Capítulo V
Apocalipsis 8, 2-11, 19: las 7 trompetas
Apocalipsis 15, 5-16, 21: las 7 copas
Introducción
En la presentación de la estructura global del Apocalipsis mostramos la
correspondencia entre la sección de las 7 trompetas (8, 2-11, 19) y la de las 7 copas (15, 5-16,
21). En este capítulo demostraremos en detalle el paralelismo profundo que existe entre estas dos
secciones, y cómo este paralelismo nos da una clave importante para su interpretación. El tema
central de estas secciones es una re-lectura del Exodo, vivido no ya en Egipto, sino ahora en el
corazón del Imperio Romano. También dijimos en la Introducción que la sección anterior de los 7
sellos (4, 1-8, 1) tiene un carácter diferente, y es una sección paralela a 17, 1-19, 10. A estas dos
secciones les dimos el título Visión profética de la Historia. Muchos autores ponen en paralelismo
las secciones de las 7 Iglesias, los 7 sellos, las 7 trompetas y las 7 copas, lo que confunde la
interpretación. Es importante captar el contenido y carácter diferente de la sección de los 7 sellos,
lo mismo que de la sección de las 7 cartas a las 7 Iglesias (capítulos 2-3). No basta con la división
de las secciones en siete partes (7 cartas, 7 sellos, 7 trompetas, 7 copas) para establecer un
paralelismo. Es necesario mirar el contenido, el carácter y el género literario de cada sección.
Finalmente dijimos también que las secciones paralelas de las 7 trompetas y las 7 copas, sirven de
marco a la sección central del Apocalipsis: 12, 1-15, 4.
En resumen, el esquema global sería así:
A] Visión profética de la Historia: 4, 1-8, 1
B] Las 7 trompetas: 8, 2-11, 19
Centro del Apocalipsis: 12, 1-15, 4
B'] Las 7 copas: 15, 5-16, 21
A'] Visión profética de la Historia: 17, 1-19, 10
1. Introducción a la lectura y estructura
de los textos
1.1. Estructura de Apocalipsis 8, 2-11, 19 (las 7 trompetas)
Visión en el cielo: 8, 2-6
Primera trompeta: 8, 7
—pedrizco, fuego mezclado con sangre sobre la tierra
—consecuencias: la tercera parte de la tierra quedó abrasada...
Segunda trompeta: 8, 8-9
—enorme montaña ardiendo sobre el mar
—consecuencias: la tercera parte del mar se convirtió en sangre...
Tercera trompeta: 8, 10-11
—estrella grande ardiendo sobre ríos y fuentes de agua
—consecuencias: la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo...
Cuarta trompeta: 8, 12
—fue herida la tercera parte del sol, luna y estrellas...
—consecuencias: quedó en sombras la tercera parte de ellos...
(¡Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra
cuando suenen las tres trompetas que quedan por tocar!: 8, 13)
Quinta trompeta: 9, 1-11 (Primer ¡Ay!)
Una estrella caída del cielo abrió el pozo del abismo y salieron langostas que
atormentaron por cinco meses a los hombres que no llevaban en la frente el sello de Dios; las
langostas eran como caballos preparados para la guerra; tienen como rey al Angel del abismo.
(El primer ¡Ay! ha pasado.
Mira que detrás vienen todavía otros dos: 9, 12)
Sexta trompeta: 9, 13-11, 13 (Segundo ¡Ay!)
Los cuatro ángeles del río Eufrates son soltados para matar a un tercio de los hombres; sus
tropas son 200 millones de caballería; de sus bocas sale fuego, humo y azufre; los que no fueron
exterminados, no se convirtieron de sus idolatrías y asesinatos: 9, 13-21
Movimiento profético: 10, 1-11, 13
a] Visión del ángel y revelación a los profetas: 10, 1 -7
b] Vocación profética de Juan: 10, 8-11, 2
c] La Iglesia profética (los dos testigos-profetas): 11, 3-13
(El segundo ¡Ay! ha pasado.
Mira que viene en seguida el tercero: 11, 14)
Séptima trompeta: 11, 15-19 (Tercer ¡Ay!)
—séptimo ángel toca la trompeta... voces fuertes dicen:
"Ha llegado el reinado de Dios sobre el mundo...": v. 15
—Los 24 ancianos... adoran a Dios diciendo:
"damos gracias a Dios... que es y que era
porque has asumido tu poder... y has reinado;
las naciones se encolerizaron, pero llegó tu cólera
y el tiempo de ser juzgados los muertos
de dar la recompensa a los profetas y santos...
de destruir a los que destruyen la tierra...": vv. 16-18
—Se abrió el Santuario en el cielo... y apareció el Arca de la Alianza...
y hubo relámpagos, voces, truenos, terremoto y granizo grande: v. 19
1.2. Estructura de Apocalipsis 15, 5-16, 21 (las 7 copas)
Visión en el cielo : 15, 1.5-16, 1
1
Primera copa: 16, 2
—copa sobre la tierra
—úlcera maligna a los que llevaban la marca de la Bestia y adoran su imagen.
Segunda copa: 16, 3
—copa sobre el mar
—el mar se convirtió en sangre, todo ser vivo murió en el mar.
Tercera copa: 16, 4-7
—copa sobre los ríos y las fuentes de agua
—el agua se convierte en sangre
Liturgia de la Justicia de Dios:
Oí al ángel de las aguas: "Justo eres tú... has hecho justicia...
derramaron la sangre de los santos y profetas
tú les has dado a beber sangre; lo tienen merecido".
Oí al altar que decía: "...tus juicios son verdaderos y justos".
Cuarta copa: 16, 8-9
—copa sobre el sol, para abrasar a todos con fuego
—todos fueron abrasados con un calor abrasador
—no obstante, blasfemaron... y no se convirtieron.
Quinta copa: 16, 10-11
—copa sobre el trono de la Bestia
—quedó su reino en tinieblas y todos se mordían la lengua de dolor
—No obstante, blasfemaron...y no se convirtieron.
1El versículo 1 está desplazado para unir la sección de las copas (15, 5-16, 21) con la
sección anterior (12, 1-15, 4). Las palabras "7 ángeles, 7 plagas, consumar y furor de
Dios" son retomadas en 15, 5ss.
Sexta copa: 16, 12-16
—copa sobre el gran río Eufrates
—sus aguas se secaron
para preparar el camino a los reyes del Oriente
Movimiento anti-profético: 16, 13-16
a] Visión de los falsos profetas (v. 13)
b] Revelación sobre los falsos profetas y su misión (vv. 14-16)
Séptima copa: 16, 17-21
—Copa sobre el aire.
—Salio una voz fuerte del Santuario que decía: Hecho está.
—Y hubo relámpagos, voces y truenos y hubo un terremoto grande
la gran ciudad se abrió en tres partes
las ciudades de las naciones se desplomaron
y Dios se acordó de la Gran Babilonia
para darle la copa del vino del furor de su cólera
las islas huyeron, los montes desaparecieron
—Y un gran pedrizco cayó del cielo sobre los seres humanos
—No obstante, éstos blasfemaron por la plaga del pedrizco.
1.3. Comparación de la estructura de las 7 trompetas (8, 2-11, 19) con la de las 7
copas (15, 5-16, 21)
Esta comparación nos va a dar una clave fundamental para la interpretación de estas dos
secciones. Las dos partes se complementan y se explican mutuamente.
La sección de las 7 trompetas comienza con una visión en el cielo (8, 2-6):
1) Los 7 ángeles reciben 7 trompetas.
2) Un altar en el cielo (tres veces).
3) Humo (perfumes con las oraciones de los santos).
4) Las brasas del altar las arroja sobre la tierra.
(10,7: "Cuando se oiga la voz del séptimo ángel, cuando se ponga a tocar la
trompeta, se habrá consumado el Misterio de Dios")
tocar la trompeta, se habrá consumado el Misterio de Dios")
5) Truenos, voces, relámpagos y terremotos (inclusión 8, 5 con 11, 19)
La sección de las 7 copas comienza también con una visión en el cielo que tiene los mismos
elementos (15, 1.5-16, 1):
1) Los 7 ángeles reciben 7 copas.
2) Se abre en el cielo el Santuario de la Tienda del Testimonio (cuatro veces se nombra el
Santuario)
veces se nombra el Santuario).
3) Humo (la Gloria de Dios).
4) Derraman sobre la tierra las 7 copas del furor de Dios.
Con las 7 plagas se consuma el furor de Dios.
5) (No aparecen aquí los truenos, voces, etc., pero sí al final en 16, 18, en paralelo con
11, 19).
Primera trompeta (8, 7): sobre la tierra.
Primera copa (16, 2): sobre la tierra.
Segunda trompeta (8, 8-9): sobre el mar.
Segunda copa (16, 3): sobre el mar.
Tercera trompeta (8, 10-11): sobre ríos y fuentes de agua.
Tercera copa (16, 4-7): sobre ríos y fuentes de agua.
Después de la tercera copa se inserta la liturgia de la Justicia de Dios (16, 5-7), que no tiene
paralelo en la sección de las trompetas. Esta liturgia se asemeja mucho a la que aparece en 19, 1-
10).
Cuarta trompeta (8, 12): sobre el sol, luna y estrellas.
Cuarta copa (16, 8-9): sobre el sol.
Quinta trompeta (9, 1-11): se oscurecieron el sol y el aire.
Quinta copa (16, 10-11): el Reino de la Bestia se oscureció.
Sexta trompeta (9, 13-11, 13): 4 ángeles del río Eufrates son soltados. El número de su tropa de
caballería es de 200 millones.
Sexta copa (16, 12-16): se secaron las aguas del rio Eufrates . 2
Sus aguas se secaron para preparar el camino a los reyes del Oriente.
Después de las sexta trompeta
movimiento profético (10, 1-11, 13).
Después de la sexta copa
movimiento anti-profético (16, 13-16)
Séptima trompeta (11, 15-19)
Introducción: 11, 15a
Llegó el Reino: 11, 15b-19a (egéneto he basileia)
Cataclismo cósmico: 11, 19b
Séptima copa (16, 17-21)
Introducción: 16, 17a
Hecho está: 16, 17b (gégonen: resume 11, 15b-19a)
Cataclismo cósmico: 16, 18-21 (amplía lo que está en 11, 19b)
2. Claves de interpretación de los dos textos
(las 7 trompetas y las 7 copas)
2.1. La visión inaugural en el cielo
2 El río Eufrates, en el N. T., solamente se menciona en Ap. 9,14 y 16, 12.
Las dos secciones comienzan con una liturgia en el cielo, donde 7 ángeles aparecen como
los protagonistas principales. En la sección de las trompetas aparece en el cielo un altar, donde
son ofrecidos los perfumes y las oraciones de los santos. Sube al cielo el humo de los perfumes
con las oraciones. Un ángel arroja las brasas del altar sobre la tierra. En la sección de las copas
aparece en el cielo el Santuario de la Tienda del Testimonio. Los 7 ángeles reciben las 7 plagas,
que son 7 copas llenas del furor de Dios. El Santuario se llena del humo de la Gloria de Dios.
Los ángeles reciben la orden de derramar las 7 copas del furor de Dios sobre la tierra. En la
primera sección se acentúa la función activa de los santos a través de sus oraciones: son ellos
quienes provocan que se arroje fuego sobre la tierra. En la segunda sección se acentúa el furor de
Dios.
El cielo, como hemos dicho, es la dimensión profunda de la historia. En ese cielo Juan
encuentra la revelación de Dios: las razones ocultas de lo que sucede en la tierra, que es la
dimensión visible y empírica de la historia. Ese cielo se vive en la liturgia de la comunidad
cristiana, y en sus símbolos y ritos se expresa la fe y conciencia de la comunidad. Son las
oraciones de los santos en la comunidad las que van a provocar la intervención de Dios en la
historia, la renovación del Exodo, ahora en el seno del Imperio Romano. Estas oraciones
corresponden al clamor del pueblo en el Exodo (Ex. 2, 23 y 3, 7-8).
Hay un verbo muy importante en las dos secciones: consumar (teléo). En el Apocalipsis
ese verbo aparece únicamente en 10,7; 11,7; 15, 1.8; 17, 17; 20, 3.5.7. El sentido del verbo es
consumar, llegar a su fin, cumplir. En 11, 7 y 17, 17 el verbo tiene un sentido neutro. En los
lugares restantes los textos tienen un sentido teológico importante. En 10, 7, con la séptima
trompeta, se consuma (llega a su fin) el Misterio de Dios; en 15, 1, con las siete copas, se
consuma (llega a su fin) el furor de Dios; y en 15, 8 se consuman (llegan a su fin) las 7 plagas. El
sentido es el mismo: con la séptima trompeta o con la séptima copa llega a su fin el tiempo
presente, que es donde se realiza el Misterio de Dios o el tiempo del furor de Dios (contra los
opresores): es el tiempo del Exodo, cuando todavía es posible la conversión. En los otros textos:
20, 3.5.7, se trata de la consumación del Reino de los 1000 años, cuando éste llega a su fin. Hay
en el Apocalipsis, por lo tanto, dos consumaciones o dos momentos finales (cuando se pone fin a
algo): el fin del tiempo presente, cuando suene la séptima trompeta o cuando se derrame la
séptima copa, y el fin del milenio. Después del milenio viene el juicio final y la nueva creación.
El esquema sería así:
tiempo presente - fin (télos)
Reino de los 1000 años - fin (télos)
Juicio final - Nueva creación (sin fin)
2.2. Las cuatro primeras trompetas y 4 primeras copas
Esta sección sigue el esquematismo típico del mundo judío, que divide el cosmos en
tierra/mar/ríos y manantiales de agua/sol, luna y estrellas (en las cuarta copa se menciona
solamente el sol). En las trompetas predomina el lenguaje cósmico. La única alusión histórica
directa la tenemos en 8, 9, donde se habla de la destrucción de un tercio de las naves.
Indirectamente también hay una alusión histórica en Ap. 8, 8, donde tenemos la cita de Jr. 51, 25:
la "montaña grande ardiendo en llamas" se refiere a Babilonia; igualmente en Ap. 8, 10 con la
cita de Is. 14, 12: la "estrella grande ardiendo que cayó del cielo", que es una referencia a la
muerte del tirano. Las aguas se vuelven amargas por la caída del tirano. Esta estrella caída
aparece luego en 9, 1. En las copas, por el contrario, la historia se hace más explícita: la úlcera
maligna aparece únicamente en aquellos que tienen la marca de la Bestia; el agua convertida en
sangre se da de beber sólo a los que han derramado la sangre de los santos y profetas; el sol
abrasa con su fuego sólo a los blasfemos.
Después de la tercera copa se inserta una liturgia: 16, 5-7. El tema es la Justicia de Dios.
Esta liturgia es semejante a otras dos: la de 15, 3-4 y la de 19, 1-10 . Esta liturgia irrumpe aquí
3
para hacer presente y activa a la comunidad; siempre que aparece en el texto una liturgia, es la
comunidad que aparece. La comunidad no es espectadora del Exodo que Dios esta operando en el
Imperio Romano, sino que participa en él, lo que se expresa simbólicamente en la liturgia.
2.3. La quinta y sexta trompeta (9, 1-21)
y la quinta y sexta copa (16, 10-12)
Aquí el lenguaje es fuertemente apocalíptico y difícil de interpretar. Empecemos por los
elementos más claros. Es evidente en ambas secciones que se trata de plagas dirigidas contra los
impíos: en 8, 13 se anuncia que las tres trompetas que vienen (de 9, 1 hasta 11, 19) son un triple
¡Ay! para "los habitantes de la tierra", que es un término técnico en el Apocalipsis para designar a
los impíos (a los que son de la Bestia y llevan su marca). Explícitamente se dice además, en 9, 4,
que la plaga de las langostas es "sólo para los hombres que no llevaran en la frente el sello de
Dios". Asimismo, en la sexta trompeta, en 9, 20-21, queda claro que los castigados son los
idólatras y los asesinos. El texto paralelo de las copas, como ya hemos insistido, deja también
muy claro que las plagas son contra los que siguen a la Bestia. La quinta copa cae sobre el trono
de la Bestia, y los que se muerden la lengua por el dolor son quienes blasfeman contra el Dios del
cielo. La sexta copa seca el Eufrates, límite oriental del Imperio Romano, lo que permite la
invasión de los reyes del Oriente enemigos del Imperio. No se trata por lo tanto de un castigo
universal, para toda la humanidad, sino para la Bestia y los impíos y los blasfemos que la siguen.
Cuando tocó la quinta trompeta, Juan dice: vi una estrella que había caído del cielo a
la tierra (9, 1). El trasfondo bíblico de esta frase es Is. 14, 3-15, donde tenemos la sátira a la
caída del tirano, el rey de Babilonia (posiblemente Nabucodonosor). El rey, en su arrogancia,
quiso poner su trono por encima de Dios y por eso fue precipitado al fondo del pozo:
CITA Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora. Has sido abatido a tierra,
dominador de las naciones (Is. 14, 12).
La estrella caída ahora es el Emperador de Roma. La tradición apocalíptica le dio a este
oráculo profético un sentido mítico: la estrella caída es un ángel caído, ahora convertido en
demonio. Tiene poder sobre el abismo, donde habitan los demonios. La caída de este satanás-
emperador provoca la plaga de las langostas (inspirada en Ex. 10, 1-20 y Joel 1-2). La plaga de
las langostas es el prototipo del terror. Aquí las langostas adquieren un carácter satánico: salen
del humo del abismo de los demonios. No comen la hierba o los árboles, como las langostas
verdaderas, sino que atacan a los hombres que no llevan en la frente el sello de Dios. Tienen
sobre sí como Rey (basileus) al Angel del Abismo, llamado en hebreo Abadón y en griego
Apolión (y en español: destrucción y destructor, respectivamente). El nombre griego Apolión de
este ángel de la muerte imita el nombre del dios Apolo, con quien se identificaba el emperador
(Domiciano en este tiempo). Esta plaga demoniaca no mata, sino que atormenta a los impíos por
un tiempo. Las consecuencias de la plaga son una ola de guerras, crueldades, tormentos, engaños,
etc. (sentido genérico de 9, 7-10).
La quinta trompeta (9, 1-11) no se refiere a ningún hecho histórico contemporáneo al
Apocalipsis, ni a algún hecho que sucedería en el futuro. Se refiere en general a la acción de Dios
que castiga la arrogancia del tirano. El poder imperial es una estrella caída, un demonio, jefe de
3 El término "justo" (díkaios) aparece en el Apocalipsis únicamente en 15,3; 16, 5.7 y
19, 2 (también en 22, 11, en otro contexto); los dos términos: "hacer justicia" (krino)
y "juicio" (krisis), aparecen en 16, 5 y 19,2.
demonios, que provoca el terror demoniaco sobre todos los impíos, los que llevan la marca de la
Bestia. Este terror no afecta a los que llevan en la frente el sello de Dios (9, 4). Una explicación
simbólica más clara de esto lo tenemos en el texto paralelo de la quinta copa: el quinto ángel
derramó su copa sobre el trono de la Bestia, y su reino quedó en tinieblas y los hombres se
mordían la lengua de dolor (15, 10). Las tinieblas aparecen igualmente en la quinta trompeta: "el
sol y el aire se oscurecieron" (9, 2). Con esto se expresa el terror que vive el Imperio Romano
cuando Dios humilla la soberbia del tirano y deja caer su furor sobre su trono.
La sexta trompeta y la sexta copa contienen una referencia concreta al río Eufrates (9,
14 y 16, 12), límite oriental del Imperio y protección contra las invaciones de los reyes bárbaros
orientales (los partos). En la sexta trompeta el texto adquiere, al igual que en la quinta, una
connotación mítica y demoniaca. En la sección de las copas el texto es más bien geográfico-
histórico. La acción de Dios que anuncia la sexta trompeta es la liberación de los 4 ángeles del río
Eufrates, que son soltados para matar a la tercera parte de la población del Imperio. Los ángeles
asesinos comandan una caballería infernal de 200 millones de caballos. De la boca de los caballos
sale fuego, humo y azufre. Otra vez debemos decir que aquí no hay ninguna referencia a hechos
históricos concretos. Se usa la invasión de los partos como referencia imaginativa. El sentido
profundo de la sexta trompeta y la sexta copa es la acción de Dios que puede castigar el Imperio
Romano desde su lado más débil, que es el límite oriental. Esta acción política contra el Imperio
es presentada en términos míticos como una invasión de fuerzas demoniacas. Ahora se trata de
demonios extranjeros. En la quinta trompeta y la quinta copa, era el ataque de los demonios
internos y propios que se desatan cuando Dios castiga la soberbia de la Bestia. En los dos casos
(quinta y sexta trompeta) el Imperio Romano es víctima del terror, del ataque brutal y masivo de
los demonios, tanto de los propios como de los ajenos.
Después de la sexta trompeta (9, 20-21) tenemos un texto sobre los sobrevivientes de las
plagas, que encuentra su paralelo después de la quinta copa (16, 11). Se dice de ellos que no se
convirtieron, que siguieron siendo idólatras y asesinos; que blasfemaron del Dios del Cielo y no
se arrepintieron de sus obras. Nótese la relación aquí entre la idolatría (presentada
simbólicamente también como hechicería y fornicación) y el asesinato. Quien deforma la imagen
de Dios o lo sustituye por un ídolo, es capaz de asesinar al hermano (la idolatría como raíz del
pecado social) . Nótese igualmente el pesimismo del Apocalipsis acerca de la posibilidad de
4
conversión dentro del Imperio Romano, y de quienes llevan la marca de la Bestia.
¿Cuál es el sentido global de las plagas que Juan ve después del sonido de cada una de las
seis trompetas y realizadas por las seis copas del furor de Dios? Como ya dijimos, ese sentido lo
encontramos en la tradición del Exodo: Dios escucha el clamor de su pueblo y decide liberarlo;
para conseguirlo, manda plagas y descarga su furor sobre el Faraón y los egipcios. No se trata del
juicio final, sino del juicio de Dios en la historia para liberar a su pueblo. El juicio de Dios es su
acción liberadora en la historia: Dios hace justicia al pobre liberándolo del opresor y liberándolo
de su pobreza. Ahora el juicio de Dios no se realiza en Egipto, sino en el Imperio Romano. Juan
nos presenta en visiones, símbolos y mitos, la acción liberadora de Dios en el seno del Imperio en
favor de las comunidades cristianas. Son acciones históricas, presentadas en forma cósmica y
mítica. Las plagas o castigos de Dios no significan una destrucción total o final, sino una acción
parcial de Dios, realizada en el presente de la historia. Por eso se insiste tanto en las 4 primeras
trompetas en la destrucción de solamente un tercio de todos los elementos. Dos tercios no son
tocados. Esos dos tercios son el espacio de gracia para la conversión y el arrepentimiento. Las
langostas infernales no matan, sino que atormentan únicamente por cinco meses. Los cuatro
ángeles asesinos matan apenas una tercera parte de los idólatras, para ver si las otras dos terceras
partes cambian su conducta. En las copas se insiste en forma especial en que los castigados por el
furor de Dios son concretamente los que llevan la marca de la Bestia, los que derramaron la
sangre de los santos y de los profetas, los que blasfeman del Dios de los cielos. Todo el furor de
Dios y el terror destructor de los demonios, tanto de los propios (como en la quinta trompeta y
4 Richard, 1988.
copa) como de los ajenos (sexta trompeta y copa), cae sobre los que pertenecen y adoran a la
Bestia, al Imperio Romano. El objetivo de este Juicio de Dios en la historia, o realización del
Exodo en el seno del Imperio Romano, es la conversión de los opresores e idólatras y la
liberación de los santos. Dios, repitiendo el Exodo, trata de frenar la carrera del Imperio Romano
hacia la destrucción del mundo y hacia su propia destrucción. Por eso el Exodo es la buena nueva
del Juicio de Dios (cf. 10, 7 y 14, 6-7).
No es posible identificar históricamente todas las plagas y castigos que aparecen en el
Apocalipsis. Todos los intentos de descifrar históricamente estos textos para descubrir en ellos
hechos históricos de aquel tiempo o del futuro, terminan en aberraciones y manipulaciones. Lo
más importante es interpretar estas dos secciones (la de las trompetas y la de las copas) con el
espíritu del Exodo, como una intervención liberadora de Dios en la historia, en contra de los
opresores y en favor de los oprimidos. No se trata de desastres naturales (terremotos, explosiones
volcánicas, inundaciones, sequías, ciclones, huracanes, pestes), pues estos desastres no caen sobre
el Imperio y sus secuaces, sino fundamentalmente sobre los pobres. Estos dolores cósmicos,
además, no son desastres "naturales", sino consecuencias directas de las estructuras de
dominación y opresión: los pobres mueren en las inundaciones, porque son desplazados de los
lugares seguros y obligados a vivir junto a los ríos; en los terremotos y huracanes los pobres
pierden sus pobres casas, porque son pobres y no pueden construir casas mejores; las pestes caen
principalmente sobre los pobres desnutridos, sin educación e infraestructura sanitaria (por
ejemplo, el cólera y la tuberculosis). Por lo tanto, las plagas de las trompetas y copas del
Apocalipsis no se refieren a los desastres "naturales", sino a los dolores de la historia que provoca
y sufre el mismo Imperio; son los dolores de la Bestia causados por su misma idolatría y
criminalidad. Hoy, las plagas del Apocalipsis son más bien las calamidades provocadas por la
destrucción ecológica, el armamentismo, el consumismo irracional, la lógica idolátrica del
mercado, el uso irracional de la técnica y de los recursos naturales.
2.4. Movimiento profético (10, 1-11, 13)
y anti-profético (16, 13-16)
2.4.1. Lectura estructurada de ambos textos
Movimiento profético: 10, 1-11, 13
a] Visión del ángel y revelación a los profetas: vv.1 -7
• Visión del ángel poderoso con un librito abierto: vv.1-2
• Grito del ángel como león rugiente; no se escribe: vv. 3-4
• Juramento del ángel: la buena noticia del fin: vv. 5-7
b] Vocación profética de Juan: 10, 8-11, 2
• Orden a Juan de comer el librito abierto: 10, 8-10
• Orden a Juan de profetizar nuevamente: 10, 11
• Orden a Juan de medir el Santuario: 11, 1-2
c] La Iglesia profética (los dos testigos-profetas): 11, 3-13
• Acción poderosa de los dos testigos-profetas: vv. 3-6
• Triunfo de la Bestia y los habitantes de la tierra: vv. 7-10
• Triunfo final de los profetas: 11-13
Movimiento anti-profético: 16, 13-16
a] Visión de los falsos profetas (v. 13):
"Vi que de la boca del Monstruo,
de la boca de la Bestia y
de la boca del Falso Profeta
salían tres espíritus inmundos como ranas".
b] Revelación sobre los falsos profetas y su misión (vv. 14-16):
"Son espíritus de demonios que realizan señales
y van donde los reyes de todo el mundo (oikoumene)
para reunirlos
para la gran batalla del gran día del Dios todopoderoso.
(Mira que vengo como ladrón.
Dichoso el que esté en vela...)
Los reunió en el lugar llamado en hebreo Harmagedón".
Lo que tenemos en estas dos secciones (movimiento profético y anti-profético) sucede
después de la sexta trompeta y de la sexta copa. Es el momento presente en el cual se sitúa el
autor del Apocalipsis y las comunidades cristianas. Luego vienen la séptima trompeta y la
séptima copa, cuando llega a su fin el tiempo presente. También entre el sexto y el séptimo sello
al autor nos reveló la situación histórica de la Iglesia en el momento presente, tanto en la tierra (7,
1-8) como en el cielo (7, 9-17). Esta sección no es una interrupción o un intervalo, sino que es el
centro de todo y lo que da sentido a todo. Es parte fundamental de la estructura de toda la sección
de las 7 trompetas y de las 7 copas. En el Apocalipsis el centro de atención está siempre en el
presente, es ahí donde se encuentra la comunidad que resiste y da testimonio contra el Imperio
(cf. la estructura global del Apocalipsis que tiene su centro en 12, 1-15, 4). Este presente tiene
una parte que ya pasó (las seis primeras trompetas y las seis primeras copas) y tiene un fin que
pronto va a llegar (la séptima trompeta y la séptima copa). El autor está entre lo que ya pasó y el
fin que viene; es el momento presente donde se define todo y donde todo encuentra sentido. En la
sección de las trompetas el desafío central del momento presente, que da sentido a lo sucedido
anteriormente (seis primeras trompetas) y a lo que va a venir (séptima trompeta), es el
movimiento profético (10, 1-11, 13). En la sección de las copas el desafío central para la
comunidad es el movimiento anti-profético de las tres Bestias (16, 13-16). Este movimiento
profético y anti-profético en el tiempo presente, representa la actividad de los santos y de los
impíos en este Exodo de Dios dentro del Imperio Romano. Es la lucha entre los profetas del
Cordero y los profetas de la Bestia. Dios interviene en la historia, sin embargo también la
comunidad se encuentra activa en este juicio de Dios.
2.4.2. Movimiento profético: 10, 1-11, 13
a. Visión del ángel y revelación a los profetas: 10, 1-7
En 10, 1-7 el personaje central es el ángel poderoso que anuncia la Buena Noticia del fin,
ya revelada a los profetas; en 10, 8-11, 2 el personaje central es Juan profeta, quien recibe tres
órdenes precisas (comer, profetizar y medir),mientras que en 11, 3-13 el protagonista es la
totalidad de la Iglesia en su misión profética. Hay una inclusión entre 10, 1 —donde el Angel
baja del cielo envuelto en una nube— y 11, 12, donde los dos profetas mártires suben al cielo en
una nube . Entre estos dos movimientos todo sucede en la tierra. El centro de la sección es 10,
5
5 La palabra "nube" (nephele) aparece en el Apocalipsis sólo en 1,7 | 14, [Link],
en relación a Jesús y con Dn. 7,13 como trasfondo, y en nuestra sección aquí,
haciendo inclusión en 10,1 y 11, 12.
11, donde Juan recibe la orden de profetizar.
En 10, 1-7 tenemos la visión del Angel que baja del cielo. Se describe primero la visión
del Angel (vv. 1-2), luego su grito como león rugiente (vv. 3-4) y finalmente su juramento (vv. 5-
7). Es una visión más que impresionante. El Angel tiene las características de Yahveh en el A. T.
(Jb. 37; Sal. 18, 7-15; Am. 3, 8): con el arco iris sobre su cabeza (semejante a Yahveh en 4, 3),
tiene un libro en su mano (como Yahveh en 5, 1). Asimismo tiene características de Jesús
resucitado (su rostro como el sol: 1, 16). Dios, Cristo y el Angel aparecen así como en una sola
figura. La primera revelación de este Angel es una revelación (grito-rugido-truenos) sellada, que
no se da a conocer; luego, el juramento solemne revelado por Juan. Este sucesivo ocultamiento y
revelación le da mayor dramatismo a la escena; además, nos da a entender que lo que se nos
revela no es la totalidad, sino que es apenas un aspecto de una revelación mucho mayor que
queda para el final. Para entender Ap. 10, 1-7 es necesario leer atentamente Dn. 12, 1-13. Aquí el
Angel es llamado por su nombre: Miguel (que luego aparecerá en Ap. 12, 7). Se habla de un
tiempo de angustia, pero se anuncia que: "en aquel tiempo se salvará tu pueblo". También hay un
juramento extraordinario que anuncia lo que sucederá cuando "termine el quebrantamiento de la
fuerza del Pueblo santo". Muchos otros detalles coinciden y el sentido de fondo es el mismo.
El juramento solemne en 10, 5-7 nos da el sentido de toda la sección 10, 1-11, 13 (por eso
el juramento tiene tanto dramatismo). Se nos dice: tiempo ya no habrá (chronos ouketi estai); es
decir, que el tiempo se acaba, se termina el plazo. Ese tiempo es el tiempo presente, es el ahora,
cuando Dios realiza el Exodo que nos describen las seis primeras trompetas y copas. Es el tiempo
donde la conversión es aún posible. Pero ahora se nos dice que ese tiempo se va a terminar:
cuando suene la séptima trompeta habrá llegado a su fin el misterio de Dios (etelesthe to
mysterion tou theou). El verbo "llegar al fin", "consumar", "cumplirse" (teleo), como ya dijimos,
se refiere aquí a la llegada del fin del tiempo presente. El mismo sentido tiene en el lugar
estrictamente paralelo de 15, 1.8 (con las 7 copas llega a su fin el tiempo de las plagas, el tiempo
del furor de Dios). La palabra misterio designa aquí la acción de Dios en la historia, el plan de
Dios, lo que da sentido a la historia. Esto es lo que había sido anunciado como buena nueva a
sus siervos los profetas. Con el mismo sentido aparece en los tres lugares paralelos de los
sinópticos: Mt. 13, 11; Mc. 4, 11; Lc. 8, 10: "...a ustedes ha sido dado a conocer el Misterio del
Reino de Dios" (cf. también el mismo sentido en 1 Cr. 2, 1; 4, 1; Ef. 3, 4; Col. 2, 2; 4, 3). En Ap.
1, 20 y 17, 5.7, "misterio" designa el sentido de una visión o símbolo.
b. Vocación profética de Juan: 10, 8-11, 2
En la sección 10, 8-11, 2 (que es una sola unidad que no debe ser cortada), Juan recibe
tres órdenes: comer el librito, profetizar nuevamente y medir el santuario. El libro o rollo aparece
dos veces en diminutivo (10, 2. 10: biblarídion) y una vez normal (10, 8: biblíon). El acento no
está en el tamaño del libro, sino en que es un libro abierto (vv. 2 y 8). El contraste claramente es
con el libro del capítulo 5: con el libro sellado con siete sellos que está en la mano de Dios y que
Cristo resucitado va a abrir e interpretar. El libro que contiene la revelación del sentido de la
historia está ya abierto: su contenido se conoce y ha sido interpretado. De lo que se trata ahora es
de leerlo y practicarlo. Esto se presenta con la imagen de comer el libro. Por eso Juan recibe la
orden de comer el libro abierto. Claramente el autor se inspira en Ez. 2, 8-3, 3 (texto que
recomendamos leer). Juan no debe solamente leer o interpretar la revelación de Dios, sino
comerla, esto es, interiorizarla, alimentarse y saciarse con ella; la Palabra de Dios debe llegar a
ser carne y sangre de su propio cuerpo. Esta revelación o Palabra es dulce en la boca, no obstante
amarga las entrañas: nuestro primer contacto con ella produce agrado o entusiasmo, pero cuando
la interiorizamos nos exige soportar sufrimiento y persecución a causa de ella.
La segunda orden que recibe Juan es la de profetizar: tienes que profetizar nuevamente
contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes. La orden es presentada como una necesidad
(dei se propheteusai): responde al plan de Dios. El texto se inspira en Jr. 1, 9-10, donde Dios
pone sus palabras en la boca de Jeremías y le da autoridad sobre gentes y reinos. En el
Apocalipsis siempre se menciona el conjunto: tribu, lengua, pueblo, nación (5, 9; 7, 9; 13, 7; 14,
6). Aquí, quizás por influjo de Jeremías, se sustituye "tribu" (phyle) por "reyes" (basileusin), lo
que le da un carácter más político a la vocación de Juan. A éste se le ordena profetizar
nuevamente (palin). No se trata de una segunda profecía, sino de una profecía nueva: el
Apocalipsis es un libro profético en un tiempo nuevo (posterior a la resurrección de Jesús).
La tercera orden que recibe Juan (11, 1-2) es la de medir: Levántate y mide el Santuario
de Dios y el altar, y a los que adoran en él. El patio exterior del Santuario no debe ser medido,
porque será entregado a los gentiles que pisotearán la Ciudad Santa 42 meses. Aquí la acción de
medir tiene el sentido de reconstruir, restaurar, proteger. El Santuario y el altar son símbolos de la
Iglesia cristiana. Cuando se escribe el Apocalipsis (años 90-96 d. C.), la Jerusalén histórica había
sido ya destruida por el Imperio Romano. En el Apocalipsis se menciona Jerusalén en 3, 12 y en
21, 2.10 como símbolo utópico de la sociedad futura que Dios construye en los cielos nuevos y
tierra nueva. Juan se sitúa entonces entre la Jerusalén histórica, ya destruida por los romanos, y la
Jerusalén celestial que todavía no llega. Juan toma aquí como símbolos los elementos de la
Jerusalén histórica (altar-santuario-patio exterior-ciudad); la Jerusalén utópica no tiene Santuario
(21, 22). Juan representa la dominación del Imperio Romano sobre el Pueblo de Dios, tomando
como símbolo la destrucción de la Jerusalén histórica. La guerra de Roma contra el pueblo judío
es símbolo de la guerra del Imperio contra el pueblo de los santos. Sin embargo ahora Juan va a
salvar lo que en la destrucción histórica de Jerusalén no se salvó: el Santuario y el altar. El resto
de la ciudad no se salva. Con esto el Apocalipsis muestra la eficacia histórica de la misión
profética de Juan. Después de comer el libro abierto y de recibir la orden de profetizar una
profecía nueva, ahora realiza su misión profética en la protección de la comunidad cristiana.
Juan-profeta es capaz de realizar lo que los líderes judíos en la guerra judaica no pudieron hacer:
salvar la comunidad. La acción profética de Juan de proteger la comunidad no es diferente de la
acción de Dios que sella a los elegidos en 7, 1-8.
La guerra presente, donde se salva la comunidad por la acción profética de Juan, va durar
todavía cuarenta y dos meses. Esta cifra misteriosa se repite en 11, 3 y 12, 6 traducida en 1260
días (42 veces 30 días); lo mismo en forma más vaga en 12, 14: un tiempo, tiempos y medio
tiempo (tomado de Dn. 7, 25). Cuarenta y dos meses o 1260 días es la mitad de 7 años (7
años=84 meses=2520 días), que representa simbólicamente el tiempo presente. El tiempo
presente es el tiempo de persecución y martirio, de conversión y lucha, es el tiempo del Exodo,
de la Iglesia, de los profetas cristianos como Juan. Usando la simbología de Daniel: es la última
semana antes del fin (Dn. 9) . Estaríamos ahora en la mitad de este tiempo presente, de este
6
último tiempo antes del fin, antes que suene la última trompeta y se derrame la última copa del
furor de Dios. Es para este tiempo que Juan ha sido llamado para ser profeta. A este tiempo se
refiere el juramento del Angel (10, 1-7. Daniel, capítulo 12) . 7
c. La Iglesia profética (los dos testigos-profetas): 11, 3-13
Después de presentar la vocación profética de Juan (10, 8-11, 2), el texto prosigue con el
testimonio profético de toda la Iglesia: 11, 3-13. Tenemos aquí una narración o representación
simbólica de la misión profética de la Iglesia en este tiempo presente (entre la Resurrección de
Cristo y el Fin, cuando suene la séptima trompeta y caiga la séptima copa). No se trata de una
alegoría, sino de un drama, un socio-drama. Aparecen aquí dos personajes que son llamados
6 Richard, 1991.
7 Si tomamos la familia de palabras: profeta, profecía, profetizar (18 en total), vemos
que su frecuencia mayor (7 veces) está, por un lado, en el comienzo del Apocalipsis
(1, 1-3) y en el epílogo (22, 6-21), y por otro lado aquí, en 10, 1-11, 13 (5 veces). En
estas tres secciones se define el carácter profético del libro del Apocalipsis. En 16, 6;
18, 20; 18, 24, se recuerda a los profetas asesinados.
simultáneamente testigos (v. 3) y profetas (v. 10); profetizan (v. 3) y dan testimonio (v. 7). En
19, 10 se resume esta relación entre testimonio y profecía en la frase: "El testimonio de Jesús es
el espíritu de profecía". Los profetas son mártires y los mártires son profetas . ¿Por qué son dos
8
los testigos (mártires) profetas? Porque para todo testimonio válido se requieren siempre dos
testigos. Pero también aquí está el trasfondo de Zac. 4, donde los dos olivos son Josué y
Zorobabel (el jefe político y el religioso en la restauración del Templo); igualmente se alude a
Moisés y a Elías (poder político y profético); quizás también se piense en Pedro y Pablo . En 9
todo caso, los dos testigos-profetas representan a la Iglesia. Toda la comunidad está llamada a ser
profeta y testigo (mártir) en el tiempo presente.
Tenemos en primer lugar una descripción simbólica de estos dos testigos-profetas (vv. 3-
6): van cubiertos de sayal, pues son pobres y predican penitencia y conversión, que es lo que
busca la acción de Dios en este tiempo de Exodo. Su presencia es humilde, no obstante tienen un
tremendo poder. Si alguien pretende hacerles mal (se repite dos veces) saldría fuego de su boca,
que devora a sus enemigos y los mata. El trasfondo es Jr. 5, 14: "He aquí que yo pongo mis
palabras en tu boca como fuego" (ídem de Elías en Ecco. 48, 1). El v. 6 especifica el poder de
esta comunidad profética: tienen el poder de Elías (para cerrar el cielo...) y el poder de Moisés
(para transformar el agua en sangre... y herir la tierra con toda clase de plagas...). Es el poder
profético de Elías y el poder político de Moisés. (En 13, 13 también el falso profeta tiene este
poder). Las plagas descritas en las seis primeras trompetas y seis primeras copas son realizadas
por Dios contra los impíos; pero asimismo por la comunidad profética que tiene el poder para
realizar estas plagas. Vemos aquí el rol activo de la comunidad cristiana en la realización del
Exodo en el seno mismo del Imperio Romano. No hay pasividad y fatalismo en el Apocalipsis.
En 11, 7-13 tenemos la Pascua de la comunidad profética: su pasión, muerte, resurrección
y ascensión. El martirio comienza cuando la comunidad haya terminado (haya llevado hasta el
fin: telésosin) el testimonio (martyrian). Sólo entonces la Bestia que surge del abismo les hará
la guerra, los vencerá y los matará. Aparece por primera vez la Bestia en el Apocalipsis. Se
adelanta aquí lo que se describirá con detalle en el capítulo 13. Los cadáveres de los profetas
mártires quedan tirados en la plaza de la Gran Ciudad. En todo el Apocalipsis la Gran Ciudad es
Roma, llamada asimismo Babilonia. Aquí se la compara también simbólicamente (pneumatikós)
con Sodoma (la ciudad idolátrica), con Egipto (tomado como ciudad, tipo del país opresor) y con
Jerusalén (mencionada indirectamente como la ciudad tipo que mata a los profetas: donde el
Señor fue crucificado). Tenemos aquí una concentración de la simbólica del mal:
Roma=Babilonia=Egipto=Jerusalén. La muerte de los profetas mártires es una noticia
internacional (v. 9), y desencadena una fiesta igualmente internacional entre los impíos e
idólatras del Imperio (v. 10). Estos impíos son designados como los habitantes de la tierra (hoi
katoikountes epi tes ges) . La fiesta internacional por el asesinato de los profetas dura poco (tres
10
días y medio), pues un aliento de vida procedente de Dios entró en ellos y se pusieron de pie
8 En griego "testigo" se dice "mártir", es la misma palabra. En español a la palabra
mártir le hemos dado la connotación de muerte: el mártir es aquel que da testimonio
realmente con su muerte, o que está dispuesto a morir por lo que cree y espera,
aunque la muerte no se dé realmente. En este sentido no hay diferencia entre un
mártir vivo y un mártir muerto. El mártir vivo está continuamente amenazado de
muerte, y el mártir muerto sigue vivo en la comunidad.
9 En una relectura del texto podríamos legítimamente pensar también que los dos
testigos profetas son hombre y mujer.
10 En todo el Apocalipsis es un término técnico para designar a los que siguen a la
Bestia, a los idólatras, a los asesinos, a los enemigos (Ap. 3,10; 6,10; 8,13; 11,10.10;
13, [Link]; 17, 2.8: total 11 veces). Cuando se designa a los habitantes de la tierra
sin ninguna connotación valorativa, se usa otro verbo: los que moran en la tierra
(skenoo: 12, 12) o los que se asientan sobre la tierra (kathemai: 14, 6).
(se repite la revivificación de los huesos secos de Ez. 37). Luego subieron al cielo en la nube
(inclusión con 10, 1: el Angel que baja del cielo envuelto en una nube). Aquí tenemos un "rapto"
que expresa simbólicamente la exaltación o glorificación de los mártires profetas, después de
haber dado su testimonio profético y haber sufrido el martirio por causa de su testimonio. El
rapto no es una visión escapista y alienante (como se presenta en el discurso de muchas sectas
fundamentalistas) para escapar del martirio, sino el reconocimiento de ese martirio.
Se nos dice que todo el mundo ve los cadáveres de los mártires, ve su resurrección y su
exaltación. Se trata por lo tanto de un hecho histórico, visible, público. La presentación en el
Apocalipsis de estos hechos es simbólica, sin embargo su sentido es histórico: la Pascua gloriosa
de los mártires asesinados por su testimonio profético es un hecho conocido y público. La Pascua
de los mártires provocó
CITA ...un violento terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y con el
terremoto perecieron siete mil personas (v. 13).
Como en toda la literatura apocalíptica, el terremoto cósmico tiene un carácter mítico-simbólico.
Representa la conmoción y sub-versión histórica provocada por el testimonio de los mártires y
profetas (un verdadero pachakuti, según la concepción aymara de la historia). Los mártires
provocan verdaderos terremotos sociales, políticos, espirituales y eclesiológicos en el seno de los
imperios. Una décima parte de Roma se derrumba y con el terremoto mueren siete mil personas.
Pero también el testimonio de los mártires y profetas provoca una conversión masiva: Los
sobrevivientes, presa del espanto, dieron gloria al Dios del cielo (v. 13). Es el único lugar en
el Apocalipsis donde Juan es optimista en relación a la posible conversión de los idólatras (el
optimismo nace de la fuerza profética de los mártires).
Al terminar esta interpretación global del movimiento profético (10, 1-11, 13), que sucede
en el tiempo presente entre la sexta y la séptima trompetas, entendemos que no se trata de un
intervalo, sino de una narración fundamental perfectamente integrada en el conjunto de la sección
de las 7 trompetas (8, 2-11, 19). Más precisamente: el movimiento profético aquí descrito (10, 1-
11, 13) es parte del triple "Ay" anunciado en 8, 13. La quinta trompeta es el primer Ay (9, 12).
La sexta trompeta es el segundo Ay, que incluye ese tiempo presente entre la sexta y la séptima
trompetas donde se da el movimiento profético (10, 1-11, 13). En 11, 10 se dice que los profetas
habían atormentado a los habitantes de la tierra, lo que retoma explícitamente lo dicho en 8,
13: Ay, Ay, Ay de los habitantes de la tierra... Los profetas son ciertamente un Ay o tormento
para los impíos. También es coherente con todo el relato el texto de 11, 14, cuando termina el
movimiento profético y antes de la séptima trompeta: El segunda Ay ha pasado. Mira que
viene en seguida el tercero. El tercer Ay se realiza justamente con el sonido de la séptima
trompeta. Aquí el Ay sobre los impíos es la llegada del fin, la llegada del Reino. Esto lo veremos
inmediatamente, pero antes veamos el movimiento anti-profético (16, 13-16), que es la sección
paralela al movimiento profético ya visto.
2.4.3. Movimiento anti-profético (16, 13-16)
En el tiempo presente, antes de la séptima trompeta y la séptima copa, no solamente
tenemos la actuación de Juan el profeta y la comunidad profética, sino que igualmente se da la
acción de los espíritus demoniacos que salen de la boca del Dragón, la Bestia y el falso profeta.
Estas tres Bestias están descritas en los capítulos 12 y 13 (que luego veremos). Lo nuevo aquí es
que la Bestia que surge de la tierra (13, 11-18) es llamada falso profeta (también en 19, 20). El
poder de las tres Bestias está en sus bocas, de las cuales salen los espíritus demoniacos: es un
poder "espiritual". Esto nos hace pensar en el poder demoniaco de las ideologías del Imperio y de
sus aparatos ideológicos (escuela, medios de comunicación, religiones imperiales). Nos recuerda
el texto apocalíptico de Ef. 6, 12:
CITA Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las
Potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus sobrenaturales
del mal.
Los espíritus demoniacos del Imperio realizan señales (semeia) y tienen una gran
capacidad de convocatoria política sobre los reyes de todo el mundo (la oikoumene). Los
convocan para la gran batalla del Gran Día del Dios Todopoderoso. Esta batalla es la que se
realiza en 19, 11-21, donde Jesús se enfrenta con la Bestia, el falso profeta y los reyes de la tierra.
El lugar de la batalla será un lugar llamado en hebreo Harmaguedón. Posiblemente se refiera al
monte Carmelo, junto a Meggido, que fue el monte donde el profeta Elías derrotó a los profetas
de Baal (1 R. 18) . Esta batalla de Harmaguedón entre Jesús y las Bestias, es la que precede al
11
Reino de los mil años (esto lo veremos después).
En este clima de enfrentamiento espiritual entre los profetas de Jesús y los espíritus
demoniacos del Imperio Romano, se oye de pronto la voz del mismo Jesús resucitado que dice:
Mira que vengo (érchomai) como ladrón. Dichoso el que esté en vela y conserve sus
vestidos... (v. 15). En 21,7 también Jesús dice: "Mira, vengo pronto. Dichoso el que guarde las
palabras proféticas de este libro". Ya hemos insistido en que Jesús resucitado está en medio de las
comunidades (1, 9-3, 22) e interpreta la historia (5-7). Los cristianos desean que Jesús se
manifieste en este tiempo presente de resistencia y enfrentamiento. Jesús va a manifestarse en la
resistencia de la comunidad y, finalmente, poniendo fin a la Bestia, al falso profeta y a los reyes
de la tierra (19, 11-21), y después en el Reino de los mil años (20, 4-6), antes del juicio final. El
dicho del v. 15 recuerda Mt. 24, 42-43.
2.5. La séptima trompeta (11, 15-19)
y la séptima copa (16, 17-21)
Volvamos de nuevo al texto y su estructura. Ya vimos que ambos textos (séptima
trompeta y séptima copa) son paralelos y tienen la misma estructura. En forma muy resumida es
la siguiente:
Séptima trompeta Séptima copa
11, 15a introducción 16, 17a
11, 15b-19a Ha llegado el Reino 16, 17b
"Hecho está"
11, 19b cataclismo cósmico 16, 18-21
Recordemos asimismo que con la séptima trompeta se acaba el tiempo y se consuma
(llega a su fin=etelesthe) el misterio de Dios (10, 6-7); igualmente se dice que cuando se
completen las siete copas se consuma (llega a su fin=etelesthe) el furor de Dios (15, 1.8).
Decíamos que este fin no es el fin del mundo, sino el fin del tiempo presente, donde se realiza la
acción o juicio de Dios en la historia, donde se renueva el Exodo en el Imperio Romano. No es el
fin, sino lo que pone fin, en este tiempo presente, a las persecuciones y sufrimientos. Con la
séptima trompeta llega el Reino de Dios. No es aún el final de la historia, sino el Reino de Dios
en la historia.
11 Cf asimismo 2 R. 32, 29 sobre la derrota del rey Josías. También Zac. 12, 11.
2.5.1. Introducción (11, 15a y 16, 17a)
Suena la séptima trompeta, se derrama la séptima copa. Esta copa no se derrama ya
sobre la tierra, el mar, los ríos, el sol, el trono de la Bestia o el rio Eufrates, sino sobre el aire. El
aire es una dimensión de la tierra, no obstante es esa dimensión invisible donde habitan los
espíritus. En Ef. 2, 2 se nombra "el Principe del poder del aire...". La acción de Dios con la
séptima copa es, por lo tanto, sobre esa dimensión (ideológica) invisible, espiritual, sobrenatural
del Imperio Romano. Cuando suena la séptima trompeta sonaron en el cielo fuertes voces (11,
15). Con la séptima copa también salió del Santuario una fuerte voz (16, 17). Aquí se trata de
la voz de Dios (una variante acentúa esto diciendo que la voz viene "del trono"). Se trata de la
misma voz de 16, 1. Ya no tenemos plagas y castigos, sino un anuncio solemne en el cielo. Aquí
lo central es la voz, la Palabra, la comunicación.
2.5.2. El anuncio (11, 15b-19a y 16, 17b):
Ha llegado el Reino-"Hecho está"
El anuncio en el cielo está bien desarrollado en la sección de la séptima trompeta, y
tiene un peso teológico y profético extraordinario. Sin embargo, en la séptima copa el anuncio se
reduce a una sola palabra: sucedió (hecho está=gegonen). Veamos con detalle el anuncio de 11,
15b-19a:
Fuertes voces en el cielo decían:
Ha llegado el Reino sobre el mundo
de nuestro Señor y de su Ungido (Cristo)
reinará por los siglos de los siglos
Los 24 ancianos... decían:
Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso,
Aquel que es y que era
porque has asumido tu gran poder
y has reinado
En todo el Apocalipsis el sustantivo "Reino" (basileia), referido a Dios, aparece únicamente en
11, 15 y 12, 10. El verbo "reinar" (basileuo), con Dios como sujeto, aparece sólo en 11, 15.17 y
19, 6. Todos los términos aparecen en un cántico litúrgico: aquí después de la séptima trompeta
(11, 15b-19a), luego de la derrota del monstruo en el cielo (12, 10-12), y en la liturgia al final del
tiempo presente (19, 1-10). Son textos paralelos. El más cercano es 12, 10-12:
Ha llegado la salvación y la fuerza
y el Reino de nuestro Dios
y el poder de su Ungido (Cristo).
Los términos salvación (sotería), fuerza (dynamis), reino (basileia) y poder (exousía), son
términos políticos y se inspiran en el Salmo 2, que es un salmo también político (salmo que se
halla en el trasfondo de todos estos textos paralelos y en muchos lugares del Apocalipsis).
El contenido fundamental de estos anuncios es la llegada del Reino de Dios. En nuestro
texto, el Reino llega cuando suena la séptima trompeta; en el capítulo 12 llega cuando Satanás es
derrotado en el cielo y arrojado a la tierra. El Reino llega por el poder de Dios, pero también por
el testimonio profético del Cordero y de los mártires (10, 1-11, 13 y 12, 11). El Reino llega sobre
la tierra, sobre el mundo, en la historia presente.
Esta llegada del Reino ahora, en la tierra, es una buena noticia para los santos, no
obstante es una tragedia para los impíos. Por eso en 11, 14 la llegada del Reino es presentada
como el tercer ¡Ay! que cae sobre los idólatras y asesinos. En el cántico de los 24 ancianos (11,
17-18) se encuentra la parte positiva de la acción de gracias por la llegada del Reino, pero
igualmente la parte negativa: la llegada del Reino desata la cólera de las naciones y la respuesta
del juicio de Dios:
Las naciones se habían encolerizado;
pero ha llegado tu cólera y el tiempo
de que los muertos sean juzgados
de dar la recompensa a los profetas, a los santos...
de destruir a los que destruyen la tierra
De nuevo el trasfondo del salmo 2. La llegada del Reino en la tierra tiene una dimensión
visible, histórica, política, por eso provoca la cólera de las naciones (los reyes de la tierra,
enemigos de Dios). Sin embargo la respuesta es la cólera de Dios contra ellas. Esta cólera de
Dios se realiza en el texto en tres acciones divinas (tres verbos en infinitivo: krithenai, dounai,
diaphtheirai): juzgar, dar recompensa y destruir. El verbo juzgar (krino) quier decir hacer
justicia. En nuestro texto, Dios hace justicia a los muertos: da su recompensa a los profetas y a
los santos, y destruye a los que destruyen la tierra. El juicio de Dios y su acción de juzgar no
tiene en la Biblia un sentido forense o legal, sino que designa la acción de Dios en la historia:
Dios hace justicia a los oprimidos y los libera; Dios hace justicia a los opresores y los destruye.
El Exodo es el gran juicio de Dios. Este es mala noticia para los pecadores, pero es buena noticia
para los santos (por eso en 14, 6-7 se habla de la Buena Nueva del Juicio de Dios). Este juicio de
Dios no se reduce al juicio final y último de Dios; por el contrario, el juicio o acción liberadora
de Dios en la historia es sobre todo ahora, en el tiempo presente. En nuestro texto el juicio se
realiza con la llegada del Reino.
La llegada del Reino, la cólera de las naciones y el juicio de Dios, se realiza en la tierra,
si bien el anuncio y la acción de gracias es en el cielo. En 11, 19a tenemos la visión de la apertura
del Santuario de Dios en el cielo y la aparición del arca de la alianza en él. El Santuario
histórico de Jerusalén fue arrasado por los romanos en el año 70. En la Jerusalén futura no hay
santuario (21, 22). Aquí el Santuario del cielo es símbolo de la comunidad cristiana (como en 11,
1). El arca de la alianza histórica se guardaba en el Santo de los Santos en el Templo de
Jerusalén. En la destrucción del Templo en el 586 a. C., el arca se perdió o fue destruida. Era el
símbolo de la Alianza y constituía la identidad más profunda de la tradición del Pueblo de Dios,
del Exodo y de los sucesos vividos en el desierto. Ahora ese símbolo tan querido aparece en la
comunidad cristiana. Con la llegada del Reino y el Juicio de Dios en la historia, la comunidad
recupera su identidad.
Este texto, tan profundo y significativo, de 11, 15b-19a, tiene su paralelo después de la
séptima copa (16, 17b) es una sola palabra: sucedió (hecho está=gégonen). Lo mismo dice el que
está sentado en el trono en 21, 6. Dado el paralelismo tan estrecho entre las 7 trompetas y las 7
copas, podemos suponer que este misterioso "sucedió" remite y resume lo que fue dicho en 11,
15b-19a.
2.5.3. El cataclismo cósmico-histórico:
11, 19b y 16, 18-21
En 11, 19b este cataclismo aparece resumido en la frase ya hecha: se produjeron
relámpagos y voces y truenos y terremoto y fuerte granizada. La misma frase (menos la
granizada) aparece en 8, 5 (inclusión). En el texto paralelo después de la séptima copa (16, 18-
21), se retoma esta frase y se la desarrolla. En el v. 18 aparecen los relámpagos, las voces, los
truenos y el violento terremoto; el granizo (chálaza) al final, en el v. 21. Entre el v. 18 y el 21 se
desarrolla el tema del terremoto. Es un cataclismo: la Gran Ciudad-la Gran Babilonia (Roma) se
abrió en tres partes. Las ciudades de las naciones se desplomaron. Las islas huyeron. Las
montañas desaparecieron. En la tradición profética y apocalíptica estos cataclismos tienen un
carácter cósmico-mítico: expresan simbólicamente una catástrofe histórica. Aquí el autor no se
refiere a un terremoto concreto (los hubo, y quizás el autor los tome como referencia), sino a una
gran calamidad de orden histórico: el derrumbe del Imperio Romano y todos sus aliados. Este
derrumbe se produce con la llegada del Reino de Dios y del Juicio de Dios sobre la tierra. El
Reino de Dios y el Imperio Romano son realidades antagónicas y contrarias. La llegada de uno
significa el derrumbe del otro. Ese derrumbe de Roma y del Imperio se va se describir en la
sección siguiente: 17, 1-19, 10.