente, se

financiaron mediante el manejo irregular de donaciones japonesas y transferencias mensuales

clandestinas de fondos del SIN aun en 1991.

La senda hacia el golpe de 1992 se construyó sobre campañas políticas y legislativas

claves lideradas por Fujimori. En 1991, el presidente pasó a la ofensiva cuando tachó al

Palacio de Justicia como el «de la injusticia». El Congreso fue, a su vez, descrito como un

lugar de cabildeo o lobby para el narcotráfico. A continuación, Fujimori y sus parlamentarios,

invocando circunstancias de emergencia, lograron que legisladores del FREDEMO y el

APRA aprobaran facultades extraordinarias, delegando al poder ejecutivo la capacidad de

emitir decretos en materia de reformas económicas y privatizaciones, asuntos laborales y

guerra contra el terrorismo: la ley 25327, aprobada en junio de 1991, le permitió a Fujimori

ampliar sus poderes para proponer y dictar leyes en las áreas citadas durante un periodo de

150 días.

El ejecutivo usurpó, en consecuencia, el derecho a tomar decisiones legislativas, sin la

requerida deliberación parlamentaria, sobre la privatización de empresas estatales claves

(decreto 674), la reforma del sector público, el financiamiento externo, los derechos
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laborales, la salud pública, la educación privada y el establecimiento de medidas de seguridad

que restringieron los derechos civiles y la autonomía estatutaria de las universidades.

El 5 de abril, Montesinos, junto con dos destacados jefes militares, tramaron un audaz

golpe de estado en las sombras del cuartel general del ejército peruano. Mientras tanto, el país

permanecía en inquietante y vigilante, con la televisión transmitiendo un mensaje pregrabado

de Alberto Fujimori en la noche de ese fatídico domingo.

El general Valdivia, a cargo de la región militar de Lima, y el coronel Alberto Pinto

Cárdenas, quien lideraba la inteligencia militar, se convirtieron en piezas clave en este

intrincado rompecabezas. Esa noche, llevaron a cabo demostraciones de fuerza en un intento

de consolidar el poder en la capital peruana. Las demostraciones no solo tenían como

objetivo mostrar la determinación de los golpistas, sino también disuadir cualquier intento de

resistencia por parte de las fuerzas opositores a su maniobra.

Para asegurarse de que el golpe tuviera éxito y prevenir un posible contragolpe,

Montesinos y su grupo habían implementado una estrategia adicional. Habían dado

instrucciones precisas a los comandantes de las otras regiones militares del país para que se

dirigieran de inmediato a Lima en cuanto el golpe se pusiera en marcha. Esta maniobra tenía

como propósito asegurar que los comandantes de las regiones más alejadas se encontrarán en

la capital, lejos de sus unidades y bases, durante el momento crítico del golpe, lo que

debilitaría cualquier intento de resistencia y garantizaría la supremacía del grupo de

conspiradores.

El gobierno golpista cerró el Congreso indefinidamente y las oficinas del poder

judicial por más de veinte días. Varios periodistas, políticos y dirigentes sindicales fueron

detenidos o secuestrados por los militares. Los archivos del Palacio de Justicia y el Ministerio
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Público que contenían información confidencial fueron confiscados y retirados a un lugar

secreto del cual jamás volvieron a aparecer. La oposición protestó y afirmó que el golpe era

una consecuencia directa de las comprometedoras revelaciones hechas por Susana Higuchi, la

esposa de Fujimori, quien había acusado a sus parientes políticos de irregularidades

administrativas y corrupción.

Tras el golpe liderado por Fujimori, la respuesta internacional fue inmediata,

resultando en la suspensión de gran parte de la asistencia extranjera que Perú solía recibir. A

pesar de esto, no se aplicaron sanciones económicas internacionales a la dictadura de

Fujimori, ya que algunos funcionarios, particularmente de Estados Unidos, temían que esto

pudiera perjudicar la lucha contra el terrorismo en el país. Se logró evitar las sanciones

propuestas por miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) mediante un

acuerdo negociado en parte por el embajador estadounidense en Lima y el ministro de

Economía Boloña, quien respaldó a los golpistas con su prestigio internacional.

Posteriormente, Fujimori se comprometió a convocar elecciones para una asamblea

constituyente, lo que allanó el camino hacia la institucionalización del golpe y un gobierno

por decreto. Sin embargo, el escritor Mario Vargas Llosa continuó criticando enérgicamente a

Fujimori y al autogolpe a través de sus escritos periodísticos.

La violencia se intensificó en el país después del golpe, con ataques senderistas contra

blancos civiles estratégicos, como el atentado contra el canal 2 de televisión y el ataque en la

calle Tarata en Miraflores. El régimen respondió con operativos extrajudiciales como la

ejecución de prisioneros políticos en Canto Grande y la matanza de un profesor y nueve

estudiantes de la Universidad La Cantuta. Sin embargo, la captura de Abimael Guzmán, el

líder de Sendero Luminoso, en septiembre de 1992, a cargo de la unidad de inteligencia


38

policial llamada GEIN-DINCOTE, liderada por el general Ketín Vidal, redujo

significativamente la amenaza senderista.

Más adelante, se llevó a cabo una reestructuración del poder judicial, en el cual hubo

una remoción de jueces y fiscales independientes, para la adaptación de jueces y magistrados

según las necesidades políticas de Fujimori y Montesinos. Es por ello, que Luis Serpa Segura

fue nombrado presidente de la Corte Suprema, y Blanca Nélida Colán fue designada fiscal de

la Nación para liderar un sistema judicial propenso a la corrupción y el soborno. Esto generó

que los delitos cometidos por funcionarios públicos y militares afines al régimen rara vez

eran procesados, lo que garantizaba su impunidad. Además, se establecieron tribunales y

jueces "sin rostro" que emitían sentencias severas contra sospechosos de terrorismo, muchos

de los cuales resultaban ser inocentes.

A pesar de estas acciones cuestionables, la opinión pública respaldó en gran medida la

supuesta reforma judicial, con un respaldo del 95 por ciento en las encuestas. Las

posibilidades de modernizar el sistema de justicia peruano, adoptando principios del sistema

legal estadounidense, llevaron al embajador Anthony Quainton a observar el ataque de

Fujimori al poder judicial como una oportunidad para influir en reformas alineadas con los

intereses de Estados Unidos.

De este modo, Montesinos y el alto mando militar continuaron destituyendo a

oficiales constitucionalistas y disidentes acusados de conspirar contra Fujimori. Varios

oficiales, como el general Jaime Salinas Sedó y el general Alberto Arciniega Huby, que se

opusieron al fraude electoral y a la destrucción de la independencia de la justicia militar,

fueron encarcelados o forzados a retirarse. En mayo de 1993, el general Rodolfo Robles

Espinoza fue obligado a retirarse y exiliarse después de denunciar públicamente la existencia


39

del Grupo Colina, un escuadrón responsable de las masacres de Barrios Altos y La Cantuta,

que operaba bajo las órdenes y protección de Montesinos.

Por otro lado, el restablecimiento del poder legislativo en forma de una asamblea

constituyente fue en gran parte el resultado de la presión internacional. No obstante, el nuevo

Congreso resultante, conocido como el Congreso Constituyente Democrático (CCD) y que

operó de 1992 a 1995, fue diseñado deliberadamente con autonomía limitada y debilidad

fundamental. A diferencia de la estructura parlamentaria tradicional con dos cámaras y 240

parlamentarios, el CCD era unicameral y constaba de solo ochenta miembros de un único

distrito electoral nacional.

El ataque constante de Fujimori a los partidos políticos, a los que denunció como

oligarquías corruptas, contribuyó a la percepción generalizada de que la política formal

carecía de relevancia. Los representantes de Fujimori en el CCD no se eligieron por méritos,

sino simplemente por su lealtad al líder populista. Una ligera mayoría pro-Fujimori en el

CCD otorgó al ejecutivo importantes poderes legislativos. Una vez que se completó la nueva

Constitución en agosto de 1993 y se aprobó por estrecho margen en un referéndum, surgieron

oposiciones, debido a la excesiva centralización de las funciones del sector público.

La Carta Magna de 1993 y las leyes ad hoc promulgadas por el ejecutivo debilitaron

aún más el marco institucional, la protección de los derechos humanos y las salvaguardias

contra la corrupción. Con la complicidad de ministros y funcionarios cercanos, se

implementaron aproximadamente 250 decretos inconstitucionales entre el 5 de abril de 1992

y el 20 de noviembre de 2000. Gracias a estas herramientas legislativas hechas a medida, el

régimen de Fujimori se mantuvo en el poder hasta noviembre de 2000 a través de elecciones

fraudulentas en 1992-1993, 1995 (primera reelección) y 2000 (segunda reelección).


40

Según Quiroga (2013), los puntos débiles iniciales del régimen estaban

invariablemente ligados a la violación de los derechos humanos y al papel desempeñado por

Montesinos, el oculto operador que no se mostraba en público. Los medios impresos

ocasionalmente cuestionaron la influencia política invisible de Montesinos, así como su

participación en atrocidades y asuntos vinculados al tráfico de drogas.

Otro punto importante para mencionar es que Fujimori promulgó y publicó una ley de

amnistía (la ley 26479), aprobada el día anterior por el CCD, exonerando a todos los oficiales

militares procesados o condenados por delitos contra los derechos humanos desde mayo de

1980. En enero de 1995, las fuerzas militares de Ecuador llevaron a cabo una ocupación de

una pequeña porción del territorio fronterizo peruano. Este incidente resultó en una

vergonzosa derrota militar para los líderes del ejército peruano, que se mostraron ineficaces

en su respuesta. La noticia de esta ocupación no se hizo pública en Perú de inmediato, pero

pronto se convirtió en un asunto muy problemático.

La derrota y la ocupación del territorio fronterizo generaron preocupación y

consternación en Perú, lo que llevó a la realización de intensos esfuerzos diplomáticos para

buscar una solución y alcanzar un acuerdo de paz. Estos esfuerzos diplomáticos se llevaron a

cabo en medio de la campaña de reelección de Alberto Fujimori, lo que complicó aún más la

situación, ya que el gobierno quería resolver el conflicto de manera favorable antes de las

elecciones.

En diciembre de 1996, el régimen de Fujimori aconteció la toma de rehenes en la

residencia del embajador japonés en Lima por parte de un grupo armado del Movimiento

Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). Luego de varias semanas de tensa espera y cobertura

por la prensa y televisión internacional, comandos de fuerzas especiales recuperaron la

residencia y dieron muerte a todos los secuestradores.


41

La decadencia del régimen fujimorista en sus últimos tres años, de 1998 a 2000, se

debió a diversos factores, que incluyeron problemas económicos significativos, la carga

generada por Montesinos, así como el aumento de la oposición política y la participación

ciudadana. Un análisis más claro de estos acontecimientos se puede obtener a través de las

evidencias derivadas de grabaciones secretas realizadas por el Servicio de Inteligencia

Nacional (SIN), así como de los procedimientos judiciales que se basaron en dichas pruebas.

Durante la década de 1990, los eventos políticos ocultaron la consolidación y el

crecimiento de redes clandestinas e informales que detentaban un poder e influencia

desproporcionados. Estas redes se alimentaron de la corrupción y los abusos, lo que

finalmente contribuyó a la decadencia del régimen fujimorista.

8. Redes de corrupción

Montesinos y Fujimori tenían reuniones secretas, en el cual los reporteros de prensa

quedaban excluidos de estos acontecimientos, esto significaba los lazos poco transparentes

entre el poder ilimitado y sus colaboradores encubiertos, sin embargo, aquellas reuniones

quedaron registradas en las fotografías y videos del servicio de inteligencia.

De acuerdo con las investigaciones el régimen que estaba consolidado en el poder, la

maquinaria corrupta venía operando con pocos problemas y la campaña para la segunda

reelección de Fujimori marchaba de forma positiva para él expresidente. Las reuniones que

mantenía Montesinos, Fujimori y otros funcionarios con cargos influyentes representaban las

redes y ramas de corruptela en la década de 1990.


42

En primer lugar, las redes de corrupción tenían, al centro, la íntima e intrincada

alianza entre Fujimori y Montesinos. El primero se ocupaba fundamentalmente de la política

y actuaba como imagen mediática populista; y el segundo negociaba secretamente con el alto

comando militar y reunía fondos ilegales en medio de múltiples otras tareas de inteligencia

desde el SIN, su cuartel general de espionaje.

Durante la fase final del régimen de Fujimori, Montesinos mantenía enlaces con casi

todas las ramas de la estructura de corruptela que controlaba el poder, manipulaba la

información pública, saboteaba a la oposición. El tamaño, alcance y composición de esta red

fueron asombrosos. Las áreas estratégicas del sector público y las instituciones del Estado se

vieron profundamente infiltradas. Una parte importante de la élite política y económica del

Perú estuvo seriamente involucrada. Hasta los magnates de los medios y las celebridades del

espectáculo fueron sobornados para que prestaran su apoyo a las campañas y abusos del

régimen.

Fujimori contaba con un núcleo interno de parientes a cargo de los intereses

familiares que giraban alrededor de su poderoso cargo. Víctor Aritomi Shinto, casado con la

hermana de Fujimori, fue nombrado embajador del Perú en Japón en 1991, un puesto clave

que mantuvo hasta los últimos días del régimen. Hábilmente, Fujimori y Aritomi utilizaron la

nacionalidad japonesa, que podía otorgarles protección e impunidad.

Entre otras varias operaciones, Aritomi usó su inmunidad diplomática para transportar

con regularidad los ingresos ilícitos de Fujimori al Japón. Además, la secretaria personal de

Fujimori hizo transferencias bancarias a Aritomi de los fondos ilegales que el presidente

recibía en el Perú. Poco antes de su juramentación como presidente en 1990, Fujimori recibió

una «donación» japonesa de 12,5 millones de dólares, destinada a satisfacer necesidades de

los niños pobres. Sin embargo, y al igual que sucediera con tantas otras donaciones
43

japonesas, Fujimori y sus parientes desviaron dicho dinero y lo utilizaron como un fondo

discrecional para objetivos políticos y personales desde una cuenta bancaria en el Japón.

Desde 1990, sus hermanos Rosa, Pedro y Juana Fujimori formaron y administraron

en Perú las ONG APENKAI y AKEN, que eran notorias por sus prácticas contables y el

impropio uso de los almacenes públicos de la aduana. La ONG de los Fujimori sirvió para

canalizar alrededor de 100 millones de dólares en donaciones provenientes del Japón y de

fuentes locales ilegales56 (apenas alrededor del 10 por ciento de los donativos llegaron a sus

destinatarios originales).

Susana Higuchi, esposa distanciada de Fujimori, denunció la apropiación de

donaciones japonesas por parte de la familia Fujimori, señalando a sus parientes políticos,

Rosa y Santiago. Fujimori la descalificó públicamente y la mantuvo prácticamente prisionera

en el palacio presidencial. Sus hijos se posicionaron al lado de su padre y recibieron una

educación de élite en Estados Unidos.

Juana Fujimori y su esposo Isidro Kagami Jiraku vendieron propiedades

sobrevaloradas a una compañía en las Islas Vírgenes británicas, utilizada para lavar ingresos

de corrupción. Aritomi y Rosa Fujimori tenían considerables saldos no justificados en

cuentas bancarias nacionales y extranjeras.

Santiago, el hermano de Fujimori, administró activos presidenciales y donaciones

hasta que perdió el favor de Montesinos en 1996. Fujimori estableció sociedades para abusar

del poder con ejecutivos y políticos clave.

Augusto Miyagusuku Miagui colaboró en actividades fraudulentas relacionadas con

una ONG y compañías de seguros de propiedad estatal. Víctor Joy Way, asociado político

cercano de Fujimori, acumuló una gran fortuna a través de negocios corruptos.


44

Fujimori implementó decretos para favorecer la importación de medicinas, lo que

resultó en pérdidas significativas para el Estado debido a transacciones infladas. Parte de los

productos comprados terminaron siendo apropiados por dependencias bajo el control de

Fujimori.

Por otro lado, se dieron investigaciones financieras y judiciales posteriores al final del

régimen de Alberto Fujimori en Perú, donde buscaban rastrear fondos ilegales que podrían

estar vinculados al expresidente y su círculo cercano.

Rastreo de Fondos Ilegales: Las autoridades financieras y judiciales estaban tratando

de rastrear los fondos ilegales que se acumularon durante el régimen de Fujimori. Estas

investigaciones señalan que parte de estos fondos podría encontrarse en cuentas bancarias en

Japón, Asia y Europa.

Identificación de cuentas bancarias: A pesar de que se han confirmado cuentas

secretas pertenecientes a colaboradores cercanos de Fujimori, hasta el momento no se ha

identificado ninguna cuenta que pertenezca directamente al expresidente. Sin embargo, se

han encontrado cuentas de personas que estaban muy cerca de Fujimori.

Ingresos documentados de Fujimori: Se indica que los ingresos documentados de

Fujimori durante el período de 1990 a 2000 ascendieron a alrededor de un millón de dólares,

lo que representa solo el 0.3% de sus ingresos totales estimados en ese período. Esto sugiere

que se necesitaría justificar aproximadamente 371 millones de dólares.

Fuentes de fondos ilícitos: Esto se da mediante la malversación de donaciones

extranjeras por parte de organizaciones no gubernamentales (ONG) gestionadas por

familiares del expresidente, los negocios de importación con Víctor Joy Way, comisiones de
45

socios, subsidios secretos del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) y un "fondo de

contingencia" políticamente motivado.

Motivación detrás de las prácticas ilegales: Además de la codicia personal, la

principal motivación detrás de estas prácticas ilícitas era mantener el poder y contar con

suficientes fondos para sobornar y financiar campañas electorales y mediáticas fraudulentas.

Amplia red de corrupción de Montesinos: Montesinos extendió su influencia

corruptora desde el cuartel general de inteligencia a varios sectores clave de la sociedad. Esto

incluye la apropiación ilegal de fondos públicos y el soborno de funcionarios, empresarios y

figuras mediáticas.

Ejemplos de sobornos: Se proporcionan ejemplos concretos de sobornos a figuras

conocidas, como el futbolista Héctor Chumpitaz y el político Luis Bedoya de Vivanco. Estos

sobornos tenían como objetivo reclutar apoyo político y debilitar a los rivales de Fujimori y

Montesinos en elecciones y otras actividades políticas.

Asimismo, durante las prácticas de soborno que se llevaron a cabo en el Perú durante

el régimen de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, surgieron los siguientes

acontecimientos:

Sobornos a congresistas: Los sobornos se volvieron más intensos después de las

elecciones de 2000, cuando el partido fujimorista ya no tenía mayoría en el Congreso. Los

congresistas sobornados se reunían en secreto con Montesinos en el Servicio de Inteligencia

Nacional (SIN) para acordar los pagos. Cada congresista tenía un precio, y algunos

cambiaron su lealtad partidaria a cambio de sobornos significativos.

Sobornos a medios de comunicación: según investigaciones se puede revelar cómo

Montesinos sobornó a propietarios y figuras mediáticas de canales de televisión y periódicos


46

para influir en la opinión pública y apoyar a Fujimori. Se mencionan casos notorios, como el

de Alberto Kouri, quien recibió $60,000 para cambiar su lealtad, y Jorge Polack, quien habría

recibido cerca de medio millón de dólares. También se mencionan los sobornos a magnates

de los medios, como los Crousillat y otros propietarios de emisoras de televisión.

Manipulación de los medios de comunicación: Montesinos apuntó a la televisión

como el medio de comunicación más influyente y sobornó a magnates de medios para

controlar su línea editorial y lanzar campañas de difamación contra la oposición.

Prensa amarilla y campañas de difamación: Se menciona la prensa amarilla, conocida

como "prensa chicha", que se enfocaba en desinformación, insultos y manipulación

sociopolítica. Los propietarios y editores de estos medios recibieron subsidios para lanzar

campañas de difamación contra periodistas independientes y críticos del régimen.

Colaboración con empresas privadas: Algunos periodistas y publicistas cercanos al

SIN colaboraron con importantes corporaciones privadas que respaldaban a Fujimori y sus

campañas sucias. Empresas extranjeras y grupos empresariales nacionales fueron

contribuyentes importantes a la prensa chicha.

En resumen, se puede afirmar cómo Montesinos y el régimen de Fujimori

manipularon a congresistas, magnates de los medios y la prensa amarilla para mantener el

poder, influir en la opinión pública y sofocar a la oposición en el Perú durante ese período.

9. Participación del sector privado

Como se ha expuesto a lo largo de este informe, la corrupción en la década de 1990 se

infiltró prácticamente en todos los estratos de nuestra sociedad, y lamentablemente, el sector

privado no fue la excepción. La constitución de estas redes de corrupción en el sector


47

mencionado se destacó como una de las principales fuentes de financiamiento para los

numerosos sobornos perpetrados por el entonces asesor presidencial, el señor Vladimiro

Montesinos. Estos sobornos, a su vez, sirvieron como motor de la maquinaria de la alianza

Montesinos-Fujimori, permitiendo la generación de corrupción y el dominio de la estructura

del poder en aquel momento.

Durante décadas, este sector, se dedicaba a respaldar un régimen que prometía

mantener un entorno de negocios desregulado y, por lo tanto, oponerse a cualquier tipo de

regulación efectiva a cambio de favores y protecciones especiales. Sin embargo, todo esto

cambió drásticamente con la liberalización y privatización de la economía en la década de

1990, lo que conllevó un duro golpe para el sector privado en la competencia internacional, e

hizo que ciertas compañías extranjeras ávidas de riesgosa ganancia compitan por aquellos

favores especiales.

Las reformas neoliberales impuestas por el poder Ejecutivo parecían ofrecer ventajas

para todos, pero en realidad, se trataba de una ilusión creada por los ingresos generados a

través de las privatizaciones. Cabe destacar que estos ingresos no contribuyeron al

fortalecimiento de nuestra economía; en cambio, se utilizaron de manera desviada para otros

fines, sin duda alguna, de conveniencia personal.

Los crecientes problemas económicos generados por el manejo corrupto de la

economía hicieron que algunas empresas, tanto nacionales como extranjeras, participaran y

aprobaran aquellas prácticas corruptas, beneficiándose de un juego sucio sin escrúpulos en

lugar de adherirse a principios éticos. Entre las más destacadas participaciones tenemos:

El grupo económico Romero


48

A lo largo de los años, el Grupo Romero ha estado involucrado en una variedad de

industrias, incluyendo la banca, los seguros, la minería, la construcción, la energía y otras.

Durante la década de los 90, el Grupo Romero continuó ampliando su presencia en

diversos sectores económicos en el Perú y en otros países. En esta época, ya había

consolidado su posición con activos significativos, incluyendo el Banco de Crédito del Perú

(BCP), que era el banco más grande del país en ese momento, y también empresas

agroindustriales, como ALICORP. A esta altura, el Grupo Romero se había convertido en un

poderoso actor económico con una marcada influencia en la vida política y económica de

nuestro país tras haber superado desafíos previos, como la reforma agraria, y de beneficiarse

con los incentivos a la inversión promovidos por el gobierno anterior, bajo la presidencia del

expresidente Alan García. Esto le permitió fortalecer su posición en la economía peruana y

expandir su presencia tanto en el ámbito nacional como en mercados internacionales.

La influencia significativa que ostentaba el grupo de poder económico en el ámbito

político y económico del país tuvo un papel fundamental en las decisiones tomadas por

Montesinos. Ante esta situación, Montesinos consideró apropiado forjar una alianza

estratégica. Fue así como Dionisio Romero, el líder del grupo económico más influyente del

país, mantuvo reuniones secretas con Montesinos en al menos cinco ocasiones.

Durante estas reuniones, acordaron establecer una relación de ayuda mutua. Un

ejemplo de esta colaboración fue cuando Dionisio Romero concedió una entrevista

periodística en apoyo crucial para la reelección de Fujimori. Esto contribuyó de manera

significativa a los intereses del gobierno de Fujimori, fortaleciendo así la alianza.


49

En su última reunión, Dionisio Romero solicitó a Montesinos el cambio de los

administradores judiciales de las empresas pertenecientes al grupo Hayduk. La razón detrás

de esta petición radicaba en que los administradores en funciones estaban involucrados en un

caso de narcotráfico, lo que podría haber llevado al remate de los activos de estas empresas.

Este escenario perjudicaría directamente al Banco de Crédito del Perú (BCP), que había

realizado una importante inversión en Hayduk. Por lo tanto, Montesinos accedió a la solicitud

de Romero, permitiendo que las empresas del grupo Hayduk continuaran operando sin

contratiempos y garantizando que el BCP pudiera recuperar su inversión, la cual ascendía a

aproximadamente 15 millones de dólares.

Banco Wiese (BW)

En la década de 1990, el Banco Wiese experimentó cambios significativos en base a

una serie de favores especiales que involucran directamente al exasesor presidencial.

Después de que las redes de corrupción de la época salieran a la luz, se hizo evidente

la estrecha relación que existía entre Eugenio Bertini, quien ocupaba el cargo de gerente

general del Banco Wiese, y Vladimiro Montesinos. Mantenían una relación amistosa, en la

que Bertini aconsejaba al exasesor presidencial sobre formas de mover dinero en cuentas

offshore en el extranjero y cuentas bancarias locales. Montesinos, a su vez, lideró una serie de

operaciones de rescate gubernamental que beneficiaron al Banco Wiese. Estas operaciones se

llevaron a cabo mediante la modificación ad hoc de la Ley General de Banca de 1996, la cual

prohibía expresamente que el gobierno asistiera a los bancos con problemas financieros.

Además, se hizo uso discrecional de fondos estatales desviados, que sumaron

aproximadamente entre 935 y 1145 millones de dólares de fondos públicos, en beneficio de


50

varios intereses privados, principalmente el Banco Wiese. Todo esto ocurrió con la

aprobación del entonces ministro de Economía, Jorge Baca Campodónico, durante 1998, y

Joy Way en 1999. Estos fondos públicos de "rescate" provenían en su mayoría de la

apresurada liquidación de la banca de desarrollo de propiedad estatal. Estas estrategias de

financiamiento violaban claramente las normas bancarias y ponían en riesgo los depósitos de

los clientes. Como resultado, la mayoría de los bancos beneficiados por estas prácticas

terminaron siendo liquidados o absorbidos por otras entidades financieras.

Este tipo de "favores" empañados por prácticas inescrupulosas no se limitaron

únicamente a compañías nacionales. Se han presentado pruebas contundentes que demuestran

que compañías privadas extranjeras también estuvieron involucradas en estos acuerdos

secretos, en los que defendían intereses a cambio de realizar inversiones multimillonarias en

nuestro país.

Conglomerado de empresas Lucchetti de Chile

En 1998, Lucchetti se encontraba inmerso en una disputa legal con Alberto Andrade,

quien ejercía como alcalde de Lima y era uno de los principales rivales políticos de Fujimori

en ese momento. El juicio en cuestión giraba en torno a la construcción de una sofisticada

fábrica de fideos, propiedad de dicho conglomerado, que tenía un valor estimado de 150

millones de dólares. Esta planta se ubicaba en los pantanos de Villa, una zona ecológicamente

sensible.

A pesar de que varias compañías locales y extranjeras ya habían establecido

instalaciones en esa área que se consideraba protegida, Andrade se mantenía firme en su

postura de oponerse a la construcción de la fábrica.


51

Es por ellos, que Andrónico Luksic, presidente de la compañía y uno de los hombres

más ricos de América Latina, viajó a Lima con otros ejecutivos de Lucchetti se reunieron con

Vladimiro Montesinos en las instalaciones del SIN, como era de esperarse, esta reunión fue

grabada, en ella Montesinos prometió ayudarles con una decisión judicial favorable y así fue,

en recompensa esta compañía pagó dos millones de dólares a Montesinos como contribución

a la campaña política de Fujimori. Este caso, derivó una serie de repercusiones en la relación

de Perú y Chile, por lo que la fábrica Lucchetti se vio forzada a cerrar en enero de 2003.

Newmont Mining de Estados Unidos

La mina de oro Yanacocha en el norte de Perú se destaca como una de las minas más

grandes y lucrativas del mundo. Antes de 1994, la mina era propiedad conjunta de Newmont,

Buenaventura (una empresa minera peruana) y la compañía francesa estatal Oficina de

Investigaciones Géologiques et Minières (Bureau de Recherches Géologiques et Minières /

BRGM). Sin embargo, esta asociación se desmoronó en 1994 después de que BRGM

intentara vender parte de sus acciones en la empresa a una compañía australiana que era rival

de Newmont. En respuesta, Newmont y Buenaventura llevaron el asunto a los tribunales para

impugnar la operación de los franceses.

En ese contexto, Larry Kurlander, quien ocupaba un alto cargo en Newmont en ese

momento, denunció que el presidente francés, Jacques Chirac, había enviado una carta al

entonces presidente peruano, Alberto Fujimori, solicitando su intervención en favor de la

propiedad de la compañía francesa en el litigio. Kurlander había sido enviado por Newmont a

Perú con el propósito de obtener un resultado favorable para su empresa en el conflicto.


52

En consecuencia, Montesinos citó en el SIN a Jaime Beltrán, juez de la Corte

Suprema. En esta reunión, Montesinos argumentó que los intereses del Estado estaban en

juego en el caso que involucraba a Newmont y BRGM. Explicó que, si el fallo favorecía a

Newmont, Estados Unidos respaldaría al Perú en su disputa fronteriza con Ecuador, y como

incentivo, le prometió a Beltrán un ascenso en su carrera judicial.

Como era de esperar, Beltrán se convirtió en el voto decisivo que llevó a la victoria de

Newmont en el caso. Esta decisión final resultó en que Montesinos recibiera un pago por más

de 4 millones de dólares, y que Beltrán consiguiera su ascenso.

El deterioro institucional acumulado debido a la corrupción había creado una barrera

que impedía la entrada de una estimada suma de 2.363 millones de dólares para el año 2000-

2001. Esta cifra, ajustada de manera conservadora a las fluctuaciones de la década de 1990,

representaría un costo indirecto total de al menos 10.000 millones de dólares en inversión

extranjera perdida durante el período de 1990 a 1999. Esto se basa en la percepción de

muchas empresas extranjeras de que el pago de sobornos casi obligatorio era un impuesto

excesivamente costoso y arriesgado.

Durante el gobierno de Fujimori, el sector privado también se benefició de un proceso

de reforma estatal y financiera que se llevó a cabo en secreto y con escasa supervisión. Carlos

Boloña, un economista de alto nivel con experiencia empresarial, desempeñó un papel

importante en esta transformación económica. Sin embargo, se firmaron veintinueve decretos

secretos inconstitucionales bajo su gestión para asignar fondos según objetivos políticos del

presidente. Estos decretos permitieron que algunas empresas privadas, empresas extranjeras y

grupos militares se beneficiaran considerablemente con fondos y gastos públicos.


53

El ingeniero Jorge Camet, quien también se desempeñó como ministro de Economía

desde enero de 1993, continuó con la administración financiera del modelo "neoliberal"

iniciado por sus predecesores. Sin embargo, se vio envuelto en conflictos de intereses

relacionados con la expansión de su empresa familiar durante su mandato. También se

realizaron transacciones secretas para recomprar bonos de deuda externa, y se alegaron

conflictos de intereses e información privilegiada en estas operaciones financieras.

Además, el gobierno desvió una gran parte de los ingresos de la privatización hacia

gastos militares, incluyendo la compra de armas y material militar en medio de disputas

limítrofes con Ecuador. Esta compra involucró comisiones ilegales y fue parte de la

maquinaria de corrupción militar que caracterizó la década de 1990. La mayor parte de los

ingresos de la privatización se destinaron a financiar acuerdos de deuda externa, compras de

armas y gastos políticamente afines.

10. Corruptelas militares

Vladimiro Montesinos, no solo se encargaba de la desviación de fondos, el tráfico de

influencias y lo distintos sobornos efectuados sino que también se encargó de crear una red

que proteja y sustente la legitimidad del régimen transgresor de Fujimori. Esta red

involucraba una serie de operaciones ilegales que abarcaban una amplia gama de actividades

corruptas, y sus detalles arrojan luz sobre la magnitud del escándalo.

La red de corrupción dirigida por Montesinos operaba en la clandestinidad para

apuntalar el régimen de Fujimori, que se caracterizaba por su autoritarismo y su control sobre

las instituciones del país. El corazón de esta maquinaria corrupta era el Servicio de

Inteligencia Nacional (SIN), que Montesinos controlaba y utilizaba para extorsionar,

chantajear y sobornar a políticos, militares y otras figuras de alto perfil.


54

El control de Montesinos no se limitaba al SIN. Tenía colaboradores leales en

diversas áreas clave. El coronel del ejército Roberto Huamán, por ejemplo, estaba encargado

de grabar reuniones secretas y conversaciones telefónicas, lo que proporcionaba a Montesinos

información sensible que luego podía utilizar como arma de chantaje.

La seguridad personal de Montesinos estaba a cargo del coronel de la policía Manuel

Ayvar Marca, quien tenía un equipo de oficiales bajo su mando. Algunos de estos oficiales

estaban relacionados con el paramilitar Grupo Colina y estaban implicados en actividades

ilegales, incluida la falsificación de firmas en procesos electorales.

El equipo legal de Montesinos estaba encabezado por Javier Corrochano e incluía a

Pedro Huertas y Grace Riggs, entre otros. Este equipo desempeñó un papel crucial en el

encubrimiento de las actividades ilegales y en la manipulación de la justicia.

La gestión administrativa de esta red corrupta involucraba a dos mujeres, Matilde

Pinchi Pinchi y María Arce Guerrero. Pinchi Pinchi actuaba como asistente de Montesinos en

operaciones de lavado de dinero y otros operativos ilegales, mientras que Arce Guerrero era

su secretaria y se encargaba de entregar el dinero de los sobornos a sus destinatarios.

José Villalobos, el cajero del SIN, administraba los fondos ilegales de las así llamadas

"acciones reservadas". El general del ejército Julio Salazar Monroe y el contralmirante

Humberto Rozas, dos jefes formales del SIN, eran meros títeres que seguían órdenes de

Montesinos.

Uno de los aspectos más oscuros de esta red de corrupción fue su participación en la

compra de armas y equipos militares. Tres grupos o compañías principales se involucraron en

estas transacciones corruptas: W21 Intertechnique, Sutex/SEP International y los intereses

representados por Joy Way.


55

Las compras de armas a menudo se caracterizaban por la irregularidad y la falta de

transparencia. La compra de aviones de combate usados MIG-29 y Sukhoi-25 a Bielorrusia,

negociada por W21 Intertechnique, es un ejemplo de ello. Algunos de estos aviones se

estrellaron durante vuelos de entrenamiento debido a su mala calidad.

La red de corrupción también involucraba una compleja operación de lavado de

dinero. Montesinos y sus cómplices trasladaban los fondos ilegales a cuentas bancarias en el

extranjero, incluidos lugares como Suiza y Luxemburgo. Los traficantes de armas se

convirtieron en agentes financieros que ayudaron en la transferencia y el lavado de dinero.

En total, se estima que las cuentas bancarias en el extranjero vinculadas a Montesinos

y sus cómplices superaban los 246 millones de dólares. Estas cuentas fueron confiscadas por

las autoridades suizas en 2000-2001.

La corrupción se extendió más allá de la compra de armas. La Caja de Pensiones

Militar Policial (CPMP), que manejaba los fondos de pensiones de militares y policías, se

convirtió en otra fuente importante de financiamiento para la red de Montesinos. Montesinos

y altos mandos militares cambiaron la estrategia financiera de la CPMP para satisfacer sus

necesidades de dinero. La CPMP se vio involucrada en operaciones crediticias y de bienes

raíces, lo que resultó en la pérdida de millones de dólares para el fondo de pensiones.

La magnitud de la corrupción en las fuerzas armadas se modificó significativamente

en la década de 1990, con Montesinos centralizando el control sobre los ingresos de

corrupción en las instituciones militares. Montesinos ejercía un control absoluto sobre las

instituciones militares, los ministerios de Defensa y del Interior, y nombraba a las personas

que ocuparían cargos clave. A cambio, estos oficiales y ministros se enriquecían a través de

comisiones ilegales y acuerdos corruptos.


56

La corrupción en Perú no solo tenía como objetivo el enriquecimiento personal de

Montesinos y sus cómplices, sino como se mencionó al principio de este punto, también la

consolidación del poder político. Montesinos y Fujimori acordaron en 1992 la creación de un

"fondo de contingencia" que financiaría las campañas reeleccionistas para mantener el

régimen en el poder. Este fondo se nutría de una parte de las comisiones ilegales en la compra

de armas y materiales, así como de otros fondos corruptos.

Como se ha explicado a lo largo de este informe, esta red de corrupción no solo

involucró sobornos y compras corruptas, sino que también se entrelazó con el narcotráfico y

otras actividades ilegales. La historia de esta red de corrupción es un testimonio de la

profundidad de la corrupción en un régimen político que buscaba mantenerse en el poder a

toda costa.

11. Colusión con el narcotráfico

Existe historia comprobada entre los altos niveles del gobierno de Alberto Fujimori y

el narcotráfico tales como el caso Vaticano y el trafico de armas a las FARC. Demetrio

Chávez, alias Vaticano, uno de los máximos capos del narcotráfico en el Perú de los noventa

(suelto en el año 2016 luego de haber cumplido 22 años de prisión), declaró judicialmente

que realizaba su actividad “exportadora” con la anuencia y complicidad de Montesinos (brazo

derecho de Fujimori), a cambio de un pago de 50.000 dólares mensuales para que se le

permitiera la salida de cocaína para el cartel de Medellín, a su aliado Pablo Escobar,

exactamente en avionetas colombianas de la pista de aterrizaje que tenía en Campanilla

(distrito del departamento de San Martin) con la protección de militares y autoridades locales.

Luego de sus 22 años en presión, no cambio de versión, se mantuvo firme en que le pagaba

50 mil dólares a Vladimiro Montesinos por transportar droga. (Peralta, 2022)


57

Ahora, más allá si fue el “capo de capos” del Alto Huallaga o el principal socio de

Pablo Escobar, «Vaticano», según Jaime Antezana (2021) saltó a la fama nacional porque fue

el único narcotraficante que acusó directamente a Montesinos, asesor de Alberto Fujimori, de

cobrarle 50 mil dólares mensuales por los envíos aéreos de PBC.

Reproduzcamos lo que dijo «Vaticano» en una de las audiencias luego de ser

extraditado de Colombia:

«El coronel Juan Pablo…me dijo ‘tú vas a firmar este documento en el que dice que

no hay generales del Ejército’. Pero, efectivamente yo no conozco generales, el único que yo

puedo certificar que estaba arreglado era con el señor Vladimiro Montesinos. Pero me dijeron

que no hay que poner el nombre de él…y me dijo dentro de poquito lo vamos a sacar a

usted.»

«Fueron 50,000 dólares mensuales que yo entregué al papá del señor Capulina, un ex

coronel del ejército. (…) Él era el intermediario para entregar la plata al señor Vladimiro

Montesinos. (…) Yo pagué 50,000 dólares durante un año y me exigió a mí 100,000

dólares».

Muy claro: «Vaticano» pagó 50 mil dólares mensuales a un intermediario de

Montesinos por un año hasta que luego le «exigió» 100 mil dólares. A cambio de qué?

“Sucede que en los operativos todo me avisaba el señor (Montesinos”) por intermedio de la

frecuencia 10000, por la frecuencia 10000”.

El pagaba ese monto a cambio de información de los operativos que se ejecutaban. O

sea, para proteger su negocio: los envíos de droga en avionetas. Pero “Vaticano” fue más

preciso y directo.
58

El caso más polémico del involucramiento de Fujimori con el narcotráfico fue el del

narco avión. Según la Investigación de IDL reporteros, liderados por Gustavo Gorriti (2011),

el avión FAP DC8-62F Nº 371 fue intervenido a las dos de la tarde del 11 de mayo de 1996

por iniciativa del entonces jefe del Ala Aérea 2 de la FAP, mayor general FAP Pedro

Palomino. Adentro, luego de varias horas de búsqueda se encontró un cargamento de 169.600

kilogramos de clorhidrato de cocaína que había sido cuidadosamente escondido en la bodega

número 3 del avión. La intervención se realizó pocas horas antes del despegue programado de

un vuelo clasificado como “secreto”, para llevar motores y equipos bélicos necesitados de

mantenimiento en Rusia. (Gorriti, 2015)

La Dirandro, que intervino poco después del hallazgo e inició una de las típicas

investigaciones policiales de la época de Fujimori, determinó lo obvio: que un oficial, varios

suboficiales y técnicos fueron cómplices en el intento de narcotráfico. Pero ni la Dirandro, ni

la Fiscalía, ni la Fuerza Aérea investigaron a los altos mandos de la institución –y mucho

menos a los que estaban por encima de ellos– para definir si tenían

o no responsabilidad. Esa fue apenas una de las cosas que se dejó de investigar.

Nunca se supo, por ejemplo, dónde se compró la droga y menos a quién ni tampoco se

descubrió quién era el destinatario. En los hechos, más que una investigación, hubo un

control de daños para encapsular las inculpaciones y evitar llegar a los eslabones más altos de

la cadena de narcotráfico.

No solo eso. Un año después de la incautación de la droga, en julio de 1997, el

entonces gobernante Alberto Fujimori exculpó en un discurso público a los oficiales de la

tripulación del narcoavión. Uno de los exonerados por Fujimori era su edecán, el comandante

FAP Luis Escarcena Ishikawa, quien era uno de los tres pilotos del avión que transportaba la

cocaína. Es más, Escarcena Ishikawa fue solo incluido como testigo en las investigaciones.
59

El discurso de Fujimori fue para el sometido Poder Judicial de ese tiempo, como si se

tratara de una sentencia del Tribunal de La Haya. Un mes después el PJ solo sentenció al

personal subalterno.

Los oficiales no solo fueron absueltos sino que uno de ellos, el coronel FAP Óscar

Salinas, fue premiado con un ascenso.

Blanca Nélida Cólan, la incondicional Fiscal de la Nación de esos años, intervino

directamente en el caso. Colán llegó al grupo aéreo Nº 8 al día siguiente del operativo y

nombró a dedo a una fiscal, Fabiola Peña Tavera, para que investigue o más bien encubra el

caso.

Como se recuerda, años más tarde Colán fue condenada a 10 años de prisión por los

delitos de enriquecimiento ilícito, omisión de denuncia y encubrimiento personal durante el

fujimontesinismo. Y encubrimiento fue lo que hubo en el caso del narcoavión.

Por su lado, el expresidente colombiano Andrés Pastrana ha señalado que Alberto

Fujimori y su asesor Montesinos usaron dinero del capo brasileño del narcotráfico Luiz

Fernando Da Costa, Fernandinho, para comprar 50.000 fusiles jordanos y revendérselos a las

FARC en 1999. Esto lo recordó en su libro Memorias Olvidadas (2014). Por estos hechos

Montesinos fue condenado por los tribunales a 20 años de prisión en 2006. Cuánto pesa esta

historia en los herederos políticos del presente es algo que la realidad irá despejando. "Quién

iba a pensar que el Gobierno de Fujimori y de Montesinos iba a estar vinculado al tráfico de

drogas y la compra de armas", relató Pastrana durante su participación en Lima en el

seminario "América Latina: oportunidades y desafíos", organizado por la Fundación

Internacional para la Libertad. (Martínez y Choque, 2015)


60

12. Caída Cinemática

El 22 de noviembre de 1999, el presidente Alberto Fujimori dictó el Decreto Supremo

n.° 40-99 PCM y convocó elecciones generales para el 9 de abril de 2000. El 27 de diciembre

de ese mismo año, tal y como parecía predecible, se inscribió la candidatura del presidente

Alberto Fujimori para un tercer período presidencial", conforme a la solicitud presentada por

una alianza de partidos políticos Perú 2000. Esta decisión generó controversia' acerca de la

legalidad de la candidatura de Fujimori que implicaba a los tres poderes del Estado:

Legislativo, Ejecutivo y Judicial. La mayoría oficialista del Parlamento promulgó en 1996 la

Ley de Interpretación Auténtica", en la cual se indicaba que, de acuerdo a la Constitución de

1993, el presidente Fujimori estaría autorizado a presentarse a la reelección en el año 2000.

Esta medida fue ampliamente criticada, puesto que la Constitución no otorga al Parlamento el

poder de interpretarla. (Garcia, 2001)

Además, según Ronaldo Mella se percibió como una violación del principio de

separación de poderes, al tratarse de una intervención legislativa en la función judicial. La

Ley de Interpretación Auténtica pasó a ser considerada por el Tribunal Constitucional en

1997, cuatro de sus siete miembros se abstuvieron de opinar, y tres declararon que la ley era

inaplicable a la reelección del presidente Fujimori. Estos tres jueces fueron censurados y

destituidos por el Parlamento. Los tres jueces llevaron el caso ante la Corte Interamericana de

Derechos Humanos, pero en agosto de 1999 Perú se retiró de la jurisdicción de esta Corte en

una decisión muy polémica que llevó a pensar que el caso pendiente de los tres jueces era

parte de la razón para dicho retiro". La resolución del JNE no borró el cuestionamiento de la

legitimidad de la candidatura oficialista a un tercer período presidencial y se desarrolló una

campaña electoral marcada por abusos y arbitrariedades, que resultarían en una crisis de
61

legitimidad producida por las serias dudas acerca de los resultados de las elecciones

efectuadas"". «Fujimori es el único que puede gobernar el Perú» así lo expresó el propio

Fujimori al anunciar su postulación presidencial en diciembre de 1999, y lo reafirmó a lo

largo de toda su campaña' que se caracterizó por el desprestigio a los posibles candidatos

(Alberto Andrade"2, alcalde de Lima y Luis Castañeda Lossio" ex presidente del Seguro

Social) a través de los medios de comunicación y la prensa «chicha»"4 controlada por el

Gobierno. En la última recta de la campaña entró en la competencia electoral el economista

Alejandro Toledo'', otro independiente a la cabeza del movimiento Perú Posible que ya había

aspirado sin éxito a la Presidencia en 1995' 16 . Para entonces la estrategia de desprestigiar a

los candidatos ya estaba desgastada y no dio los mismos resultados anteriores, convirtiéndose

Toledo en el máximo contrincante al fujimorismo. Este líder, durante la campaña, dio

prioridad a la lucha contra la pobreza, apareciendo como el depositario de las esperanzas de

muchos de sus compatriotas. Utilizó la «T» de Toledo junto a una figura estilizada de la

mitología inca a modo de logotipo partidista y metáfora de trabajo, en su campaña hubo

numerosas alusiones a su origen humilde y a su condición de «cholo»''', que aprovechó para

concitar apoyos entre los sectores más pobres de la región andina. Parte de su popularidad la

consiguió gracias a su esposa, Eliane Karp, una antropóloga de origen belga, que participó

activamente en la campaña de su marido, despertando simpatías gracias a su imagen personal

y prestigio'''. Entre los aspectos que afectaron notablemente la campaña para las elecciones de

2000 fue la falta de acceso a los medios de comunicación que, en general, tuvieron los

candidatos de oposición. Esta situación se mantuvo durante la mayor parte del proceso

electoral, perjudicando seriamente a todos los candidatos de oposición y privilegiando a

Fujimori, quien en las semanas previas al 9 de abril mantuvo una intensa presencia en los

medios de televisión abierta". (2001)


62

Además, durante la campaña electoral diversos testigos manifestaron públicamente

haber participado en la falsificación de documentos de carácter electoral, que posteriormente

habrían sido utilizados con relación a la inscripción electoral del Frente Independiente Perú

2000, una de las agrupaciones políticas integrantes de la alianza electoral que apoyó al

candidato Alberto Fujimori. Otro hecho significativo ocurrido durante la campaña fue la

denuncia efectuada por un ex ministro del poder ejecutivo peruano señalando que el

Gobierno efectuó maniobras para impedirle ser candidato al Congreso Nacional. (Quiroz,

2013, p. 548-567)

La campaña electoral también contó con otros obstáculos y problemas adicionales

como la falta de neutralidad de diversos funcionarios públicos; el uso indebido e

indiscriminado de recursos del Estado, tanto materiales como humanos'', por el presidente-

candidato y las limitaciones y lentitud en la investigación por parte de las instituciones

competentes respecto a las graves denuncias, como sucedió con la falsificación de firmas'''.

El acto de votación del 9 de abril de 2000, al igual que la campaña que lo precedió,

estuvo caracterizado por múltiples problemas'". Como el vivido por Transparencia,

organización no gubernamental peruana que denunció la interceptación de sus líneas

telefónicas, cortes de energía eléctrica y alteraciones externas que intentaron anular su

sistema informático. Por su parte, la Defensoría del Pueblo señaló haber detectado, entre

otros, los siguientes problemas producidos el día de la votación: propaganda electoral en los

centros de votación; irregularidades en las cédulas de votación, algunas de las cuales habían

sido mutiladas en la parte correspondiente a la agrupación política opositora Perú Posible;

irregularidades en las medidas de seguridad para el traslado de actas electorales;

irregularidades en el desempeño de los miembros de mesa y de los personeros; proselitismo

de funcionarios públicos, uso indebido de recursos del Estado, convocatoria a paro armado
63

efectuada por supuestos elementos subversivos en el departamento de Ayacucho; detenciones

de ciudadanos que acudían a votar; información indebida solicitada por los miembros de las

Fuerzas Armadas a los personeros y a los miembros de mesa; deficiencias en las listas de

electores y ejercicio indebido del derecho al sufragio. La siguiente etapa de las elecciones,

relativa al cómputo de los votos, se caracterizó, igualmente, por una serie de denuncias sobre

irregularidades. Los problemas más graves fueron los relacionados con el recuento de los

votos, que ocasionó muchas dudas respecto a la transparencia de éste. A ello se unió la

imposibilidad técnica para los personeros y observadores acreditados en los centros de

cómputo de realizar un control efectivo que permitiera despejar toda duda respecto a la

eventual manipulación de los resultados. Por otro lado, el análisis de los avances de

resultados entregados durante el proceso de cómputo de votos mostró visibles discrepancias

entre las cifras'".

Tras las controvertidas elecciones de 2000, caracterizadas por el fraude, Fujimori

asumió el 28 de julio, por tercera vez consecutiva, el mandato presidencial, en medio de

masivas movilizaciones ciudadanas. Esta vez, sin embargo, no duraría mucho en su cargo. En

los meses que siguieron, algunos de los congresistas elegidos por la oposición, terminaron

pasándose al oficialismo por presiones o sobornos que fueron confirmados por varias

versiones de congresistas que no aceptaron los ofrecimientos, y posteriormente por un vídeo

difundido el 14 de septiembre que mostraba al asesor presidencial, Vladimiro Montesinos,

comprando al congresista Alberto Kouri por quince mil dólares. Además, el descubrimiento

del tráfico de armas hacia las guerrillas colombianas por parte de Vladimiro Montesinos y el

SIN, la huida del país de Montesinos y otras denuncias de corrupción'", obligaron a Alberto

Fujimori a anunciar, el 16 de septiembre, la convocatoria a nuevas elecciones generales en las

cuales él no participaría. Sin embargo, la ausencia de las reformas necesarias para garantizar
64

la limpieza de dichas elecciones, hicieron pensar en otro proceso electoral fraudulento

destinado a llevar al poder a un cómplice que impidiera el retorno a la democracia y que

garantizara la impunidad a todos los funcionarios corruptos de la era fujimorista. (Quiroz,

2013)

El presidente salió del país supuestamente para asistir a una reunión internacional en

Brunei y desde Japón anunció su renuncia a la Presidencia de la República el 19 de

noviembre. Dos días después, el 21 de noviembre, el Congreso de la República decidió no

aceptar su renuncia, declarando la vacancia de la Presidencia por «incapacidad moral». En

apariencia, la retirada de Fujimori, tendría su causa principal en el descubrimiento de las

actividades corruptas dirigidas desde el SIN. Sin embargo, también tuvo mucho qué ver el

descubrimiento del supuesto tráfico de armas que dirigían Fujimori y Montesinos. El

problema en sí, no era el contrabando de armas, sino el hecho de que iban a parar a manos de

la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARO)"", hecho

intolerable para el Gobierno de Estados Unidos y la Comunidad Internacional que ya había

manifestado su malestar ante el fraude electoral. Tras estos precipitados acontecimientos,

asumió la Presidencia de la República el presidente del Congreso, Valentín Paniagua

Corazao' 71 , que se constituyó en un presidente provisional pero que consiguió legitimar, al

menos temporalmente, su gobierno. (Godoy, 2021)


65

13. Autoexilio en Japón y Demanda de Cuentas de Alberto Fujimori

El mandato de Alberto Fujimori en Perú estuvo marcado por una serie de acusaciones

y controversias. Durante su presidencia, protagonizó un autogolpe en 1992 que disolvió el

Congreso y generó una crisis institucional. Además, se le acusó de tolerar violaciones de

derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad en la lucha contra grupos

insurgentes. Su gobierno enfrentó denuncias de corrupción y mala gestión económica,

resultando en una crisis financiera. En 1996, su reelección fue objeto de controversia debido a

acusaciones de fraude electoral y abuso de poder. El escándalo "Vladivideo" reveló una red

de corrupción que involucraba sobornos y enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos.

Fujimori huyó a Japón en 2000, generando controversia, y posteriormente fue arrestado en

Chile. Finalmente, en 2009, fue condenado a 25 años de prisión por violaciones de derechos

humanos y otros crímenes relacionados con su gobierno. Estas acusaciones y controversias

dejaron una huella imborrable en la historia política de Perú.El mandato de Alberto Fujimori

en Perú estuvo marcado por una serie de acusaciones y controversias. Durante su presidencia,

protagonizó un autogolpe en 1992 que disolvió el Congreso y generó una crisis institucional.

Además, se le acusó de tolerar violaciones de derechos humanos por parte de las

fuerzas de seguridad en la lucha contra grupos insurgentes. Su gobierno enfrentó denuncias

de corrupción y mala gestión económica, resultando en una crisis financiera. En 1996, su

reelección fue objeto de controversia debido a acusaciones de fraude electoral y abuso de

poder. El escándalo "Vladivideo" reveló una red de corrupción que involucraba sobornos y

enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos. Fujimori huyó a Japón en 2000, generando

controversia, y posteriormente fue arrestado en Chile. Finalmente, en 2009, fue condenado a

25 años de prisión por violaciones de derechos humanos y otros crímenes relacionados con su
66

gobierno. Estas acusaciones y controversias dejaron una huella imborrable en la historia

política de Perú.

13.1 El Autoexilio en Japón (2000-2007)

13.1.1 Las circunstancias que llevaron a Fujimori a huir de Perú y refugiarse en Japón

Las circunstancias que llevaron a Alberto Fujimori a huir de Perú y refugiarse en

Japón se relacionan directamente con una serie de acontecimientos tumultuosos y

controversiales que ocurrieron durante su mandato presidencial:

Crisis política y destitución de Fujimori:

A finales de 2000, el gobierno de Fujimori enfrentaba una crisis política provocada por los

escándalos de corrupción, las acusaciones de violaciones de derechos humanos y las

acusaciones de fraude en las elecciones presidenciales. En medio de esta agitación, Fujimori

anunció su intención de convocar a nuevas elecciones generales en Perú y renunciar a la

presidencia.

Huida a Brunei:

Fujimori viajó a la cumbre de la APEC en Brunei en noviembre de 2000. Desde allí, anunció

su renuncia por fax y luego por video a la presidencia de Perú, aprovechando el asilo de

Japón como excusa, dado que tenía doble nacionalidad peruana y japonesa. En su

comunicación, mencionó que renunciaba por "razones de salud".

Rechazo y controversia internacional:

La renuncia de Fujimori desde el extranjero generó controversia y fue rechazada por una
67

parte significativa de la comunidad internacional y la población peruana, ya que se consideró

un acto evasivo para evitar enfrentar las acusaciones y los problemas legales en su país.

Refugio en Japón:

Tras su renuncia, Fujimori se refugió en Japón, país en el que había nacido y al que tenía la

ciudadanía. El gobierno japonés le otorgó asilo político, lo que exacerbó aún más la

controversia y las tensiones diplomáticas entre Perú y Japón.

La huida de Fujimori y su posterior refugio en Japón marcaron el final de su

presidencia y desencadenaron una serie de procesos legales en su contra. Posteriormente, fue

arrestado en Chile en 2005 y extraditado a Perú en 2007, donde enfrentó juicios y fue

condenado por varios delitos, incluyendo violaciones de derechos humanos y corrupción.

13.1.2 Discusión de su doble nacionalidad peruana y japonesa.

Alberto Fujimori nació en Lima, Perú, en 1938, de padres inmigrantes japoneses. Esto

le otorga automáticamente la nacionalidad peruana por nacimiento, de acuerdo con la

legislación peruana. Sin embargo, también tenía la nacionalidad japonesa por descendencia,

ya que sus padres eran ciudadanos japoneses.

El tema de su doble nacionalidad fue significativo en el contexto de su renuncia y

huida a Japón en 2000, tras anunciar su dimisión por fax durante la cumbre de la APEC en

Brunei. Argumentó que necesitaba viajar a Japón para restablecer su salud, ya que tenía una

ciudadanía japonesa y, por lo tanto, tenía derecho a asilo en ese país.

Esta decisión de buscar refugio en Japón desató una controversia significativa tanto en

Perú como a nivel internacional. Mientras que el gobierno japonés le otorgó asilo político,

muchos peruanos y miembros de la comunidad internacional argumentaron que Fujimori


68

estaba evadiendo la justicia y eludía las acusaciones de corrupción y violaciones de derechos

humanos en su país. Se consideró que su doble nacionalidad había facilitado su escape y

generó tensiones diplomáticas.

13.1.3 Intento de postulación a la presidencia desde el extranjero de Alberto fujimori

El intento de postulación a la presidencia desde el extranjero de Alberto Fujimori fue

un hecho significativo en la historia política de Perú. A pesar de encontrarse en Japón,

Fujimori anunció su intención de postularse nuevamente a la presidencia de Perú en las

elecciones de 2006. A continuación, se describen los aspectos clave de este intento:

Anuncio de candidatura desde Japón:

En septiembre de 2005, Alberto Fujimori anunció su intención de postularse a la presidencia

de Perú desde su autoexilio en Japón. Esta decisión tomó por sorpresa a muchos, ya que

Fujimori había renunciado y huido de Perú en medio de una crisis política en 2000.

Creación de una coalición política:

Para respaldar su candidatura, Fujimori formó una coalición política llamada "Alianza por el

Futuro". Este grupo incluía a varios partidos políticos que apoyaban su regreso a la política

peruana.

Desafío legal y controversia:

La Constitución de Perú prohíbe la postulación de personas con sentencias condenatorias en

el país o en el extranjero. Dado que Fujimori enfrenta una serie de cargos legales en Perú, su

candidatura generó controversia y desafíos legales.


69

Intentos de bloqueo de su candidatura:

Partidos políticos y grupos de la sociedad civil en Perú intentaron bloquear su candidatura

argumentando que no era elegible según la Constitución. Sin embargo, el Jurado Nacional de

Elecciones permitió inicialmente su postulación.

Retirada de la candidatura:

A medida que se intensificó la controversia y las protestas en Perú en contra de su

candidatura, Fujimori finalmente retiró su candidatura en febrero de 2006. Alegó que lo hacía

en interés de la estabilidad política y para evitar un conflicto mayor en el país.

El intento de postulación de Fujimori desde el extranjero fue un episodio político

controvertido en Perú que generó un debate significativo sobre la elegibilidad de una figura

política condenada y exiliada. Su retiro de la carrera presidencial no evitó que enfrentara

posteriormente cargos legales y fuera condenado a prisión por su participación en crímenes

cometidos durante su presidencia.

13.2 La demanda de cuentas por la justicia peruana

13.2.1 Descripción de los cargos legales que enfrentó Fujimori en Perú.

Alberto Fujimori enfrentó una serie de cargos legales en Perú, que abarcaban una

amplia gama de delitos, incluyendo corrupción y violaciones a los derechos humanos. A

continuación, se describen algunos de los cargos más significativos:

Violacion de los derechos humanos

- La matanza de Barrios Altos (1991): Se le acusó de ser responsable de la matanza de 15

personas en un barrio de Lima por un grupo militar encubierto conocido como el "Grupo
70

Colina". Este evento incluyó ejecuciones extrajudiciales y fue uno de los casos más

emblemáticos de violaciones de derechos humanos en su gobierno.

-Toma de la residencia del embajador japonés (1996): Durante este episodio, el

Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) tomó como rehenes a cientos de

personas en la residencia del embajador japonés en Lima. Se le acusó de dar la orden de

ejecutar la operación de rescate, que resultó en la muerte de todos los miembros del MRTA y

varios rehenes.

Corrupción

-El caso "Vladivideo": A través de grabaciones en video, se revelaron sobornos y corrupción

generalizada, involucrando a su asesor Vladimiro Montesinos y otros funcionarios de alto

rango. Fujimori fue acusado de liderar una red de corrupción que involucra sobornos a

políticos, militares y medios de comunicación.

-Enriquecimiento ilícito: Se le acusó de enriquecimiento ilícito debido a la acumulación de

una fortuna personal no justificada durante su mandato como presidente.

Violaciones de derechos humanos adicionales

Además de los casos mencionados anteriormente, Fujimori también enfrentó acusaciones

relacionadas con violaciones de derechos humanos en otros episodios, incluyendo la masacre

de La Cantuta y la desaparición forzada de personas.

Estos cargos legales llevaron a su arresto, extradición y juicios en Perú. En 2009, fue

condenado a 25 años de prisión por su participación en estos crímenes y delitos. Los casos de

corrupción y violaciones a los derechos humanos relacionados con su gobierno dejaron una

marca indeleble en la historia política de Perú y en la percepción de su presidencia.


71

13.2.2 Solicitud de extradición de Perú a Japón

La solicitud de extradición de Perú hacia Japón en el caso de Alberto Fujimori fue un

proceso legal complejo y significativo en la historia de Perú. La solicitud se basó en una serie

de cargos de corrupción y violaciones de derechos humanos que se le imputan al ex

presidente Fujimori. Un resumen de los aspectos clave relacionados con la solicitud de

extradición:

Solicitud formal: Para iniciar el proceso de extradición, el gobierno peruano presentó

una solicitud formal a Japón, solicitando la entrega de Fujimori para que pudiera enfrentar los

cargos en Perú.

Fundamentos legales: La solicitud se basó en fundamentos legales sólidos, incluyendo

las acusaciones de violaciones de derechos humanos, como la matanza de Barrios Altos y la

toma de la residencia del embajador japonés, así como cargos de corrupción, en particular,

relacionados con el escándalo "Vladivideo" y enriquecimiento ilícito.

Tensiones diplomáticas: La solicitud de extradición generó tensiones diplomáticas

entre Perú y Japón. El gobierno japonés se vio en la difícil posición de decidir si debía

entregar a Fujimori, considerando su estatus de asilado político en Japón.

Proceso legal en Japón: El proceso de extradición en Japón involucró audiencias

judiciales y revisión de la solicitud peruana. La justicia japonesa debía evaluar si los cargos y

pruebas presentados por Perú justificaban la entrega de Fujimori.

Decisión de extradición: Finalmente, en septiembre de 2007, el gobierno japonés

decidió conceder la extradición de Fujimori a Perú. Esta decisión marcó un punto de


72

inflexión en el caso y permitió su retorno a Perú para enfrentar los cargos legales en su

contra.

Arresto y retorno a Perú: Fujimori fue arrestado en Chile en noviembre de 2005

cuando intentaba regresar a Perú desde Japón. En 2007, fue extraditado a Perú, donde

enfrentó juicios y fue condenado a 25 años de prisión por los delitos y cargos mencionados.

La solicitud de extradición y su posterior concesión marcó el inicio de un proceso

legal que llevó a la condena de Fujimori y su encarcelamiento en Perú. Este caso tuvo

implicaciones significativas tanto en el ámbito legal como en el político, y generó debates

sobre la relación entre los derechos humanos, la corrupción y la justicia internacional.

13.3 El Juicio y la Condena de Fujimori

13.3.1 Los antecedentes (la fuga, el refugio y el ingreso ilegal a Chile)

A fines del 2000, tras el descubrimiento de la corrupción sistémica de su gobierno y la

huida al exterior de su principal asesor, Vladimiro Montesinos; Alberto Fujimori abandonó el

cargo de presidente de la República aprovechando la VIII cumbre de Líderes del Foro de

Cooperación Económica Asia Pacífico en Brunei (15 y 16 de noviembre). Tras ello se refugió

en Japón, país que le brindó protección, le reconoció nacionalidad nipona y no respondió a la

solicitud peruana de extradición por los casos de “Barrios Altos y La Cantuta”, y los “quince

millones”.

Sorpresivamente, en noviembre del 2005, el ex presidente Alberto Fujimori abandonó

su refugio en el Japón e ingresó a Chile, pese a la existencia de una orden de captura

internacional en su contra (incluso, bajo la fórmula de “ángulo rojo”) y en franca colisión con

la ley interna sureña que prohíbe de forma expresa el ingreso al país de prófugos de la justicia

y encausados por delitos comunes (inciso 3 del artículo 15º del Decreto Ley Nº 1.094 - Ley
73

de Extranjería e inciso 3 del artículo 26º del Decreto Nº 597 - Reglamento de Extranjería).

Fujimori se dirigió a Chile, entre otras razones, porque este país tiene una larga tradición de

difícilmente conceder la extradición a otro estado. Ahora bien, en tiempo oportuno y

conforme al Tratado de Extradición entre el Perú y Chile, suscrito en 1932 (vigente desde

1936), el Perú tramitó la solicitud de extradición de Alberto Fujimori por 12 causas: 10 sobre

actos de corrupción y 2 correspondientes a violaciones de los derechos humanos.

13.3.2 El fallo de la Corte Suprema de Chile

En una decisión que no dudamos en calificar de histórica, la Corte Suprema de Chile,

aprobó el 21 de septiembre pasado la extradición del ex presidente peruano Alberto Fujimori

por siete causas vinculadas a la comisión de violaciones de los derechos humanos y actos de

corrupción. A saber, los casos denominados Barrios Altos y La Cantuta, Sótanos del Servicio

de Inteligencia del Ejército, quince millones, congresistas tránsfugas, interceptación

telefónica, medios de comunicación y allanamiento a la casa de la esposa de su principal

asesor Vladimiro Montesinos.

El fallo representa un punto de inflexión en el juzgamiento de ex mandatarios por su

participación en crímenes contra los derechos humanos -teniendo en cuenta que el caso de

Pérez Jiménez se circunscribe a delitos de corrupción, el de García Meza implicó el

cumplimiento de una sentencia previamente impuesta y que los de Milosevic y Taylor se

trataron de actos de entrega a un tribunal internacional, esta es la primera vez que un Estado

concede la extradición de un ex presidente a otro Estado para enfrentar a la justicia por temas

de derechos humanos-; y, constituye un paso concreto en el camino de impedir que un país

democrático se convierta en refugio de procesados por delitos de corrupción.


74

13.3.3 La hora de la justicia peruana

Compete ahora al Poder Judicial peruano la inmensa tarea de administrar justicia.

Confiamos en que la Sala Penal Especializada de la Corte Suprema lleve adelante procesos

públicos, transparentes, céleres, con estricta sujeción a la ley, y con pleno respeto del debido

proceso, particularmente con total adhesión al derecho de defensa del acusado y permitiendo

una amplia participación de los representantes legales de las víctimas. Estamos convencidos

que así será.

13.3.4 La acusación contra Alberto Fujimori

De acuerdo con el principio de especialidad que regula el derecho extradicional,

Fujimori sólo podrá ser juzgado por los hechos autorizados por la Corte Suprema de Chile. Si

bien ello reduce el número de casos en su contra (actualmente, más de 20), entre los tienen

luz verde figuran precisamente los casos más emblemáticos, los que acarrean las más graves

imputaciones y los que se sancionan con las más elevadas penas privativas de libertad.

Los procesos y los cargos que enfrentará Fujimori son:

Barrios Altos y La Cantuta: se le imputa haber conocido, alentado, sostenido y

protegido las acciones del destacamento Colina, cuyos integrantes asesinaron a 15 personas -

entre ellos, un niño- y atentaron contra la vida de otras cuatro en Barrios Altos (Lima, 3 de

noviembre de 1991), y asesinaron y desaparecieron a nueve estudiantes y un profesor de la

Universidad La Cantuta (Lima, 18 de julio de 1992).

Sótanos del SIE: se le atribuye haber ordenado el secuestro de diversas personas y su

posterior conducción a los sótanos del Servicio de Inteligencia del Ejército, donde fueron

encerradas para ser torturadas con la finalidad de obtener información (1992-1999).


75

Quince millones: se le imputa haber ordenado el pago de esa suma de dólares a

Montesinos, con fondos públicos, en calidad de compensación por tiempo de servicios, para

facilitar la segunda fuga de aquél (octubre de 2000).

Congresistas tránsfugas: se le acusa de haber ordenado se efectúe pagos, con fondos

públicos, a 19 congresistas de la oposición a fin de lograr una mayoría oficialista en el

Congreso (2000).

Interceptación telefónica: se le imputa haber ordenado el monitoreo y escucha de

conversaciones telefónicas de los opositores políticos y periodistas independientes (1995-

2000)

Medios de comunicación: se le atribuye haber ordenado la adquisición secreta de

“Cable Canal CCN – Canal Diez”, con fondos públicos, y decidir su entrega a un particular a

fin de orientar las noticias a favor de su administración (1999); así como de comprar, con

dinero estatal, la línea informativa del diario “Expreso” en beneficio del levantamiento de la

imagen gubernamental (1999-2000).

Allanamiento: se le imputa haber usurpado funciones propias de la policía, ordenado a

un subordinado hacerse pasar como fiscal y decidir la incursión a la casa de la esposa de

Montesinos, con el fin de obtener las evidencias en poder de su ex asesor que pudieran

incriminarlo en actos de corrupción y violación de los derechos humanos (7 de noviembre de

2000).

Si bien cada uno de ellos es penalmente importante y cuenta con un adecuado marco

probatorio de responsabilidad, resulta evidente que el proceso y los cargos más emblemáticos

corresponden a la causa acumulada bajo la denominación Barrios Altos y La Cantuta. En


76

verdad, ese caso será el que defina la suerte y el futuro de Alberto Fujimori, pero sobre todo

el que marque la diferencia entre la impunidad y la justicia.

13.3.5 El tribunal

El poder judicial peruano es independiente, autónomo y respetuoso de las reglas del

debido proceso. Nada hay en este poder del Estado que nos lleve siquiera a presumir la

posibilidad de una persecución al acusado Fujimori más allá de los términos estrictamente

penales. Tanto así que –es bueno recordarlo ahora-, en octubre de 2005, estando en calidad de

prófugo y contumaz, la Corte Suprema lo absolvió de los cargos de asociación ilícita,

malversación de fondos y abuso de autoridad (caso Mobetek); y que otros líderes del

fujimorismo, procesados por delitos de corrupción, como Martha Chávez, también fueron

exonerados de responsabilidad por el supremo tribunal.

Ahora bien, de acuerdo con la legislación sobre la materia, seis procesos penales

ordinarios contra Fujimori estarán a cargo de una Sala Penal Especializada de la Corte

Suprema, la misma que estará integrada por los vocales César San Martín, Víctor Prado y

Hugo Príncipe. Todos ellos, reconocidos magistrados -destacándose las figuras de los dos

primeros, en tanto profesores universitarios y autores de diversos libros sobre la especialidad

penal y procesal penal- y a quienes se puede calificar de "garantistas", no de "carceleros".

Así pues, la conformación de la Sala Penal, y la calidad de sus integrantes, es una

garantía de juicio justo para todas las partes. En la idea de un proceso justo, transparente y

célere, el Poder Judicial rápidamente ha decidido autorizar a la Sala Penal a dedicarse

exclusivamente al conocimiento de tales causas; el tribunal, a su vez, ha procedido a la

acumulación de los procesos en tres grandes rubros: derechos humanos, corrupción y quince

millones; ha aprobado iniciar los juicios a Fujimori por la causa acumulada Barrios Altos y
77

La Cantuta; ha decidido programar sesiones de audiencia continuas (tres sesiones por

semana); y, finalmente, en aras del principio de publicidad, aceptaría hasta la transmisión en

directo de los juicios vía la televisión. Así pues, en la causa Barrios Altos y La Cantuta todo

parece dispuesto a un juicio justo y rápido (más o menos, seis meses). En suma, ante un

tribunal independiente, bajo la fórmula penal de autor mediato, conforme a las reglas del

debido proceso y prueba de cargo correspondiente, Fujimori debe afrontar una acusación

fiscal que solicita la imposición de 30 años de privación de libertad por violaciones de los

derechos humanos.

14. Culminación de un ciclo

Durante los gobiernos de Fujimori-Montesinos en Perú en la década de 1990, se

produjo una gran corrupción que involucró a altos funcionarios del gobierno y afectó a

diversas instituciones del país. Montesinos, jefe de espías y asesor presidencial, lideró un

aparato secreto policial y militar que capturó y manipuló el estado, cometiendo abusos de los

derechos humanos. Se utilizaron fondos secretos para sobornos, malversación de fondos y

tráfico de drogas, lo que generó un costo anual estimado de entre 14.000 y 20.000 millones

de dólares. Además, se financiaron campañas políticas y programas sociales con estos fondos

ilícitos.

La corrupción durante este período no fue un fenómeno aislado, sino que reflejó un

problema estructural en la historia del Perú. El poder judicial, el Congreso, los gobiernos

municipales y las fuerzas policiales también fueron corrompidos, lo que evidencia la

profundidad y alcance de la corrupción en el país. Incluso los medios de comunicación

recibieron pagos ilegales para influir en la opinión pública, lo que muestra cómo la

corrupción permeó todos los niveles de la sociedad peruana.


78

La caída de Fujimori y Montesinos fue impulsada por la revelación de videos

incriminatorios y la opinión pública negativa. Estos videos, que muestran actos de corrupción

y abusos de poder, generan un fuerte rechazo por parte de la sociedad peruana y llevan a la

destitución de Fujimori y a la posterior condena de Montesinos. Este evento marcó un punto

de inflexión en la lucha contra la corrupción en Perú y generó una mayor conciencia sobre la

necesidad de combatir este problema.

Se espera que esta toma de conciencia y el rechazo generalizado a la corrupción en

Perú conduzcan a reformas institucionales en el futuro.

15. Medidas anticorrupción implementadas después del gobierno de Fujimori

Peña (2011) menciona que, de acuerdo a un diagnóstico elaborado en el 2006, la

corrupción en nuestro país ha sido propiciada por el mismo sistema: la estructura y el

funcionamiento del Estado y por la forma como este interactúa con los ciudadanos. Existen

considerables debilidades en la forma como se controla y regula la gestión pública, lo que

lamentablemente permite que funcionarios, ciudadanos, instituciones oficiales y empresas

privadas desarrollen actividades que van dirigidas a su interés personal y sus beneficios

propios olvidándose del interés general. (p.7)

Como hemos mostrado, el gobierno de Fujimori estuvo profundamente marcado por

la corrupción. José Ugaz, procurador ad hoc de la Nación expresa que, si bien antes de la

llegada de Fujimori al poder el Perú era un país con un considerable nivel de corrupción

administrativa en los niveles públicos del Estado, es después del año 92, en pleno gobierno de

Fujimori fruto del Autogolpe de Estado, que el nivel de corrupción se elevó a niveles

estratosféricos con toda una organización criminal controlando el poder: Fujimori, Presidente
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de la Nación; Montesinos, asesor personal al mando del SIN y en materias de narcotráfico y

Hermoza Ríos, Comandante General del Ejército.

Como también sabemos, hacia finales del año 2000 el periodo de Fujimori termina,

después de unas elecciones marcadas por el fraude. Este huye a Japón para posteriormente

llegar a Chile, desde donde Fujimori fue deportado hacia nuestro país para ser enjuiciado,

esto último considerado un hito en la historia del Perú al ser el primer expresidente

condenado por delitos de lesa humanidad y de corrupción.

Pero, qué pasó después de la caída de una organización tan poderosa capaz de

controlar un país entero, cuáles fueron las medidas para intentar eliminar la podredumbre que

quedó en el sistema político, ¿en verdad hubo resultados?

15.1. Gobierno transitorio de Valentin Paniagua

Francisco Tudela, entonces vicepresidente del Perú en el mandato de Fujimori,

renunció y junto a él, la presidente del Congreso, Martha Hildebrandt es destituida. Es así que

llega a la presidencia de manera transitoria un abogado, Valentin Paniagua Corazao, a partir

del 22 de noviembre de 2000 hasta el 28 de julio de 2001.

En el corto periodo de tiempo que estuvo presente este gobierno se lograron grandes

avances para fortalecer las bases de un exitoso sistema anticorrupción cuyos beneficios aun

se sienten en este país. Se crearon jueces anticorrupción, fiscales anticorrupción, policías

anticorrupción, el Estado actúa con mayor fuerza y celeridad. Todo esto gracias a que existía

gente especializada dispuesta a realizar su trabajo correctamente. (Matute citado por Peña,

2011, p.11)

El colapso del régimen Fujimorista, altamente corrupto, cuyo poder estaba

concentrado en el Ejecutivo, con toda la baja calidad moral en los más altos niveles y su larga
80

duración del régimen y el posterior alzamiento de uno con una gran capacidad para

enjuiciarlo se dio gracias al apoyo de toda la sociedad, la voluntad política reflejada en

acciones concretas, políticas que garantizaban el equilibrio de poderes y la continua

vigilancia cívica.

José Ugaz menciona que, el nuevo alzamiento del Poder Judicial y su posterior

efectividad en los juicios se dio gracias al nombramiento de jueces jóvenes y nuevos que no

estaban contaminados, con ganas de impartir justicia, que fueron 6 en su momento, todos

provenientes de la actividad privada. Existía un coordinador a nivel de la Corte Superior y

una Sala que se encargaba de revisar todos los casos que ellos llevaban. La Fiscalía con sus

nuevas autoridades creo 6 fiscalías anticorrupción y un Fiscal Superior Coordinador que se

encargaba de articular este trabajo. Este sistema fue sin duda eficaz y efectivo.

Entonces para explicar la nueva forma de impartir justicia luego del régimen tenemos

a la Procuraduría Anticorrupción, quienes proponía todos los casos a la Fiscalía. La Fiscalía

realizaba las investigaciones preliminares que luego pasaba a los jueces anticorrupción que se

encargaban del correcto proceso. Este nuevo subsistema permitió los buenos resultados.

Otro cambio importante fue las obligatorias declaraciones juradas de bienes y rentas

para una gran mayoria de funcionarios públicos.

Peña (2011) citando a Edgar Dargent (2005) menciona que hay 3 aspectos muy

importantes para el nuevo sistema judicial que se venía formando: a) la creación de un

subsistema de justicia y policía anticorrupción que permitía el trabajo coordinado y unificado,

b) la creación de una Procuraduría ad hoc, osea hecha a la medida para combatir la

corrupción y c) las reformas de leyes que lograron acciones rápidas y eficaces y la aprobación

de beneficios a aquellos involucrados que decidieran colaborar. Esto último permitió que se
81

identificara con rapidez a los demás involucrados y las ubicaciones de dinero fruto de años de

corrupción. (p.12).

Otro aspecto que debemos mencionar son los diversos factores con los cuáles fue

posible llevar estos casos de manera efectiva, ya que las leyes por sí solas establecidas no

sirven de nada, es necesario que exista voluntad y liderazgo ético, uno muy visible que fue

simbolizada muy bien por Paniagua. Si esta voluntad política no existe debemos buscarla en

la sociedad. Seguido a ello, la búsqueda de “aliados” y alianzas, como la prensa de

investigación para lograr que las investigaciones sean mejor llevadas y se encuentren en el

ojo público, las alianzas para entender los recursos con los que se cuenta, la

internacionalización del proceso para darlo a conocer y que llegue a mayores sectores. La

juventud también juega un rol muy importante en estos procesos ya que son ellos quienes

tomarán las riendas del país y en ellos debemos cultivar esa iniciativa por la búsqueda de

justicia y el interés general. Es así que se forma la Iniciativa Nacional Anticorrupción (INA).

15.2. Gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García

Lamentablemente, los esfuerzos logrados por el gobierno transitorio fueron siendo

diluidos poco a poco por el siguiente gobierno, el de Alejandro Toledo. En este gobierno se

implementa una Comisión Nacional de Lucha contra la Corrupción y Promoción de la Ética y

Transparencia en la Gestión Pública, que estaba a cargo de un consejero presidencial

especializado en luchas anticorrupción y ética pública. Este mal llamado “Zar

Anticorrupción” gracias a la prensa no tenía las características propias que se recomendaba

por la INA, ya que no contaba con los recursos necesarios para investigar, se le dieron

atribuciones que constitucionalmente no tenía, se afirma que fue más un símbolo de

marketing que una persona en un cargo de suma importancia.


82

El 2004 el Presidente del Consejo de Ministros, Carlos Ferrero anunció su Plan de

Acción contra la Corrupción que contenía un conjunto de medidas inmediatas a adoptarse

para luchar contra la corrupción.

En el 2006 funciona el Consejo Nacional Anticorrupción (Decreto Supremo No. 002-

2006-JUS). En 2007, en octubre, se establece la Oficina Nacional Anticorrupción que es

desactivada en 2008 para ceder sus funciones a la Contraloría del Estado: y, en ese momento,

es que la administración de García debe enfrentar el tema de los «petroaudios», pero este

último es tema para otro informe.

Todos los referidos cambios se dan en el periodo del presidente Toledo y comienzos

del de García, es decir, en poco menos de 10 años. Esto, como puede advertirse, trae como

consecuencia la imposibilidad del establecimiento institucional de un esfuerzo estructurado y

sólido. En el gobierno de Toledo la voluntad política comienza a disminuir, pero no se llegó a

su completa desarticulación. Es en el gobierno de García donde todos esos esfuerzos son

finalmente enterrados, la Procuraduría, el principal eje en la lucha con la corrupción

finalmente es acabada y vuelta una especie de caricatura.

En el gobierno de García es donde los diversos planes y programas anticorrupción no

encuentran una verdadera coordinación y organización, incluida a una inadecuada

implementación de las propuestas que devienen en el nulo avance en esta lucha emprendida

por Paniagua.

16. Conclusiones

Hemos recorrido el camino desde un antes del fenómeno Fujimori. Vimos cómo el

gobierno de Alan García, cuyos fracasos se en los ámbitos económicos con una terrible
83

inflación y la exclusión por parte de los Estados Unidos de la economía global, su fracaso

para frenar el avance del grupo terrorista Sendero Luminoso y demás puntos débiles

permitieron que las masas busquen desesperadamente la imagen de un líder que los salve del

abismo en el que se encontraba el país, es por ello que a la hora de elegir entre una opción de

lujo como lo fue Mario Vargas Llosa con su partido FREDEMO, que para muchos

representaba la imagen de esa élite peruana alejada y que poco le importaba la realidad de las

masas o elegir la opción nacida casi de la nada, sin un plan previo establecido ni mucho

menos los profesionales capaces para llevar las riendas del pais pero que, sin embargo, se

identificara con los “verdaderos peruanos” como lo fue Alberto Fujimori, la sociedad se

inclinara por este último para dirigirlos y sacarlos del infierno en el que se encontraban.

Alberto Fujimori, un catedrático de la Universidad Nacional Agraria La Molina,

metódico, desconfiado y sumamente cauteloso construyo toda una imagen de persona más

apegada a los sectores más populares del país que viajaba todos los días hacia todas partes del

Perú, siempre con papel y lapicero a la mano para “anotar todo lo que las masas necesitaran”

que prometía acabar con todos los males del país gracias a su imagen de líder trabajador y

disciplinado como los de su “sangre japonesa”, de católico empedernido en una sociedad

ultraconservadora como la peruana. El personaje supo moverse bien en el ámbito político,

ganando cada vez muchos más contactos para asegurarse el sillón presidencial, entre ellos

quizás al más importante de todos, Vladimiro Montesinos.

Este último, un renegado del ejército peruano pasado luego a ser abogado del

narcotráfico y finalmente controlar al organismo más poderoso del país como lo fue el SIN.

Desde siempre se caracterizó por su inteligencia y su carisma, sin embargo, sus ganas de

obtener poder a como dé lugar lo llevaron a terrenos cada vez más oscuros. Sus métodos

cuestionables para lograr la liberación de no solo narcotraficantes sino altos mandos militares
84

de delitos de lesa humanidad cometidos en nombre de la lucha contra el terrorismo lo

ayudaron a volver a ese mundo e ir escalando cada vez más en las esferas militares peruanas,

la milicia como sabemos cuenta con un gran poder político, siendo capaces de interrumpir la

democracia con la excusa de “salvar al país”, es aquí pues donde Montesinos comienza su

carrera política, buscando ese poder y la venganza propia contra aquellos que lo llevaron a los

tribunales y lo acusaron de traidor a la patria.

Montesinos tarde o temprano conocería a Fujimori, esta vez gracias a un personaje del

cual ya hablamos, Alan García. Ese último fue quien movió sus influencias durante su

gobierno para tratar de llevar la contienda hacia el lado de Fujimori, ya que buscaba la

reelección y junto a su ego que no le permitiría dejar que Vargas Llosa, enemigo acérrimo de

su régimen, llegue a arrebatarle su tan preciado lugar en el Ejecutivo. El SIN siempre fue el

nexo entre Fujimori y Montesinos, durante el gobierno de García, Montesinos tenía una

posición clave como asesor de Francisco Loayza quien era un personaje con vínculos con esta

institución y tras el designio de García de que el SIN se acercara a Fujimori es que se da el

tan esperado encuentro. Gracias a tácticas sucias es que Montesinos ayuda a Fujimori con las

denuncias por defraudación tributaria que pesaban en su contra y es así como se formaría una

de las alianzas más importantes en los próximos años, una alianza que logró controlar un país

entero a su conveniencia y los llevó a convertirse en los hombres más poderosos en ese

entonces.

Montesinos fue el nexo entre Fujimori y los militares, fue el nexo con el SIN, fue el

nexo con el narcotráfico, Montesinos era el hombre clave para Fujimori, su mano derecha y

oculta que le resolvería cualquier problema, cueste lo que cueste.

Es así como Alberto Fujimori llega al Ejecutivo, luego de una segunda vuelta plagada

por la promesa del “No shock” y ataques hacia su oponente en vez de una exposición clara de
85

los planes en un eventual gobierno. Una vez llegados al poder, comenzaron a preparar el

camino para el eventual control absoluto del aparato estatal peruano.

La administración del presidente Fujimori (1990-2000) es, probablemente, la más

analizada desde diferentes ópticas en la historia del Perú pues, entre otras razones, fue

durante el Gobierno del ingeniero Alberto Fujimori que se organizó un sistema nacional

centralizado de corrupción. El referido sistema tuvo como piedra angular y organismo de

mando al Servicio de Inteligencia Nacional.

En el ámbito económico, podríamos mencionar que se logró salvar al Perú

relativamente, se logró que la inflación comenzara a descender debido a políticas más

liberales en la economía, se comenzaron a abrir los mercados e incentivar las exportaciones e

importaciones con una bajada de los aranceles. Se comenzaron a realizar viajes hacia los

principales países y organizaciones para entablar nuevos términos e incentivar las inversiones

y llegada de capitales y la renegociación de la deuda. Se redujo la carga estatal al poner en

licitación las principales empresas de las cuales el Estado era dueña. Todo esto se hacía de

una manera no tan “brusca” pero comenzaron a darse cuenta que serían necesarias medidas

cada vez más fuertes para lograr que la economía siga en pie, medidas de las cuales se

valieron para comenzar a atacar al Congreso si no permitía lo que se pedía.

Las riñas con el Legislativo, en donde se encontraba el grupo aprista contra quiénes

Fujimori se fue en contra desde el discurso que dio cuando asumió el poder, donde también

se encontraba el grupo del FREDEMO perteneciente a Vargas Llosa; provocadas por

Fujimori con cada declaración que daba al referirse a que “no lo dejaban trabajar por el bien

del país” y sus constantes riñas con el Poder Judicial al referirse a este como una institución
86

plagada por elementos pro-senderistas debido a la “liberación” de entes de la organización

subversiva fueron perfilando el camino hacia lo que sería el punto de inicio de toda la

maquinaria que permitió la toma de poder de la organización criminal dirigida por

Montesinos y Fujimori: el famoso Autogolpe de Estado.

Del momento del «autogolpe» y hasta 1998, se dictaron de manera sistemática las

normas legales para copar el Estado. Se aprobaron leyes inconstitucionales que lo permitieron

y se debilitaron todos los sistemas de control del Estado. Consecuencia de esto,

desaparecieron la responsabilidad pública y el control de la responsabilidad. Los otros

poderes se convirtieron cada vez más en guardianes defensores y soporte del régimen; las

autoridades se sometieron a la extorsión, el chantaje y la prebenda

Una vez instalado el régimen autoritario y la concentración de poderes es donde

comienza en verdad toda la corrupción que ha sido expuesta.

Las redes que se fueron tejiendo hacia distintos ámbitos de la sociedad, desde la toma

y copa de los 3 poderes con elementos afines, pasando por el control absoluto de las fuerzas

armadas y con ello un autoritarismo y la posible creación de grupos extrajudiciales con la

capacidad de intimidar e incluso desaparecer a aquellas personas que no estuvieran de

acuerdo con el régimen o significaran un problema para seguir manteniendo tal nivel de

corrupción y finalizando con el propio involucramiento con las entidades privadas, como los

gremios empresariales que buscaban como siempre los intereses personales y por ello

apoyaron a Fujimori desde el inicio de su gobierno hasta el fin de este mismo; e incluso el

financiamiento gracias a actividades de origen ilícito como el narcotráfico comprobado en

este régimen.
87

Estas redes permitieron que por casi una década la corrupción se enquistara más y

más en todos los ámbitos de la sociedad peruana. Incluso se comprobó que la corrupción en

este periodo de tiempo se elevó a niveles estratosféricos a comparación con los años

anteriores.

Esta crecida de la corrupción impidió el correcto funcionamiento del aparato estatal y

con ello el pleno desarrollo de la sociedad peruana. Implico además una carga económica que

al día de hoy se sigue pagando.

Como ya se mencionó, la caída de tal régimen se dio por la imposibilidad de seguir

manteniendo en las sombras el nivel de delito que se había ido acumulando, junto a ello con

los diversos esfuerzos de periodistas que no se amilanaron y decidieron seguir con la

búsqueda de la verdad a pesar de los esfuerzos por eliminar o intimar cualquier acción que se

diera para evitar que salieran a las luz las pruebas que involucraban a las más altas esferas.

Todo esto se resume en solo un vídeo, que fue el detonante del comienzo de la caída.

Los famosos vladivideos significaron esa búsqueda de verdad salida a la luz, se mostró la

verdad hacia la sociedad dormida con problemas de espectáculo y medios que buscaban

desviar la atención, como los famosos psicosociales o los diarios chicha.

La muestra de estos videos develó quienes eran las personas que en verdad

gobernaban y como se manejaban, demostró la podredumbre en la que se encontraba el país,

demostró la caída de la máscara de un personaje que hasta ese entonces aún mantenía la

fachada de buscar el bien de las masas pero que en el fondo solo quería obtener su beneficio

personal.

Tambien mostró al ente oscuro que estaba tras el presidente, dándole unos fajos de

dinero a algún empresario o persona importante para cobrar un favor o su silencio. Por
88

mayores teatros que se buscaran implantar en el colectivo o cualquier declaración que se

diera para tratar de apaciguar a las masas que ahora sabían la verdad solo se lograba un

mayor repudio.

Es así como un cobarde huye, con miles de pruebas que se nos quedaron a deber y

presenta su renuncia por fax.

Sin embargo, la justicia llega. La extradicción y posteriores juicios para Fujimori y

Montesinos dieron ese respiro a los peruanos, esa sensación de calma y satisfacción.

Las medidas adoptadas tras ese régimen por el gobierno que le vino dieron esperanzas

de un futuro prometedor, de un futuro que seguro estaría lleno de optimismo y mejores

oportunidades para todos. Pero, como es el Perú de quien se habla, ese futuro se vió opacado

nuevamente por entes que solo buscaban beneficiarse, que fueron destruyendo poco a poco

los diversos logros obtenidos que auguraban ese futuro prometedor, pero también debemos

entender la siguiente frase: “quien no conoce su historia, esta condenado a repetirla” y es que

un pueblo que no sabe de donde viene, no sabrá a donde ir y cometerá los mismos errores una

y otra y otra vez hasta que aprenda su lección o simplemente siga sufriendo los estragos por

no madurar.

Alberto Fujimori, en brevísimo resumen, llevó al Perú, durante la década de los 90, a

la estabilidad macroeconómica, el crecimiento y la seguridad, desactivando a Sendero

Luminoso, a costa del desarrollo de una vida política democrática y de unas reales mejoras en

la calidad de la población. Esta dualidad, los beneficios contra los costos, despierta aún

polémicas.

Es así que en el Perú de los años 90 se observaron al menos seis tipos distintos de

corrupción: 1. el envilecimiento de la clase política y los medios de comunicación, 2. el


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desvío de fondos públicos en efectivo hacia el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), 3. el

manejo y uso del dinero de las privatizaciones, 4. el uso de información privilegiada, 5. el uso

de recursos para favorecer a familiares a través de mecanismos tramposos y 6 el chantaje y la

extorsión.

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