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Fábulas de Esopo y sus moralejas

Este documento presenta 13 fábulas y sus moralejas escritas por Esopo. Cada fábula cuenta una breve historia con animales que ilustra una lección de vida. Algunas de las fábulas más destacadas incluyen "La liebre y la tortuga" sobre la perseverancia, "La cigarra y la hormiga" sobre la importancia de la previsión, y "El lobo disfrazado de cordero" sobre los peligros de la mentira. Todas las historias enseñan valiosas lecciones morales a través de personajes animales
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Fábulas de Esopo y sus moralejas

Este documento presenta 13 fábulas y sus moralejas escritas por Esopo. Cada fábula cuenta una breve historia con animales que ilustra una lección de vida. Algunas de las fábulas más destacadas incluyen "La liebre y la tortuga" sobre la perseverancia, "La cigarra y la hormiga" sobre la importancia de la previsión, y "El lobo disfrazado de cordero" sobre los peligros de la mentira. Todas las historias enseñan valiosas lecciones morales a través de personajes animales
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FÁBULAS Y MORALEJAS

1. «La liebre y la tortuga»


Érase una vez una liebre muy veloz que presumía de ello ante todos los animales del
bosque. Un día, se encontró con una tortuga que caminaba muy despacio. La liebre se
burló de su lentitud. —Hagamos una carrera y veamos quién gana —propuso la
[Link] empezar la carrera, la liebre salió disparada, mientras que la tortuga avanzó
lentamente. Al ver que sacaba una gran ventaja a la tortuga, la liebre se paró en un árbol
a descansar. La tortuga siguió avanzando, poco a poco y sin detenerse. Cuando la liebre
despertó, vio angustiada que la tortuga estaba a punto de llegar a la meta. La liebre
corrió y corrió, pero fue demasiado tarde. La tortuga cruzó la meta, agotada pero feliz.

Moraleja: De poco vale el talento sin esfuerzo. Esta fábula de Esopo nos enseña
que, con perseverancia y con esfuerzo, podemos lograr nuestras metas.

2. «El pastor y el lobo»


Había una vez un joven pastor que todos los días llevaba a su rebaño a pastar. Como se
aburría muchísimo, decidió gastar una broma a los campesinos del lugar. —¡Que viene
el lobo! ¡Auxilio! ¡Mis ovejas! Los campesinos corrieron a ayudarle, pero no vieron ni
rastro del lobo. El joven pastor rio a carcajadas, mientras los campesinos se alejaban
muy enfadados. Una semana después, el pastor volvió a gastarles la misma
broma. Hasta que un día, el pastor vio acercarse a un lobo. Aterrorizado, gritó pidiendo
auxilio. Pero esta vez, los campesinos no le creyeron y el pastor se quedó sin su rebaño.

Moraleja: Nadie cree al mentiroso cuando dice la verdad. Esta es otra de las mejores
fábulas de Esopo y nos enseña que si mentimos, nadie confiará en nosotros cuando
digamos la verdad.

3. «El avaro»
Érase una vez un hombre muy rico que vendió todo lo que tenía a cambio de varios
lingotes de oro. Y para que nadie le robara, enterró el oro en un bosque. Todos los días
acudía al lugar para comprobar que su oro seguía allí, sin saber que un ladrón lo
vigilaba escondido. Una noche, el ladrón desenterró el oro y se lo llevó. Cuando el rico
descubrió el robo, dio tal grito que un vecino se acercó a ver qué pasaba. El hombre rico
lloraba, desesperado. Entonces el vecino tomó unas piedras, las enterró en el mismo
lugar y dijo: —Aquí tiene su tesoro. Sabe que nunca habría gastado sus lingotes. ¿Qué
más le da, entonces, que sean piedras? Así por lo menos dejará de sufrir.

Moraleja: Corazón codicioso no tiene reposo. Esta fábula de Esopo nos enseña
que la riqueza, si no se comparte, no vale nada y solo trae pobreza.
4. «El lobo disfrazado de cordero»
Esto era un lobo muy hambriento que vio un rebaño de ovejas. Un día encontró una piel
de oveja en el bosque y tuvo una idea para despistar al pastor. —Me disfrazaré con esta
piel de oveja. Así las ovejas y el pastor creerán que soy una oveja más. Y su plan
funcionó. Al atardecer, el lobo fue llevado al establo con el resto de las ovejas. El lobo
se relamió, pensando en el gran banquete que se daría por la noche. Pero, cuando
anocheció, el pastor entró en el establo buscando carne para cenar. Y, creyendo que el
lobo era una oveja, lo tomó y se lo llevó.

Moraleja: Quien muchas trampas hace termina por caer en ellas. Esta fábula de
Esopo quiere enseñar que la mentira y las trampas siempre nos traerán problemas.
Cuanto mayor sea la mentira, mayor será el daño.

5. «La hormiga y la paloma»


Una hormiga bebía agua en un río, con tan mala suerte que cayó al agua. Pasaba por ahí
una paloma que, al oír sus gritos de auxilio, corrió a salvar a la pequeña hormiga. —
Gracias, amiga paloma —dijo la hormiga muy agradecida—. Si algún día estás en
peligro, yo te ayudaré. Varias semanas después, un cazador vio a la paloma sobre una
rama. Estaba a punto de disparar su escopeta cuando, de pronto, la hormiga se metió por
debajo del pantalón y le mordió la pierna. Y así pudo la paloma escapar, sana y salva.

Moraleja: Haz bien y no mires a quién. Esta no podía faltar en nuestra selección de
las mejores fábulas de Esopo pues nos enseña a ayudar siempre a los demás, y que
toda buena acción trae más acciones buenas.

6. «La cigarra y la hormiga»


Un verano especialmente caluroso, una cigarra descansaba bajo la sombra de un árbol.
Se pasaba el día cantando y bailando, mientras su vecina la hormiga iba y venía cargada
de comida. — ¿Por qué no descansas conmigo, vecina? —le preguntó la cigarra.
—Si descanso ahora, ¿quién alimentará a mis crías en invierno? Si fuera tú, recogería
provisiones. Pero la cigarra siguió ociosa. Entonces llegó el frío invierno, y la cigarra no
encontró alimento. Tiritando, fue a casa de la hormiga a pedirle comida. Pero la
hormiga le contestó que apenas tenía provisiones para su familia. Y la pobre cigarra
siguió su camino, pero con la lección bien aprendida.

Moraleja: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Esta quizás sea una de
las más emblemáticas y mejores fábulas de Esopo. Enseña que el esfuerzo obtiene
su recompensa, mientras que con pereza y vagancia no se logra nada.

7. «La gallina de los huevos de oro»


Érase una vez un campesino pobre que encontró una gallina muy especial: cada día
ponía un huevo de oro. Desde ese día, su suerte cambió y se convirtió en el hombre más
rico de la región. Pero llegó el día en que el campesino quiso más huevos de oro al día.
Y tuvo una idea. —Si la gallina pone huevos de oro, será porque los tiene dentro… ¿Y
si saco todos de golpe? Así fue como el campesino avaricioso mató a la gallina y, con
ella, su fuente de riqueza. Desde ese día se tuvo que conformar con huevos de yema.

Moraleja: La avaricia rompe el saco. Esta fábula de Esopo nos enseña que la
persona avariciosa siempre quiere más, y que debemos valorar lo que tenemos.

8. «La zorra y el cuervo»


Una zorra muy hambrienta vio a un cuervo posado sobre un árbol, con un trozo de
queso en el pico. La zorra, que era muy astuta, ideó un plan para conseguir el queso. —
¡Qué hermosas son tus plumas, amigo cuervo! ¡Qué brillo! ¡Qué color! Eres la envidia
de todas las aves. El cuervo se estiró sobre la rama, sacó pecho y extendió sus alas con
orgullo. La zorra siguió piropeando al cuervo, pero todavía agarraba el queso con
recelo. Hasta que…—Me han dicho que el cantar del cuervo supera cualquier cantar.
¿Es cierto, amigo cuervo? ¿Tan hermosa es tu voz? ¿Cantarías algo para mí? Entonces,
lleno de vanidad, el cuervo tomó aire, abrió el pico y graznó lo más fuerte que pudo.
Cuando terminó, vio a la zorra alejarse feliz con el trozo de queso en su boca.

Moraleja: Si te halagan sin parar, intenciones hay detrás. Esta fábula de Esopo nos
enseña a desconfiar de las personas que nos adulan sin motivo alguno, porque solo
quieren engañarnos y conseguir algo a cambio.

9. «El cuervo y la jarra»


Hubo una vez una gran sequía. Un cuervo sediento vio, de pronto, una jarra, pero su
pico no alcanzaba el agua. — ¡No puede ser! Moriré de sed si no encuentro la forma de
beber. El cuervo metió aún más el pico y zarandeó la jarra, pero nada… Entonces metió
la pata con la idea de mojarla y poder lamer alguna gota, pero su pata también era
demasiado corta. A punto estaba de tirar la toalla cuando tuvo una idea. Durante una
hora estuvo el cuervo metiendo piedras en aquella jarra. Era un trabajo lento y pesado,
pero al final obtuvo su recompensa. Gracias a las piedras, el agua subió hasta el borde
de la jarra y el cuervo pudo saciar su sed.

Moraleja: La necesidad agudiza el ingenio. Esta es otra de las más famosas y


mejores fábulas de Esopo. Enseña a tener paciencia ante los problemas, pues ante
las dificultades surgen las mejores ideas.

10. «La lechera»


Érase una vez una joven campesina que salió al mercado a vender un cántaro lleno de
leche. Por el camino, iba pensando qué haría con las ganancias: —Con el dinero que
gane, compraré doscientos huevos. Los huevos me darán hermosos pollitos, que venderé
al mejor precio. Con ese dinero, compraré un cerdito. Y cuando lo venda, me compraré
el vestido más hermoso del pueblo. Tan ensimismada iba la joven que no vio una piedra
en el camino y tropezó. El cántaro cayó al suelo, haciéndose añicos. Adiós a la leche, a
los huevos, los pollitos, el cerdito y al maravilloso vestido con los que había soñado.
Moraleja: Sueña cuanto quieras, pero no olvides mantener los pies en la tierra. Esta
fábula de Esopo nos enseña a huir de las ensoñaciones y a valorar y ser felices con
lo que tenemos.

11. «El cascabel del gato»


Había una vez unos ratones que vivían atemorizados por un gato. Cada vez que salían a
por comida, el gato los perseguía. Hacía semanas que no comían nada. Entonces, uno de
los ratones tuvo una idea: — ¡Ya sé! Pondremos un cascabel al gato. Así lo oiremos a
tiempo y podremos escapar. — ¡Qué buena idea! —Contestó el ratón más viejo—. Pero
¿quién será el valiente que le ponga el cascabel? Todos los ratones pusieron excusas y
volvieron a sus hogares, más hambrientos que nunca.

Moraleja: Del dicho al hecho hay un gran trecho. Esta no podía faltar entre las
mejores fábulas de Esopo. Nos enseña que es muy fácil opinar y hablar, y que lo
difícil es llevar algo a la práctica.

12. «La zorra y la cigüeña»


Cuentan que una zorra invitó a cenar a su vecina la cigüeña. Le sirvió sopa en un plato
llano, y la pobre cigüeña no pudo tomar nada con su largo pico. Entonces la cigüeña
invitó a comer a la zorra. Le sirvió un delicioso guiso de carne en una vasija alta. —
Vecina, así no alcanzo a comer nada —se quejó la zorra.
— ¿De verdad? Pues entonces disfrutarás de mi cena tanto como yo disfruté de la tuya.

Moraleja: No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Esta
fábula de Esopo nos enseña a tratar a los demás con respeto y como quisiéramos
que nos trataran a nosotros.

13. «El caballo y el asno»


Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día en que iban a la ciudad con los fardos
cargados, el asno se sintió muy cansado y pidió ayuda al caballo. Pero el caballo se hizo
el sordo y siguieron el camino. Una hora después, el asno se desplomó, sin fuerzas.
Entonces el dueño echó toda la carga del asno y al propio asno encima del caballo. —
Debí haber ayudado al asno cuando me lo pidió —se lamentó el caballo—. Ahora no
tendría que llevar tanto peso…

Moraleja: Cuando ayudes a los demás, tu propio bien cosecharás. Esta fábula de
Esopo enseña que cuando ayudamos a alguien, nosotros también salimos
beneficiados.

14. «El león y el ratón»


Érase una vez un ratón que caminaba, sin saberlo, sobre el lomo de un león. De pronto,
una garra atrapó al ratón, con la intención de comérselo. —No me coma, por favor. Le
prometo que si alguna vez está en apuros, yo lo ayudaré.
— ¡Ja, ja, ja! ¿Cómo podrá ayudarme alguien tan pequeño? Pero el león lo dejó marchar
por esta vez. Días más tarde, el ratón escuchó unos rugidos cerca de su madriguera. Era
el león, que había quedado atrapado en una gran red. Entonces el ratón comenzó a roer
la red, hasta hacer un agujero del tamaño del león. Y desde entonces, el pequeño ratón y
el enorme león fueron amigos inseparables.

Moraleja: Hasta los más grandes necesitan de los pequeños. Esta fábula de Esopo
nos enseña a valorar a todos, sin importar su aspecto o las apariencias.

15. «El ciervo y su reflejo»


Había una vez un ciervo que se acercó a un lago para beber. Al ver su reflejo en el agua,
dijo: — ¡Qué cuernos tan majestuosos! Son impresionantes. Pero ¿estas patas? ¡Qué
frágiles y finas en comparación con los cuernos! De pronto, apareció un león dispuesto
a comerle. El ciervo corrió y corrió con sus ágiles patas. Casi había despistado al león
cuando sus cuernos se enredaron en las ramas de un árbol. Y entonces comprendió que
lo que tanto admiraba, su cornamenta, iba a ser su perdición.

Moraleja: Valora y aprecia lo que tienes: lo necesitarás cuando menos lo esperes.


Esta fábula de Esopo nos enseña a querernos como somos y a valorar lo que
tenemos, sin compararnos.

16. Afrodita y la gata

Se había enamorado una gata de un hermoso joven, y rogó a Afrodita que la hiciera
mujer. La diosa, compadecida de su deseo, la transformó en una bella doncella, y
entonces el joven, prendado de ella, la invitó a su casa. Estando ambos descansando en
la alcoba nupcial, quiso saber Afrodita si al cambiar de ser a la gata había mudado
también de carácter, por lo que soltó un ratón en el centro de la alcoba. Olvidándose la
gata de su condición presente, se levantó del lecho y persiguió al ratón para comérselo.
Entonces la diosa, indignada, la volvió a su original estado.
Moraleja: El cambio de estado de una persona, no la hace cambiar de sus instintos.
17. Diógenes de viaje

Yendo de viaje, Diógenes el cínico llegó a la orilla de un río torrencial y se detuvo


perplejo. Un hombre acostumbrado a hacer pasar a la gente el río, viéndole indeciso, se
acercó a Diógenes, lo subió sobre sus hombros y lo pasó complaciente a la otra orilla.
Quedó allí Diógenes, reprochándose su pobreza que le impedía pagar a su bienhechor.
Y estando pensando en ello advirtió que el hombre, viendo a otro viajero que tampoco
podía pasar el río, fue a buscarlo y lo transportó igualmente. Entonces Diógenes se
acercó al hombre y le dijo: -No tengo que agradecerte ya tú servicio, pues veo que no lo
haces por razonamiento, sino por manía.

Moraleja: Cuando servimos por igual a personas de buen agradecimiento, así


como a personas desagradecidas, sin duda que nos calificarán, no como buena
gente, sino como ingenuos o tontos. Pero no debemos desanimarnos por ello, tarde
o temprano, el bien paga siempre con creces.

18. El abeto y el espino

Disputaban entre sí el abeto y el espino. Se jactaba el abeto diciendo: -Soy hermoso,


esbelto y alto, y sirvo para construir las naves y los techos de los templos. ¿Cómo tienes
la osadía de compararte a mí? -¡Si recordaras -replicó el espino- las hachas y las sierras
que te cortan, preferirías la suerte del espino!

Moraleja: Busca siempre la buena reputación pues es una gran honra, pero sin
jactarte por ello, y también cuídate de los que quieren aprovecharse de ella para su
propio provecho.

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