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Este documento presenta el informe pericial psicológico de una menor. Evaluaciones psicológicas muestran un funcionamiento intelectual bajo, especialmente en pruebas verbales y culturales. Los resultados también muestran un comportamiento adaptativo muy bajo, compatible con una menor de 10 años. De acuerdo con los criterios del DSM-5, la menor cumple con un diagnóstico de Discapacidad Intelectual Leve.

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Este documento presenta el informe pericial psicológico de una menor. Evaluaciones psicológicas muestran un funcionamiento intelectual bajo, especialmente en pruebas verbales y culturales. Los resultados también muestran un comportamiento adaptativo muy bajo, compatible con una menor de 10 años. De acuerdo con los criterios del DSM-5, la menor cumple con un diagnóstico de Discapacidad Intelectual Leve.

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118 Informe pericial psicológico: discapacidad intelectual y capacidad de consentimiento

Integración de resultados

Como era de esperar, las pruebas arrojan resultados no homogéneos con diferencias muy
significativas entre los subtest orientados a la estimación de la inteligencia fluida y cristalizada.
Centrándonos en los resultados circunscritos al espectro fluido, para evitar sesgos culturales e
idiomáticos, las puntuaciones arrojan un funcionamiento intelectual bajo, especialmente en aquellas
pruebas de mayor duración o que están integradas en baterías con pruebas de componente verbal y
cultural.
El estudio en profundidad de la ejecución y de las variables moduladoras (baja motivación,
indefensión, victimización secundaria, así como déficits en memoria visual) hacen pensar que la menor
posee un funcionamiento intelectual ligeramente superior, al considerar que las pruebas podrían estar
mostrando el límite inferior de su capacidad real, tomándose como referencia el punto más alto de su
desviación típica.
El criterio B para el diagnóstico de la discapacidad, basado en las deficiencias en el
comportamiento adaptativo, arrojan unos resultados muy bajos, compatibles con el comportamiento
adaptativo de una menor de 10 años de edad, muy por debajo de lo esperable en un sujeto de 1X años.
Dichos resultados, por las condiciones de institucionalización, deben ser tomados con cautela, por lo
que se estima que el funcionamiento de la menor es ostensiblemente más adaptado, aunque sin llegar a
lo esperado para un sujeto de su edad. Si tuviéramos en cuenta el ABAS-II administrado en el 20XX,
con una puntuación media-baja de (CAG=88) los resultados podían situarse en un espectro de
funcionamiento más adaptativo y compatible con el espectro límite de inteligencia, actualmente
n de problemas adicionales que pueden ser objeto de atenció n clínica en el DSM-5® (APA,
2013).
En función de las pruebas administradas por los peritos firmantes, y en consonancia a los
parámetros convergentes de estos dos criterios (deficiencias en las funciones intelectuales y deficiencias
en el comportamiento adaptativo), los resultados se elevan como compatibles con el diagnóstico de
Discapacidad Intelectual Leve.

Diagnóstico DSM-5® (APA, 2013)

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales Quinta Edición (DSM-
5®; Asociación Psiquiátrica Americana, 2013), en su actualización del 2016 (DSM-5®; Actualización,
2016), la menor presenta un 317 (F70) Discapacidad Intelectual Leve.

Discusión pericial

Acerca de las funcionales intelectuales y de la conducta adaptativa de la menor

Nos encontramos ante un caso en el que evaluar con una metodología que no tuviera en cuenta
la idiosincrasia de la menor, nos podría llevar a un reduccionismo.
La menor cumple los tres criterios para el diagnóstico de Discapacidad Intelectual Leve 317
(F70), (DSM-5® Actualización, 2016):
A) Funcionamiento intelectual: Englobando el juicio, el pensamiento abstracto, los aprendizajes
académicos, la experiencia, la resolución de problemas y la planificación. Para realizar un estudio de las
alteraciones en las funciones intelectuales, se ha de realizar una evaluación clínica individualizada y
estandarizada. En el caso de la menor, su puntuación se enmarca dos desviaciones típicas por debajo de

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su grupo de referencia, siendo su CI de 67 < 70 (en la escala de Wechsler) en la categoría descriptiva de

B) Déficit o alteraciones de la actividad adaptativa actual. Se da cuando no se alcanzan los


niveles de funcionalidad social esperables para la edad y entorno sociocultural. En el caso de la menor,
esta dimensión es valorada por personas con un conocimiento pleno de sus capacidades diarias,
situándola en una categoría descriptiva de MUY BAJA en su Conducta Adaptativa General.

(antes de los 18 años).


Los individuos con discapacidad intelectual (DI), antes denominada retraso mental, presentan
dos tipos de problema. En primer lugar, existe una deficiencia en el plano intelectivo, pudiendo existir
dificultades en el juicio, el pensamiento abstracto, la resolución de problemas, el razonamiento y el
aprendizaje en términos generales. El CI (nivel general de inteligencia) es menor que el promedio,
implicando puntuaciones inferiores a 70 (Morrison, 2015).
Estas dificultades pueden conllevar problemas en la adaptación, necesidad que nos lleva al otro
pilar fundamental del diagnóstico, la capacidad del individuo para adaptarse a las exigencias de la vida
diaria (conducta adaptativa) (Morrison, 2015).
Las personas con estas características pueden necesitar ayuda para hacer frente a las exigencias
del día a día, especialmente en tareas complejas o en relaciones interpersonales que posean elevada
carga simbólica. Aunque pueden tener un buen uso del lenguaje y una memoria preservada, pueden
presentar dificultades cuando se les confronta con metáforas u otros ejemplos de pensamiento abstracto
(DSM-5® Actualización; APA, 2016).
Partimos de una menor cuyos datos de escolarización anteriores a los 11 años de edad son
desconocidos, o al menos difícilmente objetivables, por lo que se infiere, a partir de la información
psicobiográfica analizada, un entorno de baja estimulación, así como una esfera familiar negligente
desde lo emocional y protector, existiendo unos factores de riesgo acentuados y cristalizándose unas
variables de vulnerabilidad que tienen su eco irremediablemente en la situación actual de la menor.
Tanto la American Association on Intellectual and Developmental Disabilities (Asociación
Americana sobre Discapacidad Intelectual y Del Desarrollo) (AAIDD; Luckasson, et al., 2002)
(antiguamente AARM; Asociación Americana Sobre el Retraso Mental) como la Word Health
Organization (Organización Mundial de la Salud) -en su clasificación del Funcionamiento- (WHO; ICF,
2001), indican que la valoración no debe basarse en el CI en exclusividad, sino en el funcionamiento
intelectual (conceptual), práctico y social.
Este tipo de funcionamiento hace referencia a la capacidad adaptativa de la persona, es decir, el
modo que los sujetos tienen de afrontar las exigencias cotidianas y ajustarse a la norma, teniendo como
referencia su grupo de edad, comunidad y origen sociocultural (Fernández García, Fernández Rodríguez,
y García, 2013).
En el caso de la menor, se ha observado, a través de las puntuaciones obtenidas
(heteroinformadas por distintos profesores y educadores), en diferentes momentos temporales (con un
año de diferencia aproximadamente), que su conducta adaptativa presenta un déficit. En función de los
distintos informadores, pertenecientes a diferentes contextos y en sentido diacrónico, los resultados
varían (siempre comparando las puntuaciones con el grupo de edad que le corresponde en el momento
de la evaluación), siendo más bajas las puntuaciones basadas en la información de las actuales
educadoras.
Este hecho es compatible con la percepción de la menor como víctima, sin embargo, todos los
informadores otorgan puntuaciones que sitúan a la menor por debajo de la media de su grupo normativo,
evidenciando una falta de aptitud para adaptarse al medio que la rodea. Un análisis cualitativo basado
en preguntas abiertas refleja que la menor se relaciona con sus pares y realiza las tareas que le son
encomendadas, sin embargo, los informadores advierten que tienen que estar siempre pendientes,
recordándole lo que debe hacer, poseyendo la menor una planificación difusa de su futuro inmediato.

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120 Informe pericial psicológico: discapacidad intelectual y capacidad de consentimiento

La APA (2016) sitúa el limite alrededor de 70 (aproximadamente 2 desviaciones típicas por


debajo de la media) siendo solo recomendable el diagnóstico cuando el criterio de comportamiento
adaptativo nos indica una mala adaptación. Es necesario señalar que no se diagnosticará discapacidad si
un sujeto tiene un CI inferior a 70, pero careciera de insuficiencias en su capacidad adaptativa.
En el caso de la menor, la transición, en cuanto a la adaptación en términos de idioma, es
discreta, existiendo a día de hoy carencias significativas al respecto. La inteligencia fluida (potencial
biológico), se eleva como facilitadora en la comprensión y organización de informaciones nuevas, por
lo que la formación de conceptos y consolidación de conocimientos está supeditada a ella, teniendo un
papel determinante en la adquisición de conocimientos posteriores (Ackerman, 1996; Cattell, 1971),
estando en el caso de la menor en una categoría baja, lo que limita su aprendizaje.
Una mayor capacidad fluida, puede acelerar el aprendizaje de los conocimientos de índole verbal
y cultural (inteligencia cristalizada) que, a su vez, vendrán a facilitar los aprendizajes posteriores. Esta
premisa, a la inversa, explicaría un dibujo muy moderado de la curva de aprendizaje de la menor, estando
su funcionamiento intelectual a caballo entre el espectro límite y muy bajo, teniendo solo en cuento el
componente no verbal, ya que en el momento en que se introduce elementos verbales o culturales, los
parámetros descienden radicalmente.

vulnerabilidad

Para la realización de la presente evaluación se tiene en cuenta en todo momento el informe


emitido por las responsables de la XXX (Ver punto 14 del vaciado documental), así como las propuestas
y recomendaciones de la Guía para la Atención a Víctimas con Discapacidad Intelectual (Manzanero et
al, 2013).
Dichas valoraciones exclusivamente deben efectuarse cuando exista la sospecha de que haya podido consentir
porque había intimidad con el sujeto activo, entre ellos podían comunicarse y había cierta relación de confianza
(por ejemplo, entre compañeros del centro ocupacional), que no de superioridad. Si la relación sexual es por
parte de una persona con la que no tiene un trato habitual y, por tanto, no sabe entenderse con esta persona, se
entiende que no hay capacidad de consentimiento por la incapacidad de expresar su decisión (Manzanero et al,
2013, p. 89).
Hay que tener mucho cuidado en no dar por sentado que saben de lo que están hablando por el hecho de

una expresión de este tipo por primera vez, hay que preguntar qué quiere decir con la palabra que mencionó,
utilizando exactamente el término empleado por la persona evaluada (Manzanero et al, 2013, p. 90).

El hecho de que una persona tenga discapacidad intelectual no implica la ausencia, por
definición, de competencia consentidora en el área afectivo/sexual. Cada persona con discapacidad ha
de ser valorada individualmente debido a lo heterogéneo del constructo, no implicando la discapacidad
la anulación de todas las dimensiones de la persona.
La vivencia de la sexualidad que realizan las personas con discapacidad no dista de la
normalidad, teniendo curiosidad, deseos y experiencias con mayor o menor satisfacción. Es necesario
realizar una valoración especifica cuando exista la sospecha de merma significativa en cuanto a la
capacidad de consentir una relación sexual, lo que hace necesario valorar aquellas aptitudes que
participan en la compresión de las relaciones sexuales e interpersonales (Manzanero et al, 2013). En el
caso de la menor, se ha evaluado su conocimiento acerca de la sexualidad tomando como referencia las
pautas establecidas por Manzanero et al. (2013; véase Tabla 3).

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En la evaluación de la sexualidad se explora detalladamente su capacidad para nombrar las


partes del cuerpo, describir en términos básicos la mecánica de las relaciones sexuales, su conocimiento
de las consecuencias positivas y negativas, así como riesgos y capacidad para expresar rechazo ante
relaciones no deseadas. Es importante señalar que no se ha realizado con la exhaustividad deseada
debido a las resistencias de la menor a la hora de profundizar en el área sexual, por lo que no se obtiene
toda la información esperable.

Tabla 3. Criterios para valorar la racionalidad asociada a la toma de decisiones y la capacidad de


consentimiento propuestos por Stavis y Walker-Hirsch (1999)

Criterio Afectación

Tener conciencia de uno mismo, del tiempo, del Se estima conservado en la menor.
espacio y de lo que ocurre en ese momento y
lugar.

Ser capaz de comunicar situaciones y de Se estima conservado en la menor.


diferenciar la realidad de la fantasía la verdad de
la mentira.

Ser capaz de describir el proceso necesario para Se estima mermado en la menor.


decidir si se tiene o no una determinada relación
sexual.

Ser capaz de discriminar cuándo se está de Se estima mermado en la menor.


acuerdo con otra persona para mantener
relaciones sexuales.

Tener habilidad para percibir las señales Se estima mermado en la menor.


verbales y no verbales indicativas de los
sentimientos de la otra persona.

Las áreas implicadas son la comprensión (habilidad para entender y retener información), la
toma de decisiones (habilidad para sopesar la información, las ventajas e inconvenientes de una u otra
decisión, y para tomar la decisión) y la comunicación, realizándose a continuación un estudio
ergonómico a las características del caso de la menor.
Según la Guía de Buenas Prácticas en la Atención de Personas con Discapacidad (Álvarez-
Pérez, 2013), se ha de tener en cuenta que la capacidad de consentimiento posee una naturaleza
dinámica, pudiendo evolucionar en el tiempo y en función del contexto y los apoyos recibidos, lo que
lleva a la idea de que la capacidad de la persona no es inamovible, y desde un punto de vista integral, es

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necesario tener en cuanta esta variabilidad a la hora de estudiar la existencia de merma o no en la


capacidad de consentir.
El primer nivel de análisis debe recaer en el nivel de información y conocimiento que posee la
menor, siendo necesario valorar los siguientes puntos:
- Comprensión básica de las actividades sexuales.
- Conocimientos acerca de cómo mantener relaciones sexuales seguras.
- Conocimiento de las consecuencias y responsabilidades asociadas al embarazo.
- Conocimiento de las responsabilidades derivadas de conductas abusivas.
- Conciencia de los derechos de la otra persona y de la necesidad de respetar su decisión cuando
se niegue a mantener relaciones sexuales.
- Conocimiento de los lugares y momentos apropiados para mantener relaciones sexuales.

Tradicionalmente, Stavis y Walker-Hirsch (1999) propusieron una serie de criterios para valorar
la racionalidad asociada a la toma de decisiones y capacidad de consentimiento.
Para considerar que una persona con DI puede consentir una actividad sexual, esta debe tener
unos conocimientos y un entendimiento claro acerca de los elementos principales del comportamiento
sexual, siendo necesario que distinga la actividad sexual de otras relacionadas con la intimidad (ir al
médico, autocuidado).
Igualmente, la persona ha de ser capaz de entender las consecuencias negativas que pueden

la posibilidad de negarse a las mismas, no debiendo mantenerlas con cualquier persona. Esta última
premisa se cumple, al asociar la menor las relaciones sexuales con relaciones de pareja íntima que
trascienden la satisfacción de los impulsos sexuales, buscando compromiso.
Se concluye igualmente, que el primer punto, relativo a información y conocimiento, se cumple
en el caso de la menor evaluada, pues su comprensión alcanza el nivel necesario para tal discernimiento.
En cuanto a la comprensión de las consecuencias, se estima que en el caso presente hay una comprensión
parcial, sin embargo, no se puede emitir una conclusión firme al respecto, ya que las referencias de la
menor en relación a estas consecuencias y al mantenimiento de relaciones sexuales previas, deben ser
interpretadas con cautela debido a la distorsión motivacional positiva observada (lo cual podría conllevar
que sus afirmaciones acerca de experiencias sexuales anteriores constituyan un intento por aparentar
normalidad), existiendo igualmente información contradictoria en la documental que dificulta estimar
retrospectivamente dichos conocimientos.
En cuanto a la valoración de la voluntariedad, es decir de la capacidad de la persona para seguir
su propio criterio, lo que exige evaluar su grado de vulnerabilidad a la intimidación de otras personas, a
su juicio o a su influencia, se concluye que, la condición de la menor la convierte en una menor menos
eficiente en las relaciones interpersonales o en situaciones de índole afectivo sexual, teniendo
dificultades para la interpretación de señales, debido a su pensamiento más circunscrito a la concreto,
pudiendo ser susceptible de manipulación o engaño ante situaciones de coerción o presión.
La menor comprende su derecho a la libre voluntariedad a la hora de tener relaciones, sin
embargo, podría ser más sugestionable, tal como indica la literatura científica en casos de Discapacidad
Intelectual Leve (Fernández García-Andrade et al., 2013).
La competencia psíquica relacionada con la comprensión de normas, hechos y situaciones
sociales viene determinada por el criterio (a) del diagnóstico de Discapacidad Intelectual Leve
anteriormente señalado.
En base a la falta de aptitud cognitiva mostrada, se concluye que la esfera cognoscitiva está
mermada (viciada) parcialmente, lo cual implica un déficit en el razonamiento y comprensión, tanto a
nivel académico como social y por ende, una merma en la libertad plena de ajustar su voluntad al
conocimiento del hecho en sí.

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A raíz de lo expuesto, se estima una merma en los procesos mentales intervinientes en la


competencia consentidora, no poseyendo un funcionamiento cercenado en su totalidad, pero si por
debajo de lo que cabe esperar en un sujeto de su edad.
Lo expuesto no indica que la persona posea una merma impeditiva con carácter general para su
consentimiento, ya que esta dimensión resulta dinámica, pudiendo variar en función de los apoyos y
evaluación de la persona.
En el caso presente, se encuentran una serie factores que convierten a la estimación de la
competencia para consentir en una tarea especialmente compleja. En primer lugar, se trata de una
valoración retrospectiva, teniendo que trabajar, junto con variables contextuales e individuales de corte
dinámico, con variables que guarden estabilidad y consistencia longitudinal, y por ende nos permitan
estimar información veraz.
Para que hablemos de un consentimiento pleno, la persona ha de tener las competencias para
decidir de manera voluntaria, sin limitaciones en su autodominio, basándose en el entendimiento y en
la intención (Kleinig, 2010).
A raíz de la documentación analizada y de las entrevistas realizadas, la menor, en el momento
de los hechos, presentaba unos conocimientos básicos y suficientes para comprender lo que era una
relación sexual, desde un punto de vista más primitivo y esquemático de lo esperado en una niña de su
edad, pero entendiendo que se trata de un acto íntimo, diferenciado de otros de naturaleza similar.
A pesar de estar en posesión de una informaciónn sexual básica, el entendimiento de la
naturaleza del acto y las consecuencias, no puede decirse que responda a un razonamiento maduro y
consolidado que la permita poseer una voluntariedad plena en el acto, a pesar de la constatada iniciativa
y dinámica no coercitiva existente.
La menor es capaz de distinguir lo que está bien y lo que está mal, por esta misma razón
desarrolla una serie de mecanismos de ocultación y unas estrategias planificadas para alcanzar su meta
de verse con el supuesto abusador. Esta planificación está más próxima a una evitación del
incumplimiento de la norma, y por ende, orientada a la evitación del castigo en consonancia a un estadio
compatible con el Nivel 2 de Kohlberg (1981,1992), más predominante en niños de 9 a 12 años, estando
en el aspecto de madurez moral muy por debajo de su edad.
No obstante, cabe señalar que no todos los adultos alcanzan el nivel de desarrollo moral
autónomo, permaneciendo en una moralidad heterónoma basada en el cumplimiento de la norma para
la evitación del castigo.
Dentro de la voluntariedad, la menor es capaz de rechazar un acto sexual cuando este no es
deseado en términos absolutos, sin embargo, puede presentar déficits en la valoración de las
circunstancias, así como dificultades para discernir la mejor opción para su integridad, salud y bienestar.
Presenta dificultades (merma parcial) ante situaciones sociales complejas que requieran de
procesos superiores, pudiendo traducirse en afrontamientos deficientes que pueden llevarla a ser
manipulada independientemente de la existencia de tendenciosidad o no en el sujeto activo. Su condición
puede suponer una merma ante la complejidad que acarrea la abstracción de ciertas interacciones de
corte socio-afectivo, como son las relacionadas con la sexualidad y las relaciones íntimas y afectivas.
En cuanto al estudio de la vulnerabilidad de la menor, aunque se parte de una relación asimétrica
y de desequilibrio de poder, en ningún momento se establece una relación de dependencia o sumisión,
no constituyéndose en función de la documentación estudiada, una relación basada en el control, la
intimidación, el chantaje o la coerción, condiciones todas ellas que pudieran afectar a la voluntariedad,
presumiéndose que la menor, al menos en ciertos momentos, poseía la autodeterminación de decidir si
mantener la relación o no, tal y como la propia dicente manifiesta.
Destacan la presencia de sentimientos de debilidad, aptitud de comprensión limitada,
dependencia a personas adultas, falta de recursos económicos y ambiente familiar desestructurado y
conflictivo, así como carencias emocionales y necesidad de afecto (sentimientos de rechazo profundos),
todos ellos factores de vulnerabilidad que en contingencia con la inmadurez en la esfera sexual existente,

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la hacen estar supeditada a necesidades emocionales no cubiertas, lo que puede interferir, junto con las
limitaciones cognitivas y de comunicación, en su capacidad para expresar los deseos y necedades
afectivas y sexuales (merma parcial).

Conclusiones

Los peritos del presente informe han redactado el contenido del mismo con imparcialidad y con
arreglo a su leal saber y entender, y a los principios de la Psicología. Con todos los respetos a SSª y al
Tribunal que corresponda, se emiten las siguientes conclusiones:

PRIMERA: La menor presenta una 317 (F70) Discapacidad Intelectual leve, según el Manual
Diagnóstico y Estadístico de los Trastorno Mentales DSM-5 de la Asociación Psiquiátrica Americana,
en su actualización del 2015 (American Psychiatric Association, 2016).
SEGUNDA: La competencia consentidora de la menor se ve afectada en parte por la discapacidad
intelectual leve existente. Dicha afectación no es homogénea ni total, manteniendo preservadas las áreas
de conocimiento (información sobre sexualidad) y pudiendo existir merma en las dimensiones de
razonamiento y voluntariedad. Para valorar dicha merma han de tenerse en cuenta tanto los factores de
vulnerabilidad como la naturaleza de la relación que, a pesar del desequilibrio de poder, no se constituye
como coercitiva hacia la menor. Su discapacidad afecta parcialmente su competencia consentidora en
situaciones de elevada complejidad simbólica, como las afectivo/sexuales, sin que exista una anulación
total de su competencia para entender ni decidir, siempre y cuando la naturaleza de la relación no se
base en el poder y la manipulación.
TERCERA: La menor actualmente se encuentra adaptada a su entorno, no apreciándose
indicadores que señalen la presencia de sintomatología clínica relevante. Impresiona dificultades
afectivas inherentes a la cristalización del proceso judicial (revictimización), la conflictividad mantenida
con la figura materna y la incertidumbre experimentada hacia su futuro.
CUARTA: Se recomienda el mantenimiento de la supervisión y el trabajo con la menor en relación
a su inclusión en el mercado laboral, siendo igualmente prioritario el trabajo terapéutico en aras de
gestionar las problemáticas derivadas de la revictimización existente y las carencias afectivas
cristalizadas a consecuencia de las relaciones disfuncionales con su grupo primario.
Es cuanto cumple informar,

En Madrid, a (día) de (mes) de (año)

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Geneva: Author.

i
Los datos personales que aparecen en el presente informe han sido modificados. El objetivo de este trabajo
consiste en ilustrar un caso prototípico de evaluación forense de la inteligencia y de la capacidad consentidora de
un menor, por lo que se ha adaptado la información para tal fin con fines académicos, investigadores y docentes.

Psicopatología Clínica, Legal y Forense, Vol.17, 2017, pp.108-125.

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