Historia del Asentamiento en Israel
Historia del Asentamiento en Israel
1. Asentamiento
Eje de Coordenadas
¿Israel, Palestina, Tierra Santa? Llamarlo de una u otra manera es ya hacer una
decisión política. En el tiempo del Nuevo Testamento, se llamaba Judea desde el
punto de vista administrativo romano, pero desde el punto de vista espiritual Erets
Israel: Mt 2:20-21. “Ve a la tierra de Israel porque ya han muerto los que buscaban
la vida del niño. Entonces José se despertó tomó al niño y a su madre y se fue la
tierra de Israel”.
Hay una cita de Simeón Ben Yohay. “El Santo, bendito sea, consideró todas las
generaciones, y no encontró una generación más digna de recibir la Torah que la
generación del tiempo del desierto. El Santo, bendito sea, consideró todas las
montañas y no encontró otra montaña en la que proclamar la Torah que el monte
Sinaí. El Santo, bendito sea, consideró todas las ciudades y no encontró otra sobre
la que construir el templo que la ciudad de Jerusalén. El Santo, bendito sea,
consideró todas las tierras y no encontró otra tierra más apropiada para su pueblo
que la Tierra de Israel” (Lev. Rabbah 13,2).
La opción divina de esta tierra estuvo muy bien pensada. ¿Cuáles pudieron haber
sido sus razones para elegirla? Es difícil entrar en el consejo divino. ¿Quién pudo
haber aconsejado al Espíritu de YHWH, qué consejero pudo haberle asesorado? ¿A
quién iba a consultar para que le ilustrase para acertar con el mejor método (Is
40:13-14). Pero nos vamos a atrever a entrar en este consejo divino. Podríamos
mencionar algunas razones de la aptitud de esta tierra como lugar de revelación. La
geografía es una de las infraestructuras que condicionan la superestructura de la
historia. Nuestra cultura particular es hija de condiciones materiales, clima,
relaciones laborales. La historia está moldead por la geografía
La Luz:. Dicen que Jerusalén es el punto terrestre que recibe mayor cantidad de luz
durante el año, medida en la unidad del lumen. Si tenemos en cuenta la calidad
reflectante de la piedra blanca de Jerusalén, la ciudad se convierte en un punto de
luz cegadora y deslumbrante
La Pobreza: Es curioso que Israel sea una tierra pequeña y pobre, de desarrollos
culturales muy modestos, comparada con sus grandes vecinos. En la elección de
esta tierra hay ya una constante de los criterios de Dios en la religión bíblica.
1. Asentamiento
Vamos a comenzar nuestro estudio sobre la historia de Israel por el momento del
asentamiento de las tribus israelitas en la montaña palestina a los comienzos de la
Edad del Hierro. Es sólo en esta época cuando tenemos datos extrabíblicos fiables
que pueden guiar nuestro estudio. Una vez que hayamos visto cómo se ha asentado
este pueblo en Canaán, y cómo se ha constituido en un estado, estudiaremos en un
flash back los recuerdos y tradiciones que guarda el pueblo de Israel sobre sus
orígenes, tal como nos han sido transmitidas en las fuentes bíblicas.
Dichas fuentes bíblicas sobre los orígenes de Israel tienen que ser utilizadas con
extremo cuidado por el historiador, debido a las dificultades metodológicas que
pasamos a reseñar:
A. Dificultades metodológicos
Por otra parte las narraciones bíblicas revelan un concepto de historia muy distinto
del que nosotros tenemos, lo cual nos invita ya de entrada a no tomarlos en un
sentido estrictamente histórico, conforme a los cánones modernos de la historia.
Las dificultades históricas para aceptar los datos bíblicos nacen de las siguientes
causas:
1.- Distancia entre los hechos narrados y la composición de los libros bíblicos o de
sus fuentes. En ocasiones puede tratarse de cientos de años, lo cual debilita mucho
su valor histórico, aunque no lo anule por completo.
2.- Los esquematismos del relato bíblico nos hacen ver por parte de sus autores un
deseo de ideologizar la historia al servicio de determinadas finalidades
4.- Improbabilidades generales: Jacob tenía 70 años cuando fue a Labán buscando
una mujer. 600.000 hebreos salieron de Egipto. Junto con sus acompañantes
formaría una masa de más de 2 millones lo que supone una logística imposible.
5.- Contradicciones: Una misma ciudad como Hebrón, se supone conquistada por
diferentes personas: Josué, los calebitas, Judá… Un patriarca hace pasar a su
esposa por hermana en tres ocasiones distintas (Abrahán dos veces y una Isaac.
(Gn 12,10; 20; 26). Dos veces se nos habla de un juez tiene dos hijos perversos (Elí
y Samuel. Elí (Jofni y Pinjás: 1 Sm 2,12) y Samuel (Joel y Abías: 1Sm 8,1-2).
6.- Conflictos con los datos de la arqueología: Algunas de las ciudades que fueron
destruidas por Josué según el relato bíblico (Jericó, Ai…) no estaban amuralladas
en aquella época y deberían ser grandes entonces montones de ruinas. Los
arqueólogos han desenterrado muchos de los tells de ruinas de ciudades bíblicas de
esta época y no siempre han confirmado la evidencia de una conquista y una
destrucción.
B. El cataclismo del final de la Edad de Bronce (s. XIII - XII a. C.)
Tanto las fuentes bíblicas como las arqueológicas coinciden en fechar la instalación
de los israelitas en la montaña palestina en los finales de la Edad del Bronce y
comienzos de la Edad del Hierro, es decir, a caballo entre el siglo XIII y el siglo XII
a.C. Como veremos, la gran diferencia está en el modo cómo la Biblia y la
arqueología reseñan el modo de este asentamiento
Antes de acometer este estudio, quisiera exponer muy brevemente lo que está
sucediendo en el Oriente Medio en este momento histórico del paso del Bronce al
Hierro, que supone una tremenda conmoción como raramente se ha dado en otros
momentos históricos.
En el siglo XIII, al final de la Edad del Bronce, el Medio Oriente está dividido en dos
grandes áreas de influencia, los egipcios en el sur, y los hititas en el norte.
Al sur está el imperio egipcio de la dinastía XIX, dominado por el larguísimo reinado
del faraón Ramsés II. Es una de las épocas de mayor esplendor de Egipto, como lo
testimonian los numerosos monumentos y templos de Abu Simbel, de Karnak y
Luxor. En esta época Egipto controla el país de Canaán y los reyezuelos de las
ciudades estado cananeas son todos vasallos del faraón.
Al norte está el imperio hitita con capital en Hattusas, cerca de la moderna Ankara.
Ambos imperios tienen su borde en Siria, que se convierte en la zona de fricción. La
tensión llega al máxima en la batalla de Qadés en 1286 a.C, en la cual se enfrentan
Ramsés II y el rey hitita Muwatallis. Hemos encontrado relatos de dicha batalla tanto
en las cancillerías egipcia como hitita, y cada uno de ellos clama victoria.
Probablemente la batalla acabó en tablas, y ninguno de los dos grandes imperios
pudo imponerse al vecino. Reconocimiento de este equilibro de fuerzas es el tratado
de paz que se firma subsiguientemente a la batalla entre Ramsés II y el nuevo
soberano hitita, Hattusilis III.
Tanto Micenas como el imperio hitita sucumben dejando tras ellos sólo montones de
ruinas. Aunque Egipto logra sobrevivir a la crisis, queda muy debilitado hasta el
punto de que la dinastía XX de Ramsés III ya no será capaz de mantener su
dominio sobre el país de Canaán. Esta crisis que pone fin a la Edad de Bronce está
relacionada también con todo el ciclo de tradiciones sobre la guerra de Troya.
La causa de este cataclismo suele adscribirse a la llegada de los “Pueblos del Mar”,
que nos son conocidos por las inscripciones de Ramsés III en Medinet Habu, donde
aparecen con sus cascos con cuernos y extraños tocados de plumas. La mayor
parte de los investigadores piensan que estos pueblos vienen de las islas del Egeo y
son pueblos indoeuropeos de lengua afín al griego. Entre los distintos Pueblos del
Mar tenemos a los filisteos, los teucros y los sardos.
Las grandes ciudades cananeas del Bronce reciente tienen casi todas niveles de
destrucción en esta época, las ciudades de la costa sur son incendiadas y
reocupadas por una nueva cultura. Jasor en el norte y Afeq en el centro arden en
espantosos incendios. Sin embargo hay que señalar que la destrucción de este
mundo cananeo no fue puntual, sino que se extendió a lo largo de un proceso de
decenas de años que va desde la destrucción de Jasor a finales del XIII, hasta las
de Lakish y Megido hacia mediados del XII.
Este es el mundo en el que los israelitas van a hacer su aparición en la historia del
Medio Oriente. Como resultado de la ruina de los grandes imperios se creará en
todo el Creciente Fértil una situación de “vacío de poder” que se va a prolongar
cuatrocientos años hasta la constitución del imperio asirio. Es precisamente durante
estos cuatrocientos años, en los que no hay ningún gran imperio en el horizonte,
cuando se va a desarrollar la historia independiente de Israel, primero como
federación de tribus en la época de los jueces, y después como estado monárquico
en el Hierro II.
A partir del siglo VIII se termina esta larga temporada de “vacío de poder” y ya no
habrá lugar ninguno en la zona para pequeños estados independientes, porque
vuelve la época de los grandes imperios que se irán sucediendo en la zona: asirios,
babilonios, persas, griegos y romanos. Israel no volverá a gozar nunca de
independencia salvo en el pequeño lapso del reino inaugurado por los Macabeos,
entre mediados del siglo II y mediados del siglo I a.C.
Hicieron falta muchas generaciones, probablemente doscientos años, para que los
israelitas llegaran a formar un estado en el país de Canaán. En realidad será sólo
más tarde, en la época de la monarquía cuando lleguen a controlar el país.
El libro de Josué forma parte junto con Jueces, Samuel y Reyes de lo que la Biblia
hebrea llama Profetas anteriores, y la exégesis moderna “Historia deuteronomista”.
Esta gran compilación de fuentes fue realizada después del exilio a la luz de la
teología y espiritualidad de la escuela deuteronomista. Se trata de una historia
sagrada que juzga todos los acontecimientos históricos a la luz de su mayor o
menor adecuación con la Ley de Dios y sus designios divinos. Aunque recoge
muchos datos antiguos, el marco del macrorrelato es artificioso, y manipula los
hechos para ajustarlos a la ideología predominante. Hay por ejemplo una clara
intención de proyectar estructuras modernas a las épocas antiguas, como si estas
estructuras hubiesen existido ya desde el principio. Presenta el tiempo de los
patriarcas y de Josué como normativo para el Israel de todos los tiempos, una Israel
ideada e ideal. A la luz de este resultado final, se forma el relato de la conquista
israelita.
Según el libro de Josué, esta conquista habría sido llevada a cabo por el conjunto
de las tribus, a partir del territorio de Moab, después del paso del Jordán y la toma
de Jericó. La conquista se habría hecho en dos etapas. Después de una gran
batalla en la región de Gabaón se apoderaron del sur, y después de otra gran
batalla junto a las aguas de Merom, se apoderaron del Norte, y procedieron al
reparto del país entre las tribus.
Los sucesos se presentan de una forma tan esquemática, y tan recortada que no
nos es posible averiguar qué es lo que sucedió en realidad. Al mismo tiempo hay
duplicados de algunas acciones guerreras de Josué y sus conquistas de ciudades y
territorios. En el libro de los Jueces esos mismos episodios se atribuyen a otras
personas de un tiempo posterior, lo cual nos deja en duda sobre la naturaleza
histórica del libro de Josué.
Según este capítulo no hubo una conquista relámpago. Los israelitas se apoderaron
de zonas que no estaban todavía ocupadas. Las tribus avanzaron no agrupadas,
sino aisladas y a partir de lugares distintos. Parece darse una convivencia más
pacífica con las grandes ciudades cananeas. Los conflictos son más bien
ocasionales. Los israelitas habitan en las montañas, que hasta entonces habían
estado despobladas, y los cananeos más bien en la llanura. La tribu de Judá
aparece separada físicamente de las tribus del norte por un cerrojo de ciudades
cananeas interpuestas, entre las que destaca Jebus o Jerusalén.
Algunos de los episodios que se atribuían a Josué en el libro que lleva su nombre,
se encuentran duplicados en el libro de los Jueces, atribuidos a una época posterior.
Así por ejemplo, la conquista de Hebrón que en el libro de Josué se atribuía al
propio Josué (Jos 11,36), en el libro de los Jueces se atribuye a los hijos de Judá y
Simeón después de haber muerto Josué, y últimamente a Israel (Jc 1,10). Esto nos
hace barruntar que quizás hechos posteriores hayan sido proyectados a la época de
Josué, como si todas las conquistas que se fueron dando en el espacio de
doscientos años hubiesen tenido todas lugar en unas campañas fulgurantes
situadas al principio del asentamiento.
Podemos suponer que en la época final del Bronce y en el Hierro I no hubo cambios
drásticos en las llanuras costeras a pesar de los filisteos. Es en la montaña central
donde encontramos el gran flujo de asentamientos (en la tribu de Efraím 5
asentamientos en el Bronce reciente y 115 en el Hierro I).
Sólo se han documentado unos pocos posibles asentamientos israelitas sobre las
ruinas de ciudades cananeas previamente destruidas. Este es el caso de Betel, Tell
Bet Mirsim o Bet Shemesh. Las principales ciudades cananeas no fueron derruidas
en aquella campaña inicial al final del siglo XIII o principios del XII. Fueron más bien
sucumbiendo poco a poco, y su destrucción puede atribuirse a los egipcios, los
filisteos, o a conflictos civiles entre ellas.
¿No es extraño que los israelitas no se asentasen en las áreas fértiles de las
ciudades destruidas, sino que se contentasen con el país montañoso
topográficamente más difícil? Para las ciudades destruidas en el siglo XIII habrá que
buscar otros agresores en otra parte y no entre unas oscuras tribus del desierto que
en cualquier caso no se asentaron allí.
Por otra parte por documentos egipcios nos consta que en esa época de finales del
siglo XIII y principios del XII había todavía una fuerte presencia egipcia en el país de
Canaán. Dicha presencia es totalmente ignorada en los relatos bíblicos de la
conquista. Resulta poco verosímil que los egipcios que estaban todavía en control
de Canaán permitieran que esos grupos hostiles conquistasen las ciudades de sus
aliados y clientes.
Tiene su origen en Alt (1925) y más tarde Noth y Aharoni. A partir de sus estudios
sobre el hexateuco propugnan la infiltración pacífica de grupos de pastores en las
regiones poco pobladas de Canaán. Primeramente en la montaña central, después
en la montaña galilea bastante inhóspita y poco poblada. Esta visión está más de
acuerdo con lo que se nos cuenta en Josué 15 y en Jueces 1. Se trata de un largo
proceso, que comenzaría con la trashumancia, y el rozo de los bosques. La
conquista de las ciudades cananeas habría tenido lugar en un estadio mucho más
tardío de este proceso.
c. La escuela sociológica
De haberse dado flujos migratorios más bien se habrían dado desde las tierras
cultivadas hacia el desierto y no desde el desierto a las tierras cultivadas.
Estos nuevos supuestos antropológicos sumados a las ideas marxistas en boga por
la Europa de los años 60 llevaron a Mendenhall primero (1962) y después a
Gottwald a lanzar la idea de que la población israelita no venía de fuera de Canaán.
Según estos autores, hubo un momento en que los grupos oprimidos y explotados
que pertenecían a los estratos inferiores de la sociedad cananea se rebelaron contra
la clase dominante. Estos elementos rebeldes podrían bien coincidir con los hapiru
de los textos egipcios contemporáneos. El conflicto social básico no se dio entre
pastor y agricultor, sino entre la población rural y los caciques burgueses de las
ciudades. La religión israelita monoteísta habría sido la bandera en torno a la cual
se habrían coaligado estos rebeldes, que buscaban una sociedad más igualitaria y
rechazaban la religiosidad cananea en la que se apoyaba la sociedad opresiva
cananea.
Esta tesis rechaza todo supuesto de que los israelitas vinieran de fuera de Canaán,
Según Lemche, por ejemplo, habría que identificarlos con los hapiru, proletariado
refugiado de otras partes de Canaán. Para Lemche lo que caracteriza a los israelitas
con relación a los cananeos es su religión. Lo israelitas son cananeos yahvizados,
que se sienten diferentes del resto de la población.
Las excavaciones arqueológicas en los estratos que pertenecen a esta época (final
del Bronce y principios del Hierro), revelan que hubo muchísimos establecimientos
nuevos y que algunas fortalezas fueron destruidas, pero no permiten hablar de una
invasión global o de una destrucción masiva de ciudades cananeas.
Los combates con los sedentarios de las grandes ciudades fueron más defensivos
que ofensivos. El libro de los Jueces no refleja una conquista efectuada en una sola
generación, sino una ocupación mucho más larga, que sólo se completará en la
época de la monarquía.
Pero la localización de dichos asentamientos en la montaña no es uniforme. Las
excavaciones muestran que al principio la parte más densamente poblada fue la
montaña de Efraín; muchísimo menos la montaña de Judá o la montaña Galilea,
que sólo alcanzaron una cierta densidad de población en siglos posteriores.
Entre todas estas tribus no había continuidad geográfica. Estaban separadas unas
de otras por ciudades cananeas que formaban como dos cerrojos, y que no
consiguieron conquistar en la época de los jueces. Entre la Galilea y la montaña de
Efraín tenemos el cerrojo de las ciudades de la llanura de Esdrelón: Meguido,
Taanak, Bet Shean... Entre la montaña de Efraín y de Judá tenemos otro cerrojo
formado por otro grupo de ciudades cananeas como Gézer o Jerusalén.
El sur, o territorio de Judá, parece haber sido ocupado por las tribus que venían de
Egipto a lo largo de la costa mediterránea. Allí se fusionaron con los clanes que
estaban ya anteriormente, como los Quenitas y los Calebitas. Absorbieron también
los restos dispersos de la tribus de Simeón y de Leví.
En cuanto a la Galilea, parece que fue colonizada por tribus que no estuvieron
nunca en Egipto. Son las tribus de Aser en la llanura de Akko, bajo control cananeo.
Las tribus de Neftalí en la Alta Galilea, y las de Isacar y Zabulón en las colinas de la
Baja Galilea. El caso de Isacar, "el asno robusto", cuyo nombre quiere decir
"asalariado" nos muestra que eran portadores de fardos, y fueron reclutados en las
levas al servicio de la ciudades cananeas importantes de la llanura de Esdrelón.
Estas tribus se federaron con los recién llegados y aceptaron el Yahvismo. Es sólo
entonces cuando pudieron sacudirse el yugo opresor de la ciudad de Jasor. Pero
esto no quiere decir que se apoderaran de todas las demás ciudades.
Finalmente es en las montañas de la Cisjordania central, donde se establecieron las
tribus que serán las más importantes en este periodo, aquellas en torno a las cuales
se va a forjar la unidad política. "Hablamos de la "casa de José", en la montaña de
Efraín, que comprende las tribus de Manasés, Efraín y Benjamín, las que penetraron
en el país con Josué, y tuvieron la experiencia religiosa del Éxodo.
Las tradiciones que cada tribu tenía sobre sus orígenes y su establecimiento en el
país de Canaán han sufrido transformaciones para adaptarse a situaciones nuevas ,
sobre todo a la constitución de un estado unitario entre todos estos clanes que sin
duda han tenido una pasado diverso. Para darse una identidad común, es necesario
reforzar los orígenes comunes, y dotarse de antepasados comunes y de historias
convergentes.
Estos son los verbos que podemos utilizar para describir lo que los autores han ido
haciendo con sus fuentes y tradiciones.
a.- Simplificar: El proceso de instalación de las tribus en Canaán llevó tiempo hasta
completarse. No todas las tribus estuvieron en Egipto. No todas las tribus llegaron a
Canaán al mismo tiempo, y lo hicieron de forma muy diversa y en épocas distintas.
La transmisión de las tradiciones tiene la tendencia a simplificar datos complejos y
heterogéneos, para ayudar la memoria, para favorecer un estilo literario rítmico y
para servir a fines que no son los de la ciencia histórica moderna.
b.- Conectar o establecer puentes: Los antepasados de las diversas tribus que se
federaron, idearon un sistema de relación de parentesco para reforzar sus lazos y
su sentido de pertenencia mutua. Cada tribu tenía sus tradiciones acerca de los
antepasados. Quizás Abrahán, Isaac, Jacob, Israel, Edom... son antepasados de
tribus diversas. Más tarde cuando estas tribus se federaron, experimentaron la
necesidad de establecer entre ellas una relación de parentesco mediante un árbol
genealógico ficticio. Aunque este árbol sea ficticio, no hay que negar que todas
estas tribus pertenecen a una misma raza y a una misma cultura
En este árbol podemos distinguir dos tipos de relación familiar, la línea directa y la
colateral. En la línea directa encontramos los antepasados de las doce tribus
confederadas. En una secuencia lineal: Abrahán, Isaac, Jacob y sus doce hijos.
Forman cuatro generaciones.
Todos salieron de Egipto juntos 400 años después, liderados por Moisés.
En realidad el proceso fue más complejo. Hubo tribus que nunca estuvieron en
Egipto, sino que se establecieron directamente en Canaán (es el caso probable de
las tribus de la Galilea y la Transjordania). El libro de Josué no nos cuenta la
conquista de este territorio. Son hijos de las dos esclavas (Zilpá y Bilhá) y los
últimos hijos de Lea.
Algunas tribus vinieron de Egipto, pero no con Moisés a través del desierto, sino a lo
largo de la costa mediterránea. Estos israelitas se establecieron directamente en el
sur, en los territorios de Judá. Ya estaban establecidos cuando el grupo de Moisés y
Josué entró en el país. La tribu de Simeón y la de Leví, así como la de Rubén,
estaban ya en proceso de disolución. Se dejaron asimilar a los recién llegados.
Corresponden a la primera serie de los hijos de Lía.
Finalmente tenemos el grupo de los que hicieron la experiencia del éxodo y el Sinaí,
que entraron en Canaán a través del Jordán, y se establecieron con Josué.
Corresponden a las tribus de Benjamín y de José, los dos hijos de Raquel, la
esposa preferida de Jacob.
Estos recién llegados fueron el núcleo en torno al cual se reagruparon las otras
tribus. Fueron como el catalizador que hizo posible ese precipitado que hoy
llamamos Israel. La tribus se reagrupan en trono al arca y allí es donde conciencian
su unidad.
Quizás esto refleje la importancia que tuvieron las tribus de la casa de José
(Manasés, Efraín y Benjamín) al tiempo del asentamiento, la conquista y la
federación tribal, antes de que la realeza de David desplazase hacia el sur el centro
de gravedad, a la tribu de Judá.
Se ha sugerido incluso que la rivalidad entre los hijos de Isaac, y la manera como
actuó Rebeca en favor de la primogenitura de Jacob puede reflejar las astucias de
Betsabé con David para conseguir la sucesión al trono de su hijo Salomón, en lugar
de Adonías, que gozaba del derecho de primogenitura. Los que sitúan la redacción
de los textos en la época de Josías tratan de relacionar estas legitimaciones con
circunstancias históricas de la época final de la monarquía.
Los relatos patriarcales muestran que antes de la llegada de Josué los patriarcas
habían estado ya con sus rebaños en el país de Canaán, lo cual puede servir para
legitimar la conquista, tal como ha sucedido en nuestros días por parte de los
sucesores de los antiguos israelitas, que al crear el Estado de Israel alegan sus
derechos históricos previos.
e.- Magnificar: Según las leyes de la poesía épica, siempre aparece en las
tradiciones la tendencia a magnificar los recuerdos de pasado. Esto puede aplicarse
a relatos tales como el cruce del Mar Rojo, o los milagros del desierto. Pero
tampoco podemos exagerar demasiado esta tendencia. En los relatos patriarcales
hay muy pocos elementos fantásticos o legendarios. Los patriarcas llevan una vida
muy simple, sin los rasgos característicos de los relatos épicos.
Algunos historiadores minimalistas han defendido que los textos bíblicos son todos
ellos postexílicos y que por tanto no son fiables a la hora de intentar historiar los
períodos del Hierro I que eran ya muy distantes para ellos. Sin embargo hay que
resaltar que en los textos bíblicos hay evidencia de fuentes que reflejan un tipo de
vida muy primitivo y arcaico, costumbres y fiestas que se remontan a los años de
desierto, o los tiempos en que la sociedad israelita sedentaria se regía por usos muy
anteriores a los de la época monárquica más institucionalizada. En estos relatos es
posible descubrir ecos de tradiciones antiquísimas, aunque dichas tradiciones hayan
experimentado todo el proceso que hemos descrito mediante el uso de los cinco
verbos simplificar, conectar, secuenciar, legitimar y magnificar.
E. Las estructuras del régimen tribal
Parece que las tribus eran independientes unas de otras, y no había gobierno
central, ni capital, ni ejército profesional, ni burocracia. Diversas tribus podían
colaborar de forma esporádica cuando había un peligro que reclamaba una acción
común. En el momento de la crisis aparecía un líder carismático que convocaba a
todos para la campaña contra el opresor y juntaba a estas tropas improvisadas. Es
el caso típico de la colaboración entre Zabulón y Neftalí en la batalla contra Sísara
(Jc 4,6.10) a la que según Jc 5 se habrían sumado de algún modo Efraím,
Benjamín, Isacar y Makir. Después del éxito, todos se desbandan para volver a sus
pueblos y sus granjas. No explotaban la victoria para finalidades políticas a largo
plazo. Los combatientes convocados apresuradamente, se dispersaban también
apresuradamente al pasar el peligro.
Con estos jueces carismáticos, cuya función eventual era salvar al pueblo en los
momentos de crisis, parece que había también otros jueces, en el sentido actual de
la palabra, que declaraban el derecho en vigor en la tradición de Israel. Se trata de
una institución duradera cuya función era vitalicia (Jc 10,2ss).
En cualquier caso hay entre las tribus lazos de pertenencia invisible. Raza, lengua,
religión, orígenes comunes... Noth detectó una estructura semejante a la de las
ciudades-estado de la Grecia clásica, la liga de los pueblos griegos en Delfos. Dicha
estructura recibe el nombre de anfictionía. Hoy día no se usa más esta
nomenclatura anfictiónica de Noth, porque actualmente no se ve el régimen tribal
como una verdadera estructura de estado, sino más bien como un conglomerado
disperso de tribus afines que aún no han establecido un estatus político común.
Como estamos viendo es la crisis filistea la que contribuirá a poner fin a este tipo de
liderazgo carismático para dar paso a otro dinástico.
Simultáneamente existían entre los cananeos unos santuarios al dios “El”, el padre
de todos los dioses del panteón semítico. El culto a El estaba localizado en un
santuario local, en Siquén, Beersheva, Betel... Estos santuarios relacionados con el
culto a "El", fueron posteriormente puestos en relación con los relatos patriarcales,
mediante narraciones que presentan a los patriarcas dando culto en estos lugares.
De ese modo se produce un sincretismo mediante el cual se identifica el Dios que
adoró cada uno de los patriarcas, el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, con el dios
local adorado en el santuario y finalmente, con YHWH el Dios que se reveló a
Moisés en el desierto.
Cada tribu tenía sus antepasados, y cada antepasado tenía su "dios", el dios del
padre. Cuando se hace un cuadro sinóptico o árbol genealógico estableciendo un
parentesco compartido, se confunde la diversidad de los distintos dioses en uno
solo. Después de la llegada de las tribus del desierto, se identifica a YHWH con
todos los "dioses del padre" de las distintas tribus. En la zarza ardiente YHWH se
manifiesta a Moisés ya como Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob (Ex
3,6).
En cambio, como veremos, el Yahvismo puro nunca consintió una asimilación con el
culto a los baales, ni el Baal relacionado con los cultos de la naturaleza al estilo de
Baal Peor (Nm 25,3), ni el Baal del cielo típico de fenicios y arameos.
3.- La sedentarización
Hay que adaptar todas las antiguas costumbres y tradiciones a las nuevas
circunstancias. La legislación debe adaptarse a los nuevos problemas que plantea
una vida agrícola y sedentaria. Esta legislación nueva está recogida en el Código de
la Alianza (Ex 20,22 - 23,33) que responde a la situación social y cultural de la
época de los Jueces. Los israelitas van a vivir rodeados de los cananeos que tienen
una cultura superior y tendrán la tendencia a imitar sus costumbres. En este tiempo
adoptan la lengua y la escritura del país, y también todo lo relacionado con la vida
agrícola.
En esta época comienza también la vida urbana. Los israelitas van a ocupar algunas
de las ciudades cananeas, y a fundar ellos nuevas villas. Las excavaciones
arqueológicas nos muestran estos establecimientos que no tienen gruesas murallas.
La ciencia de las religiones comparadas nos dice que siempre que un pueblo se
sedentariza cambia de religión. La religión es un epifenómeno que responde a
intereses sociales y económicos de los pueblos. La circunstancia que va a polarizar
la atención y el interés del pueblo serán las tareas agrícolas, la lluvia, el ciclo de
siembra y cosecha...
En la religión agrícola hay normalmente dos principios divinos: el principio activo,
masculino que representa la semilla, y el principio pasivo: la tierra. Hay en estas
religiones dioses masculinos, como Baal, y diosas que representan la tierra, como
Astarté.
En los templos, colocados en los lugares altos, está instituida la prostitución sagrada
con ritos de fertilidad. Para obtener la fertilidad de su parcela, el campesino sube al
lugar alto, y se acuesta con la prostituta sagrada, representando en este rito
sagrado la fecundidad de la tierra que quiere obtener.