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Zorobabel y el Profeta Hageo

1) El gobernador Zorobabel y el sacerdote Josué se reúnen para cenar y discutir los problemas que enfrenta el pueblo, como la falta de lluvia y prosperidad. 2) Josué explica que el pueblo ha dejado de adorar a Dios. 3) Llega el profeta Hageo con un mensaje de Dios, diciendo que el pueblo debe reconstruir el templo para restaurar su relación con Dios y así recibir su bendición.

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Zorobabel y el Profeta Hageo

1) El gobernador Zorobabel y el sacerdote Josué se reúnen para cenar y discutir los problemas que enfrenta el pueblo, como la falta de lluvia y prosperidad. 2) Josué explica que el pueblo ha dejado de adorar a Dios. 3) Llega el profeta Hageo con un mensaje de Dios, diciendo que el pueblo debe reconstruir el templo para restaurar su relación con Dios y así recibir su bendición.

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Es una noche fría, las calles que lucen vacías, como que si no hubiese vida en el ciudad, el

aire frio sopla y con el lleva las hojas caídas de los árboles de otoño, que vuelan y vuelan
hasta detenerse en los muros altos y anchos de la ciudad.
Las luces brillan en los candiles de las esquinas mientras que por las ventanas de las casas
solo se puede ver las sombras de las familias que se preparan para compartir el ultimo
alimento del día.
La casa del gobernador no es la excepción, la mesa se ha preparado de forma elegante,
dos candelabros la alumbran y ha sido preparada con la vajilla de plata y es que esa noche
será una cena especial, Josué el sumo sacerdote, hombre de edad avanzada, de rostro
blanco por la barba que tiene crecida, ha ido a cenar a su casa. Hay mucho que platicar.
Sentados ahora a la mesa se encuentran Zorbabel, un hombre fuerte, alto, de rostro serio,
de edad ya madura, su esposa, mujer elegante, bella, delgada y fina, su hijo Abiud, un
joven ya con edad para las batallas y Josué. En una cena que transcurre sin que se
pronuncie palabra alguna, pareciera que todo está en calma, pero no es así, hay un tema
sobre la mesa, del cual todos quieren hablar pero ninguno se atreve, saben que esto los
confrontaría, delataría su preocupación, su frustración y su miedo; pero es necesario
hablar de ello, la situación ha sido insostenible para el gobernador y el sacerdote, saben
que no solo están allí para compartir la cena.
Es la mujer de Zorobabel quien toma la iniciativa, y con la delicadeza de un siervo pero con
la firmeza de un león toma la mano de su esposo, en ese instante ambos se voltean a ver.
El en su mirada y su rostro encuentra un todo estará bien.
-Adelante Amor- le dice ella con suavidad. El gobernador asienta con la cabeza, por un
momento se queda pensando la forma en que dirá todo.
-Josué, ¿Qué está pasando?, ¿Por qué están tan mal las cosas?- Pregunta con
desesperación y angustia Zorobabel, a la vez que el rostro se le desencaja. Josué no puede
hacer más permanecer en silencio con la mirada perdida en la mesa y con un rostro
muestra la misma preocupación que Zorobabel, él tampoco sabe las respuestas.
-Las cosas están muy mal- sigue diciendo Zorobabel al no ver respuesta de Josué, y
mientras se pone de pie continua relatando su preocupación en rededor del comedor.-
Reconstruimos los muros de esta ciudad, muros grandes, anchos, fuertes, resistentes y
con gran cimentación, construimos nuestras casas y habitamos en ellas, pero no tenemos
paz.- entre más sigue su relato la voz de Zorobabel se quiebra y desespera más mientras
que quienes lo escuchan parecieren estar siendo exhortados.- hoy los cielos se han secado
y no se ha derramado más su lluvia sobre nuestros campos, no hay frutos, no hay
alimentos.- guarda un segundo de silencio para tomar aire.- la economía de las familias
está mal, pareciere que todo lo que ganan se va en saco roto, no prosperan, no pueden
salir adelante, hay muchas enfermedad en el pueblo y la gente teme por su vida y deciden
no salir a la calle.- termina de hablar mientras se sienta a la mesa y toma un trago de su
copa de vino. Todos están en silencio en la mesa, Zorobabel también pierde la mirada a la
vez que su rostro expresa la resignación y frustración, no espera respuestas ni
comentarios de ninguno.
-Zorobabel, debo decirte algo- le dice el anciano sacerdote, con calma, pero no por ello
menos preocupado.- Hace tiempo- continua diciendo el sacerdote mientras que Zorobabel
lo ve a los ojos.- El pueblo ha dejado la comunión con Dios, ya no hay ofrendas, ya no hay
sacrificios a Jehová, ya no oran, ya no hay alabanzas, hemos construido grandes muros,
hermosas casas pero, hemos dejado a presencia de Dios de lado.- termina sus palabras,
ahora la mirada de todos están sobre Josué han quedado fríos con lo que acaban de
escuchar, en ese instante se escucha que golpean las puerta.
-Señor, es el profeta Hageo.- dice el siervo a Zorobabel.
-Hazlo pasar.- responde
Hageo un hombre de pelo y barba blanca, pero con gran vigor y fuerza, era el profeta del
pueblo. Su llegada a la casa de Zorobabel hacia que los rostros de los reunidos en esa
noche brillara una esperanza, sabían que si el profeta había ido es porque Dios tenía algo
para ellos.
-Buenas noches, que la bendición de Dios este con ustedes.- Saluda Hageo mientras todos
se ponen de pie.
- Amen- responden todos. El profeta permanece de pies junto con todos los demás.-Noto
en sus rostros preocupación y angustia.- continua hablando el profeta.-yo vengo a decirles
una palabra que Dios me ha dado para ti Zorobabel y para ti Josué. Al escuchar esto sus
rostros se iluminaron y brillaron con gran fuerza, Zorobabel y Josué se miran y sus pechos
se llenan de aire y exhalan una gran cantidad de aire.
-Hageo, por favor dígalo ya.- expresa Zorobabel, esperando que sea la respuesta que
espera.

-Está bien, está bien, no sean impacientes.- dice el profeta antes de soltar la palabra que
lleva de parte de Dios.- Zorobabel, Josué, así les dice el Señor- continua diciendo- Este
pueblo, el pueblo que ustedes lideran ha dicho que aún no es tiempo de reedificar mi
casa, de restaurar su relación conmigo, de buscar mi presencia. ¿Creen ustedes que es
tiempo de estar en sus casas adornadas y artesanas?; Meditad bien sobre vuestros
caminos. Trabajan mucho y no prosperan, comen y no se sacian, beben y no quedan
satisfechos, se visten pero no tienen calor, y su economía es tirada en saco roto. Mediten
bien sobre sus caminos. Vayan al monte y traigan madera para reedificar mi casa, yo
pondré en ella mi voluntad y seré glorificado, dice el Señor. Buscan mucho y encuentran
poco, y se encierran en sus casas, pero de un soplo yo los puedo disipar, por cuanto mi
casa esta desierta y cada uno de ustedes en la suya propia, por ello el cielo no ha dado su
lluvia y la tierra no produce su fruto, y llamé la sequía sobre esta tierra, y sobre los
montes, sobre el trigo, sobre el vino, sobre el aceite, sobre todo lo que la tierra produce,
sobre los hombres y sobre las bestias, y sobre todo trabajo de manos, dice el Señor.

Cuando Hageo termino de hablar todos están de rodillas derramando un llanto amargo. Es
Zorobabel quien se pone de pie, seguido de él le sigue Josué, su esposa y su hijo,
Zorobabel le agradece a Hageo y le da un fuerte abrazo.

Josué, convoquemos al pueblo.- dice Zorobabel.

Esa misma noche Zorobabel comunica al pueblo las palabras de Dios dadas a través de
Hageo. El pueblo pone en acción junto con ellos, saben que será tardado, pero eso
agradara a Dios, y están dispuestos a hacer lo que sea con tal de volver a vivir la gloria de
Dios.

Pasado el tiempo la casa de Dios es terminada, el pueblo esta gozoso, saben que la gloria
de Dios está por llegar una vez más. Parados entre el templo y el pueblo se encuentran
Hageo, Zorobabel y Josué; los tres sienten una alegría sin igual.

-Ver la casa de Dios.- dice Josué.- me hace pensar en las glorias pasadas, pensar en cómo
Dios salvo al pueblo de Israel de los egipcios cuando se encontraban junto al mar, en como
Dios hizo descender mana del cielo, en como Dios permitió que nuestro pueblo
conquistara la tierra prometida.- termina de hablar con lágrimas en los ojos.

En ese momento Zorobabel toma la palabra, y levanta su voz para que el pueblo escuche,
y pronuncia la oración que Salomón hiciera la primera vez que edifico el templo- Dios mío,
ni el cielo ni la tierra son suficientes para ti, mucho menos este templo que te hemos
reconstruido, pero de todos modos te pido que escuches nuestra oración: Cuida de este
templo de día y de noche, pues tú mismo has dicho que vivirás en él. Cuando estemos
lejos de Jerusalén y oremos en dirección a tu templo, escucha desde el cielo nuestras
oraciones, y perdónanos.

Si alguien perjudica a otra persona, y delante del altar de este templo jura que no lo hizo,
escucha desde el cielo y haz justicia. Examínanos, castiga al que resulte culpable y deja
libre al inocente.
Si tu pueblo llega a pecar contra ti, y en castigo sus enemigos se lo llevan prisionero,
perdónalo y tráelo de nuevo a este país que tú les diste a sus antepasados. Perdónalos
siempre y cuando vengan a tu templo y se arrepientan de haberte ofendido.

Si llegamos a pecar contra ti, y en castigo deja de llover por mucho tiempo, perdónanos,
siempre y cuando oremos en este lugar, y nos arrepintamos de haberte ofendido.
Escúchanos desde el cielo y perdónanos. Enséñanos a vivir haciendo lo bueno, y
mándanos de nuevo la lluvia que nos quitaste.

Si en este país nos llegara a faltar la comida, o nos atacaran enfermedades, o plagas de
hongos, langostas o pulgón, escúchanos cuando oremos a ti. Y si los enemigos nos rodean
o atacan a alguna de las ciudades, escúchanos cuando oremos a ti. Y cuando en medio de
este sufrimiento cualquier persona o todo el pueblo levante las manos hacia este templo y
ore a ti, escúchalo siempre desde el cielo, el lugar en donde vives. Perdónalo. Examínanos,
y danos lo que cada uno de nosotros se merece. Sólo tú conoces verdaderamente a todas
las personas. Así, te serviremos y obedeceremos durante toda nuestra vida en esta tierra
que nos diste.

Cuando los extranjeros sepan en su país lo grande y poderoso que eres, y vengan a orar a
este templo, escúchalos desde el cielo, que es tu casa. Dales todo lo que te pidan, para
que todos los pueblos del mundo te conozcan y obedezcan como lo hace tu pueblo. Así
sabrán que este templo se reconstruyo para adorarte.

Si tu pueblo va a la guerra, y allí donde lo envíes ora a ti mirando hacia este templo,
escucha desde el cielo sus oraciones y ruegos, y ayúdalo.

Dios mío, todos somos pecadores, y si tu pueblo llega a pecar contra ti, a lo mejor te vas a
enojar tanto que lo entregarás a sus enemigos. Ellos se llevarán a tu pueblo a otro lugar,
lejos o cerca, pero si en ese lugar donde tu pueblo esté prisionero, se vuelve a ti con toda
sinceridad, atiéndelo. Si reconoce que ha pecado y actuado mal y te lo dice, óyelo. Si tu
pueblo ora a ti y te ruega, mirando hacia este templo, escucha desde el cielo sus oraciones
y ruegos, y ayúdalo. Perdónale a tu pueblo todos los pecados y faltas que cometió contra
ti. Haz que sus enemigos tengan temor de él y lo ayuden. Porque se trata de tu pueblo; el
pueblo que tú sacaste de Egipto, donde sufría tanto como si hubiese estado en un horno
ardiente.

Escucha con atención mis oraciones. ¡Oye a tu pueblo! Escúchanos cuando te


llamemos. Tú elegiste a tu pueblo de entre todas las otras naciones. ¡Somos tuyos! Así lo
dijiste por medio de Moisés, cuando sacaste de Egipto a nuestros antepasados.- termina
su oración y el pueblo que había guardado silencio dice amen. En ese momento las
mujeres del pueblo tomaron sus mantos y comenzaron a danzar, mientras que los
tambores, címbalos e instrumentos de cuerda y viento sonaban pidiendo que la presencia
de Dios descendiera a ese lugar. Mientras todo esto ocurría y sin que nadie se diera
cuenta el profeta Hageo hablaba con Dios.

-Pueblo, escucha palabra del Señor- Se escucha la voz del profeta cuando el pueblo
termina de adorar con sus rostros en tierra.- Yo he oído tu oración, y he elegido para mí
este lugar por casa de sacrificio. Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si
mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se
humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro,
y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus
pecados, y sanaré su tierra; porque de cierto os digo que nadie de ustedes vio la primer
gloria de este lugar como la ven ahora, cobren ánimo, vayan hacia delante, que yo estoy
con vosotros. Hare temblar los cielos, la tierra y todas la naciones y entonces vendrá el
deseado y llenara de gloria esta casa, mía es la plata, mío es el oro. Pueblo hoy te digo que
lo que está por venir, será mayor que lo primero, la sanidad venidera será mayor que la
que tuviste en el pasado, tu paz será mayor que la del pasado, tu prosperidad será mayor
que la existió en el pasado, tu tranquilidad será mayor que la que tuviste en el pasado dice
el Señor, porque.- el profeta toma gran fuerza para gritar lo que está por decir.- ¡la gloria
postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos!.- Al
terminar de hablar el pueblo entero estallo júbilo.

El pueblo después de eso comienza un nuevo estilo de vida, una vida de confianza puesta
en Dios y viviendo la Gloria de Dios en sus vidas.

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